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Callejeando 26. La Calle del Bisbe.


Foto Ajomalba.

La Calle del Bisbe.

Llegamos a la que durante siglos fue la calle más importante de la ciudad; la que encabezaba los listados en los padrones o vecindarios: la calle Mayor. Con ella completaremos también el recorrido por el cuartel llamado Casco o Cuerpo de la Ciudad.

Calle Mayor a mediados del XVIII Fray Antonio de Villanueva.
Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.

La calle Mayor nació como un corredor paralelo a la muralla; entre la puerta del Puente y la de Elche.  Esta vía era el nexo de unión entre el zoco musulmán y la mezquita Aljama en la Uryula islámica; entre la Plaza Mayor, la Sala del Consell y la Colegiata/Catedral, en la Oriola cristiana.

Calle Mayor, vista aérea.

Fue, junto a la de la Feria, la calle más transitada por asuntos comerciales. Pero también, y muy especialmente, por motivos religiosos. Me gusta la descripción que incluye Ojeda Nieto en su «Orihuela imaginada»:

Caminando hacia una puerta u otra, hacia la Plaza Mayor o hacia la Seo, el tránsito fluía. Un deambular, un trasiego, un ir y venir de hebdomadarios, presbíteros, sacristanes, canónigos, niños cantores. Y todos los oficios de mantenimiento de los grandes edificios, siempre en obras, canteros, albañiles…

Esta arteria principal contaba inicialmente con varios callejones que la comunicaban con el río y con la calle de la Feria. Los del sur salían a través de postigos en la muralla, accesos sellados «a cal y canto» en caso de peligro como podemos comprobar en esta nota de Bellot fechada en 1358:

El infante se metió en una barca con el justicia y los jurados para hacer visura de la muralla junto al río. Y mandó que todos los postigos que salían al río desde el puente a la Puerta de Elche, fuesen cerrados a cal y canto.

Con el paso de los siglos todas las callejas hacia el río fueron ocupadas; y de las que comunicaban con la de la Feria, quedaron dos: el callejón del Obispo – hoy plaza del Salvador- y  el que actualmente conocemos como Capitán Grifoll. De ambos hablamos en el capítulo veinte, dedicado a la calle de la Feria.

Antes de comenzar con sus titulaciones vamos a repasar lo escrito por Gisbert a finales del XIX. En el apartado «Distrito del centro o casco» dice:

Mayor. Llamada de los Tratantes por algunos de nuestros cronistas. Cuentan Bellot y Montesinos que la formaban antes dos, la del Baño, que es muy posible que fuese la del Ángel, y la del Hospital o del Obispo. Desconocemos el origen de la denominación de la primera y las de la segunda proceden del palacio episcopal que antes de servir de morada a los prelados, fue Hospital del Corpus Christi. Existe en ella la Casa de los marqueses de Campo-salinas.

Calle Mayor, vista aérea.

Don Ernesto fue muy escueto con una calle tan importante. El origen de la titulación «Los Trantantes», como él mismo dice, es desconocido y suena a Montesinos. En cuanto a la segunda titulación, se apoya en una nota de Bellot fechada en 1357.  

En estos días hubo un pleito entre Jaime Rocamora y Andrés Durán y otros vecinos suyos, porque compró el Rocamora una traviesa o callejón, que atravesaba de la calle del Baño a la calle del Hospital y subía a la Judería, a uno que lo tenía por donación del Infante. Alegaban los vecinos ser contra privilegios.

Lo que se colige en que la calle del Hospital era parte de la calle Mayor, y la del Baño la otra mitad, que después por ennoblecer la ciudad lo harían todo una calle, como hoy está.

Mosén Bellot interpreta que la calle del Hospital y la calle del Baño se unieron para formar la calle Mayor.

En este caso estoy de acuerdo con Gisbert; la «del Baño» puede ser la «del Ángel».  Y añado de mi cosecha que, el callejón mencionado puede ser el actualmente llamado «de la Guardia»; separando la Mayor de la del Ángel y con acceso a la Judería por la calle de la Paja.

Hay que recordar que, hasta la apertura de la calle de Colón -hace poco más de un siglo- la calle del Ángel se podía considerar parte de la Mayor uniendo la Sala del Consell y la Catedral.  Así pues, la calle del Baño, si existió tal titulación, era probablemente la actual López Pozas.

Archivo Municipal de Orihuela.

En cuanto al origen de estas titulaciones medievales, la del Hospital  tiene su origen en el Hospital del Corpus Christi. En el capítulo nueve de este paseo  ya hablamos de como fue permutado a mediados del siglo XVI por el palacio del último obispo de Cartagena.

Para la segunda, la «del Baño», sólo tengo una teoría: puede referirse a baños árabes, como los que se conservan en el solar de la Casa del Paso. Situadas cerca de las puertas, algunas de estas instalaciones musulmanas fueron reutilizadas durante años por los nuevos pobladores cristianos mientras se mantuvieron en pie.

Una vez repasado lo dicho por los cronistas, vamos con las titulaciones registradas en padrones y protocolos notariales durante los últimos cuatro siglos.

Archivo Municipal de Orihuela.

La más completa y descriptiva aparece en uno de mediados del XVII: «Carrer del Bisbe, desde la Sala fins la porta de Elig», es decir «Calle del Obispo, desde la Sala a la puerta de Elche». Normalmente figura como «Carrer del Bisbe»; a veces como «Carrer de la Seu». En protocolos del siglo XVIII aparece como «calle mayor llamada del Obispo»; y en los del XIX como calle Mayor a secas.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.

Su titulación definitiva llegó en el verano de 1922, cuando Pedro Herrero Rubio solicitó que se rotulase una calle con el «nombre ilustre del Doctor Cajal» a fin de rendirle un merecido homenaje desde Orihuela.

Don Santiago Ramón y Cajal rodeado por sus alumnos.

El Ayuntamiento acordó que la Comisión de Ornato escogiese la calle que debía ostentar dicho nombre y que se rotulase durante la Feria. Como podéis suponer, esta fue la elegida. El 2 de agosto de ese mismo año, en el programa de festejos, se incluyó el descubrimiento de la lápida en la calle llamada a partir de entonces de Ramón y Cajal.

Foto Ajomalba.

Y esto es todo en cuanto a rotulación se refiere. Como siempre, los oriolanos han prescindido de las titulaciones municipales y la siguen llamando «la calle Mayor». Si os parece, vamos a adentrarnos en ella para hablar un poco de sus edificios.

Colección Manuel Soler Sevilla.

Rebasado el Claustro, del que hablamos en el capítulo anterior, frente a la hornacina de la Soledad encontramos una hermosa casa con su jardín.

José Antonio Ruiz Peñalver.
Colección Javier Sánchez Portas.
Colección Javier Sánchez Portas.

Las dos últimas fotografías, tomadas desde el puente de Levante a principios del siglo XX, son anteriores a 1917, año en el que se edificó la vivienda actual. Conocida como la casa de Ana Cano-Manuel, esta señora era viuda del abogado Pedro Soto Melgarejo, fallecido sin descendencia en 1910.  En sus testamentos dejaron un generoso legado a la Iglesia y «El Pueblo» se lo agradeció.

En El Pueblo. Número Extraordinario dedicado a Nuestro Padre Jesús de Orihuela, publicado en abril de 1926, recordaban al piadoso matrimonio.
Colección Javier Sánchez Portas.

La edificación actual, de estilo modernista, es obra de Severiano Sánchez Ballesta. Consta de planta baja y dos pisos. Ana Cano falleció cinco años después de su construcción, en el año 1922.

Archivo Eusebio Escolano Giménez.
Archivo Eusebio Escolano Giménez.

El siguiente propietario del palacete que tengo documentado (no he conseguido saber a quién se la compró) fue el médico Eusebio Escolano Gonzalvo, cuya carrera política culminó con un acta de diputado por la CEDA, durante la II República.

Morador de la casa en los turbulentos años treinta, al declararse el alzamiento militar consiguió huir de Orihuela. Su vivienda fue incautada por Ramón Pérez «el Cartero», Luis Pérez «el Guardia» y Alfonso Melgarejo Fabregat, para instalar en ella la sede del Comité de Orden Público.

En el listado de «cárceles rojas», confeccionado en 1940, se cita literalmente: «Comisión de Órden Público (Casa del Dr. Escolano)».  La casona  sirvió también de alojamiento para soldados, refugiados y transeúntes. Terminada la contienda pasó a formar parte del universo hernandiano al quedar relacionada con su particular «prendimiento».

A finales del mes de septiembre de 1939, año de la victoria -o de la derrota, según se mire- Miguel Hernández salío de la casa de los Marín Gutiérrez, padres del fallecido Ramón Sijé, domiciliados frente al palacio de Campo Salinas.  Un oficial del juzgado y el inspector de la Guardia Municipal lo identificaron y allí mismo comenzó su calvario, en la puerta de la casa de Escolano.


Joaquín Marín.

Don Eusebio la vendió a mediados de los sesenta. Su propietaria actual es María Isabel de Almunia y López de Sagredo, marquesa de Rubalcava desde 1977.

José María Pérez Basanta.
Baltasar Gómez Berná.
José María Pérez Basanta.
Miguel R Bailén González

Seguimos caminando y, a la derecha, encontramos la hermosa puerta de la catedral apellidada «del Loreto» o «de los músicos». Obra gótica de mediados del siglo XV, no voy a entrar en su descripción artística, como tampoco lo he hecho en las otras puertas de la Catedral, ni lo haré en el Palacio Episcopal; doctores tiene la Iglesia.

En cuanto a sus nombres, quedan explicados por los músicos que pueblan sus arquivoltas y por la capilla que tiene enfrente: la de Nuestra Señora de Loreto. Mencionada también como del Orito, es una dependencia de la catedral situada extramuros del recinto; el primero de tres interesantes edificios anexos que vamos a comentar.

José María Pérez Basanta.

Del Loreto dice Gisbert que fue fundado en 1304 por gracia de doña Sancha de la Torre y Brizuela, como capilla del primitivo hospital del Corpus.  Que permutado este y trasladado al arrabal, el primitivo edificio quedó anexionado como capilla de la catedral en 1548, recibiendo la pila bautismal de la ermita de San Sebastián cuando se construyó el convento de agustinas, a principios del XVII. 

Joaquín Marín.

Nada de ese largo pasado dice la bula de erección, concedida por Roma en la primera mitad del siglo XVI, pero tampoco lo desmiente. Sí deja claro que fue construida por el Cabildo sobre el cementerio mayor de la entonces colegiata del Salvador con la condición de que mantuviese parte del terreno como cementerio. De ahí esa especie de patio con un vaso funerario al que Gisbert llama «pórtico para enterramiento de pobres».

Las antiguas puertas del Loreto. Colección Javier Sánchez Portas.
José María Pérez Basanta.

El párrafo siguiente pertenece a Josef Montesinos en su «Compendio Histórico de Orihuela».

Se hallaban antiguamente en Orihuela tres hospitales, el uno de ellos que era el mayor, estaba en las casas y Palacio que hoy son del Sr. Obispo, y tenía por su iglesia la que se llama de Ntra. Sra. del Loreto, en la que está fundada la Iltre. Cofradía de la Sangre de Cristo, de la que salía la antigua procesión de los Disciplinantes y Penitentes, todos los años, en el día de Viernes Santo, en la cual entraban Caballeros, Ciudadanos y Labradores, a los que más adelante se agregaron los Mercaderes y Escribanos, cuya Cofradía se llama también del Smo. Eucarístico Sacramento, que le daba loa cena a todos los Cofrades en el día del Corpus Christi».

Francisco Luis Galiano Moreno.

Este añejo edificio está muy vinculado a la Semana Santa oriolana. Los parrafos siguientes pertenecen al artículo «Aportación al estudio de la Semana Santa Oriolana» publicado por Javier Sánchez Portas en 1981:

En la capilla del Oreto, fundada en 1536, tenían su sede cuatro cofradías bajo las invocaciones del Santísimo Sacramento, Purísima Sangre de Cristo o Nuestro Padre Jesús, Nuestra Señora del Oreto y Nuestra Señora de los Desamparados. Estas cofradías estaban tan unidas que con el título de la primera se designaba a las restantes.

Tenían diversas obligaciones, como proveer la cera que se consumía en la Catedral y enterrar a los que morían desamparados o sentenciados por la justicia. Para realizar estos deberes tenían una fábrica de cera y pedían limosna en una procesión que organizaban el Viernes Santo por la tarde.

En este trabajo, Javier documenta como esta capilla almacenaba varias imágenes o insignias de los gremios a finales del XVII: «La Oración en el Huerto» de los horneros y panaderos o «La Cruz de los labradores», atribuida a Nicolás de Bussi, la emblemática «Diablesa».

Colección Javier Sánchez Portas.

En 1706, proclamado en Orihuela  el pretendiente durante la Guerra de Sucesión, las tropas de Belluga asaltaron la ciudad y ardió la casa del Maestrescuelas, Gregorio de Soto y Orumbella.  Situada junto a la capilla, el fuego pasó al Orito produciendo importantes daños en el edificio y en «La Cruz de los labradores».

Sobre la capilla, en una dependencia construida en la parte superior, había una rudimentaria fábrica de cera regentada por la Cofradía del Santísimo Sacramento, titular de la ermita, asociada a otras tres: Purísima Sangre de Cristo, Nuestra Señora de Loreto y Nuestra Señora de los Desamparados.

José Antonio Ruiz Peñalver.

El escudo de la Purísima Sangre de Cristo, con las llagas y las gotas manando, campea en solitario en la parte exterior. Sobre la portada, hay otro, con cuatro cuarteles:

El primero, con un cáliz, representa al Santísimo Sacramento.

El segundo,  al lado,  muestra los dados utilizados por los romanos para jugarse la túnica del Nazareno.

El tercero es el mas dudoso; por eliminación debería representar a Nuestra Señora de los Desamparados, pero solo muestra una cruz sobre nubes. Acepto sugerencias.

En cuanto al último, los ángeles llevando al vuelo la casa de la Virgen dejan claro que se refiere a Nuestra Señora de Loreto, patrona del Ejército del Aire.

José Antonio Ruiz Peñalver.

En la riada de octubre de 1797, conocida como «de San Nicasio», la casa del Loreto quedó de nuevo arruinada. Este suceso pasó a los anales de nuestra ciudad al ser arrastrada la imagen del Nazareno que presidía la capilla por las turbulentas aguas del Segura.

La rescataron a la altura del molino de Cox. Desde entonces, aquella imagen de Nuestro Padre Jesús desaparecida en la Guerra Civil, cargó con el cariñoso apodo de «el ahogado».

José María Pérez Basanta.

Demolida y reedificada la capilla, la fábrica de cera siguió su misma suerte; circunstancia que aprovechó el obispo Francisco Cebrián para pedir al cabildo que le cediese la planta superior del Loreto. Conseguido su propósito, construyó un oratorio privado para uso de los prelados.

El cementerio funcionó hasta el siglo XIX. Hasta 1936 se celebró en ella misa dominical.  La imagen mariana que luce sobre la portada fue añadida en el siglo XX.

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Pedro Díaz Molíns.

El segundo edificio es el palacio episcopal, construido en 1558 en los terrenos que ocupaba el hospital del Corpus Christi. Como ya contamos en el capítulo nueve, el último obispo de Cartagena, Esteban de Almeida, permutó el solar de su antiguo y abandonado palacio, situado en el solar del Hospital de San Juan de Dios, sala de exposiciones y biblioteca en la actualidad.

Esteban de Almeida falleció en 1563 y su escudo luce sobre la puerta más estrecha del palacio, conocida como de la Curia.

Foto Ajomalba.

El obispo José Flores Osorio (1728-1738) demolió buena parte de la obra original para reformarla reforzando su cimentación. Su aspecto exterior cambió totalmente cuando el Consell le autorizó para tirar una nueva fachada recta, tomando de la calle «la distansia de un pie».  Mejorado y ampliado, le añadió el claustro.  Su escudo campea en la puerta principal marcando el año de la reforma: 1733.

Roberto Vives Almansa.
El obispo Juan Maura en la puerta del palacio, principios del siglo XX.
Víctor Sarabia Grau.

Elías Gómez de Terán, Pedro Albornoz, José Tormo y Francisco Antonio Cebrián continuaron mejorando el edificio durante el siglo XVIII, añadiendole una nueva edificación muy sobria y una tercera puerta destinada a carruajes. De esta forma quedó unido con la casa del marquesado de Campo Salinas.

En la siguiente centuria las continuas riadas socavaron los cimientos de la parte trasera forzando su demolición en 1843, mientras su inquilino, el obispo Félix Herrero Valverde, permanecía desterrado por carlista.  Afectó principalmente a las dependencias de los prelados. Los restos aprovechables se emplearon en la adaptación del edificio del Pósito en la Plaza Nueva, convertido en ayuntamiento.

Félix Herrero Valverde.
Archivo Rafael Almira.

Durante el siglo XX los años se le echaron encima sin mantenimiento y el edificio se fue arruinando poco a poco. Para colmo, el Obispo Pablo Barrachina trasladó su residencia y las oficinas de la Curia a Alicante.

En 1996 sufrió un conato de incendio; y por fin, dos años después, comenzaron las obras de restauración finalizadas en 2003, para ser sede central de la Exposición «La luz de las imágenes». En la actualidad alberga el museo diocesano de arte sacro, trasladado desde el claustro de la Catedral.

Francisco Luis Galiano Moreno.
José María Pérez Basanta.
José María Pérez Basanta.
José María Pérez Basanta.

El tercer edificio, adosado al Palacio Episcopal,  es el que fue casa del Marquesado de Camposalinas. Edificado en el siglo XVIII pertenecía a los  Sánchez Bellmont antes de obtener el Marquesado.  Sus primeros testamentos en Orihuela aparecen a finales del XVII; pero el prestigio de esta familia subió como la espuma en la siguiente centuria, a la sombra de los Borbones.

José María Pérez Basanta.

En 1707 Juan Sánchez Bellmont obtenía el cargo de Justicia Mayor de manos del propio Obispo Belluga, en una Orihuela sometida.

Su hijo Ignacio, regidor del ayuntamiento oriolano, casó con una hija del alcalde mayor de Valencia, emparentando con la prestigiosa familia Cebriá/Cebrián.  Gracias a la influencia de su suegro lo nombraron alférez mayor de Orihuela y requeridor de su costa en 1745. Sabemos que tenía un hermano de nombre Ginés, canónigo de la catedral de Orihuela.

Vicente Sánchez Bellmont y Cebriá, el hijo de Ignacio, consiguió el título nobiliario en 1790 de manos de Carlos IV.   En la primavera de ese mismo año había señalado para el futuro marquesado dos fincas de viñas y olivares situadas en la Universidad de Almoradí, en el sitio llamado Campo de las Salinas.  El 8 de junio apareció su nombramiento en la Gazeta de Madrid:

S. M. se ha dignado conceder merced de título de Castilla con la denominación de Marqués de Camposalinas a D. Vicente Sánchez Bellmont y Cebrián, vecino de la ciudad de Orihuela, Caballero en la Orden de Santiago, para si y sus sucesores en su casa perpetuamente, en atención a sus circunstancias de nobleza, merito personal y de sus causantes y rentas que goza para mantenerse con el decoro correspondiente.

Fallecido en 1817 sin descendencia, el Marquesado pasó a su hermana Josefa, inmortalizada por el taller de Vicente López en este precioso retrato.

Retrato de la Marquesa de Campo Salinas Círculo de Vicente López. S. XIX. Óleo sobre lienzo.

La oriolana Josefa Manuela Sanchez de Bellmont y Cebriá -II marquesa de Camposalinas- nació el 3 de enero de 1752. Contrajo matrimonio en Orihuela el 8 de febrero de 1772 con Francisco Agulló, emparentado también con los Cebrián.

El hijo de este matrimonio, José Agulló Sánchez Bellmont -III marqués de Campo Salinas- casó en 1809 con Vicenta Ramón de Sentís y Ripalda – V condesa de Ripalda y II baronesa de Tamarit-, uniendo el patrimonio de la valenciana casa de Ripalda con el marquesado de Campo Salinas.

Fruto de esta unión nació José Joaquín Agulló y Ramón de Sentís – VI Conde de Ripalda, IV marqués de Campo-Salinas y III barón de Tamarit-.  Afincado en Valencia, fue senador vitalicio y presidente de la Real Academia de San Carlos.  José Joaquín pasó a la historia como cofundador de la Cruz Roja en España.  Fallecido en 1876, su viuda edificó el famoso Palacio de Ripalda en Valencia.

Palacio de Ripalda.
José Joaquín Agulló y Ramón de Sentís.VI Conde de Ripalda, IV marqués de Campo-Salinas, III barón de Tamarit.

Siendo ya condesa/marquesa su hija María Dolores, se inauguró en esta casona el llamado «Circulo de la Unión» o «casino de la calle Mayor»; una alternativa al Casino Orcelitano inaugurado el sábado «día del pájaro» de 1886.

El Diario de Orihuela. 17 de julio de 1886: A las once de hoy ha tenido lugar la inauguración del Círculo de la Unión. Terminada la lectura, de la memoria de creación de dicha sociedad, en breves y elocuentes frases dio gracias el presidente Sr. Mesples a los invitados por haberle honrado con su presencia, a lo cual contestó el Alcalde Sr. Ballesteros manifestando el reconocimiento de que estaba poseído por la atención que se le había dispensado invitándole a tan solemne acto y haciendo votos, al terminar, por la vida y prosperidad de tan distinguido Círculo. La banda de música ha amenizado el acto, atrayendo mucha gente a la calle Mayor.

Durante la II República pasó a ser el “Centro de Fomento de Trabajo y Cultura”, sede de la CEDA. El 14 de abril de 1936, durante las celebraciones del quinto aniversario de la proclamación, Miguel Hernández inauguró la Plaza de Ramón Sijé subido a una escalera. Al terminar el acto, la manifestación pasó por la calle Mayor y asaltó el edificio. Durante largo tiempo la turba se entregó al expolio arrojando los muebles a la vía pública y al río.

Terminada la contienda albergó la sede de Falange Española y la emisora de Radio Orihuela. En el «Hogar del Camarada», cantina de Falange alojada en sus bajos, hizo sus primeros pinitos Joaquín Vegara, fundador del «Bar Joaquín».

Alberto Zerón Huguet.
José M Ruiz Hernández

Cuando hablamos de la Plaza del Salvador me olvidé mencionar el «Patio de las Cadenas». Estos espacios  descubiertos, habitualmente enlosados y a un nivel superior al de la calle, se llaman atrios, y se pueden encontrar a la entrada de muchas iglesias. Solían señalizarse con columnas y cadenas.

José María Pérez Basanta.

Esas cadenas marcaban los límites del recinto sagrado. Gracias al fuero eclesiástico,  los perseguidos por la justicia ordinaria podían «acogerse a sagrado». La cosa era especialmente grave cuando la Colegiata pertenecía al Obispado de Cartagena; refugiarse en ella era sinónimo de pasar a Castilla. La propia torre, en su base, era una prisión eclesiástica.

Los zócalos o columnas de piedra negra fueron renovados en 1791. Originariamente se pensó en media docena, con argollas y cadenas de hierro;  y así se mandó hacer al cantero Francisco Calvet. Pero como podemos comprobar, con cinco fue suficiente.

Como el cantero tenía ya trabajada la sexta y había que pagarla, la columna restante se aprovechó como repisa de un altar de la Catedral. Las piedras más claras  y las cadenas actuales se colocaron en los años setenta, dando sentido al nombre del acceso principal de la Catedral: «Puerta de las Cadenas».

José María Pérez Basanta.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)

Adaptación y ampliación de un programa de radio al que podéis acceder con los siguientes enlaces.

Programa de radio.
Vídeo del programa.

Como anexo final os dejo unas letras escritas por mi buen amigo Luis Mirete. En mi opinión condensan la esencia de la calle Mayor en el último tercio del siglo XX:

¡Cómo echo de menos sentir el eco de mis pasos recorriendo esta calle cada noche! Aún conservo en mis oídos los clericales silencios rotos de campanario y los borbotones de agua erigiéndose con violencia de palmera en los soportales de mi querida Soledad. 

En mi memoria guardo el aromático viaje con un comienzo de ferralla y recambio de tapa de olla mezclados con efluvios de Pasión desbordada emergidos desde Marita Salazar, hasta terminar en la fragancia de sotana de cera, de flor de entierro, de estridente órgano y genital sahumerio de pellizcos y dolor de brazo de nuestra Catedral pasando por los telares de olor hueco de paño «bueno» de Eleuterio, el aroma a libro nuevo, a goma de lápiz y comenzar de escuela desde los mostradores de Estruch, a la crisálida evolutiva de esencia y paladar transformado en fiesta placentera de ensaladillas, caldos y pelotas en el «Cicuta».

Pedro Díaz Molíns.

Toda la calle es aroma puerta por puerta en mi cabeza. Y sobre todos ellos la lluvia. El balsámico elixir de la vieja piedra mojada, de los balcones forjados en arquivolta, del sereno desplante del señor don Grifo aún con orgullo después del chubasco, son para la retentiva el regreso de los cinco de los ramos y las palmas; de los doce de correr por el claustral oscuro tras la novena; de los diecisiete del nacer de mi pasión por mi Orihuela y de los veinte del adiós, te amo, no te olvido y ahí te quedas.

José María Pérez Basanta.

Veo esta imagen a los cuarenta y se me caen los chorros de mi sangre a los pies entre alaridos de ausencia prolongada. Con una esperanza de muerte al fin como regreso hasta mi patria, aunque no pueda contemplar más mi sol, mi huerta y mi sierra, seguiré al menos recibiendo el olor, las fragancias puras y los escondidos aromas, cuando la lluvia palpitando entre otros pasos, me los traigan bajo la tierra. 

Callejeando 25. La Plazuela de la Soledad.

Fotografía Ajomalba.

La Plazuela de la Soledad.

Antes de llegar a la Calle Mayor, donde terminaremos el recorrido por el Casco, vamos a detenernos en una plazuela llena de Historia que no aparece en los padrones hasta el siglo XIX.

Es la que ocupaba el espacio entre el fosal de la Catedral, la puerta de Elche y una torre cuyos restos se conservan en las traseras del hotel Tudemir.

Plaza de la Soledad desde el Claustro.

Dice don Ernesto Gisbert en su Historia de Orihuela que fue conocida en lo antiguo por la del Salvador.

Que disfrutaba de una torre levantada en 1359. De una puerta y un postigo llamado de Juan Aliaga entre 1365 y 1382, cuando la villa no pasaba más allá de su recinto.

Por último añade, citando a Roca de Togores, que a la puerta principal se la llama de Elche en el Libro de Repartimentos.

De poco nos sirve esta vez. Todo esto lo sacó de las notas de Mosén Bellot.  Fijaos en ésta,  fechada en 1365:

Cercola por todas partes (hablando de la ciudad) y como sabía por sus espías cuan flaca estaba la muralla desde la Puerta de Elche hasta el postigo de San Salvador, que más era casa muro que muralla, determinó combatirla por ahí.

El Infante con los principales consejeros fue mirando la muralla por la parte de fuera y mandando cerrar los postigos y ventanas de ella, no mandaron cerrar el postigo de Juan Aliaga, presbítero, que está en la casa que hoy es de Ana Fernández Mesa, viuda de Antonio Marín.

En cuanto al título del Salvador, es lógico que se la conociese así estando junto a dicha iglesia. Más aún sabiendo que la actual Plaza del Salvador fue callejón hasta el siglo XIX.

Antes que el fosal o cementerio parroquial del Salvador, esta plaza albergó otro, cercano a la mezquita aljama.

Soledad Vélez Murcia dirigió en 1999 una excavación de salvamento en el solar de una casa palacio derribada en la Plaza de la Soledad.

Maqueta del Museo Arqueológico de Orihuela.

Se trata de una de las más importantes excavaciones en Orihuela, la primera documentación arqueológica de una necrópolis musulmana en el excelente trabajo «La necrópolis islámica de la Plaza Teniente Linares», VÉLEZ MURCIA, Soledad. (2001).

Fotografías realizadas a pie de obra por Soledad Vélez Murcia en 1999.

Las tumbas puestas al descubierto demostraron la presencia intramuros, pegado a la muralla, de un cementerio musulmán.

En el yacimiento se consiguieron exhumar sesenta enterramientos cuyos restos óseos presentaban una disposición decúbito lateral derecho; con las extremidades inferiores flexionadas en algunos casos, con las manos en la zona púbica y la cabeza mirando hacia el sudeste, en dirección a La Meca.

Fotografías realizadas a pie de obra por Soledad Vélez Murcia en 1999.

Se pueden distinguir los muros, atarjeas (canales para las aguas residuales) y sumideros; un conjunto de estructuras halladas en la excavación.

Pertenecen a diferentes épocas que se muestran en niveles superpuestos. El más antiguo es un nivel de hábitat anterior a la necrópolis, datado en el siglo IX o principios del siglo X.

Fotografías realizadas a pie de obra por Soledad Vélez Murcia en 1999.

En el mismo yacimiento se documentaron estructuras de épocas posteriores: restos de la muralla (almohade), una serie de arcos ojivales pertenecientes a una vivienda gótica (bajomedieval); o los restos de un pequeño puente sobre la Acequia Vieja de Almoradí, con materiales del siglo XVIII.

Estaba bajo esta casa palacio sustituida por un moderno edificio de color rojo que ahora forma parte del hotel Tudemir. Su hermosa portada, mal recompuesta, decora en la actualidad el chalet de la costa de un fallecido promotor oriolano.

Portada Original. Colección Javier Sánchez Portas.

En cuanto a los restos de la torre, conocida como de los Roca, son visibles desde la Casa Casinello y desde el Pasaje Canto de la Pasión, en las traseras del hotel.

Torre medieval desde el Pasaje Canto de la Pasión.

En los repartos de la primera mitad del XVIII, antes de construir el Palacio que alberga el hotel, se menciona frecuentemente la «Puerta de la Yedra».

Archivo Histórico de Orihuela.

Casa de habitación y morada sita en la población de esta Ciudad, Parroquia de San Salvador, en la Plazuela llamada La Soledad, junto a la Puerta de la Yedra y casas del Canónigo Jayme Soler de Vilanova, calle en medio….

Ese nombre se repite muchas veces.  Incluso una calle llamada «de la Puerta de la Yedra, que sigue a los Hostales». También una mención con este mismo nombre a la cercana Puerta de Crevillente, en el Barrio Nuevo.

Fuera de Orihuela sólo he encontrado una puerta en toda España con nombre similar y está en Barbastro.

Mi teoría es que, en esa zona oscura y húmeda, los restos de la vieja puerta de Elche (y los de la de Crevillente) estarían cubiertos de hiedra. Pero es eso, una teoría.

El título Plaza de la Soledad no tuvo sentido hasta finales del siglo XVII.

Plano confección propia. Ajomalba.
Aspecto actual fundidas las dos plazas. Víctor Sarabia Grau.

Gisbert dice que la capilla existe «de inmemorial» sobre la puerta oriental de la Catedral llamada comúnmente del Fosal; pero no.

En las notas del padre Agustín Nieto se puede leer como, en 1688,  se decidió recrecer las paredes del fosal de la Catedral y añadirle una portada de piedra picada con una capilla sobre ella donde poder celebrar misa, que diese a la Placeta de Soto.

Ministerio de Cultura.

La llamaban así por la casa de un canónigo;  la que estaba pegada al fosar. En el planos de mediados del siglo XVIII sigue marcada como casa de Soto.

Fragmento plano siglo XVIII.

Terminada la obra, a instancias del Jurado Gregorio Masquefa, se acordó ampliar la ventana de la «capillica de la porta del fosar» y colocar un retablo con un lienzo de Nuestra señora de la Soledad, un balconcillo de hierro, un guardapolvo de madera, una vidriera y un «arquito de hilo de hierro».

Añade Gisbert que fue reedificada en 1759 por el doctor Antonio Palomino Dávila, canónigo magistral.

Este es el origen del título Plazuela de la Soledad, mantenido desde entonces.  Excepto un cambio que duró más de medio siglo.

Ministerio de Cultura. Ampliación de la fotografía anterior.
Archivo Municipal de Orihuela.
Plaza de la Soledad.

En octubre de 1940 pasó a llamarse Plaza del Teniente Linares. Homenajeaba a Enrique Linares Pescetto, nacido en Orihuela en julio de 1900.

Era hijo de Federico Linares y Benilde Pescetto, familia domiciliada en la Plaza de La Soledad.

Actualidad. 8 de enero 1931: Ha sido destinado al Regimiento de la Princesa, núm. 4 de guarnición en Alicante, el Teniente de Infantería don Enrique Linares Pescetto. 

Enrique era teniente de Infantería y fue fusilado por sentencia del Tribunal Popular el 25 de septiembre de 1936 en Paterna (Valencia). 

Sabemos de sus hazañas por la solicitud de haberes pasivos que hizo su viuda, Dolores Luna Montero, en 1940.

En el informe adjunto se cuenta como, antes de la sublevación, estuvo facilitando armas a los falangistas; y como fue conductor de un «coche fantasma» que, armado con una ametralladora, causó estragos entre los milicianos de Valencia.

Plaza de la Soledad.

Se la dieron al acabar la guerra, el 15 de octubre de 1940,  en el mismo paquete que a José Antonio Primo de Rivera, Francisco Díe, Luis de Rojas, Antonio Piniés… Los llamados «mártires de la cruzada».

Con el fin de testimoniar el reconocimiento que Orihuela debía al libertador de España de las garras del marxismo, al iniciador del glorioso alzamiento y en el resto de los designados al elemento civil a Falange, a los tradicionalistas y a los militares que dieron sus vidas por Dios y por España

En el año 2012 recuperó su titulación tradicional gracias a la Ley de Memoria Histórica.

Fotografía Ajomalba.

El claustro que ahora se muestra junto a la catedral, reedificado y adaptado, es el que permaneció durante casi cuatro siglos en el convento de la Merced. Su construcción se inició en la década de 1560 por el maestro picapedrero, Hernando Veliz. 

Desamortizado el convento en el siglo XIX, trocearon el edificio para reconvertirlo en pequeñas viviendas, locales comerciales y una posada.

El claustro o patio artístico era utilizado como cuadras y cocheras. Por ejemplo: el coche de caballos que unía los Hostales con la Estación, salía de ahí.

Aguantó como pudo el paso de los años; hasta que en octubre de 1942 consiguió una segunda oportunidad al ser adquirido para reconstruirlo sobre el antiguo fosal de la catedral. Casi cuatro siglos después, pasó de claustro mercedario a «claustro de los caídos».

Claustro mercedario en su emplazamiento original.

Desde antes de terminar la guerra, la «Comisión de Estilo en las Conmemoraciones de la Patria» intentó regular los proyectos artísticos en homenaje a los caídos en la contienda. Estas obras eran la plasmación física de la frase más repetida: «Caídos por Dios y por España. Presentes».

Desechada la idea de ofertar un monumento tipo y tras la publicación de ciertas normativas, el criterio adoptado fue el de mostrar el símbolo de «la Cruzada» como elemento principal.

Las cruces podían estar aisladas o adosadas a otros elementos ornamentales, como gradas de piedra.

En los años cuarenta España se llenó de estos monumentos construidos sin concurso, con resultados diversos. Se colocaban preferentemente cerca de las iglesias, resaltando así el carácter religioso de estos «altares para los mártires de la cruzada».

Archivo Municipal de Orihuela.

En Orihuela, el «homenaje a los caídos» formó parte de una importante reforma urbanística destinada a ensanchar y embellecer el entorno de la catedral.

Las obras incluyeron el traslado y adaptación del claustro, el completo aislamiento del templo, la construcción de un museo de Arte Sacro y la mejora estética de sus alrededores.

El «Proyecto municipal de reforma y urbanización de los alrededores de la Catedral de Orihuela», fue obra del arquitecto de cabecera del obispado, el ilicitano Antonio Serrano Peral.

Para llevar a cabo el aislamiento, se expropiaron las casas números 40 y 42 de la calle de la Feria,  propiedad de Ramona Soriano y Silvestra Antón.

Archivo Municipal de Orihuela.
Obras de reconstrucción. Colección Javier Sánchez Portas.

Impulsados por Luis Almarcha en 1941, la mudanza y ajuste del claustro, finalizado en noviembre de 1943, fueron costeados por la Federación de Sindicatos Católicos Agrarios, cumpliendo así «el deber patriótico de instalar una cruz de los caídos, orlada por el bello y singular claustro».

«El Pueblo». 24 de septiembre de 1944.

Al ser nombrado obispo de León, «El Pueblo» le dedicó un número monográfico en el que trataron la sustitución de «un patio trastero antiestético y maloliente» por un «original claustrillo».

Y mencionan, como como auxiliares de la obra, al tallista Balaguer, al pintor restaurador Enrique Luis y al forjador Antonio Pérez. 

Mi agradecimiento a Jesús Pérez García.

Esta cruz fue levantada en 1941 en el claustro de la Santa Iglesia Catedral de Orihuela (Alicante), bajo el patrocinio de los Sres. componentes de la Cooperativa Agrícola Católica (titulada Federación Católica Agraria de Orihuela) y Sedas Orihuela de esta citada ciudad.

En los cimientos de la mencionada Cruz, hay una arqueta de piedra con plomo, en la que se guarda un acta donde se citan los nombres de los Señores patrocinadores y unas monedas de la época.

Que conste, ante todo, que fue por iniciativa del Consiliario de dicha Cooperativa, Excmo. y Rvdmo. Sr. Dr. D. LUIS ALMARCHA HERNÁNDEZ, actualmente Obispo de León. Orihuela, Mayo de 1960.

Archivo Municipal de Orihuela.
José María Pérez Basanta.
Archivo Municipal de Orihuela.
José María Pérez Basanta.
Oriol recuperado e incorporado al claustro.
Imagen mariana del siglo XV. Recuperada del derribo del Cuartel de Marina, que antes fue ermita situada frente a Santa Justa. Representa, según afirma montesinos, a María Santísima de la Salud y a las Santas Justa y Rufina.

En 1960,  aprovechando la inauguración del Cuartel de la Guardia Civil, las «fuerzas vivas de la ciudad», la Benemérita, y los mandos del Ejercito desplazados para la ocasión, ofrecieron un homenaje a los «Caídos por Dios y por España» en el monumento que para tal fin se había construido.

Los guardias, con uniforme de gala, formaron en la Plaza de la Soledad.

1960. Homenaje a los «Caídos». Colección Javier Sánchez Portas.
1960. Homenaje a los «Caídos». Colección Javier Sánchez Portas.
1960. Homenaje a los «Caídos». Colección Javier Sánchez Portas.
1960. Homenaje a los «Caídos». Colección Javier Sánchez Portas.
1960. Homenaje a los «Caídos». Colección Javier Sánchez Portas.
1960. Homenaje a los «Caídos». Colección Javier Sánchez Portas.
José María Pérez Basanta.
José Antonio Ruiz Peñalver.

Esta bella cruz de término había llegado a Orihuela en un lote de patrimonio donado por el Estado para el citado Museo de Arte Sacro.

 Piezas recuperadas al terminar la  Guerra Civil. Pero una vez instalada, apareció el legítimo propietario de la cruz: el Ayuntamiento de Denia.

Para solucionar el problema se fabricaron dos copias. Una es la que permanece en Orihuela.

La otra volvió su emplazamiento original como cruz de término, en Denia.

La cruz gótica original está expuesta en el Museo Arqueológico de esta localidad, como podéis comprobar pinchando sobre la fotografía para visitar virtualmente el museo.

Alberto Zerón Huguet. Enlace al Museo de Denia.
La cruz Original, en Denia.
Original y réplica. En Denia.

En la actualidad, sustituyendo la antigua hornacina que dio nombre a la plazuela, hay otra junto al claustro, con una imagen de la Virgen de la Soledad.

Archivo Municipal de Orihuela.
Mariano Pedrera.

El alma mater de toda esta actuación y creador del Museo Diocesano de Arte Sacro, instalado en unas dependencias anexas al claustro, fue el entonces vicario general de la diócesis,  Luis Almarcha Hernández.

Por ese motivo,  en septiembre de 1944, al alcanzar la mitra de León, el callejón que une la plaza con la calle de la Feria se tituló «Pasaje Obispo Almarcha».

Pinchando su fotografías se accede a la biografía del obispo de León.

Luís Almarcha Hernández. Pinchad para acceder a su biografía.
Fotografía Ajomalba.
Mariano Pedrera.
Fotografía Ajomalba.
Inauguración de las dependencias del Museo de Arte Sacro. Colección Javier Sánchez Portas.
Inauguración de las dependencias del Museo de Arte Sacro. Colección Javier Sánchez Portas.
Inauguración de las dependencias del Museo de Arte Sacro. Colección Javier Sánchez Portas.
Inauguración de las dependencias del Museo de Arte Sacro. Colección Javier Sánchez Portas.
José María Pérez Basanta.
José María Pérez Basanta.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Adaptación de pequeños artículos y un programa de radio sobre la Calle Mayor que incluiré en la siguiente entrega. Como despedida, os dejo un vídeo que confeccioné hace tiempo.

Callejeando 24. La Plaza de la Merced y los Soleres.

Mercado de castañas en la Navidad de 1920. Antigua plazuela de la Merced, hoy del Doctor Jaime Sánchez. Clisé de Pablo Correau Cama. Colección Esteban Sanmartín.

La Plaza de La Merced y los Soleres.

Retomamos nuestro paseo en la antigua plaza de la Merced repasando, como es mi costumbre, lo que de ella, y de su prolongación natural, la calle de los Soler o Soleres, cuenta don Ernesto Gisbert en su Historia de Orihuela. En el apartado de plazas y plazuelas del Casco:

Soleres. Son dos pequeñas plazuelas que existen entre la calle así denominada y la de Santa Lucía. Constituirían una sola y de relativa importancia si no se hubiese edificado en su centro un horno.

De la Merced. También son dos unidas por un pequeño tránsito junto a la antigua torre de Navalflor. D. José de Montesinos dice que la de L., en la que está la puerta principal del templo se llamó del Mercado y que la otra, o sea la más occidental, formaba parte de la calle de Santa Lucía. En Enero de 1862 y a costa del conde de Luna, fue arreglada la primera, proveyéndosela entonces de dos escalones de piedra que dan acceso a la misma y del arbolado que tuvo y que hoy ha desaparecido.

En el apartado de calles:

De Soleres. Se encuentra al oriente de la Mayor y guarda paralelismo con la de Santa Lucía. Le da título una noble familia que, con repetición suma ha sido citada en nuestras memorias.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

La de la Merced es calle muy antigua. Un acceso al casco desde el Vallet a través de un portillo en la muralla. Estrecha en algunos tramos por culpa de los mercedarios, instalados en unas casas que les cedió Pere Roca intramuros, junto a la torre de Navalflor.

José María Pérez Basanta.

José Ojeda documenta como, a finales del XVII, la ciudad permitió que se apropiasen de parte de ella hasta el punto que ni procesiones ni entierros podían pasar. Si os interesa la historia de los mercedarios, podéis acceder a un artículo monográfico pinchando en la siguiente imagen.

Pinchad aquí para acceder al artículo.

Es bastante lógico que Soleres y la Merced fuesen en un principio una sola calle, dividida posteriormente en dos tramos. El más próximo a los mercedarios se quedó con el nombre del convento e iglesia. El otro, donde se hallaba la casa de la familia Soler, recibió su apellido. Ahora, en el callejero municipal, vuelve a ser una sola; la de Soleres, que une la Plazuela de la Soledad con la calle Ballesteros Villanueva.

Foto Ajomalba
Archivo Municipal de Orihuela.

La pequeña plazuela donde está la puerta del Museo de Semana Santa ha conservado su nombre en el moderno callejero: Plaza de la Merced. El título «del Mercado», que le otorga Montesinos, está por documentar.

En su día estuvo arbolada y a nivel del suelo. Reformada y elevada en 1862 por cuenta del Conde de Luna, le añadieron dos escalones para alejarla de la humedad del Vallet. Dicho museo está construido en el solar de la iglesia mercedaria; de la que sólo nos queda una portada horriblemente recompuesta tras el derribo.

Plaza de la Merced y calle de Soleres.
Plaza de la Merced y calle de Soleres. Colección Javier Sánchez Portas.
Plaza del Doctor Jaime Sánchez. Archivo Mariano Pedrera

La otra, más amplia, homenajea al doctor Jaime Sánchez Ballesta, famoso médico oriolano que perteneció a la primera promoción de pediatras de España, hermano del maestro de obras Ignacio Sánchez Ballesta.

Jaime Sánchez Ballesta. Gentileza de su nieta Marieli Zerón Sánchez.

Jaime se ganó el sobrenombre de «médico de los pobres»  por su atención a niños sin recursos.  Cuentan como, escaso de medios, era capaz de construir una incubadora usando una simple caja de cartón, algodones y unas botellas de agua caliente. En los años ochenta del siglo pasado el Ayuntamiento oriolano decidió dedicarle la que siempre había sido plaza de la Merced.

Archivo Municipal de Orihuela.
Foto Ajomalba
Archivo Municipal de Orihuela.

En casi todos los repartos, los vecinos de Soleres aparecen revueltos con los de la Merced o Santa Lucía.  La calle de Soler sólo me aparece una vez,  en el primer cuarto del siglo XVIII, junto a la traviesa de Tolmos, calleja desaparecida que unía la plaza de la Pía con la de la Soledad. Hablamos de ella hace dos entregas.

Archivo Municipal de Orihuela.

Volviendo a lo comentado por Gisbert, es cierto que el apellido Soler forma parte de nuestra historia y podría merecer una calle. Pero como ya hemos explicado varias veces, hasta finales del XIX las calles no se otorgaban por méritos; adoptaban el nombre de sus moradores más famosos o respetados.

Entre los siglos XVI y XVII, los Soler vivían cerca de la Merced. Pepe Ojeda la sitúa en la esquina con el callejón transversal que iba a la muralla y el torreón, es decir a los restos que se conservan en la trasera del hotel Tudemir. Ese callejón coincide con el actual Pasaje de Semana Santa.

Plano confección propia.
Foto Ajomalba

Por mi parte, repasados el XVIII y XIX, como ya he dicho, la única vez que me aparece separada la calle de Soler es en un reparto muy completo y detallado de 1718. Y el primer vecino reseñado es Juan Soler. En el resto no se molestaron en citar la calle.

Sin embargo, sí la mencionaban en protocolos notariales. Así pues, era cuestión de localizar al tal Juan Soler que vivía por ahí en ese año. Y trabajando protocolos tuve suerte.

A través de pleitos familiares descubrí a Jaime Soler de Vilanova, canónigo de la Santa Iglesia Catedral y juez delegado de la Santa Cruzada. Repasando su herencia, localicé la casa en la que murió después de habitarla más de treinta años. Y estaba en esta calle. Además, Juan era su hermano.

Archivo Histórico de Orihuela.

Como ya he dicho alguna vez, los religiosos estaban exentos de pago y no figuraban en los repartos. En la donación de sus bienes -redactada en 1734- aparece una casa de habitación y morada en la calle llamada de los Soleres, Parroquia de San Salvador.

Archivo Histórico de Orihuela.

Que «alinda» por Levante casa de Manuel Pando; a Poniente con Plazuela de Nuestra Señora de la Soledad; por Mediodía con casa del Mayorazgo que poseé  D. Juan Roca y Rocamora, Acequia de Almoradí por medio; y por Tramontana con casa de la herencia del Doctoral D. Pascual Ruiz de Villafranca, canónigo doctoral, con dicha calle de los Soleres enmedio.

Esta donación deja clara una disputa judicial entre los hermanos Jaime y Juan Soler por la propiedad de la casa. El canónigo había decidió dejar todas sus propiedades a su querida sobrina -Joaquina Soler- hija de Juan.  La representaba su marido, el extremeño Juan de Castañeda, capitán de Caballería del Regimiento Alcántara.

Juan Soler de Vilanova, como primogénito, alegó que esa casa no podía donarla, pues pertenecía a la herencia de Jaime Soler, su padre según testamento de 1698.

Firma original de los hermanos Jaime y Juan Soler. Archivo Histórico de Orihuela.

Jaime le recordó que el edificio heredado era antiguo y estaba arruinado. Que lo había reedificado y obrado varias veces para mejorarlo; y siempre a expensas de sus propios caudales. Habían vivido todos juntos en la casa y comido en la misma mesa durante años. Pero en los pleitos salieron los trapos sucios: que yo te he mantenido, que yo pagué el entierro de la madre, etc.

Hizo testamento y murió en 1725. Un año después, para evitar «grandísimos disgustos y enemistades entre personas tan propias» Joaquina, representada por su marido,  firmó una concordia con su padre y su hermano, de nombre también Jaime.

Archivo Histórico de Orihuela.

En dicha concordia añaden que es casa de habitación con cochera accesoria.

Parroquia de San Salvador, en la calle llamada de los Soleres. Lindes por Levante con casa de Manuel Pando de los Cobos; por Poniente con la Plazuela de Nuestra Señora de la Soledad; por Mediodía con casa del presbítero Juan Roca y Rocamora, Acequia Vieja de Almoradí de por medio ; y por Tramontana con casa de la herencia de Pascual Ruiz de Villafranca, canónigo doctoral, dicha calle de Soleres de por medio.

Archivo Histórico de Orihuela.

En ambas descripciones, la última casa citada es el desaparecido Palacio de Villafranca o «del Inquisidor». Con estos datos tenemos la certeza de que los hermanos Soler vivían en la esquina de la calle con la plazuela de la Soledad. Que la casa fue reedificada a principios del XVIII. Y que su padre ya poseía la propiedad en el XVII.

Plano confección propia.
Foto Ajomalba

No he encontrado otra titulación. Salvo en el plano de la nueva Catedral de mediados del XVIII.  Ahí aparece como Plazuela del Deán.  Seguramente, por esas fechas vivía en la zona el Deán del Cabildo.

Archivo Catedral Orihuela.
Josè María Pérez Basanta.

En cuanto a que las plazuelas están divididas por la construcción del horno, dicha división tuvo que efectuarse en fecha remota. En protocolos del siglo  XVII ya aparece una casa edificada en el solar del horno del Obispo.

Coque Celdrán.

Esta modesta calle conserva tres casas interesantes: la de Indalecio Casinello, la de los Roca de Togores y la de La Linde.

La primera, completamente restaurada y de propiedad municipal, es la sede de la «Casa de la Juventud». 

En 1928 acogió «El Centro de Caballeros de Nuestra Señora de Monserrate y San Francisco de Borja», un establecimiento de orientación católico-conservadora dirigido por el jesuita Pedro Isla que incluía una escuela de oficios y una buena biblioteca. 

Foto Ajomalba

El pueblo. 14 de mayo 1928: Ayer fue abierto con gran concurrencia de socios el Centro de Caballeros de Ntra. Sra. de Monserrate, llamando la atención de todos, la espléndida instalación del mismo.

El pueblo. 21 de mayo 1928: Congregación y Centro de Caballeros de Nuestra Señora de Monserrate y de San Francisco de Borja. FIESTA RELIGIOSA. En cumplimiento de su Reglamento, la Congregación dedicó a su Excelsa Patrona Ntra. Sra. de Monserrate una solemne función religiosa en el día de ayer. A las ocho y media de la mañana, Misa solemne y Comunión General de los Sres. Congregantes en el Santuario de la Patrona. Estuvieron representadas todas las Autoridades Corporaciones y Congregaciones locales.

INAUGURACIÓN OFICIAL DEL CENTRO A las 6 de la tarde, estando congrega: dos todos los socios e invitados al acto entre los que figuraban las Autoridades locales y provinciales hizo su entrada en el local social el Excmo. Sr. Dr. D. Francisco Javier Irastorza, Obispo de la Diócesis el cual revestido de Pontifical procedió a la Bendición del amplio local. Terminado tan solemne acto, hizo uso de la palabra el digno Presidente de este Centro D. Sebastián Penalva, dando como inaugurado el local.

A continuación habló el Rvdo. P. Isla que como Director de la Congregación y Centro de Caballeros de Ntra. Sra. de Monserrate y S. Francisco de Borja; expuso los fines a seguir, por esta Institución, entre los cuales figura la formación de hombres que instruidos en las máximas de la religión colaboren por al engrandecimiento social y cristiano de nuestra gloriosa Patria.

Después habló elocuentísimamente nuestro amado Prelado que alabó la fundación del Centro el cual responde al pensamiento del Pontífice, que quiere el apostolado seglar en la Acción Católica. Expone los documentos pontificios sobre la materia. El discurso fue lleno de doctrina y de excelente formato literario. Una ovación cerró el discurso del Sr. Obispo. Luego fueron obsequiados los invitados y socios con un espléndido lunch. El sexteto muy acertado.

En la escalera se conserva el escudo de esta institución; y en el patio una espectacular torre medieval cercana a la Puerta de Elche. Desde aquí la muralla enlazaba por el lateral de la iglesia mercedaria con la torre de Navalflor, mencionada anteriormente.

Publicación de 1930 y fotografía actual del escudo en la caja de la escalera. Foto J. Sánchez Portas.

Junto a él tenemos el palacio de los Roca de Togores. En el siglo XIX pertenecía a Manuel Roca de Togores y Pérez de Meca, Caballero de Alcántara.

Foto Ajomalba
Francisco Luis Galiano Moreno.
José María Pérez Basanta.

Con vuestro permiso, voy a terminar esta entrega hablando del actual Palacio de la Linde. Y digo el actual porque el primero y original lo edificó Antonio María Piniés Sánchez-Muñoz, Barón de la Linde, en la Calle de San Juan, al llegar a Orihuela en el año 1900.

Ministerio de Cultura.

Este edificio adoptó ese nombre en los años treinta del siglo pasado, cuando pasó a habitarlo su hijo,  Antonio María Piniés Roca de Togores.

Siempre he tenido debilidad por este palacete gracias a las visitas realizadas durante mi infancia, al salir del cercano colegio de las Discípulas de Jesús. Allí fui condiscípulo de Martín, el hijo de la baronesa. En mis recuerdos quedó grabado aquel oscuro zaguán, la escalera con armaduras, la habitación situada en el chapitel donde jugábamos…

Colección Javier Sánchez Portas.

Muchos años después, Javier Sánchez Portas y Jorge Belmonte me hablaron de su sencilla y hermosa fachada labrada de una sola pieza. Y de como la carpintería revelaba la propiedad de un religioso, no de un noble.

Con el tiempo fui localizando ventas, censos y una curiosa concordia. Con estos materiales espero completar algún día un trabajo monográfico. Pero de momento voy dejaros un resumen de lo encontrado hasta ahora, aprovechando además para comprobar sus lindes en los siglos XVII y XVIII.

Javier, como siempre, tenía razón. La casa ha estado durante muchos años asociada al Cabildo Catedralicio. El edificio sobre el que fue construida la vivienda actual, era del siglo XVI y, a través del tiempo, ha pertenecido a varios religiosos.

Ministerio de Cultura.

En 1684 Pascual Ruíz, ciudadano de Elche, vendió al doctor Cristóbal Rocamora unas casas de habitación situadas en la «parrochia de Sent Salvador, carrer que travesa de la Merce y va al carrer de Santa Llusía y a la porta nova».

Por las espaldas afrontaba a la «Placeta de la porta major del convent de Nostra Sra. de la Merce». Lindaba de poniente con la casa de Felicia Jodar -viuda de Felix López- calle de por medio, lo que nos indica que en el XVII ya había un edificio en el solar del «Horno del Obispo», como he dicho antes.

La casa se fue deteriorando y cargando de censos. Estos censos eran parecidos a las actuales hipotecas. Adquirida la casa con una deuda del siglo XVI a favor del Patriarcal Colegio de Predicadores, Cristóbal firmó tres censos más: dos a finales del XVII con dicho Colegio de Predicadores y con la obra pía administrada por un canónigo;  y otro a principios de XVIII con sus vecinas, la Priora y monjas del convento de Santa Lucía de la ciudad de Oriola.

Archivo Mariano Pedrera.

Su situación y lindes a principios del XVIII eran:

Casa de habitación y morada que posee en la ciudad, parroquia de Sent Salvador, en lo carrer apellidat de Soler, que afronta de Levante ab Plaseta de la Mercé y casses de los herederos de Jaume Gallego; de Poniente ab carrer o travesa de dicha calle de Soler al carrer principal que ve de la Porta Nova a la Catedral; de Tramontana amb dicho carrer; de Mediodía ab cases de herederos del cura Roca, que ho posee Felicia Miravete, viuda de los Roca de Torreselles en carrer que va desde lo carrer de Soler hasta la Plaza de la Merced.

Muerto Cristóbal Rocamora en 1720, los señores del Cabildo, administradores de su pía memoria, firmaron un nuevo censo con los reverendos padres del convento del Apóstol San Pablo, orden de Nuestra Señora del Carmen. Y después se la vendieron a otro religioso. Este se llamaba Phelipe Ridaura, y era presbítero, cura de la Santa Iglesia Catedral. La compró en 1724 pagando tan sólo el importe anual de los cinco censos.

Ministerio de Cultura.

Cuando el cura Felipe falleció, la casa necesitaba obras urgentes. Su heredera solicitó el justiprecio de un maestro alarife, quien la valoró en tres libras menos de lo que importaban los cinco pagos anuales. Era lo que se dice una herencia envenenada. La sobrina se deshizo de ella en el verano de 1730.  Y la compró otro religioso, el doctor Antonio Ruiz.

Archivo Histórico de Orihuela.

Casa de habitación y morada en la población de esta ciudad.  Parroquia de San Salvador. En la calle llamada de Soler. Lindes: a Levante Plazuela llamada del Convento de la Merced; a Poniente Calle de Soler; a Mediodía calle que va a dicha plazuela y por tramontana con calle principal llamada de Santa Lucía.

El doctor Ruiz, mayordomo del Cabildo, pagó justo la deuda censal de la vieja casa para construir este espectacular edificio en el primer tercio del XVIII.

Alberto Zerón Huguet.

En la casona destaca su torre o chapitel,  con ventanas a los cuatro vientos. Su construcción guarda una curiosa anécdota. A las vecinas no le gustó la torre. Las monjas de Santa Lucía vieron peligrar su honra con ese espectacular mirador frente a su convento y decidieron convocar al dueño, religioso como ellas, antes de recurrir a los tribunales. Según decían, por Levante, Poniente y Tramontana se podían registrar «sus seldas» y lugares internos, siendo contra derecho y muy perjudicial para su comunidad.

Colección Javier Sánchez Portas.

En el verano de 1735, en la reja del coro de la iglesia,se juntaron las reverendas madres: sor Gregoria -priora del convento-, sor Basilia, sor Antonia,  sor Isabel y sor Margarita con un notario y tres testigos.

El doctor Ruiz consideró justos los reparos y aceptó que la ventana de Tramontana, es decir la lindante con el convento, permaneciese cerrada de obra dejando solo la forma. En cuanto a las de Levante y Poniente, debían comprobar que de ninguna forma pudiesen controlar el interior del convento. Y si así fuese, condenarlas como la de Tramontana.

Archivo Histórico de Orihuela.
Colección Javier Sánchez Portas.

Estas condiciones eran en tiempo presente y en días venideros; por él, sus sucesores y futuros compradores de la casa, siempre que desde la torre se pudiese ver el interior del convento. Sólo si la continuación de la iglesia tapase la vista, quedaban autorizados a abrirlas de nuevo. Además, el remate no podía mudar la forma de tejado a terrado llano.

Colección Javier Sánchez Portas.

La letra «R» que luce el chapitel se la añadieron en el siglo XX ; concretamente en la década de 1910,  cuando  Piedad Roca de Togores, marquesa de Ruvalcaba,  se instaló en ella hasta que terminaron su palacio frente a Santiago, al que por cierto traspasó algunas puertas de esta añeja casa. En la imagen anterior podéis ver la torre sin ella.

Otra curiosidad: Si os habéis fijado, la «R» prodría valer para todos estos propietarios citados: Ruiz, Rocamora, Ridaura, otra vez Ruiz, Roca de Togores y Rubalcaba.

José María Pérez Basanta.
José María Pérez Basanta.
Alberto Zerón Huguet.

A través de Soleres llegamos a la plazuela de la Soledad, donde comenzaremos nuestro próximo capítulo.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Adaptación ampliada y revisada del guión de un programa emitido en Radio Orihuela SER en 2014.

Vídeo.
Programa.

Callejeando 23. Santa Lucía y el Barrio Nuevo.

Imagen idealizada de la calle y el convento sin los edificios circundantes. Mario Gómez Ramón. 

Santa Lucía y el Barrio Nuevo.

Dice Gisbert en su «Historia de Orihuela» que la calle de Santa Lucía se denominó antes «del Salvador».

Aunque con esa titulación concreta no la he localizado, lo cierto es que, hasta la construcción del desaparecido convento de dominicas cuyo solar ocupa hoy la plaza, la calle de Santa Lucía se citaba en los padrones como «Carrer de la Seo» (de la catedral) o «Carrer de la Fira fins la porta nova»; algo así como un apéndice de la calle de la Feria.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

En el siglo XVII, con el convento ya fundado, aún aparece reflejada como «carrer des la Porta Nova a la Seu y carrer de la Fira», es decir: «la calle que va desde la Puerta Nueva a la Catedral y calle de la Feria».

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Tampoco su longitud es precisa. En algunos padrones acaba al rebasar el convento; otros la prolongan hasta el callejón de Sans —actual calle de Comedias—, marcando la Catedral como inicio de la calle de la Feria.

Archivo Municipal de Orihuela.

Es así como tiene sentido lo de calle de la Seo o del Salvador: La calle que desde la Puerta Nueva llegaba a la Catedral.

Colección Javier Sánchez Portas.

Lo cierto es que bien entrado el siglo XVII empezaron a nombrarla con el título de Santa Lucía y así se ha mantenido hasta hoy, exceptuando un cambio que duró lo que la II República.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Rafael Almira.

Durante los años 1931 y 1932, el concejal José Sánchez Moya solicitó varias veces el nom­bre de Francisco Ferrer Guardia para la calle de Adolfo Clavarana; y por fin consiguió su propósito.

Pero la fa­milia de don Adolfo, afamado escritor y periodista a nivel nacional, convenció al Consistorio para que respetasen el nombre de tan ilus­tre hijo de Orihuela.

El acuerdo quedó revocado en la siguiente sesión y el nombre de Ferrer Guardia recayó en la calle de Santa Lucía.

Como casi todas las calles modificadas, recuperó su nombre tradicional en abril de 1939.

A propuesta de Juan Villaescusa, se anularon todas las variaciones de nombres con posterioridad al 14 de abril de 1931, para rotularlas con los que anteriormente figuraban.

Fotografía Ajomalba.

Una vez repasadas sus titulaciones vamos a hablar un poco del desaparecido convento que le dio nombre. 

Para ello debemos remontarnos a 1563, cuando un caballero llamado Joan Alcoriza  utilizó media docena de casas en la zona para fundar un beaterio.

Estos refugios para «bonas donas» o «mujeres de bien» nacieron como una alternativa para solteras o viudas dispuestas a vivir con recogimiento, recato y espiritualidad.

De carácter laico, se emplazaban junto a iglesias o ermitas con las que tenía conexión directa.  

Buena parte de estos beaterios acabaron convertidos en conventos, como en el caso que nos ocupa.

Fray Juan de Loazes

En el verano del año 1600, la llamada Cofradía de Santa Lucía —que llegó a albergar en clausura a más de ochenta mujeres entre viudas y doncellas— cedió la ermita y la casa de bonas donas al Mestre Joan Loazes para que fundase un «Monastir de monges» de Santo Domingo.

La cesión implicaba dos condiciones: edificarlo en un máximo de dos años;  y que su invocación y altar mayor se dedicasen a Santa Lucia.

Fray Juan de Loazes era rector perpetuo del Colegio de Predicadores como hijo del Patriarca Loazes.  Para tal menester, trajo algunas dominicas del Monasterio de Magdalenas de Valencia.

Montaje de la ermita de San Miguel sobre grabado del XVIII.

Antes trasladaron a sus internas al beaterio de San Miguel, donde ahora se asienta el Seminario. Las instalaron junto a la ermita, en unas celdas que fueron ampliadas para acoger a estas mujeres a finales del siglo XVI.

La fundación del convento contó con la inestimable ayuda del obispo dominico Andrés Balaguer, enterrado en la iglesia conventual de Santa Lucía en 1626.

Convento de Santa Lucía. Fragmentos de fotografías de la Colección Javier Sánchez Portas.

Más allá de sus patrocinadores, fue la excepcional coyuntura demográfica de la ciudad — despoblada por la peste de 1648— la que les permitió adquirir suficientes casas y solares para levantar un monasterio de grandes dimensiones intramuros,  muy cerca de la Catedral, ocupando toda una manzana.

Dotadas de pocas rentas, las dominicas se mantuvieron con decencia bajo la protección de los predicadores hasta que estos fueron exclaustrados.

La desamortización de buena parte de sus propiedades les llevó a comercializar los productos que hasta entonces elaboraban como obsequios de gratitud: los famosos dulces de las monjas.

Ma plus sincère gratitude à Alain-Patrick Thiebaut.

Y así llegamos al trágico verano de 1936. Desde el mismo 18 de julio, las dominicas habían comenzado a trasladar los objetos de valor a una casa que ocuparon frente al convento. Imágenes y ornamentos, fueron escondidos o entregados a personas de confianza.

Días después, las propias religiosas se alojaron en dicha casa por motivos de seguridad; quedando tan sólo en el monasterio la priora y tres hermanas. Incautado el edificio en agosto la comunidad se dispersó.

A comienzos de septiembre, el convento fue incendiado con una actuación coordinada en la que los vecinos fueron avisados con antelación para que desalojasen las casas cercanas.

Ramón Pérez Álvarez, en una entrevista publicada en Canfali en marzo de 1984, atribuyó este incendio a una forzosa concesión a los elementos más radicales que, al igual que en toda España, estaban ansiosos por empuñar la tea purificadora.

Según su testimonio, optaron por destruir el convento de Santa Lucía, porque era el más deteriorado y se estaba cayendo.

Colección Javier Sánchez Portas.

Las paredes que se mantuvieron en pie tras el incendio fueron dinamitadas dejando un solar que acabó convertido en lo que hoy conocemos como la Plaza de Santa Lucía.

En el verano de 1939 la superiora y diecinueve supervivientes  regresaron a Orihuela.

El Vicario Luis Almarcha las instaló provisionalmente en la iglesia de la Merced, donde comenzaron a pedir ayuda, ofreciendo al Ayuntamiento el solar del convento para que procediesen a su justiprecio. 

Mientras tanto adecentaron en lo posible la deteriorada iglesia mercedaria y en mayo de 1940 celebraron su primera misa pública.

Iglesia de Nuestra Señora de la Merced. Colección Javier Sánchez Portas.

Un año después, el solar del desaparecido convento de Santa Lucía se había convertido en un peligro para la higiene y en un atentado al ornato público. Y Se decidió permutarlo por un edificio situado cerca de San Antón.

Restos Convento de Santa Lucía. 26 de junio de 1941. Archivo Marieli Zerón.

En el verano de 1941 Jesús Botella Brotóns propuso: «la permuta del solar de las monjas de Santa Lucía cuya compra tiene concertada por el antiguo edificio de «La Luz» que tiene arrendado el Ayuntamiento mediante el abono de la diferencia de precio que arroje la peritación».

Restos Convento de Santa Lucía. 26 de junio de 1941. Archivo Marieli Zerón.

Cediéndoles el vetusto edificio extramuros de la ciudad darían a las religiosas el albergue que necesitaban y «se haría una justa y pública reparación a la ya nombrada comunidad de religiosas del acto vandálico cometido por los rojos, reduciendo a escombros su único patrimonio».

Primitiva Plaza de Santa Lucía a mediados del siglo XX. Archivo Marieli Zerón.

El 15 de enero de 1942 Eusebio Escolano reunió al consejo de la empresa Insecticida Química S.A. para comunicarles que el ayuntamiento permutaba el edificio con las dominicas de Santa Lucía por el solar del convento destruido por los rojos.

Y a su vez, las monjas, les venderían el edificio.

Las condiciones que marcaba el Ayuntamiento eran las siguientes: pagarían a las dominicas 60.000 pesetas. Y para el desescombro y ornato de la plaza resultante del solar del convento, 20.000 más. 

Plaza en el solar de Santa Lucía. Archivo Monse González Pertegal. 

Por otro lado, el prelado Juan Maura y Gelabert había fundado el Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de San José para seminaristas de clase humilde en el edificio trinitario.

Convertido en Seminario Menor por el obispo Javier Irastorza en 1925, fue desalojado y ocupado durante la Guerra Civil y había quedado vacío al acabar la contienda.

Culminada la operación municipal, las dominicas se hicieron con el Seminario Menor; es decir, el antiguo convento de la Santísima Trinidad, desamortizado en el siglo XIX.

La plaza de Santa Lucía en enero de 1954. Colección Antonio Miravete.
Alberto Zerón.
Fotografía Ajomalba.

Pinchando la siguiente imagen podéis acceder al artículo «Y se hizo la luz».

Pinchad aquí.

En la Trinidad se instalaron las dominicas y allí siguen elaborando su tradicional repostería, un lujo que antaño solo gozaban obispos, dominicos y algún preboste de la Corte al que éstos trataban de agasajar…

Gaspar Poveda.

La dominicas comercializan sus productos a través del torno, curioso  artilugio con el que se comunican con el exterior desde hace siglos y que llegó a dar nombre a un callejón,  el «del torno de Santa Lucía».

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.
Fotografía Ajomalba.

La que figuraba también en los padrones como primera traviesa de las monjas o callejón de la iglesia de Santa Lucía, una vez desaparecido el convento quedó como una calleja que hasta hace pocos años conservaba una espectacular conjunto de balcones y rejas cuyo edificio ha desaparecido.

José María Pérez Basanta.

Los cercanos títulos de Calle de la Cruz y Calle de Santa Cruz pueden llevar a confusión. El primero se lo otorgaron en 1861 y proviene del antiguo nombre de una ermita.

Ruinas de la ermita del Pilar o de la Santa Cruz. Colección Carmelo Illescas
Calle Barrio Nuevo. Ruinas de la ermita del Pilar o de la Santa Cruz. Colección Jesús R. Tejuelo.
Ermita de Ntra. Sra. Del Pilar o de la Santa Cruz. Archivo Luis Mirete.

La modesta ermita del Pilar, edificada en los años setenta del siglo pasado, tene su origen en otra muy antigua cuya primitiva construcción es del siglo XVI. 

Fue costeada por Jacobo Torres Alcorisa y quedó terminada en mayo de 1526, fecha en la que fue bendecida como capilla de la colegiata bajo la advocación de La Santa Cruz, San Judas Tadeo y Santa Tecla.

Ermita de Ntra. Sra. Del Pilar o de la Santa Cruz. Archivo Luis Mirete.

Un temblor de tierra acaecido en 1673 obligó a reedificarla reduciendo un poco su tamaño. Pero la nueva construcción duró poco.

Las copiosas lluvias del año 1699 la arruinaron de nuevo y tras un breve periodo en el que el solar se dedicó a otros menesteres, se levantó por tercera vez, retranqueada y elevada sobre la sierra, quedando bendecida en abril de 1714.

Esta modificación la dotó de una doble escalinata que conformó el aspecto que conservaría hasta su demolición y nueva reconstrucción.

Fotografía Ajomalba.
Fotografía Ajomalba.
Fotografía Ajomalba.

Un pequeño callejón al costado de la ermita se nombraba como calle del Barranco hasta que la comisión encargada de la rotulación y numeración de las calles decidió modificarlo en 1861.

La Calle del Barranco, estando en el linde oriental del Edificio que fue Hospital de Caridad, puede llevar el nombre de Calle de la Cruz. De este modo se cortará que se confunda con otra de igual nombre que existe en el arrabal de San Juan.

El título Calle de Santa Cruz se lo debemos a Francisco Santa Cruz Pacheco, prestigioso político oriolano del siglo XIX.

El diario de Orihuela. 6 octubre 1887: Ya están terminados los rótulos de las calles del Cardenal Loaces, Capitán Grifol y Santacruz. Los títulos en caracteres negros están grabados en tableros de mármol blanco de Macael.

José María Pérez Basanta.

El diario de Orihuela. 11 octubre 1887: La colocación de los rótulos en las calles nuevamente tituladas, ha sido el asunto que ha dado importancia a la semana que finó ayer.

Los nombres de tres hijos ilustres de Orihuela han sido grabados en mármol y serán pronunciados al mencionar las calles que titulan por las generaciones venideras.

Un ilustre príncipe de la Iglesia, un eminente hombre público que llegó a ocupar los primeros puestos del Estado y un esclarecido capitán que vertió su sangre peleando por la honra nacional en la ardiente tierra africana, dan con su apellido insigne, nombre a tres calles de esta población.

Loaces, Santacruz y Grifol no pueden ya ser borrados por el tiempo de las páginas de la patria historia. El Ayuntamiento ha interpretado fielmente los deseos del vecindario. Orihuela no puede menos de aplaudir el buen acierto que ha tenido en el asunto la Corporación municipal.

Fotografía Ajomalba.

Fallecido en 1883, cuatro años después el Ayuntamiento concedió su nombre a la calle antes llamada Traviesa de las monjas de Santa Lucía.

El diario de Orihuela. 6 de octubre 1887: Ya están terminados los rótulos de las calles del Cardenal Loaces, Capitán Grifol y Santacruz. Los títulos en caracteres negros están grabados en tableros de mármol blanco de Macael.

Así pues, la que sube al costado de Santa Lucía, ya casi desaparecida es la Calle de Santa Cruz. Os dejo un enlace a la biografía de este famoso oriolano.

Pinchad la imagen.

Junto a la ermita había un hospital construido en 1764, del que ya hablamos en la Calle de Comedias.

La llamada Congregación de Nuestra Señora de la Caridad, fundada en 1757 con sede en el Hospital de San Juan de Dios,  decidió independizarse y se instaló brevemente en una casa construida en la Pedrera de Matías.

Al no llegar a un acuerdo económico compraron unas casas junto a la ermita y allí emplazaron el Hospital de la Caridad.

Casa Carrió. Calle Comedias. Fotografía Ajomalba.

El edificio de la Caridad.

A comienzos del siglo XIX la congregación regresó al seno de los Hospitalarios de San Juan de Dios por falta de recursos para su mantenimiento.

Y el edificio de la Caridad, cada día más deteriorado, acabó en manos del Estado que cedió su uso a la ciudad.

En 1887 albergaba la caja de reclutas a pesar de que el viejo caserón presentaba un estado deplorable.

El día. 11 de diciembre 1887: Hoy tendrá lugar en el edificio de la Caridad, y a las nueve de la mañana, el sorteo de mozos de la quinta del año actual.

El Diario de Orihuela. 3 de enero 1888: Hemos tenido ocasión de visitar el edificio de la Caridad hallando en él desperfectos que hacen necesaria inmediata reparación.

El jardincillo que antes servía de recreo y solaz a los niños de la escuela de párvulos, está en el mayor abandono, lo cual habrá podido notar en su última visita a aquel local la Junta de instrucción municipal.

El orcelitano. 29 de junio 1889: Otro de los hechos acaecidos en la pasada semana y que han merecido llamar la atención del público, ha sido la precipitación en que, en la noche del martes se trasladó la fuerza de la guardia civil al edificio de la Caridad; sitio en que no puede estar mas que provisionalmente, atendiendo a lo destrozado en que se halla el edificio, pues necesita grandes reparaciones, y han de ser del momento; de lo contrario si no se atiende cual es debido  a su inmediata reforma, su ruina en un plazo breve es inevitable.

La guardia civil no puede por el estado ruinoso del edificio permanecer mucho tiempo en él…

En la sesión municipal del 23 de enero de 1892, el señor García Cubero manifestó la conveniencia  de que se procediese con urgencia a las obras que reclamaba el edificio «la Caridad» para instalar en él unas oficinas militares; sirviendo a la vez de alojamiento para a los soldados y clases que fuese necesario.

Por no tener cantidad asignada en el presupuesto, el asunto quedó aplazado y en manos de una comisión.  

Las obras serían «mejor pensadas y estudiadas» para no castigar demasiado el capítulo de imprevistos.

Pero terminó el año y todo seguía igual. Gracias al siguiente artículo, sabemos que albergaba dos escuelas y las oficinas de correos y telégrafos.

El independiente. 30 de noviembre 1892: El edificio de «La Caridad» donde están instaladas las oficinas de Telégrafos está cada día en peor estado y si su reparación no se resuelve en plazo breve no está lejano el día en que se venga abajo.

La escalera está ya sin barandas, las paredes en las piedras sin yeso alguno en muchas partes, y por si no era bastante esto, las últimas lluvias han determinado el hundimiento de un alero del tejado, habiendo  otro que está amenazando ruina

El independiente. 1 de diciembre 1892: El edificio de «La Caridad» está convertido en una ruina. No hay más que haber visitado una sola vez las oficinas de telégrafos en él establecidas, para estar plenamente convencidos de esta verdad. Y eso que para llegar a las antedichas oficinas solo se ve la parte mejor conservada del edificio. Conque Vds. se harán cargo de cómo estará el resto.

El segundo piso está verdaderamente hecho una ruina, resultando por tanto inhabitable e inútil para todo. De los tejados no hablemos, uno de sus aleros se ha hundido y otro está amenazando derrumbarse al patio.

El edificio de «La Caridad» lo usufructúa el municipio y el estado deplorable en que se encuentra, arguye un inconcebible abandono por parte de los administradores de los bienes del pueblo respecto a estos mismos bienes a su cuidado encomendados.

El Ayuntamiento acordó hace ya bastante tiempo atender a la reparación del edificio citado, con objeto de instalar en él las oficinas de la zona militar de esta ciudad.

Ahora bien; a pesar del tiempo transcurrido, desde que aquel acuerdo se tomó, ni se ha hecho en aquel edificio reparación alguna, ni por tanto se ha habilitado espacio alguno para la instalación de las oficinas de la zona militar de esta ciudad, pagando el pueblo un alquiler más o menos crecido, pero que podía ahorrarse, por el edificio en que aquellas oficinas están instaladas.

Y no es esto lo peor, sino que de seguir «La Caridad» en el abandono que hoy, pronto será necesario desalojarla y habrá entonces que pagar también por otros edificios que habría que alquilar para las dos escuelas, que en aquel edificio están instaladas y para las oficinas de correos que también allí están establecidas…

Claustro Hospital de la Caridad. Archivo Antonio Luis Galiano Pérez

El independiente. 15 de julio 1893: El Maestro alarife del Excmo. Ayuntamiento ha reconocido el edificio de la Caridad encontrando algunas partes del edificio en muy mal estado.

Urge pues la traslación de las oficinas de Correos y Telégrafos a otro punto en que no haya peligro para el público ni para los empleados.

Y también sería conveniente que se habilitase otro local para academias de la banda de música municipal, puesto que los músicos, después del susto que llevaron la otra noche, muestran gran repugnancia por volver a aquel sitio.

Durante la Dictadura de Primo de Rivera, el alcalde Francisco Díe, ante el temor de que los valiosos libros procedentes del Colegio Santo Domingo y los conventos desamortizados saliesen de la ciudad, se lo ofreció al Estado para que albergase una biblioteca pública, siempre que se hiciesen cargo de las reparaciones necesarias.

Pero las obras no llegaron hasta la II República cuando fue adecentado para instalar parte de las escuelas graduadas. Luego, convertido en humilde casa de vecinos, fue demolido hace casi medio siglo, al igual que la ermita.

Ermita de Ntra. Sra. Del Pilar o de la Santa Cruz. Archivo Luis Mirete.

Antes de pasar al Barrio Nuevo, hablaremos de las otras dos calles que flanquean la plaza. La del lado izquierdo aparece reflejada en los padrones del XVIII como «segunda traviesa de las monjas».

En el siglo XIX  adoptó el título de San Cayetano,  que conserva hasta hoy aunque no tenga rótulo.

Archivo Municipal de Orihuela.
Calle Barrio Nuevo. Esquina San Cayetano. Colección Jesús R. Tejuelo.
Fotografía Ajomalba.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XIX.

Y nos queda una más, la trasera del convento, una calle que recordaba nuestras raíces aragonesas y valencianas. Es la que figuraba como Espaldas de Santa Lucía, calle del Trinquete, de la Pelota o del Juego de la Pelota .

Trinquete . «Joc de pilota».

El juego de pelota llegó a ser muy popular en la Corona de Aragón. Nobleza, cúria y pueblo llano gustaron de practicar este deporte que llegó al reino de Valencia con los caballeros de la conquista. Hasta el propio rey Jaime II jugaba a pelota por prescripción médica.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XIX.

Al principio se jugaba en las calles libremente. Pero debido a las discusiones por el juego, las blasfemias y molestias a los transeúntes, a finales del siglo XIV se fijaron espacios concretos en cada municipio. Calles rectas y sin pendiente que llamaron «carrers de la pilota o del Trinquet».

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.

A diferencia de la vasca que se practica contra un frontón, en la pilota valenciana se enfrentan dos jugadores o dos equipos que compiten lanzándose una pelota que golpean a mano desnuda.

Se llama trinquete al recinto rectangular utilizado para este deporte tradicional.

Fotografía Ajomalba.

En la Edad Moderna la ciudad de Valencia superaba la docena de trinquetes. Y Oriola, segunda ciudad del reino, contaba con al menos dos: el de la trasera de las monjas y otro en la Plaza de Togores, muy cerca de Santa Justa.

Archivo Municipal de Orihuela.
Plano confección propia.

Y así llegamos a la calle paralela a la de Santa Lucía, el antiguo acceso a la ciudad por la puerta de Crevillente. Es por ello que dice Gisbert que se conoció como «Calle de Crevillente».

Puerta de Crevillente. Archivo Municipal de Orihuela.

Este mismo autor menciona un palomar junto a dicha puerta. Lo toma de Bellot, quien lo menciona en 1358: «Desde el palomar de la puerta de Crevillente hanta el castillo». 

Quizá por eso he encontrado una calleja en la zona, llamada en el siglo XVII «Carrer de Colom» o «calle de palomo» en castellano.

Carrer de Colom. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Volviendo a la paralela con Santa Lucía, Ojeda Nieto la ha encontrado como calle de Pere Masquefa, quien tenía en ella casa y terreno en 1623.

¿Había palmeras en ese terreno? Lo cierto es que en la segunda mitad del siglo XVII aparece varias veces como «de las Palmeres».

Carrer de les Palmeres. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Este acceso desde la calle de Arriba, antiguo camino de Crevillente, generó un auténtico barrio a los pies de la sierra.

Un barrio que en el siglo XVII, con el valenciano aún sin fijar, lo escribían como Pouet, poet, pohet o Poquet. Una donación de 1691 nos da todavía más pistas: 

En lo rinco del Poquet –solar que linda al sur con casas del Marqués de Rafal y  carrer de Santa Lluçia ; y al norte con carrer nou, en otro tiempo el Poquet.

Pouet es un nombre muy corriente en calles del reino de Valencia. Su traducción al castellano es pocito o pocico, como el de Santiago.

Si os fijáis en la siguiente titulación, en la época de declive demográfico unen «Carrer de Senta Llusía, Poet y Carrer de las Palmeres».

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

La titulación actual,  «Barrio Nuevo», incorporada en el siglo XVIII,   puede inducir a error. Toda la falda de la sierra estaba poblada de modestas viviendas desde tiempo inmemorial.

Pero el desastre demográfico producido por la epidemias del siglo XVII afectó mucho a las zonas humildes como esta. Ya hemos dicho que esa despoblación permitió la extraordinaria dimensión del convento de Santa Lucía.

En este reparto de finales del XVII, aparece unida la calle de Don Pablo (actual Timor) con la de las Palmeras. «Carrer de Don Pablo Rosell y de les palmeres»

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Y en este del XVIII, ya titulada como Barrio Nuevo, la unen con la de Sans, actual Comedias. Esto nos puede dar una idea de la poca gente que vivía en ese tramo pegado a la sierra.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.

Superado el bache y reurbanizada la zona, entre Comedias y Barrio Nuevo, comienza a figurar Dulzaineros. Un auténtico barrio enter Comedías y el Barrio Nuevo. Transcribo a Gisbert, a finales del XIX.

Es una calle llamada de Dulzaineros por estar principalmente habitada por los que tañen el instrumento tan genuino del país.

Constituye un auténtico barrio que principia en la plaza de Comedías y se extiende a la largo del Barrio Nuevo, paralelamente a este.

Fotografía Ajomalba.

El vulgo lo llama Churripel, el cual era su antiguo nombre. Hoy se llama calle de San Antonio.

Al barrio de Dulzaineros se penetra también por una callejuala que, en dirección al N., surge de la plazoleta que existe entre la de la Pía y y la calle del Barrio Nuevo.

Fotografía Ajomalba.

Algunos estudiosos unen la etimología de esta palabra, exclusiva de Orihuela,  a la de la murciana Churra; atribuyéndole un origen árabe a través de «sharrat», adaptación fonética parecida al «serrat» catalán que significa sierra.

Justo García Soriano, sin aportar más datos otorga un origen ibérico a ambos términos. Nada más he encontrado.

A mí me aparece por primera vez como barrio en estos repartos de 1824 y 1829. 

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XIX.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XIX.

Y como calle en el de 1842.  

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XIX.
Fotografía Ajomalba.
Colección Javier Sánchez Portas.

En cuanto a San Antonio, es titulación de 1861.

Fotografía Ajomalba.
Francisco Luis Galiano.

Volviendo al Barrio Nuevo, a partir del siglo XVIII englobaba el terreno comprendido entre la calle de Santa Lucía y la peña.  

Y así ha llegado hasta hoy, como la Calle Barrio Nuevo.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.
Fotografía Ajomalba.
José María Pérez Basanta.
Fotografía Ajomalba.

Volvemos a la calle de Santa Lucía. Que desde la apertrura de la Porta Nova, a finales del siglo XV,  quedó unida a la de Feria formando parte del Camino Real de Valencia a Murcia.

Francisco Luis Galiano Moreno 2021.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.

Contaba además con la ventaja de estar situada junto a la Carretería, uno de los «aparcamientos» de la Ciudad.

Archivo Mariano Pedrera.

Todas estas circunstancias conformaron un lugar idóneo para la instalación de artesanos y  comerciantes.

Ya hablamos en la calle de la Feria del arrendamiento a mercaderes y comerciantes por parte de los vecinos como práctica común en estas zonas de tránsito. Pero esto generaba unas obligaciones.

Entierro del obispo Francisco Javier de Irastorza Loinaz. 1943. Archivo Mariano Pedrera.

Repasando los padrones del XVII y XVIII comprobamos el empuje del comercio en la zona. 

Entre sus vecinos figuraban: boticarios, alpargateros, zapateros, roperos, sastres, sombrereros, confiteros, horneros, correheros….

Para estos comerciantes, artesanos y arrendadores, el aseo urbano era vital. Por ello se preocupaban de mantenerlo con o sin ayuda del Consell.

Archivo Mariano Pedrera.
José María Pérez Basanta.

Ojeda Nieto deja constancia de cómo, en 1527,  un empedrador castellano llamado Miguel de Padilla adecentó lo carrer de la Fira fins la Porta Nova y otras calles próximas.

Y de cómo en 1600, los propios vecinos repusieron y arreglaron el empedrado desde la iglesia de Santa Lucía hasta la Porta Nova «a tanto por alma so pena del doble».  

En este reparto de gastos entre los vecinos, al que no pagaba por las buenas, se le aplicaba el doble.

Pero este esfuerzo era inútil si no se arreglaba también un modesto callejón enclavado en la sierra. 

Era necesario acondicionarlo para que soportase las aguas pluviales sin llenar de barro y piedras la calle principal.

Fotografía Ajomalba.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.

Era el llamado callejón empedrado o del Barranco de la Caridad, situado en el lateral del Hospital de la Caridad.

La que hoy conocemos como calle de Bellot, en el siglo XVIII estaba dividida en dos partes: la calle o callejón de Bellot y el callejón empedrado.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.

Volviendo a lo escrito por Gisbert:  «Recuerda al mejor de nuestros cronistas, el rector de Catral mosén Pedro Bellot».

Ya hemos hablado del este fantástico cronista,  autor de los «Anales de Orihuela». 

En 1622, siendo rector de la iglesia de Catral, le encargaron rastrear los archivos para escribir la historia de Orihuela.

Era lógico que tuviese una calle, como la tiene en Catral.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.
Anales de Orihuela. Mosén Pedro Bellot.

Pero Gisbert estaba equivocado; la titulación de esta calle es anterior. Como podéis comprobar, a comienzos del siglo XVII ya figura como «carrer de Joan Bellot», no de Pedro Bellot.

Hace referencia a otro vecino llamado Juan Bellot, quizá un antepasado del cronista.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Fotografía Ajomalba.
Fotografía Ajomalba.

Aún tuvo otro título efímero en el siglo XVIII.  En algunos protocolos  aparece como calle «de les Viudes». 

Hace referencia a Juan Francisco Viudes, regidor municipal que figura en el padrón de 1730, anotado  junto otro vecino apellidado Bellot.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.
Papelería Roma, antecesora de la desaparecida «Papelería Sanmartín». Esquina de la calle de Santa Lucía con la calle nueva. Colección Esteban Sanmartín Alonso.
Casa de Cruz María Caballero Hernández. Patio interior neomudejar.
Archivo Rafael Almira

Frente a la de Bellot  tenemos la «travesa del carrer de la Merced en Blanch». Un tortuoso y estrecho callejón que fue alineado y urbanizado en 1855, recibiendo por ello el nombre de Calle Nueva.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Fotografía Ajomalba.

Seis años después, la escrupulosa Comisión del Nomenclator, decidió que, «por ser calle Nueva un nombre genérico que nada decía, se nombrase como calle Nueva de la Merced para evitar que en lo sucesivo se confundiese con otras nuevas calles».

Comunica con la antigua plaza de la Merced, donde comenzaremos nuestro próximo capítulo.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Os dejo también un programa emitido en Radio Orihuela SER en 2014.

Audio Programa.
Programa radio.
Vídeo.

Callejeando 22. La Plaza de la Pía.

La plaza a mediados del siglo XX.

La pía y nobiliaria plaza de Ramón Sijé.

La actual plaza de Ramón Sijé ocupa un amplio espacio entre el eje principal Feria-Santa Lucía y las casas situadas en ladera de la Sierra de San Miguel, una zona humilde urbanizada desde época islámica.

No existe como plaza hasta el siglo XVIII. Y en los padrones no la separan de la calle de Santa Lucía hasta bien entrado el siglo XIX, concretamente en el Reparto del Real Equivalente de 1824.

Reparto equivalente 1824. Archivo Municipal de Orihuela.

Desde el punto de vista urbanístico, un espacio así en el cotizado casco de la ciudad no tiene sentido hasta el siglo de las luces; y sólo se explica con un derribo y el cambio de orientación del palacio del Señor de Benejúzar, cuya puerta principal miraba inicialmente hacia la calle de la Feria.

Palacio de Pinohermoso. Puerta a la Calle de la Feria.

A pesar de aparecer tan tarde en el callejero, ha recibido diversos nombres. La cronología de sus titulaciones es la siguiente: Plaza de la Pía, Duque de Pinohermoso, Ramón Sijé, Marqués de Rafal y de nuevo Ramón Sijé.  

La mejor forma de comentarlas es a través de los edificios que la flanqueaban.

El Granero del Cabildo.

Su primer nombre oficial y el más duradero fue Plaza de la Pía, titulación del XIX que se mantuvo poco más de un siglo. Creo que puede referirse al término catalán «pia almoyna», que viene a significar limosna piadosa.

La Pía Almoina fue una institución benéfica propia de la Corona de Aragón dedicada inicialmente a socorrer peregrinos y necesitados. Administrada por los cabildos a través de mayordomías, con el paso del tiempo se encargaron de repartir comida, trigo y limosna entre los pobres vergonzantes.

En Cataluña y Valencia se conservan o conservaban edificios con ese nombre. Es la única explicación que he encontrado para esta titulación, relacionándola con el Granero del Cabildo y la Casa de la Fábrica Mayor de la Catedral, que estaban en la ladera de la sierra.

Las fábricas parroquiales administraban el tercio diezmo cedido por el rey Alfonso X a la ciudad para la construcción y reparación de templos. Su destino era decidido por los miembros de la Junta de Fábrica, una por cada parroquia, supervisadas por el Consell.

La mayor era la del Salvador. En el siglo XVII, antes de formarse la plaza, la calle de Comedias aparecía con el título de «Fábrica Mayor del Salvador».

Fragmento plano siglo XVIII.

En el plano de Villanueva, confeccionado a mediados del siglo XVIII, la flamante plaza aparece como «Plazuela de la casa de Fábrica» y un edificio como «Granero de la Fábrica de la Cathedral».

Esto indica que dicha fábrica tenía su sede en el granero o en una casa cercana, en un edificio propiedad de los canónigos que ocupaba el solar de la antigua Caja de Nuestra Señora de Monserrate.

Aunque ahora forma parte de una gran manzana, en el siglo XVIII, el edificio en cuestión estaba completamente aislado por dos callejas.

Fue reedificado a mediados del XIX y, en el plano de Francisco Coello confeccionado por esas fechas, figura la leyenda «salón de baile» con el número 17.

Desconozco esa función. La primera que he encontrado data de 1887, cuando el obispado, propietario del edificio, decidió ofrecer a los obreros un centro de moralidad, instrucción y recreo.

La crónica. 27 de enero 1887: El domingo próximo, a las 6 de su tarde, y en el edificio que en la plaza de la Pía posee este obispado, tendrá lugar la inauguración del Círculo Católico de Obreros, acto que según parece honrará con su presencia el dignísimo Prelado de esta Diócesis.

El principal, mejor dicho, el único objeto de esa Sociedad es conservar en el corazón de los hijos del trabajo las creencias religiosas que heredaron de sus padres; moralizar más y más sus costumbres: propagar los conocimientos científicos, literarios, y artísticos; fundar escuelas de adultos; crear caja de ahorros y socorros y proporcionar a los socios grata expansión y honesto recreo que los separe de la taberna, del juego, del ocio y de las malas compañías, que vician la naturaleza, pervierten al individuo, arruinan la familia y desquician la sociedad.

El Día. 6 de febrero 1887: El domingo a las seis de la tarde, tuvo lugar la inauguración del círculo católico de obreros, asistiendo al acto un numeroso público que casi por completo invadía el local situado en la plaza de la Pía.

Ocupada la presidencia por el Padre Bellot perteneciente a la compañía de Jesús, se abrió la sesión empezando por una variación de piano y violín que ejecutaron los reputados profesores Soriano y Rogel; dándose a continuación lectura al discurso inaugural el cual estuvo a cargo del profesor de Instrucción primaria D. Manuel López; el nuevo canónigo lectoral, nuestro distinguido amigo Sr. Díe, pronunció un brillante discurso improvisado que fue calurosamente aplaudido por toda la concurrencia.

El ateneo de Orihuela. 11 de octubre 1896: Círculo Católico de Obreros. Consecuente con sus estatutos de fundación y respondiendo a la elevada misión que se ha impuesto de educar a la clase obrera en los sanos principios del arte, de la ciencia y de la religión, esta sociedad ha reanudado sus clases desde el día 1º de Octubre.

En la sección especial de música hay algunas vacantes que se cubrirán con los Jóvenes de 12 años en adelante que primero lo soliciten en la secretaría de la Sociedad, en su local, plaza de la Pía.

En 1897, tras unas obras de reparación, se convertía en la sede del Ateneo San Luis Gonzaga, centro cultural elitista y prestigioso salón de conferencias dirigido por la Compañía de Jesús.

La Correspondencia Alicantina. 15 de febrero 1897: Escriben desde Orihuela que las obras de reparación que se están verificando en el antiguo Círculo Católico de Obreros de la Plaza de la Pía, donde muy en breve habrá de instalarse el Ateneo de San Luis Gonzaga, se encuentran bastante adelantadas.

En los trabajos hay ocupados un buen número de obreros, pobres padres de familia, los cuales aplauden mucho a la citada asociación que ha emprendido en esta época dichas obras, en las que aquéllos han encontrado siquiera por algunas semanas el pan para sus esposas e hijos.

Fue inaugurado en abril, con banda de música y con una comida para pobres.

La semana. 25 de abril 1897: Inauguración. Con una solemne comida, dada a 50 pobres, inauguró sus tareas el día 19 próximo pasado el Ateneo de San Luis Gonzaga. El acto fue amenizado por la banda de música de Sta. Cecilia y estuvo muy concurrido.

Heraldo de Orihuela. 21 de febrero 1898: Tenemos el gusto de participar a nuestros lectores que para los primeros días del próximo mes de marzo, tal vez el primer domingo de dicho mes, dará en el Ateneo de San Luis Gonzaga una conferencia el Ilmo. Sr. D. Juan Maura y Gelabert, Obispo de esta diócesis.

Seguramente se ha de ver aquella noche el amplio salón teatro del Ateneo como en las grandes solemnidades, lleno de personas distinguidas que acudirán deseosas de escuchar la elocuente palabra de nuestro sabio prelado.

Juan Maura y Gelabert. Obispo de Orihuela.

Heraldo de Orihuela. 23 de marzo 1898: En la noche del domingo, se celebró en el Ateneo de San Luis Gonzaga la anunciada conferencia del Excmo. e Ilmo. Sr. Obispo de esta diócesis, y que versó sobre «Los caracteres sobrenaturales del Magisterio de la Iglesia».

Nuestro sabio Prelado expuso con gran elocuencia su discurso, llamando la atención de la numerosa y selecta concurrencia que acudió a dicho acto. Nuestra enhorabuena al sapientísimo Prelado.

Inspirados en las indicaciones del «Supremo Jerarca de la Iglesia», el Papa León XIII, y a la manera de otras muchas localidades españolas, el día 6 de abril de 1903 en el palacio episcopal, se constituyó la «Liga Católica» oriolana.

Pretendía consensuar candidatos electorales netamente católicos, exentos de todo compromiso político ajeno a la Liga.

Otro de sus objetivos era moralizar las costumbres populares difundiendo ideales católicos y antiliberales entre las clases obreras; y para eso necesitaban una sede.

La comarca. 12 de mayo 1903: En el Ateneo de San Luis Gonzaga ha quedado constituido el Círculo católico. Ayer quedó disuelta la sociedad, quedando por tanto el bonito edificio a favor del partido «Liga Católica».

Cinco meses duró «la Liga».

La comarca. 16 de octubre 1903: El partido Liga Católica de Orihuela ha quedado disuelto y cerrado el centro que aquellos tenían en la Plaza de la Pía.

Disuelta la «Liga Católica» los republicanos hicieron un recuento de las diferentes ocupaciones que había tenido el edificio; siempre auspiciadas por la iglesia, propietaria del local.

Unión republicana. 18 de octubre 1903: La Liga Católica ha fallecido, RIP. Se han cerrado las puertas del edificio que ocupaba esta católica asociación, en señal de luto. ¡Pero se abrirán, vaya que se abrirán! Hay precedentes.

Nació el Círculo Católico de Obreros, y su vida fue efímera. Se fundó el Ateneo de San Luis Gonzaga, y murió por consunción. Germinó La Liga Católica, y la debacle. ¿Qué nombre le pondrán al nuevo engendro de la reacción?

Se ignora, pero aseguramos que al nuevo centro le faltará como a los anteriores, condiciones de viabilidad. ¡Leyes fatales de la herencia! Ni el terreno abonado del medio en que nacen, del cosmos en que se agitan, les da probabilidades de vida a estas raquíticas agrupaciones.

A finales de 1903 abrieron un nuevo casino al que llamaron «Círculo Oriolano»; nombre muy parecido al de primer casino que tuvo Orihuela, a mediados del siglo XIX: «Círculo Orcelitano».

El «Círculo oriolano». Colección Javier Sánchez Portas.

La comarca. 4 de diciembre de 1903: El Círculo Oriolano. De nuevo ha vuelto a abrir sus puertas el antiguo Ateneo de San Luis Gonzaga, que ahora se denominará Círculo Oriolano. Ha sido nombrado presidente de esta aristocrática sociedad el Sr. D. Federico Linares.

El orcelitano. 7 de diciembre 1903: Con el título de «Círculo Oriolano» ha vuelto a abrirse el local en donde estuvo instalado el antiguo Círculo de «La Liga Católica». Esta vez parece que aquella nueva sociedad tendrá más elementos de vida, por tener un carácter de independencia del que carecía en la última etapa de su efímera existencia.

Federico Linares Martínez.

El círculo contaba con su propia orquesta. En sus elegantes salones se celebraban conferencias, conciertos y artísticas veladas teatrales. De las clases para alfabetizar obreros, pasaron a las clases de esgrima.

La comarca. 22 de octubre 1904: Clases. Hoy se reanudan las clases de esgrima en el Circulo Oriolano bajo la dirección del inteligente profesor y amigo nuestro D. Alfredo Bueno. Sabemos que reina gran animación entre la juventud de aquel centro por fomentar la afición a tan higiénico sport.

El diario. 24 de abril 1906: En el Círculo Oriolano. Completamente lleno se vio antes de anoche y anoche el espacioso y elegante salón, que la aristocrática Sociedad, «Circulo oriolano» tiene destinado para teatro. Imposible citar nombres. Allí vimos muchas y distinguidísimas familias de nuestra sociedad elegante…

Y así se mantuvo cinco años este casino en la Plaza de la Pía. Hasta que en enero de 1909 acordaron un traslado «provisional» a la calle de Soleres que no sé si llegó a materializarse. En mayo de ese mismo año se fusionaron con los socios del «Casino orcelitano».

El orden. 11 de mayo 1909: El pasado domingo celebraron junta general las sociedades «Casino Orcelitano» y «Círculo Oriolano», acordando la fusión de ambos centros. Tan grato acontecimiento se celebró con dulces, licores y habanos, fino obsequio de la directiva del «Casino Orcelitano» para sus nuevos consocios, los señores que formaban la sociedad «Círculo Oriolano».

La Caja de Ahorros y Socorros y Monte de Piedad de Nuestra Señora de Monserrate, independizada de la Caja de Crevillente desde 1906, había comprado el edificio y trasladó su sede a la Plaza de la Pía.

La entidad de ahorros y socorros asumió la distribución de comida para pobres. Estos repartos a través del tiempo y siempre en la misma zona refuerzan la teoría de la «pía almoina».

El social. 15 de mayo 1909: Mañana la Caja de Socorros y Ahorros de Ntra. Sra. de Monserrate, recientemente instalada en su nuevo local de la plaza de la Pía, repartirá de 11 a 12 de la mañana raciones de pan a los menesterosos.

Con este objeto ha encargado a los señores Párrocos de repartir a los pobres de su parroquia bonos de pan, no entregándose a cada persona más que una ración sea cualquiera el número de bonos que presente. La clase menesterosa suma un beneficio más a los muchos recibidos por esta institución. Quien da a los pobres presta a Dios. Él satisfará el préstamo.

Reparto de comida, principios del siglo XX. Colección Javier Sánchez Portas.

La iberia. 2 de junio 1909: Casi todos los vecinos de las inmediaciones del edificio en donde está situada la caja de Ahorros y Socorros de Nuestra Sra. de Monserrate se nos han quejado del grave perjuicio que reciben sus viviendas con una reforma que se ha ejecutado en la pendiente de una plazoleta que hay en aquel lugar.

Para la Caja de Ahorros esa compra fue solo el principio. Tacita a tacita adquirió once de las doce propiedades que componían la manzana.

En 1931, como reza la inscripción de su fachada, el edificio fue totalmente remodelado interior y exteriormente para adaptarlo a su nueva función, según el proyecto del aparejador Ignacio Sánchez Ballesta.

Fue en ese momento cuando incorporaron a la nueva fachada el escudo alusivo a la Virgen de Monserrate y las iniciales CM.

José M. Pérez Basanta

La operación urbanística continuó después de la Guerra Civil. En 1940 se hicieron con el granero y las cuadras de Pinohermoso por 20.000 pesetas, para utilizarlo como almacén de abonos y enseres.

Al ser rehabilitado en 2007 para albergar una oficina de turismo aparecieron en la planta baja unas tinajas de almacenaje que se mantienen preservadas bajo un cristal.

Con la compra de estos 170 metros, la caja se hizo prácticamente dueña de la manzana; más de 1.000 metros cuadrados incluyendo las callejas que fueron incorporadas al inmueble como patios.

José M. Pérez Basanta

Al trasladarse la Caja de Ahorros a su nueva sede en 1986, la propiedad del edificio acabó en manos del Ayuntamiento, que le colocó el cartel de «Centro cultural Miguel Hernández» y alojó el Conservatorio de Música y Danza, la sede de Convega, la Centuria Romana…

Hasta que «la seguridad estructural quedó muy comprometida con posible riesgo de desplome». Y así permanece, en estado deplorable, pendiente de intervención.

Plaza de la Pía con la Inmaculada en el centro.

La escultura de la Inmaculada Concepción se colocó en 1954, con motivo del centenario de la proclamación de su dogma. Durante cuarenta años permaneció en el centro de la plaza, hasta que fue desplazada en los años 90.

Damars.

Antes de pasar al segundo de sus nombres oficiales, quiero dejar constancia de una anécdota; un proyecto de titulación que no se llevó a cabo. Fue anunciado en prensa a finales del siglo XIX, cuando hablaban de unos actos que se se preparaban «a beneficio de los soldados inútiles de ultramar».

El ateneo de Orihuela. 29 de noviembre 1896: Pro Patria. Aquí en Orihuela se celebrarán solemnes funerales por los que hayan fallecido defendiendo la integridad de la patria y una manifestación pública que se disolverá en la plaza de la Pía, que desde entonces se llamará del Ejército Español, inaugurándose una lápida al efecto.

El Palacio de Pinohermoso.

Palacio de Pinohermoso. Colección Javier Sánchez Portas.

El edificio de la actual Biblioteca Fernando de Loazes, burda copia de la que hasta su criminal destrucción constituía una de las casas señoriales más interesantes de Orihuela, es el responsable de la segunda titulación de esta plaza.

Prácticamente nada de lo que queda pertenece al palacio aunque en su interior escondía elementos arquitectónicos y artísticos de muy diversa cronología fruto de las remodelaciones a las que la sometieron sus dueños durante siglos.

La investigación del edificio partió de un trabajo que inicié con Jorge Belmonte hace más de una década. Durante años fui almacenando datos sueltos, atando cabos; hasta que un golpe de suerte me permitió establecer una teoría.

Todo comenzó con un testamento de Beatriz Masquefa Masquefa, la viuda del «Magnifich» Alonso Rosell, quien en 1540 dejó a su hijo Marcos Rosell Masquefa una heredad en Correntías y unas casas en la parroquia del Salvador.

Con el paso del tiempo, a la herencia se fueron uniendo valiosas propiedades, como la heredad de Tell o la de Benejúzar. Yo sostengo que las casas en la parroquia del Salvador citadas en dicho testamento son esta y el Palacio de Portillo, actual sede de la Caja Rural Central; una a cada lado de la actual calle de Comedias.

Por eso, dicha calle ostentó durante parte de los siglos XVI y XVII el título de Carrer de los Rosell. Podría haber una tercera casa, derribada para formar la plaza, pero eso es ya pura especulación, pues la herencia de 1540 no especifica el número de casas recibidas en la Parroquia del Salvador.

De esa época procedía su patio, una interesantísima obra tardogótica fechada entre los siglos XV y XVI. Su pérdida nos privó del único testimonio de arquitectura gótica civil que conservaba Orihuela.

Palacio de Pinohermoso, patio interior. Colección Javier Sánchez Portas.

Pero sigamos con nuestro relato. Marcos Rosell transmitió la herencia a su nieto Francisco Rocamora y Rosell, personaje de finales del XVI que casó con una Togores. De él pasó a su hijo Pablo Rocamora Togores, motivo por el que en un breve periodo del siglo XVII una calleja cercana se tituló de «Don Pablo».

Archivo Municipal de Orihuela.

Por falta de descendencia, la herencia volvió a los Rosell en la persona de Jaime Rosell Desprats, primer señor de Benéjuzar, localidad que lleva el apellido en su escudo.

Durante el siglo XVII estas propiedades y el señorío de Benejúzar pasaron por cuatro generaciones de Rosell para acabar en manos del famoso Jaime Rosell y Ruiz; quien al casarse con la marquesa de Rafal, adoptó el apellido Rocamora y se convirtió en Jaime Rosell de Rocamora y Ruiz, marqués consorte y gobernador militar de Orihuela.

Creo que este cargo motivó que a mitad del XVIII figure la plaza en un plano con el título de «Plaza de la casa del Gobernador».

Este marqués fue el artífice del cambio de bando que tanta ruina trajo a Orihuela durante la Guerra de Sucesión, actuación que provocó el destierro y la confiscación de sus bienes hasta que obtuvo el perdón real y vino a morir a Benejúzar en 1727.

Unir las propiedades y títulos de los Rosell y de los Rocamora había sido la culminación de una ambición; pero todo se fue al garete por falta de descendencia. Muerto el marqués, cada herencia siguió su camino.

El Señorío de Benejúzar y la propiedad de la casa pasaron a su primo Juan Rosell y Roda, gran terrateniente que vivió en ella muchos años. Figura como propietario de la casa en los padrones de 1728, 1731 y 1750 y sus arriendos de tierras se multiplican en los protocolos notariales.

Archivo Municipal de Orihuela. Padrones.

Este es sin duda el que construyó la portada que cambió la orientación del palacio configurando lo que a partir de entonces fue una plaza.

Jorge Belmonte identificó los apellidos representados en los cuarteles del escudo: Rosell, Roda, Rocamora y Tomás.  Los dos primeros coinciden con los de don Juan y los otros con los del primer marqués de Rafal: Jerónimo Rocamora y Tomás.

Escudo fachada Palacio de Pinohermoso.

Es a partir de ese momento cuando la plaza comienza a tener importancia. Juan Rosell testó en 1761 y murió sin descendencia, iniciándose los pleitos entre Luis Roca de Togores y la marquesa de Rafal que me permitieron hilar toda esta historia.

El pleito lo ganó don Luis, que se quedó con la casa. Luis Roca de Togores había construido años antes una vivienda mejor, el edificio que en la actualidad alberga el hotel Tudemir.

Autógrafo de Luis Roca de Togores.

El viejo palacio se lo dejó a su hijo Juan Nepomuceno, quien ya aparece residiendo en el padrón de 1783.

Los Roca de Togores emprendieron nuevas reformas. Fruto de ellas es el arco carpanel que había en la entrada, similar al del hotel, donde esculpieron el escudo con sus apellidos.

Derribo del Palacio de Pinohermoso. Colección Javier Sánchez Portas.

En el verano de 1790 el rey Carlos IV instituyó el condado de Pinohermoso en la persona de Juan Nepomuceno Roca de Togores y Escorcia, fallecido cuatro años después a consecuencia de una caída, cabalgando precisamente junto al rey.

Luis Roca de Togores.

Su hijo fue el último señor de Benejúzar al quedar abolidos los señoríos en el siglo XIX. Este es el motivo por el que el edificio ha llegado hasta nuestros días como palacio de Pinohermoso; y de que en el plano de Coello, al no estar todavía fijados los nombres en el nomenclátor oriolano, muchos años antes ya figurase como «Plaza de la Pía o del Conde de Pinohermoso».

Los nuevos propietarios dejaron también sus huellas. La más importante en 1885, cuando bajo el proyecto del maestro alarife Bernardo Irles, la condesa Enriqueta María Roca de Togores le agregó un segundo piso, decorando la fachada.

El Oriolano. 20 de octubre 1885: Con el propósito de pasar la temporada del presente invierno en esta ciudad los señores Condes de Pino-Hermoso proyectan dar principio muy en breve a la restauración de su casa palacio situada en la plaza de la Pía.

Dichos señores desean que dichas obras se emplee el mayor número posible de braceros, con el fin de darles trabajo una buena temporada, ya que ha sido la clase más perjudicada por los rigores de la pasada epidemia.

Archivo Municipal de Orihuela.

La crónica. 10 de junio 1888: El domingo pasado, tres del corriente, llegó a esta ciudad nuestro muy distinguido amigo el Excmo. Sr. Conde de Pinohermoso, presidente honorario del Comité Conservador local, hospedándose naturalmente en su hermosa casa palacio de la plaza de la Pía donde fue visitado el martes por dicho Comité que mereció del ilustre prócer una franca y cordialísima acogida.

Sea muy bien venido a Orihuela el ilustre Conde, y quiera Dios que su estancia aquí, sea tan larga como nosotros queremos y esperamos.

A finales del siglo XIX, con motivo de unas inundaciones, me apareció otro título nobiliario en la plaza de la Pía: El conde de Velle.

La región. 22 de febrero de 1895: Hoy ha empezado a repartirse a los pobres, en la Plaza de la Pía, el donativo en especies que ha hecho el caritativo corazón del Excmo. Sr. Conde de Velle.

Se referían a Pablo Pérez-Seoane y Marín, II conde de Velle, casado con Enriqueta María Roca de Togores, la última condesa de Pinohermoso. Don Pablo falleció en 1901 y le sucedió su hijo Manuel Pérez-Seoane y Roca de Togores.

El Graduador. 2 de marzo de 1905: Anteayer obsequió a sus arrendatarios de Benejúzar con un brillante banquete, al que también asistieron otras varias distinguidas personas de dicho pueblo, el señor Conde de Velle. La comida tuvo lugar en la casa palacio que la señora Condesa de Pinohermoso posee en la plaza de la Pía de esta ciudad. Los arrendatarios por su parte han obsequiado a dicho señor con una serenata.

La Nueva Era. 24 de julio 1907: La Infanta Doña María Isabel de Borbón en el Palacio de Pinohermoso. Como Doña María Isabel manifestara deseos de conocer el palacio de la Condesa de Pinohermoso, con cuya dama tiene estrecha amistad, se le condujo a él donde la recibió D. Andrés Pescetto, administrador de la Condesa.

En la morada solariega de los Pinohermoso y en el despacho de la misma Condesa, la Infanta telegrafió a dicha señora saludándola; después se asomó a uno de los balcones de la fachada principal recibiendo nuevas muestras de simpatía del numerosísimo público que llenaba la amplia plaza de la Pía.  

En 1907 Alfonso XIII convirtió a la condesa en duquesa de Pinohermoso. La nueva duquesa restauró las fachadas del palacio en 1913.

Falleció en 1926. Y le sucedió su hijo Manuel, mencionado anteriormente como conde de Velle y casado con una neoyorquina.

Éste murió en 1934. Su hijo heredó el ducado ese mismo año, durante la II República. Era un tipo curioso: hijo de americana, comandante de Caballería y rejoneador de toros.

Pinchando sobre su fotografía, podéis leer una biografía del personaje.

III duque de Pinohermoso. Comandante de Caballería y rejoneador.

El tercer duque entabló amistad con el concejal oriolano José Mazón Torrecillas, durante la organización de un festival taurino a beneficio de las instituciones que dirigía: el Hospital y la Casa de Beneficencia.

Días después del festejo, el Ayuntamiento recibió una solicitud para dar su nombre a la Plaza de la Pía, donde estaba ubicado su palacio.

Yo creo que detrás de la petición, estaba el citado concejal Mazón Torrecillas. Lo cierto es que en la sesión del 7 de mayo de 1935 se leyó una instancia de los vecinos de la plaza que solicitaban el cambio de titulación, quedando autorizado el alcalde para recabar la conformidad de al menos dos terceras partes de los propietarios.

En vista de que la mayoría estaba de acuerdo, el 29 de octubre se acordó rotularla con el título de Duque de Pinohermoso.

La actual rotulación se gestó también durante la II República, quedando para siempre en el recuerdo gracias al deseo inmortalizado en una fotografía histórica de nuestro más famoso poeta subido a una escalera.

Todo comenzó en la sesión del 12 de marzo de 1936, en la que se dio lectura a una moción del concejal Luis Carrió, sobre rotulación de calles:

Que por las distintas comisiones gestoras que este municipio ha padecido, han sido sustituidos los nombres de varias calles de la población, ensañándose con aquellos que ostentaban nombres representativos de la verdadera república del 14 de abril y de figuras cumbres de diversas ideologías; demostrando el odio que sentían con los verdaderos representantes del pueblo honrado y trabajador. En consecuencia tiene el honor de proponer a la corporación que sean repuestos los nombres que a continuación se dicen.

Lista de confección propia.

Se acordaron varias modificaciones; se trataba de reponer nombres anteriormente acordados que se habían eliminado durante el bienio conservador. Pero añadió:

Creo interpretar los sentimientos justicieros y oriolanos de la corporación honrando los valores de nuestra patria chica y con este objeto, dedicarle un recuerdo a nuestro Ramón Sijé, muerto en plena juventud y cuando tanto esperaban las letras españolas de su inteligencia y laboriosidad.

Propongo que la plaza llamada en la actualidad de Pinohermoso y antes de la Pía en lo sucesivo se denomine de Ramón Sijé, siendo el nombre del ilustre oriolano José Marín Gutiérrez, proposición que espera se aceptada por la corporación a la que tiene el honor de dirigirse.

José Marín Gutiérrez. «Ramón Sijé»

Aquel día quedaron acordados por unanimidad los trámites a seguir para rotular la Plaza de Pinohermoso con el nombre de Ramón Sijé.

En la sesión del 26 de marzo, Luis Carrió insistió con su demanda; pero por sugerencia de Isidoro Sánchez Mora, se aplazaron las retitulaciones hasta la fiesta del 14 de abril, añadiendo varias calles que no vienen a cuento.

Durante la manifestación, se descubrirían las lápidas, incluyendo música en la Glorieta, reparto de comida a los pobres y verbena en la plaza del Ayuntamiento en la que se eligió a la «Miss República».

El 14 de abril de 1936 Miguel Hernández llegó de Madrid para intervenir en la inauguración de la plaza. Subido a una escalera leyó:

Colección Javier Sánchez Portas.

Quisiera que esta piedra y esta plaza llevaran para siempre el nombre que les ha sido impuesto: Ramón Sijé.  Bajo el sonido de este nombre se me ha ido un compañero del alma, y Orihuela ha perdido su más hondo escritor y su más despejado y varonil hombre…

Acabada la Guerra Civil, el 29 de abril de 1939, a propuesta de Juan Villaescusa Ballester, la Comisión Gestora franquista acordó:

En atención a que las variaciones de nombres de las calles y plazas acordadas por el ayuntamiento rojo para rotularlas con nombres de destacados marxistas, se llevaron a cabo sin previo expediente reglamentario, por unanimidad se acuerda anular todas las variaciones de nombres con posterioridad al 14 de abril de 1931, para rotularlas con los que en aquella fecha figuraban y que son…

No vamos a citarlas todas; solamente confirmar que la Plaza de Ramón Sijé volvía a ser Plaza del Duque de Pinohermoso incumpliendo la orden de retomar los nombres anteriores a abril de 1931; que en este caso era el de «Plaza de la Pía».

Refugio antiaéreo. Colección Javier Sánchez Portas.

Parece ser que la única modificación en la plaza fue el desmontaje del refugio antiaéreo que la ocupaba; cuyas entradas para hombres y mujeres permanecen cubiertas con chapas en la actualidad.

Probablemente, al ser José Marín un personaje religioso y de derechas, su titulación se respetó. También debió influir la desaparición de los Pinohermoso, al vender palacio y granero en los años cuarenta.

El añejo edificio quedó en poder de la Federación de Sindicatos Católicos, la actual Caja Rural Central; o lo que es lo mismo en manos del futuro obispo Luis Almarcha, que lo usó para actividades relacionadas con la Iglesia o vinculadas con la federación. En el piso superior instaló unos telares para las Discípulas de Jesús.

Pinchando en la siguiente fotografía podéis acceder a un artículo sobre las Discípulas de Jesús.

Enlace al artículo sobre las Discípulas de Jesús. Colección Javier Sánchez Portas.

En 1958 la plaza tomó el nombre de su vecino más ilustre; y ese cambio llegó en la sesión del 12 de marzo presidida por el alcalde Luis Cartagena Soriano dentro de un paquete de titulaciones:

Que en adelante, la actual Plaza de Ramón Sijé se titule Plaza del Marqués de Rafal, en memoria del Excmo. Sr. Don Alfonso Pardo y Manuel de Villena, Marqués de Rafal, ilustre prócer e Hijo Adoptivo de Orihuela. Que la nueva calle que, paralela a la de Adolfo Clavarana, partirá del «Callejón de Reales» hasta la carretera de Alicante, se denomine «Calle de Ramón Sijé».

Que la calle de nueva apertura que desde la Plaza de la Trinidad va al río se denomine «Calle de Gabriel Sijé» en honor del joven escritor oriolano, no ha mucho fallecido, Justino Marín Gutiérrez. Y por último, que la actual Plaza del Marqués de Rafal se denomine en lo sucesivo, «Plaza de la Condesa de Vía Manuel».

Descubrimiento de la placa al marqués de Rafal. Colección J. Ezcurra Alonso AMO.
Descubrimiento de la placa al marqués de Rafal. Colección J. Ezcurra Alonso. AMO.
Descubrimiento de la placa al marqués de Rafal. Colección J. Ezcurra Alonso. AMO.
Descubrimiento de la placa al marqués de Rafal. Colección J. Ezcurra Alonso. AMO.

Volviendo al edificio, las Discípulas de Jesús regentaron luego el colegio Jesús Maestro, del que fui alumno provisto de camisa blanca y corbata azul.

Discípulas de Jesus. 1974. Archivo Enrique Bas Cánovas.

También fue sede de asociaciones culturales y benéficas hasta que fue declarado en ruina. El proceso para rehabilitarlo y darle utilidad fue complicado.

Colección Javier Sánchez Portas

En Sesión Extraordinaria de 28 de septiembre de 1984 el Ayuntamiento acordó su permuta a la Caja Rural Central por el Palacio de Teodomiro, que albergaba la biblioteca pública desde el año 1940, cediéndolo al Ministerio de Cultura para su «restauración y acondicionamiento» como biblioteca pública.

Archivo Rafael Almira.

La idea era buena; pero lo que tendría que haber sido una completa y cuidadosa rehabilitación se convirtió en un criminal derribo para construir un insulso y geométrico edificio de nueva planta, obra del arquitecto Alberto Campo Baeza, que fue inaugurado el 15 de diciembre de 1992, como Archivo y Biblioteca Pública Fernando de Loazes.

Os dejo un vídeo titulado: «De palacio gótico a cajón de ladrillos»:

El palacio del marqués de Rafal.

Fotografía Ajomalba.

En cuanto al marqués de Rafal, la plaza que albergaba su palacio era la actual Condesa de Vía Manuel. Su trasladó se gestó en el último cuarto del siglo XIX con la prematura muerte del hermano de María Isabel Manuel de Villena, decimotercera marquesa de Rafal.

María Isabel Manuel de Villena acumuló en su persona muchos títulos nobiliarios y dos grandezas de España. Al crecer sus hijos los fue repartiendo entre ellos. Cedió a su hija Isabel el marquesado de Puebla de Rocamora y a María Josefa el Condado de la Granja.

Palacio Conde de la Granja. Antigua Casa de Rafal. Archivos Estatales.

Esta última casó con Juan Manuel Agrela y el título de la Granja, rehabilitado por Alfonso XIII en 1916, quedó asociado a este apellido junto al antiguo Palacio de Rafal, que es ahora de los Condes de la Granja.

La madre conservó el condado de Vía Manuel; y a su hijo Alfonso le cedió el marquesado en 1899, año en el que contrajo matrimonio.

El penúltimo marqués, recientemente fallecido, contaba que su abuelo compró la vivienda de la Plaza de la Pía a los Pérez de Meca; una casa construida en la segunda mitad de XIX en la que inicialmente instaló la sede de su partido; pues Alfonso Pardo y Manuel de Villena, además de marqués de Rafal fue diputado conservador.

La comarca. 30 de enero 1903: Continúa siendo muy visitado en su casa de la plaza de la Pía el Excmo. Sr. Marqués de Rafal por numerosas comisiones de los pueblos del distrito de Dolores. También la recibido «el joven» marqués la visita de muchas personas de la población que han acudido a saludarle.

El diario. 26 de marzo 1907: Se encuentra en esta el Excmo. Sr. Marqués de Rafal. Ha sido visitado en su casa de la plaza de la Pía, entre otras, por una comisión de conservadores de Callosa de Segura. Parece ser que la visita de esta comisión al Marqués se relaciona con la cuestión de la jefatura del partido en aquella localidad.

En la prensa local de noviembre de 1907 encontré esta curiosa noticia:

La Época. 19 de noviembre 1907: Se encuentra en esta población, donde se propone pasar una temporada en su casa solariega de la Plaza de la Pía, la Sra. Condesa de Vía-Manuel, madre de nuestro diputado a Cortes, Excmo. Sr. Marqués de Rafal.  Damos nuestro más afectuoso saludo a tan aristocrática dama.

Casa del marqués de Rafal. Colección Javier Sánchez Portas

Por motivos que desconozco, la condesa llegó a Orihuela meses después de fallecer su marido y en vez de instalarse en su palacio lo hizo en la vivienda de su hijo.

Esta casa fue totalmente rehabilitada en torno a 1910, uniéndole además otro edificio de la calle que daba a Santa Lucía.

En 1927, dos años antes de fallecer su madre, el marqués hizo nuevas reformas en el decorado de ambas fachadas de las que se conserva el plano confeccionado por el maestro Francisco Sánchez.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Familia Gómez-Duréndez.

Fallecido el décimo sexto marqués, D. Santiago Pardo-Manuel de Villena, su hijo puso el edificio en venta.

Interior palacio marqués de Rafal. Fotografías Ajomalba.

Artunadamente, en julio de 2022 lo adquirió la Generalitat Valenciana por dos millones cuatrocientos mil euros.

15 de julio de 2022.

Está destinado a albergar la nueva oficina del Consell en la Vega Baja, el Centro de Extremos del Agua de Orihuela, la oficina Vega Renhace, el archivo histórico del marquesado y un centro cultural.

En la adquisición del edificio y, sobre todo, en la del archivo del marquesado estuvo muy implicado Javier Sánchez Portas.

Francisco Luis Galiano Moreno. Julio de 2022.

La casa de los Ruiz de Villafranca.

Por último vamos a hablar del edificio que completaba la trama urbanística de esta antaño recoleta zona. De él nos queda un solitario escudo, colocado sobre sillares, cuyos cuarteles ostentan los apellidos Ruiz, Villafranca, Aledo y Soler.

José M. Pérez Basanta.

Está ahí para recordarnos que, cerrando la plaza existía una casa de tres plantas que ocupaba toda la manzana separando dos plazuelas. Un edificio señorial con dos fachadas: la de tramontana con salida a la calle de la Feria y la de mediodía a la plazuela de la Soledad.

Palacio Ruiz de Villafranca. Acuarela Mario Gómez.

Era la tristemente famosa «Casa de Inquisidor», rimbombante nombre que le asignó Javier Sánchez Portas durante una campaña para intentar recuperarlo por haber habitado en él un miembro del tribunal del «Santo Oficio».

Palacio Ruiz de Villafranca. Colección Javier Sánchez Portas

Perteneció a Francisco Ruiz de Villafranca, Alguacil Mayor del Santo Oficio de la Inquisición de la ciudad de Murcia.  Por ello se nombró como Palacio Ruiz de Villafranca.  Esta familia fue reconocida por el rey como parte integrante de la nobleza oriolana en la primera mitad del XVIII.

Palacio Ruiz de Villafranca demolido. Fotografía: Alberto Zerón.

A pesar de la protección que pesaba sobre él, acabó demolido ilegalmente y con nocturnidad en el año 2002. Y aunque la Generalitat ordenó su reconstrucción, todo se apañó con una ridícula multa de 68.000 euros y la compra del solar al infractor por parte del propio Ayuntamiento. Delirante forma de proteger el patrimonio.

Con el edificio de los Villafranca desapareció también el pequeño tránsito entre las plazas.  En el XVIII aparece en los padrones como Traviesa de Tolmos, y en ella figura domiciliado un tal Joseph Armengol. Ese es seguramente el motivo por el que aparece en un plano del XVIII como Traviesa de Armengol.

Fotografía Ajomalba.

Su última titulación, antes de fundirse en el vacío, fue dedicada a Emilio Bregante Palazón, cuya preciosa y semanasantera placa nos recuerda que una vez hubo allí un callejón y un palacio que cerraban la pía y nobiliaria plaza que, el 14 de abril de 2016, justo ochenta años después que Miguel se subiese a la escalera para inaugurarla, recuperó el nombre de Ramón Sijé.

14 de abril de 2016. Fotografía: Gaspar Poveda Grau
José Marín Gutiérrez. «Ramón Sijé».

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)

Versión PDF

Publicado en la Revista de Moros y Cristianos 2016. Adaptado a programa de radio. Retocado y ampliado en 2022. Mi agradecimiento a Jorge Belmonte, Javier Sánchez Portas, Aitor Larrabilde, J. José Sánchez Balaguer, J. Alberto Pardines y Consol Payá.

Pinchad aquí para acceder a un vídeo alojado en Youtube.