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Tud Or Cap. 9/10. Almorávides.

De Tudmir a Oriola IX.

Salió el rey Alfonso con su ejército matando y cautivando; devastando todo cuanto encontró a su paso.

Acampó cerca de Sevilla, asoló su región y la deshizo.

Dirigiose después a la playa de Tarifa, y allí las olas del mar batieron las patas de su caballo en el final de Al-Ándalus.

Era sólo un aviso. Tres años después conquistó Toledo.

Las demás taifas, aterrorizadas, buscaron el auxilio de Yusuf, el emir de los creyentes. 

Y sus tropas cruzaron el mar.

El velo fue el adorno con que Alá distinguió a los Almorávides.

Su armadura: una túnica de lana. Sus armas: escudos de piel, arcos, lanzas y espadas ligeras.

Tras ellos atronadores tambores de guerra golpeados por negros senegaleses. 

Los cristianos no habían visto nunca ejército tan temible en el campo de batalla.

En esta entrega he ampliado el foco para intentar explicar lo que significó la revolución Almorávide.

Cuando Al Mamún, emir de Toledo, acogió al desterrado príncipe Alfonso en 1072 su taifa era muy poderosa.

Había arrebatado a su yerno la de Balansya (Valencia) y seguía protegido pagando las parias al reino de León.

Alfonso había perdido el trono a manos de su hermano. Y trabó gran amistad con su anfitrión toledano.

Muerto Sancho II en circunstancias dudosas, Alfonso alcanzó la corona de Castilla y la de León.

El Cantar del Mio Cid cuenta que tuvo que jurar su inocencia antes de ceñírsela; pero no hay evidencia documental que verifique este hecho.

Alfonso VI ayudó al toledano a tomar la taifa cordobesa y fue su aliado hasta que murió envenenado precisamente allí, en Córdoba, en el año 1075.

El nieto y heredero del toledano, llamado Al Qádir, se consideró lo suficientemente fuerte para prescindir de la protección de Alfonso y dejó de pagar las parias.

Pero sin el apoyo de las tropas castellanas perdió Córdoba. Valencia se declaró independiente y las tropas de Badajoz entraron en Toledo en el 1080.

Refugiado en Cuenca, Al Qádir se  vio forzado a pedir nuevamente la ayuda del castellano.

Éste aprovechó la ocasión y puso cercó a Toledo mientras hostigaba a las taifas de Sevilla, Zaragoza y Valencia.

Por fin, en mayo de 1085, tras cuatro años de asedio, Toledo se rindió y Alfonso VI hizo su entrada triunfal.

Al títere de Al Qádir le dejó la taifa de Valencia.

Aquello fue un salto importante en la cruzada del sur. Una hazaña que resonó en toda Europa y también en África.

Toledo era un símbolo, la antigua capital de los godos. Su conquista fue la demostración de que pagando o sin pagar, Alfonso iba a por todas.

Sólo el imperio Almorávide estaba en condiciones de plantarle cara. Pero los reyezuelos taifas sabían que sus corruptas coronas caerían bajo el dominio de los hombres del velo.

Cuentan que Al Mutamid, el famoso rey poeta sevillano, dijo: prefiero pastorear los camellos de los almorávides que guardar los cerdos de los cristianos.

Su voluntad se cumplió: los almorávides pasaron el estrecho cambiando completamente el tablero de juego en Al-Ándalus.

¿Quiénes eran estos Almorávides?

Los almorávides nacieron como un movimiento integrista de regeneración islámica. Todo empezó en la zona sur del Sahara.

En el siglo XI el Magreb era un mosaico de pequeños reinos. El Islam se había extendido entre las tribus beréberes que luchaban por controlar el comercio a través del desierto.

El jeque de una  tribu situada entre las actuales Mauritania y Mali, en su obligada peregrinación a la Meca, descubrió que el Islam que practicaba su pueblo no era el verdadero.

Yaya, que así se llamaba, buscó un buen alfaquí que adoctrinase a su pueblo. Y encontró a Abdalá Ben Jasim, un fundamentalista Malikí.

Aquellos hombres del desierto tomaron con recelo la rigurosa doctrina islámica y muy pocos abrazaron sus enseñanzas. Ben Jassim y un grupo de unos sesenta discípulos se encerraron en una ribat.

De ahí viene el término Almorávide, Al-Murábitun; el que vive en la ribat, una especie de monjes guerreros al estilo de las órdenes militares cristianas que se encerraban en conventos fortificados como el que mencionamos en Guardamar. 

Sus contemporáneos los llamaron también «al mulatimun», que quiere decir los velados, pues cubrían su rostro con un velo por debajo de los ojos, costumbre muy práctica para la arena del desierto que podemos ver aún en los famosos tuareg.

Para los Almorávides, más que una protección, el velo se convirtió en una especie de uniforme que los distinguía en cualquier parte. 

Aquel maestro religioso jugó un papel muy importante en la formación del imperio Almorávide creando una sociedad basada en un estilo de vida sencillo, con estrictas normas religiosas, al que se fueron uniendo numerosos adeptos hasta superar el millar de monjes soldados.

Desde allí sometieron o se fueron aliando con diferentes tribus beréberes con dos objetivos claros: difundir el verdadero Islam y hacerse con el control de las rutas comerciales a través del Sahara.  

Las tribus no islamizadas fueron conquistadas en nombre de la Yihad o guerra santa.

Así, a mediados del siglo XI dominaban el desierto y siguieron ampliando su territorio hacia el norte, hasta cruzar el Atlas.

Aunque la cabeza visible en lo político y militar era el jeque, el propio Ben Jasimm encabezó aquel ejército de fanáticos hasta que, muerto en combate, el estado islámico que había creado se convirtió en un Emirato liderado por Abu Bakr, su general más destacado.

En torno al 1070 Abu Bark fundó una base militar en un llano con abundantes pastos llamado Marrakus.

Allí recibió noticia de unas revueltas que amenazaban a su tribu. Inmediatamente partió hacia el desierto dejando el mando en manos de su primo y lugarteniente Yusuf Ben Tasfin.

Yusuf construyó allí una verdadera ciudad amurallada a la que llamó Marrakés, la futura capital del imperio almorávide.

Consiguió caballos, esclavos y varios miles de negros senegaleses. Cuando regresó su primo dos años después, supo que nunca podría arrebatarle el poder.

Rendido ante la evidencia cedió el trono a Yusuf y volvió al desierto, dejando buena parte de sus tropas que se unieron al nuevo emir.

Yusuf agradecido lo colmó de dinero y regalos.  

Aquel hombre, austero y profundamente religioso, nunca aceptó el título de Califa, por eso le llamaron Emir de los Creyentes «Amir al Muminín», apelativo que pasó al castellano como «Miramamolín».

Yusuf era un ejemplo para sus hombres: maduro, flaco, vestido con pieles de oveja. Se alimentaba de leche y dátiles como los fundadores del Islam.

A sus tropas se fueron uniendo miles de voluntarios formando un poderoso ejército que luchaba con tácticas revolucionarias: caballería ligera, arqueros a caballo, infantes con largas lanzas y jabalinas….

A todo ello añadió fuertes contingentes de negros subsaharianos, provistos de tambores de piel de hipopótamo cuyo sonido aterrorizaba al enemigo y marcaba las maniobras de las diferentes unidades en el campo de batalla.

En pocos años conquistó Fez, Orán, Argel y por fin Ceuta, controlando así el Estrecho de Gibraltar.

Al otro lado, aquellos reyezuelos acosados por los cristianos reclamaba su ayuda.

Y Yusuf acudió en el 1086 haciendo sonar en Al-Ándalus sus temibles tambores de guerra …

Programa 9.
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De Tudmir a Oriola X.

En el 1086, los almorávides desembarcaron en Algeciras y avanzaron hacia el norte.

A su ejército se fueron incorporando las huestes de todas las taifas andalusíes.

Alfonso VI, apoyado por el rey de Aragón, salió a su encuentro y Yusuf le ofreció tres opciones: convertirse al Islam, pagar tributos o luchar.

Alfonso escogió el combate.

La legendaria batalla tuvo lugar en un paraje cercano a Badajoz, llamado Sagrajas por los cristianos y Zalaca por los musulmanes. Alfonso atacó al amanecer.

Yusuf había dividido su ejército en tres grupos: el primero, formado por tropas andalusíes, recibió la impresionante carga cristiana sufriendo muchas bajas.

El segundo, dirigido por el propio emir almorávide, envolvió a los castellanos. Y cuando ya estaban agotados, un último contingente de cuatro mil guerreros subsaharianos los destrozó.

Sagrajas fue una jornada gloriosa para el Islam, una victoria como no se recordaba en Al-Ándalus desde los tiempos de Almanzor.

La derrota de Alfonso fue total. Él mismo escapó de milagro con una lanzada en la pierna.

Los almorávides no hicieron prisioneros. Yusuf mandó decapitar a muertos y a heridos. Y sobre los montículos formados con sus cabezas los almuédanos llamaron a la oración.

Luego los macabros trofeos fueron repartidos por todas las ciudades como prueba de su victoria.

En su primera visita los almorávides pasaron como un huracán. Y de la misma forma se retiraron desaprovechando la ocasión de llegar a Toledo.

Parece ser que la muerte de su primogénito y los daños sufridos en su ejército, aconsejaron regresar a África.

Pero Yusuf era ya el nuevo líder de Al-Ándalus, el príncipe de los creyentes, la esperanza para el pueblo andalusí.

Alfonso aprovechó el respiro para asegurar sus posiciones, buscar la ayuda de otros reyes cristianos y la de Rodrigo Díaz de Vivar, que andaba haciendo su propia guerra en tierras valencianas.

Casi dos años tardaron los almorávides en regresar de nuevo a la península. Y esta vez su objetivo estaba en la cora de Mursya.

Como ya contamos, muerto el amigo y mentor del emir sevillano, el oportunista gobernador Ben Rasiq se había autoproclamado señor independiente de Mursya. 

El rey poeta Almutamid recuperó Lorca y la comarca de la Vera, pero no pudo hacerse con la fértil Vega del Segura.

Aprovechando las disputas, una hueste castellana se había apropiado del castillo de Aledo, una inexpugnable fortaleza construida en un cerro escarpado, entre Lorca y Mursya, en mismo corazón de la cora.

Desde allí se dedicaron a hostigar y saquear Uryula, Mursya, Lorca, Cartagena, Almería…

Esta plaza fuerte les daba el control de la ruta que comunicaba el Levante con Andalucía a través del valle del Guadalentín. 

Las crónicas, como siempre exageradas, calculan una mesnada de mil caballeros y doce mil infantes acuartelados en el castillo de Aledo, campando a sus anchas por todos los territorios cercanos.

Amenazado por el sevillano que ansiaba colocar a su hijo en Mursya y acosado por las mesnadas cristianas, el astuto Ben Rasiq encontró una solución.

Pagando parias a los castellanos y abasteciéndolos de víveres, consiguió que dejasen de hostigar sus dominios, centrando sus tropelías en Lorca y Almería, tierras de Almutamid que, entretenido con los ataques cristianos, dejaría de amenazar su cora.

Almutamid no quedó de brazos cruzados. Atravesó personalmente el estrecho para entrevistarse con Yusuf.  

Allí le hizo ver la importancia de Aledo, una fortaleza en pleno corazón del territorio musulmán. Y consiguió convencerle para que volviese a la península con su ejército.  

A su regreso escribió a todas las ciudades de Al Ándalus para que preparasen tropas y fabricasen flechas, jabalinas y todos los pertrechos necesarios para la campaña.

Yusuf desembarco de nuevo en Algeciras, dirigiéndose hacía Aledo.

A las huestes almorávides se unieron las mesnadas de Sevilla, Granada, Almería, Málaga y de manera forzosa las de Mursya, entre las que figuraba mucha gente de Uryula.

Ben Rasiq no tuvo más remedio que ponerse bajo la autoridad de Yusuf, cortando los suministros a los castellanos.

La primera intención fue tomar el castillo al asalto utilizando máquinas de guerra construidas por los carpinteros, herreros y albañiles de la propia cora de Mursya.

Pero fue imposible. Por más que lo intentaron no lograron traspasar las murallas.

Fracasado el ataque optaron por el asedio, rodeando Aledo con fosos, torres, empalizadas y un campamento estable.

Pero la convivencia entre las diferentes huestes duró muy poco.  Todas las taifas andaban enfrentadas por problemas fronterizos.

Sevilla con Almería y Mursya; Málaga con Granada…

Aquellos reyezuelos reclamaban sus derechos ante el Emir de los Creyentes que, en el fondo, los despreciaba. 

Almutamid de Sevilla convenció a Yusuf de que el señor de Mursya era un traidor que pagaba a los cristianos y los abastecía.

Ben Rasiq fue detenido y cargado de cadenas, imponiendo a sus súbditos la autoridad del sevillano.

Inmediatamente las mesnadas de Uryula, Mursya, Elche, Alicante y Hellín, todas las que aportaba el detenido, abandonaron el sitio destruyendo las máquinas de asedio que había construido y llevándose a los obreros, panaderos y comerciantes locales que mantenían a los sitiadores.

Pronto empezaron a sufrir la falta de víveres.

Al mismo tiempo llegaron noticias del rey Alfonso, que se dirigía a la zona con tropas de socorro.

La codicia de los emires taifas había hecho de la campaña un fracaso estrepitoso y Yusuf no se fiaba de enfrentarse a Alfonso con aquellas tropas que peleaban entre sí.

Furioso y decepcionado optó por volver a África decidido a aniquilar a aquel grupo de corruptos codiciosos.

La próxima vez que cruzase el estrecho sería para exterminarlos, agregando al-Andalus a su vasto imperio.

Alfonso llegó, recogió a los supervivientes y, sin posibilidad de mantener aquella lejana fortaleza, la incendió y se marchó rápidamente.

El fracaso del sitio de Aledo fue una inyección de moral para los cristianos y provocó algo más: el segundo destierro del Cid.

Alfonso VI lo necesitaba para controlar el Este y había perdonado su primer destierro. En la campaña de Aledo quiso contar con su experiencia y con sus tropas. 

El campeador andaba por Requena cuando recibió la orden de unirse a su rey en Villena. Pero llegó muy tarde a la cita.

Aunque cabalgó hasta Uryula y Mursya no se encontró con las tropas castellanas. Plantó su campamento en Elche y allí pasó la Navidad del año 1089.

Nunca se sabrá que pasó. Quizá fue verdad que no llegó a tiempo; quizá no estaba dispuesto a perder sus efectivos, tropas que tanto necesitaba en su campaña valenciana… 

Lo cierto es que alentado por los muchos enemigos que tenía en la corte, el rey desterró a Rodrigo por segunda vez.

Entre el suceso de Aledo y la conquista almorávide, Mursya permaneció en manos de Almutamid.  

Pero los de Uryula, detenido su señor Ben Rasiq, se negaron a someterse al sevillano y se incorporaron de nuevo a Denia, cuyo soberano era entonces el emir de Lérida, el mayor enemigo del Campeador.

Desterrado de nuevo y falto de dinero para pagar a su mesnada, Rodrigo asoló las tierras comprendidas entre Uryula y Játiva, sin dejar «piedra inhiesta, ni señal de puebla ninguna».

Cargado de botín regresó a tierras valencianas dejando un reguero de muerte, miseria y desolación.

Este viaje dio lugar a lo que hoy conocemos como el camino del Cid en nuestra provincia.

Programa 10.
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Tud Or Cap. 7/8. Taifas.

De Tudmir a Oriola VII.

Fallecido Jairán en el verano de 1028 Zuhayr el castrado reinó durante diez años.

Hasta que él y lo mejor de su ejército cayeron aplastados por los bereberes mercenarios de Granada.

Su señor había muerto y los de Almería juraron fidelidad a Abd al Azid, soberano de Valencia.

Uryula fue conquistada por el señor de Denia.

Y fue voluntad de Alá que violentos terremotos sacudiesen Uryula y Mursya.

Las casas se desplomaron, los alminares cayeron con todos los edificios altos y la mezquita mayor de Uryula se derrumbó junto con su minarete.

La tierra se abrió en toda la vega secándose los manantiales y surgiendo nuevas fuentes que manaban agua podrida.

En la anterior entrega dejamos Uryula (Orihuela ) en el verano de 1028, bajo el reinado del eunuco Zuhayr, el segundo emir de la taifa de Almería.

Muerto Almanzor y sus hijos muchos eslavos de su corte y ejército huyeron de Córdoba para instalarse en el sureste peninsular.

Allí fundaron varios reinos taifas: el de Almería, el de Denia y el de Valencia, donde acabó reinando un nieto de Almanzor, el hijo de Abderramán Sanchuelo.

Uryula pertenecía al de Almería. Durante los diez años de reinado de Zuhayr dicha taifa alcanzó su máxima extensión territorial.

Sus dominios abarcaron la cora de Tudmir, desde Alicante hasta Lorca, y las provincias de Albacete, Almería y Jaén.

Al poco de acceder al poder recibió también el vasallaje de la ciudad de Játiva, cuya fortaleza constituía una estratégica posición entre Tudmir y el reino de Valencia.

Y se la cedió al valenciano en un gesto de amistad con su poderoso vecino.

Zuhayr llegó a tomar Córdoba durante un breve plazo. Otra cosa era controlar tantos territorios.

Además de la rebelión que contamos en la entrega anterior (aquella que fue sofocada tras seis meses de asedio a Uryula), tuvo problemas en Medina Mursya.

Cuando se fue a Almería dejó como gobernador de Tudmir a Abu Bark, de los Banu Tahir, uno de los clanes árabes más poderosos.

Este nombramiento enfureció a otra poderosa familia de la que hablamos en capítulos anteriores: los Banu Jattab, descendientes de Teodomiro, tan ricos que llegaron a alojar a Almazor con todas sus tropas.

El primer rey de Almería se había apoyado en ellos durante su mandato y no se resignaron a perder el poder. Ofrecieron sus servicios al señor de la vecina taifa de Denia.

La nueva situación política se mantenía en un equilibrio de poderes: la nobleza árabe ponía el prestigio y la influencia para gobernar; los eslavos la fuerza militar.

Muyahid de Denia, que aspiraba a absorber Tudmir, decidió intervenir en la disputa apoyando la revuelta de los Banu Jattab.

Apresó al gobernador y se lo llevó a Denia.

Zuhair pagó un generoso rescate y lo repuso en el poder. Y para evitar nuevas intentonas se llevó a Almería al sublevado Abu Amir, cabeza de los Banu Jattab.

Esto no bastó para controlar la zona. Muyahid había conseguido crear muchos intereses a su favor y pronto los utilizó.

Los Banu Tahir fueron fieles a Zuhayr aunque en la práctica gobernaron con independencia.

Sentaron los pilares de lo que sería una nueva taifa independiente: la de Mursya.

Hasta el último momento Zuhayr intentó ensanchar sus dominios. Fallecido el emir de Granada decidió atacar su territorio.

En agosto del 1038 acampó a pocas millas de la capital.

El hijo y sucesor del difunto estaba esperando con un ejército de mercenarios bereberes y le prepararon una emboscada.

El ataque de las tropas granadinas fue demoledor. Algunas fuentes indican que el señor de Almería murió durante la batalla; otras que se despeñó por un barranco durante la huida.

Lo cierto es que no se volvió a saber de Zuhayr ni vivo ni muerto.

Enterados de la derrota y muerte de su rey los almerienses, temiendo al granadino, pusieron la ciudad en estado de defensa y se acogieron a la soberanía del emir de Valencia.

Abd al Azid entró sin lucha en la alcazaba de Almería ejerciendo su señorío en todos los territorios de la taifa y trasportando sus abundantes tesoros a Valencia.

Muhayid de Denia, siempre alerta, no dejó escapar la ocasión de meter mano en la herencia y ocupó los territorios costeros hasta Elche y Orihuela (Uryula).

Mursya, protegida por Abdelazid al que juró obediencia, fue ganando autonomía bajo el linaje árabe de los Banu Tahir.

La antigua cora de Tudmir quedó fraccionada y Jaén pasó a la taifa de Granada.

Los Banu Tahir fundaron la taifa de Murcia (Mursya), con capital en Medina Mursya.

Y Uryula, tras un breve periodo en la taifa de Valencia, quedó sometida a la de Denia.

Muyahid de Denia, el nuevo señor de Uryula, era otro eslavo vendido en el mercado de Córdoba y antiguo servidor de la familia de Almanzor. Un tipo culto y ambicioso que había logrado formar su propia taifa protegida por un rosario de plazas fuertes.

Pequeña y cercada por las poderosas Almería y Valencia, puso sus ojos en el mar.

Conquistó las islas Baleares y llegó hasta Cerdeña, donde acabó derrotado, quedando su esposa e hijo como prisioneros.

A partir de ahí las crónicas lo presentan como un soberano pacífico e ilustrado, arabizado totalmente. Fue el primero en acuñar moneda.

Como mecenas de la cultura, en Uryula favoreció las escuelas de estudios islámicos.

A su muerte, en el 1044, fue sucedido por su hijo Alí.

Pero la verdadera desgracia para la vega del Segura llegó pocos años después en forma de terremotos que sacudieron la comarca varias veces a al día durante cerca de un año.

La fecha es imprecisa, probablemente entre el verano de 1048 y el 1049. 

Como ya he contado al principio, las casas se derrumbaron, los alminares y edificios cayeron y se derrumbó la mezquita mayor de Uryula con su minarete.

La tierra se abrió en todo el término agrícola de la vega secándose muchos manantiales y surgiendo nuevas fuentes que manaban agua podrida y pestilente.

La devastación debió ser enorme en Mursya, en Uryula y en las diversas alquerías que las rodeaban.

También provocó la destrucción de parte de la rabita de Guardamar, aquella que los morabitos o almorávides habían abandonado treinta años antes, durante la fitna de los beréberes.

En cuanto al fenómeno de los campos abiertos y el cambio en las aguas que mencionan las crónicas, se explica con una subida del nivel freático.

El terremoto debió destrozar el sistema de riegos iniciado dos siglos antes, con el que habían ganado mucha tierra para la agricultura.

La inundación de las zonas bajas recuperó parte de los marjales propiciando el estancamiento de las aguas y su putrefacción.

En la segunda mitad del siglo XI las volátiles taifas siguieron cambiando.

Pero de eso hablaremos en la próxima entrega.

Programa 7.
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De Tudmir a Oriola VIII.

A pesar del imparable empuje de los reinos cristianos los musulmanes seguían controlando las zonas más fértiles y prósperas de la península.

Pero militarmente quedaron indefensos.

Los pequeños reinos taifas no podían ya importar los contingentes africanos que antaño nutrían los ejércitos del califato.

En esta precaria situación pidieron ayuda a los reyes cristianos.

Y esa ayuda había que pagarla: así nacieron las parias. 

La protección cristiana les dio independencia, al principio, pero fue pan para hoy y hambre para mañana.

Las costosas parias obligaron a multiplicar los impuestos. Y cuando estos no fueron suficientes acosaron a las taifas vecinas.

Así las más poderosas se fueron comiendo a las débiles.

Con el paso del tiempo las parias se convirtieron en una extorsión, en un chantaje que pagaban para defenderse de sus vecinos musulmanes y también de los propios cristianos que a su vez luchaban entre si para hacerse con más y más parias.

Esto provocó una guerra de moros contra moros, moros contra cristianos, y cristianos contra cristianos: una complicada red de alianzas en busca de dinero y territorio.

El confuso siglo XI fue la transición entre dos períodos: la época dorada del Califato Omeya; y la etapa africana dominada por Almorávides y Almohades.

En la segunda mitad Uryula pasó a la taifa de Mursya tras pertenecer a las de Almería y Denia.

No voy a contar lo que ocurrió en toda la península. Tan solo un poco de lo acontecido en las taifas levantinas.

En la de Denia, muerto Muyahid en el 1045, el trono pasó a su primogénito llamado Alí, aquél que quedó preso con su madre en la derrota de Cerdeña.

Este cautiverio entre cristianos ocupó buena parte de su juventud y condicionó su educación alejada del mundo árabe.

Heredó de su padre el gusto por la cultura.

Durante su reinado las crónicas solo mencionan un hecho notable: un importante convenio firmado con el Condado de Barcelona por el que sus súbditos cristianos quedaron sometidos a la diócesis catalana, donando todas sus iglesias al obispado de Barcelona.

En él se citan las ínsulas Baleares y las diócesis de Denia y Oriola a pesar de que, en esas fechas, Orihuela (Uryula) ya pertenecía a Murcia (Mursya).

Gracias a este acuerdo los mozárabes del sur de Valencia y las Baleares quedaron en la órbita eclesiástica de Barcelona.

Este pacto tuvo importantes consecuencias siglos después, legitimando las conquistas de Jaime I y condicionando la frontera sur entre Castilla y Aragón.

En la taifa de Balansya (Valencia) siguió el linaje de Almanzor en la persona de su biznieto Abdelmalik, sustituyendo a su padre en el 1061.

Solo pudo mantenerse en el poder cuatro años.

Las crónicas lo describen como un tipo negligente, aficionado al vino, poco religioso y sin carácter.

Atacado por el rey de León recibió ayuda de su suegro, el emir de Toledo, el mismo que lo depuso en el 1065 para anexionarse la taifa valenciana.

En cuanto a Mursya, Abu Bark de los Banu Tahir, continuó gobernando la franja central de la antigua cora de Tudmir bajo la soberanía nominal de Balansya (Valencia).

Fue sucedido por su hijo, Abu Abderramán, un famoso literato que convirtió su corte en importante centro cultural consiguiendo la independencia completa. Pero sin Lorca y su demarcación.  

La conquista de la Cora de Mursya por la taifa de Sevilla nos dejó la conocida y trágica historia entre el famoso rey poeta sevillano Almutamid y su visir. Una relación más propia de dos enamorados.  

Con solo doce años, el emir de Sevilla encargó la educación de su hijo a Abu Bark Ben Ammar, un joven poeta de origen humilde que causó gran impresión en el adolescente Almutamid.  

Benamar, sólo nueve años mayor, lo introdujo en la poesía, en el vino y los placeres de la carne. Hasta que, informado su padre, encomendó al príncipe tareas militares para alejarlo de esa mala influencia.

Ben Ammar, temiendo la cólera real, se exilió en Zaragoza donde pasó más de una década.

Almutamid nunca olvidó a su amigo y confidente. Y cuando alcanzó el trono se acordó de su mentor. Lo nombró primero gobernador y luego visir de Sevilla.

Ambicioso, astuto y con gran habilidad diplomática, en el 1078 viajó a Barcelona para entrevistarse con el Conde Ramón Berenguer II. 

Al pasar por Medina Mursya fue acogido como huésped de honor y tomó nota de las defensas y debilidades de la ciudad.

Benammar salió de allí decidido a conquistarla. Aprovechando el viaje convenció al conde de Barcelona y a su propio soberano.

Poco tiempo después un ejército catalán y otro sevillano asediaron Medina Mursya.

Aunque las desavenencias entre los sitiadores dieron al traste con la empresa Benammar no desistió en su empeño.

Logró convencer a su buen amigo para formar un nuevo ejército con el que partió de Sevilla con destino a Mursya.

Por el camino encontró a un oportunista llamado Ben Rasiq, que se unió a la empresa.

Montado de nuevo el asedio Ben Rasiq quedó al mando de las tropas y el visir regresó a la corte sevillana.

Medina Mursya resistió hasta que, rendidos por hambre, abrieron las puertas y se entregaron.

Así, entre el 1079 y el 1080, Ben Rasiq se hizo con el control de la ciudad y de la cora.

Su soberano fue encerrado en el castillo de Monteagudo. Luego se exilió en Valencia donde vivió muchos años interviniendo activamente en la vida cultural y política de la ciudad.

Al recibir noticias de la victoria, el visir partió inmediatamente haciendo una espectacular entrada triunfal como gobernador del señor de Sevilla.

Pero sus planes eran otros: una vez instalado en Mursya se comportó como un auténtico soberano firmando edictos sin mencionara a su rey.

Para bajarle los humos Almutamid envió un poema satírico a su amigo, recordándole sus orígenes humildes.

Benamar encajó mal la crítica y, en un ataque de ira, redactó una réplica en verso burlándose de toda la familia real.

Las cartas que se cruzaron, propias de ex amantes, fueron la comidilla del reino. 

Almutamid se sintió traicionado por el vasallo; pero sobre todo por el amigo.

Benammar cortó los lazos con Sevilla. Se declaró señor independiente de la cora de Mursya y, por lo tanto, también de Uryula.

Según cuenta la crónica, su conducta como soberano fue desastrosa: altanero, libertino, bebedor…

En pocos meses perdió el afecto y el respeto de sus súbditos creciendo la autoridad de Ben Rasiq, al que había dejado el gobierno.

Un día en que Benammar salió de la ciudad, el gobernador se sublevó y le cerró las puertas.

Así comenzó una larga y penosa peregrinación por toda la península mora y cristiana pidiendo ayuda para recuperar su taifa perdida.

Lo acogieron de nuevo en Zaragoza, donde curiosamente compartió destierro con el mismísimo Cid Campeador.

Al final fue capturado y entregado al sevillano, que pagó por él una buena recompensa.

Llegó a Sevilla de la manera más humillante posible: en un mulo cargado de cadenas para mortificar su orgullo.

Allí fue encerrado en las mazmorras de palacio, donde escribió enternecedoras poesías pidiendo clemencia.

Almutamid, que seguía sintiendo por él gran afecto, estuvo a punto de perdonarle, pero sus enemigos en la corte hicieron públicas unas cartas que dejaban al emir en evidencia.

Almutamid, ciego de ira, bajó a los calabozos y lo mató a hachazos con sus propias manos.

El emir de Sevilla se hizo con Lorca. Pero Uryula y la cora de Mursya quedaron en manos del astuto Ben Rasiq.

La enemistad entre Sevilla y Mursya fue decisiva pocos años después, en el fracaso del asedio de Aledo por parte de los Almorávides.

Pero no adelantemos acontecimientos. De los almorávides hablaremos en la próxima entrega.

Programa 8.
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Tud Or Cap. 5/6. Almanzor Taifas.

De Tudmir a Oriola V.

El glorioso Al-Masur fue enterrado bajo el polvo recogido en sus numerosas aceifas contra los infieles.

Cada vez que volvía de ellas los sirvientes sacudían sus ropas sobre un tapete de cuero para reunir todo el polvo que acumulaban.

Al fin, la divina piedad se compadeció de tanta ruina y permitió alzar la cabeza a los cristianos.

Robados todos los tesoros de las iglesias y después de muchas y horribles matanzas fue llevado en Medinaceli por el demonio que le había poseído en vida.

Y sepultado en el infierno.    

En esta serie estoy tratando de contextualizar permanentemente el panorama en Orihuela (Uryula), en la cora y en el resto de Al-Ándalus.

Pero una vez sometida por Abderramán, apenas hay noticias locales durante el periodo califal de Uryula.

No podemos comprender que pasó en nuestra ciudad entrado el siglo XI sin hablar del final del siglo X y de la descomposición del Califato.

Así pues voy a dedicar esta entrega a dicho periodo.

El segundo califa fue elegido sucesor cuando solo contaba ocho años. La longevidad de Abderramán III obligó a esperar hasta los cuarenta y siete para ser proclamado.

Mientras tuvo tiempo de recibir una refinada educación, participar en las tareas de gobierno y acompañar a su padre en algunas campañas militares.

Ya en el trono Al-Hakam II supo mantener la paz y la prosperidad.

Amplió de nuevo la mezquita aljama de Córdoba y, para ello, convocó a astrónomos, alfaquíes, artistas y alarifes.

Su belleza y elegancia desafiaron toda descripción. Ni griegos, ni musulmanes labraron jamás obra tan exquisita

Entre todos los Omeyas hispanos Al-Hakam II fue el que más amó la ciencia y el arte. Organizó una fabulosa biblioteca con más de cuatrocientos mil volúmenes y una moderna red de escuelas públicas.

Tan entretenido andaba con poetas y filósofos que dejó el poder en manos de ambiciosos funcionarios.

Fallecido su primogénito y mal aconsejado, dejó como sucesor a un niño nacido de una concubina vascona cuando Al-Hakam rondaba ya los cincuenta años.

Tras su muerte, acaecida en el 976, el tercer califa, Hisam II,  sólo fue un juguete en manos de un dictador.

Abi Amir Muhammad pasó a la historia de España como Almanzor, castellanización del sobrenombre «Al Mansur», el victorioso.

Era descendiente de aquella minoría árabe que participó en la conquista de la Península Ibérica en el 711.

De clase media, su padre era un terrateniente venido a menos. Destacó como estudiante en la madrasa de Córdoba, donde se convirtió en algo parecido a un jurista.

Sin recursos ni influencias comenzó su carrera como escribano en un pequeño tenderete, llamando la atención del Cadí de Cordoba, que le ofreció trabajo como auxiliar de su tribunal.

Allí conoció al que fue su mentor, el visir o primer ministro Al-Musafi. Inteligente y culto, el propio califa se fijó en él, quedando como tesorero de los bienes de su heredero.

Así conoció a la favorita de palacio, una vascona convertida al Islam. Y dicen las malas lenguas que fue su amante.

Muerto el primogénito siguió tutelando al pequeño Hixam, el hijo de la vascona.

Hombre de confianza del visir Al-Musafi, a los treinta años ya era gobernador de la Ceca, donde acumuló una gran fortuna manejando el dinero del Califato.

Luego fue Cadí de Córdoba, jefe de la policía y responsable de las tropas mercenarias.

La muerte de Al-Hakan desató una disputa sucesoria entre el heredero, de tan solo diez años, y un hermano del Califa.

Lacayo fiel del visir (en apariencia) utilizó a la policía para asaltar el palacio del pretendiente y por orden de su mentor lo asesinó con sus propias manos.

Así el visir se convirtió en regente y Al Mansur en visir.

El último fleco lo cosió casándose con la hija del general Galib, eslavo y héroe militar del emirato en mil batallas.

Como visir desarrolló la típica política populista: lucha contra la delincuencia, bajada de impuestos y mucha propaganda. 

Se ganó el favor de los imanes endureciendo el trato a los mozárabes y quemando buena parte de la biblioteca reunida por Al-Hakan, que fue expurgada de todos los escritos clásicos, cristianos o judíos.

Rico, poderoso, popular, con el ejército y el clero bajo control, era el momento de dar el golpe definitivo deshaciéndose de su mentor y luego de su suegro.

Al-Mansur nunca se proclamó califa. Eliminados todos los obstáculos, se convirtió en el amo incuestionable del califato.

Coronó a Hixam II y lo encerró en la Medina Al Zahara, rodeado de lujos y placeres, una jaula de oro para aislarlo del poder.

El pueblo le adoraba mientras la aristocracia árabe lo consideraba un advenedizo.

Para librarse de su influencia suprimió las mesnadas de los señores en el ejército y lo llenó de mercenarios bereberes, reclutados personalmente en el norte de África.

Carismático entre sus tropas y con gran talento militar, llevó a cabo más de medio centenar de campañas contra los cristianos sin conocer la derrota, haciendo honor al título que él mismo se había impuesto: «Al-Mansur bi Allah» «el victorioso de Dios».

Para mantener el descomunal ejército que había creado emprendió devastadoras incursiones que sembraron el terror en los reinos del norte.

Asoló Burgos, León, Barcelona, Santiago, Pamplona…

Cuerdas de miles de esclavos y toneladas de botín llegaban a la capital en medio de desfiles victoriosos dignos de los emperadores romanos, con el califa rodeado por el dictador y sus hijos, destinados a sucederle.

En Santiago utilizó a los cautivos para trasladar a hombros las campanas de la catedral y las puertas de la ciudad hasta Córdoba.

Otro medio de legitimación y propaganda fue la construcción de la Medina al-Zahira, su propia ciudad, el símbolo de su familia: la nueva dinastía Amirí.

En su última correría, con más de setenta años, se puso a la cabeza de su ejército a pesar de sentirse enfermo. Corría el año de 1002.

Su estado se agravó y decidieron trasladarlo a la base de Medinaceli, donde murió probablemente a causa de una artritis gotosa.

Por fin, los reinos cristianos suspiraron aliviados con la desaparición del que llamaron el azote de Dios.

Más de un siglo después los cristianos se inventaron la batalla de Catalañazor, donde dicen que Almanzor perdió el tambor.

Una leyenda tan falsa como el uso de tambores en combate antes de la llegada de los Almorávides.

Le sucedió Abd al-Malik, su hijo predilecto. «Almanzor el chico» le llamaron los cristianos; un gobernante eficiente y un buen jefe militar.

Pero los inmensos ejércitos organizados por su padre necesitaban algo más: un líder indiscutible y continuas campañas para mantenerlos contentos a base de botín.

La cohesión era difícil: los Bereberes eran fieles al hijo de Almanzor; los eslavos al califa; árabes y muladíes se agruparon de nuevo por afinidades tribales...

En una de sus campañas Abdel Malik cayó misteriosamente enfermo y llegó cadáver a Córdoba.

Su hermano Abderramán heredó todo el poder y el pueblo le acusó de un posible envenenamiento.

Era el hijo segundón que Almanzor tuvo con una princesa vascona, la que trajo como rehén de Pamplona.  Por lo tanto era nieto del Rey Sancho.

Por su parecido físico le apodaron despectivamente «Sanchuelo».

Había convivido junto al califa en su palacio y tenía con él mucho en común: hijos de vascona, viciosos y amigos de la juerga.  

Para colmo, Abderramán Sanchuelo tuvo la osadía de proclamarse sucesor del califa, algo a lo que no se había atrevido ni su padre.

El califa, sin hijos, así lo declaró. Y aquello cayó como una bomba entre la aristocracia de Córdoba.

Se sentían humillados por un advenedizo sin sangre real, hijo de cristiana, impío y bebedor.

Para conseguir algo del prestigio alcanzado por su padre y su medio hermano, su última estupidez fue ponerse al frente de una campaña militar en febrero.

La palabra aceifa que hemos utilizado varias veces, deriva del árabe y quiere decir cosecha o expedición estival, de verano, cuando se hacía la guerra desde tiempo de los romanos.

En su camino hacia el norte, acompañado por las setenta mujeres de su harem, quedó atrapado en Toledo por las condiciones meteorológicas.

Su salida de Córdoba con el ejército fue aprovechada para consumar un golpe de estado.

Árabes y eslavos tomaron la Medina al Zahara, haciendo abdicar al pelele de Hixam II en la persona de otro Omeya llamado Muhamad, biznieto de Abderramán.  

Asaltaron la ciudad palacio construida por Almanzor y, durante una semana, fue saqueada y demolida hasta los cimientos.

Controlada la capital se proclamó califa con el nombre de Muhammad II, declarando la fitna o guerra civil a Sanchuelo.

Este intentó regresar para hacerle frente, pero las tropas le abandonaron.

Se refugió en un monasterio y allí mismo fue degollado.

El nuevo califa puso precio a las cabezas de los bereberes, fieles a la familia de Almanzor. Y estos coronaron a otro biznieto del primer califa llamado Suleymán.

Derrotados por Muhamad, los bereberes huyeron a Tudmir, donde tomaron Uryula. 

Muhamad fue asesinado por los generales eslavos y repusieron al legítimo Hixam.

Suleyman regresó y depuso de nuevo a Hixam, del que nunca más se supo. 

En medio de este caos la poderosa estructura estatal se vino abajo perdiendo el control de todo el territorio.

Almanzor había llevado el Califato a la cima del poder político y militar; pero sentando las bases para su destrucción definitiva.

Tras su muerte y la de sus hijos el estado cayó en un continuo proceso de violencia y descomposición, estallando en múltiples taifas que quedaron en manos de pequeños reyezuelos que ya no podían hacer frente a los reinos del norte, notablemente reforzados por la emigración de los mozárabes provocada por Almanzor.

Tudmir dejó de ser una provincia y sus territorios se repartieron en varias taifas.

Así Uryula fue pasando por la de Almería, la de Denia, la de Murcia….

Programa 5.
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De Tudmir a Oriola VI.

Jairán el eslavo derrochó bravura en las puertas de Córdoba.

Pero el aluvión africano pudo más que el valor, y los defensores fueron arrollados por las hordas berberiscas. 

Los cadáveres eran tan numerosos, que ni siquiera trataron de contarlos. Acribillado su cuerpo en el combate, fue dado por muerto.

Los otros de su natura, que llamaban castrados, escaparon de aquella matanza y marcharon a tierras de Mursya, tomando a los bereberes la fortaleza de Uryula.

Y luego que Jairán se sintió sano y guarido, fue con ellos y los eslavos lo acogieron como señor, poniendo en sus manos la ciudad.

En los umbrales del siglo XI seguimos teniendo pocos datos de Orihuela, la Uryula islámica.

Salvo escasas excepciones, sus niveles arqueológicos se encuentran por debajo de la cota máxima de excavación o fueron arrasados para emplear los materiales en obras posteriores.

Perdida la capitalidad, Uryula era cabeza de una comarca con gran actividad agrícola.

Hace ya tiempo que la población descendió del llano de San Miguel; pero el urbanismo sigue disperso, permitiendo la construcción de amplias viviendas con patio central documentadas por Silvia Yus en las calles de Santa Lucía o Barrio Nuevo.

Contaba con una incipiente red sanitaria doméstica comunicada con desagües situados en las calles: albellones que vertían en el río.

VÉLEZ MURCIA, S. (2001): «La necrópolis islámica de la Plaza Teniente Linares».

Esta ocupación no saturada, toleraba las molestas actividades artesanales intramuros, como el horno cerámico localizado por Emilio Diz en las excavaciones del edificio de los Juzgados.

Y permitía mantener un cementerio cercano a la mezquita aljama, excavado por Soledad Vélez, del que se conserva una estela funeraria del siglo X.

VÉLEZ MURCIA, S. (2001): «La necrópolis islámica de la Plaza Teniente Linares».

Tenía al menos tres puertas; una a cada extremo de la calle que sustituyó al antiguo camino de Murcia a Crevillente, y otra en el de Cartagena, al que se accedía a través de un puente de madera o de barcas.

Es de suponer que contaba con un proto-castillo y una barbacana autosuficiente, con buenos aljibes para soportar asedios, y con puerta de la traición.

De hecho, en la alcazaba y en los muros que descienden hasta abrazar la población, se han encontrado restos de etapas constructivas entre los siglos IX y XI, salpicando la obra militar que los Almorávides hicieron un siglo después.

En cuanto a la población, a pesar de haber contado con una de las comunidades mozárabes más sólida gracias al ventajoso tratado de Tudmir, después de tres siglos de presión islámica, la mayoría había optado por la conversión o por la emigración a los reinos del norte.

Cristianos y judíos eran ya solo minorías. La comunidad bilingüe y multicultural quedaba muy lejos; mozárabes y muladíes hablaban, vestían y comían a la usanza musulmana.

La lengua oficial era el árabe clásico, el del Corán. Pero había otro árabe de uso cotidiano, mezclado con giros y términos latinos, incluso con aportaciones bereberes, un dialecto propio de la zona. 

Una vez situados en la Orihuela de comienzos del siglo XI vamos a hablar de un personaje muy conocido en Almería al que la «Crónica General» de Alfonso X unió para siempre a la historia de nuestra ciudad. 

Nacido en torno al 970 Jairán el eslavo fue uno de esos adolescentes capturados en las incursiones militares en el norte.

Esclavizado y castrado por los judíos de Lucena pasó a servir en palacio como eunuco.  Durante el califato, muchos de estos esclavos castrados se convirtieron en leales servidores de la corte, relegando a la corrupta aristocracia árabe.

Como funcionaros solo tenían ventajas: fieles, discretos, sin familiares ni amigos a los que beneficiar y sin descendientes que pudieran heredar el cargo.

Jairam entró al servicio de Almazor haciendo carrera militar en sus tropas mercenarias, donde destacó por su valentía y lealtad.

Hombre de confianza del dictador, fue nombrado general y gobernador de la cora de Almería, la capital naval del califato.

Muerto Sanchuelo, el último hijo de su amo, tomó partido por los bereberes en la fitna declarada por el golpista Muhamad.

Como ya contamos en el capítulo anterior, los bereberes nombraron a Suleymán, un bisnieto del primer califa que se alió con el conde de Castilla para saquear la capital.

Expulsados de Córdoba, los bereberes se alzaron victoriosos en la Cora de Tudmir poniendo en fuga a los morabitos de la Ribat de Guardamar y tomando la ciudad de Uryula.

Durante su larga estancia en la provincia vivieron de la extorsión y el saqueo. 

Mientras, los oficiales eslavos asesinaron a Muhamad y restituyeron a Hixam, su legítimo califa.

Reforzado por las tribus bereberes del otro lado del estrecho, Suleymán regresó para asediar la capital durante más de dos años hasta proclamarse califa en la primavera del 1013. 

Jairán se empleó en la defensa de Córdoba hasta que, gravemente herido, fue abandonado en los arrabales y dado por muerto.

La capital fue saqueada y Hixán desapareció para siempre, probablemente asesinado.

Los eslavos supervivientes huyeron a Tudmir y tomaron Uryula.

Pero Jairán seguía vivo. Por la noche se arrastró al interior de la ciudad y se escondió hasta que pudo valerse para viajar.

Aún convaleciente marchó a Tudmir, donde fue aclamado como señor por los eslavos, montando en Uryula su fortaleza y base de operaciones.

Gracias a su fama como señor de Almería y antiguo general del califato, muchos eslavos dispersos decidieron alistarse bajo su bandera.

A Uryula acudieron proscritos de Almería, de Jaén, de Calatrava, de Baeza… de todas las comarcas donde había sido dueño y gobernador. 

El experimentado militar preparó en nuestra ciudad una hueste de fugitivos, de soldados de fortuna sin nada que perder.

En pocos meses limpió Tudmir de beréberes.  

Se hizo con Murcia, con Lorca y con Jaén. Y una vez controlado el territorio, dejó el gobierno de la cora en manos de otro eslavo castrado, de nombre Zuhayr, su lugarteniente y fiel camarada.

Con aquellas mesnadas se dirigió hacia Almería. A su paso por los poblados, el improvisado ejército se nutría de voluntarios.

Veinte días con sus noches aguantó Almería las tremendas acometidas de Jairán.

Con ingenios y máquinas descoyuntó los muros y torreones de su inexpugnable fortaleza. 

Y una vez tomada la alcazaba, se nombró a si mismo Emir de Almería.

Hace mil años, Uryula pasó a formar parte de su taifa, un vasto territorio que llegaba de Almería hasta Lacant (Alicante).

Jairán fue un emir preocupado por su pueblo y con altas aspiraciones políticas. 

Se alió con otras taifas para participar en casi todos los intentos de restauración del califato; ya fuese en la persona de un omeya, o en la de un descendiente de Almanzor.

En el verano de 1028, viendo próxima su muerte, mando llamar a su fiel Zuhayr, el que gobernaba Tudmir en su nombre, y lo nombró sucesor.

Una vez fallecido de muerte natural, su lugarteniente fue acatado en Almería.

Pero en Tudmir otro eslavo se levantó contra él y le hizo la guerra desde Uryula.

Zuhayr puso cerco a nuestra ciudad y ésta aguantó seis meses de asedio hasta que por fin la sometió a su obediencia.

Así Uryula siguió formando parte de la taifa de Almería algunos años más.   

Programa 6.
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Enlace a la siguiente entrega.

LISTADO DE REPRESALIADOS 11: CABALLERO- CÁMARA

LISTADO 11: CABALLERO- CÁMARA.

 

CABALLERO CLIMENT, Claudio:

Natural y vecino de Orihuela. Comerciante, de 49 años. Afiliado a IR y delegado del Comité de refugiados. Fue detenido en julio de 1936. Terminada la contienda, la Guardia Civil lo detuvo el 5-VII-1939 con dos escopetas en su poder que le fueron ocupadas, quedando a disposición del Juzgado Militar de la localidad. Acusado por haber estado a cargo de la incautación de ropas para el reparto entre los refugiados.

Ingresó en la cárcel de Orihuela ese mismo 5-VII y fue enviado al Reformatorio de Alicante el 13-XII-1939, donde un Consejo de guerra celebrado el 12-VIII-1941 le condenó a 6 años y 1 día de prisión por auxilio a la rebelión: según la sentencia era de buena conducta, perseguido por los rojos al principio de la guerra, ingresó en el Comité de Refugiados donde llevó ropas y efectos procedentes de requisas en domicilios de personas de derechas, a algunas de las cuales favoreció.

A la Liberación se le encontraron dos escopetas que no habían sido entregadas a las autoridades. El 20-V-1940 salió en prisión atenuada. Obtuvo la libertad condicional el 17-VI-1942 y la definitiva el 12-VII-1945.

(Fuente: AHPA. Legajos 910, 9062 y 12592 – A. Mazón).

CABRERA CÓRDOBA, Claudio:

Natural y vecino de Orihuela (La Aparecida). Agricultor / marchante, de 27 años. Ingresó en la cárcel de Orihuela el 25-VIII y fue enviado al Reformatorio de Alicante el 12-XII-1939. Un Consejo de guerra celebrado en Alicante el 13-XII-1939 le absolvió y salió en libertad ese mismo día.

(Fuente: AHPA. Legajos 12593 y 19580).

CABRERA GONZÁLEZ, Francisco:

Natural y vecino de Orihuela. Agricultor, de 38 años. Voluntario en el Ejército Popular. Ingresó en la prisión de Orihuela el 5-IV-1939 y el 18-I-1941 fue enviado al Reformatorio de Alicante para comparecer ante un Consejo de guerra.

El TRP le condenó a 2 años de inhabilitación por haber sido miliciano. Preso en Belchite, obtuvo la libertad condicional en noviembre de 1942.

(Fuente: BOPA, 4-XI-1944 – AHPA. Legajos 807 y12520 – A. Mazón).

CABRERA LIDÓN, José:

Natural y vecino de Orihuela (Raiguero de Bonanza). Agricultor, de 29 años. El 19-II-1940 ingresó en la cárcel de Orihuela quedando disposición del Juez Militar de esa localidad. El 5-XII-1940 fue enviado al Reformatorio de Alicante para comparecer ante un Consejo de Guerra. Confesó haber participado, obligado, en la destrucción de las ermitas del Raiguero y de Molíns. Acusado de incendios, se sobreseyó su procedimiento el 24-VII-1944. Se le aplicó la LRP.

(Fuente: AHPA. Legajos 1036 y 12521 – A. Mazón).

CABRERA TORRECILLA, José:

Natural y vecino de Orihuela (La Aparecida). Agricultor, de 40 años. Fue procesado por la Justicia Militar en 1939. Se le aplicó la LRP.

(Fuente: M. Ors).

CABRERA VEGARA, José:

Natural y vecino de Orihuela (La Aparecida). Jornalero, de 41 años. Ingresó en la cárcel de Orihuela el 29-IX-1939 y fue enviado al Reformatorio de Alicante el 16-XII-1939. Procesado por la Justicia Militar en 1939, en Alicante, y en 1945, en Valencia. Se le aplicó la LRP.

(Fuente: M. Ors – AHPA. Legajo 12592).

CABRERO CARTAGENA, Cándida:

Vecina de Orihuela. Maestra interina en La Aparecida. Fue acusada de haber asaltado la escuela de niñas de la Aparecida, destituyendo a la maestra propietaria. También por demostrar mala conducta moral, religiosa y profesional. Presentó muchos informes favorables y fue admitida como interina.

(Fuente: Isabel Domenech).

CABUCO SORIANO, Francisco:

Natural y vecino de Orihuela. Carpintero, de 26 años. Detenido por la Guardia Civil, ingresó en la cárcel de Orihuela el 19-XI-1940. Fue enviado al Batallón 63 de Trabajadores el 14-XII-1940.

(Fuente: AHPA. Legajo 12572).

CALDERÓN CHIMARRO, José:

Vecino de Orihuela, donde llegó como refugiado. Vigilante del campo de San Miguel, al terminar la guerra se ocultó pero acabó detenido y encarcelado en ese mismo penal. Procesado por la Justicia Militar en Madrid.

(Fuente: Antonio Mazón).

CALDERÓN GARCÍA, José Antonio:

Natural y vecino de Orihuela (Desamparados). Agricultor, nacido el 6-IV-1911. Ingresó en el Reformatorio de Alicante el 31-VII-1939 desde la prisión de Granada. Procesado por rebelión, pasó a la prisión de Orihuela el 5-XII-1939 a disposición del Juzgado Militar de Granada. El 16-II-1940 ingresó en el penal de San Miguel y el 19-III-1940 salió en libertad condicional.

(Fuente: AHPA. Legajos 12519, 12581 y 19680).

CALVET MARTÍNEZ, Antonio:

Natural y vecino de Orihuela. Ebanista, de 34 años. Ingresó en la prisión de Orihuela el 5-IV-1939 y fue puesto en libertad el 12-V-1939.

(Fuente: AHPA. Legajo 12585).

CALVET PASTOR, Vicente:

Vecino de Orihuela. Minero, de 24 años. El 29-III-1944 el TRP le condenó a 5 años de inhabilitación por asesinatos.

(Fuente: BOPA, 1-IV-1944 – AHPA. Legajos 988 y 805).

CÁMARA MESEGUER, José. 

Natural y vecino de Orihuela. Jornalero, de 46 años. El 22-IX-1939 ingresó en la cárcel de Orihuela. El 25-VI-1941 fue trasladado a la Fábrica nº 2 de Elche.

Un Consejo de guerra celebrado el 11-XI-1941 le condenó a 6 años de prisión menor y el 16-XII-1941 pasó al Reformatorio de Alicante: según la sentencia, pertenecía a UGT antes de la guerra, fue guardia de la Colectividad, encargado de los trabajos en una finca incautada; y armado de escopeta amenazó a personas de derechas.

Salió en libertad condicional el 17-VI-1942, llevaba preso 2 años, 2 meses y 17 días. Obtuvo la libertad definitiva el 16-IX-1945.

(Fuente: AHPA. Legajo 9061).

CÁMARA MESEGUER, Antonio:

Natural de Zeneta (Murcia) y vecino de Orihuela (Desamparados). Jornalero, de 43 años. Afiliado a UGT, dirigente sindical y de la colectividad agraria. Llegó a la cárcel de Orihuela el 26-IV-1940. Fue procesado por la Justicia Militar y trasladado a la prisión de Elche el 25-VI-1941, quedando en prisión atenuada el 10-VII-1941.

(Fuente: Antonio Mazón – AHPA. Legajo 9268).

CÁMARA MORENO, José:

Vecino de Orihuela. Se le aplicó la LRP. (Fuente: M. Ors).

LISTADO DE REPRESALIADOS 10: BERNAL-BUENO

LISTADO DE REPRESALIADOS 10: BERNAL-BUENO.

 

BERNAL ÁLVAREZ, Francisco:

Natural de Orihuela (Desamparados) y vecino de Orihuela (Las Norias). Jornalero, de 25 años.

Ingresó en la cárcel de Orihuela el 5-V-1942 entregado por la Guardia Civil.  Declarado peligroso por militar en la CNT antes del GMN.  Miliciano armado desde los primeros momentos de la guerra, hizo guardias y controles, tomó parte activa en la destrucción de la Iglesia, fue fundador de la FAI y marchó voluntario al ejército rojo donde alcanzó la graduación de teniente o comisario. El 29-VI-1942 fue enviado al Reformatorio de Alicante para asistir a Consejo de guerra.

(Fuente: AHPA. Legajo 12514 – A Mazón).

BERNAL ÁLVAREZ, Pedro:

Natural y vecino de Orihuela (Desamparados). Agricultor, de 18 años. Afiliado al PSOE.

Ingresó en la cárcel de Orihuela el 22-VII-1939. Enviado al Reformatorio de Alicante el 14-XII.  El 15-XII-1939 un Consejo de guerra le condenó a 6 meses y 1 día de prisión. Cumplida la pena, quedó libre el 18-I-1940. Se le aplicó la LRP.

(Fuente: AHPA. Legajos 12592 y 19617).

BERNAL PALAZÓN, Tomás:

Natural y vecino de Orihuela. Camarero / espartero, de 34 años. Ingresó en la cárcel de Orihuela el 21-IX-1939 y el 8-II-1940 fue enviado al Reformatorio de Alicante.

Un Consejo de guerra celebrado el 9-II le condenó a muerte por adhesión a la rebelión; pena que le fue conmutada por la de 30 años. Fue trasladado a El Dueso el 17-II-1941. Reingresó en el Reformatorio de Alicante el 17-IX-1945 acusado de robo. Recibió indulto el 8-VII-1946.

(Fuente: AHPA. Legajos 9087 y 12581).

BERNAL PEINADO, Jaime:

Natural y vecino de Orihuela (La Murada). Jornalero, de 44 años. Ingresó en la prisión de Orihuela el 19-VIII-1939 y fue enviado a Alicante el 16-XII.

(Fuente: AHPA. Legajo 12591).

BERNAL VICENTE, José:

Natural y vecino de Orihuela (La Murada). Jornalero, de 26 años. Voluntario en el Ejército Popular, fue nombrado comisario de guerra. Ingresó en la cárcel de Orihuela el 29-IV-1939, pasó a la prisión de Elche el 25-VI-1941, y el 24-VII-1941 fue enviado al Reformatorio de Alicante.

Un Consejo de guerra celebrado el 14-VIII-1941 le condenó a 10 años de prisión menor por auxilio a la rebelión. Llevaba preso dos años, cuatro meses y once días. El 2-IX-1942 fue trasladado a Belchite, de donde salió el 6-XI-1943 en libertad condicional, fijando su residencia en Torrevieja. Indultado el 12-XIII-1949. El TRP le condenó a 2 años de inhabilitación por incendios.

(Fuente: A. Mazón – AHPA. Legajos 803, 9120 y 9267 – BOPA, 4-XI-1944).

BERQUÉ DENOS, Jean:

Natural de Bruselas y vecino de Orihuela. Bombero, de 41 años. Ingresó en la cárcel de Orihuela el 24-VI-1939 y el 8-II-1940 fue enviado al Reformatorio de Alicante para comparecer ante un Consejo de guerra.

(Fuente: AHPA. Legajo 12581).

BLANCO GARCÍA, Rafael:

Vecino de Orihuela. El TRMyC sobreseyó su expediente por haber fallecido en 1935. Perteneció a las logias Constante Alone y Numancia, de Alicante.

(Fuente: Vicente Sampedro).

BLAS ALBERO, Rafael, (a) Facoto:

Vecino de Orihuela (Desamparados). Capataz, de 41 años. Miembro de Unión Republicana. Alcalde pedáneo entre 1932 y 1938. Responsabilizado en un primer momento de lo ocurrido en la partida, en 1942 su conducta fue informada favorablemente, se le calificó como “no peligroso para la España Nacional” y quedó en libertad vigilada. Fue procesado por la Justicia Militar en 1940.

(Fuente: Antonio Mazón).

BLASCO HIDALGO, José:

Natural y vecino de Orihuela, donde nació el 26-II-1896. Deportado a los campos de concentración nazis, murió en Gusen el 9-XII-1941.

(Fuente: Memorial deportados).

BOTELLA BELMONTE, Antonio:

Natural y vecino de Orihuela (La Murada). Agricultor, de 37 años. Procesado por la Justicia Militar en 1939, ingresó en la cárcel de Orihuela el 19-VIII y pasó al Reformatorio de Alicante el 16-XII. Se le aplicó la LRP.

(Fuente: M. Ors).

BREGANTE RABAZA, Luis:

Vecino de Orihuela, de 46 años. Afiliado a IR. Considerado “de ideas laicas” fue implicado en el asalto al Cuartel de la Guardia Civil. Tenía un hijo que fue oficial de Milicias en el Ejército Popular.

(Fuente: Antonio Mazón).

BREGANTE RAMOS, Antonio:

Natural y vecino de Orihuela. Chocolatero, de 27 años. Procesado por la Justicia Militar en 1939. Ingresó en la cárcel de Orihuela el 3-V y el 7-II-1940 fue puesto en libertad condicional.

(Fuente: AHPA. Legajo 12581).

BRUGAROLAS MOLINA, Emilio:

Natural de Murcia y vecino de Orihuela. Guardia de asalto, de 39 años. Afiliado al PCE. Ingresó en la Prisión de Orihuela el 27-IV-1939. Procesado por la Justicia Militar en 1940, lo enviaron al Reformatorio de Alicante el 21-VII.

(Fuente: AHPA. Legajo 12516 – A. Mazón).

BUENO CELDRÁN, Francisco:

Natural y vecino de Orihuela. Cañicero, de 26 años. Afiliado a la Comunión Tradicionalista antes del GMN, se pegó un tiro en un pie para no ir al frente, por lo que fue condenado; cumplida la condena, fue enviado al frente y cayó prisionero del Ejército Nacional pasando después a la zona roja. Ingresó en la cárcel de Orihuela el 17-III-1940 y fue puesto en prisión atenuada el 6-VI. Ingresó por segunda vez en la cárcel de Orihuela el 24-IV-1941.

Procesado por la Justicia Militar en 1940, fue declarado “desafecto” y el 13-V-1941 lo trasladaron al Batallón de Trabajadores nº 63 de Valencia.

(Fuente: AHPA. Legajos 925, 12515 y 12591 – A. Mazón).

BUENO COSTA, Antonio:

Natural y vecino de Orihuela. Empleado, de 45 años. Afiliado a IR, fue acusado de haber participado en la destrucción de la Cruz de la Muela. Ingresó en la cárcel de Orihuela el 22-IX-1939 a disposición de la Justicia Militar. Procesado en 1940, el 11-VII salió en libertad condicional.

(Fuente: AHPA. Legajo 12515 – A. Mazón).

BUENO MUÑOZ, Armando:

Vecino de Orihuela. Futbolista. Afiliado a UR, tuvo cargos en dicho partido, en el Frente Popular, en las Milicias Antifascistas, en la Agrupación de Empleados Municipales y en la Oficina de Colocación Obrera. Procesado por la Justicia Militar en 1939.

(Fuente: Antonio Mazón).