Los Llanes y otros chocolateros oriolanos.

Calle San Pascual. Chocolatería Esteban Llanes en primer plano a la derecha. Colección Javier Sánchez Portas.

Escribo estas líneas cuando acaban de tirar en la Corredera la última chocolatería oriolana sepultando en el olvido a un gremio que llegó a ser muy popular. Si para los ingleses la bebida por excelencia era el té; y para los americanos el café, en España se impuso el chocolate y así se mantuvo hasta mediados del siglo XX.

«No son menos favorecidos del público los chocolateros y confiteros, demostrando también su excesivo número lo aficionados que somos (los oriolanos) a las golosinas. Y en esto hay que observar que en muchas casas y en algunos conventos de monjas se confeccionan el chocolate necesario para el consumo doméstico y algunos dulces especiales». (El Ateneo de Orihuela. Noviembre de 1896).

A los oriolanos les gustaban las cosas claras y el chocolate espeso. Eran muy católicos y hacía siglos que los papas habían dictaminando que el precioso brebaje no rompía el ayuno. El chocolate era un líquido; y los líquidos estaban permitidos hasta en Cuaresma. Pero muchos, al paladearlo murmuraban entre dientes: ¡qué pena que no sea pecado!

Chocolateros oriolanos del siglo XIX.

Charles Clifford. Vista general de Orihuela. Octubre de 1862. Colección Javier Sánchez Portas.

La fabricación del chocolate en el siglo XIX requería de gran esfuerzo físico. El triturado y la molienda del cacao se realizaban «a brazo» consiguiendo un caldo espeso que, una vez calentado y manipulado, se convertía en la pasta base a la que incorporaban harina, azúcar, canela o vainilla.

En sus fábricas y obradores elaboraban tabletas de diferentes tamaños y calidades siguiendo las recetas de cada artesano. Y a gusto del consumidor, podían cargar sus bártulos y fabricarlo a domicilio.

El Día. Febrero de 1886: RECLAMO. En la fábrica de chocolate de Jaime Díaz, Puerta Nueva, al lado del relojero Alemán, se ofrece al público una rebaja de medio real por libra en todas las clases de chocolates, y media libra de gratificación a todo el que compre más de seis libras. El mismo Jaime Díaz se ofrece para ir a casas particulares a trabajar en su oficio.

Vallet y Puerta Nueva. Orihuela.

Esteban Llanes y Jaime Díaz son los primeros chocolateros oriolanos que he localizado. Llanes estaba establecido en dos locales en la calle de San Pascual desde los años sesenta del siglo XIX (al menos de eso presumía su hijo). Y Díaz en la Puerta Nueva; pero también vendía sus productos en otro establecimiento anexo al de Esteban.

Durante el año 1895 Esteban Llanes Castillo se quejó repetidamente por las obras que efectuaba su vecina Dolores Díaz; alegando que se sentía perjudicado en sus intereses. Su denuncia fue desestimada por el ayuntamiento a través de la comisión de ornato. En enero de 1896 la disputa pasó a mayores; y así lo contaron los redactores de “El Thader”:

Sabiendo que el sábado tuvieron una cuestión en la calle de San Pascual dos individuos, nos personamos en dicho lugar para informar mejor a nuestros lectores, y he aquí las noticias que hemos podido recoger: Esteban Llanes y Jaime Díaz se dedican hace tiempo a la fabricación de chocolates. El primero tiene dos establecimientos en la calle citada, uno de ellos contiguo a otro de la propiedad del segundo.

Según nos manifestó Llanes, a Díaz no le gusta mucho la vecindad y competencia de su colega por cuanto diariamente le provoca sin causa alguna. Parece que el sábado amenazó Jaime con un estoque a un hijo del Esteban, y que al enterarse este, pudo haber una riña, tal vez de fatales consecuencias si algunos amigos no hubieran mediado en el asunto.

Enterado el Sr. Alcalde por el vigilante Nicolás Rodríguez de lo que ocurría, citó a los contendientes en su despacho y se contentó con hacer a Jaime Díaz reflexiones muy morales que, como se verá, no sirvieron para hacer respetar su autoridad. Al salir de la Alcaldía los irreconciliables enemigos, cada cual marchó por su lado.

Calle San Pascual. Colección Javier Sánchez Portas.

A los pocos momentos Esteban Llanes se disponía a cenar en unión de su familia cuando penetró en su morada Antonio Alonso, nieto de Jaime Díaz, amenazando a aquel con una pistola, hecho que asegura el agredido y que puede asegurar por tener quien lo testifique.

Esta segunda cuestión también fue cortada por los amigos. El guardia municipal Valcárcel, no sabemos por qué, metió a Antonio Alonso en una peluquería establecida frente al sitio de la ocurrencia, según nos dicen, y lo cierto es que después ya no ha aparecido arma ninguna, ni se ha detenido a nadie.

Preciso es que comprenda el Sr. Mesples que la blandura no es útil en todas ocasiones y que es de todo punto necesario evitar desgracias que pudieran sobrevenir, exigiendo plena aclaración al guardia Valcárcel sobre el detalle del arma de fuego e inhibiéndose del asunto si no se cree con atribuciones para tomar medidas más serias.

En declaraciones posteriores a la prensa, el nieto de Jaime Díaz desmintió que su abuelo provocase, y mucho menos diariamente, a su «vecino y colega chocolatero»; y también que él hubiese amenazado a Llanes con un arma.

La Justicia. Agosto de 1896. Núm 1.

A finales del XIX Jaime Díaz tenía también una fábrica de chocolates en los Hostales. No he encontrado publicidad de la misma; pero sí de un establecimiento anexo a «la fábrica de chocolates de don Jaime Díaz». El anuncio de una imprenta nos aclara su ubicación en el verano de 1896. Y aparece en una rara publicación llamada «La Justicia», de la que la hemeroteca digital sólo conserva el primer número.

La Justicia. Agosto de 1896. Núm 1.

Además de los artesanos, colegas y rivales ya citados; en la última década del siglo XIX los señores Ibáñez y Compañía vendían sus chocolates marca “La Concepción” en la calle de Santa Justa. Y don José Beltrán comenzaba a elaborar sus productos con la marca «La Josefina», en la Calle del Colegio.

El Defensor de Orihuela. Marzo de 1892.

El Independiente. Noviembre de 1892: “La Concepción”. Fábrica de chocolate de los señores Ibáñez y Compañía, en la calle de Santa Justa, 12. Los chocolates elaborados en esta fábrica ofrecen la más completa garantía; también se harán chocolates por encargo y a presencia de los interesados. Los precios serán de peseta en adelante. También se pondrán a la venta azúcares, cacaos, tés, cafés tostados en grano y molidos, y pastas para postres.

La Noticia Diaria. Diciembre de 1894: “La Josefina”. Nueva fábrica de chocolates de José Beltrán Sempere. Chocolates de todas clases desde 4 a 10 reales libra. Se hacen tareas de encargo. Ventas de azúcares, cafés y tés. Colegio, 31. Orihuela.

«La Concepción» de Ibáñez y cía no consiguió llegar al siglo XX. Durante todo el mes de septiembre de 1894 estuvieron a la venta los restos del establecimiento que había sido chocolatería en la calle de Santa Justa.

El Independiente. Septiembre de 1894: GRAN REALIZACION. Se vende, por la mitad de su precio, la anaclería y géneros existentes de paquetería, en el establecimiento que fue chocolatería en la calle de Santa Justa número 12.

Chocolateros a principios del siglo XX.

En las primeras décadas del XX tenemos en Orihuela hasta tres chocolateros apellidados Díaz:

Jaime, con su fábrica de los Hostales de la que sigo sin encontrar anuncios. Pero vuelvo a localizar los de la imprenta anexa, «La Económica», que nos marca su ubicación entre los años 1905 y 1907.

La Unión Republicana. 1905-1907.

Vicente, asentado primeramente en la Plaza de la Constitución (Plaza Nueva); y que abrió posteriormente una sucursal en Príncipe de Vergara.

La Iberia. Abril de 1909: Esta mañana se ha inaugurado una expendeduría de chocolates en la calle Príncipe de Vergara, 10 (antes Vallet), sucursal de la que, en el número 11 de la Plaza de la Constitución posee el acreditado chocolatero Vicente Díaz, el que ha obsequiado espléndidamente a sus numerosos amigos en el acto de la inauguración.

Y un tercer Díaz, de nombre Francisco que tenía su establecimiento en la calle del Colegio.

El Oriol Taurino. Agosto de 1908: CHOCOLATES de todas clases de Francisco Díaz García. Calle del Colegio, 19. El dueño de este acreditado establecimiento invita al público a consumir este rico chocolate que supera a todos los conocidos hasta hoy.

El Oriol Taurino. Agosto de 1907.

En la calle del Colegio (Adolfo Clavarana a partir de 1914), trabajaban también los Hermanos Santoro.

El Oriol Taurino. Agosto de 1908: FABRICA de Chocolates de Todas Clases, elaborados a brazo de Santoro Hermanos. Colegio, 43 — Orihuela. (1909)

La Opinión. Septiembre de 1909.

Otra chocolatería de la calle del Colegio que seguía funcionando era la ya mencionada de José Beltrán, con su marca «Josefina». Beltran se hizo también distribuidor de «La Estrella», el café torrefacto recién inventado por un extremeño que alcanzó gran éxito internacional.

La Semana. Marzo de 1910.

La Comarca. Mayo de 1904: Hemos tenido el gusto de probar el hermoso café torrefacto Tejedor marca «La Estrella»  que está de venta casa de nuestro querido amigo D. José Beltrán, calle del Colegio, 31.

Acaba de recibir dicho señor, la tercera remesa de este riquísimo café, que posee patente de invención por 20 años, el cual ha conseguido en las exposiciones de Marsella (Francia) y Gand (Bélgica) diploma de honor y medalla de oro, y en la de París, diploma de honor y gran premio.

La mejor recomendación para el público será el probarlo. Auguramos al Sr. Beltrán un gran éxito con el caté marca «La Estrella» por ser el mejor que hoy se vende en España.

«Merchandising» de principios de siglo. Cafes «La estrella».

En Príncipe de Vergara (actualmente Ballesteros Villanueva) abrió también una chocolatería Luis Cánovas Sáez.

El Diario. Diciembre de 1906: El joven y estimado amigo D. Luis Cánovas Sáez, acaba de establecerse montando una lujosa chocolatería en la calle Príncipe de Vergara. De esperar es que el nuevo y laborioso industrial obtenga buen negocio de su establecimiento. Así lo deseamos nosotros.

La Puerta Nueva y Príncipe de Vergara a principios del XX. Colección Javier Sánchez Portas.

Esta pasó luego a su hermano Guillermo Cánovas Sáez, destacado tradicionalista que casó en marzo de 1916 con Caridad Serrano Pellús. En diciembre de ese mismo año nació su primogénito; al que bautizaron en la catedral con el nombre de Manuel.

El Conquistador. Marzo de 1916.

El padrino fue su hermano Ricardo Cánovas, quien tenía un establecimiento de ultramarinos en la calle Mayor. En noviembre de 1918 tuvo otro hijo. Me cuentan que la chocolatería de los Cánovas permaneció en activo hasta la la segunda mitad del siglo XX.

Ecos. Agosto de 1919: Fábrica de Chocolates, Azúcares, Pastas y Bombones. GUILLERMO CÁNOVAS.

Otro chocolatero oriolano fue Francisco Brotóns; quien montó su fábrica en la Calle del Ángel, donde tenía su domicilio. Dicha fábrica se incendió en noviembre de 1909; pero sin sufrir daños irreparables.

La Iberia. Noviembre de 1909: Anoche ocurrió un incendio en la fábrica de chocolates, que en la calle del Ángel posee Francisco Brotóns. Acudieron las autoridades y vecinos y apagaron el fuego. El primero en asistir fue José Molina (el olivero). No hubieron desgracias personales debido a la serenidad del dueño del establecimiento. Las pérdidas materiales son de alguna consideración.

El Oriol Taurino. Agosto de 1913: FÁBRICA de chocolates de Francisco Brotóns. Calle del Ángel, 7. Orihuela. — En este establecimiento se venden también vinos finos claretes del Pinoso por michetas y cántaros.

Calle del Ángel. Colección Javier Sánchez Portas.

Falta añadir a esta relación las diversas chocolaterías de la familia Llanes Catalá; los sucesores del maestro Esteban Llanes, el chocolatero de la Calle de San Pascual.

La familia Llanes-Catalá.

No sé exactamente cuando murió el maestro Esteban Llanes Castillo; pero a principios de siglo, en el rótulo del establecimiento de la calle de San Pascual se podía leer: “Chocolatería Viuda e Hijos de Esteban Llanes».

La viuda de Llanes se llamaba Soledad Catalá Navarro. Del matrimonio Llanes Catalá he localizado a tres hijos varones: Esteban, Carmelo y Juan; y a tres mujeres: Soledad, María de Monserrate y Josefa.

Calle San Pascual. Chocolatería Esteban Llanes en primer plano a la derecha. Colección Javier Sánchez Portas.

Esteban Llanes Catalá, el mayor, se hizo cargo de la chocolatería de la calle de San Pascual en 1905 (en 1915 afirmaba que la tenía diez años) y la llamó “La Oriolana”, abriendo una sucursal en la Barrrera del Matadero (actualmente Calderón de la Barca). Tenemos el siguiente anuncio publicado en el “Diario de Alicante” el 14 de abril de 1915.

LA ORIOLANA. Fábrica de chocolates. Calle de San Pascual, 15 y Barrera del Matadero, 56. Cincuenta años hace que existe esta casa fundada por el padre, del que hace diez años es el dueño D. Esteban Llanes; y un negocio que cuenta con tan dilatado tiempo es la mejor garantía que puede ofrecer al público. Esta importante y bien montada fábrica ocupa lugar preferente entre sus similares, no tan solo en Orihuela sino en la provincia, debido a que sus chocolates con vainilla y canela están elaborados con los mejores cacaos que llegan a la Península y la mano de obra es esmeradísima.

Barrera del Matadero (Calderón de la Barca). Colección Javier Sánchez Portas.

Así lo ha reconocido el público premiando tal labor con su continua demanda que aumenta de día en día y es de esperar que siga en marcha ascendente por merecerlo la iniciativa y energías desarrolladas por su primitivo fundador, inteligentemente secundado por el actual dueño, nuestro amigo D. Esteban Llanes.

Pocos datos tengo de Esteban. Se casó con Amparo Juan Iborra y no sé cuando murió. La última noticia que he encontrado sobre él es de octubre de 1916, cuando apadrinó a un hijo de su hermano Juan, quien como veremos, acabó quedándose con el local de la familia a la muerte de su madre.

El Conquistador. Octubre de 1916: Ha dado a luz felizmente un hermoso niño, la esposa de nuestro apreciable amigo D. Juan Llanes. El recién nacido será bautizado mañana en la Santa Iglesia Catedral con al nombre de Esteban y serán sus padrinos el rico industrial de esta plaza D. Esteban Llanes Catalá y su distinguida y joven esposa Dña. Amparo Juan Iborra. Nuestra cordial enhorabuena a los dichosos padres y padrinos del niño.

Dejo a Carmelo Llanes Catalá para el capítulo final como el último chocolatero oriolano. En cuanto a las hermanas, Josefa Llanes Catalá, falleció en 1910 a los 23 años.

Soledad y María de Monserrate Llanes Catalá se casaron el mismo año, en 1913. Soledad con Francisco Mira Lidón; y María con Pascual Hostalet Chust.

Pascual era jefe de los tradicionalistas oriolanos. Ya hablé de este personaje como socio de Emilio Salar en «El Japón». Os dejo un enlace a dicho trabajo pinchando sobre su fotografía.

Enlace a «El Japón»

La desgracia se cebó con este matrimonio que perdió sus tres primeros hijos. Y María falleció también muy joven, en 1924. Le sobrevivió al menos un hijo, Vicente Hostalet Llanes.

El Pueblo. Marzo de 1924: Ha fallecido cristianamente Dña. María de Monserrate Llanes Cátala, esposa que fue, de nuestro particular amigo D. Pascual Hostalet. Muy apreciada por sus virtudes, vivió y murió dando hermoso ejemplo de fortaleza y resignación cristiana. Su entierro, verificado esta tarde, ha constituido una verdadera manifestación de duelo, representada por todas las clases sociales. A su afligido esposo y demás familia acompañamos en su justa pena y rogamos a nuestros lectores pidan en sus oraciones por el eterno descanso de la finada; por la cual mañana a las 7 de la noche dará comienzo el Rosario en el Monasterio de San Juan.

La viuda de Llanes, doña Soledad Catalá, falleció en julio de 1928. Le sobrevivieron tres hijos: Carmelo, Soledad y Juan. Y los tres tuvieron chocolatería.

Chocolatería de la viuda de Esteban Llanes. Colección Javier Sánchez Portas.

Actualidad. Julio de 1928: El jueves de la pasada semana falleció confortada con los auxilios espirituales la señora doña Soledad Catalá viuda de Llanes. El entierro en la tarde del viernes constituyó sentida manifestación de duelo que puso de manifiesto las simpatías de que goza la familia de la finada. A sus hijos D. Carmelo, doña Soledad y D. Juan y demás familia la expresión de nuestra condolencia.

Actualidad. Agosto de 1928: Don Carmelo, doña Soledad y don Juan Llanes Catalá con sus respectivas familias, invitan a sus amistades y personas piadosas al diario de misas que en sufragio del alma de su señora madre doña Soledad Catalá Navarro (q. g. h.) que falleció el día 5 del pasado julio, tendrá lugar el próximo lunes día 6 en el monasterio de San Juan, desde las 7 y media hasta las once de la mañana, por lo que les quedarán eternamente agradecidos.

En 1928 al fallecer la madre, Soledad se separó de su hermano Juan y abrió su propia chocolatería en la calle del Colegio (probablemente en el antiguo obrador de Francisco Díaz García). Y Juan se quedó con el negocio familiar de la calle San Pascual (Luis Barcala).

El Pueblo. Diciembre de 1928: Mañana martes tendrá lugar la apertura del nuevo establecimiento de Chocolatería de doña Soledad Llanes, en la calle del Colegio núm. 17, donde encontrarán los más exquisitos, chocolates de su ya acreditada marca. Cafés, tés y azúcares.

Actualidad 1928.

Juan Llanes Catalá se anunciaba así a comienzos de los años treinta:

Destellos. Noviembre de 1930: ¡Suicidas!… Si alguna vez se amarga su existencia no pierda en arrebatos su paciencia, que luego sale caro tal exceso… ¿La quiere Vd. endulzar…? Si es solo eso ya está el remedio aquí por excelencia: ¡adquiera “Caramelos del Congreso”! ¡El último alarido de la ciencia! En la acreditada chocolatería de Juan Llanes, donde al mismo tiempo tiene el depósito de las renombradas pastillas de café y leche de la casa Alonso-Murcia. Al Mismo Precio de Fábrica. Barcala, 15 – ORIHUELA.

Voluntad. Abril de 1930.

Carmelo Llanes Catalá, el último chocolatero oriolano.

Calle y teatro de la Corredera.

Carmelo Llanes Catalá se casó el 17 de marzo de 1907 con Carmen Alonso en la catedral. El mismo año en el que aparece la primera publicidad de su establecimiento en la Corredera, junto al Teatro.

(1907) CHOCOLATES Especiales de Carmelo Llanes. Elaborados a brazo. Calle del Pintor Agrasot. (Antes Corredera). Cafés tostados y crudos, Thés y Azúcares.

El Oriol Taurino. Agosto de 1907.

Tengo constancia del nacimiento de una hija a finales de octubre de 1911, Josefa Llanes Alonso. Su esposa, Carmen, falleció en noviembre (por la proximidad de fechas es posible que a consecuencia del parto).

El Eco de Orihuela. Noviembre de 1911: Ha fallecido la esposa del industrial D. Carmelo Llanes. Esta mañana se ha dicho por su alma una misa de «réquiem», y esta tarde se ha conducido su cadáver al cementerio. Ambos actos se han visto muy concurridos. Enviamos nuestro sentido pésame a su desconsolada familia.

La Corredera. Colección Javier Sánchez Portas.

Carmelo se volvió a casar; esta vez con Luisa Ibarra. Y el negocio comenzó a funcionarle muy bien; en 1916 lo premiaron en una exposición en Barcelona.

“El Conquistador”. Enero 1916: En la Exposición Permanente del Tibidabo de Barcelona y Concurso Nacional de Productos Alimenticios, últimamente celebrado, ha alcanzado un brillante triunfo nuestro querido amigo y paisano D. Carmelo Llanes Catalá; pues que en ese concurso que ha tenido una nutrida representación de elaboradores de chocolates, dado, el gran número de expositores que exhibieron sus especiales marcas, el jurado calificador, apreciando las exquisitas propiedades de los elaborados a brazo por nuestro paisano, ha concedido a éste el “Diploma de Mérito”, cuyo diploma, tuvo la amabilidad de mostrarnos anoche el agraciado. Felicitamos calurosamente al amigo Llanes por su notable triunfo, que no sólo le enaltece, sino que también honra a nuestra Patria chica.

Del segundo matrimonio tengo constancia que nacieron: Luisa Llanes Ibarra, fallecida en 1917 con sólo tres años; Carmelo Llanes Ibarra, fallecido en febrero de 1931; otra Luisa (que regentó la chocolatería) y algun hermano más que desconozco (a la muerte de Carmelo hijo, la prensa dio el pésame a «sus hermanos»).

Agosto de 1917: El lunes próximo pasado voló al cielo a la edad de tres años la niña Luisita Llanes Ibarra. A sus apenados padres, D. Carmelo y Dña. Luisa, acompañamos en su justo dolor. El Pueblo/Actualidad.

Bolsa original. Colección Luis Galiano.

Febrero de 1931: Se encuentra enfermo de algún cuidado el niño Carmelo Llanes Ibarra hijo de nuestro distinguido amigo y suscritor don Carmelo. Hacemos votos por su mejoría.

Febrero de 1931: El pasado sábado recibió cristiana sepultura el niño Carmelo Llanes Ibarra, hijo de nuestro particular amigo don Carmelo. La conducción del cadáver fue una sentida manifestación de duelo, en la que figuraba representación de todas las clases sociales de la localidad, señal de las muchas amistades de que goza la familia del finado. Nuestro pésame a los padres, hermanos y familia.

Envoltorio original Chocolate Carmelo Llanes.

La chocolatería de Carmelo Llanes ya no existe; y desconozco que habrá pasado con el valioso utillaje que guardaba en su interior hasta hace unos años.

Francisco Luis Galiano, vecino de la Corredera y buen amigo, me cuenta que conoció a una hija de Carmelo llamada también Luisa. Casada con Antonio «el Carrasquín», fueron los últimos propietarios de la chocolatería ahora derribada; la última chocolatería de Orihuela.

Fotografía José Alberto Pardines Pellús. 2021
Actualidad 1928

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas, Francisco Luis Galiano y José Manuel Dayas.

Apuntes para la biografía de Adolfo Clavarana.

A los lados del retrato, casas donde nació y murió Clavarana. Fotografías de P. Correu. En “La Vega del Segura” 4 de marzo de 1905.

Adolfo Clavarana Garriga

Adolfo Clavarana Garriga nació en Orihuela el 9 de Septiembre de 1844. Hijo del comerciante Julián Clavarana Maricone (los Maricone eran comerciantes de origen genovés instalados en Alicante a principios del siglo XVIII) y de Ana Garriga Lillo. Fue bautizado en la Catedral con los nombres: Adolfo, Monserrate y Gorgonio.

Excluyendo los datos documentados en su partida de bautismo, para componer la crónica de sus primeros años sólo disponemos de las biografías de Clavarana escritas antes y después de su muerte y difundidas hasta la saciedad por la prensa católica de toda España con un propósito claramente ejemplarizante.

Destacan especialmente las redactadas por Amancio Meseguer. Para su más destacado discípulo (y luego para todo el mundo) don Adolfo gozaba de “clarísimo entendimiento e inflexible lógica que le arrebataba irresistiblemente a buscar la verdad”; era un escritor chispeante, un hábil músico, un pintor aventajado, un caricaturista temible, un poeta ocurrente…

Su único defecto; el pecado subsanado oportunamente, fue su paso por el Partido Liberal; una ideología «demoníaca» que, una vez «caído del caballo», se dedicó a combatir el resto de su vida.

Esta relación de virtudes prodigiosas narradas por Meseguer pretendía principalmente dejar constancia de la presencia de Cristo en sus decisiones; y de la inquebrantable fe en Dios del apóstol. Al leer sus biografías hay que tener en cuenta su parcialidad exagerando virtudes y ocultando defectos hasta rozar la hagiografía.

Criado entre liberales progresistas del morrión, allá por los años de 1844 en que nació, D. Adolfo Clavarana fue también liberal; pero dotado por Dios de clarísimo entendimiento, su inflexible lógica le arrastraba irresistiblemente a buscar la verdad; lo cual procuraba a los veintidós años, encaramándose en el desván de la casa para devorar las obras de Balmes, mientras los demás rabiaban, y pateaban, y le buscaban inútilmente para que atendiese al comercio de su suegro, en cuya casa habitaba; la prosa comercial le cargaba sobremanera, a pesar de su título de Perito Mercantil.

Huyendo de ella, su genio de artista le hizo músico hábil, pintor aventajado, caricaturista temible, poeta ocurrente, y, por último, en diez y ocho meses, abogado; esfuerzo que por poco le cuesta la vida. Pero el Señor se la conservaba para empresas mayores. (Amancio Meseguer en «El siglo Futuro», 15 de febrero de 1905).

Tras realizar sus estudios primarios en Orihuela, Clavarana obtuvo el título de perito mercantil en Valencia, en 1863. Tres años después, con 22 cumplidos, casó con Josefa Bofill Regidor y, según su biógrafos, se instaló en casa de su suegro, don Ramón Bofill, quien le dio trabajo como dependiente en un inconcreto comercio.

Ramón Bofill se había casado en la Catedral con Paulina Regidor en 1844. He tratado de encontrar su establecimiento en la segunda mitad del siglo XIX; y he localizado un almacén de ultramarinos (azucar, cacao, etc.) de un tal Ramón Bofill en los Hostales, sin concretar el segundo apellido. Jesús Millán menciona en un artículo a un rico comerciante con tres criadas llamado Ramón Bofill Fontanals.

Con los datos que dispongo actualmente, en relación con su familia política puedo afirmar que Josefa, la esposa de Clavarana, era hermana de Carlos Bofill Regidor, farmacéutico, abogado, ferviente católico y concejal de Orihuela. Casado con Concepción Garriga en 1888, enviudó en mayo de 1901; perdió un hijo de quince años en 1904 y falleció en julio de 1922.

También era hermana de Dolores Bofill; casada con el famoso Ernesto Gisbert, juez destinado en Madrid que recopiló los datos para “la Historia de Orihuela” a finales del XIX. Con los mismos apellidos he encontrado también a Ramón Bofill Regidor, médico cirujano licenciado en Madrid en 1878; que ejerció en Orihuela y falleció en 1912.  Y a tres hermanas más: Teresa, Conchita y Esperanza.

Sus biografías cuentan que a Clavarana, a pesar de su titulación como Perito Mercantil, le aburría el comercio; y en horas de trabajo, devoraba las obras del teólogo carlista Jaime Balmes desatendiendo el negocio de su suegro.

Que a disgusto de su familia abandonó el empleo y, una vez conseguido el bachiller superior en 1869, emprendió la carrera de abogado en Murcia y la terminó en Salamanca; donde obtuvo la licenciatura en Derecho Civil y Canónico el 14 de Marzo de 1874.

Según cuenta su amigo Álvaro Landeira, magistrado del Tribunal Supremo, la elección de la carrera de Derecho estuvo motivada por su milagrosa aparición en Orihuela, de paso hacia Torrevieja en unos carnavales. Era el momento oportuno para marcarle el camino (las vidas de los santos son así).

Jóvenes, casi niños, nos conocimos en Valencia al comenzar la carrera; él la Mercantil, y yo la de Derecho. La mayor intimidad se estableció entre nosotros, porque a Adolfo era imposible tratarle sin sentirse subyugado por la magia de su peregrino ingenio y atraído por el raro conjunto de sus brillantísimas cualidades …

… Corría el año 1870 y me encontraba yo en Murcia. Varios amigos con quienes tenía afinidades de profesión, de edad y hasta de gustos, me propusieron ir a pasar los días de Carnaval en Torrevieja. Llegamos a Orihuela y nos ocupamos en buscar un carruaje que nos llevara al punto de nuestro destino y, estando en esto, vi pasar a Adolfo por la calle, le llamé y nos arrojamos uno en brazos del otro. Como hacía algún tiempo que no nos veíamos, quise saber en qué se ocupaba.

Advertí que se hallaba hondamente preocupado y dudoso acerca del rumbo que debería tomar en aquella época de incertidumbres y desvaríos y se me ocurrió decirle: ¿por qué no aprovechas la libertad de enseñanza, cursas en la Universidad libre de Murcia y te haces Abogado? Madurada la idea fue aceptada por Adolfo, se convirtió de nuevo en estudiante y a mi lado siguió los estudios con una constancia igual a su aprovechamiento. Terminada la carrera, recibió el grado de Licenciado, previos brillantísimos ejercicios en la Universidad de Salamanca.

¿Necesitaré decir lo que fue Adolfo como Abogado? Apenas abierto su bufete era ya un Jurisconsulto de cuerpo entero. Módico y desprendido en la percepción de honorarios, identificado con sus clientes cuyos intereses defendía por cuantos medios le sugería su poderosa inteligencia, sobrio claro y preciso en sus escritos forenses de elocuencia originalísima, nerviosa, contundente, en sus informes orales, su fama se extendió a toda la provincia y aún fuera de ella. (Álvaro Landeira en «La Voz de Alicante», 23 de marzo de 1905).

En mayo de 1875 se adscribió al Colegio de Abogados de Orihuela; montó su bufete, y cuentan que pronto alcanzó gran prestigio a nivel provincial.

En abril de 1878 era socio suscriptor de “La Unión Agrícola Orcelitana” con el número 8. En ese mismo año comenzó a publicar en “El Segura” y “La Voz de Orihuela”. He transcrito buena parte de un artículo en el que hacía patente su animadversión por el liberalismo económico y la revolución industrial. Me parece muy interesante.

El Segura. 8 de mayo de 1878: Era yo casi niño cuando oía a uno de mis profesores de la Escuela Industrial repetir el sistemático panegírico de esos instrumentos con que el hombre ha procurado defenderse de la terrible ley del trabajo. Condenar las máquinas, decía volviendo a los eternos argumentos de años anteriores, equivaldría señores, a condenar la aguja, a condenar el arado, a condenar la pluma, y en buena lógica o se ha de caer en esos absurdos o ha de admitirse como axioma irrefutable que las máquinas siempre constituyen un verdadero progreso.

Blasfemia parece en pleno siglo diez y nueve sostener algo que sea contrario a los vertiginosos progresos de la mecánica aplicada a la industria. Desde entonces he observado que las grandes máquinas han dado lugar a las grandes industrias; que las grandes industrias no han sido otra cosa que grandes monopolios y que si en orden al consumo, máquinas, industrias y monopolios han realizado grandes progresos abaratando los productos y satisfaciendo desde los instintos fastuosos del rico hasta las ridículas vanidades del pobre, en cambio y en orden a la producción y distribución de la riqueza han causado no pocos males, y lo diré sin reparo, un verdadero retroceso.

Las grandes industrias han matado a las pequeñas, y al verificarse este cambio, los que ayer eran jefes de su obrador y capitalistas modestos que trabajaban en su propio hogar, hoy son pobres, obreros agrupados en inmensos talleres, donde ya que no les es posible sacudir el yugo de un trabajo que ellos consideran tributario de la avaricia, se contentan con aprender doctrinas antisociales y soñar revoluciones demagógicas. Este cambio no es un progreso. La centralización del trabajo es un mal social de los más graves y el pauperismo su más inmediata consecuencia.

Inglaterra puede vanagloriarse de ser en industria la señora feudal del mundo, y sin embargo Londres, Manchester, Liverpool y otras de sus ciudades más populosas; acusan las cifras relativas más desconsoladoras de mendigos, ladrones y prostitutas. La gran industria ha centralizado el oro, y la centralización del oro ha enriquecido a unos pocos a expensas de reducir al mayor número a la esclavitud del trabajo asalariado, hermana gemela de la indigencia y del embrutecimiento. Ha destruido la clase media, esa clase que en los pueblos modernos parecía destinada por la providencia a conservar el fuego sagrado de la virtud y de la ciencia. Ha aglomerado en esos grandes centros una población inmensa que a cada oscilación del consumo responde con una crisis aflictiva, con un tumulto amenazador o con una revolución sangrienta.

El círculo trazado por la moderna ciencia económica y cuya fórmula consiste en producir para abaratar, abaratar para estimular el consumo, para sostener la producción. Las consecuencias de esta doctrina son temibles. La necesidad de abaratar aumentada por la rivalidad exige la disminución del precio de los jornales, el aumento de las horas de trabajo o la invención de nuevas máquinas que necesitan menos obreros. La explotación del hombre por el hombre se hace cada día más dura y el obrero se ve en el caso de asociarse para defenderse con las armas en la mano no de lo que él llama la avaricia del Burgués  ¿Puede darse un espectáculo más extraño y una lección más elocuente que la de una turba de obreros incendiando sus propias fábricas? Adolfo Clavarana.

Secretario y Síndico del Ayuntamiento de Orihuela, había entrado en política de la mano de Tomás Capdepón Martínez, poderoso personaje nacido en Almoradí. Capdepón fue concejal en el Ayuntamiento de Madrid y diputado por el distrito de Dolores.

Afiliado al partido liderado por Sagasta dentro del sistema bipartidista que debía estabilizar la Monarquía, Capdepón falleció en 1877 y su heredero político fue nada menos que su sobrino, Trinitario Ruiz Capdepón.  

En 1892 un redactor de “El Independiente” utilizando el seudónimo “Pepe Verdades” mencionó a “un hombre afiliado al partido liberal desde tiempos de D. Julián Clavarana y por tanto capdeponista desde los tiempos de D. Tomás Capdepón”. Lo que deja claro que su padre, o su hermano Julián (interventor Militar y Comisario de Guerra) militaron en los liberales. El caso es que, fallecido su mentor, las ideas políticas de Adolfo cambiaron radicalmente.

Tomás Capdepón. La Ilustración Española y Americana. 15 de mayo de 1877.

De su matrimonio con Josefa Bofill nacieron ocho hijos: José, Fernando, María, Adolfo, José, Dolores, Julián y Teresa. Clavarana tuvo que enterrar a cuatro de los varones y a una de las niñas. La primera defunción que tengo registrada la anunció «El Segura» en 1878.

El Segura. 14 de agosto de 1878: Nuestro particular y querido amigo D. Adolfo Clavarana, ha tenido la inmensa desgracia de perder uno de sus hijos víctima de una penosa y larga enfermedad. Sentimos tan lamentable pérdida y le acompañamos en su justo y natural dolor.

Caja de Socorros y Ahorros.“La Agrícola”. Colección Javier Sánchez Portas.

En 1879 fue socio fundador y el autor del reglamento de la Caja de Socorros y Ahorros. Conocida como “la Agrícola”, acabó instalada el los bajos de la casa de Tinitario Ruiz Capdepón. Un año después, en la primavera de 1880, nacía el Partido Liberal Fusionista; y en pocos meses, los suyos con Sagasta a la cabeza llegaban al poder.

Caja de Socorros y Ahorros.“La Agrícola”. Colección Javier Sánchez Portas.

En ese mismo 1880 terminaba la carrera de Medicina en Valencia su discípulo inseparable; el divulgador de su vida y de su obra. Amancio Meseguer López era hijo de Amancio Meseguer Amorós (otro de los fundadores de «La Agrícola» fallecido en 1894 ) y cuñado del famoso político liberal Francisco Ballesteros.

Amancio Meseguer. Orla Facultad de Medicina Valencia curso 1879-1880.

Médico cirujano, homeópata, escritor, traductor, poeta, gran activista católico y biógrafo de Clavarana, Amancio casó en abril de 1888 con la torrevejense Ana Manresa. De este matrimonio nació Amancio Meseguer Manresa.

Amancio Meseguer López y Amancio Meseguer Manresa. Archivo Municipal de Orihuela.

(Clavarana) No tardó en ser el primer abogado de la comarca; y fiel a sus principios liberales, él era quien manejaba el palo de la gaita fusionista (entonces constitucional) en este cacicato. Desempeñó los cargos de síndico y secretario del Ayuntamiento, y allí hizo famoso su ingenio en unas tan memorables como liberales elecciones; pero repugnaban a su natural honrado las miserias y bajezas de la política liberal; y no pudiendo aguantar más aquella atmósfera, que le revolvía el estómago, se separó de ella cabalmente y de intento al subir al poder Sagasta. Como no le faltaron tentadoras ofertas de los liberales fusionistas, y como hubiera llegado a mucho y pronto, pues le acompañan iniciativa e ímpetu irresistibles, imaginación fogosa, palabra chispeante y finísima sátira, los amigos le tuvieron y tienen por loco, o por un exagerado, indigno de que se le atienda…

…Si la Iglesia nuestra Madre no oculta lo que fue el Apóstol de las gentes, antes que viese y oyese a nuestro Divino Redentor, cuando se le apareció en el camino de Damasco, ¿por qué ocultar lo que fue Clavarana antes de ser insigne maestro del periodismo católico y el primer hombre de nuestra comunión entre los que ya han recibido el premio de cuantos perseveraron en el combate? Un trueno en su mocedad; hombre de inagotable y mal empleado ingenio, cuando comenzó a sentar la cabeza, el primer abogado de la comarca; cuando se le antojó licenciarse en Derecho, en diez y ocho meses se hizo abogado; el más listo de los políticos; el más elocuente de los letrados; el más travieso de los secretarios de Ayuntamiento; el más terrible de los escritores; el más sangriento satírico; ese fue Clavarana liberal; hombre llamado a ser todo lo que hubiera querido, por los caminos de perdición: alcalde, diputado, ministro, cacique máximo…

Pero un día, día bendito que los católicos españoles debíamos señalar con piedra blanca, oyó Clavarana predicar a Cristo crucificado por la sinagoga moderna, y aquel hombre de fuego se postró ante los pies del Señor, repitiendo la frase del Apóstol: —Señor, ¿qué queréis que haga? —Y cuando se cercioró y aseguró de la voluntad de Dios respecto de él echó a rodar todo lo que le apartaba de Cristo, y comenzó a predicar a las muchedumbres una cruzada que sólo Dios sabe los pecados que ha evitado, los bienes que ha acarreado, las familias y pueblos que ha regenerado, las almas que ha salvado (Amancio Meseguer en «El siglo Futuro», 15 de febrero de 1905).

Clavarana era miembro, junto a su esposa y su cuñado, de la tercera orden de San Francisco; pero su «caída en el camino de Damasco» llegó en marzo de 1877, en unos ejercicios espirituales para caballeros organizados en la Merced por los jesuitas José María de La Hoz y Hermenegildo Jacas, rector de Santo Domingo entre los años 1871 y 1881. Su implicación en el apostolado católico y en todo lo que tuviese que ver con la Iglesia fue en aumento y muy pronto comezaría su gran obra.

Manual del colegial, devocionario para uso de los jóvenes que se educan en los colegios. Hermenegildo Jacas (1827-1897).

El eco de la provincia. 26 de enero de 1882: Según nos escriben de Orihuela, también allí se ha constituido una junta diocesana para promover la peregrinación española a la capital del orbe católico, que con la aprobación del Sumo Pontífice, y bajo la Dirección de los Obispos, ha de tener lugar en la primavera próxima. La junta a que aludimos se compone de los Sres. que a continuación se expresan: Presidente honorario. Muy Ilustre Sr. D. Antonio Begué, Deán, Vicario capitular y Provisor de esta Diócesis. Presidente activo. Sr. D. Salvador de Lacy y Pascual de Bonanza, ex-diputado a Cortes y propietario. Vice-Presidente. Sr. D. Adolfo Clavarana, abogado y propietario.

Aguardaba el Señor a su escogido. Quejábase un día al Padre José María La Hoz de su amarguísima condición de burlarse de todo; y entonces el Padre le dijo: Emplee V. esa cualidad en el servicio de Dios, que para eso se la ha dado. Y ahí nació la idea de La Lectura Popular. Fundóla por su ardentísimo amor a la verdad y anhelo de que fuera conocida de todos, en particular del pueblo, a quien profesaba entrañable afecto; Se propuso hacer un Cencerro católico; y pensó sacrificar a esta obra los ratos libres con algunos duros mensuales de su bolsillo en bien de la ilustración de las pobres víctimas de las añagazas y embustes del liberalismo; y Dios bendijo la obra según la recta intención que le guió, llegando a tirar hasta setenta mil ejemplares a pesar del abandono en que tenía la parte comercial de la obra, y de la falta de propaganda. (Amancio Meseguer en La Vega del Segura, 4 de marzo de 1905).

Discreta cabecera del primer número de La Lectura Popular.

El 3 de mayo de 1883 fundaba el periódico quincenal «La Lectura Popular» en el que se dedicó a difundir pequeños relatos basados en la moral religiosa con un exitoso sistema de venta y distribución.

LA LECTURA POPULAR. Publicación católica quincenal. Gratuita para las clases trabajadoras. Con censura eclesiástica. Esta publicación tiene por objeto difundir gratis entre el pueblo la sana lectura moral y religiosa, presentándola bajo formas amenas y ligeras para que se propague más fácilmente.

La suscripción se hace por acciones, medias acciones o cuarto de acción. Cada acción da derecho a recibir cien ejemplares de cada número o sea doscientos periódicos al mes, que el accionista reparte por sí entre sus criados, colonos, operarios, feligreses, etc. o bien deja su distribución al arbitrio de esta administración para que la haga en las aldeas, huertas, caseríos, fábricas, escuelas, establecimientos penales, etc. Precios de suscripción: una acción 4 pesetas mensuales. Media acción 2 pesetas. Un cuarto 1 peseta.

El llamado «apóstol de la prensa católica» manejaba hábilmente la sátira, y sus sencillos relatos gozaron de gran éxito. «La Lectura Popular» alcanzó fama mundial (se vendía en América Latina a través de una corresponsalía en Cuba) con una tirada superior a los sesenta mil ejemplares. Al año siguiente de su lanzamiento don Adolfo cerró el bufete. Tenemos el testimonio de su amigo, el magistrado Álvaro Landeira:

Pasaron los años y en 1884, me hallaba yo de fiscal en la Audiencia de Cartagena. Un amigo que acababa de llegar de Orihuela me indicó que Adolfo, por escrúpulos de orden religioso, trataba de dejar el ejercicio de la abogacía en que tanto renombre había conquistado. La noticia me produjo verdadero asombro, porque no concebía que Adolfo, en plena juventud, con vigor físico, con reputación profesional siempre creciente y con dotes intelectuales por nadie superadas, echase por la borda el bienestar presente y futuro de su familia, que era precisamente su idolatría. El proyecto me pareció tan descabellado, que tomé el tren y me fui a Orihuela, resuelto a quemar el último cartucho para disuadirle de lo que consideraba un enorme desatino.

Me recibió con los brazos abiertos, le signifiqué que deseaba tratáramos a solas un asunto grave y convinimos salir a la mañana siguiente a dar un paseo por la huerta, durante el cual podíamos hablar sin testigos. Hecho así, me cercioré por boca del mismo Adolfo de que estaba irrevocablemente resuelto a darse de baja como abogado. Todas mis reflexiones fueron inútiles y cuando yo, haciendo un último esfuerzo porque presentía la derrota, le argumenté en el sentido de la perfecta compatibilidad que existía entre una vida cristiana ajustada y el ejercicio honrado de una profesión que le reservaba grandes triunfos y positivas ventajas; se detuvo, me cogió de un brazo y fijando en mí una mirada en que se transparentaban a la vez tristeza y decisión, me dijo:

—Tú no eres el mismo: en el terreno religioso has retrocedido.— Te equivocas, le contesté: estoy donde estaba hace diez años. Sea, replicó, pero te advierto que en estas materias no es lícito detenerse: el que no avanza, retrocede. Comprendí que me las había con un espíritu heroico, saturado de ansias de sacrificio por la santa causa de la Religión Católica, admiré su grandeza y me confesé vencido. (Álvaro Landeira en «La Voz de Alicante», 23 de marzo de 1905).

Pero no sólo dejó la abogacía; elegido concejal en 1885 renunció al Ayuntamiento y al Partido Liberal del que había sido gran propagandista. Lo abandonó todo para dedicarse en cuerpo y alma a su periódico y al apostolado católico.

El Oriolano. 17 de diciembre de 1885: El Sr. Rebagliato ha recibido una R. O. del ministerio de la Gobernación nombrando alcalde presidente de nuestro Ayuntamiento al señor D. Francisco Ballesteros. En virtud de la toma de posesión de los concejales fusionistas, cesarán en sus cargos los interinos señores Burunda, Román, Abril, Guillén, Ortuño, Ruiz y Botella, siendo reemplazados por los señores D. Francisco Ballesteros, D. César Giménez, D. Francisco Román, D. Adolfo Clavarana, D. Francisco García, D. Pedro Costa, D. Juan Bautista Iborra y D. José Ferrer. El señor Clavarana es probable que no tome posesión…

… A las once de la mañana de hoy se ha reunido en sesión el Ayuntamiento, presidido por el señor Rebagliato. Han asistido doce concejales. Dióse cuenta del despacho ordinario que no extractamos por falta, de espacio, entre el cual figura la R. O. nombrando al Sr. Ballesteros alcalde presidente del ayuntamiento para el bienio de 1885-87(…) El presidente saluda a los nuevos concejales felicitándose de su ingreso en la corporación, y especialmente al señor Ballesteros, a quien desea acierto y prosperidad en el ejercicio de su cargo (…) No han tomado posesión los concejales fusionistas señores Clavarana, García e Iborra.

La aventura de «La Lectura Popular» comenzó en el establecimiento de Cornelio Payá, en la calle Mayor número 37. Pero pronto, en 1884, Clavarana montó su propia imprenta emplazada en la calle de Bellot número 3, donde tenía su domicilio. Dirigida en 1885 por Luis Zerón, allí se confeccionaron varios periódicos y otras publicaciones.

Autor de infinidad de cuentos morales, de numerosos artículos de carácter político, económico, humorístico y, sobre todo, religioso, buena parte de su producción literaria se condensó en una gran obra titulada “Lecturas populares. Colección de cuentos, artículos y diálogos de buen humor”; cuya primera edición se imprimió en Madrid en 1885. Reeditada muchas veces en la imprenta de “La Lectura Popular”, en 1910 estaba compuesta por siete volúmenes. En 1925 se amplió a diez.

Semanario católico. 16 de enero de 1886: LECTURAS POPULARES. Colección de Cuentos, Artículos y Diálogos de buen humor originales de D. Adolfo Clavarana. El  prólogo: Habrán ustedes oído nombrar por ahí, y aun tal vez conocerán de vista y quizá también de trato, a cierto periódico semanal, chiquirritito, travieso, enredador, de poca apariencia pero de mucha sustancia, listo, vivaracho, siempre festivo y decidor, aun a propósito de las cosas más serias de este mundo y del de más allá: periódico más amigo de codearse con el pueblo en sus inferiores capas, como se dice ahora, que de hollar crujientes alfombras y lustrosos mármoles palaciegos; periódico de índole vulgar y callejera, aunque de nobles y elevados instintos…

… ¿A qué multiplicar señas y contraseñas, si dando sencillamente su nombre salimos del paso con mucha mayor facilidad? Llámase pues La Lectura popular, y es su patria Orihuela…  Se vende al módico precio de una peseta en toda España, regalándose dos ejemplares al que tome 12 y 20 al que tome 100.

Pinchando en la siguiente imagen se accede a una de sus recopilaciones alojada en la Biblioteca Nacional.

Acceso a obra en la Biblioteca Nacional de España.

En julio de 1887, una romería compuesta por más de mil peregrinos con cien sacerdotes llegó a Lourdes. Estaba formada por valencianos, catalanes y baleares que se reunieron en Barcelona para subir en procesión al santuario de Montserrat. De los «romeros» oriolanos y murcianos se había encargado Clavarana.

Semanario católico. 14 de mayo de 1887: La peregrinación valenciana a Monserrate y a Lourdes, que se está organizando en la capital de este antiguo reino, promete ser esplendorosa. (…) Los «Ecos de María Inmaculada», que es la Revista órgano oficial de la peregrinación, da cuenta ya de la constitución de la Junta central de Cataluña en Barcelona, bajo la presidencia del Ilmo. Sr. Obispo de aquella capital. En breve quedará también constituida otra Junta regional, que lo será de Orihuela y Murcia, para lo cual ha sido comisionado D. Adolfo Clavarana, Director de La Lectura Popular.

Cromo francés con la imagen del Cardenal Lavingerie.

De la ciudad condal salieron en tren para llegar a Lourdes en una notable y exitosa manifestación católica que duró cuatro días. El cardenal francés Lavigerie dio su bendición a los romeros españoles entre los que figuraba don Adolfo con gran protagonismo. No sé qué pidió en Lourdes; pero ese mismo año perdió a su hija María con sólo cuatro años.

El Día. 23 de octubre de 1887: El jueves falleció a la temprana edad de cuatro años una hija de nuestro querido amigo Don Adolfo Clavarana. Reciban sus desconsolados padres nuestro más sentido pésame.

Semanario católico. 7 de enero de 1888: El trabajo del ilustre director de La Lectura Popular de Orihuela, D. Adolfo Clavarana, que lleva por nombre «Certámenes para fomentar la lectura católica» es tomado en consideración por la Junta y lo ha pasado a la Comisión ejecutiva, la cual queda encargada de hacer el Reglamento para llevar a cabo tan excelente idea.

Adolfo Clavarana y sus objetos de uso personal.

Don Adolfo militaba en el carlismo. Pero en 1888 nacía el Partido Integrista o Partido Católico Nacional, como reacción al intento de acercamiento de los carlistas al liberalismo político, traicionando sus esencias. El diario “El Siglo Futuro” era el órgano de propaganda a nivel nacional y difundía en sus páginas artículos de Clavarana cuya fama seguía creciendo..

…Vencida su hereditaria y liberal repugnancia, se adhirió al partido carlista. ¡Sorpresa grande fue aquí con ocasión de la Misa de acción de gracias por la salud de D. Jaime, el verle venir por la calle Mayor, a la cabeza de los concurrentes, y entre dos carcas de lo más caracterizado del género!… ¡Heroica acción, conocidas las circunstancias! Cuando la deplorable amputación del partido carlista, Clavarana, siguiendo en el firme criterio que a los carlistas le había conducido, se dio por amputado; se quedó con los que después fueron apodados integristas, y fue uno de los ochenta que merecieron ser citados a la primera y secreta reunión preparatoria del partido tradicionalista, en cuyas determinaciones influyó notablemente… (Amancio Meseguer en «El siglo Futuro”, 15 de febrero de 1905).

La nueva formación integrista caló muy hondo en la Vega Baja. Y por supuesto contó con la pluma, el impulso y la influencia de «el apóstol». Ese mismo año enfermó de cuidado por primera vez.

El alicantino, diario católico. 3 de marzo de 1888: Está enfermo de algún cuidado nuestro querido amigo D. Adolfo Clavarana, Director de La Lectura popular de Orihuela. Encargamos a nuestros lectores ofrezcan oraciones a Dios por la salud del valiente campeón de la causa católica en nuestra provincia, pues su muerte, dejaría un vacío difícil de llenar en el campo de la propaganda católica.

En 1890 la que parecía muy enferma fue su mujer; tanto como para darle la extrema unción. Durante seis años, Josefa Bofill siguió apareciendo en prensa con la «salud quebrantada»; pero la viuda de Clavarana hizo bueno el refrán «Mujer enferma, mujer eterna», como veremos más adelante.

El diario de Orihuela. 17 de noviembre de 1890: Ayer tarde le fueron administrados los últimos Sacramentos a Dña. Josefa Bofill Regidor, esposa de nuestro querido amigo D. Adolfo Clavarana y Garriga. Deseamos a la enferma el pronto y radical restablecimiento.

El diario de Orihuela. 18 de noviembre de 1890: Con motivo de la grave enfermedad que padece doña Josefa Bofill y Regidor, ayer tarde llegó a esta población procedente de Madrid su querida hermana doña Dolores, acompañada de su apreciable esposo y estimado amigo nuestro D. Ernesto Gisbert, Juez de primera instancia del distrito del Este de Madrid.

La Prensa. 23 de noviembre de 1890: Se halla muy mejorada de la enfermedad que ha puesto en peligro su vida, la Sra. Dña. Josefa Bofill, esposa de nuestro apreciable amigo el Sr. D. Adolfo Clavarana.

Clavarana se integró plenamente en la Comunión Tradicionalista sin dejar sus asuntos religiosos. En agosto de 1893 formó parte del consejo diocesano para organizar una peregrinación a Roma que montó el obispo de Orihuela. Estaba presidido por su cuñado, Carlos Bofill; y Adolfo Clavarana y Amancio Meseguer eran vocales.

Nacida en octubre de 1894 en los talleres de “La Lectura Popular” salió otra publicación católica auspicida por Clavarana y dirigida por José Saravia Vergel. Se titulaba “La Noticia Diaria” y tenía, como anunciaron en su primer número, una clara vocación de moralidad pública.

La Noticia Diaria. 15 de octubre de 1894: «La Noticia Diaria» es un periódico más pero un periódico que sale al campo, no a servir de instrumento a pasiones políticas; intereses de partido ni aspiraciones personales (…) huyendo de los vicios de periodismo, enterará a sus suscriptores de los asuntos locales y generales que más interesen; publicará telegramas de su servicio particular; insertará revistas útiles, y amenizará su  lectura con variedades científicas y literarias, charadas, cuentos, anécdotas y aun si fuese posible con caricaturas y grabados; pues todo, depende del favor que el público le dispense.

En cuanto a la parte religiosa, nuestros lectores hallarán en ella no solo las noticias locales relativas al culto, sino que dada la prioridad que entre católicos merece esta sección, la consagraremos atención especialísima. Y no decimos más porque preferible es ofrecer poco y cumplir lo ofrecido, que llenar columnas, de pomposas ofertas para echarlas después al olvido.

Mientras se imprimió en los talleres de “La Lectura Popular” su redacción pasó por la Plaza de la Fruta, la Corredera y Capuchinos. Por motivos que desconozco, a partir del número 184, publicado en junio de 1895, redacción y administración pasaron a la Plaza de Santiago (domicilio del director) y se confeccionó en la imprenta de Luis Zerón, ubicada en los Hostales. Pero sin el apoyo de Clavarana sólo aguantó hasta el 24 de julio.

En ese mismo año de 1895 el hijo homónimo de Clavarana, director de «La Lectura Popular», terminaba la carrera de Derecho y se colegió en Orihuela. También por esas fechas comenzó a trabajar en la imprenta un joven que sería referente en la historia del periodismo conservador alicantino del siglo XX: Juan Sansano Benisa o Sansano Más, como gustaba firmar sus obras.

El nuevo alicantino. 23 de noviembre de 1895: ECOS DE LA PROVINCIA. El notable escritor católico y popular periodista, nuestro particular amigo D. Adolfo Clavarana Bofill, director de La Lectura Popular, se ha inscrito en el Colegio de Abogados de Orihuela, teniendo su despacho en aquella ciudad calle de Bellot, número 3.

El 15 de enero de 1897 Adolfo Clavarana testó ante el notario Ramón Amat. En dicho testamento, conservado el Archivo Histórico que tuve el gusto de leer hace años, dejó escrito que guardaba en el cajón derecho de la mesa de su gabinete unas “memorias para después de mi fallecimiento”. Nunca he sabido que fue de ellas. Quizá las aprovechó Meseguer en sus biografías...

Gabinete escritorio de Clavarana y cuarto en el que murió. Fotografías de P. Correu. En “La Vega del Segura” 4 de marzo de 1905.

En los últimos suspiros de la centuria, en plena Navidad, don Adolfo recibió un duro golpe. Dios le volvía a poner a prueba.

El estandarte católico, diario de Tortosa. 27 de diciembre de 1899: En Orihuela falleció santamente el miércoles de la semana pasada el joven D. José Clavarana y Bofill, hijo de nuestro muy querido amigo D. Adolfo, uno de los periodistas que con más denuedo luchan en defensa del Catolicismo. No hay que decir cuánta parte tomamos en la natural pena que aflige a tan respetable amigo, pero como sabemos que no se paga de vanas palabras de consuelo no hacemos sino pedir a nuestros lectores que eleven a Dios sus preces por el alma del malogrado joven, aunque piadosamente pensando, es de suponer que sus virtudes habrán obtenido la recompensa que se concede a los elegidos.

Año 1900

Con el cambio de siglo Amancio Meseguer comenzó a publicar sus hagiografías que elevaban a Clavarana a la santidad; haciendo de ello un género. Ésta la redactó para un diario católico de Tortosa:

El estandarte católico, diario de Tortosa. 21 de mayo de 1900: CLAVARANA. Adolfo Clavarana, perito mercantil, y asociado a los 22 años al comercio de su suegro, salió de él por interior impulso, dando con el pie a los prosaicos géneros de la tienda entre los que cabía. En diez y ocho meses se vio bachiller y abogado. No sin que le costase estar a las puertas de la muerte. Hallólas cerradas; y el primer año ganó para la matrícula; y al segundo era el primer abogado de la comarca; mas como su modestia corría pareja con su ímpetu, no llegó a tal punto sin que tuvieran que empujarle los amigos para que abogase, y aún que pedirle el título sin que él lo supiese.

Liberal fusionista, Secretario y Síndico del Ayuntamiento, y electorero habilísimo; en los memorables ejercicios espirituales del P. Jacas y el P. La Hoz, cayó a los pies del incomparable P. la Hoz, que le quiso como a hijo, y encaminó su ya famosa vis cómica, a la gloria de Dios. Lógico sobre todo, y sobre lógico hombre de recta intención entregado a Dios, cumplió el primer mandamiento rechazando ventajosas, ciertas y tentadoras ofertas de los liberales, y, convirtióse en el más terrible enemigo con que hoy cuenta el liberalismo en España.

Dejóse la abogacía por aquello de San Francisco de Sales de que una cosa es la justicia y otra la judicatura, y fundando «La Lectura Popular», se vio en él cumplida la promesa de la Sagrada Escritura de que el que busca el reino de Dios y su justicia, recibe lo demás por añadidura; pues realizó el milagro de la literatura metido en un oscuro rincón. Músico hábil; caricaturista chispeante y pintor aventajado, vive hoy agobiado de obligaciones, enfermedades y trabajos, sin más mira que la gloria de Dios y la ruina del liberalismo, fuente de nuestras desdichas presentes  y de las futuras, no menos abundantes y terribles. Quiera Dios dar larga vida y fuerzas para bien de su gloria y de la propaganda en España. AMANCIO MESEGUER.  

En 1902, un artículo firmado por Adolfo Clavarana fue republicado en Madrid por el diario integrista «El Siglo Futuro», provocando un escándalo a escala nacional. Pero la denuncia no pareció inquietarle:

“¿Cómo pagaremos al Sr. Canalejas el honor que acaba de dispensarnos? Porque han de saber ustedes que el Sr. Canalejas, ex-ministro de Agricultura, ex-ministro de Gracia y Justicia y candidato a la jefatura del partido ultra-democrático-español, se ha dignado descender desde las alturas de su posición política a medir sus armas con el último periodista del último periódico de la prensa mínima de España”.

Si os interesa leer dicho artículo o cualquier otro número de la Lectura Popular, pinchando en la siguiente imagen se accede al depósito en la Hemeroteca Digital.

Enlace a «La Lectura Popular» en la Hemeroteca Digital.

La Correspondencia de Alicante. 12 de agosto de 1902: ORIHUELA. Canalejas y Clavarana.—En el juicio.— Escurriendo el bulto.— Juicios y comentarios.— Noticias. «La Lectura Popular», periódico integrista que publica aquí D. Adolfo Clavarana, dio a luz el 1° de julio un artículo firmado por dicho señor, titulado «La democracia en paños menores», en el cual ponía de oro y azul al Sr. Canalejas. Reimpreso el artículo por «El Siglo Futuro» y aumentado así el escándalo, creyó conveniente el jefe de los demócratas salir a la defensa de su honra llevando a los tribunales al autor de «La democracia en paños menores», y a este efecto, por medio de su procurador en Orihuela D. Luis Ibáñez, demandó a juicio de conciliación a D. Adolfo Clavarana.

Señalado el acto para las once de la mañana del sábado último, era natural que produjera tan singular atención. Es el Sr. Clavarana un abogado muy listo, escritor chispeante, intencionado, demoledor, que goza aquí de muchas simpatías por su amabilidad, por su talento, por su perspicacia, si bien como apóstol y santón del integrismo sean criticadas sus exageraciones y los fuegos de bengala con que divierte a sus parroquianos desde las columnas de «La Lectura».

Colocado frente a frente del Sr. Canalejas y dispuesto D. José a medir sus armas con el jefe de los íntegros oriolanos, lo que en otras circunstancias y entre otras personas no hubiese tenido importancia alguna, despertó desde el primer momento la atención de toda le prensa española, y ha sido y es la comidilla de todas las conversaciones entre nosotros; porque si bien la modestia de D. Adolfo no gusta de ciertas manifestaciones, como jefe de grupo diminuto pero jefe al fin, y como periodista, hábil y experto, no podía desperdiciar la fortuna que se le colaba de rondón por las puertas de su casa.

Ello es que todo el mundo esperaba aquí ansiosamente la llegada del sábado y que esta singular expectación la aumentaba el tic tac tiqui tac del manipular del telégrafo que ha funcionado mucho con preguntas, advertencias y recomendaciones. Y llegó el sábado. Ya de muy mañana se comentaban con deleite ciertas declaraciones arrogantes que atribuían a D. Adolfo el propósito de dar al señor Canalejas con la badila en los nudillos: al local del juzgado municipal fueron acudiendo curiosos, dignidades eclesiásticas, abogados, comerciantes, periodistas… todos fueron acogidos con la exquisita amabilidad que distingue al juez D. Enrique Olmos, y gracias a sus disposiciones, para todos hubo sitio en el pequeño local de la Audiencia.

A las once se presentó el Sr. Clavarana acompañado de su hermano político D. Carlos Bofill, en calidad de hombre bueno; por parte del Sr. Canalejas lo era el presidente del Ateneo de San Luis Gonzaga, D. Joaquín Carrió, y dado principio al acto y leída la demanda en la que se pedía que el Sr. Clavarana se retractara de lo dicho, expuso este su declaración, que llevaba escrita, en los siguientes términos: Que ante todo debe rectificar algunos fundamentos, de la demanda, el primero de los cuales es atribuir al que habla el artículo a que este acto se refiere, puesto que tal artículo está escrito por D. Adolfo Clavaraca y Bofill, y se demanda a D. Adolfo Clavarana y Garriga; y el segundo es que el citado artículo no ha sido publicado en el «Siglo Futuro», sino en la «Lectura Popular» de Orihuela.

Estas palabras dejaron a todo el mundo estupefacto. No era de él el artículo, sino de su hijo, y todos se dieron a cavilar quién pudiera ser el Espíritu Santo que había inspirado salida tan original y que tampoco ha convencido a la gente. Aplauden los amigos tan habilísima respuesta; lamentan los indiferentes que hombre de tan claro talento no haya estado en lo firme, y se gozan los liberales con lo que, llaman la caída; pero lo cierto es que este asunto ha perdido su interés y que todos convienen en que «La Lectura Popular» ha perdido ya el derecho y la autoridad para llamar a los liberales embusteros y farsantes.

La Lectura Popular. 15 de julio de 1903: … Fue muy felicitado el Sr. Botella por muchos oyentes, entre los que había varios compañeros de profesión. También nosotros le felicitamos así como aceptamos y agradecemos a nuestra vez las felicitaciones que de todas partes se nos dirigen por haber salido airosos en nuestro pleito con el Sr. Canalejas; pues la Audiencia de Madrid obrando en justicia se ha visto obligada a absolvernos de la querella que con tanto empeño ha seguido contra nosotros el apóstol del anticlericalismo español.

Al final, la responsabilidad del artículo recayó en su hijo. Y aunque inicialmente fue absuelto por la Audiencia Provincial de Madrid, Canalejas recurrió y Adolfo Clavarana Bofill acabó condenado por el Tribunal Supremo a la pena de tres años y siete meses de destierro a 25 kilómetros de la Ciudad de Orihuela, una multa de 500 pesetas y el pago de las costas procesales.

El Pueblo de Valencia. 5 de marzo de 1904: PERIODISTA CONDENADO Ha sido condenado Adolfo Clavarana a siete años de destierro, multa y pago de costas, por haber escrito en un periódico de Orihuela artículos injuriosos contra el Sr. Canalejas.

La Comarca. 7 de marzo de 1904: El Tribunal Supremo ha condenado a D. Adolfo Clavarana Bofill, hijo del director de nuestro apreciable colega local La Lectura Popular en la querella que contra él venía sosteniendo el Sr. Canalejas por un artículo publicado por el primero y que el segundo consideró injurioso, a la pena de 3 años y siete meses de destierro, multa y pago de costas procesales. Como oriolanos sentimos de todas veras el resultado de este pleito y ofrecemos al Sr. Clavarana el testimonio de nuestro afecto. Son las «satisfacciones» que recoge el que escribe.

La Lectura Popular. 15 de marzo de 1904: He aquí la parte dispositiva de la sentencia con que el Tribunal Supremo ha terminado este asunto. «Fallamos que debemos condenar y condenamos a Adolfo Clavarana y Bofill a la pena de 3 años y 7 meses de destierro a 25 kilómetros de la Ciudad de Orihuela, multa de 500 pesetas y al pago de las costas procesales; y caso de insolvencia para el pago de las costas de la acusación privada y de la multa, a que sufra un día más de destierro por cada cinco pesetas que dejare de satisfacer etc. Hasta aquí la sentencia.

Cualquier consideración que hiciéramos acerca de ella, por digna, respetuosa y templada que fuese, pudiera creerse hija del despecho. No debemos, por consiguiente, decir hoy una sola palabra más. Aparte de que aún no conocemos los considerandos en que se ha fundado el tribunal para echar por tierra la Sentencia de la Audiencia de Madrid que absolvía al procesado. Cuando los conozcamos los publicaremos. Entretanto bendigamos a Dios que nos permite padecer persecución por la justicia.

Adolfo hijo no tuvo tiempo de cumplir la pena. Perdió rápidamente la salud y, tras penosa enfermedad, falleció con 36 años cumplidos. Dios seguía probando a Clavarana.

La voz de Alicante. 23 de mayo de 1904: ORIHUELA. Se ha iniciado una pequeña mejoría en la grave enfermedad que padece nuestro querido amigo don Adolfo Claravana y Bofill. Lo celebramos al mismo tiempo que deseamos al enfermo un pronto y total restablecimiento.

La Comarca. 27 de mayo de 1904: Viaticado. Ayer tarde le fueron administrados los últimos Sacramentos a nuestro querido amigo D. Adolfo Clavarana Bofill. Dios quiera concederle la salud, si le conviene.

La Defensa (Alcoy). 28 de mayo de 1904: Tras larga y penosa enfermedad, falleció a las doce de la noche del miércoles último en Orihuela, D. Adolfo Clavarana Bofill, hijo del distinguido periodista católico y director de La Lectura Popular de aquella población, D. Adolfo Claravana Garriga, reconciliado fervorosamente con los auxilios de nuestra sacrosanta Religión. La justicia de la tierra condenó hace pocos días por delito de imprenta al joven Clavarana, con la pena de destierro, pero la justicia divina parece ha querido premiar al valiente escritor desterrándole de este mundo de miserias y bajezas. Dios le haya acogido en su amoroso seno.

La Comarca. 28 de mayo de 1904: Entierro. Ayer tarde fue conducido a su última morada el cadáver del que en vida fue D. Adolfo Clavarana y Bofill. Aun abusando de la frase de cajón en estas reseñas de que el acto fue una imponente manifestación de duelo, nunca con más propiedad se puede aplicar. Todas las clases de la sociedad tuvieron representación en el fúnebre cortejo, evidente prueba de las simpatías que el finado gozaba en esta ciudad y de las que goza su señor padre.

Largas filas de asilados, pobres y labradores precedían al féretro con luces y, tras la parroquia del Salvador, con cruz alzada, seguía el cadáver encerrado en lujoso ataúd. En la presidencia del duelo iban los individuos de la familia D. José Clavarana, D. Carlos Bofill, D. Eduardo G. Mazparrota y don Joaquín Cartagena y algunos sacerdotes y Padres de la Compañía de Jesús. Reiteramos a toda su distinguida y apenada familia nuestro más sentido pésame.

El 14 de Febrero de 1905 día de San Valentín, destrozado por la muerte de su hijo y con múltiples achaques, Clavarana falleció de bronco neumonía a los sesenta años en su domicilio de la calle de Bellot en Orihuela.

Cuando se le anunció lo grave de su enfermedad y la conveniencia de administrarle los últimos Sacramentos acogió la noticia con muestras, no de resignación, sino de admirable alegría, así que los recibió con serenidad imperturbable y con la devoción y piedad propias de un santo. Fortalecido ya con los auxilios de la Iglesia, creyó que ya no necesitaba nada más; y así mandó que nadie entrara a su aposento fuera de las personas absolutamente necesarias. Quería estar unido muy de veras con Dios.

Ya entrada la agonía, con el fin de aliviarle en los accesos de tos violenta y en las angustias que le iban aumentando, le quitó su hija el crucifijo que estrechaba en sus manos; mas al instante con voz apagada sí, pero aun resuelta dijo prontamente: «Venga, venga lo que es mío», y dándole de nuevo el Crucifijo, lo acercó a sus labios y con efusión y ternura lo besó una y muchas veces; y levantaba los ojos y lo miraba confiadamente. ¡Cuántos besos volvía a imprimir en la imagen de su Salvador crucificado! Allí tenía su alivio, su esperanza, su recompensa.

Avanzaba ya la última noche y empezaba ya a rayar el alba. El hombre de Dios, que hasta entonces había conservado claro el entendimiento y había gozado de tan serena tranquilidad, que llegó a sentir escrúpulo de ello, perdió por momentos el uso de los sentidos. Tal estado duraría como media hora escasamente…. A las 5 y 15 entregaba su hermoso espíritu a Dios, a los 60 años, 5 meses y 5 días de su edad; y 28 años de su conversión. (UN TESTIGO OCULAR, en La Vega del Segura, 4 de marzo de 1905).

Su entierro fue una enorme manifestación de duelo popular; y la noticia corrió durante semanas por los periódicos católicos de toda España y América Latina. Su leyenda de «apóstol» siguió engrandeciéndose despues de muerto y sus obras se reeditaron hasta la saciedad.

La Vega del Segura. 14 de febrero de 1905: Esta mañana a las cinco, entregó su alma a Dios, D. Adolfo Clavarana y Garriga, fundador y director de «La Lectura Popular» y uno de los primeros periodistas católicos del mundo. La prensa católica ha perdido uno de sus más valientes campeones y Orihuela uno de sus hijos más ilustres. Al dar a la familia del finado nuestro más sentido pésame, le hacemos presente la parte activa que en su pena tomamos, como católicos, como periodistas y como oriolanos. La Vega del Segura prepara un número extraordinario, dedicado al orcelitano ilustre y al periodista católico, que aparecerá el día que se cumpla el novenario de su fallecimiento.

Entierro Adolfo Clavarana. Calle del Ángel. Fotografía de P. Correu. En “La Vega del Segura” 4 de marzo de 1905.

El Siglo Futuro. 15 de febrero de 1905: Hoy ha fallecido D. Adolfo Clavarana Garriga; director que era del periódico católico La Lectura Popular, abogado distinguido y literato insigne, que hizo célebre su nombre en Europa y América con ingeniosos escritos que brotaron de su elocuente y brillante pluma. El fallecimiento de tan estimado caballero ha sido muy sentido, causando general pesar. El Sr. Clavarana ha fallecido después de una larga enfermedad, soportada con edificante resignación cristiana. El finado militaba en el partido integrista siendo una de las figuras de más relieve del mismo. Deja varios escritos dedicados a las clases trabajadoras. En Orihuela gozaba de general estimación por su afabilidad, ameno trato y sólida cultura. Con la muerte del Sr. Clavarana ha perdido Orihuela uno de sus hijos más ilustres, y la causa católica uno de sus más valientes campeones. El entierro se verificará mañana, prometiendo resultar una imponente manifestación de duelo.

Entierro Adolfo Clavarana. En los Hostales. Fotografías de P. Correu. En “La Vega del Segura” 4 de marzo de 1905.

El Siglo Futuro. 15 de febrero de 1905: Muchos pésames recibimos ayer por la muerte de Clavarana, de sacerdotes y religiosos, de personas de toda clase y condición que, cuando se enteraron de la noticia, manifestaron la pena que sentían por la desaparición del «primer adalid que tenía hoy en España nuestra santa causa».

—Ha muerto un gran caudillo de Dios; nos decía un sacerdote. Y es verdad; porque Clavarana, escritor y político, en su casa y en su periódico, con su palabra y con su pluma, ha sido eso, un hombre lleno de Dios, en honra y gloria del cual y por amor del prójimo, ha consumido su bendita existencia, desde el día que, como otro Santo, oyó el llamamiento de la gracia y correspondió a ella, con todo el fuego de su corazón ardiente y nobilísimo.

Entierro Adolfo Clavarana. Despedida en Capuchinos. Fotografía de P. Correu. En “La Vega del Segura” 4 de marzo de 1905.

El Siglo Futuro. 15 de febrero de 1905: La muerte de Clavarana llenará de aflicción a todos los buenos católicos, y millares y millares de corazones acompañarán en su luto a “EL SIGLO FUTURO”. Si España fuera aún España, hoy sería un día de conmoción y duelo universal para los españoles. La pérdida es muy grande y dolorosa, y el vacío que deja imposible de llenar. No creo que nadie, por medio de la prensa periódica, haya hecho tanto bien en estos tiempos como el hombre insigne y gran cristiano que acaba de morir.

Eco de la Alcarria, semanario católico. 22 de febrero de 1905: Don Adolfo Clavarana era un sabio y era un santo. Era un gigante en sabiduría y santidad. Y el vacío que deja en la propaganda y vindicación católica es imposible de llenar cumplidamente. Clavarana ya descansa en el Señor y ha muerto, como mueren los valientes, en la brecha y disparando contra el execrable liberalismo, desde su inexpugnable fortaleza La Lectura Popular, los más certeros y punzantes dardos de su copiosa e inexhausta aljaba. Y con su desaparición y con su muerte la España católica ha perdido uno de sus ilustres y hábiles caudillos, una de sus potentes inteligencias, una de sus glorias más inmarcesibles y la pluma mejor templada y más curtida en la vindicación y defensa del catolicismo y de la iglesia. Dios nos lo dio; Dios nos lo quitó; sea Dios siempre bendito.

Entierro Adolfo Clavarana. Despedida en el cementerio. Fotografía de P. Correu. En “La Vega del Segura” 4 de marzo de 1905.

La Lectura Popular. 1 de marzo de 1905: DON ADOLFO CLAVARANA Y GARRIGA. Cuando el alma está saturada de amargura, difícilmente puede articularse la palabra: lágrimas solo brotan del corazón. Aún no había dejado de manar sangre la herida abierta por el fallecimiento del malogrado joven D. Adolfo Clavarana Bofill ferviente colaborador en esta obra y cuya pérdida aún llorábamos; apenas habían transcurrido cinco años de la muerte de su otro hijo D. José, joven en quien por sus excepcionales facultades teníamos todas puestos nuestros ojos y se abre de nuevo la tumba para recibir los mortales despojos del padre dolorido, del esposo amantísimo; del hombre incomparable que fundó y dirigió esta humilde publicación, en la cual vertió los raudales de su entendimiento y los fervores de su alma enamorada de la verdad y puesta fidelísimamente a su servicio.

D. Adolfo Clavarana Garriga ha dejado este mundo a los sesenta años de edad sin que los padecimientos físicos que de antiguo le aquejaban, ni los sinsabores y contradicciones de que siempre halló sembrado su camino lograran doblegar aquel espíritu consagrado por entero a la lucha de cuyos resultados pende la dicha o la perdición de los hombres y de los pueblos. (…) No podemos expresar cuánto agradecemos estas muestras de cristiana fraternidad; y así en nombre de la familia de Don Adolfo Clavarana como en el de La Lectura Popular, enviamos a todos un cordialísimo “Dios se lo pague”…

…Con el favor de Dios iremos publicando algunos trabajos que nuestro llorado Director deja inéditos, unos concluidos, y otros a falta de la última mano. Pidan por nosotros con ahínco nuestros amigos para que Dios nos tenga de la suya. La Redacción.

La Lectura Popular. 1 de marzo de 1905: CLAVARANA Y LA PRENSA. El inimitable y venerado maestro, el compañero y amigo del alma, el brillante escritor, el esforzado paladín de la causa católica, el genial e infatigable periodista Adolfo Clavarana ha muerto. Su colosal figura se destacará siempre ocupando un lugar preeminente entre los polemistas católicos que han reñido con la impiedad recias batallas en estos aciagos tiempos, por eso el vacío que su muerte deja en nuestras filas es imposible de llenar, la herida que esta separación nos produce, es de aquellas que nunca se restañan. La prensa católica está de duelo…  

…Los últimos momentos de Clavarana han sido los de un santo. A vida de trabajo y de sacrificio consagrada a Dios no podía menos de seguir la envidiable muerte que ha tenido. El que estas líneas escribe ha tenido el consuelo de recibir una de las postreras miradas del ilustre escritor, una de aquellas miradas suyas penetrantes, inteligentes que encerraban un mundo de ideas…

Desaparecido el padre, su hijo Julián se encargó de la revista y de la imprenta.

El conquistador. 1 de junio de 1911: BIBLIOGRAFIA . Adolfo Clavarana. Hemos recibido en esta Redacción la conferencia que el correcto y renombrado escritor D. Amancio Meseguer ha pronunciado en Barcelona sobre el insigne fundador de La Lectura Popular, D. Adolfo Clavarana Garriga. Hablando del mejor de los discípulos de Clavarana redunda toda alabanza, ello de por sí se alaba. Con precisión admirable nos da todas las fechas de la vida de Don Adolfo y sus primeras ocupaciones, retratando con pinceladas de maestro al genio que no cabía detrás del mostrador que ataba sus alas, por eso más que en drogas pensaba en Balmes y se le encontraba solitario engolfado de continuo en sus habituales meditaciones.

Pinta después con galanura inimitable sus travesuras y destreza en el terreno político, durante su permanencia en el partido liberal, su carácter impetuoso e insosegable, la rectitud y energía de su alma por fin cae doblegada al poder de la gracia. Convertido en sencillo, caritativo, generoso y de fortaleza inquebrantable; es modelo de padres, de amos, de cristianos; pero como las grandes almas no caben en los estrechos límites de una familia, sino que vuelan arrastrando a la sociedad y señalando su paso por la historia, Clavarana siente la necesidad de hacer algo más y funda un periódico, La Lectura Popular, obra que Dios premia llegando a tirar 70.000 ejemplares.

Tales decisiones le acarrean el odio de los liberales que ¡oh poder de la pasión! le tachan de vividor y le calumnian, a pesar de lo cual Clavarana ni siquiera una vez hizo uso de su finísima ironía, no permitiéndose ni las licencias que antes de convertirse se permitía con sus amigos. Con el poder atrayente de su pluma sigue el Sr. Meseguer, presentando al biografiado como antiliberal predicando contra los errores que profesó. Habla después con mucha soltura y sal de los trabajos de La Lectura Popular, donde nos presenta al hombre privado, y si siempre se ha dicho que no hay hombre grande para su ayuda de cámara, con Clavarana acaece lo contrario, el hombre privado es tan grande que su grandeza corre parejas con la fama del escritor.

La última parte de la Conferencia donde trata de Clavarana como apologista, la forman los juicios más notables que de Clavarana se han publicado todos ellos de mucho valor y algunos de excepcional mérito, en lo cual ha obrado muy bien el Sr. Meseguer, porque así resalta mejor la obra del apologista resaltando como resaltan y conviniendo como convienen todos los críticos en las mismas apreciaciones a pesar de haber escrito sin leerse unos a otros en la mayoría de los casos y de no haber tenido todos la misma intención, ni participar del mismo criterio, pues no todos los juicios fueron escritos para honrar al maestro, sino para juzgar al escritor. Resalta en la obra del Sr. Meseguer, orden, concisión, amenidad y el poder subyugador de una frase castiza y limpia bebida en los mejores autores clásicos.

Su estilo es terso, sin redundancias superfluas, sin pleonasmos cargantes, sin figuras empalagosas; corre su pluma con facilidad y tiene un excelente oído para la música de la palabra. Maneja con singular destreza el diálogo y posee el difícil arte de preparar los finales, por eso la Conferencia se lee sin cansancio, de una sentada, como he oído a muchas personas ilustradas que lo han hecho y así sucedió al que estas líneas escribe. Damos la más cordial enhorabuena al autor y recomendamos al público su obra que se vende en la calle del Colegio número 15 al módico precio de 50 céntimos.

La Voz de Alicante. Esquela primer aniversario.

En el noveno aniversario de su muerte, Orihuela se acordó de que a don Adolfo no le habían dado una triste calle ni le habían levantado un monumento. ¡Cosas de Liberales!

La correspondencia de Orihuela. 5 de febrero de 1914: CLAVARANA. El día catorce del actual se cumplirá el noveno aniversario de la muerte del gran escritor D. Adolfo Clavarana y Garriga. El mundo católico, lloró la muerte del excelso polemista, que logró atraer hacia Orihuela, miradas de admiración de todos los puntos de la tierra. El nombre de Orihuela se conoció en muchas partes de Europa y América, por la circulación de la benemérita e inimitable «Lectura Popular»; no obstante, Orihuela bien poco ha hecho en honor de Clavarana; un número extraordinario de «La Vega del Segura», unos funerales y el notable libro «Adolfo Clavarana», de D. Amancio Meseguer.

Ni en una piedra ha puesto su nombre; ni una lápida eterniza su gloria; ni una calle tiene por título su apellido, ¿No es acto doloroso? Cuando se pasen muchos años será más admirado en su patria chica Clavarana. Cuando el lodo de la generación actual, desaparezca con ella, y el espíritu de Clavarana alumbre con todo el apogeo de su gloria, el gran escritor tendrá estatua, tendrá calles que lleven su nombre, y será glorificado como se merece.

Hacemos este recuerdo, por si el Ayuntamiento de Orihuela, al cumplirse el noveno aniversario de la muerte de Clavarana, se digna tomar algún acuerdo, encaminado a honrar la memoria del ilustre oriolano. (…) Cuanto se haga por el insigne escritor orcelitano, será poco. Orihuela aplaudiría cualquier acto en honor de su preclaro hijo.

El 26 de febrero de 1914 la propuesta llegó a la sesión municipal. El concejal García Mercader pidió “reparar la injusticia cometida con un oriolano ilustre que tantos días de gloria había dado a su patria chica”. Se refería al “excelente y chispeante escritor” Adolfo Clavarana Garriga, cuyo nombre solicitaba para la calle del Colegio. Su propuesta fue aceptada, pero la placa no se colocó tan fácilmente.

Como en una maldición bíblica, antes de ver la calle titulada falleció su hijo Julián; el último varón de la familia. Ya sólo quedaban Dolores y Teresa.

El diario. 20 de octubre de 1914: Esta mañana le han sido administrados los últimos sacramentos a nuestro distinguido amigo particular el letrado y director del quincenario local “La Lectura Popular” D. Julián Clavarana; por el restablecimiento del paciente nos interesamos de todas veras.

El diario. 23 de octubre de 1914: Víctima de penosa y larga enfermedad, falleció anoche nuestro distinguido amigo el joven abogado y director de “La Lectura Popular” D. Julián Clavarana Bofill, cuya muerte ha sido generalmente sentida por las grandes simpatías de que el finado gozaba. Descanse en paz y reciba su atribulada y distinguida familia la expresión sincera del pesar que experimenta la redacción de “El Diario”.

El Conquistador. 24 de octubre de 1914: A las once de la noche del 22, de este mes exhaló el último suspiro el Director de «La Lectura Popular» D. Julián Clavarana Bofill. Nos asociamos al justo dolor que por tamaña desgracia siente la familia del finado. La Vigilia de la Adoración Nocturna establecida en Capuchinos se aplicará hoy por el eterno descanso del alma de D. Julián Clavarana, a cuya Asociación perteneció en vida como «honorario».

En abril de 1918 fue el Señor Martinez Arenas el encargado de volver a pedir la reparación de la “deuda sagrada” que el Ayuntamiento tenía contraída con dos muertos ilustres (Sarget y Clavarana); y por fin le pusieron la placa a la calle en donde había nacido.

En 1931 llegó la II República y acordaron cambiarle el nombre por el de Francisco Ferrer Guardia. Pero la familia del señor Clavarana, encabezada por su viuda, consiguió convencer al consistorio republicano para que respetase el nombre de “tan ilustre hijo de Orihuela”. Revocado el acuerdo, el título de Ferrer Guardia recayó en la vecina calle de Santa Lucía.

La viuda de Clavarana no sólo vivió para enterrar a su último hijo y ver puesta la placa. En 1924 veraneaba en Torrevieja con su hija Teresa y sus nietos Rosarito y Adolfo Clavarana Fernández, estudiante de Medicina. Falleció el 8 de octubre de 1931.

En cuanto a «La Lectura Popular», aguantó también hasta la II República; concretamente hasta octubre de 1932, cuando se publicó la esquela de la viuda. A la muerte de Julián Clavarana siguió funcionando en manos de Amancio Meseguer. También la dirigió y redactó nada menos que don Luis Almarcha. Adolfo nunca imaginó que su criatura sería la publicación más longeva de la prensa de Orihuela y que llegaría a estar en las manos de un futuro obispo de León. Seguro que le habría hecho ilusión.

Esto es lo que he recopilado hasta ahora sobre el personaje. Cualquier detalle o documeto que localice, será añadido. Si encontráis algún error o disponéis de fotografías o información añadida, será un placer incorporarlas.

Antonio José Mazón Albarracín «Ajomalba».

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas y a José Manuel Dayas.

Justo García Soriano y Gabriel Miró

Justo García Soriano y Gabriel Miró.

La célebre enemistad entre Justo García Soriano y Gabriel Miró se ha fundamentado siempre en el conocido artículo “El Obispo Leproso: sandeces, injurias y otros excesos”, publicado en “El Pueblo” de Orihuela el 21 de septiembre de 1927 que os transcribo completo al final. Pero permitidme anticipar un pequeño fragmento:

“Nos asombraría esto en el Sr. Miró que es hijo de madre oriolana, sí no supiéramos que a su misma patria alicantina le ha querido quitar la gloria del origen de uno de sus mejores productos industriales negando, con el invento de una burda patraña, la clásica oriundez y antigüedad de su célebre turrón”.

Sobre este detalle del turrón he descubierto que, meses antes, concretamente el 27 de diciembre de 1926, Justo publicó un artículo titulado “La Antigüedad del Turrón” en “Los Lunes del Imparcial”, suplemento literario madrileño. Desgraciadamente, no he conseguido acceder a dicho trabajo (sólo se conservan los ejemplares hasta el año 1924).

Pero según cuenta el propio Justo en un farragoso borrador de carta destinada a Gabriel Miró, salió de la lectura de un capítulo del “Libro de Sigüenza”, publicado en 1917. Y no gustó nada al célebre escritor alicantino. Si os interesa leer la obra completa, pinchando la siguiente imagen se accede a una versión digital del libro.

Enlace al «Libro de Sigüenza» de Gabriel Miró.

El contenido de esta obra había aparecido anteriormente desmenuzada en numerosas revistas y periódicos, como «La Hormiga de Oro», editada en Barcelona en 1914; cuyo fragmento cuenta precisamente la historia del confitero catalán llamado Pablo Turróns en el siglo XVIII a la que se refiere Justo y que he transcrito también. 

La Hormiga de Oro. 19 de diciembre de 1914.

Se pregunta el conocido escritor Sr. Miró en un artículo literario: ¿Qué leyenda o qué códice nos dirá el origen de la dulce y famosa industria de este lugar levantino? y después de presentamos a un señor Sigüenza jijonófilo hasta las cachas, dice: “…Y un día, cercano de las Pascuas, entra Sigüenza en una confitería de Barcelona.» Describe el movimiento del elegante saloncito despacho de la confitería, y añade: Ve Sigüenza los muros de turrón, ya en cajas, ya en dorada desnudez con sus lunares de canela. Y todo Jijona, sus mujeres, sus almendros, sus manzanos, sus parrales se le ofrece a su alma risueño y delicioso.

—¡Jijona, Jijona!—exclama Sigüenza—Entonces, un señor bien portado, de frondoso bigote, de ojos que denotan cansancio, quizás del estudio de la Jurisprudencia, porque debe de ser de la Magistratura, probablemente un abogado fiscal, amigo de confianza de la casa, advierte a nuestro caballero, lo mismo que si le recordase un un artículo de la ley de Enjuiciamiento Civil:

— Ese turrón que usted señalaba no es de Jijona, sino de Cocentaina. — ¡Sí, sí, de Cocentaina! Oh, Cocentaina, es un pueblo amable, silencioso, huele a maíz tierno, a alcáceres, a feracidad, con su castillo tostado, sus robustas nogueras, su palacio ducal de primorosos artesones, en cuyas salas hay un Circulo Democrático. Tal vez un almacén de calzado. Sí; el turrón de Cocentaina es riquísimo; pero no olvidemos que Jijona es la cuna, el regazo y la maestría de ese manjar que preside las fiestas familiares de más grande ternura!

El abogado fiscal, que no es abogado fiscal, sino dueño de la opulenta confitería barcelonesa, queda algo mohíno escuchándole. Y luego le responde:—Mire; en 1703 hubo una epidemia de peste en Barcelona. Fue una ruina para el gremio de especieros-dulceros. Buscando su remedio se juntan los cónsules, y abren, en 27 de octubre, un concurso de pasteles, ofreciéndose recompensas a los dos de gusto más regalado, que puedan resistir un mes sin malearse, que tengan la semejanza de piedra, uno; del pergamino, el otro; que vendidos al precio de todos los pasteles, dejen el beneficio del 50 por 100. Estos pasteles se llamarán «conmemorativos.» Sigüenza mira recelosamente al docto dulcero. ¿No será este hombre un ironista? Pero, no; no debe serlo; habla con exaltación foral; el precio fijo, es dogma crematístico inexorable de aquella casa; y sin embargo, a Sigüenza se le hace alguna merced en el coste de su humilde compra.

Enlace a Gabriel Miró Ferrer, obras digitalizadas en la BNE. Pinchad la imagen.

No; no es posible el humorismo. Y sigue escuchando que los tres brazos del Concejo se comprometen a la propaganda de los pasteles premiados, desde la Purísima a la Candelaria. Concurren trece gremieros; y triunfan Pablo Turróns y Pedro Xercavins. El pastel de Turróns tiene una cabal semejanza con un pedazo de piedra de granito; está hecho de miel, de avellanas y piñones. El de Pedro Xercavins forma un pergamino de neules, de hostias con un relleno delicioso. El día 2 de diciembre, los pregoneros de la ciudad mandan que en regocijo por la desaparición de la peste, merquen todos el turróns y el neula. Los párrocos aconsejan, en misa mayor, a sus feligreses que celebren la salud y todas las fiestas de tan dulce modo. Pero, ¿y Jijona, entonces? Y Sigüenza pide noticias del turrón a un culto jijonenco.

Y en Jijona sólo saben que hacen diez mil quintales de turrones todos los años… No tiene leyenda ni códice del turrón este pueblo levantino; y el relato que de su origen ofrece el confitero a Sigüenza, hace de este dulce un símbolo y una glosa de muchas dulzuras que prorrumpen del dolor o lo evocan. En estos días de fiesta de hogar, comiendo el pastel del gremiero Pablo Turróns ¿no encontrasteis el sabor de una almendra amarga, y el amargo dejo de una fecha, de una memoria desventurada…? Jijona se apodera, sabiamente, de los secretos del dulce de las Pascuas. Siempre que pasa Sigüenza por este pueblo recoge una emoción de feminidad, y en lo hondo hay un sentimiento inefable de tristeza. GABRIEL MIRÓ.

Al darse cuenta de que había sido demasiado duro con Miró burlándose públicamente de su historia del siglo XVIII cuando los clásicos españoles ya hablaban del tradicional dulce alicantino, Justo trató de disculparse; y en su borrador, transcrito a continuación, parecía sincero.

AMO. LJGS. Borrador de carta a Gabriel Miró.

Sr. D. Gabriel Miró: Mi distinguido amigo: Sin duda le han engañado a V. al hablarle de mi articulejo “Antigüedad del Turrón”. Cuando lo lea V. verá qué, en rigor, no hay en él nada que pueda molestarle y menos pretendo hacer de erudito. Tuve que escribir un artículo de actualidad de Pascuas para “Los Lunes del Imparcial” y un pasaje de su bello libro de Sigüenza me dio pie en cierto modo para componerlo. Si V. carece de disciplina y de hacienda epigráfica y bibliográfica, yo en cambio carezco al parecer de la sensibilidad hermenáutica y lente crítica que V. me atribuye, necesarias para descubrir raíces sentimentales y contornos literarios.

En estas cosas soy un pobrecillo ingenuo. Leí su fantasía catalana del Turróns; y tomándola al pie de la letra me hice cruces ¿Cómo es posible, me dije, que un alicantino tan culto como el Sr. Miró, que ha leído a nuestros clásicos, ignore la rancia antigüedad de la más dulce gloria de su tierra, siendo así que nuestros escritores del siglo de oro mencionan el turrón tan a menudo?

Pero ya, ya. Ahora me lo explico todo y reconozco avergonzado mi ridícula ingenuidad. Perdóneme pues. Rechazo, desde luego, el propósito que V. me supone de darle una lección y castigarle. Jamás en mí tan pedante osadía, por Dios. Se lo juro. Si expresé mi asombro en público y no a V. privadamente, fue porque pensé y sigo pensando que así correspondía tratándose de un escritor tan del público como V. (y por ello es necesario no sólo sacarle a V. del error, sino a cuantos le leen); y porque logro únicamente el honor de dialogar con V. cuando yo le visito; y esto sólo me es posible muy de tarde en tarde.

Haría V. mal en guardarme rencor por una niñería como esta. Aunque no tuve el menor pensamiento de ofenderle, le vuelvo a pedir mil perdones y le envía, con los saludos respetuosos para su familia, un cariñoso saludo su siempre muy devoto.

Supongo que esta disculpa y el intento de acercamiento, fue infructuoso. Ni siquiera sé si el borrador llegó a ser carta y si la leyó Miró. Lo cierto es que, meses después, Justo redactó este agresivo artículo bajo el seudónimo de Juan Oriol. En él, no sólo le vuelve a recriminar la mención al origen catalán del turrón; aprovecha también para hacer una minuciosa y demoledora crítica a su obra «El Obispo Leproso» ambientada en Oleza / Orihuela. Incluso Azorín se lleva su parte. Transcribo también el texto completo.

Orihuela 21 de Septiembre de 1927. ORIHUELA EN LA LITERATURA CONTEMPORANEA «El obispo leproso»: sandeces, injurias y otros excesos.  Desde que nuestro comprovinciano Azorín puso de moda, para la pedantesca «generación del 98», la pintura tétrica de los pueblos españoles,— influencias del Greco,- del Ángel Guerra de Galdós, de Maurice Barres, de Zuloaga y de todos los calumniadores de «la España negra»,— los seguidores del escritor monovero, y en especial los novelistas «ebenes» de la actual generación, nos vienen ofreciendo en sus libros descripciones cada vez más falsas y sombrías de la vida provinciana; ocurriósele a Martínez Ruiz dedicar en su novela Antonio Azorín algunas páginas a nuestra ciudad, retratándola con tintas grises y pálidos colores,— calumnia de esta gaya luz que nos alumbra y de la reciente policromía de nuestra vega,— y no habían de faltarle imitadores que exagerasen sus inexactitudes y recargasen de negro el cuadro de la vida y el paisaje orcelitanos.

Otro comprovinciano nuestro, el alicantino Gabriel Miró, en sus recientes novelas Nuestro Padre San Daniel y El obispo leproso, se complace también en pintar una Orihuela lúgubre, ridícula y fanática, ofendiendo a la verdad y a nuestro patriotismo. Nos asombraría esto en el Sr. Miró que es hijo de madre oriolana, sí no supiéramos que a su misma patria alicantina le ha querido quitar la gloria del origen de uno de sus mejores productos industriales, negando, con el invento de una burda patraña, la clásica oriundez y antigüedad de su célebre turrón. Modestos periodistas provincianos, no pretendemos hacer un juicio literario de la última novela de Miró, bien juzgada y sentenciada ya por la crítica madrileña y por el fallo adverso de la Real Academia Española.

Cierto que no: le han faltado críticos amigos que la han querido poner en los cuernos de la Luna, osando decir que está escrita con un estilo tan puro, castizo y clásico como el de Santa Teresa de Jesús… ¡Jesús, y qué cosas nos han revelado ciertos críticos! – Es, sin embargo, el estilo de Él obispo leproso una taracea abigarrada y anacrónica de arcaísmos y neologismos modernistas, de voces culteranas y de vocablos vulgares y dialectales. Estas palabras de nuestro dialecto regional, típicas de nuestro pueblo, las emplea el Sr. Miró sin subrayarlas ni ponerlas en boca de los personajes de la novela, sino cuando habla por cuenta propia, lo cual prueba que no las usa como elemento colorista, sino por ignorancia supina de la propiedad y pureza de la lengua castellana. Tenemos marcadas en nuestro ejemplar de El obispo leproso más de cien voces dialectales que el Sr. Miró intercala inconscientemente éntrelas exquisiteces de su prosa preciosista.

El fuerte, y aun el conato de originalidad del estilo barroco del Sr. Miró, es el abuso de las sinestesias o metáforas comprimidas, digámoslo así, cosa tan vieja, no obstante, como el padre Homero. De aquí que nos hable a cada paso de «un helor azul», de «un olor de blancura nueva», de «un ruido fresco», de «un silencio desnudo» y de «un silencio como un paño precioso», de «un fragante ovillo de luz», de que «estrujaron el silencio», de que «se cuajaba la sombra», de «Una sombra aceitada de antigüedad», de que «Pablo sintió el vuelo de los años encima de su corazón», etc. etc..

Todas estas expresiones traslaticias, de sabor bíblico, transferencias dé unos sentidos a otros, como las llamó Bandelaire, y luego caballo de batalla dé los decadentistas y simbolistas franceses, no son más que puro judaísmo literario y estilo de raza hebraica. ¡Alegorismo a todo trapo! Adoptado el sistema y adquirida velocidad, en pleno, vértigo de metáforas en busca de matices de sensación y quintaesencias de emoción, nada más fácil que despeñarse en el abismo de los mayores dislates. Y así en la última novela de Miró se los halla a miles, tan delirantes como los siguientes, que escogemos al azar: «Oleza se le ofreció tierna y olorosa como un huerto de piedra» (Pág. 262). «Tía Elvira alababa la suerte de su cuñada por tener un ‘hijo tan hija» (pág. 277). El padre Bellod «torcióse para mirar con su ojo entero», (pág. 298). «El trueno del Segral se enroscaba por los muros» (pág. 300). «…vaciándose de un temblor encendido que se descalfaba en las aguas dulces del Segral» (pág. 358). Pablo se hallaba tan intranquilo que hubo de apretarse el costado y las sienes «porque sus latidos hacían temblar las vidrieras» (pág. 321,). Y deslizándose ya por el despeñadero de las hipérboles y metáforas, no es de admirar que del pobre joven nos diga el novelista que «su frente se le endureció pensando» (pág.334) y que «su culpa de grande hinchaba hasta desencajarle su recóndita sensibilidad infantil» (pág. 338).

Pero dejemos aparte estas y otras lindezas por el estilo, que repugnan a nuestra lógica, acaso por no estar bien iniciados en tales recovecos o embelecos; estéticos; y vengamos a lo que de la novela nos importa únicamente, es decir, lo que se refiere a Orihuela. Y cuenta que por las descripciones de Miró, ni nosotros ni nadie hubiéramos podido reconocer en su Oleza a nuestra ciudad, si no hubiesen otros indicios y alusiones que las identifican. Ya el título de El obispo leproso, traído por los cabellos a pretexto -de un personaje episódico que nada tiene que ver con el asunto de la novela, alude a una bella tradición oriolana, la de la fundación del Colegio de Santo Domingo por nuestro insigne paisano el Arzobispo don Fernando de Loazes.

Pero no se piense por ello que se trata de una novela histórica local, de la Orihuela del siglo XVI, tan pletórica de bellos recuerdos y relatos y de sugestiones artísticas. Bien se guarda el Sr. Miró de intentar esas reconstrucciones retrospectivas, que requieren una considerable cultura, y le llevarían a un tremendo fracaso. No; la acción no pasa más allá del año 1880; es decir, época contemporánea. Y por lo demás, redúcese simplemente a una de tantas novelas de costumbres sociales, en que se falsea a sabiendas la realidad, no con el plausible propósito de idealizarla y embellecerla, sino, a impulsos de un prejuicio hostil y sectario, con el designio de trazar una sátira injuriosa. La vida y costumbres de nuestros padres y el carácter religioso de nuestro pueblo son caricaturizados de modo grotesco y ofensivo.

No tiene propiamente argumentó la novela. Constitúyela una serie de descripciones y escenas incongruentes que quieren representar encuadras caricaturescos la Orihuela de hace cuarenta o cincuenta años. Muchos personajes de ella llevan los nombres, más o menos desfigurados, de algunos paisanos nuestros que vivían entonces y todos hemos conocido; pero  sus tipos se hallan arbitraria y burdamente deformados. Todo tiende, en resumen, a presentar a nuestra ciudad como un poblacho de vivir ruin y enconado, como un hervidero de bajas pasioncillas, de gazmoñerías ridículas y de chismes de comadres y sacristanes. Ni aun recata a veces la pincelada lúbrica y pornográfica. El fin primordial de la novela es ridiculizar nuestras prácticas devotas y nuestras tradiciones religiosas; por eso uno de los blancos a que con más saña se dirigen los tiros de la sátira es este Colegio de Jesuitas, donde— ¡ingrata apostasía!— el autor se educó e instruyó cristianamente.

Como botones de muestra reproduciremos unos cuantos pasajes de El obispo leproso, en que se patentiza cuanto decimos: Al describir Miró a un joven sacerdote olecense, poeta, dice: « — en sus versos… se sienten requebradas señoritas y señoras de este pueblo… El banquillo de su confesonario amanece como un tocador de novia, todo de flores, y entre las flores, cartas de pena, sin firma; allí se arrodillan las señoritingas y se las oye confesarse sollozando…Su lengua iba descubriendo todas las intimidades de la ciudad, como si soltara los vendajes de un cuerpo llagado…» (pág. 109). Las mujeres, limpias y aseadas de nuestro pueblo, las pinta el novelista así:«… mocitas y viejas del arrabal y de la huerta, vestidas de pendones y mugres, flacas y descalzas…» (pág. 366).

Nuestras bellas y típicas procesiones de Semana Santa, como cuánto hay de más hermoso y venerable en nuestra ciudad, sufren asimismo el ataque irónico e injurioso del desapoderado escritor. Véase un trozo de la descripción que de ellas hace; «En este pueblo las damas que parecen más decentes se complacen en ataviar de pecadoras las imágenes de las arrepentidas, como si amaran en esas santas las deshonestidades que ellas no pueden cometer. ¡En cambio, la cofradía de la Dolorosa tiene cada perdida!… (pág. 170). «Y vino un rumor penoso de correas, de maderos, de yugo que crujía, de pies que se hincaban como el arado, de resollar de cuerpos tirantes… Y se paró el «trono» de la «Cena». Lo llevaban veinte huertanos de ropón bermejo, con la cola torcida a los riñones y la falda cazcarrienta de aplastársela con las esparteñas enfangadas; una mano de pezuña agarrándose al muñón de badana de las andas, que les partía los hombros, y la otra en la horquilla para los descansos», (pág. 171). ¡«Falda cazcarrienta»! ¡«Esparteñas enfangadas»! ¡«Manos de pezuña» ¡Así, con tan amables epítetos describe Miró a nuestros fervorosos huertanos nazarenos!…

Pero ¿para qué seguir copiando? No hay página en la novela que no contenga ofensas y desahogos como los transcritos. ¿Debemos soportarlos pacientemente los buenos oriolanos? ¿No sería mayor ignominia pasar en silencio tan groseros insultos? Por muy excelso que se considere en sus alturas literarias el Sr. Miró no podemos tolerarle sus injurias y desdenes. Y en nombre de nuestra ciudad ofendida, rechazamos indignadamente las calumnias y dicterios con que la denigra en ese esperpento novelesco que titula El obispo leproso. JUAN ORIOL.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba). 2021.

Justo García Soriano 7. 1905.

Capeando temporales y con más éxito del que podían prometerme mis circunstancias, terminé mi carrera. En 1905 me licencié en Letras en la Universidad Central. Mediante oposición, obtuve el premio extraordinario y el Rivadenegra. Al año siguiente cursé el doctorado. A diferencia de otros que imitando a Fray Gerundio se dejan los estudios para hacerse poetas, escritores o periodistas, yo abandoné con mucha pena los versos y los artículos para hacerme buen estudiante y obtener un título que me proporcionara competencia y cultura.

Justo García Soriano. «Noticia crítica y autobiográfica».

1605-1905. III Centenario El Quijote

Año 1905.

El año de 1905 fue muy especial para nuestro biografiado. No había sido un camino fácil; pero el talentoso muchacho que desde Orihuela había llegado a la Universidad Central de Madrid a finales de 1901, culminaba su carrera de Filosofía y Letras con los más altos honores.

En mayo se cumplían trescientos años de la publicación de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, novela reconocida en todo el mundo de la que García Soriano, cuatro décadas después, preparó su propia y cuidada edición junto a su hijo Justo García Morales; además de un estudio sobre el tema, titulado «Los dos «Don Quijote» : investigaciones acerca de la génesis de «El ingenioso Hidalgo» y de quién pudo ser Avellaneda». 

El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Editado por Justo García Soriano y Justo García Morales. Madrid, Aguilar, 1949.

Por otra parte, el año anterior habían concedido el Premio Nobel de Literatura a José Echegaray. El 13 de marzo de 1905, en “El Día” de Madrid, apareció la designación de Justo García Soriano por parte del decanato para formar parte de la comisión de alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras en el acto de homenaje nacional.

El Día (Madrid) 13 de marzo de 1905.
La crónica Meridional. Marzo 1905

El día 18 de marzo, bajo las banderas de Suecia y España, tuvo lugar  la entrega del diploma y la medalla de oro al primer premio Nobel español. El solemne acto se celebró en el Senado; presidido por el Rey con uniforme de capitán general; con el Gobierno en pleno vestido de gala a su derecha; y la delegación diplomática sueca a su izquierda.

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Primer número de «El Diario». 1905.

Por esas mismas fechas veía la luz “El Diario”; flamante publicación oriolana dirigida por Rafael Rogel. Con la redacción en el callejón de Flores y con Luis Zerón como responsable de la impresión, el «Doctor Belenes» volvía a la carga.

En el primer número, además de hacer pública la participación de su buen amigo Justo García Soriano en el homenaje a Echegaray celebrado en Madrid, incluyó uno de sus poemas titulado «ausencia»; publicado por el «Diario de Murcia» en febrero de 1901.

El Diario. Número 1 – 17 de marzo de 1905: Al tomar la pluma para saludar a la ciudad de Orihuela, en defensa de cuyos intereses hemos creado este pequeño periódico, no nos hacemos ilusión alguna sobre su próspera y duradera existencia. Conocemos el país en que nacimos; su indolencia, sus desengaños, su falta de ambiente, su patética quietud y su horror a las novedades y mudanzas…

Para el grandioso acto de homenaje que se prepara en Madrid al insigne escritor D. José Echegaray con motivo de haberle concedido la Academia de Suecia el premio Nobel, se han adherido, como ya se sabe, todas las facultades universitarias habiendo sido designado por sus profesores para representar en la comisión de Filosofía y Letras, cuyo último año cursa en la corte, nuestro queridísimo compañero amigo y paisano Justo García. Esta distinción honra mucho al amigo Justo, y pone de relieve el buen concepto y mérito que de él hacen sus maestros.

El 11 de abril «El Diario» anunció la publicación de unas crónicas que desde «la Corte» iba a enviar semanalmente el redactor conocido como «Kandal». Justo recuperaba así el seudónimo que ya había utilizado en sus crónicas madrileñas para «La Comarca». La sección se tituló «Oso y Madroño»; y la primera entrega «Día de luto».

El Diario. Número 21 – 11 de abril de 1905: Hoy comenzamos a publicar las crónicas que desde la Corte nos ha de enviar semanalmente nuestro redactor «Kandal» , en la convicción por nuestra parte de que han de ser leídas con gusto por todos nuestros favorecedores.

Crónicas para «El Diario». OSO Y MADROÑO. (De nuestro redactor corresponsal en Madrid). Día de luto. Hoy es día de luto, de penoso duelo para la población de Madrid. La enorme y horrible catástrofe acaecida ayer mañana por el desplome de las obras que se estaban llevando a cabo en el tercer depósito de aguas del Canal de Isabel II, embarga con profundo espasmo de dolor el alma de todos los madrileños. El número de los muertos extraídos hasta estas horas excede de treinta; y los heridos, graves en su mayoría, son innumerables. La gravedad del hecho es abrumadora.

Aunque en estos amargos instantes de turbación y de pena es difícil, sino imposible, dar una explicación desapasionada y exacta de tan sangriento suceso; casi todas las bocas, indignadas y con unánime juicio, recriminan acerbamente la culpable avaricia e ineptitud de los contratistas e ingenieros de la Sociedad constructora encargada de las obras del aciago depósito de aguas, cuya sordidez egoísta al adquirir los materiales necesarios para la construcción se imputa como causante de tantas víctimas de infelices obreros, que han perecido mutilados atrozmente bajo la ruina y los escombros. La sangre de esos mártires del trabajo clama venganza justiciera. (…) Dios permita que no vuelva a mojar mi pluma para trasmitir noticias tan dolorosas y espeluznantes. KANDAL.

En ese mismo número, Rafael añadió lo sucedido el día después; una nueva tragedia con otro puñado de obreros, mujeres y niños muertos o heridos a manos de la «fuerzas del orden».

Apoteosis sangriento: Bien lejos estaría Kandal, nuestro querido amigo y redactor en Madrid al escribir su crónica semanal para El Diario, de soñar siquiera que tan brutal epílogo había de tener el luctuoso suceso del cual se ocupa en su artículo. En la manifestación por aquella desgracia, las fuerzas del orden dispararon contra los manifestantes produciendo nuevas víctimas por herida de bala. También mujeres y niños pisoteados en la estampida.

La periodicidad anunciada falló en la segunda semana. Hubo que esperar a la tercera para que Kandal enviase una crónica en el que comparó con nostalgia la «informal» Semana Santa que se celebraba en la capital, con la que se vivía y sentía en Orihuela.

El Diario. Número 31 – 27 de abril de 1905: Crónicas para «El Diario». OSO Y MADROÑO. (De nuestro redactor corresponsal en Madrid). Este empecatado Madrid se ha divertido como siempre, importándole un bledo la seriedad de la semana y la informalidad de las nubes. Las calles han rebosado de mujeres hermosas, artísticamente ataviadas a la moda de las majas goyescas, con sus lindas cabezas y sus turgentes senos cubiertos de claveles rojos y gualdos, como cuando en día de toros marchan a ver estoquear un “miura” al “Machaco” o al “Fuentes”;  en vez de mostrar el triste recogimiento y el aspecto de duelo requeridos de quienes se dirigen a un templo a conmemorar el aniversario de la muerte de Cristo.

Semana Santa en Orihuela a principios de siglo.

Yo en cambio he recordado con profunda nostalgia la poética Semana Santa de Orihuela, sencilla y fantásticamente religiosa, al leer la viva descripción, llena de colorido y sentimiento, que el ameno «fondista» de El Diario hacía en su artículo de fondo del día 19 último; como estoy pensando en estos instantes que los pacíficos oriolanos estarán a estas horas comiendo en el monte de San Miguel las sabrosas y clásicas «monas» de la Pascua  ¡Buen provecho, felices paisanos míos. Kandal. Madrid, 24 de Abril de 1905.

En mayo se cumplía el centenario. Durante tres días seguidos, la sección «Oso y madroño» llevó el subtítulo: “Las fiestas del Centenario y el fondo del Quijote”. Un sesudo trabajo en el que Justo/Kandal intentó explicar a sus paisanos el trasfondo del Quijote que tanto admiraba y las lecciones filosóficas que escondía entre sus líneas. Por su interés lo transcribo entero. 

El Diario. Número 39 – 8 de mayo de 1905: Nuestro queridísimo redactor en Madrid que firma sus crónicas con el seudónimo «Kandal» nos anuncia el envío de un trabajo sobre el centenario del «Quijote» que publicaremos así que llegue a poder nuestro.

El Diario. Número 46 – 16 de mayo de 1905: Crónicas para «El Diario». OSO Y MADROÑO. Las fiestas del Centenario y el fondo del Quijote (de nuestro redactor corresponsal en Madrid). Me proponía por esta vez renunciar a mi cargo de mero y superficial cronista, para trocarlo por el ventajoso y pistonudo oficio de crítico «a la violeta». Sin embargo, algo he de hablar para responder a alusiones, acerca de los festejos con que en esta cortesana villa se ha tratado de conmemorar la primera publicación del «Quijote», el incomparable libro de Cervantes.

Así es que actuaré con ambos títulos, ya que puedo adjudicármelos sin más reválida que la decisión de mi voluntad omnímoda, aunque rabie el respetable público. Creo como «La Correspondencia de España» y como otros colegas de por acá, que las fiestas del Centenario han sido un fracaso vergonzoso y enorme, no por culpa del pueblo, que de estas cosas no entiende, sino por la imprevisión y desacierto de la Junta mangoneadora u organizadora. Y no es más que la falta de costumbre y nuestra proverbial incuria de llegar tarde siempre, si es que alguna vez «vamos a alguna parte». Ha sido una verdadera «quijotada» que nos ha puesto nuevamente en ridículo ante las ya pocas naciones que aún se acuerdan de que existimos en el globo. Aunque yo, la verdad, no veo la tostada de tales festejos, dicho sea en lenguaje vulgar y llano.

Esos miles de pesetejas que se han distraído en flores, en percalinas y en músicas, ¿no les parece a ustedes que hubieran sido mejor empleadas en proporcionar algún medio de cultura a nuestro pueblo, de la que se encuentra tan necesitado, y este hubiese sido el mejor tributo rendido como homenaje a la memoria del Libro inmortal? Porque hemos de convenir en que la popularidad del «Quijote» es pura filfa. Yo me atrevo a aseverar que de los pocos miles de no analfabetos que hay en España, no pasarán de dos mil los que lo hayan leído íntegro, aun no más de una sola vez, sin que peque de pesimista. Y esto incluyendo las personas que se precian de las más cultas; porque el vulgo, con los pastos intelectuales que le dan a yantar, ¿qué idea puede haber formado del «Ingenioso Hidalgo»?

Citaré dos ejemplos: Uno. El gremio de almacenistas de vino presentó en el concurso de carrozas que se verificó el domingo en el paseo de la Castellana, una que figuraba la escena del caballo Clavileño, y como alegoría llevaba en la parte delantera un dios Baco coronado de los simbólicos pámpanos de oro, sosteniendo el tirso y la crátera. Pues bien, al verla pasar por frente a mí, oí exclamar a una señora, que tenía a mi lado, señalando al Baco y con la más graciosa y cándida  ignorancia: — ¡Mira que bien va sobre ese tonel D. Quijote!

Otro. Hace dos noches, ante el sugestivo reclamo de un gran rótulo que decía: AVENTURAS DE DON QUIJOTE Y SANCHO PANZA y que, desde el frontispicio de un cinematógrafo que hay instalado en la plaza del Callao, invitaba al curioso y desocupado transeúnte que disponía de quince céntimos a la contemplación de un espectáculo de actualidad, penetré en el barracón. En efecto, al poco rato presenciaba las escenas más culminantes del «Quijote», a que daba vida, reproduciéndolas, uno de los inventos más recientes de la prodigiosa ciencia contemporánea. Pero ¡que escenas. Dios santo! ¡qué grosera inexactitud! ¡Aquello no tenía de la novela cervantina más que el nombre, hasta el punto de que el propio autor que la parió, sí hubiera resucitado se avergonzaría al reconocerla y la negaría por hija.

Fotograma de Les Aventures de Don Quichotte. La primera película muda que se conserva del Quijote. En España se estrenó en 1905.

¡Donosa figura la que ofrecía amojamado D. Quijote, ataviado a la moda de Luis XV y cubierto con una bacía que era más bien una escupidera! ¡Y después había que verle en camisa, dando zapatetas y tumbas, al imitar la penitencia de Beltenebros en las peñas de Sierra Morena descubriendo cosas que, por no verlas otra vez, volvió el público recatado el rostro!¡Y quién conocería a Sancho en la imagen de un hombrecillo rapado, con indumento payasesco de bayeta amarilla y con sombrero cordobés ¡Y a Dulcinea del Toboso, la auténtica Aldonza Lorenzo con traje de dama de honor, con mangas perdidas y cuello a lo Médicis! ¡Y al licenciado Pero Pérez, el Cura, y al maese Nicolás, el barbero, que parecían, aquel un abate francés, y éste un alguacilillo de nuestras corridas de toros!

Más no es sólo esto, pues para completar la ilusión y el efectismo de la tramoya, dialogaban detrás del paño unos golfos, fingiendo el habla de tales personajes; y era cosa estupenda y saladísima oír a D. Quijote llamar a Sancho ¡ninchi!, y a Sancho aclamar a D. Quijote con las palabras gachí o chavo, y como dos chulos de López Silva decirse “ustez y camará”, empleando todo el vocabulario de los vecinos actuales de la calle de la Paloma. (Se continuara)

La Ilustración Artística 1905. Número dedicado al III Centenario del Quijote.

El Diario. Número 47 – 17 de mayo de 1905: Crónicas para «El Diario». OSO Y MADROÑO. Las fiestas del Centenario y el fondo del Quijote (de nuestro redactor corresponsal en Madrid). Continuación.¿Qué hubiera pensado y qué hubiera dicho Cervantes a vista de esta mojiganga ridícula presentada como interpretación gráfica y sensible de su ingeniosa novela? Aunque lo verdaderamente incomprensible es que este espectáculo inverosímil y grotesco sea presenciado a todas horas con extraordinarias muestras de agrado y regocijo por una gran concurrencia de personas de todas clases.

Así se ha celebrado en Madrid el III Centenario de la publicación del «Quijote». Pero dejando a un lado el recuerdo de esos festivales populacheros que ya pasaron, meditemos ahora sosegadamente con ávida delectación, sobre esa obra admirable, campo fecundo y siempre virgen para la observación y el estudio. Aparte el mérito real y extrínseco que como magistral producción literaria tiene el «Quijote» rodéale como invisible aureola de gloría el mágico nimbo del misterio, ese sello peculiar que acompaña a todas las creaciones geniales, mezcla de divina vaguedad y de profunda intuición humana, por el que los antiguos llamaron al poeta vate, es decir, el que vaticina, el que ve lo recóndito y lo futuro. Me refiero al simbolismo, al espiritual mentido oculto que, bajo la letra, se halla latente en el «Quijote» y que sólo las perspicaces miradas de un observador avisado pueden columbrar.

Es inadmisible, desde luego, la posibilidad de una serie de eventuales circunstancias que proporcionen a un mediocre ingenio el medio fácil de entresacar un cuerpo de doctrina completo, un sistema emblemático que responda lógicamente al sentido literal y ordinario de las palabras. No obstante convendremos en que, si se desciende a otras menudencias, si se trata de escudriñar con hiperbólico atisbo, desentrañando las agudas reticencias cervantinas, afiligranados pormenores de metafísica conceptuosa, se perderá el más sutil y hábil aquilatador en el laberinto inexplicable de las anfibologías y de las conjeturas.

No ignoro que mucho se ha disertado, y no pocas veces con el imprudente derroche de una desenfrenada fantasía, acerca de este para mí evidente simbolismo, que algunos niegan, y bien me conviene a este propósito dejar sentada previamente mi opinión en contra de ciertas interpretaciones, que a la intencionada leyenda «quijotesca» se han dado con el deliberado perjuicio de afiliarla en el banderín de ciertas parcialidades políticas, filosóficas y religiosas; aunque sea harto conjeturable y verosímil que Cervantes, genio portentoso, reducido por la ignorancia y la injusticia a la obscuridad y a la miseria, no comprendido y despreciado por sus contemporáneos, penetrando con visión exacta y profunda las inmoralidades y las inicuas instituciones de sus aciagos tiempos, con profética preocupación social se adelantara a su época y en sus novelas destilara la amarga ironía y el duro reproche que rebosaba de su corazón indignado y herido; pero siempre con la simulación y la sordina que obligaban a usar la opresora coyunda con que amordaza el pensamiento aquellas tiranías inquisitoriales.

 ¿Era acaso el Manco de Lepanto un superhombre, uno de esos entes que Nietzsche, el extravagante filósofo alemán, colocaba en una esfera intermedia del acervo común de la ¿progenie humana y el coro de los espíritus angelicales? Física y moralmente no; pero sí en el mundo intelectual y de artística inspiración.

Es ante todo, el «Quijote» un poema, una gran epopeya que no se ciñe a celebrar las proezas o hechos, militares realizados en los estrechos límites de una nación; sino que, con universalidad y sintetismo perfectos, abarca y reasume todas las palpitaciones de la humanidad y todos los aspectos de la vida, múltiples al parecer, pero en esencia comprendidos en la eterna lucha sostenida entre la idealidad inmaculada y la grosera e impura realidad, en esa inexplicable desproporción que se da en el hombre, la hechura de Prometeo con alma de fuego y cuerpo de arcilla, que tiene anhelos infinitos, osadías de Titán, con impotencias de pigmeo… Por eso D. Quijote no es sólo manchego, ni español siquiera; el ingenioso hidalgo es cosmopolita, en la estricta acepción de la palabra.

Sellos III centenario del Quijote. 1905.

El Diario. Número 48 – 18 de mayo de 1905: Crónicas para «El Diario». OSO Y MADROÑO. Las fiestas del Centenario y el fondo del Quijote (de nuestro redactor corresponsal en Madrid). Continuación. El manchego Alonso Quijano el Bueno fue un noble hidalgo, irreprochable y comedido; y al transformarse, por obra y encantamiento de las malas lecturas, en D. Quijote de la Mancha, continúa siendo un cumplido y perfecto caballero, espejo y norte de todas las órdenes andariegas y caballeriles;  y ya cuerdo o ya loco fue siempre de apacible condición y de agradable trato.

Enamoróse locamente de Dulcinea, que representaba la verdad y la razón, «término y fin de toda humana hermosura» (pues no es gran cordura, humanamente hablando, prendarse de amores por damas que tales cosas representan); de modo que un día se levantó magnánimo, con exaltación altruista y ansias redentoras, «pareciéndose convenible y necesaria, así para el aumento de su honra como para el servicio de la república, hacerse caballero andante, e irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras», «según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, y abusos que mejorar, y deudas que satisfacer».

Pensado y hecho. Se armó de todas sus armas, subió sobre Rocinante y por la puerta falsa de un corral salió al campo, dispuesto a romper lanzas en pro de su señora Dulcinea y por la fuerza incontrastable de su invencible brazo hacer triunfar en el mundo el imperio de la Justicia y del Bien, cuya ausencia constituía la pena que su asendereado corazón padecía. Así comenzó su odisea, en que cosechó buen número de aventuras y descalabros. Sancho Panza, personificación de la necedad egoísta y del ruin positivismo, le seguía en aquellas expediciones impulsado por el interés y el medro.

Y de este modo vemos a la idealidad platónica arrastrando tras de sí al necio materialismo positivista. Don Quijote, siempre consecuente con su ideal y fiel a la señora de sus pensamientos, intrépido hasta la temeridad y valiente hasta la fanfarronería; abnegado y altivo a la vez;  justiciero y misericordioso, alma grande y espíritu romántico, confiando ciegamente, con el fervor entusiástico, con la obsesión y con la fe en la eficacia de su solo valor y, por tanto, con la segura esperanza, de conseguir el triunfo, debido a sus elevadas miras y recto proceder, luchó con obstinación de héroe en todas partes contra cuantos obstáculos creía hallar impidiéndole la realización de sus generosos fines. Y aunque la triste realidad se esforzaba por defraudar sus magnánimos propósitos, su ánimo dé granito no decaía ni él cejaba en su empeño.

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Y así, ora volteado por las aspas del molino de viento, ora maltrecho y aporreado por mano de arrieros, cuadrilleros, galeotes o desalmados yangüeses, ora burlado y escarnecido por malandrines, foliones y canalla vil y fementida, que no alcanzaban a comprender su locura sublime, marchaba de fracaso en fracaso constantemente con su ideal a cuestas como pesada cruz y acariciándolo siempre sin embargo, con halagos, arrumacos y mimos de apasionado amante…

He aquí en toda su hermosa grandeza al héroe y protagonista de la epopeya cervantina. Todo esto y mucho más que yo no digo se ha de ver en el «fondo del Quijote» pues si le suprimís este inmaterial sentido oculto, será tanto como privarle de su encanto más bello y el único resorte de ese humorismo profundo y agridulce, que mezcla las sonrisas con las lágrimas y os hace reír y llorar a un mismo tiempo, esa dote eminente de Cervantes, comparable sólo con la de su genio hermano, el colosal dramaturgo inglés Shakespeare.

Además de las colaboraciones de Kandal, entre el 28 de marzo y el 2 de junio “El Diario” ofreció media docena de poemas de Justo García Soriano, y un «esbozo literario» titulado “Las noches”; ya aparecido en «El Labrador» en el verano de 1902.

Ninguno de los poemas era de nueva creación: “Una lágrima”, publicado en abril de 1901 en el «Diario de Murcia» y en octubre de 1903 en «La Comarca»; “Sensaciones” y “El Ruiseñor”, ambos publicados en “La Comarca” en enero de 1904; “Impaciencia”, adaptación de un poema de Víctor Hugo; “Nostalgia”, dedicado a su madre en marzo de 1902; y “Mi lira”, publicado en “El Labrador” en 1902.

Justo había dejado de escribir poesía; como él mismo afirmó posteriormente en su «Noticia crítica y autobiográfica».

A diferencia de otros, que imitando a Fray Gerundio, se dejan los estudios para hacerse poetas, escritores o periodistas, yo abandoné con mucha pena los versos y los artículos para hacerme buen estudiante y obtener un título que me proporcionara competencia y cultura. Preterí del todo la amena literatura; no obstante, presentado por mi compañero Isaac Muñoz, asistía a la pintoresca tertulia de bohemios y cenáculo de modernistas que se congregaba en la redacción de “Renacimiento Latino”, domicilio de Paco Villaespesa.

Francisco Villaespesa. Director de «Renacimiento Latino» (1905)

Entre los contertulios figuraban Répide, Julio Camba, Carrere, Machado y otros muchos entonces anónimos y hoy conocidos. Pero yo detestaba de la bohemia, aunque esta sólo fuera pose y reclame, y atiborrado de clasicismo, no me seducían tampoco las novedades y extravagancias de la nueva escuela, aún mal definida. Me hastió pronto y abandoné el hampa y la farándula literarias.

El «Renacimiento Latino» mencionado fue una revista que dirigió en Madrid el poeta almeriense Francisco Villaespesa Martín. Su publicación, en la primavera de 1905, fue muy breve pero con mucha repercusión a nivel nacional. En sus dos números (abril y mayo) colaboraron poetas emergentes entre los que podemos destacar a Antonio Machado.

Cuadernos de Justo 1905. AMO. LJGS.

En mayo llegaron también los exámenes de fin de carrera y Justo no podía permitirse el lujo de fallar. Muy al contrario, cumplió como siempre lo hacía; con creces. La noticia de sus espectaculares resultados fue difundida por la prensa de Orihuela.

El diario. Número 51 – 22 de mayo de 1905: Hemos tenido noticias de que el último sábado empezó a examinarse en Madrid nuestro queridísimo amigo y redactor D. Justo García Soriano, que sigue en aquella Universidad la carrera de Filosofía y Letras, obteniendo en Filología comparada del latín y del Castellano, primera asignatura de que se ha examinado, la nota de Sobresaliente y matrícula de honor. El amigo Justo tiene que examinarse durante esta semana de las asignaturas, Bibliografía, Lengua Hebrea, Lengua y literatura griega y de Gramática comparada de las lenguas Indo-Europeas. Nosotros le felicitamos hoy muy calurosamente y esperamos con impaciencia poder darle la enhorabuena más completa al final.

El diario. Número 60 – 2 de junio de 1905: De una manera brillante y lucidísima ha terminado nuestro entrañable amigo, redactor de El Diario, D. Justo García Soriano su carrera de Filosofía y Letras, que venía siguiendo en la Universidad de Madrid. A las dos matrículas de honor conseguidas en las asignaturas de que se examinó en la última semana, hay que añadir las notas siguientes: Sobresaliente y matrícula de honor en Bibliografía; Notable en Lengua y Literatura Griega, y Sobresaliente con matrícula de honor en Gramática comparada de las lenguas Indo-Europeas.

De modo, que el amigo García Soriano se ha examinado en este último año de su carrera de cinco asignaturas, consiguiendo cuatro matrículas de honor y un notable. Al felicitar calurosamente a nuestro querido compañero y a sus ancianos padres, nos felicitamos nosotros mismos puesto que a Justiyo, lo hemos considerado siempre como cosa nuestra y esperamos impacientes poder abrazar al nuevo Licenciado, aquí entre nosotros.

Notas 1905. AMO. LJGS.

Unión republicana. Número 88 – 3 de junio de 1905: Nuestro querido amigo y correligionario D. Justo García Soriano, ha obtenido brillantes calificaciones en los exámenes de prueba de curso en las cinco asignaturas correspondientes al periodo de licenciatura en la sección de letras de la carrera de filosofía. Nuestra enhorabuena.

En junio volvió su crónica madrileña, denunciando el atentado sufrido por Alfonso XIII en París. Justo podía ser republicano; pero no cómplice de los anarquistas catalanes que pretendieron asesinar al rey.

El diario. Número 62 – 5 de junio de 1905: Crónicas para «El Diario». OSO Y MADROÑO. Sobre el viaje regio. (De nuestro redactor corresponsal en Madrid). Esos catalanes nos han aguado la fiesta. Me refiero a los anarquistas, que fascinados por una utopía son los enemigos del género humano, porque ya sabrán ustedes que el complot origen del atentado, que puso en peligro la vida del rey, tiene su núcleo, al parecer, en Cataluña…

Postal de Alfonso XIII. París. 1905 

Los republicanos franceses se sienten orgullosos al saber que la agresión no ha partido de ningún compatriota, prueba de la nobleza y lealtad con que han sabido siempre honrar a sus regios huéspedes; y continúan dando grandísimas muestras de simpatías al monarca español. En vista y consideración de esto, una numerosa manifestación con banderas tricolor y españolas ha partido desde la plaza de las Cortes en dirección de la embajada francesa, que está situada en la calle de Olózaga, y allí ha gritado ¡viva Francia! como testimonio de gratitud al cariñoso recibimiento que el pueble francés ha dispensado a Alfonso XIII. Después se ha dirigido a la plaza de Oriente y se ha situado frente al Palacio Real. Ceso de manipular por hoy. Kandal. Madrid 3 de Junio de 1905.

Enlace vídeo.

A la semana siguiente, Justo viajó en tranvía hasta el lugar de la tragedia sucedida en abril. Cerca del depósito derrumbado tuvo una interesante conversación con un obrero catalán.

El diario. Número 68 – 12 de junio de 1905: Crónicas para «El Diario». OSO Y MADROÑO. Otra vez «el tercer depósito». (De nuestro redactor corresponsal en Madrid). ¡Qué horror! No quiero acordarme. Mire “ustez”, yo vivo aquí cerquita y cuando el hundimiento tembló toda mi casa y se llenó de polvo. Luego he visto sacar, uno por uno, a los muertos y a los heridos, y los oí quejarse dentro de las camillas… Ya ve “ustez”  toda la culpa ha sido de los ingenieros y de los contratistas…. Ellos bien de dinero que han embolsado, y los pobres… ya ve “ustez” como murieron. Luego les han dado cuatro cuartos a las familias y así lo quieren arreglar todo. Y la vida de un hombre no se paga con nada, “¿verdad, ustez?”

Tres días después le publicaron otra crónica sobre el regreso del rey tras su accidentado viaje a Francia.

El diario. Número 71 – 15 de junio de 1905: Crónicas para «El Diario». OSO Y MADROÑO. Fin de una odisea y comienzo de un calvario. (De nuestro redactor corresponsal en Madrid). Las doce menos cinco minutos eran, cuando la comitiva ha atravesado la Puerta del Sol. La banda de música de un regimiento rompió entonces a tocar la “marcha real”. En el balcón del centro del Ministerio de la Gobernación (engalanado hoy grandemente, aunque no lo estuvo cuando el homenaje de Echegaray ni se dignaron poner en él señales dé luto cuando la catástrofe del Tercer «Depósito, dicho sea entre paréntesis) algunas de las familias de los Ministros presenciaba el espectáculo; y ellos, al pasar en los coches del regio séquito, las saludaban afanosamente desde lejos.

Permítaseme estos detalles, en consideración a esta croniquilla ligera, nerviosa y deshilvanada. En este momento en que escribo, los cascos de los caballos de un regimiento de húsares, que regresa del cortejo, resuenan sobre el asfalto en tropel por debajo de mi balcón. Luego, los clarines, ásperos, marciales, desgarrados, alargando lúgubremente las notas, han tocado una pesada marcha de caballería. Este ha sido el feliz término de la odisea, llena de emociones, que ha corrido nuestro Soberano….

Enlace vídeo

El diario. Número 78 – 26 de junio de 1905: Nuestro queridísimo amigo y redactor D. Justo García Soriano, verificó el último sábado en la Universidad de Madrid los ejercicios de reválida en la facultad de Filosofía y Letras, obteniendo tres notas de sobresaliente en los tres ejercicios presentados, teniendo por tanto derecho a disputarse el título de Licenciado, que se concede gratis a los estudiantes más distinguidos.

Licenciatura de Justo. AMO. LJGS.

El flamante licenciado se apuntó a un excursión dominguera al Escorial; una experiencia turística que convirtió en otra crónica:

El diario. Número 79 – 27 de junio de 1905: Crónicas para «El Diario». OSO Y MADROÑO. El Escorial. (De nuestro redactor corresponsal en Madrid). Los viajes de recreo a las poblaciones próximas a Madrid más dignas de visitarse que ofrecen las Compañías de Ferro-carriles todos los años por esta época, resultan además de muy módicos, altamente higiénicos e instructivos. (…) Saturado de las abominaciones de estas y otras farsas, y por huir aunque por un solo día del bullicioso desasosiego de este Madrid, que también tiene, su monotonía, el pasado domingo, en un tren que salió a las seis de la mañana, marché a El Escorial. (…) Y al pie del Guadarrama apareció la villa de El Escorial con su gigantesco Monasterio de San Lorenzo, cenicienta mole de piedra berroqueña que figura unas parrillas supinas, cuyas cuatro patas son sus cuatro torres campaniles. ¡Prodigioso cenobio en que se encierran todas las glorias de los Austrias! (…)  Kandal. Madrid, 21 de Junio de 1905.

Monasterio del Escorial. Postal de 1905.

En el mismo número, Rafael Rogel, su «hermanico del arma», le dedicó un largo artículo a modo de homenaje por su brillante trayectoria univeritaria. Lo tituló “Finis coronat opus” («El fin corona la obra»). Entre otras cosas, nos ofrece el expediente universitario de Justo con buena parte de sus calificaciones.

A vuela pluma. “Finis coronat opus”. Memorias íntimas. Permitidme siquiera por una sola vez, queridos y amables  lectores, que abandone mi sección «Por esas, calles», para ocupar su lugar con este modestísimo trabajo en el que, luchando con las mil escabrosidades inevitables a la insuficiencia de mi saber, he de procurar rendir un tributo al cariño fraternal, a la amistad inquebrantable, dedicando unas cortas y deshilvanadas líneas de felicitación sincera a mi amigo Justo García Soriano, a «mi hermanico del arma» que tan brillante y tan heroicamente acaba de conseguir (a los veintiún años de edad) la anhelada licenciatura en la Facultad de Filosofía y Letras.  

He dicho con «brillantez» porque Justo, desde los comienzos de su carrera hasta terminarla, no ha perdido una sola asignatura; es más, las notas de «aprobado, bueno», etc. han sido poco para él; cuando ha alcanzado un «notable», lo ha considerado una decepción. En todas las asignaturas cursadas ha obtenido censuras de Notable y Sobresaliente: más Sobresalientes que notables. Y ha terminado su carrera de un modo heroico; porque García Soriano es pobre; tanto, que Dios, él y algo yo, sabemos únicamente la manera con que acaba de llegar a la meta de sus primeras aspiraciones.

¡Es mucha honra para Justo! Le conocí por primera vez y entablé amistad con él entre cajas, prensa y papeles. Él, aficionado, apasionado, vicioso incorregible como yo de las letras. Se estaba imprimiendo su Poema «Esperanza» y yo escribía en el semanario «El Labrador», en cuya redacción ingresó él poco después; fuimos amigos y compañeros y simpatizamos de tal manera que llegamos a querernos mucho, como se quieren dos hermanos. Una sola vez disputamos por cuestiones políticas; y lo más chocante es que coincidimos en ideas. Pero aquel enojo duró unas horas escasas, y pronto partimos el terreno, dándonos ambos por vencidos.

Nuestras aficiones han sido las mismas; juntos asaltábamos las «Bibliotecas» en las casas donde las había y nos daban un poquito «de pie» para ello a uno o a otro. El que descubría un «filón», lo participaba al «socio». Él era ya Bachiller y comenzaba su carrera; yo había terminado «la mía» (tres años incompletos de enseñanza elemental en la escuela), así es que allí, entre los empolvados libracos le oí muchas veces «algo» de lo que había aprendido y algo ¡«pesqué»!

Hicimos juntos excursiones de información periodística a los pueblos comarcanos. Una de ellas a Albatera y a Cox; y en este pueblo asistimos a una velada literaria organizada por el círculo obrero. D. José Cartagena Guillén venía con nosotros, que por cierto no olvidará nunca aquél acto, como nosotros tampoco lo olvidamos, porque tenemos de él recuerdos muy gratos (nosotros, ¿eh?, no nuestro querido y respetado D. José).

Impreso el Poema Esperanza, marchó Justo a la corte en Octubre de 1901, donde fue presentado a D. Manuel del Palacio, quien leyó el poema y le auguró al novel vate un porvenir risueño en el cultivo de las bellas letras. Le tomó mucho cariño, recomendándole su libro en el establecimiento de Fe, en la carrera de San Jerónimo, donde se agotó la edición hecha en Orihuela. Pero mi joven amigo pensaba como un hombre, y abandonó los versos para dedicarse solo al estudio. Esto fue un gran sacrificio.

Entró a formar parte en la redacción de la «Revista Diplomática y Parlamentaria», donde ganaba un escaso sueldo con el que alivió mucho la carga en los gastos de su carrera, que se habían impuesto sus cariñosos padres. Bien es verdad, que ha gastado poco en matrículas, pues casi todas las alcanzó «de honor». En el primer año (preparatorio) obtuvo Lengua y Literatura castellana, sobresaliente y matrícula de honor — Lógica fundamental y Metafísica, Notable— Historia de España, Sobresaliente y matrícula de honor. Segundo año (Preparatorio): Lengua y literatura Latinas, Sobresaliente y matrícula de honor. — Teoría de la Literatura y de las artes, Sobresaliente. —Historia Universal, notable. 

Curso primero de la Licenciatura: Paleografía, Sobresaliente y matrícula de honor. — Latín vulgar y de los tiempos medios, Sobresaliente y matrícula de honor. — Literatura Española (curso de investigación) Notable. — Lengua Griega, Notable. —Lengua Arábiga, Sobresaliente y matrícula de honor. Segundo curso de la Licenciatura: Lengua Hebrea, Sobresaliente con matrícula de honor — Filología comparada del Latín y del castellano, Sobresaliente y matrícula de honor. — Lengua y Literatura Griegas, Notable. — Bibliografía, Sobresaliente y matrícula de honor. — Gramática comparada de las Lenguas Indo-europeas, Sobresaliente con matrícula de honor.

En los tres ejercicios de reválida que hizo el último sábado, sacó tres sobresalientes, que es lo que se había propuesto para poder disputarse con los estudiantes más distinguidos el título de la Licenciatura que para éstos concede el Estado. Ha luchado por ganar para sus padres tres mil reales que cuesta el título referido. Eso es muy noble y dice mucho.

El Bachillerato, lo estudió en el colegio que tienen los PP. Jesuitas en esta ciudad, en calidad de alumno externo, y coronó sus estudios con igual éxito; alcanzando el tituló con las notas de sobresalientes. ¿Cómo no he de dedicarle a mi «hermanico», hoy que ha terminado su carrera, esta prueba de cariño y amistad, recordándole tiempos pasados?

Muchos han calificado a Justo, de soberbio: no le conocen. Su modestia es grande; el amor que tiene a sus padres lo demuestran sus sacrificios. Por ellos y para ellos trabaja, ellos son el faro donde siempre ha fijado su anhelosa mirada luchando por llegar al fin de su carrera; soñando con el día en que pueda ser el báculo de los viejos que tanto le quieren; a sus amigos los quiere y llega hasta a ser humilde con ellos… ¡Bien que puedo decirlo! Algunas veces, durante su permanencia en Orihuela durante las vacaciones, me hablaba de las amargas luchas que sostenía en la capital de España, donde a nadie se conoce ni a nadie se consuela.

El ruido del fausto y de la riqueza ahoga los gritos del dolor; y sin embargo me invitaba a marchar con él y me ofrecía partir conmigo, al principio su pan… ¡ah! No podía, una cadena muy pesada me aprisiona aquí, una abuela que declina por el horizonte de la vida, y con la que si bien no higo gran cosa, por lo menos la ayudo con mi juventud compartiendo con ella muchas amarguras y no pocas ingratitudes. No deja de ser esto una asignatura muy práctica para el porvenir. De otro modo le hubiera acompañado ¡ya lo creo! Pero su felicidad de hoy y la de sus queridos padres llega hasta mí con fuerza tanta, que casi me he creído yo el héroe de la jornada en la que el amigo ha triunfado. Justo García Soriano es de los jóvenes que llegan a donde se proponen. La suerte sea con él. Ricardo Peregón Salinas.

Orihuela 1905. Calle de Sagasta. Colección Javier Sánchez Portas.

El diario. Número 85 – 5 de julio de 1905: Esta mañana ha regresado de Madrid y hemos tenido el gusto de abrazar en ésta a nuestro querido amigo el joven Licenciado en Letras D. Justo García Soriano. Reiterárnosle nuestro más cariñoso saludo de bienvenida.

Unión republicana. Número 103 – 18 de julio de 1905: Hemos tenido el gusto de saludar a nuestro simpático amigo y correligionario, D. Justo García Soriano, regresado de Madrid después de haber aprobado las últimas asignaturas en la carrera de filosofía y letras con notas de sobresaliente. Tanto al joven amigo nuestro como a sus padres, damos nuestro más sincero parabién por el feliz éxito obtenido en su brillante carrera.

El 15 de julio publicó un sesudo artículo titulado “El patuá oriolano (apuntes lexicológicos)”; un análisis etimológico de algunos términos del habla oriolana. Los dialectos fronterizos de Orihuela y de la región de Murcia, influenciados por el catalán/valenciano, fueron otros de los temas recurrentes en la obra de Justo García Soriano.

El diario. Número 94 – 15 de julio de 1905:“El Patuá Oriolano” (Apuntes lexicológicos). Las lenguas, en su doble carácter de organismos vivientes y expresiones anímicas, están sujetas a la norma inmutable y al rigorismo de determinadas leyes fisiológicas y psicológicas, cuyo estudio razonado y metódico constituye esencialmente la verdadera Ciencia del Lenguaje. (…) Para llegar a este resultado, a este ideal, difícil pero hacedero, se ha de tener como preliminar indispensable y sine qua non el estudio minucioso, prolijo y. concluyente de todos los patuás, provincialismos o particularidades dialectales, por incultos, insignificantes y baladíes que parezcan.

Sobre todo las jergas de aquellas localidades o regiones que son fronterizas y hayan sido colonizadas por diversos pueblos simultánea o sucesivamente en épocas no muy remotas, dando lugar a núcleos aislados y zonas esporádicas (Orihuela con su término es una de estas localidades que los ofrecen más profusamente, pues en tiempos no muy lejanos sus habitantes fueron trilingües, por causas históricas que no es este el caso de exponer)…

… Movido de esta opinión, que largamente vengo sustentando en silencio, me propongo hoy, en circunstancias en que me hallo casi desprovisto de mis datos y libros de consulta, iniciar, siquiera someramente, con carácter de brevísimos apuntes, algunas modestas investigaciones acerca de la etimología y empleo de una serie o lista de palabras, pertenecientes a lo que puede llamarse el patuá oriolano; pero sin tener la pretensión, en todo caso ridícula e infundada, de llegar a una conclusión definitiva. Comenzaremos pues al azar:

CABOLO = Muñeca o juguete de niña. Es voz de origen latino, procedente de la forma vulgar caputulus, diminutivo de «caput», cabeza, siendo por lo tanto su significado literal cabecilla, cabecita o cabezuela, que conviene con su sentido actual. (…) CALICHE = Canuto de caña empleado en cierto juego de muchachos. Del clásico calicem (cálíx, icis: cáliz, copa) trastocado su acento de esdrújulo en llano. Tiene acepción y etimología distintas al caliche admitido por la Academia. HOGARIL= Hogar o fogón a cuya estirpe etimológica pertenece: francés, foyer. Supone la existencia de un diminutivo latino vulgar focarilem.

LEJA = Vasar, estante. Admitida por el Diccionario de la R. A. E. como voz murciana. De, etimología dudosa (ital. leggia). Como mera conjetura propondremos la forma originaria ligna (tabulae). MAGANTO Y MAGANSIA = Holgazán o perezoso y pereza. Por vagante o vacante y vagancia. La v se halla frecuentemente sustituida por la m, por ser ambas letras labiales o del mismo órgano, como puede observarse igualmente en los barbarismos verendar y verienda por merendar y merienda. PERFOLLA= Hojas que cubren y están alrededor de la panocha, mazorca o fruto del panizo o maíz. De «per-folia». Se usa más, actualmente, sobre todo en la ciudad «pellorfa», con el sentido general de hoja que cubre, que no es más que la misma palabra dislocada por  violenta metátesis. Muestra gran conexión con el vocablo perifollo (del griego, peri, alrededor, y fyllon, hoja).

PÉSOL = Guisante del latín phaseolum, como la dicción frisuelo, aplicada a cierta legumbre. Voz admitida por la Academia. (…) ALCASIL— Alcachofa. — Admitida por la Academia con sus variantes alcaci, alcaucí y alcaucil. Del arábigo español cabcilla, tomada de la forma latina vulgar capicilla, cabecilla, y no capitella, como dice la Academia erróneamente. Como a este ligero trabajo no podemos dar mayores proporciones por circunstancias de espacio y de tiempo, lo finalizaremos en este punto, prometiendo prolongarlo en otra ocasión no tardía y aumentarlo con la observación y el análisis de otras locuciones. JUSTO GARCÍA SORIANO. Orihuela, 15 Julio 1905.

Justo envió un ejemplar del diario a su profesor en la Universidad, Don Ramón Menéndez Pidal. Y el famoso catedrático le respondió con una carta de ánimo que su amigo Rafael se encargó de publicar.

El diario. Número 100 – 24 de julio de 1905:“El Patuá Oriolano”. El joven y sabio catedrático de Filología comparada del latín y del castellano de la Universidad Central y miembro de la docta corporación de la Real Academia Española, Excmo. Señor D. Ramón Menéndez Pidal, ha dirigido una atenta misiva a nuestro compañero D. Justo García Soriano, en vista del artículo que, con el título que encabeza estas líneas, insertó El Diario en las columnas de su número editorial correspondiente al pasado día 15.

En ella le alienta para que persista en sus ensayos filológicos acerca de las particularidades dialectales de nuestra comarca, y cuando haya ultimado un trabajo detenido, lo presente a los concursos que abre anualmente la Academia. Como tales excitaciones hechas por una autoridad tan ilustre, que tiene conquistada reputación internacional por sus escritos lexicológicos y sus profundos estudios en la nueva y difícil ciencia de la Filología comparada, honran tanto a nuestro querido compañero como a este modesto periódico provinciano, sentimos una gran complacencia en transcribirlas a continuación.

Dice así: “Señor D. Justo García Soriano. Amigo mío: muchas gracias por el envío de El Diario. Ojalá persevere V. en recoger dialectalismos en abundancia y cuando llegue la ocasión no tardía en que los publique se acuerde de enviármelos. R. Menéndez Pidal. Trabajando bien la fonética podía V. presentar su trabajo a los concursos de la Academia. Anímese V. 20 Julio 1905”.

Sabemos que nuestro, joven amigo el licenciado en Letras D. Justo García Soriano, abriga grandes propósitos y que no desmayará en su realización mientras cuente, con estímulos tan consoladores y honrosos como los del Sr. Menéndez Pidal. Muy en breve publicaremos la continuación de la serie de dialectalismos que está recogiendo y tiene en estudio nuestro compañero, a quien felicitamos cordialmente por esta nueva distinción que ha merecido.

Disponemos también del borrador de la carta que Justo envió a Don Ramón como agradecimiento:

Sr. D. Ramón Menendez Pidal. Muy distinguido señor mío y respetable maestro: gran contento me produjo la benévola tarjeta postal, que honrándome tanto, tuvo V. a bien dirigirme, después de haber leído el pobre trabajo que, como ligera muestra de mis entusiásticas aficiones filológicas, publiqué en “El Diario” de este pueblo. Quedo profundamente reconocido a sus frases de aprobación y de aliento, pues estímulos tan consoladores y honrosos, constituyen el ideal de todas mis pretensiones, y la mejor recompensa que premia los desvalidos esfuerzos, que en medio de la indiferencia y de la penuria de medios, realizo penosamente pulsado tan sólo por esta ferviente y decidida vocación que siento por los estudios léxicos.

Pero yo abrigo la confianza de que teniendo en cuenta mis buenos deseos de trabajar incesantemente, me prestará su insuperable y valiosísima ayuda, sin la cual pronto me  vería desprovisto de mis atrevidas alas de Ícaro, pues sólo con su protección y su tutela podré andar con pasos seguros en mi tentativa y conseguir que mi labor sea fecunda y provechosa. Llevo recogidos más de un centenar de dialectismos, de muchos de los cuales, siempre “incidendo per umbras” (atravesando la oscuridad) me ha sido imposible rastrear la fuente y la estirpe etimológica. De otros varios, no pocos, creo haber hallado su procedencia, por lo menos su origen hipotético y más verosímil, y a veces con entera seguridad. Con estos últimos pienso muy en breve hacer un corto trabajo para publicarlo en el “El Diario”, como prometí.

Algunas otras observaciones llevo hechas y anotadas acerca de la pronunciación y modismos sintácticos de la gente de esta comarca. De todos modos, esperaré su sanción; para mí, estimadísima e indiscutible; y cuando vaya a Madrid, donde marcharé, Deo volente el 17 del mes próximo futuro a estudiar el doctorado de la carrera de Letras, me pondré bajo sus auspicios. Supongo que V. se acordará de mí; yo soy el alumno oficial que tuvo usted este último curso en su clase, con tan poca suerte que sólo pude escuchar sus explicaciones durante los dos meses y medio que precedieron a las vacaciones de Navidad, porque luego marchó V. a América a cumplir una alta misión, dejándome huérfano y desorientado, hasta que D. Vicente Vignan tuvo la amabilidad de explicarme y repasarme, a pesar de sus muchas ocupaciones.

Ramón Menéndez Pidal (CVC) y Vicente Vignan Ballester (AHN).

Así es que en este curso que viene, si las horas me son compatibles, yo tendré grandísimo interés de volver a asistir a su clase para resarcir el tiempo perdido. Me parece que mañana celebra V. su fiesta onomástica. Yo le deseo en ese día muchas felicidades. Perdóneme la familiaridad y la impertinencia de esta ya extensa carta; queda esperando se presente ocasión en que demostrarle los grandes deseos que tiene por servirle su afmo., atento y s. s. q. s. m. b. JUSTO GARCÍA SORIANO. Orihuela 30 de Agosto de 1905.      

En Orihuela, Justo quedó incorporado a “El Bloque”, una ficticia sociedad de solteros liderada por su amigo Rafael cuyas andanzas contaba en “El diario”. En agosto publicó una especie de reglamento con dos docenas de artículos, a cual más disparatado. Os dejo unos cuantos:

El diario. Número 114 – 10 de agosto de 1905: Reglamento interior de la sociedad humorístico-musical titulada  “El Bloque”, establecida en esta ciudad. Art. 1.0 -Esta sociedad tiene por objeto “matar” el tiempo (ya que el tiempo la mata a ella) de la manera más agradable sobre todo obsequiando a las señoritas y se titulará “E1 Bloque”. Art. 2.0 Habrá dos clases de socios, numerarios y honorarios; los primeros tendrán derecho a intervenir en las discusiones y meriendas y demás “sports” recreativos que esta sociedad invente para andar por casa y los segundos, el de pagar los vidrios rotos de los primeros. (…) Art. 9.0 La persona que pretenda ingresar en esta sociedad deberá reunir los requisitos siguientes: A) ser soltero de nacimiento; b) ser presentado al menos por dos de los socios numerarios y admitido por unanimidad; c) pagar los cafés, dulces y tabacos a todos los señores socios; que ensalce a todas horas y en todo lugar la belleza de la mujer oriolana (…) Solterania 40 de Mayo de 1905. Aprobado por el Poncio civil del Estado libre de Celibataria.

También tuvo palabras para elogiar, como emigrante, a su «moruna» patria chica.

El diario. Número 115 – 11 de agosto de 1905: Días estivales. (Impresiones). En estos interminables días del estío, a la hora tácita y bochornosa de la siesta, cuando ese nuestro sol africano arroja diluvios coruscantes de oro y de fuego sobre la tierra, que dormita en letárgica calma, y no sopla ni un hálito de brisa refrescante, mientras agitan rabiosamente las cigarras sus élitros metálicos, la inercia y la modorra que se apoderan del cuerpo, trascienden al espíritu (…) Distraídos en cosas frívolas, acostumbrados a su espectáculo, no sabemos justipreciar esa encantadora huerta que aprisiona en amoroso abrazo nuestra, vieja y perezosa ciudad moruna…

… A la puerta de la humilde barraca, bajo el tupido emparrado, de donde pende húmedo y fresco el botijo entre los apiñados racimos de oro, la apuesta huertana de ojos negros soñadores con profundas ojeras y labios lujuriosos, de pura raza semítica, espera impaciente la hora en que los labriegos regresan de la cuotidiana tarea. Y ellos, mientras tanto, inclinados sobre los surcos para convertirlos en matrices dispuestas a recibir y fertilizar las semillas prolíficas y germinadoras, sufren resignadamente sobre las espaldas sudosas y las atezadas carnes las quemaduras de un sol canicular que cae a plomo… Kandal. Orihuela 11 de agosto de 1905.

A finales de agosto recibió una carta de su buen amigo y condiscípulo Luis de Antón del Olmet.

San Idelfonso, 29 de Agosto de 1905. Querido Justo: mis cartas siempre empiezan con esta palabra, “perdóname”. Perdóname que no haya ido a tu casa después que tú fuiste a la mía tan amablemente a despedirte. Y perdóname segunda vez por no haberte dado mis excusas en carta rápida al llegar aquí. Aunque tarde, ahora te las mando y muy cumplidas. No me acuerdo de tus señas en esa, y por no darle un segundo golpe a los jesuitas, no la mando a Santo Domingo. No quiero tampoco que tengas con ellos ni el ligero contacto de una carta dirigida a ti, que ellos no abrirán o por lo menos no debieran abrirla. Te pongo en el sobre unas señas personales para mayor confianza y por ser tu nombre conocido como periodista en toda esa región.

Lo de licenciado en Letras es un modesto homenaje que te quiero rendir. Supongo que en el curso próximo estarás en Madrid dispuesto a la lucha; pues lejos de haberse terminado, ahora puede decirse que comienza.  Yo soy un compañero tuyo que hace suyos tus triunfos y que viéndote pelear se conforta y arremete con furia. El cojón derecho contra el cojón izquierdo y ¡fuego! Yo confío en que nuestra generación, pletórica de nuevos ideales, fervorosa, valiente, está llamada a caminar deprisa y a llegar pronto arriba.

¿Leíste “Queralt hombre de mundo”? Espero que te habrá parecido a ratos colosal, inmensa. Es un arte completamente nuevo en España. Esa psicología íntima, esa observación fina, penetrante, no la han tenido desde hace siglos los novelistas españoles. Dime tu juicio sobre el libro.

Queralt, hombre de mundo (1905). Fernando de Antón del Olmet (hermano de Luis).

¿Cómo van tus tareas literarias? Yo colaboro ahora en “La Época”, y con el seudónimo “Valflor”, que es el que en “Queralt” tiene el cronista de salones, mando desde aquí crónicas alabanciosas, un poco aduladoras, sobre esta colonia de veraneantes inflados, cursis, imbéciles que aquí hay. Sin otra cosa te abraza tu amigo que desea verte pronto y charlar. LUIS de ANTON del OLMET. (Segovia) Calle del Barco nº. 6 San Idelfonso.     

Su hermana se casó con un maestro de escuela llamado José Linares Aliaga; al que acababan de nombrar maestro interino en la escuela de niños de Aspirillas (Elche).

El diario. Número 122 – 21 de agosto de 1905: Muy en breve contraerán los indisolubles lazos del matrimonio nuestro buen amigo D. José Linares Aliaga, con la distinguida y bella señorita Milagros García Soriano.

No he podido averiguar si Justo tuvo tiempo de asistir a la boda de Milagros. A mediados de septiembre, tras dos meses de estancia en Orihuela, Justo regresó a Madrid para continuar sus estudios. El siguiente objetivo era el doctorado.

El diario. Número 146 – 19 de septiembre de 1905: Ha salido para Madrid, donde piensa continuar sus estudios en el doctorado de Filosofía y Letras, nuestro querido amigo y distinguido compañero D. Justo García Soriano. Feliz viaje y un buen año.

Para ahorrar gastos se alojaría en el piso de su prima Eugenia, mencionada en anteriores entregas. Eugenia era modista de sombreros con amplios contactos entre la gente pudiente. Con el prestigio adquirido por Justo, podría buscarle alumnos a los que impartir clases particulares; actividad compatible con el periodismo. De todos estos proyectos hablaremos en la próxima entrega.

Justo con su madre y la prima Eugenia. AMO. LJGS.

Si no habían sido suficientes los elogios de Rafael desde Orihuela, su otro amigo, Antón del Olmet, le dedicó desde Madrid otro largo y laudatorio artículo que también transcribo entero.

El diario. Número 155 – 26 de septiembre de 1905: EL REGRESO DE GARCÍA SORIANO. García Soriano ha terminado su carrera. Sobre la mesa, al descuido, entre un cepillo y un quinqué, he visto los tres sobresalientes de su revalida. Me ha tendido los brazos con esa afable simpatía que él tiene para pocas personas y tras de resbalar nuestra conversación sobre algunas frivolidades, nos hemos puesto a hablar de arte. Nuestras entrevistas son siempre así. Yo llego, nos saludamos fraternalmente, tomamos asientos y habla él del tiempo, de la calle Alcalá, de la puerta del Sol y después hablo yo del teatro Eslava, de mis exámenes, de la lotería, de Montero Ríos. Es esta una conversación que languidece a cada instante, desmayada, tediosa.

Después de esto, secretos impulsos nos arrastran a hablar de arte, de literatura, de escritores, de libros. Y van sucediéndose las horas y nosotros seguimos barajando nombres, formulando conceptos, protestando de una cosa, alegrándonos de otra. Yo soy acaso el amigo más amigo que García Soriano tiene en Madrid. Yo le he seguido en sus andanzas primeras, cuando comenzaba a emprender el camino de la carrera literaria. En aquel tiempo le vi hablar de D. Manuel del Palacio, del señor Colorado, de la Revista Parlamentaría y Diplomática. Después he asistido a la transformación de sus ideas y lo he visto ir a clase; iba corriendo por la calle para llegar a tiempo, ladeado el sombrero, en la mano un cuaderno de apuntes, bajo el brazo un libro de griego, de latín, de árabe.

García Soriano tiene mucho talento y además tiene mucho talento. Me explicaré. Tiene mucho talento porque es un gran poeta y un gran cronista; tiene además mucho talento por que no escribe crónicas ni versos. Ha terminado su carrera con sobresalientes, conseguirá gratuito el título de Licenciado. Después estudiará como él sabe hacerlo: hará unas oposiciones y asegurará una vida holgada, burguesa. Y entonces es posible que García Soriano escriba versos y haga crónicas. Yo quiero hacer aquí la alabanza de este silencioso luchador de la vida, amigo mío muy querido y compañero.

García Soriano es pobre. Y sin embargo ha terminado una carrera y además de haberla terminado, ha conservado en todas las borrascas que ha sufrido su nombre sin arrastrar, su dignidad sin perder, sin vender su pluma. García Soriano tiene fama de orgulloso. Esta es la más alta virtud que le adorna. García Soriano tiene una pobreza altanera, hosca, adusta. Él no le pide nada a nadie, ni de nadie quiere más de lo que se le debe. Y cuando sale de su casa y marcha por la calle, como no tiene que avergonzarse, va erguido, enhiesta la cabeza, el paso firme, a nadie adula, a nadie reverencia por deporte, no tolera desprecios y cuando se los hacen, toma venganza.

Ahora García Soriano ha dejado su casita de la Carrera de San Jerónimo. Ha dejado allí un balconcito microscópico, alegre, desde el cual se veía pasar la muchedumbre hormigueante y el tropel de los tranvías, de los coches, de los automóviles. Se ha trasladado a la Plaza de Santa Ana. Antes ha estado en la calle del Prado, en la de Núñez Arce, en muchas más. Y desde un sitio u otro, siempre es el mismo. No busca, hay que buscarlo, estudia, labora con anhelo, envía de vez en cuando a su pueblo natal unas chispeantes croniquillas que solo sirven para desentumecer su cerebro y desenmohecer su pluma. Sin mirar hacia atrás sigue adelante.

García Soriano…. Yo diría que García Soriano llegará a esto, y a lo otro, que será Catedrático, publicista ilustre, hablista insigne, mil cosas más. Pasará el tiempo…… Luis de Antón del Olmet. Madrid. 

Apertura curso universitario. Nuevo mundo (Madrid). 5/10/1905, página 8.

El 1 de octubre, en el Paraninfo de la Universidad Central, uno de los salones más artísticos y espaciosos de Madrid, se celebró con gran solemnidad la apertura del curso escolar a la que asistió el Rey y todo el Gobierno. El flamante premio Nobel, Sr. Echegaray, leyó un magnífico discurso que fue ruidosamente aplaudido. Alfonso XIII, muy aclamado por los estudiantes, dio lectura a otro breve discurso con el que declaró abierto el curso escolar. Después, el propio monarca hizo entrega de los premios a los agraciados, quienes subieron al estrado a recogerlos entre grandes salvas de aplausos.

Por la Facultad de Filosofía y Letras, los elegidos en el grado de licenciado fueron D. Manuel García Blanco y D. Justo García Soriano. A pesar de las dificultades, de las privaciones, del trabajo añadido, lo había conseguido. En el otoño de 1905, un republicano declarado recibía de S. M. el rey Alfonso XIII el diploma que lo acreditaba como uno de los mejores alumnos de la Universidad Central de Madrid.

Apertura curso universitario. Nuevo mundo (Madrid). 5/10/1905, página 8.

“La correspondencia de España” y el «Heraldo de Madrid» publicaron la lista de premios extraordinarios de la Universidad Central. El rostro de Justo García Soriano aparecía en la primera plana de un diario de Madrid.

Alumnos premiados en la Universidad Central. 1905. Justo es el número 2.

Por supuesto “El Diario” se hizo eco en Orihuela; y también «El Liberal» de Murcia. Su padre no cabía de orgullo. Todos sus sacrificios habían merecido la pena.

El diario. Número 160 – 2 de octubre de 1905: Después de brillantes ejercicios de oposición, ha obtenido como premio extraordinario el título gratuito de Licenciado en Letras, nuestro queridísimo amigo y muy distinguido compañero D. Justo García Soriano. Nuevamente nos complacemos en enviarle al amigo Justo un fuerte abrazo de felicitación por triunfo tan señaladísimo y honroso y la enhorabuena más cumplida a sus ancianos y cariñosos padres.

El diario. Número 161 – 3 de octubre de 1905: POSTAL (Urgente). Enhorabuena. Entre sorbo y sorbo del bok de dorada y espumosa cerveza que tenía delante, departía con los amigos de la cotidiana e invariable tertulia, cuando hacia mí, vi que venía el anciano, ligero, casi corriendo a pesar del temblor que visiblemente se le notaba en sus piernas y la emoción que se retrataba en su semblante. En las manos traía un papel azulado. Al acercarse a la mesa dio un traspiés que me obligó a abandonar la silla con ligereza y sostenerle.

Sin darme cuenta, el papel azulado lo había dejado ya entre mis dedos sin pronunciar una palabra, es decir, quiso decir algo; pero no pudo, casi lloraba. Sabía yo que aquella impresión del anciano amigo no era del dolor producido por una mala nueva; esperaba una buena noticia y la noticia acababa de llegar rápida como el rayo. No leí el telegrama, le eché las manos por los hombros y le di la enhorabuena. Luego leí: Triunfo completo, ganado premió extraordinario correspondiente grado licenciatura. Matriculado doctorado. Justo.

Y el padre venía primero a mí, lleno de emoción a darme la noticia. Sabía que yo era un amigo verdadero de su hijo y quiso hacerme partícipe de su alegría. De más está, que yo traté de justificar el entusiasmo, la emoción del viejo. Es padre y además de esto es el hombre que ve recompensados con hartura el cariño y las privaciones que pueda haberle costado, dentro de su modestísimo vivir, el ver a su hijo (único varón de su prole) tocar la cima de sus aspiraciones después de honroso y brillante torneo, corona de mil brillantes combates con la escasez y con la inteligencia. No esperó mucho y después de recibir mil felicitaciones se alejó rápido siempre, con el palo bajo del brazo y el telegrama en la mano.

El hijo recibía en aquel momento la más estimada recompensa. Si hubiera estado aquí hubiera sido dichoso entre los dichosos. La figura de un anciano, de andar vacilante que se desliza ligero y valiente por una gran plaza, con un papel azulado en la temblosa mano, casi gimiendo por la emoción, no la hubiera olvidado en el trascurso de su vida.

Yo, mal dibujante, saqué el lápiz y en esta postal procuré hacer con cuatro rasgos un estudio de la figura. Está borrosa, la cerveza ha hecho saltar el carbón en muchos sitios sustituyéndolo con una mancha gris, sin expresión, sin sombras, contornos ni perfiles. Lo único que verás, querido amigo, resaltando sobre la cartulina, escritas en correcta letra inglesa, será sin duda las palabras que dicen: Mi enhorabuena. Y es que si me reconozco mal dibujante, creo que no soy mal amanuense. Damián Cañas y Más.

El Liberal. Murcia.  Número 1160 – 5 de octubre de 1905: Orihuela. Nuestro estimado compañero D. Justo García Soriano ha ganado en la Universidad Central, tras brillantes ejercicios de oposición, el premio extraordinario de la licenciatura en Letras. Felicitamos a nuestro paisano por distinción tan honrosa y enviamos la enhorabuena más cumplida a su anciano padre D. Justo García Sánchez.

El diario. Número 174 – 18 de octubre de 1905: Hemos tenido el gusto de ver el diploma con que fue honrado nuestro distinguido compañero y estimado amigo D. Justo García Soriano en el acto de la inauguración de las tareas escolares en la Universidad central, como uno de los estudiantes que por su aplicación ganó el premio extraordinario concedido por el gobierno.

A finales de noviembre Justo contestó a los elogios escritos por sus dos grandes amigos. Y lo hizo a través de dos artículos. El primero fue para Rafael Rogel (entre otras cosas nos informa de los númerosos seudónimos que utilizaba) y el segundo para Luis de Antón.

Ambos comenzaban con un párrafo de la obra autobiográfica de Silvio Pellioco «Mis prisiones» publicada en 1832: «Ho io scritto queste Memorie per vanità di parlar di me? Bramo che ciò non sia”… «He escrito estas Memorias por vanidad de hablar de mí? Deseando que esto no sea» …

El diario. Número 208 – 28 de noviembre de 1905: SALDO. Hoy que todo se liquida, que todo se realiza (permítanme hacer alarde de este léxico mercantil), quiero y debo abrir también mi correspondiente saldo; porque estoy en descubierto, y ya comienzo a sentir escrúpulos de conciencia ¡Naturalmente! Y no de boticario. Y tengo la dicha de poseer dos excelentes  amigos, dos amigos leales y benévolos. (…) Los dos buenos amigos a que me refiero se llaman D. Rafael Rogel Rech y D. Luis de Antón del Olmet, a quienes todos conocéis, pues lucen frecuentemente su ingenio en estas mismas columnas; por lo tanto sería inútil que tratara de presentároslos.

Sin embargo, he dirigido esta ocasión para rendirles un tributo sincero y espontáneo de reconocimiento y amistad, y algo he de hablar de ellos. D. Rafael Rogel Rech, amigo mío muy querido y simpático director de este simpático Diario, que con tacto pulso y acierto dirige, es ya, como en otras, veterano en esta empresa, pues anterior y sucesivamente ha dirigido en esa ciudad “El Labrador”, “La Voz de la Comarca”, “La Comarca”.

El mismo ha dicho que su carrera consistía en “tres años incompletos de enseñanza elemental en la escuela” pero este es su mayor blasón. Tal vez una errónea desconfianza en su propio valer o una exagerada modestia le han llevado a suplantar su nombre auténtico con casi tantos pseudónimos como escritos han brotado de su pluma ubérrima y retozona; de aquí que sean infinitos como las estrellas de los cielos y las arenas de los mares, valga el manoseado símil.

Díganlo si no los de Quijote II de Leva, empleado en sus famosos «Chispazos»;  A de G y Amadís de Gaula en sus reseñas teatrales; Hipólito, como cronista; Faeliyo, como revistero taurino; El Doctor Belenes, como revistero gallístico; Ernesto Ruiz Gómez; X; Ese; El P. Ruborizado; K. Mola; K. Mito; Legor Cher; Mateo Carriles; Ricardo Peregón Salinas; Damián Cañas y Más; Pepito Tudó; Pepe Tonel; Rugiero y otros muchos que no recuerdo ahora y sería muy prolijo exponer; sin contar los innumerables artículos de fondo y de información que en inmenso acervo ha ido acumulando la cotidiana e incansable tarea periodística, todo lo cual demuestra lo ecléctico y enciclopédico de su espíritu.

Luis de Antón del Olmet. Archivo ABC.

El diario. Número 209 – 30 de noviembre de 1905: SALDO. Y ahora pasemos a ocuparnos de este nuestro antiguo y fraternal compañero de colegio que se nomina D. Luis de Antón del Olmet, delineando con tímidos perfiles y en suave escorzo su silueta enérgica y rotunda. De Antón es muy joven, pues aún si le apunta el bozo; pero es alto, recio, sanguíneo, de complexión robusta, tira a albazano y siempre goza de perfecta salud. No os riáis, espíritus superficiales y melindrosos, porque al bosquejar un escritor comience a hablaros de su temperamento y de su salud: sabed que sin un cuerpo sano, bien organizado y pletórico y un estómago que digiera sin  dificultad, no es posible un entendimiento sólido ni una percepción recta y diáfana…

… Decíamos de Antón del Olmet que es robusto, goza de perfecta salud y, por ende, posee un cerebro perfectamente organizado. Además es un abogado en ciernes, pues está en vísperas de licenciarse en Derecho; aunque yo opino, no sé si con fundamento, que este excelente amigo siente más irresistible vocación y más afectuosas simpatías por las livianas sugestiones de la amena Literatura, que por los abstrusos y un poco enojosos problemas jurídicos y sociales. Yo conocí a de Antón, como creo haber insinuado, en el colegio, cuando estudiábamos la segunda enseñanza.

Era un muchachito, un fanciullo algo revoltoso y simpático. Entonces hizo una ardua, una noble acción por mí; y desde aquel momento comencé a quererle. Pero yo nunca ni llegué a sospechar siquiera que aquel niño inquieto y un poco desaplicado pudiera, andando el tiempo, contraer el vicio de escribir. Pasaron los meses, y después con alborozada satisfacción nos volvimos a encontrar aquí la Corte….

Calle de Alcalá a principios del siglo XX. Hauser y Menet. Memoria de Madrid.

Otro año más, Justo García Soriano pasó la Navidades en Madrid. Y desde allí firmó la última crónica de 1905, el día de nochebuena.

El diario. Número 229 – 28 de diciembre de 1905: Oso y Madroño. «El cónclave», «el Sanedrín o la mesa del café». El mesurado D. Tadeo está convidado a cenar esta noche casa de un diputado de la mayoría, que fue, antes del 68, pregonero del ayuntamiento de su pueblo y pinche de un figón; pero después la veleidosa Fortuna le llevo a ser cocinero del papá político de don Segismundo Moret; y tanto y tan bien supo complacer el paladar de este señor, aderezándole los calamares en tinta y las criadillas, para lo cual es una especialidad, que el papá-suegro lo tomó en tanta estima que dejó caer todo el peso de su influencia, sobre su yerno, hasta conseguir que en las últimas elecciones le sacaran diputado por el distrito de Valpringoso. Kandal. Madrid, 24 de Diciembre de 1905.

Continuará…..

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas, a Jesús García Molina y a José Manuel Dayas.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba), historias de Orihuela, fotos, postcast y vídeos.