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Callejeando 03. La Compañía de Jesús.

Colegio y plazuela de la Compañía. Plaza de Santa Justa. Plano Villanueva. 1748. AHN.

La Plazuela de la Compañía.

Dejamos nuestro anterior paseo en la desaparecida «Casa del Paso».

José M. Pérez Basanta.

Al salir del Museo de la Muralla, en el pasadizo que evoca el pasaje que dicha casa ofrecía, encontramos dos plazas. La primera es la antigua Plaza Mayor, Plaza de la Fruta o Plaza de Santa Justa.

Plaza Antonio Balaguer. José M. Pérez Basanta.

De esta importante plaza, que en la actualidad lleva el nombre de Antonio Balaguer, hablaremos en el capítulo 18.

La que a nosotros nos interesa es la segunda; más reducida y situada justo enfrente de la fachada de la iglesia conventual del Real Monasterio de la Visitación de Santa María de Orihuela.  

Transcribo en color morado la nota de Gisbert redactada en los albores del siglo XX.

De las Salesas: Se conoció en otro tiempo con el título de la Compañía en razón a que el actual Monasterio de la Visitación fue casa de residencia de los jesuitas.

La Plazuela de las Salesas en 2011. Fotografía de «El Tío Cachi».

Efectivamente esta es la plaza o plazuela que, con anterioridad al siglo XIX, llamaban de la Compañía de Jesús o simplemente de la Compañía.

Y la nombraron así porque en el solar que ahora ocupa el citado monasterio se estableció, a finales del siglo XVII, el Colegio de la Inmaculada Concepción, San Joaquín y Santa Ana, regentado por los jesuitas.

«Plasuela de la Compañía de Jesús». Contribución Equivalente año 1718. Archivo Municipal de Orihuela.
«Plasa de la Compañía». Contribución Equivalente año 1719. Archivo Municipal de Orihuela.

Antes la llamaron «Plazuela de la marquesa» por la casa del marquesado de Rafal donde se instalaron los jesuitas. Y luego «de las salesas», nombre que conserva en la actualidad.

Sentados en tan recoleto emplazamiento vamos a dedicar dos entregas de esta serie a las dos órdenes religiosas que le han dado nombre.

Jesuitas en Orihuela. Primeros intentos.

La Compañía de Jesús apareció en un periodo de renovación en la Iglesia Católica, gracias al empeño de Íñigo López de Loyola, quien pasaría a la Historia como Ignacio de Loyola.

Aunque en 1538 ya se les denominaba «Compañía de Jesús», la institucionalización de la orden se llevó a cabo en 1540 con la aprobación del Papa Paulo III.

Paulo III aprobando la Compañía de Jesús. Pintura anónima.

Más de medio siglo después, concretamente en abril de 1597, el Gobernador Álvaro Vique y Manrique, se dirigía al justicia y a los jurados de la ciudad de Oriola, declarándose devoto de la Compañía de Jesús y anunciando la visita del Padre Prepósito con la intención de fundar en la ciudad, una cartuja de la renovadora orden de San Ignacio.

Esta carta de finales del siglo XVI y dos más del XVII procedentes del Archivo general de Valencia, aparecieron en las «Páginas sueltas, documentadas de la Historia de Orihuela», publicadas en prensa por Rufino Gea en 1917. He transcrito buena parte de ellas en color rojo.

Al justicia y jurados de la ciudad de Orihuela. Muy magníficos señores: El padre prepósito de la compañía de Jesús, va a esa ciudad a lo que en ella sabrán vuestras mercedes lo que al servicio de Ntro. Señor convenga la obra que se intenta.

Yo salgo fiador que en breve tiempo se conocerá y que las almas han de ser aprovechadísimas de su asistencia, porque en todos los lugares donde habita esta compañía lo saben.

Así, suplico a vuestras mercedes que, como tan grandes cristianos, los favorezcan y amparen de manera que hallen el acogimiento en esa ciudad, que un pueblo tan cristiano y de su calidad requiere que hallen, que es servicio que a Ntro. Señor se hará en ello, que es el principal sustento por lo que soy devoto de dicha compañía.

De toda merced que esa ciudad le haga la recibiré yo grandísima; guarde Ntro. Señor a vuestras mercedes. De Valencia a 8 de abril 1597. Y si en Madrid se ofrece algo en servir a esa ciudad, allá me tengan, que sin costa la serviré. Don Álvaro Vique y Manrique.

Esa recomendación no se tuvo en cuenta; y sí la enviada tres años después por Joan Alfonso Pimentel de Herrera, conde de Benavente y Virrey de Valencia, quién en 1600 sugirió la conveniencia de fundar un cenobio de franciscanos descalzos.

Carta de Joan Alfonso Pimentel de Herrera. Año 1600. Archivo Municipal de Orihuela.

A pesar de haber acogido recientemente los conventos de San Sebastián y del Carmen, ambos muy necesitados, la petición del virrey fue complacida erigiéndose también el de San Gregorio.

Definitivamente no era el momento para la fundación jesuita en una Orihuela saturada de órdenes religiosas.

Monograma jesuita.

El segundo intento tuvo lugar cuatro décadas después, concretamente en 1637, cuando la Compañía de Jesús estaba en pleno apogeo con más de trece mil miembros establecidos en varios países.

En esta ocasión Tomás Pedrós Santacilia estuvo muy cerca de ser el gran benefactor de los jesuitas en Orihuela.

Hijo del próspero comerciante oriolano Gaspar Pedrós y heredero de su gran fortuna, su esposa, Vicenta Mayor, falleció prematuramente.

Viudo y sin descendencia, en 1635 decidió que en ninguna cosa podría mejor emplear sus propiedades que en fundar un monasterio en Orihuela.

Aconsejado por terceros decidió costear una cartuja en el antiguo convento de San Ginés, que los mercedarios estaban a punto de abandonar. Y para ello dispuso la donación irrevocable de toda su hacienda.

Pero ciertas dificultades con el privilegio de amortización y un malentendido con los cartujos en uno de sus viajes a Valencia, le hicieron cambiar de idea.

Visitó el Colegio de San Pablo y acabó llevándose en su propio coche a tres o cuatro padres jesuitas para que fundasen uno de sus colegios en Orihuela. 

En esta primera carta de 1637 dirigidas a Luis de Rivas, provincial de la orden jesuita (1635-1638), el padre Vicente Arcayna narraba su visita a Orihuela y la disposición de Pedrós a cederles casa y hacienda.

Antes había visitado en Alicante al obispo Juan García Arlés, mostrándole las cartas de favor que traía del virrey de Valencia.

Thomás Pedrós visto por Montesinos. Compendio Histórico Oriolano. Tomo 6.

JHS. Mi P. Provincial: Pax Crhisti. A 15 de septiembre me partí de esta casa para Origüela; llevé carta de favor del Señor Virrey, para el Señor Obispo, al cual hallé en Alicante y allí tuve consulta en compañía de los cuatro Padres que están en aquella residencia con su señoría.

Y pareció que el P. Sanz y yo, con cartas del mismo Obispo y las que traje de Valencia, fuéramos a Origüela a tratar con Tomás Pedrós de nuestra fundación, y llegué a 24, y luego habiendo sido recibido Tomás Pedrós con grande contento, empecé a tratar con su Md. de nuestro negocio.

He hallado que la hacienda que da para la fundación es muy lucida… Aunque no faltan émulos que le persuaden lo contrario, la ciudad nos es muy afecta y escribo a nuestro Presidente General la dicha fundación y nos ha hecho donación de buena parte del sitio (que es el que a V. R. con el Señor Obispo pareció bien) junto a la fuente nueva.

Ofrece también todas las alhajas necesarias para la vivienda de los que allí fueren, y asegura que no les faltará el sustento; y éste todo el tiempo que tardase el hacerse habitación cómoda en el edificio nuevo para seis u ocho; y que ayudará el dicho edificio con buena parte de la hacienda que se reserva para sus alimentos.

Se reserva un cuarto alto que se podrá cerrar sin que haya comunicación con los entresuelos bajos, y ofrece que aun en el cuarto alto que se reserva para su majestad, no entrará mujer alguna si no en caso de enfermedad grave suya.

Conforme a esto me parece que todo está claro y que V. R. puede desde luego dar orden se saque la amortización en la forma que está apuntado en el papel que va con ésta porque el asegurar esta fundación sólo depende de sacar dicho privilegio no quiero alargarme más en esto. Ntro. Señor guarde a V. E. etc. Valencia Octubre 21 an. 1637. Vicente Arcayna.

Colegio de San Pablo. Valencia. Fotografía de «Valencia Bonita».

Pedrós les ofrecía su casa y todas las alhajas necesarias para la vivienda; y el sustento asegurado para seis u ocho padres «todo el tiempo que tardase el hacerse habitación cómoda en el edificio nuevo».

Ante esta disposición, el único requisito necesario era la obtención del privilegio de amortización, trámite fiscal que, como citamos anteriormente, retrasó el anterior proyecto con los cartujos.

En febrero de 1638 Arcayna trasladó a su superior algunas dudas que comenzaban a asaltarle respecto a la fundación.

Pero Pedrós las despejó: acogería a los jesuitas en su casa, renunciando a las criadas por la incomodidad que sufrirían los padres al convivir con mujeres. Y si era necesario estaba dispuesto a abrazar el sacerdocio.

Todo parecía estar preparado y así se lo comunicó al Provincial en una carta escrita en Orihuela con fecha 18 de febrero de 1838.

Padre Luis Rivas, Provincial. La semana pasada escribía a V. R. que temía tuviese buen suceso esta fundación y apunté las causas de este mi temor; y habiéndolo encomendado a Dios me resolví comunicarlas a Tomás Pedrós; y fue tan grande el sentimiento que de ellas tuvo, dijo tales razones e hizo tales ofrecimientos, que me parece no ser posible desistir de ella ...

Ofreciome que, así como se había privado del gasto del coche y cochero, y las dos mulas del coche las había aplicado al cultivo de las heredades, con lo cual le ahorraba doscientas libras de gasto cada año, me prometía que todas las seiscientas libras de sus alimentos las aplicaría para el desempeño y aumento de su hacienda, hasta que llegase a mil y quinientas de renta líquida cada un año y después las aplicaría para el edificio del futuro Colegio.

Y que si reparaba en las mujeres que estaban en su cuarto para su servicio y guisarnos la comida, que él se hacía clérigo y ordenaba de sacerdote como ya lo tenía comunicado con el Señor Obispo y se contentaba que V. R. enviase otro hermano nuestro para que nos guisase la comida y atendiese al gobierno doméstico; y con esto no habría ocasión de vivir en sus casas por tiempo alguno mujer alguna, y no siendo más que cuatro los que se sustentarían de su hacienda en breve estaría desempeñada y tenía la renta liquida suficiente para una lucida fundación.

Cuán equivocado estaba. Pedrós parecía dispuesto a todo con tal de acallar los comentarios que lo tachaban de hombre liviano e inconstante por haber abandonado tan fácilmente a los cartujos.

Pero la oposición de las autoridades civiles y eclesiásticas y la decisión de la propia orden de instalarse primero en Alicante, motivó que el voluble Pedrós retomara su proyecto inicial, por el cual fundó en 1639, muy cerca de lo que hoy es Campoamor, la Cartuja de Vía Coeli.

En 1640 los jesuitas establecieron dos escuelas de Gramática en Alicante.

En cuanto a la cartuja, desapareció cuatro décadas después; y los bienes de Tomás Pedrós fueron utilizados por el Cabildo Catedralicio para fundar «El lugar nuevo de los canónigos», es decir Bigastro.

Tercer y definitivo intento.

Armas de la Compañía de Jesús y retrato de Ignacio de Loyola. Compendio Histórico Oriolano de Joseph Montesinos. Tomo 8, cap. 1.

Para la definitiva fundación del convento jesuita utilizaremos principalmente las notas de Joseph Montesinos, marcadas en rojo e ilustradas con algunos de sus dibujos. Figuran en el tomo ocho capítulo primero de su «Compendio Histórico Oriolano».

El magnifico y muy Ilustre Sr. D. Juan Rocamora, varón recto, justo, temeroso de Dios, y muy inclinado a las Casas Sagradas él, que viendo muy floreciente esta oriolana Ciudad, su amada Patria, de varias comunidades religiosas como en sí gozaba, movido del Reverendo Padre Juan Maza, sabio jesuita, su muy cercano pariente, dijo en cierta ocasión en la plaza mayor de esta ciudad, a presencia de varios caballeros, las siguientes palabras:

Amados Señores de toda mi veneración y respeto, en ocasión que estoy solicitando en esta nuestra patria una nueva fundación a ruegos de los Reverendos Padres Regulares Jesuitas, no puedo por menos dejar de decir a ustedes que al amenísimo jardín del estado eclesiástico que en esta ciudad componen con vistosa variedad su Muy Ilustre Cabildo, Dignidades, Canónigos, Curas, Clérigos, Santa Iglesia Cathedral, Parroquias, Conventos y Comunidades Religiosas, sólo le faltan, aunque adornada de tan bellas y olorosas flores, la de este lirio morado, símbolo del zelo de la Sabiduría y de la perfección esforzada.

Batallón para que, acompañado de las demás flores, oliesen y formasen agraciados ramilletes, sean más olorosas y fragantes por unidas las suavidades de sus religiosas virtudes.

Escribió a la Majestad del Sr. D. Carlos II de Austria, Rey Cathólico de las Españas sobre la expresada fundación, hallando varias dificultades movidas entre los dos Muy Ilustres Cabildos y con algunas comunidades religiosas; y estando todo calmado en paz, se verificó la fundación de este oriolano Colegio bajo la protección e invocación de la Purísima Concepción de María Santísima.

Gobernando en España el Sr. D. Carlos II, el político; teniendo las riendas del universal gobierno de la Santa Iglesia el Pontífice Inocencio XII; y siendo obispo de esta diócesis oriolana el Itmo. Sr. D. Antonio Sánchez del Castellar, muy afecto a dichos Regulares Jesuitas.

Carlos II «El Hechizado».

Para este efecto vinieron del máximo colegio de Valencia seis Padres Jesuitas de próvida sabiduría y excelentes prendas para el caso, con los necesarios poderes. Y lo fueron el Reverendo Padre Miguel Ángel Pascual de Ruiz; el padre Juan de León; el Padre Juan Maza; el Padre Francisco Alemán; el Padre Antonio Casaus; y el Padre Josef de Yuste.

Los que tomaron posesión de su nueva fundación junto al río Segura, en una grande casa antigua que para dicho establecimiento dio liberalmente el predicho Señor Marqués de Rafal D. Juan Rocamora en el año de 1696, primer día de la Pascua del Espíritu Santo, que fue el 24 de Mayo, con grande acompañamiento de Señores Eclesiásticos, Religiosos, Nobles y Plebeyos.

Para la extensión del sitio que era, y al presente lo es el mejor de la Ciudad, fue preciso tomar la mayor parte de un grande malecón antemural del Río Segura, lo que se hizo con Real Cédula del Sr. D. Felipe V de Borbón, de resulta de los buenos informes que para ello prestó y dio la Muy Ilustre Ciudad.

Montesinos, tan impreciso como siempre, nos dice que la fundación llegó de manos de Juan Rocamora, marqués de Rafal. Y dibujó dos bustos o retratos con ese nombre.

Al primero lo llamó Ilustre Sr. D. Juan Rocamora Maza Cascante y Ruiz. Al segundo, Magnífico Señor D. Juan Rocamora y Maza, Señor de la Granja, Marqués de Rafal, Caballero en la Orden de Santiago. Fallecido en 1717.

Los nombres, títulos y fecha de fallecimiento están equivocados. El cronista mezcla personajes y títulos de diferentes épocas. Y Ernesto Gisbert, que lo usó para redactar su «Historia de Orihuela», otorga también erróneamente el marquesado de Rafal a Juan Rocamora y Maza.

Jesuitas. La ciudad en 1690 otorgó facultad a los padres de la Compañía de Jesús para establecer una casa de residencia y consiguieron algunas fincas de huerta y campo de Dª María Manuela Valenzuela y Vázquez de Fajardo, marquesa de Rafal y de D. Pedro Dávalos de Rocamora, conde de la Granja.

Pero pasó algún tiempo y solo a gestiones de D. Juan Rocamora y Maza, marqués de Rafal, lograron instalarse, bajo la advocación de San Joaquín, Santa Ana y la Purísima Concepción, en una casa del expresado D. Juan en la plaza llamada desde entonces de la compañía, hoy de las Salesas…

Vamos a intentar identificar a los personajes que participaron en esta obra pía:

Bustos de Juan Rocamora Maza Cascante y Ruiz. Fundador. Juan Rocamora y Maza. Fundador. María Manuela Vázquez y Fajardo, fundadora. Compendio Histórico Oriolano de Joseph Montesinos. Tomo 8, cap. 1.

Sólo hubo un marqués de nombre Juan y fue el tercero. Cuñado de María Manuela Fernández de Valenzuela, la fundadora, se llamaba Juan Rocamora García de Lasa y falleció en 1691.

Juan Rocamora y Maza nunca fue marqués de Rafal, sino señor del lugar de la Granja. Casado con Beatriz Ruiz Rocamora, ambos vecinos de Orihuela, hicieron testamento en abril de 1600 estableciendo un vínculo para su heredero que incluía el lugar de La Granja y las posesiones de Benferri y Benimira.

Juan Rocamora y Maza falleció a principios del siglo XVII dejando establecido que, en el caso de que sus herederos directos quedasen sin descendencia, dicho vínculo quedaría a favor de la Compañía de Jesús, para que fundasen uno de sus colegios en Orihuela.

Su hijo Francisco de Rocamora y Ruiz fue el primer Conde de la Granja de Rocamora; y su nieto Francisco de Rocamora y Vallebrera, el segundo.

Muerto éste sin descendencia, el título pasó a su hermana Elsa, la tercera condesa, quien también murió sin sucesión.

El condado fue reclamado por su tía Violante Rocamora, hermana del primer conde, convirtiéndose en la cuarta condesa de la Granja y pasando a residir en Orihuela.

El quinto y último conde (hasta el siglo XX cuando el título fue rehabilitado) fue su hijo, el religioso fray Pedro Dávalos Maza y Rocamora.

Esquina de actual palacio de la Granja, antes casa de Rafal. Escudo labrado en el siglo XVIII con las armas de Rocamora y Maza junto a las de Ruiz y Fernández de Heredia. Roberto Almansa Vives.

Por otro lado, tenemos a Gaspar Rocamora y García de Lasa, quien sí fue marqués de Rafal; en concreto el segundo. Este señor estaba empeñado en que su primo lejano, el mencionado fray Pedro Dávalos le nombrase heredero del condado de la Granja para volver a unir los dos títulos en manos de los Rocamora.

Gaspar falleció en 1666. Su viuda y marquesa consorte, María Manuela Fernández de Valenzuela, decidió salvar su alma legando buena parte de sus bienes a comunidades religiosas; propósito que su cuñado Juan, el tercer marqués mencionado anteriormente, le disputó en los tribunales durante años.

En su testamento María Manuela dejó encargada la fundación en Orihuela de un convento de monjas o, en su defecto, de una residencia o colegio de la compañía de Jesús. Esta donación fue el impulso definitivo que necesitaban los jesuitas.

Bienes procedentes de Dª María Manuela Valenzuela, marquesa de Rafal, para fundar la residencia o colegio de la Compañía de Jesús en Orihuela: dos casas valoradas en 600 libras. Una finca de secano de más de dos mil tahúllas próxima a la costa, muy cerca de las salinas de Orihuela, que los jesuitas llamaron en su honor «la Marquesa»; otra gran hacienda de secano, colindante con la anterior denominada «el Peinado». Y otra de regadío en Orihuela, cercana al señorío de Rafal, de 250 tahúllas llamada «San Bartolomé».

Por otra parte, fray Pedro Dávalos Maza y Rocamora, fallecido también sin descendencia, ejecutó la disposición testamentaria redactada por su abuelo a favor de la Compañía de Jesús.

Bienes vinculados para fundar el Colegio de la Compañía por el Ilmo. Sr. D. Juan de Rocamora y Maza, señor de la Granja: El lugar de la Granja con dominio directo sobre el lugar y término con censos irredimibles. La hacienda y casa llamada Benferrejo o Benferri. Y la hacienda y casa con ermita llamada de Benimira, en término de Callosa y huerta de Orihuela.

Estos polémicos y generosos legados crearon interminables pleitos con los herederos; especialmente con la casa de Rafal. Pinchando la siguiente imagen se accede al documento completo que explica el pleito sobre las propiedades de La Granja, Benferri y Benimira.

Biblioteca valenciana Nicolau Primitiu. Mediados del siglo XVIII. Enlace a publicación completa.

Otro benefactor y propagandista de los jesuitas en Orihuela fue el obispo Sánchez de Castellar, quien les brindó una generosa ayuda monetaria calculada en 8.000 libras.

Contactó con ellos en 1694, fijando su establecimiento en Orihuela para el año siguiente. También influyó decisivamente en sus canónigos para que aceptasen la fundación, perdonando los diezmos generados por las propiedades administradas por los jesuitas.

La propia ciudad de Orihuela acogió y apoyó con gusto a los hijos de San Ignacio cediéndoles a perpetuidad las cátedras de gramática y retórica, aportando 230 libras anuales para alimentar a los maestros.

Esta decisión molestó a las otras órdenes religiosas, especialmente a los dominicos que habían echado el ojo a la generosa dotación económica.

Tomaron posesión el 21 de mayo de 1695. Al menos es lo que dice el inventario de conventos del obispado que figura en el tercer volumen de «Orihuela, una ciudad valenciana en la España Moderna», de Juan Bautista Vilar:

El día 21 de Mayo del año 1695, con licencia de S. M. Cathólica el Gran Carlos Segundo, e intervención de la Real justicia, y del Ilmo. Señor D. Antonio Sánchez del Castellar, que gobernaba este Obispado de Orihuela, tomaron posesión los Padres de la Compañía de Jesús de esta Provincia de Aragón de una corta heredad de huerta en la de esta ciudad, dos heredades de Campo del Pozo de Salinas y una casa de habitación en la población de la misma, que por la disposición testamentaria de Dª María Manuela Valenzuela Vázquez y Fajardo, Marquesa de Rafal; y por su muerte quedaron sujetas para ayuda a la fundación de un Colegio de la Compañía en esta Ciudad.

Jesuitas dibujados por Montesinos. Compendio Histórico Oriolano de Joseph Montesinos. Tomo 8, cap. 1.

Ojeda Nieto data la consagración por parte del obispo el 22 de mayo de 1695. Y resume así su llegada e instalación en la casa que les había dejado la difunta benefactora:

La llegada de los jesuitas, en la última década del siglo XVII, y su fácil asentamiento los convertirá en un modelo clásico de lo que supone llegar a una localidad y encontrarse abiertas las puertas de las mejores familias. Pues es sabido que la Compañía se instaló en las casas de «Dona María Manuela Valenzuela Vázquez y Fajardo … III Marquesa de Rafal … , en la casa del Carrer dels Ruisos … , Plazeta apellada de la Marquesa»…

Montesinos vuelve a mencionar como propietario de la casa al tercer marqués, Juan Rocamora, el cuñado de doña María Manuela fallecido en 1691; cuatro años antes de la fundación.

Los jesuitas se valieron (para su fundación) de los entresuelos baxos, que eran grandes aunque de poca elevación, y parte de las caballerizas de la antigua referida casa del Sr. Marqués D. Juan Rocamora, donde dispusieron la iglesia, la sacristía, y todo se dispuso en la mejor forma que se pudo, en la forma siguiente:

La iglesia estaba situada en la plazuela; era muy honda, poco alta; las paredes de tapias, el techo de tablas y el suelo muy húmedo; se bajaba a ella por cuatro gradas y su plan era el presente: la longitud 30 palmos, su latitud 15 y su elevación 16; el Altar Mayor (que es el mismo que hoy está en el oratorio de las educandas) estaba hacia poniente; era primoroso, y de talla moderna dorada, dedicado a la Concepción Purísima de María Santísima; y al Sagrado Corazón de Jesús…

A pesar de llamarse Colegio de la Inmaculada Concepción, San Joaquín y Santa Ana, se limitó a ser residencia hasta 1724 en que formalmente comenzó a impartir clases de filosofía y teología. Añado de nuevo las notas de Gisbert claramente «inspiradas» en Montesinos.

Compendio Histórico Oriolano de Joseph Montesinos. Tomo 8, cap. 1.

La primitiva iglesia de los jesuitas era de tapias, techo de madera y muy honda, hasta el punto de bajarse a ella por medio de cuatro gradas.

Trataron de construir otra y comenzaron las obras el 31 de julio de 1733 que dejaron sin concluir cuando salieron de Orihuela; templo demolido en 1768 para edificar el actual como veremos al hablar de las Salesas.

Y queriendo ampliar también el colegio principiaron a realizarlo el 9 de marzo de 1734, quedando habilitado el 30 de julio de 1753.

Como casa de residencia continuaron hasta 1723 ó 1724 en que instituyeron un colegio en que se enseñaba filosofía y teología y al que en el último de dichos años se unieron las cátedras de gramática y retórica que la ciudad creó en 1439, en la casa del Ayuntamiento, y trasladó en 1593 al llamado estudio viejo, detrás de la cárcel, y más tarde se agregaron a la Universidad.

Compendio Histórico Oriolano de Joseph Montesinos. Tomo 8, cap. 1.

En 1733 emprendieron la reforma y ampliación del colegio y la construcción de un nuevo templo.

Montesinos afirma que pusieron la primera piedra el 31 de julio, día de San Ignacio de Loyola, por mano del obispo Josef Flores Osorio, con asistencia de autoridades civiles y religiosas. La nota festiva la pusieron los músicos de la catedral «cuyos profesores cantaron con suave melodía»; y el disparo de varios castillos de fuegos artificiales.

Al parecer los solares les parecieron escasos. Aprovechando que sus vecinos los marqueses de Rafal, partidarios del archiduque en la Guerra de Sucesión, habían huido y sus propiedades estaban en manos del fisco, se apropiaron ilegalmente de dos casas.

En el año de 1710, en la noche del día 8 de Noviembre, sobre un arco antiguo que duró hasta el de 1771 que se demolió para formar y hermosear con varios ensanches la calle que había entre el nuevo y jesuítico colegio y dos casas del Ilustre Palacio de los Sres. Rocamoras, sus insignes bienhechores, juntando muchos alarifes y con el correspondiente silencio, sigilosamente formaron un tránsito de 8 palmos, por el que se pasaron a dicho Palacio y una casa contigua, alegando posesión de lo que no era de ellos ni les pertenecía.

Los Señores Marqueses Rocamoras se resintieron mucho de un hecho tan infame; pusieron instancia, y siguiendo los Regulares Tribunales, ganaron el pleito como era debido.

En noviembre de 1734 la Real Clemencia restituyó todos los bienes confiscados a los de Rafal. Y la marquesa Jerónima de Rocamora y Cascante, ya viuda, decidió recobrar judicial o extrajudicialmente unas casas que su padre había agregado al vínculo y mayorazgo del Marquesado de Rafal.

Dichas casas estaban ocupadas por los padres de la Compañía de Jesús y les reclamaba los alquileres o intereses, mostrando su disposición a ajustar amigablemente la venta.

Pero los expresados Regulares, con su acostumbrada política y cartas que trajeron del Reverendísimo Padre Andrés de Perussa confesor del Sr. D. Felipe V, implorando la protección de los enunciados Señores, lograron cuanto quisieron, porque estos generosamente le dieron el Palacio y Casa para que en ellos establecieran las Aulas de Gramática, Retórica y Filosofía hasta que se hiciese la obra nueva, como en efecto conocí yo en ellas la referida enseñanza, y la cursé de un tiempo.

En enero de 1735 Joseph García, rector del Colegio, y la marquesa de Rafal firmaron una concordia ante el escribano Bautista Alemán por la que se resolvía la enajenación forzosa mediante justiprecio tasado por expertos alarifes escogidos por ambas partes. Los «hijos de San Ignacio» desembolsaron 1.800 libras en moneda del reino.

Protocolos de Bautista Alemán. 1735. Archivo Histórico de Orihuela.

El colegio quedó habilitado en 1753. Los jesuitas se habían convertido en la orden favorita de los poderosos principalmente a través de la educación de sus hijos. Su centro de estudios era el más prestigioso de Orihuela, por encima incluso de los celosos dominicos. Y su patrimonio iba aumentando considerablemente.

En el siguiente año de 1734 se dio principio a la obra de lo restante del Colegio. El que estuvo en disposición de habitarse en el año de 1753, como efectivamente se pasaron a él los padres; y se estrenaron las aulas, aposentos, dormitorios y demás oficinas en el 30 de Julio, víspera del Padre S. Ignacio de Loyola, en cuya noche hubo plausible iluminación con bombas, faroles, deslumbrantes y calamones, costoso disparo de artillería, sonoro repique de campanas, fuegos artificiales, dulzainas y la música del Regimiento de Caballería del Algarbe que estaba acuartelado en esta Ciudad.  

En 1755 el séptimo marqués de Rafal Antonio de Heredia y Rocamora recuperó la propiedad histórica de la Granja, venciendo a los Jesuitas en otro pleito. Pero el título de conde había quedado extinguido.

Lo rehabilitó la decimotercera marquesa de Rafal en 1916; y lo separó del marquesado.

El 2 de abril de 1767 la Compañía de Jesús fue disuelta y sus religiosos expulsados de España. La iglesia que estaban construyendo quedó a mitad y fue demolida un año después.

Pragmática Sanción de Carlos III, para el extrañamiento de los regulares de la Compañía de Jesús. 2 de abril de 1767. Archivo Histórico Nacional. Consejos.

Se dio principio a la obra con bastante actividad y se prosiguió hasta el año 1767 que sucedió la expulsión y extrañamiento…

Y así quedó, en el lastimoso estado que hoy día vemos (Montesinos escribe a finales del XVIII), que es a punto de arrancar los superiores arcos, crucero, media naranja y cubiertas. Tiene su gran crucero primorosa sacristía y capillas ondas por cada lado.

El siguiente documento es una relación de sus bienes, puestos en venta tras la expulsión: cuatro heredades y tres casas, incluyendo un establecimiento situado en la calle del Río conocido como el «Mesón de la Compañía».

Plan general de bienes vendibles. Colegio de la Compañía de Jesús. 1769. Biblioteca Valenciana. Fondo antiguo.

El edificio del Colegio de la expulsada Compañía de Jesús quedó en manos del obispo Josef Tormo.

Todo este sitio se lo dio el Rey Carlos III con consulta de su extraordinario Consejo al Ilmo. Sr. D. Josef Tormo de Juliá, dignísimo obispo de esta Diócesis para que dispusiese de él a su voluntad…

Dos retratos del obispo Josef Tormo y Juliá. El primero está atribuido a José Vergara Gimeno y está expuesto  en el Centre Cultural La Nau de Valencia. El segundo es de Antonio Llopis, y se expone  en el Palacio Episcopal de Orihuela, Museo de Arte Sacro.

En 1772, cinco años después de la expulsión y por Real Cédula, el edificio se convirtió en casa de enseñanza y colegio de niñas bajo la advocación de la Purísima Concepción.

El impulsor y alma de esta institución fue el citado obispo Josef Tormo, enemigo declarado de la Compañía de Jesús. Así cuenta Montesinos, testigo presencial, su fundación.

Fundación del Ilustre Real Colegio de niñas educandas de esta ciudad de Orihuela. En el año de 1772, gobernando felizmente la mística nave de San Pedro su verdadero sucesor el Santísimo Pontífice Clemente XIIII, de feliz recordación, y siendo absoluto Rey Cathólico de las Españas el Sr. Don Carlos III de Borbón, el Justo, que en Gloria yace.

El Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. D. Josef Tormo de Juliá, dignísimo obispo de esta Diócesis oriolana, deseoso del mejor y mayor esplendor de esta Muy Noble y siempre fidelísima Ciudad de Orihuela, martes día 10 de Junio, y tercero de la Solemnísima Pascua del Espíritu Santo por su tarde, fundó, erigió y estableció el Magnífico Real Colegio de la Enseñanza de Niñas Educandas, bajo el auspicio y especioso título de la Purísima Concepción de María Santísima.

Con el mayor gozo y alegría de todo el pueblo, que verdaderamente carecía de tan apreciable habilidad de bordar, coser, formar medias, leer y escribir y demás cosas pertenecientes  a las niñas. Se fundó este Colegio de lo mejor y más principal parte de lo que había sido de los Regulares Jesuitas …

Anteriormente se demolió todo lo antiguo y superfluo del edificio; y de las rentas de los bienes de los expatriados Jesuitas, se obró todo lo moderno: Salas, aposentos, escalera, cocinas, despensas y el suntuoso Oratorio de la Purísima Concepción, que en dicha tarde del 10 de Junio de 1772 bendijo con solemnidad y pompa el Ilmo. Sr. Josef Tormo.   

El obispo Josef Tormo visto por Montesinos y el escudo de armas del colegio. Compendio Histórico Oriolano de Joseph Montesinos. Tomo 8, cap. 1.

Bajo los auspicios del obispo Tormo el colegio gozó de gran éxito; pero la obra no le sobrevivió. Su lugar lo ocuparon las Salesas; de ello hablaremos en el próximo capítulo.

En cuanto a los jesuitas, volvieron cien años después y se instalaron en el lujoso edificio de sus viejos rivales los predicadores. Pero eso ya es otra historia a la que podéis acceder pinchando el siguiente enlace al artículo «Jesuitas en Santo Domingo».

Enlace a los artículos sobre Santo Domingo.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Callejeando 02. Calle del Río y «Casa del Paso».

Fragmento plano de Fray Antonio Villanueva: 1. Río Segura; 2. Calle del Río; 3. Puente y Ayuntamiento; 4. Granero del Cabildo; 5. Carnicerías; 6. Pescaderías; 7. Plaza de la Fruta; 8. Casa del Paso; 9. Plazuela de la Compañía; 10. Calle del Ángel.
 

La calle del Río.

Imagen idealizada de la Sala y el Puente. José Domingo Sarabia.

Partiendo de la desaparecida «Sala del Consell» continuamos nuestro paseo literario usando el acceso que, a través del arco de la entrada a la ciudad, permitía desviar el tránsito hacia la calle del Río.

Calle del Río. Colección Javier Sánchez Portas. Fragmento.

Poco tiempo vamos a perder en el tema de rotulación; su nombre ha permanecido invariable a través de los siglos: de «Carrer del riu» a «Calle del río». Ni en la II República lo cambiaron.

Siglo XVII. Archivo Municipal de Orihuela.
Siglo XVIII. Archivo Municipal de Orihuela.

El olfato es el sentido más capaz de transportarnos en el recuerdo y muchos oriolanos añorarán los penetrantes aromas de verduras, pescados y salazones que desprendían la plaza y el mercadillo que se instalaba en esta zona hasta hace pocos años.

Desde que, como medida higiénica, Jaime II autorizase la instalación de ocho carnicerías junto al puente en 1321, en los callejones que unían esta calle con la plaza de la fruta se ubicaron carnicerías y pescaderías.

Calle del Río desde el puente de Poniente, en torno a 1910. Se distingue perfectamente la carnicería de Francisco Antón «el Maco». Mi agradecimiento a Alberto Cánovas, José María Piñeiro y José Luis Gea.
La base de esta casa, junto al río, tuvo que ser de piedra maciza para aguantar los envites del río. Un auténtico muro de contención.
Calle del Río. Colección Javier Sánchez Portas.
Animación Calle del Río. Pinchad.
La calle del Río en tres fotografías de las últimas décadas del siglo XX.

Siguiendo más o menos el trazado de esta calle (la anchura del río se ha reducido considerablemente) discurría la muralla de origen almohade con reformas posteriores. En el museo se pueden contemplar cuatro torreones y unos ochenta metros lineales de muro de tapial.

Y sin más que contar sobre ella, quiero dedicar el resto del capítulo a una histórica casa ya desaparecida cuyo solar soporta actualmente el aulario «Casa del Paso», dependiente de la Universidad «Miguel Hernández».

El nombre con el que se ha titulado este edificio tiene su origen en la mansión de los Señores de Jacarilla, la familia Togores.

Aulario Casa del Paso. Universidad «Miguel Hernández». José M. Pérez Basanta.

Para conocer un poco de su historia utilizaremos algunas notas de Mosén Bellot y otras de José Ojeda Nieto, quien tuvo la gentileza de enviármelas personalmente «para que dedujese y sacase mis propias conclusiones».

También el monumental estudio «Los Togores Señores de Jacarilla, siglos XV-XIX», escrito por Manuel Gálvez, con quien también tuve el gusto de conversar personalmente.

La obra, interesantísima, esta alojada en el repositorio de la Universidad de Alicante. Para descargar un ejemplar solo tenéis que pinchar en la siguiente imagen.

Enlace para la descarga en el repositorio de la Universidad de Alicante.

Con todos estos datos voy a intentar resumir la historia de la «Casa del Paso» y sus antecedentes en los terrenos cercanos a la plaza de las carnicerías, en la calle del Río.

Plaza de las Salesas y callejón de Togores que permitía «el Paso» a través del edificio.

La casa de los Togores y el alcázar del Infante.

Casa del Paso. Colección Javier Sánchez Portas.

Ernesto Gisbert en su «Historia de Orihuela» sembró un montón de dudas asociando la casa de los Togores al alcázar del Infante Fernando y al posible hospedaje de los Reyes Católicos.

Otros Edificios. Alcázar del infante D. Fernando, señor de Orihuela a mediados del siglo XIV, en donde el mismo moró, constituyó su consejo de guerra y estableció la Chancillería de la que fue presidente el obispo de Cartagena D. Alfonso Vargas.

En 1488 sirvió de hospedaje a los Reyes Católicos y de palacio de las Cortes que estos celebraron en nuestra ciudad.

Difícil es marcar su situación porque unos la fijan en el grupo de casas que hay entre la Merced y la Plazuela del Salvador, otros en la casa llamada del Paso en la calle del Río, que perteneció a los Togores y hoy a los Sandovales, y otros a la calle de Meca o, mejor dicho, en la plaza de Togores y fincas de esta familia y de los Ruices.  

Vamos a empezar con la visita de los Reyes Católicos.

Leyendo a Mosén Bellot queda claro que no durmieron en la calle del Río. Este cronista, que conocía bien el antiguo emplazamiento del alcázar, afirma que, tras llegar a la ciudad por la Puerta Nueva y recorrer las calles más importantes, los reyes entraron en la Colegial (la futura catedral).

1488 … Y hecha allí la oración, se vinieron a las casas del Obispo de Tarazona, que se juntaron con las de Juan Soler, alcaide, con el paso que hoy se ve encima del callejón que está enmedio.

Montesinos dice lo mismo (seguramente siguiendo a Bellot) y sitúa las casas del famoso obispo en la Plazuela de la Soledad, junto a la calle de los Soleres.

Se fueron a las magníficas casas del Ilustrísimo Sr. D. Andrés Martínez y Ferris, Obispo de Tarazona, que para mayor comodidad se juntaron con las de D. Juan Soler, Alcayde del Castillo Oriolano, sobre cuyas puertas principales se leyó por muchos años esta inscripción: Aquí estuvieron hospedados los serenísimos y cathólicos Sres. Reyes Don Fernando II y Doña Isabel, que vinieron a esta Ciudad a celebrar las Cortes en el año de la humana reparación 1488.

Esta localización coincide con el «grupo de casas que hay entre la Merced y la Plazuela del Salvador» mencionado por Gisbert.

Descartado como morada de los Reyes Católicos en su estancia en Orihuela, vamos con la localización del alcázar.

Volvemos a la crónica de Mosén Bellot, en 1356, cuando Oriola esperaba a su Señor, el infante Fernando; hijo del rey de Aragón, Alfonso IV «el Benigno» y de la princesa Leonor de Castilla. Acababa de empezar la famosa Guerra de los dos Pedros.

Miniatura del Cartulario de Orihuela. Asedio durante la Guerra de los Dos Pedros. 

1356. Escribió el Infante como ya estaba en camino para venirse a Orihuela. Data en Córdoba 29 de julio, Y el procurador y el consejo determinaron que se hiciese pregón para que todo el mundo estuviese apercibido con sus armas, lanceros, ballesteros y los de caballo sin armas, para poder salir a recibirlo con humilde reverencia, alegremente y con buena orden ...

En septiembre visitaba por primera vez su señorío de Orihuela con el propósito de reclutar gente y conseguir pertrechos para la contienda.

Entraron los Infantes a 27 de septiembre de 1356, con regocijo general, por la puerta que en nuestros días han desecho que dicen del Burdel; y hecho el paseo por las calles principales se fue a su posada que era el alcázar, donde a la fecha hoy (primer cuarto del siglo XVII) están las casas de don Luis Togores y Francés Ruiz.  

Mosén Bellot se refería a Luis Togores Ladrón, el VIII señor de Jacarilla, nacido en 1563 y fallecido en 1621; por lo tanto coetáneo suyo.

Un protocolo notarial localizado por José Ojeda Nieto aclara que el edificio antecedente a la Casa del Paso lindaba con el solar donde estuvo el famoso alcázar del Infante Fernando.

Es el testamento conjunto de Don Joseph Rosell y Desprats cavaller y Doña Ysabel Rocamora, conjuges Señors de Benejuçer.

José Gaspar Rosell y Ruiz era el II señor de Benejúzar y estaba casado con Isabel Rocamora y Molins, hija del marqués de Rafal. (Isabel había estado casada en primeras nupcias con Nicolau Molins). El documento, fechado el 18 de octubre de 1662, cita entre los bienes dejados para el mayorazgo, el solar del alcázar.

«Solar de casses hon vivia lo qº françes Ruis de Soler géneros, germa de mon avui maternal de mi dit testador» (el abuelo materno de don José Rossell), que era «lo Alcazar del Señor Infant Don fernando Segons»

Y precisa que el citado solar, antiguo alcázar, lindaba con casas del Señor de Jacarilla, con la Calle del Río y «carrer de Pau Ruis que hix a la plaça major de Stes. Justa y Rufina».

El mayorazgo debió pasar, según testamento, al hijo mayor, don Alfonso Rossell y Rocamora, el que fue III señor de Benejúzar. (Según nota al margen, don José Rossell falleció el 30 de octubre de 1666 entre las dos y las tres de la madrugada y la mujer el 24 de abril de 1667, entre las seis y las siete).

El museo de la Muralla nos brinda una excelente oportunidad de asomarnos a la ventana del tiempo; de contemplar con nuestros propios ojos los restos de un palacio gótico anexo a la «Casa del Paso» y a la cara interna de la muralla. Este edificio es la ubicación más creíble del famoso alcázar.

Museo de la Muralla. José M. Pérez Basanta.

Antecedentes de la «Casa del Paso».

Casa del Paso. Colección Javier Sánchez Portas.

Mosén Bellot vuelve a mencionar la casa de los Togores en otra Guerra, la de las Germanías. Afirma que los comuneros la saquearon y le pegaron fuego. En aquellos momentos, la casa pertenecía a Jaime Togores e Ibáñez de Ruidoms IV Señor de Jacarilla.

Pero los agermanados se vengaban de Luis Togores Roca, su segundo hijo, destinado a la milicia.

1520… Con esto se acabó del todo el gobierno de esta ciudad, y todos los buenos que pudieron se ausentaron de ella, y la plebe se desvergonzó tanto viendo su Germanía tan favorecida hasta de los oficiales del Rey y tan preminentes como el baile general, que con furor diabólico arremetieron a las casas de Luis Togores y Andrés Soler, y las derribaron…

Luis era cuñado del Patriarca don Fernando de Loazes. Y como lugarteniente del gobernador Pedro Maza, en el verano de 1521 participó en la célebre batalla de Bonanza junto al marqués de los Vélez. Allí derrotaron a los comuneros o agermanados; y se ocupó personalmente de ahorcar y castigar a los rebeldes.

Su hermano pequeño de nombre Jaime, el más querido por su madre doña Brianda Roca y Rocafull, recibió su herencia con la condición de tomar el nombre y las armas de los Roca, formando el nuevo apellido «Roca de Togores». Todos los que han ostentado y ostentan este compuesto son sus descendientes.

El 19 de noviembre de 1560 otro Jaime Togores, el VI Señor de Jacarilla, concertó el matrimonio de su hijo, Juan Togores Rocamora con Juana Ladrón. El novio recibió la donación del lugar de Jacarilla y de unas casas en las que habitaba, situadas en la ciudad de Orihuela.

Parroquia de la Señora Santa Justa, que lindaba de dos partes con dos calles públicas, de otra con casas y hostal del magnífico mosén Antonio Gasch, y de otra con casas del magnífico Gaspar Ruiz y calle pública, estimando su valor en 2.000 libras de moneda de Valencia.

Casa del Paso. Colección Javier Sánchez Portas

Pocos años después, concretamente en 1572, Jacarilla y las casas de Santa Justa quedaron vinculadas, continuamente inseparables e indivisas en poder de Luis Togores Ladrón, VIII Señor, el mismo que cita Bellot como coetáneo suyo.

Por su inventario de bienes (con un completo listado de enseres domésticos) sabemos que nació en el edificio antecedente de la «Casa del Paso»; y que allí mismo murió en 1621.

Unas casas grandes con un palacio que está en la plaza de las carnicerías de la presente ciudad, situadas en la dicha presente ciudad de Orihuela, en la parroquia de Santa Justa, que lindan de una parte con la dicha plaza, y de otra con la calle llamada del Río y de otra parte con casas de Francisco Ruiz de Cascante, caballero.

Medio siglo después, la casa aparecía en las capitulaciones matrimoniales de Luis Togores Rosell, XII Señor de Jacarilla. Estaba valorada en mil libras, diez mil reales; y la heredó su primogénito, Luis Togores Valenzuela, el señor número XIII.

Otra nota de 1663, localizada por también por Pepe Ojeda, nos confirma su ubicación.

En lo carrer del Riu; poseía tres portales, y lindaba de Levante con la plaza de las carnicerías y donde se vendían los peces, a donde tenía dos portales. De poniente con las casas de Francisco Ruiz de Cascant y carrer de Pau Rois, appellat de la pilota donde tenía otro portal.

Esta cita nos permite ubicar también un trinquete para el «joc de la pilota». De esta práctica plenamente valenciana hablaremos más adelante, cuando lleguemos al otro trinquete situado en las traseras del convento de Santa Lucía.

La «Casa del Paso».

Casa del Paso. Archivo Celia Senén.

En 1690 Luis Togores Valenzuela, miembro del Consell por el estamento militar, decidió reedificar su casa y pidió licencia para «tallar» en el campo de San Ginés unos rollizos de pino destinados a cubrirla.

En el primer libro de su «Compendio histórico geográfico de la fundación de la ciudad de Orihuela» Josef Montesinos redactó una pequeña biografía de este personaje.

El Ilustre Sr. D. Luis Togores de Valenzuela, natural de Orihuela, Nobilísimo Caballero, Dueño y Señor de Jacarilla, Alcaide del castillo de la Villa de Guardamar, Capitán de las Costas Marítimas de San Ginés, Gobernador Militar y Político de esta oriolana ciudad desde el primero de Enero de 1696 hasta el 9 de Diciembre de 1699…

Terminada su construcción a principios del siglo XVIII, esta es la casa que llegó al siglo XX.

Casa del Paso. Colección Javier Sánchez Portas.

Firme partidario de la causa borbónica, su flamante vivienda fue saqueada cuando Orihuela cambió de bando en la Guerra de Sucesión.

Terminada la contienda y una vez casados sus tres hijos, vivió en la «Casa del Paso» junto a su fiel ama de llaves y un par de esclavos que tenía para su servicio.

Como dato curioso añadir que, a pesar de que el vaso funerario de los Togores estaba en la capilla de San Lorenzo de Santa Justa, Luis Togores Valenzuela rompió la tradición familiar y quiso enterrarse en la iglesia de los Jesuitas, sus vecinos y amigos, vestido con el hábito de San Ignacio.

Sigue Montesinos… Que por sus accidentes se vio obligado a renunciar el gobierno; y falleció en el año de 1726. Yace en la iglesia que fue de los Regulares Jesuitas, en su propio sepulcro, con esta corta inscripción. «Aquí yace D. Luis Togores y Valensuela, Señor de Xacarilla: año de 1726».    

Gracias a su inventario de bienes, confeccionado en el año de su muerte, tenemos descripción de la casa original.

La planta principal estaba compuesta por una antesala, en donde entre otros muebles había un retrato de Felipe IV y otro de la reina. Tenía un cuarto que sacaba ventana al balcón de la calle, donde colgaba un retrato de Luis Togores Robles de cuerpo entero.

Otro cuarto con ventana al balcón; un cuarto con ventana al jardín; un comedor y una cocina. Y el entresuelo estaba dividido en dos partes: una para criados y esclavos, y otra destinada a almacén.

Gracias a las fotografías conservadas podemos añadir que su fachada era muy sobria, con la planta baja de sillería y la noble de mampostería enfoscada. Ambas decoradas con rejas de hierro forjado.

Casa del Paso. Colección Javier Sánchez Portas

Por el portalón que daba a la Calle del Río se accedía a un pasaje en cuyo interior estaba la puerta de la casa. A su vez permitía conectar con un callejón llamado de Togores que terminaba en la plaza de la fruta. Esta es la razón por la que se la denominaba «del paso».

En el ecuador del siglo XVIII, vivía en ella Luis Togores Robles, el XIV señor de Jacarilla. Luis creía tener derecho preferente a los mayorazgos de Rafal, fundados por los García de Laza.

Como descendiente de Leonor García de Laza, la esposa Luis Togores Ladrón, inició un pleito que duró más de un cuarto de siglo.

La obsesión por ser y llamarse «Señor de Rafal» fue tal que modificó continuamente su firma hasta anteponer el apellido García de Laza, firmando como Luis García de Laza, antes Togores.

En un principio, la justicia parecía decantarse a su favor; pero la sentencia definitiva favoreció al entonces marqués de Rafal, en 1763. Esto me sugiere una hipótesis:

¿Podría ser que el escudo que lucía en la esquina de la casa esperase esa sentencia favorable para ser desbastado con García de Laza entre los apellidos y así se quedase al no conseguirlo?

Casa del Paso. Escudo sin desbastar.

El siguiente señor de Jacarilla fue su hijo, Ignacio Togores Escorcia, que falleció sin descendencia. Ya cincuentón y todavía soltero, casó en Murcia con una niña de catorce años. Tuvieron un hijo pero murió con menos de un año.

Heredó el título y la casa su hermano Francisco Togores Escorcia, quien falleció de fiebre amarilla en 1811. Su muerte, también sin descendencia, significó el fin del linaje de los Togores cuyo apellido había permanecido inalterable desde el siglo XV.

A la muerte de Francisco heredó el mayorazgo y la casa Francisco de Paula Sandoval Togores, pasando a llamarse «Casa de los Sandovales».

De éste pasó a su hijo Francisco de Paula Sandoval Melgarejo, quien alquiló la casa o parte de ella al Ayuntamiento, para la instalación del cuartel de la Guardia Civil en 1854.

Ayuntamiento de Orihuela. Sesión ordinaria. 29 de Septiembre de 2009: Según consta en la documentación anexa, cabe destacar que el 16 de Septiembre 1854 se creó el primer Cuartel de la Guardia Civil de Orihuela bajo el mando del Segundo Capitán de Infantería Don Benito Guindulain y con sede en C/ del Río, nº 10, en la desaparecida CASA DEL PASO.

En el último cuarto del siglo XIX se menciona frecuentemente la «casa del paso» como casa cuartel en la que se emplazaban también las oficinas militares y la caja de reclutas.

Casa del Paso. Colección Javier Sánchez Portas

En mayo de 1887, el coronel al mando de las oficinas militares, se quejó al ayuntamiento del mal estado en que se hallaba.

El edificio pertenecía por aquellas fechas a José Joaquín Sandoval Melgarejo, terrateniente afincado en la Mancha fallecido en noviembre de 1899. Pero seguramente trataban con su hijo, el abogado y político domiciliado en Madrid, Alfonso Sandoval, barón de Petrés.

Alfonso, nacido en Murcia, había estudiado en el Colegio de Santo Domingo y conservaba algunos amigos de la infancia en Orihuela.

El cuartel de la Guardia Civil y las oficinas militares fueron trasladadas, pero sólo temporalmente. La historia de estos traslados está contada en un artículo monográfico al que podéis acceder pinchando en el siguiente enlace.

Enlace a artículo sobre la Guardia Civil.

Tenemos constancia de que en ausencia del acuartelamiento, a la casa se le aplicó un lavado de imagen.

El Diario de avisos. 8 de octubre de 1891: No se habla de otra cosa que de las reparaciones hechas en la fachada de la «casa del Paso» que da al callejón de Togores sin haberse ordenado la instalación de los correspondientes tubos de desagüe ni haberse sujetado a plano alguno, toda vez que los trabajos se han proseguido hasta rebajar aquella dejándola en una nevada que también se ha tejado.

Siempre pendiente de una profunda restauración, aunque intentaron salir de allí varias veces, la Benemérita tuvo que aguantar un siglo entero en la calle del Río.

Derribo Casa del Paso. Archivo Pedro de Vicente.

Derribo y construcción del campus.

Derribo Casa del Paso. Archivo Pedro de Vicente.

En 1951, ya en manos de la familia Balaguer, fue declarado en ruina con peligro inminente. Pero el cuartel tuvo que aguantar hasta 1960, cuando concluyó la obra de su ubicación actual.

Dicha obra fue proyectada en la II República, cediéndoles el Cuartel de la Remonta.

Ruinas Casa del Paso. Colección Javier Sánchez Portas.

Desalojado por fin el edificio, en 1962 lo declararon en ruina con peligro para la población.

Aun así, no se autorizó su derribo hasta 1967. Y fue paralizado por el ministerio alegando «interés histórico artístico».

Ruinas Casa del Paso.

Tras una visita de inspección, el derribo quedó en una demolición parcial de los elementos peligrosos y el posterior vallado del edificio.

Ruinas Casa del Paso. Colección Javier Sánchez Portas.

Mediante una permuta fue adquirido por el Ayuntamiento de Orihuela para ser derribado posteriormente. Era el anticipo de la amplia destrucción patrimonial que se avecinaba a nivel general en toda Orihuela.

Ruinas Casa del Paso. Colección Javier Sánchez Portas.

Irónicamente, en 1969 la ciudad fue declarada «Conjunto histórico artístico». 

Ruinas Casa del Paso. Colección Javier Sánchez Portas.

Tras muchos años convertido en solar, su espacio y el de unas casas anexas fue empleado para la construcción del «Campus de las Salesas» de la Universidad Miguel Hernández.

Solar Casa del Paso

Como nota positiva, dicha obra permitió emprender, entre las Navidades de 1997 y el mes de marzo de 1999, las más importantes excavaciones arqueológicas realizadas en Orihuela, dos mil metros cuadrados de solar.

Solar Casa del Paso

Y en una acertada decisión, se decidió preservar en el sótano visitable, un singular tesoro patrimonial que nos brinda una excelente oportunidad de asomarnos a la ventana del tiempo.

Si os apetece conocerlo virtualmente a través de un vídeo, pinchad la siguiente imagen.

Enlace visita virtual al Museo de la Muralla. José M. Pérez Basanta.

En el Museo de la Muralla han quedado al descubierto las murallas almohades, los baños y casas islámicas, el palacio gótico atribuido al infante y otras viviendas bajomedievales cristianas…

Su imprescindible visita nos brinda una oportunidad única de contemplar con nuestros propios ojos un trozo de esta vieja calle; una zona estratégica de nuestra ciudad en distintas épocas.

Aulario Casa del Paso. Universidad «Miguel Hernández». José M. Pérez Basanta.

Antonio José Mazón Albarracín.  (Ajomalba).

Mi agradecimiento a José Ojeda Nieto, Manuel Gálvez Fernández y Jorge Belmonte Bas.

Callejeando 01. El Puente de Poniente.

Vista del río Segura desde poniente. Orihuela Murcia [sic]. Laurent, J. 1816-1886. Fecha: ca. 1870.

Los muros de Orihuela del lado del oeste son bañados por este río; un puente de barcas da acceso a la villa. (Al-Idrîsî, siglo XII).

Vista del río Segura desde levante. Orihuela Murcia [sic]. Laurent, J. 1816-1886. Fecha: ca. 1870.

Puente de Poniente y Sala del Consell.

El puente popularmente conocido como viejo ha sido a lo largo de la historia un reto para la ciudad. Fabricado con barcas, con tablas o de piedra, era el único enlace entre el casco urbano y el «Raval del Pont».

Con la expansión de este arrabal, convertido en el Mayor o de San Agustín, se erigió el puente de Levante, correspondiéndole a este, los títulos de Mayor, Viejo o de Poniente.

Grabado siglo XIX. Ceremonia del ramo sobre el puente. Al fondo, la Sala.

En las reseñas históricas recopiladas por Mosén Pedro Bellot se habla de un puente de madera que a principios del siglo XIV estaba a merced de las crecidas del río, necesitando ser «adobado» constantemente, motivo por el que el consejo estableció un pontaje (impuesto por uso del puente) que se cobraba a los ganaderos que lo utilizaban.

El Día de navidad (de 1320) amaneció el río tan crecido que cubrió el puente, y las gentes del Raval y heredades no podían pasar a misa. Y el consejo mandó que todos los maestros y toda la gente de la villa acudiesen a ayudarles, y así fue adobado y presto, y como era tanta costa, hacían pagar a los ganados una cabeza por mil.

Vista del río Segura desde levante. Orihuela Murcia [sic]. Laurent, J. 1816-1886. Fecha: ca. 1870. Fotografía: papel albúmina; 245 × 339 mm sobre cartulina de 372 × 481 mm 17/3/36.

Esta precariedad y la tragedia que suponía carecer de iglesia cuando el Segura, con demasiada frecuencia, incomunicaba a los vecinos de su otra orilla, obligó a utilizar la ermita situada extramuros bajo la advocación de San Sebastián y San Roque (donde ahora está el convento), que se convirtió en ayuda de parroquia o capilla de la Catedral con su pila bautismal. Para asistirla, un cura residía continuamente en ese lado del río. Erigido el Convento de San Agustín, dicha función quedó obsoleta.

Recodo del Segura a principios de siglo (Kurt Hielscher).

Pero no todo eran inconvenientes. La sencillez del puente permitía destruirlo en caso de necesidad convirtiendo el río en un foso defensivo, como así ocurrió en la guerra entre Castilla y Aragón, conocida como «de los dos Pedros».

El puente Quebrado se dijo porque en la primera guerra del rey Don Pedro de Castilla lo mandó quebrar el consejo, y en el año 1361, en el cual se hizo paz, mandó dar 50 sueldos para adobarle.

Para renovarlo cada década, además del esfuerzo económico, era necesario talar demasiados árboles «y no se podían criar tantas alamedas», así que en el año 1415 decidieron fabricarlo en piedra por primera vez.

En 1451 se colocaron las cimbras de un gran puente de un solo ojo que durante dos siglos y medio restauraron una y otra vez, quedando obsoleto a comienzos del siglo XVIII. Se reedificó totalmente ante la necesidad de contar con un acceso seguro para los carros que se dirigían al molino.

Vista desde el mediodía de la Casa de la Ciudad de Orihuela adornada con motivo de la Proclamación al trono de Carlos III, grabado de Alagarda. Siglo XVIII.

Al final del puente, un arco abierto en la muralla,  permitía la entrada a la ciudad y mediante un pasadizo abovedado que cruzaba por debajo del la Casa Consistorial se desviaba el tránsito incómodo de la calle del Ángel hacía la del Río.

Fachada de tramontana de la Casa de la Ciudad, adornada con motivo de la Proclamación de Carlos III. Grabado de Alagarda. Siglo XVIII.

.. de sillería de la mejor calidad blanca, fuerte y granimenuda, con pilastras de trece palmos de altura y piedras de cuatro palmos y medio unas y otras de tres palmos y medio, dos palmos de altas y todo el espesor de la pared con las tres caras bien labradas, orden corintio, arco abocinado y sobre él, el escudo de armas de la ciudad. Las puertas con su erraje grueso de madera vieja, chapado en oja delata, con las serraduras de la mayor firmeza y hermosura.

Esta descripción del arco aparece en los «Capítulos y condiciones formadas para la construcción y reparación de las obras de las Casas Consistoriales del Ilustre Ayuntamiento de esta ciudad de Orihuela», redactados en 1777.

Plano obras Sala. Año 1777. Archivo Municipal de Orihuela.

En su plano adjunto comprobamos que aparece el «tránsito por baxo de la cassa de la ciudad»;  o más concretamente por debajo de «la Sala de Cabildos».

¿Qué era citada Sala?

Fray Diego de Cadiz predicando desde un balcón de la Sala. Dibujo de Josef Montesinos. 1787.

La Sala era una dependencia de, aproximadamente noventa metros cuadrados, donde se reunía el Consell de la Ciudad. Su elevado emplazamiento hace pensar que, además de referirse a la Sala del Consell, los oriolanos utilizaban el nombre popular que recibía la estancia construida sobre las viviendas para albergar la paja, llamada comúnmente «la sala».

Diseño de la Ciudad de Orihuela mirada por el Mediodía. Joseph Vicente Alagarda y Eysarch. Segunda mitad del siglo XVIII. En la parte inferior izquierda, con el número 15, la Casa de la Ciudad.

Este apelativo acabaría identificando a todo el edificio. La Casa Consistorial fue construida de ladrillo en el siglo XIV y reedificada en piedra a finales del XVI;  formando con el sólido puente que le servía de apoyo un impresionante edificio defensivo.

La Sala y el Puente. Dibujo de Pepe Sarabia

El puente viejo, reedificado como hemos dicho a principios del siglo XVIII, en 1763 presentaba de nuevo un aspecto deplorable.

El estado en que se encuentra el puente, haciéndose en el de cada día agujeros, y que tiene mucha parte de sus maderas y barandillas podridas y señaladamente se ha derribado en una caballada tanto de su suelo que no puede pasar seguramente cabalgadura alguna para introducir molienda alguna en el molino en perjuicio del arrendador que paga licencia a la ciudad y con la contingencia de poder caer en el río algunas criaturas de las que transitan por dicho puente.

El principio del fin llegó en 1829. En ese año, además de los famosos temblores de tierra que asolaron la Gobernación oriolana, las copiosas lluvias otoñales aumentaron considerablemente el caudal del río Segura.

En enero de 1830 volvió a llover torrencialmente, llegando a diluviar durante veintinueve horas y media seguidas entre los días 28 y 29. 

El día 30 se desprendió un sillar del arco que sostenía el puente, encargándose de la reparación el maestro Antonio Sánchez, quien puso una piedra muy ajustada cerrándolo de nuevo. Pero tan solo era el primer aviso.

El 15 de octubre de 1834 nadie pudo evitar que cediese ante los envites de una nueva riada. Tres días después, la Sala, desprovista de apoyo, corrió su misma suerte.

Expediente sobre reparación o reedificación de la Casa antigua Consistorial de esta ciudad. Antonio Sánchez, 1836. Archivo Municipal de Orihuela.

Todo lo que quedó en pie hubo de ser demolido. En el «Expediente sobre reparación o reedificación de la Casa antigua Consistorial de esta ciudad», fechado en 1836, Antonio Sánchez confeccionó unos preciosos «Planos explicados por letras, números y colores», pero el consistorio no pudo sufragar la obra y fue desechada.

Fragmento explicado del plano de la Casa Consistorial y fragmento de fotografía del XIX.

Pasados seis años, se vendió el terreno a Luis Abadía para construir  un edificio de viviendas. En 1848 su viuda Josefa Larranzi se vio obligada a deshacerse del mismo.

El edificio que en la actualidad ocupa su lugar, conserva en el zaguán una pequeña joya. Si alguien les abre la puerta (manda narices) podrán contemplar una de las representaciones más antiguas de nuestro oriol, datada en 1598.

En 1598, obrando la puerta de la ciudad que sale a San Agustín o San Sebastián, se hace por el maestro Pierres un escudo de armas en piedra jabalina.

José Ojeda Nieto afirma que este escudo y el de San Roque, expuesto en el claustro de la Catedral, son coetáneos y pertenecen a la desaparecida puerta de San Agustín.

San Roque en el claustro de la Catedral.

Pero volvamos al puente. Tras varios proyectos de reedificación, el obispo Félix Herrero Valverde se ofreció al Ayuntamiento para encargarse personalmente de dirigir la habilitación de dos nuevos y sólidos puentes de madera; administrando, eso sí, los 20.000 reales que para ello había dispuesto el Consejo.

Félix Herrero Valverde.

Aceptada su propuesta escogió para tal menester al capuchino Fray Antonio de Benimassot, del convento de Monovar, que ya había trabajado en las Salesas.

Las obras duraron desde el 19 de Mayo al 8 de agosto de 1835. El puente de Benimassot fue un verdadero fracaso; pronto comenzó a perder el nivel y poco a poco se fue deteriorando hasta que en 1842 amenazaba con desplomarse.

El ingeniero de caminos Elías Aquino dirigió la construcción de un nuevo puente de madera de pino endurecido en las aguas de las salinas.

Quedó terminado el 22 de abril de 1843. Esta vez probaron su solidez aparcando en su doble calle cinco carros de bueyes bien cargados de pimiento molido. Pero tampoco duró mucho.

En el verano de 1868 la Sociedad Material para Ferrocarriles y Construcciones de Barcelona instaló un nuevo puente de hierro del que se conservan planos y algunas fotografías.

Archivo Municipal de Orihuela.
Colección Javier Sánchez Portas.
Colección Javier Sánchez Portas.
Colección Javier Sánchez Portas.
Gigantes y cabezudos en el Puente de Poniente Colección M. Soriano.
El puente de Poniente a principios del siglo XX.

Reconstruido y sustituido varias veces durante el siglo XX.

El conquistador. 12 de mayo 1917: Basta con que un ingeniero del Estado diga que por ser el Puente de Poniente de esta Ciudad de la exclusiva pertenencia del Municipio ya no hay medio de que se reconstruya por el Estado, como solicitaba la Cámara de Comercio; para que ésta como toda Orihuela, quede como convencida y abandone las gestiones que debía hacer para conseguir su laudable propósito, como lo han conseguido poblaciones comarcanas.

Aquí nadie recuerda, al parecer, que el Puente de Poniente actual se construyó con dinero patrióticamente desembolsado por los oriolanos para cubrir las acciones que a dicho fin emitió el Municipio y que para la mayoría de los accionistas han resultado un papel mojado, perdiendo por completo lo entregado (…)

Los Puentes, por consiguiente, no son propiedad del Municipio sino de la exclusiva pertenencia de los oriolanos, como particulares, no como vecinos de la Ciudad. Como es ineludible el tránsito por ambos puentes, dispensable es que se construya con fondos particulares…

Sesión municipal del 19 de Julio de 1934: Ultimado el despacho ordinario, el Sr. Alcalde advierte de la necesidad de restringir el tránsito pesado por los dos puentes que existen en la población sobre el Segura, en vista de que los informes emitidos por los técnicos a los que particularmente ha encargado el reconocimiento, resultan extraordinariamente faltos de solidez, en atención a lo cual,  por unanimidad se acuerda no permitir el paso de vehículos cuyo peso total exceda 1.500 kg. y que ello se comunique a los gobernadores de Valencia, Alicante y Murcia y al ingeniero jefe de firmes especiales.

En las fallas celebradas durante la II República en Orihuela, algunos vecinos se burlaron del penoso estado del Puente.

Falla de la Calle Fermín Galán (Los Hostales). Autor: Lucio Sarabia e hijos. Archivo García-Molina.
Puente de Poniente en los años 60 del siglo XX.
Foto Loíno.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba 2006).           

Galería Fotográfica.

Colección Javier Sánchez Portas.
Vista desde el Puente de Poniente. Colección Javier Sánchez Portas.

     

Vista desde el Puente de Poniente. Ministerio de Cultura.
Vista desde el Puente de Poniente. Colección Javier Sánchez Portas.
Vista desde el Puente de Poniente. Ministerio de Cultura.
Vista desde el Puente de Poniente publicada en enero de 1925 en la revista La Esfera, ilustración mundial. En el pie reza: «Vista de Orihuela (Alicante) desde el río Segura, Fot. Hielscher».
Vista desde el Puente de Poniente.
Vista desde el Puente de Poniente.

Callejeando. Prefacio.

Charles Clifford. Orihuela. Vista general de la ciudad 1862. Colección Javier Sánchez Portas.

Callejeando. Prefacio.

Si os apetece, podemos emprender juntos un largo paseo virtual por la memoria de las añejas calles oriolanas, comentando el origen de sus titulaciones, los cambios operados en las mismas, pequeñas historias de sus edificios, descripciones de sus fachadas, y anécdotas diversas de sus vecinos; rutas urbanas convertidas en ameno pasatiempo que permita comprender mejor lo que fue nuestra ciudad.

Para aquellos que decidan acompañarme en este nostálgico paseo, pretendo conectar pasado y presente intentando mostrar algunas singularidades que Oriola/Orihuela guarda todavía en sus barrios; apelando a la necesidad de no perder la memoria.

Nuestra añeja ciudad no se ha hecho por casualidad. Es una creación colectiva de sus habitantes a través de siglos de historia. Un secular patrimonio que si no ponemos remedio va a desaparecer en pocos años.

Como inicio, es recomendable intentar comprender el vínculo entre la ciudad y el espacio territorial en que se fue desarrollando. Para ello podéis utilizar como atalaya la subida peatonal al seminario de San Miguel que, a lo largo de su recorrido, ofrece diferentes vistas en las que se aprecia muy claramente la estructura y formación de la ciudad y sus arrabales; convertidos ahora  en una especie de «totum revolutum».

Comprobad pues como, nacida en la seguridad de las alturas, se fue desparramando por la sierra hasta saltar el río e introducirse en la huerta; asentándose a partir de ese momento en un territorio de difícil defensa, expuesto a las frecuentes riadas.

Ministerio de Cultura

Y como creció dividida en cuatro sectores; cuatro espacios urbanos claramente jerarquizados: el casco o centro, el arrabal Mayor o de San Agustín, el arrabal Moderno o de San Juan y el arrabal Roig; cuatro cuarteles disueltos en tres parroquias: San Salvador, Santas Justa y Rufina, y San Jaume o Santiago; las tres nacen en el casco y cubren parte de los arrabales.

La mayor comunidad de fieles la ostenta San Salvador, división territorial que, además de absorber gran parte del casco, monopoliza el arrabal de San Juan y cubre parte del de San Agustín.

Santa Justa abarca una parte del centro, un trozo del arrabal de San Agustín y la huerta del Camino de Beniel (hasta que en el XVIII, Tormo fundó la Parroquia de los Desamparados, cubría todo el territorio hasta la frontera con Castilla).

Ministerio de Cultura

La de Santiago, con su pila bautismal de «los bordes», se ocupaba de un trocito de casco y del barrio más humilde, el Arrabal Roig o Rabaloche.

Colección Esteban Sanmartín.

Abrazado a la peña tenemos el cuartel central conocido como casco urbano; una especie de ciudadela que albergaba los templos, palacios y edificios públicos. Situada estratégicamente entre la sierra y el río, a los pies del castillo, estaba protegida por la antigua muralla, que fue absorbida por la progresiva urbanización, y necesitó ser rodeada por nuevos muros que acogiesen a los crecientes arrabales.

Desde la sierra es fácil también imaginar el primer lienzo de muralla utilizando puntos de referencia, como si de un juego de unir puntos se tratase. Una vez localizados, acercaos a la trasera de Monserrate para comenzar la reconstrucción virtual de la muralla. 

Rudimentario plano de confección propia.

Desde las torres de la calle Torreta, salimos a la plaza que fue emplazamiento de la Puerta de Murcia, lugar donde en puridad terminaba el casco y comenzaba el Arrabal Roig.

Archivo Mariano Pedrera.

Desde ahí buscaremos la torre de Embergoñes y comprobaremos que muy cerca se conserva un portillo que daba acceso al río. Luego debemos imaginar la esquina o giro del muro, que coincidiría aproximadamente con el convento de las Salesas.

Oriola imaginada. Montaje de José Antonio Ruiz Peñalver

El siguiente paso es visitar el Museo de la Muralla para tomar contacto con el aspecto real del muro y de sus torres. Y así llegaremos al Puente Mayor, donde estaba el principal acceso a la ciudad, la Puerta de la Sala o Consell.

Oriola imaginada. Dibujo de Pepe Sarabia

Siguiendo el curso del río encontraremos otra torre oculta en la trasera del Hotel Tudemir; muy cerca de ella estaba la Puerta de Elche (que en algunos protocolos del XVIII aparece como «Puerta de la Yedra»).

Caminando por los Hostales (Alfonso XIII) rodearemos los restos del convento e iglesia de la Merced, donde estuvo la torre de Navalflor; y continuando por el paseo, llegaremos a la llamada Porta Nova, que estaba a la altura del acceso a la Calle de Santa Lucía.

Sólo queda seguir por la Carretería (Ruiz Capdepón) hasta llegar al último portal con los restos de otra torre; allí, pegada a la sierra, estaba la Puerta de Crevillente dando acceso al llamado Barrio Nuevo.

Oriola imaginada. Montaje de José Antonio Ruiz Peñalver

Excluyendo el arrabal Roig o Ravaloche, extensión natural de la ciudad en dirección a Murcia que no estaba amurallado, los otros dos se protegieron con nuevos muros o barreras.

Oriola imaginada. Dibujo de Mario Gómez.

El de San Agustín, titulado en un principio arrabal del Puente o arrabal Mayor debido a su situación y extensión, adoptó el nombre del convento que permitió a sus vecinos disponer de una iglesia al otro lado del río.

Fragmento plano de 1748, obra de Fray Antonio Villanueva: 1. Plaza del Puente. 2. Calle de San Agustín. 3. Calle de la Mancebería. 4. Plaza Nueva. 5. Calle del Molino Grande. 6. Calle de San Pascual.  7. Puerta de Magastre. 8. Calle del Bao. 9. Calle de la Acequia. 10. Calle de María de Pau. 11. Plazuela de San Agustín. 12. Convento de San Agustín. 13. Huerto de San Agustín. 14. Rodeo. 15. Alameda. 16. Camino de Hurchillo. 17. Camino de Cartagena desde la Puerta del Burdel. 18. Alameda. 19. Huertos. 20. Puerta del Burdel.

Contaba con tres puertas: la de San Agustín, junto al convento; la del Burdel o Mancebía, al final de dicha calle; la de Magastre (situada más o menos en lo que ahora es el cruce de Calderón de la Barca y Obispo Rocamora).

Rudimentario plano de confección propia.

El de San Juan Bautista, que es fruto de la fusión de dos más antiguos (el llamado Ravalete ó de Crevillent y el Moderno o de Elche).

Contaba con otras dos puertas: la de Callosa, única que sigue en pie junto al Colegio de Santo Domingo; y la de Almoradí, situada al final de la Corredora.

Oriola imaginada. Dibujo de Pepe Sarabia.

Y nada más, comenzamos pues un largo paseo que, espero, sea de vuestro interés.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).