El «Memorial literario, instructivo y curioso de la Corte de Madrid» fue fundado en 1784 por dos aragoneses afincados en Madrid.
En esta publicación, considerada como una de las mejores revistas españolas del siglo dieciocho, aparece la crónica más antigua de una inundación en Orihuela.
Paso a transcribir esta relación detallada que ofrece además multitud de datos interesantes de la Orihuela de aquellos años.
De la ortografía original sólo he modificado las tildes.
RELACIÓN de la lluvia tempestuosa y subsecuente avenida del Río Segura y de las desgraciadas consecuencias de una y otra, ocurridas en la Ciudad de Orihuela en los días 15, 16 y siguientes del mes de Noviembre de este año (1788).
Después de dos años de sequedad que padecieron los campos de esta Ciudad, y Lugares inmediatos, resultando de ella las deplorables y no ignoradas consequencias que de tan cruel azote resultan, quiso la Magestad del Todo Poderoso, por juicios ocultos a todo entendimiento humano, o por manifestar con el brazo de su Divina Justicia el justo enojo que le causan los vicios y continuada ingratitud de los hombres, afligirla de nuevo, y fue de este modo:
En el día 15 de dicho mes amaneció muy nublado, prosiguió todo el resto del día el Cielo encapotado, y bastante triste, causando la mayor alegría en sus habitantes, esperando y deseando vivamente de tan feliz disposición la deseada lluvia que suele seguirse.
Quando a las tres de la tarde se levantó de improviso por la parte de Levante un gran nubarrón, que poniéndose perpendicularmente sobre esta Ciudad arrojó repentinamente sobre ella por espacio de una hora tanta piedra y agua, que baxando los barrancos del monte a cuya falda está la Ciudad.
Y no pudiendo tragar la copia de sus aguas los alvellones o alcantarillas, inundaron muchas calles sin que los vecinos sorprendidos de tan acelerado suceso tuviesen tiempo para guarecerse, pues llegó el agua hasta el zaguán de la casa del Ayuntamiento, y hasta la misma Santa iglesia, donde para su desagüe pasada la intemperie, tuvieron que levantar las losas de las sepulturas.
Este inesperado suceso acaeció a la sazón de hallarse en las casas del Ayuntamiento D. Francisco de Paula Soto Cebrián y Fenollet, Caballero Maestrante de la Real de Valencia, regidor en su banco y clase, el que a presencia de los Doctores D. Trinitario y D. Manuel Martínez de Vera, del primero y segundo Escribano de Ayuntamiento, de Victoriano Pomares, Jaime Alonso y Ferrándiz, y Manuel Bergel, oficiales de la Escribanía, de Antonio Lebrés, Joseph Cevallos, Juan Gavila y Antonio Tomás, Maceros; de Joaquín Ginerfiel, Almotacén, y de otras personas, que huyendo la intemperie se acogieron a dicha casa, dio las providencias necesarias.
Y habiendo cesado la lluvia y verificado el desagüe dio parte al Señor Gobernador D. Juan la Corte, Exento de Reales Guardias de Corps, Coronel de los Reales Exércitos, Gobernador Militar y Político de esta Ciudad, de todo, quedando éste muy satisfecho de su zelo.
Libres al parecer de todo peligro los moradores se retiraron a sus casas, quando advirtieron que a las cinco de la tarde se le aumentaban al río Segura las aguas y el ímpetu de sus corrientes.
Esta alteración y el deseo de acreditar su encargo, obligó al mismo Regidor D. Francisco de Soto, a pasar a las casas de habitación y Audiencia del Señor Gobernador, y manifestarle las malas conseqüencias que podría producir la inacción en tan crítica situación.
Y le aconsejó encargase a los Alguaciles mayores diesen vuelta a las calles llamadas del Carril, Hospital, de Meca, del Río, del Ángel, Mayor, Molino, San Pasqual, del Riacho, y de la Mancebería, que son por las quales se hallan los alvellones o alcantarillas para abocar al Río las aguas del monte, que se hallaban abiertos por lo recientemente sucedido, y que los mandasen cerrar con sus tablados y dar cuenta de qualquiera novedad.
Agitado el Señor Gobernador de su zelo y amor a la Patria, mandó inmediatamente a D. Francisco Lledó y Rafael Portugués, Alguaciles mayores que, con los Diputados de Barrio, Alguaciles ordinarios, y demás auxilio que necesitasen pasasen a executarlo como lo hicieron.
Siguiendo tomando incremento, aunque con lentitud las aguas del Río, mantuvo en expectativa los ánimos de los Señores Gobernador y Regidor ya dichos; salió éste de las casas de su Secretaría a las ocho de la noche, reconoció lo que a los Alguaciles mayores había mandado, y estando con otras gentes en el Puente llamado Viejo como a las nueve de la noche observando las corrientes del Río, le llevaron la atención ciertas voces desentonadas de la parte de arriba.
Y a poco rato vio venir sobre las aguas un vulto grande que no pudo bien distinguir que fuese, y viendo que aunque con mucho trabajo pasaba por debaxo del ojo del Puente, procuró instruirse de lo que era preguntando a varias gentes que atropelladas cruzaban el arrabal de San Agustín.
Y supo cómo lo que venía por el Río era un carro de bueyes que estando atado en el Puente, distante un quarto de legua de dicho Molino, y aparejado para llevar granos se lo habían traído las corrientes de la Riada, y que las gentes que lo seguían, parte eran mozos del Arrendador y parte mozos suyos, que venían siguiéndolo a ver dónde lo dirigían las aguas.
Oído esto por el mencionado D. Francisco de Soto, y notando se aumentaba por instantes el Río, pasó a dar cuenta de lo sucedido al Gobernador, quien enterado de todo y habiendo dado las providencias necesarias, salió a las diez de la noche de su casa acompañado de los Alguaciles mayores y ordinarios, del Sargento de Marina de la partida de los Reales Batallones, avanderada en esta Ciudad con el fin de evitar el tremendo estrago que amenazaba.
Puesto en la calle dicho Señor Gobernador en la disposición en que se hallaba, y aun sin aumentarse calzado alguno para guarecerse, acompañado de los mencionados sujetos, cuyo exemplo siguieron el Caballero Guardia de Corps D. Juan de Lacarte, su hijo aunque niño, y el Regidor D. Francisco de Paula Soto, abandonando sus casas, mugeres y familias, sin embargo de estar las de dicho Gobernador y Regidor contiguas al Río, discurrieron por las calles por donde amenazaba mayor peligro, mandando ante todo tocar a rebato la campana del relox de la Parroquial, acostumbrado aviso para las gentes.
Sin embargo, de la mucha agua que caía de las nubes, y de la que la avenida inundaba por instantes todas las calles, llegaron al Arrabal Roig, donde ya D. Rafael Portugués, para evitar se introduxesen en ellas aguas como lo habían hecho inundando el barrio que llaman el Salitrico, había mandado tapiar la última boca calle traviesa de los Capuchinos a aquel parage; considerando los estragos a que deberían ser expuestos si se rompía aquella obra, esforzaron a los operarios, mandando a un Diputado que con nueva gente se reforzasen.
Hecha esta diligencia fueron sucesivamente recorriendo las demás calles quales fueron la del Hospital, traviesas de la fabrica Aguardiente y del Parador del Cabildo, y de aquí pasaron a la calle del Río y Mancebería, donde como en las anteriores dieron las más activas providencias para evitar en lo posible la total inundación de la Ciudad que por instantes se esperaba.
Y por último se retiraron a las casas de Ayuntamiento con el fin de esperar novedades para dar providencias y socorros; pero viendo que tomando más incremento las aguas empezaban ya a salir por la alcantarilla que sale a la calle del Ángel, que no se tapió por ser el terreno bastante alto, y haberse resentido en otras avenidas inundando los zaguanes de la misma casa, dispusieron inmediatamente se hiciesen pequeñas motas a uno y otro lado de su boca para que no se extendieran las aguas, haciendo acarrear cargas de barro, piedra y guijo para formarlas.
Yendo a más la subida del Río, y recibiéndose por instante lastimosas noticias dispuso el Gobernador que los Regidores D. Francisco de Soto, y D. Joaquín Pastor, asistidos del Alguacil mayor Lledó, de otros ordinarios, Diputados del Barrio, Alarifes, y otros vecinos recorriesen el Arrabal de San Agustín y calle del Rio, saliendo también dicho Gobernador en persona a dar vuelta por lo restante de la Ciudad como con efecto lo executaron sin ninguna defensa para la lluvia y a pie.
Sin embargo de haberle presentado al dicho Gobernador un Caballo para su uso el Caballero D. Juan Nepomuceno Roca, y otro para el Caballero Regidor D. Francisco de Soto, Manuel Ronis, Proveedor de paja y pan de munición de la tropa, cuya oferta no admitieron acordándose como verdaderos Ciudadanos del conflicto y situación en que se hallaban los moradores de la Ciudad.
Discurren por sus calles ya inundadas, penetra sus corazones el más vivo dolor al ver las continuadas lastimas que por todas partes observan, gritos, lamentos y aflicciones; a unos consuelan, a otros animan, y a todos en lo posible socorren.
Llega en fin el Gobernador a lo último del Arrabal de Roig, oye clamores, ve que las aguas del Río toman por instantes más incremento queriendo sobrepujar las motas, y viendo no podía su caritativo anhelo y noble corazón remediar tan inminente peligro, se retira a las casas de Ayuntamiento donde ya el Regidor D. Joaquín Pastor había tomado las más oportunas precauciones a fin de que las aguas no se inrodugesen allí.
Oyen dicho Señor Gobernador, Regidor, que sus casas se van por instantes anegando, rebentando los sumideros que en ellas hay para el Río, y responde el primero: «que de padre, marido y amo se acordara dexando el bastón».
Exemplar respuesta digna de su noble corazón, siendo también articular la tranquilidad de ánimo de su esposa, que viendo el inminente riesgo que le amenazaba en su casa, y brindada del Caballero D. Luis Togores para pasar a la suya, se mantubo sola con sus criadas sin admitir la oferta, respondiéndole que acudiese a las órdenes del Gobernador, y socorro del pueblo, que era lo que convenía.
No sosegaba el patricio corazón del Gobernador viendo que por instantes se aumentaban los estragos. Conociendo estaba el Río próximo a romper sin bastar todo estudio a contenerlo, y teniendo noticias que a la baxada del Puente Viejo por la casa de Blas Morante corría el mayor riesgo, se dirigió a ella D. Juan de Lacarte Menor, asistido del segundo Escribano de Ayuntamiento.
Y aunque por su edad niño, dio disposiciones de anciano, mandando deshacer copia de colchones de aristas, cabar tierra en el mismo zaguán de la casa, aplicarlo todo a la puerta postigo donde batían las aguas, y aprontar yeso con que tapasen las rendijas por donde rezumaba el agua.
Viendo por instantes ser mayor la avenida del agua, y consiguiente el peligro, reynando por todas partes la turbación y el desorden, abandonando los vecinos y trabajadores sus puestos, y advirtiendo que faltaba poco para cegarse el ojo del puente, y que ya los remedios necesitaban de pluralidad de apoyos, mandó el Gobernador convocar a todos los Capitulares que faltaban para determinar las precauciones más oportunas para la defensa.
A todos juntos conmovía la voz del Pueblo, todos quisieran a un tiempo remediarlo; se atropellan una a una las funestas noticias; abátense los ánimos; pero acuerdan en tan cruel conflicto la sabia y piadosa determinación de sacar, aunque en hora tan intempestiva como las dos de la mañana, en rogativa, a la Imagen de Nuestra Señora de Monserrate, y al mismo tiempo que se multiplicasen los operarios y esfuerzos en los parages donde urgía la mayor necesidad.
Preséntase el Gobernador, con los Regidores y Sindico en la pared del Río que rezumaba; manda nuevamente multiplicar los obreros, hace traer a sus expensas hachas de viento, y para dar la última prueba de su zelo, arrima el bastón y se pone a llevar espuertas de ruina.
Báxase nuestra Señora en rogativa, clama el pueblo, deshácese en suspiros y lágrimas; y tomando con fervorosa devoción el ramo que llevaba y una estampa de dicha Santa Imagen lo arroja a las corrientes el Dean.
Amenazaba el Río inundar toda la Ciudad como en parte lo había hecho; titubeaban varios edificios; quien tenía en ellos, ya el padre, ya el marido y la muger, el amigo o pariente; veían muchos sus caudales y cosechas perdidas, y todos las vidas amenazadas.
Y solo colocaban su esperanza en Dios y su piadosa Madre, cuya protección y amparo con amargos llantos y sollozos, en medio de la obscura noche invocaba el angustiado Pueblo, que acompañando a la devota imagen fue vuelta a su Iglesia, donde incesantemente le repetían sus súplicas.
Viendo sin embargo que la calle del Ángel se hallaba inundada, y que el peligro iba por instantes creciendo, parte D. Francisco Soto a el Arrabal de Roig, esfuerza los ánimos de los afligidos y congojosos vecinos que ya del todo desmayaban, manda se saquen los colchones de las camas; y que deshechos reforzasen con piedra y lodo las motas, consolando a todos con inexplicable caridad, cuya diligencia practicada dio iguales disposiciones en varias calles y barrios que recorrió, donde no era menos preciso el socorro.
Igualmente fervoroso y activo, el Gobernador y su hijo, despreciando riesgos y venciendo obstáculos, recorrían lo interior de la Ciudad, dando las más sabias y piadosas providencias.
Reunidos otra vez en la casa de Ayuntamiento, sin embargo de estar cercada de agua, conferenciaron sobre el estado de lo ocurrido, y determinaron acudir a un mismo tiempo al socorro y provisión de víveres para el público, como en efecto lo executaron, visitando las carnicerías y tiendas de comestibles, prescribiéndoles el mejor modo para el socorro de las infelices gentes que viendo el gran crecimiento de las aguas desmayaban, y aturdidos los operarios abandonaban sus trabajos.
Atropéllanse una a otra las funestas noticias dícese que las aguas habían quebrantado la pared del Huerto del Carmen Calzado, la qual, según aseguraban prácticos, caería de un instante a otro como sucedió introduciéndose la Riada, e inundando la Ciudad que se habían llevado las paredes de Manuel Ortiz, y de Rubio, por cuya causa iban inundando la calle del Río y Plaza pública; y finalmente que por todas partes hacía los mayores daños la inundación.
Oyó estas noticias el infatigable Gobernador, y olvidándose al parecer del riesgo que le amenazaba en la calle del Río, donde tenía su casa y muger, acudió con gran diligencia a donde urgía la mayor necesidad.
Las activas y piadosas diligencias, que en tan crítica y sensible situación aplicó dicho Señor Gobernador, merecen los mayores elogios; discurre por las calles ya inundadas, oye por todas partes mil clamores, advierte cercanos los mayores estragos, pero su ánimo tranquilo y sosegado solo atendía al socorro y protección de los infelices vecinos.
Sin embargo, de la mucha agua que casi imposibilitaba el tránsito por las calles, atropella por medio con increíble fortaleza, y dirigiéndose entre otras a la de la Feria, de terreno alto, donde había dos hornos de pan, manda se cueza inmediatamente quanto se pueda, para el socorro del Pueblo, pasa a la plaza mayor, y viéndola inundada, da las ordenes necesarias para proveer las tablas de cerdo y baca, y algunas de pan que allí había.
De aquí, teniendo noticias que el Arrabal de Roig se hallaba enteramente inundado, y que los vecinos habían desamparado sus casas y bienes, retirándose a la casa de Ayuntamiento, el Gobernador parte presuroso a su casa donde encuentra a su muger en los balcones dando las más activas providencias para el socorro de los infelices.
No amansando su furor las aguas, y sobrepujando éstas veinte palmos más de lo regular, recibiéndose continuamente las más tristes nuevas, y llegando la subida hasta la primera grada de la iglesia Parroquial de Santiago, encargó el Gobernador al Caballero Regidor Soto vigilase sobre lo que fuese ocurriendo, tomase y diese las providencias necesarias; y que el Escribano Juan López le acompañase en su fatiga.
Desempeñaron estos su encargo con la mayor exactitud, pero no cesaba el peligro; de un instante para otro era mayor la crecida de las aguas, causando deplorables estragos; era terrible espectáculo ver tan enfurecidas las corrientes del Río, trayendo consigo motas, hortalizas, árboles, varios animales y barracas enteras de las huertas.
Si se apartaba la vista de este trágico objeto se presentaba otro no menos triste; se veían, las calles con más de cinco palmos de agua sobre su piso, los zaguanes de las casas inundados, las gentes unas a medio cuerpo de agua, otros a caballo, los más refugiados en las vistas y balcones, y todos clamando misericordia, y haciendo mil promesas.
En este estado se hallaba la Ciudad de Orihuela el día 16 de Noviembre a las doce de la mañana, continuando los clamores y gritos de los habitantes, y los más crueles y terribles estragos quando a las quatro de la tarde dicho día quiso el Todopoderoso consolar a esta afligida Ciudad, haciendo detener el ímpetu del agua, que por instantes fue disminuyendo, causando tan alegre novedad en los ánimos de los consternados habitantes mil júbilos.
Inmediatamente con entrañas de verdadero Padre encargó el Caballero Gobernador al Regidor D. Francisco Soto se presentase por las calles inundadas, dando esta noticia a sus vecinos que aún no estaban para advertirla.
Y distribuyéndoles al mismo tiempo comestibles, pan, carne etc., que recibían desde las ventanas, cuya diligencia practicó igualmente fuera de la Ciudad, según lo permitía la agua; después de lo qual, pasando por delante de la casa del Gobernador, y mandado éste subiera a descansar, lo hizo saliendo aquel nuevamente en su caballo, también recorriendo lo restante de la Ciudad, repartiendo con increíble caridad pan, víveres, etc.
Y consolando, y animando a todos, a cuyo fin y piadoso intento ayudaron y contribuyeron con abundancia de víveres y dineros el Dr. D. Marcelo Miravete, Presbítero, Canónigo Lectoral de la Santa Iglesia, y los Señores D. Pedro Albornoz, Dean y D. Josef Mirambel, Canónigo Dignidad Maestre Escuela.
Dadas todas estas saludables providencias y hallándose casi desaguada la Ciudad se retiró a su casa; y mudándose de ropa, se entregó algún tanto al descanso.
Le fatigaba la imaginación de lo que podría haber sucedido en el Pueblo, y las contingencias a que estaría expuesto, quando le dan noticia que amenazaba ruina el palacio del Obispo por haber hecho resentimiento, y haber perdido su nivel las paredes.
Inmediatamente se dirigió a él, de donde habiendo mandado salir los familiares, y proporcionando gentes para extraer papeles y muebles recorrió otros edificios y casas particulares, que se hallaban en le misma situación, y dando las mismas providencias se volvió a su casa a descansar de la fatiga, que le había causado su incesante diligencia.
A la mañana del día siguiente mandó el Señor Gobernador al Clavario y Veedores del Gremio de Alarifes, dar vuelta al pueblo reconociendo casas y otros edificios, y que diesen cuenta de todo lo que ocurriese, como en efecto lo executaron con la mayor actividad, noticiándole los muchos daños causados en los edificios por el agua, no conocidos aun en la mayor parte de todos, por cuyo motivo y para precaverlos, dio nuevamente repetidas órdenes y providencias.
Acerca de todo lo ocurrido, y en precaución de lo que podía suceder, tomó, y sigue tomando el Señor Gobernador las más sabias y acertadas disposiciones lastimándose más de cada día, viendo las resultas de la ocurrida lluvia y avenida del río, que no solo ha causado quebrantas en los bienes de los vecinos, sino también en su salud.
Transcripción y comentarios Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).
La línea de «Ferro Carril» Madrid-Alicante, establecida en 1858, fue un hito histórico que supuso un enorme impulso para la economía de la ciudad levantina.
El tren había llegado a Alicante para convertir su puerto en el de la capital de España.
La América. Crónica hispano-americana. 8 de enero 1858: el 30 del pasado diciembre fue un día de júbilo para la ciudad de Alicante. Un despacho telegráfico recibido la víspera anunció a los habitantes de aquella capital que la colocación de los raíles estaba terminada en toda la sección de Alicante a Almansa.
Esta fausta noticia fue acogida por la población entera con las más ostensibles muestras de entusiasmo. Las campanas se echaron al vuelto inmediatamente, y las músicas de la ciudad recorrieron las calles de la población sembrando el alborozo en aquellos habitantes.
Todo el mundo comprende la importancia que va a dar a la ciudad y provincia de Alicante esta nueva vía de comunicación.
La línea entera se abrirá este mes al servicio público, y entonces Madrid solo distará algunas breves horas de Alicante, cuyo excelente puerto será por mucho tiempo el de la capital.
El Correo de Ultramar. Año 1858: Compañía del ferro-carril de Alicante a Almansa. Terminada esta última sección en diciembre de 1857, se recorrió el día 3 de enero de 1858; y en marzo del mismo año quedó abierta al público la circulación de la vía desde Madrid a Alicante, unidos estos dos puntos por una línea férrea de 455 kilómetros de longitud.
La inauguración de esta hermosa línea tuvo lugar en Alicante el 25 de mayo del modo más solemne.
La reina Isabel, acompañada de S. M. el rey y de la real familia, presidió tan bella ceremonia. En ese instante solemne y grave el estampido del cañón anunció la llegada del tren real.
Poco después tuvo lugar la ansiada ceremonia. Tres locomotoras marchando paralelamente, como movidas las tres por el mismo espíritu, como obedeciendo a una misma inteligencia las tres, se adelantaron majestuosamente ante las gradas del altar y allí recibieron la bendición del sacerdote.
Inaugurada la estación de Alicante, Orihuela no podía dejar escapar la oportunidad que ofrecía este novedoso medio de transporte.
En el artículo «El Ferrocarril y su papel en el desarrollo de la comarca de la Vega Baja» Pilar Ávila Roca de Togores ofrece un poco de luz sobre los diferentes proyectos para extender ese carril de progreso hasta la ciudad de Orihuela anteriores al año 1884.
Pinchando sobre la siguiente imagen se puede descargar dicho trabajo.
Yo me voy a centrar en la década de 1880, cuando la «Unión Agrícola Orcelitana», en estrecha colaboración con el Ayuntamiento, tomó las riendas del proyecto en Orihuela.
Esta sociedad, formada en 1878, estaba compuesta por un grupo de terratenientes oriolanos cuyo principal objetivo era favorecer y modernizar la agricultura local.
El Segura. 8 de febrero 1878: LA UNION AGRICOLA. Orihuela, nuestra ciudad querida, está de enhorabuena. Por fin todos sus hijos, convencidos de que nuestra verdadera riqueza y bienestar está en la agricultura se reúnen en una sola aspiración tan generosa como honrada.
Sin distinción de matices políticos, prescindiendo noblemente de pasadas diferencias vuelven por lo que son y por su patria, formando La Unión Agrícola Orcelitana, poderoso centro que atienda sus verdaderos intereses, que impulse los adelantos del país y abra ancho campo donde pueda desenvolverse la acción individual apoyada por la colectiva.
Todo por Orihuela y para Orihuela, este es hoy este debe ser siempre el grito de sus nobles hijos.
El ferrocarril era el medio de transporte más rápido y barato; la herramienta imprescindible para la exportación de los productos de la huerta y el campo.
La llegada del tren no sólo dinamizó la economía de Orihuela; modificó la propia estructura de la ciudad desplazándola hacia el sur.
Hasta el último cuarto del siglo XIX, el arrabal de San Agustín de Orihuela finalizaba en una alameda que llamaban la vieja o del vacuno, por instalarse en ella el mercado de animales. Se corresponde en la actualidad con la Avenida España.
La última línea edificada la formaban las traseras pertenecientes a las casas de la calle de la Acequia.
A mediados de dicha centuria, en el plano de Coello solo aparecían dicha alameda, el huerto del marqués de las Hormazas, el convento de San Sebastián, la alameda del Chorro y el desamortizado ex convento de San Gregorio. Dos edificios reseñables y, más allá, sólo huertos salpicados con alguna casa rural.
La llegada del «Ferro Carril»a Orihuela. 1883.
El año 1883 fue trascendental para el desarrollo de la ciudad de Orihuela. En enero unieron fuerzas el Ayuntamiento y la sociedad Unión Agrícola Orcelitana.
Ayuntamiento de Orihuela. Sesión ordinaria del 11 de enero de 1883: Se dio cuenta de un oficio de la sociedad Unión Agrícola de esta ciudad de 4 de los corrientes participando que, en junta del día dos del actual acordó practicar cuantas gestiones fueran precisas para obtener la variación del trazado del Ferro Carril de Murcia a Alicante en el ramal de Torrevieja
A cuyo efecto eligió de su seno una comisión que previamente de acuerdo, y bajo la dirección de este Excmo. Ayuntamiento con la que se dignara nombrar, hicieran dichas gestiones.
Y se acordó nombrar en comisión al Sr. presidente y teniente alcalde D. Manuel Cevallos.
Antes de terminar el mes estaban expropiando tierras en Redován para la construcción del ferrocarril junto al hijo del marqués de Casa Loring.
El Graduador. Alicante. 30 de enero 1883: Copiamos con sumo gusto la siguiente noticia que encontramos en «La Voz de Orihuela», recibida ayer: «Cuando va a entrar en prensa nuestro Semanario se nos dice que acaba de llegar del vecino pueblo de Redován el Sr. D. Jorge Loring, ingeniero de caminos, hijo del Excelentísimo Sr. Marqués de este apellido, acompañado de los Sres. D. Pedro Ramón Mesples, D. Francisco Ballesteros, D. Julián de Torres, D. José María López y D. Enrique Tormo.
Según nos han manifestado los que han acompañado al Sr. Loring, seis horas han bastado para que se expropiaran todos los terrenos que comprende el término de Redován, y por los que ha de atravesar nuestro anhelado ferro carril.
Cumple a nuestro deber felicitar por tan buen éxito al vecindario, autoridades y personas influyentes de aquel pueblo, por haber ayudado a tan patriótico objeto.
Pretendían variar el trazado original del ramal de Torrevieja para que el ansiado ferrocarril llegase a Orihuela. El asunto interesaba también a la vecina Murcia y allí acudieron buscando la «influencia» de sus diputados y senadores.
El Diario de Murcia. 15 febrero 1883: Ayer llegó a esta ciudad una respetable comisión de Orihuela, representante del Círculo agrícola orcelitano. Hemos tenido ocasión de hablar con estos señores, a quienes, aunque no sean ni aun comprovincianos, bien podemos llamar paisanos nuestros, pues Orihuela y Murcia son casi una misma ciudad, por su suelo, por su cielo, por su manera esencial de ser, y por todos sus intereses.
El objeto de esta visita es interesarnos a nosotros en un asunto de mutua utilidad. Se trata del ferro-carril de Murcia a Alicante, y especialmente del trazado desde Murcia a Torrevieja. Quieren los oriolanos pedir una variación que tiene las siguientes ventajas:
1. Favorecer a pueblos de mayor vecindario.2. Atender y facilitar la exportación de mayor riqueza. 3. Disminuir la distancia.
Murcia está interesada en esta variación, no solo por los intereses de su vega que se confunden con los de Orihuela, sino por los de la capital, por cuanto con la variación que se solicita tenemos un puerto, el de Torrevieja, mucho más cerca que el de Cartagena, y especial para el comercio.
Dicha comisión oriolana tiene orilladas todas las dificultades que pudiéramos llamar pecuniarias; porque, representando a la casi totalidad de los propietarios de Orihuela, y estando estos dispuestos a indemnizar a la empresa constructora si fuera necesario; lo que piden de nosotros únicamente, es ayuda moral, que le prestemos nuestra influencia, la influencia de nuestros diputados y senadores, para conseguir en las esferas oficiales la realización de su patriótico deseo.
Pocos días después de la visita, el Ayuntamiento de Murcia apoyaba el proyecto de cooperación por unanimidad y nombraba una comisión municipal.
El Diario de Murcia. 18 de febrero 1883: Invitados particularmente los concejales para que el acuerdo que se tomase respecto del ferro-carril de Orihuela, tuviera la sanción de la mayoría del ayuntamiento, se reunió anteayer éste en número considerable.
Unánimemente fue aceptado el pensamiento de cooperar a la variación del trazado del ferro-carril a Torrevieja; y para que gestione a nombre de este municipio y en unión de los de Orihuela, se nombró en comisión a los señores Marín Baldo, Piqueras, García Alix y Marín Samaniego.
Para finales de febrero el proyecto era ya una realidady se comunicó oficialmente el inicio de las obras que quedaron inauguradas el domingo 4 de marzo.
Ayuntamiento de Orihuela. Sesión del 1 de marzo de 1883: Se dio cuenta de la comunicación que dirige a este Municipio el Sr. Loring, representante de las obras del ferro-carril de Murcia a Alicante, participando su inmediato principio.
Y se acordó que, con tan plausible motivo, se invite al acto al Ilmo. Prelado que ha de colocar la primera piedra; y a todas las corporaciones para las cuatro de la tarde del domingo próximo (4 de marzo) debiéndose reunir las comisiones en estas Casas Consistoriales a las tres y media para acompañar al Sr. Obispo desde su palacio.
La Paz. Murcia. 3 de marzo 1883: Mañana 4 del actual es el día señalado para verificar la inauguración del ferrocarril de Alicante a Murcia, en Orihuela. Tendrá lugar a las cuatro de la tarde en una casilla de guarda aguja próxima al camino de Hurchillo.
El Constitucional. 8 de marzo 1883: En medio del mayor regocijo se inauguró el domingo último en Orihuela la construcción del ferrocarril de Alicante a Murcia. Las autoridades y el clero concurrieron al acto.
Pero la estación que estaban construyendo quedaba lejos del centro y carecía de caminos adecuados.
Entre la ciudad y el ferrocarril se interponían tres tahúllas y media del «huerto de San Gregorio» o «de Tamames» y otras nueve tahúllas y media pertenecientes al marqués de Serdañolas.
El Ayuntamiento delegó en Salvador Lacy Pascual de Bonanza para que, desde Madrid, procediese al ajuste y adquisición de ambas fincas.
Sesión municipal. Orihuela, 23 de mayo 1883: Se Manifestó que dada la necesidad de construir una vía que ponga en comunicación la localidad con la estación de Ferro Carril, cuyas obras se están realizando.
Se hace indispensable para un servicio de tanta utilidad, la adquisición de los terrenos que ha de atravesar dicha vía, las propiedades de los Sres. Duque de Tamames y Marqués de las Serdañolas, hoy de Boil y al efecto habíanse practicado varias gestiones por conducto de sus respectivos apoderados en esta ciudad.
Mas como quiera que en la actualidad se haya accidentalmente en Madrid Don Salvador Laci Pascual de Bonanza, persona de toda confianza y garantía para el municipio y que además de sus conocimientos prácticos reúne el noble deseo de prestar un apoyo y cooperación para la prosperidad y engrandecimiento de este país.
Dicho señor podía llevar con sus celosas gestiones a feliz término el asunto, y la corporación teniendo en consideración que el medio propuesto por el Sr. Presidente es el más fácil para hallar la solución que se desea, por unanimidad acordó autorizar al expresado Sr. Laci para que desde luego proceda al ajuste y adquisición de los terrenos denominados huerto de San Gregorio, propiedad del Exmo. Señor Duque de Tamames.
Y del Señor Marqués de Serdañola las nueve tahúllas que radican en el Partido de Urchillo y sitio de la Alameda, por la totalidad de ambas fincas a fin de evitar a sus dueños los perjuicios que en otro caso podrían arrogárseles con solo adquirir la parte necesaria para la construcción de la expresada vía.
El 1 de julio de 1883 tomó posesión de la Alcaldía el próspero farmacéutico y terrateniente Francisco Ballesteros Villanueva. Desde 1882 Ballesteros era diputado provincial apadrinado por Ruiz Capdepón. Había sido secretario de la Unión Agrícola y miembro de la comisión que impulsó la llegada del ferrocarril.
Para la nueva corporación que presidía no era suficiente unir la población con el ferrocarril de cualquier manera. Para sacar todo el partido al tren proyectaron una avenida de 890 metros que llegaría hasta el corazón comercial oriolano; es decir, a los Hostales.
Allí se hallaban establecidos el casino, los bancos, las fondas y las posadas. Y en invierno, la zona albergaba los célebres y concurridísimos mercados semanales.
Ayuntamiento de Orihuela. Sesión del 23 de agosto de 1883: La comisión nombrada por el Excelentísimo Ayuntamiento para estudiar, auxiliada del maestro de obras D. Manuel García, y formar un programa sobre la calle proyectada desde la de los Hostales de esta ciudad a la Estación de la vía férrea…
Sin la cual el acceso a la estación y consiguiente enlace con el mundo entero, sería siempre penoso y en ocasiones imposible…
El proyecto hace arrancar la nueva calle de la de los Hostales, que es el punto céntrico de la contratación y movimiento de la ciudad por hallarse en aquella establecidos el casino, sociedad agrícola, bancos de socorros, las fondas y posadas y ser además en unión con la calle del puente nuevo donde se verifican en invierno los célebres y concurridísimos mercados semanales de Orihuela…
Si no se trazaba un nuevo acceso a la estación sólo podrían utilizar el camino rural de Hurchillo, estrecho y con un enorme rodeo, molesto para los viajeros y aún más para las mercancías que habrían de ser acarreadas con dificultad.
Ayuntamiento de Orihuela. Sesión del 23 de agosto de 1883:La comunicación directa de la calle Calderón de la Barca con la estación solo puede hacerse cortando la finca titulada de Tamames, atravesando la alameda y la finca de la sociedad agrícola, verdaderas barreras que se interponen entre la ciudad y la estación.
A donde si no llega a construirse la calle proyectada, solo podría irse por el camino rural de Urchillo, que en muchos puntos solo tiene tres metros de anchura, y que impondría enormes rodeos a los vecinos de Orihuela…
La calle proyectada tiene, desde su arranque en la de los Hostales hasta llegar a la Estación, 890 metros de extensión, siendo rústicas dos de las fincas que precisa ocupar, y otra de ellas urbana.
El ambicioso proyecto incluía la compra de las fincas antes citadas, la construcción de un nuevo puente y la reurbanización de las calles de Calderón y Loazes; importando 116.900 pesetas.
La financiación no podía salir de las vacías arcas municipales que angustiosamente pagaban los gastos ordinarios. Así pues, tiraron de los fondos de propios disponibles por importe de 102.963 pesetas.
El déficit de menos de 14.000 pesetas se cubriría con la venta de la parte sobrante de las fincas expropiadas y recalificadas, que alcanzarían bastante valor dada la carencia de casas en la población.
Todo quedó aprobado, nombrando al arquitecto provincial José Ramón Mas para la formación de planos y presupuestos.
El último escollo era conseguir acceso a dichas fincas, requisito indispensable para que el Ministerio les concediera la autorización de fondos.
El Diario de Murcia. 19 de septiembre de 1883: Dice «La voz de Orihuela»: El lunes próximo empezarán las obras de la verdadera estación de Orihuela, a 440 metros de la Alameda y en terreno que fue de Dª. Consuelo Miranda. En dicho punto se encuentran ya hechas las excavaciones y andenes para el edificio y 400 carros de piedra, 10 metros de cal, 50 de arena, y algunos de los 100 metros cúbicos que necesitan de sillería, de las tres canteras que a la vez tiene cortando piedra el activo contratista Sr. Mesples, para su sólida y pronta construcción.
La Paz de Murcia. 30 de septiembre 1883: De un momento a otro deben comenzar con gran actividad en Orihuela las obras de la estación del ferro carril de Alicante a Murcia, y su emplazamiento será a unos 440 metros de distancia de la Alameda. El arribo de material para esta línea que tanto ha de favorecer aquellas hermosas vegas del Segura, continúa sin interrupción a los puertos más cercanos, y es de creer que en el primer tercio del año entrante se dará por completamente concluida, y a la circulación de mercancías y de viajeros, el ramal de Torrevieja.
1884. Inauguración de la línea Alicante-Murcia.
En febrero de 1884 la Sociedad Unión Agrícola cedió la servidumbre temporal a través de su propiedad, ubicada en la alameda. Pero problemas políticos complicaron la puesta en marcha del proyecto.
El 14 de ese mismo mes de febrero, el Gobernador Civil suspendía fulminantemente al ayuntamiento fusionista durante cincuenta días. Estaban acusados de desobediencia y abandono de sus obligaciones por no pagar a los maestros municipales, una deuda que procedía de anteriores administraciones.
El eco de la provincia. Diario Conservador Liberal. 14 de febrero 1884: El digno Gobernador de la provincia señor López Guijarro, mirando por el exacto cumplimiento de la Ley y mejor servicio, ha suspendido al ayuntamiento fusionista de Orihuela que debe a los profesores de primera enseñanza la enorme suma de 37.000 y pico de pesetas…
Ha suspendido al ayuntamiento, reemplazándole por el que presidia nuestro respetable correligionario don Matías Rebagliato. Los hombres del partido conservador liberal que van a constituir el nuevo municipio de Orihuela, estamos seguros de que harán administración llenando así los deseos de la primera autoridad de la provincia.
El sistema de turnos de la Restauración tenía estás particularidades.En realidad sólo era una excusa para hacer efectiva la llegada de los conservadores de Canovas del Castillo al poder.
Se nombró un consistorio interino bajo la vara del conservador Matías Rebagliato Sorzano. Dicho consistorio se mantuvo hasta que de nuevo cambió el Gobierno en Madrid.La construcción del «ferro-carril» siguió adelante.
El 11 de mayo se inauguraba la nueva línea con la asistencia del presidente del Consejo de Ministros, Antonio Cánovas del Castillo.
La Correspondencia de España. 10 de mayo 1884: Orihuela. Renace la animación y entusiasmo para celebrar la inauguración de nuestra vía férrea en esta estación y la llegada del Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo y demás que constituyen la comitiva de esa corte y de nuestras vecinas capitales.
Son varias las tribunas que se establecen, contiguas a la estación, se adornan con mucho gusto y brillantez y se espera se distinguirá la de la sociedad Unión Agrícola.
Todo el trayecto propiedad de la vía está engalanado, y produce un golpe de vista encantador. Se observa ya hoy gran movimiento del vecindario por este acontecimiento, y son muchos los forasteros que llegan, esperándose gran concurrencia.
También acudió el obispo Guisasola, quien bendijo las locomotoras y hasta los carruajes que recorrieron la población jaleados por la multitud.
La Correspondencia de España. 11 mayo 1884: Orihuela. A la inauguración del ferro-carril ha acudido un gentío inmenso. Grandes aclamaciones a Cánovas y a la comitiva. La bendición de las máquinas se ha hecho por el señor obispo de la diócesis, con asistencia del cabildo y en medio del mayor entusiasmo.
Las tribunas ofrecían un golpe de vista soberbio, cuajadas de bellas y elegantes damas. La de labradoras ostentaba profusión de flores y frutas, que fueron ofrecidas al presidente del Consejo de ministros.
Al almuerzo ofrecido al Sr. Cánovas en el colegio de jesuitas, asistirán 250 personas. Verificada la inauguración del ramal de Torrevieja, seguirá el tren hasta Alicante.
Cánovas del Castillo fue nombrado hijo adoptivo de Orihuela y presidente de honor de la «Unión Agrícola».
El Constitucional. 14 de mayo de 1884: INAUGURACION DEL FERRO-CARRIL DE ALICANTE A MURCIA. Después de la recepción que tuvo efecto en el palacio episcopal de Orihuela, el Sr. Cánovas del Castillo se dirigió al Colegio de Santo Domingo, acompañándole las Autoridades superiores y otras personas de distinción.
El jefe del Gobierno fue recibido por los PP. de la Compañía de Jesús que ocupan aquel edificio, e introducido en un espacioso salón del mismo. Allí oyó una preciosa Oda a la patria, que fue leída con buena entonación por uno de los distinguidos jóvenes que asisten a las aulas del Colegio de los jesuitas.
Terminada la lectura de esta composición poética, que fue oída con interés, el Sr. Cánovas del Castillo pasó a un grandioso claustro, donde debía efectuarse el banquete, dispuesto por la compañía de los ferrocarriles andaluces, para obsequiar a las respetables personas previamente invitadas.
Cuatro días después de la citada inauguración, se acordó denominar al paseo, aún en construcción, como del marqués de Casa Loring, en honor a Jorge Enrique Loring Oyarzábal, fundador de la compañía de ferrocarriles andaluces que había establecido la línea Murcia-Alicante.
El Constitucional. 12 de julio 1884: Por dos Ayuntamientos ha sido administrada la ciudad de Orihuela durante el año económico que acaba de espirar de 1883-84.
El primero, presidido por D. Francisco Ballesteros, ha dirigido la gestión Municipal por espacio de siete meses, o sea desde el 1° de julio de 1883, en que se constituyó, hasta el 12 de febrero del actual, en que fue suspenso por orden del señor Gobernador civil de la provincia.
Y el segundo presidido por D. Matías Rebagliato y nombrado interinamente por dicho señor Gobernador durante los cinco meses restantes.
En diciembre de 1884 la corporación, todavía interina, dio un plazo de ocho días a Francisco Ballesteros para que entregase el dinero autorizado para las obras que tenía depositado a su nombre en la sucursal de Alicante del Banco de España.
Ballesteros se limitó a comunicarles que dicha cantidad permanecería en su poder a la espera de recuperar la alcaldía para emprender personalmente el proyecto.
El Constitucional. 16 de diciembre 1884: Lectura de una comunicación de don Francisco Ballesteros, en la que daba contestación a la que, en sesión extraordinaria del sábado anterior, acordó el Ayuntamiento dirigirle exigiéndole la entrega de la cantidad procedente de los bienes de propios que, como depósito, obra en su poder; pero como acontece a veces que el Ayuntamiento propone y otros disponen, es muy posible ir por lana y salir trasquilados…
Y como contra el vicio de pedir hay la virtud de no dar, recordando que quien da pan a perro ajeno pierde el pan y pierde el perro, en vez de los dineros, creyó más conveniente el ex-alcalde, D. Francisco Ballesteros, solicitar del Ayuntamiento actual le diera posesión inmediata al suspenso que preside.
Pues habiendo pasado los cincuenta días que la ley marca en este caso y fallándose a su favor el expediente que se le instruyó por no sabemos qué líos que resultaron falsos, veíase el pueblo privado de sus legítimos representantes. El golpe fue de maestro…
1885.El Camino de la Estación.
El año 1885 fue especialmente complicado por la famosa epidemia de cólera morbo asiático declarada en toda España. Dicha epidemia llegó tras una serie de riadas que habían sumido la huerta en la miseria.
El Oriolano. 27 de junio 1885:Orihuela sufre, Orihuela padece la más horrible y temida de las calamidades con que la Providencia divina castiga o pone a prueba a la humanidad.
Hasta aquí el mísero y desventurado colono ha visto en breves horas convertirse en lodazal inmundo el fruto de sus afanes y desvelos; el honrado ciudadano luchó en vano contra el oleaje de un río que al desbordarse reducía a escombros su hogar, dejándole en la más espantosa miseria.
Hace ocho días que oficialmente se hospeda en Orihuela el cólera morbo asiático, sembrando luto y horrores entre sus habitantes. Los más poderosos, los que en día de calma daban vida, animación y trabajo a las clases menesterosas huyeron aterrados a los primeros síntomas de la enfermedad.
Entre estos se cuentan desgraciadamente algunos individuos del ayuntamiento y empleados de la misma corporación. Así es que el ayuntamiento no celebra sesiones cuando constantemente debiera hallarse reunido para hacer frente a la calamidad que nos aflige y al hambre que nos amenaza.
En este desastroso contexto, el Ministerio de la Gobernación entregó oficialmente la alcaldía de Orihuela a Rebagliato Sorzano a primeros de julio.
El martes. 2 de julio 1885: Ayer mañana 1º de Julio, era el señalado para la toma de posesión de los nuevos ayuntamientos. A las once de la mañana, se presentaron en el salón de sesiones de las Casas Consistoriales varios concejales del ayuntamiento saliente, y algunos otros de los últimamente elegidos, quienes tomaron posesión de sus cargos.
Y como no había número suficiente no pudo tomarse acuerdo, ni pudo, por tanto, constituirse el ayuntamiento.
En el momento de hacerse cargo de la Alcaldía el Sr. Rebagliato reunió a los alcaldes de distrito y pedáneos de la huerta y les encargó le diesen parte de las mayores necesidades que existan, para socorrerlas de su bolsillo particular…
A la primera reunión del nuevo Ayuntamiento faltaron muchos concejales recluidos en sus propiedades rurales para evitar el contagio.
El Oriolano. 4 de julio 1885: Esta situación es desesperante, abrumadora. El cólera que crece, la mortandad que aumenta, el hambre que cada día se ceba con mayor crueldad en las clases más desamparadas; un ayuntamiento que huyó cobardemente abandonándonos a nuestra propia iniciativa…
Qué lección más afrentosa; para los pueblos que no han tenido energía bastante para sobreponerse a las exigencias del caciquismo. Mientras el pueblo de Orihuela sufre horriblemente, mientras el cólera y el hambre siembran la desolación y la muerte en esta desventurada ciudad, ellos gozan tranquilamente de las delicias del campo sin que nuestras amargas quejas ni nuestros ayes de dolor turben un solo instante la calma que disfrutan.
A pesar de las desgracias la construcción de la carretera a la estación debía continuar.
El Oriolano. 18 de julio 1885: Por fin ha sido aprobado por el gobierno el expediente instruido para la construcción de la carretera, alameda, y puente.
Puesto que la ley prescribe la subasta para esta clase de construcciones, hágala con toda la sinceridad que le reconocemos que, a más de cumplir con su deber, demostrará al país la rectitud que le anima al encargarse nuevamente de dirigir la administración de nuestro Municipio.
Era necesario organizar las diligencias de subasta en el plazo más breve posible para que empezasen las obras; dando así trabajo a numerosos jornaleros en aquella situación de crisis.
En agosto se comisionó a Pedro Ramón Mesples para que, junto al alcade, formasen la subasta de las obras del paseo de la estación.
A las once de la mañana del 17 de octubre dio comienzo la subasta en el salón de sesiones del Ayuntamiento.
Transcurrido el plazo legal, el escrutinio dio el siguiente resultado: Para la carretera, tasada en 33.400 pesetas, se presentaron diez postores, entre los que se encontraba Francisco Ballesteros y otros socios de la Unión Agrícola.
Se la quedó Francisco Pérez por menos de treinta mil pesetas. Para el Puente sobre el Segura, tasado en 61. 250 pesetas, se presentaron los mismos licitadores, y quedó adjudicado también a Francisco Pérez, por la cantidad de cincuenta y cinco mil pesetas.
La subasta verificada en Alicante no modificó el resultado y ambas obras fueron adjudicadas a Francisco Pérez Llobregat que actuaba en nombre de la Unión Agrícola.
El martes. 22 de octubre 1885: Las subastas de las obras de la carretera a la estación del ferro-carril, y puente sobre el Segura se celebraron en la mañana del sábado anterior, como sabrán algunos de nuestros lectores.
La sociedad Unión Agrícola Orcelitana, que como hemos dicho ya en otras ocasiones, se consagró desde el primer momento de su creación a procurar el bienestar de la población que le da su nombre, concibió el pensamiento de hacer posturas en las referidas subastas, sin que para ello la guiara otro móvil que el patriótico y digno de mirar por el interés de nuestra querida población: pensamiento laudable, acto desinteresado con el que los señores socios han conseguido el aplauso merecidísimo de todos sus convecinos.
Y llevado a la práctica resultaron sus proposiciones más ventajosas que otra alguna, con lo cual se alcanzarán notorios beneficios en la ejecución de esas obras e inversión del capital disponible para efectuarlas.
Cumplido el trámite burocrático, las obras quedaron de nuevo en manos de la Unión Agrícola Orcelitana con el apoyo del alcalde conservador Matías Rebagliato. Y el Ayuntamiento se dio prisa en reunirse para cumplir con su parte.
El Oriolano. 27 de octubre 1885: La sesión de ayer. A las once de la mañana se reunió el Ayuntamiento en sesión extraordinaria para aprobar la subasta de la carretera y puente y adjudicar las obras al mejor postor.
Acordó el ayuntamiento por unanimidad aprobar y conceder la ejecución de ambas obras a favor de D. Francisco Pérez Llobregat por resultar sus proposiciones más bajas que las de ningún otro postor…
Procede pues que el municipio, sin malgastar un tiempo precioso, extienda cuanto antes el contrato ante notario público a fin de dar trabajo a la clase jornalera y hacer que desaparezca el lodazal en que se convierte la carretera a consecuencia de las lluvias.
Pasó un mes sin que la ansiada obra diese comienzo por las discrepancias surgidas en la Unión Agrícola, entre los que querían una carretera recta hasta la misma ciudad, la opción más barata; y los que la querían terminarla en la alameda y dividirla en dos ramas; una hasta la calle de San Agustín y otra hasta la de Calderón, la opción más bella, respetando el huerto de Tamames.
Y en esas, falleció Alfonso XII.
La inesperada muerte del rey, en noviembre de 1885, cambió completamente el tablero político. Cánovas del Castillo presentó su dimisión y Sagasta se convirtió en presidente del gobierno.
Los conservadores a nivel nacional pasaron a la oposición y Rebagliato presentó la dimisión como alcalde de Orihuela.
Tras una visita a Madrid, Ballesteros recuperó la alcaldía unificando en su persona la representación del Ayuntamiento y de la Unión Agrícola Orcelitana.
El Oriolano. 10 de diciembre 1885: Tan pronto como regrese de Madrid el señor Ballesteros, se emprenderán activamente las obras de la carretera a la estación. Esto se entiende si la comisión de la sociedad Agrícola, nombrada al efecto, logra por fin ponerse de acuerdo para la ejecución de dichas obras.
La crónica. 24 de diciembre 1885: Ya fue nombrado alcalde presidente del Excmo. Ayuntamiento de esta ciudad, el señor D. Francisco Ballesteros; y se le dio posesión de su cargo en la sesión del jueves último.
La situación política de Orihuela ha cambiado; es decir, el alcalde conservador ha cedido voluntariamente el mando al alcalde fusionista, o lo que es igual, el señor Ballesteros ha ocupado el puesto renunciado por el señor Rebagliato.
1886.El Camino de la Estación.
En enero de 1886 se aprobaron ocho puntos que dejaron bien claro el proyecto final del camino de la estación. Un proyecto que, como podemos comprobar, se cumplió al pie de la letra excepto el punto tercero.
El Oriolano. 19 de enero 1886: CARRETERA A LA ESTACION. El domingo por la noche se reunió la junta directiva de la sociedad Unión Agrícola para conocer el dictamen que la comisión nombrada en junta general, presentaba del proyecto de la carretera a la estación, cuyas obras darán principio quizás mañana.
Conocido dicho dictamen se precedió al nombramiento de la comisión ejecutiva siguiente: Presidente: D. Vicente Rodríguez. Tesorero: D. Manuel Roca de Togores. Contador: Sr. Marqués de Lacy. Vocales: D. Atanasio García Cubero, don Andrés Pescetto, D. Higinio García Ródenas, D. Antonio Bonafós Mas y D. Federico Torres. He aquí las bases del dictamen a que nos hemos referido:
1 La Conservación de la carretera desde la estación a la Alameda en la forma en que se halla actualmente planteada.
2. Prolongación de dicha carretera bajo la misma forma y amplitud y sujeción al mismo eje hasta la alameda llamada de vacuno.
3. Formación, algunos metros antes de llegar a esta última alameda, de una esplanada semicircular desde la cual bifurcará la carretera en dirección a la calle de Calderón por un lado y por otro en dirección la Plaza de S. Agustín: en dicha esplanada habrá de colocarse una pirámide u obelisco en cuya parte superior campeen las armas de la ciudad y lapidas en su centro donde se inscriban nombres de oriolanos ilustres.
4. Colocación de la glorieta en el espacio que ha de mediar entre la nueva carretera, camino de S. Gregorio y la alameda.
5. Alineación y ensanche donde lo necesite de la alameda del vacuno para que forme una buena calle que habrá de salir a la plaza de S. Agustín, formando ángulo con la calle de S. Isidro.
6. Nueva dirección al río del azarbe de las Lavanderas para sanear las calles del Vado, acequia y la nueva que se proyecta, y para evitar inundaciones en el barrio de S. Agustín.
7. Instalación del mercado de animales en la antigua alameda, quitándolo de la del vacuno, con imposición de un modesto impuesto por estaca a cada par de animales, cuyo impuesto podrá servir para abonar un sueldo al guarda jardinero que ha de cuidar de la glorieta y arboleda de la carretera.
8. Venta en subasta pública por lotes de los terrenos sobrantes. La calle que hoy va a quedar en lo que fue alameda del vacuno se titule calle de la Unión Agrícola.
En el tintero quedaron otros, como el del marqués de Lacy, que no se resistió a compartirlo con los oriolanos mediante tres hojas de periódico y un modesto croquís
No he querido transcribirlo entero. Llega a mencionar las grandes avenidas de París, Londres o Nueva York.
Os dejo varios párrafos que reflejan cómo pretendía impresionar al viajero respetando la integridad del huerto de Tamames desde San Gregorio a San Sebastián.
El Oriolano. 2 de febrero 1886: Yo creo y entiendo que aquí la mayor dificultad está en trazar la línea que ha de seguir la carretera desde la Estación, si es que se discute este pensamiento pues determinada la recta dirección, responde solo al empeño de unir las dos extremidades, haciendo absoluta abstracción de topografía y conveniencias.
Supongamos por un momento que la línea recta, partiendo desde la estación hacia la ciudad, hallara a esta en la misma frontera del huerto de Tamames, ¿Cabría ni podría hacerse cosa mejor que lo que hay hoy trazado, carretera y andenes respectivos, que hasta allí conducen?
El ornato y la regularidad de vías rectangulares, exigiría romper directamente y en la misma forma que viene el trazado para la carretera, por medio del cuadrado que constituye el huerto de Tamames, y llegar hasta donde sea la primera conjunción de líneas para el establecimiento de la vía que lo ha de cruzar, si, como en ello insisto, aquel sitio es el llamado forzosamente a constituir la zona de nuevas construcciones.
¿A qué puede destinarse mejor aquel espacio, que teniendo por límite la actual alameda, está pidiendo a voces transformarlo en el más ameno y delicioso sitio, que jamás pudo la imaginación concebir, cual paseo para recreo y esparcimiento de propios y extraños?
¿Podría hallarse en parte alguna del mundo, casi me atrevería a aventurar, una entrada tan magnífica como la que quedaría para Orihuela viniendo desde la estación por el camino según está trazado, formando casi ángulo recto, con el plano general de la misma, y su magnífico panorama?
Si con arreglo a estas indicaciones se reconoce ventajoso mi proyecto y con él se cierra el paso a los carruajes por dentro de Tamames, quedaría toda su parte meridional destinada al paseo, en la extensión que ofrece, desde el convento de S. Sebastián a la casita situada en el ángulo opuesto cerca de S. Gregorio, que serviría desde luego para morada del guarda o jardinero.
Podría cerrarla fácilmente por aquel señalado puesto con dos puertas de piedra iguales a la existente, (vulgo tartana) sin desdoro alguno como buena obra de arte, reemplazando sus maderas con verjas ligeras de hierro y enlazando ambas puertas y corriendo todo el litoral de la acequia con idéntica barandilla, cuyo coste sería de poca importancia.
Ofreciendo al forastero la graciosa perspectiva de la gran alameda principal de entrada a la población, luego el paseo de frente con sus puertas y su verja y detrás bellas manzanas de casas…
Y si aun este bello ideal no puede llevarse a efecto, porque según todos los talentos y estudios hechos en demanda de la línea recta, aquellas se estrellan ante obstáculos casi insuperables, y por lo tanto hay que truncarla en algún punto dentro del cuadrado de Tamames.
Concluyo ya y debo hacer presente a los señores que componen la comisión ejecutiva, que si tienen otro proyecto que satisfaga mejor los deseos y aspiraciones de la población, yo tendré muy singular empeño en alabarlo y apoyarlo con las escasas fuerzas de mi humilde personalidad. Por último, acompaño adjunto el croquis del proyecto a que se contrae mi presente artículo, para mayor inteligencia de todos. El Marqués de Lacy.
Al final no se respetó el huerto en su totalidad como pretendía el marqués; pero sí buena parte de él efectuando un pequeño desvío en esa teórica línea de 890 metros.
El ingeniero encargado de las obras fue José María Moreno Tovillas, directivo y miembro fundador de la Unión Agrícola.
El oriolano. 2 de enero de 1886: En la localidad reina bastante animación por haberse ayer dado principio, conforme anunciamos, a la construcción de la carretera. La subasta de estas obras se verificó el domingo, ante la comisión ejecutiva, en los salones de la sociedad Agrícola; concurriendo al acto unos treinta labradores o carreteros.
El acto estuvo en un principio bastante desanimado, especialmente en la subasta de la tierra para construir la caja de la carretera, en la que solo se adjudicó un mote de cuatrocientos metros cúbicos al precio de tres reales metro, quedando desiertos los dos restantes.
Los presentes escusaban su participación en la subasta alegando el precio sumamente bajo que según ellos se había señalado, pronosticando su ruina al labrador que se encargó del acopio de los primeros cuatrocientos metros de tierra; pero pronto cambiaron de parecer por cuanto ayer mañana les faltaba tiempo a algunos para buscar recomendaciones a fin de que se les cedieran los ochocientos metros restantes que la comisión había decidido trasportar administrativamente.
En la subasta de los mil quinientos metros de piedra que se verificó a las once de la mañana, a razón de seis reales metro, no hubo postor alguno; y la comisión, oído el parecer del director de las obras, D. José María Moreno, reformó en el acto los pliegos de condiciones, en lo que se refería al precio de la piedra, que se señaló en siete reales y medio; y aunque a los lidiadores les parecía todavía bajo al empezar la puja, se contrataron los mil quinientos metros definitivamente por el precio últimamente indicado.
Las obras empezaron ayer, como ya hemos dicho, bajo la dirección facultativa del señor Moreno y demás compañeros de comisión.
El oriolano. 18 de febrero de 1886:La construcción de la carretera a la estación y paseos se encuentra muy adelantada, gracias a la actividad de la comisión ejecutiva y especialmente al celo y gran interés que en las obras viene demostrando el ingeniero y director de las mismas señor D. José María Moreno.
La conducta del señor Moreno es muy digna de aplauso por el desinterés con que coadyuva a la realización de unas mejoras tan útiles para la población.
El ligero desvío y la voluntad de progreso de la Unión Agrícola propiciaron la construcción y vallado de la Glorieta, que se inauguró en ese mismo año de 1886.
A la Glorieta le dedicaré otro monográfico que pronto enlazaré con este trabajo.
La nueva «puerta de Orihuela» y su camino de entrada fue un elemento clave en la nueva configuración de la ciudad propiciando el definitivo ensanche con la transformación de los terrenos agrícolas adyacentes.
El viajero, hasta finales del siglo XX, en su trayecto desde la estación al casco urbano, disfrutaba de unas espectaculares vistas que desgraciadamente se han cubierto para siempre.
A finales del siglo XIX las calles de Calderón de la Barca y Loazes sufrieron una drástica transformación pasando a formar parte de esa proyectada avenida de 890 metros como articulación funcional entre el corazón comercial y el ferrocarril.
Se construyó un nuevo puente y un lujoso casino. Embovedaron las acequias, plantaron árboles y las humildes viviendas se transformaron en interesantes casas para la burguesía; edificios que fueron erigidos para dar testimonio de su estatus económico; de su nuevo papel protagonista en el desarrollo de la ciudad.
Las nuevas edificaciones se fueron levantando en el entorno de las calles formaron un bello escenario de cara al visitante que nunca debió ser destruido y que de alguna manera ocultaba el abandono y atraso urbanístico del resto de la ciudad.
El camino de la estación 1ª mitad del siglo XX.
El título de «marqués de Casa Loring» para la nueva vía nunca llegó a utilizarse, citándose siempre como Paseo o Avenida de la Estación.
Hasta que, en agosto de 1910, a propuesta del concejal demócrata José Calvet Mas, se decidió homenajear al Ministro de Gracia y Justicia, Trinitario Ruiz Valarino; pasando a denominarse «Avenida de Ruiz Valarino».
La decisión final tuvo que someterse a votación; y la alternativa desechada, propuesta por el conservador Juan Coig Rebagliato, fue «Avenida de Nuestro Padre Jesús Nazareno».
El Eco de Orihuela. Ayuntamiento. Sesión supletoria del día 6 de agosto de 1910. Se da lectura a una moción del Sr. Calvet proponiendo se dé a la avenida de la Estación el nombre de Ruiz Valarino. Primer escándalo.
El Sr. Coig propone se dé a esa avenida el nombre de Nuestro Padre Jesús Nazareno y se arma la gran trapatiesta. Discuten hasta dejárselo sobrado los señores Calvet, Coig, García Murphy, algunos otros señores concejales y buena parte del público; y por votación se acuerda lo propuesto por el señor Calvet.
Su urbanización formó parte del amplio paquete de mejoras proyectadas por la corporación presidida por Francisco Díe durante la Dictadura de Primo de Rivera.
Pero no hubo tiempo y fue el consistorio republicano, en noviembre de 1931, el que llevó a pleno la urbanización con una importante modificación: pensaban destinar a peatones el ancho del centro y a carruajes los laterales.
Para ello arrancarían las dos filas exteriores de árboles, dando así entrada de carruajes a los terrenos lindantes, a cuya mejora estaban dispuestos a contribuir sus propietarios.
Anteriormenete,en 1930, tres ciudadanos habían presentado un proyecto de urbanización de la zona comprendida entre el paseo y la carretera de Hurchillo y necesitaban accesos al camino de la estación.
Pero la resolución quedó aplazada hasta septiembre de 1932, fecha en la que aprobaron un proyecto del maestro de obras municipal, Francisco Sánchez, para la pavimentación con adoquín de las canteras de Torremendo y pórfido de las canteras del monte Oriolet.
En abril de 1934 la corporación fue destituida y el Gobierno Civil designó una comisión gestora.
30 de octubre 1934: D. Ricardo García López, alcalde presidente del Excmo. Ayuntamiento a los señores de la comisión gestora, con el debido respeto, expone: … se rotule una de nuestras calles o bien se lleve a la practica el proyecto de la avenida de la estación con el nombre del ilustre D. Alejandro Lerroux García, hoy elevado al más alto cargo de la nación…
A finales de noviembre dicha gestora acordó rotular el Paseo de los Andenes con el nombre del presidente del Gobierno, pasando a denominarse Avenida Alejandro Lerroux.
Y ratificaron el proyecto del maestro Sánchez para convertirlo de verdad en un digno paseo que completarían con el asfaltado de la Glorieta.
Sesión del 13 de noviembre 1934: Se da lectura a la moción de la presidencia anunciada en la orden del día, solicitando se tome el acuerdo de rotular con el nombre de Avenida Don Alejandro Leroux al paseo de los Andenes, y con este motivo debe ser urbanizado, suprimiendo el tránsito rodado y convirtiéndole en un paseo completando esto con el asfaltado de la Glorieta, y así se acuerda por unanimidad.
El 12 de marzo de 1936, con la victoria del Frente Popular y el derrumbe político de Lerroux por su implicación en el escándalo del estraperlo, el consistorio restituido decidió que en lo sucesivo se denominase al paseo de la estación como «Avenida del 14 de abril», fecha de la proclamación de la II República.
Sesión del 12 de marzo 1936: … por las distintas comisiones gestoras que este municipio ha padecido, han sido sustituidos los nombres de varias calles de la población, ensañándose con aquellos que ostentaban nombres representativos de la verdadera república… a la avenida hoy llamada de Lerroux, que en lo sucesivo se le llame del 14 de abril.
Pero el paseo seguía sin ser urbanizado.
Se formó una comisión municipal que aconsejó arrancar los viejos y frondosos árboles debido a que la mayoría estaban muertos; y los que permanecían sanos, perjudicaban las plantaciones de la Glorieta ensuciando sus jardines con la hoja caduca.
A pesar de la opinión de Antonio Cubí, que propuso aplazar la tala por el mucho sol que evitaban, se acordó el arranque de todos los árboles mediante subasta que se efectuaría por lotes para permitir el concurso de los industriales modestos.
Se adjudicó el primero a Francisco Martínez Cases por 5.000 pesetas y el segundo a Enrique Rodríguez Mira por 6.000 pesetas.
En junio de 1936 se presentó un espectacular proyecto, obra del ilicitano Antonio Serrano Peral, para adoquinarlo de mosaico sobre cimiento de hormigón hidráulico, con encintado de bordillo, alcorques y losetas de «rocasfalto», valorado en más de 200.000 pesetas.
De nuevo situaba la calzada para vehículos en el centro; con dos paseos laterales y cuatro hileras de árboles.
Sesión de 29 de junio de 1937: Se acuerda por unanimidad la tala mediante subasta de todos los árboles de la Avenida de la Estación e invertir el producto en la reforma y asfaltado de dicho paseo, para lo que se traslada de nuevo el proyecto presentado por el arquitecto Sr. Serrano y que se traigan a la próxima sesión el pliego de condiciones por que ha de regirse la subasta y deberá efectuarse por lotes para que puedan concurrir los industriales modestos.
Las obras comenzaron en el verano de 1937, en plena Guerra Civil. En septiembre de ese mismo año se formalizó un pedido de árboles a la casa Beisat de Valencia para su colocación en los paseos de la estación.
Sesión del 28 de septiembre 1937: La presidencia informa que para formalizar el pedido de árboles que se ha efectuado a la casa Beisat de Valencia para su colocación en los paseos de la estación, ha remitido a cuenta a la citada casa la cantidad de mil pesetas.
Durante 1938 en las cuentas municipales se suceden pagos de jornales del maestro Román Sánchez Ballesta con cargo a la décima, impuesto destinado a remediar el paro mediante la realización de obras públicas.
Y facturas por diversos suministros para las obras en la Avenida de la Estaciónde los que os dejo algunos ejemplos.
Con cargo a la décima para aliviar el paro obrero se aprueban las siguientes cuentas:
Por diez haces de cañas para el arbolado de la Avenida de la estación 50 ptas. Por setenta litros de gasolina para los camiones que prestan servicio en la Avenida de la estación 175 ptas.
Al maestro de obras Román Sánchez para pago de jornales en las obras de la Avenida de la estación 897 ptas. A José Godoy por 200 metros de barrón de acera para la avenida de la estación 750 ptas.
A Antonio Grau Navarro, por tres sacos de cemento para la Avenida de la estación 66 ptas. A Mariano Gea por portes de 42 metros con veinticinco centímetros de piedra pórfido para los Andenes de la Estación, 633,75 ptas.
A Fidel Rivera de Callosa de Segura por 88 y medio metros de baldosines para los Andenes de la Estación, 752, 25 ptas.
Poco a poco las obras fueron decayendo; manteniéndose sin apenas medios hasta la llegada de las tropas de Franco en la primavera de 1939.
En mayo de ese mismo año, con motivo del gran desfile de la victoria, se dirigió un telegrama a Francisco Franco reiterándole la adhesión de Orihuela. Y se aprobó la rotulación de la calle de los Andenes de la Estación como Avenida del Generalísimo Franco.
Sesión del 20 de mayo 1939: Por unanimidad a indicación de la presidencia, se acuerda dirigir telegrama a S.E. el Generalísimo, reiterándole la testimonial adhesión de la agrupación y vecindario con motivo del gran desfile de la victoria.
Últimamente y también por unanimidad, se acuerda a indicación de la presidencia, rotular los Andenes de la Estación con el de Avenida del Generalísimo Franco.
Pero una circular recibida una semana después ordenó a las comisiones gestoras abstenerse de acordar nombres de vías y plazas públicas. En consecuencia quedó aplazada dicha titulación.
También se llegó a utilizar «Avenida de la Victoria», como se puede leer en la siguiente escritura.
En diciembre de 1939 se acordó continuar con el arreglo de la alameda de la estación, cuyo presupuesto no quedo aprobado hasta el verano de 1941, ascendiendo a 29.900 pesetas.
Sesión del 23 de diciembre de 1939: Se acuerda el arreglo de la alameda de la estación. La apertura y urbanización de la nueva calle que partiendo de la Estación desemboca en la carretera de Hurchillo. Y la urbanización de la nueva calle que partiendo de San Gregorio, termina en la carretera de Bigastro.
Sesión del 10 de junio de 1939: Por razones de urgencia queda aprobado el presupuesto para el arreglo de los Andenes de la estación en la cantidad de 29.900 ptas.
De nuevo Antonio Serrano Peral, convertido ahora en flamante arquitecto diocesano del Obispado de Orihuela, confeccionó el proyecto.
En septiembre de 1942 el alcalde manifestó la necesidad, conveniencia y utilidad de que cuanto antes se procediese a la urbanización del paseo de la estación, prácticamente intransitable, designando al señor Serrano, que presentó unos planos verdaderamente espectaculares que ofrecían dos alternativas, parcial o completa.
La primera, que incluía la calzada central y dos aceras, estaba valorada en 366.248 pesetas y la segunda, que añadía los paseos laterales, 480.698 pesetas.
En enero de 1954 el diario falangista «Línea» publicó un artículo acompañado de una fotografía de Juan Fenoll Villegas con el pie de foto: «Aspecto de la obras que se realizan en el paseo de los Andenes». Desgraciadamente la fotografía alojada en la hemeroteca es de una calidad pésima.
Línea. Murcia. 20 de enero 1954: Orihuela, en plena fase de transformación. Nunca como ahora ha disfrutado Orihuela de la actividad febril de sus innovaciones; de la realización de los proyectos de las nuevas construcciones. En una palabra, nunca como ahora ha sentido la necesidad de una renovación total de su estructura sin perder, claro está, su peculiar estilo, su personalidad, su aire.
La foto nos presenta una bella perspectiva de nuestra ciudad, con el Seminario al fondo, resguardado por la gigantesca Cruz de la Muela, tomada desde el paseo de los Andenes, en periodo de renovación, de pequeña renovación, ya que más bien son retoques, pinceladas sueltas, sobre su limpio pavimento, su variada floricultura y moderna iluminación.
Y en línea paralela, la Glorieta, con un proyecto más amplio, con una renovación más revolucionaria, con derribo de árboles casi centenarios.
A mediados de la década de los cincuenta del siglo pasado el paseo de los Andenes quedó completamente urbanizado. Los peatones circularon por el centro y los vehículos por los laterales.
Epílogo.Avenida Teodomiro y calles adyacentes.
Dedicar una lápida al noble Teodomiro fue una recurrente demanda de los oriolanos desde que se empezaron a nombrar las calles oficialmente.
En 1861 la Comisión encargada de la rotulación y numeración ya propuso titular la calle de los Hostales con el nombre del famoso «príncipe godo».
La Calle de los Hostales o de las Posadas, dictado insignificante, cambiado por el de Calle de Teodomiro, recordará el glorioso nombre del esforzado príncipe godo que, a tiempo mismo que D. Pelayo llegó a las montañas de Asturias con parte de las huestes vencidas en Guadalete, trajo aquí otras reliquias del Ejército Cristiano, con las que sostuvo la fe por mucho tiempo; estableciendo en esta Población el centro de su Gobierno.
En 1930 la prensa local retomó el proyecto y pensaron llamar «Calle de Teodomiro» a la futura «avenida de la estación».
Voluntad. 15 de junio 1930: No hace mucho tiempo, que en Orihuela se hizo una instancia firmada por el presidente de la Cámara de Comercio y otras entidades, en la cual se pedía (con sobrada razón) que ahora que Orihuela tiene en proyecto el trazado de numerosas calles que han de constituir su ensanche, a una de estas nuevas avenidas se le pusiese el título de «Calle de Teodomiro».
Nosotros no hacemos más que remover desde estas páginas aquella petición, a fin de que, en plazo no muy lejano, los vecinos de una de las hermosas calles de Orihuela puedan honrarse diciendo que viven en la «Calle de Teodomiro».
El pueblo. 16 de septiembre 1930: Va a iniciarse próximamente en Orihuela una serie de edificaciones en los terrenos que fueron del conde de Caralt. La parcelación y venta de dichas tierras se lleva a cabo con gran celeridad.
El nuevo ensanche entre los andenes de la estación y la carretera de Hurchillo, con sus futuras edificaciones, dará solución a estas necesidades.
La calle de Teodomiro ha de ser una gran avenida con buenos edificios, aunque para ello haya que sacrificar conveniencias particulares en prestigio de Orihuela.
La actual calle Valencia de Orihuela se pensó como calle de Montevideo en el primer proyecto de urbanización del entorno de los Andenes de la Estación, efectuado en ese mismo año de 1930.
Y no fue por casualidad. En el verano de aquel año se había disputado la primera copa mundial de la FIFA en Uruguay, país que celebraba el centenario de su Constitución.
También aparecen en dicho plano las de Marqués de Molins y Avenida de la Vega.
La urbanización de las calles de la zona tuvo que esperar dos décadas por causa de la guerra. Y sus titulaciones definitivas se decidieron en la sesión municipal del 12 de octubre de 1955.
Los Andenes de la Estación, pasaron a llamarse por fin Avenida de Teodomiro.
A las perpendiculares a dichos andenes las llamaron Duque de Tamames (por la antigua propiedad de los terrenos que ya hemos comentado), Avenida de la Vega, Calle de la Naranja, Calle del Limón y Marqués de Molíns.
Las paralelas, situadas a la izquierda del segundo andén, adoptaron el nombre de las tres provincias de la Región Valenciana: calle Alicante, calle Castellón y calle Valencia.
Y para nominar el inicio del camino de Hurchillo recuperaron al célebre ingeniero y político Luis Barcala, despojado de su calle durante la Guerra Civil y recuperada como de San Pascual en la posguerra.
Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).
Mi agradecimiento a Jesús García-Molina por su colaboración en la distancia.
Hijo del matrimonio formado por José Marín Garrigós y Presentación Gutiérrez Fenoll.
El Eco de Orihuela. 22 de marzo 1912: Esta mañana ha tenido lugar en la parroquia del Salvador, los desposorios de la elegante señorita Presentación Gutiérrez y el comerciante de tejidos D. José Marín Garrigós. Les deseamos muchas felicidades en su nuevo estado.
José Marín Garrigós era comerciante de tejidos; y desde 1909/1910 regentaba un establecimiento en la calle Mayor llamado «La Alhambra».
La iberia. 24 de septiembre 1909: Con objeto de verificar compras para el establecimiento de tejidos que en breve abrirá en un espacioso local de la calle Mayor, ha marchado a Valencia y Barcelona nuestro querido amigo D. José Marín Garrigós.
El Eco de Orihuela. 25 de junio 1910: Ha fallecido el padre de nuestro particular amigo D. José Marín, dueño del establecimiento de tejidos «La Alhambra».
El Eco de Orihuela. 10 de mayo 1911: Ha marchado a Barcelona a hacer compras para su establecimiento de tejidos «La Alhambra» nuestro querido amigo D. José Marín Garrigós.
Marín Garrigós fue también concejal del Ayuntamiento de Orihuela. Se presentó y fue elegido en las elecciones municipales de noviembre de 1912, adscrito al proyecto de «regeneración democrática» de Canalejas.
El Liberal. 5 de noviembre de 1911: ORIHUELA. En las próximas elecciones municipales, lucharán los siguientes candidatos, que mañana solicitarán su proclamación ante la Junta municipal del censo:
Los señores don José Ferrer Lafuente, don José Calvet Más, don Evaristo Cárceles, don Abelardo Teruel García, don José Alonso Ruiz, don Adolfo Wandosell Calvache, don Francisco Román Miralles, don José Marín Garrigós. — Demócratas...
El Eco de Orihuela. 25 de noviembre 1912: En el escaparate de «La Alhambra» hay expuesta una ampliación del Sr. Canalejas hecha por el afamado fotógrafo Sr. Belda, que le está valiendo numerosas felicitaciones.
1913-1930.
José Marín Gutiérrez nació en Orihuela el 16 de noviembre de 1913.
El diario. 18 de noviembre 1913: Con toda felicidad ha dado a luz un precioso niño la joven esposa de nuestro muy querido amigo el acreditado comerciante y concejal, Don José Marín Garrigós, a cuyos felices padres felicitamos sinceramente por el natalicio de su primogénito.
Primogénito de la familia, José Marín fue bautizado por Ramón Plaza Blanco, el obispo de Orihuela consagrado ese mismo año.
El diario. 27 de noviembre 1913: ECOS DE SOCIEDAD. A las 11 y media de la mañana de ayer y en la capilla del Palacio Episcopal, recibió las regeneradoras aguas del Jordán, el primogénito de nuestro distinguido amigo el concejal de este Ayuntamiento don José Marín Garrigós.
Fue ministro del Sacramento el Ilmo. Sr. Obispo de la Diócesis Dr. D. Ramón Plaza y Blanco; asistido del clero parroquial del Salvador. El recién nacido recibió los nombres de José, Ramón, Rufino, Justino y Antonio.
Fueron padrinos en la ceremonia nuestro distinguido amigo el acreditado comerciante D. J. Ramón Garrigós y su elegante esposa doña Carmen Marín.
Realizó brillantes estudios con los jesuitas en el colegio Santo Domingo de Orihuela.
El pueblo. 14 de junio 1926: Exámenes. Terminados los exámenes en el Instituto General y Técnico de Murcia, podemos comunicar a nuestros lectores la lista de los aventajados alumnos del Colegio de Sto. Domingo de esta ciudad, que con brillantes calificaciones han dado validez académica a sus respectivos cursos. Primer año. D. José Marín Gutiérrez.
El pueblo. 24 de junio 1930: Con calificación de Sobresaliente, ha terminado el Bachillerato Universitario, mereciendo el premio Extraordinario, nuestro querido amigo y distinguido compañero don José Marín Gutiérrez, al que enviamos nuestra más efusiva felicitación.
«Ramón Sijé».
1930-1935.
La Verdad de Murcia. 10 de julio 1932: UNA GRATA VISITA El otro día estuvo en nuestra Redacción el Poeta Oriolano Miguel Hernández. Es muy joven; los años de su niñez los pasó cuidando cabras; hace muy bellos versos quiere ser marino «para cantar al mar».
Le acompañó en su silencio de breñal el culto escritor Ramón Sijé, también oriolano y joven, que nos contó la vida interesante del poeta y nos dio un recital de sus versos. Una visita de grato recuerdo.
Para hablar de Ramón Sijé nadie mejor que su buen amigo José María Ballesteros Meseguer.
En las ilustraciones os dejo las portadas de algunas publicaciones en las que escribió nuestro biografiado.
Diario de Alicante. 14 de julio 1932: Escritores Levantinos. RAMÓN SIJÉ. «Somos muy tardos en reconocer en la fisonomía particular de un escritor, ese modelo que en nuestro museo de ideas generales lleva el letrero de «mucho talento».
Precisamente porque esa fisonomía nos es nueva, no la encontramos parecida con lo que llamamos talento. Preferimos hablar de originalidad, gracia, delicadeza, fuerza, hasta que llega un día en que nos damos cuenta de que lodo eso es cabalmente el talento». MARCEL PROUST.
Corto de talla, delgado de cuerpo, su cara casi un carbón. Ojos grandes, brillantes y negros, manifiestan los destellos de una inteligencia clara y sumamente viva.
Bengala le llaman; pero no por ser luz ligera y momentánea, sino por el brillo y resplandor de la luz de su intelecto. Edad, diez y siete años. Su profesión: estudiante de Derecho y escritor.
La iniciación de Ramón Sijé en el campo de las letras, fue en revistas semanales.Todos empezamos así; y siempre se recuerda con gusto, el día dichoso en que apareció en letras de molde nuestra firma por vez primera.
Alegría de la juventud que empieza a vivir llena de ilusiones, entusiasmos y esperanzas, en el mañana lejano, mucho más lejano de lo que ella se cree, pero que el deseo de llegar, de ser algo, de ser una primera figura entre los escritores, entre el nutrido grupo de hombres que tomando como instrumento la palabra hacen de ella un arte bello, le parece tan cercano, como si el triunfo estuviera ahí mismo, junto a ella, cuando el pago de los éxitos y la plena satisfacción del triunfo, no se recogen en la juventud, por el contrario, en la vejez o a la muerte.
Literatura, arte de escribir.Profesión de literato, ingrata y pobre, si se ejercita con pureza de ideas, sin hacer traición a la honradez de la conciencia.
Difícil resulta en la actualidad, tal y como se encuentra la penosa situación del escritor, queco tantas ocasiones no llega a tener ni el vestido con que cubrir su cuerpo, ni el pan con que fortalecerlo, el no claudicar de sus ideales sanos, cayendo vencido ante innobles ofertas que mercantilizan la pluma llevándola por senderos tortuosos y encenegados impropios por todos conceptos de lo que debe ser la digna profesión de escritor.
Este es el cuadro borroso que se le presenta siempre delante al escritor en el difícil momento de su evolución literaria. Cuadro lleno de negruras al tener que luchar con la falta de dinero, con la incomprensión de los lectores y con el egoísmo de las empresas dedicadas al negocio de libros. Traicionarse así mismo, escribiendo al dictado de lo que el público gusta y quiere, ¡para qué!
El que tal cosa haga, tal vez como mejor, disfruto de recreos y comodidades poco duraderos; pero no podrá dejar nunca una obra que merezca el día de mañana el favor del recuerdo, porque lo que escribió no fue la inspiración de un cerebro ni el sentir de un corazón.
Ramón Sijé, puede salvar fácilmente el crítico momento de su evolución literaria. Talento del escritor; consagración del escritor: etapa póstuma de la vida literaria de un hombre.
Infinidad de circunstancias concurren e influyen en el reconocimiento del valor literario del escritor; circunstancias, que lo mismo roban prestigios merecidísimos, como los regalan.
Envidias humanas; revelaciones que en un principio parecen extravagancias: un artículo que hirió este u el otro principio, base de la doctrina por la que se guía un determinado sector de la sociedad: favoritismos.
Y el talento, ese conjunto de dotes intelectuales que resplandecen en el hombre, porque Dios quiso que así resplandecieran, no recibe normalmente el premio de su trabajo, ya sea en dinero ya sea en honores. ¡Triste vida y triste porvenir la del escritor en España!
No reconocemos nunca o lo reconocemos tardíamente, el talento del escritor no emparentado con la suerte. Y cuando llega la hora de las alabanzas, hora fatal generalmente, porque el interesado solo percibirá su vago eco desde las discutidas sombras «del más allá», preferimos hablar, como dice Marcel Proust, de originalidad, gracia, delicadeza, fuerza, llegando pollina comprender que todo eso no es más ni menos que el talento.
La hora de la consagración de Ramón Sijé como escritor, no necesitará como condición precisa la de asaltar la valla de su vida corporal.
El despejo de su inteligencia, su voluntad y su buena estrella, serán acicates que harán pueda saborear, aunque no tan pronto como él quisiera las halagadoras caricias del triunfo.
Yo, como su buen amigo y compañero, y sobre todo, como escritor levantino que llevo en el alma la fe y el amor en todas las empresas en esta vida terreña, pensando siempre en el placer que deben producirlos encantos de otra vida superior, más elevada y espiritual, así se lo profetizo. José M. BALLESTEROS.
Homenaje a Gabriel Miró en la Glorieta de Orihuela.
El Luchador. 30 de septiembre 1932: Homenaje de «Oleza» a la memoria de Gabriel Miró. Los admiradores de Gabriel Miró en Orihuela no descansan en la preparación de los actos que ha de celebrarse el domingo al inaugurar el busto del gran escritor alicantino que se alzará en la Glorieta, hoy «Jardín Gabriel Miró» como homenaje a este escritor genial que supo elevar a Orihuela a la categoría de ciudad literaria convirtiéndola en la «Oleza» para su admirable «Obispo leproso».
Será un homenaje rendido a la memoria del excelso prosista y el motivo final de la «Semana Gabriel Miró» que ha organizado la Universidad popular cartagenera, y que culminará con este acto celebrado en Orihuela y con la conferencia que el periodista «Ramón Sijé» dará acerca de la obra literaria de Miró…
El Luchador. 3 de octubre 1932: INAUGURACION DEL BUSTO DE GABRIEL MIRO. …En los hermosos Jardines que llevan el nombre de Gabriel Miró, y al pie de una palmera, rodeado de bellas plantas, se ha erigido el busto con que Oleza, rinde tributo a su cantor Gabriel Miró.
… Suena el Himno Nacional y es descubierto el busto que se hallaba tapado con la bandera tricolor. Don José María Ballesteros, en nombre de la Comisión organizadora del homenaje a Gabriel Miró, ofrece la estatua al pueblo de Orihuela en la persona de su Alcalde.
El escritor don Ramón Sijé, pronuncia unas palabras dedicando un sentido recuerdo a Gabriel Miró, y seguidamente el señor Jiménez Caballero, pronuncia un discurso ensalzando la obra de Gabriel Miró…
El Día. Alicante. 18 de abril 1933: EN LA ASOCIACION DE LA PRENSA. Velada en honor de Luca de Tena. En la Asociación de la Prensa tuvo lugar el pasado sábado, a las siete de la tarde, el acto de hacer entrega al escritor orcelitano José María Ballesteros, el premio Luca de Tena correspondiente a este año, por su trabajo «Orihuela y Gabriel Miró», publicado en un periódico de la ciudad orcelitana.
Al acto acudieron numerosos periodistas. Abrió la sesión el presidente de la Asociación y director general de industria don Álvaro Botella, que pronunció unas sencillas palabras sobre la significación del acto. …
«Ramón Sijé» pronunció un bello discurso, exaltando la figura de Ballesteros, y abogando por una labor intensa de cultura.
…Después del acto que hemos reseñado, «Ramón Sijé», a petición nuestra, nos entregó la siguiente cuartilla, en la que condensa su comentario abstro, aunque de resonancias concretas: «Tesis: Urgente defensa de la cultura»…
El Luchador. Diario republicano. 26/28 de abril 1933: Fiesta Literaria. Dos jóvenes comprovincianos nuestros, los escritores orcelitanos Ramón Sijé y Miguel Hernández ofrecerán el próximo sábado a las siete de la tarde una fiesta literaria a los del Ateneo.
La personalidad nueva y bien destacada de los dos jóvenes literatos es ya segura prenda del interés que el acto ha de revestir …
… La valía y orientación de estos jóvenes artistas, el segundo de los cuales acaba de publicar un bello libro de versos, «Perito en lunas», son prometedoras de que el acto tendrá un tono de modernidad al que siempre el Ateneo ha dedicado preferente atención.
En 1934 dirigió la revista literario-católica «El Gallo Crisis».
La Verdad de Murcia. 15 de febrero 1934: De Orihuela, nos llega una carta de Ramón Sijé, con el anuncio de una nueva resista en proyecto. «Revista—dice—que querrá ser expresión exacta del humano—y humanista—, español—y españolista— conceptismo católico».
La Verdad de Murcia. 28 de junio 1934: REVISTAS. Y aquí está ya «El Gallo Crisis», hecho revista, por gracia de un grupo de oriolanos que han dado un paso notable en ese fenómeno gradual de descentralización de la intelectualidad hispana.
Al frente de ellos Ramón Sijé, profundo, nervioso, abundante, como el barroquismo humanista en que cristaliza esta concepción literaria, filosófica, tal vez teológica, y de sustancia española.
Con él, Miguel Hernández Giner, Jesús Alda, Fray Buenaventura de Puzol integran las páginas del primer número de la revista. Incorporados a ella, están los nombres de Chesterton, Quevedo, Maeztu y Unamuno en una original encuesta sobre la idea del Infierno.
Y el de Miró y el de Lope de Vega. Presentes, unidos en la actualidad del pensamiento. …
La colección fue adquirida por la Biblioteca Nacional y podéis acceder a ella pinchando sobre la imagen.
De «El Gallo Crisis» se hizo eco hasta José María Pemán.
El Día de Palencia. 27 de julio 1934: …Todas estas divagaciones se me han despertado en la mente, al ver, sobre mi mesa, unas cuantas revistas, de la cosecha de estos últimos años. Una, por ejemplo, se llama, nada menos que «El gallo crisis», esta editada en Orihuela.
Habla de Chesterton, de Guardini. Trae una oda social y profética sobre la reforma agraria, en la que se encara con el campesino y le dice: A tu manera faltas sosegado a tu amor y destino; veterana asistencia de los prados.
Y luego: Pides la expropiación de la sonrisa y todavía: Dejas manca en los árboles la brisa. No hay que reírse de nada de esto. Yo no me rio de ninguna poesía, honradamente atrevida.
Pero me rio menos cuando, a su lado, como en «El gallo crisis», veo con letras grandes esta terrible sentencia de San Mateo: «Serpientes, generación de víboras, ¿cómo evitaréis el juicio del infierno?».
Porque esto es lo más interesante de todo; «El gallo crisis» es, como «Cruz y Raya», una revista católica…
¿No caláis toda la profunda significación renovadora del síntoma?¿Concebís hace cinco o seis años una revista editada en Orihuela que además de llamarse «El gallo crisis» y hablar de «la expropiación de la sonrisa» hablara del infierno?
Hace cinco o seis años, del infierno no hablaban en España más que unas hojitas humildes y unas revistas ramplonas…
…Ha sido preciso tres años de persecución para que el Catolicismo español se decida a quitarle al Decálogo estos caprichosos suplementos, y a maridarse con todo lo moderno y lo universal.
No es que yo apruebe punto por punto cuanto ese movimiento renovador trae consigo. Todo no me satisface. Pero todo me regocija por lo que tiene de sintomático y de prometedor. José María PEMÁN.
Ramón Sijé murió muy joven. El 24 de diciembre de 1935, una hora antes de la «misa de gallo», José Marín Gutiérrez fallecía en su domicilio con tan sólo 22 años.
Diario de Almería. 27 de diciembre 1935: FALLECIMIENTO DE UN PERIODISTA ALICANTINO. Orihuela. Ha fallecido, víctima de rápida enfermedad, el joven periodista, que fue colaborador de «El Sol», don José Marín Gutiérrez, que usaba el seudónimo «Ramón Sijé». En la actualidad era director de la revista literaria «Gallo Crisis». Su muerte ha sido sentidísima.
Artículo de José María Ballesteros. No incluye la parte que reproduce fragmentos del otro artículo, publicado en 1932. Lo he transcrito completo anteriormente.
La Verdad de Murcia. 28 de diciembre 1935: Ha muerto Ramón Sijé. En la Noche Buena del año mil novecientos treinta y cinco, Pepito Marín Gutiérrez, conocido en el mundo de las letras por Ramon Sijé, ha muerto.
Si yo intentara escribir unas cuartillas acerca de lo que Ramon Sijé representa, seguramente fracasaría. El peso de la impresión recibida al oír sus últimas palabras y al ver su última mirada suplicante, desvanece mis ideas y aturde mi inteligencia.
Uníanme a él lazos tan estrechos, que ya no era esa amistad nacida al calor del continuo trato, ni ese cariño obligado e innato de la familia, sino el elevado y sublime parentesco espiritual, de mutua connivencia cultural y espontanea compenetración, de atractiva simpatía e igualdad en los sentimientos afectivos.
Escribir para Ramon Sijé, muerto en plenitud de sus facultades intelectuales; cuando comenzaban a perfumar las flores de sus ilusiones; cuando se iban a cumplir esperanzas tan deseadas; cuando el amor le sonreía, cuando el éxito le acompañaba.
Escribir sobre la Noche Buena de Ramon Sijé, sobre su última noche, la del tránsito, la única…
Ramon Sijé, triunfó como escritor. Y también como hombre, pues dejó tras de sí una estela brillante de ejemplaridad. Sirva el recuerdo de su figura como espejo en donde se miren las juventudes venideras.
Las campanas de todas las iglesias tocan a Misa Mayor. El Niño Dios va a nacer. Pepito Marín Gutiérrez ha sido artista hasta para conseguir que la Muerte eligiera su hora crítica: su Noche Buena. José María Ballesteros.
Artículo de la poeta murciana María Cegarra Salcedo.
Levante Agrario. 25 de enero 1936: RAMON SIJÉ. La Muerte, esta vez, ha sentido el regusto de la elección. En la Noche Buena del 35, nieves de fuera del mundo helaron la vida de Ramón Sijé, transplantándolo, tenue y transido, desde su adorada Oleza, a una «literaria ciudad amanecida» toda de gloria y eternidad.
Muere Ramón Sijé a los 22 años, habiéndose destacado como escritor notabilísimo, de amplía cultura y original estilo. Fundó y dirigía en Orihuela la revista «Gallo Crisis», donde su espíritu inquieto y privilegiado defendía briosos ideales.
Un acabado trabajo literario sobre «Oleza, pasional natividad estética de Gabriel Miró», reveló en sus 19 años una precocidad crítica, en lenguaje razonado, impropio de edad tan temprana. Para él que amaba lo hondo, desaparecer es penetrar en la mayor existencia, en la mejor verdad, vida sin carne, ingrávida, inmortal, ascendida de fervores.
Las ocho felicidades de los bienaventurados habrán descubierto sus paralelas puertas de espejo para que elija su primavera ahíta de conceptos, vitaminada de concepciones sublimes, incienso de las frentes profundas de la idea en pira ardorosa de fe.
Cuando en el cerebro anida el genio y en el corazón el amor y en la sangre la juventud, se forma, por predilección divina, la trilogía sin ámbito en la tierra. Al expirar el calor creador enciende una nueva estrella—fuego fatuo del alma—, en el firmamento.
Son las que nos miran estremecidas de compasión por nosotros. Siempre, la debilidad corporal, acumula grandes energías; espirituales. Así Ramón Sijé, endeble y pálido, llevaba en los ojos calientes y «morenos» luces blancas de inspiración y fiebres de prisa e impaciencia.
En la Noche Buena del 35, entre cánticos de resurrección a un mundo mejor—campanas y paisajes místicos de Orihuela agitada de despedida—, en intercambio con la Natividad cristiana—tenía que sucederle así a Ramón Sijé—, huyó por el camino de los elegidos.
Purificado de sus palabras, aéreo de imágenes, sublimado de sus verdades, ardido de literatura y humanidad, habrá cruzado el umbral último y desconocido como estampa de un Greco pintor de adolescentes. Ya en lo exacto y firme, será llama en alburas perennes.
En el lugar vacío de Ramón Sijé, junto a las lágrimas, quemamos el aroma de un rezo. María Cegarra Salcedo.
Por esas fechas, Miguel preparaba la edición de «El rayo que no cesa». La noticia de la muerte de su amigo le llevó a componer «Elegía», obra maestra de la literatura que comienza así:
En Orihuela, su pueblo y el mío, se me hamuerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería….
Se puede leer completa con información adicional pinchando la siguiente imagen.
Para saber más del personaje os dejo también una biografía de la Fundación Cultural Miguel Hernández a la que se accede pinchando la siguiente imagen.
Termino con otro enlace al trabajo de mi buen amigo Julio Calvet Botella, titulado «Semblanza». Se accede a él pinchando sobre la siguiente imagen.
Pepito Marín para los amigos. Ramón Sijé para la eternidad.
Crónica de un homenaje. 1936-2016
El 12 de marzo de 1936, en el Ayuntamiento de Orihuela, el concejal Luis Carrió presentó una moción con el objeto de restituir la rotulación de calles alteradas durante el bienio conservador.
Además, interpretando los «sentimientos justicieros y oriolanos de esta corporación, honrando los valores de nuestra patria chica», quiso recordar a un oriolano «muerto en plena juventud y cuando tanto esperaban las letras españolas de su inteligencia y laboriosidad».
Propuso que la Plaza de la Pía, retitulada como de Pinohermoso por la Gestora del bienio conservador, en lo sucesivo se denominase de Ramón Sijé, nombre del ilustre oriolano José Marín Gutiérrez.
La rotulación se aplazó hasta el 14 de abril, aniversario de la República. Y Miguel Hernández llegó de Madrid para intervenir con su palabra en la inauguración de la Plaza.
Su lectura quedó inmortalizada en la fotografía de Miguel, leyendo bajo el nuevo rótulo, tras picar el de «Plaza de la Pía»:
Quisiera que esta piedra y esta plaza llevaran para siempre el nombre que les ha sido impuesto: Ramón Sijé. Bajo el sonido de este nombre se me ha ido un compañero del alma, y Orihuela ha perdido su más hondo escritor y su más despejado y varonil hombre.
Su vida ha sido precipitada, tormentosa y luminosa, como la del rayo, y, como la del rayo, ha buscado precipitadamente la tierra. Orihuela se ha dado cuenta a su muerte, ya que siempre es a la muerte cuando nos damos cuenta del valor de ciertas vidas, de la grandeza del hijo que había criado casi sin advertirlo.
He sabido con emoción que en su entierro se disputa el pueblo el peso de su cuerpo en el ataúd y sé que él lloraría de emoción en la intimidad de las tablas a que todos estamos destinados, como sólo saben llorar los muertos: sin necesidad de lágrimas, voz, ni ojos.
Sé que su alma anda desde hoy, con la precipitación con que solían andar su corazón y su cuerpo, anda y recorre esta plaza y le complace su soledad cotidiana, que acrecientan las siestas, las lluvias y las casas cerradas.
Hemos perdido con Ramón Sijé un genial escritor, si aún temprano de sazón, ya tardío de humanidad. Con una luz sobrenatural en el corazón y en el entendimiento, lo veía todo, lo sentía todo, lo sufría, lo angustiaba y lo hacía vivir muriendo todo: desde el sentimiento del amor hasta el pensamiento de la muerte.
Fue un héroe, y resistió mientras pudo a pie firme las violentas tempestades que se organizaron y chocaron de continuo entre su corazón y su cerebro. Pocos hombres han vivido una vida interior tan intensa y sangrientamente volcánica como Ramón Sijé.
Veintidós años contó sobre la tierra y se ha llevado la experiencia de cien bajo ella. Cayó agotado por la tremenda pelea inacabable de sus pensamientos y sus sentimientos, sus trabajos y sus fatigas.
Un día escribiré las memorias de su vida, que a cada paso y recuerdo adquiere en mí más caracteres de tragedia. Pueblo donde ha nacido y agonizado esta gran criatura; todos los homenajes que le hagamos se los merece.
Procuremos que éstos resulten lo más duraderos y de verdad y lo menos teatrales y de relumbrón posibles.
Yo sé que él aceptará los mejores y rechazará los otros: que, aunque parece que a los muertos todo les da lo mismo, no es así. Y si algunos del cementerio darían las gracias si pudieran por verse entre mármoles y hojarasca, otros se indignarían.
Ramón Sijé verá desde la tierra que ocupe lo que hagamos por él, y juzgará desde su sombra, y no hablará, porque ya su oficio es callar como el de un muerto.
Acabada la Guerra Civil, el 29 de abril de 1939, a propuesta de Juan Villaescusa Ballester, la Comisión Gestora franquista le devolvió el nombre de Plaza del Duque de Pinohermoso, incumpliendo la orden de retomar los nombres anteriores a abril de 1931; en este caso «Plaza de la Pía».
Esta resolución no debió surtir efecto. En los años cincuenta la seguían llamando de Ramón Sijé. El cambio de plaza por calle llegó en la sesión del 12 de marzo de 1958, dentro de un paquete de titulaciones:
Que en adelante, la actual Plaza de Ramón Sijé se titule Plaza del Marqués de Rafal, en memoria del Excmo. Sr. Don Alfonso Pardo y Manuel de Villena, Marqués de Rafal, ilustre prócer e Hijo Adoptivo de Orihuela.
Que la nueva calle que, paralela a la de Adolfo Clavarana partirá del «Callejón de Reales» hasta la carretera de Alicante, se denomine «Calle de Ramón Sijé».
El sábado 14 de abril de 1984, con motivo del 48 aniversario, se celebró un acto simbólico de restitución de la placa dedicada a Ramón Sijé con una placa obra de Pepe Aledo.
De esta forma, el Colectivo Cultural Oriolano reivindicaba su titulación.
Canfali Vega Baja. 18 de abril 1984: Aunque simbólicamente, se restituyó el nombre de la Plaza Ramón Sijé. La pasada semana, con motivo del cuarenta y ocho aniversario de la denominación de la plaza de «La Pía» como de Ramón Sijé, que fue llamada posteriormente del Marqués de Rafal, un grupo de oriolanos organizaron un acto simbólico de restitución del nombre de esta plaza.
En el acto intervinieron, por parte de la organización, José Alberto Pardines y el profesor Ruiz Funes, quien leyó las palabras que hacía cuarenta y ocho años leyera el poeta Miguel Hernández con motivo de la denominación de esta plaza como de Ramón Sijé.
Párrafos extraídos del texto que leyó José Alberto Pardines el 14 de abril de 1984:
Esa paz democrática en la que vivimos es nuestra esperanza, pese a todos sus defectos. Este nuevo campo óptico permite plantearnos que las cosas se pueden ver de otra manera.
Y así, podemos y debemos efectuar un acercamiento sincero y sin perjuicios a las figuras de Miguel Hernández y Ramón Sijé, y comprobar que no se trata de simples muestras pueblerinas, sino que son dos personalidades literarias de una talla excepcional a los que se les han negado sus derechos, talla demostrada en sus escritos y truncadas sus vidas en plena juventud.
Es entonces cuando percibimos la trascendencia histórica de un instante, hace hoy cuarenta y ocho años, fijado en una fotografía, en el que la fuerza de la amistad traspasó las barreras del espacio y del tiempo, y en el que el buen sentido ciudadano se materializó en un reconocimiento público a Ramón Sijé, asignando su nombre a esta plaza.
Mucho queda por recorrer a Orihuela para restituir los agravios perennes -por acallados bajo la losa negra de la ignorancia y la patanería hacia las figuras de Ramón Sijé y Miguel Hernández. Sin embargo, ese largo trecho de poner las cosas en su sitio podría efectuarse en poco tiempo si se realiza una gestión inteligente.
En este sentido la restitución real y no simbólica de la Plaza de Ramón Sijé, será para Orihuela, un peldaño muy importante en la devolución de sí misma y un ejemplo tangible de que nuestro pueblo también supera la triste y secular división de las dos Españas.
Otro 14 de abril, el de 2016, justo ochenta años después que Miguel se subiese a la escalera para inaugurarla, la plaza recuperó el nombre de Ramón Sijé.
Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)
Para saber más sobre la plaza que en la actualidad lleva su nombre, pinchad la siguiente imagen.
18 de noviembre de 1800: Carlos IV, por la Gracia de Dios Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Menorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Occidentales y Orientales, de la tierra firme al mar océano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Bramante y de Milán, Conde de Flandes, de Tirol, de Barcelona, Señor de Vizcaya, de Molina, etc.
Autoriza a la Excma. Señora Marquesa de Rafal, Doña Antonia María Fernández de Heredia Rocamora Bazán Cascante Rosell Ruiz de Vesprat, Marquesa de Rafal y viuda de Villescas, Condesa de la Granja, Baronesa de la Puebla de Rocamora, Señora de los lugares Benferri, La Granja y Rafal, Grande de España y Dama de la Reina.
Concede a la Marquesa, real licencia y facultad para ceder, cambiar y permutar cuatro tahúllas, siete octavas y veintiocho brazas de tierra huerta de la pertenencia del mayorazgo que posee y que están en el término de la ciudad de Orihuela, tasadas en 1495 libras, seis sueldos y tres dineros, con cincuenta libras de renta, sin que pueda esperar mayor aumento, por ser tierra blanca natural.
Por otras cuatro tahúllas, una octava y dieciséis brazas, pobladas de árboles jóvenes, naranjos chinos, olivos y limoneros, y una barraca que goza y posee libremente el Sr. Marqués (de las Hormazas) otorgante, en la huerta de la Villa de Callosa de Segura, valorada en 1495 libras, doce sueldos y seis dineros y que renta anualmente ochenta libras, con futuro aumento de renta, por ser nuevo arbolado.
A ello se agrega la comodidad y conveniencia publica de la ciudad, con la anexión de su heredad vinculada a la lindante del Marqués, por pensar éste cerrarla y en lugar del tránsito angosto que atraviesa los huertos del sitio de San Gregorio, propios de él, ejecutar un camino espacioso para que al paso sirva de paseo y le proporcione la extensión y comunicación más agradable al paseo principal.
Informado de todo ello por D. Juan de la Carte, corregidor de la expresada ciudad de Orihuela y su partido.
El 10 de diciembre de 1800, ante el notario de Orihuela Trinitario Martínez, comparecieron Josef Galindo y Pedro Martín de Migueltorena; ambos vecinos de Orihuela.
Exhibían copia auténtica de los poderes otorgados desde Madrid por la marquesa de Rafal y por el marqués de las Hormazas para permutar unas tierras en Callosa de Segura por otras situadas en Orihuela.
La parcela oriolana lindaba por levante con el camino llamado de San Gregorio; de poniente y mediodía con tierras del mencionado marqués de las Hormazas; y por el norte con el azarbe de las Lavanderas.
Con esta permuta entre los marquesados de Rafal y de las Hormazas se estaba trazando la alameda y futura calle de San Gregorio; y marcando los límites de la que, casi un siglo después, sería la Glorieta de Orihuela.
¿Quién era ese marqués de las Hormazas y qué tenía que ver con Orihuela?
El marqués viudo de las Hormazas.
Nicolás Ambrosio Garro Arizcun había nacido en Madrid, el 7 de julio de 1747.
Hijo de Ambrosio Garro Micheltorena, prestigioso y adinerado comerciante proveedor de la Armada y tesorero de Luis Antonio de Borbón el «infante cardenal» hijo de Felipe V.
Y de Josefa María Arizcun, hija del II marqués de Iturbieta.
El 29 de octubre de 1767 se casó en Madrid con María Joaquina de Robles y Cogorani, la III marquesa de las Hormazas.
Nicolás ingresó muy joven en la administración pública.Caballero de la Orden de Santiago y marqués consorte, este personaje con fama de buen administrador, no sólo continuó los negocios de su padre; fue consejero real, consejero de Hacienda, accionista de varias compañías y del Banco de San Carlos.
En 1797 pasó a desempeñar, siendo ya ministro del Consejo de Hacienda y tesorero general del rey, el cargo en propiedad de secretario de Estado y del Despacho de la Real Hacienda.
En las postrimerías del siglo XVIII era dueño de numerosas propiedades inmobiliarias en Madrid.
No sé cómo llegó a la Vega Baja del Segura este noble madrileño; pero lo más lógico es que, aprovechándose de su cargo, adquiriese sus propiedades en Orihuela gracias a la primera desamortización, ejecutada en 1798 para hacer frente al endeudamiento de Carlos IV producido por las guerras con Francia y Gran Bretaña.
A través de su apoderado en Orihuela el marqués compró tierras en Catral, Callosa de Segura, Rojales, Almoradí, Torremendo, Elche, Guardamar, Crevillente, Redován y Murcia, cientos de tahúllas sobre todo de olivar y tierra blanca, que inmediatamente puso en arriendo.
Como ya he dicho, su apoderado era Pedro Martín de Migueltorena, comisario de Guerra y contador titular de propios de la ciudad de Orihuela.
Compró también una parcela cerca del Arrabal de San Agustín. Y levantó una casa palacio entre las calles de San Agustín y el Rodeo de la que hablaremos después.
Tanto él como su hijo fueron «Hermanos Mayores» y destacados miembros de la junta de dirección y gobierno de los hospitales de Madrid.
Diario Balear. 23 de febrero de 1815: Copia de un oficio pasado por el Ministerio Universal de Indias al de la Guerra. Excmo. Sr.: Enterado el Rey de una exposición que ha hecho el señor marqués de las Hormazas como hermano mayor de la comisión encargada de la administración de los hospitales Generales de esta corte en solicitud de que se facilitasen para los mismos algunas sábanas y mantas de las existentes en los almacenes de Pasajes.
Deseando S. M. contribuir con cuanto esté de su parte a que los militares enfermos disfrutan del alivio que exige la humanidad, y multiplicar las pruebas de lo mucho que anhela proteger tan loables establecimientos, se ha dignado resolver se entreguen a disposición del citado señor marqués de las Hormazas con aquel objeto 1500 camas compuestas de 1500 jergones, otros tantos cabezales, igual número de cubrecamas de lana, y de sábanas.
El cronista Montesinos mencionó en su compendio oriolano su faceta como benefactor del Hospital de la Caridad.
Marqués viudo desde febrero de 1802, el cambio de siglo frenó su carrera pólitica. Y todavía más la llegada de Napoleón.
Aunque en principio aceptó la «carta de Bayona» otorgada en el verano de 1808, supo apartarse a tiempo de los «afrancesados».
Es probable que, durante la guerra, pasase temporadas en Orihuela junto a su hijo, que sí lo tengo documentado.
Disuelta la Junta Central, el de las Hormazas fue reclamado por la Regencia para hacerse cargo del Ministerio de Hacienda.
A primeros de 1810 se hallaba ya en Cádiz, en la Isla de León, desempeñando interinamente el cargo de primer secretario de Estado.
En 1811, entre los donativos hechos en Cádiz para financiar la división del brigadier Juan Martín «el empecinado», figuran dos mil reales de vellón del marqués viudo de las Hormazas.
De su actuación en estas fechas he encontrado un interesante párrafo en el artículo titulado «Los emisarios de Napoleón», publicado en «La Lealtad» por Abelardo Ahumada.
…Disuelta la Junta Suprema Central, y que, habiéndose quedado tres o cuatro días en crisis por falta de un gobierno, asumió el mando una Regencia integrada por varios elementos, cuya cabeza visible era un tal Marqués de las Hormazas, quien, ante la ausencia del rey, fungía en su representación y actuaba como «Secretario de Estado y del Despacho Universal de Hacienda».
Este singular individuo, cuyo nombre de pila era Juan de Mata de Garro y Robles, empezó a trabajar de inmediato y como carecía de suficientes recursos para seguir actuando en la Península, urdió el modo de obtenerlos de los territorios ultramarinos y, en el caso concreto de la Nueva España…
Por este caso el marqués de las Hormazas fue arrestado y sometido a un proceso judicial del que logró salir airoso.
El conciso. Martes 2 de junio de 1812. Año V de la gloriosa lucha del pueblo español contra la tiranía: Día 1º. En Conformidad a la orden de S. M. fecha 14 de octubre de 1811, se dio cuenta de la sentencia pronunciada por los jueces comisionados para entender en el asunto de la orden que se imprimió relativa al libre comercio de las Américas; la qual absuelve al marqués de las Hormazas…
El regreso de Fernando VII le devolvió buena parte de su protagonismo político y social.
En 1815 pasó a formar parte del Consejo de Estado y cuatro años después le concedieron la Orden de Carlos III.
Su proximidad con el rey queda de manifiesto en la siguiente noticia.
Diario mercantil de Cádiz. 11 de septiembre de 1821. Comandancia General de Castilla la Nueva. SS.MM. que continúan en la Granja, salieron ayer sin escolta alguna a una hacienda del marqués de las Hormazas, distante dos leguas y media de aquel Real sitio.
Falleció en Madrid en abril de 1825.
El IV marqués de las Hormazas.
Juan de Mata Garro y Robles, IV Marqués de las Hormazas, fue bautizado en Madrid el 9 de febrero de 1771.
Coronel de los Reales Ejércitos, ministro del Real Tribunal de la Contaduría Mayor de Cuentas, miembro del Consejo de Su Majestad, alcalde de Madrid y Hermano Mayor Perpetuo del Gobierno de los Hospitales Generales de Madrid.
Hace veinte años, en uno de mis primeros artículos titulado «El marqués de las Hormazas y la Glorieta de Gabriel Miró», incluí este curioso párrafo que podéis encontrar en algunas páginas de genealogía.
Era ministro del Tribunal de Contaduría Mayor el 7 Nov 1800, en esa fecha estaba enfermo ya que «la frecuencia con que le insulta un cólico convulsivo y de propiedad reversiva, que a las veces degenera en ictericia y de muy mala calidad», se retiró con su padre a vivir a Orihuela.
Enfermedades aparte, me inclino a pensar que su estancia en Orihuela tuvo mucho que ver con la Guerra de Independencia.
Si analizamos su carrera política, fue ministro entre los años 1804-1808 y entre 1812-1813. Alcalde de Madrid entre los años 1814-1816; y de nuevo ministro entre 1815-1823.
En esta relación solo queda hueco entre 1808-1812, los años del conflicto armado. Puedo demostrar que, en el invierno de 1810, estaba en su casa de Orihuela.
Trascribo unos párrafos del capítulo XIX de las memorias de Joaquín Lorenzo Villanueva.
Mansión en Orihuela:Con dificultad pude yo escapar de Sevilla en compañía de mi hermano Jayme el día 24 de enero de 1810, en que se alborotó el populacho de aquella ciudad al saber que habían atravesado los enemigos la Sierra Morena.
Por entre sustos y trabajos llegamos a Marbella el día 1 de febrero. De donde dimos la vela para Cartagena el día 5.
Detúvonos al paso en Orihuela quince días mi buen amigo don Juan de Mata Garro, hijo del marqués de las Hormazas, a quien debí siempre cordial afecto desde que servimos ambos a los pobres enfermos del hospital de Madrid, él como hermano mayor, y yo como rector.
Mercedes Muñoz Portau, en su artículo «Aproximación a la Guerra de la Independencia en Orihuela y su obispado», menciona dos veces al marqués de las Hormazas.
En la gobernación oriolana, el mando de la guerrilla fue confiado al marqués de las Hormazas, con nombramiento de mayor general de guerrillas y subinspector de los demás cuerpos urbanos.
En los comienzos de 1811, desde el Cuartel General de Murviedro, se ordenará al marqués de las Hormazas la reunión en Orihuela de todas las partidas de guerrilla de su gobernación.
El cuarto marqués de las Hormazas falleció en Madrid poco después que su padre, el 27 de julio de 1827.
Y lo hizo sin descendencia conocida. Por lo que su título de marqués pasó a la familia Elío.
Pero sus propiedades oriolanas, al menos la casa y la parcela del arrabal de San Agustín, quedaron en manos de su primo hermano, José Messía del Barco y Garro, el II duque de Tamames.
Dicha parcela, situada entre los conventos de San Gregorio y San Sebastián, pasó a la historia oriolana como «el Huerto del Marqués de las Hormazas» al figurar así en el plano de Coello, confeccionado a mediados del XIX.
El duque de Tamames.
El citado heredero, José Messía del Barco y Garro, fue el II Duque de Tamames. Nacido en Madrid en el año 1786.
Era hijo de Antonio Messía del Barco, el primer duque de Tamames, y de una hermana del III marqués (consorte) de las Hormazas, de nombre María Alfonsa, del Pilar o de la Paz , y de apellidos Garro y Arizcun.
Por lo tanto, como hemos dicho antes, el II duque era primo hermano del IV marqués de las Hormazas y su heredero directo al fallecer éste sin descendencia.
No voy a extenderme en la biografía de los duques de Tamames, de la que ya existe suficiente bibliografía.
Lo que nos interesa es la herencia que recibió: la famosa parcela de tierra que hoy ocupa la Glorieta, y la casa palacio en la calle de San Agustín, con cuadras y cocheras en la parte posterior, hacia la calle del Rodeo.
Esta hermosa vivienda fue mencionada por Pascual Madoz en su diccionario de 1848, entre las casas aristocráticas de Orihuela.
Hay varias casas, que por su capacidad y arquitectura bien pueden llamarse palacios, y son la del marqués de Rafal, en la plaza de su nombre; la del conde de Pinohermoso, también en la plaza de su denominación o de la Pía; la del marqués de Arneva, frente a Sta. Justa; la del marqués de Campo-Salinas, en la calle Mayor; la del conde de Tamames, en la de San Agustín ; la de D. Francisco Sandoval y Togores, en la del Río; la de D. Juan Roca de Togores, en la de Hostalets; la de D. Luis Pizana, fronteriza a la anterior; y la de D. Matías Zorzano, en la de la Feria…
El mencionado título de conde de Tamames fue un error de Madoz. Carlos IV había concedido a Antonio Mesía la Grandeza de España asociada al señorío de Tamames y el título de primer duque de Tamames en 1802.
El tercer duque, hijo del anterior, fue José Mesía del Barco y Pando. Nacido en Madrid en 1819 y fallecido en 1868.
Boletín de Segovia. 9 de enero 1854: Diputación de la Grandeza. Excmo. Sr. D. José Mesía y Pando, Duque de Tamames, Marqués de Campollano, gran cruz de Carlos III, Grande de España y Gentil-hombre de Cámara de S. M. con ejercicio.
El IV duque de Tamames, hijo del anterior que accedió al título en 1869, es el personaje que nos interesa.
José Messía y Gayoso de los Cobos vendió la parcela que daría lugar a la Glorieta de Orihuela y la casa de la calle San Agustín.
El que había sido «Huerto del marqués de las Hormazas» se interponía entre la ciudad y el ansiado ferrocarril que acababa de llegar a Orihuela.
Las tres tahúllas y media conocidas entonces como «huerto de San Gregorio» o «Huerto de Tamames» fueron adquiridas en Madrid por el ex diputado a Cortes, Salvador Lacy Pascual de Bonanza, comisionado por el Ayuntamiento de Orihuela en 1883.
Sesión municipal. Orihuela, 23 de mayo 1883: Se Manifestó que dada la necesidad de construir una vía que ponga en comunicación la localidad con la estación de Ferro Carril, cuyas obras se están realizando.
Se hace indispensable para un servicio de tanta utilidad, la adquisición de los terrenos que ha de atravesar dicha vía, las propiedades de los Sres. Duque de Tamames y Marqués de las Serdañolas, hoy de Boil y al efecto habíanse practicado varias gestiones por conducto de sus respectivos apoderados en esta ciudad.
Mas como quiera que en la actualidad se haya accidentalmente en Madrid Don Salvador Laci Pascual de Bonanza, persona de toda confianza y garantía para el municipio y que además de sus conocimientos prácticos reúne el noble deseo de prestar un apoyo y cooperación para la prosperidad y engrandecimiento de este país…
La casa de la calle San Agustín se puso en venta pocos años después, concretamente en el verano de 1889.
Durante el mes de julio apareció publicado el siguiente anuncio.
El diario de Orihuela. 10 de julio de 1889: VENTA. A voluntad de su dueño se vende una casa de habitación situada en la calle de San Agustín de esta ciudad, marcada con el número 16 de policía, con puerta también a la calle del Rodeo, mide una superficie de 576 metros y se compone de tres pisos, conteniendo en la planta baja, cochera, cuadras, patios, tinajero para aceite y otros varios departamentos.
Se halla libre de todo censo o gravamen. D. Francisco Moreno, apoderado del Excmo. Sr. Duque de Tamames, dueño de esta casa, dará cuantas noticias, respecto a precio y demás que sean necesarias y recibirá proposiciones hasta el día 31 del presente mes de Julio.
No sé cómo terminó aquella venta. Lo cierto es que el edificio fue totalmente modificado y dividido en el siglo XX; y es difícil encontrar en él algún vestigio exterior de su pasado.
Sus bajos fueron la sede de las famosas «Bodegas Payá». Hoy albergan otros negocios y, como recuerdo, conservan la preciosa viguería de antaño.
En octubre de 1955, a buena parte de la Alameda Vieja de la Estación se le concedió el nombre de Calle Duque de Tamames, último propietario de los terrenos sobre los que se emplazó la Glorieta y el primer tramo de los Andenes.
Voluntad. 15 abril 1930. Núm. 3: Por doquier se ven carteles anunciadores de fiestas de Semana Santa, en estos días que preceden a la conmemoración de los Divinos Misterios. Carteles de Cartagena, de Murcia, de Lorca… pero ninguno de Orihuela.
¡Es muy lamentable nuestra apatía! Hoy día, las procesiones de Orihuela no desmerecen en nada a las de las más famosas que se celebran en algunas poblaciones.
… Urge propagar y divulgar nuestras procesiones en años sucesivos; hace falta una propaganda intensa y bien orientada por medio de anuncios y folletos ilustrados. Tomás Martínez Canales.
Apuntes de la Semana Santa oriolana en los turbulentos años treinta.
En la segunda mitad de los años veinte las celebraciones de la Semana Santa en España vivieron una época gloriosa con un notorio resurgimiento de las procesiones.
Al abrigo de la Dictadura de Primo de Rivera se reorganizaron antiguas cofradías y nacieron otras nuevas; se ampliaron los recursos económicos que destinaban los ayuntamientos y se incrementó el número de participantes.
Hasta la Semana Santa oriolana de 1930 continuaron las mejoras como las del paso de «El Descendimiento», que se presentó con una artística iluminación eléctrica y un derroche de flores naturales.
También se estrenaron tapices cubrecarrozas bordados por las mayordomas de la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores. Y la nueva Cofradía del Perdón volvió a despertar la admiración con su paso llamado «La Caída», dotado de un magnífico trono de plata.
La V.O.T. y la Cofradía del Pilar exhibieron el arreglo de sus pasos; destacando el nuevo trono de Nuestro Padre Jesús, auténtica joya de orfebrería fabricada en el taller de Francisco López en Madrid.
El Lavatorio, en manos de un grupo entusiasta de jóvenes, montó un bonito juego de luces; y al igual que El Prendimiento, exhibió una cuidada ornamentación a base de flores naturales.
La procesión de El Santo Entierro, con «el Cristo Yacente en el sepulcro» y «La Diablesa», brilló bajo el patronazgo del Ayuntamiento.
Aunque no todo fue a mejor; la prensa se quejó amargamente de que la comisión organizadora de la Centuria Romana, capitaneada por Juan Capote Campanario, había prescindido de la Sección de Caballería cuyos costosos uniformes habían adquirido el año anterior.
Como colofón se publicó un número especial de la nueva revista llamada Voluntad; publicación fundada por José Marín «Ramón Sijé» que contaba con las colaboraciones de Miguel Hernández, Julio López Maymón, Luis Almarcha y Abelardo L. Teruel entre otros escritores oriolanos.
Aquel año el único impedimento fue de carácter meteorológico: una tormenta obligó a aplazar la procesión del Domingo de Ramos. Se celebró el lunes a pesar del fuerte viento y de la amenaza de lluvia.
La llegada de la Segunda República representó una violenta sacudida en la mayoría de las tradiciones oriolanas, siempre muy cercanas a la Iglesia.
La Constitución de 1931 limitó las manifestaciones públicas de culto y suprimió las ayudas económicas a las organizaciones religiosas.
La firme actitud revisionista de los nuevos dirigentes colisionó frontalmente con el sentimiento de la mayoría de la población de la añeja ciudad del Segura. Su laicismo declarado provocó el inmediato y violento rechazo del clero y de los partidos tradicionalistas.
Como respuesta, cualquier manifestación religiosa fue considerada poco menos que un acto subversivo.
La Semana Santa de 1931 tuvo lugar pocos días antes de la proclamación republicana, de ahí que en Orihuela no sufriera alteraciones.
No fue así en Alicante, donde el rumor de que elementos antirreligiosos estaban dispuestos a boicotear los actos, atemorizó a los participantes en la procesión del Santo Entierro.
En un momento dado, el pánico se desató en la capital y la multitud huyó en estampida derribando la imagen del Nazareno que sufrió algunos desperfectos.
En Orihuela, el Domingo de Ramos se suspendieron las obras de restauración de la Catedral para efectuar los oficios tradicionales que comenzaban con la bendición de las palmas.
Con tiempo primaveral se celebraron las procesiones, destacando la afluencia a la del Santo Entierro, costeada por el Ayuntamiento y presidida por las autoridades municipales junto al obispo.
También llamó la atención la espléndida decoración del paso de «El Lavatorio», a cargo del florista Ramón Santiago.
Para intentar comprender el conflicto planteado entre católicos y laicos, hay que tener en cuenta la importancia que tenía la extensa red de organizaciones vinculadas a la Iglesia en la estructura de los partidos conservadores.
Cuando el magistral de la Catedral, José Sanfeliú Giner, comparó la religiosidad oriolana tan sólo con la de algunas regiones del norte, también podría haber aplicado la misma vara de medir a aspectos políticos como el carlismo, con gran implantación local.
Sus seguidores formaron parte de la Real Archicofradía y Mayordomía de Ntra. Sra. del Pilar.
Hay que recordar que en esas fechas el catolicismo era uno de los componentes principales de la Comunión Tradicionalista, fusión entre el Partido Católico Nacional o Integrista y el Partido Católico Tradicionalista realizada en 1932.
En ese año las Juventudes Tradicionalistas fundaron la Real Cofradía de el Lavatorio. Y Juan Villaescusa, jefe de los tradicionalistas oriolanos y candidato monárquico a las elecciones de 1931, fue el primer presidente.
Su sede no podía ser otra que la iglesia de las Salesas, edificio que fundaron los infantes Carlos María Isidro de Borbón (hermano de Fernando VII, cuyo nombre daría lugar al término carlista) y su esposa, la portuguesa Teresa de Braganza.
No es de extrañar pues, que los sectores más extremistas del Ayuntamiento demostrasen su rechazo por cualquier manifestación pública de carácter religioso.
Es el caso del socialista Martínez Jacobo, que aconsejó suspender las procesiones por su carácter político y por los problemas que causaban al tráfico.
Si no se suspendían, al menos exigía que enarenasen las calles para evitar las caídas de las caballerías que resbalaban sobre la cera derramada.
El alcalde Lucas Parra, conciliador, le aseguró que su propósito era autorizar únicamente aquellas que tuviesen carácter tradicional. Y prometió que en lo sucesivo llevaría a las sesiones las solicitudes que se presentasen.
Por su parte Sánchez Moya recomendó enviar un delegado a los actos que se celebrasen en las iglesias para controlar la forma en que se conducían los predicadores.
El 21 de abril de 1932 el concejal Martínez Jacobo rogó al alcalde que impidiera
Los escándalos que repetidos días vienen sucediéndose en la iglesia de Santa Justa, donde se dan vivas al Rey y mueras a la República y donde se inculca a los chicos el desprecio a la autoridad constituida, con lo que se evitará que los socialistas y republicanos tengan que impedir los ataques que se les dirigen.
El alcalde prometió abrir un expediente recabando información; a lo que Martínez Jacobo respondió sugiriendo meter en la cárcel al cura para evitar mayores males.
En este clima beligerante las procesiones de Semana Santa quedaron suspendidas en 1932 y 1933; y si se celebró algún acto fue de carácter claustral.
La victoria de la CEDA en las elecciones de 1933 cambió el panorama político; y con él el ambiente municipal.
Pío XI, había declarado 1934 como año jubilar concediendo una amplia indulgencia en «momentos tan azarosos para la Iglesia».
Quince días antes de la Semana Santa el prelado Javier Irastorza y Loinaz organizó una auténtica demostración de fe con un solemne Vía Crucis en el que desfilaron centenares de tradicionalistas concentrados en la Plaza de Caturla.
Una espectacular marcha que terminó en San Francisco, cuya explanada quedó colapsada por los miles de asistentes. Fue un acto conmemorativo calificado como la más grande manifestación religiosa registrada en la católica Orihuela.
En marzo llegó la Semana Santa; y Orihuela, celosa de sus tradiciones, se dispuso a prepararla con más entusiasmo que nunca tras dos años de prohibición.
La comisión organizadora nombró capitán de la Centuria Romana a Baldomero Galindo y Caballero Cubierto al hijo de la marquesa de Rubalcava, Eduardo Almunia y Roca de Togores.
El domingo día 5 finalizaba la novena en honor al Patrón. Por la mañana, en Santa Justa, se ofició una misa de comunión general a cargo del obispo repartiendo miles de comuniones y la bendición papal.
Por la tarde se devolvió al Patrono de la ciudad en una multitudinaria procesión que desbordó todas las previsiones de la organización.
Los oriolanos estaban listos para ofrecer una grandiosa puesta en escena; la Centuria Romana estaba preparada y las Juventudes Tradicionalistas se entrenaban para llevar marcialmente «El Lavatorio» con un centenar de alumbrantes.
Los dieciséis pasos fueron decorados sin escatimar gastos.
Cuando por fin llegó el Domingo de Ramos, la procesión quedó aplazada por culpa de un inoportuno diluvio.
El lunes, acompañadas por la banda de música de Benejúzar, se lucieron las mantillas de la Cofradía de la Virgen de los Dolores gozando de buen tiempo. Pero sólo fue un respiro; a pesar del esfuerzo invertido la lluvia arruinó el resto de las procesiones.
El Ayuntamiento, enfrascado en la preparación de las fallas, se desmarcó del «Santo Entierro», que se celebraba viernes a las 5 de la tarde, haciéndose cargo de su organización la nueva Cofradía del Santo Sepulcro formada por los más destacados elementos de derechas.
Cuando llegaron a la Beneficencia en busca de la Cruz de los Labradores, singular grupo escultórico de Nicolás de Bussy alojado tradicionalmente en el Loreto, observaron con asombro que las figuras conocidas como «la muerte y la diablesa», habían sufrido graves daños.
El día 14 de abril de 1935, cuarto aniversario de la República, coincidió con el Domingo de Ramos.
La izquierda estaba indignada por las dificultades que tenía para reunirse, mientras los clericales cantaban «La Pasión» todas las noches «con la libertad y desenvoltura de huestes victoriosas en país conquistado».
Y es que las nuevas autoridades emanadas de las elecciones de 1933 permitieron celebrar de nuevo la Semana Santa con toda libertad.
Transcribo parte del discurso del gobernador Vázquez Limón en los micrófonos de Radio Elche.
Estos festejos religiosos, de tan rancia tradición en nuestra patria, tienen para mí, sino la emoción de los que son creyentes, si en cambio, el profundo respeto que a cuantos nos preciamos de liberales, deben merecer las creencias ajenas.
No creo que nadie pueda sentirse perjudicado en sus principios, ni en sus intereses, ni en ningún orden de cosas: porque hayan unas personas que quieran exteriorizar sus sentimientos mediante las procesiones que estos días se celebran.
Por eso, sería absurdo cohibir esas manifestaciones ingenuas de una religión, para provocar una reacción sentimental de quienes se sentirían entonces injustamente agraviados. Aprendamos todos a ser transigentes y demos el ejemplo los republicanos de buena fe.
Aquella tarde un grupo de republicanos alicantinos que regresaba de presenciar el partido de fútbol Murcia-Celta, al llegar a Orihuela, encontraron el tráfico interrumpido por la procesión que ocupaba las calles de paso obligado; vías que formaban parte de la carretera nacional.
Cuando la caravana superó los cincuenta vehículos y la media hora de espera comenzaron a sonar las bocinas.
Acudió la Guardia Urbana increpando a los conductores, pidiendo la documentación y formulando denuncias. Amenazaban con detener a los más airados que no comprendían que eso pudiera pasar en un país laico y democrático justo en el día de la República.
Pero la mayoría de los oriolanos estaban muy ocupados con la Semana Santa para acordarse de ningún otro aniversario.
La Centuria Romana y todas las cofradías se afanaron en los preparativos. El Perdón y El Lavatorio, adornaron sus pasos con suntuosa iluminación eléctrica. Y la sección de las Juventudes Tradicionalistas estrenó portacirios, artefactos eléctricos fabricados en Valencia que incluían la flor de lis y una artística cruz de Santiago.
En este uso político de las fiestas la Semana Santa se convirtió en el marco idóneo para demostrar al pueblo el cambio sufrido en el Ayuntamiento.
La estrecha unión que los tradicionalistas consideraban entre religión y política acabó empapando las fiestas de contenido ideológico.
Cofradías, políticos conservadores y clero mantuvieron una relación estrecha haciendo de la Semana Santa un magnífico escaparate de su nueva lucha en defensa de las costumbres que habían puesto en peligro los gobernantes de izquierda.
La Semana Santa vivió un complicado periodo durante la Segunda República.
Para los conservadores las procesiones eran un elemento fundamental que reforzaba su ideología indiscutiblemente católica. Para los partidos de izquierda, la Semana Santa era cosa de las derechas.
Lo cierto es que los elementos más derechistas eran quienes protagonizaban estas celebraciones. La mayor parte de las cofradías, estaban encabezadas por personajes acomodados de la sociedad oriolana y las procesiones constituyeron un magnífico escenario para que las nuevas autoridades se exhibieran.
Al frente de la Cofradía del Pilar estaban los tradicionalistas Alejandro Roca de Togores y Juan Villaescusa Ballester.
La de El Santo Sepulcro la componían: Eusebio Escolano, Luis Almarcha, Emilio Salar Ruiz, Indalecio Cassinello y Antonio Balaguer.
Hasta los Caballeros Portaestandarte fueron claros elementos de la derecha: en 1930, Eusebio Escolano Gonzalvo, médico; en 1931, Alfonso Pardo y Manuel de Villena, marqués de Rafal; en 1934, Eduardo Almunia y Roca de Togores; en 1935, José María Quiles y Sanz, notario.
El tenso clima sociopolítico de 1936 impidió llevar a cabo la Semana Santa en Orihuela.
Pese a las adversas circunstancias, las cofradías habían pedido la preceptiva autorización al ministro de Gobernación para celebrar las procesiones.
La respuesta a esta solicitud se produjo en un comunicado del gobernador fechado el 12 de marzo, donde el ministro autorizaba la celebración, si bien no aseguraba el mantenimiento del orden público durante el transcurso de la misma.
No hubo procesiones en la Semana Santa oriolana de 1936. Manuel Penalva Fons, hermano ministro de la V.O.T., envió la correspondiente solicitud para «sacar las tradicionales procesiones del miércoles santo en la tarde y el viernes santo en la madrugada, a las horas y por los itinerarios de costumbre».
La Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores solicitó también la autorización.
Sabemos que la Cofradía del Perdón pidió permiso para celebrar una junta directiva el Miércoles Santo en la iglesia de San Gregorio.
Todo fue inútil. En aquellas complicadas fechas estaba prohibida todo tipo de manifestación pública y el Ayuntamiento no se molestó en nombrar Caballero Cubierto Portaestandarte; ni tampoco la recién nacida Cofradía del Santo Sepulcro.
Sirvan estas notas para reflejar el clima de hostilidad en el que se desarrolló la Semana Santa durante la Segunda República. Los años treinta fueron convulsos para las cofradías.
El ambiente hostil y las tensiones políticas convirtieron las procesiones en un símbolo contra el anticlericalismo; y por extensión contra las nuevas corrientes políticas que la Iglesia había repudiado.
Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba). Publicado en la revista Oleza. 2011.
Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba), historias de Orihuela, fotos, postcast y vídeos.