Justo García Soriano. 13. 1909.

Enamorado de la vida madrileña, y perdido en su torbellino, fui aplazando indefinidamente unas oposiciones a cátedra, cuyo triunfo significaba mi destierro de la corte. Pasaron veloces los años. Murió mi padre, se deshizo mi familia y quise crearme otra…

Justo García Soriano. «Noticia crítica y autobiográfica».

Madrid. Puerta del Sol en 1909

Año 1909.

La Huerta. Número 491 – 5 de enero de 1909: Hemos, antes de nada, de felicitar a nuestros lectores y desear que el presente año de 1909 sea para ellos el colmo de la prosperidad y suerte. Un año más surge ante nosotros envuelto en el velo misterioso de incierto porvenir; ¿Quién sabe lo que nos traerá de bueno o de malo?…

Para «La Huerta», antigua fuente de ingresos de nuestro biografiado, fue malo. Agonizó los dos primeros meses convertido en semanario, y desapareció para siempre. Su fundador, José Escudero Bernicola, pasó a dirigir el diario alicantino «El Progreso».

El «Café de Madrid» en 1909.

Empezamos un año muy pobre en documentación. En el apartado de correspondencia sólo una carta de amor; en el de prensa un larguísimo artículo… Y poco más.

En la entrega anterior dejamos a Justo padeciendo «una larga enfermedad que le obligó, durante mes y medio, a suspender y abandonar toda clase de trabajos mentales». Una vez recuperado, publicó en «La Iberia» otra carta abierta destinada a Peñaranda y titulada «Resucitemos el «affaire» … Para terminar»

Dividida en 25 entregas, se mantuvo durante más de un mes estirando el tema en exceso. Ante la ausencia de otro material, voy a transcribir generosos fragmentos del «affaire» entre Justo y Peñaranda; eliminando lo más infumable.

Pienso que puede servir para profundizar en el pensamiento científico y el sentimiento religioso de Justo; como siempre, un tipo moderno y bastante avanzado para la época.

El criterio de selección y eliminación de los textos es mío; pero siempre tenéis a vuestra disposición la totalidad de los artículos en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

La iberia. Enero-Febrero de 1909

La iberia. Número 473 – 27 de enero de 1909: Hoy comenzamos a publicar un extenso e interesante trabajo debido a la brillante pluma de nuestro ilustrado colaborador y querido compañero D. Justo García Soriano. Resucitemos el «affaire» … Para terminar. 1. Introito y «memorándum».

Tal vez recordarán los memoriosos y asiduos lectores de LA IBERIA un artículo mío al que, bajo el epígrafe de «Carta abierta», este imparcial y hospitalario periódico dio cabida con hidalga generosidad en las columnas de sus números correspondientes a los días 12 y 13 de Noviembre próximo pasado.

Era mi pobre trabajo una modesta ofrenda de sincero agradecimiento, tributada por mí con entusiástica y efusiva espontaneidad, a un sujeto que ha publicado en La Huerta sus primeros pinitos y escarceos literarios bajo el pseudónimo de P. de Peñaranda, y el cual me había dedicado una poesía, con toda la «santa intención» de que son capaces ciertas candorosas y beatíficas gentes. 

Estaba inspirado mi artículo, a pesar de esto, en nobles sentimientos de ingenua gratitud, en la alteza de miras y en la franca expresividad que pongo yo en todos mis escritos. Por lo demás, ahora reconozco (al recordar la moraleja de la fábula de Iriarte «El naturalista y las lagartijas») y sin rebozo confieso, que al escribirlo cometí dos graves yerros, dos enormes pecados de los que tengo que arrepentirme muy de veras:

1° Mi excesiva benevolencia en tributar indebidamente sinceros elogios a Peñaranda; y 2° el inmejorable propósito que me movió a tomarme el inútil y desestimado trabajo de hacer, con juicio no menos sincero, a este individuo algunas ligeras observaciones sobre la composición poética que dedicarme le plugo. Todo ello sin dejar ni un solo instante de emplear la forma correcta y la exquisita cortesía a que me obliga mi buena educación, de la que he procurado hacer gala en todas las ocasiones (1*).

1* (—«¡Oh agradable desencanto! Allí donde creí encontrar fulminaciones terribles…—confiesa Peñaranda—sólo hallé palabras cariñosas de gratitud inextinta, etc». ¿Por qué esperaba o creía encontrar allí tales fulminaciones? ¿Qué motivos tenía para formar estos perjuicios denigrantes, esta ofensiva prevención contra la buena crianza de un «respetable y distinguido amigo» a quien hubo de juzgar digno de dedicarle unos versos?¿No revela esto evidentemente la verdadera intención de Peñaranda?).

Más estas imperdonables faltas mías no quedaron impunes; sino que Peñaranda las dio su merecido muy cumplidamente. La Huerta, que se había negado a publicar mi artículo, apresurose en cambio, de muy buena gana a insertar en sus columnas otra «Carta abierta», réplica biliosa con que el petulante escritorzuelo pagaba amostazado mi bonachona y culpable flaqueza de no haber yo rechazado con un despectivo silencio, la subterránea y solapada poesía que me dedicó.

Enojo y despecho injustificados inspiraron la respuesta de Peñaranda; y era, por ende, una salida de tono chocarrera, pretenciosa, saturada de reticencias ofensivas y de encubiertos alfilerazos; por lo que al leerla no pude evitar una prolongada sonrisa, conmiserativa e indulgente. Fue mi primer impulso desoír piadosamente, desdeñar la destemplada epístola de este terrible impugnador con que me he topado de manos a boca, pues el silencio es la mejor respuesta para ciertos escritos, a los que prestarles atención es hacerles un favor y darles una importancia que no merecen por ningún respecto.

Sin embargo, las instancias de algunos amigos torcieron mi resolución y decidí descender hasta el terreno de la disputa a que se me provocaba. En esto, una larga enfermedad que me ha obligado durante mes y medio a suspender y abandonar toda clase de trabajos mentales, me impidió que pusiera en práctica inmediatamente mi nuevo propósito. Hoy, ya restablecido de mi dolencia, he de cumplir lo que para mí es un serio compromiso contraído y con este objeto habré de resucitar la vieja y olvidada cuestión, aunque parezca ya perdida la oportunidad.

A causa de la índole de estas enojosas y estériles controversias, este artículo habrá de ser forzosamente mucho más extenso de lo que, tanto los benévolos lectores como el propio articulista, habrán de desear; mas por ello pido indulgencia a todos; dando en prenda mi palabra de honor de no reincidir en estas latas y tediosas disertaciones. JUSTO GARCÍA SORIANO (Continuará).

La iberia. Número 474 – 28 de enero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar II. «Represalias, plagios y otras gollerías». Lo primero que salta a la vista en la chabacana epístola «peñarandesca», es el ridículo purito que muestra su autor (llevado sin duda de su constante afán de plagiarlo todo) de remedar de un modo burdo el suave ironismo que él ha entrevisto en mi «carta abierta». Todas las imitaciones son cursis y revelan impotencia invencible.

La ironía, cuando es discreta y socrática, cuando es un exquisito y refinado aticismo, indica delicadeza, «spirit» y buen gusto; mas cuando es una forzada represalia, degenera en bufonesca mimesis, en soez chocarrería…

La réplica de Peñaranda, más que una justificación, apología o defensa de sus versos (explicable aunque infundada en este caso), es una represalia, una mezquina venganza que quiere vengarse de mi crítica y de las ironías que supone latente en mi artículo. Es el socorrido, pueril y desacreditado: «más eres tú».   

La iberia. Número 475 – 29 de enero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar II. «Represalias, plagios y otras gollerías». Seguidamente, y a vuelta de zalemas, protestas, rectificaciones, desplantes y gallardías, acaba por referirnos una anécdota sabrosísima, sólo para darnos a entender (¡modestias aparte!) que  él no rechaza mis alabanzas por irónicas o hiperbólicas que sean, ya que es muy contingente y verosímil que encierre dentro de sí un genio en embrión.

¡A la orden, mi general! ¡Pobrecillo; tan joven y ya sin abuela! Yo deploré y sigo deplorando que mi muy querido amigo y colega eligiese para asuntos de la poesía que tuvo la amabilidad y la exquisita deferencia de dedicarme, un tópico muy manoseado. Y el suspicaz y puntilloso Peñaranda, que nada pasa en silencio, que replica a todo larga y minuciosamente, se guarda muy bien de responder a mi afirmación de que su poesía es una fiel imitación de «La tempestad», el famoso fragmento de los «Cantos del Trovador» de Zorrilla…

La iberia. Número 476 – 30 de enero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar III. «El antropomorfismo pagano de Peñaranda y mi religiosidad». De la poesía de Peñaranda se desprende literalmente la afirmación de que «el Hacedor airado se oculta detrás de una nube para arrojar rayos y centellas, para inundar las praderas y la pobre cabaña del infeliz bracero, en llanto y confusión (ripio), para aterrorizar al hombre y para desgajar y hacer temblar al tilo (realmente, todo esto no es más que cuestión de tila)».

Lo mismo hubieran dicho, divinizando las fuerzas naturales, un poeta pagano, cualquier filósofo gentil y todos los idólatras antiguos. Ahora bien; yo censuré este disparatado y absurdo supuesto, este concepto monstruoso de la Divinidad, porque se resiente de paganismo y antropomorfismo, porque es contrario a la razón y, por consecuencia, a la sublime espiritualidad de la religión cristiana. Mas Peñaranda, empleando «er professo» su estrategia poco noble de torcer y tergiversar malévolamente el recto sentido de mis frases, ha tratado de sacar partido de las censuras que dirigí a sus gentílicas expresiones, para tildarme con la nota calumniosa de impío y de ateo.

¿Intenta acaso actuar conmigo de Eurimedón o de Anytos porque sabe que no faltarían 30 tiranos que me condenaran de buena gana a beber la cicuta como a Sócrates? Es ardid que no sirve más que para poner de relieve las torcidas intenciones y las malas artes de quien lo emplea, el tratar insidiosamente de incitar contra uno el fanatismo de los ignorantes…

Orihuela en 1909.

La iberia. Número 477 – 1 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar III. «El antropomorfismo pagano de Peñaranda y mi religiosidad». Inocente y pueril me parece el maquiavelismo de Peñaranda liándose por buscar en mí «Carta abierta» pruebas y testimonios de mi impiedad.

¿Habré ahora de entonar el Credo? Si la educación religiosa que me dieron mis padres no me hubiese sido más que suficiente, mis estudios filosóficos me hubieran llevado derechamente a la convicción de la existencia de Dios, de una Causa Primera, cuya idea, más o menos perfecta, está grabada en el alma de todos los hombres.

De ninguna de las afirmaciones, que dejé consignadas en mi ya famoso artículo, se deduce lógicamente mi impiedad ni menos mi ateísmo; sino todo lo contrario: que creo en Dios más que Peñaranda, o por lo menos, que mi concepto de la Divinidad es más puro y elevado y más conforme con la religión cristiana que el suyo; pues yo, a pesar de todas mis «extravagancias» y toda la «ignorancia religiosa» que él me imputa, hubiese sido incapaz de proferir las monstruosidades gentílicas que contienen sus versos, y no hubiera definido nunca a Dios con la censurable inexactitud y con el criterio herético con que lo ha hecho Peñaranda…

La iberia. Número 478 – 3 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar IV. «La ciencia, la fe y la poesía». Peñaranda finge maravillarse de que yo escribiera que «los progresos científicos han sido terribles para la fe y la poesía». Al decir fe, claro está que no me refería a las verdades dogmáticas (las cuales atañen más principalmente a la razón); sino a las groseras y supersticiosas creencias del vulgo y a aquellas otras «tradiciones piadosas» que no afectan a la esencia del Dogma.

La pobre Humanidad ha permanecido sumida, por muchas miríadas de años, en la idiotez salvaje y en el embrutecimiento de la ignorancia. Caminaba, sí (el progreso indefinido es la ley de su desarrollo) pero hasta hace pocos siglos su caminar era tan lento que parecía condenada a una inmovilidad eterna. Incesantemente zozobrada en su marcha imperceptible, recordando a cada paso su origen y su atavismo animal, su bestialidad primitiva.

Sus primeras manifestaciones racionales se cifraron en la admiración estúpida de los agentes físicos que le favorecían o que le perjudicaban; y entonces juzgándolos sobrenaturales, los divinizó y les tributó un culto de idolatría. El hombre no ha hallado un poco de luz, sino después de haber andado mucho tiempo envuelto en las tinieblas.

La experiencia fue poco a poco labrando y fecundando el humano entendimiento; los más observadores, remontándose de los efectos a las causas, comenzaron a explicarse muchos fenómenos, antes indescifrables y misteriosos, y echaron los cimientos, sin imaginarlo ellos mismos, al sólido y admirable edificio de nuestra Ciencia actual.

Todo nuestro caudaloso saber, es la energía acumulada por cuantas generaciones nos han precedido. Esta es la obra maravillosa y meritísima de la Civilización. Ella vence siempre a la postre; mas ¡cuántos obstáculos y rémoras encuentra siempre a su paso! ¡Cuánto cuesta roturar y abrir los cerebros a la luz de la verdad! La ignorancia, las supersticiones, los errores tradicionales, los intereses creados, la pereza estacionaria y la inercia mental de las gentes, dificultan su rápido avance, pero no impiden su marcha triunfal y victoriosa…

La iberia. Número 479 – 4 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar IV. «La ciencia, la fe y la poesía». Copérnico persuadió a los hombres del engaño a que los había inducido una ilusión óptica, por la que creían que el Sol se movía en torno de la Tierra, según aseguraban Ptolomeo y todos los escolásticos. El glorioso astrónomo polonés demostró plenamente la diferencia entre los movimientos verdaderos y los aparentes de los astros, probando que la Tierra giraba sobre su eje y alrededor del Sol.

Esta inconcusa verdad científica que divulgó en sus obras «De motu octavae Spherae» y «De Revolucionibus», le pareció al Papa Julio II una gran impiedad por estar en contradicción con las Escrituras, sobre todo con el célebre pasaje de Josué; y condenó por herético el sistema de Copérnico. El gran Galileo, sirviéndose del telescopio que él inventó, comprobó en todas sus partes la certidumbre de este sistema y lo defendió con gran entusiasmo en su «Diálogo».

Un fraile petulante y envidioso y el jesuita cardenal Bellarmín le denunciaron a la Inquisición como hereje, por defender los principios astronómicos de Copérnico. Entonces, el Papa publicó un decreto el 21 de junio de 1633, conminando a Galileo a abjurar de su sistema y condenándolo a prisión por todo el tiempo que les pluguiera a los Cardenales inquisidores.

El ilustre astrónomo, a los 70 años de edad, atormentado por las persecuciones y el encarcelamiento, enfermo y ya medio ciego, se vio obligado a adjurar de rodillas ante el tribunal de la Inquisición su supuesta herejía para poder escapar de la hoguera con que se le amenazaba. En aquella ocasión fue cuando pronunció «sotto voce» la célebre frase: «E pur si muove»; «a pesar de todo, la Tierra se mueve».

… La posteridad, más sensata, les ha hecho cabal justicia, dándoles la gloria y tributándoles el homenaje que merecen sus genios portentosos, por haber abierto a la ciencia luminosos derroteros desconocidos hasta entonces. Además los ha incluido en la interminable lista de los mártires sacrificados, vejados y perseguidos por el estúpido fanatismo.

La iberia. Número 480 – 5 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar IV. «La ciencia, la fe y la poesía» .…Si los felices inventores del telescopio, del microscopio, de las propiedades del oxígeno, del vapor y de las locomotoras, de la fotografía, del teléfono, del micrófono, de la lámpara eléctrica, del fonógrafo, de los rayos X, del telégrafo sin hilos, del aeroplano y del «radium», respectivamente, hubiesen vivido y hubiesen realizado sus inventos en España durante el siglo XVII, seguramente hubieran sido considerados como brujos y nigromantes; y después de habérseles exorcizado muy bien por endemoniados y posesos, se habría celebrado un solemne auto de fe para achicharrarlos muy católicamente y «ad majorem Dei gloriam», revestidos con sus correspondientes sambenitos, en una plaza de Valladolid, de Madrid o de Sevilla, ante la augusta majestad (majestad y lenguaje se escriben con j ¿estamos?) de los monarcas y todas las comunidades religiosas de la ciudad.

Si el muy reverendo inquisidor general Fr. Tomás de Torquemada hubiera visto por las calles de Madrid correr un automóvil o funcionar un cinematógrafo, ¿qué hubiera pensado, a pesar de todas sus teologías, de estos ingeniosos artefactos y qué hubiese intentado hacer con sus maquinistas para purificarlos y recompensarlos debidamente?

Más, infinitamente más, han hecho en bien de la Humanidad todos estos sabios inventores, a quienes debemos admiración y agradecimiento eternos, que todos los metafísicos y teólogos del mundo, habidos y por haber, que nos han fastidiado y nos fastidiarán soberanamente con sus especulaciones quiméricas, con sus disquisiciones y disputas baladíes, con sus fanáticas intransigencias y con sus cándidas argucias y sutilezas sofísticas.

La iberia. Número 481 – 6 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar IV. «La ciencia, la fe y la poesía». Las vulgaridades científicas que aduje en mi «Carta abierta» le han parecido a Peñaranda «puras extravagancias y palabrería huera». Con esto no hace más que patentizar su ignorancia supina y su crasa incultura en las ciencias físico-naturales. Y luego me pide «argumentos más sólidos y razones más contundentes».

¡Como si en un artículo periodístico por extenso que sea, hubiera suficiente espacio para ello! Mas ya que parece desearlos, los encontrará tan sólidos, tan contundentes y tan copiosos como pueda apetecerlos en las sabias y acreditadas obras que a  continuación enumero, cuya lectura recomiendo muy mucho a nuestro pequeño teólogo, pues buena falta le hace.

«Dios en la Naturaleza», de Flammarión; los «Ensayos sobre religión», de Stuart Mill; «El mundo como voluntad» de Schopenhauer; la «Clasificación de las Ciencias», de Agassiz; «Los discursos de la Universidad de Oxford», de Tyndall; «Origen de los géneros y las especies», de Wallace; «Los zapadores de la evolución», de Hulxey; «Historia natural de los animales invertebrados», de Lamark;

«Origen de las especies» y «Origen del hombre», de Darwin. (Hace muy pocos años se descubrió en unos terrenos terciarios de la isla de Java, unas osamentas fósiles de mamíferos, las cuales, después de estudiadas con gran detención por los más sabios antropólogos,  hubo de reconocerse pertenecían a una especie de seres anatómicamente intermediarios entre el mono y el hombre…).

«Historia de la creación» y «Los enigmas del Universo» de Haeckel; «Creación y Evolución», de Spencer; «Ciencia y Naturaleza» y «Fuerza y Materia», de Büchuer; «La Metafísica y la Ciencia», de Vacherot; «La vida de Jesús», de David Strauss; y, sobre todo, los libros recientes «Conflictos entre la Religión y la Ciencia», de Draper, y «Le fracas de Dieu» de F. Recluss.

La iberia. Número 482 – 8 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar IV. «La ciencia, la fe y la poesía». Léalas, léalas con ánimo sereno y frío, con un recto criterio, exento de prejuicios sectarios de prevenciones de Escuela, sin apasionamientos hostiles, sin temores ni animosidades; ninguna de estas obras es atea, pues en todas ellas se admite, se reconoce la existencia de una Suprema Causa, de un eterno principio vital, de una substancia primordial, espíritu motriz o agente animador del Universo.

Son la expresión más feliz y admirable del poderoso esfuerzo de titán y de las conquistas científicas, que en estos últimos siglos ha realizado el entendimiento humano; el cual puede ya vanagloriarse de haber alzado el misterioso velo de Isis y de haber borrado definitivamente la enigmática inscripción del templo de Tebas. En cuanto a la Poesía, es evidente que era más fecundo su cultivo en las edades patriarcales y en aquellos tiempos heroicos, cuando el hombre, ofuscado ante el espectáculo magnífico y entonces incomprensible del Universo, tendía ávidamente y sin freno las alas de su imaginación, aún niña, por las regiones deslumbrantes y mágicas de la Quimera.

… Estos tiempos escépticos y positivistas, del cálculo razonador y del frío análisis, son por desgracia prosaicos, terriblemente prosaicos. La poesía es arte de imaginación sobre todo; y ésta disminuye conforme la razón y la reflexión aumentan.

…Ahora solo son poemas las ecuaciones algebraicas, las leyes físico-matemáticas que determinan el desarrollo de la industria y las operaciones financieras, lucrativas y favorables, que se anotan en el libro mayor. ¡Pobres poetas! Ya no son oráculos, ni favoritos de reyes, ni amantes de rubias princesas, ni nadie cree en sus bellas ficciones, en sus sonorosas ruinas, en sus brillantes imágenes, en sus atrevidas metáforas.

Estas insensibles, egoístas y escépticas gentes de ahora, suelen encogerse de hombros, cuando no sonreírse irónicas y desdeñosas, ante los amenos desatinos y los delirios dulces y embriagadores de los anacrónicos portaliras…

La iberia. Número 483 – 9 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar IV. «La ciencia, la fe y la poesía». ¿Quiere esto decir que haya muerto el arte sagrado de Apolo y de sus hijas las Musas? No. Todo lo bello es inmortal.

Lo que ocurre es que la poesía, como todo, ha sufrido una profunda transformación en su esencia casi. La Ciencia, invasora siempre, ha ido escardando sus frondosidades superfluas y ha restringido sus dominios; pero lo que ha perdido en vaguedades y en extensión, lo ha ganado en lozanía y en intensidad de sentimiento.

V. Un poco de metafísica.— El «vacío infinito». Después, el Sr. Peñaranda, con el único fin de no dejarme por mentiroso seguramente, ya que yo había dicho de él que es «un agudo y sutil filósofo», quiere patentizarlo y, a pretexto de corregirme una aparente contradicción, una supuesta «impropiedad de palabras», se me arranca muy formalito por metafísicas. ¡Ja! ¡ja!— «Metafísico estáis»— Como decía el caballo  del Cid a Rocinante por boca del manco inmortal: ¡La metafísica! Bonita ciencia para hacer juegos malabares.

… No obstante, Peñaranda, al escribir versos no sigue el consejo zumbón y humorístico dado por Campoamor a los poetas noveles. —No me olvide usted la metafísica. Sin metafísica no encontrará usted… ni consonantes.

La iberia. Número 484 – 10 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar. V Un poco de metafísica.— El «vacío infinito». La revancha metafísica de Peñaranda ha sido aplastante y triunfal. Con su vista perspicaz y escrutadora de lince aristotélico, ha creído cazarme al vuelo otro lunar de tanto o mayor bulto que su «Hacedor airado» de marras, para que ya no tenga yo que ser menos que él en achaques de lunares.

Sin embargo, Peñaranda, indulgente, dulzarrón y benévolo como los propios ángeles, termina por confesar que la viga que parecía haber en mi ojo, no es tal viga, sino una pequeñísima y casi imperceptible paja.

El Sr. Peñaranda, que sabe muy bien coger el rábano por las hojas cuando le conviene, trata de demostrarme con sus metafísicas trasnochadas, que ningún filósofo debe decir «vacío infinito»; porque es contradictorio, y que «a ninguno se le había pasado por las mientes unir estas dos ideas metafísicas, que se repelen por naturaleza». Peñaranda sólo ha estudiado su «Padre Ceferino», ha leído un poquito de Balmes y del P. Suárez…

…Sólo con el pobre bagaje de estas vagas ideas, Peñaranda ha creído ya penetrar en todos los arcanos metafísicos y abarcar de una simple ojeada todo el largo y accidentado camino, que hasta la hora presente ha recorrido, de derrota en victoria, la Filosofía…

La iberia. Número 486 – 12 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar. V Un poco de metafísica.— El «vacío infinito». Evidentemente que al decir «vacío» me refería al «espacio cósmico», que otros llaman el cielo. Debo aclarar y puntualizar el verdadero, el justo sentido que se desprende de una frase, el que lógicamente le habrá dado el que haya leído mi artículo sin hostilidad, y no con la torcida intención y el perverso afán de buscar en todo la parte más vulnerable, el flanco más expugnable, y de encontrar defectos a todo trance, a fin de poder saciar su apetito torpe y desordenado de venganza.

… Es manifiesto que sólo daba a esas dos palabras una acepción relativa y física; y de ninguna manera el sentido absoluto y metafísico que, tergiversadamente, ha querido atribuirles Peñaranda para darse el caritativo gustazo de sacarme a relucir una supuesta falta y pedir por ello un poco menos que se revoque mi título académico (Doctor en Letras) que tengo conseguido y ganado en muy buena y brillante lid; y que me han otorgado, sancionado y refrendado, muy ilustres y sapientísimos maestros.  

De las entregas contenidas en los números 487, 488, 489, 490 y 491, publicadas el 13, 15, 16, 17 y 18 de febrero, completando el encabezamiento «V Un poco de metafísica.— El vacío infinito», no he transcrito nada. Son infumables y están dedicadas en su totalidad a justificar en todos los planos la utilización del término «vacío infinito».

El mismo García Soriano, como broche al capítulo, afirmó: «Me parece que está más que suficientemente aclarada la cuestión. Basta ya de tanta «vaciedad», pues también está resultando «infinita» y me va a faltar «espacio».

La iberia. Número 492– 19 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar. VI El «Hacedor airado». En efecto: Peñaranda se fue por las ramas, como me estaba esperando. Pero el escape de tangente que ha encontrado no puede ser más torpe ni burdo. Según asegura, muy serio él, decir «Hacedor airado» no es proferir una blasfemia, ni es emplear una expresión gentílica, de grotesco y bárbaro antropomorfismo, sino que es «una secuela necesaria, una impedimenta de nuestro modo de ser».

¡Bravo! Será sólo una secuela, una impedimenta del modo de ser de Peñaranda; mas por eso no debe cargar con tan degradante y poco lisonjero mochuelo a los demás seres racionales. ¡Allá él se las componga con sus secuelas e impedimentas!… Porque yo, por mi parte, con mis cortas luces, con toda mi «ignorancia religiosa», con toda mi supuesta impiedad (y conmigo todos los teólogos cristianos), jamás me hubiera atrevido a predicar de Dios la ira, por entender con toda lógica y evidencia que con ello se infiere un grave y grosero ultraje al que es la Suma Bondad…

La iberia. Número 493– 20 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar. VI El «Hacedor airado». Porque decir de un ser espiritual o incorpóreo que tiene «manos», si bien a todas luces una impropiedad absurda y censurable, no guarda ninguna paridad con la contradicción monstruosa e irreverente que implica el atribuir a un Ser infinitamente perfecto una gran imperfección.

Insisto pues en que decir «Hacedor airado» es proferir una blasfemia horrible y un disparate mayúsculo, que debe avergonzar, no sólo a un filósofo y a un teólogo como Peñaranda, sino a cualquier cristiano que tenga sentido común. Mi silogismo, que es en efecto «un descomunal y terrible» argumento «ad hominem», no admite vuelta de hoja y ha colocado a Peñaranda entre la espada y la pared.

He aquí la réplica «dialéctica» (¡es un decir!) que da Peñaranda a mi silogismo: — «Concedo las premisas mayor y menor, y la consecuencia, pero niego el supuesto». El supuesto es: «Peñaranda ha dicho que la furia y el horror de una tempestad son señales de que está el «Hacedor airado».

Negar esto, después de haber concedido la consecuencia de mi silogismo («el Hacedor no puede estar nunca airado»), equivale a negar que él escribiese tal frase o a confesar que no quiso escribir semejante absurdo, aunque cometió el error de escribirlo. Este último es la fija, esto es, donde digo digo, no digo digo sino que digo Diego. ¿Ven ustedes qué argucia tan hábil y qué chico tan listo?… Él llegará, él llegará a… general.

La iberia. Número 494– 24 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar VII. La leyenda del ateísmo y la «filosofía positiva». A continuación nos enjareta Peñaranda cuatro lugares comunes y cuatro vulgaridades ramplonas de librito de texto, para concluir, a lo que parece que todo el maravilloso movimiento filosófico contemporáneo es panteísta y ateo.

Esto es falso de toda falsedad. La insidia malévola, la ñoñería capciosa o la ignorancia supina de algunos sectarios han supuesto ateos a los más ilustres filósofos modernos, únicamente porque no comulgan en sus mismos principios…

… Ninguno de los grandes pensadores del siglo XIX, por avanzados o incrédulos que sean, han negado la existencia de una «Primera Causa», de un poder creador u ordenado, de «la gran X», «el inescrutable X», como llama Spencer a Dios, ante cuya inmensa y misteriosa majestad, que traspasa con su enigma sublime los límites de la finita inteligencia del hombre, han humillado e inclinado, en silencioso respeto, sus gloriosas cabezas todos los genios del racionalismo y del positivismo modernos…

…Voltaire, el gran apóstol de la tolerancia y del racionalismo en el siglo XVIII, consigna en su ya citado «Diccionario filosófico» la hermosa frase siguiente: — «Al conocer mejor la obra admirable del Universo, hemos reconocido al Supremo arquitecto, y sus leyes uniformes y constantes nos han hecho reconocer un supremo legislador».

La iberia. Número 495– 25 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar VII. La leyenda del ateísmo y la «filosofía positiva». Goethe, el excelso poeta, el gran positivista-panteísta, ha hecho la definición más hermosa y elocuente de Dios en la respuesta que Fausto dio a Margarita, cuando ésta le preguntaba asustada: — ¿Tú no crees en Dios?» — «No interpretes mal mis palabras, ángel mío. ¿Quién osaría nombrarlo y decir: creo en Él y lo conozco? ¿Quién se atreverá nunca a exclamar: no creo en Él?

El que todo lo posee, que todo lo contiene, ¿no te contiene a ti y a mí y a él mismo? ¿No ves extenderse sobre nuestras cabezas la bóveda del firmamento, dilatarse aquí abajo la tierra y moverse los astros eternos contemplándonos con amor? ¿No atraen tus ojos a los míos y no afluye entonces toda nuestra vida al cerebro y al corazón? ¿Un misterio eterno, invisible a la vez que visible, no atrae mi corazón hacia el tuyo?

Pues llena tu alma con este misterio, y cuando experimentes la felicidad suprema, pon a tu sentimiento el nombre que quieras, llámale dicha, corazón, amor, Dios. Lo que es yo, no sé cómo llamarlo. El sentimiento lo es todo, los nombres no son sino vano ruido, humo que obscurece la claridad del cielo».

Desde que el criticismo de Kant ha demostrado los límites de la inteligencia humana, imposibilitada para conocer nunca las cosas en sí, no podrá pensar en definir mejor y más humanamente el concepto de Dios.

Ampère, el físico inmortal, dejó consignada en su Diario esta religiosa admonición: —Trabaja en espíritu de oración. Estudia las cosas de este mundo, es el deber de tu estado; pero no las mires sino con un ojo, que el otro esté constantemente fijo en la luz eterna. Escucha a los sabios, pero con una sola oreja; la otra que esté siempre dispuesta a recibir los dulces acentos de tu amigo celeste.

Escribe con una mano; con la otra agárrate al vestido de Dios, como el niño al de su padre; sin esto te romperías la cabeza contra cualquier piedra. Estas palabras hubieran podido firmarlas San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Al místico más exaltado, en uno de sus extásicos arranques, no se le hubiera ocurrido decir más.

La iberia. Número 496– 26 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar VII. La leyenda del ateísmo y la «filosofía positiva» …Darwin, inmortal fundador del sistema científico que lleva su nombre, denominado también transformismo, dice en su famoso libro «El origen de las especies»: «Yo opino que lo que sabemos de las leyes impuestas a la materia por el Creador se armoniza mejor con mi hipótesis que con ninguna otra; ¿No es una verdadera grandeza en esta manera de contemplar la vida con las energías diversas concedidas primitivamente por el Creador a un pequeño número de formas y aun a una sola?» …

Spencer, padre de la moderna filosofía evolucionista, en sus «Principios de Sociología» se expresa así: «Solamente hay una verdad; que vendrá a ser cada vez más luminosa, que existe un Ser inescrutable, manifiesto en todas partes, del cual no podemos concebir el principio ni el fin. En medio de todos los misterios, se levanta una certidumbre absoluta, a saber: de que estamos sin cesar en presencia de la Energía infinita y eterna, de donde todas las cosas proceden».

La iberia. Número 497– 27 de febrero de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar VII. La leyenda del ateísmo y la «filosofía positiva». Krause, el anatematizado Krause, el portentoso paladín del «racionalismo armónico» a cuya escuela da nombre, escribe, como lo haría un Padre de la Iglesia, estas profundas palabras en su obra el Ideal de la humanidad: «—Así como Dios es un solo Dios y la Humanidad bajo Dios es solamente una Humanidad, así también Dios, como el Ser Supremo sobre el mundo, funda con la Humanidad una relación divina. Dios o el Ser Supremo es el fundamento de la vida, en quien toda vida finita tiene su fuente y tendrá su plenitud última, etc. etc.»

Un libro se podría llenar con citas como estas, todas las cuales vendrían a demostrarnos palmariamente que el ateísmo y la irreligiosidad de los sabios y filósofos modernos más avanzados, es una leyenda, una pura novela ya harto desacreditada. Lo que ocurre es que el pensamiento no puede estancarse, como quieren esos cerebros fósiles, que se han petrificado en la «Summa» de Santo Tomás, o en el «Realismo teológico» de Duns Scoto.

Las ideas no pueden cristalizarse en ninguna época ni en ningún libro, porque nadie puede presumir de poseer la verdad absoluta. Las ideas están siempre en perpetua crisis, en continua rectificación, adaptándose a todas horas a la marcha evolutiva, al caminar incesante y progresivo de los siglos.

… El espíritu debe ser expansivo y transigente, abierto con ingenuidad a todo avance y a toda reforma racional. Van pasando ya a la Historia aquellos tiempos en que la teología y la metafísica, enmoheciendo las inteligencias, castrando toda energía e iniciativa cerebral con la abrumadora coyunda y los angostos moldes del rutinarismo escolástico medioeval, querían hacerse señoras exclusivas de los espíritus.

…Sin embargo nunca podrán la filosofía positiva y la ciencia en general, combatir aquellas esperanzas o ilusiones que habrán de tener su realización después de la vida, pues ante el insondable misterio de ultratumba, enmudecen los sabios. El dominio de la fe y la ciencia moderna no pueden usurparse sus respectivos poderes, respetando la armonía que existe entre la ciencia y la fe nueva, en vano buscada por el admirable filósofo jesuita P. Mir, entre la ciencia y la fe antigua…

La iberia. Número 498– 1 de marzo de 1909: Resucitemos el «affaire» … Para terminar VIII. Esto se ha terminado y tan amigos como antes. Es inútil que Peñaranda se apreste de nuevo a contestarme, disparando a bala rasa. Todas sus indigestas elucubraciones se estrellarán en lo sucesivo contra mi indiferencia y contra mi mutismo sistemático.

Necesito el tiempo para algo más práctico, importante y provechoso que estas inútiles controversias. Sin embargo, doy por bien empleado lo hecho y Peñaranda debe agradecérmelo. Todos los que con bríos salen por primera vez al palenque de la publicidad, por bravucones que salten a la arena, deben sufrir el castigo benéfico del fogueo. Es el mejor bautizo del escritor.

Las nulidades no merecen el honor de una disputa. Por lo demás, sigo brindando como siempre mi franca amistad a Peñaranda, pues ello no lo empecen estas discrepancias en nuestros puntos de vista intelectuales. Nada significan estas pequeñas escaramuzas, este noble pugilato mental.

Él es un joven estudioso (salvo las consabidas honrosas excepciones, uno de los pocos que, por desgracia, hay en Orihuela) y sólo por el mero hecho de serlo, basta para que siempre, y a pesar de todo, cuente con mis afectos y simpatías. Lo digo con la mayor sinceridad. En Madrid y en Enero de 1909.  

Lejos de amilanarse, Peñaranda contraatacó con otra larguísima carta abierta que, desaparecida «La Huerta», se encargó de publicar también «La Iberia». La réplica de Peñaranda se dividió en otros veintiocho capítulos que se prodigaron durante más de dos meses.

La iberia. Marzo-mayo de 1909

La iberia. Número 521– 30 de marzo de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos.

Isagoge, introducción, preliminares, prólogo o lo que V. V. quieran menos introito: Si por tu buena o mala fortuna, lector amable o lectora ilustrada te ha cabido en suerte la menguada y pobre de tropezar en las columnas de este periódico, con un escrito muy largo y pesado titulado «Resucitemos el affaire» y queriendo hacer méritos para el cielo has seguido día a día, con una paciencia digna de mejor causa, el curso de su publicación (de la del artículo se entiende) no dudo en recomendarte la lectura de los mal hilvanados artículos que a continuación te ofrezco.

Mas si por tu buena estrella, la Divina Providencia no te ha deparado un bien tan grande, un tan exquisito placer, yo te recomiendo sinceramente que pases por alto esta sección, seguro de que nada nuevo en ella has de aprender, ni deleite alguno te ha de proporcionar; sino machaqueo, disgusto, molimiento, fastidio, pesadez, cansancio, y sobre todo perderás un tiempo de un valor inestimable que no rescatarás nunca.

No pienso con ello quitarte las pocas o muchas ganas de leer el modesto y humilde presente que ahora te dedico (pues ya tu propio instinto de conservación te indicará lo que has de hacer) sino desengañarte de antemano por si te has forjado la ilusión de hallar un escrito polémico o de disputa, lleno de erudición, rebosante de sales áticas y adornado con todos aquellos bellísimos arreos que son el patrimonio de los maestros de la pluma y que no pueden exigirse de un neófito como yo, poco avezado por añadidura; a estas y otras lides del ingenio.

Y esto no lo juzguen alabanza propia, que más bien es confesión franca y leal que muchos debieran hacer en la mampara o ante puerta de sus escritos para no venirnos después de muchos rodeos con la eterna cantinela de reconocer su utilidad suma, cuando por pura modestia los han rebajado menos que por justicia y equidad debieran.

Pero tu alma en tu palma, lector querido; y haz lo que mejor te pareciere teniendo en cuenta la no despreciable circunstancia de que el autor, aunque humildísimo, ha tenido el altísimo, empingorotado y estirado como inmerecido honor de recibir la alternativa novillera de manos de un Guerra de las patrias letras (no quiero decir que sea un matador o verdugo de ellas, sino que en éstas ha sobresalido como aquel en el arte de Montes) ciudadano libre en la noble república literaria y consumado maestro en extender o negar patentes de sabiduría, y presentar a los noveles escritores (con mucho éxito por cierto).

Con todo ello pudiera acontecer que el maestro no lo fuera y resultara «falluta» su aprobación, por lo que te suplico que seas clemente en tus juicios, breve en tus comentarios y disimulado en tus apreciaciones. (Continuará) P. DE PEÑARANDA.

El periódico afirmó mantener así una absoluta neutralidad en lo que definió como un «debate entre dos eruditos escritores». No creo que a Justo le pareciese bien acabar en el mismo saco que un principiante.

Lo cierto es que «La Iberia» se había encontrado con un auténtico «culebrón» de la época y no quería soltarlo. Para hacerlo más vistoso, el jocoso encabezamiento apareció en primera página y fue comentado en las gacetillas.

La iberia. Número 521– 30 de marzo de 1909: Gacetillas. Hoy comenzamos a publicar el trabajo con el que el Sr. P. de Peñaranda, replica a nuestro distinguido colaborador D. Justo García Soriano. La inserción de este artículo probará nuestra absoluta neutralidad en la materia que debaten los dos eruditos escritores.

La iberia. Número 522– 31 de marzo de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. Isagoge, introducción, preliminares, prólogo o lo que V. V. quieran menos introito.

En cuanto a la interpretación de las palabras, hay que tener muy presente (y esta observación es muy esencial para el conocimiento acabado de estos «episodios») que aunque hayan algunos un tanto mal sonantes no se han de entender como tales sino en el sentido que su autor quiso darles, que no es otro sino el contrario al que inmediatamente se deduce de la voz.

Esto con respecto a las palabras gruesas y a las frases duras. Las demás entiéndalas cada cual como pueda si es que puede y si no, déjelas en buena hora que no está bien calentarse los cascos por tan poca cosa. Aquí venía como de molde decir cuatro palabras sobre el objeto de este trabajo, pero me basta con manifestar que mi intención será altamente caritativa y altruista, en cuanto he puesto todo mi empeño en apuntar algunas cosas que se había dejado en el tintero el autor del «affaire»; y otras que se le habían deslizado cuando no debían; y finalmente en suprimir algunos harapos que le afeaban, mostrando siempre la verdad clara y desnuda con el fin plausible de añadir algunos timbres y blasones a su escudo.

Si estos timbres y blasones resultan de ignominia y de baldón no se culpe a mí, sino a la temeridad inexcusable de un arlequín con borla, que ha pretendido llegarse a las más arduas y difíciles cuestiones que han tenido en jaque a los más grandes y profundos entendimientos, con cuatro nociones de bachiller (me refiero a las que ha manifestado. Puede este señor ser un Aristóteles, un pozo de ciencia, pero hasta que lo demuestre tenemos derecho a creer que ese pozo está seco) y con algunas citas tan respetables como mal traídas y fáciles de traer.

No por esto pretenderé siquiera pisar un terreno tan sagrado y reservado a los talentos (que sería un absurdo mayor, si cabe) sino que guiado por la brillante luz de la doctrina de aquellos, descubriré los tropiezos, errores y falsedades en que ha incurrido mi colega y contrario, como Dios me dé a entender, procurando no dañar en lo más mínimo ningún cutis, por fino y delicado que sea, y protestando desde ahora que no es ese mi propósito por si creyera alguno, afilerazos, lo que no son más que amistosas caricias y arrumacos tiernos.

Con todo lo cual y con advertirte que no estés esperanzado en el salchichón, que es una alegoría sin magras, el más espiritual y menos indigesto de todos (salvo mejor parecer) cierro el cupo de los prenotados y entro denodadamente en materia, confiado en tu benévola aquiescencia.

Las primeras entregas, con profusión de insultos y burlas, debieron de procurar mucha audiencia al periódico. Justo atesoraba en Orihuela bastantes enemigos de toda índole: políticos conservadores, envidiosos de sus éxitos académicos, ofendidos por sus osadas publicaciones…

De hecho, el encabezamiento volvió temporalmente a la primera plana; y hasta probaron a recortar las entregas para intentar estirar el chicle todo lo posible. Pero enseguida optaron por publicarlas en números alternos con mayor extensión. Voy a transcribir algunos extractos de los mismos agrupados por capítulos.

La iberia. Números 523/524/ 525/526 – 1/2/3/5 de abril de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. ARTÍCULO I. En donde el autor pone las cosas en su punto y dice otras de mucho gusto y provecho.

Cuando el orgullo envanecido desfigura los hechos presentándolos disfrazados como muro fuerte sobre el que edifica un castillo imaginario de injurias, sandías y de torpes acusaciones y en cuyas ideales almenas enarbola el innoble estandarte del error revestido con las galas resplandecientes de la verdad; es hazaña digna de toda loa, acercarse a tan inconsistente baluarte y destruirlo, pulverizarlo con la clara antorcha del entendimiento desapasionado, para ofrecer a la consideración de las gentes el cómico espectáculo de la vanidad y del orgullo envueltos en sus propias ruinas y en toda la vergonzante desnudez de su ignorancia y de su malicia perversa.

No son el resquemor y enardecimiento consiguientes a toda ofensa los que me han impulsado a poner fin y término a una polémica tan inoportuna como fútil (y no se atribuya esto a virtud que no poseo), sino más bien la justa indignación que me causó el ver agitarse convulsivamente haciendo contorsiones de payaso la desgarbada figura de un caballerete a la moda, con ribetes de trasnochado enciclopedismo y casi humos de pretendiente, por el renombre y fama, a la coraza y el sambenito del menosprecio de mis conciudadanos.

(Sin tener en cuenta el epigrama con que satirizaban a D. Tomás de Iriarte y que le viene o encaja como anillo al dedo: Tus obras, Justo, no son ni compradas ni leídas ni tendrán estimación aun cuando sean prohibidas por la Santa Inquisición) ofendiendo la pureza de nuestro patrio idioma en sus empalagosas, farragosas y pegajosas peroraciones; dando muestras claras de estar inspirado continuamente por la musa esencialmente femenina de la contradicción, llamándose así mismo grande hombre y a su artículo, ya famoso; parangonándose con Sócrates y escudándose de llegar a la médula de toda cuestión con apreciaciones superficiales y divagaciones impertinentes.

¡Y pensar que un engendro tan menguado y monstruoso es el fruto de 105 días de continuas cavilaciones, y ha costado a su autor una enfermedad y un recuento minucioso de todos los infolios de la biblioteca nacional!…

… Me determiné a honrar una pobre composición mía con el egregio nombre de D. Justo García Soriano, hombre de talento indiscutible y asombrosa erudición, autor de varias obras notables (por sus disparates) todas ellas en preparación o en prensa (donde debían estar toda la vida por derecho incuestionable), a excepción de un poema que publicó en folleto (y que tuvo que regalar a los amigos, no sé si porque el papel valía más o por otra razón) a la temprana edad de 17 años, 7 días, 5 horas, y 13 minutos, según el meridiano de París.

El tal caballero a quien tuve el empinado y elevado honor de conocer en buena hora y en la redacción de un periódico de esta localidad… En cuanto a sus lecciones, vine a descubrir que eran dignas del maestro Ciruela; que no sabía leer y puso escuela…

… Adoptó, como suprema resolución condenarme al infierno de su despectivo silencio. Pero como el hombre no lo es o no obra como tal en toda ocasión, llegó una en que mudó de parecer siguiendo el de sus amigos, que no deben serlo mucho cuando aconsejaron a nuestro protagonista que contestara en la forma que lo ha hecho….

… Así transcurrieron 105 días calentándose los pies constantemente para dar a luz el «Resucitemos el etc.», y apareció por fin en las columnas de este periódico sin que el cielo se oscureciera; ni temblaran las esferas, sino los lectores a los que se les cayó el alma a los pies (como dicen clásicamente en esta bendita tierra) cuando vieron que el ya famoso artículo era de goma; esto es, que se alargaba prodigiosamente; yo seguía paso tras paso la marcha del «pedescrito» Resucitemos (escrito con los pies)…  

La iberia. Números 527/ 529 – 6/10 de abril de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. ARTÍCULO II. En donde el autor dice algunas verdades que no por serlo dejan de ser amargas.

… Lo que no me agrada ni un ápice es el sesgo que toma V. más adelante, cuando vistiéndose el abotonado pantalón de chulapo, la chaqueta corta con alamares y el sombrero de héroe de los barrios bajos, hace alarde inverosímil de la superioridad de sus facultades y me mira por encima del hombro con marcado aire de perdonavidas que tira de espaldas, y como viene a cuento y es imparcial, voy a darle un consejo de amigo (y perdone la libertad). El hombre cuanto más sabio sea, menos ostentación…

La iberia. Números 531/533 – 15/17 de abril de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. ARTÍCULO III. En donde el lector prudente y discreto leerá de buen grado lo que el autor escribió de por fuerza.

… Al empezar este ramplón y empecatado artículo se nos cuela un problema de trascendental importancia que podemos formular en estos términos: ¿puede D. Justo García «auscultar su pecho» o lo que es igual colocarse en tal actitud que el pabellón de la oreja izquierda o derecha, quede como pegado al pecho, a semejanza de ciertas aves domésticas?

Considerándolo moralmente está resuelto en sentido afirmativo y nadie se atreverá a negarlo; materialmente ya es cuestión de cuello más o menos largo. Así que podemos establecer, si las vértebras cervicales están constituidas en tal individuo al modo que vemos en algunas aves v. g. la cigüeña o la gallina, concedo: Si no es así, niego…

La iberia. Números 533/535 – 17/21 de abril de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. ARTÍCULO IV. En donde verá cosas admirables y primorosas el que se tome la molestia de leerlas u oírlas leer.

En mi aludida composición poética (y permítaseme la frase) decía yo, con el colorido de imágenes que son el natural cortejo del lenguaje de los Dioses, que en el fragor de los truenos y en los resplandores de los relámpagos columbraba yo la mano del omnipresente, animando el espectáculo horrorosamente sublime de la tempestad.

Claro es que al decir «Que detrás de esas nubes arriba allí está Dios», no se había de entender que estaba localizado, circunscrito, aquel lugar, porque los niños, dicen que Dios está en todo lugar, por esencia, presencia y potencia como nos enseña el catecismo y lo reclama la infinita perfección del Ser Supremo…

…Transformarse en la imagen monstruosa que concibe el error y que se llama blasfemia, la cual no es más que un grito que se escapa de los labios, detrás del cual, el alma corre veloz para volver a recoger antes que Dios le haya oído. Pero no fue D. Justo el que lanzó este grito; fue otro que a todos nos acompaña inseparablemente, y que se llama amor propio, el cual, cuando se ve acorralado, salta, pugna, lucha, acomete y todo lo prefiere a declararse vencido. Verdadero cerril que resiste someterse al yugo.

La iberia. Números 536/538/540 – 22/24/27 de abril de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. ARTÍCULO V. Que trata de cosas muy importantes y de perentoria necesidad para el completo conocimiento de estos episodios.

Un «grande hombre» no es un hombre como todos los demás. Su memoria es prodigiosa; en un almacén repleto, es un abismo profundo, inconmensurable, en donde se encuentran bien conservadas, todas las obras que ha producido el ingenio humano en todas las ramas sin exceptuar las de tejidos y comestibles.

Allí está en confuso revoltijo todo que dijeron los siete sabios de Grecia, Solón, Zenón de Chipre, Atenágoras, Diágoras, Galeno, Dioscórides, David de Dinant, Hipócrates, Krause, Sanz del Río, Diógenes, Licurgo y Federico Strauss.

Allí están los conocimientos de los que explicaron la filosofía por sentencias y alegorías; allí la física del Estaguirita revuelta con los adelantos de Newton y los cálculos de Kepler. «El Monólogo» de San Anselmo con la «Crítica de la razón pura» de Kant y El mundo considerado como voluntad del filósofo pesimista. En resumen la memoria de un grande hombre es una enciclopedia y pretender medir lo inconmensurable…  

… Su voluntad es fuerte, enérgica, de hierro colado.  El grande hombre no es un hombre como los demás. Confundirlo con la plebeya grey de los pelagatos y de los hombres a secas, que carecen de apéndice y de adjetivo sería, una verdadera profanación. Sería confundir el cielo, con la tierra, lo bueno con lo malo (…) en una palabra sería parangonar el talento del genio, con el pobre caletre de un escritorzuelo de mala muerte; a D. Justo. García Soriano, doctor en letras y escritor pulido, con un servidor de ustedes…

La iberia. Números 542/544/546 – 29 de abril- 1/4 de mayo de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. ARTÍCULO VI. En el que se debate con calor una cuestión trascendental, y se aducen argumentos tan poderosos que convencerán al más reacio.

Hay algunos hombres que considerándolos a primera vista parecen Cándidos, pero estudiándolos más detenidamente, resultan más cándidos todavía. Digo esto porque el tan llevado y traído D. Justo se ha empeñado en creer que, a partir de la publicación de su ya famoso artículo (Sí, famoso por sus disparates) como él lo plasma enfáticamente, en Orihuela no se habla de otra cosa más que de su impiedad y su ateísmo, que todo el mundo se ocupa de las mil novedades que ha descubierto en Madrid y que todos ignoraban; y que las gentes meticulosas vagan todas asustadizas y espantadas a punto de organizar rogaciones públicas…   

No sea V. inocente, si aquí nadie ha hecho caso del affaire (como tampoco harán de esto). Si aquí nadie ha puesto en duda su religiosidad, es más, si todos estamos convencidos de que es usted un católico práctico, que cumple con sus deberes de cristiano, y hasta me aventuraría a decir que reza el rosario con frecuencia.

Por otra parte, la impiedad de V. resulta ser de zapatero remendón y me trae a la memoria la de aquel patán que, en «los Aparecidos» sale diciendo «yo gracias a Dios, soy ateo». Lo mismo exactamente hace V. Por una parte se nos ofrece creyente, tan religioso y tan santo varón, que parece un beato de oficio y me dan ganas de ponerle en alguna hornacina vacía; y por otra se nos presenta tan racionalista, tan positivista y tan empírico, que a su lado, los más quedan hechos unos pigmeos…

Si quiere D. Justo imponerse más en estas materias para no disparatar cuando vengan al caso, dedíquese a desempolvar las obras imperecederas de aquellos grandes genios especulativos que organizaron el movimiento teológico del siglo diez y seis; resucite del fondo oscuro de las bibliotecas conventuales los apolillados pergaminos que nos atestiguan aquellas batallas incruentas, luchas de ideas en las que el sofisma y la verdad eran los naturales enemigos, y en las que sobresalieron como generales de primer orden:

Fr. Luis de León, Huerga, Maluenda, Arias Montano, Salmerón, Toledo, Laínez, Pineda, Prado, Villalpando, Rivera, Victoria, los dos Sotos, Fr. Luis de Granada, Alcázar, Suárez, Vázquez, Valencia, Sanctus, Ripalda, Ambrós, Lugo, Molina, Yáñez, Mariana, Fox, Morcillo, Rivadeneira, Navarro, Azpilcueta, Antonio Agustín, Gracián,  Vives, Sepúlveda, el Brocense y otros muchos que no cito porque sería una letanía bastante larga (…) y entonces podrá echar su cuarto a espadas en todas estas cuestiones desconocidas por V. y dignas de ser tratadas con más conocimientos de los que V. posee.

Como había pasado con la de García Soriano, la desorbitada respuesta se alargó demasiado y empezó a cansar al público; sobre todo cuando redujo los insultos y las burlas para centrarse en una especie de «disertación erudita» para la que no estaba capacitado.

La iberia. Números 548/550/552/554/556/ 558/560/563/565/567 – 6/8/11/13/15/18/21/25/27/29 de mayo de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Episodios joco-serio-didáctico-críticos. ARTÍCULO VII. Que trata de la ciencia que encierra el párrafo IV del Resucitemos el etc. Continuando con heroica e imperturbable asiduidad la deliciosa y amena lectura del «affaire», heme hallado de silla a silla (por no decir de manos a boca) con el artículo o párrafo cuarto de la serie, que lleva por título «La ciencia, la fe y la poesía» (el artículo, no la serie).

Cualquiera, deslumbrado por la atracción estimulante del título, creería de buen grado, que detrás de esas distinguidas y respetables señoras mías se ocultaba alguna disertación erudita sobre las relaciones mutuas entre las damas que más guerra han dado en todo el mundo porque han ocupado siempre el corazón y la cabeza de todos los hombres.

Y hubiera sufrido un gran desencanto cuando después de leerlo hubiérase convencido de que no había relación, ni de razón siquiera, entre el nombre y la persona, entre el rótulo y el escrito, entre la cabeza y los pies, sino que era más bien una ensalada sin aceite, un pantalón sin trabillas, una comida sin sal, un buñuelo indecente…

… Después de manifestarnos que lo que él entiende por fe son «las groseras y supersticiosas creencias del vulgo» y no sé qué «tradiciones piadosas» que ni explica ni define, nos acomete con un párrafo de mucha bambolla y poco meollo en el que con una seriedad por demás ridícula, encaja cuatro vulgaridades raídas de puro viejas, para decirnos la frase (usada, ajada, resobada, cascarrada, y mandada a desaparecer por un zapatero de viejo que yo conozco), de que la «Civilización, con mayúsculas, ha roturado los cerebros».

Pero no es lo más malo con serlo mucho lo que contado llevo del artículo IV. Hay una declaración que estremece, una acusación falsa, un supuesto temerario que constituye un delito de lesa humanidad. «La Humanidad, dice el poco letrado Doctor en Letras, ha permanecido sumida, por muchas miríadas de años en la idiotez salvaje y en el embrutecimiento de la ignorancia».

Y después añade «recordando a cada paso su origen y su atavismo animal, su bestialidad primitiva». ¿Quién no juzgará las anteriores palabras como una lujuria atroz; como una ofensa gravísima a la historia tersa y límpida del género humano? Yo no me contento con protestar con toda la fuerza de mis pulmones en contra de un tan atrevido atentado…

Las últimas entregas son insoportables y las he resumido al mínimo. Algo parecido debieron pensar en la redacción de «La Iberia»; pues después de media docena de números sin noticias de Peñaranda, la serie finalizó con una improvisada «conclusión» en la segunda semana de junio.

La iberia. Número 574 – 8 de junio de 1909: La apoteosis de un genio. El genio de un Salomón. Un salchichón con chorreras. O el final de una cuestión. Conclusión. Afanoso me andaba dando de mano a un postrer artículo de la serie cuando por falta de salvadora arena, papel secante, o cualquier otro secante aunque no fuera papel, hube de esperar a que secara la cuartilla que yo escribo por ambos lados, por economía y por no gastar mucho. Para evitar los peligros tan funestos de la ociosidad me puse a leer la continuación del IV párrafo del «Affaire»…

… ¡Cuán magnífico y deslumbrante pareciome García empapado en las teorías brillantes de Huxley, Agassiz, Heriberto Spencer, Stuart, Mill, etc.! Entonces determiné retroceder en mi marcha y por lo pronto retiré una disertación «sobre la posibilidad del vacío infinito» que iba a dar a los tórculos. Después pedí consejo sobre el particular a un muy amigo y diómelo de la siguiente manera: Hiciste bien con suprimir el artículo sobre el vacío, porque es largo (el artículo) y más propio para publicarlo separadamente que no en tonos polémicos…

En esta última entrega trató de justificar la eliminación de buena parte de su disertación, atribuyéndola al consejo de una tercera persona. Y dejó que un «supuesto amigo» se encargase de resumir lo que se le quedaba en el tintero por la abrupta despedida.

… Ni me parece oportuna la publicación de «Ateos con careta y sin ella», porque si bien demuestras con fáciles razonamientos el ateísmo puro sin atenuaciones ni distingos de todos los autores que D. Justo enumera (…)  sale mal librada la figura religiosa de García y hasta pudiera interpretarse como ensañamiento eurimedóntico, y tal vez le obligaras nuevamente a empuñar la copa de cicuta que tan pésimo resultado le dio en otra ocasión.

Por idéntica razón debes ocultar y pasar por alto aquello de libros que se tienen y peinan por sagrados porque aquí más que en otra parte, pones de manifiesto su racionalismo descarado y ateo. La cuestión de Galileo suprímela para no caer en el defecto que criticas; pues según tú mismo dices y es la verdad, mucho se ha divagado sobre este asunto que no se ha conocido bien…

…Por lo que toca a la graciosa aparición de Torquemada, puedes descontarla porque todo el mundo habrá reído la sandez. Es muy cierto y hay que dejar en pie lo que afirma Soriano de la inutilidad y esterilidad práctica de la metafísica, de los metafísicos y de todo lo que huela a abstracción, fundado quizá en que las ciencias puramente especulativas jamás han abaratado la paja ni la cebada. Tampoco veo que tú le tengas que agradecer por ningún lado su funesta e ingrata labor que más bien estás obligado a deshacerla y desvirtuarla.

Por todo lo cual y porque estas cuestiones están tan cercanas al ridículo como alejadas de toda utilidad y provecho yo terminaría este «affaire» enojoso haciendo constar la primitiva e inicial equivocación, descortesía o falta de sentido común del señor Soriano; enumerado en pocas palabras algo de lo que te he indicado, agradeciendo el favor que te hace al final y aceptando su benévola, sincera y amistosa resolución con lo que te acreditarías de juicioso, comedido, humilde y bien criado. Este es el consejo que me dio un amigo y el que cumplo al pie de la letra…  P. de Peñaranda.

En mayo, Justo había asistido a la boda de su buen amigo Enrique Luis Cárceles, en compañía de su prima Eugenia. Es muy posible que la crónica de la ceremonia para la prensa oriolana, firmada por «un paisano», fuese obra suya.

Iglesia de Santiago (Madrid)

La iberia. 26 de mayo de 1909: Una Boda. DESDE MADRID. El  domingo 23 de los corrientes, se efectuó el anunciado enlace matrimonial de la bella y virtuosa señorita bilbilitana, Águeda Salazar, con nuestro querido amigo y paisano el joven y renombrado pintor D. Enrique Luis Cárceles. Verificóse la ceremonia religiosa de la boda en la iglesia parroquial de Santiago, de esta Corte, siendo los padrinos el ilustre ingeniero D. Luis Barcala Cervantes y su distinguida señora Teresa Moreno.

Sirvieron de testigos el coronel de caballería retirado D. Vito Rebagliato y don Juan García y García. De la numerosa y escogida concurrencia que presenció el acto, recordamos, además de las expresadas personas, a las señoras Dª. Sofía Cervantes, madre del Sr. Barcala, Dª. Concepción Salazar, hermana de la novia, Dª. Remedios y Dª. Gabriela Belmonte, Dª. Eugenia Tribello, las Srtas. Ángeles y Petra García y María Montañés, y los Sres. D. Ángel y Mariano Salazar, hermanos de la novia, D. Luis García Manrique, don Ángel Torcal, D. Julio Montañés, D. Justo García Soriano, D. Pedro Vela y D. Tomás Zafra.

Terminadas la ceremonia y la misa, los novios y la mayor parte de los concurrentes fueron obsequiados por los espléndidos padrinos con una suculenta comida en el Hotel de los Leones de Oro. Reinó allí la natural alegría entre todos los comensales, y el Sr. Barcala, con la exquisita sencillez que le distingue, hizo gala de su cortés galantería y de su agudo ingenio. Ya bien entrada la tarde finalizó la íntima fiesta.

Los Leones de Oro. Madrid.

En el correo de Murcia de anoche marcharon con dirección a esa ciudad los nuevos y felices cónyuges, siendo despedidos en la estación de Atocha por numerosos amigos. Cúmplenos ahora desde estas columnas reiterar a la nupcial pareja nuestra más cordial enhorabuena y nuestros deseos; de que goce en su nuevo estado, de toda clase de prosperidades y de una interminable luna de miel, de una sola fase, es decir; que  no tenga más que cuarto creciente… Un paisano. 24 de Mayo 1909, Madrid.

Entre los objetos del legado encontré este artesanal tratado de Latín que, supongo, utilizaría con sus alumnos.

AMO. LJGS.

En octubre, un maestro nacional llamado Manuel Giménez (en 1931 lo era maestro de Torreagüera), mencionaba en una carta a una «muchachita muy mona»; una murciana de la que Justo se había enamorado perdidamente. El tipo tenía una caligrafía envidiable; pero también una redacción pésima.

Señor Don Justo García Soriano. Distinguido amigo. Después de saludarte me permito hacerte el encargo siguiente: Como sabes muy bien, en Agosto último fui propuesto por esta Junta Local de 1ª Enseñanza, para la Cruz de 1ª clase de la orden de Alfonso XII y al informar dicha propuesta la Junta Provincial desearíamos todos los compañeros propuestos en qué R. O. o Decreto para ello se han de apoyar.

Así es que te agradecería en extremo, fueses al Ministerio de Instrucción Pública y preguntaras cuál es el negociado de la citada orden y allí mirar lo que hay legislado sobre el particular; tan solamente las fechas de la Gaceta en que se han publicado. Es favor que en extremo te agradecería tu buen amigo que sabes que te quiere en extremo aunque seas oriolano y republicano.

Manuel Giménez. Hoy 10/10 = 1909. Se me olvidaba = me dijo tu mamá habías entablado relaciones amorosas con una muchachita muy mona de aquí. Te felicito y deseo dulces de boda.

AMO. LJGS.

Se llamaba Carmen Miralles; y de su relación epistolar disponemos de una tarjeta postal (que de algún modo recuperó) y del borrador de una carta.

Es mi musa morena como Tisbe, / como la Sulamita y como Esther. / Entre los rizos de su pelo, el alma / prisionera dejé. / Brilla siempre en sus ojos soñadores / ardiente centelleo de pasión… / Desde allí despiadado el dios Cupido / sus flechas me arrojó. / Al sonreír prometen incitantes / dicha eterna, sus labios de coral… / Sólo en ellos la sed que me devora / lograría calmar. Madrid, 5- X-1909. Idolatrada Carmen: Tú serás la musa que inspire tiernos y sublimes cantos de amor a tu apasionado. JUSTO.

AMO. LJGS.

Mi adorada e inolvidable Carmen: La alegría de recibir tu cariñosa carta, acabó de restablecerme de mi leve enfermedad, aunque no del mortal mal de amores que padezco desde que te conocí, y del que no podrá curarme nada ni nadie, más que tú y un cura.

He oído que tu ligera indisposición del estómago y de la cabeza no ha tenido ninguna importancia, y que disfrutas de salud y buen humor, lo que mucho celebro. No creo que mi ausencia haya influido gran cosa en tus achaques; sino acaso el comer a deshoras, como acostumbras.

Por más que me has asegurado tantas veces, nenica de mi corazón que me quieres mucho y que me querrás siempre, eso supone para mí tanta dicha que me parece imposible; o por lo menos poco duradero. Créeme que estos pesimismos me atormentan muchas horas, y sólo consigo disiparlos un poco leyendo las promesas de amor que me haces en tus cartas.

No es que me figure que me estás engañando, pues bien sé que tienes un corazón muy noble y muy leal, sino que como he sido otras veces desgraciado en amores, los desengaños me han hecho pesimista. Perdóname si te molesto con estos celos, temores y desconfianzas, pues ellos son la mejor prueba de la ciega pasión que siento por ti.

Y que con la ausencia va aumentando cada día que pasa, hasta el punto de que ahora te quiero el doble que cuando estaba en Murcia. Hoy te incluyo otra postal. Deseo que te guste tanto como la que te envié en mi carta anterior. Aquella me gustaba a mí mucho más porque se parecía a ti, aunque tú no lo creas. Obedeciendo tu mandato y contando con tu permiso, en este mismísimo correo le envío a Amparito la postal que la prometí.

Murcia. Plaza de Camachos en 1909.

Dile que te la enseñe. Supongo que no tomarás a mal las frases de galantería que la dedico, pues por cortesía y educación debo decírselas, como tú puedes comprender. No me hago el distraído, de veras que no me acuerdo que yo dijera estando en el balcón, al verla salir una tarde con su mamá: «Por ahí va la mitad de mi alma»; pero al ser así como tú aseguras, desde luego que mis palabras no podían ser más que una broma sin importancia y sin intención alguna.

Te repito que mi alma, toda entera, te pertenece sólo a ti. Siguiendo tu consejo procuro divertirme bastante, aunque yo ya no me divierto no teniéndote a mi lado.  Hay otros ratos que tengo pensamientos muy extraños, acordándome de todos tus antiguos pretendientes. Del de Almoradí, que te fue tan simpático sobre todo, y sufro horriblemente con quiméricos celos que me cuesta mucho desechar.

El borrador incluía el texto para otra postal.

En la postal: Como liba el perfume de las flores para su miel la abeja laboriosa, bebo en la rosa de tus labios rojos el néctar seductor de mis amores, y cual busca la luz la mariposa, busco yo el fuego de tus negro ojos. Justo García. Madrid, 13-X-1909.

Para un hombre que conocía y amaba tanto la mitología clásica, se puede decir que, en cuestión de semanas, pasó del influjo de Eros al de Tánatos. El 13 de diciembre de 1909 falleció su padre en la ciudad de Murcia, donde residía desde hacía meses por motivos económicos.

Justo García Sánchez. AMO. LJGS.

Don Justo fue enterrado en el cementerio municipal de Nuestro Padre Jesús; el camposanto inaugurado hacía poco más de dos décadas en los Llanos de Espinardo. Entre los apuntes biográficos de su nieto, encontré la siguiente nota en la que parece estar equivocada la fecha del fallecimiento.

D. Justo García Sánchez murió el día 16 ó 17 de diciembre de 1909 en Murcia. Su entierro costó: 20 pesetas del féretro decorado en negro. Coche de dos caballos empenachados, 20 pesetas. Al portador de la caja, 1 peseta. 2 litros de cera de 2 y ½ litro, 4 pesetas. Total 45 pesetas. Recibió Saturnino Tortosa. La Nueva Funeraria. Plaza del Poeta Zorrilla, número 11. Murcia. La renovación por seis años, contados desde el 13 de diciembre de 1915. Nicho sencillo Nº 392.

Anuncio del Diario de Murcia.

La noticia tardó en llegar a Orihuela; lo que demuestra su alejamiento temporal de la prensa local.

La Iberia. Número 431- 22 de diciembre de 1908: En Murcia donde residía accidentalmente, ha fallecido nuestro querido amigo y paisano D. Justo García, padre de nuestro distinguido colaborador D. Justo García Soriano, al cual, lo mismo que a su familia, enviamos la expresión de nuestro profundo sentimiento.

Recordatorio Justo García Sánchez. AMO. LJGS.

El Eco de Orihuela. Número 42 – 22 de diciembre de 1909. En la vecina capital de Murcia en donde últimamente había fijado su residencia, dejó de existir hace varios días, nuestro querido paisano D. Justo García, probo empleado que fue durante muchos años de este Municipio. A su atribulada esposa, hijos y demás familia, les acompañamos en su profundo dolor por tan sensible desgracia de familia. Descanse en paz el alma del finado.

Por el momento, nada más os puedo contar relativo a este año. Supongo que nuestro biografiado pasó esa triste Navidad en Murcia; acompañado de su madre y quizá consolado por la tal Carmen Miralles; pero no tengo nada que lo demuestre. Cierro pues 1909 con una preciosa postal de Murcia en aquellos tiempos…

Murcia a principios del siglo XX. Postal de Hauser y Menet (Madrid).
Enlace al siguiente capítulo.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas, a Jesús García Molina y a José Manuel Dayas.

Campoamor y la Dehesa de Matamoros.

La Ilustración Española y Americana. 15 de febrero de 1901. BNE.

De la biografía de Ramón de Campoamor, suficientemente tratada por muchos autores, sólo quiero mencionar el cargo de gobernador civil de la provincia de Alicante en 1847.

En la capital levantina, gracias a este nombramiento, conoció a una dama de ascendencia irlandesa llamada Guillermina O’Gorman con la que contrajo matrimonio en 1849.

Guillermina era hija de un acaudalado comerciante que aprovechó la desamortización de Mendizabal para adquirir una inmensa propiedad al sur de la provincia; una finca cargada de historia de la que tenemos noticias desde el siglo XV por su torre, su ermita y el convento de San Ginés que llegó a ser Cartuja de Vía Coeli.

Allí sufrieron las razias de los corsarios musulmanes dominicos, mercedarios, cartujos, carmelitas….

Hablamos de la dehesa de Matamoros; llamada posteriormente la dehesa de Campoamor.

Dehesa de Campoamor.

La Dehesa de San Ginés o de Matamoros.

La Correspondencia de España, 21 de abril de 1862: El Sr. D. Ramón de Campoamor, deseoso de que se realice el establecimiento de una granja-modelo en la provincia de Alicante, presentó últimamente a la junta de agricultura un proyecto de granja, manifestando que desde luego pone a disposición del gobierno una de sus posesiones que es la llamada Dehesa de San Ginés, jurisdicción de Orihuela, término de la Horadada y situada entre las provincias de Alicante y Murcia.

La posesión, tiene en primer lugar una extensión que abraza cinco leguas de circuito y en diferentes puntos están situados cinco edificios, dos de los cuales son bastante grandes, y sobre todo uno de moderna construcción llamado casa nueva de Matamoros.

El Mundo Cómico, 4 de enero de 1874.

BOLETÍN OFICIAL. 20 de Enero de 1868. MINISTERIO DE FOMENTO. REAL ORDEN. Agricultura. Ilmo. Sr.: Visto el expediente instruido en el Gobierno civil de Alicante, a instancia de D. Ramón de Campoamor, con objeto de alcanzar los beneficios que dispensa la ley de 11 de Julio de 1866 sobre fomento de la población rural, para ocho caserías que el interesado tiene establecidas en su finca denominada dehesa de Campoamor, sita en el término de Orihuela: Resultando de dicho expediente:

1. Que a las ocho caserías se les ha demarcado por el perito designado al efecto el número de hectáreas que ha estimado convenientes dentro de las que la ley permite.

2. Que la casería a que han dado el nombre de la Gea o Hojosa dista de la población más inmediata cuatro kilómetros; siete las dos llamadas el Convento y la conocida con el nombre de Casa del Guarda; ocho las denominadas Guillermina y la Mincha, y nueve la que llaman la Glea.

Y 3. Que el total de hectáreas utilizadas que abraza la finca es el de 2.600, de las cuales 1.340 corresponden con la proporción debida, a las siete caserías antes indicadas, aplicándose las 1.250 restantes al establecimiento de una granja de extensos cultivos, para lo cual tiene construida el interesado otra casa, distante de la población más inmediata seis kilómetros.

Resultando del propio expediente que D. Ramón de Campoamor había solicitado en el mes de Junio de 1866 que se aplicasen los beneficios de la ley de 21 de Noviembre de 1855 a la finca de que queda hecho mérito; y que apoyado después en lo dispuesto en el art. 9 ° de la ley de 11 de Julio de 1866 optó por los que esta dispensa, cumpliendo para ello con todas las formalidades que en la misma se imponen y el reglamento determina.

S. M, la Reina (Q. D. G.) se ha servido declarar que las ocho caserías que motivan dicho expediente tienen derecho al disfrute de los beneficios que concede la ley de 11 de Julio antes citada, en la proporción que sigue:

Por 15 años la casería llamada Bojosa; por 20 las dos denominadas el Convento y la conocida con el nombre de Casa del Guarda; por 25 la Guillermina, la Mincha y la Glea, y por 20 años la granja destinada a extensos cultivos, que llaman Matamoros.

Lo que de Real orden comunico a V. I. para su conocimiento y efectos correspondientes. Dios guarde a V. I. muchos años, Madrid 4 de Enero 1868.— Orovio.— Sr. Director general de Agricultura, Industria y Comercio.

Tras la lectura de estos dos documentos que retratan la finca en términos mercantiles, vamos a ver como la describen Juan Pérez Aznar en 1882; Luis Cánovas en 1889 y Marciano Zurita Rodríguez en 1924.

Esta primera transcripción está formada por fragmentos de una extensa y florida publicación ofrecida por entregas en el diario alicantino «El Constitucional».

El Constitucional, diario liberal, Alicante 1882/1883

El Constitucional, Alicante 1882/1883: LA DEHESA DE CAMPOAMOR. La carretera de Balsicas nada ofrece de notable; atraviesa un campo yermo, un extenso saladar; se recorren ocho kilómetros por ella hasta llegar a los primeros matorrales de la dehesa, entre la asfixia y el polvo; nuestros carruajes recorrieron este trayecto en una hora; el terreno no tiene nada de accidentado, los amojonamientos de la extensísima finca del Sr. Campoamor, cuyo perímetro mide más de seis leguas, constituyen  los primeros pinos y malezas, la primera vegetación que aparece a la vista.

El contraste es sorprendente; lindante con la loma pelada y seca, se levanta el campo esmaltado con todos los colores con que la naturaleza pinta la exuberante vegetación; antes de llegar a este sitio la brisa perfumada con todas las esencias que recoje al paso, acarician la abrasada frente del viajero y dilata sus pulmones constreñidos por el calor y el polvo.

La dehesa de Campoamor gráficamente dicho en mitad de la carretera de Torrevieja a Balsicas, no es otra cosa que un delicioso oasis en mitad del desierto; ningún murmullo, ningún canto, ningún movimiento, ningún ruido se percibe en ocho kilómetros de un terreno caldeado por el sol; cierto es que el mar azul y tranquilo se tiene constantemente a la vista, recreando el ánimo, pero el cuadro de la naturaleza carece de encantos, de expresión y de vida; si no le anima la variedad, si no lo matizan todos los colores, si no le arrullan todos los murmullos.

El follaje se mueve en cuanto se entra en territorio de la dehesa de Campoamor, los pájaros cruzan en todas direcciones buscando sus fofos nidos en las copas de los árboles. En este delicioso edén vemos al ánade jugar con la ola, a la perdiz aventurarse en todos los atajos, absoluta y libre. Los rayos del sol vense de continuo interceptados por el bosque; y la luz desleída recorre todos los tonos de una sombra que convida, o a la meditación, o al sueño; pero nos dejamos muy pronto llevar de las impresiones. Todavía estamos en la carretera que atraviesa la finca del Sr. Campoamor.

La casa se descubre allá a lo lejos, destacándose sobre un mar de verdura. Seméjase a un pájaro enorme con sus alas desplegadas a punto de tender su vuelo; para llegar a ella hay que atravesar un barranco por un puente de reciente construcción, afiligranado de pilones de piedra de cantería; en su fondo, y siguiendo hasta la orilla del mar, vese un bosque de olivos, animado por el tornasol de su follaje espeso y por el monótono canto de la cigarra.

Desde este sitio ya el terreno comienza a ser accidentado y silvestre. Por varios atajos se puede llegar a la casa que se divisa en un alto; pero nuestros carruajes siguieron la carretera hasta encontrar el cruce de otra en construcción que ha de conducir desde San Pedro del Pinatar hasta Orihuela. Dicho camino corta por la parte del Oeste y Norte, toda la dehesa en una extensión de 6 kilómetros. Pero ya estamos cerca de la casa, ya oímos los ladridos de los perros, la gente que hay en ella se pone en movimiento.

Por fin… dos horas hemos tardado. El señor Campomanes echa pie a tierra y nos guía al magnífico asilo, objeto de nuestro viaje y soñado paraíso por el que hemos dejado nuestras habituales ocupaciones con ánimo de encontrar solaz esparcimiento y grato deleite en él. Ya estamos en el magnífico salón cuadrilongo, cuerpo principal de la casa que, situada frente al mar y en lo más alto de la dehesa, la domina por completo.

No es esto decir, ni negar en absoluto que hubiera entre nosotros quien comía el arroz con pollo ricamente condimentado por mano hábil entre las dulces abstracciones del enamorado pensamiento; ni que alguien dejase de solicitar después del espléndido almuerzo una cucharadita de algo atemperante para que la aceituna en el estómago no extrañase al salchichón, ni el queso al dulce de almíbar, ni el melón regalado a la carne sazonada a fuerza de manteca.

De Torrevieja se va a Matamoros con el alma henchida de recuerdos, y de la espléndida y rica mesa que en Matamoros hace servir el señor Campoamor o su familia en su ausencia, se levanta el huésped completamente satisfecho y harto. Nuestro primer almuerzo fue excelente. Por entre las espesas persianas de los balcones del comedor se colaba un airecillo agradable, saturado de perfumes; desde la mesa se ve el mar y se cuentan por centenares los pájaros que por la dehesa cruzan festejando al viajero con sus melodiosos trinos.

La Esfera, ilustración mundial, 1916. BNE

Parece que la hospitalidad está allí en competencia. Todo en aquella casa y en aquel campo es grato, dulce y delicioso. Pero vamos a tomar café y a brindar chocando las copas que rebosan del espumoso champagne, el vino de todas las fiestas y el que preside nuestras efímeras alegrías. El Sr. Campomanes brinda; breve es lo que dice pero nada más oportuno ni más elocuente. Su pensamiento es un idilio. He aquí con pocas palabras resumido su discurso.

«Señores: el campo es la libertad, aquí el pensamiento de cada cual es soberano, la lectura, la caza, el paseo, estos son los goces que os proporciona la dehesa y de los que podéis disfrutar sin limitación alguna; quien quiera dormir, al lecho; en aquel rincón hallaréis cuantas escopetas queráis, la biblioteca está atestada de libros; donde quiera que dirijáis vuestros pasos hallaréis grata sombra y pintorescas encrucijadas que recreen vuestro ánimo, esta es vuestra casa, estamos en familia, cada cual es jefe y soberano de sus gustos y muy dueño de hacer lo que le plazca sin dar cuenta a nadie, absolutamente a nadie. Viva la libertad».

Esto produjo una verdadera explosión; los aplausos fueron estrepitosos. Los brindis se sucedieron sin interrupción alguna; al Sr. Campoamor, al poeta insigne y al filósofo profundo, debieron llegar de una manera vaga y misteriosa nuestras protestas de admiración y respeto; se recitaron algunas doloras, parto de su rica y exuberante fantasía, celebramos su ingenio, con orgullo verdaderamente español, y gratamente emocionados nos levantamos de la mesa, y nos dispersamos, cada cual buscando el compañero de paseo, el compañero de caza, o el limpio fofo y regalado lecho, que en ventiladas y espaciosas habitaciones, brindaban una venturosa siesta.

Espeso cañaveral sirve de zócalo a aquel vetusto edificio ennegrecido por el tiempo y medio oculto por el enmarañado bosque, cuyo follaje tornasola la brisa con hermosos cambiantes de luz y de cuyo seno brotan todos los murmullos de igual manera que del claustro las dísticas armonías de la plegaria. La imaginación profundamente abstraída, fantaseaba aquel paisaje.

Ruinas de San Ginés en la actualidad.

Por todas las encrucijadas, al pie de cada árbol donde quieran los ojos, fijábanse con la indolencia que precede al sueño; allí se veía al austero penitente de San Ginés envuelto en tosco sayal, buscando en el corazón de aquella naturaleza virgen eficacísimos remedios contra las humanas dolencias. De todas partes se veían gentes laceradas de alma y cuerpo, fantasmas extenuados y hambrientos que al primer golpe de la campana, acudían en tropel a la oración y a la sopa.

¡Oh! la imaginación, el desvarío resucitan los tiempos o se precipita en el pasado para ahondar los secretos de la muerte. Pero despertemos de esta pesadilla. El convento de San Ginés ya no tiene campanas, ni monjes; los árboles seculares han sobrevivido al austero pasado, y por más que con el vago murmullo de su follaje recitamos un poema conmovedor y elocuente, nada podemos traducir de él, y es fuerza que despertemos a la realidad de la vida.

La Ilustración Gallega y Asturiana. 1880. BNE.

El día comenzaba a clarear; el campo ofrecía un aspecto extraño; cada matorral medio envuelto en la oscuridad y en la bruma, parecía un grupo de hombres en acecho; el mar, velado a grandes trechos por espesa neblina, destacábase sosegado y tranquilo; por el Oriente dibujábanse violáceas nubes que indicaban la presencia del astro del día. Las gaviotas con vuelo tardo, cruzaban la costa con dirección a Cabo de Palos.

La expedición llegó a la carretera sintiendo las primeras molestias de los rayos del sol. Allí esperaban ya los carruajes. Subimos y nos pusimos en marcha hacia San Pedro del Pinatar. El campo apareció hermosísimo a nuestra vista. Por todas partes veíanse quintas de recreo, casas de labranza, frondosas huertas, extensos olivares, grandes viñedos, una naturaleza exuberante, fecunda, rica.

Cabo Palos divisábase a la izquierda; frente al camino que seguíamos viaje a San Pedro. A orillas del mar Menor y en todo el perímetro de aquella costa, destacábanse multitud de puntos blancos, grupos de casas que se ocultaban y aparecían a nuestros ojos como si brotasen del fondo de un mar de verdura, poetizado por lo vago de las distancias.

Lo que más nos llamó la atención fue un punto luminoso que reverberaba a la luz del sol como un diamante colosal, inmenso. Era una montaña de sal blanca, purísima, cristalizada en prismas como las facetas del valioso carbúnculo. Antes de llegar a San Pedro del Pinatar tomaron los carruajes por una vereda. A nuestra espalda quedaba, allá a lo lejos y sobre una cima profusamente alfombrada con todos los tonos del color verde, la casa de la dehesa Matamoros…

La Ilustración Artística, 1901. BNE

Pasamos a las palabras de Luis Cánovas en 1889. (Puede ser el famoso torrevejense Luis Cánovas Martínez, nacido en 1857).

La Ilustración ibérica (Barcelona) 2 de febrero de 1889: Voy a hablar de Matamoros. Si describir la dehesa hermosísima en que el ilustre autor del tren expreso viene a descansar de las fatigas del Consejo es sumamente difícil, dar de ella una completa idea en pocas palabras es extraordinariamente fácil. La naturaleza, esa gran enemiga del hombre, según Leopardi, ha sido para Campoamor, más que amiga, aduladora y cortesana.

La muy pícara, sintiendo por el gran poeta la admiración que se despierta en todo el que le conoce, ha querido darle de ella una prueba concluyente y ha hecho de Matamoros un pequeño poema. Eso es, ni más ni menos, la dehesa famosa.

¿Qué veis en un poema de Campoamor? Un plan admirable, una variedad infinita de tonos resolviéndose en una unidad sorprendente y avasalladora; una facilidad irritante que hace creer a muchos ilusos que aquello lo puede hacer todo el mundo; la realización de esa paradoja de la prosa poética que él verifica sin esfuerzo, poniendo al lado de la teoría con tanto ingenio defendida, uno y mil ejemplos que la robustecen y afirman.

Un soberbio desprecio de ciertos convencionalismos académicos, tan arcaicos como insostenibles; y, por encima de todo eso, dándole vida, luz, armonía y belleza, su genio original y único, la encarnación más perfecta de la lírica moderna. Y así es Matamoros.

Su plan, su disposición, es acabada y bellísima. Su variedad inagotable, desde las hermosas cañadas que rodean el barranco de la Glea hasta los espesos pinares que dan acceso al convento, desde las lomas erizadas de chaparras de la Bojosa hasta las rocas de la Peña del Cuervo, en que parece habitar la ninfa Eco; mil y mil panoramas espléndidos, ora risueños, ora sombríos, se suceden ante la vista, resolviéndose en unidad armoniosa y sensible.

No ha entrado allí la mano despótica y ridícula del cultivador moderno trazando líneas rectas, recortando las frondosas copas e imponiendo a la madre naturaleza una simetría tan absurda como antiartística. Las estrofas de aquella oda gigantesca que canta Matamoros a su dueño no están medidas con el académico martilleo de un alejandrino: tienen la graciosa soltura, el hechicero descuido de la silva, el metro preferido del gran poeta.

Pero además de ser la dehesa esclava de Campoamor, sectaria e idólatra de su célebre amo, es también su acreedora, su dueña en cierto modo. ¿De cuántos inspirados cantos no le es deudor el egregio vate? Aquel final apasionado del primer canto de su Don Juan, aquella gracia infantil del comienzo de los Grandes Problemas, la envidiable maestría con que Campoamor describe y pinta las escenas del campo, ¿a quién sino a Matamoros los debe?

Pocos días ha que D. Ramón y el que firma estas líneas paseaban juntos por la hermosa posesión. Era la caída de la tarde. El viento, fresco y juguetón, nos acariciaba. Despedíase el sol, con pena, de aquel oasis. Los pinos parecía que se inclinaban al pasar el poeta, como rindiéndole pleito homenaje. Nos paramos en medio de una estrecha senda y me dijo Campoamor:

—¿No le parece a V. escuchar voces confusas y suaves que de árbol a árbol mantienen diálogos misteriosos? Ese dulce murmullo me inspiró el canto de mi Drama Universal, lo que dicen los árboles. Y todavía le es deudor D. Ramón, a su finca, de otras dos cosas que ni se compran ni hay dinero con qué pagarlas si se vendieran: la salud y la alegría.

Ramón de Campoamor. Retrato autógrafo 1896. BNE.

El reuma, el pícaro reuma, que a veces hace pasar amargos ratos al poeta, como para recordarle que, a pesar de su genio peregrino y único, es un mortal como todos los que le rodeamos admirándole, desaparece en cuanto se divisan los horizontes de Matamoros; y por allí se ve todas las tardes a Campoamor, con la agilidad y la fuerza de un muchacho, subir repechos, bajar pendientes, cruzar trochas y darse, en fin, unos paseos tan higiénicos como fatigosos para cualquiera que tuviera su edad, pero no sus bríos.

Y también huye de aquel risueño campo ese pesimismo que a veces atormenta la poderosa fantasía del vate y se trasparenta en alguna de sus hermosas estancias. Allí, en aquella hermosa casa con honores de palacio, hay cuartillas encima de todas las mesas; y D. Ramón, con idéntico entusiasmo que en sus juveniles años, trabaja de continuo, dando al mundo una vez más el sublime espectáculo de una inteligencia y un corazón eternamente jóvenes en una cabeza que han cubierto de nieve los años y en un cuerpo al que en vano intentan robar vigor. LUIS CÁNOVAS.

Vamos a terminar con un fragmento de la biografía del poeta, que compuso Marciano Zurita Rodríguez; en él habla de la finca veintitrés años después de la muerte de D. Ramón.

La Ilustración Española y Americana, 15 de febrero de 1901. Entierro de Campoamor.

«Matamoros»,  la finca magnífica, tendida junto al Mediterráneo, entre Torrevieja y San Pedro de Pinatar. Allí pasaba el insigne escritor buena parte del año dirigiendo el cultivo de la tierra y las plantaciones de árboles. Cuando nosotros, en el verano de 1924, visitamos lo que fue refugio, recreo y descanso de Campoamor, pudimos darnos cuenta de algunas cosas que nos causaron verdadera pesadumbre. La finca estaba asolada. Ya no se denominaba «Matamoros» sino «Campoamor».

Este respetuoso homenaje a la memoria de su glorioso propietario nos pareció muy oportuno. En cambio, nos produjo hondo pesar saber que la finca había sido vendida el año anterior en noventa mil duros a don Joaquín Amor y don Pascual del Baño y que los nuevos dueños habían sacado, solamente de la corta de pinos, ciento sesenta mil pesetas. Recorrimos el antiguo palacio, convertido hoy en casa de labor, con una plebeya teatralidad de aperos y de abonos.

Casa principal de la finca de Matamoros. 1913. Colección Sala Aniorte.
La casa de Campoamor en la actualidad. Fotografía José Córdoba.

Buscábamos algún recuerdo que nos hablase íntimamente de Campoamor, y ¡qué pocos pudimos encontrar! Lo que mejor se conservaba era el despacho del poeta, en el ángulo oriental, con dos balcones claros y luminosos que beben la roja lumbre del sol del Mediodía y el azul marino de Levante.

Sobre la mesa en que Campoamor escribía sus maravillosas doloras, había un cartapacio de piel descolorida, un escarabajo de hierro, un aparato de cristal con brújula, termómetro, reloj de sol y calendario perpetuo; un timbre de metal oxidado; un tintero de porcelana lleno de mellas; dos ceniceros de asta, y una plegadera en forma de suela de chapín con tacón Imperio, en la que, bajo la corona real de España, aparecía una flor de lis y en ella escrito un nombre egregio: «Isabel de Borbón».

La biblioteca había desaparecido totalmente y la habitación que ocupara era entonces capilla. Me aseguraron que los libros habían sido llevados a un desván de El Pilar de la Horadada, de donde fueron desapareciendo poco a poco. La vida que Campoamor hacía en «Matamoros» era por demás plácida y sosegada.

Levantábase al amanecer y bien solo o ya en compañía de su esposa, daba un largo paseo por la finca, que tenía treinta y cinco mil tahullas cultivadas y una extensión de cuatro leguas en contorno. Examinaba los trabajos que hacían los labriegos, conversaba amistosamente con éstos, y a las diez se recogía en la casa, donde trabajaba hasta las doce.

Dehesa de Campoamor. Puente de la Glea.

Después de almorzar dormía, según costumbre, una dilatada siesta, y a eso de las cuatro, en primavera y en otoño, y a las cinco o las seis en verano, daba un nuevo paseo o bien ordenaba que enganchasen la tartana e iba a El Pilar de la Horadada a platicar con el cura, o a Torrevieja. También iba de vez en cuando a San Pedro del Pinatar, especialmente durante las temporadas que allí pasaba el eminente tribuno don Emilio Castelar, amigo íntimo del poeta. Anochecido, éste volvía a la finca, cenaba, leía los periódicos y se acostaba entre diez y diez y media.

Orihuela. Dehesa de Campoamor. Edita A. Subirats Casanovas, Valencia. 1.977. Postales Colección Jesús R. Tejuelo.

Por último, como nota curiosa, transcribo una biografía cómica de don Ramón, sin pies ni cabeza, publicada durante la II República en un semanario satírico de Cartagena.

DON CRISPIN. Semanario satírico. Cartagena. 7 de marzo de 1932: Biografías jocoserias de hombres ilustres. DON RAMÓN DE CAMPOAMOR.

Nació este insigne y patilludo poeta en Torrevieja, en un 12 de mayo del siglo pasado. Su padre se llamaba Ramón, y su madre Ramona. Esto es cosa muy rara, pero la verdad se impone y hay que declararla paladinamente, que diría el fabricante del papel de fumar de marras en nuestro caso.

La primera composición poética que hizo fue antes de cumplir los dos años de edad; hecho que ocurrió de la siguiente forma. Estando Ramoncito en cierta ocasión, chupándose a la autora de sus días, se dio cuenta de la gran debilidad y delgadez de esta; y sacándose de la boca el rosado botón, le endilgó en tono sentencioso el siguiente pareado. Mamá, no me des más teta que te va a llevar Pateta.

Dona Ramona, creyendo que el hecho era un milagro, porque Ramoncito apenas sabía hablar, fue a contárselo al cura de la Horadada, pueblo cercano a Torrevieja. El buen pater se llevó a Campoamor a su casa para estudiarlo; y al verlo tan listo se quedó con él para recriarlo.

Ramoncito con el pobre párroco pasó las moras, porque dicho señor era fan caritativo que no tenía nada suyo. Esta conducta de su bienhechor le sugirió la célebre composición: «El cura del Pilar de la Horadada. Como todo lo da, no tiene nada».

Ramoncito, se hizo grande; y a medida que crecía, le crecía la cabeza, y también le crecía el talento. Como la poesía no le ha dado a nadie para comer, para solucionar el problema de la vida, se metió a guardafreno en la Compañía de ferrocarriles andaluces.

El contacto con los flamencos ferroviarios, le indujo a dejarse las patillas. Ocho años después, ascendió a revisor, y de una conversación con una viajera francesa mientras le picaba el billete, sacó el tema de su célebre «Tren Expreso».

Con el contacto de los pasajeros de primera clase y con la lectura de los periódicos, que estos se dejaban olvidados, se cuajó una cultura cosmopolita y funicular; tan basta, que Romero Robledo, en el ademán de picarle el billete, se la descubrió.

La amistad entablada en el tren con el célebre político, le valió un destino en la librería de Fé y más tarde un encasillado en un lugar de la Mancha, de cuyo sitio nunca quiso acordarse nuestro biografiado, porque no era aficionado a la política. y así fue pasando los días los meses y los años, hasta que se hizo viejo y se murió.

Ha legado a la Posteridad muchas composiciones poéticas. Entre ellas son las más notables «El Vértigo», «El Cantar del Romero» y «La Gatomaquia».

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Justo García Soriano 12. 1908.

Año nuevo, vida nueva, dice el vulgo cuando un año muere (…) el primer día del año 1908, cuando salíamos de la plaza de toros, hemos observado a lo lejos, mirando hacia la derecha, cuatro columnas de cemento y piedra que se elevan entre naranjos. Parecen las chimeneas de una fábrica. —¿Qué es eso? — hemos preguntado.— El teatro circo — nos han contestado— esas columnas son del escenario.  — ¡Hola! parece que Orihuela revive sacudiendo su pereza. Eso no es malo…

La Huerta, 2 de enero de 1908.

Cúpula del Teatro Circo y Plaza de Toros. Colección Javier Sánchez Portas.

Hacía menos de tres meses que los hermanos Antonio y Ángel Roca de Togores se habían hecho con los materiales, muebles y demás enseres de un desaparecido teatro alicantino en subasta pública. Si el año anterior había sido para Orihuela el de la nueva Plaza de Toros; este sería el del Teatro Circo.

Los Roca habían cedido la propiedad a una sociedad anónima titulada «Circo de Orihuela», con un capital de 35.000 pesetas dividido en setenta acciones de quinientas pesetas. Dicha sociedad contrató al maestro de obras Francisco Sánchez.

Y el maestro Sánchez al pintor Enrique Luis Cárceles, quien volvió de Madrid para dirigir los trabajos de pintura y decorado del nuevo coliseo oriolano. Pinchando en la siguiente imagen, podéis acceder a un artículo monográfico que confeccioné para su centenario.

Enlace a artículo Teatro Circo.

Madrid, 1908.

Café de Fornos en 1908. Madrid. «El Gran Café» con tertulia frecuentada por Justo García Soriano. 
 

Si la última referencia en 1907 fue una carta anunciando la grave enfermedad del hermano de su padre; la primera noticia de 1908 anunciaba su muerte a través de una solemne necrológica, cuya redacción fue un calco en los dos periódicos con los que Justo colaboraba.

La Huerta. Número 223/ La Iberia. Número 164 – 4 de enero de 1908: En Murcia donde residía, ha dejado de existir D. Filomeno García Sánchez, tío de nuestro entrañable amigo e ilustrado compañero D. Justo García Soriano. El Sr. García Sánchez, era muy estimado por las nobles prendas que lo adornaban. La redacción de La Huerta siente como suya tan dolorosa pérdida y desea mucha conformidad a la familia del finado, singularmente al amigo Justo que quería con verdadera ternura a su anciano tío. ¡Descanse en paz!

Filomeno, antiguo jefe de Telégrafos de Murcia, era un personaje muy conocido al que Justo apreciaba muchísimo. Quiero recordar que su primer libro, escrito en 1901 y titulado «Esperanza», estaba dedicado al «nuevo Job»; como llamaba a su ciego y desdichado tío que, además de la vista, había perdido a todos sus hijos.

AMO. LJGS.

Ya mencionamos en la entrega anterior que, desde noviembre de 1907, Justo compaginaba su trabajo de profesor particular con la redacción de unas «crónicas madrileñas» que enviaba a «La Huerta» bajo el seudónimo de Ángel Rozas. Dichas crónicas están almacenadas en una sola entrega a la que se accede pinchando la siguiente imagen.

Enlace a las «Crónicas Madrileñas»

De la primera y extensa carta que he localizado, enviada por Abelardo L. Teruel Rebollo, se deduce que estaba trabajando también como corresponsal para la revista alicantina «El Espectador Ilustrado»; con la que ya había colaborado junto a otros periodistas oriolanos en un número especial editado durante las fiestas de agosto de 1907.

Hijo del comerciante cartagenero Abelardo Teruel García, y de Mercedes Rebollo Manzanares, Abelardo había nacido en la calle mayor de Orihuela en 1878. Inició sus estudios en Santo Domingo, con los Jesuitas. Continuó en la Escuela de Comercio de Alicante, donde obtuvo el título de Perito Mercantil.

Su gran afición a las letras le llevó a colaborar en múltiples publicaciones oriolanas (al igual que su hermano José Manuel), llegando a ser redactor y propietario de «La Semana».

Tras convertirse en funcionario de Hacienda (al igual que su hermano Francisco), se casó y dio rienda suelta a su vocación de periodista, dramaturgo y crítico teatral; trabajando en muchos periódicos alicantinos y colaborando con grandes diarios nacionales como el «ABC» o «La Vanguardia». Como literato escribió también teatro, zarzuela, comedias, novela y poesía; recibiendo varios premios.

No me voy a extender mucho más con este personaje; en 1908, cuando envía esta carta, Abelardo dirigía «El Espectador Ilustrado» y formaba parte de la Junta Directiva de la Asociación de Prensa alicantina, de la que era miembro fundador.

Mi querido Justo. Seguramente no recibiste ni una carta que te escribí a últimos de Noviembre, y que por un olvido salió sin las señas de tu domicilio, ni una postal en que te decía que pasases a correos a recoger dicha carta. Siento que esta se extraviara, porque en ella te remitía una tarjeta para que saludases en mi nombre a Carmen Cobeña y a su esposo, Federico Oliver, y les pidieses sus clichés y de los demás artistas de su compañía para publicarlos, gratis naturalmente, en «El Espectador» y devolverlos seguidamente.   

Carmen Cobeña. Portadas de «Nuevo Mundo», en octubre de 1907 y marzo de 1908. BNE.

Te decía, además, que en campo grande de tus conocimientos y tu autoridad literaria, quería yo que en vez de que nos remitas para «El Espectador», crónicas de noticias teatrales, nos enviaras estudios críticos de obras, tanto de teatro como novelas, que constituyan ahí el suceso del día; titulando tu trabajo «Madrid Teatral», o «Madrid Literario», según escribas sobre el teatro, o sobre el libro.

De todos modos sabes que tienes mi entera confianza para escribir lo que quieras y de lo que quieras. Procura no excederte de seis cuartillas y media, pues como tu original llega a última hora siempre y ya te tenemos reservada tu plana, no hay más medio, si sobra original que reducir tu trabajo, mutilándolo algo, lo que es muy doloroso.

Cuando quieras extenderte más, anticipa el envío de tus cuartillas dos o más días, y así ya no hay cuidado de que llenes cuantas cuartillas quieras, pues ya tendremos tiempo de insertarlas en cuantas planas sea necesario.

Te ruego, con gran encarecimiento, que a los artistas de tu conocimiento les pidas sus clichés, y nos los envíes con crónicas tuyas, firmadas con tu nombre o iniciales, u otro seudónimo, pues así las publicaremos en el mismo número y en secciones distintas, tus originales, independiente el que se refiera al cliché, y el del teatro o novela.

AMO. LJGS.

Ya habrás visto que esto lo hacemos con toreros y otros artistas, y no creo difícil que tú encuentres clichés, sabiendo que esto halaga a los interesados, y que además los devolveremos inmediatamente que los hemos utilizado, siendo de nuestra cuenta el gasto de correo, que tú nos cargarás.

Tómate mucho interés en esto, que es esencialísimo, y procura recoger una buena tanda de clichés. Cuando no quieras enviarlos acompañados de cuartillas, pon al respaldo del cliché mismo, el nombre del artista, género al que se dedica, punto en el que trabaja y cualquier otro dato que adquieras.     

Y ahora, otro asunto de gran interés para mí, y que te confío, con la buena amistad que nos une, con la seguridad que lo tomarás como cosa tuya. Ello es que el maestro Luis Foglietti tiene ahí un libreto mío, que se titula «La Riá», que se lo llevó a esa en el verano de 1906, diciéndome que le gustaba y que lo llevaba con ánimo de que algún libretista amigo suyo, ya acreditado en Madrid lo reformara algo, y poniéndole la música Foglietti, lo estrenásemos ahí.

Desde aquella fecha, le he escrito al maestro repetido varias cartas, a las que no he tenido contestación. Mi deseo es que tú lo veas personalmente, le digas la buena amistad que nos une y le preguntes algo de mi libro, siempre, claro es, sin apremio ni molestias para él de ninguna índole, pues Foglietti es un buen amigo mío, a quien yo quiero mucho, y le di vara alta para que de mi zarzuela dispusiera como si suya fuese.

No hay más, si no que yo quisiera saber algo de lo que él piensa sobre ella, y salir de la natural zozobra en que estoy tanto tiempo sin saber nada. Para que justifiques tu personalidad ante Foglietti, te envío la adjunta tarjeta; con ella te presentas en el Teatro Eslava, que es donde creo que actúa ahora la compañía sicalíptica que años pasados estuvo en el Cómico, de la cual es maestro director Foglietti, cuyo domicilio te pongo también en el sobre, por si quieres verle en casa.

Creo que lo mejor será que le pidas hora, para que hables con él sin apremios, y explora bien su ánimo para ver si te convences de qué es, que piensa tener el libro durmiendo el sueño de los justos ahí, sin ponerle música, porque si tal es, se lo pediré yo, puesto que aquí tengo ocasión de estrenarlo, frecuentemente, y no tengo porqué perjudicarme en este sentido, ya que tampoco me falta quien le ponga música. Claro es que, de todo esto, no conviene que te dejes traslucir nada; tú le escuchas, y luego me trasladas tu impresión.

También te remito tarjeta, nuevamente, para que saludes a Federico Oliver y Carmen Cobeña, y hagas amistad con tan excelente matrimonio; les saludes en mi nombre y no olvides pedirles clichés. Muchas felicidades te deseo en el año que corre, transmitiéndote las de todos los compañeros. Te abraza tu buen amigo Abelardo (Rubricado). T/e Torrijos 51, entresuelo izquierda. Creo que he sido algo LATO ¿Eh? Alicante 5 de enero de 1908.

Foglietti. Teatro Eslava. Madrid. Enero de 1908. «El Arte del Teatro». Archivo BNE.

Otro alicantino famoso en toda España fue el músico mencionado en la carta, Luis Foglietti Alberola. No tengo noticias de si Justo llegó a ponerse en contacto con él. Lo cierto es que, tres semanas después, «La Iberia», dirigida por el hermano de Abelardo, anunciaba la publicación de una novela homónima en fascículos encuadernables.

La Iberia. Número 178 – 22 de enero de 1908: Un día de la próxima semana comenzaremos a publicar en forma encuadernable la novela «La Riá».

Compositor destacado y prolífico, especialista en zarzuelas, Foglietti falleció en Madrid a consecuencia de la gripe de 1918 tras haber triunfado en los teatros Eslava, Cómico, Romea, Novedades, Zarzuela, Barbieri, Gran Teatro y Apolo; llegando a inaugurar el teatro Reina Victoria con la presencia de la Familia Real.

Siguiendo con los hermanos Teruel, José Manuel envió a Justo una ilegible carta con membrete de «La Iberia» a través de su padre; quien se volvió tarumba al intentar descifrarla. No parece estar escrita por él; al menos la caligrafía no se parece a la del que luego fue cronista oficial de Orihuela.

De ella sólo me queda claro que pedía originales a Justo; que mencionaba un artículo sobre el alcalde que no le había publicado; y que hablaba de una denuncia contra el periódico. Os dejo lo que he podido transcribir.

La Iberia. Diario de la Tarde. Redacción Alfonso XIII, 19. Orihuela. 26 de Enero de 1908. Sr. D. Justo García Soriano. Estimado amigo: Como estoy completamente solo en «La Iberia», no tengo tiempo para nada; y he aquí la causa de no haberle escrito antes.

Lo de la declaración en el sumario por el telegrama famoso, fue una equivocación que desharemos en nueva comparecencia ante este juzgado, por lo que puede V. estar tranquilo. No hubo mala fe, sino mala interpretación. El artículo de V. «Alcalde (ilegible)» no lo he publicado porque en época del liberal Romero se hizo un informe (ilegible) en la que pudo hallarse la (ilegible) sería el puesto de liberal.

AMO. LJGS.

Aquí te tengo a disposición de V. pues sé quién (ilegible) y le encontraremos.  ¿Cuándo remite original para «La Iberia»? Y no tema en apretar. Queda de V. afmo. amigo que le desea ¿Felicidad?

(Cambia a letra de su padre) Querido hijo Justo: Como te decía ayer, te remito la carta de Teruel; verás si tú puedes  comprenderla, pues yo me he vuelto tarumba y he sacado lo que el negro en el sermón. Todos buenos. Tu padre que te quiere. JUSTO. Tu madre no firma porque está haciendo la cena. Recuerdos os damos a todos. Escribe pronto.

Como ya estaba anunciado, José Manuel publicó en «La Iberia» la novela por entregas escrita por su hermano Abelardo.

La Iberia. Número 187 – 1 de febrero de 1908: ¡LA  RIÁ, se publicará en forma encuadernable! ¡Abelardo Teruel, es el autor de la novela LA RIÁ! ¡Hay que leer LA RIÁ! ¡A los suscriptores de La Iberia se regalarán tapas para encuadernar LA RIÁ!

La Iberia. Número 190 – 5 de febrero de 1908

Por las siguientes noticias sabemos que al cuñado de García Soriano lo habían destinado al Mudamiento; por lo que su hermana y sus sobrinos se desplazaban con él (imagino que, a la casa del maestro en la citada pedanía oriolana), dejando solos a sus padres.

La Huerta. Número 287 – 28 de marzo de 1908: Hemos saludado en ésta a nuestro querido amigo el maestro de Mudamiento D. José Linares Aliaga y a su distinguida esposa Dª. Milagros García Soriano. El señor Linares ha marchado enseguida a su destino. Número 314 – 5 de mayo de 1908: Ha regresado a Mudamiento el maestro de instrucción pública de dicho partido, nuestro estimado amigo D. José Linares, acompañado de su distinguida esposa doña Milagros García Soriano.

Justo pasó en Orihuela las fiestas de Semana Santa; una breve visita de la que no tengo más referencia que las fechas de llegada y vuelta a Madrid.

La Huerta. Número 303 – 18 de abril de 1908: Con el objeto de pasar estas fiestas con sus cariñosos y ancianos padres, también se encuentra en esta y hemos saludado a nuestro entrañable amigo de siempre e ilustrado redactor de este periódico, el joven doctor en Filosofía y Letras D. Justo García Soriano. Bienvenido.

La Huerta. Número 306 – 24 de abril de 1908: Ayer por la tarde regresó a la Corte nuestro querido amigo e ilustrado redactor don Justo García Soriano.

La Iberia. Número 251 – 25 de abril de 1908: Después de permanecer varios días en esta, ha salido para Madrid nuestro compañero y amigo D. Justo García Soriano. Feliz viaje.

Pero supongo que, terminadas las «Crónicas Madrileñas» de Ángel Rozas, aprovechó la estancia en Orihuela para visitar el Archivo Municipal y organizar la nueva publicación que estaba preparando junto a Rafael. Se trataba de un folletín con motivo del centenario de la Guerra de Independencia; efeméride que en Madrid se celebró con gran solemnidad; sobre todo el 2 de mayo.

Apuntes manuscritos. AMO. LJGS.

La Huerta. Número 311 – 1 de mayo de 1908: Las fiestas del Centenario. Queriendo La Huerta solemnizar de alguna manera el Centenario de la gloriosa guerra de la Independencia, pensamos publicar en forma de folletín una interesante monografía histórica, titulada: ORIHUELA DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA escrita en su mayor parte con datos originales y documentos inéditos, extraídos del archivo municipal de Orihuela, por nuestros redactores D. Justo García Soriano y D. Rafael Rogel Rech. Esperamos merecer la complacencia de nuestros favorecedores.

Madrid, 2 de mayo de 1908. Fiestas del Centenario. Revista «Nuevo Mundo». Foto Campúa.

La Huerta. Número 312 – 2 de mayo de 1908: Desde el próximo número, comenzaremos a publicar nuestro folletín Orihuela durante la Guerra de la Independencia; reseña histórica escrita con datos recogidos en los archivos por nuestros redactores don D. Justo García Soriano y D. Rafael Rogel Rech.

La Huerta. Número 313 – 4 de mayo de 1908.

Dicho folletín, cuya publicación se inició el cuatro de mayo con el número 313, se mantuvo todo el año con algunas irregularidades. Se lanzaron un total de 155 entregas repartidas de la siguiente forma: 23 en mayo; 21 en junio; 20 en julio; 17 en agosto; 22 septiembre; 24 en octubre; 21 en noviembre; 6 en diciembre y 1 en enero de 1909.

Y es que, iniciado diciembre, el diario «La Huerta» empezó a «hacer aguas» y trató de sobrevivir convertido en semanario. El «Fin del Tomo Primero» se hizo esperar hasta el día 12 de enero; en el número 492. Y no hubo más tomos; a primeros de marzo de 1909 «La Huerta» desapareció para siempre.

Años después, los fascículos de este folletón incompleto fueron cuidadosamente cosidos y encolados para Justo en el taller de Antonio Menard, celebérrimo maestro encuadernador instalado en la calle de la Madera de Madrid.

Edición facsímil editada por el Ayuntamiento de Orihuela en el II Centenario (2008).

Y hablando de publicaciones: la anunciada y tantas veces retrasada obra de Juan Sansano, prologada por Justo, veía por fin la luz con gran repercusión mediática a nivel provincial.

Diario de Alicante. Número 381 – 9 de mayo de 1908:  Crónica oriolana. «Flores silvestres». Nuestro querido compañero en la prensa y sentimental poeta Juan Sansano se ha decidido a coleccionar sus trabajos. Los publicará en un sólo tomo, compuesto de ocho cuadernos, que los distribuirá quincenalmente. El título de su obra es el mismo que en encabeza estas líneas: «Flores silvestres». Hoy se ha repartido el primer cuaderno.

«Flores silvestres» está dedicada al ex magistrado don Pío Verdú, jefe del partido conservador de Monóvar. El prólogo está escrito por el culto escritor y paisano nuestro don Justo García Soriano, Dr. en Filosofía y Letras. En él hace un detenido estudio del modernismo y alude a unos artículos publicados por Salvador Rueda en «España Nueva» acerca del hexámetro. Cuando conozcamos la colección por completo, haremos su crítica. Ahora solamente nos limitamos a felicitar a autor y prologuista. ORCELIS.

La Huerta. 9 de mayo de 1908: FLORES SILVESTRES. Un libro más, una colección de versos debida a la bien cortada pluma de nuestro querido amigo y compañero D. Juan Sansano, va a enriquecer la biblioteca de los amantes a las letras. Podemos estar los que diariamente trabajamos en la confección La Huerta, orgullosos por el triunfo que ha alcanzado en las suscripciones de su obra, titulada Flores Silvestres, nuestro buen amigo, que se le tiene en gran estima en esta redacción.

Es el autor de Flores Silvestres, un modesto e inteligente obrero, que cotidianamente acude al trabajo, para llevar el sustento a sus ancianos y queridos padres, que pobres, no pudieron facilitarle ningún género de enseñanza; pero Sansano, desde joven, mostró gran afición por las obras literarias y particularmente por los versos, las que leía durante las horas que le dejaban libres sus ocupaciones, deduciendo algunas reglas que con el estudio de la Retórica fueran completadas, para entrar de lleno en el secreto de la forma poética, que gracias a su trabajo constante y a su afición sin límites le han hecho llegar a dominarla.

Esta obrita será servida a sus suscriptores por cuadernos quincenales, y consta además de los versos, en los que no sé qué resalta más, si la fecundidad de pensamientos o lo primoroso y elegante de su estilo, de un prólogo, original de nuestro querido compañero de redacción, el joven doctor en Filosofía y letras, D. Justo García Soriano, del que toda alabanza es poca; estando su escrito, plagado de ideas fecundas, abundantes bellezas y como todos los suyos, de un estilo y lenguaje elegantes.

No trato de inquirir, ni esa es mi idea, la vida de mi amigo Sansano, ni de hacer un juicio crítico de Flores Silvestres, pues tratándose de una obra en donde todo es belleza, armonía, dulzura, la más insignificante crítica, pondría de manifiesto, el poco gusto literario y el ruin sentimiento de quién lo ejercía. No he de terminar, sin enviar desde estas columnas mi más cordial y entusiasta enhorabuena, para que la una a las muchas que ha recibido con la publicación de su primer libro. Sorbete.

La Iberia. Número 275 – 25 de mayo de 1908: Hemos recibido el primer cuaderno de la obra «Flores silvestres», colección poética de nuestro querido compañero en la prensa D. Juan Sansano y Mas, con un prólogo de nuestro distinguido amigo D. Justo García Soriano, de cuyas producciones literarias nos ocuparemos debidamente cuando haya terminado su publicación, aunque podemos anticipar a nuestros lectores que los trabajos de García Soriano y Sansano Mas, siempre nos han parecido de perlas.

LLegó el verano y Justo regresó a Orihuela: como siempre, haciendo la breve escala en Alicante.

La Huerta. Número 363 – 7 de julio de 1908: Pasado mañana esperamos, procedente de Madrid, a nuestro queridísimo amigo e ilustrado compañero D. Justo García Soriano, que viene a pasar el verano con su familia. Con el amigo Justo vendrá también nuestro estimado paisano el joven estudiante D. Severiano Sánchez. Nuestra bienvenida por anticipado.

Antigua estación de Murcia. Barrio de Benalúa. Alicante.

Diario de Alicante. Número 429 – 9 de julio de 1908: Hemos tenido el gusto de saludar en esta ciudad al brillante escritor don Justo García Soriano que ha venido de Madrid esta mañana. En la tarde de hoy ha marchado a Orihuela nuestro querido amigo.

La Huerta. Número 366 – 10 de julio de 1908: Ayer tuvimos el gusto de saludar en esta población procedente de Madrid, a nuestro entrañable amigo e ilustrado compañero de redacción D. Justo García Soriano. También ha regresado de la Corte nuestro amigo el joven estudiante de arquitectura D. Severiano Sánchez.

Para las fiestas de la Reconquista redactó su tradicional artículo rigurosamente histórico: una transcripción de la crónica de Alfonso X; y la lista de los defensores del castillo que aparecen mejorados en el «Llibre dels Repartiments».

La Huerta. Número 370 – 16 de julio de 1908: La fecha del 17 de Julio evoca en los oriolanos el recuerdo de un suceso glorioso cuya grandeza no borrará el decurso veloz de tantos años. La vieja Orihuela quedó emancipada del yugo agareno. En este día lució al viento, sobre la almena más alta de la fortaleza, cuyas ruinas dan cima actualmente al monte en cuyo pétreo regazo descansa nuestra ciudad, el pendón victorioso de Aragón.

Este recuerdo despierta en nosotros, hijos del pueblo, el legítimo orgullo de la raza, no por lo que tuvo de conquista el hecho, sino porque ante nosotros se eleva el espíritu de nuestros antepasados siempre rebelde a toda opresión, siempre acometedor por su independencia, siempre, heroico por su libertad. Los tiranos de todas las castas se hartaron de sangre; pero los pueblos fueron rompiendo las cadenas, fueron destruyendo, eslabón por eslabón y al fin consiguieron obtener una mediana libertad y pusieron el camino expedito para llegar a la libertad suprema…

… La fecha del 17 de Julio es memorable para todo oriolano. En ella se escribió una página hermosa para nuestra historia. Desde aquel día, éramos independientes, éramos libres del poder agareno. Ante el recuerdo de los héroes y caudillos de aquella jornada, descubrámonos y dediquémosles, siquiera sea este modesto homenaje, ya que no podemos ofrecerles otra cosa.

LA RECONQUISTA, según la Crónica de Alfonso X. La fecha de mañana, elegida caprichosamente por la tradición para consagrarla en recuerdo del hecho de armas que puso a Orihuela en poder de los cristianos, después de más de cinco siglos de dominación muslímica, no tiene ningún fundamento histórico ostensible. Si bien es verdad que el aniversario de nuestra reconquista ya se conmemoraba el 17 de Julio, siglo y medio más tardé de haber tenido lugar, en el año 1400; ninguna crónica ni documento de los siglos XIII y XIV, de los que han llegado hasta nosotros, registra tal fecha.

De todos modos y cualquiera sea su fundamento, ella entraña para todo oriolano una gloriosa evocación, viviendo inseparablemente unidas y grabadas con caracteres indelebles en nuestros corazones. Al rendirles hoy el culto anual y solemne que nos dicta el fervor sentido por nuestras pasadas glorias, nos limitaremos a entresacar de la Crónica de Alfonso Décimo, la más antigua y fidedigna, aquellos párrafos más principales en que se relata la reconquista del reino de Murcia, al que pertenecía entonces Orihuela. Dice la Crónica; en su capítulo X:

— En la era de mil e doscientos e sesenta e cuatro años, (1226 de J. C) después que fue muerto Aben-Hud, fue alzado rey en Arjona Mohamad-Aben-Alhamar, e después que el rey D. Ferrando ovo ganado la ciudad de Córdoba e las ciudades e villas del obispado de Jaén, ayudó a este Mohamad-Aben- Alhamar por que cobrase el reyno de Granada e de Almería. E en este tiempo, los de Murcia,  non queriendo aver por Señor aquel Aben Alhamar, alzaron por rey a Boaquez.

E rescelando que se non podría defender de Aben Albamar, pues le ayudaba el rey D. Ferrando, enviaron sus mensajeros a este rey D. Alfonso, su fijo, seyendo infante, con quien le enviaron decir que le darían la ciudad de Murcia e todo, los castillos (entre ellos el de Orihuela del que era arráez Aben-Hassan) que son desde Alicante fasta Lorca e fasta Chinchilla. E este rey D. Alfonso, seyendo infante, desque ovo esta mandería de los moros de Murcia, fue allá con mandado e voluntad del rey D. Ferrando, su padre, e rescibiéronlo por señor e entregáronle la ciudad e todos los castillos, e fincaron todas las fortalezas en poder de los cristianos, e la ciudad de Murcia e todos los otros lugares fincaron poblados de moros.

E fue en esta manera, que el rey don Ferrando e el infante D. Alfonso su fijo por él oviese la mitad de las rentas, e Alboaquez oviese la otra mitad. E este Alboaquez que fuese vasallo del rey D. Ferrando en toda su vida, e después, del infante D. Alfonso, desque regnase en Castilla e en León. E este rey D. Alfonso, seyendo en Castilla en este noveno año de su reynado (1261), los reyes moros del reyno de Murcia e de todos los otros lugares que él avía ganado, o vieron fabla de consuno, e enviaron sus mandaderos a Aben Alhamar e pusieron postura que en un día se alzasen todos al rey D. Alfonso, e en aquel día comenzase el rey de Granada la más fuerte guerra que pudiese facer, e cada uno de los otros eso mesmo.

E el consejo ávido en esto, el rey Alboaquez e todos los otros moros que habían fincado en el reyno de Murcia alzáronse contra el rey D. Alfonso e cobraron algunos de los castillos que tenían los cristianos… E eso mesmo ficieron (cercarlos) los moros de cada uno de los otros lugares a los alcaydes que estaban por el rey D. Alfonso en los castillos, señaladamente en el regno de Murcia».  

En el capítulo: XI:  «… Andaba el año de la nascencia de Jesu Cristo en mill e doscientos e sesenta e dos años, estando el Rey en Segovia llegáronle las nuevas de commo el rey de Granada le avía quebrantado las treguas que con él avía, e otrosí que en el regno de Murcia que se le avía alzado Alboaquez, rey que era su vasallo… e commo avían cercado a don Alimán que tenía la torre de Utrera e  otros alcaydes que avía dejado en algunos otros lugares e castillos del regno de Murcia.

E envió él llamar por sus cartas los iuíantes e los ricos homes e todos los concejos de su reyno que se fuesen luego para él a la frontera». Después de comenzar el capítulo XV de la Crónica relatando la tregua que convinieron en las vistas de Alcalá de Benzay de Alfonso X y Aben-Alhamar, (año 1265), prosigue: — Alboaquiz, que era rey de Murcia, desque sopo que el rey de Granada le avia desamparado e que amos los reyes venían con grandes huestes contra él, e otrosí porque supo que el rey don Alfonso lo había segurado de muerte, vino se para él a ponerse en la su merced, e llegó a él a Sant Esteban del Puerto, e el rey don Alfonso fue a la ciudad de Murcia.

E este Alboaquez o los moros que estaban en ella entregáronsela, e dejó el alcázar al infante don Manuel, su hermano, e dende fue a todo los otros logares que, se habían alzado, e entregáronselos. E el Rey puso alcaydes en todos los castillos e dio vecindad a muchos cristianos que la vinieron tomar… Después que el rey don Alfonso ovo cobrado la tierra del reino de Murcia, fincó en este reino todo este año (1266), faciendo labrar las villas e los castillos de muy buenas labores e muy fuertes, e poblaba la tierra de los más cristianos que podía aver, e señaladamente facía mucho por poblar de cristianos la ciudad de Murcia e la villa de Orihuela e la villa de Lorca; e porque non podía aver gentes de la su tierra que los poblasen, vinieron y e poblaron muchos catalanes de los que eran venidos a poblar en el reino de Valencia».

Hasta aquí la Crónica. Nosotros podemos añadir que los cristianos que defendieron el castillo de Orihuela cuando los moros del reino de Murcia se alzaron contra Alfonso X, eran: Fortún de Ugara, caballero, Ferrando de Marfa, adalid, el judío Jacob Avendino, Iñigo Darún, Johan Jove, almocaden, Ibáñez de Oriol ,Gil y Andreu Lobet, Jaime de Groño, Jaime de Tormeo, Bernardo Crespo, García Navarro, Juan Péres de Tudela, Bernardo de Paratge, Pedro Zapatero, Domingo Muñoz, Calviello Peligero, Pedro de Benayos, Pons de Granana, Antonio de Pugcerdán, En Barceló, Pedro Roca, Berenguer de Olivars; muriendo en tan heroica defensa Ramón Serrador, Domingo de Tona, Esteban Pérez de Alcántara, Pedro González y Ñuño.

Todos ellos fueron mejorados en el repartimiento de tierras ¡Loor a los héroes que se inmortalizaron dando la vida! . D. Jaime el Conquistador, rey de Aragón y suegro de Alfonso X de Castilla, fue el primero que acudió en socorro de Orihuela, cediéndola después a su yerno. Justo García Soriano. Orihuela, 16 de Julio 1908.

A finales de julio contrajo una inoportuna enfermedad. Precisamente cuando se estaba gestando el homenaje a Agrasot que tantas veces había solicitado. Se pidió de nuevo el 1 de agosto; para la feria.

La Huerta. Número 380 – 30 de julio de 1908: Se encuentra enfermo, aunque por fortuna no de cuidado, nuestro querido amigo y compañero de redacción D. Justo García Soriano.

La Iberia. Número 326 – 31 de julio de 1908: Se encuentra enfermo aunque de poco cuidado por fortuna, nuestro ilustrado compañero en la prensa, D. Justo García Soriano, a quien deseamos un rápido y total restablecimiento.

La Huerta. Número 382 – 1 de agosto de 1908: ¡Honremos al artista! Hace mucho tiempo que surgió en la Prensa local la idea de poner el nombre del eminente artista Sr. Agrasot a una calle de Orihuela. Nuevamente queremos recordar esa iniciativa, digna de ser recogida por los que pueden y deben hacerlo. Don Joaquín Agrasot, nacido en esta ciudad para la que conserva un inmenso cariño, no es un artista vulgar.

Sus cuadros son admirados en los más importantes Museos y su fama ha traspasado las fronteras. Debemos enorgullecernos de contarlo entre los nuestros. En todos los pueblos se observa actualmente singular predilección por inmortalizar o distinguir a sus hijos más preclaros artistas, literatos, políticos, guerreros etc. etc. cuando se distinguen, obtienen por lo menos el merecido homenaje de sus paisanos señalando una calle con su nombre.

¡Cuántos con menos méritos que el pintor Agrasot merecieron esa distinción! ¡Honremos a nuestro artista! Esperamos que el Ayuntamiento actual tomará el acuerdo de poner a una calle de Orihuela el nombre del Pintor Agrasot. Es lo menos que podemos hacer.

En menos de una semana Justo estaba recuperado y dispuesto para afrontar un mes de intensa actividad. «La Huerta» solicitó de nuevo la calle para el pintor cuatro días después; y por fin, esa fue la definitiva.

La Huerta. Número 385 – 5 de agosto de 1908: Se encuentra totalmente restablecido de su ligera indisposición nuestro querido compañero Justo García Soriano. En Benejúzar se inaugurará en breve un círculo católico para el que ya se cuenta con más de cuatrocientos socios. El acto revestirá gran solemnidad.

HONREMOS AL ARTISTA. Con este mismo título publicamos en nuestro editorial del sábado último, un breve artículo acogiendo la excelente idea, puesta en circulación hace algunos años en la Prensa local por la iniciativa de un querido compañero, de dar el nombre ilustre de nuestro paisano el pintor Agrasot a una de las calles de Orihuela.

Esta simpática y justa propuesta, desatendida por otros ayuntamientos, esperamos será aceptada por el actual, con lo que demostrará su celo y cultura enalteciendo, como merecen a los hijos preclaros de Orihuela, que en el mundo dan honra al pueblo en que han nacido.

¿No vendría que ni de perlas, entre los demás festivales, un número que fuera: «Solemne descubrimiento, con asistencia de las autoridades y representaciones de la localidad, del rótulo de una calle, cuyo nombre sea el del Pintor Agrasot»?  Juzgamos esta idea muy digna de que sea acogida con entusiasmo por todos los señores concejales y aprobada por unanimidad en la sesión de mañana.

La propuesta, tantas veces ignorada, se hizo realidad: el concejal García Mercader propuso al Ayuntamiento y así fue aceptado, que una calle oriolana adoptase el nombre del Pintor Agrasot; señalando para ello a la Corredera.

«Por el aplauso que se tributaba y la estimación que se tenía en el mundo artístico de la pintura a las obras que llevaban la firma del ilustre hijo de Orihuela Joaquín Agrasot y Juan, no eran solo gloria y honra de tan inigual artista, sino que ese honor alcanzaba también al pueblo que le había visto nacer». (AMO. Libro de actas de 1906-1908). 

Calle de la Corredera. La calle de Agrasot.

La Huerta. Número 389 – 10 de agosto de 1908: El Pintor Agrasot. Justo Homenaje. Nuestro Excmo. Ayuntamiento se ha dignado por fin acoger la idea que ya le propuso hace tiempo «La Comarca» primero, luego «El Diario» y finalmente en «La Huerta» de que se pusiera el nombre de nuestro insigne paisano el pintor Agrasot a una de las calles de esta ciudad.

En la sesión municipal del sábado, de la que en otro lugar damos cuenta, el edil e ilustrado jurisconsulto D. Ascensio García Mercader hizo la proposición que fue aceptada y aprobada unánimemente, por el Consistorio e incluida en el programa de festejos de feria.

Fiestas en la Corredera.

Este acto patriótico y simpático de nuestro Ayuntamiento lo acredita de culto y de amante del buen nombre del pueblo que representa. Vaya pues un caluroso aplauso y nuestras más rendidas gracias al Sr. García Mercader, y al Sr. Brotons y a los demás munícipes. Sabemos que el pueblo entero de Orihuela les aplaude lo mismo pues han visto con simpatía que se honre al paisano insigne que lo merece.

Justo García y Rafael Rogel habían conseguido que Orihuela se acordase de Agrasot; con un homenaje que desde hacía años venían proponiendo en los diferentes periódicos por los que habían pasado. Toda la prensa se hizo eco del acontecimiento; y de la intervención de estos jóvenes inquietos. Transcribo el borrador que se conserva de la carta que Justo envió inmediatamente a don Joaquín.

Sr. D. Joaquín Agrasot y Juan. Muy respetable Sr. Nuestro: En concepto de modestos periodistas, paisanos y admiradores fervientes de Vd., tenemos el gusto de notificarle que el Exmo. Ayuntamiento de esta ciudad acordó por unanimidad, en sesión celebrada ayer mañana, 8 del corriente, dar el nombre ilustre que Vd. tiene  la calle de la Corredera.

El acto solemne de descubrirse la lápida rótulo, tendrá lugar el 19 y figura en el programa de la próxima feria como uno de los festejos. Este modesto homenaje dedicado por sus paisanos al gran pintor, uno de los más ilustres hijos de Orihuela, de la generación presente, es una obra de justicia y gratitud que honra al pueblo que la ejecuta.

Sin deseo de vanas exhibiciones ni aspirando a ningún género de galardones ni reconocimientos, sino exclusivamente por la satisfacción que para nosotros supone que Vd. conozca el nombre de dos de sus admiradores más entusiastas hemos de manifestarle que fuimos los que iniciamos la idea y la lanzamos a la publicidad hace algunos años en la prensa local insistiendo con gran tesón en ella hasta que por fin hemos logrado ahora, del actual Ayuntamiento, que accediera a nuestra propuesta y la pusiera en práctica.

Y ahora, tras felicitarle efusivamente, vamos a pedirle albricias por la fausta nueva que le participamos. Estas se reducen a que nos envíe el cliché de su retrato y, lo antes posible, unos datos biográficos con alguna anécdota interesante de su carrera artística a fin de publicar su biografía en el día 19 de este mes en el diario de esta ciudad «La Huerta», de cuya redacción formamos parte. Esperamos.   

En agosto se intensificó también la campaña publicitaria de «Las Flores Silvestres» de Sansano; elevado a la categoría de «Obrero-Poeta»; y respaldado por un «benemérito» doctor en Letras.

La Huerta. Número 390 – 11 de agosto de 1908

La Huerta. Número 390 – 11 de agosto de 1908: Lea usted el libro de versos de JUAN SANSANO, Flores Silvestres, que ha valido a su autor el aplauso unánime de los periódicos de la región, colocando el nombre del obrero-poeta al lado de los más esclarecidos literatos de la juventud contemporánea.

Los prolegómenos de la obra son del benemérito D. Justo García Soriano, Doctor en Filosofía y Letras. «FLORES SILVESTRES» lleva los retratos de ambos escritores, y consta de ocho cuadernos de 24 páginas en octavo, papel vergé y cubiertas de color, a 0,20 pesetas cada cuaderno. La obra completa, encuadernada lujosamente, se venderá al precio de 2’50 ptas. en las principales librerías de España. En Orihuela: Imprenta de Payá.

Y Joaquín Agrasot contestó a la carta que los dos jóvenes periodistas oriolanos le habían enviado.

La Huerta. Número 396 – 19 de agosto de 1908

La Huerta. Número 396 – 19 de agosto de 1908: AGRASOT Y LA HUERTA. Apenas supimos el acuerdo, que por iniciativa de nuestro periódico, y a propuesta del segundo teniente de Alcalde don Ascensio García Mercader, había tomado nuestro municipio, nos apresuramos a felicitar calurosamente al Sr. Agrasot. Este nos ha honrado sobremanera, con la siguiente carta, contestando a la nuestra:

«Valencia 12 Agosto 1908. Señores D. Justo García Soriano y D. Rafael Rogel. Orihuela. Muy señores míos y queridos paisanos: Recibo su grata del 10, en la que me participan el acuerdo de ese Excmo. Ayuntamiento de poner mi nombre a la que es hoy calle de la Corredera. Creo firmemente que no tengo méritos suficientes para merecer tal distinción, pero sí puedo asegurarles, que en mi larga vida artística he hecho cuanto he podido y mis facultades me han permitido.

Arco de la Corredera. Colección Javier Sánchez Portas.

El acuerdo de ese Ayuntamiento me obliga más que nunca a continuar luchando por el Arte, y hoy aunque viejo, he de seguir mi labor, para que si puedo conseguir nuevos lauros, que estos sean una pequeña compensación al alto honor que Orihuela me otorga. Y a ustedes, que con tanta constancia y cariño iniciaron la idea, les agradezco con toda mi alma el afecto que con tal motivo me han demostrado. Con esta ocasión ahí va un abrazo de este viejo artista y paisano agradecido. q. b. s. m. Joaquín Agrasot».

Calle de la Corredera. Colección Javier Sánchez Portas.

Podría seguir transcribiendo todo lo que se publicó durante ese mes sobre el homenaje al pintor oriolano; pero me parece innecesario engordar más la biografía de Justo cuando os puedo dejar un enlace al capítulo correspondiente de la de Agrasot.

Es la más extensa que he emprendido después de ésta. Si os interesa profundizar en el tema, pinchad el retrato del pintor y os llevará al penúltimo capítulo de los seis que la componen.

Enlace biografía Agrasot.

También, a mediados de agosto, junto a los hermanos Escudero Bernicola, participó en un emotivo acto celebrado en Benejúzar. Para la ocasión, compuso y recito su «Canto de Amor / Himno al trabajo».

La Huerta. Número 395 – 18 de agosto de 1908: INAUGURACIÓN DEL CIRCULO CATÓLICO DE OBREROS DE BENEJÚZAR. La importante Sociedad titulada «Círculo Católico de Obreros», que con el alto fin de aumentar y difundir la cultura y socorro a los obreros necesitados, se ha organizado recientemente en Benejúzar, abrió las puertas de su espacioso local el día 16 de los corrientes en la noche, con una velada literario-musical.

El amplio salón del Círculo aparecía brillantemente iluminado y decorado con gran cantidad de flores y follaje. En un estrado construido ad hoc tomaron asiento los señores que forman la Junta directiva. Una nutrida orquesta amenizaba el acto, ejecutando escogidos números de música. El Presidente del círculo hizo uso de la palabra para dar gracias por la designación de que había sido objeto, y cedió inmediatamente la presidencia al Sr. Cura Párroco, uno de los más entusiastas iniciadores y activos organizadores de la nueva Sociedad.

Concedida la palabra a D. Eloy Bernicola, pronunció una sentida alocución, haciendo historia de los trabajos de organización del Círculo y encomiando los fines patrióticos y humanitarios que persigue. Fue muy aplaudido.

Seguidamente el joven D. Antonio Bernicola leyó una bien escrita poesía, debida a su pluma, y encaminada a realzar el acto que se estaba verificando. Fue muy del gusto de la concurrencia. Luego D. Alberto Escudero dio una breve y científica conferencia explicando el alcance y significación de estas Sociedades, con respecto a su misión higiénica y sanitaria. El trabajo del conferenciante fue premiado con grandes aplausos.

A continuación D. José Escudero Bernicola se levantó a hablar, siendo interrumpido frecuentemente con aplausos y vivas. En párrafos brillantes y de gran facundia, repletos de sana doctrina sociológica, excitó al pueblo de Benejúzar a que desechara todas las diferencias y pequeñeces ante la hermosa idea de unirse todos para trabajar por el mejoramiento de los intereses morales y materiales de aquella villa. Después hizo la presentación de nuestro compañero señor García Soriano, quien leyó una hermosa composición poética que le mereció muchos plácemes de los concurrentes.

Tanto esta poesía como la de D. Antonio Bernicola tendremos el gusto de darlas a conocer a nuestros lectores en uno de nuestros próximos números. Como final del acto, el ilustrado y virtuoso párroco D. Pascual Pérez Mira pronunció un bello y elocuente discurso de elevados y sentidos tonos en el que hizo el resumen de la velada y alentó a seguir llenos de fe y entusiasmo en la obra empezada. El público le tributó una ovación merecida. A las once y media terminó tan culta y simpática fiesta.

La Huerta. Número 402 – 26 de agosto de 1908.

La Huerta. Número 402 – 26 de agosto de 1908: CANTO DE AMOR (Himno al Trabajo). En la inauguración del «Círculo Católico de Obreros» de Benejúzar.

Obreros de la huerta, que en los claros cristales / del Segura refleja sus verdes naranjales / sus palmeras gallardas y sus prados en flor; / el poeta que viene y este Centro visita / al abrir hoy sus puertas, cordial os felicita / y entusiasta os saluda, con su canto de amor.

El poeta ha soñado, al correr de sus horas / de tristeza y nostalgia, en las vegas reidoras / de esta fértil campiña, que es divino pensil; / donde ninfas y faunos se persiguen gozosos / entre las espesuras de los huertos umbrosos, / y es su huésped eterno el florífero Abril.

Obreros de la  huerta, yo sé que vuestros pechos / de nobles labradores, como sanos barbechos / a la siembra de bienes dispuestos siempre están; / que hay ansias excelentes en vuestros corazones, / de mejorar la vida mil justas ambiciones / y de ser ilustrados inextinguible afán.

Sois legión de guerreros que en la férvida liza / vuestro brazo potente al luchar fertiliza / y convierte en edenes el más yermo erial. / Flora, que vuestro esfuerzo cuotidiano desea, / vierte la cornucopia divina de Amaltea / y a todos brinda pródiga su seno maternal.

Canto de amor y dicha es el canto fecundo / del trabajo bendito, que transforma del mundo / la aridez escabrosa en oasis de paz. / Canto de amor y dicha es el canto sublime; / del trabajo que al hombre de la  muerte redime, / al poblar miserable de la tierra la faz.

En el augusto templo de la Naturaleza, / el hombre virtuoso con su trabajo reza, / no sólo con palabras de fácil devoción. / El férreo martillo en su tarea diaria, / al yunque que golpea le arranca una plegaria, / que es el santo trabajo la mejor oración.  

Obreros de la huerta, que en los claros cristales / del Segura refleja sus verdes naranjales / sus palmeras gallardas y sus prados en flor; / el poeta que viene y este Centro visita / al abrir hoy sus puertas, cordial os felicita / y entusiasta os saluda, con su canto de amor. JUSTO GARCÍA SORIANO. Orihuela y Agosto de 1908.

Por motivos de salud, Agrasot no había acudido al homenaje celebrado en agosto. Pero visitó Orihuela en septiembre. Así, Justo logró conocer en persona al más famoso pintor oriolano y además le presentó a su padre.

La Huerta. Número 418 – 15 de septiembre de 1908: El Pintor Agrasot. Ayer tarde honró esta casa con su presencia el insigne pintor y respetable paisano nuestro D. Joaquín Agrasot, cuyo nombre, preclaro en el mundo del arte, se ha dado recientemente a una de las calles de esta su ciudad natal. Acompañábale su señor hermano D. Enrique, distinguido jurisconsulto que reside en la Corte. Ambos señores se encuentran desde el sábado en Orihuela, donde han venido a pasar unos días entre sus parientes y entre sus numerosos amigos…

Septiembre de 1908. Visita de Agrasot a Orihuela. Coloreada por J.M. Dayas.

…El Sr. Agrasot ha hecho también una visita de atención a este Excmo. Ayuntamiento, habiéndole sido devuelta por una escogida comisión de los individuos de este Cuerpo. Entre las muchas visitas que recibe, anoche cumplimentaron al celebrado pintor en la casa de nuestro distinguido amigo D. Vicente Galiana, D. César Giménez, nuestros redactores D. Rafael Rogel Rech, don Justo García Soriano, su señor padre y el aventajado pintor decorador don Enrique Luis Cárceles. El Sr. Agrasot permanecerá en esta ciudad hasta el jueves próximo. Reiterámosle nuestro más cariñoso saludo de bienvenida, deseándole que le sea feliz su estancia en Orihuela.

Y tras estas trepidantes ¿vacaciones? llegó su ineludible vuelta al trabajo de profesor en la capital.

La Huerta. Número 428 – 26 de septiembre de 1908: Esta tarde marcha a Madrid donde reside, nuestro muy querido amigo e ilustrado compañero D. Justo García Soriano. Feliz viaje y mucha suerte.

Estación de Atocha. Madrid.

Pedro de Peñaranda era un joven que se había dado a conocer en noviembre de 1907, enviando a «La Huerta» un trabajo anónimo junto a una carta al director. De momento no he conseguido identificar el nombre real del personaje; sólo sé que tenía familia en Cox y que se desplazó a dicho pueblo para curarse cuando estuvo enfermo.

En la redacción aceptaron el trabajo pidiéndo que se identificase con la promesa de la mayor reserva de su identidad. Poco después se presentó con un largo poema en el que se calificaba a sí mismo como «ente ignorado», «débil rumorcillo llevado por el viento», «lira errante de tristes sones»...

El nuevo colaborador cayó en gracia como un joven estudiante que se lanzaba a la vida literaria; y le siguieron el juego como «espíritu inquieto portador de una lira de plata». Lo defendían incluso de las críticas y ataques publicados por «La época» o «La Iberia»; que lo llegaron a calificar de «Jeremías sombrío y llorón».

El caso es que, en octubre de 1908, cuando ya formaba parte de la redacción, «como joven de excelentes condiciones que honraba con su colaboración las columnas de La Huerta» , P. de Peñaranda dedicó en «La Huerta», «a su respetable y distinguido amigo Justo García Soriano» una adaptación de un salmo sobre la venida del Mesías, un poema titulado «Illuxerunt fulgura ejus orbi terrae» que quiere decir algo así como «sus relámpagos han brillado sobre el mundo».

La relación de Justo García Soriano con Peñaranda no podía considerarse de amistad. Se lo habían presentado en el periódico, en alguna de sus visitas a Orihuela. El caso es que ya había dedicado algún trabajo a otros compañeros de redacción, como Juan Sansano; pero esta dedicatoria provocó un extenso trabajo de análisis al implacable estilo de Justo.

Con la soberbia seguridad que le caracterizaba, redactó una dura carta abierta que «La Huerta» se negó a publicar; y acabó en las páginas de «La Iberia»; dividida en dos entregas.

La Iberia. Número 414- 12 de noviembre de 1908: CARTA ABIERTA. Sr. D. P. de Peñaranda. Mi querido amigo: Absorto, estupefacto he leído la hermosa poesía que en el número de La Huerta correspondiente al 24 del pasado mes de Octubre, ha tenido Vd. la delicadeza y la bondad de dedicarme. Me ha dejado Vd. anonadado, Sr. Peñaranda. Yo no sé con qué palabras expresarle la gratitud que siento hacia Vd. por la distinción honrosísima de que me ha hecho objeto.

En un principio pensé escribirle particular y privadamente, dándole las gracias del mejor modo que pudiera. Pero medité luego y juzgué preferible publicar esta «carta abierta» en el mismo periódico, mediante el cual yo había recibido la exquisita ofrenda, la espléndida merced. Era más procedente, oportuno y lógico; ya que la honra había sido pública, público debía ser mi agradecimiento.

Hubiera sido mi gusto responderle en verso; pero, ¡ay! que las musas, ingratas, pérfidas, me abandonan; aquel astro semidivino que antes avivaba en mí la poética llama de un antiguo cantar de la Hélade, se ha ido enfriando, extinguiéndose; y el arpa cólica, orlada de flores, que yo tañía con fruición incansable, infinita, es hoy, «¡vae victis!»— ¡un pobre guitarrillo cascarrado e insufrible, que duerme, en el rincón telarañoso de un desván, el sueño del olvido!…

Sí, créame Vd., amigo Peñaranda: Su composición poética, vibrante de inspiración y de sentimiento me ha conmovido, ha excitado las fibras más recónditas y aletargadas de mis entrañas. He auscultado atentamente mi pecho; y he percibido que repercutía y se modelaba en ellas, con «trémolos» dulcísimos de la rica gama musical, que fluye de sus arpegios melodiosos, de sus notas profundas y conmovedoras.

Y he sentido sobre mi cabeza ardiente el terror sublime de una tempestad que se desencadena furiosa; y he experimentado en las reconditeces de mi alma adormida un inefable espasmo de religiosa unción; y he abatido mi otras veces altanera frente, he besado el santo suelo y, confuso y tembloroso, he adorado de hinojos la fuerza incontrastable y misteriosa que fulmina el rayo, que retumba en el trueno, que agita las nubes e impele rugiente el vendaval. ¡Oh!…

Pero además, y principalmente, su poesía ha sido para mí toda una sorprendente revelación. Yo conocía a P. de Peñaranda como un prosador galano y conecto, como un ameno y castizo cronista de elegantes decires e ingenio feliz; sabía que era un agudo y sutil filósofo, un hábil y terrible polemista; pero yo ignoraba que el culto joven oriolano que esconde modestamente su nombre tras ese pseudónimo, fuera un inspirado y brioso vate, un  tan consumado y pulido «trovatore».

Yo quiero rendirle en estas columnas un homenaje sincero y darle mi pláceme más entusiástico. Yo no  tengo autoridad alguna para conceder a nadie la patente, el título o la alternativa de poeta; pero una tan bella poesía como la de Peñaranda, lo acredita muy sobradamente de tal, aunque ella no sea más que una fiel imitación del famoso fragmento de los «Cantos del Trovador» de ZorriIla, fragmento que algunos florilegios de poesías clásicas publican con  el título de «La tempestad». Sin embargo, esto no aminora ni un ápice el mérito intrínseco que indiscutiblemente tiene la producción de nuestro compañero querido.

Mas ya que he tributado tan merecidos elogios, al autor de «Illuxerunt fulgura ejus orbi terrae» («Sus relámpagos alumbraron el mundo» Salmo XCVII, vers. 4, título y epígrafe que el señor «Peñaranda» ha escogido para su aludido trabajo poético) y estos elogios justísimos pudiera juzgarlos algún malicioso como pago o correspondencia de la nuncupatoria; séame lícito, en cambio, poner, algún pequeño reparo a dicha poesía y señalar algún insignificante defectillo que, a mi humilde entender, en ella existe. Esto demostrará, por otra parte, mi imparcialidad y desapasionamiento absolutos.

Ante todo, amigo Peñaranda, permítame que me conduela, de que haya elegido Vd., para asunto de su composición, un tema tan trillado y trivial, un tópico tan sobrado y primitivo como es el del terror religioso que infunde en el ánimo el espectáculo de una tormenta. Acaso me dirá Vd. que lo bello y su más excelsa expresión, lo sublime y así mismo todas las entelequias y todas las ideas fundamentales y abstractas, aunque viejos y eternos, en todo tiempo se presentan como nuevos y flamantes. Mas yo le replicaré a esta objeción: que es un principio inconcuso de arte, de estética y de buen gusto, que se debe huir de toda vulgaridad y de todo lugar común.

Además, el suceso siempre conmovedor y grandioso de una tempestad, tenía sobre todo en los tiempos primitivos el encanto maravilloso de lo desconocido, el misterio imponente y aterrador que encierra lo incomprensible. Hoy la ciencia ha penetrado en el santuario, ha descorrido el velo del enigma indescifrable y ha patentizado que esos  conflictos aéreos son fenómenos sencillos y naturalísimos, producidos por algunas masas de vapor de agua flotantes o suspendidas en la atmósfera, y el choque de dos electricidades opuestas— positiva y negativa — , meteoros de los cuales puede uno librarse fácilmente con un buen paraguas (el de Azorín, por ejemplo) y, gracias a Franklin, con un excelente pararrayos.

En otras remotas edades, las buenas gentes ignorantes y supersticiosas, creían que la aparición de un cometa o un eclipse anunciaban calamidades, pestes y guerras, y que detrás de una nube que se revolvía impetuosa entre los fragores del trueno y se desgarraba a la descarga eléctrica de un relámpago, se ocultaba una fuerza sobrenatural y consciente, un «Júpiter tronante» que vomitaba rayos y centellas.

Pero ¡ay! que los progresos científicos han sido terribles y mortales para la fe y la poesía,  demostrándonos que al otro lado de esos nimbus procelosos, no se encubre nada extraño, como ha podido parecer a los hombres primitivos y a los poetas; o lo que es igual, que detrás de la «neblina» de una tormenta sólo se oculta el espacio cósmico, el vacío infinito e insondable!….

En atmósfera tenue e incoercible que nos envuelve amorosa, benéfica, dando la vida a nuestros pulmones, ya sabe Vd. muy bien por la Física que es transparente e incolora y que merced a la refracción de la luz solar en  los impalpables átomos, que componen las diferentes capas atmosféricas, aparece a nuestra vista engañosa como una bóveda cristalina de color azul.

Así y con todo sobre esa bóveda aparente e ilusoria levantaron y construyeron los antiguos los castillos de sus empíreos, de sus cielos o de sus Olimpos y sobre tan inconsistente base colocaron la mansión y morada de sus dioses y de sus espíritus angélicos; y así lo creyeron a pies juntillos millares de generaciones, hasta que nuestro gran aragonés Lupercio de Argensola nos aseguró con gran pesar y bajo su palabra solemne y formal de poeta, que ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo ni es azul ¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza! Justo García Soriano. (Se continuará).

La Iberia. Número 415- 13 de noviembre de 1908: CARTA ABIERTA. Sr. D. P. de Peñaranda. Conclusión. Ahora bien; posee Vd., querido Peñaranda, una inspiración tan lúcida y una fantasía tan rica, espléndida y poderosa, que con el tiempo habrá de ser un literato revolucionario e innovador, un vate originalísimo seguramente.

Tan así lo creo, cuanto mi exiguo y flaco cacumen y mi pobre y pedestre imaginación, al querer levantar el vuelo, hasta las sublimes alturas a que su ardiente fantasía de Vd. se remonta, como otros nuevos Ícaros, pierden sus débiles y artificiales alas de cera y caen, despeñándose rápidos al abismo.

El lenguaje poético que Vd. emplea, suele ser tan figurado y tan lleno de colorido, de imágenes y metáforas, que mi penuria imaginativa, a pesar de grandes esfuerzos, lo encuentra obscuro y enigmático en algunas frases. Aún no he logrado vislumbrar ni colegir siquiera lo que es «el rugido del olmo» y «el fuego sepulcral». El «frío sepulcral» y el «silencio sepulcral», en cambio ya me lo explico y entiendo perfectamente lo que es, a fuerza de oírselo repetir a los muchos poetas que en el mundo han sido.

También he visto con pena, señor Peñaranda, que abusa Vd. de algunas licencias poéticas, sobre todo de la sinéresis y de la diéresis, cuyo abuso y hasta su uso debe esquivar el poeta que aspire a la corrección. Mas estas aprensiones mías son nimiedades despreciables. En cambio, un lunar de gran bulto, que me ha producido escalofrío mortal, es una frase absurda que Vd. ha empleado, y que si no tuviera la completa seguridad de que es Vd. un joven piísimo y eminentemente religioso no dudaría en calificarla de blasfemia horrible.

Bien sé yo que el calor de la inspiración, la fuerza cruel del consonante, la vehemencia dislocada de la metáfora le conducen a uno impensadamente muchas veces a decir dislates y contrasentidos. A no ser así, el Sr. Peñaranda, que es un profundo teólogo, no hubiera incurrido en la enormidad de proferir estas dos palabras contradictorias e irreverentes: «Hacedor airado», las cuales empañan la inmaculada y beatífica tersura de su inspiradísima poesía.

Ambas palabras unidas repugnan a la razón y, además, son inadmisibles en buena ortodoxia, lo que es más peligroso y vitando. No ignoro que en libros que se tienen y pasan por sagrados, se encuentran expresiones análogas, tal vez idénticas; pero esto no justifica el empleo de esa frase impía y gentílica.

Siendo Dios el «Sumo Bien» y «el conjunto de todas las perfecciones», es decir, «un Señor infinitamente bueno», todo pecado que implica de suyo una imperfección, repugna a su naturaleza divina. Pero es así que la ira es uno de los siete pecados capitales; «ergo»… ¡el «Hacedor», o sea Dios, no puede estar nunca «airado»! No hay que irse por las ramas. O la lógica es un mito; o si la dialéctica sirve para algo en el mundo, esta consecuencia es legítima e innegable, y por ende absurda la frase de P. de Peñaranda.

La teología primitiva, la arcaica teodicea y todas las antiguas religiones concebían a Dios con un criterio tan mezquino y denigrante, como hecho a imagen y semejanza del hombre, sujeto a las mismas pasiones y debilidades que éste. Así lo suponían vengativo, exterminador, fiero, sanguinario y airado, haciendo llover fuego del cielo y arrasando cruel, sañudo e inexorable a ciudades enteras, siendo, en cambio, pródigo y bondadosísimo en demasía en perdonar y conceder su gracia a determinados pueblos e individuos.

¡Qué idea tan pobre y tan menguada, qué concepto tan injurioso y tan monstruoso del Ser Supremo! La Civilización y el progreso, contra la vulgar y errónea opinión que cree que ellos han sembrado la impiedad y el ateísmo entre las gentes, porque han rectificado el «antropomorfismo» divino y han desechado muchos prejuicios ridículos y absurdos; han venido, por lo contrario, a ennoblecer, a dignificar, a engrandecer y exaltar el concepto de la Divinidad, rebajado, envilecido por los que alardeando de razones piadosas, lo profanan insensatamente profiriendo a cada instante su nombre sacrosanto, inefable como el telegrama hebreo.

Querido «Peñaranda», me he extendido ya mucho aunque tanto Vd. como los lectores de La Iberia, habrán de perdonarme la prolijidad de esta epístola. Reitérole el testimonio de mi profundo reconocimiento por el honor inmerecido que ha dispensado a quien es de Vd. siempre afectuosísimo amigo y compañero. Justo García Soriano. En Madrid, a 1 de Noviembre de 1908.

Pero el pollo le salió respondón; a la carta abierta de Justo, Peñaranda respondió desde «La Huerta» con otras dos entregas; que a él sí le publicaron. No voy a transcribirlas enteras; creo que con el principio de la primera, el final de la segunda y algún párrafo suelto, puede bastar para hacerse una idea.

La Huerta. Números 471/472 – 16/17 de noviembre de 1908: CARTA ABIERTA. Sr. D. Justo García Soriano. Apreciable, distinguido, pulcro e inolvidable amigo: Con delectación arrobadora, con avidez ansiosa leí, o por mejor decir, devoré su admirable y bien escrita «carta abierta» que, en galante contestación al humilde trabajo poético que tuve la honra de dedicarle, aparece en los números de «La Iberia» correspondientes a las fechas 12 y 18 del corriente mes de Noviembre.

Mas… ¡oh agradable desencanto! Allí donde creí encontrar fulminaciones terribles, recriminaciones espantosas en justo castigo a la incalificable audacia mía de ofrecer las triviales modulaciones de una lira vulgar, innovadora y casi blasfema, a un inspirado cantor de la Hélade, gloria de mi patria y esperanza legítima del español Parnaso;  sólo hallé palabras cariñosas, de gratitud inextinta, mezcladas con una verdadera tempestad de encomios y sahumerios, contra la que no me pudieron guarecer, ni ponerme en salvo, ni el tan renombrado paraguas de Azorín, (ridícula y chabacana imitación del justamente célebre de Luis Felipe)…

… Así que impresionado por el arrullo halagador de sus frases comedidas y por la elocuencia abrumadora de sus giros castizos (los de su lenguaje) cogí la pluma y todo medrosico y azorado púseme a escribir esta «carta abierta» como réplica necesaria, lógica e indispensable a la fina cortesía y a la no menos fina y exquisita corrección que le caracterizan.

… Dice V. que sintió la influencia de mi «vibrante composición» en los repliegues más hondos de su ser y que se conmovió y que «auscultó su pecho» ¿¿?? (Daría gusto verle a V. con el cuello vuelto y la cabeza pegada a la pechuga como ciertas aves domésticas de cuyo nombre no quiero acordarme)…

… Los hombres de su nivel intelectual deben discutir con argumentos, no con palabrería huera… Y esta imperfección en el lenguaje sube de punto si consideramos que procede de todo un doctor en filosofía, y no de un cualquier estudiantillo; porque lo que en unos puede pasar, en otros es falta imperdonable. Por otra parte, todo lo que dice Vd. en esos dos párrafos son puras extravagancias que no vienen a cuento…

… Con todo lo cual hago punto final; doy término a esta epístola que podía habérmela ahorrado si su exquisita susceptibilidad no se hubiese tomado una cosa por otra y aprovecho gustosísimo tan propicia ocasión para hacerle patente el testimonio de mi admiración y gratitud, y para ofrecerme de Vd. siempre humilde e incondicional servidor y afectuoso amigo y compañero, P. de Peñaranda.

García Soriano la calificó como una «réplica biliosa con que el petulante escritorzuelo pagaba amostazado mi bonachona y culpable flaqueza de no haber yo rechazado con un despectivo silencio, la subterránea y solapada poesía que me dedicó».

Pero el asunto se enfrió temporalmente; en primer lugar porque Justo estuvo muy ocupado asistiendo a una asamblea y escribiendo sobre ella; y después, utilizando sus propias palabras, a causa de «una larga enfermedad que le obligó, durante mes y medio, a suspender y abandonar toda clase de trabajos mentales».

Sólo había sido el primer asalto de un largo y público enfrentamiento. En enero de 1909, ya recuperado, Justo resucitó el «affaire»; y desaparecida «La Huerta», se mantuvo durante meses en «La Iberia». Pero me estoy anticipando demasiado; todo eso lo veremos en la próxima entrega.

Nuevo Mundo 19 de noviembre de 1908

A finales de noviembre, como he dicho, nuestro protagonista tomó parte en un congreso con ciento cincuenta periodistas: la Asamblea de la Prensa de Provincias, celebrada en Madrid.

La Iberia. Número 426- 26 de noviembre de 1908: GACETILLAS. Nuestro colega madrileño ABC, publicó en su número del 21 de los corrientes una amplia y completa información gráfico literaria, de la Asamblea de la Prensa de provincias, verificada en la Corte en los días 16, 17 y 18 del corriente mes. En esta información hay un fotograbado con un grupo de los asambleístas entre los que figura nuestro querido compañero D. Justo García Soriano que ha representado a La Iberia en la Asamblea.

La Iberia. Número 431- 2 de diciembre de 1908: Mañana comenzaremos a publicar la interesante revista que de la Asamblea de la Prensa de Provincias, celebrada en Madrid nos remite nuestro representante en aquel Congreso el querido amigo y compañero D. Justo García Soriano.

La Iberia. Número 433- 4 de diciembre de 1908: Resultados de una Asamblea. Llegó por fin el momento ansiado de obra tan necesaria. Una comisión iniciadora y organizadora, muy digna de aplauso, redactó atinadamente unas amplias bases y un programa e hizo circular la oportuna convocatoria. A tan generoso y benéfico llamamiento respondieron con su entusiástica adhesión unos 160 periódicos: 110 diarios, 30 alternos y unos 20 semanales, estando representadas con ellos todas las provincias menos Cuenca y las Baleares, por 70 periodistas provincianos y 80 madrileños próximamente.

El que suscribe tuvo la honra de llevar la representación de La Iberia en tan importante acto. Aún debía haber sido mucho mayor el número de adhesiones, que hubiera igualado al de periódicos que ven la luz pública en España, pero sin embargo ya era bastante respetable la concurrencia habida.

Los periodistas de provincias hemos sido objeto de una acogida cariñosísima por parte de todos los compañeros de Madrid, quienes para la celebración de la Asamblea nos cedieron corteses y galantes los magníficos salones del local de su Asociación, (calle de San Marcos, 44), y nos han facilitado espléndidamente cuantos medios han sido precisos para la mejor y cabal realización de nuestro cometido.

Las sesiones celebradas por la Asamblea han sido seis, durante los días 16, 17, 18 y 19 de los corrientes. Las condiciones materiales de este periódico no nos permiten hacer una minuciosa reseña de lo deliberado en todas las sesiones, como fuera nuestro gusto y hasta nuestro deber; pues habríamos de llenar muchas columnas durante varios días.

Sólo habremos de condensar en estas ligeras notas la síntesis o extracto de las conclusiones más salientes que quedaron aprobadas por la Asamblea y la impresión particular que de ella hemos sacado… Justo García Soriano. (Se continuará)

Nuevo Mundo 19 de noviembre de 1908

He recortado bastante el generoso texto redactado sobre la asamblea que Justo presentó dividido en siete entregas, dando prioridad a las actividades realizadas y resumiendo la parte más técnica y jurídica.

La Iberia. Números del 434 al 440- del 5 al 14 de diciembre de 1908: Resultados de una Asamblea:

Sustitución de los impuestos actuales por una patente o impuesto único, en relación con la tirada de cada periódico; mejoras en el servicio postal, en las administraciones y carterías encargadas de la distribución de los periódicos. Que todos los trenes conduzcan paquetes de periódicos; que las libranzas de prensa puedan hacerse efectivas en todas las capitales de provincia y en todas las poblaciones importantes en donde exista giro mutuo; y que se extienda la venta de esos valores a todos los estancos de España.

Edificio de Blanco y Negro. Madrid 1908. Hauser y Menet.

Mejoras en el servicio telegráfico y telefónico y su abaratamiento, entre las que figuran el aumento de estaciones de servicio permanente; que se conceda media tasa en los telegramas de prensa que circulan entre los pueblos de la misma provincia.

Sobre Libertad de Imprenta y las modificaciones en la actual ley de policía, régimen de denuncias y procesos, la vida del periodismo requiere como condición esencial el reconocimiento explícito y sincero de la libertad de Imprenta. Suprimida la previa censura, debe imperar en materia de policía de imprenta el criterio represivo, no el preventivo. Solo la autoridad judicial podrá proceder al secuestro de los ejemplares en los casos en que proceda, según la ley de enjuiciamiento criminal. En estos casos debe permitirse a los periódicos sustituir el artículo denunciado y recobrar la libertad de circulación.

La última sesión de la Asamblea, celebrada en la noche del día 19 y madrugada del 20, se dedicó a la organización de la Federación de la prensa de provincias; creación de un Sindicato central, y Funciones de este Sindicato, en relación con los Sindicatos regionales.

Los periódicos adheridos a esta asamblea acuerdan constituir la Federación Nacional de la Prensa Española, con el fin primordial de defender sus intereses morales y materiales, enalteciendo y dignificando con ello la noble profesión que ejercemos. Los periódicos adheridos de cada provincia constituirán, sin carácter alguno político, religioso ni económico, sino exclusivamente para la realización de estos fines, sindicatos regionales en cada una de las provincias que constituyan las respectivas catorce regiones españolas.

Centro Reporteros Judiciales. Museo Criminológico. Maletín y tijeras del terrorista Mateo Morral. Fotografía de «La semana Ilustrada» 1908.

El día 19 en la tarde y accediendo a cortés invitación, gran numero de asambleístas hicimos una visita al «Centro de reporters judiciales», donde fuimos recibidos por dos periodistas encargados de la información del Juzgado de guardia. Allí pudimos examinar detenidamente y admirar el curiosísimo y precioso museo criminológico, que estos activos compañeros han conseguido formar en poco tiempo, la biblioteca y otras dependencias del confortable local en donde hubimos de inscribir nuestras firmas en un álbum.

Entre unos y  otros nos cruzamos frases de mucho afecto y de recíprocas simpatías. Después fuimos agasajados con dulces y licores, y se nos sacó una instantánea en dos grupos, saliendo todos complacidísimos de tan agradable visita. El día siguiente fuimos invitados por las redacciones de «Blanco y negro»,  «Actualidades» y «ABC», a visitar por la tarde el suntuoso palacio donde hallan instalados sus oficinas y talleres. Primero se nos obsequió en uno de sus salones con un espléndido lunch, y un soberbio té con champagne, servidos con el esmero y el lujo que le dan tanta fama, por el «Ideal Room».

Madrid, 21 de noviembre de 1908. Justo y el resto de los «periodistas de provincias». Archivo ABC.

Inmediatamente, acompañados por el ilustre director de dichos periódicos, el simpático señor Luca de Tena, y de sus redactores que con la exquisita amabilidad y corrección que les es propia se esforzaban por colmarnos de atenciones y finezas, recorrimos las lujosas dependencias de la casa y admirable galería de máquinas (un portento de mecánica tipográfica), donde nos hicieron a los asambleístas una fotografía en artístico grupo, la cual publicó «ABC» en su editorial del día veintiuno… JUSTO GARCÍA SORIANO. Madrid y Noviembre de 1908.

Como ya he anticipado hablando del «affaire», Justo cayó enfermo en diciembre; y aunque afirmó posteriormente haber estado mes y medio inutilizado intelectualmente; el diario para el que trabajaba rebajó la convalecencia a sólo una semana.

La Iberia. Número 438- 11 de diciembre de 1908: GACETILLAS. En la corte se halla enfermo nuestro querido amigo e ilustrado colaborador D. Justo García Soriano al que deseamos un pronto y total restablecimiento.

La Iberia. Número 444- 18 de diciembre de 1908: Con satisfacción hemos recibido la noticia del restablecimiento de nuestro distinguido amigo e ilustrado colaborador D. Justo García Soriano, a quien enviamos nuestra enhorabuena.

Lo cierto es que, terminada la crónica de la asamblea el día 14, ya no apareció nada de Justo en «La Iberia». En cuanto a «La Huerta», transformada en agonizante semanario antes de desaparecer para siempre, tan sólo publicaron las últimas entregas del serial napoleónico comenzado en mayo.

Sin publicaciones ni correspondencia, doy por terminada esta entrega con la imagen de los alicantinos agraciados en el sorteo de la lotería de Navidad de 1908.

«Nuevo Mundo» Madrid, 24 de diciembre de 1908. BNE.
Enlace al siguiente capítulo.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas, a Jesús García Molina y a José Manuel Dayas.

Justo García/Ángel Rozas. 11. 1907/8.

Nos alegramos de la noticia que nos das de que nos mandarás todos los meses 15 pesetas por los artículos que escribes en la Huerta; que sea cierto es lo que deseamos. Justo García Sánchez, noviembre de 1907.

Mi padre se hizo maurista de un golpe. Desde entonces, la Fortuna que es monárquica y conservadora, comenzó a sonreírle y protegerle; y la despensa de casa fue llenándose de jamones de que escaseábamos mucho cuando mi padre era puritano y redentor del pueblo. Ángel Rozas.

Madrid, 1907. Carrera de San Jerónimo. «Madrid me mata»

La Huerta. Número 171 – 29 de octubre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Adiós Huerta o por mor a Cierva. Cuando casi no había comenzado a escribir en este simpático diario, he de despedirme de sus lectores. Es el caso que mi carrera literaria no me da dos miserables pesetas que como todo mortal que no las tiene, las necesito y me caerían archibién en el bolsillo. Y pensando cómo ganarlas apunto a Cierva o a su reforma de la policía. ¡Haré oposición a una plaza de polizonte! Me doy un palmetazo en la frente y grito el eureka de mi salvación.

Comunico mi idea a Escudero Bernicola y decido dejar de ser un mal cronista para ser un buen policía. ¿Quién sabe si esto es margen que yo puedo ocupar el día de mañana con muchas cuartillas? Pero por ahora me despido de esa redacción y de los lectores de La Huerta y voy a ocuparme en los preliminares estudios que luego me han de servir para cumplir un sagrado deber o estafar a todo el mundo: según la aprensión que a mí me dé el cargo.

Una satisfacción tengo al dejar el de cronista madrileño en este periódico y es el de verme sustituido por un amigo mucho mejor escritor que yo. Y sea mi último trabajo el que me es muy grato: presentar a Vdes. al nuevo cronista y galano estilista Ángel Rozas cuya inagotable amenidad le recomienda al afecto de los lectores. Alfonso Varí.

En noviembre de 1907 nuestro biografiado retomó el empleo de cronista en la capital para la prensa de Orihuela; en concreto para el diario «La Huerta». Unía este trabajo al de profesor particular, como forma de enviar algo de dinero a su anciano padre, que ya no podía ni pagar ni el pan.

Nacía así «Ángel Rozas», un mordaz y prolífico periodista que evitó asociar su nombre al del erudito profesor Justo García Soriano. No he conseguido deducir quien era Alfonso Varí, el cronista al que sustituyó cuando se metió en la policía.

1907. Noviembre. Ángel Rozas.

En el primer artículo, a modo de carta de presentación, revistió su nueva personalidad con algunos imaginarios datos biográficos. Ángel Rozas era un mujeriego vividor, hijo del alcalde de Trijueque, un cacique chaquetero que había pasado por todo el espectro político con el único fin de vivir a costa del Ayuntamiento.

La Huerta. Número 179 – 8 de noviembre de 1907: 

La Huerta. Número 179 – 8 de noviembre de 1907: CARTA-EXORDIO: Señores suscriptores y lectores intermitentes del periódico LA HUERTA. Muy respetables señores míos: Mi paisano y amigo de la infancia Alfonso Varí, cuyo ingenio chispeante habéis tenido ocasión de saborear en este lugar mismo, me ha hecho la honra de designarme su sustituto en el cargo de mandar a La Huerta una crónica diaria desde esta villa y corte.

Presentóme al simpático Sr. Escudero Bernicola en el salón mujeriego y sibarítico del café Candela, y el joven letrado tuvo la amabilidad, que le agradezco en el alma, de aprobar la designación, concediéndome la investidura de cronista madrileño, un nuevo título con que podré adornar mis tarjetas de visita.

Ya conocéis, por su última crónica, los motivos que han obligado a Varí a despedirse de vosotros y a abandonar su tarea apenas comenzada. El periodismo, y sobre todo el de provincias, produce poco; un mozo de cuerda o un aguador gana más que un periodista. Los trabajos de éste se llaman artículos, pero no lo son de primera necesidad, —quizá lo sean de segunda o de tercera — y no resuelven, por lo tanto, ni para el escritor ni para el lector, el problema de la vida.

Sin leer un fondo o una noticia bien condimentados, puede existir y pasar el hombre, «aunque no sólo viva de pan». De aquí resulta que la noble y benemérita profesión de informar e ilustrar al respetable, no puede ser más que un sport de burgueses que tengan ya solucionado el problema de los garbanzos y que se puedan permitir el lujo de pensar… como mejor le plazca.

Ahora bien; mi amigo Varí es pobre; él tiene grandes aficiones al periodismo, pero en él se moriría de hambre seguramente. Convencido de ello, ha desistido de su vocación y de sus ilusiones y va a dedicarse a la prosaica tarea de proporcionarse un cocido cuotidiano, que le hace falta. La figura obesa y plácida del ministro de la Gobernación va a ser el ángel tutelar de sus aspiraciones legítimas.

Cierva reformista anuncia unas oposiciones para proveer un buen golpe de plazas policiacas. El anuncio es sugestivo, atrayente, tentador. La esperanza comienza a sonreír a mi amigo, que ve la aurora de su porvenir en una plaza de policía; y sin perder momento, renuncia heroicamente al sacerdocio de la Prensa y se dedica a apuntar con rifle a un puchero humeante y bien oliente. Él, que sería sin duda un buen periodista, tendrá que ser tal vez un mal polizonte ¡Cosi va il mondo!

A un servidor de Vds., en cambio, le dispensa la suerte el favor de que no tenga, hoy por hoy, que preocuparme en pagar la mensualidad a la patrona y al sastre un traje de buen corte. Yo, por tanto, me encuentro en las mejores condiciones, en las más ventajosas circunstancias para poder, dedicarme al deporte periodístico; o sea, bien nutrido, con tranquilidad de alma y a salvo de cualquier inesperada contingencia. Dispongo pues, de tiempo, de jovialidad y de un buen rimero de cuartillas. La péñola en mi mano tiene que ser forzosamente briosa, ágil y desenvuelta. He ahí todo.

Sea Maura muchos años presidente del Consejo de ministros y mi padre del ayuntamiento de Trijueque, mi pueblo natal, y yo podré ser el cronista madrileño de este diario largo tiempo. Mi padre en Trijueque agencia dineros en la administración de aquel vecindario, que yo gasto alegremente en esta capital. ¡Qué demonios! La cuestión es vivir y disfrutar lo más que se pueda, que lo demás son cuentos.

Mi padre era un romántico, fanático y platónico en la política. Liberalote furioso de abolengo, fue primero zorrillista, después republicano federal hasta las cachas, más tarde salmeroniano, lerrouxista y sorianista; y por último, convencido de la inutilidad de las ideas, colgó el gorro frigio en un clavo de la pajera, entre telarañas, que antes fuera su obsesión y su orgullo, y se hizo maurista de un golpe.

Desde entonces, la Fortuna que es monárquica y conservadora, comenzó a sonreírle y protegerle y la despensa de casa fue llenándose de jamones de que escaseábamos mucho cuando mi padre era puritano y redentor del pueblo.

Antonio Maura y Alfonso XIII en octubre de 1907. Nuevo Mundo.

Y hoy… ¡ahí lo tiene Vd. de alcalde de Trijueque, como quien no dice nada! Todo el mundo le respeta, todo el mundo le adula y el diputado le escribe cartas todos los días. Esto es tener pupila y lo demás ser ciego de nacimiento.

¡Basta de exordio! He creído muy pertinente dar a conocer a los lectores de La Huerta estos antecedentes de familia que hoy tanto se miran, y estos datos de mi persona, ya que desde hoy contraigo con ellos los lazos espirituales, casi matrimoniales, que unen al que escribe con el que lee.

Inútil será que diga que me esforzaré cuanto mi capacidad intelectual me lo permita, por hacerles pasar cinco minutos distraídos y notificarles, a vista de pájaro, aquello que de más sabroso ocurra en Madrid, en esta sastrería central donde se hacen los trajes todos los alcaldes cursis de España, incluso mi padre.

A mis camaradas de Orihuela, especialmente a los de la redacción de La Huerta, aunque no tengo el gusto de conocer, envíoles un cariñoso saludo y les ofrezco desde luego mi insignificante personalidad de hijo de cacique, deseando tener con todos la correspondencia de en leal y estrecho compañerismo. Muy suyo y aftmo. Ángel Rozas. Madrid.

La crónica diaria que anunciaba fue, sencillamente, una quimera. Consiguió redactar en total veinticuatro «Crónicas Madrileñas»; más una que firmó con el nombre de su inspiradora, la prima Eugenia; y otra que le escribió su buen amigo Antón del Olmet.

No sé a qué se comprometió con Escudero, pero la frecuencia de publicación fue muy variable: en noviembre de 1907 escribió once; casi la mitad del total; en diciembre solo dos; en enero de 1908 llegó a seis; en febrero tres (a partir del 24 comenzó a firmar como Ángel Pérez de Rozas); y en marzo otras dos. En abril de 1908 Ángel Rozas se despidió con una «Croniquilla».

Cuando localicé este nuevo filón, ya tenía publicado el año 1907; y casi terminada la siguiente entrega. Pensé en añadirlo; aunque fuese resumido; pero si ya había dividido 1907 en dos capítulos por su excesiva extensión. ¿Cómo metía catorce extensas crónicas? No quería recortarlas; en ellas hablaba del problema catalán, del terrorismo, de la pena de muerte; pero también de sus tertulias, de sus juergas en carnaval, de su primer amor…  

Me pareció más interesante reunir toda la obra de Ángel Rozas en una entrega monográfica; y eso he hecho. Aquí las tenéis todas transcritas, con algunas fotografías que he localizado en otras publicaciones de la época para ilustrarlas un poco.

Madrid 1907. Revista Actualidad. BNE.

La Huerta. Número 180 – 9 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Cupido o Himeneo. En verdad os digo — y me lo habéis de creer sin juramento — que al cronista más le interesa y atrae cualquier vulgar comedia de amor que la tragedia de más alto coturno, y que el suceso, social o político, de más transcendencia mundial según los graves varones. No en balde es el amor el alma del mundo, como aseguran algunos poetas enamoradizos y filósofos.

El clérigo Juan Ruiz afirma, en viejos y sabios alejandrinos, que el hombre no se afana ni trabaja en la vida más que por dos únicos y poderosos móviles: «por haber mantenencia e ayuntamiento con fembra placentera» …  He aquí la razón en que se apoya el cronista al dedicar estos renglones a un conato de matrimonio por sorpresa que hubo ayer en la parroquial de Santa Cruz de esta villa y corte; hecho que seguramente habrá pasado desapercibido o desdeñado por insignificante, a pesar de que lo han referido algunos periódicos.

La gente consagra todas sus atenciones y preferencias, actualmente, a la estafa de 265.000 pesetas hecha al Banco de España, y a la oferta de éste de 10.000 duros al que delate al ladrón, a dos incidentes del viaje regio, a la interpelación de Julio Burell sobre la Sociedad Hispano – Marroquí, explanada ayer tarde en la Cámara popular, o a cualquier comadreo político de más o menos resonancia. A los sesudos varones no les interesa ni les distrae el rumor de besos y el batir de alas del amor que pasa, que tanto conmovía al pobre Adolfo Gustavo Bécquer.

Nosotros pensamos de muy distinto modo. Para nosotros todos esos acontecimientos palpitantes, esos problemas financieros y esos arduos debates parlamentarios, no revisten la menor importancia; son tan vanos y frívolos, a nuestro entender, que no merecen que ningún hombre dedique a ellos su atención más de cinco minutos al día, aunque este hombre se titule pomposamente banquero, diputado del pueblo, senador, estadista, gobernante o  padre de la patria.

En cambio, el noviazgo de unos jóvenes nos parece un problema tan vitalísimo y de una transcendencia social tan grave y honda, que debiera ser el continuo estudio del Consejo de Estado y de la Academia de Ciencias Morales y Políticas y el mayor y preferente desvelo de los Gobiernos. Lo saben las madres, ellas que más que de zurzir los calzoncillos al sufrido cónyuge, con honrosas excepciones, se ocupan en buscarles a sus tiernos pimpollos una buena proporción. Un maridito dócil y de porvenir.

Si como quieren los solidarios, la región es el elemento primordial y constitutivo de la nación, y la región no es más que un conjunto de municipios unidos por vínculos especiales e intereses comunes; los municipios se componen de una reunión de familias, y dos novios son una familia en embrión que deben unirse por los santos e indisolubles lazos del matrimonio. (Esto lo aprendí cuando estudiaba Derecho Natural y era mi profesor el actual gobernador de Madrid Sr. Marqués de Vadillo).

Esos dos  retoños enamorados que, contra la oposición egoísta y estúpida de sus padres, trataron ayer mañana de sorprender al cura de Santa Cruz con un ingenioso ardid a fin de que santificara y aprobara su enlace, son acreedores a todas nuestras simpatías. Si Ángel Rozas fuera poeta erótico en vez de un mal coplero, en estas columnas les dedicaría uno de sus más tiernos madrigales o uno de sus más lindos e inspirados epitalamios.

¡Muchachas casaderas que sentís vehementes e incesantes nostalgias de un dulce esposo! ¡Célibes empedernidos, solterones egoístas, que odiáis la coyunda matrimonial como a la más odiosa de las tiranías!

Si todos, devotos y fervientes, escuchando la voz de la Naturaleza y el imperativo categórico de vuestras conciencias, os entregarais a dar culto a Cupido y os sometierais a rendir vuestras cervices indómitas ante el ara de Himeneo, sin miras crematísticas y sin preocupaciones necias de clases, sino con un gran espíritu de platónico heroísmo como el de los dos tórtolos que se negó a casar ayer el párroco de Santa Cruz; el humilde cronista os asegura, apelando a uno de sus tópicos más solemnes, que la República de Platón pasaría de la categoría de utopía a la de hecho consumado, y la tierra, este triste planeta sin ventura, sería la antesala del Paraíso, a pesar de las suegras. Ángel Rozas. Madrid, 6 de Noviembre.

Iglesia de la Santa Cruz, en la calle de Atocha. Madrid. 

La Huerta. Número 181 – 11 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Por algo se ha llamado a Madrid «la ciudad de la muerte». Como si fueran poco las tristes reformas moralizadoras de Cierva, obligándonos a acostarnos a toque de campana e impidiendo que las tascas funcionen los domingos y los chistes de algunos autores del género chico «pour rire», los sucesos sangrientos y luctuosos  menudean con tal abundancia, que se nos va entenebreciendo a los madrileños la vida por instantes.

El jueves pasado por la noche, un auto del conde de los Andes amigo de Maura, aplastó a un niño de nueve años en la calle de Bravo Murillo; el viernes enterraron al teniente Monjas, víctima rezagada del atentado de la calle Mayor; el sábado se suicidaron una señora viuda en la calle del Carmen, y un relojero suizo, llamado Maurel, en la de Sevilla… Sería curioso investigar la secreta conexión que podrá haber entre la marcha de un corazón y la marcha de unos relojes.

En uno de estos días fúnebres y llorosos, en que la lluvia chapotea zollipando sobre las vidrieras y sobre el asfalto de las calles, mientras los esquilones de las iglesias doblan a muerto, se marcha uno al teatro, por no aburrirse en un café, a ver Don Juan Tenorio. Aunque el espectador se lo sabe ya de memoria y durante la representación se entretiene en recitar por lo bajo cuartetas y quintillas zorrillescas, adelantándose al actor, la escena del cementerio impresiona siempre a las imaginaciones románticas, que acaban por llenarse de estantiguas y espectros espeluznantes.

Después se vuelve uno a su casa lentamente, sumido en algunas meditaciones filosóficas, con las manos metidas en los bolsillos del gabán o cobijado bajo el  «parapluie». De súbito, una voz cadenciosa e insinuante, que nos parece venida del otro mundo, nos estremece como el eco de un conjuro siniestro; la voz parte del umbral de una puerta, donde se refugia alguna sirena de la noche o se acurruca un mendigo sin albergue.

A poco de quedarnos dormidos, una espantosa pesadilla agita nuestro sueño: mil visiones apocalípticas y dantescas asaltan nuestra fantasía y nos hacen despertar sobresaltados. Encendemos la bujía, apuramos el agua del «verre d’eau» que tenemos sobre la mesilla de noche y buscamos luego algo con gran precipitación debajo de la cama. Después, el insomnio sobreviene tenaz e invencible.

En vano fumamos un cigarrillo; su humo no logra disipar las medrosidades tremebundas que en quimérico aquelarre flotan en el ambiente denso de la alcoba. Así nos sorprende el gallicinio. Una claridad lechosa, la de la luz matinal, se filtra por los resquicios de las maderas del balcón. Un gato encerrado maúlla lastimero. Al rato suenan algunas puertas; se oyen toses y pasos por el pasillo. D. Fermín, el cura del cuarto de enfrente, se va a decir su misa cotidiana en las Carboneras.

De la calle suben ruidos y gritos de vendedores. La casa comienza a alborotarse, y en la cocina canturrea la Pascasía los couplets del Ruido de Campanas, que tanto molestan a D. Fermín. Esta diana y alborada domésticas terminan por darle a uno a los diablos; e instintivamente nos vamos vistiendo con rapidez. Encima de la mesa del comedor está El Imparcial de hoy. Lo requerimos y lo hojeamos. ¡Horror! Hasta Mariano de Cavia se ha ensombrecido. Leamos:

— «El crimen de una niña. — Una familia envenenada». — «Dos obreros asfixiados en el Gran Teatro». —«Una anciana muerta de hambre y su cadáver paseado por Madrid». — «Por una noviez. — Un hombre muerto en el Puente de Segovia». — «Dos intentos de suicidio». — «Un cadáver insepulto cinco días». «Una broma y dos heridos.» ¡Tapa! ¡Tapa!….

— Pascasia tráeme el chocolate — grito colérico y balbuciente. Pascasia me lo sirve, y al poco vuelve con un plato: — Señorito, estos buñuelos de viento y estos huesos de santo para después del chocolate. —¡….! Va siendo cosa de hacer el testamento y una confesión general. Ángel Rozas. Madrid, 4 Noviembre.

Banco de España.

La Huerta. Número 182 – 12 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Cómo se hacen los millones. A medida que el progreso va aumentando las comodidades y los refinamientos de la vida, el ansia de bienestar, de molicie, de riquezas y de lujo va despertando la avaricia y apoderándose de los corazones de los hombres. El vivir bien, el sibaritismo, los placeres y el confort, conseguidos reparando poco en los medios, o a lo más salvando las apariencias, constituyen la manía del siglo XX.

El egoísmo humano se ha desbordado con tan frenético positivismo, que Epicuro resultaría en nuestros tiempos un modelo de frugalidad, de austeridad y de altruismo asombroso. Los héroes, los idealistas, los platónicos; los redentores, los Quijotes van escaseando; en cambio triunfan los escuderos y los Panzas. De aquí el desprecio por todo ideal de elevada abnegación, la indiferencia, el escepticismo, la apatía y la abulia.

Las gentes, compenetradas cada vez más de la verdad que entrañan los versos del poeta: «Si tuvieres dineros habrás consolación — placer en esta vida, y en la otra salvación», no se afanan; no se ingenian, no aguzan el entendimiento mas que para conseguir el vil metal, el dios que todo lo puede, el ídolo moderno, el becerro de oro, la panacea infalible, el cúralo todo…

Digan lo que quieran las estadísticas y los almanaques, la religión de los pueblos modernos es el «fetichismo crematístico o la plutolatría». ¿Quién se atreve a tirar la primera piedra? El cronista ha creído oportuno filosofar hoy con tan añejas verdades. La estafa al Banco de España y la concesión de 500.000 pesetas hecha por el Estado a una Compañía que no existe, removida en la interpelación del Sr. Burell, es el tema preferente en las conversaciones del día; y de ello se va a ocupar con el laconismo a que le obliga el limitado espacio de que dispone en este diario diminuto.

¿Por qué involucra el «croniqueur» ambas cuestiones en una misma crónica? Porque ambas son de actualidad igualmente. Suponemos al lector algo enterado de la estafa contra el Banco de España. No obstante, haremos de ella un breve relato.

Un día del mes último, un señor desconocido presentó en la caja de cuentas corrientes del Banco un cheque de 285.000 pesetas contra la que allí tiene abierta D. Francisco Ansaldo. El cheque estaba en regla y se pagó. Cuatro días después, el 30 de Octubre, el propio Sr. Ansaldo fue en persona a retirar pesetas 8.000 de su cuenta corriente. Entonces se descubrió la estafa. El cheque de las 265.000 pesetas era falso; mas la falsificación estaba tan admirablemente hecha que al mismo interesado maravilló en extremo.

El hecho fue este. Inmediatamente cundió la noticia y la policía, entró en funciones, activando pesquisas y diligencias para dar con los estafadores. Los primeros trabajos resultaron nulos; pero ya se ha dado con una pista, al parecer segura. En su consecuencia, tres empleados del Banco, D. Francisco Montero Villarias, D. Vicente Pérez Cuesta y D. Juan Bautista Sánchiz, ingresaron el lunes, día 4, en la Cárcel Modelo. Sus declaraciones consistieron en negar toda complicidad en el asunto; no obstante, continúan detenidos.

Sin embargo, la policía tiene datos y antecedentes que los comprometen, de los que se desprende lo que sigue: El señor Villarias dirige una agencia de informes comerciales titulada «Confidencia», en la que tiene participación el poeta americano Santos Chocano. Ahora bien; la policía sabe que en el local de dicha agencia se reunían este verano secretamente los tres detenidos a fin de estudiar un negocio enigmático y misterioso.

No creyéndose allí muy a salvo, trasladaron su tertulia a un café de la Puerta del Sol, en la que intervenían terciando dos sujetos más, de malos  antecedentes, a los cuales se busca con gran actividad y sigilo. Esto es, hasta ahora, cuanto se ha dejado traslucir del sumario y atestado que se está incoando con gran diligencia. Espéranse sorpresas sensacionales.

Lo de la Sociedad Hispano Marroquí es cuestión aparte, en nada relacionada con la anterior. Ello lo ha sabido sintetizar el Sr. Burell de este modo, «El Sr. Güell (íntimo del señor Maura y del Sr. Allendesalazar, según parece) va un día a ver a este último, y le dice: «Si Vd. me da 500.000 pesetas, yo puedo constituir una Sociedad para la colonización en Africa. —«Constituya Vd. la Sociedad — le contesta el Sr. Allendesalazar— y cuente con las 500.000 pesetas».

Entonces el Sr. Güell busca a unos cuantos amigos, y les dice: — «Si reunimos 10 millones para constituir una Sociedad nos van a dar enseguida 15 millones. ¿Qué os parece el negocio?». La Sociedad se constituye nominalmente, y el ministro de Estado publica en la Gaceta de 10 de Agosto último un decreto fijando las bases a que ha de sujetarse la Compañía Hispano Africana, sin preceder ningún género de concursos.

Contra este hecho, que califica de privilegio monstruoso, protesta el señor Burell, apoyado por el señor Gasset y la minoría republicana, dando lugar a un ruidoso debate en el Congreso, que ha tenido lugar ayer y antes de ayer. El cronista ha terminado por hoy. Ángel Rozas. Jueves, 7 de Nbre., Madrid.

Barcelona 1908. Asamblea Catalana. Revista Actualidad. BNE.

La Huerta. Número 185 – 15 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. La minoría solidaria y la bandera nacional. Después del suceso misterioso ocurrido en el convento de las Trinitarias, de esta corte, del que tanto se ha ocupado la Prensa y del que a mis lectores supongo enterados, nada importante ha ocurrido en Madrid. El cronista de sucesos no políticos, sufre la pena negra. No cae nada en el carnet reporteril fuera de la lluvia, que ya en estas latitudes es una novedad de mes y medio, si la paradoja se me permite.

Ayer, la vida de los madrileños se deslizó gris y monótona: en los teatros, en los cafés y en las trastiendas de algunas reposterías, colmados y casas de comidas, donde con pretexto de satisfacer la gula, se rinde a Baco un culto clandestino y ferviente copeando y capeando con descoco todas las disposiciones gubernativas y laciervescas. El legislador ha debido tener en cuenta que el comercio es inseparable del bebercio. El morapio, más o menos legítimo, produjo sus efectos consabidos, habiendo parroquiano que tuvo que volver a su casa a gatas.

Apenas ocurrió cosa gacetillable. He de rehuir cuanto pueda el tema desagradable y enojoso de la política; pero hoy, por recurso, habré de echar mano de ella, pues lo demás da poco de sí para estirar una gacetilla sin ripios. No ha de ser bagatela todo, aunque se enfade Azorín. Constituye la nota del día en política, el incidente promovido el sábado en el Senado por el señor Rusiñol, solidario enragé, al interpelar al Gobierno por la conducta del representante de España en Chile, el cual hizo arriar la bandera catalana izada en cierto centro catalanista que existe en aquella república.

Este incidente tiene muy acalorados los ánimos y es de temer que esta tarde ocurra algo desagradable en el Congreso si, como está anunciado, el Sr. Pí y Arsuaga, por acuerdo y designación de la minoría solidaria, reproduce en la Cámara popular el incidente que provocó en la alta el señor Rusiñol. No ignoro que La Huerta, aunque en ella soy nuevo, ha defendido la Solidaridad catalana, por la que siente grandes simpatías.

Mejor para que en sus columnas diga lo que pienso; que ha de ser sin parcialidad ni pasión de ninguna clase. Solidaridad Catalana se ha disfrazado con las ideas simpáticas de descentralización y regionalismo, que están en el ánimo de todos los buenos españoles, para lograr mediante ellas y el apoyo tácito y decidido de Maura, propósitos concupiscentes y egoístas; y satisfacciones y vanidades absurdas, que ya se están dejando traslucir. Esto es lo más lamentable que pudiera ocurrirnos después de nuestros últimos desastres.

Aquí, realmente, no se ventila más que una sola cuestión, cuestión de hegemonía y de emulación insensatas entre Castilla y Cataluña, entre Madrid y Barcelona, juego a que no debemos prestarnos los españoles ni consentirlo por más tiempo. Fundada no sé en qué supuestos motivos, Cataluña parte para deducir su superioridad sobre Castilla y sobre el resto de las regiones españolas.

Ya va cansando el escuchar a los solidarios catalanes sus desplantes y balandronadas, alardeando a todas horas, unas veces con descaro y otras embozadamente, de esa superioridad intelectual y cívica de que creen tener la patente y la exclusiva. Tan vanidosa y ridícula pretensión, tras de ser infundada y quimérica, está resultando injuriosa y deprimente para todos los españoles que no hemos nacido catalanes.

Harta justicia se ha hecho ya a Cataluña reconociéndosele ese adelanto y prosperidad fabriles de que disfruta, gracias al proteccionismo de los aranceles de aduanas legislados en este Madrid centralizador que tanto odia, pues por ellos tiene asegurado el mercado español, libre de competencias extranjeras y acaso con perjuicio de algunas comarcas agrícolas.

Si alguna región goza de privilegios, esa no es más que Cataluña, a la que se ha mimado y encomiado exageradamente por la zalamería castellana, inconsciente fomentadora y culpable tal vez del orgullo y de la pedantería catalana, y, por consecuencia, de esos espectáculos bochornosos que estamos dando ante los ojos de las demás naciones. Este es el fondo verdadero, aunque otras sean las apariencias del problema solidario que viene preocupando con razón a toda España.

La conducta imprudente y provocativa que están observando los catalanistas en general, y en particular los que residen en Chile, no es la más a propósito y adecuada para conseguir el logro de algunas justas reivindicaciones, tales como la derogación de la Ley de jurisdicciones, y el triunfo de algunas elevadas ideas que defiende Solidaridad.

Nuevo mundo (Madrid). 1908. BNE.

Digno de aplauso es, por demás, el acto de nuestro representante diplomático en Chile, al obligar a la colonia catalana allí residente a que arriase la enseña de su región, ya que a su lado se negaba el centro a izar nuestra bandera nacional. Santo y bueno es que todas las regiones tengan su insignia, que las singularice dentro del patrio suelo, y que cada español sienta especial devoción y cariño por la patria chica que le vio nacer.

Pero esto no justificará nunca el proceder de esos catalanistas de Chile, ni su grave ofensa inferida a la Patria grande puede excusarse con el sofisma sostenido por los solidarios, de que la bandera catalana representa a la nación, pues fuera de España no debe ni puede haber más bandera nacional que la española, símbolo de la sagrada integridad de la Patria. Ángel Rozas. Lunes, 11 de Nbre. Madrid.

22 de noviembre 1907. Revista Actualidad. BNE.

La Huerta. Número 186– 16 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. ¡El Príncipe viudo se casa! Este es el tema obligado en las conversaciones de todas las hijas de portera y de todas las señoritas cursis de Madrid, que, a falta de novios, sueñan con príncipes rubios y morenos y con regias suntuosidades, como cualquier lilial poeta modernista.

Sí, D. Carlos de Borbón, conde de Caserta, viudo de la malograda Doña Mercedes la que fue en vida Princesa de Asturias, se casará el sábado día 16 del corriente, con la Princesa Luisa de Francia. La boda se ha de celebrar en el palacio-castillo de Wood Norton, que en el condado de Warcester (Inglaterra) posee el duque de Orleans, hermano de la novia.

Los hoteles y casas particulares de la ciudad de Evesham, próxima al histórico castle de Wood Norton, llamado por la gente del pueblo la vieja casa roja, rebosan de gente que han acudido a presenciar la ceremonia y los festejos. En el palacio vienen trabajando, desde hace más de quince días, en los preparativos 400 obreros, entre arquitectos, tapiceros, jardineros y pintores llevados de Londres y de Evesham. El decorado, la toilette y todo el confort son suntuosísimos, dignos de los augustos e ilustres personajes que han de ser sus huéspedes los días de la boda.

Asistirán los Reyes de España, que actualmente se encuentran en Inglaterra, la Reina Amalia de Portugal, varios representantes de la real familia inglesa, todos los miembros de la familia real de Francia y unos cuarenta Príncipes de la sangre. Los periódicos de Londres y de París publican largas listas de los regalos ofrecidos a los principescos novios.

Los Reyes de España les han regalado un soberbio automóvil. Las joyas y objetos de arte son valiosísimos y su importe se calcula que asciende a varios millones de libras esterlinas. Dicen los familiares de la Princesa Luisa que el haberse elegido para la celebración, de su enlace el mes de Noviembre, bien puede haberlo motivado la muy marcada predilección que siempre ha manifestado la hermosa novia por el otoño, y hacen constar que esta estación es la que más delicados y poéticos encantos suele dar a la hermosa campiña que rodea el «viejo castillo rojo» de los duques de Orleans.

29 de noviembre 1907. Revista Actualidad. BNE.

En nombre de Su Santidad Pío X, un prelado dará la bendición nupcial a Doña Luisa y D. Carlos. Al casamiento por lo religioso precederá el casamiento por lo civil. Durante la ceremonia tocará una reputada orquesta y cantarán artistas de los más renombrados; para lo cual el duque ha hecho ir de París a 30 músicos, quienes además se encargarán de los conciertos que han de amenizar los banquetes, las «soirées» y cotillones.

Tan lisonjeros auspicios hacen presumir que los príncipes serán felices y venturosos, y que no habrá cencerrada. En Inglaterra, seguramente no será objeto D. Carlos de manifestaciones hostiles, como lo fue en España en los días de su boda con la Princesa de Asturias. Todos recordaréis los motines y algaradas que tuvieron lugar entonces en las calles de Madrid y en las de la ciudad del Turia.

Aún suenan en mis oídos los vibrantes y bélicos acentos que Rodrigo Soriano, el inquieto polemista e interruptor del Congreso, puso en dos guerrilleros y famosos artículos suyos de agresivo y reticente simbolismo, «Las flores rojas» y «Los pájaros de la reina», publicados a raíz de aquellos sucesos en «El Pueblo», de Valencia, y que sufrieron los rigores de una denuncia.

Nosotros deseamos una eterna y romántica luna de miel a los futuros principescos consortes, que no debe ser interrumpida por los desvelos paternales de D. Carlos; pues nuestro celoso Consejo de Estado, que no olvida y tiene una idea muy alta de las decisiones y cuidados que le ha confiado la Nación, se desvive y se afana por sus hijos con el gran interés como él mismo pudiera hacerlo. Ángel Rozas. Miércoles, 13 de Nbre. Madrid.

Alfonso XIII en un «Hispano Suiza» en 1907.

La Huerta. Número 188 – 19 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. La barbarie del progreso. — ¿Se puede vivir? Llegó ya el momento oportuno de formular esta pregunta; aunque de antemano sepamos que nadie nos haya de responder a ella. Hasta hace poco parecía que todos los humanos seres, teníamos a la vida un derecho sagrado y legítimo; pero los progresos realizados por la mecánica y por las demás ciencias, que «hoy adelantan que es una barbaridad»— según la popular frase del boticario de «La verbena de la Paloma», — han abolido tal derecho, si lo había, o tales apariencias de derecho, conceptuándolo quizá una anticuada conquista de plebeyos y de esclavos, mal avenida con las leyes y las pragmáticas del buen tono.

Ahora, para vivir, hay ya que pedir permiso a S. M. el Cupón con indumentaria de «chauffeur». Nosotros somos más entusiastas por el Progreso que otro alguno. Admiramos sus maravillas y le rendimos culto ferviente, cuando es guía de la cultura y origen de la civilización y del bienestar de los pueblos.

Pero lo execramos con todo nuestro corazón, cuando lejos de ser símbolo de ventura y de paz, olvidando que debe ser antorcha de la Humanidad que sufre, no emplea sus victorias y triunfos en evitar penalidades al hombre, sino en satisfacer a los ricos fútiles caprichos que pueden ser criminales. Entonces el Progreso, que debiera ser siempre santo, se convierte en la apoteosis de la barbarie más brutal e inconcebible.

En menos de quince días tiene que registrar el cronista madrileño, en su libro rojo de cubiertas negras, dos víctimas más, sacrificadas despiadadamente en aras de esa holganza activa y presurosa, por esa imbécil pasión al automovilismo, que ahora está de moda entre la gente del gran mundo; dándose el absurdo contrasentido, el paradójico contraste de que estos buenos señores que no tienen prisa nunca, puesto que les sobra el tiempo y nada tienen que hacer, vayan a todas partes corriendo vertiginosamente.

La noche del 30 del mes último, uno de esos asesinos y macabros armatostes que se llaman automóviles, segó en la calle de Bravo Murillo la vida en flor de un pobre niño de nueve años, aplastándole atrozmente; y anteanoche, a las ocho y cuarto, a la hora en que las alegres y simpáticas modistillas abandonan sus talleres para regresar a sus casas, otro hipogrifo del Progreso atropelló a una de aquellas en la plaza de Castelar, frente al Banco de España, al ir a cruzar la calle de Alcalá, arrollándola y dejándola en convulsa agonía y poco después exánime.

22 noviembre 1907 Revista Actualidad BNE

Concluida la diaria labor, regresaba ligera y gozosa, en unión de una compañera, al hogar paterno, donde su anciana madre, paralítica tiempo ha, la esperaba ya impaciente para que le preparara y le diera los alimentos. Los caprichos del Destino son cruelmente irónicos. El cuerpo juvenil de Teresa Acero,—este era el nombre de la infeliz menestrala— donde reían y triunfaban todas las gracias y todos los encantos de la belleza, quedó desfigurado horriblemente en un momento, y sus vestidos, aseados con toda la pulcritud de la coquetería femenina, aparecieron embadurnados con grandes manchas de sangre y de lodo.

Así terminó aquella existencia, que, en medio de la placidez de su obscuro vivir, iba sin duda rimando algún bello poema de amor, entre sonrosadas ilusiones y dulces esperanzas. El Sr. conde de Peñalver, presidente de la Asociación automovilista y nuevo alcalde de Madrid, intimado por el clamoreo de los periódicos y por las indignaciones de la opinión, a raíz del atropello de la calle de Bravo Murillo, tuvo un rasgo de humanitarismo y de imparcialidad y publicó un severo bando, que se fijó en las esquinas reglamentando la marcha de los automóviles en el radio de la corte.

Revista Nuevo Mundo 22 de noviembre de 1907.

Aquí no nos acordamos de Santa Bárbara más que cuando truena. Casi todos los alcaldes que han habido en Madrid, desde diez años a esta parte, han publicado edictos por el estilo, señalando terribles penas contra estos bárbaros del Progreso, que intentan en las calles y plazas hacer máximas velocidades, convirtiéndolas en velódromos de la muerte; pero los del auto, amparados por esa vagancia dorada que se llama riqueza, se ríen de los bandos, pues ellos saben muy bien que en esta tierra del compadrazgo y del privilegio, ninguna justicia humana se siente capaz y fuerte para condenar a los poderosos que delinquen.

O a lo más, nunca falta un cabeza de turco que cargue con el mochuelo y pague los vidrios rotos. Por lo pronto, el «chauffeur» , que es un obrero que gana su jornal y hace lo que le mandan, es el responsable inmediato; y si el pobre hombre lleva despacio el carricoche, sintiendo repugnancia de ser asesino, se le despide con cajas destempladas por ser un criado y un «sportman» inepto. Un ingenioso escritor, refiriéndose a tales desmanes, los califica de «fechorías del moderno feudalismo automovilista». Por eso son siempre gente débil y humilde sus víctimas preferentes.

A este paso, los que no tenemos más vehículos que los que en las zapaterías se confeccionan, ni podemos permitirnos el lujo de ir a mayor velocidad de la que nuestras piernas y nuestros pulmones nos permiten; habremos de dedicarnos muy pronto a un nuevo y divertidísimo sport: a la caza de automovilistas a tiro limpio. Y entonces podremos saber quién bate el récord de la celeridad: un automóvil de cuarenta caballos (sin contar al chaufeur) o una bala de pistola Mauser o de revólver Smith… Ángel Rozas. Jueves, 14 de Nbre. Madrid.

18 de noviembre de 1907. Archivo ABC.

La Huerta. Número 190 – 21 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. POT-POURRI. El cronista se propone en esta sección hacer muy poca crítica y menos literatura; su principal intento es recoger en ella las notas madrileñas de mayor interés y actualidad. Pero el cronista ve con decepción y disgusto que se frustran sus propósitos, porque suele retrasarse mucho la publicación de sus crónicas: causa que las desvirtúa haciéndolas perder el atractivo de la novedad oportuna, ideal a que aspira todo buen periodista.

—La crónica negra aumenta ya de una manera alarmante. Como si fueran pocos los males y las calamidades; que se escaparon de la caja de Pandora para que aflijan a la humanidad, parece ser que los hombres hemos tomado el acuerdo de despedazarnos unos a otros, hasta que no quede ni semilla.

Así vienen a demostrarlo el bárbaro y repugnante asesinato cometido el sábado en la noche en la calle del Calvario contra dos pobres e indefensas mujeres por uno de esos energúmenos sociales, valientes de oficio, que tienen por glorioso blasón el crimen;  y la inexplicable agresión de que fue anoche objeto un hombre, en la calle de la Concepción Jerónima, por parte de un «enfant terrible», precoz asesino de 15 años.

No pueden imaginarse motivos más fútiles que los que han determinado ambos crímenes. Ya no se asesina por móviles pasionales que disculpan o atenúan algo la acción criminosa, sino por el salvaje e inefable placer de matar porque sí.

— El Ayuntamiento de Barcelona, compuesto casi en su totalidad por solidarios, ha decidido variar el nombre de la mayoría de las calles de la ciudad condal, más principalmente el de aquellas que lo tengan castellano o exprese algo que se relacione con Castilla. El nombre de Cervantes será sustituido en tres o cuatro barriadas de Barcelona.

Así mismo el nombre de España será borrado en una calle de la barriada de San Gervasio. ¿Qué mal hizo Cervantes a Cataluña, sino honrarla con varios elogios que le dedicó en su Quijote, bien que en la armoniosa y soberana lengua de Castilla? Esto no es más que semitismo y odio innoble, que diría Pío Baroja.

— Y a propósito de Barcelona. El viernes fueron silbados en la capital del Principado unos militares por varios estudiantes catalanistas. Y luego quieren los catalanes que se derogue la ley de jurisdicciones. Por cierto que la minoría solidaria afirma y alardea de que Maura le ha prometido formalmente esa derogación. Algunos ministros, entre ellos el de la Guerra, y muchos diputados de la mayoría lo niegan en redondo. Maura, entre tanto, permanece mudo y se hace el distraído. Por aquí vendrá el cataclismo y la muerte inminente al Gobierno. Con el prestigio de la Patria no se juega.

— En cambio, los republicanos han dado una nota patriótica y simpática. El País de ayer publicó un manifiesto redactado por la Comisión nombrada en la Asamblea de 26 de Mayo último. El curioso documento sirvió para dar un nuevo palmetazo a Salmerón y a las minorías parlamentarías del partido republicano, a las que desautoriza y censura con dureza. De él transcribimos el siguiente párrafo:

«La Junta suprema del partido compuesta de senadores y diputados apenas dio señales de vida en las Cortes, ni fuera de las Cortes. Su jefe o presidente acaba de declararse solidario con aplauso de toda la Junta. Trata de reunir de nuevo la Asamblea en Diciembre. Si lo logra, en ella se despedazarán los elementos solidarios y antisolidarios. La política de la Unión gira en torno de la disidencia provocada por el Sr. Salmerón, que sigue en compañía de clericales, carlistas y separatistas, si bien en los últimos días parece haber sido suplantado en la jefatura de la Solidaridad por los verdaderos solidarios, fracaso que en Julio le anunciamos.

Bajo la influencia malsana del separatismo carloclerical, dos republicanos que militan en él, cometieron el desacierto en el Senado de defender las injurias hechas en el extranjero a la bandera nacional. Gracias a la prudencia y al miedo del gobierno, no hicieron lo propio en el Congreso. La Junta suprema no ha tenido contra eso ni una palabra de protesta. Este nuevo agravio debemos a los directores de la Unión». Cada vez nuestra política se complica más, y pronto acabaremos por no entendernos nadie. Mientras tanto, a río revuelto… Ángel Rozas. Lunes, 18 de Nbre. Madrid.

Huelga de pan en Chamberí, Madrid 1907 (Colección Simón J. Iglesias)

La Huerta. Número 192 – 23 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. ¡¡Cerdos…!! ¡¡Marranos…!! ¡¡Cochinos…!!. No es ninguna alusión personal o política, aunque lo parezca y lo pudiera ser; no es tampoco un duro reproche escupido al rostro de los homosexuales de Berlín y al de sus congéneres de todas las naciones; ni un epíteto dirigido a ciertos culinarios, inventores de salsas amarillas y verdes; ni una moralista reprensión a los que florean a las mujeres con obscenidades de mal gusto; ni siquiera es un apóstrofe de urbanidad contra los que tienen el feo vicio de hurgarse las narices con los dedos, aunque estén haciendo albondiguillas de bacalao.

Es sencillamente una natural exclamación, un grito espontáneo que se escapa de las gargantas de todos los madrileños amateurs del tocino fresco, de la salchicha y de las magras. El cronista no puede menos que disculpar la justa indignación de los respetables consumidores de carne de cerdo (1),los cuales se hallan privados estos días de comerla, sin ser en esta época una santa abstinencia que nuestra Madre la Iglesia nos imponga.

(1) N. B. —El cerdo— y no lo digo hablando conmigo— es un animal muy digno de aprecio y de la estimación de las gentes. San Antonio el Ermitaño lo eligió para que fuera su compañero inseparable; poetas ha habido que lo han hecho objeto de sus más inspirados cantos, y un célebre obispo, aunque no recuerdo si fue el famoso de Mondoñedo, comparaba este paquidermo domesticado con la mujer, pues una y otro no tienen desperdicio.

Se trata únicamente de una huelga de abastecedores y matarifes, en protesta de que no se les deje sacrificar y vender cerdos éticos, en el más lamentable grado de tisis. ¿Cómo negar a los carniceros el derecho inmemorial que tienen, adquirido por la costumbre, que siempre ha sido ley, de expender solomillo tuberculoso y chuletas con bacilus de trichina? ¿Que se envenena el consumidor o se muere? ¿Se llevó la carne fiada? ¿No? ¡Pues a ellos qué! Mejor para los médicos y para los funerarios.

El concejal comisario D. Emilio Blanco es, por lo visto, un edil con toda la barba. Se planta a las cinco de la mañana en el Matadero de puercos, y allí se está el celoso munícipe, microscopio en ristre, vigilando como un Argos, hasta las doce de la noche. El Sr. Blanco, convertido en nuevo Torquemada contra toda herejía antihigiénica, mandaba sin contemplaciones al quemadero las reses sacrificadas que no se hallaban en condiciones para el consumo, después que el examen técnico acreditaba tenían síntomas de tuberculosis.

Los abastecedores se quejaron al alcalde, de la severidad edilesca, alegando que era antigua práctica en el Matadero la de cortar de estas reses enfermas aquellos trozos de carne que habían sido invadidos ya por los tubérculos, aprovechando el resto para el consumo, a lo que se oponía rotundamente el Sr. Blanco. El Sr. conde de Peñalver giró entonces una visita de inspección en el Matadero y acabó por aprobar la conducta del delegado del municipio.

En aquel instante surgió la huelga, y hoy ya llevamos los cortesanos varios días sin comer magras. El conflicto, tras de ser grave y mortal, no se resuelve tan pronto como los impacientes quisieran, y ya se empieza a oír por todos los ámbitos de la corte gritos desgarradores, angustiosos y ambiguos, pidiendo: ¡¡Cerdos…!! ¡¡Puercos…!! ¡¡Guarros!!… Ángel Rozas. Miércoles, 20 Nbre. Madrid.

Don Miguel de Unamuno y Jugo.

La Huerta. Número 195 – 27 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. La Solidaridad y los intelectuales. En el pleito de la Solidaridad también litigan los intelectuales. No podían por menos. Ellos, los superhombres, se creen en el deber y con la misión de enjuiciar y sentenciar en todo transcendental problema y en toda cuestión ardua. Y su fallo es infalible, inapelable, decisivo.

Ya sabéis quiénes son los intelectuales. Con tan pretencioso y ridículo nombre, —todos los hombres son intelectuales, — tal vez cometiendo una absurda antonomasia, se han bautizado unos cuantos señoritos, que forman algo así como el trust de la inmortalidad y de la gloria vitalicia y póstuma. Pasan el noviciado bebiendo ajenjo y haciendo antesalas y bajezas; intrigando aquí, adulando allá, con carnavalesco indumento y tipo estrafalario.

Después fundan una sociedad de autobombos y bombos mutuos, y publican unos libritos con piruetas y extravagancias de efecto para llamar la atención del público indiferente y hacerse bonitamente el reclamo. En esos libritos dan a luz algunos juegos malabares poéticos en diversos desequilibrios métricos imitando a Verlaine, con frases rebuscadas y vocablos manidos, o insertan prosas de merengue o de mosaico, diciéndonos en plural de majestad que tienen un «enorme paraguas rojo», que son «unos pequeños filósofos» y que leen al P. Gracián y a Lamartine y otras vaciedades y bagatelas por el estilo.

Al punto, escalan la tribuna de algunos de esos rotativos que se llaman «de gran circulación»; y ya en ella, interceptando el paso y obstruyendo la entrada a los demás, quedan ungidos y consagrados. A quien se atreva a hablar mal de ellos y a demostrarles que son unos gansos con aire y tono de grandes hombres, con decirle que es un despechado, un fracasado envidioso, un «declassé», se le apabulla y asunto concluido. Logrado un nombre por cualquiera de estos procedimientos se echan a dormir, después de clasificarse por cartas: humoristas, ironistas, paradojistas, rectilíneos, bagatelistas, mundiales, funambulistas, neoclásicos, parnasianos, pseudorománticos, simbolistas, naturistas, eclécticos e iconoclastas. ¡Cuánto majadero!

Pues bien; la última burrada de los más conspicuos intelectuales ha sido la de declararse, unos solidarios, y antisolidarios otros, trayendo a cuento con este motivo, razas y genealogías. El Sumo Pontífice Unamuno, que no es Unamuno, sino una mona, quiso explotar el argumento y hacer una de sus paradojas combatiendo la Solidaridad y hablando mal de sus devotos. Y enseguida le han secundado en la tarea otros intelectuales vascos, pero que imperan en Madrid: Grandmontagne, Pío Baroja, Manuel Bueno, con un séquito de genios en embrión.

En cambio, alardean de solidarios Ramiro Maeztu; también vizcaíno, Guimerá, Calderón, Urales, Martínez Sierra y probablemente Azorín, no obstante que, como de costumbre, aún no ha dicho esta boca es mía; con su correspondiente cohorte de intelectuales de escaleras abajo. Se enzarzó la polémica y hemos tenido que abrir el paraguas de Azorín. Que si el misticismo, que si la Edad Media, que si el guerrero, el mercader y el fraile, que si el origen étnico, que si el odio semítico….

Habla Unamuno, replica Maeztu, objeta Grandmontagne, argumenta Corominas, perora Bueno, afirma Cambó, teoriza Baroja y filosofa Carner; y todos discuten, y todos chillan y ninguno se entiende. ¡Qué grillera, Dios mío!…—¡Rediez, agua, agua — decía un baturro — que se quema el Ebro, porral… ¡Riau! ¡riau! Ángel Rozas. Jueves, 21 de Nbre. Madrid.

De la Cierva con el alcalde de Madrid, 31 de octubre de 1907. Nuevo Mundo.

La Huerta. Número 196 – 28 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. CIERVA Y LA PRENSA. La Prensa es un estorbo para cierta clase de gentes. Todos los malos gobernantes y cuantos han tenido algo indecoroso que ocultar a la faz de la opinión, juez inexorable y justiciero, temiendo su fallo, se han significado siempre por su odio a la Prensa y por las persecuciones que le han hecho sufrir.

La Prensa, esta Prensa periódica tan calumniada cuando de ella se reciben justas censuras y tan cortejada cuando de ella se espera un bombo inmerecido o una alabanza lisonjera, es la institución más poderosa, la más humanitaria y la más civilizadora de los tiempos modernos. Portaestandarte de la cultura, salvaguardia y égida de la libertad individual y de la razón, dique formidable e incoercible contra todas las injusticias y contra todos los abusos de los tiranos, es digna de todos los respetos y de todos los honores, y siempre saldrá triunfadora de cuantos desalmados yangüeses y felones malandrines osaren aporrearla.

Verdad es, desgraciadamente, que en su gremio y orden caballeril se cobijan algunas meretrices y viven medrando algunos intrusos e inverecundos testaferros; pero no hay humana institución, por santa y venerable que sea, que esté libre de culpa y exenta de mácula. Junto al apóstol se ha alzado siempre el falsario; tras la hazaña de un héroe, ha venido la grotesca parodia de algún histrión. No obstante, el público sensato y experto, a quien nunca se engaña aunque lo parezca, en todo caso ha sabido distinguirlos y darles nombre apropiado.

La Cierva, el prohombre de Mula, este «factorum» de Maura que ocupa la poltrona de Gobernación, no ha podido disimular jamás la antipatía y la aversión que siente hacia los periódicos y hacia los periodistas. ¡Esos malditos periódicos para los que no hay ni puede haber secreto ni misterio oculto, y que no pueden tener nada callado!… Por ellos, terribles fiscales como es imposible tapar sus cien mil bocas, es necesario jugar limpio. Las fullerías, las martingalas y los escamoteos de tahúres son comprometidos y peligrosos.

El Excmo. Sr. D. Juan La Cierva y Peñafiel (Rocafedele cuando era bolonio) es maravillosamente genial. Él no puede olvidar las donosas ironías y las duras rechiflas de que le ha hecho objeto la Prensa; y en una de aquellas célebres noches en que el pitorreo y la guasa viva de los noctámbulos eran más escandalosos y cabreantes en la puerta del Sol, entre el rumor de las letanías y de los rezos que subían de la calle hasta su confortable despacho del ministerio, juró sin duda D. Juan, creyéndose Tenorio en la primera escena del drama de Zorrilla, vengarse de aquellos irreverentes gritos, molestando a la Prensa, presunta causante y factora de aquellos «choteos» ejemplares y de aquellas socarronas burlas. Cierva comienza a patentizar su jurada venganza.

El sábado, día 23, apareció en la «Gaceta» una R. O. sobre periódicos, empresas, corresponsales, impuestos de utilidades y otras frioleras periodísticas, encaminadas todas a meter en cintura y domeñar este empecatado y maldecido monstruo de cien oídos, de cien ojos y de cien mil bocas. ¡Hay que amordazarlas!

El decretito se las trae y la marejada arrecia. En la sesión de esta tarde, en el Congreso, Rodrigo Soriano u otro cualquiera de los diputados periodistas moverá camorra y habrá bronca probablemente. ¡Nada, señores, que Cierva quiere crisis a ultranza, para poder irse estas Navidades a comerse el pavo en Mula, cansado de ir en el machito de la Gobernación! Ángel Rozas. Lunes, 25 de Nbre. Madrid.

El siguiente artículo, lo he transcrito casi entero porque, aunque aparezca firmado por Eugenia Tribelli (su prima, con la que comparte piso, se llama Eugenia Tribello) seguramente lo redactó Justo con sus indicaciones.

Justo García y Eugenia Tribello.

La Huerta. Número 200 – 4 de diciembre de 1907: CRÓNICA DE MODAS. Los sombreros de invierno. Estas ligeras notas las dedico, ¡naturalmente!, a las distinguidas y bellas lectoras de LA HUERTA, a cuyo servicio pongo los conocimientos que en el arte de confeccionar sombreros de señora he adquirido en muchos años de práctica.

El sombrero es el complemento insustituible de la toilette de toda mujer elegante; su elección, su esprit, la manera de saber colocárselo revelan la gracia, el gusto y hasta el alma de la dama que lo lleva. La que es doctora en el arte supremo y exquisito de agradar, que es el ideal estético a que debe aspirar toda mujer, antes de elegir el sombrero con que ha de adornarse y completar su tocado, estudia cuidadosa y detenidamente la forma, los adornos, la pose, todos sus pormenores, examinando aquellos que más se adaptan a su rostro y al conjunto de su figura, siempre en armonía con la moda.

Hay que tener en cuenta que el sombrero es el árbitro y la piedra de toque del buen gusto; él nos dirá si la mujer que le lleva es una elegante o una cursi. Mientras que de la cabeza de ésta se desprende, en la de aquella halla su trono; aunque siempre disimula y aristocratiza. Todas sus modas han tenido algún encanto, prestando gracia y distinción al busto.

Desde el sombrero Pompadour, que nos evoca todos los refinamiento semi-paganos y el lujo suntuoso de aquella corte complicada, galante y sutil de Luis XV; la capota María Antonieta, preferida por nuestras elegantes del miriñaque a mediados del pasado siglo; la elegante archiduquesa, con el ala graciosamente levantada del lado izquierdo y sobre el que triunfaban ricas amazonas, haciendo el sombrero regio, majestuoso y distinguido; el airoso chambergo, con el ala recogida por ambos lados y con una hendidura en la copa, adornado por caprichosos penachos de plumas de gallo; la pequeña capota sujeta con barbuquejo de biez de terciopelo prendido con alfileres de perlas; las primorosas gorras confeccionadas con ricos pañuelos de seda escoceses; el lindo canotier, sombrero de mañana y de viaje, pero que viste y distingue con su velo de tul, graciosamente recogido hacia atrás…

… Pero como mi propósito de hoy es describiros el sombrero de invierno de la presente temporada, accediendo gustosa a las instancias e invitación de un amable redactor de LA HUERTA, paso a hacerlo sin más preámbulos.

Revista Actualidad 1907 BNE

Las últimas novedades venidas de París nos imponen el extravagante sombrero de campana, nombre que recibe por afectar esta figura  su forma. Son generalmente cascos de castor o de fieltro con el ala muy combada hacia abajo y la copa alta y redonda. Componen sus adornos grandes penachos de plumas fantasía, o grupos de rosas y crisantemos de terciopelo y raso, o bien dos amazonas o alones, cayendo por ambos lados como las antenas de una mariposa, y sujetas anteriormente por un chou o moña cocarda o por una hebilla.

Es muy de novedad rodear la copa con un rus effilé, o sea de seda deshilachada, atravesado caprichosamente por grandes agujones de bolas opalinas. Este sombrero es propio de señoritas jóvenes, y la manera de llevarlo es muy tirado hacia atrás de modo que pueda lucirse el peinado por delante.

También para las pollitas de 15 a 20 años se estila mucho la gorra de paño de dama, llamada automovilistas, con visera toda alrededor. Para las señoras graves están de moda las capotas de terciopelo con bridas y adornos de violetas, pensamientos, cintas o  plumas. Para las niñas se llevan las capotillas llamadas de forma de gato, cubiertas de terciopelos planchados con graciosos pliegues recogidos a los lados, donde se colocan moñas, hechas con vaguitas de cinta, flores y algunos cabos de pluma dejando la parte delantera sin adornos.

El color que domina es el heliotropo combinado con el verde. Ante la imposibilidad de extenderme más me despido de las amables y bellas lectoras de LA HUERTA, ofreciéndolas ponerlas al corriente con oportunidad de cuantas novedades hayan por esta corte. Eugenia Tribelli, Madrid y Dbre. de 1907.

Trinitario Ruiz Capdepón.

La Huerta. Número 203 – 7 de diciembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. La «democracia» de Capdepón. Por si aún quedan tontos en Orihuela que crean en la democracia de los liberales demócratas y más especialmente en la de su «ilustre hijo» o «padre» (como algunos incautos le llaman), el ex-ministro Sr. Capdepón, ese marmolillo que encumbró un capricho de la diosa Casualidad; hoy quiere consignar el cronista un hecho decisivo y elocuente digno de pasar a la Historia, que confirma la inquebrantable y la estúpida fe de tales creyentes pazguatos.

A nosotros ni nos maravilla ni nos asombra. Por un bien escrito y patriótico artículo de fondo, inserto en este periódico el 8 del mes último con el título «Fervor monárquico», ya conocen los lectores de LA HUERTA el dictamen del Consejo del Estado, concediendo al hijo del infante D. Carlos de Borbón, a solicitud de la Intendencia de Palacio, una pensión anual de 250.000 pesetas. El famoso dictamen, por ilegal, improcedente y atentatorio contra nuestra ruinosa Hacienda pública, fue acogido con gran escándalo y protesta de la opinión y viene siendo ya, durante dos meses, objeto de una continua y ruidosa campaña oposicionista por parte de la prensa de todos los matices y colores.

Carlos de Borbón y su hijo, el infante Alfonso en 1907

La enorme montaña de tributos, impuestos y gabelas que pesan sobre los enflaquecidos hombros del contribuyente español y que van a parar al fisco, ya estamos cansados de saber los beneficios que nos reporta. En este mísero país, donde diariamente se ven obligados a emigrar con sus familias millares de obreros por no morirse de hambre en la ingrata patria, donde la agricultura y la industria se hallan sin la protección de los poderes, y la ignorancia y el analfabetismo con todas sus consecuencias funestas cunden y aumentan cada día más por el incalificable abandono en que tiene el Estado estas sagradas atenciones; hay unos consejeros magnánimos y patriotas que disponiendo muy holgadamente y a su antojo del dinero de la Nación, van a regalar todos los años una millonada a un individuo de la familia Real, a quien según la Ley no le pertenece.

La esplendidez de tan celosos primates sería muy digna de loa, si fueran igualmente dadivosos para con todos los ciudadanos españoles. Retirado por el Sr. Urzaiz su voto particular en contra de tan absurdo dispendio, que debió ser rechazado desde un principio sin concederle siquiera los honores de la discusión, ayer mañana, como estaba anunciado, celebró una sesión el pleno del Consejo a fin de discutir el célebre dictamen.

Hora y media duró la reunión deliberativa en que se iba a dilucidar y a resolver una cosa tan clara a todas luces, que no da lugar a dudas ni a vacilaciones. La discusión fue acalorada y tumultuosa. Llegado el momento de votar, lo hicieron en favor del dictamen, es decir, de la concesión generosa de 250.000 pesetas al infante D. Alfonso, el presidente, marqués de Pidal, los consejeros conservadores señores Azcárraga, Santos Guzmán, Pidal (D. Alejandro) y duque de Mandas, el duque de Veragua, liberal, y el Sr. Capdepón ¡demócrata!; total, siete.

Y en contra, los Sres. Moreno Rodríguez, Urzaiz, Eguilior, Ramos Izquierdo y Aguilera; republicano el primero, conservador el segundo y liberales los tres últimos; total, cinco. Es decir que sin la defección y sin la inconsecuencia del «demócrata» Sr. Capdepón, hubiese habido empate y el dictamen no hubiera sido aprobado. Ahí pueden los oriolanos ver en paños menores la democracia de su paisano ilustre. ¡Recobren la vista los ciegos que aún esperan el maná llovido de manos de estos funestos Capdepones, Ruices o Valarinos!.. Ángel Rozas. Martes, 3 de Dibre. Madrid.

El público viendo los números premiados en la Puerta del Sol. Nuevo Mundo, 26 de diciembre de 1907. BNE

La Huerta. Número 217 – 24 de diciembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. GLORIA IN EXCELSIS… Ustedes habrán creído sin duda que Ángel Rozas ha muerto, y hasta algún lector devoto quizá haya rezado por mi alma. No me ha faltado mucho. La afonía que he padecido era efecto de un catarro grippal de esos que ahora corren, según diagnosticó el doctor. Pero ya estoy bueno y en voz, a Dios gracias. Descolguemos, pues, la mal cortada péñola mía, no precisamente de la espetera y del hilo de alambre donde la dejó el prudentísimo Cide Hamete, y volvamos de nuevo a nuestra tarea diurnal.

Por cierto, señores, que me he visto y me he deseado para convalecer. Esos chicos de mi portera son unos diablillos de los mismos infiernos. Su madre les compró, pronto y con tiempo por si se acababan, estos dulces y armoniosos instrumentos músicos pastoriles con que la tropa infantil celebra el aniversario del nacimiento de Jesús. Godofredito toca a todas horas la gaita, Nicanorcito bate con marcialidad el tambor, Rigobertito tañe desacompasadamente la zambomba, Periquín zumba con furia la pandereta y Petronila chasca sin ton ni son las castañuelas y se desgañita cantando villancicos….

En fin, que están el cuarto de mi portera y el portal convertidos en un verdadero Belén. Por no volverme loco con el angelical concierto del coro porteril, he huido hoy de casa en cuanto he almorzado y me he dirigido a Fornos. En el sitio y mesa de costumbre estaba reunido el cónclave y formada la tradicional e histórica tertulia de mis amigos de siempre: D. Severo, D. Tadeo, Manolito Estrada, Juanito Risueño y Prudencio Iglesias.

Tienen un gran barullo. Todos hablan y disputan, entre el chocar estrepitoso de las copas y de las cucharillas. — Hoy hay gran deliberación— he pensado para mi chaleco. En efecto, el vehemente D. Severo gritaba en aquel instante con prosopopeya autoritaria, enarbolando heroicamente una tetera: — Eres un tonto, Juanito; y perdona la manera de señalar. Los yankis no van a ninguna parte. — Sin embargo, ya ve V., don Severo; ahora van bonitamente al Pacífico, buscándoles las cosquillas a los nipones. — ¡Un colmo, señores, un colmo!… — ha interrumpido Iglesias, soltando una carcajada.

El pavero en Navidad. Nuevo Mundo, 26 de diciembre de 1907. BNE

¿Cuál es el colmo del camorrista? ¡Ja, ja! El colmo del camorrista lo están haciendo ahora nuestros zurradores de marras los yankis. ¿Que cómo? ¡Je, je!- Yendo a armar guerra al Pacífico. — Pues bien; los yankis hacen un colmo, como dice el amigo Iglesias, y van a achantar a esos fanfarrones changuitos — continúa diciendo Juanito Risueño. — Pero se volverán a la mitad del camino — replica sentencioso D. Severo. — Y si acaso cometieran la temeridad de hacer la guerra al Japón, que no lo creo, sufrirán la derrota más descomunal que los siglos han presenciado.

Los japoneses son invencibles.  La magnífica y formidable escuadra de Ewans, que ha zarpado de Port Monroe hacia Oriente, no es de las que se dejan vencer tan fácilmente como se dice. Son 19 acorazados mayúsculos con el mejor armamento que se conoce, 16 cruceros blindados y una escuadrilla de torpederos, que es la avanzada de la muerte. — Todo eso se hundirá en las aguas del Pacífico. El gran Togo, el vencedor de Port Arthur, dará una dura lección a ese grumetillo de Ewans.

Con poco trabajo demostrará ante los ojos de todas las naciones que el Imperio del Sol Naciente es la primera Potencia del mundo. — ¡Riau, riau!… ¡Eche V. por esa boca! Eso es asegurar mucho. — Lo aseguro porque puedo y porque soy práctico y perito en la materia. — ¡Adiós, Kuroki!… —Las guasitas p’al gato. Siempre me ha dado pena de que seas un percebe de nacimiento. — ¿Va a echar V. ya mano al saco de los «azjetivos»?

Pues avise V. antes, para que coja el sombrero y me vaya a la calle. — A otro sitio debieras irte, cacho de besugo. —Mire que le «azjetivo» a su mamá política. Está visto que con los solidarios no se puede discutir de nada. — Mentira!…

La discusión se enzarza fieramente, y por momentos va agriándose y subiéndose más de tono. Algunos terrones de azúcar de pilón vuelan por encima de nuestras cabezas. La ruptura y la conflagración son inminentes y la intervención de las potencias neutrales se hace necesaria.

D. Severo es fanático solidario y desde la reciente guerra ruso-japonesa, un furibundo entusiasta del Japón. Tocarle ambas cosas a D. Severo, es hacerle perder los estribos. Por fin y gracias a los buenos oficios de las potencias intervencionistas, se restablece la paz y se serenan los ánimos.

Entonces Prudencio Iglesias, el eterno humorista, ha hecho algunos cuantos chistes sobre el incidente, que todos hemos abucheado en coro, y ha propuesto luego otros tantos colmos y semejanzas. Esta decadente costumbre de las agudezas de ingenio, que era hace dos años la monomanía de todo madrileño de buen tono, afortunadamente ha pasado ya de moda; pero el grotesco y dicharachero Iglesias adquirió entonces este vicio incorregible, que tan bien armoniza con su carácter, y aún continúa con él.

D. Tadeo ha tomado después la palabra, y con un gran énfasis ha disertado largo rato sobre el estado de la cultura española y acerca de las causas de su postración, endilgándonos un discursito académico, con latiguillos y todo, digno de una conferencia en el Ateneo. «La enseñanza y la educación social — ha dicho en tono sentencioso— es nuestro primordial problema. La instrucción pública es el único medio de regeneración que nos queda a los españoles».

Después ha abogado porque se conceda a Rodríguez San Pedro los cinco millones que piden las minorías parlamentarias que se aumente nuestro presupuesto de Instrucción Pública. A este propósito se han discutido también los 200 millones que figuran en el proyecto de escuadra; y con tal motivo han vuelto a soliviantarse los ánimos y los polemistas han estado a punto de venir a las manos.

La mesa del café parecía un campo de Agramante. Yo, casi fuera de juicio, me he ido a la calle y me he vuelto a casa filosofando en la vanidad de las cosas de los hombres y pensando que es preferible sufrir el belén de los chicos de mi portera, que los debates diplomáticos y parlamentarios de mi tertulia del café de Fornos. Ángel Rozas. Madrid, 21 de Diciembre.

Café de Fornos. Madrid.

El 30 de diciembre, su amigo Antón del Olmet firma la Crónica Madrileña de «La Huerta». Curiosamente vuelve a estar relacionada con la moda; anunciando la repentina muerte de un famoso modisto francés.

1908.

Durante el mes de enero de 1908, Ángel Rozas redactó media docena de crónicas.

Nuevo Mundo, enero de 1908. BNE.

La Huerta. Número 224 – 7 de enero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Sinfonías del Año Nuevo… Un horrible y fragoroso estampido, entremezclado de ayes y gritos de angustia, hace retemblar los ámbitos de España. La detonación ha retumbado, como de costumbre, en la capital de Cataluña.

Hay quien la atribuye a la caída del gordo en Barcelona; otros, en cambio, más expertos, la reconoce como efecto de la explosión de varias bombas de dinamita en las calles de la ciudad condal. De todos modos es el trueno gordo, el trueno final de la obra.

Terminó la comedia del año 1907. Telón. La obra ha sido pésima, rematadamente mala, una farsa indigna, una mojiganga indecente y grosera, una porquería. Todos nuestros farsantes y conspicuos histriones se han esforzado por ver quién lo hacía peor.

El público, paciente, no pudiendo contener por más tiempo su malhumor y su hastío, ha silbado y pateado a rabiar. Es lo único que nos queda: el derecho a la grita y al pataleo. Nuestra desconcertada orquesta nacional ha vuelto a preludiar su invariable sinfonía, entre la chillería y el escándalo.

Los comediantes estudian otras bufonadas y ensayan nuevas posturas. El coro se dispone a salir. Todo indica que inmediatamente va a comenzar de nuevo la función. El viejo y monótono espectáculo estamos cansados de sabérnoslo de memoria y los espectadores bostezaremos otra vez de aburrimiento, ya que no tenemos fuerzas y nos sentimos incapaces para obligar a la empresa egoísta y sórdida a mudar e innovar los carteles, dando más amena variedad a la representación, y despidiendo a puntapiés y a escobazos a la torpe y grotesca farándula que ahora, actúa en el destartalado y ruinoso coliseo de la Patria.

Pero ¡Silencio! ¡Atención! Ha concluido el entreacto y se ha descorrido nuevamente la cortina. Empieza el coro. En la última fastidiosa escena del acto anterior, a paso de carga y a trancas y barrancas, quedaron aprobados los presupuestos y cumplida la letra muerta de nuestra desencuadernada Constitución.

¡Qué importa que se haya burlado una vez más el espíritu de la Ley! Mientras el coro general de recaudadores y alguacilillos, ejecutando una «machicha» sobre motivos del Miserere de M. Trovador, explica y aplica los nuevos presupuestos o impuestos; la farándula parlamentaria descansa hasta el día 24. La comparsería desentona y desafina de un modo horrible.

— «He aquí — exclama el corego haciendo uno de sus mejores gorgoritos— manifiestas las inauditas y casi milagrosas ventajas de la desgravación. En bien de las costumbres, se cierran los domingos las tabernas, queda el morapio libre del impuesto de consumos, para mayor comodidad de la pesca de merluza en todos los extrarradios; pero no creáis por eso que beberéis más barato el vino, pues si los taberneros no tienen ya que pagar puertas, satisfarán, en cambio, las patentes acordadas por el alcalde.

Sin embargo, en beneficio del sufrido vecindario madrileño y para compensar los ingresos que por la desgravación de los vinos pierden el erario y las arcas municipales, nuestros celosos administradores han ideado otros impuestos y nuevas gabelas que hacen subir los precios del pan, de la carne y de otros artículos de primera necesidad. ¡Señores, viva la borrachera y la juerga nacional!— Una voz estentórea sale del público y dice: — ¡Fuera! Ahora nos bajáis el vino y nos subís el pan y la carne.

¡Negociantes! ¡Chapuceros! Pronto, a este paso, lo trastornaréis todo a medida de vuestro egoísmo, y abusando de nuestra mansedumbre, nos bajaréis los calzoncillos nos subiréis las camisetas… ¡ya sabéis para qué! Señores, siga la danza. Puede el baile, continuar. Ángel Rozas. Madrid, 3 de Enero de 1908.

Diábolos a comienzos del siglo XX.

La Huerta. Número 228 – 11 de enero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. ¡Diábolo!… «Satanás será suelto de su prisión». Apocalipsis. Se ha dicho que «la luz viene del Norte»; y se puede ahora añadir, en buena lógica y en mejor etimología, que Lucifer también viene del Septentrión.

Precisamente porque aquí seguimos con fanatismo y monomanía cuanto procede de «allende los Pirineos», nos encontramos en estos momentos, dominados por una abrumadora fiebre infernal; por un terrible furor diabólico. «¡Absit!» Se ha cumplido, como no podía por menos, al pie de la letra la profecía que escribió San Juan en la isla de Patmos, en su libro el Apocalipsis (cap. XX, vers. 2, 3, 7 y 8).

El propio Satán en persona, aunque disfrazado en figura del carrete, del cordón y de las dos varillas que integran el juguete de moda llamado el diábolo, ha llegado e invadido Madrid, enseñoreándose al siguiente día de la élite de todo lo más elegante, de todo lo más snob y de todo lo más cursi que encierra la villa y corte del oso. En todas las casas, en todas las calles y en todos los paseos el horrible diábolo es elevado a las alturas y es objeto de un culto desenfrenado e idolátrico.

Como verdadera plaga, ve usted a todas horas volar por los aires el endiablado carrete, amenazando y poniendo en peligro la integridad física del transeúnte indefenso. Los percances, los coscorrones y los chichones que ha producido ya el nuevo juego maldito, son innumerables, y lo más sensible es que sus víctimas no se cuentan únicamente entre sus adoradores y neófitos.

Con motivo de la pasada festividad de Reyes, ha aumentado extraordinariamente el culto diabólico, pues los monarcas magos han traído en sus alforjas una copiosa provisión de diábolos, surtiendo a todos los que aún carecían del armatoste. Ya no solo los chicos y las señoritas cursilonas de este Madrid taboadesco se entretienen jugando al diábolo; muchos padres de la patria y respetables senadores se dedican con entusiasmo al nuevo y aburridísimo sport.

Tal vez lo hagan únicamente por imitar al cardenal monseñor Merry del Val, de quien dicen que dentro del Vaticano se divierte con el juego de moda. ¡Hasta en la morada del Vicario de Cristo en la tierra ha conseguido penetrar el diábolo! ¡Horror! ¡Ya no hay salvación posible! Pero no han sido solamente diábolos lo que los Reyes Magos han traído. He aquí una lista de los objetos con que han favorecido y regalado a nuestros más eximios políticos:

A Maura: un cangrejo automático y la carabina de Ambrosio. — A La Cierva: unos pantalones a cuadros, un enorme cerrojo, un puchero electoral y un molino movido por las aguas desviadas del Segura. —A Osma: la llave de la despensa nacional, media docena de botellas de Jerez desgravado y cien cédulas liberadas por la Azucarera Española. — A Allendesalazar: un busto de oro del Sr. Güell y un mapa de Marruecos.

—Al conde de Peñalver: un automóvil con una sentida dedicatoria de los panaderos de Madrid. — Al marqués de Vadillo: una cabra triste. — A Weyler: un lavabo y un termo nuevo. — A Primo de Rivera: un «pim, pam, pum» con una dedicatoria del capitán Clavijo. — A Moret: una estatua de la Libertad… encadenada, un piquito de oro y un molde de hacer pasteles de todas clases. — A Montero Ríos: una gaita gallega, un ruso, una bufanda y un chuberski. — A Vega Armijo: una ristra de ajos con un lema que dice: «Al ilustre prócer».

— A Romanones: un diábolo… cojo. — A Canalejas: el morrión anticuado de Sagasta y la Democracia de capa caída. — A Capdepón: unas sonajeras que fueron del nietecito de Caserta. — A la minoría solidaria: una barretina con esta inscripción: Autonomía o «visca Catalunya llibre». El programa mínimo de Tívoli: nadie toque la segunda columna de los aranceles. — A la minoría republicana: un gorro de dormir y una olla de grillos. — A Rodrigo Soriano: las armas de D. Quijote y un gallo inglés, que bien pudiera ser el gallo de Morón.

Muchísimos más han sido los regalos; pero no los mencionamos por no hacer interminable esta lista. Sabemos que todos han quedado muy satisfechos y contentos con las dádivas que les han correspondido, todos menos el Sr. Maura que esperaba una laurea de dictador.

¡Otro año será, D. Antonio! Esto y un frío más que regular constituyen cuantas novedades hay hoy en Madrid; porque la estancia de Mr. Pichón, el ministro de Negocios Extranjeros de la vecina república, sólo interesa a los colombófilos. ¿Un Pichón mensajero, para ultimarse en Madrid el embrollo de Marruecos?… ¡Diábolo! ¡Diábolo! Ángel Rozas. Madrid, 8 de Enero de 1908.

Visita Stephen Pichon. Nuevo Mundo, 16 de enero de 1908. BNE

La Huerta. Número 230 – 14 de enero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Mr. Pichón y la Historia. Después de haber sido durante tres días nuestros huéspedes, anoche salieron en el expreso de Andalucía, para Córdoba y Granada, el ministro de Negocios Extranjeros, de Francia, y su esposa. Mr. Pichón y Mad. Pichón.

Sabido es que al ilustre hombre público no le ha traído a España únicamente una «tournée» de recreo y de carácter particular, aunque este haya sido el pretexto. Mr. Pichón ha venido a cumplir la misión que le ha confiado la vecina República de celebrar una entrevista con nuestro gobierno, a fin de ultimar detalles y ponerse de acuerdo ambos poderes en el plan misterioso de la organización de la Policía marroquí y de la penetración «pacífica» del Moghreb, según el compromiso contraído en el acta de la Conferencia de Algeciras.

Todo el mundo ha concedido a esta visita una gran transcendencia para el porvenir de España en las relaciones internacionales y en su política futura con Marruecos, siendo muy comentada por la Prensa madrileña, de diferentes modos y con diferentes puntos de vista.

No intentamos por nuestra parte en la presente croniquilla echar un cuarto a espadas, formulando nuevos juicios y comentarios acerca de la secreta «entente cordiale» franco española; aún que sí recordaremos de paso la profecía de Bismarck: «El problema de Marruecos será el que engendre la próxima guerra europea». Por hoy habremos de limitarnos a exponer unas breves consideraciones históricas de actualidad que nos ha sugerido el viaje a nuestra península del ministro de Negocios Extranjeros de Francia. Hay hechos históricos que parece que se repiten a plazo fijo.

Visita Stephen Pichon. Nuevo Mundo, 16 de enero de 1908. BNE

Estas extrañas y admirables coincidencias que encierra frecuentemente la Historia, no acertaremos a probar si son puramente casuales y fortuitas o si obedecen a desconocidas leyes  eternas y providenciales, que presiden el trascurso de los siglos y el desenvolvimiento de los pueblos. Lo que consideramos un dato seguro e indiscutible es que hay naciones, lo mismo que los individuos, predestinadas a la desgracia por inexorable fatalidad; y esta es la única  razón que puede explicar por qué no saben sacar provecho de las sabias lecciones que proporcionan los grandes fracasos, el maestro tiempo y los hechos consumados e inevitables.

Nuestra torpe inexperiencia está probada. Será sólo una pura y  contingente eventualidad; pero todas nuestras alianzas y uniones con Francia nos han sido siempre fatales. Recordemos el célebre «Pacto de familia» que firmó Carlos III con Luis XV, como unión defensiva y ofensiva entre España y Francia, y las funestas consecuencias que tuvo para nosotros la alianza a que dio lugar, hasta el punto de vernos precisados a hacer humillantes concesiones a los ingleses en el desfavorable y bochornoso tratado de Fontaineblau, a fin de poder recobrar la paz perdida.

Recordemos la concordia de San Ildefonso, celebrada entre Carlos IV y el Directorio francés, que dio por resultado el desastre del Cabo de San Vicente y los rudos ataques y grandes pérdidas sufridos en América. Recordemos el nuevo convenio del año 1805 entre el mismo Carlos IV y Napoleón, que tuvo como desenlace el trágico percance del choque de Finisterre la enorme catástrofe de la batalla de Trafalgar que acabó con nuestra marina.

Y como si todo esto hubiese sido poco, tres años, después ordena nuestro aliado y traidor amigo Napoleón, contando con la complicidad del desatentado e inepto Carlos IV y abusando de la desidia de éste, que las tropas francesas invadieran nuestro patrio territorio; hecho que dio lugar a  aquel heroico y grandioso levantamiento del pueblo español, conocido con el nombre de Guerra de la Independencia.

Recordemos y meditemos tales enseñanzas históricas; en estos momentos críticos en que se acaba de ultimar un novísimo convenio franco-español que se oculta abusivamente al pueblo, a quien interesa. Como irónica coincidencia, van a conmemorarse el presente año, con festejos públicos en algunas poblaciones, el centenario y las glorias de aquella admirable epopeya nacional.

Ya nos estamos figurando el desbordamiento épico de todos nuestros Homeros y Tirteos españoles. Veréis a todos nuestros poetas y postillas, salidos de madre, inundándonos con sus cantos, odas, himnos, sonetos y romances. Las liras y demás instrumentos más o menos poéticos no se van a dar punto de reposo en las manos de nuestros vates de estro bélico y fogoso numen.

Zaragoza brindará al mundo una nueva gallarda prueba de hidalguía celebrando una Exposición franco -española en conmemoración de sus famosos sitios. Mientras tanto, ¿qué importa pues que Mr. Pichón venga a España y que ésta contraiga serios compromisos guerreros con nuestros vecinos transpirenaicos en el asunto cada vez más embrollado de Marruecos? Plegue a Dios que no nos bataneen las pocas costillas que nos quedan algunos desalmados y jayanes yangüeses en esta imprevista aventura quijotesca de encrucijada en que nos hemos metido ahora … Ángel Rozas. Madrid, Viernes, 10 de Enero de 1908.

Nuevo Mundo, 16 de enero de 1908. BNE.

La Huerta. Número 236 – 22 de enero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Varí, polizonte. ¿Os acordáis de Varí, mi paisano y mi antecesor, en esta agradable tarea de croniquear desde la Corte? Seguramente. Pues bien; ya os dije en mi primera crónica que iba a hacer oposiciones, a fin de ganar una de las 355 nuevas plazas de policía, creadas por Cierva, por el genial reformista de los pantalones a cuadros.

En los dos meses que han durado las oposiciones  policiacas, era imposible ver ni hablar siquiera al pobre Alfonso. Con el ansia de proporcionarse cuantos medios pudieran hacer más seguro su triunfo y más factible la realización de su esperanza. Varí no dormía, ni comía, ni descansaba un instante. Devoraba los libros y el cuestionario; iba a Gobernación y al Gobierno civil por tarde y mañana, a enterarse de cuándo entraba en turno; hacía veinte visitas y escribía al día otras tantas cartas, solicitando recomendaciones o influencias para el tribunal; y en este tejemaneje continuo su cabeza era un volcán en erupción.

Las oposiciones terminaron, y Alfonso Varí, ha visto premiado, con la apetecida recompensa su horrible purgatorio, y coronado con un éxito lisonjero todas sus desazones y todos sus afanes. Vari recibió el sábado último su credencial de agente de policía, con un sueldo anual de 2.000 pesetas. ¡Pobrecillo Varí! Está satisfechísimo y radiante de placer. Me ha contado casi con lágrimas en los ojos que cuando volvió a su casa con la credencial en el bolsillo interior del gabán, en un arranque de entusiasmo y de júbilo que no pudo contener, dio un abrazo estrechísimo a Sinforiana, la hija de su patrona, y un ósculo estrepitoso en el cogote a D. Brutinio Escorbuto un ex-sargento de Carabineros que en la misma casa se hospeda.

Figuraos la inmensa alegría de mi amigo, cuando llevaba debiendo el pupilaje ya tres meses y estaba sentenciado por su inexorable y pringosa pupilera a ser puesto de patitas en el arroyo si no ganaba la plaza de policía. ¡2.000 pesetas, 400 duros al año!…

Mi paisano no había soñado con esa suma jamás, y, loco de contento, no sabe dónde colocar a La Cierva. Varí se ha sentido espléndido. En celebración de su reciente triunfo, ayer tarde nos obsequió a varios amigos, entre los que se encontraban nuestros queridos compañeros Plim y Luis Gante, con un modesto guateque en un ameno y popular merendero de las Ventas.

El condumio fue suculento y sabroso. No copio el menú por no excitar la envidia y la gula de los lectores. Aunque brillaron por su ausencia el Rioja, el Burdeos, el Jerez, el Champagne y otros caldos famosos. Hubo, en cambio, gran derroche del Valdepeñas  clarete y desgravado; ¡Dios se lo pague a Osma! Durante la íntima cuchipanda reinó la más franca y jubilosa cordialidad, el buen humor y la alegría más expansiva que puede darse.

En uso y merced de la gran confianza que nos une, los comensales todo nos lo hubimos de permitir y dispensar, menos los brindis, que por previo acuerdo quedaron prohibidos terminantemente con terribles penas y conminaciones, temerosos de algún chaparrón de oratoria o de alguna oda pindárica alusiva al acto. Amenizaba el opíparo banquete con la algarabía musical de sus notas chillonas un organillo de repertorio zarzuelero, a cuyos compases se marcaban bien ceñidas tres parejas, rindiendo incansable culto a Terpsícore, sin temor al gris que helaba las respiraciones.

Aprovechando una pausa en el diálogo, mientras descargaba una chuleta con dientes voraces, el nuevo Goron bajo las órdenes de Millán Astray me preguntó: — ¿Y tú sigues mandando, crónicas a La Huerta? — Sí, chico; — le repuse— prefiero escribir para Orihuela que hacerlo para Trijueque. Desde que me nombraste tu sustituto, nuestro querido Plim es mi amo y señor. — Lo celebro, Rozitas— prosiguió Varí— En ese caso, tu deber es estar al tanto de la actualidad.

Dime pues cuáles son las últimas, novedades de la semana; porque yo hace ya dos meses que no leo un periódico. Rehusé el hacerlo; pero ante la insistencia de Varí, hube de complacerle y le referí en pocas palabras los sucesos de actualidad más salientes: — «La política parece que se va desenmarañando un poco. La disidencia se ha declarado ya, de un modo resuelto en la minoría solidaria. Cambó quiere ser ministro a ultranza y sus pasteleos con el hombre de las frases, han descontentado a todos los solidarios de la izquierda.

El proyecto de Ley sobre administración municipal y provincial, está siendo el caballo de batalla. Mientras Maura y su acólito Cambó quieren implantar el voto corporativo, infiriendo con ello un duro golpe al sufragio universal, la conquista más democrática que figura en nuestra Constitución, la izquierda solidaria, la minoría republicana  y el bloque liberal se opondrán tenazmente a tan retrógrada implantación y otras reformas del Proyecto.

Ya se está preparando la lucha; y ésta será empeñada e impetuosa, si Moret no hace algunos de  sus acreditados pasteles, como es presumible y desiste de sus propósitos belicosos. Pronto lo veremos. El día 24 se reanudarán las sesiones de Cortes y vendrá la rebaja. Meditemos mientras tanto.

El embrollado problema marroquí ha venido ahora a complicarse con la proclamación en Fez del pretendiente Muley Haffid, que marcha con su mehalla sobre Rabat, donde se refugia temeroso y desconcertado el inhábil sultán Abd-el-Aziz. Cerca de esta última población, un destacamento francés le defiende.

Nuevo Mundo, 16 de enero de 1908. BNE.

El Sr. Maura parece que ha certificado su criterio sobre este asunto, y así se dice que lo manifestó en el Consejo del jueves, con estas o parecidas palabras: «Francia sigue en Marruecos una política de represión; yo estimo que España debe seguir una política atractiva, más de cariño que de violencia. En este punto no podremos marchar de acuerdo con Francia, que pretende una acción combinada de las fuerzas de ambas naciones».

Sí, es cierto, por esta vez Maura se ha puesto al lado de la opinión: este es el sentir del pueblo español. Sin embargo, a este propósito se recuerda la arrogante frase lanzada por Maura en aquélla memorable sesión del Congreso: «Desde Tánger al Muluya ninguna nación que no sea España pisará el territorio de Marruecos». Si Maura se propone sostener esta bravuconada imprudente, es de temer que el criterio pacifista del Gobierno tenga que modificarse muy pronto.

Por lo demás la semana ha dado de sí, mucha sangre y mucho cieno. El asesinato de la calle de la Primavera, y el cruel y estúpido crimen de la calle de Ciudad Rodrigo, han exaltado las imaginaciones noveleras y folletinescas. En cuanto al cieno… ¿os parece poco el que hay en las calles de Madrid, por mor a Peñalver y el que ha removido España Nueva con la denuncia contra el médico pederasta, sátiro repugnante, doctor Rodríguez Gallardo?

A todos estos relatos míos pusieron sendos comentarios el anfitrión y demás comensales. Había cesado de tocar el organillo. La noche caía, cubriéndolo todo de sombras. Entonces hubimos de suspender el jolgorio. En cuanto el dueño del merendero se enteró que Alfonso Varí era un nuevo polizonte, se negó a cobrarle el importe del convite. Este ha sido el primer gaje de su lucrativa profesión… Ángel Rozas. Madrid, 18 de Enero de 1908.

Nuevo Mundo. 23 de enero de 1908. BNE.

La Huerta. Número 238 – 25 de enero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Alma romántica: Más triste que la muerte de los hombres es el ocaso de los pueblos. Esta nuestra vieja raza latina, abrumaba bajo el peso de los siglos y rendida con el largo afanar de sus esfuerzos heroicos y conquistadores, después de haber paseado, aventurera y triunfante, sus ideales luminosos por todo el mundo, ha desgastado su actividad incansable y prodigiosa y su energía viril y se siente desfallecer en endeble decrepitud.

Los raquitismos de su degeneración y los achaques de su decadencia, la han hecho impotente, como en otros remotos tiempos, para evitar el desbordamiento y la impetuosa avalancha de los anglo-sajones, de los germanos, de los eslavos y de los escandinavos que, desde las altas montañas, desde las estepas y desde los ventisqueros del Norte, se han precipitado sobre los floridos valles del Mediodía en avasallador irruimiento.

Sin embargo, si es evidente que las naciones latinas decaen, siéndoles imposible contener la invasión de estos nuevos bárbaros del Norte que nos conquistan con la fuerza de las armas y del comercio, con las ciencias y con las artes; no es menos cierto que hay algo que, aunque permanece callado e inerte, no puede ser vencido ni morir nunca: ese algo es el espíritu de las razas.

No está muerta, sólo duerme el alma latina, — alma creadora, inquieta y magnánima, —sólo duerme en este siglo de crisis, mientras se está operando lentamente en su ser una nueva y grandiosa transformación, de la que saldrá, nuevo fénix inmortal, rejuvenecida y prepotente para ulteriores y más gloriosas conquistas y para la realización de más levantados y admirables portentos.

¿Qué importa, pues, que el genio triunfador de los Goethe, de Kant, de Niestzche, de Wagner, de Bismarck, de Ruskin, de Rudyard Kipling, de Spencer, de Chamberlaiu, de Ibsen, de Tolstoi y de tantos otros «sublimes bárbaros» — como les ha llamado Ricardo León — influyan en nuestra vida decrépita y nos sojuzguen, apoderándose transitoria y superficialmente de nuestros espíritus; si ellos y los férreos pueblos a que pertenecen, envueltos siempre entre las  nieblas caliginosas del Norte y templados en la frialdad glacial de sus nevadas llanuras donde nunca sonríe la verde placidez de las campiñas meridionales, están condenados, por ley ineludible e inmutable de Naturaleza, a ser eternamente transformadores y reformistas, pero jamás serán como los pueblos latinos, creadores de ideales nuevos ni acometedores de empresas nunca soñadas?…

En la masa del pueblo, de este nuestro pueblo abúlico, escéptico e indiferente en apariencia, duermen las inextintas energías, el vital dinamismo de la raza; en ella reposan el germen y la levadura de un gran porvenir, de un futuro victorioso, que muy pronto quizá fermente. No hay que olvidar que su espíritu es el alma latina, alma grande e inquieta, alma hidalga y creadora, ¡alma romántica!…

Sollozaba la orquesta, esparciendo raudales dulcísimos de armonía y suspirando un trémolo de besos sin fin; y tal pensaba anoche, el cronista, mientras en la agradable compañía del acreditado banquero de Almoradí D. José Diez (que se encuentra unos días entre nosotros), y de otros tres queridos amigos, presenciaba, desde un palco del Teatro Español la representación de Juan José, el popular drama de Dicenta.

Los domingos, sobre todo si son lluviosos como estos que llevamos, se llenan totalmente las localidades de este aristocrático coliseo, que antes fuera el célebre corral de la Pacheca, de un público modesto y burgués, atraído por sugestivos programas y por la economía de los precios, una rebaja de un cincuenta por ciento sobre los ordinarios, que en estos días dominicales proporciona la Empresa, con funciones democráticas.

Cada vez que el eminente actor Emilio Thuiller, en su simpático papel de protagonista de la obra, pronunciaba con la verdad y la admirable maestría escénica con que él sabe hacerlo, una de esas frases patéticas, sentimentales, llenas de ternura infinita o de sagrado odio, impregnadas de ese romanticismo popular y revolucionario que palpita hermosamente en la literatura de Dicenta, el público entusiástico, este público humilde y dominguero que aún sabe apasionarse y sentir, prorrumpía en una ensordecedora ovación y en una atronadora salva de aplausos; y al final de cada acto, como si el estreno del drama fuera reciente, hubo de salir Dicenta, con su terno democrático de socialista convencido, al proscenio a recibir el caluroso homenaje que se le tributaba, en premio de haber sabido pulsar bellamente la fibra más íntima y sensible del alma del pueblo.

— «Bien se conoce la incultura y el romanticismo cursi del público que aplaude Juan José. Estos mismos espectadores son los que se aburren y se duermen en la Princesa, viendo las representaciones de los geniales y hermosos dramas. Casa de muñecas, de Ibsen, La intrusa, de Maeterlinck, que ahora está poniendo en escena la compañía de la Carmen Cobeña. ¡Qué ignorancia tan grosera la de nuestro público popular!»…

Así decían, al salir, dos jóvenes aristocráticos y elegantes, de esos que no pierden una noche de su abono, y que por su exótico indumento, su faz rasurada a la inglesa y sus greñas mal domeñadas van delatando que pertenecen a la casta de intelectuales con pose y con vistas al Norte. «Romanticismo cursi», llaman tales degenerados a este sentimentalismo sano y purificador que aún vibra, afortunadamente, en la masa popular. «Santo romanticismo» le llamamos nosotros, pues es el único sentimiento elevado que nos queda, capaz de redimir nuestra raza decadente y moribunda del marasmo y de la postración en que hoy se encuentra sumida. En él late todo el calor vivificante que irradia el corazón latino, esta alma romántica que ha de alentarnos si no renunciamos a vivir….

Cuando a la salida del teatro tomábamos un refrigerio en la cervecería de Candela, servido por las propias manos angelicales de Teresita, la camarera gentil, aún vagaban estas ideas en nuestra mente, mientras contemplábamos en las mesas de enfrente la figura hidalga y romántica de nuestro castizo novelista D. Ramón del Valle-Inclán, que se destacaba apostólica, con sus antiparras quevedescas y sus enmarañadas barbas de padre río, gesticulando con los brazos, entre una tertulia de literatos en embrión, jovenzuelos pálidos y melenudos y lindos efebos de negras chalinas. Ángel Rozas. Madrid, Lunes 20 de Enero de 1908.

Ramón María del Valle Inclán.

La Huerta. Número 240 – 28 de enero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Tomando el sol. «Para y óyeme ¡oh sol! Yo te saludo. Estática mi ardiente fantasía, anhelosa hacia ti sus alas tiende». ESPRONCEDA. (No respondo que estas sean literalmente las palabras de Espronceda en su oda al sol. Lo cito de memoria y puedo haber alterado algo los términos. De todos modos, la idea es la misma que quiso expresar el poeta).

«¡Oh perpetuo descubridor de los antípodas, hacha del mundo, ojo del cielo, meneo dulce de las cantimploras! ¡Timbrio aquí, Pebo allí, tirador acá, médico acullá, padre de la poesía, inventor de la música; tú, que siempre sales, y aunque, lo parece, nunca te pones! A ti digo ¡oh Sol! con cuya ayuda el hombre engendra al hombre a ti digo etcétera».

Este invocador comienzo que Cervantes puso al cap. XLV de la parte 2ª de su Quijote, al cronista erudito le viene pintiparado, como anillo al dedo, para empezar hoy su crónica. El sol, el almo sol, el padre y viejo sol, centro de donde mana toda nuestra vida, sin omitir ninguno de los otros epítetos y adjetivos que le han disparado y han acumulado sobre él los poetas de todos los siglos y de todas las generaciones, se ha dejado ver por fin, después de varios meses de nubes y de lluvias incesantes, con todo el luminoso y radiante esplendor de su excelsa y augusta majestad planetaria. ¡Evohé! ¡hosanna! ¡aleluya! ¡hurra! ¡húmedos y ateridos hijos de la Tierra! ¡Ya llegó la ansiada hora de que podáis enjugaros un poco; de lo contrario os vais a grillar como las patatas!….

Las gentes se han dado cuenta de ello al instante, y sin esperar las apostólicas exhortaciones del cronista, se han lanzado alborozadas y gozosas a plazas y paseos, con objeto de cumplir esta recreativa e higiénica práctica. En la «aprés—midi», en esas horas deliciosas en que los rayos del astro rey son más perpendiculares y caloríficos, todos los buenos ciudadanos y ciudadanas, buscan su acción benéfica desde terrazas, ventanas, azoteas, miradores y balcones, o bien democráticamente en los bancos de los paseos públicos o en las aceras de las calles, mientras se digiere el almuerzo, se fuma un cigarro y se lee un periódico, o se juega al chito, al diábolo, a la rana o a los bolos.

Los gatos y los canes filósofos también gustan de dormitar al sol, como cualquier otro ciudadano. Esta arcaica, primitiva y filosófica costumbre de tomar el sol, es innata en todos los hombres, pero en los españoles más que en ningunos otros. Dice el refranero que «el español bien nacido, después de comer tiene frío»; de aquí que sienta la necesidad, más que cualquier otro terrícola, de calentarse al sol después del mediodía.

Recorred todas las provincias, todos los pueblos de nuestra pintoresca España; leed, nuestras novelas, nuestras historias; en las plazas, en los pórticos y en las escalinatas de las iglesias, en actitud indolente y regodeante, la plebe y el hampa picaresca zurcen sus calcetas y sus harapos, se peinan, se espulgan, se despiojan y se rascan de cara al sol, con delectación sin igual, con la misma fruición que se nota en los mendigos y en los santos de Ribera, cuando se curan en las puertas de los conventos sus miserias y lacerías. El sol es el tesoro y el abrigo de los pobres.

Diógenes, el filósofo cínico que despreciaba con austeridad y orgullo estoicos el fausto y todas las riquezas de la tierra, considerándolas superfluas e inútiles, hallábase un día con su manto harapiento, sus alforjas, su escudilla y su tonel, tomando el sol en una calle de Corinto. El soberbio monarca Alejandro el Magno, a quien había llegado la fama de Diógenes, sintió deseos de conocerle y fue en su busca.

Púsose delante del filósofo y le instó con grande e insistente encarecimiento que le pidiera cuanto quisiese, que de antemano él se lo concedía y prometía dárselo. Diógenes le miró con desdén y le respondió malhumorado: «Tú no has venido a darme, sino a robarme mi único tesoro. Solo quiero de ti que te apartes de delante y no me quites el sol».

Nuestro compatriota Séneca, que refiere esta anécdota en su obra «De Beneficiis», lib. V, cap. 6, añade que Alejandro se reputó inferior a Diógenes; al ver en él un hombre a quien nada podía dar ni quitar, y que exclamó: «Quisiera ser Diógenes si no fuera Alejandro».

¡Soleémonos bien el cuerpo y el alma! Aprovechemos estos días apacibles y luminosos de invierno, en que el astro rey brilla con júbilo de fiesta a través de la atmósfera azulosa, límpida y riente. En ellos nos sentimos alegres y contentos de haber nacido, y en nuestras imaginaciones bailen ideas nuevas y atrevidas y empresas portentosas y magnánimas. Tiempo vendrá con los días caniculares del estío en que huyamos del Sol y lo detestemos como los dueños de cafés y los empresarios de teatros.

La reaparición del sol ha coincidido con la reapertura de nuestras Cortes. Estos son los dos acontecimientos más  importantes de la semana; pues casi no merece los honores de una mención la íntima cuchipanda con que ayer celebró Maura, en compañía de todos los ministros, el primer aniversario de su última (en el orden correlativo) subida al Poder, que él aspira a que dure un quinquenio, por lo menos.

Sin embargo, los hombres proponen y Dios dispone. El nubarrón se aproxima; y sería muy posible que ahora que nos ha salido el sol a todos los españoles, se le eclipsara al flamante y olímpico D. Antonio. Ángel Rozas. Madrid, domingo 26 de Enero de 1908.

Nuevo Mundo 6 de febrero de 1908. BNE.

La Huerta. Número 249 – 7 de febrero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Comentarios a una tragedia. El horrendo asesinato del rey de Portugal D. Carlos, y de su primogénito, el príncipe heredero D. Luis Felipe, ha producido en esta Corte viva impresión y una intensa y ansiosa curiosidad por conocer cuántos resultados y contingencias sobrevengan. Desde que ayer mañana, domingo día 2, se hizo pública la noticia por los periódicos, la terrible tragedia está siendo el tema de todas las conversaciones en Madrid.

A su relato, que ofrecen los periódicos con análogos detalles, se hacen muy animados comentarios para todos los gastos y opiniones, acerca de sus antecedentes, transcendencia, circunstancias y consecuencias posibles. Como los asuntos que venían estos últimos días preocupando a la opinión, tales como el debate planteado en el Congreso por el Sr. Burell, el día 30 del mes pasado, sobre la real orden de Osma atendiendo las reclamaciones de bienes eclesiásticos hechas por algunas órdenes religiosas, (en el cual ha pronunciado un importante discurso el Sr. Canalejas), y el pleito sensacional contra Alfonso XIII incoado por los hijos de Elena Sanz, (en cuyo efecto han prestado ya declaración notables personajes), han cedido su interés a la transcendental resonancia del regicidio de Lisboa.

El cronista, que debe atenerse siempre a la más interesante y palpitante actualidad, ha de hacer él también por su parte unos comentarios acerca del regicida atentado. El reprobable crimen, que ensangrentó el sábado último la plaza del Comercio de la capital del vecino reino, era conjeturable y estaba casi previsto, dado el estado de excitación que habían provocado en todo Portugal las medidas opresoras y tiránicas de Joao Franco, el ambicioso y despótico favorito que ejercía la dictadura autocrática con el beneplácito y el decidido apoyo del desventurado monarca portugués.

No impunemente se desafían las iras de un pueblo, que ve hollados su libertad y sus intereses: y aunque nada pueda justificar ni disculpar el criminal y odioso atentado, es muy triste que los asesinos y los sicarios regicidas puedan tener un pretexto para consumar sus sanguinarias acciones de destrucción. No es más sensible la muerte de un rey o de un potentado de la tierra; que la de un humilde mendigo, pues el humanitarismo nos enseña que el derecho a la vida es igualmente sagrado e inviolable para todos los hombres.

15 de febrero de 1908. Revista Blanco y negro.

Por ningún motivo, opinamos nosotros, debe privarse, de la existencia que Dios le concede a un ser humano. Todavía las defectuosas Leyes y los atávicos Códigos Penales por los que la sociedad se rige, preceptúan la pena de muerte, en absurdo nombre de Dios y de la justicia. Estas reminiscencias de la primitiva barbarie en que vivió sumida la humanidad por muchos siglos, serán borradas, como otras muchas con las que aún estamos connaturalizados, por el progreso y la civilización humana en los tiempos venideros.

Aunque amantes de la libertad, odiamos y execramos la tiranía, jamás nos ha llevado nuestro fanatismo a sancionar la muerte de un déspota ni a asentir al parecer del jesuita Juan de Mariana, que afirmó en su obra «De Rege et Regis institutione» que es lícito matar a los tiranos. Nosotros creemos que un regicida nunca es un héroe y sí, en todo caso, un asesino vulgar.

Hay otros medios lícitos para incapacitar a un tirano. Una monarquía es siempre la garantía y la salvaguardia del «statu quo» que a las clases privilegiadas, conservadoras y adineradas de una nación conviene sostener a todo trance y a toda costa, contra las conquistas cada día más alarmantes y cada vez más exigentes y atrevidas de la plebe y del proletariado. El monarca viene a ser pues, la más alta representación de aquel «statu quo» y, con más creciente frecuencia cada año, la víctima propiciatoria inmolada en holocausto de aquellos intereses.

Un rey, y más que ningún otro un rey constitucional, debe ser, principalmente y ante todo, heredero legítimo del trono, aunque otras cualidades le falten. Después debe saber hablar regularmente tres o cuatro lenguas, un poco de historia y de política, y ha de ser ducho, más que en ninguna otra cosa, en la esgrima y en todo género de sports. Con tales prendas, con ser formal y serio cuando convenga y con saber saludar con afectuosas sonrisas a las masas que le aclaman se tiene un rey perfecto. Además un buen rey está obligado a ser feliz o por lo menos a saber aparentarlo bien.

¿Qué sería, de lo contrario, de toda la filosofía de los epicuristas y de los positivistas, que sostienen que la dicha consiste en tener muchas riquezas y muchos honores, si los monarcas no fueran felices? La plebe miserable y abyecta olvida su indigencia y el hambre que la mortifica, ante el fausto y la gallardía de un soberano y el brillo de su corte, y le aplaude y le vitorea rebosante de júbilo y de entusiástica admiración.

— ¡Que ellos gocen, al menos, ya que yo sufro! —Se dice resignada.— ¡Dios así lo quiere y así lo ha dispuesto! — Pero debajo de esta resignación aparente que acompaña siempre a la miseria, se oculta latente un germen de odio y de envidia que el día menos pensado se convierte en obsesión loca y sangrienta y arma la mano criminal del regicida, con un puñal, un trabuco, un revólver o una bomba de dinamita.

Y el asesinato horrendo y abominable se consuma. — Son gajes del oficio — decía ayer, un escéptico encogiéndose de hombros filosóficamente, cuando le participaron el asesinato del rey de Portugal y de su primogénito. Ayer mismo, sin pérdida de tiempo, fue proclamado el hijo superviviente de D. Carlos de Braganza con el nombre de Manuel II, quien hizo publicar en el Diario Oficial una enérgica proclama y reunió el Consejo de Estado a fin de adoptar supremas medidas. El nuevo soberano cuenta diez y nueve años de edad.

El funesto dictador Joao Franco presentó la dimisión de su cargo de Presidente del Consejo de Ministros; que Don Manuel se la aceptó para entregar el poder a un gabinete de concentración monárquica, el cual se supone será presidido por el almirante Ferreira Amaral.  Pero la gente que no cree que esto pueda ser el único epilogo que tenga la tragedia del día 1° se pregunta si la revolución seguirá adelante y será, por fin, proclamada la República portuguesa. Este es el enigma que el presente nos reserva y que el porvenir se encargará de descifrarnos. Ángel Rozas. Madrid, 3 de febrero de 1908.

Enlace Vídeo Youtube.

La Huerta. Número 263 – 24 de febrero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. ¡POBRE CIERVA!. Acaso, cuando esta crónica se publique; se haya declarado ya de un modo oficial la crisis del actual ministerio Maura, planteada desde hace días en el seno del Gobierno según rumores insistentes y fidedignos.

Muchos periódicos de ayer y de hoy recogen tales calendarios y profecías, dándolos por verosímiles y por casi seguros. Lo cierto es que, por momentos, surgen nuevos conflictos que dificultan a algunos ministros el continuar en el desempeño de sus carteras. A Cierva, Osma y Rodríguez S. Pedro, se les considera fracasados en absoluto. Ellos, y quizá también González Besada, serán los que habrán de salir del Gabinete, facilitando la modificación ministerial que apetece D. Antonio.

Si tuviera confirmación tan grave pronóstico, bien sabe Dios que lo sentiría en el alma por el admirable D. Juan, a cuyas reformas geniales y moralizadoras ya nos vamos acostumbrando los madrileños. ¿Cuándo él nos falte, quién va a encargarse de endulzar nuestra existencia, dándonos asunto de regocijo con que alegrar y animar nuestras tertulias de café?

El pequeño dictador de Mula es algo ya imprescindible en nuestra vida y en nuestras conversaciones. Si se nos marcha, ¡qué triste y qué larga se nos va a hacer la Cuaresma que se aproxima! Yo siento una profunda simpatía por D. Juan, y le encuentro delicioso. El pobrecillo ha sido mal comprendido por todos; nadie ha sabido leer en su alma fecunda de artista.

Tiene genio y talento, poco comunes entre políticos, aunque hay quien se atreve a ponerlo en duda. Lo que sucede es que, el vulgo es rutinario y muy apegado a sus viejas prácticas y costumbres, y en cuanto surge un genio reformador, capaz de abrir nuevos horizontes y derroteros a nuestra vida monótona, se malquista con él y acoge con protestas cualquier innovación que le saque de su camino trillado.

Cierva ha demostrado ser aún más que su amo y señor el hombre de las frases, el difícil conjunto de perfecto gubernamental y revolucionario desde arriba. Todas sus disposiciones han sido reformas importantísimas y transcendentales, que la Historia se encargará de ensalzar, como merecen. Ved si no su obra reformista, desde que empuñó el bastón de gobernador de Madrid hasta que ha escalado la encumbrada poltrona de Gobernación.

Protesta taberneros por el cierre dominical. Nuevo mundo (Madrid). BNE.

Comenzó prohibiendo a las señoras llevar sombrero en los teatros; ordenó poner en los sitios en que más podía peligrar el sagrado derecho de propiedad de los viandantes, unos cucos cartelitos que dan el siguiente aviso: «¡cuidado con los rateros!»; tuvo los buenos propósitos de meter en cintura a la díscola estudiantesca; ha perseguido, con el celo moralista y reformador de un Catón y de un Cisneros, la mala vida madrileña de los trasnochadores y de los alcohólicos, ordenando cerrar tempranito los teatros y los cafés y las tabernas los domingos; ha intentado domeñar esa Prensa escandalosa, bravía, poco edificante; nos ha creado una policía culta, celosa y flamante, que vela con tesón por la pública seguridad y, ahora recientemente, ha prohibido las bárbaras capeas de los pueblos, infiriendo un golpe de muerte a la torería andante y trashumante.

(No hablaré de sus campañas y gestiones electoreras, pues bien ha demostrado en las últimas elecciones que sabe manejar de un modo maravilloso los decantados y difíciles resortes del Poder).  

Otras varias disposiciones me dejo en el tintero por no hacerme prolijo, y ¡sabe Dios qué inéditas ideas y proyectos geniales se estarán incubando a estas horas en esa cabeza monstruo y privilegiada del portentoso D. Juan! ¿Qué de extraño hay que un hombre así tenga envidiosos y enemigos? No es entre los ministeriales, entre sus propios correligionarios, donde menos los tiene; si no que se lo pregunten a su paisano García Alix y al Sr. Dato. Es el destino del genio.

Decidme si no es gran lástima que un hombre así abandone el puesto que ocupa para la felicidad de todos los españoles. Y todo porque no pueda descubrir a los autores de los atentados de Barcelona, como si eso fuera tan fácil como sorberse un huevo, o porque al travieso y poco respetuoso Soriano se le haya ocurrido llamarle en el Congreso, «Gedeón»…

¡Pobre Cierva! No mi péñola, que es tosca y humilde, sino una pluma de oro debiera escribir al ilustre ministro de la Gobernación, uno de los más encomiásticos y grandilocuentes panegíricos. Yo no puedo hacer más que elevar, desde este modesto periódico de provincias, mis más fervientes votos al Altísimo, a fin de que no tenga cumplimiento la profecía y los rumores de crisis, cada vez más insistentes y acentuados. Ángel Pérez de Rozas. Madrid, jueves 20— II— 1908.

Julia Fons. Portadas de revistas. BNE.

La Huerta. Número 268 – 29 de febrero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. JULIA FONS.  Julia Fons, la estrella más resplandeciente de nuestra sicalipsis teatral, se halla gravemente enferma. Una difícil y dolorosa operación quirúrgica de obstetricia, ejecutada por el afamado tocólogo de esta Corte doctor Gutiérrez, ha puesto en peligro la vida de la escultural y encantadora tiple del teatro Eslava.

A sus admiradores, que formamos legión, nos ha producido la noticia profundo sentimiento, y nos interesamos vivamente por el pronto restablecimiento de su salud. Ninguna otra tiple del género chico iguala en simpatías ni en popularidad a la gentil Julita.

Julia Fons de Checa. Postales. 

El filtro afrodisiaco que destilan sus gracias naturales, ha encendido y hecho revivir el fuego de la pasión erótica hasta en los pechos de los espectadores más glaciales e inconmovibles misóginos. En la zarzuela «Enseñanza libre», de Perrín y Palacios, conquistó definitivamente al alegre público que ama las «buenas formas» y las pecaminosas insinuaciones escénicas.

Desde entonces, el triunfo de su plasticidad tentadora y de su garbo incitante dio siempre el éxito a todas las obras del género sicalíptico en que intervenía como actriz. ¿Quién que la haya visto no la ha aplaudido con entusiasmo en «El arte de ser bonita», en «La gatita blanca», en «El guante amarillo», y últimamente cantando los ahora en boga «couplets» de «la regadera», de «La alegre trompetería»?  

Las tarjetas postales han reproducido su figura, artística y bella, en mil diversos trajes y actitudes; y la «divette» favorita del público tenorio ha lucido la gallardía de su cuerpo, la sonrisa plácida y acariciante de sus labios en flor y el mirar incendiario de sus ojos luminosos y gachones, en infinitos retratos que se han exhibido en todos los escaparates de Madrid.

Julia Fons de Checa. Postales. 

Julita, además de comedianta, cantatriz y bailarina, es escritora. Recientemente ha publicado un libro con el título de LO QUE YO PIENSO (confidencias de una tiple del género chico), en el que nos da a conocer muchas curiosas intimidades, explanándonos las más recónditas ideas y sentimientos de su alma. Entre otras cosas nos dice que ella es republicana platónica y que ama la igualdad social. ¿Quién sabe cuántas cosas más nos podría decir una mujer bella, devota del Amor?

Nuevo Mundo, enero de 1908.

Julia Fons es oriunda de Orihuela, pues su padre es oriolano, y ahí aún le quedan, algunos parientes próximos y cuenta con bastantes admiradores, quienes habrán de sentir seguramente la enfermedad que padece la simpática tiple. El cronista lamenta, con este propósito, que la poesía embriagadora y los idilios inefables del amor tengan estas prosaicas y terribles consecuencias, que ponen en peligro la vida de una mujer hermosa y adorable. Ángel Pérez de Rozas. Madrid, jueves 26— II— 1908.

Enlace zarzuela con Julia Fons.

La Huerta. Número 269 – 5 de Marzo de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Visión de una noche de baile. (Filosofías de Carnaval). Mientras la gran mascarada política celebra sin descanso su carnaval eterno, despreocupada y alegre la gente joven, que recorre dulcemente la rápida y escabiosa pendiente de la vida, siempre persiguiendo un goce que no existe y una falaz ilusión, realiza sus anuales carnestolendas, porque así lo ordena el almanaque.

Carnaval en Madrid. Nuevo Mundo, 6 de febrero de 1908.

Es la época oficial de alegrarse y divertirse; y Madrid, que en todo tiempo encuentra un pretexto para las alegrías y las diversiones, anima estos días sus calles con máscaras, comparsas, estudiantinas y carrozas, y con bacanales y bailes sus salones y teatros. Los hombres nos empeñamos en hacer la vida alegre y queremos demostrar que lo es, con estos obligados holgorios, los cuales tienen, cada vez más, un amargo fondo de fingimiento y hastío.

Pero el cronista, que es joven, aunque filósofo, comprendiendo que tan fútiles y superfluas como las fingidas alegrías son las filosofías fúnebres, por verídicas que ellas sean, no quiere desentonar con su edad ni con la época y ha creído conveniente, preciso y oportuno el regocijarse y echar al aire alguna cana prematura. En su consecución, después de cenar ha estado un rato en el café con varios amigos, ha visto la última sección en un teatro de zarzuela y luego ha marchado a un baile en la grata compañía de una muchacha risueña, alocada y decidora, disfrazada con un lindo traje de odalisca, el cual realzaba la escultura incitante de su cuerpo.

El baile estaba en todo su apogeo. La orquesta entonaba una mazurka ligerita y alegre, cuyos acordes jugueteaban bulliciosos, resonando en los ámbitos, radiantes de luz del amplio salón. Todo parecía contagiado por la alegría loca de aquella música. A sus compases nerviosos, saltarines, desfilaban las parejas, describiendo en su rítmica marcha un círculo inquieto, abigarrado y brillante. Movimientos, colores, perfumes, voces entrecortadas por el jadeo, risas y carcajadas confusas, todo mareaba los sentidos e invitaba al delirio de aquel vértigo.

Me ceñí al cuerpo de mi compañera, estrechando con mis brazos anhelosos su cintura esbelta y tentadora. Nuestros pies, como obedeciendo un mutuo mandato mudo, comenzaron a deslizarse a compás, confundiéndonos en medio de aquella ola de locura y de amor, que nos arrastraba en el torbellino de su vorágine. ¡Noche agitada de placer y de ensueño!…

El tiempo transcurría más raudo y vertiginoso que la danza. Sobre todas las cabezas, en el ambiente cálido y perfumado, flotaba, gravitando sobre la atmósfera densa, una pesadez de aplanamiento invencible y una bruma de tedio infinito. Era el espíritu inerte y letal de la somnolencia que se apodera lentamente de todas las cosas humanas. Había hecho una pausa la orquesta. Algunas parejas jadeantes y rendidas, descansaban recostadas en los divanes; otras paseaban despacio bañadas por la claridad azulosa de los focos eléctricos.

En un pequeño grupo formado cerca de nosotros, una mascarita gentil y graciosa, que hacía rato venía cautivando mi atención, sofocada por el calor y el cansancio, se despojó del antifaz de seda y encajes. Como asoma la luna su faz de plata entre rasgadas nube, ante mis ojos absortos y sorprendidos apareció la visión mágica de un rostro ovalado y hermoso, con todo el hipnotizador hechizo del de un hada y el místico encanto del de una virgen murillesca.

Una emoción extraña, por mí no sentida igual desde mucho tiempo, hizo latir fuertemente mi corazón dormido y petrificado por frío letargo de muerte. Aquel rostro hacía resurgir en mi alma la evocación dulce y embriagadora de unos amores ya muertos y olvidados entre las nieblas de la memoria. No me había engañado mi presentimiento.

Poesías a María Delgado en 1902.

Era la misma, María Delgado, mi antigua y primera novia, la que compartió mis alegrías y mis ilusiones de estudiante y a quien dediqué tantos versos, cuando la vida desplegaba para mí sus primaverales alboradas y me enorgullecía con el título de poeta, creyendo que un poeta era de utilidad pública y que debía, por lo tanto; ser declarado monumento nacional y benemérito de la patria.

Habían transcurrido cinco años sin verla. Hará poco más de un mes, todos los periódicos de Madrid publicaron un lacónico telegrama que la Agencia Reuter enviaba desde París, dando la noticia de que el rajah de Kapurthala, (importante Estado indio), Dhulip Manek se había casado con una linda joven española llamada María Delgado, a quien había conocido en Madrid, cuando hace dos años vino desde la India, como enviado especial, a asistir a las ceremonias de la boda de Alfonso XIII.

Anita Delgado y el Rajah de Kaphurtala. Nuevo Mundo, 5 de Marzo de 1908. BNE.

Aquel telegrama hubo de hacerme suponer que mi ex-novia se halla transformada ahora en una augusta y opulenta princesa oriental; y, a pesar mío, sentí cierto íntimo rencor de celos y envidia contra el feliz rajah de Kapurthala. Pero ¡no! Había sido sólo una simple coincidencia de nombres.

Mi antigua novia, la musa idealizada en mis platónicos ensueños de poeta, no se encontraba a aquellas horas descansando en brazos de su querido Dhulip, sobre un rico y mullido lecho de plumas, en la suntuosa cámara de un palacio de la India; sino en el baile de máscaras del Gran Teatro, muy cerca de mí. Nuestras miradas se cruzaron rápidas, misteriosas, insinuantes….

Tentado estuve de abandonar a mi compañera y dirigirme a María, mas en aquel momento comenzaba de nuevo la orquesta a ejecutar una preciosa tanda de valses, y ella se cogió para bailar con un joven larguirucho y desvaído, que tenía a su lado. Daba principio el gran cotillón. Las parejas volvieron a desfilar, describiendo en ligeras evoluciones caprichosas figuras.

—¿Vamos? — me dijo mi acompañante; dulce, mimosa y provocativa; y nuestros cuerpos se enlazaron nuevamente en esa plácida actitud, en ese delicioso nexo en que se funde el andrógino ideal del Amor. Por cima de la cabellera de mi amiga, que nimbaba su cabeza como aureola celeste, atisbaba de hito en hito a mi antigua novia. Nos precedía en el desfile y podía yo seguir atentamente todos los incidentes de su baile.

A causa del movimiento y del roce, un ramo de flores que llevaba prendido en el pecho, entre el raso y los encajes del dominó, íbase deshojando y dejando tras sí una estela multicolor de pétalos. Aquellos pétalos, perfumados y marchitos, que se desvanecían como ilusiones muertas, entre los confetti polvorientos y ajados que cubrían la alfombra, los hubiera recogido en otro tiempo con platónica codicia y amorosa solicitud para guardarlos en áurea caja, y ahora los hollaba, uno a uno, con la fría indiferencia de un supremo desdén….

El teatro está cada vez más animado y espléndido. Una lluvia continua y maravillosa de confetti lo ha ido cubriendo todo con un manto espeso e irisado. De palco a palco fulmínanse serpentinas, que se enroscan como serpientes en las columnas, formando una tupida y caprichosa techumbre. La música suena cada vez más dulce y regocijante.

Del ambigú se desborda un intenso ambiente de crápula, mezclado con el detonar monótono de los taponazos del Champagne. De todos los antepalcos sale un misterioso susurro de suspiros reprimidos y de risas nerviosas…

Más de las cinco eran cuando hemos salido del baile. En las calles, que comenzaban a iluminar débilmente los primeros pálidos reflejos de la aurora, grupos de máscaras y de borrachos entonan incoherentes canciones. Se oye rodar de coches y a lo lejos se escuchan los agudos trompetazos de los gallos madrugadores, anunciando la proximidad del nuevo día. Esta tarde, cuando he despertado, he recordado la noche pasada y me ha parecido todo un sueño…. Ángel P. de Rozas. Madrid, 2 de Marzo de 1908.

Alfonso XIII en Barcelona. Nuevo mundo, 12 marzo de 1908. BNE.

La Huerta. Número 280 – 18 de Marzo de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. ¡¡Españoles, absteneos de leer!!… (Potaje cuaresmal). Los efectos maravillosos y benéficos del reciente viaje regio a Barcelona, tan discutido y comentado por la opinión y por la prensa, se han dejado muy pronto sentir. Maura fue a restablecer, con sólo uno de sus gestos audaces, de sus actitudes olímpicas, la tranquilidad y la vida normal en el desasosegado vecindario de la «ciudad del terror».

Era una empresa enérgica y magnánima de buen gobierno, y la testa portentosa del César mallorquín aparecía ante los ojos admiradores aureolada con un nimbo glorioso de triunfador invicto y, con mil flámulas resplandecientes de héroe estupendo y legendario. Así, con unas cuantas sonrisas mayestáticas, con varios indultos, con buenas gratificaciones a la claque y un vagón lleno de promesas, se arreglaría todo, las bombas no volverían a hacer horrible explosión sembrando las calles de inocentes víctimas descuartizadas e infundiendo la alarma y el pánico entre los ciudadanos barceloneses.

Alfonso XIII en Barcelona. Nuevo mundo, 12 marzo de 1908. BNE.

El propósito no puede negarse que era de los mejores si hubiera salido todo a pedir de boca. Cuando ya se pregonaba el éxito y la eficacia asombrosos de medida tan salvadora, «urbis et orbe», a son de trompetas y timbales, por todos los fieles y oficiosos servidores del bueno de D. Antonio, cátate que ayer tarde estalla una nueva bomba en el mercado de San José, próximo a la Rambla, en lo más concurrido de Barcelona. Varias infelices mujeres caen heridas, una de ellas pobre anciana, de muerte.

Pero la metralla aún ha lesionado más gravemente al Gobierno, disipando, entre el humo de la dinamita, todos sus aires triunfales, sus brillantes ensueños de conquistador y proporcionándole un fracaso más, que puede ir sumando a su ya larga lista de tropiezos y torpezas. Sin embargo, la soberbia, ese pecado capital que tiene Maura arraigado en sus entrañas y que le domina siempre, le impedirá esta vez también el considerarse fracasado.

Nuevo mundo, 19 marzo de 1908. BNE.

Por lo pronto, aprovechando la ocasión de responder a un telegrama que le ha dirigido el presidente del Fomento del Trabajo Nacional de Barcelona, lamentándose de los daños que originan a aquella población la publicación en los periódicos de noticias telegráficas, sistemáticamente falsas y de mala fe, ha cargado con el mochuelo de las responsabilidades a la Prensa y ha proferido esta vulgaridad insensata:

«Principal correctivo consiste habituarse las personas educadas (!!!) a prescindir de curiosidad rutinaria y abstenerse de leer». Conque ya lo sabéis, españoles: el analfabetismo, que todos habíamos convenido en considerar como uno de nuestros mayores males, rémora principalísima que impide a nuestra patria el progresar y el regenerarse, es, según el genial D. Antonio Maura, el más exquisito y excelente de los bienes humanos.

Vosotros, inofensivos e inocentes lectores, sois los culpables, los autores morales de todos los atentados terroristas que se cometen, casi a diario, en Barcelona. Si no tuvierais el nocivo y feo vicio de leer los periódicos esa «curiosidad rutinaria», pecaminosa y malsana de querer saberlo todo, no habrían manos criminales que depositaran bombas de dinamita en las calles de la capital de Cataluña, esparciendo la muerte y el exterminio, todo andaría como una seda y la Tierra, venturosa y paradisiaca, sería el mejor de los mundos habitados.

¡Maldita lectura! ¡Empecatada civilización! ¡Felices los que todo lo ignoran! ¡Bienaventurados los que no saben leer, porque de ellos es la dicha absoluta de la vida!

Ya que nosotros, queridos lectores, no tenemos esa suerte, ni nos sentimos con heroicidad de mártires voluntarios ni con suficiente estoico espíritu de abnegación para sacarnos con la punta de unas tijeras o de una navaja estos ojos pecadores con que cometemos la perversidad de leer un rato todos los días; aprovechémonos de este bendito tiempo cuaresmal de vigilia y de santa abstinencia, para como humildes penitentes, ceñirnos el cilicio, empuñar fieramente las disciplinas, arrojar lejos de nosotros o, mejor aún, hacer un auto de fe con cuantos libros y periódicos caigan en nuestras manos, y así como nos privamos de toda carne y de toda promiscuación, abstenernos, siguiendo la sabía recomendación de D. Antonio, desde hoy para siempre, de toda clase de lecturas.

De este modo lograremos que la humanidad retrograde una centena de siglos, volviendo a los tiempos patriarcales de la idílica Edad de Oro, cuando Saturno reinaba en Italia y araba los campos; y además, habremos asegurado la salvación de nuestros cuerpos y, lo que es más principal e importante, la de nuestras almas. He dicho. Ángel P. de Rozas. Madrid, 16— III— 1908.

Y esto es todo lo que Justo publicó en «La Huerta» con este seudónimo. Se despidió con esta «croniquilla» más bien oriolana; y un «Vuestro siempre, Ángel Rozas».

Trinitario Ruiz Capdepón.

La Huerta. Número 304 – 22 de Abril de 1908: CRONIQUILLA. «Día era muy santo de la Pascua mayor, El sol era salido muy claro e de noble color, Los omes e las aves et toda noble flor, Todos van rescebir cantando al Amor…. Fue por toda la tierra grand roido sonado, De dos emperadores, que al mundo han llegado. Estos emperadores Amor et Carnal eran; A rescibirlos salen quantos que los esperan»…. Juan Ruiz.

El rancio numen del buen Arcipreste de Fita supo acoplar estos castizos decires, que rezuman humanidad y poética sencillez, en viejos versos alejandrinos, al celebrar la despedida de la austera y macilenta Cuaresma y la llegada de la alegre Pascua, llamada de «monas» por los oriolanos netos.

En esta deliciosa época del «Abril florido», en que la bella Primavera ya ha extendido por los campos su perfumado manto de verde esperanza, nada tan poético ni tan seductor como celebrar la Pascua de Resurrección, sino con lindos, versos como lo hiciera el famoso Arcipreste, a lo menos con la pintoresca y tradicional costumbre de ir de gira a comer (y a beber) la mona; costumbre que, gracias a Dios, no está llamada a desaparecer como la forma poética. « ¡Cuánta virtud habría, si no fuera el Abril», como dijo Campoamor.

Las regocijadas y «moneras» agapas que se verifican estos días clásicos, ya en pleno con la naturaleza agreste en las roquizas laderas del monte de San Miguel, o bien en la íntima expansión del hogar doméstico, ejercen tal influencia y atractivo en la imaginación y en los corazones de todos los oriolanos, que sería una dura penitencia y dificilísima prueba privar de ellos a uno de  éstos.

Sólo así se explica que nuestros ilustres paisanos y antiguos señores, el senador D. Trinitario Ruiz Capdepón y su hijo el agonizante diputado por Dolores D. Trinitario Ruiz Valarino, hagan el sacrificio de abandonar la augusta misión, los transcendentales menesteres, los elevados negocios y las importantes tareas que llevan a cabo en la Corte, para venir a Orihuela por el solo placer de comerse la mona en la grata compañía de sus antiguos compadres y fieles siervos.

Bien es verdad que no faltan murmuradores que aseguran que los Sres. Capdepones no han venido por mor de la mona únicamente; y si llegan a comérsela es por celebrar la Pascua de Resurrección del partido liberal, el cual había muerto crucificado en febrero del año pasado, perdonando a sus enemigos, a manos de los sayones conservadores. Las cosas se van poniendo muy feas en el distrito de Dolores, y hay que ir pensando temprano y con tiempo en la futura suerte del hijo de su padre.

A este fin seguramente van encaminados los incesantes cabildeos que se vienen celebrando con gran misterio en el castillo señoril de la calle de Sagasta. Dicen que dicen; pero nadie como el tiempo aclara las cosas. Total, muchas monas y pocos huevos; es decir, mucho ruido y pocas nueces. Tales secretas maniobras, aunque es muy posible que se frustren, tienen por lo menos la virtud de meterles los monos en el cuerpo a muchas almas de cántaro y de haber quitado a no pocos las ganas de comer mona.

Sin embargo, aún creemos lejano el «dies ire». El humilde cronista desea que les haga a los Sres. Capdepones buen provecho la mona; pues sería muy sensible que se les indigestara y tuvieran que salir trinando hacía Madrid, para propinarse un litro de agua de Loeches. Y los oriolanos, bueno es que de paso comiencen a tentarse el pelo, no vaya a suceder que tantas «monadas» les vuelvan a proporcionar un nuevo «micazo». Vuestro siempre, Ángel Rozas.

La vivienda de Trinitario Ruiz Capdepón.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Mi agradecimiento a José Manuel Dayas.

Justo García Soriano 10. 1907/2.

Llamarse conservador un joven, aún en esta tierra de la santa rutina y del estancamiento, me parece una absurda negación de la propia juventud, una castración voluntaria y cobarde. Es natural y explicable en los viejos el que sean egoístas y conservadores. Pero los jóvenes que empiezan a hacer su peregrinación en el mundo, ¿qué han de conservar? ¿Los achaques de la caduca generación que les ha de ceder el puesto en la lucha del vivir?

Justo García Soriano. «La Juventud Conservadora».

Plaza de Santa Ana, domicilio de Justo García Soriano en 1907. Postales antiguas de Madrid.

1907. Julio.

En el verano de 1907 Justo seguía en Madrid, muy enfadado por el abrupto despido de su padre. Culpaba de ello al nuevo diputado conservador por el distrito oriolano, Alfonso de Pardo y Manuel de Villena, el marqués de Rafal.

Y descargó su ira contra él escribiendo el artículo titulado «el señor feudal»; un demoledor repaso a la historia de la casa de Rafal firmado con el seudónimo Juan Pérez de Urrea.

La iberia. Número 12 – 2 de julio de 1907: El Señor Feudal. (Pequeña aunque ilustre genealogía de un joven diputado conservador). De viejas crónicas, apolilladas y polvorientas, perdidas en los rincones de archivos olvidados, he extraído en larga y pacientísima labor, estos datos genealógicos de un aristócrata, diputado maurista, los que juzgo dignos de dar a la publicidad para honra y prez de las edades pasadas y de las presentes, y para ejemplo y admiración de las futuras. He aquí el fruto de mis diligentes y fidedignas investigaciones:

Junto a las lozanas riberas de un río abundante y extendida al pie de una eminente colina, en cuya cúspide alzábase, como acerado yelmo, un famoso e inexpugnable castillo, hubo una antigua e importante villa en una de las regiones más bellas y fértiles de España. Fortísima muralla de anchos adarves y almenados torreones la circundaban protegiéndola.

Mediaba el agitado y glorioso siglo XIII, y aún languidecía bajo el poder de la media luna, que en la península ibérica se iba eclipsando por momentos. Un monarca aragonés, rudo e incansable guerreador, cruel azote de la morisma, logró reconquistar la vieja villa ribereña con una valerosa hueste, que se había curtido en cien combates.

Aquella tierra usurpada al moro en guerra santa, fue repartida entre los adalides mejor vistos a los ojos del rey. Y los obscuros peones, carne de ballesta, apenas fueron quiñoneros en el reparto desigual del botín. Un altivo caballero infanzón, que cobarde escudaba su cuerpo tras las filas de la compañía que mandaba, fue premiado por sus hazañas ilustres con extensos y pingües dominios en la campiña ubérrima de la plaza conquistada.

Hecho amo y señor de varias aldeas, oprimió con feroz despotismo a sus míseros vasallos, a aquellos mismos soldados humildes, carne de ballesta en todas las algaras y vanguardias, procedentes del fonsado victorioso, que con sus cuerpos plebeyos lo sirvieron de adarga en todas las batallas campales de que se tituló vencedor.

Raro era el día que, cuando aún vibraban en el aire los últimos ecos del toque de apelde del cenobio próximo, ante los ojos aterrados de los rústicos no apareciera media docena de pecheros, por el cuello colgados de ignominioso dogal, péndulos macábricos, en la más alta almena de la torre del magnate.

Señor de horca y cuchillo, era dueño legítimo de las vidas, honras y haciendas de sus súbditos; y éstos, en justo vasallaje, debían cultivarle los campos, servirle en la paz y en la guerra y, por derecho de pernada, cederle la mujer y la hija. Sólo algunos mandatarios suyos, satélites hipócritas y rastreros, recaudadores despiadados de pecha y exacciones, lograban medrar, a fuerza de ruindades y bajezas, a la sombra protectora del ricohome.

Han transcurrido tres siglos, y con ellos se han suavizado un tanto las costumbres. El progreso es innegable. Un tataranieto, agnado directo de aquel señor feudal, hosco y fiero adalid que vistió la loriga y el yelmo cuando la reconquista, disfruta ahora, en legítimo derecho de herencia, el dilatado y óptimo señorío que por sus fazañas ínclitas su tatarabuelo obtuvo en feudo, y a cuyos habitantes, pobres villanos, oprime también con crueldades y exacciones.

Lleva en la sangre el bélico ardimiento de su guerrero atavismo, y en la ociosidad aburrida de su castillo sombrío o en las frecuentes cazas y monterías en la floresta cercana y en su soto acotado, ha añorado en continuas nostalgias la vida aventurera del campamento, mientras su jauría luchaba con un feroz y colmilludo jabalí o su neblí cetrero avizoraba en giros astutos alguna paloma torcaz.

Uno de estos días de cinegética expedición ha llegado hasta él la admirable, la estupenda noticia de una famosa batalla ganada en los campos del Milanesado por los españoles, que en aquella jomada aprisionaron a un rey y se cubrieron de gloria. Sin dar treguas a su indecisión, ha regresado presuroso a su castillo y ha requerido con insólito entusiasmo su fébrida armadura, el labrado coselete, la repujada coraza, la toledana tizona, la cimera de inhiesto y trémulo airón, el flamante herrezuelo; y ya una vez aparejado esto, ha partido jubiloso y magnánimo a las guerras de Italia.

Terminadas éstas, pasó luego a Flandes, donde durante largos años capitaneó un tercio bizarro y truhanesco con suerte varia. Cansado del estruendo marcial de campaña tan duradera, ha vuelto a su patria y se ha dado a intrigar y pretender en la Corte, hasta conseguir un título nobiliario para él y una lucrativa prebenda para su segundón que, graduado en Salamanca, prior en la Orden de Predicadores, racionero e inquisidor después, sabía en tan santo ministerio extirpar de raíz la mala yerba de la impiedad, arrojando muchos herejes a la hoguera…

Logradas en parte sus pretensiones, se retiró a descansar en el ocio de su señorío, hasta que le sorprendió la muerte esquilmando los pobres pegujales de sus colonos. Siglo y medio más tarde, un biznieto del caudillo de Flandes, que seguía en posesión del título de nobleza que un rey memorable adjudicara a su bisabuelo por haberle representado supuestos servicios militares, sedicioso y rebelde, traicionó a su monarca Felipe V, a quien había jurado fidelidad, abrazando el partido del Archiduque de Austria cuando la guerra de sucesión.

¡Venganza ruin de su lesionado orgullo! Y más faccioso aún su biznieto, conspiró contra Isabel II en favor del pretendiente durante la guerra civil; mientras que por otro lado, olvidando la inmaculada limpieza de su sangre azul y faltando al respeto debido a sus viejos pergaminos, a sus ejecutorias, fueros y pragmáticas, se desnaturalizaba contrayendo matrimonio morganático con una hermosa plebeya, hija de un humildísimo monterero…

Esta es la noble prosapia, la esclarecida alcurnia, el tronco de la ilustre genealogía de un joven aristócrata, nieto de un humilde monterero, que habita en un lindo hotel de Madrid, pasea su fausto en un magnífico Panhard de treinta caballos de fuerza, y por obra y gracia de Maura y de La Cierva su profeta, es actualmente diputado a Cortes por la antigua villa, hoy ciudad, que conquistó un monarca aragonés, azote implacable de la morisma, y en cuya cercanía fincó su progenitor, señor de horca y cuchillo, la casa solariega y la torre feudal donde pendían ahorcados los míseros pecheros.

Como su primer ascendiente, tiene éste también mandatarios abyectos, despiadados recaudadores de pechos y exacciones y escuderos malvados y ruines que medran a su sombra protectora. El cacique de hoy es el rico-home medioeval, el magnate de antaño, en virtud de inalienable derecho de herencia. El progreso hasta aquí ha sido una hipócrita transformación de la sociedad, por eso, enmascarados, aún existen la esclavitud y el feudalismo, el siervo de la gleba y el señor feudal! … Juan Pérez de Urrea.

Tres días después escribió su segundo y último artículo con el seudónimo Juan Pérez de Urrea; un ataque directo a las sociedades y círculos de jóvenes conservadores, seguidores de Maura, que proliferaban por toda España.

La iberia. Número 15 – 5 de julio de 1907: Juventud Conservadora. El articulista conoce algunos jóvenes decrépitos, que suelen exclamar con énfasis: — «¡Soy conservador por convicciones y proclamo solemnemente que D. Antonio Maura es el hombre que ya muchos años nos estaba haciendo falta, el único capaz de gobernar a España por su talento y energías!».

Tal vez dependa del punto de vista donde nos colocamos; pero para mí estas palabras son extrañas y estupendas en labios juveniles. Al escucharlas no he podido reprimir un profundo sentimiento de antipatía y de asombro; porque, según mi lógica, conservador y joven son dos términos absolutamente contradictorios, antitéticos incompatibles.

Llamarse conservador un joven, aún en esta tierra de la santa rutina y del estancamiento, me parece una absurda negación de la propia juventud, una castración voluntaria y cobarde. Es natural y explicable en los viejos el que sean egoístas y conservadores. Ellos, tristes ruinas inclinadas al borde del sepulcro, abstemios de ilusiones y de entusiasmos, que han perdido los generosos impulsos de la sangre nueva y los sagrados ideales de mejorar la vida, porque la suya se les va acabando, son humanos y consecuentes al querer afianzarse en ella conservando las ventajas conseguidas en la incesante liza de sus buenos años. Pero los jóvenes que empiezan a hacer su peregrinación en el mundo, ¿qué han de conservar? ¿Los achaques de la caduca generación que les ha de ceder el puesto en la lucha del vivir?

Verdad es que hay ancianos que merecían ser jóvenes, y jóvenes seniles que no son viejos sólo porque tienen los cabellos negros, y tersa y tirante la piel. Por otra parte; hagamos íntimamente una sincera confesión, aunque tengamos que mortificar nuestros apasionamientos patrioteros. Que fueran conservadoras Inglaterra, Alemania, Suiza y aún Francia, se comprendería, porque tienen bastante bueno que conservar. Pero, ¡los españoles conservadores!… ¿de qué?

Juventud Conservadora de Madrid. Correligionarios de Antonio Maura.

No tenemos que poner en conserva otra cosa sino desastres generales, inmoralidades escandalosas en los de arriba y hambre, ignorancia y miseria en los de abajo!… Esas vergonzosas emigraciones que parten a diario de nuestros puertos, en triste éxodo, ¿no pregonan al mundo entero que España es una nación de famélicos y de irredentos? ¿Acaso no hace muchas centurias que estamos por redimir los españoles?

Y esta redención regeneradora, tan decantada y tan descontada por los que nos gobiernan, ¿cómo se ha de conseguir sino destruyendo el mal y los estorbos seculares, que se han conservado hasta hoy, y evolucionando siempre en sentido de la Libertad y del Progreso? ¿Hemos de ser, por ventura, tan optimistas como el doctor Panglós que todo lo establecido en nuestra España lo hallemos perfectísimo; o seremos, por el contrario, tan pesimistas que lo mucho malo que hay en ella lo juzguemos fatalmente necesario e incorregible, porque las cosas no pueden ser de otro modo?

— «¡La juventud está con Maura!»— ha gritado con aire de triunfo la prensa turiferaria y servilona, Celestina del periodismo y de la política, al observar el número extraordinario de diputados jóvenes que llenan los bancos de la mayoría. Y nosotros objetamos en contra, que esa juventud conservadora que trata de heredar los pingües privilegios que los viejos conservadores disfrutan, descreída, adoctrinada en un positivismo brutal y egoísta, que en su orgullosa fatuidad y en su odio truculento a todo lo democrático y progresivo, es incapaz de sacrificios nobles y heroicos y de altruistas y levantados ideales, no es tal juventud, es pura ñoñería y chochez de alma.

Esa turba de jóvenes son los resollados impúdicos, los impotentes, los perezosos, los tránsfugas de todos los partidos y de todas las procedencias, que sólo aspiran a hacer carrera y fortuna sin reparar en los medios, y consideran la política como la plataforma más cómoda y fácil para el logro de todas sus concupiscencias y ambiciones al verse desprovistos de otros medios más honrosos de hacerse una posición decente.

La verdadera juventud, mocedad viril, esforzada, pensadora y entusiasta ha estado siempre al lado de la Libertad, que santificó la sangre gloriosa de sus abuelos en lucha épica contra todas las tiranías. Esta es la juventud que se congrega animosa y fuerte en torno de la sacrosanta bandera liberal, engrosando las filas de su ejército incansable e indómito y constituyendo su vanguardia, dispuesta siempre a dar la batalla a la reacción odiosa y obscurantista y a desenmascarar a esa otra juventud que, para baldón y oprobio de todos los jóvenes, se llama conservadora. J. P. de U.

En julio de 1907 dos preguntas circulaban por Orihuela: ¿Se terminarán las obras de la plaza de toros para la feria de agosto? ¿Quién es el tal Pérez de Urrea?

Como siempre que escribía contra los poderosos, el padre de Justo se sintió orgulloso de sus artículos; pero a la vez se volvió paranoico con la preservación del anonimato de su hijo. Veía muy conveniente que su nombre no se relacionase con dichos artículos y se lo dejó bien claro en la siguiente carta.

Orihuela 7 de Julio de 1907. Querido hijo Justo: hemos recibido tu carta de fecha 5 de los corrientes, y vemos con gusto que estás bueno, nosotros no tenemos novedad. Como ves, ya estamos de vuelta de Murcia, habiendo quedado toda aquella familia buena, y tu tía Dolores, también.

Muchísimo que ha gustado tu artículo el señor Feudal, y dicen que quisieran saber quién lo ha escrito; eso quisieran ellos, pero no lo sabrán. Esta mañana he visto a Rafael Rogel, que estemos tranquilos, me ha dicho que tu original está en la redacción de la Iberia en un cajón cerrado con llave, que un día de estos me lo dará por si quiero romperlo; que estés tranquilo, que les mandes más artículos, y yo también quiero que lo hagas, pero si puede ser, que tus originales los copie otra persona, y además, el sobre donde venga ese original, que lo copie también esa persona que tú busques; en una palabra, que no vean letra tuya, pues esto se ha puesto como si estuviéramos con Inquisición.

Nos gusta a todo el que lo ha leído el artículo Juventud Conservadora. Como no me fío de dirigirte a tu nombre la dirección de dónde vives, se la dirijo a Eugenia, y cuando me escribas, que haga lo mismo al ponerme la dirección de la carta. Te doy las gracias por el borrador de la instancia, y estoy contigo, aguardaremos mejores tiempos para hacerla.

Sin más, recibe los aftos. de toda la familia y amigos, de tu hermana y marido, y tú sabes lo que te quieren tus padres. JUSTO y RAMONA. Recuerdos a Eugenia. Los hijos de tu hermana están bonitísimos y en especial el pequeñito. Nos alegramos lo que nos dices que vendrás para Agosto, en los primeros días.    

Por si habían olvidado su afrenta a la heroína oriolana del año anterior, la víspera del «día del pájaro», en «La Iberia», recordaron su trabajo sobre la Armengola publicado en 1906; afirmando que Justo seguía investigando y recabando pruebas que desmontaban el «relato legendario que había suplantado a la verdad histórica».

La Iberia. Número 24 – 16 de julio de 1907: ACTUALIDAD. LA HISTORIA Y LA LEYENDA. La tradición y la leyenda nos han transmitido, a través de varias centurias, una fecha y un recuerdo, ambos fastuosos o indelebles en la memoria de todos los oriolanos. La fecha evocadora es el 17 de Julio; el hecho evocado es la reconquista de Orihuela.

Una y otro son un mágico conjuro de glorias inmarcesibles, aún para los que amando la evolución social puestos los ojos ansiosos en un porvenir muy diferente al pasado, solemos con placer y cariño lanzar una mirada retrospectiva a las edades pretéritas, a las cosas y a los hombres que fueron y han desaparecido del escenario del mundo.

A la fiesta cívica de mañana, en que se celebra esa fecha y ese recuerdo solemnes, el aniversario de la liberación de Orihuela del poder sarraceno, va íntimamente unido en la creencia del pueblo un relato legendario que ha suplantado a la verdad histórica y a cuyo arrullo novelesco nos dormimos en las noches de nuestra infancia con fúlgidos y fantásticos ensueños de guerras y de victorias.

En ellos ha ocupado nuestra imaginación una heroína, dechado de valor y astucia, y hemos visto descender del cielo, de este nuestro poético cielo meridional que convida a los delirios de la fantasía, en una noche serena y estrellada de estío, dos santas protectoras que favorecían el sagrado odio de los cristianos cooperando al exterminio de los infieles.

El Oriol en la Plaza Nueva a principios del siglo XX. Colección Javier Sánchez Portas.

La Historia en cambio, parca severa y fría, con toda la yerta imperturbabilidad de la ciencia, permanecía silenciosa y enigmática como esfinge, esperando el audaz que rasgara el denso velo de su misterio y hallara la verdad celosa que guardaba oculta.

Fiel, veraz y piadosa la musa Clío, se dignó por fin revelarnos sus secretos, y ellos niegan rotunda, categóricamente la fábula, la quimérica leyenda que nos legó la tradición nada escrupulosa; pero ha sido tan poco explícita que calla la fecha puntual en que la reconquista fue realizada (¿en 1243?), no confirmando la que el pueblo y nuestros cronistas de los siglos XV, XVI y XVII eligieron como aniversario de la hazaña memorable, el cual ha venido celebrándose desde el año 1400.

Después de prolijas investigaciones, de un madurado estudio y de un detenido examen de todos los ciatos y precedentes aportados, nuestro querido amigo D. Justo García Soriano escribió un extenso y bien documentado artículo, con el título «La Armengola es un mito», que publicó el año último la ya difunta «Unión Republicana» en su número 150, correspondiente al 20 de Julio, y en él llegaba a las siguientes conclusiones:

1º La reconquista de Orihuela la hizo PACÍFICAMENTE D. Alfonso X, siendo infante, por entrega voluntaria, y espontánea del reino árabe de Murcia (al que pertenecía Orihuela) en virtud del pacto de Alcaraz. 2º La hazaña que absurdamente atribuye la tradición a la Armengola, no pudo ser otra que el hecho de armas ocasionado por la rebelión o sublevación de los moros de todo el reino de Murcia contra los presidios o colonias militares de cristianos, que guarnecían las fortalezas entregadas.

3º Este hecho ocurrió a los pocos años de haber ocupado el trono de Castilla Alfonso X, como lo dice terminantemente la crónica de su reinado y lo comprueban otros varios documentos coetáneos y auténticos; es decir, después de cuatro lustros de haber sido Orihuela reconquistada pacíficamente. 4º Que, por lo tanto, esta defensa del castillo y de la plaza de Orihuela llevada a cabo heroica e intrépidamente por la guarnición cristiana, contra el alzamiento e insurrección de los moros, no debe confundirse en manera alguna con la reconquista.

5º. La hazaña y la existencia de la Armengola no sólo son inverosímiles sino opuestas al testimonio de la Historia y absolutamente fabulosas. 6º En el Libro de Repartimientos, que data del año 1272, se consignan los nombres de los que se distinguieron en la defensa de Orihuela contra los insurgentes muslimes, los cuales fueron mejorados en sus heredamientos en un tercio, según privilegio de Alfonso X otorgado en Jerez el jueves 4 de Abril de 1268.

Otras varias conclusiones menos importantes se desprenden del artículo de que venimos haciendo mérito y que insertaríamos íntegro muy gustosos si su mucha extensión no nos obligara a renunciar el hacerlo. En nuestro pueblo hay escritores eruditos muy versados en nuestra historia, y ninguno opuso su réplica al artículo del señor García Soriano, que puede considerase tal silencio como un absoluto asentimiento otorgado tácita e implícitamente.

Nosotros sabemos que dicho señor ha aumentado considerablemente el caudal de pruebas en que asentaba y apoyaba sus afirmaciones; y que, sin embargo, no tiene la pretensión de creer haber dicho la última y definitiva palabra en tan abstrusa materia, sino que por el contrario, considera que falta aún mucho para llegar al total esclarecimiento de este hecho histórico, labor penosa y larga para la que cuenta y necesita la valiosa cooperación y ayuda de cuantas personas en nuestra localidad se interesan por la Historia.

Varias semanas después de las dos publicaciones firmadas con seudónimo, Ignotus, o lo que es lo mismo, José Manuel Teruel, se refirió a la juventud y osadía de Pérez de Urrea. Hablaba de los colaboradores de su diario y evitó descubrir a Justo. Aun así me parece imposible que, a esas alturas, no se supiese ya en Orihuela quién estaba detrás de los polémicos artículos «no refutados por nadie».

La iberia. Número 34 – 30 de julio de 1907: Nuestros colaboradores. Sería tarea difícil, ya que no imposible, la de detallar en un sólo artículo los méritos indiscutibles que adornan a las personalidades que con su colaboración honran frecuentemente las columnas de La Iberia.

Para ello me sería necesario publicar una nueva edición de «Retratos a pluma», y como esto es difícil porque al público no se le puede engañar más que una sola vez, renuncio a este propósito, concretándome a hacer una sucinta relación de los nombres de los señores cuyos trabajos publicamos, y cuyas dotes de literatos suplirán los defectos de mi prosa amazacotada y vulgar…

… D. Juan Pérez de Urrea pertenece a la juventud triunfante. En un cuerpo de adolescente encierra un alma tan grande como la de los poetas que glorificaron la patria cantando sus epopeyas inmortales. La lucha es su elemento, en ella se encuentra como el pez en el agua, y mi afirmación queda confirmada con leer sus castizos artículos «El Señor Feudal» y «Juventud Conservadora», insertos en este periódico y no refutados por nadie. IGNOTUS.

La siguiente carta, escrita ya en Orihuela, es del propio Justo contando a su prima Eugenia los pormenores del viaje con escala en Alicante, sin escatimar detalles escatológicos.

Estación de Atocha. Madrid.

Orihuela 5 de Agosto de 1907. Mi muy querida Eugenia: No puedes imaginarte lo que me costó en la Estación de Atocha el poder encontrar asiento en el tren. No veía por ninguna parte a mi prima Remedios  y tuve que meterme en un vagón cualquiera, después de sostener una disputa acalorada con un tío que decía que llevaba mucho equipaje y que no cabía.

Por último logre colocarme bien, gracias a la amabilidad de unas señoras que iban en el departamento de al lado. En Aranjuez, cuando paró el tren, vi a mi prima que iba en uno de los últimos coches; pero no me pasé con ella. El viaje lo hice regular, no con tantas molestias como otras veces.

A la hora anunciada llegamos a Alicante. Un chico valensiat me llevó las maletas a casa de la hermana de mi cuñado, donde me lavé, cagué y me mudé de pantalones y de botas. De allí me fui a una pastelería de la calle de la Princesa y por cuarenta céntimos me tomé un chocolate con leche y dos bollos; uno relleno de dulce de coco, y después una copita de anís.

Después, para hacer tiempo, me fui a los baños de Diana, donde me encontré a un cura de Orihuela amigo mío, y le estuve viendo bañarse. El día estaba fresco y el mar delicioso. La concurrencia era numerosa y selecta, sobresaliendo muchas mujeres hermosas. Después estuve paseando por la calle Mayor, donde vi a mucha gente de Orihuela y al músico mayor con su mujer, pues se casó el sábado.

Baños de Diana. Alicante. Principios del siglo XX.

A las 12 y media me fui a comer donde lo hicimos el año pasado, acordándome mucho de ti. Comí con muy poca gana un plato de sopa de fideos y otro de arroz con pescado, pan y un buen vaso de vino. Todo me costó 60 céntimos. Tenía otra vez ganas de cagar y me fui al café del Comercio, frente al mar, y allí me tomé un té con aguardiente y cagué.

Enseguida, con todo el resistero, me marché a la Estación de la línea de Murcia, a esperar a mi papá. Después de estar allí hora y media, llegó el tren con mucho retraso, y en él venían mi papá y mi cuñado. Nos fuimos inmediatamente, convidados por mi cuñado, a tomar unos vasos de agua de cebada riquísima y después, otra vez a los baños Diana, donde estuvimos sentados más de una hora respirando una brisa de gloria y contemplando las bellezas del mar.

Antigua estación de Murcia. Barrio de Benalúa. Alicante.

De aquí fuimos a ver a la hermana de Pepe, estuvimos allí un rato, tomamos la cesta de la merienda y, después de comprar pescado frito, olivas, pan, toñina y una hermosa sandía, nos fuimos a cenar al muelle, en la puerta, junto a la farola, donde estaban haciendo lo propio muchas familias. Lo a gusto que cenamos a la orilla del mar, viendo desde lejos la iluminación de la explanada y la entrada de un vapor, no hay para qué decirlo.

Pasito tras pasito volvimos casa de la hermana de Pepe Linares por mi equipaje, compramos una vuelta para Orihuela en 5 reales y nos fuimos a la Estación, llegando a Orihuela a las 2 de la mañana, rendido y muerto de sueño, encontrando en mi casa a mi mamá, hermana e hijos de ésta. Josefina está muy mona, habla mucho y tiene celos de mí cuando beso a mi mamá. Ya lleva puesto el collarcito. El niño es muy grandón y hermoso, pero más feo que Josefina y muy seriecito. Se parece mucho a su papá.

Todos me han preguntado mucho por ti, sintiendo que no hayas podido venir este año. Te estoy escribiendo a las doce de la noche. Mi prima Remedios se volverá a esa el día 15. Por la vuelta del botijo, por más que anduve sólo me dieron seis reales. ¡Qué robo!

Puente del Ferrocarril. Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.

Hoy no he salido en todo el día a la calle ni he visto a ningún amigo. He comido higos chumbos y melón. Recuerdos de todos y muchos besos de tu chico. JUSTO. Recuerdos a tu familia, Dª. Paz, Dª. Visitación, Don Agustín y niños. Sin olvidar a Vicenta y familia. En esta no hace mucho calor. Adiós.

Los diarios locales se hicieron eco de su llegada a Orihuela; y de los progresos del artista Enrique Luis, exiliado también en la capital y buen amigo de Justo.

La Huerta. Número 104 – 9 de agosto de 1907: Se encuentra entre nosotros procedentede Madrid, nuestro querido amigo y compañero D. Justo García Soriano.

La iberia. Número 43 – 9 de agosto de 1907: Hemos tenido la satisfacción de estrechar la mano a nuestro entrañable amigo e ilustrado compañero D. Justo García Soriano que ha venido a pasar una temporada al lado de sus queridos padres. Reiterárnosle nuestro más cariñoso saludo al amigo García Soriano.

Nuestro muy querido amigo y paisano el notable pintor Enrique Luis Cárceles, en la actualidad residente en Madrid, ha pintado un magnífico cartel alegórico a la inauguración de nuestro circo taurino, que regalará a la empresa para que figure en los trofeos que han de lucir, según costumbre, en algunos escaparates al exhibirse las banderillas y divisas.

Personas que han admirado este nuevo trabajo del joven Enrique Luis nos aseguran que ha hecho una verdadera y notabilísima obra de arte. Esperamos que la empresa dará al precioso cartel pintado por nuestro paisano la acogida que merece.

La siguiente carta de García Soriano iba dirigida a los hermanos Sainz; sus alumnos madrileños.

Orihuela, 12 de agosto de 1907. Mis queridos discípulos Pedro y Antonio: Después de un viaje molesto y largo, llegué a este pueblo sin novedad, encontrando en buen estado de salud a toda mi familia. En Alicante me esperaban mi padre y mi cuñado, y allí pasamos un día muy agradable disfrutando del espectáculo grandioso del mar.

Había una gran animación de veraneantes y bañistas. A la caída de la tarde, junto a la embocadura del puerto, en la misma farola, presencié la entrada de un vapor inglés y le vi evolucionar en la rada virando majestuoso. Confundíanse el ronco silbato de la sirena, el chirriar de las grúas y las voces de los marineros.

Puerto de Alicante a principios del siglo XX. Archivo Municipal de Alicante.

Traía el buque muchos viajeros y un enorme cargamento de madreas y toneles, que fueron llenando poco a poco el espacioso muelle. Entonces me acordé mucho de vosotros, pues sé que os hubiera gustado la vista deliciosa que ofrecía en aquellos instantes el puerto, y allí hubieseis podido hacerme infinidad de preguntas y yo explicaros muchas cosas.

En los días que llevo en esta ciudad me he desmejorado algo, pues el miércoles pasado me dio un cólico bilioso tan grande, efecto tal vez de las molestias del camino y del cambio de aguas, que he pasado tres días en cama y aún estoy algo delicado. Este ha sido el motivo por el que no os he escrito antes notificando mi llegada.

Eugenia me ha escrito y en su carta me dice que os vio una noche de paseo con vuestros padres. Yo deseo que todos los días os deis un buen paseo y os distraigáis mucho; pero no olvidaos de estudiar diariamente un poquito, para que no se os olvide lo aprendido, a fin de que a Octubre, cuando reanudemos las clases, lo podamos hacer como si no hubiéramos tenido en ellas ninguna interrupción.

Ya sé que vuestros papás cuidarán de esto y que vosotros lo haréis de buena gana. Aquí hay ahora mucha fruta, sobre todo higos chumbos, melones y sandías; pero como estoy aún algo estropeado del estómago, no puedo comer tantas como yo quisiera. Haced presentes a vuestros papás los respetuosos saludos de los míos y mis recuerdos; dándoselos también a Agustín, cuando vaya por esa, a Matilde y a María. Vosotros recibid muchos besos de vuestro profesor y amigo Justo García Soriano. Escribidme pronto. 

Banco de Cartagena, abierto en 1907 en la calle López Pozas. Colección Javier Sánchez Portas

En esta visita a Orihuela, más larga de lo habitual, se involucró plenamente en la corriente política que, siguiendo la estela de Cataluña, intentaba combatir el centralismo imperante. Recordemos que Justo se había pronunciado siempre como republicano federal.

La Huerta. Número 107 – 13 de agosto de 1907: De Regionalismo ¡Hay Patria! Ese estremecimiento de vida intensa y nueva llamado Solidaridad, que se inició en la laboriosa Cataluña, ha comenzado a recorrer, como un espíritu de resurrección, el organismo exánime, casi cadavérico, de España. Han latido anhelosos los corazones, han alentado fuertemente los pechos, y alborean esperanzas de salvación y presagios de venturas.

Las Vascongadas, Valencia, Galicia, Andalucía, que agonizaban amodorradas en este ambiente mofetizado de letal caciquismo, ya han despertado al clamoreo ansioso del pueblo catalán, dando fe de su personalidad robusta, aún existente a pesar de los esfuerzos anuladores del centralismo uniformista, mortífero, castrador de todas las viriles energías nacionales. Y la protesta enérgica de emancipación lanzada por la gran mayoría de un pueblo condenado a vivir oprimido bajo eterno y vergonzoso feudalismo, se ha esparcido por todos los ámbitos de la nación hasta repercutir en Orihuela con ecos de entusiasmos juveniles.

La vieja, la morisca Oriola que en su historia supo escribir brillantes páginas de independencia hidalga y de odio a la tiranía en el decurso de los medioevales tiempos, enarbola ahora el gonfalón regionalista, haciendo destacarse sobre la rojez y amarillez de sus crespones las barras aragonesas de su heráldica. Hago votos fervientes porque, así como la antigua señera salía antaño vencedora en los marciales combates, venza al presente en las lides incruentas del progreso, marchando briosa por esta senda segura del regionalismo.

Yo, que desde que abrí mi alma a los ideales políticos, hice sincera profesión, no sólo de fe sino de convencimiento, en el glorioso credo federal sustentado por sabios e ilustres varones, al observar ahora que las aspiraciones nobles y generosas de mi partido han sido abrazadas por todos los españoles de buena voluntad, como los únicos remedios eficaces para evitar la ruina de la patria; siento una íntima y profunda satisfacción y no dudo en sumar, sin recelos ni esquiveces, mi insignificante persona a este gran movimiento salvador que se propaga rápido.

Así me creo consecuente y patriota. Algunos espíritus, suspicaces, moldeados en las estériles hormas de los viejos partidos, miran atónitos y desconfiados este almo resurgimiento. Me parece naturalísimo. El problema regionalista es vasto y heterogéneo, y los que han cristalizado sus ideas encarrilándolas en la rutina de prejuicios arcaicos y caducos, se pierden aturdidos en las complejidades aparentes de la Solidaridad.

Hablando claro y preciso, rehuyendo embrolladas sutilezas, se logrará hacer luz, disipar estas disculpables desconfianzas y apagar las hostilidades de los bien intencionados. Hemos de declararnos enemigos acérrimos de los actuales y ya envejecidos procedimientos.

Contra la obscuridad capciosa de los presentes convencionalismos, claridad y sinceridad a ultranza. Contra los abominables vicios de parlamentarismo ocioso e infecundo y de perezosa pasividad implantados por el régimen imperante, las preciosas virtudes de laconismo clarividente y de actividad en la acción. Contra el centralismo despótico y oligárquico que absorbe y destruye la vida de las regiones, descentralización y autonomía individual, municipal y regional.

La entidad región habrá de tener facultades y atribuciones para legislarse y administrarse autonómicamente, en representación de los pueblos que la integren, autónomos a su vez en todos los asuntos de carácter municipal. En las Cortes de la Nación, constituidas por delegación legítima y democrática de todos los municipios y de todas las regiones, radicará el poder regulador y morigerante, y solo ellas podrán entender equitativamente en los pleitos interregionales, destruyendo cualquier intento de hegemonía o de separatismo, y en las complicaciones internacionales velando por los intereses y por la integridad de la Patria común.

Hay ya todo un plan de combate y un programa definido y preciso. La Solidaridad, la confraternidad de todos los partidos antidinásticos y de todas las regiones como medio o instrumento idóneo para cortar de una vez y para siempre los tentáculos opresores (caciquismo) de este pulpo chupador que se llama poder central, como fin. Para ello son necesarios, indispensables, una gran transigencia y un gran respeto en todos, si queremos que esta unión sea apta, indestructible y poderosa y no una amalgama incongruente y deleznable.

Hay que fortalecer y perfeccionar bien el instrumento antes de comenzar la obra, si apetecemos que ésta se realice y se haga imperecedera. ¡Jóvenes oriolanos que amáis el regionalismo, yo os brindo uno de los lemas de mi bandera política: FRATERNIDAD. Con ella podremos llegar a la consecución de nuestros elevados ideales, los de afirmar la existencia y el engrandecimiento de la Patria común, reconstituyendo y fomentando la vida regional. Justo García Soriano, Orihuela.

Y esta vez no se conformó con escribir artículos. En agosto de 1907 acompañó a dos jóvenes estudiantes de Derecho y a uno de Medicina, para actuar con ellos como orador en un mitin regionalista celebrado en la carretera de la estación (los actuales andenes).

Carretera de la Estación. Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.

La iberia. Número 48– 16 de agosto de 1907: MITINS SOLIDARIO. En el almacén de naranjas situado en la carretera de la estación se celebró ayer mañana un mitins solidario. Usaron de la palabra los jóvenes regionalistas D. José Martínez Arenas, D. Luis Ezcurra, D. Antonio García Mira y nuestro colaborador D. Justo García Soriano. El Sr. Martínez, expuso el objeto de la reunión y trató de demostrar que el regionalismo no es el separatismo. El Sr. Escurra, pronunció un elocuente discurso abominando del parlamentarismo, el caciquismo y el centralismo. D. Antonio García, entonó un himno a la patria grande y a la patria chica.

D. Justo García Soriano, explicó en lenguaje sencillo y claro el alcance y finalidad del regionalismo, demostrando que es una imitación del federalismo, del que en realidad es hijo. El presidente del mitins señor Martínez Arenas reasumió los discursos invitando a los concurrentes a que se inscribiesen como solidarios. Los oradores fueron muy aplaudidos, especialmente los señores García Soriano y Martínez Arenas. Se adhirieron al acto D. José María Sarabia por medio de una carta y D. Amancio Meseguer por encargo verbal al presidente de la reunión. El mitins estuvo regularmente concurrido.

José Martínez Arenas iniciaba la que sería una larga y fructífera carrera política. Luis Ezcurra, con el que ya había hecho las paces, colaboraba en la prensa local y era corresponsal de «La Verdad» de Murcia; obtenida la licenciatura en Derecho, hizo oposiciones y se convirtió en juez. El futuro médico y colaborador en «La Huerta» era Antonio García Mira.

El joven Luis Ezcurra. AMO. LJGS.

El siguiente artículo, escrito en verso, iba dedicado a una señorita que no pudo traer a Orihuela y de la que decía portar un retrato. Por ahora no he conseguido determinar quién era la madrileña de ojos negros que cortejaba en 1907. La correspondencia con Carmen Miralles data de 1909; y hacía ya cinco años de las poesías dedicadas a María Delgado Wall.

La iberia. Número 56 – 26 de agosto de 1907: CARTA A UNA MADRILEÑA. ¡SI AQUÍ ESTUVIERAS! … En tu ausencia transcurren lentas las horas /  y a cada instante aumentan mis añoranzas / hoy sólo te escribiera tristes doloras, / si no me consolaran las esperanzas. / Paso el día entregado con embeleso / a un coloquio incesante con tu retrato: / de amor en dulce arrobo le estampo un beso / y así mis ilusiones bellas dilato. / Por mil gratos recuerdos adormecido, / mi ardiente fantasía cuadros despliega: /De entre el ramaje de tu balcón florido / veo emerger tu cuerpo de estatua griega.

He bailado en tus brazos un wals pausado, / dando a todos los hombres celos y achares, / en la Kermesse famosa que hay junto al Prado, / y hemos marchado luego a los boulevares. /  Y siguiendo el ensueño con mi deseo, en un banco contiguo bajo las frondas del Retiro, sentado, después me creo, / del estanque mirando las tenues ondas. / Como mariposilla que la luz busca, / mi alado pensamiento rápido vuela / en torno tuyo, y tanto el amor me ofusca / que estoy, me olvido a ratos en Orihuela. / Sabrás que aquí habrá feria y fiestas lucidas, / que han de ser por las muestras un arquetipo, / y que va a inaugurarse con dos corridas / una plaza de toros que quita el hipo.

Para que te convenzas, ahí te mando / unos cuantos programas y otros papeles; / repásalos atenta y vete enterando / que nunca nos dio Niembro tales carteles. / Tendrás que confesarme, si eres sincera / que El Pájaro oriolano remontó el vuelo, / que hay aquí en esta tierra, sangre torera / y que es bambolla el dicho: «De Madrid al cielo».

Al comenzar la carta me puse triste / y te largué unas cuantas cursilerías. / ¡Perdóname! el motivo de ello consiste / en que aquí no te encuentres por estos días. / Bien ceñida la falda y así encendiendo / una hoguera en el pecho del más adusto; / con tu hermosa mantilla blanca, cayendo / en cascadas de espumas sobre tu busto. / Tu mantón de Manila verde, bordado, / que en esa corte llevas a las verbenas, / y la suprema gracia que Dios te ha dado / para que en este mundo quites las penas.

Con tus zarcillos de oro, como una mora, / prometiendo caricias tus negros ojos, / y tu pecho turgente que me enamora, / cubierto de claveles dobles y rojos. / En una tartanica con dos banderas / y un caballo enjaezado de pura raza, / con cascabeles, lazos y madroñeras, / irnos, moracha mía, tú y yo a la plaza… / Todo es allí alegría, luz y colores / y aturden los oídos el vocerío, / con que van pregonando los vendedores, / y los gritos y palmas que da el gentío. / Del sol ardiente los derretidos oros / resbalan por las sedas de las sombrillas.

Músicas suenan: van a empezar los toros / pues entre aplausos salen ya las cuadrillas. / De la plaza cruzando va los confines / lluvia de serpentinas, que el ruedo llena. / Redoblan los timbales y los clarines / y el primer cornúpeto salta a la arena. / Mientras tú emocionada sigues ansiosa / la lidia y te abanicas con mucho mimo, / yo contemplo extasiado tu cara hermosa / y con cariño inmenso tu mano oprimo. / Así pasa la tarde. ¡Viva el toreo! / Vámonos a la feria, que ya la lidia / ha terminado. Démonos un paseo; / verás a mis paisanos locos de envidia!…

Al comenzar la carta me puse triste, viendo que son tan sólo vanas quimeras / estos vivos deseos que me infundiste… / ¡Qué juerga correrías si aquí estuvieras. / Justo García Soriano. Agosto de 1907.— Orihuela.

Con motivo de la feria y la inauguración de la Plaza de Toros de Orihuela, José María Sarabia lanzó una nueva publicación ilustrada de carácter anual titulada «El Oriol Taurino».

El Oriol Taurino. Número 1. 1907.

Aprovechando su descanso veraniego en la finca de «Las Moreras», los liberales prepararon un baño de masas para su jefe de distrito durante la feria y fiestas de Orihuela. El viernes 30 de agosto celebraron un banquete en honor a Luis Barcala Cervantes.

Luis Barcala Cervantes.

El marco elegido fue el espacioso comedor del Gran Hotel de España, decorado con gusto y profusa iluminación. Dicho hotel estaba situado en el nuevo corazón de la ciudad, muy cerca del Casino, en la esquina con Alfonso XIII. Estaba allí toda la prensa local: «La Huerta», «La Nueva Era», «La Iberia» y el corresponsal oriolano de «El Liberal», de Murcia.

Gran Hotel de España. Colección Javier Sánchez Portas.

A la mañana siguiente, sábado, Luis Barcala y un grupo de liberales viajaron a Callosa y Redován, donde fueron recibidos por un numeroso gentío con banda de música. Justo y Andrés Lacárcel acompañaron a la comitiva como corresponsales de prensa; lo que da a entender que habían solucionado ya sus diferencias. He aquí la extensa crónica de Justo.

La iberia. Número 62 – 2 de septiembre de 1907 (por error esta archivado con fecha 2 de agosto): El Sr. Barcala en Callosa de Segura y en Redovan. El sábado último, en la mañana, y con objeto de devolver la visita a los comités liberales de Callosa de Segura y de Redován, marchó a dichos pueblos nuestro respetable jefe D. Luis Barcala y Cervantes, acompañado del Presidente del comité de esta ciudad D. Álvaro García de Burunda, de los señores don Manuel Lizón, D. Felipe Saenz, D. Matías García, D. Joaquín Borreguero, D. José María Giménez y de nuestros compañeros D. Andrés Lacárcel y D. Justo García Soriano.

A la entrada de Callosa de Segura esperábales una numerosa comisión formada por los Sres. Mora, Guilabert, Sorribes, Ruiz, Grau, Arteaga, Martínez (D. Joaquín), Trives (D. Juan), Pamies, Rives (D. Domingo) y algunos otros que no recordamos. Tras los saludos y cortesías de fórmula, todos reunidos marcharon a casa del vice-presidente del comité, Sr. Guilabert, en donde después de explicar el motivo de la visita y cambiar algunas impresiones respecto a la política de aquel pueblo, expuso el Sr. Barcala, con esa mágica y elocuente sencillez que en sus palabras sabe poner siempre, las líneas de conducta más principales que deben seguirse, a fin de que se robustezca cada vez más la reorganización incipiente y ya pujante de nuestro partido, y marche brioso por el seguro derrotero que le marca su programa, mantenido sin mixtificaciones ni transigencias que puedan parecer una abdicación de los principios liberales o un contubernio vergonzoso con nuestros enemigos políticos.

«Hemos de mantener —dijo—siempre inalterable y vigorosa nuestra personalidad, cada día si es posible más definida, desoyendo las seducciones y los cantos de sirena con que intentarán reducirnos a la inacción nuestros adversarios. Para ello hemos de sostenernos equidistantes, igualmente distanciados de los impacientes y exagerados radicalismos de avance, como de la reacción obscurantista que no pierde momento de intentar envolvernos y destruirnos con su ola negra: hemos de permanecer en esa difícil ecuanimidad, y perfecto equilibrio que tanta falta hace a España.

No se afanen Vds. en engrosar nuestras filas con soldados dudosos que no posean los entusiasmos que proporciona el convencimiento de las ideas, pues no conviene olvidar que es más apto para la lucha y está más cerca de la victoria un pequeño ejército disciplinado y aguerrido que una numerosa hueste en que impere la anarquía. Si ya somos tantos en los comienzos, no dudéis de que en la hora del triunfo seremos infinitos, nos contaremos por legiones». Terminó su amena e interesante plática el Sr. Barcala, excitando a los jóvenes a la lucha, ellos que tienen por delante el porvenir, y aconsejando que nunca olviden los intereses locales del pueblo de Callosa, ya que a él más directa y especialmente han de dedicar sus atenciones.

El ilustrado médico y presidente del comité liberal de la vecina villa, Sr. Mora, contestole en nombre de todos con sentidas frases, manifestando que siempre han luchado y lucharán en adelante los liberales callosinos por el triunfo de sus redentoras ideas y de los intereses materiales de su pueblo. Acto continuo fueron galantemente obsequiados el Sr. Barcala y los señores que le acompañaban con un espléndido lunch. Terminado éste entre la más cordial alegría, fueron todos juntos hasta las afueras del pueblo, teniendo lugar allí una cariñosa despedida.

Banda de Música Callosa de Segura. Principios del siglo XX.

En el regreso se detuvieron los expedicionarios en Redován, donde hasta la carretera había salido a recibirles el comité con una banda de música — que por cierto se inauguró entonces — y todo el pueblo en masa. Una continua cohetería surcaba el espacio, cuyas detonaciones eran ahogadas en algunos momentos por los acordes de la música y los vítores en que prorrumpía el gentío.

Visitaron las casas de los Sres. Mazón, del presidente del comité redovanense don Antonio Escudero, siendo agasajados en casa de los primeros con dulces, licores y habanos, en cuyos momentos pronunció un entusiástico brindis nuestro querido compañero Sr. Lacárcel, que fue contestado por otro muy sentido y expresivo del secretario del comité de Redován don Juan Pucholt. En el ejido del pueblo se despidieron todos entre calurosos vivas dados a D. Luis Barcala y a la libertad. Dicho señor y sus acompañantes regresaron a Orihuela satisfechísimos de ambas visitas, que han de influir poderosamente en la marcha futura de la política liberal de dichos pueblos.

Al regreso de estas visitas nuestro distinguido correligionario D. Felipe Saenz Pizana invitó a comer en su domicilio a don Luis Barcala, en el cual se hospedaban la distinguida señora Doña Concepción Rebagliato e hijos, que con motivo de las fiestas, nos han honrado con su presencia. Se sirvió un espléndido almuerzo; en el cual con suma delicadeza y distinción, hicieron los honores la distinguida señora Doña Concepción Saenz y su hermana Doña Dolores Saenz esposa y hermana política respectivamente del anfitrión nuestro amigo. A los postres fueron invitados varios amigos y correligionarios, que guardarán recuerdo imperecedero de tan agradable reunión.

Despedida a D. Luis Barcala: Ayer mañana salió para Torrevieja y Madrid nuestro ilustre jefe D. Luis Barcala Cervantes. A despedirle concurrieron a la estación, el comité liberal en pleno, y numerosísimos correligionarios. El señor Barcala hizo nuevas y efusivas manifestaciones de gratitud por los agasajos de que ha sido objeto durante su permanencia entre nosotros.

Hasta la estación de Albatera, le acompañaron nuestros distinguidos correligionarios D. Manuel Lizón, D. Felipe Saenz Pizana, D. José Mª. Giménez, don Joaquín Borreguero y D. Rafael Martínez. El partido liberal de Orihuela se honra teniendo por caudillo a un hombre en el que concurren todas las virtudes cívicas y todas las cualidades que debe poseer el hombre perfecto, y al enviarle un saludo cariñoso de despedida, le rogamos que frecuentemente nos visite, infundiéndonos nuevos alientos y entusiasmos para luchar a sus órdenes por la sagrada causa de la Libertad. J. G. S.

Ya de vuelta en Orihuela, la animación era enorme. Trenes especiales atestados de viajeros llegaron desde mediodía de los pueblos cercanos. En los cafés, en el casino, en las fondas y hospedajes era imposible conseguir un sitio. Me parece raro que Barcala no asistiese al gran evento que se organizaba aquella tarde; pero la prensa no dice nada.

Colección Javier Sánchez Portas.

Tampoco tenemos noticias de si acudió Justo a la inauguración; pero sabiendo que era «un antitaurófilo terco como él sólo» pienso que no. Aquel sábado 31 de agosto, los carruajes circulaban con caballos adornados y la gente comenzó a desplazarse en romería hacia las afueras de la ciudad, entre los caminos de Molíns y de Bigastro. A las cuatro en punto de la tarde, Lagartijillo Chico, Minuto y Bienvenida estrenaron la nueva Plaza de Toros de Orihuela.

El Oriol Taurino. Número 1. 1907.

La iberia. Número 62 – 2 de septiembre de 1907 (por error esta archivado con fecha 2 de agosto): Primera corrida. Inauguración del circo. La plaza presenta un hermoso golpe de vista. Los tendidos están, aunque con alguna holgura, completamente ocupados por los espectadores. En los palcos hay muchas hermosas mujeres cuyos ojos ardientes hacen competencia al sol que, avergonzado se cubre con negros celajes. Llevan la clásica mantilla. «…con tu hermosa mantilla blanca cayendo en cascadas de espuma sobre tu busto» que ya dijo García Soriano, un antitaurófilo terco como él sólo, pero a quien ablanda eso de la mantilla como ablandaría a las piedras …

Del 27 de agosto al 5 de septiembre de 1907, en sus números del 57 al 65 (excluyendo el 61 y 62 por exceso de original urgente) «La iberia» publicó un estudio sobre la Feria de Orihuela.

Era continuación y ampliación del que había publicado tres años antes en «El Diario Orcelitano». He fusionado ambos trabajos en un artículo al que sólo le puede faltar una entrega. El número 63 no está en la hemeroteca. Para leerlo completo se accede pinchando la siguiente imagen.

Enlace al artículo de La Feria

Justo colaboró también junto a Madaria, Rogel, Escudero Bernicola, Sarabia y otros periodistas oriolanos, en la revista alicantina ilustrada «El Espectador». Dirigida por Abelardo L. Teruel, aquel fue un número muy especial dedicado a las fiestas de agosto; en el que ofrecieron fotograbados con vistas de Orihuela.

AMO. LJGS.

Y todavía le quedó tiempo para escribir a sus discípulos madrileños. Las dos cartas enviadas en este viaje, son las únicas a sus alumnos que se conservan hasta 1912.

Ermita Calle de Arriba. Fotograbado de «El Espectador». Agosto de 1907.

Orihuela, 7 de septiembre de 1907. Mis queridos Pedro y Antonio: Me figuro que estaréis muy impacientes esperando mi respuesta a vuestra cariñosa carta, que recibí a su debido tiempo. En cuanto llegué a esta ciudad, los amigos periodistas que tengo aquí, me cogieron entre manos obligándome a que les escribiera diariamente alguna cosa para sus periódicos, y no me dejan parar un solo instante. Así es que, con la ocupación que por complacerles me he impuesto, se deslizan para mí los días con tal rapidez, que casi no me doy cuenta de ello.

No creáis por eso que me he olvidado de vosotros; por el contrario, os tengo siempre muy presentes en la memoria y estoy deseando constantemente que llegue pronto el día de regresar a esa corte, para que volvamos a reanudar con mayor entusiasmo e interés nuestras interrumpidas clases.

Mucho me satisface el plan de estudios que os habéis marcado y estáis siguiendo este verano, según me decís. Procurad sobre todo no olvidar nada de lo ya aprendido, pues de esa forma tendremos mucho adelantado para el curso próximo.

He leído vuestra carta muy detenidamente y no he hallado una sola falta de ortografía; sólo he visto algunos ligeros olvidos, muy pocos, en la acentuación y en la puntuación. Por ello me congratulo mucho, pues observo que habéis aprovechado bien todas mis explicaciones, y esta es la mayor satisfacción a que puede aspirar un profesor tan modesto como soy yo. Aunque sé que no habéis estudiado la sintaxis, vuestra carta no carece de sindéresis, de corrección y de claridad, supliendo con vuestra natural disposición, la falta de esos conocimientos gramaticales.

Yo regresaré a Madrid, Dios mediante, el 25 del presente mes; de modo que aún tenéis tiempo de escribirme otra carta y yo de contestaros. Daréis muchos y afectuosos recuerdos a vuestros papás y a Agustín, de mi parte y en nombre de mis padres y hermana, que me lo han encargado muy vivamente; y ya sabéis vosotros lo mucho que os quiere, JUSTO GARCÍA SORIANO.   

Tras el anuncio en «La Iberia» de la publicación del libro de versos «Yeclanerías» y la reproducción de «La Protesta», uno de sus poemas en panocho (que no voy a transcribir), su «hermanico» Maximiliano le envió una carta en la que le felicitaba por los versos a «su madrileña»; preguntándole si se había dejado en la corte «algún pedazo de sus entretelas».  

La Iberia. Número 67 – 7 de septiembre de 1907: Un libro de versos. Hace algunos días recibimos un ejemplar de la segunda serie de «Yeclanerías», que acaba de publicar y poner a la venta el conocido e inspirado poeta yeclano, querido amigo nuestro, D. Maximiliano G. Soriano. Es esta obra una linda colección de sentidas poesías, escritas en el lenguaje local de Yecla y en las que el Sr. Gr. Soriano describe con brillantez de estilo y castizo aticismo varias costumbres de la hermosa ciudad murciana.

Yeclanerías. Quinta colección.

No podemos hoy ocuparnos de este libro con la extensión que merece lo que prometemos hacer mas detenidamente otro día; y ahora nos limitaremos a insertar a continuación una de las composiciones más inspiradas que la colección contiene, ya publicada en «Mis últimos versos», a fin de que nuestros rectores puedan cerciorarse de la justicia de nuestros elogios. «La Protesta»…

Elda 12 de Sep. 907. Sr. D. Justo García Soriano: En este momento me entrega el cartero «La Iberia» que reproduce mi poesía triste… y días pasados recibí dos ejemplares del nº en que tras benévolas frases copiaba «La Protesta»; y por todo ello te doy las más expresivas gracias.

Hace unas noches hablamos de mi hermanico el Provisor de ese cabildo u obispado y yo, y entusiásticamente le colocó a la altura que se merece. ¡Poco orgulloso que se pone uno al ver que se hace justicia a uno de la familia! Le felicito por sus versos a «su madrileña». ¿Se ha dejado V. por la corte algún pedazo de sus entretelas?  

Ayer contesté a Zat después de cuatro meses. Aún estoy rendido de las fiestas, como lo estará V. de las de ahí. A Emilio Costa, director de «Diario de Alicante», le hablé de V. Vamos a triunfar los antisolidarios, y si no, al tiempo. No se ría V; no, y ya verá como no me engaño. Si pasa por esta estación a su paso a Madrid, me avisa y saldré a saludarle aunque sea a hora intempestiva. Gracias, Justo, gracias, mándeme sin reparos. MAXIMILIANO. Plaza de la Constitución. Farmacia, No precisa la calle.

Antes de regresar a Madrid escribió una serie de artículos teóricos titulada «Notas íntimas del arte» de las que sólo voy a transcribir unas pinceladas. Él mismo acabó pidiendo perdón por la extensión y contenido del trabajo.

La Iberia. Número 79/84 – 21/27 de septiembre de 1907: Notas íntimas del arte. I. El decantado modernismo. ¿Es el decadentismo? Durante tres o cuatro lustros viene hablándose del modernismo, y aunque ya es un tema viejo que nadie discute, la generalidad de las gentes y aun muchos de los que se dedican a escribir no saben todavía a punto fijo lo que esencialmente lo constituye. Quizá no lo sepan nunca. El Cromatismo. La Lírica. Los «anarco-literarios».  El «criticismo». El Teatro. La Literatura Regional. La Forma. La Pintura. La Música. La Filosofía y la Política. Recapitulemos.

Perdón. Me he extendido mucho, como tengo por costumbre incorregible, en esto que deseé fuera sólo un ligero y breve preámbulo. Las ideas se agolpan en mi imaginación en torbellino impetuoso. Mi pluma se desliza rápida, incansable, a pesar mío, sobre las cuartillas, por un impulso interior que no acierto a reprimir, aunque no ignoro que con ello no logro más que restar lectores a mis escritos.

También contra mi intento me he expresado en una forma doctrinal que, no obstante mis académicos titulillos no me cuadra mucho y que confieso no premedité requerir en este caso. ¡Dios me libre de la tentación y de la idea diabólica deponer cátedra de modernismo en ninguna parte, y menos que en ningún lado en Orihuela!

El mal y el delito ya están cometidos. Imploro por ello el perdón al lector que haya tenido paciencia de leerme hasta aquí; y ya que ha atravesado lo más árido del camino, le invito a que espere y lea la segunda parte — que será mejor y más sabrosa, aunque dicen que nunca segundas partes fueron buenas — de estas frívolas notas íntimas, que voy trazando al correr de la pluma, sin datos, memorialines ni demás pertrechos mentales. Justo García Soriano. Septiembre de 1907.— Orihuela.

Como era habitual, los diarios locales se hicieron eco de su regreso a la capital.

La Iberia. Número 82 – 25 de septiembre de 1907: Hoy ha salido para Madrid nuestro querido amigo y colaborador, D. Justo García Soriano, quien desde la Corte, continuará honrando esta publicación con sus selectas crónicas. Le deseamos un feliz viaje.

Estación de Orihuela a principios del siglo XX. Colección Rodríguez Tejuelo

La Huerta. Número 142 – 25 de septiembre de 1907: Hoy en el tren de las 8 ha marchado a Madrid nuestro estimado amigo y compañero en la prensa, el brillante escritor D. Justo García Soriano. Con verdadero sentimiento nos despedimos de él pues su compañía nos es muy agradable. Feliz viaje y que le vaya bien por la corte.

Aquí se adelantaron un poco anunciando la inminente salida de «Flores Silvestres», de Juan Sansano. Como veremos, aún faltaban varios meses para ello. Justo se fue demorando con el prólogo y luego con las correcciones.

La Iberia. Número 86 – 30 de septiembre de 1907: En breve verá la luz pública un tomo de poesías debido a la pluma del fecundo poeta oriolano D. Juan Sansano Más, con un prólogo de nuestro querido amigo D. Justo García Soriano. Esperamos con ansia la nueva producción del compañero Sansano, para admirar las bellezas que indudablemente contendrá.

Nueva carta de su padre en la que afirma no tener dinero ni para pan; y le recuerda el prólogo pendiente de Sansano. Por ella sabemos también de la visita sorpresa de su tía Dolores; la que se había ofrecido a financiarle las ochenta pesetas de la matrícula.

Orihuela 21 de Octubre 1907. Querido hijo Justo: hemos recibido tu carta, y vemos con satisfacción que no tienes novedad, tu madre y yo estamos buenos. Comprendemos la sorpresa agradable que recibirías al ver a tu tía Dolores en esa, tu mamá se alegró al saber la noticia.

Nos has dado un alegrón con tantas noticias buenas que nos das, lo que es menester que se cumplan todas lo antes posible, ya sabes por qué lo digo, hoy nos encontramos sin tener que comer, y el panadero no quiere darnos más pan porque le debemos 10 pesetas y sin esperanza de cobrarlas porque dice que estoy cesante; así que ya ves cuanto sufrimos.

Que no dejes de ver a tus profesores y que te digan que te aconsejan de si haces oposiciones pronto. D. Amancio lo vi hace 3 días, y me dijo te dijera que no tengas miedo y te presentes a oposiciones, pues seguro que las ganarás, con que ánimo y adelante como te decía el P. Carbonel.

Le dije a Sansano que pronto le mandarías el prólogo, me dijo que así sea cuanto antes. Recibe los aftos. de tu hermana, su esposo, besos de tus sobrinos, recuerdos de los amigos, y también se los das a tu tía Dolores y a Eugenia de todos, y tú sabes cuánto te quieren tus padres. JUSTO y RAMONA. Contesta pronto.  Tengo en mi poder el sello y lo pongo en el sobre de esta carta.

1907 fue el año de la prensa en Orihuela. En noviembre salía otro diario a la calle con la redacción en la calle de Santacruz y la imprenta de Manuel Pérez. Se mantuvo ocho meses con esa periodicidad; y poco más de un año como semanario.

La época. Número 1 – 19 de noviembre de 1907: ¿Un periódico más en Orihuela? —Exclamará el lector al desplegar ante su vista el primer número de este diario que le ofrecemos— ¿qué propósitos trae? ¿Qué quiere? ¿Dónde está el hueco que viene a llenar? — ¿Qué propósitos trae? (…) Este nuevo diario es fruto de unos cuantos modestos periodistas que traen su microscópico grano de arena, fortalecido por una voluntad sin límites, a la hermosa obra del engrandecimiento de nuestra patria chica. Estos son nuestros propósitos …

… ¿Dónde está el hueco que venimos a llenar? No lo sabemos. La opinión ha de señalarlo y nosotros sabremos colocarnos donde nos mande. (…) Orihuela es una ciudad que progresa, y en ella tiene holgado puesto un periódico más. Sólo nos resta pedir a los demás algo para nosotros; favor al público, que nos aliente, e indulgencia para nuestros trabajos, siquiera por la mucha voluntad que los inspira.

Saludamos a la Prensa y muy particularmente a los periódicos locales. En nosotros encontrarán un apoyo cuando defiendan una causa justa; ya lo hemos dicho más arriba. En las discusiones seremos leales y en toda ocasión buenos compañeros.

El 8 de noviembre comenzó a escribir nuevas «crónicas madrileñas» para el diario «La Huerta». Para desempeñar con libertad el papel de cronista de la capital, y que no lo asociasen con su faceta de profesor, adoptó el seudónimo Ángel Rozas y Ángel Pérez de Rozas.

Con este nuevo nombre redactó en total dos docenas; la última en marzo de 1908. Las he transcrito todas íntegramente y las encontraréis almacenadas en una sola entrega independiente a la que podéis acceder pinchando el siguiente enlace.

Enlace a los artículos de Ángel Rozas.

La siguiente carta de su padre no tiene fecha; pero por la de Sansano que menciona, debió enviarla en la última semana de noviembre. Por ella sabemos que pensaba entregar mensualmente 15 pesetas a su familia, a cuenta de las citadas crónicas.

Ayer recibí el certificado en el que venía el prólogo para Sansano para que lo ponga en sus poesías y el cliché de tu firma. Del prólogo no hay que pedir más, nos ha gustado mucho. Me dice Sansano que te diga que el domingo próximo te escribirá, que te dé las gracias.

Nos alegramos de la noticia que nos das de que nos mandarás todos los meses 15 pesetas por los artículos que escribes en la Huerta; que sea cierto es lo que deseamos. Recuerdos de todos, estamos buenos.

La anunciada carta de Sansano, escrita el domingo primero de diciembre, lejos de criticar los retrasos de Justo fue un canto a su talento. También le puso al corriente de las actividades periodísticas de su amigo Rafael Rogel, mojando en todas las salsas; y también de las políticas de Martínez Arenas.

Sr. D. Justo García Soriano. Madrid. Mi dueño y señor: ¿Se ha perdido mi carta? Lo siento. No hablemos de eso y escuche: ¿Su prólogo? ¡Bendita sea su pluma prodigiosa! Yo le he leído y releído y no dejo de leerlo. ¡Es tan hermoso! ¡Se ve en él el corazón del artista que escribe tal y como yo esperaba verlo, filósofo, sentimental, agradable, expresivo…! ¡Bendita sea la pluma de García Soriano, verdadera honra de Orihuela! (lo digo sin apasionamiento). Yo quisiera pagar su trabajo con la vida. El agradecimiento no se apagará nunca en mi alma. El tiempo hablará.

No le he enviado las pruebas por no haber compuesto todavía el prólogo. Lo he recibido en días de muchas ocupaciones, pues he estado haciendo una Pastoral para el Obispo. Pronto, a ser posible, se las enviaré cuando me aclare un poco. Hablamos su padre y yo de la conveniencia de publicar su retrato de V. y él me prometió hablarle sobre el asunto en carta.

Pero esto no es cosa que urge, pues había de estar terminado el libro y es muy fácil colocar las páginas con los fotograbados. ¿V. dice que vaya el mío? Así lo haré. Tengo en mi poder el cliché con su firma. Ya publicado el libro, en la revista «Murcia» hablara su director Sr. Arnáez de nuestros trabajos y publicará los fotograbados.

Le suplico, que cuando reciba las pruebas, las corrija lo antes posible, pues sería fácil necesitásemos la letra empleada en el prólogo. No he escrito nada para el certamen de «La Huerta». En las poesías premiadas habrá V. encontrado la mar de disparates, sobre todo en la de Jara Carrillo, y también en la de Ezcurra. La mejor es la de Tirso Camacho, que lleva el lema «Evocando el Escorial». Yo no he podido hacer nada y lo he sentido. Trabajando de día y de noche en la imprenta era imposible.

Sus padres están bien. Recuerdos de los amigos. (Martínez Arenas se vuelve conservador si echan del Ayuntamiento a Sempere ¡pásmese V. ! ). Esto lo dice él; son palabras suyas. Rogel con «La Huerta», escribiendo en «La Iberia» y hermanado (aunque él lo niega) con los marquesitos de «La Época». Así anda el mundo y no nos podemos entender. Lleve cuidado si le habla V. por carta de este asunto: dele V. en la cabeza. Ahora le ha dado en decir que yo no soy carlista… ¡Ya ve V. qué ocurrencia! ¡Este Faeliyo carece de pupila!

Si tiene ocasión de ver al Sr. Escudero Bernicola, salúdele y hágale presente que por aquí no se le olvida. Él hará lo contrario. Y V. mande como guste a su agradecido amigo y servidor q. b. s. m. J. SANSANO MÁS. Diciembre 1º. 907 Orihuela. Perdone los sellos de la carta. ¡Pícaro demonio! Cuando envíe pruebas volveré a escribirle.

Sellos de correos de 1907.

Por la premura, este borrador de carta sin fecha tiene más pinta de ser ya de 1908. Pero al no tener la certeza y referirse a los incumplimientos y demoras con el prólogo de Sansano, la pongo aquí.

Mi querido Sansano: ¡Perdón! ¡Misericordia!… ¡Estoy horrorizado! No sé ni lo que me he hecho… Abusando una vez más de su paciencia y de su bondad infinitas, he faltado a la palabra que le di en mi carta anterior. Comprendo que Vd. se habrá de indignar con harta razón.

Penetrado de la actualidad que entraña el verso exámetro, puesto ahora de moda por Rueda, he creído conveniente para que mi trabajo sea más digno de su colección de poesías, aumentarlo con un artículo más, que ahora vendrá a ser el VI de ya mi latoso y aborrecible prólogo. No me cansaré de pedirle perdón. Comprendo que soy un pelma y un deshaogao  como no hay…

¡Por qué lo haré yo! De paso me he atrevido a hacer otras enmiendas, y otra adicción para intercalar en la llamada (2) de las pruebas, correspondiente al artículo VII. ¡Yo no sé cómo se las va Vd. a arreglar con los galerines ya formados páginas!… ¡Le digo que estoy asustado atrozmente de cuanto he hecho! ¡Va a acabar Vd. por odiarme y por mandarme a la puñeta!… Lo merezco ¡Perdón!  Anteayer le mandé a mi padre, certificado, el cliché de mi retrato, que supongo ya le habrá entregado a Vd...

Esta carta de Luis Barcala está destinada a José Escudero Bernicola y pero llegó a manos de Justo. No sé si se la reenvió para que se encargase de la «intervieu» mencionada. Lo cierto es que la acabó redactando un colaborador de «La Huerta» llamado «Plim»; y salió publicada en enero.

Luis Barcala Cervantes. Ingeniero de Caminos. Ventura de la Vega, 3 Madrid, Sr. D. J. Escudero. Muy Sr. mío: muy honrado con sus pretensiones, debo indicarle a V. al mismo tiempo que le ofrezco mi casa, que estando muy poco en ella, puede verme en el Ministerio de Fomento, en la Jefatura del Negociado de Construcción de Carreteras, donde estoy todos los días de nueve a dos de la tarde.

Allí podrá hacerme V. todas las preguntas que quiera  de esa intervieu a que se refiere, y yo tendré el gusto de contestarle a todas ellas, pareciéndome mejor me las haga V. por escrito y en esta misma forma le enviaré a V. mi contestación. Con este motivo tengo el gusto de ofrecerme de V. afto. S. S. q. l. b. l. m. LUIS BARCALA CERVANTES. 11-12-907.  

Y así llegó otra navidad con Justo en Madrid, lejos de sus padres. Estos estaban en Murcia por el empeoramiento del tío Filomeno. Desde allí le enviaron la carta con la que pongo fin a esta entrega.

El público viendo los números premiados en la Puerta del Sol. Nuevo Mundo, 26 de diciembre de 1907. BNE

Murcia 22 de Diciembre de 1907. Querido hijo Justo: anoche a las 7 llegamos a esta ciudad, tu madre y yo, nos mandó a llamar tu tío Antonio, en vista de que el tío Filomeno no se mejora de su enfermedad, no sabemos lo que tiene, para mí es una lesión al corazón, quisiera equivocarme, tiene inflamadas hasta las rodillas las piernas, y no se puede acostar por las angustias que le dan, por manera que no me gusta cómo se encuentra. Cuando nos escribas, no digas de la enfermedad que te he dicho que padece, sino de un catarro fuerte.

Te deseamos pases las pascuas con la más completa felicidad y por muchos años, lo mismo dice tu tía Dolores, esta misma dice que felicites en su nombre las pascuas a Dª. Antonia de Borja y a Lola. Tus padres que te quieren. JUSTO y RAMONA.

El pavero en Navidad. Nuevo Mundo, 26 de diciembre de 1907. BNE

Recuerdos a Eugenia y también felicidades. Escribe pronto a este San Lorenzo nº 7 pral. Tu hermana nos dio 14 reales para hacer el viaje de Orihuela a esta, conque ya ves. Recuerdos de Ascensión, tío Filomeno, tío Antonio, Rosa y demás familia.   

Murcia. Estación del Carmen a principios del siglo XX.
Enlace al siguiente capítulo, 1908.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas, a Jesús García Molina y a José Manuel Dayas.