Justo García Soriano 12. 1908.

Año nuevo, vida nueva, dice el vulgo cuando un año muere (…) el primer día del año 1908, cuando salíamos de la plaza de toros, hemos observado a lo lejos, mirando hacia la derecha, cuatro columnas de cemento y piedra que se elevan entre naranjos. Parecen las chimeneas de una fábrica. —¿Qué es eso? — hemos preguntado.— El teatro circo — nos han contestado— esas columnas son del escenario.  — ¡Hola! parece que Orihuela revive sacudiendo su pereza. Eso no es malo…

La Huerta, 2 de enero de 1908.

Cúpula del Teatro Circo y Plaza de Toros. Colección Javier Sánchez Portas.

Hacía menos de tres meses que los hermanos Antonio y Ángel Roca de Togores se habían hecho con los materiales, muebles y demás enseres de un desaparecido teatro alicantino en subasta pública. Si el año anterior había sido para Orihuela el de la nueva Plaza de Toros; este sería el del Teatro Circo.

Los Roca habían cedido la propiedad a una sociedad anónima titulada «Circo de Orihuela», con un capital de 35.000 pesetas dividido en setenta acciones de quinientas pesetas. Dicha sociedad contrató al maestro de obras Francisco Sánchez.

Y el maestro Sánchez al pintor Enrique Luis Cárceles, quien volvió de Madrid para dirigir los trabajos de pintura y decorado del nuevo coliseo oriolano. Pinchando en la siguiente imagen, podéis acceder a un artículo monográfico que confeccioné para su centenario.

Enlace a artículo Teatro Circo.

Madrid, 1908.

Café de Fornos en 1908. Madrid. «El Gran Café» con tertulia frecuentada por Justo García Soriano. 
 

Si la última referencia en 1907 fue una carta anunciando la grave enfermedad del hermano de su padre; la primera noticia de 1908 anunciaba su muerte a través de una solemne necrológica, cuya redacción fue un calco en los dos periódicos con los que Justo colaboraba.

La Huerta. Número 223/ La Iberia. Número 164 – 4 de enero de 1908: En Murcia donde residía, ha dejado de existir D. Filomeno García Sánchez, tío de nuestro entrañable amigo e ilustrado compañero D. Justo García Soriano. El Sr. García Sánchez, era muy estimado por las nobles prendas que lo adornaban. La redacción de La Huerta siente como suya tan dolorosa pérdida y desea mucha conformidad a la familia del finado, singularmente al amigo Justo que quería con verdadera ternura a su anciano tío. ¡Descanse en paz!

Filomeno, antiguo jefe de Telégrafos de Murcia, era un personaje muy conocido al que Justo apreciaba muchísimo. Quiero recordar que su primer libro, escrito en 1901 y titulado «Esperanza», estaba dedicado al «nuevo Job»; como llamaba a su ciego y desdichado tío que, además de la vista, había perdido a todos sus hijos.

AMO. LJGS.

Ya mencionamos en la entrega anterior que, desde noviembre de 1907, Justo compaginaba su trabajo de profesor particular con la redacción de unas «crónicas madrileñas» que enviaba a «La Huerta» bajo el seudónimo de Ángel Rozas. Dichas crónicas están almacenadas en una sola entrega a la que se accede pinchando la siguiente imagen.

Enlace a las «Crónicas Madrileñas»

De la primera y extensa carta que he localizado, enviada por Abelardo L. Teruel Rebollo, se deduce que estaba trabajando también como corresponsal para la revista alicantina «El Espectador Ilustrado»; con la que ya había colaborado junto a otros periodistas oriolanos en un número especial editado durante las fiestas de agosto de 1907.

Hijo del comerciante cartagenero Abelardo Teruel García, y de Mercedes Rebollo Manzanares, Abelardo había nacido en la calle mayor de Orihuela en 1878. Inició sus estudios en Santo Domingo, con los Jesuitas. Continuó en la Escuela de Comercio de Alicante, donde obtuvo el título de Perito Mercantil.

Su gran afición a las letras le llevó a colaborar en múltiples publicaciones oriolanas (al igual que su hermano José Manuel), llegando a ser redactor y propietario de «La Semana».

Tras convertirse en funcionario de Hacienda (al igual que su hermano Francisco), se casó y dio rienda suelta a su vocación de periodista, dramaturgo y crítico teatral; trabajando en muchos periódicos alicantinos y colaborando con grandes diarios nacionales como el «ABC» o «La Vanguardia». Como literato escribió también teatro, zarzuela, comedias, novela y poesía; recibiendo varios premios.

No me voy a extender mucho más con este personaje; en 1908, cuando envía esta carta, Abelardo dirigía «El Espectador Ilustrado» y formaba parte de la Junta Directiva de la Asociación de Prensa alicantina, de la que era miembro fundador.

Mi querido Justo. Seguramente no recibiste ni una carta que te escribí a últimos de Noviembre, y que por un olvido salió sin las señas de tu domicilio, ni una postal en que te decía que pasases a correos a recoger dicha carta. Siento que esta se extraviara, porque en ella te remitía una tarjeta para que saludases en mi nombre a Carmen Cobeña y a su esposo, Federico Oliver, y les pidieses sus clichés y de los demás artistas de su compañía para publicarlos, gratis naturalmente, en «El Espectador» y devolverlos seguidamente.   

Carmen Cobeña. Portadas de «Nuevo Mundo», en octubre de 1907 y marzo de 1908. BNE.

Te decía, además, que en campo grande de tus conocimientos y tu autoridad literaria, quería yo que en vez de que nos remitas para «El Espectador», crónicas de noticias teatrales, nos enviaras estudios críticos de obras, tanto de teatro como novelas, que constituyan ahí el suceso del día; titulando tu trabajo «Madrid Teatral», o «Madrid Literario», según escribas sobre el teatro, o sobre el libro.

De todos modos sabes que tienes mi entera confianza para escribir lo que quieras y de lo que quieras. Procura no excederte de seis cuartillas y media, pues como tu original llega a última hora siempre y ya te tenemos reservada tu plana, no hay más medio, si sobra original que reducir tu trabajo, mutilándolo algo, lo que es muy doloroso.

Cuando quieras extenderte más, anticipa el envío de tus cuartillas dos o más días, y así ya no hay cuidado de que llenes cuantas cuartillas quieras, pues ya tendremos tiempo de insertarlas en cuantas planas sea necesario.

Te ruego, con gran encarecimiento, que a los artistas de tu conocimiento les pidas sus clichés, y nos los envíes con crónicas tuyas, firmadas con tu nombre o iniciales, u otro seudónimo, pues así las publicaremos en el mismo número y en secciones distintas, tus originales, independiente el que se refiera al cliché, y el del teatro o novela.

Ya habrás visto que esto lo hacemos con toreros y otros artistas, y no creo difícil que tú encuentres clichés, sabiendo que esto halaga a los interesados, y que además los devolveremos inmediatamente que los hemos utilizado, siendo de nuestra cuenta el gasto de correo, que tú nos cargarás.

Tómate mucho interés en esto, que es esencialísimo, y procura recoger una buena tanda de clichés. Cuando no quieras enviarlos acompañados de cuartillas, pon al respaldo del cliché mismo, el nombre del artista, género al que se dedica, punto en el que trabaja y cualquier otro dato que adquieras.     

Y ahora, otro asunto de gran interés para mí, y que te confío, con la buena amistad que nos une, con la seguridad que lo tomarás como cosa tuya. Ello es que el maestro Luis Foglietti tiene ahí un libreto mío, que se titula «La Riá», que se lo llevó a esa en el verano de 1906, diciéndome que le gustaba y que lo llevaba con ánimo de que algún libretista amigo suyo, ya acreditado en Madrid lo reformara algo, y poniéndole la música Foglietti, lo estrenásemos ahí.

Desde aquella fecha, le he escrito al maestro repetido varias cartas, a las que no he tenido contestación. Mi deseo es que tú lo veas personalmente, le digas la buena amistad que nos une y le preguntes algo de mi libro, siempre, claro es, sin apremio ni molestias para él de ninguna índole, pues Foglietti es un buen amigo mío, a quien yo quiero mucho, y le di vara alta para que de mi zarzuela dispusiera como si suya fuese.

No hay más, si no que yo quisiera saber algo de lo que él piensa sobre ella, y salir de la natural zozobra en que estoy tanto tiempo sin saber nada. Para que justifiques tu personalidad ante Foglietti, te envío la adjunta tarjeta; con ella te presentas en el Teatro Eslava, que es donde creo que actúa ahora la compañía sicalíptica que años pasados estuvo en el Cómico, de la cual es maestro director Foglietti, cuyo domicilio te pongo también en el sobre, por si quieres verle en casa.

Creo que lo mejor será que le pidas hora, para que hables con él sin apremios, y explora bien su ánimo para ver si te convences de qué es, que piensa tener el libro durmiendo el sueño de los justos ahí, sin ponerle música, porque si tal es, se lo pediré yo, puesto que aquí tengo ocasión de estrenarlo, frecuentemente, y no tengo porqué perjudicarme en este sentido, ya que tampoco me falta quien le ponga música. Claro es que, de todo esto, no conviene que te dejes traslucir nada; tú le escuchas, y luego me trasladas tu impresión.

También te remito tarjeta, nuevamente, para que saludes a Federico Oliver y Carmen Cobeña, y hagas amistad con tan excelente matrimonio; les saludes en mi nombre y no olvides pedirles clichés. Muchas felicidades te deseo en el año que corre, transmitiéndote las de todos los compañeros. Te abraza tu buen amigo Abelardo (Rubricado). T/e Torrijos 51, entresuelo izquierda. Creo que he sido algo LATO ¿Eh? Alicante 5 de enero de 1908.

Foglietti. Teatro Eslava. Madrid. Enero de 1908. «El Arte del Teatro». Archivo BNE.

Otro alicantino famoso en toda España fue el músico mencionado en la carta, Luis Foglietti Alberola. No tengo noticias de si Justo llegó a ponerse en contacto con él. Lo cierto es que, tres semanas después, «La Iberia», dirigida por el hermano de Abelardo, anunciaba la publicación de una novela homónima en fascículos encuadernables.

La Iberia. Número 178 – 22 de enero de 1908: Un día de la próxima semana comenzaremos a publicar en forma encuadernable la novela «La Riá».

Compositor destacado y prolífico, especialista en zarzuelas, Foglietti falleció en Madrid a consecuencia de la gripe de 1918 tras haber triunfado en los teatros Eslava, Cómico, Romea, Novedades, Zarzuela, Barbieri, Gran Teatro y Apolo; llegando a inaugurar el teatro Reina Victoria con la presencia de la Familia Real.

Siguiendo con los hermanos Teruel, José Manuel envió a Justo una ilegible carta con membrete de «La Iberia» a través de su padre; quien se volvió tarumba al intentar descifrarla. No parece estar escrita por él; al menos la caligrafía no se parece a la del que luego fue cronista oficial de Orihuela.

De ella sólo me queda claro que pedía originales a Justo; que mencionaba un artículo sobre el alcalde que no le había publicado; y que hablaba de una denuncia contra el periódico. Os dejo lo que he podido transcribir.

La Iberia. Diario de la Tarde. Redacción Alfonso XIII, 19. Orihuela. 26 de Enero de 1908. Sr. D. Justo García Soriano. Estimado amigo: Como estoy completamente solo en «La Iberia», no tengo tiempo para nada; y he aquí la causa de no haberle escrito antes.

Lo de la declaración en el sumario por el telegrama famoso, fue una equivocación que desharemos en nueva comparecencia ante este juzgado, por lo que puede V. estar tranquilo. No hubo mala fe, sino mala interpretación. El artículo de V. «Alcalde (ilegible)» no lo he publicado porque en época del liberal Romero se hizo un informe (ilegible) en la que pudo hallarse la (ilegible) sería el puesto de liberal.

AMO. LJGS.

Aquí te tengo a disposición de V. pues sé quién (ilegible) y le encontraremos.  ¿Cuándo remite original para «La Iberia»? Y no tema en apretar. Queda de V. afmo. amigo que le desea ¿Felicidad?

(Cambia a letra de su padre) Querido hijo Justo: Como te decía ayer, te remito la carta de Teruel; verás si tú puedes  comprenderla, pues yo me he vuelto tarumba y he sacado lo que el negro en el sermón. Todos buenos. Tu padre que te quiere. JUSTO. Tu madre no firma porque está haciendo la cena. Recuerdos os damos a todos. Escribe pronto.

Como ya estaba anunciado, José Manuel publicó en «La Iberia» la novela por entregas escrita por su hermano Abelardo.

La Iberia. Número 187 – 1 de febrero de 1908: ¡LA  RIÁ, se publicará en forma encuadernable! ¡Abelardo Teruel, es el autor de la novela LA RIÁ! ¡Hay que leer LA RIÁ! ¡A los suscriptores de La Iberia se regalarán tapas para encuadernar LA RIÁ!

La Iberia. Número 190 – 5 de febrero de 1908

Por las siguientes noticias sabemos que al cuñado de García Soriano lo habían destinado al Mudamiento; por lo que su hermana y sus sobrinos se desplazaban con él (imagino que, a la casa del maestro en la citada pedanía oriolana), dejando solos a sus padres.

La Huerta. Número 287 – 28 de marzo de 1908: Hemos saludado en ésta a nuestro querido amigo el maestro de Mudamiento D. José Linares Aliaga y a su distinguida esposa Dª. Milagros García Soriano. El señor Linares ha marchado enseguida a su destino. Número 314 – 5 de mayo de 1908: Ha regresado a Mudamiento el maestro de instrucción pública de dicho partido, nuestro estimado amigo D. José Linares, acompañado de su distinguida esposa doña Milagros García Soriano.

Justo pasó en Orihuela las fiestas de Semana Santa; una breve visita de la que no tengo más referencia que las fechas de llegada y vuelta a Madrid.

La Huerta. Número 303 – 18 de abril de 1908: Con el objeto de pasar estas fiestas con sus cariñosos y ancianos padres, también se encuentra en esta y hemos saludado a nuestro entrañable amigo de siempre e ilustrado redactor de este periódico, el joven doctor en Filosofía y Letras D. Justo García Soriano. Bienvenido.

La Huerta. Número 306 – 24 de abril de 1908: Ayer por la tarde regresó a la Corte nuestro querido amigo e ilustrado redactor don Justo García Soriano.

La Iberia. Número 251 – 25 de abril de 1908: Después de permanecer varios días en esta, ha salido para Madrid nuestro compañero y amigo D. Justo García Soriano. Feliz viaje.

Pero supongo que, terminadas las «Crónicas Madrileñas» de Ángel Rozas, aprovechó la estancia en Orihuela para visitar el Archivo Municipal y organizar la nueva publicación que estaba preparando junto a Rafael. Se trataba de un folletín con motivo del centenario de la Guerra de Independencia; efeméride que en Madrid se celebró con gran solemnidad; sobre todo el 2 de mayo.

La Huerta. Número 311 – 1 de mayo de 1908: Las fiestas del Centenario. Queriendo La Huerta solemnizar de alguna manera el Centenario de la gloriosa guerra de la Independencia, pensamos publicar en forma de folletín una interesante monografía histórica, titulada: ORIHUELA DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA escrita en su mayor parte con datos originales y documentos inéditos, extraídos del archivo municipal de Orihuela, por nuestros redactores D. Justo García Soriano y D. Rafael Rogel Rech. Esperamos merecer la complacencia de nuestros favorecedores.

Madrid, 2 de mayo de 1908. Fiestas del Centenario. Revista «Nuevo Mundo». Foto Campúa.

La Huerta. Número 312 – 2 de mayo de 1908: Desde el próximo número, comenzaremos a publicar nuestro folletín Orihuela durante la Guerra de la Independencia; reseña histórica escrita con datos recogidos en los archivos por nuestros redactores don D. Justo García Soriano y D. Rafael Rogel Rech.

La Huerta. Número 313 – 4 de mayo de 1908.

Dicho folletín, cuya publicación se inició el cuatro de mayo con el número 313, se mantuvo todo el año con algunas irregularidades. Se lanzaron un total de 155 entregas repartidas de la siguiente forma: 23 en mayo; 21 en junio; 20 en julio; 17 en agosto; 22 septiembre; 24 en octubre; 21 en noviembre; 6 en diciembre y 1 en enero de 1909.

Y es que, iniciado diciembre, el diario «La Huerta» empezó a «hacer aguas» y trató de sobrevivir convertido en semanario. El «Fin del Tomo Primero» se hizo esperar hasta el día 12 de enero; en el número 492. Y no hubo más tomos; a primeros de marzo de 1909 «La Huerta» desapareció para siempre.

Edición facsímil editada por el Ayuntamiento de Orihuela en el II Centenario (2008).

Y hablando de publicaciones: la anunciada y tantas veces retrasada obra de Juan Sansano, prologada por Justo, veía por fin la luz con gran repercusión mediática a nivel provincial.

Diario de Alicante. Número 381 – 9 de mayo de 1908:  Crónica oriolana. «Flores silvestres». Nuestro querido compañero en la prensa y sentimental poeta Juan Sansano se ha decidido a coleccionar sus trabajos. Los publicará en un sólo tomo, compuesto de ocho cuadernos, que los distribuirá quincenalmente. El título de su obra es el mismo que en encabeza estas líneas: «Flores silvestres». Hoy se ha repartido el primer cuaderno.

«Flores silvestres» está dedicada al ex magistrado don Pío Verdú, jefe del partido conservador de Monóvar. El prólogo está escrito por el culto escritor y paisano nuestro don Justo García Soriano, Dr. en Filosofía y Letras. En él hace un detenido estudio del modernismo y alude a unos artículos publicados por Salvador Rueda en «España Nueva» acerca del hexámetro. Cuando conozcamos la colección por completo, haremos su crítica. Ahora solamente nos limitamos a felicitar a autor y prologuista. ORCELIS.

La Huerta. 9 de mayo de 1908: FLORES SILVESTRES. Un libro más, una colección de versos debida a la bien cortada pluma de nuestro querido amigo y compañero D. Juan Sansano, va a enriquecer la biblioteca de los amantes a las letras. Podemos estar los que diariamente trabajamos en la confección La Huerta, orgullosos por el triunfo que ha alcanzado en las suscripciones de su obra, titulada Flores Silvestres, nuestro buen amigo, que se le tiene en gran estima en esta redacción.

Es el autor de Flores Silvestres, un modesto e inteligente obrero, que cotidianamente acude al trabajo, para llevar el sustento a sus ancianos y queridos padres, que pobres, no pudieron facilitarle ningún género de enseñanza; pero Sansano, desde joven, mostró gran afición por las obras literarias y particularmente por los versos, las que leía durante las horas que le dejaban libres sus ocupaciones, deduciendo algunas reglas que con el estudio de la Retórica fueran completadas, para entrar de lleno en el secreto de la forma poética, que gracias a su trabajo constante y a su afición sin límites le han hecho llegar a dominarla.

Esta obrita será servida a sus suscriptores por cuadernos quincenales, y consta además de los versos, en los que no sé qué resalta más, si la fecundidad de pensamientos o lo primoroso y elegante de su estilo, de un prólogo, original de nuestro querido compañero de redacción, el joven doctor en Filosofía y letras, D. Justo García Soriano, del que toda alabanza es poca; estando su escrito, plagado de ideas fecundas, abundantes bellezas y como todos los suyos, de un estilo y lenguaje elegantes.

No trato de inquirir, ni esa es mi idea, la vida de mi amigo Sansano, ni de hacer un juicio crítico de Flores Silvestres, pues tratándose de una obra en donde todo es belleza, armonía, dulzura, la más insignificante crítica, pondría de manifiesto, el poco gusto literario y el ruin sentimiento de quién lo ejercía. No he de terminar, sin enviar desde estas columnas mi más cordial y entusiasta enhorabuena, para que la una a las muchas que ha recibido con la publicación de su primer libro. Sorbete.

La Iberia. Número 275 – 25 de mayo de 1908: Hemos recibido el primer cuaderno de la obra «Flores silvestres», colección poética de nuestro querido compañero en la prensa D. Juan Sansano y Mas, con un prólogo de nuestro distinguido amigo D. Justo García Soriano, de cuyas producciones literarias nos ocuparemos debidamente cuando haya terminado su publicación, aunque podemos anticipar a nuestros lectores que los trabajos de García Soriano y Sansano Mas, siempre nos han parecido de perlas.

LLegó el verano y Justo regresó a Orihuela: como siempre, haciendo la breve escala en Alicante.

La Huerta. Número 363 – 7 de julio de 1908: Pasado mañana esperamos, procedente de Madrid, a nuestro queridísimo amigo e ilustrado compañero D. Justo García Soriano, que viene a pasar el verano con su familia. Con el amigo Justo vendrá también nuestro estimado paisano el joven estudiante D. Severiano Sánchez. Nuestra bienvenida por anticipado.

Antigua estación de Murcia. Barrio de Benalúa. Alicante.

Diario de Alicante. Número 429 – 9 de julio de 1908: Hemos tenido el gusto de saludar en esta ciudad al brillante escritor don Justo García Soriano que ha venido de Madrid esta mañana. En la tarde de hoy ha marchado a Orihuela nuestro querido amigo.

La Huerta. Número 366 – 10 de julio de 1908: Ayer tuvimos el gusto de saludar en esta población procedente de Madrid, a nuestro entrañable amigo e ilustrado compañero de redacción D. Justo García Soriano. También ha regresado de la Corte nuestro amigo el joven estudiante de arquitectura D. Severiano Sánchez.

Para las fiestas de la Reconquista redactó su tradicional artículo rigurosamente histórico: una transcripción de la crónica de Alfonso X; y la lista de los defensores del castillo que aparecen mejorados en el «Llibre dels Repartiments».

La Huerta. Número 370 – 16 de julio de 1908: La fecha del 17 de Julio evoca en los oriolanos el recuerdo de un suceso glorioso cuya grandeza no borrará el decurso veloz de tantos años. La vieja Orihuela quedó emancipada del yugo agareno. En este día lució al viento, sobre la almena más alta de la fortaleza, cuyas ruinas dan cima actualmente al monte en cuyo pétreo regazo descansa nuestra ciudad, el pendón victorioso de Aragón.

Este recuerdo despierta en nosotros, hijos del pueblo, el legítimo orgullo de la raza, no por lo que tuvo de conquista el hecho, sino porque ante nosotros se eleva el espíritu de nuestros antepasados siempre rebelde a toda opresión, siempre acometedor por su independencia, siempre, heroico por su libertad. Los tiranos de todas las castas se hartaron de sangre; pero los pueblos fueron rompiendo las cadenas, fueron destruyendo, eslabón por eslabón y al fin consiguieron obtener una mediana libertad y pusieron el camino expedito para llegar a la libertad suprema…

… La fecha del 17 de Julio es memorable para todo oriolano. En ella se escribió una página hermosa para nuestra historia. Desde aquel día, éramos independientes, éramos libres del poder agareno. Ante el recuerdo de los héroes y caudillos de aquella jornada, descubrámonos y dediquémosles, siquiera sea este modesto homenaje, ya que no podemos ofrecerles otra cosa.

LA RECONQUISTA, según la Crónica de Alfonso X. La fecha de mañana, elegida caprichosamente por la tradición para consagrarla en recuerdo del hecho de armas que puso a Orihuela en poder de los cristianos, después de más de cinco siglos de dominación muslímica, no tiene ningún fundamento histórico ostensible. Si bien es verdad que el aniversario de nuestra reconquista ya se conmemoraba el 17 de Julio, siglo y medio más tardé de haber tenido lugar, en el año 1400; ninguna crónica ni documento de los siglos XIII y XIV, de los que han llegado hasta nosotros, registra tal fecha.

De todos modos y cualquiera sea su fundamento, ella entraña para todo oriolano una gloriosa evocación, viviendo inseparablemente unidas y grabadas con caracteres indelebles en nuestros corazones. Al rendirles hoy el culto anual y solemne que nos dicta el fervor sentido por nuestras pasadas glorias, nos limitaremos a entresacar de la Crónica de Alfonso Décimo, la más antigua y fidedigna, aquellos párrafos más principales en que se relata la reconquista del reino de Murcia, al que pertenecía entonces Orihuela. Dice la Crónica; en su capítulo X:

— En la era de mil e doscientos e sesenta e cuatro años, (1226 de J. C) después que fue muerto Aben-Hud, fue alzado rey en Arjona Mohamad-Aben-Alhamar, e después que el rey D. Ferrando ovo ganado la ciudad de Córdoba e las ciudades e villas del obispado de Jaén, ayudó a este Mohamad-Aben- Alhamar por que cobrase el reyno de Granada e de Almería. E en este tiempo, los de Murcia,  non queriendo aver por Señor aquel Aben Alhamar, alzaron por rey a Boaquez.

E rescelando que se non podría defender de Aben Albamar, pues le ayudaba el rey D. Ferrando, enviaron sus mensajeros a este rey D. Alfonso, su fijo, seyendo infante, con quien le enviaron decir que le darían la ciudad de Murcia e todo, los castillos (entre ellos el de Orihuela del que era arráez Aben-Hassan) que son desde Alicante fasta Lorca e fasta Chinchilla. E este rey D. Alfonso, seyendo infante, desque ovo esta mandería de los moros de Murcia, fue allá con mandado e voluntad del rey D. Ferrando, su padre, e rescibiéronlo por señor e entregáronle la ciudad e todos los castillos, e fincaron todas las fortalezas en poder de los cristianos, e la ciudad de Murcia e todos los otros lugares fincaron poblados de moros.

E fue en esta manera, que el rey don Ferrando e el infante D. Alfonso su fijo por él oviese la mitad de las rentas, e Alboaquez oviese la otra mitad. E este Alboaquez que fuese vasallo del rey D. Ferrando en toda su vida, e después, del infante D. Alfonso, desque regnase en Castilla e en León. E este rey D. Alfonso, seyendo en Castilla en este noveno año de su reynado (1261), los reyes moros del reyno de Murcia e de todos los otros lugares que él avía ganado, o vieron fabla de consuno, e enviaron sus mandaderos a Aben Alhamar e pusieron postura que en un día se alzasen todos al rey D. Alfonso, e en aquel día comenzase el rey de Granada la más fuerte guerra que pudiese facer, e cada uno de los otros eso mesmo.

E el consejo ávido en esto, el rey Alboaquez e todos los otros moros que habían fincado en el reyno de Murcia alzáronse contra el rey D. Alfonso e cobraron algunos de los castillos que tenían los cristianos… E eso mesmo ficieron (cercarlos) los moros de cada uno de los otros lugares a los alcaydes que estaban por el rey D. Alfonso en los castillos, señaladamente en el regno de Murcia».  

En el capítulo: XI:  «… Andaba el año de la nascencia de Jesu Cristo en mill e doscientos e sesenta e dos años, estando el Rey en Segovia llegáronle las nuevas de commo el rey de Granada le avía quebrantado las treguas que con él avía, e otrosí que en el regno de Murcia que se le avía alzado Alboaquez, rey que era su vasallo… e commo avían cercado a don Alimán que tenía la torre de Utrera e  otros alcaydes que avía dejado en algunos otros lugares e castillos del regno de Murcia.

E envió él llamar por sus cartas los iuíantes e los ricos homes e todos los concejos de su reyno que se fuesen luego para él a la frontera». Después de comenzar el capítulo XV de la Crónica relatando la tregua que convinieron en las vistas de Alcalá de Benzay de Alfonso X y Aben-Alhamar, (año 1265), prosigue: — Alboaquiz, que era rey de Murcia, desque sopo que el rey de Granada le avia desamparado e que amos los reyes venían con grandes huestes contra él, e otrosí porque supo que el rey don Alfonso lo había segurado de muerte, vino se para él a ponerse en la su merced, e llegó a él a Sant Esteban del Puerto, e el rey don Alfonso fue a la ciudad de Murcia.

E este Alboaquez o los moros que estaban en ella entregáronsela, e dejó el alcázar al infante don Manuel, su hermano, e dende fue a todo los otros logares que, se habían alzado, e entregáronselos. E el Rey puso alcaydes en todos los castillos e dio vecindad a muchos cristianos que la vinieron tomar… Después que el rey don Alfonso ovo cobrado la tierra del reino de Murcia, fincó en este reino todo este año (1266), faciendo labrar las villas e los castillos de muy buenas labores e muy fuertes, e poblaba la tierra de los más cristianos que podía aver, e señaladamente facía mucho por poblar de cristianos la ciudad de Murcia e la villa de Orihuela e la villa de Lorca; e porque non podía aver gentes de la su tierra que los poblasen, vinieron y e poblaron muchos catalanes de los que eran venidos a poblar en el reino de Valencia».

Hasta aquí la Crónica. Nosotros podemos añadir que los cristianos que defendieron el castillo de Orihuela cuando los moros del reino de Murcia se alzaron contra Alfonso X, eran: Fortún de Ugara, caballero, Ferrando de Marfa, adalid, el judío Jacob Avendino, Iñigo Darún, Johan Jove, almocaden, Ibáñez de Oriol ,Gil y Andreu Lobet, Jaime de Groño, Jaime de Tormeo, Bernardo Crespo, García Navarro, Juan Péres de Tudela, Bernardo de Paratge, Pedro Zapatero, Domingo Muñoz, Calviello Peligero, Pedro de Benayos, Pons de Granana, Antonio de Pugcerdán, En Barceló, Pedro Roca, Berenguer de Olivars; muriendo en tan heroica defensa Ramón Serrador, Domingo de Tona, Esteban Pérez de Alcántara, Pedro González y Ñuño.

Todos ellos fueron mejorados en el repartimiento de tierras ¡Loor a los héroes que se inmortalizaron dando la vida! . D. Jaime el Conquistador, rey de Aragón y suegro de Alfonso X de Castilla, fue el primero que acudió en socorro de Orihuela, cediéndola después a su yerno. Justo García Soriano. Orihuela, 16 de Julio 1908.

A finales de julio contrajo una inoportuna enfermedad. Precisamente cuando se estaba gestando el homenaje a Agrasot que tantas veces había solicitado. Se pidió de nuevo el 1 de agosto; para la feria.

La Huerta. Número 380 – 30 de julio de 1908: Se encuentra enfermo, aunque por fortuna no de cuidado, nuestro querido amigo y compañero de redacción D. Justo García Soriano.

La Iberia. Número 326 – 31 de julio de 1908: Se encuentra enfermo aunque de poco cuidado por fortuna, nuestro ilustrado compañero en la prensa, D. Justo García Soriano, a quien deseamos un rápido y total restablecimiento.

La Huerta. Número 382 – 1 de agosto de 1908: ¡Honremos al artista! Hace mucho tiempo que surgió en la Prensa local la idea de poner el nombre del eminente artista Sr. Agrasot a una calle de Orihuela. Nuevamente queremos recordar esa iniciativa, digna de ser recogida por los que pueden y deben hacerlo. Don Joaquín Agrasot, nacido en esta ciudad para la que conserva un inmenso cariño, no es un artista vulgar.

Sus cuadros son admirados en los más importantes Museos y su fama ha traspasado las fronteras. Debemos enorgullecernos de contarlo entre los nuestros. En todos los pueblos se observa actualmente singular predilección por inmortalizar o distinguir a sus hijos más preclaros artistas, literatos, políticos, guerreros etc. etc. cuando se distinguen, obtienen por lo menos el merecido homenaje de sus paisanos señalando una calle con su nombre.

¡Cuántos con menos méritos que el pintor Agrasot merecieron esa distinción! ¡Honremos a nuestro artista! Esperamos que el Ayuntamiento actual tomará el acuerdo de poner a una calle de Orihuela el nombre del Pintor Agrasot. Es lo menos que podemos hacer.

En menos de una semana Justo estaba recuperado y dispuesto para afrontar un mes de intensa actividad. «La Huerta» solicitó de nuevo la calle para el pintor cuatro días después; y por fin, esa fue la definitiva.

La Huerta. Número 385 – 5 de agosto de 1908: Se encuentra totalmente restablecido de su ligera indisposición nuestro querido compañero Justo García Soriano. En Benejúzar se inaugurará en breve un círculo católico para el que ya se cuenta con más de cuatrocientos socios. El acto revestirá gran solemnidad.

HONREMOS AL ARTISTA. Con este mismo título publicamos en nuestro editorial del sábado último, un breve artículo acogiendo la excelente idea, puesta en circulación hace algunos años en la Prensa local por la iniciativa de un querido compañero, de dar el nombre ilustre de nuestro paisano el pintor Agrasot a una de las calles de Orihuela.

Esta simpática y justa propuesta, desatendida por otros ayuntamientos, esperamos será aceptada por el actual, con lo que demostrará su celo y cultura enalteciendo, como merecen a los hijos preclaros de Orihuela, que en el mundo dan honra al pueblo en que han nacido.

¿No vendría que ni de perlas, entre los demás festivales, un número que fuera: «Solemne descubrimiento, con asistencia de las autoridades y representaciones de la localidad, del rótulo de una calle, cuyo nombre sea el del Pintor Agrasot»?  Juzgamos esta idea muy digna de que sea acogida con entusiasmo por todos los señores concejales y aprobada por unanimidad en la sesión de mañana.

La propuesta, tantas veces ignorada, se hizo realidad: el concejal García Mercader propuso al Ayuntamiento y así fue aceptado, que una calle oriolana adoptase el nombre del Pintor Agrasot; señalando para ello a la Corredera.

«Por el aplauso que se tributaba y la estimación que se tenía en el mundo artístico de la pintura a las obras que llevaban la firma del ilustre hijo de Orihuela Joaquín Agrasot y Juan, no eran solo gloria y honra de tan inigual artista, sino que ese honor alcanzaba también al pueblo que le había visto nacer». (AMO. Libro de actas de 1906-1908). 

Calle de la Corredera. La calle de Agrasot.

La Huerta. Número 389 – 10 de agosto de 1908: El Pintor Agrasot. Justo Homenaje. Nuestro Excmo. Ayuntamiento se ha dignado por fin acoger la idea que ya le propuso hace tiempo «La Comarca» primero, luego «El Diario» y finalmente en «La Huerta» de que se pusiera el nombre de nuestro insigne paisano el pintor Agrasot a una de las calles de esta ciudad.

En la sesión municipal del sábado, de la que en otro lugar damos cuenta, el edil e ilustrado jurisconsulto D. Ascensio García Mercader hizo la proposición que fue aceptada y aprobada unánimemente, por el Consistorio e incluida en el programa de festejos de feria.

Fiestas en la Corredera.

Este acto patriótico y simpático de nuestro Ayuntamiento lo acredita de culto y de amante del buen nombre del pueblo que representa. Vaya pues un caluroso aplauso y nuestras más rendidas gracias al Sr. García Mercader, y al Sr. Brotons y a los demás munícipes. Sabemos que el pueblo entero de Orihuela les aplaude lo mismo pues han visto con simpatía que se honre al paisano insigne que lo merece.

Justo García y Rafael Rogel habían conseguido que Orihuela se acordase de Agrasot; con un homenaje que desde hacía años venían proponiendo en los diferentes periódicos por los que habían pasado. Toda la prensa se hizo eco del acontecimiento; y de la intervención de estos jóvenes inquietos. Transcribo el borrador que se conserva de la carta que Justo envió inmediatamente a don Joaquín.

Sr. D. Joaquín Agrasot y Juan. Muy respetable Sr. Nuestro: En concepto de modestos periodistas, paisanos y admiradores fervientes de Vd., tenemos el gusto de notificarle que el Exmo. Ayuntamiento de esta ciudad acordó por unanimidad, en sesión celebrada ayer mañana, 8 del corriente, dar el nombre ilustre que Vd. tiene  la calle de la Corredera.

El acto solemne de descubrirse la lápida rótulo, tendrá lugar el 19 y figura en el programa de la próxima feria como uno de los festejos. Este modesto homenaje dedicado por sus paisanos al gran pintor, uno de los más ilustres hijos de Orihuela, de la generación presente, es una obra de justicia y gratitud que honra al pueblo que la ejecuta.

Sin deseo de vanas exhibiciones ni aspirando a ningún género de galardones ni reconocimientos, sino exclusivamente por la satisfacción que para nosotros supone que Vd. conozca el nombre de dos de sus admiradores más entusiastas hemos de manifestarle que fuimos los que iniciamos la idea y la lanzamos a la publicidad hace algunos años en la prensa local insistiendo con gran tesón en ella hasta que por fin hemos logrado ahora, del actual Ayuntamiento, que accediera a nuestra propuesta y la pusiera en práctica.

Y ahora, tras felicitarle efusivamente, vamos a pedirle albricias por la fausta nueva que le participamos. Estas se reducen a que nos envíe el cliché de su retrato y, lo antes posible, unos datos biográficos con alguna anécdota interesante de su carrera artística a fin de publicar su biografía en el día 19 de este mes en el diario de esta ciudad «La Huerta», de cuya redacción formamos parte. Esperamos.   

En agosto se intensificó también la campaña publicitaria de «Las Flores Silvestres» de Sansano; elevado a la categoría de «Obrero-Poeta»; y respaldado por un «benemérito» doctor en Letras.

La Huerta. Número 390 – 11 de agosto de 1908

La Huerta. Número 390 – 11 de agosto de 1908: Lea usted el libro de versos de JUAN SANSANO, Flores Silvestres, que ha valido a su autor el aplauso unánime de los periódicos de la región, colocando el nombre del obrero-poeta al lado de los más esclarecidos literatos de la juventud contemporánea.

Los prolegómenos de la obra son del benemérito D. Justo García Soriano, Doctor en Filosofía y Letras. «FLORES SILVESTRES» lleva los retratos de ambos escritores, y consta de ocho cuadernos de 24 páginas en octavo, papel vergé y cubiertas de color, a 0,20 pesetas cada cuaderno. La obra completa, encuadernada lujosamente, se venderá al precio de 2’50 ptas. en las principales librerías de España. En Orihuela: Imprenta de Payá.

Y Joaquín Agrasot contestó a la carta que los dos jóvenes periodistas oriolanos le habían enviado.

La Huerta. Número 396 – 19 de agosto de 1908

La Huerta. Número 396 – 19 de agosto de 1908: AGRASOT Y LA HUERTA. Apenas supimos el acuerdo, que por iniciativa de nuestro periódico, y a propuesta del segundo teniente de Alcalde don Ascensio García Mercader, había tomado nuestro municipio, nos apresuramos a felicitar calurosamente al Sr. Agrasot. Este nos ha honrado sobremanera, con la siguiente carta, contestando a la nuestra:

«Valencia 12 Agosto 1908. Señores D. Justo García Soriano y D. Rafael Rogel. Orihuela. Muy señores míos y queridos paisanos: Recibo su grata del 10, en la que me participan el acuerdo de ese Excmo. Ayuntamiento de poner mi nombre a la que es hoy calle de la Corredera. Creo firmemente que no tengo méritos suficientes para merecer tal distinción, pero sí puedo asegurarles, que en mi larga vida artística he hecho cuanto he podido y mis facultades me han permitido.

Arco de la Corredera. Colección Javier Sánchez Portas.

El acuerdo de ese Ayuntamiento me obliga más que nunca a continuar luchando por el Arte, y hoy aunque viejo, he de seguir mi labor, para que si puedo conseguir nuevos lauros, que estos sean una pequeña compensación al alto honor que Orihuela me otorga. Y a ustedes, que con tanta constancia y cariño iniciaron la idea, les agradezco con toda mi alma el afecto que con tal motivo me han demostrado. Con esta ocasión ahí va un abrazo de este viejo artista y paisano agradecido. q. b. s. m. Joaquín Agrasot».

Calle de la Corredera. Colección Javier Sánchez Portas.

Podría seguir transcribiendo todo lo que se publicó durante ese mes sobre el homenaje al pintor oriolano; pero me parece innecesario engordar más la biografía de Justo cuando os puedo dejar un enlace al capítulo correspondiente de la de Agrasot.

Es la más extensa que he emprendido después de ésta. Si os interesa profundizar en el tema, pinchad el retrato del pintor y os llevará al penúltimo capítulo de los seis que la componen.

Enlace biografía Agrasot.

También, a mediados de agosto, junto a los hermanos Escudero Bernicola, participó en un emotivo acto celebrado en Benejúzar. Para la ocasión, compuso y recito su «Canto de Amor / Himno al trabajo».

La Huerta. Número 395 – 18 de agosto de 1908: INAUGURACIÓN DEL CIRCULO CATÓLICO DE OBREROS DE BENEJÚZAR. La importante Sociedad titulada «Círculo Católico de Obreros», que con el alto fin de aumentar y difundir la cultura y socorro a los obreros necesitados, se ha organizado recientemente en Benejúzar, abrió las puertas de su espacioso local el día 16 de los corrientes en la noche, con una velada literario-musical.

El amplio salón del Círculo aparecía brillantemente iluminado y decorado con gran cantidad de flores y follaje. En un estrado construido ad hoc tomaron asiento los señores que forman la Junta directiva. Una nutrida orquesta amenizaba el acto, ejecutando escogidos números de música. El Presidente del círculo hizo uso de la palabra para dar gracias por la designación de que había sido objeto, y cedió inmediatamente la presidencia al Sr. Cura Párroco, uno de los más entusiastas iniciadores y activos organizadores de la nueva Sociedad.

Concedida la palabra a D. Eloy Bernicola, pronunció una sentida alocución, haciendo historia de los trabajos de organización del Círculo y encomiando los fines patrióticos y humanitarios que persigue. Fue muy aplaudido.

Seguidamente el joven D. Antonio Bernicola leyó una bien escrita poesía, debida a su pluma, y encaminada a realzar el acto que se estaba verificando. Fue muy del gusto de la concurrencia. Luego D. Alberto Escudero dio una breve y científica conferencia explicando el alcance y significación de estas Sociedades, con respecto a su misión higiénica y sanitaria. El trabajo del conferenciante fue premiado con grandes aplausos.

A continuación D. José Escudero Bernicola se levantó a hablar, siendo interrumpido frecuentemente con aplausos y vivas. En párrafos brillantes y de gran facundia, repletos de sana doctrina sociológica, excitó al pueblo de Benejúzar a que desechara todas las diferencias y pequeñeces ante la hermosa idea de unirse todos para trabajar por el mejoramiento de los intereses morales y materiales de aquella villa. Después hizo la presentación de nuestro compañero señor García Soriano, quien leyó una hermosa composición poética que le mereció muchos plácemes de los concurrentes.

Tanto esta poesía como la de D. Antonio Bernicola tendremos el gusto de darlas a conocer a nuestros lectores en uno de nuestros próximos números. Como final del acto, el ilustrado y virtuoso párroco D. Pascual Pérez Mira pronunció un bello y elocuente discurso de elevados y sentidos tonos en el que hizo el resumen de la velada y alentó a seguir llenos de fe y entusiasmo en la obra empezada. El público le tributó una ovación merecida. A las once y media terminó tan culta y simpática fiesta.

La Huerta. Número 402 – 26 de agosto de 1908.

La Huerta. Número 402 – 26 de agosto de 1908: CANTO DE AMOR (Himno al Trabajo). En la inauguración del «Círculo Católico de Obreros» de Benejúzar.

Obreros de la huerta, que en los claros cristales / del Segura refleja sus verdes naranjales / sus palmeras gallardas y sus prados en flor; / el poeta que viene y este Centro visita / al abrir hoy sus puertas, cordial os felicita / y entusiasta os saluda, con su canto de amor.

El poeta ha soñado, al correr de sus horas / de tristeza y nostalgia, en las vegas reidoras / de esta fértil campiña, que es divino pensil; / donde ninfas y faunos se persiguen gozosos / entre las espesuras de los huertos umbrosos, / y es su huésped eterno el florífero Abril.

Obreros de la  huerta, yo sé que vuestros pechos / de nobles labradores, como sanos barbechos / a la siembra de bienes dispuestos siempre están; / que hay ansias excelentes en vuestros corazones, / de mejorar la vida mil justas ambiciones / y de ser ilustrados inextinguible afán.

Sois legión de guerreros que en la férvida liza / vuestro brazo potente al luchar fertiliza / y convierte en edenes el más yermo erial. / Flora, que vuestro esfuerzo cuotidiano desea, / vierte la cornucopia divina de Amaltea / y a todos brinda pródiga su seno maternal.

Canto de amor y dicha es el canto fecundo / del trabajo bendito, que transforma del mundo / la aridez escabrosa en oasis de paz. / Canto de amor y dicha es el canto sublime; / del trabajo que al hombre de la  muerte redime, / al poblar miserable de la tierra la faz.

En el augusto templo de la Naturaleza, / el hombre virtuoso con su trabajo reza, / no sólo con palabras de fácil devoción. / El férreo martillo en su tarea diaria, / al yunque que golpea le arranca una plegaria, / que es el santo trabajo la mejor oración.  

Obreros de la huerta, que en los claros cristales / del Segura refleja sus verdes naranjales / sus palmeras gallardas y sus prados en flor; / el poeta que viene y este Centro visita / al abrir hoy sus puertas, cordial os felicita / y entusiasta os saluda, con su canto de amor. JUSTO GARCÍA SORIANO. Orihuela y Agosto de 1908.

Por motivos de salud, Agrasot no había acudido al homenaje celebrado en agosto. Pero visitó Orihuela en septiembre. Así, Justo logró conocer en persona al más famoso pintor oriolano y además le presentó a su padre.

La Huerta. Número 418 – 15 de septiembre de 1908: El Pintor Agrasot. Ayer tarde honró esta casa con su presencia el insigne pintor y respetable paisano nuestro D. Joaquín Agrasot, cuyo nombre, preclaro en el mundo del arte, se ha dado recientemente a una de las calles de esta su ciudad natal. Acompañábale su señor hermano D. Enrique, distinguido jurisconsulto que reside en la Corte. Ambos señores se encuentran desde el sábado en Orihuela, donde han venido a pasar unos días entre sus parientes y entre sus numerosos amigos…

Septiembre de 1908. Visita de Agrasot a Orihuela. Coloreada por J.M. Dayas.

…El Sr. Agrasot ha hecho también una visita de atención a este Excmo. Ayuntamiento, habiéndole sido devuelta por una escogida comisión de los individuos de este Cuerpo. Entre las muchas visitas que recibe, anoche cumplimentaron al celebrado pintor en la casa de nuestro distinguido amigo D. Vicente Galiana, D. César Giménez, nuestros redactores D. Rafael Rogel Rech, don Justo García Soriano, su señor padre y el aventajado pintor decorador don Enrique Luis Cárceles. El Sr. Agrasot permanecerá en esta ciudad hasta el jueves próximo. Reiterámosle nuestro más cariñoso saludo de bienvenida, deseándole que le sea feliz su estancia en Orihuela.

Y tras estas trepidantes ¿vacaciones? llegó su ineludible vuelta al trabajo de profesor en la capital.

La Huerta. Número 428 – 26 de septiembre de 1908: Esta tarde marcha a Madrid donde reside, nuestro muy querido amigo e ilustrado compañero D. Justo García Soriano. Feliz viaje y mucha suerte.

Estación de Atocha. Madrid.

Pedro de Peñaranda era un joven que se había dado a conocer en noviembre de 1907, enviando a «La Huerta» un trabajo anónimo junto a una carta al director. De momento no he conseguido identificar el nombre real del personaje; sólo sé que tenía familia en Cox y que se desplazó a dicho pueblo para curarse cuando estuvo enfermo.

En la redacción aceptaron el trabajo pidiéndo que se identificase con la promesa de la mayor reserva de su identidad. Poco después se presentó con un largo poema en el que se calificaba a sí mismo como «ente ignorado», «débil rumorcillo llevado por el viento», «lira errante de tristes sones»...

El nuevo colaborador cayó en gracia como un joven estudiante que se lanzaba a la vida literaria; y le siguieron el juego como «espíritu inquieto portador de una lira de plata». Lo defendían incluso de las críticas y ataques publicados por «La época» o «La Iberia»; que lo llegaron a calificar de «Jeremías sombrío y llorón».

El caso es que, en octubre de 1908, cuando ya formaba parte de la redacción, «como joven de excelentes condiciones que honraba con su colaboración las columnas de La Huerta» , P. de Peñaranda dedicó en «La Huerta», «a su respetable y distinguido amigo Justo García Soriano» una adaptación de un salmo sobre la venida del Mesías, un poema titulado «Illuxerunt fulgura ejus orbi terrae» que quiere decir algo así como «sus relámpagos han brillado sobre el mundo».

La relación de Justo García Soriano con Peñaranda no podía considerarse de amistad. Se lo habían presentado en el periódico, en alguna de sus visitas a Orihuela. El caso es que ya había dedicado algún trabajo a otros compañeros de redacción, como Juan Sansano; pero esta dedicatoria provocó un extenso trabajo de análisis al implacable estilo de Justo.

Con la soberbia seguridad que le caracterizaba, redactó una dura carta abierta que «La Huerta» se negó a publicar; y acabó en las páginas de «La Iberia»; dividida en dos entregas.

La Iberia. Número 414- 12 de noviembre de 1908: CARTA ABIERTA. Sr. D. P. de Peñaranda. Mi querido amigo: Absorto, estupefacto he leído la hermosa poesía que en el número de La Huerta correspondiente al 24 del pasado mes de Octubre, ha tenido Vd. la delicadeza y la bondad de dedicarme. Me ha dejado Vd. anonadado, Sr. Peñaranda. Yo no sé con qué palabras expresarle la gratitud que siento hacia Vd. por la distinción honrosísima de que me ha hecho objeto.

En un principio pensé escribirle particular y privadamente, dándole las gracias del mejor modo que pudiera. Pero medité luego y juzgué preferible publicar esta «carta abierta» en el mismo periódico, mediante el cual yo había recibido la exquisita ofrenda, la espléndida merced. Era más procedente, oportuno y lógico; ya que la honra había sido pública, público debía ser mi agradecimiento.

Hubiera sido mi gusto responderle en verso; pero, ¡ay! que las musas, ingratas, pérfidas, me abandonan; aquel astro semidivino que antes avivaba en mí la poética llama de un antiguo cantar de la Hélade, se ha ido enfriando, extinguiéndose; y el arpa cólica, orlada de flores, que yo tañía con fruición incansable, infinita, es hoy, «¡vae victis!»— ¡un pobre guitarrillo cascarrado e insufrible, que duerme, en el rincón telarañoso de un desván, el sueño del olvido!…

Sí, créame Vd., amigo Peñaranda: Su composición poética, vibrante de inspiración y de sentimiento me ha conmovido, ha excitado las fibras más recónditas y aletargadas de mis entrañas. He auscultado atentamente mi pecho; y he percibido que repercutía y se modelaba en ellas, con «trémolos» dulcísimos de la rica gama musical, que fluye de sus arpegios melodiosos, de sus notas profundas y conmovedoras.

Y he sentido sobre mi cabeza ardiente el terror sublime de una tempestad que se desencadena furiosa; y he experimentado en las reconditeces de mi alma adormida un inefable espasmo de religiosa unción; y he abatido mi otras veces altanera frente, he besado el santo suelo y, confuso y tembloroso, he adorado de hinojos la fuerza incontrastable y misteriosa que fulmina el rayo, que retumba en el trueno, que agita las nubes e impele rugiente el vendaval. ¡Oh!…

Pero además, y principalmente, su poesía ha sido para mí toda una sorprendente revelación. Yo conocía a P. de Peñaranda como un prosador galano y conecto, como un ameno y castizo cronista de elegantes decires e ingenio feliz; sabía que era un agudo y sutil filósofo, un hábil y terrible polemista; pero yo ignoraba que el culto joven oriolano que esconde modestamente su nombre tras ese pseudónimo, fuera un inspirado y brioso vate, un  tan consumado y pulido «trovatore».

Yo quiero rendirle en estas columnas un homenaje sincero y darle mi pláceme más entusiástico. Yo no  tengo autoridad alguna para conceder a nadie la patente, el título o la alternativa de poeta; pero una tan bella poesía como la de Peñaranda, lo acredita muy sobradamente de tal, aunque ella no sea más que una fiel imitación del famoso fragmento de los «Cantos del Trovador» de ZorriIla, fragmento que algunos florilegios de poesías clásicas publican con  el título de «La tempestad». Sin embargo, esto no aminora ni un ápice el mérito intrínseco que indiscutiblemente tiene la producción de nuestro compañero querido.

Mas ya que he tributado tan merecidos elogios, al autor de «Illuxerunt fulgura ejus orbi terrae» («Sus relámpagos alumbraron el mundo» Salmo XCVII, vers. 4, título y epígrafe que el señor «Peñaranda» ha escogido para su aludido trabajo poético) y estos elogios justísimos pudiera juzgarlos algún malicioso como pago o correspondencia de la nuncupatoria; séame lícito, en cambio, poner, algún pequeño reparo a dicha poesía y señalar algún insignificante defectillo que, a mi humilde entender, en ella existe. Esto demostrará, por otra parte, mi imparcialidad y desapasionamiento absolutos.

Ante todo, amigo Peñaranda, permítame que me conduela, de que haya elegido Vd., para asunto de su composición, un tema tan trillado y trivial, un tópico tan sobrado y primitivo como es el del terror religioso que infunde en el ánimo el espectáculo de una tormenta. Acaso me dirá Vd. que lo bello y su más excelsa expresión, lo sublime y así mismo todas las entelequias y todas las ideas fundamentales y abstractas, aunque viejos y eternos, en todo tiempo se presentan como nuevos y flamantes. Mas yo le replicaré a esta objeción: que es un principio inconcuso de arte, de estética y de buen gusto, que se debe huir de toda vulgaridad y de todo lugar común.

Además, el suceso siempre conmovedor y grandioso de una tempestad, tenía sobre todo en los tiempos primitivos el encanto maravilloso de lo desconocido, el misterio imponente y aterrador que encierra lo incomprensible. Hoy la ciencia ha penetrado en el santuario, ha descorrido el velo del enigma indescifrable y ha patentizado que esos  conflictos aéreos son fenómenos sencillos y naturalísimos, producidos por algunas masas de vapor de agua flotantes o suspendidas en la atmósfera, y el choque de dos electricidades opuestas— positiva y negativa — , meteoros de los cuales puede uno librarse fácilmente con un buen paraguas (el de Azorín, por ejemplo) y, gracias a Franklin, con un excelente pararrayos.

En otras remotas edades, las buenas gentes ignorantes y supersticiosas, creían que la aparición de un cometa o un eclipse anunciaban calamidades, pestes y guerras, y que detrás de una nube que se revolvía impetuosa entre los fragores del trueno y se desgarraba a la descarga eléctrica de un relámpago, se ocultaba una fuerza sobrenatural y consciente, un «Júpiter tronante» que vomitaba rayos y centellas.

Pero ¡ay! que los progresos científicos han sido terribles y mortales para la fe y la poesía,  demostrándonos que al otro lado de esos nimbus procelosos, no se encubre nada extraño, como ha podido parecer a los hombres primitivos y a los poetas; o lo que es igual, que detrás de la «neblina» de una tormenta sólo se oculta el espacio cósmico, el vacío infinito e insondable!….

En atmósfera tenue e incoercible que nos envuelve amorosa, benéfica, dando la vida a nuestros pulmones, ya sabe Vd. muy bien por la Física que es transparente e incolora y que merced a la refracción de la luz solar en  los impalpables átomos, que componen las diferentes capas atmosféricas, aparece a nuestra vista engañosa como una bóveda cristalina de color azul.

Así y con todo sobre esa bóveda aparente e ilusoria levantaron y construyeron los antiguos los castillos de sus empíreos, de sus cielos o de sus Olimpos y sobre tan inconsistente base colocaron la mansión y morada de sus dioses y de sus espíritus angélicos; y así lo creyeron a pies juntillos millares de generaciones, hasta que nuestro gran aragonés Lupercio de Argensola nos aseguró con gran pesar y bajo su palabra solemne y formal de poeta, que ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo ni es azul ¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza! Justo García Soriano. (Se continuará).

La Iberia. Número 415- 13 de noviembre de 1908: CARTA ABIERTA. Sr. D. P. de Peñaranda. Conclusión. Ahora bien; posee Vd., querido Peñaranda, una inspiración tan lúcida y una fantasía tan rica, espléndida y poderosa, que con el tiempo habrá de ser un literato revolucionario e innovador, un vate originalísimo seguramente.

Tan así lo creo, cuanto mi exiguo y flaco cacumen y mi pobre y pedestre imaginación, al querer levantar el vuelo, hasta las sublimes alturas a que su ardiente fantasía de Vd. se remonta, como otros nuevos Ícaros, pierden sus débiles y artificiales alas de cera y caen, despeñándose rápidos al abismo.

El lenguaje poético que Vd. emplea, suele ser tan figurado y tan lleno de colorido, de imágenes y metáforas, que mi penuria imaginativa, a pesar de grandes esfuerzos, lo encuentra obscuro y enigmático en algunas frases. Aún no he logrado vislumbrar ni colegir siquiera lo que es «el rugido del olmo» y «el fuego sepulcral». El «frío sepulcral» y el «silencio sepulcral», en cambio ya me lo explico y entiendo perfectamente lo que es, a fuerza de oírselo repetir a los muchos poetas que en el mundo han sido.

También he visto con pena, señor Peñaranda, que abusa Vd. de algunas licencias poéticas, sobre todo de la sinéresis y de la diéresis, cuyo abuso y hasta su uso debe esquivar el poeta que aspire a la corrección. Mas estas aprensiones mías son nimiedades despreciables. En cambio, un lunar de gran bulto, que me ha producido escalofrío mortal, es una frase absurda que Vd. ha empleado, y que si no tuviera la completa seguridad de que es Vd. un joven piísimo y eminentemente religioso no dudaría en calificarla de blasfemia horrible.

Bien sé yo que el calor de la inspiración, la fuerza cruel del consonante, la vehemencia dislocada de la metáfora le conducen a uno impensadamente muchas veces a decir dislates y contrasentidos. A no ser así, el Sr. Peñaranda, que es un profundo teólogo, no hubiera incurrido en la enormidad de proferir estas dos palabras contradictorias e irreverentes: «Hacedor airado», las cuales empañan la inmaculada y beatífica tersura de su inspiradísima poesía.

Ambas palabras unidas repugnan a la razón y, además, son inadmisibles en buena ortodoxia, lo que es más peligroso y vitando. No ignoro que en libros que se tienen y pasan por sagrados, se encuentran expresiones análogas, tal vez idénticas; pero esto no justifica el empleo de esa frase impía y gentílica.

Siendo Dios el «Sumo Bien» y «el conjunto de todas las perfecciones», es decir, «un Señor infinitamente bueno», todo pecado que implica de suyo una imperfección, repugna a su naturaleza divina. Pero es así que la ira es uno de los siete pecados capitales; «ergo»… ¡el «Hacedor», o sea Dios, no puede estar nunca «airado»! No hay que irse por las ramas. O la lógica es un mito; o si la dialéctica sirve para algo en el mundo, esta consecuencia es legítima e innegable, y por ende absurda la frase de P. de Peñaranda.

La teología primitiva, la arcaica teodicea y todas las antiguas religiones concebían a Dios con un criterio tan mezquino y denigrante, como hecho a imagen y semejanza del hombre, sujeto a las mismas pasiones y debilidades que éste. Así lo suponían vengativo, exterminador, fiero, sanguinario y airado, haciendo llover fuego del cielo y arrasando cruel, sañudo e inexorable a ciudades enteras, siendo, en cambio, pródigo y bondadosísimo en demasía en perdonar y conceder su gracia a determinados pueblos e individuos.

¡Qué idea tan pobre y tan menguada, qué concepto tan injurioso y tan monstruoso del Ser Supremo! La Civilización y el progreso, contra la vulgar y errónea opinión que cree que ellos han sembrado la impiedad y el ateísmo entre las gentes, porque han rectificado el «antropomorfismo» divino y han desechado muchos prejuicios ridículos y absurdos; han venido, por lo contrario, a ennoblecer, a dignificar, a engrandecer y exaltar el concepto de la Divinidad, rebajado, envilecido por los que alardeando de razones piadosas, lo profanan insensatamente profiriendo a cada instante su nombre sacrosanto, inefable como el telegrama hebreo.

Querido «Peñaranda», me he extendido ya mucho aunque tanto Vd. como los lectores de La Iberia, habrán de perdonarme la prolijidad de esta epístola. Reitérole el testimonio de mi profundo reconocimiento por el honor inmerecido que ha dispensado a quien es de Vd. siempre afectuosísimo amigo y compañero. Justo García Soriano. En Madrid, a 1 de Noviembre de 1908.

Pero el pollo le salió respondón; a la carta abierta de Justo, Peñaranda respondió desde «La Huerta» con otras dos entregas; que a él sí le publicaron. No voy a transcribirlas enteras; creo que con el principio de la primera, el final de la segunda y algún párrafo suelto, puede bastar para hacerse una idea.

La Huerta. Números 471/472 – 16/17 de noviembre de 1908: CARTA ABIERTA. Sr. D. Justo García Soriano. Apreciable, distinguido, pulcro e inolvidable amigo: Con delectación arrobadora, con avidez ansiosa leí, o por mejor decir, devoré su admirable y bien escrita «carta abierta» que, en galante contestación al humilde trabajo poético que tuve la honra de dedicarle, aparece en los números de «La Iberia» correspondientes a las fechas 12 y 18 del corriente mes de Noviembre.

Mas… ¡oh agradable desencanto! Allí donde creí encontrar fulminaciones terribles, recriminaciones espantosas en justo castigo a la incalificable audacia mía de ofrecer las triviales modulaciones de una lira vulgar, innovadora y casi blasfema, a un inspirado cantor de la Hélade, gloria de mi patria y esperanza legítima del español Parnaso;  sólo hallé palabras cariñosas, de gratitud inextinta, mezcladas con una verdadera tempestad de encomios y sahumerios, contra la que no me pudieron guarecer, ni ponerme en salvo, ni el tan renombrado paraguas de Azorín, (ridícula y chabacana imitación del justamente célebre de Luis Felipe)…

… Así que impresionado por el arrullo halagador de sus frases comedidas y por la elocuencia abrumadora de sus giros castizos (los de su lenguaje) cogí la pluma y todo medrosico y azorado púseme a escribir esta «carta abierta» como réplica necesaria, lógica e indispensable a la fina cortesía y a la no menos fina y exquisita corrección que le caracterizan.

… Dice V. que sintió la influencia de mi «vibrante composición» en los repliegues más hondos de su ser y que se conmovió y que «auscultó su pecho» ¿¿?? (Daría gusto verle a V. con el cuello vuelto y la cabeza pegada a la pechuga como ciertas aves domésticas de cuyo nombre no quiero acordarme)…

… Los hombres de su nivel intelectual deben discutir con argumentos, no con palabrería huera… Y esta imperfección en el lenguaje sube de punto si consideramos que procede de todo un doctor en filosofía, y no de un cualquier estudiantillo; porque lo que en unos puede pasar, en otros es falta imperdonable. Por otra parte, todo lo que dice Vd. en esos dos párrafos son puras extravagancias que no vienen a cuento…

Con todo lo cual hago punto final; doy término a esta epístola que podía habérmela ahorrado si su exquisita susceptibilidad no se hubiese tomado una cosa por otra y aprovecho gustosísimo tan propicia ocasión para hacerle patente el testimonio de mi admiración y gratitud, y para ofrecerme de Vd. siempre humilde e incondicional servidor y afectuoso amigo y compañero, P. de Peñaranda.

García Soriano la calificó como una «réplica biliosa con que el petulante escritorzuelo pagaba amostazado mi bonachona y culpable flaqueza de no haber yo rechazado con un despectivo silencio, la subterránea y solapada poesía que me dedicó».

Pero el asunto se enfrió temporalmente; en primer lugar porque Justo estuvo muy ocupado asistiendo a una asamblea y escribiendo sobre ella; y después, utilizando sus propias palabras, a causa de «una larga enfermedad que le obligó, durante mes y medio, a suspender y abandonar toda clase de trabajos mentales».

Sólo había sido el primer asalto de un largo y público enfrentamiento. En enero de 1909, ya recuperado, Justo resucitó el «affaire»; y desaparecida «La Huerta», se mantuvo durante meses en «La Iberia». Pero me estoy anticipando demasiado; todo eso lo veremos en la próxima entrega.

Nuevo Mundo 19 de noviembre de 1908

A finales de noviembre, como he dicho, nuestro protagonista tomó parte en un congreso con ciento cincuenta periodistas: la Asamblea de la Prensa de Provincias, celebrada en Madrid.

La Iberia. Número 426- 26 de noviembre de 1908: GACETILLAS. Nuestro colega madrileño ABC, publicó en su número del 21 de los corrientes una amplia y completa información gráfico literaria, de la Asamblea de la Prensa de provincias, verificada en la Corte en los días 16, 17 y 18 del corriente mes. En esta información hay un fotograbado con un grupo de los asambleístas entre los que figura nuestro querido compañero D. Justo García Soriano que ha representado a La Iberia en la Asamblea.

La Iberia. Número 431- 2 de diciembre de 1908: Mañana comenzaremos a publicar la interesante revista que de la Asamblea de la Prensa de Provincias, celebrada en Madrid nos remite nuestro representante en aquel Congreso el querido amigo y compañero D. Justo García Soriano.

La Iberia. Número 433- 4 de diciembre de 1908: Resultados de una Asamblea. Llegó por fin el momento ansiado de obra tan necesaria. Una comisión iniciadora y organizadora, muy digna de aplauso, redactó atinadamente unas amplias bases y un programa e hizo circular la oportuna convocatoria. A tan generoso y benéfico llamamiento respondieron con su entusiástica adhesión unos 160 periódicos: 110 diarios, 30 alternos y unos 20 semanales, estando representadas con ellos todas las provincias menos Cuenca y las Baleares, por 70 periodistas provincianos y 80 madrileños próximamente.

El que suscribe tuvo la honra de llevar la representación de La Iberia en tan importante acto. Aún debía haber sido mucho mayor el número de adhesiones, que hubiera igualado al de periódicos que ven la luz pública en España, pero sin embargo ya era bastante respetable la concurrencia habida.

Los periodistas de provincias hemos sido objeto de una acogida cariñosísima por parte de todos los compañeros de Madrid, quienes para la celebración de la Asamblea nos cedieron corteses y galantes los magníficos salones del local de su Asociación, (calle de San Marcos, 44), y nos han facilitado espléndidamente cuantos medios han sido precisos para la mejor y cabal realización de nuestro cometido.

Las sesiones celebradas por la Asamblea han sido seis, durante los días 16, 17, 18 y 19 de los corrientes. Las condiciones materiales de este periódico no nos permiten hacer una minuciosa reseña de lo deliberado en todas las sesiones, como fuera nuestro gusto y hasta nuestro deber; pues habríamos de llenar muchas columnas durante varios días.

Sólo habremos de condensar en estas ligeras notas la síntesis o extracto de las conclusiones más salientes que quedaron aprobadas por la Asamblea y la impresión particular que de ella hemos sacado… Justo García Soriano. (Se continuará)

Nuevo Mundo 19 de noviembre de 1908

He recortado bastante el generoso texto redactado sobre la asamblea que Justo presentó dividido en siete entregas, dando prioridad a las actividades realizadas y resumiendo la parte más técnica y jurídica.

La Iberia. Números del 434 al 440- del 5 al 14 de diciembre de 1908: Resultados de una Asamblea:

Sustitución de los impuestos actuales por una patente o impuesto único, en relación con la tirada de cada periódico; mejoras en el servicio postal, en las administraciones y carterías encargadas de la distribución de los periódicos. Que todos los trenes conduzcan paquetes de periódicos; que las libranzas de prensa puedan hacerse efectivas en todas las capitales de provincia y en todas las poblaciones importantes en donde exista giro mutuo; y que se extienda la venta de esos valores a todos los estancos de España.

Edificio de Blanco y Negro. Madrid 1908. Hauser y Menet.

Mejoras en el servicio telegráfico y telefónico y su abaratamiento, entre las que figuran el aumento de estaciones de servicio permanente; que se conceda media tasa en los telegramas de prensa que circulan entre los pueblos de la misma provincia.

Sobre Libertad de Imprenta y las modificaciones en la actual ley de policía, régimen de denuncias y procesos, la vida del periodismo requiere como condición esencial el reconocimiento explícito y sincero de la libertad de Imprenta. Suprimida la previa censura, debe imperar en materia de policía de imprenta el criterio represivo, no el preventivo. Solo la autoridad judicial podrá proceder al secuestro de los ejemplares en los casos en que proceda, según la ley de enjuiciamiento criminal. En estos casos debe permitirse a los periódicos sustituir el artículo denunciado y recobrar la libertad de circulación.

La última sesión de la Asamblea, celebrada en la noche del día 19 y madrugada del 20, se dedicó a la organización de la Federación de la prensa de provincias; creación de un Sindicato central, y Funciones de este Sindicato, en relación con los Sindicatos regionales.

Los periódicos adheridos a esta asamblea acuerdan constituir la Federación Nacional de la Prensa Española, con el fin primordial de defender sus intereses morales y materiales, enalteciendo y dignificando con ello la noble profesión que ejercemos. Los periódicos adheridos de cada provincia constituirán, sin carácter alguno político, religioso ni económico, sino exclusivamente para la realización de estos fines, sindicatos regionales en cada una de las provincias que constituyan las respectivas catorce regiones españolas.

Centro Reporteros Judiciales. Museo Criminológico. Maletín y tijeras del terrorista Mateo Morral. Fotografía de «La semana Ilustrada» 1908.

El día 19 en la tarde y accediendo a cortés invitación, gran numero de asambleístas hicimos una visita al «Centro de reporters judiciales», donde fuimos recibidos por dos periodistas encargados de la información del Juzgado de guardia. Allí pudimos examinar detenidamente y admirar el curiosísimo y precioso museo criminológico, que estos activos compañeros han conseguido formar en poco tiempo, la biblioteca y otras dependencias del confortable local en donde hubimos de inscribir nuestras firmas en un álbum.

Entre unos y  otros nos cruzamos frases de mucho afecto y de recíprocas simpatías. Después fuimos agasajados con dulces y licores, y se nos sacó una instantánea en dos grupos, saliendo todos complacidísimos de tan agradable visita. El día siguiente fuimos invitados por las redacciones de «Blanco y negro»,  «Actualidades» y «ABC», a visitar por la tarde el suntuoso palacio donde hallan instalados sus oficinas y talleres. Primero se nos obsequió en uno de sus salones con un espléndido lunch, y un soberbio té con champagne, servidos con el esmero y el lujo que le dan tanta fama, por el «Ideal Room».

Madrid, 21 de noviembre de 1908. Justo y el resto de los «periodistas de provincias». Archivo ABC.

Inmediatamente, acompañados por el ilustre director de dichos periódicos, el simpático señor Luca de Tena, y de sus redactores que con la exquisita amabilidad y corrección que les es propia se esforzaban por colmarnos de atenciones y finezas, recorrimos las lujosas dependencias de la casa y admirable galería de máquinas (un portento de mecánica tipográfica), donde nos hicieron a los asambleístas una fotografía en artístico grupo, la cual publicó «ABC» en su editorial del día veintiuno… JUSTO GARCÍA SORIANO. Madrid y Noviembre de 1908.

Como ya he anticipado hablando del «affaire», Justo cayó enfermo en diciembre; y aunque afirmó posteriormente haber estado mes y medio inutilizado intelectualmente; el diario para el que trabajaba rebajó la convalecencia a sólo una semana.

La Iberia. Número 438- 11 de diciembre de 1908: GACETILLAS. En la corte se halla enfermo nuestro querido amigo e ilustrado colaborador D. Justo García Soriano al que deseamos un pronto y total restablecimiento.

La Iberia. Número 444- 18 de diciembre de 1908: Con satisfacción hemos recibido la noticia del restablecimiento de nuestro distinguido amigo e ilustrado colaborador D. Justo García Soriano, a quien enviamos nuestra enhorabuena.

Lo cierto es que, terminada la crónica de la asamblea el día 14, ya no apareció nada de Justo en «La Iberia». En cuanto a «La Huerta», transformada en agonizante semanario antes de desaparecer para siempre, tan sólo publicaron las últimas entregas del serial napoleónico comenzado en mayo.

Sin publicaciones ni correspondencia, doy por terminada esta entrega con la imagen de los alicantinos agraciados en el sorteo de la lotería de Navidad de 1908.

«Nuevo Mundo» Madrid, 24 de diciembre de 1908. BNE.
Enlace al siguiente capítulo.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas, a Jesús García Molina y a José Manuel Dayas.