Justo García Soriano. La Feria.

Los días 16 y 17 de agosto de 1904, «El diario orcelitano» en sus números 154 y 155 publicó un trabajo de Justo García Soriano sobre la Feria de Orihuela dividido en dos partes.

Tres años después, del 27 de agosto al 5 de septiembre de 1907, «La iberia» en sus números del 57 al 65 publicó un nuevo estudio sobre el mismo tema más amplio y completo.

He fusionado ambos trabajos teniendo en cuenta que, en la segunda parte, falta el número 63, que no está en la hemeroteca.

Justo García Soriano. AMO. LJGS.

La Feria de Orihuela. Historia de su origen y de las modificaciones más notables que ha sufrido.

Como tema de actualidad en estos días clásicos para los oriolanos, apuntaremos al correr de la pluma y limitándonos al reducido espacio de que disponemos, el origen o punto de partida de nuestra feria, la que a través de seiscientos treinta y dos años que cuenta de duración, llegó a alcanzar considerable importancia proporcionando a este vecindario medios de pingües utilidades y horas de solaz y esparcimiento.

Si bien, desgraciadamente, cruza ahora por un período de desanimación y decadencia que, inspirados en espontáneos sentimientos de patriotismo, no podemos menos de lamentar al tiempo que apetecemos recobre en breve su prístino esplendor.

Aún hendía los espacios el eco de las armas de nuestros valientes libertadores y manchaba los aceros la sangre húmeda de los esforzados adalides de nuestra reconquista, cuando entre la consiguiente confusión de la pasada guerra y sus anejas circunstancias, Alfonso el Castellano, uno de los pocos monarcas de la interminable serie de reyes ineptos que llenan nuestra historia que merecen benignas censuras de la crítica sensata e imparcial, poco después de haber visitado a Orihuela, se apresuró a organizarla políticamente, instituyendo su Concejo con las prerrogativas propias de aquella época; otorgándole fueros, franquezas o inmunidades; señalando los límites jurisdiccionales de su término; privilegiando a los próceres de su corte y a los que más se habían distinguido en la guerra con un reparto general de los ricos latifundios de nuestra huerta y de las extensas heredades y vicos de nuestros campos.

Dictando disposiciones acertadas para la mejor urbanización de la villa y su régimen interior, como también un admirable código de riego u ordenanzas de aguas, para que éstas vengan “sin embargo neguno, assi como venía en tempo de moros”; y terminando, un año antes de su muerte, con la concesión de una amnistía para todos sus ingratos súbditos, reos de deslealtad o rebeldía, “viniendo ellos a la nuestra merced e mostrando que lo fizieron por fuerza o por enganyo en que los metieron”.

Comenzaba a transcurrir el año 1272. Los todavía escasos vecinos de nuestro pueblo, acomodados al nuevo estado de cosas, después de luengos y recios años de revueltas, desolación, inquietudes, muertes y lutos continuos, iban a disfrutar prósperos días de descanso en el seguro recinto de sus hogares con la posesión de los óptimos tratos que les reportara su gloriosa reconquista. Cada cristiano había sido un héroe en aquella obra magna de independencia, que duró cinco siglos y medio; y cuando llegara la hora feliz tan largamente deseada, en que una nueva era de paz y prosperidades tuviese comienzo para los adoradores de Cristo, en que las simbólicas puertas de Jano se hubieran de cerrar tras de tantas centurias de persistente lucha, ¿qué fiesta, qué solemnidad, qué apoteosis fueran bastantes para celebrar debidamente acontecimiento tan fausto?

Todavía se hallaban presentes el adalid Ferrando de Marfa, el judío Jacob Avendino, Iñigo Darún, Juan Jove, Ibáñez de Oriol, Gil y Andreu Lobet, Jaime de Groño, Jaime de Tormeo, Bernardo Crespo, Fortún de Úgara, García Navarro, Juan Pérez de Tudela, Bernardo de Parage, Pedro Zapatero, Domingo Muñoz, Calviello Peligero, Pedro de Benayos, Pons de Granana, Antonio de Pugcerdán, En Barceló, Pedro Roca, Bg. nee Olivars, y estaba fresca la memoria de los malaventurados Ramón Serrador, Domingo de Tona, Esteban Pérez de Alcántara, Pedro González y Ñuño, los bravos defensores del castillo contra la perfidia agarena.

Edificaron su raval o Morería los musulmanes sumisos en la parte S.O. de Orihuela; y a su vez ensanchábase la villa con los nuevos pobladores venidos a la conquista en los ejércitos castellanos y aragoneses, por el raval de la Puerta de Elche, que ocupaba el perímetro de lo que se ha llamado después Barrio Nuevo. Formaban aquel año el Consejo los alcaldes Ramón Vidal y Pedro de Esperandeu, vecinos de la colación de Santiago, y los jurados García Garcés, Pedro Samatán, Miguel García y Pedro Rosell.

Esta era, pintada desaliñadamente y a grandes rasgos, la situación de Orihuela, cuando Alfonso X le otorgó, con fecha 8 de Abril, autorización para celebrar una feria anual, que había de tener principio el 16 de Agosto, otro día después de sancta María, y durar hasta el 18 inclusive del mismo mes. Además concedía franquicias y salvoconductos, eximiendo les del pago de toda tributación o derecho, a los concurrentes a dicho festival emporio, con objeto de proporcionarle toda clase de facilidades, porque la villa se pueble mejor: la concesión tenía este fin utilitario, norma de todas las disposiciones de aquel relevante monarca.

Transcribiremos seguidamente, literal e integro, el documento en que se contiene esta gracia y que se ha hallado inédito hasta hoy, día del aniversario de la inauguración de la primera feria:

Sepan quantos esta carta vieren como nos don Alfonso por la gracia de Dios Rey de Castella, de Toledo, de León, de Galicia, de Seuilla, de Cordoua, de Murcia, de Jaén, e del Algarue.

Por fazer bien e merced, al Concejo de horihuela a los que agora y son e seran de aquí adelante e porque ayan más e valan mas o porque la villa se pueble mejor damoslos e otorgárnoslos que ayan feria una vez cada Anyo en Orihuela.

E esta feria que comience otro día después de sancta María de mediado Agosto e que dure tres días.

E todos los que a esta feria vinieren que vengan salvos e seguros con todo lo suyo e que sean francos que non den portazgo nyn otro derecho nynguno de lo que compraren e vendieren en Orihuela quanto la feria durare e mandamos e defendemos que nenguno non sea osado de yr contra esto nyn degelo enbargar.

E a qualquier que lo fiziese a él o a quanto ouiesse nos tornariamos por ello e porque esto sea más firme e non venga en dubda diemos vos ende esta nuestra carta seellada con nuestro seello de cera colgado fecha la carta en Murcia viernes ocho días de Abril. Era de mill e trecientos e diez Anyos.

Yo García Domínguez notario del Rey en la andalucia la fiz escreuir por mandado del Rey.

Dos años más tarde, acaso por motivo de la estación, plena canícula, o por otras causas o circunstancias difíciles de precisar por carencia de datos que las corroboren, a petición y ruego del Concejo expidió el rey Sabio un nuevo privilegio otorgando la traslación y permuta de la fecha para la celebración de la feria, del 16 de Agosto al 1º de Noviembre, festividad de Todos Santos, y en el ratificaba las mismas garantías y exenciones a los concurrentes y feriantes, por tantos días como son aquellos que vienen a la de Murcia, assy como es fuero é costumbre de feria. Hállase datado este otorgamiento en Burgos a catorce de Marzo, año 1274 de J. C, cuyo texto no se había dado todavía a la luz pública.  Dice así:

Sepan quantos esta carta vieren como yo don Alfonso por la gra. de Dios Rey de Castella, de Toledo, de Leon, de Galicia, de Seuilla, de Cordoua, de Murcia, de Jaén, e del Algarbe.

Por Ruego del Concejo de Orihuela e por les fazer merced tengo por bien que la feria que les yo otorgué que iziesen en su villa cada anyo por la sancta María de agosto que la fagan en la fiesta de todos sanctos.

E mando que aquellos que a esta feria vinieren que sean francos de entrada e de salida por tantos días como son aquellos que vienen a la de Murcia.

E que pueden venir o estar o tornar sanos e seguros con todo lo suyo assy como es fuero e costumbre de feria.

E porque esto non venga en dubda doles ende esta my carta abierta seellada con myo seello.

Dada en Burgos, XIIII  días de Marzo. Era de mil CCC e XII. Anyos.

Yo bon amic la escreuí por mandado del Rey.

Después volvió a realizarse en la primitiva época por motivos que también desconocemos; y así ha continuado, con pequeñas alteraciones, hasta el presente. Tal fue el origen y fundación de nuestra antiquísima feria, y al cerrar estos cortos y pobres apuntes, reiteramos la expresión de nuestro deseo excitando a todos los bueno oriolanos para que, poniendo cada cual de su parte el empeño que esté al alcance de sus fuerzas, podamos en el año próximo celebrarla con la solemnidad, animación y pompa, de que nuestra ciudad es digna, con lo que todos saldremos beneficiados, e iremos perpetuando tradición tan ventajosa y plausible.

Justo García Soriano. Orihuela, 16 agosto de 1904.

1907. En «La Iberia»: La Feria de Orihuela. Historia de su origen y de las modificaciones más notables que ha sufrido.

Una variación más tenemos que añadir este año a nuestra feria sobre las muchas vicisitudes y alternativas, experimentadas a través de los seis siglos y siete lustros, que desde su origen o instauración acá median. Las guerras, las pestes, las inundaciones, la inopia, todas las calamidades y otros diversos motivos determinaron multitud de veces su suspensión y otras el cambio de la fecha y hasta del lugar en que debía celebrarse. Sería labor costosa y larga redactar su historial completo, siguiendo año por año su relato minucioso, lo cual bien pudiera ser objeto de una extensa y curiosa monografía.

No intentamos hoy hacerla nosotros en este volandero artículo de actualidad, por las proporciones que obligados venimos a darle y, además, porque no disponemos en esta ocasión de cuantos datos aportarse pudieran; pero sí ordenaremos en unas pocas cuartillas sus más culminantes accidentes, a fin de, satisfacer al curioso lector en estos días oportunos.

En un breve trabajo que escribimos nosotros con el título de «Protohistoria de nuestra feria» y publicó «El Diario Orcelitano» los días 16 y 17 de Agosto de 1904, apuntamos algunas interesantes noticias acerca de su fundación, las cuales habremos de reproducir ahora para aumentarlas seguidamente con la reseña de otros acontecimientos posteriores que a ella se refieren.

Veintinueve años justos habían transcurridos desde el homenaje prestado por el arráez do Orihuela Abenassam a Alfonso X de Castilla, y sólo diez u once desde que aquella plaza quedó definitivamente sometida a la dominación cristiana, cuando el mencionado rey le otorgó, en privilegio expedido en Murcia, el 8 de Abril de 1272, autorización a su Concejo para celebrar la primera Feria, la que había de comenzar el «otro día después de sancta María de mediado Agosto e que dure tres días»; es decir, había de comprender los días 16, 17 y 18 del mes referido, durante los cuales se concedía a los que a la feria concurrieran, salvoconducto y franquicias eximiéndoles del portazgo y de cualquier otro derecho que pudiera gravar lo que en ella compraren o vendieren.

El curioso documento por el que estas gracias se conceden, estuvo inédito pues sólo había sido inventariado por Ascensio de Morales («Colección de escrituras y privilegios de las iglesias de España», tomo XII, núm. 305), hasta que nosotros lo publicamos por primera vez en el artículo a que antes hemos hecho referencia. Sin embargo, dada su extraordinaria importancia para nuestro objeto, creemos conveniente volverlo a insertar en estas columnas.

Nota: Este documento ya está publicado en 1904.

Sepan quantos esta carta vieren como nos don Alfonso por la gracia de Dios Rey de Castella, de Toledo, de León, de Galicia, de Seuilla, de Cordoua, de Murcia, de Jaén, e del Algarue. Por fazer bien e merced, al Concejo de horihuela a los que agora y son e seran de aquí adelante e porque ayan más e valan mas o porque la villa se pueble mejor damoslos e otorgárnoslos que ayan feria una vez cada Anyo en Orihuela. E esta feria que comience otro día después de sancta María de mediado Agosto e que dure tres días. E todos los que a esta feria vinieren que vengan salvos e seguros con todo lo suyo e que sean francos que non den portazgo nyn otro derecho nynguno de lo que compraren e vendieren en Orihuela quanto la feria durare e mandamos e defendemos que nenguno non sea osado de yr contra esto nyn degelo enbargar. E a qualquier que lo fiziese a él o a quanto ouiesse nos tornariamos por ello e porque esto sea más firme e non venga en dubda diemos vos ende esta nuestra carta seellada con nuestro seello de cera colgado fecha la carta en Murcia viernes ocho días de Abril. Era de mill e trecientos e diez Anyos. Yo García Domínguez notario del Rey en la andalucia la fiz escreuir por mandado del Rey.

Alfonso el Sabio que, como la Crónica de su reinado (Cap. XVI) dice: señaladamente facía mucho por poblar de cristianos la villa de Orihuela, por la cual sintió siempre especial predilección, la prodigaba sin descanso favores, leyes y exenciones, tendiendo siempre a su buen régimen, prosperidad y acrecentamiento.

Además del privilegio que hemos transcrito, por el que otorgaba a Orihuela la celebración de una feria anual, concedióla en este mismo año de 1272 otros muchos, porque sus moradores sean más ricos e más abondados e porque hayan más e vallan más, según la expresión consagrada que en todos ellos se consigna.

Confirmábase mientras tanto el tercero y último de los repartimientos de las casas, solares y heredades de Orihuela, con arreglo al ordenamiento de D. Enrique Pérez, Adelantado Mayor en el reino de Murcia, refrendado por García Domínguez, notario del Rey en el Andaluzia, y por Johan García, escriuano del Rey. Formaban a la sazón el Concejo los alcaldes Ramón Vidal y Pero de Esperandeu, vecinos de la colación de Santiago, con los jurados de villa García Garcés, Pedro Samatán, Miguel García y Pedro Rosell.

Habían entonces las mismas parroquias que en la actualidad, teniendo la primacía la del Salvador, que había sido en tiempo de moros cabeza de las otras mezquitas. En ella celebraba sus reuniones públicas y solemnes el Concejo, para deliberar y resolver en todos los asuntos relacionados con el gobierno de la villa, hasta que poco después fue construida la Sala sobre el puente de Poniente, o Viejo, el único que existía en aquel tiempo.

Era, no obstante, la colación de Santa Justa la más céntrica, populosa y aristocrática de las tres: en ella estaba la plaza mayor (hoy de la Fruta) con algunos edificios públicos, la carnicería y la lonja. La judería o barrio israelita comprendía todas las callejuelas que se extienden al pie del monte, desde el Churripel hasta la espalda do Santiago, constituyendo su núcleo principal lo que todavía se llama barrio de Triana.

Las puertas principales que daban acceso a la población eran la de Murcia (en la parte S. E. de la plaza de Monserrate), entrando por la partida de Beniaçan (hoy de Bonanza); la de Emborgoñes (en la Cruz del Rio); la del Puente o de la Sala; el Postigo de Elche (en la Soledad), y la de Crevillente, en el barrio Nuevo, ensanche que se hizo después de la reconquista. La morería se hallaba extramuros, en lo que actualmente ocupa la barriada de San Agustín, y en ella estaban el burdel o mancebía pública y algún tiempo después el Pósito.

En lo antiguo se instalaba la feria siempre en la calle que por este motivo aún conserva aquel nombre, y allí sin duda debió celebrarse la primera de todas, aunque no consta este detalle. En los portales y entradas de las casas de esta rua tortuosa y estrecha, acomodaban sus tenduchos y mostradores los feriantes y mercaderes do ropas, baratijas, utensilios, golosinas y vituallas, en abigarrada y heterogénea promiscuidad que mareaba a la vista.

Otras tiendecillas y barracones menos pretenciosos, pero no menos llamativos, llenaban e invadían la plaza del Salvador y la de Santa Justa, el zoco moruno. Por este concepto, muchas casas de la calle de la Feria, que pertenecían a la corona, hicieron fadigas o recargos por enfiteusis, al patrimonio real hasta bien entrado el siglo XVIII.

El alma de las ferias hubieron de ser en aquellos primeros tiempos los moros y los judíos, traficantes y mercachifles, nómadas del comercio, que convivían entonces con los cristianos, como después lo fueron los genoveses y los buhoneros catalanes.

Para contribuir al esplendor y engrandecimiento de tráfagos tan provechosos al bien de la república, se verificaban simultáneamente festejos populares y religiosos, aquellos que estaban más en armonía, uso y boga, según las distintas épocas. Se jugaban cañas con estafermos y otras divertidas invenciones; se hacían zambras, torneos y justas; se corrían y azotaban toros, y se organizaban tiros de ballesta, los juegos conocidos con los nombres locales de la palometa, la tafureria y otros, farsas y mimos con titereros y juglares, danzas, mojigangas y demás regocijantes excesos.

Con algunas dificultades o desventajas de monta tropezarían nuestros antepasados, cuando dos años después de efectuada la primera feria, hubieron de recurrir en súplica a su rey a fin de que les mudara la fecha marcada para su celebración anual, de modo que el emporio, en vez de comenzar en la Virgen de Agosto, como estaba establecido, principiara en la fiesta de Todos los Santos, en primero de Noviembre.

No constan los motivos que movieran al Concejo a apetecer esta variación, aunque a nuestro parecer fueron evitar los excesivos ardores de la canícula. Habremos de limitarnos a copiar otro privilegio del mismo monarca, datado en Burgos en 14 de Marzo de 1274, por el cual autorizaba el cambio pedido y confirmaba, ratificaba y aumentaba las franquicias en el anterior concedidas, haciéndolas iguales a las otorgadas en pro de los asistentes a la feria de Murcia, así como los días de su duración.

Nota: Este documento ya está publicado en 1904.

Sepan quantos esta carta vieren como yo don Alfonso por la gra. de Dios Rey de Castella, de Toledo, de Leon, de Galicia, de Seuilla, de Cordoua, de Murcia, de Jaén, e del Algarbe. Por Ruego del Concejo de Orihuela e por les fazer merced tengo por bien que la feria que les yo otorgué que iziesen en su villa cada anyo por la sancta María de agosto que la fagan en la fiesta de todos sanctos. E mando que aquellos que a esta feria vinieren que sean francos de entrada e de salida por tantos días como son aquellos que vienen a la de Murcia. E que pueden venir o estar o tornar sanos e seguros con todo lo suyo assy como es fuero e costumbre de feria. E porque esto non venga en dubda doles ende esta my carta abierta seellada con myo seello. Dada en Burgos, XIIII  días de Marzo. Era de mil CCC e XII. Anyos. Yo bon amic la escreuí por mandado del Rey.

La fiesta de Todos los Santos parecía ya la fecha indicada a perpetuidad para comenzar nuestras ferias. Sólo transcurrió un periodo de veintiún años hasta dejar de ser así. Ya había muerto, tras un largo reinado tan pródigo en hechos gloriosos como en agitaciones y desasosiegos, Alfonso X de Castilla, aquel monarca sabio y previsor que hubo de enaltecer a Orihuela con el código admirable de todos sus numerosos privilegios, disposiciones y pragmáticas.

Era la feria de Murcia a quinze días después de sant Miguel, o sea el 14 de Octubre. De modo que desde su terminación hasta el comienzo de la feria de Orihuela mediaba un intervalo que, a muchos feriantes que venían de pueblos lejanos dispuestos a concurrir a ambas ferias, les obligaba a detenerse aquí con perjuicio de sus intereses o a regresar a sus tierras sin llegar a la nuestra.

Percatado el Concejo de esta causa que aminoraba la animación y concurrencia de nuestra feria, pensó sin pérdida de tiempo en obviar el obstáculo, para lo que se apresuró a pedir a Fernando IV el Emplazado que acababa de subir al trono de Castilla por muerte de su padre Sancho IV el Bravo, la merced de que le autorizara el hacer la feria de Orihuela en cuanto finalizare la de Murcia.

Muy propicios andaban los tutores del niño rey en acceder a cuantas solicitudes les elevaban los pueblos, con el ánimo de sumar adictos en el partido del monarca, inseguro en aquellos tiempos de divisiones y revueltas; cuanto más habían de estarlo en probar la pretensión de Orihuela que era justa, razonable e insignificante. Seguidamente insertamos el documento que contiene esta gracia.

Sepan quantos esta carta vieren como yo don Fernando por la gra. de Dios Rey de Castiella, de Toledo, de Leon, de Galicia, de Seuilla, de Cordoua, de Murcia, de Jaén, e del Algarue, e Senior de Molina.

Por fazer bien e merced al Concejo de Orihuela, e porque me embiaron pedir por merced. Tengo por bien que la feria que les el Rey don Alfonso mio Auelo otorgó que isziessen en su villa cada año por la fiesta de todos sanctos, que la fagan cada año quando salieren de la feria de Murcia que es a quinze días después de sant Miguel.

E mando que todos aquellos que a esta feria vernan, que vengan saluos e seguros e francos con todas sus cosas según dize en la otra carta que ellos tienen del Rey don Alfonso myo Auelo en Razón de esta feria e que vsen de ella asy como vsaron en el su tiempo o del Rey don Sancho myo padre fasta aquí.

E defiendo firmemente que nenguno non sea osado de los pasar contra esta merced que yo fago.

E aqualquier que lo fiziesse peyar meya en pena mili marauedis de la moneda nueva.

E al Concejo o a quien su voz toniesse todo el danio doblado.

E de esto les mando dar esta my carta abierta sellada con myo sello colgado de cera.

Dada en Medina del Campo veinte e quatro días andados del mes de nouiembre. Era de mill e trezientos e treinta e tres años.

Gil Gutiérrez, Justicia maior de la cassa del Rey e amo del Infante don Pedro, llamando fazer por mandado del infante don Enrique su tío e su tutor e guarda de los sus Reynos.

Los motivos y circunstancias que originaron el nuevo cambio de fechas establecido por el privilegio precedente fueron cesando y desapareciendo poco a poco; hasta volver a ser la festividad de Todos los Santos el día inicial de la feria; lo cual perduró, tomando carta de naturaleza hasta el siglo XVIII en que fue preferida la primitiva fecha de Agosto.

La costumbre que todavía existe en Orihuela de celebrar el día de Todos los Santos con algunas comidas características y clásicas como las gachas, especie de puches, son los únicos vestigios que ha guardado la tradición de cuando la feria se hacía a primeros de Noviembre.

Tanta importancia llegó a alcanzar la feria andando el tiempo, que el municipio se vio en la precisión de formar un estatuto, el cual fue confirmado en un privilegio cuyo texto y data desconocemos, y por el que se regía Orihuela para nombrar anualmente con el título de alcaldes de feria, a dos funcionarios con el encargo de intervenir y conocer en todos los asuntos con ella relacionados. Mosén Pedro Bellot registra en su Compendio los nombres de algunos que fueron elegidos alcaldes de feria en diferentes años: en el año 1485 lo fueron Jaime Desprats y J. Guilabert; y en el 1493 M. And. Ruis y N. Peres.

El Rector de Catral, el mismo diligente y puntual cronista, nos refiere en su obra citada (Tomo 11, cap. XXV.) una importante cuestión promovida por la cobranza de tributos a los que acudieron a la feria del año 1498.

El almojarife o colector general, especie de recaudador de contribuciones que había sido designado por la diputación del reino de Valencia, sin ningún género de contemplaciones, con grave perjuicio de los intereses de Orihuela y contraviniendo todos sus fueros e inmunidades, osó cobrar durante los días de feria del año predicho, diez sueldos de portazgo a la entrada y a la salida, por cada uno de los esclavos que en su compañía llevaran los feriantes y haciéndoles pagar también por los paños y otras mercancías aunque no se vendieran.

Ante tamaño descomedimiento y desafuero, no pudo menos el Concejo, celoso siempre cuando de guardar escrupulosamente sus prerrogativas se trataba, de adoptar una enérgica actitud de protesta, alzándose contra la conducta del colector; lo cual patentiza el hidalgo espíritu de independencia que animaba a nuestros antepasados hasta obligar o imponer a los más altos poderes el respeto a sus derechos, con un valor cívico y una abnegación de las que en los actuales tiempos con alardes de libertad y democracia, no se encuentran ejemplos parecidos, y evidenciando a la vez el rebajamiento moral de una raza que decae.

Véase en la siguiente carta que el municipio dirigió a su mensajero en corte Jaime Ruiz, en réplica a una misiva de éste; el tono enérgico, el valiente desenfado y la altura de miras con que hizo ostensible su protesta y salió a la defensa de sus privilegios. El texto catalán dice así:

Molt mag. Sr. Ab. Mateu, criat e de la casa del mag. Fr. Masquefa y vra. hauem rebut una vra. lletra. E jat sia hauem vist una lletra del Mag. Baile gral. feta al mag. P. Desprats son lloch hauem vist lo poc es quart que los SS. Diputats de aquest Regne han vers aquesta ciut lo que fer no deurien porque lo preu ab que compraren nres. priuilegis fon la vida y sanch de predecessors axi en lo temps que eren de Castella per deffendre la terra dels enemigs de la Sta. Fe Cath.ª com en lo temps que som estats del Regne de Val.ª en deffendre la vida y estat de tots los Valencians e poblats en dit regne.

Y lo preu que vres. nos predecessors donaren obtenir los delliberam donar per deffendres. Es tam certs que la Magd. real nos tendra en Justª. E lo Ext. Sr. Infant lloch gural. E ab aquesta querella delliberen morir puix tan por recort tenen aquexos SS. del que deves. E deuriense recordar que si som units el regne de y.a ab nres, priuilegis axi podrat y concordat quels nos han aservar e que hui tenim temps disposicis iao séruant nos cap. de sus, com som units procurarn que han reduit a prouincia per si puix som de un Rey y Sr. E serem Heu res de las Vexacions que dels Valenciaus tots jorns rebem. E deurien considerar aquexos S.S. que en nra, ma estala justicia de aquest fet liara es pronuncie eufauor nra. o en contra. Per que no usant del privilegi de la fira questa en nra. ma cesaran estes alteracions, ett.

Lo que traducido libremente viene a ser: Muy magnífico señor: Con Mateu, criado de la casa del magnífico Francisco Masquefa y vuestra, habernos recibido una carta vuestra. Y así mismo hemos visto una carta del Magnífico Baile general dirigida al magnífico Pedro Desprats, su lugarteniente, por las cuales vemos la poca consideración y respeto que los señores diputados de este Reino tienen para con esta ciudad, lo que no deberían hacer, porque el precio a que compraron nuestros predecesores nuestros privilegios fue con el de su vida y su sangre, así en el tiempo que eran de Castilla por defender la tierra contra los enemigos de la Santa Fe Católica, como en el tiempo que estamos perteneciendo al reino de Valencia, defendiendo la vida y estado de todos los valencianos y pobladores de dicho reino.

Y la deuda que vuestros predecesores reclamamos pudieran por libertarnos, la pagamos con creces defendiéndolos en muchos peligros. Estamos seguros que la Majestad real y su lugarteniente general el muy alto señor Infante, nos sabrán hacer la justicia a que en tan legítima demanda tenemos derecho y que, olvidando sus deberes, han hollado esos señores. Y si tratan de demostrarnos con nuestros privilegios que somos súbditos de Valencia y que a ella hemos de estar sometidos, los propios testifican nuestros fueros, que nos eximen de cualquier otro vasallaje que  no sea el que todos hemos de rendir a un mismo Rey y Señor.

Y quedaremos libres de las vejaciones que de los valencianos todos los días recibimos. Deberían considerar esos señores que ha de correspondemos siempre la justicia, tanto si se pronunciare en nuestro favor como si se declarare en nuestra contra; y sólo permitiéndonos el uso de las exenciones y franquicias que nuestros privilegios nos conceden, cesarán estos altercados.

No salió en el 61 y 62 por exceso de original urgente. Falta en la hemeroteca el número 63 que puede contener una entrega. El número 64 comienza con la frase: Dice así el memorial a que nos referimos:

Excmo. Señor: El señor rey D. Alfonso el Sabio, con su real privilegio dado en Burgos a 14 de Marzo, era de 1312, otorgó a esta ciudad facultad de celebrar feria, franca de todos derechos, desde el primer día hasta el quince de noviembre, el cual, de tiempo tan antiquísimo está observando sin contradicción alguna, eligiendo la ciudad a su arbitrio el punto más acomodado para el comercio de la feria.

En lo antiguo se practicaba ejecutarla en la calle (quizás por esto) llamada de la Feria, que termina en la plaza de Sta. Justa, donde está esta parroquia y todos los tribunales de esta ciudad, hasta que con los repetidos contratiempos de avenidas de río y contagios que padeció este común, por la falta de moradores y pobreza de los vecinos, se extinguió el comercio, y con ello la frecuencia de feria, de forma que está muchos años suspensa y dormida su celebración, sin que de ella se hiciera conmemoración alguna.

Ha sido Dios servido restablecer la población (que no experimentó menores estos contratiempos) no sólo a su antiguo estado, sino también a mayor número de vecinos que hoy goza, y con el aumento de los frutos y cultivo de los términos, han crecido también los comercios, cuyo motivo le ofreció a nuestros antecesores, años hace, a acordar la práctica de su antiguo privilegio, por lo que el concurso de comerciantes en la feria nobilita los tratos; y reconociendo (lo que antiguamente jamás se experimentaba) que concurrían tratantes, no sólo de géneros y mercancías de ropas y vituallas, sino también de ganados, principalmente mayores, que es de lo que más este público necesita por lo dilatado de sus huertas y campos; y que para este efecto era sobradamente estrecha la calle de la Feria por serlo toda ella tanto que no permite lugar para pasar dos coches si se encuentran; y que a la bajada del Puente viejo toma principio (después de un espaciosísimo ámbito) la plaza Nueva, capaz de tener cómodamente muchos ganados, la calle de la Mancebería, bastantemente espaciosa, y la de S. Agustín que baja derecha desde el puente, que toma su principio de la Sala del concejo de esta ciudad y termina en las eras de S. Sebastián, donde hay una dilatadísima y anchurosa plaza extramuros.

Y como la aptitud del punto era lo más tratable y menos lejos a cualquiera distancia de la ciudad y sus arrabales, acordaron que en él se celebrase la feria, como con efecto se ejecutó por muchos años consecutivos, sin que en todos ellos se ofreciera el menor reparo ni a los magistrados que firmaron los pregones, ni a los vecinos de la ciudad, y en especial a los de la calle de la Feria.

Con esta subseguida observancia sin alteración ni novedad, se continuó en el referido puesto la feria, hasta el año pasado de 1704 en que se volvió a hacer, como se hizo en dicha calle; pero luego se experimentaron los inconvenientes de la estrechez del punto y copia del concurso, pues aquella estorbaba a este de forma que se vio la ciudad precisada a hacer teatro de tiendas y mercaderías, no sólo las paredes de la iglesia catedral, con que se perturba el culto de los divinos oficios con el estruendo y bullicio de la gente, sino también la lonja donde caen algunos tribunales y toda la plaza en que se venden los mantenimientos comunes de carnes, pescado y frutas, para minorar el concurso de la calle, lo que no es sobrado decente a este común.

En vista de las facultades que hallamos establecidas y de la más cómoda situación del puesto para la feria, hemos acordado en el día de hoy se celebre en el Puente viejo, plazas y calles a él confinantes; y habiendo llevado a firmar el pregón a Don Carlos Ruiz, teniente de gobernador de esta ciudad, por medio de nuestro sub síndico, en la forma acostumbrada, hemos hallado la novedad de no haberle querido firmar con motivo de haberle insinuado el fiscal, don José Roca, ser en perjuicio de las regalías y real patrimonio de S.M. (q. D. g.).

Motiva el interés del real patrimonio en que por razón de la feria, todas las casas de la calle de la Feria hacen fadiga al rey, y que así carecían sus enfiteutas de esta utilidad; y que siendo la costumbre en lo antiguo inmemorial, tratándose de privilegio de la real hacienda, era necesaria otra contraria posesión centenaria o inmemorial que destruyera la primera.

Eficaz parece el argumento mirado por la contera, a no tener pronta la satisfacción, siendo incierta la primera suposición; porque el ánimo vidito de la fadiga ni se aumenta ni decrece a S. M. porque haya o no haya feria, se haga o no en dicha calle, redundando sólo en provecho del vecino el gaje que pudiera percibir de dar en su casa al feriante territorio, y no en aumento del patrimonio del rey. 

No consta que las fadigas se hagan al rey por razón de la feria, ni sitio de la calle, pues de ser esto regalía, se inferiría que toda la calle estaría de ipso afecta a esta infeudación, como lo están molinos, hornos y demás propios. No todas las casas de esta calle hacen fadiga al rey, sí sólo algunas, muchas le corresponden al cabildo eclesiástico, otras a diferentes comunidades y conventos, y otras son francas, sin hacer fadiga alguna. Y de aquí es el no poderse decir que por razón del sitio tienen las casas el gravamen de la enfiteusis al rey, pues a no tener alguna casa el procurador fiscal de S. M. en esta calle, aseguramos a V. E. serian menos las instancias, pues con el pretexto del celo del interés patrimonial, se celan otros de particulares que motivan las novedades que el teniente de gobernador introduce.

Esta es, señor, la realidad del hecho, en el que la ciudad no interesa otro que el beneficio del público, mayormente cuando el gobernador no concurre a la firma de pregones como parte principal en quien reside jurisdicción sobre elección de punto, si sólo por el aseguro que se concedo a algunos por delitos, y así se aseguran bajo palabra real.

El deseo de que V. E. quede enterado de la genuina verdad, nos obliga a despachar este expreso, suplicando à V. E. con el mayor rendimiento se sirva atender a que nuestra operación se mantenga, que entendemos ajustada a la facultad real, en virtud de la cual obramos. — Dios etc. Orihuela y octubre 20 de 1705.»

No pudieron surtir efecto ni adoptarse la solución y fallo emitidos por el virrey en este litigio, pues, como dice el Sr. Gea en su mencionada obra, «la feria no se celebró aquel año, ni en la calle de su nombre, ni en el barrio de S. Agustín, porque lo impidió la discordia que en los ánimos más esforzados y serenos introduce la guerra cuando esta funesta diversión se hace entre ciudadanos de una misma república». Era esta la guerra de sucesión, que había comenzado a arder con gran ímpetu y se corría rápidamente por todos los ámbitos de España.

Más tarde, sin que tampoco hayamos podido acotar la fecha, se mudó el tiempo de celebración de la feria, como insinuado tenemos, adoptándose la primitiva época, o sea la de la Virgen de Agosto. El lugar de la instalación fue definitivamente, en adelante, el barrio de San Agustín, siendo su principal asiento el amplio espacio de la plaza Nueva.

No hemos de descender a otros pormenores, ni a reseñar alguna otra pequeña variación de lugar y tiempo introducida posteriormente. Al comenzar estos mal hilvanados apuntes, hacíamos notar que no aspirábamos a redactar un historial completo de nuestra feria, pues se salía de nuestro objeto, el cual no ha sido otro que el de reunir los hechos y las vicisitudes más culminantes porque ha atravesado, disponiendo y ordenando estos modestos datos que pueden servir de base a una detallada monografía, labor que brindamos muy gustosos a nuestros eruditos cronistas locales.

Justo García Soriano. Transcripción: Antonio José Mazón Albarracín.

Orihuela y Maura en la pluma de Azorín

El Obispo Maura.

José Martínez Ruiz «Azorín» para «El Diario de Barcelona». Marzo de 1918.

Retrato autógrafo de Maura.

He tenido el honor de hablar durante una hora con el Obispo Maura. Este ilustre prelado vive en una pequeña ciudad del litoral mediterráneo; allí tiene su sede.

La ciudad se levanta en una ancha y fértil vega; hay en ella naranjos, limoneros, granados, palmeras; a veces, entre las frondas de los naranjos con sus esferas de oro, y al lado de un grupo esbelto de palmeras, se destaca un ciprés centenario, recio, negro, inmóvil, con la cima afilada.

Entre estas cimas negras y agudas, entre los penachos de las palmeras, por la noche brillan radiantes las estrellas en un cielo límpido, en una atmosfera tibia, en un ambiente de reposo y silencio.

Esperando al obispo Maura. Colección Antonio Luis Galiano.

La ciudad, que tiene por marco esta huerta, es pequeña y llena de paz. No pasa nada en sus calles y en sus plazas. Hay en ella una o dos modestas fondas en que los viajantes de comercio —ellos solos, sin nadie más — discuten a tiempo de yantar, en un desierto comedor.

Las campanitas de las iglesias tocan con sus voces de cristal a todas horas. Los cafés están solitarios y casi a obscuras por la noche. En las callejuelas desiertas se ve de tarde en tarde un grupo de viejas enlutadas que van o vienen a una iglesia.

José M. Pérez Basanta.

La catedral es chiquita, con una bella reja en que un maestro antiguo lució sus primores y arte; los canónigos entran y salen silenciosos con sus ropones escarlata en una sacristía ancha y helada. Se respira una paz profunda en la ciudad. Sobre la paz, sobre el silencio, el río, un río rojo y torvo, que cruza el pueblo y pone un rumor sordo y formidable.

Colección Javier Sánchez Portas.

El Obispo Maura vive en un vetusto palacio situado de espaldas a este rio. El palacio tiene una espaciosa y majestuosa escalera de mármol rojo; en el último descanso, allá arriba, unas vidrieras de colores, con grandes blasones rojos, verdes, azules y amarillos, dejan entrar una luz suave.

Escalera del Palacio. José M. Pérez Basanta.

Hay en el palacio vastas salas con el pavimento cubierto de estos viejos ladrillos — blancos con dibujos azules— de cascarilla, sobre que pisaron las gentes del siglo XVIII, con sus casacas y sus pelucas.

Corredores llenos de penumbra llevan a archivos y salas de oficinas en que los clérigos plumean. Se ven en las paredes de un salón retratos de antiguos prelados; abrimos y cerramos puertas gruesas y bajas, puertas de cuarterones.

Juan Maura y Gelavert

El Obispo Maura está sentado en una espaciosa silla, ante una mesa. Es sencilla la estancia; las sillas y los demás muebles son modestos; es invierno y sobre el pavimento no hay alfombra ni estera; una delgada alcatifa rodea solo la mesa, que se halla colocada en medio de la sala. El Obispo está sentado en un ancho sillón. A un lado de la mesa hay un rimero de papeles y notas; a otro, ocho o diez libros nuevos, recientes.

El prelado tiene los ojos vivos, escrutadores, de mirada elocuente, de hombre de estudio y de energía. Lleva un pañuelo blanco, de seda, al cuello; la nota nítida, alba, destaca y forma bella armonía con el negro de la sotana; y sobre la sotana, a lo largo del cuerpo, lucen también sobre la negrura unos anchos botones rojos. La frente del prelado es ancha, inteligente. Sobre la cabeza está el solideo morado con una borlita verde.

Palacio Episcopal de Orihuela.

El Obispo Maura lee y estudia de continuo en su biblioteca. Sus lecturas son, principalmente, de libros modernos. Es un filósofo; sus pastorales representan un profundo conocimiento de todo el moderno trabajo filosófico y sociólogo, Taine, Fouillée, Tardé, Spencer, Guyau, Renouvier, Nietzsche, Schopenhauer, son familiares al prelado.

Para combatir al enemigo es necesario conocer bien sus armas; el Obispo Maura conoce perfectamente los filósofos, sociólogos y publicistas de quienes habla.

Su entendimiento es sutil, delicado; hay en él esa experiencia de las cosas y de las ideas que sólo se encuentran, no en los hombres que han leído mucho y estudiado mucho, sino en aquellos que han sabido leer y que han llegado a alcanzar ese grado de cultura exquisita, suprema, que permite ver lo que hay de permanente y válido en la obra del entendimiento humano y lo que hay — a pesar de las apologías y de los entusiasmos — de deleznable y fugaz.

Así el insigne prelado tiene una sonrisa indulgente e irónica para todas estas novedades y fantasías filosóficas de ahora: pracmatismo, amoralismo,  superhombría netzchana, etc.

Él sabe que todo en las especulaciones humanas se repite; que solo hay una verdad fundamental inconmovible; que los filósofos y sofistas helenos imaginaron ya todo lo imaginable; y que en definitiva ateniéndonos a los tiempos modernos, todo lo que se ha hecho y se está haciendo desde Kant a la fecha, son cosas ya sabidas a las que se intentan colocar otros nombres. Hombres de esta modalidad intelectual son rarísimos.

Hallareis espíritus llenos, atiborrados de cultura libresca al tanto de toda novedad, al corriente de cuanto se dice y escribe; pero, ¿cuantos hallareis que hayan llegado a este grado supremo de saber el libro que no es preciso leer, y de conocer y saber apreciar en el leído lo que es novedad solo en el nombre — a pesar de los elogios de la opinión — y lo que es matiz realmente original y profundo, muchas veces, casi siempre desconocidos e ignorado por esa misma opinión?

Entierro del Obispo Maura. En los Hostales. Colección Javier Sánchez Portas.

El Obispo Maura pertenece al escaso número de estos hombres; él vive modestamente en su viejo palacio; le rodean los libros; no tiene ambiciones; lee a los filósofos a ratos, y a ratos pasea por las anchas salas y estancias. El Obispo Maura es primo hermano del insigne estadista que preside los consejos de la Corona.

José Martínez Ruiz «Azorín»

Transcripción de Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)

Campo de Trabajo de San Miguel.

Excepcional fotografía realizada por el Ejercito del Aire en 1935. Archivo Cánovas Seiquer.

El Campo de Trabajo de San Miguel.

En diciembre de 1936, dentro de las reformas acometidas por el ministro de Justicia, Joan García Oliver, se reguló la creación de los Campos de Trabajo con el lema: “Trabaja y no pierdas la esperanza”. De esta forma, un anarquista clausuraba las arbitrarias cárceles regidas por los comités locales del Frente Popular; como la del Colegio Jesús María en Orihuela. 

El primero de estos centros se estableció en Totana (Murcia) en abril de 1937. El Campo de Trabajo oriolano comenzó a gestarse en febrero de ese mismo año, cuando el alcalde Francisco Oltra, recibió la visita del director general de Prisiones en busca de un edificio para instalar un penal.

Vicente Sol Sánchez, ex gobernador civil de Sevilla y natural de Crevillente, quedó admirado por las condiciones que ofrecía el Seminario Diocesano como centro penitenciario.

Colección Javier Sánchez Portas.

Sin más dilación, el Consistorio aprobó los presupuestos para variar el trazado y rasante de su rampa de acceso; y solicitó el envió de fondos por parte del Ministerio de Hacienda que ya había ofrecido una importante suma como compensación a los cuatro millones de pesetas que Orihuela había entregado a dicho organismo en oro, plata y valores incautados a las congregaciones religiosas de la ciudad.

Construcción rampa de acceso al Seminario ocupando la Plaza de Caturla. AMO

La mañana del 16 de julio de 1937 los doscientos primeros presos subieron la empinada cuesta del que se llamó Campo de Trabajo de San Miguel.

Al principio tuvieron que acondicionar y rehabilitar el viejo edificio del Seminario. Disponemos de un informe realizado por un alemán en nombre de la Cruz Roja Internacional en agosto de ese mismo año.

El anónimo inspector examinó el campo recién abierto; y desde Valencia redactó el documento en francés. Me he permitido traducirlo.

Mi agradecimiento a Manuel José Aliaga,

Valencia, 23 de agosto de 1937. Campo de Trabajo de Orihuela. Visita el 10 de agosto de 1937.

A las 17 horas. Por un camino estrecho, zigzagueante en la ladera, accedemos a un viejo convento construido sobre un bloque de roca desde donde disfrutamos de una vista magnífica sobre toda la región de Murcia.

El convento hoy transformado en prisión es un inmenso edificio a punto de caer en ruinas. Sin puertas ni ventanas. Su parte sur completamente en desuso, dado su avanzado estado de degradación.

Los prisioneros se amontonan en la parte norte. 732 prisioneros, incluyendo: 1 dentista (condenado a dos años); alrededor de: 10 médicos; alrededor de: 100 contables; alrededor de: 50 abogados.

Casi todos los detenidos son de profesiones liberales. De estos 732 prisioneros, solo 50 están condenados a menos de 30 años de prisión.

Horario: 7,00 h. Diana; 7,30 h. Desayuno; 8,00 h. Trabajo hasta las 12,00 h.; 12,30 h. Comida y descanso hasta; 14,45 h. Trabajo hasta las 19,00 h.; 19,30 h. Cena; 22,00 h. Se apagan las luces.

Los hombres comprendidos entre los 18 y los 45 años (excepto los enfermos) trabajan plenamente. Trabajo atenuado para los hombres entre 45 y 50 años. Para prisioneros mayores (alrededor de 12) trabajos ocasionales.

Las visitas están autorizadas los domingos solamente. La comida se puede traer 3 veces por semana. Los prisioneros están literalmente aparcados en largos pasillos, los colchones apretados unos contra otros. Durante el día enrollados; extendidos llenan completamente el ancho del pasillo.

Las familias pueden proporcionarles mantas. Los detenidos ocupan algunas habitaciones todavía en proceso de transformación. Todo el edificio está también en reparación; instalamos duchas, lavabos; las habitaciones están todas repintadas y renovadas. Hermosa enfermería en preparación: espacioso, claro, bien ventilado.

Calculo que dentro de dos meses los trabajos principales estarán terminados y los prisioneros podrán ocupar las partes norte y sur. Por el momento trabajamos intensamente en la renovación de este edificio para asegurar lo más pronto posible una apariencia de comodidad.

En el interior del edificio, dos patios cuadrados bastante espaciosos. Frente al monasterio, una espacio amplio que sirve como lugar de recreo y comedor.

Patio del Seminario. Colección Tejuelo.

Durante mi visita, todos los detenidos (cabellos cortos, pantalones grises, camisa kaki) fueron reunidos en el patio. Hablé con algunos y se quejaron del trabajo agotador, sobre todo para personas que no están acostumbradas a ese tipo de trabajo; y sobre todo de la comida insuficiente «justa para no morir».

La leche es completamente desconocida. Por la tarde, un grupo de trabajo dirigido por soldados armados desciende al pueblo de Orihuela y se encarga de las compras de alimentos.

El director de este campo de trabajo es un hombre activo, inteligente, habiendo trabajado como director en otras varias prisiones.

En resumen, no tenemos la impresión de una disciplina de hierro; más bien una apariencia de «dejar ir». Definitivamente y bajo circunstancias excepcionales, un trabajo de remodelación en curso.

Si los detenidos están hoy en malas condiciones, podemos asegurar que, de aquí a dos meses, este establecimiento será uno de los más modernos de la zona leal.

Cuenta cumplida. (Nuestra ficha: G. 546 PNC/val.). Quien declaró ser el único alemán en este campo.

Archivo Cánovas Seiquer.

El citado director era Manuel Díaz Duque; utilizando palabras de posguerra: «hombre de nobles sentimientos, caballeroso, que tenía simpatías por el salvador Movimiento Nacional».

El subdirector y administrador se llamaba Virgilio Fuentes Alonso; otro «católico muy reservado que se mostró firme entusiasta del triunfo de las tropas Nacionales y su Caudillo y condenó los crímenes y destrucción marxistas».

Los presos conocían las preferencias de Díaz Duque y de sus colaboradores y no dudaron en involucrarlos en todos los planes conspiratorios contra la República.

No hubo preso que no tuviera madrina, ni familia acomodada que no hubiese tomado a su cargo uno por lo menos. Las cestas con provisiones y golosinas no faltaban nunca en la puerta del penal, y gracias a esta generosa y caritativa actitud de la mujer de esta tierra fue llevadera la situación de los reclusos.

Además se organizó un servicio de alojamiento de las familias que venían a visitarlos. Ayudó mucho a esta piadosa obra la inteligente y hábil conducta del jefe del penal, que secundó maravillosamente aquella labor sin despertar las sospechas de los dirigentes rojos. 

Don Manuel Díaz Duque, que así se llamaba este funcionario, estaba en trato continuo conmigo, descubriéndome sus pensamientos y secundándome con toda lealtad e interés, sirviendo a la causa nacional con gran sacrificio y eficacia.

No dejaba de acudir un rosario de gentes cargadas de cestas y paquetes que formaba como un sendero de hormigas por las rampas que conducen al Seminario.

Las citas anteriores pertenecen al libro «De mi vida: hombres y libros», del oriolano José Martínez Arenas, publicado en Valencia en 1963.

Las madrinas estaban organizadas, como en el resto de España, en torno a «Socorro Blanco», entidad nacida en enero de 1933, en el seno de la Comunión Tradicionalista.

Esta organización estructurada a nivel local, contaba con numerosas mujeres que, en memoria de la reina carlista, Margarita de Borbón, adoptaron el nombre de «Margaritas».

Concebido inicialmente como medio de ayuda entre carlistas, durante la Guerra Civil apoyaron económicamente y escondieron a derechistas, religiosos y otros perseguidos por el Frente Popular. También prestaron apoyo a los presos y a sus familias, trabajando en la clandestinidad mediante grupos aislados apoyados y financiados en secreto por los propios vecinos y simpatizantes.

Enero de 1933: Del enemigo el consejo, suele decirse; y efectivamente del enemigo tenemos que aprender muchas cosas los que militamos en el campo de las derechas.

Los prisioneros comunistas cuentan con una organización económica mediante la cual recaudan lo que llaman «socorro rojo». Tomando lección del ejemplo de nuestros contrarios en ideologías, se ha determinado hacer permanente esta cuestación en favor de los nuestros perseguidos, fundando esta comisión recaudadora con el nombre de «socorro blanco», en contraposición del «socorro rojo» que los comunistas y sindicalistas tienen admirablemente organizado.

La delegada de dicha organización en Orihuela fue María Bautista Pérez de Torres, quien construyó un elaborado refugio en el Paseo tapiando dos habitaciones con una entrada camuflada y con salida a una vivienda contigua. Como nota anecdótica, yo nací en esa casa veinticinco años después de terminar la guerra.

Refectorio del Seminario. Colección Javier Sánchez Portas.

Martínez Arenas afirma también que el comportamiento de Díaz Duque no despertaba sospechas entre las autoridades; pero las denuncias por trato de favor a los reclusos fueron numerosas y el gobernador llegó a encargar un informe que fue realizado por la Comisaría de Inspección y Vigilancia. 

El documento que el inspector Perfecto Palacios (otro que luego cambió de bando) dirigió al alcalde es muy revelador. Os transcribo un resumen y dejo el original en el anexo documental.

La mayoría de los reclusos ostentan de forma provocativa medallas, escapularios y santocristos. Esta misma tarde se han contado más de cien.Hay un preso condenado a catorce años que baja diariamente al pueblo sin ninguna vigilancia y hasta hace unos días ha sido el que guardaba el cuarto de armas, teniendo en su poder una llave de dicha dependencia.

A la hora del rancho, unos reclusos comentaban: El día que triunfen los nuestros, algunos se van a comer el correaje y las barrigas. 

La mayoría de los reclusos tienen navajas en su poder y el régimen de prisiones no se cumple ni por asomo, hay vigilantes que bajan con los reclusos y ofrecen a estos copas de coñac.

El médico destinado por la Dirección para el establecimiento, sólo ha subido el día que tomó posesión, haciendo sus servicios un médico recluso que tiene habitaciones particulares y un ordenanza.

Los reclusos echan directamente en el buzón de correos sin pasar por la censura.

Los reclusos se vanaglorian diciendo a los empleados que preparen bien el penal pues va a servir para los rojos.

Al comunicar al director estos desmanes, contesta que no hay que hacer caso, que había Orden Ministerial de tratarles con toda consideración y respeto.

En octubre de 1937, ante las repetidas quejas, la Inspección Provincial de Prisiones inició un expediente para depurar las supuestas irregularidades en el Campo de San Miguel. 

A consecuencia del mismo, el funcionario Santiago López Fernández fue trasladado a la Prisión de Jaén pretextando una lesión cardíaca que le dificultaba el ascenso por la empinada cuesta de la de Orihuela.  

Lo cierto es que la Alcaldía se había quejado de su comportamiento ofendiendo a un guardia municipal.

Inspección Provincial de Prisiones. Aclaración. En el número 78 de «Nuestra Bandera» correspondiente al día 6 de octubre apareció un suelto en el que con referencia a las diligencias que se vienen practicando en el Campo de Trabajo de Orihuela, para depurar supuestas irregularidades, se aludía a determinaciones adoptadas con algún funcionario y se establecía el supuesto de que todas estas diligencian dieran por resudado que «la cuerda se rompiera por lo más delgado».

Por si esta alusión, como parece, hace referencia al traslado del vigilante de dicho Campo de Trabajo, don Santiago López Fernández, a la Prisión Jaén es de justicia consignar que, si se ha procedido al traslado del referido funcionario es porque en la Dirección General de Prisiones existe instancia del interesado de fecha 25 de Agosto último, solicitando traslado a otro establecimiento fundándose en que una lesión cardíaca le molesta para prestar servicio en el Campo de Trabajo de Orihuela establecido en un lugar muy alto al que hay que llegar a pie subiendo una pronunciada cuesta.

Y también porque la Alcaldía de Orihuela, en fecha 17 de septiembre último, informó de que el citado funcionario «se inmiscuyó en asuntos de índole municipal que a él no interesaban, llegando incluso a ofender a un guardia municipal a las órdenes de dicha alcaldía».

Al recibirse esta denuncia en la Dirección General de Prisiones, y teniendo en cuenta la petición de traslado del interesado, hechos ambos acaecidos con anterioridad a la iniciación de expediente en el Campo de Trabajo de Orihuela, se consideró conveniente destinar a Don Santiago López Fernández a la Prisión de Jaén, donde sus servicios, por razones especiales del momento podían ser de utilidad.

En la Dirección General de Prisiones no se tenía como es natural, ninguna noticia de que el citado funcionario Don Santiago López Fernández estuviese relacionado con el expediente que se instruye respecto al régimen del Campo de Trabajo de Orihuela pues, como queda dicho, el traslado se debe a hechos anteriores a este expediente. Alicante, 15 de Octubre de 1937.

Vigilantes del Campo Izquierda Republicana.

A comienzos de 1938 el Partido Comunista redactó un informe denunciando que tan sólo tres vigilantes custodiaban a 1.400 reclusos; estando incapacitados para efectuar cacheos, formaciones y cualquier otro acto disciplinario con el agravante de que en el locutorio, al carecer de reja metálica, los presos podían sacar las manos entre los barrotes recibiendo todo tipo de objetos de los visitantes.

Vigilantes del Campo Partido Comunista.

Tampoco encontraban dificultades los presos para celebrar misas; teniendo en cuenta que el director convivía con sus hijos y un sobrino a los que daba clase un fraile recluso conocido como el padre Demetrio.

Era tal la familiaridad con los «fascistas», que el día de su santo acudieron a felicitarle en grupos de cinco en cinco, recibiendo cigarros «Farias» y cajetillas de tabaco.

En contestación a su escrito interesando informe de la conducta político social del empleado de prisiones MANUEL DÍAZ DUQUE, he de manifestarle que durante su permanencia en el Campo de Trabajo de esta ciudad observó buena conducta con los detenidos; oían misa todos los días, cosa que consentía y veía con sumo gusto.

También les facilitó armas a los detenidos por si les eran necesarias en los últimos momentos, todo ello durante la época roja. Es persona completamente afecta a la Causa Nacional. Dios guarde a Vd. Muchos años. Orihuela 13 de enero de 1940.

Seminario. Colección Tejuelo.

En la primavera de 1938 el director Díaz Duque dio un paso más involucrándose directamente en «la quinta columna» (este término nació cuando el general Mola enumeraba las fuerzas disponibles para asediar Madrid.

A las cuatro columnas que hacia allí se dirigían añadió una quinta formada por los simpatizantes al alzamiento que desde dentro de la capital trabajaban para ellos en la clandestinidad).

El dirigente falangista José Mallol, detalló en sus memorias cómo negoció con el director para unirlo al complot que acabaría tomando la ciudad de Orihuela para las tropas de Franco.

Le pido audiencia al director y cuando voy a verle, le hablo sin tapujos: Se quien es usted y como piensa, el hombre es hijo de las circunstancias y éstas le han traído a usted aquí.

Le comunico lo que se está preparando en la calle, a la espera de que las fuerzas nacionales lleguen al Mediterráneo. Quisiera que con la misma franqueza con la que yo le he hablado, me contestase. 

¿Qué actitud será la suya si esto llega a producirse? ¿Estaría Vd. con nosotros? o ¿querrá tratar de capear el temporal para jugar a cartas descubiertas?, tenga en cuenta que aquí somos un millar de hombres desesperados y es muy peligroso querer jugar con nosotros. 

Le ruego me mande llamar para comunicarme cual es su actitud y si es afirmativa como espero, ponernos a trabajar de inmediato en la empresa, que ha de anticipar el fin de la guerra. 

Tres días después, me llama el director, dice que está con nosotros y que cuando llegue el momento, ya dará instrucciones. Le dije que, o yo no me había sabido expresar o él no me había entendido. Si lo que esperamos se produce, el que daría las órdenes sería yo y Vd. hará que se cumplan. 

Yo represento aquí a la Falange y como jefe de ella actúo y no me es posible admitir, ya que mi organización no toleraría, ninguna autoridad superior a la mía. 

Mientras estemos en el interior del edificio, Vd. aparentará ante los reclusos ser la máxima autoridad; pero no será así, si hay que actuar yo asumiré el mando. Nos dimos la mano como caballeros y acto seguido, le dí instrucciones.

Suministros 1938 AMO.

En Orihuela, una de las ciudades con más solera carlista de España, la Comunión Tradicionalista no aceptó fácilmente el decreto de unificación con Falange Española dictado por Franco. 

Ángel García Rogel y Juan Villaescusa, como miembros más destacados del carlismo local, mantuvieron el liderazgo sobre los presos «requetés», aceptando que el dirigente falangista José Mallol, jefe provincial de Falange en la clandestinidad y por lo tanto elemento de mayor rango, asumiese el mando. 

Trasladado Mallol a Valencia, no es de extrañar que Ramón Pérez, afirmara que en el Penal de San Miguel, «don Ángel García Rogel, mandaba más que el director de la cárcel».

Estudiando el resto de los informes políticos redactados tras la «liberación» comprobamos que los oficiales de prisiones y maestros profesionales destinados en San Miguel eran abiertamente afectos al caudillo; y no ocultaban su simpatía y adhesión al «Glorioso Movimiento Nacional». 

Hasta el punto que uno de ellos se consideraba tan fascista como el que más; y otro, antes de la guerra había pertenecido a la Comunión Tradicionalista de Cartagena.

Os he dejado unos cuantos informes sobre el comportamiento de todos los funcionarios en el apartado documental.

La conducta demostrada por los funcionarios con los cautivos, fue calificada de «intachable y caballerosa, demostrando un trato de bondad, simpatía y benevolencia». 

Se preocupaban de la alimentación hasta el punto de que en agosto de 1938, el concejal Ambrosio Durá, pidió a la dirección del Campo de Trabajo que ocultase el reparto de pan entre los reclusos ante la carencia del mismo para la población local.

También les dejaban celebrar misas y recibían información puntual a través de prensa y radio. Los jueves y los domingos eran días de comunicación y los cautivos, recibían las visitas de sus familiares o de las «madrinas» de Socorro Blanco. 

Pongo en conocimiento que anoche se presentó en esta inspección Emilio Sempere Cabrero, el que denunció al cabo Casanova que, en San Miguel, en la 3ª ventana del último piso de la derecha, ha visto que hacen señas con las luces en sistema Morse, y que tiene interés en que se vigile. El denunciante habita en el Hospital de Sangre de esta ciudad. Salud y República.  

Los encargados de los talleres no obligaban a trabajar a los presos más de lo que querían. El maestro zapatero del Campo pertenecía al Partido Comunista y se las arreglaba para informarles de los acuerdos que tomaba dicho partido. 

Sólo hemos encontrado un par de informes negativos; como el de un maestro carpintero al que acusaban por «amonestar severamente a los presos por cosas insignificantes y hacerles realizar trabajos fuera del penal que luego cobraba él».

La actitud de los dirigentes del campo fue premiada por los vencedores al acabar la contienda. En abril de 1939, el director, Manuel Luque, fue nombrado inspector central de Prisiones y ocho meses después, inspector de Prisiones de Canarias. 

El subdirector, Virgilio Fuentes Alonso, emprendió una exitosa carrera que comenzó en el Campo de Totana, manteniendo su rango. Al cerrar éste en 1943, pasó al Penal de Chichilla y en 1958 dirigía la Cárcel de Mujeres de Valencia.

A partir de abril de 1939 el penal se llenó de presos del otro bando; como el propio Miguel Hernández. Dos años sirvió como cárcel franquista.

Los condenados, según reza en otro informe que encontraréis en el anexo, salieron el 20 de junio de 1941 con destino a Formentera (Baleares) y al Reformatorio de Adultos de Alicante.

Los pendientes de sentencia marcharon a la Prisión Fábrica número 2 de Elche.

Traseras del seminario antes de la rehabilitación. Colección Esteban Sanmartín.

El seminario oriolano volvió a su función original y fue rehabilitado por el arquitecto Serrano Peral entre los años 1946 y 1951.

Antonio José Mazón Albarracín. «Ajomalba».

Basado en el libro «La II República y la Guerra Civil en Orihuela, Vistas desde el Puente de Rusia».

Anexo documental. Archivo Municipal de Orihuela:

Informe «cárceles rojas»
Listado presos nacionales 1937/1939
Listado Listado presos nacionales 1937/1939
Listado presos nacionales 1937/1939
Listado presos nacionales 1937/1939
Informe del inspector Perfecto Palacios.
Informes Funcionarios de prisiones.
Informes Funcionarios de prisiones.
Informes Funcionarios de prisiones.
Informes Funcionarios de prisiones.
Informes Funcionarios de prisiones.
Informes Funcionarios de prisiones.
Informes Funcionarios de prisiones.
Interrogatorios a las visitantes con suministros.
Interrogatorios a las visitantes con suministros.
Expulsión de los familiares de presos.
Información sobre el cierre del penal franquista en 1941.

Biografías apuntadas: Pepe Madaria y el «Tiro de Pichón».

Alicante siglo XIX. J. Laurent

Prefacio.

En 1881 la sociedad de cazadores de Alicante anunciaba la práctica del tiro de pichón y de gallina en el sitio denominado «Lometas de San Blas», al oeste del castillo de San Fernando.

Numeroso gentío acudía a admirar y aplaudir la destreza de los tiradores que, antes de empezar, abonaban el precio del puesto y sacaban por suerte el lugar que les correspondía.

Seis años después, los «sportmen» alicantinos celebraban la inauguración de un nuevo tiro de pichón en la partida de San Blas.

Estaba organizado por el círculo de cazadores y contaba con todas las comodidades y adelantos de las grandes capitales, donde este deporte era una de las diversiones favoritas de la «high life».

Alfonso XIII en el Tiro de Pichón.

Aunque el tiro de pichón era ya muy popular, la declarada afición del rey Alfonso XIII y de sus amigos aristócratas a ejercitarse con la escopeta a principios del siglo XX otorgaron prestigio a este «sport» de las clases pudientes, multiplicándose las «sociedades de tiro».   

En enero de 1904 un grupo de jóvenes encabezados por el médico José de Madaria se propusieron instalar un «tiro de pichón» en Orihuela para que funcionase durante los meses de febrero y marzo.

¿Quién era este médico?

De Madaria Rubio

Vista general de Orihuela. Charles Clifford, 1862. Colección Javier Sánchez Portas.

El primer miembro de esta familia que recaló en Orihuela fue José de Madaria Izaguirre, coronel de la Guardia Civil del tercio de Valencia, natural de Orduña (Vizcaya).

Coronel José de Madaria e Izaguirre. Valencia. 1 de mayo de 1879. Estudio Geniscans y Cía. Calle Zaragoza, 12. Colección de Enrique de Madaria Ruvira. Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas.

Fallecida su primera esposa, se había casado en 1852 con Juana Rubio Mesples, natural de Bigastro. José tenía 35 años y era todavía teniente.

De los tres hijos que sacaron adelante, Concepción (1853) y José (1866) fueron bautizados en Bigastro. Por algún motivo, su primer hijo varón de nombre Severiano, fue bautizado en Novelda en 1856.  

Boletín Oficial Santander 1865.

De teniente pasó a capitán; y en 1865 era comandante de la Guardia Civil de Santander. Llegó a Orihuela en julio de 1878, con el grado de coronel.

En enero de 1879 presidió un Consejo de Guerra en las Islas Baleares contra dos guardias civiles que fueron ajusticiados. Se retiró en 1880 y falleció en Orihuela en 1896 .

El Segura. 10 de julio de 1878: Ha llegado a esta ciudad (Orihuela) el Sr. D. José Madaria, Coronel de la Guardia Civil del tercio de Valencia.

Su hijo mayor, de nombre Severiano, se inició en la carrera militar en la tercera guerra carlista, luchando en el bando de los liberales, etiqueta política de la que presumió toda la vida.

Licenciado en Derecho, contrajo matrimonio con la oriolana Ana Balaguer Muñoz, en enero de 1886, cuando era teniente del Batallón de Reserva de Orihuela.

Por esas mismas fechas se presentaba en la caja de reclutas de la zona militar de Orihuela la carta de pago de redención en metálico de su hermano, el mozo de reemplazo José de Madaria Rubio.

Redención en metálico.

Nacido en Bigastro en 1866, José no escogió la carrera militar como su padre y su hermano. Estudió con los jesuitas en el Colegio de Santo Domingo y se licenció en Medicina y Cirugía en 1889.

Su título se recibió en el Gobierno Civil de la provincia en 1890; y ese mismo año abrió su consulta de Urología en la calle de San Agustín número 9 de Orihuela.

El Diario de Orihuela, 1890.

Un detalle confuso para mí, es su relación con Torremendo. No tengo claro si vivía allí o comenzó su carrera como médico en dicha pedanía.

En septiembre de 1890, cuando hacía ya cinco meses que tenía abierta la consulta en Orihuela, se pudo leer en un semanario oriolano:

La prensa. 21 de septiembre de 1890: Hemos tenido el gusto de estrechar la mano de nuestro amigo muy querido el joven y reputado médico de Torremendo D. José de Madaria, quien ha pasado breves días en esta ciudad al lado de su distinguida familia.

Al principio pensé que era un simple errror. Pero dos años después, en «El Defensor de Orihuela», Antonio Pescetto, hemano del alcalde, utilizando los seudónimos «Tripas y Guindilla», escribió una sátira titulada «Entre Pepe y Pepito», en la que se burló de Madaria poniendo en duda su contratación como médico municipal.

Y parodiando a Molière, le llamó «el médico a palos de los de Torremendo». Madaria se declaró ofendido y Pescetto lo remitió a los tribunales. A lo que Madaria respondió:

El independiente. 4 de julio de 1892: Los Tribunales de Justicia solo deben estar a nuestra disposición para resolver asuntos criminales y con cierta clase de gentes, como me sucedió en el campo donde fui agredido al reclamar el pago de mis honorarios como facultativo.

A lo que Pescetto respondió: Si el Sr. de Madaria me quiere saludar, en mi casa me encuentro; y si gusta, también iré a los Saladares de Torremendo.

La polémica con su nombramiento se mantuvo el resto de 1892.

Tras un año como médico municipal interino le habían concedido la plaza en propiedad. Pero la decisión fue impugnada y revocada desde el Gobierno Civil.

En diciembre, ya como médico titular de la Beneficencia municipal en el distrito del Arrabal Roig, pidió un mes de licencia para poder tomar parte en las oposiciones a médicos segundos del Ejército.

En 1893 se enfrentó a una epidemia local de viruela con epicentro en La Aparecida.

El independiente. 28 de septiembre de 1894: Record ciclista. Procedentes de la villa de Torrevieja llegaron ayer a las 6 h. 12 m. de la tarde nuestros queridos amigos los distinguidos ciclistas D. José de Madaria y D. Gregorio Ponzoa, que el día anterior salieron para dicha población deteniéndose breves momentos en Albatera, Catral y Dolores, recorriendo en esta primera expedición 46 kilómetros en tres horas.

Como dato curioso de este record, debemos hacer constar que dichos señores, a su salida de Torrevieja, depositaron un telegrama a las 4 de la tarde, no recibiéndose este aquí hasta después de media hora de llegar los expedicionarios.

Antes de dedicarse a la caza y al tiro, promocionó la práctica del ciclismo, un «nuevo e higiénico sport». También colaboraba en varios periódicos.

Y su consulta evolucionaba con los últimos adelantos sin abandonar la asistencia gratuita a los pobres, en horario de tres a cinco. En 1896 realizó con éxito una delicada extirpación de cataratas.

El independiente. 7 de julio de 1894: Ha obtenido el título de practicante de medicina y cirugía menor con la nota de sobresaliente en la facultad de Valencia, el inteligente industrial D. Mariano Gilabert, ayudante de la clínica médica y operatoria que con éxito cada día más favorable, tiene establecida en su casa de la calle de San Agustín de esta ciudad el Dr. Madaria.

El orden. 13 de abril de 1895: Consultorio. Médico-Operatorio dirigido por D. José de Madaria, en San Agustín, 9 de Orihuela. Tratamiento de la difteria en sus múltiples manifestaciones; difteria faríngea (angina); laríngea (crup o garrotillo); nasal; ocular, etc. Según el procedimiento del Doctor Roux, con el suero de dicho señor y aparatos directamente recibidos de París.

No sé si tuvo algo que ver. Pero después de sufrir un ataque de reuma, comenzó su pasión por la caza. Formó parte del primer proyecto de una «sociedad de cazadores»; figurando su propio domicilio para recibir las adhesiones.

El Thader. 28 de enero de 1896: Han regresado de las islas del barón de Benifayó, donde se encontraban dedicados a los ejercicios cinegéticos, nuestros amigos D. José de Madaria y D. Vicente Rodríguez. Han «cobrado» muchas piezas.

Dehesa de Campoamor.

El ateneo de Orihuela. 10 de enero de 1897: Con objeto de poder dedicarse a los placeres cinegéticos, parece ser que se trata de fundar aquí en la ciudad una sociedad de cazadores que tomarán en arriendo la Dehesa de Campoamor.

Hasta ahora han manifestado su conformidad con dicho proyecto los aficionados señores Martínez, Giménez, Pérez, Rubio, Capdepón, Lizón, García y Madaria. En casa de este último señor se reciben adhesiones hasta el jueves próximo, en que se realizará la primera expedición.

Despidió el siglo como presidente de la Cruz Roja, entidad organizadora de los famosos Juegos Florales celebrados en 1900.

El 4 de septiembre de 1901 contrajo matrimonio en la capilla del Palacio Episcopal de Orihuela con Mercedes Garriga Mercader. Bendijo la unión el canónigo de la Colegiata de Alicante, Manuel Bañón Muñoz.

Y fueron los padrinos, el padre de la novia, José María Garriga y la hermana del novio, Concepción de Madaria.

Escudo del obispo José Flores Osorio. Palacio Episcopal de Orihuela.

En cuanto a su hermano Severiano, en 1887, ya retirado del Ejército con el grado de capitán, tenía su bufete en la calle de Santacruz número 14. Un año después lo trasladó a la vecina calle de Santa Lucía número 9.

Decano del colegio de abogados y presidente del Casino Orcelitano, fue concejal y alcalde de Orihuela. Falleció en el cargo, en septiembre de 1906, justo cuando comenzaban las fiestas del sexto centenario del hallazgo de la Virgen de Monserrate, en cuya organización se había implicado muy activamente.

Esquela en «Unión Republicana».
Orihuela, septiembre 1906. VI Centenario de la Virgen de Monserrate.

El Tiro de Pichón en San Antón.

Metido de lleno en el mundo de la escopeta, Pepe Madaria se reunió a principios de 1904 con un grupo de amigos para organizar un «tiro de pichón» en las inmediaciones de San Antón, cerca de su ermita. Una instalación provisional que funcionase durante la temporada de carnaval y cuaresma.

Ermita de San Antón

José de Madaria, Enrique Arroyo, Francisco Germán Ibarra, José Escudero, Alfredo Bueno, Francisco Ballesteros Meseguer y Juan López establecieron una sociedad para tal menester.

Era sólo el principio. En un futuro pretendían organizar el Tiro Nacional en Orihuela, un deporte que estaba despertando gran entusiasmo entre la población.

Para el 21 de febrero, en el plano de San Antón, la nueva sociedad dispuso las instalaciones para llevar a cabo los ejercicios de tiro de pichón y tiro de gallina. Montaron también un tiro al blanco con escopeta carabina, pistola y revolver.

Elche, 1913

La inauguración del aquellas instalaciones prometía ser atractiva y novedosa; y para la ocasión encargaron 200 palomas en Albacete.

Los entusiastas organizadores invitaron a las autoridades, centros culturales, asociaciones y otras personalidades; asegurando que los beneficios que obtuviesen serían destinados a los establecimientos de la Beneficencia local.

Los puestos de los tiradores estaban numerados y se adjudicaron por sorteo; nombrando un jurado presidido por el concejal Luis García.

Se inauguró el día previsto; una hermosa tarde de primavera con gran animación y mucha concurrencia femenina. Para mayor comodidad de las señoras y de los aficionados en general prepararon unas sillas.

Según cuenta la prensa, la jornada no fue muy afortunada para los tiradores; desperdiciando mucho plomo.

Destacaron tanto en el tiro al palomo como a la gallina, el propio Madaria, Cremades, Arroyo, Lacy, Ortega, Germán, Pescetto, Soler y, como no, Juanito Rogel, el del Café Europeo.

Como nota negativa de aquella inauguración, un sujeto sostuvo un altercado con un alguacil del juzgado por la pertenencia de un palomo que había caído herido. El individuo acabó detenido por el propio alguacil.

La comarca. 18 de marzo de 1904: Mañana sábado, festividad de San José y al día siguiente domingo por la tarde, habrá tiro de pichón en la explanada de San Antón.

Entre la juventud orcelitana reina gran entusiasmo por este patriótico sport. El tiro promete verse muy animado estos días.

La experiencia se fue prolongando en el tiempo con gran éxito, adquiriendo gran cantidad de pichones para la festividad de San José.

El tiro se mantuvo muy concurrido hasta su cierre; ya entrado el mes de abril.

Balneario de San Antón.

Al llegar el verano, la sociedad decidió trasladar el espectáculo a Torrevieja; programando la inauguración para el primer domingo de agosto.

José de Madaria se encargó de organizar los preparativos para que el «sport» reuniese las mejores condiciones en la costa.

Torrevieja a finales del siglo XIX.

La comarca. 10 de agosto de 1904: De Torrevieja. Con muchísima concurrencia de forasteros y la mar de fresco en esta deliciosa playa, ha llegado el sábado por la noche la banda de música de Rojales.

(…) A las seis se efectuó el tiro de pichón con mucha concurrencia, vimos entre otros tiradores a los Sres. Marqués de Lacy (hijo), don José de Madaria, D. Miguel Cremades, D. Francisco Franco y otros que sentimos no recordar.

El diario orcelitano. 11 de agosto de 1904: Lo más grato, — El tiro de Pichón. — Para el asalto de armas. Sorprendente, atractiva y sugestionante ha resultado la fiesta del tiro de pichón, organizada por la sociedad de tiro de esa, de la cual es alma, mi distinguido amigo el reputado facultativo D. José de Madaria.

Sitio en que se instaló el campo de tiro, el más pintoresco; las rocas, a cuyos pies ciclópeos se rompen las olas gigantes (…) La instalación del tiro, hecha con gusto exquisito y con lujo. Tiradores, la mar.

Presenciando el espectáculo, una multitud inmensa: Torrevieja entera y todas las colonias veraniegas. Un éxito verdadero, como no podía por menos de suceder, andando en ello, el simpático Pepe.

Componían el jurado, un representante de la autoridad local, el notario de Murcia, D. José Sánchez Lafuente, en representación de la colonia murciana, D. Luis García Balaguer, abogado en representación de la de veraneantes oriolanos y D. José Escudero, como administrador del Tiro.

Se hicieron prodigios de puntería, sobresaliendo los tiradores por el siguiente orden. D. Miguel Cremades Rocamora, de Orihuela, D. José de Madaria y Rubio, de Orihuela; un señor de Murcia cuyo nombre ignoro; aunque bien sabe Dios que lo siento y D. Juan Rojas, de Alicante.

Se repetirá el espectáculo todos los domingos y en la última tirada del último día, se adjudicarán premios a los tiradores…

Casino de Torrevieja a principios del XX. Fotografía A. Darblade

En 1905 se repitió la existosa experiencia. En enero la sociedad «Tiro de Pichón» de Orihuela pedía a Tobarra doscientos palomos para las tiradas de febrero en el plano de San Antón.

En agosto y septiembre, el «Tiro de Pichón» se incorporó a las distracciones veraniegas que ofrecía Torrevieja. Pepe Madaria, además de encargarse de la organización, se distinguió de nuevo como gran tirador.

Unión republicana. 10 de agosto de 1905: Para el domingo próximo tendrá lugar la inauguración del tiro de pichón en las vecinas playas de Torrevieja, sitio denominado «Las Rocas».

Amenizará este acto una banda de música, todos los días festivos. La dirección está a cargo de la sociedad «Tiro de Pichón» de Orihuela, la cual destinará los beneficios a los pobres de dicha villa.

Explanada Casino de Torrevieja. Alberto Darblade.

El diario. 12 de agosto de 1905: De Torrevieja. La animación en esta pintoresca villa ha llegado por fin a su mayor apogeo en la presente temporada de verano, mucha más, que hacía presagiar la soledad relativa de los primeros días.

Los salones de los balnearios, antes, tan escasamente concurridos, veíanse a todas las horas del día favorecidos por un considerable número de veraneantes, predominando entre ellos, como es natural, las mujeres hermosas.

¡Bien se puede venir hoy a Torrevieja! Aquí nos brindan estas playas brisas deliciosas como lenitivo a los rigores de la estación, no nos faltan fiestas y distracciones para ir matando el tiempo; y por si todo esto fuera poco para animar al menos decidido a venir a este rinconcito de Mediterráneo, diré, que es ahora refugio de un sin número de bellezas de Murcia y de nuestra querida ciudad de Orihuela, las cuales fraternizan en paseos, balnearios y casino con las de Torrevieja, donde huelga decir, porque ahí todo el mundo lo sabe, lo mucho y bueno que existe. ¡Por algo se cría aquí la sal!

Balneario Vista Alegre. Torrevieja.

Para el domingo próximo está anunciada la inauguración del Tiro de Pichón que ha de establecerse en el sitio denominado las Puntas; a cargo de la misma sociedad que lo tuvo el año anterior.

¡ Anímense esos tiradores que se han quedado en esa y vengan a lucir su envidiable puntería!

El Casino de Cazadores de Orihuela y el Real Tiro de Pichón de Alicante.

 En abril de 1907 se creó el Casino de Cazadores de Orihuela. Los cincuenta artículos que componían sus estatutos fueron publicados por el diario «La Huerta» en varias entregas. Reproduzco los doce primeros:

Capítulo primero. Objeto del Casino.  Artículo 1° Esta sociedad tiene por objeto proporcionar a los señores que la forman estimación recíproca y lograr por la unión de los aficionados al sport cinegético el aumento de la caza en esta región; procurando coadyuvar al cumplimiento de las leyes que tienden a su fomento.

Art. 2° Para conseguir ambas cosas, la sociedad tendrá un local con salones de lectura y recreos lícitos.

Art. 3° Cuando los fondos de la Sociedad lo permitan, se hará un arriendo de terrenos para dedicarse a la caza acotándolos como la ley prescribe. 

Art 4° No se consentirán discusiones en la sociedad sobre religión ni política.

Art. 5° En manera alguna serán permitidos juegos de azar ni envite.

Art. 6° La Sociedad tendrá a su cargo la organización del Tiro de Pichón, que celebrarán sus tiradas desde el último día de Carnaval a la Pascua de Resurrección los domingos y días festivos.

Art. 7° En los restantes días festivos del año, se organizarán, si la junta lo estima conveniente, y con el fin de arbitrar fondos, tiradas de plato y tiro al blanco a la pérdida plato etc.

Art. 8º Está facultada la Junta, para arbitrar recursos haciendo rifas de armas de caza o artículos para este sport.

Art. 9° Para organizar esta sociedad se crearán 500 acciones a 5 pesetas, que no devengarán interés y que serán amortizables diez por anualidad pudiendo ser transferidas.

Art. 10º Las acciones transferidas a individuos que no sean socios, perderán su valor y serán anuladas.

Art. 11º Los socios accionistas, serán propietarios de los muebles y efectos a partes iguales entre los que quedaran el día de la disolución.

Art. 12º En caso de haberse amortizado todas las acciones, los bienes de la sociedad serán repartidos entre los socios de número.

Real Tiro de Pichón. Alicante

Mientras tanto en Alicante, la afición por la escopeta iba en aumento. Entre los bailes, regatas y verbenas de la «alta sociedad» se fueron introduciendo los concursos de tiro.

En febrero de 1911 el Rey Alfonso XIII viajó a la capital de la provincia y lo primero que hizo al llegar a la ciudad fue visitar el nuevo y elegante kiosco del Tiro de Pichón.

Alfonso XIII en el Real Tiro de Pichón de Alicante, 1911 .

Las competiciones alicantinas, en las que participaban habitualmente aficionados de Orihuela, Murcia o Cartagena, se alargaban hasta seis días, dotadas con muchos premios.

Y en 1912 se celebró por primera vez la Copa de Levante, instituida por las Sociedades de Tiro de Pichón de Barcelona, Valencia, Alicante y Almería.

La Sociedad Tiro de Pichón de Orihuela.

El viernes 30 de marzo de 1917 se reunieron unos cuantos aficionados al tiro, en casa del médico José de Madaria Rubio. Querían constituir una sociedad que estimulase a los buenos tiradores de Orihuela; fomentando un «Sport en armonía con la afición».

Un tiro de pichón organizado con todos los adelantos modernos, evitando las incomodidades de practicarlo sin campo cerrado y a brazo, modalidad conocida como «tiro a la valenciana» en la que un colombaire o soltador lanzaba el pichón intentando buscar el fallo del tirador.

Salón Novedades. Colección Javier Sánchez Portas.

El domingo 1 de abril de 1917 trasladaron la reunión al Salón Novedades, donde constituyeron la Sociedad de Tiro de Pichón de Orihuela con gran concurrencia y animación. Allí se acordaron los siguientes puntos:

1. Constituir la sociedad, adoptando el reglamento de las establecidas en Alicante y otras poblaciones. 2. El tiro será en local cerrado y por el sistema de cajas. 3. Todos los socios tendrán los mismos derechos y deberes, bien sean  tiradores o no lo sean. 4. Para el ingreso en la sociedad se abonarán cinco pesetas como cuota de entrada, y la cuota mensual será de una peseta.

5. Serán socios honorarios el Alcalde de esta ciudad, el Comandante militar de la plaza, el Juez de Instrucción, el Teniente de la Guardia Civil, el Juez Municipal y el Presidente del Casino Orcelitano. También se nombrarán socios honorarios a todos los señores que hagan objeto de una distinción a la sociedad.

En este caso ya se encuentra Adolfo Wandosell, marqués de Arneva, que ha ofrecido una copa para la primera tira extraordinaria que se verifique. 6. Por último, se acordó hacer una emisión de cien acciones de veinticinco pesetas, pagaderas en cinco mensualidades y amortizables por sorteo entre los tenedores.

Establecidas las anteriores bases se procedió a la elección de la Junta Directiva, dando el siguiente resultado: Presidente: D. José de Madaria. Vicepresidente: D. Santiago Laiz. Vocales: D. Manuel López, D. José Lizón, D. Joaquín Selma y D.  Martín Salinas. Inspectores de tiro: D. Miguel Cremades y D. Carlos Bofill. Tesorero D. Francisco Germán. Secretario Contador D. Juan Carrió.

El 26 de enero de 1919 se programó la primera tirada de entrenamiento en el polígono de tiro que la sociedad poseía en el camino de Abanilla, partido del Escorratel.

El campo estuvo muy concurrido; con presencia de forasteros, distinguidas damas y bellas señoritas de la selecta sociedad oriolana.

Se jugó la copa del presidente a un pichón con handicap a cinco pesetas la entrada; adjudicándose un premio igual al valor de las entradas e inscribiéndose en dicha copa el nombre del vencedor.

También se disputó la copa del presidente honorario de la sociedad, el duque de Hornachuelos; y se hicieron numerosas puestas, encargándose unas cuantas secciones de cazadores furtivos de rematar las pocas palomas que escaparon.

Al final de la tirada se vendieron en el campo a 75 céntimos la pieza; siendo mayor el número de pedidos que el de pichones muertos.

El duque de Hornachuelos, el marqués de Arneva y José de Madaria en el polígono de tiro de Orihuela, mayo de 1919.

Las tiradas de inauguración del polígono de tiro se celebraron en abril y mayo de ese mismo año 1919. Y asistieron, además de todas las personalidades locales, el duque de Hornachuelos, el marqués de Fuente el Sol y el marqués de Arneva; siempre con gran animación y concurrencia de bellas damas de Orihuela, Alicante y Murcia.

En las diferentes jornadas se jugaron las copas del presidente, de S. M. el Rey Alfonso XIII, del duque de Hornachuelos, del marqués de Arneva, del marqués de Fontalba, del Casino Orcelitano y el Gran Premio de Orihuela, con copas del Ayuntamiento, del Sr. Ruiz Valarino, de D. Luis Barcala, y 1.500 pesetas donadas por la propia «Sociedad Tiro de Pichón».

El «Tiro Pichón» oriolano.

No puedo asegurar el emplazamiento exacto de ese polígono que sitúan en el camino de Abanilla, partido del Escorratel; pero podría ser el mismo que el de la fotografía, situado detrás del cementerio.

José de Madaria Rubio en el siglo XX.

Como hemos podido comprobar, Pepe Madaria fue el elemento principal en todo el proceso relatado. Un personaje polifacético que, a comienzos del siglo XX, se declaraba republicano, demócrata y progresista. Director del periódico «Unión Republicana» cuya redacción estaba en su domicilio, en un banquete celebrado en Orihuela en 1903 llegó a afirmar mientras brindaba con champagne a los acordes de «La Marsellesa»:

Jamás fui político, aunque en verdad siempre sentí simpatía por la causa republicana, simpatía que ha llegado a ser convicción, pues creo que es la única que salvará de la ruina completa a nuestra patria…

De su matrimonio con Mercedes Garriga Mercader nacieron al menos cinco hijos: José (1903) (médico y alférez provisional), Severiano (1905-1936) (Oficial de la Marina de Guerra), Conchita (de ella sólo sé que estudió piano en el Conservatorio de Murcia), Mercedes (fallecida en marzo de 1912 tras larga y penosa enfermedad) y María de los Ángeles (nacida el 13 de mayo de 1913).

Su consultorio siguió siempre a la vanguardia; intentando incorporar los últimos adelantos de la ciencia médica; como por ejemplo el primer aparato de rayos X de Orihuela, novedosa tecnología descubierta en 1895.

El diario. 4 de julio de 1905: Nuestro querido amigo el médico de esta ciudad D. José de Madaria, acaba de recibir de Eslange (Alemania) los motores y máquinas para el gabinete de electroterapia, rayos X y alta frecuencia, con que piensa enriquecer su ya acreditadísimo consultorio. Se espera para montar dichos aparatos al notable ingeniero alemán Sr. Gerbel.

Consulta de José de Madaira.

El diario. 18 de julio de 1905: Una visita al gabinete electroterápico de D. José de Madaria. Por José. M. Teruel.

En una de las frecuentes visitas que allá por el año 1896 hacía yo al célebre oculista señor Barraquer en su consultorio de la ronda de San Pedro en Barcelona, tuve ocasión de enterarme del maravilloso invento de Roentgen, leyendo en aquel elegante gabinete de espera, la «Revue des Revues».

Mi asombro se mezcló con la incredulidad del ignorante y aún recuerdo que antes de ver las primeras radiografías, lancé algunos anatemas heréticos contra la ciencia eléctrica.

¡Quién me había de decir que pocos años después tendría yo que asistir a la inauguración de un gabinete electroterápico, instalado en Orihuela, último rincón del mundo!

Pero no es un sueño; es una realidad visible, palpable como todas las realidades. Aquí, en Orihuela, a donde los últimos adelantos de la ciencia llegan a los oídos de sus habitantes esfumados como los recuerdos de los primeros días de nuestra infancia, mi querido amigo el ilustrado médico D. José de Madaria, ha montado un gabinete radioscópico, capaz de competir con los mejores de las principales capitales de la península, por el número, cantidad y precisión de sus aparatos, y si no, vaya una prueba.

Tiene un electro-motor de un caballo de fuerza, que acciona sobre una dinamo de 65 volts y 6 amperes, produciendo 2.000 revoluciones por minuto, con un interruptor de 4.000 interrupciones por minuto. Cuadro con voltímetro y amperómetro, reostatos, llave de paso, etc. Gran bobina de inducción con chispa de 50 centímetros.

Gran resonador del Dr. Ondin para alta frecuencia. Máquina estática, auto-escitatríz de Topler Volts. Cuadro de adaptación universal con gran batería de acumuladores para trabajar durante el día, etc. etc.

¿Que cuáles son los efectos de estos prodigiosos aparatos? pues son los siguientes: corrientes galvánicas, faradización, wantevillización, electrólisis, cataforesis, endoscopía para reconocimiento de todas las cavidades del cuerpo por la luz, y es verdaderamente asombroso, increíble a no haberlo visto, la exactitud y precisión, de claridad con que se distingue el corazón y sus funciones, el hígado, los ¡cálculos de la vejiga, los pulmones, pudiéndose diagnosticar de una manera absoluta la existencia de la tuberculosis, porque el medio de la claridad del pulmón, se observan manchas opacas, que determinan la región invadida por el tubérculo. Los huesos, se traslucen, como si los tuviera uno en la mano.

Se produce además, la pirogalvania o sea la cauterización eléctrica, baños y duchas estáticas, corrientes de Morton, efluvios eléctricos, viéndose el cuerpo bañado por una inmensa lluvia verde de menudas chispas eléctricas, ocasionando una agradable sensación de fresco y bienestar.

Corrientes de alta frecuencia de excelentes resultados en los tratamientos de la diabetes, reumatismo y anemia. Radioscopia, radiografía y radioterapia y mil y mil efectos más que no enumero por no cansar a mis lectores y no ofender la natural modestia de mi distinguido amigo el señor Madaria…

Pepe Madaria, «reputado médico cirujano de Orihuela», estaba presente en todos los fregados sociales: presidente de la Cruz Roja; del Ateneo San Luis Gonzaga; del Casino Orcelitano y de la Sociedad Tiro de Pichón simultáneamente…

En 1915 la junta directiva del Cuerpo de médicos forenses substitutos de España lo eligió presidente.

En 1919, reunida la asamblea general de los Exploradores de España, resultó elegido presidente del Consejo Local oriolano…

En 1925 formaba parte de la Junta Benéfica Municipal, ocupándose del Rabaloche; y pasaba consulta en el hospital de San Juan de Dios.

Tenía una finca de recreo en el Oriolet, donde se organizaban meriendas y bailes. Parece ser que se encargó de arbolar la zona, a tenor de lo afirmado en este artículo:

El Oriolet. Colección Javier Sánchez Portas.

El pueblo. 24 de mayo de 1927: Por el Oriol y por el Raiguero, merced al esfuerzo laudable de algunos particulares, los señores de Madaria y Pescetto, el arbolado parece que quiere volver a escalar la cumbre, revistiendo las faldas de la sierra.

¿No podría también el municipio tomar la iniciativa e intentar esa obra de misericordia que se llama vestir al desnudo, quitando a la sierra algo de su actual espantosa aridez?

¡Qué bien le vendrían a la vertiente de la montaña, algunas pinadas, aromatizantes y alegradoras del paisaje!….

La iniciativa de la bella y simpática señorita Conchita Madaria, entusiásticamente secundada por el elemento joven oriolano, se organizó el jueves pasado una gira a la finca que en el Oriolet posee el culto cirujano D. José de Madaria.

Desde por la mañana se vio claramente que el resultado de sería soberbio, pues las chicas se dieron cita en la Glorieta, y de allí se lanzaron de compras, misión que cumplieron a las mil maravillas, por lo exquisita y delicada que resultó la merienda de por la tarde.

A las cinco de la misma, en coches de los Sres. Madaria, Ruiz y Ballesteros, se trasladó la alegre concurrencia al sitio indicado, en donde se derrochó alegría, se bailó y encontró ocasión la juventud de las expansiones propias de la edad.

La merienda, compuesta de fiambres, dulces y champagne, se deslizó dentro de la mayor armonía y buen humor, bailándose de nuevo en la terraza hasta las once de la noche, hora en que después de obsequiar el Sr. Madaria (siempre tan galante, Don José) con preciosos bouquets de flores, se emprendió el regreso hacia el Casino, en cuya Sociedad se rindió de nuevo culto a Terpsícore hasta las doce y media.

Casino Orcelitano

Epílogo

Para completar la biografía de José de Madaria, transcribo el obituario que le compusieron tras su fallecimiento, el 21 de enero de 1930:

Actualidad. 23 de enero de 1930: El pasado martes falleció el culto médico y excelente caballero don José de Madaria. El acto de su entierro constituyó una imponente manifestación de duelo que puso de relieve las simpatías de que gozaba el finado y a la que se asociaron todas las clases sociales.

Don José de Madaria fue hombre de privilegiado talento, que supo emplear siempre para bien de nuestra querida ciudad.

Batallador incansable y periodista de fibra intensamente irónica, fundó, dirigió y colaboró en infinitas publicaciones de las que recordamos: «El Pueblo» (editado en 1892), «El Thader» (1895), «El Oriol» (1900), «Unión Republicana», y «España Médico-Forense» (1916).

En ellos popularizó el seudónimo de «Aíradam», y sus artículos son aún recordados y leídos, admirándose en ellos el profundo ingenio, la vena humorística y la fina sensibilidad.

Excelente poeta, deja abundantes producciones de esta índole (que en sus últimos días pensaba recopilar en dos libretos) su musa siempre dispuesta le inspiró constantemente y prueba de ello son sus magníficos versos; de los que en nuestro próximo número daremos alguna muestra.

Sus dotes personales y las estimaciones que gozaba le llevaron a ocupar relevantes cargos entre los que recordamos el de Presidente del Casino, Exploradores, Ateneo de San Luis, Juntas de Defensa de los Médicos Forenses Substitutos de España, Círculo de la Unión Republicana; Presidente y Fundador de la Cruz Roja y Tiro de Pichón. Desempeñó la titular de Dolores y más tarde la de Orihuela durante 39 años.

Descanse en paz el pundonoroso caballero, con el que pierde Orihuela uno de sus más preclaros hijos. Reciba su familia y particularmente sus hijos y queridos amigos nuestros, D. José y D. Severiano, el testimonio de nuestra sincera pesadumbre.

La obra «Retratos a Pluma», escrita por José M. Teruel en 1906, dedicó dos capítulos a los hermanos Madaria. Y afirmó sobre su amigo José:

Es un carácter. Posee la impaciente vehemencia del niño, y una voluntad tenaz como el diamante; por eso, sus ideas apenas concebidas son realizadas importándole poco la cantidad ni la calidad de los obstáculos que se opongan a su realización.

El propio José, firmante del prologo en verso, se definió a si mismo como:

«Pepe Madaria, un humilde galeno que no supo hacer nunca nada bueno».

Firma de José de Madaria.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas y a José Manuel Dayas.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba), historias de Orihuela, fotos, postcast y vídeos.