El terremoto de 1829 en el «Diario Balear».

Primer número del «Diario Balear» 1814.

El terremoto de 1829 en el «Diario Balear».

Como en esta especie de «oriolapedia» que estoy fabricando no podía faltar un artículo sobre el suceso más dramático acaecido en nuestra comarca durante la primera mitad del siglo XIX; aprovecho un afortunado tropiezo para componerlo a través de un diario palmesano que publicó algunos testimonios sobre el terremoto del 21 de marzo de 1829.

El «Diario Balear» se editó en Palma de Mallorca durante la primera mitad del siglo XIX; concretamente entre los años de 1914 y 1836 con varias interrupciones y cambios de nombre motivados por los acontecimientos políticos. Además de información local ofrecía noticias nacionales (como es el caso); y del extranjero.

En los inicios de la prensa periódica, este diario publicó una crónica del terremoto a través de cartas enviadas desde diferente poblaciones. El propio redactor reconocía que el suceso se iría «fijando con más precisión a medida que llegasen noticias».

Mientras tanto presentó «un fiel extracto de varias cartas llegadas de diversos puntos, en que se ha hecho sentir esta desgracia». Reconocía que recopilando y contrastando toda la información contenida en las cartas hubiera podido escribir una narración más ordenada y precisa; pero escogió «la fidelidad de la misma narración y el lenguaje de los corresponsales que la trascriben».

Yo he decidido hacer lo mismo. Lejos de escribir sobre un tema suficientemente estudiado, prefiero ofreceros las primeras impresiones que el escaso público nacional que sabía leer y tenía acceso a la prensa recibió tras aquel horrible suceso sin precedentes.

El día 7 de abril, cuando ya habían pasado dos semanas, el «Diario Balear» publicó la breve noticia de un terremoto sentido en Madrid.

Diario balear. 7 de abril 1829.

El 21 del corriente sobre las seis y 20 minutos de la tarde se sintió en Madrid y otros puntos inmediatos una ligera conmoción a manera de temblor, de tierra, que duró como unos tres segundos. Fue notado por considerable número de personas, y aun en algunas han resultado efectos físicos del movimiento experimentado.

Este acontecimiento ha sido objeto de todas las conversaciones; pero no es fácil aún fijarlo con exactitud, bien sea designándolo como un verdadero temblor de tierra, bien como ráfaga de algún terremoto ocurrido en otra parte, según acaeció cuando otro terremoto asoló a Orán, que se dejó sentir en puntos distantes, aun estando el mar de por medio.

A medida que lleguen noticias de fuera se irá fijando con más precisión el suceso que se refiere y que ha llamado la atención pública.

El 9 de abril ofreció los primeros datos concretos sobre el fenómeno natural que había conmocionado a toda España a través de tres informes.

Dos llegaron de Valencia: uno con información sobre Orihuela y su comarca; el otro redactado por el Ayuntamiento de Almoradí. El tercero, escrito desde Madrid, era más amplio y detallado; con información de la vecina provincia de Murcia.

Diario balear. 9 de abril de 1829.

Valencia, 31 de marzo:

Al anochecer del 21 del corriente comenzaron a sentirse diferentes temblores de tierra en la ciudad de Orihuela y pueblos inmediatos; al segundo sacudimiento fue tal la consternación de todos los habitantes, que cada cual trató solo de salir al campo para libertarse de verse sepultado en vida entre los escombros y ruinas de los edificios; y se cuentan de sus resultas diferentes desgracias.

En Orihuela cayó la Torre del convento de la Trinidad, cogiendo bajo de sus ruinas a un muchacho que se hallaba en ella para hacer el toque de las oraciones; también se arruinó una portada de una casa huerto de sus inmediaciones, que sepultó entre sus escombros a cinco personas; viniéronse abajo todas las casas del Campo Salinas, habiendo perecido casi todos los ganados de labranza.

En Benejúzar en el mismo día y al ponerse el sol, a la violencia de fuertes temblores de tierra se vino abajo toda la población, siendo sepultados entre sus ruinas más de 100 vecinos sobre un gran número de heridos, los más sin esperanza de vida.

De Almoradí se dice que pasarán de 200 los cadáveres; y en el 24, el R. Obispo de Orihuela, que se hallaba en aquel campo, remitió al Gobernador de aquella ciudad sobre 100 heridos, pidiéndole al mismo tiempo le dirigiese algunos víveres, medicamentos y facultativos para auxiliar a los infelices que habían sobrevivido a tan funesta calamidad; y también se facilitaron iguales socorros a Torrevieja y Rafal.

Ilustración del libro titulado «Los terremotos de Orihuela o Henrique y Florentina: Historia Trágica», del escritor Estanislao de Kotska Vayo y Lamarca (1804-1864). Publicado en Valencia el mismo año del suceso. (JM. DAYAS).

Los pueblos de Benijófar, Formentera, Rojales, Guardamar y Torrevieja se asegura que ya no existen; todos desaparecieron y presentan un campo desierto, siendo lo más sensible que en el día 24, en que se dieron estos partes, aún continuaban los temblores; hallándose por lo mismo llenos de ansiedad y consternación los que por fortuna sobrevivieron a tan extraordinario como infausto suceso…

… Que para recibir y hacerse cargo en esta ciudad de las cantidades que para objeto tan laudable se destinen se nombra al Sr. Marqués de Cruilles y al beneficiado de esta santa iglesia catedral D. Francisco Soler.

Y por fin que se eleve a la suprema consideración del Rey N. S. la más respetuosa exposición para que de los fondos de Cruzada, Expolios y Vacantes y demás destinados a objetos de beneficencia, se digne oyéndola benigna expedir sus Soberanas órdenes para que se atienda a los infortunados habitantes de la huerta de Orihuela que tanto han sufrido con los fondos que fueren de su Real agrado.

Valencia, 2 de abril:

El Ayuntamiento de la que fue villa de Almoradí con fecha 28 de marzo próximo pasado comunica al Acuerdo de esta Real Audiencia la mal dada catástrofe que experimentó el 21 de dicho mes, concluyendo con pedir aquellos socorros que la caridad cristiana sabe subministrar a sus prójimos.

Y como nuestra sensibilidad en favor de aquellos desgraciados llegue al más sublime grado, mayormente cuando se trata de que no perezcan los restos de aquella población, nos ha parecido que el mejor modo de excitar la filantropía, es patentizar sus infortunios copiando en extracto dicho parte.

Serían como las seis y cuarto de la tarde cuando a un espantoso temblor de tierra mediando el espacio de unos tres minutos siguió, una sacudida inexplicable con erupción tan violenta de viento que llevó tras sí toda esta población y las innumerables casas de la huerta y campo.

Representación gráfica de la zona afectada por el terremoto de 1829. Ampliación.

El clamor de los moribundos, ayes de los heridos y vocería de los vivos no permitieron en muchas horas a persona alguna pensar ni aun en la conservación de su existencia. La tierra no cesaba de conmoverse, sus movimientos violentos y el espantoso ruido, impedía hasta el uso de la voz.

Y en tal conflicto ni los padres recordaban a los hijos, ni estos conocían a aquellos; las esposas huían de sus maridos, buscando cada cual únicamente la muerte cuando creía haber encontrado su salvación.

Una densa nube de polvo que produjo la caída de la torre y hermosísimo templo principal de esta villa, del convento, iglesia y torre de PP. Mínimos, con toda la población, tenía a todos los que sobrevivieron tan ciegos que nos era imposible ni aun mover los pies; así pasó aquella horrible noche, cuya memoria, si durase en nosotros, hubiese terminado ya nuestra existencia.

Recobrados, si tal voz puede usarse en tan extraordinaria calamidad, se proveyó a extraer a los que todavía vivían, y se continúa sacando cadáveres que con su incorrupción están próximos a infectarnos.

Falto de recursos el Ayuntamiento y sin bastar para tantas obligaciones, ha reunido a los vecinos que le han parecido más a propósito para que le auxilien en sus extraordinarias tareas; y habiendo sido el primer acuerdo dar parte a todas las Autoridades, lo verifica este Ayuntamiento, manifestando a V. E. que el número de muertos que hasta ahora van sepultados es de ciento ochenta; de heridos moribundos, el de ciento treinta; y contusos y estropeados cuasi todos los de la población.

Continuando la tierra aterrándonos con sus temblores y espantoso bramido de modo que, siendo indispensable la demolición absoluta de los trozos de edificios y pedazos de templos que fuera de nivel y sostenidos por las mismas ruinas amenazan de continuo a los trabajadores, se ve el Ayuntamiento privado de recursos, falto de operarios e imposibilitado de ocurrir a la pública salubridad y evitar nuevas víctimas en tan inminente peligro.

El Ayuntamiento, Señor, ha bosquejado en globo el conjunto de sus desgracias tan seguro de que V. E. proveerá a su remedio, que sólo la memoria de que pueden ser aliviados les hace conservar la existencia.

Es superior, Señor, esta catástrofe a cuanto la antigüedad pinta de lamentable y los tiempos presentes, nos han ofrecido en la pasada guerra. El cielo, la tierra, el viento y el agua nos han amenazado a la vez, pues en casi a media legua alrededor de esta población, toda la tierra se halla acribillada con hendiduras, ya grandes, ya pequeñas; las márgenes del río, que no es el menor daño, cuasi destruidas, habiendo vomitado la tierra sus entrañas por más de quinientos puntos. Dios guarde a V. E.

Representación gráfica de la zona afectada por el terremoto de 1829, señalando el grado de destrucción de las distintas poblaciones.

Madrid, 30 de marzo.

TEMBLOR DE TIERRA. El día 21 del corriente, a cosa de las seis y más de 20 minutos de la tarde se sintió en esta corte un temblor de tierra, cuya dirección no pudo determinarse, porque se observaron distintas oscilaciones que  no duraron más que dos o tres segundos y no hubo el más mínimo quebranto en ningún edificio, ni causó alguna desgracia.

No fue así en algunas partes del reino de Murcia y de Valencia, porque a la misma hora, con diferencia de pocos minutos, se sintió el primer movimiento, y mucho más otro segundo a pocos instantes, que ocasionó lamentables estragos, cuyo resumen vamos a dar aunque no pueda garantizarse su exactitud, puesto que los varios relatos que han llegado se escribieron en medio del terror que causaba el horrible fenómeno y las oscilaciones que aún se sucedían, aunque con menos violencia.

En Murcia se manifestó por un ruido espantoso, como el que hacen las piedras arrastradas por encima de otras piedras, que obligó a que las gentes saliesen huyendo y gritando despavoridas; pero no hubo más desgracias que el haber sufrido más o menos los edificios siguientes: la catedral y su torre, convento de Capuchinos, del Carmen, la Merced, Sto. Domingo, palacio episcopal, el puente de piedra y algunas casas de particulares.

Murcia. Puente sobre el Segura en el siglo XIX. Jean Laurent.

Orihuela. En esta ciudad han quedado quebrantados casi todos los edificios públicos; destruida la torre del convento de la Santísima Trinidad, matando a un muchacho e inutilizada la iglesia; abierto un testero de la parroquia de Sta. Justa; ruinosa la elevada torre de S. Agustín.

Cuarteadas gran porción de casas, y viniéndose abajo una portada que sepultó a tres mujeres, un hombre y dos niños, que allí habían pensado guarecerse. El daño ha sido mucho mayor en la huerta de dicha ciudad, en donde apenas quedó casa habitable, cogiendo bajo sus ruinas a bastantes personas e infinitos animales.  

Convento de la Trinidad sin torre. Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas. Detalle.

Torrevieja. En este pueblo no ha quedado en pie ninguna casa y han perecido varias personas entre cuyo número, que no se puede saber aún, se cuentan el cura párroco y sus padres.

Los habitantes debieron mucho a la generosa humanidad de los capitanes de bajeles extranjeros que se hallaban en aquella playa a la carga de sal, quienes viendo desde su bordo la asolación del infeliz pueblo, enviaron al momento a tierra sus lanchas con víveres y vituallas, y en las mismas lanchas se salvaron algunos habitantes.

Almoradí. Según se dice, apenas ha quedado en este pueblo ningún edificio en pie; y los de la huerta, inhabitables todos por ruinosos; corría la voz de haber perecido más de 200 personas, y habido otras muchas estropeadas.

Rafal. Su iglesia parroquial cayó a tierra, y también muchas casas, quedando quebrantadas todas las demás; ha resultado una mujer muerta y muchos estropeados, algunos de ellos sin esperanza de vivir. 

Benejúzar. Su caserío casi arruinado del todo y muerta mucha parte de su vecindario; a la hora en que se daba esta, noticia iban sacados 30 cadáveres y había otros muchos bajo de las ruinas que no podían sacarse porque seguían los temblores. 

Guardamar. Los edificios del pueblo y los de los campos casi todos arruinados, estando para sufrir igual suerte los pocos que quedaban; se habían sacado debajo de las ruinas un hombre y tres mujeres muertos, y unos 20 estropeados.

Formentera. Según cartas recibidas en Orihuela, quedó reducida esta población a un promontorio de piedras sin que se sepa las personas que han perecido.

En la poblaciones de Benijófar, la Majada, los Dolores. S. Fulgencio, la Mata, Cox, la Granja, Torre agüera, Callosa y Rojales han sufrido más o menos; pero se tenían de ellas pocas noticias.

Los infelices habitantes de todos estos pueblos que sobrevivían a catástrofe tan lamentable se hallaban dispersos por los campos sin tener apenas dónde guarecerse ni de qué alimentarse.

Ahora es cuando la humanidad doliente reclama con justo imperio sus derechos; y ahora es cuando los corazones verdaderamente humanos y cristianos ejercerán las virtudes que los caracterizan.

Las autoridades de aquellos desgraciados puntos sabemos que las han ya desplegado con mucha energía, cual lo exige el caso; y el Gobierno está tomando para ello todas las disposiciones convenientes. (D. de V.).

El 17 y el 19 de abril publicó también unas cartas enviadas desde Orihuela y su huerta, desde Murcia, desde Alicante, Almoradí y Guardamar. Cada una aportaba detalles concretos sobre daños sufridos en cada localidad.

Diario balear. 17 de abril 1829.

Orihuela, 31 de marzo.

Aunque ya se hayan comunicado algunos pormenores de las lamentables desgracias producidas por el terremoto del día 21 en esta gobernación; como precisamente se escribieron las noticias en medio del susto que causaban las oscilaciones repetidas hasta el día 27, en que cesaron por la misericordia del Señor, no será inoportuno, aunque se repitan con dolor, aclarar y rectificar algunas, ya que se han recibido de los pueblos partes más exactos y son como sigue, principiando por la capital:

Orihuela. Asolada la torre del convento de la Trinidad enteramente, y quebrantada su iglesia, la parroquia de Sta. Justa, convento de religiosas de S. Juan, y una de las torres de S. Agustín también quebrantadas: 7 personas muertas y 4 heridas.

Montaje con las torres de San Agustín. Orihuela. Foto Ajomalba.

Guardamar: Casas totalmente destruidas 557. Ídem la iglesia, la ermita de Sta. Lucía, la fortaleza donde se hallaba la artillería, los restos de las murallas y castillo, dos hornos, dos molinos harineros, dos almacenes, tres molinos de aceite, y el puente principal del río bastante quebrantado: 4 personas muertas y 25 bestias de labor.

Rafal. Asolado todo el pueblo con su iglesia y aunque quedan algunos edificios en pie están absolutamente quebrantados: gran porción de heridos; muerto 1.

Daya Nueva. Asolado todo el pueblo con su iglesia, de cuyas ruinas se han extraído 8 muertos. Puebla de Rocamora. Asolado todo el pueblo y caseríos de la huerta, habiendo muerto solo 2 bestias.

Vigastro (sic). Asolado con su iglesia, y las casas que quedan en pie quebrantadas.

Granja. Asolada la torre de la iglesia y ésta inutilizada con muchas casas. Formentera. Enteramente asolada con los edificios de su huerta y campo: 8 muertos y 3 gravemente heridos.

Dolores. Un edificio derruido y todos los demás enteramente quebrantados: personas muertas 4.

S. Fulgencio. Asolada la iglesia con muchas casas, y entre ellas la de la administración.

Benejúzar. Enteramente asolada con sus edificios de campo y huerta, habiendo quedado bajo sus ruinas gran parte de sus vecinos, cuyo número no puede saberse en muchos días hasta que puedan irse extrayendo de entre ellas.

S. Felipe Neri. Asoladas algunas casas, e inutilizada su iglesia; en dicha jurisdicción se han abierto 140 bocas, de las cuales ha salido gran porción de agua y arenas de varios colores, causando la novedad de haberse secado los sementeros y demás plantas que ha regado dicha agua.

Almoradí. Asolado enteramente con su iglesia y convento, igualmente todos los edificios de su huerta y campo, y totalmente quebrantado el puente principal del río; resultando hasta el día 180 cadáveres, quedando aún por extraer los que yacen en varias plazas y calles que no han podido descubrirse, a pesar de las incesantes diligencias que se practican, a causa  de las muchas ruinas que sobre sí tienen de los mayores edificios de dicho pueblo: heridos gravemente de los que la mayor parte perecerán, 130: bestias muertas 250.

Rojales. Asolada su iglesia con muchas casas, y abierta en cuatro cascos la torre; resultando 21 personas muertas: ídem gravemente heridos 10: asoladas las casas de su huerta y campo, habiéndose abierto varios respiraderos por los que ha salido arena de color de plomo con un hedor pestífero, que ha secado cuanto ha tenido contacto con ella.

Benijófar. Asolada su iglesia y gran parte de casas, con las de su huerta y campo; quedando quebrantadas las demás.

Torrevieja reconstruida después del terremoto.

La Mata y Torrevieja. Asolados enteramente sin quedar un solo edificio en pie; habiendo quedado bajo sus ruinas un gran número de sus vecinos cuyo detalle no puede darse en muchos días: otra de sus víctimas ha sido el cura párroco, contándose hasta el número de 57 en solo la noche del día 28 del actual.

Algorfa. Asoladas sus casas. En todos los dichos pueblos es incalculable la pérdida de metálico, granos, enseres y demás efectos que se conservaban en sus edificios.

Es admirable la caridad con que han sido conducidos y siguen conduciéndose a esta ciudad los heridos de casi todos los pueblos, y el infatigable celo con que son asistidos en los hospitales.

Murcia 24 de marzo de 1829. La carta siguiente es dirigida por el que la escribe a un hermano suyo, vecino de esta corte y persona respetable.

Grabado de Murcia durante el terremoto de 1829 y la protección de su patrona, la virgen de la Fuensanta. Mi agradecimiento a J. M. Dayas.

En este país anduvo muy funesto el equinoccio. El sábado 21 del corriente a las seis y media de la tarde se sintió un terremoto regular; pocos instantes después ocurrió otro, de cuya duración y fuerza no ha habido ejemplar en esta tierra, y empezó a percibirse oyéndose a la par un ruido semejante al que produce sobre un empedrado un carruaje cuando se espantan y escapan las caballerías que lo arrastran, o como si se rompiesen cañas a millares.

Todas las gentes se salieron a las calles despavoridas y gritando; al medio cuarto de hora repitió otro bastante grande; pocos instantes después otros tres pequeños; a poco otro grande; en el discurso de la noche y madrugada otros varios; unos individuos que venían en carruaje de Espinardo a Murcia dicen que vieron en el acto del terremoto grande una llama de fuego de muy larga extensión hacia la parte del levante.

En esta ciudad han padecido muchas iglesias, y más que otra la catedral en su torre, portada y media naranja de la capilla de la Concepción, que está junto a la parte interior de la misma. La enfermería del convento de capuchinos se ha arruinado y el convento se ha abierto en varios puntos del edificio; un ojo del puente se ha resentido, y de uno de los nichos que hay en él se desprendió un pedazo de cornisa, que quebró un muslo a un hombre que pasaba.

Las torres del Carmen calzado han quedado inclinadas la una hacia la otra; son muchísimas las casas que han padecido quebranto, entre otras la del Ilmo. Sr. Obispo; muchas se han abierto íntegramente de poniente a levante, que es la dirección que se ha observado en los terremotos.

Murcia. Catedral.

En los Garres se han asolado algunas casas, pereciendo algunas gentes, y una de las sierras que hay sobre dicha población se ha corrido. Cerca de la parroquia de S. Nicolás una joven que estaba en un balcón, sorprendida y llevada de la idea de que su casa estaba ruinosa, se tiró del balcón a la calle, y parece que la infeliz está reventada y que morirá. Poco más de esto es lo que puede decirse con respecto a esta ciudad, en la que todos los días siguen sintiéndose terremotos, aunque pequeños.

Corren tristes noticias de Cartagena: dicen que se han arruinado varias casas del barrio de la Serreta. El apoderado del Sr. duque de S. Fernando dice que una balsa que estaba casi acabada de hacer en el campo y la casa contigua a ella desaparecieron sin saberse cómo, a presencia de los trabajadores que acababan de dar de mano al trabajo de aquel día.

De Orihuela se cuentan también cosas muy tristes, y se habla además de la ruina de algunos edificios, del resentimiento de otros, y de varias desgracias de las que no se tienen aún noticias enteramente seguras.

La iglesia de la villa del Rafal se ha asolado con una infinidad de casas, siendo a proporción los accidentes funestos.

En Almoradí, según carta segura, iban ya sacados de entre las ruinas un número considerable de cadáveres. De los pueblos de la Majada y otros inmediatos se cuentan calamidades.

En Dolores se abrió un costado del granero de la administración de la fundación del cardenal Belluga; la fuerza del terremoto hizo salir por la abertura como tres o cuatro cahíces de trigo, y en seguida se cerró la quiebra de tal manera, que ni aún se conoce el sitio donde se hizo.

Guardamar ya no existe. Solo dos molinos de viento han quedado en pie. Todo se ha hundido, y ni rastro queda de lo que había en donde se ha verificado el hundimiento.

Como anoche después de oscurecer en poco rato se sintieron cinco o seis terremotos seguidos, hubo gran confusión; muchas gentes tomaron un colchón y una almohada y se fueron a las huertas; otras han pasado la noche en los patios o descubiertos de sus casas, y otras en las plazas o a la inclemencia, o dentro de carruajes.

Guardamar a finales del siglo XIX. Universidad de Alicante.

Otra carta fechada en la huerta de Orihuela, y dirigida al Excmo. Señor conde de … con fecha del 24:

Esta carta, si no me equivoco, iba destinada al Conde de Pinohermoso. Por algún motivo se ocultó con puntos suspensivos.

El sábado 21, estando trabajando en el palacio de Benejúzar, se sintió a las seis y media de la tarde un fuerte terremoto; y creídos que no sería nada permanecimos; pero a poco rato dio otro tan terrible, que S… el escribiente y yo echamos a correr; pero como el terremoto estaba en su fuerza no podíamos andar, y paredes, escalera y todo estaba abierto.

Quiso Dios que saliéramos chocando con la muerte, y mientras salíamos, cayó la iglesia, la torre, toda la volada de palacio y mi cuarto; y han quedado en las ruinas mi capa, cama y cuanto tenía. El puente y la tierra está todo abierto, y yo puedo asegurar a V. E. que vivo milagrosamente.

En Benejúzar van sacados 46 muertos de las ruinas, y los heridos no tienen número. En ésta ha habido sólo cinco muertos, y los edificios han padecido poco. Los terremotos siguen. Las casas de las haciendas me dicen están destruidas; de modo que es necesario su reedificación, de cuyo estado iré avisando a V. E. luego que el Señor nos libre de este azote.

Algunos bancales de Benejúzar están llenos de tarquín y arena, sin saber de dónde ha venido. En ésta las autoridades, comunidades y toda la gente han salido a la huerta: estamos consternados.

De Orihuela se dan igualmente más pormenores en la carta siguiente:

El 21 del corriente, a las seis y media de la tarde, se experimentó en esta ciudad, la de Murcia y demás pueblos de esta comarca, un terrible temblor de tierra, que causo el mayor terror; y luego repitió otro que ocasionó la destrucción de iglesias, casas, y otros edificios, quedando sepultadas en sus ruinas un número considerable de personas y de todas clases de animales.

Se ha caído la torre del convento de la Trinidad, habiéndose quebrantado mucho las torres de San Agustín, que amenazan ruina; y lo propio sucedió en el convento de religiosas de S. Juan, y otras muchas casas tanto en la ciudad como en los campos.

En Torrevieja y la Mata quedó todo reducido a escombros. En el mar no se experimentó alteración, pero sí en las salinas, que parece se arrojó de ellas toda el agua que había depositada en las dos lagunas. Entre los muertos lo fue el señor cura párroco y sus padres.

En Guardamar cayeron a tierra la mitad de las casas, y se acabó de arruinar la iglesia y la fortaleza habiendo muerto muchas personas, cuyo número se ignora hasta ahora.

En Formentera también han muerto muchos. En Cox, la Granja, Callosa, Rojales y demás pueblos de la huerta los edificios también se han quebrantado; aunque en estos pueblos las desgracias han sido pocas.

En el campo de Salinas, entre Orihuela y Torrevieja, han caído así mismo muchas casas y ocasionado graves estragos. Continúan los terremotos; pero son más benignos.

P. D. Después de escrito lo antecedente me aseguran que en esta última noche acaba de desaparecer el pueblo de S. Fulgencio, que aún no había sufrido quebranto alguno.

Carta de 24 de marzo fechada en Murcia.

Murcia. Puente de los Peligros. Fotografía Loty. Ministerio de Cultura.

La tarde del 21 a las seis y media sentimos un terremoto que duró un segundo con bastante estrépito; repitió el segundo a los dos minutos, que aseguran duraría de cuatro a seis segundos.

Los efectos del segundo terremoto fueron: desnivelarse la vieja torre de convento de la Merced, cayendo una gran piedra de la portada. Formaron los edificios, que se inclinaron hacia saliente, ángulos de 40 o más grados.

En San Juan cayó también un pedazo de cornisa como de palmo y medio cúbico. En capuchinos saltaron todas las tejas de la iglesia y la librería a la calle. Anoche se mandó desmontar la portada principal de la catedral, cuyo remate a medio círculo se desconchó casi todo y se abrieron dos líneas espirales considerables.

La antiquísima y preciosa capilla de los Vélez ha padecido bastantes daños y se tratan de reparar; la media naranja del trascoro y el pavimento de la catedral han sufrido mucho; pero no amenazan inminente riesgo.

El tercer cuerpo del coloso o giralda murciana se halla en igual caso; pero dicen algunos que no hay cuidado, pues no es más que desquiciada la linterna; con todo, ayer se debió repicar y se suspendió.

Los dos nichos del puente han quedada ruinosos, tanto, que un centinela impide que nadie se aproxime. De ellos cayeron algunas piedras grandes.

Los terremotos continúan muy leves, aunque menudos. Beniaján, Torreagüera y Algeciras (sic) han quedado sin iglesia; y varias casas se han hundido ocasionando desgracias. Ya va de tercera vez que tomo y dejo la pluma porque me da perlesía.

Diario balear. 19 de abril 1829.

Con fechas posteriores al 24 de marzo tenemos otras varias cartas de las que extractamos las notas siguientes. Huerta del que fue Almoradí, 26 de marzo:

Del temblor del 21 ha resultado definitivamente haber desaparecido este pueblo. Solo quedan cinco casas quebrantadas sin reducirse a escombros. Se llevan sacados 157 cadáveres de entre las ruinas, y no restarán menos de 80, a quienes se trata de dar sepultura. También han perecido bastantes caballerías; pero hasta ahora no puedo especificar el número.

En otra carta de Guardamar del 27 se dice:

De resultas del terremoto del 21 han sido arruinados los pueblos de Almoradí, Benejúzar, Formentera, Torrevieja, Rojales y este pueblo. Han perecido en el primero más de 200 personas, en el segundo más de 100, en el tercero nueve, en el cuarto sobre 50, en el quinto sobre 21, y en este cuatro; todo esto prescindiendo de los muchos heridos y estropeados.

Si tarda la explosión media hora más perecían indudablemente más de 40 habitantes, pues ya se hubieran hallado en sus respectivos domicilios. Todos habitamos barracas en los campos, porque todavía siguen algunos sacudimientos.

De Alicante con fecha del 27 de marzo se remite así mismo a la redacción de este periódico la siguiente carta.

Señor redactor: El sábado 21 de marzo, se sintió en esta ciudad un fuerte terremoto a eso de las seis y media de la tarde; su dirección de este a oeste tuvo tres oscilaciones, y lo que es aquí no ha causada tan grandes estragos como en las inmediaciones.

Según las noticias que recibimos ha llegado el terremoto hasta Valencia, Cartagena y Albacete. Cuando cesen los sacudimientos pasaré a la huerta de Orihuela y remitiré  a vdm. notas bien circunstanciadas de todo.

En toda ella se han abierto grietas por donde aseguran que sale un agua negra y pestífera que tiene mucho de azufre y carbón; igualmente se ha abierto en Almoradí un pequeño volcán que arroja piedras parecidas a la lava del Vesubio.

No hay palabras que sean suficientes para encarecer el celo y piedad cristiana del Sr. Obispo de Orihuela, que está en Almoradí socorriendo con una generosidad sin término a aquellos infelices sepultados en las ruinas de sus casas.

Los barcos suecos fondeados en Torrevieja han conducido aquí a un gran número de heridos después de haber repartido todos sus víveres a los desgraciados acampados vecinos de aquella población. Mientras le remito nuevos datos queda de vmd. afma., apasionada y suscriptora de su periódico— M. R.».

Hasta aquí las cartas. Si lo que buscáis son datos concretos y unificados. Mejor consultar el informe que confeccionó Agustín de Larramendi, ingeniero de caminos comisionado por el Estado para el informe oficial; que fue el que pasó a la historia…

Memoria y relación circunstanciada del Terremoto del 21 de marzo de 1829. Larramendi (1829). Edición Faccsimil de mi propiedad.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Dos versiones de la Nueva relación, trágico y lastimoso romance en el que se declaran los acontecimientos, destrucción y estragos ocurridos el día 21 de marzo del presente 1829 en la ciudad de Orihuela y sus inmediaciones. Con licencia en Salamanca y reimpreso en Valladolid. Archivo Municipal Ayuntamiento de Burgos. Legado Cantón Salazar. Gentileza de Javier Calvo. Archivo Municipal Ayuntamiento de Murcia. JM. Dayas.

Los casinos oriolanos y el vínculo de Pizana

Casino Orcelitano. Principios del siglo XX. Colección Jesús R. Tejuelo.

Los casinos oriolanos y el vínculo de Pizana

El «Circulo Orcelitano», precursor y germen del actual casino, se fundó en 1848; quedando inmortalizado en el plano de Francisco Coello publicado en 1859 dentro del «Atlas de España y sus posesiones de Ultramar».

Lo cita en su punto 16, localizado en la calle llamada del Ángel, actualmente calle López Pozas, esquina con la subida al puente.

Plano de Francisco Coello, publicado en 1859. Fragmento.

Circulo Orcelitano. Se fundó en 1848 en la casa que actualmente (principios del siglo XX) pertenece a D. José Cartagena Rocamora, en el final de la calle Mayor o principio de la del Ángel, es decir en la subida del puente viejo; y más tarde se trasladó a la de D. Carlos Roca, en la Puerta Nueva, hasta que en 12 de enero de 1868 se fusionó con el siguiente. Regíase por un reglamento fechado en 21 de Noviembre de 1848.

La cita anterior pertenece a los «Datos sueltos para la continuación de la Historia de Orihuela» de Ernesto Gisbert Ballesteros.

Concretamente estaba emplazado en el edificio que construyó Luis Abadía utilizando los terrenos resultantes de la demolición del viejo ayuntamiento. Edificio que su viuda, Josefa Larranzi, se vio obligada a malvender en ese año de 1848 para hacer frente a sus múltiples acreedores.

Luego se mudaron al Paseo; para acabar fusionados al «Casino Orcelitano», sociedad recreativa que inauguró sus nuevas instalaciones en la casa de Pizana, en los Hostales, en junio de 1864.

Edificio que fue casa de los Pizana y sede del «Casino Orcelitano». Colección Javier Sánchez Portas. Detalle.

Así lo cita Gisbert Ballesteros a principios del siglo XX:

Casino. Se estableció en 1864 con estatutos aprobados en 24 de febrero en la calle de los Hostales y casa que fue de D. Luis Pizana, habiéndose edificado de Planta en la calle de Loazes, en el terreno que existió la posada del mismo dueño.

Y así quedó inmortalizada su inauguración en la prensa de época:

La Correspondencia de España. 10 de junio de 1864: Según noticias que recibimos de Orihuela, el día 5 se verificó allí la inauguración del nuevo Casino.

A las doce de la mañana tuvo lugar la apertura, con asistencia del Excmo. Señor obispo de la diócesis, del digno juez de primera instancia y da una numerosa y escogida concurrencia, pronunciándose discursos brillantes y alusivos al acto, y sirviéndose con verdadera profusión dulces y helados a los concurrentes, mientras la banda de música de la ciudad amenizaba el rato, tocando piezas escogidas a la puerta del local, decorado con gusto y esplendidez, principalmente la escalera, el patio y el magnífico salón destinado a juntas generales.

Por la noche se dio un gran baile, en el que entre cientos de luces y perfumados ramilletes, lucieron su belleza y elegancia las hijas del Segura. Al día siguiente se permitió la entrada en el local a cuantas personas quisieron verle, pasando de tres mil los que visitaron este establecimiento, digno de la ilustrada Orihuela, que así sabe responder a la civilizadora voz de nuestro siglo.

¿Quién era ese Pizana que titulaba casa y posada?

En 1747 Luis Roca y Moncada había «principiado a construir y edificar una casa principal, en el sitio que estaban fundadas las pertenecientes a su mayorazgo, fronteras a las del mayorazgo de Gerónimo Pizana y Ruiz, posada incluida».

Con el propósito de hermosear el frontis y dar línea recta al edificio pidió licencia al ayuntamiento y «principió el simiento de la fachada». Pero el de Pizana «salió en justicia poniendo denunciación de nueva obra», alegando perjuicios para sus casas.

Casas de Roca y de Pizana. Colección Javier Sánchez Portas.

Para evitar «costosos litigios, inquietudes y enemistades más dignas de reparo entre personas ilustres de tan cercano parentesco» firmaron una concordia ante el escribano Juan Ramón de Rufete (1).

En ella don Gerónimo aceptó retirar la demanda permitiendo continuar la obra «sin embarazo alguno». A cambio, don Luis demolió una pequeña casa de su propiedad sita al costado de levante de las de Pizana, quedando el solar a beneficio de ambas partes.

Cúpulas de los dos palacios. Colección Javier Sánchez Portas.

Además, el de Pizana se comprometió de por vida a no elevar obra alguna por encima de la alzada que entonces tenía, a fin de no impedir las vistas de la nueva y preciosa casa, la misma que hoy alberga el Hotel Tudemir.

Gerónimo Pizana y Muñoz, Coronel de los Ejércitos Nacionales.

A comienzos del siglo XIX el mayorazgo de Pizana estaba en manos del oriolano Gerónimo Pizana y Muñoz, Coronel de los Ejércitos Nacionales fallecido en 1820.

Le sucedió en el vínculo Luis Manuel Pizana Ramírez, vecino de Madrid, heredando entre otras propiedades la añeja posada y las casas números 2, 4 y 6 de la calle de los Hostales.

En diciembre de 1840, Luis Manuel compró a un cura de Lorca dos casas anexas a las suyas. El religioso actuaba como albacea testamentario de Francisca J. Molina Muro, viuda de Gerónimo García de Espejo, antes Pizana y Avellán (2). La primera casa esquinaba con el callejón. La segunda, muy descuidada, estaba dentro del mismo.

Así pues, a mediados del siglo XIX, la manzana comprendida entre la calle de los Hostales, la del Puente Nuevo y el callejón del molino pertenecían a Luis Manuel Pizana. Aclarado un poco el linajudo origen de este apellido continuaremos hablando de los casinos.

El «Casino Orcelitano» y el «Círculo de la Unión».

Ya he dicho que en 1868 desapareció el «Círculo Orcelitano», fusionado con el «Casino Orcelitano».

El Oriolano. 26 de noviembre de 1885: La dueña del Café del Casino acaba de recibir de Francia una remesa de bebidas de todas clases, entre las que figuran cien botellas de Coñac de la clase más superior que se conoce.

Hasta el año 1885, el único Casino de Orihuela estaba establecido en los Hostales y albergaba a toda la sociedad oriolana. Los socios más jóvenes se planteaban incorporar parcialmente a las damas, en un gesto de apertura y modernidad.

El Oriolano. 19 de diciembre de 1885: Algunos jóvenes tienen el propósito de rogar a la junta directiva, que según reglamento ha de nombrarse muy pronto en la sociedad Casino Orcelitano, dé en los salones del mismo algunas veladas literarias, invitando a ellas a nuestras paisanas.

La nochebuena de 1885 la prensa local anunció una junta general para elegir a la directiva.

El Oriolano. 24 de diciembre de 1885: El sábado, 26 del corriente mes, se reunirán los socios del Casino Orcelitano en junta general, para proceder a la elección de la directiva, según previenen los estatutos.

La juventud perteneciente a dicha sociedad se propone, según parece, presentar su candidatura, y solicitar de la nueva junta, la celebración de algunos bailes y conciertos. Nos alegraremos que consigan lo que desean y que las damas coadyuven con su presencia a la realización del pensamiento.

El Oriolano. 29 de diciembre de 1885: En la junta general celebrada el día 26 por la sociedad Casino Orcelitano para la renovación anual de la junta Directiva, se presentó una sola candidatura que quedó aprobada en la siguiente forma:

Presidente: D. Julián de Torres y Calzado. Vice-Presidente: D. Manuel Picazo. Vocales: D. Filomeno Lizón Lacárcel y D. Abelardo Teruel. Inspectores: D. José María López Gonzálvez y D. Antonio Bonafós Mas. Tesorero: D. Francisco Germán. Secretario: D. José Ferrer.

Según las cuentas leídas, dicha sociedad cuenta con una existencia efectiva de 10.794,24 pesetas.

En 1886 nacía en Orihuela otra sociedad para el ocio y recreo de sus clases dominantes. La versión oriolana del llamado «Pacto del Pardo» entre Cánovas y Sagasta, había devuelto la vara municipal al fusionista Francisco Ballesteros Villanueva a comienzos de año.

De mala gana, el Partido Conservador encabezado por Matías Rebagliato y Pedro Ramón Mesples, cedió el gobierno municipal dejando en manos de Ballesteros las importantísimas obras de ensanche y modernización de la ciudad.

Francisco Ballesteros Villanueva.

Las enconadas disputas políticas dividieron a la oligarquía oriolana. Fusionistas y conservadores se declararon incapaces de continuar reuniéndose bajo el mismo techo. En febrero de ese mismo año aparecía «El Día», semanario de orientación conservadora. Orihuela contaba ya con tres periódicos.

La crónica. 6 de mayo 1886: Se ha inaugurado el café establecido en el círculo de la calle Mayor que con tal motivo se vio muy concurrido (…) El círculo también se inaugurará muy en breve; solo se espera darle la última mano y recibir la correspondiente autorización que se tiene solicitada. Se titulará Círculo de la Unión; y será su presidente efectivo y honorario el señor Mesples.

Se referían a un nuevo establecimiento recreativo llamado «Circulo de la Unión», presidido por el político conservador Pedro Ramón Mesples.

El Oriolano. 20 de mayo 1886: Aprobados por el gobernador civil de la provincia los estatutos del llamado Circulo de la Unión, se inaugurará oficialmente tan pronto como se reciban los muebles que se tienen encomendados para ese centro… de recreo.

El también llamado «casino de la calle Mayor», ubicado en el palacio de Campo-Salinas,  junto al Palacio Episcopal, fue inaugurado con banda de música la mañana del sábado 17 de julio de 1886.

El Diario de Orihuela. 17 de julio de 1886: A las once de hoy ha tenido lugar la inauguración del Círculo de la Unión. Terminada la lectura, de la memoria de creación de dicha sociedad, en breves y elocuentes frases dio gracias el presidente Sr. Mesples a los invitados por haberle honrado con su presencia, a lo cual contestó el Alcalde Sr. Ballesteros manifestando el reconocimiento de que estaba poseído por la atención que se le había dispensado invitándole a tan solemne acto y haciendo votos, al terminar, por la vida y prosperidad de tan distinguido Círculo. La banda de música ha amenizado el acto, atrayendo mucha gente a la calle Mayor.

A partir de ese momento, ambas sociedades rivalizaron en la organización de las más interesantes veladas musicales y las más concurridas fiestas.

Los socios más jóvenes del «Casino Orcelitano» seguían proponiendo invitar a las oriolanas para que, los domingos por la tarde después del paseo por la Glorieta, acudiesen a sus salones.

El Oriolano. 4 de septiembre de 1886: Algunos socios del Casino Orcelitano han acogido muy bien el proyecto de invitar a nuestras paisanas para que los domingos por la tarde y después de terminado el paseo de la Glorieta, concurran a los espaciosos salones de aquella sociedad, a imitación de lo que se viene haciendo en Murcia y otras poblaciones.

No sabemos hasta qué punto podrán realizarse las loables aspiraciones de los jóvenes iniciadores del pensamiento, conocido como es el modo de ser de nuestra elegante sociedad, pero no estará de más que se procure llevarlo a la práctica sin desmayar ante los primeros obstáculos, que nunca faltan a este género de inocentes pasatiempos.

El nuevo «casino de la calle Mayor» fue adquiriendo cada vez más protagonismo.

El Diario de Orihuela. 21 de febrero de 1887: La fiesta de más grandes alcances celebrada en el domingo que finó anoche, fue el magnífico y brillantísimo baile del Circulo de la Unión, primero celebrado en tan elegante sociedad y digno de figurar en la crónica coreográfica de Orihuela. Puede estar orgulloso el novel círculo y sus socios satisfechos de haber llevado a cabo una fiesta cuyo esplendor honra sobremanera al casino de la calle Mayor.

El nombramiento de un nuevo obispo ofreció la oportunidad de lucirse a ambas sociedades. En septiembre de 1886 el «Casino Orcelitano» proyectaba engalananar la fachada de su sede y erigir varios arcos en el trayecto que había de seguir el nuevo Prelado a su llegada.

En octubre tenían muy adelantados los preparativos, comisionando al arquitecto D. Rafael Mas para el adorno de la fachada que estaban ya blanqueando. Los del «Círculo de la Unión» no se quedaron atrás adornando también su local y buena parte de la calle Mayor.

El día. 10 de octubre de 1886: El Casino Orcelitano está blanqueando su fachada, y según se nos dice, tanto éste como el Círculo de la Unión, adornarán lujosamente sus edificios, y para el efecto se hallan ya haciendo los preparativos necesarios para que en su día aparezcan con todo el esplendor que requiere el caso; y para hacer un brillante obsequio, al virtuoso y sabio Prelado que viene a hacernos la honra de hospedarse en nuestra católica Orihuela.

El diario de Orihuela. 20 de octubre de 1886: En el Casino, el adorno era muy sencillo consistiendo en el revestimiento de ramaje de todas las líneas limitantes de las puertas de sus balcones y el engalanado de la baranda del terrado con gran profusión de gallardetes.

Su iluminación espléndida era admirable compuesta de innumerables vasos de color blanco y ostentando en la parte superior formado de luces muy unidas, el título del establecimiento, repetido por un trasparente de la extensión de la fachada y situado ante las barandas de los balcones en el cual se leía la siguiente inscripción: «El Casino, al Obispo de Orihuela».

El Casino Orcelitano en 1886. Esperando al obispo Maura. Colección A. Luis Galiano Pérez.

La calle Mayor era la mayor en el gusto exhibido en el adorno. En el centro de la calle hay un semiarco trasparente de un exquisito gusto y de mucho mérito artístico en el cual se lee a uno y otro lado la siguiente inscripción: Círculo de la Unión; el edificio de esta sociedad tiene revestida toda la fachada hasta el piso principal con mirto y geránios formando sobre las puertas elegantes arcos.

A pesar del buen gusto que ha precedido en el engalanamiento de esta calle puede decirse que su lucimiento lo ha tenido de noche por su profusa iluminación. Únicamente el Círculo de la Unión contaba en su fachada dos mil vasos de colores dispuestos en caprichosas líneas de bellísimos dibujos.

El día. 24 de octubre de 1886: El Casino Orcelitano y el Círculo de la Unión, se hallaban adornados desde la puerta de entrada hasta el terrado, con profusión de ramaje, gallardetes y banderolas. Era deslumbradora, la iluminación de ambos casinos.

En la del casino se leía por medio de un trasparente la siguiente inscripción: «El Casino, al Obispo de Orihuela». En el Círculo de la Unión, era tal la profusión de luces que en su fachada había, que se contaban dos mil vasos, formando bonitos dibujos la variación de sus colores.

El «Círculo de la Unión» fue languideciendo hasta desaparecer en 1890. Sus socios fueron pasando al nuevo casino.

El diario de Orihuela. 18 de julio 1889: Anteayer quedó cerrado el café de la calle Mayor. También se dice que en breve quedará disuelto por falta de socios el Círculo de la Unión. No tenemos nosotros tales noticias y sentiríamos que las nuestras fueran las equivocadas por que quedaría Orihuela sin uno de sus más bellos círculos de recreo.

El orcelitano. 30 de marzo 1890: Se dice, y parece haber tenido exacta confirmación la noticia, que el Sr. Gobernador de la provincia, ha mandado cerrar el «Círculo de la Unión» establecido en la calle Mayor de esta ciudad. También se dice, que la causa que ha motivado la clausura, ha sido la sospecha de que en dicho círculo de recreo se infringía la ley que prohíbe ciertos juegos.

Ignoramos las facultades que competen al Gobernador en cuestión de asociaciones. No conocemos la ley, ni nos hace falta conocerla. Pero según opinión de personas autorizadas, suponen que el Gobernador no tiene suficiente competencia para ordenar la clausura de un círculo. No es nuestro ánimo discutir, si el Gobernador ha procedido o no con ligereza. Respetamos y acatamos su acuerdo y asunto concluido.

Durante la II República el edificio fue sede de la CEDA; en la Dictadura, de Falange y de Radio Orihuela.

Calle Mayor. José M. Pérez Basanta.Casino

Otro «círculo» conservador trató de independizarse del «Casino Orcelitano» años después. Pero no adelantemos acontecimientos.

La construcción del nuevo casino.

Hospedaje o Posada de Pizana en el siglo XIX. Colección Javier Sánchez Portas.

Como ya hemos dicho, adyacente a la casa que albergaba el «Casino Orcelitano», estaba el Hospedaje o Posada de Pizana, un añejo edificio que ocupaba más de mil quinientos metros cuadrados de superficie; un obstáculo que el Consistorio necesitaba derribar para el ensanche y alineamiento de la calle del Puente Nuevo, paso imprescindible para completar una especie de arteria que enlazaba la estación de ferrocarril con el corazón comercial de Orihuela.

Fallecido Luis Manuel Pizana en 1875, el mayorazgo había pasado a manos de su única hija, María del Carmen Pizana del Castillo (3). El 30 de octubre de 1886, Ballesteros se encargó personalmente de comprar la Posada ante el notario de Murcia Juan de La Cierva Soto, con el fin de derribarla.

Parte del terreno se convertiría en edificable y el «Casino Orcelitano» no desaprovechó la oportunidad que les brindaba el alcalde de construir una nueva sede.

El proyecto inicial fue obra de Jaime Sánchez García, joven arquitecto oriolano, hermano del maestro de obras Francisco Sánchez, que en 1878 estaba estudiando su carrera en Madrid.

El diario de Orihuela. 9 de noviembre 1886: Si no lo hubiéramos visto, habría sido preciso adivinarlo. El plano es precioso…. pero el presupuesto asciende a seis mil duros. Nos referimos al bellísimo plano que, para el proyecto del local del casino, ha trazado admirablemente y con gran gusto arquitectónico nuestro paisano y queridísimo amigo Sr. D. Jaime Sánchez. Lástima grande que obstáculos insuperables llegaran a levantarse ante la posibilidad actual de su realización. El entusiasmo surgido entre los socios del «Casino Orcelitano» hace presagiar un lisonjero resultado. ¿Fracasará el proyecto?

En primer lugar plantearon la reforma de los estatutos distinguiendo dos tipos de socio.

El diario de Orihuela. 12 de noviembre 1886: Entre las reformas que se tratan de hacer en los estatutos del «Casino Orcelitano» figura la siguiente: Se dividirán los socios en fundadores o de número y en accidentales. Los segundos no tendrán voz ni voto en las juntas generales.

Para adquirir el carácter de los primeros será preciso ser durante cinco años sin interrupción socio accidental o abonar en el acto del ingreso en la sociedad una cuota de entrada no fijada aún pero que fluctuará entre veinte y cinco y cincuenta pesetas.

Se ha dado de plazo hasta el día 31 de Diciembre para los señores que deseando pertenecer a aquella corporación quieran ingresar con el carácter de fundadores sin abonar cuota alguna de entrada. Las reformas obedecen al proyecto que se abriga de construir un edificio para «Casino» en el solar sobrante de la Posada de Pizana.

El proyecto municipal seguía su curso y la posada fue derribada.

El Diario de Orihuela. 20 de diciembre de 1886: Continúan casi dando de mano a las obras hace poco tiempo comenzadas, los trabajos del puente y el derribo de la posada de Pizana, vetusto edificio echado al suelo por la demoledora piqueta del material progreso que ya esparce las ruinas de los pasados siglos, cuando destructora y generatriz a un tiempo, asocia y aúna voluntades para elevar nuevamente sobre los restos del caserón viejísimo, modernos edificios más en armonía con las leyes de la arquitectura moderna y de la urbana policía.

En la junta general celebrada el 21 de noviembre de aquel mismo año, los socios del «Casino Orcerlitano» decidieron comprar el solar resultante; y construir un lujoso edificio de su propiedad recuperando el protagonismo, perdido en parte, ante el «Círculo de la Unión».

Jaime Sánchez trazó un bosquejo de proyecto; Manuel Roca de Togores puso las primeras 2.500 pesetas y «El Diario de Orihuela» lo vio todo hecho.

El Diario de Orihuela. 23 de noviembre de 1886: DE COLOR DE ROSA. Lo estamos viendo y somos reacios a creer en la realidad. El sueño de tantos años, la esperanza tanto tiempo contenida en el espíritu, se ve al fin en vías de realización hasta el punto que ya podemos darle el carácter de hecho consumado.

Si por nuestros propios ojos, volvemos a repetir, no hubiéramos visto ayer los respetables nombres que aparecen suscribiendo las acciones para, el nuevo edificio del casino, dudaríamos de la verdad ante la verdad misma.

El proyecto del Sr. Sánchez, ejecutado en un punto céntrico, en el mejor tal vez de la población como lo es el solar sobrante de la antigua posada de Pizana, será en plazo brevísimo una mejora de importancia para la localidad.

En dicho proyecto, cuyo presupuesto de obras asciende a la suma de treinta mil pesetas sin contar el valor del terreno que se calcula en diez mil, queda trazado el edificio con una bien meditada distribución en los distintos departamentos, constituyendo todo él dos cuerpos unidos por un salón de café para verano y acristalado en invierno, dirigido en sentido longitudinal, formando cruz con la latitud del edificio y dando frente a la puerta central que corresponde por la parte posterior con el jardín.

Según el plano, el nuevo casino será de planta baja, conteniéndose en el todas las comodidades que requiere la naturaleza de las sociedades de recreo. La fachada principal que dará a la nueva calle que resulte una vez derribada la referida posada, es muy sencilla y elegante, revelando su bello aspecto el buen gusto arquitectónico de nuestro querido amigo y paisano Sr. D. Jaime Sánchez.

Los inconvenientes surgidos para hallar el medio de reunir la cantidad precisa para la construcción, ha venido siendo por espacio de un mes la cuestión batallona de los socios del «Casino Orcelitano» y aunque la idea de la suscripción se había expresado por algunos con timidez por la inseguridad que siempre se ha sentido de obtener buen éxito cuando de tales empresas se ha tratado, hizo que el pensamiento no se abriera camino en los primeros días de emitido y se dejara la cosa en cierto estado de tregua sin abandonar en modo alguno la idea principal del proyecto.

En este estado las cosas y después de la Junta general celebrada en la citada sociedad en el pasado domingo, en la cual se aprobó definitivamente la reforma del reglamento y se concedieron poderes plenos a la Junta directiva para resolver con arreglo a lo que más conviniere en la cuestión de la compra del solar antes expresado, un hombre que merece bien de esta población, que ama a Orihuela con verdadero cariño, con desinteresado afecto y con plausible entusiasmo, un hombre que al lustre de sus blasones une un corazón nobilísimo y una bondad de sentimientos que revelan la hidalguía de su carácter, se inscribe en la lista de socios y abre la suscripción encabezándola con su nombre ilustre por el valor de dos mil quinientas pesetas, suscripción que en un día ha dado la suma de quince mil, y que aumentará sin duda alguna con mayor cantidad.

El entusiasmo de los socios se manifestó ayer con el decidido propósito de demostrar su gratitud obsequiando con una serenata al Ilmo. Sr. D. Manuel Roca de Togores, lo cual no pudo llevarse a efecto con harto sentimiento de aquellos por haber salido el Sr. Roca en el tren de ayer tarde para Elche.

Una nueva directiva, encabezada por Roca de Togores y el propio Ballesteros, pilotaría el proyecto.

El Diario de Orihuela. 31 de diciembre de 1886: Mañana tomará posesión la nueva Junta directiva del «Casino Orcelitano» compuesta del modo siguiente: Presidente: Ilmo. Sr. D. Manuel Roca de Togores. — Vice-presidente: Sr. D. Francisco Ballesteros. — Vocales: Sres. D. José Román y D. Antonio Ruiz.— Secretario: Sr. D. José Balaguer y Muñoz.— Tesorero: Sr. D. Ramón Garrigós.— Inspectores: Sres. D. César Giménez y D. Eladio Sánchez.— Contador-Bibliotecario: Sr. D. José Zerón.

En febrero de 1887 presentaron instancia en el Ayuntamiento junto a al bosquejo de proyecto.

Archivo Municipal de Orihuela.

El Diario de Orihuela. 10 de febrero 1887: El nuevo casino se construirá con arreglo al plano del Sr. Sánchez (D. Jaime). Las obras comenzarán en breve.

En la sesión municipal del 24 de Febrero de 1887 se recibió la solicitud de Roca de Togores, como presidente del «Casino Orcelitano», pidiendo la línea para la construcción del nuevo edificio; y a primero de marzo se abrió el foso para los cimientos.

Cuatro meses después, mientras se anunciaba la venta en pública subasta de los materiales procedentes de la demolida posada, el «Casino Orcelitano» subastaba la construcción del armazón de madera, «para la cubierta de la primera nevada» del nuevo casino.

El Diario de Orihuela. 16 de junio de 1887: El domingo a las once en la secretaría del Casino Orcelitano se verificará la subasta del armazón de madera para la cubierta de la primera nevada del edificio que la referida sociedad está construyendo en la calle de la Subida del Puente Nuevo.

Los carpinteros que deseen presentarse a la licitación podrán avistarse con el maestro de obras D. Francisco Sánchez, quien les dará todas las condiciones a las cuales habrá de ajustarse la subasta.

Calle Loazes y Casino Orcelitano.

El Diario de Orihuela. 1 de agosto de 1887: Con grandes caracteres de bronce se ha colocado en la parte superior del pórtico del nuevo edificio del Casino la siguiente inscripción: 1887— CASINO.

Archivo Municipal de Orihuela.

En agosto la prensa oriolana elogiaba las obras proyectadas por Jaime Sánchez García y ejecutadas por su hermano Francisco. Habían terminado el pórtico del nuevo casino. Restaba tan solo para terminar la fachada, la colocación de los antepechos de las ventanas para los que habían traído buen número de balaustres de Macael, localidad almeriense famosa por sus canteras de mármol.

El Diario de Orihuela. 2 de agosto de 1887: Ya está terminado el pórtico del nuevo edificio del Casino. En la fachada sólo resta colocar los antepechos de las ventanas para lo cual ha llegado ya de Macael buen número de balaustres.

Como no nos gusta ser tardos en prodigar elogios cuando los fundamenta como en la ocasión presente la verdad y la justicia, cumplimos el grato deber de enviar nuestros más sinceros plácemes a nuestro paisano D. Jaime Sánchez, autor del plano, así como a su inteligente hermano D. Francisco Sánchez, director de las obras, por el buen gusto y acierto de que han dado pruebas ambos en la confección y ejecución del proyecto.

En su día expondremos con mayor extensión el favorable juicio que nos merece el trabajo de los Sres. Sánchez y sirvan por ahora estas breves líneas como preámbulo al justo encomio que en su día haremos de nuestros queridos paisanos.

Casino Orcelitano. Fachada original. Colección Javier Sánchez Portas.

Todo parecía ir muy rápido; pero en la segunda mitad de 1887 empezaron los problemas y las obras se detuvieron. Los rumores, esparcidos sobre todo por la prensa conservadora, atribuían la paralización a la falta de dinero; lo que en parte era cierto.

El Diario de Orihuela. 26 de enero de 1888: EL CASINO. A falta de otros asuntos de qué ocuparse, ayer se dio la preferencia en los círculos políticos a la cuestión de las paralizadas obras del nuevo edificio del Casino.

Ciertamente no sabemos lo que haya de verdad en el asunto, pero sí se aseguraba anoche que se había otorgado la escritura de la casita del molino de Cox contigua a los terrenos del Casino y que pronto comenzarían los trabajos de construcción suspendidos a causa de no acceder sus dueños a la venta de dicha finca, lo cual dificultaba la prosecución de las obras con arreglo al plano adoptado.

Verdaderamente que la interrupción de los trabajos no obedecían a otra causa a pesar de las murmuraciones de los que creían que aquella suspensión era debida a falta de dinero, pues según nuestros informes si bien es verdad que no se cuenta con el capital necesario para terminar el edificio en construcción, se podría apelar el crédito y por este medio se facilitarían las sumas necesarias para llegar al fin que todos deseamos y decimos todos, porque siendo la gran obra comenzada una mejora de la cual podrá enorgullecerse Orihuela, a todos, socios y no socios, agradará que aquel proyecto llegue pronto a feliz término.

Desde el principio de las obras, ha aumentado aquel centro de recreo notablemente el número de sus individuos y nosotros sabemos de muchísimas personas, en su mayor parte artesanos, que tan pronto como se inaugure el nuevo edificio solicitarán su ingreso.

La rémora que a la prosperidad de estos establecimientos oponía hasta hace poco la antigua y pueril prevención de que las clases acomodadas y la de menestrales no cabían juntas en una misma corporación, ha desaparecido completamente y ya vive en la mente de todos que altos y bajos pueden vivir perfectamente dentro de una misma corporación sin más limitaciones que las que prescriben los estatutos de las sociedades.

¡Lástima grande que la pícara política invadiéndolo todo, atice todavía la tea de la discordia y sostenga dos casinos en una población de escaso vecindario como es la nuestra, quitando a lo viejo, a lo que sólo es de Orihuela, valiosos elementos únicamente separados en círculo aparte por el apasionamiento de los partidos!

Calle de Loazes. Colección Javier Sánchez Portas.

El 30 de mayo de 1888 Manuel Roca de Togores y Pérez de Meca, en calidad de presidente, adquirió ante notario por 10.000 pesetas el solar de 966,50 metros cuadrados, propiedad de Francisco Ballesteros (4). Y a primeros de junio se reanudaron las obras.

Era el terreno resultante de sustraer unos metros al solar de la derribada posada. Dichos metros fueron utilizados para ensanchar la antigua calle del Puente Nuevo, retitulada en septiembre de 1887 como calle de Loazes.

Calle Loazes y Casino Orcelitano. Colección Javier Sánchez Portas.

Tras otro parón por falta de fondos, en el otoño de 1888 se convocó una reunión extraordinaria de la Junta General para aprobar una operación de crédito con el Banco Hipotecario.

En noviembre de 1888 solicitaron permiso para invadir la acera con una enorme escalinata de mármol blanco y completaron el registro de la propiedad ante notario; resultando un edificio con una planta de 737 metros cuadrados y casi 230 de patio (5).

Las puertas llegaron en la primavera de 1890. Y un año después acometieron el acristalamiento de ventanas, la decoración y el mobiliario.

Subastado el arriendo del café, en otoño de 1891 se mudaron definitivamente al nuevo edificio aún con obras pendientes.

El diario de Orihuela. 17 de mayo 1890: El miércoles en la tarde fueron colocadas las magníficas puertas que dan entrada al nuevo casino en construcción, las que a juicio de personas inteligentes son una obra de gran mérito artístico y de un trabajo delicado, habiendo sido el encargado de su construcción el inteligente maestro carpintero y tallista de esta población D. José Botí, al cual felicitamos por su acertada dirección y esmerada construcción de dicha obra.

El diario de avisos. 30 de octubre 1891: Ayer quedó terminada la mudanza del Casino a su nuevo edificio quedando el antiguo con el papel en los balcones en demanda de alquiler.

Para terminar, os dejo una descripción del edificio en 1891, tal y como fue ocupado por los socios:

El diario de avisos. 4 de noviembre 1891: Todavía en embrión y ya puede asegurarse que Orihuela tendrá con el tiempo un Casino apropiado a la importancia de la población. Tiene, aunque no ultimados en el mobiliario; decorados ya completamente los departamentos del café, billar, tresillo, lectura y tertulia.

Casino Orcelitano. Sala de armas.

El primero estuvo su arreglo a cargo del murciano Sr. Noguera. En conjunto resulta bien, pero en sus detalles deja mucho que desear. Las mesas de nogal con mármol ceniza, son bonitas e igual las sillas que son de la misma madera con asiento imitación cuero grabado. Los divanes una chapucería nogueriana que muy pronto reclamarán tónicos para remediar su debilidad.

El local es espacioso y de gran elevación, resultando por tal razón escasa la luz que irradian los siete quinqués de que está dotada la habitación. Falta por tanto una lámpara central.

La inauguración se hizo el domingo con bastante concurrencia dándose por el contratista Sr. Soriano un café excelente. La estancia en este departamento es agradable, ofreciendo todas las condiciones de confort propias de la época que atravesamos.

El billar y el tresillo están decorados por manos, oriolanas notándose en ellos el buen gusto del inteligente artista Sr. D. Vicente Navarro. Cada habitación, aunque en general las preside un mismo orden de decorado, tiene dibujos y tonos distintos.

Casino Orcelitano. Billar.

En el billar informa la ornamentación, un precioso techo imitación madera de varias clases con preciosos centros de cartón piedra a la purpurina plata mate en negro y avivada la decoración con molduras madera y baquetilla central plateada.

Está empapelada a recuadro con entremolduras con papel terciopelo granate. Resulta la habitación seria y apropiada al uso a que está destinada. El tresillo está decorado más sencillamente habiendo inteligentes que asignan a este departamento un mérito artístico mayor.

El techo del saloncito llamado de «Abencerrajes» está también muy bien pintado, sobre todo las guirnaldas de flores que en él descuellan, imitación muy aproximada al natural y honra de su autor.

Salón Renacimiento. Colección Javier Sánchez Portas.

El mayor mérito del artista consiste en su desprendimiento y generosidad, pues puede decirse de él en atención al costo de la obra, que ha trabajado gratis por el gusto de contribuir a la terminación de un edificio que enaltece a la población. Por todas las razones apuntadas enviamos como es de justicia nuestros sinceros elogios al Sr. Navarro cuyas condiciones y dotes de artista ha dejado demostradas en el nuevo Casino.

Salón de Lectura. Colección Javier Sánchez Portas.

Quedan los departamentos de lectura y tertulia cuya ornamentación ha corrido a cargo del contratista Sr. Alcolea. Resultan ambos elegantísimos y aunque todavía no tienen el mobiliario correspondiente el que llegará de un día a otro, se ve ya que resultarán suntuosísimos. ¡Así han costado ellos!

El mérito mayor de estas habitaciones está en la pintura, hecha por unos artistas valencianos cuyos nombres sentimos no recordar. Los techos de ambas en lo que respecta al tallista resultan muy bien, pero lo principal de ellas está en la pintura que salvo pequeños defectos obedece a un orden elegantísimo. Tiene dos escocias preciosísimas y los tonos del color no pueden ser más agradables.

Patio Andaluz. Colección Javier Sánchez Portas.

En suma: el nuevo Casino, del cual volveremos a ocuparnos conforme se vaya adelantando, es un centro de recreo digno de Orihuela y merece que todos los que sientan verdadero interés por el progreso material de nuestra querida ciudad, pongan cuanto esté de su parte para que dicho establecimiento recobre mayor vida. Según nuestras noticias pasan de veinte los socios nuevamente alistados y es de esperar que aumenten más cada día.

El artesano honrado no debe tener reparo alguno en hacerse socio, pues allí todo el que abona su cuota es igual a los demás por empingorotados señorones que sean. La utópica igualdad de los soñadores, alcanza allí profunda y verdadera realidad.

Gran Hotel de España en el edificio que fue casa de los Pizana. Colección Javier Sánchez Portas. Detalle.

Trasladado el «casino Orcelitano», la antigua casa de Pizana albergó el Gran Hotel de España; y sus bajos el Café de Levante.

Café de Levante en el edificio que fue casa de los Pizana.

El «Círculo Oriolano».

Unión republicana. 18 de octubre 1903: La Liga Católica ha fallecido, RIP. Se han cerrado las puertas del edificio que ocupaba esta católica asociación, en señal de luto. ¡Pero se abrirán, vaya que se abrirán! Hay precedentes. Nació el Círculo Católico de Obreros, y su vida fue efímera. Se fundó el Ateneo de San Luis Gonzaga, y murió por consunción. Germinó La Liga Católica, y la debacle. ¿Qué nombre le pondrán al nuevo engendro de la reacción?

Círculo oriolano. Colección Javier Sánchez Portas.

A finales de 1903, los conservadores oriolanos decidieron otra vez montarse por su cuenta y fundaron otro casino al que llamaron «Círculo Oriolano»; nombre muy parecido al que tenía el primero que existió en la ciudad: «Círculo Orcelitano».

La comarca. 4 de diciembre de 1903: El Círculo Oriolano. De nuevo ha vuelto a abrir sus puertas el antiguo Ateneo de San Luis Gonzaga, que hora se denominará Circulo Oriolano. Ha sido nombrado presidente de esta aristocrática sociedad, el Sr. D. Federico Linares.

La comarca. 5 de diciembre 1903: Reglamento. Se ha mandado a la capital para la aprobación de la primera autoridad civil de la provincia el reglamento por el que ha de regirse el Circulo Oriolano recientemente inaugurado en la Plaza de la Pía.

El orcelitano. 7 de diciembre 1903: Con el título de «Círculo Oriolano» ha vuelto a abrirse el local en donde estuvo instalado el antiguo Círculo de «La Liga Católica». Esta vez parece que aquella nueva sociedad tendrá más elementos de vida, por tener un carácter de independencia del que carecía en la última etapa de su efímera existencia.

La comarca. 7 de diciembre 1903: He aquí la lista de los señores qué componen la Junta del nuevo circulo: Presidente, D. Federico Linares; Vice presidente, D. Ramón del Arroyo y Manuel de Villena; Vocales D. Carlos Die Pescetto, D. Francisco Germán Moreno, D. Antonio Pescetto Balaguer, D. Eladio Sevilla Alfaro, Don Juan Garrió Grifol; Tesorero, D. Tomás Brotons Pastor; Secretario, D. Asensio García Mercader; Inspectores, D. Ildefonso de Ayarra, D. Manuel Miravete Piña y D. Enrique Celdrán.

Federico Linares Martínez.

Instalado en el local donde antes estaba el «Círculo Católico de Obreros», de las clases para alfabetizar al proletariado, pasaron a las clases de esgrima; compitiendo con los del «Casino Orcelitano».

La voz de Alicante. 1 de febrero 1904: El pasado sábado se verificó, en una finca de las inmediaciones de esta ciudad, un asalto por los señores alumnos de las salas de armas del Casino y del Círculo Oriolano.

La comarca. 22 de octubre 1904: Clases. Hoy se reanudan las clases de esgrima en el Circulo Oriolano bajo la dirección del inteligente profesor y amigo nuestro D. Alfredo Bueno. Sabemos. que reina gran animación entre la juventud de aquel centro por fomentar la afición a tan higiénico sport.

Salón de esgrima. Casino Orcelitano.

No sólo competían en esgrima; el círculo contaba con su propia orquesta; y en sus elegantes salones se celebraban conferencias, conciertos y artísticas veladas teatrales.

El adalid. 16 de noviembre 1904: DE SOCIEDAD. El Sr. Presidente del Círculo Oriolano dirige la siguiente comunicación: Sr. Director de El Adalid: Ruego a V. haga público en el periódico de su digna dirección, que en la tarde de mañana, jueves 17 de los corrientes a las 6 y media dará en este centro una conferencia sobre asuntos de verdadero interés para nuestra agricultura, el Excmo. Sr. Conde de Retamoso.

Con este motivo la Junta Directiva de este Círculo, invita a cuántas personas deseen asistir al acto, sean o no socios, a la referida conferencia, por tratarse de asunto de verdadero interés para la región.

La orquesta de este centro, en obsequio a las señoras que al acto concurran, ejecutará algunas piezas de su repertorio. Agradeciéndole la publicación de estas líneas, me repito de V. afmo. S. S. q. b. s. m. Federico Linares.

El diario. 24 de abril 1906: En el Círculo Oriolano. Completamente lleno se vio antes de anoche y anoche el espacioso y elegante salón, que la aristocrática Sociedad, «Circulo oriolano» tiene destinado para teatro. Imposible citar nombres. Allí vimos muchas y distinguidísimas familias de nuestra sociedad elegante…

Todo terminó en enero de 1909. En principio acordaron trasladarse «provisionalmente» a la calle de Soleres; al mes siguiente una nueva noticia los situaba en la calle de Loazes; y uno de sus vocales presentaba la dimisión.

El orden. 1 de enero 1909: Ayer tarde celebró Junta General la Sociedad Círculo Oriolano, tomando, entre otros acuerdos, el trasladar (provisionalmente) el domicilio social a calle de Soleres núm. 6.

El orden. 16 de febrero 1909: La sociedad «Círculo Oriolano» se ha trasladado a la calle de Loaces.

La iberia. 20 de febrero 1909: Nuestro particular amigo, D. José Rodríguez de Vera, ha dimitido de su cargo de vocal en la junta directiva del «Circulo Oriolano».

En mayo de ese mismo año, los socios del «Círculo Oriolano» se fusionaron con los del «Casino Orcelitano». Los dos partidos «dinásticos» enterraban el hacha de guerra y toda la aristocrática burguesía oriolana volvió a juntarse bajo un mismo techo.

El orden. 9 de mayo 1909: Esta mañana, a las 10 y media, celebrará junta general la sociedad Casino Orcelitano, para tratar de la fusión de dicha sociedad con el Círculo Oriolano. Con este mismo objeto, también celebrará junta general esta última sociedad.

El orden. 11 de mayo 1909: El pasado domingo celebraron junta general las sociedades «Casino Orcelitano» y «Círculo Oriolano», acordando la fusión de ambos centros. Tan grato acontecimiento se celebró con dulces, licores y habanos, fino obsequio de la directiva del «Casino Orcelitano» para sus nuevos consocios, los señores que formaban la sociedad «Círculo Oriolano».

Lo cierto es que la Caja de Ahorros y Socorros y Monte de Piedad de Nuestra Señora de Monserrate había comprado el edificio a la Iglesia; y en ese mismo mes trasladó su sede al local de la Plaza de la Pía. 

Reparto de comida, principios del siglo XX. Colección Javier Sánchez Portas.

Epílogo.

Como hemos podido comprobar, todos las sociedades de recreo fundadas en Orihuela acabaron fusionadas al «Casino Orcelitano».

Con el paso del tiempo, sus socios descubrieron una pega importante en su espectacular edificio: las estrechas ventanas los aislaban visualmente del exterior; por lo que no podían exhibirse holgando en sus lujosos salones.

Casino Orcelitano con las antiguas ventanas. Colección Jesús R. Tejuelo.
En la puerta del Casino. Archivo Familia Zerón Huguet.

En la segunda mitad de la década de los 20 del siglo pasado, el «Casino Orcelitano» reformó la fachada de su sede, aun a costa de perder la armonía.

Seis de las ventanas originales fueron sustituidas por la pareja de «peceras» que ostenta en la actualidad. Estas cristaleras de gran tamaño permiten ver y ser visto en el interior del Casino.

Casino Orcelitano con las nuevas cristaleras. Archivo Paloma Pastor.

Para costear dichas obras de reforma se emitieron acciones en 1927.

Colección Javier Sánchez Portas.
Casino Orcelitano años 30 del siglo XX. Ministerio de Cultura.
Calle de Loazes. Colección Javier Sánchez Portas.
Calle de Loazes. Archivo Mariano Pedrera.
Calle de Loazes. Archivo Rafael Almira.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Ampliación y adaptación en 2022 de un artículo publicado en 2006. 

Notas:

1 AHO. Prot. 1285.

2 AHO. Prot. 2017.

3 Estaba casado con María de la Concepción Castillo, viuda a su vez de José Juan de Torres con el que tuvo dos hijos, Carolina y Federico Torres del Castillo, hijastros de Luis Manuel Pizana.

4 AHO. Prot. 2369 fs. 95-100

5 AHO. Prot. 2369 fs. 678-681

Galería fotográfica:

Calle de Loazes y Casino Orcelitano.
Casino Orcelitano. Colección Javier Sánchez Portas.
Calle Loazes y Casino Orcelitano.
Casino Orcelitano. Colección Javier Sánchez Portas.
Calle de Loazes desde el Casino. Archivo Celia Senén.
Personal del Casino. Archivo Julio Aparicio
Fichas del Casino Orcelitano. Colección Julio Aparicio.
Alberto Zerón Huguet.
Biblioteca del Casino Orcelitano. Víctor Sarabia Grau.

Cubero y el Seminario de Orihuela en 1867.

Pedro María Cubero López de Padilla.

El obispo Cubero y el día de la Inmaculada de 1867 en el Seminario de Orihuela.

Seminario Conciliar de la Purísima Concepción y el Príncipe San Miguel.

Antecedentes:

La población del llano de San Miguel como origen de Orihuela es uno de los misterios más apasionantes de nuestra historia.

Más allá de algunos hallazgos prehistóricos, debajo del seminario permanecen por localizar las evidencias que demuestren que allí estuvo la primitiva ciudad tardorromana o goda (Aurariola), repoblada por los musulmanes (Uryula) y luego por los pobladores cristianos (Oriola).

De su iglesia o ermita del Príncipe y Arcángel San Miguel, apenas se sabe.  Más allá de que tenía anexo el beaterio más antiguo de los dos que tuvo Orihuela.

La ermita de San Miguel en el grabado del Cartulario.

Dicho establecimiento fue ampliado a comienzos del siglo XVII y acabó absorbiendo al otro, desplazadas sus «bones dones» por la llegada de las monjas de Santa Lucía.

Del citado beaterio cuenta Bellot que el Consell concedió licencia a varias mujeres devotas para construir celdas y hacer vida retirada bajo la regla de San Francisco en 1445; y que dos años después se instituyó el cargo de superiora en la persona de Giomar Masquefa, fallecida en 1463, quien dejó su cargo a su hija Leonor, la mujer de Pedro Fajardo.

Montesinos, siempre menos creíble, data la fundación del beaterio en 1503 y también atribuye el cargo de superiora a Luisa Fajardo, una pariente del marqués de los Vélez, personaje decisivo en nuestra historia por encabezar el saqueo sufrido por Oriola en 1521, durante la Guerra de Germanías.

Baltasar Gómez Berna

Un trabajo más reciente de mi admirado José Ojeda Nieto, nos ofrece valiosa información.  Se titula «La ermita de San Miguel antes de ser Seminario». Os lo voy a resumir:

Los datos salen de un pleito de finales del siglo XVI entre la familia de los Fajardoque decían ser fundadores de dicha iglesia y contar con una sepultura dentro de ella y la cofradía de San Miguel que negaban tal fundación y afirmaban que la ermita era iglesia sufragánea de San Salvador .

Para empezar, uno de los cofrades, ya anciano, afirmaba que:

«Oriola fue ganada a los moros y conquistada por los cristianos que edificaron y fundaron la ciudad en el Plano de San Miguel. En dicho plano había un lugar y población de casas y los cristianos que poblaron reedificaron la ciudad en lo alto. También fundaron y edificaron la iglesia de San Miguel».

En los testimonios de unos y otros salen a relucir muchos detalles de la Ermita. Así nos enteramos de que a fines del siglo XV había un retablo con tres figuras: San Miguel, San Francisco y Santa Clara.

Que las beatas o «bones dones» vivían en ocho celdas, con dos patios. Que contaban con una cisterna y un aljibe de aguas pluviales; con una gran cocina y con un huerto.

Que en 1595 la Cofradía de San Miguel decidió alargar la ermita, llevando hacia atrás la capilla mayor, y en las obras se destruyó el sepulcro ya mencionado. Los testigos afirman que lo que contenía, eran los cuerpos de cuatro beatas veladas y con el hábito de San Francisco.

El dichoso pleito nos da otro dato importante: en 1619 los capuchinos solicitaron y les fue concedido instalarse en San Miguel para fundar su monasterio. Pero dicho permiso fue revocado al no considerarla ermita, como las de Santa Ana, San Sebastián o el Socorro, utilizadas para fundar conventos.

San Miguel se consideraba iglesia sufragánea dependiente de la jurisdicción o autoridad del Salvador. ¿Os imagináis el convento de los capuchinos en lugar del Seminario? pues estuvo cerca.

Montaje con una imagen del siglo XVIII. Ajomalba.

A comienzos del siglo XVIII, tras la Guerra de Sucesión, la ermita estaba en pésimo estado.

En 1738, Juan Elías Gómez de Terán alcanzó la mitra oriolana. Y al poco de llegar a Orihuela, encomendó a los sacerdotes píos operarios congregación de origen italiano, la tarea de poner en marcha un seminario.

Retrato y escudo del fundador. Colección José Manuel Dayas.

Dos años después fundó el Seminario de San Miguel,  para formar y reciclar sacerdotes. Y en 1742 le agregó el de la Purísima Concepción para niños educandos.

Unificados en 1744 por Bula de Benedicto XIV y la provisión real de Felipe V, la doble institución recibió el nombre de Seminario Conciliar de la Purísima Concepción y el Príncipe San Miguel.

Seminario Conciliar de Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas. Fragmento.

A la muerte del prelado, aún con la sede vacante, el Cabildo Catedralicio intentó hacerse con el control del Seminario. Sus «sonadas» disputas con el vicerrector, pasaron de los insultos a las amenazas y de las amenazas a los tiros.

La expulsión de los Jesuitas en 1767 produjo un trasvase de alumnos a sus aulas. Ese mismo año alcanzó la mitra José Tormo, quien lo amplió con un nuevo edificio a Levante y lo dotó además de una gran Biblioteca.

Josef Tormo y Juliá.

Gómez de Terán y Tormo pasaron a la historia como los obispos constructores del seminario durante el siglo XVIII. En la siguiente centuria otro prelado destacó también por sus aportaciones al edificio.

Pedro María Cubero López de Padilla.

Pedro María Eustaquio Cubero López de Padilla nació en Doña Mencía, provincia de Córdoba, en 1810. A los catorce años entró en el seminario y con veintitrés fue ordenado presbítero.

Retrato de autor desconocido. Ayuntamiento de Doña Mencía. Colección Julia Ferrer Vilar.

La experiencia en el funcionamiento de estos establecimientos era indudable. Su carrera comenzó como profesor de Filosofía y Teología en el Seminario de San Pelagio de Córdoba. Tras pasar por la vicerrectoría fue nombrado rector; y no abandonó dicho cargo hasta llegar a obispo, dos décadas después.

La Paz de Murcia. 14 de julio de 1858: Ha sido presentado para la mitra de Orihuela, el señor don Pedro Cubero, deán de la santa iglesia y rector del seminario de Córdoba.

En mayo de 1858, Isabel II lo propuso al Papa para el obispado de Orihuela; propuesta que Pío IX aceptó en septiembre.

El 27 de febrero de 1859 fue consagrado en la  Catedral de Córdoba, y el 3 de abril de entró en Orihuela. A finales de mayo lo hizo en Alicante; donde pasó dos semanas. En ese verano se desató una epidemia.

La Correspondencia Autógrafa. 26 de agosto de 1859: El Ilmo. Sr. D. Pedro María Cubero López de Padilla, obispo de Orihuela, ha dirigido a sus diocesanos una elocuente y religiosa pastoral con el triste motivo de la calamidad del cólera morbo.

Según este, de la misma ciudad dicen el 23 que va desapareciendo; en las últimas veinte y cuatro horas solo habían muerto tres de los anteriores invadidos. El número de atacados no pasa de 12 y es más benigna la dolencia.

Diario de Córdoba. 26 de octubre de 1859: Merecida Recompensa.  El Excmo. e Ilmo. Sr. D. Pedro María Cubero, Obispo de Orihuela, ha sido agraciado con la gran Cruz de Isabel la Católica.

Con ella ha premiado S. M. no solo sus anteriores servicios, sino los muy especiales prestados por este Prelado durante la última invasión del cólera morbo Asiático, época en que se ha distinguido notablemente por sus paternales cuidados y por los sacrificios de todas clases que ha hecho en beneficio de sus pueblos.

Ya en otras ocasiones hemos dicho que el Ilmo. Sr. Cubero estaba llamado a ocupar un lugar eminente en el Episcopado Español, y vemos con gusto que los acontecimientos justifican nuestros pronósticos.

Superado el cólera morbo e instalado en su nuevo obispado, pronto demostró que venía dispuesto a prestar especial atención al seminario; por ejemplo recuperando y dando lustre a la ceremonia de jurar la beca.

La Correspondencia de España. 25 de febrero de 1861: El acto de jurar la Beca que hacía algunos años no se verificaba en el seminario de Orihuela, se ha verificado este año con mucha solemnidad. Consiste este acto en hacer una sencilla profesión de fe, prometiendo a la vez obedecer al prelado y a sus sucesores, guardar la regla y estatutos del seminario y mirar en todo tiempo por su esplendor, mejoras y adelantamientos, recibiendo inmediatamente la investidura de la Beca.

A las nueve de la mañana los seminaristas destinados a jurar la Beca, en número de 160, ocupaban sus respectivos lugares en la iglesia del Seminario, vestidos de manto azul celeste y con la Beca blanca doblada sobre el brazo izquierdo. En frente del altar mayor y en el mismo presbiterio, había una mesa cubierta de damasco con un crucifijo alumbrado por dos velas, y sobre la mesa el libro de los evangelios.

El señor obispo así que llegó a la iglesia oró por un breve rato, y colocado en pie junto a la mesa mencionada, imploró por medio de algunas oraciones los auxilios divinos y bendijo las Becas. Habiendo tomado asiento, el señor rector, vicerrector y demás catedráticos se colocaron en pie a derecha e izquierda y comenzaron a llegar los seminaristas de seis en seis.

El señor rector, con la fórmula de la jura de Beca en la mano, y visiblemente enternecido, les preguntaba si se conformaban con la creencia de nuestra Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica Romana; si prometían obediencia al Excmo. e Ilmo. señor obispo y a sus sucesores, y si hacían propósito firme de guardar los estatutos y procurar el bien, mejora y lustre del seminario.

Los seminaristas, en número de seis, como se ha dicho, hincados de rodillas con la mano derecha puesta sobre el libro de los evangelios, respondían afirmativamente a estas tres preguntas. Acto continuo los señores catedráticos les vestían la Beca, y recibida la bendición del prelado se volvían a sus puestos.

En seguida tomó la palabra el señor obispo y manifestó que en todo tiempo y en todos los pueblos había tenido lugar esa clase de juramentos que unían a los hombres con tan sagrado vínculo en asociaciones, corporaciones y comunidades particulares, diferentes unas de otras por sus trajes, usos y costumbres, lo mismo entre los cínicos que entre los adoradores del verdadero Dios.

Remontándose en la historia de la religión  hizo notar los votos y profesiones del pueblo hebreo, en seguida los juramentos de los primeros fieles, de los anacoretas, y por fin, los de todas las instituciones cristianas.

El venerable prelado concluyó recordando a los seminaristas los pensamientos que debía excitar en sus almas los colores de su hermoso traje: el azul del manto el del cielo a que deben dirigir todas sus aspiraciones; el blanco de la Beca, la pureza de costumbres, que imitando a su excelsa patrona ha de caracterizar su conducta y el escudo del sagrado corazón de Jesús, que llevan sobre el lado izquierdo del pecho, la carrera de amor, abnegación y sufrimientos que tienen que hacer si quieren ser buenos ministros de aquel que dijo:

«El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome una cruz y me siga».

Y decidió engrandecer el edificio con un lujoso Salón de Actos o de Grados en el ala Este; con nuevas aulas y con un huerto jardín.

Las obras comenzaron en 1863, un año después de la visita que la reina hizo a Orihuela (parece ser que en dicha visita entregó a Cubero un generoso donativo para el Seminario).

Litografía de Isabel II. Colección Javier Sánchez Portas. Opúsculo histórico de la ciudad de Orihuela con motivo de su visita en 1862. Biblioteca Valenciana Digital.

De ese año tenemos una descripción que hizo José Pastor de la Roca, periodista, filósofo y novelista nacido en Dolores, antiguo alumno del seminario.

El museo universal. 20 de diciembre 1863: Descripción del Seminario conciliar; la fundación del ilustrísimo señor obispo de la diócesis don Juan Elías Gómez de Terán, con arreglo a las prescripciones del concilio de Trento y bajo la advocación de la Purísima Concepción y San Miguel Arcángel, cuya erección fue aprobada por bula de Su Santidad en 7 de marzo de 1743 y real provisión de 28 de mayo del mismo año.

Su posición sobre una graciosa explanada del monte presenta un golpe de vista magnífico y sobremanera pintoresco, ofreciendo el rico panorama que desde él se descubre.

Su fábrica, sencilla y moderna, presenta una admirable uniformidad arquitectónica de grato efecto y su iglesia pequeña, aunque bonita y ricamente decorada con ornamentación espléndida deja bien poco que desear al más exigente; dos de sus grandes piezas están destinadas a la biblioteca, que es selecta, y al archivo general de la diócesis.

La fachada que corresponde exactamente al Mediodía, mide una extensión de 638 palmos valencianos y la gran explanada que se extiende al frente, tiene 795 de longitud por 130 de latitud.  

Este extenso Seminario, al cual puede subirse cómodamente con carruaje por su espacioso camino o rampa, contiene dos grandes cisternas alimentadas por las vertientes de la montaña del castillo, que se eleva a la espalda de aquel por la parte del Norte.

Los accesorios de este establecimiento magnífico, despojados ya en parte de la aridez agreste de que adolecieran, deben al actual prelado y al celoso rector del mismo importantes mejoras que continuarán en mayor escala en lo sucesivo.

Por de pronto el limonero, el naranjo, el nogal, la vid con sus rastreros parásitos admirablemente plantados con simetría, casi en la misma peña, hermosean la delantera y la amenizan, así como también los puntos laterales de la explanada, al paso que el atrevido entusiasmo del citado señor obispo proyecta extender las plantaciones a todo el primer término de la montaña desde dicho punto hasta el caserío y transformándola, según su expresión misma que le hemos oído, en una florida colina de Estambul.

Vista de Orihuela. El museo universal. 3 de diciembre 1863.

El 19 de marzo de 1864, en la subcomisión de Gracia y Justicia, el diputado a Cortes Sr. Rivero Cidraque, abogó para que se aumentase la asignación al seminario conciliar de Orihuela.

No tengo más noticias hasta 1867, año en el que culminaron las obras. En Orihuela no había prensa; pero el diario «La Paz de Murcia» tenía un corresponsal que enviaba por carta las noticias locales.

La Paz de Murcia. 13 de enero de 1867: El señor obispo de esta diócesis, que ha llevado a cabo no pocas obras de importancia en el tiempo que se halla entre nosotros, está introduciendo grandes reformas en el magnífico seminario conciliar de San Miguel, sin duda el primero de su clase en España.

Hemos tenido ocasión de visitar el grandioso salón que se está terminando con destino a actos públicos y que es verdaderamente una obra notable. Quizá no sea más capaz el paraninfo de la universidad central y por de contado tiene mayores dimensiones que el teatro de la universidad de Valencia.

El decorado de estilo ojival, es sencillo pero de buen efecto. En el lugar preferente se colocarán los retratos de S. M. y del Sumo Pontífice; obras que están terminando el pintor D. Manuel Olmos, hijo de esta población, y según tenemos entendido también adornará el salón el busto del señor obispo, que se ha encargado al escultor Sr. Riudavest.

El 6 de junio de ese mismo año, Pedro María Cubero se embarcó en Alicante, en un vapor de la empresa López con rumbo a Barcelona. Su destino final, junto al resto del episcopado español, era Roma.

Allí se reunieron con el Papa Pío IX (este pontífice fue quien años antes había proclamado el dogma de la Inmaculada Concepción «Ineffabilis Deus»). Tras expresarle su apoyo, el cardenal arzobispo de Santiago y el resto de arzobispos y obispos españoles regresaron a Barcelona a mediados de julio a bordo del buque «San Quintín». Dos años después, este pontífice convocaría el primer concilio celebrado en el Vaticano.

A finales de noviembre todo estaba preparado para la gran inauguración del nuevo Salón de Actos del Seminario de Orihuela.

La Paz de Murcia. 23 de noviembre de 1867:  En el Seminario conciliar de San Miguel de Orihuela se está construyendo un magnífico salón que se destina para los grados, en cuyos trabajos se adelanta con rapidez; pues tiene que inaugurarse el día 8 del próximo diciembre.

Dirige la obra el dignísimo prelado D. Pedro María Cubero López de Padilla, haciendo él las veces de arquitecto, y a su celo tan sólo se debe la obra. El referido salón es de construcción gótica con soberbia y elevada bóveda, y con cuantos adornos aconseja el orden a que pertenece.

Se ha levantado una especie de plataforma, y sobre ella un rico dosel, bajo el cual se ostentarán, pintados al óleo, los retratos de nuestra Soberana y el magnífico Pontífice Pío IX.

Para la gran función que ha de celebrarse el día de la Inmaculada Concepción de María, debe asistir todo lo más notable de la provincia, hallándose ya invitados el señor gobernador civil, Consejo, Ayuntamiento, cabildos catedral y colegial, el clero parroquial de la diócesis, uno de los señores senadores del reino y lo más distinguido de Orihuela.

Los colegiales adornarán e iluminarán toda la fachada del Seminario, lo mismo que un patio interior que se ha reedificado, el que contendrá elegantes arcos de mirto, bellísimos adornos en sedas y flores, gran número de lucernas, lámparas, arañas, etc., etc., y ya brilla en todos los rostros de los habitantes del Colegio la alegría reveladora del gran objeto para que el salón se destina, pues debe producir en lo sucesivo raudales de ciencia y sabiduría.

El señor obispo pronunciará un discurso de apertura, al que contestarán con otros los señores catedráticos, admitiendo y corroborando las ideas vertidas en aquel, y muchos seminaristas recitarán o leerán poesías alusivas, en cuya confección ya se ocupan los más aventajados.

Todo hace esperar que la función que se prepara para el 8 del último mes del año, será brillante; y que dejará un recuerdo en aquella población.

Colección Jesús Rodríguez Tejuelo.

El día de la inmaculada Concepción de 1867.

Las fiestas de inauguración tuvieron lugar el día de la Inmaculada Concepción, titular del seminario. Entre los días 17 y 21 de diciembre, «La Paz» dio cuenta de las obras ejecutadas y de todo lo acaecido en aquella memorable jornada. Lo contó a través de tres cartas publicadas en cuatro artículos que he transcrito completos.

Las tres cartas (cuatro artículos) montadas en una sola portada.

La Paz de Murcia. 17 de diciembre de 1867: FIESTAS EN EL SEMINARIO DE ORIHUELA. Carta primera: Orihuela, 9 de diciembre de 1867. Señor director del «Diario Mercantil» de Valencia.

La inauguración del magnífico salón para aperturas de curso y actos literarios que se verificó el día de la Concepción en este Seminario, sírveme de ocasión para darle algunos antecedentes sobre dicha casa. Particularmente sobre su hermosa posición topográfica, sus excelentes condiciones higiénicas, su régimen y disciplina interior y sus prácticas escolares, terminando con la descripción arquitectónica del nuevo salón y fiestas verificadas con este motivo.

D. Juan Elías Gómez de Terán, obispo de esta diócesis, hombre dotado de un gran talento, de vasta erudición, sobre todo de un genio activo y emprendedor (pues a él se le deben muchas construcciones así de iglesias como de asilos de Beneficencia de este obispado), deseando cumplir con lo dispuesto por el Concilio de Trento sobre creación de Seminarios, determinó dotar a esta diócesis de una casa de la que tanta necesidad sentía.

Juan Elías Gómez Terán. Real Academia de la Historia.

El punto por él elegido fue la montaña conocida en este país con el nombre de El Castillo, por razón del que en su cima construyeron los árabes y del que todavía se conservan algunos restos, no obstante haber sido volado por el rey D. Felipe V.

Hállase separada esta montaña de la cordillera general denominada Cruz de la Muela, que es una de las ramificaciones de la Sierra Segura, por un cerro denominado el Oriolet, situado en la parte del Norte, cerro admiración de los geólogos por ser de roca primitiva y hallarse enclavado entre ambas montañas, sin tener con ellas semejanza alguna.

La población está situada a la parte del Mediodía de la montaña, y en la grande explanada que esta forma en la mitad de su altura, existió antiguamente una ermita de San Miguel, y más tarde un beaterio.

El señor obispo Terán levanto en ella el actual Seminario Conciliar, aprovechando parte de las anteriores construcciones, y dándoles nueva forma y distribución. El obispo Tormo continuó la obra y últimamente el actual ha terminado el edificio.

Dos retratos del obispo Josef Tormo y Juliá. El primero está atribuido a José Vergara Gimeno y está expuesto  en el Centre Cultural La Nau de Valencia. El segundo es de Antonio Llopis, y se expone  en el Palacio Episcopal de Orihuela, Museo de Arte Sacro.

Súbese al Seminario por dos escaleras, la una angosta y abierta casi en su totalidad sobre la roca viva y por la que en cinco minutos puede bajarse desde la puerta del seminario a la Catedral; la otra escalera es magnífica, serpentea por la montaña y sus rampas suaves son tan anchas que con facilidad podrían subir carruajes, si no fuesen obstáculo los portales que tienen para impedir el arrastre del piso en los días de lluvia.

En la primera rampa se encuentra el granero del Seminario y enfrente la casita del jardinero. La última rampa se divide en dos a derecha e izquierda, dando entrada a la grande explanada que existe delante del edificio y que parte sirve de paseo a los alumnos en los días serenos y tranquilos, y parte está destinada a jardín.

Desde esta explanada se descubre un magnífico panorama, punto de vista magnífico, pues todo el territorio es de regadío y los caseríos y pueblos que se divisan son muchos. Abraza este panorama una extensión de Levante a Poniente de cerca de once leguas; y dos y media de latitud en su parte media.

Todo este territorio está regado por el Segura y en él se descubren a la simple vista, la ciudad de Murcia, Algezares, Monteagudo, Beniel, Bigastro, Benejúzar, Jacarilla, Almoradí, Dolores, Rafal y otros varios pueblos con infinidad de caseríos.

Traseras del Seminario. Colección Esteban Sanmartín.

Sobre esta explanada levántase el Seminario aislado teniendo su fachada principal hacia el Mediodía y a sus pies la población, resguardado del Norte por la misma montaña, que a su espalda continúa en sucesivo ascenso.

Mide 150 metros de longitud y 48 de latitud; su altura es proporcionada y está adornado con tres filas de ventanas que lo hermosean; su conjunto se destaca sobre la montaña, descubriéndose a la simple vista desde una distancia considerable.

Como el Seminario no fue todo fundado de planta sino que ya existían algunas obras cuando se construyó; su fachada no es perfectamente simétrica en su división, y se halla distribuida en el modo siguiente: Empezando por la parte de Poniente, 24 metros forman la parte llamada Gramática, porque en ella habitan los alumnos del primer periodo de Segunda enseñanza.

El Seminario con el aspecto anterior a la Guerra Civil; con el reloj en la torre del campanario. Colección Javier Sánchez Portas.

Sigue la portada con 10 metros de extensión y dos puertas; la una da entrada al Seminario y la otra a la iglesia; sobre estas hay dos balcones que dan luz a las habitaciones del señor obispo. La construcción de dicha portada es muy bella y es toda de piedra berroqueña con algunas esculturas; entre las dos puertas se ven las armas del fundador Terán, cuyos cuarteles están formados con mármoles de colores.

Colección Javier Sánchez Portas.

Continúa la iglesia, cuyo altar principal se halla a Levante, midiendo con el camarín 32 metros. Levántase con el resto de la fachada una elegante torrecilla con dos campanas y un reloj, cuyos sonidos llegan a escucharse hasta cerca de media legua de la población.

Iglesia del Seminario años 30 siglo XX. Colección Javier Sánchez Portas

La iglesia y la parte siguiente del edificio hasta 53 metros, son obra del señor obispo Terán desde sus fundamentos, formando su construcción un recinto casi cuadrado, en cuyo centro existe un espacioso patio.

El señor obispo Tormo, viendo que no era capaz el Seminario para los jóvenes que a él acudían, continuó la obra extendiéndola 32 metros en su fachada y dejando sin cerrar el área del nuevo patio, que ha terminado el actual obispo con el nuevo salón construido, cuya situación es de Norte a Mediodía.

Patio del Seminario. Colección Jesús Rodríguez Tejuelo.

Las condiciones higiénicas del Seminario es inútil encarecerlas; aislado, con ventanas a todos vientos y a gran altura, hacen que no reinen en él ninguna clase de enfermedades; prueba de ello es que no hay en el edificio punto alguno para enfermería.

A ello contribuye mucho el tener cada alumno su habitación particular e independiente, con su correspondiente ventana, y de una capacidad suficiente para colocar desahogadamente una cama, una mesita de estudio, dos sillas, cofre, palanganero y una percha.

Régimen y descripción interior: El señor Terán dotó a esta casa de unas sabias constituciones, pero como los tiempos varían, fueron adicionadas por el señor Tormo, después por el señor D. Simón López, que de esta silla pasó a esa Metropolitana, y últimamente el Excelentísimo e Ilmo. Sr. Cubero, actual obispo, ha formulado y planteado un nuevo reglamento, que abraza la parte disciplinar y también la enseñanza.

He aquí en pocas palabras resumidas ambas cosas: Los alumnos se levantarán a las cinco y media, a las seis estudian hasta las siete, a esta hora bajan todos a la iglesia para oír misa y otras prácticas religiosas hasta las ocho, toman en seguida el desayuno y a las ocho y media entran en cátedra los humanistas de primero y segundo periodo, a las nueve los teólogos y canonistas y todos salen a las once; estudian hasta las doce, bajan a comer, y terminada la comida tienen un rato de recreo, ya en el interior del edificio, ya en la explanada antes indicada.

Seminaristas en el recreo.

Y a la una se retiran a dormir hasta las dos; estudian hasta las tres y por segunda vez vuelven a las cátedras; a las cuatro y media recreo, a las seis estudio hasta las ocho en que se reza el rosario, se cena y a las nueve todos se retiran a sus habitaciones.

En cuanto a la enseñanza, se sigue el mismo plan dado por el gobierno en los estudios de primero y segundo periodo de segunda enseñanza; en teología y cánones el plan de seminarios; dos veces a la semana, jueves y domingos, tienen por turno los alumnos actos literarios, tomando punto con veinte cuatro horas de anticipación, ya por el Maestro de las Sentencias y por el Catecismo de San Pío V, ya por la Biblia; los miércoles y sábados por las noches hay academias, con otras varias clases de ejercicios literarios que sería prolijo enumerar. (Se continuará).

Refectorio del Seminario. Colección Javier Sánchez Portas

La Paz de Murcia. 18 de diciembre de 1867: FIESTAS EN EL SEMINARIO DE ORIHUELA. Carta primera (continuación):

Estos actos literarios se verificaban en una de las cátedras de más capacidad, pero como estas se encuentran situadas debajo del piso principal, habiéndose aprovechado para la construcción el desnivel del terreno, se hallan cerca de un metro más bajas que el piso de la explanada y con el techo, aunque abovedado bajo, siendo frías y húmedas en los días lluviosos.

No existía además un punto bastante espacioso y aislado en el que pudieran verificarse las aperturas; y el actual prelado, desde el momento en que vio el edificio, concibió el gran pensamiento de dotar a la casa de un salón tan necesario y que fuese digno del justo renombre de que goza, y bastante a colocar a este Seminario en primera línea.

Este ha sido el motivo de llevar a cabo el salón magnífico, cuyo proyecto había concebido, y cuya inauguración tuvo la gran satisfacción de realizar el día de la Concepción, Patrona de este Seminario.

Descripción del salón. Hállase en la parte de Levante y ocupa toda el ala de Norte a Mediodía, y para llegar a él se necesita atravesar todo el Seminario en su parte longitudinal.

Dos puertas dan entrada a una bonita antesala abovedada, de cuyo centro pende una araña de bronce: dos ventanas, una a Levante y otra a Poniente le dan luz; mide cerca de 8 metros de longitud por 6 de anchura.

Seminario. Salón de actos o grados. Colección Javier Sánchez Portas.

Frente a las dos puertas de su entrada, otras dos conducen al magnífico y espacioso salón; entre ambas puertas se ve un cuadro de proporciones regulares que representa la Imagen de la Concepción; y sobre ellas se leen las siguientes inscripciones:

Sobre la puerta derecha: «IN ULTIMUN OPUS, MAGNUM ORNAMENTUM HUJUS SEMINARII INSCRIPTIO. INSPIRAT. DIRIGIT. VIGILAT. ADEST. PERSTAT. IN CORDIS. SEMPER. INTIMIS. ET. ARTIS. ET. SCIENTIAE. ET. DISCIPLINOE. ET. ORDINIS. DECOR. ZELUSQUE. OMNIA. DOCILI. JUVENTUTI. FIDEM. INTER. ALIA. HAE. FACIUNT. AEDES. QUAS. QUIDEM. MAGNO. COETU. STIPATUS. ET. CONGRATULATUS. ENCAENIAVIT. VI. IDUS. DECEMBRIS. DULCISSIMO. INMACULATAE. CONCEPTIONIS. DIE. ANNI. MDCCCLXVII. ET. A. SUO. PONTIFICATU. VIII. D. D. PETRUS. MARIA. CUBERO. LOPEZ. DE. PADILLA. L. D. O. M». 

Colección Javier Sánchez Portas.

Sobre la puerta de la izquierda: «IN. SEMINARII. CONCILIARIS. OPERA. MAXIMEQUE. IN. ULTIMUM. EPIGRAMA, GYMNASII EXTRUCTOR PERDIGNUS. HONORE JOANNES, QUI UT JUVENES DOCEAT SUBDERE SAXA FACIT. PRAEBUIT HUIC OPERI INCREMENTA INGENTIA JOSEPH. ARTES UT JUVENUM DISCERE VENA QUEAT, FULGENT ARSQUE MINERVAQUE DICUNT ULTIMA PETRI, IN JUVENES STUDIUM HAEC CONTULIT AMPLA LOCA. VIVAT, GREXQUE  SUUS CONCORDI VOCE PRECETUR, IPSI UT CONCEDAT PROSPERA CUNCTA DEUS. PRINCIPIUM MAGNUM HAUD PARVUM MEDIUM EXITUS ORNAT. PONTIFICES TALES INCLITA PLECTRA CANANT. L. D. O. M.

Colección Javier Sánchez Portas.

Penetremos en el salón: éste es de gusto gótico y mide 22 metros, 5 decímetros hasta la plataforma y 8 de latitud; su altura hasta la cresta de la bóveda es de 10 metros. La plataforma se eleva sobre el piso unos 8 decímetros, y tiene 4 metros y medio hasta su fondo, que sumados con los 22 metros y medio del salón forman 27 metros de longitud.

Ocho grandes ventanas de tres metros de altura y anchas de uno y 6 decímetros, que arrancan desde el pavimento, le dan luz. Sobre las ventanas y en los medios puntos de los arcos se ven 8 rosetones; y dos sobre el dosel de la plataforma con cristales de colores.

Entre las dos puertas de entrada hay una columna octógona de unos dos metros y sobre ella el busto de mármol del actual prelado, cuyo parecido deja alguna cosa que desear. Detrás están las armas del prelado, y corona todo el conjunto el capuchón que le sirve de dosel; el todo tendrá sobre unos cuatro metros, y es de estilo gótico para armonizar con todo el salón.

Colección Javier Sánchez Portas.

La tribuna se halla sobre la antesala y desde sus dos balcones cubiertos con cristales pintados se ve de frente todo el salón; en ella pueden colocarse cómodamente más de 60 personas.

En los rosetones que forman los arcos en los puntos donde se cortan, se ven las armas del Seminario, de los fundadores y del actual prelado, símbolos de las ciencias, figuras alegóricas, la imagen de la Virgen etc…

Y del centro de la bóveda se hallan suspendidas tres magníficas arañas de bronce y cristal que se destacan sobre el fondo encarnado de las colgaduras de la plataforma; dejando admirar su bella construcción.

La plataforma está decorada de un modo regio; súbese a ella por cinco gradas; dos rejas duras, de hierro fundido de lindo dibujo, cierran el recinto de los jueces y una alfombra cubre el piso en toda su extensión.

Un dosel de terciopelo carmesí cubre los retratos de Pío IX y de la Reina, ambos de cuerpo entero y de tamaño natural. Grandes colgaduras adornan las paredes del resto de la plataforma y tanto éstas como el dosel hállanse galoneados de oro.

Once sillones góticos con asientos y respaldo de terciopelo están destinados al tribunal, y en su centro se halla la gran mesa cubierta también de terciopelo con franjas, lazos y borlas de oro.

Tres de los sillones «góticos» en el centro de esta fotografía de 1910. Colección Javier Sánchez Portas.

El piso es de mármol blanco, así como los zócalos de las columnas; las paredes y bóvedas están estucadas de un modo especial usado en este país, de color de caña, y las columnas y juego de arcos de blanco mate; el conjunto sorprende y admira hasta a las mismas personas que han visitado muy notables edificios. Al penetrar en él se traslada la imaginación a la Edad Media, y cree uno hallarse en el salón del gran consejo de algunos de aquellos castillos que tanto abundan en los siglos XII y XIII.

No crea usted que este salón ha sido construido por artistas célebres; por el contrario, todos los que en él han trabajado son hombres dotados de talento, pero que se hallan, oscurecidos en pueblos de segunda clase, porque ellos mismos no saben lo que valen, o mejor, porque no aspiran a la celebridad. Son semejantes a los arquitectos y escultores de los siglos medios, que levantaban monumentos admiración de las generaciones que les han sucedido, muriendo con ellos sus nombres que la historia no registra en páginas.

Los artistas que han trabajado en esta obra, son los siguientes: D. Manuel García, maestro de obras, al que desearíamos ver ya hace tiempo con el título de arquitecto, porque de este modo podría desplegar mejor su reconocido talento; Jaime Aparicio, carpintero, ha construido todo el ventanaje; Manuel Olmos ha pintado los dos hermosos retratos de que hemos hablado y los cristales de las vidrieras; todos tres hijos de Orihuela.

Los sillones han sido construidos en Valencia por Ramón Tamarit, y en ello ha dado a conocer su aptitud para el tallado; el busto del señor obispo y la columna son del escultor Antonio Riudavest, que aunque no es hijo de esta ciudad; reside en ella bastantes años. El adornista ha sido el señor Puchades, de Valencia, que ha colocado los cortinajes, dosel, etc.

Pero aunque estos eran los constructores, otro se hallaba al frente de la obra; cerca de cinco años se han empleado en la construcción del salón, y raro ha sido el día en que este director jefe ha dejado de visitarlas e inspeccionarlas; este director es el señor obispo; todo ha sido inspirado por él, él ha dado la idea, ha corregido los planos y modelos, todo ha pasado por sus manos, no se colocaba una piedra o un ladrillo sin que él lo dispusiera, lo vigilara, lo dirigiera, dando con esto pruebas de su celo, y sobre todo de sus conocimientos y amor a las artes.

¡Dichosos los pueblos que tales hombres tienen a su cabeza! Lástima que no pueda disponer de las rentas que en otros tiempos disfrutaba este obispado, porque renovaría todas las iglesias, estimularía los ingenios, daría impulso a las artes, y muchos pueblos poseerían ya buenas parroquias en vez de las mezquinas que hoy existen, y entre ellas algunas ruinosas.

Las obras de Cubero gritan muy alto que España es siempre la patria de los grandes prelados. Pero me he extendido demasiado en esta carta: en la inmediata daré a usted cuenta de las fiestas celebradas el domingo. (Se continuará).

Iglesia del Seminario en los años 30 del siglo XX. El altar mayor, dedicado habitualmente a San Miguel, aparece ocupado por la Inmaculada Concepción. Colección Javier Sánchez Portas.

La Paz de Murcia. 20 de diciembre de 1867: FIESTAS EN EL SEMINARIO DE ORIHUELA. Carta segunda: Orihuela, 10 de diciembre de 1867. Señor director del «Diario Mercantil».

Terminadas las obras del salón y finalizadas también las de la habitación rectoral que ha sido transformada y amueblada de nuevo, el señor obispo señaló el día de la Concepción, Patrona del Seminario, para la inauguración.

El alcalde de esta ciudad y demás individuos del Ayuntamiento se ofrecieron espontáneamente a prestar todo su apoyo, con el objeto de solemnizar el acto; se formó una comisión compuesta de dos concejales y dos superiores del Seminario, que invitaron por medio de tarjetas a todas las personas de regular posición social, así de la población como de la diócesis; estas tarjetas solo servían para el acto de inauguración y para que las señoras visitasen el salón después de terminado el acto; el segundo y tercer día la entrada se ha permitido a todo el mundo desde las nueve de la mañana hasta igual hora de la noche.

Recibieron especial invitación el señor gobernador de la provincia, el Consejo provincial, el cabildo catedral, colegial, cuerpo de beneficiados y el Juzgado; y todos honraron con su presencia el acto.

El día señalado, los alumnos, fortalecidos antes con la sagrada Comunión, asistieron a la capilla, donde se cantó por tres colegiales una bonita misa; hizo el panegírico el señor rector canónigo doctoral, doctor D. Francisco Pedrós, y terminada la misa, dicho señor rector dio la bendición Papal, cuya facultad le fue concedida en razón de haber asistido al centenar de San Pedro.

A las once y media las campanas del Seminario anunciaron que el señor obispo y los convidados subían la montaña y salió a recibirles la comunidad con sus superiores.

El aspecto de la escalera era magnífico, pues toda ella veíase cubierta de gente que ansiosa esperaba el momento de penetrar en el Seminario.

Ministerio de Cultura. Años 30 siglo XX.

Acompañaban al señor obispo el gobernador, su secretario, los individuos del Consejo Provincial, el Ayuntamiento, los diputados provinciales de esta población, una comisión del Instituto de Alicante.

El juzgado, el senador señor Rebagliato, los señores Ganga y Lacy, comisiones de los cabildos catedral y colegial y otras varias personas de distinción, ostentando la mayor parte cruces y condecoraciones debidas a sus talentos, méritos y servicios.

La música de la ciudad tocaba en tanto piezas escogidas. Llegada a la explanada, entró la comitiva primero en la iglesia, dirigiéndose después al salón. Dejémosla en él y pasemos a hacer una descripción de los adornos interiores y exteriores del Seminario.

Estos han sido obra de los mismos colegiales, a los que se dividió en secciones dándoles cuanto pidieron y se les distribuyó el terreno que cada sección debía adornar. La comunidad estaba entusiasmada de tal modo que ha sacrificado los ratos de recreo para trabajar, y de esta manera no ha perdido ni un momento de estudio.

Las secciones en competencia fabricaron juguetes, flores, lámparas transparentes, arcos de variado gusto y otros varios y todos bellos adornos.  Todas las ventanas tenían colgaduras y pabellones formados con los colores nacionales; de ventana a ventana corría un orden de faroles de colores; sobre las repisas dos farolillos, y colgando del centro una gran bomba; la portada tenía transparentes en los balcones; y toda ella estaba cubierta de vasos de colores; el jardín se iluminó a la veneciana.

Querer describir los adornos interiores es casi imposible; tantos y tan variados han sido. El techo de la portería desapareció detrás de las banderas de varios colores que de él pendían, sus paredes se han adornado con ramajes, lazos de colores, flores artificiales, grandes lámparas y farolillos. 

El pequeño tránsito que se encuentra antes del gran claustro abovedado de la iglesia, estaba adornado con varias clases de faroles y lámparas de papel rizado, recortes de papel formaban varios y caprichosos juegos en el techo. En un gran transparente, colocado a la derecha, se leía que la entrada era libre.

Rector y profesorado del Seminario. Colección Javier Sánchez Portas

El gran claustro de la iglesia se veía todo cubierto de arcos; y de las paredes y bóvedas, pendían multitud de lazos y de cintas; debajo de cada arco se veían transparentes con poesías dirigidas al señor obispo, gobernador, consejo, cabildo, etc.

Del centro de la bóveda pendía primero un bergantín-goleta hecho con la mayor minuciosidad; seguía una gran lámpara de caprichosa construcción, cuya parte central tenía movimiento, y después una torre y dos grandes arañas, obras todas de un colegial que ha desplegado en ellas toda su habilidad.

En el fondo de este corredor se encontraba el retrato de Benedicto XIV, que expidió la bula de creación del Seminario, teniendo a su derecha el del señor Terán, fundador, y a la izquierda el del Sr. Tormo, continuador de los otros; los tres adornados con colgaduras; todo este claustro formaba una bonita perspectiva.

El espacio que se encuentra antes de entrar al corredor, está formado por cuatro grandes arcos; estos, lo mismo que las paredes, han desaparecido bajo el follaje y adornos, con sus correspondientes flores artificiales, lámparas y farolillos.

Frente a la puerta del corredor y en el centro, se ha colocado una fuente y junto a la pared, dos modelos de pequeñas dimensiones del altar mayor de la capilla del Seminario y del salón que se iba a inaugurar; delante del altar se veía un farol de caprichosa figura.

El corredor siguiente tiene adornadas sus paredes con arcos apuntados, transparentes y faroles figurando mitras y pirámides; del techo cuelgan lámparas y arañas de mil formas, y por todas partes lucen variados adornos; todos los trasparentes contienen versos alusivos a la fiesta, exceptuando los ocho últimos, en los que se ven caricaturas dignas de Ortego.

Cierra este corredor un arco árabe muy bien pintado, cuyo fondo es trasparente, y suspendida del techo entre las dos puertas de entrada se ve una granada que se abrió al entrar en el salón el señor obispo y convidados, dejando escapar una porción de pajarillos.

En la pared hay un cuadro de caligrafía muy bien trabajado. Así el barco como los demás adornos que he enumerado se iluminaban por la noche; además de las muchas luces de aceite, había doscientas de petróleo, de modo que las sombras desaparecían ante tan vivos resplandores.

Repito que todos los adornos han sido obra de los alumnos, a los que se les facilitó un taller de carpintería y los colores necesarios. Solo el entusiasmo explica lo que han hecho. Regresemos al salón donde dejamos al señor obispo y convidados.

Sobre la plataforma tomaron asiento las comisiones y personas de carácter oficial y el claustro del Seminario con el traje académico; el señor obispo tomó la palabra y pronunció un discurso en el que expresó clara y sencillamente las razones que le habían impulsado a levantar esta obra, para dar gloria al Seminario, para manifestar su cariño a la juventud, en cuya educación y dirección ha pasado todos sus años, puesto que cuando fue nombrado obispo de esta diócesis se hallaba desempeñando el cargo de rector del Seminario de Córdoba, cuya casa no abandonó desde el día en que vistió de beca, habiendo desempeñado en él sucesivamente los cargos y enseñado por espacio de muchos años.

Retrato que se conserva en el seminario San Pelagio de Córdoba, en donde Pedro Mª Cubero fue alumno, profesor y posteriormente rector. Julia Ferrer Vilar

Manifestó que la vida del hombre depende de la educación que recibe en los primeros años, y que abrazando la enseñanza de los Seminarios los dos extremos, es decir, la perfección de la inteligencia y la perfección del corazón, sólo esta educación podía oponerse al torrente y desbordamiento general de que hoy se resienten las inteligencias y las costumbres, y que todos por esta razón debemos tener interés por el engrandecimiento de los Seminarios.

Terminó dando las gracias el señor gobernador y demás que con su presencia al acto de la inauguración manifestaban de un modo evidente su interés por el engrandecimiento del Seminario.

La entonación de voz del señor obispo, vigorosa y valiente, su expresión fácil y correcta, y su lenguaje hijo del corazón y del entusiasmo, conmovió al público que le escuchaba con la atención más profunda. En la carta siguiente continuaré  dando cuenta, de lo ocurrido en tan solemne acto. (Se continuará).

Colección Jesús Rodríguez Tejuelo.

La Paz de Murcia. 21 de diciembre de 1867: FIESTAS EN EL SEMINARIO DE ORIHUELA. Carta tercera: Orihuela, 12 de diciembre de 1867. Señor director del «Diario Mercantil» de Valencia.

Después del señor obispo, cuyo discurso he reseñado en la carta anterior, usó el señor rector de la palabra trazando a grandes rasgos la historia de los Seminarios Conciliares.

Manifestó esa gran verdad que todos confiesan, de que la Iglesia ha cobijado siempre en su seno las ciencias y que sin su solicitud, hubieran perecido en la Edad Media todos los documentos de la antigüedad.

Habló después de la enseñanza eclesiástica española, citando los concilios de Toledo, entre ellos el IV, celebrado en 633, y se concretó por último al Seminario de Orihuela, reseñando su historia.

Siento no recordar las elocuentes frases con que el señor rector dio las gracias a todos los convidados y su felicitación al señor obispo; si pudiera proporcionarme una copia del discurso se la remitiría, porque sé que va a publicarse.

El senador D. Andrés Rebagliato, felicitó luego en breves frases al señor obispo y al Seminario, en nombre de las personas invitadas, manifestando que todos participaban de su alegría, y que él y sus compañeros estaban dispuestos a prestar su apoyo en favor del Seminario.

El secretario del establecimiento, señor Castelló, leyó a continuación algunas poesías alusivas al acto, escritas por los alumnos y por varias personas extrañas a la casa que se han dignado honrarla de este modo, repartiéndose ejemplares impresos a los convidados.

Don Antonio Tortosa, autor de las inscripciones puestas en las lápidas que incluí en mi carta primera, leyó y repartió también esta obra literaria. El primer teólogo dio las gracias a todos los concurrentes en nombre de la comunidad, con un sencillo discurso.

Baltasar Gómez Berna.

Entre tanto se habían reunido en la sala los colegiales  que debían cantar un himno; letra de uno de ellos y música del organista de la Catedral, D. José Ramón. En medio del más profundó silencio se escuchó el ritornelo tocado en el piano y armónium por dos alumnos, resonando después el coro compuesto de unas cuarenta voces; las estrofas se componían de un dúo de bajo y contralto, un terceto de los mismos y tiple; un solo de bajo y otro de tenor; el final de la obra arrancó nutridos aplausos.

Terminado el acto de la inauguración se dirigieron todos los concurrentes a la capilla, en la que se cantó el «Te Deum» en acción de gracias y se cruzaron varios de los señores invitados. Con esto terminó la fiesta de la mañana. 

Por la larde la multitud inundaba las plazas del seminario, agrupándose sobre la puerta deseosa de penetrar en él. Fue necesario pedir auxilio a la guardia civil y municipal para despejar y ordenar a la gente; permitiendo la entrada a los que presentaban papeletas; y a pesar de esto, no se vio desocupado el salón y tránsitos que a él conducen, hasta bien entrada la noche.

Al oscurecer se encendieron todas las lámparas, trasparentes, etc. y se iluminó el salón. El señor obispo, convidados y varias familias invitadas ocuparon el salón cantándose el himno por segunda vez. Algunos alumnos gramáticos, recitaron versos pidiendo días de vacaciones; y uno de los señores convidados apoyó su petición, siendo otorgada la gracia por el señor obispo.

Poesía original confeccionada para el acto con fotografías del Papa y del Obispo. Colección Javier Sánchez Portas.

Un bonito castillo de fuegos artificiales costeado por el Ayuntamiento, hizo abandonar a todos los concurrentes el salón; dirigiéndose a las ventanas y plazas del Seminario, terminando con esto las fiestas del día primero.

Epílogo.

Tras breve enfermedad, a la edad de 71 años, Pedro María Cubero falleció el 10 de noviembre de 1881 en el palacio episcopal de Orihuela.

Pedro M. Cubero López. Colección Javier Sánchez Portas.

La Época. Madrid. 11 de noviembre de 1881: Hemos recibido el siguiente despacho telegráfico de nuestro servicio particular: «ORIHUELA 10 (11.57). —El señor obispo de esta diócesis, Sr. Cubero, ha fallecido a las once menos cuarto. El sentimiento es general en toda la ciudad».

No es extraño; las bellísimas cualidades del malogrado D. Pedro Cubero López, como político, como orador, como hombre, y sobre todo como prelado, le habían granjeado el respeto, el cariño y admiración de cuantos le habían escuchado, ya en el Senado en 1876, o ya en la iglesia.

Su conducta y su ciencia le hicieron ser nombrado rector del colegio de San Pelagio de Córdoba, hasta que en 1858 pasó a ocupar el obispado de Orihuela. Lamentamos tan notable pérdida.

Pedro María Cubero. Esquela mortuoria. Colección Javier Sánchez Portas.

El eco de la provincia. 12 de noviembre de 1881: Antes de expirar el dignísimo Prelado de esta Diócesis D. Pedro María Cubero, recibió un afectuoso telegrama del Romano Pontífice, quien le enviaba su santa bendición, expresando el deseo de que se restableciera la salud de tan insigne Prelado, para el bien de la iglesia y de la Diócesis que ha regido.

Ocurrido el fallecimiento de S. E. I., el señor Deán de la Catedral, que se encontraba a la cabecera de la cama del noble enfermo, cumplió el ceremonial establecido para tales casos, apoderándose del Sello Mayor del Obispado, dirigiéndose inmediatamente al templo Catedral, desde cuyo púlpito anunció la muerte del Sr. Obispo.

La campana mayor de la misma iglesia se dio a vuelo tocando a muerto, reuniéndose acto seguido el cabildo eclesiástico que reasume la jurisdicción de la Diócesis hasta el nombramiento por el mismo del Gobernador de la Mitra.

El cadáver de nuestro inolvidable señor Obispo fue embalsamado en la tarde de anteayer, y amortajado con las vestiduras pontificales se halla expuesto al público en palacio. La capilla ardiente está establecida en el salón de Obispos, y a ella acuden incesantemente los vecinos de Orihuela y pueblos comarcanos para honrar con lágrimas y oraciones los restos humanos del que fue nuestro cariñoso pastor.

Los seminaristas del colegio de San Miguel, los alumnos del de Santo Domingo y las comunidades de religiosos Franciscanos y Capuchinos, acuden también a la capilla ardiente rezando responsos por el alma del señor Obispo, y en la mañana de ayer se celebraron gran número de misas en altares erigidos en aquella. El entierro de S. E. I. se celebrará hoy con inusitada pompa religiosa.

Los periódicos de esta capital, sin distinción de matices políticos, se ocupan ayer de la muerte del que fue nuestro dignísimo Prelado, expresando con sentidas frases la profunda pena que por este sensible suceso experimentan sus redacciones y el noble pueblo de Alicante, que fue objeto del cariño de aquel ilustre sacerdote.  

«El Constitucional» se expresa así: «Ayer se recibió en esta capital la infausta noticia del fallecimiento del Ilustrísimo señor D. Pedro María Cubero, obispo de Orihuela. Dios haya acogido en su seno el alma de tan virtuoso Prelado, modelo de caridad cristiana. Nos ocuparemos detenidamente de este suceso que ha afectado profundamente a la Diócesis que tenía a su cargo tan ilustre sacerdote».  

Dice «El Graduador»: «Ayer se recibió la infausta noticia de haber fallecido el que fue M. I. y digno Obispo de esta diócesis. D. Pedro María Cubero. La fatal noticia circuló rápidamente por todas las iglesias y centros oficiares de esta ciudad, siendo a la vez objeto de la atención pública y de sentimiento general el fallecimiento de tan querido Prelado. En vano los fieles de Orihuela y las comunidades religiosas han hecho rogativas por la salud del sacerdote. La muerte implacable cortó el hilo de tan preciosa vida. Q. E. P. D.».

Y últimamente «La Unión Democrática» consagra a la memoria del señor Obispo las siguientes líneas: «Ayer a la una y media de la tarde se recibió en esta capital un telegrama fechado en la vecina ciudad de Orihuela, en el que se participaba la triste nueva del fallecimiento del Sr. Obispo de la Diócesis, D. Pedro M. Cubero, ocurrido cuando se esperaba el alivio de las dolencias que afligían a S. I.

Amigos de rendir siempre un tributo a la verdad, y por otra parte, impresionados ante el frío cadáver del que fue Obispo de Orihuela diremos, trabajados por estas dos tendencias, que ha sido generalmente sentida la muerte de S. I., y nosotros, aunque no siempre juzgados con imparcialidad en punto a creencias, enviamos nuestro sentido pésame a la respetable familia de S. I., y hacernos fervientes votos porque su alma yazca en el seno del Omnipotente.»

Colección Jesús Rodríguez Tejuelo.

Su cadáver fue acompañado hasta San Miguel por una inmensa multitud y allí quedó depositado, junto a la epístola del altar mayor de la iglesia del Seminario.

En el verano de 1889, ya bajo el episcopado de Juan Maura y Gelabert, se creó el Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de San José para seminaristas de clase humilde, ubicado en el antiguo convento de los trinitarios que, al día de hoy, ocupan las dominicas de Orihuela.

En 1925, el obispo D. Javier Irastorza lo convirtió en seminario menor. 

Fotografía realizada en el Seminario, poco antes de la Guerra Civil. En el centro el obispo Javier Irastorza Loinaz. En la fila del obispo, el segundo por la derecha Antonio Roda. Archivo Lola Arques y Ginés Gea.

Durante la Guerra Civil fue Penal o «Campo de Trabajo» para ambos bandos; albergando en la posguerra a su recluso más famoso: Miguel Hernández. Pinchando la siguiente imagen podéis acceder al artículo «El Campo de San Miguel».

Pinchad la imagen para acceder al artículo sobre el penal de San Miguel.
Alumnos del seminario oriolano. Primera mitad años cuarenta del siglo XX. Colección Consol Payá Amat.

En 1942 fue devuelto a la diócesis sufriendo otra gran reforma y reparación entre los años 1946 y 1951. El autor del proyecto fue el ilicitano Serrano Peral, arquitecto de cabecera del futuro obispo Almarcha. Además del Seminario, le encargó el Oratorio Festivo y el entorno de la Catedral; es decir: la recomposición del claustro y la reforma y urbanización de la Plaza del Salvador.

Planos confeccionados en 1945 para la reforma de Serrano Peral.

Si os apetece saber más sobre su fundación, construcción y alumnos ilustres, os remito al libro «Orígenes del Seminario de Orihuela, 1742–1790», obra de varios autores, publicado en 1992 con motivo de su 250 aniversario.

El Seminario en la actualidad. José Antonio Ruiz Peñalver.
El Seminario en la actualidad. Coque Celdrán.
El Seminario en la actualidad. Francisco Luis Galiano.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Mi agradecimiento a José Ojeda Nieto por la información sobre la ermita de San Miguel. Y a Javier Sánchez Portas por la espléndida documentación gráfica que ilustra el artículo.

Justo García Soriano. 20. 1918

Mi monografía histórico-descriptiva «El Colegio de Predicadores y la Universidad de Orihuela» consta de 200 y pico cuartillas de letra menuda y apretada: un libro.

Lo he escrito en menos de dos meses, simultaneando esta labor con el ímprobo trabajo de la Redacción del periódico, que me lleva toda la tarde y a veces toda la noche.

¡Figúrate el esfuerzo que habré hecho! Yo creo que se me habrán liquidado los sesos como a don Quijote en la aventura de los requesones…  

JUSTO GARCÍA SORIANO. Carta a Pedro Sainz.  

Murcia. Plano de Población. 1918.

Murcia, enero de 1918.

Justo García Soriano comenzó el año bregando simultáneamente en tres frentes: el Archivo de Hacienda, donde se ganaba el sustento; el diario «Levante Agrícola», donde lo habían contratado como redactor jefe por cien pesetas mensuales; y en la confección urgente de un estudio sobre el Colegio Santo Domingo, con el que pensaba concursar en un certamen organizado en Orihuela y agenciarse las 250 pesetas de premio.

La primera noticia sobre nuestro biografiado apareció el 2 de enero en «El Liberal». Dicho diario publicaba la composición de la Junta General del Círculo de Bellas Artes, escogida en reunión celebrada el 30 de diciembre; y entre sus miembros figuraba Justo como vocal.

Paseo del Malecón. Murcia. Ed. Fototipia Thomas. 1918.

Redactor en «Levante Agrario».

En enero de 1918 salía a la calle un nuevo diario murciano, órgano de prensa de la «Federación Agraria e Instructiva de Levante». Se llamaba «Levante Agrario», había nacido como semanario y llevaba tres años defendiendo los derechos de la gente de la huerta de Murcia.

Durante el breve periodo en el que Justo escribió para este periódico, demostró que podía desenvolverse con soltura en cualquier tema; especialmente en la crítica política y en la defensa de los más necesitados, disciplina que ya había practicado en sus tiempos de corresponsal en Madrid. 

No hay registros digitales de esta publicación durante las pocas semanas que permaneció como redactor jefe; pero disponemos de algunos ejemplares de su colección particular depositados en el archivo oriolano. De ellos he transcrito buena parte de sus colaboraciones.

En el primer artículo, el único que firmó con su verdadero nombre para este diario, aconsejaba cultivar tabaco como alternativa a la naranja para compensar la caída de las exportaciones producida por la guerra mundial. Y haciendo gala de su dominio de los archivos, lo hizo aportando datos históricos sobre su implantación en Murcia desde el siglo XVII.

Levante Agrario. 11 de enero 1918: Problemas agrícolas regionales. EL CULTIVO DEL TABACO. Ante el porvenir. Nuevos cultivos. El del tabaco. La Ley de 2 de Marzo de 1917. La Real Orden de 6 de Junio último. La huerta de Murcia es terreno apropiado para su cultivo. Sus antiguas plantaciones. Datos históricos. Proseguiremos. Introducción.

La guerra europea ha causado al mundo entero la perturbación económica más grande que ha padecido la humanidad. En nuestra región se han sentido principalmente sus efectos por la terrible crisis que está atravesando la exportación de la naranja, que es su rendimiento más importante. A esta calamidad, que no lleva camino de pronto remedio, únense el presente año los rigores de un invierno crudísimo que con sus heladas y bajas temperaturas amenaza destruir los huertos de naranjos.

Ante la negra perspectiva que las difíciles circunstancias actuales nos ofrecen, bueno será que nuestros agricultores, terratenientes y colonos, vayan preocupándose de la implantación de nuevos cultivos, que pudieran evitar en un porvenir próximo la ruina de gran parte de nuestra riqueza agrícola…

… El Tabaco. Uno de los cultivos que en primer lugar pudiera y debiera intentarse por nuestros agricultores es el del tabaco, tanto más cuando hay de ello precedentes muy dignos de tenerse en cuenta (…) Antiguo cultivo de tabaco en la huerta de Murcia. No hay duda que nuestra región es una de las más indicadas, por sus condiciones de clima y suelo, para un excelente cultivo del tabaco…

… En la huerta de Murcia se cultivó el tabaco, en bastante escala, desde su introducción en la península. Ya en la primera mitad del siglo XVII su producción en Murcia era considerable. Nos consta esta noticia por algunos documentos de la época y en especial por varios acuerdos capitulares del Cabildo Catedral de esta diócesis. Entre ellos los del 8 y 15 de Octubre del año 1638. Tratan del arriendo, hecho por el Cabildo, de los diezmos que cobraba por el cultivo del tabaco en esta Huerta…

… En el acuerdo de 15 de Octubre de dicho año, consta que Martín Jiménez hizo postura de 300 reales al año por la renta del diezmo del tabaco de Murcia y su huerta (…) Tales antecedentes, bien puede servir para que nuestro terreno sea incluido entre los demás de España que el Ministerio de Hacienda designe y autorice para el cultivo del tabaco, según se dispone en el mencionado Real Decreto de 6 de Junio de 1917. Aún nos extenderíamos en otras consideraciones pertinentes al asunto; pero ya la excesiva extensión de este artículo nos obliga a reservarlas para otros trabajos sucesivos. Justo GARCÍA SORIANO.

Levante Agrario. Collage con varios artículos escritos por Justo.

Utilizando las iniciales de Juan Oriol, denunció «los intereses bastardos de los plutócratas» y «el fabuloso negocio que vienen realizando muchos acaparadores y exportadores, al amparo de quienes debían velar por los intereses del pueblo».

Levante Agrario. 15 de enero 1918: El problema de las subsistencias. Generalidades y premisas. La cuestión de las subsistencias es, hoy por hoy, el problema primordial de España. Ante su importancia capitalísima, deben quedar relegadas a lugar secundario todas las demás cuestiones. Antes de nada, el hombre vive de pan, y el primer deber que tiene para consigo mismo es el de sustentar su cuerpo.

Sin el sostenimiento y la conservación de este, están de más todas las bonitas ideas que predican filósofos y políticos. «Tripas llevan corazón, que no corazón tripas», dice sabiamente el viejo refrán castellano. Por eso afirmamos que la cuestión económica debe ser la base de toda actuación política y social, y la única norma que regule el derecho a la vida, y que el bien general, el de los más, debe anteponerse siempre al de los menos.

Estos principios jurídicos, sancionados por los códigos de todos los pueblos civilizados, suelen ser, no obstante, letra muerta para gobernantes y legisladores. España, más que otras naciones, vive —o mejor dicho, muere—bajo un régimen de privilegios y desigualdad irritantes. Por lo general, aquí, al legislar y al gobernar, sólo se tiene en cuenta la conveniencia de unos pocos y los intereses bastardos de los plutócratas.

Este desbarajuste, a cuya sombra los políticos profesionales y los explotadores medran y engordan a costa de la miseria de los más, se echa de ver principalmente en las cuestiones de orden económico. Muéstrase esto bien a las claras, en la batallona cuestión de las subsistencias, agudizada ya hasta el extremo de hacer que se levante, con clamoreo de indignación mal contenida, la nación entera, la más resignada y mansa de todas las naciones.

Los abusos que con los artículos de primera necesidad vienen cometiéndose en España, sólo se conciben en un país donde las leyes no marcan el límite adonde puede llegar la avaricia de los negociantes sin conciencia. Aprovechando la anormalidad producida por la guerra, los explotadores y sus cómplices se aprestaron desde los primeros momentos a chupar la sustanciosa sangre del consumidor. Y sobrevino injustificadamente y como por ensalmo el encarecimiento de la vida.

En menos de dos años, los artículos de primera necesidad casi duplicaron sus precios. En España, sin embargo, país agrícolamente rico, se produce lo necesario para el consumo de la nación, pudiéndose prescindir, en cuanto a materias alimenticias se refiere, de la importación extranjera. La producción de trigos y cereales cubre con holgura las exigencias de nuestro consumo.

Lo mismo puede decirse de las legumbres, de las patatas, de la verdura, del aceite y aun de las carnes y pescados. ¿Qué justifica pues el alza exorbitante del precio de estos artículos? Y para nadie es un secreto el fabuloso negocio que vienen realizando muchos acaparadores y exportadores, al amparo de quienes debían velar por los intereses del pueblo.

El Banco de España ha aumentado prodigiosamente sus reservas de oro, nuestra peseta ha duplicado su valor en los cambios, prosperan ciertas empresas poderosas; pero el proletariado y la clase media se mueren de hambre. Nosotros queremos ocuparnos extensamente de todas estas cuestiones, que juzgamos de vital interés. Con ello creemos servir a una causa justa, la causa de los necesitados, y a la vez laborar por una España más moral, en que impere la justicia distributiva.

Porque mientras la gente perece de inanición en las calles, será un sarcasmo hablar de religión, de caridad y de derecho. A este fin, iniciaremos muy en breve una extensa campaña para actuar y hacer público, con completa ecuanimidad y desapasionamiento, cuanto afecta a este arduo problema de las subsistencias. J. O.   

El siguiente trabajo, firmado también como Juan Oriol, fue más bien un artículo de relleno, una especie de prosa poética cuya extensión he recortado bastante.

Levante Agrario. 18 de enero 1918: Apuntes de un cronista. Salutación al sol. Desde que los primeros remusgos otoñales comenzaron a desnudar de frondas las arboledas y a anticipar los lúgubres días de la invernada, las nubes grises y tediosas, irrumpieron como invasora hueste sobre la riente claridad de las vegas levantinas. Y la lluvia, en torrencial chubasco a ratos y otros en menudo cernido, ha ido cayendo, uno y otro día, sobre la ciudad y los campos, monótonamente, implacablemente, con una insistencia y una tenacidad desesperantes…

… Al sentirnos bajo el tedio deprimente de un cielo siempre plúmbeo y nebuloso, oyendo el continuo bisbiseo de la lluvia y contemplando todos los días las próximas montañas empenachadas con la albura de la nieve, el pensamiento se resiste a creer que vivimos en las templadas orillas del levantino Táder, entre el regazo tibio y amoroso de nuestra huerta mora …

Después de tantas semanas melancólicas y grises de lluvia, ha amanecido por fin un día radiante y jubiloso. El Sol, el padre y almo Sol, ha rasgado su negra prisión de nubes y ha surgido sobre el límpido azul de Oriente con un gesto gallardo de triunfo…

¡Bienvenido seas, padre Sol! Tú eres la vida y el contento del mundo. Si tardas un poco más en tornar sobre el horizonte de nuestro cielo, a buen seguro que nos encuentras a todos convertidos en viles y chorreantes batracios. ¡Bienvenido seas!…

Por eso también el cronista, contagiado del júbilo de este amanecer radiante, quiere hacerse intérprete del sentir de todos sus remojados congéneres los humanos, y dirigirte un entusiástico Hosanna, un férvido himno de salutación… JUAN ORIOL.    

Su versatilidad y experiencia le permitía escribir con gran soltura sobre política y tratados internacionales. En este artículo se declaraba partidario de negociar pactos con los aliados; acuerdos mercantiles con las «potencias de la Entente».

Levante Agrario. 19 de enero 1918: POLÍTICA INTERNACIONAL. Los convenios comerciales de España con los aliados. En estos graves y críticos momentos en que la carestía de las subsistencias y las mordeduras del hambre agitan a toda la nación con convulsiones febriles, se está efectuando en Madrid un acto de extraordinaria trascendencia para nuestra vida económica.

Tan importante es que quizá de él dependa la única solución posible de este complejo y pavoroso problema. Varios representantes de las naciones aliadas se hallan actualmente en la Corte realizando gestiones con el gobierno a fin de concertar tratados comerciales entre Inglaterra, Francia, los Estados Unidos y España.

Con estas negociaciones se trata de realizar un pacto mercantil y financiero, igual en su estructura, a los que han firmado Holanda y Alemania, Austria y Holanda, Noruega e Inglaterra, Suiza y Francia, Suiza y Alemania, Inglaterra y la Argentina, Argentina y Estados Unidos, Estados Unidos y Suiza…

… De torpeza en torpeza, carentes de sentido práctico y de instinto de conservación, nos hemos vuelto de espaldas a aquellas naciones que han sido en todo tiempo nuestras naturales proveedoras y nuestras mejores clientes: Francia, Inglaterra y los Estados Unidos. España, país agrícola esencialmente, necesita, con necesidad imperiosa, vender sus frutas, sus hortalizas y sus vinos…

… España, en cambio, precisa para su consumo, como cosa indispensable y vital, la maquinaria y la hojalata, que nos suministra Inglaterra, y el trigo, el algodón y los abonos químicos, los engrases y el petróleo que nos importan los Estados Unidos. Fuera de estas naciones, ningunas otras nos son imprescindibles para nuestra vida económica…

… Según los mejores informes, quieren los aliados ponerse de acuerdo con España para estudiar cuáles son las cantidades de exportación que puede resistir el mercado de productos españoles sin que España experimente perjuicio; y cuáles son los productos y las cantidades que necesitamos importar, con objeto de que la vida nacional no se paralice.

Si así se hace, el convenio puede tener además la virtualidad de acabar con los sucios negocios del contrabando y de las importaciones fraudulentas y clandestinas, que han enriquecido a unos cuantos tratantes a costa de la miseria nacional; pues el intercambio de productos podrá ser oficial, y los precios de los artículos exportados o importados, sustraerse a la avaricia desenfrenada de los intermediarios.

Tal es la esperanza que debemos depositar en las actuales negociaciones entre el Gobierno español y los de la «Entente». De otro modo, la responsabilidad que contraerían nuestros gobernantes, en estos momentos históricos, es de las que debe exigir inexorablemente un pueblo tantas veces burlado, a quien se quiere condenar al hambre, a la desesperación y a la ruina. JUAN ORIOL.                    

Mundo Gráfico. 23 de Enero de 1918. Biblioteca Nacional de España.

El siguiente artículo denunciaba las cargas policiales contra manifestantes hambrientos. Y lo escribió al más puro estilo de aquel joven e idealista corresponsal en Madrid; en la época que utilizaba el seudónimo «Kandal».

Levante Agrario. 21 de enero 1918: APUNTES DE UN CRONISTA. Terapéutica nacional. —La sangría como tratamiento de la anemia. Una vez más la sangre de indefensas mujeres y de inocentes niños ha corrido por las calles de los pueblos de España. Niños y mujeres suelen ser siempre aquí las víctimas propiciatorias inmoladas en aras de ese terrible Moloch del orden… desordenado.

Otra vez se ha respondido a la voz airada del pueblo hambriento, que pide pan y justicia, con el supremo y único remedio que nuestros gobernantes son capaces de concebir para solucionar todos los problemas: ¡El Maüser!

En esta nación donde tanto chanchullo político y burocrático se realiza, donde tanto acaparador y mercachifle se enriquece, abusando unos y otros de la resignación y de la paciencia del pueblo, aún no se ha visto que un ministro de la Corona vaya a la barra ni que un explotador arrastre cadenas.

Pero llega un día en que ese pueblo resignado, cansino, acosado por la necesidad como lobo hambriento, sale a la calle a pedir a sus malos administradores que le hagan posible la vida, que le dejen roer por lo menos el duro y negro mendrugo que también le quieren arrebatar, y entonces, con un rigor inhumano, ahogan sus justas demandas con el filo de los sables y con el plomo mortífero de los fusiles.

Para que nuestra Constitución respondiera a la realidad actual de la vida española, debiera modificarse concretando todos los deberes y derechos ciudadanos en este solo artículo: «Todos los españoles, pero de un modo especial los desheredados de la fortuna, están obligados a sostener las cargas del Estado, pagando cuantos tributos y gabelas se les imponga por el Poder constituido, sin omitir la contribución de sangre.

En correlación de estas obligaciones y compensación de estos sacrificios, la Monarquía española les concede y garantiza un solo y soberano derecho: el derecho a morirse de hambre… sin protestar». Por lo menos, este espíritu es sin duda el único que informa las sangrientas represiones de estos días, en que unas pobres mujeres y unos débiles niños, inconscientes e irresponsables, han caído atravesados por las balas en las calles de Málaga y Alicante, por el solo delito de protestar indignados contra la carestía de los alimentos.

¡No sabían los menguados que siempre es peligroso alterar con gritos y estridencias las plácidas digestiones de los poderosos que tienen el estómago y los bolsillos repletos!…

El pueblo español padece hambre secular desde los áureos y gloriosos días de Lazarillo de Tormes. Ha ayunado ya mucho y ha tenido que mantener con su sangre a numerosos parásitos y sanguijuelas. Hemos sido raza de hidalgos vergonzantes y de pordioseros hampones que acallaban el hambre con la sopa boba a la puerta de los conventos y luego, mostrando jactanciosos el mondadientes entre los labios, iban a curar sus lacerías de la cara al buen sol que nunca se ponía en nuestros dominios.

Y de tanto ayunar y tanto ser chupados por zánganos y ministriles, la anemia fue debilitando y degenerando a aquella raza viril y fuerte que tuvo a raya a monarcas y déspotas. Exangüe y valetudinaria, sin fuerza ya casi para quejarse, perece de atonía y consunción en el pobre solar esquilmado. Los graves doctores que la asisten en sus postrimerías, ayudándola a mal morir, han ideado un ingenioso tratamiento para curar radicalmente al enfermo de la anemia que padece ¡una sangría!…

…Ante estos neroncillos de la lanceta, la única gracia que puede pedir ya el pueblo, condenado a rabiosa muerte de hambre, es la piadosa merced que el auténtico Nerón concedió a nuestros compatriotas Séneca y Lucano, la de morir dulcemente, refinadamente, en baño perfumado y tibio, con las venas abiertas… JUAN ORIOL.  

Acabando el mes de enero, nuestro biografiado escribió una carta a Pedro Sainz contándole lo ocupado que estaba con su nuevo trabajo en prensa; la razón por la que no había viajado a Madrid en Navidad (de la que ya hablamos en la entrega anterior); y su proyecto de monografía sobre Loazes para la que, como siempre, necesitaba de su ayuda documental urgente. 

Murcia, 30—I—918. Querido Pedro: En vista de mi tardanza en escribirte, creerás seguramente o que te he olvidado o que me he muerto. El primer miembro de esta hipótesis es absurdo, y si ha pasado por tu imaginación, estás mal de la cabeza, pues concibes lo que repugna a la misma naturaleza de las cosas. En cuanto al segundo miembro es cierto en sentido figurativo, pues muerto o casi espichado ya estoy de tanto trabajar.

Sí, de trabajar, ¡y en Murcia!, aunque te parezca increíble. Primero el encargo de Bonilla sobre Jácome Ruiz me hizo sudar mucho en el Archivo Catedral y a la vez me acarreó un maldito e inoportuno enfriamiento que nos impidió ir a esa Corte a pasar las Pascuas. Menos mal que la cosecha investigadora fue opima y pingüe.  Hallé cosas verdaderamente interesantes. A Bonilla le escribí comunicándoselo, pero no me ha contestado siquiera.

Pero lo que me roba el tiempo es mi labor periodística. Soy redactor jefe de Levante Agrario, un diario que en ésta se publica desde 1º de año, de grandes proporciones y mucha información. Trabajo como un negro para ganar 100 ptas. mensuales que me pagan y me hacen mucha falta para vivir.

En los ratos, muy pocos, que me deja libre el Archivo y el periódico, me ocupo actualmente en escribir una monografía histórico-descriptiva del Colegio de Santo Domingo y antigua Universidad literaria de Orihuela, fundada por mi ilustre paisano del siglo XVI don Fernando de Loazes. Se le va a hacer un homenaje con Certamen de monografías de semejante tema. El plazo de la Comisión de los trabajos expira el 20 de Febrero. Y yo necesito saber pronto lo que dice Ponz en su Viaje del Colegio de Orihuela.

Te escribo para que con toda urgencia me saques la copia del texto íntegro o bien comprendido de Ponz y me la envíes antes del día 8 del que viene. Te pido muy encarecidamente este favor que te agradeceré con toda el alma. Justo García Soriano. Recuerdos de todos para todos. Te suplico mucho no dejes de hacerme, a la mayor brevedad, el favor que te pido. En ello va la honra y 250 ptas. de premio.

La Universidad de Murcia en 1918.

Tres semanas después, justo a tiempo, enviaba su monografía a Rufino Gea Martínez, cabeza visible de la comisión organizadora del homenaje a Loazes. Rufino estaba en esos momentos centrado en el estreno, en el Teatro Circo de Orihuela, de un «boceto dramático» que él mismo había escrito. Por la siguiente carta, sabemos que, además del acuse de recibo, solicitó la ayuda de Justo para alquilar en Murcia el vestuario necesario para la obra «D. Fernando de Loazes en las Cortes de Monzón».

Orihuela 25 febrero 18. Sr. Justo García Soriano. Mi querido amigo: Anoche quedó entregado su trabajo al Sr. Cavero. En la mañana me ha dicho que lo leyó de un tirón y que le ha gustado mucho. Esta tarde se leerá en junta del jurado. Elías Abad ha desistido de presentar el estudio biográfico por falta de tiempo para terminarlo. Julio mandó el suyo el sábado, según tengo entendido.

Ahora que ya ha salido V. de sus ahogos de tiempo podrá ver los trajes que necesitamos, que son los que siguen: 1 para Felipe II, que puede servir el de Tenorio de luto, liso, con capa corta. 1 manto real para el acto del solio. 1 sotana morada para obispo o arzobispo, con esclavina del mismo color y solideo. 4 de caballeros o nobles, con capeta, birrete y espada. 2 de paje. 2 de maceros (mazas hay aquí). 2 de enviado sin capa ni espada, pero con sombrero. 12 (antes eran 25) de caballeros o procuradores en cortes.

Como sólo salen en el acto del solio no se necesitan sombreros; algunas capetas y espadas pues no creo necesario que todos usen adminículos. Ya cuidará la acreditada pericia de V. que adapten a la época y que se envíen provistos de los correspondientes calzones de punto o malla. Si pueden mandarlos el viernes en el coche que sale para esta a las 2 de la tarde de la parada de San Antonio, se estimará.

Ya sabe V. que son 90 pesetas el precio de alquiler. Si hay que pagarlos antes, avise y se le enviarán. Si llego a esperar que V. comprase la caja de cerillas, no alcanzo el tren ¡cuántas apreturas! Ya iremos saliendo de todo. El miércoles le mandaré algunos programas por si quiere dar noticia en Levante. Y no va más. Un abrazo de su buen amigo. Rufino. Ya he leído que Velasco no sale. ¡Qué lástima!

El segundo día de carnaval, el Círculo de Bellas Artes, a cuya junta pertenecía nuestro biografiado, organizó su tradicional baile de máscaras en el Teatro Romea. No sé si llegó a asistir; pero escribió un curioso relato ambientado en uno de estos bailes y en las procesiones de Semana Santa que tenían lugar cuarenta días después.

Levante Agrario. 3 de marzo 1918: Apuntes de un cronista. Colombina y la nazarena o el misterio de unos ojos verdes. (Díptico de Semana Santa). I. ¿Pecadora? Era la fiesta de la locura cascabelera, del amor y del placer ingenuos. El suntuoso salón, pletórico de bullicio y alegría, espléndido de luces y colores, vibrante de voces y raudales armónicos, desbordaba su efervescencia jubilosa. Enardecía y embriagaba su ambiente, denso, pesadísimo, saturado de aromáticos efluvios. En las transparentes copas aún hervía el burbujeo del último champaña.

Sobre la seda de los trajes y las cabelleras y sobre la morbidez de los descotes femeninos rielaban los áureos destellos de las lucernas y la claridad azulosa de los arcos voltaicos. La orquesta lanzaba los compases raudos de un «boston», que invitaban al vértigo de la danza, y en rítmicos intervalos, las flautas y los violines suspiraban un trémolo amoroso, que encendía en los pechos ardientes ganas de besar…

Perdido entre la vorágine del baile contemplé la entrada ruidosa que hizo en el salón una algarera comparsa de mascaritas. Sus disfraces recorrían toda la gama de la indumentaria carnavalesca: desde el garboso traje de maja sevillana al de japonesa de biombo o de país de abanico; desde el de charra y odalisca al de balandrista y dama versallesca a lo Pompadour.

De todas aquellas máscaras la que más cautivó mi atención y mi curiosidad desde el primer momento, fue una traviesa «Colombina», que parecía llegar de una ciudad de ensueño huyendo del hastío melancólico de Pierrot y buscando la alegría bulliciosa de Arlequín. Se detuvo un instante junto a mí y pude observarla atentamente.

Su cabellera era blonda, de color de miel. Los rizos de su nuca, blanca y sonrosada, oscilaban como una lámpara de luz crespa. Su boca, plena de frescura y perfume juvenil como un clavel sangriento, desgranaba una risa argentina y coqueta. Unas medias de seda, finas, caladas, ceñían la elegante ondulación de sus pantorrillas; y calzaban sus pies, diminutos, retozones, unos zapatitos de charol estilo Luis XV, con lindas hebillas de gemas fulgentes. Su cuerpo y su ropa trascendían un suave perfume de opopánax, amable cómplice del pecado.

Pero todo el encanto de su figura concentrábase en sus ojos verdes, felinos y dulces a la vez, que brillaban en la penumbra de los agujeros de su antifaz, con un misterio atrayente e inquietante. Eran sus pupilas como dos gotas traslúcidas de ajenjo, del divino licor de los tristes y de los poetas. La seguí con la mirada y la vi bailar con varios jóvenes, y algunos ratos desaparecer con ellos por los rincones del ambigú. Sin comprender por qué, sentí entonces una extraña inquietud como de celos…  

Bailes de máscaras en el carnaval de 1918.

Esperé. La concurrencia iba poco a poco abandonando el salón, sembrado de confeti, de pétalos y flores marchitas. Palpitaba en el ambiente como un susurro jadeante, y de lo alto, entre los destellos de las lucernas y las irisadas reverberaciones de las lunas venecianas, parecía descender y gravitar sobre todos un aplanamiento de somnolencia y fatiga. La orquesta entonó el «galop» final. Con el clac bajo el brazo me dirigí a la linda Colombina y, tímido, balbuciente, la supliqué bailara conmigo el último baile. Accedió con un monosílabo y, a compás del «allegro vivace», nos deslizamos en silencio.

Al terminar proferí unas frases galantes al oído de la bella misteriosa. Yo suplicaba que me regalase, como merced de despedida, con la oculta belleza de su rostro. Colombina denegó con un movimiento de cabeza y, alejándose rápida, reía, reía… Y no pude arrancar el misterio inquietante de aquellos ojos glaucos, a la vez felinos y dulces.

II. ¿Penitente? Sólo han transcurrido cuarenta días desde aquella inolvidable noche carnavalesca. El mundo cristiano conmemora la muerte del Divino Maestro, del que derramó generosamente su sangre para redimirnos de la esclavitud del pecado. Al despecho de la alegría triunfal de la Primavera que renace, todo es tristeza y luto.

Por las calles de la ciudad, plenas de sol y de vernales aromas, discurren las lúgubres procesiones pasionarias. Los sones agrios y estridentes de unos clarines marciales atruenan la angosta rúa morisca. Detrás de una enlutada bandera, van desfilando dos largas filas de nazarenos y nazarenas con las caras tapadas. Llevan cirios encendidos o grandes cruces negras.

Al verlos surge inevitablemente el recuerdo de los antiguos disciplinantes que, dando alaridos de penitencia y contrición, vagaban torturándose por los pueblos y los campos de una España ascética, sombría y desolada. Sobre los hombros de robustos nazarenos, en lujosas andas, osténtanse las esculturas que representan las varias escenas de la trágica Pasión. Cristo está en el huerto. Cristo es prendido y azotado. Luego, arrastrado por sayones y verdugos, camina y cae, bajo el peso de la cruz, en la calle de la Amargura, en dirección al Calvario…

La madre, en el paroxismo del dolor, le sigue desde lejos, anhelante, febril, desencajada… Y ante la creación de Salzillo, maravillosa de idealismo y de realidad, sentimos el escalofrío de lo sublime y meditamos. Las músicas tocan fúnebres marchas y un coro de cantores entona la «pasión» y el «miserere». Y sobre todos aquellos hórridos suplicios y mortales congojas el Sol pone sus ardientes besos de oro…

Procesión de Viernes Santo. San Agustín. Murcia.

Ante mí ha pasado una nazarena, que en vano disfraza su cuerpo gentil y su rostro con el capuz, la veste y túnica hebraicas, con el enorme rosario y la cuerda penitente. Sus aristocráticas manos enguantadas y sus piececitos retozones, calzados con medias caladas y zapatos Luis XV, de fulgentes hebillas, tienen un sello imborrable de mundanal y galante paganía.

Aquella nazarena me ha mirado fijamente, y, ¡oh sorpresa!, el diablo que siempre está detrás de la cruz, me acecha y me tienta… Pero no, no es mi obsesión: es ella, es la misma, es mi Colombina de ojos verdes y misteriosos, felinos y dulces a la vez. Por las aberturas oculares de la máscara religiosa con que hoy se cubre, me han mirado sus mismas pupilas inconfundibles, que semejan dos traslucientes gotas de ajenjo. Y en un impulso irremisible y súbito, me he llegado junto a ella y la he dicho al oído quedadamente:

—Aunque vas también disfrazada, ahora ya te conozco. Tú eres la Colombina con quien bailé la noche de carnaval. ¡Cuánto vale un arrepentimiento a tiempo!… Y conteniendo a duras penas el borbotar de su risa cristalina, que sacudía todo su cuerpo opulento y esbeltísimo, se ha ido alejando con su enorme rosario y su áspero cordel, humilde, encorvada, como agobiada bajo el peso de su larga y terrible cruz… Juan ORIOL.                                 

Marzo de 1918. Homenaje a Loazes.

Como Rufino Gea le había pedido en su carta de diciembre, «El Liberal» de Murcia publicó el programa del certamen oriolano; y lo hizo en primera plana, a dos columnas.

«El Liberal», 28 de febrero de 1918.

García Soriano consiguió el premio al que aspiraba (transcribo el diploma obtenido); y el diario murciano se hizo eco del mismo.

El Jurado Calificador del Certamen en honor del ilustre orcelitano Don Fernando de Loaces (sic), acordó conceder el Premio correspondiente al Tema: El Colegio de Predicadores y la Universidad de Orihuela, al Sr. Don Justo García Soriano. Y para que conste se le espide (sic) el presente Diploma en Orihuela a 3 del mes de Marzo del año 1918. El Presidente: Sr. Agustín Cavero. El Secretario: Licdo. M. Ferris.    

El Liberal. 2 de marzo 1918: PREMIO MERECIDO. En el certamen que se celebrará en homenaje del ilustre oriolano Loazes, ha sido distinguido con el premio al segundo tema, «El Colegio de Predicadores y Universidad de Orihuela», nuestro querido amigo y compañero en la Prensa el notable y culto erudito don Justo García Soriano.

El premio ha sido otorgado a una concienzuda e interesante monografía histórico-descriptiva, que lleva por lema «Exégi monumentum aeré perennius». Tenemos noticias de dicho trabajo literario e histórico y sabemos que encierra bellezas dignas de la pluma que las ha trazado y curiosidades que seguramente llamarán la atención en el orden de la erudición murciana. Felicitamos efusivamente al querido compañero y admirado erudito.

«El Conquistador». Orihuela, 3 de marzo de 1918.

La conmemoración del 350 aniversario del fallecimiento del Patriarca había sido un éxito. Concluido el certamen, «El Liberal» le dedicó también un extenso reportaje.

El Liberal. 5 de marzo de 1918. ORIHUELA. Homenaje a Loazes. Se han celebrado con todo lucimiento los festejos en honor de la memoria del ilustre oriolano don Fernando de Loazes. Comenzaron a las seis de la tarde de ayer con un concierto musical en la calle de Loazes y siguieron con el certamen literario en el Teatro Circo, a las nueve de la noche.

Dicho coliseo estaba brillantísimo viéndose en las localidades de preferencia, elegantísimas señoras y lindísimas señoritas de lo más distinguido de nuestra sociedad selecta. Leyó una razonada memoria el secretario del Jurado D. Manuel Ferris, que fue muy aplaudida, y pronunció un elocuentísimo discurso lleno de patriotismo y de brillantes párrafos e imágenes bellas el magistrado jubilado D. Luis López Bo, a quien se le tributaron muestras de general complacencia y simpatías, siendo ovacionado.

El primer premio del certamen fue adjudicado por mitad al Deán de la Catedral de Murcia nuestro paisano D. Julio López Maymón y al juez municipal de esta, aspirante a la judicatura D. Luis Escurra y Sánchez; el segundo premio se adjudicó a un eruditísimo trabajo de nuestro paisano el doctor en Filosofía y Letras D. Justo García Soriano, y obtuvieron otros premios D. Luis Ezcurra, D. José Gea Sacasa, D. Ángel Ezcurra Sánchez, D. José Garrigós Marín y en el himno a Loazes obtuvieron el premio de la letra el señor Macía y el de la música el maestro, nuestro paisano D. Carlos Moreno.

Los jóvenes señores Garrigós, Linares, Gea, Ezcurra y Jiménez, representaron un cuadro dramático en verso alusivo a la vida del cardenal Loazes, debido a la brillante pluma del culto escritor e inspirado poeta D. José Rufino Gea, que obtuvo un éxito tan justo como ruidoso teniendo su autor que salir a recibir los homenajes de la escena repetidas veces. Los intérpretes de la obra fueron muy aplaudidos.

Esta mañana se ha celebrado en la iglesia del convento de Santo Domingo, fundado por el señor Loazes, y en cuyo presbiterio descansan sus restos, la misa de Réquiem por el reposo de su alma. La ha oficiado nuestro prelado el doctor D. Ramón Plaza y Blanco: se ha cantado la gran Misa del maestro D. Hilarión Eslava y responsos del mismo autor, ejecutados por una nutridísima y bien abordada orquesta que ha dirigido el competente maestro de capilla señor Perpiñán.

Pronunció el discurso de honras fúnebres el Deán de Murcia D. Julio López Maymón, que ha estado elocuentísimo. Ha presidido la función religiosa el Ayuntamiento en Corporación. Y durante la celebración de ella ha estado cerrado todo el comercio local. Todos los actos han resultado brillantísimos y con enorme concurrencia pudiendo estar bien satisfecha la comisión organizadora. Corresponsal.

De aquel certamen literario salieron interesantes publicaciones sobre Loazes y el Colegio de Predicadores; especialmente las obras de Justo García Soriano y de su amigo Julio López Maymón. Como recuerdo del homenaje, los organizadores recibieron el siguiente retrato del patriarca con el texto autógrafo de Rufino Gea como hipotético testaferro del patriarca.

Colección Javier Sánchez Portas.

Rufino, como siempre que desplegaba esfuerzos extraordinarios, acabó superado y enfermo. Así lo contaba su hijo Juan en la carta que envió a Justo García Soriano. Con ella mandó de vuelta el vestuario de la representación y el importe del alquiler del mismo; solicitando el recibo justificante de las «Hijas de Comontes».

Orihuela 5 de marzo de 1918. Sr. D. Justo García Soriano. Muy Sr. Mío: Mi papá se vio obligado a meterse en cama ayer tarde y esto le impidió verle. Por su encargo, le envío adjunto la llave de la caja del vestuario y las noventa ptas. de su alquiler. La caja la lleva el mismo coche. También incluyo la nota de lo que contenía la caja, que está conforme. Se le agradecerá que remita el recibo de las Hijas de Comontes, para justificante de las cuentas. Y dándole gracias por todas estas molestias, queda de V. atto. s. s. q. b. s. m. Juan Gea.

Teresa Comontes era la encargada de la sastrería del Teatro Ortiz (posteriormente cine Rex). Esta señora también alquilaba trajes para el «Entierro de la Sardina». Era hija del sastre y «atrezista» José Comontes, que trabajó en Murcia a finales del XIX (a principios del XX la sastrería estuvo a nombre de su viuda).

En cuanto dispuso de tiempo, Justo escribió una larga carta a Pedro notificándole el triunfo en el certamen y los detalles de su monografía. Y su disgusto por la falta de las «pesetas necesarias para la impresión», a pesar de haberlo prometido en las bases del concurso literario.

El propio deán de la catedral de Cartagena en Murcia, Julio López Maymón, que como ya hemos dicho ganó otro de los premios con el trabajo «Biografía de Don Fernando de Loazes», tuvo que esperar hasta 1922 para verlo publicado.

Murcia, 18—III—918. Mi querido Pedro: Desde que recibí tu carta última de 31 de enero pasado, estoy queriendo contestarte todos los días; pero las agobiadoras ocupaciones que he tenido hasta ayer me han impedido el gusto de ponerme, por medio de unos renglones, en comunicación epistolar contigo.

Desde hoy cesa mi tarea y me apresuro a escribirte largo y tendido.  Ante todo debo notificarte, por si aún no lo supieras por conducto de mi familia política, que en el Certamen literario, en homenaje a mi ilustre paisano don Fernando de Loazes, celebrado el 3 de los corrientes en Orihuela, tuve el primer premio (250 ptas.) al 2º tema por mi monografía histórico-descriptiva «El Colegio de Predicadores y la Universidad de Orihuela», que presenté bajo el lema: «Exegi monumentum aere perennius». (Horacio). Distribuyo el trabajo en una introducción algo extensa y nueve capítulos largos y nutridos.

Los títulos de éstos son: I. El primitivo convento. — II. La fundación de don Fernando de Loazes. —III El Colegio de Predicadores. —IV. La obra bajo el rectorado perpetuo de Fr. Juan de Loazes. —V. La obra durante el siglo XVII. —VI. La nueva iglesia. —VII. La Universidad Pontificia. —VIII. La Universidad Regia y Pontificia. —IX. La Universidad de Orihuela hasta su extinción (1835). —Apéndices. Consta de 200 y pico cuartillas de letra menuda y apretada: un libro.

Lo he escrito en menos de dos meses, simultaneando esta labor con el ímprobo trabajo de la Redacción del periódico, que me lleva toda la tarde y a veces toda la noche. ¡Figúrate el esfuerzo que habré hecho! Yo creo que se me habrán liquidado los sesos como a don Quijote en la aventura de los requesones…

Bien es verdad que tenía ya muchos datos reunidos, no pocos traducidos de un manuscrito latino que me traje de Orihuela. Otros muchos de una magnífica colección de documentos sueltos que he conseguido reunir; y para la historia de la construcción del edificio —que es monumental—he tenido a la vista los libros —curiosísimos—de gastos de fábrica. Casi todos estos documentos son inéditos y desconocidos; así que he escrito un trabajo documentadísimo y de primera mano. Estoy satisfecho.

En la colada han salido noticias muy interesantes; con una de ellas creo resolver documentalmente una famosa cuestión, hasta ahora sub-júdice, acerca de un célebre cuadro que se guarda en el Colegio-Universidad, atribuido a don Elías Tormo Villacís, el mejor discípulo de Velázquez. Mi dato demuestra que la atribución es errónea. ¡Una hermosura, chiquillo!

Pero estoy disgustado, porque el Jurado prometió imprimir los trabajos premiados, y como resulta una obra voluminosa, ahora parece que no pueden cumplir su promesa por falta de pesetas — ¡la eterna cuestión de las cochinas pesetas! — Yo quisiera publicar mi trabajo por mi cuenta, que formaría un libro interesante, con fotograbados y facsímiles.

Creo que, por lo menos, sacaría el costo, pues hay expectación por conocerlo en toda esta región, donde mi firma se cotiza bien; pero me pasa lo mismo que al Jurado, que las pesetas necesarias para la impresión me hacen falta para otras muchas cosas cotidianas, prosaicas y urgentes. ¡He aquí como la carestía de las subsistencias se refleja en la Literatura! … Veremos si, por lo menos, lo publico por entregas y por suscripción como las novelas folletinescas.

La nota bibliográfica que me enviaste sólo me sirvió como resultado negativo. De las notas que me indicabas en ella, sólo he podido consultar el Madoz (que poseo) y la de Llorente. La Noticia instrumental de los privilegios reales y pontificios, etc…, la conocía por referencias y extractos. Aquí no la he encontrado, aunque sospecho existirá en algún archivo de Orihuela. Desde luego estará en la Bibl. Nac. Y aún creo que tomé nota de ellas en Índice de este establecimiento. Caso de publicar mi monografía, habré de utilizarla para los apéndices, sobre todo los Estatutos, que conozco extractados.

Con harto sentimiento de mi alma, y en especial de mi bolsillo — ¡me deben 20 duros mensuales! — me he visto obligado a dejar la redacción de Levante Agrario. Este periódico se ha hecho anticiervista rabioso y francamente revolucionario y radical. ¡Aquí en el propio feudo del omnipotente don Juan! ¡Figúrate! Estaba expuesto a seguras represalias y a perjuicios en mi carrera. ¿No te parece que he obrado con prudencia?

Por mi cuñada Gloria supimos que en el sorteo de quintas la suerte te fue adversa y eres soldado. Lo siento. Nunca fueron buenas amigas, dígase lo que se quiera, las armas y las letras. No me queda más papel. Recuerdos y abrazos de, Justo.

Leí en Renovación Española un artículo tuyo. Te felicito. Estás hecho un enorme publicista. ¿Renovación y… germanófila? No la creo, Pedro, no la creo. ¿Te acuerdas de la Epístola a Horacio, de M. Pelayo? ¡Aquellos versos! …  ¡Bárbaros hijos de la edad presente!  ¡Lejos de mí las nieblas hiperbóreas! …Y ¡qué nombres para ti no pronunciables! … Di a Eugenia que le escribiré pronto.

En esta carta dejó constancia también de su ruptura con «Levante Agrario». Afirmaba haberlo hecho por la postura revolucionaria y «anticiervista» que el diario había emprendido; y por la posibilidad de que le perjudicase en su trabajo como funcionario. Nacido en Mula, el político conservador, Juan de la Cierva, era un poderoso cacique; y la región murciana su feudo natural.

Pero había algo más; una especie de relajación política; una renuncia a la revolución de la que habló largo y tendido en una trilogía publicada en mayo en «El Liberal». Y es que terminada su relación profesional con «Levante Agrario», comenzó a publicar en este otro diario murciano.

Colaborador en «El Liberal».

Para empezar, ofreció en sus páginas un primer resumen anticipo del trabajo que llevaba entre manos sobre Francisco Cascales. Lo dividió en tres capítulos que salieron en días consecutivos.

El Liberal. 25 de abril 1918: Clásicos Murcianos. El Licenciado Cascales. I. Su vida. No se sabe con exactitud el año en que nació el humanista murciano Francisco Cascales. Debió de ser hacia 1565… Justo GARCÍA SORIANO.

El Liberal. 26 de abril 1918: Clásicos Murcianos. El Licenciado Cascales. II Eutrapelias de Cascales. El preceptor murciano descansaba de su ímproba labor docente y de sus estudios, dando cotidianos paseos por el «amenísimo prado del Carmen», a la ribera del Segura… Justo GARCÍA SORIANO.

El Liberal. 27 de abril 1918: Clásicos Murcianos. El Licenciado Cascales. III. Las ideas estéticas de Cascales. —Del gongorismo al modernismo. A Cascales no se le conoce generalmente más que por sus  Discursos históricos de la muy noble y muy leal ciudad de Murcia y su reino. Sin embargo, es su peor obra literaria… Justo GARCÍA SORIANO.

No los he transcrito por la posibilidad de acceder a la obra completa y leerla cómodamente digitalizada en la Biblioteca Nacional, pinchando la siguiente imagen.

El Liberal. 25, 26 y 27 de abril de 1918. Pinchando la imagen se accede a la obra completa en la BNE.

Años después publicó la obra completa editada en formato de libro; pero antes lo hizo por capítulos, en la revista «Filosofía y Letras» de Madrid, pero no adelantemos acontecimientos…

A continuación os dejo la trilogía que he mencionado antes. La he transcrito en su mayor parte porque me parece muy interesante para conocer su punto de vista político en ese momento; la distancia que mediaba entre el idealismo de juventud y la realidad de un burgués padre de familia.

El Liberal. 8 de mayo 1918: Temas vulgares y divagaciones extravagantes. I. Realidad e idealismo. Al escribir el Quijote, tal vez fue Cervantes, y tal vez de modo inconsciente, el primero que planteó en forma sensible el complejo problema del realismo y del idealismo en el arte y en la vida.

Ambas tendencias constituyen el dinamismo y los dos raíles que impulsan y encauzan la marcha del mundo: el progreso. Son dos fuerzas motrices y matrices, dos manifestaciones dinámicas, al parecer opuestas y antagónicas, en realidad paralelas y esencialmente idénticas; expresión diversa de una misma energía vital.

El tema del realismo y del idealismo—Aristóteles, Platón—ha sido el más ampliamente y el más estérilmente discutido. Hasta ahora, por lo general no se ha hecho otra cosa que involucrar y confundir sus términos, aplicándolos indistintamente, impropiamente, como piedra de toque y universal casillero, a las más diversas cuestiones.

Esta confusión ha dado origen a crasos errores filosóficos, artísticos y sociales. Se habla impropiamente del realismo en el arte; y el arte, el verdadero arte, sólo puede ser idealista. El idealismo es condición «sine qua non» de toda obra artística. Por el contrario, se habla de idealismo en política, y la política, ciencia exclusivamente sociológica, si no se quiere desvirtuar y destruir su propia naturaleza, ha de ser y es forzosamente realista o pragmatista, como ahora se dice. El caudal intelectual que ha llegado hasta nosotros se compone generalmente de un inmenso fárrago de tópicos y de nociones falsas….

II. Interés y desinterés. A aquella confusión entre el realismo y el idealismo ha contribuido principalmente otro error original: el concepto del interés y del desinterés. A las bellas artes se las ha denominado, también impropiamente, artes desinteresadas, y así mismo se aplica el nombre de desinteresados a algunos móviles. Y, sin embargo, el desinterés no existe ni puede existir: repugna a la naturaleza humana.

Es una de tantas ilusiones y falsedades inventadas por el hombre. El interés se define: «la inclinación más o menos viva, que experimentamos hacia una persona o cosa que nos es necesaria o nos agrada». ¿Puede el hombre ir contra estas inclinaciones naturales? No. Es un axioma psicológico que el hombre no puede querer su propio mal. Cuando parece desear su daño, es juzgándolo erróneamente un bien o, por lo menos, un mal menor; ejemplo: el suicida.

Se citan casos de abnegación y de heroísmo; pero tampoco prueba nada en contra. El héroe—siempre excepcional, y, por tanto, confirma la regla—no hace más que renunciar a un bien menor por otro que juzga mayor, la satisfacción interior o la gloria, por ejemplo. Se dice también que el placer estético es desinteresado. Y no hay nada tan interesado como el placer, por muy espiritual que sea.

En la lectura de una obra literaria, en la contemplación de un cuadro o de una escultura, en la audición de una pieza musical, ¿qué interés puede haber? —Se pregunta—. Pues el goce estético, que es el interés más refinado de todos. El interés, por consecuencia, es inherente a todo acto humano y, como la materia, indestructible: sólo cambia de forma.

El heroísmo lo evapora o lo gasifica, pero no lo aniquila. Y toda gasificación es expansión y aumento de volumen. Don Quijote, que deseaba conquistar un imperio para su Dulcinea, era, aunque parezca otra cosa, más interesado y mucho más egoísta que Sancho Panza que se contentaba con una hogaza de pan y un racimo de uvas. JUSTO GARCÍA SORIANO.

El Liberal. 9 de mayo 1918: Temas vulgares y divagaciones extravagantes. III. Política y economía. Política es la ciencia o el arte—ciencia y arte en el fondo son una misma cosa—de organizar la sociedad para que todos y cada uno de los hombres tengan el mayor bien posible. Este aspecto de la actividad humana es, por consecuencia, esencialmente práctico y realista.

A los diversos proyectos o concepciones de organización social se les llama impropiamente ideales, y muchos profesionales de la política alardean de idealismo y, lo que es más falso, de desinterés. La mejor organización social será aquella que permita y garantice al mayor número de hombres realizar dignamente los fines positivos de la vida—conservación y reproducción— o dicho con las palabras bíblicas: crecer y multiplicarse.

Esto sentado, dedúcese que, en el fondo, toda cuestión política entraña un problema económico. Los políticos que alardean de idealistas hacen consistir su idealismo en estas ideas, la tradición, el orden o la libertad. Estos tópicos—sentimentalismos líricos unas veces y otras decentes taparrabos o capotes de brega—tuvieron razón de ser en el siglo XVIII.

Hoy carecen ya de actualidad. La idea de tradición ha fracasado, pues la Historia nos demuestra que el pasado no fue mejor que el presente, y los hombres miran el porvenir porque ansían mejorar su vida. La idea de orden es falsa, porque es convencional y puramente relativa. La idea de libertad, la más lírica y hoy la más hueca, no ha fracasado ni envejecido menos.

Tuvo su razón de ser, como bandera política, en las calendas de Espartaco y aun en el siglo XVIII. Pero con la toma de la Bastilla, la abolición de la Inquisición y el establecimiento del sistema constitucional—que fueron el triunfo de los llamados derechos del hombre —la libertad se aclimató y hoy es, teóricamente por lo menos, un bien común a todos como el aire. Nadie la niega ni la discute.

Ya no hay barreras entre las clases sociales, que en realidad han dejado de existir. Ahora los hombres se clasifican por su riqueza (bienes materiales) o por su cultura (bienes espirituales), un plebeyo cualquiera, el más humilde y más mísero, suele convertirse en burgués por la inteligencia y el estudio o haciendo por la suerte o por la astucia un pequeño capital. Puede aumentarlo indefinidamente, mediante hábiles especulaciones, y llegar a la aristocracia del dinero, la única  efectiva.

Sin dinero la aristocracia, la sangre, es hoy un romanticismo triste y ridículo, que no se aprecia ni se respeta. En cambio, la plutocracia es ahora la  soberana del mundo y lo será cada vez más mientras no existan leyes que regulen y limiten el capital y su adquisición. Nuestros abuelos, un poco pícaros y un poco cándidos como buenos jacobinos, creyeron ¡los pobres! haber realizado toda una revolución económica con la desamortización eclesiástica.

No estuvo mal pensado; pero lo hicieron tan mal que no adelantaron nada. La riqueza pasó de unas manos a otras. Al acaparamiento eclesiástico sucedió el laico, sin que el pueblo obtuviera ningún beneficio. Los latifundios y los monopolios particulares subsisten. Y después de tantas revoluciones, bullangas y luchas políticas el estado del mundo sigue siendo «pocos con mucho y muchos con nada». Los pobres se mueren hoy de hambre lo mismo que hace tres siglos.

Y es más; la misma decantada y descontada libertad que ya nadie discute, será un beneficio quimérico, sin efectividad alguna, mientras sea sólo política y no económica, mientras todos los hombres no sean económicamente libres e independientes. El que vive a merced de otro no puede menos de ser su esclavo. Bonita es la libertad; pero de nada sirve si aún con ella continúan los hombres muriéndose de hambre.

El problema político es —como dijo Costa—un problema de despensas. Por lo tanto falta conquistar socialmente el último y más positivo derecho del hombre: el derecho de todos a comer, que implica recíprocamente la obligación de todos a trabajar. Tal ha de ser la conquista política futura, es decir, un mejoramiento económico general, una descentralización y distribución más equitativa de la riqueza. Por eso es anacrónico y absurdo que los políticos que se dicen idealistas se preocupen de esto muy poco y que aún desdeñen las cuestiones económicas por demasiado materiales.

Por lo visto, lo único que les importa es el modo de atraerse a la opinión para lograr el triunfo de su partido y de paso el suyo personal. Eso suele ser todo. Por lo tanto, la masa neutra tiene derecho a suponer que a unos y a otros sólo los mueven la vanidad, la ambición y el fanatismo partidista, negro, amarillo o rojo. El maestro Galdós ha escrito en una de sus mejores novelas esta profunda y ática ironía: —«Rompecabezas inmenso: ¿el pan se amasa para las revoluciones o por ellas?». JUSTO GARCÍA SORIANO.

El Liberal. 10 de mayo 1918: Temas vulgares y divagaciones extravagantes. IV. De revolucionario a burgués. El «ideal» de la perfecta revolución y su símbolo. Siempre que oigo discutir estos gastados temas políticos del espíritu de sacrificio, de la revolución y de la burguesía, viene a mi memoria el recuerdo de un mi antiguo camarada, periodista de la corte. Le conocí en una memorable asamblea del partido federal que se celebró hará quince años en su centro de la calle de Horno de la Mata de Madrid…

… El periodista era uno de los más exaltados revolucionarios que he conocido. Desde aquellos días intimamos y nos unieron las ideas y las aficiones literarias. (…) Mi amigo y compañero el periodista, sin ser muy maduro aun, era el de más edad de cuantos formábamos la tertulia. Hombre de origen muy humilde, nacido de padres jornaleros en un pueblecito aragonés, de agudo ingenio y de inteligencia clara, lo mucho que sabía y aún lo poco que era, todo se lo debía exclusivamente a su esfuerzo personal y a su constancia.

En larga lucha contra revueltos temporales y azarosos contratiempos de pobreza y de hambre, había adquirido con mil apuros una considerable cultura, un puesto en la redacción de un importante diario y, últimamente una modesta carrerita y un número en un escalafón. Después de esto se casó y parecía vivir feliz y enamorado. Sus amigos observamos pronto el cambio que se había operado en él. Se estaba haciendo burgués y escéptico, iba echando barriga y ya no sentía sus antiguas exaltaciones y entusiasmos revolucionarios.

Todo esto lo veíamos con antipatía hostil y no perdíamos ocasión de zaherirle por ello, echándole en cara que de abnegado revolucionario se convirtiese en burgués descreído y comodón. Una  noche, cansado ya de nuestras continuas pullas y agresivas chacotas, nos increpó mohíno: —Vamos a ver: ¿cuál habrá de ser la meta, el ideal más perfecto de la más definitiva y perfecta revolución política y social? Sorprendidos por aquella salida, nos mirábamos unos a otros y no acertábamos con la respuesta concreta categórica.

—Yo responderé por vosotros, si lo queréis, —nos dijo—. El ideal de la más perfecta y definitiva revolución, ¡oídme bien!, es, sin duda alguna, conseguir que a todo ciudadano del mundo, que a toda criatura humana no le falte diariamente un pan blanco de dos kilos, una ración de judías con bacalao o un «cocí» y… ¡un chorizo! Y además, si os place, una mujer, un café con «media», una cajetilla de 0‘50 y dos cigarros de a real, la lectura de un libro, la contemplación  de una obra de arte, una audición musical y una partida de billar, de dominó o de pelota.

El día que todos los humanos tuvieran eso, sin que les pudiera faltar, ¿no se habría realizado el último progreso social y la revolución más perfecta y definitiva que puede soñarse? ¿Es mentira o verdad? (…) Esa aspiración  revolucionaria se puede lograr de dos modos: colectiva o individualmente. Como sabéis, yo intenté primero, con gran ardimiento y durante diez o doce años, realizarla colectivamente.

No regateé esfuerzo ni sacrificio alguno, hasta que me convencí de que por el camino revolucionario «colectivo» no íbamos a llegar quizás nunca al «ideal» o cuando se llegara sería demasiado tarde para mí. Pensé entonces en mí mismo, que me iba haciendo viejo a toda prisa, y recurrí al segundo procedimiento, al «individual». Excuso deciros las barricadas mentales e intelectuales que tuve que levantar y los combates incruentos que sostuve denodadamente contra muchos intereses creados y constituidos.

Enfermé y estuve a pique de perecer en medio del fragor de la pelea. Aún conservo las cicatrices. Fui un héroe para mí mismo y por fin logré triunfar. Me redimí a mí y a mi familia, asegurando de por vida nuestra ración, nuestro chorizo y demás zarandajas; es decir: realicé «individualmente» el ideal de la más perfecta revolución, ¿Qué más puedo apetecer? ¿En nombre de qué derechos se me puede exigir que renuncie a mi pequeño bienestar y al de mi familia, que me lo debo a mí solo, para procurar con mi sacrificio que lo consigan los que no lo tienen aún?…

El más intransigente le interrumpió reprochándole: — ¡Egoísta! —Bueno. Egoísta, si os parece. Pero consultad vuestras conciencias, y el que no lo sea de algún modo, que levante la mano y me arroje la primera piedra. Todos guardamos silencio; y él prosiguió enardecido; —Sí, ¡por los manes de Robespierre! aunque no lo creáis, yo he sido todo un héroe y un valiente luchador en la revolución de la vida, en que tantos bravos naufragan. Ahora ya no me restan energías ni ilusiones. Ya no me seducen las bullangas ni el aura de la populachería, como a todos vosotros.

Yo no aspiro a ser prohombre, ni ministro, ni gran tribuno, ni pretendo ser presidente de un comité, ni concejal siquiera. Reconozco que para ello me faltan talento y afición. En el plan de la creación tan necesaria e importante como es la terrestre hormiga como el águila altanera. ¡Respetad mi modestia por lo menos! A pesar de todo, y acaso por esto mismo, yo, que ya no estoy afiliado a ningún partidito ni a ninguna bandera, que no delego en nadie mi facultad de opinar, que no tengo jefe, ídolo ni amo, pues me parecen tan grandes mis ideas que creo no existe ni puede existir hombre capaz de encarnarlas sin alharacas, soy más rebelde, mucho más que todos vosotros juntos y, dentro de mi flema y de mi prudente y ecuánime escepticismo o de mi burguesía, como decís, un revolucionario más peligroso que cualquiera de vosotros.

Yo, por lo menos, ya llegué a «la conquista del pan» de Kropotkin; y, en cambio, ninguno de vosotros ha pasado aún de «Los miserables» de Víctor Hugo, ni de «Las escenas de la vida bohemia», de Murger. (Débiles protestas). Decidme: ¿Qué ibais a hacer vosotros, a qué ibais a dedicaros, terribles profesionales de la revolución el día en que ésta hubiera ya realizado el perfecto ideal de que hablábamos antes?

Todos a una vez contestamos: — ¡Comernos la ración que nos correspondiera, incluso nuestro respectivo chorizo!… Y reímos todos a carcajadas; aunque reconociendo, a pesar nuestro, que al amigo aburguesado no le faltaba razón y que, al fin, sus opiniones eran tan respetables como las de otro ciudadano cualquiera. JUSTO GARCÍA SORIANO.

A mediados de mayo viajó a Madrid con su familia «una temporada»; pero no tengo muy claro el motivo. ¿Acaso para recuperarse de una enfermedad? ¿enfermó allí? Digo esto porque afirmaba después en una carta a Pedro: «Recaí la semana de llegar a Murcia, aunque levemente».

El Liberal. 13 de mayo 1918: Para Madrid ha salido con objeto de pasar una temporada, nuestro querido amigo y colaborador, el archivero de la Delegación de Hacienda don Justo García Soriano. Le deseamos un feliz viaje.

En su viaje a Madrid se llevó el único manuscrito de la monografía del Colegio, supongo que para intentar que se la publicasen en la capital; y se lo dejó olvidado en casa de Pedro Sainz.

Comó ya he dicho, al regresar a Murcia cayó o recayó levemente enfermo; y poco después, padeció un «flemón monstruoso» que le mantuvo encerrado en casa durante una semana; con fiebre y a base de líquidos.

Por San Antonio «El Liberal» publicó el siguiente trabajo, donde dejó muy claro su punto de vista sobre la llamada «fiesta nacional».

Plaza de Toros de Murcia. Carteles 1918-1919.

El Liberal. 13 de junio 1918: Glosario del tiempo. La estética y los toros. Ante todo, querido Jara, le felicito y me felicito por ver en EL LIBERAL resurgir ahora, con brillantez y pujanza, esta amena sección, que el que suscribe—dicho sea con modestia—inició y bautizó. En ella he leído atentamente estos días la pequeña controversia y disquisición que, acerca de la bondad y belleza de la fiesta nacional, ha sostenido usted con el cronista Alfonso de Mas —ignoro si es pseudónimo—.

Y he sentido grandes comezones de meter yo también baza en este torneo. ¿Será una impertinencia que, sin que nadie me aluda ni llame, tercie y eche mi cuarto a espadas en tan sugestivo tema? Por si usted, benévolo, no la juzga impertinente, allá va mi opinión modestísima.

Usted y el señor A. de M. se han puesto ya de acuerdo respecto a que la fiesta es brutal e inmoral por lo cruel. Pero a la vez han convenido en que tiene una parte hermosa, un aspecto estético: la destreza del torero y «la luz, el color, la mantilla y los claveles». La vistosidad, el colorido y aun el supuesto arte de las corridas de toros son un lema y un tópico viejos. Yo no las encuentro ni aun esta belleza. Y voy a razonarlo y a divagar brevemente. 

¿Destreza el torero? Indudablemente la tiene; aunque muchas veces no es más que ciega temeridad. Pero son una destreza y una temeridad anacrónicas, inútiles y absurdas por carecer de objeto. ¡«Dominar la bravura de una fiera»! ¿Para qué? Si un toro bravo se escapa por las calles de una ciudad, ¿el torero, con su muleta y su espada, le daría caza y evitaría las víctimas? Seguramente, no. La guardia civil entonces tiene que hacer uso de sus fusiles para librar de la fiera a los transeúntes. La habilidad y la valentía del torero sólo se dan en las circunstancias y en los momentos menos necesarios.

Los españoles prehistóricos—y los helenos también—ya fueron hábiles toreadores. En varias pinturas rupestres se representan escenas taurómacas. Entonces era práctica y admirable la lidia. Figuraos a los españoles cuando eran trogloditas o cavernícolas y no vestían ni taparrabos. El primer torero lo hizo, sin duda, el instinto de conservación. Aquellos hombres primitivos se verían sorprendidos algunas veces por toros bravos. La carnicería humana sería horrorosa. La defensa contra la intemperie y las alimañas les obligaría a refugiarse en sus cuevas y resguardar la entrada con piedras enormes.

Un día los atemorizados cavernícolas debieron de contemplar un espectáculo asombroso, épico. Uno de ellos, el más temerario y el más ágil, burlaba la brava acometida del toro con regates y saltos, domeñaba luego la fiera y le daba muerte con un hacha de sílex. Comprended las palmotadas, los alaridos de alegría y de triunfo y la frenética admiración que sentiría la turba troglodítica ante el primer torero improvisado, un verdadero héroe, casi un semidiós. En aquella ruda edad cavernícola, la lucha con las fieras era necesaria y el toreador un bienhechor de la humanidad. ¿Y ahora? ¿Seguimos siendo trogloditas?…

Las fieras y, sobre todo, los toros bravos no debieran ya existir. La verdadera habilidad y la destreza realmente plausible y admirable, consiste ahora en convertir las fieras dañinas en animales mansos, domésticos y útiles al hombre. La raza de toros bravos casi no existe ya más que en España, y aquí es porque se quiere que los haya.

Se la conserva pura, excitando y seleccionando sus feroces instintos, gracias al esmero cuidadoso de ganaderos expertos y avaros, que hacen de ello un enorme lucro. Los toros, que domeñados y mansos debieran ser en el trabajo los mejores auxiliares del labrador, son una de las mayores plagas de la agricultura nacional, pues ocupan dehesas extensísimas, hurtadas al arado y al cultivo.

Pero ¿y la belleza de la fiesta torera y gitana? ¡La luz, la animación, las mantillas y los sangrientos claveles!… Yo creo que es una ilusión y una mentira semejante belleza. La luz de las corridas suele ser una insolación o tabardillo, un tifus, una pulmonía o, por lo menos, un catarro a la vista. La animación es un griterío ensordecedor, mareante, chaparrón de palabrotas soeces y de mala crianza. El que va a los toros a divertirse vociferando, insultando a troche y moche y tirando botellas al ruedo, suele dejarse la educación, los buenos instintos y los sentimientos delicados en la puerta de la plaza, porque allí dentro le estorban.

¡La mantilla charra y española, cayendo en «cascada de espumas»— como dijo el poeta—sobre el busto de las damas! Muy bonita, muy garbosa, muy «goyesca« y muy «zuloaguesca». Pero… ¿no es posible verla más que en los toros? Lo mismo digo de los claveles. A eso de «flores de sangre» no le encuentro poesía. La sangre, fuera de las arterias y de las venas, siempre me parece una cosa inmunda. Soy «arya» en esto.

En cambio, las tripas, los mondongos colgantes y rotos, expulsando el excremento, los bramidos de angustia y de dolor de los animales, que se desangran heridos y moribundos, alzando  sus ojos atribulados y sus bocas entreabiertas a los cielos, en desesperada demanda de piedad para sus sufrimientos horribles; en cambio, todo eso, aunque lo dore el sol de la tarde agosteña y lo ahoguen la charanga y el clamoreo de júbilo de la masa insensible, ¿son cosas bellas? ¿Pueden ser motivos estéticos?

De ningún modo. Son escenas asqueantes de matadero, de mondonguería y de tripería mal olientes. ¿Qué sensibilidad es la de ese pueblo que se divierte, ríe y goza viendo padecer y morir a seres, que a veces tienen tanta inteligencia como algunos hombres?

El inicuo asesinato y martirio del caballo, que ha sido el compañero y el sustentador del hombre, me parece una incalificable ingratitud de éste. Cuando el pueblo se limpie de esos atavismos prehistóricos, y afine y aumente su sensibilidad, aún bastante embotada, se acabarán las corridas de toros. Porque el progreso, como ha escrito atinadamente Azorín, es eso sólo: «un poco más de sensibilidad». Mientras tanto convengamos, amigo Jara, que la belleza de la clásica fiesta es puramente convencional.

Lo único que hallo en ella es un goce atávico procedente de los tiempos troglodíticos. Y que sólo las taumaturgas abejas de la Poesía—como es su castiza musa—realizan el milagro de sacar dulce miel de las flores que tienen por savia únicamente amargo veneno. Justo GARCÍA SORIANO.

Verano de 1918.

Murcia, 6 de julio de 1918. Querido Pedro: No te he escrito antes, hablándote de nuestro regreso y llegada a ésta y de otras menudencias, pues quería de paso acusarte recibo del manuscrito de mi monografía acerca del Colegio de Sto. Domingo de Orihuela, que me dejé olvidado en tu casa cuando fui a despedirme y que me prometiste enviar enseguida por paquete postal certificado.

En vista de no haberlo recibido todavía, comienzo a impacientarme y preocuparme temiendo haya podido sufrir algún extravío, lo que me causaría extraordinario perjuicio, pues, como te dije, no guardo borrador de este trabajo. Te ruego, por lo tanto, me escribas lo antes posible diciéndome qué hay de esto, y si no lo has hecho, me remitas pronto ese pobre manuscrito que me ha costado no pocos desvelos. Quiero corregirlo y adicionarlo, por si alguna vez lo publico o me lo publican. 

Supongo que todos los atacados de tu familia, por el soldadito se restablecieron. Yo recaí la semana de llegar a Murcia, aunque levemente; pero después he padecido un flemón monstruoso, que creímos se trataba de un divieso de los malos. He estado ocho días sin salir de casa, a líquidos y con fiebre. De modo que el presente verano comienza para mí de modo funesto.

A pesar de tanta peripecia, no he dejado de trabajar en mis estudios sobre la literatura española contemporánea, y aún le he dado un buen avance. ¡Claro está luchando con la falta de libros y revistas que me son indispensables para esta labor! Pero fiado en la promesa que me hiciste de ser mi auxiliar y colaborador, a continuación te hago algunas consultas y preguntas, rogándote que a la mayor brevedad me suministres los datos e informes a que se refieren.

En esta carta a Pedro Sainz le encargó numerosas «noticias» que he decidido resumir por no alargarla demasiado: de Rubén Darío, la primera edición de «Prosas Profanas»; una indicación bibliográfica de la «España Negra» de E. Verhaeren; el prólogo de un folletón publicado en «El País» con obras de Poe y de Rubén Darío; información sobre otras obras de Rubén Darío tituladas «Opiniones», «España Contemporánea» y «Letras»; copias de los prólogos de «Sombras de vida» y «Corte de amor», novelas de Valle Inclán…  

Otras muchas consultas tengo que hacerte, pero las reservo para otra carta, si me contestas a esta con interés y diligencia. Sin tu ayuda, mi aislamiento literario y libresco en este rincón provinciano, sería una crisis mortal para mi actividad cultural.

Y tú ¿qué haces ahora? ¿Cómo saliste de tu Arqueología y Numismática? ¿Cómo va esa tesis? ¿Y tus trabajos bibliográficos? ¿Qué programa veraniego tienes?  Vi por los periódicos que la institución os derrotó en toda la línea, lo que lamento, pues me voy haciendo bonillista. Pienso enviarte algún artículo para le revista Filosofía y Letras.

El dichoso proyecto de beneficios (?) a los funcionarios civiles es posible que marque una orientación en mi porvenir. Si en él no obtengo un ascenso de sueldo, como me temo, tendré que emigrar de los Archivos, pues habría de estar reducido a 3.000 ptas. más de diez años. Este temor me tiene melancolizado, que diría Cascales. Escríbeme pronto. Recuerdos de todos para tus papás, para ti y Antonio, sin olvidar a Eugenia, y tú recibe un abrazo fraternal de Justo G. Soriano.

La siguiente carta, de José Cascales Muñoz, le empujó a precipitar la publicación del trabajo sobre el humanista Francisco Cascales; y decidió hacerlo en «Filosofía y Letras», con permiso de Pedro Sainz.

José Cascales Muñoz. Tarjeta homenaje 1918.

J. Cascales Muñoz. Madrid. Princesa, 14, 2º Dcha. Sr. D. Justo García Soriano. Mi querido amigo y compañero: ¿cómo lleva V. su libro sobre los escritores levantinos? ¿ha encontrado algún otro documento del humanista Cascales? ¿ha conseguido V. del Conde de Roche que le deje examinar los papeles de su padre?

Yo estoy dando otro golpe a la reunión de documentos, artículos y estudios publicados relativos a Cascales, para darlos a luz reunidos en un tomo, y si ha dado V. a la estampa algo de lo que posee le agradeceré que me mande un ejemplar para incluirlo.

No pienso incluir nada inédito, pero usaré su obra en preparación «Relaciones y evoluciones de la Historia, la Épica y la Novela consideradas en la obras de varios escritores levantinos», aludiendo a los documentos encontrados por V. como el «Dictamen de la Universidad de Salamanca sobre las tablas poéticas», el «Acuerdo capitular del Ayuntamiento de Murcia dándole el encargo de escribir los Discursos históricos y el «Nombramiento de preceptor del Colegio de San Fulgencio».

Aunque ahora caigo que lo mejor sería citar, con el título de su obra en preparación, el índice de los capítulos y los documentos de la parte relativa a Cascales si V. tiene la bondad de dictármelo, o de mandarme copia. Si encontrase V. dificultades para editar su libro, una vez terminado, y quiere que yo le busque aquí editor, dígamelo e indíqueme a qué editores le parece bien que vea, si la Residencia de estudiantes, la Junta de ampliación de estudios, La Lectura, etc., etc., y le serviré con mucho gusto, por tener el placer de saborear más pronto su trabajo.

Por lo pronto insisto en rogarle me envíe lo que tenga publicado en periódicos o revistas, o lo que pueda publicar de aquí a fines de este año. Y sin otra cosa por hoy se reitera suyo este amigo y compañero, José Cascales Muñoz. 9—7—918.

José Cascales Muñoz era un famoso periodista e historiador. Cronista oficial de Extremadura, había recibido precisamente un homenaje en mayo de ese mismo año. Justo no se fiaba de él; y con la mosca en la oreja escribió de nuevo a Pedro. Tenía que publicar urgentemente todo lo que tenía recopilado sobre Cascales antes de que se lo «desflorase».

Murcia, 21— Julio—918. Querido Pedro: Hace más de quince días te escribí una extensa carta, en que te daba detallada cuenta de mis tareas literarias y te pedía varias noticias para mi estudio sobre el modernismo y, principalmente, te rogaba me dijeras qué habías hecho de mi manuscrito sobre El Colegio y la Universidad de Orihuela, pues quedamos en que me lo enviarías enseguida en paquete certificado, y hasta la fecha ni lo he recibido ni tengo la menor noticia tuya.

Te decía que me contraría mucho la idea de que pudiera haberse extraviado, pues no tengo borrador de él y sería la pérdida casi completa de una labor de meses. Por tanto, te reitero encarecidamente mi súplica de que me notifiques sin demora qué ha ocurrido con esto y en caso de no haberme hecho aún el envío del referido trabajo, me lo envíes pronto, pues quiero corregirlo y adicionarlo. ¿Me atenderás esta vez? Deseo así mismo que me contestes lo antes posible —te agradecería que lo hicieras a vuelta de correo—a esta otra cosa.

Me ha escrito Cascales Muñoz anunciándome que para fines de año va a dar a luz en un tomo cuantos documentos y noticias biográficas hay publicadas acerca del humanista Cascales, entre ellas algunas que yo le facilité. «No pienso incluir nada inédito»—me dice. Pero a renglón seguido me pide cuanto nuevo haya yo encontrado sobre el mismo. Como ves, este divulgador intenta desflorarme mi trabajo.

Para remediarlo he pensado lo siguiente: publicar enseguida en tu revista Filosofía y Letras o en la Revista Crítica los capítulos de mi tesis (?) que tratan de Cascales y, pagando el importe del papel, hacer además una tirada aparte. Así podré remediar el mal y excusarme con tan pedigüeño fusilero. Precisamente estoy estos días reorganizando el Archivo de esta Catedral, por encargo del Cabildo, y he encontrado en la colada datos nuevos y muy interesantes relativos al preceptor murciano. Con ellos enriqueceré mi estudio y haré una biografía muy documentada.

Contéstame pues, a esto y prontito. ¿Cuento con la revista, desde su número próximo, para editar mi monografía sobre el humanista Cascales? La condensaré mucho, (Da capo) quitándole toda la paja disertativa.  La distribuiré en pequeños capítulos. Desde luego puedo remitirte enseguida el original de los dos primeros. De cualquier modo contéstame enseguida, porque si no veré si me lo publican en la Revista de Archivos por mediación de Castañeda. Recuerdos míos y de mi familia para la tuya, y para ti un abrazo fraternal de Justo. En la organización del Archivo de la Catedral estoy gozando de lo lindo. ¡Vaya un filón!

Escribió a Cascales para ganar tiempo mientras preparaba la publicación; y éste le contestó rápidamente explicándole sus proyectos y ofreciéndole ayuda para editar su obra en Madrid, utilizando sus contactos e influencias. Sus cartas llegaban en sobres con franqueo del Ministerio de la Gobernación; y las cuartillas mostraban el emblema del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid.

Sr. D. Justo García Soriano. Mi querido amigo: He recibido su grata del 1º del corriente y veo con gusto que pronto verá la luz la parte de su libro correspondiente al licenciado Cascales. Si quiere V. que le trabaje la publicación de la obra completa, mándeme una nota con la portada, el índice y los datos que crea precisos, así como de sus exigencias y los nombres de los editores que prefiere, y enseguida empezaré a trabajar.

Preciso creo decirle con cuanta satisfacción le doy la enhorabuena, por haber tenido la suerte de encontrar más datos inéditos de importancia. Por lo visto, carecerán ya de interés los datos que deseábamos examinar de los papeles del Conde de Roche. ¿Habrá dado V. con la partida de bautismo en alguna parroquia murciana? Ya lo veré en la revista de Filosofía y Letras. De no aparecer en las parroquias de ésa, es de presumir que habrá nacido en algún otro pueblo de la provincia y habría que acudir al Boletín Eclesiástico para estimular a todos los párrocos en su busca, como he tenido yo que hacer más de una vez.

Publicado el libro de V. sólo me interesa, del humanista, lo que V. deje de incluir y lo que otros hayan publicado en revistas y periódicos, o en párrafos de otros libros. Por esto me alegraría que fuese el Apéndice de V. más extenso (con lo de Baquero, Roche, Tejera, etc., que está desperdigado). Si V. ha publicado algo suelto que no vaya en su libro, envíemelo cuando pueda.

Mi colección de recortes no sólo llevará lo que haya suelto del humanista, sino también lo de otros Cascales escritores, como el Dr. Pérez Cascales, Fr. Pedro de Cascales, el capitán de Cascales, etc.; y, como es natural, yo no pienso poner una letra mía, sino ofrecer lo que otros han dicho.  

El Sr. Baquero dice en su folletín «Cartagena, Cehegín, Mula y Murcia»: «En otro sitio he de hacer de ella (de la obra de la sala de Mr.) el análisis que su curiosidad merece». ¿Sabe V. si lo ha hecho y en qué sitio o libro? No tire V. las notas del humanista que no quiera incluir en su libro, sino mándemelas (publicadas en periódicos o inéditas) para aprovecharlas yo en su nombre. ¿Cuándo puede V. dar otra vuelta por aquí? Le agradeceré que me avise para tener el gusto de saludarlo. Suyo afmo. amigo y compañero q. l. e. l. m. José Cascales Muñoz. 7—8—918.

Carta de José Cascales Muñoz. AMO. LJGS.

Cascales le volvió a escribir en septiembre interesándose por diversos escritores y políticos con su mismo apellido y, sobre todo, por el testamento del famoso humanista murciano. No he creído necesario transcribir la carta completa; terminaba así: «Estoy preguntando todos los días en ésta por la revista de Filosofía y Letras para suscribirme a ella en cuanto aparezca el trabajo de V., pero aún no la han traído. Esperando su grata cuando llegue la feliz ocasión de un hallazgo, queda su afmo. amigo y admirador q. l. e. l. m. José Cascales Muñoz. 8—9—918».

Volviendo al mes de agosto, el primer día escribió otra carta a Pedro Sainz. Éste le había contestado aceptando su propuesta de publicar el trabajo en la revista «Filosofía y Letras». Justo insistía en la tirada aparte (unos 250 ejemplares); y le pedía un prólogo para la misma.

Murcia, 1 de Agosto de 1918. Querido Pedro: Cuando ya comenzaba a impacientarme y preocuparme por tu largo silencio a mis dos cartas anteriores, recibo la tuya, diminuto plieguecillo, sin fecha, aunque por la de llegada y por el sello compruebo que es del 25 del mes pasado.

Queda bien justificada tu tardanza por tus reconocimientos militares. Ahora ya —como en las novelas por entregas—todo me lo explico. Gracias por el ofrecimiento que me haces de la Revista Filosofía y Letras. No esperaba de ti otra cosa. Desde luego cuenta con los dos primeros artículos o capítulos de mi ensayo biográfico y crítico acerca de «El humanista Francisco Cascales», para el nº de septiembre, que te agradeceré adelantes todo lo que puedas.

Te enviaré el original dentro de unos días. Pero mi interés principal está en lo de la tirada aparte. Quisiera hacer unos 250 ejemplares. El trabajo consta de unos diez capítulos, generalmente cortos, pues he simplificado mucho. Cada capítulo llevará, cuando más, dos páginas de la revista—con letra del 8 o del 9. Creo que en dos o tres números puede publicarse todo, para no acaparar mucho espacio.

Me gustaría mucho que tú me escribieras un Prólogo para la tirada aparte. En él podrías lucir tus conocimientos del humanismo español. Redondearías mi trabajo sin desflorar el tuyo. No dejes de hacerlo, y será como una iniciación de nuestras futuras colaboraciones. Lo que deseo también es que, o me corrijas tú bien las pruebas —que me las castigues— o que me las remitas con tiempo para que las corrija yo aquí, y te las devolvería enseguida, a vuelta de correo si es preciso. Me has quitado un peso de encima al decirme que guardas mi monografía oriolana. La creía perdida.

En cuanto puedas me la mandas certificada. Quiero corregirla y tal vez la publique. No dejes de informarme del cuestionario que te envié sobre literatura contemporánea. Perdona tanta molestia; pero te exijo el cumplimiento de tus promesas. Amor con amor se paga y tú no puedes dudar del cariño fraternal, filial y paternal de Justo. Recuerdos para tus papás, para Antonio y para Eugenia. Di a ésta que la escribiré para el día de su cumpleaños.       

En su número de agosto «Polytechnicvm» publicó la primera entrega de «El Colegio de Predicadores…». Era sólo la nota preliminar y parte del capítulo I.

«Polytechnicvm». Agosto de 1918. AMO. LJGS.

Por esta carta a su amigo Julio López Maymón, sabemos que pasó buena parte del verano en Murcia, ordenando el Archivo Capitular. El Deán de la Catedral de Cartagena en Murcia, solía veranear en el Pilar de la Horadada; de ahí lo de «oxigenadas aguas marinas y fresco» que mencionaba.

El Jefe del Archivo Provincial de Hacienda. Murcia, 15 de Agosto de 1918.  Querido Julio: Por conducto de mi tocayo recibí tu esquela. Veo por ella que ahí disfrutas de salud, tranquilidad, afectos familiares, oxigenadas aguas marinas y de fresco, lo cual, en este mísero mundo de bienes relativos y en esta espléndida estación de calores absolutos constituye una suerte envidiable.

Yo en cambio he tenido y tengo indisposiciones de salud, trabajo, polvo, sudor a caño suelto, y hedor a calles y alcantarillas murcianas. Me parece suficiente esta enumeración para hacer perdonable mi pereza y tardanza en escribirte. Además, yo deseaba al escribirte, poder comunicarte la terminación  del arreglo del Archivo Capitular; pero por unas causas o por otras (la principal es que estos trabajos engañan a primera vista), aún no he podido terminar, aunque la organización ya está muy adelantada. Ya no conocerías el Archivo. Ya están instalados todos los libros y casi todos los documentos sueltos.

Llevo hechos más de doscientos legajos grandes y unos cien de los pequeños. A todos se les han puesto carpetas y cartelas nuevas, con numeración mecánica y simétrica.  Su orden y simetría resultan estéticos.  A la vez voy redactando el índice y las fichas. Deseo dejar terminado lo más principal para el 20, a fin de poder marcharme algunos días con mi familia a Torrevieja a bañar a mis nenes, que les hace mucha falta.

Regresaré para 1º de Septiembre. Lo he pensado mejor,  y teniendo en cuenta los adelantos archivonónicos, creo que las bulas no deben colocarse en clasificadores, como proyectamos, sino encuadernarse, que es lo que ahora se hace en los archivos del Estado, y así se conservan mejor y resulta casi más económico; pues en un mismo tomo se pueden encuadernar cien.

En fin, de esto ya hablaremos cuando tú regreses. Las soberbias mesas de nogal ya las colocamos en su sitio, en el sentido longitudinal del salón. Verás qué bien resulta el conjunto: un archivito muy decente, digno de la ilustre corporación que lo posee y de ser visitado por los más insignes eruditos.

Tarjeta Personal de Julio López Maymón. AMO. LJGS.

Entrada ya la segunda quincena de agosto, Justo salió por fin con destino Torrevieja para «bañar a sus nenes». Así pues, cuando el hijo de Rufino Gea fue a visitarlo a Murcia, no le encontró. Justo le había encargado el «cliché» de un retrato de Loazes para incluirlo en la publicación de la monografía que estaba preparando.

20 de agosto de 1918. Amigo Justo: Escribí a V. dándole las gracias por la matrícula de mi hijo y encargué a este que le visitara, pero le dijeron que estaba V. ausente. Yo también estuve a verle días después y lo mismo me dijeron en hacienda. Lo que yo le diría a V. es que de Loazes había dos retratos en Valencia en el arzobispado y en aquel cabildo, ambos iguales y encargamos una copia que se recibió bastante después y no puedo mandárselo porque tiene más de un metro de alto, y para sacar una copia fotográfica reducida necesito más tiempo del que V. indica a vuelta de correo.

Me es materialmente imposible porque he visto al fotógrafo y me dice que hasta el jueves no puede sacarla y necesita un día más para las demás operaciones, de modo que el sábado no se la podría mandar si cumple. Las fotografías o clichés que vio V. en El Conquistador son de los jesuitas y no quiero pedírselas porque sé de cierto que me las han de negar, y más para mandarlas fuera. 

Yo lamento que me haga V. estos encargos con tanta premura, porque mi deseo ha sido y es siempre servirle; y es una gran lástima que el interesantísimo trabajo de V. se publique sin esas ilustraciones. Sin tiempo para más monserga su s.s. y afto. amigo. R. Gea.   

La primera mitad de la siguiente carta a Pedro, escrita desde Torrevieja, fue un conjunto de exigencias y reproches. Hasta que levantó la cabeza y contempló el mar. El segundo tramo muestra un tono más pausado y poético.

Torrevieja, vista general.

También nos facilitó su dirección exacta en la villa salinera (la casa de la tía Remedios): Barrio de «Las Puntas», calle Gumersindo número 22. Como ya dije, a pocos metros de donde yo estoy escribiendo actualmente su biografía.

Torrevieja, 27—VIII—918. Querido Pedro: Recibí el manuscrito de mi monografía acerca de la Universidad de Orihuela. Me extrañó no la acompañaras ni con una breve epístola tuya. Veo que estás hecho un holgazán o un ingrato. Me inclino a creer esta segunda parte de la disyuntiva.

Por fin te envío adjunto el primer capítulo de mi trabajo sobre Cascales, como te prometí para el número de Septiembre de la revista Filosofía y Letras. Insisto en lo de la tirada aparte, aunque nada me dices en concreto respecto a este particular que tanto me interesa.

Te hablaba del papel necesario y con la callada me respondes. De pastor debiera ser la réplica. Te agradeceré te tomes la molestia de corregirme bien las pruebas. Si no, envíamelas para que yo lo haga y te las devolvería a vuelta de correo. Te suplicaba me escribieras tú el prólogo. Nada de ello me dices tampoco. ¿No proporcionarás este gusto y esta honra? ¡A ver si va a poder ser que una vez me complazcas en algo!  

En esta playa me encuentro desde hace unos días con mi familia. Te escribo sentado enfrente de este mar latino que tantos gloriosos recuerdos y tan bellos sueños nos evoca. Este espectáculo es soberbio. Veo en este instante un convoy de buques ingleses y norteamericanos que, sigilosamente, transportan tropas y municiones a Francia. Van deslizando su quietud a lo largo del azul camino; cercanos a la costa, grandes y magníficos, humeantes y dorados de sol. Llevan consigo la emoción de la vida y de la muerte.

Si me quieres escribir pronto, dirígeme la carta a esta villa de la provincia de Alicante, calle de Gumersindo, núm. 22 (Las Puntas). A Murcia regresaré el 8 o el 9 del mes próximo. Recuerdos afectuosos de todos para todos y para ti un abrazo de Justo García Soriano. Di a Eugenia que la escribí la víspera de su cumpleaños, y la incluí unos sellos. Da a tu papá nuestras felicitaciones por su santo, que celebra mañana.    

Barcos de Guerra frente a Torrevieja, en 1918.

Pedro le respondió rápido; pero por error envió la carta a Murcia a pesar de las instrucciones recibidas. Aun así llegó a Torrevieja en pocos días, y desde allí le volvió a escribir ultimando detalles para la publicación del trabajo de Cascales.

Torrevieja, 3—IX—1918. Querido Pedro: Tu carta del 29 pasado (que me has dirigido a Murcia, aunque te notifiqué mi estancia en esta playa) la recibo hoy aquí. Por esta causa no puedo contestarte prontísimo, como me encargas. ¡Gracias a Dios que me contestas alguna vez individualiter a lo que te escribo!

Mucho celebro que el motivo de tus tardanzas no sea la pereza, sino todo lo contrario. Eso te excusa bien. Desde luego conforme con el presupuesto de la tirada aparte, que me envías de puño y letra del propio Admor. Me parece bien, y si es preciso que te gire anticipadamente las ciento veinticinco pesetas, o parte de ellas, avísamelo para hacerlo. Ahora bien; a mí me hubiera dado igual en papel satinado corriente, y hubiera resultado aún bastante más barato.

Mi trabajo no excederá de seis pliegos como cuatro páginas de la Revista, si la letra que se componga es del cuerpo 8, como en la que se hizo el trabajo de Bonilla y el de Mélida. Me gustaría que el trabajo fuera el de 8º, o sea como la mitad de la Revista. Pero, en fin, estas minucias las dejo a vuestro buen sentido y mejor gusto. Adjunto el modelo aproximado de la portada, cuya definitiva redacción a ti te la confío.

En cuanto al prólogo, conforme también con tu reflexión; honradísimo conque me lo pongan Bonilla o Cejador. Te encargo a ti la elección, aunque me agradaría mucho fuera Bonilla. Cejador también me cae bien. Tú verás. Pero esto no se opone a que tú me escribas un Ultílogo (como decía M. P. cuando era principiante) o Notas epilogales, o fe de erratas o colofón o lo que te plazca. Quiero dedicarte a ti el trabajo; la dedicatoria, en el reverso de la portada la hallarás.

Tengo también en prensa mi monografía sobre la Universidad de Orihuela, y mi estudio sobre el modernismo crece y se multiplica. Aceptados los materiales de Cejador, que deseo poseer pronto. Este trabajo mío ha de ser malo o muy bueno. Lo hago con gran cariño, para imprimirlo el año que viene, Deo volente. Va muy sistematizado, ya verás…   

Me parece de perlas tu estudio sobre el misticismo en la literatura. Yo también vengo cultivando algo este tema, pues en la literatura contemporánea hay mucho misticismo, que para mí no es más que lo que su etimología indica, esto es, una exaltación del espíritu ante el misterio del Universo y de la vida y de la muerte. Hay misticismo optimista esperanzado, y pesimista, desesperado. Para mí, tan místico es Leopardi y algunos románticos, como San Juan de la Cruz. El amor divino no es más que uno de los aspectos del misticismo.

Quiero que me des tu opinión sobre ello, sintéticamente. Lo he meditado mucho y creo firmemente que estoy en lo cierto. Santa Teresa deseaba morir para tener vida más alta. Leopardi y nuestro Ganivet para soñar o descansar. Éste escribió: Si vida y muerte son sueño, / si todo el mundo sueña, / yo doy mi vida de hombre / por soñar muerto en la piedra. Un abrazo de tu fraternal, Justo.

Según anunció en una de las cartas, regresó a Murcia el 8 o el 9 de septiembre. El 10 escribió de nuevo a Pedro contestando a una solicitud urgente: Cejador aceptaba escribir el prólogo; pero quería leer antes la obra; y Justo no daba abasto con todos sus compromisos.

Murcia, 10 Sepbre.—1918. Querido Pedro: Contesto a tu carta de ayer, que hoy recibo, con la urgencia que reclamas y aprovechando pocos minutos que me restan antes de la salida del correo. Mi trabajo lo tengo aún en borrador y sin limar. Al pasarlo en limpio lo voy rectificando. Por este motivo, su copia supone un mes de plazo, dado el poco tiempo que puedo dedicarle ahora con varias ocupaciones urgentes que ahora tengo, entre ellas terminar la organización del Archivo Catedral, que me comprometí a ultimar para este septiembre.

Lo que puedo enviarte de aquí a ocho días es un capítulo más y el índice o resumen de los restantes. Creo que con esto puede Cejador formar idea bastante aproximada de la índole y calidad de mi trabajo. Pero si aun así sintiera escrúpulos, puede escribir un prólogo en que no apadrine mi obra ni mi persona, hablando poco o nada de ellas, y ocupándose casi exclusivamente de la personalidad de Cascales y del humanismo español. De este modo se exime de toda responsabilidad, de la de garantizarme, se entiende, que es por lo único que puede excusarse.

Pero, ya te digo, creo suficiente con que conozca uno o dos capítulos y el plan de la obra. Así no creo que exista dificultad alguna. No he de comprometerlo, ya lo sabes tú. Contéstame pronto, largo y tendido como me prometes. Estoy impaciente por conocer el desenlace de todas estas dificultades nuevas que van surgiendo. Cascales y Muñoz me ha escrito dos cartas más apremiándome.

En cambio tengo ya tirado el 1er. pliego de mi monografía de Orihuela. ¿Qué te ha parecido la dedicatoria que te hago? La hice ex corde. Recuerdos de todos para todos y para ti un abrazo de Justo García Soriano.

Otoño de 1918. La «grippe española».

El Arenal a principios del siglo XX. Murcia.

El Tiempo. 28 de septiembre 1918: Publicaciones del «Polytechnicvm». El sumario de esta interesantísima revista es como sigue: …—Historia.—El Colegio de Predicadores y la Universidad de Orihuela, (Monografía histórico-descriptiva). Dr. Justo García Soriano… Número suelto de este periódico 5 céntimos.

Las entregas de «El Colegio de Predicadores y la Universidad de Orihuela» continuaron apareciendo puntualmente. Al igual que había pactado con «Filosofía y Letras» para el trabajo de Cascales, los de «Polytechnicvm» le hacían una tirada aparte de la que sólo pagaba el papel. Fue así como consiguió publicar el libro en Murcia. Como muestra, envió los dos primeros pliegos impresos a Pedro junto a la siguiente carta.

Murcia, 29—IX—918. Querido Pedro: Cuatro letras para adjuntarte las cuartillas del 2º capítulo y el plan de la obra, cuya tardanza en escribir ya te extrañará. He estado indispuesto de salud unos días y tengo además un trabajo excesivo. Espero que Eugenia te entregara una esquela mía. A ser posible quisiera que el título del libro fuera El humanista Francisco Cascales. Su vida y su obra. (Ensayo biográfico y crítico).

Dime qué te va pareciendo mi trabajo. Te autorizo para las rectificaciones o modificaciones que juzgues convenientes. Espero que me acuses recibo, pronto, de estas cuartillas y de esta carta, y me digas cómo va eso. Te adjunto también los dos primeros pliegos de mi monografía sobre la Universidad oriolana. Dime qué te parece. A mí me hubiera gustado un tamaño mayor; pero no ha podido ser. Te envía un abrazo cariñoso y queda impaciente en espera de tu respuesta tu fraternal, Justo. Recuerdos de todos para todos.

No sabemos a qué se debió la nueva «indisposición de salud» que mencionaba; bien podía ser agotamiento. Pero lo cierto es que por toda la provincia se estaba extendiendo la mal llamada «grippe española» y Justo era muy, pero que muy aprensivo…

Boletín Oficial de la provincia de Murcia. 30 de septiembre de 1918. GOBIERNO DE LA PROVINCIA. Circular. El Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación, en telegrama de 26 del actual, me dice lo siguiente: «Reitero a V. S. con encarecimiento, la orden dada anteriormente de que con el fin de evitar la propagación de la epidemia de la grippe, se prohíban en los pueblos contaminados toda clase de fiestas, espectáculos, reuniones y aglomeraciones públicas en lugares confinados donde se multiplican las causas del contagio; así como deben prohibirse las ferias, mercados y todo otro medio de relación de unos pueblos con otros que puedan facilitar la propagación de la epidemia». Lo que se hace público en este periódico oficial para general conocimiento y a fin de que por los señores Alcaldes se dé el más exacto cumplimiento. Murcia 29 de Septiembre de 1918. El Gobernador, César de Medina.

Así se lo hizo saber a Pedro en la siguiente carta: «en esta región y en esta ciudad, la epidemia de grippe ha tomado proporciones terroríficas. Yo estoy con un pánico indescriptible»…

Murcia, 13—X—1918. Querido Pedro: Hoy hace quince días que te envié, en carta certificada, las cuartillas del 2º capítulo de mi trabajo sobre Cascales, el resumen de los restantes capítulos y los dos primeros pliegos impresos de mi monografía del Colegio y Universidad de Orihuela. Te suplicaba que a vuelta de correo me acusaras recibo de ello para mi satisfacción. Sin embargo, sólo he obtenido un inexplicable silencio.

No sé qué pensar, pues ni las ocupaciones ni la pereza, por grandes que sean, impiden invertir cinco minutos, en escribir dos renglones y un sobre. Sospecho que haya surgido alguna otra dificultad en la publicación de mi estudio. Si es así, no sientas empacho en decírmelo: nada hay perdido en ello. Como sabrás por los periódicos, en esta región y en esta ciudad la epidemia de grippe ha tomado proporciones terroríficas.

Yo estoy con un pánico indescriptible, que me quita el humor y el aliento para todo. Mi salud se va quebrantando con la aprensión y temo caer de un momento a otro. He intentado huir y marcharme con la familia a Villasequilla o a esa corte, donde parece no la hay a juzgar por el silencio de los periódicos. Pero tropiezo con que, según la Ley de funcionarios, necesito licencia del Subsecretario de Instrucción Pública; y mediante instancia formal. Todo me hace vacilar.

Dime sinceramente el estado sanitario de Madrid. Tu papá lo sabrá bien. Caso de querer ir a ésa: ¿tendrías influencia para que me concediesen el permiso? Yo enviaría la instancia al Subsecretario y en esa el favor. Contéstame pronto, pues estoy para despedirme de ti hasta el valle de Josafat. Dame antes la satisfacción de unas letras tuyas. Te abraza, Justo García Soriano.  

Murcia fue la provincia más afectada por la gripe en España, con varios miles de muertos. Titulares como este, en primera plana, eran para echarse a temblar.

«El Liberal» 16 de octubre de 1918.

Dos días después, en el mismo diario murciano, apareció un curioso cuento de García Soriano sobre la dualidad del ser humano.

El Liberal: 18 de octubre de 1918: El mal ángel y el pobre diablo (CUENTO EGIPCIO). En castigo de su abominable rebelión, Luzbel y las infinitas legiones de ángeles que le seguían, fueron expulsados del cielo, convertidos en demonios y arrojados al abismo. Todas las estancias celestiales que habían ocupado, hubieron de quedar deshabitadas y vacantes. El Empíreo se hallaba solitario y triste. Para remediar aquella soledad Dios pensó en nuevos seres, en otros pobladores celestiales que sustituyeran a los ángeles malos.

Entonces creó al hombre, según dicen, a su imagen y semejanza. Hasta aquí este relato pertenece a la Historia Sagrada. No lo podemos poner en duda, porque es artículo de fe para todos los cristianos. Pero lo que no narran los textos bíblicos, ni los escoliastas, ni los Santos Padres es el episodio que a continuación vamos a transcribir. Contiénese en un antiguo papiro egipcio, descubierto ha poco por una comisión arqueológica, cerca de las ruinas de Menfis, dentro de unas sepulturas del tiempo de Ramsés II.

Un sabio egiptólogo lo ha descifrado y traducido al inglés. Dice así literalmente: «Cuando Dios Hacedor creó al hombre, para que ocupase el lugar del ángel caído, lo presentó a un grupo de arcángeles a fin de que examinaran su obra y le expusieran su parecer. A los pocos días los arcángeles le dieron su dictamen. —Señor, — le dijeron — nuestra humilde opinión, expuesta con el respeto debido a Vuestra Divinidad, es que estuvisteis muy poco feliz en esta obra.

El hombre es un ser muy imperfecto, indigno de vivir entre nosotros. Es envidioso, tacaño, egoísta, vanidoso, embustero y de crueles instintos. Le dominan todas las pasiones perversas. Es además débil, impotente, torpe, y de inteligencia muy escasa. O dale más razón o quítasela del todo. En fin, creemos que no aprovecha para nada bueno, y muchísimo menos para lo que lo destinabais: ¡o es medio loco o es un mal ángel!…

Dios vio que el juicio de los arcángeles era exacto. Su última obra le había resultado muy deficiente. Entonces cogió al hombre y se lo envió a Luzbel para que lo incluyera en el número de los diablos. Satán, al ver ante sí la figurilla del hombre, soltó una estruendosa carcajada, que hizo retumbar y trepidar todas las bóvedas del infierno. Era la primera vez que reía después de su caída y castigo, y aquella carcajada de sarcasmo fue el modelo de toda risa satánica.

— ¿Conque éste era mi sustituto?— vociferó apretándose los ijares— ¡Valiente mamarracho! ¿Se puede imaginar facha más ridícula ni más pretenciosa? Pero, en fin, veamos. Ya que no aprovecha para ángel, quizá pueda yo darle algún destino u ocupación en los infiernos: el de limpiar las escupideras, por ejemplo. Por algo bueno no podré seguramente desecharlo.

El hombre quedó en compañía de los demonios. Pero éstos no tardaron en reparar en que, con sus muchísimos defectos aquel desdichado tenía asomos de algunas cualidades— ¡malas para  diablo, naturalmente!—. Notaban que algunas veces, aunque pocas, sentía escrúpulos, remordimientos y compasión. Quería ser bueno, a ratos. Lo miraron con antipatía y desprecio y se lo manifestaron a Luzbel. Luzbel comprobó que era verdad. Entonces, iracundo y con asco, agarró por el zancajo al hombre y lo arrojó fuera del Averno.

— ¡Jehová!—aulló alzando el rostro encendido al cielo—Quédate con tu chapuz. Este esperpento no me sirvió para nada. A lo más, de estorbo. No es malo del todo, sino entreverado. A ratos le da la manía de ser bueno. Es un cursi, un impotente, un imbécil y, haciéndole mucho favor, ¡un pobre diablo!…

Dios vio que, en efecto, el hombre no siempre era bastante malo para servir a Luzbel. Era un ser híbrido, un mediocre que no aprovechaba para ángel ni para demonio, ni para el cielo ni para el infierno. Pero como obra, al fin, de sus divinas manos, le dio lástima destruirlo. Y pensó en qué lugar del Universo le colocaría. Entonces se acordó de un diminuto planeta del sistema solar, perdido en las profundidades del espacio cósmico, un asteroide raro y deficiente; se llama Tierra y parece medio loco; gira de un modo tan desigual y oblicuo en torno del Sol, de quien recibe el calor y la luz, que hay estaciones en que se hiela y otras en que se abrasa.

Tiene días radiantes y cegadores y noches obscuras y negrísimas; alboradas risueñas y atardeceres o anocheceres lúgubres. En la Tierra lo malo y lo bueno se hallan mezclados de una manera abigarrada y caprichosa, sin regla ni medida; en ella crece el árbol del bien y del mal, que es el árbol de la sabiduría triste. Las flores aromáticas nacen junto a las plantas venenosas; hay jardines y eriales, oasis y desiertos, fuentes salutíferas y pantanos pestilentes. Habítanla animales mansos y útiles y fieras feroces y dañinas.

En ella la Vida y la Muerte pelean de continuo. Por todo ello Dios disputó a la Tierra como el sitio más propio para morada del hombre; y aquí lo dejó abandonado a su arbitrio y a sus naturales recursos. Pronto se halló como en su centro. Se adaptó admirablemente creció y multiplicose con rapidez. Pero las guerras y las epidemias los diezman. Al lado de un campo de batalla instalan un hospital; junto a un templo levantan un suplicio; cabe una cárcel hacen unos juegos públicos; entre una tahona y una abacería ponen un prostíbulo, un almacén de estiércol y una tienda de ataúdes.

Rezan y maldicen, aman y odian, dan limosnas y roban, hacen leyes muy severas y estudian para falsearlas y burlarlas, quedando así reducidas a una sola: la del embudo. En fin, como dice nuestro refrán copto: ¡Siempre en la Tierra, detrás de la cruz está Belcebú!. Hasta aquí el papiro egipcio. Después de algunas divagaciones, que no hacen al caso, termina diciendo: «Cuando Dios nombra alguna vez al hombre, los arcángeles repiten siempre con un mohín de desdén (y con dejo andaluz suponemos nosotros): — ¡Es un loco o un mal ángel!… Y Luzbel, riendo a carcajadas: — ¡Es un imbécil o un pobre diablo!… Justo GARCÍA SORIANO.

Y escribió esta carta urgente devolviendo unas pruebas de imprenta a Pedro Sainz. Aprovechó para felicitarle por sus éxitos universitarios (al igual que a Justo, habían obtenido el premio Rivadeneyra). También le explicó el acuerdo de impresión con «Polytechnicvm» para «vestir su libro de prestado», un acuerdo parecido al que tenía con «Filosofía y Letras». Y reiteró el miedo y la aprensión que le producía la epidemia de grippe…

Murcia, 18—X—918. Querido Pedro: Recibo tu carta con la capilla o prueba de mi folleto, y una vez hecha la corrección substancial, que era imprescindible, me apresuro a devolvértela a correo seguido, sin falta, como me indicas. Me hubiera gustado mucho, como comprenderás, conocer en seguida en prólogo que, según me dices, ha escrito Cejador para mi trabajo.

Es una curiosidad la mía muy legítima. Puesto que dices que ya está impreso, ¿podrías remitirme una prueba de él para leerlo? Con tu explicación sobre los justos motivos que han originado la tardanza de tu respuesta, el amante celoso perdona por ahora la vida de la ingrata, condenada antes a olvido eterno. Mis plácemes y enhorabuena por ese doble triunfo universitario, que, tenía descontado y previsto. Lo del premio Rivadeneyra lo teníamos profetizado hace años. ¿Recuerdas?…

Tengo vivo deseo en conocer los trabajos de ambos ejercicios, que supongo muy interesantes. Mi monografía de la Universidad de Orihuela la está publicando la revista «Politechnycvm», que se edita mensualmente en esta ciudad. Los dos pliegos que te envié son de la tirada aparte que me hacen. No pago más que el papel. Como a ti, a mí también me parece su impresión; pero es lo que nos pasa a los publicistas que vestimos nuestros libros de prestado, que unas veces les está la ropa ancha y otras demasiado estrecha.

Mi pánico ante la epidemia sigue como ésta, en aumento. Creo que ya estoy enfermo, por lo menos de aprensión. Tengo la vida completamente desconcertada. Recuerdos de mi familia y míos para ti, tus papás y Antonio, y un abrazo fraternal de Justo.  

No voy a seguir transcribiendo las reseñas en prensa de «Polytechnicvm». Tan solo quiero dejar constancia con la de noviembre, de que siguieron publicando mensualmente los fragmentos de la monografía hasta completar la obra en el verano de 1919.

El Tiempo. 3 de noviembre 1918: Libros y Revistas. «Polytechnicvm». Ayer recibimos el último número de esta revista mensual cuyo sumario es el siguiente: Fotograbados. —Españoles ilustres: don Fernando de Loazes, Arzobispo de Valencia y Patriarca de Antioquía, fundador del Colegio de Predicadores y de la Universidad de Orihuela (Alicante.)… Historia. —El Colegio de Predicadores y la Universidad de Orihuela (Monografía histórico—descriptiva) por el doctor Justo García Soriano…

De la misma forma, pero en Madrid, se fue publicando el trabajo sobre Cascales en entregas mensuales, a través de la revista «Filosofía y Letras». El prólogo, como ya he dicho, quedó a cargo del catedrático de Lengua y Literatura latinas en la Universidad Central de Madrid, Julio Cejador y Frauca.

Julio Cejador y Frauca

Este filólogo y conocido lingüista había abandonado la Compañía de Jesús a principios del siglo XX para dedicarse a la escritura y la enseñanza.  A nuestro biografiado le pareció bien; pero señaló que el ilustrado ex jesuita había cometido un error «muy de bulto» calificando como murciano a un oriolano de pura cepa. Y se lo comentó a Pedro con mucho sentido del humor, comparándose nada menos que con Homero…

Murcia, 3 de noviembre de 1918. Querido Pedro: Ayer, muy tarde, me entregaron tu carta certificada con las primeras 24 páginas impresas de mi trabajo Francisco Cascales. Por eso me extraña que me digas que me adjuntas impreso «todo» lo que te envié. Resta más de la mitad del cap. II.

No te contesté a vuelta de correo, porque, como te digo, se hizo muy tarde. Te adjunto unas cuartillas con las correcciones que se me han venido a la vista a la primera lectura. No te devuelvo las hojas impresas porque tengo el gusto de conservarlas. Además debe corregirse en el Prólogo de Cejador, un error muy de bulto: Me llama en él «El estudioso hijo de Murcia».

Pase lo de estudioso; pero ni soy murciano ni deseo pasar por tal: soy de Orihuela (Alicante). Debe corregirse así: «El (estudioso) archivero de Murcia». Podrían, si no, ofenderse mis paisanos los de Orihuela. Y en los futuros tiempos, cuando se me considere una gloria española, ambas ciudades podrían disputarse la honra de ser mi patria, como las que se disputaron la cuna de Homero.

El testimonio de don Julio Cejador podría aducirse como prueba definitiva, tan fehaciente, por lo menos, como la partida bautismal. Y me horroriza el pensarlo. Yo que he tenido la desgracia de ser coetáneo de la conflagración actual, siento escalofríos ante el temor de poder ser motivo, en lo porvenir, de una nueva guerra europea.

Conque, lo dicho: El Sr. Cejador no tendrá inconveniente en hacer esta justa rectificación, en honor de la verdad, y sustituir la palabra hijo por la de archivero, p. ej. Por lo demás, no hay que  decir que el Prólogo me ha gustado mucho y me siento honradísimo y muy agradecido a ti y al ilustre escritor.

Dale las gracias en mi nombre, en tanto no le escribo yo para expresarle mi gratitud, como pienso hacer pronto. Respeto tus escrúpulos acerca de la dedicatoria. Pero en la tirada aparte no te toleraré de ningún modo la omisión. Salud y un abrazo de tu casi hermano, Justo.  

No se han conservado las entregas publicadas en «Filosofía y Letras»; pero las portadas de noviembre y diciembre, depositadas en el archivo, anuncian en los sumarios el tercer y cuarto pliego de «El humanista Francisco Cascales. Su vida y su obra» por Justo García Soriano.

Revista «Filosofía y Letras». Noviembre y diciembre de 1918. AMO. LJGS.

Leída la primera entrega, Adolfo Bonilla le escribió felicitándole «de todo corazón». Pero era más bien una excusa para pedirle nuevos datos sobre el Maestro Jacobo cuyas «obras completas» estaba a punto de publicar.

Sr. D. Adolfo Bonilla San Martín. Velázquez, 18 Madrid, 11-XI-18. Sr. D. Justo García Soriano. Mi muy distinguido y querido amigo: Le felicito a Vd. de todo corazón por las páginas que he leído, en «Filosofía y Letras», de su estudio sobre Cascales, lleno de noticias nuevas y de apreciaciones del mayor interés.

¡Ojalá termine pronto la impresión de todo el trabajo! Mucho le agradecí su nota sobre la enmienda de la anotación 32 de mi Lazarillo. La aprovecharé en su día, citando, por supuesto, su procedencia. ¿Y aquellos textos  acerca de Jacobo de las Leyes, hallados por Vd. en el Archivo de la Catedral murciana y de que me hablaba Vd. en una carta anunciándome la grata nueva de su venida a Madrid y prometiéndome enviarme los documentos y datos por Vd. recogidos? Tengo vivísimos deseos de conocerlos.

Ahora ha salido a la luz en Portugal la versión lusitana medieval de las «Flores de las Leyes», y en breve daremos a la imprenta el sr. Ureña y yo nuestra edición de las obras completas del Maestro Jacobo, cuya preparación tenemos casi terminada.

No necesito decirle a Vd., pues, el deseo que ambos tenemos de conocer los nuevos datos por Vd. hallados. ¿Cuándo vendrá Vd. por acá? —Suyo siempre devotísimo amigo que no le olvida. A. Bonilla y Sª Martín.

Justo se sentía en deuda con Bonilla y no podía negarle nada. Así se lo confirmó a Pedro en un nuevo y urgente envío de cuartillas para la revista «Filosofía y Letras».

Murcia, 17—XI—918. Querido Pedro: Te adjunto veinte y tantas cuartillas más, por si urgen, como me figuro. Estoy muy ocupado y no he podido copar más. Creo que con las que sobraron y con esas pueden componerse otros dos pliegos.

Me extraña mucho no me hayas enviado aún el número de la revista. Sé por Bonilla, que me ha escrito, que ya ha aparecido. Me felicita por mi trabajo. Le escribiré en cuanto copie lo de Jacobo el de las Leyes. Recuerdos y un abrazo de tu fraternal, Justo.

En diciembre la familia García Morales se mudó a la calle de los Baños número 5. Eloísa estaba embarazada, a punto de salir de cuentas. La monografía preparándose en Murcia, el estudio sobre Cascales en Madrid…

Todo parecía estar en orden cuando se encendió una peligrosa llama en el ánimo de Justo; una noticia que lo cambiaba todo: Adolfo Bonilla le anunciaba la posibilidad de una plaza de Bibliotecario en la Real Academia de la Historia; la vuelta a Madrid por la puerta grande.

El «sueño» de la Real Academia.

Sr. D. Adolfo Bonilla San Martín. Velázquez, 18 Madrid, 2-XII-18. Sr. D. Justo García Soriano. Mi querido amigo: Un millón de gracias por sus noticias y documentos relativos al maestro Jácome de Junta. Irán en el lugar correspondiente de las obras, contando el nombre de Vd. (¡no faltaba más!).

Espero con impaciencia la continuación del Cascales, cuyos primeros pliegos leí con grandísimo placer. Sus cartas philológicas son libro de oro, que leo a menudo y que me parece no ha sido aún estudiado con la extensión que merece (salvo lo poco, aunque muy bueno, que de ellas dijo D. Marcelino en las Ideas Estéticas).

Deseo hablarle ahora de un asunto importante para Vd. y para todos los que le queremos. Vamos a librarnos, en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, del inaguantable y untuoso Gómez Centurión, que ha hecho allí muchas cosas feas. Hemos pedido que vengan a la Biblioteca dos empleados del Cuerpo de Archiveros, que no sean Inspectores, para que no tengan que ausentarse.

Acordada la petición, hablé al Director (Marqués de Laurencín) de Vd. para el primer lugar, y también le hablé a Altolaguirre. El viernes pasado le expresé igualmente mi deseo al compañero Jerónimo Bécker (que es también del Cuerpo de Archivos). Pero resulta que el Director le había encargado extra – oficialmente que indagase qué personas competentes del Cuerpo podrían y querrían venir a la Biblioteca, y Bécker se había apresurado a escribir a un amigo de Valladolid y a otro de aquí, a ninguno de los cuales conozco por ninguna publicación, lo cual me da mala espina.

Si a Vd. le conviene el cargo (yo lo creo admirable para sus aficiones), escriba Vd. inmediatamente a Bécker y a Laurencín, utilizando mi nombre, y haga Vd. cuantas gestiones crea oportunas. No sería malo enviar ejemplares de los trabajos de Vd. a algunos académicos, y en especial a los dos citados, y además a Altolaguirre, Beltrán, Blázquez, Puyol, Herrera, Maura, Novo y Colsón, Mélida, Ureña, Lampérez y Pérez de Guzmán. Y todo a escape.

Creo que todo esto podría ser muy útil para Vd. en lo futuro, y por mi parte tendría en ello grandísima satisfacción. Desde los tiempos de Rodríguez Villa, no habría tenido la Academia mejor Bibliotecario. Y ¡qué mina de cosas inéditas! Suyísimo siempre, ex toto corde,  A. Bonilla y San Martín.

Podemos imaginar la ilusión que despertó en nuestro biografiado. Nada más recibir la noticia comenzó a escribir cartas; se han conservado los borradores de las que dirigió al marqués de Laurencín y a Jerónimo Bécker (la que más tachones y rectificaciones tiene). Pero antes redactó también una para Pedro Sainz exigiéndole ayuda urgente; y otra en respuesta para el propio Adolfo Bonilla.  

Murcia, 4 Dicbre. 1918. Querido Pedro: Me escribe hoy don Adolfo Bonilla que ha vacado la plaza de bibliotecario de la R. Academia de la Historia y que me ha propuesto para ocuparla. Pero necesito además, el apoyo de otros académicos, en especial del Marqués de Laurencín, de Altolaguirre, de Bécker, Beltrán, Blázquez, Puyol, Herrera, Maura, Novo y Colsón, Mélida, Ureña, Lamérez y Pérez de Guzmán. Y todo a escape.

Convendría que dichos señores, me dice Bonilla, conocieran mis trabajos literarios e históricos. Espero que tú, con toda urgencia, me busques apoyo eficaz y les facilites lo impreso de mi estudio sobre Cascales. Yo aún no he recibido la Revista y no sé si recibiste mis últimas cuartillas. Escríbeme enseguida; y si es verdad que me quieres y te interesas por mí, en ninguna ocasión me lo puedes demostrar mejor que ahora. Recuerdos para ti y un abrazo de Justo.  

Adolfo Bonilla y San Martín.

Sr. D. Adolfo Bonilla San Martín. Mi respetable y querido amigo: Acabo de leer su carta en que me acusa recibo de los documentos referentes al Maestro Jácome de Junta, que le envié hace unos días. Me alegro de que le hayan interesado, pues en serle útil hallo mi mayor satisfacción. Y aun sirviéndole en todo momento, no podré pagar bien la benevolencia con que me favorece.

Las propuestas e indicaciones que me hace sobre el puesto en la Biblioteca de la Academia de la Historia, me han producido una emoción indescriptible. Precisamente ese cargo ha sido una de las ilusiones queridas y más deseadas con que he soñado durante toda mi vida. Me es tan grato y tan codiciable, me sentiría tan feliz en él, que por lo mismo me parece algo irreal, inaccesible para mí.

Realizar mis deseos de volver a Madrid, y a ese sitio, para trabajar únicamente en esa mina inexhausta ¿Qué más puedo apetecer? ¡Estupendo, sencillamente estupendo! Por Dios, don Adolfo, continúe Vd. intercediendo por mí. Yo le prometo que no se arrepentirá la Academia, y mi gratitud hacia Vd. sería sin límites.

Hoy ya no tengo tiempo de escribir a los señores académicos que me indica. Mañana mismo lo haré sin falta y cuantas gestiones estén a mi alcance. Pero debo decirle que me hallo huérfano por completo de amistades e influencias en tales esferas. Por eso, mi única esperanza la deposito en Vd.

Borrador de la carta al marqués de Laurencín.

Excmo. Sr. Marqués de Laurencín. Excmo. Señor, de todo mi respeto: Por mi ilustre amigo don Adolfo Bonilla y San Martín he sabido que la Real Academia de la Historia, que V. E. dirige con tanto merecimiento y acierto, va a proveer en breve entre los individuos del Cuerpo facultativo al que pertenezco, dos plazas de bibliotecarios para servir la biblioteca de esa docta corporación.

El Sr. Bonilla, que me conoce por mi laboriosidad y mis estudios históricos, me juzga apto para una de dichas plazas y escribo a V. E. solicitando su decisivo apoyo para obtener tal cargo. El siempre autorizadísimo juicio del Sr. Bonilla, más autorizado en esta ocasión por no verse a mí ligado, ni obligado por ningún interés o consideración personal, da alas a mi modestia para osar dirigirme a V. E. importunándole con esta instancia.

De mis merecimientos no es discreto que yo hable: dicho señor podrá informar a V. E. desapasionadamente y mostrarle alguno de mis trabajos históricos y literarios. Yo, por mi parte, me limito a alegar como méritos propios, mi modestia, mi hábito y amor al trabajo y mi juventud estudiosa y entusiasta, con grandes anhelos de hacer labor útil y persistente en sitio a propósito donde cultivar mis aficiones. En la seguridad de obtener de V. E. una benévola acogida, le anticipo por ello el testimonio de mi más hondo reconocimiento y me pongo en todo a sus órdenes, como su atto. y s. s. q. b. s. m.   

Borrador de la carta a Jerónimo Bécker.

Excmo. Sr. D. Jerónimo Bécker. Muy respetable señor mío e ilustre Jefe: Me escribe don Adolfo Bonilla y San Martín que en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia hay vacantes dos plazas de bibliotecario, las cuales se han de proveer muy en breve con personal de nuestro cuerpo.

El Sr. Bonilla, que me conoce por mis aficiones y estudios históricos, me juzga competente y a propósito para uno de dichos cargos, y me aconseja lo solicite así de esa ilustre Corporación, y debo ante todo obtener la venia de Vd. y recabar el valiosísimo apoyo, que para esta pretensión me es tan indispensable.

El juicio autorizado del Sr. Bonilla y la desinteresada ayuda que me brinda tan espontáneamente, me alientan a aspirar a un destino que serviría con el mayor entusiasmo por ser tan en armonía con mis justas aptitudes. No he vacilado en importunarle con esta carta en la confianza de merecer de V. E. una benévola acogida, que de todo corazón agradezco anticipadamente. Con este motivo me complazco en ofrecerme suyo  atto. s. s. y subordinado q. s. m. b.

Real Academia de la Historia. Madrid.

Bonilla respondió también rápidamente. Sólo transcurrieron tres días entre sus dos cartas.

Sr. D. Adolfo Bonilla San Martín. Velázquez, 18 Madrid, 5-XII-18. Sr. D. Justo García Soriano. Mi querido amigo: Descuide Vd., que por mi parte no ha de quedar nada por hacer. Hoy he hablado con Ureña para que él insista con Laurencín, al mismo tiempo que yo.

El nudo de la dificultad estriba en Bécker, que ya tenía dos patrocinados, veremos si le redimimos, porque  si esta ocasión se pierde, va a ser difícil hallar otra tan buena. Muchísimas gracias por la monografía que me ofrece, y que, como de Vd., será cosa buena. Y disponga de su amigo devotísimo, A. Bonilla y San Martín.

Necesitaba cuantas recomendaciones pudiese conseguir. Escribió también al influyente Gustavo Morales (el tío de Eloísa ya mencionado anteriormente), quien lo recomendó a varios personajes. Tiró de su paisano el político Ruiz Valarino; y, según cuenta en una carta, hasta del obispo de Madrid.

Gustavo Morales. B. L. M. A su sobrino Justo Gª Soriano y le participa que además de las anteriores ha mandado recomendación para su asunto a los Académicos Sres. Hinojosa, Vives, Laiglesia, Arzobispo de Valencia y Marqués de Lema. Aprovecha gustoso esta ocasión para reiterarle el testimonio de su consideración más distinguida. Madrid 9 de Diciembre de 1918. Princesa, 27. 2º Dra.

Pero la respuesta de Bécker significó un auténtico jarro de agua fría. Ante la sugerencia de Bonilla, el académico se había adelantado maliciosamente, proponiendo directamente al ministro a sus dos «patrocinados».

Ministerio de Estado. Archivo general. Particular. 9 Diciembre 1918. Sr. D. Justo García Soriano. Mi distinguido amigo y compañero: Mi querido e ilustre amigo el Sr. Bonilla me habló en favor de V., con merecido elogio, hace unos días; pero tuve el sentimiento de manifestarle que era tarde, porque la propuesta para cubrir la dos vacantes que existen en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, había sido ya entregada al Ministro de Instrucción Pública.

Si el Sr. Bonilla hubiese hecho alguna indicación unos días antes, me habría proporcionado el placer de complacerle y evitado las gestiones que he tenido que realizar para cumplir el encargo que tuvo la bondad de confiarme nuestro Director.

Por esa razón nada puedo hacer ya de momento en obsequio de V., aun sintiéndolo mucho; pero no olvidaré su deseo, y si se presenta ocasión, tendré el gusto de hacer cuanto de mí dependa porque se realicen sus deseos. Con este motivo me es muy grato ofrecerme a v. como su más atto. y afmo. amigo y compañero q. e. s. m. Jerónimo Bécker.  

Justo, contrariado, envió la carta de Bécker a Bonilla; y este le propuso una nueva estrategia.

Sr. D. Adolfo Bonilla San Martín. Velázquez, 18 Madrid, 11-XII-18. Sr. D. Justo García Soriano. Murcia. Mi muy distinguido y querido amigo: La carta del Sr. Bécker (que le devuelvo) me llena de asombro, porque no recuerdo que al hablar con él (el viernes 29 de Noviembre, en la Academia) me dijese que hubiera entregado propuesta ninguna al Ministro. Sólo me manifestó que había ya escrito a dos sres., uno de Valladolid y otro de aquí.

Pero, por lo visto, mis palabras le sirvieron de acicate para apresurarlo todo. Quizá sería conveniente que Vd. enviase instancia a la Junta de Archivos (o al Ministro), solicitando una de las plazas en la Academia, poniendo fecha anterior a la de la carta de Bécker, y alegando todos sus méritos de Vd., y por mi parte apretaría cuanto pudiese en el Ministerio. ¿No le parece a Vd.?

No es razón que Bécker se haya precipitado, para que tengamos que pasar por lo que él haya hecho. Si le parece a Vd. bien lo que le propongo, hágalo enseguida. Suyo siempre devotísimo amigo, A. Bonilla y San Martín. Hablaré mañana o pasado con el Sr. Castañeda (de la Junta de Archivos), para que me ilustre sobre el caso.  

Estaba convencido de que el asunto no saldría adelante, pero trataba de no perder la esperanza mientras ultimaba la publicación de la monografía oriolana. Había concluido el arreglo del Archivo de la Catedral murciana por encargo del deán y preparaba el trabajo sobre Cascales para enviárselo a Pedro.

Murcia, 16—XII—918. Querido Pedro: Tu carta última en que me notificabas las vacantes de la Biblioteca de la Academia de la Historia, se cruzó con la mía en la que te hablaba del mismo asunto y te rogaba, hicieras, en pro de mi traslado a una de esas plazas, cuantas gestiones estuvieran a tu alcance. No dudo que las habrás hecho con toda urgencia e interés, en la forma que te hayan parecido más prácticas y eficaces.

Deseo me comuniques el resultado y cuanto sepas acerca del particular. Mis noticias e impresiones son muy pesimistas. Creo que, como me temía, he perdido ya el pleito. Si has visto en estos días al Sr. Bonilla, supongo que te habrá contado lo ocurrido y el mal sesgo que ha tomado el asunto. Ha sido más que serrana la partida que le ha jugado el Sr. Bécker.

Este, en cuanto vio el gran interés que por mi candidatura se tomaba don Adolfo, madrugó cuanto pudo y rápidamente y a la chita callando se apresuró a entregar al Ministro la propuesta de la Academia —en nombre de su Director sólo— para sacar a flote a sus dos protegidos, uno de Madrid y otro de Valladolid (ignoro sus nombres).

El Sr. Bonilla no me ha desahuciado aún. La cosa pudiera todavía tener remedio —me refiero a mis últimas noticias de anteayer —con una influencia muy poderosa y decidida. Yo por mi parte he hecho muchas gestiones, cuantas me han sido posibles. Me han recomendado a los académicos D. Gustavo Morales (tío de Eloísa), Ruiz Valarino y últimamente al Obispo de Madrid. Veremos pronto su eficacia. Pero es una gollería demasiado buena para mí, y sería la 1ª vez que hubiera visto desmentida mi mala estrella…

He recibido el nº de Noviembre de la revista, con el 3er. pliego de mi trabajo. Veo que en este no hay tantas erratas como en los dos primeros, lo que me disgustó bastante, pues de nada me sirvió el corregir las pruebas y remitírtelas a vuelta de correo. Dentro de unos días te mandaré más original. La corrección y publicación de mi librillo «La Universidad de Orihuela» —en breve te remitiré ejemplares de él— y el arreglo del Archivo de la Catedral me han tenido ocupadísimo y he tenido que suspender un poco lo de Cascales. Ahora lo reanudo para no levantar mano y enviártelo todo lo antes posible.

Escríbeme pronto y extenso, como me prometes. Recuerdos de todos para todos y un abrazo cariñoso de Justo. Me acabo de mudar de domicilio. Tu nueva casa en la calle de los Baños, nº 5 pral. A Eugenia recuerdos. La escribiré uno de estos días. Espero ser reepadre de un momento a otro.      

La presunta «gollería» madrileña se ponía cada vez más cuesta arriba; pero Bonilla no se daba por vencido.

Sr. D. Adolfo Bonilla San Martín. Velázquez, 18 Madrid, 16-XII-18. Sr. D. Justo García Soriano. Murcia. Mi muy querido amigo: Le devuelvo las cartas que me remitió con su última. Sigo trabajando, aunque me contraría mucho que Rodés (por quien pensaba yo atacar a Salvatella) esté fuera de Madrid.

Hablaré con Laurencín y visitaré a Castañeda mañana o pasado. Vd. siga poniendo en juego cuantos medios posea. ¡Cuánto me alegraré de que tengamos éxito! Suyo devotísimo que le abraza, A. Bonilla y San Martín. A Ureña le dijo Laurencín lo mismo que le dice a Vd. y creo que sinceramente.

El traslado a la corte no prosperó. Seguiría en Murcia de momento. Pero por fin consiguió publicar allí la monografía completa. Era su segundo libro después de tanto tiempo escribiendo.

«El Colegio de Predicadores y la Universidad de Orihuela» vio la luz a finales de 1918; y ochenta años después se publicó en edición facsímil y en formato digital. Está disponible en el repositorio de la Universidad de Alicante; y podéis leerlo sencillamente pinchando en la siguiente imagen.

El Colegio de Predicadores y la Universidad de Orihuela. Edición original (1918) de la Colección Javier Sánchez Portas, y facsímil de 1998. Pinchando la imagen se accede al PDF descargable de la Universidad de Alicante.

1918 acabó bien. Por una vez fue feliz la Navidad en casa de Justo a pesar de la desilusión por el frustrado traslado. El 29 de diciembre nacía felizmente Alfonsito García Morales; tercer varón en la familia…

El Liberal. 31 de diciembre 1918: Ha dado a luz con toda felicidad un hermoso niño la señora doña Eloísa Morales y Doblado, esposa de nuestro querido amigo y colaborador, el jefe del Archivo Provincial de Hacienda don Justo García Soriano. Felicitamos a los dichosos padres por tan fausto suceso de familia.

Continuará

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Mi agradecimiento a Jesús García Molina, José Manuel Dayas y Javier Sánchez Portas.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba), historias de Orihuela, fotos, postcast y vídeos.