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La Riada de San Andrés. Crónica.

Ciudadanía. 2 de diciembre de 1916:

LA RIADA DE SAN ANDRÉS. A las dos de la tarde del pasado lunes cayó sobre nuestra ciudad y su huerta una horrorosa tormenta. Un fortísimo aguacero acompañado de truenos y relámpagos que se sucedían sin interrupción, alarmó bastante, pero, mucho más el huracanado vendaval que arrollándolo todo, arrancó de cuajo dos corpulentos árboles que cayendo sobre los jardines de la Glorieta derribaron bastantes metros de verja y muchísimos arbustos y plantas. En otros sitios causó incalculables desperfectos el huracán.

Glorieta y San Gregorio. 1916. Colección Javier Sánchez Portas.

BUEN MERCADO. Como la lluvia no cesó ni un momento y se mostraba más pertinaz cada vez, amaneció el martes sin que viniesen al mercado los numerosos negociantes y gente de la huerta que llenan en este día nuestra ciudad.

Supimos alborozados la noticia de que por todo el campo había llovido copiosamente, estando por lo tanto asegurada la siembra, que si se había demorado, obedecía solamente a la falta del preciado líquido. El río experimentó brusca crecida, inspirando recelos. Durante la tarde continuó la lluvia, convirtiéndose en torrencial por la noche en que ya empezaron algunas calles a inundarse.

GRANIZADA. A las dos de la madrugada del miércoles descargó una nube de piedra que duró breves minutos, imponiendo a todos los que despertaron sobresaltados por el ímpetu de la pedrea. Corregida y aumentada sentimos otra a las 8 de la mañana.

Hombres de edad aseguraron no haber presenciado nunca granizada como esta, siendo el tamaño general de la piedra como huevecitos de pájaro. Una hubo que pesó 75 gramos, apreciándose otras como nueces. Reincidió poco antes de mediodía, originando con los chubascos intermedios, un aumento de agua que las vertientes de la sierra tributaban al embravecido Segura.

CALLES INUNDADAS. Como estaban los portillos entablados y se habían adoptado precauciones para evitar la salida por los «arbellones», el agua de lluvia no pudo en algunos sitios verter al río, quedando varías calles inundadas. La plaza de la Constitución y Calles del Molino, Río, Meca y Cantareros y parte de las de San Pascual, pintor Agrasot y San Juan corrieron dicha suerte.

Calle del Río. 1916. Colección Javier Sánchez Portas.

EL RAMO DE LA VIRGEN. Ante la inminencia de una catástrofe, demandó el pueblo los auxilios de su celestial Patrona y con el entusiasmo ferviente de las solemnidades inolvidables, se llevó a cabo el acto sublime de arrojar a las ondas embravecidas el ramo de la Monserratica…

Fue al atardecer de este día cuando fue trasladada en automóvil nuestra Patrona hasta el puente de Levante. Millares de almas, toda Orihuela confundida en un solo corazón, vitoreaba llorando a la que siempre fue consuelo de los orcelitanos afligidos. Las autoridades rodeaban a nuestro Prelado, que con sus manos venerables, temblorosas de emoción arrojó al Segura el ramo de la Virgen entre el clamoroso grito de todo el pueblo que se amparaba bajo el manto de María de Monserrate y confiaba en su protección.

Ceremonia del ramo en el puente.

NOCHE DE ZOZOBRA. Anocheció el 29 y la intranquilidad aumentaba con la oscuridad. Venía de la huerta rumor de caracolas, como ayes de agonía entre las tinieblas presagiando desgracias. Numerosas familias, con sus míseros ajuares llegaban a la ciudad huyendo del río que había inundado parte de la huerta. El vecindario adoptó precauciones en previsión de un lastimoso despertar y el río mugía agorero y trágico.

EN EL AYUNTAMIENTO. A las diez de la noche se reunieron en el despacho del Sr. Alcalde, los representantes de las fuerzas vivas de esta población que fueron invitados, asistiendo también nuestro Director. Se acordó dirigir telegramas al Sr. Presidente del Consejo de Ministros, Ministro de la Gobernación y a D. Trinitario Ruiz Valarino, exponiéndoles la crítica situación en ésta.

El Sr. Ballesteros Meseguer manifestó su extrañeza por no constituirse en sesión permanente el Ayuntamiento como Junta de Auxilio. Somos de los muchos que conformes con lo manifestado por dicho señor, compartimos su extrañeza y nos preguntamos por qué no obrarían del modo que el señor Ballesteros propuso.

TRISTE AMANECER. Antes del alba del día de San Andrés ya comenzó a desbordarse el río visiblemente, venciendo la máxima resistencia de contención. Con la luz del día apareció Orihuela inundada en su mayoría, sólo se vieron libres de la riada algunas calles de la parte alta de nuestra ciudad que con las lluvias se veían anegadas. De Beniel y Molins se tenían alarmantes noticias, principalmente de este último pueblecito tan castigado siempre por las crecidas del Segura.

TODOS A SAN MIGUEL. Gran número de curiosos, durante la inundación subió al Seminario para contemplar el aspecto tristísimo y a la vez fantástico de nuestra feracísima vega que desde allí se dominaba convertida en inmensa laguna. Daba espanto la visión, pues atemorizaba el contemplar la inmensa desgracia que se cernía sobre los pobres dueños de las viviendas arruinadas.

LLEGADA DEL GOBERNADOR. A las 8 y media de la mañana llegó el Ilmo. Sr. Gobernador D. Francisco de Federico, acompañado del Jefe de Vigilancia de Alicante D. José Mª. Ciurana y del Capitán de Seguridad Sr. Baigorri. Tan distinguida autoridad había dispuesto el envío en tren especial de lanchas y tripulaciones que apenas llegadas a Orihuela salieron a la huerta donde comenzaron a realizar salvamentos y a repartir socorros entre los incomunicados.

Por nuestras calles, otras lanchas se ocuparon para socorrer las necesidades de las familias que aisladas se encontraban por la crecida. El gobernador, acompañado de las autoridades, visitó enseguida la mayoría de los lugares inundados en la población, dirigiendo personalmente los trabajos de salvamento con gran celo.

Calle Calderón. 1916. Colección Javier Sánchez Portas.

LOS PORTILLOS DE DESAMPARADOS, LAS NORIA Y RIPALDA. Estos portillos, en el partido del Camino de Beniel han estado a punto de reventar, y así hubiera sucedido de no haber roto el río por el de Ginés. Hoy han ido a verlo, técnicos y propietarios de aquella ribera y nos dicen, que ambos han quedado más falseados y de mayor peligro que el que ofrecía el llamado de Ginés, antes de romperse en esta riada. Lo ponemos en conocimiento del Alcalde, Juez de aguas, Gobernador civil e Ingeniero Jefe de la división hidráulica del Segura.

NOTAS SUELTAS: El Sr. De Federico, dispuso que mandasen de Torrevieja algunas barcas que tripuladas por marineros se encuentran prestando auxilio en Molins y en el camino de Beniel por donde la crecida ha causado daños enormes. Conferenció extensamente con el Ministro de la Gobernación, con el gobernador de Murcia y el alcalde de Alicante dándoles, cuenta de la inundación y solicitando protección, para los necesitados.

Por la tarde recorrió en lancha los parajes del Molino de la Ciudad prodigando socorro, en compañía del Sr. Marqués de Arneva siendo ambos muy aclamados por los huertanos. El Sr. Alcalde repartió en la mañana del viernes 1500 kilos de pan entre los pobres damnificados.

En la misma noche del jueves, llegó el Teniente Coronel de la Guardia Civil Sr. Aguilar con algunas parejas. De Callosa y Alicante mandaron varios centenares de kilos de pan, cuyo producto escaseó aquí por haberse inundado algunas tahonas. Con el descenso de la riada comenzó a las primeras horas de la tarde del jueves la circulación de los trenes. Las cosechas de hortalizas y la de naranja, principal riqueza de esta vega, se consideran perdidas.

La Acción (Madrid). 1/12/1916.

Al fin ha ocurrido en Molins una desgracia, siendo arrastrado por la corriente un niño de corta edad. Ya han empezado, con mucho ahínco, el trabajo de limpieza y saneamiento en las calles llenas de lodo. De las huertas de Dolores y Rojales se tienen angustiosas noticias y de Torrevieja han salido auxilios que de allí pidieron con urgencia.

REGRESO DEL GOBERNADOR. En el correo de anoche salió para Alicante juntamente con sus distinguidos acompañantes, el Ilmo. Sr. D. Francisco De Federico, al que tributaron una cariñosa despedida las autoridades, amigos y gran número de personas que han visto su generosidad, recorriendo los sitios de mayor peligro y auxiliando a tanto desamparado.

Antes de marchar felicitó cordialmente al joven abogado Sr. Bonafós que se destaca con pujanza de entre los muchos que desinteresadamente expusieron sus vidas en servicio de los damnificados.

RECONOCIMIENTO. No podemos sustraernos de hacer público el unánime y ferviente deseo de toda Orihuela, en pedir al Gobierno premie como se merece el colosal esfuerzo del letrado Don Antonio Bonafós que como Rafael Moreno Hidalgo, laborioso obrero vecino de la calle del Sol número 42, lucharon desesperadamente en los sitios de más peligro, socorriendo a las victimas de la inundación.

Orihuela. 1916. Colección Javier Sánchez Portas.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Fotografías de la Colección Javier Sánchez Portas.

Justo García Soriano. 13. 1909.

Enamorado de la vida madrileña, y perdido en su torbellino, fui aplazando indefinidamente unas oposiciones a cátedra, cuyo triunfo significaba mi destierro de la corte. Pasaron veloces los años. Murió mi padre, se deshizo mi familia y quise crearme otra…

Justo García Soriano. «Noticia crítica y autobiográfica».

Madrid. Puerta del Sol en 1909

Año 1909.

La Huerta. Número 491 – 5 de enero de 1909: Hemos, antes de nada, de felicitar a nuestros lectores y desear que el presente año de 1909 sea para ellos el colmo de la prosperidad y suerte. Un año más surge ante nosotros envuelto en el velo misterioso de incierto porvenir; ¿Quién sabe lo que nos traerá de bueno o de malo?…

Para «La Huerta», antigua fuente de ingresos de nuestro biografiado, fue malo. Agonizó los dos primeros meses convertido en semanario, y desapareció para siempre. Su fundador, José Escudero Bernicola, pasó a dirigir el diario alicantino «El Progreso».

El «Café de Madrid» en 1909.

Empezamos un año muy pobre en documentación. En el apartado de correspondencia sólo una carta de amor; en el de prensa un larguísimo artículo… Y poco más.

En la entrega anterior dejamos a Justo padeciendo «una larga enfermedad que le obligó, durante mes y medio, a suspender y abandonar toda clase de trabajos mentales». Una vez recuperado, publicó en «La Iberia» otra carta abierta destinada a Peñaranda y titulada «Resucitemos el «affaire» … Para terminar»

Dividida en 25 entregas, se mantuvo durante más de un mes estirando el tema en exceso. Ante la ausencia de otro material, voy a transcribir generosos fragmentos del «affaire» entre Justo y Peñaranda; eliminando lo más infumable.

Pienso que puede servir para profundizar en el pensamiento científico y el sentimiento religioso de Justo; como siempre, un tipo moderno y bastante avanzado para la época.

El criterio de selección y eliminación de los textos es mío; pero siempre tenéis a vuestra disposición la totalidad de los artículos en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

La iberia. Enero-Febrero de 1909

La iberia. Número 473 – 27 de enero de 1909: Hoy comenzamos a publicar un extenso e interesante trabajo debido a la brillante pluma de nuestro ilustrado colaborador y querido compañero D. Justo García Soriano. Resucitemos el «affaire» … Para terminar. 1. Introito y «memorándum».

Tal vez recordarán los memoriosos y asiduos lectores de LA IBERIA un artículo mío al que, bajo el epígrafe de «Carta abierta», este imparcial y hospitalario periódico dio cabida con hidalga generosidad en las columnas de sus números correspondientes a los días 12 y 13 de Noviembre próximo pasado.

Era mi pobre trabajo una modesta ofrenda de sincero agradecimiento, tributada por mí con entusiástica y efusiva espontaneidad, a un sujeto que ha publicado en La Huerta sus primeros pinitos y escarceos literarios bajo el pseudónimo de P. de Peñaranda, y el cual me había dedicado una poesía, con toda la «santa intención» de que son capaces ciertas candorosas y beatíficas gentes. 

Estaba inspirado mi artículo, a pesar de esto, en nobles sentimientos de ingenua gratitud, en la alteza de miras y en la franca expresividad que pongo yo en todos mis escritos. Por lo demás, ahora reconozco (al recordar la moraleja de la fábula de Iriarte «El naturalista y las lagartijas») y sin rebozo confieso, que al escribirlo cometí dos graves yerros, dos enormes pecados de los que tengo que arrepentirme muy de veras:

1° Mi excesiva benevolencia en tributar indebidamente sinceros elogios a Peñaranda; y 2° el inmejorable propósito que me movió a tomarme el inútil y desestimado trabajo de hacer, con juicio no menos sincero, a este individuo algunas ligeras observaciones sobre la composición poética que dedicarme le plugo. Todo ello sin dejar ni un solo instante de emplear la forma correcta y la exquisita cortesía a que me obliga mi buena educación, de la que he procurado hacer gala en todas las ocasiones (1*).

1* (—«¡Oh agradable desencanto! Allí donde creí encontrar fulminaciones terribles…—confiesa Peñaranda—sólo hallé palabras cariñosas de gratitud inextinta, etc». ¿Por qué esperaba o creía encontrar allí tales fulminaciones? ¿Qué motivos tenía para formar estos perjuicios denigrantes, esta ofensiva prevención contra la buena crianza de un «respetable y distinguido amigo» a quien hubo de juzgar digno de dedicarle unos versos?¿No revela esto evidentemente la verdadera intención de Peñaranda?).

Más estas imperdonables faltas mías no quedaron impunes; sino que Peñaranda las dio su merecido muy cumplidamente. La Huerta, que se había negado a publicar mi artículo, apresurose en cambio, de muy buena gana a insertar en sus columnas otra «Carta abierta», réplica biliosa con que el petulante escritorzuelo pagaba amostazado mi bonachona y culpable flaqueza de no haber yo rechazado con un despectivo silencio, la subterránea y solapada poesía que me dedicó.

Enojo y despecho injustificados inspiraron la respuesta de Peñaranda; y era, por ende, una salida de tono chocarrera, pretenciosa, saturada de reticencias ofensivas y de encubiertos alfilerazos; por lo que al leerla no pude evitar una prolongada sonrisa, conmiserativa e indulgente. Fue mi primer impulso desoír piadosamente, desdeñar la destemplada epístola de este terrible impugnador con que me he topado de manos a boca, pues el silencio es la mejor respuesta para ciertos escritos, a los que prestarles atención es hacerles un favor y darles una importancia que no merecen por ningún respecto.

Sin embargo, las instancias de algunos amigos torcieron mi resolución y decidí descender hasta el terreno de la disputa a que se me provocaba. En esto, una larga enfermedad que me ha obligado durante mes y medio a suspender y abandonar toda clase de trabajos mentales, me impidió que pusiera en práctica inmediatamente mi nuevo propósito. Hoy, ya restablecido de mi dolencia, he de cumplir lo que para mí es un serio compromiso contraído y con este objeto habré de resucitar la vieja y olvidada cuestión, aunque parezca ya perdida la oportunidad.

A causa de la índole de estas enojosas y estériles controversias, este artículo habrá de ser forzosamente mucho más extenso de lo que, tanto los benévolos lectores como el propio articulista, habrán de desear; mas por ello pido indulgencia a todos; dando en prenda mi palabra de honor de no reincidir en estas latas y tediosas disertaciones. JUSTO GARCÍA SORIANO (Continuará).

La iberia. Número 474 – 28 de enero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar II. «Represalias, plagios y otras gollerías». Lo primero que salta a la vista en la chabacana epístola «peñarandesca», es el ridículo purito que muestra su autor (llevado sin duda de su constante afán de plagiarlo todo) de remedar de un modo burdo el suave ironismo que él ha entrevisto en mi «carta abierta». Todas las imitaciones son cursis y revelan impotencia invencible.

La ironía, cuando es discreta y socrática, cuando es un exquisito y refinado aticismo, indica delicadeza, «spirit» y buen gusto; mas cuando es una forzada represalia, degenera en bufonesca mimesis, en soez chocarrería…

La réplica de Peñaranda, más que una justificación, apología o defensa de sus versos (explicable aunque infundada en este caso), es una represalia, una mezquina venganza que quiere vengarse de mi crítica y de las ironías que supone latente en mi artículo. Es el socorrido, pueril y desacreditado: «más eres tú».   

La iberia. Número 475 – 29 de enero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar II. «Represalias, plagios y otras gollerías». Seguidamente, y a vuelta de zalemas, protestas, rectificaciones, desplantes y gallardías, acaba por referirnos una anécdota sabrosísima, sólo para darnos a entender (¡modestias aparte!) que  él no rechaza mis alabanzas por irónicas o hiperbólicas que sean, ya que es muy contingente y verosímil que encierre dentro de sí un genio en embrión.

¡A la orden, mi general! ¡Pobrecillo; tan joven y ya sin abuela! Yo deploré y sigo deplorando que mi muy querido amigo y colega eligiese para asuntos de la poesía que tuvo la amabilidad y la exquisita deferencia de dedicarme, un tópico muy manoseado. Y el suspicaz y puntilloso Peñaranda, que nada pasa en silencio, que replica a todo larga y minuciosamente, se guarda muy bien de responder a mi afirmación de que su poesía es una fiel imitación de «La tempestad», el famoso fragmento de los «Cantos del Trovador» de Zorrilla…

La iberia. Número 476 – 30 de enero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar III. «El antropomorfismo pagano de Peñaranda y mi religiosidad». De la poesía de Peñaranda se desprende literalmente la afirmación de que «el Hacedor airado se oculta detrás de una nube para arrojar rayos y centellas, para inundar las praderas y la pobre cabaña del infeliz bracero, en llanto y confusión (ripio), para aterrorizar al hombre y para desgajar y hacer temblar al tilo (realmente, todo esto no es más que cuestión de tila)».

Lo mismo hubieran dicho, divinizando las fuerzas naturales, un poeta pagano, cualquier filósofo gentil y todos los idólatras antiguos. Ahora bien; yo censuré este disparatado y absurdo supuesto, este concepto monstruoso de la Divinidad, porque se resiente de paganismo y antropomorfismo, porque es contrario a la razón y, por consecuencia, a la sublime espiritualidad de la religión cristiana. Mas Peñaranda, empleando «er professo» su estrategia poco noble de torcer y tergiversar malévolamente el recto sentido de mis frases, ha tratado de sacar partido de las censuras que dirigí a sus gentílicas expresiones, para tildarme con la nota calumniosa de impío y de ateo.

¿Intenta acaso actuar conmigo de Eurimedón o de Anytos porque sabe que no faltarían 30 tiranos que me condenaran de buena gana a beber la cicuta como a Sócrates? Es ardid que no sirve más que para poner de relieve las torcidas intenciones y las malas artes de quien lo emplea, el tratar insidiosamente de incitar contra uno el fanatismo de los ignorantes…

Orihuela en 1909.

La iberia. Número 477 – 1 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar III. «El antropomorfismo pagano de Peñaranda y mi religiosidad». Inocente y pueril me parece el maquiavelismo de Peñaranda liándose por buscar en mí «Carta abierta» pruebas y testimonios de mi impiedad.

¿Habré ahora de entonar el Credo? Si la educación religiosa que me dieron mis padres no me hubiese sido más que suficiente, mis estudios filosóficos me hubieran llevado derechamente a la convicción de la existencia de Dios, de una Causa Primera, cuya idea, más o menos perfecta, está grabada en el alma de todos los hombres.

De ninguna de las afirmaciones, que dejé consignadas en mi ya famoso artículo, se deduce lógicamente mi impiedad ni menos mi ateísmo; sino todo lo contrario: que creo en Dios más que Peñaranda, o por lo menos, que mi concepto de la Divinidad es más puro y elevado y más conforme con la religión cristiana que el suyo; pues yo, a pesar de todas mis «extravagancias» y toda la «ignorancia religiosa» que él me imputa, hubiese sido incapaz de proferir las monstruosidades gentílicas que contienen sus versos, y no hubiera definido nunca a Dios con la censurable inexactitud y con el criterio herético con que lo ha hecho Peñaranda…

La iberia. Número 478 – 3 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar IV. «La ciencia, la fe y la poesía». Peñaranda finge maravillarse de que yo escribiera que «los progresos científicos han sido terribles para la fe y la poesía». Al decir fe, claro está que no me refería a las verdades dogmáticas (las cuales atañen más principalmente a la razón); sino a las groseras y supersticiosas creencias del vulgo y a aquellas otras «tradiciones piadosas» que no afectan a la esencia del Dogma.

La pobre Humanidad ha permanecido sumida, por muchas miríadas de años, en la idiotez salvaje y en el embrutecimiento de la ignorancia. Caminaba, sí (el progreso indefinido es la ley de su desarrollo) pero hasta hace pocos siglos su caminar era tan lento que parecía condenada a una inmovilidad eterna. Incesantemente zozobrada en su marcha imperceptible, recordando a cada paso su origen y su atavismo animal, su bestialidad primitiva.

Sus primeras manifestaciones racionales se cifraron en la admiración estúpida de los agentes físicos que le favorecían o que le perjudicaban; y entonces juzgándolos sobrenaturales, los divinizó y les tributó un culto de idolatría. El hombre no ha hallado un poco de luz, sino después de haber andado mucho tiempo envuelto en las tinieblas.

La experiencia fue poco a poco labrando y fecundando el humano entendimiento; los más observadores, remontándose de los efectos a las causas, comenzaron a explicarse muchos fenómenos, antes indescifrables y misteriosos, y echaron los cimientos, sin imaginarlo ellos mismos, al sólido y admirable edificio de nuestra Ciencia actual.

Todo nuestro caudaloso saber, es la energía acumulada por cuantas generaciones nos han precedido. Esta es la obra maravillosa y meritísima de la Civilización. Ella vence siempre a la postre; mas ¡cuántos obstáculos y rémoras encuentra siempre a su paso! ¡Cuánto cuesta roturar y abrir los cerebros a la luz de la verdad! La ignorancia, las supersticiones, los errores tradicionales, los intereses creados, la pereza estacionaria y la inercia mental de las gentes, dificultan su rápido avance, pero no impiden su marcha triunfal y victoriosa…

La iberia. Número 479 – 4 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar IV. «La ciencia, la fe y la poesía». Copérnico persuadió a los hombres del engaño a que los había inducido una ilusión óptica, por la que creían que el Sol se movía en torno de la Tierra, según aseguraban Ptolomeo y todos los escolásticos. El glorioso astrónomo polonés demostró plenamente la diferencia entre los movimientos verdaderos y los aparentes de los astros, probando que la Tierra giraba sobre su eje y alrededor del Sol.

Esta inconcusa verdad científica que divulgó en sus obras «De motu octavae Spherae» y «De Revolucionibus», le pareció al Papa Julio II una gran impiedad por estar en contradicción con las Escrituras, sobre todo con el célebre pasaje de Josué; y condenó por herético el sistema de Copérnico. El gran Galileo, sirviéndose del telescopio que él inventó, comprobó en todas sus partes la certidumbre de este sistema y lo defendió con gran entusiasmo en su «Diálogo».

Un fraile petulante y envidioso y el jesuita cardenal Bellarmín le denunciaron a la Inquisición como hereje, por defender los principios astronómicos de Copérnico. Entonces, el Papa publicó un decreto el 21 de junio de 1633, conminando a Galileo a abjurar de su sistema y condenándolo a prisión por todo el tiempo que les pluguiera a los Cardenales inquisidores.

El ilustre astrónomo, a los 70 años de edad, atormentado por las persecuciones y el encarcelamiento, enfermo y ya medio ciego, se vio obligado a adjurar de rodillas ante el tribunal de la Inquisición su supuesta herejía para poder escapar de la hoguera con que se le amenazaba. En aquella ocasión fue cuando pronunció «sotto voce» la célebre frase: «E pur si muove»; «a pesar de todo, la Tierra se mueve».

… La posteridad, más sensata, les ha hecho cabal justicia, dándoles la gloria y tributándoles el homenaje que merecen sus genios portentosos, por haber abierto a la ciencia luminosos derroteros desconocidos hasta entonces. Además los ha incluido en la interminable lista de los mártires sacrificados, vejados y perseguidos por el estúpido fanatismo.

La iberia. Número 480 – 5 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar IV. «La ciencia, la fe y la poesía» .…Si los felices inventores del telescopio, del microscopio, de las propiedades del oxígeno, del vapor y de las locomotoras, de la fotografía, del teléfono, del micrófono, de la lámpara eléctrica, del fonógrafo, de los rayos X, del telégrafo sin hilos, del aeroplano y del «radium», respectivamente, hubiesen vivido y hubiesen realizado sus inventos en España durante el siglo XVII, seguramente hubieran sido considerados como brujos y nigromantes; y después de habérseles exorcizado muy bien por endemoniados y posesos, se habría celebrado un solemne auto de fe para achicharrarlos muy católicamente y «ad majorem Dei gloriam», revestidos con sus correspondientes sambenitos, en una plaza de Valladolid, de Madrid o de Sevilla, ante la augusta majestad (majestad y lenguaje se escriben con j ¿estamos?) de los monarcas y todas las comunidades religiosas de la ciudad.

Si el muy reverendo inquisidor general Fr. Tomás de Torquemada hubiera visto por las calles de Madrid correr un automóvil o funcionar un cinematógrafo, ¿qué hubiera pensado, a pesar de todas sus teologías, de estos ingeniosos artefactos y qué hubiese intentado hacer con sus maquinistas para purificarlos y recompensarlos debidamente?

Más, infinitamente más, han hecho en bien de la Humanidad todos estos sabios inventores, a quienes debemos admiración y agradecimiento eternos, que todos los metafísicos y teólogos del mundo, habidos y por haber, que nos han fastidiado y nos fastidiarán soberanamente con sus especulaciones quiméricas, con sus disquisiciones y disputas baladíes, con sus fanáticas intransigencias y con sus cándidas argucias y sutilezas sofísticas.

La iberia. Número 481 – 6 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar IV. «La ciencia, la fe y la poesía». Las vulgaridades científicas que aduje en mi «Carta abierta» le han parecido a Peñaranda «puras extravagancias y palabrería huera». Con esto no hace más que patentizar su ignorancia supina y su crasa incultura en las ciencias físico-naturales. Y luego me pide «argumentos más sólidos y razones más contundentes».

¡Como si en un artículo periodístico por extenso que sea, hubiera suficiente espacio para ello! Mas ya que parece desearlos, los encontrará tan sólidos, tan contundentes y tan copiosos como pueda apetecerlos en las sabias y acreditadas obras que a  continuación enumero, cuya lectura recomiendo muy mucho a nuestro pequeño teólogo, pues buena falta le hace.

«Dios en la Naturaleza», de Flammarión; los «Ensayos sobre religión», de Stuart Mill; «El mundo como voluntad» de Schopenhauer; la «Clasificación de las Ciencias», de Agassiz; «Los discursos de la Universidad de Oxford», de Tyndall; «Origen de los géneros y las especies», de Wallace; «Los zapadores de la evolución», de Hulxey; «Historia natural de los animales invertebrados», de Lamark;

«Origen de las especies» y «Origen del hombre», de Darwin. (Hace muy pocos años se descubrió en unos terrenos terciarios de la isla de Java, unas osamentas fósiles de mamíferos, las cuales, después de estudiadas con gran detención por los más sabios antropólogos,  hubo de reconocerse pertenecían a una especie de seres anatómicamente intermediarios entre el mono y el hombre…).

«Historia de la creación» y «Los enigmas del Universo» de Haeckel; «Creación y Evolución», de Spencer; «Ciencia y Naturaleza» y «Fuerza y Materia», de Büchuer; «La Metafísica y la Ciencia», de Vacherot; «La vida de Jesús», de David Strauss; y, sobre todo, los libros recientes «Conflictos entre la Religión y la Ciencia», de Draper, y «Le fracas de Dieu» de F. Recluss.

La iberia. Número 482 – 8 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar IV. «La ciencia, la fe y la poesía». Léalas, léalas con ánimo sereno y frío, con un recto criterio, exento de prejuicios sectarios de prevenciones de Escuela, sin apasionamientos hostiles, sin temores ni animosidades; ninguna de estas obras es atea, pues en todas ellas se admite, se reconoce la existencia de una Suprema Causa, de un eterno principio vital, de una substancia primordial, espíritu motriz o agente animador del Universo.

Son la expresión más feliz y admirable del poderoso esfuerzo de titán y de las conquistas científicas, que en estos últimos siglos ha realizado el entendimiento humano; el cual puede ya vanagloriarse de haber alzado el misterioso velo de Isis y de haber borrado definitivamente la enigmática inscripción del templo de Tebas. En cuanto a la Poesía, es evidente que era más fecundo su cultivo en las edades patriarcales y en aquellos tiempos heroicos, cuando el hombre, ofuscado ante el espectáculo magnífico y entonces incomprensible del Universo, tendía ávidamente y sin freno las alas de su imaginación, aún niña, por las regiones deslumbrantes y mágicas de la Quimera.

… Estos tiempos escépticos y positivistas, del cálculo razonador y del frío análisis, son por desgracia prosaicos, terriblemente prosaicos. La poesía es arte de imaginación sobre todo; y ésta disminuye conforme la razón y la reflexión aumentan.

…Ahora solo son poemas las ecuaciones algebraicas, las leyes físico-matemáticas que determinan el desarrollo de la industria y las operaciones financieras, lucrativas y favorables, que se anotan en el libro mayor. ¡Pobres poetas! Ya no son oráculos, ni favoritos de reyes, ni amantes de rubias princesas, ni nadie cree en sus bellas ficciones, en sus sonorosas ruinas, en sus brillantes imágenes, en sus atrevidas metáforas.

Estas insensibles, egoístas y escépticas gentes de ahora, suelen encogerse de hombros, cuando no sonreírse irónicas y desdeñosas, ante los amenos desatinos y los delirios dulces y embriagadores de los anacrónicos portaliras…

La iberia. Número 483 – 9 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar IV. «La ciencia, la fe y la poesía». ¿Quiere esto decir que haya muerto el arte sagrado de Apolo y de sus hijas las Musas? No. Todo lo bello es inmortal.

Lo que ocurre es que la poesía, como todo, ha sufrido una profunda transformación en su esencia casi. La Ciencia, invasora siempre, ha ido escardando sus frondosidades superfluas y ha restringido sus dominios; pero lo que ha perdido en vaguedades y en extensión, lo ha ganado en lozanía y en intensidad de sentimiento.

V. Un poco de metafísica. El «vacío infinito». Después, el Sr. Peñaranda, con el único fin de no dejarme por mentiroso seguramente, ya que yo había dicho de él que es «un agudo y sutil filósofo», quiere patentizarlo y, a pretexto de corregirme una aparente contradicción, una supuesta «impropiedad de palabras», se me arranca muy formalito por metafísicas. ¡Ja! ¡ja!— «Metafísico estáis»— Como decía el caballo  del Cid a Rocinante por boca del manco inmortal: ¡La metafísica! Bonita ciencia para hacer juegos malabares.

No obstante, Peñaranda, al escribir versos no sigue el consejo zumbón y humorístico dado por Campoamor a los poetas noveles. —No me olvide usted la metafísica. Sin metafísica no encontrará usted… ni consonantes.

La iberia. Número 484 – 10 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar. V Un poco de metafísica. El «vacío infinito». La revancha metafísica de Peñaranda ha sido aplastante y triunfal. Con su vista perspicaz y escrutadora de lince aristotélico, ha creído cazarme al vuelo otro lunar de tanto o mayor bulto que su «Hacedor airado» de marras, para que ya no tenga yo que ser menos que él en achaques de lunares.

Sin embargo, Peñaranda, indulgente, dulzarrón y benévolo como los propios ángeles, termina por confesar que la viga que parecía haber en mi ojo, no es tal viga, sino una pequeñísima y casi imperceptible paja.

El Sr. Peñaranda, que sabe muy bien coger el rábano por las hojas cuando le conviene, trata de demostrarme con sus metafísicas trasnochadas, que ningún filósofo debe decir «vacío infinito»; porque es contradictorio, y que «a ninguno se le había pasado por las mientes unir estas dos ideas metafísicas, que se repelen por naturaleza». Peñaranda sólo ha estudiado su «Padre Ceferino», ha leído un poquito de Balmes y del P. Suárez…

…Sólo con el pobre bagaje de estas vagas ideas, Peñaranda ha creído ya penetrar en todos los arcanos metafísicos y abarcar de una simple ojeada todo el largo y accidentado camino, que hasta la hora presente ha recorrido, de derrota en victoria, la Filosofía…

La iberia. Número 486 – 12 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar. V Un poco de metafísica. El «vacío infinito». Evidentemente que al decir «vacío» me refería al «espacio cósmico», que otros llaman el cielo. Debo aclarar y puntualizar el verdadero, el justo sentido que se desprende de una frase, el que lógicamente le habrá dado el que haya leído mi artículo sin hostilidad, y no con la torcida intención y el perverso afán de buscar en todo la parte más vulnerable, el flanco más expugnable, y de encontrar defectos a todo trance, a fin de poder saciar su apetito torpe y desordenado de venganza.

… Es manifiesto que sólo daba a esas dos palabras una acepción relativa y física; y de ninguna manera el sentido absoluto y metafísico que, tergiversadamente, ha querido atribuirles Peñaranda para darse el caritativo gustazo de sacarme a relucir una supuesta falta y pedir por ello un poco menos que se revoque mi título académico (Doctor en Letras) que tengo conseguido y ganado en muy buena y brillante lid; y que me han otorgado, sancionado y refrendado, muy ilustres y sapientísimos maestros.  

De las entregas contenidas en los números 487, 488, 489, 490 y 491, publicadas el 13, 15, 16, 17 y 18 de febrero, completando el encabezamiento «V Un poco de metafísica. El vacío infinito», no he transcrito nada. Son infumables y están dedicadas en su totalidad a justificar en todos los planos la utilización del término «vacío infinito».

El mismo García Soriano, como broche al capítulo, afirmó: «Me parece que está más que suficientemente aclarada la cuestión. Basta ya de tanta «vaciedad», pues también está resultando «infinita» y me va a faltar «espacio».

La iberia. Número 492– 19 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar. VI El «Hacedor airado». En efecto: Peñaranda se fue por las ramas, como me estaba esperando. Pero el escape de tangente que ha encontrado no puede ser más torpe ni burdo. Según asegura, muy serio él, decir «Hacedor airado» no es proferir una blasfemia, ni es emplear una expresión gentílica, de grotesco y bárbaro antropomorfismo, sino que es «una secuela necesaria, una impedimenta de nuestro modo de ser».

¡Bravo! Será sólo una secuela, una impedimenta del modo de ser de Peñaranda; mas por eso no debe cargar con tan degradante y poco lisonjero mochuelo a los demás seres racionales. ¡Allá él se las componga con sus secuelas e impedimentas!… Porque yo, por mi parte, con mis cortas luces, con toda mi «ignorancia religiosa», con toda mi supuesta impiedad (y conmigo todos los teólogos cristianos), jamás me hubiera atrevido a predicar de Dios la ira, por entender con toda lógica y evidencia que con ello se infiere un grave y grosero ultraje al que es la Suma Bondad…

La iberia. Número 493– 20 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar. VI El «Hacedor airado». Porque decir de un ser espiritual o incorpóreo que tiene «manos», si bien a todas luces una impropiedad absurda y censurable, no guarda ninguna paridad con la contradicción monstruosa e irreverente que implica el atribuir a un Ser infinitamente perfecto una gran imperfección.

Insisto pues en que decir «Hacedor airado» es proferir una blasfemia horrible y un disparate mayúsculo, que debe avergonzar, no sólo a un filósofo y a un teólogo como Peñaranda, sino a cualquier cristiano que tenga sentido común. Mi silogismo, que es en efecto «un descomunal y terrible» argumento «ad hominem», no admite vuelta de hoja y ha colocado a Peñaranda entre la espada y la pared.

He aquí la réplica «dialéctica» (¡es un decir!) que da Peñaranda a mi silogismo: — «Concedo las premisas mayor y menor, y la consecuencia, pero niego el supuesto». El supuesto es: «Peñaranda ha dicho que la furia y el horror de una tempestad son señales de que está el «Hacedor airado».

Negar esto, después de haber concedido la consecuencia de mi silogismo («el Hacedor no puede estar nunca airado»), equivale a negar que él escribiese tal frase o a confesar que no quiso escribir semejante absurdo, aunque cometió el error de escribirlo. Este último es la fija, esto es, donde digo digo, no digo digo sino que digo Diego. ¿Ven ustedes qué argucia tan hábil y qué chico tan listo?… Él llegará, él llegará a… general.

La iberia. Número 494– 24 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar VII. La leyenda del ateísmo y la «filosofía positiva». A continuación nos enjareta Peñaranda cuatro lugares comunes y cuatro vulgaridades ramplonas de librito de texto, para concluir, a lo que parece que todo el maravilloso movimiento filosófico contemporáneo es panteísta y ateo.

Esto es falso de toda falsedad. La insidia malévola, la ñoñería capciosa o la ignorancia supina de algunos sectarios han supuesto ateos a los más ilustres filósofos modernos, únicamente porque no comulgan en sus mismos principios…

… Ninguno de los grandes pensadores del siglo XIX, por avanzados o incrédulos que sean, han negado la existencia de una «Primera Causa», de un poder creador u ordenado, de «la gran X», «el inescrutable X», como llama Spencer a Dios, ante cuya inmensa y misteriosa majestad, que traspasa con su enigma sublime los límites de la finita inteligencia del hombre, han humillado e inclinado, en silencioso respeto, sus gloriosas cabezas todos los genios del racionalismo y del positivismo modernos…

…Voltaire, el gran apóstol de la tolerancia y del racionalismo en el siglo XVIII, consigna en su ya citado «Diccionario filosófico» la hermosa frase siguiente: — «Al conocer mejor la obra admirable del Universo, hemos reconocido al Supremo arquitecto, y sus leyes uniformes y constantes nos han hecho reconocer un supremo legislador».

La iberia. Número 495– 25 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar VII. La leyenda del ateísmo y la «filosofía positiva». Goethe, el excelso poeta, el gran positivista-panteísta, ha hecho la definición más hermosa y elocuente de Dios en la respuesta que Fausto dio a Margarita, cuando ésta le preguntaba asustada: — ¿Tú no crees en Dios?» — «No interpretes mal mis palabras, ángel mío. ¿Quién osaría nombrarlo y decir: creo en Él y lo conozco? ¿Quién se atreverá nunca a exclamar: no creo en Él?

El que todo lo posee, que todo lo contiene, ¿no te contiene a ti y a mí y a él mismo? ¿No ves extenderse sobre nuestras cabezas la bóveda del firmamento, dilatarse aquí abajo la tierra y moverse los astros eternos contemplándonos con amor? ¿No atraen tus ojos a los míos y no afluye entonces toda nuestra vida al cerebro y al corazón? ¿Un misterio eterno, invisible a la vez que visible, no atrae mi corazón hacia el tuyo?

Pues llena tu alma con este misterio, y cuando experimentes la felicidad suprema, pon a tu sentimiento el nombre que quieras, llámale dicha, corazón, amor, Dios. Lo que es yo, no sé cómo llamarlo. El sentimiento lo es todo, los nombres no son sino vano ruido, humo que obscurece la claridad del cielo».

Desde que el criticismo de Kant ha demostrado los límites de la inteligencia humana, imposibilitada para conocer nunca las cosas en sí, no podrá pensar en definir mejor y más humanamente el concepto de Dios.

Ampère, el físico inmortal, dejó consignada en su Diario esta religiosa admonición: —Trabaja en espíritu de oración. Estudia las cosas de este mundo, es el deber de tu estado; pero no las mires sino con un ojo, que el otro esté constantemente fijo en la luz eterna. Escucha a los sabios, pero con una sola oreja; la otra que esté siempre dispuesta a recibir los dulces acentos de tu amigo celeste.

Escribe con una mano; con la otra agárrate al vestido de Dios, como el niño al de su padre; sin esto te romperías la cabeza contra cualquier piedra. Estas palabras hubieran podido firmarlas San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Al místico más exaltado, en uno de sus extásicos arranques, no se le hubiera ocurrido decir más.

La iberia. Número 496– 26 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar VII. La leyenda del ateísmo y la «filosofía positiva» …Darwin, inmortal fundador del sistema científico que lleva su nombre, denominado también transformismo, dice en su famoso libro «El origen de las especies»: «Yo opino que lo que sabemos de las leyes impuestas a la materia por el Creador se armoniza mejor con mi hipótesis que con ninguna otra; ¿No es una verdadera grandeza en esta manera de contemplar la vida con las energías diversas concedidas primitivamente por el Creador a un pequeño número de formas y aun a una sola?» …

Spencer, padre de la moderna filosofía evolucionista, en sus «Principios de Sociología» se expresa así: «Solamente hay una verdad; que vendrá a ser cada vez más luminosa, que existe un Ser inescrutable, manifiesto en todas partes, del cual no podemos concebir el principio ni el fin. En medio de todos los misterios, se levanta una certidumbre absoluta, a saber: de que estamos sin cesar en presencia de la Energía infinita y eterna, de donde todas las cosas proceden».

La iberia. Número 497– 27 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar VII. La leyenda del ateísmo y la «filosofía positiva». Krause, el anatematizado Krause, el portentoso paladín del «racionalismo armónico» a cuya escuela da nombre, escribe, como lo haría un Padre de la Iglesia, estas profundas palabras en su obra el Ideal de la humanidad: «—Así como Dios es un solo Dios y la Humanidad bajo Dios es solamente una Humanidad, así también Dios, como el Ser Supremo sobre el mundo, funda con la Humanidad una relación divina. Dios o el Ser Supremo es el fundamento de la vida, en quien toda vida finita tiene su fuente y tendrá su plenitud última, etc. etc.»

Un libro se podría llenar con citas como estas, todas las cuales vendrían a demostrarnos palmariamente que el ateísmo y la irreligiosidad de los sabios y filósofos modernos más avanzados, es una leyenda, una pura novela ya harto desacreditada. Lo que ocurre es que el pensamiento no puede estancarse, como quieren esos cerebros fósiles, que se han petrificado en la «Summa» de Santo Tomás, o en el «Realismo teológico» de Duns Scoto.

Las ideas no pueden cristalizarse en ninguna época ni en ningún libro, porque nadie puede presumir de poseer la verdad absoluta. Las ideas están siempre en perpetua crisis, en continua rectificación, adaptándose a todas horas a la marcha evolutiva, al caminar incesante y progresivo de los siglos.

El espíritu debe ser expansivo y transigente, abierto con ingenuidad a todo avance y a toda reforma racional. Van pasando ya a la Historia aquellos tiempos en que la teología y la metafísica, enmoheciendo las inteligencias, castrando toda energía e iniciativa cerebral con la abrumadora coyunda y los angostos moldes del rutinarismo escolástico medioeval, querían hacerse señoras exclusivas de los espíritus.

…Sin embargo nunca podrán la filosofía positiva y la ciencia en general, combatir aquellas esperanzas o ilusiones que habrán de tener su realización después de la vida, pues ante el insondable misterio de ultratumba, enmudecen los sabios. El dominio de la fe y la ciencia moderna no pueden usurparse sus respectivos poderes, respetando la armonía que existe entre la ciencia y la fe nueva, en vano buscada por el admirable filósofo jesuita P. Mir, entre la ciencia y la fe antigua…

La iberia. Número 498– 1 de marzo de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar VIII. Esto se ha terminado y tan amigos como antes. Es inútil que Peñaranda se apreste de nuevo a contestarme, disparando a bala rasa. Todas sus indigestas elucubraciones se estrellarán en lo sucesivo contra mi indiferencia y contra mi mutismo sistemático.

Necesito el tiempo para algo más práctico, importante y provechoso que estas inútiles controversias. Sin embargo, doy por bien empleado lo hecho y Peñaranda debe agradecérmelo. Todos los que con bríos salen por primera vez al palenque de la publicidad, por bravucones que salten a la arena, deben sufrir el castigo benéfico del fogueo. Es el mejor bautizo del escritor.

Las nulidades no merecen el honor de una disputa. Por lo demás, sigo brindando como siempre mi franca amistad a Peñaranda, pues ello no lo empecen estas discrepancias en nuestros puntos de vista intelectuales. Nada significan estas pequeñas escaramuzas, este noble pugilato mental.

Él es un joven estudioso (salvo las consabidas honrosas excepciones, uno de los pocos que, por desgracia, hay en Orihuela) y sólo por el mero hecho de serlo, basta para que siempre, y a pesar de todo, cuente con mis afectos y simpatías. Lo digo con la mayor sinceridad. En Madrid y en Enero de 1909.  

Lejos de amilanarse, Peñaranda contraatacó con otra larguísima carta abierta que, desaparecida «La Huerta», se encargó de publicar también «La Iberia». La réplica de Peñaranda se dividió en otros veintiocho capítulos que se prodigaron durante más de dos meses.

La iberia. Marzo-mayo de 1909

La iberia. Número 521– 30 de marzo de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos.

Isagoge, introducción, preliminares, prólogo o lo que V. V. quieran menos introito: Si por tu buena o mala fortuna, lector amable o lectora ilustrada te ha cabido en suerte la menguada y pobre de tropezar en las columnas de este periódico, con un escrito muy largo y pesado titulado «Resucitemos el affaire» y queriendo hacer méritos para el cielo has seguido día a día, con una paciencia digna de mejor causa, el curso de su publicación (de la del artículo se entiende) no dudo en recomendarte la lectura de los mal hilvanados artículos que a continuación te ofrezco.

Mas si por tu buena estrella, la Divina Providencia no te ha deparado un bien tan grande, un tan exquisito placer, yo te recomiendo sinceramente que pases por alto esta sección, seguro de que nada nuevo en ella has de aprender, ni deleite alguno te ha de proporcionar; sino machaqueo, disgusto, molimiento, fastidio, pesadez, cansancio, y sobre todo perderás un tiempo de un valor inestimable que no rescatarás nunca.

No pienso con ello quitarte las pocas o muchas ganas de leer el modesto y humilde presente que ahora te dedico (pues ya tu propio instinto de conservación te indicará lo que has de hacer) sino desengañarte de antemano por si te has forjado la ilusión de hallar un escrito polémico o de disputa, lleno de erudición, rebosante de sales áticas y adornado con todos aquellos bellísimos arreos que son el patrimonio de los maestros de la pluma y que no pueden exigirse de un neófito como yo, poco avezado por añadidura; a estas y otras lides del ingenio.

Y esto no lo juzguen alabanza propia, que más bien es confesión franca y leal que muchos debieran hacer en la mampara o ante puerta de sus escritos para no venirnos después de muchos rodeos con la eterna cantinela de reconocer su utilidad suma, cuando por pura modestia los han rebajado menos que por justicia y equidad debieran.

Pero tu alma en tu palma, lector querido; y haz lo que mejor te pareciere teniendo en cuenta la no despreciable circunstancia de que el autor, aunque humildísimo, ha tenido el altísimo, empingorotado y estirado como inmerecido honor de recibir la alternativa novillera de manos de un Guerra de las patrias letras (no quiero decir que sea un matador o verdugo de ellas, sino que en éstas ha sobresalido como aquel en el arte de Montes) ciudadano libre en la noble república literaria y consumado maestro en extender o negar patentes de sabiduría, y presentar a los noveles escritores (con mucho éxito por cierto).

Con todo ello pudiera acontecer que el maestro no lo fuera y resultara «falluta» su aprobación, por lo que te suplico que seas clemente en tus juicios, breve en tus comentarios y disimulado en tus apreciaciones. (Continuará) P. DE PEÑARANDA.

El periódico afirmó mantener así una absoluta neutralidad en lo que definió como un «debate entre dos eruditos escritores». No creo que a Justo le pareciese bien acabar en el mismo saco que un principiante.

Lo cierto es que «La Iberia» se había encontrado con un auténtico «culebrón» de la época y no quería soltarlo. Para hacerlo más vistoso, el jocoso encabezamiento apareció en primera página y fue comentado en las gacetillas.

La iberia. Número 521– 30 de marzo de 1909: Gacetillas. Hoy comenzamos a publicar el trabajo con el que el Sr. P. de Peñaranda, replica a nuestro distinguido colaborador D. Justo García Soriano. La inserción de este artículo probará nuestra absoluta neutralidad en la materia que debaten los dos eruditos escritores.

La iberia. Número 522– 31 de marzo de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. Isagoge, introducción, preliminares, prólogo o lo que V. V. quieran menos introito.

En cuanto a la interpretación de las palabras, hay que tener muy presente (y esta observación es muy esencial para el conocimiento acabado de estos «episodios») que aunque hayan algunos un tanto mal sonantes no se han de entender como tales sino en el sentido que su autor quiso darles, que no es otro sino el contrario al que inmediatamente se deduce de la voz.

Esto con respecto a las palabras gruesas y a las frases duras. Las demás entiéndalas cada cual como pueda si es que puede y si no, déjelas en buena hora que no está bien calentarse los cascos por tan poca cosa. Aquí venía como de molde decir cuatro palabras sobre el objeto de este trabajo, pero me basta con manifestar que mi intención será altamente caritativa y altruista, en cuanto he puesto todo mi empeño en apuntar algunas cosas que se había dejado en el tintero el autor del «affaire»; y otras que se le habían deslizado cuando no debían; y finalmente en suprimir algunos harapos que le afeaban, mostrando siempre la verdad clara y desnuda con el fin plausible de añadir algunos timbres y blasones a su escudo.

Si estos timbres y blasones resultan de ignominia y de baldón no se culpe a mí, sino a la temeridad inexcusable de un arlequín con borla, que ha pretendido llegarse a las más arduas y difíciles cuestiones que han tenido en jaque a los más grandes y profundos entendimientos, con cuatro nociones de bachiller (me refiero a las que ha manifestado. Puede este señor ser un Aristóteles, un pozo de ciencia, pero hasta que lo demuestre tenemos derecho a creer que ese pozo está seco) y con algunas citas tan respetables como mal traídas y fáciles de traer.

No por esto pretenderé siquiera pisar un terreno tan sagrado y reservado a los talentos (que sería un absurdo mayor, si cabe) sino que guiado por la brillante luz de la doctrina de aquellos, descubriré los tropiezos, errores y falsedades en que ha incurrido mi colega y contrario, como Dios me dé a entender, procurando no dañar en lo más mínimo ningún cutis, por fino y delicado que sea, y protestando desde ahora que no es ese mi propósito por si creyera alguno, afilerazos, lo que no son más que amistosas caricias y arrumacos tiernos.

Con todo lo cual y con advertirte que no estés esperanzado en el salchichón, que es una alegoría sin magras, el más espiritual y menos indigesto de todos (salvo mejor parecer) cierro el cupo de los prenotados y entro denodadamente en materia, confiado en tu benévola aquiescencia.

Las primeras entregas, con profusión de insultos y burlas, debieron de procurar mucha audiencia al periódico. Justo atesoraba en Orihuela bastantes enemigos de toda índole: políticos conservadores, envidiosos de sus éxitos académicos, ofendidos por sus osadas publicaciones…

De hecho, el encabezamiento volvió temporalmente a la primera plana; y hasta probaron a recortar las entregas para intentar estirar el chicle todo lo posible. Pero enseguida optaron por publicarlas en números alternos con mayor extensión. Voy a transcribir algunos extractos de los mismos agrupados por capítulos.

La iberia. Números 523/524/ 525/526 – 1/2/3/5 de abril de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. ARTÍCULO I. En donde el autor pone las cosas en su punto y dice otras de mucho gusto y provecho.

Cuando el orgullo envanecido desfigura los hechos presentándolos disfrazados como muro fuerte sobre el que edifica un castillo imaginario de injurias, sandías y de torpes acusaciones y en cuyas ideales almenas enarbola el innoble estandarte del error revestido con las galas resplandecientes de la verdad; es hazaña digna de toda loa, acercarse a tan inconsistente baluarte y destruirlo, pulverizarlo con la clara antorcha del entendimiento desapasionado, para ofrecer a la consideración de las gentes el cómico espectáculo de la vanidad y del orgullo envueltos en sus propias ruinas y en toda la vergonzante desnudez de su ignorancia y de su malicia perversa.

No son el resquemor y enardecimiento consiguientes a toda ofensa los que me han impulsado a poner fin y término a una polémica tan inoportuna como fútil (y no se atribuya esto a virtud que no poseo), sino más bien la justa indignación que me causó el ver agitarse convulsivamente haciendo contorsiones de payaso la desgarbada figura de un caballerete a la moda, con ribetes de trasnochado enciclopedismo y casi humos de pretendiente, por el renombre y fama, a la coraza y el sambenito del menosprecio de mis conciudadanos.

(Sin tener en cuenta el epigrama con que satirizaban a D. Tomás de Iriarte y que le viene o encaja como anillo al dedo: Tus obras, Justo, no son ni compradas ni leídas ni tendrán estimación aun cuando sean prohibidas por la Santa Inquisición) ofendiendo la pureza de nuestro patrio idioma en sus empalagosas, farragosas y pegajosas peroraciones; dando muestras claras de estar inspirado continuamente por la musa esencialmente femenina de la contradicción, llamándose así mismo grande hombre y a su artículo, ya famoso; parangonándose con Sócrates y escudándose de llegar a la médula de toda cuestión con apreciaciones superficiales y divagaciones impertinentes.

¡Y pensar que un engendro tan menguado y monstruoso es el fruto de 105 días de continuas cavilaciones, y ha costado a su autor una enfermedad y un recuento minucioso de todos los infolios de la biblioteca nacional!…

Me determiné a honrar una pobre composición mía con el egregio nombre de D. Justo García Soriano, hombre de talento indiscutible y asombrosa erudición, autor de varias obras notables (por sus disparates) todas ellas en preparación o en prensa (donde debían estar toda la vida por derecho incuestionable), a excepción de un poema que publicó en folleto (y que tuvo que regalar a los amigos, no sé si porque el papel valía más o por otra razón) a la temprana edad de 17 años, 7 días, 5 horas, y 13 minutos, según el meridiano de París.

El tal caballero a quien tuve el empinado y elevado honor de conocer en buena hora y en la redacción de un periódico de esta localidad… En cuanto a sus lecciones, vine a descubrir que eran dignas del maestro Ciruela; que no sabía leer y puso escuela…

… Adoptó, como suprema resolución condenarme al infierno de su despectivo silencio. Pero como el hombre no lo es o no obra como tal en toda ocasión, llegó una en que mudó de parecer siguiendo el de sus amigos, que no deben serlo mucho cuando aconsejaron a nuestro protagonista que contestara en la forma que lo ha hecho….

… Así transcurrieron 105 días calentándose los pies constantemente para dar a luz el «Resucitemos el etc.», y apareció por fin en las columnas de este periódico sin que el cielo se oscureciera; ni temblaran las esferas, sino los lectores a los que se les cayó el alma a los pies (como dicen clásicamente en esta bendita tierra) cuando vieron que el ya famoso artículo era de goma; esto es, que se alargaba prodigiosamente; yo seguía paso tras paso la marcha del «pedescrito» Resucitemos (escrito con los pies)…  

La iberia. Números 527/ 529 – 6/10 de abril de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. ARTÍCULO II. En donde el autor dice algunas verdades que no por serlo dejan de ser amargas.

… Lo que no me agrada ni un ápice es el sesgo que toma V. más adelante, cuando vistiéndose el abotonado pantalón de chulapo, la chaqueta corta con alamares y el sombrero de héroe de los barrios bajos, hace alarde inverosímil de la superioridad de sus facultades y me mira por encima del hombro con marcado aire de perdonavidas que tira de espaldas, y como viene a cuento y es imparcial, voy a darle un consejo de amigo (y perdone la libertad). El hombre cuanto más sabio sea, menos ostentación…

La iberia. Números 531/533 – 15/17 de abril de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. ARTÍCULO III. En donde el lector prudente y discreto leerá de buen grado lo que el autor escribió de por fuerza.

… Al empezar este ramplón y empecatado artículo se nos cuela un problema de trascendental importancia que podemos formular en estos términos: ¿puede D. Justo García «auscultar su pecho» o lo que es igual colocarse en tal actitud que el pabellón de la oreja izquierda o derecha, quede como pegado al pecho, a semejanza de ciertas aves domésticas?

Considerándolo moralmente está resuelto en sentido afirmativo y nadie se atreverá a negarlo; materialmente ya es cuestión de cuello más o menos largo. Así que podemos establecer, si las vértebras cervicales están constituidas en tal individuo al modo que vemos en algunas aves v. g. la cigüeña o la gallina, concedo: Si no es así, niego…

La iberia. Números 533/535 – 17/21 de abril de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. ARTÍCULO IV. En donde verá cosas admirables y primorosas el que se tome la molestia de leerlas u oírlas leer.

En mi aludida composición poética (y permítaseme la frase) decía yo, con el colorido de imágenes que son el natural cortejo del lenguaje de los Dioses, que en el fragor de los truenos y en los resplandores de los relámpagos columbraba yo la mano del omnipresente, animando el espectáculo horrorosamente sublime de la tempestad.

Claro es que al decir «Que detrás de esas nubes arriba allí está Dios», no se había de entender que estaba localizado, circunscrito, aquel lugar, porque los niños, dicen que Dios está en todo lugar, por esencia, presencia y potencia como nos enseña el catecismo y lo reclama la infinita perfección del Ser Supremo…

…Transformarse en la imagen monstruosa que concibe el error y que se llama blasfemia, la cual no es más que un grito que se escapa de los labios, detrás del cual, el alma corre veloz para volver a recoger antes que Dios le haya oído. Pero no fue D. Justo el que lanzó este grito; fue otro que a todos nos acompaña inseparablemente, y que se llama amor propio, el cual, cuando se ve acorralado, salta, pugna, lucha, acomete y todo lo prefiere a declararse vencido. Verdadero cerril que resiste someterse al yugo.

La iberia. Números 536/538/540 – 22/24/27 de abril de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. ARTÍCULO V. Que trata de cosas muy importantes y de perentoria necesidad para el completo conocimiento de estos episodios.

Un «grande hombre» no es un hombre como todos los demás. Su memoria es prodigiosa; en un almacén repleto, es un abismo profundo, inconmensurable, en donde se encuentran bien conservadas, todas las obras que ha producido el ingenio humano en todas las ramas sin exceptuar las de tejidos y comestibles.

Allí está en confuso revoltijo todo que dijeron los siete sabios de Grecia, Solón, Zenón de Chipre, Atenágoras, Diágoras, Galeno, Dioscórides, David de Dinant, Hipócrates, Krause, Sanz del Río, Diógenes, Licurgo y Federico Strauss.

Allí están los conocimientos de los que explicaron la filosofía por sentencias y alegorías; allí la física del Estaguirita revuelta con los adelantos de Newton y los cálculos de Kepler. «El Monólogo» de San Anselmo con la «Crítica de la razón pura» de Kant y El mundo considerado como voluntad del filósofo pesimista. En resumen la memoria de un grande hombre es una enciclopedia y pretender medir lo inconmensurable…  

… Su voluntad es fuerte, enérgica, de hierro colado.  El grande hombre no es un hombre como los demás. Confundirlo con la plebeya grey de los pelagatos y de los hombres a secas, que carecen de apéndice y de adjetivo sería, una verdadera profanación. Sería confundir el cielo, con la tierra, lo bueno con lo malo (…) en una palabra sería parangonar el talento del genio, con el pobre caletre de un escritorzuelo de mala muerte; a D. Justo. García Soriano, doctor en letras y escritor pulido, con un servidor de ustedes…

La iberia. Números 542/544/546 – 29 de abril- 1/4 de mayo de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. ARTÍCULO VI. En el que se debate con calor una cuestión trascendental, y se aducen argumentos tan poderosos que convencerán al más reacio.

Hay algunos hombres que considerándolos a primera vista parecen Cándidos, pero estudiándolos más detenidamente, resultan más cándidos todavía. Digo esto porque el tan llevado y traído D. Justo se ha empeñado en creer que, a partir de la publicación de su ya famoso artículo (Sí, famoso por sus disparates) como él lo plasma enfáticamente, en Orihuela no se habla de otra cosa más que de su impiedad y su ateísmo, que todo el mundo se ocupa de las mil novedades que ha descubierto en Madrid y que todos ignoraban; y que las gentes meticulosas vagan todas asustadizas y espantadas a punto de organizar rogaciones públicas…   

No sea V. inocente, si aquí nadie ha hecho caso del affaire (como tampoco harán de esto). Si aquí nadie ha puesto en duda su religiosidad, es más, si todos estamos convencidos de que es usted un católico práctico, que cumple con sus deberes de cristiano, y hasta me aventuraría a decir que reza el rosario con frecuencia.

Por otra parte, la impiedad de V. resulta ser de zapatero remendón y me trae a la memoria la de aquel patán que, en «los Aparecidos» sale diciendo «yo gracias a Dios, soy ateo». Lo mismo exactamente hace V. Por una parte se nos ofrece creyente, tan religioso y tan santo varón, que parece un beato de oficio y me dan ganas de ponerle en alguna hornacina vacía; y por otra se nos presenta tan racionalista, tan positivista y tan empírico, que a su lado, los más quedan hechos unos pigmeos…

Si quiere D. Justo imponerse más en estas materias para no disparatar cuando vengan al caso, dedíquese a desempolvar las obras imperecederas de aquellos grandes genios especulativos que organizaron el movimiento teológico del siglo diez y seis; resucite del fondo oscuro de las bibliotecas conventuales los apolillados pergaminos que nos atestiguan aquellas batallas incruentas, luchas de ideas en las que el sofisma y la verdad eran los naturales enemigos, y en las que sobresalieron como generales de primer orden:

Fr. Luis de León, Huerga, Maluenda, Arias Montano, Salmerón, Toledo, Laínez, Pineda, Prado, Villalpando, Rivera, Victoria, los dos Sotos, Fr. Luis de Granada, Alcázar, Suárez, Vázquez, Valencia, Sanctus, Ripalda, Ambrós, Lugo, Molina, Yáñez, Mariana, Fox, Morcillo, Rivadeneira, Navarro, Azpilcueta, Antonio Agustín, Gracián,  Vives, Sepúlveda, el Brocense y otros muchos que no cito porque sería una letanía bastante larga (…) y entonces podrá echar su cuarto a espadas en todas estas cuestiones desconocidas por V. y dignas de ser tratadas con más conocimientos de los que V. posee.

Como había pasado con la de García Soriano, la desorbitada respuesta se alargó demasiado y empezó a cansar al público; sobre todo cuando redujo los insultos y las burlas para centrarse en una especie de «disertación erudita» para la que no estaba capacitado.

La iberia. Números 548/550/552/554/556/ 558/560/563/565/567 – 6/8/11/13/15/18/21/25/27/29 de mayo de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. ARTÍCULO VII. Que trata de la ciencia que encierra el párrafo IV del Resucitemos el etc. Continuando con heroica e imperturbable asiduidad la deliciosa y amena lectura del «affaire», heme hallado de silla a silla (por no decir de manos a boca) con el artículo o párrafo cuarto de la serie, que lleva por título «La ciencia, la fe y la poesía» (el artículo, no la serie).

Cualquiera, deslumbrado por la atracción estimulante del título, creería de buen grado, que detrás de esas distinguidas y respetables señoras mías se ocultaba alguna disertación erudita sobre las relaciones mutuas entre las damas que más guerra han dado en todo el mundo porque han ocupado siempre el corazón y la cabeza de todos los hombres.

Y hubiera sufrido un gran desencanto cuando después de leerlo hubiérase convencido de que no había relación, ni de razón siquiera, entre el nombre y la persona, entre el rótulo y el escrito, entre la cabeza y los pies, sino que era más bien una ensalada sin aceite, un pantalón sin trabillas, una comida sin sal, un buñuelo indecente…

… Después de manifestarnos que lo que él entiende por fe son «las groseras y supersticiosas creencias del vulgo» y no sé qué «tradiciones piadosas» que ni explica ni define, nos acomete con un párrafo de mucha bambolla y poco meollo en el que con una seriedad por demás ridícula, encaja cuatro vulgaridades raídas de puro viejas, para decirnos la frase (usada, ajada, resobada, cascarrada, y mandada a desaparecer por un zapatero de viejo que yo conozco), de que la «Civilización, con mayúsculas, ha roturado los cerebros».

Pero no es lo más malo con serlo mucho lo que contado llevo del artículo IV. Hay una declaración que estremece, una acusación falsa, un supuesto temerario que constituye un delito de lesa humanidad. «La Humanidad, dice el poco letrado Doctor en Letras, ha permanecido sumida, por muchas miríadas de años en la idiotez salvaje y en el embrutecimiento de la ignorancia».

Y después añade «recordando a cada paso su origen y su atavismo animal, su bestialidad primitiva». ¿Quién no juzgará las anteriores palabras como una lujuria atroz; como una ofensa gravísima a la historia tersa y límpida del género humano? Yo no me contento con protestar con toda la fuerza de mis pulmones en contra de un tan atrevido atentado…

Las últimas entregas son insoportables y las he resumido al mínimo. Algo parecido debieron pensar en la redacción de «La Iberia»; pues después de media docena de números sin noticias de Peñaranda, la serie finalizó con una improvisada «conclusión» en la segunda semana de junio.

La iberia. Número 574 – 8 de junio de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Conclusión. Afanoso me andaba dando de mano a un postrer artículo de la serie cuando por falta de salvadora arena, papel secante, o cualquier otro secante aunque no fuera papel, hube de esperar a que secara la cuartilla que yo escribo por ambos lados, por economía y por no gastar mucho. Para evitar los peligros tan funestos de la ociosidad me puse a leer la continuación del IV párrafo del «Affaire»…

… ¡Cuán magnífico y deslumbrante pareciome García empapado en las teorías brillantes de Huxley, Agassiz, Heriberto Spencer, Stuart, Mill, etc.! Entonces determiné retroceder en mi marcha y por lo pronto retiré una disertación «sobre la posibilidad del vacío infinito» que iba a dar a los tórculos. Después pedí consejo sobre el particular a un muy amigo y diómelo de la siguiente manera: Hiciste bien con suprimir el artículo sobre el vacío, porque es largo (el artículo) y más propio para publicarlo separadamente que no en tonos polémicos…

En esta última entrega trató de justificar la eliminación de buena parte de su disertación, atribuyéndola al consejo de una tercera persona. Y dejó que un «supuesto amigo» se encargase de resumir lo que se le quedaba en el tintero por la abrupta despedida.

… Ni me parece oportuna la publicación de «Ateos con careta y sin ella», porque si bien demuestras con fáciles razonamientos el ateísmo puro sin atenuaciones ni distingos de todos los autores que D. Justo enumera (…)  sale mal librada la figura religiosa de García y hasta pudiera interpretarse como ensañamiento eurimedóntico, y tal vez le obligaras nuevamente a empuñar la copa de cicuta que tan pésimo resultado le dio en otra ocasión.

Por idéntica razón debes ocultar y pasar por alto aquello de libros que se tienen y peinan por sagrados porque aquí más que en otra parte, pones de manifiesto su racionalismo descarado y ateo. La cuestión de Galileo suprímela para no caer en el defecto que criticas; pues según tú mismo dices y es la verdad, mucho se ha divagado sobre este asunto que no se ha conocido bien…

…Por lo que toca a la graciosa aparición de Torquemada, puedes descontarla porque todo el mundo habrá reído la sandez. Es muy cierto y hay que dejar en pie lo que afirma Soriano de la inutilidad y esterilidad práctica de la metafísica, de los metafísicos y de todo lo que huela a abstracción, fundado quizá en que las ciencias puramente especulativas jamás han abaratado la paja ni la cebada. Tampoco veo que tú le tengas que agradecer por ningún lado su funesta e ingrata labor que más bien estás obligado a deshacerla y desvirtuarla.

Por todo lo cual y porque estas cuestiones están tan cercanas al ridículo como alejadas de toda utilidad y provecho yo terminaría este «affaire» enojoso haciendo constar la primitiva e inicial equivocación, descortesía o falta de sentido común del señor Soriano; enumerado en pocas palabras algo de lo que te he indicado, agradeciendo el favor que te hace al final y aceptando su benévola, sincera y amistosa resolución con lo que te acreditarías de juicioso, comedido, humilde y bien criado. Este es el consejo que me dio un amigo y el que cumplo al pie de la letra…  P. de Peñaranda.

En mayo, Justo había asistido a la boda de su buen amigo Enrique Luis Cárceles, en compañía de su prima Eugenia. Es muy posible que la crónica de la ceremonia para la prensa oriolana, firmada por «un paisano», fuese obra suya.

Iglesia de Santiago (Madrid)

La iberia. 26 de mayo de 1909: Una Boda. DESDE MADRID. El  domingo 23 de los corrientes, se efectuó el anunciado enlace matrimonial de la bella y virtuosa señorita bilbilitana, Águeda Salazar, con nuestro querido amigo y paisano el joven y renombrado pintor D. Enrique Luis Cárceles. Verificóse la ceremonia religiosa de la boda en la iglesia parroquial de Santiago, de esta Corte, siendo los padrinos el ilustre ingeniero D. Luis Barcala Cervantes y su distinguida señora Teresa Moreno.

Sirvieron de testigos el coronel de caballería retirado D. Vito Rebagliato y don Juan García y García. De la numerosa y escogida concurrencia que presenció el acto, recordamos, además de las expresadas personas, a las señoras Dª. Sofía Cervantes, madre del Sr. Barcala, Dª. Concepción Salazar, hermana de la novia, Dª. Remedios y Dª. Gabriela Belmonte, Dª. Eugenia Tribello, las Srtas. Ángeles y Petra García y María Montañés, y los Sres. D. Ángel y Mariano Salazar, hermanos de la novia, D. Luis García Manrique, don Ángel Torcal, D. Julio Montañés, D. Justo García Soriano, D. Pedro Vela y D. Tomás Zafra.

Terminadas la ceremonia y la misa, los novios y la mayor parte de los concurrentes fueron obsequiados por los espléndidos padrinos con una suculenta comida en el Hotel de los Leones de Oro. Reinó allí la natural alegría entre todos los comensales, y el Sr. Barcala, con la exquisita sencillez que le distingue, hizo gala de su cortés galantería y de su agudo ingenio. Ya bien entrada la tarde finalizó la íntima fiesta.

Los Leones de Oro. Madrid.

En el correo de Murcia de anoche marcharon con dirección a esa ciudad los nuevos y felices cónyuges, siendo despedidos en la estación de Atocha por numerosos amigos. Cúmplenos ahora desde estas columnas reiterar a la nupcial pareja nuestra más cordial enhorabuena y nuestros deseos; de que goce en su nuevo estado, de toda clase de prosperidades y de una interminable luna de miel, de una sola fase, es decir; que  no tenga más que cuarto creciente… Un paisano. 24 de Mayo 1909, Madrid.

Entre los objetos del legado encontré este artesanal tratado de Latín que, supongo, utilizaría con sus alumnos.

AMO. LJGS.

En octubre escribió varias cartas y postales a Carmen Miralles, una murciana de la que se había enamorado perdidamente. Disponemos de una tarjeta postal (que de algún modo recuperó) y del borrador de una carta.

Es mi musa morena como Tisbe, / como la Sulamita y como Esther. / Entre los rizos de su pelo, el alma / prisionera dejé. / Brilla siempre en sus ojos soñadores / ardiente centelleo de pasión… / Desde allí despiadado el dios Cupido / sus flechas me arrojó. / Al sonreír prometen incitantes / dicha eterna, sus labios de coral… / Sólo en ellos la sed que me devora / lograría calmar. Madrid, 5- X-1909. Idolatrada Carmen: Tú serás la musa que inspire tiernos y sublimes cantos de amor a tu apasionado. JUSTO.

AMO. LJGS.

Mi adorada e inolvidable Carmen: La alegría de recibir tu cariñosa carta, acabó de restablecerme de mi leve enfermedad, aunque no del mortal mal de amores que padezco desde que te conocí, y del que no podrá curarme nada ni nadie, más que tú y un cura.

He oído que tu ligera indisposición del estómago y de la cabeza no ha tenido ninguna importancia, y que disfrutas de salud y buen humor, lo que mucho celebro. No creo que mi ausencia haya influido gran cosa en tus achaques; sino acaso el comer a deshoras, como acostumbras.

Por más que me has asegurado tantas veces, nenica de mi corazón que me quieres mucho y que me querrás siempre, eso supone para mí tanta dicha que me parece imposible; o por lo menos poco duradero. Créeme que estos pesimismos me atormentan muchas horas, y sólo consigo disiparlos un poco leyendo las promesas de amor que me haces en tus cartas.

No es que me figure que me estás engañando, pues bien sé que tienes un corazón muy noble y muy leal, sino que como he sido otras veces desgraciado en amores, los desengaños me han hecho pesimista. Perdóname si te molesto con estos celos, temores y desconfianzas, pues ellos son la mejor prueba de la ciega pasión que siento por ti.

Y que con la ausencia va aumentando cada día que pasa, hasta el punto de que ahora te quiero el doble que cuando estaba en Murcia. Hoy te incluyo otra postal. Deseo que te guste tanto como la que te envié en mi carta anterior. Aquella me gustaba a mí mucho más porque se parecía a ti, aunque tú no lo creas. Obedeciendo tu mandato y contando con tu permiso, en este mismísimo correo le envío a Amparito la postal que la prometí.

Murcia. Plaza de Camachos en 1909.

Dile que te la enseñe. Supongo que no tomarás a mal las frases de galantería que la dedico, pues por cortesía y educación debo decírselas, como tú puedes comprender. No me hago el distraído, de veras que no me acuerdo que yo dijera estando en el balcón, al verla salir una tarde con su mamá: «Por ahí va la mitad de mi alma»; pero al ser así como tú aseguras, desde luego que mis palabras no podían ser más que una broma sin importancia y sin intención alguna.

Te repito que mi alma, toda entera, te pertenece sólo a ti. Siguiendo tu consejo procuro divertirme bastante, aunque yo ya no me divierto no teniéndote a mi lado.  Hay otros ratos que tengo pensamientos muy extraños, acordándome de todos tus antiguos pretendientes. Del de Almoradí, que te fue tan simpático sobre todo, y sufro horriblemente con quiméricos celos que me cuesta mucho desechar.

El borrador incluía el texto para otra postal.

En la postal: Como liba el perfume de las flores para su miel la abeja laboriosa, bebo en la rosa de tus labios rojos el néctar seductor de mis amores, y cual busca la luz la mariposa, busco yo el fuego de tus negro ojos. Justo García. Madrid, 13-X-1909.

Para un hombre que conocía y amaba tanto la mitología clásica, se puede decir que, en cuestión de semanas, pasó del influjo de Eros al de Tánatos. El 13 de diciembre de 1909 falleció su padre en la ciudad de Murcia, donde residía desde hacía meses por motivos económicos.

Justo García Sánchez. AMO. LJGS.

Don Justo fue enterrado en el cementerio municipal de Nuestro Padre Jesús; el camposanto inaugurado hacía poco más de dos décadas en los Llanos de Espinardo. La noticia tardó una semana en llegar a Orihuela, lo que demuestra su alejamiento temporal de la prensa local.

La Iberia. Número 431- 22 de diciembre de 1908: En Murcia donde residía accidentalmente, ha fallecido nuestro querido amigo y paisano D. Justo García, padre de nuestro distinguido colaborador D. Justo García Soriano, al cual, lo mismo que a su familia, enviamos la expresión de nuestro profundo sentimiento.

Recordatorio Justo García Sánchez. AMO. LJGS.

El Eco de Orihuela. Número 42 – 22 de diciembre de 1909. En la vecina capital de Murcia en donde últimamente había fijado su residencia, dejó de existir hace varios días, nuestro querido paisano D. Justo García, probo empleado que fue durante muchos años de este Municipio. A su atribulada esposa, hijos y demás familia, les acompañamos en su profundo dolor por tan sensible desgracia de familia. Descanse en paz el alma del finado.

Por el momento, nada más os puedo contar relativo a este año. Supongo que nuestro biografiado pasó esa triste Navidad en Murcia; acompañado de su madre y quizá consolado por la tal Carmen Miralles; pero no tengo nada que lo demuestre. Cierro pues 1909 con una preciosa postal de Murcia en aquellos tiempos…

Murcia a principios del siglo XX. Postal de Hauser y Menet (Madrid).

Continuará.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas, a Jesús García Molina y a José Manuel Dayas.

Campoamor y la Dehesa de Matamoros.

La Ilustración Española y Americana. 15 de febrero de 1901. BNE.

De la biografía de Ramón de Campoamor, suficientemente tratada por muchos autores, sólo quiero mencionar el cargo de gobernador civil de la provincia de Alicante en 1847. En la capital levantina, gracias a este nombramiento, conoció a una dama de ascendencia irlandesa llamada Guillermina O’Gorman con la que contrajo matrimonio en 1849.

Guillermina era hija de un acaudalado comerciante que aprovechó la desamortización de Mendizabal para adquirir una inmensa propiedad al sur de la provincia; una finca cargada de historia de la que tenemos noticias desde el siglo XV por su torre, su ermita y el convento de San Ginés que llegó a ser Cartuja de Vía Coeli.

Allí sufrieron las razias de los corsarios musulmanes dominicos, mercedarios, cartujos, carmelitas…. Hablamos de la dehesa de Matamoros; llamada posteriormente la dehesa de Campoamor.

Dehesa de Campoamor.

La Dehesa de San Ginés o de Matamoros.

La Correspondencia de España, 21 de abril de 1862: El Sr. D. Ramón de Campoamor, deseoso de que se realice el establecimiento de una granja-modelo en la provincia de Alicante, presentó últimamente a la junta de agricultura un proyecto de granja, manifestando que desde luego pone a disposición del gobierno una de sus posesiones que es la llamada Dehesa de San Ginés, jurisdicción de Orihuela, término de la Horadada y situada entre las provincias de Alicante y Murcia.

La posesión, tiene en primer lugar una extensión que abraza cinco leguas de circuito y en diferentes puntos están situados cinco edificios, dos de los cuales son bastante grandes, y sobre todo uno de moderna construcción llamado casa nueva de Matamoros.

El Mundo Cómico, 4 de enero de 1874.

BOLETÍN OFICIAL. 20 de Enero de 1868. MINISTERIO DE FOMENTO. REAL ORDEN. Agricultura. Ilmo. Sr.: Visto el expediente instruido en el Gobierno civil de Alicante, a instancia de D. Ramón de Campoamor, con objeto de alcanzar los beneficios que dispensa la ley de 11 de Julio de 1866 sobre fomento de la población rural, para ocho caserías que el interesado tiene establecidas en su finca denominada dehesa de Campoamor, sita en el término de Orihuela: Resultando de dicho expediente:

1. Que a las ocho caserías se les ha demarcado por el perito designado al efecto el número de hectáreas que ha estimado convenientes dentro de las que la ley permite.

2. Que la casería a que han dado el nombre de la Gea o Hojosa dista de la población más inmediata cuatro kilómetros; siete las dos llamadas el Convento y la conocida con el nombre de Casa del Guarda; ocho las denominadas Guillermina y la Mincha, y nueve la que llaman la Glea.

Y 3. Que el total de hectáreas utilizadas que abraza la finca es el de 2.600, de las cuales 1.340 corresponden con la proporción debida, a las siete caserías antes indicadas, aplicándose las 1.250 restantes al establecimiento de una granja de extensos cultivos, para lo cual tiene construida el interesado otra casa, distante de la población más inmediata seis kilómetros.

Resultando del propio expediente que D. Ramón de Campoamor había solicitado en el mes de Junio de 1866 que se aplicasen los beneficios de la ley de 21 de Noviembre de 1855 a la finca de que queda hecho mérito; y que apoyado después en lo dispuesto en el art. 9 ° de la ley de 11 de Julio de 1866 optó por los que esta dispensa, cumpliendo para ello con todas las formalidades que en la misma se imponen y el reglamento determina.

S. M, la Reina (Q. D. G.) se ha servido declarar que las ocho caserías que motivan dicho expediente tienen derecho al disfrute de los beneficios que concede la ley de 11 de Julio antes citada, en la proporción que sigue:

Por 15 años la casería llamada Bojosa; por 20 las dos denominadas el Convento y la conocida con el nombre de Casa del Guarda; por 25 la Guillermina, la Mincha y la Glea, y por 20 años la granja destinada a extensos cultivos, que llaman Matamoros.

Lo que de Real orden comunico a V. I. para su conocimiento y efectos correspondientes. Dios guarde a V. I. muchos años, Madrid 4 de Enero 1868.— Orovio.— Sr. Director general de Agricultura, Industria y Comercio.

Tras la lectura de estos dos documentos que retratan la finca en términos mercantiles, vamos a ver como la describen Juan Pérez Aznar en 1882; Luis Cánovas en 1889 y Marciano Zurita Rodríguez en 1924.

Esta primera transcripción está formada por fragmentos de una extensa y florida publicación ofrecida por entregas en el diario alicantino «El Constitucional».

El Constitucional, diario liberal, Alicante 1882/1883

El Constitucional, Alicante 1882/1883: LA DEHESA DE CAMPOAMOR. La carretera de Balsicas nada ofrece de notable; atraviesa un campo yermo, un extenso saladar; se recorren ocho kilómetros por ella hasta llegar a los primeros matorrales de la dehesa, entre la asfixia y el polvo; nuestros carruajes recorrieron este trayecto en una hora; el terreno no tiene nada de accidentado, los amojonamientos de la extensísima finca del Sr. Campoamor, cuyo perímetro mide más de seis leguas, constituyen  los primeros pinos y malezas, la primera vegetación que aparece a la vista.

El contraste es sorprendente; lindante con la loma pelada y seca, se levanta el campo esmaltado con todos los colores con que la naturaleza pinta la exuberante vegetación; antes de llegar a este sitio la brisa perfumada con todas las esencias que recoje al paso, acarician la abrasada frente del viajero y dilata sus pulmones constreñidos por el calor y el polvo.

La dehesa de Campoamor gráficamente dicho en mitad de la carretera de Torrevieja a Balsicas, no es otra cosa que un delicioso oasis en mitad del desierto; ningún murmullo, ningún canto, ningún movimiento, ningún ruido se percibe en ocho kilómetros de un terreno caldeado por el sol; cierto es que el mar azul y tranquilo se tiene constantemente a la vista, recreando el ánimo, pero el cuadro de la naturaleza carece de encantos, de expresión y de vida; si no le anima la variedad, si no lo matizan todos los colores, si no le arrullan todos los murmullos.

El follaje se mueve en cuanto se entra en territorio de la dehesa de Campoamor, los pájaros cruzan en todas direcciones buscando sus fofos nidos en las copas de los árboles. En este delicioso edén vemos al ánade jugar con la ola, a la perdiz aventurarse en todos los atajos, absoluta y libre. Los rayos del sol vense de continuo interceptados por el bosque; y la luz desleída recorre todos los tonos de una sombra que convida, o a la meditación, o al sueño; pero nos dejamos muy pronto llevar de las impresiones. Todavía estamos en la carretera que atraviesa la finca del Sr. Campoamor.

La casa se descubre allá a lo lejos, destacándose sobre un mar de verdura. Seméjase a un pájaro enorme con sus alas desplegadas a punto de tender su vuelo; para llegar a ella hay que atravesar un barranco por un puente de reciente construcción, afiligranado de pilones de piedra de cantería; en su fondo, y siguiendo hasta la orilla del mar, vese un bosque de olivos, animado por el tornasol de su follaje espeso y por el monótono canto de la cigarra.

Desde este sitio ya el terreno comienza a ser accidentado y silvestre. Por varios atajos se puede llegar a la casa que se divisa en un alto; pero nuestros carruajes siguieron la carretera hasta encontrar el cruce de otra en construcción que ha de conducir desde San Pedro del Pinatar hasta Orihuela. Dicho camino corta por la parte del Oeste y Norte, toda la dehesa en una extensión de 6 kilómetros. Pero ya estamos cerca de la casa, ya oímos los ladridos de los perros, la gente que hay en ella se pone en movimiento.

Por fin… dos horas hemos tardado. El señor Campomanes echa pie a tierra y nos guía al magnífico asilo, objeto de nuestro viaje y soñado paraíso por el que hemos dejado nuestras habituales ocupaciones con ánimo de encontrar solaz esparcimiento y grato deleite en él. Ya estamos en el magnífico salón cuadrilongo, cuerpo principal de la casa que, situada frente al mar y en lo más alto de la dehesa, la domina por completo.

No es esto decir, ni negar en absoluto que hubiera entre nosotros quien comía el arroz con pollo ricamente condimentado por mano hábil entre las dulces abstracciones del enamorado pensamiento; ni que alguien dejase de solicitar después del espléndido almuerzo una cucharadita de algo atemperante para que la aceituna en el estómago no extrañase al salchichón, ni el queso al dulce de almíbar, ni el melón regalado a la carne sazonada a fuerza de manteca.

De Torrevieja se va a Matamoros con el alma henchida de recuerdos, y de la espléndida y rica mesa que en Matamoros hace servir el señor Campoamor o su familia en su ausencia, se levanta el huésped completamente satisfecho y harto. Nuestro primer almuerzo fue excelente. Por entre las espesas persianas de los balcones del comedor se colaba un airecillo agradable, saturado de perfumes; desde la mesa se ve el mar y se cuentan por centenares los pájaros que por la dehesa cruzan festejando al viajero con sus melodiosos trinos.

La Esfera, ilustración mundial, 1916. BNE

Parece que la hospitalidad está allí en competencia. Todo en aquella casa y en aquel campo es grato, dulce y delicioso. Pero vamos a tomar café y a brindar chocando las copas que rebosan del espumoso champagne, el vino de todas las fiestas y el que preside nuestras efímeras alegrías. El Sr. Campomanes brinda; breve es lo que dice pero nada más oportuno ni más elocuente. Su pensamiento es un idilio. He aquí con pocas palabras resumido su discurso.

«Señores: el campo es la libertad, aquí el pensamiento de cada cual es soberano, la lectura, la caza, el paseo, estos son los goces que os proporciona la dehesa y de los que podéis disfrutar sin limitación alguna; quien quiera dormir, al lecho; en aquel rincón hallaréis cuantas escopetas queráis, la biblioteca está atestada de libros; donde quiera que dirijáis vuestros pasos hallaréis grata sombra y pintorescas encrucijadas que recreen vuestro ánimo, esta es vuestra casa, estamos en familia, cada cual es jefe y soberano de sus gustos y muy dueño de hacer lo que le plazca sin dar cuenta a nadie, absolutamente a nadie. Viva la libertad».

Esto produjo una verdadera explosión; los aplausos fueron estrepitosos. Los brindis se sucedieron sin interrupción alguna; al Sr. Campoamor, al poeta insigne y al filósofo profundo, debieron llegar de una manera vaga y misteriosa nuestras protestas de admiración y respeto; se recitaron algunas doloras, parto de su rica y exuberante fantasía, celebramos su ingenio, con orgullo verdaderamente español, y gratamente emocionados nos levantamos de la mesa, y nos dispersamos, cada cual buscando el compañero de paseo, el compañero de caza, o el limpio fofo y regalado lecho, que en ventiladas y espaciosas habitaciones, brindaban una venturosa siesta.

Espeso cañaveral sirve de zócalo a aquel vetusto edificio ennegrecido por el tiempo y medio oculto por el enmarañado bosque, cuyo follaje tornasola la brisa con hermosos cambiantes de luz y de cuyo seno brotan todos los murmullos de igual manera que del claustro las dísticas armonías de la plegaria. La imaginación profundamente abstraída, fantaseaba aquel paisaje.

Ruinas de San Ginés en la actualidad.

Por todas las encrucijadas, al pie de cada árbol donde quieran los ojos, fijábanse con la indolencia que precede al sueño; allí se veía al austero penitente de San Ginés envuelto en tosco sayal, buscando en el corazón de aquella naturaleza virgen eficacísimos remedios contra las humanas dolencias. De todas partes se veían gentes laceradas de alma y cuerpo, fantasmas extenuados y hambrientos que al primer golpe de la campana, acudían en tropel a la oración y a la sopa.

¡Oh! la imaginación, el desvarío resucitan los tiempos o se precipita en el pasado para ahondar los secretos de la muerte. Pero despertemos de esta pesadilla. El convento de San Ginés ya no tiene campanas, ni monjes; los árboles seculares han sobrevivido al austero pasado, y por más que con el vago murmullo de su follaje recitamos un poema conmovedor y elocuente, nada podemos traducir de él, y es fuerza que despertemos a la realidad de la vida.

La Ilustración Gallega y Asturiana. 1880. BNE.

El día comenzaba a clarear; el campo ofrecía un aspecto extraño; cada matorral medio envuelto en la oscuridad y en la bruma, parecía un grupo de hombres en acecho; el mar, velado a grandes trechos por espesa neblina, destacábase sosegado y tranquilo; por el Oriente dibujábanse violáceas nubes que indicaban la presencia del astro del día. Las gaviotas con vuelo tardo, cruzaban la costa con dirección a Cabo de Palos.

La expedición llegó a la carretera sintiendo las primeras molestias de los rayos del sol. Allí esperaban ya los carruajes. Subimos y nos pusimos en marcha hacia San Pedro del Pinatar. El campo apareció hermosísimo a nuestra vista. Por todas partes veíanse quintas de recreo, casas de labranza, frondosas huertas, extensos olivares, grandes viñedos, una naturaleza exuberante, fecunda, rica.

Cabo Palos divisábase a la izquierda; frente al camino que seguíamos viaje a San Pedro. A orillas del mar Menor y en todo el perímetro de aquella costa, destacábanse multitud de puntos blancos, grupos de casas que se ocultaban y aparecían a nuestros ojos como si brotasen del fondo de un mar de verdura, poetizado por lo vago de las distancias.

Lo que más nos llamó la atención fue un punto luminoso que reverberaba a la luz del sol como un diamante colosal, inmenso. Era una montaña de sal blanca, purísima, cristalizada en prismas como las facetas del valioso carbúnculo. Antes de llegar a San Pedro del Pinatar tomaron los carruajes por una vereda. A nuestra espalda quedaba, allá a lo lejos y sobre una cima profusamente alfombrada con todos los tonos del color verde, la casa de la dehesa Matamoros…

La Ilustración Artística, 1901. BNE

Pasamos a las palabras de Luis Cánovas en 1889. (Puede ser el famoso torrevejense Luis Cánovas Martínez, nacido en 1857).

La Ilustración ibérica (Barcelona) 2 de febrero de 1889: Voy a hablar de Matamoros. Si describir la dehesa hermosísima en que el ilustre autor del tren expreso viene a descansar de las fatigas del Consejo es sumamente difícil, dar de ella una completa idea en pocas palabras es extraordinariamente fácil. La naturaleza, esa gran enemiga del hombre, según Leopardi, ha sido para Campoamor, más que amiga, aduladora y cortesana.

La muy pícara, sintiendo por el gran poeta la admiración que se despierta en todo el que le conoce, ha querido darle de ella una prueba concluyente y ha hecho de Matamoros un pequeño poema. Eso es, ni más ni menos, la dehesa famosa.

¿Qué veis en un poema de Campoamor? Un plan admirable, una variedad infinita de tonos resolviéndose en una unidad sorprendente y avasalladora; una facilidad irritante que hace creer a muchos ilusos que aquello lo puede hacer todo el mundo; la realización de esa paradoja de la prosa poética que él verifica sin esfuerzo, poniendo al lado de la teoría con tanto ingenio defendida, uno y mil ejemplos que la robustecen y afirman.

Un soberbio desprecio de ciertos convencionalismos académicos, tan arcaicos como insostenibles; y, por encima de todo eso, dándole vida, luz, armonía y belleza, su genio original y único, la encarnación más perfecta de la lírica moderna. Y así es Matamoros.

Su plan, su disposición, es acabada y bellísima. Su variedad inagotable, desde las hermosas cañadas que rodean el barranco de la Glea hasta los espesos pinares que dan acceso al convento, desde las lomas erizadas de chaparras de la Bojosa hasta las rocas de la Peña del Cuervo, en que parece habitar la ninfa Eco; mil y mil panoramas espléndidos, ora risueños, ora sombríos, se suceden ante la vista, resolviéndose en unidad armoniosa y sensible.

No ha entrado allí la mano despótica y ridícula del cultivador moderno trazando líneas rectas, recortando las frondosas copas e imponiendo a la madre naturaleza una simetría tan absurda como antiartística. Las estrofas de aquella oda gigantesca que canta Matamoros a su dueño no están medidas con el académico martilleo de un alejandrino: tienen la graciosa soltura, el hechicero descuido de la silva, el metro preferido del gran poeta.

Pero además de ser la dehesa esclava de Campoamor, sectaria e idólatra de su célebre amo, es también su acreedora, su dueña en cierto modo. ¿De cuántos inspirados cantos no le es deudor el egregio vate? Aquel final apasionado del primer canto de su Don Juan, aquella gracia infantil del comienzo de los Grandes Problemas, la envidiable maestría con que Campoamor describe y pinta las escenas del campo, ¿a quién sino a Matamoros los debe?

Pocos días ha que D. Ramón y el que firma estas líneas paseaban juntos por la hermosa posesión. Era la caída de la tarde. El viento, fresco y juguetón, nos acariciaba. Despedíase el sol, con pena, de aquel oasis. Los pinos parecía que se inclinaban al pasar el poeta, como rindiéndole pleito homenaje. Nos paramos en medio de una estrecha senda y me dijo Campoamor:

—¿No le parece a V. escuchar voces confusas y suaves que de árbol a árbol mantienen diálogos misteriosos? Ese dulce murmullo me inspiró el canto de mi Drama Universal, lo que dicen los árboles. Y todavía le es deudor D. Ramón, a su finca, de otras dos cosas que ni se compran ni hay dinero con qué pagarlas si se vendieran: la salud y la alegría.

Ramón de Campoamor. Retrato autógrafo 1896. BNE.

El reuma, el pícaro reuma, que a veces hace pasar amargos ratos al poeta, como para recordarle que, a pesar de su genio peregrino y único, es un mortal como todos los que le rodeamos admirándole, desaparece en cuanto se divisan los horizontes de Matamoros; y por allí se ve todas las tardes a Campoamor, con la agilidad y la fuerza de un muchacho, subir repechos, bajar pendientes, cruzar trochas y darse, en fin, unos paseos tan higiénicos como fatigosos para cualquiera que tuviera su edad, pero no sus bríos.

Y también huye de aquel risueño campo ese pesimismo que a veces atormenta la poderosa fantasía del vate y se trasparenta en alguna de sus hermosas estancias. Allí, en aquella hermosa casa con honores de palacio, hay cuartillas encima de todas las mesas; y D. Ramón, con idéntico entusiasmo que en sus juveniles años, trabaja de continuo, dando al mundo una vez más el sublime espectáculo de una inteligencia y un corazón eternamente jóvenes en una cabeza que han cubierto de nieve los años y en un cuerpo al que en vano intentan robar vigor. LUIS CÁNOVAS.

Vamos a terminar con un fragmento de la biografía del poeta, que compuso Marciano Zurita Rodríguez; en él habla de la finca veintitrés años después de la muerte de D. Ramón.

La Ilustración Española y Americana, 15 de febrero de 1901. Entierro de Campoamor.

«Matamoros»,  la finca magnífica, tendida junto al Mediterráneo, entre Torrevieja y San Pedro de Pinatar. Allí pasaba el insigne escritor buena parte del año dirigiendo el cultivo de la tierra y las plantaciones de árboles. Cuando nosotros, en el verano de 1924, visitamos lo que fue refugio, recreo y descanso de Campoamor, pudimos darnos cuenta de algunas cosas que nos causaron verdadera pesadumbre. La finca estaba asolada. Ya no se denominaba «Matamoros» sino «Campoamor».

Este respetuoso homenaje a la memoria de su glorioso propietario nos pareció muy oportuno. En cambio, nos produjo hondo pesar saber que la finca había sido vendida el año anterior en noventa mil duros a don Joaquín Amor y don Pascual del Baño y que los nuevos dueños habían sacado, solamente de la corta de pinos, ciento sesenta mil pesetas. Recorrimos el antiguo palacio, convertido hoy en casa de labor, con una plebeya teatralidad de aperos y de abonos.

Casa principal de la finca de Matamoros. 1913. Colección Sala Aniorte.
La casa de Campoamor en la actualidad. Fotografía José Córdoba.

Buscábamos algún recuerdo que nos hablase íntimamente de Campoamor, y ¡qué pocos pudimos encontrar! Lo que mejor se conservaba era el despacho del poeta, en el ángulo oriental, con dos balcones claros y luminosos que beben la roja lumbre del sol del Mediodía y el azul marino de Levante.

Sobre la mesa en que Campoamor escribía sus maravillosas doloras, había un cartapacio de piel descolorida, un escarabajo de hierro, un aparato de cristal con brújula, termómetro, reloj de sol y calendario perpetuo; un timbre de metal oxidado; un tintero de porcelana lleno de mellas; dos ceniceros de asta, y una plegadera en forma de suela de chapín con tacón Imperio, en la que, bajo la corona real de España, aparecía una flor de lis y en ella escrito un nombre egregio: «Isabel de Borbón».

La biblioteca había desaparecido totalmente y la habitación que ocupara era entonces capilla. Me aseguraron que los libros habían sido llevados a un desván de El Pilar de la Horadada, de donde fueron desapareciendo poco a poco. La vida que Campoamor hacía en «Matamoros» era por demás plácida y sosegada.

Levantábase al amanecer y bien solo o ya en compañía de su esposa, daba un largo paseo por la finca, que tenía treinta y cinco mil tahullas cultivadas y una extensión de cuatro leguas en contorno. Examinaba los trabajos que hacían los labriegos, conversaba amistosamente con éstos, y a las diez se recogía en la casa, donde trabajaba hasta las doce.

Dehesa de Campoamor. Puente de la Glea.

Después de almorzar dormía, según costumbre, una dilatada siesta, y a eso de las cuatro, en primavera y en otoño, y a las cinco o las seis en verano, daba un nuevo paseo o bien ordenaba que enganchasen la tartana e iba a El Pilar de la Horadada a platicar con el cura, o a Torrevieja. También iba de vez en cuando a San Pedro del Pinatar, especialmente durante las temporadas que allí pasaba el eminente tribuno don Emilio Castelar, amigo íntimo del poeta. Anochecido, éste volvía a la finca, cenaba, leía los periódicos y se acostaba entre diez y diez y media.

Orihuela. Dehesa de Campoamor. Edita A. Subirats Casanovas, Valencia. 1.977. Postales Colección Jesús R. Tejuelo.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Justo García Soriano 12. 1908.

Año nuevo, vida nueva, dice el vulgo cuando un año muere (…) el primer día del año 1908, cuando salíamos de la plaza de toros, hemos observado a lo lejos, mirando hacia la derecha, cuatro columnas de cemento y piedra que se elevan entre naranjos. Parecen las chimeneas de una fábrica. —¿Qué es eso? — hemos preguntado.— El teatro circo — nos han contestado— esas columnas son del escenario.  — ¡Hola! parece que Orihuela revive sacudiendo su pereza. Eso no es malo…

La Huerta, 2 de enero de 1908.

Cúpula del Teatro Circo y Plaza de Toros. Colección Javier Sánchez Portas.

Hacía menos de tres meses que los hermanos Antonio y Ángel Roca de Togores se habían hecho con los materiales, muebles y demás enseres de un desaparecido teatro alicantino en subasta pública. Si el año anterior había sido para Orihuela el de la nueva Plaza de Toros; este sería el del Teatro Circo.

Los Roca habían cedido la propiedad a una sociedad anónima titulada «Circo de Orihuela», con un capital de 35.000 pesetas dividido en setenta acciones de quinientas pesetas. Dicha sociedad contrató al maestro de obras Francisco Sánchez.

Y el maestro Sánchez al pintor Enrique Luis Cárceles, quien volvió de Madrid para dirigir los trabajos de pintura y decorado del nuevo coliseo oriolano. Pinchando en la siguiente imagen, podéis acceder a un artículo monográfico que confeccioné para su centenario.

Enlace a artículo Teatro Circo.

Madrid, 1908.

Café de Fornos en 1908. Madrid. «El Gran Café» con tertulia frecuentada por Justo García Soriano. 
 

Si la última referencia en 1907 fue una carta anunciando la grave enfermedad del hermano de su padre; la primera noticia de 1908 anunciaba su muerte a través de una solemne necrológica, cuya redacción fue un calco en los dos periódicos con los que Justo colaboraba.

La Huerta. Número 223/ La Iberia. Número 164 – 4 de enero de 1908: En Murcia donde residía, ha dejado de existir D. Filomeno García Sánchez, tío de nuestro entrañable amigo e ilustrado compañero D. Justo García Soriano. El Sr. García Sánchez, era muy estimado por las nobles prendas que lo adornaban. La redacción de La Huerta siente como suya tan dolorosa pérdida y desea mucha conformidad a la familia del finado, singularmente al amigo Justo que quería con verdadera ternura a su anciano tío. ¡Descanse en paz!

Filomeno, antiguo jefe de Telégrafos de Murcia, era un personaje muy conocido al que Justo apreciaba muchísimo. Quiero recordar que su primer libro, escrito en 1901 y titulado «Esperanza», estaba dedicado al «nuevo Job»; como llamaba a su ciego y desdichado tío que, además de la vista, había perdido a todos sus hijos.

AMO. LJGS.

Ya mencionamos en la entrega anterior que, desde noviembre de 1907, Justo compaginaba su trabajo de profesor particular con la redacción de unas «crónicas madrileñas» que enviaba a «La Huerta» bajo el seudónimo de Ángel Rozas. Dichas crónicas están almacenadas en una sola entrega a la que se accede pinchando la siguiente imagen.

Enlace a las «Crónicas Madrileñas»

De la primera y extensa carta que he localizado, enviada por Abelardo L. Teruel Rebollo, se deduce que estaba trabajando también como corresponsal para la revista alicantina «El Espectador Ilustrado»; con la que ya había colaborado junto a otros periodistas oriolanos en un número especial editado durante las fiestas de agosto de 1907.

Hijo del comerciante cartagenero Abelardo Teruel García, y de Mercedes Rebollo Manzanares, Abelardo había nacido en la calle mayor de Orihuela en 1878. Inició sus estudios en Santo Domingo, con los Jesuitas. Continuó en la Escuela de Comercio de Alicante, donde obtuvo el título de Perito Mercantil.

Su gran afición a las letras le llevó a colaborar en múltiples publicaciones oriolanas (al igual que su hermano José Manuel), llegando a ser redactor y propietario de «La Semana».

Tras convertirse en funcionario de Hacienda (al igual que su hermano Francisco), se casó y dio rienda suelta a su vocación de periodista, dramaturgo y crítico teatral; trabajando en muchos periódicos alicantinos y colaborando con grandes diarios nacionales como el «ABC» o «La Vanguardia». Como literato escribió también teatro, zarzuela, comedias, novela y poesía; recibiendo varios premios.

No me voy a extender mucho más con este personaje; en 1908, cuando envía esta carta, Abelardo dirigía «El Espectador Ilustrado» y formaba parte de la Junta Directiva de la Asociación de Prensa alicantina, de la que era miembro fundador.

Mi querido Justo. Seguramente no recibiste ni una carta que te escribí a últimos de Noviembre, y que por un olvido salió sin las señas de tu domicilio, ni una postal en que te decía que pasases a correos a recoger dicha carta. Siento que esta se extraviara, porque en ella te remitía una tarjeta para que saludases en mi nombre a Carmen Cobeña y a su esposo, Federico Oliver, y les pidieses sus clichés y de los demás artistas de su compañía para publicarlos, gratis naturalmente, en «El Espectador» y devolverlos seguidamente.   

Carmen Cobeña. Portadas de «Nuevo Mundo», en octubre de 1907 y marzo de 1908. BNE.

Te decía, además, que en campo grande de tus conocimientos y tu autoridad literaria, quería yo que en vez de que nos remitas para «El Espectador», crónicas de noticias teatrales, nos enviaras estudios críticos de obras, tanto de teatro como novelas, que constituyan ahí el suceso del día; titulando tu trabajo «Madrid Teatral», o «Madrid Literario», según escribas sobre el teatro, o sobre el libro.

De todos modos sabes que tienes mi entera confianza para escribir lo que quieras y de lo que quieras. Procura no excederte de seis cuartillas y media, pues como tu original llega a última hora siempre y ya te tenemos reservada tu plana, no hay más medio, si sobra original que reducir tu trabajo, mutilándolo algo, lo que es muy doloroso.

Cuando quieras extenderte más, anticipa el envío de tus cuartillas dos o más días, y así ya no hay cuidado de que llenes cuantas cuartillas quieras, pues ya tendremos tiempo de insertarlas en cuantas planas sea necesario.

Te ruego, con gran encarecimiento, que a los artistas de tu conocimiento les pidas sus clichés, y nos los envíes con crónicas tuyas, firmadas con tu nombre o iniciales, u otro seudónimo, pues así las publicaremos en el mismo número y en secciones distintas, tus originales, independiente el que se refiera al cliché, y el del teatro o novela.

Ya habrás visto que esto lo hacemos con toreros y otros artistas, y no creo difícil que tú encuentres clichés, sabiendo que esto halaga a los interesados, y que además los devolveremos inmediatamente que los hemos utilizado, siendo de nuestra cuenta el gasto de correo, que tú nos cargarás.

Tómate mucho interés en esto, que es esencialísimo, y procura recoger una buena tanda de clichés. Cuando no quieras enviarlos acompañados de cuartillas, pon al respaldo del cliché mismo, el nombre del artista, género al que se dedica, punto en el que trabaja y cualquier otro dato que adquieras.     

Y ahora, otro asunto de gran interés para mí, y que te confío, con la buena amistad que nos une, con la seguridad que lo tomarás como cosa tuya. Ello es que el maestro Luis Foglietti tiene ahí un libreto mío, que se titula «La Riá», que se lo llevó a esa en el verano de 1906, diciéndome que le gustaba y que lo llevaba con ánimo de que algún libretista amigo suyo, ya acreditado en Madrid lo reformara algo, y poniéndole la música Foglietti, lo estrenásemos ahí.

Desde aquella fecha, le he escrito al maestro repetido varias cartas, a las que no he tenido contestación. Mi deseo es que tú lo veas personalmente, le digas la buena amistad que nos une y le preguntes algo de mi libro, siempre, claro es, sin apremio ni molestias para él de ninguna índole, pues Foglietti es un buen amigo mío, a quien yo quiero mucho, y le di vara alta para que de mi zarzuela dispusiera como si suya fuese.

No hay más, si no que yo quisiera saber algo de lo que él piensa sobre ella, y salir de la natural zozobra en que estoy tanto tiempo sin saber nada. Para que justifiques tu personalidad ante Foglietti, te envío la adjunta tarjeta; con ella te presentas en el Teatro Eslava, que es donde creo que actúa ahora la compañía sicalíptica que años pasados estuvo en el Cómico, de la cual es maestro director Foglietti, cuyo domicilio te pongo también en el sobre, por si quieres verle en casa.

Creo que lo mejor será que le pidas hora, para que hables con él sin apremios, y explora bien su ánimo para ver si te convences de qué es, que piensa tener el libro durmiendo el sueño de los justos ahí, sin ponerle música, porque si tal es, se lo pediré yo, puesto que aquí tengo ocasión de estrenarlo, frecuentemente, y no tengo porqué perjudicarme en este sentido, ya que tampoco me falta quien le ponga música. Claro es que, de todo esto, no conviene que te dejes traslucir nada; tú le escuchas, y luego me trasladas tu impresión.

También te remito tarjeta, nuevamente, para que saludes a Federico Oliver y Carmen Cobeña, y hagas amistad con tan excelente matrimonio; les saludes en mi nombre y no olvides pedirles clichés. Muchas felicidades te deseo en el año que corre, transmitiéndote las de todos los compañeros. Te abraza tu buen amigo Abelardo (Rubricado). T/e Torrijos 51, entresuelo izquierda. Creo que he sido algo LATO ¿Eh? Alicante 5 de enero de 1908.

Foglietti. Teatro Eslava. Madrid. Enero de 1908. «El Arte del Teatro». Archivo BNE.

Otro alicantino famoso en toda España fue el músico mencionado en la carta, Luis Foglietti Alberola. No tengo noticias de si Justo llegó a ponerse en contacto con él. Lo cierto es que, tres semanas después, «La Iberia», dirigida por el hermano de Abelardo, anunciaba la publicación de una novela homónima en fascículos encuadernables.

La Iberia. Número 178 – 22 de enero de 1908: Un día de la próxima semana comenzaremos a publicar en forma encuadernable la novela «La Riá».

Compositor destacado y prolífico, especialista en zarzuelas, Foglietti falleció en Madrid a consecuencia de la gripe de 1918 tras haber triunfado en los teatros Eslava, Cómico, Romea, Novedades, Zarzuela, Barbieri, Gran Teatro y Apolo; llegando a inaugurar el teatro Reina Victoria con la presencia de la Familia Real.

Siguiendo con los hermanos Teruel, José Manuel envió a Justo una ilegible carta con membrete de «La Iberia» a través de su padre; quien se volvió tarumba al intentar descifrarla. No parece estar escrita por él; al menos la caligrafía no se parece a la del que luego fue cronista oficial de Orihuela.

De ella sólo me queda claro que pedía originales a Justo; que mencionaba un artículo sobre el alcalde que no le había publicado; y que hablaba de una denuncia contra el periódico. Os dejo lo que he podido transcribir.

La Iberia. Diario de la Tarde. Redacción Alfonso XIII, 19. Orihuela. 26 de Enero de 1908. Sr. D. Justo García Soriano. Estimado amigo: Como estoy completamente solo en «La Iberia», no tengo tiempo para nada; y he aquí la causa de no haberle escrito antes.

Lo de la declaración en el sumario por el telegrama famoso, fue una equivocación que desharemos en nueva comparecencia ante este juzgado, por lo que puede V. estar tranquilo. No hubo mala fe, sino mala interpretación. El artículo de V. «Alcalde (ilegible)» no lo he publicado porque en época del liberal Romero se hizo un informe (ilegible) en la que pudo hallarse la (ilegible) sería el puesto de liberal.

AMO. LJGS.

Aquí te tengo a disposición de V. pues sé quién (ilegible) y le encontraremos.  ¿Cuándo remite original para «La Iberia»? Y no tema en apretar. Queda de V. afmo. amigo que le desea ¿Felicidad?

(Cambia a letra de su padre) Querido hijo Justo: Como te decía ayer, te remito la carta de Teruel; verás si tú puedes  comprenderla, pues yo me he vuelto tarumba y he sacado lo que el negro en el sermón. Todos buenos. Tu padre que te quiere. JUSTO. Tu madre no firma porque está haciendo la cena. Recuerdos os damos a todos. Escribe pronto.

Como ya estaba anunciado, José Manuel publicó en «La Iberia» la novela por entregas escrita por su hermano Abelardo.

La Iberia. Número 187 – 1 de febrero de 1908: ¡LA  RIÁ, se publicará en forma encuadernable! ¡Abelardo Teruel, es el autor de la novela LA RIÁ! ¡Hay que leer LA RIÁ! ¡A los suscriptores de La Iberia se regalarán tapas para encuadernar LA RIÁ!

La Iberia. Número 190 – 5 de febrero de 1908

Por las siguientes noticias sabemos que al cuñado de García Soriano lo habían destinado al Mudamiento; por lo que su hermana y sus sobrinos se desplazaban con él (imagino que, a la casa del maestro en la citada pedanía oriolana), dejando solos a sus padres.

La Huerta. Número 287 – 28 de marzo de 1908: Hemos saludado en ésta a nuestro querido amigo el maestro de Mudamiento D. José Linares Aliaga y a su distinguida esposa Dª. Milagros García Soriano. El señor Linares ha marchado enseguida a su destino. Número 314 – 5 de mayo de 1908: Ha regresado a Mudamiento el maestro de instrucción pública de dicho partido, nuestro estimado amigo D. José Linares, acompañado de su distinguida esposa doña Milagros García Soriano.

Justo pasó en Orihuela las fiestas de Semana Santa; una breve visita de la que no tengo más referencia que las fechas de llegada y vuelta a Madrid.

La Huerta. Número 303 – 18 de abril de 1908: Con el objeto de pasar estas fiestas con sus cariñosos y ancianos padres, también se encuentra en esta y hemos saludado a nuestro entrañable amigo de siempre e ilustrado redactor de este periódico, el joven doctor en Filosofía y Letras D. Justo García Soriano. Bienvenido.

La Huerta. Número 306 – 24 de abril de 1908: Ayer por la tarde regresó a la Corte nuestro querido amigo e ilustrado redactor don Justo García Soriano.

La Iberia. Número 251 – 25 de abril de 1908: Después de permanecer varios días en esta, ha salido para Madrid nuestro compañero y amigo D. Justo García Soriano. Feliz viaje.

Pero supongo que, terminadas las «Crónicas Madrileñas» de Ángel Rozas, aprovechó la estancia en Orihuela para visitar el Archivo Municipal y organizar la nueva publicación que estaba preparando junto a Rafael. Se trataba de un folletín con motivo del centenario de la Guerra de Independencia; efeméride que en Madrid se celebró con gran solemnidad; sobre todo el 2 de mayo.

La Huerta. Número 311 – 1 de mayo de 1908: Las fiestas del Centenario. Queriendo La Huerta solemnizar de alguna manera el Centenario de la gloriosa guerra de la Independencia, pensamos publicar en forma de folletín una interesante monografía histórica, titulada: ORIHUELA DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA escrita en su mayor parte con datos originales y documentos inéditos, extraídos del archivo municipal de Orihuela, por nuestros redactores D. Justo García Soriano y D. Rafael Rogel Rech. Esperamos merecer la complacencia de nuestros favorecedores.

Madrid, 2 de mayo de 1908. Fiestas del Centenario. Revista «Nuevo Mundo». Foto Campúa.

La Huerta. Número 312 – 2 de mayo de 1908: Desde el próximo número, comenzaremos a publicar nuestro folletín Orihuela durante la Guerra de la Independencia; reseña histórica escrita con datos recogidos en los archivos por nuestros redactores don D. Justo García Soriano y D. Rafael Rogel Rech.

La Huerta. Número 313 – 4 de mayo de 1908.

Dicho folletín, cuya publicación se inició el cuatro de mayo con el número 313, se mantuvo todo el año con algunas irregularidades. Se lanzaron un total de 155 entregas repartidas de la siguiente forma: 23 en mayo; 21 en junio; 20 en julio; 17 en agosto; 22 septiembre; 24 en octubre; 21 en noviembre; 6 en diciembre y 1 en enero de 1909.

Y es que, iniciado diciembre, el diario «La Huerta» empezó a «hacer aguas» y trató de sobrevivir convertido en semanario. El «Fin del Tomo Primero» se hizo esperar hasta el día 12 de enero; en el número 492. Y no hubo más tomos; a primeros de marzo de 1909 «La Huerta» desapareció para siempre.

Edición facsímil editada por el Ayuntamiento de Orihuela en el II Centenario (2008).

Y hablando de publicaciones: la anunciada y tantas veces retrasada obra de Juan Sansano, prologada por Justo, veía por fin la luz con gran repercusión mediática a nivel provincial.

Diario de Alicante. Número 381 – 9 de mayo de 1908:  Crónica oriolana. «Flores silvestres». Nuestro querido compañero en la prensa y sentimental poeta Juan Sansano se ha decidido a coleccionar sus trabajos. Los publicará en un sólo tomo, compuesto de ocho cuadernos, que los distribuirá quincenalmente. El título de su obra es el mismo que en encabeza estas líneas: «Flores silvestres». Hoy se ha repartido el primer cuaderno.

«Flores silvestres» está dedicada al ex magistrado don Pío Verdú, jefe del partido conservador de Monóvar. El prólogo está escrito por el culto escritor y paisano nuestro don Justo García Soriano, Dr. en Filosofía y Letras. En él hace un detenido estudio del modernismo y alude a unos artículos publicados por Salvador Rueda en «España Nueva» acerca del hexámetro. Cuando conozcamos la colección por completo, haremos su crítica. Ahora solamente nos limitamos a felicitar a autor y prologuista. ORCELIS.

La Huerta. 9 de mayo de 1908: FLORES SILVESTRES. Un libro más, una colección de versos debida a la bien cortada pluma de nuestro querido amigo y compañero D. Juan Sansano, va a enriquecer la biblioteca de los amantes a las letras. Podemos estar los que diariamente trabajamos en la confección La Huerta, orgullosos por el triunfo que ha alcanzado en las suscripciones de su obra, titulada Flores Silvestres, nuestro buen amigo, que se le tiene en gran estima en esta redacción.

Es el autor de Flores Silvestres, un modesto e inteligente obrero, que cotidianamente acude al trabajo, para llevar el sustento a sus ancianos y queridos padres, que pobres, no pudieron facilitarle ningún género de enseñanza; pero Sansano, desde joven, mostró gran afición por las obras literarias y particularmente por los versos, las que leía durante las horas que le dejaban libres sus ocupaciones, deduciendo algunas reglas que con el estudio de la Retórica fueran completadas, para entrar de lleno en el secreto de la forma poética, que gracias a su trabajo constante y a su afición sin límites le han hecho llegar a dominarla.

Esta obrita será servida a sus suscriptores por cuadernos quincenales, y consta además de los versos, en los que no sé qué resalta más, si la fecundidad de pensamientos o lo primoroso y elegante de su estilo, de un prólogo, original de nuestro querido compañero de redacción, el joven doctor en Filosofía y letras, D. Justo García Soriano, del que toda alabanza es poca; estando su escrito, plagado de ideas fecundas, abundantes bellezas y como todos los suyos, de un estilo y lenguaje elegantes.

No trato de inquirir, ni esa es mi idea, la vida de mi amigo Sansano, ni de hacer un juicio crítico de Flores Silvestres, pues tratándose de una obra en donde todo es belleza, armonía, dulzura, la más insignificante crítica, pondría de manifiesto, el poco gusto literario y el ruin sentimiento de quién lo ejercía. No he de terminar, sin enviar desde estas columnas mi más cordial y entusiasta enhorabuena, para que la una a las muchas que ha recibido con la publicación de su primer libro. Sorbete.

La Iberia. Número 275 – 25 de mayo de 1908: Hemos recibido el primer cuaderno de la obra «Flores silvestres», colección poética de nuestro querido compañero en la prensa D. Juan Sansano y Mas, con un prólogo de nuestro distinguido amigo D. Justo García Soriano, de cuyas producciones literarias nos ocuparemos debidamente cuando haya terminado su publicación, aunque podemos anticipar a nuestros lectores que los trabajos de García Soriano y Sansano Mas, siempre nos han parecido de perlas.

LLegó el verano y Justo regresó a Orihuela: como siempre, haciendo la breve escala en Alicante.

La Huerta. Número 363 – 7 de julio de 1908: Pasado mañana esperamos, procedente de Madrid, a nuestro queridísimo amigo e ilustrado compañero D. Justo García Soriano, que viene a pasar el verano con su familia. Con el amigo Justo vendrá también nuestro estimado paisano el joven estudiante D. Severiano Sánchez. Nuestra bienvenida por anticipado.

Antigua estación de Murcia. Barrio de Benalúa. Alicante.

Diario de Alicante. Número 429 – 9 de julio de 1908: Hemos tenido el gusto de saludar en esta ciudad al brillante escritor don Justo García Soriano que ha venido de Madrid esta mañana. En la tarde de hoy ha marchado a Orihuela nuestro querido amigo.

La Huerta. Número 366 – 10 de julio de 1908: Ayer tuvimos el gusto de saludar en esta población procedente de Madrid, a nuestro entrañable amigo e ilustrado compañero de redacción D. Justo García Soriano. También ha regresado de la Corte nuestro amigo el joven estudiante de arquitectura D. Severiano Sánchez.

Para las fiestas de la Reconquista redactó su tradicional artículo rigurosamente histórico: una transcripción de la crónica de Alfonso X; y la lista de los defensores del castillo que aparecen mejorados en el «Llibre dels Repartiments».

La Huerta. Número 370 – 16 de julio de 1908: La fecha del 17 de Julio evoca en los oriolanos el recuerdo de un suceso glorioso cuya grandeza no borrará el decurso veloz de tantos años. La vieja Orihuela quedó emancipada del yugo agareno. En este día lució al viento, sobre la almena más alta de la fortaleza, cuyas ruinas dan cima actualmente al monte en cuyo pétreo regazo descansa nuestra ciudad, el pendón victorioso de Aragón.

Este recuerdo despierta en nosotros, hijos del pueblo, el legítimo orgullo de la raza, no por lo que tuvo de conquista el hecho, sino porque ante nosotros se eleva el espíritu de nuestros antepasados siempre rebelde a toda opresión, siempre acometedor por su independencia, siempre, heroico por su libertad. Los tiranos de todas las castas se hartaron de sangre; pero los pueblos fueron rompiendo las cadenas, fueron destruyendo, eslabón por eslabón y al fin consiguieron obtener una mediana libertad y pusieron el camino expedito para llegar a la libertad suprema…

… La fecha del 17 de Julio es memorable para todo oriolano. En ella se escribió una página hermosa para nuestra historia. Desde aquel día, éramos independientes, éramos libres del poder agareno. Ante el recuerdo de los héroes y caudillos de aquella jornada, descubrámonos y dediquémosles, siquiera sea este modesto homenaje, ya que no podemos ofrecerles otra cosa.

LA RECONQUISTA, según la Crónica de Alfonso X. La fecha de mañana, elegida caprichosamente por la tradición para consagrarla en recuerdo del hecho de armas que puso a Orihuela en poder de los cristianos, después de más de cinco siglos de dominación muslímica, no tiene ningún fundamento histórico ostensible. Si bien es verdad que el aniversario de nuestra reconquista ya se conmemoraba el 17 de Julio, siglo y medio más tardé de haber tenido lugar, en el año 1400; ninguna crónica ni documento de los siglos XIII y XIV, de los que han llegado hasta nosotros, registra tal fecha.

De todos modos y cualquiera sea su fundamento, ella entraña para todo oriolano una gloriosa evocación, viviendo inseparablemente unidas y grabadas con caracteres indelebles en nuestros corazones. Al rendirles hoy el culto anual y solemne que nos dicta el fervor sentido por nuestras pasadas glorias, nos limitaremos a entresacar de la Crónica de Alfonso Décimo, la más antigua y fidedigna, aquellos párrafos más principales en que se relata la reconquista del reino de Murcia, al que pertenecía entonces Orihuela. Dice la Crónica; en su capítulo X:

— En la era de mil e doscientos e sesenta e cuatro años, (1226 de J. C) después que fue muerto Aben-Hud, fue alzado rey en Arjona Mohamad-Aben-Alhamar, e después que el rey D. Ferrando ovo ganado la ciudad de Córdoba e las ciudades e villas del obispado de Jaén, ayudó a este Mohamad-Aben- Alhamar por que cobrase el reyno de Granada e de Almería. E en este tiempo, los de Murcia,  non queriendo aver por Señor aquel Aben Alhamar, alzaron por rey a Boaquez.

E rescelando que se non podría defender de Aben Albamar, pues le ayudaba el rey D. Ferrando, enviaron sus mensajeros a este rey D. Alfonso, su fijo, seyendo infante, con quien le enviaron decir que le darían la ciudad de Murcia e todo, los castillos (entre ellos el de Orihuela del que era arráez Aben-Hassan) que son desde Alicante fasta Lorca e fasta Chinchilla. E este rey D. Alfonso, seyendo infante, desque ovo esta mandería de los moros de Murcia, fue allá con mandado e voluntad del rey D. Ferrando, su padre, e rescibiéronlo por señor e entregáronle la ciudad e todos los castillos, e fincaron todas las fortalezas en poder de los cristianos, e la ciudad de Murcia e todos los otros lugares fincaron poblados de moros.

E fue en esta manera, que el rey don Ferrando e el infante D. Alfonso su fijo por él oviese la mitad de las rentas, e Alboaquez oviese la otra mitad. E este Alboaquez que fuese vasallo del rey D. Ferrando en toda su vida, e después, del infante D. Alfonso, desque regnase en Castilla e en León. E este rey D. Alfonso, seyendo en Castilla en este noveno año de su reynado (1261), los reyes moros del reyno de Murcia e de todos los otros lugares que él avía ganado, o vieron fabla de consuno, e enviaron sus mandaderos a Aben Alhamar e pusieron postura que en un día se alzasen todos al rey D. Alfonso, e en aquel día comenzase el rey de Granada la más fuerte guerra que pudiese facer, e cada uno de los otros eso mesmo.

E el consejo ávido en esto, el rey Alboaquez e todos los otros moros que habían fincado en el reyno de Murcia alzáronse contra el rey D. Alfonso e cobraron algunos de los castillos que tenían los cristianos… E eso mesmo ficieron (cercarlos) los moros de cada uno de los otros lugares a los alcaydes que estaban por el rey D. Alfonso en los castillos, señaladamente en el regno de Murcia».  

En el capítulo: XI:  «… Andaba el año de la nascencia de Jesu Cristo en mill e doscientos e sesenta e dos años, estando el Rey en Segovia llegáronle las nuevas de commo el rey de Granada le avía quebrantado las treguas que con él avía, e otrosí que en el regno de Murcia que se le avía alzado Alboaquez, rey que era su vasallo… e commo avían cercado a don Alimán que tenía la torre de Utrera e  otros alcaydes que avía dejado en algunos otros lugares e castillos del regno de Murcia.

E envió él llamar por sus cartas los iuíantes e los ricos homes e todos los concejos de su reyno que se fuesen luego para él a la frontera». Después de comenzar el capítulo XV de la Crónica relatando la tregua que convinieron en las vistas de Alcalá de Benzay de Alfonso X y Aben-Alhamar, (año 1265), prosigue: — Alboaquiz, que era rey de Murcia, desque sopo que el rey de Granada le avia desamparado e que amos los reyes venían con grandes huestes contra él, e otrosí porque supo que el rey don Alfonso lo había segurado de muerte, vino se para él a ponerse en la su merced, e llegó a él a Sant Esteban del Puerto, e el rey don Alfonso fue a la ciudad de Murcia.

E este Alboaquez o los moros que estaban en ella entregáronsela, e dejó el alcázar al infante don Manuel, su hermano, e dende fue a todo los otros logares que, se habían alzado, e entregáronselos. E el Rey puso alcaydes en todos los castillos e dio vecindad a muchos cristianos que la vinieron tomar… Después que el rey don Alfonso ovo cobrado la tierra del reino de Murcia, fincó en este reino todo este año (1266), faciendo labrar las villas e los castillos de muy buenas labores e muy fuertes, e poblaba la tierra de los más cristianos que podía aver, e señaladamente facía mucho por poblar de cristianos la ciudad de Murcia e la villa de Orihuela e la villa de Lorca; e porque non podía aver gentes de la su tierra que los poblasen, vinieron y e poblaron muchos catalanes de los que eran venidos a poblar en el reino de Valencia».

Hasta aquí la Crónica. Nosotros podemos añadir que los cristianos que defendieron el castillo de Orihuela cuando los moros del reino de Murcia se alzaron contra Alfonso X, eran: Fortún de Ugara, caballero, Ferrando de Marfa, adalid, el judío Jacob Avendino, Iñigo Darún, Johan Jove, almocaden, Ibáñez de Oriol ,Gil y Andreu Lobet, Jaime de Groño, Jaime de Tormeo, Bernardo Crespo, García Navarro, Juan Péres de Tudela, Bernardo de Paratge, Pedro Zapatero, Domingo Muñoz, Calviello Peligero, Pedro de Benayos, Pons de Granana, Antonio de Pugcerdán, En Barceló, Pedro Roca, Berenguer de Olivars; muriendo en tan heroica defensa Ramón Serrador, Domingo de Tona, Esteban Pérez de Alcántara, Pedro González y Ñuño.

Todos ellos fueron mejorados en el repartimiento de tierras ¡Loor a los héroes que se inmortalizaron dando la vida! . D. Jaime el Conquistador, rey de Aragón y suegro de Alfonso X de Castilla, fue el primero que acudió en socorro de Orihuela, cediéndola después a su yerno. Justo García Soriano. Orihuela, 16 de Julio 1908.

A finales de julio contrajo una inoportuna enfermedad. Precisamente cuando se estaba gestando el homenaje a Agrasot que tantas veces había solicitado. Se pidió de nuevo el 1 de agosto; para la feria.

La Huerta. Número 380 – 30 de julio de 1908: Se encuentra enfermo, aunque por fortuna no de cuidado, nuestro querido amigo y compañero de redacción D. Justo García Soriano.

La Iberia. Número 326 – 31 de julio de 1908: Se encuentra enfermo aunque de poco cuidado por fortuna, nuestro ilustrado compañero en la prensa, D. Justo García Soriano, a quien deseamos un rápido y total restablecimiento.

La Huerta. Número 382 – 1 de agosto de 1908: ¡Honremos al artista! Hace mucho tiempo que surgió en la Prensa local la idea de poner el nombre del eminente artista Sr. Agrasot a una calle de Orihuela. Nuevamente queremos recordar esa iniciativa, digna de ser recogida por los que pueden y deben hacerlo. Don Joaquín Agrasot, nacido en esta ciudad para la que conserva un inmenso cariño, no es un artista vulgar.

Sus cuadros son admirados en los más importantes Museos y su fama ha traspasado las fronteras. Debemos enorgullecernos de contarlo entre los nuestros. En todos los pueblos se observa actualmente singular predilección por inmortalizar o distinguir a sus hijos más preclaros artistas, literatos, políticos, guerreros etc. etc. cuando se distinguen, obtienen por lo menos el merecido homenaje de sus paisanos señalando una calle con su nombre.

¡Cuántos con menos méritos que el pintor Agrasot merecieron esa distinción! ¡Honremos a nuestro artista! Esperamos que el Ayuntamiento actual tomará el acuerdo de poner a una calle de Orihuela el nombre del Pintor Agrasot. Es lo menos que podemos hacer.

En menos de una semana Justo estaba recuperado y dispuesto para afrontar un mes de intensa actividad. «La Huerta» solicitó de nuevo la calle para el pintor cuatro días después; y por fin, esa fue la definitiva.

La Huerta. Número 385 – 5 de agosto de 1908: Se encuentra totalmente restablecido de su ligera indisposición nuestro querido compañero Justo García Soriano. En Benejúzar se inaugurará en breve un círculo católico para el que ya se cuenta con más de cuatrocientos socios. El acto revestirá gran solemnidad.

HONREMOS AL ARTISTA. Con este mismo título publicamos en nuestro editorial del sábado último, un breve artículo acogiendo la excelente idea, puesta en circulación hace algunos años en la Prensa local por la iniciativa de un querido compañero, de dar el nombre ilustre de nuestro paisano el pintor Agrasot a una de las calles de Orihuela.

Esta simpática y justa propuesta, desatendida por otros ayuntamientos, esperamos será aceptada por el actual, con lo que demostrará su celo y cultura enalteciendo, como merecen a los hijos preclaros de Orihuela, que en el mundo dan honra al pueblo en que han nacido.

¿No vendría que ni de perlas, entre los demás festivales, un número que fuera: «Solemne descubrimiento, con asistencia de las autoridades y representaciones de la localidad, del rótulo de una calle, cuyo nombre sea el del Pintor Agrasot»?  Juzgamos esta idea muy digna de que sea acogida con entusiasmo por todos los señores concejales y aprobada por unanimidad en la sesión de mañana.

La propuesta, tantas veces ignorada, se hizo realidad: el concejal García Mercader propuso al Ayuntamiento y así fue aceptado, que una calle oriolana adoptase el nombre del Pintor Agrasot; señalando para ello a la Corredera.

«Por el aplauso que se tributaba y la estimación que se tenía en el mundo artístico de la pintura a las obras que llevaban la firma del ilustre hijo de Orihuela Joaquín Agrasot y Juan, no eran solo gloria y honra de tan inigual artista, sino que ese honor alcanzaba también al pueblo que le había visto nacer». (AMO. Libro de actas de 1906-1908). 

Calle de la Corredera. La calle de Agrasot.

La Huerta. Número 389 – 10 de agosto de 1908: El Pintor Agrasot. Justo Homenaje. Nuestro Excmo. Ayuntamiento se ha dignado por fin acoger la idea que ya le propuso hace tiempo «La Comarca» primero, luego «El Diario» y finalmente en «La Huerta» de que se pusiera el nombre de nuestro insigne paisano el pintor Agrasot a una de las calles de esta ciudad.

En la sesión municipal del sábado, de la que en otro lugar damos cuenta, el edil e ilustrado jurisconsulto D. Ascensio García Mercader hizo la proposición que fue aceptada y aprobada unánimemente, por el Consistorio e incluida en el programa de festejos de feria.

Fiestas en la Corredera.

Este acto patriótico y simpático de nuestro Ayuntamiento lo acredita de culto y de amante del buen nombre del pueblo que representa. Vaya pues un caluroso aplauso y nuestras más rendidas gracias al Sr. García Mercader, y al Sr. Brotons y a los demás munícipes. Sabemos que el pueblo entero de Orihuela les aplaude lo mismo pues han visto con simpatía que se honre al paisano insigne que lo merece.

Justo García y Rafael Rogel habían conseguido que Orihuela se acordase de Agrasot; con un homenaje que desde hacía años venían proponiendo en los diferentes periódicos por los que habían pasado. Toda la prensa se hizo eco del acontecimiento; y de la intervención de estos jóvenes inquietos. Transcribo el borrador que se conserva de la carta que Justo envió inmediatamente a don Joaquín.

Sr. D. Joaquín Agrasot y Juan. Muy respetable Sr. Nuestro: En concepto de modestos periodistas, paisanos y admiradores fervientes de Vd., tenemos el gusto de notificarle que el Exmo. Ayuntamiento de esta ciudad acordó por unanimidad, en sesión celebrada ayer mañana, 8 del corriente, dar el nombre ilustre que Vd. tiene  la calle de la Corredera.

El acto solemne de descubrirse la lápida rótulo, tendrá lugar el 19 y figura en el programa de la próxima feria como uno de los festejos. Este modesto homenaje dedicado por sus paisanos al gran pintor, uno de los más ilustres hijos de Orihuela, de la generación presente, es una obra de justicia y gratitud que honra al pueblo que la ejecuta.

Sin deseo de vanas exhibiciones ni aspirando a ningún género de galardones ni reconocimientos, sino exclusivamente por la satisfacción que para nosotros supone que Vd. conozca el nombre de dos de sus admiradores más entusiastas hemos de manifestarle que fuimos los que iniciamos la idea y la lanzamos a la publicidad hace algunos años en la prensa local insistiendo con gran tesón en ella hasta que por fin hemos logrado ahora, del actual Ayuntamiento, que accediera a nuestra propuesta y la pusiera en práctica.

Y ahora, tras felicitarle efusivamente, vamos a pedirle albricias por la fausta nueva que le participamos. Estas se reducen a que nos envíe el cliché de su retrato y, lo antes posible, unos datos biográficos con alguna anécdota interesante de su carrera artística a fin de publicar su biografía en el día 19 de este mes en el diario de esta ciudad «La Huerta», de cuya redacción formamos parte. Esperamos.   

En agosto se intensificó también la campaña publicitaria de «Las Flores Silvestres» de Sansano; elevado a la categoría de «Obrero-Poeta»; y respaldado por un «benemérito» doctor en Letras.

La Huerta. Número 390 – 11 de agosto de 1908

La Huerta. Número 390 – 11 de agosto de 1908: Lea usted el libro de versos de JUAN SANSANO, Flores Silvestres, que ha valido a su autor el aplauso unánime de los periódicos de la región, colocando el nombre del obrero-poeta al lado de los más esclarecidos literatos de la juventud contemporánea.

Los prolegómenos de la obra son del benemérito D. Justo García Soriano, Doctor en Filosofía y Letras. «FLORES SILVESTRES» lleva los retratos de ambos escritores, y consta de ocho cuadernos de 24 páginas en octavo, papel vergé y cubiertas de color, a 0,20 pesetas cada cuaderno. La obra completa, encuadernada lujosamente, se venderá al precio de 2’50 ptas. en las principales librerías de España. En Orihuela: Imprenta de Payá.

Y Joaquín Agrasot contestó a la carta que los dos jóvenes periodistas oriolanos le habían enviado.

La Huerta. Número 396 – 19 de agosto de 1908

La Huerta. Número 396 – 19 de agosto de 1908: AGRASOT Y LA HUERTA. Apenas supimos el acuerdo, que por iniciativa de nuestro periódico, y a propuesta del segundo teniente de Alcalde don Ascensio García Mercader, había tomado nuestro municipio, nos apresuramos a felicitar calurosamente al Sr. Agrasot. Este nos ha honrado sobremanera, con la siguiente carta, contestando a la nuestra:

«Valencia 12 Agosto 1908. Señores D. Justo García Soriano y D. Rafael Rogel. Orihuela. Muy señores míos y queridos paisanos: Recibo su grata del 10, en la que me participan el acuerdo de ese Excmo. Ayuntamiento de poner mi nombre a la que es hoy calle de la Corredera. Creo firmemente que no tengo méritos suficientes para merecer tal distinción, pero sí puedo asegurarles, que en mi larga vida artística he hecho cuanto he podido y mis facultades me han permitido.

Arco de la Corredera. Colección Javier Sánchez Portas.

El acuerdo de ese Ayuntamiento me obliga más que nunca a continuar luchando por el Arte, y hoy aunque viejo, he de seguir mi labor, para que si puedo conseguir nuevos lauros, que estos sean una pequeña compensación al alto honor que Orihuela me otorga. Y a ustedes, que con tanta constancia y cariño iniciaron la idea, les agradezco con toda mi alma el afecto que con tal motivo me han demostrado. Con esta ocasión ahí va un abrazo de este viejo artista y paisano agradecido. q. b. s. m. Joaquín Agrasot».

Calle de la Corredera. Colección Javier Sánchez Portas.

Podría seguir transcribiendo todo lo que se publicó durante ese mes sobre el homenaje al pintor oriolano; pero me parece innecesario engordar más la biografía de Justo cuando os puedo dejar un enlace al capítulo correspondiente de la de Agrasot.

Es la más extensa que he emprendido después de ésta. Si os interesa profundizar en el tema, pinchad el retrato del pintor y os llevará al penúltimo capítulo de los seis que la componen.

Enlace biografía Agrasot.

También, a mediados de agosto, junto a los hermanos Escudero Bernicola, participó en un emotivo acto celebrado en Benejúzar. Para la ocasión, compuso y recito su «Canto de Amor / Himno al trabajo».

La Huerta. Número 395 – 18 de agosto de 1908: INAUGURACIÓN DEL CIRCULO CATÓLICO DE OBREROS DE BENEJÚZAR. La importante Sociedad titulada «Círculo Católico de Obreros», que con el alto fin de aumentar y difundir la cultura y socorro a los obreros necesitados, se ha organizado recientemente en Benejúzar, abrió las puertas de su espacioso local el día 16 de los corrientes en la noche, con una velada literario-musical.

El amplio salón del Círculo aparecía brillantemente iluminado y decorado con gran cantidad de flores y follaje. En un estrado construido ad hoc tomaron asiento los señores que forman la Junta directiva. Una nutrida orquesta amenizaba el acto, ejecutando escogidos números de música. El Presidente del círculo hizo uso de la palabra para dar gracias por la designación de que había sido objeto, y cedió inmediatamente la presidencia al Sr. Cura Párroco, uno de los más entusiastas iniciadores y activos organizadores de la nueva Sociedad.

Concedida la palabra a D. Eloy Bernicola, pronunció una sentida alocución, haciendo historia de los trabajos de organización del Círculo y encomiando los fines patrióticos y humanitarios que persigue. Fue muy aplaudido.

Seguidamente el joven D. Antonio Bernicola leyó una bien escrita poesía, debida a su pluma, y encaminada a realzar el acto que se estaba verificando. Fue muy del gusto de la concurrencia. Luego D. Alberto Escudero dio una breve y científica conferencia explicando el alcance y significación de estas Sociedades, con respecto a su misión higiénica y sanitaria. El trabajo del conferenciante fue premiado con grandes aplausos.

A continuación D. José Escudero Bernicola se levantó a hablar, siendo interrumpido frecuentemente con aplausos y vivas. En párrafos brillantes y de gran facundia, repletos de sana doctrina sociológica, excitó al pueblo de Benejúzar a que desechara todas las diferencias y pequeñeces ante la hermosa idea de unirse todos para trabajar por el mejoramiento de los intereses morales y materiales de aquella villa. Después hizo la presentación de nuestro compañero señor García Soriano, quien leyó una hermosa composición poética que le mereció muchos plácemes de los concurrentes.

Tanto esta poesía como la de D. Antonio Bernicola tendremos el gusto de darlas a conocer a nuestros lectores en uno de nuestros próximos números. Como final del acto, el ilustrado y virtuoso párroco D. Pascual Pérez Mira pronunció un bello y elocuente discurso de elevados y sentidos tonos en el que hizo el resumen de la velada y alentó a seguir llenos de fe y entusiasmo en la obra empezada. El público le tributó una ovación merecida. A las once y media terminó tan culta y simpática fiesta.

La Huerta. Número 402 – 26 de agosto de 1908.

La Huerta. Número 402 – 26 de agosto de 1908: CANTO DE AMOR (Himno al Trabajo). En la inauguración del «Círculo Católico de Obreros» de Benejúzar.

Obreros de la huerta, que en los claros cristales / del Segura refleja sus verdes naranjales / sus palmeras gallardas y sus prados en flor; / el poeta que viene y este Centro visita / al abrir hoy sus puertas, cordial os felicita / y entusiasta os saluda, con su canto de amor.

El poeta ha soñado, al correr de sus horas / de tristeza y nostalgia, en las vegas reidoras / de esta fértil campiña, que es divino pensil; / donde ninfas y faunos se persiguen gozosos / entre las espesuras de los huertos umbrosos, / y es su huésped eterno el florífero Abril.

Obreros de la  huerta, yo sé que vuestros pechos / de nobles labradores, como sanos barbechos / a la siembra de bienes dispuestos siempre están; / que hay ansias excelentes en vuestros corazones, / de mejorar la vida mil justas ambiciones / y de ser ilustrados inextinguible afán.

Sois legión de guerreros que en la férvida liza / vuestro brazo potente al luchar fertiliza / y convierte en edenes el más yermo erial. / Flora, que vuestro esfuerzo cuotidiano desea, / vierte la cornucopia divina de Amaltea / y a todos brinda pródiga su seno maternal.

Canto de amor y dicha es el canto fecundo / del trabajo bendito, que transforma del mundo / la aridez escabrosa en oasis de paz. / Canto de amor y dicha es el canto sublime; / del trabajo que al hombre de la  muerte redime, / al poblar miserable de la tierra la faz.

En el augusto templo de la Naturaleza, / el hombre virtuoso con su trabajo reza, / no sólo con palabras de fácil devoción. / El férreo martillo en su tarea diaria, / al yunque que golpea le arranca una plegaria, / que es el santo trabajo la mejor oración.  

Obreros de la huerta, que en los claros cristales / del Segura refleja sus verdes naranjales / sus palmeras gallardas y sus prados en flor; / el poeta que viene y este Centro visita / al abrir hoy sus puertas, cordial os felicita / y entusiasta os saluda, con su canto de amor. JUSTO GARCÍA SORIANO. Orihuela y Agosto de 1908.

Por motivos de salud, Agrasot no había acudido al homenaje celebrado en agosto. Pero visitó Orihuela en septiembre. Así, Justo logró conocer en persona al más famoso pintor oriolano y además le presentó a su padre.

La Huerta. Número 418 – 15 de septiembre de 1908: El Pintor Agrasot. Ayer tarde honró esta casa con su presencia el insigne pintor y respetable paisano nuestro D. Joaquín Agrasot, cuyo nombre, preclaro en el mundo del arte, se ha dado recientemente a una de las calles de esta su ciudad natal. Acompañábale su señor hermano D. Enrique, distinguido jurisconsulto que reside en la Corte. Ambos señores se encuentran desde el sábado en Orihuela, donde han venido a pasar unos días entre sus parientes y entre sus numerosos amigos…

Septiembre de 1908. Visita de Agrasot a Orihuela. Coloreada por J.M. Dayas.

…El Sr. Agrasot ha hecho también una visita de atención a este Excmo. Ayuntamiento, habiéndole sido devuelta por una escogida comisión de los individuos de este Cuerpo. Entre las muchas visitas que recibe, anoche cumplimentaron al celebrado pintor en la casa de nuestro distinguido amigo D. Vicente Galiana, D. César Giménez, nuestros redactores D. Rafael Rogel Rech, don Justo García Soriano, su señor padre y el aventajado pintor decorador don Enrique Luis Cárceles. El Sr. Agrasot permanecerá en esta ciudad hasta el jueves próximo. Reiterámosle nuestro más cariñoso saludo de bienvenida, deseándole que le sea feliz su estancia en Orihuela.

Y tras estas trepidantes ¿vacaciones? llegó su ineludible vuelta al trabajo de profesor en la capital.

La Huerta. Número 428 – 26 de septiembre de 1908: Esta tarde marcha a Madrid donde reside, nuestro muy querido amigo e ilustrado compañero D. Justo García Soriano. Feliz viaje y mucha suerte.

Estación de Atocha. Madrid.

Pedro de Peñaranda era un joven que se había dado a conocer en noviembre de 1907, enviando a «La Huerta» un trabajo anónimo junto a una carta al director. De momento no he conseguido identificar el nombre real del personaje; sólo sé que tenía familia en Cox y que se desplazó a dicho pueblo para curarse cuando estuvo enfermo.

En la redacción aceptaron el trabajo pidiéndo que se identificase con la promesa de la mayor reserva de su identidad. Poco después se presentó con un largo poema en el que se calificaba a sí mismo como «ente ignorado», «débil rumorcillo llevado por el viento», «lira errante de tristes sones»...

El nuevo colaborador cayó en gracia como un joven estudiante que se lanzaba a la vida literaria; y le siguieron el juego como «espíritu inquieto portador de una lira de plata». Lo defendían incluso de las críticas y ataques publicados por «La época» o «La Iberia»; que lo llegaron a calificar de «Jeremías sombrío y llorón».

El caso es que, en octubre de 1908, cuando ya formaba parte de la redacción, «como joven de excelentes condiciones que honraba con su colaboración las columnas de La Huerta» , P. de Peñaranda dedicó en «La Huerta», «a su respetable y distinguido amigo Justo García Soriano» una adaptación de un salmo sobre la venida del Mesías, un poema titulado «Illuxerunt fulgura ejus orbi terrae» que quiere decir algo así como «sus relámpagos han brillado sobre el mundo».

La relación de Justo García Soriano con Peñaranda no podía considerarse de amistad. Se lo habían presentado en el periódico, en alguna de sus visitas a Orihuela. El caso es que ya había dedicado algún trabajo a otros compañeros de redacción, como Juan Sansano; pero esta dedicatoria provocó un extenso trabajo de análisis al implacable estilo de Justo.

Con la soberbia seguridad que le caracterizaba, redactó una dura carta abierta que «La Huerta» se negó a publicar; y acabó en las páginas de «La Iberia»; dividida en dos entregas.

La Iberia. Número 414- 12 de noviembre de 1908: CARTA ABIERTA. Sr. D. P. de Peñaranda. Mi querido amigo: Absorto, estupefacto he leído la hermosa poesía que en el número de La Huerta correspondiente al 24 del pasado mes de Octubre, ha tenido Vd. la delicadeza y la bondad de dedicarme. Me ha dejado Vd. anonadado, Sr. Peñaranda. Yo no sé con qué palabras expresarle la gratitud que siento hacia Vd. por la distinción honrosísima de que me ha hecho objeto.

En un principio pensé escribirle particular y privadamente, dándole las gracias del mejor modo que pudiera. Pero medité luego y juzgué preferible publicar esta «carta abierta» en el mismo periódico, mediante el cual yo había recibido la exquisita ofrenda, la espléndida merced. Era más procedente, oportuno y lógico; ya que la honra había sido pública, público debía ser mi agradecimiento.

Hubiera sido mi gusto responderle en verso; pero, ¡ay! que las musas, ingratas, pérfidas, me abandonan; aquel astro semidivino que antes avivaba en mí la poética llama de un antiguo cantar de la Hélade, se ha ido enfriando, extinguiéndose; y el arpa cólica, orlada de flores, que yo tañía con fruición incansable, infinita, es hoy, «¡vae victis!»— ¡un pobre guitarrillo cascarrado e insufrible, que duerme, en el rincón telarañoso de un desván, el sueño del olvido!…

Sí, créame Vd., amigo Peñaranda: Su composición poética, vibrante de inspiración y de sentimiento me ha conmovido, ha excitado las fibras más recónditas y aletargadas de mis entrañas. He auscultado atentamente mi pecho; y he percibido que repercutía y se modelaba en ellas, con «trémolos» dulcísimos de la rica gama musical, que fluye de sus arpegios melodiosos, de sus notas profundas y conmovedoras.

Y he sentido sobre mi cabeza ardiente el terror sublime de una tempestad que se desencadena furiosa; y he experimentado en las reconditeces de mi alma adormida un inefable espasmo de religiosa unción; y he abatido mi otras veces altanera frente, he besado el santo suelo y, confuso y tembloroso, he adorado de hinojos la fuerza incontrastable y misteriosa que fulmina el rayo, que retumba en el trueno, que agita las nubes e impele rugiente el vendaval. ¡Oh!…

Pero además, y principalmente, su poesía ha sido para mí toda una sorprendente revelación. Yo conocía a P. de Peñaranda como un prosador galano y conecto, como un ameno y castizo cronista de elegantes decires e ingenio feliz; sabía que era un agudo y sutil filósofo, un hábil y terrible polemista; pero yo ignoraba que el culto joven oriolano que esconde modestamente su nombre tras ese pseudónimo, fuera un inspirado y brioso vate, un  tan consumado y pulido «trovatore».

Yo quiero rendirle en estas columnas un homenaje sincero y darle mi pláceme más entusiástico. Yo no  tengo autoridad alguna para conceder a nadie la patente, el título o la alternativa de poeta; pero una tan bella poesía como la de Peñaranda, lo acredita muy sobradamente de tal, aunque ella no sea más que una fiel imitación del famoso fragmento de los «Cantos del Trovador» de ZorriIla, fragmento que algunos florilegios de poesías clásicas publican con  el título de «La tempestad». Sin embargo, esto no aminora ni un ápice el mérito intrínseco que indiscutiblemente tiene la producción de nuestro compañero querido.

Mas ya que he tributado tan merecidos elogios, al autor de «Illuxerunt fulgura ejus orbi terrae» («Sus relámpagos alumbraron el mundo» Salmo XCVII, vers. 4, título y epígrafe que el señor «Peñaranda» ha escogido para su aludido trabajo poético) y estos elogios justísimos pudiera juzgarlos algún malicioso como pago o correspondencia de la nuncupatoria; séame lícito, en cambio, poner, algún pequeño reparo a dicha poesía y señalar algún insignificante defectillo que, a mi humilde entender, en ella existe. Esto demostrará, por otra parte, mi imparcialidad y desapasionamiento absolutos.

Ante todo, amigo Peñaranda, permítame que me conduela, de que haya elegido Vd., para asunto de su composición, un tema tan trillado y trivial, un tópico tan sobrado y primitivo como es el del terror religioso que infunde en el ánimo el espectáculo de una tormenta. Acaso me dirá Vd. que lo bello y su más excelsa expresión, lo sublime y así mismo todas las entelequias y todas las ideas fundamentales y abstractas, aunque viejos y eternos, en todo tiempo se presentan como nuevos y flamantes. Mas yo le replicaré a esta objeción: que es un principio inconcuso de arte, de estética y de buen gusto, que se debe huir de toda vulgaridad y de todo lugar común.

Además, el suceso siempre conmovedor y grandioso de una tempestad, tenía sobre todo en los tiempos primitivos el encanto maravilloso de lo desconocido, el misterio imponente y aterrador que encierra lo incomprensible. Hoy la ciencia ha penetrado en el santuario, ha descorrido el velo del enigma indescifrable y ha patentizado que esos  conflictos aéreos son fenómenos sencillos y naturalísimos, producidos por algunas masas de vapor de agua flotantes o suspendidas en la atmósfera, y el choque de dos electricidades opuestas— positiva y negativa — , meteoros de los cuales puede uno librarse fácilmente con un buen paraguas (el de Azorín, por ejemplo) y, gracias a Franklin, con un excelente pararrayos.

En otras remotas edades, las buenas gentes ignorantes y supersticiosas, creían que la aparición de un cometa o un eclipse anunciaban calamidades, pestes y guerras, y que detrás de una nube que se revolvía impetuosa entre los fragores del trueno y se desgarraba a la descarga eléctrica de un relámpago, se ocultaba una fuerza sobrenatural y consciente, un «Júpiter tronante» que vomitaba rayos y centellas.

Pero ¡ay! que los progresos científicos han sido terribles y mortales para la fe y la poesía,  demostrándonos que al otro lado de esos nimbus procelosos, no se encubre nada extraño, como ha podido parecer a los hombres primitivos y a los poetas; o lo que es igual, que detrás de la «neblina» de una tormenta sólo se oculta el espacio cósmico, el vacío infinito e insondable!….

En atmósfera tenue e incoercible que nos envuelve amorosa, benéfica, dando la vida a nuestros pulmones, ya sabe Vd. muy bien por la Física que es transparente e incolora y que merced a la refracción de la luz solar en  los impalpables átomos, que componen las diferentes capas atmosféricas, aparece a nuestra vista engañosa como una bóveda cristalina de color azul.

Así y con todo sobre esa bóveda aparente e ilusoria levantaron y construyeron los antiguos los castillos de sus empíreos, de sus cielos o de sus Olimpos y sobre tan inconsistente base colocaron la mansión y morada de sus dioses y de sus espíritus angélicos; y así lo creyeron a pies juntillos millares de generaciones, hasta que nuestro gran aragonés Lupercio de Argensola nos aseguró con gran pesar y bajo su palabra solemne y formal de poeta, que ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo ni es azul ¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza! Justo García Soriano. (Se continuará).

La Iberia. Número 415- 13 de noviembre de 1908: CARTA ABIERTA. Sr. D. P. de Peñaranda. Conclusión. Ahora bien; posee Vd., querido Peñaranda, una inspiración tan lúcida y una fantasía tan rica, espléndida y poderosa, que con el tiempo habrá de ser un literato revolucionario e innovador, un vate originalísimo seguramente.

Tan así lo creo, cuanto mi exiguo y flaco cacumen y mi pobre y pedestre imaginación, al querer levantar el vuelo, hasta las sublimes alturas a que su ardiente fantasía de Vd. se remonta, como otros nuevos Ícaros, pierden sus débiles y artificiales alas de cera y caen, despeñándose rápidos al abismo.

El lenguaje poético que Vd. emplea, suele ser tan figurado y tan lleno de colorido, de imágenes y metáforas, que mi penuria imaginativa, a pesar de grandes esfuerzos, lo encuentra obscuro y enigmático en algunas frases. Aún no he logrado vislumbrar ni colegir siquiera lo que es «el rugido del olmo» y «el fuego sepulcral». El «frío sepulcral» y el «silencio sepulcral», en cambio ya me lo explico y entiendo perfectamente lo que es, a fuerza de oírselo repetir a los muchos poetas que en el mundo han sido.

También he visto con pena, señor Peñaranda, que abusa Vd. de algunas licencias poéticas, sobre todo de la sinéresis y de la diéresis, cuyo abuso y hasta su uso debe esquivar el poeta que aspire a la corrección. Mas estas aprensiones mías son nimiedades despreciables. En cambio, un lunar de gran bulto, que me ha producido escalofrío mortal, es una frase absurda que Vd. ha empleado, y que si no tuviera la completa seguridad de que es Vd. un joven piísimo y eminentemente religioso no dudaría en calificarla de blasfemia horrible.

Bien sé yo que el calor de la inspiración, la fuerza cruel del consonante, la vehemencia dislocada de la metáfora le conducen a uno impensadamente muchas veces a decir dislates y contrasentidos. A no ser así, el Sr. Peñaranda, que es un profundo teólogo, no hubiera incurrido en la enormidad de proferir estas dos palabras contradictorias e irreverentes: «Hacedor airado», las cuales empañan la inmaculada y beatífica tersura de su inspiradísima poesía.

Ambas palabras unidas repugnan a la razón y, además, son inadmisibles en buena ortodoxia, lo que es más peligroso y vitando. No ignoro que en libros que se tienen y pasan por sagrados, se encuentran expresiones análogas, tal vez idénticas; pero esto no justifica el empleo de esa frase impía y gentílica.

Siendo Dios el «Sumo Bien» y «el conjunto de todas las perfecciones», es decir, «un Señor infinitamente bueno», todo pecado que implica de suyo una imperfección, repugna a su naturaleza divina. Pero es así que la ira es uno de los siete pecados capitales; «ergo»… ¡el «Hacedor», o sea Dios, no puede estar nunca «airado»! No hay que irse por las ramas. O la lógica es un mito; o si la dialéctica sirve para algo en el mundo, esta consecuencia es legítima e innegable, y por ende absurda la frase de P. de Peñaranda.

La teología primitiva, la arcaica teodicea y todas las antiguas religiones concebían a Dios con un criterio tan mezquino y denigrante, como hecho a imagen y semejanza del hombre, sujeto a las mismas pasiones y debilidades que éste. Así lo suponían vengativo, exterminador, fiero, sanguinario y airado, haciendo llover fuego del cielo y arrasando cruel, sañudo e inexorable a ciudades enteras, siendo, en cambio, pródigo y bondadosísimo en demasía en perdonar y conceder su gracia a determinados pueblos e individuos.

¡Qué idea tan pobre y tan menguada, qué concepto tan injurioso y tan monstruoso del Ser Supremo! La Civilización y el progreso, contra la vulgar y errónea opinión que cree que ellos han sembrado la impiedad y el ateísmo entre las gentes, porque han rectificado el «antropomorfismo» divino y han desechado muchos prejuicios ridículos y absurdos; han venido, por lo contrario, a ennoblecer, a dignificar, a engrandecer y exaltar el concepto de la Divinidad, rebajado, envilecido por los que alardeando de razones piadosas, lo profanan insensatamente profiriendo a cada instante su nombre sacrosanto, inefable como el telegrama hebreo.

Querido «Peñaranda», me he extendido ya mucho aunque tanto Vd. como los lectores de La Iberia, habrán de perdonarme la prolijidad de esta epístola. Reitérole el testimonio de mi profundo reconocimiento por el honor inmerecido que ha dispensado a quien es de Vd. siempre afectuosísimo amigo y compañero. Justo García Soriano. En Madrid, a 1 de Noviembre de 1908.

Pero el pollo le salió respondón; a la carta abierta de Justo, Peñaranda respondió desde «La Huerta» con otras dos entregas; que a él sí le publicaron. No voy a transcribirlas enteras; creo que con el principio de la primera, el final de la segunda y algún párrafo suelto, puede bastar para hacerse una idea.

La Huerta. Números 471/472 – 16/17 de noviembre de 1908: CARTA ABIERTA. Sr. D. Justo García Soriano. Apreciable, distinguido, pulcro e inolvidable amigo: Con delectación arrobadora, con avidez ansiosa leí, o por mejor decir, devoré su admirable y bien escrita «carta abierta» que, en galante contestación al humilde trabajo poético que tuve la honra de dedicarle, aparece en los números de «La Iberia» correspondientes a las fechas 12 y 18 del corriente mes de Noviembre.

Mas… ¡oh agradable desencanto! Allí donde creí encontrar fulminaciones terribles, recriminaciones espantosas en justo castigo a la incalificable audacia mía de ofrecer las triviales modulaciones de una lira vulgar, innovadora y casi blasfema, a un inspirado cantor de la Hélade, gloria de mi patria y esperanza legítima del español Parnaso;  sólo hallé palabras cariñosas, de gratitud inextinta, mezcladas con una verdadera tempestad de encomios y sahumerios, contra la que no me pudieron guarecer, ni ponerme en salvo, ni el tan renombrado paraguas de Azorín, (ridícula y chabacana imitación del justamente célebre de Luis Felipe)…

… Así que impresionado por el arrullo halagador de sus frases comedidas y por la elocuencia abrumadora de sus giros castizos (los de su lenguaje) cogí la pluma y todo medrosico y azorado púseme a escribir esta «carta abierta» como réplica necesaria, lógica e indispensable a la fina cortesía y a la no menos fina y exquisita corrección que le caracterizan.

… Dice V. que sintió la influencia de mi «vibrante composición» en los repliegues más hondos de su ser y que se conmovió y que «auscultó su pecho» ¿¿?? (Daría gusto verle a V. con el cuello vuelto y la cabeza pegada a la pechuga como ciertas aves domésticas de cuyo nombre no quiero acordarme)…

… Los hombres de su nivel intelectual deben discutir con argumentos, no con palabrería huera… Y esta imperfección en el lenguaje sube de punto si consideramos que procede de todo un doctor en filosofía, y no de un cualquier estudiantillo; porque lo que en unos puede pasar, en otros es falta imperdonable. Por otra parte, todo lo que dice Vd. en esos dos párrafos son puras extravagancias que no vienen a cuento…

Con todo lo cual hago punto final; doy término a esta epístola que podía habérmela ahorrado si su exquisita susceptibilidad no se hubiese tomado una cosa por otra y aprovecho gustosísimo tan propicia ocasión para hacerle patente el testimonio de mi admiración y gratitud, y para ofrecerme de Vd. siempre humilde e incondicional servidor y afectuoso amigo y compañero, P. de Peñaranda.

García Soriano la calificó como una «réplica biliosa con que el petulante escritorzuelo pagaba amostazado mi bonachona y culpable flaqueza de no haber yo rechazado con un despectivo silencio, la subterránea y solapada poesía que me dedicó».

Pero el asunto se enfrió temporalmente; en primer lugar porque Justo estuvo muy ocupado asistiendo a una asamblea y escribiendo sobre ella; y después, utilizando sus propias palabras, a causa de «una larga enfermedad que le obligó, durante mes y medio, a suspender y abandonar toda clase de trabajos mentales».

Sólo había sido el primer asalto de un largo y público enfrentamiento. En enero de 1909, ya recuperado, Justo resucitó el «affaire»; y desaparecida «La Huerta», se mantuvo durante meses en «La Iberia». Pero me estoy anticipando demasiado; todo eso lo veremos en la próxima entrega.

Nuevo Mundo 19 de noviembre de 1908

A finales de noviembre, como he dicho, nuestro protagonista tomó parte en un congreso con ciento cincuenta periodistas: la Asamblea de la Prensa de Provincias, celebrada en Madrid.

La Iberia. Número 426- 26 de noviembre de 1908: GACETILLAS. Nuestro colega madrileño ABC, publicó en su número del 21 de los corrientes una amplia y completa información gráfico literaria, de la Asamblea de la Prensa de provincias, verificada en la Corte en los días 16, 17 y 18 del corriente mes. En esta información hay un fotograbado con un grupo de los asambleístas entre los que figura nuestro querido compañero D. Justo García Soriano que ha representado a La Iberia en la Asamblea.

La Iberia. Número 431- 2 de diciembre de 1908: Mañana comenzaremos a publicar la interesante revista que de la Asamblea de la Prensa de Provincias, celebrada en Madrid nos remite nuestro representante en aquel Congreso el querido amigo y compañero D. Justo García Soriano.

La Iberia. Número 433- 4 de diciembre de 1908: Resultados de una Asamblea. Llegó por fin el momento ansiado de obra tan necesaria. Una comisión iniciadora y organizadora, muy digna de aplauso, redactó atinadamente unas amplias bases y un programa e hizo circular la oportuna convocatoria. A tan generoso y benéfico llamamiento respondieron con su entusiástica adhesión unos 160 periódicos: 110 diarios, 30 alternos y unos 20 semanales, estando representadas con ellos todas las provincias menos Cuenca y las Baleares, por 70 periodistas provincianos y 80 madrileños próximamente.

El que suscribe tuvo la honra de llevar la representación de La Iberia en tan importante acto. Aún debía haber sido mucho mayor el número de adhesiones, que hubiera igualado al de periódicos que ven la luz pública en España, pero sin embargo ya era bastante respetable la concurrencia habida.

Los periodistas de provincias hemos sido objeto de una acogida cariñosísima por parte de todos los compañeros de Madrid, quienes para la celebración de la Asamblea nos cedieron corteses y galantes los magníficos salones del local de su Asociación, (calle de San Marcos, 44), y nos han facilitado espléndidamente cuantos medios han sido precisos para la mejor y cabal realización de nuestro cometido.

Las sesiones celebradas por la Asamblea han sido seis, durante los días 16, 17, 18 y 19 de los corrientes. Las condiciones materiales de este periódico no nos permiten hacer una minuciosa reseña de lo deliberado en todas las sesiones, como fuera nuestro gusto y hasta nuestro deber; pues habríamos de llenar muchas columnas durante varios días.

Sólo habremos de condensar en estas ligeras notas la síntesis o extracto de las conclusiones más salientes que quedaron aprobadas por la Asamblea y la impresión particular que de ella hemos sacado… Justo García Soriano. (Se continuará)

Nuevo Mundo 19 de noviembre de 1908

He recortado bastante el generoso texto redactado sobre la asamblea que Justo presentó dividido en siete entregas, dando prioridad a las actividades realizadas y resumiendo la parte más técnica y jurídica.

La Iberia. Números del 434 al 440- del 5 al 14 de diciembre de 1908: Resultados de una Asamblea:

Sustitución de los impuestos actuales por una patente o impuesto único, en relación con la tirada de cada periódico; mejoras en el servicio postal, en las administraciones y carterías encargadas de la distribución de los periódicos. Que todos los trenes conduzcan paquetes de periódicos; que las libranzas de prensa puedan hacerse efectivas en todas las capitales de provincia y en todas las poblaciones importantes en donde exista giro mutuo; y que se extienda la venta de esos valores a todos los estancos de España.

Edificio de Blanco y Negro. Madrid 1908. Hauser y Menet.

Mejoras en el servicio telegráfico y telefónico y su abaratamiento, entre las que figuran el aumento de estaciones de servicio permanente; que se conceda media tasa en los telegramas de prensa que circulan entre los pueblos de la misma provincia.

Sobre Libertad de Imprenta y las modificaciones en la actual ley de policía, régimen de denuncias y procesos, la vida del periodismo requiere como condición esencial el reconocimiento explícito y sincero de la libertad de Imprenta. Suprimida la previa censura, debe imperar en materia de policía de imprenta el criterio represivo, no el preventivo. Solo la autoridad judicial podrá proceder al secuestro de los ejemplares en los casos en que proceda, según la ley de enjuiciamiento criminal. En estos casos debe permitirse a los periódicos sustituir el artículo denunciado y recobrar la libertad de circulación.

La última sesión de la Asamblea, celebrada en la noche del día 19 y madrugada del 20, se dedicó a la organización de la Federación de la prensa de provincias; creación de un Sindicato central, y Funciones de este Sindicato, en relación con los Sindicatos regionales.

Los periódicos adheridos a esta asamblea acuerdan constituir la Federación Nacional de la Prensa Española, con el fin primordial de defender sus intereses morales y materiales, enalteciendo y dignificando con ello la noble profesión que ejercemos. Los periódicos adheridos de cada provincia constituirán, sin carácter alguno político, religioso ni económico, sino exclusivamente para la realización de estos fines, sindicatos regionales en cada una de las provincias que constituyan las respectivas catorce regiones españolas.

Centro Reporteros Judiciales. Museo Criminológico. Maletín y tijeras del terrorista Mateo Morral. Fotografía de «La semana Ilustrada» 1908.

El día 19 en la tarde y accediendo a cortés invitación, gran numero de asambleístas hicimos una visita al «Centro de reporters judiciales», donde fuimos recibidos por dos periodistas encargados de la información del Juzgado de guardia. Allí pudimos examinar detenidamente y admirar el curiosísimo y precioso museo criminológico, que estos activos compañeros han conseguido formar en poco tiempo, la biblioteca y otras dependencias del confortable local en donde hubimos de inscribir nuestras firmas en un álbum.

Entre unos y  otros nos cruzamos frases de mucho afecto y de recíprocas simpatías. Después fuimos agasajados con dulces y licores, y se nos sacó una instantánea en dos grupos, saliendo todos complacidísimos de tan agradable visita. El día siguiente fuimos invitados por las redacciones de «Blanco y negro»,  «Actualidades» y «ABC», a visitar por la tarde el suntuoso palacio donde hallan instalados sus oficinas y talleres. Primero se nos obsequió en uno de sus salones con un espléndido lunch, y un soberbio té con champagne, servidos con el esmero y el lujo que le dan tanta fama, por el «Ideal Room».

Madrid, 21 de noviembre de 1908. Justo y el resto de los «periodistas de provincias». Archivo ABC.

Inmediatamente, acompañados por el ilustre director de dichos periódicos, el simpático señor Luca de Tena, y de sus redactores que con la exquisita amabilidad y corrección que les es propia se esforzaban por colmarnos de atenciones y finezas, recorrimos las lujosas dependencias de la casa y admirable galería de máquinas (un portento de mecánica tipográfica), donde nos hicieron a los asambleístas una fotografía en artístico grupo, la cual publicó «ABC» en su editorial del día veintiuno… JUSTO GARCÍA SORIANO. Madrid y Noviembre de 1908.

Como ya he anticipado hablando del «affaire», Justo cayó enfermo en diciembre; y aunque afirmó posteriormente haber estado mes y medio inutilizado intelectualmente; el diario para el que trabajaba rebajó la convalecencia a sólo una semana.

La Iberia. Número 438- 11 de diciembre de 1908: GACETILLAS. En la corte se halla enfermo nuestro querido amigo e ilustrado colaborador D. Justo García Soriano al que deseamos un pronto y total restablecimiento.

La Iberia. Número 444- 18 de diciembre de 1908: Con satisfacción hemos recibido la noticia del restablecimiento de nuestro distinguido amigo e ilustrado colaborador D. Justo García Soriano, a quien enviamos nuestra enhorabuena.

Lo cierto es que, terminada la crónica de la asamblea el día 14, ya no apareció nada de Justo en «La Iberia». En cuanto a «La Huerta», transformada en agonizante semanario antes de desaparecer para siempre, tan sólo publicaron las últimas entregas del serial napoleónico comenzado en mayo.

Sin publicaciones ni correspondencia, doy por terminada esta entrega con la imagen de los alicantinos agraciados en el sorteo de la lotería de Navidad de 1908.

«Nuevo Mundo» Madrid, 24 de diciembre de 1908. BNE.
Enlace al siguiente capítulo.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas, a Jesús García Molina y a José Manuel Dayas.