Agrasot; apuntes para una biografía II. (1861-1874).

Retrato de Mariano Fortuny. F. Domingo Marqués. Pinchando la imagen, enlaza con el Museo de Bilbao.

Alma que habita en dos cuerpos. Mariano Fortuny y Joaquín Agrasot. Historia de una amistad.

Inés Antón Dayas.

Joaquín Agrasot Juan. Autorretrato, 1867.

Roma.

La historia de Joaquín Agrasot y Mariano Fortuny, es la historia de una amistad que se remonta a 1861. Por aquel entonces ambos coincidieron en Roma.

La ciudad era un destino obligado para todos los artistas. Ya fuera pensionados por sus ciudades de origen o con gastos sufragados por mecenas, la formación que allí se ofrecía a los jóvenes artistas no tenía parangón.

El compañero de Agrasot en la Academia de San Carlos, Bernardo Ferrándiz Badenes, lo introdujo en el círculo de los españoles que vivían entonces en la capital y que se reunían habitualmente en el Caffé Greco: Mariano Fortuny, Alejo Vera, Luis Álvarez, Dióscoro de la Puebla, Jerónimo Suñol, Vicente Palmaroli y Eduardo Rosales, entre otros.

El Café Greco en Roma. Ludwig Passini, 1856.

La personalidad de Fortuny pronto encajó con el joven Agrasot y comenzaron a compartir clases en la Academia Giggi Talaraci, en la Vía Margutta. Allí recibían dos horas diarias de clase: una de desnudo del antiguo y otra de moderno.

En la primera se dedicaban a hacer bocetos y dibujos y en la segunda a pintar acuarelas. Recorrieron varias ciudades italianas, galerías de arte y museos y se empararon juntos del arte y la belleza clásicas. Convivieron, junto con Tomás Moragas, otro compatriota, en una vivienda en el número 25 de la Via de Avignonesi.

Horas de aprendizaje, de trabajo y también de asueto que fueron fraguando una relación de admiración y cariño.

Entre septiembre y diciembre de 1862, Mariano Fortuny solicita a la Diputación de Barcelona fondos para un segundo viaje por Tánger y Tetuán. Quería recoger detalles para su obra La Batalla de Tetuán.

De febrero a abril de 1860, ya había estado en Marruecos, enviado por la propia Diputación, como cronista artístico de la guerra.

Durante este tiempo, Agrasot siguió trabajando en Roma y a la vuelta de Fortuny a la ciudad eterna, compartieron también taller. Un estudio más amplio en Via Flaminia 98, en la villa renacentista Riganti, que había sido residencia del Papa Julio II.

Tenía un gran jardín al aire libre que le permitía colocar a los modelos según sus necesidades y retratarlos con diferentes grados de detalle. Ese jardín era compartido por los estudios de otros pintores como Simonetti y Moragas.

Roma significó para ambos aprendizaje y crecimiento profesional, pero también personal. En esta primera etapa de sus vidas Mariano pintó a Agrasot en varias ocasiones.

Pequeños retratos del pintor oriolano que son el testigo más fiel de la amistad entre ambos.

Fortuny, M. Retrato de Joaquín Agrasot, h. 1864, óleo sobre tela. Museo Nacional de Arte de Cataluña.

Madrid.

En el verano de 1866, Fortuny viaja a Madrid, visita el Museo del Prado, realiza sus copias de los grandes maestros del museo y establece una amistad con Federico de Madrazo.

Se introdujo en su círculo familiar hasta el punto de comenzar una relación con su hija, Cecilia de Madrazo.

A Fortuny lo rodearon numerosas antipatías y enemistades lo cual siempre lo inclinó a ser un artista que prefirió la soledad y el retiro para trabajar.

No obstante, su catadura moral con sus amigos de verdad, nunca estuvo en entredicho. En 1867 Agrasot participa en la Exposición de Bellas Artes con las obras Una escena rural en los Estados Pontificios y Las dos amigas.

El diario Gil Blas emitió una dura crítica y se atacó a Agrasot afirmando que sus cuadros estaban retocados por el propio Fortuny. Desde Roma, profundamente dolido por la situación, Mariano Fortuny dirigió una carta a su amigo:

Roma, febrero 1867. Mi querido Joaquín: Hoy he sabido lo que dice el periódico Gil Blas con referencia a tus cuadros y que él llama de mi escuela; según dicen habla de ti muy injustamente. Esto me repugna mucho, hasta el punto de estar dispuesto a responder a dicho periódico como se merece.

¿Es posible que en España la crítica se haga así? Muy injustos son con nosotros.

[…] Quién te hubiera dicho que mi amistad, le decía, debiera interpretarse de una manera tan falsa, hasta el punto de reconocer mis pinceladas en tus cuadros.

No te desmayes, y no dudes que con tus obras harás callar a aquellos que tan ligeramente te juzgan, probándoles con nuevos progresos que tu pintura es tuya, toda tuya, y que de mí no has recibido más que los consejos de un amigo, y jamás los que un maestro da a su discípulo

[…] Para mí es un deber el salvar la reputación de un amigo que tanto aprecio; guardar el silencio en semejante coyuntura hubiera sido dar razón a tus calumniadores y hacerme un mérito de lo que no es verdad.

Que sepan que nada me debes, nada más que la franca amistad de tu amigo que te aprecia. Fortuny. Escríbeme.

Tras unos meses en Roma, Fortuny viaja de nuevo a Madrid en junio de 1867 y da a conocer su compromiso y próxima boda con Cecilia. Es entonces cuando escribe a Agrasot unas palabras:

Mi Cecilia más hermosa que nunca y buena como siempre, es un ángel, qué lástima que se case conmigo, es para mí un remordimiento el haber tratado de enamorarla, pero dices me lo perdonará, ya no me queda otro recurso que hacerme digno de ella, para que no tenga que arrepentirse…

Por ese tiempo, Agrasot concierta también su matrimonio con la joven María Leandra (Emma) Zaragoza Cubero, hija del comerciante ilicitano Bartolomé Zaragozá.

Mariano Fortuny se casó con Cecilia de Madrazo el 27 de noviembre de 1867 en la Parroquia de San Sebastián en la madrileña Calle Atocha.

Ella pertenecía a una de las sagas españolas de artistas más importantes. La ceremonia tuvo un carácter íntimo por expreso deseo de Fortuny y a ella acudieron solo unos pocos familiares.

Después de unos meses en la capital, Mariano, su esposa -embarazada de su primera hija María Luisa- y su cuñado, Ricardo de Madrazo, se marchan a Roma a continuar con su trabajo. Era junio de 1868.

En la ciudad eterna ubicó Fortuny todas sus nuevas obras en el estudio y se creó un cuarto para trabajar con modelo en su propia casa, para las noches de invierno y para cuidar de Cecilia.

La pareja Agrasot-Zaragoza marchó también a Roma por aquellas fechas.

Granada.

Granada en el siglo XIX.

Después de pasar por París, Madrid, Córdoba y Sevilla, la familia llega a Granada, en el verano de 1870. Se instalaron en la fonda Los siete suelos, un establecimiento de mucha fama entre los artistas que visitaban la ciudad y el monumento de la Alhambra.

Una sala en la Torre de los Siete Suelos fue el estudio y almacén de los útiles de pintura de Fortuny durante un tiempo. Nada se podía comparar a trabajar dentro de aquel monumento.

Granada era una ciudad tranquila, con monumentos extraordinarios y libre del acoso social del que huía el pintor catalán.

Propaganda de época:

En la Alhambra de Granada, en uno de los más bellos sitios de la morisca ciudad, se ha montado, según escriben de aquella capital, un gran establecimiento, único en su clase, con objeto de que no carezcan de nada los españoles y extranjeros que visiten la histórica ciudad de los últimos reyes moros.

Se llama fonda de los Siete Suelos, y tiene magníficas habitaciones, jardines, fuentes y soberbios baños de mármol blanco. El establecimiento, que está a cargo de D. Francisco Iniesta, constituye un verdadero sitio de recreo para pasar algunas temporadas.

En los Mártires se hizo con un estudio para pintar al aire libre, sin vecinos, con vistas sobre la vega y con unos efectos de sol magníficos, como él mismo lo describió.

Es allí, en su taller, donde se aloja Agrasot cuando lo visita y donde coincide con otros artistas y con parte de la familia Madrazo que también se había trasladado a la ciudad.

Mariano Fernández. Príncipe de los Jitanos (sic). Archivo Patronato de la Alhambra y el Generalife, Granada.

En Granada encontró el pintor modelos a «buen precio» que reclutó en el Albaicín. Mariano Fernández, auto apodado «Príncipe de los gitanos» y más conocido como Chorrojumo, fue uno de los más conocidos y explotó su condición de modelo de Fortuny cuando se presentaba a los visitantes y turistas.

Con sus ropas de contrabandista posaba para cualquiera que se lo pidiera por unas monedas. También Heredia Cortés, aguador en la Alhambra, posó en otras ocasiones para los artistas. Un modelo anciano fue quien posó para pintar su Viejo desnudo al sol de tono riberesco, como el Viejo de espaldas de Agrasot, ambos de gran parecido.

Fue un período fructífero tras el que Joaquín Agrasot consiguió un reconocimiento internacional que le llevó a Francia e Inglaterra y a establecer contactos con marchantes del mundo del arte que vendieron sus obras a compradores de todo el mundo.

A finales de 1871, Fortuny dejó su estudio y se trasladó a una casa en el número 1 del Realejo Bajo, con jardín y un patio para trabajar al aire libre. Su etapa granadina se extendió hasta octubre de 1872.

Joaquín Agrasot vestido con ropas orientales.

Roma.

Tras pasar por Madrid y París, en su nueva estancia en Roma, los Fortuny ya eran considerados una familia relevante. Fueron requeridos entre las altas esferas en reuniones y fiestas de la ciudad a las que Cecilia acudía gustosa, pero las cuales Mariano siempre excusaba su asistencia.

Él prefería permanecer en su estudio rodeado de amigos como Agrasot, Tapiró, Moragas, Simonetti o Villegas, creando y dando vida a sus obras.

En el siglo XIX tuvo lugar el surgimiento de la consciencia de la pertenencia, por parte del artista, a una parte de la Historia. Mirando al pasado, a sus maestros, muchos comprendieron la importancia de la labor que desempeñaban y el interés por darla a conocer en todos sus ámbitos.

Todo ello se reflejó en el espacio del atelier o estudio. En él se mostraba la interioridad del acto de pintar, el enfoque más íntimo, la expresión de sus pasiones y estados de ánimo.

Templo del arte en Roma. Una parte del estudio del pintor Fortuny. La Ilustración Española y Americana, 8/01/1875.

A veces es posible observar el estudio como un lugar de transmisión de conocimientos de maestro a aprendiz. Espacio de exposición de sus progresos y obras a modo de escenario público. Una especie de inventario de su vida y su obra que reflejan el gusto y los intereses del artista.

En ocasiones, incluso, puede entenderse como un lugar con una fuerte carga mercantil, o incluso como reclamo publicitario que atrajo por curiosidad a un público que llegó a establecer relaciones comerciales con los artistas.

Especialmente en el siglo XIX, el atelier se convirtió en un pretexto para la sociabilidad, donde fue frecuente representar retratos de grupo y emplearlo a modo de asamblea, mostrando así una doble dimensión del mismo: la amigable y la profesional.

El estudio del pintor entendido como espacio para la asamblea. En el estudio se llevaba a cabo la acción creadora, la inspiración y la concentración del artista, pero también existían momentos de asueto y disfrute sensorial. Así lo utilizó Fortuny con sus colegas pintores en innumerables ocasiones.

A través de ellos fue posible conocer la inspiración, la experimentación, la imaginación, el dibujo, la ejecución, las maquetas, los bocetos, otros objetos personales, herramientas, materiales, obras desechadas, de un artista.

Sin olvidar además que en ellos solía encontrarse una buena parte de la base teórica del autor, su biblioteca, junto con su archivo personal, epistolarios y algunos cuadernos de dibujo, que son esenciales para un estudio en profundidad de la vida y obra de los maestros del XIX español.

Tipológicamente puede afirmarse que existió un modelo de estudio que imitó al atelier de Fortuny, dividido en la zona de trabajo, el jardín y otras dependencias anexas.

El suyo sentó el precedente para muchos otros espacios de trabajo de artistas contemporáneos.

Joaquín Agrasot en su estudio. Calle Pintor López de Valencia, h. 1919.

Así fue el tipo de estudio en el que el artista oriolano trabajó durante años, acompañado de sus colegas y más tarde de forma individual. En su atelier se observan retazos fortunyanos, como no podía ser de otro modo.

Agrasot pintó incluso un lienzo en 1871, donde dos mujeres contemplaban el mueble central del estudio romano de Fortuny. Además, según los estudios de Sequeros y la correspondencia con Ricardo Agrasot, en su estudio hubo un permanente y fervoroso homenaje a Fortuny.

Tenía Agrasot presente su efigie mediante la mascarilla de cera y un vaciado de la mano derecha del pintor catalán.

Todo ello junto con una fotografía de Fortuny en el lecho mortuorio, adornada con una corona de laurel que Agrasot renovaba continuamente. Ya se sabe que artista sin taller es como pájaro sin nido.

Agrasot, J., El estudio de Fortuny, s.f., Colección particular.

El 16 de octubre de 1872, Agrasot contrae matrimonio con Emma en Alicante. Apenas celebrado el enlace, Joaquín desea regresar a Roma y así lo hacen.

Es allí donde la joven Emma conoce a Cecilia de Madrazo. Los matrimonios conviven en la Ciudad Eterna y ambas mujeres establecen fuertes lazos personales, como ya lo habían hechos sus esposos.

Fortuny era hombre sencillo y humilde y prefería la vida familiar a la social, justo lo contrario que su esposa. Ella estaba acostumbrada a relacionarse con las más altas esferas de Madrid y hacía lo propio en la capital italiana.

Dibujo de D.J.L. Pellicer. Croquis J. Agrasot. La Ilustración de Madrid, 30 mayo 1872.

De entre las contadas excepciones en las que el anfitrión de la reunión fue el pintor, se recuerda una fiesta al director de la Academia de Bellas Artes de Nápoles, Domenico Morelli.

En el verano de 1873, fue invitado al jardín de su vivienda, la Villa Martinori en la Vía Gregoriana de Roma. La habían adquirido a instancias de Cecilia y allí Fortuny había establecido su estudio.

A esa fiesta acudieron amigos compatriotas y otros artistas. Entre la nómina de amigos se encontraban, una vez más, Joaquín y la joven Emma.

Villa Martinori en la Vía Gregoriana de Roma.

Portici.

Los Fortuny-Madrazo viajan a Nápoles y más tarde a Portici. Se sabe, por las cartas de Ricardo de Madrazo a su padre Federico, que en julio los Agrasot-Zaragoza todavía no estaban allí, pero sí a finales de agosto y pasaron juntos parte del verano de 1874.

Una velada en Villa Martinori (26/12/1873). 1. Josep Tapiró, 2. Joaquín Agrasot, 3. Tomás Moragas, 4. Bernardo Ferrándiz, 5. Celeste De Angelis (esposa de Simonetti), 6. Cecilia de Madrazo (esposa de Fortuny) con Mariano Fortuny y Madrazo, 7. Sra. de Capobianchi, 8. Emma Zaragoza (esposa de Agrasot), 9. Sra. de Herrer con María Luisa Fortuny y Madrazo, 10. Edoardo Dalbono y un pintor napolitano sin identificar, 11. Attilio Simonetti, 12. Joaquín Herrer, 13. Ricardo de Madrazo, 14. Domenico Morelli, 15. Mariano Fortuny, 16. Vincenzo Capobianchi y 17. Paul-Marie Lenoir.

Portici 19 julio 1874. Mi querido papá: […] Al fin hemos venido a parar a este puerto de mar tan risueño. Tenemos una casita preciosa, alegre, con jardín por un lado y el mar por el otro, y por una puerta falsa de la casa se sale a la playa, atajando diez o doce escalones. La casa tiene un piso solamente y encima terrazas (como en las casas de África).

Además, es muy fresca. Los pisos son de los que te gustan a ti, de azulejos, muy parecidos a los de España- Sabrás que Portici está situado a las faldas del Vesubio […] Esto se parece mucho a Andalucía, Sevilla o Granada, pero lleva ventaja por el mar.

La playa es bastante buena; el color de la arena no es como la de España, claro. Aquí es negra, de lava […] Cecilia ha convidado a los de Agrasot para que pasen una temporada. Ya les ha arreglado un cuarto. Aquí nos quedaremos hasta mediados de octubre, si es que el Vesubio no nos echa antes.

Entre Cecilia y Emma se creó un clima de complicidad y afecto muy similar al de los de los pintores. No es de extrañar que Fortuny recordara aquellos días de Portici como los más felices de su vida.

En Portici, realiza el pintor catalán algunos delicados retratos de su esposa e hijos y de Emma Zaragoza, de la que se conocen distintas versiones tales como la Señora de Agrasot bordando (Madrid, Biblioteca Nacional), la Señora de Agrasot en un ambiente de interior japonés (Colección particular), la Señora de Agrasot cosiendo (Princeton, Art Museum) o los de la Señora de Agrasot en el diván y la Señora de Agrasot y los niños de Fortuny (Barcelona, Museo Nacional de Arte de Cataluña), realizados a pluma, lápiz y acuarela.

Fortuny, M., La señora Agrasot sentada en un diván (anverso) h. 1874, Museo Arte Nacional de Cataluña.

Algunos de ellos parecen ser estudios preparatorios para una obra mayor, como es el caso de Los hijos del pintor en el salón japonés.

Es posible que Fortuny tuviera un planteamiento inicial diferente y pensara en retratar la escena incluyendo a la joven Emma.

Al fin y al cabo, si se trató de retratar lo cotidiano, y la intimidad del hogar, el matrimonio Agrasot formó parte de ello.

Fortuny, M., Señora de Agrasot bordando, h. 1874, DIB/18/1/5700, Biblioteca Nacional de España.

En aquella estancia Fortuny pintó para sí mismo, sin prisas, sin las exigencias del comercio del arte y explorando nuevas vías.

Durante aquel verano hizo una gran cantidad de estudios y dos cuadros. Especialmente orgulloso estaba de uno de ellos.

Pintado como un resumen de su estancia veraniega, con elegantes damas y niñas descansando sobre la hierba, alegres bañistas en diversas actitudes, las ruinas de un viejo castillo, los muros de un jardín, etc.

En esta obra aparecen retratadas Cecilia, a la derecha, y Emma Zaragoza que aparece tumbada al lado de su esposa. El niño que aparece agachado a la derecha es Mariano, hijo del artista.

Todo a pleno sol y sin escamotear ni un rayo; todo es claro y alegre, y cómo podía ser de otra manera, si hemos pasado un verano tan feliz (?)

Fortuny, M. Playa de Portici, 1874, óleo sobre lienzo. Meadows Museum, SMU, Dallas.

La última acuarela que pintó Fortuny representaba la esposa del pintor Agrasot en el vestíbulo de la finca que ocuparon en Portici, cuyo recinto guardaba un estilo pompeyano, contiguo a un jardín.

Cuenta Ciervo que lo concluyó en solo tres sesiones de tres horas por la mañana. Fortuny acostumbraba a pintar sentado utilizaba un bloc que apoyaba en las rodillas.

Le gustaba charlar con sus modelos y la joven Emma le contaba cosas de Alicante, donde ella vivió hasta que se casó, mientras, el maestro trabajaba en silencio.

La joven aparece sentada en la entrada de Villa Arata en Portici, mostrando un abanico de influencias japonesas con una factura impecable. Junto con Cecilia aparece en numerosos dibujos en cuadernos de Fortuny, donde ambas cosen, bordan o hacen calceta.

Fortuny, M., Emma Zaragoza, 1874. Barcelona, Colección particular.

Portici Octubre 6 1874. Mi querido papá: Qué pronto se nos ha pasado el verano. Dentro de 15 ó 20 días estaremos en Roma; y dentro de dos meses si Dios quiere nos veremos […] Agrasot y su mujer se fueron hace una semana…

Roma. El fin de un genio.

El 31 de octubre, un grupo de artistas napolitanos, acudió a despedir a Fortuny y su familia a la estación. Se marchaban a Roma, donde ya estaba el matrimonio Agrasot. Mariano ya acusaba unas fiebres que fueron empeorando y que, finalmente, lo llevaron a la muerte el 21 de noviembre de 1874, con sólo 36 años.

En el momento de la muerte de Fortuny se encontraban presentes su esposa Cecilia, su cuñado Ricardo de Madrazo y un buen número de amigos, entre los que se encontraba Agrasot.

A las 20 horas y 30 minutos de la noche y, según Casanova Estorach, «con un silencio sepulcral, lo hemos trasladado desde su cama a Santa María del P[opolo]».

El féretro fue transportado por Agrasot, Tusquets, Tapiró, Villegas, Jiménez, Vallés, Álvarez, Simonetti, Heilbuth, D’Épinay y Morelli, acompañados por algunos discípulos napolitanos de este último, a los que habría que añadir a Pradilla y a Casanova Estorach.

En la iglesia lo velaron durante la noche y por la mañana se ofreció una misa de difuntos. Tras ésta, se trasladó su cuerpo al cementerio de Campo Varano.

Lo llevaron en hombros de artistas, españoles, romanos y extranjeros, en intervalos de doce en doce.

El pintor Pradilla narró «iba la caja colocada sobre una especie de túmulo cubierto con un gran paño de terciopelo negro, y encima la paleta que acostumbraba a usar el pintor».

Varias fuentes indican que fueron 135 los artistas que tomaron parte en el traslado, aunque algunos artículos de prensa llegaron a hablar de una comitiva de 500 personas.

Pasadas las 14 horas llegaron a Campo Varano donde se le dio el último adiós.

Dibujo de Pradilla en La Ilustración Española y Americana, 8/12/1874. Asistentes al entierro de Fortuny: 1. Vincenzo Capobianchi, 2. Walther Fol, 3. Baldasarre Odescalchi, 4. Pietro Venturi (alcalde), 5. Tomás Moragas, 6. Jerónimo Suñol, 7. Ernest Hébert, 8. Attilio Simonetti, 9. Josep Tapiró, 10. Prosper d’Épinay, 11. Joaquín Agrasot, 12. Manuel Rancés y Villanueva (embajador),13. Achille Vertunni leyendo, 14. Doménico Morelli con útiles de pintor, 15. José Casado del Alisal y 16. Bernardo Ferrándiz.

Pronto hubo que organizar todas las obras del estudio de Fortuny y todas las piezas de colección que había atesorado a lo largo de su vida. Cecilia nombró uno de los albaceas al propio Agrasot, entre otros artistas y amigos para que llevaran a cabo esa labor.

El 11 de febrero de 1875, tras recibir una obligada consulta oficial, se manifestaron a favor de la venta de la colección de Fortuny los peritos públicos italianos Giovanni Martinetti y Vincenzo Capobiachi y los pintores españoles José Villegas, Lorenzo Vallés, Ramón Tusquets, Luis Álvarez Catalá, Joaquín Agrasot y el escultor catalán Jerónimo Suñol.

El 14 de febrero, Cecilia recibió la autorización para llevarse los objetos a París, donde se estimó que podían alcanzar precios mejores.

Fue una especie de punto y final para la vida del pintor catalán y un punto y seguido para el artista oriolano. Aún le quedaban a Agrasot casi cuarenta años de vida y un largo camino que recorrer en su carrera como artista.

Una carrera que arrancó unida a uno de los pintores de mayor fama del siglo XIX español.

Joaquín Agrasot Juan. Coloreada por JM Dayas.

No pudo tener mejor maestro. La de Fortuny y Agrasot fue de esas amistades intensas, que se tienen a los veinte años y que dejan huella.

Se fraguó a través de la admiración, el respeto y el cariño mutuo, hasta trascender lo puramente artístico.

Mariano, Joaquín, Cecilia y Emma, consolidaron una relación que les hizo estar presentes en algunos de los momentos más importantes de sus vidas.

Sus trayectorias profesional e íntima, caminaron en paralelo durante varios años, aunque la fama y la fortuna crítica de ambos fuera muy desigual después.

Enlace a la III parte.

Bibliografía.

AAVV (2017), Fortuny (1838-1874) [Cat. Expo, Madrid, Museo Nacional del Prado, noviembre 2017-marzo 2018], Madrid.

CANO DÍAZ, Emiliano (2018), «Los últimos días de Mariano Fortuny Marsal», Cartas Hispánicas 009, junio, Madrid.

CIERVO, Joaquín (1921), El arte y el vivir de Fortuny.

GUTIÉRREZ MÁRQUEZ, Ana y MARTÍNEZ PLAZA, Pedro J (eds.) (2017), Epistolario del Archivo Madrazo en el Museo del Prado [I], Madrid: Fundación María Cristina Masaveu Peterson, Museo del Prado.

MENDOZA, Cristina y QUÍLEZ CORELLA, Francesc (2008), «Platja de Portici de Fortuny: reflexions a l’entorn de la seva darrera etapa artística», Butlletí del Museu Nacional d’Art de Catalunya; Vol.: 9. 9.

NAVARRO, Carlos G. (2008), «Testamentaría e inventario de bienes de Mariano Fortuny en Roma», Locus Amoenus, v. 9, p. 319-349.

REYERO, Carlos (2017), Fortuny o el arte como distinción de clase, Madrid: Cátedra.

RUIZ RODRÍGUEZ, Luis (2011), «Fortuny en Granada», GARNATA. Historia y Actualidad, mayo, nº 8, Granada.

SEQUEROS, Antonio (1974), Trayectoria humana y artística del pintor oriolano Joaquín Agrasot, Orihuela.

Agrasot; apuntes para una biografía I. (1836-1875).

Joaquín Agrasot y Juan. Coloreada por JM Dayas.

Joaquín Agrasot y Juan. I

Escritas ya decenas de biografías sobre Joaquín Agrasot, os ofrezco este trabajo, básicamente documental, utilizando como estructura la cronología que aparece en el folleto de la reciente exposición con motivo del centenario de su muerte, en 2019.

Folleto Centenario Orihuela 2019.

A estos párrafos, destacados en fondo rojo, les iré añadiendo comentarios, aportaciones puntuales y numerosos datos obtenidos en el rastreo de los cientos de noticias que he localizado en la prensa de época.

También revisaremos padrones y libros parroquiales, datos resaltados en los bloques violetas, con la inestimable ayuda de José Manuel Dayas.

El capítulo segundo al completo, es obra de Inés Antón Dayas; una interesante y prometedora historiadora del Arte.

Recrea los años de Agrasot con Fortuny; principalmente en Roma. Un periodo que la prensa española no refleja y que Inés ha tratado magistralmente.

Para completar la oferta he capturado algunas imágenes de prensa y revistas; retocado numerosos grabados de sus obras y algunas fotografías.

Aparecen intercalando en orden cronológico de publicación; que no tiene por qué coincidir con el de las pinturas originales.

Pinchando sobre algunas reproducciones, accederemos a la obra expuesta en el propio museo.

Antes de comenzar con su biografía, vamos a repasar un párrafo de la «Aproximación Genealógica» incluida en dicho folleto del centenario.

Con la llegada a Orihuela de Vicente Joaquín Agrasot Roca, confitero setabense (esta profesión aparece repetidas veces en las actas de bautismo de sus hijos) se establece en esta ciudad el apellido Agrasot, teniendo bastante relevancia en la sociedad local oriolana, sobre todo a finales del siglo XVIII …

Olvidaron a otro Agrasot Roca anterior; también de Xátiva. Y no es hermano del padre de Joaquín, aunque tiene los mismos apellidos.

Parroquia de Santas Justa y Rufina de Orihuela. Raymundo Agrasot Roca. Padre del contrayente: Ramón. Madre del contrayente: Margarita.

Casó el 9 de diciembre de 1790 con Magdalena Godínez Fuentes. Padre de la contrayente: Miguel, natural de la ciudad de San Felipe, Játiva, arzobispado de Valencia. Madre: Tomasa, natural de dicha ciudad de Valencia. Matrimonio inscrito en el Libro M-06 (1781_1825) Folio 145 vto.

Raymundo enviudó y se casó de nuevo en 1816, con Escolástica Serrauta, natural de Quintano (Huesca).

De este segundo matrimonio nació Mariano Agrasot Serrauta, concejal en el Ayuntamiento de Orihuela, quien tenía una confitería en la Plaza Cubero a finales de los setenta del siglo XIX.

Lo chocante es que se casó el 1 de Junio de 1859 con Francisca Antonia Juan Fernández, dando lugar a los mismos apellidos: Agrasot Juan. Aclarado este punto, la cronología del folleto empieza con el siguiente párrafo:

1836. Nace el 23 de diciembre (según consta en la partida de bautismo) en Orihuela en la calle de «La Mancebería» siendo bautizado en la Santa Iglesia Catedral.

Sus padres Joaquín Agrasot y Roca, de profesión confitero, y Rita Raymundo, eran de Xátiva y Orihuela, respectivamente.

Hasta la década de 1860, no he encontrado registros de prensa. Pero podemos utilizar los datos publicados en el diario valenciano «Las Provincias» y en el oriolano «La Huerta»; en 1908 y 1909 respectivamente; compulsando con los libros parroquiales.

Orihuela. Vista general de la ciudad. Charles Clifford, 1862. Colección Javier Sánchez Portas.

Joaquín Agrasot y Juan, el más internacional de nuestros pintores, nació en la madrugada del 23 de diciembre de 1836.

Algunas biografías datan su nacimiento en Nochebuena; pero aquí no hay duda; tenemos el libro de bautismo:

Joaquín Agrasot Juan. Parroquia de El Salvador de Orihuela. Bautizado el 25 de diciembre de 1836. Inscrito en el Libro B-40 (1834_1841) Folio 117.

Padre: Joaquín. Madre: Rita. Abuelos paternos: Sebastián y Francisca Roca. Abuelos maternos: Joaquín y Rita Reymundo. Padrinos: Joaquín Juan y Rita Reymundo. Nació el día 23 a las 2 y media de la mañana.

Según «La Huerta», vino al mundo en la popular calle oriolana de la Mancebería; especificando que era la de Muñoz.

Otras biografías, como la de Sequeros, sitúan su nacimiento en el Vallet (Ballesteros Villanueva en la actualidad).

La partida no dice nada de la calle; pero los que confeccionaron el catálogo del centenario debían tener información más precisa; pues citan hasta el número, cosa que no hace la prensa de época: La Mancebería, 3.

En lo relativo a las calles en las que vivió la familia, tenemos algunas pistas.

La única relación con La Mancebería la hemos encontrado en la familia de su madre (Reymundo, apellido de varios confiteros oriolanos).

En el censo de 1854, Rita Reymundo, viuda de Joaquín Juan, vive en la Mancebería; y con ella, dos de sus hijos con sus respectivas consortes, y cinco nietos.

¿Es posible que Joaquín naciese en casa de sus abuelos?.

La Mancebería

En cuanto al Vallet, utilizan seguramente los apuntes de ese censo y de otro fechado en 1876.

En dichos documentos, la familia Agrasot aparece allí domiciliada. En el primero figura también una criada de 26 años; Rosa Marco, natural de Callosa de Segura.

Pero tenemos otra calle más en la que nació su hermano Federico en 1842. Es la de los Hostales; la misma donde estuvo domiciliada la confitería.

Esto es solo una teoría: Es posible que se instalasen en principio en casa de sus suegros, en la Mancebería y allí nacieran Ramón (el único bautizado en Santa Justa) y Joaquín.

La casa de los Juan-Reymundo, en la Mancebería, era grande; tanto como para albergar posteriormente a dos hermanos de Rita con sus esposas e hijos.

En 1842 los Agrasot-Juan, vivían en los Hostales, quizá donde montaron el negocio. Y luego, toda la familia se instaló definitivamente en el Vallet, muy cerca de la confitería (al menos están allí censados entre los años 1854 y 1879).

Lo dicho; es una suposición para explicar estos tres domicilios. Vamos con su familia:

Joaquín era hijo de Vicente Joaquín Agrasot Roca, un confitero natural de San Phelipe, Játiva; y de Rita Juan Reymundo, de Orihuela.

Sus padres se casaron en la Parroquia de las Santas Justa y Rufina. Sus abuelos paternos eran Sebastián Agrasot y Francisca Roca; y los maternos: Joaquín Juan y Rita Reymundo; que a la vez fueron sus padrinos.

Joaquín era el segundo de ocho hermanos: Ramón (1834), quien se quedó con la confitería; Joaquín (1836) nuestro pintor; José Inocencio (1838); José (1840); Federico (1842); Enrique (1847); María de Monserrate (1849) y José (1852).

1847-1856. Realizó estudios de Primaria y Secundaria, asistiendo a la academia de Nicolás Dodero en el Colegio Santo Domingo de Orihuela.

La Huerta, 1909: En su juventud más temprana y a impulsos de su irresistible vocación al arte soberano de Apeles, comenzó sus estudios de dibujo en una academia establecida en el convento de Santo Domingo, bajo la dirección de Nicolás Dodero

(…) Viendo sus padres la decididas y cada vez más arraigadas aficiones del joven Joaquín, resolvieron enviarle a Valencia, a fin de que siguiera sus estudios de pintura y completara su educación artística…

El impresionante edificio de Santo Domingo había sido convento dominico hasta la exclaustración de 1835-1836. Pasó a manos del Estado tras la desamortización de Mendizábal. 

Durante ese periodo, además de la primera biblioteca y museo de arte oriolanos, albergó varias instituciones educativas de carácter laico.

Colegio de Santo Domingo, 1863. Colección Javier Sánchez Portas.

En cuanto al maestro citado, su nombre completo era Nicolás Mariano del Pilar Dodero Giera; bautizado en la catedral del Salvador el 12 de octubre de 1808.

Nicolás era el segundo hijo de una familia de mercaderes genoveses instalados en Orihuela. Sus padres se casaron en Santa Justa en 1804.

Nicolás Mariano del Pilar Dodero Giera. Parroquia de El Salvador de Orihuela. Bautizado el 12 de octubre de 1808. Inscrito en el Libro B-32 (1804_1809) Folio 357.

Padre: Carlos Dodero Gaturno, comerciante. Madre: Josefa Giera Colla. Abuelos paternos: Don Tomás Dodero y Dña. María Ana Gaturno. Abuelos maternos: Don Nicolás Giera y Dña. Rosalía Colla. Padrinos: Domingo Dodero y Francisca Eston. Comentarios: Naturales de Bocadasse, Reyno de Génova

Joaquín Agrasot inició su carrera en un momento decisivo; coincidiendo con el resurgir del arte en España; en angustiosa penuria a mediados del siglo XIX.

Con la Iglesia desamortizada y la aristocracia en decadencia, los artistas habían perdido a sus principales mecenas.

Y para colmo, el permanente conflicto político y la falta de promoción cultural dificultaba el funcionamiento de un mercado que atrajese a compradores particulares.

1857-1861. Cursa estudios superiores en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Realizó estudios de Aritmética, Dibujo, Perspectiva o Teoría de la Historia del Arte, coincidiendo con destacados pintores entre ellos Salvador Martínez Cubells, contando entre sus profesores con Francisco Martínez Yago.

En otros países más adelantados, el Estado estaba interviniendo de manera decisiva velando por sus artistas.

El modelo a seguir era el de Francia; con su famoso salón de exposiciones de París; profesionalizado y moderno; con reglamentos, jurados y premios; con público entendido y crítica especializada.

En la segunda mitad del siglo XIX la ciudad de las luces llegó a organizar cinco exposiciones internacionales.

Autorretrato.

Joaquín no imaginaba que el resto de su vida iba a transcurrir de certamen en certamen: como participante, como jurado, o como organizador.

En 1853 España se apuntaba por fin al carro de la cultura organizando una Exposición Nacional de Bellas Artes de carácter bienal, sufragada por el Estado.

El Real Decreto de Isabel II, fechado el día de los Inocentes, significaba el pistoletazo de salida para la modernización y democratización del arte en España.

Las exposiciones eran la fórmula perfecta para promocionar a los artistas vivos; premiando y divulgando sus mejores obras; poniéndolas al alcance del pueblo «para su deleite y educación».  

1860. Concurre por primera vez a la «Exposición Agrícola, Industrial y Artística» organizada por la Sociedad Económica de Amigos del País en Alicante, presentando seis obras y consiguiendo una medalla de bronce. Entre las obras presentadas destaca el Sacrificio de Isaac que se conserva en el Museo Diocesano de Arte Sacro de Orihuela, propiedad de la Fundación Patronato Histórico-Artístico de la Ciudad de Orihuela.

A la manera de las exposiciones nacionales, se iniciaron muestras de carácter regional, provincial o local.

En marzo de 1860 «La Correspondencia de España» anunciaba la respuesta a la solicitud de ayuda a Su Majestad por parte de la Sociedad Económica de Amigos del País en Alicante.

A través del Gobierno Civil, les habían concedido 800 reales para la organización de una exposición agrícola industrial en la que no solo tenían cabida los adelantos mecánicos.

Con ese dinero premiarían a los expositores; sin olvidar las ciencias, la música, las artes y todos los adelantos y conocimientos. Pronto los artistas se fueron adueñando también de estas exposiciones.

En diciembre, el mismo medio nacional, encontramos esta «Reseña Curiosa»:

Hemos recibido un interesante cuaderno titulado reseña de exposición agrícola, industrial y artística celebrada en Alicante, en octubre de 1860, bajo los auspicios de la Sociedad Económica de Amigos del País. En dicha reseña se comprende un catálogo completo de todos los objetos que figuran en la exposición.

En esa reseña, que no hicieron pública, debían figurar «El sacrificio de Isaac»; actualmente en el Museo Diocesano de Orihuela; y otras cinco más pintadas por Agrasot: «La Educación de la Virgen», una «Sacra Familia», dos paisajes originales y un retrato de D. Juan Alfonso de Alburquerque, obispo de Córdoba.

1861. Parte a Roma donde conocerá a Mariano Fortuny

Como he dicho al principio, en la prensa española hay muy poco material de sus andanzas en Roma y de su amistad con Fortuny.

Pinchando el siguiente retrato se accede al capítulo monográfico escrito por Inés Antón Dayas. Abarca el periodo 1861-1875.

En este seguiremos con las noticias publicadas durante su ausencia y en alguno de sus viajes a España.

Al quedar superpuestos ambos trabajos coetáneos, el lector tiene dos opciones: saltar al capítulo segundo y luego regresar; o terminar el primero y leer los seis en orden. A gusto del consumidor.

Enlace capítulo II . Artículo de Inés Antón.

1864. Obtiene la tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de España con el cuadro titulado La Lavandera de la Scarpa, actualmente en el Museo del Prado.

Año 1864.

La Exposición Nacional de Bellas Artes de 1862 se había celebrado en la Casa de la Moneda. Para la de 1864, se instaló una gran carpa en el solar de un antiguo convento de monjas situado en la calle Alcalá.

Celebrada en diciembre, la preparación, desarrollo y crítica del evento inundó las páginas de los periódicos; detallando los listados completos de artistas y premios.

He escogido tres publicaciones.

Exposición Nacional de 1864. El museo universal, 1 de enero de 1865.

14 de diciembre. El Contemporáneo. Madrid: Ayer tarde se verificó por fin, con extraordinaria solemnidad, la apertura de la exposición de Bellas Artes, cuyo hecho puede considerarse como un verdadero acontecimiento nacional, porque esta exposición es la más brillante de cuantas se han celebrado en España, y si no pareciera vanidad, diríamos que puede figurar entre las más notables que se han celebrado en Europa en estos últimos tiempos.

(…) Sala cuarta. Primera de la sección de pinturas. De Agrasot: Una aldeana y Escuela al aire libre.

14 de diciembre. La Regeneración. Madrid: De la exposición que se ha inaugurado ayer, nos han hablado muy bien de dos cuadros del Sr. D. Joaquín Agrasot, que representan dos escenas de costumbres romanas, primorosamente trabajadas. Deseamos verlas. Por lo demás, la exposición de este año es magnífica.

En una publicación titulada «Crítica a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1864», obra de «el difunto pintor Orbaneja» (seudónimo cervantino del periodista Gregorio Cruzada), figura la siguiente reseña:

Agrasot (D. Joaquín). La lavandera de la Scarpa es mucho mejor que la escuela de aldea en los Estados Pontificios, pero ambos cuadros hacen esperar mucho de su autor, y puedo decir, hablando ingenuamente que hay más que promesas. Pero quiero darle un consejo por lo mismo que, aún sin saber quién es, le aprecio, y es que huya de la manera y del procedimiento como huiría del diablo, y vaya derecho a la verdad sin ocuparse del camino.

Lavandera de la Scarpa, 1864. Óleo sobre lienzo. Pinchando la imagen se accede al Museo del Prado 

Año 1865.

Esta es la única relacionada con partidos políticos que he encontrado sobre Joaquín Agrasot (el político de la familia fue su hermano Ramón).

9 de marzo. La Iberia. Madrid: BOLETÍN DE LOS COMITÉS DEL PARTIDO PROGRESISTA. Comité de Orihuela. En la villa de Almoradí, a 5 de febrero de 1865… (Tras un largo listado de nombres en las diferentes delegaciones comarcales): Han escrito adhiriéndose a los anteriores acuerdos y agregando sus firmas al acta, según los documentos que obran en la secretaría del Comité provincial: Por Orihuela: Manuel Valcárcel, Joaquín Agrasot…..

1867. Obtiene la medalla de plata en la Exposición Nacional de Bellas Artes de España, con el cuadro titulado Las dos amigas, actualmente en el Museo del Prado.

Año 1867.

12 de febrero. La Esperanza. Madrid: Variedades. Exposición de Bellas Artes de 1867(…) Sentimos hallar en la bonita niña de las dos amigas, del Sr. Agrasot, tonos verdes y amarillos con tanta profusión.

17 de febrero. Diario oficial de avisos. Madrid: Por otra real orden que también publicó la Gaceta, se aprueba la propuesta elevada por el jurado de la exposición nacional de Bellas Artes de 1866, de las medallas, consideraciones y menciones honoríficas que ha creído justo se adjudiquen a los artistas que a la misma han concurrido.

Propuesta general de premios acordada en sesión de 11 de enero del corriente año: Sección Pintura (…) tercer grupo, género;  Medalla de segunda clase. D. Joaquín Agrasot.—Núm. 2.—Las dos amigas.

Joaquín Agrasot

Tres días antes se publicó una revista cultural madrileña llamada «Gil Blas». En ella , un «crítico especializado», mencionaba al discípulo de Fortuny:

La luz debe repartirse gratis en el estudio del señor Fortuny; tan de sobra la tiene el joven maestro catalán. Si lo dudáis, volved los ojos a «Las dos amigas», que en la pared de enfrente nos presenta el Sr. Agrasot.

Estas dos amigas son una niña campesina que duerme sobre la yerba del prado, y una cabra que, recostada junto a ella, le guarda el sueño.

El pensamiento es sencillísimo; pero ¡qué bien duerme la niña, y qué bien vela la cabra, y qué bien las baña la luz ardiente del cielo italiano!

Las dos amigas, 1866. Óleo sobre lienzo. Pinchando la imagen se accede al Museo del Prado 

El cuadro pasaría por perfecto en su género, sin la exagerada igualdad del procedimiento que en todo él emplea el artista, tocando casi del mismo modo la yerba, los ropajes el pelo de la cabra y las carnes de la niña.

Por fortuna el Sr. Agrasot trabaja en buena escuela; y quien tantas cosas le ha enseñado con su ejemplo, también le enseñará cómo se expresa con el toque la diferencia de textura que hay entre la epidermis de un niño y la piel de un rumiante.

La Fontana de Julio III es un cuadro precioso, y la burra que en ella bebe puede llevar en el anca la marca de Fortuny.

Pero ¿por qué no ha de encerrarse jamás un artista en los límites naturales de su talento? ¿Por qué, frente a esas dos muestras acabadas en su género, nos presenta el señor Agrasot aquel Josué de circo olímpico, haciendo equilibrios académicos sobre una jaca educada por Ciniselli?.

En «El museo universal», del 24 de febrero, apareció la relación completa de premios propuesta por el jurado y aprobada por Su Majestad.

En la sección de Género, Joaquín Agrasot obtuvo la medalla de segunda clase.

1867-1868. Regresa a España. Solicita de la Excma. Diputación de Alicante, pensión, por vacante, para perfeccionarse en el arte de la pintura y completar estudios en Italia, siéndole concedida al año siguiente.

26 de febrero. La Esperanza. Madrid: Exposición de Bellas Artes de 1867. Recordamos que en el artículo anterior dejamos pendientes los cuadros del Sr. Agrasot y el señor Worms, y será justo que sigamos nuestro parecer sobre los mismos.

… en cuanto a los cuadros del señor D. Joaquín Agrasot, solo añadiremos que después de haber contemplado con gusto sus Dos amigas, en las que nos pareció ver una manera que ya indicamos, pasamos a examinar su Josué que nos pareció más grandioso el asunto que sus contornos y su composición, si bien se reconoce en él arrogancia y vigor.

Joaquín Agrasot, 1867.

1868. A finales de este año o principios del siguiente vuelve a Roma.

1871. Se encuentra en Orihuela, desde donde se traslada a Madrid, para pintar el retrato de Amadeo I, que le había encargado la Diputación Provincial para su Salón de Sesiones, entidad a la que regaló en agradecimiento al pensionado que disfrutaba en Roma.

Orihuela 1870. Colección Javier Sánchez Portas.

Año 1871.

11 de agosto. Ecos de Alicante: Artista. El conocido y aventajado pintor Sr. Agrasot, pensionado en Italia por la Diputación de esta provincia, llegó ayer a Orihuela, su pueblo natal, para pasar de allí a Madrid con el objeto de hacer el retrato de S.M. el rey con destino al salón de sesiones de la Diputación Provincial.

10 de noviembre. El Imparcial. Madrid: Está llamando la atención de los inteligentes un retrato de S. M. el rey D. Amadeo I, de tamaño natural, pintado por el distinguido artista D. Joaquín Agrasot, quien lo destina a la Diputación provincial de Alicante.

El 22 de noviembre, «El Constitucional», de Alicante, certificaba la colocación del retrato, a tamaño natural, en el salón de sesiones de la Diputación Provincial; y se deshacía en elogios y descripciones. Terminaba asegurando:

El Sr. Agrasot debe estar satisfecho de su obra, como suponemos estará la diputación de poseer tal vez el primer retrato de este género que ha hecho en España. En cuanto a nosotros, sentimos verdadero orgullo por contar en nuestra provincia con un artista tan distinguido.

1872. Visita Granada, donde Mariano Fortuny estaba establecido desde julio de 1870. Contrae matrimonio en Alicante, con María Leandra Zaragoza, conocida como Emma. De esta época son obras tan destacadas como El charlatán (1873) y El Prestidigitador (1874).

El asunto granadino está tratado también por Inés en el siguiente capítulo.

Año 1872.

«La Ilustración de Madrid». 1872. Composición inspirada en el tránsito entre los dos claustros de Santo Domingo.

El 6 de enero, «El Constitucional» recomendaba a sus lectores un bellísimo cuadro pintado en Roma.

Estaba expuesto en la papelería de la viuda de Carratalá, en Alicante: «debido al pincel de nuestro coprovinciano D. Joaquín Agrasot», conocido ya ventajosamente en el mundo artístico.

Representaba a dos soldados de tiempos de Felipe IV dando una serenata a la moza de una posada.

El 11 de enero, gracias a «La Independencia Española», diario madrileño, sabemos que aprovechó su estancia en España para actuar como jurado en la Exposición Nacional de 1871, donde se presentaron más de 700 obras.

30 de mayo. La Independencia Española: El 25 de abril, fiesta de los artistas en Roma, precioso grabado que hoy publica La Ilustración de Madrid. El croquis lo ha remitido el distinguido pintor Sr. Agrasot, uno de los que más honor hacen en Roma a las artes españolas.

Dibujo de D.J.L. Pellicer. Croquis J. Agrasot. La Ilustración de Madrid, 30 mayo 1872.

El 3 de noviembre, «El Chocolate, periódico dominguero y madrugador» anunciaba que, un tal Atienza, había enriquecido últimamente su pequeño museo con varias obras entre las que nombraba «un boceto de La feria de Orihuela», de Agrasot.

Labradora de la Huerta. Litografía 1872. Biblioteca Regional de Murcia.

Año 1873.

Según consta en los libros parroquiales, en este año de 1873 se casó en Alicante con Enma Zaragoza Cubero, natural de Elche. Su nombre de bautismo era María Leandra.

Joaquín Agrasot Juan. Casó en 1873 con Emma Zaragoza Cubero. Parroquia de San Nicolás de Alicante. Matrimonio inscrito en el Libro M-25 (1868_1874). Folio 245 vto.

Matrimonio Agrasot-Zaragoza. Coloreada por JM Dayas.

En julio, un diario alicantino publicó una noticia, cuanto menos curiosa.

6 de julio. El Constitucional: Vejación. Hallándose ayer mañana el reputado artista Sr. Agrasot, verdadera locura en este país, sacando una vistas en el panteón del inolvidable Quijano, fue sorprendido extrañamente por el inspector de policía, que después de un minucioso registro, lo mandó arrestado sin consideración de ningún género, disponiendo así mismo otro registro en los cofres que tenía en su casa el indicado pintor.

Excusado es decir que fue puesto en libertad a los pocos momentos, porque nada podía hacerle sospechoso.

La gacetilla, que se extiende en atacar el celo y las formas del inspector Miralles, fue respondida, dos días después, por «El Municipio», acusando de calumnia al diario rival por querer llevar la superchería al extremo de la exageración con una noticia llena de falsedades.

Bombardeo de Alicante 3 grabados. Croquis de Joaquín Agrasot. Dibujos del Sr. Pellicer. Grabados de los Sres. Rico, Capuz y Marichal. En «La Ilustración Española y Americana». 8 de octubre de 1873.

30 de octubre. La Correspondencia de España. Madrid: Ha llegado a Madrid el distinguido pintor valenciano Sr. Agrasot, de paso para Roma.   

Era su último viaje a la ciudad eterna como estudiante. Mariano Fortuny estaba ya muy enfermo.

Tres semanas después fallecía en Roma.

Año 1874.

El 1 de marzo, «La Revista Europea» publicó una crónica de su corresponsal en Roma alabando a la colonia de españoles, honra de su patria, que residían en la «Ciudad Eterna».

En el apartado de Agrasot, contaba que acaba de llegar de España; y que había empezado dos cuadros; uno que representaba a una maja tocando la guitarra; y el boceto de un instructor de perros.

Las tres últimas noticias localizadas pertenecen a diario alicantino «El Constitucional». El 25 de julio calificaba a Agrasot como «gloria de la provincia», comparándolo con Goya:

Obras de arte. Hemos tenido el gusto de ver tres bellísimos cuadros pintados en Roma, por nuestro querido amigo y comprovinciano, el distinguido pintor D. Joaquín Agrasot, que revelan los progresivos y rápidos adelantos de este artista que honra ya a España con su nombre, conocido y apreciado en el extranjero, en donde son muy buscadas sus obras que se pagan a alto precio.

Los cuadros a que nos referimos pertenecen al género que hoy está más en boga en el mundo artístico, y representan costumbres españolas de fines del siglo XVIII, y principios del actual.

La escuela del Sr. Agrasot se asemeja macho a la de Goya, si bien sus figuras están más concluidas y los accesorios son más detallados que los de aquel.

Los tres cuadros que acabamos de ver, representan el uno una maja sentada sobre un banco de azulejos tocando la guitarra; una manola componiendo la chaqueta a un torero y hablando con una vieja y un trozo de la Explanada de los Mártires de esta capital, en donde pescan algunas personas con trajes del año 1804.

… Dibujo, colorido, expresión, ambiente, todo lo que constituye la belleza de la escuela realista, resalta de una manera admirable en esas tres joyas, una de las cuales ha sido adquirida por un paisano y amigo nuestro, a quien felicitamos por su adquisición…

El 24 de noviembre daba cuenta de una nueva obra enviada desde Roma; comprada por un famoso banquero y expuesta en los escaparates de una papelería en Alicante.

Cuadro precioso. Hace dos días que está llamando la atención pública un precioso cuadro, debido a los pinceles del ya célebre artista español, nuestro comprovinciano y amigo D. Joaquín Agrasot, que se halla expuesto en los escaparates de la papelería de la señora viuda de Carratalá.

Representa dicho cuadro una señora vestida a la usanza de la corte de Carlos IV; y es, en efecto, una obra maestra del arte.

El cuadro que nos ocupa encierra tantas bellezas de detalle, que es difícil describirlas; pero lo que más resalta en él es la corrección de dibujo, la belleza del colorido, bajo en general; y la admirable verdad con que están pintadas las telas que viste la figura, y que no dejan duda de su respectiva calidad, ni a los menos inteligentes: la falda, de medio paso, es de chiné a flores con adornos de pasamanería negra; el corpiño de raso color lila, y la mantilla de encaje blanco.

… Se halla la figura colocada delante de una frondosa arboleda y junto a una fuente, cuyo musgo, así como la toba que se forma en los bordes del pilón están tan maravillosamente ejecutados, que recuerdan todo lo mejor que en este género sé ha pintado.

Reciba nuestro comprovinciano y amigo nuestra sincera enhorabuena, por la última obra que ha remitido a Alicante y que viene a embellecer las habitaciones del Sr. D. Arturo Salveti que ha adquirido el cuadro.

Año 1875.

El 24 de enero ya afirmaban que Joaquín Agrasot era conocido en todo el mundo; y contaban el destino del boceto de los perros antes mencionado.

Ha sabido en Roma, en el emporio de las artes, adquirir tal reputación, que sus cuadros de géneros se pagan ya como los que más precio alcanzan en la presente época.

Su última creación, titulada Los perros sabios, cuadro de costumbres, que representa un titiritero haciendo bailar ante un numeroso concurso unos perros, acaba de ser adquirido por Mr. Goupil, inteligente coleccionador de cuadros modernos, por una cantidad tan considerable, que puede ser la base de una fortuna sólida…

La Ilustración Artística.

En 1875, desaparecido su gran amigo y mentor, Joaquín Agrasot y señora volvieron a España definitivamente

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Mi agradecimiento a José Manuel Dayas.

Enlace a la II parte.
Enlace a la III parte.

Callejeando 28. ASJ 2. Los Hostales.

Archivo Mariano Pedrera.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.
Los Hostales. Entre las casas de los Roca y los Pizana. Colección Javier Sánchez Portas.

Los Hostales/ Bajada del Puente Nuevo.

Lo carrer de els Ostals desde la porta de Elig a la Corredora.

No se puede describir mejor. Como bien nos indica el siguiente padrón, confeccionado en el siglo XVII, la calle de los Hostales abarcaba el terreno comprendido entre la puerta de Elche y la Corredera.

Un espacio extramuros, surcado de acequias, donde se fueron concentrando hostales, posadas, mesones y paradores de carros.

Archivo Municipal de Orihuela. Padrón 1651.
Calle Alfonso XIII. Colección Javier Sánchez Portas
Calle Alfonso XIII. Colección Javier Sánchez Portas

Esta zona extramuros comenzó a poblarse en el siglo XV, periodo de gran expansión urbanística. En la centuria anterior había sido escenario principal del asedio sufrido durante la Guerra de los dos Pedros.

Entre la puerta de Elche y un portillo que llamaban del Salvador (a la altura de la actual casa de Rubalcava, en la calle Mayor) estaba uno de los puntos más débiles de la muralla, un tramo descuidado por considerarlo bien protegido por las cuatro acequias que actuaban a modo de foso.

Pero en aquella contienda las acequias fueron cegadas y, utilizando máquinas de asedio, los castellanos lograron abrir una brecha de sesenta brazas; destrozando también dos molinos, seguramente los antecedentes del molino del molino Grande y del «moli fariner del señor de Coix».  

Molino de Cox. Principios del siglo XX. Colección Javier Sánchez Portas.

Esta última y añeja instalación hidráulica, que contaba en el siglo XIX con cuatro piedras de moler, pertenecía a Diego Marín Barnuevo , señor de Cox y de la Condomina, caballero de la Cruz de Carlos III y senador vitalicio (1810-1884) . 

Ello motivó que, en la sesión del 14 marzo de 1861, la Comisión municipal del Nomenclátor dictaminase preocupada que, a ese callejón llamado del Molino, se le debía llamar calle del Molino de Cox para evitar confundirla con otra calle de igual nombre que existía en el arrabal de San Agustín. Se referían a la Calle del Molino, paralela a la Plaza Nueva; que pasó a llamarse del Molino Grande.

Puente de Levante y Molino de Cox
Puente de Levante y Molino de Cox.
Molino de Cox. Principios del siglo XX. Colección Javier Sánchez Portas.
Calle Molino de Cox/Macando. Archivo Rafa Almira

Este callejón fue alineado y reformado a finales del XIX con motivo de las obras de construcción del Casino Orcelitano. Su titulación se mantuvo hasta que, en 1984, se lo dedicaron a uno de los propietarios de «Bar Zara»: Antonio Rodríguez Egío, alias «Macando».

Calle Molino de Cox/Macando
Archivo Rafa Almira
Antonio Rodríguez Egío “Macando”.
Archivo Lola Sánchez

El diseño y urbanización de la calle de los Hostales comenzó a trazarse en 1747, cuando Luis Roca y Moncada decidió construir una «casa principal, en el sitio que estaban las pertenecientes a su mayorazgo, hermoseando el frontis y dando línea recta al edificio».

La construcción del palacio que alberga el actual hotel Tudemir cambió la fisonomía de la zona, sacando una “casa noble” al arrabal por encima de la muralla que, convertida en un obstáculo, fue desapareciendo para conformar la que ahora es la calle Alfonso XIII.

Biblioteca Fernando de Loazes. En el Palacio de los Roca.

Pinchando en la siguiente imagen se accede a un pequeño artículo sobre dicha construcción y el conflicto que provocó con su vecino, el de Pizana.

Rocas y Pizanas
Enlace a artículo
Francisco Luis Galiano Moreno

Con el paso del tiempo, el obsoleto muro que llegaba hasta la esquina del «Vallet» quedó cubierto por casas adosadas al exterior.

Quizá siguiendo el ejemplo de los Roca, los mercedarios emprendieron la restauración de su enorme edificio conventual en la segunda mitad del siglo XVIII, cambiando la orientación de su portada principal hacia la nueva calle; por encima de la muralla; en línea con el extremo del palacio.

Alfonso XIII Merced
Calle Alfonso XIII. Archivo Alberto Zerón.
Calle Alfonso XIII. Colección Tejuelo.

Como ya he comentado, fronteriza con la de los Roca estaba la casa de los Pizana. Pascual Madoz afirmó en su diccionario que, por su capacidad y arquitectura, ambas casas podían considerarse palacios. Durante más de veinte años, desde 1864 hasta la construcción del actual en 1888, fue la sede del «Casino Orcelitano».

La calle de los Hostales en 1886. Al fondo el casino en la casa de Pizana. Colección Antonio Luis Galiano Pérez.

En 1893 albergó las instalaciones de la «Fonda España», propiedad de Joaquín Alonso Lidón.

El independiente. 19 de agosto 1893: Mañana se inaugura la nueva Fonda de España que nuestro amigo D. Joaquín Alonso ha establecido en el antiguo Casino. Con tal motivo, el dueño del establecimiento se propone obsequiar mañana a las ocho de la noche con una comida a sus numerosos amigos y al público de Orihuela en general; y para evitar omisiones involuntarias siempre fáciles en estos casos nos ruega invitemos a todo el que mañana quiera honrarle sentándose a su mesa, para las 8 de la noche.

Gran Hotel de España
Colección Javier Sánchez Portas.

El independiente. 23 de agosto 1893: Anoche tuvo lugar, como oportunamente anunciamos, la inauguración de la nueva Fonda de España establecida en el local del antiguo Casino. El nuevo establecimiento, montado a la altura de los mejores en su clase, está alhajado con verdadero gusto y tiene I7 habitaciones no muy grandes, pero como tacitas de plata.

El comedor amplio y alegre se vio anoche concurridísimo sentándose a la mesa más de 40 comensales. El servicio nada dejó que desear y el menú compuesto de sopa, carne en salsa, carne rebosada, asado y postres, hace honor al cocinero del referido establecimiento.

Junto a la fonda, en las accesorias del edificio, se abrieron varios comercios:

El primitivo murciano. Manuel Clemares.

«El primitivo murciano». Primera casa en novedades. Alfonso XIII núm. 4, junto a la Fonda España. Mercería, pasamanería, cuellos, puños y corbatas, perfumería del país y extranjera, guantes de piel, lana, hilo, seda, sombrillas, paraguas,abanicos, bisutería, artículos de punto, sedas, algodones de bordar, peines y peinetas, artículos de piel, corsés e infinidad de artículos del ramo.

Regentado por Manuel Clemares, pasó luego a llamarse «El Murciano»; ofreciendo productos de mercería, perfumería, camisería, juguetería, peletería, bisutería y grandes oportunidades.

El Murciano. Manuel Clemares.
El Murciano. Foto Belda. Archivo Cánovas Saavedra.

En 1904 la Fonda España sufrió profundas reformas para convertirse en el Gran Hotel de España, un lujoso establecimiento con gran salón para banquetes.

Durante años fue el hospedaje más prestigioso de Orihuela; hasta la construcción del Hotel Palace en el otro extremo de la calle de Loazes.

En 1915 lo regentaba su hijo, Joaquín Alonso Cifuentes; quien como veremos, acabaría comprando el Hotel Palace.

«El Eco del Segura» 1909.
Calle Alfonso XIII. Al fondo Gran Hotel de España. Colección Javier Sánchez Portas.

Otro establecimiento de la misma época alojado en los bajos de la casa de Pizana fue el «Café de Levante». Famoso por sus tertulias, en la publicidad ofrecía selecto café, helados; y, en los días especiales, sopada, flanes y almojábanas. Reformado en 1907, era propiedad de Manuel Esquiva.

Café de Levante. Junto al Casino.

Los Pizana eran dueños también de una enorme y antigua posada parador, al menos desde el siglo XVII. El añejo edificio se extendía hasta el inicio del puente de Levante dejando una estrecha vía que provocaba continuas quejas por su mal estado.

El 30 de octubre de 1886, el alcalde Ballesteros Villanueva se encargó personalmente de comprar la Posada de Pizana ante el notario de Murcia Juan de La Cierva Soto, con el fin de que «la demoledora piqueta del material progreso, echase al suelo el vetusto edificio, esparciendo las ruinas de pasados siglos para que sobre sus restos se elevasen modernos edificios más en armonía con las leyes de la arquitectura moderna y de la urbana policía».

El antiquísimo edificio cayó en diciembre de ese mismo año; y en parte del solar se edificó el nuevo «Casino Orcelitano». Transcribo algunas noticias publicadas por aquellas fechas:

La crónica. 30 de septiembre de 1886: Zanjadas ya algunas dificultades que se ofrecieron para la adquisición de la posada de Pizana, parece que su dueño ha prestado el consentimiento para que se venda, o mejor dicho para que se permute por tierras de la huerta que den igual producto anual, y por lo tanto dentro de poco se otorgará la escritura, y consiguientemente, podrá precederse al derribo de ese edificio, cumpliéndose así por fin, el deseo constante el capricho decidido, y el sueño más dorado de ciertos y determinados sujetos que en nuestra opinión no pueden ser completamente felices mientras no vean en ruinas ese vetusto edificio, que había llegado a ser la pesadilla de sus noches de insomnio. ¡Que sea pues en hora buena!

La crónica. Campaña diciembre de 1885: ¡ACUDID, GOLOSOS! A la hospedería de Pizana, que ha llegado el conocido Antonio García Monerri con abundante surtido en turrones de Jijona, yema, nieve y duro; peladillas finísimas y anises.

El día. Campaña de diciembre de 1885 a marzo de 1886: EL CONOCIDO DENTISTA DE ELCHE D. RAMON GONZÁLVEZ tiene el honor de poner en conocimiento de sus numerosos parroquianos, y del público en general, que habiéndose trasladado los ex -dueños de la Posada de Pizana, a la del Sol, él pasará una temporada en esta última. Allí ofrece sus servicios, en todo lo que concierne a su profesión desde las 8 de la mañana a la 1 de la tarde en la POSADA DEL SOL, CUARTO NÚMERO 12.

Hospedaje de Pizana y Molino de Cox. 1870. Colección Javier Sánchez Portas.

Su derribo propició la construcción del nuevo «Casino Orcelitano» y el ensanche y urbanización de la calle que, hasta finales del XIX se nombraba sencillamente como calle del Puente nuevo o Bajada del Puente.

Calle de Loazes. Colección Javier Sánchez Portas.

El diario de Orihuela. 15 de noviembre de 1886: Hasta el domingo próximo se admiten en la «Sociedad Unión Agrícola Orcelitana» proposiciones para el derribo de la posada de Pizana y aprovechamiento de materiales.

El diario de Orihuela. 25 de noviembre de 1886: Ayer tarde comenzó el derribo de la posada de Pizana, el cual se hace según se nos dice por cuenta de la «Sociedad Unión Agrícola».

El diario de Orihuela. 2 de diciembre de 1886: Ayer empezaron a venderse los materiales de la Posada de Pizana la cual, ya desocupada por el inquilino, se está derribando en su totalidad.

El diario de Orihuela. 4 de diciembre de 1886: Con la teja y piedra de la derruida Posada de Pizana se ha quedado el Casino Orcelitano.

La Crónica. 16 de diciembre de 1886: La posada de Pizana ha desaparecido ya casi por completo, faltando solo la nivelación del terreno y las aceras para que lo que en su día fue un vetusto edificio quede convertido en una ancha avenida o arteria principal de la ciudad. Adelante pues y que Orihuela progrese poco a poco pero sin descanso hasta ponerse a la altura de las mejores poblaciones de su clase y censo.

Y ya que hablamos de esa mejora debida real y verdaderamente a la sociedad agrícola orcelitana, justo seria que esa nueva calle llevase el nombre de quien la ha hecho y que por lo tanto se llamase calle de la Unión, o si dicha sociedad es tan modesta que declina ese merecido honor, podría llamarse calle del Progreso, o de Loaces, Moncada o Rocamora si en ella se quiere perpetuar la memoria de alguno de esos ilustres hijos de Orihuela, que honran la patria historia.

Y la «memoria perpetuada» fue la de Loazes.

El diario de Orihuela. 19 de septiembre 1887: Es otro de los puntos de la crónica de la semana que merece nuestra atención el acto llevado a cabo por la corporación municipal, al acordar la titulación de la nueva calle abierta en la subida del Puente Nuevo y la que pone en comunicación la calle Mayor con la de la Feria.

Sin duda alguna que nuestro Ayuntamiento ha interpretado los deseos de la población buscando dos nombres ilustres entre los más esclarecidos hijos de Orihuela.

El nombre de Cardenal Loaces, honra de esta vieja ciudad y gloria de la Iglesia española, al señalar una de las calles de la población, recordará siempre una de las páginas de nuestra brillante historia.

El diario de Orihuela. 6 octubre 1887: Ya están terminados los rótulos de las calles del Cardenal Loaces, Capitán Grifol y Santacruz. Los títulos en caracteres negros están grabados en tableros de mármol blanco de Macael.

El diario de Orihuela. 11 octubre 1887: La colocación de los rótulos en las calles nuevamente tituladas, ha sido el asunto que ha dado importancia a la semana que finó ayer. Los nombres de tres hijos ilustres de Orihuela han sido grabados en mármol y serán pronunciados al mencionar las calles que titulan por las generaciones venideras.

La Calle del Puente Nuevo, era complementaria a los Hostales. Además de la de Pizana, albergaba el Hospedaje de Buena Vista; con cuadras y coche de punto para recoger a los viajeros en la Estación de Ferrocarril.

Completaban la oferta comercial varias tabernas, cafetines, horchaterías, modestas casas de comida…

El diario de Orihuela. Campaña publicitarias en diciembre de 1886: HOSPEDAJE DE BUENA VISTA. Se ha trasladado a él, Juan Lidón, antiguo dueño de la posada de Pizana, el cual ofrece en su nuevo establecimiento a sus numerosos parroquianos cómodas habitaciones y un esmerado servicio de cocina.PARA LAS PASCUAS.

El diario de Orihuela. Campaña publicitarias en diciembre de 1886: El conocido TURRONERO DE JIJONA Antonio García, que por espacio de muchos años venía parando en la derruida posada de Pizana, ha llegado a esta ciudad con un gran surtido en turrones de todas clases y peladillas de lo más escogido, y está de parada en el HOSPEDAJE DE BUENA VISTA.

En 1895, una riada afectó seriamente al Hospedaje de Buena Vista, socavando parte de sus cimientos, especialmente en las cuadras. Con el cambio de siglo se anunciaba en prensa como Hotel o Parador de Buena Vista, propiedad de la viuda de Francisco Abadía.

Hospedaje de Buena Vista. Principios del siglo XX. Colección Javier Sánchez Portas.
Calle de Loazes y Puente de Levante. Colección Javier Sánchez Portas.

Utilizando el vocabulario de la época, con el cambio de siglo todo lo añejo desapareció para levantar una calle elegante, vestida a la moderna; aseñorada, con hoteles, casino, casas lujosas y automóviles aparcados.

Calle de Loazes. Colección Javier Sánchez Portas.

Con esa drástica reforma la calle de Loazes se convirtió en el corazón comercial y social de Orihuela. Con el paso de los años, el Hospedaje de Buena Vista se transformó en «Palace Hotel».

En mayo de 1924, «El Pueblo» anunciaba la próxima inauguración del Hotel Palace que, con todo lujo y confort, había construído el rico propietario José Gea Lidón.

Riada de marzo de 1924. A la izquierda las obras del Palace Hotel. Colección Javier Sánchez Portas.

Buscando la cronología de riadas se puede comprobar que hubo una en marzo de ese mismo año; y así quedaron retratadas las obras.

«El Pueblo. 1924-1926.

Dos años después, concretamente en noviembre de 1926, Joaquín Alonso Cifuentes, propietario del desaparecido Gran Hotel de España. Se hacía cargo del Palace Hotel en calidad de director propietario.

Prometía importantes modificaciones en el café y restaurant en beneficio de los clientes, especialmente, para los turistas extranjeros (puso de moda entre las señoras tomar el té) .

«El Pueblo».
Calle de Loazes desde el Puente de Levante.
Palace Hotel en sus primeros años. Colección Javier Sánchez Portas.
Calle de Loazes desde el Puente de Levante. En primer plano, el Palace Hotel. Colección Javier Sánchez Portas.

La corriente nacionalista y autárquica de la España de la posguerra hizo que el Palace Hotel cambiase a Hotel Palas, establecimiento que recuerdo vagamente acompañando a mis padres durante mi infancia; sobre todo, la puerta giratoria.

Carta con membrete del «Hotel Palas». 1952.
Calle de Loazes y Hotel Palas poco antes del derribo. Colección Rafa Almira.

Derribado en la primera mitad de los ochenta, fue sustituido por el edificio que albergó la sede principal de la Caja de Ahorros del Mediterráneo; de la que solo quedaba (no sé qué será de ella ahora) el aula cultural.

Foto Tony Sevilla. Información.

Para saber más de la urbanización de esta calle y de la construcción del Casino, os dejo otro artículo monográfico al que podéis llegar pinchando la siguiente imagen.

Enlace a artículo Casino.

En septiembre de 1887, reformada totalmente la calle del Puente Nuevo y cercano el cuarto centenario de su nacimiento, recibió el nombre de Fernando de Loazes arreglando la injusticia cometida con uno de los oriolanos más universales; ignorado hasta entonces en el callejero oficial.

Busto del Patriarca. José M. Pérez Basanta.

La verdadera calle de «los Loases», en la que el ilustre patriarca nació, desapareció en el siglo XVIII con la construcción del convento de Jesuitas que luego pasó a las Salesas.

Sobre la primitiva calle de Loazes, os dejo otro artículo pinchando la siguiente imagen:

Enlace a artículo

En 1926, para acabar de ennoblecer la calle. instalaron un «kiosco biblioteca»:

El pueblo. 1 de abril 1926: Kiosco de la Caja de Nuestra Señora de Monserrate. Kiosco de buenas y sabias lecturas. Artes, ciencias, religión, literatura, cuanto pueda desear el espíritu más selecto y culto está a la venta o se admite a encargo en este kiosco, situado en la espaciosa calle de Loaces, junto al puente, embelleciendo la amplia avenida, arteria principal de la ciudad de Orihuela.

Kiosco de la Caja de Ahorros de Ntra Sra de Monserrate. 1926.

El pueblo. 4 de octubre 1926: Todo entusiasta de las buenas lecturas, debía acudir al magnífico kiosco de la Caja de Ahorros de Nuestra Señora de Monserrate, situado en la calle Loazes. Allí encontraría un inmenso y variado surtido en obras de arte, ciencias, religión y literatura.

Calle de Loazes con el Kiosco. Ministerio de Cultura.
Calle de García Hernández desde el Puente de Levante. Colección Javier Sánchez Portas.
Ferretería Penalva en calle de Loazes. Colección Javier Sánchez Portas.

Durante la II República titularon la de Loazes como calle de García Hernández; y la de Alfonso XIII pasó a llamarse Fermín Galán. Los dos mártires de la República fusilados por la sublevación de 1930.

Con la República llegó de Murcia un pastelero (mi abuelo), que trajo consigo las recetas aprendidas en el Horno de la Fuensanta. Se llamaba Emilio Albarracín Garcerán. Y se instaló frente al Casino.

Pastelería «La Murciana» 1932.
Pastelería «La Murciana». De Emilio Albarracín. En la foto Lilita Albarracín, mi madre.

Mi abuelo me decía que en Orihuela había dos zonas para confiterías: Loazes-Los Hostales y Plaza Nueva-Cubero.

«La Modernista». Calle Alfonso XIII, esquina Loazes. Colección Javier Sánchez Portas.

En la esquina entre Los Hostales y El Vallet estaba la confitería de José Reymundo, abierta en el siglo XIX y vendida en 1913.

El diario. Octubre y noviembre de 1913: SE VENDE la antigua y acreditada confitería de José Reymundo situada en la calle de Alfonso XIII, esquina a la del Príncipe de Bergara, en condiciones ventajosas. Darán razón en la redacción de este periódico.

El apellido Reymundo está asociado a las confiterías al menos desde el siglo XVIII.

En la esquina entre Loazes y Los Hostales estaba «La Modernista» de Joaquín Reymundo, abierta en 1870. El edificio fue reedificado en 1905 y decorado por Enrique Luis. Y la confitería pasó a su nieto, Joaquín Gili Reymundo.

«El Pueblo» 1926

Lo que no sabía, y descubrí hace muy poco, es que dicha confitería en Alfonso XIII 8, fue regentada como sucursal de «La Murciana», también por mi abuelo.

Murcia deportiva. Semanario deportivo. 7 de octubre 1946.

Otro confitero también de apellido Reymundo y de nombre Luis, se estableció a principios del siglo XX junto al Puente de Levante.

Y como olvidar la famosa confitería Agrasot en el siglo XIX. Propiedad de Ramón, el hermano de Joaquín. Desde 1899 a 1901, la confitería figura como: «Agrasot (Viuda de Ramón), Hostales».

Hasta que la viuda traspasó la confitería a Mariano Ros García, quien en 1902 aparece ya como propietario. Este confitero estaba establecido anteriormente en la Plaza Nueva (1885) y también en la calle del Colegio.

«El Labrador» julio de 1902.

Luego llegó la confitería del Ángel (en el año 1928 aprox.), instalada en el viejo convento de los mercedarios, convertido en viviendas y locales.

Para caramelos y bombones la repostería del ÁNGEL. Especialidad en masa dormida. Caramelos de la Cofradía del Perdón con el lujoso estuche forma nazareno.—Alfonso XIII, 1.

Aguantó el tipo casi un siglo, como única representante del gremio en la zona. Hasta que, en enero del año 2023, cerró definitivamente sus puertas dejando a «los hostales» sin pastelerías.

Confitería «El Ángel» 1929.

Dejemos las confiterías y volvamos a la calle de Loazes. Otro establecimiento emblemático abierto durante la II República fue el Zara.

En 1931, uno de sus propietarios, Rafael Gas Soriano (1900-1985), era camarero del Casino Orcelitano, presidente de la Sociedad de Camareros el Oriol y vicepresidente de la agrupación socialista.

En el Zara. Rafael Gas Soriano y Rafael Gas Céspedes. Archivo Lola Sánchez.

El otro, mencionado anteriormente en la calle Molino de Cox, fue Antonio Rodríguez Egío «Macando».  Protagonista de sus tertulias.

El 17 de julio de 1935, Antonio Rodríguez Egío (Macando) y Rafael Gas Soriano, dejaron el Casino Orcelitano y se instalaron en el número 4 de la Calle de Loazes.

El Zara y su edificio desaparecieron también en la década de los noventa para ser sustituido por una especie de cubo.

La tertulia en el Bar Zara. El Cartel de Semana Santa es de 1962. De izquierda a derecha: Antonio Rodríguez Egío «Macando»; José Martínez Arenas; (desconocido); Luis Cartagena Soriano; (con boina) Mariano Bregante Rabaza; Pepe Gil (de Tejidos Gil en la C/ Mayor); (con boina) Antonio Sánchez «el Civiles» (carpintero de la calle Timor); (desconocido); Luis Saavedra Bonilla; (desconocido). Colección Cánovas Saavedra.
La barra del Zara a finales de los 50. Archivo JM Dayas.
El Zara en sus últimos años. Archivo Rafa Almira.
Calle de Loazes
Calle de Loazes. Colección Javier Sánchez Portas.
Calle de Loazes desde el Puente de Levante. El principio del fin. Archivo Mariano Pedrera.

La traviesa que parte de Loazes hasta el Teatro Circo, se llamó en lo antiguo del Salitre de Rocamora. Un triste callejón que giraba al final para terminar en el río.

Nombrado sencillamente como callejón del Salitre, fue modificado a comienzos del siglo XX para dar acceso al nuevo Teatro Circo.

Loazes esquina Salitre/Rufino Gea.
Calle del Salitre. Antonio Ballester Vidal.

Urbanizado durante la II República al igual que el llamado ensanche del Teatro Circo, en febrero de 1934 se presentó el proyecto de apertura y ensanche de la calle del Salitre, redactado por el arquitecto municipal Severiano Sánchez Ballesta.

Recibió su actual nombre el 12 de marzo de 1969, en honor a uno de nuestros cronistas locales, José Rufino Gea Martínez.

Ensanche del Teatro Circo. Antonio Ballester Vidal.

En cuanto al ensanche del Teatro Circo, se llamó Plaza del Poeta Sansano, homenajeando al poeta y periodista oriolano Juan Sansano Benisa (1887-1955).

Para saber más sobre su traslado y reconstrucción; para ver imágenes de nuestro teatro, pinchad el siguiente enlace.

Enlace a artículo.

Volviendo a «los Hostales», la calle mantuvo su titulación durante siglos, aunque alguna vez aparezca también como «Los Mesones».

PENALVA HERMANOS. Alfonso XIII, núm. 12.
Anuncios de 1887 y 1924.

Perdió su nombre tradicional en una sesión municipal, celebrada el 10 de octubre de 1896; donde se manifestó el deseo «expresado por sus vecinos y propietarios» de sustituirlo por el del Beato Diego José de Cádiz; quedando aprobado por unanimidad.

Fray Diego José de Cádiz, predicando desde «La Sala» en 1787. Dibujo de Montesinos.
Alfonso XIII en 1910. Entierro del obispo Juan Maura. Colección Javier Sánchez Portas.

No sabemos si en realidad fue iniciativa de sus moradores; pero lo cierto es que pronto comenzaron a quejarse de un título tan extenso. Y poco le duró el nombrecito de marras; el 10 de mayo de 1902, para celebrar la mayoría de edad de Alfonso de Borbón y su acceso al trono, se decidió «perpetuar tan gloriosa fecha» otorgando a esta calle el nombre de Alfonso XIII. 

«El Alcalde Presidente manifestó que el día 17 del actual se verificará la jura de S.M. el Rey Don Alfonso XIII, como consecuencia de haber cumplido la mayor edad, entrando a reinar, como dispone la Constitución del Estado y que el Ayuntamiento debía asociarse al jubileo general de la Nación.

El Ayuntamiento, adhiriéndose a la proposición del Sr. Presidente, acordó por unanimidad, que para perpetuar tan gloriosa fecha se ponga el nombre de Calle de Alfonso XIII a la que hoy tiene por título del Beato Fray Diego José de Cádiz». 

Alfonso XIII. Francisco Luis Galiano Moreno.

Una porción de fachada con el escudo de los mercedarios y la pésima recomposición de la portada del templo -demolido y reconvertido en museo de Semana Santa-, es lo que nos queda del enorme convento e iglesia de la Merced.

Francisco Luis Galiano Moreno.

El escudo presenta en la parte superior la cruz de la catedral de Barcelona. En la inferior las barras de Aragón. Completa la talla una corona real en honor a su benefactor, el rey Jaume I.

En el siguiente enlace podréis encontrar una breve historia de los mercedarios en Orihuela:

Enlace a artículo

Desamortizado en el siglo XIX, pasó a manos de un industrial catalán llamado Vilaregut. Cuando falleció, su viuda lo puso en venta. Lo compraron unas señoras oriolanas para acabar troceado y repartido.

Alfonso XIII y Ballesteros Villanueva. Francisco Luis Galiano Moreno.

Los tres trozos resultantes están claramente diferenciados: La parte de convento que se conserva, los altos edificios y la situada en el Vallet. Para conocer la historia de esta compraventa os aconsejo pinchar el siguiente enlace.

Enlace a artículo.
Calle Alfonso XIII. Colección Javier Sánchez Portas.
Calle Alfonso XIII. Colección Javier Sánchez Portas.

En noviembre de 1878, Atanasio García Cubero, terrateniente metido a político (llegó a ser alcalde de Orihuela) y sobrino del obispo Cubero, solicitó derribar la Posada de La Luna, al final de los Hostales (otro hospedaje centenario, al igual que la del Sol), para construir un enorme y lujoso edificio.

Dos años después, el propio prelado costeó parte del embovedado de parte de una acequia maloliente que daría lugar a la calle Escorrata, cuando se decidieron a unirla con la de Salitre en el primer cuarto del siglo XX.

La casa de Cubero en 1929. Colección Javier Sánchez Portas. 

La «Casa de los Hostales» estaba dividida en tres caserones independientes comunicados por un patio interior; uno para cada uno de sus hijos: Pedro María, Carola y Emilia García Murphy.  También, de forma independiente, fueron cayendo hasta que solo quedó el de la esquina con Escorrata.

Edificio de los García Murphy a principios del XX. Colección Javier Sánchez Portas.
El último en caer. Jorge Belmonte Bas.

Como curiosidad, al fallecer Benito Pérez Galdós en 1920 le dieron su nombre a la calle Unión Agrícola (actual Avenida España). Por no ofender a dicha institución, se lo pasaron a la modesta calleja de la Escorrata.

Al proclamarse la II República, insistieron en otorgar el nombre del escritor a la calle Unión Agrícola; determinando al final que fuese la del Obispo Rocamora; pues Unión Agrícola sería Pablo Iglesias.

II República. Calle de Fermín Galán. Colección Javier Sánchez Portas.

Actualmente, una modesta calle en Orihuela Costa recuerda la figura de Benito Pérez Galdós; eso sí, acompañado por Miguel de Cervantes, Juan Ramón Jiménez y Concha Espina.

Benito Pérez Galdós

La última traviesa, paralela a la escorrata, está dedicada a Federico Rogel, fallecido en 1915. Este músico oriolano transcribió en 1880 la primera partitura en nomenclatura musical del famoso «canto de la pasión»; dejando escritos unos cantos religiosos populares transmitidos oralmente durante siglos.

Vamos a situarnos en la parte final de la calle Alfonso XIII. Desde ahí nos podemos imaginar la esquina de la muralla; es decir, en el chaflán que forman las calles de Alfonso XIII y Ballesteros Villanueva.

Y el muro medieval que por un lado llegaba hasta la torre que se conserva detrás del Hotel Tudemir, junto a lo que fue la puerta de Elche y por el otro en línea recta hasta las torres al pie de la sierra, en lo que fue la puerta de Crevillente.

Para ayudar un poco, os dejo este vídeo:

Fotografía: Francisco Luis Galiano. Vídeo: José Antonio Ruiz Peñalver

En el verano de 1926 el arquitecto municipal Severiano Sánchez Ballesta proyectó enderezar el entronque le la Corredera con los Hostales, dejando una calle bien ancha que se prolongaría con nuevas construcciones en la carretera de Almoradí.

Esto no se materializó totalmente hasta finales de los sesenta, cuando derribaron los tres cuerpos del edificio del obispo Cubero. En su lugar levantaron altísimos edificios que se retranquearon para facilitar el acceso a la Corredera y formar una pequeña plazuela.

Alfonso XIII/San Juan. Colección Javier Sánchez Portas.

En realidad, Sánchez Ballesta pretendía modernizar toda la zona alineando las callejuelas sinuosas para que los rayos solares mejorasen su salubridad, especialmente Ballesteros Villanueva, San Juan y Pintor Agrasot.

Las dos primeras quería ensancharlas enderezando sus líneas magistrales. Para las dos últimas proponía derribar también sus arcos finales, según su opinión sin valor artístico; y que solo provocaban rincones infecciosos, impidiendo el tránsito de grandes coches, obligados a circular por la calle del Colegio.

Sus imágenes pasarían a capillas instaladas en los laterales de las calles.

Alfonso XIII/San Juan/Corredera. Colección Javier Sánchez Portas

Como veremos, consiguió tirar el de la calle San Juan, bastante deteriorado. El de la Corredera aguantó pocos años más, hasta la II República.

Pero de la Corredera, hablaremos en el siguiente capítulo...

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)

Siguiente capítulo

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas por la mayoría de las fotografías.

Callejeando 27. El Arrabal de San Juan Bautista 1.

Idealización del Arrabal de San Juan sobre un boceto de Ojeda Nieto. © Pepe Sarabia. Leyendas: Ajomalba.

El Arrabal de San Juan Bautista 1.

Lo Raval de Señor Sant Joan. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVI.

Introducción.

Cuando el escaso espacio encorsetado por las murallas se fue saturando, comenzó el proceso de ocupación y urbanización de los terrenos extramuros. Ya hemos hablado en anteriores entregas de cómo se formaron los arrabales: grupos de modestas viviendas que se arracimaron en torno a los caminos que partían de las puertas de Oriola. Desbordada la ciudad en sus límites, esos caminos se transformaron en calles y luego en barrios que se integraron en la población.

Imagen del Cartulario de Orihuela. Archivo Histórico Nacional.

Si repasamos la imagen del cartulario que representa la Oriola medieval, podemos distinguir claramente el río Segura como foso natural reforzando la muralla desde la torre Embergoñes hasta la puerta de Elche.

Más allá, tres acequias y un marjal cumplían esa misma función defensiva, dificultando un posible asedio. Dichas acequias eran las de Almoradí, Escorratel y Callosa. El marjal o zona pantanosa era conocido como el Vallet (actualmente Ballesteros Villanueva y el Paseo).

Porta Nova desde el Vall a la porta de Crevillent. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
El Vallet/Ballesteros Villanueva. Colección Javier Sánchez Portas
Calle Sagasta/El Paseo. Con castillo reconstruido digitalmente. Colección Javier Sánchez Portas.

A Levante se abrían dos puertas: la de Crevillente, en el extremo del Barrio nuevo; y la de Elche, al final de la calle Mayor. En ambas localizaciones podemos encontrar todavía restos de torres y murallas.

Restos al extremo de la calle de Miguel Hernández

La de Crevillente generó el Ravalet, barrio que creció pegado a la sierra desde época musulmana. Se corresponde con las calles que hoy conocemos como Miguel Hernández (Calle de Arriba) y Ruiz Capdepón (Carretería). Esta última quedó destinada al aparcamiento de los carros y caballerías que llegaban a la ciudad y poco a poco fue acogiendo a carreros, herreros, carpinteros, etc…

Ravalet. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Carrer Damunt. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Carretería. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.

La puerta de Elche dio lugar al llamado Arrabal Moderno; que tuvo que acomodarse inicialmente en la zona conocida como los Hostales, la que en la actualidad se corresponde con las calles de Loazes y Alfonso XIII.

Carrer dels Ostales desde la porta de Elig a la Corredora. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Bajada del Puente y los Hostales Siglo XIX. Colección Javier Sánchez Portas.

El arrabal moderno empezó a expandirse en el siglo XV, cuando el Consell orientó hacia él a los nuevos pobladores. Y creció de forma irregular, acomodándose al espacio que quedaba entre las acequias (a las anteriormente citadas hay que unir una cuarta, la de Almoravit). Así se formaron la Corredora y la calle de San Juan.

La Corredera siglo XIX. Ministerio de Cultura.

Una vez avenado el Vallet, los dos barrios quedaron conectados y se abrió una tercera puerta: la “Porta Nova”.

Carrer del Vall y Porta Nova. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

En paralelo a la calle de Arriba y siguiendo el curso de la acequia de Almoradí, se formó la calle del Socorro o del Colegio (hoy Adolfo Clavarana).

Carrer del Colegi. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

La fusión de estos dos barrios nacidos en los extremos de la muralla a Levante acabó formando el gran arrabal del que vamos a hablar durante varias entregas: el de San Juan Bautista. Todo el conjunto quedó protegido por una nueva cerca de la que todavía nos queda la puerta de Callosa.

Puerta de Callosa. Siglo XVI.

Las fundaciones religiosas como medio de promoción urbanística.

Un elemento decisivo para la población del arrabal fueron las órdenes mendicantes. En una zona difícil de urbanizar y repoblar el Consell utilizó un recurso infalible: la fundación de conventos situados estratégicamente en diferentes puntos del arrabal.

Estos edificios religiosos reforzaban la imagen del barrio y su construcción aseguraban el éxito de población. El arrabal de San Juan necesitó de tres.

El primer intento de instalar religiosos en la zona tuvo lugar en el siglo XIV con la llegada de los mercedarios. El Consell les regaló tierras y dinero para construir un convento bajo la advocación de Santa Eulalia, la patrona de Barcelona. Este primer convento de la orden de la Merced y la ermita de la Mare de Deu de Monserrat nos da pistas sobre nuestra identidad catalana por aquellas fechas. Pero no cambiemos de tema.

Escudo de los mercedarios en Orihuela.

Vivir en aquella zona pantanosa y surcada de acequias era muy complicado; y el Consell intentó poner remedio canalizando las aguas de Vallet. Con un convento en la zona y el terreno bien avenado, los pobladores se instalarían rápidamente en este descampado levantando sus casas entre acequias, escorredores y portillos. Pero no contaron con el conflicto entre Castilla y Aragón.

La Guerra de los dos Pedros acabó con el proyecto. El largo asedio por parte de las tropas castellanas de Pedro I dejó el convento y sus alrededores completamente arruinados. Escarmentados, los mercedarios se instalaron dentro de la muralla abandonando el edificio y frustrando la consolidación del arrabal. Hubo que esperar al siglo siguiente.

La última Iglesia de los Mercedarios, intramuros. Colección Javier Sánchez Portas.

En la centuria posterior las cosas cambiaron. A mediados del XV se incrementó el número de pobladores y el Consell compró tierras junto a los Hostales para repartirlas con la obligación de construir inmediatamente. En caso contrario los terrenos serían confiscados para entregarlos a otros colonos dispuestos a edificar. Así se formó la vieja Carrer Corredora o calle Corredera.

Corredora. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Por otra parte, la favorable acogida por parte de los oriolanos a los Franciscanos de Santa Ana animó a la rama femenina de la Orden, las Clarisas, a instalarse en Orihuela; y para ello se trasladaron seis religiosas desde el Real Monasterio de Santa Clara de Murcia al viejo edificio abandonado por los mercedarios, fundando un nuevo convento bajo la advocación de San Juan Bautista.

Huerto de las Clarisas. © Antonio Ballester Vidal.

Era el pistoletazo de salida con un primer convento en el centro del arrabal. En 1499, el Consell bautizó la unión de los dos barrios con el título de Arrabal Moderno de San Juan Bautista. Antes lo había fortificado con una primitiva muralla.

El Raval de Sant Joa. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVI.

En la zona cercana a la sierra lo habían intentado primero con los franciscanos, en el siglo XIV; pero estos escogieron otra ermita en un lugar más apartado, en el Raval Roig, donde permanecen en la actualidad.

El solar se lo quedaron los dominicos en la centuria posterior; y de propina, la ladera de la sierra, encajonando totalmente el Ravalete. La progresión natural de este arrabal hubiera seguido la sierra hasta San Antón, pero quedó cortado.

Colegio de Predicadores Santo Domingo.

Cerrado el paso se abrió una nueva vía: la calle del Colegio, formada entre las traseras del Ravalete y los márgenes de la acequia de Almoradí, la que marca su trazado.

En 1488, con motivo de la visita de los Reyes Católicos, se construyó una puerta en lo que había sido un portillo. Una obra de nueva planta con los escudos de Aragón y de Castilla. 

Porta Nova. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Por otro lado, en la ampliación de la muralla del siglo dieciséis, la puerta que daba salida a la calle de Arriba se trasladó al inicio del Camino de Callosa, alejándola de la sierra. Bloqueado el Ravalete, la entrada a la ciudad se desplazó a la calle que unía las dos nuevas puertas. De esta forma, la calle del Colegio se convirtió en un tramo más de la arteria que atravesaba toda la ciudad formando parte del camino real de Valencia a Murcia.

Puerta de Almoradí o de la Corredera. Colección Javier Sánchez Portas.

El tercer sector, pegado al río, era aún más difícil de urbanizar por contener las malolientes e incómodas adoberías. En este caso, el convento urbanizador fue el de los trinitarios, que llegaron a mediados del siglo XVI. Estos frailes enviados desde Murcia no fueron bien vistos por sus vecinos: los Mercedarios, dedicados a la misma función de liberar cautivos, y las clarisas, con el convento a medio hacer.

Las Adoverías/Barrio de la Trinidad
Adoverías y Trinidad. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Pero el Consell sabía que con esta construcción creaba un nuevo espacio de población completando así el arrabal de San Juan. Con el nuevo muro construido en la segunda mitad del siglo XVI se consolidaba el arrabal con una cerca que, partiendo de la sierra unía la puerta de Callosa y la de Almoradí hasta llegar al río. Contaba con dos puertas: La de Callosa y la de Almoradí. Más de cien años después se abrió un arco al final de la calle de San Juan; un tercer acceso dedicado a la virgen del Remedio.

El Rabalete encajonado.

A partir del convento de San Juan y dentro de la nueva muralla, se mantuvo una zona agrícola; un conjunto de huertos que pertenecían a diversos propietarios como los predicadores y las Clarisas. Destacaba especialmente un amplio sector conocido como los Solares de Terol.

Solars de Terol. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Este espacio permitió que en siglos posteriores se siguiese construyendo intramuros. De hecho, aún quedan algunos huertos ocultos entre las calles de San Juan y Corredera.

Huerto de las Clarisas. © Antonio Ballester Vidal.

Al otro lado del muro, la actual calle Ronda de Santo Domingo, suma de las tres barreras que aparecían en los padrones del XIX: la de la Corredera, la de San Juan y del Colegio (las barreras eran algo así como calles de una sola acera).

Puerta de Callosa desde Ronda de Santo Domingo

Enfrente quedaron los huertos de los vecinos, entre el Camino de Almoradí y el de Callosa. De ahí el nombre adoptado por esa zona: «los huertos».

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Biografías: José Luis Satorre García.

José Luis Satorre. 1986.

José Luis Satorre García.

Nacido en Novelda el 9 de Octubre de 1945. Cuarto hijo – tercer varón-, del matrimonio formado por Pedro Satorre Sala y Mercedes García Navarro. Bautizado con los nombres: José, Luis, Enrique y Dionisio.

Me cuenta que nació entre sacos de manzanilla, perfumado de canela y azafrán. Y es que su padre se dedicaba a la manipulación y comercio de especias, condimentos e infusiones, una singularidad local que se inició en Novelda en el siglo XIX.

Los noveldenses compraban el azafrán casa por casa en los pueblos de Albacete, donde se cultiva tradicionalmente desde los tiempos de Al Ándalus.

Luego, grupos de mujeres lo manipulaban en los «porches» – nombre por el que se conocen familiarmente los pequeños almacenes situados en la parte alta de las viviendas-; allí lo envasaban principalmente con destino a la exportación.

A comienzos del siglo XX la demanda del azafrán disparó su precio, apareciendo una especie de sustituto mucho más económico: el colorante alimentario. Esta sustancia química era barata y daba más color al arroz, pero no sabor. A este producto se unió la pimienta, la canela, el anís, la manzanilla….

Cerradas las fronteras tras la Guerra Civil, en los años cuarenta se popularizaron los condimentos e infusiones asequibles, al alcance de los pobres bolsillos de la posguerra. Las tradicionales carteritas se envasaban en preciosas cajas metálicas.  

Fue en esa época cuando Pedro Satorre -el padre de José Luis- se incorporó al negocio con las marcas «Colección Sagrada» e «Infusiones Satorre».

Esta industria se ha mantenido hasta hoy en Novelda con firmas tan famosas como «Carmencita», marca que acabó absorbiendo a Satorre.

Latas originales de los productos Satorre.

José Luis, el pequeño de la familia, cursó sus estudios primarios en el Oratorio Festivo de Novelda, con notas ajustadas pero correctas.  

Me cuenta que de niño admiraba a los médicos de familia de la época, tan cordiales con los pequeños y tan respetados por los mayores.

Así nació el deseo de ayudar a los demás. Y como luego demostró el tiempo, aquella vocación valía para curar cuerpos y almas.

José Luis en 1957. Plaza Nueva.

Su carrera eclesiástica empezó actuando como monaguillo de «Don Federico», el cura de su pueblo. Fascinado por su personalidad y por el cariño que despertaba entre la gente, decidió ingresar en el seminario.

Al principio su padre no tomó muy en serio la ocurrencia de un niño de diez años; e intentó disuadirlo. Don Pedro no quería perder a un futuro continuador de su negocio.

Pero acabó aceptando su deseo y le acompañó en taxi hasta Orihuela, ciudad que para el pequeño aspirante a cura estaba al otro extremo del mundo: cuatro horas de viaje en «el Albaterense».

Y así, en septiembre de 1956, a punto de cumplir los once años, ingresó en el seminario oriolano y pasó doce cursando estudios de Bachillerato, Filosofía y Teología.

José Luis en 1966.
En el Seminario 1967.

Terminó la carrera demasiado joven. Con 22 años necesitaba la dispensa de Roma para ser ordenado. Así pues, en el verano de 1968 el obispo lo destinó provisionalmente al que sería su gran proyecto vital: San José Obrero.

Pablo Barrachina Estevan, «don Pablo», había tomado posesión de la diócesis dos años antes. El soniquete «con el Papa Pablo y el Obispo Pablo» se mantuvo más de dos décadas, convirtiéndose en uno de los prelados más longevos de la historia de nuestro Obispado.

Pablo Barrachina. Pulsad para acceder a su biografía.

La espera fue cosa de meses. En el otoño de ese mismo año 1968 fue ordenado sacerdote. Su primer gesto fue aprovechar los regalos y celebraciones para costear trescientas camas para los niños de San José Obrero.

Yo le conocí pocos años después, a principios de los setenta, cuando celebraba misas en Jesús Maestro, mi monjil colegio. Y repartía la hostia remojada en mistela.

Pinchad para acceder a Las Discípulas de Jesús.

Tenía siete u ocho años, pero recuerdo perfectamente cómo se presentó interrumpiendo la clase con ese particular y fino acento de los alicantinos del norte para pedirnos botes de tomate, latas de atún, arroz, lentejas o cualquier otro alimento que nuestras madres nos permitiesen sacar de casa.

José Luis 1970.

A cambio recibimos un balón de baloncesto para jugar en los recreos. Así, con una pelota de «Marianico el alpargatero» consiguió un buen lote de alimentos para sus niños.

En San José Obrero pasó siete años como formador. Hasta que «don Pablo» lo mandó de párroco a Torremendo y Rebate, entre los años 1975 y 1977.  Tras otros cinco años en San Antón y Escorratel, en 1982 estaba dispuesto a regresar a San José Obrero.

José Luis 1980.

Pero el obispo cambió de opinión y lo mandó a la Parroquia de Ntra. Sra. del Mar en Benidorm. No tuvo tiempo de acomodarse. Pronto recibió una llamada de Victoriano Garrigós avisándole de que volvía con sus niños.

Un año después fue nombrado Director de la Obra Social San José Obrero, cargo que ostentó durante ocho años, coincidiendo con la total transformación de la obra diocesana al asumir la responsabilidad la flamante administración de la Comunidad Valenciana, con quienes supo entenderse perfectamente. Tanto que el obispo llegó a pensar que estaba olvidando su oficio: curar almas.

Y así, la década de los noventa la inició como cura párroco de Benferri y La Matanza. Un año después pasó a la Parroquia de San Martín de Callosa de Segura, donde permaneció seis años dejando muy buenos amigos. 

En 1990 fue investido Caballero de la Orden de San Antón. Y siete años después volvió a definitivamente a Orihuela.

Destinado inicialmente a Santiago, en 1988 pasó a la vecina parroquia de las Santas Justa y Rufina, donde cumplió los cincuenta años de sacerdocio en 2018.

José Luis es licenciado en Teología y en Lengua Valenciana. Diplomado en Medios de Comunicación. Ha sido Vicario Episcopal, Arcipreste de la Ciudad de Orihuela, Consiliario de la Hospitalidad de Ntra. Sra. de Lourdes, Presidente de la Comisión de Sostenimiento de la Iglesia, Consiliario de la Asociación de Moros y cristianos S. Justa y Rufina, Canónigo de la Iglesia Catedral, Síndico portador del Oriol, Glosador de la Semana Santa y las Fiestas de la Reconquista…

En diciembre de 2014, impulsado por más de cuarenta colectivos locales, el Pleno del Ayuntamiento lo nombró hijo adoptivo de Orihuela por unanimidad; oficializando lo que sentían la mayoría de los oriolanos.

En mayo de 2023 el obispo de Orihuela lo jubiló como párroco, nombrando a Jesús Ortuño Rodríguez para hacerse cargo de la iglesia de las Santas Justa y Rufina. Continua en Orihuela como canónigo de la Catedral y capellán de las Agustinas.

El 15 de noviembre de 2025, la antaño plazuela de la Compañía o Plaza de las Salesas, pasó a llamarse «Plaza Padre Satorre».

15 de noviembre de 2025. Fotografías Ayuntamiento de Orihuela.

Para mí, Satorre es sobre todo un hombre bueno. Un tipo cercano, cariñoso, divertido y sincero. Un referente humano con el que converso a menudo en el Bar Casablanca – capilla laica de Santa Justa-.

José Luis Satorre y un servidor.

Y lo hacemos de ateo a cura; con confianza, humor y franqueza; de lo divino y de lo humano; con la fachada inacabada de su parroquia como lujoso escenario.

Antonio José (obrero) Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Os dejo dos programas de radio que le dedique y la entrevista íntegra que me concedió.

Programa de radio.
Programa Radio 1
Programa Radio 2

Entrevista completa realizada en enero de 2019 en el salón parroquial de Santa Justa.