Tud Or Cap. 1/2. Tudmir- Omeyas.

Representación Batalla de Guadalete. Año 711.
La Batalla de Guadalete. Salvador Martínez Cubells. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.

En el 2016 se cumplieron 750 años desde la toma de Murcia por Jaime I de Aragón.

El aniversario de su entrada en Orihuela debió celebrarse en 2015.

Por desgracia dicha efeméride pasó sin pena ni gloria.

En esas fechas emprendí una enorme tarea: un largo viaje radiofónico entre los siglos VIII y XIV.

Más de quinientos años de historia en una serie que titulé «de Tudmir a Oriola».

Cuatro años y sesenta entregas después, la muerte de mi padre y el estallido de la pandemia acabaron con el proyecto.

Los programas quedaron guardados en la web de Radio Orihuela, en mi cuenta de Ivoox, y algunos en You Tube.

He recuperado los guiones originales y, poco a poco, los estoy adaptando y ampliando, alojados en mi web con transcripciones, documentos, imágenes, etc.

Al final de cada entrega dejaré también un archivo sonoro con la locución del programa correspondiente, un enlace a la siguiente entrega y, en algunos capítulos, un enlace al vídeo de Youtube.

De Tudmir a Oriola I.

Cora de Tudmir. Octubre del año del Señor de 732.

Hace ya veinte años que los invasores musulmanes se apropiaron fácilmente de la península aprovechando la descomposición del reino visigodo.

Su hasta entonces imparable avance ha sido detenido por los francos en Poitiers.

Estamos en Tudmir, una especie de protectorado cristiano resultante del famoso pacto firmado por el dux visigodo Teodomiro o Tudmir para los árabes, con Abdelaziz, el hijo de Musa, gobernador en Mauritania y promotor de la invasión.

Este vasto territorio con capital en Aurariola abarcaba las actuales provincias de Alicante, Murcia, parte de Albacete y un trozo de Almería.

La invasión islámica.

Una extensión tan grande y fértil, regada por dos caudalosos ríos, con campos y dehesas, despertó pronto la codicia de los inmigrantes que llegaban sin cesar del otro lado del estrecho de Yabal Tarik, la montaña en la que desembarcó el general bereber que encabezó la conquista en el 711.

El documento firmado por Teodomiro, dos años después, garantizaba la seguridad, las propiedades y costumbres religiosas a cambio de sumisión y tributos.

Con estos acuerdos las élites visigodas se aseguraron la continuidad en el poder.

Y los invasores, sin interés ni efectivos para ocupar tantos territorios, un flujo constante de dinero.

El Pacto de Tudmīr versión al-Ḍabbī. Monasterio del Escorial.

En el Nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso. Edicto de ‘Abd al-‘Aziz ibn Musa ibn Nusair a Tudmir ibn Abdush (Teodomiro, hijo de los godos).

Este último obtiene la paz y recibe la promesa, bajo la garantía de Dios y su profeta, de que su situación y la de su pueblo no se alterará; de que sus súbditos no serán muertos, ni hechos prisioneros, ni separados de sus esposas e hijos; de que no se les impedirá la práctica de su religión, y de que sus iglesias no serán quemadas ni desposeídas de los objetos de culto que hay en ellas; todo ello mientras satisfaga las obligaciones que le imponemos. 

Se le concede la paz con la entrega de las siguientes ciudades: Uryula, Baltana, Laqant, Mula, Villena, Lurqa y Ello. Además, no debe dar asilo a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que goce de nuestra amnistía; ni ocultar ninguna información sobre nuestros enemigos que pueda llegar a su conocimiento. 

Él y sus súbditos pagarán un tributo anual, cada persona, de un dinar en metálico, cuatro medidas de trigo, cebada, zumo de uva y vinagre, dos de miel y dos de aceite de oliva; para los siervos, solo una medida. Dado en el mes de Rayab, año 94 de la Hégira (713).

Como testigos, ‘Uthman ibn Abi ‘Abda, Habib ibn Abi ‘Ubaida, Idrís ibn Maisara y Abu l-Qasim al-Mazali. 

La tensa calma entre vencedores y protegidos se respetó mientras la península se mantuvo bajo el control de los walies o gobernadores nombrados personalmente por el califa de Damasco.

Enterado de que el gobernador había muerto en Poitiers, un oportunista llamado Abd al Malik se lanzó al saqueo de los cristianos sometidos.

Y en Tudmir ocupó Cartagena con su puerto y sus minas. 

Teodomiro no podía quedarse de brazos cruzados mientras amenazaban su protectorado.

La llamada «Crónica mozárabe» o «Crónica del 754» cuenta como, en el año 715, viajó a Damasco junto a otros nobles visigodos.

Formaba parte de la expedición que Musa organizó para dar cuenta de sus conquistas al califa Omeya.

En Damasco el caudillo godo confirmó personalmente con el califa el pacto que había establecido anteriormente con Abdelaziz.

Confirmación del pacto en Damasco. Extracto de una lámina de Roberto López Fuentes.

Este gesto le permitió recuperar Cartagena y ser respetado hasta su muerte. Pero no se libró de continuas violencias y rapiñas.

Al-Andalus se había convertido en un avispero y las luchas intestinas eran continuas.

A fin de cuentas, lo único que mantenía unidos a los conquistadores era la propia conquista, la victoria y el botín.

Los invasores no eran un grupo uniforme.

Religiosamente estaban divididos en suníes y chiíes gracias al cisma surgido tras la muerte del profeta.

Por su origen se dividían en bereberes, procedentes del norte de África: y árabes, originarios de la península Arábiga y dotados de más derechos.

El Islam no había cumplido un siglo cuando llegaron a la península Ibérica y las viejas rencillas entre tribus seguían vigentes, divididos entre caysíes y calvíes.

Para no complicarnos mucho, en adelante llamaremos sirios a los árabes del norte y yemeníes a los del sur.

La gota que colmó el vaso en aquel polvorín fue la revuelta bereber iniciada en Mauritania en el 740 contra los sirios, una rebelión que contagió a Al-Andalus. 

Los árabes consideraban inferiores a los bereberes. De hecho bereber no es más que la adaptación a su idioma de la palabra bárbaro.

A pesar de ser más numerosos y de haber protagonizado la victoria de Guadalete, les recortaban el botín, les adjudicaban las peores tierras y les hacían pagar impuestos reservados a los infieles.

El Corán igualaba a todos los creyentes. Pero para los aristocráticos sirios, los bereberes eran ciudadanos de segunda comparables a los muladíes, los conversos hispanos.

Intentando sofocar la rebelión en Mauritania, siete mil jinetes sirios del ejercito de Damasco quedaron sitiados en Ceuta.

Y pidieron ayuda al gobernador de Al-Andalus, un yemení al que no hizo mucha gracia la propuesta.

Acosado también por los bereberes en su propio territorio aceptó pasarlos a la península con ciertas condiciones de regreso.

Sofocados los rebeldes, los pactos no se cumplieron y el anciano gobernador murió crucificado entre un cerdo y un perro.

Las tropas que habían cruzado el estrecho en apoyo de los árabes lucharon contra ellos y acabaron asentándose repartidas por la península.

A Tudmir llegaron principalmente contingentes de Egipto.

Legalmente se convertían en protectores del territorio asignado al modo de los «chunds» sirios, una especie de mercenarios a los que había que mantener y dar asiento.

¿A quién le iba a tocar ceder tierras y cargar con los nuevos tributos? A los indefensos cristianos.

Para suavizar las relaciones con los recién llegados y cubrirse las espaldas, el astuto Teodomiro entregó la mano de su hija a un noble sirio llamado Al Jattar, dotándola con dos alquerías.

En el año 2006 el equipo técnico del Museo Arqueológico de Alicante identifico una de estas alquerías en la excavación del Cabezo Pardo, en San Isidro de Albatera.

Pinchando en la imagen se puede acceder al informe del MARQ

Cabezo Pardo. San Isidro – Albatera. Enlace al informe.

La otra, según las crónicas, estaba cerca de Elche.

Con Teodomiro, la Aurariola instalada en el llano de San Miguel, se extendió por las laderas hasta llegar a la orilla del río.

Al abrigo de tres décadas de paz la población debió aumentar notablemente sin muchos cambios en su estructura urbana.

Muerto Teodomiro en torno al 743 su sucesor se llamó Atanagildo.

En contra de lo que siempre se ha dicho no era su hijo, ni siquiera un familiar.

A la manera de los godos este rico noble fue elegido y ungido por la iglesia.

Sin el prestigio de su antecesor tuvo más de un encontronazo con los ocupantes; especialmente con el yerno de Teodomiro, quien esperaba heredar todas las propiedades de su suegro.  

Cuando comprobó que gran parte del patrimonio quedaba con el título en manos de Atanagildo le exigió 27.000 sueldos, dándole solo tres días de plazo para reunirlos bajo la amenaza de ser expropiado.

El godo pagó religiosamente y aún pudo mantener lo que quedaba de aquel pacto más de una década.

Pero Al-Andalus era ya un caos de todos contra todos.

Y en estas llegó Abderramán, el príncipe errante.

Corría el año 756 y todas las disputas anteriores quedaron resumidas en dos: Omeyas o Abasíes.

La población mozárabe intentó permanecer ajena a las luchas entre sus dominadores; ganase quien ganase, perderían ellos.

Y venció el Omeya errante.

El principado de Teodomiro era inviable en la nueva Al-Andalus omeya.

Pronto sucumbió a la política centralizadora y unificadora del nuevo emir Abderaman I.

Como excusa para la ruptura del pacto acusó a sus habitantes de complicidad con sus enemigos, los Abasíes.

En cuanto a los Banu Jattar, el linaje de Teodomiro y del aquel noble sirio, fueron una aristocrática familia murciana cuyos descendientes vivieron en Tudmir durante mucho tiempo.

Y se hicieron tan ricos que, cuando Almanzor pasó por Mursya, fueron anfitriones de él y de todo su ejército.

En la provincia o «cora de Tudmir» se fueron asentando clanes de mayoría yemení con grupos de bereberes en las zonas montañosas, las tierras menos codiciadas.

A partir de aquí Aurariola sufrió un complejo proceso de transición que la convertiría en Medina Tudmir o Medina Uryula, una ciudad musulmana que iba a cambiar por completo su fisonomía.

Los mozárabes fueron desplazados a los arrabales y la mayoría acabaron convertidos al Islam.

Unos pocos escaparon al norte, donde el precario reino de Asturias comenzaba a organizarse aprovechando el vacío dejado por los bereberes en la frontera del Duero.

Acababa de empezar el Emirato de Córdoba.

Programa 1.
Enlace a vídeo en You Tube.

De Tudmir a Oriola II.

Más de cuatro años anduvo vagando el príncipe Abderramán huyendo de los asesinos de su familia.

Pero quiso Alá que en la primavera del 756 se proclamase emir de Al-Andalus, independizándose del califato de Damasco que los suyos habían ostentado desde los comienzos del Islam.

Ahora el poder estaba en manos de sus feroces enemigos: los Abasíes.

Monumento Abderramán I. Almuñecar. Miguel Moreno Romera, 

Nacido en Damasco y miembro del mismo clan que el propio profeta Mahoma, el superviviente de la masacre Omeya, escapó atravesando ríos y desiertos, buscando el apoyo de los bereberes en Mauritania, donde su madre había nacido.

Ninguna tribu se atrevió a desafiar al califa.

Desde allí contactó con antiguos aliados al otro lado de estrecho, gentes beneficiadas por los Omeyas cuando gozaban del poder.

Ya he dicho que Al-Andalus se había convertido en un caos.

Desde la conquista, más de veinte gobernadores se habían sucedido en el cargo, todos incapaces de controlar a las diversas facciones que componían la población musulmana.

Cada uno pertenecía a una tribu y a un bando. Y gobernaba descaradamente en beneficio de los suyos reavivando odios ancestrales y continuas revueltas.

Abderramán desembarcó el 15 agosto del 755 en la ciudad de Almuñécar, en la costa granadina. Y en menos de un año derrotó a Yusuf, el último gobernador nombrado por el califa.

Con su carisma y decisión consiguió unir tras de sí a un ejército de bereberes, sirios y yemeníes.

Una vez en el trono, para consolidar su poder, llamó a los antiguos clientes de los Omeyas y los colocó en los cargos de confianza formando la nueva aristocracia del emirato. 

Después organizó la maquinaria fiscal y armó un poderoso ejército profesional reforzado con mercenarios bereberes y tropas eslavas, esclavos libertos europeos que no simpatizaban con ninguna facción. 

Su emirato, que duró más de treinta años, fue una batalla continua.

Primero contra Yusuf, que nunca se resignó y luchó hasta la muerte; después con los enviados desde el califato instalado en Bagdad. 

Siempre sofocando rebeliones internas y pacificando poco a poco sus dominios, su empeño permitió la creación de una nueva dinastía que se mantendría dos siglos y medio dominando la península.

Disuelto el pacto en el antiguo principado de Teodomiro sus territorios pasaron a ser una provincia más del emirato, lo que llamaban una cora.

Aunque estas demarcaciones tomaban el nombre de la que fuese su capital, los geógrafos árabes mantuvieron el del legendario godo hasta la llegada de las Taifas: la «Cora de Tudmir».

Gracias al documento firmado en aquel pacto, que os he dejado en el capítulo anterior, conocemos la producción agrícola anterior a la llegada de los musulmanes.

En el pago en especie figuran almudes de trigo y cebada, vinagre, miel y aceite. Esto demuestra que en Tudmir se cultivaba la trilogía mediterránea: trigo, vid y olivo.

Los nuevos pobladores revolucionaron la agricultura.

Los egipcios asentados en Tudmir importaron sus milenarias técnicas agrícolas.

El comportamiento del Segura, con sus continuos desbordamientos fertilizantes, era comparable al del río Nilo y ellos sabían aprovecharlo muy bien.

También trajeron innovaciones tecnológicas como las «senyas» o ruedas de sangre tiradas por animales; prototipos sirios anteriores a las norias.

En cuanto a la evolución de Aurariola a Medina Uryula es un misterio.

Sabemos que los primeros musulmanes continuaron en la ciudadela fortificada de San Miguel, un enclave estratégico muy importante que dominaba visualmente el llano y controlaba el paso hacia Cartagena y posteriormente hacia Murcia.

Por el pasillo estrecho entre el monte y el río corría la ruta de Crevillente a Murcia.

Este camino fosilizado determinó el trazado de las primeras calles de la ciudad que hoy conocemos.

Hasta bien entrado el siglo XX vías como la de la Feria formaron parte de la carretera general.

El amurallamiento del llano fue necesario para defenderse de los enemigos y también del río.

Cuando fue completado quedó una puerta en cada extremo de aquel camino: las de Murcia y Crevillente. 

No tenemos datos de estos primeros años. Los restos arqueológicos más antiguos en el llano datan de finales del siglo IX o principios del X.

Pero está claro que en torno a esas primeras calles se arracimaron las viviendas formando el intrincado callejero islámico de Uryula.

El Segura y el monte de San Miguel encorsetaron la ciudad obligándola a crecer abrazada a la sierra.

Pero no adelantemos tanto.

Estos procesos se consolidaron durante el Califato y aún faltan unos cuantos emires.

En Tudmir siguieron las continuas rebeliones y disputas.

El reparto de las tierras expropiadas a los mozárabes benefició de nuevo a los árabes del norte.

Desde la conquista, la mayoría de la población inmigrante fue yemení; tribus del sur bien relacionadas con los muladíes y mozárabes.

Y también bereberes, asentados en las peores tierras y dedicados al pastoreo.

El poder ejecutivo lo ejercían unas pocas familias de la aristocracia árabe.

La capital quedó en Uryula o Medina Tudmir, donde se instalaron los oligarcas dependientes del poder cordobés: el cadí, los agentes ejecutivos …  

Omeyas y sus aliados sirios.

La muerte de cada uno de los primeros emires desató una feroz lucha por el trono.

Y casi todas salpicaron de alguna forma a esta provincia levantina y levantisca.

A Abderramán I le sucedió su hijo Hixán, el primer Omeya hispano.

 Dírham. Hixam I . Imperio Numismático.

Tenía dos hijos más: Suleymán, el primogénito que llegó con él a la península; y Abd Ala.

Escogido el sucesor por su padre, como era costumbre, sus hermanos no aprobaron la decisión y decidieron disputarle el trono.

Suleymán fue derrotado en Toledo y se refugió en Tudmir.

Hixán I pactó con sus hermanos pagando una fabulosa suma para que abandonasen la península.

A su muerte ese mismo dinero sirvió para que Suleymán formase un ejército, volviese a la península y se rebelase contra su sobrino, el emir Al-Hakán I.

Y otra vez se le unió su hermano Abd Ala.

El joven emir, implacable y astuto, derrotó a Suleymán. Y ordenó su decapitación en Mérida.

A su otro tío lo dejó refugiarse en Balansya (Valencia) donde pactó una especie de estado semi independiente que duró más de veinte años.

Conocido como «Al Balansí» (el valenciano), guardó lealtad a su sobrino hasta su muerte, colaborando con él militarmente.

Pero nunca dejó de intentar extender su poder a la vecina Cora de Tudmir.

Al- Hakan I, apodado «el sanguinario», pasó su reinado sofocando rebeliones de manera contundente.

Dírham. Al Hakam I . Coins of al-Andalus.

Dejó 19 hijos y 23 hijas con diversas mujeres.

A su muerte, el ya muy anciano «Al Balansí» intentó de nuevo hacerse con el trono.

Bajó hasta Uryula y reclutó un ejército en la cora de Tudmir para marchar sobre Córdoba. 

Una repentina enfermedad y la rápida intervención del emir, que se aproximaba al mando de un ejército para neutralizarle, provoco la dispersión de sus tropas.

No tuvo más remedio que regresar a Valencia; donde murió el último hijo de Abderramán I, el primer emir Omeya de Al-Andalus.

Después de tanta sangre derramada, su biznieto Abderramán II recibió por fin un estado pacificado, organizado y próspero.

Tudmir seguía siendo un polvorín que solo necesitaba una chispa. 

Y pronto se encendió desencadenando una larga y sangrienta guerra civil.  

Programa 2.
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