Tud Or Cap. 1/2. Tudmir- Omeyas.

Representación Batalla de Guadalete. Año 711.
La Batalla de Guadalete. Salvador Martínez Cubells. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.

En el 2016 se cumplieron 750 años desde la toma de Murcia por Jaime I de Aragón.

El aniversario de su entrada en Orihuela debió celebrarse en 2015.

Por desgracia dicha efeméride pasó sin pena ni gloria.

En esas fechas emprendí una enorme tarea: un largo viaje radiofónico entre los siglos VIII y XIV.

Más de quinientos años de historia en una serie que titulé «de Tudmir a Oriola».

Cuatro años y sesenta entregas después, la muerte de mi padre y el estallido de la pandemia acabaron con el proyecto.

Los programas quedaron guardados en la web de Radio Orihuela, en mi cuenta de Ivoox, y algunos en You Tube.

He recuperado los guiones originales y, poco a poco, los estoy adaptando y ampliando, alojados en mi web con transcripciones, documentos, imágenes, etc.

Al final de cada entrega dejaré también un archivo sonoro con la locución del programa correspondiente, un enlace a la siguiente entrega y, en algunos capítulos, un enlace al vídeo de Youtube.

De Tudmir a Oriola I.

Cora de Tudmir. Octubre del año del Señor de 732.

Hace ya veinte años que los invasores musulmanes se apropiaron fácilmente de la península aprovechando la descomposición del reino visigodo.

Su hasta entonces imparable avance ha sido detenido por los francos en Poitiers.

Estamos en Tudmir, una especie de protectorado cristiano resultante del famoso pacto firmado por el dux visigodo Teodomiro o Tudmir para los árabes, con Abdelaziz, el hijo de Musa, gobernador en Mauritania y promotor de la invasión.

Este vasto territorio con capital en Aurariola abarcaba las actuales provincias de Alicante, Murcia, parte de Albacete y un trozo de Almería.

La invasión islámica.

Una extensión tan grande y fértil, regada por dos caudalosos ríos, con campos y dehesas, despertó pronto la codicia de los inmigrantes que llegaban sin cesar del otro lado del estrecho de Yabal Tarik, la montaña en la que desembarcó el general bereber que encabezó la conquista en el 711.

El documento firmado por Teodomiro, dos años después, garantizaba la seguridad, las propiedades y costumbres religiosas a cambio de sumisión y tributos.

Con estos acuerdos las élites visigodas se aseguraron la continuidad en el poder.

Y los invasores, sin interés ni efectivos para ocupar tantos territorios, un flujo constante de dinero.

El Pacto de Tudmīr versión al-Ḍabbī. Monasterio del Escorial.

En el Nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso. Edicto de ‘Abd al-‘Aziz ibn Musa ibn Nusair a Tudmir ibn Abdush (Teodomiro, hijo de los godos).

Este último obtiene la paz y recibe la promesa, bajo la garantía de Dios y su profeta, de que su situación y la de su pueblo no se alterará; de que sus súbditos no serán muertos, ni hechos prisioneros, ni separados de sus esposas e hijos; de que no se les impedirá la práctica de su religión, y de que sus iglesias no serán quemadas ni desposeídas de los objetos de culto que hay en ellas; todo ello mientras satisfaga las obligaciones que le imponemos. 

Se le concede la paz con la entrega de las siguientes ciudades: Uryula, Baltana, Laqant, Mula, Villena, Lurqa y Ello. Además, no debe dar asilo a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que goce de nuestra amnistía; ni ocultar ninguna información sobre nuestros enemigos que pueda llegar a su conocimiento. 

Él y sus súbditos pagarán un tributo anual, cada persona, de un dinar en metálico, cuatro medidas de trigo, cebada, zumo de uva y vinagre, dos de miel y dos de aceite de oliva; para los siervos, solo una medida. Dado en el mes de Rayab, año 94 de la Hégira (713).

Como testigos, ‘Uthman ibn Abi ‘Abda, Habib ibn Abi ‘Ubaida, Idrís ibn Maisara y Abu l-Qasim al-Mazali. 

La tensa calma entre vencedores y protegidos se respetó mientras la península se mantuvo bajo el control de los walies o gobernadores nombrados personalmente por el califa de Damasco.

Enterado de que el gobernador había muerto en Poitiers, un oportunista llamado Abd al Malik se lanzó al saqueo de los cristianos sometidos.

Y en Tudmir ocupó Cartagena con su puerto y sus minas. 

Teodomiro no podía quedarse de brazos cruzados mientras amenazaban su protectorado.

La llamada «Crónica mozárabe» o «Crónica del 754» cuenta como, en el año 715, viajó a Damasco junto a otros nobles visigodos.

Formaba parte de la expedición que Musa organizó para dar cuenta de sus conquistas al califa Omeya.

En Damasco el caudillo godo confirmó personalmente con el califa el pacto que había establecido anteriormente con Abdelaziz.

Confirmación del pacto en Damasco. Extracto de una lámina de Roberto López Fuentes.

Este gesto le permitió recuperar Cartagena y ser respetado hasta su muerte. Pero no se libró de continuas violencias y rapiñas.

Al-Andalus se había convertido en un avispero y las luchas intestinas eran continuas.

A fin de cuentas, lo único que mantenía unidos a los conquistadores era la propia conquista, la victoria y el botín.

Los invasores no eran un grupo uniforme.

Religiosamente estaban divididos en suníes y chiíes gracias al cisma surgido tras la muerte del profeta.

Por su origen se dividían en bereberes, procedentes del norte de África: y árabes, originarios de la península Arábiga y dotados de más derechos.

El Islam no había cumplido un siglo cuando llegaron a la península Ibérica y las viejas rencillas entre tribus seguían vigentes, divididos entre caysíes y calvíes.

Para no complicarnos mucho, en adelante llamaremos sirios a los árabes del norte y yemeníes a los del sur.

La gota que colmó el vaso en aquel polvorín fue la revuelta bereber iniciada en Mauritania en el 740 contra los sirios, una rebelión que contagió a Al-Andalus. 

Los árabes consideraban inferiores a los bereberes. De hecho bereber no es más que la adaptación a su idioma de la palabra bárbaro.

A pesar de ser más numerosos y de haber protagonizado la victoria de Guadalete, les recortaban el botín, les adjudicaban las peores tierras y les hacían pagar impuestos reservados a los infieles.

El Corán igualaba a todos los creyentes. Pero para los aristocráticos sirios, los bereberes eran ciudadanos de segunda comparables a los muladíes, los conversos hispanos.

Intentando sofocar la rebelión en Mauritania, siete mil jinetes sirios del ejercito de Damasco quedaron sitiados en Ceuta.

Y pidieron ayuda al gobernador de Al-Andalus, un yemení al que no hizo mucha gracia la propuesta.

Acosado también por los bereberes en su propio territorio aceptó pasarlos a la península con ciertas condiciones de regreso.

Sofocados los rebeldes, los pactos no se cumplieron y el anciano gobernador murió crucificado entre un cerdo y un perro.

Las tropas que habían cruzado el estrecho en apoyo de los árabes lucharon contra ellos y acabaron asentándose repartidas por la península.

A Tudmir llegaron principalmente contingentes de Egipto.

Legalmente se convertían en protectores del territorio asignado al modo de los «chunds» sirios, una especie de mercenarios a los que había que mantener y dar asiento.

¿A quién le iba a tocar ceder tierras y cargar con los nuevos tributos? A los indefensos cristianos.

Para suavizar las relaciones con los recién llegados y cubrirse las espaldas, el astuto Teodomiro entregó la mano de su hija a un noble sirio llamado Al Jattar, dotándola con dos alquerías.

En el año 2006 el equipo técnico del Museo Arqueológico de Alicante identifico una de estas alquerías en la excavación del Cabezo Pardo, en San Isidro de Albatera.

Pinchando en la imagen se puede acceder al informe del MARQ

Cabezo Pardo. San Isidro – Albatera. Enlace al informe.

La otra, según las crónicas, estaba cerca de Elche.

Con Teodomiro, la Aurariola instalada en el llano de San Miguel, se extendió por las laderas hasta llegar a la orilla del río.

Al abrigo de tres décadas de paz la población debió aumentar notablemente sin muchos cambios en su estructura urbana.

Muerto Teodomiro en torno al 743 su sucesor se llamó Atanagildo.

En contra de lo que siempre se ha dicho no era su hijo, ni siquiera un familiar.

A la manera de los godos este rico noble fue elegido y ungido por la iglesia.

Sin el prestigio de su antecesor tuvo más de un encontronazo con los ocupantes; especialmente con el yerno de Teodomiro, quien esperaba heredar todas las propiedades de su suegro.  

Cuando comprobó que gran parte del patrimonio quedaba con el título en manos de Atanagildo le exigió 27.000 sueldos, dándole solo tres días de plazo para reunirlos bajo la amenaza de ser expropiado.

El godo pagó religiosamente y aún pudo mantener lo que quedaba de aquel pacto más de una década.

Pero Al-Andalus era ya un caos de todos contra todos.

Y en estas llegó Abderramán, el príncipe errante.

Corría el año 756 y todas las disputas anteriores quedaron resumidas en dos: Omeyas o Abasíes.

La población mozárabe intentó permanecer ajena a las luchas entre sus dominadores; ganase quien ganase, perderían ellos.

Y venció el Omeya errante.

El principado de Teodomiro era inviable en la nueva Al-Andalus omeya.

Pronto sucumbió a la política centralizadora y unificadora del nuevo emir Abderaman I.

Como excusa para la ruptura del pacto acusó a sus habitantes de complicidad con sus enemigos, los Abasíes.

En cuanto a los Banu Jattar, el linaje de Teodomiro y del aquel noble sirio, fueron una aristocrática familia murciana cuyos descendientes vivieron en Tudmir durante mucho tiempo.

Y se hicieron tan ricos que, cuando Almanzor pasó por Mursya, fueron anfitriones de él y de todo su ejército.

En la provincia o «cora de Tudmir» se fueron asentando clanes de mayoría yemení con grupos de bereberes en las zonas montañosas, las tierras menos codiciadas.

A partir de aquí Aurariola sufrió un complejo proceso de transición que la convertiría en Medina Tudmir o Medina Uryula, una ciudad musulmana que iba a cambiar por completo su fisonomía.

Los mozárabes fueron desplazados a los arrabales y la mayoría acabaron convertidos al Islam.

Unos pocos escaparon al norte, donde el precario reino de Asturias comenzaba a organizarse aprovechando el vacío dejado por los bereberes en la frontera del Duero.

Acababa de empezar el Emirato de Córdoba.

Programa 1.
Enlace a vídeo en You Tube.

De Tudmir a Oriola II.

Más de cuatro años anduvo vagando el príncipe Abderramán huyendo de los asesinos de su familia.

Pero quiso Alá que en la primavera del 756 se proclamase emir de Al-Andalus, independizándose del califato de Damasco que los suyos habían ostentado desde los comienzos del Islam.

Ahora el poder estaba en manos de sus feroces enemigos: los Abasíes.

Monumento Abderramán I. Almuñecar. Miguel Moreno Romera, 

Nacido en Damasco y miembro del mismo clan que el propio profeta Mahoma, el superviviente de la masacre Omeya, escapó atravesando ríos y desiertos, buscando el apoyo de los bereberes en Mauritania, donde su madre había nacido.

Ninguna tribu se atrevió a desafiar al califa.

Desde allí contactó con antiguos aliados al otro lado de estrecho, gentes beneficiadas por los Omeyas cuando gozaban del poder.

Ya he dicho que Al-Andalus se había convertido en un caos.

Desde la conquista, más de veinte gobernadores se habían sucedido en el cargo, todos incapaces de controlar a las diversas facciones que componían la población musulmana.

Cada uno pertenecía a una tribu y a un bando. Y gobernaba descaradamente en beneficio de los suyos reavivando odios ancestrales y continuas revueltas.

Abderramán desembarcó el 15 agosto del 755 en la ciudad de Almuñécar, en la costa granadina. Y en menos de un año derrotó a Yusuf, el último gobernador nombrado por el califa.

Con su carisma y decisión consiguió unir tras de sí a un ejército de bereberes, sirios y yemeníes.

Una vez en el trono, para consolidar su poder, llamó a los antiguos clientes de los Omeyas y los colocó en los cargos de confianza formando la nueva aristocracia del emirato. 

Después organizó la maquinaria fiscal y armó un poderoso ejército profesional reforzado con mercenarios bereberes y tropas eslavas, esclavos libertos europeos que no simpatizaban con ninguna facción. 

Su emirato, que duró más de treinta años, fue una batalla continua.

Primero contra Yusuf, que nunca se resignó y luchó hasta la muerte; después con los enviados desde el califato instalado en Bagdad. 

Siempre sofocando rebeliones internas y pacificando poco a poco sus dominios, su empeño permitió la creación de una nueva dinastía que se mantendría dos siglos y medio dominando la península.

Disuelto el pacto en el antiguo principado de Teodomiro sus territorios pasaron a ser una provincia más del emirato, lo que llamaban una cora.

Aunque estas demarcaciones tomaban el nombre de la que fuese su capital, los geógrafos árabes mantuvieron el del legendario godo hasta la llegada de las Taifas: la «Cora de Tudmir».

Gracias al documento firmado en aquel pacto, que os he dejado en el capítulo anterior, conocemos la producción agrícola anterior a la llegada de los musulmanes.

En el pago en especie figuran almudes de trigo y cebada, vinagre, miel y aceite. Esto demuestra que en Tudmir se cultivaba la trilogía mediterránea: trigo, vid y olivo.

Los nuevos pobladores revolucionaron la agricultura.

Los egipcios asentados en Tudmir importaron sus milenarias técnicas agrícolas.

El comportamiento del Segura, con sus continuos desbordamientos fertilizantes, era comparable al del río Nilo y ellos sabían aprovecharlo muy bien.

También trajeron innovaciones tecnológicas como las «senyas» o ruedas de sangre tiradas por animales; prototipos sirios anteriores a las norias.

En cuanto a la evolución de Aurariola a Medina Uryula es un misterio.

Sabemos que los primeros musulmanes continuaron en la ciudadela fortificada de San Miguel, un enclave estratégico muy importante que dominaba visualmente el llano y controlaba el paso hacia Cartagena y posteriormente hacia Murcia.

Por el pasillo estrecho entre el monte y el río corría la ruta de Crevillente a Murcia.

Este camino fosilizado determinó el trazado de las primeras calles de la ciudad que hoy conocemos.

Hasta bien entrado el siglo XX vías como la de la Feria formaron parte de la carretera general.

El amurallamiento del llano fue necesario para defenderse de los enemigos y también del río.

Cuando fue completado quedó una puerta en cada extremo de aquel camino: las de Murcia y Crevillente. 

No tenemos datos de estos primeros años. Los restos arqueológicos más antiguos en el llano datan de finales del siglo IX o principios del X.

Pero está claro que en torno a esas primeras calles se arracimaron las viviendas formando el intrincado callejero islámico de Uryula.

El Segura y el monte de San Miguel encorsetaron la ciudad obligándola a crecer abrazada a la sierra.

Pero no adelantemos tanto.

Estos procesos se consolidaron durante el Califato y aún faltan unos cuantos emires.

En Tudmir siguieron las continuas rebeliones y disputas.

El reparto de las tierras expropiadas a los mozárabes benefició de nuevo a los árabes del norte.

Desde la conquista, la mayoría de la población inmigrante fue yemení; tribus del sur bien relacionadas con los muladíes y mozárabes.

Y también bereberes, asentados en las peores tierras y dedicados al pastoreo.

El poder ejecutivo lo ejercían unas pocas familias de la aristocracia árabe.

La capital quedó en Uryula o Medina Tudmir, donde se instalaron los oligarcas dependientes del poder cordobés: el cadí, los agentes ejecutivos …  

Omeyas y sus aliados sirios.

La muerte de cada uno de los primeros emires desató una feroz lucha por el trono.

Y casi todas salpicaron de alguna forma a esta provincia levantina y levantisca.

A Abderramán I le sucedió su hijo Hixán, el primer Omeya hispano.

 Dírham. Hixam I . Imperio Numismático.

Tenía dos hijos más: Suleymán, el primogénito que llegó con él a la península; y Abd Ala.

Escogido el sucesor por su padre, como era costumbre, sus hermanos no aprobaron la decisión y decidieron disputarle el trono.

Suleymán fue derrotado en Toledo y se refugió en Tudmir.

Hixán I pactó con sus hermanos pagando una fabulosa suma para que abandonasen la península.

A su muerte ese mismo dinero sirvió para que Suleymán formase un ejército, volviese a la península y se rebelase contra su sobrino, el emir Al-Hakán I.

Y otra vez se le unió su hermano Abd Ala.

El joven emir, implacable y astuto, derrotó a Suleymán. Y ordenó su decapitación en Mérida.

A su otro tío lo dejó refugiarse en Balansya (Valencia) donde pactó una especie de estado semi independiente que duró más de veinte años.

Conocido como «Al Balansí» (el valenciano), guardó lealtad a su sobrino hasta su muerte, colaborando con él militarmente.

Pero nunca dejó de intentar extender su poder a la vecina Cora de Tudmir.

Al- Hakan I, apodado «el sanguinario», pasó su reinado sofocando rebeliones de manera contundente.

Dírham. Al Hakam I . Coins of al-Andalus.

Dejó 19 hijos y 23 hijas con diversas mujeres.

A su muerte, el ya muy anciano «Al Balansí» intentó de nuevo hacerse con el trono.

Bajó hasta Uryula y reclutó un ejército en la cora de Tudmir para marchar sobre Córdoba. 

Una repentina enfermedad y la rápida intervención del emir, que se aproximaba al mando de un ejército para neutralizarle, provoco la dispersión de sus tropas.

No tuvo más remedio que regresar a Valencia; donde murió el último hijo de Abderramán I, el primer emir Omeya de Al-Andalus.

Después de tanta sangre derramada, su biznieto Abderramán II recibió por fin un estado pacificado, organizado y próspero.

Tudmir seguía siendo un polvorín que solo necesitaba una chispa. 

Y pronto se encendió desencadenando una larga y sangrienta guerra civil.  

Programa 2.
Enlace a vídeo en You Tube.
Enlace a los siguientes capítulos

LISTADO DE REPRESALIADOS 2: ALBERO-ALONSO

LISTADO 2: ALBERO-ALONSO

 

ALBERO LÓPEZ, Manuel:

Natural y vecino de Orihuela (El Mudamiento). Agricultor, de 41 años. Ingresó en la cárcel de Orihuela el 5-V-1939. Procesado por la Justicia Militar en 1940. Según el informe de la Alcaldía a la Comisión Clasificadora de Presos, era destacado elemento de izquierdas afiliado a UGT desde antes del alzamiento.

Seguir leyendo LISTADO DE REPRESALIADOS 2: ALBERO-ALONSO →

LISTADO DE REPRESALIADOS 1: ABAD-AIX.

LISTADO 1: ABAD-AIX.

ABAD HUERTAS, Enrique:

Natural y vecino de Orihuela. Sastre, de 40 años. Concejal interino en 1936. Apresado el 18-IV-1939. Pasó a la prisión de Elche el 5-VI-1941 conceptuado como peligroso. El 21-XII-1941 fue enviado al Hospital Provincial, volviendo a Elche el 8-IV-1942. Desde allí fue enviado a la cárcel de Orihuela el 30-V-1942. Procesado y consideradopeligroso por haber formado parte de la Comisión de Orden Público de Orihuela y haber firmado excarcelamientos de personas que luego fueron asesinadas; de buena conducta y antecedentes.

Seguir leyendo LISTADO DE REPRESALIADOS 1: ABAD-AIX. →

ORIHUELA, informe preliminar

Ajomalba.

Orihuela, informe preliminar.

Localidad perteneciente a la comarca de La Vega Baja del Segura con 38.712 habitantes en 1930 y 43.619 en 1940, en la que los partidos dinásticos y los tradicionalistas aglutinaban a las clases dirigentes.

Orihuela en 1935. Archivo Cánovas Seiquer.

Con el impulso inicial del obispo Juan Maura Gelabert, desde finales del siglo XIX la Iglesia trató de organizar a los trabajadores para evitar “la subversión social”.

Entierro del obispo Juan Maura Gelabert 1910. Colección Javier Sánchez Portas.

Con esa finalidad, crearon en 1887 el Círculo Católico de Orihuela, en 1914 un Sindicato Agrícola y en 1919 la Federación de Sindicatos Agrícolas.

Impulsada por el canónigo Luis Almarcha, dicha federación contaba en 1920 con cuarenta y cinco sindicatos, alcanzando un movimiento económico cercano a los dos millones de pesetas.

Luis Almarcha Hernández

Poco a poco se fueron incorporando otros sindicatos similares de Almoradí, Benejúzar, Bigastro, Catral, Formentera, Rafal, Rojales y San Fulgencio.

Ya metidos en los años veinte, los socialistas iniciaron los trabajos para crear una organización obrera de clase. Con ayuda de los compañeros de Callosa de Segura celebraron por primera vez el Primero de Mayo en 1923.

Augusto Pescador y otros miembros del Partido Socialista en 1935. AMO. Sección “Archivo Gráfico”. Colección Joaquín Ezcurra Alonso.

Al año siguiente se creó la Agrupación Socialista que sólo contaba con veinticinco afiliados en 1929, poco antes de aparecer la Juventud Socialista.

Durante la II República las derechas locales estuvieron muy divididas. A partir de 1935 se constituyó un importante núcleo de Falange Española.

Colección Javier Sánchez Portas.

17 de Julio de 1932. La corporación republicana en la puerta del ayuntamiento presidida por Alberto Escudero Bernícola.

Los republicanos estaban encuadrados en UR, el PRRS, AR e IR. En el movimiento obrero se mantenía la hegemonía de UGT y PSOE, que vio crecer el número de sus afiliados y simpatizantes hasta alcanzar casi un tercio de los votos en 1933.

Sus dirigentes más destacados fueron Antonio Cubí, secretario local; Isidoro Sánchez, alcalde y Pascual Soriano, presidente del Frente Popular.

También se crearon Agrupaciones Socialistas en algunas partidas como La Murada o San Bartolomé/Mudamiento.  Ya en 1936 se crearon la CNT y el PCE, con gran desarrollo de los comunistas durante la Guerra Civil.

Archivo Municipal de Orihuela.

Dos años después contaban con ciento ochenta y un afiliados, entre ellos treinta y dos mujeres a pesar de “las características especiales de este pueblo” y treinta y seis compañeros destinados en el frente.

Aunque funcionaban deficientemente, disponían de siete células de barriada y una de empresa, organizando el SRI con unos mil afiliados.

Existían radios del PCE en la Media Legua, Molíns, Hurchillo, Arneva y La Murada, en la mayoría de los cuales se reconocía no haber hecho ningún trabajo para incorporar a la mujer a la vida política y sindical. Eran de los que decían “las mujeres a la cocina”.

En el aspecto sindical, la CNT creó una Colectividad Agrícola, el PCE organizó una sección de la Federación Provincial Campesina y la UGT controlaba la mayoría de los quince sindicatos locales, entre los que destacaba la Federación de Trabajadores de la Tierra, que contaba también con una Colectividad Agrícola y había colectivizado una industria de la localidad.

Según consta en la Causa General, durante la Guerra Civil fueron asesinados o fusilados tras sentencia de los Tribunales Populares un total de setenta y ocho vecinos de la localidad (aunque no todos eran oriolanos).  Estos dramáticos hechos sucedieron en diversos escenarios, principalmente entre los meses de agosto y diciembre de 1936.

Memoria. Cálculo preliminar de daños, perjuicios y asesinatos. Archivo Municipal de Orihuela.

Memoria. Cálculo preliminar de daños, perjuicios y asesinatos. Archivo Municipal de Orihuela.

Memoria. Cálculo preliminar de daños, perjuicios y asesinatos. Archivo Municipal de Orihuela.

Memoria. Cálculo preliminar de daños, perjuicios y asesinatos. Archivo Municipal de Orihuela.

Memoria. Cálculo preliminar de daños, perjuicios y asesinatos. Archivo Municipal de Orihuela.

Memoria. Cálculo preliminar de daños, perjuicios y asesinatos. Archivo Municipal de Orihuela.

Memoria. Cálculo preliminar de daños, perjuicios y asesinatos. Archivo Municipal de Orihuela.

Memoria. Cálculo preliminar de daños, perjuicios y asesinatos. Archivo Municipal de Orihuela.

Memoria. Cálculo preliminar de daños, perjuicios y asesinatos. Archivo Municipal de Orihuela.

Veintinueve eran sacerdotes o religiosos; el resto pertenecían a Falange Española o al resto de formaciones de la derecha. Únicamente se produjeron dos muertes más allá de 1936: una en 1937 y otra en 1938 (esta última por «sufrimientos en la cárcel»).

Se responsabilizó de todos estos crímenes a «milicianos del Frente Popular» o al Tribunal Popular de Alicante.

Miguel Ors reduce estas cifras a setenta y cuatro, todos hombres. De esta lista, cuarenta y dos fueron “paseados”; veintidós fusilados tras recibir condena por el Tribunal Popular; cuatro perecieron en la saca de noviembre de 1936 en Alicante; dos murieron en la cárcel y otros dos de modo desconocido. El grueso de las víctimas fueron religiosos, agricultores, abogados y militares, algunos de avanzada edad.

Muchos vecinos de Orihuela, ciento siete en total, pasaron por los Tribunales Populares de Alicante. De ellos veintidós fueron condenados a muerte, veintiuno quedaron absueltos y el resto sufrió distintas penas.

José Antonio Primo de Rivera.

El mayor juicio y el más mediático fue el celebrado contra quienes secundaron el intento de liberación de José Antonio Primo de Rivera en Alicante, un puñado de campesinos, en gran parte de la partida de El Mudamiento, reclutados por el barón de Linde, al que durante el juicio acusaron de haberles engañado.

La mayoría de las muertes “extralegales” fueron obra de unos pocos pistoleros destacando Ramón Velasco Cases, un vecino de Benejúzar apodado “El Pincelito”. Algunos fueron juzgados (Pincelito y uno de sus cómplices durante la guerra) y acabaron ejecutados al terminar la misma.

Monumento en recuerdo del asesinato de Francisco Díe.

Siguiendo con el informe de la Causa General, en agosto de 1936 fueron saqueados la mayoría de los templos, destruidos sus altares y quemadas imágenes y ornamentos.

El Seminario de San Miguel se convirtió en “campo de trabajo” en el que fueron encarceladas muchas personas durante la guerra y en la inmediata postguerra, cuando se le denominó Prisión Central.

Seminario de San Miguel. Penal para los dos bandos.

El Colegio de Santo Domingo fue utilizado como Academia de Carabineros; el Convento de la Trinidad, Guardias de Asalto; el de San Gregorio, cuartel de Bomberos; el de Capuchinos, Hospital de Sangre; el de San Francisco, cuartel de Aviación; el Colegio de Jesús María, cárcel preventiva y luego Instituto de Segunda Enseñanza; el Palacio Episcopal, Casa del Pueblo.

Colegio Jesús María, cárcel provisional.

Otros edificios religiosos sirvieron como almacenes, sedes de organismos obreros y alojamientos para los numerosos refugiados que llegaron a la ciudad.

Convento de Capuchinos. Hospital de Sangre. Archivo Paco Escudero.

Convento de Capuchinos. Hospital de Sangre. Gentileza de M.J. Aliaga.

Fueron asimismo saqueadas las numerosas ermitas e iglesias de las partidas de La Murada, La Matanza, Desamparados, La Aparecida, Molíns, Hurchillo, Torremendo, Pilar de la Horadada, Rebate, San Bartolomé y La Marquesa.

Resulta al menos curioso que cuando el fiscal de la Causa General pidió al alcalde de Orihuela que le facilitase los nombres de los sospechosos de todos estos delitos y crímenes, éste le contestase en febrero de 1942, que: «hechas las averiguaciones pertinentes por mis agentes resulta que se desconocen los nombres de los causantes de los hechos delictivos».

Como es lógico, dada la estructura económica de la ciudad, los represaliados durante el franquismo fueron en su mayoría trabajadores agrícolas y obreros manuales de diversos oficios: sastres, panaderos, albañiles, barberos, carteros, herreros, tipógrafos, carpinteros, ferroviarios, etc…

También algún abogado, estudiantes, miembros del Ejército o de las Fuerzas de Seguridad, destacando un sacerdote.

Plaza Nueva y Calle Luis Barcala, 1931. Ministerio de Cultura.

Además de los delitos citados por la Causa General, otros individuos fueron acusados por su pertenencia a la dirección de partidos y sindicatos afectos al Frente Popular o a sus diversas organizaciones.

También por haber sido alcaldes pedáneos; por milicianos o por haber intervenido en requisas, saqueos, controles de empresas, detenciones o denuncias; por haber marchado voluntarios al frente y haber alcanzado alguna graduación; por haber hecho propaganda de la “causa marxista”, por haber participado en la “recuperación de prófugos” que trataban de esquivar su marcha al frente; por haber proferido amenazas o por haber sido testigos de cargos contra personas de derechas.

Cincuenta vecinos de Orihuela fueron condenados a la pena de muerte por adhesión a la rebelión; aunque a once se les conmutó la condena por la de treinta años de reclusión mayor aplicada también a veintidós personas.

La pena más frecuente fue la de doce años y un día de reclusión menor por auxilio a la rebelión, aplicada, al menos a ciento diez procesados. Les siguieron las de veinte años de reclusión o seis años y un día, aplicadas en ambos casos a más de cuarenta acusados.

La geografía carcelaria por la que transitaron estos presos durante la postguerra fue muy variada. A nivel provincial los campos de concentración de Albatera, el Castillo de Santa Bárbara en Alicante. Las dos cárceles de la propia Orihuela, la de Elche, la cárcel de mujeres de Monóvar y, sobre todo, el Reformatorio de adultos de Alicante.

Campo de Trabajo de Albatera. Biblioteca Digital Hispánica. BNE.

Campo de Trabajo de Albatera. Biblioteca Digital Hispánica. BNE.

En el resto de España, los penales de Formentera (Baleares) o El Dueso, los campos de concentración de Aranda de Duero, San Juan de Mozarrifar, Valdenoceda o Portaceli, las prisiones de Toledo, Málaga, Gijón, San Miguel de los Reyes (Valencia), Madrid, Bilbao, Guadalajara, etc.

Archivo Municipal de Orihuela.

Muchos vecinos de Orihuela fueron enviados a trabajar en Batallones Disciplinarios o Colonias Militarizadas en el Canal del Alberche, Dos Hermanas, la reconstrucción de Belchite, Bielsa y Teruel, el pantano de Benagéber, Aranjuez o Talavera, entre otros lugares.

La Ley de Responsabilidades Políticas se aplicó a más de doscientas treinta personas; pero dada su insolvencia, casi todos fueron condenados a la inhabilitación para cargos públicos durante dos o cinco años, siendo imposible aplicarles penas económicas.

La Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo afectó a muy pocas personas, entre ellas al diputado Romualdo Rodríguez de Vera, a José María Sarabia Pardines y a José María Lucas Parra, personajes que habían pertenecido a Logias de otras localidades.

En los campos de concentración nazis fueron internados ocho vecinos de la ciudad de los cuales sobrevivieron dos. El resto fue asesinado en Gusen. Otros nueve (entre ellos el poeta Miguel Hernández) fallecieron por distintas enfermedades en las cárceles.

Fueron muy numerosos los oriolanos que marcharon al exilio, en su mayoría a Francia y sus posesiones en el Norte de África, especialmente Orán. Otros marcharon a México, Bolivia, Chile o Checoslovaquia.  Algunos fueron regresando, parcialmente al principio (se les autorizaba la estancia durante un mes) en los años cincuenta.

El buque Stanbrook con destino a Orán. 1939.

La represión contra las mujeres afectó solo a unas cuarenta personas, seis de ellas maestras. También fueron sancionados varios maestros, algunos de los cuales fueron declarados cesantes por no haberse presentado en su destino, por estar en la cárcel o en el exilio.

La Comisión depuradora de la enseñanza remitió una lista de más de cuarenta nombres, la mayoría calificados como “activistas revolucionarios”, “destacado elemento de izquierdas”, “mujeres antifascistas”, “peligrosos elementos comunistas”, etc.

Comisión Depuradora Magisterio. 1939. Archivo Municipal de Orihuela.

La depuración del personal del Ayuntamiento dio los siguientes resultados: cincuenta y un afectos por treinta y cuatro desafectos, clasificados como: “elementos de izquierdas” y “destacados elementos de izquierdas” o “destacadísimos elementos de izquierdas”.

Ayuntamiento de Orihuela en Plaza de la República.

En la empresa de los coches de línea se pidieron una docena de informes, resultado ocho afectos, dos desconocidos por ausentarse durante la guerra y un par de desafectos.

En Correos, Manuel Alzamora fue destituido por haber militado en la CNT al igual que uno de sus subalternos. Otro jefe de negociado pertenecía al PSOE. De los cuatro carteros urbanos, tres fueron denunciados por el otro, encarcelado durante la guerra. Algunos eran dirigentes del PRRS o de IR.

Depuración Riegos de Levante. Archivo Municipal de Orihuela.

Depuración Correos. Archivo Municipal de Orihuela.

La Compañía de Ferrocarriles Andaluces también pidió informes de sus empleados. Para Riegos de Levante se hicieron cuarenta y cinco informes, entre los que señaló a diez y seis desafectos.

Por supuestos delitos cometidos con posterioridad a abril de 1939 fueron detenidos, juzgados y condenados en algunas ocasiones numerosos vecinos de Orihuela: doce en 1943 por ser considerados “peligrosos”; otros fueron condenados en 1944 por reunirse en una taberna o por hacer y repartir copias de una carta de Indalecio Prieto; en 1946 por injurias contra el Régimen; en 1947 por “organización clandestina”; en 1948 por pintar letreros con vivas a la FAI, etc.

Francisco Ros Alifa.

Pero sin duda, las detenciones más numerosas fueron las que se produjeron en 1945, con ocasión del supuesto “complot comunista” tras la muerte del inspector de policía Maján, en una partida de Elche, que afectó a más de cincuenta vecinos de Orihuela, además de a otros muchos de la comarca, afiliados al PCE o a otros partidos e incluso anticomunistas declarados -como Francisco Ros Alifa- que fueron sometidos a malos tratos y torturas.

Cuando fueron trasladados al Reformatorio de Alicante, estuvieron presos algunas semanas y fueron finalmente puestos en libertad, la mayoría sin cargos.

Antonio José Mazón Albarracín
Francisco Moreno Sáez.

Nota:

Para un mejor conocimiento de lo ocurrido en Orihuela durante estos años pueden consultar (pinchando la imagen se accede a mis trabajos en versión PDF):

Pinchad aquí.

MAZÓN ALBARRACÍN, Antonio José, La II República y la Guerra Civil en Orihuela, Vistas desde el puente de Rusia. Ajomalba. Orihuela, 2010.

Pinchad aquí.

MAZÓN ALBARRACÍN, Antonio José, “La política oriolana entre las elecciones de 1931 y la victoria del Frente Popular”, en AA.VV., La Orihuela de Miguel Hernández. 1910-1942. Fundación Miguel Hernández. Murcia, 2011, págs. 29-45.

 

CASTAÑO MARTÍNEZ, Agustín y Ricardo, Orihuela durante la Guerra Civil española. Orihuela, 2011.

El Guayú, un licor capuchino

El Guayú, un licor capuchino

La composición de esta historia se gestó en San Antón, tomando unas cañas con Rafael Almagro después de una caminata por la sierra.

Allí me habló de un licor capuchino fabricado en Orihuela y me pasó un enlace a la web de la familia Coig.

Si os interesa, podéis visitarla pinchando en la siguiente imagen.

Aquella misma tarde, mi insaciable curiosidad me hizo dedicar unas horas a esta preciosa anécdota, ambientada a principios del siglo XX.

Os dejo este curioso relato, resumen del que aparece en la citada página que recopila la historia de la Familia Coig en España con añadidos propios que he ido localizado por ahí.

Orihuela. Grabado siglo XIX.

Juan Coig Rebagliato era un caballero natural de Bayona, licenciado en derecho y vecino de Orihuela.

Más que buen cristiano, don Juan era un auténtico beato. Hombre de misa diaria, amigo de frailes, de curas y obispos.

Un 4 de marzo, día de San Casimiro, después de misa en la Catedral se adentró en al Rabaloche hasta el convento de los capuchinos.

Convento de Capuchinos Orihuela. Colección Esteban Sanmartín.

Quería felicitar a Fray Casimiro de Alcira,  un anciano al que la orden había destinado en nuestra ciudad para que terminase sus días en paz después de media vida en Sudamérica como misionero.

El fraile se alegró por la visita y, agradecido, le ofreció una copita de licor.

 A don Juan le pareció un trago exquisito; y curioso, preguntó el origen de tan deliciosa bebida.

El anciano misionero le contó que la elaboraba él mismo, utilizando una receta secreta que había aprendido de los indios sudamericanos. Se llamaba Guayú.

Y el visitante tuvo una gran idea.

Las bebidas fabricadas en los conventos siempre han gozado de gran fama entre el público.

Aquellos licores destilados por frailes en alambiques de cobre desde tiempo inmemorial, se fabricaban con fórmulas trasmitidas oralmente a través de los siglos.

Del consumo conventual pasaron a la venta local, y bien entrado el siglo XIX comenzaron a comercializarse de manera industrial.

¿Por qué no hacer lo mismo con el Guayú?

Con ese sabor y fabricado por los Capuchinos de Orihuela, diestros en el manejo de las hierbas medicinales, el éxito estaba asegurado.  

Hablaron con el guardián del convento; y con el provincial de la orden; a ambos les pareció buena idea. Era el año de 1904.

Convento de Capuchinos. Colección Esteban Sanmartín.

Laureano de Masamagrell -ministro provincial de la orden capuchina-, Juan Coig Rebagliato y Francisco Bayarri firmaron un contrato para la producción y venta del Guayú en enero de 1905.

El acuerdo incluía una condición: el licor lo fabricaría siempre un religioso de la orden; reservándose los capuchinos el secreto de la fórmula. 

Como medida de seguridad adicional, dicha fórmula quedó guardada en una caja con tres llaves: una para el provincial, otra para el guardián de Orihuela y otra para los socios capitalistas.

En la contabilidad quedó constancia de como don Juan y su socio se hicieron cargo de los gastos iniciales.

638 pesetas por 437 kilos de azúcar, 512 pesetas por 652 litros de alcohol, la minuta del notario que formalizó la escritura, el registro de la marca, los libros de contabilidad, facturas, papel para cartas, recipientes de fabricación, botellas, corchos, etiquetas, jornales de producción…

El montante total en los primeros tres meses ascendió a cuatro mil cuatrocientas pesetas de principios de siglo, una inversión más que considerable.

Según cuenta su nieto Juan, esta historia la escuchó varias veces en de boca de su padre, pero nunca le dio mucho crédito.

Hasta que un día encontró los apuntes contables de su abuelo y el documento del Registro de la Propiedad Industrial del licor Guayú.

En otro de esos apuntes, figuraba un cargo de 8 pesetas con 35 céntimos, importe de unas botellas regaladas al Obispo de Santa Marta.

Este dato se corresponde con lo que cuenta el cronista oficial de Orihuela, mi buen amigo Antonio Luis Galiano, en su artículo titulado «el obispo de Equino».

Os dejo un enlace pinchando la siguiente imagen.

Enlace al artículo del cronista.

El sábado 1 de julio de ese mismo año 1905, el oriolano Francisco Simón Ródenas, obispo de Santa Marta en Colombia, regresó a Orihuela de visita y fue agasajado por el Ayuntamiento.

Al día siguiente decidió visitar La Aparecida, la pedanía donde había nacido. 

Viajó en la galera del alcalde, Pedro Ramón Mesples. Y le acompañaron su secretario y un grupo de frailes entre los que se encontraba, como no, nuestro anciano Casimiro de Alcira, quien debió regalarle las botellas.

Nunca sabremos si el sabor del Guayú oriolano se parecía al americano.  No creo que las hierbas utilizadas por Casimiro fuesen las que usaban en Sudamérica.

Lo más lógico es que en Orihuela experimentase con plantas locales. Lo que sí llevaba seguro era azafrán.

Documento original del Registro de la Propiedad Industrial y Comercial. Pertenece a Juan Coig. He añadido la etiqueta original de las Destilerías Payá que muchos recordarán en la calle de San Agustín.

Los problemas comenzaron cuando Fray Casimiro pasó a mejor vida.

Como estaba previsto, reunieron las tres llaves y abrieron la caja. La sorpresa fue mayúscula: solo encontraron un papel en blanco.

Tengo que decir, que esa parte con la caja de tres llaves me parece algo teatral. Pero lo cierto es, que se quedaron sin la fórmula.

Tenemos otra referencia a esta historia. Aparece en el libro «Las Bodas de oro de mi colegio», obra de Joaquín Belda fechada en 1923.

Archivo Ajomalba

Belda cuenta que el Guayú era una bebida fabricada por los capuchinos oriolanos con un fondo de incienso que la hacía sumamente agradable.

Y que tuvo tal aceptación en toda la región, que se creó una sociedad para explotar el negocio.

Hasta que murió el capuchino inventor de la formula secreta, provocando la disolución de la empresa.  Básicamente coincide.

Añade además, que un tal Jacobito Gómez quedó como único accionista de la sociedad con miles de litros fabricados.

El Oriol Taurino. 1907.

No encontré más datos. Desconozco lo que pasó con el licor durante cuatro décadas. Lo cierto es que volvió al mercado a mediados de los años cuarenta.

Es probable que conociendo las cantidades utilizadas de azúcar, alcohol y azafrán, encontrasen una fórmula parecida. O que utilizasen otra diferente aprendida por nuevos misioneros capuchinos.

Según reza en la etiqueta original, en junio de 1947 el Provincial de los Capuchinos de la Preciosísima Sangre de Cristo de Valencia, Fray Estanislao de Guadasuar, autorizó a las Destilerías Payá de Orihuela a elaborar el licor Guayú, utilizando una fórmula traída por los misioneros capuchinos de la Guajira.

Publicidad en Prensa. 1952.

Del maravilloso brebaje, solo ha sobrevivido el nombre. Actualmente hay una empresa que comercializa un licor llamado Guayú.

Los Wayuu son una etnia aborigen de la península de la Guajira, un territorio entre Colombia y Venezuela. Pero el licor actual no parece muy americano.

Festival de la Cultura Wayuu. Colombia. 

Lo fabrican con avellanas o con melón; pero en su publicidad siguen presumiendo de un fraile español quien a la vuelta de una de sus misiones en la Guajira, trajo consigo la fórmula de un exquisito licor para consumo conventual.

Añaden que originariamente estaba compuesto de hierbas, pero que sus artesanos investigaron nuevas fórmulas para crear licores de destilación artesanal con frutas seleccionadas.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)

Versión radiofónica emitida por Radio Orihuela.

Mi agradecimiento a Juan Coig por la historia, a Antonio Luis Galiano por los datos del Obispo de Santa Marta, y a Rafa Almagro por la pista.