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Esclavos en la Orihuela del siglo XVIII.

Grabado de la ciudad de Orihuela en 1760, obra de Alagarda.

Documentos de esclavos en Orihuela, siglo XVIII.

En todas las culturas a través del tiempo han existido esclavos; personas convertidas en mercancía susceptible de ser vendida y comprada. Y España no fue menos. Aunque parezca increíble, la Iglesia Católica no condenaba la esclavitud. Muy al contrario, obispos, canónigos y muchos religiosos de menor grado tenían sus propios esclavos; en número proporcional a sus ingresos.

Pepe Ojeda publicó un espectacular trabajo sobre la esclavitud durante los siglos XVI y XVII, ámbito temporal de su estudio histórico sobre Orihuela. En él podemos comprobar como nobles, mercaderes, artesanos, canónigos y hasta el propio convento de Predicadores tenían esclavos. Os dejo un enlace por si os interesa.

Enlace a artículo en PDF

Esta abominable práctica  decayó durante el siglo XVIII; centuria en la que ya pocos españoles tenían esclavos a nivel particular. Los que “salían al mercado”, eran sobre todo berberiscos capturados bajo la «patente de corso»,  piratas legitimados por la corona que los vendían en los mercados de Cartagena, Alicante o Valencia, plazas cercanas a Orihuela.

La esclavitud quedó abolida en España en 1817; pero dicha medida sólo afectó al territorio peninsular. A pesar de ser una práctica ilegal, en las posesiones americanas se incrementó notablemente el tráfico de seres humanos durante el siglo XIX, para utilizarlos en las plantaciones de azúcar o tabaco.

Muchos piensan que la trata de esclavos en la península era una práctica medieval. Pero España fue el último país de Europa en abolirla; y muchas fortunas acumuladas en el siglo XIX, están manchadas de sangre.

La captura de esclavos. Anónimo.
© Museo Nacional del Prado

La mejor fuente para el estudio de la esclavitud son los protocolos notariales que documentaron aquellos negocios. He transcrito unos ejemplos del siglo XVIII que encontré en el Archivo Histórico de Orihuela.

El primero es una compra del Doctor D. Francisco Rocamora y Cascante. Utilizando sus propias palabras, «dueño del Lugar de Benferri, Presbítero, Dean, primera Dignidad, y Presidente de la Santa Iglesia de Orihuela».

Este curioso personaje habitó el actual palacio de la Granja cuando su primo, el marqués de Rafal, huyó de Orihuela al fracasar la proclamación del archiduque. Es esos tiempos ominosos para los Rocamora, la antigua plaza de Rafal, hoy de Vía Manuel, se tituló Plazuela del Deán. Vamos pues con la transcripción:

Archivo Histórico de Orihuela (AHO)

En la ciudad de Orihuela, a treinta días del mes de mayo de mil setecientos y veinte y un años. Ante mí, el presente escribano y testigos de esta carta, pareció el patrón Francisco Tur, vezino de la villa de Mursia aquien doy fe conosco y otorgo por esta carta que vende y da en venta al señor licenciado Dr. Francisco Rocamora y Cascante, Dean de la Santa Iglesia Cathedral de esta dicha ciudad y vecino de ella, la quien su derecho representare, un esclavo llamado Francisco Joseph Rodríguez, que tiene suyo propio según dixo, de mediano cuerpo, color cocho claro, el pelo del zerebro entrecano poco poblado, de edad al parecer de veinte y seis años poco más o menos, con una señal en el lado derecho de la barba, y la mano derecha con tres dedos que no los puede abrir de quemadura que ha padecido según declaró el mismo esclavo.

Con ? ojos pardos y sexas (cejas) anchas, sano de toda enfermedad pública, o secreta de mal de corazón, bubas; no fugitivo, ni ladrón, borracho, ni otro defecto ni tacha que le impida el servir bien, y por tal se lo asegura por presio de ochenta libras moneda de este Reyno que confiesa haber resibido de que se satisfase y da por entregado en dinero contado a su voluntad ….

En la segunda, el comprador es otro beneficiado de la Catedral, y adquiere una mestiza bautizada.

Archivo Histórico de Orihuela (AHO)

En la Ciudad de Orihuela, a 29 de mayo de 1714: Compraventa entre Joseph Simó, labrador, vecino de Muro y Joseph Armengol, beneficiado eclesiástico residente en Orihuela.

Este último adquiere una esclava cristiana llamada Josepha María Palacios; de edad de veinte y siete años poco más o menos. Mulatada que tiene una señal en la parte del carrillo izquierdo a modo de un ramo. Se la vende por sana, sin enfermedad de gota, ni de corazón; sin vicio de embriaguez, ni fugitiva, ni ladrona, ni conocido ningún defecto que le impida servir bien, por el precio de cuarenta y cuatro libras de moneda de este reino.

En la siguiente, el «esclavo moro», adquirido en Cartagena, había pertenecido a un comisario de la Inquisición, en Fuente Álamo.

Archivo Histórico de Orihuela (AHO).

En la ciudad de Orihuela, a 24 de julio de 1725: Compraventa entre Roque Ximeno, vecino de Cartagena y Silverio Gómez vecino de Orihuela.

El primero vende un esclavo moro que tiene como suyo propio, llamado Albercayn. Buen cuerpo, color moreno, pelo negro, de buen aspecto, de edad treinta años al parecer.

Comprado a Joseph Reyllo, Comisario del Santo Oficio de la Inquisición del lugar de Fuente Alamo. Por el precio de sesenta pesos de una libra cada uno moneda de este reino.

Silverio no debió quedar contento con su adquisición; o sencillamente se trató de una operación especulativa. Se trata del mismo esclavo tres meses después; y la venta fue por el mismo precio (o al menos eso reflejaron en escritura).

Archivo Histórico de Orihuela (AHO).

En la ciudad de Orihuela, a 31 de octubre de 1725:

Compraventa entre Silverio Gómez, vecino de Orihuela y Francisco Pastor, vecino de Cartagena. El primero vende un esclavo moro que tiene como suyo propio, llamado Albercain.

Buen cuerpo, color moreno, pelo negro, de buen aspecto, de edad treinta años al parecer. Comprado a Roque Moreno, de Cartagena. Por el precio de sesenta pesos de una libra cada uno moneda de este reino.

Grabado de la ciudad de Orihuela en el siglo XVIII.

Para terminar, voy a transcribir dos cartas de libertad. La primera la firma Luis Togores Valenzuela. El décimo tercer señor de Xacarilla, vivía en la famosa «Casa del Paso» junto a su fiel ama de llaves y dos esclavos a su servicio.

Firmó esta carta de libertad poco después de haber testado ante notario, estando muy enfermo. En dicho testamento mandó que su cuerpo fuese sepultado en la iglesia de sus vecinos, el Colegio de la Compañía de Jesús, vestido con sotana de nuestro Padre San Ignacio de Loyola. Falleció aquel mismo verano. Ese fue el motivo de otorgar la libertad a «su fiel» Bernabe.

Archivo Histórico de Orihuela (AHO).

En la ciudad de Orihuela, a diez y ocho días del mes de abril de mil setecientos y veinte y seis años. Sépase por esta carta como yo, Don Luis Thogores y Valensuela, señor del lugar de Xacarilla, vecino de esta dicha ciudad, otorgo que por cuanto yo tengo un esclavo que se llama Bernabé Amele, color “cocho”, de mediana estatura, poca barba, ojos hundidos, delgado de cuerpo, de treinta y dos años poco más o menos, con dos cortaduras, la una en el pulpejo del dedo pulgar que le sircuye y la otra en el dedo anular en la punta y yema de él.

Que lo uve por escritura de venta que a mi favor otorgó Pedro Ronda, de la Villa de Altea…

Por el mucho amor que le tengo y por haberme servido con toda puntualidad, lealtad y buen selo y por otras causas que me mueven, le he prometido librarle de la sujeción y cautiverio en que está. Y para que tenga efecto en la mejor forma que de derecho aya lugar, siendo sierto y sabedor del que en este caso me pertenece, por la presente doy libertad al dicho Bernabé Amele, para que la tenga desde oy enadelante y no esté por más tiempo sujeto a servidumbre y me desisto y aparto del derecho de posesión, propiedad y señorío……

El último protocolo, es una carta de libertad para dos esclavas de nombres Justa y Bernarda (eso implicaba que estaban bautizadas). La otorga Ana Rocamora Cascante, en su nombre y en el de su esposo, ya fallecido. Se trata de Antonio Fernández de Heredia Bazán, aunque en la escritura eliminen el Fernández.

Antonio Heredia Bazán fue otro personaje coetáneo; nada menos que el marqués consorte de Rafal, corregidor de Madrid, fallecido casi tres décadas después.

Archivo Histórico de Orihuela (AHO).

En la ciudad de Orihuela, a veinte y dos días del mes de octubre de mil setecientos y veinte y ocho años. Sépase por esta carta que Doña Anna Rocamora y Cascante, viuda del noble Don Antonio Heredia Bazán, caballero de la Orden de Santiago, vecina de esta dicha ciudad, a quien doy fee y conosco.

Otorga que por cuanto tiene dos esclavas, llamada la una María Justa, de cuarenta años de edad, color moreno, mediana estatura, embebida de rostro, con una señal en la frente, otra en la mejilla derecha y una sicatriz en la mitad de la barba, el pelo negro; y la otra Bernarda Bentura, mediana de cuerpo, color moreno, cari redonda, pobre de pelo y negro, de edad de cuarenta años poco más o menos, que las compró con el dicho, su marido, el cual al tiempo de su muerte las dio libres por su parte y ahora la otorgante por la suya, por el mucho amor que les tiene y haverle servido bien desde que están en su poder, y especialmente por haser servicio a Dios Nuestro Señor en la mexor forma que de derecho haga lugar.

Siendo cierta y savidora de que en este caso le pertenece, por la presente les da la libertad a las dichas María Justa y Bernarda Bentura para que la tengan desde oy en adelante y no estén más tiempo sugetas a servidumbre, y se desiste y aparta del derecho de posesión, propiedad y señorío en ellas adquirido y quele pertenece y todo ello selos dona, cede y renuncia con el poder irrevocable en su fecha y causa propia, como se requiere para que traten y contraten, compren y vendan, parescan en juhicio.

Otorguen escrituras y testamentos y hagan todo quanto pueden haser los hombres y demás personas libres y no sugetas a esclavitud…

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Joaquín Sorolla en Orihuela.

Retrato del actor Ramón Peña con traje gris
Joaquín Sorolla.

Enero de 1919, la visita de Sorolla.

En enero de 1919, Joaquín Sorolla visitó Orihuela gracias a las gestiones del actor cómico Ramón Peña; a quien el famoso pintor había hecho un retrato. En ese año, su compañía de opereta española triunfaba en el Teatro Apolo de Valencia.

La crónica de la visita, publicada en «El Conquistador», es obra de otro artista de las tablas, el tenor Ignacio Genovés, quien actuó como acompañante y cicerone de don Joaquín. Paso a la transcripción:

Por fin he conseguido que el gran Sorolla venga a esta población; así me lo participa en este telefonema. Esto nos decía la otra tarde en el salón de tertulia del Casino el notable actor Ramón Peña.

Llegó por la noche el insigne pintor valenciano D. Joaquín Sorolla Bastida, acompañado de su compañero en arte D. Eliodoro Guillén (autor del tríptico del techo del Salón de Café del Casino) del Sr. Aznar, y de su alumno predilecto, Emilio Varela, uno de los coloristas mejores contemporáneos.

El Sr. Sorolla es menudo, inquieto, nervioso, apasionado en grado sumo por todas las manifestaciones de arte. El corto tiempo que ha permanecido entre nosotros lo ha consagrado en visitar lo más notable que encierra esta población.

Joaquín Sorolla.
Montaje Ajomalba.

En casa del Conde de Oliva (actual hotel Tudemir) admiró una preciosa colección de bargueños que dicho señor posee; en el Colegio de Santo Domingo alabó en gran manera un retablo de Juan de Juanes existente en la capilla de la sacristía y el museo arqueológico que fundó el Padre Furgús S. J. que tan buenos servicios hizo a la historia de Orihuela y tan buenos recuerdos dejó en aquellos que fueron sus discípulos.

En el seminario de San Miguel contempló el hermoso panorama que se divisa y que pocos más hay en España que le aventajen en grandiosidad; entre otras cosas le hizo allí grata impresión un cuadro representando Magdalena penitente, de una hermosa factura pero de autor desconocido.

Colección Rodríguez Tejuelo

En la Parroquia de Santiago, además del edificio que es precioso, vio las obras de Salzillo diciendo que el Cristo en la Cruz que se guarda en la sacristía es de las mejores obras del gran escultor murciano, siendo preciosa la sagrada familia, S. Vicente Ferrer y S. Luis Beltrán, de dicho escultor.

Vicente Ferrer y Luis Beltrán.
Francisco Salzillo y Alcaraz.
José M. Pérez Basanta 

Del discípulo de Salzillo, Sr. Beltrán, guarda dicha parroquia una Purísima preciosísima, doce apóstoles y cuatro evangelistas que son un primor de ejecución y dignas según confesión suya de ser conocidas estas esculturas entre los maestros del arte como modelo de gran belleza. Hizo grandes elogios de la cruz parroquial, que en Valencia se llevó diploma de honor en la exposición; de los tres cálices magníficos y de la hermosa Custodia que allí se conserva.

En San Francisco contempló las imágenes de Nuestro Padre Jesús y de Cristo en la Agonía, ambas imágenes verdaderamente preciosas pero de autor desconocido.

Imagen original del Nazareno.
Colección Javier Sánchez Portas.

En casa de nuestro amigo Jacobo Gómez vio un cuadro hecho por él en Roma, al principio de su vida artística, figura una cabeza de un viejo; el amigo Jacobo es dueño de una bonita colección de cuadros; entre otros tiene un Vicente López, de los mejores que dicho artista pintó, un Pinazo Camerlande, otro de Abril; un Rosa Bonheur y uno precioso de la escuela de Goya.

El eximio pintor Sorolla ha elegido Alicante como modelo para uno de sus cuadros, para la serie de paneles que pinta para la Sociedad Hispánica de Nueva York que inmortalizarán los paisajes de España y los hombres de la raza Española.

Fotografía con dedicatoria autógrafa.
Colección Javier Sánchez Portas.

El teniente alcalde José Martínez Arenas, con la amabilidad en el característica, le hizo los honores y se esmeró para que el tiempo que aquí estuviera el famoso artista le fuese grato.

Al despedirse del Sr. Arenas, el Señor Sorolla le prometió mandar una copia del último retrato que él le ha hecho a S. M. Alfonso XIII;  dicha copia será hecha por el Sr. Varela para que figure en el salón de actos de este Ayuntamiento.

Felicito a Orihuela por haber tenido la honra de hospedar a tan notable artista y me felicito por haber sido su compañero de excursión.

I. Genovés. Enero 1919.

Ignacio Genovés.
Años cuarenta.
Colección Pablo Cuadrado.

Aunque Genovés no lo menciona, sabemos que Sorolla comió en el Balneario de San Antón. Así lo publicó el semanario «Ecos»:

Ilustre huésped, lo ha sido de nuestra Ciudad, aunque brevemente, el insigne pintor D. Joaquín Sorolla, gloria del arte patrio, al que nos honramos en saludar desde estas columnas.

Balneario de San Antón.

Ignoramos que nuestro Municipio haya hecho nada en su obsequio, pues aun cuando se nos dice que la comida que en los Baños de San Antón se sirvió en honor del laureado artista, la costea el Ayuntamiento, nosotros no lo creemos, fundados en la inasistencia de los Concejales a tal acto y en el desconocimiento oficial que tienen de la celebración del mismo.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba)

Para saber más sobre Sorolla, pinchad la siguiente imagen.

Joaquín Sorolla.
Enlace a biografía en el Museo del Prado
.

El barrio y la ermita de San Antonio Abad.

Apuntes para la historia del barrio de San Antón.

«San Sebastián fue francés
y San Roque peregrino,
y lo que tiene a los pies
San Antón es un cochino.»

En 1925, Julio López Maymon, deán de Cartagena en Murcia, publicó en prensa tres artículos dedicados al popular barrio de San Antón. La serie, subtitulada «rebusco tripartito», comenzaba así:

«Hace ya unos doscientos cincuenta años que Orihuela viene dedicando solemnidades religiosas y profanas a San Antonio Abad, austero cenobita que, con inspiración vigorosa, llevó a un memorable lienzo, el pincel ungido del maestro J. de Patinir.»

Empezando por la citada obra de Patinir, a lo largo del artículo encontraréis otras de la colección del Museo del Prado inspiradas en San Antonio Abad. Pinchando sobre cualquiera de ellas se accede a los cuadros con todo lujo de información y detalles.

 Las tentaciones de San Antonio Abad
Joachim Patinir. 1520-1524.

Enlace Museo del Prado.

¡Cuadro lleno de luz y de pintoresco interés, que en las almas oriolanas despierta aquella alborada risueña de la infancia!

«El 17 de enero es el día consagrado por la tradición para que la Ciudad, jubilosa y piadosa a un tiempo mismo, afirme sus festivales en el agreste paraje solitario en el resto del año, de San Antón».

Si os parece, vamos a dar un repaso al proceso histórico que dio lugar a su formación.

La Partida de las Fuentes

Vista aérea de San Antón

En la segunda mitad del siglo XVI,  más allá de la flamante puerta de Callosa, se estaba gestando lentamente una especie de nuevo arrabal “fora del Portal, damunt lo cami que va a la Font Cuberta de ves la penya del castell”.

En «la lladera de la serra de Oriolet» creció tímidamente a base de nuevas viviendas emplazadas a lo largo del camino real que daba acceso a Orihuela a través de la “Font Cuberta”, un paraje singular dotado de varias fuentes particulares y un conjunto de «fons de la ciutat al peu de la serra del castell».

Palmeras d´Oriola (1890)
Ralph Püttner.
En Revista Ilustración Catalana. 

La proximidad de los predicadores y la posibilidad de utilizar el agua de la sierra para regar y llenar las «balsas de cocer linos y cáñamo», atrajo a determinados pobladores con ciertas necesidades profesionales. Esta circunstancia comenzó a forjar una identidad propia marcada principalmente por el espacio físico.

El denominado azarbe de las Fuentes conducía las aguas residuales de dichas fuentes al Segura desde tiempo inmemorial. Hasta que los regantes consiguieron que se mudase el desagüe por un nuevo cauce que las llevaba al azarbe de Abanilla.

La obra, mal ejecutada, acabó en un fiasco de agua empantanada, un peligroso almarjal que obligó a prohibir temporalmente el uso de las balsas de cocer linos y cáñamos.

El palmeral anegado.
Foto Ajomalba

La reapertura del azarbe con las balsas clausuradas provocó el abandono de las tareas de limpieza y conservación; las famosas mondas. El almarjal tardó poco en extenderse de nuevo por la toda zona hasta convertirse en un «entorno pernicioso para la salud humana».

La cosa se puso todavía más fea en 1642, cuando fallecieron media docena de dominicos del vecino Colegio de Predicadores.

Estudiado el problema, los expertos lo achacaron a las avenidas de la rambla de Benferri, agravadas por el abandono de las mondas del mencionado azarbe de las Fuentes durante varios años.

Sin actividad laboral, los propietarios preferían perder sus tierras, antes que hacerse cargo de una limpieza que resultaba más cara que hacer un cauce nuevo. Sin otra alternativa, el Consell se hizo cargo de la obra amparado en el beneficio público. Pero aquello solo fue un parche temporal. Durante la mortífera peste de 1648 la ciudad volvió a intervenir en la zona como medida profiláctica, desecando todos los almarjales.

Dos años después, un nuevo cauce de una media legua, abocaba las aguas de nuevo en el río. Las balsas volvieron a funcionar y, en 1651, se dictaron los estatutos ordenando que las mondas del nuevo azarbe se iniciasen todos los años a primeros de agosto.

Era sólo era una victoria temporal. La salubridad de la zona llevó a la ciudad de cabeza durante siglos.  Si os interesa el tema, tratado puntualmente por Ojeda Nieto, David Bernabé Gil tiene un excelente trabajo monográfico sobre los almarjales que os dejo en la bibliografía.

Azarbe de las Fuentes.

La segunda mitad del siglo XVII fue crucial para la consolidación y desarrollo del nuevo barrio. Se cumplía un siglo desde que los dominicos se apropiaron de parte del camino real, sellando el Ravalete.

Con las aguas encauzadas mejoró notablemente la salubridad del paraje; y los nuevos aires del palmeral animaron al Cabildo de la Catedral para comprar una finca de recreo al pie de la sierra.

El Cabildo y la ermita de San Antonio Abad.

San Antonio Abad en un paisaje.
Fray Juan Bautista Maino. 1612-1614.
Enlace Museo del Prado.

Montesinos afirma que en el siglo XVI ya había en esos terrenos una ermita dedicada a San Antonio Abad; cuando Orihuela pertenecía a la diócesis de Cartagena. Y que desapareció dos años antes de conseguir el Obispado.

López Maymón, que tuvo la posibilidad de «rebuscar» en el archivo diocesano, no menciona esa primitiva fundación; pero dice lo siguiente:

«Desde remota antigüedad poseía el Cabildo Catedral por haberse desamortizado, el perímetro del terreno comprendido entre el Monte Oriolet y el Castillo. Aunque la fecha se ignora, se sabe fijamente, que en el término apuntado camino en arriba, partido de las Fuentes se edificó una casa; que andando el tiempo, y como veremos vino en ruinas, que han desaparecido sin que quede de ellas más vestigios que las notas escritas…»

Siguiendo con las notas del deán, en agosto de 1657, los canónigos compraron a Luis García Espejo, dos balsas con una casa y fuentes de agua viva; con sus tendedores y tierras incultas. La parcela estaba situada entre el monte Oriolet y el Castillo, en el camino en arriba, partido de las Fuentes. El notario fue Francisco Muñoz (1643-1674); y el precio fue de 300 libras.

En junio de 1660 decidieron aliñar la casa adquirida y buscar un inquilino dispuesto a habitarla, aunque fuese de balde. Pero era muy mal momento. La crisis demográfica producida por la peste había dejado demasiados solares libres en el casco urbano para fijarse en aquel paraje solitario. Alejado de la ciudad y rodeado de balsas para cocer el cáñamo, el barrio seguía sin ser especialmente atractivo.

En tiempos difíciles, de epidemias y plagas, la protección de un santo era fundamental para la mentalidad de la época. Si las enfermedades eran consideradas como castigos divinos; resultaba razonable buscar un intercesor cualificado; un santo taumaturgo de reconocido prestigio profiláctico. Por otro lado y como ya hemos dicho muchas veces, la erección de un edificio religioso aportaba prestigio y seguridad a la zona.

El 15 de enero del año de 1665, siendo obispo de Orihuela (1660-1665), el dominico Fray Acacio March de Velasco, el Cabildo de la Catedral dio licencia y permiso a Ginés Sánchez, alpargatero y a otros devotos, para edificar una Ermita en honor a Antonio Abad, santo eremita, taumaturgo y sanador; la advocación oportuna para el barrio.

San Antonio Abad y San Pablo.
Diego de Velázquez.
Enlace Museo del Prado.

En este caso Montesinos coincide con el deán. Además da los nombres de los primeros mayordomos, encargados de levantar el edificio:

«Ginés Sanches, Espardañer; Jayme Basques, ¿Algecer?; Juan Montesinos, Labrador; Juan Pérez, ¿Calero?; y Marcos Pérez, Labrador; todos vecinos de la presente Ciudad de Orihuela.»

A los canónigos les pareció bien la propuesta; y para tal menester les cedieron la casa y solar que tenían hacia el camino de arriba.

“Sin que sea visto con esto hacer daño en los extendedores de los “brinos” (fibras) de las balsas, ni en la casa y picaderos, aunque sea con los árboles que allí planten, y reservándose el Cabildo, la superintendencia, patronato y demás derechos que le compiten por ser dentro del término de la Parroquia”.

Ermita de San Antón.

Ginés y compañía hicieron acto de obligación y reconocimiento, quedando la ermita superditada a la parroquia del Salvador. El 24 de mayo les concedieron permiso para postular limosnas. Las cantidades recogidas, destinadas a edificar la ermita, estaban controladas por el Racionero Sr. Roca.

Tenemos una nota de 1667, localizada por Ojeda Nieto, en la que Alonso Cebrían carretero de bueyes y Miguel Palomares, ambos de Oriola se comprometían a entregar a Ginés Sánchez, alpargatero, 150 carretadas de piedra para edificar la ermita de San Antonio Abad, que tiene a su cargo en la partida de las fuentes.

“Alonso Sebrian, carreter de bous y Miquel Palomares, de Oriola. Prometen y se obliguen donar y entregar a Gines Sanches espardener … e al que tendrá a carrech el fer y edificar la hermita del Sr. Sant Antoni Abat, que esta al pnt fabricant prop les fonts de la pnt Çiutat -150- carretades de pedra pera la dita fabrica de dita hermita.”

San Antonio Abad
Francisco Rizi, 1665.
Enlace Museo del Prado.

López Maymón sólo afirma que la primera misa del día de San Antonio Abad se cantó en enero de 1671. Montesinos acota la construcción entre los años 1666 y 1668; y la bendición el 15 de enero de ese mismo año. Según este cronista, la cosa fue más o menos así:

«Concluyeron la aseada, hermosa aunque mediana Hermita en 12 de Enero del año 1668, la cual bien adornada fue bendecida en 15 de los mismos por el Sr. Dr. D. Bartholome Fernandez, Cura de la Santa Iglesia Catedral con asistencia de muchos fieles devotos; a la noche siguiente, Víspera del Glorioso San Antonio, se iluminó toda la Hermita exterior e interior, hasta los vecinos árboles se colgaron de bombas (…) a la tarde hubo fiesta, Carrera de caballos, y a la noche iluminación y salidas de Fuegos artificiales. Fue nombrado Capellán por el Muy Ilustre Cabildo, para la custodia de esta Hermita D. Miguel Ruiz…»

Bendecida año arriba, año abajo, la obra no estaba ni mucho menos acabada. Además, al tiempo que la ermita, fabricaron junto a ella una vivienda para el ermitaño (o reformaron la vieja casa que venía en las escrituras).

Llamado también santero, su tarea consistía en recoger las limosnas y dirigir las cuadrillas de mozos que, por Navidad, postulaban con el estandarte del santo por la ciudad, el campo y la huerta.

Otro dato que aporta Montesinos y omite López Maymón, es la solicitud del gremio de alpargateros, guiteros (cordeleros) y paleros, que tenían sede en el convento de la Trinidad, para hacerse cargo del cuidado del culto de la ermita y de la celebración de la fiesta. La nota la reprodujo «El Social», en enero de 1909:

«En 1671, el gremio de alpargateros, guiteros y paleros se estableció en la capilla de San Antonio Abad, con la obligación de celebrar la fiesta anual el 17 de Enero. De esta fecha data la celebración de la tradicional romería que tiene lugar todos los años el día del Santo, o el domingo inmediato, en las cercanías de la ermita de San Antón».

Ermita de San Antón.
José Antonio Ruiz Peñalver.

Siguiendo con las notas del deán, la construcción de casa y ermita se mantuvo muchos años. En 1682 se autorizó al Sacriste López Escobar para vender un cáliz a un platero; invirtiendo el producto en las obras de la ermita. El 4 de enero de 1683 destinaron a la obra otras 15 libras procedentes de las ventas de unas crismeras y un cáliz con pie de bronce (las crismeras las compró el obispo).

La ermita del «glorioso senct Antoni Abad», culminada a finales del XVII, creó la conciencia de barrio y le procuró el nombre que hoy conocemos: Barrio de San Antonio Abad; o sencillamente, San Antón.

Al ser considerada como capilla de la Iglesia Catedral, sin perjuicio de la jurisdicción ordinaria, el Cabildo quedó al cuidado de que no faltase el culto al Santo; nombrando los ministros necesarios para controlar la actuación de los mayordomos y del santero, encargado del mantenimiento y administración del edificio.

A principios del siglo XVIII ya se predicaba en la ermita con la solemnidad adecuada; y los obispos de Orihuela, antes de hacer su entrada oficial en la ciudad, descansaban en la casa anexa a la ermita. Montesinos documenta esta costumbre ya en el siglo XVII:

«Cabildo, 4 de noviembre de 1666. Decreverunt: Que los gastos que estarán así en los coches, lo que se dona a los cocheros, como lo que será menester para adornar la casa de las Fonts y fer el altar en la Portanova pera el día de la Entrada del Señor Bisbe, lo pague la Mayordomía.»

La fecha se corresponde con la llegada del obispo José Berges (1666-1678), el sucesor del que había autorizado la fundación de la ermita.

Ermita y casa de San Antón.
José Antonio Ruiz Peñalver.

López Maymón, contando cómo el Cabildo designaba a los suyos para recibir al nuevo obispo en la casa de San Antón, ofrece un listado de los canónigos receptores con su correspondiente prelado. Su lista empieza en el año 1714:

«En 9 de Agosto de 1714, los canónigos Ruiz y Villafranca para el obispo don José de Espejo y Cisneros; en 28 de Febrero de 1718, al mencionado Ruiz para el Obispo Rodríguez de Castelblanco; en 7 de Julio de 1738, al sacrista Ordoñez Villaquirant (futuro marqués de Arneva) para el Obispo Gómez de Terán; en 19 Abril de 1761, a Monecal para el Obispo don Pedro Albornoz y Tapia; en 14 de Septiembre de 1767, a Santa Cruz y Vélez para el Obispo don José Tormo; en 22 de Marzo 1792, al canónigo Balaguer para el Obispo Despuig Dameto; y así sucesivamente hasta nuestros días».

Crónica del nuevo obispo en San Antón.

En este apartado me limitaré a transcribir la crónica de la llegada de Ramón Plaza Blanco, publicada en «El obrero» el 18 de noviembre de 1913. Ilustrándola con fotografías de prelados posteriores.

«Por la tarde, por el camino que conduce a la ermita de San Antón se hace difícil el paso; pues la aglomeración de gente es enorme y el número de almas incalculable».

Obispo Goldáraz en San Antón
Antonio Ballester Vidal

«A las tres y media llegó el Ilustrísimo Sr. obispo a la citada ermita en automóvil, acompañado por varios canónigos de la Catedral. Le recibieron el Ayuntamiento y otros canónigos, encargándose de darle la bienvenida el magistral de la Catedral, quien con párrafos elocuentes, elogió la conducta del nuevo prelado. En la ermita recibió a algunas personas.»

Obispo Barrachina en San Antón
Antonio Ballester Vidal

«A las tres y cincuenta minutos se dispuso que partiera la comitiva para Orihuela y al salir el Sr. obispo por la puerta de la casa del cura de la ermita, el fotógrafo rogó a S.I. que se detuviera un poco, para hacer funcionar su aparato».

Obispo Barrachina en San Antón
Antonio Ballester Vidal

«Acto seguido se organizó el cortejo en esta forma: Rompía la marcha la banda municipal de esta Ciudad, detrás los cuatros maceros del Ayuntamiento, de gala y montados a caballos; seguidamente, el Iltmo. Señor Obispo montado en una mula, dándole escolta montados a caballo los concejales de este Ayuntamiento

Obispo Goldáraz en San Antón
Antonio Ballester Vidal

«Detrás en carruaje, el diputado por este distrito, Sr Ruiz Valarino, el Alcalde accidental y varios Concejales en carruaje; y una multitud enorme de gente que aclamaba al nuevo prelado; a lo cual contestaba el obispo con bendiciones.»

Obispo Goldáraz en San Antón
Antonio Ballester Vidal

San Antonio Abad y los antonianos.

Dice el deán que, en enero de 1728, surgieron las primeras pendencias y discusiones entre los mayordomos de San Antón; y que el Cabildo designó al canónigo Juan Timor (el que tiene la calle frente a la plaza de la Anunciación) para que pusiera orden; siendo este el primer nombramiento oficial de un canónigo con carácter de comisario.

San Antonio Abad.
Luis Tristán, siglo XVII.
Enlace Museo del Prado.

En 8 de marzo del año del Señor de 1734, el canónigo Maestre leyó al Cabildo un memorial del Abad del convento de San Antonio Abad de Valencia, solicitando permiso para fundar una cocina de su orden en la ermita de San Antón de Orihuela.

La orden de San Antonio Abad, instalada extramuros de la ciudad desde el siglo XIV, era muy popular entre los valencianos. Su condición de hospitalarios los hacía óptimos para regentar un establecimiento en el camino de Orihuela; cuidando al mismo tiempo de la ermita. Pero si hacemos caso a Montesinos, el Cabildo se resistió cuanto pudo a la ocupación.

«8 de Enero de 1735; Decreverunt: Que cometan a los Señores Chambre y Arcediano, y que vean cómo componer el que los Religiosos de San Antonio Abad, no se entrometan ni ocupen la Hermita de esta Ciudad.»

Añade el famoso cronista, que los padres de Valencia tuvieron que entrar en litigio y que el obispo, amante de la paz y opuesto a pleitos, les amparó en la posesión de la ermita.

López Maymón zanja el tema de la forma más sencilla, afirmando que el Cabildo consultó con el obispo José Flores Osorio (1728-1738), y la respuesta fue favorable.

Sea como fuere, en 1736, los Padres Antonianos de Valencia montaron uno de sus establecimientos en la casa contigua a la ermita, a cosa de medio cuarto de legua de Oriola, en las faldas del monte Oriolet.

Joseph Montesinos les dedica un capítulo que «refiere en él la ilustre fundación del Heremitorio Hospicio de San Antonio Abad, de Religiosos Hospitalarios del Fuego-Sacro, que magestuoso resplandecía extramuros de Orihuela.»

Armas de los padres de San Antonio Abad. Compendio Histórico Oriolano Tomo 7 cap. 1.
Joseph Montesinos.

El citado capítulo es muy extenso; pero como es habitual en Montesinos, hay que escarbar mucha paja para obtener algún dato sustancioso. Por desgracia, y a decir de López Maymón, hay poca información documental de su estancia en Orihuela.

La Orden de los Hermanos Hospitalarios de San Antonio, también conocidos como Antonianos, se fundó en la Edad Media para cuidar a los que sufrían el llamado “fuego sacro”.

Las tentaciones de San Antonio Abad.
El Bosco. 1510 – 1515. 
Enlace Museo del Prado.

El también llamado “fuego de San Antonio” producía fiebres muy altas, alucinaciones, epilepsia y necrosis de las extremidades. Esta enfermedad solía atacar a los pobres que comían pan elaborado con harina de centeno almacenado en malas condiciones y contaminado con un hongo llamado cornezuelo. Los síntomas se asociaron a las alucinaciones que sufrió el santo cuando era tentado por el demonio en el desierto.

San Antonio Abad se representa habitualmente como un anciano barbudo con un cerdo a los pies. El significado del animal que le acompaña se ha tergiversado con el paso del tiempo. Considerado animal impuro por las tres religiones monoteístas, un cerdo a los pies del santo representaba su triunfo sobre la impureza y sobre la carne.

Indultado por los cristianos, el cerdo terminó siendo el animal que se mataba públicamente en una sangrienta fiesta a la que se invitaba a todos los vecinos para demostrarles (a ellos y al inquisidor de turno) que en la familia no habían moros ni judíos.

San Antonio Abad.
Joan Reixach, 1450-1460.
Enlace Museo del Prado.

Pero no cambiemos de tema. Fundada la orden de los Antonianos, la Tau, el cerdo, los Evangelios, el fuego y las campanillas quedaron fijados como símbolos de Antonio Abad, el santo sanador y protector del ganado.

Instalados en el camino de Santiago, la hermandad hospitalaria ganó fama entre los enfermos del «fuego sacro o de San Antón», que acudían en peregrinación obteniendo gran porcentaje de curas.

Exceptuando los casos graves, en los que los antonianos amputaban los miembros necrosados, la explicación del prodigio es bastante sencilla: después de la larga caminata depuradora sin probar harina contaminada, el enfermo peregrino recibía una alimentación sana, buen pan, vino y alguna carne de cerdo. Caminata de vuelta y a casa como una rosa.

Ruinas del Monasterio de San Antonio Abad. Castrojeriz. Ruta Jacobea.

Según López Maymón, no hay constancia de la fecha exacta de su llegada a Orihuela; pero a principios de 1737 el cabildo certificó tener ocupada la ermita y su territorio por la comunidad religiosa de frailes legos o ermitaños de San Antonio Abad. Y en octubre de ese mismo año se concretó la escritura con el abad de Valencia.

Montesinos es más preciso, situando la llegada el 7 de diciembre de 1736. En dicho día, llegaron de Valencia tres frailes ejemplares de conocido celo y virtud religiosa, tomando posesión del eremitorio y hospicio con las advocaciones de San Antonio Abad y Santa Bárbara, Virgen y Mártir (no sé si tendrá relación con la vecina fábrica de tratamiento de salitre para la obtención de pólvora).

A esta reducida plantilla se unieron tres religiosos legos y un cura encargado de confesar y predicar. Instalados los antonianos en su nuevo hospicio, ampliaron la obra. He hecho un resumen con la larga descripción de Montesinos, excluyendo la iglesia con todas sus alhajas y ornamentos.

Tentaciones de San Antonio Abad.
David Teniers, 1647. 

Enlace Museo del Prado.

El eremitorio y hospicio de San Antonio Abad, estaba en el Paseo de las Alamedas de San Antón; o de la fuentes blandas, «llamadas así por la benignidad de sus pocas aguas frías en verano, y calientes en el invierno, en tanto grado, que arrojan de sí humo espeso”. Alrededor de la ermita sólo habían plantaciones, el salitre antes mencionado y las pocas casas que llamaban el Nuevo Barrio de San Antón.

Para acceder a la ermita se subía a una plazuela de sesenta y ocho palmos, a través de doce escalones de piedra negra jabalina. En dicha plazuela, adornada con palmeras, se encontraba el Hospicio a la izquierda y la Iglesia a la derecha, en su mismo piso. Y se subía a la portería por seis escalones de piedra negra.

Tau en la ermita de San Antón.
Manuel Rodríguez.

Todo el frontis exterior era muy blanco y hermoso, con un primoroso «relax de Sol». La portería era aseada, con sus poyos y dos magníficos aljibes que, una vez llenos, podían abastecer la casa por dos años. Contaban con sala de profundis, refectorio, cocina, despensa, balcón de hierro, alcobas, salas de estudio, granero y bodega.  Más un parador con cuadras, caballerizas, gallinero, palomar, cochineras y conejeras.

El deán solo añade que las relaciones entre frailes y canónigos fueron cordiales y que en abril de 1752, el superior se llamaba Fray José Berenguer, personaje dibujado por Montesinos en su obra.

Ermita de San Antón Orihuela.
Manuel Rodríguez.

Entre las limosnas en especie que buscaban la protección del santo, una de las más rentables para los antonianos eran los cerditos. Donados por los fieles, les cortaban el rabo, las orejas, y les colgaban una campanilla al cuello para ser fácilmente identificados. Convertidos de esta guisa en «cerdos de San Antón», los soltaban para que la Providencia (léase los sufridos vecinos) se encargase de su alimentación.

Una vez engordados podían venderlos, sacrificarlos para obtener la carne, o la opción más rentable: sortearlos el día de la fiesta.

Para el comedido Montesinos, muy respetuoso en el tratamiento a los religiosos, los frailes valencianos abusaban de la buena fe de los vecinos de San Antón, recaudando muchas limosnas en el barrio oriolano que acababan en las arcas de «la casa grande de San Antonio», en Valencia.

«Se sorteaba a las seis de la tarde un “serdo gordo y grande”, del valor de unos 25 o 30 pesos; del que sacarían sobre 200 (…) Los cerdos que ellos llamaban de San Antón, llevaban cortadas las orejas y el rabo por divisa; en esto tenían una ganancia soberbia, pues los criaban sin costarles un maravedí, a costa de los innumerables daños que causaban en las haciendas de los vecinos; y porque eran de los frailes, habían de callar. Lo cierto es que era una de las mayores estafas que se han visto en estos tiempos.»

Dibujo de Joseph Montesinos.

Siendo obispo Joseph Tormo, tras casi medio siglo en Orihuela, los antonianos dejaron la ermita y la casa de San Antón. Su orden quedó extinguida por bula papal de Pío VI, el 24 de agosto de 1787, a instancias del rey Carlos III.

«Deberán reunirse en pocas casas los Sacerdotes en forma de Comunidad bajo la autoridad del Ordinario con la facultad de hacer tránsito a otra Orden el que quisiere, quedando los Legos en plena libertad de tomar el estado conveniente; acudiendo a dichos religiosos en estas comunidades reunidas con el vestido, sustento y demás necesario, cumpliendo los Sacerdotes las cargas de las fundaciones mientras permanecen en las casas como sacerdotes seculares, sin otra insignias externa de su Orden…»

El establecimiento volvió a manos del Cabildo; y el santero o ermitaño, a la casa contigua. Como recuerdo, quedó el curioso sistema de financiación de los antonianos, antecedente de la famosa rifa que, según López Maymón, se viene celebrando en beneficio de la ermita desde 1840 hasta hoy.

Ermita de San Antón.
Orihuela

A principios de 1792, ya de vuelta a su función de simple ermita, el Cabildo detectó algunas deficiencias en la administración de las limosnas por parte del santero; y creó el nuevo oficio de superintendente; un canónigo elegido para inspeccionar, administrar y cuidar todo lo referente a la ermita de San Antonio Abad.

El propio Cabildo se preocupó de mantenerla con decencia, costeando algunas reparaciones; como la que tuvo lugar en 1793 por importe de 46 libras y 4 sueldos. También se encargaron de que a los vecinos no les faltase la misa todos los domingos y días festivos.

La última noticia aportada por el deán referente al siglo XVIII es el nombramiento del capellán de la ermita en 1797: el religioso Fray Vicente Sancho.

El fuerte de San Fernando y la Q.B.

Plano de Orihuela, 1811.
Ampliación Batería de San Fernando.

En los diferentes planos confeccionados durante la Guerra de la Independencia a principios del siglo XIX, se nombra de diferentes formas un mismo baluarte: “Batería de Fernando VII”, “Batería de San Fernando y finca de parapeto que apoya en la montaña”, “Batería avanzada en la punta de la saeta para defender las avenidas del Camino de Valencia y el de Callosa”.

También se menciona otra muy cercana, en el “Palomaret”, dominándola en altura. Es la que está en la peña, sobre el patio de Santo Domingo, con un Sagrado Corazón en la actualidad.

En el «Plan de Fortificación de la Ciudad de Orihuela y su Castillo», de 1811, obra de Antonio Benavides, brigadier del III Ejército acuartelado en Orihuela, se detalla la cortina defensiva entre San Fernando y la Sierra; protegiendo la posible retirada de San Antón y ofendiendo más de cerca al enemigo si intentaba pasar por los puestos del Oriolet. Tanto preparativo no sirvió de nada. Los franceses se marcharon sin que la guerra llegase a Orihuela.

Colección Javier Sánchez Portas.

En el verano de 1848, casi cuatro décadas después de su construcción, el Ayuntamiento estudiaba la forma de conservar la Batería o Fuerte de San Fernando; próxima al paraje de San Antón, en la barrera del Colegio. Pretendían evitar la lenta demolición que estaba sufriendo utilizada como estercolero.

Los munícipes tuvieron en cuenta los muchos gastos que podría ocasionar su reparación, dado el estado en que se encontraba. Pero deseaban conservarlo como “memoria del entusiasmo de este Pueblo en la Guerra de la Independencia, cuando se construyó”. Picados en el amor patrio, acordaron poner todos los medios necesarios para su reparación; ya fuese por cuenta del común, o cediéndola a cualquier propietario que se comprometiese a rehabilitar el histórico edificio. Un brindis al sol.

En la primera mitad del siglo XIX, el palmeral seguía ocupado por varias fincas dedicadas a la explotación agrícola y a la industria del cáñamo. Dos siglos después, las balsas de cocer seguían molestando a la población.

Para obtener la fibra, el cáñamo necesitaba “fermentar” sumergido en agua. Las balsas se llenaban por la mitad; y para evitar que flotase la planta, colocaban encima pesadas piedras. El agua estancada seguía siendo foco de mosquitos y enfermedades.

El Ayuntamiento prohibió primero la cocción en balsas durante los meses de verano. También exigió que los vertidos de su vaciado no acabasen en los acueductos de los que se tomaba agua para beber.

 Balsa de cocer cáñamo.
Archivo José A. Latorre.

En agosto de 1848, se estudió la posibilidad de comprar las balsas por “los perjuicios que ocasionan a la salud pública y los grandes beneficios que resultarían al vecindario (inutilizadas), aprovechando las aguas en baños a que por su virtudes pueden ser aplicables, formar un lavadero bastante capaz y cómodo para todas las estaciones y por ultimo distribuyendolas en el riego de las tierras del partido del Escorratel que tan escasa se halla por la altura, pudiendo enajenarse su dotación entre los dueños de aquellas y lo cual rendiría necesariamente recursos suficientes para reintegrar los desembolsos que ocasione su adquisición y aumentando anualmente los fondos comunes.

En febrero de 1854, el Fuerte de San Fernando estaba completamente arruinado y las aguas de su foso estaban estancadas con riesgo de corromperse. Como suele pasar en este pueblo, seis años después de prometer su restauración a toda costa, el edificio estaba en estado terminal.

En el verano de 1859, el flamante obispo Pedro María Cubero, decidió construir a sus propias expensas unos lavaderos públicos situados en terreno de aprovechamiento común, en el Barrio de San Antón.

Pedro María Cubero y López de Padilla
(Doña Mencía, 1810-Orihuela, 1881)
Obispo de Orihuela

«Al haberse ausentado muchas personas acomodadas por temor del cólera morbo que nos aflige… Que para remediar este mal y deseoso de la mejora material de esta Ciudad había creído conveniente construir a sus propias expensas una fábrica que cubra los lavaderos públicos situados en terreno de aprovechamiento común en el Barrio de S. Antón».

Al año siguiente, apoyado por los regantes del Escorratel, compró tierras y seis balsas de maceración para ser destruidas; utilizando las aguas para riegos, lavaderos y baños. La finca, una de las que componían el palmeral pasó a llamarse La QB (de Cubero). Nombre rotulado en la fachada de su famosa casa de labor construida en la década de 1860.

La Q. B.
Archivo Pedro de Vicente

En 1868, el prelado ofreció mejorar y ensanchar la zona de acceso cediendo terreno junto al lavadero. El maestro municipal, Manuel García, acompañado de la comisión de Ornato, marcó la línea de casas existentes en la parte opuesta, dejando una calle de nueve metros con ochenta centímetros para facilitar el tránsito, aún en días de gran concurrencia.

La Q. B.
Archivo Pedro de Vicente

En cuanto al fuerte, el Ayuntamiento adoptó la solución de siempre: sin fondos para la reconstrucción, aprobaron demolerlo y utilizar sus escombros para rellenar el foso; dejando la explanada que antiguamente había. Los escombros restantes, pagarían los gastos de demolición.

La Q. B.
Colección Celia Senén.

Por motivos que desconozco el acuerdo no se llevó a cabo; pues a comienzos de 1873, Atanasio García Cubero, sobrino del obispo, se quejaba del espolón que formaba el baluarte, obstruyendo el paso en el camino a la ermita de San Antón. Solicitaba demolerlo, visto su mal estado, y utilizar la piedra obtenida (seguramente para mejorar el edificio de la Q.B.).

En 1880 el Fuerte de San Fernando, contiguo a la pared del huerto de los dominicos, fue demolido. El obispo Cubero falleció un año después, quedando la propiedad de la Q.B. en manos de su sobrino, Atanasio García Cubero, quien ya la administraba anteriormente.

La Q. B.
Archivo Pedro de Vicente

En cuanto a los terrenos resultantes del derribo del fuerte, pasaron a una nueva sociedad, formalizada en 1893 con el nombre de “La Luz”. Era el emplazamiento que buscaban para instalar sus generadores, alimentados por combustible. Atanasio, alcalde por esas fechas, apalabró el solar por 7000 pesetas con el presidente de la mercantil, Diego Roca de Togores.

Huerto del Colegio de Santo Domingo.
Al fondo la Fábrica de la Luz.
J. David photography, París. (1.901).
Colección Jesús R. Tejuelo.

En abril de 1894, las notas municipales dejan constancia de que la fábrica de la luz estaba ya instalada en el sitio de la Batería de San Fernando, en San Antón. Cumplida esta función, fue donado gratuitamente al Ayuntamiento en noviembre de 1927, por la sociedad Eléctrica Wandosell. Para saber más de la fábrica de la luz, pinchad la siguiente imagen.

Fábrica de insecticidas Q.I.S.A.
Enlace al artículo

La primera intención municipal, fue convertirlo en Cuartel de la Guardia Civil; pero no hubo fondos. Acabada la Guerra Civil, pasó por las manos de las monjas dominicas en una permuta municipal. Luego se convirtió en la fábrica de insecticidas QUISA (Química Insecticida Sociedad Anónima).

Su última función, mucho más lúdica, fue albergar la discoteca “Momentos” tras una profunda reforma. Demolida en los años noventa, el terreno fue absorbido por el vecino colegio en una polémica cesión municipal.

En cuanto a la finca de Cubero, con su impresionante edificio historicista, en el verano de 1898 se anunciaba como baños públicos en la prensa local:

«Nuestro respetable amigo y suscriptor D. Atanasio García Cubero, ha instalado en su finca, la Q B, situada frente a la fábrica de la luz eléctrica, un establecimiento balneario que reúne inmejorables condiciones, según verán nuestros lectores en el anuncio.»

«BAÑOS DE LA Q B. Quedarán abiertos al público desde el día 1° de julio del presente año 1898 en la finca «La Q. B.» con las aguas alumbradas por el renombrado médico D. Carlos Bianchi, en el rincón de San Antón, a los precios siguientes: Un baño en balsa de familia y pequeña, 0,75 cénts; por abono de nueve, 6 pesetas.  Un baño y ducha 1’25; por abono de nueve 10 pesetas. Los baños medicinales pagarán además lo que cuesten los ingredientes que se empleen. No se darán ninguna clase de ducha ni prepararán baños medicinales sin previa autorización de un facultativo. Los baños estarán abiertos desde la salida del sol hasta las diez de la noche. No se dará ningún baño sin la entrega del billete, que se expenderán Hostales 30 y en la finca «La Q. B.». El establecimiento pondrá carruaje a domicilio a 0’25 cénts., por asiento, ida y vuelta.»

La Q. B.
Archivo Pedro de Vicente
La Q. B.
Colección Javier Sánchez Portas.

También albergó una fábrica de cáñamo como podemos comprobar en el siguiente anuncio. Después de la Guerra Civil, la Q.B. pertenecía a Carolina García Murphy, hija de Atanasio.

Gracias a la escritura sabemos que la Q. B. estaba compuesta por treinta y seis tahúllas de tierra en blanco «aguirnaldadas» con palmeras. Con casa, cuadra, balsa de cocer cáñamo, noria, casilla, salón dedicado al baño y un lavadero, que por aquellas fechas ya estaba semirruinoso.

Contaba con riego del Azarbe de las Fuentes, por medio de acenia y aprovechamiento del agua que nacía de un manantial situado en media tahúlla que lindaba con la sierra, en el camino de San Antón, cerca de la tapia del colegio que fue convento de dominicos.

La Q. B.
Archivo Pedro de Vicente

Demolido el edificio y convertido el solar en plaza de la QB, en marzo de 1987 se colocó un busto fundido en bronce conmemorando el 45 aniversario de la muerte de Miguel Hernández.

Archivo La Verdad

Dos apuntes más del siglo XIX: En 1878, el Ayuntamiento estudiaba plantar una alameda en San Antón, buscando el sitio más adecuado para llevarla a cabo y poder hacer en ella el mercado de ganado.

En septiembre de 1890, una sociedad murciana adquirió el molino de vapor sito en el paseo de San Antón. Comenzaron moliendo pimentón; pero la sociedad, dotada de gran capital como sucursal de una fábrica establecida en Murcia, se proponía surtir de harinas a toda Orihuela y a los pueblos de la Vega. José Luciano Botá, en representación de León Marín Baldó (vecino de Murcia) solicitó construir en terreno de su propiedad, junto al citado molino, un pabellón adosado de planta baja y un piso; con fachada lateral en dirección al muro de cerramiento del huerto de Santo  Domingo.

El Balneario de San Antón.

Grabado del balneario en todo su esplendor.
Diario Orcelitano
Julio de 1904

«Al salir de Orihuela por la antigua puerta de Santo Domingo, dejando a la izquierda el monumental edificio que fue Universidad, se entra, doblando a la izquierda, en la carretera, de Alicante, que bordea en unos doscientos metros el antiguo fuerte de San Fernando, a cuyo final, girando otra vez a la izquierda, por delante de la fábrica de electricidad “La Luz”, se llega a la calle única de la barriada de San Antón, doblada en ángulo recto, cuyo vértice mira al Suroeste, y cuyos lados, el más corto es de 70 metros y el más largo de unos doscientos metros hasta la ermita de San Antón, se extienden por delante y a unos 6 u 8 metros de la sierra del Castillo, levantándose entre ésta y este lado del ángulo que forma la calle, principal y como al medio de la misma, el edificio de los Baños de San Antón, con una distancia total de Orihuela de 350 metros.»

«Esta situación tan ventajosa del rico venero de las aguas minero-medicinales proporciona al establecimiento fresca y amplia sombra que le da la sierra del castillo, situada a su espalda, desde las primeras horas de la tarde en el estío, estación en la que casi siempre reina la suave brisa del Levante. Por estas razones el camino de los baños conviértese en paseo todas las tardes, por resultar un agradable sitio de recreo el «Balneario» separado de la carretera de Alicante por extensos bosques de palmeras.»

Palmeral y baños de San Antón.
Clisé de Pablo Correu y Cama
Gentileza de Esteban Sanmartín Alonso

El texto anterior es obra del médico y escritor Justo Lafuente Esquer. Forma parte de un lujoso panfleto publicitario del balneario de San Antón, un establecimiento que revolucionó el barrio durante varios años.

Al mismo tiempo que Atanasio García abría los baños de la Q. B., los hermanos Antonio y Alberto Iborra Martínez proyectaban algo más ambicioso: un auténtico y moderno balneario de aguas medicinales.

La primera noticia de carácter municipal data del verano de 1899, cuando solicitaron al Ayuntamiento utilizar unos terrenos del común en San Antón, junto a los Baños de Hombres. Pretendían plantar unos eucaliptos a dos metros de la fachada.

«Lindando con el edificio que han construido en la Barriada de S. Antón para balneario, existe un trozo de terreno de unos setenta metros de largo por doce de ancho, al parecer, perteneciente al común de los vecinos (…) en cuyos terrenos se depositan inmundicias y materias orgánicas en descomposición que producen malos olores de que se resienta la salud pública, ofreciendo además a la vista del espectador un aspecto repugnante; y con el objeto de hacer desaparecer aquel foco de infección y hermosear en lo posible tan ameno sitio y a fin de evitar que en lo sucesivo se depositen aquellas inmundicias solicitan de la Exma. Corporación se sirva concederles a perpetuidad el mencionado trozo de terreno para llevar a efecto la mejora  que tratan de realizar en aquel sitio.»

La comisión de ornato recomendó la cesión. Consideraban la obra digna de elogio. En su informe explican que los hermanos Iborra quieren hacer un muro para cercar el terreno solicitado y convertirlo en un paseo dotado de eucaliptos y otros árboles,«para solaz y esparcimiento del público en general y de los bañistas en particular En la transformación de la parcela eliminaron también dos pequeñas balsas para curtir pieles.

Como ya he dicho, el proyecto era más ambicioso que unos simples baños. El concepto balneario era una notable innovación con fines curativos y profilácticos. El avance de los análisis químicos en el siglo XIX permitía conocer la composición de las aguas y, según sus características, recomendarlas para los problemas respiratorios, reumatismos, molestias gastrointestinales, enfermedades venéreas, afecciones de la piel…

«El Oriol», mayo de 1900: «Adelantan los trabajos que los hermanos Sres. Iborra están haciendo en el balneario de San Antón. Consisten estos en una amplia galería que de acceso a un baño-piscina para señoras. Es de aplaudir el empeño en que por servir a su numerosa clientela, muestran dichos señores. Mucha suerte.»

Para ayudar en el proyecto de mejora del barrio, el Ayuntamiento enviaba las ruinas de los derribos que se producían en la ciudad al camino de San Antón; pasando posteriormente «el rulo municipal». A los vecinos les pareció muy bien esta disposición; pero pidieron que la ruina no cayese dentro de sus propiedades, linderas con el camino, pues les causaba graves daños.

El Palmeral de Orihuela

«El Oriol, agosto de 1900: «El balneario de San Antón se ve cada vez más concurrido y los triunfos de sus aguas en las afecciones de la piel y reumatismos son cada día más patentes. Enhorabuena a los propietarios, Sres. Iborra Hermanos.»

«La Comarca», agosto de 1903: «Cada día aumenta el número de bañistas que acuden a probar los beneficios de las salutíferas aguas del balneario de San Antón. Dada la proximidad de dicho establecimiento, y de lo agradable que por aquellos sitios se hace un paseo, éste sigue concurridísimo por las tardes. De los pueblos cercanos acuden sin número de carruajes conduciendo bañistas.»

El balneario como tratamiento médico dio paso al baño como práctica de ocio en verano por puro placer. Los Iborra jugaban con los dos palos; aunque el asunto medicinal siempre fue el principal aliciente. Estas noticias publicitarias son todas de de 1904:

«Los Sres. Iborra han instalado tinas especiales destinadas únicamente para los señores que quieran bañarse por recreo, estando aparte las que utilizan los enfermos. Esta medida ha de resultarles muy beneficiosa.»

Las «tinas» del Balneario.
Colección Javier Sánchez Portas

«Nuestros estimados amigos los señores Iborra, dueños del balneario de San Antón, no omiten gasto ni sacrificio de ninguna clase para dar todo género de facilidades y beneficios al público que favorece diariamente su bien montado establecimiento. Dichas ventajas consisten en la rebaja que han hecho en la tarifa de precios de los baños de pila, ducha, balsa y demás servicios, lo cual hará que aumente el número de bañistas.»

«Desde el día 1º del presente mes de abril se halla abierto al público el establecimiento balneario de S. Antón de los señores Iborra hermanos. En el poco tiempo que se hallan funcionando en esta temporada estos baños, ya han realizado sus aguas tres curas maravillosas. Tres pacientes que sufrían enfermedades secretas y a los que prescribieron las antedichas aguas los facultativos D. Pedro Villalba, de Murcia, y D. Francisco Giménez, de Santomera, han marchado a sus respectivos pueblos completamente buenos.»

San Antón se había puesto de moda y la prensa no paraba de elogiar y publicitar el balneario como si se tratase de un fenómeno internacional.

«Indolentemente reclinado sobre la falda de la sierra en la que asoman sus negras bocas abandonadas minas, hállase el establecimiento balneario de aguas medicinales de S. Antón. La Naturaleza, parece que colocó expresamente en aquel sitió pintoresco, el manantial de agua curativa, para que los pacientes a la vez que con ellas encuentran la salud del cuerpo, recreen la vista con las delicias del paisaje y absortos en su contemplación, olviden por un momento sus dolores.»

El Palmeral desde el Balneario.
Colección Javier Sánchez Portas
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«Enfrente del establecimiento y al otro lado de la carretera que hay junto a la puerta, se extiende un espeso palmeral cercado. Los vientos suaves imprimen movimientos ondulantes y voluptuosos a las verdes palmas. A la izquierda y sobre una eminencia breve y respaldada por la sierra, levántase la pequeña pero blanca ermita de S. Antón.»

«A la derecha, la prolongación de la carretera que a la ciudad conduce orillada de modestas casitas y al extremo de ellas, el edificio fábrica de luz eléctrica con su chimenea en cuya boca asoma negro penacho de humo, en la hora de encender las enormes calderas. A la espalda, la montaña que semeja ciclópea pantalla que mitiga los ardores del sol de julio. A la puerta del balneario, numerosos agüistas de ambos sexos, charlan de todo, en tanto esperan se desocupe la marmórea pila en donde han de bañarse, o la ducha, o el vaporario, que han de utilizar.»

«Y este grupo, a medida que la tarde va declinando, aumenta con nuevos bañistas que llegan en numerosos carruajes o a pie, polvorientos y sudorosos, con la piel lustrosa por la transpiración, pero que al breve rato salen de los espaciosos cuartos donde se dan la ablución cotidiana, remozados, confortados y refrescados.»

«Como la nombrada curativa de aquellas aguas ha corrido en alas de la fama en vertiginosa carrera, toda la península Ibérica, y el extranjero, no es extraño, escuchar pronunciación catalana, gallega, andaluza, vascongada, valenciana etc.»

«Entre los que frecuentan el establecimiento sí que también se oye alguno que otro extranjero que chapurrea nuestro idioma para expresar en él sus ideas, y es de notar, que cuantos visitan esos baños, y toman sus aguas, a los pocos días se deshacen en elogios de sus propiedades medicinales y de la rapidez con que sienten aliviarse sus dolencias los que las sufren. Dice el refrán, que cada uno habla de la feria, según le va en ella, pero a los que toman las aguas de los baños de San Antón, a todos les va bien, y bien hablan de ellos cuantos la prueban.»

«Como que además de la virtud de curar, la temperatura del agua de los baños de los señores Iborra hermanos, tal y como sale del abundante manantial, es agradabilísima en la actual estación, son numerosísimas las personas que concurren a tomar baños de placer y en este concepto, aún resulta más agradable el estar en aquel ameno lugar, porque los encantos de la naturaleza, son realzados y en no pocas ocasiones eclipsados por la belleza de nuestras paisanas.»

«Los baños de San Antón, serán con el tiempo a no dudarlo, (y ya empiezan a serlo) un elemento de riqueza para Orihuela; por eso los oriolanos debemos de mirarlos con atención y cariño y procurar en cuanto sea posible y esté de nuestra parte ayudar a sus propietarios, para que los constantes sacrificios que realizan no sean (que no lo serán) infructuosos y pueda esta ciudad llegar a ser una estación balnearia, como las más importantes de España, ya que para ello se cuenta con los necesarios elementos.»

Baños de San Antón

En poco tiempo, el balneario de San Antón estaba consiguiendo en el barrio, un efecto parecido al que en su tiempo produjo la ermita. Así lo afirma el siguiente artículo, además de proporcionarnos una descripción de las instalaciones :

«Recordamos lo que era hace pocos años la barriada de San Antón: unas cuantas casas feas, de paredes derruidas, oscuras, estrechas, insalubres, donde se albergaban pobres gentes, desafiando toda clase de enfermedades. Después, en una de aquellas casas, junto a la falda de la montaña, se descubrió un manantial; se formó una balsa, cuyo primer poseedor la destinó a baños.»

«El agua brotaba de los peñascos en abundancia, clara, fresca, convidando en los calurosos días del estío a disfrutar de ellas, mitigando las molestias que nos causa la temperatura en la presente época, pero nada más.  ¿Quién había de decir que dichas aguas llevaban en sus componentes la salud, además, para muchos que buscan el remedio a sus males?  Y así pasó el tiempo: todos los años acudían allí las gentes, que no pueden permitirse otros lujos, y por una insignificante remuneración al dueño, entraban en la destartalada y viejísima casa, donde se refrescaban en la estrecha balsa.»

«El edificio lo formaban cinco piezas reducidísimas: una salita de descanso rodeada de puertecillas, que conducían a las tinas; a la izquierda de la entrada otra puertecilla donde se veía la herrumbrosa bomba, de que se valían para extraer el agua de la balsa general y llevarla a los aparatos de calefacción y de allí a las tinas; después la balsa o manantial resguardado por una baranda de hierro pintado de encarnado y como final, al fondo, un pasadizo con media docena de cuartos para desnudarse.»

«Esto era antes el hoy balneario de San Antón. Se notó al principio que muchos bañistas de los que tomaban por recreo aquellas aguas y que bien padecían del estómago y del bazo, úlceras varicosas y tórpidas etc. etc. notaban extraordinario y notable alivio en sus padecimientos a los pocos días de estar yendo allí. Mas luego se realizaron curas asombrosas en enfermedades de las vías urinarias, venéreas y sífilis.»

«La ciencia comprobó después por medio de detenido análisis, la virtud medicinal de aquellas aguas. Hoy aquella barriada se ha transformado. Los antiguos y modestísimos baños son un balneario con todas las exigencias, con todas las comodidades modernas que puedan encontrarse en los más renombrados de España.  Hermosa y espaciosísima balsa para baños de recreo, pilas de mármol para enfermos y para los que no estándolo quieran bañarse en agua templada, vaporarios, sala de duchas, pulverizadores, etc.»

«El paisaje donde está situado el edificio, ofrece agradable perspectiva. Se levanta en la falda oriental del monte, en cuya cumbre se conservan las ruinas del antiguo castillo romano, guardián de la vieja Orihuela.»

«La puerta del balneario está sombreada por una fila de árboles, que se extienden gran trecho, y al frente, el palmeral, hermoso bosque de palmeras. Puede irse allí sólo por disfrutar del panorama sentado a la puerta, así, a la caída de la tarde, cuando corre la brisa deliciosa embalsamada por los tomillos y florecillas del monte.»

«El balneario de San Antón tiene ya conseguida su fama: pero aún necesita más, necesita que nadie ignore, que sus aguas son extraordinariamente medicinales. Yo por mi parte, pienso nadar allí, sin calabazas.»

La cima del éxito y la fama internacional llegó en 1906 :

«Una importante casa francesa, la de Mr. Benoit, ha tomado en arriendo, por tres años, a los Sres. Iborra Hermanos, el balneario situado extramuros de esta población. Las aguas medicinales de dichos baños, son ya muy conocidas por su virtud contra las enfermedades venéreas y de la piel. Mr. Benoit piensa introducir en el Balneario de San Antón, importantísimas reformas: y hacer al mismo tiempo una propaganda activísima de dichas aguas. Orihuela está de enhorabuena.»

Balneario y manantial de San Antón.
Etiqueta destinada a Francia y Argelia.
Impreso por Pichot (París).

«Se ha presentado en el Gobierno civil de esta provincia una instancia suscrita por don Antonio y D. Alberto Iborra Martínez, solicitando obtener la declaración de utilidad pública de las aguas medicinales del balneario de San Antón, pidiendo también permiso para vender dicha agua embotellada.»

«El Gobierno acaba de reconocer por medio de una real orden la utilidad pública de estas aguas por sus asombrosas virtudes curativas. Orihuela pues cuenta con un balneario que no tardará mucho en proporcionar pingües ganancias a la industria y al comercio orcelitanos.»

«Los baños de San Antón situados extramuros de esta ciudad, acaban de ser declarados de utilidad pública por medio de una real orden. La noticia, como hijos de Orihuela que somos, nos complace mucho. Aquellos baños mal encerrados en un viejo y ruinoso casetón antes, se han convertido ahora en hermoso y bien servido balneario, adorno de aquel sitio amenísimo. La constancia y los desvelos de los hermanos Iborra han tenido su recompensa. Orihuela, dotada, de un clima delicioso y de una vega fecundísima, cuenta con una riqueza más para repartir entre los humildes laboriosos.»

En 1907 se reconocían unánimemente el trabajo de los hermanos Iborra, que habían convertido los antiguos baños de San Antón en un excelente balneario a la altura de los más renombrados de España. Como prueba de la categoría del barrio, en febrero de ese mismo año, el Ayuntamiento aprobó que en el llamado “Barrio de San Antón”, desde la fábrica de la luz eléctrica hasta a la ermita del santo, se titulase calle de San Antonio Abad.

Si antes he comparado la función regeneradora del balneario con la de la ermita en otro tiempo, las facultades curativas de sus aguas, a decir de los periódicos y los científicos de la época, tampoco tenían nada que envidiar al pan bendito del propio San Antonio Abad. Leed si no este increíble artículo publicado en mayo de 1911:

«EL BALNEARIO DE SAN ANTÓN. A pocos pasos de la hermosa ciudad que baña el Segura, y al pie de la sierra del castillo; existe desde tiempo inmemorial un manantial de agua de paladar ligeramente salino, al que los habitantes de la comarca atribuían propiedades extraordinarias para la curación de determinadas enfermedades.»

«Su fama, cada día más creciente, pregonada en todos los tonos por los que en dichas aguas no solo habían encontrado alivio a sus dolencias, sino completa curación, movieron a sus propietarios a aclarar las propiedades medicinales de aquellas; y prestando así un gran servicio a la humanidad doliente, y sin titubear en el éxito de la empresa, remitieron hace poco tiempo al eminente y químico y sabio profesor de la Facultad de Medicina de París doctor Pouchet, y  previas las necesarias precauciones de lacrado, taponamiento y lavado, cantidad suficiente de aguas, para verificar análisis detallados y concienzudos.

«Practicados estos, el éxito ha sido maravilloso, pues entre los elementos reconocidos «cualitativamente», se ha encontrado el mercurio y también el ácido azótico, arsénico, litio, manganeso y boro, con exclusión absoluta de cobre.»

«Este resultado, y la presencia del «radium» en cantidad suficiente para ejercer su acción terapéutica,  demuestra de modo elocuente, que las aguas minero-medicinales de San Antón, pertenecen a las cloruro sódicas, bicarbonatadas magnésicas y bicarbonatadas sódicas, de maravillosos resultados para la completa y radical curación de la sífilis, cuyo micro organismo productor, destruyen completamente,  y de gran influencia por su notable poder antiséptico en las dermatopatías de origen infeccioso y en los efectos catarrales endometríticos por su acción sobre los gonococos y en todas las afecciones del aparato digestivo y catarros intestinales, por lo que sin incurrir en exageraciones debemos proclamar como “únicas aguas mercuriales en el mundo” a las mineromedicinales de San Antón de Orihuela.»

«Tan excelente resultado que supera todas las esperanzas concebidas, ha sacado de su inacción a los propietarios del manantial, quienes han construido un sólido y confortable edificio-balneario, con todas las dependencias propias de esta clase de establecimientos, y tratan por todos los medios de darlo a conocer al público, a cuyo efecto tino de estos días pondrán en circulación y profusamente, un elegante y bien escrito folleto, que contiene entre otros detalles verdaderamente útiles, referentes al balneario, la opinión de gran número de médicos notables que relatan infinidad de casos, en que enfermos desahuciados por la ciencia, han encontrado su completa curación, usando en baños, lavado y bebida, — según los casos — las prodigiosas aguas mercuriales de San Antón.»  

«La eficacia de dichas aguas para la curación radical de las enfermedades de la piel, ha sido comprobada hace muy pocos días por uno de nuestros redactores,  que encontrándose en Orihuela padeciendo hacía tres meses, de una granulación infecciosa espantosa en cuello, piernas y brazos, que le impedía todo movimiento, consiguió su restablecimiento total, con sólo aplicar a las partes doloridas, durante tres días, algodones empapados con aquellas aguas.»  

«Este caso y muchísimos más notables y de gran resonancia, que continuamente se consiguen, y que en Orihuela y pueblos inmediatos, son del dominio público, nos mueven a recomendar a nuestros lectores con todo interés las aguas de San Antón, en la seguridad de que aquellos que padezcan enfermedades de las indicadas, y acudan al repetido Balneario, nos agradecerán haber leído estos mal hilvanados renglones, que son débil demostración de gratitud de un paciente, que a las aguas mercuriales de San Antón debe su actual y excelente estado de salud.»

Balneario y manantial de San Antón.
Etiqueta nacional

La propaganda era brutal. Aquellos jóvenes emprendedores (Antonio Iborra no había cumplido diecisiete años cuando arrancó el balneario) habían montado seguro y lucrativo negocio para ellos y una fuente de riqueza para el barrio y la ciudad.

De los hermanos Iborra Martínez, Antonio se casó con Elisa Lidón Ballesta en febrero de 1912. Dos años después falleció Alberto, en octubre de 1914, víctima de rápida y traidora enfermedad. Tenía cuarenta y nueve años.

La publicidad de la década de 1920 seguía recomendando aquellas aguas para curarlo casi todo «las enfermedades del estómago, el herpetismo, los infartos del hígado y del bazo, las úlceras varicosas y tórpidas, los catarros crónicos, y otras enfermedades que exigían el empleo de mercurio

Como nota curiosa citar que, en enero de 1919, el propio Joaquín Sorolla comió en los Baños de San Antón por cuenta del Ayuntamiento cuando visitó Orihuela. Os dejo un enlace al artículo que narra dicha visita.

Enlace a crónica de la visita de Sorolla.

Los años pasaron; las modas y los gustos cambiaron. Mediados los años veinte, coincidiendo con la Dictadura de Primo de Rivera, la gente de posibles buscaba el ocio, el sol y los baños de placer en la costa.

El balneario de San Antón volvió a su función de simples baños al alcance de la gente humilde. Antonio, concejal y teniente alcalde de Orihuela, falleció en mayo de 1930, con sólo cuarenta y ocho años.

Parece ser que las propiedades salutíferas del manantial, solo funcionaron con su viuda, Elisa Lidón, quien vivió muchos años más regentando las instalaciones como «baños de San Antón» hasta los años cincuenta.

La fiesta romería de San Antón.

El Pueblo
Edición N. P. Jesús

Como en todas las ermitas, una vez popularizado el santo, la ciudad acabó acudiendo en romería a pedir sus favores una vez al año, durante su fiesta. Erradicado el “fuego de San Antón”, las virtudes del santo eremita pasaron de medicina a veterinaria; encargado de proteger y sanar a los animales.

Vamos a conocer la fiesta de San Antonio Abad dos épocas diferentes; con dos siglos de diferencia. Montesinos la describe así en el siglo XVIII, cuando estaban los antonianos:

«Todos los años se celebraba la Fiesta del Sto. Patriarca Antonio en su propio día 17 de enero por la ¿Reverenda? corta Comunidad, con asistencia del Clero de la Catedral; todo a sus expensas y de innumerables devotos que llevaban muchas ofertas de cera, aceite, harina, cerdos pequeños y dinero. Misa Mayor, que celebraba un Cura teniente, y Sermón Histórico Panegírico. A la tarde había fiesta con la música de la Cathedral…»

Romería de San Antón en 1907.
Archivo ABC

«En dicho día se sorteaba a las seis de la tarde un “serdo gordo y grande”, del valor de unos 25 o 30 pesos; del que sacarían sobre 200. En todo su recinto, por mañana y tarde, se celebraba “porrate” general (porrat: feria celebrada bajo la advocación de un santo en su ermita o santuario) en el que se vendían todas las cosas imaginables, al más delicado gusto, como eran turrones, confituras, blancos, perniles, longanizas, dátiles, uvas, cardos, naranjas, garbanzos, avellanas; había besamanos, paseo público, carreras de caballos muy bien enjaezados y compuestos; y sobre tres mil personas que concurrían a tan plausible función, a tomar el Pan bendito y a adorar la Sagrada Reliquia del Santo Glorioso, a cuyo eremitorio llevaban los molineros, arrieros y labradores sus bestias; y les daban tres vueltas por su derredor y comían el pan bendito…»

Esta otra crónica es de principios del siglo XX:

«Luciendo el sol a ratos se celebra la romería a la ermita de San Antón. Un gentío inmenso desfila por aquellos alrededores. Los confiteros y los dueños de carruajes de alquiler hacen su agosto en pleno enero. De los pueblos de la comarca viene bastante concurrencia».

Romería de San Antón a principios del siglo XX.

«Por la mañana dan las caballerías las tres vueltas de costumbre al santuario, después de las cuales los jinetes adquieren rollos del Santo. En las laderas del monte, numerosas familias cantan, corren y se divierten aguardando la hora de comer la clásica paella, guisada al aire libre y condimentada con las más honestas y efusivas expansiones de la alegría».

«Abajo, entre una doble fila de confiteros bien provistos de las bolas de rigor, de vendedores de dátiles, torraos, turrón de panizo y otras golosinas, avanzan los labriegos, quienes después de visitar al Santo, ponen sus cédulas para la rifa del cerdo».

«A primera hora de la tarde suena el acelerado tintineo de los carruajes de alquiler que llegan rebosantes de gente de la ciudad. La banda municipal se sitúa en la puerta de la ermita, ejecutando bonitas composiciones de su repertorio. Pasa la tarde entre música y paseos. Romeros de toda edad y categoría entregan a sus Julietas, como simbólica muestra de adhesión y constancia, las pesadas de bolas».

Romería de San Antón a principios del siglo XX. Colección Antonio Miravete.

«San Antón, las cinco y con sol, dice el refrán; y hasta las cinco no comienza el rápido desfile. Cuando el sol se pone, pliegan sus tenderetes todos los vendedores, recogen las mercancías sobrantes (que han de servir en la fiesta de San Sebastián)».

«Muchas familias pasan el día de gira en el monte y las casas de comidas que por allí cerca se establecen tienen buena venta. Al oscurecer, nadie queda en las cercanías de la Ermita, salvo un corto número de curiosos que asiste a la extracción de la cédula premiada en la rifa del cerdo. Esa es a grandes rasgos la Romería de San Antón».

Por último, vamos a terminar como empezamos, con Julio López Maymón, hablando de la romería y de la rifa, en 1925:

«Es en verdad un acontecimiento oriolano la romería del 17 de Enero, todos los años a San Antón. La Ciudad se traslada, vestida de fiesta al indicado paraje, tan triste y solitario de ordinario; allí se rinde culto a la piedad visitando la Ermita; a la tradición, apuntando la «séula», en las muchas mesas instaladas al efecto; a la costumbre comprando la pesá en los puestos, que en larga fila se extiende, dibujando el camino ligeramente encuestado, que conduce a la explanada llena de gente jubilosa.»

Romería de San Antón.
Juan Fenoll Villegas.

«Antiguamente,  junto al vallado del huerto de palmeras, vecino de la Q. B, se congregaban los carruajes y troncos de lujo. La huerta, indumentada con el vestido típico, con la «ropica» sacada del arca de madera blanca que huele a peros, concurría a oír la Misa que canta la Parroquia del Salvador y el sermón donde se predican las gloriosas «hazañerías» del Santo Cenobita; y después a que las caballerías reciban la bendición y que coman los rollicos mezclados con los piensos.»

«Cuadro de tonos de luz y ráfagas de vida. Acervo de recuerdos de edades y de seres. Día de transformaciones se oye Misa como si fuese día dominical; no se trabaja… cual si estuviésemos en Domingo…; y hasta en la casa más pobre, el yantar es típico… ha de ser; así… el arroz y costra… y las bolas… y el palmito… y el turrón de «paniso» y el de alegría….»

Programa de Fiestas 1985.
San Antón
.

«La rifa dio comienzo en el año 1840, o sea hace ochenta y cinco años; era superintendente don Tomás Veas, Racionero. Con los ingresos se blanqueó la fachada del edificio, se compusieron ornamentos sagrados y otras mejoras; sobraron 436 reales y 21 céntimos que se invirtieron en celebrar Misas al fuero de dos pesetas con cincuenta, céntimos…»

«Todos hemos puesto y seguimos poniendo nuestra «seula al cochino»; no puede concebirse esta fiesta sin esta rifa. La suerte adjudica al puerco, y con lo que rinde el ingreso de ella descontando gastos, se atiende al culto del santo y a la conservación de la casa célebre del santero, y hospedería de los frailes, y hoy habitación del Capellán, y departamento oficial para el señor de San Antón».

La cerda de San Antón.
Manuel Rodríguez.

«Rogar a Orihuela, que siga como hasta aquí, prestando su concurso a esta fiesta tradicional; que el culto a las costumbres de nuestros padres, a las tradiciones de nuestros mayores, es el culto santo a la Patria chica.»

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba)

Un servidor, mi hermana
y mi prima, en San Antón

Bibliografía: «De la Fiesta de San Antón», rebusco tripartito de Julio López Maymón (1925); «Orihuela imaginada, la ciudad en los siglos XVI y XVII» de José Ojeda Nieto; «Compendio Histórico Oriolano» de Joseph Montesinos. «Insalubridad y bonificaciones de almarjales en el Bajo Segura antes de las Pías Fundaciones de Belluga», de David Bernabé Gil.

Archivo Municipal de Orihuela, Libros de Actas; Archivo Histórico de Orihuela, Protocolos; Biblioteca Virtual de Prensa Histórica: El Pueblo, El Oriol, El Diario de Orihuela, El Oriolano, La Comarca, La Crónica, El Día, La Huerta, El Diario Orcelitano, El Social, El Obrero.

Mi agradecimiento a José María Penalva y a José Manuel Dayas.

Callejeando 30. El arrabal de San Juan Bautista 5.


AMO 1636-1660

Porta nova desde el vall
a la porta de Crevillent.

Continuamos nuestro paseo virtual por el Arrabal Moderno, pasando de la calle de San Juan a la de Ballesteros Villanueva, el antiguo Vallet. Este capítulo abarca la zona descrita en la imagen anterior: La puerta nueva, desde el vall, a la puerta de Crevillente.

En la actualidad está dividida en tres calles. Antes de tratar cada una de ellas por separado, vamos a hablar del espacio en conjunto. Además de las imágenes, he incluido unos vídeos que os ayudarán a viajar en el tiempo.

Fotografía: Francisco Luis Galiano
Vídeo: José Antonio Ruiz Peñalver

El Valle de la Puerta Nueva en la Edad Media.

Entre la torre esquinera de Navalflor y la Puerta de Crevillente (al inicio de la calle de Arriba), el muro lindaba con un cenagal surcado de acequias. El inhóspito paraje era un pasillo natural que actuaba como desagüe entre la sierra y el río. Un terreno insalubre propenso a la acumulación de aguas muertas.

Conocido como «el Vall», se ha traducido generalmente utilizando la primera acepción del diccionari normatiu valencià: «depresión alargada y relativamente ancha, definida por la convergencia de dos vertientes y recorrida, generalmente, por un curso de agua«; es decir, la definición castellana de valle. A mí me pareció que le cuadraba; y como valle está traducido en los Anales de Bellot.

Pero hay una segunda acepción que le cae como anillo al dedo: «excavació profunda feta longitudinalment al voltant d’una fortificació per a dificultar el pas de l’enemic des de fora al mur» ; lo que se traduce como: excavación profunda que rodea una fortaleza que se hace para obstaculizar el paso del enemigo; la definición castellana de foso.

En el famoso grabado del Cartulario podemos comprobar su utilidad defensiva, aislando y reforzando la muralla por el flanco de Levante, para dificultar cualquier estrategia de asedio.

Oriola durante la Guerra de los Pedros
 Cartulario de Privilegios. AHN.

En 1356, año de inicio de la Guerra de los dos Pedros, dentro de los preparativos generales, el Consell decidió adecentar y preparar el Vall. Nuestro cronista favorito, mosén Bellot, lo dejó reflejado en sus Anales de Orihuela.

«Que se hiciesen puertas o se cerrasen todos los postigos a cal y canto; que cada casa dé un hombre con su azada y capazo para obrar muros; que los jurados mandasen subir mucha piedra a las torres y muros; que se limpie el valle de la Puerta de Crevillente…»

En el párrafo anterior, Bellot utiliza el término «valle de la Puerta de Crevillente». Pero con la acepción antes mencionada, se referían a limpiar el foso de protección; no un valle. Otra palabra que aparece continuamente en castellano es concejo. Yo lo he sustituido por Consell.

Traducciones castellanas aparte, lo cierto es que, una vez adecentado el terreno, dejó de mencionarse como «de la puerta de Crevillente». Un portillo que daba paso a la calle de la Feria tomó el protagonismo y el Vall adoptó su nombre.

«El Valle de la Puerta Nueva estaba muy lleno de cieno y otras inmundicias; y no se podía limpiar por el agua que había encima. Así pues, el Consell ordenó que se vaciase, haciendo un escorredor por debajo de las acequias de Almoradí y Catral.»

Fotografía Javier Sánchez Portas
Montaje idealizado Ajomalba

El encargado de avenar y nivelar el terreno fue un ingeniero llamado Matías Figuerola; y todo el personal ocioso fue destinado a trabajar en el escorredor. En 1358, ante la posibilidad se ser cercados por los castellanos, el Consell repartió la tarea de fortificar la ciudad; y a los vecinos de Callosa les tocó obrar el vall.

«1358. Cuando Orihuela temía ser cercada por el rey don Pedro, repartió las obras de fortificación, y cupo a Callosa hacer el valle de la Puerta Nueva.»

Además de arreglar el foso, la tarea implicaba cerrar a cal y canto la puerta de Crevillente y el portillo que llamaban Puerta Nueva; sellados con obra del mismo grosor que el muro. Pero los de Callosa no vinieron; y para cumplir con su obligación en la defensa, siguiendo el protocolo habitual, concertaron un pago de diez y ocho dineros por familia.

Un año después, el Consell mandó acelerar la obra mientras investigaba qué había sido del dinero aportado por los callosinos. El Vall seguía sin terminar y pasaron el encargo a Bartolomé Viudes.

«1359. Los habitantes de Callosa tenían obligación de hacer el valle de la puerta Nueva y ellos no vinieron, porque se concertaron 18 dineros por casa y no parecía el dinero. El Consell cometió esta causa a Berenguer Morrelles, para que averiguase quién o cuántos y a quién habían pagado…»

Firmada la paz con Castilla en 1361, el Consell mandó abrir la puerta Nueva con un puente de piedra sobre el escorredor para facilitar el paso. Pero aquella paz fue sólo una simple tregua. Cuatro años después, Orihuela soportó su más duro y famoso asedio y la puerta fue cegada de nuevo; era práctica común.

En 1410, las puertas Nueva y de Crevillente volvían a estar tapiadas; esta vez por una guerra civil en la Corona de Aragón, librada entre los aspirantes a la sucesión del difunto Martín «el Humano» (solucionada dos años después gracias al «Compromiso de Caspe»).

En esas fechas los mercedarios estaban ya dentro de la muralla ocupando la torre de Navalflor como campanario. Dicha torre adoptó el nombre del convento: «Torre de Santa Eulalia, ólim (antes) Navalflor».

Enlace artículo.

La Puerta Nueva tras la visita de los Reyes Católicos.

AMO 1636-1660

La Porta Nova, o Puerta Nueva en castellano, dejó de ser portillo en el año 1488; cuando la visita de los Reyes Católicos animó al Consell a reedificarla completamente.

Isabel y Fernando entraron por ella a Orihuela:

«1488. En las fiestas que Orihuela hizo cuando los Reyes Fernando e Isabel entraron en ella (…) Hicieron solemne paseo por la ciudad, que estaba toda entapizada y enramada; entró por la puerta Nueva, que se labró de nuevo como hoy está…» (escribe esto en el siglo XVII).

«Hízose el portal de la puerta Nueva de piedra picada y grande, en la forma que hoy está, que antes era pequeña porque en las guerras pasadas la cerraban a cal y canto. Y pusieron sobre ella las armas de Aragón y Castilla juntas.»

Emblema de los Reyes Católicos.
Iglesia Parroquial de Santiago
.

Avenado el terreno y en plena expansión del Arrabal de San Juan, entre los siglos XV y XVII los pobladores se fueron instalando en este descampado, levantando sus casas entre acequias, escorredores y “trastalladors”, como se nombraban las compuertas o portillos.

La cercanía de los mercedarios, que se fueron apropiando de toda la manzana hasta plantar su fachada en los Hostales, fue otro factor positivo para el crecimiento y urbanización de una zona que, con el paso del tiempo, pasó a ser el corazón del arrabal, una prolongación de la zona comercial de los Hostales que contaba con sus propias carnicerías, las segundas en importancia tras las de la Plaza Mayor.

Fachada de los Mercedarios.
Colección Javier Sánchez Portas.

A partir del siglo XVI la muralla interior perdió su utilidad defensiva y el Consell dejó de preocuparse por su conservación. La obsoleta Puerta Nueva se mantuvo en pie hasta diciembre de 1737; fecha en la que, completamente arruinada, fue demolida. Esta es la historia del Vall y del arco que durante siglos le dio nombre: la Porta Nova, o Puerta Nueva cuando pasó al idioma castellano.

AMO. Siglos XVII y XVIII

Como ya he dicho, se dividió en tres sectores claramente diferenciados que son tres calles en la actualidad: la del Vallet (Ballesteros Villanueva), la plaza de la Porta Nova (El Paseo), y la Carretería (Ruiz Capdepón).

El Vallet

El primer sector, colindante con el convento de la Merced y su plazuela, es el más estrecho. Mantuvo el nombre original con diminutivo valenciano. De Vall, Vallet.

AMO. Siglos XVII y XVIII

El topónimo, escrito «Ballet», se mantuvo hasta el mes de enero de 1879; cuando falleció Baldomero Fernández Espartero, una de las glorias patrias homenajeada en muchos callejeros de España. «El Segura» anunció el cambio, haciéndose eco de «El noticiero de Murcia»:

«El ayuntamiento de Orihuela por indicación de su activo alcalde nuestro distinguido amigo D. Matías Rebagliato, ha acordado poner el nombre de «Espartero» a una de las principales calles de dicha población. Según nuestras noticias la calle agraciada será la del Vallet.

Y así fue. Para hacer constar la inmensa pena que embargaba a todo el Municipio, el Ayuntamiento había decidido costear un retrato de Espartero y variar el nombre de la calle del Vallet, asignándole el de Príncipe de Vergara. El libro de actas correspondiente está mutilado, por lo que no puedo precisar la fecha exacta del acuerdo;  pero las sesiones inmediatamente anterior y posterior son del 11 y 23 de enero de 1879. También organizaron «suntuosos funerales» en Santa Justa. El mismo periódico dio cuenta de ellos:

«El lunes (27) con una concurrencia numerosísima tuvieron lugar en la Santa Iglesia Parroquial de Santa Justa y Rufina y con la asistencia de los tres cleros parroquiales de esta ciudad las solemnes honras fúnebres que los admiradores del ilustre e inmortal Príncipe de Vergara han celebrado, por el eterno descanso de su alma y en memoria de sus grandes virtudes cívicas y militares.»

El Vallet y Espartero
Colección Javier Sánchez Portas

«Apenas suficiente la anchurosa nave del arabesco templo a contener la inmensa multitud que asistió a tan religioso acto (…) Nunca hemos visto tanta suntuosidad y magnificencia fúnebres. Enlutado completamente el espacioso templo, multitud de lámparas pendían de todos lados, ocupando las capillas preciosas y enlutadas arañas. En la parte anterior del presbiterio se elevaba majestuoso y severo el catafalco compuesto de cuatro cuerpos cuadrangulares, terminado por una pirámide cuadrangular en cuyo remate flotaban unidas a una varilla final negras y vaporosas gasas. El frente del cuarto cuerpo le ocupaba la simbólica imagen de la Fe, ostentando el mismo lado del tercer cuerpo la siguiente inscripción: A su alteza serenísima D. Baldomero Fernández Espartero, sus admiradores.»

«El segundo cuerpo compuesto por cuatro arcos adornados con magníficos cortinajes de terciopelo con franjas de oro formaban la fúnebre bóveda bajo la cual y sobre el primer cuerpo se elevaba el féretro, cubierto con un riquísimo paño de terciopelo, conteniendo las insignias militares del honrado patricio.»

«El primer cuerpo estaba formado por una ancha plataforma forrada de negro, a la que se ascendía por cuatro escalinatas cubiertas también de negro, saliendo de la alfombra que cubría la escalinata del frente la extensísima que cubriendo el pavimento se extendía hasta el punto de la presidencia, situada en el centro y en la parte posterior del templo. En los testeros del segundo cuerpo se leían: en la parte posterior mirando al presbiterio. Conde de Luchana y de Morella, Vizconde de Banderas.»

«Al frente: Príncipe de Vergara, Duque de la Victoria. A los lados: Lealtad, Constancia, Abnegación, Patriotismo. Sobre el arco del frente descansaba un laureado retrato al óleo del ilustre finado, debido al pincel del Sr. Navarro. Innumerables grupos de luces ordenadas simétricamente y diferentes piras, iluminaban el conjunto artístico del catafalco, obra del entendido artista D. Vicente Navarro. Sobre los lados del templo se leían los lugares y fechas de los hechos de armas más gloriosos del general Espartero.»

Muerte de Baldomero Espartero
(Museo de La Rioja)

«Entre la concurrencia numerosísima, distinguimos al Ilmo. Sr. Obispo de la Diócesis, al Excmo. Ayuntamiento, a los Sres. Jefes y Oficiales del Batallón Reserva de esta ciudad y a los dignísimos Sres. Juez y Fiscal de este Juzgado. La oración fúnebre que conforme anunciamos fue pronunciada por el elocuente orador sagrado Sr. D. Félix Martínez Espinosa, canónigo de la Sta. Iglesia Catedral de Murcia, fue un magnífico trabajo literario cuyo incontestable mérito es suficiente a demostrar el talento del Sr. Espinosa. La misa cantada, es, si no nos engañamos de Andreví; en cuanto a su ejecución… corramos un velo en señal de misericordia.»

«Este cuadro que desaliñadamente hemos bosquejado es un descolorido trasunto de las solemnes honras fúnebres que Orihuela ha celebrado en memoria del ilustre Duque de la Victoria, verdadera gloria de nuestra querida España.»

Príncipe de Vergara se mantuvo durante más de cuarenta años, compartido con Duque de la Victoria (ambos títulos ostentaba el famoso general Espartero).

Hasta el verano de 1921; cuando el Ayuntamiento quiso premiar los grandes y meritorios servicios prestados a la ciudad por Francisco Ballesteros Villanueva.

Ballesteros y su calle.
Coloreada por J. Manuel Dayas

Francisco Ballesteros fue un farmacéutico metido en Política. Según su inscripción en el Registro Civil, nació el 29 de octubre de 1852 a las 7 de la mañana, en la Puerta Nueva. Bautizado en la Catedral, era hijo del boticario Francisco Ballesteros y de Dolores Villanueva.

Comenzó su carrera política como secretario del Partido Constitucional. Ingresó en las filas liberales para convertirse en el hombre de confianza de Ruiz Capdepón en Orihuela a finales del siglo XIX. Ocupó todos los cargos posibles hasta que Capdepón decidió centrarse en la carrera de sus hijos. Ballesteros abandonó la política activa, a principios del siglo XX.

Tenía su casa en el Vallet y por ello se le dieron su nombre. Una comisión municipal le hizo una visita para comunicarle la decisión. El edificio, completamente arruinado en la actualidad, es la casa amarilla que hace esquina con el callejón del 5 de Marzo, antigua calle de Sarmiento de la que ya hemos hablado anteriormente.

Parece ser que esta traviesa entre San Juan y el Paseo nunca tuvo suerte. Esta nota publicada en «El Día», el 23 de junio de 1887, parece escrita hoy mismo. Sólo habría que cambiar «ligeras reparaciones» en la casa de Ballesteros por «amenaza de ruina»:

«La calle de Sarmiento de esta ciudad está de pésame, a las muchas desdichas que sobre ella pesan, ya en forma de escombros que obstruyen su tránsito, ya por su poco aseo. etc. etc. hay que añadir unas ligeras reparaciones que se han hecho en una casa, propiedad de D. Francisco Ballesteros Villanueva, y en la cual han dejado en su fachada y en la parte superior de ella tres canales, sistema antiguo, sin duda con el objeto de que por ellas llore sus desgracias la repetida calle. ¡Sr. Presidente de la Comisión de ornato!…. ¡no lo entiende V. ¡o es que D. Francisco tiene la famosa bula de Meco!.»

Casa Ballesteros.
José María Pérez Basanta.

Fallecido en 1923, en la Crónica de José Manuel Teruel Rebollo, cronista oficial de Orihuela en ese año, quedaron escritas estas líneas que os dejo a modo de biografía:

«Todos los meses tienen alguna nota triste, llevándosenos amigos que no vuelven; el presente nos ha dado esa nota dolorosamente repetida. Entre los que pasaron al lugar silente del eterno reposo está el ilustre patricio Excmo. Sr. D. Francisco Ballesteros Villanueva, oriolano que por sus merecimientos personales, por sus virtudes cívicas, por su talento político y su honradez depurada en el crisol de la pública administración, glorificó y enalteció el nombre preclaro de Orihuela.»

«No he de hacer su biografía bien conocida, pero quiero dejar aquí nota de los cargos que desempeñó siempre con el beneplácito de sus superiores jerárquicos y con el aplauso unánime de las masas populares.»

«Fue Concejal y Alcalde de Orihuela; Diputado Provincial y Presidente de la Diputación de Alicante y Gobernador interino de esta Provincia, siéndolo más tarde en propiedad, dos veces de Albacete y una de Valencia, donde al dejar de serlo, se le dio un banquete de despedida por todos los partidos políticos de aquella ciudad, que así agasajaba al Gobernador honrado.»

«Fue dos veces Diputado a Cortes por Villajoyosa, y al ser nombrado Senador Vitalicio su gran amigo y valedor, nuestro glorioso paisano D. Trinitario Ruiz Capdepón, le sucedió en la representación parlamentaria de este Distrito, del que fue Diputado en dos legislaturas, hallándose en posesión de varias condecoraciones, entre ellas la de Isabel la Católica y Carlos III y era jefe de Administración Civil. Siempre fue liberal y, al morir el Sr. Ruiz Capdepón, se retiró de la política.»

Francisco Ballesteros Villanueva.

«A él se deben mejoras tan importantes como la construcción de la Glorieta; el puente de Levante; la apertura de la calle de Loazes; el ensanche y adoquinado de la calle Mayor; y finalmente inauguró una era de moralidad política y administrativa que fue su gran ejecutoria.»

«Herido de muerte por la traidora apoplejía, falleció a los 70 años de edad, mereciendo el amor de los suyos, la admiración de sus amigos y el respeto de sus adversarios, siendo su entierro la manifestación popular de duelo más grande que se ha conocido en Orihuela. A la calle en que vivió se le ha dado su nombre, y el Ayuntamiento acordó celebrar un solemne funeral por el descanso eterno de su Alma.»

Vallet siglo XX
Archivo Mariano Pedrera
Vallet siglo XXI
José M. Pérez Basanta

La plaza de la Puerta Nueva

Al segundo sector en que quedó dividido el antiguo Vall, lo llamaron “Puerta Nueva”. Era el más amplio con diferencia a pesar de la reducción que supuso el asentamiento de nuevas viviendas.

Adosadas al muro y en los bordes de las acequias, el espacio aún permitía una especie de plaza como elemento articulador del moderno Arrabal de San Juan Bautista; un nuevo barrio que abarcaba y reunía los antiguos Ravalete y Arrabal de Elche.

Plasa de la porta nova.
AMO 1636-1660

Mientras se mantuvo el tránsito rodado que generaban las dos puertas, proliferaron los carreteros, herreros y carpinteros. Convertido en zona céntrica y con espacio disponible, atrajo también a otros muchos artesanos y profesionales.

En los repartos podemos encontrar chocolateros, guitarreros, torneros, comerciantes, tenderos y, por supuesto, tintoreros y cedaceros. Dan prueba de ello los callejones que conservan sus nombres gremiales. También la propia Carretería, de la que hablaremos seguidamente. Os dejo el recorte de un reparto del siglo XVIII. Mirando la profesión de los vecinos podéis deducir a qué traviesa corresponde.

Traviesa de Tintoreros
AMO 1783

La evolución de la zona en la Oriola foral está estudiada magistralmente por José Ojeda Nieto, en su libro “Orihuela imaginada, siglos XVI y XVII”.

De la citada obra, voy a extraer unas notas referentes a «la casa de les roques», un almacén situado en la Puerta Nueva donde guardaban las figuras que procesionaban en la fiesta del Corpus. Especial atención merece la Tarasca, un artificio con reminiscencias mitológicas de serpientes o dragones. Esta primera nota es de 1654:

«Memoria del gasto que yo Visente Saidía tengo [h] echo en la Tarasca… para las fiestas del Corpus y Santas Justa y Rufina: cama y pie de la Tarasca …., cañas para las costillas y espaldas…, perchas delgadas de álamo negro y blanco…., cordeles para coser la cabesa y cola de dicha Tarasca…… cola de carpintero para encolar el lienso primero…, [h] arina para engrudo del cartón de la cabesa…, color para pintar dicha Tarasca…, de vestir el cuerpo y cama de dicha Tarasca.., el cuerpo de una negra que se puso sobre dicha Tarasca…, por una inversión que se hiso para que rodase la dicha negra…, damasquillo fino de lana –y- tela para forrar el jubón –y- sinta …, y una ninfa vestida de damasquillo…»

Tarasca para la procesión del Corpus
Madrid, 1744. De la página “Hispana”

Esta otra es de 1660: «Lienso para la puertesica que entran y el cuello a la Tarasquica…. De engrudos y papel de estrasa y blanco para las alas y cabeza….. de vestir el negrillo de ensima…., de la balona que lleva dicho hegro….., de [h] aserle una cabeza, una corona de cartón plateada, una trompeta de cartón en los estremos de la plata, una banderola de tafetán azul con las armas de dicha Ill [ustr] e ciu[da] d, plateadas con el Oriol de oro y la vengala de color y plata…..»

Como ya he dicho, el espacio público se fue estrechando por las construcciones a ambos lados. Si en el siglo XVII la llamaban «Plasa de la Porta Nova», en la centuria posterior aparece en los padrones sencillamente como «Puerta Nueva».

AMO 1719

A mediados del XIX era uno de los sitios más concurridos de la población. Pero la categoría de paseo la alcanzó en enero de 1862; cuando se inició la construcción de un elegante y enrejado espacio de cuya obra se hizo cargo el maestro Francisco Sánchez.

Terminado en mayo 1863 y a petición del alcalde, acordaron llamarlo Paseo Príncipe de Asturias, en honor a Alfonso XII. Pero esta disposición nunca se llevó a efecto. Su titulación fue «Paseo de la Puerta Nueva» durante más de tres décadas.

Paseo de la Puerta Nueva
1879 Riada de Santa Teresa

Poco duró la alegría. En el verano de 1867, los vecinos de Puerta Nueva, Vallet, Carretería y Colegio ya pedían al Ayuntamiento la reforma del Paseo, «un panteón triste y sombrío» con incómodas escaleras, que reducía a dos callizos una de las mejores calles de Orihuela.

Hasta la construcción de la Glorieta era el sitio urbano más concurrido. Los días de fiesta la banda municipal amenizaba allí el recreo de los oriolanos. Pero aquel paseo, con sus bancos corridos de mármol, sus rejas y sus farolas, además de estorbar al tráfico, ocultaba en su interior una cloaca. En septiembre de 1886 aparecían las quejas en prensa:

«Aunque parezcamos molestos, no nos cansamos de llamar la atención de la autoridad hasta tanto no se disponga la limpieza de la especie de cloaca que existe en el Paseo de la Puerta Nueva»

«Sr. Alcalde, en bien de la humanidad disponga que se limpie el embovedado del indicado paseo, en la seguridad se lo habrá de agradecer el público, y en particular los pacientísimos y sufridos vecinos de la Puerta Nueva.»

Octubre de 1886, entrada del obispo Maura.
Colección Antonio Luis Galiano Pérez.

El problema se agravaba con el calor. La siguiente nota es de agosto de 1892: «Los asiduos concurrentes al paseo de la Puerta Nueva se quejan, de que se percibe un tufillo que sale por la alcantarilla sumamente desagradable al sentido del olfato, y apreciarían que por quien corresponda, se den las órdenes oportunas para que se proceda a limpiar la bóveda del paseo, si es que hay de ello necesidad, o averiguar la causa del mal olor.»

El Ayuntamiento hacía lo que podía y mandaba limpiarlo de vez en cuando; pero cada verano las quejas arreciaban. Ésta es de julio de 1894:

«Que se limpie. Es unánime y justo el clamor, que los vecinos y concurrentes al paseo de la Puerta Nueva, dirigen a la autoridad para que mande limpiar la alcantarilla que pasa por debajo de dicho paseo; pues además de las molestias que causa el pestilente olor que exhala, ofrece un peligro para la salud pública aquel foco de infección ayudado por los calores que aprietan.»

En noviembre de 1895: «Siguen los desprendimientos de gas de los pantanos en la bóveda del paseo de la Puerta Nueva. Y conste, que al hacer esta denuncia, no la hacemos por nosotros mismos, porque nos hemos habituado a estos perfumes.»

En esta situación de queja permanente llegó el primer cambio de titulación. En octubre de 1896, el semanario “El ateneo de Orihuela” anunció la posible visita de Mateo Sagasta.

«Visita al Sr. Sagasta. Con objeto de cumplimentar a su jefe, pasó el lunes a los baños de Fortuna una comisión del partido fusionista local, compuesta de 27 individuos y presidida por el Sr. Ballesteros. El Sr. Sagasta, cuya llaneza de trato es proverbial, recibió a los expedicionarios con la mayor afabilidad, y éstos a su vez, se vinieron gratamente impresionados del saludable aspecto que presenta su jefe a pesar de sus muchos años.  Les ofreció visitar a Orihuela antes de emprender su regreso a Madrid, si circunstancias imprevistas no se lo impiden.»

El uno de noviembre la visita estaba organizada:

«Visita extraordinaria. En la próxima semana, hará su anunciada visita a esta ciudad, el ilustre jefe del partido fusionista español,  Sr. Sagasta. Regularmente se alojará con toda su comitiva en el palacio de Arneva, conocido por la casa del Pavo, permaneciendo un día en ésta, durante el cual será, obsequiado con una ascensión y comida en el Seminario Conciliar. De la comitiva forman parte, además de otras distinguidas personas, tres ex ministros que son: los Sres. Ruiz Capdepón, Canalejas y López Puigcerver. Pocas veces se ha visto Orihuela honrada con huéspedes tan esclarecidos.»

Práxedes Mateo Sagasta.

Al final la esperada visita quedó en un almuerzo. Aún así, el concejal Ferrer Lafuente manifestó la honra que suponía para nuestra ciudad la visita del ilustre hombre de estado Práxedes Mateo Sagasta.

«La visita de Sagasta. Con objeto de esperarla, vino el martes a esta ciudad el Sr. Capdepón;  pero habiendo recibido aviso telegráfico que se habían alterado el itinerario y las estancias del viaje del señor Sagasta por habérsele recrudecido el catarro que sufre, salió en el mismo día para Murcia y Cartagena de cuya última ciudad regresó ayer con su jefe. La permanencia de éste en Orihuela ha sido breve. Llegó a las 10 de la mañana, almorzó en el alojamiento que se le tenía preparado en la casa del marqués de Arneva y prosiguió su viaje para Alicante a las 3 de la tarde. Le han visitado, además de las autoridades, las comisiones de sus partidarios de los pueblos del distrito.»

Y en la sesión del 14 de noviembre de 1896 quedó acordado que se perpetuase la fecha de su estancia en Orihuela, dando su apellido a una de las mejores calles de la ciudad, la de la Puerta Nueva. El propio Ferrer compró las dos planchas indicadoras de que la calle, en lo sucesivo se llamaría Calle de Sagasta.

Nota curiosa: La preponderancia de Capdepón en Orihuela quedó patente en la zona. Las tres calles que hoy tratamos obtuvieron títulos de políticos liberales (el propio Capdepón, Sagasta y Ballesteros). Sin embargo, Cánovas del Castillo, el otro firmante del Pacto del Pardo, siendo nieto de Orihuela nunca tuvo calle. Antonio Cánovas García, padre del famoso político conservador, era oriolano. Bautizado en la Catedral en febrero de 1792.

Calle de Sagasta
Colección Javier Sánchez Portas

Volviendo al «Paseo de Sagasta», en septiembre de 1899,  el Ayuntamiento recibió una nueva solicitud de demolición por parte de los vecinos. Además del tránsito incómodo y los malos olores, la infraestructura era muy deficiente. El agua de lluvia, encauzada por la alcantarilla que lo atravesaba, inundaba las casas con agua, lodo e inmundicias.

En la sesión del 7 de junio de 1900 se aprobó un recorte por la parte de la Carretería; revocando los muros y pintando rejas y asientos. Pero no se llevó a cabo. Con periódicas chapuzas se mantuvo unos años más.

En 1904 lo más acuciante era el paso subterráneo lleno de basura y animales muertos; una asquerosa charca de agua corrompida y cieno que despedía un olor insoportable:

«Hasta ahora todo el mundo creía que el paseo de la Puerta Nueva, dada su construcción actual, era solo un obstáculo en aquel sitio, pero nadie, al parecer, se había dado cuenta de que al mismo tiempo pudiera ser un peligro para la salud pública. Así es en efecto. Dicho paseo está edificado de manera que por bajo y con intención de que circulen las aguas, existe una especie de subterráneo que no responde a su fin.»

Paseo de la Puerta Nueva
Desde el Vallet.

«Hace pocos días se verificó por orden del Sr. Alcalde una limpieza en aquel lugar. Allí habían varios animales muertos en una asquerosa charca de agua corrompida y cieno que despedían un olor insoportable y visiblemente dañoso. ¿Es posible que  esto pueda existir en una de las calles principales de Orihuela, en una parte destinada nada menos que a paseo público? No: deben comprenderlo así nuestras celosas autoridades.»

Unos se quejaban de los olores y otros por el estorbo para el tránsito:

«El paseo de la Puerta Nueva debe desaparecer en su forma actual y cuanto antes mejor. El gasto es insignificante. Los asientos que ahora hay allí,  pueden distribuirse en bajo, ensancharse un poco las aceras y dejar una calle magnífica, sin que aquello pierda nunca el carácter de paseo. Las verjas y las escalinatas son un estorbo, las bóvedas son un peligro para la salud pública.»

Paseo de Sagasta
Principios del siglo XX.

En junio de 1907, el flamante alcalde José Escudero Zapata recordó que se había aprobado la demolición ocho años años antes y decidió ponerla en práctica inmediatamente. Algunos vecinos se opusieron, pero la corporación se mantuvo firme en la decisión. El paseo desaparecía para urbanizar la calle a nivel del suelo, sin rejas ni escalinatas. «La Huerta» ya lo anunciaba una semana antes:

«Dentro de pocos días se comenzarán los trabajos de ensanche en la calle de Sagasta haciendo desaparecer el antiguo paseo. Nos parece muy bien esta reforma que se debe a la iniciativa del Alcalde.»

«El paseo de la Puerta Nueva era un peligro para la salud pública y un estorbo en la calle de Sagasta. Por bajo de dicho paseo existe una alcantarilla que recibe las aguas. Estas generalmente se estancan y se corrompen. Este es el motivo principal que exige la desaparición del aludido paseo.»

En las sesiones municipales de junio y julio se discutió el espinoso tema del paseo y la comisión de Ornato presentó dos proyectos. El alcalde se decantó por convertir el antiguo paseo en un «boulevard». El concejal José Germán votó por la opción alternativa al considerar que quedaría la calle de Sagasta en el mismo estado; con dos callejas estrechas.

Los señores García y Garriga alegaron la necesidad de que Orihuela tuviese un paseo en condiciones; pues la Glorieta, además de apartada, era «foco de enfermedades palúdicas».

Al no haber unanimidad se pidieron dos presupuestos a Francisco Sánchez; y la resolución quedó suspendida para un estudio más a fondo. Por fin el 11 de julio se presentaron los dos proyectos con sus respectivos presupuestos para la reforma de la calle de Sagasta. Y se aceptó la opción «boulevard»:

«De hormigón con baldosín estriado, cuatro brazos de alumbrado y 14 bancos de hierro fundido con asiento y respaldo de madera. Lleva consigo el arreglo de las dos calles paralelas y las dos aceras con hormigón y baldosín.»

Calle de Sagasta
Primer cuarto del siglo XX.

El proyecto contó con los votos en contra de los señores Romero Sansano, Romero Rufo, Giménez, Pastor y Lucas. Esta clara división alentó a los periodistas de uno y otro signo político. Vamos a comenzar transcribiendo una simpática carta abierta publicada en la huerta con el título «Capdepón y las niñas»:

«Hoy, en la sesión del Ayuntamiento, se ha acordado derribar el paseo de la Puerta Nueva, y hoy se ha dado una lanzada al ilustre D. Trinitario y a las niñas de la calle de Sagasta. El alcalde ha creído que esa medida iba a proporcionarle unánimes alabanzas, pues de una calle antigua y fea, va a hacer una calle moderna con anchas aceras como apenas tenemos otra en Orihuela y yo le participo que no es así.»

«¿No sabe el Sr. Escudero Zapata que también los liberales intentaron llevar a cabo la reforma, y varias simpáticas jóvenes de la calle escribieron una carta a D. Trinitario, ordenando éste inmediatamente la conservación del paseo? ¿No se figura el Sr. Alcalde las ternezas, los argumentos sugestivos (que tal vez hicieran pensar a D. Trinitario que aún era mozo y debía ser galante) capaces de convencer a un santo, que esas niñas, bellas muchachas, deslizarían en esa carta?»

«¡Ah! El alcalde no habrá recibido otra igual seguramente. De lo contrario, el paseo no se derribaría. No hay quien se resista a una carta de esa naturaleza, tal vez perfumada; de seguro tierna y acaramelada como todas las cartas de mujeres, siempre escritas al corazón. Yo sé decir de mí, que por encima del ornato público y de todo lo público, está una carta firmada por unas jóvenes bellas y simpáticas. Y para D. Trinitario estuvo también. Me vale honra coincidir con el ilustre hombre público en eso de ceder a peticiones de mujeres. ¿Y por qué pedir la conservación del paseo las niñas de la calle de Sagasta?»

«El paseo es solitario; allá no acude nadie; está en una semioscuridad misteriosa. El amor gusta de soledad y esa semioscuridad que deja paso a las ilusiones del alma… ¿Sería por esto?… Si ella fue la razón yo maldigo en nombre del amor la reforma y reniego del Alcalde que quiere hacer una calle moderna destruyendo nidos de amor…. doy un aplauso a Capdepón que supo respetarlos.»

Calle de Sagasta
Colección Javier Sánchez Portas

Las críticas al proyecto se sucedieron. Y es que para colmo, por falta de previsión, una vez derribado el paseo no había presupuesto ni para adecentar la calle:

«Hoy el Paseo de la Puerta Nueva no existe más que en la memoria de los vecinos. En su lugar tenemos hoy un solar o «boulevard» como dicen que ha de llamarse, que está esperando como el santo advenimiento la terminación.»

«Que el tal «boulevard» es un escarnio para Orihuela no solo lo decimos nosotros, sino que en pública sesión del Ayuntamiento se ha dicho; prescindimos de las condiciones estéticas de ese esperpento, solo nos ocupamos del papel que juega en los días de lluvia. Lo que sucede es verdaderamente escandaloso, el agua se estanca de un modo, que perjudica al aseo y saneamiento de dicha calle.»

«En los días de lluvia, frecuentes en la estación presente, se convierte la calle de Sagasta en un lodazal que origina mil molestias, no solo a los vecinos sino también a todos los que por su mala estrella se ven obligados a pasar por un punto tan céntrico. Ya, como hemos dicho, se ha quejado de esto un concejal en la pasada sesión, y se le ha contestado que eso se obviará en cuanto se abran unas zanjas a los lados del “boulevard”, zanjas que parece ser que se abrirán el próximo Enero.»

Calle de Sagasta
Colección Javier Sánchez Portas

En noviembre se autorizó al alcalde para la construcción y reparación de la calle Sagasta con un presupuesto de 1500 pesetas; y comenzaron las obras. Pero el resultado tampoco convenció a los detractores:

«Hora era ya de que el abandonado paseo de la Puerta Nueva, fuese arreglado, conforme a los proyectos de la Corporación municipal. Puede decirse que su derribo fue el primer acuerdo de los conservadores, y ciertamente que anduvieron diligentes en destruirlo; pero verdad es también que han estado reacios y perezosos para reedificarlo. Creíamos, y con nosotros todo el pueblo, que al destruir el antiguo y memorable paseo, se aprovecharía aquella espaciosa calle para hacer un hermoso paseo en bajo, con arbolado espléndido, aprovechando la magnífica disposición de la anchurosa vía; y así lo ofreció el Ayuntamiento, mas los tiempos cambian y las promesas se las lleva el viento.»

«El Alcalde y los que tal idea concibieron; o mentían al propalarla, o no contaban con la estrechez de un presupuesto que apenas sí da para cubrir las atenciones más perentorias del municipio. Dejaron volar su imaginación, y en alas de la fantasía calenturienta, se remontaron a la región de las grandezas, para caer después en la realidad misérrima y ridícula. Soñaron como los grandes señores, y despertaron como los mendigantes. Quitaron a la ciudad un paseo viejo, sí; pero lleno de recuerdos que rejuvenecían la imaginación de los ancianos; y a un pueblo que como el nuestro, no está sobrado de lugares de esparcimiento, le restaron uno de los más clásicos.»

«¿Y para qué? Para tener convertida en barranco aquella calle durante algunos meses, y para transformarla después en una vía vulgar como cualquiera otra. Según manifestación del propio Alcalde, el presupuesto para el arreglo de la calle de Sagasta es de unas seiscientas pesetas; y estando casi agotado el capítulo de obras en el presente ejercicio económico municipal se acordó que se empezará el arreglo llegando hasta donde diera de sí la cantidad restante; no haciendo más que construir las aceras y arrecifar el arroyo. (…) más valiera que hubieran dejado las cosas tal y como estaban, porque así no hubiera salido perjudicado el pueblo con el cambio. Las generaciones futuras sabrán que hubo un paseo llamado de la Puerta Nueva, al que hizo desaparecer el capricho del Ayuntamiento presidido por el señor Escudero, dejando en su lugar una mala calle.»

En cuanto a rotulación, durante el siglo XX le cambiaron el nombre varias veces. La primera fue en 1931, nada más iniciarse la II República. De calle de Sagasta pasó a Nicolás Salmerón, uno de los cuatro presidentes de la I República.

En 1939, justo al acabar la Guerra Civil, le otorgaron el nombre de General Mola; pero aquello duró una semana. El Boletín Oficial del Estado ordenó a las Comisiones Gestoras que se abstuviesen de revisar los nombres de vías y plazas públicas.

Paseo de Sagasta
Colección Javier Sánchez Portas.

En julio de 1940, con motivo de la celebración del cuarto aniversario del asesinato de José Calvo Sotelo, el teniente de alcalde, Juan Villaescusa, propuso reservar su nombre para la plaza que resultase del demolido convento de Santa Lucía. En octubre de ese mismo año se repartieron por fin las calles destinadas a los “mártires de la cruzada” y Calvo Sotelo quedó en el aire. Al General Mola le tocó una calle en San Bartolomé.

Entrada Obispo Pablo Barrachina 1954
Colección Javier Sánchez Portas.

En noviembre de ese mismo año el alcalde, Mariano Belda, se lamentó por haber olvidado, al otorgar los nombres de las calles, al “insigne patricio y primer mártir de la revolución”. Para remediarlo titularon como Paseo de Calvo Sotelo a la calle de Sagasta. 

El Paseo de Calvo Sotelo

Y así se ha mantenido oficialmente hasta 2012, fecha en la que la Memoria Histórica fijó su nombre actual; el que han utilizado los oriolanos desde el siglo XIX; “El Paseo”, la calle donde yo nací.

El Paseo de Calvo Sotelo
Archivo Mariano Pedrera.

La Carretería

El tercer y último sector en el que se dividió el antiguo Vall pasó a llamarse “lo carrer de Carreros”. Su estratégica situación, entre las puertas Nueva y de Crevillente atrajo a carreteros, carpinteros y herreros; artesanos que reparaban los vehículos que allí aparcaban al llegar a la ciudad desde Valencia, Alicante o Callosa.

AMO Siglo XIX

Queda claro porqué, hasta el siglo XVIII, se le llamó Carretería Vella o Vieja; y, a partir de entonces, simplemente Calle de la Carretería.

En dicha calle vivía el político Trinitario Ruiz Capdepón, personaje que comenzó su carrera política en 1868, en la Junta Revolucionaria de Valencia. En las elecciones del año siguiente, consiguió un escaño en el Congreso por Játiva, Valencia.

Diputado Ruiz Capdepón
Retrato autógrafo 1869
Colección Javier Sánchez Portas

Según cuenta la prensa en abril de 1887 tenía una casa en mal estado:

«Existe una casa en la calle de la Carretería que por un fenómeno de equilibrio se sostiene en pie, siendo una amenaza constante para el transeúnte (…) ¿Cómo es que con otras que se encontraban en estado ruinoso se ha procedido a su denuncia y demolición o compostura y nadie osa meterse a denunciar la casa de que tratamos? ¿Es porque es propiedad del Subsecretario del Ministerio de Gracia y Justicia Sr. Capdepón? Sin duda alguna esta es la única razón que existe para que continúe el ruinoso edificio amenazando venirse al suelo, razón que debía convertirse en estímulo de las autoridades para cumplir con su deber.»

El 14 de junio de 1888 el subsecretario Trinitario Ruiz Capdepón se convertía en ministro de Ultramar. Y la alegría se desbordó por todo el distrito electoral.

Al día siguiente, en Callosa, las campanas de todas las iglesias se echaron al vuelo mientras una concurrida manifestación de júbilo recorrió sus calles vitoreando a Capdepón a los acordes de la banda de música.

Trinitario Ruiz Capdepón
«La Esfera» 18 de marzo de 1916.

En Orihuela todos los edificios públicos y muchos particulares aparecieron con colgaduras festivas. El sonido de las campanas, de la banda de música y el estampido de los morteretes inundaron la población. Por la noche lució la iluminación general y tuvieron serenata en el paseo de la Puerta Nueva.

La Corporación municipal oriolana celebró una sesión extraordinaria aprobando por unanimidad las siguientes disposiciones:

«1. Remitirle un telegrama de felicitación en nombre del Excmo. Ayuntamiento. 2. Nombramiento de una comisión compuesta del Alcalde-presidente, y de los señores concejales Moreno, Román, Vázquez, y Ferrer, que pase concluida la sesión a felicitar a la Sra. Dª. Josefa Capdepón, anciana madre de nuestro representante en las Cortes. 3. Sustituir el nombre de la calle de la Carretería por la de Ruiz Capdepón, festejando con música, la colocación de la lápida que lo acredite. 4. Ofrecerle una medalla de oro conmemorativa de la fecha de su nombramiento para ministro. Y 5. Adquirir el retrato de este esclarecido hijo de Orihuela para colocarlo en el salón de sesiones.»

El cuadro se lo encargaron a Joaquín Agrasot y se mantiene colgado en el ayuntamiento.

«Se han remitido a nuestro distinguido paisano el pintor Sr. Agrasot, dos fotografías del Sr. Capdepón, para que proceda a hacer por encargo del Ayuntamiento, un retrato de nuestro ilustre paisano el señor ministro de Ultramar.»

Retrato de Trinitario Ruiz Capdepón. Joaquín Agrasot. 1888.
Cedido gratuitamente al Ayuntamiento de Orihuela.

El rótulo, labrado en piedra blanca de Bélgica, se instaló el 28 de junio, cambiando la secular titulación de calle de la Carretería por calle de Ruiz Capdepón. «La Crónica publicó esta curiosa noticia:

«El jueves en la tarde sustituyóse el rótulo de la calle de la Carretería por el de Ruiz Capdepón. Pero no amenizó el acto la banda de música, como así lo pidió un concejal en la sesión de Ayuntamiento en que se trató de esto. Sin duda le amenazaron con tocar el himno de Riego y tendría que renunciar a su petición. ¿Se creería este señor que iban a tocar la marcha real?»

Casa de Ruiz Capdepón
Colección Ajomalba.
«Blanco y Negro»
26 de marzo de 1898.

En octubre de 1898 don Trinitario presentó en el ayuntamiento los planos confeccionados por el arquitecto madrileño Mariano Belmás, para construir una vivienda que ocuparía el solar resultante del derribo de cinco casas en las calles Ruiz Capdepón, Santa Lucía y Bellot.

Hotel Internacional (Madrid).
La fachada es obra de Mariano Belmás en 1907.   

Mariano Belmás Estrada (1850-1916), fue un arquitecto esencial en la renovación urbana de Madrid de finales del XIX. En el cambio de siglo diseñó varios edificios de viviendas para distinguidos personajes madrileños utilizando distintas variantes del estilo ecléctico. Como diputado y senador, debió relacionarse con el ministro oriolano cuya casa concluyó en 1905.

Casa de Ruiz Capdepón
Caja de Socorros y Ahorros.
Colección Javier Sánchez Portas.

Trinitario Ruiz Capdepón falleció en Madrid el 13 de febrero de 1911. En abril de 1918, el alcalde Antonio Balaguer Ruiz propuso erigir un monumento a Capdepón; colocando su estatua en el centro de la Plaza de la Constitución (Plaza Nueva). Se acordó cubrir los gastos por suscripción popular, encabezada por el Ayuntamiento con mil pesetas. Nunca se llegó a fundir. Pero se conserva el molde.

Entierro de Trinitario Ruiz Capdepón
Presidencia duelo. «La Unión ilustrada». 19/2/1911
Trinitario Ruiz Capdepón
Molde en yeso para el busto no fundido
Colección Javier Sánchez Portas

La casa de la Calle Santa Lucía, 12/ Ruiz Capdepón 1 pasó a manos de la Caja de Socorros y Ahorros de Orihuela, conocida popularmente como «La Agrícola».

Dicha entidad financiera atravesó serias dificultades económicas durante la II República. En mayo de 1935, durante el bienio reformista, la Comisión Gestora municipal integrada por cedistas, radicales y agrarios, alquiló los bajos del edificio para instalar la Caja de Reclutamiento y el Batallón de Reserva de la Ciudad.

Cuando la Caja de Socorros y Ahorros vendió el edificio a Antonio Alonso Cifuentes, este se encontró de ocupa al teniente coronel de reclutamiento. El nuevo propietario solicitó al Ayuntamiento el desalojo de la vivienda; alegando que el contrato en vigor sólo incluía el alquiler de las oficinas.

Casa de Ruiz Capdepón
Caja de Socorros y Ahorros.
Colección Javier Sánchez Portas.

Tras la Guerra Civil, los bajos alojaron la jefatura comarcal del sindicato vertical conocido como “Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos”.

Casa de Ruiz Capdepón
Jefatura Comarcal del «Sindicato de Labradores»
Colección Javier Sánchez Portas.

En los años setenta del siglo pasado cayó demolida a bolazo limpio. Yo mismo presencié su destrucción y puedo dar fe de lo que costó tumbar una casa cuyos cimientos eran parte de la muralla oriolana. Otro desastre patrimonial sin sentido.

Colección Javier Sánchez Portas

Pero volvamos a la calle. Al igual que le ocurrió al Paseo durante la Segunda República, le otorgaron el nombre de un presidente de la Primera. El 30 de enero de 1932 pasó a llamarse calle de Francisco Pí y Margall. Al acabar la Guerra Civil recuperó el nombre de Ruiz Capdepón que todavía conserva.

Al final de la Carretería permanecen unas ruinas suspendidas en la sierra para recordarnos que la muralla ascendía por ahí hasta llegar al castillo; justo donde estuvo durante siglos la Puerta de Crevillente; de la que hablaremos en la siguiente entrega.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).



Callejeando 29. El arrabal de San Juan Bautista 4.

La Calle de San Juan (Naveros).
José María Pérez Basanta.

La Calle de San Juan, Naveros y la Virgen del Remedio.

Calle de San Juan
Empezando por la salida de los huertos.

AMO 1714-1719

Nuestro anterior paseo quedó interrumpido en la Barrera de Almoradí, anexa a la de San Juan. Ambas barreras se convirtieron en una calle al urbanizar en paralelo los huertos fronterizos. Este es el origen del topónimo adoptado por la zona: «Los Huertos».

AMO 1714-1719

El arco del Remedio:

Penetramos de nuevo en el arrabal por el desaparecido arco del Remedio de la Calle de San Juan; un viejo portillo entre las puertas de Callosa y Almoradí ornamentado y ampliado cuando estaba a punto de iniciarse el siglo XVIII.

Gozos a Ntra. Sra. del Remedio.
Nuestra Señora del Remedio.
Calle de San Juan. 1910.
Archivo J. Damián Rocamora.

“Los Remedios” es advocación mariana muy ligada desde sus orígenes a la Orden de la Santísima Trinidad, instalada en el barrio desde el siglo XVI. La propia palabra hace alusión a lo que restablece la salud. Es por eso que el pueblo la abrazó como abogada contra la peste.

Tanto en Alicante – donde es patrona- como en Orihuela, esta devoción llegó de la mano de los trinitarios, penetrando profundamente entre los vecinos de esta zona de huerta intramuros.

Iglesia y convento de la Trinidad.
José María Pérez Basanta.


Según refleja Gisbert en su «Historia de Orihuela», en 1613, dos labradores compraron un lienzo de la Virgen de los Remedios y lo colocaron frente al callejón de Reales, muy cerca del de Cantareros. En 1755, predicando el trinitario Francisco Manzón, renovaron el lienzo y el antiguo lo sortearon entre los mayordomos de su cofradía, que tenía la sede en el convento de la Trinidad.

En la peste de 1648 Alicante atribuyó la sanación de la epidemia a la intercesión de la Virgen del Remedio; y no olvidemos que los trinitarios viajaban constantemente al puerto de Alicante para llevar a cabo su función de redimir cautivos.

Ntra. Sra. del Remedio.
Alicante

Sea como fuere, edificado el arco de la calle San Juan en 1699, le colocaron una imagen de la Virgen del Remedio, protectora contra las epidemias. Dicho arco fue reedificado en 1765 al igual que el de la Corredera; y llegó a siglo XX en condiciones aceptables. En el reverso de la siguiente fotografía, fechada el 23 de octubre de 1910, está escrito:

“Orihuela, 23 de Octubre de 1910. A D. Domingo Guillén. Recuerdo de la fiesta celebrada en la calle de San Juan, en honor a Ntra. Sra. del Remedio, venerada en su hermita (sic) de dicha calle, el día de la presente fecha. El mayordomo, Tomás J. Leonís». Rubricado.

Nuestra Señora del Remedio.
Calle de San Juan. 1910.

Archivo J. Damián Rocamora.

Gracias a la prensa de principios del siglo XX sabemos que, en 1908, los vecinos habían costeado una nueva y hermosa peluca para la virgen del Remedio; y que en 1911, una vecina llamada Julia Mercader pagó de su bolsillo un rico manto que luciría en la procesión.

Al igual que en la Corredera, los vecinos de la Calle de San Juan celebraban anualmente las fiestas de su patrona. Dichas fiestas duraban tres días repletos de actividades. Mejor os dejo un programa publicado en 1912:

«Viernes tarde, al toque de oraciones, salvas, voladores y dulzaina. Sábado, durante varias veces y a distintas horas, repique de campanas, voladores, dulzaina, y salvas. El domingo, función religiosa, en la que oficiará el beneficiado de esta Catedral, Monserrate Celdrán y será orador sagrado, el canónigo de la misma, don José Díaz; por la tarde, juegos populares; y al toque de oraciones, la solemne procesión, conduciéndose la imagen de la virgen del Remedio, desde el monasterio de San Juan, al eremitorio; y por la noche, velada musical, disparándose después, una preciosa cuerda de fuegos artificiales. Durante los tres días, la calle estará lujosamente engalanada, y los dos últimos por la noche, lucirá una espléndida iluminación de arcos eléctricos.»

El anuncio de las fiestas de la calle San Juan continuó apareciendo regularmente en prensa hasta la desaparición de los periódicos locales, en 1931. Y cada año presentaban alguna novedad; como la elevación de globos aerostáticos o la batalla de flores de 1929.

El principio del fin del arco llegó con la instalación de un potente motor de riego en 1913. Tras dos años de funcionamiento, los vecinos se quejaron de la «bomba que subía las aguas de la acequia de Escorratel»; cuyo acueducto pasaba por debajo del arco y lo estaba arruinando completamente. Su denuncia quedó impresa en las páginas de “El Conquistador”:

«Según manifiestan los vecinos de la calle de S. Juan, en 14 del pasado mes de Noviembre (1915), elevaron una instancia al Excmo. Ayuntamiento, en la que exponían que el arco de entrada a dicha calle, en donde se venera la imagen de Nuestra Sra. de los Remedios, se ve amenazado de inminente ruina a causa de la reciente elevación de las aguas, que mecánicamente se obtienen por el “Heredamiento” de la acequia del Escorratel.»

«Que esas aguas son perjudiciales por la excesiva humedad que producen en los edificios colindantes a dicho arco, y que por tanto, rogaban a la Excma. Corporación, que se obligara al «Heredamiento» que beneficia esas aguas, bien a fortificar los cimientos del arco de referencia con fabricación hidráulica, bien entubando las aguas que se eleven para evitar filtraciones. Cerca de un mes hace, Sr. Alcalde, que se ha presentado la instancia suscrita por los vecinos de la calle de San Juan, y esta demora en la resolución de ella, hace también que preguntemos: ¿Tiene S. S. noticia de esa solicitud?…»

«… El bien público, debe, como no ignora S. S.; anteponerse siempre al bien particular de una empresa o entidad cualquiera por respetable que sea; mucho más en el caso presente, en que de desplomarse el arco de referencia, pudieran ocurrir desgracias personales, tratándose como se trata de un punto de constante y obligado tránsito a la carretera. Confiamos pues, Sr. Alcalde, en que dispondrá que con la mayor urgencia, se proceda a las reparaciones a que haya lugar.»

El alcalde mandó repararlo y, en febrero de 1916, “El Conquistador”le dedicó una letras:

«Como nos han informado que se han hecho ya las oportunas reparaciones de albañilería, para evitar el que las aguas que el «Heredamiento» extrae de la acequia del Escorratel continuaran socavando los cimientos del arco de la ermita de la calle de San Juan y edificios colindantes, no podemos por menos que aplaudir a S. S. si bien con la salvedad, de que para llevar a cabo esas reparaciones, no bastaron nuestras denuncias, sino que fue preciso que las aguas de tal acequia rebosaran, corriendo libremente por dicha calle de S. Juan.»

Vecina de la calle de San Juan.
Gaspar Poveda Grau.

A pesar de aquella rehabilitación, el deterioro continuó reforzado por el paso de vehículos cada vez más grandes y potentes. La última noticia que he encontrado relativa al arco ya la mencioné en la Corredera. Está fechada en 1926; cuando Severiano Sánchez Ballesta, arquitecto municipal, aconsejó el derribo de ambos arcos por no tener valor artístico y provocar rincones infecciosos impidiendo el tránsito de grandes vehículos.

En el proyecto de demolición, Sánchez Ballesta incluyó la construcción de una hornacina o capilla al costado de la calle para albergar la desahuciada imagen mariana. Y el 9 de diciembre de 1928 se inauguró su nuevo emplazamiento con un gran festejo:

«El pasado día nueve a las once de su mañana tuvo lugar la bendición de la nueva Ermita construida en la calle de San Juan de esta ciudad de la que es Patrona nuestra Señora la Virgen del Remedio. El local que estaba artísticamente adornado con profusión de luces y flores fue bendecido por M. I. Sr. Dr. D. Luís Almarcha asistido del sacerdote Don Ramón Garriga; acudieron al acto una representación del Excmo. Ayuntamiento, la Mayordomía y todos los vecinos de la calle entre los que reinó un gran entusiasmo.»

«Se dispararon multitud de bombas y al final los invitados fueron espléndidamente obsequiados con dulces, licores y cigarros.  Felicitamos a los vecinos de dicha calle por la fe y entusiasmo que tan visiblemente profesan a su patrona y muy especialmente a las camareras y mayordomos que tan incansablemente trabajan por el mayor esplendor de los festejos que tan acertadamente saben organizar.»

En recuerdo de aquel arco, en la esquina con Ronda de Santo Domingo, permanece una hornacina de la Virgen del Remedio, la advocación venerada durante siglos por los vecinos de la calle de San Juan.

Nuestra Señora del Remedio.
Hornacina Calle de San Juan.

Lo Carrer de Sant Joan, la calle de San Juan.

Como hemos podido comprobar a lo largo de nuestro paseo, las iglesias y conventos han marcado la nomenclatura vial oriolana provocando titulaciones que han resistido el cambio de idioma y el paso de los siglos.

Es el caso de Santa Justa, Santiago, San Agustín, San Francisco, el Carmen o San Sebastián. Nombres que han aguantado incluso la desaparición del edificio, como San Gregorio, Capuchinos o Santa Lucía.

Únicamente durante el breve paréntesis de la II República, nuestros munícipes osaron alterar alguna titulación religiosa. Y de todas ellas, sólo una se mantuvo ausente durante la Dictadura de Franco y buena parte de la Democracia. Un largo paréntesis que acabó en el año 2012 gracias a la Ley de Memoria Histórica: Lo Carrer de Sant Joan/ la calle de San Juan.

Lo Carrer de Sant Joan
AMO 1636-1660

En abril de 1913 el concejal García Murphy  propuso darle el nombre del doctor Sarget por haber tenido éste farmacia y clínica en la calle de San Juan. Pero dicha propuesta llevaba la siguiente coletilla: “Si esto pudiera suponer molestia para los sentimientos religiosos de los oriolanos, que se dé su nombre a la calle de la Feria”. Ya sabemos el resultado.

El primer titular de la calle, después de San Juan, fue José Rogel Soriano; uno de los músicos españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XIX. No confundir con su hermano Federico, el de los Cantores de la Pasión, quien como hemos citado en su momento, conserva su calle cerca de la Corredera.

Ambos eran hijos de José Rogel y Bernarda Soriano; casados en 1827 en la Parroquia de Santiago. Aunque este matrimonio bautizó en la Catedral a siete niños y dos niñas, en el censo de 1854 vivían en la Puerta Nueva (el actual paseo) con tres hijos varones y una sirvienta. José era diez y seis años mayor que Federico. Entre los dos estaba Mariano.

La primera petición de una calle para José Cayetano Rogel Soriano llegó en septiembre de 1929; cuando J. Poveda Mellado escribió la siguiente biografía en el periódico “Actualidad”.

«GLORIAS DEL ARTE. José Rogel Soriano. Hojeando cierto día uno de los tomos de la gran obra del Diccionario Enciclopedia Espasa, di con el nombre de este ilustre compositor: José Rogel. De su biografía pude sacar los siguientes datos:»

«José Rogel, compositor español, nació en Orihuela en 1829 (su partida de nacimiento dice que fue en 1827, fecha que cuadra con la del padrón) y murió en Cartagena el 26 de enero de 1901. Tuvo por maestro de piano al organista don Pascual Pérez, el cual le dio gratuitamente lecciones de composición, contrapunto y fuga. Se dedicó a la música desde muy niño, y a la inverosímil edad de nueve años, instrumentó algunas piezas, de ópera; de donde podernos admirar que Rogel fuera más adelante, y en la villa y corte de Madrid, uno de los grandes maestros; sabedlo así. Sus composiciones son tantas que sería un absurdo obvio el hacer mención de ellas en estas cuatro líneas que le dedicamos a su memoria.»

«… Poco tiempo duró su estancia en Orihuela; Rogel Soriano fue mandado por su padre a Valencia para cursar la carrera de leyes, y durante su estancia en la misma, despilfarró su actividad en un sin número de composiciones: misas, marchas, villancicos, bailables, jotas, estudios de solfeo, flauta y piano, y tal actividad se continuó en Madrid, donde el incansable maestro escribió la friolera de 181 obras; algunas de ellas en un acto, en dos, en tres y en cuatro. Su primera obra estrenada, en el teatro Lope de Vega, en 1854, fue «Loa a la libertad». Creador del llamado género bufo, de sus obras, «El joven Telémaco», fue la que más éxito obtuvo, siendo ésta representada en Madrid el mismo día que murió su autor.»

«Rogel Soriano nos es grato mencionar que fue director de orquesta, teniendo a su lado, y como segundas partes, a los ilustres e inmortales maestros, gloria de la música, Bretón y Chapí. Le fue impuesta por S. M. el Rey, don Alfonso XII, la Gran Cruz de Carlos III y la Cruz del Cristo de Portugal, y por lo cual era Excelentísimo e Ilustrísimo señor, como así figura en Madrid entre los grandes hombres.»

«Rogel Soriano terminó su carrera siendo abogado a los 18 años; pero para nada quiso hacer uso de la misma. Por sus méritos sobrados,  justo es que así como otros oriolanos ilustres (…) Rogel Soriano tenga también en nuestra ciudad una calle que perpetúe su gloriosa memoria. Es justo, repetimos, y debe hacerse.»

La calle de San Juan fue titulada con su nombre en mayo de 1931, recién proclamada la II República. Y permaneció como calle de José Rogel Soriano hasta abril de 1939.

Renacer
9 de mayo de 1931

El ilustre músico falleció en 1901; y precisamente en ese año, nació en Valencia Antonio María Piniés y Roca de Togores; el siguiente titular de la calle de San Juan.

Antonio Piniés, hijo del barón de la Linde, se casó con María Luisa Almunia Roca de Togores, hija de la marquesa de Rubalcava. La boda se celebró el 25 de abril de 1927, en el oratorio privado del Palacio de Rubalcava; y ofició la ceremonia el Vicario General de la diócesis y Chantre de la Catedral, Luis Almarcha. Una vez casados, la pareja se instaló en una casona de la Calle Santa Lucía, propiedad de la marquesa de Rubalcava: el actual palacio de la Linde.

Actual palacio de la Linde.
Colección Javier Sánchez Portas.

Durante los sucesos del 18 de julio de 1936 que provocaron la Guerra Civil, Antonio era jefe local de Falange Española y estuvo implicado en el intento de liberar a José Antonio Primo de Rivera. Detenido posteriormente, en noviembre de ese mismo año fue juzgado en Alicante por un Tribunal Popular y condenado a muerte. Acabó fusilado en el cementerio municipal alicantino, víctima de una represalia por los bombardeos a la capital.

Calle de Antonio Piniés.
1940-2012.

Cuatro años después, en el homenaje franquista a los “mártires de la Cruzada”, la calle de San Juan recibió su nombre “con el fin de testimoniar el reconocimiento que Orihuela debía al libertador de España de las garras del marxismo, al iniciador del glorioso alzamiento y en el resto de los designados al elemento civil a Falange, a los tradicionalistas y a los militares que dieron sus vidas por Dios y por España”

Esta titulación duró desde de octubre de 1940 hasta junio de 2012, fecha en la que se aplicó la Ley de Memoria Histórica. Pero como había ocurrido con otras titulaciones seculares, el cambio había sido a nivel postal. Para los oriolanos siempre fue la calle de San Juan, titulación que mantiene en la actualidad.

José Rogel Soriano, otro ilustre oriolano olvidado, se quedó sin calle para siempre. Como consuelo, su nombre aparece impreso en uno de los medallones que adornan el Teatro Circo de Orihuela.

Huerto conventual de San Juan.
Antonio Ballester Vidal.

Antes de pasar a hablar de edificios, de traviesas o callejones, hay que decir que la que hoy conocemos como calle de San Juan estaba dividida en dos partes claramente diferenciadas. La más cercana al arco era una amplia zona agrícola con escasas viviendas.

Abarcaba, a lo ancho, desde el Colegio de los dominicos a las traseras de la Corredera; y a lo largo, desde la barrera al callejón de Reales; o lo que es lo mismo hasta las tapias del convento de las clarisas.

Huerto de las Clarisas.
Antonio Ballester Vidal.

Del muro a Reales, la calle no era más que un polvoriento camino entre huertos; destacando especialmente una enorme finca cuyo propietario era Miquel Peres de Terol, personaje del siglo XVI identificado por Ojeda Nieto.

AMO 1636-1660.

José Manuel Dayas ha localizado a un personaje homónimo bautizado en la Catedral de Orihuela, en el verano de 1573. Se llama Miguel Pérez; y en su partida de bautismo, la madrina esta registrada como «Beata Terola». Probablemente fuese su hijo.

La extensa propiedad aparece en los padrones como «solares de Terol» o «Raval de Terol». La más completa definición, localizada un padrón del XVII, dice así: «Solares de Terol desde la calle de reales hasta la barrera».

AMO 1636-1660.

Para haceros una idea de cómo era esta zona agrícola intramuros sólo tenemos que compararla con la huerta oriolana en la actualidad. Viviendas pegadas a los caminos formados en torno a las acequias. Dichas acequias eran utilizadas como alcantarillado al aire libre provocando olores, inundaciones y estorbos, sobre todo durante las mondas. A pesar de la progresiva urbanización, la división se mantuvo hasta el siglo XIX. 

Gisbert, en su «Historia de Orihuela» lo explica así: “La calle de San Juan recibe por el vulgo el nombre de Naveros por lo que se refiere a su segunda mitad, la más próxima a la huerta”.

Calle de San Juan
Archivo Mariano Pedrera

Desgraciadamente no he conseguido averiguar la procedencia de esa titulación oficiosa. La raíz toponímica “nava” proviene de un sustantivo latino que hace referencia a una zona llana, pantanosa o inundable. Aparece en muchos municipios y accidentes geográficos de toda España.

Navero puede ser originario de las Navas o también un apellido. La segunda opción es poco probable; pues no hemos encontrado ningún individuo bautizado con ese apellido en la provincia de Alicante. La relación podría estar en las frecuentes inundaciones que sufría la zona.

«Esperan los vecinos de la segunda parte de la calle de San Juan que oigan sus justísimas aspiraciones; para no ahogarse en tiempos de riada, y no enfangarse en los de lluvia.»

Esta noticia publicada en «El Pueblo» en febrero de 1925 demuestra que la antigua zona agrícola intramuros seguía claramente diferenciada bien entrado el siglo XX. Aún hoy, escondidos tras las tapias de los callejones, permanecen como recuerdo el huerto de las clarisas y el del barón de la Linde.

Fotografía Google.

En la parte de Naveros tenemos tres callejones a cada lado. El primero se llama Flete y no aparece en los padrones hasta el siglo XIX. Esta palabra sólo se usa ya en el transporte marítimo; pero según la Real Academia, el término sirve para cualquier tipo de transporte. Es más, ponen como ejemplo «los arrieros buscan flete». La proximidad del arco me hace pensar que, una vez ensanchado este en la segunda mitad del XVIII, se convirtió en una especie de carretería.

Hace mucho que no tiene placa. Mostraba su humilde nombre pintado en la pared hasta que tiraron la casa esquinera. Esta calleja y la de Mojica -que sí aparece en el siglo XVII-, eran un solo callejón que giraba sobre sí mismo para acabar en el punto de partida; por lo que vulgarmente lo llamaban “del Rodeo”.

AMO 1636-1660.
Fotos Ajomalba.

Lo mismo ocurría con las de Escala y Bolas; dos calles sin salida que terminaban en huertos. El de Escala es nombre antiguo que ya figura en el XVII. Bolas es más reciente, seguramente del XIX.

De estos cuatro callejones, actualmente sólo el de Mojica tiene salida gracias a la Calle Ramón Sijé, abierta en el siglo XX. Así pues, en este primer tramo de la calle, los callejones (antes caminos de huertos) no tenían salida.

AMO 1636-1660.
Fotos Ajomalba.
La Calle de San Juan.
José María Pérez Basanta.

De la calle Cantareros, que comunica con la Corredera, ya hemos hablado en la entrega anterior. La de Reales es título antiquísimo que aparece al menos desde el siglo XVI. Era un sendero entre tapias de huertos, un camino público que garantizaba el paso hacia el camino real al estilo de las veredas de realengo en la huerta, de ahí probablemente su nombre.

Cantareros desde Reales
Fco. Luis Galiano Moreno.

AMO 1636-1660.

A partir del cruce con Reales empezaba la parte urbanizada; la verdadera calle de San Juan. En la anterior imagen, obtenida de un padrón del siglo XVII queda bastante claro el espacio que abarcaba: calle de San Juan de la calle de reales a los hostales.

La Calle de San Juan.
José María Pérez Basanta.

En esta parte tenemos otras tres traviesas: Barberos, ya mencionada en la Corredera; Cedaceros y Cinco de Marzo. Cedaceros es otro nombre gremial que hace referencia a los artesanos que fabricaban cedazos y cribas.

Rótulo Cedaceros.
Madrid.
La Calle de San Juan.
José María Pérez Basanta.

La de Cinco de Marzo era una callejuela sin puertas que, hasta hace poco, conservaba una bella colección de rejerías. Ahora está totalmente deteriorada. Hasta el último cuarto del siglo XIX, era parte del trazado de la acequia vieja de Almoradí. En noviembre de 1881 se cubrió la acequia y se bautizó con el nombre de Calle de Sarmiento. El 4 de junio de 1914 fue titulada como Cinco de Marzo.

La Calle de San Juan.
Esquina cinco de marzo.
José Gálvez Pujol.

Para mí ese callejón tenía un significado especial. Yo nací en el Paseo y mis abuelos vivían en la calle de San Juan. Por lo que me contaron, esa calleja era una especie de cordón umbilical entre mi madre y mi abuela.

Nadie sabía explicarme el porqué de esa fecha en su titulación. Interesado en el asunto, acabé escribiendo un artículo monográfico llamado “La noche del 5 de marzo de 1914 en la calle de Sarmiento”. Os dejo el enlace.

Enlace al artículo

Edificios:

La Calle de San Juan.
Antonio Ballester Vidal.

En la calle de San Juan sólo quedan tres edificios reseñables. Por orden de antigüedad, el primero es el monasterio de clarisas de San Juan de la Penitencia, que dio nombre a todo el arrabal. Ya hablé de él en otro artículo monográfico ilustrado por Antonio Ballester. Os dejo el enlace: .

Enlace artículo
Monasterio de San Juan.
Fco. Luis Galiano Moreno.

El segundo fue palacio de la Baronía de la Linde, título concedido por Carlos III en el siglo XVIII a Manuel Antonio Terán y Álvaro de los Ríos, señor de la Linde y primer barón.

Palacio de la Linde.
Fco. Luis Galiano Moreno.

A nosotros nos interesa el séptimo barón, Antonio María de Piniés Sánchez Muñoz, nacido en Zaragoza en 1860. Este noble aragonés, vecino de Valencia, casó en febrero de 1896 con María de la Encarnación Roca de Togores y Enríquez de Navarra. Tuvieron seis hijas y un solo hijo, Antonio María, del que ya hemos hablado anteriormente por ser titular de la calle.

Palacio de la Linde.
José María Pérez Basanta.

El matrimonio llegó a Orihuela con el cambio de siglo. En octubre de 1900, don Antonio presentó instancia en el Ayuntamiento solicitando permiso para derribar la casa número 44 de la calle San Juan, que había pertenecido a Francisco Moreno Bernabeu. Su esposa se la había comprado ese mismo año a la heredera, Mª Teresa Moreno Tobilla.

Palacio de la Linde.
José María Pérez Basanta.

A los ochocientos metros del solar le agregaron tres fincas más: dos casas en la calle de Barberos y un huerto atravesado por una acequia, con su propia zenia. El resultado fue el curioso y desconocido palacio de la Linde construido en 1901 frente al monasterio de San Juan. Un edificio neogótico que merece la pena contemplar detenidamente.

Casa natal, antes y después.
En el centro, los hermanos Hernández.

El tercero es la “moderna” y polémica reedificación de la casa donde el 30 de octubre de 1910 nació el oriolano más universal: Miguel Hernández Gilabert. Sin comentarios.

Casa natal Miguel Hernández.
La Verdad.

Había un cuarto edificio interesante, el palacio del marqués de Lacy, ubicado entre San Juan y La Corredera; pero fue demolido. He conseguido recopilar algunos datos interesantes sobre el primer marqués.

Nacido en los años 20 del siglo XIX, Salvador de Lacy y Pascual de Bonanza era hijo del matrimonio formado por Miguel Lacy y María Ana Pascual de Bonanza y Roca de Togores, casados en la Parroquia de Santa María de Alicante en 1818.  

Palacio del marqués de Lacy.
Colección Javier Sánchez Portas.

En 1848 era diputado por Alicante y casó con Manuela Reig y González de Villaventín en 1856. Al fallecer el oriolano Pascual Reig, su esposa y otras tres sobrinas heredaron una casona de labor agrícola con una parcela de 223 tahúllas en Elda. Poco a poco, el matrimonio se hizo con las otras tres cuartas partes de la finca. 

En octubre de 1878 su esposa falleció en Orihuela y Salvador quedó como único propietario de la heredad de Elda que acabó llamándose “finca Lacy”. Pronto contrajo matrimonio en segundas nupcias con María de la Concepción Zafra Torres.

El año que murió su primera esposa, Salvador había sido Caballero Cubierto en la Semana Santa oriolana:

«La procesión del Entierro estuvo muy concurrida y perfectamente ordenada por los Sres. Comisarios de festividades de este Iltre. Ayuntamiento que como de costumbre presidió el acto, siendo Caballero estandarte D. Salvador de Lacy, y pilares de la Soledad cuatro Sres. Abogados y cuatro Oficiales del Batallón Reserva de Orihuela.»

Calle de San Juan
Archivo Mariano Pedrera

También ese mismo año, “El Segura” insertó en sus página unos artículos sobre agricultura práctica publicados por Lacy en Madrid en 1868, cuando todavía era diputado a Cortes. La serie empezaba con una carta remitida a Adolfo Clavarana en la que afirmaba que acudir a los bancos, con intereses del ocho al diez por ciento, era una ruina para el labrador:

«Yo que llevo veinte y dos años de experiencia y me precio de ser labrador práctico, aunque propietario de muchas fincas obtengo no obstante, rentas exiguas (a pesar de mis muchos adelantos) confieso ingenuamente que me vería perdido sin remedio, el día que sujetara mi patrimonio a hipoteca de tal importancia.»

En 1882 el Vicario Capitular de la Diócesis estaba organizando una peregrinación a Roma; y nombró una junta preparatoria para la «romería». El presidente era Salvador de Lacy y el vicepresidente Adolfo Clavarana.

No sé que hizo en Roma; pero un año después, Salvador de Lacy y Pascual de Bonanza conseguía el marquesado de Lacy de manos del Papa León XIII. El título era considerado en España como pontificio y extranjero; y fue publicado en el «Diario oficial de avisos de Madrid» el 6 de marzo de 1884:

“El Ministerio de Gracia y Justicia autorizó a D. Salvador de Lacy y Pascual de Bonanza para que, conservando el carácter de su procedencia y previo pago del impuesto especial correspondiente, pudiese usar en España, con la denominación de Lacy, al título de Marqués que le ha sido concedido por Su Santidad”.

Colección Javier Sánchez Portas

Lacy participó en la gestación de los andenes comprando los terrenos por cuenta del Ayuntamiento. Delegaron en él para que, desde Madrid, procediese al ajuste y adquisición del huerto de San Gregorio, propiedad del duque de Tamames; y de nueve tahúllas y media del marqués de Serdañolas. También prestó su palacio y una heredad en San Antón para la instalación provisional del Colegio Jesús María.

Enlace Jesús María

Su hijo homónimo y heredero del título fue bautizado en la Parroquia de San José de La Murada. Se llamaba  Salvador María Concepción Lacy Zafra, nacido en 1879. Capitán de Caballería, en 1910 pertenecía al regimiento Dragones de Montesa. Tres años después se casó con Elisa Alberola.

Fachada y solar del palacio.
Colección Javier Sánchez Portas

Para terminar, voy a transcribir un interesante documento de 1904 publicado en la “Gaceta de los caminos de hierro” y en “Transportes Férreos”. Se trata de un proyecto de tranvía Orihuela-Murcia con tracción animal:

«DOCUMENTOS OFICIALES. Ministerio de Agricultura, Industria, Comercio y Obras públicas. Dirección General de Obras públicas. Ferrocarriles. Concesión y construcción. Vistos las instancias, proyecto y resguardo de constitución de fianzas presentadas en este Ministerio por D. Salvador de Lacy y Pascual de Bonanza, Marqués de Lacy, como Director de la Sociedad anónima titulada «Proyecto de Tranvía de Orihuela a Murcia», con domicilio en la primera de dichas poblaciones.»

«Solicitando la concesión de un tranvía, con tracción animal, que desde la plaza del Carmen de Orihuela ha de seguir por la calle del Hospital, plazas de Santiago y Monserrat y calle de San Francisco, y, saliendo de la población, continuará por la carretera de segundo orden del Alto de las Atalayas a Murcia (por Orihuela), siguiendo por ella y por los poblados intermedios hasta entrar en Murcia por las inmediaciones de la Plaza de Toros, continuando después por la calle de López Puigcerver, terminando en la plaza de las Barcas de dicha ciudad, con una ampliación o ramal desde esta plaza a la estación del ferrocarril de Alicante a Murcia (Mercancías); esta Dirección general ha resuelto anunciar en la Gaceta de Madrid y en el Boletín oficial de la provincia de Murcia la petición formulada por el Sr. Marqués de Lacy.»

«Siendo Murcia capital de 100.000 habitantes, Orihuela ciudad de 25.000, siendo muy reducida la distancia que las separa, de más estará decir que un tranvía entre ambas poblaciones se le descubre efectivamente posibilidad de una próspera vida. Pero dejamos la consideración de nuestros abonados si entre tales relaciones está indicado un tranvía con tracción animal, mandado ya retirar hasta en los más insignificantes servicios.»

La calle de San Juan

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba)

Publicado en el día de San Juan de 2020. Año de la pandemia.

Enlace al siguiente capítulo.