Callejeando 18. La Plazuela de Rafal y la casa de Matías.

Plazuela de Rafal.

La Plazuela de Rafal y la casa de Matías.

La titulación de la plaza Condesa de Vía Manuel – donde retomamos nuestro itinerario-,  estuvo asociada hasta mediados del siglo XX al Marquesado de Rafal.

Es por eso que se nombraba como plaza o plazuela de Hieroni o Jerónimo Rocamora- primer marqués-, de los Rocamora, del marqués, de la marquesa, o sencillamente plaza de Rafal.

Archivo Municipal de Orihuela.

Ocupando toda su parte izquierda y con fachada lateral a la calle de la Feria, encontramos el llamado palacio de la Granja, sobre cuya esquina campea un soberbio escudo labrado en el siglo XVIII con las armas de Rocamora y Maza junto a las de Ruiz y Fernández de Heredia sobre un bellísimo querubín enmarcado en una rocalla.

Roberto Almansa Vives.
Ajomalba.

Como ya hemos dicho, aunque ahora ostente el título de su actual propietario, esta fue la casa del Marquesado de Rafal desde que Felipe IV lo otorgara en 1636 a Jerónimo Rocamora y Thomás.

Así lo atestiguan entre otras cosas, las inscripciones del zaguán de entrada:

“Este palacio es la antigua casa solariega de los Rocamora desde el siglo XVI” .  

“Fue restaurado por Doña Margarita Fernández de Heredia, Marquesa Vda. de Rafal y Condesa Vda. de la Granja 1757”.

Ajomalba.

El añejo edificio, varias veces restaurado, ocupa un lugar trascendental en la historia de Orihuela por varias razones.

Durante la Guerra de Sucesión,  su balcón principal sirvió de escenario para que Jaime Rosell Ruiz y Rocamora -señor de Benejuzar y marqués de Rafal-, proclamase por tres veces al archiduque como Carlos III; iniciando así el levantamiento contra el rey Felipe V, funesta circunstancia para la historia de esta ciudad,  que propiciaría su saqueo por las tropas del cardenal Belluga.

Pinchando la siguiente imagen podéis acceder al artículo que escribí sobre el tema.

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Huido el marqués, la ignominia recayó sobre su plazuela y, en los padrones de la primera mitad del siglo XVIII, fue ignorada, titulada como “Plasuela” a secas o como “Plaza o callejón del Deán”, en referencia a Francisco de Rocamora y Cascante, primo del marqués y Deán de la Catedral.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.

Tras los sucesos de la Guerra de Sucesión, Francisco Rocamora también tuvo que soportar las ofensas que se lanzaron contra toda su familia. Pero Felipe V acabó restituyendo su honor y el de los Rocamora, mediante Cédula Real.

Al estar exento de pago, el Deán no figuraba en los padrones; pero sí constaba un oficial de sastre que vivía en su casa.

Rebasado el ecuador de dicha centuria y coincidiendo con la restauración reseñada en la inscripción del zaguán,  comenzó a citarse como “de la marquesa” a secas,  pero con el paso del tiempo recuperó su nombre tradicional: Plaza del Marqués de Rafal.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.

En 1899, Mª Isabel Manuel de Villena -marquesa de Rafal y condesa de Vía Manuel-,  separó ambos títulos haciendo cesión del Marquesado en favor de su hijo, Alfonso Pardo y Manuel de Villena.

Y la plaza la que albergaba su palacio,  ostentó el nombre de “Marques de Rafal”.

En la sesión del 12 de marzo de 1958 presidida por el alcalde Luis Cartagena Soriano, dentro de un paquete de titulaciones, se acordó:

“Que en adelante, la actual Plaza de Ramón Sijé se titule Plaza del Marqués de Rafal, en memoria del Excmo. Sr. Don Alfonso Pardo y Manuel de Villena, Marqués de Rafal, ilustre prócer e Hijo Adoptivo de Orihuela. Y que la actual Plaza del Marqués de Rafal se denomine en lo sucesivo, “Plaza de la Condesa de Vía Manuel”.

Archivo Municipal de Orihuela.
Ajomalba.

Esta misma aristócrata rehabilitó el Condado de la Granja en 1916, título que ostenta Juan Manuel Agrela y Pascual de Riquelme, actual morador del palacio junto a su familia.

Si os interesa el tema, está detallado en otro artículo al que podéis acceder pinchando la siguiente imagen:

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En junio de 1914, una serie de sucesos relacionados con la disputa política motivaron que el Consistorio oriolano, en sesión del 4 de junio,  titulase esta plaza con el curioso nombre de “plaza de la Porra antes Marques de Rafal”.

Pero este acuerdo no se llegó a hacer efectivo, quedando desestimado en abril de 1918 por considerarse “un baldón para el ayuntamiento”.

Este tema también lo traté en un artículo al que podeís acceder pinchando la siguiente imagen.

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En el verano de 1931 la nueva corporación municipal le asignó el nombre de una gloria republicana: el político y periodista sevillano José Nakens fallecido en 1926.

José Nakens.

Iniciada la contienda, el caserón de los Rocamora cumplió otra misión de importancia clave para nuestro patrimonio.

El 25 de julio de 1936 se constituyó la junta oriolana dependiente de la Dirección General de Bellas Artes, a la que se le otorgaron amplias facultades para intervenir cuantos objetos de arte, históricos o científicos encontrasen en los edificios ocupados.

Ministerio de Cultura.

Aprovechando esta circunstancia, el 5 de Noviembre de 1936, la Alcaldía presentó una moción para crear un museo municipal: “a fin de recoger los valores artísticos, científicos y literarios, procedentes de la grandeza y clero”, aprovechando para ello la estancia en la provincia del “eminente paisano Justo García Soriano, archivero de la Academia de la Historia, encargado por el Gobierno de recoger y organizar el Tesoro Artístico de la misma”.

Justo García Soriano. AMO. LJGS.

Días después se hacía constar en acta que, la casa incautada por el Ayuntamiento para la instalación del museo, sería la numero uno de la Plaza de Nakens, perteneciente por aquellas fechas a la ex-Condesa de Cheles.

Ministerio de Cultura.

En la cuenta de gastos quedó reflejada una factura de 156,20 pesetas por la estancia de Justo García Soriano en el Palace Hotel -el desaparecido hotel Palas-.

Este oriolano miembro del Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios de la Real Academia de la Historia, fue comisionado por la Junta de Incautación -transformada en 1937 en Junta Central del Tesoro Artístico- , para cooperar en los trabajos de sus delegados de Murcia y Alicante.

Pero según sus propias palabras,  Justo pretendía centrarse en Orihuela, donde su labor podía ser más útil y fructífera.

El vetusto palacio necesitaba una restauración “para devolverle su antiguo carácter señorial” y el maestro Román Sánchez se encargó de las obras, presentando los primeros pagos de jornales en enero de 1937.

En la sesión del 16 de Marzo se leyó un escrito de García Soriano, comunicando haber terminado la instalación del museo en el que quedaban “atesoradas, las riquezas más valiosas de nuestra ciudad”.

Los pagos a Román Sánchez se mantuvieron hasta finales de junio, importando poco más de 1.000 pesetas;  y a José Penalva se le abonaron 20 pesetas por la compra de útiles para el Museo Municipal.

La inauguración quedó fijada para el día 17 de julio de 1937, aniversario de la Reconquista. Pero dos días antes de la fecha anunciada se suspendió por falta de tiempo para ultimar detalles.

Colección Javier Sánchez Portas.

Como colofón a su obra, García Soriano redactó “El Museo de Orihuela”, cuaderno publicado ese mismo año por la Junta Central del Tesoro Artístico en el que detalló su distribución y contenido.

Ministerio de Cultura.

En Septiembre, la Dirección General de Bellas Artes decretó la constitución de una Subjunta Delegada de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, designando como presidente a Justo García Soriano.

Quien hizo saber al Ayuntamiento el nuevo carácter de Museo del Estado, agradeciendo la valiosa cooperación prestada, y suplicando que retiraran un coche y un camión que encerraban en el zaguán del museo, donde compartían espacio con valiosas lápidas y esculturas.

José María Pérez Basanta.

Volviendo al edificio, desde el punto de vista arquitectónico es una de las casas nobiliarias más interesantes de toda la provincia de Alicante.

Consta de planta baja, entresuelo, piso principal y segunda planta destinada a la servidumbre.

Las fachadas están totalmente enfoscadas en color rojo, con molduras en amarillo que marcan la presencia de los distintos huecos decorados con rejas de hierro forjado y las distintas alturas de que consta el edificio.

Colección Javier Sánchez Portas.

La piedra se destina a remarcar la esquina del palacio y la excepcional portada principal,  que ofrece una esmerada labra escultórica en la que destaca un diseño que trata de ganar puntos de vista en una plaza que originalmente era pequeña y estrecha.

Ajomalba

Sobre el dintel se muestran los escudos de los Rocamora y Fernández de Heredia;  y sedentes sobre los frontones, dos bellas alegorías de la Justicia y la Prudencia.

Mariano Pedrera.
Victor Sarabia Grau.

 

Frente a la Plazuela, en el inicio de la Calle de la Feria, encontramos un hermoso edificio conocido en la actualidad como “Palacio Sorzano de Tejada”.

 

Es la casa de Matías Sorzano de Nájera, uno de los personajes más ricos y poderosos del siglo XIX en Orihuela.

Tras un pleito de hidalguía con el Archivo de la Real Cancillería de Valladolid -con sentencia favorable-, en 1804 obtuvo del Ayuntamiento oriolano el reconocimiento de nobleza, condición que le permitía ostentar escudo.

Para eso necesitaba una casa acorde a las circunstancias. Y no le valía cualquier sitio. Matías decidió edificarla frente a la más aristocrática de la ciudad: la del marqués de Rafal.

En enero de 1820 pagó 51.439 reales en monedas de oro y plata a Josefa Sardo de Raymundo -viuda de Bernardo Ferro- y a su hija Bárbara, ante el notario Julián Fernández,  por dos casas adyacentes que tenían madre e hija pro indiviso, adquiridas en 1787 y 1797.

Una en la calle de la Feria a la que sacaba dos puertas y otra que estaba situada en la traviesa.

Esta última lindaba a su vez con otra casa que ya tenía en la esquina entre la entonces llamada calle del Ángel (actual López Pozas),  y con dicha traviesa sin nombre que medio siglo después adoptó el “de la Guardia”.

La unión de estas tres propiedades dio lugar a la casa que conocemos.

A finales del siglo XX pasó a ser propiedad de la Fundación Pedrera y quedó muy transformado gracias a una “personal” restauración que me abstengo de comentar.

Si os apetece saber más de Matías Sorzano, aquí tenéis un enlace a su biografía.

Pinchad aquí para acceder a Biografía.

De lo que sí voy a hablar un poco es del escudo que campea en la esquina de su casa.

Es el blasón que comparten los Solares de Tejada y Valdeosera, dos instituciones jurídico-nobiliarias nacidas en el año 844.

“Concesión de privilegios 1491” para el Solar de Tejada firmada por los Reyes Católicos.

El hecho de estar inscrito como Señor Caballero Divisero Hijosdalgo del Solar de Tejada o del de Valdeosera se consideraba plena prueba de nobleza.

En la actualidad los privilegios son honoríficos, pero en el Antiguo Régimen señorial, que perduró hasta las primeras décadas del siglo XIX, la pertenencia a estas instituciones implicaba también importantes beneficios.

Era necesario probar la hidalguía cuando el divisero se avecindaba en otra localidad, mediante pleito ante la Sala de Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid.

La historia de este escudo se funde con la leyenda en la famosa batalla de Clavijo, hazaña en la que cuentan que participó Santiago Matamoros.

El rey Ramiro I, en su lucha con los musulmanes, penetró en la Rioja con un nutrido ejército cuyo maestre de campo era el Señor de Cameros, Sancho Fernández de Tejada.

Blasón Solar de Tejada y Valdeosera.

Cuenta la tradición,  que tras esa importante victoria,  Sancho fue nombrado Alcaide de los fuertes de Viguera y de Clavijo.

Junto a sus trece hijos,  se dedicó a mantener los caminos -entre ellos el de Santiago-, seguros y transitables,  fundando la primera Orden de Caballería.

Ramiro les mostró su agradecimiento otorgándoles el privilegio de ser dueños y señores de sus tierras hasta el fin de los tiempos, concediéndoles además un símbolo, un escudo que representaría esta historia para siempre.

Jurídicamente,  estos solares constituyen una modalidad de propiedad colectiva e indivisa, ya que la titularidad la ostenta una comunidad. Y todos los comuneros tienen derecho global sobre el patrimonio.

Estos señoríos, han sido heredados por diversas ramas de varios linajes riojanos, arraigados desde tiempo inmemorial en la Sierra de Cameros.

Blasón Solar de Tejada y Valdeosera. Orihuela. Ajomalba

Dicho blasón, se compone de cuatro cuarteles divididos por una cruz patada de la orden de San Juan.

  • En el primer campo, muestra dos castillos almenados de los que sale una bandera, en recuerdo de las que puso Sancho en los fuertes de Viguera y Clavijo.
  • En el segundo, dos medias lunas con trece estrellas alrededor representan a Sancho, su esposa y sus trece hijos.
  • En el tercer campo un león rampante, que recuerda su parentesco con la casa real de León.
  • En el último se evidencia la vinculación de los solares de Tejada y de Valdeosera  con un tejo al que está atado un oso.
  • Las trece veneras y las cruces de Santiago que orlan los cuarteles del escudo muestran la relación de sus trece hijos con la orden de Santiago.
  • Las trece banderas circundantes recuerdan sus batallas triunfales frente a los musulmanes, como manifiestan las puntas hacia abajo de las medias lunas que portan.
  • Por último, en la bordura se lee “Laudeamus viros gloriosus et parentes nostros in generatione sua”, que traducido al castellano quiere decir: “honremos a nuestros gloriosos antepasados en todas las generaciones”.
Blasón Solar de Tejada y Valdeosera. Orihuela.

El escudo que lo acompaña, con un guerrero ascendiendo en solitario al asalto de una torre o castillo, sólo puede representar el apellido de su esposa,  Angela Adalid.  Un adalid era un caudillo militar, el líder que encabezaba un ejército.

Antonio José Mazón Albarracín.

Artículos publicados en 2006, corregidos y aumentados. Contiene también parte del libro “La II República y la Guerra Civil en Orihuela vistas desde el Puente de Rusia”

Mi agradecimiento a Jorge Belmonte Bas.