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Justo García Soriano 10. 1907/2.

Llamarse conservador un joven, aún en esta tierra de la santa rutina y del estancamiento, me parece una absurda negación de la propia juventud, una castración voluntaria y cobarde. Es natural y explicable en los viejos el que sean egoístas y conservadores. Pero los jóvenes que empiezan a hacer su peregrinación en el mundo, ¿qué han de conservar? ¿Los achaques de la caduca generación que les ha de ceder el puesto en la lucha del vivir?

Justo García Soriano. «La Juventud Conservadora».

Plaza de Santa Ana, domicilio de Justo García Soriano en 1907. Postales antiguas de Madrid.

1907. Julio.

En el verano de 1907 Justo seguía en Madrid, muy enfadado por el abrupto despido de su padre. Culpaba de ello al nuevo diputado conservador por el distrito oriolano, Alfonso de Pardo y Manuel de Villena, el marqués de Rafal.

Y descargó su ira contra él escribiendo el artículo titulado «el señor feudal»; un demoledor repaso a la historia de la casa de Rafal firmado con el seudónimo Juan Pérez de Urrea.

La iberia. Número 12 – 2 de julio de 1907: El Señor Feudal. (Pequeña aunque ilustre genealogía de un joven diputado conservador). De viejas crónicas, apolilladas y polvorientas, perdidas en los rincones de archivos olvidados, he extraído en larga y pacientísima labor, estos datos genealógicos de un aristócrata, diputado maurista, los que juzgo dignos de dar a la publicidad para honra y prez de las edades pasadas y de las presentes, y para ejemplo y admiración de las futuras. He aquí el fruto de mis diligentes y fidedignas investigaciones:

Junto a las lozanas riberas de un río abundante y extendida al pie de una eminente colina, en cuya cúspide alzábase, como acerado yelmo, un famoso e inexpugnable castillo, hubo una antigua e importante villa en una de las regiones más bellas y fértiles de España. Fortísima muralla de anchos adarves y almenados torreones la circundaban protegiéndola.

Mediaba el agitado y glorioso siglo XIII, y aún languidecía bajo el poder de la media luna, que en la península ibérica se iba eclipsando por momentos. Un monarca aragonés, rudo e incansable guerreador, cruel azote de la morisma, logró reconquistar la vieja villa ribereña con una valerosa hueste, que se había curtido en cien combates.

Aquella tierra usurpada al moro en guerra santa, fue repartida entre los adalides mejor vistos a los ojos del rey. Y los obscuros peones, carne de ballesta, apenas fueron quiñoneros en el reparto desigual del botín. Un altivo caballero infanzón, que cobarde escudaba su cuerpo tras las filas de la compañía que mandaba, fue premiado por sus hazañas ilustres con extensos y pingües dominios en la campiña ubérrima de la plaza conquistada.

Hecho amo y señor de varias aldeas, oprimió con feroz despotismo a sus míseros vasallos, a aquellos mismos soldados humildes, carne de ballesta en todas las algaras y vanguardias, procedentes del fonsado victorioso, que con sus cuerpos plebeyos lo sirvieron de adarga en todas las batallas campales de que se tituló vencedor.

Raro era el día que, cuando aún vibraban en el aire los últimos ecos del toque de apelde del cenobio próximo, ante los ojos aterrados de los rústicos no apareciera media docena de pecheros, por el cuello colgados de ignominioso dogal, péndulos macábricos, en la más alta almena de la torre del magnate.

Señor de horca y cuchillo, era dueño legítimo de las vidas, honras y haciendas de sus súbditos; y éstos, en justo vasallaje, debían cultivarle los campos, servirle en la paz y en la guerra y, por derecho de pernada, cederle la mujer y la hija. Sólo algunos mandatarios suyos, satélites hipócritas y rastreros, recaudadores despiadados de pecha y exacciones, lograban medrar, a fuerza de ruindades y bajezas, a la sombra protectora del ricohome.

Han transcurrido tres siglos, y con ellos se han suavizado un tanto las costumbres. El progreso es innegable. Un tataranieto, agnado directo de aquel señor feudal, hosco y fiero adalid que vistió la loriga y el yelmo cuando la reconquista, disfruta ahora, en legítimo derecho de herencia, el dilatado y óptimo señorío que por sus fazañas ínclitas su tatarabuelo obtuvo en feudo, y a cuyos habitantes, pobres villanos, oprime también con crueldades y exacciones.

Lleva en la sangre el bélico ardimiento de su guerrero atavismo, y en la ociosidad aburrida de su castillo sombrío o en las frecuentes cazas y monterías en la floresta cercana y en su soto acotado, ha añorado en continuas nostalgias la vida aventurera del campamento, mientras su jauría luchaba con un feroz y colmilludo jabalí o su neblí cetrero avizoraba en giros astutos alguna paloma torcaz.

Uno de estos días de cinegética expedición ha llegado hasta él la admirable, la estupenda noticia de una famosa batalla ganada en los campos del Milanesado por los españoles, que en aquella jomada aprisionaron a un rey y se cubrieron de gloria. Sin dar treguas a su indecisión, ha regresado presuroso a su castillo y ha requerido con insólito entusiasmo su fébrida armadura, el labrado coselete, la repujada coraza, la toledana tizona, la cimera de inhiesto y trémulo airón, el flamante herrezuelo; y ya una vez aparejado esto, ha partido jubiloso y magnánimo a las guerras de Italia.

Terminadas éstas, pasó luego a Flandes, donde durante largos años capitaneó un tercio bizarro y truhanesco con suerte varia. Cansado del estruendo marcial de campaña tan duradera, ha vuelto a su patria y se ha dado a intrigar y pretender en la Corte, hasta conseguir un título nobiliario para él y una lucrativa prebenda para su segundón que, graduado en Salamanca, prior en la Orden de Predicadores, racionero e inquisidor después, sabía en tan santo ministerio extirpar de raíz la mala yerba de la impiedad, arrojando muchos herejes a la hoguera…

Logradas en parte sus pretensiones, se retiró a descansar en el ocio de su señorío, hasta que le sorprendió la muerte esquilmando los pobres pegujales de sus colonos. Siglo y medio más tarde, un biznieto del caudillo de Flandes, que seguía en posesión del título de nobleza que un rey memorable adjudicara a su bisabuelo por haberle representado supuestos servicios militares, sedicioso y rebelde, traicionó a su monarca Felipe V, a quien había jurado fidelidad, abrazando el partido del Archiduque de Austria cuando la guerra de sucesión.

¡Venganza ruin de su lesionado orgullo! Y más faccioso aún su biznieto, conspiró contra Isabel II en favor del pretendiente durante la guerra civil; mientras que por otro lado, olvidando la inmaculada limpieza de su sangre azul y faltando al respeto debido a sus viejos pergaminos, a sus ejecutorias, fueros y pragmáticas, se desnaturalizaba contrayendo matrimonio morganático con una hermosa plebeya, hija de un humildísimo monterero…

Esta es la noble prosapia, la esclarecida alcurnia, el tronco de la ilustre genealogía de un joven aristócrata, nieto de un humilde monterero, que habita en un lindo hotel de Madrid, pasea su fausto en un magnífico Panhard de treinta caballos de fuerza, y por obra y gracia de Maura y de La Cierva su profeta, es actualmente diputado a Cortes por la antigua villa, hoy ciudad, que conquistó un monarca aragonés, azote implacable de la morisma, y en cuya cercanía fincó su progenitor, señor de horca y cuchillo, la casa solariega y la torre feudal donde pendían ahorcados los míseros pecheros.

Como su primer ascendiente, tiene éste también mandatarios abyectos, despiadados recaudadores de pechos y exacciones y escuderos malvados y ruines que medran a su sombra protectora. El cacique de hoy es el rico-home medioeval, el magnate de antaño, en virtud de inalienable derecho de herencia. El progreso hasta aquí ha sido una hipócrita transformación de la sociedad, por eso, enmascarados, aún existen la esclavitud y el feudalismo, el siervo de la gleba y el señor feudal! … Juan Pérez de Urrea.

Tres días después escribió su segundo y último artículo con el seudónimo Juan Pérez de Urrea; un ataque directo a las sociedades y círculos de jóvenes conservadores, seguidores de Maura, que proliferaban por toda España.

La iberia. Número 15 – 5 de julio de 1907: Juventud Conservadora. El articulista conoce algunos jóvenes decrépitos, que suelen exclamar con énfasis: — «¡Soy conservador por convicciones y proclamo solemnemente que D. Antonio Maura es el hombre que ya muchos años nos estaba haciendo falta, el único capaz de gobernar a España por su talento y energías!».

Tal vez dependa del punto de vista donde nos colocamos; pero para mí estas palabras son extrañas y estupendas en labios juveniles. Al escucharlas no he podido reprimir un profundo sentimiento de antipatía y de asombro; porque, según mi lógica, conservador y joven son dos términos absolutamente contradictorios, antitéticos incompatibles.

Llamarse conservador un joven, aún en esta tierra de la santa rutina y del estancamiento, me parece una absurda negación de la propia juventud, una castración voluntaria y cobarde. Es natural y explicable en los viejos el que sean egoístas y conservadores. Ellos, tristes ruinas inclinadas al borde del sepulcro, abstemios de ilusiones y de entusiasmos, que han perdido los generosos impulsos de la sangre nueva y los sagrados ideales de mejorar la vida, porque la suya se les va acabando, son humanos y consecuentes al querer afianzarse en ella conservando las ventajas conseguidas en la incesante liza de sus buenos años. Pero los jóvenes que empiezan a hacer su peregrinación en el mundo, ¿qué han de conservar? ¿Los achaques de la caduca generación que les ha de ceder el puesto en la lucha del vivir?

Verdad es que hay ancianos que merecían ser jóvenes, y jóvenes seniles que no son viejos sólo porque tienen los cabellos negros, y tersa y tirante la piel. Por otra parte; hagamos íntimamente una sincera confesión, aunque tengamos que mortificar nuestros apasionamientos patrioteros. Que fueran conservadoras Inglaterra, Alemania, Suiza y aún Francia, se comprendería, porque tienen bastante bueno que conservar. Pero, ¡los españoles conservadores!… ¿de qué?

Juventud Conservadora de Madrid. Correligionarios de Antonio Maura.

No tenemos que poner en conserva otra cosa sino desastres generales, inmoralidades escandalosas en los de arriba y hambre, ignorancia y miseria en los de abajo!… Esas vergonzosas emigraciones que parten a diario de nuestros puertos, en triste éxodo, ¿no pregonan al mundo entero que España es una nación de famélicos y de irredentos? ¿Acaso no hace muchas centurias que estamos por redimir los españoles?

Y esta redención regeneradora, tan decantada y tan descontada por los que nos gobiernan, ¿cómo se ha de conseguir sino destruyendo el mal y los estorbos seculares, que se han conservado hasta hoy, y evolucionando siempre en sentido de la Libertad y del Progreso? ¿Hemos de ser, por ventura, tan optimistas como el doctor Panglós que todo lo establecido en nuestra España lo hallemos perfectísimo; o seremos, por el contrario, tan pesimistas que lo mucho malo que hay en ella lo juzguemos fatalmente necesario e incorregible, porque las cosas no pueden ser de otro modo?

— «¡La juventud está con Maura!»— ha gritado con aire de triunfo la prensa turiferaria y servilona, Celestina del periodismo y de la política, al observar el número extraordinario de diputados jóvenes que llenan los bancos de la mayoría. Y nosotros objetamos en contra, que esa juventud conservadora que trata de heredar los pingües privilegios que los viejos conservadores disfrutan, descreída, adoctrinada en un positivismo brutal y egoísta, que en su orgullosa fatuidad y en su odio truculento a todo lo democrático y progresivo, es incapaz de sacrificios nobles y heroicos y de altruistas y levantados ideales, no es tal juventud, es pura ñoñería y chochez de alma.

Esa turba de jóvenes son los resollados impúdicos, los impotentes, los perezosos, los tránsfugas de todos los partidos y de todas las procedencias, que sólo aspiran a hacer carrera y fortuna sin reparar en los medios, y consideran la política como la plataforma más cómoda y fácil para el logro de todas sus concupiscencias y ambiciones al verse desprovistos de otros medios más honrosos de hacerse una posición decente.

La verdadera juventud, mocedad viril, esforzada, pensadora y entusiasta ha estado siempre al lado de la Libertad, que santificó la sangre gloriosa de sus abuelos en lucha épica contra todas las tiranías. Esta es la juventud que se congrega animosa y fuerte en torno de la sacrosanta bandera liberal, engrosando las filas de su ejército incansable e indómito y constituyendo su vanguardia, dispuesta siempre a dar la batalla a la reacción odiosa y obscurantista y a desenmascarar a esa otra juventud que, para baldón y oprobio de todos los jóvenes, se llama conservadora. J. P. de U.

En julio de 1907 dos preguntas circulaban por Orihuela: ¿Se terminarán las obras de la plaza de toros para la feria de agosto? ¿Quién es el tal Pérez de Urrea?

Como siempre que escribía contra los poderosos, el padre de Justo se sintió orgulloso de sus artículos; pero a la vez se volvió paranoico con la preservación del anonimato de su hijo. Veía muy conveniente que su nombre no se relacionase con dichos artículos y se lo dejó bien claro en la siguiente carta.

Orihuela 7 de Julio de 1907. Querido hijo Justo: hemos recibido tu carta de fecha 5 de los corrientes, y vemos con gusto que estás bueno, nosotros no tenemos novedad. Como ves, ya estamos de vuelta de Murcia, habiendo quedado toda aquella familia buena, y tu tía Dolores, también.

Muchísimo que ha gustado tu artículo el señor Feudal, y dicen que quisieran saber quién lo ha escrito; eso quisieran ellos, pero no lo sabrán. Esta mañana he visto a Rafael Rogel, que estemos tranquilos, me ha dicho que tu original está en la redacción de la Iberia en un cajón cerrado con llave, que un día de estos me lo dará por si quiero romperlo; que estés tranquilo, que les mandes más artículos, y yo también quiero que lo hagas, pero si puede ser, que tus originales los copie otra persona, y además, el sobre donde venga ese original, que lo copie también esa persona que tú busques; en una palabra, que no vean letra tuya, pues esto se ha puesto como si estuviéramos con Inquisición.

Nos gusta a todo el que lo ha leído el artículo Juventud Conservadora. Como no me fío de dirigirte a tu nombre la dirección de dónde vives, se la dirijo a Eugenia, y cuando me escribas, que haga lo mismo al ponerme la dirección de la carta. Te doy las gracias por el borrador de la instancia, y estoy contigo, aguardaremos mejores tiempos para hacerla.

Sin más, recibe los aftos. de toda la familia y amigos, de tu hermana y marido, y tú sabes lo que te quieren tus padres. JUSTO y RAMONA. Recuerdos a Eugenia. Los hijos de tu hermana están bonitísimos y en especial el pequeñito. Nos alegramos lo que nos dices que vendrás para Agosto, en los primeros días.    

Por si habían olvidado su afrenta a la heroína oriolana del año anterior, la víspera del «día del pájaro», en «La Iberia», recordaron su trabajo sobre la Armengola publicado en 1906; afirmando que Justo seguía investigando y recabando pruebas que desmontaban el «relato legendario que había suplantado a la verdad histórica».

La Iberia. Número 24 – 16 de julio de 1907: ACTUALIDAD. LA HISTORIA Y LA LEYENDA. La tradición y la leyenda nos han transmitido, a través de varias centurias, una fecha y un recuerdo, ambos fastuosos o indelebles en la memoria de todos los oriolanos. La fecha evocadora es el 17 de Julio; el hecho evocado es la reconquista de Orihuela.

Una y otro son un mágico conjuro de glorias inmarcesibles, aún para los que amando la evolución social puestos los ojos ansiosos en un porvenir muy diferente al pasado, solemos con placer y cariño lanzar una mirada retrospectiva a las edades pretéritas, a las cosas y a los hombres que fueron y han desaparecido del escenario del mundo.

A la fiesta cívica de mañana, en que se celebra esa fecha y ese recuerdo solemnes, el aniversario de la liberación de Orihuela del poder sarraceno, va íntimamente unido en la creencia del pueblo un relato legendario que ha suplantado a la verdad histórica y a cuyo arrullo novelesco nos dormimos en las noches de nuestra infancia con fúlgidos y fantásticos ensueños de guerras y de victorias.

En ellos ha ocupado nuestra imaginación una heroína, dechado de valor y astucia, y hemos visto descender del cielo, de este nuestro poético cielo meridional que convida a los delirios de la fantasía, en una noche serena y estrellada de estío, dos santas protectoras que favorecían el sagrado odio de los cristianos cooperando al exterminio de los infieles.

El Oriol en la Plaza Nueva a principios del siglo XX. Colección Javier Sánchez Portas.

La Historia en cambio, parca severa y fría, con toda la yerta imperturbabilidad de la ciencia, permanecía silenciosa y enigmática como esfinge, esperando el audaz que rasgara el denso velo de su misterio y hallara la verdad celosa que guardaba oculta.

Fiel, veraz y piadosa la musa Clío, se dignó por fin revelarnos sus secretos, y ellos niegan rotunda, categóricamente la fábula, la quimérica leyenda que nos legó la tradición nada escrupulosa; pero ha sido tan poco explícita que calla la fecha puntual en que la reconquista fue realizada (¿en 1243?), no confirmando la que el pueblo y nuestros cronistas de los siglos XV, XVI y XVII eligieron como aniversario de la hazaña memorable, el cual ha venido celebrándose desde el año 1400.

Después de prolijas investigaciones, de un madurado estudio y de un detenido examen de todos los ciatos y precedentes aportados, nuestro querido amigo D. Justo García Soriano escribió un extenso y bien documentado artículo, con el título «La Armengola es un mito», que publicó el año último la ya difunta «Unión Republicana» en su número 150, correspondiente al 20 de Julio, y en él llegaba a las siguientes conclusiones:

1º La reconquista de Orihuela la hizo PACÍFICAMENTE D. Alfonso X, siendo infante, por entrega voluntaria, y espontánea del reino árabe de Murcia (al que pertenecía Orihuela) en virtud del pacto de Alcaraz. 2º La hazaña que absurdamente atribuye la tradición a la Armengola, no pudo ser otra que el hecho de armas ocasionado por la rebelión o sublevación de los moros de todo el reino de Murcia contra los presidios o colonias militares de cristianos, que guarnecían las fortalezas entregadas.

3º Este hecho ocurrió a los pocos años de haber ocupado el trono de Castilla Alfonso X, como lo dice terminantemente la crónica de su reinado y lo comprueban otros varios documentos coetáneos y auténticos; es decir, después de cuatro lustros de haber sido Orihuela reconquistada pacíficamente. 4º Que, por lo tanto, esta defensa del castillo y de la plaza de Orihuela llevada a cabo heroica e intrépidamente por la guarnición cristiana, contra el alzamiento e insurrección de los moros, no debe confundirse en manera alguna con la reconquista.

5º. La hazaña y la existencia de la Armengola no sólo son inverosímiles sino opuestas al testimonio de la Historia y absolutamente fabulosas. 6º En el Libro de Repartimientos, que data del año 1272, se consignan los nombres de los que se distinguieron en la defensa de Orihuela contra los insurgentes muslimes, los cuales fueron mejorados en sus heredamientos en un tercio, según privilegio de Alfonso X otorgado en Jerez el jueves 4 de Abril de 1268.

Otras varias conclusiones menos importantes se desprenden del artículo de que venimos haciendo mérito y que insertaríamos íntegro muy gustosos si su mucha extensión no nos obligara a renunciar el hacerlo. En nuestro pueblo hay escritores eruditos muy versados en nuestra historia, y ninguno opuso su réplica al artículo del señor García Soriano, que puede considerase tal silencio como un absoluto asentimiento otorgado tácita e implícitamente.

Nosotros sabemos que dicho señor ha aumentado considerablemente el caudal de pruebas en que asentaba y apoyaba sus afirmaciones; y que, sin embargo, no tiene la pretensión de creer haber dicho la última y definitiva palabra en tan abstrusa materia, sino que por el contrario, considera que falta aún mucho para llegar al total esclarecimiento de este hecho histórico, labor penosa y larga para la que cuenta y necesita la valiosa cooperación y ayuda de cuantas personas en nuestra localidad se interesan por la Historia.

Varias semanas después de las dos publicaciones firmadas con seudónimo, Ignotus, o lo que es lo mismo, José Manuel Teruel, se refirió a la juventud y osadía de Pérez de Urrea. Hablaba de los colaboradores de su diario y evitó descubrir a Justo. Aun así me parece imposible que, a esas alturas, no se supiese ya en Orihuela quién estaba detrás de los polémicos artículos «no refutados por nadie».

La iberia. Número 34 – 30 de julio de 1907: Nuestros colaboradores. Sería tarea difícil, ya que no imposible, la de detallar en un sólo artículo los méritos indiscutibles que adornan a las personalidades que con su colaboración honran frecuentemente las columnas de La Iberia.

Para ello me sería necesario publicar una nueva edición de «Retratos a pluma», y como esto es difícil porque al público no se le puede engañar más que una sola vez, renuncio a este propósito, concretándome a hacer una sucinta relación de los nombres de los señores cuyos trabajos publicamos, y cuyas dotes de literatos suplirán los defectos de mi prosa amazacotada y vulgar…

… D. Juan Pérez de Urrea pertenece a la juventud triunfante. En un cuerpo de adolescente encierra un alma tan grande como la de los poetas que glorificaron la patria cantando sus epopeyas inmortales. La lucha es su elemento, en ella se encuentra como el pez en el agua, y mi afirmación queda confirmada con leer sus castizos artículos «El Señor Feudal» y «Juventud Conservadora», insertos en este periódico y no refutados por nadie. IGNOTUS.

La siguiente carta, escrita ya en Orihuela, es del propio Justo contando a su prima Eugenia los pormenores del viaje con escala en Alicante, sin escatimar detalles escatológicos.

Estación de Atocha. Madrid.

Orihuela 5 de Agosto de 1907. Mi muy querida Eugenia: No puedes imaginarte lo que me costó en la Estación de Atocha el poder encontrar asiento en el tren. No veía por ninguna parte a mi prima Remedios  y tuve que meterme en un vagón cualquiera, después de sostener una disputa acalorada con un tío que decía que llevaba mucho equipaje y que no cabía.

Por último logre colocarme bien, gracias a la amabilidad de unas señoras que iban en el departamento de al lado. En Aranjuez, cuando paró el tren, vi a mi prima que iba en uno de los últimos coches; pero no me pasé con ella. El viaje lo hice regular, no con tantas molestias como otras veces.

A la hora anunciada llegamos a Alicante. Un chico valensiat me llevó las maletas a casa de la hermana de mi cuñado, donde me lavé, cagué y me mudé de pantalones y de botas. De allí me fui a una pastelería de la calle de la Princesa y por cuarenta céntimos me tomé un chocolate con leche y dos bollos; uno relleno de dulce de coco, y después una copita de anís.

Después, para hacer tiempo, me fui a los baños de Diana, donde me encontré a un cura de Orihuela amigo mío, y le estuve viendo bañarse. El día estaba fresco y el mar delicioso. La concurrencia era numerosa y selecta, sobresaliendo muchas mujeres hermosas. Después estuve paseando por la calle Mayor, donde vi a mucha gente de Orihuela y al músico mayor con su mujer, pues se casó el sábado.

Baños de Diana. Alicante. Principios del siglo XX.

A las 12 y media me fui a comer donde lo hicimos el año pasado, acordándome mucho de ti. Comí con muy poca gana un plato de sopa de fideos y otro de arroz con pescado, pan y un buen vaso de vino. Todo me costó 60 céntimos. Tenía otra vez ganas de cagar y me fui al café del Comercio, frente al mar, y allí me tomé un té con aguardiente y cagué.

Enseguida, con todo el resistero, me marché a la Estación de la línea de Murcia, a esperar a mi papá. Después de estar allí hora y media, llegó el tren con mucho retraso, y en él venían mi papá y mi cuñado. Nos fuimos inmediatamente, convidados por mi cuñado, a tomar unos vasos de agua de cebada riquísima y después, otra vez a los baños Diana, donde estuvimos sentados más de una hora respirando una brisa de gloria y contemplando las bellezas del mar.

Antigua estación de Murcia. Barrio de Benalúa. Alicante.

De aquí fuimos a ver a la hermana de Pepe, estuvimos allí un rato, tomamos la cesta de la merienda y, después de comprar pescado frito, olivas, pan, toñina y una hermosa sandía, nos fuimos a cenar al muelle, en la puerta, junto a la farola, donde estaban haciendo lo propio muchas familias. Lo a gusto que cenamos a la orilla del mar, viendo desde lejos la iluminación de la explanada y la entrada de un vapor, no hay para qué decirlo.

Pasito tras pasito volvimos casa de la hermana de Pepe Linares por mi equipaje, compramos una vuelta para Orihuela en 5 reales y nos fuimos a la Estación, llegando a Orihuela a las 2 de la mañana, rendido y muerto de sueño, encontrando en mi casa a mi mamá, hermana e hijos de ésta. Josefina está muy mona, habla mucho y tiene celos de mí cuando beso a mi mamá. Ya lleva puesto el collarcito. El niño es muy grandón y hermoso, pero más feo que Josefina y muy seriecito. Se parece mucho a su papá.

Todos me han preguntado mucho por ti, sintiendo que no hayas podido venir este año. Te estoy escribiendo a las doce de la noche. Mi prima Remedios se volverá a esa el día 15. Por la vuelta del botijo, por más que anduve sólo me dieron seis reales. ¡Qué robo!

Puente del Ferrocarril. Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.

Hoy no he salido en todo el día a la calle ni he visto a ningún amigo. He comido higos chumbos y melón. Recuerdos de todos y muchos besos de tu chico. JUSTO. Recuerdos a tu familia, Dª. Paz, Dª. Visitación, Don Agustín y niños. Sin olvidar a Vicenta y familia. En esta no hace mucho calor. Adiós.

Los diarios locales se hicieron eco de su llegada a Orihuela; y de los progresos del artista Enrique Luis, exiliado también en la capital y buen amigo de Justo.

La Huerta. Número 104 – 9 de agosto de 1907: Se encuentra entre nosotros procedentede Madrid, nuestro querido amigo y compañero D. Justo García Soriano.

La iberia. Número 43 – 9 de agosto de 1907: Hemos tenido la satisfacción de estrechar la mano a nuestro entrañable amigo e ilustrado compañero D. Justo García Soriano que ha venido a pasar una temporada al lado de sus queridos padres. Reiterárnosle nuestro más cariñoso saludo al amigo García Soriano.

Nuestro muy querido amigo y paisano el notable pintor Enrique Luis Cárceles, en la actualidad residente en Madrid, ha pintado un magnífico cartel alegórico a la inauguración de nuestro circo taurino, que regalará a la empresa para que figure en los trofeos que han de lucir, según costumbre, en algunos escaparates al exhibirse las banderillas y divisas.

Personas que han admirado este nuevo trabajo del joven Enrique Luis nos aseguran que ha hecho una verdadera y notabilísima obra de arte. Esperamos que la empresa dará al precioso cartel pintado por nuestro paisano la acogida que merece.

La siguiente carta de García Soriano iba dirigida a los hermanos Sainz; sus alumnos madrileños.

Orihuela, 12 de agosto de 1907. Mis queridos discípulos Pedro y Antonio: Después de un viaje molesto y largo, llegué a este pueblo sin novedad, encontrando en buen estado de salud a toda mi familia. En Alicante me esperaban mi padre y mi cuñado, y allí pasamos un día muy agradable disfrutando del espectáculo grandioso del mar.

Había una gran animación de veraneantes y bañistas. A la caída de la tarde, junto a la embocadura del puerto, en la misma farola, presencié la entrada de un vapor inglés y le vi evolucionar en la rada virando majestuoso. Confundíanse el ronco silbato de la sirena, el chirriar de las grúas y las voces de los marineros.

Puerto de Alicante a principios del siglo XX. Archivo Municipal de Alicante.

Traía el buque muchos viajeros y un enorme cargamento de madreas y toneles, que fueron llenando poco a poco el espacioso muelle. Entonces me acordé mucho de vosotros, pues sé que os hubiera gustado la vista deliciosa que ofrecía en aquellos instantes el puerto, y allí hubieseis podido hacerme infinidad de preguntas y yo explicaros muchas cosas.

En los días que llevo en esta ciudad me he desmejorado algo, pues el miércoles pasado me dio un cólico bilioso tan grande, efecto tal vez de las molestias del camino y del cambio de aguas, que he pasado tres días en cama y aún estoy algo delicado. Este ha sido el motivo por el que no os he escrito antes notificando mi llegada.

Eugenia me ha escrito y en su carta me dice que os vio una noche de paseo con vuestros padres. Yo deseo que todos los días os deis un buen paseo y os distraigáis mucho; pero no olvidaos de estudiar diariamente un poquito, para que no se os olvide lo aprendido, a fin de que a Octubre, cuando reanudemos las clases, lo podamos hacer como si no hubiéramos tenido en ellas ninguna interrupción.

Ya sé que vuestros papás cuidarán de esto y que vosotros lo haréis de buena gana. Aquí hay ahora mucha fruta, sobre todo higos chumbos, melones y sandías; pero como estoy aún algo estropeado del estómago, no puedo comer tantas como yo quisiera. Haced presentes a vuestros papás los respetuosos saludos de los míos y mis recuerdos; dándoselos también a Agustín, cuando vaya por esa, a Matilde y a María. Vosotros recibid muchos besos de vuestro profesor y amigo Justo García Soriano. Escribidme pronto. 

Banco de Cartagena, abierto en 1907 en la calle López Pozas. Colección Javier Sánchez Portas

En esta visita a Orihuela, más larga de lo habitual, se involucró plenamente en la corriente política que, siguiendo la estela de Cataluña, intentaba combatir el centralismo imperante. Recordemos que Justo se había pronunciado siempre como republicano federal.

La Huerta. Número 107 – 13 de agosto de 1907: De Regionalismo ¡Hay Patria! Ese estremecimiento de vida intensa y nueva llamado Solidaridad, que se inició en la laboriosa Cataluña, ha comenzado a recorrer, como un espíritu de resurrección, el organismo exánime, casi cadavérico, de España. Han latido anhelosos los corazones, han alentado fuertemente los pechos, y alborean esperanzas de salvación y presagios de venturas.

Las Vascongadas, Valencia, Galicia, Andalucía, que agonizaban amodorradas en este ambiente mofetizado de letal caciquismo, ya han despertado al clamoreo ansioso del pueblo catalán, dando fe de su personalidad robusta, aún existente a pesar de los esfuerzos anuladores del centralismo uniformista, mortífero, castrador de todas las viriles energías nacionales. Y la protesta enérgica de emancipación lanzada por la gran mayoría de un pueblo condenado a vivir oprimido bajo eterno y vergonzoso feudalismo, se ha esparcido por todos los ámbitos de la nación hasta repercutir en Orihuela con ecos de entusiasmos juveniles.

La vieja, la morisca Oriola que en su historia supo escribir brillantes páginas de independencia hidalga y de odio a la tiranía en el decurso de los medioevales tiempos, enarbola ahora el gonfalón regionalista, haciendo destacarse sobre la rojez y amarillez de sus crespones las barras aragonesas de su heráldica. Hago votos fervientes porque, así como la antigua señera salía antaño vencedora en los marciales combates, venza al presente en las lides incruentas del progreso, marchando briosa por esta senda segura del regionalismo.

Yo, que desde que abrí mi alma a los ideales políticos, hice sincera profesión, no sólo de fe sino de convencimiento, en el glorioso credo federal sustentado por sabios e ilustres varones, al observar ahora que las aspiraciones nobles y generosas de mi partido han sido abrazadas por todos los españoles de buena voluntad, como los únicos remedios eficaces para evitar la ruina de la patria; siento una íntima y profunda satisfacción y no dudo en sumar, sin recelos ni esquiveces, mi insignificante persona a este gran movimiento salvador que se propaga rápido.

Así me creo consecuente y patriota. Algunos espíritus, suspicaces, moldeados en las estériles hormas de los viejos partidos, miran atónitos y desconfiados este almo resurgimiento. Me parece naturalísimo. El problema regionalista es vasto y heterogéneo, y los que han cristalizado sus ideas encarrilándolas en la rutina de prejuicios arcaicos y caducos, se pierden aturdidos en las complejidades aparentes de la Solidaridad.

Hablando claro y preciso, rehuyendo embrolladas sutilezas, se logrará hacer luz, disipar estas disculpables desconfianzas y apagar las hostilidades de los bien intencionados. Hemos de declararnos enemigos acérrimos de los actuales y ya envejecidos procedimientos.

Contra la obscuridad capciosa de los presentes convencionalismos, claridad y sinceridad a ultranza. Contra los abominables vicios de parlamentarismo ocioso e infecundo y de perezosa pasividad implantados por el régimen imperante, las preciosas virtudes de laconismo clarividente y de actividad en la acción. Contra el centralismo despótico y oligárquico que absorbe y destruye la vida de las regiones, descentralización y autonomía individual, municipal y regional.

La entidad región habrá de tener facultades y atribuciones para legislarse y administrarse autonómicamente, en representación de los pueblos que la integren, autónomos a su vez en todos los asuntos de carácter municipal. En las Cortes de la Nación, constituidas por delegación legítima y democrática de todos los municipios y de todas las regiones, radicará el poder regulador y morigerante, y solo ellas podrán entender equitativamente en los pleitos interregionales, destruyendo cualquier intento de hegemonía o de separatismo, y en las complicaciones internacionales velando por los intereses y por la integridad de la Patria común.

Hay ya todo un plan de combate y un programa definido y preciso. La Solidaridad, la confraternidad de todos los partidos antidinásticos y de todas las regiones como medio o instrumento idóneo para cortar de una vez y para siempre los tentáculos opresores (caciquismo) de este pulpo chupador que se llama poder central, como fin. Para ello son necesarios, indispensables, una gran transigencia y un gran respeto en todos, si queremos que esta unión sea apta, indestructible y poderosa y no una amalgama incongruente y deleznable.

Hay que fortalecer y perfeccionar bien el instrumento antes de comenzar la obra, si apetecemos que ésta se realice y se haga imperecedera. ¡Jóvenes oriolanos que amáis el regionalismo, yo os brindo uno de los lemas de mi bandera política: FRATERNIDAD. Con ella podremos llegar a la consecución de nuestros elevados ideales, los de afirmar la existencia y el engrandecimiento de la Patria común, reconstituyendo y fomentando la vida regional. Justo García Soriano, Orihuela.

Y esta vez no se conformó con escribir artículos. En agosto de 1907 acompañó a dos jóvenes estudiantes de Derecho y a uno de Medicina, para actuar con ellos como orador en un mitin regionalista celebrado en la carretera de la estación (los actuales andenes).

Carretera de la Estación. Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.

La iberia. Número 48– 16 de agosto de 1907: MITINS SOLIDARIO. En el almacén de naranjas situado en la carretera de la estación se celebró ayer mañana un mitins solidario. Usaron de la palabra los jóvenes regionalistas D. José Martínez Arenas, D. Luis Ezcurra, D. Antonio García Mira y nuestro colaborador D. Justo García Soriano. El Sr. Martínez, expuso el objeto de la reunión y trató de demostrar que el regionalismo no es el separatismo. El Sr. Escurra, pronunció un elocuente discurso abominando del parlamentarismo, el caciquismo y el centralismo. D. Antonio García, entonó un himno a la patria grande y a la patria chica.

D. Justo García Soriano, explicó en lenguaje sencillo y claro el alcance y finalidad del regionalismo, demostrando que es una imitación del federalismo, del que en realidad es hijo. El presidente del mitins señor Martínez Arenas reasumió los discursos invitando a los concurrentes a que se inscribiesen como solidarios. Los oradores fueron muy aplaudidos, especialmente los señores García Soriano y Martínez Arenas. Se adhirieron al acto D. José María Sarabia por medio de una carta y D. Amancio Meseguer por encargo verbal al presidente de la reunión. El mitins estuvo regularmente concurrido.

José Martínez Arenas iniciaba la que sería una larga y fructífera carrera política. Luis Ezcurra, con el que ya había hecho las paces, colaboraba en la prensa local y era corresponsal de «La Verdad» de Murcia; obtenida la licenciatura en Derecho, hizo oposiciones y se convirtió en juez. El futuro médico y colaborador en «La Huerta» era Antonio García Mira.

El joven Luis Ezcurra. AMO. LJGS.

El siguiente artículo, escrito en verso, iba dedicado a una señorita que no pudo traer a Orihuela y de la que decía portar un retrato. Por ahora no he conseguido determinar quién era la madrileña de ojos negros que cortejaba en 1907. La correspondencia con Carmen Miralles data de 1909; y hacía ya cinco años de las poesías dedicadas a María Delgado Wall.

La iberia. Número 56 – 26 de agosto de 1907: CARTA A UNA MADRILEÑA. ¡SI AQUÍ ESTUVIERAS! … En tu ausencia transcurren lentas las horas /  y a cada instante aumentan mis añoranzas / hoy sólo te escribiera tristes doloras, / si no me consolaran las esperanzas. / Paso el día entregado con embeleso / a un coloquio incesante con tu retrato: / de amor en dulce arrobo le estampo un beso / y así mis ilusiones bellas dilato. / Por mil gratos recuerdos adormecido, / mi ardiente fantasía cuadros despliega: /De entre el ramaje de tu balcón florido / veo emerger tu cuerpo de estatua griega.

He bailado en tus brazos un wals pausado, / dando a todos los hombres celos y achares, / en la Kermesse famosa que hay junto al Prado, / y hemos marchado luego a los boulevares. /  Y siguiendo el ensueño con mi deseo, en un banco contiguo bajo las frondas del Retiro, sentado, después me creo, / del estanque mirando las tenues ondas. / Como mariposilla que la luz busca, / mi alado pensamiento rápido vuela / en torno tuyo, y tanto el amor me ofusca / que estoy, me olvido a ratos en Orihuela. / Sabrás que aquí habrá feria y fiestas lucidas, / que han de ser por las muestras un arquetipo, / y que va a inaugurarse con dos corridas / una plaza de toros que quita el hipo.

Para que te convenzas, ahí te mando / unos cuantos programas y otros papeles; / repásalos atenta y vete enterando / que nunca nos dio Niembro tales carteles. / Tendrás que confesarme, si eres sincera / que El Pájaro oriolano remontó el vuelo, / que hay aquí en esta tierra, sangre torera / y que es bambolla el dicho: «De Madrid al cielo».

Al comenzar la carta me puse triste / y te largué unas cuantas cursilerías. / ¡Perdóname! el motivo de ello consiste / en que aquí no te encuentres por estos días. / Bien ceñida la falda y así encendiendo / una hoguera en el pecho del más adusto; / con tu hermosa mantilla blanca, cayendo / en cascadas de espumas sobre tu busto. / Tu mantón de Manila verde, bordado, / que en esa corte llevas a las verbenas, / y la suprema gracia que Dios te ha dado / para que en este mundo quites las penas.

Con tus zarcillos de oro, como una mora, / prometiendo caricias tus negros ojos, / y tu pecho turgente que me enamora, / cubierto de claveles dobles y rojos. / En una tartanica con dos banderas / y un caballo enjaezado de pura raza, / con cascabeles, lazos y madroñeras, / irnos, moracha mía, tú y yo a la plaza… / Todo es allí alegría, luz y colores / y aturden los oídos el vocerío, / con que van pregonando los vendedores, / y los gritos y palmas que da el gentío. / Del sol ardiente los derretidos oros / resbalan por las sedas de las sombrillas.

Músicas suenan: van a empezar los toros / pues entre aplausos salen ya las cuadrillas. / De la plaza cruzando va los confines / lluvia de serpentinas, que el ruedo llena. / Redoblan los timbales y los clarines / y el primer cornúpeto salta a la arena. / Mientras tú emocionada sigues ansiosa / la lidia y te abanicas con mucho mimo, / yo contemplo extasiado tu cara hermosa / y con cariño inmenso tu mano oprimo. / Así pasa la tarde. ¡Viva el toreo! / Vámonos a la feria, que ya la lidia / ha terminado. Démonos un paseo; / verás a mis paisanos locos de envidia!…

Al comenzar la carta me puse triste, viendo que son tan sólo vanas quimeras / estos vivos deseos que me infundiste… / ¡Qué juerga correrías si aquí estuvieras. / Justo García Soriano. Agosto de 1907.— Orihuela.

Con motivo de la feria y la inauguración de la Plaza de Toros de Orihuela, José María Sarabia lanzó una nueva publicación ilustrada de carácter anual titulada «El Oriol Taurino».

El Oriol Taurino. Número 1. 1907.

Aprovechando su descanso veraniego en la finca de «Las Moreras», los liberales prepararon un baño de masas para su jefe de distrito durante la feria y fiestas de Orihuela. El viernes 30 de agosto celebraron un banquete en honor a Luis Barcala Cervantes.

Luis Barcala Cervantes.

El marco elegido fue el espacioso comedor del Gran Hotel de España, decorado con gusto y profusa iluminación. Dicho hotel estaba situado en el nuevo corazón de la ciudad, muy cerca del Casino, en la esquina con Alfonso XIII. Estaba allí toda la prensa local: «La Huerta», «La Nueva Era», «La Iberia» y el corresponsal oriolano de «El Liberal», de Murcia.

Gran Hotel de España. Colección Javier Sánchez Portas.

A la mañana siguiente, sábado, Luis Barcala y un grupo de liberales viajaron a Callosa y Redován, donde fueron recibidos por un numeroso gentío con banda de música. Justo y Andrés Lacárcel acompañaron a la comitiva como corresponsales de prensa; lo que da a entender que habían solucionado ya sus diferencias. He aquí la extensa crónica de Justo.

La iberia. Número 62 – 2 de septiembre de 1907 (por error esta archivado con fecha 2 de agosto): El Sr. Barcala en Callosa de Segura y en Redovan. El sábado último, en la mañana, y con objeto de devolver la visita a los comités liberales de Callosa de Segura y de Redován, marchó a dichos pueblos nuestro respetable jefe D. Luis Barcala y Cervantes, acompañado del Presidente del comité de esta ciudad D. Álvaro García de Burunda, de los señores don Manuel Lizón, D. Felipe Saenz, D. Matías García, D. Joaquín Borreguero, D. José María Giménez y de nuestros compañeros D. Andrés Lacárcel y D. Justo García Soriano.

A la entrada de Callosa de Segura esperábales una numerosa comisión formada por los Sres. Mora, Guilabert, Sorribes, Ruiz, Grau, Arteaga, Martínez (D. Joaquín), Trives (D. Juan), Pamies, Rives (D. Domingo) y algunos otros que no recordamos. Tras los saludos y cortesías de fórmula, todos reunidos marcharon a casa del vice-presidente del comité, Sr. Guilabert, en donde después de explicar el motivo de la visita y cambiar algunas impresiones respecto a la política de aquel pueblo, expuso el Sr. Barcala, con esa mágica y elocuente sencillez que en sus palabras sabe poner siempre, las líneas de conducta más principales que deben seguirse, a fin de que se robustezca cada vez más la reorganización incipiente y ya pujante de nuestro partido, y marche brioso por el seguro derrotero que le marca su programa, mantenido sin mixtificaciones ni transigencias que puedan parecer una abdicación de los principios liberales o un contubernio vergonzoso con nuestros enemigos políticos.

«Hemos de mantener —dijo—siempre inalterable y vigorosa nuestra personalidad, cada día si es posible más definida, desoyendo las seducciones y los cantos de sirena con que intentarán reducirnos a la inacción nuestros adversarios. Para ello hemos de sostenernos equidistantes, igualmente distanciados de los impacientes y exagerados radicalismos de avance, como de la reacción obscurantista que no pierde momento de intentar envolvernos y destruirnos con su ola negra: hemos de permanecer en esa difícil ecuanimidad, y perfecto equilibrio que tanta falta hace a España.

No se afanen Vds. en engrosar nuestras filas con soldados dudosos que no posean los entusiasmos que proporciona el convencimiento de las ideas, pues no conviene olvidar que es más apto para la lucha y está más cerca de la victoria un pequeño ejército disciplinado y aguerrido que una numerosa hueste en que impere la anarquía. Si ya somos tantos en los comienzos, no dudéis de que en la hora del triunfo seremos infinitos, nos contaremos por legiones». Terminó su amena e interesante plática el Sr. Barcala, excitando a los jóvenes a la lucha, ellos que tienen por delante el porvenir, y aconsejando que nunca olviden los intereses locales del pueblo de Callosa, ya que a él más directa y especialmente han de dedicar sus atenciones.

El ilustrado médico y presidente del comité liberal de la vecina villa, Sr. Mora, contestole en nombre de todos con sentidas frases, manifestando que siempre han luchado y lucharán en adelante los liberales callosinos por el triunfo de sus redentoras ideas y de los intereses materiales de su pueblo. Acto continuo fueron galantemente obsequiados el Sr. Barcala y los señores que le acompañaban con un espléndido lunch. Terminado éste entre la más cordial alegría, fueron todos juntos hasta las afueras del pueblo, teniendo lugar allí una cariñosa despedida.

Banda de Música Callosa de Segura. Principios del siglo XX.

En el regreso se detuvieron los expedicionarios en Redován, donde hasta la carretera había salido a recibirles el comité con una banda de música — que por cierto se inauguró entonces — y todo el pueblo en masa. Una continua cohetería surcaba el espacio, cuyas detonaciones eran ahogadas en algunos momentos por los acordes de la música y los vítores en que prorrumpía el gentío.

Visitaron las casas de los Sres. Mazón, del presidente del comité redovanense don Antonio Escudero, siendo agasajados en casa de los primeros con dulces, licores y habanos, en cuyos momentos pronunció un entusiástico brindis nuestro querido compañero Sr. Lacárcel, que fue contestado por otro muy sentido y expresivo del secretario del comité de Redován don Juan Pucholt. En el ejido del pueblo se despidieron todos entre calurosos vivas dados a D. Luis Barcala y a la libertad. Dicho señor y sus acompañantes regresaron a Orihuela satisfechísimos de ambas visitas, que han de influir poderosamente en la marcha futura de la política liberal de dichos pueblos.

Al regreso de estas visitas nuestro distinguido correligionario D. Felipe Saenz Pizana invitó a comer en su domicilio a don Luis Barcala, en el cual se hospedaban la distinguida señora Doña Concepción Rebagliato e hijos, que con motivo de las fiestas, nos han honrado con su presencia. Se sirvió un espléndido almuerzo; en el cual con suma delicadeza y distinción, hicieron los honores la distinguida señora Doña Concepción Saenz y su hermana Doña Dolores Saenz esposa y hermana política respectivamente del anfitrión nuestro amigo. A los postres fueron invitados varios amigos y correligionarios, que guardarán recuerdo imperecedero de tan agradable reunión.

Despedida a D. Luis Barcala: Ayer mañana salió para Torrevieja y Madrid nuestro ilustre jefe D. Luis Barcala Cervantes. A despedirle concurrieron a la estación, el comité liberal en pleno, y numerosísimos correligionarios. El señor Barcala hizo nuevas y efusivas manifestaciones de gratitud por los agasajos de que ha sido objeto durante su permanencia entre nosotros.

Hasta la estación de Albatera, le acompañaron nuestros distinguidos correligionarios D. Manuel Lizón, D. Felipe Saenz Pizana, D. José Mª. Giménez, don Joaquín Borreguero y D. Rafael Martínez. El partido liberal de Orihuela se honra teniendo por caudillo a un hombre en el que concurren todas las virtudes cívicas y todas las cualidades que debe poseer el hombre perfecto, y al enviarle un saludo cariñoso de despedida, le rogamos que frecuentemente nos visite, infundiéndonos nuevos alientos y entusiasmos para luchar a sus órdenes por la sagrada causa de la Libertad. J. G. S.

Ya de vuelta en Orihuela, la animación era enorme. Trenes especiales atestados de viajeros llegaron desde mediodía de los pueblos cercanos. En los cafés, en el casino, en las fondas y hospedajes era imposible conseguir un sitio. Me parece raro que Barcala no asistiese al gran evento que se organizaba aquella tarde; pero la prensa no dice nada.

Colección Javier Sánchez Portas.

Tampoco tenemos noticias de si acudió Justo a la inauguración; pero sabiendo que era «un antitaurófilo terco como él sólo» pienso que no. Aquel sábado 31 de agosto, los carruajes circulaban con caballos adornados y la gente comenzó a desplazarse en romería hacia las afueras de la ciudad, entre los caminos de Molíns y de Bigastro. A las cuatro en punto de la tarde, Lagartijillo Chico, Minuto y Bienvenida estrenaron la nueva Plaza de Toros de Orihuela.

El Oriol Taurino. Número 1. 1907.

La iberia. Número 62 – 2 de septiembre de 1907 (por error esta archivado con fecha 2 de agosto): Primera corrida. Inauguración del circo. La plaza presenta un hermoso golpe de vista. Los tendidos están, aunque con alguna holgura, completamente ocupados por los espectadores. En los palcos hay muchas hermosas mujeres cuyos ojos ardientes hacen competencia al sol que, avergonzado se cubre con negros celajes. Llevan la clásica mantilla. «…con tu hermosa mantilla blanca cayendo en cascadas de espuma sobre tu busto» que ya dijo García Soriano, un antitaurófilo terco como él sólo, pero a quien ablanda eso de la mantilla como ablandaría a las piedras

Del 27 de agosto al 5 de septiembre de 1907, en sus números del 57 al 65 (excluyendo el 61 y 62 por exceso de original urgente) «La iberia» publicó un estudio sobre la Feria de Orihuela.

Era continuación y ampliación del que había publicado tres años antes en «El Diario Orcelitano». He fusionado ambos trabajos en un artículo al que sólo le puede faltar una entrega. El número 63 no está en la hemeroteca. Para leerlo completo se accede pinchando la siguiente imagen.

Enlace al artículo de La Feria

Justo colaboró también junto a Madaria, Rogel, Escudero Bernicola, Sarabia y otros periodistas oriolanos, en la revista alicantina «El Espectador Ilustrado», dirigida por Abelardo L. Teruel. Fue un número muy especial por las fiestas de agosto, en el que ofrecían fotograbados con vistas de Orihuela, y que no he podido encontrar.

Y todavía le quedó tiempo para escribir a sus discípulos madrileños. Las dos cartas enviadas en este viaje, son las únicas a sus alumnos que se conservan hasta 1912.

Orihuela, 7 de septiembre de 1907. Mis queridos Pedro y Antonio: Me figuro que estaréis muy impacientes esperando mi respuesta a vuestra cariñosa carta, que recibí a su debido tiempo. En cuanto llegué a esta ciudad, los amigos periodistas que tengo aquí, me cogieron entre manos obligándome a que les escribiera diariamente alguna cosa para sus periódicos, y no me dejan parar un solo instante. Así es que, con la ocupación que por complacerles me he impuesto, se deslizan para mí los días con tal rapidez, que casi no me doy cuenta de ello.

No creáis por eso que me he olvidado de vosotros; por el contrario, os tengo siempre muy presentes en la memoria y estoy deseando constantemente que llegue pronto el día de regresar a esa corte, para que volvamos a reanudar con mayor entusiasmo e interés nuestras interrumpidas clases.

Mucho me satisface el plan de estudios que os habéis marcado y estáis siguiendo este verano, según me decís. Procurad sobre todo no olvidar nada de lo ya aprendido, pues de esa forma tendremos mucho adelantado para el curso próximo.

He leído vuestra carta muy detenidamente y no he hallado una sola falta de ortografía; sólo he visto algunos ligeros olvidos, muy pocos, en la acentuación y en la puntuación. Por ello me congratulo mucho, pues observo que habéis aprovechado bien todas mis explicaciones, y esta es la mayor satisfacción a que puede aspirar un profesor tan modesto como soy yo. Aunque sé que no habéis estudiado la sintaxis, vuestra carta no carece de sindéresis, de corrección y de claridad, supliendo con vuestra natural disposición, la falta de esos conocimientos gramaticales.

Yo regresaré a Madrid, Dios mediante, el 25 del presente mes; de modo que aún tenéis tiempo de escribirme otra carta y yo de contestaros. Daréis muchos y afectuosos recuerdos a vuestros papás y a Agustín, de mi parte y en nombre de mis padres y hermana, que me lo han encargado muy vivamente; y ya sabéis vosotros lo mucho que os quiere, JUSTO GARCÍA SORIANO.   

Tras el anuncio en «La Iberia» de la publicación del libro de versos «Yeclanerías» y la reproducción de «La Protesta», uno de sus poemas en panocho (que no voy a transcribir), su «hermanico» Maximiliano le envió una carta en la que le felicitaba por los versos a «su madrileña»; preguntándole si se había dejado en la corte «algún pedazo de sus entretelas».  

La Iberia. Número 67 – 7 de septiembre de 1907: Un libro de versos. Hace algunos días recibimos un ejemplar de la segunda serie de «Yeclanerías», que acaba de publicar y poner a la venta el conocido e inspirado poeta yeclano, querido amigo nuestro, D. Maximiliano G. Soriano. Es esta obra una linda colección de sentidas poesías, escritas en el lenguaje local de Yecla y en las que el Sr. Gr. Soriano describe con brillantez de estilo y castizo aticismo varias costumbres de la hermosa ciudad murciana.

Yeclanerías. Quinta colección.

No podemos hoy ocuparnos de este libro con la extensión que merece lo que prometemos hacer mas detenidamente otro día; y ahora nos limitaremos a insertar a continuación una de las composiciones más inspiradas que la colección contiene, ya publicada en «Mis últimos versos», a fin de que nuestros rectores puedan cerciorarse de la justicia de nuestros elogios. «La Protesta»…

Elda 12 de Sep. 907. Sr. D. Justo García Soriano: En este momento me entrega el cartero «La Iberia» que reproduce mi poesía triste… y días pasados recibí dos ejemplares del nº en que tras benévolas frases copiaba «La Protesta»; y por todo ello te doy las más expresivas gracias.

Hace unas noches hablamos de mi hermanico el Provisor de ese cabildo u obispado y yo, y entusiásticamente le colocó a la altura que se merece. ¡Poco orgulloso que se pone uno al ver que se hace justicia a uno de la familia! Le felicito por sus versos a «su madrileña». ¿Se ha dejado V. por la corte algún pedazo de sus entretelas?  

Ayer contesté a Zat después de cuatro meses. Aún estoy rendido de las fiestas, como lo estará V. de las de ahí. A Emilio Costa, director de «Diario de Alicante», le hablé de V. Vamos a triunfar los antisolidarios, y si no, al tiempo. No se ría V; no, y ya verá como no me engaño. Si pasa por esta estación a su paso a Madrid, me avisa y saldré a saludarle aunque sea a hora intempestiva. Gracias, Justo, gracias, mándeme sin reparos. MAXIMILIANO. Plaza de la Constitución. Farmacia, No precisa la calle.

Antes de regresar a Madrid escribió una serie de artículos teóricos titulada «Notas íntimas del arte» de las que sólo voy a transcribir unas pinceladas. Él mismo acabó pidiendo perdón por la extensión y contenido del trabajo.

La Iberia. Número 79/84 – 21/27 de septiembre de 1907: Notas íntimas del arte. I. El decantado modernismo. ¿Es el decadentismo? Durante tres o cuatro lustros viene hablándose del modernismo, y aunque ya es un tema viejo que nadie discute, la generalidad de las gentes y aun muchos de los que se dedican a escribir no saben todavía a punto fijo lo que esencialmente lo constituye. Quizá no lo sepan nunca. El Cromatismo. La Lírica. Los «anarco-literarios»El «criticismo». El Teatro. La Literatura Regional. La Forma. La Pintura. La Música. La Filosofía y la Política. Recapitulemos.

Perdón. Me he extendido mucho, como tengo por costumbre incorregible, en esto que deseé fuera sólo un ligero y breve preámbulo. Las ideas se agolpan en mi imaginación en torbellino impetuoso. Mi pluma se desliza rápida, incansable, a pesar mío, sobre las cuartillas, por un impulso interior que no acierto a reprimir, aunque no ignoro que con ello no logro más que restar lectores a mis escritos.

También contra mi intento me he expresado en una forma doctrinal que, no obstante mis académicos titulillos no me cuadra mucho y que confieso no premedité requerir en este caso. ¡Dios me libre de la tentación y de la idea diabólica deponer cátedra de modernismo en ninguna parte, y menos que en ningún lado en Orihuela!

El mal y el delito ya están cometidos. Imploro por ello el perdón al lector que haya tenido paciencia de leerme hasta aquí; y ya que ha atravesado lo más árido del camino, le invito a que espere y lea la segunda parte — que será mejor y más sabrosa, aunque dicen que nunca segundas partes fueron buenas — de estas frívolas notas íntimas, que voy trazando al correr de la pluma, sin datos, memorialines ni demás pertrechos mentales. Justo García Soriano. Septiembre de 1907.— Orihuela.

Como era habitual, los diarios locales se hicieron eco de su regreso a la capital.

La Iberia. Número 82 – 25 de septiembre de 1907: Hoy ha salido para Madrid nuestro querido amigo y colaborador, D. Justo García Soriano, quien desde la Corte, continuará honrando esta publicación con sus selectas crónicas. Le deseamos un feliz viaje.

Estación de Orihuela a principios del siglo XX. Colección Rodríguez Tejuelo

La Huerta. Número 142 – 25 de septiembre de 1907: Hoy en el tren de las 8 ha marchado a Madrid nuestro estimado amigo y compañero en la prensa, el brillante escritor D. Justo García Soriano. Con verdadero sentimiento nos despedimos de él pues su compañía nos es muy agradable. Feliz viaje y que le vaya bien por la corte.

Aquí se adelantaron un poco anunciando la inminente salida de «Flores Silvestres», de Juan Sansano. Como veremos, aún faltaban varios meses para ello. Justo se fue demorando con el prólogo y luego con las correcciones.

La Iberia. Número 86 – 30 de septiembre de 1907: En breve verá la luz pública un tomo de poesías debido a la pluma del fecundo poeta oriolano D. Juan Sansano Más, con un prólogo de nuestro querido amigo D. Justo García Soriano. Esperamos con ansia la nueva producción del compañero Sansano, para admirar las bellezas que indudablemente contendrá.

Nueva carta de su padre en la que afirma no tener dinero ni para pan; y le recuerda el prólogo pendiente de Sansano. Por ella sabemos también de la visita sorpresa de su tía Dolores; la que se había ofrecido a financiarle las ochenta pesetas de la matrícula.

Orihuela 21 de Octubre 1907. Querido hijo Justo: hemos recibido tu carta, y vemos con satisfacción que no tienes novedad, tu madre y yo estamos buenos. Comprendemos la sorpresa agradable que recibirías al ver a tu tía Dolores en esa, tu mamá se alegró al saber la noticia.

Nos has dado un alegrón con tantas noticias buenas que nos das, lo que es menester que se cumplan todas lo antes posible, ya sabes por qué lo digo, hoy nos encontramos sin tener que comer, y el panadero no quiere darnos más pan porque le debemos 10 pesetas y sin esperanza de cobrarlas porque dice que estoy cesante; así que ya ves cuanto sufrimos.

Que no dejes de ver a tus profesores y que te digan que te aconsejan de si haces oposiciones pronto. D. Amancio lo vi hace 3 días, y me dijo te dijera que no tengas miedo y te presentes a oposiciones, pues seguro que las ganarás, con que ánimo y adelante como te decía el P. Carbonel.

Le dije a Sansano que pronto le mandarías el prólogo, me dijo que así sea cuanto antes. Recibe los aftos. de tu hermana, su esposo, besos de tus sobrinos, recuerdos de los amigos, y también se los das a tu tía Dolores y a Eugenia de todos, y tú sabes cuánto te quieren tus padres. JUSTO y RAMONA. Contesta pronto.  Tengo en mi poder el sello y lo pongo en el sobre de esta carta.

1907 fue el año de la prensa en Orihuela. En noviembre salía otro diario a la calle con la redacción en la calle de Santacruz y la imprenta de Manuel Pérez. Se mantuvo ocho meses con esa periodicidad; y poco más de un año como semanario.

La época. Número 1 – 19 de noviembre de 1907: ¿Un periódico más en Orihuela? —Exclamará el lector al desplegar ante su vista el primer número de este diario que le ofrecemos— ¿qué propósitos trae? ¿Qué quiere? ¿Dónde está el hueco que viene a llenar? — ¿Qué propósitos trae? (…) Este nuevo diario es fruto de unos cuantos modestos periodistas que traen su microscópico grano de arena, fortalecido por una voluntad sin límites, a la hermosa obra del engrandecimiento de nuestra patria chica. Estos son nuestros propósitos …

¿Dónde está el hueco que venimos a llenar? No lo sabemos. La opinión ha de señalarlo y nosotros sabremos colocarnos donde nos mande. (…) Orihuela es una ciudad que progresa, y en ella tiene holgado puesto un periódico más. Sólo nos resta pedir a los demás algo para nosotros; favor al público, que nos aliente, e indulgencia para nuestros trabajos, siquiera por la mucha voluntad que los inspira.

Saludamos a la Prensa y muy particularmente a los periódicos locales. En nosotros encontrarán un apoyo cuando defiendan una causa justa; ya lo hemos dicho más arriba. En las discusiones seremos leales y en toda ocasión buenos compañeros.

Esta carta de su padre no tiene fecha; pero por la de Sansano que menciona, debió enviarla en la última semana de noviembre. Por ella sabemos que pensaba entregar mensualmente 15 pesetas a su familia, a cuenta de sus colaboraciones en «La Huerta».

Ayer recibí el certificado en el que venía el prólogo para Sansano para que lo ponga en sus poesías y el cliché de tu firma. Del prólogo no hay que pedir más, nos ha gustado mucho. Me dice Sansano que te diga que el domingo próximo te escribirá, que te dé las gracias.

Nos alegramos de la noticia que nos das de que nos mandarás todos los meses 15 pesetas por los artículos que escribes en la Huerta; que sea cierto es lo que deseamos. Recuerdos de todos, estamos buenos.

La anunciada carta de Sansano, escrita el domingo primero de diciembre, lejos de criticar los retrasos de Justo fue un canto a su talento. También le puso al corriente de las actividades periodísticas de su amigo Rafael Rogel, mojando en todas las salsas; y también de las políticas de Martínez Arenas.

Sr. D. Justo García Soriano. Madrid. Mi dueño y señor: ¿Se ha perdido mi carta? Lo siento. No hablemos de eso y escuche: ¿Su prólogo? ¡Bendita sea su pluma prodigiosa! Yo le he leído y releído y no dejo de leerlo. ¡Es tan hermoso! ¡Se ve en él el corazón del artista que escribe tal y como yo esperaba verlo, filósofo, sentimental, agradable, expresivo…! ¡Bendita sea la pluma de García Soriano, verdadera honra de Orihuela! (lo digo sin apasionamiento). Yo quisiera pagar su trabajo con la vida. El agradecimiento no se apagará nunca en mi alma. El tiempo hablará.

No le he enviado las pruebas por no haber compuesto todavía el prólogo. Lo he recibido en días de muchas ocupaciones, pues he estado haciendo una Pastoral para el Obispo. Pronto, a ser posible, se las enviaré cuando me aclare un poco. Hablamos su padre y yo de la conveniencia de publicar su retrato de V. y él me prometió hablarle sobre el asunto en carta.

Pero esto no es cosa que urge, pues había de estar terminado el libro y es muy fácil colocar las páginas con los fotograbados. ¿V. dice que vaya el mío? Así lo haré. Tengo en mi poder el cliché con su firma. Ya publicado el libro, en la revista «Murcia» hablara su director Sr. Arnáez de nuestros trabajos y publicará los fotograbados.

Le suplico, que cuando reciba las pruebas, las corrija lo antes posible, pues sería fácil necesitásemos la letra empleada en el prólogo. No he escrito nada para el certamen de «La Huerta». En las poesías premiadas habrá V. encontrado la mar de disparates, sobre todo en la de Jara Carrillo, y también en la de Ezcurra. La mejor es la de Tirso Camacho, que lleva el lema «Evocando el Escorial». Yo no he podido hacer nada y lo he sentido. Trabajando de día y de noche en la imprenta era imposible.

Sus padres están bien. Recuerdos de los amigos. (Martínez Arenas se vuelve conservador si echan del Ayuntamiento a Sempere ¡pásmese V. ! ). Esto lo dice él; son palabras suyas. Rogel con «La Huerta», escribiendo en «La Iberia» y hermanado (aunque él lo niega) con los marquesitos de «La Época». Así anda el mundo y no nos podemos entender. Lleve cuidado si le habla V. por carta de este asunto: dele V. en la cabeza. Ahora le ha dado en decir que yo no soy carlista… ¡Ya ve V. qué ocurrencia! ¡Este Faeliyo carece de pupila!

Si tiene ocasión de ver al Sr. Escudero Bernicola, salúdele y hágale presente que por aquí no se le olvida. Él hará lo contrario. Y V. mande como guste a su agradecido amigo y servidor q. b. s. m. J. SANSANO MÁS. Diciembre 1º. 907 Orihuela. Perdone los sellos de la carta. ¡Pícaro demonio! Cuando envíe pruebas volveré a escribirle.

Sellos de correos de 1907.

Por la premura, este borrador de carta sin fecha tiene más pinta de ser ya de 1908. Pero al no tener la certeza y referirse a los incumplimientos y demoras con el prólogo de Sansano, la pongo aquí.

Mi querido Sansano: ¡Perdón! ¡Misericordia!… ¡Estoy horrorizado! No sé ni lo que me he hecho… Abusando una vez más de su paciencia y de su bondad infinitas, he faltado a la palabra que le di en mi carta anterior. Comprendo que Vd. se habrá de indignar con harta razón.

Penetrado de la actualidad que entraña el verso exámetro, puesto ahora de moda por Rueda, he creído conveniente para que mi trabajo sea más digno de su colección de poesías, aumentarlo con un artículo más, que ahora vendrá a ser el VI de ya mi latoso y aborrecible prólogo. No me cansaré de pedirle perdón. Comprendo que soy un pelma y un deshaogao  como no hay…

¡Por qué lo haré yo! De paso me he atrevido a hacer otras enmiendas, y otra adicción para intercalar en la llamada (2) de las pruebas, correspondiente al artículo VII. ¡Yo no sé cómo se las va Vd. a arreglar con los galerines ya formados páginas!… ¡Le digo que estoy asustado atrozmente de cuanto he hecho! ¡Va a acabar Vd. por odiarme y por mandarme a la puñeta!… Lo merezco ¡Perdón!  Anteayer le mandé a mi padre, certificado, el cliché de mi retrato, que supongo ya le habrá entregado a Vd...

Esta carta de Luis Barcala está destinada a José Escudero Bernicola y pero llegó a manos de Justo. No sé si se la reenvió para que se encargase de la «intervieu» mencionada. Lo cierto es que la acabó redactando un colaborador de «La Huerta» llamado «Plim»; y salió publicada en enero.

Luis Barcala Cervantes. Ingeniero de Caminos. Ventura de la Vega, 3 Madrid, Sr. D. J. Escudero. Muy Sr. mío: muy honrado con sus pretensiones, debo indicarle a V. al mismo tiempo que le ofrezco mi casa, que estando muy poco en ella, puede verme en el Ministerio de Fomento, en la Jefatura del Negociado de Construcción de Carreteras, donde estoy todos los días de nueve a dos de la tarde.

Allí podrá hacerme V. todas las preguntas que quiera  de esa intervieu a que se refiere, y yo tendré el gusto de contestarle a todas ellas, pareciéndome mejor me las haga V. por escrito y en esta misma forma le enviaré a V. mi contestación. Con este motivo tengo el gusto de ofrecerme de V. afto. S. S. q. l. b. l. m. LUIS BARCALA CERVANTES. 11-12-907.  

Y así llegó otra navidad con Justo en Madrid, lejos de sus padres. Estos estaban en Murcia por el empeoramiento del tío Filomeno. Desde allí le enviaron la carta con la que pongo fin a esta entrega.

Madrid. Venta de pavos y puesto de panderetas. Navidades de 1907. Revista «Blanco y Negro».

Murcia 22 de Diciembre de 1907. Querido hijo Justo: anoche a las 7 llegamos a esta ciudad, tu madre y yo, nos mandó a llamar tu tío Antonio, en vista de que el tío Filomeno no se mejora de su enfermedad, no sabemos lo que tiene, para mí es una lesión al corazón, quisiera equivocarme, tiene inflamadas hasta las rodillas las piernas, y no se puede acostar por las angustias que le dan, por manera que no me gusta cómo se encuentra. Cuando nos escribas, no digas de la enfermedad que te he dicho que padece, sino de un catarro fuerte.

Te deseamos pases las pascuas con la más completa felicidad y por muchos años, lo mismo dice tu tía Dolores, esta misma dice que felicites en su nombre las pascuas a Dª. Antonia de Borja y a Lola. Tus padres que te quieren. JUSTO y RAMONA.

Recuerdos a Eugenia y también felicidades. Escribe pronto a este San Lorenzo nº 7 pral. Tu hermana nos dio 14 reales para hacer el viaje de Orihuela a esta, conque ya ves. Recuerdos de Ascensión, tío Filomeno, tío Antonio, Rosa y demás familia.   

Murcia. Estación del Carmen a principios del siglo XX.

Continuará.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas, a Jesús García Molina y a José Manuel Dayas.

Justo García Soriano 9. 1907/1.

«La prosa de la vida me hizo galeote del periodismo y del profesorado particular. Me gané la vida esforzadamente dando lecciones a domicilio, en colegios y academias y rodando por redacciones de periódicos».

Justo García Soriano. «Noticia crítica y autobiográfica».

Plaza de Santa Ana, Madrid. Domicilio de Justo García Soriano en 1907. Colección Salvador Alcázar.

1907

En 1907 Justo seguía viviendo en Madrid, instalado junto a su prima Eugenia Tribello García en el tercer piso de la Plaza de Santa Ana, número 7.

Eugenia era modista de sombreros; y entre su selecta clientela figuraba Dª. Presentación Rodríguez Castillo, esposa del reputado médico Agustín Sainz Espinosa.

Justo y Eugenia. AMO. LJGS. Montaje.

En la entrega anterior debería haber hablado de sus inicios como profesor particular en el curso 1906-1907; pero el exceso de texto y el desconocimiento de la fecha exacta en la que empezó a impartir clases me llevó a dejar el tema para introducirlo en este capítulo.

Los diplomas y premios obtenidos en su carrera fueron la tarjeta de presentación que le abrió las puertas a la docencia privada; y no le resultó difícil encontrar alumnos. Pero entre todos sus discípulos destacó un hijo del matrimonio citado anteriormente: el erudito Pedro Sainz Rodríguez.

El doctor Sainz no confiaba en la enseñanza de la época y decidió seleccionar personalmente a los maestros que instruirían a sus hijos Pedro y Antonio, de ocho y nueve años de edad; disponiendo de un profesor para ciencias y otro para letras en su propio domicilio.

Bibliógrafo, editor, académico y político, Pedro Sainz llegó a ser diputado durante la II República y ministro de Educación en la Dictadura de Franco (hasta que lo cesaron por monárquico y se exilió como consejero de Don Juan de Borbón).

Él mismo reconoció el mérito de García Soriano en su exquisita educación. Utilizando su propio testimonio: «influyó extraordinariamente en mi vocación por la literatura, los estudios literarios, en mi amor a los libros y, finalmente, en mi decisión de estudiar la carrera de Filosofía y Letras».  

La relación maestro discípulo dio paso a una amistad que se manutuvo durante años: Disponemos de más de medio centenar de cartas que dan fe de ello. Las dos primeras las envió Justo desde Orihuela durante las vacaciones estivales de sus alumnos, este mismo año. Pero será en el siguiente capítulo.

Pedro Sainz Rodríguez ( 1897-1986)

En su faceta periodística, García Soriano comenzó el año escribiendo para la «Unión Republicana» de Orihuela. Recordemos que estaban pendientes las consecuencias de la feroz crítica a Andrés Lacárcel y a su «Lazo Negro»; asunto que intentó suavizar con la primera entrega de Calamares en Tinta.

Unión Republicana. Número 170 – 3 de enero de 1907: Calamares en tinta. Por la carta de un amigo me entero de que mi distinguido colega Andrés de Lacárcel se ha enfurruñado por el sinceramente espontáneo, sí que también inocentón artículo que dediqué en el número 168 de este semanario a su libro «El Lazo Negro». Y agrega el amigo de referencia que «algunas personas de criterio lo han censurado diciendo que ESO NO ES CRÍTICA».

Esta noticia me ha producido sorpresa e indignación; porque ¿qué hay en mi artículo que pueda zaherir, ni mortificar en lo más mínimo el amor propio de mi amigo Lacárcel a quien quiero y estimo muy de veras pese a la malignidad de esos señores del margen que se empeñan en que sea todo lo contrario?

 ¡A ver señores sabiondos, molleras en escabeche, señálenme vuesas mercedes infalibles los dicterios contra el Sr. de Lacárcel que en mi pobre artículo ven! Que se diga que mi artículo es un poco cachondo, pase; que se afirme que en él me ocupo más del retrato del autor de «El Lazo Negro»… que de su libro… ¡que pase también!; pero que se me tache de que en él he querido hacer, para mofarme, su caricatura…. eso sí que no puede pasar ni yo lo tolero, y al que se atreva a sostenerlo le escupiré a la cara un solemne mentís.

Si vuestra propia malicia os hace pasaros de listos y halláis en cada frase mía una oculta alusión injuriosa; si bajo las abundantes metáforas y el sentido figurado que suelo adoptar en muchos de mis escritos adivináis suspicaces una latente ironía;  si las que no son más que humoradas amistosas de camaradas las consideráis ataques solapados de un disimulado rencor, y si, en una palabra, cogéis el pepino por donde amarga y el rábano por las hojas; tened presente que el amolador juzga que todos son amoladores como él. Además, a estos lectores mal intencionados he de manifestarles, parodiando lo que dijo Unamuno en cierta ocasión que «yo que he cultivado siempre mis explicaderas, cuento al escribir con que mis lectores tendrán bien cultivadas sus entendederas». En mi apólogo ya os lo advertía Zaratrustra.

Si alguna vez yo he querido atacar y he sentido deseos de agredir, lo he hecho tal vez con harto descarnamiento y dureza de expresión, pero siempre con el rostro descubierto y alto, con la noble y decidida acometividad del adversario caballeresco que combate furibundo frente a frente. En Orihuela hay más de una persona que puede dar fe de ello por experiencia propia. La guerra de emboscadas, el uso de la daga traidora, el navajeo rufianesco, la puñalada trapera quédese para otras plumas más cobardes y maquiavélicas que la mía, que siempre ha sido honrada y rudamente franca. Cuando yo despliego y tremolo la bandera roja de combate, no rompo las hostilidades dando al enemigo una insignificante bofetada, sino ¡disparándole un formidable cañonazo!

Conque ¿mi artículo no es crítica, eh? ¿Y quién les ha dicho a ustedes que el olmo echa calabazas? Es mucho criterio el de estos señores desculaportales que frecuentan y matan su holganza en ciertos centros de chismografía y de calumnias. Hay gentes tan malévolas que no viven felices sino indisponiendo amistades. Otros se pasan insomnes las noches premeditando los falsos testimonios y las rencillas que han de levantar y fomentar al día siguiente para distraer su aburrida ociosidad viciosa y disfrutar a costa de la inquietud de sus prójimos…  Ha hecho mal el amigo Andrés en dar oídos a las murmuraciones de esas sabandijas que muerden como víboras empozoñadoras.

El señor Lacárcel, a pesar de su apellido, ha demostrado no tener cadena ni correa. Yo no soy como algunos falsos amigos de dos caras que él tiene, los cuales le adulan y le lisonjean en su presencia, para que se engría, y a su espalda se ríen de él diciendo: — ¿Quién habrá metido en la cabeza a Andresito que se haga escritor?

Si yo hubiera pensado esto, aun a riesgo de pecar de descortesía y de ser odiado, sin poner gran confianza en mi desautorizada y modesta opinión, como amigo a quien quiero, le hubiera dicho ingenuamente: — «Mira, Andrés, creo que vives engañándote. Dios no te llama a ti por el camino de las letras». — Pero yo opino de un modo distinto, y lo que dije en mi debatido y calumniado artículo, lo repito ahora: «que Lacárcel dará a su patria chica mucha más honra y más fama que otros escritores que le exceden en petulancia  y pretensiones». Más vale que me agradeciera el reclamo y el bombo que he dado a su libro, en vez de incomodarse conmigo!…. 

Apostaría doble contra sencillo que la totalidad casi de esos destripaterrones, de esos rábulas de secano que han atribuido, a mi artículo la mala intención que  solo existe en sus espíritus aviesos y recelosos, no conocen el verdadero significado, la neta y castiza acepción del 50 por ciento de las palabras que he empleado en él. Y es que la malicia va cogida del brazo con la ignorancia, y en lo que no comprenden ni ven claro, creen hallar agravios e injurias.

El extenso artículo, cargado de sentido del humor y de dobles intenciones, terminó con un cuento:

Dos amigos que se encontraron en la calle y el uno, saludando al otro, exclamó afectuosamente: — ¡Adiós, amigo mío!  Ante esta situación, tan sencilla e inocentona, el amigo saludado que era receloso y suspicaz en demasía, dijo al amigo saludador, después de haber quedado un poco pensativo y perplejo: — ¡Me ha insultado Vd! — ¡Que le he insultado yo!….— repuso sorprendido el otro. — Se lo demostraré á Vd. — gritó el malicioso iracundo. — ¿No me ha llamado Vd. amigo mío? —Sí, señor. —Mío dicen los gatos. —Sí, señor. — Los gatos comen ratones. —Sí, señor. —Los ratones comen queso. — Sí, señor. —El queso lo hacen de la leche. —Sí, señor. — La leche sale de las cabras. —Sí, señor. —Luego me ha llamado Vd. cabra: ¡me ha insultado Vd. groseramente! … Y le entregó una tarjeta de desafío. JUSTO GARCÍA SORIANO.

Lejos de olvidar el asunto, hasta en su propio periódico intentaron avivar la disputa en una época en la que aún existían los duelos de honor.

Unión Republicana. Número 171 – 10 de enero de 1907: Jugueteos… No habrá duelo, yo lo fio, entre Andrés y Justo, y yo, aunque hubiese desafío, estoy seguro que no llegará la sangre al río… Perinez.

Justo no conocía al tipo que utilizaba el seudónimo «Perinez»; y pidió a su padre por carta que le informase de su identidad. Pero antes le contestó en el mismo medio, con unos versos incluidos en sus «calamares en tinta».

Unión Republicana. Número 172 – 18 de enero de 1907: Calamares en tinta. Si no mienten los auspicios halagüeños que llegan hasta nosotros, Orihuela, la eterna aburrida, contará muy en breve, según la consagrada muletilla de los gacetilleros de chichinabo, con una hermosa plaza de toros y un teatro circo a pedir de boca. Orihuela tiene derecho a todo eso y a un poquito más.

Lejos de esa ciudad, hemos conocido a muchas personas que la habían visitado. — «Orihuela…— nos han dicho casi invariablemente ¡hermoso país! ¡clima delicioso! ¡huerta encantadora! La población es bastante grande; pero nos ha parecido triste, muerta, con su sombrío aspecto medioeval que contrasta y desentona en medio de la alegría triunfante del risueño paisaje levantino que la circunda. Por sus calles merodean comparsas de curas y discurre una multitud de frailes agobiados bajo repletas alforjas. ¡Por todas partes no se ve más que iglesias y conventos!»

— Ante esta pintura exacta, nosotros nos hemos quedado siempre un poco confusos, sonrojados levemente al sentirnos heridos en nuestro patrio amor. — «Todo eso es cierto» — hemos tenido que replicar. Y a seguida, con digna altivez, hemos hecho esta refutación incontestable: — «Sin embargo, Orihuela gozó de gran importancia antiguamente, pudiendo vanagloriarse hoy de poseer una épica historia; y, sobre todo, porque es lo esencial, cuantos hemos nacido en ella tenemos la salvación segura y un preferente sitio en el cielo»

— Pero no es conveniente que estemos mal del todo con el dios de las tinieblas; porque ¿quién sabe si alguna vez Satán, que es agradecido y cortés, pudiera hacernos falta? Hay que quemar algún incienso en sus altares, para tenerle propicio, y desmentir la fama de falansterio de cenobitas que disfruta Orihuela, entrando en el concierto de las ciudades de vida moderna.

A «Unión Republicana» le ha nacido ya lo que le estaba haciendo más falta Don Nicanor tocando el tambor, un mañaco juguetón y travieso, hijo de Pero Grullo o desciende de él en línea recta ¡Por algo se llama Perinez! …

Dice Perinez, echándolas / de oráculo o de sibila, / que entre Andrés y un servidor / no habrá duelo, que él lo fía. / ¡Nunca han faltado fiadores / garantes de tonterías! / ¿No habrá duelo? ¡Naturaca! / Somos un par de gallinas, / ¿Qué más quisieras tú, bobo, / para reírte las tripas / y encontrar un chiste fúnebre / en nuestra mutua paliza?

Busca, ninchi, otro juguete, / que este te ha salido grilla, / pues a Andrés y a este pae cura / la esgrima nos causa grima, / y es lo mejor que esgrimimos, / con perdón, la lavativa. / Por eso nos alistamos / en la Liga Antiduelista / del barón de Albi que viene / justa a nuestras pantorrillas. / ¿Cómo habría de llegar / nuestra sangre al río, lila, / si a fuerza de resquemores / la tenemos más que frita, / y hambrientos como los bravos / ful de La Guardia Amarilla, / nos la comeríamos toda, / con gula mal reprimida, / en el camino, y el cabo / Rolando se quedaría / sin ver un glóbulo rojo / ni una gota de hematina?

Mas si no corrió la sangre, / y quedó incruenta la liza, / como hubiera celebrado / tu satírica malicia, / de mis pobres «Calamares» / ¡bien que ha corrido la tinta! / Justo García Soriano. Madrid. 14 de Enero de 1907.

A pesar de sus trabajos como profesor y periodista, su situación económica seguía siendo muy precaria. En esta dramática carta podemos comprobar su resignada disposición a vender por necesidad, y a mitad de precio, buena parte de un premio que deseaba, y que tan duramente se había ganado.

AMO. LJGS.

Madrid, 20 de Enero de 1907. Mis queridos papás: Por vuestra carta del 11 del actual, que recibí oportunamente, veo que todos seguís buenos, excepto el papá que se halla acatarrado, aunque eso es cosa del tiempo. Bueno está que se cuide; pero no debe extremar el abrigarse ni encerrarse en casa; que esas precauciones excesivas son contraproducentes. Yo continúo sin novedad. También recibí los dos números de «El Censor».

El martes pasado fui a la Universidad a ver qué había de los libros de la «Biblioteca Rivadeneyra», que gané en premio. En cuanto llegué me entregó el Decano un oficio, autorizándome para recoger la colección en los almacenes de libros de Hernando, que están en la calle de Quintana, número 31, al final de la calle de Ferraz (barrio de Argüelles).

Al día siguiente, miércoles, busqué un mozo de cuerda asturiano, que conozco, y me fui con él y con el oficio a los almacenes. Allí estaban ya los libros apartados y embalados en una banasta grande. Mi alegría al verlos ya os la podéis figurar.

Firmé el recibí al margen del mismo oficio y se quedaron con él. El bulto pesaba seis arrobas y el mozo de cuerda, no considerándose un hércules o un Atlante, desistió de llevarlo sobre sus hombros. Dijo que volvería en la tarde con un carro. Convinimos en eso; y en aquella tarde del miércoles, día 16, a las cinco, ya estaban en casa los libros.

No os podéis imaginar que obras tan buenas son. Con ellos he llenado media casa. Pero su presencia, en vez de causarme alegría, mucha alegría, como era natural, me ha sido motivo de pena y de disgusto. Pienso que el pobre no es digno ni de lo que él mismo se ha ganado con mucho sudor y con un sinnúmero de penalidades; yo quisiera guardar estos hermosísimos libros que he ganado en honrosa lid contra la miseria y el talento, y, encuadernados elegantemente, atesorarlos con avaricia de bibliófilo sobre un estante de mi pobre cuarto doctoral.

Biblioteca Rivadeneyra de Autores Españoles desde la formación del lenguaje hasta nuestros días

Pero estoy sin camisas y calzoncillos, sin sábanas, sin corbata y con un traje raído y tronadísimo. Se le deben 3 meses al casero, y ¡qué sé yo!  Y en gracia al egoísmo de estas buenas gentes, he de hacer el sacrificio de mis amores bibliófilos, y vender la mitad de la colección. Y aquí viene lo más triste, pues por más que he corrido, el mejor postor no ofrece más de cinco pesetas por tomo. Ya veremos si algún conocido me compra alguno y lo paga mejor. Esto me tiene disgustado.

Quiero mandarle un braguero a la mamá cuando los venda. Para ello quiero que me digáis las medidas de la cintura, pasando por encima de los riñones y que llegue a la ingle, y el lado en que cae la hernia. No dejad de hacerlo.

A Zerón no le dejé a deber más que diez y ocho reales, y os dije que le dijerais a Rogel que los 5 reales que me debía se los diera a Zerón, y entonces ya no le debería más que 13, que os procuraré mandar en cuanto venda los libros. No dadle ni un céntimo más a ese ladrón.

Preguntadle a Manuel Pérez quién es el que escribe en «Unión Republicana» y se forma Perinez, y decídmelo en vuestra contestación. Tengo muchos deseos de saberlo. Dad mis afectos a mi hermana y cuñado, y muchos besos a Josefina. Recuerdos a los amigos y demás familia, y un tirón de rabo a «Revertico». Vosotros recibid un fuerte abrazo de vuestro hijo, que os quiere mucho y no os olvida. JUSTO. 

A verme viene muchas veces Remedicos, que está sirviendo en el piso 2º de la misma casa donde vive Dª. Antonia Borja. (Con letra de su prima) Mis recuerdos a Doña Anita, Doña Encarnación, Clara y Maravillas, sin olvidar a Milagros, Pepe y besos a la nena, y vosotros el cariño de vuestra sobrina Eugenia.                      

Perinez contestó brevemente a los versos de Justo, pero ahí acabó todo.

Unión Republicana. Número 173 – 26 de enero de 1907: JUGUETEOS… D. Justo García, mi amigo querido, por un «jugueteo» se muestra ofendido y hecho un Roldán se apresta al combate, las armas requiere, me busca, me apunta, dispara y no hiere…. vuelva usted a cargar. En sus Calamares que no son en tinta sino en… vitriolo, mi faz se despinta y ataca a Airadam. Deténgase amigo, suspenda usted el fuego, no dé temerario más palos de ciego y…. estemos en paz… Perinez.

La siguiente carta fue de Juan Sansano hablándole de su futura obra que esperaba prologase Justo.

Sr. D. Justo García Soriano. Mi querido amigo: Con razón le causaría a V. extrañeza mi tardanza en acusarle recibo a su carta, gratísima para mí, pero causas ajenas a mi voluntad (encontrarme ausente de Orihuela unos días, mi imprenta y arreglar varias obras teatrales para el seminario) me han obligado a esta demora. Le ruego, pues, me perdone. Un día de estos, le enviaré con el franqueo debido, mis versos; y en carta que le escribiré más despacio, el importe necesario para que V. los envíe.

Todavía tengo que ir a la biblioteca a sacar algunos de mis versos publicados en «El Diario» y de los cuales no conservo nada. Espero su retrato en la forma que le dije si le es fácil. Por Orihuela no hay nada de nuevo. Mucho frío. «El Censor» se publica todavía. Le doy las gracias por los elogios que me dedicó en «Unión Republicana». Le participo que voy a estudiar en mis ocios la carrera del magisterio, ya que otra cosa me es imposible.

Mi libro se venderá en Murcia, en Alicante y en otros puntos, como Monóvar, donde tengo amigos cariñosos en la redacción de «El Pueblo».  Por esos mundos… hay más democracia que en esta nuestra patria chica. Y nada más. Cuando le envíe los versos repito que le escribiré más despacio y le diré muchas cosas. Mientras, reciba cariñosos recuerdos de mis padres y familia, y mande como guste a su amigo y servidor. J. SANSANO MAS.

P. a.  Para publicar mi libro tendré que perder mis amistades con los jesuitas. Lo digo porque algunas composiciones serán demasiado libres para ellos; y en ellas quedan al descubierto mis ideas. Allá va una muestra.  … La Tiranía no es culpa del tirano que la envía; es de quienes la arrastran como bueyes. Mientras existan pueblos menguados habrá pillos, ladrones y malvados, y poco pan y demasiadas leyes.

Y otras llenas de amore, como ya verá. Procuraré enviarle los versos lo antes posible, y V. cuando pueda hará el prólogo largo e insustancial como suyo (¡!) En eso de largo conforme en lo otro… ¡modestia, modestia, modestia! No es necesario que me repita su fidelidad como amigo. Ya le conozco. Muchas gracias por todo. Si tiene que decirme algo, hágalo cuando escriba a sus padres. Adiós pues. Orihuela. 3 febrero de 1907.

En febrero publicó también en «El Diario»; un trabajo histórico sobre el carnaval dividido en dos entregas que incluía un fragmento del entremés de Calderón de la Barca «Las Carnestolendas», que no he transcrito.

El Diario. Número 555 – 11 de febrero de 1907: CARNAVAL. Diez y nueve siglos llevamos ya de cristianismo y aún vivimos y todavía viviremos muchos más en pleno paganismo. Era ésta una religión muy humana, espontánea y exenta de hipocresías y de desequilibrios idealistas, y por eso ejercerá siempre influjo poderoso entre los hombres. No han muerto los dioses, aunque algunos lo preconicen; ni hacen falta Julianos que los resuciten. El ascetismo semítico del pueblo hebreo, extendido por todo el mundo en virtud de un cambio de valores, no ha podido anular ni impedir la persistencia de ciertas prácticas paganas.

¡Tan íntimo enlace tienen con la humana moral! El Carnaval, fiestas que se celebran en todo el orbe católico en la dominica Quincuagésima, aunque movibles, corresponden siempre a una del mes de Febrero, y son, a pesar de su nombre cristiano, paganas esencialmente. Las Carnes-tollendas o suspensión de carnes, con las que comienza la Cuaresma, época de expiación y purificación, no son más que las fiestas «lupercalia», las «bacckanlia» y «februalia» de la antigua Roma, equivalentes a las orgías y dionisíacas de los griegos.

Estas fiestas de locura y amor, en que la sociedad muestra su alegría de vivir y de reproducirse, a despecho de todas las fingidas austeridades y la absurda preceptiva contra natura que los moralistas invocan, desde la más remota antigüedad, desde la primera vez que el hombre sintió el alborozo de la vida y la belleza del mundo que le rodea, se han perpetuado en no interrumpida tradición, hasta los tiempos presentes, en que la civilización, también un poco hipócrita y convencional ha suavizado escrupulosamente su desenfreno primitivo.

Sin embargo, la austera y ascética cuaresma, tiempo de fúnebre filosofía, que comienza en el miércoles «corvillo» o de ceniza, no es tampoco cristiana como el vulgo cree. Mucho tiempo antes de Cristo, los romanos hacían vida cuaresmal en sus fiestas «Februales» (Februalia, de febrero, purificar, expiar) que se celebraban en Febrero (Februarios) de las que este mes tomó el nombre, en honra de «Juno Februa» y de «Plutón Februo» (el que limpia), dioses de las expiaciones. Consistían estas fiestas en purificaciones y sacrificios para impetrar de los dioses el descanso de los difuntos y de las almas que vagaban por las orillas de la laguna Estigia, el Purgatorio de los católicos….

… Consignaremos sucintamente algunas de las diversiones que se acostumbraban en los siglos XVI, XVII y sucesivos. Además de las malcaradas, bailes y estudiantinas que aún se estilan se hacían muy extrañas mojigangas y cabalgatas ingeniosísimas, que algunos cronistas nos relatan minuciosamente. Las justas, las carreras de sortijas, de estafermos y de toros, los entremeses, pantomimas, bufonadas y comedias burlescas y licenciosas, los gallos y certámenes poéticos, a que concurrían los reyes y toda la nobleza, eran de gran opulencia y variedad, y a ellas eran invitados los frailes y los inquisidores, que ocupaban siempre «muy buen lugar». Justo García Soriano. (Se continuará).

Carnavales de Madrid. La Ilustración española y americana. 15 de febrero de 1907.

El Diario. Número 556 – 12 de febrero de 1907: CARNAVAL. … La plebe se entretenía con juegos y bromas, donosos unos, pesados otros, que consistían, principalmente, en palos ensebados, sartenes tiznadas, colas o rabos, en empolvar o majar a los transeúntes, colgar en el centro de las calles peleles, que a veces tenían intención política o significación social o de actualidad, y formar corros de mujeres y chicuelos que manteaban a perros, a los tales peleles y a otros de carne y hueso, cantando coplas a coro, del género de la siguiente: «El pelele está malo ¿Qué le daremos? Agua de caracoles, que cría cuernos».

A esta, costumbre alude Cervantes en el cap. XVII, Parte Primera, del Quijote.  En el cap. I del de Avellaneda, también leemos: «y yo me quedé tras todo eso sin ser rey ni Roque, si ya estas carnestolendas no me hacen los muchachos rey de gallos». Los gallos eran disputas de ingenio que se celebraban en las Universidades, a veces a presencia de los reyes….

… En el reinado de Felipe V se prohibieron las máscaras: el conde de Aranda hizo revivir los bailes en Madrid, pero luego desaparecieron con su administración. En 1808 no estaban los bailes de máscaras en uso en esta corte, según nos cuenta Alcalá Galiano; pero poco después volvieron a usarse hasta el presente. En Orihuela hay costumbre de poner en el día que media la Cuaresma peleles o viejos de trapo en los balcones; ventanas y azoteas, que a las diez de la mañana del mismo día se arrojan a la calle a merced de los chiquillos. Esta costumbre, que va desapareciendo casi por completo creemos nosotros que tiene estrecha relación con la fiesta de la Mi-Carême que se celebra en Francia. Justo García Soriano.

«Unión Republicana» le publicó también este largo y maravilloso artículo denuncia sobre el valioso tesoro que Orihuela despreciaba en su maltrecho y descuidado archivo municipal.

Unión Republicana. Número 177 – 26 de febrero de 1907: Calamares en tinta. El Archivo Municipal. El consistorio municipal de Orihuela puede enorgullecerse de poseer un archivo que atesora preciosos códices. A 2.000 elevan algunas descripciones estadísticas sus volúmenes; y no creemos muy exagerado el número. Entre ellos se encuentran no escasos documentos  de importancia histórica nacional y el resto de local interés, pero todavía  no reconocido tanto como merece.

Los oriolanos amantes entusiastas de nuestra historia y de nuestras gloriosas tradiciones, vemos en el archivo municipal un tesoro codicioso y sagrado. Entre las páginas amarillas,  carcomidas y polvorientas de sus manuscritos infolios y de sus legajos, resuenan, como entre las nacaradas espirales laberínticas de un caracol, con épico alboroto, los rumores y los ecos confusos de todas las generaciones que nos han precedido; y en su ambiente enranciado de antiguallas  venerables palpitan invisibles y augustos los manes de nuestros aborígenes y de nuestros mayores. ¡Allí duerme el alma inquieta y afanosa de un pueblo! 

Por desgracia, somos muy pocos, contadísimos, los oriolanos que constantemente evocamos con fruición nuestro pasado y nos extasiamos en atmósferas impregnadas, vibrátiles de tan confortables recuerdos. La imaginación, con su fuerza mágica reproductora, resucita un mundo muerto y vive con él. Pero esto es demasiada poesía, exquisito manjar de escogidos y de iniciados, inaccesible para los cerebros de pan llevar que tanto abundan.

Sólo así se explica ese bárbaro desdén, ese zafio y necio desvío que ha dado lugar al  deplorable, al vergonzoso abandono en que nuestro Archivo Municipal se encuentra. Aquel recinto es el colmo de las desidias y del desbarajuste. Fuera de los armarios, pilas de libros aquí y acullá, forman revuelto acervo y sufren el trasiego y los envites de cuantos por allí andan, pues suele convertirse en oficinas y negociado del empadronamiento y del censo.

Otros, amontonados sobre las estanterías, atiborran los armarios en inverosímil y heterogénea promiscuidad, detrás de puertas de cristales, que impiden la entrada al aire, pero favorecen el nacimiento y la multiplicación de la polilla. No hay que buscar allí ningún rastro de organización ni de orden, pues la archivonomía y la taxonomía bibliológica parece, no un ideal hacedero, sino una utopía irrealizable en el Archivo Municipal de Orihuela. Aquello es sencillamente un sacrilegio nefando, una profanación que debe subsanarse y expiarse pronto si no se quiere vivir en delito perpetuo de leso patriotismo.

No sabemos si nuestra ignorancia burocrática nos hará mentir, pero creemos tener entendido que el Ayuntamiento paga religiosamente cinco o seis mil reales anuales a un empleado con el cargo de archivero. Si no estamos equivocados, y esto es así, el pecado es mucho mayor y la responsabilidad enorme. Si, por el contrario, nuestros informes son inexactos, bien puede nuestro excelentísimo concejo presuponer esa mezquina asignación, realizando economías con suprimir algunas inversiones inútiles, por no decir dispendiosas, tales como las que originan la procesión del Entierro y la fiesta del Pájaro y de la Armengola, esa ridícula paparrucha cívico religiosa que perpetúa una impostura tradicional; como en otra ocasión demostramos. 

Y la prensa, la atildadita y anodina prensa orcelitana, ha venido dando en todas sus fases respecto a este asunto  pruebas inequívocas de una supina desprestigiosa incultura y de una incalificable negligencia con su silencio cómplice. A fe que tal incuria no ocurría en otros tiempos. En la antigua Sala o casa de la ciudad, el Archivo ocupaba un lugar reservado y preferente; era como su Sancta Sanctorum, el loca sacra, el fano de los heroicos penates, el domus del simbólico herodio, que guiaba en todas sus empresas a los oriolanos de antaño.

Existen varios documentos que atestiguan ese fervoroso celo con que nuestros antepasados custodiaban el Archivo de la ciudad, depósito venerable de todos sus privilegios, fueros y ejecutorias de nobleza. Entre ellos tenemos presente una provisión del rey D. Juan II sobre el régimen y forma de elegir los oficiales de la ciudad de Orihuela, dada en Valencia a 16 de abril de 1459.

Por lo establecido en dichas ordenaciones, se deduce que el Archivo era un lugar solemne que se guardaba con solicitud extrema, de cuya llave «diversa de les altres» tras de prestar juramento y homenaje era depositario el notario del Concejo, que en lo antiguo hacía las veces de archivero. En su recinto se hallaban encerradas las dos Cajas de la ciudad, la mayor de las cuales ostentaba por la parte exterior el escudo de Orihuela y las armas reales según los estatutos de la aludida provisión.

En tiempo de las comunidades o germanías (1520) los agermanados, al frente del escribano Pedro Palomares y de una Junta compuesta de trece plebeyos, se enseñorearon de Orihuela asaltando la casa de la ciudad y haciendo un regular saqueo en su Archivo. Entonces el cartulario de privilegios reales, que era un libro de pergamino con cubiertas de madera, cayó en poder de los insurgentes revolucionarios, los cuales ensayaron en él su venganza contra los nobles; pero, aunque muy maltrecho, pudo ser recuperado, cuando el adelantado del Reino de Murcia, don Pedro Fajardo, Marqués de los Vélez logró sofocar la sedición, apresando a los rebeldes y decapitándolos. «Mató tantos—dice Gaspar García Ortiz en su Murgitana—que hasta el gran Segura corrió de color de sangre».

El Concejo no tardó en sentir «la necesidad de hacer una copia de dichos privilegios», pues en Septiembre de 1578 a instancias de  Onofre Trullols, síndico de la ciudad, se ordenó fuera hecha, comprobada y coleccionada por tres notarios, Pedro Conera, Pedro Tristán y Andrés Jordi, nombrados por el Justicia civil, cargo que desempeñaba aquel año el magnífico Ginés Cullera, a presencia del secretario o escribano Jaime Montiel, a fin de que «a la dita copia se done tanta e tan cumplida fe com se podría donar als originals»; como se dice en la instancia del síndico.

Miniaturas Cartulario de Orihuela. Archivo Histórico Nacional de Madrid.

Esta copia, que forma un monumental volumen en pergamino con tapas de madera forradas de terciopelo rojo,  las cuales presentan señales de haber tenido conteras y manecillas (seguramente de plata y arrancadas por la codicia) contiene 364 privilegios y dos magníficas miniaturas representando una el escudo de Orihuela y la otra una batalla ante los muros de la ciudad cuando fue cercada por D. Pedro el Cruel. No sabemos en qué época, sin duda contándose  con la complicidad y consentimiento de algún alcalde poco celoso por la conservación de Joya tan preciosa para el pueblo que administraba, pasó a la biblioteca del Ministerio de Estado, y de aquí al Archivo Histórico Nacional, donde hoy se custodia con la signatura 1368—B.

En la segunda década del siglo XVII se ocupaba el Rector de Catral, Mosén Pedro Bellot, en ordenar y  escribir su «Compendio de lo que se contiene en las nottas antiquas de la Sala de la Ciudad de Orihuela, a modo de anales, desde el año 1353 en que comienzan». El manuscrito de estos interesantes y fidelísimos Anales desapareció del Archivo municipal al que pertenecía, como también el Libro Becerro (con abundantes apostillas, escollos e índice de mano del mismo Bellot), por cuyo motivo los señores Gisbert no pudieron consultarlo al escribir su Historia de Orihuela.

Anales de Orihuela. Mosen Pedro Bellot.

De allí ha sacado todo el mundo cuanto ha querido, y una vez fuera casi nada se ha devuelto y se ha perdido para siempre. Y lo peor es que la mayoría de las expoliaciones han venido a parar en manos profanas que las habrán dedicado, a buen seguro, a papel para envolver o lo habrán vendido a los polvoristas para hacer palmeretas y piulas ¡Qué infamia!

Pocos años hace que desapareció el Libro Becerro, no sabemos por que arte de encantamiento o de magia, y hace tres veranos tuvimos nosotros ocasión de examinarlo detenidamente y de sacar algunas notas; pero ya en Agosto pasado volvió a brillar por su ausencia del Archivo. Si los señores Gisbert no pudieron revisar el Libro de Repartimientos, como hemos dicho, en cambio tuvieron muy presentes los Anales de Bellot; siguiéndolos paso a paso hasta el extremo de no ser gran parte de su obra, sobre todo los tomos II y III, más que un calco y una literal transcripción con circunlocuciones exegéticas del «compendio» del laborioso rector de Catral.

Nosotros no sabemos que este manuscrito haya sido devuelto al Archivo, ni los señores Gisbert dicen media palabra de dónde lo vieron y consultaron, ni tampoco sus editores se cuidan de dar a conocer su paradero. Y nosotros creemos que, por ser la obra de mosén Pedro Bellot la más seria y fidedigna que se ha escrito sobre materias históricas de nuestra ciudad y porque le pertenecía, el Ayuntamiento se encuentra en el deber estricto y patriótico de hacer todas las indagaciones posibles y los mayores esfuerzos por rescatarla del poder de infieles y, una vez esto, darse a la estampa por quien se sienta con bríos para este cometido.

Con estos elementos y con la provechosa guía de un cataloguillo que por el Archivo andaba, puede emprenderse el trabajo benemérito de la reorganización de éste, confiado a una persona inteligente y perita. ¿Obtendremos como suele acontecer la callada por la respuesta y un indiferentismo abúlico a estas solicitudes y observaciones tal vez empequeñecidas por la insignificancia del que las hace, de toda autoridad desprovisto? Queremos ser hoy optimistas. ¡Esperemos… sentados! Justo García Soriano. Madrid, 14 de Febrero de 1907.

Ese mismo número llevaba en la portada una sorprendente noticia de política local.

El Sr. Escudero Zapata, nuestro querido amigo, ha sido el designado para ocupar la alcaldía de Orihuela. Las circunstancias en que se encarga de ese puesto son difíciles y han de poner a prueba su capacidad y su talento. No nos atrevemos a aventurar juicios, pues no queremos actuar de augures prediciendo el porvenir. No podemos, explicar las circunstancias que han concurrido en este nombramiento, pues no acostumbramos a descifrar jeroglíficos…

… Al tomar posesión de la alcaldía, dijo entre los aplausos de los concurrentes: «Una casualidad me hizo concejal de este Ayuntamiento; otra casualidad me eleva a ocupar este sitio; y aunque no es mi partido el que manda, procuraré que todos mis actos se ajusten a la moralidad y a la justicia más estrictas, esperando el apoyo de mis compañeros, en la inteligencia de que cualquier indicación que se me haga, será una orden que cumpliré gustoso, mucho más si las indicaciones parten de la prensa».(…) Se dice que nuestro amigo es prisionero de guerra de los conservadores. El tiempo y su conducta lo han de decir…

El 21 de febrero, por medio de una Real Orden, el concejal de la Unión Republicana D. José Escudero Zapata se convertía en alcalde de Orihuela. José Ferrer Lafuente, alcalde saliente, dejó claro que no había presentado la dimisión; que ha sido destituido por el rey.

Y para terminar, puso a prueba al republicano solicitando que repitiese un ¡Viva el Rey! que fue contestado con gran entusiasmo por el público asistente, mientras Escudero levantaba la sesión. Así reflejó el tema Rafael Rogel en una carta transcrita por José Ruiz Cases «Sesca» en su aproximación a Justo García Soriano «Con pecho de acero».

¿De política local? Chico: ¡el disloque! ¿Cómo ha salido de alcalde Escudero? Aún no he salido de mi asombro. Ballesteros ha caído y Germán, o mejor dicho «Cabeza de Oro» es el amo del cotarro. Dicen que existe un pacto, yo no sé nada. A mí me sorprendió como a todos los republicanos, es decir como a casi todos los republicanos, el juego habilidoso que se ha traído Sempere…

No quiero anticipar juicios atrevidos. Tú eres listo e irás cogiendo la madeja si sigues el hilo que ha comenzado a fabricar Unión Republicana. Por aquí han corrido fantasías de mucho peso… pero,  ¿quién da crédito al rumor público?

El día que Escudero tomó posesión de su nuevo cargo, sucedió una cosa curiosa. A las ocho de la noche se dio un bando destituyendo a todos los municipales, serenos, alcaldes de barrio, pedáneos, etc., etc. En aquel mismo instante eran despojados de sus uniformes los antiguos municipales y eran vestidos otros, entre ellos mi compaere el Obispo el Charamitero, que está tan curro.

La alcaldía estaba atestada de gente, y en la puerta de las casas consistoriales había estacionada una multitud de curiosos que vociferaban cañeándose cada vez que salía un municipal nuevo. En la plaza de la Pía, frente a la casa del marqués de Rafal, pretendiente a este distrito, daba la banda del municipio una serenata… ¡Cosas de este mundo mentiroso! Tienes razón, la cosa tiene cola, tanta que, para mí, somos a estas horas vasallos del fantasma de que me hablas…  

El Oriol Taurino.

La carta siguiente es obra del otro José Escudero; su condiscípulo y amigo, citándolo en una cervecería madrileña para preparar el lanzamiento de un nuevo diario en Orihuela. Como nota anecdótica, ese mismo fin de semana dicha cervecería fue asaltada.

José Escudero Bernicola. Abogado. Carranza, 18. Madrid, 14 de marzo de 1907. Estimado amigo Justo: Hoy he recibido la carta de Cremades que esperaba, y en ella me hace ver que tanto él como Rogel dejan el asunto del periódico a nuestra iniciativa. Conviene pues si queremos llevar a la práctica nuestra idea, procedamos a ponernos de acuerdo y convenir en lo que entendamos más factible y útil.

Para esto, y cumpliendo con mi prometido, te escribo y participo que estaré a tu disposición los días viernes, sábado y domingo de esta semana en la Cervecería de Candela de 2 y ½  a 3 y ½ , y en el Círculo de Bellas Artes de 6 y ½ a ocho y de diez a doce de la noche. Si estos días a estas horas los tienes ocupados, escríbeme citándome tú. Puedes disponer de tu afmo. y amigo.  J. Escudero.

La Correspondencia de España. 17 de marzo de 1907: Robo. En la cervecería de D. Gabriel Candela, de la calle de Alcalá, penetraron en la noche última los ladrones y se llevaron 400 pesetas del cajón del mostrador. En el cierre metálico de la puerta exterior no se observó señal alguna de violencia. En el interior de la tienda se encontró un destornillador de grandes dimensiones, con el cual se cree que se valieron los ladrones para forzar la cerradura del cajón.

A mediados de marzo disponemos de una carta de su padre en la que soñaba con un empleo para Justo en el Archivo Municipal de Orihuela; sospechando que el suyo estaba en peligro tras el cambio de Ayuntamiento. También le informaba de su exención definitiva del Servicio Militar.

Orihuela 16 de marzo de 1907. Querido hijo Justo: anoche recibimos tu carta, y vemos que no tienes novedad, nosotros seguimos buenos y tu mamá está ya casi buena, y está mejor de su tos. También hemos leído el borrador de la carta que le has escrito al Alcalde de esta Ciudad, nos parece muy bien lo que dices, veremos lo que hace.

Quisiera que le escribieras a tu primo Pepe García Villalba, para que este le escribiera al Ministro de la Gobernación, La Cierva y le pidiera al Alcalde de aquí, que te diera el destino de este Archivo Municipal, que tuvo hace algún tiempo, el empleado del mismo, 6.000 rs. De sueldo; que pruebe a ver si puede conseguirlo.

Quisiera tener dineros para mandártelos, con el objeto de que te vinieras a pasar las pascuas de Monas, y de este modo podrías ver a Escudero, y ver lo que se podría arreglar tanto con tu pariente el Médico de Murcia, y el Alcalde de aquí, a nosotros nos darías el gran alegrón.

Hoy han enterrado a Dª. Ana, se murió anoche a las 7, todos lo hemos sentido mucho, era buena señora. Sin más recibe los afectos de toda la familia y amigos, y tú sabes cuánto te quieren tus padres. JUSTO y RAMONA.

El día 12 del corriente, fallaron en bien tu expediente de quintas, gracias a Dios, ya hemos salido de eso, era la última revisión, sea enhorabuena. Me dan recuerdos para ti tu hermana y Linares, con besos de Josefina. Recuerdos a Eugenia, tu primo Carlos, y a Enrique Luis. La receta que mandas, dice Pepe que es buena. Recibí el recordatorio. Habrás recibido El Censor, y con él te mandaba en un papelito como habías salido en bien de la quinta. Tu madre dice que hagas un esfuerzo y te vengas en el tren botijo, lo mismo digo yo, ánimo; escribe pronto.

Justo envió también una carta a Rafael Rogel; carta que de momento no he localizado y que me parece muy interesante. Provisionalmente, hasta que pueda dar con ella, usaré también la transcripción de José Ruiz Cases «Sesca» en su citada obra «Con pecho de acero».

Entrañable amigo Rafael: ¡Qué de cosazas se ven en este diablo  mundo! Me he alegrado en el alma no estar por esta época en ese antro jesuítico de hipócritas y de hombres informales (si es que los informales son hombres) que se llama Orihuela, porque sufriría horrorosamente.

Bien veo que la culpa de todo la tiene el hambre, que es mala consejera y no entiende de formalidades, ni de ideas, ni de sentimientos elevados y dignos. Ya sabemos que, por comer, muchos pierden la vergüenza, la memoria y los estribos. Y en Orihuela hay mucha hambre, y cada desesperado capaz de vender como si tal cosa su alma al diablo por un plato de lentejas.

Desde el punto de vista del positivismo, el que hace esa almoneda de su conciencia hace muy bien; ¡naturaca, y lo demás son bulos!; pero si todos los hombres hubieran pensado siempre de esta manera, aún andaríamos con taparrabos, comiendo carne humana, todavía existiría la esclavitud, el derecho de pernada, la inquisición y, antes de salir a la calle, tendríamos que darnos todos los días una fricción de agua bendita en los cojones, por si algún Torquemada, aficionado a la chamusquina, se le ocurría tostarnos el pellejo.

Si nunca hubiera habido Quijotes dispuestos a morirse de hambre y a recibir palos de desalmados yangüeses por una Dulcinea ideal, la humanidad sería aún una tribu nómada, una caravana errante de antropófagos y jamás hubiera habido un cristo que se hubiera dejado crucificar por meterse redentor. Días pasados me escribió mi padre diciéndome que se decía, dándose por seguro, que hoy sábado, día 18, quedarían cesantes todos los empleados del Ayuntamiento.

El miércoles le escribí a Pepe Escudero, porque mi padre me lo mandaba, rogándole interpusiera su influencia para que no lo dejaran cesante. Por mi padre me he rebajado con gusto, por mí no lo hubiera hecho. De todos modos creo que conseguiré lo que el que jode con condón por no tener sarampión. ¡Ya veremos! Sé que estás enterado por Miguelico Cremades del proyecto de fundar un diario en ésa que se ha forjado Escudero. Yo he acogido la idea con entusiasmo.    

Nueva carta de Escudero Bernicola en la que anunciaba la puesta en marcha del periódico y un breve viaje a Orihuela por Semana Santa.

José Escudero Bernicola. Abogado. Carranza, 18. Madrid, 21 de marzo de 1907. Estimado amigo Justo: Hoy he recibido carta de mi padre aceptando nuestra idea y poniéndose a mi disposición en el asunto del periódico; comunícaselo así a Rogel para que esté preparado. Mañana viernes y pasado estaré en el café de Candela a la hora del otro día y allí te espero para organizar el viaje; irá con nosotros mi primo Riquelme. Tuyo afmo. y amigo de veras.  J. Escudero.

Cartas de José Escudero Bernicola. AMO. LJGS.

Involucrado plenamente en el proyecto del nuevo diario. La siguiente entrega de calamares fue un canto a la libertad de prensa; una enérgica arenga a los periodistas cobardes.

Unión Republicana. Número 180 – 26 de marzo de 1907: Calamares en tinta. Palabras de impotentes. Frecuentemente ¡oiréis decir, con referencia a determinados periódicos o escritores, estas o semejantes palabras:—«Sus artículos son libelos repugnantes y soeces, pasquines virulentos injuriosos, fanfarrias de engreído pedantismo que vomitan difamaciones personales y literarias y groseros insultos…»  

Estas atormentadas y despectivas palabras, de aparente indignación, que suelen acibarar los labios de los que las profieren, aunque las creáis hijas de la prudencia y de la sensatez no son, por lo común, más que despechos poco disimulados de los envidiosos y de los impotentes. Siempre son pronunciadas con una amarga mueca de odio y de dolor, del dolor y del odio infinitos, propios de la impotencia.

La envidia acostumbra a encubrir su cabellera de serpientes sibilantes y retorcidas bajo un manto de hipócrita circunspección. ¡No os dejéis engañar por ella  y escupidle en el rostro enmascarado un salivazo de desprecio! ¡Hay mucha bilis que purgar! Y más ahora que ya ha entrado la Primavera, removedora de humores…

El humano egoísmo y el ciego apasionamiento, nos hacen ver un insulto en cual quiera verdad que cauterice nuestro susceptible amor propio, que disipe el éxtasis de algunas de nuestras infundadas ilusiones. Y, mal que les pese a nuestras fanáticas egolatrías, la verdad nunca es un insulto. La verdad, por lo tanto, no merece el desprecio y menos la venganza ruin del ultraje.

A una verdad, por desnuda y cruel que sea, se le concede beligerancia y se le combate con otra verdad mayor, con mortíferos proyectiles dialécticos. El que enmudece ante la verdad, la acata o confiesa su culpa. Está muy en descrédito eso de gritar, diciendo: — «¡Se me ha insultado! ¡Infamia! ¡Difamación! ¡Calumnia! ¡Es un libelo!»— «¿Por qué no responde usted y se defiende?» — se suele preguntar interrumpiendo.

Y el que se cree insultado, vociferando replica colérico, con fingido reproche: —«¿Responder yo a un insulto? Sería rebajarme, igualarme al libelista. ¡A un insulto no se le responde, se le desprecia! Ya me darán la razón las personas correctas y sensatas.» — Seguramente, el insulto ha sido una verdad, atrevida, demasiado francota a lo más; las personas correctas y sensatas son en este caso los demás escocidos, a quienes también han alcanzado las salpicaduras, como Maura diría; el silencio adoptado con sistemática apariencia es el mutismo que impone la verdad al que se reconoce culpable.

El periódico ha de ser un arma de combate; pero una arma de reglamento. El periodismo es continua guerra, batalla incesante, expresión de la lucha permanente de la vida. En ella vence el más bravo o denodado o muere con gloria tremolando su bandera. El periódico ha de ser todo nerviosidad y fibra; las obesidades linfáticas y los flematismos son excelentes cualidades para un salchichero o para un tendero de comestibles.

 El periódico prudentito y cobardón, que enmudece por pusilanimidad, apatía o calculado egoísmo, que contemporiza y transige con el mal, haciendo a todo la vista gorda, es un tránsfuga, un desertor del campo de combate y un traidor a su bandera. Esos periódicos ñoños y timoratos no son periódicos, son cataplasmas, ungüento blanco y serato simple.

El periodista que se sienta desfallecer con escépticos desmayos y sienta pereza, repugnancia o cobardía en la pelea, no sirve, es corto de talla; debe rendir su pluma o romperla y tomar el pasaporte: así quizá haga un bien a la humanidad y a la literatura. No es lo mismo tocar un solo de flauta o el vals de «Las Olas» en una ocarina,  que escribir un artículo que no parezca un buñuelo. ¡Creedme, seguid tocando la flauta, descifrando charadas o dedicados a otros onanismos mentales!…

Prefiero a los temerarios y a los pedantes. ¡Hay pedanterías y temeridades sublimes! ¿Qué hubiera sido, sin ellos el mundo? ¿No fue Colón un pedante sublime y un sublime temerario? Vale más una loca balandronada del hidalgo don Alonso Quijano, que todas las prudentes y prácticas necedades de Sancho Panza. ¿No es acaso el admirable libro de Cervantes un libelo, el libelo más hermoso que se ha escrito?… ¿Que importan las palabras despectivas y envidiosas de todos los impotentes Avellanedas que vengan después? Justo García Soriano. Madrid-XXI-3-1907.

Los «exiliados madrileños» llegaron a Orihuela en plena Semana Santa; y pocos días después, salía el nuevo diario local con el título «La Huerta».

Semana Santa en Orihuela. Bocina de «La Convocatoria». Miguel Aniorte González.

El Diario. Número 592 – 30 de marzo de 1907:  Con motivo de las fiestas religiosas de semana santa hemos tenido el gusto de saludar en esta ciudad, a los señores… D. Abelardo Teruel, D. Severiano Sánchez, D. José Escudero Bernicola, D. Justo García Soriano…  A todos ellos enviamos nuestro más afectuoso saludo de bienvenida.

La Huerta. Año I. Número 1.

La Huerta. Número 1 – 3 de abril de 1907: Muy señor mío: Ya he llegado a ti y estamos juntos, lector. Yo te buscaba y al encontrarte nos hemos saludado cortés y respetuosamente; tú, guardando un recelo prejuicioso, y yo, llevando la sinceridad en mis palabras, ya me oyes y ya te hablo, para decirnos quiénes somos. A ti, querido lector, te conozco desde tiempo. Eres el mismo de siempre y te conozco en la manera de recibirme…«La Huerta».

A LA PRENSA. La Huerta en su primer número y cuando ya le cabe la honra de figurar en la prensa española, envía un saludo cariñoso a todos los periódicos de España y es especial a los locales, con los que hemos de compartir la ardua tarea del periodismo.

Escudero se quedó en Orihuela a cargo del periódico; Justo, acompañado de «el primo Riquelme» y de Severiano Sánchez Ballesta, volvió a Madrid con un cargamento de monas de pascua y naranjas de la huerta para sus discípulos.

Viajeros. Ha marchado a la Corte nuestro querido amigo y compañero el redactor cronista en dicha Villa de La Huerta D. Justo García Soriano. También ha salido a proseguir sus estudios en la Universidad Central nuestro no menos amigo D. Miguel Riquelme. Feliz viaje.

El nuevo diario estaba dirigido por Rafael Rogel y contaba de nuevo con las notas madrileñas firmadas por Luis de Antón del Olmet. Rafael había abandonado la redacción de «El Diario».

El Diario. Número 595 – 4 de abril de 1907: Después de pasar esta semana Santa al lado de sus queridas familias han salido para la Corte nuestro amigo y colaborador de El Diario D. Justo García Soriano y los señores D. Miguel Riquelme y D. Severiano Sánchez.

Ayer recibimos la visita del nuevo periódico diario que con el título de «La Huerta» viene al estadio de la prensa. Dicha publicación la dirige nuestro querido amigo el ilustrado periodista D. Rafael Rogel Rech. No es la primera vez que dirige un periódico y si razones especiales le hacen abandonar esta modesta casa, sabe puede contar con el afecto de los que son sus verdaderos amigos, y El Diario se congratulará muchísimo no olvide esta pequeña publicación. Devolvemos el saludo que nos dirige el nuevo colega, al que deseamos larga y próspera vida.

En el número 8, Justo regresó a su faceta de corresponsal en Madrid coincidiendo con el juicio de un caso que ya había tratado años antes. También recordaron su vieja petición de una calle para el pintor Agrasot, «cuyos cuadros se disputan los amateurs del arte y que se admiran en Museos y Exposiciones, es hijo de Orihuela, uno que honra el nombre de su patria chica».

La Huerta. Número 8 – 11 de abril de 1907: NOTAS MADRILEÑAS. La humana Justicia. Sigue el público con creciente interés y atención expectante todos los incidentes que se están desarrollando en la vista de la causa del por desgracia célebre y aciago Tercer Depósito de aguas del Canal de Isabel II.

Ante el erróneo y deficiente tribunal de la humana Justicia están aquilatándose ahora las enormes, las abrumadoras responsabilidades que pesan sobre las conciencias en litigio, de los contratistas e ingenieros, directores conscientes de aquellas obras funestas, bajo cuyas ruinas, entre las moles de escombros y cascotes de inseguro hormigón armado fenecieron aplastados en horrible catástrofe, mañana hará su aniversario segundo, cuarenta infelices obreros, las víctimas propiciatorias de siempre inmoladas por la sedienta codicia de los ambiciosos del oro.

El clamoreo de indignación que produjo en toda España aquel hecho sangriento, de triste recordación, fue con el tiempo extinguiéndose lentamente hasta parecer olvidado y perdido en el estruendo del diario vivir. Pero aquella nota plañidera de horror no había muerto, sólo dormía en el alma anhelosa y romántica, con sensibilidad novelera de la muchedumbre …

… Sin embargo y a pesar de los cargos precisos e irrefutables que en sus elocuentes informes hicieron ayer los Sres. Mena y Abril, representantes respectivamente del ministerio fiscal y de la acción pública, témese que en el veredicto que se dictará en breve serán declarados inocentes o inculpables los acusados. Y entre tanto, las pobres victimas olvidadas seguirán pudriéndose en el sarcófago común de los humildes, debajo de la tierra amorosa e igualitaria. Justo García Soriano. Madrid, 7 Abril 1907.

Nueva carta de su padre en la que, entre otras cosas, le anunció un conato de alumbramiento de su hemana Milagros.

Orihuela 10 de abril de 1907. Querido hijo Justo: recibí tu carta de fecha 5 del corriente mes, y por ella vimos con gusto que llegaste a esa Corte sin novedad, nosotros seguimos buenos como habrás visto por el periódico que te mandé titulado «La Huerta», hace 4 días. Le dije a Rogel que en tu carta me decías que no dejara de mandarte La Huerta todos los días, lo mismo que a Enrique Luis, que vive en Atocha, 63, piso 4º izquierda, no sé si os lo ha mandado y sigue haciéndolo.

Mucho se alegra tu mamá y yo, de que D. Agustín Sainz y familia hayan probado las monas y naranjas, les das en nuestro nombre nuestros aftos. Dinos si le has remitido al Alcalde Escudero Zapata, las 75 ptas. que te dio para su cuñado creyendo que se encontraba en esa.

AMO. LJGS.

Esta mañana he recibido de tu amigo Maximiliano García Soriano, La Novicia, boceto de comedia en un acto y tres cuadros en prosa. Original del mismo, de Elda, mañana te lo mandaré por correo, está muy bien editada. Tu hermana tuvo anoche un conato de alumbramiento, tanto que, a las 2 de la madrugada tuvimos que ir tu madre y yo a su casa, y la encontramos con dolores de parto próximo, se llamó a la comadrona, y poco a poco le fueron desapareciendo los dolores por completo hasta quedar bien, quizás de ver a la partera le dio susto, hoy sigue tan bien.

Recibe los recuerdos de toda la familia y amigos y tú sabes que te quieren tus padres. JUSTO y RAMONA. Tu cuñado Pepe se encuentra mejor. Memorias a Eugenia, Carlos, el de Almoradí, y Enrique Luis.    

Al día siguiente de escribir esta carta, Milagros se volvió a poner de parto; y esta vez sí fue la definitiva. A su marido lo habían trasladado a Orihuela; y regentaba una plaza de maestro en el Rabaloche. Rafael Rogel, como había convenido con su padre, dio la sorpresa a Justo a través del diario que le enviaban a Madrid.

La Huerta. Número 10 – 13 de abril de 1907: Natalicio. Ayer mañana dio a luz un hermoso y robusto niño, la señora doña Milagros García, cariñosa esposa de nuestro buen amigo el laborioso profesor de  instrucción primaria, maestro de la escuela del Arrabal Roig D. José Linares Aliaga y hermana de nuestro no menos amigo y distinguido compañero, el joven Doctor en Letras, redactor de este periódico en Madrid, D. Justo García Soriano. Felicitamos a los dichosos padres y a los abuelos por tan fausto suceso de familia y, al pequeño, le deseamos pocos escollos por este peligroso mar de la vida donde ha de navegar.

Nueva carta de José Escudero Bernicola pidiéndole que limitase el envío de telegramas para recortar gastos.

Orihuela, 18 de abril de 1907. Amigo Justo: Ayer tarde te telegrafié infructuosamente, pues lo hice al nº 5 de esa plaza y me contestaron que allí eres desconocido. Hoy lo haré al siete. El motivo es que los gastos del periódico son muchos. Mi madre me escribe y ya hace días llevaba abonados por telegramas 12 duros.

Como comprenderás, a eso no puede responder la suscripción. Por eso he determinado que telegrafíes únicamente los números de la Lotería y algún suceso extraordinario que pueda llegar al periódico antes que El Liberal. Desde aquí nos telegrafiaremos nosotros y así esperaremos a mejores tiempos. Hay proyectos que de realizarse darían a nuestra «Huerta» una vida perdurable.

Como no están maduros, no te los comunico; pero yo me voy convenciendo de que la vida a medias acaba en esta Orihuela al soplo de cualquiera que nos mire con gusto y deseo prevenir contingencias. La empresa que he tomado es dificilísima y obra de paciencia. Me propongo seguir adelante para lo cual necesito que todos me prestéis el mayor apoyo. Espero crónicas tuyas y le digas a Antón las mande también con más frecuencia, pues aquí estamos escasos de fuentes y temo se nos seque el manantial de la política con el acceso del 21 de Abril. Cierro esta carta o lo que sea con las mismas prisas que la he escrito, y espero sigas contándome en el número de tus incondicionales. J. Escudero.

En esta otra carta, su padre le pedía que diera duro a los jesuitas; pero de manera anónima.

 Orihuela 19 de abril de 1907. Querido hijo Justo: anoche recibimos tu grata carta, y vemos por ella que disfrutas de buena salud, nosotros todos estamos buenos, como igualmente tu hermana y su nuevo vástago, que se levantó de la cama hace tres días; el no haberte participado antes su alumbramiento fue porque me dijo Rafael Rogel que no te dijera nada por carta, que él lo pondría en el periódico «La Huerta», cosa que yo no debía haber hecho caso, y sí habértelo participado por carta, pero en fin ya está, como verás por la carta que te escribió ayer Linares.

Esta mañana he visto al Alcalde Escudero y le he dicho que tú me había escrito diciéndome que le mandó los dineros, o sea las setenta y cinco pesetas en carta de valores declarados, y me ha dicho que sí que las recibió, que te escriba diciéndote que lo dispenses, que hoy se encuentra muy ocupado con las elecciones, que cuando salga de ellas te escribirá, que te participe sus aftos.

Adjunto hallarás una hoja, más bien una paparrucha, que han repartido por esta ciudad los Jesuitas, entérate bien y les contestas en el periódico Unión Republicana, sin firmarte, duro y a la cabeza a esos zánganos infames que aborrecen al pobre sin piedad; no dejes de decírmelo cuando lo hagas, que yo recogeré el periódico en casa de Manuel Pérez.

Ya tendrás en tu poder La Novicia, comedia de tu amigo Maximiliano, pues te lo mandé hace algunos días, dime si lo recibiste. Sin más recibe los aftos. de toda la familia y amigos, y tú sabes que te quieren de corazón tus padres  JUSTO y RAMONA. A Escudero Bernicola no lo veo, cuando lo vea le diré lo que me dices para él. Recuerdos a Eugenia, Carlos el de Almoradí, y Enrique Luis. Josefina sigue bien y con muchos celos por tener otro hermano. La carta mía que dices recibiste abierta, sería una distracción mía.       

Anuncio del Bautizo en la Catedral de su sobrino José Manuel.

La Huerta. Número 17 – 22 de abril de 1907: Bautizos. En la misma iglesia y a la misma hora (Parroquial del Salvador  por la tarde a las cuatro) fue bautizado el nuevo hijo de nuestro amigo el profesor de instrucción primaria D. José Linares Aliaga; se le puso por nombre José Manuel.

La hoja de los jesuitas fue comentada de manera anónima, como pedía don Justo. No sé si fue la pluma de su hijo, un encargo/dictado de este, o la propia redacción del periódico; pero las numerosas faltas de ortografía del texto me llevan a descartar la primera opción.

Era el último número de «Unión Republicana». El órgano político de los republicanos en Orihuela desaparecía tras aguantar cinco años en la calle justo cuando un republicano llegaba a la Alcaldía.

Unión Republicana. Número 183 – 26 de abril de 1907: La última hoja de los jesuitas. No nos extrañó la salida de la segunda hoja contra el teatro, pues de sobra conocemos a los jesuitas, y sabemos que tienen tanta tenacidad como doblez, tan mala intención como carencia de sentimientos humanitarios, y tanta ira como cobardía. Son los eternos fantasmas, que ponen siempre de pantalla de sus malas acciones a imbéciles, a mentecatos fanáticos, que sin saber a lo mucho que se exponen, sirven ciegamente a los enemigos del progreso social.

La hoja no merece los honores de una refutación, pues solo dice tonterías, atribuyéndose los propios jesuitas el monopolio de la sagacidad y la inteligencia, cuando sabido es que todos ellos son una recua, de la que por casualidad sale una medianía de las que soplan en la flauta de la fábula. Los radicales rara vez asistimos a sermones, pero cuando asistimos y escuchamos barbaridades (que se escuchan siempre que se predica, sobre todo si el orador es un jesuita) tenemos el valor de discutirlas, respondiendo siempre del acto que ejecutamos.

En fin, Orihuela conoce sobradamente la intención dañina, la perversión de sentimientos, las mañas arteras y ruines de los jesuitas, y por esto sus hojas, han caído como sermón predicado en desierto, y el público orcelitano ha asistido al teatro y está dispuesto a concurrir a él, en cuanto abra sus puertas de nuevo para regocijarse y disfrutar del espectáculo más culto e instructivo que se conoce en la época actual. La pornografía está en otro sitio que ya diremos y que callamos porque necesitamos el espacio del presente número para ocuparnos de otros asuntos.

Las Elecciones generales de abril de 1907 fueron convocadas por una crisis del gobierno liberal. El enfrentamiento entre las diversas facciones liberales que se presentaron por separado los debilitó demasiado; y en esos comicios vencieron los conservadores de manera holgada, dejándolos muy tocados.

En el distrito de Orihuela obtuvo el escaño Alfonso Pardo y Manuel de Villena, el marqués de Rafal, del Partido Conservador. Acababa la hegemonía de Capdepón y de su heredero, Don Francisco Ballesteros Villanueva.

Con los mimbres del desaparecido «Unión Republicana»: la redacción y la imprenta de Manuel Pérez en la calle de Santacruz, el 2 de mayo salía a la calle otro semanario llamado «La Nueva Era». Se declaraba independiente en su cabecera, pero funcionaba a la mayor gloria del marqués de Rafal y su partido conservador. Su primera queja fue no recibir la preceptiva visita de sus colegas: «La Huerta», «El Censor» y «El Diario».

Nueva carta de su padre. A pesar de sus penurias, la familia seguía luchando por el futuro de Justo buscando dinero donde podían. Esta vez se ofreció su tía Dolores.

Carta desde Murcia. Sobre con membrete de su primo. AMO. LJGS.

Murcia 5 de mayo de 1907. Querido hijo Justo: recibí tu carta de Abril próximo pasado, y por ella vimos que no tenías novedad, nosotros continuamos buenos. No te he escrito antes referente a lo que me decías de que pensabas examinarte de las dos asignaturas que te faltan para alcanzar el título de Bibliotecario y Archivero, pero que para esto necesitabas tener para matricularte la cantidad de 80 pesetas, con esta cantidad tenías para la matrícula y pagar los derechos de examen.

En vista de esto, ayer mañana salimos tu mamá y yo de Orihuela para esta; en segunda tu madre le habló a tu tía Dolores, referente a lo que dices, y ésta le contestó que hoy buscaría dicha cantidad para mandártela antes del 15 de Mayo próximo; por manera que puedes ponerte a estudiar enseguida, para conseguir lo que deseas.

Esta tarde saldremos tu madre y yo para Orihuela en el tren de Alicante. Recibe los afectos de toda esta familia, y tío Filomeno, Ascensión, tío Antonio y tía Rosa, y de tu tía Dolores, y tú sabes cuánto te quieren tus padres. JUSTO y RAMONA. Tu primo Perico me encarga te diga le des sus afectos a Don Vicente Vignan, que dice fue su profesor cuando estudiaba en Madrid Homeopatía, pues dice que es Médico. Le dices que es tu primo que se llama Pedro García Villalba, recuerdos a Eugenia. Espera carta mía de un momento a otro. Tu sobrina Josefina está hoy con nosotros.

(Cambio de letra a otra muy mala) Querido primo Justo desde ayer tenemos el gusto de tener a tus papás y sobrina Josefina en nuestra compañía. Dicen que se marchan esta tarde, sentimos que sea tan pronto, la niña es muy bonita, nuestros recuerdos a Eugenia, y recibir los dos un abrazo de vuestro tío y prima. ASCENSIÓN.

El 6 de mayo en «La Huerta», Juan Sansano le dedicó el poema «De mi vida» con la siguiente frase: «Un recuerdo, a mi buen amigo el brillante escritor D. Justo García Soriano». Era una forma de recordarle que esperaba su prólogo.

El 10 de mayo de 1907, «El Censor» publicaba un panfleto de dos páginas informando de la constitución del nuevo Partido Liberal oriolano. Incluía una carta de aprobación de Segismundo Moret a Luis Barcala como nuevo presidente del Comité Central del distrito de Orihuela. Y un telegrama del propio Barcala, «distinguido ingeniero y honrado político».

Luis Barcala Cervantes.

Por fin un telegrama de Justo proporcionó una primicia a su periódico. «La Huerta» avisaba al propio Ayuntamiento de la feliz noticia del nacimiento de un heredero a la Corona.

La Huerta. Número 33 – 11 de mayo de 1907: NUEVO PRÍNCIPE. Las primeras noticias. La augusta esposa de D. Alfonso XIII, Doña Victoria de Batenberg, dio a luz ayer a la hora del medio día un robusto infante que, como primogénito de S. S. M. M. los Soberanos de España, es el legítimo heredero de la Corona. La primera noticia que se recibió en Orihuela del feliz suceso fue por un despacho telegráfico que nos envió nuestro corresponsal en Madrid Sr. García Soriano. Dice así: Madrid (10-14,25) «Doce cuarenta y cinco, nació felizmente un príncipe. Edificios lucen colgaduras. Telegrafío separadamente lista lotería.»

Aún no se sabía la noticia oficialmente en esta ciudad. Nuestro director, Sr. Rogel Rech, envió enseguida la buena nueva al señor alcalde que, comenzó a circular órdenes y se preparó a recibir la notificación oficial del acontecimiento. La banda de música del municipio esperaba reunida frente al Ayuntamiento esperando la orden de salir, apenas tuviera el Alcalde la noticia de las autoridades superiores. El telegrama de La Huerta fue expuesto al público en la puerta de nuestra imprenta. Como se había hecho ya la tirada del periódico ordenamos la confección de un suplemento. La noticia cundió rápidamente por la ciudad causando gran emoción y extraordinario júbilo.

En las municipales celebradas en Orihuela el 13 de mayo, la victoria conservadora fue todavía más aplastante: de los 25 concejales, 19 eran conservadores. La edición del 24 de mayo de «El Censor» fue la última. Se estaba gestando un nuevo diario liberal bajo la dirección de José M. Teruel.

Nueva carta de Escudero desde Orihuela en respuesta a otra de Justo. Volvía a insistir en la limitación de telegramas para ahorrar gastos.

José Escudero Bernicola. Abogado. Orihuela, 14 de mayo de 1907. Estimado amigo Justo: Ayer noche me entregaron tu carta que he leído con verdadero gusto en todos sus extremos. Te contesto con precisión porque mi vida aquí nunca me figuré yo que pudiese ser tan agitada como lo es ni que me dejase tan pocos momentos libres. Respecto de las quejas que haces por la inserción de tus telegramas, te diré que juzgas las cosas mal porque desde Madrid no se ve todo: el telegrama de la retirada de Ibarra llegó después de salir el periódico a la calle; además la noticia era aquí pública un día antes, pues telegramas particulares la habían divulgado.

Por otra parte yo soy el primero en lamentar lo infructuoso del gasto y de la información que hiciste. Ha de constarte también que a veces, por el ajuste y por otras circunstancias, no se pueden hacer las cosas tan bien como se quieren; no te puedes figurar las decepciones que sufro y la fe que tendré ante ellas para conservar los ánimos como los conservo. Pero estas son cosas para que yo te las cuente, y no para escribirlas cuando falta tiempo para hacerlo con extensión. Hoy he encargado a Rogel te telegrafíe. Mi objeto es que se manden únicamente dos telegramas diarios de quince palabras salvo noticia extraordinaria y que se sepa llegará a nosotros antes que al Liberal.

Acerca del trabajo que esto representa para ti, que yo siempre me lo he figurado de mucha molestia, te digo que pronto podré aliviártelo pues yo iré a esa del veinte al veinte y cinco y mis deseos serían recompensártelo; todo se andará. Los blancos y la letra del 12 se suprimirán lo posible, pues tengo mucho interés en ello y conozco lo que nos conviene hacerlo. También se subsanará la falta de no figurar el año, que me adviertes. Los corresponsales quedarán nombrados antes de que yo me vaya, pero hasta ahora yo he estado sumamente ocupado en otras cosas y de fijo creerás que me dedico al periódico más de lo que lo hago.

En esta semana notarás la mejora que le ha de dar al periódico mi constante intervención; al menos yo espero que gane mucho. No hay que desmayar, amigo Justo, que esto es más difícil de lo que yo juzgaba y he resuelto muchas dificultades estando dispuesto a hacerlo con las que se presenten. Cuando nos veamos hablaremos largo y despacio. Te adelanto que sin que falten disgustos por parte de algunos elementos, todos formulan un juicio favorable a nuestra criatura, y la impresión que produce su lectura es de simpatía a los que lo escribimos. Que nos sirva de aliento que te transmito con mi sincero afecto de amigo y afmo. J. Escudero Bernicola.

Pd. Se me olvidaba que lo que de Sarabia dices ya me llamó la atención, y di órdenes que desde hoy serán más concretas, pues realmente es un abuso. También otra cosa muy importante me dejaba en el tintero. Tus telegramas llegan aquí lo más pronto a las cuatro y cuatro y media; por lo que esa última plana y el correo se hacen precipitadamente; por ello, siempre que sea posible, te ruego telegrafíes antes de lo que lo haces.

El 26 de mayo, «La Nueva Era» anunciaba que, a virtud de haber sido suspensos de empleo y sueldo una decena de señores, entre los que estaba Don Justo García, el Alcalde había nombrado para cubrir las vacantes, con carácter de interinos, a otros ocho. Mientras, Justo seguía enviando sus crónicas desde la capital.

La Huerta. Número 46 – 28 de mayo de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. «LAS CUATRO CALLES». Ayer pasé por la Carrera de San Jerónimo. Cualquier isidro que haya estado en Madrid, siquiera el tiempo que dura la baja de trenes, sabe que esta vía cortesana es la calle de moda de la crema, de todo lo más «Smart» y de todo lo más «Snob» que atesora la coronada villa del oso. En sus aceras se codea, a la hora del obligado paseo vespertino, la estirada y patricia damita de la «high life» de pura sangre con la elegante «cocotté» de hermosura postiza, que alquila su amor por horas como los simones, y con la procaz hetaira plebeya que huele a pachulí y a colorete barato. Nutrida representación almibarada del sexo feo, que se afana por desmentir este calificativo, derrocha piropos y se da, en la puerta de Lhardy, sendas raciones de vista, y algo es algo si se pesca.

En las Cuatro Calles no pude menos de detenerme. Se está llevando a cabo el derribo de las casas número 18, 20 y 22, las cuales hacen esquina con la calle de la Cruz, con objeto de redondear y completar la pequeña plaza proyectada hace años. Según la demora y los obstáculos surgidos, parecía que nunca iba a realizarse este ensanche reclamado con tanta urgencia por el ornato y la higiene. Esos esquinazos antiestéticos de antiguas edificaciones, en lo más céntrico y concurrido de Madrid, dicen poco en favor de la capital de España. Las Cuatro Calles vendrán a ser ahora digno remate de la calle de Sevilla, y la aglomeración de coches y automóviles ya no constituirá en aquel sitio un peligro constante para el transeúnte que no tiene más vehículo que sus botas.

Plaza de Canalejas, antes llamada de las Cuatro Calles (Madrid).

Desde la ancha acera del suntuoso edificio del Banco Hispano-Americano, contemplé breves instantes el derribo. Las viejas casas ya han perdido sus pisos últimos. Los balcones empolvados y las aceras están llenos de escombros y la piqueta sigue rápida su obra demoledora. De entre la neblina de las cosas olvidadas emergieron algunos recuerdos en mi imaginación. En la casa número 20 habité yo, hace dos años, un pequeño cuarto con un diminuto balcón, el cual ofrecía una de las vistas más bellas y distraídas de Madrid. Daba frente a la hermosa calle de Sevilla, franqueando el espectáculo de la calle de Alcalá y la esquina de «Fornos» que inicia la calle de Peligros.

Por la izquierda dominábase  el trozo más animado de la Carrera y toda la Puerta del Sol; y hacia la derecha se divisaba el Congreso, parte de la plaza de las Cortes y, en último término, el Museo del Prado, la Academia Española, el Casón y las torres góticas amarillentas de los Jerónimos, recortándose sobre el verde metálico de las arboledas del Retiro. En aquel balconcito, que acaba de desaparecer, tenía yo un lindo tiesto de hortensias, de nacarinas flores que cuidaba con esmero en largas horas de íntimo idilio, y también junto a él, con la impresión mareante del estruendo de colmena que de la calle subía, escribí versos y artículos.

Muchas veces importunó mi inspiración y mi trabajo, interrumpiéndome la caza de un consonante o la busca de una frase amena, Petrilla, la chica de la portera, que venía a llenar un cubo en la fuente de la cocina o a entregarme los periódicos que había dejado el cartero. Petrilla era una deliciosa muchachita apenas núbil de ojos flechadores y acariciantes y labios rojos provocativos, que sangraba incansable una mágica sonrisa de irresistible tentación.

Sería escabrosa, comprometida y pecaminosa la descripción de sus demás encantos. Charlaba conmigo un rato, que siempre me parecía corto, o si en la calle tocaba algún organillo o una orquesta de ciegos frente al balcón, me invitaba al baile, que amaba con frenética pasión. Aquel día perdía el correo y no terminaba el artículo. Si yo hubiera merecido ser Fausto, ella hubiera sido indudablemente mi Margarita…

Sin que me lo impidieran ni estorbaran el ajetreo y los empellones de los transeúntes que pasaban junto a mí, estos gratos recuerdos emergieron ayer en mi imaginación de entre la neblina de las cosas olvidadas, durante los breves momentos que me detuve en la amplia acera del Banco Hispano-Americano, frente a las casas de la Carrera de San Jerónimo, que rápidamente derriba la piqueta demoledora… Justo García Soriano; Madrid, 25 Mayo 1907.

En mayo saltaba una nueva noticia que revolucionaba al gremio de la prensa.

El Liberal. Número 1739 – 28 de mayo de 1907: Orihuela. Separación. Nuestro querido amigo y compañero Rafael Rogel Rech se ha separado de la redacción del diario local La Huerta.

La Huerta. Número 46 – 28 de mayo de 1907: Leemos en «El Liberal» que nuestro director D. Rafael Rogel Rech, ha dejado de pertenecer a esta redacción. Nos sorprende la noticia, puesto que quien nombró a dicho señor para dirigir el periódico, nada sabe directamente y de que sigue escribiendo puede dar fe su artículo de hoy «Notas del día». Pero suponiendo bien informado al colega, aceptamos como cierta la noticia y como muy extraño lo demás.

El Diario. Número 646 – 29 de mayo de 1907: Nuestro amigo y compañero D. Rafael Rogel Rech, nos manifiesta que ha dejado de pertenecer a la redacción del periódico «La Huerta». Nos interesa además nuestro amigo que digamos que se despidió de dicha redacción, el domingo último, para el día 31. Que por eso escribió ayer en el mismo periódico y que el propietario, hizo gestiones buscando un redactor sustituto el lunes.

Rafael abandonaba «La Huerta» de manera confusa. A primeros de mayo se había marchado a las fiestas de la Cruz de Caravaca con una sobrina; pasando allí una semana. Mientras, José Escudero como propietario, se había hecho cargo de la dirección.

La Huerta. Número 47 – 29 de mayo de 1907: A lo que hoy publica «El Diario» referente a un suelto, que ayer salió en nuestro periódico contestamos que hemos de ratificarnos en lo que dijimos; D. José Escudero Bernicola nada sabía directamente (que quiere decir sin intermediario alguno) de la actitud de D. Rafael Rogel, el cual antes de mandar la noticia a «El Liberal» y antes de que éste se leyese aquí, habló y conversó de otros asuntos con dicho señor Escudero, no indicándole nada de su resolución. Contra lo que afirma «El Diario» nada hemos dicho y nos ratificamos en nuestro suelto de ayer. Desde hoy se ha encargado de la dirección de este diario D. Francisco Gilabert Ibáñez.

El 29 de mayo, la crónica madrileña de «La Huerta», titulada «Isidros y Cortesanos» llegó a cargo de «Filo». Y el siguiente artículo hablaba de Justo.

La Huerta. Número 47 – 29 de mayo de 1907: Aun cuando se crea otra cosa por quien no ve más allá de sus pestañas, regional ha sido nuestro periódico desde su nacimiento. (…) Nuestro ilustre redactor, joven de inteligencia tan clara y literato eximio D. Justo García Soriano, nos ha dado un cuestionario de reformas y proyectos que debemos defender y propagar para la consecución más práctica, viable y rápida del desarrollo de la agricultura y de las industrias afines. Son trabajos que han de encargarse a individuos diferentes que estudien las cuestiones y las desenvuelvan. Procuraremos ensanchar el cuestionario y desde luego admitiremos cuantas iniciativas se nos comuniquen, pues solo nos guía el interés de ser útiles para la región.

En junio, la redacción de «La Huerta» opinaba sobre la curiosa adaptación de «La Nueva Era» al formato de la desaparecida «Unión Republicana».

La Huerta. Número 53 – 6 de junio de 1907:  … «La Nueva Era», periódico que como es público y notorio se publica con los mismos elementos que la difunta «Unión Republicana».  ¡Nos parece a nosotros que hay menos distancia de Ballesteros a Rafal que de «Unión Republicana» a «La Nueva Era»! Aquella con sus artículos y sueltos anticlericales del más subido color rojo y ésta con noticias de procesiones y humaredas de incienso a los dos ilustres cabildos; la una defensora del más ultra-radical republicanismo y la otra órgano del partido conservador de esta localidad…    

Sabiendo lo orgulloso que era Justo, José Escudero Bernicola publicó una carta abierta al marqués de Rafal, intentando ayudar a su padre.

La Huerta. Número 56 – 10 de junio de 1907: AL EXCMO. SR. MARQUES DE RAFAL. Conozco los nobles sentimientos de V. y la alta independencia de su política; me consta la justicia y elevación de miras con que juzga y aprecia todas las cuestiones; sé de positivo que ha de atender toda petición justa; por eso no dudo en dirigirme a V. con una demanda justísima ni dudo en que ha de ser aceptada. Había, Sr. Marqués, en este Ayuntamiento un empleado que desde muy antiguo venía disfrutando un modestísimo sueldo, constante en el cumplimiento exacto del deber y sin inmiscuirse en las contiendas políticas.

A la subida de los conservadores ha sido relevado del cargo y declarado cesante cuando, dada su avanzada edad, no puede cubrir sus necesidades con otro trabajo que el que venía realizando. Ese honradísimo empleado es D. Justo García Sánchez. No ignoro que los compromisos políticos impiden muchas veces realizar lo que sin ellos haríamos. No dudo que de no mediar esos compromisos políticos, no se hubiese relevado en su cargo a D. Justo García, por todos los Ayuntamientos respetado y querido por toda Orihuela.

Alfonso de Pardo y Manuel de Villena

Pero el hecho de que aún quedan liberales en los empleos del Municipio; por tratarse de un empleado que ha llenado satisfactoriamente su estricta obligación sin que jamás haya militado en la política activa; recogiendo el sentimiento unánime de la opinión; acudo al ilustre diputado por Orihuela para que por cualquier medio, de los muchos que a su alcance están, no se deje sin recursos de vida al que ha venido sosteniéndolo con tanto trabajo y honradez como modestia.

Para escribir estas líneas en nada he contado con el interesado ni con su hijo mi amigo íntimo y notable escritor D. Justo García Soriano. No hago otra cosa que recoger los sentimientos de la opinión y a impulsos míos elevarlos hasta el ilustre aristócrata que tan dignamente representa al distrito de Orihuela. Ahora fio en la justicia de la demanda y en los nobles sentimientos del Sr. Marqués de Rafal. José Escudero Benicola.

El 17 de junio de 1907 salía a la calle el diario oriolano «La Iberia», órgano de prensa de los liberales en Orihuela, confeccionado en la imprenta de Luis Zerón. Al parecer, ese era el motivo por el que Rafael había dejado «La Huerta».

La nueva publicación tomó el nombre de un famoso periódico madrileño publicado en el siglo XIX de carácter liberal y progresista, adquirido por el famoso político Mateo Sagasta, que actuó como órgano de prensa del Partido Liberal a nivel nacional y desapareció en 1898.

Su homónimo oriolano no dejó lugar a dudas. Desde su primer número marcó claramente su adscripción política abrazando como “jefes” al Sr. Moret a escala nacional y a Luis Barcala Cervantes a nivel local. Los moretistas oriolanos escenificaron su ruptura con los liberales “demócratas” de Capdepón; pero sin menospreciar al carismático Francisco Ballesteros Villanueva, su testaferro en Orihuela; un personaje muy valorado por la población a pesar de haber perdido el escaño en favor del marqués de Rafal, del partido conservador.

Dramática carta de su padre, viéndose ya en el asilo.

Orihuela 19 de Junio de 1907. Querido hijo Justo: recibimos tu carta, fecha 16 del corriente, viendo por ella que no tienes novedad, nosotros todos buenos;  aunque muy disgustados al ver lo que nos pasa, y sin esperanzas de poderlo remediar, únicamente el Asilo es mi paradero, si Dios no se apiada de uno, teniendo muy mal humor, y sin gusto para nada. Siento mucho, y tu madre también, lo que nos dices que no vendrás a esta hasta el mes de Agosto, por las circunstancias que concurren en nosotros, de no tener para comer, paciencia.

Adjunta la instancia que puso José Escudero Bernicola, al Marqués de Rafal; te la mando por si no recibiste la Huerta a su tiempo. Sin más recibe los aftos. de toda la familia y amigos y tú lo que quieras de tus padres que de corazón te quieren JUSTO y RAMONA. Recibí el sello. Recuerdos a Eugenia. Se dice por aquí, que quien me dejó cesante, fue por orden de D. Francisco Germán, que no tuvo más remedio que firmar la cesantía el Alcalde D. José Escudero.   

Asilo de Ancianos de Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.

Hoja suelta, fragmento de un borrador de carta que parece dirigida a José Escudero Bernicola. En ella hablaba del nuevo diario y de lo ocurrido con Rogel.

… Me manifestó que de haberlo sabido a tiempo, hubiera hecho un pacto contigo, y al haber accedido tú a él, hubiera renunciado a la publicación de «La Iberia». Sin embargo —agregó—todavía no es tarde, y aún pudiéramos llegar a una inteligencia o a una aproximación, pues yo soy tan anti-capdeponista como pueda serlo Escudero Bernicola. Esto, como puedes comprender, te lo participo con las naturales reservas.

Creo que Rogel escribe en «La Iberia». Apruebo y aplaudo la merecida y valiente rechifla que lanzaste a «La Nueva Era» y la correcta actitud que has adoptado con ella. Mis recuerdos a tu familia, primo Riquelme, Cremades y demás amigos, y de ti espero órdenes cuanto antes si en algo puedo servirte y pagar las grandes y caballerosas muestras de amistad con que me honras y favoreces al más humilde y leal de tus amigos sinceros. JUSTO GARCÍA SORIANO. Viernes, 21 de junio de 1907. Madrid.

Corto aquí esta entrega dividiendo en dos partes el año 1907 para facilitar su lectura y manejo. Como siempre, mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas, a Jesús García Molina y a José Manuel Dayas.

Enlace al siguiente capítulo.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Justo García Soriano y Gabriel Miró

Justo García Soriano y Gabriel Miró.

La célebre enemistad entre Justo García Soriano y Gabriel Miró se ha fundamentado siempre en el conocido artículo “El Obispo Leproso: sandeces, injurias y otros excesos”, publicado en “El Pueblo” de Orihuela el 21 de septiembre de 1927 que os transcribo completo al final. Pero permitidme anticipar un pequeño fragmento:

“Nos asombraría esto en el Sr. Miró que es hijo de madre oriolana, sí no supiéramos que a su misma patria alicantina le ha querido quitar la gloria del origen de uno de sus mejores productos industriales negando, con el invento de una burda patraña, la clásica oriundez y antigüedad de su célebre turrón”.

Sobre este detalle del turrón he descubierto que, meses antes, concretamente el 27 de diciembre de 1926, Justo publicó un artículo titulado “La Antigüedad del Turrón” en “Los Lunes del Imparcial”, suplemento literario madrileño. Desgraciadamente, no he conseguido acceder a dicho trabajo (sólo se conservan los ejemplares hasta el año 1924).

Pero según cuenta el propio Justo en un farragoso borrador de carta destinada a Gabriel Miró, salió de la lectura de un capítulo del “Libro de Sigüenza”, publicado en 1917. Y no gustó nada al célebre escritor alicantino. Si os interesa leer la obra completa, pinchando la siguiente imagen se accede a una versión digital del libro.

Enlace al «Libro de Sigüenza» de Gabriel Miró.

El contenido de esta obra había aparecido anteriormente desmenuzada en numerosas revistas y periódicos, como «La Hormiga de Oro», editada en Barcelona en 1914; cuyo fragmento cuenta precisamente la historia del confitero catalán llamado Pablo Turróns en el siglo XVIII a la que se refiere Justo y que he transcrito también. 

La Hormiga de Oro. 19 de diciembre de 1914.

Se pregunta el conocido escritor Sr. Miró en un artículo literario: ¿Qué leyenda o qué códice nos dirá el origen de la dulce y famosa industria de este lugar levantino? y después de presentamos a un señor Sigüenza jijonófilo hasta las cachas, dice: “…Y un día, cercano de las Pascuas, entra Sigüenza en una confitería de Barcelona.» Describe el movimiento del elegante saloncito despacho de la confitería, y añade: Ve Sigüenza los muros de turrón, ya en cajas, ya en dorada desnudez con sus lunares de canela. Y todo Jijona, sus mujeres, sus almendros, sus manzanos, sus parrales se le ofrece a su alma risueño y delicioso.

—¡Jijona, Jijona!—exclama Sigüenza—Entonces, un señor bien portado, de frondoso bigote, de ojos que denotan cansancio, quizás del estudio de la Jurisprudencia, porque debe de ser de la Magistratura, probablemente un abogado fiscal, amigo de confianza de la casa, advierte a nuestro caballero, lo mismo que si le recordase un un artículo de la ley de Enjuiciamiento Civil:

— Ese turrón que usted señalaba no es de Jijona, sino de Cocentaina. — ¡Sí, sí, de Cocentaina! Oh, Cocentaina, es un pueblo amable, silencioso, huele a maíz tierno, a alcáceres, a feracidad, con su castillo tostado, sus robustas nogueras, su palacio ducal de primorosos artesones, en cuyas salas hay un Circulo Democrático. Tal vez un almacén de calzado. Sí; el turrón de Cocentaina es riquísimo; pero no olvidemos que Jijona es la cuna, el regazo y la maestría de ese manjar que preside las fiestas familiares de más grande ternura!

El abogado fiscal, que no es abogado fiscal, sino dueño de la opulenta confitería barcelonesa, queda algo mohíno escuchándole. Y luego le responde:—Mire; en 1703 hubo una epidemia de peste en Barcelona. Fue una ruina para el gremio de especieros-dulceros. Buscando su remedio se juntan los cónsules, y abren, en 27 de octubre, un concurso de pasteles, ofreciéndose recompensas a los dos de gusto más regalado, que puedan resistir un mes sin malearse, que tengan la semejanza de piedra, uno; del pergamino, el otro; que vendidos al precio de todos los pasteles, dejen el beneficio del 50 por 100. Estos pasteles se llamarán «conmemorativos.» Sigüenza mira recelosamente al docto dulcero. ¿No será este hombre un ironista? Pero, no; no debe serlo; habla con exaltación foral; el precio fijo, es dogma crematístico inexorable de aquella casa; y sin embargo, a Sigüenza se le hace alguna merced en el coste de su humilde compra.

Enlace a Gabriel Miró Ferrer, obras digitalizadas en la BNE. Pinchad la imagen.

No; no es posible el humorismo. Y sigue escuchando que los tres brazos del Concejo se comprometen a la propaganda de los pasteles premiados, desde la Purísima a la Candelaria. Concurren trece gremieros; y triunfan Pablo Turróns y Pedro Xercavins. El pastel de Turróns tiene una cabal semejanza con un pedazo de piedra de granito; está hecho de miel, de avellanas y piñones. El de Pedro Xercavins forma un pergamino de neules, de hostias con un relleno delicioso. El día 2 de diciembre, los pregoneros de la ciudad mandan que en regocijo por la desaparición de la peste, merquen todos el turróns y el neula. Los párrocos aconsejan, en misa mayor, a sus feligreses que celebren la salud y todas las fiestas de tan dulce modo. Pero, ¿y Jijona, entonces? Y Sigüenza pide noticias del turrón a un culto jijonenco.

Y en Jijona sólo saben que hacen diez mil quintales de turrones todos los años… No tiene leyenda ni códice del turrón este pueblo levantino; y el relato que de su origen ofrece el confitero a Sigüenza, hace de este dulce un símbolo y una glosa de muchas dulzuras que prorrumpen del dolor o lo evocan. En estos días de fiesta de hogar, comiendo el pastel del gremiero Pablo Turróns ¿no encontrasteis el sabor de una almendra amarga, y el amargo dejo de una fecha, de una memoria desventurada…? Jijona se apodera, sabiamente, de los secretos del dulce de las Pascuas. Siempre que pasa Sigüenza por este pueblo recoge una emoción de feminidad, y en lo hondo hay un sentimiento inefable de tristeza. GABRIEL MIRÓ.

Al darse cuenta de que había sido demasiado duro con Miró burlándose públicamente de su historia del siglo XVIII cuando los clásicos españoles ya hablaban del tradicional dulce alicantino, Justo trató de disculparse; y en su borrador, transcrito a continuación, parecía sincero.

AMO. LJGS. Borrador de carta a Gabriel Miró.

Sr. D. Gabriel Miró: Mi distinguido amigo: Sin duda le han engañado a V. al hablarle de mi articulejo “Antigüedad del Turrón”. Cuando lo lea V. verá qué, en rigor, no hay en él nada que pueda molestarle y menos pretendo hacer de erudito. Tuve que escribir un artículo de actualidad de Pascuas para “Los Lunes del Imparcial” y un pasaje de su bello libro de Sigüenza me dio pie en cierto modo para componerlo. Si V. carece de disciplina y de hacienda epigráfica y bibliográfica, yo en cambio carezco al parecer de la sensibilidad hermenáutica y lente crítica que V. me atribuye, necesarias para descubrir raíces sentimentales y contornos literarios.

En estas cosas soy un pobrecillo ingenuo. Leí su fantasía catalana del Turróns; y tomándola al pie de la letra me hice cruces ¿Cómo es posible, me dije, que un alicantino tan culto como el Sr. Miró, que ha leído a nuestros clásicos, ignore la rancia antigüedad de la más dulce gloria de su tierra, siendo así que nuestros escritores del siglo de oro mencionan el turrón tan a menudo?

Pero ya, ya. Ahora me lo explico todo y reconozco avergonzado mi ridícula ingenuidad. Perdóneme pues. Rechazo, desde luego, el propósito que V. me supone de darle una lección y castigarle. Jamás en mí tan pedante osadía, por Dios. Se lo juro. Si expresé mi asombro en público y no a V. privadamente, fue porque pensé y sigo pensando que así correspondía tratándose de un escritor tan del público como V. (y por ello es necesario no sólo sacarle a V. del error, sino a cuantos le leen); y porque logro únicamente el honor de dialogar con V. cuando yo le visito; y esto sólo me es posible muy de tarde en tarde.

Haría V. mal en guardarme rencor por una niñería como esta. Aunque no tuve el menor pensamiento de ofenderle, le vuelvo a pedir mil perdones y le envía, con los saludos respetuosos para su familia, un cariñoso saludo su siempre muy devoto.

Supongo que esta disculpa y el intento de acercamiento, fue infructuoso. Ni siquiera sé si el borrador llegó a ser carta y si la leyó Miró. Lo cierto es que, meses después, Justo redactó este agresivo artículo bajo el seudónimo de Juan Oriol. En él, no sólo le vuelve a recriminar la mención al origen catalán del turrón; aprovecha también para hacer una minuciosa y demoledora crítica a su obra «El Obispo Leproso» ambientada en Oleza / Orihuela. Incluso Azorín se lleva su parte. Transcribo también el texto completo.

Orihuela 21 de Septiembre de 1927. ORIHUELA EN LA LITERATURA CONTEMPORANEA «El obispo leproso»: sandeces, injurias y otros excesos.  Desde que nuestro comprovinciano Azorín puso de moda, para la pedantesca «generación del 98», la pintura tétrica de los pueblos españoles,— influencias del Greco,- del Ángel Guerra de Galdós, de Maurice Barres, de Zuloaga y de todos los calumniadores de «la España negra»,— los seguidores del escritor monovero, y en especial los novelistas «ebenes» de la actual generación, nos vienen ofreciendo en sus libros descripciones cada vez más falsas y sombrías de la vida provinciana; ocurriósele a Martínez Ruiz dedicar en su novela Antonio Azorín algunas páginas a nuestra ciudad, retratándola con tintas grises y pálidos colores,— calumnia de esta gaya luz que nos alumbra y de la reciente policromía de nuestra vega,— y no habían de faltarle imitadores que exagerasen sus inexactitudes y recargasen de negro el cuadro de la vida y el paisaje orcelitanos.

Otro comprovinciano nuestro, el alicantino Gabriel Miró, en sus recientes novelas Nuestro Padre San Daniel y El obispo leproso, se complace también en pintar una Orihuela lúgubre, ridícula y fanática, ofendiendo a la verdad y a nuestro patriotismo. Nos asombraría esto en el Sr. Miró que es hijo de madre oriolana, sí no supiéramos que a su misma patria alicantina le ha querido quitar la gloria del origen de uno de sus mejores productos industriales, negando, con el invento de una burda patraña, la clásica oriundez y antigüedad de su célebre turrón. Modestos periodistas provincianos, no pretendemos hacer un juicio literario de la última novela de Miró, bien juzgada y sentenciada ya por la crítica madrileña y por el fallo adverso de la Real Academia Española.

Cierto que no: le han faltado críticos amigos que la han querido poner en los cuernos de la Luna, osando decir que está escrita con un estilo tan puro, castizo y clásico como el de Santa Teresa de Jesús… ¡Jesús, y qué cosas nos han revelado ciertos críticos! – Es, sin embargo, el estilo de Él obispo leproso una taracea abigarrada y anacrónica de arcaísmos y neologismos modernistas, de voces culteranas y de vocablos vulgares y dialectales. Estas palabras de nuestro dialecto regional, típicas de nuestro pueblo, las emplea el Sr. Miró sin subrayarlas ni ponerlas en boca de los personajes de la novela, sino cuando habla por cuenta propia, lo cual prueba que no las usa como elemento colorista, sino por ignorancia supina de la propiedad y pureza de la lengua castellana. Tenemos marcadas en nuestro ejemplar de El obispo leproso más de cien voces dialectales que el Sr. Miró intercala inconscientemente éntrelas exquisiteces de su prosa preciosista.

El fuerte, y aun el conato de originalidad del estilo barroco del Sr. Miró, es el abuso de las sinestesias o metáforas comprimidas, digámoslo así, cosa tan vieja, no obstante, como el padre Homero. De aquí que nos hable a cada paso de «un helor azul», de «un olor de blancura nueva», de «un ruido fresco», de «un silencio desnudo» y de «un silencio como un paño precioso», de «un fragante ovillo de luz», de que «estrujaron el silencio», de que «se cuajaba la sombra», de «Una sombra aceitada de antigüedad», de que «Pablo sintió el vuelo de los años encima de su corazón», etc. etc..

Todas estas expresiones traslaticias, de sabor bíblico, transferencias dé unos sentidos a otros, como las llamó Bandelaire, y luego caballo de batalla dé los decadentistas y simbolistas franceses, no son más que puro judaísmo literario y estilo de raza hebraica. ¡Alegorismo a todo trapo! Adoptado el sistema y adquirida velocidad, en pleno, vértigo de metáforas en busca de matices de sensación y quintaesencias de emoción, nada más fácil que despeñarse en el abismo de los mayores dislates. Y así en la última novela de Miró se los halla a miles, tan delirantes como los siguientes, que escogemos al azar: «Oleza se le ofreció tierna y olorosa como un huerto de piedra» (Pág. 262). «Tía Elvira alababa la suerte de su cuñada por tener un ‘hijo tan hija» (pág. 277). El padre Bellod «torcióse para mirar con su ojo entero», (pág. 298). «El trueno del Segral se enroscaba por los muros» (pág. 300). «…vaciándose de un temblor encendido que se descalfaba en las aguas dulces del Segral» (pág. 358). Pablo se hallaba tan intranquilo que hubo de apretarse el costado y las sienes «porque sus latidos hacían temblar las vidrieras» (pág. 321,). Y deslizándose ya por el despeñadero de las hipérboles y metáforas, no es de admirar que del pobre joven nos diga el novelista que «su frente se le endureció pensando» (pág.334) y que «su culpa de grande hinchaba hasta desencajarle su recóndita sensibilidad infantil» (pág. 338).

Pero dejemos aparte estas y otras lindezas por el estilo, que repugnan a nuestra lógica, acaso por no estar bien iniciados en tales recovecos o embelecos; estéticos; y vengamos a lo que de la novela nos importa únicamente, es decir, lo que se refiere a Orihuela. Y cuenta que por las descripciones de Miró, ni nosotros ni nadie hubiéramos podido reconocer en su Oleza a nuestra ciudad, si no hubiesen otros indicios y alusiones que las identifican. Ya el título de El obispo leproso, traído por los cabellos a pretexto -de un personaje episódico que nada tiene que ver con el asunto de la novela, alude a una bella tradición oriolana, la de la fundación del Colegio de Santo Domingo por nuestro insigne paisano el Arzobispo don Fernando de Loazes.

Pero no se piense por ello que se trata de una novela histórica local, de la Orihuela del siglo XVI, tan pletórica de bellos recuerdos y relatos y de sugestiones artísticas. Bien se guarda el Sr. Miró de intentar esas reconstrucciones retrospectivas, que requieren una considerable cultura, y le llevarían a un tremendo fracaso. No; la acción no pasa más allá del año 1880; es decir, época contemporánea. Y por lo demás, redúcese simplemente a una de tantas novelas de costumbres sociales, en que se falsea a sabiendas la realidad, no con el plausible propósito de idealizarla y embellecerla, sino, a impulsos de un prejuicio hostil y sectario, con el designio de trazar una sátira injuriosa. La vida y costumbres de nuestros padres y el carácter religioso de nuestro pueblo son caricaturizados de modo grotesco y ofensivo.

No tiene propiamente argumentó la novela. Constitúyela una serie de descripciones y escenas incongruentes que quieren representar encuadras caricaturescos la Orihuela de hace cuarenta o cincuenta años. Muchos personajes de ella llevan los nombres, más o menos desfigurados, de algunos paisanos nuestros que vivían entonces y todos hemos conocido; pero  sus tipos se hallan arbitraria y burdamente deformados. Todo tiende, en resumen, a presentar a nuestra ciudad como un poblacho de vivir ruin y enconado, como un hervidero de bajas pasioncillas, de gazmoñerías ridículas y de chismes de comadres y sacristanes. Ni aun recata a veces la pincelada lúbrica y pornográfica. El fin primordial de la novela es ridiculizar nuestras prácticas devotas y nuestras tradiciones religiosas; por eso uno de los blancos a que con más saña se dirigen los tiros de la sátira es este Colegio de Jesuitas, donde— ¡ingrata apostasía!— el autor se educó e instruyó cristianamente.

Como botones de muestra reproduciremos unos cuantos pasajes de El obispo leproso, en que se patentiza cuanto decimos: Al describir Miró a un joven sacerdote olecense, poeta, dice: « — en sus versos… se sienten requebradas señoritas y señoras de este pueblo… El banquillo de su confesonario amanece como un tocador de novia, todo de flores, y entre las flores, cartas de pena, sin firma; allí se arrodillan las señoritingas y se las oye confesarse sollozando…Su lengua iba descubriendo todas las intimidades de la ciudad, como si soltara los vendajes de un cuerpo llagado…» (pág. 109). Las mujeres, limpias y aseadas de nuestro pueblo, las pinta el novelista así:«… mocitas y viejas del arrabal y de la huerta, vestidas de pendones y mugres, flacas y descalzas…» (pág. 366).

Nuestras bellas y típicas procesiones de Semana Santa, como cuánto hay de más hermoso y venerable en nuestra ciudad, sufren asimismo el ataque irónico e injurioso del desapoderado escritor. Véase un trozo de la descripción que de ellas hace; «En este pueblo las damas que parecen más decentes se complacen en ataviar de pecadoras las imágenes de las arrepentidas, como si amaran en esas santas las deshonestidades que ellas no pueden cometer. ¡En cambio, la cofradía de la Dolorosa tiene cada perdida!… (pág. 170). «Y vino un rumor penoso de correas, de maderos, de yugo que crujía, de pies que se hincaban como el arado, de resollar de cuerpos tirantes… Y se paró el «trono» de la «Cena». Lo llevaban veinte huertanos de ropón bermejo, con la cola torcida a los riñones y la falda cazcarrienta de aplastársela con las esparteñas enfangadas; una mano de pezuña agarrándose al muñón de badana de las andas, que les partía los hombros, y la otra en la horquilla para los descansos», (pág. 171). ¡«Falda cazcarrienta»! ¡«Esparteñas enfangadas»! ¡«Manos de pezuña» ¡Así, con tan amables epítetos describe Miró a nuestros fervorosos huertanos nazarenos!…

Pero ¿para qué seguir copiando? No hay página en la novela que no contenga ofensas y desahogos como los transcritos. ¿Debemos soportarlos pacientemente los buenos oriolanos? ¿No sería mayor ignominia pasar en silencio tan groseros insultos? Por muy excelso que se considere en sus alturas literarias el Sr. Miró no podemos tolerarle sus injurias y desdenes. Y en nombre de nuestra ciudad ofendida, rechazamos indignadamente las calumnias y dicterios con que la denigra en ese esperpento novelesco que titula El obispo leproso. JUAN ORIOL.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba). 2021.

Justo García Soriano 8. 1906.

«Amicus plato; sed magis amica veritas».

La Armengola engañó como a un solo chino a miles de moritos, los degolló y los arrojó del castillo peñas abajo; y con este bonito ardid estratégico redimió a Orihuela, rompiendo las oprobiosas cadenas con que la habían aherrojado los creyentes de Mahoma. Sin embargo: ¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza! …

Justo García Soriano (1906). «La Armengola es un mito».

Madrid Puerta del Sol. Postal de 1906.

1906

Nuestro biografiado comenzó 1906 sufriendo los rigores climáticos de la capital en otras navidades madrileñas lejos de su tierra y de su familia.  No tengo noticias de qué hizo en la corte durante los dos primeros meses.

Por algún motivo la siguiente crónica de «Oso y Madroño» se hizo esperar. A principios de enero «El Diario» le publicó un relato escrito en diciembre; un cuento navideño dividido en dos capítulos que bien le podían haber aceptado en «La Lectura Popular».

El Diario. Número 233 – 3 de enero de 1906: El niño Jesús de Antoñico (Cuento de Navidad) I. Antoñico, con su boina azul calada hasta las orejas, embozado con su mugrienta bufanda y con las manos metidas en los bolsillos de los pantalones, se encogía por el frío que le amorataba las mejillas y la nariz. Había amanecido aquel 24 de Diciembre un día de perros (…) A pesar de todo, él resistía y desafiaba impávido en medio de la calle, la crudeza de la intemperie de aquella mañana glacial, con tal de poder ver las casitas de cartón y las figuras de barro que traían para el nacimiento que le estaban haciendo a Pepito, el hijo del médico, su vecino de enfrente.

¡Con qué afán contemplaba los pastorcitos con sus pellicos y sus cayados llevando ofrendas de corderos; las aldeanas con sus cestas colmadas de frutas, o con tórtolas; un viejo gañán bebiendo en una bota; una vieja tañendo una pandera; otra hilando; unos pastores preparando una gran sartén de migas a quienes se les aparece un ángel; una pareja que baila; un rústico que viene del molino siguiendo a su burro cargado con un costal; los tres reyes magos, caballeros en sus tres caballos, blanco, negro y zaino; borreguitos; un pavo haciendo la rueda; la mulita y el buey del establo; San José, la Virgen y un hermoso Niño Jesús en la cuna! …

… Antoñico, con sus brillantes ojos negros, miraba todo aquello sin pestañear y suspiraba de envidia. Él quería tener un belén igual que el de Pepito: con su montañita plantada de pequeñas ramas de romero, simulando el boscaje; con casitas blancas de tejados rojos y con algunos molinos de viento; con un riachuelo serpenteante sobre cuya superficie plateada floten unos ánades albos; y pastores, muchos pastores y muchos borregos; y la cueva donde repose desnudito en la cuna un niño Jesús con las manitas levantadas…

… II. Pero Antoñico era hijo de un pobre carpintero, y sus solas seis primaveras no le permitían saber todavía que los pobres no son dignos de poseer ninguna clase de belenes, ni siquiera de alimentar risueñas y halagadoras ilusiones de color de rosa, y que a lo más a que pueden tener derecho, no siempre, es a un trabajo o a disponer de una gran libertad para morirse de hambre. Y por eso corrió anhelante a su casa, para decir a sus padres que él quería un nacimiento y un Niño Jesús como el que le habían traído a Pepito el de enfrente…

… El papá de Pepito era un médico, que por cada visita relámpago a un enfermo, cobraba por lo menos tres pesetas; mientras que el pá de Antoñico era, en cambio, un triste aserrador que había de trabajar desde el alba hasta las oraciones para poder ganar un mísero jornal de diez reales con que mantener tres hijos, insaciables devoradores, una mujer enferma en inminente alumbramiento, y una madre anciana, respetable momia que intentaba templar el frío de sus años buscando calor en un rincón de la cocina…. Pero Antoñico no accedía a dilaciones ni a plazos; lo quería como por ensalmo; en aquel mismo instante. Y tornaba a su lloriqueo y a sus pataletas. Justo García Soriano. (Se continuará). Madrid y Diciembre 1905.

Justo García Soriano. AMO. LJGS.

El Diario. Número 234 – 4 de enero de 1906: El niño Jesús de Antoñico (Cuento de Navidad) (Continuación) III. Conforme iba viniendo la noche, fueron aumentando los síntomas que la madre presentaba para serlo de nuevo, por cuarta vez. Se llamó premiosamente a una parienta, ducha en estos trances, y la casa del carpintero fue llenándose poco a poco de vecinas dispuestas y animosas a prestar sus servicios y ayuda. Una de ellas se encargó de sosegar y entretener a Antoñico (…) rendido por la rabieta y el pataleo pronto se durmió fácil y dulcemente en el regazo tibio de la vecina.

De súbito la puerta de la estancia se abrió y rápido, radiantes de placer entraron en ella el carpintero, llevando en brazos un hermoso niño, recién nacido que lanzaba algunos vagidos, y la abuela, la acartonada vieja de cascarrona voz. (…) — Antoñico— le dijo el padre mostrándole la tierna criatura que acababa de venir al mundo — mira que Niño Jesús te han traído los Reyes — Y Antoñico alborozado, dando un gran grito de júbilo, abrazó al niño con extraordinario amor y le besó efusivamente mientras el padre y la abuela contemplaban aquella escena conmovedora y deliciosa; embebecidos, encantados …  Justo García Soriano. Madrid y Diciembre 1905.

Su hermana pasó las fiestas con sus padres en Orihuela. Como ya conté en la anterior entrega, Milagros se había casado con José Linares Aliaga, maestro de escuela destinado en Elche; y esperaban una criatura; el primer nieto de los García Soriano.

El Diario. Número 233 – 3 de enero de 1906: Estos días hemos tenido el gusto de saludar a nuestro amigo D. José Linares y a su virtuosa Esposa, Doña Milagros García Soriano, hermana de nuestro redactor en Madrid Justo García, que han venido a pasar las fiestas  al lado de su familia.

Para leer un reportaje de Kandal hubo que esperar a final de mes. El motivo, según argumentó con mucho humor, fue el extravío de un original en Correos; pero más bien parece una excusa.

El Diario. Número 252 – 27 de enero de 1906: OSO Y MADROÑO. (De nuestro redactor corresponsal en Madrid). ¡Voto por Belzebú, que si supiera quién fue el bellaco que interceptó mi última crónica, habría de pagarme cara su felonía!… Ordéñese Vd. el magín redactando un sabroso y atildado artículo, atiborrado de lindezas y de filigranas, para que se venga luego bonitamente un descomedido y mal criado dependiente de Correos, y en el desahogo de un natural apuro que prohíbe nombrar la decencia, coja las cuartillas que Vd. con afanoso y esmerado aseo ha escrito en un lapso de inspiración y estático y genial deliquio, y con desenfado, premeditación, alevosía y otras agravantes se sirva de ellas, haciendo el uso para el que los papelitos higiénicos se suelen destinar.

La sola sospecha de tan irreverente profanación me crispa los nervios y excita mi cólera. Pero ¡ah, cínico y mal oliente empleadillo!, habrás tenido mala servilleta, porque mis cuartillas son de duro y poco flexible papel de barba. ¡Si yo fuera gitano, aviadito ibas a quedar con tu sieso, como te alcanzara la maldición que pensaba echarte, sucio!

Nada os contaré de política, que es chisme viejo, por no repetiros lo de siempre, ya que este año, como todos los anteriores, nos propusimos hacer vida nueva. ¿De la conferencia internacional de Algeciras? Buena capa para hacer de ella un sayo, ni largo ni corto; pero hoy no está el horno para bollos. ¡Bonita y quijotesca empresa la de estas entrometidas y comineras naciones conferenciantes, que intentan europeizar a Marruecos; es decir, arreglar la casa ajena mientras descuidan y olvidan la propia. ¡Ojo mogrebitas con estos señores arregladores!

Conferencia de Algeciras 1906. Diplomáticos en los pasillos.

Se casó la infanta María Teresa; se reanudaron las sesiones de Cortes; pasó San Antón con sus barbas, sus panecillos y su… bicho (hablando conmigo solo); pasó también San Idelfonso, el santo onomástico de nuestro joven monarca, que se celebró con tanta o más pompa que otros años (…) Y ahora, señores, a elegir los disfraces y a esperar las Carnestolendas. (…) El Círculo de Bellas Artes abrió un concurso de carteles anunciadores del Gran Baile que dará, como todos los años, uno de los días de Carnaval.  En este concurso han tomado parte distinguidos pintores.

Boda de la infanta. «La Ilustración Española y Americana». 22 de enero de 1906.

Entre ellos tuvimos el placer de admirar un hermoso cartel de correctísimo dibujo que representa una deliciosa dama vestida con rozagante traje y sombrero a lo Pompadour, llevando en su enguantada mano un antifaz con que hace ademán de cubrirse sus bellos ojos y mejillas, linda obra de nuestro querido amigo el joven pintor oriolano D. Enrique Luis Cárceles.

Enrique Luis.

Demuestra en ella el Sr. Luis los extraordinarios progresos que está haciendo en su carrera y las dotes excepcionales y felices que reúne para cultivar con éxito el creador y difícil arte de Apeles, de Rafael, de Rubens y de Velázquez, por lo que le tributamos nuestro aplauso y le damos nuestra más entusiasta enhorabuena, alentándole para que no desmaye y prosiga, con fe en su ideal en el ejercicio de su profesión; y tal vez con ella conquistará gloria y dinero, si no le es adversa la Fortuna. Kandal. Madrid, jueves 25 de Enero de 1906.

Durante el mes de febrero, García Soriano tampoco envió cronicas al rotativo oriolano; lo que refuerza mi teoría de que lo del extravío en Correos había sido sólo un pretexto. El día 27 Kandal asistió a un evento histórico (al menos eso dio a entender) cuya extensa crónica monopolizó buena parte del «Oso y Madroño» de primeros de marzo.

El Diario. Número 281 – 3 de marzo de 1906: OSO Y MADROÑO. Las carnestolendas. — La política. — La conferencia del Sr. Unamuno. Las presentes Carnestolendas están resultando muy divertidas en esta corte; donde siempre hay gente y humor para todo. Entre las carcajadas de esta frenética multitud que se divierte porque así lo ordena el almanaque, ha sonado en irónico y fatal contraste la imprescindible nota triste, el fúnebre plañido de los humanos dolores. El eminente y popular compositor y maestro Fernández Caballero, gloria de Murcia, murió ayer; la armonía en raudales divinos acudía obediente a su inspirado conjuro de gran artista. Ha sido una gran desgracia para la música española…

Fernández Caballero y el carnaval en «la Ilustración Española y Americana». 8 de marzo de 1906.

Multitud de escritores habían pedido a Unamuno que se desplazase a la corte para pronunciar una de sus famosas conferencias; con la complicada situación política y social como tema. Don Miguel aceptó el encargo de hablar de España en el teatro de la Zarzuela de Madrid. Aquella mañana de domingo la expectación fue enorme; intelectuales, políticos y muchos curiosos llenaron el teatro y se amontonaron en sus inmediaciones.   

… La honda, la saludable impresión de la conferencia acerca de alta política e higienización moral, dada el domingo por la mañana en el teatro de la Zarzuela por el paradojista, por el sabio rector de la Universidad de Salamanca, D. Miguel de Unamuno, perdura en los ánimos fervorosos de los hombres de buena voluntad y corazón no dañado. El acto ha sido de indiscutible transcendencia, aunque hay quien se afana en hacer humo y cerrar por sistema los ojos a la luz de la verdad desnuda y elocuente (ay, de los que rehúsan su salutífera amargura). Si el enfermo se niega a tomar la medicina hay que desahuciarle, porque está perdido irremisiblemente.

Jamás se han dicho tantas y tan contundentes verdades y con tal discreción en tan poco tiempo como el señor Unamuno dijo en su discurso del domingo. Su palabra sencilla, precisa, incisiva, noble y crudamente ingenua bordeando todas las dificultades, expresó cuanto quiso expresar y fustigó con severa fraterna todas las mentiras y todos los convencionalismos que corroen la existencia de esta España caduca; pero lo hizo con tal arte, con tan refinado aticismo, que sus más recios latigazos provocaban delirantes ovaciones y nutridas salvas de aplausos del numeroso y heterogéneo público que con devoción le escuchaba.

Nosotros tuvimos la fortuna de oírle y hemos sido testigos indiferentes, desapasionados de su éxito. No intentamos hacer un trasunto íntegro de cuanto dijo; eso no cabe en las proporciones de este periódico: sólo transcribiremos algunos de los párrafos más salientes de su hermosísima oración (…) Hablando del militarismo dijo: Yo no diré que le odio, porque no es verdad; yo no diré tampoco que amo al Ejército, no quiero manchar mis labios con la adulación; diré sencillamente que odio la guerra y que nunca me parece justa… creo que no se debe faltar a la verdad ni siquiera para salvar a la madre ni a la Patria… Ojalá en España una institución cualquiera pudiera demostrarnos que puede sacarse una suma de valor de un pueblo de cobardes. (…) las guerras mismas son hoy, ante todo y sobre todo, guerras económicas… se está formando el partido de los ricos y el de los pobres.

Hemos venido de tumbo en tumbo de las Españas que antes figuraban en nuestro escudo a las España de hoy que Dios quiera que no se reduzca a media España…. y ha sido siempre por la idea tenaz de no proceder con cordura, de creer que se hacen las cosas, no con inteligencia, no con corazón; con otro miembro del cuerpo que no os necesito nombrar … Nuestra prensa está siendo órgano de la mentira, hija legítima de la cobardía, de la mentira política, de la mentira patriótica, de la mentira cultural, de la mentira religiosa; de la mentira política ante todo.

Y refiriéndose al regionalismo dijo: Lo peor es que las gentes que emigran, que habrían de formar fuera de la patria colonias, resulta que, en rigor no forman colonias españolas, se agrupan por Centros— Centro vasco, Centro gallego, Centro asturiano, — y es que allí no encuentran el apoyo de la madre patria, y en este estado de cosas, ha nacido eso que se llama comúnmente el catalanismo, y el bizkaitarrismo … Y es, señores, que hay dos patrias; una patria territorial y otra patria espiritual, y aquí casi todo el mundo habla de la patria territorial, sobre todo los que tienen territorios en ella. La Patria tiene que ser un medio; cuando se convierte en fin, estamos perdidos.

Unamuno entrando al Teatro de la Zarzuela. Revista Blanco y Negro. 3 de marzo de 1906. Foto Goñi.

Y aludiendo a otros aspectos sociales, decía: Vivimos agarrotados por esta ramplonería ambiental… Las clases altas, que deben ser las directoras de la cultura, pasean el cuerpo en automóvil y arrastran el espíritu en carreta. Soy cristiano y creo que a Dios hay que adorarle en espíritu y en verdad, porque Dios es, ante todo y sobre todo, la verdad; por eso yo, para entenderme con Él no necesito de revendedores de la gracia divina;  me entiendo directamente con contaduría….

Yo no sé si aquí puede conseguirse una unión social de todas las gentes de espíritu sereno para defender, ante todo y sobre todo, el amor a la verdad, que es, repito, lo que más amenazado está; para defender el amor a la verdad, porque, y con esto concluyo y no con palabras mías, sino con unas palabas del apóstol San Pablo, la verdad nos hará libres. He concluido.

Así terminó el Sr. Unamuno su maravillosa conferencia. En ella no sabe uno qué admirar más, si el tacto y las profundas observaciones del pensador y sociólogo; o las exquisiteces y genial creación del literato. De todos modos hará época, y si Dios bendice la semilla sembrada, podrá recogerse una pingüe cosecha de bienandanzas y prosperidades. Kandal. Noche del 27 de Febrero de 1906.

No contento con llenar más de medio periódico hablando de Unamuno, en el mismo número exigió una «fe de erratas» de su anterior trabajo. Como veremos, es algo que pedirá habitualmente para defender su prestigio como doctor en Letras ante la multitud de errores tipográficos en la composición de sus artículos.

INFORMACIÓN. En la última, crónica que desde Madrid nos envió nuestro ilustrado y entrañable amigo «Kandal», distinguido redactor de El Diario, se deslizaron dos erratas por la escasez de tiempo de que disponemos para la confección del periódico. Nuestro amigo tiene interés en que queden subsanadas, cosa que hacemos con el mayor gusto. Donde aparecía la palabra «prevecto», debe decir «provecto» y donde «taabien», como es natural, «también». Pedimos nos dispense el amigo «Kandal», pues estas cosas son fáciles de suceder, y el buen juicio de los lectores no deja, en justicia, de relevar de culpa al que escribe. Más si como nuestro redactor, tienen bien cimentada su reputación de ilustrado.

En marzo de 1906 dos trágicas noticias conmocionaron a Justo García Soriano: en Fraga, un grupo numeroso de obreros se manifestaron ante el ayuntamiento al grito de «Pan y trabajo», y la protesta acabó en un baño de sangre.

En Francia sufrieron el peor accidente minero ocurrido en Europa hasta la fecha, con más de un millar de obreros, muchos de ellos niños, muertos en una mina tras una explosión de grisú. Su conciencia social le llevaba a pedir explicaciones a los gobiernos como cómplices de las desgracias por el abandono de sus obligaciones con los más humildes.

El Diario. Número 292 – 16 de marzo de 1906: OSO Y MADROÑO. (De nuestro redactor corresponsal en Madrid). … La Cuaresma entró trayéndonos el buen tiempo y una gran «actividad histórica». El fiel, curioso y diligente cronista no se da punto de reposo en llenar de efemérides el gran infolio de sus fastos. La vida es un vertiginoso cinematógrafo; y el tiempo, simbolizado por una serpiente que se muerde la cola, no se sacia en devorar. La parca inexorable de los poetas lacrimosos y borreguiles tampoco se cansa de rimar con «fiera saña» su «cruel guadaña» (…) ante su majestad La Muerte siempre ha habido igualdad y comunismo, pese a los privilegiados de todas las estofas. Tras el inolvidable maestro Caballero, han caído a la huesa Pereda y Romero Robledo. ¡Mala semana para las celebridades!

Francisco Romero Robledo y José María de Pereda. Fallecidos en 1906.

… Lo triste, lo honrosamente trágico, es abandonar la vida como esos obscuros y famélicos obreros de Fraga que han sido afusilados impíamente por el atroz delito de pedir trabajo y pan; o como esos otros mil doscientos infelices trabajadores franceses, aplastados, asfixiados o carbonizados en las profundidades de los negros y moféticos pozos y de las galerías subterráneas de la mina hullera de Courrières, a consecuencia de una explosión de gas grisú. De temer es que estos aciagos acontecimientos, verdaderos crímenes de lesa humanidad, puedan precipitar el advenimiento de esa época de truculentas vindicaciones sociales, que tanto aterra a los que viven cómodamente en la holganza sin compasión del pobre, a los predilectos de la fortuna.

La catástrofe de las minas de Courrières. Marzo de 1906.

Mucho pudieran hacer los gobiernos en evitación de estas catástrofes; pero ellos son, por el contrario, los principales cómplices y autores de tales desgracias, pues olvidan sus deberes por sistemática imprevisión y premeditada negligencia. Están haciendo gran falta unas buenas escobas y unos épicos y denodados barrenderos. La sangre inocente de nuestros humildes aldeanos, arrancados de su patrio suelo, de sus labores agrarias, para llevarlos dócilmente, inhumanamente a través de inmensos piélagos, a lueñes países, al degolladero, mejor dicho, donde murieron como corderillos, sin provecho ni gloria, aún está clamando venganza justiciera. Pobres mártires anónimos…

.. En estos momentos la gente marcha a la corrida de toros que se celebra hoy (¿cómo no?) en obsequio de sus Majestades Fidelísimas. La calle de Alcalá está animadísima y Madrid, favorecido por una tarde espléndida, ofrece el aspecto de las grandes solemnidades. Omitimos, en gracia a la brevedad, descripciones y pormenores. Sólo consignaremos que D. Carlos Fernando no ha parecido un señor un poco demasiado obeso para la investidura real; en cambio Dª María Amelia, con su aire mayestático de suprema afabilidad, ha cautivado todas nuestras simpatías. Kandal. Madrid, 14 de Marzo de 1906.

La calle de Alcalá (Madrid)

Para celebrar el primer aniversario de «El Diario» varios escritores oriolanos le dedicaron unas líneas en su número 293 por encargo del director. Justo lo hizo también; pero a su manera; en panocho. Y además, su composición volvió a llegar tarde.

El Diario. Número 294 – 20 de marzo de 1906: Habiéndosenos entregado en esta imprenta y a la hora de entrar en máquina nuestro número del sábado una bonita composición literaria de nuestro redactor corresponsal en Madrid D. Justo García Soriano, en la imposibilidad de publicarla dicho día, lo hacemos en el número de hoy. Sentimos llegase tarde.

IMPROVISACIÓN PANOCHA que dedico a El Diario en el aniversario primero de su publicación: Como odalisca lánguida y ociosa / o indolente sultana, / «encorvillá,  tendía, aponaíca» / «alriorsico e» la falda del monte peñascoso / en que San Migel «s’arsa» / mostrando a «toa» la vega / su «fachaica» blanca, / su alegre campanario, / y su triple ringlera de ventanas, / y en que más «arribica», en las «masmorras», /«serquetica en los nulos, ande» amainan / su vuelo gigantesco / las imperiales águilas / y, trazando mil giros caprichosos, / revolan y «s’afanan» / «bandás» de «morsigüillos» y «aviones», /de la tarde en las horas solitarias; / tristes y amarillentas, dormitando / las ruinas de « Hains Arguala», / evocan de continuo misteriosas / épicas remembranzas /de belicosos tiempos medioevales / y huestes musulmanas ….

«Asina» está la vieja «suidá» mía , / «ande argunsé» los sueños de mi infancia, / «rodeá» de vergeles, / que su ambiente embalsaman, y «güertos» de naranjos y palmeras /que esconden mil poéticas barracas / y que el copioso «Tháder» / sobre su alfombra serpeando, baña… / Y «abora» que no tengo el «calorsico» / de su sol que entusiasma, / ni el «airesico» fresco de su «güerta» / mis «sentíos» halaga, / como la imagen de mujer «quería», / siempre la llevo «reflejá» en el alma, / pues es de mis platónicos amores / la «escogía sagala» / que roba con sus célicos hechizos / mis ardorosas ansias, / y allá a mis solas cántola «abonico» / en mi vieja guitarra,/ «coplicas dursesicas» que me salen / «der» fondo «e» las entrañas…

Sólo El Diario tráeme entre sus pliegues /girones de su cielo y gratas ráfagas / «impregnas» del olor de sus «asares», / que alivian mis tristezas y nostalgias. / Por eso hoy que celebra / su primer cumple años y su pascua, /le deseo que, siempre fomentando / su provecho y su fama, /cumpla hasta un centenario y que yo entonces «pua» dar al «lector» la «mesma» «lata». JELIPICO. Los Madriles, 15 de Marzo de 1906.

El 21 de marzo cambiaron muchas cosas en «El Diario»: El periodico se trasladó provisionalmente del callejón de Flores a la calle de la Feria (el 15 de abril inauguraron un nuevo local en Alfonso XIII). De la dirección literaria se hizo cargo su propietario, Manuel Franco Rebagliato.

Y la redacción quedó constituida en la forma siguiente: Director, Manuel Franco Rebagliato; Redactor jefe, Rafael Rogel Rech; redactores, José Manuel Teruel, José Mª Martínez Pacheco y Andrés Lacárcel; Administrador, Luis Zerón; colaboradores, «todos los señores que habían honrado con su firma las columnas de la publicación en el día del aniversario de su fundación».

Justo quedaba fuera de la redacción y Kandal desaparecía para siempre. La crónica madrileña que escribió esa misma jornada, publicada tres días después, fue la última que envió a este periódico.

El Diario. Número 298 – 24 de marzo de 1906: Oso y madroño. Primavera Blanca (De nuestro redactor-corresponsal en Madrid). La primavera ha nacido triste, envuelta en blanco sudario. Pero no es su blancor la nítida candidez de los azahares, de las acacias, de los nardos, de la flor del almendro, sino la albura letal y gélida de la nieve. (…) San José trajo florida su vara, símbolo de la primavera; pero apenas trascurrido su día, Marzo el veleidoso ha torcido el rabo, como dice el vulgo, marchitando el paisaje con una nevada extemporánea y copiosa. La política parece seguir las evoluciones atmosféricas…

… Así es que el tiempo y el Gobierno están en crisis. No obstante, ambos reaccionarán y volverán sobre sus pasos. Como se aproxima una época de brillantes y solemnes festejos con motivo de la venida del Kaiser a esta corte y la boda regia, las esposas de nuestros ministros ya habían elegido afanosamente figurines y encargado soberbios trajes, que sueñan con lucir en las futuras fiestas, y a impulsos de sus vanidades femeninas, influyen sobre sus maridos para que de ningún modo renuncien sus cargos… Kandal. Madrid, 21 de Marzo de 1906.

Pocos días después, el estado de su madre le obligaba a regresar urgentemente a Orihuela.

Justo con su madre. AMO. LJGS.

El Diario. Número 299 – 26 de marzo de 1906: La virtuosa y querida madre de nuestro compañero, el ilustrado joven D. Justo García Soriano, se encuentra enferma de mucho cuidado. Nuestro amigo llegará esta tarde procedente de Madrid a donde se le ha telegrafiado por la familia. En esta redacción cuenta el amigo Justo con sus más leales compañeros, así es que sus penas y dolores y deseos los hacemos nuestros y los sentimos muy de veras. Quiera Dios concederla salud a la virtuosa señora.

El Diario. Número 300 – 27 de marzo de 1906: Ayer saludamos en esta población procedente de la Corte a nuestro entrañable amigo e ilustrado compañero D. Justo García Soriano. Este tuvo el consuelo de abrazar a su querida madre, bastante mejorada de la enfermedad que padece. Nos felicitamos doblemente y que siga la deseada mejoría.

El Liberal. Murcia. Número 1334 – 28 de marzo de 1906: Viajero. Ayer llegó a Orihuela, su pueblo natal, el ilustrado joven D. Justo García Soriano, que procedente da la corte ha venido por el desagradable motivo de hallarse enferma su señora madre, a la que por fortuna encontró notablemente mejorada.

Justo pudo abrazar a su madre, notablemente mejorada en su enfermedad; y todos se alegraron de que hubiese quedado en un susto. Al acabar el mes, «El Diario» y «El Liberal» notificaron gozosos su recuperación.

El Diario. Número 304 – 31 de marzo de 1906: Se encuentra fuera de peligro de la enfermedad que padece la madre de nuestro querido amigo y asiduo colaborador en Madrid don Justo García Soriano. Lo celebramos infinito.

Aquí me asaltó una duda: si estaba tan recuperada su madre ¿por qué permaneció en Orihuela tres semanas más? Intenté localizar, sin éxito, el nacimiento de su sobrina Josefina; pero parecía muy prematuro teniendo en cuenta que su hermana se había casado a finales de agosto del año anterior. Mi buen amigo J. Manuel Dayas me dio la sencilla respuesta: el 15 fue domingo de Resurrección. Pasó en Orihuela la Semana Santa; se comió la mona y regresó a Madrid el día 18.

El Diario. Número 316 – 18 de abril de 1906: Ha salido para Madrid a proseguir sus estudios en la Universidad Central nuestro querido compañero en la prensa y redactor corresponsal en la Corte de El Diario, D. Justo García Soriano. Que lleve buen viaje es lo que deseamos a tan querido amigo.

Estación de Orihuela a principios del siglo XX. Colección Tejuelo.

En mayo, el que estuvo enfermo fue Justo. Tanto sus excompañeros de redacción como los de «Unión Republicana» se hicieron eco de la noticia lamentándola de todo corazón; especialmente Rafael, quien tenía contacto continuo con su padre.

El Diario. Número 344 – 22 de mayo de 1906: Nuestro querido amigo e ilustrado compañero D. Justo García Soriano se encuentra enfermo en Madrid donde cursa el doctorado en Letras. Sentimos de todo corazón lo que le sucede a nuestro entrañable amigo, al que deseamos recobre pronto la salud para alegría de sus queridos padres y satisfacción nuestra. A nosotros que estimamos tanto a García Soriano nos ha impresionado mucho tan desagradable noticia.

Pronto los dos periódicos oriolanos volvieron a mencionarlo; pero esta vez por sus buenas notas. Sobreponiéndose a su enfermedad lo había conseguido de nuevo. Las «enhorabuenas» le llegaron por millares.

El Diario. Número 347 – 26 de mayo de 1906: Con agradable sorpresa hemos sabido que nuestro entrañable amigo don Justo García Soriano, que está enfermo en Madrid donde cursa el doctorado en Letras, a pesar de su dolencia ha sufrido examen de las dos asignaturas que les correspondían en primer lugar obteniendo las notas hermosísimas de sobresaliente en Gramática comparada de las lenguas semíticas y notable, en Lenguas y Literatura neo-latinas. Dentro de unos días, se examinará el futuro Doctor, nuestro amigo, de tres asignaturas más que le quedan para dar fin a su carrera. Mil enhorabuenas al amigo Justo enhorabuena que esperamos repetir dentro de unos días.

Unión Republicana. Número 142 – 26 de mayo de 1906: Nuestro querido e ilustrado amigo y correligionario D. Justo García Soriano, se encuentra enfermo en Madrid donde con tanto aprovechamiento persigue el doctorado en Letras. Sentimos de todas veras este contratiempo que sufre nuestro verdadero amigo, al que deseamos un restablecimiento tan pronto como él quisiera…

… A pesar de hallarse enfermo, como más arriba decimos, nuestro entrañable amigo Justo García Soriano, este se ha presentado a exámenes del doctorado en Letras, sacando las honrosas notas de sobresaliente en Gramática comparada de las lenguas semíticas y notable en Lenguas y Literatura neo-latinas. Aún le quedan tres asignaturas que aprobar, en las cuales tendrá seguramente el mismo éxito. El triunfo obtenido este año por el Sr. García Soriano es doblemente meritorio por las circunstancias especiales en que se ha examinado, levantándose enfermo del lecho, para ir a examinarse de las dos asignaturas que en dicho día se le habían señalado. Mil enhorabuenas y… ¡adelante!

El Diario. Número 351 – 31 de mayo de 1906: Con mucho gusto hemos tenido noticia del resultado total obtenido por nuestro queridísimo e ilustrado amigo el joven estudiante del doctorado en Letras D. Justo García y Soriano, en los exámenes verificados en Madrid. Además de las notas obtenidas en las dos asignaturas que decíamos en números anteriores, y de que se examinó primero, ha ganado las de notable en Estética; Sobresaliente en Historia de Bellas Artes y notable en Sánscrito. Mil enhorabuenas al joven estudiante que tan honrosamente ha dado cima a la carrera de Letras y felicitamos a sus queridos padres D. Justo García Sánchez y Doña Ramona Soriano.

Perdida su corresponsalía en Madrid, Kandal no pudo cubrir la que fue noticia del año. El 31 de mayo Alfonso y Victoria Eugenia se casaron en la iglesia de Los Jerónimos. Durante el trayecto de regreso al Palacio Real, el anarquista Mateo Morral les lanzó un ramo de flores desde el balcón de la pensión en la que se hospedaba. Contenía un artefacto explosivo de fabricación casera que impactó sobre el público matando a veinticinco personas entre soldados y espectadores. Milagrosamente, los reyes resultaron ilesos.

El corresponsal telegráfico en Madrid para «El Diario» fue Abelardo L. Teruel; quien sólo pudo enviar el feliz telegrama de la boda y no la noticia del atentado; circunstancia que le alegró porque, según sus propias palabras, «Orihuela fue venturosa más tiempo y celebró más prolongadamente el fausto acontecimiento nacional, mientras yo sentía la satisfacción inmensa de no amargarle esa alegría que yo mismo le había trasmitido momentos antes».

Enlace vídeo.
31 de mayo de 1906.
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A primeros de junio «Unión Republicana» publicó en el mísmo número un editorial de condena por la trágica noticia, y una nota con los brillantes resultados del doctorando García Soriano. Días antes lo habían felicitado «El Liberal» de Murcia y «El Diario» de Orihuela.

El Liberal. Número 1399 – 2 de junio de 1906: ORIHUELA. Estudiante aprovechado. Con brillantes ejercicios se ha doctorado en Filosofía y Letras el distinguido joven D. Justo García Soriano, a quien damos nuestra enhorabuena.

Unión Republicana. Número 143 – 3 de junio de 1906: Fecha luctuosa. Con una apoteosis de sangre se ha señalado el final de la ceremonia verificada en la Iglesia de los Jerónimos de Madrid, en cuyo acto se había unido en matrimonial lazo D. Alfonso y la Princesa inglesa Victoria Eugenia de Battemberg. La fecha del 31 de Mayo, no sería ya una página de alegría en la Historia, esta fecha se escribirá orlada de luto ¿Quiénes han sido las víctimas? Los inocentes, hijos del bajo pueblo.

Esto, como hombres que amamos a la Humanidad, lo condenamos con toda la energía de nuestro corazón. Ese procedimiento de arrojar bombas desde la oscuridad, sin pararse en la cantidad ni en la calidad de los que van a morir es horriblemente inhumano. Nosotros admiramos las ideas anarquistas. Las creemos utópicas, pero las admiramos. Pero los asesinos no merecen llevar el nombre de anarquistas. ¿Qué dirán de los anarquistas esas pobres madres de los soldados, que cumpliendo un deber cubrían la carrera en la calle Mayor cuando cayeron destrozados por la metralla anarquista? Esto pensamos del atentado cometido en Madrid, el día 31 de Mayo de 1906.

Nuestro querido amigo y correligionario Justo García Soriano se ha examinado en la Universidad central de las tres asignaturas que le quedaban para terminar el doctorado en Letras. A las dos brillantes calificaciones obtenidas en las primeras asignaturas de que se examinó hace días, puede añadir la de notable en Estética, sobresaliente en Historia de Bellas artes y notable en Sanscrito. Enhorabuenas mil al amigo García Soriano y a sus felices padres.

En junio se enturbió la correcta relación mantenida entre los colegas de prensa en Orihuela. «Unión Republicana» acusó a un sujeto,  antiguo colaborador asiduo y ahora en la redacción de «El Diario» (José M. Teruel), de curiosear las galeradas en su redacción adelantando la publicación de un artículo de José María Senén. Eliminando dicho artículo, dejaron a «El Diario» en evidencia; aunque para ello tuvieron que sacar solamente dos hojas; la mitad del periódico.

En la siguiente entrega publicaron un artículo titulado «El Diario y su gente». Comenzaba así: «Ignoramos si se habrá dado el lector exacta cuenta de que «El Diario» es un… periódico —de algún modo hemos de llamarle».

En él contaban, con mucha guasa, que el «The Times» oriolano había pasado de llevar la cuenta de los nacimientos y los muertos, con algún pasatiempo y un artículo casi siempre malo, a recibir una subvención municipal de cincuenta pesetas «para lo que se ofrezca».

Dinero empleado en «montar una aparatosa redacción para no redactar nada, con gran rótulo en la puerta, gran buzón, gran globo eléctrico y mucha luz para que la gente supiese que había un periódico y que allí tomaban café sus redactores». La respuesta no se hizo esperar.

El Diario. Número 365 – 19 de junio de 1906: ¡QUE COSA ES ENVIDIA! TRISTEZA DEL BIEN AJENO. Esta es la contestación que a juicio de uno de nuestros redactores merece el latoso artículo publicado por el nuevo redactor de «Unión Republicana».

Sin llegar a desmentir la acusación (porque era demasiado evidente) esa fue la escueta nota de «El Diario» . A partir de ese momento, ambos rotativos se dedicaron periódicamente pequeñas puyas; pero sin que llegase la sangre al río. En medio de esa turbia relación entre periódicos con los que había colaborado llegó a Orihuela García Soriano.

El flamante doctor en Letras estaba de vuelta en su tierra para pasar el verano. Y se trajo de vacaciones a su prima Eugenia; una oportunidad para visitar el pueblo de sus antepasados. (La prensa menciona a su tía, pero es un errror).

El Diario. Número 391 – 23 de julio de 1906: Nuestro ilustrado amigo y compañero don Justo García Soriano, se encuentra desde ayer entre nosotros. Ha venido de la corte donde acaba de terminar con gran lucimiento el Doctorado en Letras, y pasará el verano en Orihuela junto a sus queridos y cariñosos padres. Acompaña a nuestro entrañable amigo su tía doña Eugenia, que después de larga permanencia en la corte donde tiene establecida su residencia, ha querido visitar el pueblo de sus mayores. Damos a ambos nuestra más cordial y cariñosa bienvenida.

Sólo tres días después, Justo sacudía los cimientos de las tradiciones oriolanas. Después de más de un año sin publicar en «Unión Republicana» volvía a sus anticlericales páginas con una bomba: el artículo titulado «La Armengola es un mito».

Unión Republicana. Número 150 – 26 de julio de 1906: La Armengola es un mito. (Pequeñas disquisiciones históricas). «Amicus plato; sed magis amica veritas». Todos los años por estos días acude a la fácil imaginación de los rutinarios oriolanos de buenas tragaderas, capaces de comulgar con ruedas de molino, la contrahecha figura de la Armengola, esta nodricesca heroína, nueva Judit de la Betulia orcelitana, que ayudada por sus dos o tres hijas (pues en el número no están conformes las crónicas) las cuales no eran tales corderos, sino dos o tres hombres faldudos, engañó como a un solo chino a miles de moritos, los degolló y los arrojó del castillo peñas abajo; y con este bonito ardid estratégico redimió a Orihuela, rompiendo las oprobiosas cadenas con que la habían aherrojado los creyentes de Mahoma. Sin embargo: —¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza! …

Empezó utilizando la alocución latina atribuida a Aristóteles: «Amicus Plato sed magis amica veritas»; que se puede traducir por «Soy amigo de Platón pero más amigo de la verdad». El famoso filósofo, como discípulo de Platón, veneraba a su maestro; pero por encima de todo consideraba más importante buscar la verdad.

También puso de manifiesto la similitud entre la historia bíblica de Judith y la de la Armengola: ante la amenaza que para los judíos de Betulia significaba la presencia de las tropas del rey Holofernes, esta otra heroína mató al tirano para salvar a su pueblo.

En este artículo abordaba por primera vez un tema en el que siguió trabajando y que culminaría muchos años después con la publicación de un libro. Su extensión me impide transcribirlo entero; pero os dejo algunos párrafos literales y un enlace para acceder al artículo completo en PDF. Sólo tenéis que pinchar la siguiente imagen del periódico.

Enlace al artículo

Y no es lo peor que esta fábula y sin fundamento seguro, urdida por un apócrifo poetilla valenciano que floreció a principios del siglo XV (siglo y medio después del hecho de armas que se trata), lo crean de buena fe y lo transmitan de padres a hijos, como un codicioso tesoro épico, esos sencillos ciudadanos ayunos y sin criterio en materias históricas. Lo más sensible es que la hayan apatrocinado y defendido arduamente historiadores contemporáneos, tal vez mal aconsejados por el apasionamiento de una patriotería absurda; y casi viene a ser más deplorable todavía que desde la cátedra sagrada que inspira el Espíritu Santo, se preconice anualmente estas patrañas, que impurifican y obscurecen la diafanidad de la Historia; adunando de una manera poco piadosa lo profano con lo divino mediante la amalgama de supercherías y apariciones milagreras.

Por otra parte, poco pierden los fastos de Orihuela porque se descarte de sus páginas gloriosas esa leyenda inadmisible; pues afortunadamente guardan indelebles los nombres venerables de los valerosos guerreadores que supieron defender con heroísmo su castillo contra el pérfido y alevoso alzamiento de los muslimes.

García Soriano continuó con un resumen de lo sucedido realmente en el siglo XIII; exponiendo la verdad extraída de los libros de Historia y de los archivos, incluido el Llibre del Repartiment, sustraído años después. Pero como no hay peor sordo que el que no quiere oír, este torpedo en la línea de flotación de las tradiciones oriolanas pasó completamente desapercibido. El artículo terminaba así:

…EL CASTILLO NO TUVO QUE SER RECUPERADO, sino que en él se encerró parte de la guarnición cristiana para defenderse, y la otra parte, como la villa estaba cercada, debió hacerse fuerte y pelear desde los adarves. Después de esto tenemos la pretensión de creer que nadie que haya leído con atención y fijeza, sin apasionamientos sectarios o prejuicios fútiles, las razones que llevamos apuntadas, dejará de convencerse de que la hazaña y la existencia de la Armengola son un mito que falsifica y desvirtúa la gloriosa epopeya de la reconquista de nuestra muy fiel, muy noble y muy heroica ciudad. Justo García Soriano. Madrid y Julio de 1906.

CORRIGENDA. En el artículo de nuestro compañero García Soriano «La Armengola es un mito», que insertamos en el presente número, se han deslizado las siguientes erratas (…) y algunas otras de menos importancia, que el buen juicio de nuestros lectores sabrá subsanar debidamente.

El extenso trabajo contó también con su «fe de erratas». Para los interesados en la leyenda dejo también el enlace al trabajo que, siguiendo la estela de Justo, yo mismo realicé sobre el tema. Sólo tenéis que pinchar en la siguiente imagen.

Enlace artículo Armengola.

Volviendo a su vida cotidiana sabemos que viajó a Murcia; y que en agosto la familia recibió la visita de su tío Antonio García Sánchez, el adinerado hermano de su padre domiciliado en dicha localidad. Probablemente decidió visitar a su sobrina Eugenia que había llegado de Madrid.

El Liberal. Número 1453 – 26 de julio de 1906: Viajeros. Se encuentran en esta localidad (Murcia) el Licenciado en Filosofía y Letras D. Justo García Soriano y el profesor de instrucción pública D. Manuel Jiménez Vinal. Este último se posesionará en breve de la escuela de Rafal.

El Diario. Número 401 – 4 de agosto de 1906: Se encuentra en esta población y hemos tenido el gusto de estrechar la mano a nuestro respetable amigo de Murcia D. Antonio García Sánchez, tío de nuestro querido compañero D. Justo García Soriano.

Nada más he encontrado de lo que hizo durante los primeros treinta días en Orihuela. Tras las fiestas de la Reconquista y la Feria de Agosto, llegó el sexto centenario de la aparición de la Virgen de Monserrate, fechada en 1306; donde Justo y Rafael alcanzaron gran protagonismo en la organización.

Orihuela llevaba meses preparando su celebración; pero fue a finales de agosto cuando «El Diario» informó de una brillante idea que había partido de la prensa local; para esa efeméride adoptarían las costumbres festeras de la vecina Murcia: Bando de la huerta, Retreta y Batalla de flores.

El Diario. Número 421 – 29 de agosto de 1906: Algunos periodistas, entre los que podemos citar a nuestros amigos D. Justo García Soriano, D. Rafael Rogel Rech y D. José María Sarabia organizan una cabalgata para anunciar las fiestas del Centenario, que se titulará el «Bando de la huerta», a manera del que hacen los periodistas murcianos para anunciar el «Entierro de la sardina». Dichos amigos nuestros se reunieron anoche acordando comenzar sus trabajos. Escribirán e imprimirán para repartir bandos en lenguaje panocho. El asunto es sencillo; pero creemos que llamará la atención.

La Correspondencia de Alicante. Número 7757 – 30 de agosto de 1906: Anoche se reunieron los periodistas oriolanos D. Justo García Soriano, don Rafael Rogel Rech y otros, acordando anunciar las fiestas por medio de una cabalgata popular que debe titularse «Bando de la huerta». Dichos señores leerán y repartiría soflamas y bandos panochos, durante el desfile de la cabalgata por la ciudad. Al conocerse esta noticia en Orihuela ha causado general contento y es muy elogiada la idea.

Se han ofrecido muchos huertanos a los periodistas para acompañarles con el traje típico del país. Entre los festejos figura la colocación de la primera piedra para la nueva plaza de toros. D. Evaristo Cánovas y sus compañeros de sociedad están dando la última mano a los trabajos preliminares. Bajo la dirección de un conocido periodista se prepara la confección, para venderse esos días, de un periódico que se titulará «El Centenario». Se establecerán trenes especiales desde Alicante.

Aquellas fiestas oriolanas llegaron a «La Correspondencia de Alicante» y hasta a «La Actualidad» de Barcelona.

La actualidad, núm. 7- Barcelona, 16 de septiembre de 1906.

La organización del Bando de la Huerta corrió a cargo del grupo de periodistas y artistas cercanos a Justo García Soriano; quien también participó en una carroza vestido de huertano; y escribió un bando firmado por «Jelipe Mochales».

El Diario. Número 423 – 31 de agosto de 1906: Esta tarde celebran una reunión en la casa del conocido labrador de la puerta de Murcia, Manuel Ruiz Galán los señores que piensan anunciar las fiestas del centenario por medio de una cabalgata titulada el Bando de la Huerta. Manuel Ruiz ha prometido, entusiasmado con la fiesta huertana, acompañar y prestar su ayuda a los señores organizadores del «Bando», que son los periodistas Justo García Soriano, Rafael Rogel Rech y José María Sarabia Vergel; el joven director de la banda de música municipal, Saturnino Cebrián y el pintor Enrique Luis Cárceles. Dichos jóvenes están muy animados por la lisonjera acogida que ha tenido la idea para cuya realización han recibido muy estimables ofrecimientos.

Unión Republicana. Número 155 – 3 de septiembre de 1906: El Sr. Alcalde tiene totalmente distraída su atención con las próximas fiestas (…). Nos importa bien poco el objeto o pretexto de las fiestas que se organizan en Orihuela. Sabemos que hay muchas cívicas de esas buenas y esplendorosas que organizan hoy todos los pueblos cultos, amantes del arte y de las letras como la velada literaria en el teatro; reparto de premios a los niños de las escuelas;La batalla de flores y la retreta traerán a la ciudad, mucha gente y reportarán indiscutibles beneficios al comercio y a la industria …

… Uno de los números que se anuncian y que más han despertado nuestras simpatías es la publicación de el Bando de la Huerta, festejo típico y pintoresco organizado por los periodistas Justo García Soriano, Rafael Rogel Rech, José María Sarabia y los artistas (músico el primero y pintor el segundo) Saturnino Cebrián y Enrique Luis Cárceles ayudados por el conocido labrador Manuel Ruiz Galán del partido puerta de Murcia. El Bando de la Huerta es una cabalgata de gran sabor local y de graciosos incidentes. Los organizadores publicarán en hojas chispeantes soflamas, bandos y advertencias panochas que, al mismo tiempo, sirva de anuncio de las fiestas siguientes. ¡Muy bien por los periodistas!

Cuando todo estaba dispuesto para comenzar los fastos del centenario, tras breve enfermedad fallecía el alcalde Severiano de Madaria, uno de los más implicados en la organización. Pero el espectáculo debía continuar...

El Liberal. Número 1505 – 16 de septiembre de 1906: LAS FIESTAS DE ORIHUELA. Animación. Continúan llegando forasteros con objeto de presenciar las fiestas del Centenario de la Patrona, qua comenzarán el próximo día 17. La población se ve animadísima a todas horas, llamando la atención de los forasteros el derroche de lujo y de buen gusto que ofrece nuestra ciudad actualmente. Mañana será trasladada desde la Catedral a su santuario la imagen de la Virgen de Monserrate. (…) Mañana aparecerá en Orihuela un periódico dedicado a las fiestas con el título de «El Centenario», en cuyo número colaboran los literatos más distinguidos de esa localidad.

17 de septiembre de 1906.

Ese mismo día salió un número de «El Diario», confeccionado antes de la medianoche del sábado para respetar la ley de descanso dominical. Lleno también de «literatos distinguidos» no faltó la pluma de Justo que se unió a las de José Mª Sarget, Paco Díe, Justo Lafuente, Rufino Gea, Rafael Rogel, José M. Teruel, Abelardo L. Teruel y a la del recientemente fallecido alcalde, cuyo trabajo póstumo publicaron. El tema principal era la virgen; y nuestro biografiado lo trató a su manera.

El Diario. Número 435 – 16 de septiembre de 1906: LA GRANDEZA DE MARÍA. La moral mosaica ha estigmatizado como un acto pecaminoso, horrendo y abominable el acto natural de la reproducción carnal de la especie, presentando a Adán y Eva execrados por Dios, al hacerse padres del linaje humano. Y su derivada la moral cristiana, al desarrollar su admirable teogonía, cristaliza el ideal mosaico creando en contraposición con Adán y Eva, las figuras maravillosas de Jesús, que renuncia a perpetuarse y redime a la Humanidad del pecado original, y la de María, que fue concebida inmaculada y concibe sin detrimento de su virginal pureza, no por obra de varón sino por la del Espíritu Santo.

Eva rinde culto y da su tributo a la carne, llevando a condenación perpetua a toda su prole; y María purificada por la castidad, viene a ser madre de Dios y salva al mundo. De esta tesis en contraste, que se desprende del dogma cristiano, surge gigantesca la grandeza moral de la Virgen María. Por eso todos los pueblos del orbe católico la han venerado siempre con especial solicitud y predilección, convirtiéndola en el objeto de su mayor encanto y «en su medianera para con el soberano Mediador», como San Bernardo dice.

Orihuela siente, como el pueblo que más, este profundo amor por la Madre de Dios, adorándola y haciéndola su Patrona bajo la advocación dulcísima de María de Monserrate; y en estos días apréstase a conmemorar, con todo el entusiasmo que le sugiere su fe inquebrantable, el sexto centenario del milagroso hallazgo de su imagen veneranda. Yo, uno de los hijos más humildes de esta encantadora ciudad del Segura, no puedo menos de congratularme y unir mi júbilo al general alborozo de todos mis paisanos en estas fiestas religiosas que celebran, pues solo han sido grandes los pueblos que han sentido fe ardiente por una idea. Justo García Soriano, Orihuela y Septiembre de 1906.

José María Sarabia, director y redactor de la revista «El Centenario» y corresponsal en Orihuela del diario murciano «El Liberal», publicó también un amplísimo reportaje para sus lectores; una especie de crónica de la fiesta.

El Liberal. Número 1507 – 18 de septiembre de 1906: Las Fiestas de Orihuela. Aspecto de la ciudad: Es imposible a la pluma pintar en su verdadero aspecto a la ciudad. Las calles lucen guirnaldas, arcos de todos los estilos, iluminaciones a la veneciana y eléctricas, sobre todo la del Ángel y Mayor que parecen ascuas. En fin, es un encanto. Entre las fachadas merecen citarse la del Casino orcelitano, las oficinas de la eléctrica del Sr. Wandosell, la de don Agustín Caballero, PP. Jesuitas y otras imposibles de enumerar. La fachada del Ayuntamiento luce una iluminación a giorno que ha llamado mucho la atención.

En la plaza de Monserrate han construido los frailes franciscanos un gran templete de orden gótico en cuyo centro se levanta una preciosa estatua de San Francisco. Los capuchinos han hecho en la plaza de este nombre un gran parterre rematado por colosal corona, y en el centro la Virgen de Lourdes. Junto al convento, al aire libre, un escenario con decoraciones figurando el castillo de Banabnon en el monte de Sidi-arguala, donde yace recostada la ciudad de Orihuela. Las calles de Mancebería, Santiago, San Pascual, Cubero, Santa Lucía, Colegio, Hostales, etc., ostentan ricos adornos.

Orihuela, septiembre de 1906.

Los trenes llegan atestados de forasteros. Es imposible dar un paso por las calles. Llegaron tres bandas de música siendo recibidas en la estación por la municipal de esta ciudad, comisiones y un gentío inmenso que las vitoreó. Entraron en la población cuando esta lucía su fantástica e indescriptible iluminación. Muchos forasteros pasaron la noche por las calles.

El Bando de la Huerta. Ha sido una fiesta que ha lucido mucho. Formaban la típica cabalgata tres carretas adornadas ad hoc. En la primera iban lindísimas jóvenes vistiendo el traje huertano a la antigua usanza, huertanos, música, bailadores, etcétera. La segunda figuraba un rincón de la vega. Una barraca con la parra a la puerta, membrilleros, granados y otros árboles con su fruto. En esta carreta iban luciendo el vistoso traje panocho los periodistas D. Rafael Rogel Rech, D. Justo García Soriano y otros, el joven maestro de música don Saturnino Cebrián, el pintor D. Enrique Luis Cárceles y los entusiastas jóvenes D. Francisco Pérez y D. Juan Sansano Mas.

Pregonaba los bandos escritos por Rogel, García Soriano y algún otro, el saladísimo Abad. En la tercera carreta iba una sección de la banda municipal. A la cabalgata precedía el conocido labrador D. Manuel Ruiz Galán, montando briosa yegua y ataviado con rico traje huertano. Llevaba una bandera de raso y era precedido por dos heraldos huertanos con sus caracolas, caballeros en dos borricas. Durante el desfile recibieron muchos aplausos los jóvenes que figuraban en la cabalgata.

La Retreta. Resultó muy bien. En ella figuraba un gran número de carruajes, entre los que recordamos: «Una maceta», guiada por un huertanico cuyas flores eran las cabecitas de unos monísimos niños vestidos con mucho gusto. Nos dijeron que esta carroza era del labrador D. Antonio Moñino, «El estudio», de los estudiantes, gran farola figurando un globo terráqueo sobre libros e instrumentos de física y astronomía. Tripulada por jóvenes estudiantes.

«Una jarra», de la Prensa, tripulada por los señores D. Manuel Franco, D. José Manuel Teruel, D. Rafael Rogel Rech y D. Abelardo Teruel. «La Industria», carroza monstruo figurando un farol con atributos de la clase. «Un cenador», del joven médico don Augusto Pescador,  tripulado por éste y por D. Ramón Pastor y D. José Escudero. Esta se incendió frente al Casino, retirándose. La carroza de la comisión, «Un escudo colosal», rematada por el pájaro oriol; tripulada por D. Luis García, D. Andrés Lacarcel, D. Manuel Ferris y otros.

Además otras carrozas que no recordamos, en la precipitación con que estamos informando. Abrían marcha la dulzaina, gigantes y cabezudos, huertanos a caballo luciendo costosos trajes a la antigua, faroles, etcétera. La «fiaccolata» se retiró después de la una, en que tuvo lugar la Alborada. Se elevaron aeróstatos y cohetes, y cinco músicas amenizaron el acto.

A última hora se notaron deficiencias en la organización de la Retreta; pero no obstante, gustó mucho a los forasteros. En la calle de Loaces se incendió otra carroza por haberse inflamado gran número de bengalas. No hubo desgracias personales que lamentar y la Retreta continuó su camino sin otros incidentes.

El 17 Septiembre ha llegado la junta sardinera murciana, a la que Orihuela entera ha hecho un entusiasta recibimiento. En el partido de Bonanza ha sido esperada por numerosas comisiones y carruajes y un inmenso gentío. La Junta ha recorrido las principales calles de la población, oyéndose sin cesar vivas a la Virgen de Monserrate y de la Fuensanta, a Orihuela y Murcia, y otros que revelan el cariño que se profesan las dos ciudades hermanas. Ha resultado un espectáculo hermoso. Al llegar la Junta al Casino se le ha tributado una grandiosa ovación. La Junta ha depositado en dicho centro un estandarte.

Carreras de caballos. Con asistencia de numerosísimo público y de las bandas de música de Muchamiel, Crevillente y Almoradí, se han verificado las carreras de caballos en la Alameda de la Estación. Los jinetes vestían ricos y bonitos trajes, montando corceles lujosamente enjaezados.

Carroza del Gremio de Cafés y Fondas. Premiada en la cabalgata. La Actualidad. 1906

Hasta los ateos republicanos dedicaron un espacio de su semanario a los fastos del centenario; eso sí, sin mencionar en ningún momento a la virgen.

Unión Republicana. Número 157 – 18 de septiembre de 1906: EL BANDO DE LA HUERTA: Apenas sí tenemos tiempo de ocuparnos de las grandes fiestas que están celebrándose en Orihuela. Lo haremos hoy del festejo primero sin perjuicio de que al próximo número escribiremos sobre los demás. El Bando de la Huerta es una cabalgata muy pintoresca y propia del país. Sus organizadores, los modestos periodistas orcelitanos D. José María Sarabia, D. Justo García Soriano, D. Rafael Rogel Rech y el labrador D. Manuel Ruiz Galán pueden estar satisfechos.

Formaban el Bando tres carretas adornadas con mucho gusto y propiedad. En la primera iban hermosas huertanas luciendo el traje a la antigua usanza, huertanos, bailadores y músicos. La segunda era un rinconcito de la vega oriolana, con barraca, parra, granado y otros árboles con su fruta. Ocupaba esta carreta, que más parecía artística carroza, los señores organizadores y D. Francisco Pérez Pérez, D. Saturnino Cebrián, D. Enrique Luis Cárceles y D. Juan Sansano Mas, vistiendo el típico traje de la huerta. La tercera iba ocupada por una sección de la banda municipal. Los bandos firmados por Jilipe Mochales (Sr. García Soriano); Cerrico Lombrices (Sarabia) y Nolo Rate (Rogel) gustaron e hicieron reír a la gente, muy bien declamados por el graciosísimo Abad.

Un gentío inmenso presenció el desfile del Bando de la huerta. El Sr. Ruiz Galán, ricamente ataviado y llevando una bandera, abría la marcha montando briosa yegua y seguido de dos huertanos que iban haciendo sonar las caracolas, caballeros en dos borricas. En fin, la fiesta dentro de su modestia fue lucidísima y el público todo la aplaudió. El bando de la Huerta quedará quizá como anuncio imprescindible de todas las fiestas en Orihuela.

La actualidad, núm. 10- Barcelona, 7 de octubre de 1906- pág. 9.

Veinte años despues, Justo publicó un artículo en «El Pueblo» contando como surgió la idea de un Bando de la Huerta y como lo organizaron.

¿Cuándo se hizo en Orihuela, por primera vez un Bando de la Huerta? Muchos oriolanos de ahora lo recordarán, pues ello es casi reciente. Se van a cumplir veinte años cabales. De aquel primer bando fue quien esto escribe el iniciador y uno de los organizadores. Quiero referirlo para que los lectores que no lo recuerden lo sepan. No se hizo con motivo de los festejos de  feria; sino de las fiestas del Centenario de la Virgen de Monserrate, que se celebraron en septiembre de 1906, con una magnificencia sin precedentes.

Justo leyendo el bando (1906). Gentileza de Luis Ángel García Melero

La idea de sacar un bando fue una iniciativa privada, no oficial. Surgió en un pequeño grupo de periodistas, que nos reuníamos en el antiguo Café Europeo y paseábamos algunas tardes por las afueras de la población. Los más asiduos del grupo éramos José Mª Sarabia, Rafael Rogel y yo. Una de las últimas tardes de agosto de 1.906 deambulábamos por la Huerta, recreándonos en la contemplación de sus deliciosas perspectivas y charlando de las próximas fiestas del Centenario. Se conocía ya el programa. Yo echaba de menos que los huertanos, tan fervorosos devotos de la Patrona, no tuvieran en ellas la menor intervención. Además de ser injusto, se omitía una nota típica y pintoresca. Al punto recordé los Bandos de la Huerta murcianos y propuse a mis camaradas que sacáramos nosotros uno como anuncio de las fiestas.

A mis amigos les pareció absurdo: ¡un sueño de una tarde de verano! No teníamos ya tiempo para nada, ni, lo que era peor, las pesetas suficientes. Insistí, porfié, sin embargo, y conseguí contagiar de mi entusiasmo a Sarabia y Rogel. Nos buscamos afanosamente colaboradores entre nuestros amigos. Sarabia nos proporcionó la valiosa y eficaz ayuda del simpático huertano Manuel Ruiz, que vivía junto a la Cruz del Río. Marín, almacenista de maderas, nos brindó gratuitamente los tablones que necesitáramos. El pintor Enrique Luis nos prestó su colaboración artística; y finalmente, el joven maestro Saturnino Cebrián prometió concurrir con toda su banda de música. ¡Aquello fue un verdadero milagro de la Virgen!

Temerosos de un fracaso, hicimos casi en secreto nuestros preparativos; y en muy pocos días, trabajando activamente, sin gastar apenas unas pesetas, improvisamos un estupendísimo festejo, que no figuraba en el programa y qué fue una sorpresa enorme para la población. ¡Que sepan los apáticos que el entusiasmo fervoroso tiene siempre más fuerza que el dinero! Con voluntad y decisión todo se puede lograren la vida. Sarabia y Rogel escribieron sendas perolatas en prosa. Yo, con el remoquete del tío Felipe el Moscarda, perranio de Correntias, partio rular que llaman…, la redacté en verso. ¡Un plieguecillo, de papel verde, impreso en sus cuatro páginas a tres columnas! Cuando entramos por el Rabaloche, vestidos todos a la antigua usanza, con la escolta de huertanos en burro tocando caracolas, y tres carretas convertidas en artísticas carrozas, una con la banda de música, otra con los bailaores, tocaores y cantaores, y la última con los perráneos bajo el emparrado de una típica barraca, Orihuela entera se echó a la calle para vernos.

Salimos a media tarde, con el sol aún alto, y a las diez de la noche, a la luz de antorchas, chisperos y bengalas, todavía andábamos por las plazas de la ciudad esperfollando soflamas y perolatas. La que yo escribí íbala leyendo un tal Abad, de la calle de Arriba, hombre graciosísimo como pocos. Cuando con su voz aguardentosa, rostro cómicamente serio y ademán autoritario ordenaba a las gentes que después de leer el bando y deprendérselo a la letra, se lo habían de guardar tuiquios «en el culico… del arca», se reían a carcajadas hasta los sillares y las gárgolas de la torre de Santa Justa. Mi bando, que vendió como agua el popularísimo Domingo Moreno, me produjo un pequeño éxito editorial. Agotó tres tiradas en aquellos días, con un total de diez mil ejemplares. Tal fue el primer Bando de la Huerta que ha recorrido las calles de Orihuela. ¡Cómo no me ha de emocionar el recuerdo de este festejo!… Justo García Soriano. Madrid y agosto de 1926.

El 25 de septiembre Justo regresó a Madrid con su prima Eugenia; a la Plaza de Santa Ana número 7, en el 3º piso derecha, donde se había instalado junto a ella.

El Diario. Número 443 – 25 de septiembre de 1906: Acompañado de su tía Eugenia ha salido esta mañana para Madrid nuestro querido compañero Justo García Soriano que, terminado el Doctorado en Letras, proseguirá otros estudios en aquella Universidad Central. Feliz viaje y mucha suerte.

Postal de la Plaza de Santa Ana (Madrid) en torno a 1906.

En octubre, la noticia de la concesión del Premio Rivadeneira apareció en los periódicos de Madrid, de Alicante, de Murcia y, por supuesto, de Orihuela.

El País. Madrid, 2 de Octubre de 1906. Facultad de Filosofía y Letras. Premio de doña Manuela  Rivadeneira otorgado a D. Justo García Soriano.

Unión Republicana. Número 159 – 3 de octubre de 1906: Nuestro querido amigo y colaborador Justo García Soriano, ha hecho oposiciones en la Universidad Central, obteniendo el premio Ribadeneira, consistente en un diploma y 72 tomos de la Biblioteca de este nombre. Mil felicitaciones a nuestro amigo García Soriano, por tan merecido triunfo.

Diploma Premio Rivadeneira. 1906. AMO. LJGS. 

El Diario. Número 450 – 3 de octubre de 1906: Nuestro entrañable amigo D. Justo García Soriano acaba de alcanzar un nuevo triunfo en la Universidad Central donde ha tomado parte en las oposiciones al premio Ribadeneira. García Soriano ha obtenido dicho premio después de brillantes ejercicios. Consiste éste en 72 tomos de la Biblioteca Ribadeneira, valuados todos en 720 pesetas. La Redacción de «El Diario» se congratula de estos triunfos de su amigo y compañero a quien desea muchos años para que pueda repetirlos.

La Correspondencia de Alicante. Número 7788 – 8 de octubre de 1906: En la Universidad Central se ha presentado a oposiciones para el premio Rivadeneyra nuestro paisano Justo García Soriano, el cual, después de unos brillantes ejercicios, ha sido agraciado con dicho premio, consistente en los setenta y dos tomos de la Biblioteca Rivadereyra, que valen diez pesetas cada uno. Nuestra enhorabuena al ilustrado joven García Soriano por el premio alcanzado.

En noviembre publicó otro largo artículo para los republicanos tras entrevistarse con José Ferrándiz; sacerdote murciano convertido en periodista anticlerical con el seudónimo «Un clérigo de esta Corte».

Unión Republicana. Número 164 – 10 de noviembre de 1906: Figuras del Republicanismo. El padre Ferrándiz. (…) D. José nos recibió en la puerta de su cuarto con paternal afabilidad e introduciéndonos, nos hizo sentar frente a él en una butaca. D. José es de estatura mediana, un poco rechoncho, entrecano y, aunque lleva un oscuro traje seglar, con su cara redonda, algo mofletuda, toda afeitada, sus botas rusas de paño negro y cierto peculiar desaliño, tiene todo el aire, el aspecto, el tipo clásico del clérigo vulgarote,  bonachón y humilde de misa y olla.

 ¡Cómo engañan las apariencias  externas  de las cosas! ¿Quién diría que es este el escritor fecundo y correcto, el pensador filósofo, el teólogo sutil y erudito que hace cotidianamente las gallardías de su ingenio en la prensa de la corte y que siempre que moja la pluma descarga un tremendo, un furibundo golpe de ariete que hace estremecerse al vetusto alcázar ruinoso de la Iglesia? …

«Las religiones han vivido siempre a expensas de la ignorancia y de la estupidez de los hombres y han sido en todo tiempo sanguinarias, egoístas y groseras; además de rémoras de la civilización y del progreso.  (…) Los primitivos cristianos fueron como aves mortecinas y carnívoras que se cebaron en el cadáver de la vieja y poderosa Roma» …

« ¡Todos y cada uno de ellos son infalibles y forzosamente santos!  Y son los mayores enemigos, en lógica consecuencia de cuanto signifique cultura, libertad y progreso. Por esto hay que presentarles la batalla en toda la línea; y mientras no se les destruya totalmente, radicalmente, la escasa libertad que a expensas de mucha sangre y titánicos y heroicos esfuerzos tenemos conquistada, está en continuo e inminente peligro de perderse» …   

Después nos refirió D. José algunos curiosos episodios e incidentes de su antigua vida eclesiástica, y recordó con gracejo cuando él era sacristán mayor de San Ginés, iglesia parroquial de esta corte, y seguidamente nos participó que era comarcano nuestro, pues ha nacido y se ha educado en Lorca, revelándonos de paso algunos pormenores de su vida íntima, honrada, ejemplar y metódica …

… Como impresión y resumen de nuestra visita, diremos que quedamos encantados del simpático clérigo  de esta corte, espíritu fuerte, abnegado y noble que ha preferido al papel desairado y chabacano del cura solapado e hipocritón; que repudre y sofoca perfectamente sus convicciones dentro del pecho cobarde, por amor a la vida pacífica, holgada, chismosa y ramplona de la sacristía el puesto benemérito  y honroso y la feliz tranquilidad de conciencia del que trabaja y lucha sin descanso por rendir culto a la Verdad y al Progreso. Justo García Soriano. Madrid, Octubre 1906.

En los últimos meses del año recibió dos cartas de su padre. En la primera le anunciaba la voluntad de Juan Sansano de fundar un periódico; y le comunicaba el estado de salud de su madre y de su sobrina. También le pedía que enviase de una vez la lotería al «Lenguagorda».

Orihuela, 13 de Noviembre de 1906. Querido hijo Justo: estamos con cuidado por no saber de ti hace cerca de 15 días, deseamos que estés bueno; nosotros seguimos buenos, tu mamá ha estado unos días con mareos, hoy se encuentra buena por completo, gracias a Dios. Josefina sigue molestísima con la dentición que, a consecuencia de ella, tiene mucha diarrea, con tos y eccemas, que también está constipada; tu hermana y demás familia, buenas.

Quisiéramos nos dijeras por qué no has mandado los décimos de la Lotería, que se ha sorteado el día 10 de los corrientes, para entregárselos al “lengua gorda”, que sabes, me decías en tu última carta que habías recibido 10 pesetas que te remitió por mi conducto dicho “lengua gorda”; hace dos noches estuvo en casa, y me dijo que, de los dos duros que tienes de él, le mandes dos décimos del mismo número para el sorteo que se ha de celebrar el día 20 de los corrientes.

Este señor es muy pesado y me da mucho cancán, y le he dicho que estás siempre muy atareado, y no puedes ocuparte de nadie con tus muchas ocupaciones. Yo quisiera que le mandaras una esquela diciéndole esto mismo; y además que tienes que salir a menudo de la Corte, en donde pasarás algunas temporadas relativamente largas; por causa de la colocación que desempeñas ahora; a ver si nos deja en paz, pues es muy chinche.

Ayer estuvo en casa Juan Sansano, que tú ya conoces, para decirme que va a fundar un periódico semanal, que para primeros de Diciembre próximo saldrá el primer número, que hiciera el favor de escribirte diciéndote que le mandaras algún original tuyo, para publicarlo en dicho periódico, tú harás lo que te parezca. Rafael Rogel, dice Sansano que será uno de los redactores. He leído el artículo que escribes en Unión Republicana, me ha gustado mucho.

Sin más, recibe los afectos de tu hermana, cuñado y demás familia y amigos, y lo que quieras de tus padres que de corazón te quieren. JUSTO Y RAMONA. Adjuntos hallarás dos sellos de Correos, uno de 25 céntimos para certificar la carta que mandes con los dos décimos y el otro de 15 céntimos. Recuerdos a Eugenia.

En el siguiente artículo, titulado «Panegírico», analizó fríamente «Retratos a pluma»; la obra de José Manuel Teruel escrita «con la galanura y colorido característicos de su estilo, a los escritores y periodistas oriolanos de estos últimos tiempos». La había puesto a la venta a peseta el ejemplar; y entre los retratados estaban el propio García Soriano y su amigo Rafael Rogel. Transcribo un fragmento interesante sobre Justo que, en artículos posteriores, dio pie a una broma.

Retratos a Pluma. Justo García Soriano: … Sus artículos y sus poesías, publicadas en muchos periódicos de la localidad y algunos de la Corte son innumerables, notándose en ellas al observador y sobre todo al literato de estilo moderno, cuya obra obliga a recurrir al diccionario muchas veces (…) su prosa deleita a los que pretendemos desentrañar la belleza literaria; sin embargo la amplitud que da a estos trabajos le resta admiradores entre la clase de los que no gustan en la extensión en la obras de ingenio.

Retratos a pluma. Orihuela 1906. Imprenta La Económica.

Unión Republicana. Número 165 – 18 de noviembre de 1906: Panegírico. Aunque un poco tardíamente, cúmplenos ocuparnos ahora y emitir nuestro modesto juicio acerca del libro de nuestro distinguido compañero y amigo D. José Manuel Teruel y Rebollo «Retratos a pluma». Ciertamente, nosotros que hemos merecido la alta honra de ser uno (el más indigno) de los retratados, somos el menos autorizado para tratar de esta artística galería fotográfica que ha instalado y expuesto al público ha poco, nuestro colega predilecto nuevo Daguerre. Sin embargo, deberes de compañerismo obligan, aun a los más incapacitados y hasta a los que jamás hemos rendido culto a la lisonja.

Llama el Sr. Teruel a su trabajo Colección de Biografías de los literatos oriolanos; y nosotros creemos que emplea esta denominación con evidente impropiedad, pues les viene grande el nombre de biografías a las que apenas llegan a ser ligerísimas semblanzas o siluetas deleznables esbozadas al calco. Remátalas, a guisa de apéndice o epílogo, un conato de «breve juicio de la prensa local» de Orihuela.  

Nosotros deploramos con verdadero y hondo sentir que, en esta obra que habrá de pasar a la posteridad seguramente, haya incurrido nuestro querido compañero D. José Manuel en la tautología que encierra esa frase de juicio crítico. La palabra crítica, formada de la voz griega crisis eos, equivale a juicio; y por esto decía con mucha razón un sabio maestro que esa locución tan usual de juicio crítico es un pleonasmo censurable, una inútil redundancia, pues no hay juicio que no sea crítico ni crítica en que no se juzgue…

… Además hemos de añadir a lo dicho, que nos dolemos ex-corde por que el señor Teruel Rebollo ha olvidado poner, en el último folio de su libro, en el lugar que ocupa un soberbio y emblemático escudito toisonesco, una prolija y cuidadosa fe de erratas. (…) Por esto y por los abundantes datos que proporciona, al formidable historiador crítico que habrá de juzgarnos fría e inflexiblemente en las edades futuras, merece plácemes y alabanzas el libro de nuestro estimado compañero Ignotus; y nosotros escritorzuelo imberbe,  insignificante pigmeo ya púber, no se los hemos de escatimar ni regatear, enviándole a su autor, unidos a estas líneas, nuestra felicitación reconocida y sincera y nuestro aplauso más entusiástico y caluroso. Justo García Soriano. Madrid, Noviembre de 1906.

En el mismo número les obligó a publicar una «fe de erratas» de la anterior publicación.

Nos escribe nuestro compañero y correligionario Sr. García Soriano, rogándonos que subsanemos, haciéndolo constar las erratas más salientes que se deslizaron en su artículo «Figuras del republicanismo», que insertamos en nuestro editorial última. Nosotros, por creerlo de justicia, complacemos a nuestro amigo accediendo a su petición, y así lo hacemos (lista de correcciones). Otras  varias erratas de menos importancia contiene el artículo a que nos referimos; pero la discreción y buen juicio de nuestros lectores habrán sabido enmendarlas debidamente…

En sus números del 26 de noviembre y 3 de diciembre, a falta de originales, «Unión Republicana» publicó «Un crimen misterioso», relato moralista dividido en dos capítulos del que ya hablamos por haber salido en «La Comarca» en 1903. Un hipotético noble viola a una virtuosa sirvienta y la arroja a la calle embarazada….

El 1 de diciembre salía un nuevo semanario titulado «El Censor», retrasando el proyecto de Sansano. Lo dirigía José Manuel Teruel, quien se despidió muy amigablemente de sus compañeros de «El Diario». Estos respondieron también con afecto y palabras de bienvenida al nuevo colega.

El Diario. Número 499 – 30 de noviembre de 1906: Mañana comenzará la publicación de un periódico semanal titulado «El Censor» bajo la dirección de nuestro querido amigo y compañero el ilustrado periodista D. José M. Teruel. La redacción estará formada por nuestros no menos amigos el ex-redactor de esta publicación D. Andrés de Lacárcel y D. Rafael Blasco García. Por adelantado deseamos al nuevo colega, larga y próspera vida.

El Diario. Número 500 – 1 de diciembre de 1906: ¡ADIOS! A mis amigos de «EL DIARIO» No significa emancipación ni rotura de relaciones el que haya aceptado la dirección de «El Censor» pues que no es la primera vez que dirijo periódicos y porque los motivos de gratitud que con vosotros tengo tienen hipotecado mi afecto personal. Buscar nueva orientación a los intereses del país, no es crear una disidencia. José M. Teruel. 1 Diciembre 1906.

El Censor 1906.

En su primer número dieron un repaso a la línea editorial de sus tres competidores; colocándose en el centro. Y Andrés Lacárcel firmó un artículo titulado «Sobre la Plaza de Toros, Sueño y realidad». El tema monográfico en Orihuela, terminadas las fiestas del centenario, fue la construcción de la plaza de toros; y con tal fin, la creación de la sociedad «El Oriol Taurino».

El Censor. Número 1 – 1 de diciembre de 1906: Esta ciudad, como pueblo adelantado, tiene órganos, que si no son los portaestandartes de la opinión pública, pretenden serlo;  y a llenar este vacío que quizá inconscientemente deja la prensa local, viene «El Censor».

«La Lectura Popular», decano de los periódicos locales, no puede colmar las aspiraciones de este vecindario, porque su finalidad la separa de las campañas administrativas.

«El Diario», periódico mesurado, con su actitud correcta tolera, tal vez sin darse cuenta de ello, corruptelas, negligencias y defectos, tanto de la administración pública, como de las empresas particulares, cuyas industrias hállanse relacionadas en su desarrollo, con la vida de nuestra Corporación Municipal.

«Unión republicana», órgano de un partido político y con tendencia marcadamente radical, no puede satisfacer a la mayoría de los oriolanos; por esto, nosotros que vemos indefensos de un lado los intereses de Orihuela, y de otro un celo exagerado, por no decir apasionamiento sectario, queremos colocarnos en un justo medio, llevando a cabo una labor patriótica en la que esperamos nos ayuden todos los hombres de buena voluntad, que sientan afecto por la patria chica.

También en diciembre comenzaba una nueva sección de García Soriano en «Unión Republicana». La tituló «Calamares en tinta»; y empezó atacando duramente a Andrés de Lacárcel.

Tras la publicación el año anterior de un relato con el título «El Lazo Negro», este señor había sacado a la venta un libro lujosamente encuadernado con el mismo título; prologado por el Doctor Sarget. La redacción del «El Diario» lo recomendaba vivamente alegando que debía figurar en los estantes de las bibliotecas de todos los oriolanos amantes de las letras.

Incluso «Unión Republicana» alabó la imaginación, colorido y expresión del «compañero en la prensa» y felicitó sinceramente al literato aficionado. Durante semanas «El Diario» anunció la venta de «El Lazo Negro» en el comercio de bisutería, perfumería y moda de Manuel Clemares, en Alfonso XIII al precio de una peseta por ejemplar.

El Murciano. De Manuel Clemares.

Pero Justo lo criticó duramente al tiempo que se burlaba de su autor. Hasta el punto de que su propio padre le llamó la atención por carta a causa de lo duras y agrías que habían sido sus palabras. Justo estaba enfadado por la salida de «El Censor», sepultando el proyecto de Sansano.

Por eso aprovechó también para burlarse de José M. Teruel (Ignotus), mandándolo varias veces al diccionario por esta frase que había escrito sobre él en sus «Retratos a Pluma»: «literato de estilo moderno, cuya obra obliga a recurrir al diccionario muchas veces». Era sólo un anticipo de lo que tenía preparado para él en la siguiente entrega.

Unión Republicana. Número 168 – 10 de diciembre de 1906: Calamares en tinta. Nietzsche, el paradojista, el vesánico Nietzsche se dejó en el tintero la parábola siguiente: Una tarde de verano, serena y cálida, Zaratustra abandonó su caverna, se despidió de sus animales y bajó de la montaña donde vivía. (…) El paseo se hizo largo, y ya comenzaba a tejer y enredar entre el nácar y el rosicler de los celajes reidores, sus gasas cárdenas y tétricas como telas de araña, la hora melancólica del entrelubricán. (¡Al diccionario, amigo Ignotus!).

De repente, uno de los discípulos de Zaratustra, el más joven y más querido, se detuvo mirando hacia el suelo y prorrumpió en una estrepitosa y estentórea carcajada: — ¿Qué es aquello que tan extraordinariamente excita tu hilaridad, amado mío?— le interrogó Zaratustra.  Y el discípulo, señalando un insecto negro y repugnante, que se revolvía entre el polvo, del ribazo del camino, afanándose  por dar vueltas a una bolita formada con inmundicias, repuso: — Es mi bufón predilecto un escarabajo, este coleóptero feo, sucio y torpe que al tomar la vida en serio, fabrica pelotillas de estiércol, de las que se alimenta y procrea en ellas; mientras las poéticas y aristocráticas  abejas aman las flores perfumadas y con su esencia elaboran la hiblea miel. Mirad, mirad al bichillo como lucha y se esfuerza por voltear con sus patas esa inmunda pelota. (…) No os moféis pues de este animalejo misterioso que fue adorado por los antiguos egipcios de quienes emana toda la sabiduría mundial. (Nietzsche; Así hablaba Zaratustra, parte tercera).

Nada más apropósito que este apólogo nietzcheano, que parece inadecuado e insustancial antes de ocuparnos de una colección de cuentos; pues sabed que hoy vamos a perder el tiempo divagando un poco acerca de este pequeño libro que recientemente ha dado a luz nuestro compañero y amigo el distinguidísimo y elegante joven D. Andrés de Lacárcel y Fernández. Ha sido un pipinelo. (Amigo Teruel: ¡¡al diccionario!!)

Nuestro nuevo colega Lacárcel vivía alejado del estudio y de las Letras. Sólo de vez en cuando leía el folletín de algún periódico o escribía alguna epístola amorosa a espaldas de la Retórica; porque a él le preocupaban más la raya y las crenchas de su peinado, las guías de su bigote, el nudo de su corbata, la flor de su solapa, el pliegue de sus pantalones y el lustre de sus botas que la Sintaxis, la Ortografía y todos esos antipáticos y fastidiosos libros donde los hombres aprenden a pensar, a hablar y a escribir, que son precisamente las aptitudes que los distinguen de los animales…

… Pero de repente, en medio del aburrimiento ocioso de la monótona vida provinciana, una larga noche invernal en que la lluvia y el cierzo azotaban ruidosamente las vidrieras del balcón de su cuarto, se le ocurrió pernoctar con una sugestiva novela de Pérez Escrich, de Fernández y González o de Luis del Val.

Poco a poco, como gota de agua que horadada una piedra y se infiltra en sus poros, fue llegando hasta los arcanos de su espíritu aquella prosa romántica, tentadora y amusante, que le prodigaba voluptuosas caricias; y ya rendido por la seducción del pecado, se entregó y cohabitó con ella libidinosamente por espacio de algunos días, hasta que acabó por sentirse los primeros síntomas de la gestación y… los primeros pujos de literato. Así perpetró nuestro buen amigo Andrés su primer cuento folletinable. Una vez perdida la virginidad, la repetición del acto dejó expedita la matriz  y engendró el hábito procreativo.

A partir de aquí, ya con premeditación, ensañamiento y abuso de confianza; y no sabemos si también con nocturnidad, allanamiento de morada y otras agravantes, ha cultivado el Sr. Lacárcel el género narrativo y sensiblero, amenazando con sendas elucubraciones las columnas de «El Diario», primer palenque de sus escarceos. Y he aquí, por fin, en el mundo literario un engendro robusto, que ha sido bautizado con el título fúnebre de «El Lazo Negro», que ha tenido un excelente comadrón y padrino. (Hemos seguido empleando hasta aquí la metáfora con que comienza su prologuista). En este instante tengo sobre el vade de mí bufete y ante mi vista «El Lazo Negro». Es un folleto de noventa páginas, formando un cuaderno con cubiertas de un desvanecido, aperitivo y emblemático verde alfalfa. ¡No os riáis! ¿El color verde no simboliza la esperanza por ventura?

Ese discreto emblema quiere decirnos que el autor de este libro espera la inmortalidad y la gloria. Amén. Sírvele de portada un inmejorable fotograbado con el retrato del autor, en que está hablando, por cierto. En él aparece nuestro querido compañero Sr. de Lacárcel con su natural apostura y la impecable corrección de sus líneas fisonómicas. (…) Pero lo que más adorna el conjunto de su figura arrogante es la barba (…) Así los lectores que no le conozcan personalmente, a vista de este retrato, podrán  exclamar: « ¡Es un escritor con toda la barba! ». ¿Y las lectoras? ¡Ay las lectoras! ¡A cuántas de ellas habrá desazonado, atufado y quitado el sueño el sedoso vello de esta barba coquetona! … Pero lo principal es que ya cuenta Orihuela (a quien buena falta le hacía) con un nuevo escritor más. (…) ¡¡Sr. Director de «El Censor» a la.. Alah os guarde!!  Justo García Soriano.

En el mismo número, los republicanos anunciaron la publicación de un artículo de Rafael Rogel en una «hoja literaria» de la prensa madrileña. El propio autor pidió al padre de Justo que avisara a su hijo para que la leyese.

En la hoja literaria que publica todos los lunes «Heraldo de Madrid», correspondiente al 3 del actual, hemos leído con gusto un extenso y bien escrito artículo que lleva la firma de nuestro querido amigo y correligionario Rafael Rogel Rech (Doctor Belenes). Felicitamos por ello al modesto e ilustrado periodista oriolano.

En realidad se trataba de un artículo titulado «El Sport Gallístico en España», publicado en el suplemento deportivo «Los lunes del Sport». Y es que Rafael era todo un especialista en peleas de gallos y redactaba las crónicas en Orihuela con el seudónimo de «Doctor Belenes». Ese mismo año había participado en la redacción de un libro para los aficionados a reñir gallos ingleses, titulado el «Sport Gallístico». Se vendía en la redacción de «El Diario» al precio de una peseta.

El Censor. Número 3 – 15 de diciembre de 1906: Heraldo de Madrid, en su edición los lunes del «sport», inserta un artículo debido a la pluma de nuestro estimado compañero D. Rafael Rogel. Esta inserción consagra el mérito indiscutible de su autor. Hora era ya de que las puertas de los grandes rotativos se abrieran a los periodistas provincianos, que no por modestos valen menos. Nuestro parabién al señor Rogel.

Y aquí está la otra carta de su padre; carta que comenzó censurando su agrio comportamiento con Lacárcel. También lo puso al corriente del estado de salud de la familia, le anunció el artículo madrileño de Rogel, le envió un retrato de su sobrina y le pidió el diploma de su último premio.

Orihuela, 12 de Diciembre de 1906. Querido hijo Justo: recibimos tu carta de fecha 7 del actual y vemos por ella que estás bueno; nosotros no tenemos novedad. Mucho nos alegramos que la cuestión de los libros de la casa de Rivadeneira la saques pronto y bien, pues ya es hora de que te los den. He leído tu artículo que escribes calamares en tinta, en Unión Republicana, haciendo la crítica de Lacárcel, por su libro “El Lazo negro”; me parecen muy duras y muy agrias las frases que le diriges; hazte cargo que él nunca ha saludado ninguna clase de libros que ilustran por sus escritos, es necesario ser indulgentes con esos atrevidos, y compadecerlos.

Ayer estuvo en casa tu primo Carlos, el de Almoradí, y nos dijo que se le ha muerto su esposa de parto, muriéndose también el niño que dio a luz, le quedan dos niñas, nos dijo que este mes que viene piensa el marchar a esa, a vender Alcaciles de cuenta de su hermano Pepe, dice que vendrá a esta a despedirse de nosotros, entonces le daremos la caja de las pinturas que te dejaste en casa; los cuellos, y si podemos alguna cosa más. A Josefina la retrataron el domingo pasado, en cuanto los manden dice tu hermana que te mandará uno. Dice Rafael Rogel que si quieres leer un artículo de él que compres el Heraldo de Madrid del día 3 del corriente, que publican los lunes del heraldo.

Tu tío Trinitario está algo mejor y dice que aún estaría mejor si pudiera comprar el medicamento con más frecuencia. Sin más recibe los afectos de tu hermana, Pepe, besos de Josefina y demás familia y amigos, y tú sabes que te quieren de corazón tus padres JUSTO y RAMONA. No te mando sello hoy porque estamos muy mal, como siempre, otra vez será. Cuando me escribas, me dices que me mandas 20 ó 25 pesetas para que celebremos las Pascuas, esto te lo digo por cuestión de la quinta, este es el último año, si Dios quiere, recuerdos a Eugenia, no recibo el Defensor de los Pueblos.  

Después de escrita esta carta, ha venido Milagros y me ha traído el adjunto retrato de Josefina, para que te lo mande, dime si le parece; creo que hubiera salido mejor con gorrita puesta. Te suplico que me mandes el Diploma que te dieron en las oposiciones ganadas por los libros de Rivadeneira; si va tu pariente Carlos, se lo puedes dar para que me lo traiga; con ese ya tendré dos diplomas tuyos. Escribe.   

Con la misma fecha recibió también una carta de Juan Sansano. Como podéis comprobar, al igual que en prensa, firmaba como Sansano Más; pero sus apellidos reales eran Sansano Benisa.

Juan Sansano Más. Orihuela, 12 de Diciembre de 1906. Sr. D. Justo García Soriano. Madrid. Muy Sr. mío y queridísimo amigo: Acabo de leer «Unión Republicana» y me extraña muchísimo lo que dice V. de la obra en verso que quiero publicar. Si ha de escribirme V. el prólogo, ¿es V. el llamado a criticar mi libro? ¿Verdad que no? Esto ya lo sabe V., y por lo mismo me figuro que se ha creído que mi obrita estaba imprimiéndose ya, cosa que no haré hasta que V. me escriba el prólogo, y tan pronto como me lo envíe comenzaré a trabajar.

Deseo dedicar la obra al Ayuntamiento, y que su retrato de V. con el mío, figuren en una de las primeras páginas, unidos sobre un dibujo que me harán. Quiero que la obra sea elegante. Las poesías casi todas serán inéditas. ¿Es necesario que se las mande? ¿Le parece a V. que el título «Flores Silvestres» estará bien para el libro? Tenga la bondad de darme su parecer, sobre todo cuando le sea fácil, o cuando le escriba a su señor padre.

Por Orihuela no hay nada de nuevo: «El Censor» es nuevo, pero eso no es nada. El periódico que pensé publicar, no salió a luz por miedo a un fracaso. Teruel nos salió al encuentro con su periódico. Este señor no me quiere bien: antes me saludaba; varias veces he querido saludarle y me ha dejado con un palmo de narices. ¿Se creerá que estoy resentido porque no me ha colocado en sus Retratos? ¡Si yo fuese gran cuentista o soldado incógnito! Pero …. ¿yo? ¡Vamos hombre!

¿Le sería fácil a V. adquirir un retrato suyo –sin cartulina- igual al que tienen sus padres? Es para hacer la placa. Si le es fácil se lo agradecería, pues necesito recortar el retrato ovalado y colocarlo sobre el dibujo para enviarlo a Barcelona. Si no le es fácil, el retrato que tienen sus padres puede aprovechas; pero no puedo hacer lo que deseo. Ha dejado V. a Lacárcel hecho un hombre. Estas noches, seguramente no dormirá. Que pase V. felices Pascuas ¿eh?  Y con mucho gusto aprovecho esta ocasión para reiterar a V. el testimonio de mi afecto y admiración, al par que quedo como siempre suyo afmo. amigo y s. s. q, b. s. m. J. SANSANO MAS. Cuatro esquinas, 12. Recuerdos de Faeliyo y de mis padres.

Borrador de la carta repuesta; escrita, según se deduce, el 17 de diciembre.

Sr. D. Juan Sansano Mas. Mi querido amigo: Su grata del 12 del corriente, que ya me había anunciado mi padre, llegó a mi poder en su tiempo oportuno. Por su extrañeza y por las preguntas que Vd. me hace veo que VD. interpretó mal mi artículo Calamares en tinta, que publicó «Unión Republicana» el último día 10. Yo no le amenazaba a Vd. con una crítica desfavorable, pues con ello hubiera sido injusto.

Además, yo no abrigo prejuicios contra nadie; menos contra Vd. a quien aprecio como merece. Ha hecho Vd. mal en temer la hostilidad de mis pobres juicios, y en abrigar contra mí infundados recelos. Sus versos hubieran merecido mi benévola aprobación y simpatías. Ya que Vd. insiste en los deseos de que a su libro preceda un prólogo debido a mi desautorizada pluma; y yo le tengo empeñada a Vd. mi palabra de escribírselo, no debo ahora de negarme a ello.

Cuente Vd. desde luego con mi prefacio, que será largo e insustancial, como mío. Pero le pongo las siguientes condiciones: Que creo para hacerlo, indispensable conocer antes sus versos; pues de lo contrario pudiera ser mi prólogo inadecuado y discordante; y también para convenir con Vd. en el título. Además y, sobre todo, porque tenga Vd. por seguro que seremos combatidos por los de «El Censor»; y yo no quiero que me coja desprevenido y desarmado la batalla pues.

 Y sabe Vd. que hombre prevenido vale por dos. Si a Vd. le urge, puede enviarme sus versos por correo, con el franqueo correspondiente; y si quiere Vd. esperar, en enero vendrá de esa a esta corte, un pariente mío que puede traérmelos si Vd. se los entrega antes a mi padre, y así economizar ese gasto.

Aunque yo opino que estas cosas deben pensar y hacerlas sin dilaciones que pudieran enfriarlas. Respecto a lo que me dice del retrato, aunque no soy muy amigo de ese género de exhibiciones, procuraré complacerle. Me parece que anda Vd. descaminado con su deseo de dedicarla al Ayuntamiento. Nuestros ediles no suelen agradecer estas honras, pues entienden más de berzas que de versos. El sábado envié un artículo a «Unión Republicana», haciéndole una caricia al amigo Teruel. Creo que se publicará mañana. Léalo Vd.; pues le aludo de nuevo.

No me extraña que le quiera a Vd. mal el autor de «Retratos a Pluma»; pues no quiere bien a nadie. Es un lisiado por la mano de Dios y no puede ser bueno. Se siente impotente y su buche es un hervidero de envidias y de malas intenciones. Guárdese Vd. de él como del demonio. Le conozco, desgraciadamente.

Devuelva mis recuerdos al amigo Faeliyo. Ese creo que es de los nuestros. Dígale que pienso escribirle pronto y que he leído «Heraldo» del día 3. Desde luego puede Vd. contar y cuente Vd. siempre con cuanto a mi insignificancia le sea permitido. Y le envío un cariñoso saludo. No dude que tiene Vd. en mí a un leal amigo y partidario que admira su aplicación y su laboriosidad; y que simpatiza con su modestia. Supongo lo que le habrá sucedido a Vd. con el semanario que pensaba publicar; aunque Vd. no me da detalle y me oculta algún ataque que habrá recibido.   

En la siguiente entrega de «Calamares en tinta» llegó la anunciada «caricia» a José M. Teruel. Justo le recordó su reciente pasado como republicano anticlerical, y sus frecuentes colaboraciones en «Unión Republicana», publicación a la que ahora tildaba de «apasionada, sectaria y fanática al rojo». Comenzó el artículo con la parodia de Rigoletto «Il uomo é mobile», que se puede traducir por «el hombre es voluble».

Unión Republicana. Número 169 – 18 de diciembre de 1906: Calamares en tinta. El Censor. «Il uomo é mobile». Cuando esperábamos impacientes la aparición en Orihuela de una revista  semanal literaria que a publicar iba con el simpático título de «La Juventud» el novel y animoso bardo Juan Sansano Mas, nos ha sorprendido la brusca e invasora irrupción en el estadio de la prensa de un semanario bien distinto que se apoda «El Censor», y del que es auriga o palafrenero (valga el símil) nuestro querido colega José Manuel Teruel y Rebollo ¡Mutatis mutandis! que dijo cierto edil latinófilo. En esta progenésica y misteriosa metamorfosis ha habido seguramente un escamoteo y un hábil juego de cubiletes entre compadres; un melodrama burlesco…

Sansano no escarmienta. Tiene un corazón noble, efusivo, henchido de generosos entusiasmos; un alma ingenua, inocente, virgen de doblez y de animosidades; y cree ver en ella el trasunto, el reflejo de los demás hombres. Esto le hará sufrir decepciones sin cuento (…) El Sr. Teruel es un espíritu inquieto que se revuelve incesantemente ganoso de lucha y con hidrópica avidez de popularidad. Ama el periodismo con la desbordada afición de quien en él se halla como en su propio elemento. (…) La publicación de «El Censor» es  la realización, la concreción de sus íntimas e inextinguibles aspiraciones. (…)  El Sr. Teruel se siente de improviso Quijote y con la péñola en ristre hace gemir las prensas para enderezar entuertos. Pero en su altruista obsesión de independencia y justicia pierde la memoria y la lógica. En la primera y segunda de sus aventureras correrías, arremete intrépido contra UNIÓN REPUBLICANA y la increpa con los epítetos de «apasionada, sectaria y fanática al rojo» …

… Nosotros nos hemos quedado un poco estupefactos ante este «quid pro quod»; y luego, repuestos, hemos reído y celebrado este imprevisto y donoso sainete. El Sr. Teruel se ha curado radicalmente con el suero antirrábico carcunda, su clerofobia de marras que parecía haber tomado en él carácter crónico. Nosotros ya no le conocemos y nos hemos preguntado llenos de asombro: ¿No es, por ventura, el director de «El Censor» aquel incisivo y anticlerical Maquiavelo de «La Democracia», que en un rapto de furor canalejista antifrailuno llamaba a las órdenes religiosas «lapas adheridas a la roca nacional», ocasionando la fulminación y anatema del paladín de la calle de Bellot?

¿No es tampoco, acaso, este impugnador nuestro, uno de los tres candidatos a concejales que presentó y apadrinó el partido de Unión Republicana de Orihuela y apoyó resueltamente su órgano, mientras alardeando de convencido federal halagaba las ideas del inolvidable D. Miguel Cremades para conseguir el voto de los federales que figuraban en el censo de su agrupación? ¿Estamos tal vez nosotros en un craso error de memoria o mal informados al recordar que el Sr. Teruel tomó una pequeña parte en la redacción de cierta hoja que se titulaba El Jesuitismo, que se comenzó a repartir en Orihuela el 18 de Agosto de 1903 y que fue recogida por orden de D. José Ferrer, a la sazón alcalde accidental, por parecerle pornográfica?

¿No tiene este señor ninguna identidad con aquel orador tribunicio de persuasiva elocuencia que exaltadamente pororó el primero en aquel famoso meeting republicano que se celebró en el coliseo de la ciudad de Teodomiro el jueves 5 de Mayo de 1904, dando lugar a una enérgica protesta y a un gran movimiento de indignación entre los ortodoxos de Orihuela? …

… Por último: ¿mentimos nosotros al asegurar que el Sr. Teruel ha venido siendo constantemente un colaborador anónimo de este semanario Unión Republicana? ¿Quiere el Sr. Teruel que aduzcamos aquí más timbres de gloria en pro de su clericalismo? Todos nos harían ver que tiene bien surtida de casacas para cualesquiera gustos su guardarropía…

… Con que ¿apasionada, sectaria y fanática al rojo Unión Republicana y por consiguiente, los que en ella escriban? Pues entonces usted y yo lo somos. Nos ha hecho usted sospechar, amigo Teruel, si con el empleo de estos piropos que nos regala deseará usted congraciarse con el cacique para que se los premie en los próximos comicios con una retribuida concejalía. ¡¡Señor Teruel, señor Teruel!!  Menos frescura y más consecuencia y una buena tacita de rabos de pasa para recobrar la memoria ¡Mire que le cantamos el marinabo! Justo García Soriano. Madrid, 15— XII— 1906.

En 1906 no salieron más números de «Unión Republicana» (el siguiente, dedicado a rebajar la tensión con Andrés Lacárcel, apareció el 3 de enero). Tampoco tengo constancia de publicación alguna en otro periódico; ni noticias de como terminó el año en Madrid. Así pues, sin más datos por el momento, termino esta entrega.

Enlace al siguiente capítulo.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas, a Jesús García Molina y a José Manuel Dayas.