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Justo García Soriano 1. (1884-1893).

«Escríbame pronto dándome noticias de Orihuela, que bien sabe usted lo mucho que me intereso por nuestro pueblo y cuánto he trabajado y sufrido estos aciagos años por conservar sus cosas. No dudo que tengo en usted un decidido defensor que me pondrá a salvo de acechanzas y calumnias».

Prefacio.

El párrafo anterior pertenece a una carta escrita de puño y letra por Justo García Soriano en mayo de 1939 «año de la victoria». Está dirigida a Antonio Penalva; de quien solicitaba ayuda y respaldo intuyendo lo que se le venía encima.

De nada sirvió buscar apoyo entre sus conocidos de Orihuela. Justo se había declarado republicano muchas veces; y eso no se lo iban a perdonar nunca. Incluso se había atrevido a dar el «paseillo» a la Armengola asegurando que era sólo un mito sin fundamento histórico. Desposeído de su condición de funcionario, un hombre bueno y honrado fue procesado, encarcelado y desterrado.

En el año 2013 emprendimos una inútil campaña para conseguir que se hiciese justicia con uno de los más notables personajes de la historia de este pueblo ingrato con sus hijos. Sólo sirvió para que Justo García Soriano, oriolano, bibliotecario de la Real Academia de la Historia, funcionario del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, investigador y protector del patrimonio local durante la Guerra Civil como responsable de la Junta Central del Tesoro Artístico, tenga una pequeña sala en la biblioteca municipal de Orihuela, llamada María Moliner en recuerdo de una gran mujer, aragonesa y represaliada como Justo, funcionaria del mismo cuerpo, autora del famoso y meritorio diccionario por el que ha sido homenajeada en múltiples bibliotecas, colegios e institutos de toda España.

María Moliner.

Y la biblioteca de Orihuela perdió la oportunidad de llamarse Justo García Soriano como nuestro eminente bibliotecario merecía. Algunas fotografías de él y de su familia que encontraréis en esta especie de biografía, proceden del legado documental que su hijo, Justo García Morales, donó en 2005 a esa misma biblioteca y archivo municipal.

Valga este trabajo como mi particular homenaje a uno de los oriolanos más insignes y peor tratados de nuestra historia. Un hombre culto, moderno y comprometido que fue represaliado por haber sido leal al Gobierno de una República en la que creía firmemente. Un hombre sabio que buscó la verdad de nuestra historia y luchó por conservar el patrimonio de Orihuela y de Murcia durante la Guerra Civil, sin pensar en su propia subsistencia. Y que por ello murió enfermo, humillado y olvidado, lejos de la tierra que tanto quería y que nunca le quiso lo suficiente.

En principio contamos con tres textos autobiográficos. Dos son manuscritos de puño y letra de Justo, procedentes del legado; el tercero un artículo publicado en la revista de antiguos alumnos del Colegio Santo Domingo recordando su periplo con los jesuitas.

En las «Memorias de Juan Oriol», el trasunto literario de Justo nos cuenta su nacimiento y algunas historias de su más tierna infancia. La «Noticia crítica y autobiográfica», escrita cuando tenía treinta y cinco años, nos habla más de su carrera, de sus logros personales en una vida de continuo esfuerzo. Estos textos en los que habla el propio Justo los he marcado en rojo; los que proceden de prensa o de documentos, aparecen en gris.

Dar una pequeña muestra de nuestra labor artística o intelectual, está al alcance de la mano más corta y perezosa; pero desnudarse coram populo (delante del pueblo) fría y honradamente, confesarse ingenuamente ante los lectores es acto temible y dificilísimo; porque el pudor y la vanidad impiden descorrer del todo, sin rebozo o disimulo, el velo que envuelve nuestra vida íntima y nuestros recatados pensamientos.

Si es arduo, casi imposible el exacto conocimiento y juicio propios, es de mucha mayor dificultad el hablar uno de sí mismo con toda verdad e ingenua franqueza. Se me pide ahora que lo haga, y he de procurarlo con la sinceridad algo ruda de que he hecho gala siempre. Justo García Soriano. 1920.

Justo García Soriano. 1. Infancia. (1884-1893).

Memorias de Juan Oriol. Recuerdos de la Infancia. AMO LJGS.

Justo nació en Orihuela un lunes de Pascua Florida de 1884. Escogió la simbólica fecha del 14 de abril para venir al mundo en la Corredera; muy cerca del arco que daba fin y singularidad a esta calle tradicional. No podía imaginar que un día compartiría cumpleaños con la II República: el compromiso que le marcó de por vida.

Yo nací en Orihuela, en la calle de la Corredera, en una casa de planta baja y dos pisos, que la ocupaban toda mis padres. Estaba situada casi al final de la rúa, larga y recta, cerca del arco que había entonces, por donde se salía a la barrera y a la huerta y donde parte el camino de Almoradí. Sobre el arco había un amplio balcón con un altar, en que se daba culto a la Virgen de la Salud, y se decía misa los domingos.

El arco de la Corredera.
Colección Javier Sánchez Portas.

En los dos ángulos que las casas formaban con la fachada del arco había dos talleres: uno de aperador, el que había a la izquierda, y el otro, a la derecha, de un herrero que se apellidaba Sarra. La herrería de Sarra tenía otra puerta por la barrera, frente a la senia o noria que regaba los huertos próximos  y estaba  siempre frecuentada por los parroquianos, huertanos y campesinos  que le encargaban el arreglo de sus legones y de las rejas de sus arados…

El lunes, 14 de abril de 1884, cerca de las diez de la noche, mi señora madre tuvo a bien darme a luz. La asistió una comadrona y mi tío Pepe, médico cirujano que vivía frontero a la casa de mis padres. Uno de los primeros vecinos que acudieron al saber la novedad fue Sarra, el herrero. Mi padre me lo refirió muchas veces, Sarra, al contemplarme desnudito y lloroso, agitándome sobre las ropas de la cuna, dijo a mi madre: —Ramona, este chico necesita ya zapatos.

Era el quinto del los seis hijos que bautizaron en la Catedral el matrimonio formado en 1870 por Justo García Sánchez y Ramona Soriano Moreno. Y le impusieron los nombres de Justo, Ángel y Tiburcio.

Sobre el borde de la pila de mármol rojo me desnudaron la cabeza y recibí en el occipucio el agua bautismal que me administró el licenciado Lidón. Me acristianó mi tía Antonia, hermana de mi padre. Fue el padrino mi primo Pedro, médico homeópata de Murcia.

La Corredera. Colección Javier Sánchez Portas.

Fue mi bateo rumboso. Acudieron a la puerta de casa todos los chiquillos de la Corredera. El padrino les arrojó varios duros en calderilla; y a los invitados se les sirvió la chocolatada de rigor, dulces, aperitivos, licores y, sobre todo, las monas de pascua propias de aquellos días. Este pormenor de los que asistieron a mi bautizo me lo recordó muchas veces mi madre, porque luego han sido siempre mi manjar predilecto estos bollos tan típicamente levantinos.

Sus hermanos fueron: Abelardo (1871), Mª del Milagro (1875), Abelardo (1879), Beatriz (1880) y Ángel (1887). Aparte de Justo, sólo sobrevivió Milagros; casada en 1905 con un maestro de instrucción pública llamado José Linares Aliaga.

Transcripción Registro Civil. AMO LJGS

Fueron sus abuelos paternos Ángel García García, cirujano, natural de Prádena del Rincón (Madrid) y María del Rosario Sánchez Santacruz, natural de Orihuela y sobrina del famoso político del siglo XIX al que dedicaron la calle que une el Barrio Nuevo con Santa Lucía.

Don Ángel estudió Medicina en Madrid a comienzos del siglo XIX. Al terminar la carrera, con España invadida por los franceses, ingresó en el cuerpo de Sanidad Militar y fue destinado al Regimiento de Caballería Lusitania. Participó en la batalla de Bailén y posteriormente su regimiento se instaló en el Cuartel de Caballería de Orihuela. Allí conoció a la oriolana María del Rosario Sánchez.

El regimiento de Lusitania se quedó de guarnición en Orihuela, y mi abuelo, soltero y en estado de merecer, conoció en esta ciudad a una linda doncella de quince abriles que le echó las redes y el anzuelo. Se enamoró de modo fulminante con la tremenda complicidad del clima del país levantino, tan propicio en estas explosiones pasionales.

Cuartel de Caballería Rehabilitado. Colección Javier Sánchez Portas.

Pero el padre se opuso a la relación con un militar de paso en plena Guerra de Independencia. Era el año 1811 y la fiebre amarilla comenzaba a hacer estragos. Nuestro médico se contagió cumpliendo con su deber y, aunque quedó desahuciado en un hospital, acabó sanando y pidió el retiro y una plaza de médico en Guardamar. Consintió entonces el padre; y Ángel se casó con María del Rosario; domiciliados en la calle de la Puerta Nueva (el actual Paseo). 

Calle de la Puerta Nueva. Colección Javier Sánchez Portas.

Era provervial en Orihuela la fecundidad matrimonial del médico don Ángel. Un hijo cada año hasta el número de veintidós. Ocurrió que un año se detuvo el abono; pero el siguiente se compensó con el nacimiento de dos niñas gemelas. El menor de los hijos, mi padre, fue a la vez amamantado por la que le trajo al mundo, y por su hermana mayor, Pepita, ya casada.

El día en que nació mi progenitor a mi abuelo le tocó el premio grande de la Lotería, dicho en lenguaje directo, no translaticio. Y en unas notas que escribió y conservó, lo comentó así: «limosna que Dios me envía para ayuda de criarle». Don Ángel tuvo la satisfacción de sentar a su dilatada mesa a dieciocho hijos, nueve hembras y nueve varones, ya adultos.

El último de aquella inmensa prole fue su padre; llamado Justo por haber venido al mundo el 17 de Julio de 1841 conmemoración de las santas Justa y Rufina. Justo García Sánchez era perito agrónomo de profesión. Trabajó para la Compañía de Ferrocarriles Andaluces durante el periodo de la construcción de la vía férrea.

En 1890 era «temporero» en el Ayuntamiento de Orihuela gracias a «la credencial que le proporcionó su sobrino carnal, el alcalde de Orihuela don Francisco López García» .  

Justo García Sánchez. AMO Legado JGS. 

Mi padre era perito agrónomo, y por su profesión era muy conocido de los huertanos y de los labradores de todos los pueblos de la comarca (…) por los años que yo nací mi padre trabajaba con destino fijo, en las obras del trazado del ferrocarril de Alicante a Murcia: hacía los peritajes de los terrenos que se expropiaban por la Compañía de Andaluces. Era entonces director de esta el Marqués de Loring, quien estimaba mucho la hombría de bien y la laboriosidad de mi progenitor.

El diario de Orihuela. Número 1058 – 27 de febrero de 1890: Ayer se remitió por esta Administración subalterna a la de propiedades de la provincia, el acta de medición y tasación del terreno que ya conocen nuestros lectores situado en la falda de la sierra titulada «Cruz de la Muela» en su parte Oeste, cuyas operaciones se han llevado a efecto por los peritos agrónomos D. Enrique Tormo y D. Justo García Sánchez, nombrados por el Sr. Delegado de Hacienda y el Síndico de este Ayuntamiento respectivamente.

De los abuelos maternos tenemos menos detalles. José Miguel Soriano Vicente era un carpintero natural de Daya Nueva que se casó con la oriolana Ramona Moreno Sánchez y se instalaron en la Barrera de la Corredera de Orihuela. Transcribo la descripción que hizo de ella su nieto Justo García Morales.

Gran tipo de mujer el de mi abuela Ramona. Enérgica y voluntariosa, realizaba el milagro cotidiano de estirar el dinero, atender la casa, y cortar y coser cuando hacía falta, cualquier género de ropas y vestidos, sin que pueda olvidarse su primor en la cocina y repostería típica oriolana.

Así contribuyó a sacar adelante a su familia formada por su marido y por ella, los hijos Milagro y Justico, por una cuñada sordomuda, la tía Rosa, así como por algún deudo más que solía agregarse. Hijos tuvo muchos más: dos llamados Abelardo, que fueron muriendo sucesivamente; Beatriz, fallecida en 1883; Ángel, estrellado al caerse en la Glorieta la niñera que le llevaba en sus brazos…

Ramona Soriano Moreno. AMO. LJGS.

Milagros, única hija que no se malogró. Le pusieron ese nombre por la forma en que vino al mundo: cuando se encontraba doña Ramona fuera de cuentas, cayó al Río Segura o a una de sus acequias desde la parte del edificio en que se encontraba, envuelta en cascotes.

Con lo poco que sabía nadar llegó a una de las orillas y se afianzó a un cañaveral, aguardando que, a su petición, le trajeran una larga escalera que ella sabía que se guardaba en una iglesia próxima, subiendo por su pie y dando a luz felizmente a los pocos días. Mujer muy piadosa, de familia carlista, nunca se perdía la primera misa, la del alba en la parroquia; en los pocos ratos libres con que contaba, gustaba de releer el devocionario…  

El 11 de mayo de 1884 se inauguraba la nueva línea de ferrocarril con la asistencia del presidente del Consejo de Ministros y del obispo Victoriano Guisasola Rodríguez, quien bendijo las locomotoras y carruajes que recorrieron la población jaleados por la multitud. Cuatro días después, se acordó denominar al paseo en construcción como del marqués de Casa Loring, en honor a Jorge Enrique Loring Oyarzábal, fundador de la Compañía de Ferrocarriles Andaluces que había establecido la línea Murcia-Alicante. Justo hace una descripción de su madre y de sí mismo aquel día:

Paseo de la Estación. Colección Javier Sánchez Portas.

Al mes de nacer yo se inauguró el ferrocarril de Murcia a Alicante. El acto se verificó con la mayor solemnidad. Concurrió don Antonio Cánovas del Castillo, oriundo de Orihuela y a la sazón presidente del Consejo de Ministros. Arcos de follaje, guirnaldas, gallardetes y banderas adornaban la estación. Al aparecer y silbar la locomotora del primer tren que circuló por Orihuela, la muchedumbre que llenaba la estación y sus alrededores lanzó vítores y gritos de alborozo, a la vez que una banda de música prorrumpió entonando los acordes de la marcha real.

En sitio preferente se hallaba mi familia, contemplando el acto de la inauguración férrea. Al lado de mi madre, una niñera endomingada llevaba un niño chiquitín, con un trajecito emperifollado lleno de encajes y cintas de seda azul, y tocado con una gorrita de bebé. El pequeño era muy blanquito y tenía los ojos claros. La mamá, en cambio, era morena, un poco chata, y con ojos y pelo muy negros. Como se infiere, aquel niño había de escribir muchos años después estas líneas.

“El Graduador” Alicante, 14 de mayo de 1884: Inauguración del Ferro-Carril de Alicante a Murcia: Eran las 9,18 de la mañana, cuando llegamos a la estación de Callosa de Segura, también engalanada y también recibiéndonos con música y con regocijo. El corto trayecto que nos separaba de la ciudad episcopal lo recorrimos en muy breves instantes; y no sin bastante calor y ambicionando algún momento de reposo. A las 9,35 abandonábamos el monstruo de hierro en la estación de Orihuela.

Ceremonias: ¿Queréis tener una idea de cómo pasaron los primeros instantes para los expedicionarios en la estación de la ciudad diocesana? Pues figuraos un gentío inmenso amontonándose apiñado sobre vosotros; y música, mucha música, y ruido, mucho ruido, y calor, mucho calor, y polvo, mucho polvo, y comisión que viene por aquí, y representantes de este o del otro pueblo que llegan por allá, y el recibimiento al Sr. Obispo que acaba de entrar en el andén, y todos esos mil detalles que enojan, cuando se espera algo que tarda (ese algo era el descanso que todos necesitábamos) y se espera puestos de frac y guante blanco, con el guarda polvo al hombro, de pie y sin atrevernos a separarnos del sitio de la concurrencia.

Y gracias a que los instantes de espera, fueron dulcificados con la vista muy agradable de algunas hermosas orcelitanas. Y no nos referimos solamente a las muchísimas que se agolpaban en las tribunas levantadas al efecto, no; junto a nosotros, en el andén, había una docena de muchachas acicaladas a la usanza del país, dignas representantes del pueblo de Orihuela, con canastillos de frutas y flores en las manos (…). Una de ellas llevaba en un papel escrito, el saludo que, en nombre de todas había de dirigir al Sr. Cánovas.

A las diez y cuarto próximamente llegaban el Presidente del Consejo de Ministros y sus acompañantes (Director de Obras públicas, D.  Emilio Cánovas, hermano del Presidente, D. Luis Silvela, hermano del ministro de Gracia y Justicia, algunos periodistas de Madrid y Murcia, y las autoridades y comisiones de esta ciudad) y después de las presentaciones, ofrecimientos, música y vítores oficiales, se llevó a cabo la ceremonia de bendición de la locomotora con arreglo a lo que prescribe el ritual romano.

Estación de ferrocarril de Orihuela

Pronto empezaron los contratiempos en su vida. En el verano de 1885, cuando contaba poco más de un año, arreció en el Levante una de las peores epidemias de cólera del siglo XIX. La enfermedad se había propagado rápidamente por toda España y los muertos se contaban por miles.

El pánico se desató especialmente en las ciudades. Los que podían trataron de huir hacia zonas despobladas como único remedio. El padre de Justo, asustado por lo que leía en la prensa, se trasladó a La Murada con toda la familia; incluida la niñera de Justo, de nombre Elisa. Os dejo un extracto del contenido del periódico «El Oriolano» entre los meses de junio y julio de 1885:

El Oriolano, junio de 1885.

Tenemos el cólera en puertas; mas lo cierto es que hasta la fecha nos encontramos libres de tan terrible huésped, si bien se ha esparcido alguna alarma por las noticias que se reciben de Murcia. (…) Orihuela sufre, Orihuela padece la más horrible y temida de las calamidades con que la Providencia divina castiga o pone a prueba a la humanidad. (…) Hace ocho días que oficialmente se hospeda en Orihuela el cólera morbo asiático, sembrando luto y horrores entre sus habitantes.

Los más poderosos, los que en día de calma daban vida, animación y trabajo a las clases menesterosas huyeron aterrados a los primeros síntomas de la enfermedad. Entre estos se cuentan desgraciadamente algunos individuos del ayuntamiento y empleados de la misma corporación. Así es que el ayuntamiento no celebra sesiones cuando constantemente debiera hallarse reunido para hacer frente a la calamidad que nos aflige y al hambre que nos amenaza.

PARTE SANITARIO. Día 24. Invasiones, 28; defunciones, 10. Día 25. Invasiones, 29; defunciones, 14. Día 26. Invasiones, 25; defunciones, 10. Desde la declaración oficial del cólera han ocurrido 158 invasiones y 74 defunciones.

Esta situación es desesperante, abrumadora. El cólera que crece, la mortandad que aumenta, el hambre que cada día se ceba con mayor crueldad en las clases más desamparadas; un ayuntamiento que huyó cobardemente abandonándonos a nuestra propia iniciativa.

Mientras el pueblo de Orihuela sufre horriblemente, mientras el cólera y el hambre siembran la desolación y la muerte en esta desventurada ciudad, ellos gozan tranquilamente de las delicias del campo. Así han interpretado sus deberes los individuos del ayuntamiento, esos nuevos concejales que Orihuela eligió para la administración de sus intereses y cuyos nombres debiéramos escribir en gruesos caracteres para su propia vergüenza.

Mi padre era hombre muy aprensivo y temeroso de la muerte. Cuando leía en los periódicos los estragos de la epidemia, palidecía de temor y perdía las ganas de comer, en particular frutas y verduras. Dejó de beber agua y, aunque no era aficionado a las bebidas alcohólicas, tomaba algunas copitas de ron o de coñac.

Cuando oía la campanilla del Viático y el doblar a muerto se metía en la cama con gran congoja cada vez más aterrado por la epidemia que iba rápidamente en crecimiento, resolvió trasladarse con la familia a una casa de campo en La Murada. Apresuradamente preparó el viaje, y un día de mediados de septiembre muy temprano cargó todas las personas de la familia en una galera. Y las camas y algunos muebles se llevaron en un carro.

Justo García Sánchez. AMO LJGS. 

Pasaron el otoño instalados en un cortijo propiedad de su tía «doña María Josefa», a ocho kilómetros de Orihuela. El caso de su tía Pepita, la más rica de la familia, fue muy curioso: hermana mayor de su padre (tanto como para darle de mamar en su infancia) además del cortijo de la Murada tenía un caserón antiguo con fachada «dieciochesca» y un mirador del siglo XIX en la calle del Molino número 11.

Calle del Molino.

En su infancia había sido adoptada por dos ricas señoras sin hijos; pacientes de su padre que acabaron casándola con el único pariente que tenían; un guapo mozo estudiante de derecho; y haciéndola heredera universal de todos sus bienes. Aunque Pepita no se distinguió nunca por la generosidad para con sus hermanos, ella siempre dijo que había sido «el paño de lágrimas de la familia«.

En aquella estancia en La Murada, el pequeño Justo aprendió a andar entre animales domésticos y toda la familia conoció de primera mano la vida rural en aquella granja y casa de labor que «durante la temporada otoñal parecía una colmena. Gañanes, pastores, vendimiadores, cogedores de oliva, trabajadores de la bodega y de la almazara constituían la numerosa colonia«.

Tanto como a Elisa, mi niñera, tomé pronto cariño a Antoñona, una de las hijas de Pepe el labrador. Ella se encargaba de darme las sopas de leche por las noches y de dormirme catando rústicas canciones de cuna. Era una muchachita fuerte; cejijunta y cariancha, de abultados carrillos y amplios senos. Quedó coja al caer de una higuera siendo chiquilla; pero, a pesar de su defecto, trabajaba como un aracán. Trajinaba en la casa y en el campo; y todos los días iba con una burra a traer agua del aljibe que estaba distante.

Una vez se le ocurrió llevarme montado en las aguaderas, entre los cántaros, a disgusto de mi padre. Me agradó el paseo del aljibe y quise que me llevara siempre. Cuando no podía con la borrica, cargaba conmigo y con el cántaro; pero iba por el camino profiriendo una larga letanía de palabrotas y maldiciones que salpicaba  con frases de cariño y con besuqueos. ¡Inolvidable Antoñona! Eras áspera y dulce como las níspolas maduras que solías darme...

Pero la estancia fue breve: llegaron en septiembre y, a mediados de diciembre con el cólera casi extinguido, volvieron a Orihuela en la galera del tío Pepe, cargados de regalos y provisiones para la Navidad. He transcrito su imaginaria descripción de la Nochebuena de 1885, a través de los ojos de un niño de la Corredera:

Se dispuso el viaje de regreso en la misma forma que el de ida. Regresamos en la galera de mi tío Pepe, que conducía el cochero Pellús. Para el equipaje fue preciso un carro grande, porque traíamos una considerable cantidad de regalos y provisiones para las fiestas: un barril de vino, dos zafras de aceite, varios cofines de higos secos, orzas de manteca y aceitunas, embutidos y jamones. Y casi el arca de Noe: pavos, capones, gallinas, algunos conejos y un recental que me regaló al salir Eusebio el pastor.

La Corredera en el siglo XIX.

En Nochebuena yo me veo subido sobre el asiento de una silla, en un ángulo del balcón de mi casa, de bruces sobre la baranda contemplando la calle. La niñera cuida de mí y me llama la atención sobre el vario espectáculo que el tránsito ofrece. —Mira, mira, Juanito, qué manada de pavos. Mira, qué carro de coles. Mira que tabla de toñas sacan de la tahona. Mira que capazo de cascaruja lleva aquella mujer, y que cajas de moladas.

Mira por dónde viene, por la puerta de la calle la hermandad de la Virgen tocando el aguinaldo. Venían por el centro de la vía pública, recta y amplia, una comparsa de huertanos, ataviados con sus trajes domingueros. Les precedía un jinete sobre una hermosa yegua enjaezada. Portaba un estandarte del que pendían pañuelos de seda, un jamón y algunos chorizos y salchichones.

Eran las ofrendas que iban recogiendo. Dos peatones recibían en sendas bandejas, monedas de plata y cobre. Detrás, en unas andas, llevaban una pequeña imagen de la patrona de Orihuela; y finalmente una orquesta de guitarras, bandurrias y violines que acompañaban a los cantores de villancicos. El tenor cantaba la copla: Mírala por dónde viene/ mírala por dónde va/ la Virgen de Monserrate/patrona de esta ciudad…

La Corredera. Colección Javier Sánchez Portas.

La Iglesia consideraba entonces la Nochebuena vigilia de Pascua, con abstinencia de carnes. Fue la cena frugal; aunque nos acompañaron a la mesa mi abuelita y algunas de mis tías. Sonaban por la calle panderos, zambombas, latas y almireces. Y algunas voces entonaban villancicos. Mi familia se puso a jugar a la lotería y yo me dormí en brazos de mi madre. Me despertó, ya en la cama, el ruido de la puerta de la escalera y los cuchicheos de mis padres, de mi hermanita y de mis tías, que regresaban de oír la misa de gallo en Santo Domingo.

El capítulo XIV de las Memorias de Juan Oriol, se titula “La senda de los molinos”. En él, Justo y su padre pasean desde la puerta de la Corredera hasta el barrio de San Pedro. Os dejo un extracto:

Empieza la senda de los molinos en el ejido del arco de la Corredera, frente al postigo de la herrería de Sarra y junto a la noria, más conocida con el nombre local de senia. Bordéanla dos filas de plantones de morera y bardizas de caña que encierran bancales de hortalizas y huertos de naranjos. Como nidos amorosos, entre el ramaje, se ven barracas de techo de albardín y modestas casitas de labradores.  Había llegado la primavera. Los naranjales en flor aparecían nevados con los copos del azahar que perfumaban el ambiente. Entre la fronda verde oscura pendían los frutos de oro de las naranjas.

Molino y Barrio de San Pedro. Colección Javier Sánchez Portas.

Tuerce y se ensancha la senda al llegar al primer molino, el de la Trinidad, junto a una calle de acequias y de tapias húmedas y musgosas. Las trepadoras saltan por encima de los tapiales y quedan colgando las ramas de campanillas azules, los jazmineros con sus estrellitas blancas bien olientes y las madreselvas. (…) Saluda mi padre a los molineros y proseguimos el paseo en dirección al segundo molino, el de Jofré. En este trayecto se ensancha la senda hasta adquirir la amplitud de camino real. Cercan los huertos setos vivos de espinos y aromos, que ostentan las áureas esferitas de perfumado terciopelo. Sigue el camino por una calle de casitas uniformes, del barrio obrero de San Pedro…

En 1887 nacía su hermano Ángel; al que Justó dedicó un capítulo de sus memorias. Un episodio feliz hasta que se vio truncado por la enfermedad y la muerte; cuando los dos hermanos se contagiaron de sarampión.

Memorias de Juan Oriol. AMO LJGS.

El primer acontecimiento de trascendencia familiar que afectó mi vida fue el nacimiento de un hermanito, cuando yo apenas tenía dos años. Se le puso el nombre de Ángel, por mi abuelo paterno. Su llegada tuvo para mí la emoción de un enigma inquietante. Y además despertó en mi almita los sentimientos propios de la concurrencia vital: los celos y la envidia. Yo había sido hasta entonces el benjamín, el chiquitín de la casa, a quien se dedicaban todos los mimos y atenciones. En lo sucesivo otro venía a suplantarme en este exclusivismo o predilección.

Mis celos fueron terribles. Perdí el apetito y las ganas de jugar. Palidecí y me puse ñoño. Ni un momento quería separarme de mi madre. Tenía esta que acostarse entre los dos, y aun volví a pedir teta y a mamar de sus pechos, con la protesta cariñosa de mi papa que (esto no lo comprendía yo bien) era también el papá del otro. A veces, cuando mi hermano estaba lactando en el regazo de mi madre, iba yo y lo separaba violentamente de la teta y en su puesto me ponía yo a mamar.

Él me miraba bondadosamente y, en vez de llorar, sonreía con cariño. Esta bondad de mi hermanito acabó por vencerme y despertar mi amor. Le quise luego mucho y nos besábamos y abrazábamos efusivamente, con la alegría de nuestros padres, a quienes se les caía la baba de vernos tan cariñosos. Dormíamos en la misma camita y eran comunes para ambos los juguetes que nos regalaban.

Tengo que hacer un gran esfuerzo de memoria para evocarle. Veo, entre nieblas de olvido, su carita linda y graciosa, sus grandes ojos oscuros, su boca con los promeros dientes y los dos hoyitos que se formaban en sus mejillas al reir. Recuerdo algunos pormenores y prendas de su indumentaria: su gorrita con un madroño de seda roja, su vestido escoces y sus zapatitos de charol; sus primeros zapatos que luego conservó mi padre como una sagrada reliquia. Apenas acababa de aprender a andar cuando murió mi hermanito.

Justo superó la enfermedad rápidamente; disfrutando golosamente de la convalecencia a base de jarabe de granada. Pero Angelito fue empeorando hasta degenerar en una pulmonía. Durante una larga semana se fue consumiendo abrasado por la fiebre.

Convento de Capuchinos. Carretera de Murcia. Colección Esteban Sanmartín.

Su padre, que ya había perdido demasiados hijos, hizo una desesperada promesa, un voto de penitencia a Nuestro Padre Jesús: recorrer de rodillas el kilómetro de la carretera de Murcia que separaba la salida de la ciudad y el convento de franciscanos de Santa Ana para postrarse ante la imagen del Nazareno. Justo narró de oídas la impactante escena:

Para cumplir el voto, se puso unos pantalones de paño recio y unas rodilleras de cartón fuerte. Acompañado de su cuñado Trinitario y de su amigo Carlos Sarra, se dirigió poco antes de atardecer a la puerta de Capuchinos, de donde parte la carretera de Murcia, al poniente de Orihuela. Junto al fielato don Juan se hincó de hinojos apoyándose en los brazos de sus acompañantes. De aquella forma emprendió la marcha hacia San Francisco. Mi tío, hombre cenceño de negras barbas fraileras, iba rezando a media voz el rosario.

Explanada de San Francisco y Vía Crucis. Colección Javier Sánchez Portas.

Tuvieron que hacer frecuentes paradas porque, destrozadas las rodilleras de cartón y rotos sus pantalones y calzoncillos, mi padre posaba en el suelo, la carne viva de sus rodillas desolladas y sangrientas. Era un verdadero camino del calvario, en que al pobre de don Juan ayudaban a soportar su martirio dos Cirineos. Con dos brasas de dolor y sangre llegó el devoto al atrio de San Francisco. Mi padre y sus acompañantes se arrodillaron ante el altar, rezaron en voz alta un credo y mi tío entonó algunas antífonas del Miserere.

Don Juan no pudo reprimir los sollozos. Inclinó la cabeza sobre el pecho y le tomó una angustiosa congoja. Apoyado en los hombros de sus cirineos salió de la iglesia. Ante el atrio esperaba mi tío Pepe con su galera. Al observar el estado de mi padre le condujo hasta la fuente que hay frente al convento y tiene su manantial en la próxima sierra y de ella se proveé de agua casi toda la ciudad. Muchos aguadores, con sus carritos, esperaban turno para llenar sus cántaros. Mi tío Pepe hizo a mi padre beber en uno de los cristalinos caños. La frescura del agua le reanimó.

Fuente de San Francisco.

Subieron al carruaje y regresaron a casa. Ya era de noche cuando llegó don Juan al domicilio. La temida noticia le salió al paso. El niño acababa de entrar en agonía. Mi madre, mi hermana y mis tías lloraban en silencio. En el patio gruñía el perro. Sentí sueño y me acostaron enseguida en la cama de mi tía Rosa, que estaba en el piso segundo. La niñera y mi hermana me acompañaban. A media noche me desperté sobresaltado al oír gemidos y lloros. Yo lloré también muy asustado. La niñera me contó algunos cuentos y me volví a dormir.

A la mañana siguiente mi abuelita vino para llevarme a su casa. Al descender la escalera quise ver a mi mamá. En un descuido penetré en el gabinete del primer piso y ante mis ojos se presentó una escena que me aterrorizó mucho: en el suelo, entre un montón de flores, había una cajita blanca y dentro de ella mi hermanito, que me pareció dormido.

Tenía los ojos cerrados, la boquita entreabierta y la cara muy amarilla, cubierta con un tul. Sus manos, cruzadas sobre el pecho, parecían de cera. Sus pies, cubiertos por unos calcetines azules, asomaban muy rígidos por los extremos de su mortaja. Salí corriendo y llorando a gritos, presa de terrible emoción. Tuvieron que darme una taza de tila con azahar y llevarme a casa de mi abuela.

Enlace al siguiente capítulo.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas, a Jesús García Molina y a José Manuel Dayas.

Las Riadas. J. Rufino Gea.

«Las inundaciones en España. Los habitantes de la llanura huyendo hacia Orihuela buscando refugio». 

Del Archivo de Orihuela. Las Riadas.

El día 28 del pasado noviembre se reprodujo en  esta ciudad la piadosa ceremonia, tantas veces practicada, de conducir la Virgen de Monserrate al puente y arrojar al río el precioso ramo de nuestra excelsa Patrona para que librase la población y la huerta de la inundación que las amenazaba.

Desgraciadamente la impetuosa avenida había socavado ya las márgenes del río, y derrumbándolas al día siguiente, y saltando por encima de ellas en algunos parajes, sembró, como otras tantas veces, la desolación, la ruina y el hambre por las frondosas huertas oriolanas. Veinte días después el río Segura se desbordaba de nuevo, y no hallando ya cosechas que destruir, se desparrama por la vega aumentando las angustias y tribulaciones de los desgraciados labradores que no han tenido tiempo de guarecerse en la ciudad.

Aquella piadosa ceremonia se practicó también al ocurrir la formidable riada del día de Santa Teresa de 1879; pero el origen de arrojar al Segura el ramo de Nuestra Señora no es tan remoto como generalmente se cree. Es más: no era la Virgen de Monserrate la tutelar de Orihuela y su huerta contra esos dolorosos desastres, sino el glorioso taumaturgo San Gregorio.

Su día fue declarado festivo por el Consejo en todo el territorio de la ciudad, y tanto este día como el primer miércoles de cada mes, que le estaba igualmente consagrado, a nadie le era permitido trabajar sin incurrir en multas o en cárcel. Cuando el Segura amenazaba desbordarse, invitaba el Consejo al Obispo, al Cabildo, a las parroquias, a las comunidades religiosas y al pueblo para hacer deprecaciones al Santo, a fin de templar la ira de Dios.

San Gregorio imaginado por Montesinos. Archivo Caja Rural Central. Copia digital en el Archivo Histórico de Orihuela.

Sus favores fueron tan acreditados y frecuentes, que en 1600 le erigió la ciudad el monasterio de su nombre, lo pobló rápidamente de frailes, le otorgó pensiones y rentas y premió con un donativo de ochenta libras moneda a uno de sus legos que consiguió librar las cosechas de una terrible plaga de langosta con sólo conjurar los campos y rociarles con el agua milagrosa del pozo del convento. Las circunstancias en que la Virgen de Monserrate substituyó a San Gregorio en aquella preeminencia tutelar y bienhechora fueron harto crueles y desdichadas para todos loa oriolanos.

Dibujo de Joseph Montesinos en 1794. Archivo Caja Rural Central. Copia digital en el Archivo Histórico de Orihuela.

El año 1672 vino al mundo acompañado de lluvias tan copiosas y frecuentes, que casi todo el mes de enero transcurrió en perpetua rogativa. El día tres ya había dispuesto el Consejo que se sacara a San Gregorio en procesión al río, con la solemnidad y acompañamiento de costumbre y precedido de seis nobles caballeros con antorchas blancas; pero sucedió que las lluvias continuaron, el Segura creció, rompió los frágiles costones que aprisionaban las turbias aguas y por espacio de varios días esparció en la ciudad y en la vega la desolación y la muerte, arrasándolo todo con empuje tan extraordinario, que hasta el propio convento de San Gregorio quedó amenazando derrumbarse sobre sus cimientos.

879. Orihuela, riada de Santa Teresa. «La Ilustración española y americana», núm. 40.

Aún continuaban los horrores de esta catástrofe memorable, cuando en los primeros días de marzo empezó el río a crecer de nuevo. El hambre acosaba ya a los vecinos; el trigo del Pósito se había agotado totalmente con los donativos hechos al pueblo y a los conventos.

Los emisarios que habían sido enviados a buscarlo en otras regiones, regresaron atemorizados sin traerlo por no poder atravesar la rambla de Benferri, ya desbordada; dolorosos ayes de angustia voces clamorosas y deprecaciones y congojas infinitas, daban a la ciudad y a la huerta el fúnebre aspecto de un duelo universal inextinguible.

No pudiendo salir la procesión de San Gregorio, cuyos frailes se habían refugiado en otros monasterios, se acudió a la Virgen de Gracia y se la colocó en un altar improvisado encima del puente; mas el río siguió creciendo. Entonces el Consejo se reunió en sesión extraordinaria el 7 de marzo y tras largo debate, acordó: Que se saque en procesión y se conduzca a la Santa Iglesia Catedral la Virgen María de Monserrate, para que esté allí con la decencia y lucimiento que se requiere, se envíe toda la cera blanca que sea necesaria.

Que la Virgen sea, colocada en el altar mayor, donde está el Santísimo Sacramento de manifiesto; que se pase recado al señor obispo y cabildo para que las parroquias y conventos, por seis días, vayan a hacer deprecaciones al Santísimo y a la Virgen, y que todos los días se diga misa cantada y sermón, a las cuales asistirá la Ciudad, pagando de sus rentas lo necesario para templar la ira de Dios.

El milagro del ramo. Grabado siglo XIX.

Aquella misma tarde, al atravesar el puente la procesión, detúvose a la Virgen junto al río, y mientras el pueblo en masa coreaba a grandes voces la letanía que cantaban el obispo, los canónigos y los frailes, tuvo quizás el ilustrísimo D. José Bargés la feliz inspiración de arrojar sobre las encrespadas aguas del Segura el ramo de la Virgen, y esta señal de santa alianza entre el pueblo de Orihuela y su amada Patrona salvó por aquella vez la vega de otro desastre, quedando por ello, y desde entonces, transmitida a la Virgen de Monserrate la supremacía tutelar con que hasta el año 1672 glorificaron los oriolanos al taumaturgo San Gregorio.

Orihuela. Ceremonia del ramo de la virgen en el Puente Viejo.

Ya no volvió a invocarse al Santo en las riadas sucesivas. Su culto declinó; sus frailes desaparecieron; su amplio convento se transformó en almacenes, tabernas y sucio matadero municipal; y el río Segura, cuyos desbordamientos contuvo tantas veces (según rezan los papeles de nuestro Archivo) continuó de tiempo en tiempo, y sigue todavía, o destruyendo con sus avenidas las cosechas de la huerta, o no dejando que la fecundidad de su suelo se manifieste exuberante y remuneradora por causa de las frecuentes sequías; porque como al hacer rogativas para que llueva o para que las riadas no arrasen la vega, el provechoso rogar a Dios no va acompañado de útiles golpes de mazo, tendrá perpetuamente caracteres de actualidad la profecía que San Vicente Ferrer hizo en su visito a los oriolanos, el cual, teniendo en cuenta nuestra proverbial desidia y señalando al río y a la huerta, dicen que pronunció estas fatídicas palabras: — Este lobo se comerá a esa oveja.

Vicente Ferrer.

Pinchando sobre la imagen de Vicente Ferrer se accede a otro artículo que amplía el mismo tema. Lo escribí hace tiempo.

J. RUFINO GEA. Cronista honorario de la ciudad de Orihuela. Diciembre de 1916.

Transcripción Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)

Justo García Soriano. La Feria.

Los días 16 y 17 de agosto de 1904, «El diario orcelitano» en sus números 154 y 155 publicó un trabajo de Justo García Soriano sobre la Feria de Orihuela dividido en dos partes.

Tres años después, del 27 de agosto al 5 de septiembre de 1907, «La iberia» en sus números del 57 al 65 publicó un nuevo estudio sobre el mismo tema más amplio y completo.

He fusionado ambos trabajos teniendo en cuenta que, en la segunda parte, falta el número 63, que no está en la hemeroteca.

Justo García Soriano. AMO. LJGS.

La Feria de Orihuela. Historia de su origen y de las modificaciones más notables que ha sufrido.

Como tema de actualidad en estos días clásicos para los oriolanos, apuntaremos al correr de la pluma y limitándonos al reducido espacio de que disponemos, el origen o punto de partida de nuestra feria, la que a través de seiscientos treinta y dos años que cuenta de duración, llegó a alcanzar considerable importancia proporcionando a este vecindario medios de pingües utilidades y horas de solaz y esparcimiento.

Si bien, desgraciadamente, cruza ahora por un período de desanimación y decadencia que, inspirados en espontáneos sentimientos de patriotismo, no podemos menos de lamentar al tiempo que apetecemos recobre en breve su prístino esplendor.

Aún hendía los espacios el eco de las armas de nuestros valientes libertadores y manchaba los aceros la sangre húmeda de los esforzados adalides de nuestra reconquista, cuando entre la consiguiente confusión de la pasada guerra y sus anejas circunstancias, Alfonso el Castellano, uno de los pocos monarcas de la interminable serie de reyes ineptos que llenan nuestra historia que merecen benignas censuras de la crítica sensata e imparcial, poco después de haber visitado a Orihuela, se apresuró a organizarla políticamente, instituyendo su Concejo con las prerrogativas propias de aquella época; otorgándole fueros, franquezas o inmunidades; señalando los límites jurisdiccionales de su término; privilegiando a los próceres de su corte y a los que más se habían distinguido en la guerra con un reparto general de los ricos latifundios de nuestra huerta y de las extensas heredades y vicos de nuestros campos.

Dictando disposiciones acertadas para la mejor urbanización de la villa y su régimen interior, como también un admirable código de riego u ordenanzas de aguas, para que éstas vengan “sin embargo neguno, assi como venía en tempo de moros”; y terminando, un año antes de su muerte, con la concesión de una amnistía para todos sus ingratos súbditos, reos de deslealtad o rebeldía, “viniendo ellos a la nuestra merced e mostrando que lo fizieron por fuerza o por enganyo en que los metieron”.

Comenzaba a transcurrir el año 1272. Los todavía escasos vecinos de nuestro pueblo, acomodados al nuevo estado de cosas, después de luengos y recios años de revueltas, desolación, inquietudes, muertes y lutos continuos, iban a disfrutar prósperos días de descanso en el seguro recinto de sus hogares con la posesión de los óptimos tratos que les reportara su gloriosa reconquista. Cada cristiano había sido un héroe en aquella obra magna de independencia, que duró cinco siglos y medio; y cuando llegara la hora feliz tan largamente deseada, en que una nueva era de paz y prosperidades tuviese comienzo para los adoradores de Cristo, en que las simbólicas puertas de Jano se hubieran de cerrar tras de tantas centurias de persistente lucha, ¿qué fiesta, qué solemnidad, qué apoteosis fueran bastantes para celebrar debidamente acontecimiento tan fausto?

Todavía se hallaban presentes el adalid Ferrando de Marfa, el judío Jacob Avendino, Iñigo Darún, Juan Jove, Ibáñez de Oriol, Gil y Andreu Lobet, Jaime de Groño, Jaime de Tormeo, Bernardo Crespo, Fortún de Úgara, García Navarro, Juan Pérez de Tudela, Bernardo de Parage, Pedro Zapatero, Domingo Muñoz, Calviello Peligero, Pedro de Benayos, Pons de Granana, Antonio de Pugcerdán, En Barceló, Pedro Roca, Bg. nee Olivars, y estaba fresca la memoria de los malaventurados Ramón Serrador, Domingo de Tona, Esteban Pérez de Alcántara, Pedro González y Ñuño, los bravos defensores del castillo contra la perfidia agarena.

Edificaron su raval o Morería los musulmanes sumisos en la parte S.O. de Orihuela; y a su vez ensanchábase la villa con los nuevos pobladores venidos a la conquista en los ejércitos castellanos y aragoneses, por el raval de la Puerta de Elche, que ocupaba el perímetro de lo que se ha llamado después Barrio Nuevo. Formaban aquel año el Consejo los alcaldes Ramón Vidal y Pedro de Esperandeu, vecinos de la colación de Santiago, y los jurados García Garcés, Pedro Samatán, Miguel García y Pedro Rosell.

Esta era, pintada desaliñadamente y a grandes rasgos, la situación de Orihuela, cuando Alfonso X le otorgó, con fecha 8 de Abril, autorización para celebrar una feria anual, que había de tener principio el 16 de Agosto, otro día después de sancta María, y durar hasta el 18 inclusive del mismo mes. Además concedía franquicias y salvoconductos, eximiendo les del pago de toda tributación o derecho, a los concurrentes a dicho festival emporio, con objeto de proporcionarle toda clase de facilidades, porque la villa se pueble mejor: la concesión tenía este fin utilitario, norma de todas las disposiciones de aquel relevante monarca.

Transcribiremos seguidamente, literal e integro, el documento en que se contiene esta gracia y que se ha hallado inédito hasta hoy, día del aniversario de la inauguración de la primera feria:

Sepan quantos esta carta vieren como nos don Alfonso por la gracia de Dios Rey de Castella, de Toledo, de León, de Galicia, de Seuilla, de Cordoua, de Murcia, de Jaén, e del Algarue.

Por fazer bien e merced, al Concejo de horihuela a los que agora y son e seran de aquí adelante e porque ayan más e valan mas o porque la villa se pueble mejor damoslos e otorgárnoslos que ayan feria una vez cada Anyo en Orihuela.

E esta feria que comience otro día después de sancta María de mediado Agosto e que dure tres días.

E todos los que a esta feria vinieren que vengan salvos e seguros con todo lo suyo e que sean francos que non den portazgo nyn otro derecho nynguno de lo que compraren e vendieren en Orihuela quanto la feria durare e mandamos e defendemos que nenguno non sea osado de yr contra esto nyn degelo enbargar.

E a qualquier que lo fiziese a él o a quanto ouiesse nos tornariamos por ello e porque esto sea más firme e non venga en dubda diemos vos ende esta nuestra carta seellada con nuestro seello de cera colgado fecha la carta en Murcia viernes ocho días de Abril. Era de mill e trecientos e diez Anyos.

Yo García Domínguez notario del Rey en la andalucia la fiz escreuir por mandado del Rey.

Dos años más tarde, acaso por motivo de la estación, plena canícula, o por otras causas o circunstancias difíciles de precisar por carencia de datos que las corroboren, a petición y ruego del Concejo expidió el rey Sabio un nuevo privilegio otorgando la traslación y permuta de la fecha para la celebración de la feria, del 16 de Agosto al 1º de Noviembre, festividad de Todos Santos, y en el ratificaba las mismas garantías y exenciones a los concurrentes y feriantes, por tantos días como son aquellos que vienen a la de Murcia, assy como es fuero é costumbre de feria. Hállase datado este otorgamiento en Burgos a catorce de Marzo, año 1274 de J. C, cuyo texto no se había dado todavía a la luz pública.  Dice así:

Sepan quantos esta carta vieren como yo don Alfonso por la gra. de Dios Rey de Castella, de Toledo, de Leon, de Galicia, de Seuilla, de Cordoua, de Murcia, de Jaén, e del Algarbe.

Por Ruego del Concejo de Orihuela e por les fazer merced tengo por bien que la feria que les yo otorgué que iziesen en su villa cada anyo por la sancta María de agosto que la fagan en la fiesta de todos sanctos.

E mando que aquellos que a esta feria vinieren que sean francos de entrada e de salida por tantos días como son aquellos que vienen a la de Murcia.

E que pueden venir o estar o tornar sanos e seguros con todo lo suyo assy como es fuero e costumbre de feria.

E porque esto non venga en dubda doles ende esta my carta abierta seellada con myo seello.

Dada en Burgos, XIIII  días de Marzo. Era de mil CCC e XII. Anyos.

Yo bon amic la escreuí por mandado del Rey.

Después volvió a realizarse en la primitiva época por motivos que también desconocemos; y así ha continuado, con pequeñas alteraciones, hasta el presente. Tal fue el origen y fundación de nuestra antiquísima feria, y al cerrar estos cortos y pobres apuntes, reiteramos la expresión de nuestro deseo excitando a todos los bueno oriolanos para que, poniendo cada cual de su parte el empeño que esté al alcance de sus fuerzas, podamos en el año próximo celebrarla con la solemnidad, animación y pompa, de que nuestra ciudad es digna, con lo que todos saldremos beneficiados, e iremos perpetuando tradición tan ventajosa y plausible.

Justo García Soriano. Orihuela, 16 agosto de 1904.

1907. En «La Iberia»: La Feria de Orihuela. Historia de su origen y de las modificaciones más notables que ha sufrido.

Una variación más tenemos que añadir este año a nuestra feria sobre las muchas vicisitudes y alternativas, experimentadas a través de los seis siglos y siete lustros, que desde su origen o instauración acá median. Las guerras, las pestes, las inundaciones, la inopia, todas las calamidades y otros diversos motivos determinaron multitud de veces su suspensión y otras el cambio de la fecha y hasta del lugar en que debía celebrarse. Sería labor costosa y larga redactar su historial completo, siguiendo año por año su relato minucioso, lo cual bien pudiera ser objeto de una extensa y curiosa monografía.

No intentamos hoy hacerla nosotros en este volandero artículo de actualidad, por las proporciones que obligados venimos a darle y, además, porque no disponemos en esta ocasión de cuantos datos aportarse pudieran; pero sí ordenaremos en unas pocas cuartillas sus más culminantes accidentes, a fin de, satisfacer al curioso lector en estos días oportunos.

En un breve trabajo que escribimos nosotros con el título de «Protohistoria de nuestra feria» y publicó «El Diario Orcelitano» los días 16 y 17 de Agosto de 1904, apuntamos algunas interesantes noticias acerca de su fundación, las cuales habremos de reproducir ahora para aumentarlas seguidamente con la reseña de otros acontecimientos posteriores que a ella se refieren.

Veintinueve años justos habían transcurridos desde el homenaje prestado por el arráez do Orihuela Abenassam a Alfonso X de Castilla, y sólo diez u once desde que aquella plaza quedó definitivamente sometida a la dominación cristiana, cuando el mencionado rey le otorgó, en privilegio expedido en Murcia, el 8 de Abril de 1272, autorización a su Concejo para celebrar la primera Feria, la que había de comenzar el «otro día después de sancta María de mediado Agosto e que dure tres días»; es decir, había de comprender los días 16, 17 y 18 del mes referido, durante los cuales se concedía a los que a la feria concurrieran, salvoconducto y franquicias eximiéndoles del portazgo y de cualquier otro derecho que pudiera gravar lo que en ella compraren o vendieren.

El curioso documento por el que estas gracias se conceden, estuvo inédito pues sólo había sido inventariado por Ascensio de Morales («Colección de escrituras y privilegios de las iglesias de España», tomo XII, núm. 305), hasta que nosotros lo publicamos por primera vez en el artículo a que antes hemos hecho referencia. Sin embargo, dada su extraordinaria importancia para nuestro objeto, creemos conveniente volverlo a insertar en estas columnas.

Nota: Este documento ya está publicado en 1904.

Sepan quantos esta carta vieren como nos don Alfonso por la gracia de Dios Rey de Castella, de Toledo, de León, de Galicia, de Seuilla, de Cordoua, de Murcia, de Jaén, e del Algarue. Por fazer bien e merced, al Concejo de horihuela a los que agora y son e seran de aquí adelante e porque ayan más e valan mas o porque la villa se pueble mejor damoslos e otorgárnoslos que ayan feria una vez cada Anyo en Orihuela. E esta feria que comience otro día después de sancta María de mediado Agosto e que dure tres días. E todos los que a esta feria vinieren que vengan salvos e seguros con todo lo suyo e que sean francos que non den portazgo nyn otro derecho nynguno de lo que compraren e vendieren en Orihuela quanto la feria durare e mandamos e defendemos que nenguno non sea osado de yr contra esto nyn degelo enbargar. E a qualquier que lo fiziese a él o a quanto ouiesse nos tornariamos por ello e porque esto sea más firme e non venga en dubda diemos vos ende esta nuestra carta seellada con nuestro seello de cera colgado fecha la carta en Murcia viernes ocho días de Abril. Era de mill e trecientos e diez Anyos. Yo García Domínguez notario del Rey en la andalucia la fiz escreuir por mandado del Rey.

Alfonso el Sabio que, como la Crónica de su reinado (Cap. XVI) dice: señaladamente facía mucho por poblar de cristianos la villa de Orihuela, por la cual sintió siempre especial predilección, la prodigaba sin descanso favores, leyes y exenciones, tendiendo siempre a su buen régimen, prosperidad y acrecentamiento.

Además del privilegio que hemos transcrito, por el que otorgaba a Orihuela la celebración de una feria anual, concedióla en este mismo año de 1272 otros muchos, porque sus moradores sean más ricos e más abondados e porque hayan más e vallan más, según la expresión consagrada que en todos ellos se consigna.

Confirmábase mientras tanto el tercero y último de los repartimientos de las casas, solares y heredades de Orihuela, con arreglo al ordenamiento de D. Enrique Pérez, Adelantado Mayor en el reino de Murcia, refrendado por García Domínguez, notario del Rey en el Andaluzia, y por Johan García, escriuano del Rey. Formaban a la sazón el Concejo los alcaldes Ramón Vidal y Pero de Esperandeu, vecinos de la colación de Santiago, con los jurados de villa García Garcés, Pedro Samatán, Miguel García y Pedro Rosell.

Habían entonces las mismas parroquias que en la actualidad, teniendo la primacía la del Salvador, que había sido en tiempo de moros cabeza de las otras mezquitas. En ella celebraba sus reuniones públicas y solemnes el Concejo, para deliberar y resolver en todos los asuntos relacionados con el gobierno de la villa, hasta que poco después fue construida la Sala sobre el puente de Poniente, o Viejo, el único que existía en aquel tiempo.

Era, no obstante, la colación de Santa Justa la más céntrica, populosa y aristocrática de las tres: en ella estaba la plaza mayor (hoy de la Fruta) con algunos edificios públicos, la carnicería y la lonja. La judería o barrio israelita comprendía todas las callejuelas que se extienden al pie del monte, desde el Churripel hasta la espalda do Santiago, constituyendo su núcleo principal lo que todavía se llama barrio de Triana.

Las puertas principales que daban acceso a la población eran la de Murcia (en la parte S. E. de la plaza de Monserrate), entrando por la partida de Beniaçan (hoy de Bonanza); la de Emborgoñes (en la Cruz del Rio); la del Puente o de la Sala; el Postigo de Elche (en la Soledad), y la de Crevillente, en el barrio Nuevo, ensanche que se hizo después de la reconquista. La morería se hallaba extramuros, en lo que actualmente ocupa la barriada de San Agustín, y en ella estaban el burdel o mancebía pública y algún tiempo después el Pósito.

En lo antiguo se instalaba la feria siempre en la calle que por este motivo aún conserva aquel nombre, y allí sin duda debió celebrarse la primera de todas, aunque no consta este detalle. En los portales y entradas de las casas de esta rua tortuosa y estrecha, acomodaban sus tenduchos y mostradores los feriantes y mercaderes do ropas, baratijas, utensilios, golosinas y vituallas, en abigarrada y heterogénea promiscuidad que mareaba a la vista.

Otras tiendecillas y barracones menos pretenciosos, pero no menos llamativos, llenaban e invadían la plaza del Salvador y la de Santa Justa, el zoco moruno. Por este concepto, muchas casas de la calle de la Feria, que pertenecían a la corona, hicieron fadigas o recargos por enfiteusis, al patrimonio real hasta bien entrado el siglo XVIII.

El alma de las ferias hubieron de ser en aquellos primeros tiempos los moros y los judíos, traficantes y mercachifles, nómadas del comercio, que convivían entonces con los cristianos, como después lo fueron los genoveses y los buhoneros catalanes.

Para contribuir al esplendor y engrandecimiento de tráfagos tan provechosos al bien de la república, se verificaban simultáneamente festejos populares y religiosos, aquellos que estaban más en armonía, uso y boga, según las distintas épocas. Se jugaban cañas con estafermos y otras divertidas invenciones; se hacían zambras, torneos y justas; se corrían y azotaban toros, y se organizaban tiros de ballesta, los juegos conocidos con los nombres locales de la palometa, la tafureria y otros, farsas y mimos con titereros y juglares, danzas, mojigangas y demás regocijantes excesos.

Con algunas dificultades o desventajas de monta tropezarían nuestros antepasados, cuando dos años después de efectuada la primera feria, hubieron de recurrir en súplica a su rey a fin de que les mudara la fecha marcada para su celebración anual, de modo que el emporio, en vez de comenzar en la Virgen de Agosto, como estaba establecido, principiara en la fiesta de Todos los Santos, en primero de Noviembre.

No constan los motivos que movieran al Concejo a apetecer esta variación, aunque a nuestro parecer fueron evitar los excesivos ardores de la canícula. Habremos de limitarnos a copiar otro privilegio del mismo monarca, datado en Burgos en 14 de Marzo de 1274, por el cual autorizaba el cambio pedido y confirmaba, ratificaba y aumentaba las franquicias en el anterior concedidas, haciéndolas iguales a las otorgadas en pro de los asistentes a la feria de Murcia, así como los días de su duración.

Nota: Este documento ya está publicado en 1904.

Sepan quantos esta carta vieren como yo don Alfonso por la gra. de Dios Rey de Castella, de Toledo, de Leon, de Galicia, de Seuilla, de Cordoua, de Murcia, de Jaén, e del Algarbe. Por Ruego del Concejo de Orihuela e por les fazer merced tengo por bien que la feria que les yo otorgué que iziesen en su villa cada anyo por la sancta María de agosto que la fagan en la fiesta de todos sanctos. E mando que aquellos que a esta feria vinieren que sean francos de entrada e de salida por tantos días como son aquellos que vienen a la de Murcia. E que pueden venir o estar o tornar sanos e seguros con todo lo suyo assy como es fuero e costumbre de feria. E porque esto non venga en dubda doles ende esta my carta abierta seellada con myo seello. Dada en Burgos, XIIII  días de Marzo. Era de mil CCC e XII. Anyos. Yo bon amic la escreuí por mandado del Rey.

La fiesta de Todos los Santos parecía ya la fecha indicada a perpetuidad para comenzar nuestras ferias. Sólo transcurrió un periodo de veintiún años hasta dejar de ser así. Ya había muerto, tras un largo reinado tan pródigo en hechos gloriosos como en agitaciones y desasosiegos, Alfonso X de Castilla, aquel monarca sabio y previsor que hubo de enaltecer a Orihuela con el código admirable de todos sus numerosos privilegios, disposiciones y pragmáticas.

Era la feria de Murcia a quinze días después de sant Miguel, o sea el 14 de Octubre. De modo que desde su terminación hasta el comienzo de la feria de Orihuela mediaba un intervalo que, a muchos feriantes que venían de pueblos lejanos dispuestos a concurrir a ambas ferias, les obligaba a detenerse aquí con perjuicio de sus intereses o a regresar a sus tierras sin llegar a la nuestra.

Percatado el Concejo de esta causa que aminoraba la animación y concurrencia de nuestra feria, pensó sin pérdida de tiempo en obviar el obstáculo, para lo que se apresuró a pedir a Fernando IV el Emplazado que acababa de subir al trono de Castilla por muerte de su padre Sancho IV el Bravo, la merced de que le autorizara el hacer la feria de Orihuela en cuanto finalizare la de Murcia.

Muy propicios andaban los tutores del niño rey en acceder a cuantas solicitudes les elevaban los pueblos, con el ánimo de sumar adictos en el partido del monarca, inseguro en aquellos tiempos de divisiones y revueltas; cuanto más habían de estarlo en probar la pretensión de Orihuela que era justa, razonable e insignificante. Seguidamente insertamos el documento que contiene esta gracia.

Sepan quantos esta carta vieren como yo don Fernando por la gra. de Dios Rey de Castiella, de Toledo, de Leon, de Galicia, de Seuilla, de Cordoua, de Murcia, de Jaén, e del Algarue, e Senior de Molina.

Por fazer bien e merced al Concejo de Orihuela, e porque me embiaron pedir por merced. Tengo por bien que la feria que les el Rey don Alfonso mio Auelo otorgó que isziessen en su villa cada año por la fiesta de todos sanctos, que la fagan cada año quando salieren de la feria de Murcia que es a quinze días después de sant Miguel.

E mando que todos aquellos que a esta feria vernan, que vengan saluos e seguros e francos con todas sus cosas según dize en la otra carta que ellos tienen del Rey don Alfonso myo Auelo en Razón de esta feria e que vsen de ella asy como vsaron en el su tiempo o del Rey don Sancho myo padre fasta aquí.

E defiendo firmemente que nenguno non sea osado de los pasar contra esta merced que yo fago.

E aqualquier que lo fiziesse peyar meya en pena mili marauedis de la moneda nueva.

E al Concejo o a quien su voz toniesse todo el danio doblado.

E de esto les mando dar esta my carta abierta sellada con myo sello colgado de cera.

Dada en Medina del Campo veinte e quatro días andados del mes de nouiembre. Era de mill e trezientos e treinta e tres años.

Gil Gutiérrez, Justicia maior de la cassa del Rey e amo del Infante don Pedro, llamando fazer por mandado del infante don Enrique su tío e su tutor e guarda de los sus Reynos.

Los motivos y circunstancias que originaron el nuevo cambio de fechas establecido por el privilegio precedente fueron cesando y desapareciendo poco a poco; hasta volver a ser la festividad de Todos los Santos el día inicial de la feria; lo cual perduró, tomando carta de naturaleza hasta el siglo XVIII en que fue preferida la primitiva fecha de Agosto.

La costumbre que todavía existe en Orihuela de celebrar el día de Todos los Santos con algunas comidas características y clásicas como las gachas, especie de puches, son los únicos vestigios que ha guardado la tradición de cuando la feria se hacía a primeros de Noviembre.

Tanta importancia llegó a alcanzar la feria andando el tiempo, que el municipio se vio en la precisión de formar un estatuto, el cual fue confirmado en un privilegio cuyo texto y data desconocemos, y por el que se regía Orihuela para nombrar anualmente con el título de alcaldes de feria, a dos funcionarios con el encargo de intervenir y conocer en todos los asuntos con ella relacionados. Mosén Pedro Bellot registra en su Compendio los nombres de algunos que fueron elegidos alcaldes de feria en diferentes años: en el año 1485 lo fueron Jaime Desprats y J. Guilabert; y en el 1493 M. And. Ruis y N. Peres.

El Rector de Catral, el mismo diligente y puntual cronista, nos refiere en su obra citada (Tomo 11, cap. XXV.) una importante cuestión promovida por la cobranza de tributos a los que acudieron a la feria del año 1498.

El almojarife o colector general, especie de recaudador de contribuciones que había sido designado por la diputación del reino de Valencia, sin ningún género de contemplaciones, con grave perjuicio de los intereses de Orihuela y contraviniendo todos sus fueros e inmunidades, osó cobrar durante los días de feria del año predicho, diez sueldos de portazgo a la entrada y a la salida, por cada uno de los esclavos que en su compañía llevaran los feriantes y haciéndoles pagar también por los paños y otras mercancías aunque no se vendieran.

Ante tamaño descomedimiento y desafuero, no pudo menos el Concejo, celoso siempre cuando de guardar escrupulosamente sus prerrogativas se trataba, de adoptar una enérgica actitud de protesta, alzándose contra la conducta del colector; lo cual patentiza el hidalgo espíritu de independencia que animaba a nuestros antepasados hasta obligar o imponer a los más altos poderes el respeto a sus derechos, con un valor cívico y una abnegación de las que en los actuales tiempos con alardes de libertad y democracia, no se encuentran ejemplos parecidos, y evidenciando a la vez el rebajamiento moral de una raza que decae.

Véase en la siguiente carta que el municipio dirigió a su mensajero en corte Jaime Ruiz, en réplica a una misiva de éste; el tono enérgico, el valiente desenfado y la altura de miras con que hizo ostensible su protesta y salió a la defensa de sus privilegios. El texto catalán dice así:

Molt mag. Sr. Ab. Mateu, criat e de la casa del mag. Fr. Masquefa y vra. hauem rebut una vra. lletra. E jat sia hauem vist una lletra del Mag. Baile gral. feta al mag. P. Desprats son lloch hauem vist lo poc es quart que los SS. Diputats de aquest Regne han vers aquesta ciut lo que fer no deurien porque lo preu ab que compraren nres. priuilegis fon la vida y sanch de predecessors axi en lo temps que eren de Castella per deffendre la terra dels enemigs de la Sta. Fe Cath.ª com en lo temps que som estats del Regne de Val.ª en deffendre la vida y estat de tots los Valencians e poblats en dit regne.

Y lo preu que vres. nos predecessors donaren obtenir los delliberam donar per deffendres. Es tam certs que la Magd. real nos tendra en Justª. E lo Ext. Sr. Infant lloch gural. E ab aquesta querella delliberen morir puix tan por recort tenen aquexos SS. del que deves. E deuriense recordar que si som units el regne de y.a ab nres, priuilegis axi podrat y concordat quels nos han aservar e que hui tenim temps disposicis iao séruant nos cap. de sus, com som units procurarn que han reduit a prouincia per si puix som de un Rey y Sr. E serem Heu res de las Vexacions que dels Valenciaus tots jorns rebem. E deurien considerar aquexos S.S. que en nra, ma estala justicia de aquest fet liara es pronuncie eufauor nra. o en contra. Per que no usant del privilegi de la fira questa en nra. ma cesaran estes alteracions, ett.

Lo que traducido libremente viene a ser: Muy magnífico señor: Con Mateu, criado de la casa del magnífico Francisco Masquefa y vuestra, habernos recibido una carta vuestra. Y así mismo hemos visto una carta del Magnífico Baile general dirigida al magnífico Pedro Desprats, su lugarteniente, por las cuales vemos la poca consideración y respeto que los señores diputados de este Reino tienen para con esta ciudad, lo que no deberían hacer, porque el precio a que compraron nuestros predecesores nuestros privilegios fue con el de su vida y su sangre, así en el tiempo que eran de Castilla por defender la tierra contra los enemigos de la Santa Fe Católica, como en el tiempo que estamos perteneciendo al reino de Valencia, defendiendo la vida y estado de todos los valencianos y pobladores de dicho reino.

Y la deuda que vuestros predecesores reclamamos pudieran por libertarnos, la pagamos con creces defendiéndolos en muchos peligros. Estamos seguros que la Majestad real y su lugarteniente general el muy alto señor Infante, nos sabrán hacer la justicia a que en tan legítima demanda tenemos derecho y que, olvidando sus deberes, han hollado esos señores. Y si tratan de demostrarnos con nuestros privilegios que somos súbditos de Valencia y que a ella hemos de estar sometidos, los propios testifican nuestros fueros, que nos eximen de cualquier otro vasallaje que  no sea el que todos hemos de rendir a un mismo Rey y Señor.

Y quedaremos libres de las vejaciones que de los valencianos todos los días recibimos. Deberían considerar esos señores que ha de correspondemos siempre la justicia, tanto si se pronunciare en nuestro favor como si se declarare en nuestra contra; y sólo permitiéndonos el uso de las exenciones y franquicias que nuestros privilegios nos conceden, cesarán estos altercados.

No salió en el 61 y 62 por exceso de original urgente. Falta en la hemeroteca el número 63 que puede contener una entrega. El número 64 comienza con la frase: Dice así el memorial a que nos referimos:

Excmo. Señor: El señor rey D. Alfonso el Sabio, con su real privilegio dado en Burgos a 14 de Marzo, era de 1312, otorgó a esta ciudad facultad de celebrar feria, franca de todos derechos, desde el primer día hasta el quince de noviembre, el cual, de tiempo tan antiquísimo está observando sin contradicción alguna, eligiendo la ciudad a su arbitrio el punto más acomodado para el comercio de la feria.

En lo antiguo se practicaba ejecutarla en la calle (quizás por esto) llamada de la Feria, que termina en la plaza de Sta. Justa, donde está esta parroquia y todos los tribunales de esta ciudad, hasta que con los repetidos contratiempos de avenidas de río y contagios que padeció este común, por la falta de moradores y pobreza de los vecinos, se extinguió el comercio, y con ello la frecuencia de feria, de forma que está muchos años suspensa y dormida su celebración, sin que de ella se hiciera conmemoración alguna.

Ha sido Dios servido restablecer la población (que no experimentó menores estos contratiempos) no sólo a su antiguo estado, sino también a mayor número de vecinos que hoy goza, y con el aumento de los frutos y cultivo de los términos, han crecido también los comercios, cuyo motivo le ofreció a nuestros antecesores, años hace, a acordar la práctica de su antiguo privilegio, por lo que el concurso de comerciantes en la feria nobilita los tratos; y reconociendo (lo que antiguamente jamás se experimentaba) que concurrían tratantes, no sólo de géneros y mercancías de ropas y vituallas, sino también de ganados, principalmente mayores, que es de lo que más este público necesita por lo dilatado de sus huertas y campos; y que para este efecto era sobradamente estrecha la calle de la Feria por serlo toda ella tanto que no permite lugar para pasar dos coches si se encuentran; y que a la bajada del Puente viejo toma principio (después de un espaciosísimo ámbito) la plaza Nueva, capaz de tener cómodamente muchos ganados, la calle de la Mancebería, bastantemente espaciosa, y la de S. Agustín que baja derecha desde el puente, que toma su principio de la Sala del concejo de esta ciudad y termina en las eras de S. Sebastián, donde hay una dilatadísima y anchurosa plaza extramuros.

Y como la aptitud del punto era lo más tratable y menos lejos a cualquiera distancia de la ciudad y sus arrabales, acordaron que en él se celebrase la feria, como con efecto se ejecutó por muchos años consecutivos, sin que en todos ellos se ofreciera el menor reparo ni a los magistrados que firmaron los pregones, ni a los vecinos de la ciudad, y en especial a los de la calle de la Feria.

Con esta subseguida observancia sin alteración ni novedad, se continuó en el referido puesto la feria, hasta el año pasado de 1704 en que se volvió a hacer, como se hizo en dicha calle; pero luego se experimentaron los inconvenientes de la estrechez del punto y copia del concurso, pues aquella estorbaba a este de forma que se vio la ciudad precisada a hacer teatro de tiendas y mercaderías, no sólo las paredes de la iglesia catedral, con que se perturba el culto de los divinos oficios con el estruendo y bullicio de la gente, sino también la lonja donde caen algunos tribunales y toda la plaza en que se venden los mantenimientos comunes de carnes, pescado y frutas, para minorar el concurso de la calle, lo que no es sobrado decente a este común.

En vista de las facultades que hallamos establecidas y de la más cómoda situación del puesto para la feria, hemos acordado en el día de hoy se celebre en el Puente viejo, plazas y calles a él confinantes; y habiendo llevado a firmar el pregón a Don Carlos Ruiz, teniente de gobernador de esta ciudad, por medio de nuestro sub síndico, en la forma acostumbrada, hemos hallado la novedad de no haberle querido firmar con motivo de haberle insinuado el fiscal, don José Roca, ser en perjuicio de las regalías y real patrimonio de S.M. (q. D. g.).

Motiva el interés del real patrimonio en que por razón de la feria, todas las casas de la calle de la Feria hacen fadiga al rey, y que así carecían sus enfiteutas de esta utilidad; y que siendo la costumbre en lo antiguo inmemorial, tratándose de privilegio de la real hacienda, era necesaria otra contraria posesión centenaria o inmemorial que destruyera la primera.

Eficaz parece el argumento mirado por la contera, a no tener pronta la satisfacción, siendo incierta la primera suposición; porque el ánimo vidito de la fadiga ni se aumenta ni decrece a S. M. porque haya o no haya feria, se haga o no en dicha calle, redundando sólo en provecho del vecino el gaje que pudiera percibir de dar en su casa al feriante territorio, y no en aumento del patrimonio del rey. 

No consta que las fadigas se hagan al rey por razón de la feria, ni sitio de la calle, pues de ser esto regalía, se inferiría que toda la calle estaría de ipso afecta a esta infeudación, como lo están molinos, hornos y demás propios. No todas las casas de esta calle hacen fadiga al rey, sí sólo algunas, muchas le corresponden al cabildo eclesiástico, otras a diferentes comunidades y conventos, y otras son francas, sin hacer fadiga alguna. Y de aquí es el no poderse decir que por razón del sitio tienen las casas el gravamen de la enfiteusis al rey, pues a no tener alguna casa el procurador fiscal de S. M. en esta calle, aseguramos a V. E. serian menos las instancias, pues con el pretexto del celo del interés patrimonial, se celan otros de particulares que motivan las novedades que el teniente de gobernador introduce.

Esta es, señor, la realidad del hecho, en el que la ciudad no interesa otro que el beneficio del público, mayormente cuando el gobernador no concurre a la firma de pregones como parte principal en quien reside jurisdicción sobre elección de punto, si sólo por el aseguro que se concedo a algunos por delitos, y así se aseguran bajo palabra real.

El deseo de que V. E. quede enterado de la genuina verdad, nos obliga a despachar este expreso, suplicando à V. E. con el mayor rendimiento se sirva atender a que nuestra operación se mantenga, que entendemos ajustada a la facultad real, en virtud de la cual obramos. — Dios etc. Orihuela y octubre 20 de 1705.»

No pudieron surtir efecto ni adoptarse la solución y fallo emitidos por el virrey en este litigio, pues, como dice el Sr. Gea en su mencionada obra, «la feria no se celebró aquel año, ni en la calle de su nombre, ni en el barrio de S. Agustín, porque lo impidió la discordia que en los ánimos más esforzados y serenos introduce la guerra cuando esta funesta diversión se hace entre ciudadanos de una misma república». Era esta la guerra de sucesión, que había comenzado a arder con gran ímpetu y se corría rápidamente por todos los ámbitos de España.

Más tarde, sin que tampoco hayamos podido acotar la fecha, se mudó el tiempo de celebración de la feria, como insinuado tenemos, adoptándose la primitiva época, o sea la de la Virgen de Agosto. El lugar de la instalación fue definitivamente, en adelante, el barrio de San Agustín, siendo su principal asiento el amplio espacio de la plaza Nueva.

No hemos de descender a otros pormenores, ni a reseñar alguna otra pequeña variación de lugar y tiempo introducida posteriormente. Al comenzar estos mal hilvanados apuntes, hacíamos notar que no aspirábamos a redactar un historial completo de nuestra feria, pues se salía de nuestro objeto, el cual no ha sido otro que el de reunir los hechos y las vicisitudes más culminantes porque ha atravesado, disponiendo y ordenando estos modestos datos que pueden servir de base a una detallada monografía, labor que brindamos muy gustosos a nuestros eruditos cronistas locales.

Justo García Soriano. Transcripción: Antonio José Mazón Albarracín.

Orihuela y Maura en la pluma de Azorín

El Obispo Maura.

José Martínez Ruiz «Azorín» para «El Diario de Barcelona». Marzo de 1918.

Retrato autógrafo de Maura.

He tenido el honor de hablar durante una hora con el Obispo Maura. Este ilustre prelado vive en una pequeña ciudad del litoral mediterráneo; allí tiene su sede.

La ciudad se levanta en una ancha y fértil vega; hay en ella naranjos, limoneros, granados, palmeras; a veces, entre las frondas de los naranjos con sus esferas de oro, y al lado de un grupo esbelto de palmeras, se destaca un ciprés centenario, recio, negro, inmóvil, con la cima afilada.

Entre estas cimas negras y agudas, entre los penachos de las palmeras, por la noche brillan radiantes las estrellas en un cielo límpido, en una atmosfera tibia, en un ambiente de reposo y silencio.

Esperando al obispo Maura. Colección Antonio Luis Galiano.

La ciudad, que tiene por marco esta huerta, es pequeña y llena de paz. No pasa nada en sus calles y en sus plazas. Hay en ella una o dos modestas fondas en que los viajantes de comercio —ellos solos, sin nadie más — discuten a tiempo de yantar, en un desierto comedor.

Las campanitas de las iglesias tocan con sus voces de cristal a todas horas. Los cafés están solitarios y casi a obscuras por la noche. En las callejuelas desiertas se ve de tarde en tarde un grupo de viejas enlutadas que van o vienen a una iglesia.

José M. Pérez Basanta.

La catedral es chiquita, con una bella reja en que un maestro antiguo lució sus primores y arte; los canónigos entran y salen silenciosos con sus ropones escarlata en una sacristía ancha y helada. Se respira una paz profunda en la ciudad. Sobre la paz, sobre el silencio, el río, un río rojo y torvo, que cruza el pueblo y pone un rumor sordo y formidable.

Colección Javier Sánchez Portas.

El Obispo Maura vive en un vetusto palacio situado de espaldas a este rio. El palacio tiene una espaciosa y majestuosa escalera de mármol rojo; en el último descanso, allá arriba, unas vidrieras de colores, con grandes blasones rojos, verdes, azules y amarillos, dejan entrar una luz suave.

Escalera del Palacio. José M. Pérez Basanta.

Hay en el palacio vastas salas con el pavimento cubierto de estos viejos ladrillos — blancos con dibujos azules— de cascarilla, sobre que pisaron las gentes del siglo XVIII, con sus casacas y sus pelucas.

Corredores llenos de penumbra llevan a archivos y salas de oficinas en que los clérigos plumean. Se ven en las paredes de un salón retratos de antiguos prelados; abrimos y cerramos puertas gruesas y bajas, puertas de cuarterones.

Juan Maura y Gelavert

El Obispo Maura está sentado en una espaciosa silla, ante una mesa. Es sencilla la estancia; las sillas y los demás muebles son modestos; es invierno y sobre el pavimento no hay alfombra ni estera; una delgada alcatifa rodea solo la mesa, que se halla colocada en medio de la sala. El Obispo está sentado en un ancho sillón. A un lado de la mesa hay un rimero de papeles y notas; a otro, ocho o diez libros nuevos, recientes.

El prelado tiene los ojos vivos, escrutadores, de mirada elocuente, de hombre de estudio y de energía. Lleva un pañuelo blanco, de seda, al cuello; la nota nítida, alba, destaca y forma bella armonía con el negro de la sotana; y sobre la sotana, a lo largo del cuerpo, lucen también sobre la negrura unos anchos botones rojos. La frente del prelado es ancha, inteligente. Sobre la cabeza está el solideo morado con una borlita verde.

Palacio Episcopal de Orihuela.

El Obispo Maura lee y estudia de continuo en su biblioteca. Sus lecturas son, principalmente, de libros modernos. Es un filósofo; sus pastorales representan un profundo conocimiento de todo el moderno trabajo filosófico y sociólogo, Taine, Fouillée, Tardé, Spencer, Guyau, Renouvier, Nietzsche, Schopenhauer, son familiares al prelado.

Para combatir al enemigo es necesario conocer bien sus armas; el Obispo Maura conoce perfectamente los filósofos, sociólogos y publicistas de quienes habla.

Su entendimiento es sutil, delicado; hay en él esa experiencia de las cosas y de las ideas que sólo se encuentran, no en los hombres que han leído mucho y estudiado mucho, sino en aquellos que han sabido leer y que han llegado a alcanzar ese grado de cultura exquisita, suprema, que permite ver lo que hay de permanente y válido en la obra del entendimiento humano y lo que hay — a pesar de las apologías y de los entusiasmos — de deleznable y fugaz.

Así el insigne prelado tiene una sonrisa indulgente e irónica para todas estas novedades y fantasías filosóficas de ahora: pracmatismo, amoralismo,  superhombría netzchana, etc.

Él sabe que todo en las especulaciones humanas se repite; que solo hay una verdad fundamental inconmovible; que los filósofos y sofistas helenos imaginaron ya todo lo imaginable; y que en definitiva ateniéndonos a los tiempos modernos, todo lo que se ha hecho y se está haciendo desde Kant a la fecha, son cosas ya sabidas a las que se intentan colocar otros nombres. Hombres de esta modalidad intelectual son rarísimos.

Hallareis espíritus llenos, atiborrados de cultura libresca al tanto de toda novedad, al corriente de cuanto se dice y escribe; pero, ¿cuantos hallareis que hayan llegado a este grado supremo de saber el libro que no es preciso leer, y de conocer y saber apreciar en el leído lo que es novedad solo en el nombre — a pesar de los elogios de la opinión — y lo que es matiz realmente original y profundo, muchas veces, casi siempre desconocidos e ignorado por esa misma opinión?

Entierro del Obispo Maura. En los Hostales. Colección Javier Sánchez Portas.

El Obispo Maura pertenece al escaso número de estos hombres; él vive modestamente en su viejo palacio; le rodean los libros; no tiene ambiciones; lee a los filósofos a ratos, y a ratos pasea por las anchas salas y estancias. El Obispo Maura es primo hermano del insigne estadista que preside los consejos de la Corona.

José Martínez Ruiz «Azorín»

Transcripción de Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)

Campo de Trabajo de San Miguel.

Excepcional fotografía realizada por el Ejercito del Aire en 1935. Archivo Cánovas Seiquer.

El Campo de Trabajo de San Miguel.

En diciembre de 1936, dentro de las reformas acometidas por el ministro de Justicia, Joan García Oliver, se reguló la creación de los Campos de Trabajo con el lema: “Trabaja y no pierdas la esperanza”. De esta forma, un anarquista clausuraba las arbitrarias cárceles regidas por los comités locales del Frente Popular; como la del Colegio Jesús María en Orihuela. 

El primero de estos centros se estableció en Totana (Murcia) en abril de 1937. El Campo de Trabajo oriolano comenzó a gestarse en febrero de ese mismo año, cuando el alcalde Francisco Oltra, recibió la visita del director general de Prisiones en busca de un edificio para instalar un penal.

Vicente Sol Sánchez, ex gobernador civil de Sevilla y natural de Crevillente, quedó admirado por las condiciones que ofrecía el Seminario Diocesano como centro penitenciario.

Colección Javier Sánchez Portas.

Sin más dilación, el Consistorio aprobó los presupuestos para variar el trazado y rasante de su rampa de acceso; y solicitó el envió de fondos por parte del Ministerio de Hacienda que ya había ofrecido una importante suma como compensación a los cuatro millones de pesetas que Orihuela había entregado a dicho organismo en oro, plata y valores incautados a las congregaciones religiosas de la ciudad.

Construcción rampa de acceso al Seminario ocupando la Plaza de Caturla. AMO

La mañana del 16 de julio de 1937 los doscientos primeros presos subieron la empinada cuesta del que se llamó Campo de Trabajo de San Miguel.

Al principio tuvieron que acondicionar y rehabilitar el viejo edificio del Seminario. Disponemos de un informe realizado por un alemán en nombre de la Cruz Roja Internacional en agosto de ese mismo año.

El anónimo inspector examinó el campo recién abierto; y desde Valencia redactó el documento en francés. Me he permitido traducirlo.

Mi agradecimiento a Manuel José Aliaga,

Valencia, 23 de agosto de 1937. Campo de Trabajo de Orihuela. Visita el 10 de agosto de 1937.

A las 17 horas. Por un camino estrecho, zigzagueante en la ladera, accedemos a un viejo convento construido sobre un bloque de roca desde donde disfrutamos de una vista magnífica sobre toda la región de Murcia.

El convento hoy transformado en prisión es un inmenso edificio a punto de caer en ruinas. Sin puertas ni ventanas. Su parte sur completamente en desuso, dado su avanzado estado de degradación.

Los prisioneros se amontonan en la parte norte. 732 prisioneros, incluyendo: 1 dentista (condenado a dos años); alrededor de: 10 médicos; alrededor de: 100 contables; alrededor de: 50 abogados.

Casi todos los detenidos son de profesiones liberales. De estos 732 prisioneros, solo 50 están condenados a menos de 30 años de prisión.

Horario: 7,00 h. Diana; 7,30 h. Desayuno; 8,00 h. Trabajo hasta las 12,00 h.; 12,30 h. Comida y descanso hasta; 14,45 h. Trabajo hasta las 19,00 h.; 19,30 h. Cena; 22,00 h. Se apagan las luces.

Los hombres comprendidos entre los 18 y los 45 años (excepto los enfermos) trabajan plenamente. Trabajo atenuado para los hombres entre 45 y 50 años. Para prisioneros mayores (alrededor de 12) trabajos ocasionales.

Las visitas están autorizadas los domingos solamente. La comida se puede traer 3 veces por semana. Los prisioneros están literalmente aparcados en largos pasillos, los colchones apretados unos contra otros. Durante el día enrollados; extendidos llenan completamente el ancho del pasillo.

Las familias pueden proporcionarles mantas. Los detenidos ocupan algunas habitaciones todavía en proceso de transformación. Todo el edificio está también en reparación; instalamos duchas, lavabos; las habitaciones están todas repintadas y renovadas. Hermosa enfermería en preparación: espacioso, claro, bien ventilado.

Calculo que dentro de dos meses los trabajos principales estarán terminados y los prisioneros podrán ocupar las partes norte y sur. Por el momento trabajamos intensamente en la renovación de este edificio para asegurar lo más pronto posible una apariencia de comodidad.

En el interior del edificio, dos patios cuadrados bastante espaciosos. Frente al monasterio, una espacio amplio que sirve como lugar de recreo y comedor.

Patio del Seminario. Colección Tejuelo.

Durante mi visita, todos los detenidos (cabellos cortos, pantalones grises, camisa kaki) fueron reunidos en el patio. Hablé con algunos y se quejaron del trabajo agotador, sobre todo para personas que no están acostumbradas a ese tipo de trabajo; y sobre todo de la comida insuficiente «justa para no morir».

La leche es completamente desconocida. Por la tarde, un grupo de trabajo dirigido por soldados armados desciende al pueblo de Orihuela y se encarga de las compras de alimentos.

El director de este campo de trabajo es un hombre activo, inteligente, habiendo trabajado como director en otras varias prisiones.

En resumen, no tenemos la impresión de una disciplina de hierro; más bien una apariencia de «dejar ir». Definitivamente y bajo circunstancias excepcionales, un trabajo de remodelación en curso.

Si los detenidos están hoy en malas condiciones, podemos asegurar que, de aquí a dos meses, este establecimiento será uno de los más modernos de la zona leal.

Cuenta cumplida. (Nuestra ficha: G. 546 PNC/val.). Quien declaró ser el único alemán en este campo.

Archivo Cánovas Seiquer.

El citado director era Manuel Díaz Duque; utilizando palabras de posguerra: «hombre de nobles sentimientos, caballeroso, que tenía simpatías por el salvador Movimiento Nacional».

El subdirector y administrador se llamaba Virgilio Fuentes Alonso; otro «católico muy reservado que se mostró firme entusiasta del triunfo de las tropas Nacionales y su Caudillo y condenó los crímenes y destrucción marxistas».

Los presos conocían las preferencias de Díaz Duque y de sus colaboradores y no dudaron en involucrarlos en todos los planes conspiratorios contra la República.

No hubo preso que no tuviera madrina, ni familia acomodada que no hubiese tomado a su cargo uno por lo menos. Las cestas con provisiones y golosinas no faltaban nunca en la puerta del penal, y gracias a esta generosa y caritativa actitud de la mujer de esta tierra fue llevadera la situación de los reclusos.

Además se organizó un servicio de alojamiento de las familias que venían a visitarlos. Ayudó mucho a esta piadosa obra la inteligente y hábil conducta del jefe del penal, que secundó maravillosamente aquella labor sin despertar las sospechas de los dirigentes rojos. 

Don Manuel Díaz Duque, que así se llamaba este funcionario, estaba en trato continuo conmigo, descubriéndome sus pensamientos y secundándome con toda lealtad e interés, sirviendo a la causa nacional con gran sacrificio y eficacia.

No dejaba de acudir un rosario de gentes cargadas de cestas y paquetes que formaba como un sendero de hormigas por las rampas que conducen al Seminario.

Las citas anteriores pertenecen al libro «De mi vida: hombres y libros», del oriolano José Martínez Arenas, publicado en Valencia en 1963.

Las madrinas estaban organizadas, como en el resto de España, en torno a «Socorro Blanco», entidad nacida en enero de 1933, en el seno de la Comunión Tradicionalista.

Esta organización estructurada a nivel local, contaba con numerosas mujeres que, en memoria de la reina carlista, Margarita de Borbón, adoptaron el nombre de «Margaritas».

Concebido inicialmente como medio de ayuda entre carlistas, durante la Guerra Civil apoyaron económicamente y escondieron a derechistas, religiosos y otros perseguidos por el Frente Popular. También prestaron apoyo a los presos y a sus familias, trabajando en la clandestinidad mediante grupos aislados apoyados y financiados en secreto por los propios vecinos y simpatizantes.

Enero de 1933: Del enemigo el consejo, suele decirse; y efectivamente del enemigo tenemos que aprender muchas cosas los que militamos en el campo de las derechas.

Los prisioneros comunistas cuentan con una organización económica mediante la cual recaudan lo que llaman «socorro rojo». Tomando lección del ejemplo de nuestros contrarios en ideologías, se ha determinado hacer permanente esta cuestación en favor de los nuestros perseguidos, fundando esta comisión recaudadora con el nombre de «socorro blanco», en contraposición del «socorro rojo» que los comunistas y sindicalistas tienen admirablemente organizado.

La delegada de dicha organización en Orihuela fue María Bautista Pérez de Torres, quien construyó un elaborado refugio en el Paseo tapiando dos habitaciones con una entrada camuflada y con salida a una vivienda contigua. Como nota anecdótica, yo nací en esa casa veinticinco años después de terminar la guerra.

Refectorio del Seminario. Colección Javier Sánchez Portas.

Martínez Arenas afirma también que el comportamiento de Díaz Duque no despertaba sospechas entre las autoridades; pero las denuncias por trato de favor a los reclusos fueron numerosas y el gobernador llegó a encargar un informe que fue realizado por la Comisaría de Inspección y Vigilancia. 

El documento que el inspector Perfecto Palacios (otro que luego cambió de bando) dirigió al alcalde es muy revelador. Os transcribo un resumen y dejo el original en el anexo documental.

La mayoría de los reclusos ostentan de forma provocativa medallas, escapularios y santocristos. Esta misma tarde se han contado más de cien.Hay un preso condenado a catorce años que baja diariamente al pueblo sin ninguna vigilancia y hasta hace unos días ha sido el que guardaba el cuarto de armas, teniendo en su poder una llave de dicha dependencia.

A la hora del rancho, unos reclusos comentaban: El día que triunfen los nuestros, algunos se van a comer el correaje y las barrigas. 

La mayoría de los reclusos tienen navajas en su poder y el régimen de prisiones no se cumple ni por asomo, hay vigilantes que bajan con los reclusos y ofrecen a estos copas de coñac.

El médico destinado por la Dirección para el establecimiento, sólo ha subido el día que tomó posesión, haciendo sus servicios un médico recluso que tiene habitaciones particulares y un ordenanza.

Los reclusos echan directamente en el buzón de correos sin pasar por la censura.

Los reclusos se vanaglorian diciendo a los empleados que preparen bien el penal pues va a servir para los rojos.

Al comunicar al director estos desmanes, contesta que no hay que hacer caso, que había Orden Ministerial de tratarles con toda consideración y respeto.

En octubre de 1937, ante las repetidas quejas, la Inspección Provincial de Prisiones inició un expediente para depurar las supuestas irregularidades en el Campo de San Miguel. 

A consecuencia del mismo, el funcionario Santiago López Fernández fue trasladado a la Prisión de Jaén pretextando una lesión cardíaca que le dificultaba el ascenso por la empinada cuesta de la de Orihuela.  

Lo cierto es que la Alcaldía se había quejado de su comportamiento ofendiendo a un guardia municipal.

Inspección Provincial de Prisiones. Aclaración. En el número 78 de «Nuestra Bandera» correspondiente al día 6 de octubre apareció un suelto en el que con referencia a las diligencias que se vienen practicando en el Campo de Trabajo de Orihuela, para depurar supuestas irregularidades, se aludía a determinaciones adoptadas con algún funcionario y se establecía el supuesto de que todas estas diligencian dieran por resudado que «la cuerda se rompiera por lo más delgado».

Por si esta alusión, como parece, hace referencia al traslado del vigilante de dicho Campo de Trabajo, don Santiago López Fernández, a la Prisión Jaén es de justicia consignar que, si se ha procedido al traslado del referido funcionario es porque en la Dirección General de Prisiones existe instancia del interesado de fecha 25 de Agosto último, solicitando traslado a otro establecimiento fundándose en que una lesión cardíaca le molesta para prestar servicio en el Campo de Trabajo de Orihuela establecido en un lugar muy alto al que hay que llegar a pie subiendo una pronunciada cuesta.

Y también porque la Alcaldía de Orihuela, en fecha 17 de septiembre último, informó de que el citado funcionario «se inmiscuyó en asuntos de índole municipal que a él no interesaban, llegando incluso a ofender a un guardia municipal a las órdenes de dicha alcaldía».

Al recibirse esta denuncia en la Dirección General de Prisiones, y teniendo en cuenta la petición de traslado del interesado, hechos ambos acaecidos con anterioridad a la iniciación de expediente en el Campo de Trabajo de Orihuela, se consideró conveniente destinar a Don Santiago López Fernández a la Prisión de Jaén, donde sus servicios, por razones especiales del momento podían ser de utilidad.

En la Dirección General de Prisiones no se tenía como es natural, ninguna noticia de que el citado funcionario Don Santiago López Fernández estuviese relacionado con el expediente que se instruye respecto al régimen del Campo de Trabajo de Orihuela pues, como queda dicho, el traslado se debe a hechos anteriores a este expediente. Alicante, 15 de Octubre de 1937.

Vigilantes del Campo Izquierda Republicana.

A comienzos de 1938 el Partido Comunista redactó un informe denunciando que tan sólo tres vigilantes custodiaban a 1.400 reclusos; estando incapacitados para efectuar cacheos, formaciones y cualquier otro acto disciplinario con el agravante de que en el locutorio, al carecer de reja metálica, los presos podían sacar las manos entre los barrotes recibiendo todo tipo de objetos de los visitantes.

Vigilantes del Campo Partido Comunista.

Tampoco encontraban dificultades los presos para celebrar misas; teniendo en cuenta que el director convivía con sus hijos y un sobrino a los que daba clase un fraile recluso conocido como el padre Demetrio.

Era tal la familiaridad con los «fascistas», que el día de su santo acudieron a felicitarle en grupos de cinco en cinco, recibiendo cigarros «Farias» y cajetillas de tabaco.

En contestación a su escrito interesando informe de la conducta político social del empleado de prisiones MANUEL DÍAZ DUQUE, he de manifestarle que durante su permanencia en el Campo de Trabajo de esta ciudad observó buena conducta con los detenidos; oían misa todos los días, cosa que consentía y veía con sumo gusto.

También les facilitó armas a los detenidos por si les eran necesarias en los últimos momentos, todo ello durante la época roja. Es persona completamente afecta a la Causa Nacional. Dios guarde a Vd. Muchos años. Orihuela 13 de enero de 1940.

Seminario. Colección Tejuelo.

En la primavera de 1938 el director Díaz Duque dio un paso más involucrándose directamente en «la quinta columna» (este término nació cuando el general Mola enumeraba las fuerzas disponibles para asediar Madrid.

A las cuatro columnas que hacia allí se dirigían añadió una quinta formada por los simpatizantes al alzamiento que desde dentro de la capital trabajaban para ellos en la clandestinidad).

El dirigente falangista José Mallol, detalló en sus memorias cómo negoció con el director para unirlo al complot que acabaría tomando la ciudad de Orihuela para las tropas de Franco.

Le pido audiencia al director y cuando voy a verle, le hablo sin tapujos: Se quien es usted y como piensa, el hombre es hijo de las circunstancias y éstas le han traído a usted aquí.

Le comunico lo que se está preparando en la calle, a la espera de que las fuerzas nacionales lleguen al Mediterráneo. Quisiera que con la misma franqueza con la que yo le he hablado, me contestase. 

¿Qué actitud será la suya si esto llega a producirse? ¿Estaría Vd. con nosotros? o ¿querrá tratar de capear el temporal para jugar a cartas descubiertas?, tenga en cuenta que aquí somos un millar de hombres desesperados y es muy peligroso querer jugar con nosotros. 

Le ruego me mande llamar para comunicarme cual es su actitud y si es afirmativa como espero, ponernos a trabajar de inmediato en la empresa, que ha de anticipar el fin de la guerra. 

Tres días después, me llama el director, dice que está con nosotros y que cuando llegue el momento, ya dará instrucciones. Le dije que, o yo no me había sabido expresar o él no me había entendido. Si lo que esperamos se produce, el que daría las órdenes sería yo y Vd. hará que se cumplan. 

Yo represento aquí a la Falange y como jefe de ella actúo y no me es posible admitir, ya que mi organización no toleraría, ninguna autoridad superior a la mía. 

Mientras estemos en el interior del edificio, Vd. aparentará ante los reclusos ser la máxima autoridad; pero no será así, si hay que actuar yo asumiré el mando. Nos dimos la mano como caballeros y acto seguido, le dí instrucciones.

Suministros 1938 AMO.

En Orihuela, una de las ciudades con más solera carlista de España, la Comunión Tradicionalista no aceptó fácilmente el decreto de unificación con Falange Española dictado por Franco. 

Ángel García Rogel y Juan Villaescusa, como miembros más destacados del carlismo local, mantuvieron el liderazgo sobre los presos «requetés», aceptando que el dirigente falangista José Mallol, jefe provincial de Falange en la clandestinidad y por lo tanto elemento de mayor rango, asumiese el mando. 

Trasladado Mallol a Valencia, no es de extrañar que Ramón Pérez, afirmara que en el Penal de San Miguel, «don Ángel García Rogel, mandaba más que el director de la cárcel».

Estudiando el resto de los informes políticos redactados tras la «liberación» comprobamos que los oficiales de prisiones y maestros profesionales destinados en San Miguel eran abiertamente afectos al caudillo; y no ocultaban su simpatía y adhesión al «Glorioso Movimiento Nacional». 

Hasta el punto que uno de ellos se consideraba tan fascista como el que más; y otro, antes de la guerra había pertenecido a la Comunión Tradicionalista de Cartagena.

Os he dejado unos cuantos informes sobre el comportamiento de todos los funcionarios en el apartado documental.

La conducta demostrada por los funcionarios con los cautivos, fue calificada de «intachable y caballerosa, demostrando un trato de bondad, simpatía y benevolencia». 

Se preocupaban de la alimentación hasta el punto de que en agosto de 1938, el concejal Ambrosio Durá, pidió a la dirección del Campo de Trabajo que ocultase el reparto de pan entre los reclusos ante la carencia del mismo para la población local.

También les dejaban celebrar misas y recibían información puntual a través de prensa y radio. Los jueves y los domingos eran días de comunicación y los cautivos, recibían las visitas de sus familiares o de las «madrinas» de Socorro Blanco. 

Pongo en conocimiento que anoche se presentó en esta inspección Emilio Sempere Cabrero, el que denunció al cabo Casanova que, en San Miguel, en la 3ª ventana del último piso de la derecha, ha visto que hacen señas con las luces en sistema Morse, y que tiene interés en que se vigile. El denunciante habita en el Hospital de Sangre de esta ciudad. Salud y República.  

Los encargados de los talleres no obligaban a trabajar a los presos más de lo que querían. El maestro zapatero del Campo pertenecía al Partido Comunista y se las arreglaba para informarles de los acuerdos que tomaba dicho partido. 

Sólo hemos encontrado un par de informes negativos; como el de un maestro carpintero al que acusaban por «amonestar severamente a los presos por cosas insignificantes y hacerles realizar trabajos fuera del penal que luego cobraba él».

La actitud de los dirigentes del campo fue premiada por los vencedores al acabar la contienda. En abril de 1939, el director, Manuel Luque, fue nombrado inspector central de Prisiones y ocho meses después, inspector de Prisiones de Canarias. 

El subdirector, Virgilio Fuentes Alonso, emprendió una exitosa carrera que comenzó en el Campo de Totana, manteniendo su rango. Al cerrar éste en 1943, pasó al Penal de Chichilla y en 1958 dirigía la Cárcel de Mujeres de Valencia.

A partir de abril de 1939 el penal se llenó de presos del otro bando; como el propio Miguel Hernández. Dos años sirvió como cárcel franquista.

Los condenados, según reza en otro informe que encontraréis en el anexo, salieron el 20 de junio de 1941 con destino a Formentera (Baleares) y al Reformatorio de Adultos de Alicante.

Los pendientes de sentencia marcharon a la Prisión Fábrica número 2 de Elche.

Traseras del seminario antes de la rehabilitación. Colección Esteban Sanmartín.

El seminario oriolano volvió a su función original y fue rehabilitado por el arquitecto Serrano Peral entre los años 1946 y 1951.

Antonio José Mazón Albarracín. «Ajomalba».

Basado en el libro «La II República y la Guerra Civil en Orihuela, Vistas desde el Puente de Rusia».

Anexo documental. Archivo Municipal de Orihuela:

Informe «cárceles rojas»
Listado presos nacionales 1937/1939
Listado Listado presos nacionales 1937/1939
Listado presos nacionales 1937/1939
Listado presos nacionales 1937/1939
Informe del inspector Perfecto Palacios.
Informes Funcionarios de prisiones.
Informes Funcionarios de prisiones.
Informes Funcionarios de prisiones.
Informes Funcionarios de prisiones.
Informes Funcionarios de prisiones.
Informes Funcionarios de prisiones.
Informes Funcionarios de prisiones.
Interrogatorios a las visitantes con suministros.
Interrogatorios a las visitantes con suministros.
Expulsión de los familiares de presos.
Información sobre el cierre del penal franquista en 1941.