
«De Tudmir a Oriola». Serie de programa emitidos por Radio Orihuela Ser. Guion, locución y efectos: Antonio José Mazón Albarracín. Presentación y montaje: Alfonso Herrero López.
De Tudmir a Oriola LV.

Valencia, seis días antes de las calendas de agosto del año de Nuestro Señor de 1276.
Nuestro Señor nos ha favorecido muy particularmente en este mundo. Mucho más que a todos nuestros enemigos.
Ha permitido que reinase en su servicio más de sesenta años. No hay memoria de que los hubiese reinado ningún otro desde David o Salomón.
Renuncio al reino en favor de mi hijo Pedro instituyéndolo como mi heredero universal en todas nuestras tierras.
Le pido que sea devoto de la Santa Iglesia y se gane el afecto y el amor de sus súbditos.
Que ame y honre a su hermano carnal, el infante Jaime, a quien he determinado la herencia para evitar disputas.
Que continúe la guerra con vigor y que eche del reino a los moros que tan traidoramente se han comportado con Nos repetidamente.
Ordeno a Jaime que ame a Pedro y le obedezca como hermano mayor.
Pido ser enterrado de momento en Santa María de Alcira o de Valencia.
Y, terminada la guerra, que nos conduzcan a Santa María del Poblet, donde dejamos ordenado que nos sepulten.
Y así el noble Jaime, por la gracia de Dios rey de Aragón, de Mallorca y de Valencia; conde de Barcelona, de Urgel y señor de Mompelier; falleció en la ciudad de Valencia en el verano de 1276, treinta y siete años después de haberla conquistado.
Tenía setenta y un años cumplidos. Como él mismo dejó escrito, nunca hasta entonces otro monarca había permanecido sesenta y tres en el trono.
Su hijo Pedro III heredó los reinos de Aragón y Valencia y los condados catalanes.
Jaime el reino de Mallorca y los territorios al otro lado de los Pirineos.
Alfonso, Fernando y Sancho habían muerto.
En cuanto a sus hijas, Violante casó con Alfonso X de Castilla; Constanza con su hermano, el infante don Manuel; Isabel con Felipe III de Francia.
Dos hijas más entraron en religión y otra murió como peregrina en Tierra Santa.
Estos fueron sus hijos legítimos.
Este personaje de considerable estatura, cabello rubio, blanco de cutis, hermosos dientes, finas y largas manos, fue siempre un hombre de muchas mujeres, sobre todo tras la muerte de Violante, su segunda esposa.
Su carrera de amoríos produjo una colección bastardos reales que dieron origen a algunas de las más importantes casas nobiliarias de Aragón y Valencia.
Durante su reinado normalizó el Derecho y convirtió las Cortes en una institución que aglutinaba su comunidad de territorios.
Para valencianos y mallorquines Jaime I lo fue todo.
El conquistador de nuestro territorio para crear un nuevo reino asociado a su Corona.
El gran rey, el fundador, el mito histórico, el creador de nuestras señas de identidad y de los fueros e instituciones.
En cambio, para la nobleza aragonesa y catalana, fue un rey menos popular.
Jaime I demostró mucho carácter y una fuerte personalidad para enfrentarse toda su vida a unos nobles que nunca dejaron de intentar someterlo.
Su reinado fue un pulso constante contra ellos y así lo dejó reflejado en esa gran obra que es su Libro de los hechos, la primera gran crónica medieval escrita o, mejor dicho, dictada por un rey con estilo autobiográfico.
En Aragón y Cataluña no gustó la creación de los nuevos reinos de Valencia y Mallorca, fragmentando la Corona, que quedo así formada por cuatro estados bajo la soberanía de un mismo rey.
Para rematar la faena, al delimitar sus territorios creo grandes problemas con el trazado de la frontera entre aragoneses y catalanes, provocando el enfrentamiento entre dos pueblos que llevaban un siglo conviviendo juntos.
Por otro lado, sus pactos con Francia y Castilla sellaron cualquier posibilidad de seguir conquistando territorios.
Firmó con San Luis de Francia el tratado de Corbeil en el que, a cambio de unos débiles derechos sobre los condados catalanes, renunció dócilmente a las posesiones del otro lado de los Pirineos, donde era verdadero señor natural.
Unos derechos que se remontaban a los tiempos de Carlomagno.
Como prenda de la nueva amistad entregó a la infanta Isabel, que casó con Felipe, hijo y heredero del trono francés, cediendo a su hija territorios que pasaron a Francia.
Así puso fin a la expansión de la Corona de Aragón al otro lado de los Pirineos.
Algo parecido hizo al Sur.
Gracias al tratado de Almizra firmado con su yerno, el futuro Alfonso X, las tierras por debajo de Biar quedaron reservadas a los castellanos.
Tras el reinado del Conquistador la Corona de Aragón no tuvo otra opción que montar a los almogávares en barcos y lanzarlos a la conquista del Mediterráneo.
A los dos años de su muerte, una vez controlada la segunda revuelta mudéjar, Pedro III cumplió la última voluntad de su padre trasladando los restos de Valencia al monasterio de Poblet, en Tarragona, donde fue sepultado con el hábito del cister.
En la actualidad en Poblet descansan los huesos de un hombre muy alto, con dos cráneos.
Sí habéis oído bien, en la tumba de Jaime I hay un esqueleto que probablemente sea el suyo, pero que tiene dos cabezas.
Esta bicefalia tiene su explicación.
El conquistador descansó tranquilo en su tumba cerca de seiscientos años, hasta la desamortización de Mendizábal, en el siglo XIX.
Abandonado el monasterio, las tumbas de la realeza y nobleza aragonesa fueron profanadas en busca de tesoros.
Los huesos de reyes y nobles quedaron dispersos en un macabro puzzle hasta que un párroco los recogió en sacos y los guardó en su sacristía.
En el año 1844 la recién creada Comisión de Monumentos de la provincia de Tarragona se hizo cargo de las ruinas del monasterio de Poblet y trataron de recuperar los restos de los monarcas aragoneses.
Los huesos mezclados fueron enviados en cajas a la catedral de Tarragona.
¿Cuáles serían los de Jaime?
Escogieron el esqueleto que destacaba por su tamaño, recordando las palabras del cronista Desclot: «un palmo más alto que los más altos de su tiempo».
Además, esos huesos conservaban lo que parecían ser los restos de un hábito del Cister.
Blanco y en botella.
Con estas referencias nadie puso en duda que aquel era el cuerpo de Jaime I el Conquistador.
Pero asignarle la cabeza fue algo más difícil.
Recordando la famosa herida de flecha, aquella punta que atravesó su yelmo durante el asedio de Valencia, escogieron una calavera que mostraba un agujero.
Mientras preparaban una tumba digna al personaje la ciudad de Tarragona se encargó de velar sus restos y los expusieron al público durante algún tiempo.
Valencia los reclamó como su rey fundador.
Pero Tarragona tenía su propio proyecto.
El monasterio de Poblet fue reconstruido; y cuando volvieron los monjes se decidió trasladar allí de nuevo los huesos de los Reyes de la Corona de Aragón.
Eran los años cincuenta y Franco, en plena exaltación patriótica organizó una espectacular ceremonia funeraria.
En Poblet los expertos destaparon la momia de Jaime I y se fijaron en la enorme brecha que presentaba el cráneo allí colocado.
Una vez analizada determinaron que esa herida tan grande no podía ser consecuencia de una flecha de ballesta después de atravesar un yelmo.
Es más, con un agujero de ese tamaño, el sujeto habría muerto en el acto.
Y Jaime sanó de aquella herida. Rebuscaron entre los cráneos restantes hasta encontrar otro que conservaba una herida más pequeña; justo en la sien; una brecha leve que sí podría haber cicatrizado en vida.
Y así decidieron que esa era la verdadera cabeza del Conquistador.
¿Qué hicieron con la otra?
No se atrevieron a retirarla y dejaron las dos.
Allí sigue con dos cabezas y un cuerpo desde hace más de medio siglo; esperando las pruebas del ADN.
¿Y si lo analizan y resulta que los huesos perteneces a un noble aragonés, o a cualquier monje muy alto enterrado en Poblet?
Mejor seguir en la duda.
Por mi parte voy a despedir al fundador de nuestro reino y uno de los protagonistas de esta serie con los versos que Lope de Vega le dedicó:
De los moros la arrogancia / sujeta a mis plantas vi / tres reinas tienen por mí / Portugal, Castilla y Francia.
Gané Mallorca y Valencia / ganara la Casa Santa / si el tiempo, con furia tanta / no me hiciera resistencia.
«De Tudmir a Oriola». Serie de programa emitidos por Radio Orihuela Ser. Guion, locución y efectos: Antonio José Mazón Albarracín. Presentación y montaje: Alfonso Herrero López. Programa 55.
Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).
Próxima entrega pinchando la siguiente imagen.

