La posición del Cabildo Catedral de Orihuela en la Guerra de Sucesión.
Resumen:
El Cabildo Catedral de Orihuela pasó una difícil situación durante la Guerra de Sucesión. Especialmente cuando la ciudad abrazó la causa austracista, dada su lealtad a Felipe V y sus buenas relaciones con el obispo de Cartagena Luis Belluga.
P. Pedemonte. Retrato del Obispo Belluga. 1762. Palacio Episcopal, Obispado de Cartagena.
En este artículo analizamos los pormenores de la posición del cabildo durante el conflicto y la represión de algunos capitulares afines al austracismo.
Imagen idealizada de la calle y el convento sin los edificios circundantes. Mario Gómez Ramón.
Santa Lucía y el Barrio Nuevo.
Dice Gisbert en su «Historia de Orihuela» que la calle de Santa Lucía se denominó antes «del Salvador».
Aunque con esa titulación concreta no la he localizado, lo cierto es que, hasta la construcción del desaparecido convento de dominicas cuyo solar ocupa hoy la plaza, la calle de Santa Lucía se citaba en los padrones como «Carrer de la Seo» (de la catedral) o «Carrer de la Fira fins la porta nova»; algo así como un apéndice de la calle de la Feria.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVII.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVII.
En el siglo XVII, con el convento ya fundado, aún aparece reflejada como «carrer des la Porta Nova a la Seu y carrer de la Fira», es decir: «la calle que va desde la Puerta Nueva a la Catedral y calle de la Feria».
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVII.
Tampoco su longitud es precisa. En algunos padrones acaba al rebasar el convento; otros la prolongan hasta el callejón de Sans —actual calle de Comedias—, marcando la Catedral como inicio de la calle de la Feria.
Archivo Municipal de Orihuela.
Es así como tiene sentido lo de calle de la Seo o del Salvador: La calle que desde la Puerta Nueva llegaba a la Catedral.
Colección Javier Sánchez Portas.
Lo cierto es que bien entrado el siglo XVII empezaron a nombrarla con el título de Santa Lucía y así se ha mantenido hasta hoy, exceptuando un cambio que duró lo que la II República.
Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Rafael Almira.
Durante los años 1931 y 1932, el concejal José Sánchez Moya solicitó varias veces el nombre de Francisco Ferrer Guardia para la calle de Adolfo Clavarana; y por fin consiguió su propósito.
Pero la familia de don Adolfo, afamado escritor y periodista a nivel nacional, convenció al Consistorio para que respetasen el nombre de tan ilustre hijo de Orihuela.
El acuerdo quedó revocado en la siguiente sesión y el nombre de Ferrer Guardia recayó en la calle de Santa Lucía.
Como casi todas las calles modificadas, recuperó su nombre tradicional en abril de 1939.
A propuesta de Juan Villaescusa, se anularon todas las variaciones de nombres con posterioridad al 14 de abril de 1931, para rotularlas con los que anteriormente figuraban.
Fotografía Ajomalba.
Una vez repasadas sus titulaciones vamos a hablar un poco del desaparecido convento que le dio nombre.
Para ello debemos remontarnos a 1563, cuando un caballero llamado Joan Alcoriza utilizó media docena de casas en la zona para fundar un beaterio.
Estos refugios para «bonas donas» o «mujeres de bien» nacieron como una alternativa para solteras o viudas dispuestas a vivir con recogimiento, recato y espiritualidad.
De carácter laico, se emplazaban junto a iglesias o ermitas con las que tenía conexión directa.
Buena parte de estos beaterios acabaron convertidos en conventos, como en el caso que nos ocupa.
Fray Juan de Loazes
En el verano del año 1600, la llamada Cofradía de Santa Lucía —que llegó a albergar en clausura a más de ochenta mujeres entre viudas y doncellas— cedió la ermita y la casa de bonas donas al Mestre Joan Loazes para que fundase un «Monastir de monges» de Santo Domingo.
La cesión implicaba dos condiciones: edificarlo en un máximo de dos años; y que su invocación y altar mayor se dedicasen a Santa Lucia.
Fray Juan de Loazes era rector perpetuo del Colegio de Predicadores como hijo del Patriarca Loazes. Para tal menester, trajo algunas dominicas del Monasterio de Magdalenas de Valencia.
Montaje de la ermita de San Miguel sobre grabado del XVIII.
Antes trasladaron a sus internas al beaterio de San Miguel, donde ahora se asienta el Seminario. Las instalaron junto a la ermita, en unas celdas que fueron ampliadas para acoger a estas mujeres a finales del siglo XVI.
La fundación del convento contó con la inestimable ayuda del obispo dominico Andrés Balaguer, enterrado en la iglesia conventual de Santa Lucía en 1626.
Convento de Santa Lucía. Fragmentos de fotografías de la Colección Javier Sánchez Portas.
Más allá de sus patrocinadores, fue la excepcional coyuntura demográfica de la ciudad — despoblada por la peste de 1648— la que les permitió adquirir suficientes casas y solares para levantar un monasterio de grandes dimensiones intramuros, muy cerca de la Catedral, ocupando toda una manzana.
Dotadas de pocas rentas, las dominicas se mantuvieron con decencia bajo la protección de los predicadores hasta que estos fueron exclaustrados.
La desamortización de buena parte de sus propiedades les llevó a comercializar los productos que hasta entonces elaboraban como obsequios de gratitud: los famosos dulces de las monjas.
Ma plus sincère gratitude à Alain-Patrick Thiebaut.
Y así llegamos al trágico verano de 1936. Desde el mismo 18 de julio, las dominicas habían comenzado a trasladar los objetos de valor a una casa que ocuparon frente al convento. Imágenes y ornamentos, fueron escondidos o entregados a personas de confianza.
Días después, las propias religiosas se alojaron en dicha casa por motivos de seguridad; quedando tan sólo en el monasterio la priora y tres hermanas.Incautado el edificio en agosto la comunidad se dispersó.
A comienzos de septiembre, el convento fue incendiado con una actuación coordinada en la que los vecinos fueron avisados con antelación para que desalojasen las casas cercanas.
Ramón Pérez Álvarez, en una entrevista publicada en Canfali en marzo de 1984, atribuyó este incendio a una forzosa concesión a los elementos más radicales que, al igual que en toda España, estaban ansiosos por empuñar la tea purificadora.
Según su testimonio, optaron por destruir el convento de Santa Lucía, porque era el más deteriorado y se estaba cayendo.
Colección Javier Sánchez Portas.
Las paredes que se mantuvieron en pie tras el incendio fueron dinamitadas dejando un solar que acabó convertido en lo que hoy conocemos como la Plaza de Santa Lucía.
En el verano de 1939 la superiora y diecinueve supervivientes regresaron a Orihuela.
El Vicario Luis Almarcha las instaló provisionalmente en la iglesia de la Merced, donde comenzaron a pedir ayuda, ofreciendo al Ayuntamiento el solar del convento para que procediesen a su justiprecio.
Mientras tanto adecentaron en lo posible la deteriorada iglesia mercedaria y en mayo de 1940 celebraron su primera misa pública.
Iglesia de Nuestra Señora de la Merced. Colección Javier Sánchez Portas.
Un año después, el solar del desaparecido convento de Santa Lucía se había convertido en un peligro para la higiene y en un atentado al ornato público. Y Se decidió permutarlo por un edificio situado cerca de San Antón.
Restos Convento de Santa Lucía. 26 de junio de 1941. Archivo Marieli Zerón.
En el verano de 1941 Jesús Botella Brotóns propuso: «la permuta del solar de las monjas de Santa Lucía cuya compra tiene concertada por el antiguo edificio de «La Luz» que tiene arrendado el Ayuntamiento mediante el abono de la diferencia de precio que arroje la peritación».
Restos Convento de Santa Lucía. 26 de junio de 1941. Archivo Marieli Zerón.
Cediéndoles el vetusto edificio extramuros de la ciudad darían a las religiosas el albergue que necesitaban y «se haría una justa y pública reparación a la ya nombrada comunidad de religiosas del acto vandálico cometido por los rojos, reduciendo a escombros su único patrimonio».
Primitiva Plaza de Santa Lucía a mediados del siglo XX. Archivo Marieli Zerón.
El 15 de enero de 1942 Eusebio Escolano reunió al consejo de la empresa Insecticida Química S.A. para comunicarles que el ayuntamiento permutaba el edificio con las dominicas de Santa Lucía por el solar del convento destruido por los rojos.
Y a su vez, las monjas, les venderían el edificio.
Las condiciones que marcaba el Ayuntamiento eran las siguientes: pagarían a las dominicas 60.000 pesetas. Y para el desescombro y ornato de la plaza resultante del solar del convento, 20.000 más.
Plaza en el solar de Santa Lucía. Archivo Monse González Pertegal.
Por otro lado, el prelado Juan Maura y Gelabert había fundado el Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de San José para seminaristas de clase humilde en el edificio trinitario.
Convertido en Seminario Menor por el obispo Javier Irastorza en 1925, fue desalojado y ocupado durante la Guerra Civil y había quedado vacío al acabar la contienda.
Culminada la operación municipal, las dominicas se hicieron con el Seminario Menor; es decir, el antiguo convento de la Santísima Trinidad, desamortizado en el siglo XIX.
La plaza de Santa Lucía en enero de 1954. Colección Antonio Miravete.
Alberto Zerón.
Fotografía Ajomalba.
Pinchando la siguiente imagen podéis acceder al artículo «Y se hizo la luz».
Pinchad aquí.
En la Trinidad se instalaron las dominicas y allí siguen elaborando su tradicional repostería, un lujo que antaño solo gozaban obispos, dominicos y algún preboste de la Corte al que éstos trataban de agasajar…
Gaspar Poveda.
La dominicas comercializan sus productos a través del torno, curioso artilugio con el que se comunican con el exterior desde hace siglos y que llegó a dar nombre a un callejón, el «del torno de Santa Lucía».
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.
Fotografía Ajomalba.
La que figuraba también en los padrones como primera traviesa de las monjas o callejón de la iglesia de Santa Lucía, una vez desaparecido el convento quedó como una calleja que hasta hace pocos años conservaba una espectacular conjunto de balcones y rejas cuyo edificio ha desaparecido.
José María Pérez Basanta.
Los cercanos títulos de Calle de la Cruz y Calle de Santa Cruz pueden llevar a confusión. El primero se lo otorgaron en 1861 y proviene del antiguo nombre de una ermita.
Ruinas de la ermita del Pilar o de la Santa Cruz. Colección Carmelo Illescas
Calle Barrio Nuevo. Ruinas de la ermita del Pilar o de la Santa Cruz. Colección Jesús R. Tejuelo.
Ermita de Ntra. Sra. Del Pilar o de la Santa Cruz. Archivo Luis Mirete.
La modesta ermita del Pilar, edificada en los años setenta del siglo pasado, tene su origen en otra muy antigua cuya primitiva construcción es del siglo XVI.
Fue costeada por Jacobo Torres Alcorisa y quedó terminada en mayo de 1526, fecha en la que fue bendecida como capilla de la colegiata bajo la advocación de La Santa Cruz, San Judas Tadeo y Santa Tecla.
Ermita de Ntra. Sra. Del Pilar o de la Santa Cruz. Archivo Luis Mirete.
Un temblor de tierra acaecido en 1673 obligó a reedificarla reduciendo un poco su tamaño. Pero la nueva construcciónduró poco.
Las copiosas lluvias del año 1699 la arruinaron de nuevo y tras un breve periodo en el que el solar se dedicó a otros menesteres, se levantó por tercera vez, retranqueada y elevada sobre la sierra, quedando bendecida en abril de 1714.
Esta modificación la dotó de una doble escalinata que conformó el aspecto que conservaría hasta su demolición y nueva reconstrucción.
Fotografía Ajomalba.
Fotografía Ajomalba.
Fotografía Ajomalba.
Un pequeño callejón al costado de la ermita se nombraba como calle del Barranco hasta que la comisión encargada de la rotulación y numeración de las calles decidió modificarlo en 1861.
La Calle del Barranco, estando en el linde oriental del Edificio que fue Hospital de Caridad, puede llevar el nombre de Calle de la Cruz. De este modo se cortará que se confunda con otra de igual nombre que existe en el arrabal de San Juan.
El título Calle de Santa Cruz se lo debemos a Francisco Santa Cruz Pacheco, prestigioso político oriolano del siglo XIX.
El diario de Orihuela. 6 octubre 1887:Ya están terminados los rótulos de las calles del Cardenal Loaces, Capitán Grifol y Santacruz. Los títulos en caracteres negros están grabados en tableros de mármol blanco de Macael.
José María Pérez Basanta.
El diario de Orihuela. 11 octubre 1887:La colocación de los rótulos en las calles nuevamente tituladas, ha sido el asunto que ha dado importancia a la semana que finó ayer.
Los nombres de tres hijos ilustres de Orihuela han sido grabados en mármol y serán pronunciados al mencionar las calles que titulan por las generaciones venideras.
Un ilustre príncipe de la Iglesia, un eminente hombre público que llegó a ocupar los primeros puestos del Estado y un esclarecido capitán que vertió su sangre peleando por la honra nacional en la ardiente tierra africana, dan con su apellido insigne, nombre a tres calles de esta población.
Loaces, Santacruz y Grifol no pueden ya ser borrados por el tiempo de las páginas de la patria historia. El Ayuntamiento ha interpretado fielmente los deseos del vecindario. Orihuela no puede menos de aplaudir el buen acierto que ha tenido en el asunto la Corporación municipal.
Fotografía Ajomalba.
Fallecido en 1883, cuatro años después el Ayuntamiento concedió su nombre a la calle antes llamada Traviesa de las monjas de Santa Lucía.
El diario de Orihuela. 6 de octubre 1887:Ya están terminados los rótulos de las calles del Cardenal Loaces, Capitán Grifol y Santacruz. Los títulos en caracteres negros están grabados en tableros de mármol blanco de Macael.
Así pues, la que sube al costado de Santa Lucía, ya casi desaparecida es la Calle de Santa Cruz. Os dejo un enlace a la biografía de este famoso oriolano.
Pinchad la imagen.
Junto a la ermita había un hospital construido en 1764, del que ya hablamos en la Calle de Comedias.
La llamada Congregación de Nuestra Señora de la Caridad, fundada en 1757 con sede en el Hospital de San Juan de Dios, decidió independizarse y se instaló brevemente en una casa construida en la Pedrera de Matías.
Al no llegar a un acuerdo económico compraron unas casas junto a la ermita y allí emplazaron el Hospital de la Caridad.
Casa Carrió. Calle Comedias.Fotografía Ajomalba.
El edificio de la Caridad.
A comienzos del siglo XIX la congregación regresó al seno de los Hospitalarios de San Juan de Dios por falta de recursos para su mantenimiento.
Y el edificio de la Caridad, cada día más deteriorado, acabó en manos del Estado que cedió su uso a la ciudad.
En 1887 albergaba la caja de reclutas a pesar de que el viejo caserón presentaba un estado deplorable.
El día. 11 de diciembre 1887: Hoy tendrá lugar en el edificio de la Caridad, y a las nueve de la mañana, el sorteo de mozos de la quinta del año actual.
El Diario de Orihuela. 3 de enero 1888: Hemos tenido ocasión de visitar el edificio de la Caridad hallando en él desperfectos que hacen necesaria inmediata reparación.
El jardincillo que antes servía de recreo y solaz a los niños de la escuela de párvulos, está en el mayor abandono, lo cual habrá podido notar en su última visita a aquel local la Junta de instrucción municipal.
El orcelitano. 29 de junio 1889: Otro de los hechos acaecidos en la pasada semana y que han merecido llamar la atención del público, ha sido la precipitación en que, en la noche del martes se trasladó la fuerza de la guardia civil al edificio de la Caridad; sitio en que no puede estar mas que provisionalmente, atendiendo a lo destrozado en que se halla el edificio, pues necesita grandes reparaciones, y han de ser del momento; de lo contrario si no se atiende cual es debido a su inmediata reforma, su ruina en un plazo breve es inevitable.
La guardia civil no puede por el estado ruinoso del edificio permanecer mucho tiempo en él…
En la sesión municipal del 23 de enero de 1892, el señor García Cubero manifestó la conveniencia de que se procediese con urgencia a las obras que reclamaba el edificio «la Caridad» para instalar en él unas oficinas militares; sirviendo a la vez de alojamiento para a los soldados y clases que fuese necesario.
Por no tener cantidad asignada en el presupuesto, el asunto quedó aplazado y en manos de una comisión.
Las obras serían «mejor pensadas y estudiadas» para no castigar demasiado el capítulo de imprevistos.
Pero terminó el año y todo seguía igual. Gracias al siguiente artículo, sabemos que albergaba dos escuelas y las oficinas de correos y telégrafos.
El independiente. 30 de noviembre 1892: El edificio de «La Caridad» donde están instaladas las oficinas de Telégrafos está cada día en peor estado y si su reparación no se resuelve en plazo breve no está lejano el día en que se venga abajo.
La escalera está ya sin barandas, las paredes en las piedras sin yeso alguno en muchas partes, y por si no era bastante esto, las últimas lluvias han determinado el hundimiento de un alero del tejado, habiendo otro que está amenazando ruina…
El independiente. 1 de diciembre 1892:El edificio de «La Caridad» está convertido en una ruina. No hay más que haber visitado una sola vez las oficinas de telégrafos en él establecidas, para estar plenamente convencidos de esta verdad. Y eso que para llegar a las antedichas oficinas solo se ve la parte mejor conservada del edificio. Conque Vds. se harán cargo de cómo estará el resto.
El segundo piso está verdaderamente hecho una ruina, resultando por tanto inhabitable e inútil para todo. De los tejados no hablemos, uno de sus aleros se ha hundido y otro está amenazando derrumbarse al patio.
El edificio de «La Caridad» lo usufructúa el municipio y el estado deplorable en que se encuentra, arguye un inconcebible abandono por parte de los administradores de los bienes del pueblo respecto a estos mismos bienes a su cuidado encomendados.
El Ayuntamiento acordó hace ya bastante tiempo atender a la reparación del edificio citado, con objeto de instalar en él las oficinas de la zona militar de esta ciudad.
Ahora bien; a pesar del tiempo transcurrido, desde que aquel acuerdo se tomó, ni se ha hecho en aquel edificio reparación alguna, ni por tanto se ha habilitado espacio alguno para la instalación de las oficinas de la zona militar de esta ciudad, pagando el pueblo un alquiler más o menos crecido, pero que podía ahorrarse, por el edificio en que aquellas oficinas están instaladas.
Y no es esto lo peor, sino que de seguir «La Caridad» en el abandono que hoy, pronto será necesario desalojarla y habrá entonces que pagar también por otros edificios que habría que alquilar para las dos escuelas, que en aquel edificio están instaladas y para las oficinas de correos que también allí están establecidas…
Claustro Hospital de la Caridad. Archivo Antonio Luis Galiano Pérez
El independiente. 15 de julio 1893: El Maestro alarife del Excmo. Ayuntamiento ha reconocido el edificio de la Caridad encontrando algunas partes del edificio en muy mal estado.
Urge pues la traslación de las oficinas de Correos y Telégrafos a otro punto en que no haya peligro para el público ni para los empleados.
Y también sería conveniente que se habilitase otro local para academias de la banda de música municipal, puesto que los músicos, después del susto que llevaron la otra noche, muestran gran repugnancia por volver a aquel sitio.
Durante la Dictadura de Primo de Rivera, el alcalde Francisco Díe, ante el temor de que los valiosos libros procedentes del Colegio Santo Domingo y los conventos desamortizados saliesen de la ciudad, se lo ofreció al Estado para que albergase una biblioteca pública, siempre que se hiciesen cargo de las reparaciones necesarias.
Pero las obras no llegaron hasta la II República cuando fue adecentado para instalar parte de las escuelas graduadas. Luego, convertido en humilde casa de vecinos, fue demolido hace casi medio siglo, al igual que la ermita.
Ermita de Ntra. Sra. Del Pilar o de la Santa Cruz. Archivo Luis Mirete.
Antes de pasar al Barrio Nuevo, hablaremos de las otras dos calles que flanquean la plaza. La del lado izquierdo aparece reflejada en los padrones del XVIII como «segunda traviesa de las monjas».
En el siglo XIX adoptó el título de San Cayetano, que conserva hasta hoy aunque no tenga rótulo.
Archivo Municipal de Orihuela.
Calle Barrio Nuevo. Esquina San Cayetano. Colección Jesús R. Tejuelo.
Fotografía Ajomalba.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XIX.
Y nos queda una más, la trasera del convento, una calle que recordaba nuestras raíces aragonesas y valencianas. Es la que figuraba como Espaldas de Santa Lucía, calle del Trinquete, de la Pelota o del Juego de la Pelota .
Trinquete . «Joc de pilota».
El juego de pelota llegó a ser muy popular en la Corona de Aragón. Nobleza, cúria y pueblo llano gustaron de practicar este deporte que llegó al reino de Valencia con los caballeros de la conquista. Hasta el propio rey Jaime II jugaba a pelota por prescripción médica.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XIX.
Al principio se jugaba en las calles libremente. Pero debido a las discusiones por el juego, las blasfemias y molestias a los transeúntes, a finales del siglo XIV se fijaron espacios concretos en cada municipio. Calles rectas y sin pendiente que llamaron «carrers de la pilota o del Trinquet».
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVIII.
A diferencia de la vasca que se practica contra un frontón, en la pilota valenciana se enfrentan dos jugadores o dos equipos que compiten lanzándose una pelota que golpean a mano desnuda.
Se llama trinquete al recinto rectangular utilizado para este deporte tradicional.
Fotografía Ajomalba.
En la Edad Moderna la ciudad de Valencia superaba la docena de trinquetes. Y Oriola, segunda ciudad del reino, contaba con al menos dos: el de la trasera de las monjas y otro en la Plaza de Togores, muy cerca de Santa Justa.
Archivo Municipal de Orihuela.
Plano confección propia.
Y así llegamos a la calle paralela a la de Santa Lucía, el antiguo acceso a la ciudad por la puerta de Crevillente. Es por ello que dice Gisbert que se conoció como «Calle de Crevillente».
Puerta de Crevillente. Archivo Municipal de Orihuela.
Este mismo autor menciona un palomar junto a dicha puerta. Lo toma de Bellot, quien lo menciona en 1358: «Desde el palomar de la puerta de Crevillente hanta el castillo».
Quizá por eso he encontrado una calleja en la zona, llamada en el siglo XVII «Carrer de Colom» o «calle de palomo» en castellano.
Carrer de Colom. Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVII.
Volviendo a la paralela con Santa Lucía, Ojeda Nieto la ha encontrado como calle de Pere Masquefa, quien tenía en ella casa y terreno en 1623.
¿Había palmeras en ese terreno? Lo cierto es que en la segunda mitad del siglo XVII aparece varias veces como «de las Palmeres».
Carrer de les Palmeres. Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVII.
Este acceso desde la calle de Arriba, antiguo camino de Crevillente, generó un auténtico barrio a los pies de la sierra.
Un barrio que en el siglo XVII, con el valenciano aún sin fijar, lo escribían como Pouet, poet, pohet o Poquet.Una donación de 1691 nos da todavía más pistas:
En lo rinco del Poquet –solar que linda al sur con casas del Marqués de Rafal y carrer de Santa Lluçia ; y al norte con carrer nou, en otro tiempo el Poquet.
Pouet es un nombre muy corriente en calles del reino de Valencia. Su traducción al castellano es pocito o pocico, como el de Santiago.
Si os fijáis en la siguiente titulación, en la época de declive demográfico unen «Carrer de Senta Llusía, Poet y Carrer de las Palmeres».
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVII.
La titulación actual, «Barrio Nuevo», incorporada en el siglo XVIII, puede inducir a error. Toda la falda de la sierra estaba poblada de modestas viviendas desde tiempo inmemorial.
Pero el desastre demográfico producido por la epidemias del siglo XVII afectó mucho a las zonas humildes como esta. Ya hemos dicho que esa despoblación permitió la extraordinaria dimensión del convento de Santa Lucía.
En este reparto de finales del XVII, aparece unida la calle de Don Pablo (actual Timor) con la de las Palmeras.«Carrer de Don Pablo Rosell y de les palmeres»
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVII.
Y en este del XVIII, ya titulada como Barrio Nuevo, la unen con la de Sans, actual Comedias. Esto nos puede dar una idea de la poca gente que vivía en ese tramo pegado a la sierra.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVIII.
Superado el bache y reurbanizada la zona, entre Comedias y Barrio Nuevo, comienza a figurar Dulzaineros. Un auténtico barrio enter Comedías y el Barrio Nuevo. Transcribo a Gisbert, a finales del XIX.
Es una calle llamada de Dulzaineros por estar principalmente habitada por los que tañen el instrumento tan genuino del país.
Constituye un auténtico barrio que principia en la plaza de Comedías y se extiende a la largo del Barrio Nuevo, paralelamente a este.
Fotografía Ajomalba.
El vulgo lo llama Churripel, el cual era su antiguo nombre. Hoy se llama calle de San Antonio.
Al barrio de Dulzaineros se penetra también por una callejuala que, en dirección al N., surge de la plazoleta que existe entre la de la Pía y y la calle del Barrio Nuevo.
Fotografía Ajomalba.
Algunos estudiosos unen la etimología de esta palabra, exclusiva de Orihuela, a la de la murciana Churra; atribuyéndole un origen árabe a través de «sharrat», adaptación fonética parecida al «serrat» catalán que significa sierra.
Justo García Soriano, sin aportar más datos otorga un origen ibérico a ambos términos. Nada más he encontrado.
A mí me aparece por primera vez como barrio en estos repartos de 1824 y 1829.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XIX.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XIX.
Y como calle en el de 1842.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XIX.
Fotografía Ajomalba.
Colección Javier Sánchez Portas.
En cuanto a San Antonio, es titulación de 1861.
Fotografía Ajomalba.
Francisco Luis Galiano.
Volviendo al Barrio Nuevo, a partir del siglo XVIII englobaba el terreno comprendido entre la calle de Santa Lucía y la peña.
Y así ha llegado hasta hoy, como la Calle Barrio Nuevo.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVIII.
Fotografía Ajomalba.
José María Pérez Basanta.
Fotografía Ajomalba.
Volvemos a la calle de Santa Lucía. Que desde la apertrura de la Porta Nova, a finales del siglo XV, quedó unida a la de Feria formando parte del Camino Real de Valencia a Murcia.
Francisco Luis Galiano Moreno 2021.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVIII.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVIII.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVIII.
Contaba además con la ventaja de estar situada junto a la Carretería, uno de los «aparcamientos» de la Ciudad.
Archivo Mariano Pedrera.
Todas estas circunstancias conformaron un lugar idóneo para la instalación de artesanos y comerciantes.
Ya hablamos en la calle de la Feria del arrendamiento a mercaderes y comerciantes por parte de los vecinos como práctica común en estas zonas de tránsito. Pero esto generaba unas obligaciones.
Entierro del obispo Francisco Javier de Irastorza Loinaz. 1943. Archivo Mariano Pedrera.
Repasando los padrones del XVII y XVIII comprobamos el empuje del comercio en la zona.
Entre sus vecinos figuraban: boticarios, alpargateros, zapateros, roperos, sastres, sombrereros, confiteros, horneros, correheros….
Para estos comerciantes, artesanos y arrendadores, el aseo urbano era vital. Por ello se preocupaban de mantenerlo con o sin ayuda del Consell.
Archivo Mariano Pedrera.
José María Pérez Basanta.
Ojeda Nieto deja constancia de cómo, en 1527, un empedrador castellano llamado Miguel de Padilla adecentó lo carrer de la Fira fins la Porta Nova y otras calles próximas.
Y de cómo en 1600, los propios vecinos repusieron y arreglaron el empedrado desde la iglesia de Santa Lucía hasta la Porta Nova «a tanto por alma so pena del doble».
En este reparto de gastos entre los vecinos, al que no pagaba por las buenas, se le aplicaba el doble.
Pero este esfuerzo era inútil si no se arreglaba también un modesto callejón enclavado en la sierra.
Era necesario acondicionarlo para que soportase las aguas pluviales sin llenar de barro y piedras la calle principal.
Fotografía Ajomalba.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVIII.
Era el llamado callejón empedrado o del Barranco de la Caridad, situado en el lateral del Hospital de la Caridad.
La que hoy conocemos como calle de Bellot, en el siglo XVIII estaba dividida en dos partes: la calle o callejón de Bellot y el callejón empedrado.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVIII.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVIII.
Volviendo a lo escrito por Gisbert: «Recuerda al mejor de nuestros cronistas, el rector de Catral mosén Pedro Bellot».
Ya hemos hablado del este fantástico cronista, autor de los «Anales de Orihuela».
En 1622, siendo rector de la iglesia de Catral, le encargaron rastrear los archivos para escribir la historia de Orihuela.
Era lógico que tuviese una calle, como la tiene en Catral.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVIII.
Anales de Orihuela. Mosén Pedro Bellot.
Pero Gisbert estaba equivocado; la titulación de esta calle es anterior. Como podéis comprobar, a comienzos del siglo XVII ya figura como «carrer de Joan Bellot», no de Pedro Bellot.
Hace referencia a otro vecino llamado Juan Bellot, quizá un antepasado del cronista.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVII.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVII.
Fotografía Ajomalba.
Fotografía Ajomalba.
Aún tuvo otro título efímero en el siglo XVIII. En algunos protocolos aparece como calle «de les Viudes».
Hace referencia a Juan Francisco Viudes, regidor municipal que figura en el padrón de 1730, anotado junto otro vecino apellidado Bellot.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVIII.
Papelería Roma, antecesora de la desaparecida «Papelería Sanmartín». Esquina de la calle de Santa Lucía con la calle nueva. Colección Esteban Sanmartín Alonso.
Casa de Cruz María Caballero Hernández. Patio interior neomudejar.
Archivo Rafael Almira
Frente a la de Bellot tenemos la «travesa del carrer de la Merced en Blanch». Un tortuoso y estrecho callejón que fue alineado y urbanizado en 1855, recibiendo por ello el nombre de Calle Nueva.
Archivo Municipal de Orihuela.Siglo XVII.
Fotografía Ajomalba.
Seis años después, la escrupulosa Comisión del Nomenclator, decidió que, «por ser calle Nueva un nombre genérico que nada decía, se nombrase como calle Nueva de la Merced para evitar que en lo sucesivo se confundiese con otras nuevas calles».
Comunica con la antigua plaza de la Merced, donde comenzaremos nuestro próximo capítulo.
Antonio José Mazón Albarracín.(Ajomalba).
Os dejo también un programa emitido en Radio Orihuela SER en 2014.
La actual plaza de Ramón Sijé ocupa un amplio espacio entre el eje principal Feria-Santa Lucía y las casas situadas en ladera de la Sierra de San Miguel, una zona humilde urbanizada desde época islámica.
No existe como plaza hasta el siglo XVIII. Y en los padrones no la separan de la calle de Santa Lucía hasta bien entrado el siglo XIX, concretamente en el Reparto del Real Equivalente de 1824.
Reparto equivalente 1824. Archivo Municipal de Orihuela.
Desde el punto de vista urbanístico, un espacio así en el cotizado casco de la ciudad no tiene sentido hasta el siglo de las luces; y sólo se explica con un derribo y el cambio de orientación del palacio del Señor de Benejúzar, cuya puerta principal miraba inicialmente hacia la calle de la Feria.
Palacio de Pinohermoso. Puerta a la Calle de la Feria.
A pesar de aparecer tan tarde en el callejero, ha recibido diversos nombres. La cronología de sus titulaciones es la siguiente: Plaza de la Pía, Duque de Pinohermoso, Ramón Sijé, Marqués de Rafal y de nuevo Ramón Sijé.
La mejor forma de comentarlas es a través de los edificios que la flanqueaban.
El Granero del Cabildo.
Su primer nombre oficial y el más duradero fue Plaza de la Pía, titulación del XIX que se mantuvo poco más de un siglo. Creo que puede referirse al término catalán «pia almoyna», que viene a significar limosna piadosa.
La Pía Almoina fue una institución benéfica propia de la Corona de Aragón dedicada inicialmente a socorrer peregrinos y necesitados. Administrada por los cabildos a través de mayordomías, con el paso del tiempo se encargaron de repartir comida, trigo y limosna entre los pobres vergonzantes.
En Cataluña y Valencia se conservan o conservaban edificios con ese nombre. Es la única explicación que he encontrado para esta titulación, relacionándola con el Granero del Cabildo y la Casa de la Fábrica Mayor de la Catedral, que estaban en la ladera de la sierra.
Las fábricas parroquiales administraban el tercio diezmo cedido por el rey Alfonso X a la ciudad para la construcción y reparación de templos. Su destino era decidido por los miembros de la Junta de Fábrica, una por cada parroquia, supervisadas por el Consell.
La mayor era la del Salvador. En el siglo XVII, antes de formarse la plaza, la calle de Comedias aparecía con el título de «Fábrica Mayor del Salvador».
Fragmento plano siglo XVIII.
En el plano de Villanueva, confeccionado a mediados del siglo XVIII, la flamante plaza aparece como «Plazuela de la casa de Fábrica» y un edificio como «Granero de la Fábrica de la Cathedral».
Esto indica que dicha fábrica tenía su sede en el granero o en una casa cercana, en un edificio propiedad de los canónigos que ocupaba el solar de la antigua Caja de Nuestra Señora de Monserrate.
Aunque ahora forma parte de una gran manzana, en el siglo XVIII, el edificio en cuestión estaba completamente aislado por dos callejas.
Fue reedificado a mediados del XIX y, en el plano de Francisco Coello confeccionado por esas fechas, figura la leyenda «salón de baile» con el número 17.
Desconozco esa función. La primera que he encontrado data de 1887, cuando el obispado, propietario del edificio, decidió ofrecer a los obreros un centro de moralidad, instrucción y recreo.
La crónica. 27 de enero 1887: El domingo próximo, a las 6 de su tarde, y en el edificio que en la plaza de la Pía posee este obispado, tendrá lugar la inauguración del Círculo Católico de Obreros, acto que según parece honrará con su presencia el dignísimo Prelado de esta Diócesis.
El principal, mejor dicho, el único objeto de esa Sociedad es conservar en el corazón de los hijos del trabajo las creencias religiosas que heredaron de sus padres; moralizar más y más sus costumbres: propagar los conocimientos científicos, literarios, y artísticos; fundar escuelas de adultos; crear caja de ahorros y socorros y proporcionar a los socios grata expansión y honesto recreo que los separe de la taberna, del juego, del ocio y de las malas compañías, que vician la naturaleza, pervierten al individuo, arruinan la familia y desquician la sociedad.
El Día. 6 de febrero 1887: El domingo a las seis de la tarde, tuvo lugar la inauguración del círculo católico de obreros, asistiendo al acto un numeroso público que casi por completo invadía el local situado en la plaza de la Pía.
Ocupada la presidencia por el Padre Bellot perteneciente a la compañía de Jesús, se abrió la sesión empezando por una variación de piano y violín que ejecutaron los reputados profesores Soriano y Rogel; dándose a continuación lectura al discurso inaugural el cual estuvo a cargo del profesor de Instrucción primaria D. Manuel López; el nuevo canónigo lectoral, nuestro distinguido amigo Sr. Díe, pronunció un brillante discurso improvisado que fue calurosamente aplaudido por toda la concurrencia.
El ateneo de Orihuela. 11 de octubre 1896: Círculo Católico de Obreros. Consecuente con sus estatutos de fundación y respondiendo a la elevada misión que se ha impuesto de educar a la clase obrera en los sanos principios del arte, de la ciencia y de la religión, esta sociedad ha reanudado sus clases desde el día 1º de Octubre.
En la sección especial de música hay algunas vacantes que se cubrirán con los Jóvenes de 12 años en adelante que primero lo soliciten en la secretaría de la Sociedad, en su local, plaza de la Pía.
En 1897, tras unas obras de reparación, se convertía en la sede del Ateneo San Luis Gonzaga, centro cultural elitista y prestigioso salón de conferencias dirigido por la Compañía de Jesús.
La Correspondencia Alicantina. 15 de febrero 1897: Escriben desde Orihuela que las obras de reparación que se están verificando en el antiguo Círculo Católico de Obreros de la Plaza de la Pía, donde muy en breve habrá de instalarse el Ateneo de San Luis Gonzaga, se encuentran bastante adelantadas.
En los trabajos hay ocupados un buen número de obreros, pobres padres de familia, los cuales aplauden mucho a la citada asociación que ha emprendido en esta época dichas obras, en las que aquéllos han encontrado siquiera por algunas semanas el pan para sus esposas e hijos.
Fue inaugurado en abril, con banda de música y con una comida para pobres.
La semana. 25 de abril 1897: Inauguración. Con una solemne comida, dada a 50 pobres, inauguró sus tareas el día 19 próximo pasado el Ateneo de San Luis Gonzaga. El acto fue amenizado por la banda de música de Sta. Cecilia y estuvo muy concurrido.
Heraldo de Orihuela. 21 de febrero 1898: Tenemos el gusto de participar a nuestros lectores que para los primeros días del próximo mes de marzo, tal vez el primer domingo de dicho mes, dará en el Ateneo de San Luis Gonzaga una conferencia el Ilmo. Sr. D. Juan Maura y Gelabert, Obispo de esta diócesis.
Seguramente se ha de ver aquella noche el amplio salón teatro del Ateneo como en las grandes solemnidades, lleno de personas distinguidas que acudirán deseosas de escuchar la elocuente palabra de nuestro sabio prelado.
Juan Maura y Gelabert. Obispo de Orihuela.
Heraldo de Orihuela. 23 de marzo 1898: En la noche del domingo, se celebró en el Ateneo de San Luis Gonzaga la anunciada conferencia del Excmo. e Ilmo. Sr. Obispo de esta diócesis, y que versó sobre «Los caracteres sobrenaturales del Magisterio de la Iglesia».
Nuestro sabio Prelado expuso con gran elocuencia su discurso, llamando la atención de la numerosa y selecta concurrencia que acudió a dicho acto. Nuestra enhorabuena al sapientísimo Prelado.
Inspirados en las indicaciones del «Supremo Jerarca de la Iglesia», el Papa León XIII, y a la manera de otras muchas localidades españolas, el día 6 de abril de 1903 en el palacio episcopal, se constituyó la «Liga Católica» oriolana.
Pretendía consensuar candidatos electorales netamente católicos, exentos de todo compromiso político ajeno a la Liga.
Otro de sus objetivos era moralizar las costumbres populares difundiendo ideales católicos y antiliberales entre las clases obreras; y para eso necesitaban una sede.
La comarca. 12 de mayo 1903: En el Ateneo de San Luis Gonzaga ha quedado constituido el Círculo católico. Ayer quedó disuelta la sociedad, quedando por tanto el bonito edificio a favor del partido «Liga Católica».
Cinco meses duró «la Liga».
La comarca. 16 de octubre 1903: El partido Liga Católica de Orihuela ha quedado disuelto y cerrado el centro que aquellos tenían en la Plaza de la Pía.
Disuelta la «Liga Católica» los republicanos hicieron un recuento de las diferentes ocupaciones que había tenido el edificio; siempre auspiciadas por la iglesia, propietaria del local.
Unión republicana. 18 de octubre 1903: La Liga Católica ha fallecido, RIP. Se han cerrado las puertas del edificio que ocupaba esta católica asociación, en señal de luto. ¡Pero se abrirán, vaya que se abrirán! Hay precedentes.
Nació el Círculo Católico de Obreros, y su vida fue efímera. Se fundó el Ateneo de San Luis Gonzaga, y murió por consunción. Germinó La Liga Católica, y la debacle. ¿Qué nombre le pondrán al nuevo engendro de la reacción?
Se ignora, pero aseguramos que al nuevo centro le faltará como a los anteriores, condiciones de viabilidad. ¡Leyes fatales de la herencia! Ni el terreno abonado del medio en que nacen, del cosmos en que se agitan, les da probabilidades de vida a estas raquíticas agrupaciones.
A finales de 1903 abrieron un nuevo casino al que llamaron «Círculo Oriolano»; nombre muy parecido al de primer casino que tuvo Orihuela, a mediados del siglo XIX: «Círculo Orcelitano».
El «Círculo oriolano». Colección Javier Sánchez Portas.
La comarca. 4 de diciembre de 1903: El Círculo Oriolano. De nuevo ha vuelto a abrir sus puertas el antiguo Ateneo de San Luis Gonzaga, que ahora se denominará Círculo Oriolano. Ha sido nombrado presidente de esta aristocrática sociedad el Sr. D. Federico Linares.
El orcelitano. 7 de diciembre 1903: Con el título de «Círculo Oriolano» ha vuelto a abrirse el local en donde estuvo instalado el antiguo Círculo de «La Liga Católica». Esta vez parece que aquella nueva sociedad tendrá más elementos de vida, por tener un carácter de independencia del que carecía en la última etapa de su efímera existencia.
Federico Linares Martínez.
El círculo contaba con su propia orquesta. En sus elegantes salones se celebraban conferencias, conciertos y artísticas veladas teatrales. De las clases para alfabetizar obreros, pasaron a las clases de esgrima.
La comarca. 22 de octubre 1904: Clases. Hoy se reanudan las clases de esgrima en el Circulo Oriolano bajo la dirección del inteligente profesor y amigo nuestro D. Alfredo Bueno. Sabemos que reina gran animación entre la juventud de aquel centro por fomentar la afición a tan higiénico sport.
El diario. 24 de abril 1906: En el Círculo Oriolano. Completamente lleno se vio antes de anoche y anoche el espacioso y elegante salón, que la aristocrática Sociedad, «Circulo oriolano» tiene destinado para teatro. Imposible citar nombres. Allí vimos muchas y distinguidísimas familias de nuestra sociedad elegante…
Y así se mantuvo cinco años este casino en la Plaza de la Pía. Hasta que en enero de 1909 acordaron un traslado «provisional» a la calle de Soleres que no sé si llegó a materializarse. En mayo de ese mismo año se fusionaron con los socios del «Casino orcelitano».
El orden. 11 de mayo 1909: El pasado domingo celebraron junta general las sociedades «Casino Orcelitano» y «Círculo Oriolano», acordando la fusión de ambos centros. Tan grato acontecimiento se celebró con dulces, licores y habanos, fino obsequio de la directiva del «Casino Orcelitano» para sus nuevos consocios, los señores que formaban la sociedad «Círculo Oriolano».
La Caja de Ahorros y Socorros y Monte de Piedad de Nuestra Señora de Monserrate, independizada de la Caja de Crevillente desde 1906, había comprado el edificio y trasladó su sede a la Plaza de la Pía.
La entidad de ahorros y socorros asumió la distribución de comida para pobres. Estos repartos a través del tiempo y siempre en la misma zona refuerzan la teoría de la «pía almoina».
El social. 15 de mayo 1909: Mañana la Caja de Socorros y Ahorros de Ntra. Sra. de Monserrate, recientemente instalada en su nuevo local de la plaza de la Pía, repartirá de 11 a 12 de la mañana raciones de pan a los menesterosos.
Con este objeto ha encargado a los señores Párrocos de repartir a los pobres de su parroquia bonos de pan, no entregándose a cada persona más que una ración sea cualquiera el número de bonos que presente. La clase menesterosa suma un beneficio más a los muchos recibidos por esta institución. Quien da a los pobres presta a Dios. Él satisfará el préstamo.
Reparto de comida, principios del siglo XX. Colección Javier Sánchez Portas.
La iberia. 2 de junio 1909: Casi todos los vecinos de las inmediaciones del edificio en donde está situada la caja de Ahorros y Socorros de Nuestra Sra. de Monserrate se nos han quejado del grave perjuicio que reciben sus viviendas con una reforma que se ha ejecutado en la pendiente de una plazoleta que hay en aquel lugar.
Para la Caja de Ahorros esa compra fue solo el principio. Tacita a tacita adquirió once de las doce propiedades que componían la manzana.
En 1931, como reza la inscripción de su fachada, el edificio fue totalmente remodelado interior y exteriormente para adaptarlo a su nueva función, según el proyecto del aparejador Ignacio Sánchez Ballesta.
Fue en ese momento cuando incorporaron a la nueva fachada el escudo alusivo a la Virgen de Monserrate y las iniciales CM.
José M. Pérez Basanta
La operación urbanística continuó después de la Guerra Civil. En 1940 se hicieron con el granero y las cuadras de Pinohermoso por 20.000 pesetas, para utilizarlo como almacén de abonos y enseres.
Al ser rehabilitado en 2007 para albergar una oficina de turismo aparecieron en la planta baja unas tinajas de almacenaje que se mantienen preservadas bajo un cristal.
Con la compra de estos 170 metros, la caja se hizo prácticamente dueña de la manzana; más de 1.000 metros cuadrados incluyendo las callejas que fueron incorporadas al inmueble como patios.
José M. Pérez Basanta
Al trasladarse la Caja de Ahorros a su nueva sede en 1986, la propiedad del edificio acabó en manos del Ayuntamiento, que le colocó el cartel de «Centro cultural Miguel Hernández» y alojó el Conservatorio de Música y Danza, la sede de Convega, la Centuria Romana…
Hasta que «la seguridad estructural quedó muy comprometida con posible riesgo de desplome». Y así permanece, en estado deplorable, pendiente de intervención.
Plaza de la Pía con la Inmaculada en el centro.
La escultura de la Inmaculada Concepción se colocó en 1954, con motivo del centenario de la proclamación de su dogma. Durante cuarenta años permaneció en el centro de la plaza, hasta que fue desplazada en los años 90.
Damars.
Antes de pasar al segundo de sus nombres oficiales, quiero dejar constancia de una anécdota; un proyecto de titulación que no se llevó a cabo. Fue anunciado en prensa a finales del siglo XIX, cuando hablaban de unos actos que se se preparaban «a beneficio de los soldados inútiles de ultramar».
El ateneo de Orihuela. 29 de noviembre 1896: Pro Patria. Aquí en Orihuela se celebrarán solemnes funerales por los que hayan fallecido defendiendo la integridad de la patria y una manifestación pública que se disolverá en la plaza de la Pía, que desde entonces se llamará del Ejército Español, inaugurándose una lápida al efecto.
El Palacio de Pinohermoso.
Palacio de Pinohermoso. Colección Javier Sánchez Portas.
El edificio de la actual Biblioteca Fernando de Loazes, burda copia de la que hasta su criminal destrucción constituía una de las casas señoriales más interesantes de Orihuela, es el responsable de la segunda titulación de esta plaza.
Prácticamente nada de lo que queda pertenece al palacio aunque en su interior escondía elementos arquitectónicos y artísticos de muy diversa cronología fruto de las remodelaciones a las que la sometieron sus dueños durante siglos.
La investigación del edificio partió de un trabajo que inicié con Jorge Belmonte hace más de una década. Durante años fui almacenando datos sueltos, atando cabos; hasta que un golpe de suerte me permitió establecer una teoría.
Todo comenzó con un testamento de Beatriz Masquefa Masquefa, la viuda del «Magnifich» Alonso Rosell, quien en 1540 dejó a su hijo Marcos Rosell Masquefa una heredad en Correntías y unas casas en la parroquia del Salvador.
Con el paso del tiempo, a la herencia se fueron uniendo valiosas propiedades, como la heredad de Tell o la de Benejúzar. Yo sostengo que las casas en la parroquia del Salvador citadas en dicho testamento son esta y el Palacio de Portillo, actual sede de la Caja Rural Central; una a cada lado de la actual calle de Comedias.
Por eso, dicha calle ostentó durante parte de los siglos XVI y XVII el título de Carrer de los Rosell. Podría haber una tercera casa, derribada para formar la plaza, pero eso es ya pura especulación, pues la herencia de 1540 no especifica el número de casas recibidas en la Parroquia del Salvador.
De esa época procedía su patio, una interesantísima obra tardogótica fechada entre los siglos XV y XVI. Su pérdida nos privó del único testimonio de arquitectura gótica civil que conservaba Orihuela.
Palacio de Pinohermoso, patio interior. Colección Javier Sánchez Portas.
Pero sigamos con nuestro relato. Marcos Rosell transmitió la herencia a su nieto Francisco Rocamora y Rosell, personaje de finales del XVI que casó con una Togores. De él pasó a su hijo Pablo Rocamora Togores, motivo por el que en un breve periodo del siglo XVII una calleja cercana se tituló de «Don Pablo».
Archivo Municipal de Orihuela.
Por falta de descendencia, la herencia volvió a los Rosell en la persona de Jaime Rosell Desprats, primer señor de Benéjuzar, localidad que lleva el apellido en su escudo.
Durante el siglo XVII estas propiedades y el señorío de Benejúzar pasaron por cuatro generaciones de Rosell para acabar en manos del famoso Jaime Rosell y Ruiz; quien al casarse con la marquesa de Rafal, adoptó el apellido Rocamora y se convirtió en Jaime Rosell de Rocamora y Ruiz, marqués consorte y gobernador militar de Orihuela.
Creo que este cargo motivó que a mitad del XVIII figure la plaza en un plano con el título de «Plaza de la casa del Gobernador».
Este marqués fue el artífice del cambio de bando que tanta ruina trajo a Orihuela durante la Guerra de Sucesión, actuación que provocó el destierro y la confiscación de sus bienes hasta que obtuvo el perdón real y vino a morir a Benejúzar en 1727.
Unir las propiedades y títulos de los Rosell y de los Rocamora había sido la culminación de una ambición; pero todo se fue al garete por falta de descendencia. Muerto el marqués, cada herencia siguió su camino.
El Señorío de Benejúzar y la propiedad de la casa pasaron a su primo Juan Rosell y Roda, gran terrateniente que vivió en ella muchos años. Figura como propietario de la casa en los padrones de 1728, 1731 y 1750 y sus arriendos de tierras se multiplican en los protocolos notariales.
Archivo Municipal de Orihuela. Padrones.
Este es sin duda el que construyó la portada que cambió la orientación del palacio configurando lo que a partir de entonces fue una plaza.
Jorge Belmonte identificó los apellidos representados en los cuarteles del escudo: Rosell, Roda, Rocamora y Tomás. Los dos primeros coinciden con los de don Juan y los otros con los del primer marqués de Rafal: Jerónimo Rocamora y Tomás.
Escudo fachada Palacio de Pinohermoso.
Es a partir de ese momento cuando la plaza comienza a tener importancia. Juan Rosell testó en 1761 y murió sin descendencia, iniciándose los pleitos entre Luis Roca de Togores y la marquesa de Rafal que me permitieron hilar toda esta historia.
El pleito lo ganó don Luis, que se quedó con la casa. Luis Roca de Togores había construido años antes una vivienda mejor, el edificio que en la actualidad alberga el hotel Tudemir.
Autógrafo de Luis Roca de Togores.
El viejo palacio se lo dejó a su hijo Juan Nepomuceno, quien ya aparece residiendo en el padrón de 1783.
Los Roca de Togores emprendieron nuevas reformas. Fruto de ellas es el arco carpanel que había en la entrada, similar al del hotel, donde esculpieron el escudo con sus apellidos.
Derribo delPalacio de Pinohermoso. Colección Javier Sánchez Portas.
En el verano de 1790 el rey Carlos IV instituyó el condado de Pinohermoso en la persona de Juan Nepomuceno Roca de Togores y Escorcia, fallecido cuatro años después a consecuencia de una caída, cabalgando precisamente junto al rey.
Luis Roca de Togores.
Su hijo fue el último señor de Benejúzar al quedar abolidos los señoríos en el siglo XIX. Este es el motivo por el que el edificio ha llegado hasta nuestros días como palacio de Pinohermoso; y de que en el plano de Coello, al no estar todavía fijados los nombres en el nomenclátor oriolano, muchos años antes ya figurase como «Plaza de la Pía o del Conde de Pinohermoso».
Los nuevos propietarios dejaron también sus huellas. La más importante en 1885, cuando bajo el proyecto del maestro alarife Bernardo Irles, la condesa Enriqueta María Roca de Togores le agregó un segundo piso, decorando la fachada.
El Oriolano. 20 de octubre 1885: Con el propósito de pasar la temporada del presente invierno en esta ciudad los señores Condes de Pino-Hermoso proyectan dar principio muy en breve a la restauración de su casa palacio situada en la plaza de la Pía.
Dichos señores desean que dichas obras se emplee el mayor número posible de braceros, con el fin de darles trabajo una buena temporada, ya que ha sido la clase más perjudicada por los rigores de la pasada epidemia.
Archivo Municipal de Orihuela.
La crónica. 10 de junio 1888: El domingo pasado, tres del corriente, llegó a esta ciudad nuestro muy distinguido amigo el Excmo. Sr. Conde de Pinohermoso, presidente honorario del Comité Conservador local, hospedándose naturalmente en su hermosa casa palacio de la plaza de la Pía donde fue visitado el martes por dicho Comité que mereció del ilustre prócer una franca y cordialísima acogida.
Sea muy bien venido a Orihuela el ilustre Conde, y quiera Dios que su estancia aquí, sea tan larga como nosotros queremos y esperamos.
A finales del siglo XIX, con motivo de unas inundaciones, me apareció otro título nobiliario en la plaza de la Pía: El conde de Velle.
La región. 22 de febrero de 1895: Hoy ha empezado a repartirse a los pobres, en la Plaza de la Pía, el donativo en especies que ha hecho el caritativo corazón del Excmo. Sr. Conde de Velle.
Se referían a Pablo Pérez-Seoane y Marín, II conde de Velle, casado con Enriqueta María Roca de Togores, la última condesa de Pinohermoso. Don Pablo falleció en 1901 y le sucedió su hijo Manuel Pérez-Seoane y Roca de Togores.
El Graduador. 2 de marzo de 1905: Anteayer obsequió a sus arrendatarios de Benejúzar con un brillante banquete, al que también asistieron otras varias distinguidas personas de dicho pueblo, el señor Conde de Velle. La comida tuvo lugar en la casa palacio que la señora Condesa de Pinohermoso posee en la plaza de la Pía de esta ciudad. Los arrendatarios por su parte han obsequiado a dicho señor con una serenata.
La Nueva Era. 24 de julio 1907: La Infanta Doña María Isabel de Borbón en el Palacio de Pinohermoso. Como Doña María Isabel manifestara deseos de conocer el palacio de la Condesa de Pinohermoso, con cuya dama tiene estrecha amistad, se le condujo a él donde la recibió D. Andrés Pescetto, administrador de la Condesa.
En la morada solariega de los Pinohermoso y en el despacho de la misma Condesa, la Infanta telegrafió a dicha señora saludándola; después se asomó a uno de los balcones de la fachada principal recibiendo nuevas muestras de simpatía del numerosísimo público que llenaba la amplia plaza de la Pía.
En 1907 Alfonso XIII convirtió a la condesa en duquesa de Pinohermoso.La nueva duquesa restauró las fachadas del palacio en 1913.
Falleció en 1926. Y le sucedió su hijo Manuel, mencionado anteriormente como conde de Velle y casado con una neoyorquina.
Éste murió en 1934. Su hijo heredó el ducado ese mismo año, durante la II República. Era un tipo curioso: hijo de americana, comandante de Caballería y rejoneador de toros.
Pinchando sobre su fotografía, podéis leer una biografía del personaje.
III duque de Pinohermoso. Comandante de Caballería y rejoneador.
El tercer duque entabló amistad con el concejal oriolano José Mazón Torrecillas, durante la organización de un festival taurino a beneficio de las instituciones que dirigía: el Hospital y la Casa de Beneficencia.
Días después del festejo, el Ayuntamiento recibió una solicitud para dar su nombre a la Plaza de la Pía, donde estaba ubicado su palacio.
Yo creo que detrás de la petición, estaba el citado concejal Mazón Torrecillas. Lo cierto es que en la sesión del 7 de mayo de 1935 se leyó una instancia de los vecinos de la plaza que solicitaban el cambio de titulación, quedando autorizado el alcalde para recabar la conformidad de al menos dos terceras partes de los propietarios.
En vista de que la mayoría estaba de acuerdo, el 29 de octubre se acordó rotularla con el título de Duque de Pinohermoso.
La actual rotulación se gestó también durante la II República, quedando para siempre en el recuerdo gracias al deseo inmortalizado en una fotografía histórica de nuestro más famoso poeta subido a una escalera.
Todo comenzó en la sesión del 12 de marzo de 1936, en la que se dio lectura a una moción del concejal Luis Carrió, sobre rotulación de calles:
Que por las distintas comisiones gestoras que este municipio ha padecido, han sido sustituidos los nombres de varias calles de la población, ensañándose con aquellos que ostentaban nombres representativos de la verdadera república del 14 de abril y de figuras cumbres de diversas ideologías; demostrando el odio que sentían con los verdaderos representantes del pueblo honrado y trabajador.En consecuencia tiene el honor de proponer a la corporación que sean repuestos los nombres que a continuación se dicen.
Lista de confección propia.
Se acordaron varias modificaciones; se trataba de reponer nombres anteriormente acordados que se habían eliminado durante el bienio conservador. Pero añadió:
Creo interpretar los sentimientos justicieros y oriolanos de la corporación honrando los valores de nuestra patria chica y con este objeto, dedicarle un recuerdo a nuestro Ramón Sijé, muerto en plena juventud y cuando tanto esperaban las letras españolas de su inteligencia y laboriosidad.
Propongo que la plaza llamada en la actualidad de Pinohermoso y antes de la Pía en lo sucesivo se denomine de Ramón Sijé, siendo el nombre del ilustre oriolano José Marín Gutiérrez, proposición que espera se aceptada por la corporación a la que tiene el honor de dirigirse.
José Marín Gutiérrez. «Ramón Sijé»
Aquel día quedaron acordados por unanimidad los trámites a seguir para rotular la Plaza de Pinohermoso con el nombre de Ramón Sijé.
En la sesión del 26 de marzo, Luis Carrió insistió con su demanda; pero por sugerencia de Isidoro Sánchez Mora, se aplazaron las retitulaciones hasta la fiesta del 14 de abril, añadiendo varias calles que no vienen a cuento.
Durante la manifestación, se descubrirían las lápidas, incluyendo música en la Glorieta, reparto de comida a los pobres y verbena en la plaza del Ayuntamiento en la que se eligió a la «Miss República».
El 14 de abril de 1936 Miguel Hernández llegó de Madrid para intervenir en la inauguración de la plaza. Subido a una escalera leyó:
Colección Javier Sánchez Portas.
Quisiera que esta piedra y esta plaza llevaran para siempre el nombre que les ha sido impuesto: Ramón Sijé. Bajo el sonido de este nombre se me ha ido un compañero del alma, y Orihuela ha perdido su más hondo escritor y su más despejado y varonil hombre…
Acabada la Guerra Civil, el 29 de abril de 1939, a propuesta de Juan Villaescusa Ballester, la Comisión Gestora franquista acordó:
En atención a que las variaciones de nombres de las calles y plazas acordadas por el ayuntamiento rojo para rotularlas con nombres de destacados marxistas, se llevaron a cabo sin previo expediente reglamentario, por unanimidad se acuerda anular todas las variaciones de nombres con posterioridad al 14 de abril de 1931, para rotularlas con los que en aquella fecha figuraban y que son…
No vamos a citarlas todas; solamente confirmar que la Plaza de Ramón Sijé volvía a ser Plaza del Duque de Pinohermoso incumpliendo la orden de retomar los nombres anteriores a abril de 1931; que en este caso era el de «Plaza de la Pía».
Refugio antiaéreo. Colección Javier Sánchez Portas.
Parece ser que la única modificación en la plaza fue el desmontaje del refugio antiaéreo que la ocupaba; cuyas entradas para hombres y mujeres permanecen cubiertas con chapas en la actualidad.
Probablemente, al ser José Marín un personaje religioso y de derechas, su titulación se respetó. También debió influir la desaparición de los Pinohermoso, al vender palacio y granero en los años cuarenta.
El añejo edificio quedó en poder de la Federación de Sindicatos Católicos, la actual Caja Rural Central; o lo que es lo mismo en manos del futuro obispo Luis Almarcha, que lo usó para actividades relacionadas con la Iglesia o vinculadas con la federación. En el piso superior instaló unos telares para las Discípulas de Jesús.
Pinchando en la siguiente fotografía podéis acceder a un artículo sobre las Discípulas de Jesús.
Enlace al artículo sobre las Discípulas de Jesús. Colección Javier Sánchez Portas.
En 1958 la plaza tomó el nombre de su vecino más ilustre; y ese cambio llegó en la sesión del 12 de marzo presidida por el alcalde Luis Cartagena Soriano dentro de un paquete de titulaciones:
Que en adelante, la actual Plaza de Ramón Sijé se titule Plaza del Marqués de Rafal, en memoria del Excmo. Sr. Don Alfonso Pardo y Manuel de Villena, Marqués de Rafal, ilustre prócer e Hijo Adoptivo de Orihuela. Que la nueva calle que, paralela a la de Adolfo Clavarana, partirá del «Callejón de Reales» hasta la carretera de Alicante, se denomine «Calle de Ramón Sijé».
Que la calle de nueva apertura que desde la Plaza de la Trinidad va al río se denomine «Calle de Gabriel Sijé» en honor del joven escritor oriolano, no ha mucho fallecido, Justino Marín Gutiérrez. Y por último, que la actual Plaza del Marqués de Rafal se denomine en lo sucesivo, «Plaza de la Condesa de Vía Manuel».
Descubrimiento de la placa al marqués de Rafal. Colección J. Ezcurra Alonso AMO.
Descubrimiento de la placa al marqués de Rafal. Colección J. Ezcurra Alonso. AMO.
Descubrimiento de la placa al marqués de Rafal. Colección J. Ezcurra Alonso. AMO.
Descubrimiento de la placa al marqués de Rafal. Colección J. Ezcurra Alonso. AMO.
Volviendo al edificio, las Discípulas de Jesús regentaron luego el colegio Jesús Maestro, del que fui alumno provisto de camisa blanca y corbata azul.
Discípulas de Jesus. 1974. Archivo Enrique Bas Cánovas.
También fue sede de asociaciones culturales y benéficas hasta que fue declarado en ruina. El proceso para rehabilitarlo y darle utilidad fue complicado.
Colección Javier Sánchez Portas
En Sesión Extraordinaria de 28 de septiembre de 1984 el Ayuntamiento acordó su permuta a la Caja Rural Central por el Palacio de Teodomiro, que albergaba la biblioteca pública desde el año 1940, cediéndolo al Ministerio de Cultura para su «restauración y acondicionamiento» como biblioteca pública.
Archivo Rafael Almira.
La idea era buena; pero lo que tendría que haber sido una completa y cuidadosa rehabilitación se convirtió en un criminal derribo para construir un insulso y geométrico edificio de nueva planta, obra del arquitecto Alberto Campo Baeza, que fue inaugurado el 15 de diciembre de 1992, como Archivo y Biblioteca Pública Fernando de Loazes.
Os dejo un vídeo titulado: «De palacio gótico a cajón de ladrillos»:
El palacio del marqués de Rafal.
Fotografía Ajomalba.
En cuanto al marqués de Rafal, la plaza que albergaba su palacio era la actual Condesa de Vía Manuel. Su trasladó se gestó en el último cuarto del siglo XIX con la prematura muerte del hermano de María Isabel Manuel de Villena, decimotercera marquesa de Rafal.
María Isabel Manuel de Villena acumuló en su persona muchos títulos nobiliarios y dos grandezas de España. Al crecer sus hijos los fue repartiendo entre ellos. Cedió a su hija Isabel el marquesado de Puebla de Rocamora y a María Josefa el Condado de la Granja.
Palacio Conde de la Granja. Antigua Casa de Rafal. Archivos Estatales.
Esta última casó con Juan Manuel Agrela y el título de la Granja, rehabilitado por Alfonso XIII en 1916, quedó asociado a este apellido junto al antiguo Palacio de Rafal, que es ahora de los Condes de la Granja.
La madre conservó el condado de Vía Manuel; y a su hijo Alfonso le cedió el marquesado en 1899, año en el que contrajo matrimonio.
El penúltimo marqués, recientemente fallecido, contaba que su abuelo compró la vivienda de la Plaza de la Pía a los Pérez de Meca; una casa construida en la segunda mitad de XIX en la que inicialmente instaló la sede de su partido; pues Alfonso Pardo y Manuel de Villena, además de marqués de Rafal fue diputado conservador.
La comarca. 30 de enero 1903: Continúa siendo muy visitado en su casa de la plaza de la Pía el Excmo. Sr. Marqués de Rafal por numerosas comisiones de los pueblos del distrito de Dolores. También la recibido «el joven» marqués la visita de muchas personas de la población que han acudido a saludarle.
El diario. 26 de marzo 1907: Se encuentra en esta el Excmo. Sr. Marqués de Rafal. Ha sido visitado en su casa de la plaza de la Pía, entre otras, por una comisión de conservadores de Callosa de Segura. Parece ser que la visita de esta comisión al Marqués se relaciona con la cuestión de la jefatura del partido en aquella localidad.
En la prensa local de noviembre de 1907 encontré esta curiosa noticia:
La Época. 19 de noviembre 1907:Se encuentra en esta población, donde se propone pasar una temporada en su casa solariega de la Plaza de la Pía, la Sra. Condesa de Vía-Manuel, madre de nuestro diputado a Cortes, Excmo. Sr. Marqués de Rafal. Damos nuestro más afectuoso saludo a tan aristocrática dama.
Casa del marqués de Rafal. Colección Javier Sánchez Portas
Por motivos que desconozco, la condesa llegó a Orihuela meses después de fallecer su marido y en vez de instalarse en su palacio lo hizo en la vivienda de su hijo.
Esta casa fue totalmente rehabilitada en torno a 1910, uniéndole además otro edificio de la calle que daba a Santa Lucía.
En 1927, dos años antes de fallecer su madre, el marqués hizo nuevas reformas en el decorado de ambas fachadas de las que se conserva el plano confeccionado por el maestro Francisco Sánchez.
Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Familia Gómez-Duréndez.
Fallecido el décimo sexto marqués, D. Santiago Pardo-Manuel de Villena, su hijo puso el edificio en venta.
Interior palacio marqués de Rafal. Fotografías Ajomalba.
Artunadamente, en julio de 2022 lo adquirió la Generalitat Valencianapor dos millones cuatrocientos mil euros.
15 de julio de 2022.
Está destinado a albergar la nueva oficina del Consell en la Vega Baja, el Centro de Extremos del Agua de Orihuela, la oficina Vega Renhace, el archivo histórico del marquesado y un centro cultural.
En la adquisición del edificio y, sobre todo, en la del archivo del marquesado estuvo muy implicado Javier Sánchez Portas.
Francisco Luis Galiano Moreno. Julio de 2022.
La casa de los Ruiz de Villafranca.
Por último vamos a hablar del edificio que completaba la trama urbanística de esta antaño recoleta zona. De él nos queda un solitario escudo, colocado sobre sillares, cuyos cuarteles ostentan los apellidos Ruiz, Villafranca, Aledo y Soler.
José M. Pérez Basanta.
Está ahí para recordarnos que, cerrando la plaza existía una casa de tres plantas que ocupaba toda la manzana separando dos plazuelas. Un edificio señorial con dos fachadas: la de tramontana con salida a la calle de la Feria y la de mediodíaa la plazuela de la Soledad.
Palacio Ruiz de Villafranca. Acuarela Mario Gómez.
Era la tristemente famosa «Casa de Inquisidor», rimbombante nombre que le asignó Javier Sánchez Portas durante una campaña para intentar recuperarlo por haber habitado en él un miembro del tribunal del «Santo Oficio».
Palacio Ruiz de Villafranca. Colección Javier Sánchez Portas
Perteneció a Francisco Ruiz de Villafranca, Alguacil Mayor del Santo Oficio de la Inquisición de la ciudad de Murcia. Por ello se nombró como Palacio Ruiz de Villafranca. Esta familia fue reconocida por el rey como parte integrante de la nobleza oriolana en la primera mitad del XVIII.
Palacio Ruiz de Villafranca demolido. Fotografía: Alberto Zerón.
A pesar de la protección que pesaba sobre él, acabó demolido ilegalmente y con nocturnidad en el año 2002. Y aunque la Generalitat ordenó su reconstrucción, todo se apañó con una ridícula multa de 68.000 euros y la compra del solar al infractor por parte del propio Ayuntamiento. Delirante forma de proteger el patrimonio.
Con el edificio de los Villafranca desapareció también el pequeño tránsito entre las plazas. En el XVIII aparece en los padrones como Traviesa de Tolmos, y en ella figura domiciliado un tal Joseph Armengol. Ese es seguramente el motivo por el que aparece en un plano del XVIII como Traviesa de Armengol.
Fotografía Ajomalba.
Su última titulación, antes de fundirse en el vacío, fue dedicada a Emilio Bregante Palazón, cuya preciosa y semanasantera placa nos recuerda que una vez hubo allí un callejón y un palacio que cerraban la pía y nobiliaria plaza que, el 14 de abril de 2016, justo ochenta años después que Miguel se subiese a la escalera para inaugurarla, recuperó el nombre de Ramón Sijé.
14 de abril de 2016. Fotografía: Gaspar Poveda Grau
José Marín Gutiérrez. «Ramón Sijé».
Antonio José Mazón Albarracín.(Ajomalba)
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Publicado en la Revista de Moros y Cristianos 2016. Adaptado a programa de radio. Retocado y ampliado en 2022.Mi agradecimiento a Jorge Belmonte, Javier Sánchez Portas, Aitor Larrabilde, J. José Sánchez Balaguer, J. Alberto Pardines y Consol Payá.
Pinchad aquí para acceder a un vídeo alojado en Youtube.
En septiembre de 1229 las costas catalanas se cubrieron de velas blancas. Más de ciento cincuenta naves de diverso calado zarparon de los puertos de Tarragona, Salou y Cambrils.
Esta improvisada flota transportaba 1.500 caballeros y 15.000 infantes con destino a Mallorca.
La escueta flota local nada podía hacer contra semejante contingente.
El gobernador Abu Yahya no esperaba ayuda de la anárquica estructura almohade.
Solo restaba encomendarse a Ala y preparar la defensa.
Durante la travesía se desencadenó una tormenta que alejó a las naves del punto escogido para el desembarco.
De noche y por sorpresa, una avanzadilla cristiana tomó la cala de Santa Ponsa y allí montaron el campamento.
Las tropas musulmanas estaban desplegadas en la sierra de Portopí, donde se libró una dura batalla al desembarcar el grueso de aquel ejército con su rey a la cabeza.
Ante el empuje cristiano, los defensores se replegaron buscando protección en las murallas de la capital.
Las huestes del rey instalaron catapultas, trabuquetes y todo tipo de máquinas de guerra frente a sus puertas.
Más de dos meses duró el asedio, sin que los cristianos aceptasen condiciones.
Habían venido buscando el botín y la gloria, y entrarían a sangre y fuego.
El 31 de diciembre de 1229, las huestes de Jaime I tomaron Madina Mayurca.
Cuatro años antes, durante la primavera de 1225, Jaime I había reunido cortes en Tortosa para tomar la cruz y combatir a los sarracenos.
El monarca preparó una expedición contra la fortaleza de Peñíscola, primer paso en la conquista de Valencia.
Aquella empresa, boicoteada por la nobleza, fue un nuevo y humillante fracaso.
Su prestigio estaba por los suelos.
Cuando dos navíos catalanes fueron apresados y expoliados, Jaime envió un emisario a Mallorca para pedir cuentas.
El gobernador almohade independiente, Abu Yayha, informado de debilidad de aquel rey adolescente, se burló despidiendo al mensajero de mala manera.
Cuentan las crónicas que aquel día Jaime prometió coger a ese moro por las barbas.
Y cumplió su promesa.
De sus frustradas campañas en territorio valenciano solo había obtenido una tregua con Abu Said, el gobernador almohade de Balansya, que al menos le permitía cobrar parias.
Defender esa tregua matando a uno de sus más destacados nobles le había costado una guerra civil.
Estas revueltas nobiliarias coincidieron con el colapso almohade, perdiendo una oportunidad de oro que sí supo aprovechar Fernando III de Castilla.
En la Corona de Aragón el orden y la justicia habían desaparecido.
Los jurados de algunas ciudades se confederaron para hacer frente a los robos y homicidios.
A ellos se unió el grupo nobiliario más peligroso para Jaime: el que lideraba su propio tío el infante Fernando, abad de Montearagón.
Un claro desacato a la autoridad real.
Excepto una minoría de incondicionales, el resto de la nobleza tampoco era muy partidaria del joven monarca.
Y menos aún de que este grupo se hiciese con el control del reino.
Así se formó otra liga de nobles en torno a Jaime, provocando una serie de enfrentamientos armados entre realistas y nobiliarios.
Esta guerra civil acabó con la concordia de Alcalá, solicitada por ambos bandos y auspiciada por el papa en la primavera de 1227.
Con veinte años, aquel niño educado por los templarios era ya el prototipo de un caballero cristiano.
De elevada estatura, cabello rubio, piel blanca y fina. Religioso y guerrero. Orgulloso y valiente como sus mentores.
Durante la guerra civil había comenzado a ganarse el respeto de sus nobles.
La única forma de apaciguarlos, cimentando de una vez por todas su prestigio, era conquistar territorios.
Necesitaba urgentemente una campaña militar contra los sarracenos, una cruzada.
La oportunidad llegó en las navidades de 1228, durante un banquete ofrecido en Tarragona por el mercader barcelonés Pere Martell.
Un grupo de acaudalados burgueses catalanes le pidieron que acabase con los piratas de Mallorca, una amenaza constante que afectaba directamente a sus intereses mercantiles.
Conquistando las estratégicas islas, las bases comerciales catalanas tomarían la delantera a sus rivales en Pisa y Génova.
El proyecto era complicado y costoso, pero a Jaime le gustó.
La nobleza aragonesa le presionaba con la campaña valenciana, pero los intereses comerciales de los catalanes pesaron más.
Lógico. La corona estaba en la ruina y ellos le ofrecían barcos y dinero para la empresa.
Rápidamente convocó las Cortes de Barcelona.
Los nobles catalanes se apuntaron con sus mesnadas a cambio de botín y dominios territoriales.
Jaime les dejó claro que habría un reparto equivalente a lo que aportasen en la campaña.
Al obispo de Barcelona le ofreció el pastel más suculento: la jurisdicción sobre la futura diócesis mallorquina.
Luego hizo la misma propuesta en las cortes de Lérida, donde los nobles aragoneses aceptaron los términos del trato; pero aplicándolo al territorio valenciano.
¿Qué les importaba a ellos una isla en medio del Mediterráneo?
Su objetivo era Valencia.
El rey encontró suficientes recursos en Cataluña, donde los principales caballeros y obispos se volcaron aportando hombres y dinero.
También al otro lado de los Pirineos, donde conservaba influencia y territorios.
Pero en Aragón sólo pudo contar con un reducido grupo, los más leales a la corona.
La conquista de Mallorca fue una empresa fundamentalmente catalana y por eso, catalanes fueron la gran mayoría de sus repobladores.
Jaime I había conseguido por fin su cruzada.
En el verano de 1229 armó la flota y, como hemos contado al principio, invadió la isla de Mallorca.
La campaña fue una orgía de sangre y codicia. Los invasores cristianos se emplearon a fondo incendiando la ciudad y pasando a cuchillo a la mayoría de la población.
La carnicería fue tan descomunal que los miles de cadáveres abandonados provocaron una epidemia que diezmó a los vencedores.
El propio Abu Yahya fue cruelmente torturado hasta la muerte.
Para colmo, los nobles catalanes pelearon entre ellos como buitres por el reparto del botín.
En estas disputas por la capital se desentendieron del resto de la isla. Muchos tomaron lo suyo y se largaron.
Jaime tuvo que sofocar los focos de resistencia en la sierra echando mano de los almogávares, de los templarios y de algunos nobles leales.
La dantesca situación se prolongó hasta el Domingo de Ramos de 1230.
La isla pasó a la Corona de Aragón con el nombre de Reino de Mallorca e ínsulas adyacentes, repartido el territorio entre la nobleza y la iglesia.
Los supervivientes fueron esclavizados y multitud de colonos comenzaron a llegar desde Cataluña.
Esta campaña, primer y decisivo paso para la proyección mediterránea de Aragón, engrandeció el prestigio de Jaime.
Mientras peleaba en Mallorca los nobles aragoneses habían empezado por su cuenta la conquista de Valencia, donde la situación política había cambiado.
El gobernador Abu Said, con el que tenía firmadas las treguas, se había refugiado en Segorbe y sus territorios se los disputaban dos caudillos hispanos, como ya contamos en una entrega anterior.
El rey no podía dejar que la nobleza conquistase por su cuenta. Menoscabando su poder y formando señoríos independientes al estilo de Albarracín.
Así pues, muy enfadado y sin tiempo para prepararse, se incorporó a la campaña para liderar las conquistas en territorio valenciano.
Jaime nunca olvidó todas estas afrentas y, como veremos, supo vengarse de los nobles, a su manera y a su tiempo.
«De Tudmir a Oriola».Serie de programa emitidos por Radio Orihuela Ser. Guion, locución y efectos: Antonio José Mazón Albarracín. Presentación y montaje: Alfonso Herrero López.Programa 29.
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Programa 29
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De Tudmir a Oriola XXX.
En el capítulo anterior dejamos a Jaime I encolerizado, con la casta militar aragonesa haciendo oídos sordos a sus llamamientos para luego dedicarse a asediar las fronteras valencianas por su cuenta y beneficio.
En ese mismo año de 1231 firmó un interesante acuerdo con el rey de Navarra, Sancho el fuerte, el único superviviente de las Navas de Tolosa.
El anciano monarca, enfermo y tremendamente obeso, vivía aislado en su castillo de Tudela.
Sin hijos legítimos veía peligrar lo que quedaba de su reino bajo la constante amenaza castellana.
Por esta razón llamó a Jaime con una oferta: al morir uno de los dos, el otro le sucedería en sus territorios.
El pacto era muy favorable para el aragonés; Sancho se acercaba a los ochenta años y él no había cumplido veinticinco.
Jaime aceptó comprometiéndose a defenderlo de los posibles ataques castellanos.
Pero metido de lleno en la campaña de Valencia, se desentendió del asunto, perdiendo la oportunidad de recuperar Navarra para la Corona de Aragón cuando falleció Sancho, tres años después.
Sus relaciones con Castilla se habían enturbiado al pedir al Papa la anulación de su matrimonio con Leonor, la infanta castellana.
Roma lo autorizó por razones de parentesco, a pesar de que ya tenían un hijo, su primogénito Alfonso.
Una situación muy parecida había unido las coronas de Castilla y León en la persona de Fernando III.
Las campañas aragonesas en territorio valenciano no pasaban de simples incursiones de saqueo en las poblaciones fronterizas a través de la plaza fuerte de Teruel.
El resto de castillos fronterizos estaban en manos de las órdenes militares: en Tortosa los Templarios, en Amposta los hospitalarios y en Alcañiz la orden de Calatrava.
La taifa de Valencia era un caos total en plena guerra civil.
Como recordarán nuestros lectores, al gobernador Abu Said, se le había sublevado Zayyán Ben Mardanis; y a este lo acosaba Aben Hud desde Mursya.
En esta situación, las tierras valencianas obedecían a tres autoridades distintas: el norte, actualmente Castellón, estaba en manos de Abu Said, encastillado en Segorbe y protegido por Jaime I.
La zona centro, donde estaba la capital, obedecía a Zayyan. Y las tierras al sur del Júcar se habían pasado al bando de Aben Hud, el caudillo murciano.
Cuando más fácil tenía hacerse con Valencia, Jaime se había decidido por Mallorca, abandonando a su aliado Abu Said.
Con la isla sometida recibió la noticia de que los peones de Teruel habían conquistado el castillo de Ares, una especie de nido de águilas encaramado en una muela rocosa.
Jaime se puso en camino para tomar posesión, cuando le notificaron que Blasco de Alagón había tomado por su cuenta Morella, una de las fortalezas más imponentes y estratégicas.
Blasco era un destacado noble aragonés que había llegado a ser mayordomo real.
Según contó el propio Jaime en su crónica, se había desnaturado expatriándose en Valencia durante casi tres años, actuando con su mesnada al servicio de Abu Said, quién lo acogió con los brazos abiertos al sentirse abandonado por Jaime, dedicado por entonces a la conquista de Mallorca.
Traicionando su condición de protector y sin apenas esfuerzo se había hecho con Morella, el castillo más importante de la zona.
Jaime se presentó reclamando la propiedad para la Corona. Pero Blasco no estaba dispuesto a entregarla.
Para convencerlo, las tropas del rey se instalaron en el castillo de Ares, bloqueando la entrada de suministros hasta que Blasco cedió la ciudad para luego recibirla como señor de Morella; eso sí, conservando el rey la propiedad del castillo.
Así comenzaba la campaña de Jaime I en Valencia, disputando su autoridad con los nobles.
Blasco había puesto sus conocimientos del territorio al servicio de la corona, participando en el diseño de una campaña dividida en tres fases: la conquista de Burriana con la mayor parte de localidades castellonenses.
La ocupación del Puig para asediar la ciudad de Valencia.
Y por último las tierras al sur del río Júcar hasta llegar a la frontera pactada con Castilla.
El joven monarca necesitaba implicar a la casta militar en su proyecto, pero estos seguían intentando recortar su poder en beneficio propio.
Mientras, no les iba nada mal cobrando de las indefensas ciudades fronterizas y haciendo sus propias incursiones en busca de botín.
Al rey ya no le importaba el dinero: había llegado el momento de añadir Valencia a su corona.
La conquista de Valencia fue inicialmente un asunto aragonés.
Pero el intento de monopolizar la campaña fue inteligentemente neutralizado por Jaime incorporando a la nobleza catalana; de esa forma sería una empresa de toda la Corona.
Veinticuatro mil kilómetros cuadrados de territorio lleno de castillos era un hueso demasiado grande y toda ayuda sería poca.
Así pues, la conquista de las tierras valencianas fue un esfuerzo de aragoneses, catalanes y, en menor medida, de otras gentes llegadas de diversos lugares; pues no olvidemos que el Papa Gregorio nono otorgó a la empresa la bula de cruzada.
A diferencia del genocidio practicado en Mallorca, aunque se realizase en nombre de Dios, la conquista de Valencia fue otra cosa muy distinta.
Una cruzada implicaba terribles matanzas por el simple hecho de no ser cristianos.
En Valencia Jaime concedió a los musulmanes la posibilidad de seguir viviendo como hasta entonces, utilizando la violencia en contadas ocasiones.
La mentalidad de los cristianos peninsulares era distinta a la del resto de Europa.
Hasta la propia iglesia salía beneficiada con este proceder, percibiendo cuantiosas rentas de los musulmanes vencidos.
La superioridad militar de la Corona de Aragón era incuestionable y el territorio valenciano una perita en dulce.
Los musulmanes, a pesar de su riqueza económica y cultural, eran incapaces de mantener una estructura política que permitiese organizar la defensa militar conjunta.
De nada les sirvió el espectacular sistema defensivo reforzado por almorávides y almohades; un conjunto de fortalezas que dominaban todas las rutas.
Se habían acostumbrado durante muchos años a comprar su seguridad a base de parias; y cuando falló este sistema no quedaron alternativas: la rendición pactada era sólo el siguiente paso.
A fin de cuentas, aunque sometidas a los cristianos, las grandes familias musulmanas mantuvieron su posición social y el pueblo llano vio reducidos sus impuestos conservando además su religión. Solo cambiaban de señor.
En 1233 Jaime I se puso manos a la obra asumiendo personalmente la dirección y fijando su primer objetivo en Burriana.
Llegada la fecha prevista solo acudieron poco más de un centenar de caballeros y las milicias de Teruel.
Con este reducido ejército inició la marcha por territorio aliado. En el camino se le unieron los templarios, hospitalarios y calatravos.
En mayo puso cerco a la ciudad. Pasados dos meses, varios nobles intentaron persuadirle para que abandonase el sitio, pues las milicias debían volver a recoger la cosecha, de la que dependían sus graneros.
Jaime aguantó la presión, obteniendo la rendición de los burrianenses a mediados de julio.
Para aligerar las negociaciones y evitar las luchas internas por el reparto del botín, como le había pasado en Mallorca, permitió a los vencidos permanecer cuatro días organizando el traslado y marcharse después escoltados con todos los bienes que pudiesen cargar.
La conquista de Burriana dejó clara la total indefensión el la que habían quedado los valencianos tras la guerra civil.
Zayyan, escondido tras los muros de Valencia, no se dignó a socorrerlos.
Cuando los cristianos comenzaron a realizar algaradas por el Norte, los habitantes de la zona, sabedores de que ya nadie les podía ayudar se fueron rindiendo sin oponer resistencia.
Los primeros, los de Peñíscola; y tras ella todas las alquerías de su distrito.
Vista la situación, todo el que disponía de efectivos realizó incursiones en territorio musulmán, rindiéndose una a una el resto de localidades de la actual provincia de Castellón.
La primera fase había terminado fácilmente.
Valencia, la capital del territorio, era el próximo objetivo.
Zayyan Ben Mardanis estaba condenado. Solo era cuestión de tiempo.
«De Tudmir a Oriola».Serie de programa emitidos por Radio Orihuela Ser. Guion, locución y efectos: Antonio José Mazón Albarracín. Presentación y montaje: Alfonso Herrero López.Programa 30.
En el primer cuarto del siglo XIII, a punto de reventar el imperio almohade, la región murciana mantenía el esplendor adquirido durante muchas décadas de prosperidad.
La inestabilidad política parecía no hacer mella en su desarrollo.
En la Vega del Segura seguían creciendo los asentamientos rurales gracias a los sistemas de regadío impulsados con nuevas acequias; destacando especialmente las huertas del Valle de Ricote, Mursya y Uryula.
Medina Mursya, centro político y económico del territorio, era una gran ciudad muy poblada. Su amplio recinto urbano era defendido por fuertes murallas.
En sus populosos arrabales ofrecían baños, jardines y otros lugares de esparcimiento alabados por geógrafos y viajeros.
En su extrarradio abundaban los rahales y alquerías. Pequeñas y grandes explotaciones agrícolas vertebradas en torno a la ciudad amurallada que les brindaba protección y asistencia religiosa en las mezquitas.
Cerca de la capital la Uryula musulmana estaba a punto de cumplir medio milenio.
De aquel emplazamiento fortificado situado en lo que hoy conocemos como la explanada de San Miguel, Uryula había evolucionado a ciudad de mediana importancia.
Los cronistas musulmanes la describen como fortaleza de Al Ándalus muy bien defendida por un castillo inexpugnable situado en la cumbre de una montaña y construida sobre el río blanco, que también era río de Mursya.
Sus muros estaban bañados por dicho río y se accedía a ella mediante un puente de barcas.
La vida era fácil rodeada de alquerías, de jardines y de huertos, pegados unos a otros que producían gran cantidad de frutos.
Imagen idealizada de Uryula. Acrílico de José Domingo Sarabia Simón.
En ella vivían comerciantes, artesanos, propietarios agrícolas, juristas, literatos, estudiosos del Corán.
Gente cada vez más civilizada y urbana, con un creciente sentimiento nacionalista hispano.
Tras la muerte del rey lobo, Uryula pasó a formar parte del imperio almohade.
Como ya conté, los africanos respetaron los poderes locales, instalando seguramente en la alcazaba una guarnición dependiente del gobernador de Mursya.
Primero el lobo y luego los almohades aumentaron el grosor y tamaño de sus murallas, levantaron nuevas construcciones y ampliaron la superficie de cultivos.
En el año 1224, por primera vez, el imperio quedaba dividido entre dos califas: uno proclamado en el Norte de África y el otro en Mursya.
Vamos a tratar de resumir el colapso almohade sin abusar de nombres y fechas.
Como ya mencioné en la entrega anterior, la línea de sucesión almohade quedó rota y en Marrakech escogieron a un anciano gobernador hermano del tercer califa.
En Mursya se proclamó otro gobernador, su sobrino Al-Adil, hijo de ese mismo califa y de una esclava cristiana.
Antes de dar el paso contó con el apoyo de sus hermanos, gobernadores de Córdoba, Granada y Málaga.
A estos se unió el de Jaén y por la fuerza el de Sevilla.
No lo hizo el de Balansya (Valencia), que decidió permanecer fiel a Marraquech.
Todos eran familiares de ambos califas.
Informados y seguramente sobornados por el joven, los jeques almohades en Marruecos obligaron al anciano a renunciar al trono.
Este lo dejó voluntariamente, ganándose el apodo con el que pasó a la historia: Al-Majlu, «el destronado».
No fue suficiente: su presencia podía ser una amenaza y decidieron asesinarlo.
Según las crónicas murió ahogado mientras saqueaban su palacio y profanaban su harén.
Una vez proclamado también en Marruecos, el trono quedó para el joven Al-Adil en solitario.
La violenta estrategia que había puesto en marcha acabó volviéndose contra él.
Su autoridad no fue reconocida por los gobernadores de Ifriqiya, la actual Túnez, formando una dinastía autónoma.
En la península, Abu Said señor de Balasya, de Játiva y Denia, se proclamó independiente bajo la protección de la nueva dinastía tunecina, pactando también con Jaime I de Aragón a cambio de parias.
El joven califa se trasladó a Sevilla, donde la población andaba alterada y revuelta por la proximidad de mesnadas cristianas.
Su indiferencia provocó fuertes protestas de los sevillanos en la mezquita aljama.
Formaron un contingente de ciudadanos voluntarios mal preparados, acompañados por un pequeño grupo de soldados almohades y aquella campaña acabó en desastre.
En mayo de 1225 el califa abandonó la capital rumbo a Marrakech y nunca volvió a pisar al Ándalus.
Antes de partir nombró a su hermano Abul Ala gobernador de Sevilla y máxima autoridad almohade en la península, dejando Córdoba para Abdala Al Bayasí, antiguo gobernador de Jaén, quien había tomado Sevilla personalmente para su causa.
Al de Baeza, que eso significaba su apodo no le gustó el reparto. Se proclamó emir independiente y sublevó a varias poblaciones, dominando un amplio territorio.
Abu Ala, al mando de las tropas califales, le fue arrebatando cada una de sus conquistas.
El de Baeza, acorralado, pidió ayuda a Fernando III declarándose vasallo y entregándole varias plazas fuertes.
Reforzado con soldados castellanos intentó poner sitio a Sevilla.
Acabó interceptado y neutralizado.
Trató de refugiarse en Córdoba y allí no le perdonaron su pacto con los cristianos. Lo ejecutaron y enviaron su cabeza Sevilla, donde Abu Ala le había puesto precio.
Esta alianza con Castilla fue una mala decisión que se fue haciendo frecuente entre los pequeños caudillos musulmanes.
Recurrir al enemigo para solucionar disputas internas dio mucho poder a Fernando III.
Y el rey castellano supo utilizarlo magistralmente para dividirlos y debilitarlos en su favor, recibiendo además grandes sumas que empleaba en reforzar sus ejércitos para la ofensiva final.
La desaparición del Baezano no significó el final de los problemas del califato.
En Marruecos, un grupo de jeques proclamó a su sobrino Yahya. Y Al-Adil acabó también asesinado: quien a hierro mata, a hierro muere.
Mientras tanto, en Sevilla, su hermano se proclamó sucesor con el título de Al-Mamún y consiguió el reconocimiento de casi todo Al-Ándalus.
Su repentina marcha a Marruecos para atender problemas del trono desencadenó una violenta reacción nacionalista que venía incubándose desde hacía mucho tiempo.
Quedaba claro que a estos príncipes africanos les importaba poco la seguridad y el bienestar de los musulmanes hispanos.
En el año 1228 terminó la vinculación andalusí con los almohades que continuaron su guerra civil en África hasta quedar completamente fragmentados.
El poder central había desaparecido y las antiguas familias hispanas decidieron que era hora de librarse definitivamente de los almohades, desterrarlos de la península, como antes habían hecho con los almorávides.
En el Levante, las familias de Zafadola, del rey lobo y del propio Teodomiro volvieron al primer plano.
Y Uryula, como otras muchas ciudades levantinas, fue consciente de que sin las tropas almohades quedaba a merced de los belicosos y militarizados reinos cristianos que amenazaban todas las fronteras.
Por ejemplo tenemos noticias de un duro ataque cristiano al castillo de Aspe en 1225, que costó la vida a muchos murcianos.
Y así nuestra ciudad se fue uniendo a las diversas revoluciones nacionalistas que sacudieron el territorio.
Pasamos varias veces de Murcia a Valencia en una loca carrera en la que Uryula llegó a proclamarse independiente durante varios años.
Pero no adelantemos acontecimientos.
«De Tudmir a Oriola».Serie de programa emitidos por Radio Orihuela Ser. Guion, locución y efectos: Antonio José Mazón Albarracín. Presentación y montaje: Alfonso Herrero López.Programa 27.
Programa 27.
Enlace a vídeo en You Tube.
De Tudmir a Oriola XXVIII.
Dicen las crónicas que aquella rebelión fue vaticinada por los astrólogos.
El pueblo andalusí llevaba mucho tiempo maldiciendo a sus opresores y entre ellos corría la voz de que un descendiente de reyes se alzaría contra los almohades, expulsándolos de Al-Ándalus para formar su propio reino.
Los últimos años de dominación africana habían sido funestos.
En sus disputas por el trono imperial, los codiciosos príncipes almohades no habían dudado en enfrentar a unas ciudades con otras, asolando territorios y entregando castillos a los cristianos.
Para colmo, tras varios años de plagas y sequías, los alimentos estaban alcanzando precios fabulosos, provocando terribles hambrunas.
Las antiguas familias hispanas conspiraban en la sombra y la guerra civil en Marruecos era su gran oportunidad.
Aben Hud surgió en el momento apropiado para levantar la moral de un pueblo y formar parte de su leyenda.
Abdalá Aben Yusuf Aben Hud al Yudami era ante todo un hombre de acción.
Nacido en la región de Mursya a finales del siglo XII, su árbol genealógico, probablemente inventado, lo ligaba a los Hud o Hudíes, la dinastía árabe que gobernó la taifa de Zaragoza.
Esta familia ya había dado un líder hispano en la lucha contra los Almorávides, el famoso Zafadola, la espada de la dinastía de las segundas taifas.
Como soldado de frontera, Aben Hud ya había participado en algunas escaramuzas contra los cristianos; pero la hazaña que lo lanzó a la fama, ocurrió en el castillo de Sanfiro, en Peñas de San Pedro, Albacete.
Un baluarte inexpugnable construido a gran altura, amurallado de arriba abajo por el único acceso a la peña.
Los castellanos lo habían ocupado poco antes, aprovechando una tregua; y contaban con almacenes y buenos aljibes para aguantar largos asedios.
Aben Hud, a las órdenes del gobernador de Mursya, escogió a un grupo de soldados y lo tomó por sorpresa.
Sigilosamente y con nocturnidad escaló a pulso la escarpada peña, degolló al centinela castellano que dormía plácidamente y prendió fuego a la puerta de la torre donde dormía la guarnición, que se rindió antes del amanecer al dar entrada a sus hombres.
Un espectacular golpe de mano que demostró su valor y preparación física. Las noticias de aquella proeza, llegaron hasta Marruecos, cimentando su fama entre las gentes del Levante.
En la primavera de 1228 llegó su momento: al mando de un grupo de soldados murcianos abandonó la capital.
A su mesnada se unió una partida de mercenarios y salteadores de caminos, bandoleros perseguidos por los almohades con los que seguramente había negociado antes de dar el paso.
En mayo tomó el castillo de los Peñascales, en Ricote; y desde allí se alzó contra el poder establecido, practicando algunas algaradas en territorio cristiano; robando y saqueando cuanto encontró a su paso.
El gobernador almohade de Mursya, que salió con sus tropas para detenerlo, no sólo fue derrotado: Aben Hud lo persiguió hasta la capital y en agosto de aquel mismo año la tomó fácilmente en complicidad con sus partidarios, entre los que figuraba el propio cadí murciano.
El valiente Aben hud / a quien celebra la fama / esparciendo por el mundo / sus inauditas hazañas
Y en Ricot, castillo fuerte / sus estandartes levanta / En cuyos campos se muestra / de negro una estrecha banda.
Sometida Madina Mursya, Aben Hud se proclamó Emir de los musulmanes bajo la autoridad espiritual de Bagdad.
De ahí el color negro del que habla el poema: el de los abasíes.
Esta sumisión al antiguo califato era solo un gesto simbólico. Tomando como enseña el estandarte negro se desvinculaba totalmente del califa almohade de Marruecos.
Para hacerlo oficial emitió su propia moneda, una dobla de singular belleza acuñada en la ceca murciana en 1228.
Tras hacerlo Mursya, se sometieron Uryula y Lakant, las principales poblaciones en dirección al territorio valenciano.
Como respuesta, el gobernador almohade Abu Said salió desde Játiva para hacerle frente.
Y ante el empuje de Aben Hud, se resguardó tras las murallas de la ciudad.
Una vez a salvo, pidió ayuda a Sevilla, donde permanecía el flamante califa Al Mamún, del que hablamos en la última entrega.
Al mando del impresionante ejército califal almohade partió con dirección a Mursya.
Aben Hud, crecido en su osadía, salió a esperarlo en Lorca, donde fue fácilmente derrotado, buscando refugió tras las seguras murallas de Mursya.
Al Mamún no estaba dispuesto a soltar la presa y puso sitio a la plaza. Pero la suerte estaba de su parte.
En Marruecos, el otro califa proclamado, el instigador del asesinato de su hermano, se acercaba a la capital.
Al Mamún levantó el cerco y se marchó sin rematar la faena. Para él era más importante el trono imperial al otro lado del estrecho.
Todo el mundo supo que Aben Hud había resistido el ataque del califa, saliendo muy reforzado de aquel trance.
Su popularidad entre los hispanos se disparó. Ya solo hacía falta un detonante para incendiar a todos los musulmanes de la península.
Y lo activó Al Mamún cuando marchó a Marruecos llevándose al grueso del ejército.
Antes había pedido ayuda a Fernando III, entregándole dinero y varias plazas fuertes.
El pueblo andalusí se levantó como un solo hombre y lo hicieron con sangrienta ferocidad.
La caza del almohade se había desatado.
A los hombres los torturaron y decapitaron. Violaron a las mujeres y asesinaron a los niños.
Los musulmanes hispanos desplegaron una crueldad que sorprendió hasta a los cronistas cristianos.
El golpe se propagó rápidamente entre la población. Aben Hud parecía ser el caudillo que necesitaban.
A partir del 1229 los sublevados lo fueron reconociendo como único soberano.
Primero fue Córdoba, tras asesinar al gobernador; luego Almería, Granada, Málaga.
Hasta Sevilla, capital de los almohades, se unió a la causa haciendo posible que un aventurero murciano se adueñase de al-Andalus.
Casi sin darse cuenta se encontró al frente de un gran estado que se extendía por todo el sur de la península.
Y proclamó sucesor a su hijo.
Desde su palacio, edificado en Mursya en el mismo solar que el del Rey Lobo, Aben Hud dirigía los destinos de al-Ándalus combatiendo por igual a almohades y a cristianos.
Su nuevo y pomposo apelativo era al «mutawakil», el que depende de Ala.
Conquistó Algeciras y Gibraltar. Aprovechando la guerra civil en Marruecos y utilizando la flota requisada en Sevilla, pasó a Ceuta, alcanzando su máxima expansión y controlando temporalmente la llave del estrecho.
Solo hubo dos excepciones: la lejana taifa de Niebla que se acogió a la protección de los cristianos y la vecina Balasya (Valencia).
El almohade Abu Said, señor de Balansya, Játiva y Alcira, intentó resistir el envite.
Pero el fuego de la insurrección andalusí se propagó por la región, circunstancia que aprovechó otro valeroso caudillo hispano.
El de Balansya tenía entre sus consejeros a Zeyyán Ben Mardanis.
Como recordarán nuestros oyentes, muerto el rey Lobo, su familia pactó con los almohades y su hermano Yusuf permaneció como gobernador de Balansya hasta su muerte.
Luego, sus descendientes siguieron ostentando cargos en la administración.
Zayyan era nieto de Yusuf. Por sus venas corría sangre del hombre que había combatido a los almohades durante veinticinco años.
Así pues su apellido pesaba mucho en Levante.
En 1229, desafiando a su señor, abandonó Balansya para hacerse fuerte en Onda.
Desde allí levantó la región y puso su objetivo en la capital. T
emeroso de perder la cabeza en las crecientes revueltas, Abu Said abandonó Balansya y se refugió en el castillo de Segorbe, donde pidió asilo a Jaime I.
Zeyyán entró triunfal en la capital, proclamándose emir de Valencia bajo el califato de Bagdad.
Había calcado el procedimiento usado por Aben Hud. Pero no le salió como esperaba.
Lo que podía haber sido una alianza entre musulmanes hispanos pasó de la diplomacia a las armas.
Y para colmo, Játiva, Alcira, y Denia se unieron a la causa del murciano.
Tras varias escaramuzas el derrotado Zayyan se refugió tras las murallas de Balansya donde Aben Hud le puso sitio.
Por fortuna para él, el emir murciano tenía abiertos demasiados frentes y tuvo que levantar el cerco para acudir al oeste.
La aventura de Aben Hud fue tan espectacular como efímera.
Más dotado para la guerra que para la política, sus éxitos militares no fueron suficientes para afirmar su autoridad en el inmenso y variado estado que había reunido por la fuerza de la espada.
Su poder emanaba del amor que el pueblo y la soldadesca le tenían; pero no supo escoger a sus oficiales y gobernadores.
Opto generalmente tipos codiciosos, aventureros como él, dispuestos a sublevarse o venderse al mejor postor.
Ceuta se declaró pronto independiente.
Sevilla y Granada le volvieron la espalda.
Poco a poco se fue dando cuenta de que el peligro ya no estaba en el Norte de África, su verdadero enemigo penetraba en el valle del Guadalquivir al mando del más poderoso ejército de la península.
En adelante, el árbitro en aquel tablero de juego sería Fernando III ya rey de Castilla y de León, contra el que poco podía hacer.
El santo movía hábilmente sus tropas mientras alentaba la sublevación de Muhammad Ben Nazar, fundador de la dinastía nazarí que consiguió formar el reino de Granada.
Cuando Fernando III conquistó la emblemática ciudad de Córdoba las ciudades andalusíes se fueron pasando al bando granadino.
Y Aben Hud, rodeado de enemigos por todas partes, compró una tregua pagándola a precio de oro.
Como consecuencia su reino, limitado ya a los terrenos de la antigua Cora de Tudmir, quedó empobrecido, en un estado de total anarquía e inseguridad.
Pronto acabó su loca aventura.
En 1237 se instaló en Almería donde fue traicionado por el gobernador, uno de sus hombres de confianza que se proclamó independiente.
El legendario caudillo murió en la alcazaba almeriense a comienzos de 1238, en circunstancias oscuras: envenenado o ahogado en una pileta de agua después de emborracharlo.
No habían pasado diez años de su levantamiento en Ricote.
Su cuerpo fue colocado en un ataúd y enviado por mar a Mursya.
Su deshonrosa muerte fue adornada con una romántica historia que achacaba su asesinato a una disputa con su antiguo amigo, por los favores de una hermosa esclava cristiana.
Leyendas aparate este fue el último y breve acto del esplendoroso periodo musulmán murciano.
Protagonizado por un aventurero local que, esgrimiendo la bandera del nacionalismo, llegó a convertirse en emir de los musulmanes hispanos.
Su grito de insurrección fue el último grito de al-Andalus, un territorio en el que, tras medio milenio de historia, se había forjado una de las culturas más refinadas y avanzadas de la Edad Media.
Un recuerdo nostálgico que quedó inmortalizado en la pluma de los poetas que huyeron a África al llegar los cristianos, llorando amargamente por el paraíso perdido.
«De Tudmir a Oriola».Serie de programa emitidos por Radio Orihuela Ser. Guion, locución y efectos: Antonio José Mazón Albarracín. Presentación y montaje: Alfonso Herrero López.Programa 28.
Programa 28
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Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).
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Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba), historias de Orihuela, fotos, postcast y vídeos.