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Callejeando 21. Calle de la Feria y traviesas 2.

José María Pérez Basanta.

La calle de la Feria. Traviesas de la Plaza Caturla a la «Pedrera de Matías».

La calle de la Feria. José María Pérez Basanta.

La influencia del Cabildo, cuyos miembros ansiaban residir cerca de la Catedral, determinó durante siglos la titulación de muchas traviesas de la calle de la Feria.

En la entrega anterior hablé de la Plazuela del Deán, de la del Maestre Escuela; de las calles del Vicario y del Canónigo Angulo.

En esta entrega veremos la del Racionero Mirón, la  del Canónigo Timor, la de Mosén Sans, la de los Clérigos…

Rebasada la calle de Colón en dirección a la Catedral, la primera calle a la derecha está rotulada actualmente como del Capitán Grifol. Veamos que dice Gisbert en su «Historia de Orihuela».

No tiene denominación la callejuela que parte desde el centro de la calle Mayor hacia la de la Feria.

En otro tiempo se denominó de Mirón, recordando uno de los preclaros apellidos oriolanos y hoy se llama del capitán Grifol recordando a un oriolano que dio su vida por la patria en la guerra de África de 1860.

Efectivamente, en el plano confeccionado para la erección de la nueva Catedral, a medidos del siglo XVIII, figura como calle de Mirón.

Si hablamos de apellidos esa afirmación es completamente cierta: los Mirón aparecen en el libro del Repartiment y fueron propietarios del lugar de Redován hasta que se lo vendieron a Jaime Santangel.

Pero yo he buscado al personaje concreto, al que acabó titulando la calle.

En un principio se la atribuí a Phelipe Mirón Martí de Leiva, caballero y regidor de Oriola entre los siglos XVII y XVIII.

Casado con Josefa Gascón, fue Jurado por el estamento militar en 1699; camarero y almotacén en 1701; y clavario en 1704.

La calle de la Feria. José María Pérez Basanta.

Felipe participó en la Guerra de Sucesión del lado de su tocayo Felipe V, el primer Borbón español.

Mandaba una compañía de milicianos pagada de su propio bolsillo. Pero al proclamarse Orihuela a favor del Archiduque recibió, según varios testigos, numerosas afrentas.

Le hicieron muchos ultrajes, señalando las puertas de su casa con flores de lis y los miqueletes enemigos saquearon sus bienes y de dichos sustos se le murió un hijo de once años.

Archivo Catedral de Orihuela.

Derrotada la sublevación oriolana, en atención a sus méritos recuperó el cargo de regidor. Y el mariscal de campo, Pedro Ronquillo, le nombró capitán de una compañía de milicias.

En los padrones del XVIII aparece domiciliado en el inicio de la calle de la Feria, hacia donde supuse que daba la puerta principal de su casa.

Pero no; el Reparto Equivalente de 1731 lo sitúa concretamente en el callejón de Timor.

Felipe falleció en 1736. Con todos estos datos puedo afirmar que la titulación se debe a su hijo Francisco Bruno Mirón Gascón, diácono y racionero de la Catedral nacido en octubre de 1708.

Partida de nacimiento de Francisco Mirón. Archivo Catedral Orihuela.

No se si el padre llegó a vivir en esta traviesa; pero sí sus herederos.

Aunque Francisco no aparezca en los padrones fiscales por estar los clérigos exentos de pago, en el listado e 1750 figuran los «Herederos seglares de Phpe. Mirón».

Archivo Municipal de Orihuela. Repartos Equivalentes 1731 y 1750.

También sabemos por Gisbert que Francisco Mirón, racionero de la Catedral, colocó un lienzo de San Pascual Bailón en la parte de su casa que daba a la Feria.

PIEDAD PRIVADA. Imágenes de plazas y calles. Calle de la Feria. En 1730 D. Francisco Mirón, racionero entero de la catedral, puso un lienzo de San Pascual Bailón.

Francisco falleció en diciembre de 1767 y la titulación del callejón se perdió con él.

Apuntes sobre un plano del siglo XVIII. Archivo Catedral de Orihuela.

Intentaron recuperarla en 1861, al confeccionar el primer Nomencátor de Orihuela, recordando las glorias de los Mirón.

La Calle que conduce de la Mayor a la de la Feria debe recobrar su primitivo nombre de Calle de Mirón, uno de los apellidos que más gloria dieron a este país en los primeros tiempos de la conquista.

Pero siguieron llamándolo callejón de Cuartero o de Illa hasta que, como veremos, recibió el nombre definitivo de Capitán Grifol.

Pinchando sobre su retrato podéis acceder a un artículo sobre Grifol y la Guerra de África.

Retrato de Domingo Grifol. Antonio Ruidavets Lledó (1861). Enlace a artículo.

Para comprender la importancia de esta modesta callejuela hay que recordar que hasta finales del XIX no existía conexión con la calle Mayor, desde la Plaza de la Fruta, situada junto a Santa Justa, hasta la Catedral.

Por poner un ejemplo: durante todo el siglo XIX el callejón formó parte del trayecto de la procesión del Corpus; y no recibió la autorización del Obispo para variar su itinerario hasta 1894; cuando se desvió a la nueva calle de Colón.

El independiente. 3 de junio 1893: Algunos vecinos de las calles Mayor y de la Feria, nos ruegan supliquemos al M. I. Cabildo Catedral que se sirva acordar que la procesión de octava de Corpus que el jueves próximo debe celebrarse, pase por la nueva calle de Colón en vez de por la del Capitán Grifol, con lo que resalta mayor recorrido para la procesión citada sin salir del término de la Catedral.

Confiamos en que el M. I. Cabildo Catedral tomará en consideración el ruego que por nuestro conducto le dirigen los antedichos vecinos.

Calle Capitán Grifol. Pedro Díaz Molíns.

En septiembre de 1886 decidieron adoquinar la calle Mayor; y proyectaron hacer lo mismo con el callejón «sin nombre» llamado vulgarmente «de Cuartero».

El diario de Orihuela. 1 de septiembre 1886: Tiene pensamiento la corporación municipal de adoquinar el callejón sin nombre que pone en comunicación a la calle Mayor y de la Feria, con el adoquín levantado en la calle de Hostales.

El diario de Orihuela. 2 de septiembre 1886: El llamado vulgarmente callejón de Cuartero, que es el que dijimos ayer que se trata de adoquinar, está convertido en vertedero de aguas sucias y depósito de basura e inmundicias.

El diario de Orihuela. 9 de diciembre 1886: Ayuntamiento. Sesión del día 9 de Diciembre de 1886. Se acordó empedrar la plaza de la Fruta, cuya mejora será realizada con la mayor brevedad posible sin ocasionar gasto alguno extraordinario, así como también adoquinar con el adoquín sobrante de otras calles el callejón llamado de Cuartero o de Illa.

El «callejón sin nombre» tenía dos: Illa y Cuartero. Estas titulaciones del siglo XIX no las he podido documentar; debieron ser breves y de ámbito popular.

Hasta el punto de que el propio Ernesto Gisbert, coetáneo, obvió mencionarlas en su trabajo sobre las calles.

El diario de Orihuela. 18 de enero 1887: Por un documento antiguo se sabe que el callejón de Cuartero y de Illa fue también en otro tiempo denominado de Miró. Bueno sería que se le diera un nombre definitivo para saber a qué atenernos y evitar confusiones.

Como ya he dicho, se referían al plano del siglo XVIII depositado en la Catedral. Pero el apellido era Mirón.

El diario de Orihuela. 6 de septiembre 1887: Parece que la calle que hoy indistintamente se la llama de Cuartero o Illa se denominará «Calle del Capitán Grifol». Según nuestros informes en una de las próximas sesiones del Ayuntamiento tendrá confirmación esta noticia.

En la sesión municipal del 19 de septiembre el consistorio otorgó el nombre del Capitán Grifol a la calle llamada hasta entonces de Illa.

Recordaban a Domingo Grifol.

Ilustre hijo de esta ciudad muerto en el campo del honor por defender la integridad de la Patria en la última guerra que España sostuvo con el imperio Agareno.

El diario de Orihuela. 19 de septiembre 1887: El nombre del capitán Grifol, grabado con caracteres indelebles en los gloriosos anales del ejército español, traerá eternamente a la memoria que Orihuela envió también sus hijos a la gloriosa guerra de África, en la cual, el capitán Grifol, con valerosa bizarría, contribuyó muriendo en el campo de batalla a lavar con su sangre generosa la ofensa inferida al pabellón nacional.

Caracteres negros grabados en tablero de mármol blanco de Macael. Fotografía Ajomalba.

El diario de Orihuela. 6 de octubre 1887: Ya están terminados los rótulos de las calles del Cardenal Loaces, Capitán Grifol y Santacruz. Los títulos en caracteres negros están grabados en tableros de mármol blanco de Macael.

Archivo Municipal de Orihuela.

La siguiente traviesa a la izquierda es la calle de la Rosa, un callejón escalonado que coincide con el que llamaban «escalera estrecha», «escalera vieja», «escalera de San Miguel» o «Traviesa de San Miguel», el acceso principal al barrio homónimo que ya mencioné en la anterior entrega.

El diario de Orihuela. 29 septiembre 1887: Hoy celebran los vecinos de la calle llamada Escalera de San Miguel la fiesta con que todos los años obsequian a su celestial Patrono.

La noticia diaria. 17 de diciembre 1894: Escenas domésticas. Es triste, y acusa de poco culta a nuestra ciudad, el mal género de castigo que ciertos maridos han adoptado para atormentar a sus infelices esposas.

La calle de la Feria. Archivo Rafael Almira. Fotografía Ajomalba.

Anoche daba lástima transitar por la calle de la Feria, desde donde se escuchaban los lamentos que daba una recién casada, habitante en la escalera de San Miguel la cual, según nos han manifestado, es víctima cada día de los más graves insultos y palizas.

Ponemos estos hechos en conocimiento de quien corresponda, para que, si es posible, se eviten estos abusos tan generalizados en la localidad.

En cuanto a su moderna titulación, del siglo XX, no tengo ni idea. Agradecería cualquier dato sobre el motivo por el que la llamaron «calle de la Rosa».

Archivo Municipal de Orihuela.
La calle de la Feria. Archivo Mariano Pedrera.

A la derecha, tenemos la plaza del Salvador, que toma el nombre de la Santa Iglesia Catedral del Salvador y Santa María de Orihuela,  que tiene en ella su acceso principal.

Hasta mediados del siglo XIX no era más que un estrecho callejón conocido popularmente como traviesa de la Torre o callejón del Obispo.

José María Pérez Basanta.

En marzo de 1844 el Síndico denunció el estado ruinoso de una casa en la calle de la Feria propiedad de José Tornera, cura Párroco de Santiago. Sobre todo de la pared que lindaba por levante con la traviesa que se dirigía al Palacio Episcopal.

Recomendaba al Consistorio la demolición y posterior reconstrucción de la citada pared y de todo cuanto se observase ruinoso en el expresado edificio.

Un mes después, ya iniciado el derribo, se decidió expropiar la casa trasera para conseguir «el correspondiente y debido desahogo», formando una plazuela frente al Palacio y la Catedral.

Fotografía Ajomalba.

Demolido el segundo edificio y formada la plaza, el propietario de la casa esquina con la calle Mayor solicitó permiso en marzo de 1851 para abrir una puerta a levante, a la que ya se llamaba Plaza del Salvador para evitar que se orinase y ensuciase tan cerca de la Catedral.

Dicho permiso le fue concedido el 15 de mayo «por contribuir al ornato público del sitio mas importante de esta ciudad».

Fotografía Ajomalba.

En 1879, para celebrar la visita real, motivada por la Riada de Santa Teresa, se tituló Plaza de Alfonso XII.

Alfonso XII.

En las reformas efectuadas en 1943 bajo el proyecto de Serrano Peral se modificaron las rasantes cortando el acceso de vehículos con un muro de mampostería y escalones de piedra de La Romana.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.

Para completar la obra se ornamentó, pavimentándola con un hermoso mosaico del escudo de Orihuela realizado en canto rodado, «para convertirla en un sitio de reposo, artística alfombra puesta a los pies de la Catedral y a la puerta de Palacio».

El proyecto inicial se completó casi medio siglo después con una barandilla de hierro forjado.

José María Pérez Basanta.
Francisco Luis Galiano Moreno

Al costado de la Catedral, en su puerta Norte o de los Perdones, se encuentra la llamada Plaza de la Anunciación, cuyo nombre actual deriva de dicho misterio mariano representado magistralmente sobre el arco de su portada renacentista.

Es obra de Juan Anglés, a finales del siglo XVI.

Fotografía Ajomalba.

La plazuela que entonces se llamaba de los Maza fue retranqueada en la primera mitad del siglo XVII por Martín Maza.

A finales del XVIII Marcelo Miravete cuenta que aun se veían restos de los cimientos de las antiguas casas que delimitaban la estrecha calle, que algunos notarios llamaban «de la puerta de los Perdones».

Ministerio de Cultura.

Al coincidir aproximadamente en el tiempo con la consagración de la Catedral del flamante obispado año 1598,  en algunos documentos Capitulares también se cita como puerta de la Consagración.

Diccionarios Históricos de Acuerdos Capitulares. Marcelo Miravete (1783). A.C.O.
José María Pérez Basanta.

Martín Maza emprendió un pleito con el Cabildo ante su negativa de permitirle abrir puerta en su casa de mayorazgo.

Diccionarios Históricos de Acuerdos Capitulares. Marcelo Miravete (1783). A.C.O.

A mediados del XVIII figuraba concretamente la casa de Pedro Maza de Lisana, y según los lindes, estaba situada junto a la calle de los Clérigos a la que daban sus traseras.

En la actualidad solo un callejón junto a la Plaza Nueva recuerda los Maza.

Archivo Municipal de Orihuela.

Y es que el espacio a la izquierda de la plaza, ocupado actualmente por la entrada a un edificio, formaba parte de la calle o callejón de los Clérigos, «que estaba frente a la sacristía de la catedral y subía de la calle principal a la de la peña».

Archivo Municipal de Orihuela.

En algunos listados, aparece como «de los Capellanes».

Archivo Municipal de Orihuela.

En ella vivía por ejemplo el canónigo José Maestre. Ya hemos dicho que el clero y, especialmente los miembros del Cabildo, intentaban residir lo más cerca posible de su lugar de trabajo, evitando así ensuciarse las ropas y zapatos transitando por calles cubiertas de polvo o barro.

Manuel Rodríguez.

A finales del siglo XIX se construyeron frente a la Catedral dos casas de nueva planta que pertenecieron a la familia Zechini y a Eusebio Escolano, médico y presidente de la vecina Federación Agrícola.

Derribadas en el último cuarto del siglo XX sin las preceptivas excavaciones arqueológicas, se levantó un solo edificio que permanece en la actualidad.

José María Pérez Basanta.

En la última remodelación de la plazuela, incluyeron una estatua en recuerdo de Antonio Roda López, fallecido en marzo de 1984.

Archivo Municipal de Orihuela.
José María Pérez Basanta.
Apuntes sobre un plano del siglo XVIII. Archivo Catedral de Orihuela.

La titulación calle de Timor, del Dr. Timor, de Juan Timor o del Canónigo Timor (de todas estas formas aparece en protocolos del siglo XVIII), recuerda a Juan Timor de Cabrero y Martínez Martel, Canónigo de la Catedral, Familiar y Comisario del Santo Oficio de la Inquisición de la ciudad de Murcia.

José María Pérez Basanta. Archivo Municipal de Orihuela.

Devoto del Arcángel San Miguel, costeó la reparación de su antigua ermita de la peña. 

En su testamento, redactado en 1740, estableció un vínculo que legó a su sobrino Joaquín Timor. Falleció el 3 de noviembre de 1748.

Archivo Catedral de Orihuela.

Con el tiempo, su sobrino Joaquín se convirtió en regidor y noble. Muerto este y sus descendientes, dicho legado debía pasar a la ermita de San Miguel, o al Seminario que se estaba construyendo «en el caso de haber erigida alguna fundación de seminario de clérigos misionistas como hay en Madrid y en otras partes, sirva la renta para mayor aumento de dicho seminario».

José María Pérez Basanta.

En el siglo XVII este callejón hacia la peña se llamó calle de Don Pablo, en referencia a Pablo Rocamora Togores, hijo de Francisco Rocamora Rosell, personaje de finales del XVI que casó con una Togores.

Archivo Municipal de Orihuela.

También la llamaron del Capitán Limiñana.  En la siguiente imagen podemos comprobar que ambos vivían en la misma calle.

Archivo Municipal de Orihuela.

La que fue casa de Juan Timor pasó a formar parte del palacio de Portillo. Los corrales, que salían a la calle de Comedias, se convirtieron en patio y jardín del mismo. 

Su lugar lo ocupa en la actualidad el almacén trasero de la Caja Rural Central.

José María Pérez Basanta.

Otro famoso vecino de la calle fue Marcelo Miravete.  En 1846, uno de sus herederos, el Medio Racionero Pedro Miravete, costeó el traslado de la Virgen de las Mercedes que había permanecido más de ocho años en su casa, hasta la restaurada iglesia de la Merced.

Para ello alfombró el suelo de su callizo con enramada de murta al estilo valenciano. Y al describir la ceremonia, Alburquerque certifica:

La casa de Miravete está situada en el estrecho callizo llamado de Timor, que sale a la plazuela que hay frente a la puerta de la catedral titulada de los Perdones.

Palacio de Portillo.

La Federación de Sindicatos Agrícolas Católicos, nacida en 1919 y transformada en Caja Rural Central, es la propietaria del edificio que ocupa la fachada entre las calles de Timor y Comedias.

En origen eran dos casas: la primera,  conocida como de Portillo, sustituye a otra del Mayorazgo de Benejúzar y fue construida a finales del siglo XVIII.

En 1847 albergaba al Gobernador Eclesiástico Tomás Pastor Sánchez, doctor en Teología y cura de la Parroquia del Salvador de Elche.

También se hospedó el Obispo Félix Herrero Valverde a la vuelta de su destierro, ya que sus aposentos del Palacio Episcopal habían sido demolidos tras la riada de 1834 para utilizar los materiales en el nuevo Ayuntamiento.

Ministerio de Cultura.

Así lo cuenta Juan Alfonso de Alburquerque en sus memorias:

Terminado el acto, el Sr. Obispo salió de la Catedral por la puerta de los perdones y en el mismo coche que había entrado fue a hospedarse por aquella noche en la casa inmediata del gobernador Ecco. D. Tomás Pastor, que es propia de D. Joaquín Portillo.

Lo cierto es que en el último tercio del siglo XIX las casas número 51 de la calle de la Feria y la número 1 de la Plaza de Comedias la de Timor, formaban el llamado Palacio de Portillo con una superficie de más de mil metros cuadrados.

Pertenecían a Joaquín del Portillo y Chacón.  De este personaje, hemos encontrado información en las páginas del Ayuntamiento de Villanueva del Río Segura:

Uno de los principales propietarios de la huerta, que durante la construcción de la iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción, se dirigió al Alcalde y al cura, solicitando costear el retablo del altar Mayor y adquirir una imagen de la titular del templo, con tabernáculo, sagrario, mesa del altar, candelabros y sacras en 1881.

Encargó la labra a Felipe Farinós, de Valencia.  El Ayuntamiento de dicha localidad, agradecido, pagó una lápida en su memoria, colocada en la Sacristía.

En 1888, legó las casas a su hijo Pedro Portillo y Ortega viudo de Luisa Rovira y Rovira. La única hija de este matrimonio, María de las Virtudes Portillo y Rovira, las heredó en 1896.

Facahada Palacio de Portillo. Francisco Luis Galiano Moreno.

El 14 de mayo de 1920 su marido, Antonio Lamo de Espinosa y de la Cárcel futuro Conde de Noroñalas vendió a la Federación de Sindicatos Agrícolas Católicos por 26.750 pesetas. 

Diez años después la Federación adquirió a Francisco Lucas Lucas la número 49, fusionándola con la de Portillo.

Esta casa pertenecía en la primera mitad del siglo XVIII a Francisco Guillem de Matarredonda, presbítero, Racionero y Prevendado de la Catedral (en el plano aparece como del cura Guillem). Natural de Ibi, testó ante Luís Limiñana en 1755.

Como su hermano Carlos, Canónigo Magistral, había fallecido en 1735, la casa pasó a su sobrino Tomás Guillén de Matarredonda, vecino de Elche, doctor en Leyes y capitán de milicias;  y de éste a su hija Francisca.

Alberto Navarro Carretero

El edificio resultante posee una fachada de líneas muy sencillas. Al ampliarse, siguió rigurosamente la estética del resto del edificio, decorando la esquina con un balcón corrido de hierro.

La entrada se hace por una amplia portada adintelada que conserva sus puertas de madera originales. A través de la misma se accede a un zaguán, cubierto al igual que otros palacios coetáneos con vigas de madera.

Carlos Carrillo Cerezuela

Destaca el gran arco de piedra de medio punto que da paso a la escalera noble, con peldaños de piedra y baranda de hierro forjado y madera. 

Como detalle curioso citar el pequeño león tallado finamente en mármol sobre el pedestal del arranque de la escalera. Restaurado a mediados del siglo XX, este bello edificio necesita una profunda actuación.

Miguel Ángel Navarro Zoroa

A partir de aquí encontramos un palacio reedificado y una gran plaza. Pero antes subiremos por la Calle Comedias, situada entre estos dos palacios que la comprimen en su principio para desembocar en una especie de plazuela.

José María Pérez Basanta.

En el plano del proyecto para la construcción de la nueva Catedral en 1750 aparece dividida en dos partes: la parte estrecha llamada de Sans y el ensanche de la Pedrera. Gisbert le dedica un buen párrafo en su «Historia de Orihuela»; pero sólo menciona dos titulaciones.

La de Comedias concluye por ensancharse constituyendo la plazuela de su nombre. Llamóse antes de la Fábrica Mayor de San Salvador por radicar en ella este edificio o de la Pedrera de Matías, en razón a un gran corte que se hizo en la peña para sacar piedra destinada a edificaciones por un tal Matías a quien la ciudad se lo concedió y en donde en 1761 se descubrió una fuente: así lo dice Montesinos al relatar la colocación de un lienzo de Ntra. Sra. De las Angustias, en la fachada de la casa de D. Joaquín Rodríguez de Munera, hoy de la familia Carrió.    

El granero de la Catedral lo trataremos en la Plaza de la Pía; de «Mathías Alonso», el de la pedrera, hablaremos en breve.

La «pedrera de Matías» sin la casa. Jorge Belmonte Bas.

El Padre Agustín Nieto recoge un documento que detalla la intención de compra por parte del Cabildo de una casa a ser posible en la calle de la Feria. Se la compran a Rita Alvadalejo «en la calle llamada de Rosell, luego de las Brujas y ahora de Sans o Matías».

Esta calle como otras muchas fue adoptando en cada momento el nombre de sus moradores.

El título de Rosell utilizado a comienzos del siglo XVII, tiene su explicación en las casas que flanquean el acceso, pues ambas pertenecían al Mayorazgo de Benejúzar, y la casa de Rosell ostentaba el título de dicho señorío, no en vano su escudo fue adoptado por dicha localidad.

Archivo Municipal de Orihuela.

El de Sans, es de la segunda mitad de dicha centuria y se debe a Joseph Sans, Capellán del Patronato Real de la Catedral fallecido en 1672.

Archivo Catedral de Orihuela. Archivo Municipal de Orihuela.

El de las Brujas, es una mala interpretación del título que aparece en los padrones del XVII «carrer de les Bruxes» es decir de los Bruges, como bien cita Ojeda Nieto. 

Se refiere a un apellido cuyo propietario no puedo concretar por el momento.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.

Tampoco he conseguido documentar el de Comedias a pesar de su reciente titulación. Parece ser que a comienzos del XIX, época en la que adquirió ese nombre, se utilizó como corral de comedias.

Fotografía Ajomalba.

A espaldas de la casa de Portillo, encontramos la que fue casa de Timor, con puerta a las dos calles.

La siguiente es un solar que tan sólo conservaba  un valioso arco gótico rectificado en el XVIII.

Fotografía Ajomalba.

En la primera mitad del XIX, albergó a Tomás de Vea, Chantre de la catedral. Fallecido este pasó al notario Ramón Amat Sempere, en copropiedad con sus hermanos Justo y Caralampio. En la actualidad las tres fincas pertenecen a la Caja Rural Central.

A la derecha, rebasada la trasera del palacio de Pinohermoso, figuraban dos casas que en la primera mitad del XIX pertenecían a Matías Sorzano. La que linda con el callejón fue reedificada a comienzos del siglo XX.

La otra se convirtió en un moderno edificio de oficinas, propiedad de la misma entidad oriolana.

Al fondo a la izquierda, junto a la peña, existía una callejuela actualmente cegada. Nombrada como Pedrera de Viol, daba paso a la calle de Timor.

Fotografía Ajomalba.
Archivo Municipal de Orihuela. Reparto Equivalente de 1731.

Aquí vivió Matías Alonso, el de la «Pedrera de Matías». En el hueco del corte que propició dicha pedrera, se edificó una casa.

Casa Carrió.

En 1763, Joaquín Rodríguez Múnera contador de la ciudad, cedió la casa recién construida a la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad con opción de compra, para que instalasen en ella un hospital.

Archivo Municipal de Orihuela.

Segregado del de San Juan de Dios, su estancia fue breve. Al no llegar a un acuerdo económico se trasladaron al Barrio Nuevo y allí se emplazó el llamado Hospital de la Caridad.

A partir del siglo XIX, la casa de Rodríguez Múnera pasó a ser conocida como casa Carrió, por ser sus propietarios el médico Juan Carrió Grifoll y sus descendientes.

Archivo Municipal de Orihuela.
Coque Celdrán Sánchez.
Jorge Belmonte Bas.

Por caprichos del destino,  la reedificaron en 2007 para que dos siglos y medio después albergase de nuevo la llamada «Casa de la Caridad».

La hornacina que conserva, nos recuerda que el citado Rodríguez Múnera, colocó en ella un lienzo de Nuestra Señora de las Angustias.

Ajomalba. Jorge Belmonte Bas.

A la derecha tenemos la travesía y calle de Masquefa. En marzo de 1861, la comisión nombrada para el arreglo del nomenclátor, numeración de casas y rotulación de calles, encontró tres calles que carecía de nombre; y creyó muy oportuno dárselo para que en lo sucesivo se les designase con nombre propio en documentos públicos y estadísticos.

La que había en el cuartel del centro, en lo que se llama espaldas de la calle Comedias, que se le denominase Calle de Masquefa «por ser nombre muy reputable y antiguo en la población».

Fotografía Ajomalba.

Hasta el siglo XVIII, la calle que recordaba a este poderoso linaje cuyo máximo exponente fue Jaume Masquefa, señor de La Daya, era como ya citamos en su momento la actual calle Meca; junto a Santa Justa. La nueva ubicación, pegada a la sierra, era algo más problemática.

En mayo de 1917, la prensa integrista calificaba como «lupanar al aire libre» el callejoncito que unía la calle de Masquefa con la de Comedias, al lado de la Caja de Socorros de Nuestra Señora de Monserrate; «un retrete al descubierto».

José María Pérez Basanta.

Y así terminamos con la calle de la Feria y sus numerosas traviesas.

Fin de la Calle de la Feria.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Mi agradecimiento a Jorge Belmonte. Publicado en 2006. Ampliado en 2008. Ampliado en 2018. Adaptado en 2022.

Callejeando 20B. La Calle de Colón.

Ajomalba. 2017.

La calle de Colón.

La calle de Colón desde el Puente de Poniente. Colección Javier Sánchez Portas.

En cada aniversario de la llegada de Colón a América, una de nuestras calles cumple años: la que lleva su nombre, la calle de Colón.

Inaugurada el 16 de octubre de 1892, cuando todavía no existía, las circunstancias de este bautizo nonato demuestran que la imprevisión y falta de recursos de nuestro Ayuntamiento es un mal que arrastramos desde tiempos inmemoriales.

Hasta entonces, la bajada del Puente de Poniente era lo que hoy llamaríamos un punto negro en la circulación.

En una zona tan transitada, la pronunciada pendiente combinada con el violento giro hacia la calle del Ángel provocaba frecuentes accidentes entre carruajes y algún que otro atropello a los peatones.

Anotaciones sobre Plano Villanueva.

Tratando de solucionar de una vez el problema y mejorar el ornato público en una zona tan sensible, el Ayuntamiento adquirió dos casas en la calle Mayor y otra en la de la Feria para ser derribadas abriendo un acceso directo a la de la Feria, la vía que formaba parte de la carretera Alicante-Murcia.

La cercanía del cuarto centenario del descubrimiento de América puso en bandeja a las autoridades municipales oriolanas una ocasión para dar brillo especial a esta apertura.

La llamarían Calle de Colón y así lo anunciaron públicamente.

El independiente. 10 de octubre 1892: AYUNTAMIENTO. Sesión del 9 de octubre de 1892. Autorizar al Sr. Presidente para que solemnice en la forma que tenga por conveniente la fecha del IV centenario del descubrimiento de América, y que la calle que ha de abrirse desde la calle Mayor a la plaza de Caturla, se denomine de Colón en memoria de aquel grande acontecimiento.

El sábado quedó definitivamente convenido el precio que se le ha de dar al señor Candela por la casa en la que se ha de producir la reforma que tanta falta hace para el ensanche de la calle, y para que los carruajes puedan transitar con más facilidad.

Según nuestras noticias muy pronto empezará el derribo.

A pesar de las penurias económicas de aquellos años, por todo el país se celebraron eventos relacionados con la gesta de Colón: publicaciones, congresos, conferencias, exposiciones, etc.

Carteles IV Centenario del descubrimiento de América.

Para conocer de primera mano lo que pasó durante aquellos días en Orihuela, usaremos principalmente «El Independiente», diario local muy critico con el Ayuntamiento que circulaban por aquellas fechas.

Y también alguna noticia del semanario «El Pueblo», mucho más favorable al Consistorio.

El martes, víspera de la Virgen del Pilar, «El Independiente» dedicó un amplio artículo a Colón y su histórica gesta; mencionando que Murcia también había dedicado al insigne marino la antigua calle de la Alameda.

El independiente. 11 de octubre de 1892.

Orihuela no podía ser menos. Para conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento, ensalzado por el Papa León XIII en una encíclica, el obispo invitó al Ayuntamiento a una gran ceremonia que celebrarían el domingo 16 de octubre en la Catedral.

El Consistorio se unió a la celebración aportando la banda municipal e invitando al vecindario para que mostrase colgaduras e iluminaciones en sus balcones.

La calle de Colón desde la calle del Ángel. Colección Javier Sánchez Portas.

A dos días del evento, la calle de Colón seguía siendo un proyecto en fase de derribo. De las casas adquiridas para formarla, una se mantenía todavía en pie por impago al propietario.

Tras muchas prórrogas y con ayuda económica de los vecinos que mejoraban sus propiedades, el viernes 14 anunciaron un acuerdo con el señor Candela para demoler su vivienda.

Un redactor de «El Independiente» apodado «Armengolito» comenzó a sembrar dudas y denunció que, en la urgencia, habían destinado a la calle de Colón unos adoquines adquiridos para la del Ángel.

El independiente. 15 de octubre 1892: Cartas municipales. Mi querido: D. Atanasio: Me han asegurado que tiene V. en proyecto grandes mejoras, entre las que entra la apertura de la futura calle de Colón, por más que todos aguardábamos el miércoles pasado con verdadera ansiedad, esperando ver confirmado el rumor de que la demoledora piqueta comenzaría ese día a derribar los edificios llamados a desaparecer para la apertura de la referida vía, y estamos ya en sábado y no solo continúan en pie sino que comienza a susurrarse que no hay nada de lo dicho por más que yo no lo creo…

También me han contado algo relacionado con unos adoquines que ahora después de traídos a nuestra ciudad, resulta que se quedan, no en el aire por que se caerían, pero sí sin ser colocados en la calle del Ángel para cuyo adoquinado parece se ordenaron traer.

Pero yo no he creído esto, o todo lo más, caso de ser cierto, supongo que esa mejora la reserva V. para una vez conseguido tenga Colón una calle en nuestra ciudad.

¿Verdad que he acertado y que lo demás son solo habladurías? Su affmo. «Armengolito».

No había tiempo material ni para adecentar el terreno; pero, a pesar de todo, el sábado se publicó el programa de fiestas del centenario y éste incluía la inauguración de la calle de Colón por parte del obispo.

Le acompañaría el Ayuntamiento entero, el Cabildo de la Catedral, autoridades civiles y militares, diputados provinciales, representantes de la prensa y demás invitados a la ceremonia.

El independiente. 15 de octubre 1892: FIESTAS DEL CENTENARIO EN ORIHUELA. La comisión encargada de las fiestas del Centenario en nuestra ciudad, nos ha facilitado el siguiente programa de las mismas que tendrán lugar en el día de mañana.

1º Al amanecer, diana por la banda de música municipal.

2º A las 10, se trasladará el Ayuntamiento, precedido de la banda municipal, desde las Casas Consistoriales, a la Santa Iglesia Catedral para asistir a los solemnes cultos con que el Cabildo Catedral conmemora aquella gloriosa fecha, pronunciando la oración sagrada el M. I. Sr. Canónigo Magistral D. Francisco Cotau; terminando tan solemne acto religioso con un «Te Deum» a grande orquesta.

3º A las 11 y media, el Ayuntamiento acompañado del Ilmo. Sr. Obispo de la diócesis, Cabildo Catedral, autoridades civiles y militares, diputados provinciales, representantes de la prensa y demás invitados, se trasladará desde la Santa Iglesia Catedral, a la calle del Ángel, con objeto de descubrir la lápida de la calle que ha de llevar el nombre del insigne marino genovés, operación que ejecutará nuestro ilustrísimo Prelado, amenizando el acto la banda municipal.

4º A las 12, comidas a los enfermos del Hospital, a los que se servirá el siguiente menú: Sopa cubierta, Cocido, Pavo en pepitoria, Arroz con leche.

5º A las 12 y media, comida a los asilados de la Casa de Beneficencia, a los que se servirá el siguiente menú: Sopa, Cocido, Guisado de pava, Frutas y dulces.

A todos estos actos concurrirá nuestro Ilmo. Prelado, disolviéndose la comitiva terminados que sean estos, en la puerta del Palacio Episcopal.

«El Independiente» advirtió de lo ridículo que podría resultar descubrir con tanta pompa la lápida de Colón en un solar indecente, entre escombros y restos de las casas derribadas.

Pero el Ayuntamiento siguió adelante.

El independiente. 15 de octubre 1892: Pero como habrán notado nuestros lectores, lo que verdaderamente es monumental, excepcional y archi notable es aquello de descubrir la lápida de la calle de Colón. Rompe cabezas,

¿Dónde está la calle?

Porque no creemos quiera hacérsenos pasar por tal el solar feo e indecente que existe en el sitio que ocuparon las casas de Candela y Portillo.

Vamos hombre, que la cosa resulta de lo más chusco que darse puede. Y para tal acto se ha invitado a nuestro Ilmo. Prelado, al Cabildo Catedral, a las autoridades civiles y militares, a los diputados provinciales por esta circunscripción, y por poco por poco no invitan hasta a nuestro diputado a Cortes, al gobernador de la provincia y al presidente del Consejo de ministros.

Después de todo, empeñados en hacer una plancha, han hecho bien, cuanto más grande mejor. Aunque francamente bien mirada la cosa, no merece calificarse de plancha.

Sino de una humorada en la que los invitantes parece como si quisiesen tomar el pelo o quedarse con los invitados. Porque resulta aquello de bautizar la criatura antes que nazca.

¿No podría haberse suprimido este número del programa, aunque solo sea porque si entre nosotros hay aquel día algún forastero no lleve que contar tales cosas de Orihuela?

Válganos Dios Señor, y qué ocurrencias más desdichadas tienen algunos hombres. Pero es lo que se habrán dicho.

Para algo somos notables. Poner nombre a una calle que exista lo hace cualquiera. Y nosotros no podemos hacer vulgaridades.

La Calle de Colón. Colección Javier Sánchez Portas

El domingo 16 numeroso gentío ocupaba la calle del Ángel y la bajada del puente para presenciar el acto de inauguración de una calle que nadie veía.

En el centro del solar lleno de ruinas habían colocado unos palos vestidos con telas sosteniendo un cuadro cubierto por unas cortinas.

Acabada la ceremonia religiosa en la Catedral, autoridades e invitados precedidos por la banda municipal se trasladaron al solar para descubrir una lápida que llevaría para siempre el nombre del «insigne marino Genovés».

Para no hacer mucho el ridículo la ceremonia fue muy breve; sin aplausos ni palabras oficiales; «un triste homenaje a Colón».

El independiente. 17 de octubre 1892: Las fiestas del Centenario en nuestra ciudad fueron tal y como las supusimos después de enterados del programa.

Lo único bueno que hubo fue la fiesta religiosa preparada por nuestro muy ilustre Cabildo Catedral.

Numeroso gentío ocupaba desde las 11 de la mañana parte de la calle del Ángel, y hasta la mitad del puente de la calle Mayor con objeto de presenciar el acto de la inauguración de lo que con el tiempo y si Dios quiere será calle de Colón.

Dos palos vestidos de tela azul y blanca y ostentando gallardetes y escudos se destacaban en el centro del solar de la casa de Candela, sosteniendo un cuadro de cerca de un metro de ancho con esta inscripción: «Calle de Colón», cubierto por unas cortinas.

Al llegar la comitiva frente a este «tambalache», la banda municipal batió la marcha real y el Sr. Cubero puso en manos de nuestro Ilmo. Prelado el cordón que descubría el cuadro que arriba describimos, continuando la comitiva, una vez descubierto el antedicho cuadro, su marcha en dirección al Hospital.

El público sin duda aguardaba algo más de tan solemne inauguración, puesto que quedó frío… tan frío casi como nuestro alcalde que se circunscribió a tocar el cordón descubridor.

Ni un aplauso, ni una muestra de asentimiento, ni una palabra oficial. ¡Pobre Colón!

Decididamente, hubiese resultado más la cosa si se hubiese suprimido del programa, siguiendo nuestro consejo, esta inauguración que ha resultado no solo extemporánea e intempestiva, sino ridícula.

El lunes «El Independiente» se mofó a placer de la esperpéntica ceremonia, afirmando que la calle de Colón había existido ocho o diez horas en un letrero; y se preguntaban cuánto tardaría en nacer la criatura bautizada.

El independiente. 17 de octubre 1892: La nota dominante del día fue ayer las fiestas del Centenario. Por más que ya de ellas nos ocupamos, aunque a la ligera en otro lugar, la inauguración de la nonnata calle de Colón merece párrafo aparte.

Porque bien es verdad que desde el primer momento predijimos que la cosa resultaría un desastre, pero la realidad superó nuestras predicciones.

Entre dos grandes montones procedentes del derribo de las casas de Candela y Portillo, estaba colocado el cuadro con el título de la calle que, aunque todavía no ha nacido, existe en la mente de nuestro accidental alcalde el cual la dará a luz lo antes posible sin duda alguna, porque después de bautizada, no debe ya caberle en la cabeza.

Numeroso público acudió a presenciar el acto, y antes de que se descorriesen las cortinas nos preguntaba un forastero: Escuche V. señor mío

¿Qué hay detrás de esa cortina? ¿Acaso algún anuncio para la venta de todos esos materiales al rededor amontonados?

Pero una vez descorrido el velo, se dio mi buen hombre a buscar la calle que le anunciaban y que no veía por ninguna parte; y fue a dar con un cuartito bastante escusado que en pie ha quedado de los derribos hechos…

¡Valiente calle han dedicado a Colón! Es que la calle han de abrirla todavía, le dijimos nosotros.

Pues bien podían haber, para después de abierta, guardado la dedicatoria, porque por ahora esto no es calle es una porquería.

La calle de Colón ha existido ocho o diez horas en letrero. Veremos ahora cuánto tarda en existir de hecho, en nacer o sea la con tanta anticipación bautizada criatura.

Durante toda la semana el asunto continuó apareciendo en la prensa para escarnio del Ayuntamiento.

El independiente. 19 de octubre 1892: Hace cuatro días que se inauguró oficialmente la futura imperfecta calle de Colón y todavía no han comenzado los derribos para abrirla ni se sabe cuándo comenzarán.

¿Verdad que tendría muchísima gracia que después de inaugurada la calle y haber hecho la ceremonia de descubrir el cuadro resultase que se quedaba la calle en proyecto?

Pues de menos nos hizo Dios.

El independiente. 20 de octubre 1892: Hace unos días que tenemos en Orihuela oficialmente inaugurada una nueva calle. Calle que, aunque se vuelva uno mico, es imposible que pueda dar con ella, sino se la busca en la cabeza de nuestro alcalde accidental…

Todo el mundo esperaba, y así se nos aseguró a nosotros que, al día siguiente de la inauguración, comenzaría la apertura, pero pasan días y más días; las cosas continúan «in statu quo», el ridículo crece y la calle de Colón inaugurada con tanta precipitación y cuya apertura nadie ve tal vez posible en mucho tiempo, se convierte en la fábula del día y es el tema cómico de todas las conversaciones…

La derribada casa de Candela costó al municipio cinco mil pesetas; y la que queda en pie está ajustada, si nuestros informes son verídicos, por cuatro mil…

Con estas nueve mil pesetas, tendremos aquel trozo de calle del Ángel, metido a la línea de la calle Mayor y nada más; falta todavía dinero para expropiar una casa de la calle de la Feria, pagar el solar de la de Portillo, y dos o tres trozos de otras casas que es necesario derribar para que la proyectada calle quede formada…

Colección Jesús Rodríguez Tejuelo.

Por fin, a mediados de noviembre, procedieron a trazar la línea a la que había de sujetarse la nueva calle, que fue alineada en anchura y dirección con la de San Agustín.

Y buscando el equilibrio, trataron de formar una plaza análoga a la de Cubero en la margen izquierda del Segura.

El independiente. 17/18 de noviembre 1892: Ayer, con asistencia del Sr. Alcalde accidental, bastante número de concejales y grande de curiosos, se procedió a trazar la línea a que ha de sujetarse la nueva calle de Colón.

La calle resultará de 7’80 metros de ancha y en su alineación se ha tenido en cuenta la de la calle de San Agustín.

En la tarde del miércoles se reunieron frente al solar de lo que fueron casas de Candela y Portillo, con objeto de trazar la línea definitiva a que ha de sujetarse la futura calle de Colon…

Se hizo un trazado lógico, tomándose como punto de partida la anchura y dirección de la calle de San Agustín.

De esta manera, más tarde o más temprano, cuando haya ocasión para ello, con solo meter hasta metro y medio la casa del Sr. Cartagena, será la nueva vía continuación de la calle de San Agustín, formándose a la margen izquierda del Segura, junto al puente viejo, una plaza análoga a la plaza de Cubero.

Las protestas de «El Independiente» continuaron a cuenta del estorbo que producía el derribo en la calle de la Feria y de la arbitraria venta de los materiales sin mediar subasta.

El independiente. 23 de noviembre 1892: La plaza de Caturla está convertida en almacén del maderamen y herraje procedente del derribo de la casa que por cuenta del ayuntamiento se derriba en la calle de la Feria para la apertura de calle de Colón.

Quien ha de dar luz, da humo. ¿Tiene acaso el ayuntamiento más derecho que un particular a interceptar la vía pública con estos chismes?

Con motivo de la venta de los materiales procedentes de los derribos de la casa de Candela propiedad del Ayuntamiento, parece que tuvo el alcalde un altercado ayer con un vecino que deseaba adquirir parte de aquellos al celebrarse la oportuna subasta.

Y se encontró con que los materiales se los llevaban (sin haber mediado subasta y sin otra razón que estimarlo oportuno el alcalde) el regidor Síndico y otros particulares, sin que él, que tenía derecho a ellos con su dinero como otro cualquiera, pudiese aprovechar la ocasión que la venta de los materiales referidos podía ofrecerle de comprarlos baratos para una obra que proyecta…

El semanario «El Pueblo», más benevolente con el alcalde, hacía hincapié en el ornato de las fachadas que deberían observar los vecinos de la nueva calle.

El pueblo. 28 de noviembre 1892: Felicitamos sinceramente a D. Atanasio G. Cubero por haber adquirido una casa de la calle de la Feria cuyo derribo parcial es necesario para la apertura de la calle de Colón.

El anterior dueño de la finca de referencia tenía ofrecido el trozo de ella que fuese necesario para la citada vía y a última hora presentaba dificultades para cumplir sus espontáneos ofrecimientos. 

El Sr. Cubero, dueño actual de la mencionada casa, cede al municipio lo que necesita para trazar la futura calle…

A propósito: ¿No se va a obligar a los propietarios de las casas de la calle de Colón que construyan fachadas, al menos cuando lleven a cabo en aquellas algunas reparaciones?

Lo preguntamos porque como hemos visto que se están poniendo balcones y rejas en espaldas (hoy pechos enlucidos) de casas que se están burlando del ornato…

Años después construyeron los dos preciosos edificios que la flanqueaban; de los que sólo uno se conserva: el de Juan Villaescusa, edificado en 1914.

Edificio Villaescusa en los años 30 del siglo XX. Archivo Ajomalba.

En la actualidad Colón no tiene rótulo; he ahí la paradoja; nació como un rótulo sin calle y ahora es una calle sin rótulo. Sirva esta historia, extraída, adaptada y ampliada de uno de mis artículos publicado en 2006, para reivindicar una placa decente para la Calle de Colón; aunque no la descubra el obispo.

Como anexo final, me ha parecido curioso una especie de programa de fiestas que, en tono de humor, imaginó un redactor de «El Pueblo» quince días antes de la celebración.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba 2017).

«El Pueblo». 1 de octubre de 1892.

El pueblo. 1 de octubre 1892: FESTEJOS. Celebrados el día 16 de los corrientes por el Excmo. Ayuntamiento con motivo del IV Centenario del descubrimiento de América. A la una de la mañana. Todos los serenos cantan la hora y en las arcas municipales entran y salen las ratas como Pedro por su casa.

A las dos. El simpático «Colasillo» da la séptima vuelta por los puentes. Repetición del coro de serenos. A las tres. D. Atanasio le da un repaso a la perorata que ha de pronunciar más tarde al bautizar a un solar con el nombre de calle de Colón. A las cuatro.

El alcalde da una cabezada y el sereno del barrio entona un himno al genovés que empieza: «¡Ave María Purísima!» y termina: «¡Sereno!».

El concejal de semana va a la plaza, a ver si se pesca alguna falta, teniendo en cuenta la grandeza del hecho que se conmemora y contra su costumbre.

A las cinco. Repique de campanas, misas en varias iglesias, escasa gente por las calles y solemne salida del sol. A las seis. Mozas de servicio dirigiéndose a lo que llamamos plaza de Abastos.

Echan su parrafito sobre el zarandeado D. Cristóbal. A éste, unas lo hacen fraile, otras «monjo» y las más le llaman inventor del cacao y del café.

A las siete. Dan los relojes esta hora y el número de domésticas «transeúntas» va en aumento. El sol también alumbra a esta hora, con más fuerza que en las anteriores.

A las ocho. Empieza a verse por los balcones alguna colgadura. A las nueve. Las colgaduras aumentan un poco y Colón corre de boca en boca dando ocasión a que se digan muchas tonterías por algunos sabios.

Un concejal dice muy formal que en 1492 era capitán general de la isla de Cuba Martínez Campos y que vino a Orihuela a proponer un ayuntamiento de notables. Varios concejales se prueban el frac y por estarles estrecho no van a ninguna parte.

A las diez. El alcalde, cuatro concejales y el secretario municipal se dirigen a la Catedral con acompañamiento de guindillas, maceros, músicos y curiosos.

Gran función religiosa que resulta la única solemnidad que ha tenido lugar en honor de Colón.

A las once «Te Deum» en él citado templo del cual sale una procesión cívica que se dirige a los establecimientos benéficos para asistir a las comidas que se dan a los recogidos en ellos.

Al pasar por una obra, el alcalde pone en manos del Ilmo. Sr. Obispo un cordón después de dedicar sentidas (y no sentidas) palabras al pueblo allí presente para mayor gloria del héroe que se festeja. Nuestro queridísimo prelado, descubre un cuadro que dice: «Calle de Colón».

Por el pequeño tamaño del marco no se ha podido colocar en él esta otra inscripción: «Aquí se va a construir una calle que cuando se termine será bautizada con el glorioso nombre de Colón».

A las doce, repique en todas las iglesias como de ordinario. Comida a los enfermos del Hospital.

El sol está alto para mejor alumbrar, según ha dispuesto el Excmo. Ayuntamiento. Comida a los asilados en la Casa de Beneficencia.

A la comisión del ramo se le abre la boca de apetito. Comprendida la indirecta por los concurrentes al acto, se va cada uno a su casa.

A la una de la tarde. Gran comida general. La Corporación municipal dispone, por falta de un local capaz, que cada vecino coma en su propia casa. Hay excepciones.

A las dos. Hace un poco de calor atmosférico para que no falte calor del otro a estos festejos.

A las tres. Colón suda el quilo al ver nuestro entusiasmo.

A las cuatro. Paseo. El que quiere compra una «perrica» de torraos.

A las cinco. Continúa el paseo. Llega el tren. procedente de Murcia. En la estación ferroviaria, los andenes que a ella conducen y la Glorieta, poca animación.

A las seis. Sigue el paseo. Llega el tren de Alicante. Anochece. Se enciende el petróleo público.

A las siete. Partida de billar en el Casino jugada por dos individuos que no saben ya qué hacer para honrar a Colón. En algunos balcones, pocos, aparecen faroles del tiempo de Colón.

A las ocho, cena siguiendo los mismos trámites que en la comida. Debut de una pésima compañía infantil en nuestro teatro.

A las nueve. Los que están en el teatro pierden la poca afición que tienen por esta clase de diversiones.

A la diez. Aburrimiento general y salida de los serenos. Algunos beodos aparecen por las calles.

A las once. Los del teatro se «divierten». Se acuerda por unanimidad que cada cual se marche a su cama.

A las doce. Terminación de estas fiestas.

Callejeando 20A. Feria y traviesas 1.

Archivo Rafael Almira.

La calle de la Feria.

En el siglo XIII las ferias anuales con Privilegio Real eran un eficaz medio de promoción en los nuevos territorios conquistados. La seguridad de la llamada «paz de la feria» y, sobre todo, la exención de impuestos, atraían a un gran número de comerciantes foráneos.

La feria oriolana, anormalmente corta, comenzó en el año 1.272 gracias a un Privilegio del entonces rey de Castilla, Alfonso X el Sabio.

Alfonso X «El Sabio».

Inicialmente se celebraba en los tres días posteriores a Santa María de Agosto, emplazada en la calle de la Feria, «carrer de la Fira» o «carrer damunt apellat de la Fira».

Dos años después, ante la falta de mercaderes, el Sabio autorizó al Concejo para variar la fecha al día de Todos los Santos intentando recoger a los comerciantes de la feria murciana, celebrada por San Miguel. A finales de la centuria se supeditó totalmente a la de Murcia como cita el Privilegio de Fernando IV fechado en 1295:

Por fazer bien e merced al concejo de Orihuela e porque me lo enbiaron pedir por merced, tengo por bien que la feria que les el rey don Alfonso mio auelo otorgo que fiziessen en su villa cada año por la fecha de Todos los Santos, que la fagan cada año quando salieren de la feria de Murcia, ques a quinze dias después de Sant Miguel.

Luego se modificó la de Lorca, facilitando así un itinerario mercantil que aseguraba la concurrencia a las tres ferias.

Francisco Luis Galiano Moreno.

Muchos años después, consolidada la Feria oriolana, regresó a su fecha inicial, en el mes de agosto.

En los primeros siglos de la repoblación cristiana, el entorno de la iglesia de las Santas Justa y Rufina era el barrio más poblado, donde se mantuvo la zona de abastecimiento musulmana: carnicerías, pescaderías, venta de hortalizas y leña, lonja de contratación, etc.

La feria se instaló en la calle que nacía allí, en la plaza Mayor o de la Fruta y la Verdura;  y llegaba hasta el entorno del Salvador, revalorizando la zona.

Calles Mayor y de la Feria.

José Ojeda Nieto, en su obra «Orihuela imaginada» nos ofrece esta descripción entre los siglos XVI y XVII:

En la calle de la Feria se celebra -obviamente- la feria.  Mercaderes y comerciantes de productos exquisitos, raros y, sobre todo, de la seda llegan buscando establecimientos o simples casas donde poder guardar las mercancías y negociarlas. 

Los propietarios de las casas ven el negocio del arriendo. Quienes llegan con sus fardos no son gente cualquiera, sino foráneos con la bolsa repleta que piden comodidad y seguridad en la vivienda y limpieza y facilidades de comunicación en la calle. Y hay que proporcionárselo.

José María Pérez Basanta.

La feria acabó desplazada al Arrabal de San Agustín con gran pesar de los vecinos de la calle;  y con satisfacción por parte del Cabildo, que se quejaba repetidamente por el alboroto que perturbaba la celebración de sus actos religiosos.

Titulación.

Archivo Municipal de Orihuela.

«La Fira» es una de las titulaciones más añejas de Orihuela. Se mantuvo en los padrones durante siglos. Y permanece en la memoria de los oriolanos que siguen llamándola «de la Feria».

Su titulación actual se gestó entre los años 1913 y 1914; como homenaje a la memoria del doctor José María Sarget y Lillo, fallecido en 1909.

Ajomalba

El Eco de Orihuela. 4 de abril 1913: Ecos Municipales. Rindiendo justo homenaje a la memoria de Don José María Sarget, médico eminente, literato culto y orador brillante; el Ayuntamiento de Orihuela se honrará grandemente dando el nombre del «Dr. Sarget» a la calle de Unión Agrícola cuyo nombre no significa nada en la historia de Orihuela.

El Diario. 5 de abril 1913: Sesión supletoria del día 5 de abril. Se da cuenta de la moción del Sr. Román pidiendo se dé el nombre del Dr. Sarget a la calle de Unión Agrícola. El Sr. García Murphy se adhiere a la proposición del Sr. Román lamentando que éste no se encuentre en la sesión, para demostrarle que el nombre de Unión Agrícola tiene importante significación en el progreso de Orihuela…

… Propone que se dé el nombre del Dr. Sarget a la calle de San Juan, donde el malogrado, doctor tuvo su farmacia y su clínica; y si esto pudiera suponer molestia para los sentimientos religiosos de los oriolanos, dice que se dé aquel nombre a la calle de la feria.

Tras descartar las calles de Unión Agrícola, la de Sagasta, en la que vivía, y la de San Juan, por devoción de sus vecinos, se acordó que fuese la de la Feria la que portase el nombre del Doctor Sarget.

El Eco de Orihuela. 5 de abril 1913: En la sesión celebrada por el Ayuntamiento, después de discutirse la proposición del concejal Sr. Román (D. Francisco), se ha acordado dar el nombre del Doctor Sarget a la calle da la Feria.

El Eco de Orihuela. 4 de septiembre 1913: Una mano negra. El Doctor Sarget. Desde hace tiempo anhela la opinión pública que se rotule una calle con el nombre del esclarecido oriolano D. José María Sarget.

El Diario. 5 de junio 1914: Ayuntamiento. Sesión ordinaria del 4 de junio. El señor Román Miralles, pide al Ayuntamiento, que se dé a las calles de la Feria y del Colegió los nombres de los señores Sarget y Clavarana; estos dos, según acuerdos adoptados por los anteriores ayuntamientos. Se aprueba la proposición del señor Román, por unanimidad.

Por si os interesa saber más del personaje, os dejo un enlace a su biografía pinchando la fotografía.

Pinchad aquí para acceder a la biografía del doctor Sarget.

Caminaremos en línea recta por la calle de la Feria, itinerario obligado en el Camino Real de Valencia a Murcia, cuyo nombre original permanece indeleble en la tradición oriolana.

Colección Javier Sánchez Portas.

Traviesas de la Calle de la Feria.

Archivo Municipal de Orihuela.

Su primera traviesa a la izquierda es la calle llamada de la Paja, conocida hasta la segunda mitad del siglo XVIII como calle de la Morera. Tomó su nombre actual de un antiguo y peligroso almacén de paja que daba servicio al cuartel de Caballería y que fue trasladado en torno a 1780, instalándose el granero de Santa Justa en 1792.

Fotografía Ajomalba.

En escritura fechada en 1736, el canónigo Provisor y Vicario del obispo Joseph Flores Osorio, vendió una casa al platero Pedro Pacheco como parte de una obra pía.  En ella se citan tres calles:

Sitio de casa que está en esta ciudad, en la parroquia de Santa Justa, en la calle llamada de la Morera contiguo con un callejoncito estrecho que traviesa a la calle del canónigo Angulo.

Archivo Municipal de Orihuela.

La de la Morera ya ha quedado explicada, el callejoncito estrecho se corresponde con la traviesa dedicada a Santa Brígida, situada al final de la calle de la Paja.

Fotografía Ajomalba.

La última es la actual calle de Flores, que se nombró durante los siglos XVII Y XVIII como de Angulo.

Archivo Municipal de Orihuela.

Basándome en la cita anterior, atribuí su titulación al canónigo Jaime Angulo. Pero cual fue mi sorpresa al descubrir que el maestro Ojeda Nieto la citaba como calle «del notari Angulo», en clara referencia al escribano Luís Angulo.

Archivo Municipal de Orihuela.

Repasando los padrones del siglo XVII confirmé que se nombraba como «del Canonge Angulo». Todo quedó aclarado al comprobar que el citado Jaime Angulo era hijo del notario Luis Angulo y de Juana Boyer.

Archivo Municipal de Orihuela.

Así pues, padre e hijo fueron titulares de este callejón que también se nombró a principios del XVIII como del Vicario y que en los padrones de principios del XIX aparece ya como callejón de Flores, sin que haya encontrado ningún morador con ese apellido.

Archivo Municipal de Orihuela.

Me parece demasiada casualidad que en una venta aparezca el Vicario del obispo Flores, y que se nombre la calle como del Vicario y luego callejón de Flores, pero es algo que no he podido relacionar.

Archivo Municipal de Orihuela.

Volvemos a girar a la izquierda para atravesar la que quizás sea la calle más estrecha de Orihuela, la del Horno de San Miguel que nos llevará a la plaza de Caturla cuyo nombre recuerda a Pascual Caturla Maseres.

José María Pérez Basanta.

De plaza solo le queda el nombre; con la rampa de subida al seminario, construida en 1937 para acceder al «penal de San Miguel», quedó transformada prácticamente en dos callejuelas.

En el siglo XVIII, se titulaba plazuela del Maestre-escuela en honor a Francisco Maseres de Timor, personaje que ostentaba esa dignidad en la Catedral oriolana. Era hijo de Pedro Monserrate Maseres Martínez de la Maza y de Gerónima Timor de Cabrero, hermana del también canónigo Juan Timor que,  como veremos muy cerca, también tituló una calle.

El canónigo Maseres de Timor, morador de esta plaza, poseía el horno que quedo inmortalizado en la calleja que hemos utilizado para llegar aquí.

En su testamento, redactado en 1775, fueron llamadas por inmediatas sucesoras a la muerte de sus hermanas, sus sobrinas Agustina y Bárbara Maseres de Cabanes. Para ello fundó dos vínculos a los que sus hermanas fueron agregando sus propiedades conforme fallecían.

Agustina Maseres de Cabanes se casó con Luis Maseres de Seva y en 1795 eran propietarios de dos casas, la que ocupaba el lugar de la que hoy muestra una moderna hornacina de la Virgen de Monserrate y la contigua que arrendaron en dicho año.

La casa de los Mejías. Antonio Ballester Vidal.

En el solar de la segunda, a mediados del siglo XIX, se edificaría la llamada casa de los Mejías, que perteneció a Francisco de Paula Mejías Cartagena, según el censo electoral de 1889. Tras una minuciosa restauración ha sido recuperada por la empresa Acuagest que tiene en ella sus oficinas.

La casa de los Mejías. José María Pérez Basanta.

Bárbara, que fue mejorada en la herencia porque «la habían criado y educado en su casa desde tierna edad debiéndole los respetos y amor de hija» contrajo matrimonio con Josef Caturla Jordán, abogado de los Reales Consejos, Corregidor perpetuo de Alicante, Alcalde Mayor de Orihuela, familiar y número del tribunal de la Santa Inquisición de Murcia, juez privativo de aguas y presidente de la Real Junta de caminos del obispado.

La casa de los Mejías. Francisco Luis Galiano Moreno.

Josef era hijo de Thomas Caturla, importante personaje alicantino. En su testamento, fechado en 1768, incluía entre varias propiedades su casa palacio, situada en la calle Labradores. Restaurada en 1990, hoy alberga el archivo municipal de Alicante.

Se había casado en primeras nupcias con María Rosa Miravete; y estableció un vínculo para cada uno de sus primogénitos.  De su matrimonio con Bárbara nacieron al menos seis hijos.

Retrato de Huerta Caturla by E. Julià (bnf.fr).

A nosotros nos interesan dos: el citado Pascual Caturla, y su hermana Francisca; quien trajo al mundo a Trinidad Huerta Caturla, famoso guitarrista y compositor nacido en Orihuela a principios del siglo XIX y fallecido en París en 1874 al que algunos estudiosos atribuyen el «Himno de Riego».

Caricature of the guitarist Trinidad Francisco Huerta y Caturla (1800-1874), illustration by Gillor from the Journal pour rire, Journal Amusant, No 258, December 8, 1860.

Pascual Caturla se casó con Mercedes Maseres Chocano y murió sin hijos el 3 de mayo de 1836 en Madrid. Capitán y Regidor perpetuo de Orihuela, fue Pascual y no su sobrino, como algunos argumentan, el causante de que la plaza adoptara el nombre que todavía conserva: Plaza de Caturla.

Archivo Municipal de Orihuela.

Un siglo después de su muerte, concretamente en octubre de 1933, el Consistorio republicano recordaría a Pascual Caturla cuando decidió que esta Plaza se denominase en lo sucesivo del General Bazán, «en atención a que dicho general fue fusilado por sus ideas liberales, siendo regidor de Orihuela el citado Caturla».

Fotografía Ajomalba.

Se referían al desastroso desembarco acaecido en enero de 1826 en Guardamar, que protagonizaron los hermanos Juan y Antonio Bazán, cuando Pascual Caturla era regidor.

Frente a la Plaza de Caturla, tenemos la calle de Colón, que conserva dicho nombre desde su inauguración, en octubre de 1892.

Colección Javier Sánchez Portas.

Como iremos comprobando en nuestro recorrido, las dos últimas décadas del siglo XIX, fueron decisivas en la nueva proyección urbanística de nuestra ciudad. Hasta esa fecha, sólo el callejón de la Guardia, el del Capitán Grifol y la Plaza del Salvador,  comunicaban la calle de la Feria con la Mayor.

Archivo Rafael Almira.

Resultaba imprescindible crear un acceso que permitiese el tránsito de carruajes hacia el arrabal de San Agustín, evitando así los numerosos accidentes producidos por la pronunciada pendiente del puente y el violento giro hacia la calle del Ángel. Y así nació la calle de Colón.

Colección Jesús Rodríguez Tejuelo.
Calle de Colón esquina con Ramón y Cajal en 1926.

Pinchando la siguiente imagen enlaza con un breve artículo en el que cuento las chocantes circunstancias de la apertura de la Calle de Colón.

Enlace al artículo sobre la calle de Colón.

De nuevo en la Plaza de Caturla, subimos por la «escalera nueva», adosada a la rampa. Aunque ya tiene varios siglos, se llamaba así en contraposición a la «escalera vieja»; el otro acceso desde la Feria que encontraremos cerca de la Catedral. Por ella llegaremos a la calle de San Miguel, que según Montesinos era conocida como la Alta, hasta la construcción del seminario.

La Calle Alta hoy modernamente dicha de San Miguel, cuyo nombre o segundo apellido tomó desde cuando sobre la eminencia de este Monte Meridiano refundó la soberana y basta fábrica del Colegio de San Miguel.

Colección Javier Sánchez Portas.

Varias calles oriolanas compartieron el calificativo de «calle alta» o «calle de arriba». Pero lo cierto es que en los padrones comenzó a figurar a mediados del siglo XVIII y lo hizo con el nombre de «San Miguel».

En los padrones del último tercio del siglo XVIII, época cercana a la que escribía Montesinos, esta calle contaba con más de 40 contribuyentes, lo que significa que vivían en ella más de 150 personas.

Archivo Municipal de Orihuela.

En parte del solar que ocupa el nuevo Colegio Diocesano Oratorio Festivo de San Miguel, levantaron una ermita dedicada a dicho arcángel.

Procesión de María Auxiliadora. Plaza de Caturla. Archivo Oratorio Festivo.

Si os apetece podéis leer también un poco de la historia del Oratorio pinchando la siguiente imagen.

Enlace al artículo del Oratorio Festivo.

Para terminar esta entrega, y hablando del Barrio de San Miguel, quiero incluir una curiosa descripción de la zona, supongo bastante exagerada, que encontré en la revista «El Oratorio de San Miguel» y que se refiere a esta zona a principios del siglo XX:

El barrio está edificado en las primeras estribaciones del monte, formado por casuchas bajas, sin ventilación, ennegrecidas las paredes por dentro a causa de las hogueras que encienden sus habitantes en los días fríos de invierno. Las callejuelas son muy estrechas, cubiertas materialmente y en su totalidad de todo genero de inmundicias y desperdicios que hacen difícil atravesarlas.

En el extremo del barrio hay una pequeña ermita dedicada al príncipe San Miguel. Los hombres pasan la mayor parte del día tendidos al sol en invierno y a la sombra en verano. Las mujeres sucias, sin peinar, con vestidos indefinibles de color, se pasan las horas libres de escandalosas peleas y en la caza mutua de parásitos. De noche sus callejas oscuras son cruzadas por bandadas de mocetones semi-beodos que frecuentan tristemente madrigueras de gatonas de las que el barrio está plagado.

Archivo Municipal de Orihuela.

En la próxima entrega volveremos a la calle de la Feria para continuar nuestro recorrido hablando de sus traviesas; pero, si os apetece, podéis subir al Seminario por el sendero lateral que parte del Oratorio. En cada curva podréis disfrutar de perspectivas diferentes, muy útiles para comprender la estructura urbana de Orihuela.

En la explanada de la peña, además de unas incomparables vistas de la ciudad, encontraréis el Seminario Diocesano. Os dejo dos enlaces a sendos artículos sobre este interesante edificio construido en el siglo XVIII sobre la antiquísima ermita de San Miguel. El segundo habla del «Penal de San Miguel». 

Enlace a artículo sobre el Seminario Diocesano.
Enlace al artículo sobre el «Campo de Trabajo de San Miguel».

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)

Textos publicados en 2006 con la colaboración de Jorge Belmonte. Agrupados y corregidos en 2008 en el artículo «La Feria, sus traviesas y la Pedrera de Matías». Corregido y adaptado con añadidos en 2018. Reformado en 2022.

Callejeando 19. La Plazuela de Rafal y la casa de Matías Sorzano.

Plazuela de Rafal.

La Plazuela de Rafal.

Ocupando el costado de la plazuela Condesa de Vía Manuel, con fachada lateral a la calle de la Feria, encontramos el llamado palacio de la Granja, sobre cuya esquina campea un soberbio escudo labrado en el siglo XVIII con las armas de Rocamora y Maza junto a las de Ruiz y Fernández de Heredia.

Roberto Almansa Vives.

Bajo dicho escudo se muestra un bellísimo querubín enmarcado en una rocalla que, desgraciadamente, está sufriendo un deterioro galopante.

Degradación del querubín que adorna la esquina del Palacio de la Granja. Colección Javier Sánchez Portas.

La titulación de esta plazuela estuvo asociada, desde mediados del siglo XVIII hasta mediados del siglo XX, al marquesado de Rafal, otorgado por Felipe IV a Jerónimo Rocamora y Thomás en 1636.

Hasta la segunda mitad del siglo XVIII, el palacio del marquesado estuvo junto al Hospital; y la casa del señorío de Benferri al inicio de la calle de la Feria, muy cerca de la Plaza Mayor o de la Fruta.

Diez años después de obtener el título, en el padrón de Oriola figura el «Ilustre Marqués de Rafal» en la que llamaban «carrer del Carme»; cuando el convento del Carmen estaba al final de la actual calle del Hospital, cerca de la muralla.

Carrer del Carme. El Ilustre Marqués de Rafal. Padro de Oriola de 1646.

El primer marqués transmitió a su descendencia dos vínculos; uno con el señorío de Benferri para el primogénito de su primer matrimonio; y otro, con el marquesado de Rafal, para el del segundo.

Ambos vínculos corrieron separados durante un siglo para unirse tras la muerte sin descendencia de la cuarta marquesa.

En los repartos del equivalente de 1718 y 1719, en la calle de la Feria, muy cerca de la «Plasa de la Fruta», figura Jerónimo Rocamora Cascante, el duodécimo señor de Banferri.

Jerónimo murió cuatro años después, sin descendencia; parece ser que a causa de un disparo de arma de fuego. Sus hermanos Francisco y Juan, siguientes en la línea sucesoria, estaban ya ordenados como religiosos.

Es por eso que a veces figuraba como «Plazuela o callejón del Deán»; en referencia a Francisco de Rocamora y Cascante, deán de la Catedral.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.

El hermano menor, de nombre Jaime, pasó a ser señor de Benferri en agosto de 1722. Y al año siguiente se casó en la Catedral con Margarita de Heredia y Bazán.

En el reparto equivalente de 1731, todavía figura el señor de Benejuzar en el «Callexon del Dean» y la marquesa de Rafal en la calle del Carmen Viejo.

Es más, en la revisión que se hizo del citado reparto en ese mimo año, llamaron Calle del Marqués a la del Carmen Viejo, es decir, a la actual calle del Hospital.

Quaderno de Revistta del Reparto del Equivalente de 1731. Archivo Municipal de Orihuela.

Jerónima era la viuda del famoso Jaime Rosell y Ruiz, caído en desgracia tras rebelarse contra el rey en la Guerra de Sucesión y fugarse con el archiduque durante años.

Ahora sabemos que, si proclamó a Carlos III desde su balcón, lo hizo en la actual calle del Hospital, más o menos donde está hoy la plaza de la Salud.

Pinchando en la siguiente imagen se accede a un artículo sobre la Guerra de Sucesión.

Enlace a artículo.

Felipe V restituyó el honor y propiedades del marqués mediante Cédula Real y regresó a Orihuela en 1726, donde murió al año siguiente. Montesinos habla poco del marqués consorte, sólo menciona su cargo de «Capitán General de las Islas Baleares o Reyno de Mallorca».

A la marquesa le dedicó varias páginas, calificándola de viuda piadosa y misericordiosa que tomó el hábito de la tercera orden de San Francisco, abrazando una vida de asperezas y mortificaciones con ayunos, vigilias y penitencias.

Cuenta también que murió el 24 de febrero de 1736. Y como había dispuesto ser enterrada en la Parroquia de Benejúzar, después de un espectacular funeral en Orihuela, acompañaron su cuerpo hasta la puerta de Almoradí, en la Corredera.

Desde allí llevaron el cadáver en coche enlutado con seis mulas hasta Benejúzar, acompañada a pie por 24 religiosos franciscanos observantes y 48 pobres, todos con hachas encendidas, rezando el santo rosario.

Y así, por el fallecimiento sin descendencia de Jerónima Rocamora Cascante, la IV marquesa de Rafal, Jaime Rocamora, señor de Benferri, se convirtió en el V marqués de Rafal.

Con el marquesado, Jaime heredó todos los privilegios y posesiones ligadas al título; como la baronía de Puebla de Rocamora.

Transcurrido un siglo, un Rocamora concentraba de nuevo todo el patrimonio familiar que el primer marqués, Jerónimo Rocamora y Thomas, había dividido en dos mayorazgos.

Jaime falleció cuatro años después, en 1740. Y la marquesa viuda, Margarita Heredia, fue la que restauró la casa solariega de los Rocamora y la convirtió en palacio del marquesado de Rafal con el aspecto que hoy conocemos.

Montesinos afirma que esta señora falleció el miércoles 2 de febrero de 1785 a la longeva edad de 89 años.

Margarita Heredia Bazán, marquesa viuda de Rafal, vista por Montesinos. Compendio Histórico Oriolano.

Todo esto se resume en dos inscripciones que permanecen en el zaguán.

Este palacio es la antigua casa solariega de los Rocamora desde el siglo XVI.

Fue restaurado por Doña Margarita Fernández de Heredia, Marquesa Vda. de Rafal y Condesa Vda. de la Granja 1757.

Zaguán del Palacio de la Granja en la actualidad. .José Antonio Ruiz Peñalver.

A partir de ese momento la plazuela comenzó a citarse como plaza o plazuela de la marquesa, del marqués, o sencillamente plaza de Rafal.

Archivo Municipal de Orihuela. Segunda mitad del siglo XVIII.
Archivo Municipal de Orihuela. Segunda mitad del siglo XVIII.
Reparto del Equivalente de 1824. Archivo Municipal de Orihuela.
Reparto del Equivalente de 1835. Archivo Municipal de Orihuela.

La décimo tercera marquesa de Rafal, María Isabel Manuel de Villena y Álvarez de las Asturias, fue además condesa de Vía Manuel, condesa de Granja de Rocamora, marquesa de Puebla de Rocamora y baronesa del Monte, con dos Grandezas de España.

En las postrimerías del siglo XIX repartió títulos entre sus hijos, haciendo cesión del marquesado en favor de Alfonso Pardo y Manuel de Villena; el decimo cuarto de Rafal.

Alfonso de Pardo y Manuel de Villena (1876-1955) XIV marqués de Rafal. El Oriol Taurino 1908.

La plaza la que albergaba su nuevo palacio ostentó el nombre de «Marques de Rafal». El Ayuntamiento, en sesión del 12 de marzo de 1958 presidida por el alcalde Luis Cartagena Soriano, dentro de un paquete de titulaciones, acordó:

Titulación de calles. De conformidad con la moción formulada por la Comisión Municipal de «Urbanismo», a propuesta del Presidente de la misma, Sr, García-Molina Martínez, por unanimidad y mediante votación ordinaria se acuerda que, en adelante, la actual «Plaza de Ramón Sijé» se titule «Plaza del Marqués de Rafal», en memoria del Excmo. Sr. Don Alfonso Pardo y Manuel de Villena, Marqués de Rafal, ilustre prócer e Hijo Adoptivo de Orihuela.

Y que la actual Plaza del Marqués de Rafal se denomine en lo sucesivo, «Plaza de la Condesa de Vía Manuel».

Ajomalba.

La condesa de Vía Manuel rehabilitó también el Condado de la Granja en 1916, título que en la actualidad ostenta Juan Manuel Agrela y Pascual de Riquelme, actual morador del palacio junto a su familia.

Si os interesa el tema, está detallado en otro artículo al que podéis acceder pinchando la siguiente imagen:

Pinchad aquí para acceder al artículo.

En junio de 1914, una serie de sucesos relacionados con la disputa política motivaron que el Consistorio oriolano, en sesión del 4 de junio, titulase esta plaza con el curioso nombre de «plaza de la Porra antes Marques de Rafal».

Pero este acuerdo no se llegó a hacer efectivo, quedando desestimado en abril de 1918 por considerarse «un baldón para el ayuntamiento». Este tema también lo traté en un artículo al que podéis acceder pinchando la siguiente imagen.

Pinchad aquí para acceder al artículo.

En el verano de 1931 la nueva corporación municipal le asignó el nombre de una gloria republicana: el político y periodista sevillano José Nakens Pérez, fallecido en 1926. Pinchando la siguiente imagen se accede a su biografía en la Real Academia de la Historia.

José Nakens. Nuevo mundo (Madrid). 14 de mayo 1908. Enlace a su biografía.

Varias veces restaurado, el caserón de los Rocamora ocupó un lugar trascendental en la historia de Orihuela. Iniciada la Guerra Civil, cumplió una misión de importancia clave para nuestro patrimonio.

El 25 de julio de 1936 se constituyó la junta oriolana dependiente de la Dirección General de Bellas Artes, a la que se le otorgaron amplias facultades para intervenir cuantos objetos de arte, históricos o científicos encontrasen en los edificios ocupados.

Ministerio de Cultura.

Aprovechando esta circunstancia, el 5 de Noviembre de 1936, la Alcaldía presentó una moción para crear un museo municipal

A fin de recoger los valores artísticos, científicos y literarios, procedentes de la grandeza y clero», aprovechando para ello la estancia en la provincia del «eminente paisano Justo García Soriano, archivero de la Academia de la Historia, encargado por el Gobierno de recoger y organizar el Tesoro Artístico de la misma.

Días después se hacía constar en acta que, la casa incautada por el Ayuntamiento para la instalación del museo, sería la numero uno de la Plaza de Nakens, perteneciente por aquellas fechas a la ex-Condesa de Cheles.

Colección Javier Sánchez Portas.

En la cuenta de gastos quedó reflejada una factura de 156,20 pesetas por la estancia de Justo García Soriano en el Palace Hotel (el desaparecido hotel Palas).

Este oriolano miembro del Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios de la Real Academia de la Historia, fue comisionado por la Junta de Incautación, transformada en 1937 en Junta Central del Tesoro Artístico, para cooperar en los trabajos de sus delegados de Murcia y Alicante. Pero según sus propias palabras, Justo pretendía centrarse en Orihuela, donde su labor podía ser más útil y fructífera.

El vetusto palacio necesitaba una restauración «para devolverle su antiguo carácter señorial» y el maestro Román Sánchez se encargó de las obras, presentando los primeros pagos de jornales en enero de 1937.

En la sesión del 16 de Marzo se leyó un escrito de García Soriano, comunicando haber terminado la instalación del museo en el que quedaban «atesoradas, las riquezas más valiosas de nuestra ciudad».

Escudo alojado en el zaguán del Palacio de la Granja. .José Antonio Ruiz Peñalver.

Los pagos a Román Sánchez se mantuvieron hasta finales de junio, importando poco más de 1.000 pesetas;  y a José Penalva se le abonaron 20 pesetas por la compra de útiles para el Museo Municipal.

La inauguración quedó fijada para el día 17 de julio de 1937, aniversario de la Reconquista. Pero dos días antes de la fecha anunciada se suspendió por falta de tiempo para ultimar detalles.

Como colofón a su obra, García Soriano redactó «El Museo de Orihuela», cuaderno publicado ese mismo año por la Junta Central del Tesoro Artístico en el que detalló su distribución y contenido.

Cartel Junta Tesoro y ejemplar del «Museo de Orihuela» de la Colección Javier Sánchez Portas.

En Septiembre, la Dirección General de Bellas Artes decretó la constitución de una Subjunta Delegada de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, designando como presidente a Justo García Soriano.

Quien hizo saber al Ayuntamiento el nuevo carácter de Museo del Estado, agradeciendo la valiosa cooperación prestada, y suplicando que retiraran un coche y un camión que encerraban en el zaguán del museo, donde compartían espacio con valiosas lápidas y esculturas.

Zaguán del Palacio de la Granja en la actualidad. .José Antonio Ruiz Peñalver.

Volviendo al edificio, desde el punto de vista arquitectónico es una de las casas nobiliarias más interesantes de toda la provincia de Alicante. Consta de planta baja, entresuelo, piso principal y segunda planta destinada a la servidumbre.

Palacio de la Granja en la actualidad. José María Pérez Basanta.

Las fachadas están totalmente enfoscadas en color rojo, con molduras en amarillo que marcan la presencia de los distintos huecos decorados con rejas de hierro forjado y las distintas alturas de que consta el edificio.

La piedra se destina a remarcar la esquina del palacio y la excepcional portada principal,  que ofrece una esmerada labra escultórica en la que destaca un diseño que trata de ganar puntos de vista en una plaza que originalmente era pequeña y estrecha.

Palacio de la Granja en la actualidad. .José Antonio Ruiz Peñalver.

Sobre el dintel se muestran los escudos de los Rocamora y Fernández de Heredia; y sedentes sobre los frontones, dos bellas alegorías de la Justicia y la Prudencia.

Palacio de la Granja en la actualidad. José Antonio Ruiz Peñalver.
Palacio de la Granja en la actualidad. Francisco Luis Galiano Moreno
Palacio de la Granja en la actualidad. Victor Sarabia Grau.

La casa de Matías Sorzano.

La casa de Matías Sorzano. Colección Javier Sánchez Portas.

Frente a la Plazuela, en el inicio de la Calle de la Feria, encontramos un hermoso edificio conocido en la actualidad como «Palacio Sorzano de Tejada».

Es la casa de Matías Sorzano de Nájera, uno de los personajes más ricos y poderosos del siglo XIX en Orihuela. Tras un pleito de hidalguía con el Archivo de la Real Cancillería de Valladolid, con sentencia favorable, en 1804 obtuvo del Ayuntamiento oriolano el reconocimiento de nobleza, condición que le permitía ostentar escudo.

Para eso necesitaba una casa acorde a las circunstancias. Y no le valía cualquier sitio. Matías decidió edificarla frente a la más aristocrática de la ciudad: la del marqués de Rafal.

Casa de Matías Sorzano. Orihuela. José Antonio Ruiz Peñalver.

En enero de 1820, ante el notario Julián Fernández, entregó 51.439 reales en monedas de oro y plata a Josefa Sardo de Raymundo, viuda de Bernardo Ferro, y a su hija Bárbara.

Era el pago por dos casas adyacentes que tenían madre e hija pro indiviso, adquiridas en 1787 y 1797. Una en la calle de la Feria a la que sacaba dos puertas y otra que estaba situada en la traviesa.

Esta última lindaba a su vez con otra casa que ya tenía en la esquina entre la entonces llamada calle del Ángel (actual López Pozas),  y con dicha traviesa sin nombre que medio siglo después adoptó el «de la Guardia». La unión de estas tres propiedades dio lugar a la casa que conocemos.

Casa de Matías Sorzano. Fachada López Pozas. Orihuela. José Antonio Ruiz Peñalver.
Casa de Matías Sorzano. Fachada Calle Doctor Sarget. Orihuela. José Antonio Ruiz Peñalver.

A finales del siglo XX pasó a ser propiedad de la Fundación Pedrera y quedó muy transformado gracias a una «personal restauración» que me abstengo de comentar.

Si os apetece saber más de Matías Sorzano, aquí tenéis un enlace a su biografía.

Pinchad aquí para acceder a Biografía.

De lo que sí voy a hablar un poco es del escudo que campea en la esquina de su casa. Es el blasón que comparten los Solares de Tejada y Valdeosera, dos instituciones jurídico-nobiliarias nacidas en el año 844.

El hecho de estar inscrito como Señor Caballero Divisero Hijosdalgo del Solar de Tejada o del de Valdeosera se consideraba plena prueba de nobleza. En la actualidad los privilegios son honoríficos, pero en el Antiguo Régimen señorial, que perduró hasta las primeras décadas del siglo XIX, la pertenencia a estas instituciones implicaba también importantes beneficios.

Era necesario probar la hidalguía cuando el divisero se avecindaba en otra localidad, mediante pleito ante la Sala de Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid.

La historia de este escudo se funde con la leyenda en la famosa batalla de Clavijo, hazaña en la que cuentan que participó Santiago Matamoros.

Concesión de privilegios para el Solar de Tejada firmada por los Reyes Católicos (1491). Y blasón del Solar de Tejada.

El rey Ramiro I, en su lucha con los musulmanes, penetró en la Rioja con un nutrido ejército cuyo maestre de campo era el Señor de Cameros, Sancho Fernández de Tejada.

Cuenta la tradición que, tras esa importante victoria, Sancho fue nombrado Alcaide de los fuertes de Viguera y de Clavijo. Junto a sus trece hijos, se dedicó a mantener los caminos (entre ellos el de Santiago) seguros y transitables, fundando la primera Orden de Caballería.

Ramiro les mostró su agradecimiento otorgándoles el privilegio de ser dueños y señores de sus tierras hasta el fin de los tiempos, concediéndoles además un símbolo, un escudo que representaría esta historia para siempre.

Jurídicamente los solares citados constituyen una modalidad de propiedad colectiva e indivisa, ya que la titularidad la ostenta una comunidad. Y todos los comuneros tienen derecho global sobre el patrimonio.

Estos señoríos han sido heredados por diversas ramas de varios linajes riojanos arraigados desde tiempo inmemorial en la Sierra de Cameros.

Dicho blasón, se compone de cuatro cuarteles divididos por una cruz patada de la orden de San Juan.

Blasón Solar de Tejada y Valdeosera en la casa Sorzano. Orihuela. José Antonio Ruiz Peñalver.

En el primer campo, muestra dos castillos almenados de los que sale una bandera, en recuerdo de las que puso Sancho en los fuertes de Viguera y Clavijo.

En el segundo, dos medias lunas con trece estrellas alrededor representan a Sancho, su esposa y sus trece hijos.

En el tercer campo un león rampante, que recuerda su parentesco con la casa real de León.

En el último se evidencia la vinculación de los solares de Tejada y de Valdeosera  con un tejo al que está atado un oso.

Las trece veneras y las cruces de Santiago que orlan los cuarteles del escudo muestran la relación de sus trece hijos con la orden de Santiago.

Las trece banderas circundantes recuerdan sus batallas triunfales frente a los musulmanes, como manifiestan las puntas hacia abajo de las medias lunas que portan.

Por último, en la bordura se lee «Laudeamus viros gloriosus et parentes nostros in generatione sua», que traducido al castellano quiere decir: «honremos a nuestros gloriosos antepasados en todas las generaciones».

El escudo que lo acompaña, con un guerrero ascendiendo en solitario al asalto de una torre o castillo, sólo puede representar el apellido de su esposa, Angela Adalid. Un adalid era un caudillo militar, el líder que encabezaba un ejército.

Casa de Matías Sorzano. Orihuela. José Antonio Ruiz Peñalver.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Texto de varios artículos publicados en 2006 con la colaboración de Jorge Belmonte Bas. Corregidos y aumentados posteriormente, contiene también algunos párrafos de mi libro «La II República y la Guerra Civil en Orihuela vistas desde el Puente de Rusia». Mi agradecimiento especial a Javier Sánchez Portas y a José Antonio Ruiz Peñalver por el repostaje fotográfico.

Callejeando. 18B. Ángel / López Pozas.

La Calle del Ángel.

Calle de López Pozas en los dos sentidos. Años veinte y treinta del siglo XX.

La calle que actualmente se llama «de López Pozas» presenta dos tramos claramente diferenciados en anchura.

Gisbert dice sobre ella a principios del siglo XX:

Del Ángel. Es continuación de la Mayor y paralela como ésta a la de la Feria.

Hasta 1320 se denominó del Colegio del Temple por haber existido en la misma, una casa hospicio de la citada orden, mas tarde del Graner o del Granero cuando el expresado edificio fue convertido en depósito de granos eclesiásticos y el del Ángel lo tomó en 1731.

En el apartado «Santuarios y ermitas» cita una ermita dedicada a Nuestra Señora del Rosario y San Juan Bautista, en la calle del Ángel, junto a las antiguas casas consistoriales.

Y en el de «otros edificios para servicios eclesiásticos», el granero del Salvador, desamortizado en el siglo XIX.

Como todos los cronistas anteriores, sitúa el antecedente de estas dos instalaciones en un hospicio de la Orden del Temple con un oratorio bajo la advocación del arcángel San Miguel.

Expulsados los templarios en el siglo XIV, el oratorio se convirtió en ermita asociada a la iglesia parroquial del Salvador, bajo las advocaciones de Nuestra Señora del Rosario y San Juan Bautista.

A principios del siglo XVI, convertida la iglesia en colegiata, se habilitó un almacén para guardar el grano recaudado en los diezmos.

Calle de López Pozas. Colección Javier Sánchez Portas.

Al pasar a catedral, el edificio y la ermita fueron totalmente reformados por el primer obispo de Orihuela, Gregorio Gallo.

Tenemos un interesante documento sobre el edificio. Se trata de un dossier confeccionado en marzo de 1798 con el título «Amparo de posesión instado por Iltre. Cavildo Eclesiástico de esta Ciudad».

En él varios testigos declaran ante el escribano López de Pérez y el Alcalde Mayor Josef Caturla, por las obras practicadas con motivo de la gran riada ocurrida en el mes de octubre de 1797.

En dicha avenida las aguas anegaron el edificio, quebrantando la pared mediera con las casa de la Ciudad.

Se reedificó con mayor solidez y se levantó el piso de algunos graneros liberando la puerta de los establos que había sido tapiada para impedir la entrada del agua.

Estos testimonios nos permiten conocer un poco de este desaparecido establecimiento de dos plantas, situado entre las calles del Río y del Ángel, con las que lindaba de mediodía y Norte; a las que sacaba puertas.

A levante con las Casas Consistoriales y a poniente con una calleja desaparecida titulada del Carpio.

Un inciso: El callejón del Carpio, sin salida natural hacia la calle del Río como podéis comprobar en el plano, probablemente conectara con dicha calle a través de una vivienda.

Anotaciones sobre Fragmento plano de 1748, obra de Fray Antonio Villanueva. 

No he podido localizarlo en los padrones del XVIII; pero sí he encontrado, en la calle del Río, a Isidoro del Carpio en 1718; a Miguel del Carpio en 1750; y a los Herederos del Carpio en 1770.

Siguiendo con los testigos escogidos del vecindario, eran dos ancianos maestros alarifes y un arriero; y venían a coincidir en que el Cabildo Eclesiástico de esta ciudad había poseído y disfrutado de este Granero donde colocaba los granos pertenecientes a la masa común de los diezmos.

También declararon haber oído a sus mayores, y otros más ancianos, que dicha casa fue antes habitación de los caballeros Templarios; y que después fue del obispo de Cartagena cuando lo era también de esta ciudad, hasta la segregación y erección de mitra.

Uno de ellos había trabajado en el granero en otra ocasión; y recordaba que, formando un cimiento, encontró bajo tierra la obra de un lagar donde se hacía mosto y vino; y escuchó, de labios del sujeto que moraba por entonces en dicho granero, que la uva del diezmo se pisaba allí en lo antiguo.

Por último, otros dos maestros alarifes y «vehedores» tomaron medidas, resultando que el frontis del edificio por el mediodía, es decir por la calle del Río, era de ciento veinte y cinco palmos valencianos, algo más de 28 metros, con muros de seis palmos.

Tenía tres buques o puertas: la de la entrada a la cuadra, que era muy estrecha y había estado tapiada para impedir la entrada del agua en tiempo de avenidas.

La principal que daba acceso al patio, graneros y demás oficinas; y la última junto al albellón que cruzaba por debajo del ayuntamiento que daba entrada a una habitación baja que comunicaba con los graneros principales.

También mostraba diez ventanas en diferentes alturas, con diferentes medidas; unas con reja y otras sin ella.

Por la parte norte, es decir en la calle del Ángel, medía ciento ocho palmos valencianos, 25 metros aproximadamente, con amplia puerta y cuatro ventanas con rejas.

Por este motivo la calle se citó hasta el siglo XVII como de «lo Graner de la Seu» o sencillamente «del Graner».

A falta de pruebas que nos permitan verificar la presencia de la mítica orden medieval, podemos certificar los títulos «del Granero» y «del Ángel», añadiendo uno más, localizado entre los siglos XVI y XVII, «de los Barberos». No confundir con otra homónima, traviesa de la calle de San Juan.

Como podemos comprobar en el siguiente padrón del siglo XVII, «Lo Carrer dels Barbers» figuraba junto a la «Plaça Major».

Padrón de Sal y Muro de 1659. «Plaça Mayor y Carrer dels barbers». Archivo Municipal de Orihuela.

Pero quiero dejar claro que su nombre más popular, calle del Ángel, no se le otorgó como dice Gisbert en el año 1731. 

En el apartado «Piedad Privada» vuelve a citar esa fecha:

Calle del Ángel. El Pbro. D. Ignacio Vigo, de Orihuela pagó en 1731 un cuadro del Santo Ángel de la Guardia, que desde dicho año ha dado nombre a la calle.

Esta afirmación es errónea. Montesinos, en su libro segundo, primera parte, nos brinda unos breves datos biográficos de «El Ve. Siervo de Dios D. Ignacio Vigo, Sacerdote exemplarísimo».

Y afirma que legó trece lienzos con marco dorado que representaban al Salvador y sus doce apóstoles, obra «del delicado pincel del célebre pintor, D. Marco Valero» para la iglesia de Ntra. Sra. de Monserrate.

Asegura que falleció el 8 de septiembre de 1766, a los 73 años de edad; y que fue sepultado con sus mayores en la capilla de San Pedro y San Pablo de la iglesia de Santa Justa.

Representación de Ignacio Vigo en el tomo cuarto del «Compendio Histórico Oriolano» de Joseph Montesinos.

Vuelve a mencionar a don Ignacio Manuel en el tomo cuarto, acompañando la mini biografía con uno de sus dibujitos. Pero en ningún momento menciona el cuadro del Santo Ángel.

Por otro lado, en los padrones de principios del siglo XVIII, cuando don Ignacio era todavía un adolescente, ya aparece la calle del Ángel.

Contribución Equivalente 1716, 1717, 1718 y 1719. Archivo Municipal de Orihuela.

O don Ernesto equivocó la fecha, o don Ignacio rehabilitó o sustituyó un ángel anterior al adquirir la casa.

Tengo otra hipótesis: sabemos que, en el siglo XVIII, el gremio de roperos tenía como imagen tutelar a un San Miguel Arcángel (como el oratorio de los templarios) depositado en la ermita del Rosario o del Granero.

¿Se referían a la imagen del arcángel? No lo sé.

Lo cierto es que una imagen del «Santo Ángel», a mediados del siglo XIX, provocó también la titulación del callejón de «la Guardia», como veremos al final de este mismo capítulo.

En cuanto al edificio del Granero, desamortizado en el siglo XIX, tenemos noticias de él a finales de dicha centuria, cuando albergó el «Café Europeo», un local de tertulia con salón para espectáculos.

Regentado por Juan Rogel, alias «Juanete», alternaba conciertos, funciones de cante flamenco, bailes de máscaras, riñas de gallos, espectáculos de ilusionismo e hipnosis.

En el verano de 1887, daba cuenta de su nuevo mobiliario:

El Diario de Orihuela. 2 de julio 1887: Ayer tuvimos el gusto de visitar el acreditado y espacioso café Europeo en el cual admiramos las importantes mejoras que incesantemente está introduciendo en dicho establecimiento, su dueño nuestro apreciable amigo el Sr. Rogel.

Las reformas últimamente introducidas consisten en el reemplazo de los antiguos taburetes por una magnifica sillería de la más moderna confección y unos elegantes y cómodos divanes que dan gran tono al decorado del local.

Debió ser enorme. Si os apetece saber más sobre él, pichad sobre el cartel publicitario para acceder a un artículo monográfico.

La comarca. 5 de octubre 1903. Enlace a artículo.

Su última campaña publicitaria fue en el verano de 1905, anunciando su oferta de helados.

Un año después el edificio sufrió obras de reforma y fue decorado al estilo modernista por el joven artista Enrique Luis Cárceles, quien pintó los frescos, murales y decorados del establecimiento en septiembre 1906, poco antes de aparecer en prensa la noticia de su venta al Banco de Cartagena.

El Diario. 24 de octubre 1906: En el edificio que ocupó el antiguo Café Europeo, han comenzado los trabajos preliminares para la instalación de la sucursal del Banco de Cartagena que va a establecerse en esta plaza.

El Diario, 1 de febrero 1907: El Banco de Cartagena en Orihuela. El comercio y la industria de Orihuela están de enhorabuena. Desde hoy cuentan con un medio más que les facilite su desenvolvimiento. A las antiguas y acreditadísimas casas de banca que ya existían, hay que agregar la Sucursal del Banco de Cartagena en esta ciudad.

Dicho importante establecimiento de crédito ha inaugurado aquí, con esta fecha, sus operaciones. ¡Saludemos la nueva mejora!

Banco de Cartagena. Colección Javier Sánchez Portas.

Volviendo a la calle, su nombre actual data del verano de 1918, cuando el Consistorio telegrafió al ilustre oriolano Pío López Pozas para felicitarle por haber alcanzado el generalato.

Y decidieron poner su nombre a una calle.

No pudiendo ser la que nació porque la calle de la Feria había sido dedicada recientemente al Doctor Sarget, pensaron en esta, cuyo nombre no tenía sentido tras haber desaparecido el ángel que la titulaba.

El conquistador. 13 de julio 1918: El próximo miércoles, aniversario de nuestra gloriosa reconquista, tendrá lugar la fiesta civico-religiosa propia de tan patriótica fecha.

En dicho día tendrá lugar el acto de rotulación de las Calles de la Feria, Colegio y Ángel que han de perpetuar los nombres y la memoria de los ilustres oriolanos D. José Mª Sarget, D. Adolfo Clavarana y del Excmo. Sr. D. Pío López Pozas ascendido recientemente a General.

Si os apetece saber quien fue el General López Pozas, os dejo un enlace a su biografía pinchando sobre su retrato.

El General López Pozas y su calle. Colección Inma Saavedra Barranco. Enlace a biografía.

Durante la II República se varió por dos veces su nombre; en 1931 y 1936, ostentando el del socialista francés Jean Jaurés, españolizado como «calle de Juan Jaurés».

En abril de 1939, terminada la contienda, los vencedores le devolvieron el título que permanece al día de hoy: «Calle López Pozas».

En el solar que actualmente ocupa el edificio núm. 1 estuvo desde 1375 «la Sala» o Casa Consistorial, de la que ya comenzamos a hablar en la calle del Río.

Dejamos su historia en 1837, cuando habían trascurrido tres años de su demolición y el maestro Sánchez proyectaba un nuevo ayuntamiento en el mismo emplazamiento.

La ciudad no pudo sufragar la nueva construcción y en 1843 vendió el terreno a Luís Abadía, que levantó un edificio de viviendas de alquiler.  

Sus lindes, extraídos del protocolo notarial, eran: a Levante Calle subida al puente; a Poniente Granero que fue del Cabildo Eclesiástico, hoy de la nación; Mediodía Calle del Río; Norte Calle del Ángel.

Fotografía desde la Calle del Ángel. Al fondo, la Mayor. Colección Javier Sánchez Portas.

En 1848, Abadía había muerto. Y su viuda, Josefa Larranzi, se vio obligada a vender parte del mismo.

Acabó cediéndolo completo ante el notario Ramón Roca para pagar a sus múltiples acreedores.

Francisco Regidor, maestro de obras de la ciudad, valoró el edificio en 65.000 reales y en ese mismo año, se fundaba en sus bajos el llamado «Círculo Orcelitano», precursor y germen del actual «Casino Orcelitano».

Su breve estancia quedó inmortalizada en el plano de Coello, confeccionado a mediados del XIX.

La última y moderna edificación conserva en el zaguán una pequeña joya. Si alguien os abre la puerta (manda narices) podréis contemplar una de las representaciones más antiguas de nuestro oriol.

En 1598 se estaba obrando la puerta de San Agustín; y el maestro Pierres fabricó un escudo de armas en piedra jabalina.

Tenemos la siguiente nota de «Orihuela Imaginada. La Ciudad en los Siglos XVI y XVII».

Dos años antes de terminarse el Quinientos se hizo una reforma considerable en la Puerta de San Agustín.

Trabajaron en ella los maestros Juan Pascual, Florejant, Jerónimo Martínez y el «mestre Pierres, architestor -hizo- les armes de la ciutat en pedra javalina p[era] lo portal que obra la ciutat en lo mur p[er] han se hix a Sent Sebastia». (AMO, Lib. D-650, s/f., mayo de 1598).

Escudo de Oriola 1598.

El trabajo de Ojeda Nieto nos permite documentar este escudo y un San Roque, que veremos en el claustro de la Catedral; ambos pertenecieron a la citada puerta de San Agustín, también llamada de San Sebastián.

Justo enfrente encontramos el precioso edificio Villaescusa, cuya licencia de obras solicitó Juan Villaescusa Ballester el 21 de mayo de 1914.

Calle de López Pozas. Colección Ajomalba.

Juan Villaescusa fue un destacado personaje de la derecha oriolana.

En el verano de 1929 se inauguró en los bajos de su edificio una sucursal del Banco Central.

Actualidad. 15 de agosto 1929: La nueva Sucursal. Esta tarde ha tenido lugar el acto de la bendición e inauguración oficial de la sucursal que el Banco Central ha establecido en Orihuela. La importante entidad bancada se ha domiciliado en el edificio que D. Juan Villaescusa posee en la calle del General López Pozas, en el local en que tenía instalado su comercio D. Rafael Martínez Arenas.

Bendijo el local el futuro obispo de León D. Luís Almarcha.

Las oficinas del nuevo establecimiento de crédito se han montado con verdadera suntuosidad y buen gusto. Bendijo el local el Vicario General D. Luis Almarcha, quien acto seguido pronunció breves y sinceras palabras de salutación para la nueva entidad.

Durante la Dictadura de Primo de Rivera fue miembro de la Unión Patriótica de Orihuela, formada por cuarenta notables per­sonajes de la sociedad local.

Y candidato monárquico en las elecciones municipales de 1931.

Líder de la Comunión Tradicionalista y de su Círculo en la vecina Plaza Caturla, durante la II República se le unió Ángel García Rogel.

Al estallar la guerra ambos fueron confinados en Jesús María. Recluidos en el penal de San Miguel, lideraron a los presos. Terminada la contienda fue teniente de alcalde en la Comisión Gestora franquista.

Edificio Villaescusa en la actualidad. Francisco Luis Galiano Moreno.

En mi juventud, esos bajos albergaron un conocido establecimiento comercial llamado «Galerías Colón».

Fotografía Ajomalba.

Entre la casa de Villaescusa y la entrada trasera a la de Matías Sorzano hay una callejuela que no me aparece en ningún listado. 

José María Penalva la citó como «callejón de Ocaña», durante el siglo XVIII.

En marzo de 1861 se la consideraba sin nombre; y la varias veces citada Comisión para el arreglo del nomenclátor la bautizó oficialmente.

La calle que conduce desde la del Ángel a la de la Feria, puede llamarse Calle de la Guardia, la continuación de la invocación del titular de aquella Calle. 3ª Clase.

A la calle sin nombre que desde la feria atraviesa a la del ángel se le denomine calle de la guardia por existir una efigie de este Sto. Ángel en el ángulo de las dos calles.

Su recomendación se cumplió; pero al desaparecer el «Santo Ángel» y cambiar el nombre de su calle, «de la Guardia» perdió su sentido.

Ahora se ha simplificado a «Calle Guardia».

Calle de López Pozas, esquina con calle Guardia. Archivos de Rafael Almira y de Mariano Pedrera.

En 1820 la citada casa de Ignacio Vigo, cuya fachada mostraba dicho ángel, era propiedad de Matías Sorzano; de quien hablaremos en la próxima entrega.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Es parte de un artículo publicado en 2006, corregido y ampliado en 2023.