Justo García/Ángel Rozas. 11. 1907/8.

Nos alegramos de la noticia que nos das de que nos mandarás todos los meses 15 pesetas por los artículos que escribes en la Huerta; que sea cierto es lo que deseamos. Justo García Sánchez, noviembre de 1907.

Mi padre se hizo maurista de un golpe. Desde entonces, la Fortuna que es monárquica y conservadora, comenzó a sonreírle y protegerle; y la despensa de casa fue llenándose de jamones de que escaseábamos mucho cuando mi padre era puritano y redentor del pueblo. Ángel Rozas.

Madrid, 1907. Carrera de San Jerónimo. «Madrid me mata»

La Huerta. Número 171 – 29 de octubre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Adiós Huerta o por mor a Cierva. Cuando casi no había comenzado a escribir en este simpático diario, he de despedirme de sus lectores. Es el caso que mi carrera literaria no me da dos miserables pesetas que como todo mortal que no las tiene, las necesito y me caerían archibién en el bolsillo. Y pensando cómo ganarlas apunto a Cierva o a su reforma de la policía. ¡Haré oposición a una plaza de polizonte! Me doy un palmetazo en la frente y grito el eureka de mi salvación.

Comunico mi idea a Escudero Bernicola y decido dejar de ser un mal cronista para ser un buen policía. ¿Quién sabe si esto es margen que yo puedo ocupar el día de mañana con muchas cuartillas? Pero por ahora me despido de esa redacción y de los lectores de La Huerta y voy a ocuparme en los preliminares estudios que luego me han de servir para cumplir un sagrado deber o estafar a todo el mundo: según la aprensión que a mí me dé el cargo.

Una satisfacción tengo al dejar el de cronista madrileño en este periódico y es el de verme sustituido por un amigo mucho mejor escritor que yo. Y sea mi último trabajo el que me es muy grato: presentar a Vdes. al nuevo cronista y galano estilista Ángel Rozas cuya inagotable amenidad le recomienda al afecto de los lectores. Alfonso Varí.

En noviembre de 1907 nuestro biografiado retomó el empleo de cronista en la capital para la prensa de Orihuela; en concreto para el diario «La Huerta». Unía este trabajo al de profesor particular, como forma de enviar algo de dinero a su anciano padre, que ya no podía ni pagar ni el pan.

Nacía así «Ángel Rozas», un mordaz y prolífico periodista que evitó asociar su nombre al del erudito profesor Justo García Soriano. No he conseguido deducir quien era Alfonso Varí, el cronista al que sustituyó cuando se metió en la policía.

1907. Noviembre. Ángel Rozas.

En el primer artículo, a modo de carta de presentación, revistió su nueva personalidad con algunos imaginarios datos biográficos. Ángel Rozas era un mujeriego vividor, hijo del alcalde de Trijueque, un cacique chaquetero que había pasado por todo el espectro político con el único fin de vivir a costa del Ayuntamiento.

La Huerta. Número 179 – 8 de noviembre de 1907: 

La Huerta. Número 179 – 8 de noviembre de 1907: CARTA-EXORDIO: Señores suscriptores y lectores intermitentes del periódico LA HUERTA. Muy respetables señores míos: Mi paisano y amigo de la infancia Alfonso Varí, cuyo ingenio chispeante habéis tenido ocasión de saborear en este lugar mismo, me ha hecho la honra de designarme su sustituto en el cargo de mandar a La Huerta una crónica diaria desde esta villa y corte.

Presentóme al simpático Sr. Escudero Bernicola en el salón mujeriego y sibarítico del café Candela, y el joven letrado tuvo la amabilidad, que le agradezco en el alma, de aprobar la designación, concediéndome la investidura de cronista madrileño, un nuevo título con que podré adornar mis tarjetas de visita.

Ya conocéis, por su última crónica, los motivos que han obligado a Varí a despedirse de vosotros y a abandonar su tarea apenas comenzada. El periodismo, y sobre todo el de provincias, produce poco; un mozo de cuerda o un aguador gana más que un periodista. Los trabajos de éste se llaman artículos, pero no lo son de primera necesidad, —quizá lo sean de segunda o de tercera — y no resuelven, por lo tanto, ni para el escritor ni para el lector, el problema de la vida.

Sin leer un fondo o una noticia bien condimentados, puede existir y pasar el hombre, «aunque no sólo viva de pan». De aquí resulta que la noble y benemérita profesión de informar e ilustrar al respetable, no puede ser más que un sport de burgueses que tengan ya solucionado el problema de los garbanzos y que se puedan permitir el lujo de pensar… como mejor le plazca.

Ahora bien; mi amigo Varí es pobre; él tiene grandes aficiones al periodismo, pero en él se moriría de hambre seguramente. Convencido de ello, ha desistido de su vocación y de sus ilusiones y va a dedicarse a la prosaica tarea de proporcionarse un cocido cuotidiano, que le hace falta. La figura obesa y plácida del ministro de la Gobernación va a ser el ángel tutelar de sus aspiraciones legítimas.

Cierva reformista anuncia unas oposiciones para proveer un buen golpe de plazas policiacas. El anuncio es sugestivo, atrayente, tentador. La esperanza comienza a sonreír a mi amigo, que ve la aurora de su porvenir en una plaza de policía; y sin perder momento, renuncia heroicamente al sacerdocio de la Prensa y se dedica a apuntar con rifle a un puchero humeante y bien oliente. Él, que sería sin duda un buen periodista, tendrá que ser tal vez un mal polizonte ¡Cosi va il mondo!

A un servidor de Vds., en cambio, le dispensa la suerte el favor de que no tenga, hoy por hoy, que preocuparme en pagar la mensualidad a la patrona y al sastre un traje de buen corte. Yo, por tanto, me encuentro en las mejores condiciones, en las más ventajosas circunstancias para poder, dedicarme al deporte periodístico; o sea, bien nutrido, con tranquilidad de alma y a salvo de cualquier inesperada contingencia. Dispongo pues, de tiempo, de jovialidad y de un buen rimero de cuartillas. La péñola en mi mano tiene que ser forzosamente briosa, ágil y desenvuelta. He ahí todo.

Sea Maura muchos años presidente del Consejo de ministros y mi padre del ayuntamiento de Trijueque, mi pueblo natal, y yo podré ser el cronista madrileño de este diario largo tiempo. Mi padre en Trijueque agencia dineros en la administración de aquel vecindario, que yo gasto alegremente en esta capital. ¡Qué demonios! La cuestión es vivir y disfrutar lo más que se pueda, que lo demás son cuentos.

Mi padre era un romántico, fanático y platónico en la política. Liberalote furioso de abolengo, fue primero zorrillista, después republicano federal hasta las cachas, más tarde salmeroniano, lerrouxista y sorianista; y por último, convencido de la inutilidad de las ideas, colgó el gorro frigio en un clavo de la pajera, entre telarañas, que antes fuera su obsesión y su orgullo, y se hizo maurista de un golpe.

Desde entonces, la Fortuna que es monárquica y conservadora, comenzó a sonreírle y protegerle y la despensa de casa fue llenándose de jamones de que escaseábamos mucho cuando mi padre era puritano y redentor del pueblo.

Antonio Maura y Alfonso XIII en octubre de 1907. Nuevo Mundo.

Y hoy… ¡ahí lo tiene Vd. de alcalde de Trijueque, como quien no dice nada! Todo el mundo le respeta, todo el mundo le adula y el diputado le escribe cartas todos los días. Esto es tener pupila y lo demás ser ciego de nacimiento.

¡Basta de exordio! He creído muy pertinente dar a conocer a los lectores de La Huerta estos antecedentes de familia que hoy tanto se miran, y estos datos de mi persona, ya que desde hoy contraigo con ellos los lazos espirituales, casi matrimoniales, que unen al que escribe con el que lee.

Inútil será que diga que me esforzaré cuanto mi capacidad intelectual me lo permita, por hacerles pasar cinco minutos distraídos y notificarles, a vista de pájaro, aquello que de más sabroso ocurra en Madrid, en esta sastrería central donde se hacen los trajes todos los alcaldes cursis de España, incluso mi padre.

A mis camaradas de Orihuela, especialmente a los de la redacción de La Huerta, aunque no tengo el gusto de conocer, envíoles un cariñoso saludo y les ofrezco desde luego mi insignificante personalidad de hijo de cacique, deseando tener con todos la correspondencia de en leal y estrecho compañerismo. Muy suyo y aftmo. Ángel Rozas. Madrid.

La crónica diaria que anunciaba fue, sencillamente, una quimera. Consiguió redactar en total veinticuatro «Crónicas Madrileñas»; más una que firmó con el nombre de su inspiradora, la prima Eugenia; y otra que le escribió su buen amigo Antón del Olmet.

No sé a qué se comprometió con Escudero, pero la frecuencia de publicación fue muy variable: en noviembre de 1907 escribió once; casi la mitad del total; en diciembre solo dos; en enero de 1908 llegó a seis; en febrero tres (a partir del 24 comenzó a firmar como Ángel Pérez de Rozas); y en marzo otras dos. En abril de 1908 Ángel Rozas se despidió con una «Croniquilla».

Cuando localicé este nuevo filón, ya tenía publicado el año 1907; y casi terminada la siguiente entrega. Pensé en añadirlo; aunque fuese resumido; pero si ya había dividido 1907 en dos capítulos por su excesiva extensión. ¿Cómo metía catorce extensas crónicas? No quería recortarlas; en ellas hablaba del problema catalán, del terrorismo, de la pena de muerte; pero también de sus tertulias, de sus juergas en carnaval, de su primer amor…  

Me pareció más interesante reunir toda la obra de Ángel Rozas en una entrega monográfica; y eso he hecho. Aquí las tenéis todas transcritas, con algunas fotografías que he localizado en otras publicaciones de la época para ilustrarlas un poco.

Madrid 1907. Revista Actualidad. BNE.

La Huerta. Número 180 – 9 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Cupido o Himeneo. En verdad os digo — y me lo habéis de creer sin juramento — que al cronista más le interesa y atrae cualquier vulgar comedia de amor que la tragedia de más alto coturno, y que el suceso, social o político, de más transcendencia mundial según los graves varones. No en balde es el amor el alma del mundo, como aseguran algunos poetas enamoradizos y filósofos.

El clérigo Juan Ruiz afirma, en viejos y sabios alejandrinos, que el hombre no se afana ni trabaja en la vida más que por dos únicos y poderosos móviles: «por haber mantenencia e ayuntamiento con fembra placentera» …  He aquí la razón en que se apoya el cronista al dedicar estos renglones a un conato de matrimonio por sorpresa que hubo ayer en la parroquial de Santa Cruz de esta villa y corte; hecho que seguramente habrá pasado desapercibido o desdeñado por insignificante, a pesar de que lo han referido algunos periódicos.

La gente consagra todas sus atenciones y preferencias, actualmente, a la estafa de 265.000 pesetas hecha al Banco de España, y a la oferta de éste de 10.000 duros al que delate al ladrón, a dos incidentes del viaje regio, a la interpelación de Julio Burell sobre la Sociedad Hispano – Marroquí, explanada ayer tarde en la Cámara popular, o a cualquier comadreo político de más o menos resonancia. A los sesudos varones no les interesa ni les distrae el rumor de besos y el batir de alas del amor que pasa, que tanto conmovía al pobre Adolfo Gustavo Bécquer.

Nosotros pensamos de muy distinto modo. Para nosotros todos esos acontecimientos palpitantes, esos problemas financieros y esos arduos debates parlamentarios, no revisten la menor importancia; son tan vanos y frívolos, a nuestro entender, que no merecen que ningún hombre dedique a ellos su atención más de cinco minutos al día, aunque este hombre se titule pomposamente banquero, diputado del pueblo, senador, estadista, gobernante o  padre de la patria.

En cambio, el noviazgo de unos jóvenes nos parece un problema tan vitalísimo y de una transcendencia social tan grave y honda, que debiera ser el continuo estudio del Consejo de Estado y de la Academia de Ciencias Morales y Políticas y el mayor y preferente desvelo de los Gobiernos. Lo saben las madres, ellas que más que de zurzir los calzoncillos al sufrido cónyuge, con honrosas excepciones, se ocupan en buscarles a sus tiernos pimpollos una buena proporción. Un maridito dócil y de porvenir.

Si como quieren los solidarios, la región es el elemento primordial y constitutivo de la nación, y la región no es más que un conjunto de municipios unidos por vínculos especiales e intereses comunes; los municipios se componen de una reunión de familias, y dos novios son una familia en embrión que deben unirse por los santos e indisolubles lazos del matrimonio. (Esto lo aprendí cuando estudiaba Derecho Natural y era mi profesor el actual gobernador de Madrid Sr. Marqués de Vadillo).

Esos dos  retoños enamorados que, contra la oposición egoísta y estúpida de sus padres, trataron ayer mañana de sorprender al cura de Santa Cruz con un ingenioso ardid a fin de que santificara y aprobara su enlace, son acreedores a todas nuestras simpatías. Si Ángel Rozas fuera poeta erótico en vez de un mal coplero, en estas columnas les dedicaría uno de sus más tiernos madrigales o uno de sus más lindos e inspirados epitalamios.

¡Muchachas casaderas que sentís vehementes e incesantes nostalgias de un dulce esposo! ¡Célibes empedernidos, solterones egoístas, que odiáis la coyunda matrimonial como a la más odiosa de las tiranías!

Si todos, devotos y fervientes, escuchando la voz de la Naturaleza y el imperativo categórico de vuestras conciencias, os entregarais a dar culto a Cupido y os sometierais a rendir vuestras cervices indómitas ante el ara de Himeneo, sin miras crematísticas y sin preocupaciones necias de clases, sino con un gran espíritu de platónico heroísmo como el de los dos tórtolos que se negó a casar ayer el párroco de Santa Cruz; el humilde cronista os asegura, apelando a uno de sus tópicos más solemnes, que la República de Platón pasaría de la categoría de utopía a la de hecho consumado, y la tierra, este triste planeta sin ventura, sería la antesala del Paraíso, a pesar de las suegras. Ángel Rozas. Madrid, 6 de Noviembre.

Iglesia de la Santa Cruz, en la calle de Atocha. Madrid. 

La Huerta. Número 181 – 11 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Por algo se ha llamado a Madrid «la ciudad de la muerte». Como si fueran poco las tristes reformas moralizadoras de Cierva, obligándonos a acostarnos a toque de campana e impidiendo que las tascas funcionen los domingos y los chistes de algunos autores del género chico «pour rire», los sucesos sangrientos y luctuosos  menudean con tal abundancia, que se nos va entenebreciendo a los madrileños la vida por instantes.

El jueves pasado por la noche, un auto del conde de los Andes amigo de Maura, aplastó a un niño de nueve años en la calle de Bravo Murillo; el viernes enterraron al teniente Monjas, víctima rezagada del atentado de la calle Mayor; el sábado se suicidaron una señora viuda en la calle del Carmen, y un relojero suizo, llamado Maurel, en la de Sevilla… Sería curioso investigar la secreta conexión que podrá haber entre la marcha de un corazón y la marcha de unos relojes.

En uno de estos días fúnebres y llorosos, en que la lluvia chapotea zollipando sobre las vidrieras y sobre el asfalto de las calles, mientras los esquilones de las iglesias doblan a muerto, se marcha uno al teatro, por no aburrirse en un café, a ver Don Juan Tenorio. Aunque el espectador se lo sabe ya de memoria y durante la representación se entretiene en recitar por lo bajo cuartetas y quintillas zorrillescas, adelantándose al actor, la escena del cementerio impresiona siempre a las imaginaciones románticas, que acaban por llenarse de estantiguas y espectros espeluznantes.

Después se vuelve uno a su casa lentamente, sumido en algunas meditaciones filosóficas, con las manos metidas en los bolsillos del gabán o cobijado bajo el  «parapluie». De súbito, una voz cadenciosa e insinuante, que nos parece venida del otro mundo, nos estremece como el eco de un conjuro siniestro; la voz parte del umbral de una puerta, donde se refugia alguna sirena de la noche o se acurruca un mendigo sin albergue.

A poco de quedarnos dormidos, una espantosa pesadilla agita nuestro sueño: mil visiones apocalípticas y dantescas asaltan nuestra fantasía y nos hacen despertar sobresaltados. Encendemos la bujía, apuramos el agua del «verre d’eau» que tenemos sobre la mesilla de noche y buscamos luego algo con gran precipitación debajo de la cama. Después, el insomnio sobreviene tenaz e invencible.

En vano fumamos un cigarrillo; su humo no logra disipar las medrosidades tremebundas que en quimérico aquelarre flotan en el ambiente denso de la alcoba. Así nos sorprende el gallicinio. Una claridad lechosa, la de la luz matinal, se filtra por los resquicios de las maderas del balcón. Un gato encerrado maúlla lastimero. Al rato suenan algunas puertas; se oyen toses y pasos por el pasillo. D. Fermín, el cura del cuarto de enfrente, se va a decir su misa cotidiana en las Carboneras.

De la calle suben ruidos y gritos de vendedores. La casa comienza a alborotarse, y en la cocina canturrea la Pascasía los couplets del Ruido de Campanas, que tanto molestan a D. Fermín. Esta diana y alborada domésticas terminan por darle a uno a los diablos; e instintivamente nos vamos vistiendo con rapidez. Encima de la mesa del comedor está El Imparcial de hoy. Lo requerimos y lo hojeamos. ¡Horror! Hasta Mariano de Cavia se ha ensombrecido. Leamos:

— «El crimen de una niña. — Una familia envenenada». — «Dos obreros asfixiados en el Gran Teatro». —«Una anciana muerta de hambre y su cadáver paseado por Madrid». — «Por una noviez. — Un hombre muerto en el Puente de Segovia». — «Dos intentos de suicidio». — «Un cadáver insepulto cinco días». «Una broma y dos heridos.» ¡Tapa! ¡Tapa!….

— Pascasia tráeme el chocolate — grito colérico y balbuciente. Pascasia me lo sirve, y al poco vuelve con un plato: — Señorito, estos buñuelos de viento y estos huesos de santo para después del chocolate. —¡….! Va siendo cosa de hacer el testamento y una confesión general. Ángel Rozas. Madrid, 4 Noviembre.

Banco de España.

La Huerta. Número 182 – 12 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Cómo se hacen los millones. A medida que el progreso va aumentando las comodidades y los refinamientos de la vida, el ansia de bienestar, de molicie, de riquezas y de lujo va despertando la avaricia y apoderándose de los corazones de los hombres. El vivir bien, el sibaritismo, los placeres y el confort, conseguidos reparando poco en los medios, o a lo más salvando las apariencias, constituyen la manía del siglo XX.

El egoísmo humano se ha desbordado con tan frenético positivismo, que Epicuro resultaría en nuestros tiempos un modelo de frugalidad, de austeridad y de altruismo asombroso. Los héroes, los idealistas, los platónicos; los redentores, los Quijotes van escaseando; en cambio triunfan los escuderos y los Panzas. De aquí el desprecio por todo ideal de elevada abnegación, la indiferencia, el escepticismo, la apatía y la abulia.

Las gentes, compenetradas cada vez más de la verdad que entrañan los versos del poeta: «Si tuvieres dineros habrás consolación — placer en esta vida, y en la otra salvación», no se afanan; no se ingenian, no aguzan el entendimiento mas que para conseguir el vil metal, el dios que todo lo puede, el ídolo moderno, el becerro de oro, la panacea infalible, el cúralo todo…

Digan lo que quieran las estadísticas y los almanaques, la religión de los pueblos modernos es el «fetichismo crematístico o la plutolatría». ¿Quién se atreve a tirar la primera piedra? El cronista ha creído oportuno filosofar hoy con tan añejas verdades. La estafa al Banco de España y la concesión de 500.000 pesetas hecha por el Estado a una Compañía que no existe, removida en la interpelación del Sr. Burell, es el tema preferente en las conversaciones del día; y de ello se va a ocupar con el laconismo a que le obliga el limitado espacio de que dispone en este diario diminuto.

¿Por qué involucra el «croniqueur» ambas cuestiones en una misma crónica? Porque ambas son de actualidad igualmente. Suponemos al lector algo enterado de la estafa contra el Banco de España. No obstante, haremos de ella un breve relato.

Un día del mes último, un señor desconocido presentó en la caja de cuentas corrientes del Banco un cheque de 285.000 pesetas contra la que allí tiene abierta D. Francisco Ansaldo. El cheque estaba en regla y se pagó. Cuatro días después, el 30 de Octubre, el propio Sr. Ansaldo fue en persona a retirar pesetas 8.000 de su cuenta corriente. Entonces se descubrió la estafa. El cheque de las 265.000 pesetas era falso; mas la falsificación estaba tan admirablemente hecha que al mismo interesado maravilló en extremo.

El hecho fue este. Inmediatamente cundió la noticia y la policía, entró en funciones, activando pesquisas y diligencias para dar con los estafadores. Los primeros trabajos resultaron nulos; pero ya se ha dado con una pista, al parecer segura. En su consecuencia, tres empleados del Banco, D. Francisco Montero Villarias, D. Vicente Pérez Cuesta y D. Juan Bautista Sánchiz, ingresaron el lunes, día 4, en la Cárcel Modelo. Sus declaraciones consistieron en negar toda complicidad en el asunto; no obstante, continúan detenidos.

Sin embargo, la policía tiene datos y antecedentes que los comprometen, de los que se desprende lo que sigue: El señor Villarias dirige una agencia de informes comerciales titulada «Confidencia», en la que tiene participación el poeta americano Santos Chocano. Ahora bien; la policía sabe que en el local de dicha agencia se reunían este verano secretamente los tres detenidos a fin de estudiar un negocio enigmático y misterioso.

No creyéndose allí muy a salvo, trasladaron su tertulia a un café de la Puerta del Sol, en la que intervenían terciando dos sujetos más, de malos  antecedentes, a los cuales se busca con gran actividad y sigilo. Esto es, hasta ahora, cuanto se ha dejado traslucir del sumario y atestado que se está incoando con gran diligencia. Espéranse sorpresas sensacionales.

Lo de la Sociedad Hispano Marroquí es cuestión aparte, en nada relacionada con la anterior. Ello lo ha sabido sintetizar el Sr. Burell de este modo, «El Sr. Güell (íntimo del señor Maura y del Sr. Allendesalazar, según parece) va un día a ver a este último, y le dice: «Si Vd. me da 500.000 pesetas, yo puedo constituir una Sociedad para la colonización en Africa. —«Constituya Vd. la Sociedad — le contesta el Sr. Allendesalazar— y cuente con las 500.000 pesetas».

Entonces el Sr. Güell busca a unos cuantos amigos, y les dice: — «Si reunimos 10 millones para constituir una Sociedad nos van a dar enseguida 15 millones. ¿Qué os parece el negocio?». La Sociedad se constituye nominalmente, y el ministro de Estado publica en la Gaceta de 10 de Agosto último un decreto fijando las bases a que ha de sujetarse la Compañía Hispano Africana, sin preceder ningún género de concursos.

Contra este hecho, que califica de privilegio monstruoso, protesta el señor Burell, apoyado por el señor Gasset y la minoría republicana, dando lugar a un ruidoso debate en el Congreso, que ha tenido lugar ayer y antes de ayer. El cronista ha terminado por hoy. Ángel Rozas. Jueves, 7 de Nbre., Madrid.

Barcelona 1908. Asamblea Catalana. Revista Actualidad. BNE.

La Huerta. Número 185 – 15 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. La minoría solidaria y la bandera nacional. Después del suceso misterioso ocurrido en el convento de las Trinitarias, de esta corte, del que tanto se ha ocupado la Prensa y del que a mis lectores supongo enterados, nada importante ha ocurrido en Madrid. El cronista de sucesos no políticos, sufre la pena negra. No cae nada en el carnet reporteril fuera de la lluvia, que ya en estas latitudes es una novedad de mes y medio, si la paradoja se me permite.

Ayer, la vida de los madrileños se deslizó gris y monótona: en los teatros, en los cafés y en las trastiendas de algunas reposterías, colmados y casas de comidas, donde con pretexto de satisfacer la gula, se rinde a Baco un culto clandestino y ferviente copeando y capeando con descoco todas las disposiciones gubernativas y laciervescas. El legislador ha debido tener en cuenta que el comercio es inseparable del bebercio. El morapio, más o menos legítimo, produjo sus efectos consabidos, habiendo parroquiano que tuvo que volver a su casa a gatas.

Apenas ocurrió cosa gacetillable. He de rehuir cuanto pueda el tema desagradable y enojoso de la política; pero hoy, por recurso, habré de echar mano de ella, pues lo demás da poco de sí para estirar una gacetilla sin ripios. No ha de ser bagatela todo, aunque se enfade Azorín. Constituye la nota del día en política, el incidente promovido el sábado en el Senado por el señor Rusiñol, solidario enragé, al interpelar al Gobierno por la conducta del representante de España en Chile, el cual hizo arriar la bandera catalana izada en cierto centro catalanista que existe en aquella república.

Este incidente tiene muy acalorados los ánimos y es de temer que esta tarde ocurra algo desagradable en el Congreso si, como está anunciado, el Sr. Pí y Arsuaga, por acuerdo y designación de la minoría solidaria, reproduce en la Cámara popular el incidente que provocó en la alta el señor Rusiñol. No ignoro que La Huerta, aunque en ella soy nuevo, ha defendido la Solidaridad catalana, por la que siente grandes simpatías.

Mejor para que en sus columnas diga lo que pienso; que ha de ser sin parcialidad ni pasión de ninguna clase. Solidaridad Catalana se ha disfrazado con las ideas simpáticas de descentralización y regionalismo, que están en el ánimo de todos los buenos españoles, para lograr mediante ellas y el apoyo tácito y decidido de Maura, propósitos concupiscentes y egoístas; y satisfacciones y vanidades absurdas, que ya se están dejando traslucir. Esto es lo más lamentable que pudiera ocurrirnos después de nuestros últimos desastres.

Aquí, realmente, no se ventila más que una sola cuestión, cuestión de hegemonía y de emulación insensatas entre Castilla y Cataluña, entre Madrid y Barcelona, juego a que no debemos prestarnos los españoles ni consentirlo por más tiempo. Fundada no sé en qué supuestos motivos, Cataluña parte para deducir su superioridad sobre Castilla y sobre el resto de las regiones españolas.

Ya va cansando el escuchar a los solidarios catalanes sus desplantes y balandronadas, alardeando a todas horas, unas veces con descaro y otras embozadamente, de esa superioridad intelectual y cívica de que creen tener la patente y la exclusiva. Tan vanidosa y ridícula pretensión, tras de ser infundada y quimérica, está resultando injuriosa y deprimente para todos los españoles que no hemos nacido catalanes.

Harta justicia se ha hecho ya a Cataluña reconociéndosele ese adelanto y prosperidad fabriles de que disfruta, gracias al proteccionismo de los aranceles de aduanas legislados en este Madrid centralizador que tanto odia, pues por ellos tiene asegurado el mercado español, libre de competencias extranjeras y acaso con perjuicio de algunas comarcas agrícolas.

Si alguna región goza de privilegios, esa no es más que Cataluña, a la que se ha mimado y encomiado exageradamente por la zalamería castellana, inconsciente fomentadora y culpable tal vez del orgullo y de la pedantería catalana, y, por consecuencia, de esos espectáculos bochornosos que estamos dando ante los ojos de las demás naciones. Este es el fondo verdadero, aunque otras sean las apariencias del problema solidario que viene preocupando con razón a toda España.

La conducta imprudente y provocativa que están observando los catalanistas en general, y en particular los que residen en Chile, no es la más a propósito y adecuada para conseguir el logro de algunas justas reivindicaciones, tales como la derogación de la Ley de jurisdicciones, y el triunfo de algunas elevadas ideas que defiende Solidaridad.

Nuevo mundo (Madrid). 1908. BNE.

Digno de aplauso es, por demás, el acto de nuestro representante diplomático en Chile, al obligar a la colonia catalana allí residente a que arriase la enseña de su región, ya que a su lado se negaba el centro a izar nuestra bandera nacional. Santo y bueno es que todas las regiones tengan su insignia, que las singularice dentro del patrio suelo, y que cada español sienta especial devoción y cariño por la patria chica que le vio nacer.

Pero esto no justificará nunca el proceder de esos catalanistas de Chile, ni su grave ofensa inferida a la Patria grande puede excusarse con el sofisma sostenido por los solidarios, de que la bandera catalana representa a la nación, pues fuera de España no debe ni puede haber más bandera nacional que la española, símbolo de la sagrada integridad de la Patria. Ángel Rozas. Lunes, 11 de Nbre. Madrid.

22 de noviembre 1907. Revista Actualidad. BNE.

La Huerta. Número 186– 16 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. ¡El Príncipe viudo se casa! Este es el tema obligado en las conversaciones de todas las hijas de portera y de todas las señoritas cursis de Madrid, que, a falta de novios, sueñan con príncipes rubios y morenos y con regias suntuosidades, como cualquier lilial poeta modernista.

Sí, D. Carlos de Borbón, conde de Caserta, viudo de la malograda Doña Mercedes la que fue en vida Princesa de Asturias, se casará el sábado día 16 del corriente, con la Princesa Luisa de Francia. La boda se ha de celebrar en el palacio-castillo de Wood Norton, que en el condado de Warcester (Inglaterra) posee el duque de Orleans, hermano de la novia.

Los hoteles y casas particulares de la ciudad de Evesham, próxima al histórico castle de Wood Norton, llamado por la gente del pueblo la vieja casa roja, rebosan de gente que han acudido a presenciar la ceremonia y los festejos. En el palacio vienen trabajando, desde hace más de quince días, en los preparativos 400 obreros, entre arquitectos, tapiceros, jardineros y pintores llevados de Londres y de Evesham. El decorado, la toilette y todo el confort son suntuosísimos, dignos de los augustos e ilustres personajes que han de ser sus huéspedes los días de la boda.

Asistirán los Reyes de España, que actualmente se encuentran en Inglaterra, la Reina Amalia de Portugal, varios representantes de la real familia inglesa, todos los miembros de la familia real de Francia y unos cuarenta Príncipes de la sangre. Los periódicos de Londres y de París publican largas listas de los regalos ofrecidos a los principescos novios.

Los Reyes de España les han regalado un soberbio automóvil. Las joyas y objetos de arte son valiosísimos y su importe se calcula que asciende a varios millones de libras esterlinas. Dicen los familiares de la Princesa Luisa que el haberse elegido para la celebración, de su enlace el mes de Noviembre, bien puede haberlo motivado la muy marcada predilección que siempre ha manifestado la hermosa novia por el otoño, y hacen constar que esta estación es la que más delicados y poéticos encantos suele dar a la hermosa campiña que rodea el «viejo castillo rojo» de los duques de Orleans.

29 de noviembre 1907. Revista Actualidad. BNE.

En nombre de Su Santidad Pío X, un prelado dará la bendición nupcial a Doña Luisa y D. Carlos. Al casamiento por lo religioso precederá el casamiento por lo civil. Durante la ceremonia tocará una reputada orquesta y cantarán artistas de los más renombrados; para lo cual el duque ha hecho ir de París a 30 músicos, quienes además se encargarán de los conciertos que han de amenizar los banquetes, las «soirées» y cotillones.

Tan lisonjeros auspicios hacen presumir que los príncipes serán felices y venturosos, y que no habrá cencerrada. En Inglaterra, seguramente no será objeto D. Carlos de manifestaciones hostiles, como lo fue en España en los días de su boda con la Princesa de Asturias. Todos recordaréis los motines y algaradas que tuvieron lugar entonces en las calles de Madrid y en las de la ciudad del Turia.

Aún suenan en mis oídos los vibrantes y bélicos acentos que Rodrigo Soriano, el inquieto polemista e interruptor del Congreso, puso en dos guerrilleros y famosos artículos suyos de agresivo y reticente simbolismo, «Las flores rojas» y «Los pájaros de la reina», publicados a raíz de aquellos sucesos en «El Pueblo», de Valencia, y que sufrieron los rigores de una denuncia.

Nosotros deseamos una eterna y romántica luna de miel a los futuros principescos consortes, que no debe ser interrumpida por los desvelos paternales de D. Carlos; pues nuestro celoso Consejo de Estado, que no olvida y tiene una idea muy alta de las decisiones y cuidados que le ha confiado la Nación, se desvive y se afana por sus hijos con el gran interés como él mismo pudiera hacerlo. Ángel Rozas. Miércoles, 13 de Nbre. Madrid.

Alfonso XIII en un «Hispano Suiza» en 1907.

La Huerta. Número 188 – 19 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. La barbarie del progreso. — ¿Se puede vivir? Llegó ya el momento oportuno de formular esta pregunta; aunque de antemano sepamos que nadie nos haya de responder a ella. Hasta hace poco parecía que todos los humanos seres, teníamos a la vida un derecho sagrado y legítimo; pero los progresos realizados por la mecánica y por las demás ciencias, que «hoy adelantan que es una barbaridad»— según la popular frase del boticario de «La verbena de la Paloma», — han abolido tal derecho, si lo había, o tales apariencias de derecho, conceptuándolo quizá una anticuada conquista de plebeyos y de esclavos, mal avenida con las leyes y las pragmáticas del buen tono.

Ahora, para vivir, hay ya que pedir permiso a S. M. el Cupón con indumentaria de «chauffeur». Nosotros somos más entusiastas por el Progreso que otro alguno. Admiramos sus maravillas y le rendimos culto ferviente, cuando es guía de la cultura y origen de la civilización y del bienestar de los pueblos.

Pero lo execramos con todo nuestro corazón, cuando lejos de ser símbolo de ventura y de paz, olvidando que debe ser antorcha de la Humanidad que sufre, no emplea sus victorias y triunfos en evitar penalidades al hombre, sino en satisfacer a los ricos fútiles caprichos que pueden ser criminales. Entonces el Progreso, que debiera ser siempre santo, se convierte en la apoteosis de la barbarie más brutal e inconcebible.

En menos de quince días tiene que registrar el cronista madrileño, en su libro rojo de cubiertas negras, dos víctimas más, sacrificadas despiadadamente en aras de esa holganza activa y presurosa, por esa imbécil pasión al automovilismo, que ahora está de moda entre la gente del gran mundo; dándose el absurdo contrasentido, el paradójico contraste de que estos buenos señores que no tienen prisa nunca, puesto que les sobra el tiempo y nada tienen que hacer, vayan a todas partes corriendo vertiginosamente.

La noche del 30 del mes último, uno de esos asesinos y macabros armatostes que se llaman automóviles, segó en la calle de Bravo Murillo la vida en flor de un pobre niño de nueve años, aplastándole atrozmente; y anteanoche, a las ocho y cuarto, a la hora en que las alegres y simpáticas modistillas abandonan sus talleres para regresar a sus casas, otro hipogrifo del Progreso atropelló a una de aquellas en la plaza de Castelar, frente al Banco de España, al ir a cruzar la calle de Alcalá, arrollándola y dejándola en convulsa agonía y poco después exánime.

22 noviembre 1907 Revista Actualidad BNE

Concluida la diaria labor, regresaba ligera y gozosa, en unión de una compañera, al hogar paterno, donde su anciana madre, paralítica tiempo ha, la esperaba ya impaciente para que le preparara y le diera los alimentos. Los caprichos del Destino son cruelmente irónicos. El cuerpo juvenil de Teresa Acero,—este era el nombre de la infeliz menestrala— donde reían y triunfaban todas las gracias y todos los encantos de la belleza, quedó desfigurado horriblemente en un momento, y sus vestidos, aseados con toda la pulcritud de la coquetería femenina, aparecieron embadurnados con grandes manchas de sangre y de lodo.

Así terminó aquella existencia, que, en medio de la placidez de su obscuro vivir, iba sin duda rimando algún bello poema de amor, entre sonrosadas ilusiones y dulces esperanzas. El Sr. conde de Peñalver, presidente de la Asociación automovilista y nuevo alcalde de Madrid, intimado por el clamoreo de los periódicos y por las indignaciones de la opinión, a raíz del atropello de la calle de Bravo Murillo, tuvo un rasgo de humanitarismo y de imparcialidad y publicó un severo bando, que se fijó en las esquinas reglamentando la marcha de los automóviles en el radio de la corte.

Revista Nuevo Mundo 22 de noviembre de 1907.

Aquí no nos acordamos de Santa Bárbara más que cuando truena. Casi todos los alcaldes que han habido en Madrid, desde diez años a esta parte, han publicado edictos por el estilo, señalando terribles penas contra estos bárbaros del Progreso, que intentan en las calles y plazas hacer máximas velocidades, convirtiéndolas en velódromos de la muerte; pero los del auto, amparados por esa vagancia dorada que se llama riqueza, se ríen de los bandos, pues ellos saben muy bien que en esta tierra del compadrazgo y del privilegio, ninguna justicia humana se siente capaz y fuerte para condenar a los poderosos que delinquen.

O a lo más, nunca falta un cabeza de turco que cargue con el mochuelo y pague los vidrios rotos. Por lo pronto, el «chauffeur» , que es un obrero que gana su jornal y hace lo que le mandan, es el responsable inmediato; y si el pobre hombre lleva despacio el carricoche, sintiendo repugnancia de ser asesino, se le despide con cajas destempladas por ser un criado y un «sportman» inepto. Un ingenioso escritor, refiriéndose a tales desmanes, los califica de «fechorías del moderno feudalismo automovilista». Por eso son siempre gente débil y humilde sus víctimas preferentes.

A este paso, los que no tenemos más vehículos que los que en las zapaterías se confeccionan, ni podemos permitirnos el lujo de ir a mayor velocidad de la que nuestras piernas y nuestros pulmones nos permiten; habremos de dedicarnos muy pronto a un nuevo y divertidísimo sport: a la caza de automovilistas a tiro limpio. Y entonces podremos saber quién bate el récord de la celeridad: un automóvil de cuarenta caballos (sin contar al chaufeur) o una bala de pistola Mauser o de revólver Smith… Ángel Rozas. Jueves, 14 de Nbre. Madrid.

18 de noviembre de 1907. Archivo ABC.

La Huerta. Número 190 – 21 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. POT-POURRI. El cronista se propone en esta sección hacer muy poca crítica y menos literatura; su principal intento es recoger en ella las notas madrileñas de mayor interés y actualidad. Pero el cronista ve con decepción y disgusto que se frustran sus propósitos, porque suele retrasarse mucho la publicación de sus crónicas: causa que las desvirtúa haciéndolas perder el atractivo de la novedad oportuna, ideal a que aspira todo buen periodista.

—La crónica negra aumenta ya de una manera alarmante. Como si fueran pocos los males y las calamidades; que se escaparon de la caja de Pandora para que aflijan a la humanidad, parece ser que los hombres hemos tomado el acuerdo de despedazarnos unos a otros, hasta que no quede ni semilla.

Así vienen a demostrarlo el bárbaro y repugnante asesinato cometido el sábado en la noche en la calle del Calvario contra dos pobres e indefensas mujeres por uno de esos energúmenos sociales, valientes de oficio, que tienen por glorioso blasón el crimen;  y la inexplicable agresión de que fue anoche objeto un hombre, en la calle de la Concepción Jerónima, por parte de un «enfant terrible», precoz asesino de 15 años.

No pueden imaginarse motivos más fútiles que los que han determinado ambos crímenes. Ya no se asesina por móviles pasionales que disculpan o atenúan algo la acción criminosa, sino por el salvaje e inefable placer de matar porque sí.

— El Ayuntamiento de Barcelona, compuesto casi en su totalidad por solidarios, ha decidido variar el nombre de la mayoría de las calles de la ciudad condal, más principalmente el de aquellas que lo tengan castellano o exprese algo que se relacione con Castilla. El nombre de Cervantes será sustituido en tres o cuatro barriadas de Barcelona.

Así mismo el nombre de España será borrado en una calle de la barriada de San Gervasio. ¿Qué mal hizo Cervantes a Cataluña, sino honrarla con varios elogios que le dedicó en su Quijote, bien que en la armoniosa y soberana lengua de Castilla? Esto no es más que semitismo y odio innoble, que diría Pío Baroja.

— Y a propósito de Barcelona. El viernes fueron silbados en la capital del Principado unos militares por varios estudiantes catalanistas. Y luego quieren los catalanes que se derogue la ley de jurisdicciones. Por cierto que la minoría solidaria afirma y alardea de que Maura le ha prometido formalmente esa derogación. Algunos ministros, entre ellos el de la Guerra, y muchos diputados de la mayoría lo niegan en redondo. Maura, entre tanto, permanece mudo y se hace el distraído. Por aquí vendrá el cataclismo y la muerte inminente al Gobierno. Con el prestigio de la Patria no se juega.

— En cambio, los republicanos han dado una nota patriótica y simpática. El País de ayer publicó un manifiesto redactado por la Comisión nombrada en la Asamblea de 26 de Mayo último. El curioso documento sirvió para dar un nuevo palmetazo a Salmerón y a las minorías parlamentarías del partido republicano, a las que desautoriza y censura con dureza. De él transcribimos el siguiente párrafo:

«La Junta suprema del partido compuesta de senadores y diputados apenas dio señales de vida en las Cortes, ni fuera de las Cortes. Su jefe o presidente acaba de declararse solidario con aplauso de toda la Junta. Trata de reunir de nuevo la Asamblea en Diciembre. Si lo logra, en ella se despedazarán los elementos solidarios y antisolidarios. La política de la Unión gira en torno de la disidencia provocada por el Sr. Salmerón, que sigue en compañía de clericales, carlistas y separatistas, si bien en los últimos días parece haber sido suplantado en la jefatura de la Solidaridad por los verdaderos solidarios, fracaso que en Julio le anunciamos.

Bajo la influencia malsana del separatismo carloclerical, dos republicanos que militan en él, cometieron el desacierto en el Senado de defender las injurias hechas en el extranjero a la bandera nacional. Gracias a la prudencia y al miedo del gobierno, no hicieron lo propio en el Congreso. La Junta suprema no ha tenido contra eso ni una palabra de protesta. Este nuevo agravio debemos a los directores de la Unión». Cada vez nuestra política se complica más, y pronto acabaremos por no entendernos nadie. Mientras tanto, a río revuelto… Ángel Rozas. Lunes, 18 de Nbre. Madrid.

Huelga de pan en Chamberí, Madrid 1907 (Colección Simón J. Iglesias)

La Huerta. Número 192 – 23 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. ¡¡Cerdos…!! ¡¡Marranos…!! ¡¡Cochinos…!!. No es ninguna alusión personal o política, aunque lo parezca y lo pudiera ser; no es tampoco un duro reproche escupido al rostro de los homosexuales de Berlín y al de sus congéneres de todas las naciones; ni un epíteto dirigido a ciertos culinarios, inventores de salsas amarillas y verdes; ni una moralista reprensión a los que florean a las mujeres con obscenidades de mal gusto; ni siquiera es un apóstrofe de urbanidad contra los que tienen el feo vicio de hurgarse las narices con los dedos, aunque estén haciendo albondiguillas de bacalao.

Es sencillamente una natural exclamación, un grito espontáneo que se escapa de las gargantas de todos los madrileños amateurs del tocino fresco, de la salchicha y de las magras. El cronista no puede menos que disculpar la justa indignación de los respetables consumidores de carne de cerdo (1),los cuales se hallan privados estos días de comerla, sin ser en esta época una santa abstinencia que nuestra Madre la Iglesia nos imponga.

(1) N. B. —El cerdo— y no lo digo hablando conmigo— es un animal muy digno de aprecio y de la estimación de las gentes. San Antonio el Ermitaño lo eligió para que fuera su compañero inseparable; poetas ha habido que lo han hecho objeto de sus más inspirados cantos, y un célebre obispo, aunque no recuerdo si fue el famoso de Mondoñedo, comparaba este paquidermo domesticado con la mujer, pues una y otro no tienen desperdicio.

Se trata únicamente de una huelga de abastecedores y matarifes, en protesta de que no se les deje sacrificar y vender cerdos éticos, en el más lamentable grado de tisis. ¿Cómo negar a los carniceros el derecho inmemorial que tienen, adquirido por la costumbre, que siempre ha sido ley, de expender solomillo tuberculoso y chuletas con bacilus de trichina? ¿Que se envenena el consumidor o se muere? ¿Se llevó la carne fiada? ¿No? ¡Pues a ellos qué! Mejor para los médicos y para los funerarios.

El concejal comisario D. Emilio Blanco es, por lo visto, un edil con toda la barba. Se planta a las cinco de la mañana en el Matadero de puercos, y allí se está el celoso munícipe, microscopio en ristre, vigilando como un Argos, hasta las doce de la noche. El Sr. Blanco, convertido en nuevo Torquemada contra toda herejía antihigiénica, mandaba sin contemplaciones al quemadero las reses sacrificadas que no se hallaban en condiciones para el consumo, después que el examen técnico acreditaba tenían síntomas de tuberculosis.

Los abastecedores se quejaron al alcalde, de la severidad edilesca, alegando que era antigua práctica en el Matadero la de cortar de estas reses enfermas aquellos trozos de carne que habían sido invadidos ya por los tubérculos, aprovechando el resto para el consumo, a lo que se oponía rotundamente el Sr. Blanco. El Sr. conde de Peñalver giró entonces una visita de inspección en el Matadero y acabó por aprobar la conducta del delegado del municipio.

En aquel instante surgió la huelga, y hoy ya llevamos los cortesanos varios días sin comer magras. El conflicto, tras de ser grave y mortal, no se resuelve tan pronto como los impacientes quisieran, y ya se empieza a oír por todos los ámbitos de la corte gritos desgarradores, angustiosos y ambiguos, pidiendo: ¡¡Cerdos…!! ¡¡Puercos…!! ¡¡Guarros!!… Ángel Rozas. Miércoles, 20 Nbre. Madrid.

Don Miguel de Unamuno y Jugo.

La Huerta. Número 195 – 27 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. La Solidaridad y los intelectuales. En el pleito de la Solidaridad también litigan los intelectuales. No podían por menos. Ellos, los superhombres, se creen en el deber y con la misión de enjuiciar y sentenciar en todo transcendental problema y en toda cuestión ardua. Y su fallo es infalible, inapelable, decisivo.

Ya sabéis quiénes son los intelectuales. Con tan pretencioso y ridículo nombre, —todos los hombres son intelectuales, — tal vez cometiendo una absurda antonomasia, se han bautizado unos cuantos señoritos, que forman algo así como el trust de la inmortalidad y de la gloria vitalicia y póstuma. Pasan el noviciado bebiendo ajenjo y haciendo antesalas y bajezas; intrigando aquí, adulando allá, con carnavalesco indumento y tipo estrafalario.

Después fundan una sociedad de autobombos y bombos mutuos, y publican unos libritos con piruetas y extravagancias de efecto para llamar la atención del público indiferente y hacerse bonitamente el reclamo. En esos libritos dan a luz algunos juegos malabares poéticos en diversos desequilibrios métricos imitando a Verlaine, con frases rebuscadas y vocablos manidos, o insertan prosas de merengue o de mosaico, diciéndonos en plural de majestad que tienen un «enorme paraguas rojo», que son «unos pequeños filósofos» y que leen al P. Gracián y a Lamartine y otras vaciedades y bagatelas por el estilo.

Al punto, escalan la tribuna de algunos de esos rotativos que se llaman «de gran circulación»; y ya en ella, interceptando el paso y obstruyendo la entrada a los demás, quedan ungidos y consagrados. A quien se atreva a hablar mal de ellos y a demostrarles que son unos gansos con aire y tono de grandes hombres, con decirle que es un despechado, un fracasado envidioso, un «declassé», se le apabulla y asunto concluido. Logrado un nombre por cualquiera de estos procedimientos se echan a dormir, después de clasificarse por cartas: humoristas, ironistas, paradojistas, rectilíneos, bagatelistas, mundiales, funambulistas, neoclásicos, parnasianos, pseudorománticos, simbolistas, naturistas, eclécticos e iconoclastas. ¡Cuánto majadero!

Pues bien; la última burrada de los más conspicuos intelectuales ha sido la de declararse, unos solidarios, y antisolidarios otros, trayendo a cuento con este motivo, razas y genealogías. El Sumo Pontífice Unamuno, que no es Unamuno, sino una mona, quiso explotar el argumento y hacer una de sus paradojas combatiendo la Solidaridad y hablando mal de sus devotos. Y enseguida le han secundado en la tarea otros intelectuales vascos, pero que imperan en Madrid: Grandmontagne, Pío Baroja, Manuel Bueno, con un séquito de genios en embrión.

En cambio, alardean de solidarios Ramiro Maeztu; también vizcaíno, Guimerá, Calderón, Urales, Martínez Sierra y probablemente Azorín, no obstante que, como de costumbre, aún no ha dicho esta boca es mía; con su correspondiente cohorte de intelectuales de escaleras abajo. Se enzarzó la polémica y hemos tenido que abrir el paraguas de Azorín. Que si el misticismo, que si la Edad Media, que si el guerrero, el mercader y el fraile, que si el origen étnico, que si el odio semítico….

Habla Unamuno, replica Maeztu, objeta Grandmontagne, argumenta Corominas, perora Bueno, afirma Cambó, teoriza Baroja y filosofa Carner; y todos discuten, y todos chillan y ninguno se entiende. ¡Qué grillera, Dios mío!…—¡Rediez, agua, agua — decía un baturro — que se quema el Ebro, porral… ¡Riau! ¡riau! Ángel Rozas. Jueves, 21 de Nbre. Madrid.

De la Cierva con el alcalde de Madrid, 31 de octubre de 1907. Nuevo Mundo.

La Huerta. Número 196 – 28 de noviembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. CIERVA Y LA PRENSA. La Prensa es un estorbo para cierta clase de gentes. Todos los malos gobernantes y cuantos han tenido algo indecoroso que ocultar a la faz de la opinión, juez inexorable y justiciero, temiendo su fallo, se han significado siempre por su odio a la Prensa y por las persecuciones que le han hecho sufrir.

La Prensa, esta Prensa periódica tan calumniada cuando de ella se reciben justas censuras y tan cortejada cuando de ella se espera un bombo inmerecido o una alabanza lisonjera, es la institución más poderosa, la más humanitaria y la más civilizadora de los tiempos modernos. Portaestandarte de la cultura, salvaguardia y égida de la libertad individual y de la razón, dique formidable e incoercible contra todas las injusticias y contra todos los abusos de los tiranos, es digna de todos los respetos y de todos los honores, y siempre saldrá triunfadora de cuantos desalmados yangüeses y felones malandrines osaren aporrearla.

Verdad es, desgraciadamente, que en su gremio y orden caballeril se cobijan algunas meretrices y viven medrando algunos intrusos e inverecundos testaferros; pero no hay humana institución, por santa y venerable que sea, que esté libre de culpa y exenta de mácula. Junto al apóstol se ha alzado siempre el falsario; tras la hazaña de un héroe, ha venido la grotesca parodia de algún histrión. No obstante, el público sensato y experto, a quien nunca se engaña aunque lo parezca, en todo caso ha sabido distinguirlos y darles nombre apropiado.

La Cierva, el prohombre de Mula, este «factorum» de Maura que ocupa la poltrona de Gobernación, no ha podido disimular jamás la antipatía y la aversión que siente hacia los periódicos y hacia los periodistas. ¡Esos malditos periódicos para los que no hay ni puede haber secreto ni misterio oculto, y que no pueden tener nada callado!… Por ellos, terribles fiscales como es imposible tapar sus cien mil bocas, es necesario jugar limpio. Las fullerías, las martingalas y los escamoteos de tahúres son comprometidos y peligrosos.

El Excmo. Sr. D. Juan La Cierva y Peñafiel (Rocafedele cuando era bolonio) es maravillosamente genial. Él no puede olvidar las donosas ironías y las duras rechiflas de que le ha hecho objeto la Prensa; y en una de aquellas célebres noches en que el pitorreo y la guasa viva de los noctámbulos eran más escandalosos y cabreantes en la puerta del Sol, entre el rumor de las letanías y de los rezos que subían de la calle hasta su confortable despacho del ministerio, juró sin duda D. Juan, creyéndose Tenorio en la primera escena del drama de Zorrilla, vengarse de aquellos irreverentes gritos, molestando a la Prensa, presunta causante y factora de aquellos «choteos» ejemplares y de aquellas socarronas burlas. Cierva comienza a patentizar su jurada venganza.

El sábado, día 23, apareció en la «Gaceta» una R. O. sobre periódicos, empresas, corresponsales, impuestos de utilidades y otras frioleras periodísticas, encaminadas todas a meter en cintura y domeñar este empecatado y maldecido monstruo de cien oídos, de cien ojos y de cien mil bocas. ¡Hay que amordazarlas!

El decretito se las trae y la marejada arrecia. En la sesión de esta tarde, en el Congreso, Rodrigo Soriano u otro cualquiera de los diputados periodistas moverá camorra y habrá bronca probablemente. ¡Nada, señores, que Cierva quiere crisis a ultranza, para poder irse estas Navidades a comerse el pavo en Mula, cansado de ir en el machito de la Gobernación! Ángel Rozas. Lunes, 25 de Nbre. Madrid.

El siguiente artículo, lo he transcrito casi entero porque, aunque aparezca firmado por Eugenia Tribelli (su prima, con la que comparte piso, se llama Eugenia Tribello) seguramente lo redactó Justo con sus indicaciones.

Justo García y Eugenia Tribello.

La Huerta. Número 200 – 4 de diciembre de 1907: CRÓNICA DE MODAS. Los sombreros de invierno. Estas ligeras notas las dedico, ¡naturalmente!, a las distinguidas y bellas lectoras de LA HUERTA, a cuyo servicio pongo los conocimientos que en el arte de confeccionar sombreros de señora he adquirido en muchos años de práctica.

El sombrero es el complemento insustituible de la toilette de toda mujer elegante; su elección, su esprit, la manera de saber colocárselo revelan la gracia, el gusto y hasta el alma de la dama que lo lleva. La que es doctora en el arte supremo y exquisito de agradar, que es el ideal estético a que debe aspirar toda mujer, antes de elegir el sombrero con que ha de adornarse y completar su tocado, estudia cuidadosa y detenidamente la forma, los adornos, la pose, todos sus pormenores, examinando aquellos que más se adaptan a su rostro y al conjunto de su figura, siempre en armonía con la moda.

Hay que tener en cuenta que el sombrero es el árbitro y la piedra de toque del buen gusto; él nos dirá si la mujer que le lleva es una elegante o una cursi. Mientras que de la cabeza de ésta se desprende, en la de aquella halla su trono; aunque siempre disimula y aristocratiza. Todas sus modas han tenido algún encanto, prestando gracia y distinción al busto.

Desde el sombrero Pompadour, que nos evoca todos los refinamiento semi-paganos y el lujo suntuoso de aquella corte complicada, galante y sutil de Luis XV; la capota María Antonieta, preferida por nuestras elegantes del miriñaque a mediados del pasado siglo; la elegante archiduquesa, con el ala graciosamente levantada del lado izquierdo y sobre el que triunfaban ricas amazonas, haciendo el sombrero regio, majestuoso y distinguido; el airoso chambergo, con el ala recogida por ambos lados y con una hendidura en la copa, adornado por caprichosos penachos de plumas de gallo; la pequeña capota sujeta con barbuquejo de biez de terciopelo prendido con alfileres de perlas; las primorosas gorras confeccionadas con ricos pañuelos de seda escoceses; el lindo canotier, sombrero de mañana y de viaje, pero que viste y distingue con su velo de tul, graciosamente recogido hacia atrás…

… Pero como mi propósito de hoy es describiros el sombrero de invierno de la presente temporada, accediendo gustosa a las instancias e invitación de un amable redactor de LA HUERTA, paso a hacerlo sin más preámbulos.

Revista Actualidad 1907 BNE

Las últimas novedades venidas de París nos imponen el extravagante sombrero de campana, nombre que recibe por afectar esta figura  su forma. Son generalmente cascos de castor o de fieltro con el ala muy combada hacia abajo y la copa alta y redonda. Componen sus adornos grandes penachos de plumas fantasía, o grupos de rosas y crisantemos de terciopelo y raso, o bien dos amazonas o alones, cayendo por ambos lados como las antenas de una mariposa, y sujetas anteriormente por un chou o moña cocarda o por una hebilla.

Es muy de novedad rodear la copa con un rus effilé, o sea de seda deshilachada, atravesado caprichosamente por grandes agujones de bolas opalinas. Este sombrero es propio de señoritas jóvenes, y la manera de llevarlo es muy tirado hacia atrás de modo que pueda lucirse el peinado por delante.

También para las pollitas de 15 a 20 años se estila mucho la gorra de paño de dama, llamada automovilistas, con visera toda alrededor. Para las señoras graves están de moda las capotas de terciopelo con bridas y adornos de violetas, pensamientos, cintas o  plumas. Para las niñas se llevan las capotillas llamadas de forma de gato, cubiertas de terciopelos planchados con graciosos pliegues recogidos a los lados, donde se colocan moñas, hechas con vaguitas de cinta, flores y algunos cabos de pluma dejando la parte delantera sin adornos.

El color que domina es el heliotropo combinado con el verde. Ante la imposibilidad de extenderme más me despido de las amables y bellas lectoras de LA HUERTA, ofreciéndolas ponerlas al corriente con oportunidad de cuantas novedades hayan por esta corte. Eugenia Tribelli, Madrid y Dbre. de 1907.

Trinitario Ruiz Capdepón.

La Huerta. Número 203 – 7 de diciembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. La «democracia» de Capdepón. Por si aún quedan tontos en Orihuela que crean en la democracia de los liberales demócratas y más especialmente en la de su «ilustre hijo» o «padre» (como algunos incautos le llaman), el ex-ministro Sr. Capdepón, ese marmolillo que encumbró un capricho de la diosa Casualidad; hoy quiere consignar el cronista un hecho decisivo y elocuente digno de pasar a la Historia, que confirma la inquebrantable y la estúpida fe de tales creyentes pazguatos.

A nosotros ni nos maravilla ni nos asombra. Por un bien escrito y patriótico artículo de fondo, inserto en este periódico el 8 del mes último con el título «Fervor monárquico», ya conocen los lectores de LA HUERTA el dictamen del Consejo del Estado, concediendo al hijo del infante D. Carlos de Borbón, a solicitud de la Intendencia de Palacio, una pensión anual de 250.000 pesetas. El famoso dictamen, por ilegal, improcedente y atentatorio contra nuestra ruinosa Hacienda pública, fue acogido con gran escándalo y protesta de la opinión y viene siendo ya, durante dos meses, objeto de una continua y ruidosa campaña oposicionista por parte de la prensa de todos los matices y colores.

Carlos de Borbón y su hijo, el infante Alfonso en 1907

La enorme montaña de tributos, impuestos y gabelas que pesan sobre los enflaquecidos hombros del contribuyente español y que van a parar al fisco, ya estamos cansados de saber los beneficios que nos reporta. En este mísero país, donde diariamente se ven obligados a emigrar con sus familias millares de obreros por no morirse de hambre en la ingrata patria, donde la agricultura y la industria se hallan sin la protección de los poderes, y la ignorancia y el analfabetismo con todas sus consecuencias funestas cunden y aumentan cada día más por el incalificable abandono en que tiene el Estado estas sagradas atenciones; hay unos consejeros magnánimos y patriotas que disponiendo muy holgadamente y a su antojo del dinero de la Nación, van a regalar todos los años una millonada a un individuo de la familia Real, a quien según la Ley no le pertenece.

La esplendidez de tan celosos primates sería muy digna de loa, si fueran igualmente dadivosos para con todos los ciudadanos españoles. Retirado por el Sr. Urzaiz su voto particular en contra de tan absurdo dispendio, que debió ser rechazado desde un principio sin concederle siquiera los honores de la discusión, ayer mañana, como estaba anunciado, celebró una sesión el pleno del Consejo a fin de discutir el célebre dictamen.

Hora y media duró la reunión deliberativa en que se iba a dilucidar y a resolver una cosa tan clara a todas luces, que no da lugar a dudas ni a vacilaciones. La discusión fue acalorada y tumultuosa. Llegado el momento de votar, lo hicieron en favor del dictamen, es decir, de la concesión generosa de 250.000 pesetas al infante D. Alfonso, el presidente, marqués de Pidal, los consejeros conservadores señores Azcárraga, Santos Guzmán, Pidal (D. Alejandro) y duque de Mandas, el duque de Veragua, liberal, y el Sr. Capdepón ¡demócrata!; total, siete.

Y en contra, los Sres. Moreno Rodríguez, Urzaiz, Eguilior, Ramos Izquierdo y Aguilera; republicano el primero, conservador el segundo y liberales los tres últimos; total, cinco. Es decir que sin la defección y sin la inconsecuencia del «demócrata» Sr. Capdepón, hubiese habido empate y el dictamen no hubiera sido aprobado. Ahí pueden los oriolanos ver en paños menores la democracia de su paisano ilustre. ¡Recobren la vista los ciegos que aún esperan el maná llovido de manos de estos funestos Capdepones, Ruices o Valarinos!.. Ángel Rozas. Martes, 3 de Dibre. Madrid.

El público viendo los números premiados en la Puerta del Sol. Nuevo Mundo, 26 de diciembre de 1907. BNE

La Huerta. Número 217 – 24 de diciembre de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. GLORIA IN EXCELSIS… Ustedes habrán creído sin duda que Ángel Rozas ha muerto, y hasta algún lector devoto quizá haya rezado por mi alma. No me ha faltado mucho. La afonía que he padecido era efecto de un catarro grippal de esos que ahora corren, según diagnosticó el doctor. Pero ya estoy bueno y en voz, a Dios gracias. Descolguemos, pues, la mal cortada péñola mía, no precisamente de la espetera y del hilo de alambre donde la dejó el prudentísimo Cide Hamete, y volvamos de nuevo a nuestra tarea diurnal.

Por cierto, señores, que me he visto y me he deseado para convalecer. Esos chicos de mi portera son unos diablillos de los mismos infiernos. Su madre les compró, pronto y con tiempo por si se acababan, estos dulces y armoniosos instrumentos músicos pastoriles con que la tropa infantil celebra el aniversario del nacimiento de Jesús. Godofredito toca a todas horas la gaita, Nicanorcito bate con marcialidad el tambor, Rigobertito tañe desacompasadamente la zambomba, Periquín zumba con furia la pandereta y Petronila chasca sin ton ni son las castañuelas y se desgañita cantando villancicos….

En fin, que están el cuarto de mi portera y el portal convertidos en un verdadero Belén. Por no volverme loco con el angelical concierto del coro porteril, he huido hoy de casa en cuanto he almorzado y me he dirigido a Fornos. En el sitio y mesa de costumbre estaba reunido el cónclave y formada la tradicional e histórica tertulia de mis amigos de siempre: D. Severo, D. Tadeo, Manolito Estrada, Juanito Risueño y Prudencio Iglesias.

Tienen un gran barullo. Todos hablan y disputan, entre el chocar estrepitoso de las copas y de las cucharillas. — Hoy hay gran deliberación— he pensado para mi chaleco. En efecto, el vehemente D. Severo gritaba en aquel instante con prosopopeya autoritaria, enarbolando heroicamente una tetera: — Eres un tonto, Juanito; y perdona la manera de señalar. Los yankis no van a ninguna parte. — Sin embargo, ya ve V., don Severo; ahora van bonitamente al Pacífico, buscándoles las cosquillas a los nipones. — ¡Un colmo, señores, un colmo!… — ha interrumpido Iglesias, soltando una carcajada.

El pavero en Navidad. Nuevo Mundo, 26 de diciembre de 1907. BNE

¿Cuál es el colmo del camorrista? ¡Ja, ja! El colmo del camorrista lo están haciendo ahora nuestros zurradores de marras los yankis. ¿Que cómo? ¡Je, je!- Yendo a armar guerra al Pacífico. — Pues bien; los yankis hacen un colmo, como dice el amigo Iglesias, y van a achantar a esos fanfarrones changuitos — continúa diciendo Juanito Risueño. — Pero se volverán a la mitad del camino — replica sentencioso D. Severo. — Y si acaso cometieran la temeridad de hacer la guerra al Japón, que no lo creo, sufrirán la derrota más descomunal que los siglos han presenciado.

Los japoneses son invencibles.  La magnífica y formidable escuadra de Ewans, que ha zarpado de Port Monroe hacia Oriente, no es de las que se dejan vencer tan fácilmente como se dice. Son 19 acorazados mayúsculos con el mejor armamento que se conoce, 16 cruceros blindados y una escuadrilla de torpederos, que es la avanzada de la muerte. — Todo eso se hundirá en las aguas del Pacífico. El gran Togo, el vencedor de Port Arthur, dará una dura lección a ese grumetillo de Ewans.

Con poco trabajo demostrará ante los ojos de todas las naciones que el Imperio del Sol Naciente es la primera Potencia del mundo. — ¡Riau, riau!… ¡Eche V. por esa boca! Eso es asegurar mucho. — Lo aseguro porque puedo y porque soy práctico y perito en la materia. — ¡Adiós, Kuroki!… —Las guasitas p’al gato. Siempre me ha dado pena de que seas un percebe de nacimiento. — ¿Va a echar V. ya mano al saco de los «azjetivos»?

Pues avise V. antes, para que coja el sombrero y me vaya a la calle. — A otro sitio debieras irte, cacho de besugo. —Mire que le «azjetivo» a su mamá política. Está visto que con los solidarios no se puede discutir de nada. — Mentira!…

La discusión se enzarza fieramente, y por momentos va agriándose y subiéndose más de tono. Algunos terrones de azúcar de pilón vuelan por encima de nuestras cabezas. La ruptura y la conflagración son inminentes y la intervención de las potencias neutrales se hace necesaria.

D. Severo es fanático solidario y desde la reciente guerra ruso-japonesa, un furibundo entusiasta del Japón. Tocarle ambas cosas a D. Severo, es hacerle perder los estribos. Por fin y gracias a los buenos oficios de las potencias intervencionistas, se restablece la paz y se serenan los ánimos.

Entonces Prudencio Iglesias, el eterno humorista, ha hecho algunos cuantos chistes sobre el incidente, que todos hemos abucheado en coro, y ha propuesto luego otros tantos colmos y semejanzas. Esta decadente costumbre de las agudezas de ingenio, que era hace dos años la monomanía de todo madrileño de buen tono, afortunadamente ha pasado ya de moda; pero el grotesco y dicharachero Iglesias adquirió entonces este vicio incorregible, que tan bien armoniza con su carácter, y aún continúa con él.

D. Tadeo ha tomado después la palabra, y con un gran énfasis ha disertado largo rato sobre el estado de la cultura española y acerca de las causas de su postración, endilgándonos un discursito académico, con latiguillos y todo, digno de una conferencia en el Ateneo. «La enseñanza y la educación social — ha dicho en tono sentencioso— es nuestro primordial problema. La instrucción pública es el único medio de regeneración que nos queda a los españoles».

Después ha abogado porque se conceda a Rodríguez San Pedro los cinco millones que piden las minorías parlamentarias que se aumente nuestro presupuesto de Instrucción Pública. A este propósito se han discutido también los 200 millones que figuran en el proyecto de escuadra; y con tal motivo han vuelto a soliviantarse los ánimos y los polemistas han estado a punto de venir a las manos.

La mesa del café parecía un campo de Agramante. Yo, casi fuera de juicio, me he ido a la calle y me he vuelto a casa filosofando en la vanidad de las cosas de los hombres y pensando que es preferible sufrir el belén de los chicos de mi portera, que los debates diplomáticos y parlamentarios de mi tertulia del café de Fornos. Ángel Rozas. Madrid, 21 de Diciembre.

Café de Fornos. Madrid.

El 30 de diciembre, su amigo Antón del Olmet firma la Crónica Madrileña de «La Huerta». Curiosamente vuelve a estar relacionada con la moda; anunciando la repentina muerte de un famoso modisto francés.

1908.

Durante el mes de enero de 1908, Ángel Rozas redactó media docena de crónicas.

Nuevo Mundo, enero de 1908. BNE.

La Huerta. Número 224 – 7 de enero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Sinfonías del Año Nuevo… Un horrible y fragoroso estampido, entremezclado de ayes y gritos de angustia, hace retemblar los ámbitos de España. La detonación ha retumbado, como de costumbre, en la capital de Cataluña.

Hay quien la atribuye a la caída del gordo en Barcelona; otros, en cambio, más expertos, la reconoce como efecto de la explosión de varias bombas de dinamita en las calles de la ciudad condal. De todos modos es el trueno gordo, el trueno final de la obra.

Terminó la comedia del año 1907. Telón. La obra ha sido pésima, rematadamente mala, una farsa indigna, una mojiganga indecente y grosera, una porquería. Todos nuestros farsantes y conspicuos histriones se han esforzado por ver quién lo hacía peor.

El público, paciente, no pudiendo contener por más tiempo su malhumor y su hastío, ha silbado y pateado a rabiar. Es lo único que nos queda: el derecho a la grita y al pataleo. Nuestra desconcertada orquesta nacional ha vuelto a preludiar su invariable sinfonía, entre la chillería y el escándalo.

Los comediantes estudian otras bufonadas y ensayan nuevas posturas. El coro se dispone a salir. Todo indica que inmediatamente va a comenzar de nuevo la función. El viejo y monótono espectáculo estamos cansados de sabérnoslo de memoria y los espectadores bostezaremos otra vez de aburrimiento, ya que no tenemos fuerzas y nos sentimos incapaces para obligar a la empresa egoísta y sórdida a mudar e innovar los carteles, dando más amena variedad a la representación, y despidiendo a puntapiés y a escobazos a la torpe y grotesca farándula que ahora, actúa en el destartalado y ruinoso coliseo de la Patria.

Pero ¡Silencio! ¡Atención! Ha concluido el entreacto y se ha descorrido nuevamente la cortina. Empieza el coro. En la última fastidiosa escena del acto anterior, a paso de carga y a trancas y barrancas, quedaron aprobados los presupuestos y cumplida la letra muerta de nuestra desencuadernada Constitución.

¡Qué importa que se haya burlado una vez más el espíritu de la Ley! Mientras el coro general de recaudadores y alguacilillos, ejecutando una «machicha» sobre motivos del Miserere de M. Trovador, explica y aplica los nuevos presupuestos o impuestos; la farándula parlamentaria descansa hasta el día 24. La comparsería desentona y desafina de un modo horrible.

— «He aquí — exclama el corego haciendo uno de sus mejores gorgoritos— manifiestas las inauditas y casi milagrosas ventajas de la desgravación. En bien de las costumbres, se cierran los domingos las tabernas, queda el morapio libre del impuesto de consumos, para mayor comodidad de la pesca de merluza en todos los extrarradios; pero no creáis por eso que beberéis más barato el vino, pues si los taberneros no tienen ya que pagar puertas, satisfarán, en cambio, las patentes acordadas por el alcalde.

Sin embargo, en beneficio del sufrido vecindario madrileño y para compensar los ingresos que por la desgravación de los vinos pierden el erario y las arcas municipales, nuestros celosos administradores han ideado otros impuestos y nuevas gabelas que hacen subir los precios del pan, de la carne y de otros artículos de primera necesidad. ¡Señores, viva la borrachera y la juerga nacional!— Una voz estentórea sale del público y dice: — ¡Fuera! Ahora nos bajáis el vino y nos subís el pan y la carne.

¡Negociantes! ¡Chapuceros! Pronto, a este paso, lo trastornaréis todo a medida de vuestro egoísmo, y abusando de nuestra mansedumbre, nos bajaréis los calzoncillos nos subiréis las camisetas… ¡ya sabéis para qué! Señores, siga la danza. Puede el baile, continuar. Ángel Rozas. Madrid, 3 de Enero de 1908.

Diábolos a comienzos del siglo XX.

La Huerta. Número 228 – 11 de enero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. ¡Diábolo!… «Satanás será suelto de su prisión». Apocalipsis. Se ha dicho que «la luz viene del Norte»; y se puede ahora añadir, en buena lógica y en mejor etimología, que Lucifer también viene del Septentrión.

Precisamente porque aquí seguimos con fanatismo y monomanía cuanto procede de «allende los Pirineos», nos encontramos en estos momentos, dominados por una abrumadora fiebre infernal; por un terrible furor diabólico. «¡Absit!» Se ha cumplido, como no podía por menos, al pie de la letra la profecía que escribió San Juan en la isla de Patmos, en su libro el Apocalipsis (cap. XX, vers. 2, 3, 7 y 8).

El propio Satán en persona, aunque disfrazado en figura del carrete, del cordón y de las dos varillas que integran el juguete de moda llamado el diábolo, ha llegado e invadido Madrid, enseñoreándose al siguiente día de la élite de todo lo más elegante, de todo lo más snob y de todo lo más cursi que encierra la villa y corte del oso. En todas las casas, en todas las calles y en todos los paseos el horrible diábolo es elevado a las alturas y es objeto de un culto desenfrenado e idolátrico.

Como verdadera plaga, ve usted a todas horas volar por los aires el endiablado carrete, amenazando y poniendo en peligro la integridad física del transeúnte indefenso. Los percances, los coscorrones y los chichones que ha producido ya el nuevo juego maldito, son innumerables, y lo más sensible es que sus víctimas no se cuentan únicamente entre sus adoradores y neófitos.

Con motivo de la pasada festividad de Reyes, ha aumentado extraordinariamente el culto diabólico, pues los monarcas magos han traído en sus alforjas una copiosa provisión de diábolos, surtiendo a todos los que aún carecían del armatoste. Ya no solo los chicos y las señoritas cursilonas de este Madrid taboadesco se entretienen jugando al diábolo; muchos padres de la patria y respetables senadores se dedican con entusiasmo al nuevo y aburridísimo sport.

Tal vez lo hagan únicamente por imitar al cardenal monseñor Merry del Val, de quien dicen que dentro del Vaticano se divierte con el juego de moda. ¡Hasta en la morada del Vicario de Cristo en la tierra ha conseguido penetrar el diábolo! ¡Horror! ¡Ya no hay salvación posible! Pero no han sido solamente diábolos lo que los Reyes Magos han traído. He aquí una lista de los objetos con que han favorecido y regalado a nuestros más eximios políticos:

A Maura: un cangrejo automático y la carabina de Ambrosio. — A La Cierva: unos pantalones a cuadros, un enorme cerrojo, un puchero electoral y un molino movido por las aguas desviadas del Segura. —A Osma: la llave de la despensa nacional, media docena de botellas de Jerez desgravado y cien cédulas liberadas por la Azucarera Española. — A Allendesalazar: un busto de oro del Sr. Güell y un mapa de Marruecos.

—Al conde de Peñalver: un automóvil con una sentida dedicatoria de los panaderos de Madrid. — Al marqués de Vadillo: una cabra triste. — A Weyler: un lavabo y un termo nuevo. — A Primo de Rivera: un «pim, pam, pum» con una dedicatoria del capitán Clavijo. — A Moret: una estatua de la Libertad… encadenada, un piquito de oro y un molde de hacer pasteles de todas clases. — A Montero Ríos: una gaita gallega, un ruso, una bufanda y un chuberski. — A Vega Armijo: una ristra de ajos con un lema que dice: «Al ilustre prócer».

— A Romanones: un diábolo… cojo. — A Canalejas: el morrión anticuado de Sagasta y la Democracia de capa caída. — A Capdepón: unas sonajeras que fueron del nietecito de Caserta. — A la minoría solidaria: una barretina con esta inscripción: Autonomía o «visca Catalunya llibre». El programa mínimo de Tívoli: nadie toque la segunda columna de los aranceles. — A la minoría republicana: un gorro de dormir y una olla de grillos. — A Rodrigo Soriano: las armas de D. Quijote y un gallo inglés, que bien pudiera ser el gallo de Morón.

Muchísimos más han sido los regalos; pero no los mencionamos por no hacer interminable esta lista. Sabemos que todos han quedado muy satisfechos y contentos con las dádivas que les han correspondido, todos menos el Sr. Maura que esperaba una laurea de dictador.

¡Otro año será, D. Antonio! Esto y un frío más que regular constituyen cuantas novedades hay hoy en Madrid; porque la estancia de Mr. Pichón, el ministro de Negocios Extranjeros de la vecina república, sólo interesa a los colombófilos. ¿Un Pichón mensajero, para ultimarse en Madrid el embrollo de Marruecos?… ¡Diábolo! ¡Diábolo! Ángel Rozas. Madrid, 8 de Enero de 1908.

Visita Stephen Pichon. Nuevo Mundo, 16 de enero de 1908. BNE

La Huerta. Número 230 – 14 de enero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Mr. Pichón y la Historia. Después de haber sido durante tres días nuestros huéspedes, anoche salieron en el expreso de Andalucía, para Córdoba y Granada, el ministro de Negocios Extranjeros, de Francia, y su esposa. Mr. Pichón y Mad. Pichón.

Sabido es que al ilustre hombre público no le ha traído a España únicamente una «tournée» de recreo y de carácter particular, aunque este haya sido el pretexto. Mr. Pichón ha venido a cumplir la misión que le ha confiado la vecina República de celebrar una entrevista con nuestro gobierno, a fin de ultimar detalles y ponerse de acuerdo ambos poderes en el plan misterioso de la organización de la Policía marroquí y de la penetración «pacífica» del Moghreb, según el compromiso contraído en el acta de la Conferencia de Algeciras.

Todo el mundo ha concedido a esta visita una gran transcendencia para el porvenir de España en las relaciones internacionales y en su política futura con Marruecos, siendo muy comentada por la Prensa madrileña, de diferentes modos y con diferentes puntos de vista.

No intentamos por nuestra parte en la presente croniquilla echar un cuarto a espadas, formulando nuevos juicios y comentarios acerca de la secreta «entente cordiale» franco española; aún que sí recordaremos de paso la profecía de Bismarck: «El problema de Marruecos será el que engendre la próxima guerra europea». Por hoy habremos de limitarnos a exponer unas breves consideraciones históricas de actualidad que nos ha sugerido el viaje a nuestra península del ministro de Negocios Extranjeros de Francia. Hay hechos históricos que parece que se repiten a plazo fijo.

Visita Stephen Pichon. Nuevo Mundo, 16 de enero de 1908. BNE

Estas extrañas y admirables coincidencias que encierra frecuentemente la Historia, no acertaremos a probar si son puramente casuales y fortuitas o si obedecen a desconocidas leyes  eternas y providenciales, que presiden el trascurso de los siglos y el desenvolvimiento de los pueblos. Lo que consideramos un dato seguro e indiscutible es que hay naciones, lo mismo que los individuos, predestinadas a la desgracia por inexorable fatalidad; y esta es la única  razón que puede explicar por qué no saben sacar provecho de las sabias lecciones que proporcionan los grandes fracasos, el maestro tiempo y los hechos consumados e inevitables.

Nuestra torpe inexperiencia está probada. Será sólo una pura y  contingente eventualidad; pero todas nuestras alianzas y uniones con Francia nos han sido siempre fatales. Recordemos el célebre «Pacto de familia» que firmó Carlos III con Luis XV, como unión defensiva y ofensiva entre España y Francia, y las funestas consecuencias que tuvo para nosotros la alianza a que dio lugar, hasta el punto de vernos precisados a hacer humillantes concesiones a los ingleses en el desfavorable y bochornoso tratado de Fontaineblau, a fin de poder recobrar la paz perdida.

Recordemos la concordia de San Ildefonso, celebrada entre Carlos IV y el Directorio francés, que dio por resultado el desastre del Cabo de San Vicente y los rudos ataques y grandes pérdidas sufridos en América. Recordemos el nuevo convenio del año 1805 entre el mismo Carlos IV y Napoleón, que tuvo como desenlace el trágico percance del choque de Finisterre la enorme catástrofe de la batalla de Trafalgar que acabó con nuestra marina.

Y como si todo esto hubiese sido poco, tres años, después ordena nuestro aliado y traidor amigo Napoleón, contando con la complicidad del desatentado e inepto Carlos IV y abusando de la desidia de éste, que las tropas francesas invadieran nuestro patrio territorio; hecho que dio lugar a  aquel heroico y grandioso levantamiento del pueblo español, conocido con el nombre de Guerra de la Independencia.

Recordemos y meditemos tales enseñanzas históricas; en estos momentos críticos en que se acaba de ultimar un novísimo convenio franco-español que se oculta abusivamente al pueblo, a quien interesa. Como irónica coincidencia, van a conmemorarse el presente año, con festejos públicos en algunas poblaciones, el centenario y las glorias de aquella admirable epopeya nacional.

Ya nos estamos figurando el desbordamiento épico de todos nuestros Homeros y Tirteos españoles. Veréis a todos nuestros poetas y postillas, salidos de madre, inundándonos con sus cantos, odas, himnos, sonetos y romances. Las liras y demás instrumentos más o menos poéticos no se van a dar punto de reposo en las manos de nuestros vates de estro bélico y fogoso numen.

Zaragoza brindará al mundo una nueva gallarda prueba de hidalguía celebrando una Exposición franco -española en conmemoración de sus famosos sitios. Mientras tanto, ¿qué importa pues que Mr. Pichón venga a España y que ésta contraiga serios compromisos guerreros con nuestros vecinos transpirenaicos en el asunto cada vez más embrollado de Marruecos? Plegue a Dios que no nos bataneen las pocas costillas que nos quedan algunos desalmados y jayanes yangüeses en esta imprevista aventura quijotesca de encrucijada en que nos hemos metido ahora … Ángel Rozas. Madrid, Viernes, 10 de Enero de 1908.

Nuevo Mundo, 16 de enero de 1908. BNE.

La Huerta. Número 236 – 22 de enero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Varí, polizonte. ¿Os acordáis de Varí, mi paisano y mi antecesor, en esta agradable tarea de croniquear desde la Corte? Seguramente. Pues bien; ya os dije en mi primera crónica que iba a hacer oposiciones, a fin de ganar una de las 355 nuevas plazas de policía, creadas por Cierva, por el genial reformista de los pantalones a cuadros.

En los dos meses que han durado las oposiciones  policiacas, era imposible ver ni hablar siquiera al pobre Alfonso. Con el ansia de proporcionarse cuantos medios pudieran hacer más seguro su triunfo y más factible la realización de su esperanza. Varí no dormía, ni comía, ni descansaba un instante. Devoraba los libros y el cuestionario; iba a Gobernación y al Gobierno civil por tarde y mañana, a enterarse de cuándo entraba en turno; hacía veinte visitas y escribía al día otras tantas cartas, solicitando recomendaciones o influencias para el tribunal; y en este tejemaneje continuo su cabeza era un volcán en erupción.

Las oposiciones terminaron, y Alfonso Varí, ha visto premiado, con la apetecida recompensa su horrible purgatorio, y coronado con un éxito lisonjero todas sus desazones y todos sus afanes. Vari recibió el sábado último su credencial de agente de policía, con un sueldo anual de 2.000 pesetas. ¡Pobrecillo Varí! Está satisfechísimo y radiante de placer. Me ha contado casi con lágrimas en los ojos que cuando volvió a su casa con la credencial en el bolsillo interior del gabán, en un arranque de entusiasmo y de júbilo que no pudo contener, dio un abrazo estrechísimo a Sinforiana, la hija de su patrona, y un ósculo estrepitoso en el cogote a D. Brutinio Escorbuto un ex-sargento de Carabineros que en la misma casa se hospeda.

Figuraos la inmensa alegría de mi amigo, cuando llevaba debiendo el pupilaje ya tres meses y estaba sentenciado por su inexorable y pringosa pupilera a ser puesto de patitas en el arroyo si no ganaba la plaza de policía. ¡2.000 pesetas, 400 duros al año!…

Mi paisano no había soñado con esa suma jamás, y, loco de contento, no sabe dónde colocar a La Cierva. Varí se ha sentido espléndido. En celebración de su reciente triunfo, ayer tarde nos obsequió a varios amigos, entre los que se encontraban nuestros queridos compañeros Plim y Luis Gante, con un modesto guateque en un ameno y popular merendero de las Ventas.

El condumio fue suculento y sabroso. No copio el menú por no excitar la envidia y la gula de los lectores. Aunque brillaron por su ausencia el Rioja, el Burdeos, el Jerez, el Champagne y otros caldos famosos. Hubo, en cambio, gran derroche del Valdepeñas  clarete y desgravado; ¡Dios se lo pague a Osma! Durante la íntima cuchipanda reinó la más franca y jubilosa cordialidad, el buen humor y la alegría más expansiva que puede darse.

En uso y merced de la gran confianza que nos une, los comensales todo nos lo hubimos de permitir y dispensar, menos los brindis, que por previo acuerdo quedaron prohibidos terminantemente con terribles penas y conminaciones, temerosos de algún chaparrón de oratoria o de alguna oda pindárica alusiva al acto. Amenizaba el opíparo banquete con la algarabía musical de sus notas chillonas un organillo de repertorio zarzuelero, a cuyos compases se marcaban bien ceñidas tres parejas, rindiendo incansable culto a Terpsícore, sin temor al gris que helaba las respiraciones.

Aprovechando una pausa en el diálogo, mientras descargaba una chuleta con dientes voraces, el nuevo Goron bajo las órdenes de Millán Astray me preguntó: — ¿Y tú sigues mandando, crónicas a La Huerta? — Sí, chico; — le repuse— prefiero escribir para Orihuela que hacerlo para Trijueque. Desde que me nombraste tu sustituto, nuestro querido Plim es mi amo y señor. — Lo celebro, Rozitas— prosiguió Varí— En ese caso, tu deber es estar al tanto de la actualidad.

Dime pues cuáles son las últimas, novedades de la semana; porque yo hace ya dos meses que no leo un periódico. Rehusé el hacerlo; pero ante la insistencia de Varí, hube de complacerle y le referí en pocas palabras los sucesos de actualidad más salientes: — «La política parece que se va desenmarañando un poco. La disidencia se ha declarado ya, de un modo resuelto en la minoría solidaria. Cambó quiere ser ministro a ultranza y sus pasteleos con el hombre de las frases, han descontentado a todos los solidarios de la izquierda.

El proyecto de Ley sobre administración municipal y provincial, está siendo el caballo de batalla. Mientras Maura y su acólito Cambó quieren implantar el voto corporativo, infiriendo con ello un duro golpe al sufragio universal, la conquista más democrática que figura en nuestra Constitución, la izquierda solidaria, la minoría republicana  y el bloque liberal se opondrán tenazmente a tan retrógrada implantación y otras reformas del Proyecto.

Ya se está preparando la lucha; y ésta será empeñada e impetuosa, si Moret no hace algunos de  sus acreditados pasteles, como es presumible y desiste de sus propósitos belicosos. Pronto lo veremos. El día 24 se reanudarán las sesiones de Cortes y vendrá la rebaja. Meditemos mientras tanto.

El embrollado problema marroquí ha venido ahora a complicarse con la proclamación en Fez del pretendiente Muley Haffid, que marcha con su mehalla sobre Rabat, donde se refugia temeroso y desconcertado el inhábil sultán Abd-el-Aziz. Cerca de esta última población, un destacamento francés le defiende.

Nuevo Mundo, 16 de enero de 1908. BNE.

El Sr. Maura parece que ha certificado su criterio sobre este asunto, y así se dice que lo manifestó en el Consejo del jueves, con estas o parecidas palabras: «Francia sigue en Marruecos una política de represión; yo estimo que España debe seguir una política atractiva, más de cariño que de violencia. En este punto no podremos marchar de acuerdo con Francia, que pretende una acción combinada de las fuerzas de ambas naciones».

Sí, es cierto, por esta vez Maura se ha puesto al lado de la opinión: este es el sentir del pueblo español. Sin embargo, a este propósito se recuerda la arrogante frase lanzada por Maura en aquélla memorable sesión del Congreso: «Desde Tánger al Muluya ninguna nación que no sea España pisará el territorio de Marruecos». Si Maura se propone sostener esta bravuconada imprudente, es de temer que el criterio pacifista del Gobierno tenga que modificarse muy pronto.

Por lo demás la semana ha dado de sí, mucha sangre y mucho cieno. El asesinato de la calle de la Primavera, y el cruel y estúpido crimen de la calle de Ciudad Rodrigo, han exaltado las imaginaciones noveleras y folletinescas. En cuanto al cieno… ¿os parece poco el que hay en las calles de Madrid, por mor a Peñalver y el que ha removido España Nueva con la denuncia contra el médico pederasta, sátiro repugnante, doctor Rodríguez Gallardo?

A todos estos relatos míos pusieron sendos comentarios el anfitrión y demás comensales. Había cesado de tocar el organillo. La noche caía, cubriéndolo todo de sombras. Entonces hubimos de suspender el jolgorio. En cuanto el dueño del merendero se enteró que Alfonso Varí era un nuevo polizonte, se negó a cobrarle el importe del convite. Este ha sido el primer gaje de su lucrativa profesión… Ángel Rozas. Madrid, 18 de Enero de 1908.

Nuevo Mundo. 23 de enero de 1908. BNE.

La Huerta. Número 238 – 25 de enero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Alma romántica: Más triste que la muerte de los hombres es el ocaso de los pueblos. Esta nuestra vieja raza latina, abrumaba bajo el peso de los siglos y rendida con el largo afanar de sus esfuerzos heroicos y conquistadores, después de haber paseado, aventurera y triunfante, sus ideales luminosos por todo el mundo, ha desgastado su actividad incansable y prodigiosa y su energía viril y se siente desfallecer en endeble decrepitud.

Los raquitismos de su degeneración y los achaques de su decadencia, la han hecho impotente, como en otros remotos tiempos, para evitar el desbordamiento y la impetuosa avalancha de los anglo-sajones, de los germanos, de los eslavos y de los escandinavos que, desde las altas montañas, desde las estepas y desde los ventisqueros del Norte, se han precipitado sobre los floridos valles del Mediodía en avasallador irruimiento.

Sin embargo, si es evidente que las naciones latinas decaen, siéndoles imposible contener la invasión de estos nuevos bárbaros del Norte que nos conquistan con la fuerza de las armas y del comercio, con las ciencias y con las artes; no es menos cierto que hay algo que, aunque permanece callado e inerte, no puede ser vencido ni morir nunca: ese algo es el espíritu de las razas.

No está muerta, sólo duerme el alma latina, — alma creadora, inquieta y magnánima, —sólo duerme en este siglo de crisis, mientras se está operando lentamente en su ser una nueva y grandiosa transformación, de la que saldrá, nuevo fénix inmortal, rejuvenecida y prepotente para ulteriores y más gloriosas conquistas y para la realización de más levantados y admirables portentos.

¿Qué importa, pues, que el genio triunfador de los Goethe, de Kant, de Niestzche, de Wagner, de Bismarck, de Ruskin, de Rudyard Kipling, de Spencer, de Chamberlaiu, de Ibsen, de Tolstoi y de tantos otros «sublimes bárbaros» — como les ha llamado Ricardo León — influyan en nuestra vida decrépita y nos sojuzguen, apoderándose transitoria y superficialmente de nuestros espíritus; si ellos y los férreos pueblos a que pertenecen, envueltos siempre entre las  nieblas caliginosas del Norte y templados en la frialdad glacial de sus nevadas llanuras donde nunca sonríe la verde placidez de las campiñas meridionales, están condenados, por ley ineludible e inmutable de Naturaleza, a ser eternamente transformadores y reformistas, pero jamás serán como los pueblos latinos, creadores de ideales nuevos ni acometedores de empresas nunca soñadas?…

En la masa del pueblo, de este nuestro pueblo abúlico, escéptico e indiferente en apariencia, duermen las inextintas energías, el vital dinamismo de la raza; en ella reposan el germen y la levadura de un gran porvenir, de un futuro victorioso, que muy pronto quizá fermente. No hay que olvidar que su espíritu es el alma latina, alma grande e inquieta, alma hidalga y creadora, ¡alma romántica!…

Sollozaba la orquesta, esparciendo raudales dulcísimos de armonía y suspirando un trémolo de besos sin fin; y tal pensaba anoche, el cronista, mientras en la agradable compañía del acreditado banquero de Almoradí D. José Diez (que se encuentra unos días entre nosotros), y de otros tres queridos amigos, presenciaba, desde un palco del Teatro Español la representación de Juan José, el popular drama de Dicenta.

Los domingos, sobre todo si son lluviosos como estos que llevamos, se llenan totalmente las localidades de este aristocrático coliseo, que antes fuera el célebre corral de la Pacheca, de un público modesto y burgués, atraído por sugestivos programas y por la economía de los precios, una rebaja de un cincuenta por ciento sobre los ordinarios, que en estos días dominicales proporciona la Empresa, con funciones democráticas.

Cada vez que el eminente actor Emilio Thuiller, en su simpático papel de protagonista de la obra, pronunciaba con la verdad y la admirable maestría escénica con que él sabe hacerlo, una de esas frases patéticas, sentimentales, llenas de ternura infinita o de sagrado odio, impregnadas de ese romanticismo popular y revolucionario que palpita hermosamente en la literatura de Dicenta, el público entusiástico, este público humilde y dominguero que aún sabe apasionarse y sentir, prorrumpía en una ensordecedora ovación y en una atronadora salva de aplausos; y al final de cada acto, como si el estreno del drama fuera reciente, hubo de salir Dicenta, con su terno democrático de socialista convencido, al proscenio a recibir el caluroso homenaje que se le tributaba, en premio de haber sabido pulsar bellamente la fibra más íntima y sensible del alma del pueblo.

— «Bien se conoce la incultura y el romanticismo cursi del público que aplaude Juan José. Estos mismos espectadores son los que se aburren y se duermen en la Princesa, viendo las representaciones de los geniales y hermosos dramas. Casa de muñecas, de Ibsen, La intrusa, de Maeterlinck, que ahora está poniendo en escena la compañía de la Carmen Cobeña. ¡Qué ignorancia tan grosera la de nuestro público popular!»…

Así decían, al salir, dos jóvenes aristocráticos y elegantes, de esos que no pierden una noche de su abono, y que por su exótico indumento, su faz rasurada a la inglesa y sus greñas mal domeñadas van delatando que pertenecen a la casta de intelectuales con pose y con vistas al Norte. «Romanticismo cursi», llaman tales degenerados a este sentimentalismo sano y purificador que aún vibra, afortunadamente, en la masa popular. «Santo romanticismo» le llamamos nosotros, pues es el único sentimiento elevado que nos queda, capaz de redimir nuestra raza decadente y moribunda del marasmo y de la postración en que hoy se encuentra sumida. En él late todo el calor vivificante que irradia el corazón latino, esta alma romántica que ha de alentarnos si no renunciamos a vivir….

Cuando a la salida del teatro tomábamos un refrigerio en la cervecería de Candela, servido por las propias manos angelicales de Teresita, la camarera gentil, aún vagaban estas ideas en nuestra mente, mientras contemplábamos en las mesas de enfrente la figura hidalga y romántica de nuestro castizo novelista D. Ramón del Valle-Inclán, que se destacaba apostólica, con sus antiparras quevedescas y sus enmarañadas barbas de padre río, gesticulando con los brazos, entre una tertulia de literatos en embrión, jovenzuelos pálidos y melenudos y lindos efebos de negras chalinas. Ángel Rozas. Madrid, Lunes 20 de Enero de 1908.

Ramón María del Valle Inclán.

La Huerta. Número 240 – 28 de enero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Tomando el sol. «Para y óyeme ¡oh sol! Yo te saludo. Estática mi ardiente fantasía, anhelosa hacia ti sus alas tiende». ESPRONCEDA. (No respondo que estas sean literalmente las palabras de Espronceda en su oda al sol. Lo cito de memoria y puedo haber alterado algo los términos. De todos modos, la idea es la misma que quiso expresar el poeta).

«¡Oh perpetuo descubridor de los antípodas, hacha del mundo, ojo del cielo, meneo dulce de las cantimploras! ¡Timbrio aquí, Pebo allí, tirador acá, médico acullá, padre de la poesía, inventor de la música; tú, que siempre sales, y aunque, lo parece, nunca te pones! A ti digo ¡oh Sol! con cuya ayuda el hombre engendra al hombre a ti digo etcétera».

Este invocador comienzo que Cervantes puso al cap. XLV de la parte 2ª de su Quijote, al cronista erudito le viene pintiparado, como anillo al dedo, para empezar hoy su crónica. El sol, el almo sol, el padre y viejo sol, centro de donde mana toda nuestra vida, sin omitir ninguno de los otros epítetos y adjetivos que le han disparado y han acumulado sobre él los poetas de todos los siglos y de todas las generaciones, se ha dejado ver por fin, después de varios meses de nubes y de lluvias incesantes, con todo el luminoso y radiante esplendor de su excelsa y augusta majestad planetaria. ¡Evohé! ¡hosanna! ¡aleluya! ¡hurra! ¡húmedos y ateridos hijos de la Tierra! ¡Ya llegó la ansiada hora de que podáis enjugaros un poco; de lo contrario os vais a grillar como las patatas!….

Las gentes se han dado cuenta de ello al instante, y sin esperar las apostólicas exhortaciones del cronista, se han lanzado alborozadas y gozosas a plazas y paseos, con objeto de cumplir esta recreativa e higiénica práctica. En la «aprés—midi», en esas horas deliciosas en que los rayos del astro rey son más perpendiculares y caloríficos, todos los buenos ciudadanos y ciudadanas, buscan su acción benéfica desde terrazas, ventanas, azoteas, miradores y balcones, o bien democráticamente en los bancos de los paseos públicos o en las aceras de las calles, mientras se digiere el almuerzo, se fuma un cigarro y se lee un periódico, o se juega al chito, al diábolo, a la rana o a los bolos.

Los gatos y los canes filósofos también gustan de dormitar al sol, como cualquier otro ciudadano. Esta arcaica, primitiva y filosófica costumbre de tomar el sol, es innata en todos los hombres, pero en los españoles más que en ningunos otros. Dice el refranero que «el español bien nacido, después de comer tiene frío»; de aquí que sienta la necesidad, más que cualquier otro terrícola, de calentarse al sol después del mediodía.

Recorred todas las provincias, todos los pueblos de nuestra pintoresca España; leed, nuestras novelas, nuestras historias; en las plazas, en los pórticos y en las escalinatas de las iglesias, en actitud indolente y regodeante, la plebe y el hampa picaresca zurcen sus calcetas y sus harapos, se peinan, se espulgan, se despiojan y se rascan de cara al sol, con delectación sin igual, con la misma fruición que se nota en los mendigos y en los santos de Ribera, cuando se curan en las puertas de los conventos sus miserias y lacerías. El sol es el tesoro y el abrigo de los pobres.

Diógenes, el filósofo cínico que despreciaba con austeridad y orgullo estoicos el fausto y todas las riquezas de la tierra, considerándolas superfluas e inútiles, hallábase un día con su manto harapiento, sus alforjas, su escudilla y su tonel, tomando el sol en una calle de Corinto. El soberbio monarca Alejandro el Magno, a quien había llegado la fama de Diógenes, sintió deseos de conocerle y fue en su busca.

Púsose delante del filósofo y le instó con grande e insistente encarecimiento que le pidiera cuanto quisiese, que de antemano él se lo concedía y prometía dárselo. Diógenes le miró con desdén y le respondió malhumorado: «Tú no has venido a darme, sino a robarme mi único tesoro. Solo quiero de ti que te apartes de delante y no me quites el sol».

Nuestro compatriota Séneca, que refiere esta anécdota en su obra «De Beneficiis», lib. V, cap. 6, añade que Alejandro se reputó inferior a Diógenes; al ver en él un hombre a quien nada podía dar ni quitar, y que exclamó: «Quisiera ser Diógenes si no fuera Alejandro».

¡Soleémonos bien el cuerpo y el alma! Aprovechemos estos días apacibles y luminosos de invierno, en que el astro rey brilla con júbilo de fiesta a través de la atmósfera azulosa, límpida y riente. En ellos nos sentimos alegres y contentos de haber nacido, y en nuestras imaginaciones bailen ideas nuevas y atrevidas y empresas portentosas y magnánimas. Tiempo vendrá con los días caniculares del estío en que huyamos del Sol y lo detestemos como los dueños de cafés y los empresarios de teatros.

La reaparición del sol ha coincidido con la reapertura de nuestras Cortes. Estos son los dos acontecimientos más  importantes de la semana; pues casi no merece los honores de una mención la íntima cuchipanda con que ayer celebró Maura, en compañía de todos los ministros, el primer aniversario de su última (en el orden correlativo) subida al Poder, que él aspira a que dure un quinquenio, por lo menos.

Sin embargo, los hombres proponen y Dios dispone. El nubarrón se aproxima; y sería muy posible que ahora que nos ha salido el sol a todos los españoles, se le eclipsara al flamante y olímpico D. Antonio. Ángel Rozas. Madrid, domingo 26 de Enero de 1908.

Nuevo Mundo 6 de febrero de 1908. BNE.

La Huerta. Número 249 – 7 de febrero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Comentarios a una tragedia. El horrendo asesinato del rey de Portugal D. Carlos, y de su primogénito, el príncipe heredero D. Luis Felipe, ha producido en esta Corte viva impresión y una intensa y ansiosa curiosidad por conocer cuántos resultados y contingencias sobrevengan. Desde que ayer mañana, domingo día 2, se hizo pública la noticia por los periódicos, la terrible tragedia está siendo el tema de todas las conversaciones en Madrid.

A su relato, que ofrecen los periódicos con análogos detalles, se hacen muy animados comentarios para todos los gastos y opiniones, acerca de sus antecedentes, transcendencia, circunstancias y consecuencias posibles. Como los asuntos que venían estos últimos días preocupando a la opinión, tales como el debate planteado en el Congreso por el Sr. Burell, el día 30 del mes pasado, sobre la real orden de Osma atendiendo las reclamaciones de bienes eclesiásticos hechas por algunas órdenes religiosas, (en el cual ha pronunciado un importante discurso el Sr. Canalejas), y el pleito sensacional contra Alfonso XIII incoado por los hijos de Elena Sanz, (en cuyo efecto han prestado ya declaración notables personajes), han cedido su interés a la transcendental resonancia del regicidio de Lisboa.

El cronista, que debe atenerse siempre a la más interesante y palpitante actualidad, ha de hacer él también por su parte unos comentarios acerca del regicida atentado. El reprobable crimen, que ensangrentó el sábado último la plaza del Comercio de la capital del vecino reino, era conjeturable y estaba casi previsto, dado el estado de excitación que habían provocado en todo Portugal las medidas opresoras y tiránicas de Joao Franco, el ambicioso y despótico favorito que ejercía la dictadura autocrática con el beneplácito y el decidido apoyo del desventurado monarca portugués.

No impunemente se desafían las iras de un pueblo, que ve hollados su libertad y sus intereses: y aunque nada pueda justificar ni disculpar el criminal y odioso atentado, es muy triste que los asesinos y los sicarios regicidas puedan tener un pretexto para consumar sus sanguinarias acciones de destrucción. No es más sensible la muerte de un rey o de un potentado de la tierra; que la de un humilde mendigo, pues el humanitarismo nos enseña que el derecho a la vida es igualmente sagrado e inviolable para todos los hombres.

15 de febrero de 1908. Revista Blanco y negro.

Por ningún motivo, opinamos nosotros, debe privarse, de la existencia que Dios le concede a un ser humano. Todavía las defectuosas Leyes y los atávicos Códigos Penales por los que la sociedad se rige, preceptúan la pena de muerte, en absurdo nombre de Dios y de la justicia. Estas reminiscencias de la primitiva barbarie en que vivió sumida la humanidad por muchos siglos, serán borradas, como otras muchas con las que aún estamos connaturalizados, por el progreso y la civilización humana en los tiempos venideros.

Aunque amantes de la libertad, odiamos y execramos la tiranía, jamás nos ha llevado nuestro fanatismo a sancionar la muerte de un déspota ni a asentir al parecer del jesuita Juan de Mariana, que afirmó en su obra «De Rege et Regis institutione» que es lícito matar a los tiranos. Nosotros creemos que un regicida nunca es un héroe y sí, en todo caso, un asesino vulgar.

Hay otros medios lícitos para incapacitar a un tirano. Una monarquía es siempre la garantía y la salvaguardia del «statu quo» que a las clases privilegiadas, conservadoras y adineradas de una nación conviene sostener a todo trance y a toda costa, contra las conquistas cada día más alarmantes y cada vez más exigentes y atrevidas de la plebe y del proletariado. El monarca viene a ser pues, la más alta representación de aquel «statu quo» y, con más creciente frecuencia cada año, la víctima propiciatoria inmolada en holocausto de aquellos intereses.

Un rey, y más que ningún otro un rey constitucional, debe ser, principalmente y ante todo, heredero legítimo del trono, aunque otras cualidades le falten. Después debe saber hablar regularmente tres o cuatro lenguas, un poco de historia y de política, y ha de ser ducho, más que en ninguna otra cosa, en la esgrima y en todo género de sports. Con tales prendas, con ser formal y serio cuando convenga y con saber saludar con afectuosas sonrisas a las masas que le aclaman se tiene un rey perfecto. Además un buen rey está obligado a ser feliz o por lo menos a saber aparentarlo bien.

¿Qué sería, de lo contrario, de toda la filosofía de los epicuristas y de los positivistas, que sostienen que la dicha consiste en tener muchas riquezas y muchos honores, si los monarcas no fueran felices? La plebe miserable y abyecta olvida su indigencia y el hambre que la mortifica, ante el fausto y la gallardía de un soberano y el brillo de su corte, y le aplaude y le vitorea rebosante de júbilo y de entusiástica admiración.

— ¡Que ellos gocen, al menos, ya que yo sufro! —Se dice resignada.— ¡Dios así lo quiere y así lo ha dispuesto! — Pero debajo de esta resignación aparente que acompaña siempre a la miseria, se oculta latente un germen de odio y de envidia que el día menos pensado se convierte en obsesión loca y sangrienta y arma la mano criminal del regicida, con un puñal, un trabuco, un revólver o una bomba de dinamita.

Y el asesinato horrendo y abominable se consuma. — Son gajes del oficio — decía ayer, un escéptico encogiéndose de hombros filosóficamente, cuando le participaron el asesinato del rey de Portugal y de su primogénito. Ayer mismo, sin pérdida de tiempo, fue proclamado el hijo superviviente de D. Carlos de Braganza con el nombre de Manuel II, quien hizo publicar en el Diario Oficial una enérgica proclama y reunió el Consejo de Estado a fin de adoptar supremas medidas. El nuevo soberano cuenta diez y nueve años de edad.

El funesto dictador Joao Franco presentó la dimisión de su cargo de Presidente del Consejo de Ministros; que Don Manuel se la aceptó para entregar el poder a un gabinete de concentración monárquica, el cual se supone será presidido por el almirante Ferreira Amaral.  Pero la gente que no cree que esto pueda ser el único epilogo que tenga la tragedia del día 1° se pregunta si la revolución seguirá adelante y será, por fin, proclamada la República portuguesa. Este es el enigma que el presente nos reserva y que el porvenir se encargará de descifrarnos. Ángel Rozas. Madrid, 3 de febrero de 1908.

Enlace Vídeo Youtube.

La Huerta. Número 263 – 24 de febrero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. ¡POBRE CIERVA!. Acaso, cuando esta crónica se publique; se haya declarado ya de un modo oficial la crisis del actual ministerio Maura, planteada desde hace días en el seno del Gobierno según rumores insistentes y fidedignos.

Muchos periódicos de ayer y de hoy recogen tales calendarios y profecías, dándolos por verosímiles y por casi seguros. Lo cierto es que, por momentos, surgen nuevos conflictos que dificultan a algunos ministros el continuar en el desempeño de sus carteras. A Cierva, Osma y Rodríguez S. Pedro, se les considera fracasados en absoluto. Ellos, y quizá también González Besada, serán los que habrán de salir del Gabinete, facilitando la modificación ministerial que apetece D. Antonio.

Si tuviera confirmación tan grave pronóstico, bien sabe Dios que lo sentiría en el alma por el admirable D. Juan, a cuyas reformas geniales y moralizadoras ya nos vamos acostumbrando los madrileños. ¿Cuándo él nos falte, quién va a encargarse de endulzar nuestra existencia, dándonos asunto de regocijo con que alegrar y animar nuestras tertulias de café?

El pequeño dictador de Mula es algo ya imprescindible en nuestra vida y en nuestras conversaciones. Si se nos marcha, ¡qué triste y qué larga se nos va a hacer la Cuaresma que se aproxima! Yo siento una profunda simpatía por D. Juan, y le encuentro delicioso. El pobrecillo ha sido mal comprendido por todos; nadie ha sabido leer en su alma fecunda de artista.

Tiene genio y talento, poco comunes entre políticos, aunque hay quien se atreve a ponerlo en duda. Lo que sucede es que, el vulgo es rutinario y muy apegado a sus viejas prácticas y costumbres, y en cuanto surge un genio reformador, capaz de abrir nuevos horizontes y derroteros a nuestra vida monótona, se malquista con él y acoge con protestas cualquier innovación que le saque de su camino trillado.

Cierva ha demostrado ser aún más que su amo y señor el hombre de las frases, el difícil conjunto de perfecto gubernamental y revolucionario desde arriba. Todas sus disposiciones han sido reformas importantísimas y transcendentales, que la Historia se encargará de ensalzar, como merecen. Ved si no su obra reformista, desde que empuñó el bastón de gobernador de Madrid hasta que ha escalado la encumbrada poltrona de Gobernación.

Protesta taberneros por el cierre dominical. Nuevo mundo (Madrid). BNE.

Comenzó prohibiendo a las señoras llevar sombrero en los teatros; ordenó poner en los sitios en que más podía peligrar el sagrado derecho de propiedad de los viandantes, unos cucos cartelitos que dan el siguiente aviso: «¡cuidado con los rateros!»; tuvo los buenos propósitos de meter en cintura a la díscola estudiantesca; ha perseguido, con el celo moralista y reformador de un Catón y de un Cisneros, la mala vida madrileña de los trasnochadores y de los alcohólicos, ordenando cerrar tempranito los teatros y los cafés y las tabernas los domingos; ha intentado domeñar esa Prensa escandalosa, bravía, poco edificante; nos ha creado una policía culta, celosa y flamante, que vela con tesón por la pública seguridad y, ahora recientemente, ha prohibido las bárbaras capeas de los pueblos, infiriendo un golpe de muerte a la torería andante y trashumante.

(No hablaré de sus campañas y gestiones electoreras, pues bien ha demostrado en las últimas elecciones que sabe manejar de un modo maravilloso los decantados y difíciles resortes del Poder).  

Otras varias disposiciones me dejo en el tintero por no hacerme prolijo, y ¡sabe Dios qué inéditas ideas y proyectos geniales se estarán incubando a estas horas en esa cabeza monstruo y privilegiada del portentoso D. Juan! ¿Qué de extraño hay que un hombre así tenga envidiosos y enemigos? No es entre los ministeriales, entre sus propios correligionarios, donde menos los tiene; si no que se lo pregunten a su paisano García Alix y al Sr. Dato. Es el destino del genio.

Decidme si no es gran lástima que un hombre así abandone el puesto que ocupa para la felicidad de todos los españoles. Y todo porque no pueda descubrir a los autores de los atentados de Barcelona, como si eso fuera tan fácil como sorberse un huevo, o porque al travieso y poco respetuoso Soriano se le haya ocurrido llamarle en el Congreso, «Gedeón»…

¡Pobre Cierva! No mi péñola, que es tosca y humilde, sino una pluma de oro debiera escribir al ilustre ministro de la Gobernación, uno de los más encomiásticos y grandilocuentes panegíricos. Yo no puedo hacer más que elevar, desde este modesto periódico de provincias, mis más fervientes votos al Altísimo, a fin de que no tenga cumplimiento la profecía y los rumores de crisis, cada vez más insistentes y acentuados. Ángel Pérez de Rozas. Madrid, jueves 20— II— 1908.

Julia Fons. Portadas de revistas. BNE.

La Huerta. Número 268 – 29 de febrero de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. JULIA FONS.  Julia Fons, la estrella más resplandeciente de nuestra sicalipsis teatral, se halla gravemente enferma. Una difícil y dolorosa operación quirúrgica de obstetricia, ejecutada por el afamado tocólogo de esta Corte doctor Gutiérrez, ha puesto en peligro la vida de la escultural y encantadora tiple del teatro Eslava.

A sus admiradores, que formamos legión, nos ha producido la noticia profundo sentimiento, y nos interesamos vivamente por el pronto restablecimiento de su salud. Ninguna otra tiple del género chico iguala en simpatías ni en popularidad a la gentil Julita.

Julia Fons de Checa. Postales. 

El filtro afrodisiaco que destilan sus gracias naturales, ha encendido y hecho revivir el fuego de la pasión erótica hasta en los pechos de los espectadores más glaciales e inconmovibles misóginos. En la zarzuela «Enseñanza libre», de Perrín y Palacios, conquistó definitivamente al alegre público que ama las «buenas formas» y las pecaminosas insinuaciones escénicas.

Desde entonces, el triunfo de su plasticidad tentadora y de su garbo incitante dio siempre el éxito a todas las obras del género sicalíptico en que intervenía como actriz. ¿Quién que la haya visto no la ha aplaudido con entusiasmo en «El arte de ser bonita», en «La gatita blanca», en «El guante amarillo», y últimamente cantando los ahora en boga «couplets» de «la regadera», de «La alegre trompetería»?  

Las tarjetas postales han reproducido su figura, artística y bella, en mil diversos trajes y actitudes; y la «divette» favorita del público tenorio ha lucido la gallardía de su cuerpo, la sonrisa plácida y acariciante de sus labios en flor y el mirar incendiario de sus ojos luminosos y gachones, en infinitos retratos que se han exhibido en todos los escaparates de Madrid.

Julia Fons de Checa. Postales. 

Julita, además de comedianta, cantatriz y bailarina, es escritora. Recientemente ha publicado un libro con el título de LO QUE YO PIENSO (confidencias de una tiple del género chico), en el que nos da a conocer muchas curiosas intimidades, explanándonos las más recónditas ideas y sentimientos de su alma. Entre otras cosas nos dice que ella es republicana platónica y que ama la igualdad social. ¿Quién sabe cuántas cosas más nos podría decir una mujer bella, devota del Amor?

Nuevo Mundo, enero de 1908.

Julia Fons es oriunda de Orihuela, pues su padre es oriolano, y ahí aún le quedan, algunos parientes próximos y cuenta con bastantes admiradores, quienes habrán de sentir seguramente la enfermedad que padece la simpática tiple. El cronista lamenta, con este propósito, que la poesía embriagadora y los idilios inefables del amor tengan estas prosaicas y terribles consecuencias, que ponen en peligro la vida de una mujer hermosa y adorable. Ángel Pérez de Rozas. Madrid, jueves 26— II— 1908.

Enlace zarzuela con Julia Fons.

La Huerta. Número 269 – 5 de Marzo de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. Visión de una noche de baile. (Filosofías de Carnaval). Mientras la gran mascarada política celebra sin descanso su carnaval eterno, despreocupada y alegre la gente joven, que recorre dulcemente la rápida y escabiosa pendiente de la vida, siempre persiguiendo un goce que no existe y una falaz ilusión, realiza sus anuales carnestolendas, porque así lo ordena el almanaque.

Carnaval en Madrid. Nuevo Mundo, 6 de febrero de 1908.

Es la época oficial de alegrarse y divertirse; y Madrid, que en todo tiempo encuentra un pretexto para las alegrías y las diversiones, anima estos días sus calles con máscaras, comparsas, estudiantinas y carrozas, y con bacanales y bailes sus salones y teatros. Los hombres nos empeñamos en hacer la vida alegre y queremos demostrar que lo es, con estos obligados holgorios, los cuales tienen, cada vez más, un amargo fondo de fingimiento y hastío.

Pero el cronista, que es joven, aunque filósofo, comprendiendo que tan fútiles y superfluas como las fingidas alegrías son las filosofías fúnebres, por verídicas que ellas sean, no quiere desentonar con su edad ni con la época y ha creído conveniente, preciso y oportuno el regocijarse y echar al aire alguna cana prematura. En su consecución, después de cenar ha estado un rato en el café con varios amigos, ha visto la última sección en un teatro de zarzuela y luego ha marchado a un baile en la grata compañía de una muchacha risueña, alocada y decidora, disfrazada con un lindo traje de odalisca, el cual realzaba la escultura incitante de su cuerpo.

El baile estaba en todo su apogeo. La orquesta entonaba una mazurka ligerita y alegre, cuyos acordes jugueteaban bulliciosos, resonando en los ámbitos, radiantes de luz del amplio salón. Todo parecía contagiado por la alegría loca de aquella música. A sus compases nerviosos, saltarines, desfilaban las parejas, describiendo en su rítmica marcha un círculo inquieto, abigarrado y brillante. Movimientos, colores, perfumes, voces entrecortadas por el jadeo, risas y carcajadas confusas, todo mareaba los sentidos e invitaba al delirio de aquel vértigo.

Me ceñí al cuerpo de mi compañera, estrechando con mis brazos anhelosos su cintura esbelta y tentadora. Nuestros pies, como obedeciendo un mutuo mandato mudo, comenzaron a deslizarse a compás, confundiéndonos en medio de aquella ola de locura y de amor, que nos arrastraba en el torbellino de su vorágine. ¡Noche agitada de placer y de ensueño!…

El tiempo transcurría más raudo y vertiginoso que la danza. Sobre todas las cabezas, en el ambiente cálido y perfumado, flotaba, gravitando sobre la atmósfera densa, una pesadez de aplanamiento invencible y una bruma de tedio infinito. Era el espíritu inerte y letal de la somnolencia que se apodera lentamente de todas las cosas humanas. Había hecho una pausa la orquesta. Algunas parejas jadeantes y rendidas, descansaban recostadas en los divanes; otras paseaban despacio bañadas por la claridad azulosa de los focos eléctricos.

En un pequeño grupo formado cerca de nosotros, una mascarita gentil y graciosa, que hacía rato venía cautivando mi atención, sofocada por el calor y el cansancio, se despojó del antifaz de seda y encajes. Como asoma la luna su faz de plata entre rasgadas nube, ante mis ojos absortos y sorprendidos apareció la visión mágica de un rostro ovalado y hermoso, con todo el hipnotizador hechizo del de un hada y el místico encanto del de una virgen murillesca.

Una emoción extraña, por mí no sentida igual desde mucho tiempo, hizo latir fuertemente mi corazón dormido y petrificado por frío letargo de muerte. Aquel rostro hacía resurgir en mi alma la evocación dulce y embriagadora de unos amores ya muertos y olvidados entre las nieblas de la memoria. No me había engañado mi presentimiento.

Poesías a María Delgado en 1902.

Era la misma, María Delgado, mi antigua y primera novia, la que compartió mis alegrías y mis ilusiones de estudiante y a quien dediqué tantos versos, cuando la vida desplegaba para mí sus primaverales alboradas y me enorgullecía con el título de poeta, creyendo que un poeta era de utilidad pública y que debía, por lo tanto; ser declarado monumento nacional y benemérito de la patria.

Habían transcurrido cinco años sin verla. Hará poco más de un mes, todos los periódicos de Madrid publicaron un lacónico telegrama que la Agencia Reuter enviaba desde París, dando la noticia de que el rajah de Kapurthala, (importante Estado indio), Dhulip Manek se había casado con una linda joven española llamada María Delgado, a quien había conocido en Madrid, cuando hace dos años vino desde la India, como enviado especial, a asistir a las ceremonias de la boda de Alfonso XIII.

Anita Delgado y el Rajah de Kaphurtala. Nuevo Mundo, 5 de Marzo de 1908. BNE.

Aquel telegrama hubo de hacerme suponer que mi ex-novia se halla transformada ahora en una augusta y opulenta princesa oriental; y, a pesar mío, sentí cierto íntimo rencor de celos y envidia contra el feliz rajah de Kapurthala. Pero ¡no! Había sido sólo una simple coincidencia de nombres.

Mi antigua novia, la musa idealizada en mis platónicos ensueños de poeta, no se encontraba a aquellas horas descansando en brazos de su querido Dhulip, sobre un rico y mullido lecho de plumas, en la suntuosa cámara de un palacio de la India; sino en el baile de máscaras del Gran Teatro, muy cerca de mí. Nuestras miradas se cruzaron rápidas, misteriosas, insinuantes….

Tentado estuve de abandonar a mi compañera y dirigirme a María, mas en aquel momento comenzaba de nuevo la orquesta a ejecutar una preciosa tanda de valses, y ella se cogió para bailar con un joven larguirucho y desvaído, que tenía a su lado. Daba principio el gran cotillón. Las parejas volvieron a desfilar, describiendo en ligeras evoluciones caprichosas figuras.

¿Vamos? — me dijo mi acompañante; dulce, mimosa y provocativa; y nuestros cuerpos se enlazaron nuevamente en esa plácida actitud, en ese delicioso nexo en que se funde el andrógino ideal del Amor. Por cima de la cabellera de mi amiga, que nimbaba su cabeza como aureola celeste, atisbaba de hito en hito a mi antigua novia. Nos precedía en el desfile y podía yo seguir atentamente todos los incidentes de su baile.

A causa del movimiento y del roce, un ramo de flores que llevaba prendido en el pecho, entre el raso y los encajes del dominó, íbase deshojando y dejando tras sí una estela multicolor de pétalos. Aquellos pétalos, perfumados y marchitos, que se desvanecían como ilusiones muertas, entre los confetti polvorientos y ajados que cubrían la alfombra, los hubiera recogido en otro tiempo con platónica codicia y amorosa solicitud para guardarlos en áurea caja, y ahora los hollaba, uno a uno, con la fría indiferencia de un supremo desdén….

El teatro está cada vez más animado y espléndido. Una lluvia continua y maravillosa de confetti lo ha ido cubriendo todo con un manto espeso e irisado. De palco a palco fulmínanse serpentinas, que se enroscan como serpientes en las columnas, formando una tupida y caprichosa techumbre. La música suena cada vez más dulce y regocijante.

Del ambigú se desborda un intenso ambiente de crápula, mezclado con el detonar monótono de los taponazos del Champagne. De todos los antepalcos sale un misterioso susurro de suspiros reprimidos y de risas nerviosas…

Más de las cinco eran cuando hemos salido del baile. En las calles, que comenzaban a iluminar débilmente los primeros pálidos reflejos de la aurora, grupos de máscaras y de borrachos entonan incoherentes canciones. Se oye rodar de coches y a lo lejos se escuchan los agudos trompetazos de los gallos madrugadores, anunciando la proximidad del nuevo día. Esta tarde, cuando he despertado, he recordado la noche pasada y me ha parecido todo un sueño…. Ángel P. de Rozas. Madrid, 2 de Marzo de 1908.

Alfonso XIII en Barcelona. Nuevo mundo, 12 marzo de 1908. BNE.

La Huerta. Número 280 – 18 de Marzo de 1908: CRÓNICAS MADRILEÑAS. ¡¡Españoles, absteneos de leer!!… (Potaje cuaresmal). Los efectos maravillosos y benéficos del reciente viaje regio a Barcelona, tan discutido y comentado por la opinión y por la prensa, se han dejado muy pronto sentir. Maura fue a restablecer, con sólo uno de sus gestos audaces, de sus actitudes olímpicas, la tranquilidad y la vida normal en el desasosegado vecindario de la «ciudad del terror».

Era una empresa enérgica y magnánima de buen gobierno, y la testa portentosa del César mallorquín aparecía ante los ojos admiradores aureolada con un nimbo glorioso de triunfador invicto y, con mil flámulas resplandecientes de héroe estupendo y legendario. Así, con unas cuantas sonrisas mayestáticas, con varios indultos, con buenas gratificaciones a la claque y un vagón lleno de promesas, se arreglaría todo, las bombas no volverían a hacer horrible explosión sembrando las calles de inocentes víctimas descuartizadas e infundiendo la alarma y el pánico entre los ciudadanos barceloneses.

Alfonso XIII en Barcelona. Nuevo mundo, 12 marzo de 1908. BNE.

El propósito no puede negarse que era de los mejores si hubiera salido todo a pedir de boca. Cuando ya se pregonaba el éxito y la eficacia asombrosos de medida tan salvadora, «urbis et orbe», a son de trompetas y timbales, por todos los fieles y oficiosos servidores del bueno de D. Antonio, cátate que ayer tarde estalla una nueva bomba en el mercado de San José, próximo a la Rambla, en lo más concurrido de Barcelona. Varias infelices mujeres caen heridas, una de ellas pobre anciana, de muerte.

Pero la metralla aún ha lesionado más gravemente al Gobierno, disipando, entre el humo de la dinamita, todos sus aires triunfales, sus brillantes ensueños de conquistador y proporcionándole un fracaso más, que puede ir sumando a su ya larga lista de tropiezos y torpezas. Sin embargo, la soberbia, ese pecado capital que tiene Maura arraigado en sus entrañas y que le domina siempre, le impedirá esta vez también el considerarse fracasado.

Nuevo mundo, 19 marzo de 1908. BNE.

Por lo pronto, aprovechando la ocasión de responder a un telegrama que le ha dirigido el presidente del Fomento del Trabajo Nacional de Barcelona, lamentándose de los daños que originan a aquella población la publicación en los periódicos de noticias telegráficas, sistemáticamente falsas y de mala fe, ha cargado con el mochuelo de las responsabilidades a la Prensa y ha proferido esta vulgaridad insensata:

«Principal correctivo consiste habituarse las personas educadas (!!!) a prescindir de curiosidad rutinaria y abstenerse de leer». Conque ya lo sabéis, españoles: el analfabetismo, que todos habíamos convenido en considerar como uno de nuestros mayores males, rémora principalísima que impide a nuestra patria el progresar y el regenerarse, es, según el genial D. Antonio Maura, el más exquisito y excelente de los bienes humanos.

Vosotros, inofensivos e inocentes lectores, sois los culpables, los autores morales de todos los atentados terroristas que se cometen, casi a diario, en Barcelona. Si no tuvierais el nocivo y feo vicio de leer los periódicos esa «curiosidad rutinaria», pecaminosa y malsana de querer saberlo todo, no habrían manos criminales que depositaran bombas de dinamita en las calles de la capital de Cataluña, esparciendo la muerte y el exterminio, todo andaría como una seda y la Tierra, venturosa y paradisiaca, sería el mejor de los mundos habitados.

¡Maldita lectura! ¡Empecatada civilización! ¡Felices los que todo lo ignoran! ¡Bienaventurados los que no saben leer, porque de ellos es la dicha absoluta de la vida!

Ya que nosotros, queridos lectores, no tenemos esa suerte, ni nos sentimos con heroicidad de mártires voluntarios ni con suficiente estoico espíritu de abnegación para sacarnos con la punta de unas tijeras o de una navaja estos ojos pecadores con que cometemos la perversidad de leer un rato todos los días; aprovechémonos de este bendito tiempo cuaresmal de vigilia y de santa abstinencia, para como humildes penitentes, ceñirnos el cilicio, empuñar fieramente las disciplinas, arrojar lejos de nosotros o, mejor aún, hacer un auto de fe con cuantos libros y periódicos caigan en nuestras manos, y así como nos privamos de toda carne y de toda promiscuación, abstenernos, siguiendo la sabía recomendación de D. Antonio, desde hoy para siempre, de toda clase de lecturas.

De este modo lograremos que la humanidad retrograde una centena de siglos, volviendo a los tiempos patriarcales de la idílica Edad de Oro, cuando Saturno reinaba en Italia y araba los campos; y además, habremos asegurado la salvación de nuestros cuerpos y, lo que es más principal e importante, la de nuestras almas. He dicho. Ángel P. de Rozas. Madrid, 16— III— 1908.

Y esto es todo lo que Justo publicó en «La Huerta» con este seudónimo. Se despidió con esta «croniquilla» más bien oriolana; y un «Vuestro siempre, Ángel Rozas».

Trinitario Ruiz Capdepón.

La Huerta. Número 304 – 22 de Abril de 1908: CRONIQUILLA. «Día era muy santo de la Pascua mayor, El sol era salido muy claro e de noble color, Los omes e las aves et toda noble flor, Todos van rescebir cantando al Amor…. Fue por toda la tierra grand roido sonado, De dos emperadores, que al mundo han llegado. Estos emperadores Amor et Carnal eran; A rescibirlos salen quantos que los esperan»…. Juan Ruiz.

El rancio numen del buen Arcipreste de Fita supo acoplar estos castizos decires, que rezuman humanidad y poética sencillez, en viejos versos alejandrinos, al celebrar la despedida de la austera y macilenta Cuaresma y la llegada de la alegre Pascua, llamada de «monas» por los oriolanos netos.

En esta deliciosa época del «Abril florido», en que la bella Primavera ya ha extendido por los campos su perfumado manto de verde esperanza, nada tan poético ni tan seductor como celebrar la Pascua de Resurrección, sino con lindos, versos como lo hiciera el famoso Arcipreste, a lo menos con la pintoresca y tradicional costumbre de ir de gira a comer (y a beber) la mona; costumbre que, gracias a Dios, no está llamada a desaparecer como la forma poética. « ¡Cuánta virtud habría, si no fuera el Abril», como dijo Campoamor.

Las regocijadas y «moneras» agapas que se verifican estos días clásicos, ya en pleno con la naturaleza agreste en las roquizas laderas del monte de San Miguel, o bien en la íntima expansión del hogar doméstico, ejercen tal influencia y atractivo en la imaginación y en los corazones de todos los oriolanos, que sería una dura penitencia y dificilísima prueba privar de ellos a uno de  éstos.

Sólo así se explica que nuestros ilustres paisanos y antiguos señores, el senador D. Trinitario Ruiz Capdepón y su hijo el agonizante diputado por Dolores D. Trinitario Ruiz Valarino, hagan el sacrificio de abandonar la augusta misión, los transcendentales menesteres, los elevados negocios y las importantes tareas que llevan a cabo en la Corte, para venir a Orihuela por el solo placer de comerse la mona en la grata compañía de sus antiguos compadres y fieles siervos.

Bien es verdad que no faltan murmuradores que aseguran que los Sres. Capdepones no han venido por mor de la mona únicamente; y si llegan a comérsela es por celebrar la Pascua de Resurrección del partido liberal, el cual había muerto crucificado en febrero del año pasado, perdonando a sus enemigos, a manos de los sayones conservadores. Las cosas se van poniendo muy feas en el distrito de Dolores, y hay que ir pensando temprano y con tiempo en la futura suerte del hijo de su padre.

A este fin seguramente van encaminados los incesantes cabildeos que se vienen celebrando con gran misterio en el castillo señoril de la calle de Sagasta. Dicen que dicen; pero nadie como el tiempo aclara las cosas. Total, muchas monas y pocos huevos; es decir, mucho ruido y pocas nueces. Tales secretas maniobras, aunque es muy posible que se frustren, tienen por lo menos la virtud de meterles los monos en el cuerpo a muchas almas de cántaro y de haber quitado a no pocos las ganas de comer mona.

Sin embargo, aún creemos lejano el «dies ire». El humilde cronista desea que les haga a los Sres. Capdepones buen provecho la mona; pues sería muy sensible que se les indigestara y tuvieran que salir trinando hacía Madrid, para propinarse un litro de agua de Loeches. Y los oriolanos, bueno es que de paso comiencen a tentarse el pelo, no vaya a suceder que tantas «monadas» les vuelvan a proporcionar un nuevo «micazo». Vuestro siempre, Ángel Rozas.

La vivienda de Trinitario Ruiz Capdepón.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Mi agradecimiento a José Manuel Dayas.

Justo García Soriano 10. 1907/2.

Llamarse conservador un joven, aún en esta tierra de la santa rutina y del estancamiento, me parece una absurda negación de la propia juventud, una castración voluntaria y cobarde. Es natural y explicable en los viejos el que sean egoístas y conservadores. Pero los jóvenes que empiezan a hacer su peregrinación en el mundo, ¿qué han de conservar? ¿Los achaques de la caduca generación que les ha de ceder el puesto en la lucha del vivir?

Justo García Soriano. «La Juventud Conservadora».

Plaza de Santa Ana, domicilio de Justo García Soriano en 1907. Postales antiguas de Madrid.

1907. Julio.

En el verano de 1907 Justo seguía en Madrid, muy enfadado por el abrupto despido de su padre. Culpaba de ello al nuevo diputado conservador por el distrito oriolano, Alfonso de Pardo y Manuel de Villena, el marqués de Rafal.

Y descargó su ira contra él escribiendo el artículo titulado «el señor feudal»; un demoledor repaso a la historia de la casa de Rafal firmado con el seudónimo Juan Pérez de Urrea.

La iberia. Número 12 – 2 de julio de 1907: El Señor Feudal. (Pequeña aunque ilustre genealogía de un joven diputado conservador). De viejas crónicas, apolilladas y polvorientas, perdidas en los rincones de archivos olvidados, he extraído en larga y pacientísima labor, estos datos genealógicos de un aristócrata, diputado maurista, los que juzgo dignos de dar a la publicidad para honra y prez de las edades pasadas y de las presentes, y para ejemplo y admiración de las futuras. He aquí el fruto de mis diligentes y fidedignas investigaciones:

Junto a las lozanas riberas de un río abundante y extendida al pie de una eminente colina, en cuya cúspide alzábase, como acerado yelmo, un famoso e inexpugnable castillo, hubo una antigua e importante villa en una de las regiones más bellas y fértiles de España. Fortísima muralla de anchos adarves y almenados torreones la circundaban protegiéndola.

Mediaba el agitado y glorioso siglo XIII, y aún languidecía bajo el poder de la media luna, que en la península ibérica se iba eclipsando por momentos. Un monarca aragonés, rudo e incansable guerreador, cruel azote de la morisma, logró reconquistar la vieja villa ribereña con una valerosa hueste, que se había curtido en cien combates.

Aquella tierra usurpada al moro en guerra santa, fue repartida entre los adalides mejor vistos a los ojos del rey. Y los obscuros peones, carne de ballesta, apenas fueron quiñoneros en el reparto desigual del botín. Un altivo caballero infanzón, que cobarde escudaba su cuerpo tras las filas de la compañía que mandaba, fue premiado por sus hazañas ilustres con extensos y pingües dominios en la campiña ubérrima de la plaza conquistada.

Hecho amo y señor de varias aldeas, oprimió con feroz despotismo a sus míseros vasallos, a aquellos mismos soldados humildes, carne de ballesta en todas las algaras y vanguardias, procedentes del fonsado victorioso, que con sus cuerpos plebeyos lo sirvieron de adarga en todas las batallas campales de que se tituló vencedor.

Raro era el día que, cuando aún vibraban en el aire los últimos ecos del toque de apelde del cenobio próximo, ante los ojos aterrados de los rústicos no apareciera media docena de pecheros, por el cuello colgados de ignominioso dogal, péndulos macábricos, en la más alta almena de la torre del magnate.

Señor de horca y cuchillo, era dueño legítimo de las vidas, honras y haciendas de sus súbditos; y éstos, en justo vasallaje, debían cultivarle los campos, servirle en la paz y en la guerra y, por derecho de pernada, cederle la mujer y la hija. Sólo algunos mandatarios suyos, satélites hipócritas y rastreros, recaudadores despiadados de pecha y exacciones, lograban medrar, a fuerza de ruindades y bajezas, a la sombra protectora del ricohome.

Han transcurrido tres siglos, y con ellos se han suavizado un tanto las costumbres. El progreso es innegable. Un tataranieto, agnado directo de aquel señor feudal, hosco y fiero adalid que vistió la loriga y el yelmo cuando la reconquista, disfruta ahora, en legítimo derecho de herencia, el dilatado y óptimo señorío que por sus fazañas ínclitas su tatarabuelo obtuvo en feudo, y a cuyos habitantes, pobres villanos, oprime también con crueldades y exacciones.

Lleva en la sangre el bélico ardimiento de su guerrero atavismo, y en la ociosidad aburrida de su castillo sombrío o en las frecuentes cazas y monterías en la floresta cercana y en su soto acotado, ha añorado en continuas nostalgias la vida aventurera del campamento, mientras su jauría luchaba con un feroz y colmilludo jabalí o su neblí cetrero avizoraba en giros astutos alguna paloma torcaz.

Uno de estos días de cinegética expedición ha llegado hasta él la admirable, la estupenda noticia de una famosa batalla ganada en los campos del Milanesado por los españoles, que en aquella jomada aprisionaron a un rey y se cubrieron de gloria. Sin dar treguas a su indecisión, ha regresado presuroso a su castillo y ha requerido con insólito entusiasmo su fébrida armadura, el labrado coselete, la repujada coraza, la toledana tizona, la cimera de inhiesto y trémulo airón, el flamante herrezuelo; y ya una vez aparejado esto, ha partido jubiloso y magnánimo a las guerras de Italia.

Terminadas éstas, pasó luego a Flandes, donde durante largos años capitaneó un tercio bizarro y truhanesco con suerte varia. Cansado del estruendo marcial de campaña tan duradera, ha vuelto a su patria y se ha dado a intrigar y pretender en la Corte, hasta conseguir un título nobiliario para él y una lucrativa prebenda para su segundón que, graduado en Salamanca, prior en la Orden de Predicadores, racionero e inquisidor después, sabía en tan santo ministerio extirpar de raíz la mala yerba de la impiedad, arrojando muchos herejes a la hoguera…

Logradas en parte sus pretensiones, se retiró a descansar en el ocio de su señorío, hasta que le sorprendió la muerte esquilmando los pobres pegujales de sus colonos. Siglo y medio más tarde, un biznieto del caudillo de Flandes, que seguía en posesión del título de nobleza que un rey memorable adjudicara a su bisabuelo por haberle representado supuestos servicios militares, sedicioso y rebelde, traicionó a su monarca Felipe V, a quien había jurado fidelidad, abrazando el partido del Archiduque de Austria cuando la guerra de sucesión.

¡Venganza ruin de su lesionado orgullo! Y más faccioso aún su biznieto, conspiró contra Isabel II en favor del pretendiente durante la guerra civil; mientras que por otro lado, olvidando la inmaculada limpieza de su sangre azul y faltando al respeto debido a sus viejos pergaminos, a sus ejecutorias, fueros y pragmáticas, se desnaturalizaba contrayendo matrimonio morganático con una hermosa plebeya, hija de un humildísimo monterero…

Esta es la noble prosapia, la esclarecida alcurnia, el tronco de la ilustre genealogía de un joven aristócrata, nieto de un humilde monterero, que habita en un lindo hotel de Madrid, pasea su fausto en un magnífico Panhard de treinta caballos de fuerza, y por obra y gracia de Maura y de La Cierva su profeta, es actualmente diputado a Cortes por la antigua villa, hoy ciudad, que conquistó un monarca aragonés, azote implacable de la morisma, y en cuya cercanía fincó su progenitor, señor de horca y cuchillo, la casa solariega y la torre feudal donde pendían ahorcados los míseros pecheros.

Como su primer ascendiente, tiene éste también mandatarios abyectos, despiadados recaudadores de pechos y exacciones y escuderos malvados y ruines que medran a su sombra protectora. El cacique de hoy es el rico-home medioeval, el magnate de antaño, en virtud de inalienable derecho de herencia. El progreso hasta aquí ha sido una hipócrita transformación de la sociedad, por eso, enmascarados, aún existen la esclavitud y el feudalismo, el siervo de la gleba y el señor feudal! … Juan Pérez de Urrea.

Tres días después escribió su segundo y último artículo con el seudónimo Juan Pérez de Urrea; un ataque directo a las sociedades y círculos de jóvenes conservadores, seguidores de Maura, que proliferaban por toda España.

La iberia. Número 15 – 5 de julio de 1907: Juventud Conservadora. El articulista conoce algunos jóvenes decrépitos, que suelen exclamar con énfasis: — «¡Soy conservador por convicciones y proclamo solemnemente que D. Antonio Maura es el hombre que ya muchos años nos estaba haciendo falta, el único capaz de gobernar a España por su talento y energías!».

Tal vez dependa del punto de vista donde nos colocamos; pero para mí estas palabras son extrañas y estupendas en labios juveniles. Al escucharlas no he podido reprimir un profundo sentimiento de antipatía y de asombro; porque, según mi lógica, conservador y joven son dos términos absolutamente contradictorios, antitéticos incompatibles.

Llamarse conservador un joven, aún en esta tierra de la santa rutina y del estancamiento, me parece una absurda negación de la propia juventud, una castración voluntaria y cobarde. Es natural y explicable en los viejos el que sean egoístas y conservadores. Ellos, tristes ruinas inclinadas al borde del sepulcro, abstemios de ilusiones y de entusiasmos, que han perdido los generosos impulsos de la sangre nueva y los sagrados ideales de mejorar la vida, porque la suya se les va acabando, son humanos y consecuentes al querer afianzarse en ella conservando las ventajas conseguidas en la incesante liza de sus buenos años. Pero los jóvenes que empiezan a hacer su peregrinación en el mundo, ¿qué han de conservar? ¿Los achaques de la caduca generación que les ha de ceder el puesto en la lucha del vivir?

Verdad es que hay ancianos que merecían ser jóvenes, y jóvenes seniles que no son viejos sólo porque tienen los cabellos negros, y tersa y tirante la piel. Por otra parte; hagamos íntimamente una sincera confesión, aunque tengamos que mortificar nuestros apasionamientos patrioteros. Que fueran conservadoras Inglaterra, Alemania, Suiza y aún Francia, se comprendería, porque tienen bastante bueno que conservar. Pero, ¡los españoles conservadores!… ¿de qué?

Juventud Conservadora de Madrid. Correligionarios de Antonio Maura.

No tenemos que poner en conserva otra cosa sino desastres generales, inmoralidades escandalosas en los de arriba y hambre, ignorancia y miseria en los de abajo!… Esas vergonzosas emigraciones que parten a diario de nuestros puertos, en triste éxodo, ¿no pregonan al mundo entero que España es una nación de famélicos y de irredentos? ¿Acaso no hace muchas centurias que estamos por redimir los españoles?

Y esta redención regeneradora, tan decantada y tan descontada por los que nos gobiernan, ¿cómo se ha de conseguir sino destruyendo el mal y los estorbos seculares, que se han conservado hasta hoy, y evolucionando siempre en sentido de la Libertad y del Progreso? ¿Hemos de ser, por ventura, tan optimistas como el doctor Panglós que todo lo establecido en nuestra España lo hallemos perfectísimo; o seremos, por el contrario, tan pesimistas que lo mucho malo que hay en ella lo juzguemos fatalmente necesario e incorregible, porque las cosas no pueden ser de otro modo?

— «¡La juventud está con Maura!»— ha gritado con aire de triunfo la prensa turiferaria y servilona, Celestina del periodismo y de la política, al observar el número extraordinario de diputados jóvenes que llenan los bancos de la mayoría. Y nosotros objetamos en contra, que esa juventud conservadora que trata de heredar los pingües privilegios que los viejos conservadores disfrutan, descreída, adoctrinada en un positivismo brutal y egoísta, que en su orgullosa fatuidad y en su odio truculento a todo lo democrático y progresivo, es incapaz de sacrificios nobles y heroicos y de altruistas y levantados ideales, no es tal juventud, es pura ñoñería y chochez de alma.

Esa turba de jóvenes son los resollados impúdicos, los impotentes, los perezosos, los tránsfugas de todos los partidos y de todas las procedencias, que sólo aspiran a hacer carrera y fortuna sin reparar en los medios, y consideran la política como la plataforma más cómoda y fácil para el logro de todas sus concupiscencias y ambiciones al verse desprovistos de otros medios más honrosos de hacerse una posición decente.

La verdadera juventud, mocedad viril, esforzada, pensadora y entusiasta ha estado siempre al lado de la Libertad, que santificó la sangre gloriosa de sus abuelos en lucha épica contra todas las tiranías. Esta es la juventud que se congrega animosa y fuerte en torno de la sacrosanta bandera liberal, engrosando las filas de su ejército incansable e indómito y constituyendo su vanguardia, dispuesta siempre a dar la batalla a la reacción odiosa y obscurantista y a desenmascarar a esa otra juventud que, para baldón y oprobio de todos los jóvenes, se llama conservadora. J. P. de U.

En julio de 1907 dos preguntas circulaban por Orihuela: ¿Se terminarán las obras de la plaza de toros para la feria de agosto? ¿Quién es el tal Pérez de Urrea?

Como siempre que escribía contra los poderosos, el padre de Justo se sintió orgulloso de sus artículos; pero a la vez se volvió paranoico con la preservación del anonimato de su hijo. Veía muy conveniente que su nombre no se relacionase con dichos artículos y se lo dejó bien claro en la siguiente carta.

Orihuela 7 de Julio de 1907. Querido hijo Justo: hemos recibido tu carta de fecha 5 de los corrientes, y vemos con gusto que estás bueno, nosotros no tenemos novedad. Como ves, ya estamos de vuelta de Murcia, habiendo quedado toda aquella familia buena, y tu tía Dolores, también.

Muchísimo que ha gustado tu artículo el señor Feudal, y dicen que quisieran saber quién lo ha escrito; eso quisieran ellos, pero no lo sabrán. Esta mañana he visto a Rafael Rogel, que estemos tranquilos, me ha dicho que tu original está en la redacción de la Iberia en un cajón cerrado con llave, que un día de estos me lo dará por si quiero romperlo; que estés tranquilo, que les mandes más artículos, y yo también quiero que lo hagas, pero si puede ser, que tus originales los copie otra persona, y además, el sobre donde venga ese original, que lo copie también esa persona que tú busques; en una palabra, que no vean letra tuya, pues esto se ha puesto como si estuviéramos con Inquisición.

Nos gusta a todo el que lo ha leído el artículo Juventud Conservadora. Como no me fío de dirigirte a tu nombre la dirección de dónde vives, se la dirijo a Eugenia, y cuando me escribas, que haga lo mismo al ponerme la dirección de la carta. Te doy las gracias por el borrador de la instancia, y estoy contigo, aguardaremos mejores tiempos para hacerla.

Sin más, recibe los aftos. de toda la familia y amigos, de tu hermana y marido, y tú sabes lo que te quieren tus padres. JUSTO y RAMONA. Recuerdos a Eugenia. Los hijos de tu hermana están bonitísimos y en especial el pequeñito. Nos alegramos lo que nos dices que vendrás para Agosto, en los primeros días.    

Por si habían olvidado su afrenta a la heroína oriolana del año anterior, la víspera del «día del pájaro», en «La Iberia», recordaron su trabajo sobre la Armengola publicado en 1906; afirmando que Justo seguía investigando y recabando pruebas que desmontaban el «relato legendario que había suplantado a la verdad histórica».

La Iberia. Número 24 – 16 de julio de 1907: ACTUALIDAD. LA HISTORIA Y LA LEYENDA. La tradición y la leyenda nos han transmitido, a través de varias centurias, una fecha y un recuerdo, ambos fastuosos o indelebles en la memoria de todos los oriolanos. La fecha evocadora es el 17 de Julio; el hecho evocado es la reconquista de Orihuela.

Una y otro son un mágico conjuro de glorias inmarcesibles, aún para los que amando la evolución social puestos los ojos ansiosos en un porvenir muy diferente al pasado, solemos con placer y cariño lanzar una mirada retrospectiva a las edades pretéritas, a las cosas y a los hombres que fueron y han desaparecido del escenario del mundo.

A la fiesta cívica de mañana, en que se celebra esa fecha y ese recuerdo solemnes, el aniversario de la liberación de Orihuela del poder sarraceno, va íntimamente unido en la creencia del pueblo un relato legendario que ha suplantado a la verdad histórica y a cuyo arrullo novelesco nos dormimos en las noches de nuestra infancia con fúlgidos y fantásticos ensueños de guerras y de victorias.

En ellos ha ocupado nuestra imaginación una heroína, dechado de valor y astucia, y hemos visto descender del cielo, de este nuestro poético cielo meridional que convida a los delirios de la fantasía, en una noche serena y estrellada de estío, dos santas protectoras que favorecían el sagrado odio de los cristianos cooperando al exterminio de los infieles.

El Oriol en la Plaza Nueva a principios del siglo XX. Colección Javier Sánchez Portas.

La Historia en cambio, parca severa y fría, con toda la yerta imperturbabilidad de la ciencia, permanecía silenciosa y enigmática como esfinge, esperando el audaz que rasgara el denso velo de su misterio y hallara la verdad celosa que guardaba oculta.

Fiel, veraz y piadosa la musa Clío, se dignó por fin revelarnos sus secretos, y ellos niegan rotunda, categóricamente la fábula, la quimérica leyenda que nos legó la tradición nada escrupulosa; pero ha sido tan poco explícita que calla la fecha puntual en que la reconquista fue realizada (¿en 1243?), no confirmando la que el pueblo y nuestros cronistas de los siglos XV, XVI y XVII eligieron como aniversario de la hazaña memorable, el cual ha venido celebrándose desde el año 1400.

Después de prolijas investigaciones, de un madurado estudio y de un detenido examen de todos los ciatos y precedentes aportados, nuestro querido amigo D. Justo García Soriano escribió un extenso y bien documentado artículo, con el título «La Armengola es un mito», que publicó el año último la ya difunta «Unión Republicana» en su número 150, correspondiente al 20 de Julio, y en él llegaba a las siguientes conclusiones:

1º La reconquista de Orihuela la hizo PACÍFICAMENTE D. Alfonso X, siendo infante, por entrega voluntaria, y espontánea del reino árabe de Murcia (al que pertenecía Orihuela) en virtud del pacto de Alcaraz. 2º La hazaña que absurdamente atribuye la tradición a la Armengola, no pudo ser otra que el hecho de armas ocasionado por la rebelión o sublevación de los moros de todo el reino de Murcia contra los presidios o colonias militares de cristianos, que guarnecían las fortalezas entregadas.

3º Este hecho ocurrió a los pocos años de haber ocupado el trono de Castilla Alfonso X, como lo dice terminantemente la crónica de su reinado y lo comprueban otros varios documentos coetáneos y auténticos; es decir, después de cuatro lustros de haber sido Orihuela reconquistada pacíficamente. 4º Que, por lo tanto, esta defensa del castillo y de la plaza de Orihuela llevada a cabo heroica e intrépidamente por la guarnición cristiana, contra el alzamiento e insurrección de los moros, no debe confundirse en manera alguna con la reconquista.

5º. La hazaña y la existencia de la Armengola no sólo son inverosímiles sino opuestas al testimonio de la Historia y absolutamente fabulosas. 6º En el Libro de Repartimientos, que data del año 1272, se consignan los nombres de los que se distinguieron en la defensa de Orihuela contra los insurgentes muslimes, los cuales fueron mejorados en sus heredamientos en un tercio, según privilegio de Alfonso X otorgado en Jerez el jueves 4 de Abril de 1268.

Otras varias conclusiones menos importantes se desprenden del artículo de que venimos haciendo mérito y que insertaríamos íntegro muy gustosos si su mucha extensión no nos obligara a renunciar el hacerlo. En nuestro pueblo hay escritores eruditos muy versados en nuestra historia, y ninguno opuso su réplica al artículo del señor García Soriano, que puede considerase tal silencio como un absoluto asentimiento otorgado tácita e implícitamente.

Nosotros sabemos que dicho señor ha aumentado considerablemente el caudal de pruebas en que asentaba y apoyaba sus afirmaciones; y que, sin embargo, no tiene la pretensión de creer haber dicho la última y definitiva palabra en tan abstrusa materia, sino que por el contrario, considera que falta aún mucho para llegar al total esclarecimiento de este hecho histórico, labor penosa y larga para la que cuenta y necesita la valiosa cooperación y ayuda de cuantas personas en nuestra localidad se interesan por la Historia.

Varias semanas después de las dos publicaciones firmadas con seudónimo, Ignotus, o lo que es lo mismo, José Manuel Teruel, se refirió a la juventud y osadía de Pérez de Urrea. Hablaba de los colaboradores de su diario y evitó descubrir a Justo. Aun así me parece imposible que, a esas alturas, no se supiese ya en Orihuela quién estaba detrás de los polémicos artículos «no refutados por nadie».

La iberia. Número 34 – 30 de julio de 1907: Nuestros colaboradores. Sería tarea difícil, ya que no imposible, la de detallar en un sólo artículo los méritos indiscutibles que adornan a las personalidades que con su colaboración honran frecuentemente las columnas de La Iberia.

Para ello me sería necesario publicar una nueva edición de «Retratos a pluma», y como esto es difícil porque al público no se le puede engañar más que una sola vez, renuncio a este propósito, concretándome a hacer una sucinta relación de los nombres de los señores cuyos trabajos publicamos, y cuyas dotes de literatos suplirán los defectos de mi prosa amazacotada y vulgar…

… D. Juan Pérez de Urrea pertenece a la juventud triunfante. En un cuerpo de adolescente encierra un alma tan grande como la de los poetas que glorificaron la patria cantando sus epopeyas inmortales. La lucha es su elemento, en ella se encuentra como el pez en el agua, y mi afirmación queda confirmada con leer sus castizos artículos «El Señor Feudal» y «Juventud Conservadora», insertos en este periódico y no refutados por nadie. IGNOTUS.

La siguiente carta, escrita ya en Orihuela, es del propio Justo contando a su prima Eugenia los pormenores del viaje con escala en Alicante, sin escatimar detalles escatológicos.

Estación de Atocha. Madrid.

Orihuela 5 de Agosto de 1907. Mi muy querida Eugenia: No puedes imaginarte lo que me costó en la Estación de Atocha el poder encontrar asiento en el tren. No veía por ninguna parte a mi prima Remedios  y tuve que meterme en un vagón cualquiera, después de sostener una disputa acalorada con un tío que decía que llevaba mucho equipaje y que no cabía.

Por último logre colocarme bien, gracias a la amabilidad de unas señoras que iban en el departamento de al lado. En Aranjuez, cuando paró el tren, vi a mi prima que iba en uno de los últimos coches; pero no me pasé con ella. El viaje lo hice regular, no con tantas molestias como otras veces.

A la hora anunciada llegamos a Alicante. Un chico valensiat me llevó las maletas a casa de la hermana de mi cuñado, donde me lavé, cagué y me mudé de pantalones y de botas. De allí me fui a una pastelería de la calle de la Princesa y por cuarenta céntimos me tomé un chocolate con leche y dos bollos; uno relleno de dulce de coco, y después una copita de anís.

Después, para hacer tiempo, me fui a los baños de Diana, donde me encontré a un cura de Orihuela amigo mío, y le estuve viendo bañarse. El día estaba fresco y el mar delicioso. La concurrencia era numerosa y selecta, sobresaliendo muchas mujeres hermosas. Después estuve paseando por la calle Mayor, donde vi a mucha gente de Orihuela y al músico mayor con su mujer, pues se casó el sábado.

Baños de Diana. Alicante. Principios del siglo XX.

A las 12 y media me fui a comer donde lo hicimos el año pasado, acordándome mucho de ti. Comí con muy poca gana un plato de sopa de fideos y otro de arroz con pescado, pan y un buen vaso de vino. Todo me costó 60 céntimos. Tenía otra vez ganas de cagar y me fui al café del Comercio, frente al mar, y allí me tomé un té con aguardiente y cagué.

Enseguida, con todo el resistero, me marché a la Estación de la línea de Murcia, a esperar a mi papá. Después de estar allí hora y media, llegó el tren con mucho retraso, y en él venían mi papá y mi cuñado. Nos fuimos inmediatamente, convidados por mi cuñado, a tomar unos vasos de agua de cebada riquísima y después, otra vez a los baños Diana, donde estuvimos sentados más de una hora respirando una brisa de gloria y contemplando las bellezas del mar.

Antigua estación de Murcia. Barrio de Benalúa. Alicante.

De aquí fuimos a ver a la hermana de Pepe, estuvimos allí un rato, tomamos la cesta de la merienda y, después de comprar pescado frito, olivas, pan, toñina y una hermosa sandía, nos fuimos a cenar al muelle, en la puerta, junto a la farola, donde estaban haciendo lo propio muchas familias. Lo a gusto que cenamos a la orilla del mar, viendo desde lejos la iluminación de la explanada y la entrada de un vapor, no hay para qué decirlo.

Pasito tras pasito volvimos casa de la hermana de Pepe Linares por mi equipaje, compramos una vuelta para Orihuela en 5 reales y nos fuimos a la Estación, llegando a Orihuela a las 2 de la mañana, rendido y muerto de sueño, encontrando en mi casa a mi mamá, hermana e hijos de ésta. Josefina está muy mona, habla mucho y tiene celos de mí cuando beso a mi mamá. Ya lleva puesto el collarcito. El niño es muy grandón y hermoso, pero más feo que Josefina y muy seriecito. Se parece mucho a su papá.

Todos me han preguntado mucho por ti, sintiendo que no hayas podido venir este año. Te estoy escribiendo a las doce de la noche. Mi prima Remedios se volverá a esa el día 15. Por la vuelta del botijo, por más que anduve sólo me dieron seis reales. ¡Qué robo!

Puente del Ferrocarril. Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.

Hoy no he salido en todo el día a la calle ni he visto a ningún amigo. He comido higos chumbos y melón. Recuerdos de todos y muchos besos de tu chico. JUSTO. Recuerdos a tu familia, Dª. Paz, Dª. Visitación, Don Agustín y niños. Sin olvidar a Vicenta y familia. En esta no hace mucho calor. Adiós.

Los diarios locales se hicieron eco de su llegada a Orihuela; y de los progresos del artista Enrique Luis, exiliado también en la capital y buen amigo de Justo.

La Huerta. Número 104 – 9 de agosto de 1907: Se encuentra entre nosotros procedentede Madrid, nuestro querido amigo y compañero D. Justo García Soriano.

La iberia. Número 43 – 9 de agosto de 1907: Hemos tenido la satisfacción de estrechar la mano a nuestro entrañable amigo e ilustrado compañero D. Justo García Soriano que ha venido a pasar una temporada al lado de sus queridos padres. Reiterárnosle nuestro más cariñoso saludo al amigo García Soriano.

Nuestro muy querido amigo y paisano el notable pintor Enrique Luis Cárceles, en la actualidad residente en Madrid, ha pintado un magnífico cartel alegórico a la inauguración de nuestro circo taurino, que regalará a la empresa para que figure en los trofeos que han de lucir, según costumbre, en algunos escaparates al exhibirse las banderillas y divisas.

Personas que han admirado este nuevo trabajo del joven Enrique Luis nos aseguran que ha hecho una verdadera y notabilísima obra de arte. Esperamos que la empresa dará al precioso cartel pintado por nuestro paisano la acogida que merece.

La siguiente carta de García Soriano iba dirigida a los hermanos Sainz; sus alumnos madrileños.

Orihuela, 12 de agosto de 1907. Mis queridos discípulos Pedro y Antonio: Después de un viaje molesto y largo, llegué a este pueblo sin novedad, encontrando en buen estado de salud a toda mi familia. En Alicante me esperaban mi padre y mi cuñado, y allí pasamos un día muy agradable disfrutando del espectáculo grandioso del mar.

Había una gran animación de veraneantes y bañistas. A la caída de la tarde, junto a la embocadura del puerto, en la misma farola, presencié la entrada de un vapor inglés y le vi evolucionar en la rada virando majestuoso. Confundíanse el ronco silbato de la sirena, el chirriar de las grúas y las voces de los marineros.

Puerto de Alicante a principios del siglo XX. Archivo Municipal de Alicante.

Traía el buque muchos viajeros y un enorme cargamento de madreas y toneles, que fueron llenando poco a poco el espacioso muelle. Entonces me acordé mucho de vosotros, pues sé que os hubiera gustado la vista deliciosa que ofrecía en aquellos instantes el puerto, y allí hubieseis podido hacerme infinidad de preguntas y yo explicaros muchas cosas.

En los días que llevo en esta ciudad me he desmejorado algo, pues el miércoles pasado me dio un cólico bilioso tan grande, efecto tal vez de las molestias del camino y del cambio de aguas, que he pasado tres días en cama y aún estoy algo delicado. Este ha sido el motivo por el que no os he escrito antes notificando mi llegada.

Eugenia me ha escrito y en su carta me dice que os vio una noche de paseo con vuestros padres. Yo deseo que todos los días os deis un buen paseo y os distraigáis mucho; pero no olvidaos de estudiar diariamente un poquito, para que no se os olvide lo aprendido, a fin de que a Octubre, cuando reanudemos las clases, lo podamos hacer como si no hubiéramos tenido en ellas ninguna interrupción.

Ya sé que vuestros papás cuidarán de esto y que vosotros lo haréis de buena gana. Aquí hay ahora mucha fruta, sobre todo higos chumbos, melones y sandías; pero como estoy aún algo estropeado del estómago, no puedo comer tantas como yo quisiera. Haced presentes a vuestros papás los respetuosos saludos de los míos y mis recuerdos; dándoselos también a Agustín, cuando vaya por esa, a Matilde y a María. Vosotros recibid muchos besos de vuestro profesor y amigo Justo García Soriano. Escribidme pronto. 

Banco de Cartagena, abierto en 1907 en la calle López Pozas. Colección Javier Sánchez Portas

En esta visita a Orihuela, más larga de lo habitual, se involucró plenamente en la corriente política que, siguiendo la estela de Cataluña, intentaba combatir el centralismo imperante. Recordemos que Justo se había pronunciado siempre como republicano federal.

La Huerta. Número 107 – 13 de agosto de 1907: De Regionalismo ¡Hay Patria! Ese estremecimiento de vida intensa y nueva llamado Solidaridad, que se inició en la laboriosa Cataluña, ha comenzado a recorrer, como un espíritu de resurrección, el organismo exánime, casi cadavérico, de España. Han latido anhelosos los corazones, han alentado fuertemente los pechos, y alborean esperanzas de salvación y presagios de venturas.

Las Vascongadas, Valencia, Galicia, Andalucía, que agonizaban amodorradas en este ambiente mofetizado de letal caciquismo, ya han despertado al clamoreo ansioso del pueblo catalán, dando fe de su personalidad robusta, aún existente a pesar de los esfuerzos anuladores del centralismo uniformista, mortífero, castrador de todas las viriles energías nacionales. Y la protesta enérgica de emancipación lanzada por la gran mayoría de un pueblo condenado a vivir oprimido bajo eterno y vergonzoso feudalismo, se ha esparcido por todos los ámbitos de la nación hasta repercutir en Orihuela con ecos de entusiasmos juveniles.

La vieja, la morisca Oriola que en su historia supo escribir brillantes páginas de independencia hidalga y de odio a la tiranía en el decurso de los medioevales tiempos, enarbola ahora el gonfalón regionalista, haciendo destacarse sobre la rojez y amarillez de sus crespones las barras aragonesas de su heráldica. Hago votos fervientes porque, así como la antigua señera salía antaño vencedora en los marciales combates, venza al presente en las lides incruentas del progreso, marchando briosa por esta senda segura del regionalismo.

Yo, que desde que abrí mi alma a los ideales políticos, hice sincera profesión, no sólo de fe sino de convencimiento, en el glorioso credo federal sustentado por sabios e ilustres varones, al observar ahora que las aspiraciones nobles y generosas de mi partido han sido abrazadas por todos los españoles de buena voluntad, como los únicos remedios eficaces para evitar la ruina de la patria; siento una íntima y profunda satisfacción y no dudo en sumar, sin recelos ni esquiveces, mi insignificante persona a este gran movimiento salvador que se propaga rápido.

Así me creo consecuente y patriota. Algunos espíritus, suspicaces, moldeados en las estériles hormas de los viejos partidos, miran atónitos y desconfiados este almo resurgimiento. Me parece naturalísimo. El problema regionalista es vasto y heterogéneo, y los que han cristalizado sus ideas encarrilándolas en la rutina de prejuicios arcaicos y caducos, se pierden aturdidos en las complejidades aparentes de la Solidaridad.

Hablando claro y preciso, rehuyendo embrolladas sutilezas, se logrará hacer luz, disipar estas disculpables desconfianzas y apagar las hostilidades de los bien intencionados. Hemos de declararnos enemigos acérrimos de los actuales y ya envejecidos procedimientos.

Contra la obscuridad capciosa de los presentes convencionalismos, claridad y sinceridad a ultranza. Contra los abominables vicios de parlamentarismo ocioso e infecundo y de perezosa pasividad implantados por el régimen imperante, las preciosas virtudes de laconismo clarividente y de actividad en la acción. Contra el centralismo despótico y oligárquico que absorbe y destruye la vida de las regiones, descentralización y autonomía individual, municipal y regional.

La entidad región habrá de tener facultades y atribuciones para legislarse y administrarse autonómicamente, en representación de los pueblos que la integren, autónomos a su vez en todos los asuntos de carácter municipal. En las Cortes de la Nación, constituidas por delegación legítima y democrática de todos los municipios y de todas las regiones, radicará el poder regulador y morigerante, y solo ellas podrán entender equitativamente en los pleitos interregionales, destruyendo cualquier intento de hegemonía o de separatismo, y en las complicaciones internacionales velando por los intereses y por la integridad de la Patria común.

Hay ya todo un plan de combate y un programa definido y preciso. La Solidaridad, la confraternidad de todos los partidos antidinásticos y de todas las regiones como medio o instrumento idóneo para cortar de una vez y para siempre los tentáculos opresores (caciquismo) de este pulpo chupador que se llama poder central, como fin. Para ello son necesarios, indispensables, una gran transigencia y un gran respeto en todos, si queremos que esta unión sea apta, indestructible y poderosa y no una amalgama incongruente y deleznable.

Hay que fortalecer y perfeccionar bien el instrumento antes de comenzar la obra, si apetecemos que ésta se realice y se haga imperecedera. ¡Jóvenes oriolanos que amáis el regionalismo, yo os brindo uno de los lemas de mi bandera política: FRATERNIDAD. Con ella podremos llegar a la consecución de nuestros elevados ideales, los de afirmar la existencia y el engrandecimiento de la Patria común, reconstituyendo y fomentando la vida regional. Justo García Soriano, Orihuela.

Y esta vez no se conformó con escribir artículos. En agosto de 1907 acompañó a dos jóvenes estudiantes de Derecho y a uno de Medicina, para actuar con ellos como orador en un mitin regionalista celebrado en la carretera de la estación (los actuales andenes).

Carretera de la Estación. Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.

La iberia. Número 48– 16 de agosto de 1907: MITINS SOLIDARIO. En el almacén de naranjas situado en la carretera de la estación se celebró ayer mañana un mitins solidario. Usaron de la palabra los jóvenes regionalistas D. José Martínez Arenas, D. Luis Ezcurra, D. Antonio García Mira y nuestro colaborador D. Justo García Soriano. El Sr. Martínez, expuso el objeto de la reunión y trató de demostrar que el regionalismo no es el separatismo. El Sr. Escurra, pronunció un elocuente discurso abominando del parlamentarismo, el caciquismo y el centralismo. D. Antonio García, entonó un himno a la patria grande y a la patria chica.

D. Justo García Soriano, explicó en lenguaje sencillo y claro el alcance y finalidad del regionalismo, demostrando que es una imitación del federalismo, del que en realidad es hijo. El presidente del mitins señor Martínez Arenas reasumió los discursos invitando a los concurrentes a que se inscribiesen como solidarios. Los oradores fueron muy aplaudidos, especialmente los señores García Soriano y Martínez Arenas. Se adhirieron al acto D. José María Sarabia por medio de una carta y D. Amancio Meseguer por encargo verbal al presidente de la reunión. El mitins estuvo regularmente concurrido.

José Martínez Arenas iniciaba la que sería una larga y fructífera carrera política. Luis Ezcurra, con el que ya había hecho las paces, colaboraba en la prensa local y era corresponsal de «La Verdad» de Murcia; obtenida la licenciatura en Derecho, hizo oposiciones y se convirtió en juez. El futuro médico y colaborador en «La Huerta» era Antonio García Mira.

El joven Luis Ezcurra. AMO. LJGS.

El siguiente artículo, escrito en verso, iba dedicado a una señorita que no pudo traer a Orihuela y de la que decía portar un retrato. Por ahora no he conseguido determinar quién era la madrileña de ojos negros que cortejaba en 1907. La correspondencia con Carmen Miralles data de 1909; y hacía ya cinco años de las poesías dedicadas a María Delgado Wall.

La iberia. Número 56 – 26 de agosto de 1907: CARTA A UNA MADRILEÑA. ¡SI AQUÍ ESTUVIERAS! … En tu ausencia transcurren lentas las horas /  y a cada instante aumentan mis añoranzas / hoy sólo te escribiera tristes doloras, / si no me consolaran las esperanzas. / Paso el día entregado con embeleso / a un coloquio incesante con tu retrato: / de amor en dulce arrobo le estampo un beso / y así mis ilusiones bellas dilato. / Por mil gratos recuerdos adormecido, / mi ardiente fantasía cuadros despliega: /De entre el ramaje de tu balcón florido / veo emerger tu cuerpo de estatua griega.

He bailado en tus brazos un wals pausado, / dando a todos los hombres celos y achares, / en la Kermesse famosa que hay junto al Prado, / y hemos marchado luego a los boulevares. /  Y siguiendo el ensueño con mi deseo, en un banco contiguo bajo las frondas del Retiro, sentado, después me creo, / del estanque mirando las tenues ondas. / Como mariposilla que la luz busca, / mi alado pensamiento rápido vuela / en torno tuyo, y tanto el amor me ofusca / que estoy, me olvido a ratos en Orihuela. / Sabrás que aquí habrá feria y fiestas lucidas, / que han de ser por las muestras un arquetipo, / y que va a inaugurarse con dos corridas / una plaza de toros que quita el hipo.

Para que te convenzas, ahí te mando / unos cuantos programas y otros papeles; / repásalos atenta y vete enterando / que nunca nos dio Niembro tales carteles. / Tendrás que confesarme, si eres sincera / que El Pájaro oriolano remontó el vuelo, / que hay aquí en esta tierra, sangre torera / y que es bambolla el dicho: «De Madrid al cielo».

Al comenzar la carta me puse triste / y te largué unas cuantas cursilerías. / ¡Perdóname! el motivo de ello consiste / en que aquí no te encuentres por estos días. / Bien ceñida la falda y así encendiendo / una hoguera en el pecho del más adusto; / con tu hermosa mantilla blanca, cayendo / en cascadas de espumas sobre tu busto. / Tu mantón de Manila verde, bordado, / que en esa corte llevas a las verbenas, / y la suprema gracia que Dios te ha dado / para que en este mundo quites las penas.

Con tus zarcillos de oro, como una mora, / prometiendo caricias tus negros ojos, / y tu pecho turgente que me enamora, / cubierto de claveles dobles y rojos. / En una tartanica con dos banderas / y un caballo enjaezado de pura raza, / con cascabeles, lazos y madroñeras, / irnos, moracha mía, tú y yo a la plaza… / Todo es allí alegría, luz y colores / y aturden los oídos el vocerío, / con que van pregonando los vendedores, / y los gritos y palmas que da el gentío. / Del sol ardiente los derretidos oros / resbalan por las sedas de las sombrillas.

Músicas suenan: van a empezar los toros / pues entre aplausos salen ya las cuadrillas. / De la plaza cruzando va los confines / lluvia de serpentinas, que el ruedo llena. / Redoblan los timbales y los clarines / y el primer cornúpeto salta a la arena. / Mientras tú emocionada sigues ansiosa / la lidia y te abanicas con mucho mimo, / yo contemplo extasiado tu cara hermosa / y con cariño inmenso tu mano oprimo. / Así pasa la tarde. ¡Viva el toreo! / Vámonos a la feria, que ya la lidia / ha terminado. Démonos un paseo; / verás a mis paisanos locos de envidia!…

Al comenzar la carta me puse triste, viendo que son tan sólo vanas quimeras / estos vivos deseos que me infundiste… / ¡Qué juerga correrías si aquí estuvieras. / Justo García Soriano. Agosto de 1907.— Orihuela.

Con motivo de la feria y la inauguración de la Plaza de Toros de Orihuela, José María Sarabia lanzó una nueva publicación ilustrada de carácter anual titulada «El Oriol Taurino».

El Oriol Taurino. Número 1. 1907.

Aprovechando su descanso veraniego en la finca de «Las Moreras», los liberales prepararon un baño de masas para su jefe de distrito durante la feria y fiestas de Orihuela. El viernes 30 de agosto celebraron un banquete en honor a Luis Barcala Cervantes.

Luis Barcala Cervantes.

El marco elegido fue el espacioso comedor del Gran Hotel de España, decorado con gusto y profusa iluminación. Dicho hotel estaba situado en el nuevo corazón de la ciudad, muy cerca del Casino, en la esquina con Alfonso XIII. Estaba allí toda la prensa local: «La Huerta», «La Nueva Era», «La Iberia» y el corresponsal oriolano de «El Liberal», de Murcia.

Gran Hotel de España. Colección Javier Sánchez Portas.

A la mañana siguiente, sábado, Luis Barcala y un grupo de liberales viajaron a Callosa y Redován, donde fueron recibidos por un numeroso gentío con banda de música. Justo y Andrés Lacárcel acompañaron a la comitiva como corresponsales de prensa; lo que da a entender que habían solucionado ya sus diferencias. He aquí la extensa crónica de Justo.

La iberia. Número 62 – 2 de septiembre de 1907 (por error esta archivado con fecha 2 de agosto): El Sr. Barcala en Callosa de Segura y en Redovan. El sábado último, en la mañana, y con objeto de devolver la visita a los comités liberales de Callosa de Segura y de Redován, marchó a dichos pueblos nuestro respetable jefe D. Luis Barcala y Cervantes, acompañado del Presidente del comité de esta ciudad D. Álvaro García de Burunda, de los señores don Manuel Lizón, D. Felipe Saenz, D. Matías García, D. Joaquín Borreguero, D. José María Giménez y de nuestros compañeros D. Andrés Lacárcel y D. Justo García Soriano.

A la entrada de Callosa de Segura esperábales una numerosa comisión formada por los Sres. Mora, Guilabert, Sorribes, Ruiz, Grau, Arteaga, Martínez (D. Joaquín), Trives (D. Juan), Pamies, Rives (D. Domingo) y algunos otros que no recordamos. Tras los saludos y cortesías de fórmula, todos reunidos marcharon a casa del vice-presidente del comité, Sr. Guilabert, en donde después de explicar el motivo de la visita y cambiar algunas impresiones respecto a la política de aquel pueblo, expuso el Sr. Barcala, con esa mágica y elocuente sencillez que en sus palabras sabe poner siempre, las líneas de conducta más principales que deben seguirse, a fin de que se robustezca cada vez más la reorganización incipiente y ya pujante de nuestro partido, y marche brioso por el seguro derrotero que le marca su programa, mantenido sin mixtificaciones ni transigencias que puedan parecer una abdicación de los principios liberales o un contubernio vergonzoso con nuestros enemigos políticos.

«Hemos de mantener —dijo—siempre inalterable y vigorosa nuestra personalidad, cada día si es posible más definida, desoyendo las seducciones y los cantos de sirena con que intentarán reducirnos a la inacción nuestros adversarios. Para ello hemos de sostenernos equidistantes, igualmente distanciados de los impacientes y exagerados radicalismos de avance, como de la reacción obscurantista que no pierde momento de intentar envolvernos y destruirnos con su ola negra: hemos de permanecer en esa difícil ecuanimidad, y perfecto equilibrio que tanta falta hace a España.

No se afanen Vds. en engrosar nuestras filas con soldados dudosos que no posean los entusiasmos que proporciona el convencimiento de las ideas, pues no conviene olvidar que es más apto para la lucha y está más cerca de la victoria un pequeño ejército disciplinado y aguerrido que una numerosa hueste en que impere la anarquía. Si ya somos tantos en los comienzos, no dudéis de que en la hora del triunfo seremos infinitos, nos contaremos por legiones». Terminó su amena e interesante plática el Sr. Barcala, excitando a los jóvenes a la lucha, ellos que tienen por delante el porvenir, y aconsejando que nunca olviden los intereses locales del pueblo de Callosa, ya que a él más directa y especialmente han de dedicar sus atenciones.

El ilustrado médico y presidente del comité liberal de la vecina villa, Sr. Mora, contestole en nombre de todos con sentidas frases, manifestando que siempre han luchado y lucharán en adelante los liberales callosinos por el triunfo de sus redentoras ideas y de los intereses materiales de su pueblo. Acto continuo fueron galantemente obsequiados el Sr. Barcala y los señores que le acompañaban con un espléndido lunch. Terminado éste entre la más cordial alegría, fueron todos juntos hasta las afueras del pueblo, teniendo lugar allí una cariñosa despedida.

Banda de Música Callosa de Segura. Principios del siglo XX.

En el regreso se detuvieron los expedicionarios en Redován, donde hasta la carretera había salido a recibirles el comité con una banda de música — que por cierto se inauguró entonces — y todo el pueblo en masa. Una continua cohetería surcaba el espacio, cuyas detonaciones eran ahogadas en algunos momentos por los acordes de la música y los vítores en que prorrumpía el gentío.

Visitaron las casas de los Sres. Mazón, del presidente del comité redovanense don Antonio Escudero, siendo agasajados en casa de los primeros con dulces, licores y habanos, en cuyos momentos pronunció un entusiástico brindis nuestro querido compañero Sr. Lacárcel, que fue contestado por otro muy sentido y expresivo del secretario del comité de Redován don Juan Pucholt. En el ejido del pueblo se despidieron todos entre calurosos vivas dados a D. Luis Barcala y a la libertad. Dicho señor y sus acompañantes regresaron a Orihuela satisfechísimos de ambas visitas, que han de influir poderosamente en la marcha futura de la política liberal de dichos pueblos.

Al regreso de estas visitas nuestro distinguido correligionario D. Felipe Saenz Pizana invitó a comer en su domicilio a don Luis Barcala, en el cual se hospedaban la distinguida señora Doña Concepción Rebagliato e hijos, que con motivo de las fiestas, nos han honrado con su presencia. Se sirvió un espléndido almuerzo; en el cual con suma delicadeza y distinción, hicieron los honores la distinguida señora Doña Concepción Saenz y su hermana Doña Dolores Saenz esposa y hermana política respectivamente del anfitrión nuestro amigo. A los postres fueron invitados varios amigos y correligionarios, que guardarán recuerdo imperecedero de tan agradable reunión.

Despedida a D. Luis Barcala: Ayer mañana salió para Torrevieja y Madrid nuestro ilustre jefe D. Luis Barcala Cervantes. A despedirle concurrieron a la estación, el comité liberal en pleno, y numerosísimos correligionarios. El señor Barcala hizo nuevas y efusivas manifestaciones de gratitud por los agasajos de que ha sido objeto durante su permanencia entre nosotros.

Hasta la estación de Albatera, le acompañaron nuestros distinguidos correligionarios D. Manuel Lizón, D. Felipe Saenz Pizana, D. José Mª. Giménez, don Joaquín Borreguero y D. Rafael Martínez. El partido liberal de Orihuela se honra teniendo por caudillo a un hombre en el que concurren todas las virtudes cívicas y todas las cualidades que debe poseer el hombre perfecto, y al enviarle un saludo cariñoso de despedida, le rogamos que frecuentemente nos visite, infundiéndonos nuevos alientos y entusiasmos para luchar a sus órdenes por la sagrada causa de la Libertad. J. G. S.

Ya de vuelta en Orihuela, la animación era enorme. Trenes especiales atestados de viajeros llegaron desde mediodía de los pueblos cercanos. En los cafés, en el casino, en las fondas y hospedajes era imposible conseguir un sitio. Me parece raro que Barcala no asistiese al gran evento que se organizaba aquella tarde; pero la prensa no dice nada.

Colección Javier Sánchez Portas.

Tampoco tenemos noticias de si acudió Justo a la inauguración; pero sabiendo que era «un antitaurófilo terco como él sólo» pienso que no. Aquel sábado 31 de agosto, los carruajes circulaban con caballos adornados y la gente comenzó a desplazarse en romería hacia las afueras de la ciudad, entre los caminos de Molíns y de Bigastro. A las cuatro en punto de la tarde, Lagartijillo Chico, Minuto y Bienvenida estrenaron la nueva Plaza de Toros de Orihuela.

El Oriol Taurino. Número 1. 1907.

La iberia. Número 62 – 2 de septiembre de 1907 (por error esta archivado con fecha 2 de agosto): Primera corrida. Inauguración del circo. La plaza presenta un hermoso golpe de vista. Los tendidos están, aunque con alguna holgura, completamente ocupados por los espectadores. En los palcos hay muchas hermosas mujeres cuyos ojos ardientes hacen competencia al sol que, avergonzado se cubre con negros celajes. Llevan la clásica mantilla. «…con tu hermosa mantilla blanca cayendo en cascadas de espuma sobre tu busto» que ya dijo García Soriano, un antitaurófilo terco como él sólo, pero a quien ablanda eso de la mantilla como ablandaría a las piedras

Del 27 de agosto al 5 de septiembre de 1907, en sus números del 57 al 65 (excluyendo el 61 y 62 por exceso de original urgente) «La iberia» publicó un estudio sobre la Feria de Orihuela.

Era continuación y ampliación del que había publicado tres años antes en «El Diario Orcelitano». He fusionado ambos trabajos en un artículo al que sólo le puede faltar una entrega. El número 63 no está en la hemeroteca. Para leerlo completo se accede pinchando la siguiente imagen.

Enlace al artículo de La Feria

Justo colaboró también junto a Madaria, Rogel, Escudero Bernicola, Sarabia y otros periodistas oriolanos, en la revista alicantina «El Espectador Ilustrado», dirigida por Abelardo L. Teruel. Fue un número muy especial por las fiestas de agosto, en el que ofrecían fotograbados con vistas de Orihuela, y que no he podido encontrar.

Y todavía le quedó tiempo para escribir a sus discípulos madrileños. Las dos cartas enviadas en este viaje, son las únicas a sus alumnos que se conservan hasta 1912.

Orihuela, 7 de septiembre de 1907. Mis queridos Pedro y Antonio: Me figuro que estaréis muy impacientes esperando mi respuesta a vuestra cariñosa carta, que recibí a su debido tiempo. En cuanto llegué a esta ciudad, los amigos periodistas que tengo aquí, me cogieron entre manos obligándome a que les escribiera diariamente alguna cosa para sus periódicos, y no me dejan parar un solo instante. Así es que, con la ocupación que por complacerles me he impuesto, se deslizan para mí los días con tal rapidez, que casi no me doy cuenta de ello.

No creáis por eso que me he olvidado de vosotros; por el contrario, os tengo siempre muy presentes en la memoria y estoy deseando constantemente que llegue pronto el día de regresar a esa corte, para que volvamos a reanudar con mayor entusiasmo e interés nuestras interrumpidas clases.

Mucho me satisface el plan de estudios que os habéis marcado y estáis siguiendo este verano, según me decís. Procurad sobre todo no olvidar nada de lo ya aprendido, pues de esa forma tendremos mucho adelantado para el curso próximo.

He leído vuestra carta muy detenidamente y no he hallado una sola falta de ortografía; sólo he visto algunos ligeros olvidos, muy pocos, en la acentuación y en la puntuación. Por ello me congratulo mucho, pues observo que habéis aprovechado bien todas mis explicaciones, y esta es la mayor satisfacción a que puede aspirar un profesor tan modesto como soy yo. Aunque sé que no habéis estudiado la sintaxis, vuestra carta no carece de sindéresis, de corrección y de claridad, supliendo con vuestra natural disposición, la falta de esos conocimientos gramaticales.

Yo regresaré a Madrid, Dios mediante, el 25 del presente mes; de modo que aún tenéis tiempo de escribirme otra carta y yo de contestaros. Daréis muchos y afectuosos recuerdos a vuestros papás y a Agustín, de mi parte y en nombre de mis padres y hermana, que me lo han encargado muy vivamente; y ya sabéis vosotros lo mucho que os quiere, JUSTO GARCÍA SORIANO.   

Tras el anuncio en «La Iberia» de la publicación del libro de versos «Yeclanerías» y la reproducción de «La Protesta», uno de sus poemas en panocho (que no voy a transcribir), su «hermanico» Maximiliano le envió una carta en la que le felicitaba por los versos a «su madrileña»; preguntándole si se había dejado en la corte «algún pedazo de sus entretelas».  

La Iberia. Número 67 – 7 de septiembre de 1907: Un libro de versos. Hace algunos días recibimos un ejemplar de la segunda serie de «Yeclanerías», que acaba de publicar y poner a la venta el conocido e inspirado poeta yeclano, querido amigo nuestro, D. Maximiliano G. Soriano. Es esta obra una linda colección de sentidas poesías, escritas en el lenguaje local de Yecla y en las que el Sr. Gr. Soriano describe con brillantez de estilo y castizo aticismo varias costumbres de la hermosa ciudad murciana.

Yeclanerías. Quinta colección.

No podemos hoy ocuparnos de este libro con la extensión que merece lo que prometemos hacer mas detenidamente otro día; y ahora nos limitaremos a insertar a continuación una de las composiciones más inspiradas que la colección contiene, ya publicada en «Mis últimos versos», a fin de que nuestros rectores puedan cerciorarse de la justicia de nuestros elogios. «La Protesta»…

Elda 12 de Sep. 907. Sr. D. Justo García Soriano: En este momento me entrega el cartero «La Iberia» que reproduce mi poesía triste… y días pasados recibí dos ejemplares del nº en que tras benévolas frases copiaba «La Protesta»; y por todo ello te doy las más expresivas gracias.

Hace unas noches hablamos de mi hermanico el Provisor de ese cabildo u obispado y yo, y entusiásticamente le colocó a la altura que se merece. ¡Poco orgulloso que se pone uno al ver que se hace justicia a uno de la familia! Le felicito por sus versos a «su madrileña». ¿Se ha dejado V. por la corte algún pedazo de sus entretelas?  

Ayer contesté a Zat después de cuatro meses. Aún estoy rendido de las fiestas, como lo estará V. de las de ahí. A Emilio Costa, director de «Diario de Alicante», le hablé de V. Vamos a triunfar los antisolidarios, y si no, al tiempo. No se ría V; no, y ya verá como no me engaño. Si pasa por esta estación a su paso a Madrid, me avisa y saldré a saludarle aunque sea a hora intempestiva. Gracias, Justo, gracias, mándeme sin reparos. MAXIMILIANO. Plaza de la Constitución. Farmacia, No precisa la calle.

Antes de regresar a Madrid escribió una serie de artículos teóricos titulada «Notas íntimas del arte» de las que sólo voy a transcribir unas pinceladas. Él mismo acabó pidiendo perdón por la extensión y contenido del trabajo.

La Iberia. Número 79/84 – 21/27 de septiembre de 1907: Notas íntimas del arte. I. El decantado modernismo. ¿Es el decadentismo? Durante tres o cuatro lustros viene hablándose del modernismo, y aunque ya es un tema viejo que nadie discute, la generalidad de las gentes y aun muchos de los que se dedican a escribir no saben todavía a punto fijo lo que esencialmente lo constituye. Quizá no lo sepan nunca. El Cromatismo. La Lírica. Los «anarco-literarios»El «criticismo». El Teatro. La Literatura Regional. La Forma. La Pintura. La Música. La Filosofía y la Política. Recapitulemos.

Perdón. Me he extendido mucho, como tengo por costumbre incorregible, en esto que deseé fuera sólo un ligero y breve preámbulo. Las ideas se agolpan en mi imaginación en torbellino impetuoso. Mi pluma se desliza rápida, incansable, a pesar mío, sobre las cuartillas, por un impulso interior que no acierto a reprimir, aunque no ignoro que con ello no logro más que restar lectores a mis escritos.

También contra mi intento me he expresado en una forma doctrinal que, no obstante mis académicos titulillos no me cuadra mucho y que confieso no premedité requerir en este caso. ¡Dios me libre de la tentación y de la idea diabólica deponer cátedra de modernismo en ninguna parte, y menos que en ningún lado en Orihuela!

El mal y el delito ya están cometidos. Imploro por ello el perdón al lector que haya tenido paciencia de leerme hasta aquí; y ya que ha atravesado lo más árido del camino, le invito a que espere y lea la segunda parte — que será mejor y más sabrosa, aunque dicen que nunca segundas partes fueron buenas — de estas frívolas notas íntimas, que voy trazando al correr de la pluma, sin datos, memorialines ni demás pertrechos mentales. Justo García Soriano. Septiembre de 1907.— Orihuela.

Como era habitual, los diarios locales se hicieron eco de su regreso a la capital.

La Iberia. Número 82 – 25 de septiembre de 1907: Hoy ha salido para Madrid nuestro querido amigo y colaborador, D. Justo García Soriano, quien desde la Corte, continuará honrando esta publicación con sus selectas crónicas. Le deseamos un feliz viaje.

Estación de Orihuela a principios del siglo XX. Colección Rodríguez Tejuelo

La Huerta. Número 142 – 25 de septiembre de 1907: Hoy en el tren de las 8 ha marchado a Madrid nuestro estimado amigo y compañero en la prensa, el brillante escritor D. Justo García Soriano. Con verdadero sentimiento nos despedimos de él pues su compañía nos es muy agradable. Feliz viaje y que le vaya bien por la corte.

Aquí se adelantaron un poco anunciando la inminente salida de «Flores Silvestres», de Juan Sansano. Como veremos, aún faltaban varios meses para ello. Justo se fue demorando con el prólogo y luego con las correcciones.

La Iberia. Número 86 – 30 de septiembre de 1907: En breve verá la luz pública un tomo de poesías debido a la pluma del fecundo poeta oriolano D. Juan Sansano Más, con un prólogo de nuestro querido amigo D. Justo García Soriano. Esperamos con ansia la nueva producción del compañero Sansano, para admirar las bellezas que indudablemente contendrá.

Nueva carta de su padre en la que afirma no tener dinero ni para pan; y le recuerda el prólogo pendiente de Sansano. Por ella sabemos también de la visita sorpresa de su tía Dolores; la que se había ofrecido a financiarle las ochenta pesetas de la matrícula.

Orihuela 21 de Octubre 1907. Querido hijo Justo: hemos recibido tu carta, y vemos con satisfacción que no tienes novedad, tu madre y yo estamos buenos. Comprendemos la sorpresa agradable que recibirías al ver a tu tía Dolores en esa, tu mamá se alegró al saber la noticia.

Nos has dado un alegrón con tantas noticias buenas que nos das, lo que es menester que se cumplan todas lo antes posible, ya sabes por qué lo digo, hoy nos encontramos sin tener que comer, y el panadero no quiere darnos más pan porque le debemos 10 pesetas y sin esperanza de cobrarlas porque dice que estoy cesante; así que ya ves cuanto sufrimos.

Que no dejes de ver a tus profesores y que te digan que te aconsejan de si haces oposiciones pronto. D. Amancio lo vi hace 3 días, y me dijo te dijera que no tengas miedo y te presentes a oposiciones, pues seguro que las ganarás, con que ánimo y adelante como te decía el P. Carbonel.

Le dije a Sansano que pronto le mandarías el prólogo, me dijo que así sea cuanto antes. Recibe los aftos. de tu hermana, su esposo, besos de tus sobrinos, recuerdos de los amigos, y también se los das a tu tía Dolores y a Eugenia de todos, y tú sabes cuánto te quieren tus padres. JUSTO y RAMONA. Contesta pronto.  Tengo en mi poder el sello y lo pongo en el sobre de esta carta.

1907 fue el año de la prensa en Orihuela. En noviembre salía otro diario a la calle con la redacción en la calle de Santacruz y la imprenta de Manuel Pérez. Se mantuvo ocho meses con esa periodicidad; y poco más de un año como semanario.

La época. Número 1 – 19 de noviembre de 1907: ¿Un periódico más en Orihuela? —Exclamará el lector al desplegar ante su vista el primer número de este diario que le ofrecemos— ¿qué propósitos trae? ¿Qué quiere? ¿Dónde está el hueco que viene a llenar? — ¿Qué propósitos trae? (…) Este nuevo diario es fruto de unos cuantos modestos periodistas que traen su microscópico grano de arena, fortalecido por una voluntad sin límites, a la hermosa obra del engrandecimiento de nuestra patria chica. Estos son nuestros propósitos …

¿Dónde está el hueco que venimos a llenar? No lo sabemos. La opinión ha de señalarlo y nosotros sabremos colocarnos donde nos mande. (…) Orihuela es una ciudad que progresa, y en ella tiene holgado puesto un periódico más. Sólo nos resta pedir a los demás algo para nosotros; favor al público, que nos aliente, e indulgencia para nuestros trabajos, siquiera por la mucha voluntad que los inspira.

Saludamos a la Prensa y muy particularmente a los periódicos locales. En nosotros encontrarán un apoyo cuando defiendan una causa justa; ya lo hemos dicho más arriba. En las discusiones seremos leales y en toda ocasión buenos compañeros.

El 8 de noviembre comenzó a escribir nuevas «crónicas madrileñas» para el diario «La Huerta». Para desempeñar con libertad el papel de cronista de la capital, y que no lo asociasen con su faceta de profesor, adoptó el seudónimo Ángel Rozas y Ángel Pérez de Rozas.

Con este nuevo nombre redactó en total dos docenas; la última en marzo de 1908. Las he transcrito todas íntegramente y las encontraréis almacenadas en una sola entrega independiente a la que podéis acceder pinchando el siguiente enlace.

Enlace a los artículos de Ángel Rozas.

La siguiente carta de su padre no tiene fecha; pero por la de Sansano que menciona, debió enviarla en la última semana de noviembre. Por ella sabemos que pensaba entregar mensualmente 15 pesetas a su familia, a cuenta de las citadas crónicas.

Ayer recibí el certificado en el que venía el prólogo para Sansano para que lo ponga en sus poesías y el cliché de tu firma. Del prólogo no hay que pedir más, nos ha gustado mucho. Me dice Sansano que te diga que el domingo próximo te escribirá, que te dé las gracias.

Nos alegramos de la noticia que nos das de que nos mandarás todos los meses 15 pesetas por los artículos que escribes en la Huerta; que sea cierto es lo que deseamos. Recuerdos de todos, estamos buenos.

La anunciada carta de Sansano, escrita el domingo primero de diciembre, lejos de criticar los retrasos de Justo fue un canto a su talento. También le puso al corriente de las actividades periodísticas de su amigo Rafael Rogel, mojando en todas las salsas; y también de las políticas de Martínez Arenas.

Sr. D. Justo García Soriano. Madrid. Mi dueño y señor: ¿Se ha perdido mi carta? Lo siento. No hablemos de eso y escuche: ¿Su prólogo? ¡Bendita sea su pluma prodigiosa! Yo le he leído y releído y no dejo de leerlo. ¡Es tan hermoso! ¡Se ve en él el corazón del artista que escribe tal y como yo esperaba verlo, filósofo, sentimental, agradable, expresivo…! ¡Bendita sea la pluma de García Soriano, verdadera honra de Orihuela! (lo digo sin apasionamiento). Yo quisiera pagar su trabajo con la vida. El agradecimiento no se apagará nunca en mi alma. El tiempo hablará.

No le he enviado las pruebas por no haber compuesto todavía el prólogo. Lo he recibido en días de muchas ocupaciones, pues he estado haciendo una Pastoral para el Obispo. Pronto, a ser posible, se las enviaré cuando me aclare un poco. Hablamos su padre y yo de la conveniencia de publicar su retrato de V. y él me prometió hablarle sobre el asunto en carta.

Pero esto no es cosa que urge, pues había de estar terminado el libro y es muy fácil colocar las páginas con los fotograbados. ¿V. dice que vaya el mío? Así lo haré. Tengo en mi poder el cliché con su firma. Ya publicado el libro, en la revista «Murcia» hablara su director Sr. Arnáez de nuestros trabajos y publicará los fotograbados.

Le suplico, que cuando reciba las pruebas, las corrija lo antes posible, pues sería fácil necesitásemos la letra empleada en el prólogo. No he escrito nada para el certamen de «La Huerta». En las poesías premiadas habrá V. encontrado la mar de disparates, sobre todo en la de Jara Carrillo, y también en la de Ezcurra. La mejor es la de Tirso Camacho, que lleva el lema «Evocando el Escorial». Yo no he podido hacer nada y lo he sentido. Trabajando de día y de noche en la imprenta era imposible.

Sus padres están bien. Recuerdos de los amigos. (Martínez Arenas se vuelve conservador si echan del Ayuntamiento a Sempere ¡pásmese V. ! ). Esto lo dice él; son palabras suyas. Rogel con «La Huerta», escribiendo en «La Iberia» y hermanado (aunque él lo niega) con los marquesitos de «La Época». Así anda el mundo y no nos podemos entender. Lleve cuidado si le habla V. por carta de este asunto: dele V. en la cabeza. Ahora le ha dado en decir que yo no soy carlista… ¡Ya ve V. qué ocurrencia! ¡Este Faeliyo carece de pupila!

Si tiene ocasión de ver al Sr. Escudero Bernicola, salúdele y hágale presente que por aquí no se le olvida. Él hará lo contrario. Y V. mande como guste a su agradecido amigo y servidor q. b. s. m. J. SANSANO MÁS. Diciembre 1º. 907 Orihuela. Perdone los sellos de la carta. ¡Pícaro demonio! Cuando envíe pruebas volveré a escribirle.

Sellos de correos de 1907.

Por la premura, este borrador de carta sin fecha tiene más pinta de ser ya de 1908. Pero al no tener la certeza y referirse a los incumplimientos y demoras con el prólogo de Sansano, la pongo aquí.

Mi querido Sansano: ¡Perdón! ¡Misericordia!… ¡Estoy horrorizado! No sé ni lo que me he hecho… Abusando una vez más de su paciencia y de su bondad infinitas, he faltado a la palabra que le di en mi carta anterior. Comprendo que Vd. se habrá de indignar con harta razón.

Penetrado de la actualidad que entraña el verso exámetro, puesto ahora de moda por Rueda, he creído conveniente para que mi trabajo sea más digno de su colección de poesías, aumentarlo con un artículo más, que ahora vendrá a ser el VI de ya mi latoso y aborrecible prólogo. No me cansaré de pedirle perdón. Comprendo que soy un pelma y un deshaogao  como no hay…

¡Por qué lo haré yo! De paso me he atrevido a hacer otras enmiendas, y otra adicción para intercalar en la llamada (2) de las pruebas, correspondiente al artículo VII. ¡Yo no sé cómo se las va Vd. a arreglar con los galerines ya formados páginas!… ¡Le digo que estoy asustado atrozmente de cuanto he hecho! ¡Va a acabar Vd. por odiarme y por mandarme a la puñeta!… Lo merezco ¡Perdón!  Anteayer le mandé a mi padre, certificado, el cliché de mi retrato, que supongo ya le habrá entregado a Vd...

Esta carta de Luis Barcala está destinada a José Escudero Bernicola y pero llegó a manos de Justo. No sé si se la reenvió para que se encargase de la «intervieu» mencionada. Lo cierto es que la acabó redactando un colaborador de «La Huerta» llamado «Plim»; y salió publicada en enero.

Luis Barcala Cervantes. Ingeniero de Caminos. Ventura de la Vega, 3 Madrid, Sr. D. J. Escudero. Muy Sr. mío: muy honrado con sus pretensiones, debo indicarle a V. al mismo tiempo que le ofrezco mi casa, que estando muy poco en ella, puede verme en el Ministerio de Fomento, en la Jefatura del Negociado de Construcción de Carreteras, donde estoy todos los días de nueve a dos de la tarde.

Allí podrá hacerme V. todas las preguntas que quiera  de esa intervieu a que se refiere, y yo tendré el gusto de contestarle a todas ellas, pareciéndome mejor me las haga V. por escrito y en esta misma forma le enviaré a V. mi contestación. Con este motivo tengo el gusto de ofrecerme de V. afto. S. S. q. l. b. l. m. LUIS BARCALA CERVANTES. 11-12-907.  

Y así llegó otra navidad con Justo en Madrid, lejos de sus padres. Estos estaban en Murcia por el empeoramiento del tío Filomeno. Desde allí le enviaron la carta con la que pongo fin a esta entrega.

El público viendo los números premiados en la Puerta del Sol. Nuevo Mundo, 26 de diciembre de 1907. BNE

Murcia 22 de Diciembre de 1907. Querido hijo Justo: anoche a las 7 llegamos a esta ciudad, tu madre y yo, nos mandó a llamar tu tío Antonio, en vista de que el tío Filomeno no se mejora de su enfermedad, no sabemos lo que tiene, para mí es una lesión al corazón, quisiera equivocarme, tiene inflamadas hasta las rodillas las piernas, y no se puede acostar por las angustias que le dan, por manera que no me gusta cómo se encuentra. Cuando nos escribas, no digas de la enfermedad que te he dicho que padece, sino de un catarro fuerte.

Te deseamos pases las pascuas con la más completa felicidad y por muchos años, lo mismo dice tu tía Dolores, esta misma dice que felicites en su nombre las pascuas a Dª. Antonia de Borja y a Lola. Tus padres que te quieren. JUSTO y RAMONA.

El pavero en Navidad. Nuevo Mundo, 26 de diciembre de 1907. BNE

Recuerdos a Eugenia y también felicidades. Escribe pronto a este San Lorenzo nº 7 pral. Tu hermana nos dio 14 reales para hacer el viaje de Orihuela a esta, conque ya ves. Recuerdos de Ascensión, tío Filomeno, tío Antonio, Rosa y demás familia.   

Murcia. Estación del Carmen a principios del siglo XX.
Enlace al siguiente capítulo, 1908.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas, a Jesús García Molina y a José Manuel Dayas.

Justo García Soriano 9. 1907/1.

«La prosa de la vida me hizo galeote del periodismo y del profesorado particular. Me gané la vida esforzadamente dando lecciones a domicilio, en colegios y academias y rodando por redacciones de periódicos».

Justo García Soriano. «Noticia crítica y autobiográfica».

Plaza de Santa Ana, Madrid. Domicilio de Justo García Soriano en 1907. Colección Salvador Alcázar.

1907

En 1907 Justo seguía viviendo en Madrid, instalado junto a su prima Eugenia Tribello García en el tercer piso de la Plaza de Santa Ana, número 7.

Eugenia era modista de sombreros; y entre su selecta clientela figuraba Dª. Presentación Rodríguez Castillo, esposa del reputado médico Agustín Sainz Espinosa.

Justo y Eugenia. AMO. LJGS. Montaje.

En la entrega anterior debería haber hablado de sus inicios como profesor particular en el curso 1906-1907; pero el exceso de texto y el desconocimiento de la fecha exacta en la que empezó a impartir clases me llevó a dejar el tema para introducirlo en este capítulo.

Los diplomas y premios obtenidos en su carrera fueron la tarjeta de presentación que le abrió las puertas a la docencia privada; y no le resultó difícil encontrar alumnos. Pero entre todos sus discípulos destacó un hijo del matrimonio citado anteriormente: el erudito Pedro Sainz Rodríguez.

El doctor Sainz no confiaba en la enseñanza de la época y decidió seleccionar personalmente a los maestros que instruirían a sus hijos Pedro y Antonio, de ocho y nueve años de edad; disponiendo de un profesor para ciencias y otro para letras en su propio domicilio.

Bibliógrafo, editor, académico y político, Pedro Sainz llegó a ser diputado durante la II República y ministro de Educación en la Dictadura de Franco (hasta que lo cesaron por monárquico y se exilió como consejero de Don Juan de Borbón).

Él mismo reconoció el mérito de García Soriano en su exquisita educación. Utilizando su propio testimonio: «influyó extraordinariamente en mi vocación por la literatura, los estudios literarios, en mi amor a los libros y, finalmente, en mi decisión de estudiar la carrera de Filosofía y Letras».  

La relación maestro discípulo dio paso a una amistad que se manutuvo durante años: Disponemos de más de medio centenar de cartas que dan fe de ello. Las dos primeras las envió Justo desde Orihuela durante las vacaciones estivales de sus alumnos, este mismo año. Pero será en el siguiente capítulo.

Pedro Sainz Rodríguez ( 1897-1986)

En su faceta periodística, García Soriano comenzó el año escribiendo para la «Unión Republicana» de Orihuela. Recordemos que estaban pendientes las consecuencias de la feroz crítica a Andrés Lacárcel y a su «Lazo Negro»; asunto que intentó suavizar con la primera entrega de Calamares en Tinta.

Unión Republicana. Número 170 – 3 de enero de 1907: Calamares en tinta. Por la carta de un amigo me entero de que mi distinguido colega Andrés de Lacárcel se ha enfurruñado por el sinceramente espontáneo, sí que también inocentón artículo que dediqué en el número 168 de este semanario a su libro «El Lazo Negro». Y agrega el amigo de referencia que «algunas personas de criterio lo han censurado diciendo que ESO NO ES CRÍTICA».

Esta noticia me ha producido sorpresa e indignación; porque ¿qué hay en mi artículo que pueda zaherir, ni mortificar en lo más mínimo el amor propio de mi amigo Lacárcel a quien quiero y estimo muy de veras pese a la malignidad de esos señores del margen que se empeñan en que sea todo lo contrario?

 ¡A ver señores sabiondos, molleras en escabeche, señálenme vuesas mercedes infalibles los dicterios contra el Sr. de Lacárcel que en mi pobre artículo ven! Que se diga que mi artículo es un poco cachondo, pase; que se afirme que en él me ocupo más del retrato del autor de «El Lazo Negro»… que de su libro… ¡que pase también!; pero que se me tache de que en él he querido hacer, para mofarme, su caricatura…. eso sí que no puede pasar ni yo lo tolero, y al que se atreva a sostenerlo le escupiré a la cara un solemne mentís.

Si vuestra propia malicia os hace pasaros de listos y halláis en cada frase mía una oculta alusión injuriosa; si bajo las abundantes metáforas y el sentido figurado que suelo adoptar en muchos de mis escritos adivináis suspicaces una latente ironía;  si las que no son más que humoradas amistosas de camaradas las consideráis ataques solapados de un disimulado rencor, y si, en una palabra, cogéis el pepino por donde amarga y el rábano por las hojas; tened presente que el amolador juzga que todos son amoladores como él. Además, a estos lectores mal intencionados he de manifestarles, parodiando lo que dijo Unamuno en cierta ocasión que «yo que he cultivado siempre mis explicaderas, cuento al escribir con que mis lectores tendrán bien cultivadas sus entendederas». En mi apólogo ya os lo advertía Zaratrustra.

Si alguna vez yo he querido atacar y he sentido deseos de agredir, lo he hecho tal vez con harto descarnamiento y dureza de expresión, pero siempre con el rostro descubierto y alto, con la noble y decidida acometividad del adversario caballeresco que combate furibundo frente a frente. En Orihuela hay más de una persona que puede dar fe de ello por experiencia propia. La guerra de emboscadas, el uso de la daga traidora, el navajeo rufianesco, la puñalada trapera quédese para otras plumas más cobardes y maquiavélicas que la mía, que siempre ha sido honrada y rudamente franca. Cuando yo despliego y tremolo la bandera roja de combate, no rompo las hostilidades dando al enemigo una insignificante bofetada, sino ¡disparándole un formidable cañonazo!

Conque ¿mi artículo no es crítica, eh? ¿Y quién les ha dicho a ustedes que el olmo echa calabazas? Es mucho criterio el de estos señores desculaportales que frecuentan y matan su holganza en ciertos centros de chismografía y de calumnias. Hay gentes tan malévolas que no viven felices sino indisponiendo amistades. Otros se pasan insomnes las noches premeditando los falsos testimonios y las rencillas que han de levantar y fomentar al día siguiente para distraer su aburrida ociosidad viciosa y disfrutar a costa de la inquietud de sus prójimos…  Ha hecho mal el amigo Andrés en dar oídos a las murmuraciones de esas sabandijas que muerden como víboras empozoñadoras.

El señor Lacárcel, a pesar de su apellido, ha demostrado no tener cadena ni correa. Yo no soy como algunos falsos amigos de dos caras que él tiene, los cuales le adulan y le lisonjean en su presencia, para que se engría, y a su espalda se ríen de él diciendo: — ¿Quién habrá metido en la cabeza a Andresito que se haga escritor?

Si yo hubiera pensado esto, aun a riesgo de pecar de descortesía y de ser odiado, sin poner gran confianza en mi desautorizada y modesta opinión, como amigo a quien quiero, le hubiera dicho ingenuamente: — «Mira, Andrés, creo que vives engañándote. Dios no te llama a ti por el camino de las letras». — Pero yo opino de un modo distinto, y lo que dije en mi debatido y calumniado artículo, lo repito ahora: «que Lacárcel dará a su patria chica mucha más honra y más fama que otros escritores que le exceden en petulancia  y pretensiones». Más vale que me agradeciera el reclamo y el bombo que he dado a su libro, en vez de incomodarse conmigo!…. 

Apostaría doble contra sencillo que la totalidad casi de esos destripaterrones, de esos rábulas de secano que han atribuido, a mi artículo la mala intención que  solo existe en sus espíritus aviesos y recelosos, no conocen el verdadero significado, la neta y castiza acepción del 50 por ciento de las palabras que he empleado en él. Y es que la malicia va cogida del brazo con la ignorancia, y en lo que no comprenden ni ven claro, creen hallar agravios e injurias.

El extenso artículo, cargado de sentido del humor y de dobles intenciones, terminó con un cuento:

Dos amigos que se encontraron en la calle y el uno, saludando al otro, exclamó afectuosamente: — ¡Adiós, amigo mío!  Ante esta situación, tan sencilla e inocentona, el amigo saludado que era receloso y suspicaz en demasía, dijo al amigo saludador, después de haber quedado un poco pensativo y perplejo: — ¡Me ha insultado Vd! — ¡Que le he insultado yo!….— repuso sorprendido el otro. — Se lo demostraré á Vd. — gritó el malicioso iracundo. — ¿No me ha llamado Vd. amigo mío? —Sí, señor. —Mío dicen los gatos. —Sí, señor. — Los gatos comen ratones. —Sí, señor. —Los ratones comen queso. — Sí, señor. —El queso lo hacen de la leche. —Sí, señor. — La leche sale de las cabras. —Sí, señor. —Luego me ha llamado Vd. cabra: ¡me ha insultado Vd. groseramente! … Y le entregó una tarjeta de desafío. JUSTO GARCÍA SORIANO.

Chamberí Madrid 1907 (Colección Simón J. Iglesias)

Lejos de olvidar el asunto, hasta en su propio periódico intentaron avivar la disputa en una época en la que aún existían los duelos de honor.

Unión Republicana. Número 171 – 10 de enero de 1907: Jugueteos… No habrá duelo, yo lo fio, entre Andrés y Justo, y yo, aunque hubiese desafío, estoy seguro que no llegará la sangre al río… Perinez.

Justo no conocía al tipo que utilizaba el seudónimo «Perinez»; y pidió a su padre por carta que le informase de su identidad. Pero antes le contestó en el mismo medio, con unos versos incluidos en sus «calamares en tinta».

Unión Republicana. Número 172 – 18 de enero de 1907: Calamares en tinta. Si no mienten los auspicios halagüeños que llegan hasta nosotros, Orihuela, la eterna aburrida, contará muy en breve, según la consagrada muletilla de los gacetilleros de chichinabo, con una hermosa plaza de toros y un teatro circo a pedir de boca. Orihuela tiene derecho a todo eso y a un poquito más.

Lejos de esa ciudad, hemos conocido a muchas personas que la habían visitado. — «Orihuela…— nos han dicho casi invariablemente ¡hermoso país! ¡clima delicioso! ¡huerta encantadora! La población es bastante grande; pero nos ha parecido triste, muerta, con su sombrío aspecto medioeval que contrasta y desentona en medio de la alegría triunfante del risueño paisaje levantino que la circunda. Por sus calles merodean comparsas de curas y discurre una multitud de frailes agobiados bajo repletas alforjas. ¡Por todas partes no se ve más que iglesias y conventos!»

— Ante esta pintura exacta, nosotros nos hemos quedado siempre un poco confusos, sonrojados levemente al sentirnos heridos en nuestro patrio amor. — «Todo eso es cierto» — hemos tenido que replicar. Y a seguida, con digna altivez, hemos hecho esta refutación incontestable: — «Sin embargo, Orihuela gozó de gran importancia antiguamente, pudiendo vanagloriarse hoy de poseer una épica historia; y, sobre todo, porque es lo esencial, cuantos hemos nacido en ella tenemos la salvación segura y un preferente sitio en el cielo»

— Pero no es conveniente que estemos mal del todo con el dios de las tinieblas; porque ¿quién sabe si alguna vez Satán, que es agradecido y cortés, pudiera hacernos falta? Hay que quemar algún incienso en sus altares, para tenerle propicio, y desmentir la fama de falansterio de cenobitas que disfruta Orihuela, entrando en el concierto de las ciudades de vida moderna.

A «Unión Republicana» le ha nacido ya lo que le estaba haciendo más falta Don Nicanor tocando el tambor, un mañaco juguetón y travieso, hijo de Pero Grullo o desciende de él en línea recta ¡Por algo se llama Perinez! …

Dice Perinez, echándolas / de oráculo o de sibila, / que entre Andrés y un servidor / no habrá duelo, que él lo fía. / ¡Nunca han faltado fiadores / garantes de tonterías! / ¿No habrá duelo? ¡Naturaca! / Somos un par de gallinas, / ¿Qué más quisieras tú, bobo, / para reírte las tripas / y encontrar un chiste fúnebre / en nuestra mutua paliza?

Busca, ninchi, otro juguete, / que este te ha salido grilla, / pues a Andrés y a este pae cura / la esgrima nos causa grima, / y es lo mejor que esgrimimos, / con perdón, la lavativa. / Por eso nos alistamos / en la Liga Antiduelista / del barón de Albi que viene / justa a nuestras pantorrillas. / ¿Cómo habría de llegar / nuestra sangre al río, lila, / si a fuerza de resquemores / la tenemos más que frita, / y hambrientos como los bravos / ful de La Guardia Amarilla, / nos la comeríamos toda, / con gula mal reprimida, / en el camino, y el cabo / Rolando se quedaría / sin ver un glóbulo rojo / ni una gota de hematina?

Mas si no corrió la sangre, / y quedó incruenta la liza, / como hubiera celebrado / tu satírica malicia, / de mis pobres «Calamares» / ¡bien que ha corrido la tinta! / Justo García Soriano. Madrid. 14 de Enero de 1907.

A pesar de sus trabajos como profesor y periodista, su situación económica seguía siendo muy precaria. En esta dramática carta podemos comprobar su resignada disposición a vender por necesidad, y a mitad de precio, buena parte de un premio que deseaba, y que tan duramente se había ganado.

AMO. LJGS.

Madrid, 20 de Enero de 1907. Mis queridos papás: Por vuestra carta del 11 del actual, que recibí oportunamente, veo que todos seguís buenos, excepto el papá que se halla acatarrado, aunque eso es cosa del tiempo. Bueno está que se cuide; pero no debe extremar el abrigarse ni encerrarse en casa; que esas precauciones excesivas son contraproducentes. Yo continúo sin novedad. También recibí los dos números de «El Censor».

El martes pasado fui a la Universidad a ver qué había de los libros de la «Biblioteca Rivadeneyra», que gané en premio. En cuanto llegué me entregó el Decano un oficio, autorizándome para recoger la colección en los almacenes de libros de Hernando, que están en la calle de Quintana, número 31, al final de la calle de Ferraz (barrio de Argüelles).

Al día siguiente, miércoles, busqué un mozo de cuerda asturiano, que conozco, y me fui con él y con el oficio a los almacenes. Allí estaban ya los libros apartados y embalados en una banasta grande. Mi alegría al verlos ya os la podéis figurar.

Firmé el recibí al margen del mismo oficio y se quedaron con él. El bulto pesaba seis arrobas y el mozo de cuerda, no considerándose un hércules o un Atlante, desistió de llevarlo sobre sus hombros. Dijo que volvería en la tarde con un carro. Convinimos en eso; y en aquella tarde del miércoles, día 16, a las cinco, ya estaban en casa los libros.

No os podéis imaginar que obras tan buenas son. Con ellos he llenado media casa. Pero su presencia, en vez de causarme alegría, mucha alegría, como era natural, me ha sido motivo de pena y de disgusto. Pienso que el pobre no es digno ni de lo que él mismo se ha ganado con mucho sudor y con un sinnúmero de penalidades; yo quisiera guardar estos hermosísimos libros que he ganado en honrosa lid contra la miseria y el talento, y, encuadernados elegantemente, atesorarlos con avaricia de bibliófilo sobre un estante de mi pobre cuarto doctoral.

Biblioteca Rivadeneyra de Autores Españoles desde la formación del lenguaje hasta nuestros días

Pero estoy sin camisas y calzoncillos, sin sábanas, sin corbata y con un traje raído y tronadísimo. Se le deben 3 meses al casero, y ¡qué sé yo!  Y en gracia al egoísmo de estas buenas gentes, he de hacer el sacrificio de mis amores bibliófilos, y vender la mitad de la colección. Y aquí viene lo más triste, pues por más que he corrido, el mejor postor no ofrece más de cinco pesetas por tomo. Ya veremos si algún conocido me compra alguno y lo paga mejor. Esto me tiene disgustado.

Quiero mandarle un braguero a la mamá cuando los venda. Para ello quiero que me digáis las medidas de la cintura, pasando por encima de los riñones y que llegue a la ingle, y el lado en que cae la hernia. No dejad de hacerlo.

A Zerón no le dejé a deber más que diez y ocho reales, y os dije que le dijerais a Rogel que los 5 reales que me debía se los diera a Zerón, y entonces ya no le debería más que 13, que os procuraré mandar en cuanto venda los libros. No dadle ni un céntimo más a ese ladrón.

Preguntadle a Manuel Pérez quién es el que escribe en «Unión Republicana» y se forma Perinez, y decídmelo en vuestra contestación. Tengo muchos deseos de saberlo. Dad mis afectos a mi hermana y cuñado, y muchos besos a Josefina. Recuerdos a los amigos y demás familia, y un tirón de rabo a «Revertico». Vosotros recibid un fuerte abrazo de vuestro hijo, que os quiere mucho y no os olvida. JUSTO. 

A verme viene muchas veces Remedicos, que está sirviendo en el piso 2º de la misma casa donde vive Dª. Antonia Borja. (Con letra de su prima) Mis recuerdos a Doña Anita, Doña Encarnación, Clara y Maravillas, sin olvidar a Milagros, Pepe y besos a la nena, y vosotros el cariño de vuestra sobrina Eugenia.                      

Perinez contestó brevemente a los versos de Justo, pero ahí acabó todo.

Unión Republicana. Número 173 – 26 de enero de 1907: JUGUETEOS… D. Justo García, mi amigo querido, por un «jugueteo» se muestra ofendido y hecho un Roldán se apresta al combate, las armas requiere, me busca, me apunta, dispara y no hiere…. vuelva usted a cargar. En sus Calamares que no son en tinta sino en… vitriolo, mi faz se despinta y ataca a Airadam. Deténgase amigo, suspenda usted el fuego, no dé temerario más palos de ciego y…. estemos en paz… Perinez.

La siguiente carta fue de Juan Sansano hablándole de su futura obra que esperaba prologase Justo.

Sr. D. Justo García Soriano. Mi querido amigo: Con razón le causaría a V. extrañeza mi tardanza en acusarle recibo a su carta, gratísima para mí, pero causas ajenas a mi voluntad (encontrarme ausente de Orihuela unos días, mi imprenta y arreglar varias obras teatrales para el seminario) me han obligado a esta demora. Le ruego, pues, me perdone. Un día de estos, le enviaré con el franqueo debido, mis versos; y en carta que le escribiré más despacio, el importe necesario para que V. los envíe.

Todavía tengo que ir a la biblioteca a sacar algunos de mis versos publicados en «El Diario» y de los cuales no conservo nada. Espero su retrato en la forma que le dije si le es fácil. Por Orihuela no hay nada de nuevo. Mucho frío. «El Censor» se publica todavía. Le doy las gracias por los elogios que me dedicó en «Unión Republicana». Le participo que voy a estudiar en mis ocios la carrera del magisterio, ya que otra cosa me es imposible.

Mi libro se venderá en Murcia, en Alicante y en otros puntos, como Monóvar, donde tengo amigos cariñosos en la redacción de «El Pueblo».  Por esos mundos… hay más democracia que en esta nuestra patria chica. Y nada más. Cuando le envíe los versos repito que le escribiré más despacio y le diré muchas cosas. Mientras, reciba cariñosos recuerdos de mis padres y familia, y mande como guste a su amigo y servidor. J. SANSANO MAS.

P. a.  Para publicar mi libro tendré que perder mis amistades con los jesuitas. Lo digo porque algunas composiciones serán demasiado libres para ellos; y en ellas quedan al descubierto mis ideas. Allá va una muestra.  … La Tiranía no es culpa del tirano que la envía; es de quienes la arrastran como bueyes. Mientras existan pueblos menguados habrá pillos, ladrones y malvados, y poco pan y demasiadas leyes.

Y otras llenas de amore, como ya verá. Procuraré enviarle los versos lo antes posible, y V. cuando pueda hará el prólogo largo e insustancial como suyo (¡!) En eso de largo conforme en lo otro… ¡modestia, modestia, modestia! No es necesario que me repita su fidelidad como amigo. Ya le conozco. Muchas gracias por todo. Si tiene que decirme algo, hágalo cuando escriba a sus padres. Adiós pues. Orihuela. 3 febrero de 1907.

En febrero publicó también en «El Diario»; un trabajo histórico sobre el carnaval dividido en dos entregas que incluía un fragmento del entremés de Calderón de la Barca «Las Carnestolendas», que no he transcrito.

El Diario. Número 555 – 11 de febrero de 1907: CARNAVAL. Diez y nueve siglos llevamos ya de cristianismo y aún vivimos y todavía viviremos muchos más en pleno paganismo. Era ésta una religión muy humana, espontánea y exenta de hipocresías y de desequilibrios idealistas, y por eso ejercerá siempre influjo poderoso entre los hombres. No han muerto los dioses, aunque algunos lo preconicen; ni hacen falta Julianos que los resuciten. El ascetismo semítico del pueblo hebreo, extendido por todo el mundo en virtud de un cambio de valores, no ha podido anular ni impedir la persistencia de ciertas prácticas paganas.

¡Tan íntimo enlace tienen con la humana moral! El Carnaval, fiestas que se celebran en todo el orbe católico en la dominica Quincuagésima, aunque movibles, corresponden siempre a una del mes de Febrero, y son, a pesar de su nombre cristiano, paganas esencialmente. Las Carnes-tollendas o suspensión de carnes, con las que comienza la Cuaresma, época de expiación y purificación, no son más que las fiestas «lupercalia», las «bacckanlia» y «februalia» de la antigua Roma, equivalentes a las orgías y dionisíacas de los griegos.

Estas fiestas de locura y amor, en que la sociedad muestra su alegría de vivir y de reproducirse, a despecho de todas las fingidas austeridades y la absurda preceptiva contra natura que los moralistas invocan, desde la más remota antigüedad, desde la primera vez que el hombre sintió el alborozo de la vida y la belleza del mundo que le rodea, se han perpetuado en no interrumpida tradición, hasta los tiempos presentes, en que la civilización, también un poco hipócrita y convencional ha suavizado escrupulosamente su desenfreno primitivo.

Sin embargo, la austera y ascética cuaresma, tiempo de fúnebre filosofía, que comienza en el miércoles «corvillo» o de ceniza, no es tampoco cristiana como el vulgo cree. Mucho tiempo antes de Cristo, los romanos hacían vida cuaresmal en sus fiestas «Februales» (Februalia, de febrero, purificar, expiar) que se celebraban en Febrero (Februarios) de las que este mes tomó el nombre, en honra de «Juno Februa» y de «Plutón Februo» (el que limpia), dioses de las expiaciones. Consistían estas fiestas en purificaciones y sacrificios para impetrar de los dioses el descanso de los difuntos y de las almas que vagaban por las orillas de la laguna Estigia, el Purgatorio de los católicos….

… Consignaremos sucintamente algunas de las diversiones que se acostumbraban en los siglos XVI, XVII y sucesivos. Además de las malcaradas, bailes y estudiantinas que aún se estilan se hacían muy extrañas mojigangas y cabalgatas ingeniosísimas, que algunos cronistas nos relatan minuciosamente. Las justas, las carreras de sortijas, de estafermos y de toros, los entremeses, pantomimas, bufonadas y comedias burlescas y licenciosas, los gallos y certámenes poéticos, a que concurrían los reyes y toda la nobleza, eran de gran opulencia y variedad, y a ellas eran invitados los frailes y los inquisidores, que ocupaban siempre «muy buen lugar». Justo García Soriano. (Se continuará).

Carnavales de Madrid. La Ilustración española y americana. 15 de febrero de 1907.

El Diario. Número 556 – 12 de febrero de 1907: CARNAVAL. … La plebe se entretenía con juegos y bromas, donosos unos, pesados otros, que consistían, principalmente, en palos ensebados, sartenes tiznadas, colas o rabos, en empolvar o majar a los transeúntes, colgar en el centro de las calles peleles, que a veces tenían intención política o significación social o de actualidad, y formar corros de mujeres y chicuelos que manteaban a perros, a los tales peleles y a otros de carne y hueso, cantando coplas a coro, del género de la siguiente: «El pelele está malo ¿Qué le daremos? Agua de caracoles, que cría cuernos».

A esta, costumbre alude Cervantes en el cap. XVII, Parte Primera, del Quijote.  En el cap. I del de Avellaneda, también leemos: «y yo me quedé tras todo eso sin ser rey ni Roque, si ya estas carnestolendas no me hacen los muchachos rey de gallos». Los gallos eran disputas de ingenio que se celebraban en las Universidades, a veces a presencia de los reyes….

… En el reinado de Felipe V se prohibieron las máscaras: el conde de Aranda hizo revivir los bailes en Madrid, pero luego desaparecieron con su administración. En 1808 no estaban los bailes de máscaras en uso en esta corte, según nos cuenta Alcalá Galiano; pero poco después volvieron a usarse hasta el presente. En Orihuela hay costumbre de poner en el día que media la Cuaresma peleles o viejos de trapo en los balcones; ventanas y azoteas, que a las diez de la mañana del mismo día se arrojan a la calle a merced de los chiquillos. Esta costumbre, que va desapareciendo casi por completo creemos nosotros que tiene estrecha relación con la fiesta de la Mi-Carême que se celebra en Francia. Justo García Soriano.

«Unión Republicana» le publicó también este largo y maravilloso artículo denuncia sobre el valioso tesoro que Orihuela despreciaba en su maltrecho y descuidado archivo municipal.

Unión Republicana. Número 177 – 26 de febrero de 1907: Calamares en tinta. El Archivo Municipal. El consistorio municipal de Orihuela puede enorgullecerse de poseer un archivo que atesora preciosos códices. A 2.000 elevan algunas descripciones estadísticas sus volúmenes; y no creemos muy exagerado el número. Entre ellos se encuentran no escasos documentos  de importancia histórica nacional y el resto de local interés, pero todavía  no reconocido tanto como merece.

Los oriolanos amantes entusiastas de nuestra historia y de nuestras gloriosas tradiciones, vemos en el archivo municipal un tesoro codicioso y sagrado. Entre las páginas amarillas,  carcomidas y polvorientas de sus manuscritos infolios y de sus legajos, resuenan, como entre las nacaradas espirales laberínticas de un caracol, con épico alboroto, los rumores y los ecos confusos de todas las generaciones que nos han precedido; y en su ambiente enranciado de antiguallas  venerables palpitan invisibles y augustos los manes de nuestros aborígenes y de nuestros mayores. ¡Allí duerme el alma inquieta y afanosa de un pueblo! 

Por desgracia, somos muy pocos, contadísimos, los oriolanos que constantemente evocamos con fruición nuestro pasado y nos extasiamos en atmósferas impregnadas, vibrátiles de tan confortables recuerdos. La imaginación, con su fuerza mágica reproductora, resucita un mundo muerto y vive con él. Pero esto es demasiada poesía, exquisito manjar de escogidos y de iniciados, inaccesible para los cerebros de pan llevar que tanto abundan.

Sólo así se explica ese bárbaro desdén, ese zafio y necio desvío que ha dado lugar al  deplorable, al vergonzoso abandono en que nuestro Archivo Municipal se encuentra. Aquel recinto es el colmo de las desidias y del desbarajuste. Fuera de los armarios, pilas de libros aquí y acullá, forman revuelto acervo y sufren el trasiego y los envites de cuantos por allí andan, pues suele convertirse en oficinas y negociado del empadronamiento y del censo.

Otros, amontonados sobre las estanterías, atiborran los armarios en inverosímil y heterogénea promiscuidad, detrás de puertas de cristales, que impiden la entrada al aire, pero favorecen el nacimiento y la multiplicación de la polilla. No hay que buscar allí ningún rastro de organización ni de orden, pues la archivonomía y la taxonomía bibliológica parece, no un ideal hacedero, sino una utopía irrealizable en el Archivo Municipal de Orihuela. Aquello es sencillamente un sacrilegio nefando, una profanación que debe subsanarse y expiarse pronto si no se quiere vivir en delito perpetuo de leso patriotismo.

No sabemos si nuestra ignorancia burocrática nos hará mentir, pero creemos tener entendido que el Ayuntamiento paga religiosamente cinco o seis mil reales anuales a un empleado con el cargo de archivero. Si no estamos equivocados, y esto es así, el pecado es mucho mayor y la responsabilidad enorme. Si, por el contrario, nuestros informes son inexactos, bien puede nuestro excelentísimo concejo presuponer esa mezquina asignación, realizando economías con suprimir algunas inversiones inútiles, por no decir dispendiosas, tales como las que originan la procesión del Entierro y la fiesta del Pájaro y de la Armengola, esa ridícula paparrucha cívico religiosa que perpetúa una impostura tradicional; como en otra ocasión demostramos. 

Y la prensa, la atildadita y anodina prensa orcelitana, ha venido dando en todas sus fases respecto a este asunto  pruebas inequívocas de una supina desprestigiosa incultura y de una incalificable negligencia con su silencio cómplice. A fe que tal incuria no ocurría en otros tiempos. En la antigua Sala o casa de la ciudad, el Archivo ocupaba un lugar reservado y preferente; era como su Sancta Sanctorum, el loca sacra, el fano de los heroicos penates, el domus del simbólico herodio, que guiaba en todas sus empresas a los oriolanos de antaño.

Existen varios documentos que atestiguan ese fervoroso celo con que nuestros antepasados custodiaban el Archivo de la ciudad, depósito venerable de todos sus privilegios, fueros y ejecutorias de nobleza. Entre ellos tenemos presente una provisión del rey D. Juan II sobre el régimen y forma de elegir los oficiales de la ciudad de Orihuela, dada en Valencia a 16 de abril de 1459.

Por lo establecido en dichas ordenaciones, se deduce que el Archivo era un lugar solemne que se guardaba con solicitud extrema, de cuya llave «diversa de les altres» tras de prestar juramento y homenaje era depositario el notario del Concejo, que en lo antiguo hacía las veces de archivero. En su recinto se hallaban encerradas las dos Cajas de la ciudad, la mayor de las cuales ostentaba por la parte exterior el escudo de Orihuela y las armas reales según los estatutos de la aludida provisión.

En tiempo de las comunidades o germanías (1520) los agermanados, al frente del escribano Pedro Palomares y de una Junta compuesta de trece plebeyos, se enseñorearon de Orihuela asaltando la casa de la ciudad y haciendo un regular saqueo en su Archivo. Entonces el cartulario de privilegios reales, que era un libro de pergamino con cubiertas de madera, cayó en poder de los insurgentes revolucionarios, los cuales ensayaron en él su venganza contra los nobles; pero, aunque muy maltrecho, pudo ser recuperado, cuando el adelantado del Reino de Murcia, don Pedro Fajardo, Marqués de los Vélez logró sofocar la sedición, apresando a los rebeldes y decapitándolos. «Mató tantos—dice Gaspar García Ortiz en su Murgitana—que hasta el gran Segura corrió de color de sangre».

El Concejo no tardó en sentir «la necesidad de hacer una copia de dichos privilegios», pues en Septiembre de 1578 a instancias de  Onofre Trullols, síndico de la ciudad, se ordenó fuera hecha, comprobada y coleccionada por tres notarios, Pedro Conera, Pedro Tristán y Andrés Jordi, nombrados por el Justicia civil, cargo que desempeñaba aquel año el magnífico Ginés Cullera, a presencia del secretario o escribano Jaime Montiel, a fin de que «a la dita copia se done tanta e tan cumplida fe com se podría donar als originals»; como se dice en la instancia del síndico.

Miniaturas Cartulario de Orihuela. Archivo Histórico Nacional de Madrid.

Esta copia, que forma un monumental volumen en pergamino con tapas de madera forradas de terciopelo rojo,  las cuales presentan señales de haber tenido conteras y manecillas (seguramente de plata y arrancadas por la codicia) contiene 364 privilegios y dos magníficas miniaturas representando una el escudo de Orihuela y la otra una batalla ante los muros de la ciudad cuando fue cercada por D. Pedro el Cruel. No sabemos en qué época, sin duda contándose  con la complicidad y consentimiento de algún alcalde poco celoso por la conservación de Joya tan preciosa para el pueblo que administraba, pasó a la biblioteca del Ministerio de Estado, y de aquí al Archivo Histórico Nacional, donde hoy se custodia con la signatura 1368—B.

En la segunda década del siglo XVII se ocupaba el Rector de Catral, Mosén Pedro Bellot, en ordenar y  escribir su «Compendio de lo que se contiene en las nottas antiquas de la Sala de la Ciudad de Orihuela, a modo de anales, desde el año 1353 en que comienzan». El manuscrito de estos interesantes y fidelísimos Anales desapareció del Archivo municipal al que pertenecía, como también el Libro Becerro (con abundantes apostillas, escollos e índice de mano del mismo Bellot), por cuyo motivo los señores Gisbert no pudieron consultarlo al escribir su Historia de Orihuela.

Anales de Orihuela. Mosen Pedro Bellot.

De allí ha sacado todo el mundo cuanto ha querido, y una vez fuera casi nada se ha devuelto y se ha perdido para siempre. Y lo peor es que la mayoría de las expoliaciones han venido a parar en manos profanas que las habrán dedicado, a buen seguro, a papel para envolver o lo habrán vendido a los polvoristas para hacer palmeretas y piulas ¡Qué infamia!

Pocos años hace que desapareció el Libro Becerro, no sabemos por que arte de encantamiento o de magia, y hace tres veranos tuvimos nosotros ocasión de examinarlo detenidamente y de sacar algunas notas; pero ya en Agosto pasado volvió a brillar por su ausencia del Archivo. Si los señores Gisbert no pudieron revisar el Libro de Repartimientos, como hemos dicho, en cambio tuvieron muy presentes los Anales de Bellot; siguiéndolos paso a paso hasta el extremo de no ser gran parte de su obra, sobre todo los tomos II y III, más que un calco y una literal transcripción con circunlocuciones exegéticas del «compendio» del laborioso rector de Catral.

Nosotros no sabemos que este manuscrito haya sido devuelto al Archivo, ni los señores Gisbert dicen media palabra de dónde lo vieron y consultaron, ni tampoco sus editores se cuidan de dar a conocer su paradero. Y nosotros creemos que, por ser la obra de mosén Pedro Bellot la más seria y fidedigna que se ha escrito sobre materias históricas de nuestra ciudad y porque le pertenecía, el Ayuntamiento se encuentra en el deber estricto y patriótico de hacer todas las indagaciones posibles y los mayores esfuerzos por rescatarla del poder de infieles y, una vez esto, darse a la estampa por quien se sienta con bríos para este cometido.

Con estos elementos y con la provechosa guía de un cataloguillo que por el Archivo andaba, puede emprenderse el trabajo benemérito de la reorganización de éste, confiado a una persona inteligente y perita. ¿Obtendremos como suele acontecer la callada por la respuesta y un indiferentismo abúlico a estas solicitudes y observaciones tal vez empequeñecidas por la insignificancia del que las hace, de toda autoridad desprovisto? Queremos ser hoy optimistas. ¡Esperemos… sentados! Justo García Soriano. Madrid, 14 de Febrero de 1907.

Ese mismo número llevaba en la portada una sorprendente noticia de política local.

El Sr. Escudero Zapata, nuestro querido amigo, ha sido el designado para ocupar la alcaldía de Orihuela. Las circunstancias en que se encarga de ese puesto son difíciles y han de poner a prueba su capacidad y su talento. No nos atrevemos a aventurar juicios, pues no queremos actuar de augures prediciendo el porvenir. No podemos, explicar las circunstancias que han concurrido en este nombramiento, pues no acostumbramos a descifrar jeroglíficos…

… Al tomar posesión de la alcaldía, dijo entre los aplausos de los concurrentes: «Una casualidad me hizo concejal de este Ayuntamiento; otra casualidad me eleva a ocupar este sitio; y aunque no es mi partido el que manda, procuraré que todos mis actos se ajusten a la moralidad y a la justicia más estrictas, esperando el apoyo de mis compañeros, en la inteligencia de que cualquier indicación que se me haga, será una orden que cumpliré gustoso, mucho más si las indicaciones parten de la prensa».(…) Se dice que nuestro amigo es prisionero de guerra de los conservadores. El tiempo y su conducta lo han de decir…

El 21 de febrero, por medio de una Real Orden, el concejal de la Unión Republicana D. José Escudero Zapata se convertía en alcalde de Orihuela. José Ferrer Lafuente, alcalde saliente, dejó claro que no había presentado la dimisión; que ha sido destituido por el rey.

Y para terminar, puso a prueba al republicano solicitando que repitiese un ¡Viva el Rey! que fue contestado con gran entusiasmo por el público asistente, mientras Escudero levantaba la sesión. Así reflejó el tema Rafael Rogel en una carta transcrita por José Ruiz Cases «Sesca» en su aproximación a Justo García Soriano «Con pecho de acero».

¿De política local? Chico: ¡el disloque! ¿Cómo ha salido de alcalde Escudero? Aún no he salido de mi asombro. Ballesteros ha caído y Germán, o mejor dicho «Cabeza de Oro» es el amo del cotarro. Dicen que existe un pacto, yo no sé nada. A mí me sorprendió como a todos los republicanos, es decir como a casi todos los republicanos, el juego habilidoso que se ha traído Sempere…

No quiero anticipar juicios atrevidos. Tú eres listo e irás cogiendo la madeja si sigues el hilo que ha comenzado a fabricar Unión Republicana. Por aquí han corrido fantasías de mucho peso… pero,  ¿quién da crédito al rumor público?

El día que Escudero tomó posesión de su nuevo cargo, sucedió una cosa curiosa. A las ocho de la noche se dio un bando destituyendo a todos los municipales, serenos, alcaldes de barrio, pedáneos, etc., etc. En aquel mismo instante eran despojados de sus uniformes los antiguos municipales y eran vestidos otros, entre ellos mi compaere el Obispo el Charamitero, que está tan curro.

La alcaldía estaba atestada de gente, y en la puerta de las casas consistoriales había estacionada una multitud de curiosos que vociferaban cañeándose cada vez que salía un municipal nuevo. En la plaza de la Pía, frente a la casa del marqués de Rafal, pretendiente a este distrito, daba la banda del municipio una serenata… ¡Cosas de este mundo mentiroso! Tienes razón, la cosa tiene cola, tanta que, para mí, somos a estas horas vasallos del fantasma de que me hablas…  

El Oriol Taurino.

La carta siguiente es obra del otro José Escudero; su condiscípulo y amigo, citándolo en una cervecería madrileña para preparar el lanzamiento de un nuevo diario en Orihuela. Como nota anecdótica, ese mismo fin de semana dicha cervecería fue asaltada.

José Escudero Bernicola. Abogado. Carranza, 18. Madrid, 14 de marzo de 1907. Estimado amigo Justo: Hoy he recibido la carta de Cremades que esperaba, y en ella me hace ver que tanto él como Rogel dejan el asunto del periódico a nuestra iniciativa. Conviene pues si queremos llevar a la práctica nuestra idea, procedamos a ponernos de acuerdo y convenir en lo que entendamos más factible y útil.

Para esto, y cumpliendo con mi prometido, te escribo y participo que estaré a tu disposición los días viernes, sábado y domingo de esta semana en la Cervecería de Candela de 2 y ½  a 3 y ½ , y en el Círculo de Bellas Artes de 6 y ½ a ocho y de diez a doce de la noche. Si estos días a estas horas los tienes ocupados, escríbeme citándome tú. Puedes disponer de tu afmo. y amigo.  J. Escudero.

La Correspondencia de España. 17 de marzo de 1907: Robo. En la cervecería de D. Gabriel Candela, de la calle de Alcalá, penetraron en la noche última los ladrones y se llevaron 400 pesetas del cajón del mostrador. En el cierre metálico de la puerta exterior no se observó señal alguna de violencia. En el interior de la tienda se encontró un destornillador de grandes dimensiones, con el cual se cree que se valieron los ladrones para forzar la cerradura del cajón.

A mediados de marzo disponemos de una carta de su padre en la que soñaba con un empleo para Justo en el Archivo Municipal de Orihuela; sospechando que el suyo estaba en peligro tras el cambio de Ayuntamiento. También le informaba de su exención definitiva del Servicio Militar.

Orihuela 16 de marzo de 1907. Querido hijo Justo: anoche recibimos tu carta, y vemos que no tienes novedad, nosotros seguimos buenos y tu mamá está ya casi buena, y está mejor de su tos. También hemos leído el borrador de la carta que le has escrito al Alcalde de esta Ciudad, nos parece muy bien lo que dices, veremos lo que hace.

Quisiera que le escribieras a tu primo Pepe García Villalba, para que este le escribiera al Ministro de la Gobernación, La Cierva y le pidiera al Alcalde de aquí, que te diera el destino de este Archivo Municipal, que tuvo hace algún tiempo, el empleado del mismo, 6.000 rs. De sueldo; que pruebe a ver si puede conseguirlo.

Quisiera tener dineros para mandártelos, con el objeto de que te vinieras a pasar las pascuas de Monas, y de este modo podrías ver a Escudero, y ver lo que se podría arreglar tanto con tu pariente el Médico de Murcia, y el Alcalde de aquí, a nosotros nos darías el gran alegrón.

Hoy han enterrado a Dª. Ana, se murió anoche a las 7, todos lo hemos sentido mucho, era buena señora. Sin más recibe los afectos de toda la familia y amigos, y tú sabes cuánto te quieren tus padres. JUSTO y RAMONA.

El día 12 del corriente, fallaron en bien tu expediente de quintas, gracias a Dios, ya hemos salido de eso, era la última revisión, sea enhorabuena. Me dan recuerdos para ti tu hermana y Linares, con besos de Josefina. Recuerdos a Eugenia, tu primo Carlos, y a Enrique Luis. La receta que mandas, dice Pepe que es buena. Recibí el recordatorio. Habrás recibido El Censor, y con él te mandaba en un papelito como habías salido en bien de la quinta. Tu madre dice que hagas un esfuerzo y te vengas en el tren botijo, lo mismo digo yo, ánimo; escribe pronto.

Justo envió también una carta a Rafael Rogel; carta que de momento no he localizado y que me parece muy interesante. Provisionalmente, hasta que pueda dar con ella, usaré también la transcripción de José Ruiz Cases «Sesca» en su citada obra «Con pecho de acero».

Entrañable amigo Rafael: ¡Qué de cosazas se ven en este diablo  mundo! Me he alegrado en el alma no estar por esta época en ese antro jesuítico de hipócritas y de hombres informales (si es que los informales son hombres) que se llama Orihuela, porque sufriría horrorosamente.

Bien veo que la culpa de todo la tiene el hambre, que es mala consejera y no entiende de formalidades, ni de ideas, ni de sentimientos elevados y dignos. Ya sabemos que, por comer, muchos pierden la vergüenza, la memoria y los estribos. Y en Orihuela hay mucha hambre, y cada desesperado capaz de vender como si tal cosa su alma al diablo por un plato de lentejas.

Desde el punto de vista del positivismo, el que hace esa almoneda de su conciencia hace muy bien; ¡naturaca, y lo demás son bulos!; pero si todos los hombres hubieran pensado siempre de esta manera, aún andaríamos con taparrabos, comiendo carne humana, todavía existiría la esclavitud, el derecho de pernada, la inquisición y, antes de salir a la calle, tendríamos que darnos todos los días una fricción de agua bendita en los cojones, por si algún Torquemada, aficionado a la chamusquina, se le ocurría tostarnos el pellejo.

Si nunca hubiera habido Quijotes dispuestos a morirse de hambre y a recibir palos de desalmados yangüeses por una Dulcinea ideal, la humanidad sería aún una tribu nómada, una caravana errante de antropófagos y jamás hubiera habido un cristo que se hubiera dejado crucificar por meterse redentor. Días pasados me escribió mi padre diciéndome que se decía, dándose por seguro, que hoy sábado, día 18, quedarían cesantes todos los empleados del Ayuntamiento.

El miércoles le escribí a Pepe Escudero, porque mi padre me lo mandaba, rogándole interpusiera su influencia para que no lo dejaran cesante. Por mi padre me he rebajado con gusto, por mí no lo hubiera hecho. De todos modos creo que conseguiré lo que el que jode con condón por no tener sarampión. ¡Ya veremos! Sé que estás enterado por Miguelico Cremades del proyecto de fundar un diario en ésa que se ha forjado Escudero. Yo he acogido la idea con entusiasmo.    

Nueva carta de Escudero Bernicola en la que anunciaba la puesta en marcha del periódico y un breve viaje a Orihuela por Semana Santa.

José Escudero Bernicola. Abogado. Carranza, 18. Madrid, 21 de marzo de 1907. Estimado amigo Justo: Hoy he recibido carta de mi padre aceptando nuestra idea y poniéndose a mi disposición en el asunto del periódico; comunícaselo así a Rogel para que esté preparado. Mañana viernes y pasado estaré en el café de Candela a la hora del otro día y allí te espero para organizar el viaje; irá con nosotros mi primo Riquelme. Tuyo afmo. y amigo de veras.  J. Escudero.

Cartas de José Escudero Bernicola. AMO. LJGS.

Involucrado plenamente en el proyecto del nuevo diario. La siguiente entrega de calamares fue un canto a la libertad de prensa; una enérgica arenga a los periodistas cobardes.

Unión Republicana. Número 180 – 26 de marzo de 1907: Calamares en tinta. Palabras de impotentes. Frecuentemente ¡oiréis decir, con referencia a determinados periódicos o escritores, estas o semejantes palabras:—«Sus artículos son libelos repugnantes y soeces, pasquines virulentos injuriosos, fanfarrias de engreído pedantismo que vomitan difamaciones personales y literarias y groseros insultos…»  

Estas atormentadas y despectivas palabras, de aparente indignación, que suelen acibarar los labios de los que las profieren, aunque las creáis hijas de la prudencia y de la sensatez no son, por lo común, más que despechos poco disimulados de los envidiosos y de los impotentes. Siempre son pronunciadas con una amarga mueca de odio y de dolor, del dolor y del odio infinitos, propios de la impotencia.

La envidia acostumbra a encubrir su cabellera de serpientes sibilantes y retorcidas bajo un manto de hipócrita circunspección. ¡No os dejéis engañar por ella  y escupidle en el rostro enmascarado un salivazo de desprecio! ¡Hay mucha bilis que purgar! Y más ahora que ya ha entrado la Primavera, removedora de humores…

El humano egoísmo y el ciego apasionamiento, nos hacen ver un insulto en cual quiera verdad que cauterice nuestro susceptible amor propio, que disipe el éxtasis de algunas de nuestras infundadas ilusiones. Y, mal que les pese a nuestras fanáticas egolatrías, la verdad nunca es un insulto. La verdad, por lo tanto, no merece el desprecio y menos la venganza ruin del ultraje.

A una verdad, por desnuda y cruel que sea, se le concede beligerancia y se le combate con otra verdad mayor, con mortíferos proyectiles dialécticos. El que enmudece ante la verdad, la acata o confiesa su culpa. Está muy en descrédito eso de gritar, diciendo: — «¡Se me ha insultado! ¡Infamia! ¡Difamación! ¡Calumnia! ¡Es un libelo!»— «¿Por qué no responde usted y se defiende?» — se suele preguntar interrumpiendo.

Y el que se cree insultado, vociferando replica colérico, con fingido reproche: —«¿Responder yo a un insulto? Sería rebajarme, igualarme al libelista. ¡A un insulto no se le responde, se le desprecia! Ya me darán la razón las personas correctas y sensatas.» — Seguramente, el insulto ha sido una verdad, atrevida, demasiado francota a lo más; las personas correctas y sensatas son en este caso los demás escocidos, a quienes también han alcanzado las salpicaduras, como Maura diría; el silencio adoptado con sistemática apariencia es el mutismo que impone la verdad al que se reconoce culpable.

El periódico ha de ser un arma de combate; pero una arma de reglamento. El periodismo es continua guerra, batalla incesante, expresión de la lucha permanente de la vida. En ella vence el más bravo o denodado o muere con gloria tremolando su bandera. El periódico ha de ser todo nerviosidad y fibra; las obesidades linfáticas y los flematismos son excelentes cualidades para un salchichero o para un tendero de comestibles.

 El periódico prudentito y cobardón, que enmudece por pusilanimidad, apatía o calculado egoísmo, que contemporiza y transige con el mal, haciendo a todo la vista gorda, es un tránsfuga, un desertor del campo de combate y un traidor a su bandera. Esos periódicos ñoños y timoratos no son periódicos, son cataplasmas, ungüento blanco y serato simple.

El periodista que se sienta desfallecer con escépticos desmayos y sienta pereza, repugnancia o cobardía en la pelea, no sirve, es corto de talla; debe rendir su pluma o romperla y tomar el pasaporte: así quizá haga un bien a la humanidad y a la literatura. No es lo mismo tocar un solo de flauta o el vals de «Las Olas» en una ocarina,  que escribir un artículo que no parezca un buñuelo. ¡Creedme, seguid tocando la flauta, descifrando charadas o dedicados a otros onanismos mentales!…

Prefiero a los temerarios y a los pedantes. ¡Hay pedanterías y temeridades sublimes! ¿Qué hubiera sido, sin ellos el mundo? ¿No fue Colón un pedante sublime y un sublime temerario? Vale más una loca balandronada del hidalgo don Alonso Quijano, que todas las prudentes y prácticas necedades de Sancho Panza. ¿No es acaso el admirable libro de Cervantes un libelo, el libelo más hermoso que se ha escrito?… ¿Que importan las palabras despectivas y envidiosas de todos los impotentes Avellanedas que vengan después? Justo García Soriano. Madrid-XXI-3-1907.

Los «exiliados madrileños» llegaron a Orihuela en plena Semana Santa; y pocos días después, salía el nuevo diario local con el título «La Huerta».

Semana Santa en Orihuela. Bocina de «La Convocatoria». Miguel Aniorte González.

El Diario. Número 592 – 30 de marzo de 1907:  Con motivo de las fiestas religiosas de semana santa hemos tenido el gusto de saludar en esta ciudad, a los señores… D. Abelardo Teruel, D. Severiano Sánchez, D. José Escudero Bernicola, D. Justo García Soriano…  A todos ellos enviamos nuestro más afectuoso saludo de bienvenida.

La Huerta. Año I. Número 1.

La Huerta. Número 1 – 3 de abril de 1907: Muy señor mío: Ya he llegado a ti y estamos juntos, lector. Yo te buscaba y al encontrarte nos hemos saludado cortés y respetuosamente; tú, guardando un recelo prejuicioso, y yo, llevando la sinceridad en mis palabras, ya me oyes y ya te hablo, para decirnos quiénes somos. A ti, querido lector, te conozco desde tiempo. Eres el mismo de siempre y te conozco en la manera de recibirme…«La Huerta».

A LA PRENSA. La Huerta en su primer número y cuando ya le cabe la honra de figurar en la prensa española, envía un saludo cariñoso a todos los periódicos de España y es especial a los locales, con los que hemos de compartir la ardua tarea del periodismo.

Escudero se quedó en Orihuela a cargo del periódico; Justo, acompañado de «el primo Riquelme» y de Severiano Sánchez Ballesta, volvió a Madrid con un cargamento de monas de pascua y naranjas de la huerta para sus discípulos.

Viajeros. Ha marchado a la Corte nuestro querido amigo y compañero el redactor cronista en dicha Villa de La Huerta D. Justo García Soriano. También ha salido a proseguir sus estudios en la Universidad Central nuestro no menos amigo D. Miguel Riquelme. Feliz viaje.

El nuevo diario estaba dirigido por Rafael Rogel y contaba de nuevo con las notas madrileñas firmadas por Luis de Antón del Olmet. Rafael había abandonado la redacción de «El Diario».

El Diario. Número 595 – 4 de abril de 1907: Después de pasar esta semana Santa al lado de sus queridas familias han salido para la Corte nuestro amigo y colaborador de El Diario D. Justo García Soriano y los señores D. Miguel Riquelme y D. Severiano Sánchez.

Ayer recibimos la visita del nuevo periódico diario que con el título de «La Huerta» viene al estadio de la prensa. Dicha publicación la dirige nuestro querido amigo el ilustrado periodista D. Rafael Rogel Rech. No es la primera vez que dirige un periódico y si razones especiales le hacen abandonar esta modesta casa, sabe puede contar con el afecto de los que son sus verdaderos amigos, y El Diario se congratulará muchísimo no olvide esta pequeña publicación. Devolvemos el saludo que nos dirige el nuevo colega, al que deseamos larga y próspera vida.

En el número 8, Justo regresó a su faceta de corresponsal en Madrid coincidiendo con el juicio de un caso que ya había tratado años antes. También recordaron su vieja petición de una calle para el pintor Agrasot, «cuyos cuadros se disputan los amateurs del arte y que se admiran en Museos y Exposiciones, es hijo de Orihuela, uno que honra el nombre de su patria chica».

La Huerta. Número 8 – 11 de abril de 1907: NOTAS MADRILEÑAS. La humana Justicia. Sigue el público con creciente interés y atención expectante todos los incidentes que se están desarrollando en la vista de la causa del por desgracia célebre y aciago Tercer Depósito de aguas del Canal de Isabel II.

Ante el erróneo y deficiente tribunal de la humana Justicia están aquilatándose ahora las enormes, las abrumadoras responsabilidades que pesan sobre las conciencias en litigio, de los contratistas e ingenieros, directores conscientes de aquellas obras funestas, bajo cuyas ruinas, entre las moles de escombros y cascotes de inseguro hormigón armado fenecieron aplastados en horrible catástrofe, mañana hará su aniversario segundo, cuarenta infelices obreros, las víctimas propiciatorias de siempre inmoladas por la sedienta codicia de los ambiciosos del oro.

El clamoreo de indignación que produjo en toda España aquel hecho sangriento, de triste recordación, fue con el tiempo extinguiéndose lentamente hasta parecer olvidado y perdido en el estruendo del diario vivir. Pero aquella nota plañidera de horror no había muerto, sólo dormía en el alma anhelosa y romántica, con sensibilidad novelera de la muchedumbre …

… Sin embargo y a pesar de los cargos precisos e irrefutables que en sus elocuentes informes hicieron ayer los Sres. Mena y Abril, representantes respectivamente del ministerio fiscal y de la acción pública, témese que en el veredicto que se dictará en breve serán declarados inocentes o inculpables los acusados. Y entre tanto, las pobres victimas olvidadas seguirán pudriéndose en el sarcófago común de los humildes, debajo de la tierra amorosa e igualitaria. Justo García Soriano. Madrid, 7 Abril 1907.

Nueva carta de su padre en la que, entre otras cosas, le anunció un conato de alumbramiento de su hemana Milagros.

Orihuela 10 de abril de 1907. Querido hijo Justo: recibí tu carta de fecha 5 del corriente mes, y por ella vimos con gusto que llegaste a esa Corte sin novedad, nosotros seguimos buenos como habrás visto por el periódico que te mandé titulado «La Huerta», hace 4 días. Le dije a Rogel que en tu carta me decías que no dejara de mandarte La Huerta todos los días, lo mismo que a Enrique Luis, que vive en Atocha, 63, piso 4º izquierda, no sé si os lo ha mandado y sigue haciéndolo.

Mucho se alegra tu mamá y yo, de que D. Agustín Sainz y familia hayan probado las monas y naranjas, les das en nuestro nombre nuestros aftos. Dinos si le has remitido al Alcalde Escudero Zapata, las 75 ptas. que te dio para su cuñado creyendo que se encontraba en esa.

AMO. LJGS.

Esta mañana he recibido de tu amigo Maximiliano García Soriano, La Novicia, boceto de comedia en un acto y tres cuadros en prosa. Original del mismo, de Elda, mañana te lo mandaré por correo, está muy bien editada. Tu hermana tuvo anoche un conato de alumbramiento, tanto que, a las 2 de la madrugada tuvimos que ir tu madre y yo a su casa, y la encontramos con dolores de parto próximo, se llamó a la comadrona, y poco a poco le fueron desapareciendo los dolores por completo hasta quedar bien, quizás de ver a la partera le dio susto, hoy sigue tan bien.

Recibe los recuerdos de toda la familia y amigos y tú sabes que te quieren tus padres. JUSTO y RAMONA. Tu cuñado Pepe se encuentra mejor. Memorias a Eugenia, Carlos, el de Almoradí, y Enrique Luis.    

Al día siguiente de escribir esta carta, Milagros se volvió a poner de parto; y esta vez sí fue la definitiva. A su marido lo habían trasladado a Orihuela; y regentaba una plaza de maestro en el Rabaloche. Rafael Rogel, como había convenido con su padre, dio la sorpresa a Justo a través del diario que le enviaban a Madrid.

La Huerta. Número 10 – 13 de abril de 1907: Natalicio. Ayer mañana dio a luz un hermoso y robusto niño, la señora doña Milagros García, cariñosa esposa de nuestro buen amigo el laborioso profesor de  instrucción primaria, maestro de la escuela del Arrabal Roig D. José Linares Aliaga y hermana de nuestro no menos amigo y distinguido compañero, el joven Doctor en Letras, redactor de este periódico en Madrid, D. Justo García Soriano. Felicitamos a los dichosos padres y a los abuelos por tan fausto suceso de familia y, al pequeño, le deseamos pocos escollos por este peligroso mar de la vida donde ha de navegar.

Nueva carta de José Escudero Bernicola pidiéndole que limitase el envío de telegramas para recortar gastos.

Orihuela, 18 de abril de 1907. Amigo Justo: Ayer tarde te telegrafié infructuosamente, pues lo hice al nº 5 de esa plaza y me contestaron que allí eres desconocido. Hoy lo haré al siete. El motivo es que los gastos del periódico son muchos. Mi madre me escribe y ya hace días llevaba abonados por telegramas 12 duros.

Como comprenderás, a eso no puede responder la suscripción. Por eso he determinado que telegrafíes únicamente los números de la Lotería y algún suceso extraordinario que pueda llegar al periódico antes que El Liberal. Desde aquí nos telegrafiaremos nosotros y así esperaremos a mejores tiempos. Hay proyectos que de realizarse darían a nuestra «Huerta» una vida perdurable.

Como no están maduros, no te los comunico; pero yo me voy convenciendo de que la vida a medias acaba en esta Orihuela al soplo de cualquiera que nos mire con gusto y deseo prevenir contingencias. La empresa que he tomado es dificilísima y obra de paciencia. Me propongo seguir adelante para lo cual necesito que todos me prestéis el mayor apoyo. Espero crónicas tuyas y le digas a Antón las mande también con más frecuencia, pues aquí estamos escasos de fuentes y temo se nos seque el manantial de la política con el acceso del 21 de Abril. Cierro esta carta o lo que sea con las mismas prisas que la he escrito, y espero sigas contándome en el número de tus incondicionales. J. Escudero.

En esta otra carta, su padre le pedía que diera duro a los jesuitas; pero de manera anónima.

 Orihuela 19 de abril de 1907. Querido hijo Justo: anoche recibimos tu grata carta, y vemos por ella que disfrutas de buena salud, nosotros todos estamos buenos, como igualmente tu hermana y su nuevo vástago, que se levantó de la cama hace tres días; el no haberte participado antes su alumbramiento fue porque me dijo Rafael Rogel que no te dijera nada por carta, que él lo pondría en el periódico «La Huerta», cosa que yo no debía haber hecho caso, y sí habértelo participado por carta, pero en fin ya está, como verás por la carta que te escribió ayer Linares.

Esta mañana he visto al Alcalde Escudero y le he dicho que tú me había escrito diciéndome que le mandó los dineros, o sea las setenta y cinco pesetas en carta de valores declarados, y me ha dicho que sí que las recibió, que te escriba diciéndote que lo dispenses, que hoy se encuentra muy ocupado con las elecciones, que cuando salga de ellas te escribirá, que te participe sus aftos.

Adjunto hallarás una hoja, más bien una paparrucha, que han repartido por esta ciudad los Jesuitas, entérate bien y les contestas en el periódico Unión Republicana, sin firmarte, duro y a la cabeza a esos zánganos infames que aborrecen al pobre sin piedad; no dejes de decírmelo cuando lo hagas, que yo recogeré el periódico en casa de Manuel Pérez.

Ya tendrás en tu poder La Novicia, comedia de tu amigo Maximiliano, pues te lo mandé hace algunos días, dime si lo recibiste. Sin más recibe los aftos. de toda la familia y amigos, y tú sabes que te quieren de corazón tus padres  JUSTO y RAMONA. A Escudero Bernicola no lo veo, cuando lo vea le diré lo que me dices para él. Recuerdos a Eugenia, Carlos el de Almoradí, y Enrique Luis. Josefina sigue bien y con muchos celos por tener otro hermano. La carta mía que dices recibiste abierta, sería una distracción mía.       

Anuncio del Bautizo en la Catedral de su sobrino José Manuel.

La Huerta. Número 17 – 22 de abril de 1907: Bautizos. En la misma iglesia y a la misma hora (Parroquial del Salvador  por la tarde a las cuatro) fue bautizado el nuevo hijo de nuestro amigo el profesor de instrucción primaria D. José Linares Aliaga; se le puso por nombre José Manuel.

La hoja de los jesuitas fue comentada de manera anónima, como pedía don Justo. No sé si fue la pluma de su hijo, un encargo/dictado de este, o la propia redacción del periódico; pero las numerosas faltas de ortografía del texto me llevan a descartar la primera opción.

Era el último número de «Unión Republicana». El órgano político de los republicanos en Orihuela desaparecía tras aguantar cinco años en la calle justo cuando un republicano llegaba a la Alcaldía.

Unión Republicana. Número 183 – 26 de abril de 1907: La última hoja de los jesuitas. No nos extrañó la salida de la segunda hoja contra el teatro, pues de sobra conocemos a los jesuitas, y sabemos que tienen tanta tenacidad como doblez, tan mala intención como carencia de sentimientos humanitarios, y tanta ira como cobardía. Son los eternos fantasmas, que ponen siempre de pantalla de sus malas acciones a imbéciles, a mentecatos fanáticos, que sin saber a lo mucho que se exponen, sirven ciegamente a los enemigos del progreso social.

La hoja no merece los honores de una refutación, pues solo dice tonterías, atribuyéndose los propios jesuitas el monopolio de la sagacidad y la inteligencia, cuando sabido es que todos ellos son una recua, de la que por casualidad sale una medianía de las que soplan en la flauta de la fábula. Los radicales rara vez asistimos a sermones, pero cuando asistimos y escuchamos barbaridades (que se escuchan siempre que se predica, sobre todo si el orador es un jesuita) tenemos el valor de discutirlas, respondiendo siempre del acto que ejecutamos.

En fin, Orihuela conoce sobradamente la intención dañina, la perversión de sentimientos, las mañas arteras y ruines de los jesuitas, y por esto sus hojas, han caído como sermón predicado en desierto, y el público orcelitano ha asistido al teatro y está dispuesto a concurrir a él, en cuanto abra sus puertas de nuevo para regocijarse y disfrutar del espectáculo más culto e instructivo que se conoce en la época actual. La pornografía está en otro sitio que ya diremos y que callamos porque necesitamos el espacio del presente número para ocuparnos de otros asuntos.

Las Elecciones generales de abril de 1907 fueron convocadas por una crisis del gobierno liberal. El enfrentamiento entre las diversas facciones liberales que se presentaron por separado los debilitó demasiado; y en esos comicios vencieron los conservadores de manera holgada, dejándolos muy tocados.

En el distrito de Orihuela obtuvo el escaño Alfonso Pardo y Manuel de Villena, el marqués de Rafal, del Partido Conservador. Acababa la hegemonía de Capdepón y de su heredero, Don Francisco Ballesteros Villanueva.

Con los mimbres del desaparecido «Unión Republicana»: la redacción y la imprenta de Manuel Pérez en la calle de Santacruz, el 2 de mayo salía a la calle otro semanario llamado «La Nueva Era». Se declaraba independiente en su cabecera, pero funcionaba a la mayor gloria del marqués de Rafal y su partido conservador. Su primera queja fue no recibir la preceptiva visita de sus colegas: «La Huerta», «El Censor» y «El Diario».

Nueva carta de su padre. A pesar de sus penurias, la familia seguía luchando por el futuro de Justo buscando dinero donde podían. Esta vez se ofreció su tía Dolores.

Carta desde Murcia. Sobre con membrete de su primo. AMO. LJGS.

Murcia 5 de mayo de 1907. Querido hijo Justo: recibí tu carta de Abril próximo pasado, y por ella vimos que no tenías novedad, nosotros continuamos buenos. No te he escrito antes referente a lo que me decías de que pensabas examinarte de las dos asignaturas que te faltan para alcanzar el título de Bibliotecario y Archivero, pero que para esto necesitabas tener para matricularte la cantidad de 80 pesetas, con esta cantidad tenías para la matrícula y pagar los derechos de examen.

En vista de esto, ayer mañana salimos tu mamá y yo de Orihuela para esta; en segunda tu madre le habló a tu tía Dolores, referente a lo que dices, y ésta le contestó que hoy buscaría dicha cantidad para mandártela antes del 15 de Mayo próximo; por manera que puedes ponerte a estudiar enseguida, para conseguir lo que deseas.

Esta tarde saldremos tu madre y yo para Orihuela en el tren de Alicante. Recibe los afectos de toda esta familia, y tío Filomeno, Ascensión, tío Antonio y tía Rosa, y de tu tía Dolores, y tú sabes cuánto te quieren tus padres. JUSTO y RAMONA. Tu primo Perico me encarga te diga le des sus afectos a Don Vicente Vignan, que dice fue su profesor cuando estudiaba en Madrid Homeopatía, pues dice que es Médico. Le dices que es tu primo que se llama Pedro García Villalba, recuerdos a Eugenia. Espera carta mía de un momento a otro. Tu sobrina Josefina está hoy con nosotros.

(Cambio de letra a otra muy mala) Querido primo Justo desde ayer tenemos el gusto de tener a tus papás y sobrina Josefina en nuestra compañía. Dicen que se marchan esta tarde, sentimos que sea tan pronto, la niña es muy bonita, nuestros recuerdos a Eugenia, y recibir los dos un abrazo de vuestro tío y prima. ASCENSIÓN.

El 6 de mayo en «La Huerta», Juan Sansano le dedicó el poema «De mi vida» con la siguiente frase: «Un recuerdo, a mi buen amigo el brillante escritor D. Justo García Soriano». Era una forma de recordarle que esperaba su prólogo.

El 10 de mayo de 1907, «El Censor» publicaba un panfleto de dos páginas informando de la constitución del nuevo Partido Liberal oriolano. Incluía una carta de aprobación de Segismundo Moret a Luis Barcala como nuevo presidente del Comité Central del distrito de Orihuela. Y un telegrama del propio Barcala, «distinguido ingeniero y honrado político».

Luis Barcala Cervantes.

Por fin un telegrama de Justo proporcionó una primicia a su periódico. «La Huerta» avisaba al propio Ayuntamiento de la feliz noticia del nacimiento de un heredero a la Corona.

La Huerta. Número 33 – 11 de mayo de 1907: NUEVO PRÍNCIPE. Las primeras noticias. La augusta esposa de D. Alfonso XIII, Doña Victoria de Batenberg, dio a luz ayer a la hora del medio día un robusto infante que, como primogénito de S. S. M. M. los Soberanos de España, es el legítimo heredero de la Corona. La primera noticia que se recibió en Orihuela del feliz suceso fue por un despacho telegráfico que nos envió nuestro corresponsal en Madrid Sr. García Soriano. Dice así: Madrid (10-14,25) «Doce cuarenta y cinco, nació felizmente un príncipe. Edificios lucen colgaduras. Telegrafío separadamente lista lotería.»

Aún no se sabía la noticia oficialmente en esta ciudad. Nuestro director, Sr. Rogel Rech, envió enseguida la buena nueva al señor alcalde que, comenzó a circular órdenes y se preparó a recibir la notificación oficial del acontecimiento. La banda de música del municipio esperaba reunida frente al Ayuntamiento esperando la orden de salir, apenas tuviera el Alcalde la noticia de las autoridades superiores. El telegrama de La Huerta fue expuesto al público en la puerta de nuestra imprenta. Como se había hecho ya la tirada del periódico ordenamos la confección de un suplemento. La noticia cundió rápidamente por la ciudad causando gran emoción y extraordinario júbilo.

En las municipales celebradas en Orihuela el 13 de mayo, la victoria conservadora fue todavía más aplastante: de los 25 concejales, 19 eran conservadores. La edición del 24 de mayo de «El Censor» fue la última. Se estaba gestando un nuevo diario liberal bajo la dirección de José M. Teruel.

Nueva carta de Escudero desde Orihuela en respuesta a otra de Justo. Volvía a insistir en la limitación de telegramas para ahorrar gastos.

José Escudero Bernicola. Abogado. Orihuela, 14 de mayo de 1907. Estimado amigo Justo: Ayer noche me entregaron tu carta que he leído con verdadero gusto en todos sus extremos. Te contesto con precisión porque mi vida aquí nunca me figuré yo que pudiese ser tan agitada como lo es ni que me dejase tan pocos momentos libres. Respecto de las quejas que haces por la inserción de tus telegramas, te diré que juzgas las cosas mal porque desde Madrid no se ve todo: el telegrama de la retirada de Ibarra llegó después de salir el periódico a la calle; además la noticia era aquí pública un día antes, pues telegramas particulares la habían divulgado.

Por otra parte yo soy el primero en lamentar lo infructuoso del gasto y de la información que hiciste. Ha de constarte también que a veces, por el ajuste y por otras circunstancias, no se pueden hacer las cosas tan bien como se quieren; no te puedes figurar las decepciones que sufro y la fe que tendré ante ellas para conservar los ánimos como los conservo. Pero estas son cosas para que yo te las cuente, y no para escribirlas cuando falta tiempo para hacerlo con extensión. Hoy he encargado a Rogel te telegrafíe. Mi objeto es que se manden únicamente dos telegramas diarios de quince palabras salvo noticia extraordinaria y que se sepa llegará a nosotros antes que al Liberal.

Acerca del trabajo que esto representa para ti, que yo siempre me lo he figurado de mucha molestia, te digo que pronto podré aliviártelo pues yo iré a esa del veinte al veinte y cinco y mis deseos serían recompensártelo; todo se andará. Los blancos y la letra del 12 se suprimirán lo posible, pues tengo mucho interés en ello y conozco lo que nos conviene hacerlo. También se subsanará la falta de no figurar el año, que me adviertes. Los corresponsales quedarán nombrados antes de que yo me vaya, pero hasta ahora yo he estado sumamente ocupado en otras cosas y de fijo creerás que me dedico al periódico más de lo que lo hago.

En esta semana notarás la mejora que le ha de dar al periódico mi constante intervención; al menos yo espero que gane mucho. No hay que desmayar, amigo Justo, que esto es más difícil de lo que yo juzgaba y he resuelto muchas dificultades estando dispuesto a hacerlo con las que se presenten. Cuando nos veamos hablaremos largo y despacio. Te adelanto que sin que falten disgustos por parte de algunos elementos, todos formulan un juicio favorable a nuestra criatura, y la impresión que produce su lectura es de simpatía a los que lo escribimos. Que nos sirva de aliento que te transmito con mi sincero afecto de amigo y afmo. J. Escudero Bernicola.

Pd. Se me olvidaba que lo que de Sarabia dices ya me llamó la atención, y di órdenes que desde hoy serán más concretas, pues realmente es un abuso. También otra cosa muy importante me dejaba en el tintero. Tus telegramas llegan aquí lo más pronto a las cuatro y cuatro y media; por lo que esa última plana y el correo se hacen precipitadamente; por ello, siempre que sea posible, te ruego telegrafíes antes de lo que lo haces.

El 26 de mayo, «La Nueva Era» anunciaba que, a virtud de haber sido suspensos de empleo y sueldo una decena de señores, entre los que estaba Don Justo García, el Alcalde había nombrado para cubrir las vacantes, con carácter de interinos, a otros ocho. Mientras, Justo seguía enviando sus crónicas desde la capital.

La Huerta. Número 46 – 28 de mayo de 1907: CRÓNICAS MADRILEÑAS. «LAS CUATRO CALLES». Ayer pasé por la Carrera de San Jerónimo. Cualquier isidro que haya estado en Madrid, siquiera el tiempo que dura la baja de trenes, sabe que esta vía cortesana es la calle de moda de la crema, de todo lo más «Smart» y de todo lo más «Snob» que atesora la coronada villa del oso. En sus aceras se codea, a la hora del obligado paseo vespertino, la estirada y patricia damita de la «high life» de pura sangre con la elegante «cocotté» de hermosura postiza, que alquila su amor por horas como los simones, y con la procaz hetaira plebeya que huele a pachulí y a colorete barato. Nutrida representación almibarada del sexo feo, que se afana por desmentir este calificativo, derrocha piropos y se da, en la puerta de Lhardy, sendas raciones de vista, y algo es algo si se pesca.

En las Cuatro Calles no pude menos de detenerme. Se está llevando a cabo el derribo de las casas número 18, 20 y 22, las cuales hacen esquina con la calle de la Cruz, con objeto de redondear y completar la pequeña plaza proyectada hace años. Según la demora y los obstáculos surgidos, parecía que nunca iba a realizarse este ensanche reclamado con tanta urgencia por el ornato y la higiene. Esos esquinazos antiestéticos de antiguas edificaciones, en lo más céntrico y concurrido de Madrid, dicen poco en favor de la capital de España. Las Cuatro Calles vendrán a ser ahora digno remate de la calle de Sevilla, y la aglomeración de coches y automóviles ya no constituirá en aquel sitio un peligro constante para el transeúnte que no tiene más vehículo que sus botas.

Plaza de Canalejas, antes llamada de las Cuatro Calles (Madrid).

Desde la ancha acera del suntuoso edificio del Banco Hispano-Americano, contemplé breves instantes el derribo. Las viejas casas ya han perdido sus pisos últimos. Los balcones empolvados y las aceras están llenos de escombros y la piqueta sigue rápida su obra demoledora. De entre la neblina de las cosas olvidadas emergieron algunos recuerdos en mi imaginación. En la casa número 20 habité yo, hace dos años, un pequeño cuarto con un diminuto balcón, el cual ofrecía una de las vistas más bellas y distraídas de Madrid. Daba frente a la hermosa calle de Sevilla, franqueando el espectáculo de la calle de Alcalá y la esquina de «Fornos» que inicia la calle de Peligros.

Por la izquierda dominábase  el trozo más animado de la Carrera y toda la Puerta del Sol; y hacia la derecha se divisaba el Congreso, parte de la plaza de las Cortes y, en último término, el Museo del Prado, la Academia Española, el Casón y las torres góticas amarillentas de los Jerónimos, recortándose sobre el verde metálico de las arboledas del Retiro. En aquel balconcito, que acaba de desaparecer, tenía yo un lindo tiesto de hortensias, de nacarinas flores que cuidaba con esmero en largas horas de íntimo idilio, y también junto a él, con la impresión mareante del estruendo de colmena que de la calle subía, escribí versos y artículos.

Muchas veces importunó mi inspiración y mi trabajo, interrumpiéndome la caza de un consonante o la busca de una frase amena, Petrilla, la chica de la portera, que venía a llenar un cubo en la fuente de la cocina o a entregarme los periódicos que había dejado el cartero. Petrilla era una deliciosa muchachita apenas núbil de ojos flechadores y acariciantes y labios rojos provocativos, que sangraba incansable una mágica sonrisa de irresistible tentación.

Sería escabrosa, comprometida y pecaminosa la descripción de sus demás encantos. Charlaba conmigo un rato, que siempre me parecía corto, o si en la calle tocaba algún organillo o una orquesta de ciegos frente al balcón, me invitaba al baile, que amaba con frenética pasión. Aquel día perdía el correo y no terminaba el artículo. Si yo hubiera merecido ser Fausto, ella hubiera sido indudablemente mi Margarita…

Sin que me lo impidieran ni estorbaran el ajetreo y los empellones de los transeúntes que pasaban junto a mí, estos gratos recuerdos emergieron ayer en mi imaginación de entre la neblina de las cosas olvidadas, durante los breves momentos que me detuve en la amplia acera del Banco Hispano-Americano, frente a las casas de la Carrera de San Jerónimo, que rápidamente derriba la piqueta demoledora… Justo García Soriano; Madrid, 25 Mayo 1907.

En mayo saltaba una nueva noticia que revolucionaba al gremio de la prensa.

El Liberal. Número 1739 – 28 de mayo de 1907: Orihuela. Separación. Nuestro querido amigo y compañero Rafael Rogel Rech se ha separado de la redacción del diario local La Huerta.

La Huerta. Número 46 – 28 de mayo de 1907: Leemos en «El Liberal» que nuestro director D. Rafael Rogel Rech, ha dejado de pertenecer a esta redacción. Nos sorprende la noticia, puesto que quien nombró a dicho señor para dirigir el periódico, nada sabe directamente y de que sigue escribiendo puede dar fe su artículo de hoy «Notas del día». Pero suponiendo bien informado al colega, aceptamos como cierta la noticia y como muy extraño lo demás.

El Diario. Número 646 – 29 de mayo de 1907: Nuestro amigo y compañero D. Rafael Rogel Rech, nos manifiesta que ha dejado de pertenecer a la redacción del periódico «La Huerta». Nos interesa además nuestro amigo que digamos que se despidió de dicha redacción, el domingo último, para el día 31. Que por eso escribió ayer en el mismo periódico y que el propietario, hizo gestiones buscando un redactor sustituto el lunes.

Rafael abandonaba «La Huerta» de manera confusa. A primeros de mayo se había marchado a las fiestas de la Cruz de Caravaca con una sobrina; pasando allí una semana. Mientras, José Escudero como propietario, se había hecho cargo de la dirección.

La Huerta. Número 47 – 29 de mayo de 1907: A lo que hoy publica «El Diario» referente a un suelto, que ayer salió en nuestro periódico contestamos que hemos de ratificarnos en lo que dijimos; D. José Escudero Bernicola nada sabía directamente (que quiere decir sin intermediario alguno) de la actitud de D. Rafael Rogel, el cual antes de mandar la noticia a «El Liberal» y antes de que éste se leyese aquí, habló y conversó de otros asuntos con dicho señor Escudero, no indicándole nada de su resolución. Contra lo que afirma «El Diario» nada hemos dicho y nos ratificamos en nuestro suelto de ayer. Desde hoy se ha encargado de la dirección de este diario D. Francisco Gilabert Ibáñez.

El 29 de mayo, la crónica madrileña de «La Huerta», titulada «Isidros y Cortesanos» llegó a cargo de «Filo». Y el siguiente artículo hablaba de Justo.

La Huerta. Número 47 – 29 de mayo de 1907: Aun cuando se crea otra cosa por quien no ve más allá de sus pestañas, regional ha sido nuestro periódico desde su nacimiento. (…) Nuestro ilustre redactor, joven de inteligencia tan clara y literato eximio D. Justo García Soriano, nos ha dado un cuestionario de reformas y proyectos que debemos defender y propagar para la consecución más práctica, viable y rápida del desarrollo de la agricultura y de las industrias afines. Son trabajos que han de encargarse a individuos diferentes que estudien las cuestiones y las desenvuelvan. Procuraremos ensanchar el cuestionario y desde luego admitiremos cuantas iniciativas se nos comuniquen, pues solo nos guía el interés de ser útiles para la región.

En junio, la redacción de «La Huerta» opinaba sobre la curiosa adaptación de «La Nueva Era» al formato de la desaparecida «Unión Republicana».

La Huerta. Número 53 – 6 de junio de 1907:  … «La Nueva Era», periódico que como es público y notorio se publica con los mismos elementos que la difunta «Unión Republicana».  ¡Nos parece a nosotros que hay menos distancia de Ballesteros a Rafal que de «Unión Republicana» a «La Nueva Era»! Aquella con sus artículos y sueltos anticlericales del más subido color rojo y ésta con noticias de procesiones y humaredas de incienso a los dos ilustres cabildos; la una defensora del más ultra-radical republicanismo y la otra órgano del partido conservador de esta localidad…    

Sabiendo lo orgulloso que era Justo, José Escudero Bernicola publicó una carta abierta al marqués de Rafal, intentando ayudar a su padre.

La Huerta. Número 56 – 10 de junio de 1907: AL EXCMO. SR. MARQUES DE RAFAL. Conozco los nobles sentimientos de V. y la alta independencia de su política; me consta la justicia y elevación de miras con que juzga y aprecia todas las cuestiones; sé de positivo que ha de atender toda petición justa; por eso no dudo en dirigirme a V. con una demanda justísima ni dudo en que ha de ser aceptada. Había, Sr. Marqués, en este Ayuntamiento un empleado que desde muy antiguo venía disfrutando un modestísimo sueldo, constante en el cumplimiento exacto del deber y sin inmiscuirse en las contiendas políticas.

A la subida de los conservadores ha sido relevado del cargo y declarado cesante cuando, dada su avanzada edad, no puede cubrir sus necesidades con otro trabajo que el que venía realizando. Ese honradísimo empleado es D. Justo García Sánchez. No ignoro que los compromisos políticos impiden muchas veces realizar lo que sin ellos haríamos. No dudo que de no mediar esos compromisos políticos, no se hubiese relevado en su cargo a D. Justo García, por todos los Ayuntamientos respetado y querido por toda Orihuela.

Alfonso de Pardo y Manuel de Villena

Pero el hecho de que aún quedan liberales en los empleos del Municipio; por tratarse de un empleado que ha llenado satisfactoriamente su estricta obligación sin que jamás haya militado en la política activa; recogiendo el sentimiento unánime de la opinión; acudo al ilustre diputado por Orihuela para que por cualquier medio, de los muchos que a su alcance están, no se deje sin recursos de vida al que ha venido sosteniéndolo con tanto trabajo y honradez como modestia.

Para escribir estas líneas en nada he contado con el interesado ni con su hijo mi amigo íntimo y notable escritor D. Justo García Soriano. No hago otra cosa que recoger los sentimientos de la opinión y a impulsos míos elevarlos hasta el ilustre aristócrata que tan dignamente representa al distrito de Orihuela. Ahora fio en la justicia de la demanda y en los nobles sentimientos del Sr. Marqués de Rafal. José Escudero Benicola.

El 17 de junio de 1907 salía a la calle el diario oriolano «La Iberia», órgano de prensa de los liberales en Orihuela, confeccionado en la imprenta de Luis Zerón. Al parecer, ese era el motivo por el que Rafael había dejado «La Huerta».

La nueva publicación tomó el nombre de un famoso periódico madrileño publicado en el siglo XIX de carácter liberal y progresista, adquirido por el famoso político Mateo Sagasta, que actuó como órgano de prensa del Partido Liberal a nivel nacional y desapareció en 1898.

Su homónimo oriolano no dejó lugar a dudas. Desde su primer número marcó claramente su adscripción política abrazando como “jefes” al Sr. Moret a escala nacional y a Luis Barcala Cervantes a nivel local. Los moretistas oriolanos escenificaron su ruptura con los liberales “demócratas” de Capdepón; pero sin menospreciar al carismático Francisco Ballesteros Villanueva, su testaferro en Orihuela; un personaje muy valorado por la población a pesar de haber perdido el escaño en favor del marqués de Rafal, del partido conservador.

Dramática carta de su padre, viéndose ya en el asilo.

Orihuela 19 de Junio de 1907. Querido hijo Justo: recibimos tu carta, fecha 16 del corriente, viendo por ella que no tienes novedad, nosotros todos buenos;  aunque muy disgustados al ver lo que nos pasa, y sin esperanzas de poderlo remediar, únicamente el Asilo es mi paradero, si Dios no se apiada de uno, teniendo muy mal humor, y sin gusto para nada. Siento mucho, y tu madre también, lo que nos dices que no vendrás a esta hasta el mes de Agosto, por las circunstancias que concurren en nosotros, de no tener para comer, paciencia.

Adjunta la instancia que puso José Escudero Bernicola, al Marqués de Rafal; te la mando por si no recibiste la Huerta a su tiempo. Sin más recibe los aftos. de toda la familia y amigos y tú lo que quieras de tus padres que de corazón te quieren JUSTO y RAMONA. Recibí el sello. Recuerdos a Eugenia. Se dice por aquí, que quien me dejó cesante, fue por orden de D. Francisco Germán, que no tuvo más remedio que firmar la cesantía el Alcalde D. José Escudero.   

Asilo de Ancianos de Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.

Hoja suelta, fragmento de un borrador de carta que parece dirigida a José Escudero Bernicola. En ella hablaba del nuevo diario y de lo ocurrido con Rogel.

… Me manifestó que de haberlo sabido a tiempo, hubiera hecho un pacto contigo, y al haber accedido tú a él, hubiera renunciado a la publicación de «La Iberia». Sin embargo —agregó—todavía no es tarde, y aún pudiéramos llegar a una inteligencia o a una aproximación, pues yo soy tan anti-capdeponista como pueda serlo Escudero Bernicola. Esto, como puedes comprender, te lo participo con las naturales reservas.

Creo que Rogel escribe en «La Iberia». Apruebo y aplaudo la merecida y valiente rechifla que lanzaste a «La Nueva Era» y la correcta actitud que has adoptado con ella. Mis recuerdos a tu familia, primo Riquelme, Cremades y demás amigos, y de ti espero órdenes cuanto antes si en algo puedo servirte y pagar las grandes y caballerosas muestras de amistad con que me honras y favoreces al más humilde y leal de tus amigos sinceros. JUSTO GARCÍA SORIANO. Viernes, 21 de junio de 1907. Madrid.

Corto aquí esta entrega dividiendo en dos partes el año 1907 para facilitar su lectura y manejo. Como siempre, mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas, a Jesús García Molina y a José Manuel Dayas.

Enlace al siguiente capítulo.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Los Llanes y otros chocolateros oriolanos.

Calle San Pascual. Chocolatería Esteban Llanes en primer plano a la derecha. Colección Javier Sánchez Portas.

Escribo estas líneas cuando acaban de tirar en la Corredera la última chocolatería oriolana sepultando en el olvido a un gremio que llegó a ser muy popular. Si para los ingleses la bebida por excelencia era el té; y para los americanos el café, en España se impuso el chocolate y así se mantuvo hasta mediados del siglo XX.

«No son menos favorecidos del público los chocolateros y confiteros, demostrando también su excesivo número lo aficionados que somos (los oriolanos) a las golosinas. Y en esto hay que observar que en muchas casas y en algunos conventos de monjas se confeccionan el chocolate necesario para el consumo doméstico y algunos dulces especiales». (El Ateneo de Orihuela. Noviembre de 1896).

A los oriolanos les gustaban las cosas claras y el chocolate espeso. Eran muy católicos y hacía siglos que los papas habían dictaminando que el precioso brebaje no rompía el ayuno. El chocolate era un líquido; y los líquidos estaban permitidos hasta en Cuaresma. Pero muchos, al paladearlo murmuraban entre dientes: ¡qué pena que no sea pecado!

Chocolateros oriolanos del siglo XIX.

Charles Clifford. Vista general de Orihuela. Octubre de 1862. Colección Javier Sánchez Portas.

La fabricación del chocolate en el siglo XIX requería de gran esfuerzo físico. El triturado y la molienda del cacao se realizaban «a brazo» consiguiendo un caldo espeso que, una vez calentado y manipulado, se convertía en la pasta base a la que incorporaban harina, azúcar, canela o vainilla.

En sus fábricas y obradores elaboraban tabletas de diferentes tamaños y calidades siguiendo las recetas de cada artesano. Y a gusto del consumidor, podían cargar sus bártulos y fabricarlo a domicilio.

El Día. Febrero de 1886: RECLAMO. En la fábrica de chocolate de Jaime Díaz, Puerta Nueva, al lado del relojero Alemán, se ofrece al público una rebaja de medio real por libra en todas las clases de chocolates, y media libra de gratificación a todo el que compre más de seis libras. El mismo Jaime Díaz se ofrece para ir a casas particulares a trabajar en su oficio.

Vallet y Puerta Nueva. Orihuela.

Esteban Llanes y Jaime Díaz son los primeros chocolateros oriolanos que he localizado. Llanes estaba establecido en dos locales en la calle de San Pascual desde los años sesenta del siglo XIX (al menos de eso presumía su hijo). Y Díaz en la Puerta Nueva; pero también vendía sus productos en otro establecimiento anexo al de Esteban.

Durante el año 1895 Esteban Llanes Castillo se quejó repetidamente por las obras que efectuaba su vecina Dolores Díaz; alegando que se sentía perjudicado en sus intereses. Su denuncia fue desestimada por el ayuntamiento a través de la comisión de ornato. En enero de 1896 la disputa pasó a mayores; y así lo contaron los redactores de “El Thader”:

Sabiendo que el sábado tuvieron una cuestión en la calle de San Pascual dos individuos, nos personamos en dicho lugar para informar mejor a nuestros lectores, y he aquí las noticias que hemos podido recoger: Esteban Llanes y Jaime Díaz se dedican hace tiempo a la fabricación de chocolates. El primero tiene dos establecimientos en la calle citada, uno de ellos contiguo a otro de la propiedad del segundo.

Según nos manifestó Llanes, a Díaz no le gusta mucho la vecindad y competencia de su colega por cuanto diariamente le provoca sin causa alguna. Parece que el sábado amenazó Jaime con un estoque a un hijo del Esteban, y que al enterarse este, pudo haber una riña, tal vez de fatales consecuencias si algunos amigos no hubieran mediado en el asunto.

Enterado el Sr. Alcalde por el vigilante Nicolás Rodríguez de lo que ocurría, citó a los contendientes en su despacho y se contentó con hacer a Jaime Díaz reflexiones muy morales que, como se verá, no sirvieron para hacer respetar su autoridad. Al salir de la Alcaldía los irreconciliables enemigos, cada cual marchó por su lado.

Calle San Pascual. Colección Javier Sánchez Portas.

A los pocos momentos Esteban Llanes se disponía a cenar en unión de su familia cuando penetró en su morada Antonio Alonso, nieto de Jaime Díaz, amenazando a aquel con una pistola, hecho que asegura el agredido y que puede asegurar por tener quien lo testifique.

Esta segunda cuestión también fue cortada por los amigos. El guardia municipal Valcárcel, no sabemos por qué, metió a Antonio Alonso en una peluquería establecida frente al sitio de la ocurrencia, según nos dicen, y lo cierto es que después ya no ha aparecido arma ninguna, ni se ha detenido a nadie.

Preciso es que comprenda el Sr. Mesples que la blandura no es útil en todas ocasiones y que es de todo punto necesario evitar desgracias que pudieran sobrevenir, exigiendo plena aclaración al guardia Valcárcel sobre el detalle del arma de fuego e inhibiéndose del asunto si no se cree con atribuciones para tomar medidas más serias.

En declaraciones posteriores a la prensa, el nieto de Jaime Díaz desmintió que su abuelo provocase, y mucho menos diariamente, a su «vecino y colega chocolatero»; y también que él hubiese amenazado a Llanes con un arma.

La Justicia. Agosto de 1896. Núm 1.

A finales del XIX Jaime Díaz tenía también una fábrica de chocolates en los Hostales. No he encontrado publicidad de la misma; pero sí de un establecimiento anexo a «la fábrica de chocolates de don Jaime Díaz». El anuncio de una imprenta nos aclara su ubicación en el verano de 1896. Y aparece en una rara publicación llamada «La Justicia», de la que la hemeroteca digital sólo conserva el primer número.

La Justicia. Agosto de 1896. Núm 1.

Además de los artesanos, colegas y rivales ya citados; en la última década del siglo XIX los señores Ibáñez y Compañía vendían sus chocolates marca “La Concepción” en la calle de Santa Justa. Y don José Beltrán comenzaba a elaborar sus productos con la marca «La Josefina», en la Calle del Colegio.

El Defensor de Orihuela. Marzo de 1892.

El Independiente. Noviembre de 1892: “La Concepción”. Fábrica de chocolate de los señores Ibáñez y Compañía, en la calle de Santa Justa, 12. Los chocolates elaborados en esta fábrica ofrecen la más completa garantía; también se harán chocolates por encargo y a presencia de los interesados. Los precios serán de peseta en adelante. También se pondrán a la venta azúcares, cacaos, tés, cafés tostados en grano y molidos, y pastas para postres.

La Noticia Diaria. Diciembre de 1894: “La Josefina”. Nueva fábrica de chocolates de José Beltrán Sempere. Chocolates de todas clases desde 4 a 10 reales libra. Se hacen tareas de encargo. Ventas de azúcares, cafés y tés. Colegio, 31. Orihuela.

«La Concepción» de Ibáñez y cía no consiguió llegar al siglo XX. Durante todo el mes de septiembre de 1894 estuvieron a la venta los restos del establecimiento que había sido chocolatería en la calle de Santa Justa.

El Independiente. Septiembre de 1894: GRAN REALIZACION. Se vende, por la mitad de su precio, la anaclería y géneros existentes de paquetería, en el establecimiento que fue chocolatería en la calle de Santa Justa número 12.

Chocolateros a principios del siglo XX.

En las primeras décadas del XX tenemos en Orihuela hasta tres chocolateros apellidados Díaz:

Jaime, con su fábrica de los Hostales de la que sigo sin encontrar anuncios. Pero vuelvo a localizar los de la imprenta anexa, «La Económica», que nos marca su ubicación entre los años 1905 y 1907.

La Unión Republicana. 1905-1907.

Vicente, asentado primeramente en la Plaza de la Constitución (Plaza Nueva); y que abrió posteriormente una sucursal en Príncipe de Vergara.

La Iberia. Abril de 1909: Esta mañana se ha inaugurado una expendeduría de chocolates en la calle Príncipe de Vergara, 10 (antes Vallet), sucursal de la que, en el número 11 de la Plaza de la Constitución posee el acreditado chocolatero Vicente Díaz, el que ha obsequiado espléndidamente a sus numerosos amigos en el acto de la inauguración.

Y un tercer Díaz, de nombre Francisco que tenía su establecimiento en la calle del Colegio.

El Oriol Taurino. Agosto de 1908: CHOCOLATES de todas clases de Francisco Díaz García. Calle del Colegio, 19. El dueño de este acreditado establecimiento invita al público a consumir este rico chocolate que supera a todos los conocidos hasta hoy.

El Oriol Taurino. Agosto de 1907.

En la calle del Colegio (Adolfo Clavarana a partir de 1914), trabajaban también los Hermanos Santoro.

El Oriol Taurino. Agosto de 1908: FABRICA de Chocolates de Todas Clases, elaborados a brazo de Santoro Hermanos. Colegio, 43 — Orihuela. (1909)

La Opinión. Septiembre de 1909.

Otra chocolatería de la calle del Colegio que seguía funcionando era la ya mencionada de José Beltrán, con su marca «Josefina». Beltran se hizo también distribuidor de «La Estrella», el café torrefacto recién inventado por un extremeño que alcanzó gran éxito internacional.

La Semana. Marzo de 1910.

La Comarca. Mayo de 1904: Hemos tenido el gusto de probar el hermoso café torrefacto Tejedor marca «La Estrella»  que está de venta casa de nuestro querido amigo D. José Beltrán, calle del Colegio, 31.

Acaba de recibir dicho señor, la tercera remesa de este riquísimo café, que posee patente de invención por 20 años, el cual ha conseguido en las exposiciones de Marsella (Francia) y Gand (Bélgica) diploma de honor y medalla de oro, y en la de París, diploma de honor y gran premio.

La mejor recomendación para el público será el probarlo. Auguramos al Sr. Beltrán un gran éxito con el caté marca «La Estrella» por ser el mejor que hoy se vende en España.

«Merchandising» de principios de siglo. Cafes «La estrella».

En Príncipe de Vergara (actualmente Ballesteros Villanueva) abrió también una chocolatería Luis Cánovas Sáez.

El Diario. Diciembre de 1906: El joven y estimado amigo D. Luis Cánovas Sáez, acaba de establecerse montando una lujosa chocolatería en la calle Príncipe de Vergara. De esperar es que el nuevo y laborioso industrial obtenga buen negocio de su establecimiento. Así lo deseamos nosotros.

La Puerta Nueva y Príncipe de Vergara a principios del XX. Colección Javier Sánchez Portas.

Esta pasó luego a su hermano Guillermo Cánovas Sáez, destacado tradicionalista que casó en marzo de 1916 con Caridad Serrano Pellús. En diciembre de ese mismo año nació su primogénito; al que bautizaron en la catedral con el nombre de Manuel.

El Conquistador. Marzo de 1916.

El padrino fue su hermano Ricardo Cánovas, quien tenía un establecimiento de ultramarinos en la calle Mayor. En noviembre de 1918 tuvo otro hijo. Me cuentan que la chocolatería de los Cánovas permaneció en activo hasta la la segunda mitad del siglo XX.

Ecos. Agosto de 1919: Fábrica de Chocolates, Azúcares, Pastas y Bombones. GUILLERMO CÁNOVAS.

Otro chocolatero oriolano fue Francisco Brotóns; quien montó su fábrica en la Calle del Ángel, donde tenía su domicilio. Dicha fábrica se incendió en noviembre de 1909; pero sin sufrir daños irreparables.

La Iberia. Noviembre de 1909: Anoche ocurrió un incendio en la fábrica de chocolates, que en la calle del Ángel posee Francisco Brotóns. Acudieron las autoridades y vecinos y apagaron el fuego. El primero en asistir fue José Molina (el olivero). No hubieron desgracias personales debido a la serenidad del dueño del establecimiento. Las pérdidas materiales son de alguna consideración.

El Oriol Taurino. Agosto de 1913: FÁBRICA de chocolates de Francisco Brotóns. Calle del Ángel, 7. Orihuela. — En este establecimiento se venden también vinos finos claretes del Pinoso por michetas y cántaros.

Calle del Ángel. Colección Javier Sánchez Portas.

Falta añadir a esta relación las diversas chocolaterías de la familia Llanes Catalá; los sucesores del maestro Esteban Llanes, el chocolatero de la Calle de San Pascual.

La familia Llanes-Catalá.

No sé exactamente cuando murió el maestro Esteban Llanes Castillo; pero a principios de siglo, en el rótulo del establecimiento de la calle de San Pascual se podía leer: “Chocolatería Viuda e Hijos de Esteban Llanes».

La viuda de Llanes se llamaba Soledad Catalá Navarro. Del matrimonio Llanes Catalá he localizado a tres hijos varones: Esteban, Carmelo y Juan; y a tres mujeres: Soledad, María de Monserrate y Josefa.

Calle San Pascual. Chocolatería Esteban Llanes en primer plano a la derecha. Colección Javier Sánchez Portas.

Esteban Llanes Catalá, el mayor, se hizo cargo de la chocolatería de la calle de San Pascual en 1905 (en 1915 afirmaba que la tenía diez años) y la llamó “La Oriolana”, abriendo una sucursal en la Barrrera del Matadero (actualmente Calderón de la Barca). Tenemos el siguiente anuncio publicado en el “Diario de Alicante” el 14 de abril de 1915.

LA ORIOLANA. Fábrica de chocolates. Calle de San Pascual, 15 y Barrera del Matadero, 56. Cincuenta años hace que existe esta casa fundada por el padre, del que hace diez años es el dueño D. Esteban Llanes; y un negocio que cuenta con tan dilatado tiempo es la mejor garantía que puede ofrecer al público. Esta importante y bien montada fábrica ocupa lugar preferente entre sus similares, no tan solo en Orihuela sino en la provincia, debido a que sus chocolates con vainilla y canela están elaborados con los mejores cacaos que llegan a la Península y la mano de obra es esmeradísima.

Barrera del Matadero (Calderón de la Barca). Colección Javier Sánchez Portas.

Así lo ha reconocido el público premiando tal labor con su continua demanda que aumenta de día en día y es de esperar que siga en marcha ascendente por merecerlo la iniciativa y energías desarrolladas por su primitivo fundador, inteligentemente secundado por el actual dueño, nuestro amigo D. Esteban Llanes.

Pocos datos tengo de Esteban. Se casó con Amparo Juan Iborra y no sé cuando murió. La última noticia que he encontrado sobre él es de octubre de 1916, cuando apadrinó a un hijo de su hermano Juan, quien como veremos, acabó quedándose con el local de la familia a la muerte de su madre.

El Conquistador. Octubre de 1916: Ha dado a luz felizmente un hermoso niño, la esposa de nuestro apreciable amigo D. Juan Llanes. El recién nacido será bautizado mañana en la Santa Iglesia Catedral con al nombre de Esteban y serán sus padrinos el rico industrial de esta plaza D. Esteban Llanes Catalá y su distinguida y joven esposa Dña. Amparo Juan Iborra. Nuestra cordial enhorabuena a los dichosos padres y padrinos del niño.

Dejo a Carmelo Llanes Catalá para el capítulo final como el último chocolatero oriolano. En cuanto a las hermanas, Josefa Llanes Catalá, falleció en 1910 a los 23 años.

Soledad y María de Monserrate Llanes Catalá se casaron el mismo año, en 1913. Soledad con Francisco Mira Lidón; y María con Pascual Hostalet Chust.

Pascual era jefe de los tradicionalistas oriolanos. Ya hablé de este personaje como socio de Emilio Salar en «El Japón». Os dejo un enlace a dicho trabajo pinchando sobre su fotografía.

Enlace a «El Japón»

La desgracia se cebó con este matrimonio que perdió sus tres primeros hijos. Y María falleció también muy joven, en 1924. Le sobrevivió al menos un hijo, Vicente Hostalet Llanes.

El Pueblo. Marzo de 1924: Ha fallecido cristianamente Dña. María de Monserrate Llanes Cátala, esposa que fue, de nuestro particular amigo D. Pascual Hostalet. Muy apreciada por sus virtudes, vivió y murió dando hermoso ejemplo de fortaleza y resignación cristiana. Su entierro, verificado esta tarde, ha constituido una verdadera manifestación de duelo, representada por todas las clases sociales. A su afligido esposo y demás familia acompañamos en su justa pena y rogamos a nuestros lectores pidan en sus oraciones por el eterno descanso de la finada; por la cual mañana a las 7 de la noche dará comienzo el Rosario en el Monasterio de San Juan.

La viuda de Llanes, doña Soledad Catalá, falleció en julio de 1928. Le sobrevivieron tres hijos: Carmelo, Soledad y Juan. Y los tres tuvieron chocolatería.

Chocolatería de la viuda de Esteban Llanes. Colección Javier Sánchez Portas.

Actualidad. Julio de 1928: El jueves de la pasada semana falleció confortada con los auxilios espirituales la señora doña Soledad Catalá viuda de Llanes. El entierro en la tarde del viernes constituyó sentida manifestación de duelo que puso de manifiesto las simpatías de que goza la familia de la finada. A sus hijos D. Carmelo, doña Soledad y D. Juan y demás familia la expresión de nuestra condolencia.

Actualidad. Agosto de 1928: Don Carmelo, doña Soledad y don Juan Llanes Catalá con sus respectivas familias, invitan a sus amistades y personas piadosas al diario de misas que en sufragio del alma de su señora madre doña Soledad Catalá Navarro (q. g. h.) que falleció el día 5 del pasado julio, tendrá lugar el próximo lunes día 6 en el monasterio de San Juan, desde las 7 y media hasta las once de la mañana, por lo que les quedarán eternamente agradecidos.

En 1928 al fallecer la madre, Soledad se separó de su hermano Juan y abrió su propia chocolatería en la calle del Colegio (probablemente en el antiguo obrador de Francisco Díaz García). Y Juan se quedó con el negocio familiar de la calle San Pascual (Luis Barcala).

El Pueblo. Diciembre de 1928: Mañana martes tendrá lugar la apertura del nuevo establecimiento de Chocolatería de doña Soledad Llanes, en la calle del Colegio núm. 17, donde encontrarán los más exquisitos, chocolates de su ya acreditada marca. Cafés, tés y azúcares.

Actualidad 1928.

Juan Llanes Catalá se anunciaba así a comienzos de los años treinta:

Destellos. Noviembre de 1930: ¡Suicidas!… Si alguna vez se amarga su existencia no pierda en arrebatos su paciencia, que luego sale caro tal exceso… ¿La quiere Vd. endulzar…? Si es solo eso ya está el remedio aquí por excelencia: ¡adquiera “Caramelos del Congreso”! ¡El último alarido de la ciencia! En la acreditada chocolatería de Juan Llanes, donde al mismo tiempo tiene el depósito de las renombradas pastillas de café y leche de la casa Alonso-Murcia. Al Mismo Precio de Fábrica. Barcala, 15 – ORIHUELA.

Voluntad. Abril de 1930.

Carmelo Llanes Catalá, el último chocolatero oriolano.

Calle y teatro de la Corredera.

Carmelo Llanes Catalá se casó el 17 de marzo de 1907 con Carmen Alonso en la catedral. El mismo año en el que aparece la primera publicidad de su establecimiento en la Corredera, junto al Teatro.

(1907) CHOCOLATES Especiales de Carmelo Llanes. Elaborados a brazo. Calle del Pintor Agrasot. (Antes Corredera). Cafés tostados y crudos, Thés y Azúcares.

El Oriol Taurino. Agosto de 1907.

Tengo constancia del nacimiento de una hija a finales de octubre de 1911, Josefa Llanes Alonso. Su esposa, Carmen, falleció en noviembre (por la proximidad de fechas es posible que a consecuencia del parto).

El Eco de Orihuela. Noviembre de 1911: Ha fallecido la esposa del industrial D. Carmelo Llanes. Esta mañana se ha dicho por su alma una misa de «réquiem», y esta tarde se ha conducido su cadáver al cementerio. Ambos actos se han visto muy concurridos. Enviamos nuestro sentido pésame a su desconsolada familia.

La Corredera. Colección Javier Sánchez Portas.

Carmelo se volvió a casar; esta vez con Luisa Ibarra. Y el negocio comenzó a funcionarle muy bien; en 1916 lo premiaron en una exposición en Barcelona.

“El Conquistador”. Enero 1916: En la Exposición Permanente del Tibidabo de Barcelona y Concurso Nacional de Productos Alimenticios, últimamente celebrado, ha alcanzado un brillante triunfo nuestro querido amigo y paisano D. Carmelo Llanes Catalá; pues que en ese concurso que ha tenido una nutrida representación de elaboradores de chocolates, dado, el gran número de expositores que exhibieron sus especiales marcas, el jurado calificador, apreciando las exquisitas propiedades de los elaborados a brazo por nuestro paisano, ha concedido a éste el “Diploma de Mérito”, cuyo diploma, tuvo la amabilidad de mostrarnos anoche el agraciado. Felicitamos calurosamente al amigo Llanes por su notable triunfo, que no sólo le enaltece, sino que también honra a nuestra Patria chica.

Del segundo matrimonio tengo constancia que nacieron: Luisa Llanes Ibarra, fallecida en 1917 con sólo tres años; Carmelo Llanes Ibarra, fallecido en febrero de 1931; otra Luisa (que regentó la chocolatería) y algun hermano más que desconozco (a la muerte de Carmelo hijo, la prensa dio el pésame a «sus hermanos»).

Agosto de 1917: El lunes próximo pasado voló al cielo a la edad de tres años la niña Luisita Llanes Ibarra. A sus apenados padres, D. Carmelo y Dña. Luisa, acompañamos en su justo dolor. El Pueblo/Actualidad.

Bolsa original. Colección Luis Galiano.

Febrero de 1931: Se encuentra enfermo de algún cuidado el niño Carmelo Llanes Ibarra hijo de nuestro distinguido amigo y suscritor don Carmelo. Hacemos votos por su mejoría.

Febrero de 1931: El pasado sábado recibió cristiana sepultura el niño Carmelo Llanes Ibarra, hijo de nuestro particular amigo don Carmelo. La conducción del cadáver fue una sentida manifestación de duelo, en la que figuraba representación de todas las clases sociales de la localidad, señal de las muchas amistades de que goza la familia del finado. Nuestro pésame a los padres, hermanos y familia.

Envoltorio original Chocolate Carmelo Llanes.

La chocolatería de Carmelo Llanes ya no existe; y desconozco que habrá pasado con el valioso utillaje que guardaba en su interior hasta hace unos años.

Francisco Luis Galiano, vecino de la Corredera y buen amigo, me cuenta que conoció a una hija de Carmelo llamada también Luisa. Casada con Antonio «el Carrasquín», fueron los últimos propietarios de la chocolatería ahora derribada; la última chocolatería de Orihuela.

Fotografía José Alberto Pardines Pellús. 2021
Actualidad 1928

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas, Francisco Luis Galiano y José Manuel Dayas.

Apuntes para la biografía de Adolfo Clavarana.

A los lados del retrato, casas donde nació y murió Clavarana. Fotografías de P. Correu. En “La Vega del Segura” 4 de marzo de 1905.

Adolfo Clavarana Garriga

Adolfo Clavarana Garriga nació en Orihuela el 9 de Septiembre de 1844. Hijo del comerciante Julián Clavarana Maricone (los Maricone eran comerciantes de origen genovés instalados en Alicante a principios del siglo XVIII) y de Ana Garriga Lillo. Fue bautizado en la Catedral con los nombres: Adolfo, Monserrate y Gorgonio.

Excluyendo los datos documentados en su partida de bautismo, para componer la crónica de sus primeros años sólo disponemos de las biografías de Clavarana escritas antes y después de su muerte y difundidas hasta la saciedad por la prensa católica de toda España con un propósito claramente ejemplarizante.

Destacan especialmente las redactadas por Amancio Meseguer. Para su más destacado discípulo (y luego para todo el mundo) don Adolfo gozaba de “clarísimo entendimiento e inflexible lógica que le arrebataba irresistiblemente a buscar la verdad”; era un escritor chispeante, un hábil músico, un pintor aventajado, un caricaturista temible, un poeta ocurrente…

Su único defecto; el pecado subsanado oportunamente, fue su paso por el Partido Liberal; una ideología «demoníaca» que, una vez «caído del caballo», se dedicó a combatir el resto de su vida.

Esta relación de virtudes prodigiosas narradas por Meseguer pretendía principalmente dejar constancia de la presencia de Cristo en sus decisiones; y de la inquebrantable fe en Dios del apóstol. Al leer sus biografías hay que tener en cuenta su parcialidad exagerando virtudes y ocultando defectos hasta rozar la hagiografía.

Criado entre liberales progresistas del morrión, allá por los años de 1844 en que nació, D. Adolfo Clavarana fue también liberal; pero dotado por Dios de clarísimo entendimiento, su inflexible lógica le arrastraba irresistiblemente a buscar la verdad; lo cual procuraba a los veintidós años, encaramándose en el desván de la casa para devorar las obras de Balmes, mientras los demás rabiaban, y pateaban, y le buscaban inútilmente para que atendiese al comercio de su suegro, en cuya casa habitaba; la prosa comercial le cargaba sobremanera, a pesar de su título de Perito Mercantil.

Huyendo de ella, su genio de artista le hizo músico hábil, pintor aventajado, caricaturista temible, poeta ocurrente, y, por último, en diez y ocho meses, abogado; esfuerzo que por poco le cuesta la vida. Pero el Señor se la conservaba para empresas mayores. (Amancio Meseguer en «El siglo Futuro», 15 de febrero de 1905).

Tras realizar sus estudios primarios en Orihuela, Clavarana obtuvo el título de perito mercantil en Valencia, en 1863. Tres años después, con 22 cumplidos, casó con Josefa Bofill Regidor y, según su biógrafos, se instaló en casa de su suegro, don Ramón Bofill, quien le dio trabajo como dependiente en un inconcreto comercio.

Ramón Bofill se había casado en la Catedral con Paulina Regidor en 1844. He tratado de encontrar su establecimiento en la segunda mitad del siglo XIX; y he localizado un almacén de ultramarinos (azucar, cacao, etc.) de un tal Ramón Bofill en los Hostales, sin concretar el segundo apellido. Jesús Millán menciona en un artículo a un rico comerciante con tres criadas llamado Ramón Bofill Fontanals.

Con los datos que dispongo actualmente, en relación con su familia política puedo afirmar que Josefa, la esposa de Clavarana, era hermana de Carlos Bofill Regidor, farmacéutico, abogado, ferviente católico y concejal de Orihuela. Casado con Concepción Garriga en 1888, enviudó en mayo de 1901; perdió un hijo de quince años en 1904 y falleció en julio de 1922.

También era hermana de Dolores Bofill; casada con el famoso Ernesto Gisbert, juez destinado en Madrid que recopiló los datos para “la Historia de Orihuela” a finales del XIX. Con los mismos apellidos he encontrado también a Ramón Bofill Regidor, médico cirujano licenciado en Madrid en 1878; que ejerció en Orihuela y falleció en 1912.  Y a tres hermanas más: Teresa, Conchita y Esperanza.

Sus biografías cuentan que a Clavarana, a pesar de su titulación como Perito Mercantil, le aburría el comercio; y en horas de trabajo, devoraba las obras del teólogo carlista Jaime Balmes desatendiendo el negocio de su suegro.

Que a disgusto de su familia abandonó el empleo y, una vez conseguido el bachiller superior en 1869, emprendió la carrera de abogado en Murcia y la terminó en Salamanca; donde obtuvo la licenciatura en Derecho Civil y Canónico el 14 de Marzo de 1874.

Según cuenta su amigo Álvaro Landeira, magistrado del Tribunal Supremo, la elección de la carrera de Derecho estuvo motivada por su milagrosa aparición en Orihuela, de paso hacia Torrevieja en unos carnavales. Era el momento oportuno para marcarle el camino (las vidas de los santos son así).

Jóvenes, casi niños, nos conocimos en Valencia al comenzar la carrera; él la Mercantil, y yo la de Derecho. La mayor intimidad se estableció entre nosotros, porque a Adolfo era imposible tratarle sin sentirse subyugado por la magia de su peregrino ingenio y atraído por el raro conjunto de sus brillantísimas cualidades …

… Corría el año 1870 y me encontraba yo en Murcia. Varios amigos con quienes tenía afinidades de profesión, de edad y hasta de gustos, me propusieron ir a pasar los días de Carnaval en Torrevieja. Llegamos a Orihuela y nos ocupamos en buscar un carruaje que nos llevara al punto de nuestro destino y, estando en esto, vi pasar a Adolfo por la calle, le llamé y nos arrojamos uno en brazos del otro. Como hacía algún tiempo que no nos veíamos, quise saber en qué se ocupaba.

Advertí que se hallaba hondamente preocupado y dudoso acerca del rumbo que debería tomar en aquella época de incertidumbres y desvaríos y se me ocurrió decirle: ¿por qué no aprovechas la libertad de enseñanza, cursas en la Universidad libre de Murcia y te haces Abogado? Madurada la idea fue aceptada por Adolfo, se convirtió de nuevo en estudiante y a mi lado siguió los estudios con una constancia igual a su aprovechamiento. Terminada la carrera, recibió el grado de Licenciado, previos brillantísimos ejercicios en la Universidad de Salamanca.

¿Necesitaré decir lo que fue Adolfo como Abogado? Apenas abierto su bufete era ya un Jurisconsulto de cuerpo entero. Módico y desprendido en la percepción de honorarios, identificado con sus clientes cuyos intereses defendía por cuantos medios le sugería su poderosa inteligencia, sobrio claro y preciso en sus escritos forenses de elocuencia originalísima, nerviosa, contundente, en sus informes orales, su fama se extendió a toda la provincia y aún fuera de ella. (Álvaro Landeira en «La Voz de Alicante», 23 de marzo de 1905).

En mayo de 1875 se adscribió al Colegio de Abogados de Orihuela; montó su bufete, y cuentan que pronto alcanzó gran prestigio a nivel provincial.

En abril de 1878 era socio suscriptor de “La Unión Agrícola Orcelitana” con el número 8. En ese mismo año comenzó a publicar en “El Segura” y “La Voz de Orihuela”. He transcrito buena parte de un artículo en el que hacía patente su animadversión por el liberalismo económico y la revolución industrial. Me parece muy interesante.

El Segura. 8 de mayo de 1878: Era yo casi niño cuando oía a uno de mis profesores de la Escuela Industrial repetir el sistemático panegírico de esos instrumentos con que el hombre ha procurado defenderse de la terrible ley del trabajo. Condenar las máquinas, decía volviendo a los eternos argumentos de años anteriores, equivaldría señores, a condenar la aguja, a condenar el arado, a condenar la pluma, y en buena lógica o se ha de caer en esos absurdos o ha de admitirse como axioma irrefutable que las máquinas siempre constituyen un verdadero progreso.

Blasfemia parece en pleno siglo diez y nueve sostener algo que sea contrario a los vertiginosos progresos de la mecánica aplicada a la industria. Desde entonces he observado que las grandes máquinas han dado lugar a las grandes industrias; que las grandes industrias no han sido otra cosa que grandes monopolios y que si en orden al consumo, máquinas, industrias y monopolios han realizado grandes progresos abaratando los productos y satisfaciendo desde los instintos fastuosos del rico hasta las ridículas vanidades del pobre, en cambio y en orden a la producción y distribución de la riqueza han causado no pocos males, y lo diré sin reparo, un verdadero retroceso.

Las grandes industrias han matado a las pequeñas, y al verificarse este cambio, los que ayer eran jefes de su obrador y capitalistas modestos que trabajaban en su propio hogar, hoy son pobres, obreros agrupados en inmensos talleres, donde ya que no les es posible sacudir el yugo de un trabajo que ellos consideran tributario de la avaricia, se contentan con aprender doctrinas antisociales y soñar revoluciones demagógicas. Este cambio no es un progreso. La centralización del trabajo es un mal social de los más graves y el pauperismo su más inmediata consecuencia.

Inglaterra puede vanagloriarse de ser en industria la señora feudal del mundo, y sin embargo Londres, Manchester, Liverpool y otras de sus ciudades más populosas; acusan las cifras relativas más desconsoladoras de mendigos, ladrones y prostitutas. La gran industria ha centralizado el oro, y la centralización del oro ha enriquecido a unos pocos a expensas de reducir al mayor número a la esclavitud del trabajo asalariado, hermana gemela de la indigencia y del embrutecimiento. Ha destruido la clase media, esa clase que en los pueblos modernos parecía destinada por la providencia a conservar el fuego sagrado de la virtud y de la ciencia. Ha aglomerado en esos grandes centros una población inmensa que a cada oscilación del consumo responde con una crisis aflictiva, con un tumulto amenazador o con una revolución sangrienta.

El círculo trazado por la moderna ciencia económica y cuya fórmula consiste en producir para abaratar, abaratar para estimular el consumo, para sostener la producción. Las consecuencias de esta doctrina son temibles. La necesidad de abaratar aumentada por la rivalidad exige la disminución del precio de los jornales, el aumento de las horas de trabajo o la invención de nuevas máquinas que necesitan menos obreros. La explotación del hombre por el hombre se hace cada día más dura y el obrero se ve en el caso de asociarse para defenderse con las armas en la mano no de lo que él llama la avaricia del Burgués  ¿Puede darse un espectáculo más extraño y una lección más elocuente que la de una turba de obreros incendiando sus propias fábricas? Adolfo Clavarana.

Secretario y Síndico del Ayuntamiento de Orihuela, había entrado en política de la mano de Tomás Capdepón Martínez, poderoso personaje nacido en Almoradí. Capdepón fue concejal en el Ayuntamiento de Madrid y diputado por el distrito de Dolores.

Afiliado al partido liderado por Sagasta dentro del sistema bipartidista que debía estabilizar la Monarquía, Capdepón falleció en 1877 y su heredero político fue nada menos que su sobrino, Trinitario Ruiz Capdepón.  

En 1892 un redactor de “El Independiente” utilizando el seudónimo “Pepe Verdades” mencionó a “un hombre afiliado al partido liberal desde tiempos de D. Julián Clavarana y por tanto capdeponista desde los tiempos de D. Tomás Capdepón”. Lo que deja claro que su padre, o su hermano Julián (interventor Militar y Comisario de Guerra) militaron en los liberales. El caso es que, fallecido su mentor, las ideas políticas de Adolfo cambiaron radicalmente.

Tomás Capdepón. La Ilustración Española y Americana. 15 de mayo de 1877.

De su matrimonio con Josefa Bofill nacieron ocho hijos: José, Fernando, María, Adolfo, José, Dolores, Julián y Teresa. Clavarana tuvo que enterrar a cuatro de los varones y a una de las niñas. La primera defunción que tengo registrada la anunció «El Segura» en 1878.

El Segura. 14 de agosto de 1878: Nuestro particular y querido amigo D. Adolfo Clavarana, ha tenido la inmensa desgracia de perder uno de sus hijos víctima de una penosa y larga enfermedad. Sentimos tan lamentable pérdida y le acompañamos en su justo y natural dolor.

Caja de Socorros y Ahorros.“La Agrícola”. Colección Javier Sánchez Portas.

En 1879 fue socio fundador y el autor del reglamento de la Caja de Socorros y Ahorros. Conocida como “la Agrícola”, acabó instalada el los bajos de la casa de Tinitario Ruiz Capdepón. Un año después, en la primavera de 1880, nacía el Partido Liberal Fusionista; y en pocos meses, los suyos con Sagasta a la cabeza llegaban al poder.

Caja de Socorros y Ahorros.“La Agrícola”. Colección Javier Sánchez Portas.

En ese mismo 1880 terminaba la carrera de Medicina en Valencia su discípulo inseparable; el divulgador de su vida y de su obra. Amancio Meseguer López era hijo de Amancio Meseguer Amorós (otro de los fundadores de «La Agrícola» fallecido en 1894 ) y cuñado del famoso político liberal Francisco Ballesteros.

Amancio Meseguer. Orla Facultad de Medicina Valencia curso 1879-1880.

Médico cirujano, homeópata, escritor, traductor, poeta, gran activista católico y biógrafo de Clavarana, Amancio casó en abril de 1888 con la torrevejense Ana Manresa. De este matrimonio nació Amancio Meseguer Manresa.

Amancio Meseguer López y Amancio Meseguer Manresa. Archivo Municipal de Orihuela.

(Clavarana) No tardó en ser el primer abogado de la comarca; y fiel a sus principios liberales, él era quien manejaba el palo de la gaita fusionista (entonces constitucional) en este cacicato. Desempeñó los cargos de síndico y secretario del Ayuntamiento, y allí hizo famoso su ingenio en unas tan memorables como liberales elecciones; pero repugnaban a su natural honrado las miserias y bajezas de la política liberal; y no pudiendo aguantar más aquella atmósfera, que le revolvía el estómago, se separó de ella cabalmente y de intento al subir al poder Sagasta. Como no le faltaron tentadoras ofertas de los liberales fusionistas, y como hubiera llegado a mucho y pronto, pues le acompañan iniciativa e ímpetu irresistibles, imaginación fogosa, palabra chispeante y finísima sátira, los amigos le tuvieron y tienen por loco, o por un exagerado, indigno de que se le atienda…

…Si la Iglesia nuestra Madre no oculta lo que fue el Apóstol de las gentes, antes que viese y oyese a nuestro Divino Redentor, cuando se le apareció en el camino de Damasco, ¿por qué ocultar lo que fue Clavarana antes de ser insigne maestro del periodismo católico y el primer hombre de nuestra comunión entre los que ya han recibido el premio de cuantos perseveraron en el combate? Un trueno en su mocedad; hombre de inagotable y mal empleado ingenio, cuando comenzó a sentar la cabeza, el primer abogado de la comarca; cuando se le antojó licenciarse en Derecho, en diez y ocho meses se hizo abogado; el más listo de los políticos; el más elocuente de los letrados; el más travieso de los secretarios de Ayuntamiento; el más terrible de los escritores; el más sangriento satírico; ese fue Clavarana liberal; hombre llamado a ser todo lo que hubiera querido, por los caminos de perdición: alcalde, diputado, ministro, cacique máximo…

Pero un día, día bendito que los católicos españoles debíamos señalar con piedra blanca, oyó Clavarana predicar a Cristo crucificado por la sinagoga moderna, y aquel hombre de fuego se postró ante los pies del Señor, repitiendo la frase del Apóstol: —Señor, ¿qué queréis que haga? —Y cuando se cercioró y aseguró de la voluntad de Dios respecto de él echó a rodar todo lo que le apartaba de Cristo, y comenzó a predicar a las muchedumbres una cruzada que sólo Dios sabe los pecados que ha evitado, los bienes que ha acarreado, las familias y pueblos que ha regenerado, las almas que ha salvado (Amancio Meseguer en «El siglo Futuro», 15 de febrero de 1905).

Clavarana era miembro, junto a su esposa y su cuñado, de la tercera orden de San Francisco; pero su «caída en el camino de Damasco» llegó en marzo de 1877, en unos ejercicios espirituales para caballeros organizados en la Merced por los jesuitas José María de La Hoz y Hermenegildo Jacas, rector de Santo Domingo entre los años 1871 y 1881. Su implicación en el apostolado católico y en todo lo que tuviese que ver con la Iglesia fue en aumento y muy pronto comezaría su gran obra.

Manual del colegial, devocionario para uso de los jóvenes que se educan en los colegios. Hermenegildo Jacas (1827-1897).

El eco de la provincia. 26 de enero de 1882: Según nos escriben de Orihuela, también allí se ha constituido una junta diocesana para promover la peregrinación española a la capital del orbe católico, que con la aprobación del Sumo Pontífice, y bajo la Dirección de los Obispos, ha de tener lugar en la primavera próxima. La junta a que aludimos se compone de los Sres. que a continuación se expresan: Presidente honorario. Muy Ilustre Sr. D. Antonio Begué, Deán, Vicario capitular y Provisor de esta Diócesis. Presidente activo. Sr. D. Salvador de Lacy y Pascual de Bonanza, ex-diputado a Cortes y propietario. Vice-Presidente. Sr. D. Adolfo Clavarana, abogado y propietario.

Aguardaba el Señor a su escogido. Quejábase un día al Padre José María La Hoz de su amarguísima condición de burlarse de todo; y entonces el Padre le dijo: Emplee V. esa cualidad en el servicio de Dios, que para eso se la ha dado. Y ahí nació la idea de La Lectura Popular. Fundóla por su ardentísimo amor a la verdad y anhelo de que fuera conocida de todos, en particular del pueblo, a quien profesaba entrañable afecto; Se propuso hacer un Cencerro católico; y pensó sacrificar a esta obra los ratos libres con algunos duros mensuales de su bolsillo en bien de la ilustración de las pobres víctimas de las añagazas y embustes del liberalismo; y Dios bendijo la obra según la recta intención que le guió, llegando a tirar hasta setenta mil ejemplares a pesar del abandono en que tenía la parte comercial de la obra, y de la falta de propaganda. (Amancio Meseguer en La Vega del Segura, 4 de marzo de 1905).

Discreta cabecera del primer número de La Lectura Popular.

El 3 de mayo de 1883 fundaba el periódico quincenal «La Lectura Popular» en el que se dedicó a difundir pequeños relatos basados en la moral religiosa con un exitoso sistema de venta y distribución.

LA LECTURA POPULAR. Publicación católica quincenal. Gratuita para las clases trabajadoras. Con censura eclesiástica. Esta publicación tiene por objeto difundir gratis entre el pueblo la sana lectura moral y religiosa, presentándola bajo formas amenas y ligeras para que se propague más fácilmente.

La suscripción se hace por acciones, medias acciones o cuarto de acción. Cada acción da derecho a recibir cien ejemplares de cada número o sea doscientos periódicos al mes, que el accionista reparte por sí entre sus criados, colonos, operarios, feligreses, etc. o bien deja su distribución al arbitrio de esta administración para que la haga en las aldeas, huertas, caseríos, fábricas, escuelas, establecimientos penales, etc. Precios de suscripción: una acción 4 pesetas mensuales. Media acción 2 pesetas. Un cuarto 1 peseta.

El llamado «apóstol de la prensa católica» manejaba hábilmente la sátira, y sus sencillos relatos gozaron de gran éxito. «La Lectura Popular» alcanzó fama mundial (se vendía en América Latina a través de una corresponsalía en Cuba) con una tirada superior a los sesenta mil ejemplares. Al año siguiente de su lanzamiento don Adolfo cerró el bufete. Tenemos el testimonio de su amigo, el magistrado Álvaro Landeira:

Pasaron los años y en 1884, me hallaba yo de fiscal en la Audiencia de Cartagena. Un amigo que acababa de llegar de Orihuela me indicó que Adolfo, por escrúpulos de orden religioso, trataba de dejar el ejercicio de la abogacía en que tanto renombre había conquistado. La noticia me produjo verdadero asombro, porque no concebía que Adolfo, en plena juventud, con vigor físico, con reputación profesional siempre creciente y con dotes intelectuales por nadie superadas, echase por la borda el bienestar presente y futuro de su familia, que era precisamente su idolatría. El proyecto me pareció tan descabellado, que tomé el tren y me fui a Orihuela, resuelto a quemar el último cartucho para disuadirle de lo que consideraba un enorme desatino.

Me recibió con los brazos abiertos, le signifiqué que deseaba tratáramos a solas un asunto grave y convinimos salir a la mañana siguiente a dar un paseo por la huerta, durante el cual podíamos hablar sin testigos. Hecho así, me cercioré por boca del mismo Adolfo de que estaba irrevocablemente resuelto a darse de baja como abogado. Todas mis reflexiones fueron inútiles y cuando yo, haciendo un último esfuerzo porque presentía la derrota, le argumenté en el sentido de la perfecta compatibilidad que existía entre una vida cristiana ajustada y el ejercicio honrado de una profesión que le reservaba grandes triunfos y positivas ventajas; se detuvo, me cogió de un brazo y fijando en mí una mirada en que se transparentaban a la vez tristeza y decisión, me dijo:

—Tú no eres el mismo: en el terreno religioso has retrocedido.— Te equivocas, le contesté: estoy donde estaba hace diez años. Sea, replicó, pero te advierto que en estas materias no es lícito detenerse: el que no avanza, retrocede. Comprendí que me las había con un espíritu heroico, saturado de ansias de sacrificio por la santa causa de la Religión Católica, admiré su grandeza y me confesé vencido. (Álvaro Landeira en «La Voz de Alicante», 23 de marzo de 1905).

Pero no sólo dejó la abogacía; elegido concejal en 1885 renunció al Ayuntamiento y al Partido Liberal del que había sido gran propagandista. Lo abandonó todo para dedicarse en cuerpo y alma a su periódico y al apostolado católico.

El Oriolano. 17 de diciembre de 1885: El Sr. Rebagliato ha recibido una R. O. del ministerio de la Gobernación nombrando alcalde presidente de nuestro Ayuntamiento al señor D. Francisco Ballesteros. En virtud de la toma de posesión de los concejales fusionistas, cesarán en sus cargos los interinos señores Burunda, Román, Abril, Guillén, Ortuño, Ruiz y Botella, siendo reemplazados por los señores D. Francisco Ballesteros, D. César Giménez, D. Francisco Román, D. Adolfo Clavarana, D. Francisco García, D. Pedro Costa, D. Juan Bautista Iborra y D. José Ferrer. El señor Clavarana es probable que no tome posesión…

… A las once de la mañana de hoy se ha reunido en sesión el Ayuntamiento, presidido por el señor Rebagliato. Han asistido doce concejales. Dióse cuenta del despacho ordinario que no extractamos por falta, de espacio, entre el cual figura la R. O. nombrando al Sr. Ballesteros alcalde presidente del ayuntamiento para el bienio de 1885-87(…) El presidente saluda a los nuevos concejales felicitándose de su ingreso en la corporación, y especialmente al señor Ballesteros, a quien desea acierto y prosperidad en el ejercicio de su cargo (…) No han tomado posesión los concejales fusionistas señores Clavarana, García e Iborra.

La aventura de «La Lectura Popular» comenzó en el establecimiento de Cornelio Payá, en la calle Mayor número 37. Pero pronto, en 1884, Clavarana montó su propia imprenta emplazada en la calle de Bellot número 3, donde tenía su domicilio. Dirigida en 1885 por Luis Zerón, allí se confeccionaron varios periódicos y otras publicaciones.

Autor de infinidad de cuentos morales, de numerosos artículos de carácter político, económico, humorístico y, sobre todo, religioso, buena parte de su producción literaria se condensó en una gran obra titulada “Lecturas populares. Colección de cuentos, artículos y diálogos de buen humor”; cuya primera edición se imprimió en Madrid en 1885. Reeditada muchas veces en la imprenta de “La Lectura Popular”, en 1910 estaba compuesta por siete volúmenes. En 1925 se amplió a diez.

Semanario católico. 16 de enero de 1886: LECTURAS POPULARES. Colección de Cuentos, Artículos y Diálogos de buen humor originales de D. Adolfo Clavarana. El  prólogo: Habrán ustedes oído nombrar por ahí, y aun tal vez conocerán de vista y quizá también de trato, a cierto periódico semanal, chiquirritito, travieso, enredador, de poca apariencia pero de mucha sustancia, listo, vivaracho, siempre festivo y decidor, aun a propósito de las cosas más serias de este mundo y del de más allá: periódico más amigo de codearse con el pueblo en sus inferiores capas, como se dice ahora, que de hollar crujientes alfombras y lustrosos mármoles palaciegos; periódico de índole vulgar y callejera, aunque de nobles y elevados instintos…

… ¿A qué multiplicar señas y contraseñas, si dando sencillamente su nombre salimos del paso con mucha mayor facilidad? Llámase pues La Lectura popular, y es su patria Orihuela…  Se vende al módico precio de una peseta en toda España, regalándose dos ejemplares al que tome 12 y 20 al que tome 100.

Pinchando en la siguiente imagen se accede a una de sus recopilaciones alojada en la Biblioteca Nacional.

Acceso a obra en la Biblioteca Nacional de España.

En julio de 1887, una romería compuesta por más de mil peregrinos con cien sacerdotes llegó a Lourdes. Estaba formada por valencianos, catalanes y baleares que se reunieron en Barcelona para subir en procesión al santuario de Montserrat. De los «romeros» oriolanos y murcianos se había encargado Clavarana.

Semanario católico. 14 de mayo de 1887: La peregrinación valenciana a Monserrate y a Lourdes, que se está organizando en la capital de este antiguo reino, promete ser esplendorosa. (…) Los «Ecos de María Inmaculada», que es la Revista órgano oficial de la peregrinación, da cuenta ya de la constitución de la Junta central de Cataluña en Barcelona, bajo la presidencia del Ilmo. Sr. Obispo de aquella capital. En breve quedará también constituida otra Junta regional, que lo será de Orihuela y Murcia, para lo cual ha sido comisionado D. Adolfo Clavarana, Director de La Lectura Popular.

Cromo francés con la imagen del Cardenal Lavingerie.

De la ciudad condal salieron en tren para llegar a Lourdes en una notable y exitosa manifestación católica que duró cuatro días. El cardenal francés Lavigerie dio su bendición a los romeros españoles entre los que figuraba don Adolfo con gran protagonismo. No sé qué pidió en Lourdes; pero ese mismo año perdió a su hija María con sólo cuatro años.

El Día. 23 de octubre de 1887: El jueves falleció a la temprana edad de cuatro años una hija de nuestro querido amigo Don Adolfo Clavarana. Reciban sus desconsolados padres nuestro más sentido pésame.

Semanario católico. 7 de enero de 1888: El trabajo del ilustre director de La Lectura Popular de Orihuela, D. Adolfo Clavarana, que lleva por nombre «Certámenes para fomentar la lectura católica» es tomado en consideración por la Junta y lo ha pasado a la Comisión ejecutiva, la cual queda encargada de hacer el Reglamento para llevar a cabo tan excelente idea.

Adolfo Clavarana y sus objetos de uso personal.

Don Adolfo militaba en el carlismo. Pero en 1888 nacía el Partido Integrista o Partido Católico Nacional, como reacción al intento de acercamiento de los carlistas al liberalismo político, traicionando sus esencias. El diario “El Siglo Futuro” era el órgano de propaganda a nivel nacional y difundía en sus páginas artículos de Clavarana cuya fama seguía creciendo..

…Vencida su hereditaria y liberal repugnancia, se adhirió al partido carlista. ¡Sorpresa grande fue aquí con ocasión de la Misa de acción de gracias por la salud de D. Jaime, el verle venir por la calle Mayor, a la cabeza de los concurrentes, y entre dos carcas de lo más caracterizado del género!… ¡Heroica acción, conocidas las circunstancias! Cuando la deplorable amputación del partido carlista, Clavarana, siguiendo en el firme criterio que a los carlistas le había conducido, se dio por amputado; se quedó con los que después fueron apodados integristas, y fue uno de los ochenta que merecieron ser citados a la primera y secreta reunión preparatoria del partido tradicionalista, en cuyas determinaciones influyó notablemente… (Amancio Meseguer en «El siglo Futuro”, 15 de febrero de 1905).

La nueva formación integrista caló muy hondo en la Vega Baja. Y por supuesto contó con la pluma, el impulso y la influencia de «el apóstol». Ese mismo año enfermó de cuidado por primera vez.

El alicantino, diario católico. 3 de marzo de 1888: Está enfermo de algún cuidado nuestro querido amigo D. Adolfo Clavarana, Director de La Lectura popular de Orihuela. Encargamos a nuestros lectores ofrezcan oraciones a Dios por la salud del valiente campeón de la causa católica en nuestra provincia, pues su muerte, dejaría un vacío difícil de llenar en el campo de la propaganda católica.

En 1890 la que parecía muy enferma fue su mujer; tanto como para darle la extrema unción. Durante seis años, Josefa Bofill siguió apareciendo en prensa con la «salud quebrantada»; pero la viuda de Clavarana hizo bueno el refrán «Mujer enferma, mujer eterna», como veremos más adelante.

El diario de Orihuela. 17 de noviembre de 1890: Ayer tarde le fueron administrados los últimos Sacramentos a Dña. Josefa Bofill Regidor, esposa de nuestro querido amigo D. Adolfo Clavarana y Garriga. Deseamos a la enferma el pronto y radical restablecimiento.

El diario de Orihuela. 18 de noviembre de 1890: Con motivo de la grave enfermedad que padece doña Josefa Bofill y Regidor, ayer tarde llegó a esta población procedente de Madrid su querida hermana doña Dolores, acompañada de su apreciable esposo y estimado amigo nuestro D. Ernesto Gisbert, Juez de primera instancia del distrito del Este de Madrid.

La Prensa. 23 de noviembre de 1890: Se halla muy mejorada de la enfermedad que ha puesto en peligro su vida, la Sra. Dña. Josefa Bofill, esposa de nuestro apreciable amigo el Sr. D. Adolfo Clavarana.

Clavarana se integró plenamente en la Comunión Tradicionalista sin dejar sus asuntos religiosos. En agosto de 1893 formó parte del consejo diocesano para organizar una peregrinación a Roma que montó el obispo de Orihuela. Estaba presidido por su cuñado, Carlos Bofill; y Adolfo Clavarana y Amancio Meseguer eran vocales.

Nacida en octubre de 1894 en los talleres de “La Lectura Popular” salió otra publicación católica auspicida por Clavarana y dirigida por José Saravia Vergel. Se titulaba “La Noticia Diaria” y tenía, como anunciaron en su primer número, una clara vocación de moralidad pública.

La Noticia Diaria. 15 de octubre de 1894: «La Noticia Diaria» es un periódico más pero un periódico que sale al campo, no a servir de instrumento a pasiones políticas; intereses de partido ni aspiraciones personales (…) huyendo de los vicios de periodismo, enterará a sus suscriptores de los asuntos locales y generales que más interesen; publicará telegramas de su servicio particular; insertará revistas útiles, y amenizará su  lectura con variedades científicas y literarias, charadas, cuentos, anécdotas y aun si fuese posible con caricaturas y grabados; pues todo, depende del favor que el público le dispense.

En cuanto a la parte religiosa, nuestros lectores hallarán en ella no solo las noticias locales relativas al culto, sino que dada la prioridad que entre católicos merece esta sección, la consagraremos atención especialísima. Y no decimos más porque preferible es ofrecer poco y cumplir lo ofrecido, que llenar columnas, de pomposas ofertas para echarlas después al olvido.

Mientras se imprimió en los talleres de “La Lectura Popular” su redacción pasó por la Plaza de la Fruta, la Corredera y Capuchinos. Por motivos que desconozco, a partir del número 184, publicado en junio de 1895, redacción y administración pasaron a la Plaza de Santiago (domicilio del director) y se confeccionó en la imprenta de Luis Zerón, ubicada en los Hostales. Pero sin el apoyo de Clavarana sólo aguantó hasta el 24 de julio.

En ese mismo año de 1895 el hijo homónimo de Clavarana, director de «La Lectura Popular», terminaba la carrera de Derecho y se colegió en Orihuela. También por esas fechas comenzó a trabajar en la imprenta un joven que sería referente en la historia del periodismo conservador alicantino del siglo XX: Juan Sansano Benisa o Sansano Más, como gustaba firmar sus obras.

El nuevo alicantino. 23 de noviembre de 1895: ECOS DE LA PROVINCIA. El notable escritor católico y popular periodista, nuestro particular amigo D. Adolfo Clavarana Bofill, director de La Lectura Popular, se ha inscrito en el Colegio de Abogados de Orihuela, teniendo su despacho en aquella ciudad calle de Bellot, número 3.

El 15 de enero de 1897 Adolfo Clavarana testó ante el notario Ramón Amat. En dicho testamento, conservado el Archivo Histórico que tuve el gusto de leer hace años, dejó escrito que guardaba en el cajón derecho de la mesa de su gabinete unas “memorias para después de mi fallecimiento”. Nunca he sabido que fue de ellas. Quizá las aprovechó Meseguer en sus biografías...

Gabinete escritorio de Clavarana y cuarto en el que murió. Fotografías de P. Correu. En “La Vega del Segura” 4 de marzo de 1905.

En los últimos suspiros de la centuria, en plena Navidad, don Adolfo recibió un duro golpe. Dios le volvía a poner a prueba.

El estandarte católico, diario de Tortosa. 27 de diciembre de 1899: En Orihuela falleció santamente el miércoles de la semana pasada el joven D. José Clavarana y Bofill, hijo de nuestro muy querido amigo D. Adolfo, uno de los periodistas que con más denuedo luchan en defensa del Catolicismo. No hay que decir cuánta parte tomamos en la natural pena que aflige a tan respetable amigo, pero como sabemos que no se paga de vanas palabras de consuelo no hacemos sino pedir a nuestros lectores que eleven a Dios sus preces por el alma del malogrado joven, aunque piadosamente pensando, es de suponer que sus virtudes habrán obtenido la recompensa que se concede a los elegidos.

Año 1900

Con el cambio de siglo Amancio Meseguer comenzó a publicar sus hagiografías que elevaban a Clavarana a la santidad; haciendo de ello un género. Ésta la redactó para un diario católico de Tortosa:

El estandarte católico, diario de Tortosa. 21 de mayo de 1900: CLAVARANA. Adolfo Clavarana, perito mercantil, y asociado a los 22 años al comercio de su suegro, salió de él por interior impulso, dando con el pie a los prosaicos géneros de la tienda entre los que cabía. En diez y ocho meses se vio bachiller y abogado. No sin que le costase estar a las puertas de la muerte. Hallólas cerradas; y el primer año ganó para la matrícula; y al segundo era el primer abogado de la comarca; mas como su modestia corría pareja con su ímpetu, no llegó a tal punto sin que tuvieran que empujarle los amigos para que abogase, y aún que pedirle el título sin que él lo supiese.

Liberal fusionista, Secretario y Síndico del Ayuntamiento, y electorero habilísimo; en los memorables ejercicios espirituales del P. Jacas y el P. La Hoz, cayó a los pies del incomparable P. la Hoz, que le quiso como a hijo, y encaminó su ya famosa vis cómica, a la gloria de Dios. Lógico sobre todo, y sobre lógico hombre de recta intención entregado a Dios, cumplió el primer mandamiento rechazando ventajosas, ciertas y tentadoras ofertas de los liberales, y, convirtióse en el más terrible enemigo con que hoy cuenta el liberalismo en España.

Dejóse la abogacía por aquello de San Francisco de Sales de que una cosa es la justicia y otra la judicatura, y fundando «La Lectura Popular», se vio en él cumplida la promesa de la Sagrada Escritura de que el que busca el reino de Dios y su justicia, recibe lo demás por añadidura; pues realizó el milagro de la literatura metido en un oscuro rincón. Músico hábil; caricaturista chispeante y pintor aventajado, vive hoy agobiado de obligaciones, enfermedades y trabajos, sin más mira que la gloria de Dios y la ruina del liberalismo, fuente de nuestras desdichas presentes  y de las futuras, no menos abundantes y terribles. Quiera Dios dar larga vida y fuerzas para bien de su gloria y de la propaganda en España. AMANCIO MESEGUER.  

En 1902, un artículo firmado por Adolfo Clavarana fue republicado en Madrid por el diario integrista «El Siglo Futuro», provocando un escándalo a escala nacional. Pero la denuncia no pareció inquietarle:

“¿Cómo pagaremos al Sr. Canalejas el honor que acaba de dispensarnos? Porque han de saber ustedes que el Sr. Canalejas, ex-ministro de Agricultura, ex-ministro de Gracia y Justicia y candidato a la jefatura del partido ultra-democrático-español, se ha dignado descender desde las alturas de su posición política a medir sus armas con el último periodista del último periódico de la prensa mínima de España”.

Si os interesa leer dicho artículo o cualquier otro número de la Lectura Popular, pinchando en la siguiente imagen se accede al depósito en la Hemeroteca Digital.

Enlace a «La Lectura Popular» en la Hemeroteca Digital.

La Correspondencia de Alicante. 12 de agosto de 1902: ORIHUELA. Canalejas y Clavarana.—En el juicio.— Escurriendo el bulto.— Juicios y comentarios.— Noticias. «La Lectura Popular», periódico integrista que publica aquí D. Adolfo Clavarana, dio a luz el 1° de julio un artículo firmado por dicho señor, titulado «La democracia en paños menores», en el cual ponía de oro y azul al Sr. Canalejas. Reimpreso el artículo por «El Siglo Futuro» y aumentado así el escándalo, creyó conveniente el jefe de los demócratas salir a la defensa de su honra llevando a los tribunales al autor de «La democracia en paños menores», y a este efecto, por medio de su procurador en Orihuela D. Luis Ibáñez, demandó a juicio de conciliación a D. Adolfo Clavarana.

Señalado el acto para las once de la mañana del sábado último, era natural que produjera tan singular atención. Es el Sr. Clavarana un abogado muy listo, escritor chispeante, intencionado, demoledor, que goza aquí de muchas simpatías por su amabilidad, por su talento, por su perspicacia, si bien como apóstol y santón del integrismo sean criticadas sus exageraciones y los fuegos de bengala con que divierte a sus parroquianos desde las columnas de «La Lectura».

Colocado frente a frente del Sr. Canalejas y dispuesto D. José a medir sus armas con el jefe de los íntegros oriolanos, lo que en otras circunstancias y entre otras personas no hubiese tenido importancia alguna, despertó desde el primer momento la atención de toda le prensa española, y ha sido y es la comidilla de todas las conversaciones entre nosotros; porque si bien la modestia de D. Adolfo no gusta de ciertas manifestaciones, como jefe de grupo diminuto pero jefe al fin, y como periodista, hábil y experto, no podía desperdiciar la fortuna que se le colaba de rondón por las puertas de su casa.

Ello es que todo el mundo esperaba aquí ansiosamente la llegada del sábado y que esta singular expectación la aumentaba el tic tac tiqui tac del manipular del telégrafo que ha funcionado mucho con preguntas, advertencias y recomendaciones. Y llegó el sábado. Ya de muy mañana se comentaban con deleite ciertas declaraciones arrogantes que atribuían a D. Adolfo el propósito de dar al señor Canalejas con la badila en los nudillos: al local del juzgado municipal fueron acudiendo curiosos, dignidades eclesiásticas, abogados, comerciantes, periodistas… todos fueron acogidos con la exquisita amabilidad que distingue al juez D. Enrique Olmos, y gracias a sus disposiciones, para todos hubo sitio en el pequeño local de la Audiencia.

A las once se presentó el Sr. Clavarana acompañado de su hermano político D. Carlos Bofill, en calidad de hombre bueno; por parte del Sr. Canalejas lo era el presidente del Ateneo de San Luis Gonzaga, D. Joaquín Carrió, y dado principio al acto y leída la demanda en la que se pedía que el Sr. Clavarana se retractara de lo dicho, expuso este su declaración, que llevaba escrita, en los siguientes términos: Que ante todo debe rectificar algunos fundamentos, de la demanda, el primero de los cuales es atribuir al que habla el artículo a que este acto se refiere, puesto que tal artículo está escrito por D. Adolfo Clavaraca y Bofill, y se demanda a D. Adolfo Clavarana y Garriga; y el segundo es que el citado artículo no ha sido publicado en el «Siglo Futuro», sino en la «Lectura Popular» de Orihuela.

Estas palabras dejaron a todo el mundo estupefacto. No era de él el artículo, sino de su hijo, y todos se dieron a cavilar quién pudiera ser el Espíritu Santo que había inspirado salida tan original y que tampoco ha convencido a la gente. Aplauden los amigos tan habilísima respuesta; lamentan los indiferentes que hombre de tan claro talento no haya estado en lo firme, y se gozan los liberales con lo que, llaman la caída; pero lo cierto es que este asunto ha perdido su interés y que todos convienen en que «La Lectura Popular» ha perdido ya el derecho y la autoridad para llamar a los liberales embusteros y farsantes.

La Lectura Popular. 15 de julio de 1903: … Fue muy felicitado el Sr. Botella por muchos oyentes, entre los que había varios compañeros de profesión. También nosotros le felicitamos así como aceptamos y agradecemos a nuestra vez las felicitaciones que de todas partes se nos dirigen por haber salido airosos en nuestro pleito con el Sr. Canalejas; pues la Audiencia de Madrid obrando en justicia se ha visto obligada a absolvernos de la querella que con tanto empeño ha seguido contra nosotros el apóstol del anticlericalismo español.

Al final, la responsabilidad del artículo recayó en su hijo. Y aunque inicialmente fue absuelto por la Audiencia Provincial de Madrid, Canalejas recurrió y Adolfo Clavarana Bofill acabó condenado por el Tribunal Supremo a la pena de tres años y siete meses de destierro a 25 kilómetros de la Ciudad de Orihuela, una multa de 500 pesetas y el pago de las costas procesales.

El Pueblo de Valencia. 5 de marzo de 1904: PERIODISTA CONDENADO Ha sido condenado Adolfo Clavarana a siete años de destierro, multa y pago de costas, por haber escrito en un periódico de Orihuela artículos injuriosos contra el Sr. Canalejas.

La Comarca. 7 de marzo de 1904: El Tribunal Supremo ha condenado a D. Adolfo Clavarana Bofill, hijo del director de nuestro apreciable colega local La Lectura Popular en la querella que contra él venía sosteniendo el Sr. Canalejas por un artículo publicado por el primero y que el segundo consideró injurioso, a la pena de 3 años y siete meses de destierro, multa y pago de costas procesales. Como oriolanos sentimos de todas veras el resultado de este pleito y ofrecemos al Sr. Clavarana el testimonio de nuestro afecto. Son las «satisfacciones» que recoge el que escribe.

La Lectura Popular. 15 de marzo de 1904: He aquí la parte dispositiva de la sentencia con que el Tribunal Supremo ha terminado este asunto. «Fallamos que debemos condenar y condenamos a Adolfo Clavarana y Bofill a la pena de 3 años y 7 meses de destierro a 25 kilómetros de la Ciudad de Orihuela, multa de 500 pesetas y al pago de las costas procesales; y caso de insolvencia para el pago de las costas de la acusación privada y de la multa, a que sufra un día más de destierro por cada cinco pesetas que dejare de satisfacer etc. Hasta aquí la sentencia.

Cualquier consideración que hiciéramos acerca de ella, por digna, respetuosa y templada que fuese, pudiera creerse hija del despecho. No debemos, por consiguiente, decir hoy una sola palabra más. Aparte de que aún no conocemos los considerandos en que se ha fundado el tribunal para echar por tierra la Sentencia de la Audiencia de Madrid que absolvía al procesado. Cuando los conozcamos los publicaremos. Entretanto bendigamos a Dios que nos permite padecer persecución por la justicia.

Adolfo hijo no tuvo tiempo de cumplir la pena. Perdió rápidamente la salud y, tras penosa enfermedad, falleció con 36 años cumplidos. Dios seguía probando a Clavarana.

La voz de Alicante. 23 de mayo de 1904: ORIHUELA. Se ha iniciado una pequeña mejoría en la grave enfermedad que padece nuestro querido amigo don Adolfo Claravana y Bofill. Lo celebramos al mismo tiempo que deseamos al enfermo un pronto y total restablecimiento.

La Comarca. 27 de mayo de 1904: Viaticado. Ayer tarde le fueron administrados los últimos Sacramentos a nuestro querido amigo D. Adolfo Clavarana Bofill. Dios quiera concederle la salud, si le conviene.

La Defensa (Alcoy). 28 de mayo de 1904: Tras larga y penosa enfermedad, falleció a las doce de la noche del miércoles último en Orihuela, D. Adolfo Clavarana Bofill, hijo del distinguido periodista católico y director de La Lectura Popular de aquella población, D. Adolfo Claravana Garriga, reconciliado fervorosamente con los auxilios de nuestra sacrosanta Religión. La justicia de la tierra condenó hace pocos días por delito de imprenta al joven Clavarana, con la pena de destierro, pero la justicia divina parece ha querido premiar al valiente escritor desterrándole de este mundo de miserias y bajezas. Dios le haya acogido en su amoroso seno.

La Comarca. 28 de mayo de 1904: Entierro. Ayer tarde fue conducido a su última morada el cadáver del que en vida fue D. Adolfo Clavarana y Bofill. Aun abusando de la frase de cajón en estas reseñas de que el acto fue una imponente manifestación de duelo, nunca con más propiedad se puede aplicar. Todas las clases de la sociedad tuvieron representación en el fúnebre cortejo, evidente prueba de las simpatías que el finado gozaba en esta ciudad y de las que goza su señor padre.

Largas filas de asilados, pobres y labradores precedían al féretro con luces y, tras la parroquia del Salvador, con cruz alzada, seguía el cadáver encerrado en lujoso ataúd. En la presidencia del duelo iban los individuos de la familia D. José Clavarana, D. Carlos Bofill, D. Eduardo G. Mazparrota y don Joaquín Cartagena y algunos sacerdotes y Padres de la Compañía de Jesús. Reiteramos a toda su distinguida y apenada familia nuestro más sentido pésame.

El 14 de Febrero de 1905 día de San Valentín, destrozado por la muerte de su hijo y con múltiples achaques, Clavarana falleció de bronco neumonía a los sesenta años en su domicilio de la calle de Bellot en Orihuela.

Cuando se le anunció lo grave de su enfermedad y la conveniencia de administrarle los últimos Sacramentos acogió la noticia con muestras, no de resignación, sino de admirable alegría, así que los recibió con serenidad imperturbable y con la devoción y piedad propias de un santo. Fortalecido ya con los auxilios de la Iglesia, creyó que ya no necesitaba nada más; y así mandó que nadie entrara a su aposento fuera de las personas absolutamente necesarias. Quería estar unido muy de veras con Dios.

Ya entrada la agonía, con el fin de aliviarle en los accesos de tos violenta y en las angustias que le iban aumentando, le quitó su hija el crucifijo que estrechaba en sus manos; mas al instante con voz apagada sí, pero aun resuelta dijo prontamente: «Venga, venga lo que es mío», y dándole de nuevo el Crucifijo, lo acercó a sus labios y con efusión y ternura lo besó una y muchas veces; y levantaba los ojos y lo miraba confiadamente. ¡Cuántos besos volvía a imprimir en la imagen de su Salvador crucificado! Allí tenía su alivio, su esperanza, su recompensa.

Avanzaba ya la última noche y empezaba ya a rayar el alba. El hombre de Dios, que hasta entonces había conservado claro el entendimiento y había gozado de tan serena tranquilidad, que llegó a sentir escrúpulo de ello, perdió por momentos el uso de los sentidos. Tal estado duraría como media hora escasamente…. A las 5 y 15 entregaba su hermoso espíritu a Dios, a los 60 años, 5 meses y 5 días de su edad; y 28 años de su conversión. (UN TESTIGO OCULAR, en La Vega del Segura, 4 de marzo de 1905).

Su entierro fue una enorme manifestación de duelo popular; y la noticia corrió durante semanas por los periódicos católicos de toda España y América Latina. Su leyenda de «apóstol» siguió engrandeciéndose despues de muerto y sus obras se reeditaron hasta la saciedad.

La Vega del Segura. 14 de febrero de 1905: Esta mañana a las cinco, entregó su alma a Dios, D. Adolfo Clavarana y Garriga, fundador y director de «La Lectura Popular» y uno de los primeros periodistas católicos del mundo. La prensa católica ha perdido uno de sus más valientes campeones y Orihuela uno de sus hijos más ilustres. Al dar a la familia del finado nuestro más sentido pésame, le hacemos presente la parte activa que en su pena tomamos, como católicos, como periodistas y como oriolanos. La Vega del Segura prepara un número extraordinario, dedicado al orcelitano ilustre y al periodista católico, que aparecerá el día que se cumpla el novenario de su fallecimiento.

Entierro Adolfo Clavarana. Calle del Ángel. Fotografía de P. Correu. En “La Vega del Segura” 4 de marzo de 1905.

El Siglo Futuro. 15 de febrero de 1905: Hoy ha fallecido D. Adolfo Clavarana Garriga; director que era del periódico católico La Lectura Popular, abogado distinguido y literato insigne, que hizo célebre su nombre en Europa y América con ingeniosos escritos que brotaron de su elocuente y brillante pluma. El fallecimiento de tan estimado caballero ha sido muy sentido, causando general pesar. El Sr. Clavarana ha fallecido después de una larga enfermedad, soportada con edificante resignación cristiana. El finado militaba en el partido integrista siendo una de las figuras de más relieve del mismo. Deja varios escritos dedicados a las clases trabajadoras. En Orihuela gozaba de general estimación por su afabilidad, ameno trato y sólida cultura. Con la muerte del Sr. Clavarana ha perdido Orihuela uno de sus hijos más ilustres, y la causa católica uno de sus más valientes campeones. El entierro se verificará mañana, prometiendo resultar una imponente manifestación de duelo.

Entierro Adolfo Clavarana. En los Hostales. Fotografías de P. Correu. En “La Vega del Segura” 4 de marzo de 1905.

El Siglo Futuro. 15 de febrero de 1905: Muchos pésames recibimos ayer por la muerte de Clavarana, de sacerdotes y religiosos, de personas de toda clase y condición que, cuando se enteraron de la noticia, manifestaron la pena que sentían por la desaparición del «primer adalid que tenía hoy en España nuestra santa causa».

—Ha muerto un gran caudillo de Dios; nos decía un sacerdote. Y es verdad; porque Clavarana, escritor y político, en su casa y en su periódico, con su palabra y con su pluma, ha sido eso, un hombre lleno de Dios, en honra y gloria del cual y por amor del prójimo, ha consumido su bendita existencia, desde el día que, como otro Santo, oyó el llamamiento de la gracia y correspondió a ella, con todo el fuego de su corazón ardiente y nobilísimo.

Entierro Adolfo Clavarana. Despedida en Capuchinos. Fotografía de P. Correu. En “La Vega del Segura” 4 de marzo de 1905.

El Siglo Futuro. 15 de febrero de 1905: La muerte de Clavarana llenará de aflicción a todos los buenos católicos, y millares y millares de corazones acompañarán en su luto a “EL SIGLO FUTURO”. Si España fuera aún España, hoy sería un día de conmoción y duelo universal para los españoles. La pérdida es muy grande y dolorosa, y el vacío que deja imposible de llenar. No creo que nadie, por medio de la prensa periódica, haya hecho tanto bien en estos tiempos como el hombre insigne y gran cristiano que acaba de morir.

Eco de la Alcarria, semanario católico. 22 de febrero de 1905: Don Adolfo Clavarana era un sabio y era un santo. Era un gigante en sabiduría y santidad. Y el vacío que deja en la propaganda y vindicación católica es imposible de llenar cumplidamente. Clavarana ya descansa en el Señor y ha muerto, como mueren los valientes, en la brecha y disparando contra el execrable liberalismo, desde su inexpugnable fortaleza La Lectura Popular, los más certeros y punzantes dardos de su copiosa e inexhausta aljaba. Y con su desaparición y con su muerte la España católica ha perdido uno de sus ilustres y hábiles caudillos, una de sus potentes inteligencias, una de sus glorias más inmarcesibles y la pluma mejor templada y más curtida en la vindicación y defensa del catolicismo y de la iglesia. Dios nos lo dio; Dios nos lo quitó; sea Dios siempre bendito.

Entierro Adolfo Clavarana. Despedida en el cementerio. Fotografía de P. Correu. En “La Vega del Segura” 4 de marzo de 1905.

La Lectura Popular. 1 de marzo de 1905: DON ADOLFO CLAVARANA Y GARRIGA. Cuando el alma está saturada de amargura, difícilmente puede articularse la palabra: lágrimas solo brotan del corazón. Aún no había dejado de manar sangre la herida abierta por el fallecimiento del malogrado joven D. Adolfo Clavarana Bofill ferviente colaborador en esta obra y cuya pérdida aún llorábamos; apenas habían transcurrido cinco años de la muerte de su otro hijo D. José, joven en quien por sus excepcionales facultades teníamos todas puestos nuestros ojos y se abre de nuevo la tumba para recibir los mortales despojos del padre dolorido, del esposo amantísimo; del hombre incomparable que fundó y dirigió esta humilde publicación, en la cual vertió los raudales de su entendimiento y los fervores de su alma enamorada de la verdad y puesta fidelísimamente a su servicio.

D. Adolfo Clavarana Garriga ha dejado este mundo a los sesenta años de edad sin que los padecimientos físicos que de antiguo le aquejaban, ni los sinsabores y contradicciones de que siempre halló sembrado su camino lograran doblegar aquel espíritu consagrado por entero a la lucha de cuyos resultados pende la dicha o la perdición de los hombres y de los pueblos. (…) No podemos expresar cuánto agradecemos estas muestras de cristiana fraternidad; y así en nombre de la familia de Don Adolfo Clavarana como en el de La Lectura Popular, enviamos a todos un cordialísimo “Dios se lo pague”…

…Con el favor de Dios iremos publicando algunos trabajos que nuestro llorado Director deja inéditos, unos concluidos, y otros a falta de la última mano. Pidan por nosotros con ahínco nuestros amigos para que Dios nos tenga de la suya. La Redacción.

La Lectura Popular. 1 de marzo de 1905: CLAVARANA Y LA PRENSA. El inimitable y venerado maestro, el compañero y amigo del alma, el brillante escritor, el esforzado paladín de la causa católica, el genial e infatigable periodista Adolfo Clavarana ha muerto. Su colosal figura se destacará siempre ocupando un lugar preeminente entre los polemistas católicos que han reñido con la impiedad recias batallas en estos aciagos tiempos, por eso el vacío que su muerte deja en nuestras filas es imposible de llenar, la herida que esta separación nos produce, es de aquellas que nunca se restañan. La prensa católica está de duelo…  

…Los últimos momentos de Clavarana han sido los de un santo. A vida de trabajo y de sacrificio consagrada a Dios no podía menos de seguir la envidiable muerte que ha tenido. El que estas líneas escribe ha tenido el consuelo de recibir una de las postreras miradas del ilustre escritor, una de aquellas miradas suyas penetrantes, inteligentes que encerraban un mundo de ideas…

Desaparecido el padre, su hijo Julián se encargó de la revista y de la imprenta.

El conquistador. 1 de junio de 1911: BIBLIOGRAFIA . Adolfo Clavarana. Hemos recibido en esta Redacción la conferencia que el correcto y renombrado escritor D. Amancio Meseguer ha pronunciado en Barcelona sobre el insigne fundador de La Lectura Popular, D. Adolfo Clavarana Garriga. Hablando del mejor de los discípulos de Clavarana redunda toda alabanza, ello de por sí se alaba. Con precisión admirable nos da todas las fechas de la vida de Don Adolfo y sus primeras ocupaciones, retratando con pinceladas de maestro al genio que no cabía detrás del mostrador que ataba sus alas, por eso más que en drogas pensaba en Balmes y se le encontraba solitario engolfado de continuo en sus habituales meditaciones.

Pinta después con galanura inimitable sus travesuras y destreza en el terreno político, durante su permanencia en el partido liberal, su carácter impetuoso e insosegable, la rectitud y energía de su alma por fin cae doblegada al poder de la gracia. Convertido en sencillo, caritativo, generoso y de fortaleza inquebrantable; es modelo de padres, de amos, de cristianos; pero como las grandes almas no caben en los estrechos límites de una familia, sino que vuelan arrastrando a la sociedad y señalando su paso por la historia, Clavarana siente la necesidad de hacer algo más y funda un periódico, La Lectura Popular, obra que Dios premia llegando a tirar 70.000 ejemplares.

Tales decisiones le acarrean el odio de los liberales que ¡oh poder de la pasión! le tachan de vividor y le calumnian, a pesar de lo cual Clavarana ni siquiera una vez hizo uso de su finísima ironía, no permitiéndose ni las licencias que antes de convertirse se permitía con sus amigos. Con el poder atrayente de su pluma sigue el Sr. Meseguer, presentando al biografiado como antiliberal predicando contra los errores que profesó. Habla después con mucha soltura y sal de los trabajos de La Lectura Popular, donde nos presenta al hombre privado, y si siempre se ha dicho que no hay hombre grande para su ayuda de cámara, con Clavarana acaece lo contrario, el hombre privado es tan grande que su grandeza corre parejas con la fama del escritor.

La última parte de la Conferencia donde trata de Clavarana como apologista, la forman los juicios más notables que de Clavarana se han publicado todos ellos de mucho valor y algunos de excepcional mérito, en lo cual ha obrado muy bien el Sr. Meseguer, porque así resalta mejor la obra del apologista resaltando como resaltan y conviniendo como convienen todos los críticos en las mismas apreciaciones a pesar de haber escrito sin leerse unos a otros en la mayoría de los casos y de no haber tenido todos la misma intención, ni participar del mismo criterio, pues no todos los juicios fueron escritos para honrar al maestro, sino para juzgar al escritor. Resalta en la obra del Sr. Meseguer, orden, concisión, amenidad y el poder subyugador de una frase castiza y limpia bebida en los mejores autores clásicos.

Su estilo es terso, sin redundancias superfluas, sin pleonasmos cargantes, sin figuras empalagosas; corre su pluma con facilidad y tiene un excelente oído para la música de la palabra. Maneja con singular destreza el diálogo y posee el difícil arte de preparar los finales, por eso la Conferencia se lee sin cansancio, de una sentada, como he oído a muchas personas ilustradas que lo han hecho y así sucedió al que estas líneas escribe. Damos la más cordial enhorabuena al autor y recomendamos al público su obra que se vende en la calle del Colegio número 15 al módico precio de 50 céntimos.

La Voz de Alicante. Esquela primer aniversario.

En el noveno aniversario de su muerte, Orihuela se acordó de que a don Adolfo no le habían dado una triste calle ni le habían levantado un monumento. ¡Cosas de Liberales!

La correspondencia de Orihuela. 5 de febrero de 1914: CLAVARANA. El día catorce del actual se cumplirá el noveno aniversario de la muerte del gran escritor D. Adolfo Clavarana y Garriga. El mundo católico, lloró la muerte del excelso polemista, que logró atraer hacia Orihuela, miradas de admiración de todos los puntos de la tierra. El nombre de Orihuela se conoció en muchas partes de Europa y América, por la circulación de la benemérita e inimitable «Lectura Popular»; no obstante, Orihuela bien poco ha hecho en honor de Clavarana; un número extraordinario de «La Vega del Segura», unos funerales y el notable libro «Adolfo Clavarana», de D. Amancio Meseguer.

Ni en una piedra ha puesto su nombre; ni una lápida eterniza su gloria; ni una calle tiene por título su apellido, ¿No es acto doloroso? Cuando se pasen muchos años será más admirado en su patria chica Clavarana. Cuando el lodo de la generación actual, desaparezca con ella, y el espíritu de Clavarana alumbre con todo el apogeo de su gloria, el gran escritor tendrá estatua, tendrá calles que lleven su nombre, y será glorificado como se merece.

Hacemos este recuerdo, por si el Ayuntamiento de Orihuela, al cumplirse el noveno aniversario de la muerte de Clavarana, se digna tomar algún acuerdo, encaminado a honrar la memoria del ilustre oriolano. (…) Cuanto se haga por el insigne escritor orcelitano, será poco. Orihuela aplaudiría cualquier acto en honor de su preclaro hijo.

El 26 de febrero de 1914 la propuesta llegó a la sesión municipal. El concejal García Mercader pidió “reparar la injusticia cometida con un oriolano ilustre que tantos días de gloria había dado a su patria chica”. Se refería al “excelente y chispeante escritor” Adolfo Clavarana Garriga, cuyo nombre solicitaba para la calle del Colegio. Su propuesta fue aceptada, pero la placa no se colocó tan fácilmente.

Como en una maldición bíblica, antes de ver la calle titulada falleció su hijo Julián; el último varón de la familia. Ya sólo quedaban Dolores y Teresa.

El diario. 20 de octubre de 1914: Esta mañana le han sido administrados los últimos sacramentos a nuestro distinguido amigo particular el letrado y director del quincenario local “La Lectura Popular” D. Julián Clavarana; por el restablecimiento del paciente nos interesamos de todas veras.

El diario. 23 de octubre de 1914: Víctima de penosa y larga enfermedad, falleció anoche nuestro distinguido amigo el joven abogado y director de “La Lectura Popular” D. Julián Clavarana Bofill, cuya muerte ha sido generalmente sentida por las grandes simpatías de que el finado gozaba. Descanse en paz y reciba su atribulada y distinguida familia la expresión sincera del pesar que experimenta la redacción de “El Diario”.

El Conquistador. 24 de octubre de 1914: A las once de la noche del 22, de este mes exhaló el último suspiro el Director de «La Lectura Popular» D. Julián Clavarana Bofill. Nos asociamos al justo dolor que por tamaña desgracia siente la familia del finado. La Vigilia de la Adoración Nocturna establecida en Capuchinos se aplicará hoy por el eterno descanso del alma de D. Julián Clavarana, a cuya Asociación perteneció en vida como «honorario».

En abril de 1918 fue el Señor Martinez Arenas el encargado de volver a pedir la reparación de la “deuda sagrada” que el Ayuntamiento tenía contraída con dos muertos ilustres (Sarget y Clavarana); y por fin le pusieron la placa a la calle en donde había nacido.

En 1931 llegó la II República y acordaron cambiarle el nombre por el de Francisco Ferrer Guardia. Pero la familia del señor Clavarana, encabezada por su viuda, consiguió convencer al consistorio republicano para que respetase el nombre de “tan ilustre hijo de Orihuela”. Revocado el acuerdo, el título de Ferrer Guardia recayó en la vecina calle de Santa Lucía.

La viuda de Clavarana no sólo vivió para enterrar a su último hijo y ver puesta la placa. En 1924 veraneaba en Torrevieja con su hija Teresa y sus nietos Rosarito y Adolfo Clavarana Fernández, estudiante de Medicina. Falleció el 8 de octubre de 1931.

En cuanto a «La Lectura Popular», aguantó también hasta la II República; concretamente hasta octubre de 1932, cuando se publicó la esquela de la viuda. A la muerte de Julián Clavarana siguió funcionando en manos de Amancio Meseguer. También la dirigió y redactó nada menos que don Luis Almarcha. Adolfo nunca imaginó que su criatura sería la publicación más longeva de la prensa de Orihuela y que llegaría a estar en las manos de un futuro obispo de León. Seguro que le habría hecho ilusión.

Esto es lo que he recopilado hasta ahora sobre el personaje. Cualquier detalle o documeto que localice, será añadido. Si encontráis algún error o disponéis de fotografías o información añadida, será un placer incorporarlas.

Antonio José Mazón Albarracín «Ajomalba».

Mi agradecimiento a Javier Sánchez Portas y a José Manuel Dayas.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba), historias de Orihuela, fotos, postcast y vídeos.