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Y se hizo la Luz

Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.

Y se hizo la Luz.

A mediados del XIX los mecheros de gas desplazaron a las obsoletas velas de cera y a los quinqués de aceite o queroseno.

Sin tiempo para consolidar su difusión por toda España, en el último cuarto de siglo llegaba una nueva y revolucionaria tecnología: la electricidad.

Farol de queroseno.

Al igual que ocurrió con el gas, la ciudad pionera fue Barcelona, donde se creó la primera central eléctrica en 1875.

Diez años después se publicaba el primer decreto para regular las instalaciones.

La implantación de este tipo de alumbrado público aportaba mucho prestigio a los municipios.

Para la sociedad de la época la llegada de la luz eléctrica significaba formar parte de las ciudades más modernas.

Aun así, el alumbrado eléctrico quedó en manos de la iniciativa privada, compitiendo inicialmente con las empresas de gas.

Por toda España se crearon multitud de sociedades que afrontaron los riesgos derivados de una tecnología incierta y precaria.

La lista de usuarios era muy reducida. Sólo comerciantes y ciertas familias acomodadas podían permitirse pagarla.

Por ello, el interés de las primeras distribuidoras se centró en el alumbrado público, un mercado relativamente seguro, a pesar del lamentable estado financiero de los ayuntamientos.

La intervención municipal quedó limitada a la concesión de los permisos de construcción y las licencias para el tendido de cables y alambres aéreos que alimentaban faroles dotados de un arco voltaico con electrodos de carbón.

Como es lógico, las primeras empresas centraron sus esfuerzos en las grandes ciudades buscando la rentabilidad.

El resto de localidades tuvieron que conformarse con modestas instalaciones creadas generalmente por emprendedores locales.

Estas pequeñas centrales llamadas fábricas de luz funcionaban con máquinas alimentadas por combustible, produciendo un fluido de baja tensión y corto alcance.

Central eléctrica siglo XIX.

La primera eléctrica oriolana.

La primera empresa eléctrica oriolana se creó en la primavera de 1893.

El 23 de marzo ante el notario Pedro Turón Lozano se formalizó la escritura de una nueva sociedad mercantil llamada «la luz» con un capital social de 100.000 pesetas.

Su fundamento era la producción de electricidad para alimentar el alumbrado público y particular de Orihuela.

Su primer objetivo, buscar un emplazamiento apartado y a la vez cercano para instalar la central eléctrica o fábrica de luz; un molesto edificio con voluminosos generadores alimentados por combustible y una gran chimenea para extraer los gases que producían. Y lo encontraron en el Partido de San Antón.

Etiqueta de las botellas del Balneario y manantial de San Antón. Archivo Carmelo Illescas Pérez.

En mayo Atanasio García Cubero, alcalde por aquellas fechas, establecía un contrato verbal con su presidente Diego Roca de Togores para venderle una finca urbana que contaba con dos casas con los números 16 y 19 de policía.

Contaban con algo más de cincuenta metros cuadrados cada una; a lo que había que añadir un trozo de terreno inculto que lindaban a levante con el llamado fuerte de San Fernando, a sur y poniente con el que fue huerto de los dominicos y al norte con el Camino de San Antón.

Archivo Celia Senén.

En mayo de 1894 comenzaron las pruebas en la «fábrica de la luz» utilizando focos de diferentes intensidades con resultados brillantes.

El lunes 21 del mismo mes el obispo Juan Maura otorgó su bendición a las instalaciones y puso los nombres de «María de Monserrate» y «Roca de Togores» a aquellas máquinas que iban a hacer de la noche, día.

Obispo Juan Maura y Gelabert. Retrato autógrafo.

Los inicios fueron costosos y muy complicados, dejando el servicio mucho que desear.

Durante  todo el verano se sucedieron las quejas por incumplimiento del pliego de condiciones: el fluido era escaso; faltaban guías; en las calles estrechas habían sustituido las prometidas lámparas de dieciséis por otras de diez; y para colmo, a la una de la madrugada la ciudad quedaba totalmente a oscuras.

A pesar de todo para la feria de aquel año se alquilaron las casetas con un suplemento de cinco pesetas por suministro e instalación de luz eléctrica; aunque para ello se suprimió el fluido en los sitios «más apartados y menos transitables de la población».

Charles Clifford. Orihuela. Vista general de la ciudad 1862. Colección Javier Sánchez Portas.

Ante la falta de recursos para cumplir con el pliego de condiciones, el 31 de Marzo de 1895 la Junta General de Accionistas acordó ampliar el capital social en 70.000 pesetas, emitiendo 140 nuevas acciones al precio de 500 cada una, lo que permitió que modestos ciudadanos participasen con los mismos derechos y deberes que los socios fundadores.

El 27 de octubre de 1897 Alejandro Roca de Togores y Pérez de Meca, militar retirado, acudió al notario como representante de la sociedad para comprar la finca apalabrada por 7.000 pesetas.

Atanasio García, ya desposeído de la vara municipal, se reservó la propiedad de las aguas y el derecho de entrada al nacimiento, cuyo uso concedió a «La luz».

La «fábrica de la luz» en San Antón.

Finalizando la centuria, la sucesión de inventos provocaron multitud de cambios. Las lámparas de arco fueron sustituidas por novísimas bombillas incandescentes más baratas y fiables.

Otro adelanto decisivo lo aportó Tesla con la corriente alterna, permitiendo transportar la energía a largas distancias.

Poco a poco se fue popularizando el uso de la electricidad en domicilios particulares; aunque seguía siendo un lujo demasiado caro.

Huerto del Colegio de Santo Domingo. Al fondo la «Fabrica de la Luz». J. David photography, París. Fechada el 2 de septiembre de 1.901. Colección Jesús R. Tejuelo.

A principios del siglo XX la mercantil oriolana estaba al borde de la ruina. El gasto en consumo de combustible para sus máquinas superaba el importe de las cuotas abonadas por los clientes.

El director técnico, apellidado Gandía, dictaminó que la causa de este déficit era el «hurto de fluido».

Y es que, en principio, no utilizaban contadores; la empresa concertaba un pago fijo con el consumidor en función del número y potencia de las bombillas contratadas dando lugar a la picaresca:

Es sabido que los abonados de mala fe, en aquellos puntos donde no se emplean los contadores, se valen para intercalar más lámparas, de alfileres, trocitos de alambre o cualquier otro medio que les sugiere la malicia.

Sin más comprobaciones la junta directiva acordó modificar los contratos sustituyendo el recibo de luz fija por el pago condicionado a un contador.

El problema radicaba en como adquirir los contadores en un momento en el que la sociedad carecía de recursos.

Publicidad de Sturges y Foley.

Decidieron vender cien acciones por el 65% de su valor a Sturges y Foley, unos británicos domiciliados en Madrid que distribuían maquinaria industrial y agrícola.

Con el dinero recibido adquirieron los contadores; pero en número insuficiente para cubrir a todos los abonados. Esto generó una complicada situación en la que los recibos por contador llegaban a importar el triple que los que carecían de él.

Además, estos últimos, quedaban en condiciones de seguir defraudando a base de enganches ilegales.

Publicidad de Sturges y Foley.

En diciembre de 1901 las dificultades económicas se acentuaron; la sombra de la quiebra planeaba sobre «la luz».

El principal acreedor era la citada sociedad Sturges y Foley, con un crédito de 60.000 pesetas asegurado por la escritura del edificio y su maquinaria.

En caso de liquidación de la sociedad, los ingleses tenían las espaldas cubiertas; o eso pensaban.

Una de las cláusulas de concesión por parte del Ayuntamiento disponía que en caso de quiebra el material y cuanto comprendiese a la instalación quedaba a disposición municipal en concepto de propiedad.

Tras deducir los perjuicios que ocasionase la interrupción del suministro según los años transcurridos -habían firmado cincuenta-, abonarían el resto.

El asunto quedaba, utilizando las palabras de la prensa local, entre el interés de los ingleses y el de «los hijos de la Armengola»; y por supuesto el Consistorio oriolano debía defender a la población por encima de los de los accionistas, por importantes que fueran.

La visita del Señor Sturges prometiendo remitir los contadores necesarios antes del mes de abril tranquilizó a la junta directiva; pero no a los pequeños accionistas.

Sobre todo cuando corrió la noticia de que estaban a punto de comenzar las obras de una nueva central  para establecer un moderno alumbrado eléctrico «de sol a sol».

Molino de la Ciudad antes de las obras que lo convirtieron en central eléctrica. Sabiendo que dichas obras se realizaron entre los años 1902 y 1905, tenemos una imagen del siglo XIX, posiblemente la del primitivo molino edificado en el siglo XVIII. Colección Jesús R. Tejuelo.

El Molino de la Ciudad.

En noviembre de 1901 el acaudalado empresario Pío Wandosell compró un lote de  dieciséis fincas entre Orihuela y Murcia. 

Una de ellas, llamada «Molino de la Ciudad», incluía un viejo molino harinero de cereales y pimentón con seis compuertas, seis ruedas motrices, seis muelas, seis soleras, seis tablas y lo más importante: un hermoso salto de agua.

Pío Wandosell Gil. 1910.

Ya he dicho que Tesla había revolucionado el transporte de fluido con la corriente alterna. Este descubrimiento permitía explotar recursos hidráulicos situados a cierta distancia del núcleo urbano.

Molino de la Ciudad.

Los generadores para alumbrado instalados en molinos se multiplicaron convirtiendo estas instalaciones en «fábricas de luz»; poseer un salto de agua cercano suponía una clara ventaja para competir en el mercado eléctrico aprovechando una energía gratuita.

Molino de la Ciudad. Colección Jesús R. Tejuelo.

Para contrarrestar el efecto entre los inversores, en Orihuela se hicieron correr rumores interesados anunciando que la energía hidráulica no sería suficiente para conseguir la fuerza motriz necesaria.

Wandosell los acalló con la visita de Gustavo Boetticher, cofundador de la sociedad «Boetticher y Navarro» y concesionario de la marca Siemens.

Pío Wandosell junto a Emilio Castelar y otros políticos del Partido Republicano Liberal.

Este prestigioso ingeniero alemán, especialista en maquinaria para aprovechamiento hidroeléctrico, certificó la potencia de la central en quinientos caballos.

Tan pronto tuvo en sus manos la escritura de constitución, don Pío lanzó a sus representantes a la búsqueda de abonados.

Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.

Mientras tanto, en la junta general ordinaria convocada el 9 de febrero de 1902 en los salones de la Unión Agrícola, los accionistas de «la luz» pedían la destitución de la directiva a la que exigían responsabilidades.

Sabían que la inmediata puesta en marcha del Molino de la Ciudad acabaría con toda esperanza de recuperación; así que lo mejor era salvar lo posible.

Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.

Las obras del molino comenzaron en 1902 y duraron tres años. Aprovechando la situación y para eliminar la competencia, Pío Wandosell hizo una oferta de compra por todas las acciones.

Pero no consiguió llegar a un acuerdo con los ingleses  Sturges y Foley. Y decidió competir hasta aniquilar a los de «la Luz».

Para evitar enemistarse con sus futuros clientes, mantuvo su oferta de compra a precio razonable de todas las acciones de modestos inversores oriolanos.

En 1908, la fábrica eléctrica «Molino de la Ciudad» se anunciaba en las guías arco con todos los aparatos y adelantos modernos.

Fábrica de luz eléctrica, propiedad del acaudalado minero y rico propietario de Cartagena, Pío Wandosell, el cual la ha montado donde se produce el fluido con todos los aparatos y adelantos modernos, en el sitio denominado Molino de la Ciudad, situado en medio de un bellísimo paisaje de la Puerta de Murcia, habiéndolo levantado de planta, y construido en el referido sitio un soberbio edificio. 1908.
Fábrica de luz eléctrica «Molino de la Ciudad». 1908.
Fábrica de luz eléctrica «Molino de la Ciudad». 1908.

Por fin, el 2 de mayo de 1914, Pío Wandosell solicitó el traspaso del alumbrado público de la sociedad «La luz» al Molino de la Ciudad.

Pío Wandosell en 1911, Fundación Cajamurcia.

El Ayuntamiento, encabezado en esos momentos por su hijo Adolfo, exigió garantías de que la sequía estival o las inundaciones no iban a cortar el suministro.

José Ferrer Fuster, mecánico y constructor de maquinaria, certificó que disponían de dos motores de gas, suficientes para solucionar las posibles emergencias. Y el traspaso le fue concedido.

Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.
Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.
Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.
Molino de la ciudad. Antonio Ballester Vidal.

¿Qué pasó con el edificio de «La luz»?

En noviembre de 1927, la sociedad Eléctrica Wandosell cedió gratuitamente al Ayuntamiento el edificio de la antigua fábrica de la Luz.

El Consistorio planteó la posibilidad de que el Estado dejase de contribuir con el pago del alquiler de la casa cuartel en la Casa del Paso, ofreciendo el edificio para ser destinado a la Guardia Civil.

En mayo de 1928, el teniente del puesto preguntó al alcalde si, antes de cinco meses, podían hacer las obras necesarias para ser ocupado.

Como era habitual, el municipio carecía de fondos y el proyecto nunca llegó a materializarse.

Casa del Paso. Colección Javier Sánchez Portas.

El 22 de octubre de 1931 el nuevo Consistorio republicano desarrolló una moción para su venta en las mejores condiciones posibles, «ya que no produce beneficio alguno y por el mal estado en que se encuentra».

Se acordó que fuese tasado por el maestro de obras del Ayuntamiento para sacarlo a subasta. 

El asunto quedó paralizado y en septiembre de 1932 se ofreció de nuevo al Estado; esta vez para construir una nueva cárcel a cambio de convertir la de la Carretera de Beniel en matadero.

Tampoco prosperó la nueva propuesta.

La cárcel en la Carretera de Beniel.

En abril de 1937, tras ser valorado en 5.000 pesetas «debido a su estado ruinoso», se anunció la correspondiente subasta para su enajenación. 

La misma tuvo lugar el 12 de junio y solamente concurrió un postor: Pascual Soriano Hellín, quien se hizo con él por la cantidad de 5.000 pesetas con 50 céntimos.

En el verano de 1939, finalizada la Guerra Civil, el consistorio falangista anuló la subasta del edificio alegando defecto de forma. 

Pascual Soriano, ultimo alcalde republicano, fue declarado en paradero desconocido (había huido en el Stanbrook);  y el edificio volvió a manos del Ayuntamiento.

El Stanbrook en el puerto de Alicante.

En marzo de 1940 el rector del Colegio Santo Domingo reclamaba la demolición de unas «obras realizadas por los rojos» en la antigua «fábrica de La luz». Dichas obras  menoscababan la propiedad del huerto del colegio, colindante.

El Ayuntamiento había arrendado la antigua fábrica a la Sociedad QUISA (química insecticida S.A), fundada por Jesús Botella Brotóns y Eusebio Escolano entre otros.

Convento de Santa Lucía. Colección Javier Sánchez Portas.

Por otra parte, el solar del desaparecido convento de Santa Lucía, se había convertido en un peligro para la higiene y en un atentado al ornato público.

Restos Convento de Santa Lucía. 26 de junio de 1941. Archivo Marieli Zerón.

En el verano de 1941 Jesús Botella Brotóns propuso «La permuta del solar de las monjas de Santa Lucía cuya compra tiene concertada por el antiguo edificio de «La Luz» que tiene arrendado el Ayuntamiento mediante el abono de la diferencia de precio que arroje la peritación».

Cediéndoles el vetusto edificio extramuros de la ciudad darían a las religiosas el albergue que necesitaban y «se haría una justa y pública reparación a la ya nombrada comunidad de religiosas del acto vandálico cometido por los rojos, reduciendo a escombros su único patrimonio».

Para ello solicitaron la oportuna autorización al Ministerio de la Gobernación y el 25 de Septiembre de 1941 el gobernador civil les anunció la imposibilidad de efectuar la permuta sin antes realizar un peritaje con la valoración de ambos inmuebles.

Un mes después, el maestro de obras del Ayuntamiento tasaba el edificio «Fabrica de la Luz» en 26.000 pesetas y el solar del convento de Santa Lucía en 24.385, quedando legalizada la permuta.

El 15 de enero de 1942 Eusebio Escolano reunió al consejo de la empresa Insecticida Química S.A. para comunicarles que, a Jesús Botella, gerente de dicha sociedad a cuyo nombre estaba el arrendamiento del local que ocupaba la fábrica, le habían ofrecido adquirirlo con las siguientes condiciones:

El ayuntamiento permutaba el edificio con las dominicas de Santa Lucía por el solar del convento destruido por los rojos. Y a su vez, las monjas, les venderían el edificio contando ya con la autorización de la Santa Sede.

Las condiciones que marcaba el Ayuntamiento eran las siguientes. Pagarían a las dominicas 60.000 pesetas. Para el desescombro y ornato de la plaza resultante del solar del convento 20.000 más.

Y otras 20.000 que el consistorio debía a los PP Jesuitas por el fallo a su favor del juicio por las obras y apertura de ventanas en la pared medianera que hicieron durante el «periodo rojo».

Restos Convento de Santa Lucía. 26 de junio de 1941. Archivo Marieli Zerón.

Eusebio Escolano dejó claro que solo tendrían justificante en escritura pública de lo pagado a las monjas y justificante del maestro de obras que realizaría el desescombro y ornato de la plaza.

Pero en lo referente a los jesuitas, sería una entrega por cuenta del Ayuntamiento, sin justificante.

En cuanto a la forma de pago, Escolano aconsejó pedir un crédito. Carlos Bofill sugirió hacer una ampliación de capital, aportando el dinero los consejeros y ahorrándose el interés bancario.

Primitiva Plaza de Santa Lucía a mediados del siglo XX. Archivo Marieli Zerón.

Escolano, Botella y Bofill se mostraron dispuestos a poner su parte. Pero los otros dos consejeros afirmaron no disponer de dicha cantidad en ese momento.

Tras la correspondiente deliberación, se acordó facultar a Eusebio Escolano para comprar y escriturar el edificio situado en el Barrio de San Antón, con el número 1 de policía; cuyos lindes eran: al norte y oeste, el Camino de San Antón; al Sur, el huerto de los PP Jesuitas; y al este, la carretera de Alicante.

El precio cien mil pesetas. Dicha cantidad la pondrían a partes iguales Escolano, Botella y Bofill.

Y les sería devuelta en cuanto a ellos les conviniese haciendo la petición diez días antes. O dejándolas como pago a cuenta de las acciones en la futura ampliación de capital.

Primitiva Plaza de Santa Lucía a mediados del siglo XX

Culminada la operación, las dominicas se hicieron con el Seminario Menor; es decir, el antiguo convento de la Trinidad donde hoy permanecen.

Claustro Seminario San José. Antiguo convento de Trinitarios.
Claustro de la Trinidad en la actualidad. Ajomalba.
Hermanas Dominicas. Fotografía José M. Pérez Basanta.
Convento de la Trinidad en la actualidad. Fotografía José M. Pérez Basanta.
Exterior fábrica de insecticidas QUISA.
Interior fábrica de insecticidas QUISA.
Exterior fábrica de insecticidas QUISA.

Muchos años después, tras una profunda reforma pasó a ser discoteca «Momentos».

A final, el edificio acabó demolido en los años noventa; y el terreno absorbido por el vecino colegio.

En cuanto al Molino de la Ciudad, tras una interesada restauración pagada a precio de oro por la Unión Europea, se pudre en el abandono.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Adaptación y ampliación de un viejo artículo publicado en 2003.

Molino de la Ciudad en ruinas. Fotografía Vicente Muñoz Navarro.
Programa de Radio.
Vídeo.

José María Muñoz y Bajo de Mengibar: esplendor y ocaso del «héroe de la caridad».

Litografía 1881. Colección Javier Sánchez Portas.

La Riada de Santa Teresa.

El 15 de octubre de 1879,  una terrible inundación pasó a la historia de nuestras desgracias con el nombre de «Santa Teresa».

Después de ciento treinta y nueve años, aquella riada sigue siendo la más famosa, la primera de la que tenemos imágenes.

El Guadalentín en Lorca, 1879.  «La Ilustración española y americana», núm. 40.

La tragedia se fraguó la víspera, en Almería; una fuerte tromba de agua desbordó el río Guadalentín.

Cuando el afluente volcó su caudal en un Segura ya muy crecido, formaron un mortífero frente de agua y lodo que se fue abriendo paso buscando el mar; una ola destructiva que arrasó la vega, de Murcia a Guardamar.

Riada de Santa Teresa en Murcia. 1879. «La Ilustración española y americana», núm. 40.

A la capital llegó sobre las dos de la madrugada superando ampliamente la protección del Malecón. Inundada la fábrica del gas, Murcia quedó completamente a oscuras. 

El agua corrió libremente por sus calles desatando un infierno iluminado tan sólo por antorchas. Las campanas de la Catedral tocaron a rebato seguidas por las de todas las parroquias y conventos,  mientras el hospital y la cárcel quedaban sepultados por el agua.

Pinchad la siguiente imagen para acceder a un curioso vídeo de Esteban Linares.

1879. Murcia, riada de Santa Teresa. «La Ilustración española y americana», núm. 40. Enlace.

En la huerta, las alarmas se transmitieron a través de cuernos y caracolas. Anegadas las acequias y desbordado el Reguerón, el agua derribó las barracas borrando huertos y caminos. 

Casas destruidas en el camino de Beniaján. Archivo General de la Región de Murcia.

En pocas horas, la Vega del Segura quedó sepultada por el lodo. Las cifras totales de la catástrofe fueron impresionantes: centenares de muertos y miles de familias que lo perdieron todo.

Riada de Santa Teresa en Murcia.

En Orihuela y su huerta los daños materiales fueron también incalculables. La tremenda riada alcanzó alturas históricas, marcando el agua casi cuatro metros en la Corredera.

Orihuela. Ceremonia del ramo de la virgen en el Puente Viejo.
Distribución de comida en la Corredera. La Ilustración Italiana. Noviembre de 1879.
1879. Orihuela, riada de Santa Teresa. «La Ilustración española y americana», núm. 40.
1879. Orihuela, riada de Santa Teresa. «La Ilustración española y americana», núm. 40.

Pero las trágicas noticias de lo ocurrido en el día anterior evitaron las desgracias personales. Cuando la crecida llegó a Orihuela, su población se había puesto a salvo buscando las zonas altas.

«Las inundaciones en España. Los habitantes de la llanura huyendo hacia Orihuela buscando refugio». En prensa británica.
España. El curso del Segura a través de Orihuela en tiempo ordinario. Prensa francesa.

La tragedia fue descrita al detalle por un gran número de diarios a nivel nacional, destacando especialmente la campaña emprendida por «el Diario de Murcia».

Este periódico abrió una suscripción popular en auxilio de los damnificados, una iniciativa que pronto alcanzó difusión internacional. Las terribles imágenes conmovieron al mundo.

El Diario de Murcia, 15 octubre de 1879.

Un periodista francés propuso editar una publicación monográfica cuyos fondos se destinaron íntegramente a las víctimas.

Aquella revista, en la que participaron ilustres personalidades de la época, se tituló «Paris-Murcie».

Portada de la revista Paris-Murcie. 14 de diciembre de 1879.

Gracias a una carta abierta, el citado diario murciano consiguió también que Alfonso XII se desplazase a las zonas afectadas.

En Orihuela recorrió sus enlodadas calles y rezó ante la imagen de la Patrona, a la que prometió una corona de oro. En aquella visita se retituló la Plaza del Salvador con su nombre: Plaza de Alfonso XII.

Grabado que ilustra la visita de Alfonso XII. Alcantarilla.

José María Muñoz, el «héroe de la caridad».

Colección Javier Sánchez Portas.

José María Muñoz y Bajo de Mengibar nació en abril de 1814, en Cabezuela, un pueblo del Valle del Jerte en la provincia de Cáceres.

Era hijo de Alonso Muñoz, destacado guerrillero en la lucha contra Napoleón que durante la primera Guerra Carlista abrazó la causa del pretendiente. Murió fusilado por el ejército isabelino en 1834, en Plasencia.

Partida de nacimiento de José María Muñoz.

Nuestro protagonista había ingresado en el Seminario con el propósito de ordenarse sacerdote; pero la trágica muerte de su padre cambió sus planes.  Abandonó los estudios, tomó las armas y acabó incorporándose a las filas carlistas.

Aquella guerra terminó cinco años después con el famoso «abrazo de Vergara». Gracias al pacto, los empleos y grados del ejército carlista quedaron reconocidos, pudiendo servir a Isabel II acatando la Constitución. Pero el joven Muñoz abandonó la milicia.

Colección Javier Sánchez Portas.

En 1840 era secretario del Gobierno Civil de Gerona, localidad donde contrajo matrimonio con la gerundense Carlota Ortiz, quien le dio dos hijos.

José María pronto empezó a destacar en los negocios tocando muchos palos: comerciante de harinas, tabacos y ganado; empresario en fundiciones y minas. 

En pocos años acumuló una considerable fortuna que le permitió saltar a la capital, donde se dedicó a la construcción y a la bolsa.

El éxito financiero le abrió las puertas de la Administración, alcanzando el puesto de Contador del Tribunal de Cuentas del Reino.

Por esas fechas se instaló en el centro de Madrid, en la calle de Tetuán, viviendo como un acaudalado hombre de negocios en la corte de Isabel II. Hasta que el cambio de Gobierno provocado por «la Gloriosa» le apartó de cargo en 1869.

Tras un largo viaje por América llegó a Alicante, donde decidió pasar el resto de su vida dedicado a la filantropía. Dijeron de él las malas lenguas que con las obras de caridad trataba de expiar algunos pecados.

Pero lo cierto es que decidió emplear parte de su fortuna en proyectos altruistas en Cabezuela, su localidad natal; y en Alicante, la adoptiva.

Y en esas, la riada se Santa Teresa le procuró su gran oportunidad de pasar a la historia.

Mientras el Gobierno, desbordado por la magnitud de la tragedia, preparaba el plan de emergencias, Muñoz se puso manos a la obra. Dicen que seguía un lema: «primero ayudar, luego rezar».

Blog Escultura Pública. www.esculturapublica.es

Muñoz repartió entre los damnificados dos millones de reales; cien mil duros, como reza al pie de sus estatuas; una auténtica fortuna de la época que quiso entregar personalmente en las poblaciones afectadas.

El generoso donativo llamó la atención de la prensa y el retrato del filántropo extremeño se popularizó a nivel internacional.

El Diario de Murcia publicó una carta en su portada calificándolo como «uno de esos gigantes, faros luminosos, estrellas esplendorosas que guían y alumbran a la Humanidad».

Las Junta de Socorro, tras consultar a pedáneos, párrocos y vecinos, confeccionaron listados de beneficiarios, y en cada Ayuntamiento se escenificaron pomposas ceremonias de reparto.

1879. «La Ilustración española y americana», núm. 40.

Acompañados por bandas de música, a los actos acudieron obispos, gobernadores, diputados, concejales y, por supuesto nuestro filántropo, quien recibía personalmente el calor y agradecimiento de las multitudes congregadas.

Cuentan que recorrió las zonas devastadas en tren, en carro; y, si no era posible, a lomos de caballos o mulas. Así, repartido en lotes, aquellos desgraciados, uno a uno, recibieron el dinero de manos del propio Muñoz.

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Pronto empezaron los reconocimientos oficiales: Cabezuela del Valle, su localidad natal, le nombró Hijo Predilecto y mandó fundir un busto en su honor.

José María Muñoz en Cabezuela. Autor A. Yerro. Fundidor Vicente Ríos.

Las ciudades de Alicante, Murcia, Orihuela y Cuevas de Almanzora le nombraron hijo adoptivo; dedicándole calles y otros homenajes.

Benemérito de la provincia de Alicante, el Gobierno le concedió la Gran Cruz de Beneficencia, ignorando una propuesta para nombrarlo Marqués de la Caridad.

En Orihuela, donde había socorrido a un centenar de familias, el «Héroe de la Caridad» recibió una corona de plata bendecida por el Obispo Pedro María Cubero con la inscripción:

«Al insigne Sr. Muñoz por su generoso desprendimiento en 27 de Octubre. Orihuela agradecida».

El Constitucional. 25 de marzo 1880: Orihuela, 23 Marzo 1880. Sr. Director del Constitucional. Mi estimado amigo: Todo cuanta haga en obsequio del Sr. Muñoz será poco, pues nada hay en el mundo de que no sea merecedor, por los grandiosos actos de caridad de que no hay otro ejemplo; por eso los pueblos en que tantas lágrimas ha enjugado, haciendo con sus dones la dicha de las familias más afligidas y desgraciadas por la inundación, corresponden agradecidos, de la mejor manera que pueden hacerlo y no dudamos que el Gobierno de S. M. concederá la gracia, tiempo hace reclamada por la opinión pública y por la ciudad de Cuevas y otras poblaciones.

Comprendiendo esto Orihuela, se está ocupando en los preparativos, para solemnizar en el próximo domingo de Pascua, la coronación del Sr. Muñoz que será una gran fiesta a que concurrirán los forasteros y extranjeros que pensaron hacerlo el día de San José en que debió tener efecto el referido acto el cual tendrá lugar de once a doce de la mañana en los salones consistoriales, con asistencia del señor Obispo y de nuestro dignísimo Gobernador Sr. Santamaría, Junta de Socorros, Ayuntamiento y demás corporaciones y autoridades y todo el vecindario en que rebosa el entusiasmo por ese hombre extraordinario.

Después de la ceremonia, irá la comitiva a la calle de Mancebería, una de las principales y más perjudicadas por la inundación, para descubrir los rótulos de su nuevo nombre, calle de Muñoz, y bendecirla; y estará adornada con colgaduras, como toda la ciudad, con ramos, flores y arcos, iluminación y fuegos artificiales; por la noche todo lo que significa el triunfo de la virtud más sublime; la más digna del hombre y la más querida de Dios, la caridad.

Después habrá recepción en casa de los señores Rebagliato, quienes inspirándose en sus nobles y caritativos sentimientos en su amistad para el Sr. Muñoz, y en las entusiastas manifestaciones de sus convecinos, no han perdonado medio para que la artística y bellísima corona de plata y oro destinada al Sr. Muñoz, sea digna de su cabeza y que los festejos, sean también dignos del héroe de la caridad.

Seguro de que en esa capital se leerá con gusto la solemnidad que Orihuela prepara en obsequio del Sr. Muñoz, me permito darle los anteriores detalles. Con este motivo se despide de V. su afectísimo S. S. y A., JR.

En marzo de 1880, la calle de la Mancebería fue rotulada e inaugurada como calle de Muñoz.

Colección Javier Sánchez Portas.

La Correspondencia de España. 31 de marzo 1880: Orihuela, 31. 11,15 mañana. Se ha solemnizado con gran pompa el acto de coronar al Sr. Muñoz, asistiendo el gobernador civil de la provincia, el obispo de la diócesis, las autoridades, corporaciones y un gentío inmenso.

Seguidamente, con entusiasmo indescriptible, descubriose la lápida de la calle de «Muñoz», cuyos vecinos pobres fueron socorridos con dinero contratando la reconstrucción de seis casas, arruinadas por la inundación en dicha calle, nombrando una junta para las obras y dejando fondos para ellas.

Anoche hubo sorprendentes fuegos artificiales y otros festejos en honor del ilustre filántropo Sr. Muñoz, que sale mañana para Murcia siguiendo su cuarta expedición caritativa.

Colección Javier Sánchez Portas.

Las cuatro estatuas de Muñoz.

Muñoz en la Plaza Camachos de Murcia, donde permaneció más de treinta años.

Como ya he dicho, la prensa difundió su gesto altruista; y en la cima de su popularidad, iniciaron una suscripción popular para levantarle un monumento.

Lo recaudado dio para cuatro estatuas de bronce de tamaño natural, que se fundieron en los talleres de Federico Roviralta, en Santander.

Membrete de la fundición.

Según reza al pie de las esculturas, siguieron el modelo diseñado por un tal Federico de la Vega, escultor del que no he podido encontrar información.

Blog Escultura Pública. www.esculturapublica.es

La primera se inauguró en Orihuela; en mayo de 1886 una comisión ciudadana se dirigió al Ministerio de la Gobernación solicitando una de las cuatro estatuas destinadas a perpetuar la memoria de José María Muñoz.

La prensa local recibió la noticia con alborozo:

El diario de Orihuela. 21 de julio 1886: LA ESTATUA DE MUÑOZ. Como decíamos en nuestro número anterior, en la Alcaldía de esta ciudad, se ha recibido la Real orden, por la que se autoriza a la Excma. Corporación Municipal, para que se coloque en la plaza de la Constitución, la estatua del célebre filántropo Excmo. señor D. José María Muñoz.

El ser ingrato es un crimen. La gratitud es una ley; y nosotros haciéndonos intérpretes del sentimiento público, enviamos al ilustre patricio, el testimonio de nuestra gratitud, en nombre de los pobres que socorrió en aquélla terrible y aterradora fecha.

La Corporación Municipal quedó autorizada para colocar al célebre filántropo en la Plaza de la Constitución.

Las obras de cantería para el pedestal salieron a pública subasta; y en 1887, su estatua estaba instalada en la plaza más céntrica de Orihuela, frente a al edificio del ayuntamiento.

Montaje de confección propia. La estatua de Muñoz insertada sobre una fotografía de la Plaza Nueva. Colección Javier Sánchez Portas.

La de Cuevas de Almanzora se inauguró solemnemente el 12 de noviembre de 1888. Al igual que en Orihuela, el sitio elegido fue la Plaza de la Constitución, frente al ayuntamiento.

Fotos antiguas de Almería.

La de Murcia, un mes después, el 13 de diciembre del mismo año. El arquitecto municipal, José Marín Baldó, diseñó un espectacular pedestal que triplicaba el tamaño de la estatua, colocándola en la Plaza de Camachos.

Muñoz en la Plaza Camachos de Murcia.

En Alicante, por expreso deseo de Muñoz, tuvieron que esperar a su muerte.

El «héroe de la caridad» dejó este mundo el 8 de junio de 1890, a consecuencia de una hepatitis. 

Doce días después colocaron la última estatua sobre un pedestal de cuatro metros de altura, en la plaza o paseíto de Ramiro; un romántico y recoleto jardín urbanizado cinco años antes.

Estatua de Muñoz en Alicante. Plaza Ramiro.

La trayectoria posterior de las cuatro gemelas fue diferente. Curiosamente, la última colocada, la de Alicante, fue la que menos duró en su emplazamiento; tan sólo ocho años.

Alicante. Plaza Ramiro.

En 1898 fue retirada por orden del alcalde, a quien no gustó el resultado artístico. A decir verdad, pocos fueron los halagos y muchas las críticas por el aspecto de las esculturas.

Fotografía Ajomalba.

El regidor alicantino pretendía fundirla y levantar un nuevo monumento digno de semejante varón y de la ciudad de Alicante.  Pero al final, acabó en un depósito municipal rodeada de trastos.

En los ochenta del siglo pasado, un periodista la encontró arrumbada en la Antigua Cochera de Tranvías. Y aunque parezca increíble, acabó vendida al peso. Unos chatarreros de San Vicente pagaron por ella 30.000 pesetas.

Cuando la noticia llegó a la prensa intentaron recuperarla; el Ayuntamiento de Cabezuela del Valle, donde Muñoz es venerado, estaba también interesado. Pero no lograron rebajar el precio: sus nuevos propietarios exigían por ella un millón de las antiguas pesetas.

Blog Escultura Pública. www.esculturapublica.es.

En Orihuela, antes de terminar la centuria, el emplazamiento del «campeón de la caridad» estaba muy deteriorado; con el jardín arruinado y la verja sin barrotes. 

La independencia. 8 de julio 1895: La estatua de D. José María Muñoz se encuentra en lamentabilísimo estado. ¡Que abandono! Ya no queda ni señal de que allí ha existido un jardincito muy bien arreglado.

De la verja que rodea al Sr. Muñoz han desaparecido la mayor parte de los barrotes. Aquello se ha quedado exclusivamente para que los chiquillos se entreguen a sus entretenimientos inocentes.

Colección Javier Sánchez Portas.

En el otoño de 1900 el Ayuntamiento cambió al señor Muñoz por una fuente pública.

Y al héroe de la caridad lo destinaron en principio a la plaza de la Pía; pero allí pensaron que sería un estorbo los martes, cuando instalasen el mercado de aves.

Plaza de la Pía con la Inmaculada en el sitio que le negaron a Muñoz.

Y así fue como nuestro filántropo acabó desterrado en Monserrate, donde todavía permanece.

La calle se la quitaron en 1940 para homenajear a Luis de Rojas, «Caído por Dios y por España»; y últimamente ha recuperado el título de Mancebería.

Fotografía Ajomalba.
Plaza de Monserrate. Ministerio de Cultura.

La de Murcia aguantó poco más de treinta años; hasta que la reforma de la plaza obligó a retirarla. Durante diez permaneció tumbada en el patio del Ayuntamiento.

En el verano de 1931 propusieron que ocupase el pedestal de un San Francisco destrozado meses antes, en la proclamación de la II República.

Finalmente la reubicaron en el Paseo del Malecón, sobre un modesto pedestal.

Muñoz en el Malecón de Murcia, con otro pedestal.

Solamente la de Cuevas de Almanzora permanece en su ubicación original; y guarda una curiosa historia narrada por el famoso periodista Carlos Herrera, natural de dicha localidad.

A principios del siglo XX aplicaron al señor Muñoz un barniz oscuro para proteger el bronce de las inclemencias.

Esta circunstancia provocó que el pueblo comenzase a llamarlo «el Santo Negro». Y con ese nombre quedó para siempre; a pesar de que fue «aclarado» y puesto a punto muchos años después.

Muñoz en Cuevas de Almanzora (Almería). José Antonio Ruiz Peñalver.

En 2014 el Ayuntamiento de Cabezuela del Valle celebró el bicentenario del nacimiento de su ilustre hijo y presentó una completa biografía.

«José María Muñoz, el heróe de la caridad». Bicentenario de su nacimiento: Cabezuela, 1814-2014.- Autor: Fernando Flores del Manzano Publicado por el Ayuntamiento de Cabezuela del Valle.- 2014.-

Murcia aprovechó la efeméride para adecentar la escultura del Malecón; limpiando el pedestal de pintadas.

Fotografía Ajomalba.

En Orihuela nadie se acordó de Muñoz ni de su aniversario. Así pues, no es de extrañar que muchos vecinos no sepan quien fue ese señor con levita que en Monserrate habita…

El olvidado «Héroe de la Caridad».

Fotografía Ajomalba.
Fotografía Ajomalba.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Enlace a un vídeo del programa que realicé para Radio Orihuela Ser. Pinchad la siguiente imagen.

La política oriolana entre las elecciones de 1931 y la victoria del Frente Popular en 1936.

Orihuela, años treinta. Ministerio de Cultura.

– ¿Es Orihuela una ciudad importante? – ¿Qué si lo es?, bajo todos conceptos.

En religión; en nobleza; en historia; en población; en riqueza; en arte; y hasta en belleza. – ¿Qué es un pueblo religioso, dice usted? – En general me atrevo a decir que más que Valencia.

En este punto sólo algunas regiones del norte de España le podrán igualar. Igualar…; que aventajarle… ¡ lo dudo¡.

En la huerta de Orihuela las costumbres son aún patriarcales. ¡Que hormigueo de hombres de la huerta a las iglesias de la Ciudad Episcopal en los domingos de Cuaresma ¡

¡Y que comuniones tan nutridas en la mayor parte de los templos¡… Y cuente usted que Orihuela tiene muchos templos. Entre iglesias, ermitas y capillas pasan de veinticinco..  

José Sanfeliú, Magistral de Orihuela.  Actualidad. Núm. 22, 17 de julio de 1928.

La política oriolana entre las elecciones de 1931 y la victoria del Frente Popular en 1936.

Miguel Hernández con 14/15 años (1924/5).

Con sus principios y valores en proceso de cambio, la pasión por la literatura y el sentido del compromiso empujaron al Miguel Hernández a impregnarse de las nuevas corrientes; comenzando a mudar de la mística a la política activa.

Éste era un concepto prácticamente nuevo; pero también el inicio de una singladura arriesgada para quien como él, procedía de un sector social modesto y de unas generaciones que habían pasado la adolescencia bajo la Dictadura de Primo de Rivera.

El general Primo de Rivera y su gabinete.

Ahora, en una ciudad de provincias, comenzaba a moverse en una desconocida política democrática de masas. A Miguel, la mocedad le llegó en 1931, un año fundamental para la historia de España. La fortuna le deparó una excedencia de cupo en lo militar y una primera etiqueta política en su militancia.

Consecuente con su tiempo, el joven poeta de Orihuela se dejó influir por otras compañías alejándose, de momento, del catolicismo activo para explorar nuevos campos.

Y en aquel primer verano republicano, influido por su amigo Augusto Pescador Sarget, fue nombrado presidente fundador de las Juventudes Socialistas locales.

Miguel Hernández. Colección Paco Escudero Galante. Coloreada por Rafael Navarrete, en su página «La Historia a color».

La proclamación de la República.

Según el censo confeccionado el año anterior, Orihuela contaba en 1931 con una población de 38.500 personas; de las que más de 23.000 estaban domiciliadas en sus diferentes partidas rurales.

Con una economía basada en la agricultura en la que estaban fuertemente arraigadas las figuras del arrendatario y el pequeño propietario rural, sin apenas conflictos sindicales, la actividad política se había mantenido muy alejada de las corrientes obreras reivindicativas imperantes a nivel nacional, adormecida en manos de un puñado de terratenientes que además de las tierras, controlaban los sindicatos católicos.

Barraca en la huerta de Orihuela. Ministerio de Cultura.

Creados nominalmente a finales del siglo XIX para paliar la vergonzosa situación de explotación y miseria de las clases trabajadoras y prevenir la posible protesta social, habían experimentado un fuerte crecimiento sólo en los años veinte gracias a la coyuntura excepcional creada durante la Dictadura de Primo de Rivera.

Semanario «El Pueblo» órgano de prensa de los Sindicatos Católicos.

Con una eficaz amalgama de religión y conservadurismo antiliberal, intentaron mantener a raya la expansión de las ideas marxistas que, como un reguero de pólvora, prendían entre los jornaleros.

El progresivo crecimiento de los sindicatos aconfesionales fue desplazando a estás organizaciones católico-agrarias, que con la llegada de la República, pasaron a identificarse plenamente con los sectores políticos más reaccionarios y ultraconservadores, sirviendo posteriormente de base para la formación de la CEDA.

En los distintos comicios celebrados en los años 30, el perfil del votante oriolano, de bajo nivel cultural en la mayoría de los casos, se decantó siempre por los partidos de la derecha contraria al liberalismo político, liderados generalmente por adinerados personajes de prestigio y terratenientes locales.

Con estas premisas, el movimiento republicano a nivel local, tuvo en sus inicios un escaso poder de penetración social en la inmovilista ciudad del Segura.

Calderón de la Barca. Colección Javier Sánchez Portas.

En Orihuela, los candidatos monárquicos, seguros de su aplastante victoria, apenas se molestaron en desplegar una campaña electoral en condiciones.

Llegado el 12 de abril de 1931, aunque los resultados fueron favorables a la Monarquía, el triunfo de los republicanos en la mayoría de las capitales de provincia, fue interpretado como un rechazo frontal a la institución.

A pesar de la predecible y contundente derrota local de la conjunción republicano-socialista oriolana en las elecciones municipales, la abdicación de Alfonso XIII y la proclamación de la República el día 14, alteraron todas las reglas del juego.

Ese día, las sorprendentes noticias que llegaban de Murcia, congregaron a gran número de simpatizantes republicanos en los alrededores de la «Casa del Pueblo».

Calderón de la Barca. A la derecha, la «Casa del Pueblo». Colección Javier Sánchez Portas.

A media tarde, desde sus balcones, Ricardo García, José Ortiz, José María Sarabia y José Escudero Bernicola pronunciaron enaltecidos discursos interrumpidos por ovaciones y vivas a la Republica.

A las 7 de la tarde, una emotiva manifestación encabezada por una bandera tricolor comprada esa misma mañana en Murcia, a los acordes de La Marsellesa, certificó el incruento cambio de régimen.

Inmediatamente quedó suspendida la constitución del Ayuntamiento monárquico, y un comité escogido de entre los miembros de la conjunción republicano-socialista se posesionó interinamente del Consistorio.

Aquella misma noche, la Comisión Revolucionaria cedió la presidencia al republicano de más edad, para luego entregar la vara provisionalmente a Ricardo García López.

El 23 de abril de 1931 se formó oficialmente la Gestora que, a instancias del Gobierno Civil de la provincia, quedó compuesta por los miembros más destacados de las formaciones aliadas.

La Alcaldía se mantuvo en manos de Ricardo García López (Presidente del Partido Republicano Radical); los síndicos fueron Fernando Plaza Gómez y Eladio Turón Sánchez (del Partido Republicano Radical Socialista): y los tenientes de alcalde, uno por cada distrito, José María Lucas Parra, Pedro Muñoz Méndez y José María Pescetto Román (de los diversos partidos republicanos) y Antonio Cubí Tomé, José Ortiz Juan, Daniel Cases García y Andrés Martínez Jacobo (del Partido Socialista).

En Orihuela, como en otros muchos Ayuntamientos, se repitieron las elecciones del 12 de abril por manifiestas irregularidades denunciadas ante el Gobierno Civil.

El sorprendente desenlace de las elecciones había descolocado a los dos bandos. Los monárquicos no podían creer que, a pesar de su amplia victoria en las urnas (31 concejales electos, justamente los que presentaron), habían perdido todo el poder.

A los republicanos les sucedía lo contrario; ni en sus más optimistas previsiones habían soñado hacerse con el control absoluto del Ayuntamiento.

Ayuntamiento en 1931. Ministerio de Cultura.

El sistema escogido para nombrar las gestoras provisionales, tanto en las Diputaciones Provinciales, como en aquellos Ayuntamientos cuyas elecciones se repitieron por presunto fraude, propició que las irregularidades empleadas por los monárquicos en abril, se repitieran en mayo protagonizadas por los nuevos regidores.

Formado el Consistorio exclusivamente por socialistas y republicanos, debía encargarse tan sólo de cuestiones administrativas urgentes.

En la práctica, sin embargo, controlaron en su favor todo el poder municipal organizando actos de propaganda y cambiando los nombres de las calles por significados personajes republicanos, ante la aparente desaparición de los elementos conservadores.

Celebrados los comicios sin la concurrencia de los monárquicos, la Comisión Provisional se reunió el 6 de Junio de 1931 a la 7,30 de la tarde, para constituir el Ayuntamiento compuesto por 33 concejales escogidos equitativamente entre socialistas, republicanos de izquierda y republicanos conservadores.

Durante casi un bienio, un grupo de profesionales liberales y trabajadores cualificados (abogados, impresores, tipógrafos), junto a otros miembros de la clase media, se hicieron con el poder e intentaron acometer un ambicioso proyecto reformista que encontró un fuerte rechazo entre las élites dominantes.

Pero más allá de los problemas externos, los desencuentros entre las diferentes minorías, fueron minando la credibilidad del Consistorio.

Tras deshacerse de los radicales, los socialistas recordaron constantemente al resto de los republicanos que sus votos daban y quitaban la Alcaldía y, en una de estas disputas iniciada entre Antonio Cubí y el alcalde Lucas Parra, salieron a la luz acusaciones de coacciones y apaños en los colegios electorales durante la repetición de los comicios municipales de abril, circunstancia que aprovechó el despechado Ricardo García para convertir la indiscreción en un escándalo a nivel nacional.

Esta polémica, que llegó a los juzgados, se mantuvo de actualidad durante todo el bienio.

Plaza Nueva y Calle Luis Barcala, 1931. Ministerio de Cultura.

Los partidos políticos oriolanos.

Tras años de vacío político impuesto por el directorio militar, a partir de 1930 emergieron multitud de partidos que sufrieron múltiples escisiones y fusiones con periodos de fragmentación y de nuevos reagrupamientos.

Se pueden utilizar diversos criterios para etiquetarlos, siendo el más habitual dividirlos en derechas e izquierdas. Pero no podemos olvidar otros criterios tan importantes como el tipo de régimen político que propugnaban, que permitiría clasificarlos en republicanos y monárquicos.

Entre los partidos que aceptaban la República figuraban los de base obrera y los llamados burgueses. Los monárquicos se dividían a su vez en tradicionalistas y alfonsinos.

Pero no todo era blanco o negro, los dos grandes partidos de masas (la Derecha Regional Valenciana de Luis Lucia, integrada en la CEDA, y el PSOE), se declararon accidentalistas, sin ocultar su voluntad de modificar las reglas del juego cuando llegasen al poder.

Partiendo de los dos bloques que se enfrentaron en las municipales de 1931, el complicado proceso de descomposición y realineamiento, culminó en un solo lustro, en una nueva y total bipolarización en los comicios de 1936.

Los experimentos conservadores habían comenzado en la primavera de 1930, cuando se creó la Unión Monárquica Nacional, partido presidido por un ex-ministro de la Dictadura. Defendía la Monarquía y la obra de Miguel Primo de Rivera mientras criticaban la permisividad de una transición que estaba favoreciendo la multiplicación de organizaciones revolucionarias.

Las «Fuerzas Vivas» de Orihuela en torno a Alfonso XIII: el Obispo Irastorza, Paco Díe, Almarcha, Escolano, Balaguer….

Representado en Orihuela por Eusebio Escolano, estaba integrado por dirigentes primorriveristas y miembros de Unión Patriótica. Al disolverse, la mayoría de sus componentes pasaron a Renovación Española y a otros partidos de extrema derecha como el Partido Nacionalista Español, del doctor Albiñana.

Con la irrenunciable propiedad de la tierra y el discurso religioso como cemento aglutinador, la derecha se presentó ante la católica Orihuela como garante de los antiguos valores pisoteados por el nuevo régimen.

Durante la Segunda República permaneció extremadamente dividida, con una amalgama de partidos con intereses y discursos diferentes. Podemos clasificarlos en tres grupos: derecha republicana, derecha accidentalista y la declaradamente monárquica, dentro de la cual pugnaban, como ya hemos dicho, tradicionalistas y alfonsinos.

Colección Javier Sánchez Portas.

Inicialmente, el espacio que representaban estos partidos estaba ocupado en Orihuela por la Comunión Tradicionalista, formación extremista que aglutinaba al Partido Católico Nacional (más conocido como Integrista) y al Partido Católico Tradicionalista, con especial implantación local, que tuvo sus más destacados representantes en Juan Villaescusa y en el médico Ángel García Rogel.

Esta organización fue siempre la más activa y movilizada, con continuos «mítines monstruo», multitudinarias misas y pomposas actividades en las que exhibían a su vistosa milicia denominada requeté.

Colección Javier Sánchez Portas.

En 1932 las derechas despertaron de un año sabático. El populista Gil Robles recorrió la provincia abarrotando locales en un paseo triunfal. Los asistentes a sus mítines escuchaban esperanzados los discursos a favor de la Iglesia y en contra de la Reforma Agraria y de los sindicatos.

Colección Javier Sánchez Portas.

La Derecha Regional aglutinó a los sectores conservadores de la burguesía agraria valenciana con un claro mensaje católico-social y de regionalismo valenciano.

Curiosamente, a pesar de su escasa implantación en la provincia de Alicante, Orihuela contó con una de sus primeras asociaciones locales, dirigidas por Antonio Balaguer Ruiz y Eusebio Escolano Gonzalvo.

Antonio Balaguer Ruiz.

Éste último, a través del partido Acción Nacional (rebautizado como Acción Popular), llegó a ser diputado de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), poderosa organización de carácter interclasista, con ramificaciones en los ámbitos económico, sindical y religioso.

Archivo Municipal de Orihuela.

La Derecha Liberal Republicana, partido de antiguos dirigentes monárquicos como Alcalá Zamora, intentó también captar el favor de las clases conservadoras temerosas del efecto revolucionario aceptando el régimen republicano.

Archivo Municipal de Orihuela.

En Orihuela estaba representada entre otros, por Federico Linares Pescetto, Francisco Germán Pescetto y Eduardo Almunia Roca de Togores. Toda esta actividad política conservadora quedó paralizada temporalmente por el pronunciamiento militar del general Sanjurjo en agosto de 1932; primer intento serio de frenar las aspiraciones de la joven República.

Pero la ingenua y alocada conspiración conocida como «la Sanjurjada» fue bien resuelta por Azaña, y sólo consiguió reforzar la posición del Gobierno, avivando el adormecido entusiasmo republicano.

El general José Sanjurjo Sacanell y Joaquín Chapaprieta Torregrosa.

Posteriormente se crearon nuevas formaciones: El Partido Republicano Conservador, representado por el incombustible político José Martínez Arenas; Renovación Española, representada en Orihuela por Indalecio Casinello; Partido Agrario Español, representado por Manuel Bonafós.

A regañadientes, se forjaron débiles alianzas de mínimos entre los partidos monárquicos, a los que se acabaron uniendo los radicales de Ricardo García y el republicano independiente Joaquín Chapaprieta, veterano político torrevejense que tuvo su momento de gloria intentando la unión circunstancial de las derechas comarcales.

Estas negociaciones escandalizaron a la derecha católica oriolana que, habiendo vencido claramente en su circunscripción, se resistía a pactar con republicanos masones.

La victoria del bloque antimarxista acalló temporalmente las críticas. Haciendo de tripas corazón para retirar a los candidatos más extremistas e incluyendo a los republicanos, habían logrado derrotar a la izquierda en las urnas.

Pero las maniobras efectuadas por el Partido Radical no fueron asumidas por todos sus militantes,  y su organización quedó muy fracturada. A la difícil cohabitación de radicales y cedistas se fue sumando la actitud combativa de socialistas y republicanos de izquierda. 

Francisco Ros Alifa. Archivo Salvador Ros.

Más allá de la doctrina de cada partido, en el fondo de la rivalidad subyacía un afán de simpatías y odios personales. Resulta curioso revisar las Actas Municipales y estudiar la actitud de algunos dirigentes oriolanos, aliados o competidores, que se zancadilleaban sin pudor, en especial las disputas con Ricardo García en su afán por conseguir la vara de alcalde en el primer bienio y la pugna con Francisco Ros Alifa en el segundo, personalizada en Mazón Torrecillas, radical-socialista expulsado de su partido, con el que tuvo enfrentamientos verbales y físicos.

A partir de 1935 comenzó una nueva tendencia en las filas derechistas de la comarca. Hasta entonces, la Comunión Tradicionalista había monopolizado el espacio ultraderechista y antirrepublicano aglutinando en sus filas a tradicionalistas, integristas, upetistas y alfonsinos conversos.

El requeté era sin duda la milicia más atractiva por cantidad y preparación. Pero apareció Falange Española, partido liderado por el hijo del Dictador al que se fusionaron las Juntas Ofensivas Nacional Sindicalistas, y comenzó a recibir un goteo de afiliados que buscaban un partido moderno, con una doctrina cercana a los triunfantes dictadores europeos y muy alejada del añejo carlismo.

José Antonio Primo de Rivera. Inicios de Falange Española.

El 22 de julio, protegido por la Guardia Civil y por las Fuerzas de Asalto, José Antonio Primo de Rivera celebró un mitin en el cine Imperial de Callosa de Segura.

Su semilla cayó en tierra fértil y numerosos jóvenes de las zonas rurales de la Vega Baja decidieron enfundarse la camisa azul bajo el liderazgo local asumido por Antonio Piniés, barón de La Linde.

Casa de Antonio Piniés Roca de Togores. Colección Javier Sánchez Portas.

En el caso de las izquierdas, aunque todos los grupos que apoyaban la República compartían valores irrenunciables como democracia parlamentaria, laicismo y reforma de la educación como herramienta de mejora social, las diversas sensibilidades hicieron imposible articular un programa consensuado.

Así pues, alcanzado su objetivo primordial, derribar a Alfonso XIII, el Frente Antimonárquico se fue diluyendo, reforzando el compromiso entre socialistas, radicales socialistas y Acción Republicana, mientras desplazaban a los radicales de Ricardo García, que llegó a calificar al Ayuntamiento oriolano de «faccioso».

Este añejo republicano abandonó el Consistorio dedicándose a reorganizar su partido, a través del cual editaría el semanario «El Radical», en el que a imagen y semejanza de su idolatrado líder nacional fustigó por igual a monárquicos, revolucionarios y nacionalistas periféricos de izquierda, a los que tildaba de separatistas.

Alejandro Lerroux, que al proclamarse la República formó parte del Gobierno provisional, pasó a la oposición antes de finalizar el año 1931. La estrategia centrista de los radicales, con bandazos a izquierda y derecha a la caza del voto moderado, le procuró un gran resultado en los comicios generales de 1933, pero a costa de forzados guiños a la derecha de Gil Robles.

Estos pactos devolvieron a don Ricardo a la Alcaldía de Orihuela y llevaron a don Alejandro a la Presidencia del Gobierno. Y es que, a pesar de referirnos a la política en el ámbito local, las alianzas, escisiones y rupturas en los partidos oriolanos, son extrapolables en la mayoría de los casos al resto de España, ya que las organizaciones y partidos locales seguían directrices de carácter nacional.

La izquierda republicana estuvo muy fraccionada en el primer bienio. El grupo que más destacó fue el Partido Radical Socialista, liderado en Orihuela por José Escudero Bernicola. Fruto de una escisión de los radicales, postulaba la unión entre socialismo y república con un programa liberal muy avanzado, válido para intelectuales y obreros.

José Escudero Bernicola. Abogado y político.

Además de Escudero, nombrado gobernador en 1931, componían el Comité Local: José Ortiz Juan, Pedro Muñoz Méndez, Eladio Turón Sánchez, Francisco Oltra Pérez, Luis Carrió Pastor y David Galindo Martínez.

Los militantes de Acción Republicana, el partido de Manuel Azaña, procedían principalmente de las clases medias, experimentando un crecimiento lento y constante en todo el territorio nacional.

En 1934, con la fundación de Izquierda Republicana, esta formación acabó por reunir a todo el sector progresista del republicanismo. En Orihuela, estaba representado por el abogado José María Lucas Parra, que gracias a los acuerdos con los socialistas, arrebató la Alcaldía a Ricardo García en el verano de 1931.

Los republicanos de izquierda comenzaban a reagruparse tras un complicado proceso de escisiones.

También en 1934, David Galindo Martínez pasó a liderar otra nueva formación llamada Unión Republicana, en la que confluyeron los más progresistas de Partido Republicano Radical y los más conservadores del Partido Republicano Radical Socialista.

Galindo alcanzó la Alcaldía en junio de 1931, siempre con el apoyo del grupo socialista que también seguía la estrategia del partido a nivel nacional, cediendo la representación del poder a los partidos republicanos.

Augusto Pescador y otros miembros del Partido Socialista en 1935. AMO. Sección «Archivo Gráfico». Colección Joaquín Ezcurra Alonso.

Los socialistas eran la formación más sólida al caer la Dictadura. Bajo este régimen, el PSOE y la UGT fueron tolerados y fortalecidos, consolidando su estructura al margen de las demás fuerzas políticas que llegaron a acusarles de colaboracionismo con Primo de Rivera.

Mientras que para el resto de los grupos opositores, la caída del directorio militar fue el pistoletazo de salida para reagruparse y definirse, el Partido Socialista estaba muy consolidado en todo el territorio nacional, de ahí su resistencia inicial a aliarse con los republicanos burgueses.

La «Casa del Pueblo» oriolana, instalada durante la Dictadura, se convirtió en el centro neurálgico de política local desplazando a la añeja Casa de la Democracia, presidida por el republicano radical Ricardo García en 1924.

La «Casa del Pueblo». Colección Javier Sánchez Portas.

El grupo socialista oriolano, junto al sindicato Unión General de Trabajadores, contaba en sus filas con Daniel Cases García (Presidente), Rafael Gas, Vicente Ibáñez, Antonio Cubí Tomé, Isidoro Sánchez Mora, Antonio Esquiva, Pedro Martínez Vegara, Manuel Bas y José Alonso Egio.

El resto de las formaciones de izquierda no estuvieron representadas en Orihuela durante la Segunda República. Grupos como el Partido Comunista o la CNT, no aparecieron hasta 1936.

Evolución política

17 de Julio de 1932. La corporación republicana en la puerta del ayuntamiento presidida por Alberto Escudero Bernícola.

La Vega Baja fue, durante la Segunda República, un hervidero político condicionado por la permanente confrontación entre ricos propietarios y una masa obrera que dependía del «jornal de la huerta».

Las promesas de la República provocaron una gran politización de estas clases trabajadoras rurales, multiplicando su afiliación a los partidos y sindicatos obreros, especialmente a la hegemónica UGT y a sus Casas del Pueblo.

Frente al sistema agrario establecido, con una estructura de propiedad que condenaba a la miseria al numeroso colectivo de jornaleros agrícolas, apareció la promesa del sindicalismo reivindicativo y de una auténtica Ley de Reforma Agraria, a cuyas directrices se resistía la patronal.

La burocracia empantanó cualquier proyecto y los rumores o falsos mitos se extendieron rápidamente entre los pequeños propietarios y muchos arrendatarios, quienes a veces no estaban muy alejados de las circunstancias de los jornaleros, pero temblaban al oír hablar de expropiación de tierras.

La izquierda obrerista, como en otras zonas del regadío valenciano, tropezó aquí con la oposición de un complejo bloque social.

En el primer bienio, con un Ayuntamiento de izquierdas, se plantearon grandes proyectos sin llegar nunca a consumarse, proyectos de transformación económica y social que habían causado muchas ilusiones entre los obreros del campo. Suspendido el Ayuntamiento progresista, le llegó el turno a Ricardo García; y su gestora radical-cedista poco pudo deshacer.

Huerta de Orihuela. Ministerio de Cultura.

En la huerta, el salto hacia atrás no fue sencillo. Los jornaleros se aferraron al sistema de turno riguroso de empleo, controlado desde las Casas del Pueblo, mientras los propietarios volvían a contratar a los que siempre habían trabajado en sus fincas, rechazando a todo el que se hubiese relacionado con sindicatos obreros.

Este forcejeo derivó en situaciones de fuerza y grupos de falangistas comenzaron a reunirse clandestinamente para perpetrar acciones violentas, a veces de carácter defensivo, otras de pura provocación y amedrentamiento.

La ideología combativa y revolucionaria que había separado a los partidos obreros de los burgueses acabó superándose cuando, bajo la amenaza que procedía de la Alemania de Hitler, su colaboración se hizo necesaria en las elecciones generales de 1936.

El éxito en la provincia fue tal, que no hizo falta ni segunda vuelta, la victoria del Frente Popular fue aplastante y la candidatura fue elegida en su totalidad.

Archivo Municipal de Orihuela.

La lista total quedó compuesta por cuatro diputados socialistas, tres de Izquierda Republicana, uno de Unión Republicana, dos de la CEDA (entre ellos Eusebio Escolano) y un centrista independiente. Inmediatamente, el gobernador civil repuso al Ayuntamiento suspendido.

Para republicanos y socialistas, los comicios de febrero de 1936 supusieron una especie de reválida que les permitió retomar con orgullo la labor emprendida en el primer Bienio, achacando su destitución a «manejos caciquiles».

En las manifestaciones de los portavoces municipales quedó reflejada la disposición de los tres grupos mayoritarios ante la nueva etapa que comenzaba.

David Galindo recomendó a sus compañeros alegría, cordura y sensatez en sus conductas. José María Lucas recomendó a los suyos cordura y serenidad; pero Antonio Cubí dijo sentirse con más autoridad que nunca y en nombre de su minoría, condicionó la colaboración leal con los republicanos al cumplimiento del pacto acordado.

Colección Javier Sánchez Portas.

Mientras Izquierda Republicana y Unión Republicana pedían mesura y contención, los socialistas se mostraron dispuestos a cumplir escrupulosamente los postulados del Frente Popular.

En sesión extraordinaria celebrada el día 21 de marzo de 1936, el sastre Francisco Oltra Pérez, miembro de Izquierda Republicana, se hizo con la Alcaldía según lo pactado, por 22 votos a favor y dos papeletas en blanco.

Oltra tomó posesión inmediatamente y se procedió a escoger las dos Tenencias de Alcaldía que estaban vacantes, recayendo por unanimidad en el ex alcalde David Galindo, de Unión Republicana y en el socialista Amado Granell.

Amado Granell Mesado en 1936.

Al igual que en el Gobierno de la Nación, la representación del poder quedaba en manos de los republicanos y los socialistas se mantenían en segundo plano, recordando al flamante alcalde que debía su cargo a la minoría socialista que había secundado la iniciativa del Frente Popular con la disciplina que les caracterizaba, pero a cambio le exigían «dar vigor a la República».

La victoria del Frente Popular y el aumento del desempleo rural motivado por la crisis agrícola hizo aflorar toda la conflictividad latente, reactivando espectacularmente la afiliación obrera en la huerta en una nueva etapa de gran dinamismo político.

Orihuela en 1935. Archivo Cánovas Seiquer.

Cualquier decisión que adoptase el Gobierno en materia de reforma agraria era recibida como una amenaza por los propietarios y tachada de insuficiente por las organizaciones obreras.

Sin otro medio de información que la recibida a través de su agrupación política, sus dirigentes difundían y magnificaban a la medida de sus intereses las medidas gubernamentales y sobre todo, los sucesos de orden público, exacerbando a una población inculta y fácilmente manipulable.

Archivo Municipal de Orihuela.

En esta tesitura, el discurso violento y la confrontación física en defensa de las ideas fueron utilizados de manera general.

Los derechistas tenían que parar a toda costa lo que veían como una revolución y, poco a poco, el miedo se fue apoderando de la huerta tejiendo un bucle sangriento de represalias y contrarrepresalias. 

Los partidos moderados en ambos bandos habían fracasado. Todo quedó en manos de tradicionalistas, falangistas y el ala más radical del socialismo, liderada por Largo Caballero, a la que se unieron comunistas y anarquistas, grupos dotados de milicias armadas y entrenadas para la confrontación física.

La conspiración militar estaba en marcha y la Guerra Civil se esbozaba como una posibilidad creciente…..

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Publicado en el catálogo de la exposición «La Orihuela de Miguel Hernández. 1910-1942» .

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La Posición del Cabildo Catedral de Orihuela en la Guerra de Sucesión.

La posición del Cabildo Catedral de Orihuela en la Guerra de Sucesión.

Resumen:

El Cabildo Catedral de Orihuela pasó una difícil situación durante la Guerra de Sucesión. Especialmente cuando la ciudad abrazó la causa austracista, dada su lealtad a Felipe V y sus buenas relaciones con el obispo de Cartagena Luis Belluga.

P. Pedemonte. Retrato del Obispo Belluga. 1762. Palacio Episcopal, Obispado de Cartagena.

En este artículo analizamos los pormenores de la posición del cabildo durante el conflicto y la represión de algunos capitulares afines al austracismo.

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Callejeando 20B. La Calle de Colón.

Ajomalba. 2017.

La calle de Colón.

La calle de Colón desde el Puente de Poniente. Colección Javier Sánchez Portas.

En cada aniversario de la llegada de Colón a América, una de nuestras calles cumple años: la que lleva su nombre, la calle de Colón.

Inaugurada el 16 de octubre de 1892, cuando todavía no existía, las circunstancias de este bautizo nonato demuestran que la imprevisión y falta de recursos de nuestro Ayuntamiento es un mal que arrastramos desde tiempos inmemoriales.

Hasta entonces, la bajada del Puente de Poniente era lo que hoy llamaríamos un punto negro en la circulación.

En una zona tan transitada, la pronunciada pendiente combinada con el violento giro hacia la calle del Ángel provocaba frecuentes accidentes entre carruajes y algún que otro atropello a los peatones.

Anotaciones sobre Plano Villanueva.

Tratando de solucionar de una vez el problema y mejorar el ornato público en una zona tan sensible, el Ayuntamiento adquirió dos casas en la calle Mayor y otra en la de la Feria para ser derribadas abriendo un acceso directo a la de la Feria, la vía que formaba parte de la carretera Alicante-Murcia.

La cercanía del cuarto centenario del descubrimiento de América puso en bandeja a las autoridades municipales oriolanas una ocasión para dar brillo especial a esta apertura.

La llamarían Calle de Colón y así lo anunciaron públicamente.

El independiente. 10 de octubre 1892: AYUNTAMIENTO. Sesión del 9 de octubre de 1892. Autorizar al Sr. Presidente para que solemnice en la forma que tenga por conveniente la fecha del IV centenario del descubrimiento de América, y que la calle que ha de abrirse desde la calle Mayor a la plaza de Caturla, se denomine de Colón en memoria de aquel grande acontecimiento.

El sábado quedó definitivamente convenido el precio que se le ha de dar al señor Candela por la casa en la que se ha de producir la reforma que tanta falta hace para el ensanche de la calle, y para que los carruajes puedan transitar con más facilidad.

Según nuestras noticias muy pronto empezará el derribo.

A pesar de las penurias económicas de aquellos años, por todo el país se celebraron eventos relacionados con la gesta de Colón: publicaciones, congresos, conferencias, exposiciones, etc.

Carteles IV Centenario del descubrimiento de América.

Para conocer de primera mano lo que pasó durante aquellos días en Orihuela, usaremos principalmente «El Independiente», diario local muy critico con el Ayuntamiento que circulaban por aquellas fechas.

Y también alguna noticia del semanario «El Pueblo», mucho más favorable al Consistorio.

El martes, víspera de la Virgen del Pilar, «El Independiente» dedicó un amplio artículo a Colón y su histórica gesta; mencionando que Murcia también había dedicado al insigne marino la antigua calle de la Alameda.

El independiente. 11 de octubre de 1892.

Orihuela no podía ser menos. Para conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento, ensalzado por el Papa León XIII en una encíclica, el obispo invitó al Ayuntamiento a una gran ceremonia que celebrarían el domingo 16 de octubre en la Catedral.

El Consistorio se unió a la celebración aportando la banda municipal e invitando al vecindario para que mostrase colgaduras e iluminaciones en sus balcones.

La calle de Colón desde la calle del Ángel. Colección Javier Sánchez Portas.

A dos días del evento, la calle de Colón seguía siendo un proyecto en fase de derribo. De las casas adquiridas para formarla, una se mantenía todavía en pie por impago al propietario.

Tras muchas prórrogas y con ayuda económica de los vecinos que mejoraban sus propiedades, el viernes 14 anunciaron un acuerdo con el señor Candela para demoler su vivienda.

Un redactor de «El Independiente» apodado «Armengolito» comenzó a sembrar dudas y denunció que, en la urgencia, habían destinado a la calle de Colón unos adoquines adquiridos para la del Ángel.

El independiente. 15 de octubre 1892: Cartas municipales. Mi querido: D. Atanasio: Me han asegurado que tiene V. en proyecto grandes mejoras, entre las que entra la apertura de la futura calle de Colón, por más que todos aguardábamos el miércoles pasado con verdadera ansiedad, esperando ver confirmado el rumor de que la demoledora piqueta comenzaría ese día a derribar los edificios llamados a desaparecer para la apertura de la referida vía, y estamos ya en sábado y no solo continúan en pie sino que comienza a susurrarse que no hay nada de lo dicho por más que yo no lo creo…

También me han contado algo relacionado con unos adoquines que ahora después de traídos a nuestra ciudad, resulta que se quedan, no en el aire por que se caerían, pero sí sin ser colocados en la calle del Ángel para cuyo adoquinado parece se ordenaron traer.

Pero yo no he creído esto, o todo lo más, caso de ser cierto, supongo que esa mejora la reserva V. para una vez conseguido tenga Colón una calle en nuestra ciudad.

¿Verdad que he acertado y que lo demás son solo habladurías? Su affmo. «Armengolito».

No había tiempo material ni para adecentar el terreno; pero, a pesar de todo, el sábado se publicó el programa de fiestas del centenario y éste incluía la inauguración de la calle de Colón por parte del obispo.

Le acompañaría el Ayuntamiento entero, el Cabildo de la Catedral, autoridades civiles y militares, diputados provinciales, representantes de la prensa y demás invitados a la ceremonia.

El independiente. 15 de octubre 1892: FIESTAS DEL CENTENARIO EN ORIHUELA. La comisión encargada de las fiestas del Centenario en nuestra ciudad, nos ha facilitado el siguiente programa de las mismas que tendrán lugar en el día de mañana.

1º Al amanecer, diana por la banda de música municipal.

2º A las 10, se trasladará el Ayuntamiento, precedido de la banda municipal, desde las Casas Consistoriales, a la Santa Iglesia Catedral para asistir a los solemnes cultos con que el Cabildo Catedral conmemora aquella gloriosa fecha, pronunciando la oración sagrada el M. I. Sr. Canónigo Magistral D. Francisco Cotau; terminando tan solemne acto religioso con un «Te Deum» a grande orquesta.

3º A las 11 y media, el Ayuntamiento acompañado del Ilmo. Sr. Obispo de la diócesis, Cabildo Catedral, autoridades civiles y militares, diputados provinciales, representantes de la prensa y demás invitados, se trasladará desde la Santa Iglesia Catedral, a la calle del Ángel, con objeto de descubrir la lápida de la calle que ha de llevar el nombre del insigne marino genovés, operación que ejecutará nuestro ilustrísimo Prelado, amenizando el acto la banda municipal.

4º A las 12, comidas a los enfermos del Hospital, a los que se servirá el siguiente menú: Sopa cubierta, Cocido, Pavo en pepitoria, Arroz con leche.

5º A las 12 y media, comida a los asilados de la Casa de Beneficencia, a los que se servirá el siguiente menú: Sopa, Cocido, Guisado de pava, Frutas y dulces.

A todos estos actos concurrirá nuestro Ilmo. Prelado, disolviéndose la comitiva terminados que sean estos, en la puerta del Palacio Episcopal.

«El Independiente» advirtió de lo ridículo que podría resultar descubrir con tanta pompa la lápida de Colón en un solar indecente, entre escombros y restos de las casas derribadas.

Pero el Ayuntamiento siguió adelante.

El independiente. 15 de octubre 1892: Pero como habrán notado nuestros lectores, lo que verdaderamente es monumental, excepcional y archi notable es aquello de descubrir la lápida de la calle de Colón. Rompe cabezas,

¿Dónde está la calle?

Porque no creemos quiera hacérsenos pasar por tal el solar feo e indecente que existe en el sitio que ocuparon las casas de Candela y Portillo.

Vamos hombre, que la cosa resulta de lo más chusco que darse puede. Y para tal acto se ha invitado a nuestro Ilmo. Prelado, al Cabildo Catedral, a las autoridades civiles y militares, a los diputados provinciales por esta circunscripción, y por poco por poco no invitan hasta a nuestro diputado a Cortes, al gobernador de la provincia y al presidente del Consejo de ministros.

Después de todo, empeñados en hacer una plancha, han hecho bien, cuanto más grande mejor. Aunque francamente bien mirada la cosa, no merece calificarse de plancha.

Sino de una humorada en la que los invitantes parece como si quisiesen tomar el pelo o quedarse con los invitados. Porque resulta aquello de bautizar la criatura antes que nazca.

¿No podría haberse suprimido este número del programa, aunque solo sea porque si entre nosotros hay aquel día algún forastero no lleve que contar tales cosas de Orihuela?

Válganos Dios Señor, y qué ocurrencias más desdichadas tienen algunos hombres. Pero es lo que se habrán dicho.

Para algo somos notables. Poner nombre a una calle que exista lo hace cualquiera. Y nosotros no podemos hacer vulgaridades.

La Calle de Colón. Colección Javier Sánchez Portas

El domingo 16 numeroso gentío ocupaba la calle del Ángel y la bajada del puente para presenciar el acto de inauguración de una calle que nadie veía.

En el centro del solar lleno de ruinas habían colocado unos palos vestidos con telas sosteniendo un cuadro cubierto por unas cortinas.

Acabada la ceremonia religiosa en la Catedral, autoridades e invitados precedidos por la banda municipal se trasladaron al solar para descubrir una lápida que llevaría para siempre el nombre del «insigne marino Genovés».

Para no hacer mucho el ridículo la ceremonia fue muy breve; sin aplausos ni palabras oficiales; «un triste homenaje a Colón».

El independiente. 17 de octubre 1892: Las fiestas del Centenario en nuestra ciudad fueron tal y como las supusimos después de enterados del programa.

Lo único bueno que hubo fue la fiesta religiosa preparada por nuestro muy ilustre Cabildo Catedral.

Numeroso gentío ocupaba desde las 11 de la mañana parte de la calle del Ángel, y hasta la mitad del puente de la calle Mayor con objeto de presenciar el acto de la inauguración de lo que con el tiempo y si Dios quiere será calle de Colón.

Dos palos vestidos de tela azul y blanca y ostentando gallardetes y escudos se destacaban en el centro del solar de la casa de Candela, sosteniendo un cuadro de cerca de un metro de ancho con esta inscripción: «Calle de Colón», cubierto por unas cortinas.

Al llegar la comitiva frente a este «tambalache», la banda municipal batió la marcha real y el Sr. Cubero puso en manos de nuestro Ilmo. Prelado el cordón que descubría el cuadro que arriba describimos, continuando la comitiva, una vez descubierto el antedicho cuadro, su marcha en dirección al Hospital.

El público sin duda aguardaba algo más de tan solemne inauguración, puesto que quedó frío… tan frío casi como nuestro alcalde que se circunscribió a tocar el cordón descubridor.

Ni un aplauso, ni una muestra de asentimiento, ni una palabra oficial. ¡Pobre Colón!

Decididamente, hubiese resultado más la cosa si se hubiese suprimido del programa, siguiendo nuestro consejo, esta inauguración que ha resultado no solo extemporánea e intempestiva, sino ridícula.

El lunes «El Independiente» se mofó a placer de la esperpéntica ceremonia, afirmando que la calle de Colón había existido ocho o diez horas en un letrero; y se preguntaban cuánto tardaría en nacer la criatura bautizada.

El independiente. 17 de octubre 1892: La nota dominante del día fue ayer las fiestas del Centenario. Por más que ya de ellas nos ocupamos, aunque a la ligera en otro lugar, la inauguración de la nonnata calle de Colón merece párrafo aparte.

Porque bien es verdad que desde el primer momento predijimos que la cosa resultaría un desastre, pero la realidad superó nuestras predicciones.

Entre dos grandes montones procedentes del derribo de las casas de Candela y Portillo, estaba colocado el cuadro con el título de la calle que, aunque todavía no ha nacido, existe en la mente de nuestro accidental alcalde el cual la dará a luz lo antes posible sin duda alguna, porque después de bautizada, no debe ya caberle en la cabeza.

Numeroso público acudió a presenciar el acto, y antes de que se descorriesen las cortinas nos preguntaba un forastero: Escuche V. señor mío

¿Qué hay detrás de esa cortina? ¿Acaso algún anuncio para la venta de todos esos materiales al rededor amontonados?

Pero una vez descorrido el velo, se dio mi buen hombre a buscar la calle que le anunciaban y que no veía por ninguna parte; y fue a dar con un cuartito bastante escusado que en pie ha quedado de los derribos hechos…

¡Valiente calle han dedicado a Colón! Es que la calle han de abrirla todavía, le dijimos nosotros.

Pues bien podían haber, para después de abierta, guardado la dedicatoria, porque por ahora esto no es calle es una porquería.

La calle de Colón ha existido ocho o diez horas en letrero. Veremos ahora cuánto tarda en existir de hecho, en nacer o sea la con tanta anticipación bautizada criatura.

Durante toda la semana el asunto continuó apareciendo en la prensa para escarnio del Ayuntamiento.

El independiente. 19 de octubre 1892: Hace cuatro días que se inauguró oficialmente la futura imperfecta calle de Colón y todavía no han comenzado los derribos para abrirla ni se sabe cuándo comenzarán.

¿Verdad que tendría muchísima gracia que después de inaugurada la calle y haber hecho la ceremonia de descubrir el cuadro resultase que se quedaba la calle en proyecto?

Pues de menos nos hizo Dios.

El independiente. 20 de octubre 1892: Hace unos días que tenemos en Orihuela oficialmente inaugurada una nueva calle. Calle que, aunque se vuelva uno mico, es imposible que pueda dar con ella, sino se la busca en la cabeza de nuestro alcalde accidental…

Todo el mundo esperaba, y así se nos aseguró a nosotros que, al día siguiente de la inauguración, comenzaría la apertura, pero pasan días y más días; las cosas continúan «in statu quo», el ridículo crece y la calle de Colón inaugurada con tanta precipitación y cuya apertura nadie ve tal vez posible en mucho tiempo, se convierte en la fábula del día y es el tema cómico de todas las conversaciones…

La derribada casa de Candela costó al municipio cinco mil pesetas; y la que queda en pie está ajustada, si nuestros informes son verídicos, por cuatro mil…

Con estas nueve mil pesetas, tendremos aquel trozo de calle del Ángel, metido a la línea de la calle Mayor y nada más; falta todavía dinero para expropiar una casa de la calle de la Feria, pagar el solar de la de Portillo, y dos o tres trozos de otras casas que es necesario derribar para que la proyectada calle quede formada…

Colección Jesús Rodríguez Tejuelo.

Por fin, a mediados de noviembre, procedieron a trazar la línea a la que había de sujetarse la nueva calle, que fue alineada en anchura y dirección con la de San Agustín.

Y buscando el equilibrio, trataron de formar una plaza análoga a la de Cubero en la margen izquierda del Segura.

El independiente. 17/18 de noviembre 1892: Ayer, con asistencia del Sr. Alcalde accidental, bastante número de concejales y grande de curiosos, se procedió a trazar la línea a que ha de sujetarse la nueva calle de Colón.

La calle resultará de 7’80 metros de ancha y en su alineación se ha tenido en cuenta la de la calle de San Agustín.

En la tarde del miércoles se reunieron frente al solar de lo que fueron casas de Candela y Portillo, con objeto de trazar la línea definitiva a que ha de sujetarse la futura calle de Colon…

Se hizo un trazado lógico, tomándose como punto de partida la anchura y dirección de la calle de San Agustín.

De esta manera, más tarde o más temprano, cuando haya ocasión para ello, con solo meter hasta metro y medio la casa del Sr. Cartagena, será la nueva vía continuación de la calle de San Agustín, formándose a la margen izquierda del Segura, junto al puente viejo, una plaza análoga a la plaza de Cubero.

Las protestas de «El Independiente» continuaron a cuenta del estorbo que producía el derribo en la calle de la Feria y de la arbitraria venta de los materiales sin mediar subasta.

El independiente. 23 de noviembre 1892: La plaza de Caturla está convertida en almacén del maderamen y herraje procedente del derribo de la casa que por cuenta del ayuntamiento se derriba en la calle de la Feria para la apertura de calle de Colón.

Quien ha de dar luz, da humo. ¿Tiene acaso el ayuntamiento más derecho que un particular a interceptar la vía pública con estos chismes?

Con motivo de la venta de los materiales procedentes de los derribos de la casa de Candela propiedad del Ayuntamiento, parece que tuvo el alcalde un altercado ayer con un vecino que deseaba adquirir parte de aquellos al celebrarse la oportuna subasta.

Y se encontró con que los materiales se los llevaban (sin haber mediado subasta y sin otra razón que estimarlo oportuno el alcalde) el regidor Síndico y otros particulares, sin que él, que tenía derecho a ellos con su dinero como otro cualquiera, pudiese aprovechar la ocasión que la venta de los materiales referidos podía ofrecerle de comprarlos baratos para una obra que proyecta…

El semanario «El Pueblo», más benevolente con el alcalde, hacía hincapié en el ornato de las fachadas que deberían observar los vecinos de la nueva calle.

El pueblo. 28 de noviembre 1892: Felicitamos sinceramente a D. Atanasio G. Cubero por haber adquirido una casa de la calle de la Feria cuyo derribo parcial es necesario para la apertura de la calle de Colón.

El anterior dueño de la finca de referencia tenía ofrecido el trozo de ella que fuese necesario para la citada vía y a última hora presentaba dificultades para cumplir sus espontáneos ofrecimientos. 

El Sr. Cubero, dueño actual de la mencionada casa, cede al municipio lo que necesita para trazar la futura calle…

A propósito: ¿No se va a obligar a los propietarios de las casas de la calle de Colón que construyan fachadas, al menos cuando lleven a cabo en aquellas algunas reparaciones?

Lo preguntamos porque como hemos visto que se están poniendo balcones y rejas en espaldas (hoy pechos enlucidos) de casas que se están burlando del ornato…

Años después construyeron los dos preciosos edificios que la flanqueaban; de los que sólo uno se conserva: el de Juan Villaescusa, edificado en 1914.

Edificio Villaescusa en los años 30 del siglo XX. Archivo Ajomalba.

En la actualidad Colón no tiene rótulo; he ahí la paradoja; nació como un rótulo sin calle y ahora es una calle sin rótulo. Sirva esta historia, extraída, adaptada y ampliada de uno de mis artículos publicado en 2006, para reivindicar una placa decente para la Calle de Colón; aunque no la descubra el obispo.

Como anexo final, me ha parecido curioso una especie de programa de fiestas que, en tono de humor, imaginó un redactor de «El Pueblo» quince días antes de la celebración.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba 2017).

«El Pueblo». 1 de octubre de 1892.

El pueblo. 1 de octubre 1892: FESTEJOS. Celebrados el día 16 de los corrientes por el Excmo. Ayuntamiento con motivo del IV Centenario del descubrimiento de América. A la una de la mañana. Todos los serenos cantan la hora y en las arcas municipales entran y salen las ratas como Pedro por su casa.

A las dos. El simpático «Colasillo» da la séptima vuelta por los puentes. Repetición del coro de serenos. A las tres. D. Atanasio le da un repaso a la perorata que ha de pronunciar más tarde al bautizar a un solar con el nombre de calle de Colón. A las cuatro.

El alcalde da una cabezada y el sereno del barrio entona un himno al genovés que empieza: «¡Ave María Purísima!» y termina: «¡Sereno!».

El concejal de semana va a la plaza, a ver si se pesca alguna falta, teniendo en cuenta la grandeza del hecho que se conmemora y contra su costumbre.

A las cinco. Repique de campanas, misas en varias iglesias, escasa gente por las calles y solemne salida del sol. A las seis. Mozas de servicio dirigiéndose a lo que llamamos plaza de Abastos.

Echan su parrafito sobre el zarandeado D. Cristóbal. A éste, unas lo hacen fraile, otras «monjo» y las más le llaman inventor del cacao y del café.

A las siete. Dan los relojes esta hora y el número de domésticas «transeúntas» va en aumento. El sol también alumbra a esta hora, con más fuerza que en las anteriores.

A las ocho. Empieza a verse por los balcones alguna colgadura. A las nueve. Las colgaduras aumentan un poco y Colón corre de boca en boca dando ocasión a que se digan muchas tonterías por algunos sabios.

Un concejal dice muy formal que en 1492 era capitán general de la isla de Cuba Martínez Campos y que vino a Orihuela a proponer un ayuntamiento de notables. Varios concejales se prueban el frac y por estarles estrecho no van a ninguna parte.

A las diez. El alcalde, cuatro concejales y el secretario municipal se dirigen a la Catedral con acompañamiento de guindillas, maceros, músicos y curiosos.

Gran función religiosa que resulta la única solemnidad que ha tenido lugar en honor de Colón.

A las once «Te Deum» en él citado templo del cual sale una procesión cívica que se dirige a los establecimientos benéficos para asistir a las comidas que se dan a los recogidos en ellos.

Al pasar por una obra, el alcalde pone en manos del Ilmo. Sr. Obispo un cordón después de dedicar sentidas (y no sentidas) palabras al pueblo allí presente para mayor gloria del héroe que se festeja. Nuestro queridísimo prelado, descubre un cuadro que dice: «Calle de Colón».

Por el pequeño tamaño del marco no se ha podido colocar en él esta otra inscripción: «Aquí se va a construir una calle que cuando se termine será bautizada con el glorioso nombre de Colón».

A las doce, repique en todas las iglesias como de ordinario. Comida a los enfermos del Hospital.

El sol está alto para mejor alumbrar, según ha dispuesto el Excmo. Ayuntamiento. Comida a los asilados en la Casa de Beneficencia.

A la comisión del ramo se le abre la boca de apetito. Comprendida la indirecta por los concurrentes al acto, se va cada uno a su casa.

A la una de la tarde. Gran comida general. La Corporación municipal dispone, por falta de un local capaz, que cada vecino coma en su propia casa. Hay excepciones.

A las dos. Hace un poco de calor atmosférico para que no falte calor del otro a estos festejos.

A las tres. Colón suda el quilo al ver nuestro entusiasmo.

A las cuatro. Paseo. El que quiere compra una «perrica» de torraos.

A las cinco. Continúa el paseo. Llega el tren. procedente de Murcia. En la estación ferroviaria, los andenes que a ella conducen y la Glorieta, poca animación.

A las seis. Sigue el paseo. Llega el tren de Alicante. Anochece. Se enciende el petróleo público.

A las siete. Partida de billar en el Casino jugada por dos individuos que no saben ya qué hacer para honrar a Colón. En algunos balcones, pocos, aparecen faroles del tiempo de Colón.

A las ocho, cena siguiendo los mismos trámites que en la comida. Debut de una pésima compañía infantil en nuestro teatro.

A las nueve. Los que están en el teatro pierden la poca afición que tienen por esta clase de diversiones.

A la diez. Aburrimiento general y salida de los serenos. Algunos beodos aparecen por las calles.

A las once. Los del teatro se «divierten». Se acuerda por unanimidad que cada cual se marche a su cama.

A las doce. Terminación de estas fiestas.