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La Riada de San Andrés. Crónica.

Ciudadanía. 2 de diciembre de 1916:

LA RIADA DE SAN ANDRÉS. A las dos de la tarde del pasado lunes cayó sobre nuestra ciudad y su huerta una horrorosa tormenta. Un fortísimo aguacero acompañado de truenos y relámpagos que se sucedían sin interrupción, alarmó bastante, pero, mucho más el huracanado vendaval que arrollándolo todo, arrancó de cuajo dos corpulentos árboles que cayendo sobre los jardines de la Glorieta derribaron bastantes metros de verja y muchísimos arbustos y plantas. En otros sitios causó incalculables desperfectos el huracán.

Glorieta y San Gregorio. 1916. Colección Javier Sánchez Portas.

BUEN MERCADO. Como la lluvia no cesó ni un momento y se mostraba más pertinaz cada vez, amaneció el martes sin que viniesen al mercado los numerosos negociantes y gente de la huerta que llenan en este día nuestra ciudad.

Supimos alborozados la noticia de que por todo el campo había llovido copiosamente, estando por lo tanto asegurada la siembra, que si se había demorado, obedecía solamente a la falta del preciado líquido. El río experimentó brusca crecida, inspirando recelos. Durante la tarde continuó la lluvia, convirtiéndose en torrencial por la noche en que ya empezaron algunas calles a inundarse.

GRANIZADA. A las dos de la madrugada del miércoles descargó una nube de piedra que duró breves minutos, imponiendo a todos los que despertaron sobresaltados por el ímpetu de la pedrea. Corregida y aumentada sentimos otra a las 8 de la mañana.

Hombres de edad aseguraron no haber presenciado nunca granizada como esta, siendo el tamaño general de la piedra como huevecitos de pájaro. Una hubo que pesó 75 gramos, apreciándose otras como nueces. Reincidió poco antes de mediodía, originando con los chubascos intermedios, un aumento de agua que las vertientes de la sierra tributaban al embravecido Segura.

CALLES INUNDADAS. Como estaban los portillos entablados y se habían adoptado precauciones para evitar la salida por los «arbellones», el agua de lluvia no pudo en algunos sitios verter al río, quedando varías calles inundadas. La plaza de la Constitución y Calles del Molino, Río, Meca y Cantareros y parte de las de San Pascual, pintor Agrasot y San Juan corrieron dicha suerte.

Calle del Río. 1916. Colección Javier Sánchez Portas.

EL RAMO DE LA VIRGEN. Ante la inminencia de una catástrofe, demandó el pueblo los auxilios de su celestial Patrona y con el entusiasmo ferviente de las solemnidades inolvidables, se llevó a cabo el acto sublime de arrojar a las ondas embravecidas el ramo de la Monserratica…

Fue al atardecer de este día cuando fue trasladada en automóvil nuestra Patrona hasta el puente de Levante. Millares de almas, toda Orihuela confundida en un solo corazón, vitoreaba llorando a la que siempre fue consuelo de los orcelitanos afligidos. Las autoridades rodeaban a nuestro Prelado, que con sus manos venerables, temblorosas de emoción arrojó al Segura el ramo de la Virgen entre el clamoroso grito de todo el pueblo que se amparaba bajo el manto de María de Monserrate y confiaba en su protección.

Ceremonia del ramo en el puente.

NOCHE DE ZOZOBRA. Anocheció el 29 y la intranquilidad aumentaba con la oscuridad. Venía de la huerta rumor de caracolas, como ayes de agonía entre las tinieblas presagiando desgracias. Numerosas familias, con sus míseros ajuares llegaban a la ciudad huyendo del río que había inundado parte de la huerta. El vecindario adoptó precauciones en previsión de un lastimoso despertar y el río mugía agorero y trágico.

EN EL AYUNTAMIENTO. A las diez de la noche se reunieron en el despacho del Sr. Alcalde, los representantes de las fuerzas vivas de esta población que fueron invitados, asistiendo también nuestro Director. Se acordó dirigir telegramas al Sr. Presidente del Consejo de Ministros, Ministro de la Gobernación y a D. Trinitario Ruiz Valarino, exponiéndoles la crítica situación en ésta.

El Sr. Ballesteros Meseguer manifestó su extrañeza por no constituirse en sesión permanente el Ayuntamiento como Junta de Auxilio. Somos de los muchos que conformes con lo manifestado por dicho señor, compartimos su extrañeza y nos preguntamos por qué no obrarían del modo que el señor Ballesteros propuso.

TRISTE AMANECER. Antes del alba del día de San Andrés ya comenzó a desbordarse el río visiblemente, venciendo la máxima resistencia de contención. Con la luz del día apareció Orihuela inundada en su mayoría, sólo se vieron libres de la riada algunas calles de la parte alta de nuestra ciudad que con las lluvias se veían anegadas. De Beniel y Molins se tenían alarmantes noticias, principalmente de este último pueblecito tan castigado siempre por las crecidas del Segura.

TODOS A SAN MIGUEL. Gran número de curiosos, durante la inundación subió al Seminario para contemplar el aspecto tristísimo y a la vez fantástico de nuestra feracísima vega que desde allí se dominaba convertida en inmensa laguna. Daba espanto la visión, pues atemorizaba el contemplar la inmensa desgracia que se cernía sobre los pobres dueños de las viviendas arruinadas.

LLEGADA DEL GOBERNADOR. A las 8 y media de la mañana llegó el Ilmo. Sr. Gobernador D. Francisco de Federico, acompañado del Jefe de Vigilancia de Alicante D. José Mª. Ciurana y del Capitán de Seguridad Sr. Baigorri. Tan distinguida autoridad había dispuesto el envío en tren especial de lanchas y tripulaciones que apenas llegadas a Orihuela salieron a la huerta donde comenzaron a realizar salvamentos y a repartir socorros entre los incomunicados.

Por nuestras calles, otras lanchas se ocuparon para socorrer las necesidades de las familias que aisladas se encontraban por la crecida. El gobernador, acompañado de las autoridades, visitó enseguida la mayoría de los lugares inundados en la población, dirigiendo personalmente los trabajos de salvamento con gran celo.

Calle Calderón. 1916. Colección Javier Sánchez Portas.

LOS PORTILLOS DE DESAMPARADOS, LAS NORIA Y RIPALDA. Estos portillos, en el partido del Camino de Beniel han estado a punto de reventar, y así hubiera sucedido de no haber roto el río por el de Ginés. Hoy han ido a verlo, técnicos y propietarios de aquella ribera y nos dicen, que ambos han quedado más falseados y de mayor peligro que el que ofrecía el llamado de Ginés, antes de romperse en esta riada. Lo ponemos en conocimiento del Alcalde, Juez de aguas, Gobernador civil e Ingeniero Jefe de la división hidráulica del Segura.

NOTAS SUELTAS: El Sr. De Federico, dispuso que mandasen de Torrevieja algunas barcas que tripuladas por marineros se encuentran prestando auxilio en Molins y en el camino de Beniel por donde la crecida ha causado daños enormes. Conferenció extensamente con el Ministro de la Gobernación, con el gobernador de Murcia y el alcalde de Alicante dándoles, cuenta de la inundación y solicitando protección, para los necesitados.

Por la tarde recorrió en lancha los parajes del Molino de la Ciudad prodigando socorro, en compañía del Sr. Marqués de Arneva siendo ambos muy aclamados por los huertanos. El Sr. Alcalde repartió en la mañana del viernes 1500 kilos de pan entre los pobres damnificados.

En la misma noche del jueves, llegó el Teniente Coronel de la Guardia Civil Sr. Aguilar con algunas parejas. De Callosa y Alicante mandaron varios centenares de kilos de pan, cuyo producto escaseó aquí por haberse inundado algunas tahonas. Con el descenso de la riada comenzó a las primeras horas de la tarde del jueves la circulación de los trenes. Las cosechas de hortalizas y la de naranja, principal riqueza de esta vega, se consideran perdidas.

La Acción (Madrid). 1/12/1916.

Al fin ha ocurrido en Molins una desgracia, siendo arrastrado por la corriente un niño de corta edad. Ya han empezado, con mucho ahínco, el trabajo de limpieza y saneamiento en las calles llenas de lodo. De las huertas de Dolores y Rojales se tienen angustiosas noticias y de Torrevieja han salido auxilios que de allí pidieron con urgencia.

REGRESO DEL GOBERNADOR. En el correo de anoche salió para Alicante juntamente con sus distinguidos acompañantes, el Ilmo. Sr. D. Francisco De Federico, al que tributaron una cariñosa despedida las autoridades, amigos y gran número de personas que han visto su generosidad, recorriendo los sitios de mayor peligro y auxiliando a tanto desamparado.

Antes de marchar felicitó cordialmente al joven abogado Sr. Bonafós que se destaca con pujanza de entre los muchos que desinteresadamente expusieron sus vidas en servicio de los damnificados.

RECONOCIMIENTO. No podemos sustraernos de hacer público el unánime y ferviente deseo de toda Orihuela, en pedir al Gobierno premie como se merece el colosal esfuerzo del letrado Don Antonio Bonafós que como Rafael Moreno Hidalgo, laborioso obrero vecino de la calle del Sol número 42, lucharon desesperadamente en los sitios de más peligro, socorriendo a las victimas de la inundación.

Orihuela. 1916. Colección Javier Sánchez Portas.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Fotografías de la Colección Javier Sánchez Portas.

Campoamor y la Dehesa de Matamoros.

La Ilustración Española y Americana. 15 de febrero de 1901. BNE.

De la biografía de Ramón de Campoamor, suficientemente tratada por muchos autores, sólo quiero mencionar el cargo de gobernador civil de la provincia de Alicante en 1847. En la capital levantina, gracias a este nombramiento, conoció a una dama de ascendencia irlandesa llamada Guillermina O’Gorman con la que contrajo matrimonio en 1849.

Guillermina era hija de un acaudalado comerciante que aprovechó la desamortización de Mendizabal para adquirir una inmensa propiedad al sur de la provincia; una finca cargada de historia de la que tenemos noticias desde el siglo XV por su torre, su ermita y el convento de San Ginés que llegó a ser Cartuja de Vía Coeli.

Allí sufrieron las razias de los corsarios musulmanes dominicos, mercedarios, cartujos, carmelitas…. Hablamos de la dehesa de Matamoros; llamada posteriormente la dehesa de Campoamor.

Dehesa de Campoamor.

La Dehesa de San Ginés o de Matamoros.

La Correspondencia de España, 21 de abril de 1862: El Sr. D. Ramón de Campoamor, deseoso de que se realice el establecimiento de una granja-modelo en la provincia de Alicante, presentó últimamente a la junta de agricultura un proyecto de granja, manifestando que desde luego pone a disposición del gobierno una de sus posesiones que es la llamada Dehesa de San Ginés, jurisdicción de Orihuela, término de la Horadada y situada entre las provincias de Alicante y Murcia.

La posesión, tiene en primer lugar una extensión que abraza cinco leguas de circuito y en diferentes puntos están situados cinco edificios, dos de los cuales son bastante grandes, y sobre todo uno de moderna construcción llamado casa nueva de Matamoros.

El Mundo Cómico, 4 de enero de 1874.

BOLETÍN OFICIAL. 20 de Enero de 1868. MINISTERIO DE FOMENTO. REAL ORDEN. Agricultura. Ilmo. Sr.: Visto el expediente instruido en el Gobierno civil de Alicante, a instancia de D. Ramón de Campoamor, con objeto de alcanzar los beneficios que dispensa la ley de 11 de Julio de 1866 sobre fomento de la población rural, para ocho caserías que el interesado tiene establecidas en su finca denominada dehesa de Campoamor, sita en el término de Orihuela: Resultando de dicho expediente:

1. Que a las ocho caserías se les ha demarcado por el perito designado al efecto el número de hectáreas que ha estimado convenientes dentro de las que la ley permite.

2. Que la casería a que han dado el nombre de la Gea o Hojosa dista de la población más inmediata cuatro kilómetros; siete las dos llamadas el Convento y la conocida con el nombre de Casa del Guarda; ocho las denominadas Guillermina y la Mincha, y nueve la que llaman la Glea.

Y 3. Que el total de hectáreas utilizadas que abraza la finca es el de 2.600, de las cuales 1.340 corresponden con la proporción debida, a las siete caserías antes indicadas, aplicándose las 1.250 restantes al establecimiento de una granja de extensos cultivos, para lo cual tiene construida el interesado otra casa, distante de la población más inmediata seis kilómetros.

Resultando del propio expediente que D. Ramón de Campoamor había solicitado en el mes de Junio de 1866 que se aplicasen los beneficios de la ley de 21 de Noviembre de 1855 a la finca de que queda hecho mérito; y que apoyado después en lo dispuesto en el art. 9 ° de la ley de 11 de Julio de 1866 optó por los que esta dispensa, cumpliendo para ello con todas las formalidades que en la misma se imponen y el reglamento determina.

S. M, la Reina (Q. D. G.) se ha servido declarar que las ocho caserías que motivan dicho expediente tienen derecho al disfrute de los beneficios que concede la ley de 11 de Julio antes citada, en la proporción que sigue:

Por 15 años la casería llamada Bojosa; por 20 las dos denominadas el Convento y la conocida con el nombre de Casa del Guarda; por 25 la Guillermina, la Mincha y la Glea, y por 20 años la granja destinada a extensos cultivos, que llaman Matamoros.

Lo que de Real orden comunico a V. I. para su conocimiento y efectos correspondientes. Dios guarde a V. I. muchos años, Madrid 4 de Enero 1868.— Orovio.— Sr. Director general de Agricultura, Industria y Comercio.

Tras la lectura de estos dos documentos que retratan la finca en términos mercantiles, vamos a ver como la describen Juan Pérez Aznar en 1882; Luis Cánovas en 1889 y Marciano Zurita Rodríguez en 1924.

Esta primera transcripción está formada por fragmentos de una extensa y florida publicación ofrecida por entregas en el diario alicantino «El Constitucional».

El Constitucional, diario liberal, Alicante 1882/1883

El Constitucional, Alicante 1882/1883: LA DEHESA DE CAMPOAMOR. La carretera de Balsicas nada ofrece de notable; atraviesa un campo yermo, un extenso saladar; se recorren ocho kilómetros por ella hasta llegar a los primeros matorrales de la dehesa, entre la asfixia y el polvo; nuestros carruajes recorrieron este trayecto en una hora; el terreno no tiene nada de accidentado, los amojonamientos de la extensísima finca del Sr. Campoamor, cuyo perímetro mide más de seis leguas, constituyen  los primeros pinos y malezas, la primera vegetación que aparece a la vista.

El contraste es sorprendente; lindante con la loma pelada y seca, se levanta el campo esmaltado con todos los colores con que la naturaleza pinta la exuberante vegetación; antes de llegar a este sitio la brisa perfumada con todas las esencias que recoje al paso, acarician la abrasada frente del viajero y dilata sus pulmones constreñidos por el calor y el polvo.

La dehesa de Campoamor gráficamente dicho en mitad de la carretera de Torrevieja a Balsicas, no es otra cosa que un delicioso oasis en mitad del desierto; ningún murmullo, ningún canto, ningún movimiento, ningún ruido se percibe en ocho kilómetros de un terreno caldeado por el sol; cierto es que el mar azul y tranquilo se tiene constantemente a la vista, recreando el ánimo, pero el cuadro de la naturaleza carece de encantos, de expresión y de vida; si no le anima la variedad, si no lo matizan todos los colores, si no le arrullan todos los murmullos.

El follaje se mueve en cuanto se entra en territorio de la dehesa de Campoamor, los pájaros cruzan en todas direcciones buscando sus fofos nidos en las copas de los árboles. En este delicioso edén vemos al ánade jugar con la ola, a la perdiz aventurarse en todos los atajos, absoluta y libre. Los rayos del sol vense de continuo interceptados por el bosque; y la luz desleída recorre todos los tonos de una sombra que convida, o a la meditación, o al sueño; pero nos dejamos muy pronto llevar de las impresiones. Todavía estamos en la carretera que atraviesa la finca del Sr. Campoamor.

La casa se descubre allá a lo lejos, destacándose sobre un mar de verdura. Seméjase a un pájaro enorme con sus alas desplegadas a punto de tender su vuelo; para llegar a ella hay que atravesar un barranco por un puente de reciente construcción, afiligranado de pilones de piedra de cantería; en su fondo, y siguiendo hasta la orilla del mar, vese un bosque de olivos, animado por el tornasol de su follaje espeso y por el monótono canto de la cigarra.

Desde este sitio ya el terreno comienza a ser accidentado y silvestre. Por varios atajos se puede llegar a la casa que se divisa en un alto; pero nuestros carruajes siguieron la carretera hasta encontrar el cruce de otra en construcción que ha de conducir desde San Pedro del Pinatar hasta Orihuela. Dicho camino corta por la parte del Oeste y Norte, toda la dehesa en una extensión de 6 kilómetros. Pero ya estamos cerca de la casa, ya oímos los ladridos de los perros, la gente que hay en ella se pone en movimiento.

Por fin… dos horas hemos tardado. El señor Campomanes echa pie a tierra y nos guía al magnífico asilo, objeto de nuestro viaje y soñado paraíso por el que hemos dejado nuestras habituales ocupaciones con ánimo de encontrar solaz esparcimiento y grato deleite en él. Ya estamos en el magnífico salón cuadrilongo, cuerpo principal de la casa que, situada frente al mar y en lo más alto de la dehesa, la domina por completo.

No es esto decir, ni negar en absoluto que hubiera entre nosotros quien comía el arroz con pollo ricamente condimentado por mano hábil entre las dulces abstracciones del enamorado pensamiento; ni que alguien dejase de solicitar después del espléndido almuerzo una cucharadita de algo atemperante para que la aceituna en el estómago no extrañase al salchichón, ni el queso al dulce de almíbar, ni el melón regalado a la carne sazonada a fuerza de manteca.

De Torrevieja se va a Matamoros con el alma henchida de recuerdos, y de la espléndida y rica mesa que en Matamoros hace servir el señor Campoamor o su familia en su ausencia, se levanta el huésped completamente satisfecho y harto. Nuestro primer almuerzo fue excelente. Por entre las espesas persianas de los balcones del comedor se colaba un airecillo agradable, saturado de perfumes; desde la mesa se ve el mar y se cuentan por centenares los pájaros que por la dehesa cruzan festejando al viajero con sus melodiosos trinos.

La Esfera, ilustración mundial, 1916. BNE

Parece que la hospitalidad está allí en competencia. Todo en aquella casa y en aquel campo es grato, dulce y delicioso. Pero vamos a tomar café y a brindar chocando las copas que rebosan del espumoso champagne, el vino de todas las fiestas y el que preside nuestras efímeras alegrías. El Sr. Campomanes brinda; breve es lo que dice pero nada más oportuno ni más elocuente. Su pensamiento es un idilio. He aquí con pocas palabras resumido su discurso.

«Señores: el campo es la libertad, aquí el pensamiento de cada cual es soberano, la lectura, la caza, el paseo, estos son los goces que os proporciona la dehesa y de los que podéis disfrutar sin limitación alguna; quien quiera dormir, al lecho; en aquel rincón hallaréis cuantas escopetas queráis, la biblioteca está atestada de libros; donde quiera que dirijáis vuestros pasos hallaréis grata sombra y pintorescas encrucijadas que recreen vuestro ánimo, esta es vuestra casa, estamos en familia, cada cual es jefe y soberano de sus gustos y muy dueño de hacer lo que le plazca sin dar cuenta a nadie, absolutamente a nadie. Viva la libertad».

Esto produjo una verdadera explosión; los aplausos fueron estrepitosos. Los brindis se sucedieron sin interrupción alguna; al Sr. Campoamor, al poeta insigne y al filósofo profundo, debieron llegar de una manera vaga y misteriosa nuestras protestas de admiración y respeto; se recitaron algunas doloras, parto de su rica y exuberante fantasía, celebramos su ingenio, con orgullo verdaderamente español, y gratamente emocionados nos levantamos de la mesa, y nos dispersamos, cada cual buscando el compañero de paseo, el compañero de caza, o el limpio fofo y regalado lecho, que en ventiladas y espaciosas habitaciones, brindaban una venturosa siesta.

Espeso cañaveral sirve de zócalo a aquel vetusto edificio ennegrecido por el tiempo y medio oculto por el enmarañado bosque, cuyo follaje tornasola la brisa con hermosos cambiantes de luz y de cuyo seno brotan todos los murmullos de igual manera que del claustro las dísticas armonías de la plegaria. La imaginación profundamente abstraída, fantaseaba aquel paisaje.

Ruinas de San Ginés en la actualidad.

Por todas las encrucijadas, al pie de cada árbol donde quieran los ojos, fijábanse con la indolencia que precede al sueño; allí se veía al austero penitente de San Ginés envuelto en tosco sayal, buscando en el corazón de aquella naturaleza virgen eficacísimos remedios contra las humanas dolencias. De todas partes se veían gentes laceradas de alma y cuerpo, fantasmas extenuados y hambrientos que al primer golpe de la campana, acudían en tropel a la oración y a la sopa.

¡Oh! la imaginación, el desvarío resucitan los tiempos o se precipita en el pasado para ahondar los secretos de la muerte. Pero despertemos de esta pesadilla. El convento de San Ginés ya no tiene campanas, ni monjes; los árboles seculares han sobrevivido al austero pasado, y por más que con el vago murmullo de su follaje recitamos un poema conmovedor y elocuente, nada podemos traducir de él, y es fuerza que despertemos a la realidad de la vida.

La Ilustración Gallega y Asturiana. 1880. BNE.

El día comenzaba a clarear; el campo ofrecía un aspecto extraño; cada matorral medio envuelto en la oscuridad y en la bruma, parecía un grupo de hombres en acecho; el mar, velado a grandes trechos por espesa neblina, destacábase sosegado y tranquilo; por el Oriente dibujábanse violáceas nubes que indicaban la presencia del astro del día. Las gaviotas con vuelo tardo, cruzaban la costa con dirección a Cabo de Palos.

La expedición llegó a la carretera sintiendo las primeras molestias de los rayos del sol. Allí esperaban ya los carruajes. Subimos y nos pusimos en marcha hacia San Pedro del Pinatar. El campo apareció hermosísimo a nuestra vista. Por todas partes veíanse quintas de recreo, casas de labranza, frondosas huertas, extensos olivares, grandes viñedos, una naturaleza exuberante, fecunda, rica.

Cabo Palos divisábase a la izquierda; frente al camino que seguíamos viaje a San Pedro. A orillas del mar Menor y en todo el perímetro de aquella costa, destacábanse multitud de puntos blancos, grupos de casas que se ocultaban y aparecían a nuestros ojos como si brotasen del fondo de un mar de verdura, poetizado por lo vago de las distancias.

Lo que más nos llamó la atención fue un punto luminoso que reverberaba a la luz del sol como un diamante colosal, inmenso. Era una montaña de sal blanca, purísima, cristalizada en prismas como las facetas del valioso carbúnculo. Antes de llegar a San Pedro del Pinatar tomaron los carruajes por una vereda. A nuestra espalda quedaba, allá a lo lejos y sobre una cima profusamente alfombrada con todos los tonos del color verde, la casa de la dehesa Matamoros…

La Ilustración Artística, 1901. BNE

Pasamos a las palabras de Luis Cánovas en 1889. (Puede ser el famoso torrevejense Luis Cánovas Martínez, nacido en 1857).

La Ilustración ibérica (Barcelona) 2 de febrero de 1889: Voy a hablar de Matamoros. Si describir la dehesa hermosísima en que el ilustre autor del tren expreso viene a descansar de las fatigas del Consejo es sumamente difícil, dar de ella una completa idea en pocas palabras es extraordinariamente fácil. La naturaleza, esa gran enemiga del hombre, según Leopardi, ha sido para Campoamor, más que amiga, aduladora y cortesana.

La muy pícara, sintiendo por el gran poeta la admiración que se despierta en todo el que le conoce, ha querido darle de ella una prueba concluyente y ha hecho de Matamoros un pequeño poema. Eso es, ni más ni menos, la dehesa famosa.

¿Qué veis en un poema de Campoamor? Un plan admirable, una variedad infinita de tonos resolviéndose en una unidad sorprendente y avasalladora; una facilidad irritante que hace creer a muchos ilusos que aquello lo puede hacer todo el mundo; la realización de esa paradoja de la prosa poética que él verifica sin esfuerzo, poniendo al lado de la teoría con tanto ingenio defendida, uno y mil ejemplos que la robustecen y afirman.

Un soberbio desprecio de ciertos convencionalismos académicos, tan arcaicos como insostenibles; y, por encima de todo eso, dándole vida, luz, armonía y belleza, su genio original y único, la encarnación más perfecta de la lírica moderna. Y así es Matamoros.

Su plan, su disposición, es acabada y bellísima. Su variedad inagotable, desde las hermosas cañadas que rodean el barranco de la Glea hasta los espesos pinares que dan acceso al convento, desde las lomas erizadas de chaparras de la Bojosa hasta las rocas de la Peña del Cuervo, en que parece habitar la ninfa Eco; mil y mil panoramas espléndidos, ora risueños, ora sombríos, se suceden ante la vista, resolviéndose en unidad armoniosa y sensible.

No ha entrado allí la mano despótica y ridícula del cultivador moderno trazando líneas rectas, recortando las frondosas copas e imponiendo a la madre naturaleza una simetría tan absurda como antiartística. Las estrofas de aquella oda gigantesca que canta Matamoros a su dueño no están medidas con el académico martilleo de un alejandrino: tienen la graciosa soltura, el hechicero descuido de la silva, el metro preferido del gran poeta.

Pero además de ser la dehesa esclava de Campoamor, sectaria e idólatra de su célebre amo, es también su acreedora, su dueña en cierto modo. ¿De cuántos inspirados cantos no le es deudor el egregio vate? Aquel final apasionado del primer canto de su Don Juan, aquella gracia infantil del comienzo de los Grandes Problemas, la envidiable maestría con que Campoamor describe y pinta las escenas del campo, ¿a quién sino a Matamoros los debe?

Pocos días ha que D. Ramón y el que firma estas líneas paseaban juntos por la hermosa posesión. Era la caída de la tarde. El viento, fresco y juguetón, nos acariciaba. Despedíase el sol, con pena, de aquel oasis. Los pinos parecía que se inclinaban al pasar el poeta, como rindiéndole pleito homenaje. Nos paramos en medio de una estrecha senda y me dijo Campoamor:

—¿No le parece a V. escuchar voces confusas y suaves que de árbol a árbol mantienen diálogos misteriosos? Ese dulce murmullo me inspiró el canto de mi Drama Universal, lo que dicen los árboles. Y todavía le es deudor D. Ramón, a su finca, de otras dos cosas que ni se compran ni hay dinero con qué pagarlas si se vendieran: la salud y la alegría.

Ramón de Campoamor. Retrato autógrafo 1896. BNE.

El reuma, el pícaro reuma, que a veces hace pasar amargos ratos al poeta, como para recordarle que, a pesar de su genio peregrino y único, es un mortal como todos los que le rodeamos admirándole, desaparece en cuanto se divisan los horizontes de Matamoros; y por allí se ve todas las tardes a Campoamor, con la agilidad y la fuerza de un muchacho, subir repechos, bajar pendientes, cruzar trochas y darse, en fin, unos paseos tan higiénicos como fatigosos para cualquiera que tuviera su edad, pero no sus bríos.

Y también huye de aquel risueño campo ese pesimismo que a veces atormenta la poderosa fantasía del vate y se trasparenta en alguna de sus hermosas estancias. Allí, en aquella hermosa casa con honores de palacio, hay cuartillas encima de todas las mesas; y D. Ramón, con idéntico entusiasmo que en sus juveniles años, trabaja de continuo, dando al mundo una vez más el sublime espectáculo de una inteligencia y un corazón eternamente jóvenes en una cabeza que han cubierto de nieve los años y en un cuerpo al que en vano intentan robar vigor. LUIS CÁNOVAS.

Vamos a terminar con un fragmento de la biografía del poeta, que compuso Marciano Zurita Rodríguez; en él habla de la finca veintitrés años después de la muerte de D. Ramón.

La Ilustración Española y Americana, 15 de febrero de 1901. Entierro de Campoamor.

«Matamoros»,  la finca magnífica, tendida junto al Mediterráneo, entre Torrevieja y San Pedro de Pinatar. Allí pasaba el insigne escritor buena parte del año dirigiendo el cultivo de la tierra y las plantaciones de árboles. Cuando nosotros, en el verano de 1924, visitamos lo que fue refugio, recreo y descanso de Campoamor, pudimos darnos cuenta de algunas cosas que nos causaron verdadera pesadumbre. La finca estaba asolada. Ya no se denominaba «Matamoros» sino «Campoamor».

Este respetuoso homenaje a la memoria de su glorioso propietario nos pareció muy oportuno. En cambio, nos produjo hondo pesar saber que la finca había sido vendida el año anterior en noventa mil duros a don Joaquín Amor y don Pascual del Baño y que los nuevos dueños habían sacado, solamente de la corta de pinos, ciento sesenta mil pesetas. Recorrimos el antiguo palacio, convertido hoy en casa de labor, con una plebeya teatralidad de aperos y de abonos.

Casa principal de la finca de Matamoros. 1913. Colección Sala Aniorte.
La casa de Campoamor en la actualidad. Fotografía José Córdoba.

Buscábamos algún recuerdo que nos hablase íntimamente de Campoamor, y ¡qué pocos pudimos encontrar! Lo que mejor se conservaba era el despacho del poeta, en el ángulo oriental, con dos balcones claros y luminosos que beben la roja lumbre del sol del Mediodía y el azul marino de Levante.

Sobre la mesa en que Campoamor escribía sus maravillosas doloras, había un cartapacio de piel descolorida, un escarabajo de hierro, un aparato de cristal con brújula, termómetro, reloj de sol y calendario perpetuo; un timbre de metal oxidado; un tintero de porcelana lleno de mellas; dos ceniceros de asta, y una plegadera en forma de suela de chapín con tacón Imperio, en la que, bajo la corona real de España, aparecía una flor de lis y en ella escrito un nombre egregio: «Isabel de Borbón».

La biblioteca había desaparecido totalmente y la habitación que ocupara era entonces capilla. Me aseguraron que los libros habían sido llevados a un desván de El Pilar de la Horadada, de donde fueron desapareciendo poco a poco. La vida que Campoamor hacía en «Matamoros» era por demás plácida y sosegada.

Levantábase al amanecer y bien solo o ya en compañía de su esposa, daba un largo paseo por la finca, que tenía treinta y cinco mil tahullas cultivadas y una extensión de cuatro leguas en contorno. Examinaba los trabajos que hacían los labriegos, conversaba amistosamente con éstos, y a las diez se recogía en la casa, donde trabajaba hasta las doce.

Dehesa de Campoamor. Puente de la Glea.

Después de almorzar dormía, según costumbre, una dilatada siesta, y a eso de las cuatro, en primavera y en otoño, y a las cinco o las seis en verano, daba un nuevo paseo o bien ordenaba que enganchasen la tartana e iba a El Pilar de la Horadada a platicar con el cura, o a Torrevieja. También iba de vez en cuando a San Pedro del Pinatar, especialmente durante las temporadas que allí pasaba el eminente tribuno don Emilio Castelar, amigo íntimo del poeta. Anochecido, éste volvía a la finca, cenaba, leía los periódicos y se acostaba entre diez y diez y media.

Orihuela. Dehesa de Campoamor. Edita A. Subirats Casanovas, Valencia. 1.977. Postales Colección Jesús R. Tejuelo.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Las Riadas. J. Rufino Gea.

«Las inundaciones en España. Los habitantes de la llanura huyendo hacia Orihuela buscando refugio». 

Del Archivo de Orihuela. Las Riadas.

El día 28 del pasado noviembre se reprodujo en  esta ciudad la piadosa ceremonia, tantas veces practicada, de conducir la Virgen de Monserrate al puente y arrojar al río el precioso ramo de nuestra excelsa Patrona para que librase la población y la huerta de la inundación que las amenazaba.

Desgraciadamente la impetuosa avenida había socavado ya las márgenes del río, y derrumbándolas al día siguiente, y saltando por encima de ellas en algunos parajes, sembró, como otras tantas veces, la desolación, la ruina y el hambre por las frondosas huertas oriolanas. Veinte días después el río Segura se desbordaba de nuevo, y no hallando ya cosechas que destruir, se desparrama por la vega aumentando las angustias y tribulaciones de los desgraciados labradores que no han tenido tiempo de guarecerse en la ciudad.

Aquella piadosa ceremonia se practicó también al ocurrir la formidable riada del día de Santa Teresa de 1879; pero el origen de arrojar al Segura el ramo de Nuestra Señora no es tan remoto como generalmente se cree. Es más: no era la Virgen de Monserrate la tutelar de Orihuela y su huerta contra esos dolorosos desastres, sino el glorioso taumaturgo San Gregorio.

Su día fue declarado festivo por el Consejo en todo el territorio de la ciudad, y tanto este día como el primer miércoles de cada mes, que le estaba igualmente consagrado, a nadie le era permitido trabajar sin incurrir en multas o en cárcel. Cuando el Segura amenazaba desbordarse, invitaba el Consejo al Obispo, al Cabildo, a las parroquias, a las comunidades religiosas y al pueblo para hacer deprecaciones al Santo, a fin de templar la ira de Dios.

San Gregorio imaginado por Montesinos. Archivo Caja Rural Central. Copia digital en el Archivo Histórico de Orihuela.

Sus favores fueron tan acreditados y frecuentes, que en 1600 le erigió la ciudad el monasterio de su nombre, lo pobló rápidamente de frailes, le otorgó pensiones y rentas y premió con un donativo de ochenta libras moneda a uno de sus legos que consiguió librar las cosechas de una terrible plaga de langosta con sólo conjurar los campos y rociarles con el agua milagrosa del pozo del convento. Las circunstancias en que la Virgen de Monserrate substituyó a San Gregorio en aquella preeminencia tutelar y bienhechora fueron harto crueles y desdichadas para todos loa oriolanos.

Dibujo de Joseph Montesinos en 1794. Archivo Caja Rural Central. Copia digital en el Archivo Histórico de Orihuela.

El año 1672 vino al mundo acompañado de lluvias tan copiosas y frecuentes, que casi todo el mes de enero transcurrió en perpetua rogativa. El día tres ya había dispuesto el Consejo que se sacara a San Gregorio en procesión al río, con la solemnidad y acompañamiento de costumbre y precedido de seis nobles caballeros con antorchas blancas; pero sucedió que las lluvias continuaron, el Segura creció, rompió los frágiles costones que aprisionaban las turbias aguas y por espacio de varios días esparció en la ciudad y en la vega la desolación y la muerte, arrasándolo todo con empuje tan extraordinario, que hasta el propio convento de San Gregorio quedó amenazando derrumbarse sobre sus cimientos.

879. Orihuela, riada de Santa Teresa. «La Ilustración española y americana», núm. 40.

Aún continuaban los horrores de esta catástrofe memorable, cuando en los primeros días de marzo empezó el río a crecer de nuevo. El hambre acosaba ya a los vecinos; el trigo del Pósito se había agotado totalmente con los donativos hechos al pueblo y a los conventos.

Los emisarios que habían sido enviados a buscarlo en otras regiones, regresaron atemorizados sin traerlo por no poder atravesar la rambla de Benferri, ya desbordada; dolorosos ayes de angustia voces clamorosas y deprecaciones y congojas infinitas, daban a la ciudad y a la huerta el fúnebre aspecto de un duelo universal inextinguible.

No pudiendo salir la procesión de San Gregorio, cuyos frailes se habían refugiado en otros monasterios, se acudió a la Virgen de Gracia y se la colocó en un altar improvisado encima del puente; mas el río siguió creciendo. Entonces el Consejo se reunió en sesión extraordinaria el 7 de marzo y tras largo debate, acordó: Que se saque en procesión y se conduzca a la Santa Iglesia Catedral la Virgen María de Monserrate, para que esté allí con la decencia y lucimiento que se requiere, se envíe toda la cera blanca que sea necesaria.

Que la Virgen sea, colocada en el altar mayor, donde está el Santísimo Sacramento de manifiesto; que se pase recado al señor obispo y cabildo para que las parroquias y conventos, por seis días, vayan a hacer deprecaciones al Santísimo y a la Virgen, y que todos los días se diga misa cantada y sermón, a las cuales asistirá la Ciudad, pagando de sus rentas lo necesario para templar la ira de Dios.

El milagro del ramo. Grabado siglo XIX.

Aquella misma tarde, al atravesar el puente la procesión, detúvose a la Virgen junto al río, y mientras el pueblo en masa coreaba a grandes voces la letanía que cantaban el obispo, los canónigos y los frailes, tuvo quizás el ilustrísimo D. José Bargés la feliz inspiración de arrojar sobre las encrespadas aguas del Segura el ramo de la Virgen, y esta señal de santa alianza entre el pueblo de Orihuela y su amada Patrona salvó por aquella vez la vega de otro desastre, quedando por ello, y desde entonces, transmitida a la Virgen de Monserrate la supremacía tutelar con que hasta el año 1672 glorificaron los oriolanos al taumaturgo San Gregorio.

Orihuela. Ceremonia del ramo de la virgen en el Puente Viejo.

Ya no volvió a invocarse al Santo en las riadas sucesivas. Su culto declinó; sus frailes desaparecieron; su amplio convento se transformó en almacenes, tabernas y sucio matadero municipal; y el río Segura, cuyos desbordamientos contuvo tantas veces (según rezan los papeles de nuestro Archivo) continuó de tiempo en tiempo, y sigue todavía, o destruyendo con sus avenidas las cosechas de la huerta, o no dejando que la fecundidad de su suelo se manifieste exuberante y remuneradora por causa de las frecuentes sequías; porque como al hacer rogativas para que llueva o para que las riadas no arrasen la vega, el provechoso rogar a Dios no va acompañado de útiles golpes de mazo, tendrá perpetuamente caracteres de actualidad la profecía que San Vicente Ferrer hizo en su visito a los oriolanos, el cual, teniendo en cuenta nuestra proverbial desidia y señalando al río y a la huerta, dicen que pronunció estas fatídicas palabras: — Este lobo se comerá a esa oveja.

Vicente Ferrer.

Pinchando sobre la imagen de Vicente Ferrer se accede a otro artículo que amplía el mismo tema. Lo escribí hace tiempo.

J. RUFINO GEA. Cronista honorario de la ciudad de Orihuela. Diciembre de 1916.

Transcripción Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)

Jesuitas en Santo Domingo. (1868-1873).

Santo Domingo. Grabado de 1860.

El regreso de los jesuitas a Orihuela.

Exclaustrados los dominicos en 1836, su impresionante edificio quedó en manos del Estado hasta que fue cedido al Obispado de Orihuela. Concretamente a Pedro María Cubero y López de Padilla, en marzo de 1864.

Pedro María Cubero López de Padilla

Desde su nombramiento como prelado oriolano en 1859, Cubero proyectaba abrir un centro de segunda enseñanza en la capital de su diócesis. Es por ello que, inmediatamente, solicitó el edificio de los predicadores para tal menester. Pero no quería un colegio de jesuitas. A don Pedro le inspiraban poca confianza los hijos de San Ignacio y prefería a los escolapios de San José de Calasanz.

La Paz. 18 de octubre de 1859: Parece que el Ilmo. Sr. Obispo de Orihuela ha sido autorizado a instancias suyas, para crear un colegio de PP. Escolapios en el notable edificio que ocupaban en Orihuela los extinguidos monjes de la orden de Predicadores.

Hay constancia de unas obras de reparación aprobadas en 1862 y terminadas en el verano de 1863; poco antes de la teórica cesión.

La Correspondencia de España. 9 de octubre de 1862: Se ha recibido en Alicante, aprobado por la superioridad, el presupuesto formado para llevar a cabo las obras de reparación del convento de Santo Domingo de Orihuela, que encierra tanta belleza artística, siendo también el edificio por sí mismo una verdadera joya del arte.

El Pensamiento español. 7 de noviembre de 1862: Ha sido aprobado por la superioridad el presupuesto formado para llevar a cabo las obras de reparación del magnífico edificio que fue convento de Santo Domingo de Orihuela, hoy destinado a biblioteca y museo, visitado por los reyes a su paso por aquella ciudad. La suma que se destina a aquel objeto asciende a 32.000 reales, debiendo salir inmediatamente a licitación pública las obras proyectadas.

La Correspondencia de España. 16 de agosto de 1863: Ya se han terminado las obras de reparación que se estaban ejecutando en el ex-convento de  Santo Domingo de Orihuela, donde se hallan establecidos el museo y la biblioteca provincial.

Pero la entrega real y definitva se retrasó hasta octubre de 1867. Y fueron jesuitas los escogidos para retomar la educación en Orihuela cuando casualmente se cumplían cien años de su expulsión, en 1767.

En su monumental trabajo sobre la Compañía de Jesús en la Historia Contemporánea, Manuel Revuelta atribuye la decisión de Cubero a la influencia de la familia Roca de Togores y a las dudas de los escolapios ante un proyecto de tal envergadura.

El imparcial. 21 de diciembre de 1867: La Revista comercial de Alicante ha oído decir que se piensa establecer una comunidad de jesuitas en el ex-convento de Santo Domingo de Orihuela.

La España. 9 de abril de 1868: En la última sesión celebrada por la junta de Obras públicas de la provincia de Alicante, se informó favorablemente el proyecto de reparación del exconvento de Santo Domingo de Orihuela.

La Correspondencia de España 15 de julio de 1868: Se ha pedido al señor rector de la universidad literaria de Valencia autorización para establecer en la ciudad de Orihuela un colegio de segunda enseñanza dirigido por padres jesuitas, para cuyo planteamiento solo falta, según parece, llenar las formalidades del expediente.

En la primavera de 1868, tras varios tira y afloja, la junta provincial autorizó las reformas pertinentes y el prelado puso en marcha un colegio de jesuitas en el edificio de Santo Domingo bajo la advocación de San Estanislao de Kotska.

A pesar de las reservas iniciales, Cubero hizo buenas migas con los hijos de San Ignacio; y con mucha ilusión se dedicaron a preparar el primer curso en el nuevo colegio. A mediados de septiembre abrieron las aulas con docena y media de internos y más de un centenar de alumnos externos.

La Paz. 30 de julio de 1868: Desde Orihuela. Están para terminar las obras que el Excmo. e Ilmo. Señor obispo de esta diócesis, con el entusiasmo que le es tan propio y en fuerza al amor a las ciencias y a las artes que tanto le caracteriza, emprendió, hace algún tiempo en el edificio, convento que fue de Santo Domingo y universidad literaria de la ciudad de Orihuela, con el objeto de prepararlo para un colegio de segunda enseñanza.

En su consecuencia, la instalación de este, bajo la dirección de padres jesuitas y con el nombre de Colegio de San Estanislao, tendrá lugar, Dios mediante, en el próximo año literario; y serán admitidos en él, no solo alumnos internos con sujeción al reglamento impreso que se ha principiado ya a circular, sino también externos.

Aún estaban organizando las primeras clases cuando «la Gloriosa» se llevó por delante a Isabel II y a la Compañía de Jesús. La orden para disolver el colegio llegó de la capital y los jesuitas se marcharon pacíficamente por orden de la junta provincial, con gran disgusto de la población.

Hay que tener en cuenta que los liberales y republicanos locales eran minoría. En Alicante, provincia con clara mayoría republicana, se decía que Orihuela era «el pueblo más levítico de España, el más carlista y guarida de jesuitas».

La Paz. 3 de octubre de 1868: La Junta revolucionaria interina de Alicante ha acordado pasar una comunicación a la Junta revolucionaria de Orihuela para que disuelva desde luego el colegio establecido en aquella ciudad con el nombre de San Estanislao, mandando que en el término de 24 horas salgan de la provincia los padres Jesuitas que en él se encuentran.

Dentro de una fuerte campaña anticlerical, el 12 de octubre de 1868 el Ministerio de Gracia y Justicia ordenó la supresión de la Compañía de Jesús, cerrando definitivamente todos sus centros y colegios. Desde ese momento, los individuos de dicha orden no dependían de sus antiguos superiores y no podían volver a reunirse en cuerpo ni comunidad; ni siquiera usar el hábito.

Despojado de sus profesores, el obispo se vio obligado a entregar el edificio a un delegado del gobierno; y no me creo que su actitud fuese tan benevolente como asegura la siguiente noticia.

 La Correspondencia de España. 8 de febrero de 1869: Con la conducta de la mayor parte de los obispos y los cabildos, forma contraste la del señor obispo de Orihuela que ha prestado un gran servicio a las letras. Apenas se presentó el comisionado del gobierno para la incautación, lo recibió con aquella benevolencia propia de los patriarcas, le manifestó que obedecía con gusto las órdenes del ministro de Fomento, le entregó la biblioteca, y aún le indicó que visitase la del seminario.

El comisionado, que era el Sr. García Aguado, le contestó que el propósito del gobierno era solamente facilitar el uso público de la riqueza literaria; que las bibliotecas de los seminarios estaban exceptuadas de la incautación porque eran útiles a los estudiantes y públicas en muchos puntos, y que no se trataba de arrancar de las provincias, en beneficio de Madrid toda esta riqueza, sino de distribuirla convenientemente para bien de todos, de manera que la biblioteca episcopal de Orihuela sería probablemente agregada a la pública de la misma ciudad. Así es la verdad: a Madrid solo vendrán aquellos objetos que puedan considerarse como nacionales, quedando en las provincias todo lo demás.

La revolución había suprimido la Compañía; pero no expulsado a sus miembros. Estos se fueron recolocando de manera discreta, organizándose en pequeños grupos. Y muchos volvieron a la enseñanza, ocupación donde tenían experiencia y prestigio.

Cuando el obispo retomó el proyecto volvió a pensar en los escolapios. Pero al enterarse de que algunos jesuitas planeaban abrir un centro educativo en Alicante que podría hacerle la competencia, los volvió a llamar para que se encargaran de su colegio en Orihuela.

Regresaron gustosos en 1872; el mismo año que comenzaba la III Guerra Carlista. La comunidad de jesuitas encubiertos estaba compuesta por dieciséis individuos: cinco sacerdotes, cinco profesores licenciados en Filosofía y media docena coadjutores dedicados a tareas auxiliares.

El curso se inició puntualmente el lunes 16 de septiembre como colegio episcopal con el nombre de Santo Domingo. Y se desarrolló con relativa normalidad, contando de nuevo con el apoyo y cariño de la sociedad oriolana, que veneraba a los jesuitas.

El turbulento año de 1873 en Orihuela.

Sátira Amadeo de Saboya.

El 11 de febrero de 1873, cansado de soportar a sus nuevos súbditos, Amadeo de Saboya abandonaba España. Inmediatamente se dio por hecho que su abdicación significaba la proclamación de la República.

Al día siguiente se reunía de urgencia el Ayuntamiento de Orihuela para dar lectura a un telegrama del gobernador recibido a la una de la madrugada. En él les anunciaba la renuncia del rey, la proclamación de la República y el listado de ministros que componían la flamante asamblea soberana; exigiendo encarecidamente que mantuviesen el orden en la población.

Recibida la noticia, acordaron informar a los oriolanos publicando bandos y edictos; convocaron a la banda municipal para una cívica celebración; retiraron el cuadro de Amadeo del salón de sesiones y colgaron en los balcones la bandera republicana.

Eran momentos muy complicados en los que Orihuela vivía bajo la amenaza directa de las partidas carlistas. Sus incursiones paramilitares provocaban saqueos y violentos ataques, especialmente contra liberales y republicanos, que se sentían indefensos.

El Constitucional. 15 de febrero de 1873: Anteayer fue vilmente asesinado en Orihuela, como dijimos en nuestro número de ayer por las turbas carlistas, el consecuente liberal D. Antonio Gutiérrez, concejal elegido por el sufragio universal. El desgraciado recibió un balazo en el pecho que lo dejó muerto en el acto, regando el suelo con sangre liberal.

El Constitucional. 20 de febrero de 1873: Ayer, según tenemos entendido, llegó a esta capital una comisión de verdaderos republicanos de Orihuela a manifestar que, para resistir a los carlistas era indispensable que proporcionen armas a los republicanos y liberales de siempre, pues de lo contrario aquella populosa ciudad está vendida, a consecuencia de haberse repartido doscientos cuarenta fusiles entre los más decididos partidarios del carlismo.

La Paz. 21 de febrero de 1873: Sabemos que el señor gobernador civil de la provincia de Alicante ha dirigido al alcalde de Orihuela el siguiente telegrama: Gobernador a alcalde: Enterado de su telegrama. Dé V. las gracias en nombre del gobierno a todas las autoridades que han contribuido con sus esfuerzos a rechazar las partidas carlistas. He puesto en conocimiento del gobierno ese suceso que tanto enaltece a los liberales de Orihuela y le encarezco la necesidad de que se proporcione a ese vecindario armas para su defensa.

Propaganda anti carlista.

Durante el año 1873, una partida carlista formada por entre 300 y 600 hombres a las órdenes de Joaquín Aznar se movió libremente por la provincia. En Orihuela contaban con muchos partidarios; principalmente en la huerta; donde encontraban auxilio en forma de armas, víveres, dinero y muchas veces con voluntarios que se unían a la facción.  Los fusiles que el gobierno repartía entre los liberales, acababan muchas veces en manos de los rebeldes.

El Constitucional. 3 de abril de 1873: Según nos escriben de Orihuela ha sido asesinado, recibiendo un trabucazo, el consecuente liberal D. Luciano Vinal y también ha sido herido su hijo. Esta hazaña de los carlistas ha tenido lugar apenas ha salido de aquella ciudad la Guardia civil que la guarnecía.

La Paz. 5 de abril de 1873: Sabiendo las autoridades de Orihuela que de los 400 fusiles entregados a los voluntarios había desaparecido una gran parte, dispusieron anteayer un reconocimiento, del cual no aparecieron más que 70 fusiles.

El Gobierno ha  dispuesto que se remitan a Orihuela otros 200; con encargo especialísimo de que sólo sean entregados a las personas de cuyos antecedentes liberales y honrados no pueda dudarse. Suponemos que los 330 fusiles que faltaban estarán ya en poder de los carlistas.

A mediados de junio se supo que otro centenar de oriolanos se habían incorporado a una partida carlista; y que esta había sido dispersada por los voluntarios de la República con ayuda de la Guardia Civil. Hicieron catorce prisioneros que, en su huida, arrojaron boinas, municiones y cananas.

Tal era el grado de aceptación del carlismo en Orihuela que las autoridades pidieron ayuda al Ejército, temiendo que el pueblo intentase liberar a los guerrilleros cautivos.

El 14 de julio se proclamó la independencia del Cantón Murciano. Cartagena era el núcleo del federalismo en España y su ayuntamiento fue sustituido por una junta revolucionaria. El Regimiento de Iberia, los Cazadores de Mendigorría y otros jefes militares se unieron al famoso revolucionario Antonio Gálvez.

Sátira de la I República. Pi y Margall presidente.

El Gobierno. 28 de julio de 1873: El alcalde de Orihuela dice con referencia a viajeros llegados a Murcia, que en Monteagudo hay sobre 300 insurrectos con dos piezas de artillería, esperando mayores fuerzas para caer sobre Orihuela.

El Constitucional. 29 de julio de 1873:  Anteanoche salieron de esta capital (Alicante) a las órdenes del brigadier gobernador militar de la provincia, fuerzas de infantería, carabineros y guardia civil en dirección a Orihuela, hacia cuya ciudad pensaba dirigirse, según se dijo, Antoñete Gálvez con una columna de insurrectos de Cartagena.

Es de suponer que, en vista de la actitud en que se han colocado los habitantes de aquella ciudad, y del auxilio que les lleva la autoridad militar, las fuerzas invasoras del cantón murciano, mudarán de propósito pues parece que no quedaron muy satisfechas del recibimiento que se les hizo en Lorca, de donde fueron rechazadas con justa indignación. No creemos que los cantones federales que tengan el derecho de exigir socorros pecuniarios con las armas en la mano, de las provincias limítrofes.

Ayer mañana salió el inspector de vigilancia con dirección a Orihuela, en donde parece que se ha recobrado la tranquilidad, pues Antoñete Gálvez, no se ha dirigido a aquella ciudad.

Esta última información era errónea. Si Orihuela no tenían suficiente con contener a los carlistas, los cantonalistas cartageneros pusieron también sus ojos en la fértil huerta del Segura y atacaron por sorpresa. La situación era completamente caótica. Os dejo dos narraciones de aquel acto de rapiña: la gubernamental, en los partes telegráficos; y la de los revolucionarios cantonales, en su diario oficial.

El Cantón Murciano. 30 de julio de 1873: En Orihuela parece que se han reconcentrado algunos guardias civiles. Si es para encargarse del servicio de su instituto, las autoridades del cantón serán gustosos que lo recorran; pero si se presentan en son de guerra, el cantón murciano que todavía no ha visto derramar la sangre de ninguno de sus hijos, se verá en la triste necesidad de expulsarlos o rendirles a obediencia.

La Paz. 31 de julio de 1873: Decía «El Cantón Murciano» de ayer: A las doce de esta noche pasada, salió de Cartagena una expedición militar importantísima de la que recibiremos noticias en breve. Dispuestos a rectificar en cualquier inexactitud, añadiremos que esa expedición se hallaba en la madrugada de ayer en Orihuela, donde sorprendió a la Guardia Civil, con cuya fuerza trabó lucha en la que tomó parte la artillería resultando muertos y heridos de ambas partes, afortunadamente en escaso número.

El grueso de la fuerza de la Guardia Civil, mandada por el Gobernador Militar de Alicante, Sr. Ruiz Piñero, logró retirarse, no pudiendo hacer lo mismo el corto número de los de caballería que se hallaban en la posada de Pisana, que fueron hechos prisioneros por la fuerza de Gálvez. De Murcia salió también ayer mañana una columna con los cañones, pero según nos aseguran, no pasaron de la Aparecida. En Orihuela fue, según se dice, reinstaurada la junta revolucionaria.

Posada de Pizana. Colección Javier Sánchez Portas.

La Independencia Española. 31 de julio de 1873: Alicante. He aquí los partes oficiales del ataque a Orihuela: 30 (10 mañana). Gobernador delegado a ministro Gobernación. Según noticias telegrafista de Orihuela, llegadas fuerzas insurrectas, tropa línea con artillería de Cartagena. Colisión con Guardia civil. Cada uno sostiene sus puestos. Hace un rato suspendióse fuego. Hay algunos heridos. Autoridad militar y yo procuramos enviar refuerzos.

Estoy estación telegráfica. 30 (11,25 mañana). El delegado del gobierno civil en Orihuela, en telegrama de las 10,50 mañana dice lo siguiente: «No habiendo puesto el alcalde las avanzadas que se le habían ordenado, una fuerza de 800 soldados se ha presentado en la plaza de la Constitución (la Plaza Nueva), tomando las posiciones más importantes.

La plaza de la Constitución o Plaza Nueva en el XIX.

La Guardia civil, que ha sabido por mí la novedad y que estaba alojada, no ha podido reunirse más que en número de unos 70 hombres, los que se han batido como leones, si bien hemos tenido que ceder ante el número y posición ventajosa del enemigo; pero haciendo esfuerzos supremos he podido poner este telegrama.

Ha cesado el fuego; puedo asegurarle la muerte de un soldado y otro herido y algunos guardias. Ignoro el paradero del brigadier y de la mayor parte de la Guardia, que en retirada se habían posesionado de las posadas. La caballería, sorprendida en la posada, no ha tomado parte. Inmensa la responsabilidad que pesa sobre el alcalde. Noticias telegráficas de Orihuela, y que no las garantizo, según me han dicho, brigadier ha salido por la carretera de esa.

Me han dicho que la caballería ha sido desarmada. Unos cuantos guardias han huido, otros escondidos y otros prisioneros. No respondo de la exactitud de todo esto. Necesitamos refuerzos con urgencia, y solo quedan 100 hombres en plaza y castillo.»

El Cantón Murciano. 1 de agosto de 1873: ORIHUELA . Lo avanzado de la hora en que ayer hizo su entrada en ésta la columna expedicionaria que cayó sobre Orihuela la mañana del 30, nos impidió reseñar el brillante comportamiento de los soldados y voluntarios ante la resistencia que desde el primer momento encontraron de la guardia civil.

Había citada una compañía de voluntarios de Murcia en la estación del ferrocarril, distante de Orihuela más de dos horas, y reunidas las fuerzas de Iberia y parte de Mendigorria, dirigidas por Pernas, Carreras y Real, todas al mando de Antonio Gálvez, se presentaron en el pueblo a las cinco y media de la mañana, encontrando unos 180 guardias civiles a punto de formarse en la plaza, algunos otros en varias casas y unos 40 carabineros de caballería en completo descuido.

Las fuerzas federales entraron llevando a su cabeza a la compañía de voluntarios de Murcia, que lo solicitó con empeño y mandaba un cuñado de Gálvez, y detrás el regimiento Iberia, dirigiéndose por otro extremo las dos compañías de Mendigorria al mando de su jefe, ciudadano del Real. No bien observaron los carabineros la llegada de fuerzas y comprendieron su importancia, en vez de acudir en busca de sus caballos, adoptaron aptitud pacífica gritando: ¡todos somos unos! y el capitán expresó que se entregaba voluntariamente.

Seguía avanzando la columna y a la vista del grupo de guardia civil, el Brigadier Piñeiro, gobernador militar de Alicante, jefe de las fuerzas centralistas, dio la voz de fuego, que encontró mucha vacilación en los primeros momentos, pero que al fin fue obedecida.

Entonces los valientes voluntarios rompieron el suyo y con los soldados se arrojaron denodadamente sobre la plaza, donde se produjo una dispersión no del todo desordenada, puesto que aun pudieron reunirse unos 130 en los primeros pasos de la carretera de Alicante, merced a la ligereza de sus maniobras, sostenidas por el empeñado fuego que hacían desde cada esquina y barraca de las que cruzaban en su retirada.

Al brigadier Piñeiro le agarró por la faja un cabo del ejército federal metiendo el brazo por una ventana baja; éste le disparó su revólver y el cabo mencionado le soltó; viéndose ileso apuntó con su carabina y falló el tiro; aún le hizo otro disparo; estaba distante sin ros ni espada, refugiándose en el grupo de guardias que lejos ya del pueblo, le montaron en una burra blanca.

Un guardia a quien del Real suplicó se entregase prometiéndole cariño, contestó descargando su fusil, cuya bala rozó la cabeza de Real, por lo que un soldado que acudió, le mató instantáneamente de un tiro a poca distancia. Dicho jefe contribuyó mucho a que sus soldados no se ensañaran en los fugitivos que se negaban a entregarse, por lo que se hicieron sólo unos 14 guardias prisioneros entre ellos un oficial, además de los 40 carabineros con sus caballos entregados.

Hubo sin embargo que deplorar la desgracia de cinco guardias muertos y nueve heridos, teniendo los federales un soldado muerto, dos heridos (uno gravemente en el pecho y otro en el brazo que le fue amputado) y ademas recibió una grave herida en un muslo el capitán de voluntarios, cuñado de Gálvez.

Dos compañías federales que había en Monteagudo acudieron tarde a la estación y se decidieron a acercarse al pueblo cuando supieron el resultado. Los voluntarios de Murcia causaron admiración al ejército por su arrojo, y los soldados brillaron en su competencia con los famosos hortelanos. Los jefes y oficiales ganaron  en valor a todos, y su dirección inteligente hubiese completado el éxito al haber conocido el terreno.

Concluida la misión, el ex-coronel Pernas dirigió el siguiente telegrama a la estación de Alicante: El coronel Pernas al ministro de la Guerra. Tomado Orihuela. En mi poder 20 caballos de Guardia Civil y carabineros con sus jinetes y armas, e incluso el caballo del brigadier y el de su hijo; además 15 guardias, de Infantería; varios muertos y heridos. Mi fuerza entusiasmada. Tres cuartos de hora de fuego. Marcho sobre Alicante.

Pero en Alicante le esperaban un gran contingente de tropas, por lo que se dio la vuelta en Albatera y, tras recaudar diez mil duros entre los oriolanos, regresó a Cartagena.

Con el ayuntamiento a la fuga, se hizo cargo del gobierno municipal una junta revolucionaria hasta que el delegado del Gobernador Civil pudo nombrar a un grupo de “personas de orden” de distintas procedencias políticas. El 17 de agosto suspendió a los antiguos concejales, acusados de alteración del orden público y abandono de sus obligaciones. Y nombró un ayuntamiento provisional encabezado por Federico Agrasot. Un consistorio que, como podemos comprobar, no podía ni pagar ni a los maestros.

El magisterio español. 10 de septiembre de 1873: Cierre de escuelas. Los maestros de ambos sexos de la ciudad de Orihuela han cerrado las escuelas por no poder continuar desempeñando sus funciones sin comer, y han dirigido una exposición a las autoridades participándoles del hecho y la causa de tal resolución.

Orihuela en 1862. Colección Javier Sánchez Portas.

El 17 de septiembre, después de saquear Granja de Rocamora y Cox, donde quemaron el registro civil, una partida carlista aterrorizaba de nuevo a Orihuela inutilizando previamente el telégrafo para incomunicarlos. Ante aquella nueva amenaza, un destacamento del Ejército, que por entonces sitiaba Cartagena, tuvo que acudir para ponerlos en fuga.

La Paz. 20 de septiembre de 1873: Ayer corrió la noticia de que había empeñada lucha entre fuerzas carlistas y liberales hacia el campo de la Matanza, donde se aseguraba se oía fuego, indicándose algunos detalles más, sin duda forjados por desocupados. Anoche fue desmentida oficialmente esa noticia por telegrama del alcalde de Orihuela.

La ayuda llegó tarde. Los carlistas se colaron de nuevo hasta la cocina con el apoyo de sus numerosos partidarios locales. Y cargaron bien sus alforjas. Demasiadas pulgas para un solo perro.

Partida Carlista. Pintura de Ferrer Dalmau

El Constitucional. 27 Setiembre 1873: Orihuela. A las cinco y media de la mañana de hoy, han entrado en esta las dos partidas carlistas de Rico y Aznar sin disparar un tiro y apoderándose en el acto de la casa de ayuntamiento. En esta ocasión ha sucedido lo mismo que en la entrada de Toñete y en la primera de Aznar; sorpresa y pura sorpresa a pesar de estar gravando el presupuesto con las dietas de la gente movilizada que tiene el ayuntamiento para solo alarmar al vecindario: pues en cuanto llega el momento preciso se eclipsan y no se encuentran por ninguna parte.

Como tienen tantas simpatías en esta localidad las ideas que defienden ambos cabecillas, tan luego se apercibieron de que estaban aquí los carlistas, hubo repique general de campanas, música por las calles tocando la marcha real en medio de las demostraciones más entusiastas de sus innumerables partidarios y algún que otro muera escapado de recalcitrantes que se avenían mal al propósito de los más de que no hubiese ningún insulto.

Por lo demás, fuera de tres carros de cajones de tabaco y 12.000 reales que han tomado de la Administración de Rentas; 10.000 reales y el secuestro del cobrador de Contribuciones; 3.000 reales del Registro de la propiedad; 20 caballos de particulares; 71 mantas morellana y la quema del registro Civil, la de todos los documentos y antecedentes del reparto para cubrir el déficit Municipal con algún que otro efecto de la casa Ayuntamiento.

Más bien parecía que el vecindario se disponía a presenciar una gran fiesta o torneo que la entrada de una facción en son de guerra según el semblante jovial con que discurrían por la población desde la más encopetada señora, hasta la más humilde trapera.

En fin, ha sido un gran día de jolgorio para los carlistas, si no se les hubiera aguado en lo mejor de su entusiasmo, con la noticia de que venía fuerza en su persecución; lo cual les ha obligado a marcharse a las diez y media, llevándose sobre 150 hombres que se le han unido aquí.

Como dato para la historia no quiero dejar de decirle que de los liberales de pega que nos ingirió el partido radical en su paso por el poder, sobre 15 de ellos se han ido con la partida, siendo lo más notable que el municipal del Alcalde Radical D. Félix Lafuente que se dice, fue el que hirió a D. Antonio Gutiérrez, consecuente y antiguo liberal, ha sido el primero que ha soltado la máscara liberal con que le adornaron los radicales de aquí y se ha marchado con la partida, después de romper en casa del escribano la causa que se le formó por aquel delito, y de robarle a D. Carlos Coy el caballo.

La expulsión. Noviembre de 1873.

Cuando comenzó el curso de 1873 en el Colegio de Santo Domingo la situación de España era completamente caótica. A las guerras carlistas y coloniales se habían unido las cantonales. Alicante había sido bombardeada por barcos del cantón de Cartagena y Orihuela saqueada dos veces en menos de dos meses.

Manicomio Nacional. Sátira 1873.

Tras los ataques de cantonalistas y carlistas, el gobernador había ordenado mantener vigilancia constante en los puntos más elevados durante el día, y avanzadas de noche, con peatones dispuestos para el momento en que avistasen la aproximación de fuerzas carlistas. Y dado el caso, armar a la población para que se hiciesen fuertes en el edificio que les pareciese más seguro hasta la llegada de las tropas de la República.  

Como ya he dicho varias veces, Orihuela era una ciudad profundamente carlista en una provincia mayoritariamente republicana. Recordemos que, el propio Carlos, primer pretendiente tradicionalista, había costeado un convento de salesas sobre el solar del colegio de los jesuitas expulsados. Y sin embargo, el diputado por Orihuela era el comerciante alicantino Juan Maisonnave, miembro del Partido Republicano Democrático Federal, fundado por su hermano Eleuterio Maisonnave, ministro de la Gobernación.

El Constitucional. 28 de octubre de 1873: Tenemos entendido que el señor Gobernador de la provincia o algún delegado suyo deben salir de un momento a otro para Orihuela con fuerza de la guardia civil. Según nos han asegurado, el objeto principal de esta visita es activar el cobro de las contribuciones.

El Constitucional. 30 de octubre de 1873: En nombre del Sr. Piñango, nos contesta ayer el periódico semioficial de esta localidad, negando sea cierto que el gobernador de la provincia o un delegado suyo piensen salir con fuerza de la guardia civil para Orihuela. El señor gobernador no ha necesitado ni necesita salir a activar el pago de las contribuciones, porque desde su despacho sabe hacer cumplir las órdenes de la superioridad y a los alcaldes con sus deberes.

Durante la segunda semana de noviembre, un retén de voluntarios de la República estuvo merodeando el colegio, molestando a padres y profesores con la excusa de proteger a la ciudad de cualquier sorpresa carlista.

El día trece alguien denunció a los jesuitas; y el alcalde, que ya no era el que nombró el gobernador en agosto, sino Luis Muñoz, estaba seguro en el ajo. El catorce por la tarde avisó de que no acudiría el retén porque habían llegado a Orihuela fuerzas de la Guardia Civil.

Las dos formas de ver la república enfrentadas.

A partir de aquí vamos a repasar a través de la prensa diez días complicados y poco conocidos en la historia del Colegio de Predicadores; apoyándonos básicamente en dos diarios alicantinos: uno republicano liberal y el otro republicano federal.

El Constitucional. 16 de noviembre de 1873: Última hora: Ayer tuvieron que marchar precipitadamente a Orihuela varios padres de familia a recoger a los niños que tenían en el colegio de jesuitas establecido en dicha ciudad. Según hemos oído decir, se ha mandado cerrar dicho colegio y han sido reducidos a prisión y conducidos a Murcia el director y los profesores; habiendo quedado tan solo uno encargado de entregar los colegiales a sus familias. Se decía anoche que en aquella ciudad había alguna efervescencia a consecuencia de este suceso que ha excitado naturalmente la atención pública.

El 15 de noviembre a la una y media de la madrugada, el alcalde se presentó en el colegio acompañado del delegado de orden público, del secretario del gobernador, setenta guardias civiles y un grupo de voluntarios de la República en lo que parecía ser una redada. La turba armada actuó con nocturnidad para que la ciudad no se enterase de lo que estaba pasando.

La orden de desalojo la traía el secretario del gobernador; pero la voz cantante era la del propio alcalde quien ordenó a los jesuitas que desalojasen el edificio en diez minutos y se subiesen a un coche que les esperaba en la puerta.

A la pregunta de a dónde los llevaban, respondieron: al exilio. Trece de los dieciséis miembros fueron desalojados y conducidos por la fuerza. En el colegio solo quedaron dos coadjutores y un enfermo de tuberculosis en estado terminal.

Llegaron a Murcia a las siete de la mañana y fueron presentados en el Gobierno Civil. El gobernador, ajeno a todo lo ocurrido, telegrafió al Ministerio de la Gobernación pidiendo instrucciones. Allí le contestaron que el destino final de los jesuitas era Cádiz. Probó a colocarlos temporalmente en la residencia del obispo murciano; pero ante la negativa de este a aceptarlos, fueron alojados en casas particulares; quedando en libertad bajo palabra.

El Gobierno. 18 de noviembre de 1873: Por disposición del gobernador de Alicante han sido conducidos a Murcia 13 sacerdotes procedentes del colegio de jesuitas establecido en Orihuela, regresando el que se creyó menos caracterizado entre ellos para estar al cuidado de dicho establecimiento. El gobernador de Murcia dispuso que no fuesen conducidos a la cárcel, sino al palacio del obispo; pero habiéndose negado a ello la autoridad eclesiástica, han sido alojados con todas las precauciones convenientes en algunas casas de particulares que se ofrecieron a responder de su seguridad.

Por la mañana la noticia corrió como la pólvora y muchos oriolanos se congregaron en torno al colegio mostrando su desacuerdo con la expulsión. Algunos padres de alumnos llegaron a viajar a Madrid para protestar por semejante atropello que dejaba a sus hijos sin colegio con el curso empezado.

El Constitucional. 18 de noviembre de 1873: El viernes (14) salió de Alicante para Orihuela el secretario de este gobierno de provincia D. Carmelo Navarro, acompañado del inspector de vigilancia, y llegaron a dicha ciudad ya entrada la noche. A las once se presentaron en el convento donde se halla establecido el colegio, acompañados del alcalde y fuerza de guardia civil, e inmediatamente fueron admitidos en su interior; los guardias se situaron en los claustros, y las autoridades referidas intimaron a los padres jesuitas la orden de prisión: protestaron estos de la violencia y representaron que tenían que devolver y responder a los padres de familia el sagrado depósito de los hijos que les habían confiado, y solicitaron inútilmente que se les permitiese quedar a dos de ellos, custodiados de la manera que se creyese oportuno, durante algunos días a fin de entregar los colegiales a sus parientes y encargados.

La orden era terminante, y a las 12 de la noche salieron en un coche para Murcia, acompañados por el señor secretario y la fuerza pública. Al despertar los niños al día siguiente, fueron entregados por la autoridad local a los encargados o amigos que tenían en Orihuela, habiendo casa que ha alojado 8 y 10 colegiales. No sabemos las causas que han motivado esa detención; pero indudablemente habrán sido graves, dada la forma con que se ha llevado a cabo.

Dícese que se acusa a los jesuitas de tener inteligencias con los carlistas, falta grave en hombres que deben estar y creíamos estaban dedicados exclusivamente a la enseñanza y a la caridad. Orihuela con no tener ese colegio pierde bastante; también pierden bastante los padres de familias que educaban allí sus hijos: por eso repetimos, es más de deplorar que los que tenían la misión de la enseñanza y de la caridad cristiana, se consagrasen a atizar nuestras discordias civiles, si es cierto, que nosotros no lo sabemos, que favorecían la causa carlista.

Al día siguiente de este suceso, es decir el sábado, murió uno de los padres jesuitas que se hallaba en el convento gravemente enfermo. Los que fueron conducidos a Murcia han quedado en clase de detenidos en casas particulares, y ayer se dijo que ya estaban en libertad; pero esto debe ser una equivocación, debida sin duda a no haber sido encarcelados.

El domingo por la noche llegó a Orihuela el prefecto de la orden, a hacerse cargo de lo ocurrido y a arreglar los negocios que dependían de los padres jesuitas. La conducta pública de estos sacerdotes y la manera como se conducían en la población y con los colegiales era digna del mayor elogio: eso hemos oído de labios liberales y por lo tanto nada sospechosos en el asunto de que nos ocupamos.

Colegio de Santo Domingo en 1863. Colección Javier Sánchez Portas.

En Orihuela la indignación fue creciendo alimentada por la prensa, que hizo públicos algunos detalles de crueldad innecesaria; como que uno de los maestros, enfermo de tuberculosis y ya con los santos óleos recibidos, había fallecido ese mismo día. Acusaron de inhumanidad al alcalde y al Gobierno Civil por su comportamiento con aquellos sacerdotes y con los propios niños que despertaron con el colegio desmantelado y sin sus cuidadores. Aun así, «el Constitucional» abrió al principio un margen de duda ante las acusaciones de simpatía con el carlismo. Pero no les pareció oportuno equiparar a estos sacerdotes con los religiosos que empuñaban las armas contra el gobierno.

El Constitucional. 20 de noviembre de 1873: Parece que el alcalde Sr. Muñoz y el delegado del gobernador, trataron a aquellos sacerdotes sin miramientos y que no se guardó con ellos consideración alguna, mientras que por noticias particulares que hemos recibido, y otros datos auténticos, resulta todo lo contrario. También se afirma en ella que el gobernador de esta provincia quiere enviar a dichos sacerdotes a Cádiz y de allí a Ultramar, cosa que en verdad se nos resiste creer.

Reproducir como una aclaración de aquellos hechos la circular insertada el 17 de setiembre en el Boletín Oficial que solo se refiere a los sacerdotes que empuñan las armas en favor de D. Carlos, o que desde el púlpito provocan a la rebelión y a los que predican animadversión al gobierno y a sus representantes, nos parece que es autorizar a que se dude de la razón que sin duda ha asistido a la primera autoridad de la provincia para proceder del modo que lo ha hecho.

Nosotros deploramos que se haya cerrado ese centro de enseñanza, y lo deploramos, por los padres de familia que habían confiado la educación de sus hijos a aquellos sacerdotes, y creemos que si hay pruebas de que esos eclesiásticos conspiraban contra el actual orden de cosas, merecen un severo castigo, pero no acertamos a comprender cómo es que han quedado simplemente arrestados y en libertad de circular por Murcia, hombres a quienes se tienen sin duda por peligrosos.

Anoche oímos decir que el señor ministro de la Gobernación desaprueba la conducta del alcalde de Orihuela, señor Muñoz, en la manera de llevar a cabo la prisión de los jesuitas. No salimos garantes de la verdad de la noticia que solo acogemos como un rumor que no extrañamos, dada la independencia de carácter y rectitud del Señor Maisonnave.

La actuación oriolana se dividió en tres frentes: Por un lado el ayuntamiento envió una comisión a Madrid abogando por los jesuitas; por otro los padres de los alumnos se entrevistaron con el Ministro de Gobernación, el alicantino Maisonnave, cuyo hermano, como hemos dicho, era diputado por Orihuela; y con el presidente Castelar quien a su vez recibió una carta abierta del Obispo de Orihuela que fue publicada por la prensa.   

El Constitucional. 21/Semanario católico 22 de noviembre de 1873: COLEGIO DE ORIHUELA. Sigue preocupándose la opinión pública, de los misteriosos sucesos de Orihuela. La prisión del Rector y profesores del Colegio de segunda enseñanza de dicha ciudad, ha tenido por consecuencia la clausura de aquel centro de enseñanza, establecido al amparo de las leyes, montado con el mayor esmero e inteligencia, a expensas del Sr. Obispo de la diócesis.

Tenía este colegio gran número de discípulos, por los conocimientos científicos y literarios que difundía, por el método de enseñanza y por la necesidad que sentía la provincia de un establecimiento de esa clase. Deploramos pues sinceramente su clausura, y no acertamos a comprender por qué no se han conciliado las exigencias que han motivado la prisión de los 13 sacerdotes con los intereses del establecimiento, y muy particularmente con los de tantos padres de familia que tenían confiados sus hijos a aquellos profesores. Sobre este importante extremo, el señor Obispo de la diócesis ha dirigido al, señor presidente del Poder Ejecutivo y al señor ministro de la Gobernación la razonada exposición que tenemos el gusto de reproducir:

Colegio de Santo Domingo.

Excmo. Señor presidente del Poder ejecutivo de la nación. El obispo de Orihuela, que suscribe, se ve hoy en el imprescindible caso de acudir a V. E. con el doloroso motivo que respetuosamente expone: Hace año y medio que venía funcionando un colegio de segunda enseñanza creado por mí, en la que fue universidad convento de dominicos de esta ciudad, cuyo magnífico edificio de todos celebrado, me lo reservó con este objeto cuando hice la cesión canónica de los bienes de mi diócesis con arreglo al concordato de 1851, librándolo indudablemente por este medio de la ruina que irremediablemente le hubiera sobrevenido, y proporcionando un medio de útil y provechosa enseñanza a la numerosa juventud de esta ciudad y de toda la provincia y limítrofes, con las demás ventajas que siempre llevan consigo esta clase de establecimientos.

El colegio de cuya creación di conocimiento al Gobierno supremo, llenaba los deseos y esperanzas de los innumerables padres de familias que habían puesto a sus hijos bajo la dirección y escuela de buenos profesores buscados por mí, que si bien eran de origen de la Compañía de Jesús, estaban reunidos o colegiados únicamente como simples eclesiásticos sujetos a mi autoridad, sin otra misión ni más objeto que el del ejercicio de su noble magisterio y del auxilio esmerado que además pudiesen prestar al pueblo en sus necesidades religiosas.

Y aquí, Excmo. Señor, séame permitido dar un testimonio de justo reconocimiento por lo bien que lo han desempeñado, no solamente a satisfacción mía, sino con la general aprobación, aplauso y hasta entusiasmo de cuantos han tenido ocasión de admirar el orden, la moralidad, ilustración y religiosidad de sus prácticas, ejercicios y notables adelantos. Pues bien Excmo. Señor, este colegio que, en su favor llevaba tan recomendables condiciones, y que merecía la aceptación y encomios de la generalidad de las gentes, cuya voluntad se había ganado a costa de sus esfuerzos y trabajo.

Este colegio, repito, fue ocupado a las doce de la noche del día 15 del corriente por la autoridad de esta población auxiliada de fuerza armada en cumplimiento, según se dice, de orden superior, y sin más tiempo que el absolutamente preciso y sin el menor conocimiento que se me hubiese dado, fueron presos su Rector y profesores, deportándolos seguidamente a la ciudad de Murcia sin haberles manifestado la causa y motivos de su precipitada prisión.

Creo, Excmo. Señor, que estos, deben ser muy graves o importantes cuando han dado lugar a una determinación tan apremiante, tan general y tan silenciosa, a pesar de las consideraciones debidas a tantos niños que allí se encontraban, y de las consecuencias y sustos que pudieran apoderarse de tan tiernas o inocentes criaturas. Graves habrán de ser cuando han dado lugar a una medida de tanta trascendencia, que yo la respeto y respetaré, considerándola como emanada del poder supremo.

Y además de la ocupación del colegio y deportación de su Rector y profesores, se me asegura que se ha formado inventario de todo lo que en dicho colegio existe, sobre cuya medida he reclamado a esta autoridad sin resultado hasta esta fecha, porque todos los efectos, útiles, enseres y servicio del establecimiento es absolutamente mío como costeado a mis expensas, sin que ni la Provincia, ni el Municipio hayan contribuido en nada para ello, porque si algunas personas generosas me han ayudado para llevar a cabo tan provechoso objeto, de cuenta mía será entenderme con ellos.

Reclamo pues con todo el derecho de rigorosa justicia que todo se me entregue por ser notorio que es de mi exclusiva propiedad. Dios guarde a V. E. muchos años Orihuela 17 de noviembre de 1873. Excmo. Sr. Pedro María, Obispo de Orihuela. Exmo. Sr. Presidente de Poder ejecutivo de la nación y Excelentísimo Sr. Ministro de Gobernación.

Las autoridades en Madrid y en Alicante, después de tanto descontrol federalista, estaban tratando de ofrecer una nueva imagen de orden y justicia. Ya sólo “El Nuevo Municipio”, órgano del Partido Republicano Federal, consideraba justa la medida aplicada según ellos a “unos sacerdotes a cuyo cuidado estaban centenares de niños para recibir educación y que al paso de una partida carlista por delante del colegio había dado vivas a la religión y a Carlos”.  

El Municipio. 1873.

El municipio. 21 de noviembre de 1873: Las autoridades de la provincia no han querido cerrar el colegio de Santo Domingo de Orihuela, ni es su ánimo que queden sin instrucción esos centenares de niños. El señor Gobernador de la provincia ha dado ya orden, y a estas horas debe de  estar cumplimentada, para que le sea entregado al Excmo. e Ilmo. Sr. Obispo, el local del colegio con todos sus enseres, y su Ilustrísima podrá, disponer su apertura cuando guste, poniendo a su frente a los profesores que tenga por conveniente; pero que se ocupen sólo de dar instrucción, apartándose de enseñar cosas enteramente extrañas a las materias que comprende la enseñanza, bien sea superior o elemental.

Los jesuitas declararon que todas las acusaciones eran falsas y culparon al alcalde; cuya denuncia estaba basada intencionadamente en un malentendido. Que los “vivas” a la religión y a Estanislao, atribuidos por los republicanos al conocido jefe carlista que operaba en Alicante, Estanislao Bolinches, eran en realidad un homenaje al santo jesuita cuya festividad celebraban el 13 de noviembre. Alegaron que los oriolanos estaban muy contentos con su trabajo y que el colegio funcionaba perfectamente bajo el amparo del obispo. Y sus argumentos convencieron al ministro y al gobernador.

El Constitucional. 22 de noviembre de 1873: Sucesos de Orihuela. Dice el colega ministerial que las autoridades de la provincia no han querido cerrar el colegio de Santo Domingo de Orihuela y que ya se han dado las órdenes para que se entregue al Excmo. e Ilmo. Señor Obispo el local y todos sus enseres, pudiendo disponer su apertura y poner a su frente los profesores que tenga por conveniente; pero añade a guisa de dómine, que aquellos solo deben ocuparse de dar instrucción, apartándose de enseñar cosas enteramente extrañas a las materias que comprende la enseñanza, bien sea Superior o elemental.

Es pues lógico suponer que El Nuevo Municipio entiende que la prisión de los 13 sacerdotes ha sido ordenada por el señor ministro de la Gobernación y ejecutada por el señor gobernador de la provincia por medio de un delegado, acompañado del inspector de orden público y el alcalde, Sr. Muñoz, y de fuerza de guardia civil y voluntarios, sólo porque en aquel colegio se enseñaban cosas enteramente extrañas al programa de enseñanza: ¿qué cosas serán esas?

No podemos entrar a examinar esos hechos; pero El Nuevo Municipio ofrece ocuparse ampliamente del asunto, y le agradeceremos que en sus aclaraciones no olvide decirnos por qué no existe expediente gubernativo anterior a la prisión y se procede ahora a formarlo para justificar los procedimientos dictatoriales; por qué motivo aquellos peligrosos sacerdotes pasearon libremente por Murcia inmediatamente después de su prisión; y por último desearíamos saber si la prisión del escribano de Elche, José Gómez, llevada a cabo la misma noche que la de los sacerdotes, y conducido del mismo modo a Murcia en virtud de órdenes que a su paso por Elche dejó el delegado del gobernador, tiene alguna relación con los sucesos del colegio de Sto. Domingo.

Hoy debe trasladarse a Orihuela el Sr. Gobernador de la provincia; No sabemos si este viaje estará relacionado con la entrega del edificio del colegio de Santo Domingo y los enseres y efectos de que se incautó el alcalde de aquella ciudad.

El gobernador civil de Alicante, que ya había ordenado la devolución de las llaves al obispo, decidió viajar personalmente a Orihuela para impartir justicia. Norberto Piñango llevaba dos meses y medio en el cargo; y formaba parte de los republicanos moderados alicantinos que buscaban controlar la situación con el apoyo de los conservadores, garantizando el orden y la propiedad después de tanta locura.

El político viajó personalmente a Orihuela y constituyó un nuevo ayuntamiento cuyo primer acuerdo fue restituir el colegio y nombrar a Piñango hijo adoptivo. Junto al obispo pronunció un discurso desde el balcón de la Posada del Sol, entre vítores y aclamaciones de los oriolanos que llenaban la calle de los Hostales, donde estaba emplazada dicha posada.

En cuanto a los jesuitas, regresaron fortalecidos, casi como héroes. El rector había pensado volver a Orihuela como salieron; discretamente durante la noche para evitar desórdenes públicos por parte de los ciudadanos que los esperaban ansiosos. Pero el nuevo ayuntamiento afirmó que toda la ciudad estaba conmovida y que la injuria pública exigía una reparación pública. Una comisión presidida por el alcalde viajó a Murcia y los trajo la tarde del día 25. Por el camino se tropezaron con carros y tartanas de oriolanos que habían salido a recibirlos y así entraron en la ciudad, entre ovaciones y vivas del pueblo.

El Constitucional. 27 de noviembre de 1873: COLEGIO DE SANTO DOMINGO DE ORIHUELA. No hay ya necesidad de que el nuevo municipio se moleste en decirnos los motivos que obligaron a la autoridad a tomar las medidas que tomó para que abandonasen los señores jesuitas el colegio. Los dignos profesores que por disposición gubernativa fueron extrañados a Murcia, regresaron anteayer a Orihuela, y el mismo señor gobernador les instaló de nuevo en el colegio de Sto. Domingo.

Este acto de severa justicia le enaltece y le ha conquistado las simpatías generales de aquella ciudad. El Sr. Piñango ha tenido ocasión sin duda de comprobar personalmente, lo calumnioso de la delación de que fueron víctimas aquellos ilustrados sacerdotes. Así proceden los hombres de corazón. El señor gobernador debe estar satisfecho; todos le concederán desde hoy más su confianza; porque verán en él, a la par que el enérgico y decidido campeón del orden y de la libertad, el hombre recto y justiciero. Reciba nuestra más cordial enhorabuena, y se la damos también a los habitantes de la bella ciudad del Segura por la reapertura de aquel centro de enseñanza.

Según nos escriben de Orihuela, la estancia en aquella ciudad del Sr. Gobernador civil D. Norberto Piñango, ha sido fecunda en satisfactorios resultados. Sabido es que son dificilísimas las circunstancias por que atraviesa aquella población, en la cual, como en otras muchas, la administración municipal se halla abandonada, debido sin duda a que de algún tiempo a esta parte atienden los ayuntamientos más a las contiendas políticas que a las cuestiones administrativas, lo cual es su verdadera misión.

Presentada la dimisión del último ayuntamiento, el Sr. Piñango se ha visto obligado a constituir otro; y en tan ardua tarea ha obrado, según nos aseguran, con el mayor pulso; pues prescindiendo por completo de afecciones políticas, ha convocado a todos los hombres de arraigo del partido liberal, sin pararse en matices de bandería, y ha constituido un ayuntamiento en el que figuran concejales de varias procedencias políticas, si bien todos liberales, que es lo que allí importa más.

He aquí los nombres de los que forman el nuevo ayuntamiento. Alcalde. —Antonio Esquer.  Tenientes de alcalde. — José Bueno. — Tomás García Rodenes. — Francisco López García. —Federico Agrasot. —Luciano Bora.— Ramón Mesples.  Concejales. — José Maceres.—Tomás Soler, —Julián de Torres.—Manuel Pastor.— Félix Lafuente.—Francisco Hones.—Francisco Germán.— Honorio Alegre.—Manuel Alfaro.—Alfonso Ferrer. — Manuel Escudero.— Carlos Martí. — José Martín.— José Sánchez.—Antonino Ibarra.— José Brotóns.—Vicente Moreno.

Hasta el diario republicano federal tuvo que rendirse a la evidencia narrando los hechos sin poner ninguna pega, sin aportar ninguna crítica. Alabando el comportamiento del gobernador y su actuación en Orihuela.

El nuevo municipio. 28 de noviembre de 1873: El viaje del señor gobernador por medio de una carta de un anónimo amigo de Orihuela. El viaje del señor gobernador ha sido una continuada ovación. En todos los pueblos por donde ha pasado la primera autoridad de la provincia. Entró en Orihuela el día 24 y acto continuo, con una actividad propia de su carácter, hizo que el alcalde convocase al ayuntamiento, e inmediatamente se reunió éste, acordando presentar la dimisión.

Aceptada que fue, al momento se ocupó, de acuerdo con las personas de más significación y simpatías entre los partidos liberales, de los individuos que habían de constituir la nueva municipalidad, y lo realizó con tal acierto, que se ha granjeado la estimación y el más profundo agradecimiento de todos los habitantes de Orihuela, que ansían entrar en una era de paz y de tranquilidad, única manera como los pueblos pueden desarrollar su vida y fomentar, sus intereses.

Constituido el municipio con elementos procedentes de todos los partidos liberales dio pruebas de que al formarlo no han existido las miras egoístas de bandería pues solo se ha inspirado el Sr. Piñango en el bienestar de nuestra querida población. Estoy seguro que esta fecha se recordará con alegría por todos, y así lo ha manifestado el pueblo que, al tener conocimiento de lo que se estaba efectuando, ha hecho pública la satisfacción con que recibía el nuevo ayuntamiento, prorrumpiendo en vivas al señor gobernador.

Pero donde el entusiasmo traspasó los límites naturales, fue cuando accediendo a los reiterados ruegos del ayuntamiento, que a su vez, lo hacía en nombre del partido liberal, participó que los jesuitas volverían. Los contribuyentes y gran número de personas de todas clases de la sociedad, se dirigieron en coches y galeras a Murcia. Al regresar, como el pueblo en masa había rodeado la casa donde estaba hospedado el Sr. Piñango, salió al balcón, desde donde le dirigió la palabra, siendo saludado con aplausos entusiastas, e interrumpido varias veces por los trasportes de alegría a que se entregaban la multitud allí reunida.

El Sr. Obispo por su parte, se presentó también en el balcón y con elocuentes frases dijo que la misión del pueblo se reduce a cuidar solícito de sus familias y de sus haciendas, siendo siempre modelo de honradez y de respeto y de obediencia a las autoridades. Por la noche se le hizo una magnífica serenata y después la música recorrió las calles entonando la marsellesa. Se me ha dicho que el Obispo dio ayer en San Miguel un viva a nuestro común amigo el ministro de la Gobernación, que fue calurosamente repetido.

El destituido alcalde, Luis Muñoz, se vio obligado a dar explicaciones; desentendiéndose por carta abierta de aquella polémica actuación cuya responsabilidad atribuyó íntegra a las autoridades provinciales.

La Correspondencia de España. De Orihuela, con fecha 28 de noviembre, nos escribe D. Luis Muñoz diciendo que es en efecto cierta la noticia que dimos de haberse dispuesto por el gobernador civil de Alicante la reapertura del colegio de Santo Domingo de Orihuela, restituyendo a él los mismos profesores que fueron capturados el día 16 de noviembre y conducidos a Murcia; pero que no es cierta la especie que atribuye al alcalde de Orihuela culpabilidad que no tiene, toda vez que el Sr. Muñoz, primera autoridad local a la sazón, no hizo más que concurrir a presenciar el acto de la captura de dichos profesores auxiliando al delegado de la autoridad superior de la provincia, que con la fuerza de la guardia civil se presentó en dicha ciudad la noche del citado día, y cuyo auxilio le prestó obedeciendo el superior mandato.

La Ilustración Española y Americana. 1874.

El municipio. 29 de noviembre de 1873: Nuestro activo corresponsal de Orihuela, nos remite la carta que tenernos el gusto de reproducir a continuación. Querido amigo: Continuando lo que ayer dije a V. respecto del viaje del señor Piñango a esta ciudad, debo manifestarle, que en su visita al colegio de Santo Domingo fue seguido de una multitud inmensa que le aclamaba sin cesar. En este establecimiento, donde ha permanecido largo rato, ha sido recibido por el rector y por las personas más notables de la población, que una vez más le han demostrado el afecto que ha sabido conquistarse, en todos los partidos.

Olvidaba decir a V. que el ayuntamiento, en su primera sesión, le ha declarado hijo adoptivo de nuestra ciudad. A su salida de Orihuela, le han acompañado gran número de vecinos, hasta cerca de un kilómetro de la población, y hasta Cox, el señor obispo, el alcalde don Antonio Esquer, D. Carlos Bianchi, varios concejales y otras personas distinguidas. Con esto concluyo mi compromiso de darle cuenta de cuanto aquí ocurriese, y deseando se afirme la paz y tranquilidad de que tanto necesita esta población.

A cuenta de los jesuitas, el republicano Piñango se dio un buen baño de masas y se metió en el bolsillo a una población muy conservadora y monárquica. Su populista comportamiento y el de sus superiores con el obispo de Orihuela y los hijos de San Ignacio fue recordado seis años después por «El Eco de la Provincia».

El eco de la provincia. 19 de septiembre de 1879: ¿Pues no se atreve El Graduador de ayer a decirnos que sus amigos no han favorecido a los Padres Jesuitas de Orihuela? ¡Qué cosas tiene el diario neo-moderado- posibilista!  Diga, hermano: ¿Quién en 1873 restituyó a los Jesuitas al colegio de Santo Domingo de Orihuela? Una orden del Sr. Castelar, Presidente de la República. Diga, hermano: ¿Quién públicamente estrechó la mano de los Reverendos Padres de la Compañía de Jesús brindándoles protección cuando en 1873 entraron en Orihuela? El Sr. Piñango, Gobernador de esta provincia nombrado por el Gobierno de la República.

Diga, hermano: ¿Quiénes en 1873 saludaron con vítores y aclamaciones al delegado del Gobierno del Sr. Castelar, porque volvió los Jesuitas  al Colegio de Santo Domingo? Muchos republicanos: de Orihuela. Diga, hermano: ¿Por qué en 1873 nuestro dignísimo señor Obispo dio un cariñoso abrazo al señor Piñango en el balcón de la posada del Sol de Orihuela? Porque su Excelencia Ilustrísima quiso de este modo dar un público testimonio de su gratitud al Gobierno de la República, por la protección que éste dispensó a los padres de la compañía de Jesús restituyéndolos a su Colegio de Orihuela. Diga, hermano: ¿Quién aumentó el número de los alumnos en el Colegio de los Jesuitas? El mismo republicano Sr. Piñango que tuvo el buen acuerdo de entregar a un hijo suyo para que lo educasen estos padres. Diga, hermano: ¿Quién calificó de carlistas a los Jesuitas? Un diario republicano que se publicaba en Alicante titulado El Nuevo Municipio.

Diga, Hermano: Y ¿quién justificó después con escritos laudatorios la restitución de los hijos de San Ignacio a su colegio de Orihuela? El mismo Nuevo Municipio, diario republicano que se publicaba en esta capital en 1873. Lea El Graduador la colección de este periódico correspondiente al mes de Noviembre de aquel año, la protección que les dispenso entonces; y este señor debe estar satisfecho porque no ignora que los Jesuitas ruegan por él para que persevere en los religiosísimos propósitos que manifestó a su paso por las esferas gubernativas. Ya ve pues, El Graduador, como sus patronos favorecieron a los hijos de la Compañía de Jesús ¿Tan poca memoria le queda al diario neo moderado posibilista, cuando tiene necesidad que nosotros le recordemos los hechos?

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Sombrereros oriolanos. De la Madrileña al Gavilán.

Fotografía José María Pérez Basanta.

De la Madrileña al Gavilán.

El objeto central de este trabajo es demostrar el origen de la última sombrerería oriolana, el Gavilán, en la calle Mayor. De paso os hablaré de otros sombrereros instalados en Orihuela entre las dos últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, cuando el sombrero era algo más que un accesorio para cubrirse la cabeza.

Como prenda habitual e imprescindible en la vestimenta de la población, mostraba la clase social, el estatus económico, la profesión y hasta el estilo de vida de quien lo portaba.  Integrados en la sociedad, las prendas para cubrir la cabeza, eran un negocio habitual en todas las ciudades,  con talleres artesanos especializados en su confección y acreditados establecimientos que ofrecían al público las más variadas colecciones de sombreros y gorras.

La familia López Pinzón.

Nuestra historia comienza con Joaquín López Martínez, sombrerero de profesión, nacido en Orihuela en 1830 y bautizado en la Parroquia de las Santas Justa y Rufina.

Joaquín se casó con Antonia Pinzón López, vecina de Madrid. Este es el origen del nombre de la “Sombrerería Madrileña” de la calle Mayor. La que a la postre sería la precursora de la actual «El Gavilán».

No tenemos constancia de la boda; por lo que debió celebrarse en la capital. La que sí tenemos registrada es su numerosa prole. Entre los años 1866 y 1882 este matrimonio bautizó once hijos en la Parroquia de El Salvador, con los apellidos López Pinzón: María Soledad, Bernardo, Ángel, Jesús, Joaquina, Antonia, Leonor, Magdalena, Joaquín, otra vez Joaquín (eso significa que el anterior murió) y Rosario.

—El hijo mayor, Bernardo López Pinzón, era vocal en la junta directiva del Círculo Tradicionalista en mayo de 1894. Dos años después se casó con Emilia Casciaro y se marcharon a vivir provisionalmente a Valencia.

—De Jesús sabemos que se casó en 1900, en Torrevieja con Magdalena Bernabé. No sé si se instaló allí. Lo cierto es que, en septiembre de 1916, el matrimonio apadrinó la boda de otra pareja en la citada localidad salinera, desde donde escribo estas líneas.

—De Leonor, que su nombre coincide con el de la esposa de José Rufete, «El Gavilán».

—Magdalena se fue a Madrid en 1902 para ingresar como novicia en la congregación de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul.

—De Joaquín, el último varón, hablaremos más adelante.

—Rosario, la más joven, tomó también el hábito en el convento de agustinas de Orihuela en 1904, adoptando el nombre de Sor María de la Soledad, curiosamente, el de su hermana mayor.

Esta es toda la información que por el momento he encontrado de los hijos de los fundadores.

Orihuela en 1862.
Colección Javier Sánchez Portas.

Sombrererías coetáneas, último cuarto del siglo XIX:

Anterior a la década de 1880, he encontrado la de José Rebollo, abierta en el verano de 1878 en la Calle Mayor. A decir de los redactores de «El Segura», «un magnífico establecimiento montado con lujo y elegancia», del que no he podido localizar la ubicación exacta ni cualquier otra mención, por lo que no descarto que pueda ser el primer antecedente de «El Gavilán».

En la década siguiente, tengo localizadas varias sombrererías:

La de José Simó, conocido como el “Maestro Simó”. Tiene pinta de ser la más antigua, aunque no he encontrado publicidad anterior a 1885, año en el que comienza a anunciarse en “El martes” y en “La crónica”. Está domiciliada en  los Hostales, número 9.

«El Martes» y «La Crónica» año 1885.

«En la sombrerería DE LOS HOSTALES  se ha recibido un gran surtido en fieltros para hacer sombreros de todas clases, y en todos colores, propios para la estación a precios económicos. Especialidad en sombreros a medida de la forma y clase que el parroquiano deseé. Gorras, hongos y sombreros de copa. Sombreros a medida para los señores Sacerdotes. Composición económica de toda clase de sombreros».

Bajada del Puente y Hostales siglo XIX.
Colección Javier Sánchez Portas.

Sus anuncios en prensa se mantienen regularmente hasta 1892, año en que pasa a regentarla Juan Cutillas.

En 1894 queda en manos de Antonio Pérez Salar, especialista en sombreros cordobeses, quien despliega una buena campaña publicitaria en «El Orden».

«El Orden 1894-1895»

No debió tener mucho éxito, pues en 1897 vuelve a cambiar de manos, y se la quedó José Navarro Rodríguez, que vendía y planchaba sombreros a precios baratísimos: sevillanos, cordobeses y de palma.

«El Día» 1886.

La de Francisco Lozano Piñero, en Calle Mayor 26, se anunció entre los años 1885 y 1887, en “El Día”. Ofrecía «sombreros de todas clases y la mar en gorras de seda, a precios casi de balde. Desde dos reales y medio en adelante. Equidad, elegancia y baratura. Gran surtido de sombreros canal (de copa semiesférica usado por el clero católico, con ala ancha y levemente doblada hacia arriba), y de castor (de fieltro)…»

«El Diario de Orihuela» 1887.

Su existencia fue breve. Durante los meses de enero y febrero de 1887 “El Diario de Orihuela” anunciaba su liquidación.

«En Casa de Francisco Lozano Pinero. Mayor, 26. Liquidación cierta en todos los artículos de dicho establecimiento, ofreciendo dicho dueño grandes rebajas, como son gorras de 2, 3, 4 y 6 reales en adelante, y un grandísimo surtido en sombreros a precios desconocidos. Los sombreros ingleses que se han vendido a  70 reales se expenden a 50 en este establecimiento. Oriolanos: aprovechar la ocasión».

Orihuela en 1870.
Colección Javier Sánchez Portas.

La de Leopoldo Lizón se anunciaba en 1886 en «El Oriolano» y en «El Diario de Orihuela» como «antiguo establecimiento»; lo que deja entender que llevaba tiempo instalada en la Calle Calderón, número 8. En 1891 apareció en el «Diario de Avisos». Y en 1894 en el diario «El Independiente».

«En este antiguo y acreditado establecimiento, se ofrece al público una bonita y variada  colección en sombreros de novedad, de multitud de clases y colores. Especialidad en hongos ingleses a dos pesetas uno. Se facilitan toda clase de encargos en el ramo de sombrerería con prontitud y equidad.  NO EQUIVOCARSE».

En 1905 empezó a publicitarse en «El Diario» con un vistoso anuncio en el que cambia su número de policía a Calderón de la Barca, número 4.

«El Diario» 1905.

«Junto al puente ofrece al público.  Inmensa y variada colección de  gorras ALTA NOVEDAD, chauffer, japonesas, rocambole, inglesas, alemanas, montañesas, ciclistas y otras mil formas».

No he podido resistirme a transcribir un anuncio que aparece junto al anterior. Va también de cubrir las cabezas. Y el tipo que se publicita, estaba alojado enfrente de esta sombrerería, en el establecimiento precursor del Hotel Palace:

«IMPORTANTISIMO: A los calvos. Acaba de llegar a esta población el representante y viajante de la casa Peguha de los Estados Unidos, D. Antonio Peña Zumalacárregui, doctor en ciencias, que ha venido a dar a conocer a las personas de buen gusto, y a los calvos en particular,  artículos desconocidos en España.  ANTIMICROBICIDA CALVÓTICO PEGUELA, infalible y único producto conocido para poner pelo a los CALVOS. Instalado en la Posada Buenavista».

Hospedaje Buena Vista.
Colección Javier Sánchez Portas

La sombrerería Madrileña de la calle Mayor

La primera referencia que encuentro a la sombrerería madrileña de Joaquín López, en la calle Mayor, número 35, son los “consejos comerciales” publicados por “la Crónica” en mayo y junio de 1887.

 “Hemos tenido el gusto de admirar el magnífico y elegante surtido de sombreros de señoras, niños y niñas que procedentes de las antiguas y renombradas fábricas de Madrid y París acaba de recibir para la estación de verano nuestro particular amigo  don Joaquín López, calle Mayor, número 35. Recomendamos muy particularmente a nuestras bellísimas lectoras el acreditado establecimiento ya citado, en la seguridad de hallar en él a precios sumamente económicos cuanto pueden desear de mayor gusto elegante capricho, y alta novedad.”

No sé cuánto tiempo llevaba abierta, pero esta es la fecha más antigua que tenemos. En agosto de ese mismo año, apareció un anuncio en «La Crónica» que se mantuvo varios meses.

«La Crónica» 1887.

“Exposición permanente de sombreros, última novedad, para señoras y señoritas, caballeros y niños. Magnifico surtido de gorras de todas clases. Grandes existencias de adornos para baile, telas y cintas para confecciones y composturas. Lavado de sombreros de paja, de castor, y todo lo concerniente al ramo de sombrerería y modista. Precios económicos, gusto y prontitud.”

«El Diario de Avisos» 1891.

En octubre de 1889, «El Diario de Orihuela» publicaba la siguiente noticia:

«Va adquiriéndose en nuestra ciudad, la costumbre tan generalizada en las grandes capitales, de exponer los domingos en los comercios, los géneros y novedades recibidos; anoche apareció otra en la elegante sombrerería Madrileña del Sr. López, siendo numeroso el público que la visitó admirando la variedad y elegancia de los géneros expuestos».

En la sesión municipal del 7 de noviembre del mismo año, el Ayuntamiento aprobó el pago de 37, 75 pesetas a Joaquín López, por la confección de once gorras para la Guardia Municipal.

«El Thader» 1895.

Con ligeras variaciones, entre los años 1891 y 1896, se anunció en varias publicaciones, especialmente en «El Thader».

«Se ha recibido un grande y bonito surtido en sombreros para señoras y niñas de las cuatro mejores casas de París y de Londres: un gran surtido en sombreros ingleses para caballeros, desde 4,50 pesetas en adelante».

Después desapareció para siempre de los anuncios de prensa.

Sombrereros en el primer cuarto del siglo XX.

En el verano de 1903 me aparece un sombrerero en la calle de San Pascual; de nombre Antonio Lorenzo. Encontré otro en la misma calle en 1888, pero sin nombre ni número. Puede que fuera el mismo.

Orihuela 1909.

En 1907 se anunciaba Pascual García Limiñana, en la Plaza de la Soledad con sombreros desde 6,50 pesetas. En 1910 el negocio pasó a su hijo Mariano García Soriano, nacido en 1889.

El joven Mariano estaba afiliado al Partido Conservador. Dos años después, «El Eco de Orihuela» hablaba de reformas en su local de la Plaza de la Soledad. También de un viaje a Madrid, Zaragoza y Barcelona, en busca de géneros para el nuevo establecimiento que pensaba abrir en la calle Alfonso XIII número 14, donde tenía su domicilio.

En noviembre de 1912 se trasladó al «nuevo local con servicio esmerado y amable por parte del dueño y de la dependencia». Y por compras superiores a cinco pesetas, regalaba un accesorio para cepillar el sombrero.

Ornamentó admirablemente el nuevo establecimiento, que ostentaba un rótulo anunciador realizado por el afamado pintor Monserrate Rodríguez “El Dorado”, quien había decorado también el “Café Europeo”, la “Banca Balaguer”, y restaurado, nada menos que la imagen de Semana Santa conocida como «La Diablesa».

Pero en diciembre de 1912 volvió a la Plaza de la Soledad, adecentando su antiguo establecimiento. Según sus amigos y correligionarios de la prensa, el nuevo local no era suficiente para tanta clientela.

Plaza de la Soledad.

En 1913 se casó en Santa Justa con la agraciada señorita Enriqueta Martínez. Ese mismo año lo nombraron viajante de una importante casa americana que comerciaba sombreros jipis (sombreros de palma) y panamás. En 1914 tuvo un robusto varón, bautizado en la catedral. Tammbién amplió su negocio instalando en la sombrerería una sección de zapatería de «alta escuela».

«El Conquistador» 1912.

En noviembre de 1912 se anunciaba la apertura de la Gran Sombrerería de Luis Beltrán García. Pero la muerte de su abuela obligó a aplazarla una semana. Estaba ubicada en la Plaza de Cubero, número 2, en la subida al puente desde la Calle San Agustín, junto a la confitería de Evaristo Cárceles. 

Al año siguiente, Luis viajó a Madrid y Valencia para comprar las últimas novedades. A veces se anunciaba como «La sombrerería de las tres B. B. B.». Su especialidad eran los cordobeses estilo Belmonte, los de jipi -la última novedad- y los sombreros para sacerdotes.

«El Conquistador» 1913.

En octubre de 1918 Ricardo López Martí buscaba dependiente para abrir un establecimiento en la Plaza de la Constitución (la plaza Nueva). Se trataba de «una gran sombrerería con variadísimo surtido en gorras y sombreros confeccionados al último grito de las exigencias modernistas».

Plaza de la Constitución o Plaza Nueva.
Colección Javier Sánchez Portas.

«Géneros baratísimos nacionales y extranjeros. Últimos modelos de París, Barcelona y London. Gorras de todas formas y colores a precios reducidísimos, de paño, hilo, afelpadas, impermeables y de abrigo. Esta casa ha recibido para la temporada de Invierno lo más chic, lo más elegante, lo más llamativo. Inmensas existencias en boinas vascas con forros de seda. Sombreros de inmejorable calidad. Fantasía, Elegancia, Baratura. Visiten esta casa antes de adquirir vuestras prendas y se convencerán. Plaza de la Constitución, número 21. Teléfono 58».

Plaza de la Constitución o Plaza Nueva.

La Madrileña en el siglo XX

El cuatro de febrero de 1913 fallecía la “anciana y virtuosa señora” Antonia Pinzón, viuda de López, dueña de la sombrerería madrileña. Queda claro que Joaquín había muerto antes, pero no he localizado la fecha.

Presidieron el duelo el sacerdote Eduardo Soria, Ramón Garrigós y Leopoldo Lizón. Condujeron las cintas Mariano García, José Balda, Francisco García Molina y Mariano Ros, siguiendo al féretro un numeroso cortejo en el que estaban representadas todas las clases sociales de Orihuela.

Su hijo menor, Joaquín López Pinzón, casado con Concepción Ros, se hizo cargo de la sombrerería. En junio de 1916 viajó a Valencia y Barcelona para comprar los modelos de la nueva temporada. En aquel verano sufrió una terrible desgracia. Perdió a su único hijo, Antonio, con tan sólo once meses de edad.

En el verano de 1918 Joaquín viajó de nuevo a Valencia y Barcelona. También a Madrid, pero esta vez, el género adquirido era para montarse por su cuenta abriendo otra sombrerería en la calle Mayor: “El modelo, gran sombrerería modernista”, haciendo la competencia a sus hermanas con una importante campaña publicitaria en “El Conquistador”.

«El Conquistador» 1918.

Última novedad en géneros nacionales y extranjeros, lo más elegante de la moda mundial, calidad inmejorable, precios reducidísimos. Visiten esta casa montada con todo lujo en la calle Mayor núm. 18 y se convencerán que es la única en su clase, por la elegancia, por la calidad y por la baratura de sus artículos. Inmensas existencias en sombreros y gorras de fantasía y boinas vascas para la temporada de invierno.

«El Conquistador» 1918.

De Joaquín hijo sabemos que, en 1925, colaboró con la Centuria Romana aportando 3 pesetas. Y que su establecimiento seguía abierto en 1926, con la dirección Mayor, número 20 y el teléfono 124. La última noticia sobre él, aparece en enero de 1929, participando en una campaña benéfica.

La Sombrerería Madrileña siguió adelante regentada por sus hermanas, bajo la denominación comercial “Hijas de Joaquín López”, nombre que aparece grabado en algunos sombreros de principios de siglo, que aún conserva mi amigo «Rufo» en «El Gavilán».

Gentileza de la familia Rufete.

En el primer tercio del siglo XX, la que parece ser una de las nietas del matrimonio fundador (se llamaba Leonor, como una de las hijas) se casó con José Rufete Gilabert, “El Gavilán”, quien dio nuevo nombre a la sombrerería.

Fotografías de Roberto López Fuentes.

Esto es todo lo que he podido recopilar por el momento. A medida que avance en mis investigaciones iré añadiendo datos. Queda demostrado que la sombrerería, hoy llamada «El Gavilán», lleva funcionado, al menos, desde la década de 1880.

Esperemos que pronto pueda cumplir el siglo y medio con el respeto que merece como única sombrerería de Orihuela, y quizá, de toda la Vega Baja.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba 2021) . Mi agradecimiento a José Manuel Dayas y a la familia Rufete. Agradecería cualquier información que podáis aportar.