San Gregorio y los descalzos alcantarinos.

MONTESINOS PÉREZ DE ORUMBELLA, Joseph; Compendio Histórico Oriolano. Tomo 6. Manuscrito. Caja Rural Central. Orihuela.

San Gregorio y los descalzos alcantarinos.

La calle de San Gregorio toma su nombre de un desaparecido convento franciscano en el que los descalzos alcantarinos pervivieron poco más de dos siglos.

En concreto desde 1600, año de la fundación, hasta 1835, momento en el que abandonaron convento e iglesia en aplicación del proceso desamortizador emprendido por el Gobierno de la Nación.

Para la nostalgia quedó la capilla de la Venerable Orden Tercera, que ya solo podemos contemplar a través de añejas fotografías desde que fue demolida para erigir en su solar la moderna iglesia de San Vicente Ferrer.

Era el último recuerdo de aquel cenobio erigido bajo la advocación de San Gregorio Taumaturgo.

Los franciscanos descalzos o alcantarinos

La trayectoria de la orden franciscana está marcada por continuas renovaciones en el intento de aproximarse al ideal evangélico dictado por Francisco de Asís.

A través de los años fueron surgiendo hermanos dispuestos a intensificar sus ideales de austeridad, pobreza y soledad.

En el clima de reforma religiosa impulsada por la política de los Reyes Católicos y ejecutada por el también franciscano cardenal Cisneros, durante el siglo XVI despuntaron varios religiosos españoles; personajes como Ignacio de Loyola o Teresa de Jesús; y también un franciscano llamado Pedro de Alcántara.

Pedro de Alcántara.

Nacido en 1499, Juan de Garavito procedía de una de las familias más nobles y ricas de Alcántara (Cáceres).

En 1515, tras abandonar los estudios de leyes en Salamanca, tomó los hábitos, adoptando el nombre de Pedro.

En las filas de los conventuales reformados, fundó el convento de El Palancar, famoso por sus reducidas dimensiones.

Pronto comenzaron a sumársele nuevos hermanos, por lo que necesitó abrir casas para alojarlos.

Como hicieron sus predecesores, marchó a Roma donde su proyecto fue bien recibido, volviendo como Comisario General. Brillante orador, amigo de Santa Teresa de Jesús y consejero de reyes, su carismática personalidad arrastró a muchos franciscanos a vivir su proyecto.

La reforma de los descalzos, conocidos a partir de entonces como alcantarinos, se fue propagando por España, Portugal, Italia y los territorios de ultramar.

La fundación en Oriola 

Para abordar el estudio histórico de esta fundación disponemos de los documentos conservados en los archivos oriolanos y también de los trabajos de cronistas anteriores.

Dibujo de Joseph Montesinos en 1794. Archivo Caja Rural Central. Copia digital en el Archivo Histórico de Orihuela. (En adelante CRC/AHO)

En primer lugar repasaremos el «Cathalogo de los conventos del obispado de Orihuela», manuscrito confeccionado a mediados del siglo XVIII que se conserva en el Archivo Histórico Nacional, reproducido por Juan Bautista Vilar:

San Gregorio: En el día 22 de Abril del año 1600 se tomó posesión de este Convento de Padres descalzos de la Provincia de S. Juan Bautista, con la advocación de S. Gregorio Taumaturgo, con todas las licencias necesarias.

Siendo Obispo de esta Ciudad el Iltmo Señor D. Joseph Estevan; Governador de ella D. Alvaro Vique; justicia criminal Nicolao Viudes, Jurados Enrrique Marquefa, Diego Fernández de Mesa y Bartholomé Viudes, cuia posessión tomó el Rd. Padre Fray Gaspar Valera Predicador con Comissión del Rdo. Padre Fray Antonio Sobrino que era Comisario Prov, de dta. Provincia, por ausencia del Rdo. Padre Provincial Fray Antonio Alvaro, que se hallava en Roma. (1)

Medio siglo después, Montesinos se refiere a la «fundación del exemplar comvento de San Gregorio Thaumaturgo, extramuros de esta Ciudad de Orihuela»:

MONTESINOS PÉREZ DE ORUMBELLA, Joseph; Compendio Histórico Oriolano. Tomo 6, capítulo 7, fols. 117-118. Manuscrito. Caja Rural Central. Orihuela.

Gobernando estaba en paz la nave de San Pedro por los años de 1600 el Papa Clemente VIII […] gobernaba las Españas, el gran Rey Felipe III de Austria.

Por estos felices tiempos, se hallaba predicando el Reverendo Padre Fray Gaspar Valera, Religioso Franciscano Descalzo de la Provincia de San Juan Bautista, en esta Ciudad de Orihuela; hízolo con tan buen espíritu, exemplo y eficacia, y la movió a tan singular Devoción del Seráfico Instituto, que luego comenzó a tratar de que fundasen los suyos en ella y tomassen posessión del Convento.

Y habiendo venido la noticia del Sapientísimo y Reverendo Padre Antonio Sobrino, que por entonces se hallaba decorado con el Oficio de Comisario Provincial, diole parte de ello al Ilmo. Sr. D. Josef Estevan, IV Obispo de Orihuela el qual, aunque al principio lo dificultó por cuantos inconvenientes ocasionados de la maldita envidia, cuando las continuas insistencias con que la Ciudad, Justicia y Jurados lo pedían, dio licencia para que los referidos Padres tomassen posesión. (2)

Las notas recopiladas por Ernesto Gisbert a finales del XIX (3) aportan poco; más bien parecen tomadas de los anteriormente citados.

El primer cronista que aborda el tema con rigor documental es José Rufino Gea, publicando su trabajo en un semanario local a modo de fascículos entre los años 1917 y 1918. (4)

Frailes alcantarinos imaginados por Montesinos. CRC/AHO.

Con lo recopilado por todos ellos y utilizando las actas municipales del año 1600, que se conservan en el Archivo Municipal de Orihuela, analizaremos los acontecimientos que rodearon a dicha fundación cotejándolos con la situación histórica de la ciudad.

Quiero empezar diciendo que los descalzos llegaron a Oriola tarde y en mal momento; pero que lo hicieron bien recomendados.

En marzo del año 1600 quedó registrada la carta de Joan Alfonso Pimentel de Herrera, conde de Benavente y virrey de Valencia en el período 1598-1602, en la que aconsejó al Consell oriolano la conveniencia de fundar un convento de franciscanos descalzos en la ciudad.

Archivo Municipal de Orihuela. Actas municipales año 1600. Sig. A-95. Fol. 192.

Los Padres descalços de S. Francisco me han dicho como tratan de fundar un Conbento de su Orden en esa ciudad subjeto a la Provincia de Valencia, que aunque yo se que por ser esta obra tan buena y de que ha de rredundar tanto bien, estoy cierto acudiran a esto con mucho cuidado, pero por la debocion particular que tengo a esta Religion he querido rrecomendarlo a Vs.ms. a quienes Ntro. Señor guarde. En Valencia 17 marco 1600. (5)

En aquellas fechas Oriola andaba muy preocupada por las noticias recibidas desde Valencia y Cartagena, cartas que anunciaban que las ciudades de Xátiva y Alcoy estaban apestadas.

También se quejaban amargamente ante el secretario del rey de que, cumpliendo el mandato de Su Majestad, en 1592 habían reconstruido totalmente la «torre de la foradada» y la habían dotado de artillería, aljibe, guardias y atajadores pero los murcianos no habían hecho lo propio con la del cabo del Pinatar, y se estaban colando los moros apresando muchos cautivos entre pastores y labradores.

Por otro lado, atraídos por su riqueza y, al abrigo del reciente obispado, la ciudad se había saturado de órdenes religiosas.

Oriola albergaba ya a los añejos mercedarios, a los franciscanos observantes con sus hermanas clarisas, a los agustinos y agustinas, a los carmelitas, a los trinitarios y a los dominicos, cuyo rector, hijo de Loazes, gestionaba el traslado de media docena de dominicas del monasterio de las Magdalenas de Valencia para instalarlas en el beaterío de Santa Lucía. (6)

Convento de Santa Lucía. Colección Javier Sánchez Portas.

Aunque la orden franciscana estaba implantada en Oriola desde el siglo XV, a lo largo de la centuria siguiente habían florecido en ella diversas reformas, sinceros intentos de restablecer el espíritu de su fundador, como las de los descalzos y la de los capuchinos, que no tardaron mucho en llegar a la ciudad episcopal.

Demasiadas bocas ociosas para alimentar.

El principal valedor de la fundación era el padre Gaspar Valera, franciscano alcantarino del convento de Callosa de Segura, fundado en 1585.

Frailes alcantarinos imaginados por Montesinos. CRC/AHO.

Quizás para no desairar al virrey, la ciudad concedió su autorización provisional solicitando del obispo Joseph Esteve la oportuna licencia que, teniendo en cuenta el precario estado en el que se encontraban algunos conventos, contravendría las recomendaciones de Trento.

Dejaban así en manos del prelado la polémica decisión de autorizar otra fundación cuando las que ya estaban instaladas apenas podían subsistir.

El obispo, lavándose las manos, respondió con carta fechada en 14 de abril, y les dijo que calculasen ellos si la ciudad contaba con recursos suficientes para fabricar una casa franciscana sustentándola dignamente, y que si así era, él concedería la licencia.

AMO. Actas municipales año 1600. Sig. A-95. Fol. 210

Me advierten Vs. ms. que yo de primero licencia a dichos frayles y que después Vs. ms. ajuntaran consejo y procuraran que se determine lo que mas conbiniere al servicio de Ntro. Señor.

A lo cual respondo que Vs. ms. miren si la ciudad puede sustentar tantos monasterios y si hay fuerças para todo lo que es menester para fabricalles una casa y lo anexo a ella, que determinado primero esto y pareziendoles a Vs. ms. que esto conbiene havisandome y resolucion acudiré luego con la licencia y servire a Vs. ms. y a essa ciudad como devo, advirtiendo a Vs. ms. la necesidad que padezen los demas monasterios. (7)

En apoyo del proyecto, acudió el comisario provincial Antonio Sobrino enviando una carta desde el convento callosino.

En ella opinaba que una ciudad tan principal y devota, podría fabricar y mantener una casa para doce franciscanos.

AMO. Actas municipales año 1600. Sig. A-95. Fol. 209.

A mi paresceme que en ciudad tan principal y devota dificultar si podra sustentar doze pobres siervos de Dios hijos de St. Francisco y hazerles casa, es punto fácil de resolver. (8)

Sobrino supo tentar a un Consell orgulloso con su estatus de cabeza de gobernación política y religiosa; una ciudad que estaba creciendo y acometiendo todo tipo de mejoras en búsqueda del «ornato» que permitiese demostrar el momento de su máximo esplendor.

Para acabar de convencerles, Gaspar Varela, quien a la postre sería el primer prior del convento oriolano, recordó los deseos del virrey para la principal ciudad del reino después de Valencia, haciendo hincapié en que el nuevo convento pertenecería a la provincia de San Juan Bautista de Valencia, no así el de recoletos de Santa Ana, que era castellano.

AMO. Actas municipales año 1600. Sig. A-95. Fol. 211

Tuviesen por bien que se edificase convento de descalzos, no obstante que había un convento recoleto de San Francisco, que es de la provincia de Castilla, y el que ellos quieren edificar es de la provincia de Valencia, y que la ciudad es de muchos vecinos y la mas principal del reino después de la de Valencia. (9)

En contra de la fundación levantaron la voz los observantes de Santa Ana, que protestaron por escrito ante el Consell al ver en peligro gran parte de sus ingresos en concepto de limosnas.

Apelando al Concilio de Trento, les recordaron la prohibición de fundar conventos en ciudades que no pudiesen mantenerlos cómodamente.

Estos padres ya dicho, en tiempo atrás tomaron el convento que ahora tienen en Callosa, por donde nos an ynpidido limosnas que della y de los demas lugares solia este nuestro convento tener, por donde si en algun particular somos molestos y cargosos a esta ciudad es porque la necesidad nos aze andar muy a menudo enfadando.

El manda que no se funden conventos donde comodamente por la via ordinaria, sin pedir milagros, no se puedan sustentar. (10)

Ante tales argumentos el Consell se reunió el lunes 17 de abril para tratar y resolver ese negocio; y a pesar de que «habían hecho mucha fuerza» las razones del prelado, todos los presentes «unánimes y conformes en voto y parecer, teniendo por cierto que Dios había inspirado sus corazones para que los de esta ciudad les favoreciesen y ayudasen el asunto», aceptaron la fundación dando cuenta al obispo por carta para que concediese la suya.

Licencia del Consell para fundar el convento. Abril de 1600. AMO.

Conseguidas todas las licencias se cometió a Marco Sáez para dar morada a los descalzos y Oriola anunció orgullosa al virrey que, a pesar de tener otra casa de San Francisco, de haber acogido recientemente los conventos del Remedio y del Carmen, ambos muy necesitados, aceptaban a los alcantarinos dejando su subsistencia en manos de la divina providencia.

El 22 de abril tomaron posesión de tres casas situadas en el arrabal de San Agustín, junto a la barrera de Hurchillo donde se acomodaron temporalmente.

El sitio donde tomaron posessión fue el dicho Arrabal de San Agustín, en un pequeño callejón que se atajó con tablas, y algunos días estuvieron en él los Religiosos, con bastante estrechez y trabajo, hasta que enfrente de él tomaron tres casas pequeñas, de las cuales una servía de Santa Iglesia; la otra de portería; y la tercera de morada de los Religiosos, y en este paraje estuvieron hasta poder pasarse al combento, el cual se empezó a fabricar en 1601.

Sentose la primera piedra con muy grande primor y solemnidad, Domingo de la Septuagésima, asistiendo a este lucidísimo acto toda la clerecía, Señores Canónigos, Justicia, Jurados, en forma de Ciudadanos Nobles, Plebeyos y los más graves Religiosos de las demás comunidades.

Y para más solemnizar la fiesta, que de cuyo ya era grande, fue la Música de la Santa Iglesia Cathedral, y cantaron con regular melodía, en honor y gloria del Santo Obispo Gregorio, Patrono del nuevo combento. (11)

MONTESINOS PÉREZ DE ORUMBELLA, Joseph; Compendio Histórico Oriolano. Tomo 6, capítulo 7, fols. 118-119. Manuscrito. Caja Rural Central. Orihuela.

El apoyo municipal a la nueva fundación no solo incordió a los observantes de Santa Ana; mercedarios, agustinos, trinitarios y carmelitas pleitearon durante años contra los alcantarinos de San Gregorio.

Pero la decisión estaba ya tomada y las obras del nuevo convento franciscano y su iglesia se acometieron con premura gracias a las ayudas y limosnas del Consell.

Frailes alcantarinos imaginados por Montesinos. CRC/AHO.

El 20 de mayo concedieron licencia para sacar piedra de la «Peña del Castillo», sobre la casa antigua de Baltasar Pedrós y el 3 de junio, acordaron una limosna mensual de 3 libras sobre las rentas de la ciudad.

Con este respaldo y con donativos particulares continuaron las obras, instalándose en el nuevo edificio aun sin acabar a finales de 1603.

Rápidamente ampliaron y mejoraron su cenobio. En 1618 se hicieron con dos tahullas anexas para ampliar el huerto. En 1627 construyeron establos y pajar. En 1626 instalaron una barraca para criar seda…

El carácter reformista de los descalzos, con un comportamiento acorde a los postulados de su prédica, les hizo acreedores del cariño y respeto de los oriolanos; especialmente en las epidemias de 1648 y 1678; en este último año, la ciudad se dirigió al Provincial de la Orden, para agradecerle los desvelos de los descalzos:

Sucedió en esta ciudad de Orihuela el contagio de la peste, que duró en ella desde el mes de abril hasta los primeros de Agosto. Se sacrificaron víctimas de la caridad, y del consuelo público de la ciudad diez Religiosos de este Convento, saliendo de él a servir y consolar a los apestados del Hospital, y murieron de los diez cinco. (12)

Frailes alcantarinos imaginados por Montesinos. CRC/AHO.

A finales de la centuria comenzaron las reformas en la iglesia conventual. En 1698 compraron al ladrillero Tomás Pérez, 5.200 ladrillos para reformar la cubierta. (13)

Durante el siglo XVIII, las riadas estuvieron a punto de echar por tierra el edificio, quedando parcialmente dañado, por lo que se emprendieron obras imprescindibles, reforzando además arcos y paredes de la iglesia.

En su máximo apogeo, alcanzado en el siglo XVIII, el convento alojaba en sus muros a 50 religiosos y 8 pretendientes.

Su huerto, de casi cinco tahullas, contaba en fechas de la desamortización con 13 limoneros, 16 naranjos dulces y 2 agrios, 13 palmeras, 3 laureles, 1 peral, 3 higueras, 1 saúco, 14 parras, 2 pruneros, 1 albaricoquero y 22 granados. (14)

Frailes alcantarinos imaginados por Montesinos. CRC/AHO.

Con ayuda municipal urbanizaron toscamente el paseo de la alameda cubriendo los hondos con carretas de «ruinas y casquijo» para evitar que quedara impracticable por las lluvias.

Se compuso de cantería el puente sobre la acequia y se adornó con una cruz de término fabricada en 1735, que incluía las armas de la ciudad.

Gracias a la permuta efectuada por el Marqués de las Hormazas con la casa de Rafal a principios del siglo XIX, se ejecutó un camino para sustituir el «transito angosto que atravesaba los huertos del sitio de San Gregorio», completando así el precursor trazado de la actual calle de San Gregorio.

Frailes alcantarinos imaginados por Montesinos. CRC/AHO.
San Gregorio Thaumaturgo y la Virgen de Monserrate.

El Consell decidió que adoptase la advocación de San Gregorio Taumaturgo, abogado contra terremotos e inundaciones, por la devoción que la ciudad tenía a ese «santo bienaventurado», votado como intercesor ante las continuas avenidas del río que causaban tanto daño; en palabras de Montesinos:

Consultado por entreambos Cabildos, Eclesiástico y secular, que vocación y título se le daría al combento, convinieron todos en que fuese el de San Gregorio Thaumaturgo, obispo y confesor; y que se edificasse cerca de las orillas o márgenes del Río Segura, fuera del Arrabal de San Agustín, para que fuese amparo y defensa contra las grandes y terribles inundaciones que solían padecer de ordinario; y allí tomaron la deseada posessión, el día 22 de Abril del referido Año 1600, con grande contento y aplauso de toda la Ciudad. (15)

MONTESINOS PÉREZ DE ORUMBELLA, Joseph; Compendio Histórico Oriolano. Tomo 6, capítulo 7, fol. 118. Manuscrito. Caja Rural Central. Orihuela.

Así pues, cuando llovía más de la cuenta y el Segura comenzaba a desbordarse, sacaban al santo en rogativas «a fin de aplacar la ira de Dios».

Y eran estas tan frecuentes, que el padre guardián se quejaba al Consell de que la imagen de San Gregorio, además de pequeña, estaba indecente por las muchas veces que se había metido en el río, aconsejando hacer otra mayor y dejar la vieja para mojarla cuando hubiese necesidad.

Pero poco le quedaba al taumaturgo como intercesor meteorológico. El año 1672 comenzó diluviando y casi todo el mes de enero se pasó en perpetua rogativa.

Ya había sacado el Consell a San Gregorio en procesión al río, precedido como de costumbre de seis nobles caballeros con antorchas blancas, y sucedió que las lluvias continuaron, el Segura creció, rompió los frágiles costones que aprisionaban sus turbias aguas y, por espacio de varios días, esparció en la ciudad y en la vega la desolación y la muerte, arrasándolo todo con empuje tan extraordinario, que hasta el propio convento de San Gregorio amenazaba con derrumbarse sobre sus cimientos. (16)

San Gregorio imaginado por Montesinos. CRC/AHO.

No se había recuperado el pueblo de tanta desgracia cuando, dos meses después, el Segura comenzó a crecer de nuevo.

El pósito estaba vacío, el pueblo aterrorizado no podía contar con San Gregorio pues el acceso era imposible y sus frailes se habían refugiado en otros conventos.

Así pues echaron mano de la imagen más cercana. Nuestra Señora de Gracia fue sacada de San Agustín y colocada en un improvisado altar sobre el puente. Pero el río seguía creciendo.

El 7 de Marzo se reunió el Consell y acordó sacar en procesión hasta la iglesia catedral a la Virgen María de Montserrat.

Al llegar al puente de Poniente, el ramo de la patrona cayó al río e inmediatamente, las aguas comenzaron a descender. Con esta ya famosa ceremonia terminó la función intercesora contra las inundaciones de San Gregorio.

El milagro del ramo. Grabado siglo XIX.
Exclaustración y desamortización

El siglo XIX fue particularmente duro con los descalzos. Durante la Guerra de Independencia, al quedar extramuros, el convento fue fortificado para seguir el plan de defensa de la ciudad. En el primer plano confeccionado, aparece como Batería de San Gregorio. (17)

Acabada la guerra, la subsistencia posterior del convento no fue nada fácil. Como la de las demás congregaciones masculinas, su historia terminó con la desamortización eclesiástica.

El domingo 23 de Agosto de 1835 los religiosos fueron expulsados; era el final del convento.

El amplio edificio, fue subastado y adquirido por Juan Vilaregut, quien lo convirtió en locales y casas de inquilinos; y tres años después, el Ayuntamiento trasladó a sus cuadras el matadero municipal.

Croquis borrador de Orihuela. Año 1811. Ministerio de Defensa.

Al igual que la Merced y San Agustín, en 1868 el edificio fue adquirido por las hermanas Antonia y Petra Vilar, quedando en manos de la primera en 1875. (18)

Si os apetece, pinchando la siguiente imagen podéis acceder a un artículo que, junto a Jorge Belmonte, escribí sobre el tema.

Enlace al artículo.

La escritura hacía constar que fue convento de San Gregorio, en la alameda del mismo nombre, que lindaba al frente con la alameda, a la izquierda con huerta propia, a espaldas con tierras del marqués de Boil y a la derecha con la capilla de la Tercera Orden de San Francisco.

Lindando también con la alameda, habían construidas seis casas de planta baja, que formaban parte del edificio. La iglesia conventual, situada entre el convento y la capilla de la Orden Tercera, desapareció transformada en almacén. (19)

En septiembre de 1885 Vicente López Durana, esposo de Antonia Vilar, pretendió edificar en los terrenos de San Gregorio. El Ayuntamiento, tras el informe de Ornato, acordó pedir a Durana los títulos de propiedad.

Calle de San Gregorio a comienzos del siglo XX. Colección Javier Sánchez Portas.

Tres meses después, presentados a nombre de Antonia, le acusaron de apropiarse de parte de la Alameda que era del común. También de destruir la columna y base de la cruz de término, por lo que le negaron la solicitud.

Arrabal de San Agustín. Planos de población (1810)
Aunque la calidad es pésima, esta fotografía muestra la capilla de la VOT y la iglesia conventual de San Gregorio, convertida en almacén; ya con el campanario construido en el callizo que las separaba.
La Venerable Orden Tercera y la Cofradía del Perdón

Al igual que los franciscanos de Santa Ana, los alcantarinos de San Gregorio contaron con una Venerable Orden Tercera cuya capilla, separada de la iglesia por un callizo, fue el único edificio que se salvó gracias a su carácter seglar.

Capilla de la Tercera Orden de San Francisco. Es ya la Iglesia de San Gregorio que conocimos en el siglo XX. La torre fue eliminada después. Colección Javier Sánchez Portas

Fundada a mediados del siglo XVIII, esta institución costeó varias imágenes; entre ellas la de Nuestro Padre Jesús de la Caída obra de Salzillo y, desde mediados del XIX, organizó el traslado de dicha imagen el Martes Santo para formar parte de la procesión general del Viernes Santo.

Desaparecida la iglesia conventual la capilla se destinó al culto. Pero a principios del siglo XX, ante el mal estado que presentaba, fue clausurada temporalmente.

La restauración, a cargo del maestro Francisco Sánchez y de un carpintero llamado Sanz, fue financiada por suscripción popular; comenzó en 1905 y en febrero de 1906 quedaba reinaugurada.

Capilla de la VOT convertida en ermita, ya sin la torre. (Archivo García- Molina)

Las obras de restauración comenzadas en el templo de San Gregorio, tocan a su término. La suscripción abierta con tal objeto, y cuya lista de señores donantes hemos ido publicando, ha dado los más lisonjeros resultados. La iglesia de San Gregorio abrirá pronto sus puertas al culto.

Un esfuerzo más y se coronará la obra, pues para ello falta bien poco. Merecen un aplauso sincero el maestro de obras Sr. Sánchez (D. Francisco) y el Sr. Sanz (carpintero) encargados de la restauración. En ella han derrochado buen gusto e inteligencia. Sobre todo el pintor Sr. Sánchez, que gratuitamente esta haciendo allí una verdadera obra de arte. (20)

Capilla de la VOT de San Gregorio, ya adaptada y sin la torre.
En esta fotografía podemos comprobar la distribución del convento de San Gregorio, con la capilla de la VOT, la torre e Iglesia de los Alcantarinos y restos de lo que fue el edificio conventual. Al fondo el chalet de los Gálvez. Colección Javier Sánchez Portas
Aspecto de los edificios en los años 40-50 (Colección Javier Sánchez Portas). Sobre la fotografía anterior, ampliada, el dibujo de Montesinos (CRC/AHO).
Caballería del Perdón frente a la iglesia de San Gregorio © Antonio Ballester Vidal.

En 1927 se fundó la Cofradía del Perdón como heredera natural de la VOT. Durante la Guerra Civil se clausuró de nuevo la iglesia, trasladando algunas de sus imágenes al museo creado por Justo García Soriano en el antiguo palacio de la casa de Rafal.

Caballería del Perdón frente a la iglesia de San Gregorio © Antonio Ballester Vidal.

Terminada la contienda en abril de 1939, los cofrades del Perdón descubrieron que gran parte del piso de mármol había sido arrancado, y que cavado en el suelo de tierra, había un foso para asistencia del camión del cuerpo de bomberos que utilizaba el edificio como garaje.

También encontraron la cama del conductor instalada en el camarín de Nuestro Padre Jesús.

Nuestro Padre Jesús de la caída. San Gregorio © Antonio Ballester Vidal.

Con ayuda de los vecinos,  la vieja capilla reconvertida en iglesia fue de nuevo acondicionada acabándose las obras en el año 1943.

Erigida la nueva parroquia de San Vicente Ferrer en 1968 con feligreses procedentes de la Catedral y de Santa Justa, en octubre de 1971 desapareció el único vestigio del convento alcantarino.

Bendición de la nueva iglesia parroquial de San Vicente Ferrer, erigida en los terrenos de la capilla de la VOT de San Gregorio, exconvento de franciscanos descalzos alcantarinos. Colección Javier Sánchez Portas.
Bendición de la nueva iglesia parroquial de San Vicente Ferrer. Colección Javier Sánchez Portas.
Bendición de la nueva iglesia parroquial de San Vicente Ferrer. Colección Javier Sánchez Portas
Bendición de la nueva iglesia parroquial de San Vicente Ferrer. Colección Javier Sánchez Portas
Bendición de la nueva iglesia parroquial de San Vicente Ferrer. Colección Javier Sánchez Portas

La entrañable ermita fue derruida y sustituida por un moderno edificio parroquial que, a pesar de su nueva titulación, para los oriolanos será siempre San Gregorio.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Publicado en la revista de Moros y Cristianos de Orihuela en 2013. Mi más sincero agradecimiento a Consol Payá Amat y a Gloria Doménech Giner.

Notas: 

(1) Cathalogo de los conventos del obispado de Orihuela…. AHN, Estado, leg. 2945. (ms, mediados del XVIII). En: VILAR, Juan Bautista en Orihuela, una ciudad valenciana en la España moderna, vol. III, pág. 907. Orihuela.1981.

(2) MONTESINOS PÉREZ DE ORUMBELLA, Joseph; Compendio Histórico Oriolano. Tomo 6, capítulo 7, fols. 117-118. Manuscrito. 1792. Caja Rural Central. Orihuela. Los corchetes sustituyen un fragmento en el que Montesinos se extiende con una interminable lista de reyes que gobernaban Europa.

(3) GISBERT Y BALLESTEROS, Ernesto; Historia de Orihuela, vol. III, Orihuela.1901.

(4) GEA MARTÍNEZ, J. Rufino. «Páginas sueltas, documentadas de la Historia de Orihuela». En: El Conquistador, núms.178-179 (9-16 feb. 1918).

(5) Archivo Municipal de Orihuela. Actas municipales año 1600. Sig. A-95. Fol. 192.

(6) SÁNCHEZ PORTAS, Javier. El Patriarca Loazes y el Colegio Santo Domingo de Orihuela, pág. 30. Orihuela. 2003.

(7) AMO. Actas municipales año 1600. Sig. A-95. Fol. 210

(8) AMO. Actas municipales año 1600. Sig. A-95. Fol. 209

(9) ibíd.

(10) AMO. Actas municipales año 1600. Sig. A-95. Fol. 211

(11) MONTESINOS PÉREZ DE ORUMBELLA, Joseph; Compendio Histórico Oriolano. Tomo 6, capítulo 7, fols. 118-119. Manuscrito. 1792. Caja Rural Central. Orihuela.

(12) Cathalogo de los conventos del obispado de Orihuela…. AHN, Estado, leg.2945. (ms, mediados del XVIII). En: VILAR, Juan Bautista en Orihuela, una ciudad valenciana en la España moderna, vol. III, pág. 908. Orihuela.1981.

(13) NIETO FERNÁNDEZ, Agustín. ORIHUELA EN SUS DOCUMENTOS III: Los Franciscanos en Orihuela y su Comarca S. XIV-XX, pág. 205. Murcia. 1992.

(14) ibíd. Págs. 218-219.

(15) MONTESINOS PÉREZ DE ORUMBELLA, Joseph; Compendio Histórico Oriolano. Tomo 6, capítulo 7, fol. 118. Manuscrito. 1792. Caja Rural Central. Orihuela.

(16) GEA MARTÍNEZ, J. Rufino. “Páginas sueltas, documentadas de la Historia de Orihuela”. En: El Conquistador, núm.179 (16 feb. 1918).

(17) MUÑOZ PORTAU, Mercedes. «Aproximación a la Guerra de Independencia en Orihuela y su obispado: problemática castrense en un sector de retaguardia». Anales de Historia Contemporánea (Murcia) Vol. 1 (1982) p. 19-45.

(18) MAZÓN ALBARRACÍN, Antonio J/BELMONTE BAS, Jorge. «Aportaciones para el estudio de los conventos de La Merced, San Agustín y San Gregorio». Revista deorihuela, núm.9 (2007).

(19) Es parte del edificio que fue convento de San Gregorio, situado a las afueras de la Barrera del Matadero, en la alameda de su nombre, linda a levante con huerto propio, a poniente con camino a Hurchillo, mediodía con portería del convento y norte con la capilla de la tercera orden de S. Francisco, con callizo en medio. Tiene 6 ventanas con reja y una sin ella, puerta principal y 3 interiores, todas con cerrojo, llave y picaporte. (AHO. Protocolos Notariales).

(20) El Diario, núm. 243, (16 ene.1906).

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Callejeando 11. La plaza del Raval Roig y la calle Torreta.

El arrabal Roig en los siglos XVI, XVII y XVIII. Archivo Municipal de Orihuela.

La plaza del Raval y la Mare de Déu de Montserrat.

Colección Javier Sánchez Portas.

La plaza del «Raval Roig», formada en el espacio de seguridad que quedó entre la Puerta de Murcia y las primeras casas del citado arrabal, tomó el nombre del santuario erigido en el solar que ocupaba una pobre ermita de reducidas dimensiones.

Antes de hablar del templo y de la plaza de Monserrate, haremos un breve repaso de la conocida leyenda.

La Leyenda.

Dice la tradición que, tras la reconquista, los cristianos de Orihuela buscaron incansablemente la imagen de una virgen que se veneraba en la hipotética Iglesia de San Julián; imagen que escondieron los godos cuando los musulmanes llegaron a la península en el siglo VIII.

Javier Sánchez Portas lo sintetizó así en su «Informe para la declaración de Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento del Santuario de Nuestra Señora de Monserrate de Orihuela».

El Santuario de Nuestra Señora de Monserrate de Orihuela tiene su origen en un suceso ocurrido, según la tradición, en 1306, cuando el sonido de una campana durante tres noches consecutivas en la falda de la montaña, junto a la zona occidental del recinto amurallado, en la parte baja hacia el río Segura.

El sonido escuchado hizo que los fieles cristianos que habitaban el lugar abrieran la peña, hallando una pequeña cueva donde se encontraba una imagen de la Virgen debajo de una campana.

Montesinos trató el tema varias veces en su «Compendio Oriolano». Así lo contó en el primer tomo, llamándola «Ntra. Sra. de la Puerta».

Esta Ciudad estuvo en poder de los Moros sin que los Christianos, que estaban en el Arrabal Roig, menoscabasen la Sta. Ley de Jesuchristo 532 años, conservando siempre en dicho Arrabal la Sta. Igla. de Sn. Julián Mártir, y la invocación de Ntra. Sra. de la Puerta, la qual es una imagen pequeña de olivo incorrupto, que se tiene en esta Ciud. con tanta veneración, que es su patrona por ser tan antigua.

Los Christianos Godos la escondieron, sacándola de su Capilla, quando se alzaron contra los Moros, y ganaron el castillo, baxo la campana que tenía la dicha Igla. de Sn. Julián; porque como refieren Carrillo y Esplugues; y sabemos por la tradición de Padres a Hijos, esta Soberana Imagen de halló baxo de una mediana sonora campana enfrente del mismo sitio y lugar que hoy día se venera, que es el que antes era el Altar Mayor; y luego que la hallaron, que fue cerca de los años (o en el mismo, según afirma Carrillo) de 1306…

En el volumen cuarto afirma copiar el capítulo V de un libro titulado «Orihuela Ilustrada»; obra de la «elocuente pluma» de Francisco Martínez Paterna, presbítero y muy devoto de la «Soberana Madre de Monserrate». 

Redactado en la primera mitad del siglo XVII, del manuscrito titulado «Orihuela ilustrada en cinco libros de Historia» solo se conservan copias parciales. Para distinguir ambos textos voy a utilizar dos tonos; el más oscuro corresponde a la transcripción de Martínez Paterna.

Asentadas todas las casa con el orden y requisito para vivir como Repúblicos, en virtud y conformidad, determinaron los que tenían memoria de la tradición de la Imagen de Ntra. Sra. de Monserrate, que en tiempo de los Moros tenían en la Iglesia del Arrabal Roig, en la Parroquial de San Julián, donde moraron los Christianos, al fin de 500 años, conservando la Fe de Christo.

Por miedo de los Moros, que querían pasar a cuchillo a los Oriolanos, en el de 819 enterraron baxo tierra con muchas lágrimas, la preciosa Imagen de Ntra. Sra. de Monserrate, para que así no se atrevieran a ultrajar dicha Sta. Imagen, a quien tanto amaban, y de quien tanto esperaban.

En cuyo sitio estuvo por más de 500 años, por esto que en Orihuela no estaban aun asentadas las cosas de los Repartimientos de las tierras, que con ser muchas, causaron muchas revoluciones, pues el modo de repartirlas no se hizo como se debía…

Y los que quedaron en el Arrabal Roig, con las viudas más principales, acordándose de la Imagen de Ntra. Sra. de Monserrate que estaba enterrada en la Iglesia de San Julián baxo la campana, según la tradición de sus mayores; a costa de rogativas, de diligencias, y varias excavaciones, hallaron el sitio.

Y hicieron que la desenterrasen, y sacasen de donde estaba y le hiciesen una buena Iglesia encorporando en ella aquella parte en donde estuvo en aquellos años pasados…  

Grabado con los símbolos de la leyenda y fotografía del Ministerio de Cultura.

El origen de las advocaciones marianas de toda España varía en cada caso; pero siempre se inician con hechos extraordinarios y milagrosos.

El Concilio de Trento impulsó el culto y la veneración a la Virgen María; y cada población escogió una imagen que acabó haciendo suya de manera visceral dándole una advocación específica acompañada de su correspondiente leyenda.

Los cronistas de los siglos XVII, XVIII y XIX se encargaron de enriquecerlas y embellecerlas hasta que se consolidaron definitivamente; convirtiéndose para muchos en historia real. Y ésta se transmitió de generación en generación hasta formar parte indisoluble de la cultura de dichos pueblos.

Los lugares de los hallazgos o de las apariciones fueron ensalzados como sitios de culto que pasaron a formar parte del escenario religioso de la ciudad y también de su folclore.

En el caso de Monserrate adaptaron la leyenda del descubrimiento de la Mare de Déu de Montserrat, la popular advocación catalana conocida como «la moreneta».

Dicha leyenda cuenta como, ante la invasión de los moros, la imagen fue escondida en una cueva de la montaña de Montserrat y milagrosamente hallada en los primeros tiempos de la Reconquista. Unos pastores la descubrieron en medio de un misterioso resplandor y cantos angelicales. 

El intento de entroncarla con los godos también es muy similar. Algunos cronistas trasnochados la llevan incluso a épocas anteriores; y se refieren a un discípulo del apóstol Santiago como portador de la imagen.

La fecha atribuida al descubrimiento milagroso de la de Oriola, el año 1306, tampoco es casual. Coincide con la incorporación definitiva a la Corona de Aragón con la firma de los tratados de Torrellas en 1304 y de Elche en 1305.

El texto de Martinez Paterna describe la imagen «encontrada»; y, al parecer, no sólo aguantó el paso de medio milenio la incorruptible madera de olivo; también su policromía.

Es una imagen antiquísima, formada de madera de olivo incorruptible, del tamaño de dos palmos, asentada en una silleta, con un Niño en su mano derecha, el cual tiene un paxarito en sus dedos, su rostro es muy hermoso, y pequeño a proporción del cuerpo, y el vestido es de color encarnado, y el manto azul…

Continuando con la tradición, se dice que la advocación de la Virgen fue decidida por sorteo al no existir acuerdo sobre la nominación que debía titular a la imagen.

Las provincias de Alicante y Murcia fueron repobladas por aragoneses, valencianos y catalanes; por eso la tradición menciona advocaciones arraigadas en cada una de las tres procedencias: Montserrat para los catalanes, Pilar para los aragoneses, y Orito o Loreto para los valencianos.

Hasta ahora sólo había leído que desecharon las del Pilar y Orito. Pero el relato de Martinez Paterna, transcrito por Montesinos y el del propio Montesinos, eliminan la de Orito y añaden las de Guadalupe y la de Rija (supuesta advocación de la que no he conseguido encontrar ningún dato).

Y como los vecinos de Orihuela unos eran Valencianos, otros Aragoneses, otros Catalanes, y otros Castellanos y Andaluces, determinaron en el año de 1306 (que fue el de su invención) de darle título a esta Sta. Imagen; y unos querían que se llamase la Virgen del Pilar; otros la Virgen de Rija; otros la Virgen de Guadalupe; y otros la Virgen de Monserrate.

Y como no concordaron, procuraron el que se sacase por suertes el nombre titular que había de tener; y así en unas quatro sedulitas asentaron en cada una su nombre de los que estaban escritos; y sacándose por suerte, salió la Cédula que decía la Virgen de Monserrate, y así se quedó con este nombre; y la Iglesia se llamó siempre de la Virgen de Monserrate.

Montesinos, aunque da clara preeminencia a los «Cathalanes», utiliza las mismas advocaciones para las «sedulitas» del sorteo, citando a numerosos autores como fuente.

Y como la mayor parte de aquellos que poblaron esta Muy Noble Ciud. de Orih. en tiempos del Sr. Rey de Castilla Don Alonso X el Sabio, eran Cathalanes (por haber venido en compañía del Serenísimo Dn. Jayme I de Aragón, el Conquistador, el año 1265 según diré mas adelante) huvo grandes altercados entre los Christianos sobre la imbocación que le pondrían.

Pero siendo los Cathalanes muy devotos de María Sma. de Monserrate, procuraron con mucho esfuerzo que tuviera este título tan dulce y amable. Unidos y venidos a botar, contradiciéndolo otros, que no eran de la Nación Cathalana, determinaron (para asegurar la paz) poner escritas en unas sedulitas, las Imbocaciones que querían que tuviesen unos y otros, que según mi Ve. Dr. Montesinos; Ramírez; Gallego; Lozano; y Esplugues; fueron quatro, a saber; Monserrate, Pilar, Guadalupe y Rija.

Determinados todos (como interesados por su afectuosa devoción) que la primera imbocación que saliese por suerte, con ella se había de saludar la Sta. Imagen, y su Iglesia; y saliendo por suerte y Voluntad Divina, la primera Sedulita, hallaron escrito en ella el amoroso Nombre y título de Ntra. Sra. de Monserrate, con los que se quedó y permanece con la mayor ostentación y devoción en los amantes Corazones Oriolanos, que la veneran como su amante Madre, Reyna, Protectora y Patrona.

Efectivamente en Oriola, los catalanes, tuvieron preeminencia; y el culto a la Mare de Déu de Montserrat se había popularizado en Cataluña entre los siglos XII y XIII.

No es casualidad que el primer convento erigido al integrarse la ciudad en la Corona de Aragón fuese el de los mercedarios, orden fundada en Barcelona; y bajo la advocación de Santa Eulalia, la patrona de la «Ciudad Condal».

En cuanto a «famoso pleito» con los benedictinos, forma también parte de la tradición. Las advocaciones marianas se repiten por toda España sin problemas de exclusividad.

Sobre este título hubo diferencias con los Padres del Convento de Monserrate, que está en Cataluña, junto a Barcelona, los cuales enviaron un procurador a Orihuela para intimarles de que no hubiese en la Iglesia título de Ntra. Sra. de Monserrate, porque en España solo la casa que estos Padres de la Orden de Sn. Benito tienen en Cataluña, tienen este nombre.

Para lo cual hubieron de enviar a Roma un Canónigo de la Colegial llamado Mosén Juan Vicente para que alcanzase el privilegio; y éste alcanzó del Santo Papa Sixto IV, año 1483, a 12 de Agosto para que esta Iglesia quedase con este título de la Virgen de Monserrate.    

Lo que el Papa Sixto IV aprobó, en bula de 12 de octubre de 1482, fue la erección de la «Confraria de Nostra Senyora de Monserrat» de Oriola; en castellano la Cofradía de Nuestra Señora de Monserrate de Orihuela.

La Patrona.

Virgen de Monserrate. Imagen desaparecida en la Guerra Civil. Belda Novedades Fotográficas. Años 20. Procede de un cliché de cristal de la Colección Javier Sánchez Portas.

A esta Soberana amantísima Sra. baxo el especioso título de Monserrate, la venera y tiene esta Oriolana Ciud. por su especial Patrona y Protectora, celebrando anualmente, en su Culto y Honor en el 8 de Septiembre fiesta y muy lucido Novenario, en la Sta. Iglesia Cathedral; a donde se lleva desde su primorosa Hermita el día 7 por su tarde…

¿Cómo obtuvo el patronazgo de Oriola esta humilde advocación localizada en el extremo de la ciudad?

Durante mucho tiempo la elección de los santos y sus patronazgos fue cuestión municipal. Los miembros del Consell orientaban las preferencias de los devotos dependiendo de las necesidades de cada momento: riadas, sequías, epidemias, guerras…

Así el pueblo relegaba a unos santos y ensalzaba a otros estableciendo con ellos nuevas fiestas, ermitas, romerías, procesiones, etc.

Esa potestad pasó a manos del Cabildo a partir de la creación del Obispado. Y varios siglos después ¿Qué mejor forma de hacer popular una devoción entre una población con mayoría de campesinos que darle el control de la lluvia?

En Oriola San Gregorio taumaturgo fue escogido e impuesto por el Consell para la fundación de los Alcantarinos a comienzos del XVII. Si os apetece, pinchad la siguiente imagen para acceder al artículo sobre los Alcantarinos en San Gregorio.

San Gregorio imaginado por Montesinos. Pinchad la imagen.

La ciudad lo estuvo invocando como intercesor ante las riadas hasta que un supuesto fracaso, en 1672, dio paso al milagro del ramo en el puente, circunstancia que potenció la devoción de la Virgen de Monserrate y consolidó su leyenda representada en múltiples obras de arte.

El cambio supuso un claro beneficio económico para el Cabildo. Centralizando la devoción en la Virgen de Monserrate se hizo con el control de numerosas donaciones y limosnas que antes recibía el clero regular.

Algo parecido pasó en Murcia en 1694: como era costumbre, se utilizó la imagen de la Virgen de la Arrixaca, secular patrona, para celebrar rogativas por la sequía. Ésta fracasó y entró en acción la de la Fuensanta, cuyo patronato ejercía, casualmente, el Cabildo Catedralicio de Murcia.

Grabado siglo XIX y fotografía del Ministerio de Cultura.

Volviendo a Orihuela: en ese mismo año de 1672 tenemos constancia de que los mayordomos de la cofradía comunicaron al Cabildo Catedralicio la imposibilidad de celebrar la fiesta en la ermita por causa de las obras, y los grandes gastos que tenían que sufragar.

Recurro de nuevo a Javier Sánchez Portas y su «Informe para la declaración de Bien de Interés Cultural…».

El aumento de la devoción por esta imagen durante el siglo XVII hace que se amplíe su capilla en 1672 y se coloque un buen retablo barroco de tres calles con columnas salomónicas que se concluye por Antonio Caro «el viejo» en 1675 y que es dorado y policromado en 1677 por Francisco Heredia.

Este gran retablo que todavía pervive en la capilla del hallazgo tiene adosado un camarín poligonal con vidrios pintados que se realiza por el escultor José Rufete en 1690, según consta en la inscripción que rodea la cornisa del perímetro exterior del camarín situado en la estancia trasera del retablo, gran sala cuadrada y abovedada donde una gran ventana orientada al poniente jugaría un extraordinario efecto barroco al iluminar el camarín con la imagen de la Virgen a través de los cristales.

Las fechas de estas obras de ampliación y mejora coinciden con el suceso del ramo, hecho milagroso que propagó su culto. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Nuestra Señora de Monserrate. Santuario de Nuestra Señora de Monserrate en Orihuela. Lienzo «mutilado» atribuido a Bartolomé Albert, a finales del siglo XVII. Fotografía Leticia Pertegal.

El Oriolano. 9 de febrero de 1886: El sábado por la noche se produjo un mayúsculo alboroto en el Arrabal Roig. No se sabe quién hizo rodar la bola de que los ladrones habían intentado penetrar en el templo de la Virgen de Monserrate. Decirle esto a los del Arrabal y salir todos armados de palos, chuzos, escopetas y demás instrumentos, análogos fue obra de un segundo.

¡Bonito genio tienen ellos para tolerar desacatos a la Patrona de Orihuela! Con seguridad que si cogen entre manos a cualquiera de los presuntos cacos, el pedazo más grande que de él hacen es una oreja….

La ermita de la Mare de Deu de Montserrat.

Colección Javier Sánchez Portas.

Se estableció una ermita a la «Mare de Déu de Montserrat» probablemente en el siglo XIV; y no fue en un sitio accidental. Estaba en la puerta de Murcia; advirtiendo a los viajeros de que habían dejado el Reino de Castilla y entraban en la Corona de Aragón.

Hasta el siglo XVII pasó sin pena ni gloria; una modesta y paupérrima ermita; una de las tantas establecidas en territorio oriolano.

Vamos a comenzar con José Ojeda Nieto en su obra: «El Raval Roig, origen y formación de un espacio urbano en la Orihuela foral».

Se halla a mano derecha, lindando con la muralla, a la salida de la ciudad por la Puerta de Murcia. Su fábrica, en sus orígenes muy sencilla, sufriría diversas ampliaciones e incluso cambios de orientación, hasta dar con la actual, que procede de fines del siglo XVIII, mirando a la Plaza.

Arrabal siglo XVI. Dibujo de Mario Gómez sobre un boceto de Ojeda Nieto.

Vuelvo a transcribir a Ojeda Nieto, concretamente su obra «La advocación de Ntra. Sra. de Monserrate en los siglos XVI y XVII».

Porque el edificio de aquel entonces —siglos XVI y XVII— era una pobre ermita levantada en el arrabal—Raval Roig— más pobre de la ciudad. Un arrabal escasamente poblado a la altura de 1540, año en el que todavía los vecinos no figuran desglosados de la «collación de San Jaume». 

Hay que recurrir a las crónicas y a las fuentes indirectas para no dudar de su existencia, porque los notarios del Consell no se molestan en dar fe de los allí residentes.

De hecho, en julio de 1537 Cabildo y Consell cedieron el edificio a la orden del Carmen para fundar un convento, empresa que, a diferencia de lo que ocurrió con las del Socorro, de Santa Ana o la de San Sebastián, no llegó a buen puerto; pues contó con la «consideración» de iglesia.

Tres décadas después, una de las torres defensivas del muro cayó sobre ella destrozando la capilla.

Que la ermita se halla, si no apoyada, próxima a la muralla y a las torres que de trecho en trecho fortalecen el muro, en esa zona donde la muralla requiebra para ascender por la sierra, lo prueba el testimonio del suceso que obligará a una de las reparaciones que habrían de hacerse en la ermita en el último tercio del Quinientos, pues en 1567 una de las torres cayó y destrozó toda la capilla.

La reparación de estos años sirvió seguramente para ampliar la ermita, aprovechando el destrozo de la muralla. Pero si no fue así, si sólo fue reparación, en los inicios del XVII se llevaría a cabo una ampliación más completa, que sirvió a la postre para perfilar el trazado de la incipiente calle de Monserrate.

Arrabal siglo XVII. Dibujo de Mario Gómez sobre un boceto de Ojeda Nieto.

Que se ignore todo de la ermita hay que achacarlo a la privacidad de la Cofradía y a la pobreza del barrio, ya se sabe que los pobres no generan historia. Ermita pues, sencilla y pobre, como pobres eran los ornamentos. Andando el tiempo, cuando las circunstancias cambien, documentación y fábrica, ornamentos y liturgia cambiarán también.

A mediados del siglo XVIII, popularizada y extendida su devoción, el templo fue demolido parcialmente y reedificado a instancias del obispo Gómez de Terán. Así lo reflejó Montesinos en el tomo cuarto de su compendio.

Esta iglesia duró hasta el año de 1748 en que, por injuria de los tiempos vino a tierra; desde cuyo tiempo se llevó Ntra. Sra. de Monserrate a la Sta. Iglesia Cathedral en cuyo Altar Mayor se colocó con licencia del Iltmo. Sr. Obispo Oriolano Dn. Juan Elías Gomez de Teran.

Haviendo venido a tierra por los referidos años de 1748 esta Hermita de Ntra. Sra. de Monserrate, en el mismo año, día 15 de Octubre, se dio principio a la Fábrica de la que hoy (a Dios gracias) vemos concluida, que es de las mejores y mayores de esta Ciud. en planta, en aseo, en hermosura, y en disposición. Esta situada a la falda de una proporcionada Montaña, frontera a una grande Plazuela, llamada en lo antiguo de la Baca, y ahora de Monserrate.  

La Anunciación. Santuario de Nuestra Señora de Monserrate en Orihuela. Lienzo atribuido a Bartolomé Albert, a finales del siglo XVII. Fotografía Leticia Pertegal.

Este prelado transformó totalmente el espacio del santuario con una gran ampliación y una nueva distribución de sus estructuras. En el mismo tomo, Montesinos incluye una amplia descripción del interior del templo: capillas, ornamentos, enterramientos, etc.

Siguiendo el formato de paseo que utilizo en esta serie titulada «Callejeando», me limito a transcribir lo que se puede ver desde el exterior.

Frontero al Altar Mayor, esta la Puerta principal, compuesta de dos hojas dadas de verde, con las Armas de Ntra. Sra. que es una Sierra puesta sobre un Monte elevado; la fachada de ella es de lo más magnífico y primoroso que hay en esta Ciudad de Oriha. (añadido con otra letra) la que se concluyó Miércoles día 18 de Febrero del año próximo pasado 1789.

Construida toda ella de piedras de varios colores, con tres cuerpos, columnas, pirámides, relieves, y en medio un grande medallón, que ostenta con magestad a María Sma. Ntra. Sra. de Monserrate, en ademán de favorecer a sus amados hijos los Oriolanos; cuya Portada moderna (por haberse demolido la otra, que amenazaba ruina) se principió en 10 de Enero del año anterior 1788.  

La Visitación. Santuario de Nuestra Señora de Monserrate en Orihuela. Lienzo atribuido a Bartolomé Albert, a finales del siglo XVII. Fotografía Leticia Pertegal.

Así reza en el informe de Javier Sánchez Portas.

En 1749 se producen los primeros derribos de casas cercanas a Monserrate, para realizar el nuevo templo barroco y en 1750 la imagen de la Virgen es trasladada a la Catedral donde permanecerá hasta 1775 en que regresa a su nueva iglesia.

A mediados del siglo XVIII el obispo de Orihuela, Juan Elías Gómez de Terán construye entre 1743 y 1745 una modesta casa de Misericordia, que sitúa cerca de la capilla de Monserrate.

Pasados unos años proyecta su ampliación, encargando al fraile, pintor y arquitecto Antonio Villanueva el diseño de una gran casa de Misericordia cuya construcción se contrataría el 26 de junio de 1756 con Pedro Pardo y Miguel Francia ante el notario Rafael Medina, en cuyo protocolo se conservan los planos de planta y alzado originales formados por Villanueva, a quien nombran como «matemático», según ha publicado recientemente Mazón Albarracín.

La coincidencia cronológica en la ejecución de ambos edificios, las características estilísticas de las portadas y otras concomitancias nos inclinan a atribuir el diseño del actual Santuario de Monserrate a fray Antonio Villanueva, aunque por el momento no conozcamos testimonios documentales que prueben este aserto.

La capilla del hallazgo pasó a ocupar un lugar secundario dentro de la nueva edificación y la antigua ermita ocupó aproximadamente el espacio comprendido entre dicha capilla y la que hoy día es puerta lateral, hasta entonces portada principal.

Interior de Monserrate. 1931. Ministerio de Cultura.

En noviembre de 1934, cuando en otros pueblos ardían los templos, Ignacio Sánchez Ballesta se dirigió al consistorio para solicitar permiso, como contratista de las obras proyectadas en las torres y fachada, adjuntando el siguiente plano.

Archivo Municipal de Orihuela.

El medallón central de su fachada muestra el anagrama y los símbolos del legendario hallazgo de la Virgen.

En los años ochenta del siglo pasado fue restaurada de nuevo como podemos comprobar en la siguiente fotografía.

Restauración en los años ochenta del siglo XX. Archivo Rafael Almira.

La Plaza de Raval Roig.

Fotografías José Antonio Ruiz Peñalver y Ajomalba.

Comienzo, como es habitual, con lo dicho por Gisbert en sus apuntes sobre calles y plazas.

La (plaza) de Monserrate en la que existe el santuario de nuestra Patrona y que en otro tiempo se llamó de la Baca, así lo escribe Montesinos, es céntrica teniendo a su M. los finales de las calles de Santiago y del Hospital; y al N. los comienzos de las de Capuchinos y el Carril.

Ya he transcrito el texto donde menciona la supuesta titulación de «Plazuela de la Baca»; y sólo se me ocurre que pueda tener relación con las corridas de toros y vacas que se celebraron en esta plaza antes de abrir la Nueva. Veamos lo que dice Montesinos de la propia plaza.

La Plaza de Ntra. Sra. de Monserrate, que está situada en el centro del Arrabal Roig, es grande, cuadrada, hermosa, aunque no de sitio igual, cosa que la hace desagradable. En ella se hace el cargamento (por cuenta de la Real Hacienda) de la Sal para Orihuela, y lugares de su Gobernación.

Colección Esteban Sanmartín.

El cronista menciona dos accesos o portales en esta parte de la ciudad; y, con su habitual osadía para las fechas, nos habla de sus arreglos y reconstrucciones. El primero debía ser un portillo abierto para dar acceso a la calle de Santiago.

Portal de San Julián: se fundó en el año 1501 (según refiere el Pe. Esplugues). Vino a tierra y se reedificó levemente, con poca hermosura y menos obra, en el año 1704. Está junto a la Plaza de Ntra. Sra. de Monserrate; en cuyo lado hay una pública Carnicería.

El otro la propia Puerta de Murcia, más cerca del río.

El último portal que se llamaba la Puerta de Murcia por estar en el camino por donde se va a dicha murciana ciudad. La fundaron los Moros, junto a la torre que hay cercana al Río Segura, a la salida de Orihuela en el año 853.

Ganada la Ciudad por los Christianos, reedificaron estos dicho Portal en 1384, al lado de dicha Torre llamada de Oblouquí Alí por su fundador. Es toda de calcina y tapias; y, aunque algo desmoronada, se conserva (por acuerdo de la Muy Iltre. Ciudad).

Servía a los Moros de defenza y atalaya. Dicho portal tuvo segunda renovación en el año 1513; pero en el de 1678 (que fue el de la peste general) se demolió para hacer más ancha y clara la entrada de la Ciudad.

Antes de existir la plaza como tal, el espacio entre la muralla y las primeras casas estaba orientado hacia el río y el «camino de las Cinco Alquerías» (nombre antiguo de la actual población de Alquerías).

Llamado también «camino viejo de Murcia» o «camino de en medio», su cruz de término era la «Cruz del río», mencionada en el capítulo anterior. También contaba con una horca estable, de piedra picada, un patíbulo que advertía al forastero de que llegaba a una ciudad que castigaba el delito con dureza.

Reedificada en 1542 para darle más amplitud y facilitar el trasiego de carruajes, Pepe Ojeda la describe así.

La Puerta de Murcia, que se abre a la ciudad, con los escudos —de Aragón y el Oriol—, que la adornan, y la cruz enfrente, añaden una nota de vistosidad a la zona que el viajero procedente de Murcia, viniendo por la margen izquierda del río, vería al entrar en la ciudad tras haber atravesado un barrio todavía algo deslavazado.

La plaza del Raval Roig quedó ligada estrechamente a la «Confraria de Nostra Senyora de Monserrat o de la Mare de Déu de Montserrat de Oriola»; en castellano, la Cofradía de Nuestra Señora de Monserrate de Orihuela. Aprobada a finales del siglo XV, sus mayordomos han sido generalmente los encargados de adecentarla.

En el año 1599, ante el desorden urbanístico y la proliferación de establecimientos molestos e inconvenientes para la vecindad, los cofrades proyectaron aplanar y reformar la explanada apoyados tímidamente por el Consell que, seis años después, contribuyó poniendo orden en las construcciones de una plaza, óptima para instalar el mercado o celebrar cualquier fiesta.

En cuanto a rotulación, durante el siglo XVII aparece en los padrones de Sal y Muro como la Plaza del Raval Roig.

Plasa del Raval Roig. (Patro de els vehins 1651). Placa de Raval Roig eo lo que resta de aquella. (Patro de Sal y Mur 1654). Archivo Municipal de Orihuela.

En la primera mitad del XVIII era la Plaza del Rabal Roche (la denominación que acabó derivando en Rabaloche).

Plaza del Raval/Rabal Roche. Repartos de Equivalente 1717 y 1718. Archivo Municipal de Orihuela.

A partir de los repartos de 1770, figura ya siempre como Plaza de Monserrate.

Fotografía Ajomalba.

La estatua del caballero con levita que la preside recuerda a José María Muñoz y Bajo de Mengibar, trasladado aquí en 1900 desde la Plaza Nueva. Pinchando la fotografía podréis acceder a su historia.

Enlace a la biografía de José María Muñoz y Bajo de Mengibar 

El ajardinamiento de su explanada, al igual que el de la Plaza Nueva, fue fruto de una actuación realizada en la década de 1920 por el Consistorio que encabezaba Francisco Díe, mayordomo y presidente de la citada cofradía. La última remodelación de la plaza de Monserrate data de 2007.

La Plaza en el siglo XXI. José María Pérez Basanta.

La Calle Torreta y el Barranco.

Rótulos antiguo y moderno.
Plaza de Monserrate y Calle Torreta. Archivo Mariano Pedrera.

Vamos a terminar esta entrega visitando un precioso rincón al pie de la sierra, a espaldas del Santuario de Monserrate.

Es la calle Torreta, cuya titulación aparece en la segunda mitad del siglo XVIII y queda evidenciada por los restos que se mantienen en pie dando fe del antiguo perímetro defensivo.

Reparto Equivalentes de 1770. Archivo Municipal de Orihuela.

Este conjunto de torreones, de origen almohade, conectaban la muralla con el castillo y con la Puerta de Murcia.

Calle Torreta. José Antonio Ruiz Peñalver.

Al igual que el muro, se fabricaron empleando el sistema conocido como tapial, por lo que conservan los orificios redondos, huellas evidentes del citado proceso constructivo.

Calle Torreta. José Antonio Ruiz Peñalver.

Declarados Bien de Interés Cultural en 1949, en el año 2008 fueron restaurados por el Ayuntamiento.

Calle Torreta. José Antonio Ruiz Peñalver.

Y su entorno, antes descuidado, fue embellecido por la Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, que tiene allí su sede social y una capilla exterior en honor a su patrón.

Calle Torreta. Damars y José Antonio Ruiz Peñalver.
Vista desde las traseras del santuario de Monserrate. José Antonio Ruiz Peñalver.

El arrabal llegó al siglo XVII pobre y escasamente poblado por un vecindario conflictivo y disperso que, sin control municipal, creció rebasando el barranco que canaliza las aguas procedentes de la sierra en dirección al río, una defensa natural a modo de foso que hoy conocemos como calle Barranco.

Poco a poco la población se fue extendiendo con una mejor ocupación del terreno en torno a ellas; pero los tradicionales problemas urbanísticos no desaparecieron en este núcleo de población de crecimiento anárquico, con una disposición a acoger industrias molestas para el casco.

El Arrabal Roig. Colección Javier Sánchez Portas.

Estos profesionales ocupaban la calle siguiendo las costumbres de una sociedad sin noción clara de lo que era espacio público y privado, violando las normas urbanísticas más elementales y tolerados por la dejadez de sus vecinos.

Para la actual concepción de la higiene pública son inimaginables las condiciones de insalubridad en las que se desenvolvían los curtidores o los salitreros.

La complejidad de los procesos y la necesidad de espacio para desarrollarlos provocaba numerosas quejas, por lo que los jurados se veían obligados a retirar de la plaza calderas, secaderos y otros utensilios propios de estos oficios.

De la explanada partían dos caminos que acabaron siendo calles principales: la del Carril o San Francisco y la de Capuchinos. Estudiaremos ambas en los dos próximos capítulos.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Extracto actualizado del artículo «El Raval Roig, un territorio históricamente singular», publicado en «Cuadernos de historia y patrimonio cultural del Bajo Segura». A su vez era un resumen, actualizado y ampliado de otros artículos que he dedicado a este histórico barrio de Orihuela. Bibliografía:

Sánchez Portas, Javier «Informe para la declaración de Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento para el Santuario de Nuestra Señora de Monserrate de Orihuela». En prensa.

Ojeda Nieto, José. «La advocación de Ntra. Sra. de Monserrate en los siglos XVI y XVII». Orihuela 2006. Asociación Amigos de Orihuela. Y «El Raval Roig, origen y formación de un espacio urbano en la Orihuela foral». Orihuela 2010. Patronato Histórico Artístico de la Ciudad de Orihuela.

Montesinos Pérez de Orumbella, Joseph. «Compendio Histórico Oriolano». Manuscrito. 1792. Caja Rural Central. Orihuela.

Gisbert y Ballesteros, Ernesto. «Historia de Orihuela». Orihuela 1903. Tomo III.

Ferris Ibáñez, Manuel. «Bosquejo histórico de la imagen y Santuario de María de Monserrate, Patrona de la Ciudad de Orihuela». Orihuela, Imprenta de Luis Zerón García, 1900. Facsímil año 2.000.

Mazón Albarracín, Antonio José «La iglesia y el convento de los mercedarios». Publicado en la revista de Moros y Cristianos, Orihuela, 2012.

Mazón Albarracín, Antonio José «San Gregorio y los Descalzos Alcantarinos». Publicado en la revista de Moros y Cristianos, Orihuela, 2013.

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Callejeando 10. La Torre y la Cruz del Río.

Plaza de Santiago y Calle del Hospital. Colección Mariano Pedrera.

Salida al Río y «Lugar del Piejo».

Siguiendo por la calle del Hospital dejamos a la derecha la Plaza de Santiago, de la que hablaremos a la vuelta. Rebasada dicha plaza, encontramos dos callejuelas a la derecha y tres a la izquierda.

Fragmento plano de Francisco Coello en 1859.

Como podemos comprobar en el plano de Coello de 1859, los callejones en el siglo XIX eran tres a la derecha y cuatro a la izquierda.

Pero el que unía la plaza con el río, y el que prolongaba la calle de la Gloria hasta la de Santiago desaparecieron. Este último continuaba entre la Misericordia y Monserrate hasta unir el río con la peña.

Las que se conservan a la derecha se llaman Calle de la Espada y Travesía de Santiago.

La primera no figura en ningún padrón o reparto; pero existe al menos desde el siglo XIX. La mencionan en los trabajos del nomenclátor de 1861. También aparece en la prensa de final de siglo gracias a una taberna de mala reputación.

El Thader. 8 de octubre 1895: No hay que pensar en denunciar hechos que ocurran en el Arrabal Roig. Uno de los asiduos concurrentes a la taberna de la calle de la Espada, nos dijo anoche. ¿Señorito: Vd. es el «redator» que ha puesto eso de la calle de la Espada?

Nosotros contestamos asintiendo para ver lo que se le ofrecía. Pero nada, con la mayor cachaba del mundo nos dijo que no nos cansáramos en escribir sobre el particular porque han de seguir jugando en dicha calle, así como bebiendo tinto después de las diez de la noche.

La otra titulación es la forma más simple para nombrar calles modestas en la redacción de padrones y callejeros: se escribía el título de la calle principal, y al resto traviesas o travesías.

Fotografía Ajomalba.

La comisión para el arreglo del nomenclátor, en 1861, trató de unificarla con la primera de la izquierda, la llamada Salida al Río (en el plano, los números 1 y 2). Y para titularla escogieron el nombre de uno de los heroicos defensores del castillo durante la reconquista. Pero la propuesta no prosperó.

La Calleja que desde la Casa de Expósitos conduce a la Calle del Hospital, y de ésta a la Cruz del Río, llamada hoy Salida del Río, se nombrará Calle Ibáñez de Oriol.

Como su nombre indica, daba acceso al Segura a través de un portillo cuyos restos conservan las guías talladas en piedra para protegerse de las crecidas.

Fotografía Ajomalba.

Tenemos un documento de fecha 3 de noviembre de 1800, anexo al libro de actas, que cita el Portillo de la Calle de la Gloria, localizado entre la barrera de la Cruz del Río y el Portillo del Barrio del Piojo.

Normas que hay que observar para la construcción de tapias, las barreras y portillos de esta ciudad. Las cuales deberán ser de piedra y yeso con el grueso de palmo y medio y quince de elevación desde la superficie de la tierra, su bordo y el «simiento» correspondiente...

11. Barrera de la Cruz del Río; 12 Portillo de la Calle de la Gloria, con su albellón y palos de olivera; 13. Portillo del Barrio llamado del Piojo, desde la esquina de la última casa a la de Ros por la espalda, con su albellón y palos de olivera.

Portillo con salida al río. Fotografía de Juan Fenoll Villegas. Archivo Mariano Pedrera

El barrio o «lugar del Piojo» aparece en los padrones de primeros del siglo XIX. He localizado «barrios del Piojo» en localidades de Murcia, Albacete, Teruel, Toledo…

Antes de leer lo del portillo, su ubicación en varios repartos me despistó un poco. Como podéis comprobar, en el de 1803 aparece entre la Plaza de Monserrate y la Calle Torreta.

Reparto 1803. Archivo Municipal de Orihuela.

Y en el índice de 1811, entre la Plaza de Monserrate y Capuchinos.

Reparto 1811. Archivo Municipal de Orihuela.

Sin embargo, en repartos posteriores, lo anotaron junto a las calles del Hospital y de la Gloria.

Repartos siglo XIX. Archivo Municipal de Orihuela.

Si tenía un portillo cercano a la Cruz del Río y a las casas de Ros, podría ser la zona que, la comisión del nomenclátor en 1861, llamaba «Espaldas de Ros».

El sitio llamado Espaldas de Ros y antes Barrio de Rocafull, en memoria del célebre D. Guillén, cuyo retrato se conserva en la Casa Consistorial, se denominará Calle de Rocafull.

La sugerencia de dedicar una calle a los Rocafull, muy presentes en la zona como luego veremos, no se tuvo en cuenta; pero sí tenemos una calle dedicada al tal Ros.

Fotografía Ajomalba

La «Cruz del Río».

La Cruz del Río.

El lugar llamado «Cruz del río» o «Rebalso» era un idílico paraje del que sólo perduran fotografías. En el apartado «Cruces extramuros», Gisbert dice lo siguiente:

En cuanto a la cruz llamada del Río, en la margen izquierda de éste, junto al antiguo camino de Murcia y al torreón de Embergoñes, no podemos acotar el año de su fabricación; pero sí asegurar que es muy posterior a las otras seis, como que Montesinos no habla de ella al hacerlo de éstas.

Es cual jalón para medir la altura en las grandes avenidas del Segura, y decimos esto porque en la columna que le sirve de sostén aparecen señaladas las fechas de las riadas más memorables, con las alturas que alcanzaron; y en más de una ocasión ha sido derribada por la corriente.

Cruz había al menos desde el siglo XV, como en todos los caminos que llegaban a Orihuela. José Ojeda Nieto da cuenta de unos arreglos de cruces en la primera mitad del siglo XVI, concretamente en 1529.  

P[er] obrar les creus de la porta de Murçia y d[e] camy de Cinch Alqueries que están totes gastades.

Cuando hablan de obrar la cruz del camino de las Cinco Alquerías (nombre antiguo de la actual población de Alquerías), se refieren al camino viejo de Murcia o «camino de enmedio», cuya cruz de término era la del río. Como bien dice Gisbert, dicha cruz fue «derribada por la corriente» varias veces.  

Montesinos no la incluye entre las que se atribuyen a San Vicente Ferrer; tampoco entre las que se levantaron a principios del siglo XVIII; pero en otro apartado sí afirma que, durante la visita de Fray Diego de Cádiz en marzo de 1787, se colocaron varias «cruces labradas» en Orihuela.

Fray Diego de Cádiz predicando desde la Sala según Montesinos.

Se colocaron en los caminos, términos y lugares públicos, hermosas cruces labradas con los jeroglíficos de la Pasión de Ntro. Redentor Jesús; y hermosos lienzos de la Santísima Trinidad, todos dotados de indulgencias por rezar con devoción un Credo en su presencia...

Esto coincide con lo dicho en un artículo de prensa que podéis leer a continuación. Lo redactaron cuando la corriente derribó la cruz por enésima vez y estaba sepultada en el fango, a finales del XIX. Y se la atribuyen a unos padres capuchinos que la levantaron estando en Orihuela el famoso fraile gaditano.

Colección Javier Sánchez Portas.

Dicha cruz servía para medir las frecuentes avenidas del Segura. En su base se marcaban fechas y altura del agua. A consecuencia de una de esas inundaciones, probablemente durante la «Riada de la Feria» ocurrida en septiembre de 1888, cayó derribada y quedó sepultada en el fango.

El orcelitano, 7 de abril de 1889: ¿Qué delito ha cometido la tradicional cruz del río para que permanezca sepultada entre las arenas, ni más ni menos que si estuviera cumpliendo alguna condena impuesta? ¿La tendrán castigada por haber sido la causa de la última inundación? O por que no supo sostenerse guardando el equilibrio para que las aguas no la derribasen?

Podrá en tal caso haber algo de lo segundo, pero no es causa suficiente para imponerle tan tremendo castigo. Si la hubieran asegurado, observando que se desmoronaba, no hubiera venido en tierra. ¿Y cómo había de ser cómplice de la inundación, cuando es un centinela que siempre se hallaba arma al brazo marcando de una manera indefectible los grados que alcanzan las aguas, cuando se inician síntomas de avenidas?

Mire V. que estas gentes son terribles; no respetan ni aun siquiera la antigüedad. Basta ya de castigo. Disponga V. S. señor Alcalde, levanten del fango en que yace la tradicional cruz, y tengamos los hijos de Orihuela el gusto de verla colocada en el mismo sitio, conservándola para recuerdo de las futuras generaciones de este país.

La Cruz del Río.

Es en el siguiente artículo donde mencionan a los capuchinos y a fray Diego José de Cádiz.


El orcelitano, 5 de mayo de 1889: El viernes, día de la Cruz, creímos recibir una sorpresa preparada por el Alcalde; pero nos encontramos chasqueados. Hace días llamamos la atención de aquella autoridad para que dispusiera la colocación de la tradicional cruz del río, que yace sumida en el fango sin consideración a su antigüedad, y sin tener en cuenta que es un recuerdo de feliz memoria para Orihuela.

Tan respetable y tradicional Cruz fue erigida por unos frailes capuchinos que vinieron a esta ciudad a celebrar las correspondientes misiones; y coincidió su colocación, encontrándose también en ésta para la predicación de aquellas, el virtuosísimo Padre Fray Diego de Cádiz.

Colección Javier Sánchez Portas.

En el verano de 1891, la prensa seguía reclamando la colocación de la derribada cruz del río. En julio, el Ayuntamiento presentó dos presupuestos y pidió algo de ayuda a los modestos vecinos, provocando la siguiente respuesta crítica.  

El diario de Orihuela. 27 de julio 1891: La Cruz del río. En la mañana de ayer y previamente convocados por el teniente alcalde Sr. Bueno se reunieron en casa de dicho señor algunos vecinos de la Puerta de Murcia con el objeto de estudiar la forma de hallar fondos para levantar la Cruz del río.

El Sr. Bueno expuso el objeto de la reunión y excitó para que dieran algo los vecinos a dicho fin, terminando con presentación de dos presupuestos; uno de 50 pesetas y otro de 75. El Sr. Ruiz que tomó después la palabra dijo que los labradores están mejor para tomar que para dar, y después dijo:

— Yo voy también a presentar otro presupuesto si se puede hablar. El Sr. Bueno — Hable usted. El Sr. Ruiz. — Pues allá voy: Para levantar el pilar: Doce capazos de cal a 15 céntimos 1,80 pesetas. Dos carros de grava menuda para el cemento 5,50. Mano de obra por gratificación al maestro Morato 5. Por arreglar la cruz el maestro Zarra que es muy devoto 00. Total 12,30 pesetas. Restando ahora de la cantidad de usted a la mía se verá que va nada.

Colección Esteban Sanmartín.

En esa especie de playa fluvial, las mujeres lavaban, los hombres pescaban y los chiquillos nadaban; aunque todo estuviese prohibido.

El independiente. 27 de julio 1892: El Alcalde multó ayer con un día de su haber, a la pareja de municipales que presta servicio en el Arrabal-Roig, por permitir que laven las mujeres en la «Cruz del Río» siendo así, que se les dio la orden terminante de que no se lave en el río, ni en aquellos puntos donde algunos vecinos se surten de agua para su consumo ordinario.

El diario orcelitano. 17 de marzo 1904: Se nos dice que en el Segura y por más arriba del lugar denominado la «Cruz del Río», se dedican algunos sujetos en ejercer la pesca; pero no con caña, sino usando las «mangas» y los «rayos»; con lo cual contravienen la vigente ley de caza y pesca.

En la «Cruz del Río» muchos oriolanos dejaron su vida aprendiendo a nadar.

El Independiente. 20 de mayo de 1892: A las 12 de esta mañana y en el sitio denominado «La Cruz del Río» ha sido extraído el cadáver del niño que pereció ahogado hace tres días.

El Independiente. 26 de julio de 1892: El sábado en la tarde había un enjambre de chiquillos nadando en el sitio denominado «La Cruz del río»; y ni la pareja de servicio del arrabal ni nadie, evitó que continuaran haciendo ejercicios de natación. Prevemos que como no se lleve a debido efecto la prohibición, es posible que algún padre de familia tenga que lamentar alguna desgracia.

El Independiente. 22 de julio de 1893: A las tres y media de la tarde de ayer pereció ahogándose en el río, en el sitio denominado «La Cruz del Río» un muchacho de unos 17 años que había ido a bañarse a aquel punto. Son dos ya con ésta, las desgracias que en breves días tenemos que lamentar.

Durante muchos años contó con una caseta de consumos o fielato para el control de acceso de mercancías por el camino viejo de Murcia. Bueno, decir caseta era mucho, al menos en 1892.

El Independiente. 22 de julio de 1892: Damos las más expresivas gracias al Presidente de la comisión de consumos en nombre de los empleados del resguardo por atender en cuanto vale la excitación que le hicimos, para que dispusiera la colocación de un sombraje o cobertizo en el fielato de la cruz del río, a fin de que los empleados puedan preservarse de los abrasadores rayos del sol. Pues le apreciaremos no se demore la colocación del susodicho sombraje o sombrajo.

El diario. 1 de abril 1914: Aconsejamos al administrador de consumos que haga vigilar más los fielatos, y particularmente los días que maten en Bonanza. Digo esto, porque el otro día vi a tres mujeres del Arrabal Roig que, con grandes cestas, pasaron por el fielato de la «Cruz del Río», y los guardias, o se hicieron el distraído, o no las vieron…

Toda esa zona, completamente remodelada por la canalización del río, está ocupada ahora por un centro comercial y sus aparcamientos.

«Panorama rechter teil» («Panorámica parte derecha»). Otto Wunderlich (1886-1975). Año 1923. Instituto del Patrimonio Cultural de España.
Evaristo Duréndez Rodríguez.

Por la calle de la Gloria, volvemos a la del Hospital y, a partir de aquí, saldríamos extramuros, al verdadero Raval Roig.

Pero antes vamos a hablar de una plazuela desaparecida que ya cité en el capítulo dedicado al Carmen: la conocida como Carmen Viejo por la ubicación del primer convento carmelita.

Dibujo Mario Gómez. Texto Ajomalba.

Su desaparición en algunos listados del siglo XVIII y la breve aparición de la Plaza de Pedro de Castilla, me llevan a pensar que son la misma, un ensanche interior para servicio de la muralla, que desapareció con ésta.

Reparto del Equivalente 1717. Archivo Municipal de Orihuela.
Reparto del Equivalente 1718. Archivo Municipal de Orihuela.

En cuanto al personaje que la tituló brevemente, tras mucho buscar, conseguí localizarlo en dos protocolos notariales de la época. Se llamaba Pedro de Castilla de la Cueva Benavides, fallecido en el primer cuarto del siglo XVIII.

Su viuda, llamada  Antonia March García de Espejo, aparece en un poder de 1723. Y su hijo, de nombre Diego de Castilla, en otra escritura de 1734. 

No puedo aportar más datos; pero por las fechas parece estar relacionado con la Guerra de Sucesión y la llegada de los Borbones. Sin más preámbulos, salimos al arrabal.

El arrabal extramuros.

Arrabal siglo XVI. Dibujo de Mario Gómez sobre un boceto de Ojeda Nieto.

A través de los siglos, el estatus social de un oriolano, más allá de su oficio o de su nivel de ingresos, podía adivinarse por la zona en la que residía.

El tradicional casco de Orihuela ocupaba el escaso terreno disponible entre el monte de San Miguel y el río Segura, un espacio amurallado y a salvo de riadas que pronto se vio desbordado por la construcción de numerosos edificios destinados a la función pública, al clero, a la nobleza y a la burguesía acomodada, originando diversos núcleos de población extramuros, arracimados junto a sus puertas.

Modestas viviendas estructuradas en torno a caminos que progresivamente se transformaron en calles; arrabales que, con mejor o peor fortuna se fueron integrando en una población que optó por desplazar su centro al otro lado del río.

En todas las ciudades hay un arrabal que tradicionalmente permanece relegado, mal dotado de servicios y urbanizado anárquicamente, un escenario donde se concentran los problemas de desigualdad y exclusión social. En Orihuela se llama «Rabaloche».

Es la castellanización del topónimo Raval Roig o Raval Roche. Montesinos, traduciendo literalmente, atribuye el nombre al color de la tierra utilizada por los alfareros o cantareros. Pero las dos cantarerías nombradas en Orihuela (en el Rodeo y en una traviesa de la Corredera) estuvieron emplazadas, precisamente, en los otros dos arrabales.

Se hallan en Orihuela tres Arrabales que están fuera de los muros de la Ciudad; el primero de estos es el que llamamos en valenciano el Arrabal Roig, nombre puesto por los antiguos moradores de Orihuela después que fuera ganada de los moros; cuyo nombre le dieron porque aquí fundaron la Cantarería los alfareros que trabajaban en la obra de tierra.

Y como esta era roja y colorada, la que traían de lo más alto de la Sierra del Mártir San Cristóbal, y con ella labraban ollas, cazuelas, cántaros y búcaros, para el servicio de los vecinos de esta Ciudad, tuvo de aquí su denominación de llamarse el Arrabal Roig.

Enclavado en una zona privilegiada y libre de inundaciones, este añejo asentamiento urbano es sin embargo un interesante ejemplo de marginalidad histórica, de barrio popular poblado por familias modestas que han conservado gran parte de sus tradiciones a pesar de vivir en un territorio condicionado por la diversidad de culturas, por ser foco de atracción para los grupos más desfavorecidos.

Más allá de cualquier división administrativa o territorial, el «Rabaloche» mantiene unas características propias que, para lo bueno y para lo malo, le confieren cierta personalidad, siendo escenario predilecto para las leyendas más conocidas de nuestra ciudad.

En el Rabaloche se sitúan fantásticas narraciones que han calado hondo entre los oriolanos a través de los siglos. Estas leyendas forman parte inseparable del patrimonio de Orihuela y aceptarlas como tradiciones, como elementos que enriquecen su folclore no impide que se intente dar una explicación más histórica a los hechos.

Popularmente se asocia a la zona de influencia de la parroquia de Sant Jaume o Santiago, llamada despectivamente «la pila de los bordes» por ser la encargada de acoger y cristianizar a los huérfanos de la cercana Misericordia.

Se consideran «rabalocheros» los oriolanos nacidos entre la «esquina del pavo» y el convento de San Francisco. Pero en puridad, el Raval Roch comenzaba al otro lado de la muralla, en la explanada contigua a la Puerta de Murcia, un territorio con fuerte presencia franciscana.

No en vano esta orden mendicante fue propietaria de tres de los cuatro edificios destacables: el convento de Santa Ana, el de Capuchinos y la ermita del Sepulcro. El cuarto, construido a mediados del XVIII, fue el Cuartel de Caballería.

San Francisco y Plano del Cuartel. Colección Esteban Sanmartín.

Para salir al verdadero arrabal, había que traspasar la muralla medieval que, bajando de la sierra, giraba por la zona próxima a la iglesia de Monserrate.

La Torre «Ochavada»

Este espacio de especial protección estaba salpicado de pequeñas torres que reforzaban el muro hasta llegar a la de Embergoñes, milenaria y singular construcción hexagonal que culminaba el perímetro defensivo de la ciudad islámica en su punto más al oeste.

Las primeras referencias documentales datan del siglo XIV, aunque su origen es claramente anterior; islámico y más concretamente del periodo almohade, fabricada entre los siglos XII y XIII.

Restos de la torre de origen almohade, conocida como d’en Vergonyes o de Embergoñes. Clisé de Pablo Correu y Cama. Año 1900. Colección Javier Sánchez Portas.

Realizada en tongadas de tapial alternadas con hiladas de piedras de diverso tamaño, la altura de esta torre debió de ser espectacular, una sensacional atalaya junto al cauce del río, óptima para vigilar las posibles incursiones enemigas y las periódicas crecidas del Segura.

En los preparativos para la defensa de la ciudad durante la Guerra de los Dos Pedros, concretamente en 1359, encomendaron la torre a Bernardo Torner «en homenaje». Así lo afirma Mosén Bellot en sus anales. Pero este caballero murió en ese mismo año.

1359. Murió estos días Bernat Torner, que tenía la torre de En Bergonés con homenaje a uso de España. Esta era una gran torre que se cayó en tiempos de nuestros abuelos, al lado de la cual abrieron nuevamente la puerta de Murcia por honra del obispo don Alfonso de Medina, la primera vez que vino a Orihuela antes de esta guerra.

Y Pedro Torner, su hermano, puso escritura en consejo requiriendo absolviesen a su hermano del homenaje hecho y que él entregaba las llaves de dicha torre.

El Consejo mandó ir a los jurados a reconocer el cuerpo del difunto, y pidieron con juramento de dos testigos si era aquel el cuerpo de Bernat Torner, y respondieron que sí, y entonces lo absolvieron del juramento y la entregaron a Paulo de Godés, y prestó homenaje de manos y boca a los jurados en nombre del Consejo.  

Medio siglo después, ante una nueva amenaza, el consejo  destinó a cuatro personas honradas para instalarse en el llamado «postigo de don Ramón», entre torre hexagonal y la puerta de Murcia.

Se refiere a Ramón de Rocafull, rico personaje del siglo XIV propietario de doce caballos, que fue procurador General de Orihuela y por dos veces Capitán General. Gisbert habla de ese postigo como de D. Ramón o de D. Onofre Rocafull.

Arrabal siglo XVII. Dibujo de Mario Gómez sobre un boceto de Ojeda Nieto.

A mediados del siglo XVI la llamaban «la Torre Grosa de don Pedro Rocafull» o «torre ochavada».

Y a finales de esa misma centuria, los carmelitas se metieron a la casa vulgarmente llamada «el Palacio», cuyo dueño era el Magnífico D. Joan de Rocafull.

Los Rocafull, primero señores y luego condes de Albatera, tuvieron varios solares e inmuebles en la zona próxima a la torre y la muralla. Tras la expulsión de los judíos les cedieron su cementerio, situado extramuros cerca de la torre de Embergoñes, para utilizarlo como huerto.

En este mismo artículo hemos hablado de cuando la comisión del nomenclátor quiso bautizar «el sitio llamado Espaldas de Ros y antes Barrio de Rocafull» como calle de Rocafull, en memoria de Guillén de Rocafull, cuyo retrato conservaban en la Casa Consistorial.

A pesar de estar catalogada con el primer grado de protección, los restos de tan importante monumento medieval, sufrieron muchos años de abandono, ocultos bajo la vegetación y soportando un depósito de agua con el que coronaron la torre en la década de 1920.

La Torre con el depósito.

Una serie de actuaciones arqueológicas efectuadas por la concejalía de Patrimonio Histórico en 2017,  han revelado que la vetusta torre conserva dos metros y medio de estructura en el subsuelo, en buen estado de conservación.

La torre en la actualidad. «Reconstruida» por José Antonio Ruiz Peñalver.

Pinchando la siguiente imagen se accede a un vídeo en el que Matías Ruiz Peñalver, miembro del equipo redactor del Plan director del castillo y las murallas de Orihuela, cuenta la Historia de la Torre de Embergoñes.

Fotografía Ajomalba. Enlace a vídeo.

Todas estas construcciones defensivas comenzaron a perder importancia al remitir las disputas con Castilla y las temidas incursiones granadinas.

La artillería moderna y el desarrollo urbano las hicieron obsoletas e incómodas hasta provocar su desaparición.

Antonio José Mazón Albarracín. Ajomalba

Este capítulo, corregido y aumentado, forma parte del trabajo «El Raval Roig, un territorio históricamente singular», publicado en «Cuadernos de Historia y Patrimonio Cultural del Bajo Segura».  A su vez era un resumen actualizado y ampliado de otros artículos que he dedicado a este histórico barrio de Orihuela.

Callejeando 09. El Hospital y el Palacio de Rubalcava.

Fotografía Ajomalba.

La calle del Hospital.

Patro de mur y sal any 1636. Archivo Municipal de Orihuela.

Continuamos nuestro paseo literario por la calle del Hospital, dejando a la derecha una calleja que en lo antiguo se llamó de Eusebio. En la actualidad forma parte de Maestro Esteban, traviesa de la que hablaremos más adelante.

Fragmento del plano de Orihuela publicado por Francisco Coello en el año 1859.

Como dice Gisbert , «No es menester decir por qué se denomina de San Juan de Dios o del Hospital la calle que, partiendo de la plaza del Carmen, guarda paralelismo con la de Santiago y sigue hasta la plaza de Monserrate, después de ser interrumpida por la de Santiago».

El edificio, cargado de historia, que encontramos a la izquierda es el responsable de dicha titulación.

Hospital Municipal. Colección Javier Sánchez Portas.

La tradición ubica a los freires templarios en el solar que luego fue granero episcopal, en la calle del Ángel; y a las monjas templarias en el que sería Palacio Episcopal y posteriormente hospital.

El propio Mosén Pedro Bellot deja muy clara la situación de ambos establecimientos de la mítica orden medieval al hablar del convento de la Merced. 

El más antiguo convento de los que hoy permanecen (no tratando de los dos que había de Templarios, uno de freires en lo que hoy es el granero, y otro de monjas en lo que hoy es el Hospital) es el de la Merced…

Del granero hablaremos al llegar a la calle López Pozas; aquí vamos a contar un poco de la historia del hospital. Para las notas del citado Bellot utilizaré en esta ocasión el color azul; reservando el rojo para las de Josef Montesinos.

Disuelta la orden de los templarios en el siglo XIV, Jaime II cedió sus edificios al Obispado de Cartagena. Y el del arrabal se utilizó como sede episcopal, como morada del obispo en sus escasas visitas a Oriola. Recordemos que nuestra ciudad, aunque administrativamente era aragonesa, pertenecía espiritualmente a Castilla.

En el siglo XV se decidió unificar los hospitales parroquiales.

Había en Orihuela antiguamente cuatro hospitales, cada uno en su parroquia: el del Corpus, que hoy es parte de la casa del Obispo. El de San Salvador estaba en el rabal de la Puerta de Elche. El hospital de Santa Justa era lo que hoy es corte y cárcel. Y el de Santiago era San Julián, en Nuestra Señora de Monserrate.

Y en el año 1423 obtuvo el consejo un breve apostólico en que mandaba suprimir todos los hospitales en uno, y que la renta de todos y el precio de las casas se hiciese un hospital suficiente.

Pero no tuvo efecto por entonces, porque el año 1464 aún estaban divididos, porque trajo la Ciudad orden del Rey para el Obispo, mandándole que de todos los cuatro hospitales se hiciese uno.

Y el consejo ordenó que los jurados lo tratasen con los cofrades del hospital de San Bartolomé, que era el de Santa Justa, y que el consejo pagaría la casa para hacer de ella la Corte, y que la cárcel y la corte estuviesen en la plaza.

Para ubicar esta especie de «Hospital Central», que «de cuatro hizo uno», se aprovechó la permuta que acercaría al obispo a la futura Catedral.

Los prelados cartageneros habían dejado de visitar a una hostil Oriola que reclamaba su propio obispado. Y el edificio, abandonado a su suerte, se estaba arruinando a pesar de las protestas de los oriolanos.

Sabemos que, aún en 1452, las «Casas del Obispo» alojaron al privado del rey Alfonso V «el Magnánimo». Lo certifica la siguiente nota de Bellot, referente a la visita que hizo a Orihuela del conde de Cocentaina, Ximén Pérez de Corella.

Después de haberle hecho un pomposo recibimiento y paseo por toda la ciudad, le hospedaron en las casas del Obispo, que hoy es hospital…

Hasta tal punto llegó la desidia de los obispos con Oriola, y el desprecio de los oriolanos por el obispado murciano, que utilizaron el caserón episcopal como establo para refugio del ganado municipal.

Se dice que, en 1482, cuando nombraron obispo de Cartagena a Rodrigo de Borja, aprovecharon el buey que el futuro Papa «Borgia» Alejandro VI ostentaba en su escudo, para que circulase por Orihuela la siguiente coplilla:

«Se honra el obispo de Murcia / en tener un buey por armas/ y los bueyes en tener / su palacio aquí por cuadra».

Rodrigo de Borja, obispo, cardenal y Papa.

Montesinos lo explicó así:

… el Palacio de los Señores Obispos de la Sta. Iglesia de Cartagena, en tiempos de nuestra insigne Colegial de San Salvador, antes de verse elevada a la dignidad de la Cathedralidad estaba destinado para cuando viniesen dichos Prelados a esta Ciudad a hacer la visita y demás funciones propias de su ministerio, con obligación de mantenerle y repararle, lo que no ejecutaban.

Y estando muy deteriorado, escribieron ambos muy Iltes. Cabildos al Ilmo. Sr. D. Rodrigo de Borja, su Obispo en Murcia; después Cardenal y Pontífice Sumo con el nombre de Alexandro VI, para que lo reparase y obrase, a lo que se dio por desentendido…  

Como se movió el consabido ruidoso pleito, que siempre estuvo muy vivo, sobre la erección de nuestra Colegiata en Cathedral, los Obispos tenían miedo de venir a Orihuela; y dejándole de reparar, vino a ser corral y establo de los bueyes del abasto de esta Ciudad.

Y así escribió su Ayuntamiento a la Santidad de Alexandro VI, siendo Obispo Cartaginense, una carta muy satírica (y si hemos de hablar sin pasión poco atenta), entre cuyas palabras le dijeron estas:

Su Reverendísima y los del apellido de Borja, sus ascendientes y presentes, se honran de tener un buey por blasón y armas de su escudo; y en la Casa que V. Rdma., como Obispo de la Santa Iglesia de Cartagena, tiene por Palacio en Orihuela, se honran los bueyes de nuestros abastos de tenerla por establo y corrales…  

El cronista, en el primer libro de su compendio, asocia erróneamente la permuta de los edificios al flamante Obispado de Orihuela.

Y cuando Orihuela vino, en el año de 1564, a tener propio Obispo e Iglesia Cathedral; como el Palacio del Prelado de Cartagena estuviese donde hoy está el Hospital General de la Ciudad, determinaron que el Hospital que estaba en la Parroquia de San Salvador, fuese Casas y Palacio del nuevo Obispo y de sus sucesores.

Y lo que antes fue Palacio del Obispo de Cartagena, que lo era igualmente de Orihuela y todo su distrito, se hizo en él Hospital General, trasladando la Iglesia de San Bartolomé Apóstol, Hospital antiguo, en este nuevo Hospital y le dieron por nombre el Hospital de Corpus Christi, dejando una cuadra y aposento para los enfermos.

En realidad no fue exactamente así. La permuta, efectuada en 1558, fue cosa del último obispo de la diócesis de Cartagena, Esteban de Almeida (1546-1563). El hospital del Corpus Christi y San Bartolomé, hasta entonces en la calle Mayor, se trasladó al arrabal.

Y en su solar, junto al Loreto, se erigió el actual palacio episcopal que, en una de sus puertas, mantiene el escudo de dicho prelado. El propio Montesinos se contradice y lo afirma después, en el libro sexto.

En este sitio, fundó su Palacio Episcopal, por estar frontero y sujeto a la Santa Iglesia Cathedral, el Ilmo. Sr. D. Esteban de Almeyda, que fue el último Obispo de Cartagena, que gobernó todo lo que al presente es nuestro Obispado Oriolano, que se elevó a dicha Dignidad en 1564; en la vacante de su muerte, como lo demuestra el escudo de sus armas que hoy día aparece sobre la puerta (entonces principal) de dicho palacio…

Escudo del obispo de Cartagena Esteban de Almeida. Palacio Episcopal. Siglo XVI. Fotografía Ajomalba.

Y dejaron igualmente todas las demás rentas de los Hospitales para el servicio de los enfermos del Hospital General, que vino en el años de 1624 al poder de los Padres Religiosos del Orden de San Juan de Dios, donde hoy sirven a los pobres con mucha Caridad.

Los Hospitalarios de San Juan de Dios.

Triunfo de San Juan de Dios. 1740. Óleo sobre lienzo. Corrado Giaquinto. Pinchad para ver la obra completa en el Museo del Prado.

Los hospitalarios surgieron en la primera mitad del siglo XVI a través de San Juan de Dios, personaje nacido en Portugal, fundador del primer hospital en Granada.

Fallecido en 1550, durante la segunda mitad de la centuria sus seguidores fueron reconocidos como comunidad religiosa, siguiendo la regla de San Agustín con los tres votos clásicos de pobreza, castidad y obediencia más un cuarto de asistencia a los enfermos.

En 1586, el papa Sixto V les concedió la categoría de orden religiosa y se extendieron por todo el mundo fundando hospitales. A Orihuela llegaron bien entrado el siglo XVII.

En mayo de 1624 el permutado hospital fue encomendado a los religiosos de esta orden, convirtiéndose en convento de San Juan de Dios y hospital con las advocaciones del Corpus Christi y San Bartolomé.

Armas del Hospital y retrato de San Juan de Dios. Compendio Histórico Oriolano de Joseph Montesinos. Tomo 6.

Según Montesinos, tomaron posesión del Hospital media docena de religiosos que, con limosnas del obispo, de ambos cabildos y de varias personas devotas «lo pusieron en decente arreglo con dos muy buenas enfermerías, cocinas, despensas, sepulcro y demás necesario».

Luego se aplicaron a la construcción de la iglesia que, terminada en 1626, fue bendecida por el obispo Andrés Balaguer y «se hicieron a su dedicación unas muy lucidas fiestas». Y añade nuestro cronista respecto a los dominicos:

… llevados de su generosidad y amor a esta Comunidad Hospitalaria, les hicieron un buen regalo reducido a un carnero, 6 gallinas, una carga de vino, un cahíz de harina y 20 libras de moneda valenciana.

Además de las notas del citado Montesinos, que sigo marcando en rojo, utilizaré el violeta para algunos párrafos de Juan Bautista Vilar, de su obra «Orihuela, una ciudad valenciana en la España moderna».

Empezando por la transcripción del «Cathálogo de los conventos del obispado de Orihuela», manuscrito confeccionado a mediados del siglo XVIII y conservado en el Archivo Histórico Nacional.

San Juan de Dios. El Convento y Hospital de S. Juan de Dios se fundó el día 16 de mayo del año 1624, en el que, reducidos a uno dos hospitales particulares que había establecidos bajo la devoción de Corpus Christi y de San Bartolomé, con el piadoso fin de curar enfermos y criar niños expósitos, se entregó por la Ciudad de Orihuela a esta Sagrada Religión y hoy mantiene la misma invocación de Corpus Christi y de San Bartolomé.

La dramática epidemia de peste de 1648 fue su verdadera «prueba de fuego»; y se llevó por delante a toda la comunidad.

En el año 1648, en que esta ciudad padeció el lamentable contagio de la peste, con ruina de la mayor parte de los moradores, se aplicaron el Prior y Religiosos de este Convento, que entonces eran el Padre Fray Pedro Sanctus Morcillo, Prelado y Fray Andrés Lomares, Fray Diego de Salamanca, Fray Justo de Viruega, Fray Valeriano Alcañiz, súbditos al caritativo celo de los enfermos del contagio, ayudándoles con piedad, fervor y la mayor vigilancia, hasta haber dado todos, por el consuelo y amor de sus próximos, las propias vidas, de modo que hubo de proveer la Religión de otros Religiosos con su Prelado para continuar el Santo Instituto…

Patro de mur y sal any 1639. Archivo Municipal de Orihuela.

Ese mismo manuscrito nos revela que, a mediados del siglo XVIII, el convento hospital contaba con seis religiosos que atendían una media anual (regular curación cada año) de 335 enfermos; y criaban a 75 niños expósitos de ambos sexos.

Las rentas asignadas apenas cubrían la crianza de los huérfanos y el salario de los asistentes; teniendo que alimentar a los pobres enfermos a base de limosnas recogidas por los religiosos «que diariamente imploran la piedad cristiana con harto trabajo y estrechez».

De la misma fuente procede la siguiente carta del abogado Joseph Huguet, dirigida al corregidor de Orihuela en 1768. La escribe en nombre del prior del Convento y Hospital, y nos desvela los pormenores de la financiación en la cesión inicial y los problemas que tenían en aquel momento.

Digo que habiéndose fundado el referido convento en veinte y nueve de mayo de 1624, cedió aquella ciudad por propios el derecho de cárcel, pieles de cabrito y el que a la sazón tenía en las adoverías, para que con estos productos y las limosnas que pudieran recogerse para dicho convento, se acudiese a la manutención de los pobres enfermos y niños expósitos que se habían de recoger en el Hospital General que se fundó en el mismo Convento para dicha Ciudad y su contribución.

Desde entonces los referidos religiosos, mis partes, han continuado en pedir limosnas por esta y su contorno para mantener y curar los muchos y pobres enfermos del dicho Hospital, sin embargo de haberle faltado los efectos de derecho de cárcel y pieles de cabrito asignados por la ciudad; y como en virtud del Rl. Decreto expedido por V.E., se les ha prohibido el pedir las referidas limosnas, se hallan con el sensible desconsuelo de no poder mantener a los referidos enfermos, siguiéndose por ello notable perjuicio a la pública utilidad, ya por ser muchos los que en dicho Hospital se socorren, no solo de la ciudad y de los contornos, si aún transeúntes, huérfanos y mendigos.

«Patro de els vehins de la Ciutat fet en lo any 1651». Archivo Municipal de Orihuela.

Otra fuente de financiación, no citada en el texto anterior, era un corral público de comedias que la ciudad y algunas casas nobles construyeron junto al hospital y que regentaban los propios frailes.

Y para que tuviesen más renta ese Hospital, de las casas que allí tenía para los niños expósitos, hicieron una Casa Theatro de Comedias, que duró hasta el año de 1783, que por informes del Ilmo. Sr. D. Josef Tormo de Juliá, Obispo oriolano; y del Iltre. Sr. D. Pedro Bonafede, Gobernador Militar y Político de esta Ciudad, se demolió por orden del Consejo, aplicando a cada persona que entrase cuatro dineros para el Santo Hospital.

En el sexto tomo, Montesinos amplía la información sobre la Casa de Comedias del Hospital.

La Muy Iltre. Ciudad y varias casas nobles, especialmente la de los Rocamora, Condes de la Granja y Marqueses de Rafal; de Sánchez Belmont, hoy día Marqueses de Campo Salinas; de Roca, al presente Condes de Pino Hermoso, Grandes de España; de Soler; de Portillo; y otras que omito; construyeron junto a dicho Hospital, una aseada hermosa y pública Casa de Comedias, cobrando los Padres Hospitalarios dos dineros por cada una de las personas que concurrían, con otros emolumentos que tenían particulares de algunos bancos y aposentos…

De suerte que en algunos año recogían dichos padres 400 y a veces 500 pesos de moneda Valenciana con cuyas cantidades se remediaban las necesidades de la Rvda. Comunidad y de los pobres enfermos que acudían a curarse a sus enfermerías.

El Ayuntamiento acordó su demolición el 16 de agosto de 1779, con la oposición de muchos oriolanos, especialmente la del marqués de Rafal, quien gozaba de una tribuna en la «Casa Theatro de Comedias».

El marqués era vecino del hospital. Su palacio original estaba junto al Hospital, en la calle que llamaban del Carmen y luego del Carmen viejo.

Del marquesado hablaremos en otro capítulo, al que podéis acceder directamente pinchando la imagen siguiente.

El Ilustre marqués de Rafal en Carrer del Carme. Censo de Oriola 1646. Enlace a artículo.

A pesar de todo, el derribo del teatro se llevó a cabo cuatro años después.

Así siguió esta casa pública o Coliseo, hasta los principios del año 1783, en que fue demolida con universal sentimiento de los oriolanos, y en especial de aquellas personas interesadas que tenían la propiedad y posesión de aposento o banco…

Montesinos atribuye dicho derribo a «cierta representación siniestra, dolosa y mal fundada» que influyó en el obispo Josef Tormo y en el Gobernador Pedro Bonafede, de estado celibato; «ambos jefes, muy enemigos de fiestas, de mujeres, de diversiones y de comedias».

Y así convencieron al prior, que perdió los ingresos que proporcionaba y se ganó «el odio amargo de todo el pueblo». Derruida la Casa de Comedias «después de varios debates, alborotos y protestas», a expensas del obispo Tormo se construyó una Sala o Enfermería de Agonizantes, con dieciséis camas y rejas gruesas de hierro que miraban a la calle y al jardín.

Y mientras vivió dicho prelado, pagó el trigo, el aceite y el vino del Hospital más una renta de 200 pesos para compensar lo que ingresaban de la casa de comedias.

El cronista oriolano nos dejó también una descripción del interior del convento a finales del siglo XVIII.

El terreno del Convento es grande, por lo que todas sus oficinas son espaciosas, aunque pudieran estar con otro orden más acomodado; se manda y gobierna por una muy espaciosa escalera con balaustrada de hierro y pasamanos de madera, adornada con algunos especiales lienzos antiguos de buena pintura con imágenes de varios Santos y Religiosos Ves. de la Orden.

Tiene Claustros bajos y altos, muy aseados, blancos, bien pavimentados, y con algunos lienzos semejantes a los insinuados; las celdas son bellísimas; que unas miran a la calle principal y otras al amenísimo jardín que tiene este Convento; grande, divertido y muy curioso; plantado con muchos frutales y flores por estar al lado del Río Segura.

Casi todas las celdas tienen buenos balcones de hierro. Las demás oficinas, a saber, Refectorio, Cocinas, Despensas, Deprofundis, y común entrada del Convento, son muy decentes y mejoradas en disposición y situación.

Y en el «Actual Estado que tiene la Ciudad de Orihuela en el 31 de Diciembre de 1799», un completo listado del personal hospitalario: ocho frailes con diferentes empleos, un cocinero y una enfermera para encargarse de asistir a las mujeres.

Convento Hospital del Corpus Christi del Sagrado Orden de los Padres de San Juan de Dios, fundado en el 1624: Prior = El Rdo. P. Fray Joaquín Molina. # Presidente = El Rdo. P. Fray Nicolás Gelabert, enfermero mayor. # Consiliario = El Rdo. P. Fray Carlos Botella. # P. Fray Blas Ruiz de la Presentación, Sacerdote, Confesor, Capellán de la Hospitalidad, y Procurador. # P. Fray Francisco Serrano, enfermero menor. # P. Fray Joaquín Iborra, Capellán y Dispensero.  # P. Fray Francisco del Castillo, Cirujano de pobres de la portería. # P. Fray Josef Pujalte y Mirambello, Demandante de la Ciudad. # Antonio Medina y Soler, Cocinero, Secular. # Teresa Suarez y Bengoechea, Enfermera de las Mujeres. # Montesinos, año de 1799.

Suprimida la orden de San Juan de Dios en 1835 y exclaustrados sus miembros, este establecimiento se trasformó en hospital civil, administrado por las Hermanas de la Caridad.

Reparto Real Equivalente año 1824. Archivo Municipal de Orihuela.

Hospital Provincial.

Hospital de San Juan de Dios. Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.

De sostenerse a base limosnas y comedias, atendiendo a buena parte de la diócesis, el establecimiento sanitario había pasado a depender del presupuesto municipal como hospital para los pobres de toda la comarca.

 En 1876, el Ayuntamiento de Orihuela notificó a la Diputación Provincial las características del edificio.

El establecimiento está situado en la calle del nombre del Hospital. Ocupa dicho edificio una superficie de 2.034 metros y 68 centímetros cuadrados, en cuya área existen en la planta baja 6 salas en las que caben 79 camas que, con las 56 que pueden colocarse en las tres salas del piso alto, hacen un total de 134 camas.

En el centro del edificio hay un pequeño jardín y, a la parte de poniente, un hermoso huerto que sirve para los convalecientes, y tiene una bonita iglesia. En el piso alto, habitaciones para las Hijas de la Caridad, una pequeña farmacia, y salas de consulta, dirección y autopsias.

La construcción de este edificio es muy antigua y algunas partes necesitan pronta reparación, siendo, en concepto de este municipio, suficiente y capaz para albergar, con toda comodidad, los pobres enfermos de esta ciudad, los del partido judicial de la misma, y los de Dolores.     

Dos años después, la prensa local dejó constancia escrita de su penoso estado.

El Segura. 16 de enero 1878: Visitando hace pocos días el hospital de esta ciudad, surgió a nuestra mente la idea de comunicar a nuestros lectores la impresión que en nuestra alma gravara el lamentable estado en que se encuentra dicho establecimiento. Y, dicho sea de paso, nos maravilla considerar que esto suceda en un pueblo inspirado en el más alto sentimiento de caridad…

He aquí de una manera expositiva la próspera y halagüeña faz que nos ofrece el Hospital de esta ciudad: El edificio, ruinoso y amenazante en la parte de salida contigua al huerto, reclama pronta y necesaria reparación, por el peligro en que se hallan las Hermanas de caridad, puestas en el caso de transitar por aquel sitio cada instante.

El lugar (no merece nombre propio) de las operaciones anatomo patológicas, sucio, imperfecto, desarreglado y ruinoso. Antihigiénica la construcción de las salas enfermerías. No con esto queremos decir que se construyan otras; pero sí que desaparezca el frío que en ellas se encierra, por medio de estufas y que el renovamiento del aire se haga por medios apropiados para ello.

Instrumental quirúrgico no existe. Instrumental para las operaciones anatomo patológicas, ídem. De la pobreza, en general, única propiedad de aquel santo asilo, no queremos hablar, así como de la disciplina interior y de las cuestiones administrativas, porque por muy enterados que estuviésemos, siempre escaparía algo a nuestra detenida inspección…

En ese mismo año, la Diputación de Alicante lo declaró Hospital Provincial de Distrito y se hicieron algunas reparaciones y compras de instrumental. Disponemos de un listado de personal con su sueldo correspondiente.

El Segura. 22 de noviembre 1878: La Diputación provincial en sesión del día 7 del actual hizo los siguientes nombramientos del personal del Hospital provincial del distrito de Orihuela: Director: D. Manuel Roca de Togores, sin sueldo. Capellán: D. Antonio María García Vea, con 750 pesetas.

Administrador: D. José Franco Sánchez, con 1000 pts. Secretario Contador: D. Juan Bambalera con 756 pts. Médico: D. Escolástico García Lidón, con 800 pts. Otro: D. Tomás Bueno Vidal, con 800 pts. Cirujano: D. Juan Carrió Aledo, con 800 pts. Practicante 1º: D. Antonio Pérez Cánovas, con 600 pts. Otro 2º: D. José Gil, con 500 pts.

Enfermero 1º; Fernando Pérez Rodríguez, con 540 pts. Otro 2º: José Francisco Prau, con 500 pts. Enfermera: Josefa Bernabeu Martínez, con 100 y ración. Portero: Matías Pérez Pérez, con 200 y ración. Mozo de limpieza: Nicolás Pérez López con 300 pts. Ocho Hermanas de la Caridad, a razón de cuatro reales diarios cada una.

Hospital Municipal.

Hospital de San Juan de Dios. Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.

La financiación provincial duró poco más de una década. Pronto volvió a manos del Ayuntamiento para desesperación de los ciudadanos.

El independiente. 4 de enero 1892: Nuestro Hospital deja de ser provincial convirtiéndose en municipal. El acuerdo ha sido, tomado por la Excma. Diputación provincial y elevado a la superioridad para su aprobación sin que nuestros diputados provinciales tengan dado un solo paso para oponerse a que el acuerdo prosperase.

En vista de esto se nos ocurre preguntar qué hacen aquellos señores que votamos para que nos representasen en la provincia, que ni defienden nuestros intereses ni nos sirven para maldita de Dios la cosa…

He aquí los términos en que ha sido resuelto de Real Orden y de conformidad con lo informado por la sección de Gobernación y Fomento del Consejo de Estado, el expediente sobre la supresión de nuestro Hospital provincial.

1º Que procede autorizar a la Diputación provincial de Alicante para suprimir el Hospital de Orihuela como hospital provincial de distrito siempre que se comprometa a consignar anualmente en su presupuesto provincial con carácter obligatorio, cuando menos la cantidad de 15.000 pesetas a fin de que sirvan para contribuir al sostenimiento del indicado hospital y para el pago de las estancias de los enfermos pobres de la provincia a quienes pueda dar auxilio en sus dolencias, quedando por consiguiente con el carácter de hospital municipal por la provincia.

2º Que procede obligar al Ayuntamiento de Orihuela a consignar anualmente en su presupuesto, con carácter obligatorio, cuando menos la cantidad de 5.000 pesetas a fin de que la provincia no tenga ya que pagar en adelante la parte de gastos que corresponde a la Beneficencia municipal de la indicada población.

¿Están satisfechos nuestros diputados de los resultados de su gestión de apatía y abandono? A nosotros nos consta que el pueblo no lo está.

Hospital de San Juan de Dios. Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.

El independiente. 14 de junio 1892: En la sesión celebrada el sábado por la Diputación provincial se acordó decir al alcalde de Orihuela que por el municipio se designen los concejales que, en unión de los diputados Sres. Torres y Mesples, han de verificar la entrega del Hospital de esta ciudad, la que tendrá efecto del 17 al 24 del actual, debiendo pasar a practicar el inventario un oficial de contaduría de la Excma. Diputación.

El 20 de junio de 1892, tras solemne acto de entrega al Ayuntamiento, se convirtió en Hospital Municipal. Adjunto al acta aparece el citado inventario, mediante el cual podemos conocer su capacidad en esas fechas, 59 camas, así como sus diferentes dependencias:

Templo del establecimiento. Sala de San Antonio, dedicada a la consulta facultativa. Sala de la Sagrada Familia, destinada a los hombres. Sala de San José, para agonizantes. Sala de San Rafael, para heridos. Sala de Nª Sra. de Belén, para mujeres. Sala de San Juan de Dios. Botica, cocina, ropería, claustro, sala de visitas, sala de labor, dormitorio de las hermanas, oratorio, oficina, portería, escalera, lavadero, almacén y una habitación sin uso determinado.

Paralelamente se redactó el «Proyecto de bases para la creación del Cuerpo Médico Farmacéutico de la Beneficencia Municipal presentado por el concejal D. Justo Lafuente, el día 2 de junio de 1892 al Excmo. Ayuntamiento de esta Ciudad y aprobado por este en sesión del nueve del mismo mes y año». 

El documento municipal constaba de veinte hojas que fueron publicadas por «El independiente» en cuatro entregas, entre los días 17 y 22 de junio de ese mismo año.

El equipo sanitario municipal estaba compuesto por cinco médicos, un farmacéutico y dos practicantes; que se encargarían de visitar el Hospital y la Misericordia, de las vacunaciones, de controlar la higiene en las casas de lenocinio, etc..

Hospital de San Juan de Dios. Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.

En las primeras décadas del siglo XX el edificio estaba muy deteriorado y apuntalado. Los estudios técnicos aconsejaban derribar la sala de los hombres; denunciaban también el estado de ruina que presentaban las bóvedas, el piso y el tejado. 

En 1914, Mercedes Roca de Togores y su hija, la marquesa de Rubalcava, cedieron un terreno contiguo al hospital por la parte del río para ubicar la sala de cadáveres y autopsias.

Proclamada la II República, la calle tuvo varios cambios en su titulación. En la sesión de 3 de agosto de 1933, el concejal Vidal recordó la propuesta de rotular la calle del Hospital, con el nombre del famoso republicano Vicente Rodríguez, vecino de dicha calle. Y así se acordó por unanimidad.

En la sesión del 23 de octubre de 1934, el consistorio conservador acordó rotular la calle Sor Patrocinio Vives Fenoll con el nombre de Ramón Montero Mesples, pasando a la del Hospital el nombre de Sor Patrocinio, en cuyo establecimiento sanitario había prestado los servicios que le hicieron acreedora del homenaje.

Durante la Guerra Civil, la iglesia de San Juan de Dios quedó en manos del comité de refugiados. Y se efectuaron reparaciones en el hospital. Obras en las que se empleó el mármol del camarín de la Virgen de Monserrate para la escalera, o el piso de la iglesia de las monjas de San Juan para el claustro.

Fotografía Ajomalba.

Desde 1997 se muestra como Sala Museo San Juan de Dios. Para ello se restauró la iglesia y sala de hombres. Con el fin de dar salida independiente a esta última, se instaló la portada de un antiguo palacio procedente de la calle del Colegio, Adolfo Clavarana.

En la clave del dintel se yergue un escudo rococó de gran calidad en su diseño y labra. Ejecutado en el último tercio del siglo XVIII, no hemos podido identificar su propietario. Trae, entre otros, los apellidos Sánchez de Belmonte y Cabrero.

Fotografía Ajomalba.

El resto del edificio fue totalmente rehabilitado en 2013 para albergar la Biblioteca Municipal «María Moliner» y el Archivo Municipal. En su portada, el oriol flanqueado por dos granadas abiertas en recuerdo de la ciudad donde San Juan de Dios fundó su orden hospitalaria.

Fotografía: DOALCO
Fotografía: DOALCO

El Palacio de Rubalcava.

Fotografía Ajomalba.

Ocupando unos 1700 metros cuadrados en una manzana completa, encontramos lo que queda del palacio de Rubalcava; con dos románticos jardines en sus costados norte y sur que ocupan la mitad de la superficie citada.

Fotografía Ajomalba.
El edificio tiene su ingreso principal en la calle Francisco Díe, número 31. Fotografía Ajomalba.

El Marquesado de Rubalcava fue concedido el 6 de febrero de 1878 por el Rey Alfonso XII al Capitán General de la Armada y Ministro de Marina, Joaquín Gutiérrez de Rubalcava y Casal.

Fotografía Loino.

La Correspondencia de España. 13 de febrero 1878: Con fecha 6 del actual firmó S. M. los decretos concediendo título de marqués de Rubalcava a D. Joaquín Gutiérrez de Rubalcava…

La Ilustración gallega y asturiana. 28 de abril 1881.

El primer marqués, prestigioso marino, falleció sin descendencia en 1881.

Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid. Abril de 1881: NECROLOGÍA. EL ALMIRANTE MARQUÉS DE RUBALCAVA. El 13 de abril ha fallecido en esta corte el Sr. D. Joaquín Gutiérrez de Rubalcava, Marqués de Rubalcava, Almirante de la Armada y Presidente que fue de nuestra Sociedad, a la edad de 78 años.

Habiendo empezado su larga y activa carrera dando la vuelta al mundo y navegando después con el mando de buques y escuadras, así en los mares de Europa como en los de América, poseía un caudal de conocimientos que tuvo ocasión de utilizar en los importantes cargos que se le confiaron, entre los que, para la especialidad nuestra, es de mencionar la dirección del Depósito Hidrográfico, que organizó y montó con todos los adelantos de la época, publicando varias colecciones de cartas marítimas y derroteros.

El último de los trabajos que presidió, bastante por sí solo para hacer siempre grata su memoria, fue la institución de la Sociedad española de salvamento de náufragos, con un interés, con una constancia, con una actividad que retrataban la bondad de sus caritativos sentimientos…

La Gaceta, en circular que el Ministro de Marina ha dirigido a los Capitanes generales de los departamentos, ofrece la más señalada significación en estos términos: Excmo. Sr.: El Almirante de la Armada ha muerto.

El que por espacio de tanto tiempo fue nuestro jefe, el Excmo. e Ilmo. Sr. D. Joaquín Gutiérrez de Rubalcava y Casal, Marqués de Rubalcava, falleció a las diez de la noche del 13 del corriente. Al pasar a mejor vida, tras una penosa enfermedad; el que por espacio de 61 años fue un buen marino, ha muerto como buen cristiano después de recibir todos los Sacramentos…

Al comunicar a V. E. tan sensible pérdida, que representa un día de duelo para la marina toda, no quiero dejar de participarle estos detalles que reflejan fielmente hasta en sus últimos momentos las esclarecidas virtudes de nuestro último Almirante. Hágalas, pues, V. E. conocer de todos sus subordinados, circulándolas en la comprensión de su mando, rindiendo de este modo el último tributo de veneración a nuestro querido y veterano jefe. Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid 16 de Abril de 1881.— Pavía».

El título pasó a su hermana, María Teresa Gutiérrez de Rubalcava y Casal; que también fallecio sin descendencia en enero de 1895, pasando el título a Joaquín Roca de Togores y Pérez de Meca, hijo de una sobrina.

Muerto también sin descendencia el tercer marqués, el título pasó a su sobrina Piedad Roca de Togores y Roca de Togores, quien junto a su esposo, Eduardo de Almunia Gibertó de Villarrasa Rovira y P. del Pobil, se hicieron construir esta impresionante mansión.

Palacio de Rubalcava. Plano original. Archivo Municipal de Orihuela.

A pesar de su engañoso aspecto, esta mansión fue construida a principios del siglo XX, como lo demuestran las solicitudes municipales efectuadas en octubre de 1914 y en marzo de 1916 por Eduardo Almunia.

Ampliación detalle de la Iglesia de Santiago y solar del futuro palacio de Rubalcava. Vista general de la ciudad en 1862. Charles Clifford. Colección Javier Sánchez Portas.

En la primera se le autorizó para variar puerta y reja en la fachada de su casa; mediante la segunda desplazó el callejón para aislar y embellecer con otro jardín su nuevo palacio. Como podéis comprobar, a diferencia de las demás calles, la traviesa anexa al jardín del palacio, no está alineada con la que tiene a la izquierda.

Palacio de Rubalcava. Boceto rejería. Archivo Municipal de Orihuela.

Esta circunstancia es debida a que en marzo de 1916 el entonces marqués, Eduardo Almunia, solicitó y le fue concedido variar el callejón para embellecer su nuevo palacio con un jardín cercado por una verja.

Para ello derribó un almacén de su propiedad, parte de cuyo solar es la actual calleja llamada Dátil, conocida en el siglo XIX como Travesía al Hospital. En el espacio que ocupa el jardín que mira a la plaza estaba la casa del curato de Santiago y en su esquina una fuente municipal trasladada a mediados del siglo XIX.

Plano variación callejón. Archivo Municipal de Orihuela.

La vega. 16 de julio 1916: AYUNTAMIENTO. Sesión supletoria celebrada ayer Se nombra a los concejales señores Pescador e Iborra para que en unión del maestro alarife Sr. Sánchez, giren una visita a la obra que en su palacio de la Calle de Santiago están verificando los señores Marqueses de Rubalcava.

Cuando esta nueva aristocracia o la floreciente burguesía, emprendían la erección de sus señoriales mansiones, solían escoger el historicismo decimonónico en un deseo de ennoblecerse con el prestigio de las formas arquitectónicas del pasado combinadas al gusto.

Palacio de Rubalcava. Bocetos balcones. Archivo Municipal de Orihuela.

La estructura y distribución del edificio recordaba a los palacios barrocos oriolanos. En el zaguán, una escalera principal decorada con azulejos y cubierta con una elevada cúpula de media naranja daba acceso a la planta noble en la que se mostraban distintas estancias con ambientes y estilos claramente diferenciados.

Colección Javier Sánchez Portas.
Palacio de Rubalcava. Proyecto vestíbulo. Archivo Municipal de Orihuela.

Capilla neogótica, salón de baile neorrococó, salón verde estilo imperio y el llamado salón negro, cubierto por un techo de escayola que imitaba los artesonados renacentistas del Colegio de Santo Domingo y en cuyos casetones se podían advertir los escudos de las principales casas nobles oriolanas.

Fotografía Ajomalba
Fotografía Jorge Belmonte.
Colección Javier Sánchez Portas.
El artífice de esta web, al piano. Fotografía Ajomalba
Fotografía Ajomalba

El exterior mostraba el porte y la grandeza del estilo renacentista, observable en aspectos como la racionalidad en la decoración y sucesión de las ventanas, en la galería de arquillos de medio punto del piso superior protegidos por un amplio alerón de madera, así como en su torreón-mirador.

Fotografía Ajomalba
Colección Javier Sánchez Portas.
Fotografía Ajomalba

Sobre la entrada principal, bajo la corona de marqués, un gran escudo cuartelado ostenta los apellidos: Roca de Togores por dos veces, Salcedo y Pérez de Meca, con las armas de Rubalcava en el centro.

Fotografía Ajomalba 2004.

En la esquina campea otro escudo con el apellido Roca de Togores.

Escudo Roca de Togores. Fotografías Ajomalba (2004) y José Antonio Ruiz Peñalver (2020).

Eduardo Almunia, marqués consorte, no pudo disfrutar del palacio. Falleció en febrero de 1917.

La vega. 18 de febrero 1917

La vega. 18 de febrero 1917: Letras de Luto. El lunes pasado y a la edad de 56 años, falleció en Valencia el que en vida fue modelo de distinción y caballerosidad, Muy Ilustre Señor D. Eduardo de Almunia Gibertó de Villarrasa Rovira y P. del Pobil, Marqués de Rubalcava…

Con tan triste motivo reciba su atribulada familia, en particular su viuda la Ilma. Sra. Marquesa de Rubalcava e hijos, nuestro más sentido pésame por tan irreparable pérdida.

Su esposa, doña Piedad, vivió en él más de cuatro décadas. Fallecida en 1960, el título pasó a su hijo Eduardo de Almunia y Roca de Togores, el quinto marqués. Y de él a su hija Isabel de Almunia y López de Segredo.

La sexta marquesa conservó el palacio hasta el año 1981, fecha en la que fue adquirido por el Consistorio oriolano con la finalidad de conservar y abrir al público sus «salones nobles» y darle un uso social y cultural.

Colección Javier Sánchez Portas.

Así, en 1981, se instaló en él la Oficina Municipal de Turismo; en 1982 la Asociación de Fiestas de Moros y Cristianos «Santas Justa y Rufina»; en 1986 el Museo Arqueológico; y en 1990 el Departamento Municipal de Servicios Sociales.

Recepción de Abanderadas. Julio de 2.005. Alberto Zerón Huguet.

Dado su evidente interés arquitectónico, el Palacio fue incluido en su día en la «Guía Provisional de Arquitectura de Orihuela», editada por la Comisión de Archivo Histórico del Colegio de Arquitectos de Alicante. También figuraba en el Catálogo del Plan Especial de Protección del casco Histórico de Orihuela.

Se mostraban al público en su estado original las dependencias más suntuosas: vestíbulo, escalera y salones de la primera planta.

En ellas se podía admirar, aparte del mobiliario, interesantes colecciones de pintura, grabado, escultura, cerámica, vidrio, bordados…

Colección Javier Sánchez Portas.

El descuido, la falta de inversión y los usos inapropiados del edificio acabaron deteriorándolo gravemente.

El consistorio oriolano emprendió una obra de emergencia para arreglar las cubiertas por grave riesgo para la vía pública.

Esto les permitió ejecutar un procedimiento administrativo especial adjudicando la obra por vía urgente en 2008/2009. El resultado fue la criminal intervención que lo convirtió en otra de nuestras ilustres ruinas.

Fotografía Ajomalba.

En el año 2022, tras muchos años de promesas, de anuncios fallidos y absurdos proyectos, el Ayuntamiento de Orihuela sacó a licitación las obras de rehabilitación y las adjudicó por importe de tres millones ochocientos mil euros, «con el fin de convertir el antiguo palacio en un espacio polivalente».

Obras de rehabilitación. Mayo 2024. Ajomalba.

La restauración está en marcha y esperamos que pronto se convierta en el esperado museo de la ciudad. Poco a poco iré añadiendo nuevas fotografías.

Obras de rehabilitación. Mayo 2024. Ajomalba.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Con la colaboración de Jorge Belmonte Bas.

Galería fotográfica. La ruina de Rubalcava.

José María Pérez Basanta.
José María Pérez Basanta
Fotografía Ajomalba.
Fotografía Ajomalba.
José María Pérez Basanta.
José María Pérez Basanta.
Alberto Zerón.
Fotografía Ajomalba.
Fotografía Ajomalba.
Fotografía Ajomalba.
Fotografía Ajomalba.

Callejeando 08. Orden del Carmelo en Orihuela 2.

Portada Iglesia del Carmen. Orihuela. Fotografía Ajomalba.

Introducción.

Franciscanos, carmelitas, dominicos, agustinos, trinitarios… Desde Francisco de Asís en el siglo XIII, las órdenes mendicantes integraron a seglares en sus organizaciones.

Los religiosos varones formaban la primera orden. La segunda la componían las monjas de clausura, dedicadas a la vida contemplativa. Y la tercera estaba integrada por individuos de ambos sexos, solteros o casados; eran los llamados terciarios.

En la segunda mitad del siglo XIX se desarrolló un concepto nuevo: las terceras órdenes regulares; congregaciones femeninas de vida activa que no guardaban clausura. Estos grupos de mujeres, que hasta entonces no fueron consideradas como verdaderas monjas, estaban organizados por el general de la orden con el permiso y apoyo del obispo de cada diócesis.

Las que acabarían siendo conocidas en todo el mundo como «Carmelitas de Orihuela», dieron una segunda oportunidad a los restos del convento de San Pablo y a lo que quedaba de su iglesia.

Restos del convento y de la Iglesia del Carmen de Orihuela. Colección Rodríguez Tejuelo.

Las Terciarias Carmelitas de Tomasa.

Beata Piedad de la Cruz.

La prehistoria de las carmelitas de Orihuela comenzó en tierras murcianas, con una joven valenciana llamada Tomasa Ortiz. Tras varios intentos fallidos de ingreso en diferentes conventos, decidió fundar una nueva congregación de Terciarias Carmelitas en Puebla de Soto, pedanía murciana cercana a Alcantarilla.

En el mes de diciembre de 1886, Tomasa fundó una segunda comunidad en el convento de San José de Caudete que, como tantos otros en España, llevaba medio siglo vacío.

Poco después trasladó la Casa Madre a Alcantarilla, apenas a un kilómetro de Puebla de Soto.

Ya he dicho que estas congregaciones necesitaban la colaboración del prelado correspondiente. La tardanza del obispo de Cartagena en aprobar las constituciones dio al traste con el proyecto de Tomasa, o de Piedad de la Cruz, como pasó a llamarse dicha religiosa.

Real Monasterio de la Visitación de Santa María de Orihuela.

Sor Piedad de la Cruz había visto frustrado su intento como carmelita. Pero tras practicar un retiro espiritual en las Salesas de Orihuela, acabó fundando la Congregación Salesiana del Sagrado Corazón de Jesús en Alcantarilla.

El Diario de Murcia. 6 de enero 1896: Alcantarilla. Nuevo Convento. Por el Excmo. Sr. Obispo de esta diócesis ha sido comisionado el ilustre canónigo Penitenciario de esa Santa Iglesia Catedral, D. Telesforo Crespo Cánovas, para que entregue las Constituciones por que se ha de regir la Congregación de Hermanas Terciarias Salesianas del Sagrado Corazón de Jesús, establecida en esta villa, calle de la Amargura, aprobadas por dicho Prelado, y proceda al nombramiento de cargos y oficios y a instalar canónicamente la mencionada Comunidad, cuyo acto tuvo lugar en el mes último siendo nombrada Superiora general de dicha Asociación Sor Piedad de la Cruz Ortiz Real, fundadora del Instituto.

Calle Beata Piedad de la Cruz. (Alcantarilla).

La «Madre Elisea».

Convento e iglesia de San José en Caudete. Colección HH. de la Virgen María del Monte Carmelo

Nuestra verdadera protagonista se llamaba Josefa Oliver Molina «Pepa la del Barber». Nacida en el pueblo alicantino de Benidoleig el 9 de julio de 1869, era hija de Josefa Molina y de un barbero llamado Tomás Oliver.

En 1888 Josefa se unió a las citadas carmelitas de Alcantarilla, donde adoptó el nombre de «Providencia». Pero tras pasar allí dos años sin resultados decidió cambiar de aires.

En Caudete encontró a varias compañeras cuyo proyecto, dirigido por Sor Piedad, había quedado también frustrado. Allí contactaron con el grupo de frailes carmelitas que estaban restaurando el antiguo convento con ayuda del obispado.

El diario de Orihuela. 19 de enero 1888: Parece que pronto quedará establecida en el convento del Carmen de Caudete, una comunidad de religiosos carmelitas calzados.

El carmelita gerundense Salvador Barri Corominas las asesoró para formar una congregación de terciarias, poniéndolas en contacto con sus superiores y con Juan Maura, el obispo de Orihuela.

Un dato importante: hasta 1950, Caudete perteneció a la diócesis oriolana. 

Al prelado le gustó la idea y las monjas se instalaron provisionalmente en el hospital. En marzo de 1891 ocho hermanas vestían el hábito pardo del Carmelo en el convento de San José de Caudete.

Juan Maura y Gelabert (1886-1910) retrato con autógrafo.

Tras un año de formación, siete de las ocho novicias profesaron en la iglesia conventual. Había nacido una nueva congregación de monjas terciarias, y Josefa era una de ellas. Fue entonces cuando cambió su nombre por el de Elisea, de gran tradición carmelitana.

Terciarias carmelitas. Elisea en el centro. Colección HH. de la Virgen María del Monte Carmelo.

En todo el proceso organizador jugaron un papel importante dos hermanas: Josefa y Carmen Vives Pla. En 1892 Josefa fue nombrada Superiora General, Carmen directora del Hospital, y Elisea maestra de Novicias a pesar de ser todavía una veinteañera.

Como luego harían en Orihuela, las nuevas terciarias carmelitas se encargaron de atender el hospital y organizaron una modesta escuela en Caudete.

Josefa Oliver Molina en Caudete y casita donde se instaló el primer noviciado. Colección HH. de la Virgen María del Monte Carmelo

Con el cargo vitalicio, las hermanas Vives demostraron un carácter arrogante y polémico. Informado el obispo, modificó las constituciones limitándolo a seis años. Éstas culparon a Elisea del cambio y trataron de hacerle la vida imposible.

El colmo llegó cuando la denunciaron ante la autoridad civil por robar ropa y comida en el hospital. En plena noche fue llamada por el juez, provocando un escándalo que obligó al obispo a tomar de nuevo cartas en el asunto: en la primavera de 1899 Josefa Vives fue destituida.

Demostrada su inocencia, el cargo de superiora general interina paso a Josefa Oliver Molina; ya para siempre la «Madre Elisea».

Josefa Oliver Molina, la Madre Elisea, maestra de novicias, considerada como la verdadera fundadora de las Carmelitas de Orihuela. Colección HH. de la Virgen María del Monte Carmelo

Simultáneamente el obispo se marcó otro objetivo: recuperado el convento de Caudete por los carmelitas que trajo de Onda, lo intentó con el de Orihuela, trasladando la «Casa Madre» y el noviciado a los restos del convento de San Pablo, en ese mismo año de 1899.

Ante la nueva situación de poder y obligadas a trasladarse a Orihuela, las hermanas Vives abandonaron la congregación.

Portadas del antiguo convento y de la Iglesia del Carmen en Orihuela.

1899. Las Carmelitas de Orihuela.

Escudo en la fachada del moderno edificio conventual de las «Carmelitas de Orihuela». Fotografía Ajomalba.

En realidad un grupo de estas monjas llegó a Orihuela poco antes, en 1898.

El domingo 6 de febrero el obispo había puesto en marcha la «cocina económica de San Antonio» en el antiguo convento carmelita. En su inauguración le acompañaron el alcalde, el clero y buena parte de la alta sociedad oriolana.

El primer menú, por cuenta del prelado, estaba compuesto de arroz, garbanzos, patatas, tocino y media libra de pan. Decía la prensa local que fue repartido por «humildes hermanitas terciarias», pero sin especificar orden.

Heraldo de Orihuela. 6 de febrero 1898: Cocina. A partir de hoy comenzará a funcionar diariamente la Cocina económica instalada en el antiguo convento del Carmen, sito en la plaza del mismo nombre. Con esta benéfica institución hallarán los pobres sustento, por la insignificante suma de cinco céntimos por ración.

El eco del Segura. 30 de marzo 1898: Durante el tiempo que en la actual temporada viene funcionando la Cocina Económica de San Antonio, instalada en el antiguo convento del Carmen, se han distribuido a los pobres unas 18.000 raciones de comida.

En diciembre de ese mismo año, el obispo Maura trajo a cuatro de nuestras terciarias carmelitas de Caudete para que atendiesen la cocina económica. Y se mantuvo funcionando en el Carmen, de manera intermitente, durante al menos una década, como demuestra el siguiente artículo.

La Huerta. 4 de febrero 1908: Muchas familias pobres de esta localidad y de la huerta pasan angustiosa situación por el motivo de tener enfermos de la viruela reinante. Para conjurar la crisis nada más amable, ni de mejores resultados que invocar la caridad rebosante en los buenos corazones.

Ayer a las once de la mañana se inauguró en el convento del Carmen una Cocina económica, donde los pobres podrán recoger caldos y cocidos para sus familias, bastando para ello que exhiban una papeleta firmada por los médicos de su asistencia en la que hagan constar el número de necesitados. La iniciativa de este bien que van a recibir los pobres enfermos y sus familias, se debe a las nobles y piadosas señoras de la Acción Católico-Social.

Para llevar a la práctica tan hermosa obra de Caridad, han contado con nuestro Prelado, que en el momento les hizo entrega de los fondos sobrantes de los años anteriores en que también hubo cocina económica, y encabezó la suscripción abierta para sostener el funcionamiento de la Cocina de San Antonio.

Portadas del Convento de San Pablo y de la Iglesia del Carmen en Orihuela.

Como ya he dicho, en 1899 comenzaron los trámites para el traspaso definitivo, que se hizo efectivo en julio de ese mismo año.

La Cofradía de Nuestra Señora del Carmen les cedió la custodia de su capilla; y poco a poco comenzaron a adquirir los terrenos que habían formado el solar y huerto de los carmelitas; fraccionados y enajenados en pequeñas propiedades tras la desamortización.

Camarín del altar mayor en la capilla del Carmen. Talla de Salzillo. Baltasar Gómez Berná.

Esta especie de refundación, pilotada personalmente por el obispo Juan Maura, transformó el convento abandonado en la Casa Madre de las Hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo, «Las Carmelitas de Orihuela».

El diario orcelitano. 8 de julio 1904: Esta tarde dará comienzo la novena en honor de la Virgen del Carmen en su santuario convento de Carmelitas; en cuyo piadoso ejercicio será orador sagrado el presbítero D. Manuel Rodríguez. La orquesta que dirige el maestro D. Carlos Moreno, ejecutará la parte musical de la solemne novena.

En septiembre de 1904 celebraron el primer Capítulo General en Orihuela, y fue elegida superiora general Josefa Oliver Molina, ya para siempre la Madre Elisea, maestra de novicias, considerada como la verdadera fundadora en detrimento de quien la había denunciado en Caudete.

Josefa Oliver Molina «Madre Elisea». Pinchando la imagen se accede a la película de Youtube «Una vida… Un recuerdo».

La congregación prosperó y pronto comenzaron a abrir casas en Elda, en Cox, en Alicante…

Unión republicana. 18 de octubre 1905: Para dar más vista al convento de las carmelitas, se han cortado unos frondosos árboles que había en la plaza del Carmen; y para quitar vista a los curiosos que quisieran inspeccionar lo que de noche puede ocurrir en el citado convento y sus alrededores, se ha quitado una luz que había en el rincón de la referida plaza.

Huerto del Carmen.

Elisea la dirigió ininterrumpidamente desde el inicio hasta el año 1922. Y seis años después la eligieron de nuevo para volver a ponerse al frente de la misma.

Falleció en Orihuela el mismo año en que se inició la II República, el 17 de diciembre de 1931.

A su muerte, la congregación contaba ya con dos centenares de monjas y con más de cuarenta fundaciones.

Con el paso del tiempo, las Carmelitas de Orihuela se extendieron a lo largo de la península Ibérica y en otros países de Europa, América, Asia y África.

En los años noventa del siglo pasado se inició el proceso de canonización de la madre Elisea.

Desde 1981 disponen de un moderno edificio construido en lo que fue el huerto de los carmelitas.

Como recuerdo a su fundadora, la vía paralela al convento pasó a llamarse «Madre Elisea». Era un tramo de la calle de Jinjoleros, cuya titulación secular se mantiene en tamaño reducido.

Archivo Municipal de Orihuela. Reparto del Equivalente. Siglo XVIII.
Fotografía Ajomalba.
XX Capítulo General de las HH. de la Virgen María del Monte Carmelo.

El Sanatorio y el Colegio del Carmen.

Las carmelitas oriolanas atendieron también el vecino sanatorio de los doctores Eusebio Escolano y Ángel García Rogel (los santos médicos) ubicado en la esquina entre la plaza y la calle del hospital e inaugurado en mayo de 1924.

Sanatorio de Nuestra Señora del Carmen. Antiguo palacio de los Roca de Togores. «El pueblo». 1 de abril 1926.

El pueblo. 19 de mayo 1924: Inauguración del Sanatorio de Ntra. Sra. del Carmen que los Sres. García Rogel y Escolano han montado con los últimos adelantos de la ciencia en la calle del Hospital…

Hay habitaciones de primera, segunda y tercera clase, muy bien acondicionadas, sala de operaciones con los aparatos necesarios y sala de visitas, cuarto de baño, comedor magnífico, patio para que puedan pasear los enfermos, despacho del director y una pequeña biblioteca.

La asistencia está a cargo de las Monjas del Carmen que tienen comunicación directa y no han menester salir a la calle para turnarse. Hay mucha luz, ventilación e higiene, de forma que no impresiona tristemente como un hospital, sino, que parece más bien un rico hospedaje de esmerado servicio.

Terciarias Carmelitas a cargo del Sanatorio del Carmen. Foto Montero. «El pueblo». 1 de abril 1926.

En el Sanatorio de Nuestra Señora del Carmen se unían el confort, la asistencia científica y el consuelo moral.

El pueblo. 1 de abril 1926: La asistencia a los operados tiene las garantías necesarias en un amplio Sanatorio, en edificio independiente y con la asistencia esmerada de las Religiosas Terciarias Carmelitas, especializadas en la asistencia a enfermos.

El Sanatorio dispone de varias categorías de habitaciones, asequibles a las distintas posiciones económicas.

Existen en él todas las dependencias que hacen agradable la estancia o aminoran las molestias de los operados y enfermos, en las que se unen el confort y asistencia científica que es base primordial del éxito, y la asistencia material y el consuelo moral que saben prodigar a manos llenas las humildes religiosas.

La Ciudad de Orihuela tiene, pues, la modernísima Clínica que necesitaba.

El edificio, antiguo palacio de los Roca de Togores, se mantuvo en pie hasta principios de los ochenta del siglo pasado.

Derribado, como es costumbre en este pueblo, de él sólo nos queda una portada barroca trasladada al patio del convento.

Derribo del antiguo palacio de los Roca de Togores. Colección Javier Sánchez Portas.

En cuanto al Colegio del Carmen, lo pusieron en marcha poco después de su llegada. Al principio gratuito para párvulos; después de pago para niñas más mayores.

En los años veinte, muy vinculado a los jesuitas montaron el Patronato de la Joven Católica en la calle del Colegio, con párvulos y niñas.

Durante la II República fue clausurado y reabierto, pero al estallar la Guerra Civil desapareció para volver a funcionar al terminar la contienda; esta vez en un local situado en la travesía de la calle del Hospital.

Allí se mantuvo hasta 1.959 año en que, debido a su estado, la congregación compró la Academia Magistral situada en Duque de Tamames, donde quedó instalado definitivamente el colegio del Carmen.

Academia Magistral, en Duque de Tamames. 1959-1960. Último curso. Colección Javier Sánchez Portas.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)

Adaptación y ampliación de un guion confeccionado para Radio Orihuela Ser. En un programa dedicado a las Carmelitas de Orihuela del que os dejo los enlaces enlaces.

Enlace a programa en vídeo.
Enlace a programa de radio.

Galería fotográfica.

Portadas Iglesia del Carmen y capilla de la VOT. Fotografías Ajomalba.
Huerto del Carmen.
Portada rescatada del antiguo palacio de los Roca de Togores. Colección Javier Sánchez Portas.
Patio conventual. Portada del palacio desaparecido. Baltasar Gómez Berna.
Patio conventual. Baltasar Gómez Berna.
Patio conventual. Baltasar Gómez Berna.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba), historias de Orihuela, fotos, postcast y vídeos.