Convertida en Seminario la ermita de San Miguel en el siglo XVIII, en la centuria posterior los vecinos del Barrio homónimo levantaron una nueva ermita dedicada al arcángel.
Estaba situada en parte del solar que ocupa el actual Colegio Diocesano Oratorio Festivo de San Miguel.
Para ello utilizaron dos casas donadas por la viuda de un tal Mariano Casanovas y sufragaron su construcción con ayuda de rifas y limosnas.
Por último compraron una imagen de San Miguel, bendecida por el obispo Victoriano Guisásola en 1878.
El Oratorio Festivo de San Miguel.
El Oratorio llegó con el sacerdote Juan Torres Silva, antiguo alumno salesiano. En mayo de 1918 colocó en la ya deteriorada ermita una imagen de María Auxiliadora y comenzó a construir aulas.
La antigua Ermita de San Miguel de la Peña en 1919. Y los profesores del Oratorio Festivo con el fundador, Juan Torres Silva en 1920. Archivo Oratorio Festivo.
Así nacía el Oratorio Festivo de Orihuela; con la antigua ermita como capilla hasta el 10 de mayo de 1925.
Parte baja de la fachada del internado gratuito que están edificando en la peña (Oratorio Festivo. Orihuela). Postal escrita en Orihuela, en septiembre de 1926, por Juan Torres Silva.
Editorial Litúrgica. Cortes, 581. Barcelona. Muy Sr. mío: En el último pedido le encargué 12 oficios de S. Gabriel y me enviaron misas. Ruégoles me envíen dichos 12 oficios de S. Gabriel con su factura que girare sin otro aviso en unión de las 40,35 de la anterior. Suyo afectísimo. J. Torres. 25 de septiembre de 1926.
En el verano de 1927 Juan Torres fue trasladado a Sevilla. Oficialmente por «agotamiento pernicioso». Pero nunca quedó del todo claro.El siguiente texto es obra de José Ruiz Cases «Sesca»:
Juan Torres Silva llegó a Orihuela con su madre. Y subió a la Peña, cobijo de los «Cararrajadas» de Miró, de la pobreza extrema instalada en casuchas y covachas.
Puso orden en la paridera de la sierra, estableció familias y matrimonios. Y se puso a construir el Oratorio. Escuela y pan. Banda de cornetas, imprenta… vivir y filosofar.
Lo primero el pan… y el otro pan, que no solo de pan vive el hombre. Diez años después de su llegada, don Juan era gente en Orihuela.
El cura era apuesto, culto. No tenía demasiados problemas para concitar la simpatía de las mujeres pudientes.
El dinero de éstas iba a la olla grande de su vocación. Acudía a su casa gente de otros lugares. Nadie salía sin comer.
Su comportamiento dejaba en evidencia a cierto clero pegado a privilegios y canonjías. Celos y envidias. El hacha no tardó en llegar.
El obispado desterró a don Juan. Lo impidió la gente, pese a los culatazos de la Guardia Civil.
Juan Torres Silva y la primitiva banda del Oratorio.
El segundo intento se produjo de madrugada. «El Día» de Alicante insertó este anuncio:
En Orihuela, un sacerdote ejemplar, digno émulo de su padre don Bosco, ha salido a deshora de la ciudad.
Los hijos de la desgracia, los favorecidos por el amor del hombre bueno, fueron en manifestación al Palacio episcopal pidiendo la vuelta del sacerdote.
El pueblo dice que se ha cometido con él una injusticia. Vox populi, vox dei.
Juan Torres Silva junto a sus antiguos alumnos del Oratorio.
Durante dos años los PP Capuchinos se hicieron cargo de la institución con el padre Gonzalo de Benejama en la dirección.
En 1929 se nombró director a Monserrate Celdrán Mogica, beneficiado de la Catedral. Ese mismo año el estado ruinoso de la capilla obligó a demolerla por el peligro que ofrecía.
Junto al director trabajaban dos maestros «manjonianos» costeados por la Diputación Provincial.
Al proclamarse la II República, fueron sustituidos por profesores titulados.
Alumnado y profesor del Oratorio durante la II República. Archivo Oratorio Festivo.
En 1933, recien ordenado, el joven sacerdote Antonio Roda entró como subdirector. Monserrate Celdrán estaba enfermo y falleció el 16 de octubre de 1934.
Antonio Roda dirigió la institución desde 1934 hasta su muerte, medio siglo después.
Antonio Roda López. Colección Esteban Sanmartín Alonso.
Alumnado del Oratorio Festivo durante la Segunda República. Mi agradecimiento a María Genovés Cánovas
Durante la Guerra Civil el Oratorio fue clausurado. Las imágenes originales desaparecieron y el edificio fue utilizado como refugio para los evacuados del frente de Andalucía.
Antonio Roda.
Al acabar la contienda Luis Almarcha Hernández y Antonio Roda López se encargaron de reedificar y ampliar el modesto edificio derribando algunas casas bajo la dirección del maestro de obras Ignacio Sánchez Ballesta.
El Oratorio Festivo. 1940.
Profesores y alumnado Curso 1940-41. Archivo Oratorio Festivo.
El Oratorio Festivo en torno a 1945. Archivo Nieves TG.
Antonio Roda consolidó esta auténtica institución educativa por la que pasaron varias generaciones de oriolanos: enseñanza primaria, comedor escolar, banda de música, banda de cornetas y tambores, escuela de tipografía, la tunal, biblioteca, discoteca, cine…
Un moderno colegio inaugurado en noviembre de 2004 ocupa su lugar.
Don Antonio Roda. Detrás, de izquierda a derecha: Don Tomás, Don José María y Don Jaime. Colección Esteban Sanmartín Alonso.
Festejos y actos con motivo de la inauguración de la Iglesia de María Auxiliadora del Oratorio Festivo finales de Abril de 1960. Fotografía: Juan Fenoll Villegas. Archivo: Oratorio Festivo.
Archivo Familia Zerón Huguet.
Oratorio Festivo. 15 de marzo de 1985. Archivo Daniel Abellán Felices.
Salón de actos y cine del Oratorio Festivo de Orihuela. Antonio Guzmán Colomina Riquelme.
Comedor. Archivo Oratorio Festivo.
Alumnado del Oratorio en los años 50.
Inauguración pistas San José Obrero. Colección Esteban Sanmartín Alonso
18 de marzo de 1977. Falla en el Oratorio Festivo y claustro de profesores. Fotografía: Emilio Luis Gil Soto, Archivo: Francisco Cordones Navarrete. En Fotos antiguas de Orihuela.
Claustro del Oratorio Festivo: de izquierda a derecha y de arriba a abajo: Francisco Pérez, Carmelo Illescas, Francisco Gas, Jaime Barber (hijo), Esteban Sanmartín Alonso, Jaime Barber (padre), Francisco Martínez, Carmelo Sánchez Costa, Francisco Cordones, Manuel Mortes Casanova, Jaime Verdú, Jose Antonio Muñoz Grau, José Botella y Antonio García Miralles. Los curas: Manuel Cagigal y Antonio Roda. Colección Esteban Sanmartín Alonso
Año 1979/80. De izquierda a derecha. Sentados: Francisco Soler, Carmelo Illescas, Jaime Barber (padre), Don Antonio Roda, Francisco Cordones, José Botella y Francisco Pérez. De pie: Esteban Sanmartín, Antonio García, Manuel Mortes, Jaime Verdú, Francisco Martínez, Carmelo Sánchez, José Antonio Muñoz Grau, Jaime Barber (hijo) y Pepe, el conserje. Arcivo José Manuel Dayas.
Curso 1980-1981 Oratorio Festivo. Colección José Antonio Muñoz Grau
Curso 1981-1982. Archivo Oratorio Festivo.
En el comedor. Archivo Oratorio Festivo.
Claustro del Oratorio frente a la famosa cueva en 1985 aproximadamente. Gentileza de Luis Mirete
Antonio Roda con alumnos Oratorio Festivo años 80. Don Francisco Gas y el «incombustible» Don Carmelo Illescas. Archivo Oratorio Festivo.
Antonio Roda con alumnos Oratorio Festivo años 80. Colección José Jaime Verdú Simón
La calle de Colón desde el Puente de Poniente. Colección Javier Sánchez Portas.
En cada aniversario de la llegada de Colón a América, una de nuestras calles cumple años: la que lleva su nombre, la calle de Colón.
Inaugurada el 16 de octubre de 1892, cuando todavía no existía, las circunstancias de este bautizo nonato demuestran que la imprevisión y falta de recursos de nuestro Ayuntamiento es un mal que arrastramos desde tiempos inmemoriales.
Hasta entonces, la bajada del Puente de Poniente era lo que hoy llamaríamos un punto negro en la circulación.
En una zona tan transitada, la pronunciada pendiente combinada con el violento giro hacia la calle del Ángel provocaba frecuentes accidentes entre carruajes y algún que otro atropello a los peatones.
Anotaciones sobre Plano Villanueva.
Tratando de solucionar de una vez el problema y mejorar el ornato público en una zona tan sensible, el Ayuntamiento adquirió dos casas en la calle Mayor y otra en la de la Feria para ser derribadas abriendo un acceso directo a la de la Feria, la vía que formaba parte de la carretera Alicante-Murcia.
La cercanía del cuarto centenario del descubrimiento de América puso en bandeja a las autoridades municipales oriolanas una ocasión para dar brillo especial a esta apertura.
La llamarían Calle de Colón y así lo anunciaron públicamente.
El independiente. 10 de octubre 1892: AYUNTAMIENTO. Sesión del 9 de octubre de 1892. Autorizar al Sr. Presidente para que solemnice en la forma que tenga por conveniente la fecha del IV centenario del descubrimiento de América, y que la calle que ha de abrirse desde la calle Mayor a la plaza de Caturla, se denomine de Colón en memoria de aquel grande acontecimiento.
El sábado quedó definitivamente convenido el precio que se le ha de dar al señor Candela por la casa en la que se ha de producir la reforma que tanta falta hace para el ensanche de la calle, y para que los carruajes puedan transitar con más facilidad.
Según nuestras noticias muy pronto empezará el derribo.
A pesar de las penurias económicas de aquellos años, por todo el país se celebraron eventos relacionados con la gesta de Colón: publicaciones, congresos, conferencias, exposiciones, etc.
Carteles IV Centenario del descubrimiento de América.
Para conocer de primera mano lo que pasó durante aquellos días en Orihuela, usaremos principalmente «El Independiente», diario local muy critico con el Ayuntamiento que circulaban por aquellas fechas.
Y también alguna noticia del semanario «El Pueblo», mucho más favorable al Consistorio.
El martes, víspera de la Virgen del Pilar, «El Independiente» dedicó un amplio artículo a Colón y su histórica gesta; mencionando que Murcia también había dedicado al insigne marino la antigua calle de la Alameda.
El independiente. 11 de octubre de 1892.
Orihuela no podía ser menos. Para conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento, ensalzado por el Papa León XIII en una encíclica, el obispo invitó al Ayuntamiento a una gran ceremonia que celebrarían el domingo 16 de octubre en la Catedral.
El Consistorio se unió a la celebración aportando la banda municipal e invitando al vecindario para que mostrase colgaduras e iluminaciones en sus balcones.
La calle de Colón desde la calle del Ángel. Colección Javier Sánchez Portas.
A dos días del evento, la calle de Colón seguía siendo un proyecto en fase de derribo. De las casas adquiridas para formarla, una se mantenía todavía en pie por impago al propietario.
Tras muchas prórrogas y con ayuda económica de los vecinos que mejoraban sus propiedades, el viernes 14 anunciaron un acuerdo con el señor Candela para demoler su vivienda.
Un redactor de «El Independiente» apodado «Armengolito» comenzó a sembrar dudas y denunció que, en la urgencia, habían destinado a la calle de Colón unos adoquines adquiridos para la del Ángel.
El independiente. 15 de octubre 1892: Cartas municipales. Mi querido: D. Atanasio: Me han asegurado que tiene V. en proyecto grandes mejoras, entre las que entra la apertura de la futura calle de Colón, por más que todos aguardábamos el miércoles pasado con verdadera ansiedad, esperando ver confirmado el rumor de que la demoledora piqueta comenzaría ese día a derribar los edificios llamados a desaparecer para la apertura de la referida vía, y estamos ya en sábado y no solo continúan en pie sino que comienza a susurrarse que no hay nada de lo dicho por más que yo no lo creo…
También me han contado algo relacionado con unos adoquines que ahora después de traídos a nuestra ciudad, resulta que se quedan, no en el aire por que se caerían, pero sí sin ser colocados en la calle del Ángel para cuyo adoquinado parece se ordenaron traer.
Pero yo no he creído esto, o todo lo más, caso de ser cierto, supongo que esa mejora la reserva V. para una vez conseguido tenga Colón una calle en nuestra ciudad.
¿Verdad que he acertado y que lo demás son solo habladurías? Su affmo. «Armengolito».
No había tiempo material ni para adecentar el terreno; pero, a pesar de todo, el sábado se publicó el programa de fiestas del centenario y éste incluía la inauguración de la calle de Colón por parte del obispo.
Le acompañaría el Ayuntamiento entero, el Cabildo de la Catedral, autoridades civiles y militares, diputados provinciales, representantes de la prensa y demás invitados a la ceremonia.
El independiente. 15 de octubre 1892: FIESTAS DEL CENTENARIO EN ORIHUELA. La comisión encargada de las fiestas del Centenario en nuestra ciudad, nos ha facilitado el siguiente programa de las mismas que tendrán lugar en el día de mañana.
1º Al amanecer, diana por la banda de música municipal.
2º A las 10, se trasladará el Ayuntamiento, precedido de la banda municipal, desde las Casas Consistoriales, a la Santa Iglesia Catedral para asistir a los solemnes cultos con que el Cabildo Catedral conmemora aquella gloriosa fecha, pronunciando la oración sagrada el M. I. Sr. Canónigo Magistral D. Francisco Cotau; terminando tan solemne acto religioso con un «Te Deum» a grande orquesta.
3º A las 11 y media, el Ayuntamiento acompañado del Ilmo. Sr. Obispo de la diócesis, Cabildo Catedral, autoridades civiles y militares, diputados provinciales, representantes de la prensa y demás invitados, se trasladará desde la Santa Iglesia Catedral, a la calle del Ángel, con objeto de descubrir la lápida de la calle que ha de llevar el nombre del insigne marino genovés, operación que ejecutará nuestro ilustrísimo Prelado, amenizando el acto la banda municipal.
4º A las 12, comidas a los enfermos del Hospital, a los que se servirá el siguiente menú: Sopa cubierta, Cocido, Pavo en pepitoria, Arroz con leche.
5º A las 12 y media, comida a los asilados de la Casa de Beneficencia, a los que se servirá el siguiente menú: Sopa, Cocido, Guisado de pava, Frutas y dulces.
A todos estos actos concurrirá nuestro Ilmo. Prelado, disolviéndose la comitiva terminados que sean estos, en la puerta del Palacio Episcopal.
«El Independiente» advirtió de lo ridículo que podría resultar descubrir con tanta pompa la lápida de Colón en un solar indecente, entre escombros y restos de las casas derribadas.
Pero el Ayuntamiento siguió adelante.
El independiente. 15 de octubre 1892: Pero como habrán notado nuestros lectores, lo que verdaderamente es monumental, excepcional y archi notable es aquello de descubrir la lápida de la calle de Colón. Rompe cabezas,
¿Dónde está la calle?
Porque no creemos quiera hacérsenos pasar por tal el solar feo e indecente que existe en el sitio que ocuparon las casas de Candela y Portillo.
Vamos hombre, que la cosa resulta de lo más chusco que darse puede. Y para tal acto se ha invitado a nuestro Ilmo. Prelado, al Cabildo Catedral, a las autoridades civiles y militares, a los diputados provinciales por esta circunscripción, y por poco por poco no invitan hasta a nuestro diputado a Cortes, al gobernador de la provincia y al presidente del Consejo de ministros.
Después de todo, empeñados en hacer una plancha, han hecho bien, cuanto más grande mejor. Aunque francamente bien mirada la cosa, no merece calificarse de plancha.
Sino de una humorada en la que los invitantes parece como si quisiesen tomar el pelo o quedarse con los invitados. Porque resulta aquello de bautizar la criatura antes que nazca.
¿No podría haberse suprimido este número del programa, aunque solo sea porque si entre nosotros hay aquel día algún forastero no lleve que contar tales cosas de Orihuela?
Válganos Dios Señor, y qué ocurrencias más desdichadas tienen algunos hombres. Pero es lo que se habrán dicho.
Para algo somos notables. Poner nombre a una calle que exista lo hace cualquiera. Y nosotros no podemos hacer vulgaridades.
LaCalle de Colón. Colección Javier Sánchez Portas
El domingo 16 numeroso gentío ocupaba la calle del Ángel y la bajada del puente para presenciar el acto de inauguración de una calle que nadie veía.
En el centro del solar lleno de ruinas habían colocado unos palos vestidos con telas sosteniendo un cuadro cubierto por unas cortinas.
Acabada la ceremonia religiosa en la Catedral, autoridades e invitados precedidos por la banda municipal se trasladaron al solar para descubrir una lápida que llevaría para siempre el nombre del «insigne marino Genovés».
Para no hacer mucho el ridículo la ceremonia fue muy breve; sin aplausos ni palabras oficiales; «un triste homenaje a Colón».
El independiente. 17 de octubre 1892: Las fiestas del Centenario en nuestra ciudad fueron tal y como las supusimos después de enterados del programa.
Lo único bueno que hubo fue la fiesta religiosa preparada por nuestro muy ilustre Cabildo Catedral.
Numeroso gentío ocupaba desde las 11 de la mañana parte de la calle del Ángel, y hasta la mitad del puente de la calle Mayor con objeto de presenciar el acto de la inauguración de lo que con el tiempo y si Dios quiere será calle de Colón.
Dos palos vestidos de tela azul y blanca y ostentando gallardetes y escudos se destacaban en el centro del solar de la casa de Candela, sosteniendo un cuadro de cerca de un metro de ancho con esta inscripción: «Calle de Colón», cubierto por unas cortinas.
Al llegar la comitiva frente a este «tambalache», la banda municipal batió la marcha real y el Sr. Cubero puso en manos de nuestro Ilmo. Prelado el cordón que descubría el cuadro que arriba describimos, continuando la comitiva, una vez descubierto el antedicho cuadro, su marcha en dirección al Hospital.
El público sin duda aguardaba algo más de tan solemne inauguración, puesto que quedó frío… tan frío casi como nuestro alcalde que se circunscribió a tocar el cordón descubridor.
Ni un aplauso, ni una muestra de asentimiento, ni una palabra oficial. ¡Pobre Colón!
Decididamente, hubiese resultado más la cosa si se hubiese suprimido del programa, siguiendo nuestro consejo, esta inauguración que ha resultado no solo extemporánea e intempestiva, sino ridícula.
El lunes «El Independiente» se mofó a placer de la esperpéntica ceremonia, afirmando que la calle de Colón había existido ocho o diez horas en un letrero; y se preguntaban cuánto tardaría en nacer la criatura bautizada.
El independiente. 17 de octubre 1892: La nota dominante del día fue ayer las fiestas del Centenario. Por más que ya de ellas nos ocupamos, aunque a la ligera en otro lugar, la inauguración de la nonnata calle de Colón merece párrafo aparte.
Porque bien es verdad que desde el primer momento predijimos que la cosa resultaría un desastre, pero la realidad superó nuestras predicciones.
Entre dos grandes montones procedentes del derribo de las casas de Candela y Portillo, estaba colocado el cuadro con el título de la calle que, aunque todavía no ha nacido, existe en la mente de nuestro accidental alcalde el cual la dará a luz lo antes posible sin duda alguna, porque después de bautizada, no debe ya caberle en la cabeza.
Numeroso público acudió a presenciar el acto, y antes de que se descorriesen las cortinas nos preguntaba un forastero: Escuche V. señor mío
¿Qué hay detrás de esa cortina? ¿Acaso algún anuncio para la venta de todos esos materiales al rededor amontonados?
Pero una vez descorrido el velo, se dio mi buen hombre a buscar la calle que le anunciaban y que no veía por ninguna parte; y fue a dar con un cuartito bastante escusado que en pie ha quedado de los derribos hechos…
¡Valiente calle han dedicado a Colón! Es que la calle han de abrirla todavía, le dijimos nosotros.
Pues bien podían haber, para después de abierta, guardado la dedicatoria, porque por ahora esto no es calle es una porquería.
La calle de Colón ha existido ocho o diez horas en letrero. Veremos ahora cuánto tarda en existir de hecho, en nacer o sea la con tanta anticipación bautizada criatura.
Durante toda la semana el asunto continuó apareciendo en la prensa para escarnio del Ayuntamiento.
El independiente. 19 de octubre 1892: Hace cuatro días que se inauguró oficialmente la futura imperfecta calle de Colón y todavía no han comenzado los derribos para abrirla ni se sabe cuándo comenzarán.
¿Verdad que tendría muchísima gracia que después de inaugurada la calle y haber hecho la ceremonia de descubrir el cuadro resultase que se quedaba la calle en proyecto?
Pues de menos nos hizo Dios.
El independiente. 20 de octubre 1892: Hace unos días que tenemos en Orihuela oficialmente inaugurada una nueva calle. Calle que, aunque se vuelva uno mico, es imposible que pueda dar con ella, sino se la busca en la cabeza de nuestro alcalde accidental…
Todo el mundo esperaba, y así se nos aseguró a nosotros que, al día siguiente de la inauguración, comenzaría la apertura, pero pasan días y más días; las cosas continúan «in statu quo», el ridículo crece y la calle de Colón inaugurada con tanta precipitación y cuya apertura nadie ve tal vez posible en mucho tiempo, se convierte en la fábula del día y es el tema cómico de todas las conversaciones…
La derribada casa de Candela costó al municipio cinco mil pesetas; y la que queda en pie está ajustada, si nuestros informes son verídicos, por cuatro mil…
Con estas nueve mil pesetas, tendremos aquel trozo de calle del Ángel, metido a la línea de la calle Mayor y nada más; falta todavía dinero para expropiar una casa de la calle de la Feria, pagar el solar de la de Portillo, y dos o tres trozos de otras casas que es necesario derribar para que la proyectada calle quede formada…
Colección Jesús Rodríguez Tejuelo.
Por fin, a mediados de noviembre, procedieron a trazar la línea a la que había de sujetarse la nueva calle, que fue alineada en anchura y dirección con la de San Agustín.
Y buscando el equilibrio, trataron de formar una plaza análoga a la de Cubero en la margen izquierda del Segura.
El independiente. 17/18 de noviembre 1892: Ayer, con asistencia del Sr. Alcalde accidental, bastante número de concejales y grande de curiosos, se procedió a trazar la línea a que ha de sujetarse la nueva calle de Colón.
La calle resultará de 7’80 metros de ancha y en su alineación se ha tenido en cuenta la de la calle de San Agustín.
En la tarde del miércoles se reunieron frente al solar de lo que fueron casas de Candela y Portillo, con objeto de trazar la línea definitiva a que ha de sujetarse la futura calle de Colon…
Se hizo un trazado lógico, tomándose como punto de partida la anchura y dirección de la calle de San Agustín.
De esta manera, más tarde o más temprano, cuando haya ocasión para ello, con solo meter hasta metro y medio la casa del Sr. Cartagena, será la nueva vía continuación de la calle de San Agustín, formándose a la margen izquierda del Segura, junto al puente viejo, una plaza análoga a la plaza de Cubero.
Las protestas de «El Independiente» continuaron a cuenta del estorbo que producía el derribo en la calle de la Feria y de la arbitraria venta de los materiales sin mediar subasta.
El independiente. 23 de noviembre 1892: La plaza de Caturla está convertida en almacén del maderamen y herraje procedente del derribo de la casa que por cuenta del ayuntamiento se derriba en la calle de la Feria para la apertura de calle de Colón.
Quien ha de dar luz, da humo. ¿Tiene acaso el ayuntamiento más derecho que un particular a interceptar la vía pública con estos chismes?
Con motivo de la venta de los materiales procedentes de los derribos de la casa de Candela propiedad del Ayuntamiento, parece que tuvo el alcalde un altercado ayer con un vecino que deseaba adquirir parte de aquellos al celebrarse la oportuna subasta.
Y se encontró con que los materiales se los llevaban (sin haber mediado subasta y sin otra razón que estimarlo oportuno el alcalde) el regidor Síndico y otros particulares, sin que él, que tenía derecho a ellos con su dinero como otro cualquiera, pudiese aprovechar la ocasión que la venta de los materiales referidos podía ofrecerle de comprarlos baratos para una obra que proyecta…
El semanario «El Pueblo», más benevolente con el alcalde, hacía hincapié en el ornato de las fachadas que deberían observar los vecinos de la nueva calle.
El pueblo. 28 de noviembre 1892: Felicitamos sinceramente a D. Atanasio G. Cubero por haber adquirido una casa de la calle de la Feria cuyo derribo parcial es necesario para la apertura de la calle de Colón.
El anterior dueño de la finca de referencia tenía ofrecido el trozo de ella que fuese necesario para la citada vía y a última hora presentaba dificultades para cumplir sus espontáneos ofrecimientos.
El Sr. Cubero, dueño actual de la mencionada casa, cede al municipio lo que necesita para trazar la futura calle…
A propósito: ¿No se va a obligar a los propietarios de las casas de la calle de Colón que construyan fachadas, al menos cuando lleven a cabo en aquellas algunas reparaciones?
Lo preguntamos porque como hemos visto que se están poniendo balcones y rejas en espaldas (hoy pechos enlucidos) de casas que se están burlando del ornato…
Años después construyeron los dos preciosos edificios que la flanqueaban; de los que sólo uno se conserva: el de Juan Villaescusa, edificado en 1914.
Edificio Villaescusa en los años 30 del siglo XX.Archivo Ajomalba.
En la actualidad Colón no tiene rótulo; he ahí la paradoja; nació como un rótulo sin calle y ahora es una calle sin rótulo. Sirva esta historia, extraída, adaptada y ampliada de uno de mis artículos publicado en 2006, para reivindicar una placa decente para la Calle de Colón; aunque no la descubra el obispo.
Como anexo final, me ha parecido curioso una especie de programa de fiestas que, en tono de humor, imaginó un redactor de «El Pueblo» quince días antes de la celebración.
Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba 2017).
«El Pueblo». 1 de octubre de 1892.
El pueblo. 1 de octubre 1892: FESTEJOS. Celebrados el día 16 de los corrientes por el Excmo. Ayuntamiento con motivo del IV Centenario del descubrimiento de América. A la una de la mañana. Todos los serenos cantan la hora y en las arcas municipales entran y salen las ratas como Pedro por su casa.
A las dos. El simpático «Colasillo» da la séptima vuelta por los puentes. Repetición del coro de serenos. A las tres. D. Atanasio le da un repaso a la perorata que ha de pronunciar más tarde al bautizar a un solar con el nombre de calle de Colón. A las cuatro.
El alcalde da una cabezada y el sereno del barrio entona un himno al genovés que empieza: «¡Ave María Purísima!» y termina: «¡Sereno!».
El concejal de semana va a la plaza, a ver si se pesca alguna falta, teniendo en cuenta la grandeza del hecho que se conmemora y contra su costumbre.
A las cinco. Repique de campanas, misas en varias iglesias, escasa gente por las calles y solemne salida del sol. A las seis. Mozas de servicio dirigiéndose a lo que llamamos plaza de Abastos.
Echan su parrafito sobre el zarandeado D. Cristóbal. A éste, unas lo hacen fraile, otras «monjo» y las más le llaman inventor del cacao y del café.
A las siete. Dan los relojes esta hora y el número de domésticas «transeúntas» va en aumento. El sol también alumbra a esta hora, con más fuerza que en las anteriores.
A las ocho. Empieza a verse por los balcones alguna colgadura. A las nueve. Las colgaduras aumentan un poco y Colón corre de boca en boca dando ocasión a que se digan muchas tonterías por algunos sabios.
Un concejal dice muy formal que en 1492 era capitán general de la isla de Cuba Martínez Campos y que vino a Orihuela a proponer un ayuntamiento de notables. Varios concejales se prueban el frac y por estarles estrecho no van a ninguna parte.
A las diez. El alcalde, cuatro concejales y el secretario municipal se dirigen a la Catedral con acompañamiento de guindillas, maceros, músicos y curiosos.
Gran función religiosa que resulta la única solemnidad que ha tenido lugar en honor de Colón.
A las once «Te Deum» en él citado templo del cual sale una procesión cívica que se dirige a los establecimientos benéficos para asistir a las comidas que se dan a los recogidos en ellos.
Al pasar por una obra, el alcalde pone en manos del Ilmo. Sr. Obispo un cordón después de dedicar sentidas (y no sentidas) palabras al pueblo allí presente para mayor gloria del héroe que se festeja. Nuestro queridísimo prelado, descubre un cuadro que dice: «Calle de Colón».
Por el pequeño tamaño del marco no se ha podido colocar en él esta otra inscripción: «Aquí se va a construir una calle que cuando se termine será bautizada con el glorioso nombre de Colón».
A las doce, repique en todas las iglesias como de ordinario. Comida a los enfermos del Hospital.
El sol está alto para mejor alumbrar, según ha dispuesto el Excmo. Ayuntamiento. Comida a los asilados en la Casa de Beneficencia.
A la comisión del ramo se le abre la boca de apetito. Comprendida la indirecta por los concurrentes al acto, se va cada uno a su casa.
A la una de la tarde. Gran comida general. La Corporación municipal dispone, por falta de un local capaz, que cada vecino coma en su propia casa. Hay excepciones.
A las dos. Hace un poco de calor atmosférico para que no falte calor del otro a estos festejos.
A las tres. Colón suda el quilo al ver nuestro entusiasmo.
A las cuatro. Paseo.El que quiere compra una «perrica» de torraos.
A las cinco. Continúa el paseo. Llega el tren. procedente de Murcia. En la estación ferroviaria, los andenes que a ella conducen y la Glorieta, poca animación.
A las seis. Sigue el paseo. Llega el tren de Alicante. Anochece. Se enciende el petróleo público.
A las siete. Partida de billar en el Casino jugada por dos individuos que no saben ya qué hacer para honrar a Colón. En algunos balcones, pocos, aparecen faroles del tiempo de Colón.
A las ocho, cena siguiendo los mismos trámites que en la comida. Debut de una pésima compañía infantil en nuestro teatro.
A las nueve. Los que están en el teatro pierden la poca afición que tienen por esta clase de diversiones.
A la diez. Aburrimiento general y salida de los serenos. Algunos beodos aparecen por las calles.
A las once. Los del teatro se «divierten». Se acuerda por unanimidad que cada cual se marche a su cama.
En el siglo XIII las ferias anuales con Privilegio Real eran un eficaz medio de promoción en los nuevos territorios conquistados. La seguridad de la llamada «paz de la feria» y, sobre todo, la exención de impuestos, atraían a un gran número de comerciantes foráneos.
La feria oriolana, anormalmente corta, comenzó en el año 1.272 gracias a un Privilegio del entonces rey de Castilla, Alfonso X el Sabio.
Alfonso X «El Sabio».
Inicialmente se celebraba en los tres días posteriores a Santa María de Agosto, emplazada en la calle de la Feria, «carrer de la Fira» o «carrer damunt apellat de la Fira».
Dos años después, ante la falta de mercaderes, el Sabio autorizó al Concejo para variar la fecha al día de Todos los Santos intentando recoger a los comerciantes de la feria murciana, celebrada por San Miguel. A finales de la centuria se supeditó totalmente a la de Murcia como cita el Privilegio de Fernando IV fechado en 1295:
Por fazer bien e merced al concejo de Orihuela e porque me lo enbiaron pedir por merced, tengo por bien que la feria que les el rey don Alfonso mio auelo otorgo que fiziessen en su villa cada año por la fecha de Todos los Santos, que la fagan cada año quando salieren de la feria de Murcia, ques a quinze dias después de Sant Miguel.
Luego se modificó la de Lorca, facilitando así un itinerario mercantil que aseguraba la concurrencia a las tres ferias.
Francisco Luis Galiano Moreno.
Muchos años después, consolidada la Feria oriolana, regresó a su fecha inicial, en el mes de agosto.
En los primeros siglos de la repoblación cristiana, el entorno de la iglesia de las Santas Justa y Rufina era el barrio más poblado, donde se mantuvo la zona de abastecimiento musulmana: carnicerías, pescaderías, venta de hortalizas y leña, lonja de contratación, etc.
La feria se instaló en la calle que nacía allí, en la plaza Mayor o de la Fruta y la Verdura; y llegaba hasta el entorno del Salvador, revalorizando la zona.
Calles Mayor y de la Feria.
José Ojeda Nieto, en su obra «Orihuela imaginada» nos ofrece esta descripción entre los siglos XVI y XVII:
En la calle de la Feria se celebra -obviamente- la feria. Mercaderes y comerciantes de productos exquisitos, raros y, sobre todo, de la seda llegan buscando establecimientos o simples casas donde poder guardar las mercancías y negociarlas.
Los propietarios de las casas ven el negocio del arriendo. Quienes llegan con sus fardos no son gente cualquiera, sino foráneos con la bolsa repleta que piden comodidad y seguridad en la vivienda y limpieza y facilidades de comunicación en la calle. Y hay que proporcionárselo.
José María Pérez Basanta.
La feria acabó desplazada al Arrabal de San Agustín con gran pesar de los vecinos de la calle; y con satisfacción por parte del Cabildo, que se quejaba repetidamente por el alboroto que perturbaba la celebración de sus actos religiosos.
Titulación.
Archivo Municipal de Orihuela.
«La Fira» es una de las titulaciones más añejas de Orihuela. Se mantuvo en los padrones durante siglos. Y permanece en la memoria de los oriolanos que siguen llamándola «de la Feria».
Su titulación actual se gestó entre los años 1913 y 1914; como homenaje a la memoria del doctor José María Sarget y Lillo, fallecido en 1909.
Ajomalba
El Eco de Orihuela. 4 de abril 1913: Ecos Municipales. Rindiendo justo homenaje a la memoria de Don José María Sarget, médico eminente, literato culto y orador brillante; el Ayuntamiento de Orihuela se honrará grandemente dando el nombre del «Dr. Sarget» a la calle de Unión Agrícola cuyo nombre no significa nada en la historia de Orihuela.
El Diario. 5 de abril 1913: Sesión supletoria del día 5 de abril. Se da cuenta de la moción del Sr. Román pidiendo se dé el nombre del Dr. Sarget a la calle de Unión Agrícola. El Sr. García Murphy se adhiere a la proposición del Sr. Román lamentando que éste no se encuentre en la sesión, para demostrarle que el nombre de Unión Agrícola tiene importante significación en el progreso de Orihuela…
… Propone que se dé el nombre del Dr. Sarget a la calle de San Juan, donde el malogrado, doctor tuvo su farmacia y su clínica; y si esto pudiera suponer molestia para los sentimientos religiosos de los oriolanos, dice que se dé aquel nombre a la calle de la feria.
Tras descartar las calles de Unión Agrícola, la de Sagasta, en la que vivía, y la de San Juan, por devoción de sus vecinos, se acordó que fuese la de la Feria la que portase el nombre del Doctor Sarget.
El Eco de Orihuela. 5 de abril 1913: En la sesión celebrada por el Ayuntamiento, después de discutirse la proposición del concejal Sr. Román (D. Francisco), se ha acordado dar el nombre del Doctor Sarget a la calle da la Feria.
El Eco de Orihuela. 4 de septiembre 1913: Una mano negra. El Doctor Sarget. Desde hace tiempo anhela la opinión pública que se rotule una calle con el nombre del esclarecido oriolano D. José María Sarget.
El Diario. 5 de junio 1914: Ayuntamiento. Sesión ordinaria del 4 de junio. El señor Román Miralles, pide al Ayuntamiento, que se dé a las calles de la Feria y del Colegió los nombres de los señores Sarget y Clavarana; estos dos, según acuerdos adoptados por los anteriores ayuntamientos. Se aprueba la proposición del señor Román, por unanimidad.
Por si os interesa saber más del personaje, os dejo un enlace a su biografía pinchando la fotografía.
Pinchad aquí para acceder a la biografía del doctor Sarget.
Caminaremos en línea recta por la calle de la Feria, itinerario obligado en el Camino Real de Valencia a Murcia, cuyo nombre original permanece indeleble en la tradición oriolana.
Colección Javier Sánchez Portas.
Traviesas de la Calle de la Feria.
Archivo Municipal de Orihuela.
Su primera traviesa a la izquierda es la calle llamada de la Paja, conocida hasta la segunda mitad del siglo XVIII como calle de la Morera. Tomó su nombre actual de un antiguo y peligroso almacén de paja que daba servicio al cuartel de Caballería y que fue trasladado en torno a 1780, instalándose el granero de Santa Justa en 1792.
Fotografía Ajomalba.
En escritura fechada en 1736, el canónigo Provisor y Vicario del obispo Joseph Flores Osorio, vendió una casa al platero Pedro Pacheco como parte de una obra pía. En ella se citan tres calles:
Sitio de casa que está en esta ciudad, en la parroquia de Santa Justa, en la calle llamada de la Morera contiguo con un callejoncito estrecho que traviesa a la calle del canónigo Angulo.
Archivo Municipal de Orihuela.
La de la Morera ya ha quedado explicada, el callejoncito estrecho se corresponde con la traviesa dedicada a Santa Brígida, situada al final de la calle de la Paja.
Fotografía Ajomalba.
La última es la actual calle de Flores, que se nombró durante los siglos XVII Y XVIII como de Angulo.
Archivo Municipal de Orihuela.
Basándome en la cita anterior, atribuí su titulación al canónigo Jaime Angulo. Pero cual fue mi sorpresa al descubrir que el maestro Ojeda Nieto la citaba como calle «del notari Angulo», en clara referencia al escribano Luís Angulo.
Archivo Municipal de Orihuela.
Repasando los padrones del siglo XVII confirmé que se nombraba como «del Canonge Angulo». Todo quedó aclarado al comprobar que el citado Jaime Angulo era hijo del notario Luis Angulo y de Juana Boyer.
Archivo Municipal de Orihuela.
Así pues, padre e hijo fueron titulares de este callejón que también se nombró a principios del XVIII como del Vicario y que en los padrones de principios del XIX aparece ya como callejón de Flores, sin que haya encontrado ningún morador con ese apellido.
Archivo Municipal de Orihuela.
Me parece demasiada casualidad que en una venta aparezca el Vicario del obispo Flores, y que se nombre la calle como del Vicario y luego callejón de Flores, pero es algo que no he podido relacionar.
Archivo Municipal de Orihuela.
Volvemos a girar a la izquierda para atravesar la que quizás sea la calle más estrecha de Orihuela, la del Horno de San Miguel que nos llevará a la plaza de Caturla cuyo nombre recuerda a Pascual Caturla Maseres.
José María Pérez Basanta.
De plaza solo le queda el nombre; con la rampa de subida al seminario, construida en 1937 para acceder al «penal de San Miguel», quedó transformada prácticamente en dos callejuelas.
En el siglo XVIII, se titulaba plazuela del Maestre-escuela en honor a Francisco Maseres de Timor, personaje que ostentaba esa dignidad en la Catedral oriolana. Era hijo de Pedro Monserrate Maseres Martínez de la Maza y de Gerónima Timor de Cabrero, hermana del también canónigo Juan Timor que, como veremos muy cerca, también tituló una calle.
El canónigo Maseres de Timor, morador de esta plaza, poseía el horno que quedo inmortalizado en la calleja que hemos utilizado para llegar aquí.
En su testamento, redactado en 1775, fueron llamadas por inmediatas sucesoras a la muerte de sus hermanas, sus sobrinas Agustina y Bárbara Maseres de Cabanes. Para ello fundó dos vínculos a los que sus hermanas fueron agregando sus propiedades conforme fallecían.
Agustina Maseres de Cabanes se casó con Luis Maseres de Seva y en 1795 eran propietarios de dos casas, la que ocupaba el lugar de la que hoy muestra una moderna hornacina de la Virgen de Monserrate y la contigua que arrendaron en dicho año.
La casa de los Mejías.Antonio Ballester Vidal.
En el solar de la segunda, a mediados del siglo XIX, se edificaría la llamada casa de los Mejías, que perteneció a Francisco de Paula Mejías Cartagena, según el censo electoral de 1889. Tras una minuciosa restauración ha sido recuperada por la empresa Acuagest que tiene en ella sus oficinas.
La casa de los Mejías.José María Pérez Basanta.
Bárbara, que fue mejorada en la herencia porque «la habían criado y educado en su casa desde tierna edad debiéndole los respetos y amor de hija» contrajo matrimonio con Josef Caturla Jordán, abogado de los Reales Consejos, Corregidor perpetuo de Alicante, Alcalde Mayor de Orihuela, familiar y número del tribunal de la Santa Inquisición de Murcia, juez privativo de aguas y presidente de la Real Junta de caminos del obispado.
La casa de los Mejías.Francisco Luis Galiano Moreno.
Josef era hijo de Thomas Caturla, importante personaje alicantino. En su testamento, fechado en 1768, incluía entre varias propiedades su casa palacio, situada en la calle Labradores. Restaurada en 1990, hoy alberga el archivo municipal de Alicante.
Se había casado en primeras nupcias con María Rosa Miravete; y estableció un vínculo para cada uno de sus primogénitos. De su matrimonio con Bárbara nacieron al menos seis hijos.
Retrato de Huerta Caturla by E. Julià (bnf.fr).
A nosotros nos interesan dos: el citado Pascual Caturla, y su hermana Francisca; quien trajo al mundo a Trinidad Huerta Caturla, famoso guitarrista y compositor nacido en Orihuela a principios del siglo XIX y fallecido en París en 1874 al que algunos estudiosos atribuyen el «Himno de Riego».
Caricature of the guitarist Trinidad Francisco Huerta y Caturla (1800-1874), illustration by Gillor from the Journal pour rire, Journal Amusant, No 258, December 8, 1860.
Pascual Caturla se casó con Mercedes Maseres Chocano y murió sin hijos el 3 de mayo de 1836 en Madrid. Capitán y Regidor perpetuo de Orihuela, fue Pascual y no su sobrino, como algunos argumentan, el causante de que la plaza adoptara el nombre que todavía conserva: Plaza de Caturla.
Archivo Municipal de Orihuela.
Un siglo después de su muerte, concretamente en octubre de 1933, el Consistorio republicano recordaría a Pascual Caturla cuando decidió que esta Plaza se denominase en lo sucesivo del General Bazán, «en atención a que dicho general fue fusilado por sus ideas liberales, siendo regidor de Orihuela el citado Caturla».
Fotografía Ajomalba.
Se referían al desastroso desembarco acaecido en enero de 1826 en Guardamar, que protagonizaron los hermanos Juan y Antonio Bazán, cuando Pascual Caturla era regidor.
Frente a la Plaza de Caturla, tenemos la calle de Colón, que conserva dicho nombre desde su inauguración, en octubre de 1892.
Colección Javier Sánchez Portas.
Como iremos comprobando en nuestro recorrido, las dos últimas décadas del siglo XIX, fueron decisivas en la nueva proyección urbanística de nuestra ciudad. Hasta esa fecha, sólo el callejón de la Guardia, el del Capitán Grifol y la Plaza del Salvador, comunicaban la calle de la Feria con la Mayor.
Archivo Rafael Almira.
Resultaba imprescindible crear un acceso que permitiese el tránsito de carruajes hacia el arrabal de San Agustín, evitando así los numerosos accidentes producidos por la pronunciada pendiente del puente y el violento giro hacia la calle del Ángel. Y así nació la calle de Colón.
Colección Jesús Rodríguez Tejuelo.
Calle de Colón esquina con Ramón y Cajal en 1926.
Pinchando la siguiente imagen enlaza con un breve artículo en el que cuento las chocantes circunstancias de la apertura de la Calle de Colón.
Enlace al artículo sobre la calle de Colón.
De nuevo en la Plaza de Caturla, subimos por la «escalera nueva», adosada a la rampa. Aunque ya tiene varios siglos, se llamaba así en contraposición a la «escalera vieja»; el otro acceso desde la Feria que encontraremos cerca de la Catedral.Por ella llegaremos a la calle de San Miguel, que según Montesinos era conocida como la Alta, hasta la construcción del seminario.
La Calle Alta hoy modernamente dicha de San Miguel, cuyo nombre o segundo apellido tomó desde cuando sobre la eminencia de este Monte Meridiano refundó la soberana y basta fábrica del Colegio de San Miguel.
Colección Javier Sánchez Portas.
Varias calles oriolanas compartieron el calificativo de «calle alta» o «calle de arriba». Pero lo cierto es que en los padrones comenzó a figurar a mediados del siglo XVIII y lo hizo con el nombre de «San Miguel».
En los padrones del último tercio del siglo XVIII, época cercana a la que escribía Montesinos, esta calle contaba con más de 40 contribuyentes, lo que significa que vivían en ella más de 150 personas.
Archivo Municipal de Orihuela.
En parte del solar que ocupa el nuevo Colegio Diocesano Oratorio Festivo de San Miguel, levantaron una ermita dedicada a dicho arcángel.
Procesión de María Auxiliadora. Plaza de Caturla. Archivo Oratorio Festivo.
Si os apetece podéis leer también un poco de la historia del Oratorio pinchando la siguiente imagen.
Enlace al artículo del Oratorio Festivo.
Para terminar esta entrega, y hablando del Barrio de San Miguel, quiero incluir una curiosa descripción de la zona, supongo bastante exagerada, que encontré en la revista «El Oratorio de San Miguel» y que se refiere a esta zona a principios del siglo XX:
El barrio está edificado en las primeras estribaciones del monte, formado por casuchas bajas, sin ventilación, ennegrecidas las paredes por dentro a causa de las hogueras que encienden sus habitantes en los días fríos de invierno. Las callejuelas son muy estrechas, cubiertas materialmente y en su totalidad de todo genero de inmundicias y desperdicios que hacen difícil atravesarlas.
En el extremo del barrio hay una pequeña ermita dedicada al príncipe San Miguel. Los hombres pasan la mayor parte del día tendidos al sol en invierno y a la sombra en verano. Las mujeres sucias, sin peinar, con vestidos indefinibles de color, se pasan las horas libres de escandalosas peleas y en la caza mutua de parásitos.De noche sus callejas oscuras son cruzadas por bandadas de mocetones semi-beodos que frecuentan tristemente madrigueras de gatonas de las que el barrio está plagado.
Archivo Municipal de Orihuela.
En la próxima entrega volveremos a la calle de la Feria para continuar nuestro recorrido hablando de sus traviesas; pero, si os apetece, podéis subir al Seminario por el sendero lateral que parte del Oratorio. En cada curva podréis disfrutar de perspectivas diferentes, muy útiles para comprender la estructura urbana de Orihuela.
En la explanada de la peña, además de unas incomparables vistas de la ciudad, encontraréis el Seminario Diocesano. Os dejo dos enlaces a sendos artículos sobre este interesante edificio construido en el siglo XVIII sobre la antiquísima ermita de San Miguel. El segundo habla del «Penal de San Miguel».
Enlace a artículo sobre el Seminario Diocesano.
Enlace al artículo sobre el «Campo de Trabajo de San Miguel».
Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)
Textos publicados en 2006 con la colaboración de Jorge Belmonte. Agrupados y corregidos en 2008 en el artículo «La Feria, sus traviesas y la Pedrera de Matías». Corregido y adaptado con añadidos en 2018. Reformado en 2022.
Ocupando el costado de la plazuela Condesa de Vía Manuel, con fachada lateral a la calle de la Feria, encontramos el llamado palacio de la Granja, sobre cuya esquina campea un soberbio escudo labrado en el siglo XVIII con las armas de Rocamora y Maza junto a las de Ruiz y Fernández de Heredia.
Roberto Almansa Vives.
Bajo dicho escudo se muestra un bellísimo querubín enmarcado en una rocalla que, desgraciadamente, está sufriendo un deterioro galopante.
Degradación del querubín que adorna la esquina del Palacio de la Granja. Colección Javier Sánchez Portas.
La titulación de esta plazuela estuvo asociada, desde mediados del siglo XVIII hasta mediados del siglo XX, al marquesado de Rafal, otorgado por Felipe IV a Jerónimo Rocamora y Thomás en 1636.
Hasta la segunda mitaddel siglo XVIII, el palacio del marquesado estuvo junto al Hospital; y la casa del señorío de Benferri al inicio de la calle de la Feria, muy cerca de la Plaza Mayor o de la Fruta.
Diez años después de obtener el título, en el padrón de Oriola figura el «Ilustre Marqués de Rafal» en la que llamaban «carrer del Carme»; cuando el convento del Carmen estaba al final de la actual calle del Hospital, cerca de la muralla.
Carrer del Carme. El Ilustre Marqués de Rafal. Padro de Oriola de 1646.
El primer marqués transmitió a su descendencia dos vínculos; uno con el señorío de Benferri para el primogénito de su primer matrimonio; y otro, con el marquesado de Rafal, para el del segundo.
Ambos vínculos corrieron separados durante un siglo para unirse tras la muerte sin descendencia de la cuarta marquesa.
En los repartos del equivalente de 1718 y 1719, en la calle de la Feria, muy cerca de la «Plasa de la Fruta», figura Jerónimo Rocamora Cascante, el duodécimo señor de Banferri.
Jerónimo murió cuatro años después, sin descendencia; parece ser que a causa de un disparo de arma de fuego. Sus hermanos Francisco y Juan, siguientes en la línea sucesoria, estaban ya ordenados como religiosos.
Es por eso que a veces figuraba como «Plazuela o callejón del Deán»; en referencia a Francisco de Rocamora y Cascante, deán de la Catedral.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVIII.
El hermano menor, de nombre Jaime, pasó a ser señor de Benferri en agosto de 1722. Y al año siguiente se casó en la Catedral con Margarita de Heredia y Bazán.
En el reparto equivalente de 1731, todavía figura el señor de Benejuzar en el «Callexon del Dean» y la marquesa de Rafal en la calle del Carmen Viejo.
Es más, en la revisión que se hizo del citado reparto en ese mimo año, llamaron Calle del Marqués a la del Carmen Viejo, es decir, a la actual calle del Hospital.
Quaderno de Revistta del Reparto del Equivalente de 1731. Archivo Municipal de Orihuela.
Jerónima era la viuda del famoso Jaime Rosell y Ruiz, caído en desgracia tras rebelarse contra el rey en la Guerra de Sucesión y fugarse con el archiduque durante años.
Ahora sabemos que, si proclamó a Carlos III desde su balcón, lo hizo en la actual calle del Hospital, más o menos donde está hoy la plaza de la Salud.
Pinchando en la siguiente imagen se accede a un artículo sobre la Guerra de Sucesión.
Enlace a artículo.
Felipe V restituyó el honor y propiedades del marqués mediante Cédula Real y regresó a Orihuela en 1726, donde murió al año siguiente.Montesinos habla poco del marqués consorte, sólo menciona su cargo de «Capitán General de las Islas Baleares o Reyno de Mallorca».
A la marquesa le dedicó varias páginas, calificándola de viuda piadosa y misericordiosa que tomó el hábito de la tercera orden de San Francisco, abrazando una vida de asperezas y mortificaciones con ayunos, vigilias y penitencias.
Cuenta también que murió el 24 de febrero de 1736. Y como había dispuesto ser enterrada en la Parroquia de Benejúzar, después de un espectacular funeral en Orihuela, acompañaron su cuerpo hasta la puerta de Almoradí, en la Corredera.
Desde allí llevaron el cadáver en coche enlutado con seis mulas hasta Benejúzar, acompañada a pie por 24 religiosos franciscanos observantes y 48 pobres, todos con hachas encendidas, rezando el santo rosario.
Y así, por el fallecimiento sin descendencia de Jerónima Rocamora Cascante, la IV marquesa de Rafal, Jaime Rocamora, señor de Benferri, se convirtió en el V marqués de Rafal.
Con el marquesado, Jaime heredó todos los privilegios y posesiones ligadas al título; como la baronía de Puebla de Rocamora.
Transcurrido un siglo, un Rocamora concentraba de nuevo todo el patrimonio familiar que el primer marqués, Jerónimo Rocamora y Thomas, había dividido en dos mayorazgos.
Jaime falleció cuatro años después, en 1740. Y la marquesa viuda, Margarita Heredia, fue la que restauró la casa solariega de los Rocamora y la convirtió en palacio del marquesado de Rafal con el aspecto que hoy conocemos.
Montesinos afirma que esta señora falleció el miércoles 2 de febrero de 1785 a la longeva edad de 89 años.
Margarita Heredia Bazán, marquesa viuda de Rafal, vista por Montesinos. Compendio Histórico Oriolano.
Todo esto se resume en dos inscripciones que permanecen en el zaguán.
Este palacio es la antigua casa solariega de los Rocamora desde el siglo XVI.
Fue restaurado por Doña Margarita Fernández de Heredia, Marquesa Vda. de Rafal y Condesa Vda. de la Granja 1757.
Zaguán del Palacio de la Granja en la actualidad. .José Antonio Ruiz Peñalver.
A partir de ese momento la plazuela comenzó a citarse como plaza o plazuela de la marquesa, del marqués, o sencillamente plaza de Rafal.
Archivo Municipal de Orihuela.Segunda mitad del siglo XVIII.
Archivo Municipal de Orihuela.Segunda mitad del siglo XVIII.
Reparto del Equivalente de 1824. Archivo Municipal de Orihuela.
Reparto del Equivalente de 1835.Archivo Municipal de Orihuela.
La décimo tercera marquesa de Rafal, María Isabel Manuel de Villena y Álvarez de las Asturias, fue además condesa de Vía Manuel, condesa de Granja de Rocamora, marquesa de Puebla de Rocamora y baronesa del Monte, con dos Grandezas de España.
En las postrimerías del siglo XIX repartió títulos entre sus hijos, haciendo cesión del marquesado en favor de Alfonso Pardo y Manuel de Villena; el decimo cuarto de Rafal.
Alfonso de Pardo y Manuel de Villena (1876-1955) XIV marqués de Rafal. El Oriol Taurino 1908.
La plaza la que albergaba su nuevo palacio ostentó el nombre de «Marques de Rafal». El Ayuntamiento, en sesión del 12 de marzo de 1958 presidida por el alcalde Luis Cartagena Soriano, dentro de un paquete de titulaciones, acordó:
Titulación de calles. De conformidad con la moción formulada por la Comisión Municipal de «Urbanismo», a propuesta del Presidente de la misma, Sr, García-Molina Martínez, por unanimidad y mediante votación ordinaria se acuerda que,en adelante, la actual «Plaza de Ramón Sijé» se titule «Plaza del Marqués de Rafal», en memoria del Excmo. Sr. Don Alfonso Pardo y Manuel de Villena, Marqués de Rafal, ilustre prócer e Hijo Adoptivo de Orihuela.
Y que la actual Plaza del Marqués de Rafal se denomine en lo sucesivo, «Plaza de la Condesa de Vía Manuel».
Ajomalba.
La condesa de Vía Manuel rehabilitó también el Condado de la Granja en 1916, título que en la actualidad ostenta Juan Manuel Agrela y Pascual de Riquelme, actual morador del palacio junto a su familia.
Si os interesa el tema, está detallado en otro artículo al que podéis acceder pinchando la siguiente imagen:
Pinchad aquí para acceder al artículo.
En junio de 1914, una serie de sucesos relacionados con la disputa política motivaron que el Consistorio oriolano, en sesión del 4 de junio, titulase esta plaza con el curioso nombre de «plaza de la Porra antes Marques de Rafal».
Pero este acuerdo no se llegó a hacer efectivo, quedando desestimado en abril de 1918 por considerarse «un baldón para el ayuntamiento». Este tema también lo traté en un artículo al que podéis acceder pinchando la siguiente imagen.
Pinchad aquí para acceder al artículo.
En el verano de 1931 la nueva corporación municipal le asignó el nombre de una gloria republicana: el político y periodista sevillano José Nakens Pérez, fallecido en 1926.Pinchando la siguiente imagen se accede a su biografía en la Real Academia de la Historia.
José Nakens. Nuevo mundo (Madrid). 14 de mayo 1908.Enlace a su biografía.
Varias veces restaurado, el caserón de los Rocamoraocupó un lugar trascendental en la historia de Orihuela. Iniciada la Guerra Civil, cumplió una misión de importancia clave para nuestro patrimonio.
El 25 de julio de 1936 se constituyó la junta oriolana dependiente de la Dirección General de Bellas Artes, a la que se le otorgaron amplias facultades para intervenir cuantos objetos de arte, históricos o científicos encontrasen en los edificios ocupados.
Ministerio de Cultura.
Aprovechando esta circunstancia, el 5 de Noviembre de 1936, la Alcaldía presentó una moción para crear un museo municipal
A fin de recoger los valores artísticos, científicos y literarios, procedentes de la grandeza y clero», aprovechando para ello la estancia en la provincia del «eminente paisano Justo García Soriano, archivero de la Academia de la Historia, encargado por el Gobierno de recoger y organizar el Tesoro Artístico de la misma.
Días después se hacía constar en acta que, la casa incautada por el Ayuntamiento para la instalación del museo, sería la numero uno de la Plaza de Nakens, perteneciente por aquellas fechas a la ex-Condesa de Cheles.
Colección Javier Sánchez Portas.
En la cuenta de gastos quedó reflejada una factura de 156,20 pesetas por la estancia de Justo García Soriano en el Palace Hotel (el desaparecido hotel Palas).
Este oriolano miembro del Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios de la Real Academia de la Historia, fue comisionado por la Junta de Incautación, transformada en 1937 en Junta Central del Tesoro Artístico, para cooperar en los trabajos de sus delegados de Murcia y Alicante. Pero según sus propias palabras, Justo pretendía centrarse en Orihuela, donde su labor podía ser más útil y fructífera.
El vetusto palacio necesitaba una restauración «para devolverle su antiguo carácter señorial» y el maestro Román Sánchez se encargó de las obras, presentando los primeros pagos de jornales en enero de 1937.
En la sesión del 16 de Marzo se leyó un escrito de García Soriano, comunicando haber terminado la instalación del museo en el que quedaban «atesoradas, las riquezas más valiosas de nuestra ciudad».
Escudo alojado en el zaguán del Palacio de la Granja. .José Antonio Ruiz Peñalver.
Los pagos a Román Sánchez se mantuvieron hasta finales de junio, importando poco más de 1.000 pesetas; y a José Penalva se le abonaron 20 pesetas por la compra de útiles para el Museo Municipal.
La inauguración quedó fijada para el día 17 de julio de 1937, aniversario de la Reconquista. Pero dos días antes de la fecha anunciada se suspendió por falta de tiempo para ultimar detalles.
Como colofón a su obra, García Soriano redactó «El Museo de Orihuela», cuaderno publicado ese mismo año por la Junta Central del Tesoro Artístico en el que detalló su distribución y contenido.
Cartel Junta Tesoro y ejemplar del «Museo de Orihuela» de la Colección Javier Sánchez Portas.
En Septiembre, la Dirección General de Bellas Artes decretó la constitución de una Subjunta Delegada de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, designando como presidente a Justo García Soriano.
Quien hizo saber al Ayuntamiento el nuevo carácter de Museo del Estado, agradeciendo la valiosa cooperación prestada, y suplicando que retiraran un coche y un camión que encerraban en el zaguán del museo, donde compartían espacio con valiosas lápidas y esculturas.
Zaguán del Palacio de la Granja en la actualidad. .José Antonio Ruiz Peñalver.
Volviendo al edificio, desde el punto de vista arquitectónico es una de las casas nobiliarias más interesantes de toda la provincia de Alicante. Consta de planta baja, entresuelo, piso principal y segunda planta destinada a la servidumbre.
Palacio de la Granja en la actualidad.José María Pérez Basanta.
Las fachadas están totalmente enfoscadas en color rojo, con molduras en amarillo que marcan la presencia de los distintos huecos decorados con rejas de hierro forjado y las distintas alturas de que consta el edificio.
La piedra se destina a remarcar la esquina del palacio y la excepcional portada principal, que ofrece una esmerada labra escultórica en la que destaca un diseño que trata de ganar puntos de vista en una plaza que originalmente era pequeña y estrecha.
Palacio de la Granja en la actualidad. .José Antonio Ruiz Peñalver.
Sobre el dintel se muestran los escudos de los Rocamora y Fernández de Heredia; y sedentes sobre los frontones, dos bellas alegorías de la Justicia y la Prudencia.
Palacio de la Granja en la actualidad.José Antonio Ruiz Peñalver.
Palacio de la Granja en la actualidad.Francisco Luis Galiano Moreno
Palacio de la Granja en la actualidad.Victor Sarabia Grau.
La casa de Matías Sorzano.
La casa de Matías Sorzano.Colección Javier Sánchez Portas.
Frente a la Plazuela, en el inicio de la Calle de la Feria, encontramos un hermoso edificio conocido en la actualidad como «Palacio Sorzano de Tejada».
Es la casa de Matías Sorzano de Nájera, uno de los personajes más ricos y poderosos del siglo XIX en Orihuela. Tras un pleito de hidalguía con el Archivo de la Real Cancillería de Valladolid, con sentencia favorable, en 1804 obtuvo del Ayuntamiento oriolano el reconocimiento de nobleza, condición que le permitía ostentar escudo.
Para eso necesitaba una casa acorde a las circunstancias. Y no le valía cualquier sitio. Matías decidió edificarla frente a la más aristocrática de la ciudad: la del marqués de Rafal.
Casa de Matías Sorzano. Orihuela. José Antonio Ruiz Peñalver.
En enero de 1820, ante el notario Julián Fernández, entregó 51.439 reales en monedas de oro y plata a Josefa Sardo de Raymundo, viuda de Bernardo Ferro, y a su hija Bárbara.
Era el pago por dos casas adyacentes que tenían madre e hija pro indiviso, adquiridas en 1787 y 1797.Una en la calle de la Feria a la que sacaba dos puertas y otra que estaba situada en la traviesa.
Esta última lindaba a su vez con otra casa que ya tenía en la esquina entre la entonces llamada calle del Ángel (actual López Pozas), y con dicha traviesa sin nombre que medio siglo después adoptó el «de la Guardia». La unión de estas tres propiedades dio lugar a la casa que conocemos.
Casa de Matías Sorzano. Fachada López Pozas. Orihuela. José Antonio Ruiz Peñalver.
Casa de Matías Sorzano. Fachada Calle Doctor Sarget. Orihuela. José Antonio Ruiz Peñalver.
A finales del siglo XX pasó a ser propiedad de la Fundación Pedrera y quedó muy transformado gracias a una «personal restauración» que me abstengo de comentar.
Si os apetece saber más de Matías Sorzano, aquí tenéis un enlace a su biografía.
Pinchad aquí para acceder a Biografía.
De lo que sí voy a hablar un poco es del escudo que campea en la esquina de su casa. Es el blasón que comparten los Solares de Tejada y Valdeosera, dos instituciones jurídico-nobiliarias nacidas en el año 844.
El hecho de estar inscrito como Señor Caballero Divisero Hijosdalgo del Solar de Tejada o del de Valdeosera se consideraba plena prueba de nobleza. En la actualidad los privilegios son honoríficos, pero en el Antiguo Régimen señorial, que perduró hasta las primeras décadas del siglo XIX, la pertenencia a estas instituciones implicaba también importantes beneficios.
Era necesario probar la hidalguía cuando el divisero se avecindaba en otra localidad, mediante pleito ante la Sala de Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid.
La historia de este escudo se funde con la leyenda en la famosa batalla de Clavijo, hazaña en la que cuentan que participó Santiago Matamoros.
Concesión de privilegios para el Solar de Tejada firmada por los Reyes Católicos (1491). Y blasón del Solar de Tejada.
El rey Ramiro I, en su lucha con los musulmanes, penetró en la Rioja con un nutrido ejército cuyo maestre de campo era el Señor de Cameros, Sancho Fernández de Tejada.
Cuenta la tradición que, tras esa importante victoria, Sancho fue nombrado Alcaide de los fuertes de Viguera y de Clavijo. Junto a sus trece hijos, se dedicó a mantener los caminos (entre ellos el de Santiago) seguros y transitables, fundando la primera Orden de Caballería.
Ramiro les mostró su agradecimiento otorgándoles el privilegio de ser dueños y señores de sus tierras hasta el fin de los tiempos, concediéndoles además un símbolo, un escudo que representaría esta historia para siempre.
Jurídicamente los solares citados constituyen una modalidad de propiedad colectiva e indivisa, ya que la titularidad la ostenta una comunidad. Y todos los comuneros tienen derecho global sobre el patrimonio.
Estos señoríos han sido heredados por diversas ramas de varios linajes riojanos arraigados desde tiempo inmemorial en la Sierra de Cameros.
Dicho blasón, se compone de cuatro cuarteles divididos por una cruz patada de la orden de San Juan.
Blasón Solar de Tejada y Valdeosera en la casa Sorzano. Orihuela. José Antonio Ruiz Peñalver.
En el primer campo, muestra dos castillos almenados de los que sale una bandera, en recuerdo de las que puso Sancho en los fuertes de Viguera y Clavijo.
En el segundo, dos medias lunas con trece estrellas alrededor representan a Sancho, su esposa y sus trece hijos.
En el tercer campo un león rampante, que recuerda su parentesco con la casa real de León.
En el último se evidencia la vinculación de los solares de Tejada y de Valdeosera con un tejo al que está atado un oso.
Las trece veneras y las cruces de Santiago que orlan los cuarteles del escudo muestran la relación de sus trece hijos con la orden de Santiago.
Las trece banderas circundantes recuerdan sus batallas triunfales frente a los musulmanes, como manifiestan las puntas hacia abajo de las medias lunas que portan.
Por último, en la bordura se lee «Laudeamus viros gloriosus et parentes nostros in generatione sua», que traducido al castellano quiere decir: «honremos a nuestros gloriosos antepasados en todas las generaciones».
El escudo que lo acompaña, con un guerrero ascendiendo en solitario al asalto de una torre o castillo, sólo puede representar el apellido de su esposa, Angela Adalid. Un adalid era un caudillo militar, el líder que encabezaba un ejército.
Casa de Matías Sorzano. Orihuela. José Antonio Ruiz Peñalver.
Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).
Texto de varios artículos publicados en 2006 con la colaboración de Jorge Belmonte Bas. Corregidos y aumentados posteriormente, contiene también algunos párrafos de mi libro «La II República y la Guerra Civil en Orihuela vistas desde el Puente de Rusia». Mi agradecimiento especial a Javier Sánchez Portas y a José Antonio Ruiz Peñalver por el repostaje fotográfico.
Nacido el 25 de febrero de 1775 en «la Villa de Torrecilla de Cameros, Reino de Castilla la Vieja, provincia de Burgos -la provincia de Logroño no se creó hasta 1833- y Obispado de Calahorra», según reza en uno de sus testamentos redactado en Orihuela en 1808.
En dicho testamento dice haber nacido en 1777, pero su partida de nacimiento refleja 1775.
Hijo de Juan Antonio Sorzano y de la que fue su segunda esposa, Manuela de Nájera.
Llegó a Orihuela muy joven, a finales del siglo XVIII, y pronto comenzó a amasar una incalculable fortuna con sus negocios, destacando especialmente los préstamos y arrendamientos que han quedado reflejados en numerosos protocolos notariales del archivo oriolano.
En 1802 casó en Santa Justa con Ángela Adalid Ximénez, otra riojana natural de Nestares de Cameros.
Tras un pleito de hidalguía con el Archivo de la Real Cancillería de Valladolid con sentencia favorable, en 1804 obtuvo del Ayuntamiento oriolano el reconocimiento de nobleza, condición que le permitía ostentar escudo.
Para eso necesitaba una casa acorde a las circunstancias; y no le valía cualquier sitio. Matías decidió edificarla frente a la más aristocrática de la ciudad, la del marqués de Rafal.
En enero de 1820 compró dos casas adyacentes que unió a la que ya tenía para hacer su palacio.
En el testamento de 1808 antes citado, tenía ya cinco hijos: Simón, Mª Simona, Teresa, Tomasa y Cándida.
Tuvo 3 hijas más: Modesta, María Manuela y María del Pilar. Ocho hijos en total, de los que únicamente le sobrevivieron las hijas María y Teresa.
Su único varón, Simón Sorzano Adalid, tuvo a su vez un hijo llamado Matías Sorzano Cambronero que apenas sobrevivió a su abuelo, ya que falleció en 1865 a los diecinueve años de edad. Con el se perdió la continuación del apellido Sorzano en Orihuela.
Sus otros ocho nietos llevaban los mismos apellidos: Rebagliato Sorzano, aunque fueron fruto de dos matrimonios diferentes: uno formado por Andrés Rebagliato Pescetto y Teresa Sorzano Adalid; y el otro por Santiago Rebagliato Pescetto, hermano de Andrés; y Cándida Sorzano Adalid, hermana de Teresa.
El primero tuvo cinco hijos. Uno de ellos, llamado también Matías, fue alcalde de Orihuela y Caballero Cubierto. El otro tuvo tres hijas.
Matías Sorzano fue uno de los personajes más destacados de la primera mitad del siglo XIX en Orihuela.
En el verano de 1808 donó seis mil reales para contribuir a «la lucha contra el francés».
Regidor municipal en 1835. Carlista declarado en una de las ciudades más carlista de España, un año después fue eliminado de la lista de mayores contribuyentes utilizada para escoger a los representantes políticos por su desafección a la Monarquía Constitucional.
Por los mismos motivos fue desterrado en 1840. Pero al regresar, su prestigio se había multiplicado.
Y además se permitió el lujo de comprar al Estado varios conventos desamortizados.
Diario de avisos de Madrid. 29 de enero 1843:Venta de bienes nacionales. Pertenecientes al Clero Secular.El edificio que fue convento de las religiosas Salesas de Orihuela, situado en aquella ciudad, sus obras son enteramente nuevas, y consta de un cuadrado de 6120 palmos valencianos superficiales y 67 de altura; no se le conoce carga alguna; se halla arrendado por 1250 rs. anuales, a condición de cesar el arriendo el último día del mes en que el comprador tome posesión; ha sido tasado en 1021800 rs., cantidad en que se saca a subasta.
El de las Salesas, símbolo carlista de Orihuela fundado por el príncipe Carlos, se lo devolvió a las monjas. Y corrió con todos los gastos de traerlas de vuelta desde Madrid.
También se hizo con el de los franciscanos de Santa Ana.
No he conseguido averiguar si compró también el de capuchinos. Pero la circunstancia de que en 1880 perteneciese a su yerno, Andrés Rebagliato, me hace pensar que también pasó por la manos del acaudalado Matías.
En su casa se alojó el capitán general de Valencia en 1844 a su paso por la ciudad.
Felix Herrero Valverde.
En 1847, el carro de Matías transportó al obispo carlista Félix Herrero Valverde de vuelta a casa tras su destierro.
Tres años después fue nombrado Caballero Cubierto.
Entre los años 1844 y 1845, compró también varias heredades desamortizadas a Mercedarios, Agustinos y Franciscanos.
El convento de Santa Ana, durante la epidemia de cólera, fue cedido usarlo como hospital. Falleció en Orihuela el 2 de diciembre de 1862.
En 1880 sus herederos donaron el convento a los franciscanos junto con su amplio huerto.
Su retrato lo pintó Vicente López en 1840. Pinchando sobre la imagen podéis disfrutarlo al detalle.
Enlace. Pinchad aquí.
Antonio José Mazón Albarracín.(Ajomalba).
Publicado en 2006. Ampliado posterormente con algunos datos de su familia que provienen del archivo «Reunión familia Díe», a cuya archivera, Concha Díe Maculet, envío mi más sincero agradecimiento.
El resto salió de fuentes consultadas por mí mismo en el Archivo Histórico, principalmente de dos de sus testamentos y de la escritura de compra de dos casas, utilizadas para construir su palacio oriolano.
Os dejo la transcripción de la compra:
Ante el notario Julián Fernández, Josefa Sardo de Raymundo, viuda de Bernardo Ferro y su hija Bárbara Ferro Sardo, venden a Matías Sorzano de estado noble, que esta presente, dos casas de habitación que son propias de su dominio y tienen las otorgantes madre e hija pro indiviso en el poblado de esta ciudad, centro y casco, parroquia de Santas Justa y Rufina, la una en su calle llamada de la feria, a la que tiene dos puertas y con la que linda a norte. De mediodía con otra casa de las otorgantes, que es la que luego se deslindará.
De levante con la calleja traviesa desde la Feria a la del Ángel, donde tiene otras dos puertas y de poniente con la casa de Francisco Lafuente, maestro relojero, que fue antes de Bartolomé Galán.
Y la otra que esta situada en dicha calleja, traviesa desde la citada calle de la Feria a la del Ángel, linda por levante con la misma calleja y a la que tiene su puerta principal, de poniente con casa enfrente de los herederos de Francisco Ballesta y en parte con la del referido Francisco Lafuente, de mediodía con casa del comprador y en parte con la de los herederos de Antonio Andrada y de norte con la anterior deslindada. Comprada una en 1787 y la otra en 1797.
Hay dos ventanas con sus hojas, que se hayan formadas desde muy antiguo en la pared de la casa que queda deslindada, situada en la calleja traviesa, que dan sus vistas a poniente y caen al descubierto y casa que hoy es propiedad de Don Francisco Lafuente, maestro relojero, cuyas ventanas y rejas están colocadas la primera a seis y medio palmos desde el piso o suelo firme de dicha casa.
Y su marco es de cuatro palmos y uno y medio dedos de altura y dos con nueve dedos de anchura y la segunda a catorce palmos y tres dedos desde el mismo suelo firme y con el marco de cuatro palmos siete dedos de alto, abajo y tres palmos cinco dedos de ancho.
Con el supuesto de que sobre estas mismas servidumbres se haya pleito pendiente a instancias de dicho Señor Lafuente, en el juzgado del Señor Alcalde Mayor de esta ciudad y oficial escribano, Domingo Pacheco, y ha sido convenido entre los otorgantes vendedoras y el comprador el que este se entienda con dicho pleito.
Con la sola obligación en las vendedoras, madre e hija, de franquear al comprador cuantas noticias, instrucciones y documentos puedan servirle y tengan a su favor la justicia con que se consideran en la causa, además de lo que consta ya en autos y satisfagan también las costas causadas hasta la fecha de esta escritura, así en este juzgado como en el incidente que pende en la superioridad bajo cuya inteligencia le venden dicha casa.
El precio liquido de las dos casas de esta venta es la cantidad de 51.439,22 rls., los mismos que entrega de presente el comprador y las otorgantes madre e hija reciben de su mano en monedas de oro y plata.
(Prot. 1882 f. 40, 30 de Enero de 1820)
Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba), historias de Orihuela, fotos, postcast y vídeos.