
Prefacio.
Mucho se ha escrito sobre Bernardo Ruiz. Pero en esta «oriolapedia» que trato de componer no podía faltar el segundo oriolano más famoso del siglo XX.
En 1954 el periodista deportivo Manuel Serdán publicó, en el suplemento «Biografías de Marca», la de Bernardo Ruiz con el título: «Bernardo Ruiz Navarrete. El famoso ciclista de Orihuela. De cuidador de planteles de pimientos a millonario».
La serie, dividida en un total de doce entregas, fue adquirida por Samuel Rodríguez Ferrández y la puso a mi disposición.
Aprovechando la oportunidad que me brinda Samuel, voy a centrame en los diez años que relató el propio protagonista, cotejando sus palabras con lo que contó en otras entrevistas posteriores, como la de Perico Delgado para RTVE; o la que concedió tras sus primeros triunfos, en 1945.
También compartiré bastantes noticias que se publicaron en la época y, por supuesto, fotografías y artículos que ilustren el texto. En este capítulo de introducción incluyo también una pequeña biografía del periodista que viajó a Orihuela en 1954 y algunos datos de la familia de Bernardo Ruiz.
Introducción.
El reportaje entrevista comienza con la llegada del periodista Manuel Serdán en 1954. El visitante no era un periodista cualquiera. Permitidme hacer un inciso para resumir la biografía de este personaje nacido en Vitoria en 1892.
Manuel Serdán y Díaz de Arcante lo fue todo en el ciclismo español. Dos años mayor que el padre de Bernardo, comenzó a correr en bicicleta a principios del siglo XX y, como joven «sportman», aparecía a menudo en la prensa local vitoriana.
Heraldo Alavés. 8 de abril 1912: Ciclista premiado. Leemos en la prensa de Bilbao que en las carreras de bicicleta allí celebradas ha alcanzado el cuarto premio nuestro estimado amigo, el joven vitoriano don Manuel Serdán, cuyo triunfo celebramos sinceramente.
En 1913 era presidente del «New-Club» de ciclismo de Vitoria y, mientras cursaba la carrera de Derecho en Valladolid, participó en varias pruebas como la Vuelta a Cataluña.
Cronista deportivo especializado en ciclismo, pasó por el «Heraldo Alaves» y por el «Excelsior» al tiempo que organizaba carreras como juez-árbitro.
Heraldo Alavés. 03 de mayo 1915: Sport. Reanuda sus tareas periodísticas en el Heraldo Alavés, para dedicarse exclusivamente a los asuntos de sport, nuestro querido amigo don Manuel Serdán, sportman competentísimo.
Durante la II República dio el salto a la capital revolucionando el ciclismo madrileño y trabajando para el diario «el Sol» y la revista semanal «España Sportiva».
Al acabar la guerra el «camarada» Manuel Serdán fue nombrado primer vocal del Comité Nacional de la Unión Velocipédica Española y presidente de la Comisión Deportiva.
Era redactor en el «Arriba», asesor técnico de la Federación Nacional de Deportes y Seleccionador Nacional de Ciclismo del Frente de Juventudes, organismos todos vinculados a Falange.

En los años cuarenta pasó al «Marca», donde se jubiló en 1961. Conoció a Bernardo Ruiz en 1945 y fue determinante para su participación en la Vuelta a España.
Presidente de la Federación Española de Ciclismo desde 1963 a 1968, presumía de haber recorrido 250.000 kilómetros en bicicleta.
Falleció en mayo de 1981 a la edad de 89 años.

Serdán en Orihuela.

Serdán viajó en tren de Madrid a Murcia. Y de Murcia a la «coqueta y soleada» estación de ferrocarril de Orihuela, donde tomó una «tartana murciana enganchada a un caballejo» que lo llevó al domicilio del «Pipa».
—Usted dirá dónde quiere que le lleve.
—Al domicilio de Bernardo Ruiz ¿Lo conoce?
—Qué cosas dice usted. Aquí nos conocemos todos, pero sobre todo a Bernardo.
Allí lo recibió su «bellísima esposa», Margarita Celestino. Y le comunicó que Bernardo había salido a entrenar con su amigo Botella.
—Me han dicho que les prepare la comida para las cuatro.
Serdán aprovechó para comer en el Hotel Palas con unos primos que tenía en Orihuela, determinates también en la primera participación de nuestro biografiado en la Vuelta a España.

Después volvió a casa de Bernardo, al que ya habían informado de su visita. El redactor de «Marca» le pidió tiempo para escuchar los detalles de su vida desde la infancia a la actualidad, buscando más bien las anécdotas.
—No se trata Bernardo de hacer al detalle tu vida ciclista, harto conocida. Sobre determinados hechos quiero espigar lo anecdótico.
Serdán quería pasear con «el Pipa» por Orihuela acompañados de un fotógrafo. Utilizando sus propias palabras, para hablar con naturalidad, sin hacer muchas preguntas, sin forzar las charlas ni detener sus frases, como dos viejos amigos.
—Las horas que usted desee.
Acordaron que la narración empezaría en su lugar de nacimiento, la antigua casa de sus padres.

Un coche los llevó a la que fue su casa natal, en el tradicional Barrio de San Francisco, al pie de la sierra.
—Aquí tiene usted el sitio. Ha cambiado poco. Cuando vivíamos nosotros la casa era una. Ahora le han añadido unas habitaciones que ocupan tres familias.
—Calle San Francisco. Entonces tenía el número 8, con posterioridad le pusieron el 4. Aquí nací en enero hizo veintinueve años.
Bernardo llegó al mundo el 8 de enero de 1925 en una familia muy humilde de jornaleros y labradores.

Aquí voy a hacer otro inciso en la entrevista para añadir un poco de la historia de su familia.
Su padre, Tomás Ruiz Grau, había nacido el 18 de enero de 1894 en el famoso barrio oriolano de «Las Espeñetas». Fue bautizado en la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol de Orihuela.
Tomás era hijo de Tomás Ruiz Galán, nacido el 21 de diciembre de 1852 en la calle del Río y bautizado también en Santiago. Y de María Grau Abadía, nacida el 22 de septiembre de 1851 en El Raiguero (Orihuela) y bautizada también en Santiago.

Su madre, Leonor Navarrete Segura, nació el 15 de septiembre de 1893 en el campo de La Matanza (Orihuela). Bautizada en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Remedio, Leonor era hija de Agustín Navarrete Riquelme, nacido y bautizado el 28 de agosto de 1857 en misma Iglesia del Remedio y de Sandalia Segura.
Tomás Ruiz Grau y Leonor Navarrete Segura se casaron el 10 de agosto de 1918 en la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol de Orihuela.
Tuvieron cinco hijos: María, Tomás, Antonio, Bernardo y Leonor.
Bernardo alternó la escuela con el trabajo desde los cuatro o cinco años, cuando comenzó a ayudar a su padre evitando que los pájaros se comiesen las semillas de los planteles de pimientos.
— Ni tonto ni listo. Tenía facilidad para aprender las cosas que nos decía el señor maestro. Estudiar, la verdad, no me gustaba. Pero las explicaciones las comprendía bien.
Le llamaban «el Pipa», apodo que nunca le molestó.
—Porque siempre me estaba chupando el dedo gordo, una costumbre que me duró mucho tiempo y me costó cachetes a granel. Hasta en el extranjero me llaman algunos corredores «el Pipa». No tiene importancia.
El ciclista más famoso que había dado España hasta ese momento, demostró con Serdán la sencillez de un muchacho que tenía el don de la conversación y el atractivo de presentar las cosas sin ambages ni rodeos.

Pero, como es lógico, tratándose de los años cincuenta, pasó muy de puntillas por el periodo de guerra y los problemas posteriores de su familia.
—Cuando tenía once años «vino» la guerra nuestra. Mi padre dirigía el cultivo de una buena extensión de huerta. Mi madre lavaba ropa para señores del pueblo. Mis hermanos se distribuyeron.
— A mí me dedicaron a hacer hoyos para los planteles bajo la vigilancia de mi padre. Los hoyos tenían la profundidad de un palmo. Siempre en el huerto de los franciscanos de Santa Ana. Yo era amigo de todos.
— Cuando la guerra se marcharon y el convento se convirtió en cuartel. Había muchos soldados y material. Y muchas provisiones.

En 1941 se instruyó un procedimiento sumarísimo contra sus padres por el Juzgado Militar de Orihuela. (Tribunal Militar Territorial 1 | Sumarísimos | Alicante, 1941 | Sumario 10553, Caja 15674, Orden 4).
En dicho sumario se investigó de forma conjunta a varios oriolanos acusados de participar durante la Guerra Civil en actividades de resistencia y militancia sindical en organizaciones como la UGT.
Los antecedentes políticos de Tomás quedaron en el fichero 58 de la Sección Político-Social. Ficha R0178826.
Bernardo tampoco contó mucho de sus actividades en la posguerra. Su adolescencia se desarrolló en los peores años de hambre y racionamiento, con el agravante de unos padres «de color rosa subido» perseguidos por la Dictadura.
—Una vez terminada la guerra me consideraron como jornalero de la huerta de los franciscanos, que volvieron al convento. Con lo que me había enseñado mi padre plantaba cebollas, pimientos, tomates, hortalizas en general.
—Tomás y yo andábamos de un lado para otro para ayudar en mi casa. Luego iba con Antonio.
Como muchos familiares de represaliados, Tomás se enroló como «voluntario» en la División Azul. Lo tenemos en esta convocatoria de ex combatientes.
Información. 10 de octubre 1944. Jefatura Provincial de la Milicia de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. Tomás Ruiz Navarrete. Por la presente se pone en conocimiento de los ex combatientes de la División Española de Voluntarios que se personen en esta jefatura para enterarles de un asunto de su interés.
—Como escaseaban los alimentos era necesario buscarlos por todas partes. Comprábamos grano, por ejemplo, y después de limpiarlo bien, operación que hacía yo, lo molíamos como se podía y después se vendía.
Con Pedro Delgado añadió que, entre los años 1941 y 1943, su bicicleta llevaba detrás un portaequipajes que le permitía cargar cuarenta o cincuenta kilos de cebada o de maíz, que llevaba a un molino para, una vez molido, venderlo.
— Con Antonio andaba con un carro. También teníamos una bicicleta, como todo el mundo. A mí me gustaba más guiar el carrillo, del que tiraba un borrico.
—¿Por qué no te gustaba la bicicleta?
—Era más tranquilo ir en el carro. Si utilizaba la máquina era para recorrer los senderos de la huerta y traer algo para casa.
Cuarenta años después contó a Pedro J. Bernabeu, en otra entrevista, que varias veces a la semana pedaleaba desde Orihuela a Cartagena y de Cartagena a Orihuela subiendo las cuestas de la pedanía de Torremendo y el puerto de Rebate.
En la de Perico Delgado en 2015 explicó que, entre los años 1940 y 1943, cargaba hasta cincuenta kilos en la bicicleta y hacía de veinte a cuarenta kilómetros diarios.
En Albox (Almería) recuerdan a un muchacho de 16 años que cargaba dos pellejos de aceite en el cuadro de su bicicleta con veinticinco litros en cada uno. Afirman que era de Orihuela y se llamaba Bernardo Ruiz.
Posteriormente utilizaron un carro que podía cargar hasta doscientos kilos y él iba con la bicicleta delante buscando los sitios donde se apostaba la Guardia Civil para hacer controles. La clave de «paso libre» era un tormo de tierra esparcido en la carretera.
A Manuel Serdán le aseguró que no tuvo afición por la bicicleta hasta el año 1943.
—Hasta que un día ¡qué susto! El día de Todos los Santos de 1943, tenía entonces dieciocho años.
Su padre lo había mandado a Santomera, con su hermano Antonio, a recoger un saco de harina. La ida la hicieron los dos en el carro, transportando la bicicleta. A la vuelta, una vez cargada la harina, la máquina ya no cabía.
—Como Antonio estaba cansado se quedó en el carro, y yo marchaba por delante.
Antonio se quedó dormido y, a las dos o las tres de la mañana, a la altura de El Siscar, los faros de un camión de recoveros de Lorca aparecieron en la oscuridad.
—Le grité a mi hermano para que se apartase. No me oyó. Tampoco el conductor vio el carro. El camión atropelló al carro y volcó ¡una catástrofe!
Su hermano y uno de los ocupantes del camión resultaron heridos y fueron hospitalizados en Murcia. El pobre burro murió aplastado.
Bernardo voló pedaleando en la oscuridad para llevar la noticia a su padre.
—Parecía que salían fuerzas de no sé dónde. Sé que llegué enseguida a casa.
Cuando su hermano se repuso su padre compró otro carro. Y era Antonio el que lo llevaba. A partir de ese momento dice que le entró el «gusanillo» por la bicicleta, una vetusta máquina adquirida por su padre antes de que él naciera.
—A mí ya me gustaba más ir montado en la bicicleta.
—¿Era una buena bicicleta?
—Ca, no señor. ¡Mi padre la compró en 1918! Calcule usted como estaría después de veintitantos años de uso. Recuerdo haberle oído muchas veces que le costó diez duros.
A Pedro Delgado le dio más datos de su primera máquina. Era una bicicleta francesa, marca «Areli», con un solo freno y el manillar bajo.

A Perico Delgado le contó, como primera experiencia en carrera, el circuito Orihuela – Elche – Santa Pola – Torrevieja – Orihuela. Tenía dieciséis o diecisiete años y se unió como espontáneo a un grupo de oriolanos que corrían dicho circuito y casi llegó el primero.
A Serdán le habló de la cuesta del Seminario de San Miguel, en Orihuela; un empinado acceso que algunos culminaban como una hazaña y él repetía una y otra vez con facilidad dando que hablar a la gente.
Bernardo hacía esos alardes tratando de impresionar a Juan Iborra para que le prestase su bicicleta «de carreras». Una «níquel», madrileña, con cambio manual. Tenía sólo tres piñones y llevaba junto a los platos una carraca para fijar la cadena.
Primera carrera. 1943.

La primera prueba para «el Pipa», de cuarenta kilómetros, se tituló «Circuito a la Ermita de las Angustias» y estaba organizada en Orihuela para los chicos del pueblo.
—Como no tenía equipo ciclista me vestí con un jersey y un pantalón de futbolista. Recuerdo que llevaba los zapatos de los domingos.
Quedó el primero entre los quince o veinte participantes y se embolsó diez duros de premio, un pollo y otros cinco duros de prima por pasar en cabeza por un determinado lugar.
—Acostumbrado a lo que andaba de ordinario la carrera me pareció un paseo. Cada día tenía más afición.
Preguntado por sus adversarios de entonces recordaba a: Francisco Galiano, «el Potra», Quesada, «Trino el de Molins», José Alcaraz «el Hojalata» y, sobre todo, Rojales. Tenían más experiencia que él, pero no querían que participase pues siempre ganaba.
Entre pollos, gallinas, algún puñado de pesetas y premios en especie que le permitieron mejorar el estado lamentable de su bicicleta de trabajo, empezó a formarse el corredor ciclista en contra de la voluntad de su padre.
—Te has creído que vas a ser un Cañardo (se refería a Mariano Cañardo) pero estás equivocado. Tú a lo tuyo, que será más provechoso.
Mientras al hijo le obsesionaba su «máquina», a don Tomás le hacía poca gracia que perdiese horas de trabajo en entrenamientos inútiles. Su madre tampoco estaba muy conforme; pero «tapaba» al hijo querido.
Bernardo llevaba el veneno del ciclismo dentro y en Orihuela era muy discutido: unos lo consideraban un fenómeno y otros un chalado. Él se veía con fuerzas para enfrentarse a adversarios con más años, más experiencia y mejores máquinas.
Casi sin darse cuenta fue iniciando su nueva vida como ciclista; dejando, poco a poco, el cultivo de la tierra que cada día soportaba menos.
Las victorias locales animaban al joven Bernardo; pero su bicicleta, un esqueleto prehistórico con algunos apaños, no estaba a la altura de un incipiente corredor.
A finales de 1943 sus padres seguían sin aprobar las ambiciones deportivas de «el Pipa»; y mucho menos la modernización de su máquina. Don Tomás le decía:
—Lo principal es dar fuertes pedaladas. Lo demás, ganas de presumir. De nada sirven las piezas nuevas sin fortaleza en las piernas.
Luchando siempre con desventaja y sudando más de lo debido por falta de una buena máquina llegó el decisivo año 1944. Que repasaremos en la siguiente entrega.
Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).
Mi agradecimiento a Samuel Rodríguez y a José Manuel Dayas.
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