Vista del río Segura desde poniente. Orihuela Murcia [sic]. Laurent, J. 1816-1886. Fecha: ca. 1870.
Los muros de Orihuela del lado del oeste son bañados por este río; un puente de barcas da acceso a la villa. (Al-Idrîsî, siglo XII).
Vista del río Segura desde levante. Orihuela Murcia [sic]. Laurent, J. 1816-1886. Fecha: ca. 1870.
Puente de Poniente y Sala del Consell.
El puente popularmente conocido como viejo ha sido a lo largo de la historia un reto para la ciudad. Fabricado con barcas, con tablas o de piedra, era el único enlace entre el casco urbano y el «Raval del Pont».
Con la expansión de este arrabal, convertido en el Mayor o de San Agustín, se erigió el puente de Levante, correspondiéndole a este, los títulos de Mayor, Viejo o de Poniente.
Grabado siglo XIX. Ceremonia del ramo sobre el puente. Al fondo, la Sala.
En las reseñas históricas recopiladas por Mosén Pedro Bellot se habla de un puente de madera que a principios del siglo XIV estaba a merced de las crecidas del río, necesitando ser «adobado» constantemente, motivo por el que el consejo estableció un pontaje (impuesto por uso del puente) que se cobraba a los ganaderos que lo utilizaban.
El Día de navidad (de 1320) amaneció el río tan crecido que cubrió el puente, y las gentes del Raval y heredades no podían pasar a misa. Y el consejo mandó que todos los maestros y toda la gente de la villa acudiesen a ayudarles, y así fue adobado y presto, y como era tanta costa, hacían pagar a los ganados una cabeza por mil.
Vista del río Segura desde levante. Orihuela Murcia [sic]. Laurent, J. 1816-1886. Fecha: ca. 1870. Fotografía: papel albúmina; 245 × 339 mm sobre cartulina de 372 × 481 mm 17/3/36.
Esta precariedad y la tragedia que suponía carecer de iglesia cuando el Segura, con demasiada frecuencia, incomunicaba a los vecinos de su otra orilla, obligó a utilizar la ermita situada extramuros bajo la advocación de San Sebastián y San Roque (donde ahora está el convento), que se convirtió en ayuda de parroquia o capilla de la Catedral con su pila bautismal. Para asistirla, un cura residía continuamente en ese lado del río. Erigido el Convento de San Agustín, dicha función quedó obsoleta.
Recodo del Segura a principios de siglo (Kurt Hielscher).
Pero no todo eran inconvenientes. La sencillez del puente permitía destruirlo en caso de necesidad convirtiendo el río en un foso defensivo, como así ocurrió en la guerra entre Castilla y Aragón, conocida como «de los dos Pedros».
El puente Quebrado se dijo porque en la primera guerra del rey Don Pedro de Castilla lo mandó quebrar el consejo, y en el año 1361, en el cual se hizo paz, mandó dar 50 sueldos para adobarle.
Para renovarlo cada década, además del esfuerzo económico, era necesario talar demasiados árboles «y no se podían criar tantas alamedas», así que en el año 1415 decidieron fabricarlo en piedra por primera vez.
En 1451 se colocaron las cimbras de un gran puente de un solo ojo que durante dos siglos y medio restauraron una y otra vez, quedando obsoleto a comienzos del siglo XVIII. Se reedificó totalmente ante la necesidad de contar con un acceso seguro para los carros que se dirigían al molino.
Vista desde el mediodía de la Casa de la Ciudad de Orihuela adornada con motivo de la Proclamación al trono de Carlos III, grabado de Alagarda. Siglo XVIII.
Al final del puente, un arco abierto en la muralla, permitía la entrada a la ciudad y mediante un pasadizo abovedado que cruzaba por debajo del la Casa Consistorial se desviaba el tránsito incómodo de la calle del Ángel hacía la del Río.
Fachada de tramontana de la Casa de la Ciudad, adornada con motivo de la Proclamación de Carlos III. Grabado de Alagarda. Siglo XVIII.
.. de sillería de la mejor calidad blanca, fuerte y granimenuda, con pilastras de trece palmos de altura y piedras de cuatro palmos y medio unas y otras de tres palmos y medio, dos palmos de altas y todo el espesor de la pared con las tres caras bien labradas, orden corintio, arco abocinado y sobre él, el escudo de armas de la ciudad. Las puertas con su erraje grueso de madera vieja, chapado en oja delata, con las serraduras de la mayor firmeza y hermosura.
Esta descripción del arco aparece en los «Capítulos y condiciones formadas para la construcción y reparación de las obras de las Casas Consistoriales del Ilustre Ayuntamiento de esta ciudad de Orihuela», redactados en 1777.
Plano obras Sala. Año 1777. Archivo Municipal de Orihuela.
En su plano adjunto comprobamos que aparece el «tránsito por baxo de la cassa de la ciudad»; o más concretamente por debajo de «la Sala de Cabildos».
¿Qué era citada Sala?
Fray Diego de Cadiz predicando desde un balcón de la Sala. Dibujo de Josef Montesinos. 1787.
La Sala era una dependencia de, aproximadamente noventa metros cuadrados, donde se reunía el Consell de la Ciudad. Su elevado emplazamiento hace pensar que, además de referirse a la Sala del Consell, los oriolanos utilizaban el nombre popular que recibía la estancia construida sobre las viviendas para albergar la paja, llamada comúnmente «la sala».
Diseño de la Ciudad de Orihuela mirada por el Mediodía. Joseph Vicente Alagarda y Eysarch. Segunda mitad del siglo XVIII. En la parte inferior izquierda, con el número 15, la Casa de la Ciudad.
Este apelativo acabaría identificando a todo el edificio. La Casa Consistorial fue construida de ladrillo en el siglo XIV y reedificada en piedra a finales del XVI; formando con el sólido puente que le servía de apoyo un impresionante edificio defensivo.
La Sala y el Puente. Dibujo de Pepe Sarabia
El puente viejo, reedificado como hemos dicho a principios del siglo XVIII, en 1763 presentaba de nuevo un aspecto deplorable.
El estado en que se encuentra el puente, haciéndose en el de cada día agujeros, y que tiene mucha parte de sus maderas y barandillas podridas y señaladamente se ha derribado en una caballada tanto de su suelo que no puede pasar seguramente cabalgadura alguna para introducir molienda alguna en el molino en perjuicio del arrendador que paga licencia a la ciudad y con la contingencia de poder caer en el río algunas criaturas de las que transitan por dicho puente.
El principio del fin llegó en 1829. En ese año, además de los famosos temblores de tierra que asolaron la Gobernación oriolana, las copiosas lluvias otoñales aumentaron considerablemente el caudal del río Segura.
En enero de 1830 volvió a llover torrencialmente, llegando a diluviar durante veintinueve horas y media seguidas entre los días 28 y 29.
El día 30 se desprendió un sillar del arco que sostenía el puente, encargándose de la reparación el maestro Antonio Sánchez, quien puso una piedra muy ajustada cerrándolo de nuevo. Pero tan solo era el primer aviso.
El 15 de octubre de 1834 nadie pudo evitar que cediese ante los envites de una nueva riada. Tres días después, la Sala, desprovista de apoyo, corrió su misma suerte.
Expediente sobre reparación o reedificación de la Casa antigua Consistorial de esta ciudad. Antonio Sánchez, 1836. Archivo Municipal de Orihuela.
Todo lo que quedó en pie hubo de ser demolido. En el «Expediente sobre reparación o reedificación de la Casa antigua Consistorial de esta ciudad», fechado en 1836, Antonio Sánchez confeccionó unos preciosos «Planos explicados por letras, números y colores», pero el consistorio no pudo sufragar la obra y fue desechada.
Fragmento explicado del plano de la Casa Consistorial y fragmento de fotografía del XIX.
Pasados seis años, se vendió el terreno a Luis Abadía para construir un edificio de viviendas. En 1848 su viuda Josefa Larranzi se vio obligada a deshacerse del mismo.
El edificio que en la actualidad ocupa su lugar, conserva en el zaguán una pequeña joya. Si alguien les abre la puerta (manda narices) podrán contemplar una de las representaciones más antiguas de nuestro oriol, datada en 1598.
En 1598, obrando la puerta de la ciudad que sale a San Agustín o San Sebastián, se hace por el maestro Pierres un escudo de armas en piedra jabalina.
José Ojeda Nieto afirma que este escudo y el de San Roque, expuesto en el claustro de la Catedral, son coetáneos y pertenecen a la desaparecida puerta de San Agustín.
San Roque en el claustro de la Catedral.
Pero volvamos al puente. Tras varios proyectos de reedificación, el obispo Félix Herrero Valverde se ofreció al Ayuntamiento para encargarse personalmente de dirigir la habilitación de dos nuevos y sólidos puentes de madera; administrando, eso sí, los 20.000 reales que para ello había dispuesto el Consejo.
Félix Herrero Valverde.
Aceptada su propuesta escogió para tal menester al capuchino Fray Antonio de Benimassot, del convento de Monovar, que ya había trabajado en las Salesas.
Las obras duraron desde el 19 de Mayo al 8 de agosto de 1835. El puente de Benimassot fue un verdadero fracaso; pronto comenzó a perder el nivel y poco a poco se fue deteriorando hasta que en 1842 amenazaba con desplomarse.
El ingeniero de caminos Elías Aquino dirigió la construcción de un nuevo puente de madera de pino endurecido en las aguas de las salinas.
Quedó terminado el 22 de abril de 1843. Esta vez probaron su solidez aparcando en su doble calle cinco carros de bueyes bien cargados de pimiento molido. Pero tampoco duró mucho.
En el verano de 1868 la Sociedad Material para Ferrocarriles y Construcciones de Barcelona instaló un nuevo puente de hierro del que se conservan planos y algunas fotografías.
Archivo Municipal de Orihuela.
Colección Javier Sánchez Portas.
Colección Javier Sánchez Portas.
Colección Javier Sánchez Portas.
Gigantes y cabezudos en el Puente de Poniente Colección M. Soriano.
El puente de Poniente a principios del siglo XX.
Reconstruido y sustituido varias veces durante el siglo XX.
El conquistador. 12 de mayo 1917: Basta con que un ingeniero del Estado diga que por ser el Puente de Poniente de esta Ciudad de la exclusiva pertenencia del Municipio ya no hay medio de que se reconstruya por el Estado, como solicitaba la Cámara de Comercio; para que ésta como toda Orihuela, quede como convencida y abandone las gestiones que debía hacer para conseguirsu laudable propósito, como lo han conseguido poblaciones comarcanas.
Aquí nadie recuerda, al parecer, que el Puente de Poniente actual se construyó con dinero patrióticamente desembolsado por los oriolanos para cubrir las acciones que a dicho fin emitió el Municipio y que para la mayoría de los accionistas han resultado un papel mojado, perdiendo por completo lo entregado (…)
Los Puentes, por consiguiente, no son propiedad del Municipio sino de la exclusiva pertenencia de los oriolanos, como particulares, no comovecinos de la Ciudad. Como es ineludible el tránsito por ambos puentes, dispensable es que se construya con fondos particulares…
Sesión municipal del 19 de Julio de 1934: Ultimado el despacho ordinario, el Sr. Alcalde advierte de la necesidad de restringir el tránsito pesado por los dos puentes que existen en la población sobre el Segura, en vista de que los informes emitidos por los técnicos a los que particularmente ha encargado el reconocimiento, resultan extraordinariamente faltos de solidez, en atención a lo cual, por unanimidad se acuerda no permitir el paso de vehículos cuyo peso total exceda 1.500 kg. y que ello se comunique a los gobernadores de Valencia, Alicante y Murcia y al ingeniero jefe de firmes especiales.
En las fallas celebradas durante la II República en Orihuela, algunos vecinos se burlaron del penoso estado del Puente.
Falla de la Calle Fermín Galán (Los Hostales). Autor: Lucio Sarabia e hijos. Archivo García-Molina.
Puente de Poniente en los años 60 del siglo XX.
Foto Loíno.
Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba 2006).
Galería Fotográfica.
Colección Javier Sánchez Portas.
Vista desde el Puente de Poniente. Colección Javier Sánchez Portas.
Vista desde el Puente de Poniente. Ministerio de Cultura.
Vista desde el Puente de Poniente. Colección Javier Sánchez Portas.
Vista desde el Puente de Poniente. Ministerio de Cultura.
Vista desde el Puente de Poniente publicada en enero de 1925 en la revista La Esfera, ilustración mundial. En el pie reza: «Vista de Orihuela (Alicante) desde el río Segura, Fot. Hielscher».
Amado Granell con el uniforme del Ejército Popular de la República (1936).
Nacido en Burriana, el 5 de noviembre de 1898. Hijo de María Francisca Mesado Monzonís y de Juan Bautista Granell Sabater, comerciante dedicado a la importación de madera de Guinea.
Amado mostró muy pronto su naturaleza guerrera alistándose a la Legión, de la que fue expulsado a petición de su padre por supuesta minoría de edad.
La experiencia le marcó y siempre habló de ella orgulloso.
Electricista de profesión, trabajó en una tienda de lámparas en la calle Ribera, de Valencia.
Llegó a Orihuela a comienzos de los años treinta para prestar servicio en la empresa «Eléctrica Balaguer».
Cerrada ésta, se estableció en la calle San Pascual, dedicado a la venta de material eléctrico, radios y bicicletas.
Calle San Pascual, entonces Luis Barcala. Colección Javier Sánchez Portas
Afiliado al Partido Socialista, en marzo de 1936 fue elegido segundo teniente de alcalde.
Al iniciarse el alzamiento encabezó el Comité de Enlace Antifascista que intentó controlar la caótica situación provocada por los militares rebeldes.
Pero Granell no estaba hecho para la política. Desaparecido el comité, Ramón Pérez lo llevó a Alicante, donde se alistó en el Ejército Voluntario iniciando una brillante carrera militar.
Su primer destino fue el batallón «Levante», en Valencia.
Ascendió a capitán, destinado al Batallón de Hierro, unidad de choque que más tarde se conocería como Regimiento Motorizado de Ametralladoras.
En agosto de 1938 escribió al Consejo oriolano, ya como comandante jefe de la 49 Brigada Mixta del Ejercito Popular, formada por cuatro batallones.
Amado Granell con el uniforme del Ejército Popular de la República (1936).
Poco antes de finalizar la guerra en España, concretamente el 28 de marzo de 1939, embarcó en el Stanbrook, último barco que zarpó del puerto de Alicante rumbo a Orán.
Consiguió subir a bordo con su fusil ametrallador. En la lista de pasajeros figura dos veces su nombre con los números 1928 y 2073.
Pinchando en la fotografía del barco se accede a un artículo monográfico sobre el Stanbrook .
El Stanbrook en el puerto de Alicante. Enlace a artículo.
Acabada la Guerra Civil, el Juzgado Militar de Orihuela ordenó su busca y captura en febrero de 1940 y en abril de 1941, acusado de rebelión militar.
Archivo Municipal de Orihuela
Mientras le buscaban en Orihuela, Amado Granell acompañaba a los americanos en la ocupación de Orán.
Tarjeta del Amado Granell del Ministerio del Ejército francés. MARIANO BLANCH. Información.
Pronto se enroló en los «Cuerpos Francos de África» y, en 1943, formaba parte de la División Leclerc, Tercer Batallón de Marcha, conocido como «el Batallón hispano», que estaba integrado por numerosos españoles exiliados, curtidos en las batallas españolas.
Amado sintonizaba bien con las tropas y poseía la experiencia de mando acumulada durante la Guerra Civil.
Como teniente de «La Nueve», combatió contra nazis y fascistas en el norte de África.
El capitan Raymond Dronne y Amado Granell preparando el ataque en Paris. Archivo Evelyn Mesquida.
Tras recibir entrenamiento en Gran Bretaña, los vehículos de su compañía, bautizados con los nombres de Brunete, Ebro, Guernica, Teruel, Guadalajara, etc., desembarcaron en Normandía y fueron los primeros en llegar a París.
Para escarnio del nuevo régimen español, en agosto de 1944, Granell pasó a la historia, inmortalizado por el diario Liberation, como el libertador de París.
Portada del periódico Liberation 25 de agosto 1944.
Su blindado abrió la marcha en el «Desfile de la Victoria» en los Campos Elíseos ondeando la bandera republicana.
El propio De Gaulle le entregó la Legión de Honor, ofreciéndole el empleo de comandante si adoptaba la nacionalidad francesa.
Dicen que su respuesta fue: «a España la quiero como una madre, a Francia como una novia».
«La Nueve» siguió avanzando hasta Alemania, llegando al «Nido del Aguila», el bunker de Hitler. Había cumplido su promesa de lavarse las manos en el Rhin.
Miembros de «La Nueve» durante su estancia en Gran Bretaña.
Permaneció en esta mítica compañía hasta finales de noviembre de 1944, fecha en la que agotado y enfermo fue sustituido, siendo uno de los pocos supervivientes de la compañía.
Siempre pensó que, derrotados Hitler y Mussolini, el siguiente sería Franco; pero los aliados tenían otros planes: la guerra acabó sin llegar a liberar su patria.
Tras un periodo de intrigas políticas por Europa, en el que llegó a entrevistarse con don Juan de Borbón, frustrado, volvió a Francia y en 1950 abrió el restaurante «Los Amigos» en la calle Bouloi de París.
Mucho después, regresó a España y junto a un socio regentó un comercio llamado «Radio Colón», en Valencia.
Amado Granell Mesado
Falleció en mayo de 1972 en accidente de tráfico en Sueca (Valencia).
Cruz de Guerra con palma y cinco citaciones, oficial de la Legion de Honor en Francia, Amado Granell fue enterrado en el cementerio de Sueca.
La lápida, donde figura «Legion de Honor» y una hoja de palma, fue costeada por el gobierno de la República Francesa.
Retrato de Carlos II «el Hechizado», el último Habsburgo que reinó en España.
El breve levantamiento oriolano de 1706. (Que a la postre fue hundimiento)
En noviembre del año 1700 llegaba a Orihuela la noticia de la muerte del «Hechizado». Sin pérdida de tiempo, el Consell oriolano decretó el luto acostumbrado y las correspondientes misas. Y Felipe V fue jurado como nuevo rey con el ceremonial propio de tan magno acontecimiento.
Felipe V, rey de España. Óleo sobre lienzo.
Seis años después, España ardía en plena Guerra de Sucesión. En febrero, Felipe V abandonó Madrid con la firme intención de someter Barcelona con un ejército de 30.000 hombres.
El sitio por tierra y mar se frustró por la aparición de una escuadra anglo-holandesa. Esta circunstancia, unida al avance del ejército aliado hacia la capital, le obligó a regresar; pero no permanecería en ella mucho tiempo.
El archiduque partió de Barcelona y tras ser proclamado en Zaragoza, entró en Madrid, poniendo en fuga al Borbón que se refugió en Burgos.
El 29 de junio de 1706, Carlos III era proclamado rey ante los ciudadanos de la capital. Su triunfo parecía casi cantado.
Archiduque Carlos. Martin van Meytens (attrib.)
Pocas semanas después, concretamente el 24 de Julio de aquel mismo año, Jaime Rosell y Rocamora, señor de Benejúzar, marqués de Rafal consorte y gobernador militar de Orihuela, proclamaba por tres veces desde el balcón de su palacio: ¡Hijos míos, viva Carlos III¡
Proclamación de Carlos III en la Plaza Mayor de Denia.
Esta frase vitoreada por el pueblo allí congregado, culminaba el levantamiento oriolano contra Felipe V.
¿Qué impulsó a Orihuela, tantas veces distinguida como noble y muy leal, a romper el juramento con su rey abrazando la causa austracista?
Podemos hablar de la hábil utilización del descontento generalizado de la población ante el abuso de las clases dominantes mediante la propaganda de los agentes austracistas, propaganda personalizada en Juan Bautista Basset, personaje clave para que calase en los valencianos.
A modo de político en campaña, prometió la abolición del pago de tributos abusivos a los nobles, ganando para la causa del archiduque a los campesinos, a las clases populares urbanas y a gran parte del clero.
Joan Baptista Basset.
Y hablando del clero; podemos mencionar la fuerte suma reclamada por las tropas borbónicas al Cabildo de la Catedral para urgencias bélicas, suma que los poderosos canónigos amparados en sus privilegios se negaron a pagar, utilizando su influencia para sembrar en las calles la causa del archiduque.
Podemos citar el temor que produjo la caída de Cartagena, incluso la hostilidad que catalanes, aragoneses y valencianos tenían hacia los franceses. Pero yo quiero detenerme particularmente en dos motivos, en mi opinión decisivos.
El primero la clara indiferencia que Felipe V demostró con la celosa Orihuela, una ciudad acostumbrada a ser reconocida y premiada por sus monarcas.
El Borbón mancilló varias veces unos privilegios adquiridos con sangre y fuego a través de siglos de lucha en los que nuestra ciudad fue un baluarte para el reino de Aragón.
En el segundo, comparto la opinión del obispo José de la Torre y Orumbella, huido durante estos acontecimientos: los oriolanos no se sublevaron por falta de amor a Felipe V.
El obispo de Cartagena Luís Belluga había sido investido con el cargo de Capitán General de Alicante y Murcia, así que las tropas oriolanas debían ponerse bajo su mando.
Cardenal Luis Belluga y Moncada.
Para aquellos oriolanos, era impensable que la defensa y gobierno de nuestra ciudad quedasen manos de un murciano, a la postre obispo de Cartagena, autoridad contra la que tantas veces había luchado la ciudad en su pleito por conseguir la mitra oriolana.
La antigua enemistad con la que siempre habíamos mirado a los de Murcia y su reino, junto a las continuas amenazas que estos proferían contra Orihuela (saquear sus bienes, talar sus árboles y abrasar sus haciendas) dificultó enormemente el cumplimiento de la voluntad real.
Las tropas del archiduque se acercaban; no se sentían queridos por su Rey; volvía a plantearse el dilema suscitado en la Reconquista:
¿Qué sería de una Orihuela diluida en Castilla?Y Orihuela tomó partido.
Pintura de Augusto Ferrer Dalmau.
Pero las cosas acabaron mal para nosotros; acosado por nuevos ejércitos de voluntarios castellanos y por las tropas enviadas por Luís XIV, el archiduque Carlos abandonaba la capital junto a su ejército, replegándose hacia Valencia.
Felipe V regresó a Madrid el 4 de octubre aclamado por el pueblo.El 7 de octubre, ante el avance de las tropas borbónicas, el marqués de Rafal abandonó Orihuela, poniendo a salvo sus alhajas.
Enterado Belluga se presentó tres días después con artillería, 1.000 jinetes, 1.000 infantes y 4.000 campesinos enfurecidos.
La heroica resistencia de sus ciudadanos desorganizados fue un sacrificio inútil. Ante semejante fuerza ofensiva Orihuela cayó en dos horas. Fue saqueada e incendiada y a pesar de ser acaudillados por un obispo, la soldadesca no respetó ni los templos.
Reacción lógica si tenemos en cuenta que el día 21 de agosto, las tropas austracistas acuarteladas en Orihuela entre las que se encontraban el marqués de Rafal y sus milicias, hicieron algunas incursiones sobre la frontera con Castilla, y al llegar a Beniel, huido el vecindario, se llevaron a la Virgen, a San Bartolomé, a San Gil y hasta el copón del Santísimo Sacramento, sacrílego botín depositado en San Agustín por orden del cabildo.
Beniel. Mojones del Reino. Frontera entre Castilla y Aragón.
La decisiva victoria militar de Felipe V sobre las tropas del archiduque en la batalla de Almansa, dio paso a la capitulación de Valencia.Es significativo el letrero que, en latín, puso en la ciudadela que hizo construir, con cañones apuntando hacia ella:
Habiendo vencido a los valencianos junto a Almansa la majestad del rey Felipe V, y habiéndoles perdonado la vida por su magnanimidad, hizo construir esta fortaleza para seguridad de la ciudad y del reino.
Y así llegó la imposición de nuevas leyes en los reinos de Aragón y Valencia, el llamado decreto de nueva planta. Usando el derecho de conquista se derogaron los fueros y privilegios, se suprimieron los organismos políticos forales (excepto los del País Vasco y Navarra, que se mantuvieron leales a Felipe V) y hasta nuestra lengua materna fue prohibida en un intento de diluir definitivamente a la vieja Corona de Aragón en las leyes, costumbres e idioma de Castilla.
La Batalla de Almansa. Ricardo Balaca.
Orihuela ya nunca fue la misma. Cuando en 1715 denunció los excesos de las tropas borbónicas, la orgullosa ciudad antaño segunda del reino, tuvo que escuchar públicamente las siguientes palabras:
Todos los dichos señores que componían el Ayuntamiento heran unos picarones, futres, bugres, traydores, canallas y que estaba la Ciudad traidora y que no quería pagar, ni sus vecinos al Rey…
Retrato boca abajo del primer Borbón en Xátiva. Donde ordenó incendiar la ciudad.
Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).
Publicado en la revista deorihuela. 2006.
Audio programa de radio que grabé sobre el tema.
Una corrección importante: En el siguiente vídeo se cita el actual palacio de la Granja como escenario del levantamiento y la proclamación. Gracias a la compra del archivo de la casa de Rafal, Javier Sánchez Portas ha demostrado que el marqués vivía, a comienzos del XVIII, en la calle del Hospital, entre la plaza de la Salud y la de Santiago.Lo he corregido en el audio. Pero no puedo en el vídeo.
Pinchad aquí para acceder al programa en youtube.
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Mural realizado en azulejos, Cuadro original de Alfonso Ortuño. La Leyenda de la Armengola.
El Siglo de la Armengola.
Introducción:
Toda ciudad importante tiene su leyenda fundacional; un glorioso detonante que engrandece su creación.
Pero nadie en su sano juicio puede creer como historia, que dos niños amamantados por una loba fundasen Roma.
Nuestra leyenda más famosa no se refiere al nacimiento de la urbe; más bien intenta borrar un pasado inmediatamente anterior.
Cinco siglos en los que los musulmanes fueron los verdaderos artífices de la huerta, las acequias, el castillo y lo que fue el casco amurallado.
Un patrimonio que los cristianos heredaron intacto.
Según la Real Academia de la Lengua, una leyenda es la narración de sucesos fantásticos que se trasmite por tradición o relato basado en un hecho real, deformado o magnificado por la fantasía o la admiración.
Para comenzar vamos a sintetizar el hecho real.
Lo que se llamó Reconquista de Orihuela consta de cuatro fases:
1. Primavera de 1243.
En 1242 el reino de Murcia se entregó al futuro Alfonso X en Alcaraz, estableciendo un protectorado.
Pero no todas sus ciudades abrieron las puertas a los invasores.
Las crónicas solo mencionan a Cartagena, Lorca y Mula como plazas sometidas por las armas.
Orihuela, en manos de la Wizara Isamiyya, funcionaba también de forma independiente.
José M. Pérez Basanta.
Su gobierno estaba formado por un grupo de personajes de gran talla intelectual que se resistieron a la ocupación.
Cuando el infante Alfonso entró en la capital, muchos disidentes se refugiaron tras las murallas de Orihuela, que tuvo que ser sometida mediante asedio.
Aguantó, al menos, hasta el último tercio de 1243, cayendo en fecha imprecisa.
2. 1243-1244.
Asediada por tropas castellanas, Orihuela se rindió a las huestes del infante Alfonso sin llegar al asalto.
Los cristianos ocuparon el castillo instalando una fuerte guarnición.
Los musulmanes, inmensa mayoría de la población, se mantuvieron en la ciudad manteniendo sus costumbres, religión e instituciones de gobierno, bajo vigilancia castellana.
Alfonso X «El Sabio».
Dan fe del asedio dos donaciones posteriores de Alfonso X: «por el servicio que me hizo sobré Orihuela cuando la gané» y «por el servicio que hizo al rey en la cerca de Orihuela».
3. Primavera de 1264.
Revuelta musulmana en el reino de Murcia apoyada por el Emir de Granada.
En Orihuela los rebeldes intentaron hacerse con el castillo; los defensores se encerraron en él y la rebelión fracasó.
Los héroes de la resistencia quedaron inmortalizados gracias a las mejoras que recibieron en el «Llibre del Repartiment».
4. Noviembre de 1265.
Jaime I tomaba posesión de una ciudad que no llegó a perder el control castellano. Meses antes, su hijo Pedro, apoyado por huestes castellanas, asoló la huerta y socorrió a los encerrados en el castillo.
En su crónica, el Conquistador solo dejó este escueto párrafo:
Jaime I en las puertas de Orihuela.
Hecho esto marchamos aquel mismo día a Orihuela, dejando en Elche a En Astrurgo de Bonsenyor, para que nos trajera las escrituras que hicimos con los sarracenos de dicha población; y mientras estábamos en Orihuela, vino a vernos el hijo de Ben Hud Alá, arrayaz de Crivillente.
Algunos apuntes más:
La leyenda fija la toma del castillo el 17 de julio, fiesta de las Santas Justa y Rufina.Puede parecer que la fecha se conmemora desde la conquista; pero no.
Aunque están vinculadas a Orihuela desde que las mezquitas mudaron a iglesias, dando nombre a uno de los templos parroquiales, las mártires sevillanas fueron escogidas como patronas de Oriola siglo y medio después, cuando comenzaron a celebrarse los festejos de moros y cristianos.
En 1400, con licencia del obispo de Cartagena don Fernando de Pedrosa, el Consell acordó marcar la fecha como fiesta de guardar.
Desde entonces el 17 de julio se celebra la fiesta solemne de acción de gracias y la procesión de la señera, una de las fiestas más antiguas de España.
Santas Justa y Rufina.Gerona.
Sabiendo de la vinculación oriolana con Cataluña, conviene añadir que la tradición catalana se apropió de las santas haciéndolas barcelonesas.
En Prats de Molló, localidad del Pirineo, las tienen como patronas con una iglesia parroquial donde guardan dos bustos con sus reliquias.
En cuanto a la supuesta comunidad mozárabe descendiente de los godos, en el siglo XIII había desaparecido totalmente.
Se convirtieron, huyeron a los reinos del norte o fueron exterminados por almorávides y almohades.
Así pues, si había cristianos en el arrabal, se instalaron allí tras el pacto de Alcaraz formando parte de la ocupación castellana.
Por último quiero añadir que, en numerosas fortificaciones, aparece la expresión «Puerta de la Traición» para designar un postigo que permitía acceder al recinto fortificado de forma discreta. Sin ir más lejos, tenemos otra del mismo nombre en Murcia.
Estos accesos se abrían en alguna parte de la muralla donde el enemigo no pudiese situar tropas de vigilancia, facilitando la comunicación con el exterior sin tener que utilizar las puertas principales.
Eran muy útiles en caso de asedio, como vía de escape; o para recibir abastecimiento y refuerzos.
Su peculiar nombre hizo que tarde o temprano cargasen con una leyenda basada en una traición.
Puerta de la Traición de Bejar (Salamanca). Escenario de otra leyenda de reconquista.
Una vez resumidos los hechos, paso a la leyenda y sus autores.
Gaspar García «El Oriolano».
El XVII fue el siglo de los cronistas locales, escritores inflados de amor patrio que llenaron sus obras de hazañas y milagros para dar lustre y antigüedad a sus ciudades.
En este florecimiento de la historiografía, la mayoría de los autores eran religiosos.
Lo realmente sorprendente es que el primero que plasmó en papel la leyenda de La Armengola se dedicase a coser y cantar.
Natural de Orihuela y morador en Oliva, Gaspar García Ortiz era sastre de profesión y aficionado a la poesía.
La primera referencia a este personaje que he encontrado son unos versos que presentó en la celebración poética de la fiesta de canonización de Raimundo de Peñafort en Valencia, en 1601.
Historiada por el P. Gómez, sacerdote valenciano, le dedicó está crítica:
Desde Oliva un sastre honrado por su desdicha y desastre remitió cierto guisado que aunque no fuera de sastre él es por si desastrado Gaspar, y Ortiz, y García de Origüela natural se firmó, gentil porfía habiendo cantado mal cantarse una Letanía.
Gaspar García Ortiz, que firmaba como Gaspar García Oriolano ostenta el honor de ser la primera fuente escrita de la Armengola, gracias a un poema épico incluido en «La Murgetana del Oriolano, guerras, y conquista del reino de Murcia por el Rey D. Jaime primero de Aragón, parte I», publicada en Valencia en 1608 por Juan Vicente Franco.
Primera parte de «La Murgetana» (1608).
A este oriolano ausente, sin mucho conocimiento histórico, debemos la leyenda en estado puro. Nunca sabremos si se inspiró en algún relato oral.
Lo cierto es que tejió una historia en verso que nos ofrece el primer guión y el reparto inicial:
Benzaddón, el perverso alcaide moro; el Almengol (sin nombre de pila y con l); la Almengola, su mujer; sus dos hijos; y sus dos hijas, sustituidas por dos valientes varones vestidos con ropas femeninas.
De ellos, solo da nombre a Juan Darún, con apellido similar al Íñigo Darún que se encierra en el castillo según el libro del Repartimento.
La primera parte del canto octavo se titula: «Arde la rebelión, redímese el castillo de Origüela y baja el Rey don Jaime a la Conquista».
Comienza con dos docenas de insultos dedicados al alcaide del castillo que no voy a reproducir; he escogido y transcrito los versos más interesantes.
Canto VIII de «La Murgetana» (1608).
Muera la gente bárbara enemiga, alarma que divino auxilio siento pero do corres, o firmeza extraña que vuela una mujer por la montaña.
Espantome que sola tú te atrevas a lo que no pudiera un varón fuerte mas cuando la mujer se determina el mar vadea y los montes mina.
Como mejor ser pudo les rebela aquella traición que el moro emprende y como aquella noche cumple el plazo el triste funerable mortal caso.
Dice, bien conocéis a na Almengola ama de Benzaddon Alcaide Moro, que es esta que aquí veis y vengo sola acompañada de mancilla y lloro.
Solo por mi familia y gente vengo que quien me reveló el secreto imbia como dos hijas, y dos hijos tengo de mi velado, dulce compañía.
Atónitos quedaron, espantados aquellos descendientes de los Godos y a la calamidad de sus estados vecina y cerca se revuelven todos.
Resueltos entre todos, señalaron para la prueba arriscada y sola dos mancebos gallardos, que bastaron al número de seis con na Almengola:
De femeniles trajes se adornaron zelando con aquellos peto, y gola, y salen como hijas del buen viejo corderas pareciendo en el pellejo.
En este tiempo el Almengol valiente el primer portalero tiene muerto por cuya causa a la puerta nombre quedo, de la trycion, mas no del nombre.
Ya conseguido el fin para su intento del femenil vestido se desnudan sacan el varonil robusto aliento que con el traje de doncellas mudan.
Y vanse de aposento en aposento con que victoria conseguir no dudan echando los serrojos, y al estrago dieron a los demás el Santiago.
Y la muerte va revuelta en cuchilladas reveses, y mandobles, de manera que hizieron mayor riça cinco espadas que un escuadron de sinco mil hiziera.
Las postas y las guardas a estocadas por entre las almenas salen fuera y así dejando fortaleza y vida quedó la gente bárbara vencida.
Anda la vieja empuñando un asta ofreciendo la vida al caso honroso que el ir determinada solo basta para emprender lo más dificultoso.
Hasta el señor a su rigor las manos y a los cuitados que llorando estaban a Rufina y a Justa les envía en la vigilia santa de su día.
Bajan las santas de la impirea cumbre trepan los cielos y elementos hienden hinchen los valles de gloriosa lumbre el monte abrasa y el castillo encienden.
De un golpe a Juan Darún vida comisa y el suelto mozo ya pesado y grave vuelve sobre el alcaide, y ambos juntos ocupan tierra con quedar difuntos.
Al fin los oriolanos consiguieron próspera salvación, fin admirable guardaron su castillo, y defendieron sus torres, con fortuna favorable.
Y es conclusión averiguada y cierta que cuando al Rabal Roche dio el asalto el moro a la celada descubierta viendo al cristiano con victoria en alto.
Que callando volvió la rienda suelta y así confuso de consejo falto, quedó cuan antes sin mover la tierra pues dentro el Rey do Jaime entró sin guerra.
Hasta aquí la parte referida a Orihuela en el poema original. En los versos de Gaspar todo queda confuso, como si la revuelta y la llegada de Jaime I hubiesen transcurrido en dos jornadas.
Final de «La Murgetana» (1608).
Lo curioso es que el oriolano menciona a seis personajes; la Armengola y cinco varones: su marido, sus dos hijos y dos valientes mancebos, vestidos de doncella que sustituyen a sus dos hijas.
Y así la dama, armada con un asta y acompañada por cinco valientes espadas, se dirige al castillo.
Su marido mata al primer centinela en la puerta de la traición; y una vez dentro, los travestidos se despojan de sus disfraces y todos comienzan a repartir cuchilladas y mandobles, enardecidos por la aparición de las santas Justa y Rufina que iluminan el castillo.
Juan Arún y el alcaide fallecen en el combate. La celada de los moros queda descubierta, los cristianos se salvan y Jaime I entra en Orihuela sin guerra.
Publicada su obra, el sastre poeta siguió cantando al Reino de Murcia sin mucha fortuna, pues el Concejo de la capital, que había sufragado la primera publicación, le retiró la financiación para dársela al famoso licenciado Francisco Cascales, autor de los «Discursos históricos».
La obra de Gaspar, titulada Anales de Murcia quedó inédita. Despedido como historiador, poco más he encontrado del sastre trovador.
Un soneto titulado «El angélico padre dominico», como parte de la obra: «Defensa Dominicana por la limpia Concepción de María sin pecado original», publicada en Orihuela en 1628 por Vicente Franco, donde firma como Gaspar García el oriolano.
Entonces: ¿por qué ha llegado hasta nosotros la trova de este sastre, hasta ocupar el protagonismo en la historia de nuestra Reconquista?
Quiso el destino que dos años después, aquella intrascendente obra poética cayese en manos de otro Gaspar.
El otro Gaspar.
Gaspar Juan Escolano había nacido en Valencia en 1560. Miembro de una destacada familia, su padre fue conseller de la capital del Reino.
En 1597 fue nombrado rector de la valenciana parroquia de San Esteban.
En 1600 participó en un certamen poético durante la Fiestas celebradas en Valencia por la recepción de una costilla de San Vicente Ferrer.
Dos años después lo nombraron predicador de la ciudad de Valencia, y en 1604 cronista mayor del reino. Eclesiástico, poeta, escritor e historiador, su obra «Décadas de la historia de Valencia» es un clásico de la historiografía valenciana.
Este ambicioso proyecto de historia general de Valencia y su reino es una relación de los hechos históricos acontecidos hasta el reinado de Pedro el Grande de Aragón, además de los sucesos de las Germanías, la rebelión de los moriscos y su expulsión.
Inicialmente fue editado en dos partes.
La primera, titulada «Década primera de la historia de la insigne y coronada ciudad y reyno de Valencia», vio la luz en 1610, y se compone de los cinco primeros libros.
II parte de la «Década primera de la historia de la insigne y coronada ciudad y reyno de Valencia».
La «Segunda parte de la Década primera de la historia de la insigne y coronada ciudad y reyno de Valencia», salió un año después, en 1611.
A pesar de su falta de método histórico, de sus errores cronológicos e inexactitudes históricas, es fundamental para el estudio de la historia valenciana.
A diferencia de Gaspar el oriolano, que había escrito sus versos sin haber accedido a los archivos, el cronista valenciano había consultado muchos, entre ellos la crónica de Jaime I.
De Orihuela encontró bien poco. Así pues, para completar su relato, el bueno de Gaspar quiso cubrir el vacío y le vino muy bien la bonita historia aunque no encajase del todo con los datos que tenía.
Dejó la responsabilidad en el oriolano, suponiendo que el autor de la Murgetana, como natural de la tierra, había consultado los archivos locales y estaba bien informado de los asuntos de su patria chica. Así lo manifestó:
El autor de la Historia Murgitana, hace un breve Compendio de los Caballeros y Soldados de cuenta que sirvieron en ella. Y porque como hombre natural de Origuela, y criado en Murcia, se debe creer que tuvo noticia entera y verdadera de todos.
Esta desafortunada suposición, que no pudo ni analizar por las prisas para incluirla en el tomo de la Historia de Valencia que tenía listo para imprenta, dio lugar a que la leyenda de la Armengola pasase a formar parte de la Historia oficial de Reino de Valencia, en la segunda entrega publicada en 1611.
En ella, el Gaspar valenciano traduce a prosa y modifica un poco el trabajo del Gaspar oriolano.
Elimina a dos de los cinco varones, nombra a Armengol como posible marido, le quita una z a Benzaddon y da nombre al otro mozo: Ruidoms, un apellido que coincide con un municipio de la provincia de Tarragona.
Así quedó la historia en prosa:
Fomentaba el levantamiento de los moros el rey moro de Granada, que no contento con quitarle la obediencia y atrevérsele en guerra abierta, tuvo trazas como incitar a lo mismo a los de Murcia, que en su nombre y protección se alzaron y recibieron de su mano alcaide y guarnición en el Alcázar.
Hízose el levantamiento con grande secreto para cierta hora y día, en que tenían concertado de pasar a cuchillo todos los cristianos que moraban entre ellos.
Llegose la hora fatal de la degüella; y acertó que a una varonil mujer llamada Armengola, que había criado a sus pechos un hijo del moro Benaddon, alcaide del castillo de Orihuela, por misericordia del moro (después de muy juramentada de tener secreto) le fuese revelada la conjuración hecha para la ruina de los cristianos.
Venció luego a la flaqueza mujeril el ingenio y sin muestra de turbación, regració al alcaide la confianza del secreto; y en fe de él, le suplicó que pues no ignoraba que tenía abajo en el arrabal marido y dos hijas, le hiciese colmada merced de que bajase por ellos, para escaparlos del peligro de muerte.
Obligado el moro de las vivas obligaciones que a la dama cristiana tenía en razón de la crianza (o porque no hay contraste contra el decreto de Dios), dispensó con ellos; y al punto la cautelosa y magnánima mujer se salió en anocheciendo del castillo, y bajando al arrabal que los de Orihuela llaman Roche, hizo junta de los cristianos y dado el aviso de su cercana calamidad, los persuadió a que tres de ellos, los más animosos y fuertes se vistiesen de mujeres, y bien armados debajo de las ropas se subiesen con ella al castillo, y se alzasen con él.
II parte de la «Década primera de la historia de la insigne y coronada ciudad y reyno de Valencia».
Llamábanse los tres escogidos para tan gloriosa transfiguración, Armengol, Juan de Arún y un tal Ruidoms; los cuales siguiendo los pasos de la mujer, llegaron a la puerta del castillo, y apenas fueron reconocidos por la guarda, que engañada con los vestidos, juzgando por la pinta que sería la familia de la Armengola, la franqueó con liberalidad.
No bien se vieron dentro, cuando dejando caer el rastrillo, porque no acudiese socorro, se descartaron los dos de las figuras de mujeres y jugando las espadas juntamente con el Armengol (que sería marido de ella), les ganaron por momentos las puertas a los guardas.
Tomadas las llaves, volaron a lo alto del castillo y echaron los cerrojos por defuera a algunos de los aposentos, porque no saliesen los del alcaide a dar con ellos; y en otros entraron acuchillando y matando; no haciendo menos risa la valerosa amazona, que como caudillo iba delante con un asta en la mano.
Era víspera o el mismo día de las dos hermanas vírgenes y mártires, Santa Justa y Rufina, naturales de Sevilla; y andando los leones cristianos por las coviles del castillo haciendo la carnicería que al trocado pensaban hacer los moros en ellos, fueron vistas descender del cielo dos grandes luces, que la una se asentó sobre el castillo, y la otra bajó hasta el arrabal; donde quedaban los demás cristianos medrosos como corderos en el corral que sienten alrededor el aullido del lobo, y no bulle pajuela que no se les antoje él.
Píamente se cree que venían allí las dos santas españolas a darles su favor en aquel trance, y alentados unos y otros con aquel celestial pronóstico, se les doblo el valor a los que andaban peleando por arriba.
Apuntáronse Juan de Arún y el alcaide moro, y fue tan reñida la pelea, que cayeron a la par muertos. Violo el marido de la Armengola, y juzgando que si faltaba el alcaide estaba lo más hecho, fiando de la brevedad de la ventura, dijo a su mujer que bajase en un vuelo al arrabal, y avisando a los cristianos del estado en que estaban las cosas los hiciese subir con sus armas, porque fortificados todos en el castillo, pudiesen esperar más a su salvo cualquier acontecimiento del enemigo.
Bajó, y oída por ellos la feliz embajada, se encaminaron al castillo con las armas y bastimentos que les dio licencia la prisa y la brevedad del tiempo, y se encastillaron en él.
Los moros, ignorantes de la contramina, acudieron al plazo para ejecutar su diabólico pensamiento; mas como echaron de ver que había sido descubierto, y que los cristianos estaban apoderados del castillo, acordaron envainar las espadas con sosiego, y hacer del traidor fiel.
Hasta enviarles comida para justificarse con el rey don Alonso, que era cierto que teniéndose por él el castillo había de venir luego algún ejército de cristianos a tomar enmienda de aquel insulto, como en efecto, vino nuestro rey don Jaime con el suyo en favor del yerno, más abrieron las puertas de la villa los moros y se entregaron sin contradicción.
Gaspar Escolano falleció el 20 de febrero de 1619. Su obra quedó en esos diez libros publicados en dos volúmenes.
En 1878-1880, Juan Bautista Perales Boluda publicó las Décadas en tres volúmenes, aumentada con gran caudal de notas aclaratorias bajo el título de «Historia general de Valencia».
Historia general de Valencia
Inmediatamente, otro cronista valenciano dio cuenta de la leyenda. Fue el fraile dominico Francisco Diago, en 1613.
Este autor con mucha bibliografía a sus espaldas, incluyó la leyenda en sus Anales del Reyno de Valencia, en libro séptimo, capítulo treinta y siete, una obra que recopilaba muchos trabajos locales.
En ella solo menciona que Orihuela fue ganada a los Moros por un medio maravilloso, tramado por una animosa y valiente mujer.
Los detalles salen de la obra de Gaspar Escolano omitiendo el nombre de la heroína.
Y así, ya consignada en dos prestigiosas crónicas, nació la Armengola como verdad histórica.
La leyenda llega a Oriola.
Un año después de la publicación de Gaspar Escolano y basándose en ella, en Orihuela, otro religioso llamado Francisco Martínez Paterna, incluyó a la Armengola en «El breve tratado de la fundación y antigüedad de Orihuela», obra de 1612 estudiada por el actual cronista de la Ciudad, Antonio Luis Galiano Pérez, quien publicó una edición facsímil en 1984.
Breve tratado de la fundación… Martínez Paterna. (1612). Facsímil Antonio Luis Galiano Pérez.
Para componerla, don Francisco, beneficiado de la Catedral y doctor en Teología por la Universidad de Orihuela, utilizó otras historias ya publicadas y consultó privilegios y documentos del inhóspito archivo de la Sala del Consell.
Su narración contiene más datos y demuestra que, al menos, se había leído el Libro de Repartimentos.
Aquí, las hijas son tres; y también los mozos, anónimos. Eso sí, cita a algunos de los que aparecen en los repartos.
Imagino que para el cálculo de años de dominación, a la fecha del tratado, 1243, le resta 711, el año que llegaron los primeros musulmanes a la península.
Sin embargo, luego cae en el error cronológico que cometió el famoso historiador murciano Francisco Cascales, situando la entrada en Orihuela en 1242.
He aquí un resumen de su versión:
De cómo Origüela fue ganada por los cristianos a los moros: Después de haber estado la ciudad de Origüela en poder de los moros 532 años, apiadose Dios Nuestro Señor de ella por las muchas oraciones que los cristianos fieles y católicos que en ella vivían, cada día hacían a la Virgen Santísima María, a quien habían tomado por patrona y abogada.
La majestad divina que jamás olvida a los suyos dio victoria a los cristianos por medio de una maravillosa traza, enviada y bajada del cielo, y fue, que como los moros de Origüela habían determinado de pasar a cuchillo a todos los cristianos del arrabal roche que habían quedado en el por razón del pacto viviendo públicamente en la fe de nuestro señor Jesucristo, por defenderse mejor del infante don Alonso, hijo primogénito del Rey do Fernando 3º de este nombre llamado el santo….
Vinieron embajadores del Rey Moro de Murcia, llamado Abenhudiel para entregarle su Reino por parte de su Rey, por razón de haberse movido pleitos entre los vasallos de su reino contra él, habiendo venido a dicha ciudad a tomar posesión y saliendo a correr la tierra con sus soldados para conquistar los demás lugares, que le habían sido rebeldes, como fue Lorca, Mula, Cartagena u Origüela.
Sucedió en aquellos días, por permisión divina, que una cristiana de aquellas que estaban y habitaban en el arrabal roche le criaba al Alcaide del castillo de Origüela un hijo, y dándole aviso el alcaide a la ama cristiana de cómo los moros habían determinado de pasar a cuchillo todos los cristianos del arrabal, rogole él y su mujer, que se quedase en el castillo con ellos, que le acompañarían y defenderían de buen grado por la buena obra que hacia de criarles a su hijo.
La buena cristiana movida por el Espíritu Santo que la había tomado por instrumento como otra Judith para restaurar esta tierra, dijo que no podía servirles sin traer consigo tres hijas doncellas que tenía. Y concediolo el Alcaide por moción divina.
Aquellos valerosos cristianos godos, movidos de Dios, cambiaron las tres hijas por tres esforzados mancebos en hábito y traje de mujeres, con armas secretas debajo de los vestidos mujeriles se subieron al castillo en compañía de la ama, para con ánimo valeroso apoderarse de él y de sus enemigos, ayudándoles Dios, que es el Señor de las batallas.
La cristiana, con las armas de la oración, que son las más poderosas, subió al castillo a aquellos fuertes y valientes soldados vestidos de mujeres.
Los nombres no se han podido saber jamás, siendo dignos de que estuviesen escritos con letras de oro, aunque se sabe los nombres de los que después les siguieron y se apoderaron de la primera puerta del castillo, la que cae sobre el arrabal, que hoy llaman puerta de la traición por esta ocasión.
Están escritos en el libro de repartimiento de las Tahullas con mejoras del rey Alfonso dadas en abril de 1268. Fernando de Marfa Adalit, Íñigo Darun, Juan Jové, Ibañez de Oriol y Gil Lobet para que guardasen y defendiesen de los moros esta puerta.
Los fuertes mancebos subieron a lo alto de la fortaleza del castillo y sacaron sus armas que traían secretas y mataron a la guardia, alcaide, mujer e hijos alzando una bandera en señal de victoria a 17 día del mes de julio, día de las gloriosas vírgenes y mártires Justa y Rufina, patronas de esta ciudad en el año 1242.
Otros muchos cristianos dieron aviso al infante Alonso que debía estar muy cerca con su ejército y vino presto, se apoderó de la ciudad y tomó posesión del castillo, uno de los más fuertes que tiene España.
Y por ser tan poderosa fortaleza, los moros no pudieron entrar en ella y desde el año 1242 hasta hoy, nunca más se perdió la ciudad, en la cual entró el rey Don Jaime sin guerra alguna en diciembre de 1265 y pasó por el puente del río que era de madera a la ciudad de Murcia y después pasó en Origüela la navidad.
La Armengola había llegado a Orihuela para quedarse. Pero no todos aceptaron el fantástico relato.
De la misma época y con el mismo empeño en recoger la historia de Orihuela, tenemos a otro religioso, Mossen Pedro Bellot, nuestro mejor cronista, que califico esta historia de «ficción poética».
El rector de Catral no cayó en el embuste e intentó rebatirlo; pero sus alegaciones pronto fueron olvidadas, como las de otros analistas posteriores. No hay más ciego que quien no quiere ver.
ANALES DE ORIHUELA. SIGLOS XIV-XVI (2 TOMOS). Estudio, edición y notas del Dr. D. Juan Torres Fontes.
La versión del siglo XVII que más me ha gustado es la que probablemente llegó por primera vez al pueblo de Orihuela, en su inmensa mayoría analfabeto.
La escuchó por boca de Fray Francisco Gregorio Arques, en su sermón para la fiesta del 17 de julio de 1617.
Sorprendentemente, este fraile hizo mucho más creíble la historia. Sitúa la revuelta el 16 de julio de 1242, como Martínez Paterna, pero casi parece una operación de comandos. Os la resumo:
El alcaide vive en el castillo; y para librarse del dominio del infante Alfonso, decide pasar a cuchillo a los cristianos del arrabal.
Se lo comunica a la cristiana que daba el pecho a su hijo, que según dicen se llamaba Armengola.
La mujer pide subir a sus tres hijas doncellas.
Entonces avisa a los cristianos y estos resuelven que la acompañen tres mancebos de los más valientes en hábito mujeril y con armas bajo el vestido.
A los tres esforzados mancebos y a la valiente amazona les siguen veintisiete hombres más que, entrando por la puerta de la traición, matan a todos los guardas y toman el puesto.
Los tres godos, llegan frente al castillo y disfrazados de mujeres burlan a la guardia.
Entran, se quitan los vestidos mujeriles y sacan las armas, matando en un santiamén al alcaide, a su mujer, a sus hijos, a soldados y criados; alzando una bandera en señal de victoria.
En cuanto a los nombres, dicen algunos que eran: el adalid Hernando de Marfa, Íñigo Darun y Juan Jover, los tres primeros que figuran en la lista de encerrados en el castillo del libro de repartición.
Añade que otros como Escolano, los llaman Armengol, Riudoms y Juan Arún; pero que en realidad nadie sabe sus nombres.
Sermón para la fiesta del 17 de julio de 1617. Fray Francisco Gregorio Arques. Edición facsímil de Antonio Luis Galiano Pérez.
De una forma o de otra, con diferente número de protagonistas, esta historieta pasó a ser verdad histórica respaldada por cronistas de autoridad y prestigio.
Y para colmo, apareció un supuesto manuscrito del siglo XIII, certificando la existencia de Armengol y de su valiente esposa.
La Armengola. Compendio Histórico Oriolano de Joseph Montesinos. Tomo 2.
Les Troves de Jaume Febrer.
El XVII fue también el siglo de la genealogía; maravilloso instrumento para proporcionar nobles antepasados a vanidosos adinerados.
Los falsificadores, con enorme trabajo, escribieron larguísimos cronicones en los que junto a datos verdaderos deslizaban otros falsos que satisfacían a los que financiaban sus obras.
Trovas de Mossen Jaime Febrer sobre los caballeros que vinieron con el rey Don Jaime a la conquista de Valencia.
Las Trovas de los linajes de Valencia decían ser obra de Jaume Febrer, un poeta del siglo XIII.
Muestran los escudos de armas de los nobles que acompañaron al monarca en la conquista de Valencia, mencionando al marido de la heroína con el nombre de Pedro Armengol; ennobleciéndolo hasta emparentarlo con el Condado de Barcelona.
Dice que lleva en su escudo un grifo de oro sobre campo encarnado, que desciende por línea natural de Gofré el Velloso, que estuvo en Valencia y en Orihuela, donde quedó avecindado con sus hijos y mujer.
Certificando que «doña Armengola», sabiendo que los sarracenos querían entregarse al Rey de Granada, acuchillando a los cristianos de la villa, se abalanzó con furia española, mató a los traidores y libertó Orihuela.
Trovas de Mossen Jaime Febrer sobre los caballeros que vinieron con el rey Don Jaime a la conquista de Valencia. Armengol.
Está demostrado que «Les Trobes» fueron escritas en el último tercio del siglo XVII por Onofre Esquerdo Sapena, erudito, genealogista, heraldista y cronista de la ciudad de Valencia, atribuyéndoselas a un hipotético antepasado suyo del siglo XIII.
Onofre era un esmerado calígrafo y buen conocedor de la poesía y la historia medieval. Compuso esas estrofas y las hizo circular por el entorno cultural valenciano.
No se puede certificar exactamente si la superchería tenía como objeto el puro engaño o si por el contrario, como parece probable, se trató de un juego entre eruditos.
Lo cierto es que no las llegó a publicar.
Las dudas sobre la existencia del autor comenzaron mucho después, al ver la luz en el Diario de Valencia, en el año 1796.
En 1848 Joaquín María Bover publicó una nueva edición afirmando que el autor era hijo de Mossen Guillén Febrer, caballero que participó en las conquistas de Mallorca y Valencia acompañando a Jaime I, situando el principio de la obra en 1276, año de la muerte del Conquistador.
En el siglo XX quedó demostrado que era una falsificación con graves anacronías y errores históricos; con un lenguaje distinto al de los Fueros, la Crónica de Montaner, la de Jaime I y otras obras coetáneas.
La Ilustre Señora Doña Hermenegilda Eugenia Armengola, redentora de Orihuela. Tres imágenes en diversos tomos del Compendio Histórico Oriolano de Joseph Montesinos.
Dicen que cuando una leyenda abandona la tradición oral y queda escrita pierde la capacidad de transformarse. Pero no es el caso de la Armengola.
Impresa por primera vez a principios del siglo XVII, quedaban siglos de transformación y enriquecimiento en los que autores oriolanos fueron copiándose unos a otros, fantaseando y añadiendo nuevos detalles.
«La Armengola», óleo de Vicente Navarro (1901).
Una bola de nieve que fue creciendo (excepto en el número de acompañantes de la Armengola, que se fue reduciendo hasta quedar en dos), inspirando a poetas, a dramaturgos e historiadores de poco fuste, hasta llegar a nuestros días tal y como la conocéis, como parte del rico patrimonio inmaterial oriolano.
«Las estrellas de Orihuela, Santa Justa y Santa Rufina, y hazaña de la Armenola». «Comedia nueva que un ingenio valenciano consagra a la muy noble y muy leal ciudad de Orihuela 1729».
Antonio José Mazón Albarracín.(Ajomalba).
Publicado en la revista de Moros y Cristianos 2018. En memoria de Justo García Soriano.
Siete años duró la guerra civil en la Cora de Tudmir.
En los días de Abderramán II se fundó Medina Mursya.
El emir ordenó al gobernador que se trasladase a ella y así se hizo, en el verano del año 825.
Desde entonces fue capital, centro del poder y cuartel militar del emirato.
Cuando estuvo terminada, ordenó la destrucción de Eio.
Después derrotó a los Mayus, esos demonios del norte que durante siete días saquearon Sevilla.
Pero las velas negras volvieron. Y esta vez, los vikingos sembraron el terror en Uryula.
El segundo Abderraman fue un emir ilustrado.
Adoraba la poesía, la literatura, la filosofía, las ciencias y la música, haciendo de Córdoba la ciudad más culta, civilizada y famosa del mundo.
Su gran pasión fueron las mujeres. Dicen las fuentes que nunca tomaba hembra que no fuese virgen y cifran sus hijos en cerca de un centenar.
Sus dos primeros conflictos tuvieron como escenario la Cora de Tudmir.
Cora de Tudmir.
Sofocada la rebelión del valenciano el reino había quedado prácticamente pacificado. Pero esta provincia periférica seguía sin control.
Ya dijimos que fue aquí donde su tío abuelo reclutó el ejército con el que intentó disputarle el trono.
Las luchas tribales entre árabes y a la vez contra el emirato no cesaron; sobre todo en Eio, una de las siete ciudades señaladas en el pacto de Teodomiro, cuya ubicación sigue siendo muy discutida.
Rodeada de tierra fértil, en la cora de Tudmir convivían dos etnias de la península arábiga: los norteños mudaríes y los yemeníes del sur, enemigos ancestrales que andaban matándose entre ellos y arrasando haciendas.
Cuando el emir enviaba tropas para someterlos se dispersaban para volver pronto a las andadas.
Esta soterrada guerra civil se mantuvo durante años y, cuentan las crónicas, que el detonante de la lucha sin cuartel fue una humilde hoja de parra.
Dice la leyenda que un yemení llenó en Lorca un cántaro de agua; y para tapar su boca arrancó una hoja en los viñedos de un mudarí.
Éste, sintiéndose burlado, le dio muerte; y los suyos buscaron venganza provocando una encarnizada batalla campal con miles de muertos.
Leyendas aparte la situación era ya intolerable. Y para colmo, el líder de los yemeníes, osó proclamarse emir desafiando a Córdoba.
En esta situación Abderramán II envió a su ejército con una doble misión: pacificar Tudmir y construir un campamento militar que controlase el territorio.
Escogió un antiguo asentamiento hispano-romano en un meandro del Segura, situado estratégicamente en el centro del valle.
Las huestes cordobesas derrotaron a los rebeldes y su líder acabó decapitado.
Luego tomaron Eio o Ello a sangre y fuego.
En el verano del 825 el gobernador de la Cora recibió la orden de arrasar dichaciudad hasta los cimientos e instalarse con las tropas en aquel sitio, estableciendo una nueva ciudad que acogería la administración civil y militar.
Esa ciudad era Mursya, la nueva capital de la cora en sustitución de Uryula.
Abderramán II. Obra de José Carrilero Gil. Fotografías de José Antonio S. Egea. Rincones de Murcia.
Todavía costó algunos años someter a los rebeldes.A mediados del siglo IX Tudmir quedó casi pacificada.
Pero les esperaba una desagradable visita sorpresa.
En el 844, tras asolar las costas de los francos, los normandos llegaron a la península por primera vez.
En la tierra de Santiago (como llamaban a Galicia) Ramiro I rey de Asturias mató a muchos y quemó buena parte de sus navíos.
Los que escaparon tuvieron tiempo de saquear Lisboa y remontar el Guadalquivir para asolar Sevilla.
Las huestes califales les aplicaron otro severo correctivo en la batalla de Tablada.
A pesar de la victoria, Abderramán II pactó con los mayus (así les llamaban los musulmanes).
Y los demonios del norte ya no volvieron durante el resto de su emirato.
Los supervivientes de aquella aventura contaron a su regreso las riquezas que habían visto en Al-Ándalus.
En el 858, ya bajo el emirato de Muhammad I, formaron una poderosa flota al mando de dos grandes caudillos guerreros que aparecieron de nuevo por la costa atlántica devastando a fuego y espada cuanto encontraron en su camino.
Entraron por la ría de Arousa, sitiaron Santiago y, de nuevo, las tropas asturianas los pusieron en fuga perdiendo hombres y barcos.
Asaltaron Lisboa, saquearon Algeciras y buscaban el Guadalquivir para remontarlo de nuevo.
El emirato había aprendido la lección y tenía dispuestas atalayas y una importante flota de guerra que se apresuró a interceptarlos.
Los normandos desistieron y optaron por dividirse.
Una parte asoló Mauritania y el resto costeó el sur de la península.
Doblando el Cabo de Gata llegaron a la tierra de Tudmir, donde el orden cordobés brillaba por su ausencia.
Sin defensas en la costa remontaron el Segura y cayeron por sorpresa en Uryula.
Siempre se ha dicho que penetraron en el castillo; pero tal castillo no existía todavía.
La palabra «hins» que mencionan las crónicas significa fortaleza; y se refiere a la primitiva ciudadela parapetada tras sus defensas en altura.
El «hisn» de Uryula era pues el embrión de la futura «madina».
La construcción del castillo se iniciaría medio siglo después.
Idealización con Inteligencia Artificial de la construcción del castillo de Orihuela. Pepe Sarabia.
¿Por qué escogieron Uryula?
Quizás por su fama de capital de Tudmir. Pero, sobre todo, por su fácil acceso desde el mar para aquellos barcos sin apenas calado.
Es lógico pensar que esta indefensión propició que en años posteriores decidiesen reforzar aquel punto débil en la costa.
A finales del siglo IX se construyó una rábita o ribat, especie de fortaleza monasterio en el que vivían un grupo de monjes soldados, ermitaños musulmanes muy parecidos a las órdenes militares cristianas, dispuestos a defender el Islam y el territorio.
Pinchando en la siguiente imagen se accede a la web memoria de arena, de Guardamar.
En ella se habla de este edificio singular.
Recreación Vistual. La Rábita Califal de las dunas. Memoria de Arena. Guardamar. Imagen enlace.
Estos integristas religiosos eran conocidos como los Almorávides originalmente «al muravit».
Los restos de esta joya única en España han aparecido sepultados por las dunas muy cerca de la actual Guardamar.
Rábita Califal Guardamar del Segura. Salu Heredia. Wikipedia.
El incendio y saqueo de Uryula supuso un duro golpe para una ciudad en decadencia tras perder la capitalidad.
Muchas familias importantes marcharon a Mursya.
El siglo IX acabó con dos emires: Al Mundir y Abd Ala, dos torpes hermanos que poco aportaron al esplendor cordobés.
Al proclamarse Abd Ala el emirato ardía en rebeliones por los cuatro costados.
En Tudmir un muladí llamado Daysam se hizo dueño y señor de la cora.
Este cristiano converso al que las crónicas árabes llamaban «perro hijo de perro» hizo de Lorca su capital y bastión.
Armó un respetable ejército de cinco mil jinetes y puso bajo su jurisdicción a Mursiya, Uryula, Mula, Cartagena …
Fue acatado en toda la cora de Tudmir, acuñó moneda y organizó una eficiente administración.
Poeta y guerrero, generoso y afable, aunó tras de sí a árabes, bereberes, muladíes y mozárabes.
En el verano del 896 el emir envío un fuerte contingente de tropas que recorrió la región comenzando desde Almería.
Saquearon e incendiaron aldeas y alquerías talando y destruyendo cuanto encontraban a su paso.
En las ciudades cobraron tributos a sus fieles por las buenas; y a los rebeldes por las malas.
Las huestes cordobesas sufrieron una derrota en los desfiladeros del Valle de Ricote y no pudieron tomar Lorca, donde se había refugiado el muladí tras perder gran parte de su ejército.
Los cordobeses marcharon sin conseguir atraparlo; pero se fueron cargados de botín y tributos.
Daysam se mantuvo independiente hasta su muerte, a comienzos del siglo X.
Pocos años después falleció el emir. Su nieto y sucesor, el tercer Abderramán, pasaría a la Historia como el primer Califa de Al-Ándalus.
«De Tudmir a Oriola». Serie de programa emitidos por Radio Orihuela Ser. Guion, locución y efectos: Antonio José Mazón Albarracín. Presentación y montaje: Alfonso Herrero López.Programa 3.
Programa 3.
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De Tudmir a Oriola IV.
El tercer Abderramán envió un potente ejército al mando de su visir contra los rebeldes de Tudmir y Balansya, haciendo sentir su paso por ambas coras con firmeza, humillando a los enemigos que en ellas había y recaudando muchos tributos de sus regiones.
Conquistó la robusta fortificación de Uryula, la más antigua de sus ciudades y la más inexpugnable de sus fortalezas, que había servido de refugio a los cristianos de los primeros tiempos, por lo que habían puesto todo su esfuerzo en fortificarla y en cuidar sus tierras, generosas en plantaciones de peregrinos árboles y de los más sabrosos frutales.
Abderramán III.
En el año 912 Abderramán III sucedió a su abuelo alcanzando el trono con tan solo veintiún años.
El emirato era de nuevo un caos incontrolable dividido en decenas de poderes locales independizados del poder central.
Su influencia se limitaba a la ciudad de Córdoba y sus arrabales.
Más allá, caudillos beréberes, árabes y muladíes actuaban por su cuenta y beneficio.
Esta crisis de autoridad y su incapacidad para recaudar impuestos pusieron en peligro la supervivencia del propio Estado.
Por otro lado los reinos del norte estaban en plena expansión ocupando ya un tercio de la península alcanzando la ribera del Duero.
Para completar el sombrío panorama tres años antes de su llegada al trono se había proclamado el califato fatimí que intentaba controlar toda Mauritania: y desde allí Al-Ándalus.
Fatimí deriva de Fátima, la hija del profeta Mahoma. Por lo tanto eran chiíes, enemigos de los Omeyas, de la facción sunní.
Mapa Siglo X. Francisco Daniel Llamas Gómez.
En estas circunstancias nadie hubiese dado un dirhan por el futuro de este joven emir.
Abderramán era inteligente, astuto, culto y diplomático.
Pero también impetuoso, irascible y cruel.
Su infancia estuvo marcada por la violencia y las conspiraciones.
Hijo de Muhammad, el primogénito del anterior emir Abdala, su madre fue una esclava cristiana concubina de palacio.
También su padre nació de una cristiana; vascona por más señas y princesa de Pamplona; cuyo padre y ella misma fueron prisioneros en Córdoba durante muchos años.
Dicen las crónicas que el emir tenía ojos azules, piel blanca y el cabello y la barba rojiza, por lo que se tintaba de oscuro para infundir respeto.
Liberada la vascona el pequeño Muhamad quedó en Córdoba y se convirtió en favorito del emir.
Tenía más hijos que ambicionaban el trono y uno de ellos lo asesinó. Addalá lo hizo ejecutar y nombró sucesor a su nieto.
Su primer objetivo fue pacificar al-Ándalus, invirtiendo en ello buena parte del medio siglo que duró su reinado.
Y como ya hiciese el primer Abderramán, armó un potente ejército con numerosos efectivos de origen eslavo, como contrapeso entre árabes y bereberes.
Ya explicamos que llamaban eslavos a los cautivos cristianos del norte, fuese cual fuese su nacionalidad.
Su estrategia fue muy eficaz: sitiaban las fortalezas, destruían cosechas, talaban árboles y cortaban el suministro de agua.
Pasado un tiempo prudencial ofrecían la paz a cambio de los cabecillas rebeldes.
Decapitados estos indultaba a los asediados, mejorando incluso su situación.
De esta forma obtenía sumisión y fidelidad.
También era generoso con los dirigentes que le juraban lealtad, ofreciéndoles cargos y una cómoda vida en Córdoba.
Así en muy poco tiempo consolidó la estructura administrativa y política del emirato, impulsando un irreversible proceso de islamización que redujo a los cristianos mozárabes a una minoría.
En Tudmir, muerto el rebelde muladí del que hablamos en el capítulo anterior, un árabe advenedizo se deshizo de sus hijos y le sucedió como señor de la fortaleza de Lorca.
Pronto pactó con el emir y marchó a vivir a la capital.
Uryula se independizó de este oportunista acogiendo a cuantos ignoraban la autoridad de Córdoba.
Como ya hemos contado al principio, entre el año 916 y el 917, Abderramán envió sus tropas a Tudmir y Balansya (Valencia), conquistando Uryula.
Muy cerca vivía el señor de Qalyusa, la actual Callosa, que dominó también la vila murada de Elche y la fortaleza de Lacant, actual Alicante.
Este personaje al que apodaban «el jeque» alternó periodos de sumisión y rebeldía contra el emir.
Primero fue confinado en Lacant donde actuó como gobernador de la zona.
Desterrado luego a Albacete terminó sus días viviendo confortablemente en Córdoba.
Abderramán pasó por Tudmir liderando aceifas contra los reinos cristianos y en cada ocasión aprovechó para someter a los disidentes.
La campaña de Pamplona, cuya reina viuda era nada menos que su tía, comenzó con refriegas bélicas en esta cora y en la de Balansya, mostrando su poder e incorporando tropas comandadas por señores y gobernadores que así, atestiguaban la sumisión al poder de Córdoba.
Sabemos que Uryula colaboró en aquellas aceifas con hombres y avituallamientos.
Con Al-Ándalus sometido las victorias contra reinos cristianos y los éxitos cosechados en el Norte de África, donde tomó Ceuta, le llevaron a dar un paso más.
Para consolidar su posición, en el 929 se proclamó Califa.
Una aclaración: el título de Emir se corresponde con el de rey. Califa es comendador de los creyentes, la máxima autoridad religiosa y civil en el Islam. Algo así como un papa emperador.
Durante su mandato Córdoba alcanzó un gran prestigio en todo el mundo conocido.
La civilització del califat de Còrdova en temps d’Abd-al-Rahman III. Dionisio Baixeras (1862–1943).
La pacificación interna provoco un fabuloso desarrollo económico y demográfico cuya máxima expresión fue la construcción en las afueras de la capital, de la palaciega Medina al-Zahra.
Como príncipe de los creyentes emprendió la guerra santa contra los cristianos, utilizando la religión como elemento de unión y argumento para la lucha.
En 939 sufrió un enorme contratiempo: la coalición entre los reinos de León, Pamplona y el condado de Castilla propició una terrible derrota en Simancas que casi le cuesta la vida.
Este acontecimiento supuso un duro golpe a su confianza y ya nunca más dirigió personalmente el ejército.
Hábil político, tenía claro que los líderes andalusíes le seguían por las victorias y el botín, y que cualquier muestra de debilidad podía minar su autoridad.
Así pues, decidió culpar a sus oficiales de la derrota y crucificó a decenas de ellos, aprovechando la ocasión para hacer una brutal purga entre los posibles disidentes.
Durante el siglo X en Tudmir se reorganizó el poblamiento.
El estado reguló el control fiscal y militar estructurando el territorio en distritos, a cuyo frente situaba una fortificación en lugar estratégico.
Así comenzaron a desarrollarse los castillos de Uryula, Qalyusa y Lacant, cuya construcción se data en esas fechas.
Esto favoreció el aumento demográfico de la región, con numerosa inmigración procedente de otros territorios islamizados.
Más allá de algún levantamiento ocasional apenas tenemos noticias de Tudmir en el período califal.
Las periódicas sustituciones de gobernadores se pueden interpretar como un síntoma de estabilidad y prosperidad en la región, de la misma forma que el resto de Al-Andalus.
Abderamán III murió en el 961.
«De Tudmir a Oriola». Serie de programa emitidos por Radio Orihuela Ser. Guion, locución y efectos: Antonio José Mazón Albarracín. Presentación y montaje: Alfonso Herrero López.Programa 4.
Programa 4.
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Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).
Próxima entrega pinchando la siguiente imagen.
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Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba), historias de Orihuela, fotos, postcast y vídeos.