
De Tudmir a Oriola XXI.

Separados temporalmente los reinos de Castilla y León y unidos los condados catalanes al de Aragón, el periodo almohade ha sido etiquetado como la Hispania de los cinco reinos: Aragón, Castilla, León, Navarra y Portugal.
Durante un cuarto del siglo XII hubo uno más: un paréntesis hispano entre almorávides y almohades.
Ninguneado por los cronistas cristianos y musulmanes, de las segundas taifas emergió un monarca singular, un personaje sin nada que envidiar al Cid Campeador: el «rey lobo» de Mursya y, por supuesto, también de Uryula.
Muhammad Ben Mardanis nació en Peñíscola, miembro de una familia hispana de añejo linaje afincada en la poderosa taifa de Zaragoza.
Probablemente su origen tenga que ver con aquellos eslavos a los que el califato encargó las tareas militares. Oficiales que se dispersaron por la península tras su descomposición.
La mayoría de los cronistas lo califican simplemente como un Muladí de origen mozárabe cuyo apellido asocian a Martínez o Mardones.
Su padre era el gobernador de Medina Fraga cuando hincó la rodilla el invencible Batallador.
Diez años después apareció en Balasya, junto a su tío Abd Allah, lugarteniente de Ben Iyad con el que estaban emparentados.
Ya contamos en la entrega anterior que, desaparecidos ambos, Muhamad se hizo dueño de todo el Levante andalusí.
Hombre corpulento de gran fuerza física, las crónicas resaltan su lujuria y el gusto por la buena vida: un producto de la refinada civilización andalusí.
Alternaba el árabe con las lenguas romances. Gustaba vestir y aparejar su cabalgadura al uso de los cristianos.
Poco ortodoxo en la religión y defensor de la tradicional escuela Maliki, signo de identidad local frente a la intolerancia africana.
Prudente, generoso, valiente, ambicioso, cruel…. Todos estos adjetivos caben en el personaje.
De su apodo Lope, surgió el Rey Lobo en las crónicas cristianas: el dictador que creó el reino de Mursya.
Primero se ocupó de asegurar el territorio.
Por el Norte pactó con Aragón y Castilla pagando generosas parias. Para los reinos cristianos Ben Mardanis era un colchón frente a la amenaza Almohade.
Nutrió sus ejércitos con mercenarios castellanos, aragoneses, navarros… hasta italianos y alemanes reclutó a base de oro.
Muy generoso con sus soldados creó zonas específicas para las mesnadas cristianas. Barrios provistos de tabernas en los que los oficiales vivían como príncipes y las fiestas eran legendarias.
Con estas tropas cristianas de élite controló el Sur, con Lorca como fortín. Y para completar su ambicioso plan se anexionó un cordón de localidades estratégicas.
Aseguradas sus fronteras y pacificado el territorio, acogió grandes contingentes de población poniendo en marcha una moderna estructura económica.
Potenció la agricultura de regadío en el Segura creando acequias, acueductos, norias y toda clase de ingenios hídricos.
En Uryula el sistema de riegos llegó a decenas de nuevas alquerías o núcleos rurales con acequias como la de Alquibla.
Una superficie de más de 40.000 tahúllas que gravitaba en torno la medina amurallada.
Además de la triada mediterránea: cereal, vino y aceite, puso en marcha la industria de la seda, el papel y la cerámica.
Volcado en el comercio y la exportación autorizó el establecimiento de depósitos mercantiles europeos, especialmente genoveses.
Sus agentes gozaban de salvoconductos por toda Europa; y para agilizar el tráfico mercantil, acuñó su propia moneda, los morabetinos lupinos de oro que circularon durante muchos años después de su muerte.

También destacó como constructor de palacios, no así de mezquitas.
Fortificó Mursya y sus alrededores. Y para su recreo levanto la residencia conocida como el «Castillejo de Monteagudo», unas instalaciones rodeadas de grandes albercas y huertos, junto a un inexpugnable castillo.

La Orihuela musulmana (Uryula) era una importante plaza en la ruta entre Valencia y Cartagena. Su proximidad a la corte facilitó la instalación de numerosos oligarcas dedicados a la agricultura.
Uryula fue también reforzada y su población se multiplicó notablemente, comenzando a poblarse el otro lado del río hasta formar un nuevo arrabal en el camino de Cartagena, antecedente al barrio de San Agustín.
En el asunto de edificaciones no está del todo claro cuales fueron del rey lobo y cuales debemos a los almohades.
En ese periodo se reforzó el castillo, se construyó la torre Embergoñes, la muralla que sube por la calle torreta, las torres conservadas en el museo de la muralla…

Todo este sistema era muy costoso y se mantenía exclusivamente de los impuestos recaudados a los ciudadanos andalusíes; fomentando el descontento y el crecimiento del partido almohade.
Los africanos, luchando simultaneamente en el Magreb, en el centro y en el oeste de la península, habían sido solo una amenaza lejana y Ben Mardanis se permitió atacarles en sus plazas del sur.
Con ayuda de su suegro Ibrahim Ibn Hamusk, conocido como el «señor de Segura», lanzó audaces incursiones contra los almohades, empleando como punta de lanza a las unidades militares cristianas.
Así conquistó Jaén, atacó Córdoba y Sevilla, asedió Granada….
Una vez controlado Marruecos las cosas cambiaron.
Los almohades pusieron a trabajar sus astilleros navales, sus talleres de armamento. Compraron caballos, reclutaron tropas regulares y mercenarias.
Un impresionante ejército se trasladó a la península utilizando Gibraltar como cabeza de puente.
Sus días estaban contados.
Incapaz de detener la marea almorávide, entre 1164 y 1165 perdió gran parte de su ejército y Lorca abrió sus puertas a los Almohades.
Desarticulado su dispositivo de defensa todo se volvió contra él.
Hasta su suegro, repudiada su esposa, se pasó a las filas de los almohades.
Pedro Ruiz de Azagra se apropió de Albarracín y la convirtió en taifa cristiana.
Aragón aprovechó que había dejado de pagar parias para darle el golpe de gracia invadiendo su reino por el norte.
Probó a someterse a Castilla cediéndole plazas estratégicas como la de Alcaraz.
Pero no había remedio.
Los africanos camparon a placer por la región asolando las indefensas aldeas y alquerías, talando la huerta y arrasando el castillejo de Monteagudo.
Cuando entraron en Uryula cortaron su comunicación con Balasya (Valencia). Toda la región quedó bajo control almohade y su propio hermano entregó Valencia.
En 1171 seguía encerrado tras los muros de Medina Mursya con unos pocos mercenarios a los que apenas podía pagar; y aún aguantó otro asalto.
Hundido física y anímicamente, recomendó a su familia que pactasen con los almohades para conservar su posición y murió en su lecho en la primavera de 1172.
Los suyos entregaron el reino de Mursya a cambio de privilegios políticos y económicos y se integraron totalmente en el mundo almohade.
Sus hijas casaron con soberanos. Su hijo consiguió también un buen matrimonio y mantuvo el poder en Mursya. Su hermano continuó gobernando Balasya durante muchos años.
Tras aquellos pactos el califa almohade entró a tambor batiente en Uryula y Mursya.
El reino del lobo, agotado y arrasado, recibió a los invasores con aclamaciones y júbilo.
Los almohades acamparon cerca de Uryula y el califa hizo la correspondiente plegaria por la victoria en su mezquita aljama.
Hoy en día se pueden visitar los restos palaciegos en Monteagudo.
Y el conjunto monumental de San Juan de Dios de Murcia, donde está lo que queda del Alcázar mayor y parte de la muralla que lo custodiaba.
También un oratorio privado y el panteón real con nueve tumbas atribuidas a la familia del rey Lobo, aquel musulmán al que el papa citó como «El rey Lope, de gloriosa memoria».
Dicen en los Alcázares que uno de sus edificios de recreo, un alcázar, dio nombre a esa población costera.
«De Tudmir a Oriola». Serie de programa emitidos por Radio Orihuela Ser. Guion, locución y efectos: Antonio José Mazón Albarracín. Presentación y montaje: Alfonso Herrero López. Programa 21.
De Tudmir a Oriola XXII.

Seguimos en este viaje que nos está llevando desde el siglo VIII al XIV. De Teodomiro a Jaime II, el artífice de nuestro paso a la Corona de Aragón.
Este hecho devolvió a Oriola/Orihuela parte del protagonismo perdido en favor de Murcia.
Ser la frontera de Aragón fue durante muchos años nuestra seña de identidad y así lo reflejan los escudos que pueblan nuestras más antiguas iglesias.
Es por eso que también estamos hablando un poco de la historia del reino como parte de nuestra propia historia.
Llevamos ya relatados más de cuatrocientos años y vamos a dedicar esta entrega a refrescar la memoria.
Dejamos nuestro relato en el último cuarto del siglo XII, en la Hispania de los Almohades y los cinco reinos cristianos.
A pesar de la amenaza africana, Aragón, Castilla, León, Navarra y Portugal siguen manteniendo frecuentes disputas territoriales en casi todas sus fronteras.
En la Mursya musulmana a la que pertenece Uryula, Ben Mardanis, el famoso rey Lobo, ha muerto y sus familiares han abrazado por fin la causa almohade.
Tras la experiencia almorávide, su aceptación por los musulmanes de la península ha sido lenta, especialmente en nuestro territorio, que ha resistido casi un cuarto de siglo pactando con los cristianos.
Pero por fin han completado la unificación de Al-Ándalus.
Desaparecido el Rey Lobo, la pacifica transición ha consolidado el esplendor que inició este singular personaje en el levante o Sark Al-Ándalus.
La región no deja de ser la periferia de sus dominios peninsulares, cuyo centro de gravedad está situado en Sevilla.
Mursya es una provincia fronteriza y conflictiva dentro del inmenso imperio almohade, por lo que han preferido mantener las estructuras de poder delegando en las élites locales.
Una vez sometidas, continúan en sus cargos facilitando el control territorial en nombre de los africanos.
El segundo califa almohade ha dividido Al-Ándalus en cuatro gobernaciones con Sevilla, Córdoba, Granada y Murcia como capitales.
Así pues, Medina Mursya mantiene el protagonismo y la provincia sigue en una etapa de crecimiento económico basado en la agricultura y el comercio.
La población local continúa percibiendo a los almohades como invasores, hecho del que los africanos son plenamente conscientes.
Pero también saben que, sin su fuerza militar, los musulmanes hispanos serían pasto de los cristianos.
Por este motivo basan su estrategia en la guerra santa, mostrándose como protectores de la fe y única respuesta posible a los poderosos ejércitos de los cinco reinos.
Los almohades o unitarios han traído también una revolución política, artística y tecnológica, cuyo principal impulsor es el citado califa, llamado Abu Yakub Yusuf, educado en Sevilla y conocido como Yusuf I.
Bajo su mandato construyen nuevas fortalezas más seguras que permiten el desarrollo de las ciudades; levantan nuevas mezquitas y promueven la cultura islámica.
La arquitectura y decoración almohade imprimen un estilo propio que se extiende a otros campos como la escritura y la numismática.
En Uryula/Orihuela se siguen perfeccionando los sistemas de regadío, creando acequias y norias para abastecer de agua a las nuevas alquerías o núcleos rurales en torno la madina.
Sus murallas son ampliadas y reforzadas con edificaciones como la torre de Embergoñes.
En esta prosperidad, la población se ha multiplicado y está ocupando la otra orilla del río en un nuevo arrabal formado en el camino de Cartagena: la futura morería y el futuro barrio de San Agustín.
En nuestra población se instalan familias influyentes que quieren vivir cerca de Medina Mursya.
Pero no deja de ser una ciudad secundaria; eso sí, con uno de los más inexpugnables castillos cuyas seguras mazmorras albergan a los enemigos peligrosos.
En Aragón, mientras tanto, se ha consolidado el proyecto de Ramiro el Monje que, como ya expliqué, casó a su hija Petronila con Ramón Berenguer IV, el Conde de Barcelona que actuó como príncipe hasta su muerte.
Petronila ha transmitido los derechos de su padre y de su marido a su hijo Alfonso II que es el primer rey de una nueva y poderosa entidad política, la Corona de Aragón.
Nacido en Huesca, su padre lo llamaba Ramón, como los condes de Barcelona.
Para reinar ha tomado el nombre de Alfonso en honor al Batallador, el más famoso monarca aragonés hasta la fecha.
Ha llegado al trono muy niño y su tutor por testamento es Enrique II de Inglaterra.
Tiene la plena potestad del reino, pero los destinos de la corona están en manos de un consejo de regencia por su minoría de edad.
Dicho consejo está formado por obispos, nobles y representantes de las ciudades en lo que podría llamarse las primeras cortes de Aragón.
El trono de Castilla lo ocupa otro adolescente de igual nombre, Alfonso VIII; y ambos han decidido acercarse, aliarse.
Estos dos jóvenes monarcas van a firmar varios tratados para recuperar el protagonismo y los territorios que les han esquilmado leoneses y navarros aprovechando la debilidad de sus reinos mientras eran niños.
Ahora, mediante pactos y matrimonios están creando una tupida red de intereses cruzados.
Alfonso de Castilla se ha casado con la hija de Enrique II de Inglaterra, el monarca más poderoso de la época, que domina además el sur y el este de Francia.
Así pues el castellano se ha convertido en cuñado de Ricardo Corazón de León.
Alfonso de Aragón, tutelado también por el monarca inglés, se ha casado en Zaragoza con Sancha, la tía del castellano, formando así un sólido triangulo de poder que amenaza a los otros reinos, especialmente a Navarra, en el punto de mira de castellanos y aragoneses.
En la alianza con Castilla se está fraguando nuestro destino.
Gracias al tratado de Cazola, firmado en Soria, los dos Alfonsos se reparten los futuros territorios de conquista.
El de Aragón es armado caballero a los dieciseis años; y toma por fin el complicado control de su herencia.
Rey de Aragón, conde de Barcelona y marqués de la Provenza, varios señores del otro lado de los Pirineos lo han aceptado como soberano y defenderlos cuesta un gran esfuerzo bélico.
Más preocupado por el norte se conforma con aspirar a Valencia, territorio que Aragón viene asediando desde la decadencia del «Rey Lobo».
La línea entre Calpe, Denia y el castillo de Biar, marcará la frontera entre las zonas de expansión de los dos reinos.
Alfonso de Castilla sale más beneficiado. Aspira a todo lo que hay al sur de esa línea comenzando por el reino de Mursya.
Este pacto lo firman para siempre, en su nombre y en el de sus descendientes, por lo que el futuro de nuestra Uryula quedó ligado a Castilla.
Esta es la situación en el último cuarto del siglo XII. Centuria que culminaremos en la próxima entrega.
«De Tudmir a Oriola». Serie de programa emitidos por Radio Orihuela Ser. Guion, locución y efectos: Antonio José Mazón Albarracín. Presentación y montaje: Alfonso Herrero López. Programa 22.
Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).
Próxima entrega pinchando la siguiente imagen.

