
De Tudmir a Oriola XXXV.

Valencia, a comienzos de 1239.
Andaba Jaime terminando de repartir territorios entre sus caballeros cuando un grupo de unos cincuenta, que habían llegado tarde a sitio de la capital, le pidieron permiso para hacer al menos una cabalgada en Mursya.
Pretendían hacer una incursión más allá de los territorios protegidos por el pacto con Zayyan.
Obtenido el beneplácito real salieron acompañados por Artal de Alagón, hijo de Blasco, el conquistador de Morella, quien conocía el camino a la frontera.
Cuando la hueste llegó cerca de Villena escondieron los caballos y atacaron la villa por sorpresa.
Solo pudieron penetrar en los arrabales, las zonas menos protegidas.
Expulsados por sus pobladores se dirigieron a Sax donde la resistencia fue todavía mayor.
En aquella lucha Artal de Alagón murió a consecuencia de una certera pedrada en la cabeza que lo derribó del caballo.
Como pudieron salieron de allí con el cadáver y regresaron a Valencia.
Aquella funesta aventura duró ocho días y solo consiguieron lo rapiñado en algunas casas y algo de ganado para alimentar a las tropas.
Como ya mencionamos en la entrega anterior, una vez conquistada y repartida Valencia, Jaime tuvo que ausentarse temporalmente.
Antes de emprender viaje pidió a los trescientos ochenta caballeros que se habían beneficiado en los repartos que permaneciesen allí un año custodiando el territorio en su nombre.
Estos, representados por su tío el infante Fernando, le ofrecieron hacerlo en turnos de cien en cien, relevándose cada cuatro meses.
Así cumplirían el año de vigilancia sin abandonar sus obligaciones.
El rey aceptó las condiciones. También firmó un privilegio por el que Valencia tuvo su primera ley propia: la que regulaba a los Justicias y Jurados, fijando la sede de la Curia en unas casas cercanas a la catedral.
En mayo de 1239 embarcó en una galera rumbo a su ciudad natal, Montpelier, de la que era señor por herencia de su madre.
Allí buscó dinero para hacer frente a los inmensos gastos de la campaña: provisiones, caballos, máquinas de guerra, barcos…
En su crónica no suele citar fechas, mezclando sucesos ocurridos en diferentes años. Pero sabemos con exactitud la de su visita a Montpelier.
Dice Jaime que un viernes, entre mediodía y nona, la luna llegó a cubrir todo el sol y se veían en el cielo las estrellas.
Está documentado un eclipse de sol, el viernes tres de junio de 1239.
En el tiempo que estuvo ausente los almogávares volvieron a las andadas y esta vez se les unió un famoso caballero.
Durante meses extorsionaron, saquearon y esclavizaron a los musulmanes despreciando las garantías que habían recibido del monarca.
Cuando Jaime regresó a Valencia los representantes de las aljamas musulmanas se presentaron ante él para quejarse por los daños sufridos.
El monarca hizo llamar a los responsables y los almogávares huyeron. Algunos pasaron al servicio del rey de Castilla y el resto se dispersaron.
El que sí compareció fue Guillem de Aguiló, el caballero implicado en aquellos violentos sucesos.
Antes consiguió de Jaime un salvoconducto para garantizar su seguridad.
Alegó en su defensa que no creía perjudicar a la corona atacando a los sarracenos.
El rey le aclaró que había desobedecido sus órdenes asaltando a unos súbditos que vivían confiados en su palabra.
Como pago a su desobediencia intentó arrebatarle los territorios asignados en el reparto; pero ya los había empeñado.
Devolvió parte del botín, liberó a los esclavos y salió desterrado.
Con este castigo Jaime intentó tranquilizar a los sarracenos. La anarquía había terminado. El rey estaba de nuevo en Valencia para garantizar su seguridad.
Mursya, primavera de 1239.
Implicado en el asesinato de su antecesor y quizá para compensar el malestar causado Zayyan liberó al destronado hijo de Aben Hud.
El para que para muchos era el legítimo heredero al trono permaneció despojado de todo poder. Y el nuevo caudillo se encargó de dejar muy clara su autoridad.
Aceptó la soberanía de Túnez en su nuevo reino y envió al Emir Yahyá I una carta en la que alababa el tiempo de dominio almohade mostrando fervor religioso y valor militar para defender a los murcianos que habían pedido su ayuda.
El Emir tunecino envió dinero y un documento que lo investía con el título de emir del Sark Al Andalus bajo su soberanía y protección.
Durante los primeros meses de gobierno desplegó una intensa actividad diplomática intentando ser reconocido por todas las poblaciones del Levante peninsular.
En noviembre de 1239 una flota tunecina fondeó en el puerto de Cartagena y allí acudieron delegaciones de todas las ciudades importantes para recibir cartas reales del Emir de Túnez.
Estaban dirigidas a Mursya, Uryula, Lorca, Játiva, Alcira y Denia.
En aquella inestable situación las revueltas locales continuaron y Uryula, Cartagena, Lorca y Mula retiraron su apoyo a Zayyan, proclamándose independientes.
En la segunda mitad de 1239 Uryula decidió constituirse en un estado.
Aquellos hombres ilustres de los que hablamos en el programa anterior, gente con experiencia en la administración durante el reinado antialmohade de Aben Hud y partidarios del Califato de Bagdag, se mostraron contrarios a la orientación política y religiosa de Zayyan, al que consideraban un intruso.
Para administrar y regir la ciudad crearon una especie de consejo de ministros presidido por el que era su gobernador Abu Yafar Ben Isam.
De ahí el nombre de la Wizara Isamiyya: el consejo o ministerio de Isam.
Esta autonomía política y administrativa provocó un fenómeno de corte tan liberal, que durante tres décadas convirtió nuestra ciudad en centro cultural que acogió a numerosos hombres de letras de toda la península, personajes que acudían buscando la hospitalidad de Uryula por razones de seguridad, amistad o afinidad política.
La Wizara Isamiyya de Uryula, liderada por una veintena de personajes de gran talla intelectual, fue el círculo político y literario más prestigioso de al-Andalus en el siglo XIII.
Así lo certifican miles de versos y más de un centenar de obras en prosa del más depurado estilo.
Durante aquellos años de independencia los regidores de Uryula mantuvieron estrechas relaciones afectivas y literarias con el mundo de las letras asentado en Menorca y en el norte de África.
Sobre todo con los refugiados andalusíes, intercambiando correspondencia, regalos, colecciones poéticas y todo tipo de material literario.
La principal fuente para el estudio de la Wizara Isamyya, también conocida como la República literaria de Orihuela, es un manuscrito árabe conservado en la biblioteca del Escorial.
Un fragmento del «Libro de las ideas más brillantes y las sentencias esenciales», obra del jurista y literato oriolano Abu Ala Muhamad Aben al Murabit, redactado entre los años 1240 y 1250.
Esta joya permaneció mal catalogada hasta su descubrimiento en los años cuarenta del pasado siglo.
Para saber más de Aben Hud, de Zayyan Ben Mardanis y de la Wizara Isamya, recomiendo los numerosos trabajos del profesor Emilio Molina López, especialmente el monográfico publicado en el Número 5 de la colección Temas Oriolanos.
«De Tudmir a Oriola». Serie de programa emitidos por Radio Orihuela Ser. Guion, locución y efectos: Antonio José Mazón Albarracín. Presentación y montaje: Alfonso Herrero López. Programa 35.
De Tudmir a Oriola XXXVI.

Mursya, a principios de 1240.
Zayyan Ben Mardanis en su nuevo papel de emir del Levante escribió a Fernando III alabando sus virtudes como monarca y proponiéndole un tratado de paz.
En breve plazo estaba dispuesto a enviar un embajador a Castilla para sellar el acuerdo de vasallaje.
Era quizás una forma de enfrentar al rey santo con Jaime I; que castillo a castillo le andaba comiendo el terreno por el norte.
Su complicado proyecto de consolidar un reino desde Alcira a Vélez Rubio bajo la protección de Castilla no fue más que otra utopía.
No podía controlar la rebelión de Uryula, en manos de Ben Isam; ni la de Lorca, en manos del alfaquí Muhamad Benalí que pronto se hizo con Mula, Cartagena y todo el sur del reino.
Su gobierno era insostenible y se hundió antes de dos años.
A comienzos de 1241, conocidos sus contactos con el castellano y sin autoridad ni fuerza para someter a los rebeldes, los notables murcianos de la capital apoyaron la sublevación de Muhamad Aben Hud, tío paterno del legendario caudillo que pasó a las crónicas cristianas como Abenhudiel.
Repuestos en el trono los Banu Hud, Zayyan no tuvo más remedio que abandonar Medina Mursya.
Con sus parientes y partidarios se refugió en Alicante, actuando como señor y gobernador de la ciudad durante varios años.
La crónica de Jaime I cuenta una interesante cita.
Dice el Conquistador que, estando en Bayren, Zayyan le escribió desde Denia para entrevistarse con él.
Que llegó en una galera armada y se reunieron en su tienda de campaña.
El caudillo musulmán le ofreció el castillo de Alicante, del cual era señor, a cambio de una elevada suma de dinero y la cesión en vasallaje de Menorca.
Jaime rechazó la oferta alegando que Alicante pertenecía al rey de Castilla según lo estipulado en los tratados de sus mayores.
Este hecho solo figura en la crónica de Jaime y ya hemos hablado de la dificultad que entraña datar los sucesos por su forma de narrarlos.
Al mencionar Denia y Bayren, algunos han fechado esta entrevista en 1239, es decir, antes de ser rey de Murcia.
Otros la sitúan en 1242, fecha en la que es mucho más lógica esta propuesta, cuando ya solo era señor de Alicante.
Allí pasó sus últimos años antes de exiliarse a Túnez.
Pero no adelantemos acontecimientos.
El intruso valenciano no logró someter Uryula ni mucho menos contaminarla con las doctrinas de Túnez cercanas a los odiados almohades.
Antes de llegar los africanos las mezquitas y madrasas de Uryula eran ya conocidas por sus brillantes estudios de los textos de la tradición islámica y por su interpretación jurídica.
A partir de la revolución y luego con la independencia, la razón comenzó a vencer a la fe y el estudio religioso dio paso a la filosofía y la interpretación de la ley islámica al derecho.
Mientras Al- Ándalus se desangraba en guerras y anarquía en Uryula se celebraban concurridas justas literarias y certámenes poéticos.
Se componían felicitaciones para nacimientos y bodas. Elegías para los difuntos.
A este reducto cultural seguían acudiendo refugiados valencianos y murcianos.
Muchos se establecían sólo de manera provisional mientras se preparan para abandonar la península.
Posteriormente, desde el norte de África, esos mismos exiliados alabaron su estancia en Uryula, sus huertos, sus jardines, sus baños, su forma de vida.
En teoría esta independencia política terminó con el regreso al poder de los Banu Hud y su renuncia a Túnez.
Pero en la práctica se mantuvo varios años más, permaneciendo en el gobierno el Consejo de Isam, la Wizara Isamiyya, sin obedecer a su nuevo soberano, un anciano sin proyecto político que pronto se entregó a Castilla.
Desde su regreso a Valencia en la segunda mitad de 1239 Jaime se mantuvo muy ocupado.
Lo encontramos pactando en Bayrén, cerca de Gandía, estratégico valle protegido por multitud de enriscados y fuertes castillos.
El monarca siguió negociando con los dirigentes locales; obteniendo castillos y fortalezas a base de palo y zanahoria.
Su oferta era clara: él era el dueño y señor de Valencia. O lo aceptaban por la buenas conservando religión y propiedades o recibían el tratamiento habitual: huerta arrasada, molinos y acequias destrozados, árboles talados, cosechas quemadas y el lanzamiento de piedras hasta que entrasen en razón.
Al final lo perderían todo. Por las buenas o por las malas no pensaba parar hasta llegar al límite pactado con Castilla.
En estos tratos no olvidaba recompensar generosamente a los negociadores o sobornarlos directamente con dinero bajo manga.
En primavera nació su hijo Pedro en Valencia: el futuro Pedro III «el grande».
Aquel año de 1240 Jaime mandó redactar la costum: el precedente de los fueros para el Reino de Valencia.
Un conjunto de usos y costumbres inspiradas en los derechos romano y canónico.
El encargado del trabajo fue su pariente, amigo y gran colaborador en la campaña, Vidal de Canellas, obispo de Huesca, muy beneficiado en los repartos de Valencia.
El monarca empezaba a mostrar sus intenciones.
Los nobles aragoneses que tanto le habían presionado y ninguneado se iban a quedar sin su soñada salida al mar. Valencia sería un nuevo reino independiente de Aragón y de Cataluña.
Se dice que en estos planes influyó la voluntad de la reina Violante, decidida a asegurar el futuro de sus hijos.
No olvidemos que el primogénito Alfonso era fruto del anulado matrimonio con la infanta castellana.
El monarca pronto redactó un testamento repartiendo los reinos entre sus hijos varones: los heredados Aragón y Cataluña para el primogénito Alfonso; los conquistados para Pedro.
En su largo reinado dictó varios testamentos anulando los anteriores. Su sentido patrimonial de los territorios de la Corona, convertidos en piezas sueltas, hizo que alterase los repartos a medida que nacían y morían sus hijos.
Pero dejemos la política y volvamos a la épica.
Después de aquel fracaso que contamos en la entrega anterior, en 1240 el infante Fernando y otros destacados caballeros volvieron a Villena.
Esta vez iban en serio. Reforzados por los freires de la Orden de Calatrava y portando un enorme fundíbulo capaz de arrojar pesados proyectiles sobre los muros.
Pero los de Villena eran duros de pelar.
Establecido el cerco y relajadas las tropas cristianas, salieron en una acción por sorpresa destrozando la máquina de guerra y matando al menos a dos caballeros.
Este suceso forzó a los cristianos a levantar el sitio. Pero la resistencia fue inútil.
Meses después, la orden militar de Calatrava llevó a cabo el tercer y definitivo ataque a Villena.
Al comendador le acompañaban sus freires guerreros y una nutrida compañía de almogávares, mercenarios especializados en correrías por tierras enemigas.
Esta vez emplearon una bastida, torre de madera con ruedas que permitía acercarse a los muros y depositar en ellos a los almogávares.
Los de Villena se lo pensaron mejor y enviaron a un emisario para negociar con Jaime: era ya tarde para tratos.
El monarca les ordenó rendir la plaza y Villena fue de Jaime durante cuatro años. Una ciudad perteneciente al reino de Murcia que rompía lo pactado con Castilla.
En 1241 el monarca tuvo que ausentarse de nuevo para atender los asuntos de la Corona.
Partió hacia Cataluña y de allí a Aragón, dejando Valencia en manos del noble Rodrigo de Lizana.
Fue en Aragón donde se enteró de que Pere de Alcalá, un pariente de Lizana, asaltando a los moros de Xativa había caído prisionero junto a otros cinco caballeros, sus compañeros de expedición.
De lo que ocurrió en la importante conquista de Xátiva, narrada meticulosamente por Jaime, hablaremos en la próxima entrega.
«De Tudmir a Oriola». Serie de programa emitidos por Radio Orihuela Ser. Guion, locución y efectos: Antonio José Mazón Albarracín. Presentación y montaje: Alfonso Herrero López. Programa 36.


















