Todas las entradas de: admin

LISTADO DE REPRESALIADOS 24: GARCÍA ROCAMORA- GIERA.

LISTADO 24: GARCÍA ROCAMORA- GIERA.

 

GARCÍA ROCAMORA, José:

Natural y vecino de Orihuela (La Murada). Militar (cabo), nacido el 28-IV-1917. Ingresó en la cárcel preventiva de Orihuela el 30-IX-1939 desde el Reformatorio de Alicante, quedando a disposición del Juez Militar de la localidad. Enviado a Alicante a Consejo de guerra, el 16-II-1940 fue internado en San Miguel.

(Fuente: AHPA. Legajos 12531 y 12581).

GARCÍA ROCAMORA, Pedro:

Natural y vecino de Orihuela (La Matanza). Pastor, de 56 años. Afiliado a UGT, posteriormente a CNT, y miembro de la Colectividad Agrícola.

Un Consejo de guerra celebrado en Alicante el 9-V-1942 le condenó a 8 años de prisión menor por auxilio a la rebelión: según la sentencia, se afilió a CNT durante la guerra e intervino en la tala de árboles de una finca incautada a su propietario. Al llegar las tropas franquistas tenía las llaves y objetos sagrados de la Iglesia requisada por la CNT.

(Fuente: AHPA. Legajo 9060 – A. Mazón).

GARCÍA SEBASTIÁN, Antonio:

Vecino de Orihuela. Agricultor, de 28 años.

Un Consejo de guerra le condenó a la pena de muerte por adhesión a la rebelión y fue fusilado el 26-XI-1940.

(Fuente: Miguel Ors).

GARCÍA SEGURA, Monserrate, (a) Genaro:

Natural y vecino de Orihuela (Arneva). Agricultor y guardia de Seguridad, de 32 años. Ingresó en la cárcel de Orihuela el 28-IV-1939. Enviado al Reformatorio de Alicante el 12-XII.

Archivo Municipal de Orihuela

Volvió a la cárcel de Orihuela el 11-IX-1940 y al Reformatorio de Alicante el 9-I-1941 para comparecer ante un Consejo de guerra. Pasó a la prisión de Elche el 25-VI.

(Fuente: AHPA. Legajos 9277 y 12593).

GARCÍA SEGURA, Manuel:

Vecino de Orihuela (Arneva). En septiembre de 1939 la Guardia Civil le detuvo tras la denuncia de un convecino. Le acusaba de pertenecer al Comité rojo que en 1936 ordenó un asesinato, de haber tomado parte en requisas de fincas y de la destrucción e incendio de imágenes sagradas y objetos de culto.

(Fuente: AHPA. Legajo 916).

GARCÍA SORIA, Manuel:

Natural y vecino de Orihuela (La Murada). Propietario / jornalero, de 67 años. Afiliado a UGT u alcalde pedáneo en 1936. Acusado de mofarse de la religión católica disfrazado con ornamentos sagrados.

Ingresó en el Reformatorio de Alicante desde comisaría el 28-IV-1939, saliendo en libertad provisional el 15-X. Volvió al Reformatorio de Alicante el 22-I-1940, donde un Consejo de guerra le condenó a 14 años y 8 meses de prisión menor por auxilio a la rebelión: según la sentencia, era desde antiguo de ideología izquierdista y representaba esa política en la pedanía de La Murada; ya había sido procesado y absuelto por un jurado en 1917 de la muerte de un convecino.

Durante la guerra dejó la alcaldía de la pedanía a su hijo, del que fue consejero; participó en la destrucción de imágenes y se revistió de ornamentos sagrados, denunció a un falangista y fue un exaltado marxista. Quedó en prisión atenuada el 26-II-1941. El TRP le sancionó con una multa de 5.000 pesetas, que la Audiencia notificó al Gobierno Civil el 6-XI-1945.

(Fuente: AHPA. Legajos 1221, 9051 y 9189 – BOPA, 19-IX-1940 – A. Mazón).

GARCÍES GONZÁLEZ, José:

Natural de Palmar (Madrid) y vecino de Orihuela. Ferroviario, de 37 años. Ingresó en la cárcel de Orihuela el 17-XII-1939 y el 11-II-1940 fue enviado a Consejo de guerra en Alicante.

(Fuente: AHPA. Legajo 12581).

GARRI GARCÍA, Joaquín:

Natural de Benejúzar, vecino de Orihuela. Ferroviario, de 33 años. Afiliado a la CNT. Ingresó en la prisión de Orihuela el 9-XII-1939 y el 8-II-1940 fue enviado a Consejo de guerra en Alicante.

(Fuente: AHPA. Legajo 12581 – A. Mazón).

GASCÓN PEDRÓS, Amelia:

Natural de Alicante y vecina de Orihuela. Maestra, nacida en 1918. Acusada de propagandista y pertenecía a la FUE, al SRI y a Mujeres Antifascistas. Sin embargo se le permitió seguir sus estudios.

(Fuente: Isabel Domenech).

GEA LÓPEZ, José:

Natural y vecino de Orihuela:

Cañicero, de 28 años. El 17-V-1941 ingresó en la cárcel de San Miguel desde Alicante. Antes había estado preso en Monóvar. Salió en libertad condicional el 29-V.

(Fuente: AHPA. Legajo 12532).

GEA NAVARRO, José:

Natural y vecino de Orihuela. Jornalero, de 42 años. Detenido por la Guardia Civil el 5-VII-1939, ingresó en la cárcel de Orihuela quedando a disposición del Juzgado Militar de la localidad por manifestaciones contra la Causa Nacional.

Dijo a los miembros de la banda de cornetas de Falange que “cuando salieran los presos que había en la Prisión de San Miguel, tocarían con más gana y alegría, y que pronto llegaría ese día”. El 8-XII-1939 salió en libertad.

(Fuente: AHPA. Legajos 910).

GEA SEANO, José:

Natural y vecino de Orihuela. Jornalero, de 50 años. Afiliado a UGT y PSOE, concejal del Frente Popular, directivo de la Casa del Pueblo y apoderado en las elecciones de 1936.

Ingresó en la cárcel de Orihuela el 10-V-1939, saliendo en libertad condicional el 7-II-1941. En Consejo de guerra celebrado en Alicante en mayo de 1941 fue condenado a 1 año de prisión.

(Fuente: AHPA. Legajo 12532 – A. Mazón – Fundación Pablo Iglesias).

GERMÁN PESCETTO, María.

Vecina de Orihuela. El TRP le condenó a 2 años de inhabilitación por propagandista. Estaba en el extranjero.

(Fuente: AHPA. Legajo 794 – M. Ors – BOPA, 21-VI-1940 y 20-VI-1941).

GIERA VIECO, José:

Natural y vecino de Orihuela. Panadero, de 37 años. Afiliado a UGT y a CNT. Secretario del Comité de Panaderos. Apresado el 2-IV-1939, ingresó en la cárcel de Orihuela tres días después.

El 25-VI-1941 pasó a la prisión de Elche, conceptuado como peligroso, acusado de haber pertenecido a UGT, a CNT-FAI, por hacer denuncias y por actuar como testigo de cargos en los Tribunales Populares contra personas de derechas.

El 23-V-1942 fue trasladado al Reformatorio de Alicante, donde un Consejo de guerra celebrado en Alicante el 16-X, le condenó a 15 años de reclusión menor por auxilio a la rebelión: según la sentencia, era de significación izquierdista, formó parte del Control de la industria panadera, llevando a cabo incautaciones y requisas, practicó un registro domiciliario, se expresaba a favor del régimen rojo y en contra de personas de derechas, aunque no se había podido comprobar si lo hizo contra un vecino que fue condenado a muerte.

Llevaba preso 3 años, 7 meses y 21 días. Obtuvo la libertad condicional el 10-VI-1943 desterrado en Valencia, destierro que se levantó el 10-VIII, volviendo a Alicante. El 7-XI-1945 se le autorizó a residir en Orihuela. Indultado el 16-VI-1947. Se le aplicó la LRP.

(Fuente: AHPA. Legajos 9092, 9146 y 9277 – A. Mazón).

José María Muñoz y Bajo de Mengibar.

Litografía 1881. Colección Javier Sánchez Portas.

José María Muñoz y Bajo de Mengibar: esplendor y ocaso del “héroe de la caridad”.

El 15 de octubre de 1879,  una terrible inundación pasó a la historia de nuestras desgracias con el nombre de “Santa Teresa”.

Después de ciento treinta y nueve años, aquella riada sigue siendo la más famosa, la primera de la que tenemos imágenes.

El Guadalentín en Lorca, 1879.  «La Ilustración española y americana», núm. 40.

La tragedia se fraguó la víspera, en Almería; una fuerte tromba de agua desbordó el río Guadalentín.

Cuando el afluente volcó su caudal en un Segura ya muy crecido,  formaron un mortífero frente de agua y lodo que se fue abriendo paso buscando el mar;  una ola destructiva que arrasó la vega,  de Murcia a Guardamar.

Riada de Santa Teresa en Murcia. 1879.  «La Ilustración española y americana», núm. 40.

A la capital llegó sobre las dos de la madrugada superando ampliamente la protección del Malecón.

Inundada la fábrica del gas, Murcia quedó completamente a oscuras. El agua corrió libremente por sus calles desatando un infierno iluminado tan sólo por antorchas.

Las campanas de la Catedral tocaron a rebato seguidas por las de todas las parroquias y conventos,  mientras el hospital y la cárcel quedaban sepultados por el agua.

Pinchad la siguiente imagen para acceder a un curioso vídeo de Esteban Linares.

1879. Murcia, riada de Santa Teresa. «La Ilustración española y americana», núm. 40.

En la huerta, las alarmas se transmitieron a través de cuernos y caracolas. Anegadas las acequias y desbordado el Reguerón, el agua derribó las barracas borrando huertos y caminos. En pocas horas, la Vega del Segura quedó sepultada por el lodo.

Las cifras totales de la catástrofe fueron impresionantes: centenares de muertos y miles de familias que lo perdieron todo.

Casas destruidas en el camino de Beniaján. Archivo General de la Región de Murcia.
Riada de Santa Teresa en Murcia.

En Orihuela y su huerta los daños materiales fueron también incalculables. La tremenda riada alcanzó alturas históricas, marcando el agua casi cuatro metros en la Corredera.

Orihuela. Ceremonia del ramo de la virgen en el Puente Viejo.
Distribución de comida en la Corredera. La Ilustración Italiana. Noviembre de 1879.
1879. Orihuela, riada de Santa Teresa. «La Ilustración española y americana», núm. 40.
1879. Orihuela, riada de Santa Teresa. «La Ilustración española y americana», núm. 40.

Pero las trágicas noticias de lo ocurrido en el día anterior evitaron las desgracias personales. Cuando la crecida llegó a Orihuela, su población se había puesto a salvo buscando las zonas altas.

“Las inundaciones en España. Los habitantes de la llanura huyendo hacia Orihuela buscando refugio”. En prensa británica.
España. El curso del Segura a través de Orihuela en tiempo ordinario. Prensa francesa.

La tragedia fue descrita al detalle por un gran número de diarios a nivel nacional, destacando especialmente la campaña emprendida por “el Diario de Murcia”.

Este periódico abrió una suscripción popular en auxilio de los damnificados, una iniciativa que pronto alcanzó difusión internacional. Las terribles imágenes conmovieron al mundo.

El Diario de Murcia, 15 octubre de 1879.

Un periodista francés propuso editar una publicación monográfica cuyos fondos se destinaron íntegramente a las víctimas. Aquella revista, en la que participaron ilustres personalidades de la época, se tituló “Paris-Murcie”.

Portada de la revista Paris-Murcie. 14 de diciembre de 1879.

Gracias a una carta abierta, el citado diario murciano consiguió también que Alfonso XII se desplazase a las zonas afectadas.

En Orihuela recorrió sus enlodadas calles y rezó ante la imagen de la Patrona, a la que prometió una corona de oro. En aquella visita se retituló la Plaza del Salvador con su nombre: Plaza de Alfonso XII.

Grabado que ilustra la visita de Alfonso XII. Alcantarilla.

José María Muñoz, el “héroe de la caridad”.

 

Colección Javier Sánchez Portas.

José María Muñoz y Bajo de Mengibar nació en abril de 1814,  en Cabezuela, un pueblo del Valle del Jerte en la provincia de Cáceres.

Era hijo de Alonso Muñoz, destacado guerrillero en la lucha contra Napoleón que durante la primera Guerra Carlista abrazó la causa del pretendiente.  Murió fusilado por el ejército isabelino en 1834, en Plasencia.

Partida de nacimiento de José María Muñoz.

Nuestro protagonista había ingresado en el Seminario con el propósito de ordenarse sacerdote; pero la trágica muerte de su padre cambió sus planes.  Abandonó los estudios, tomó las armas y acabó incorporándose a las filas carlistas.

Aquella guerra terminó cinco años después con el famoso “abrazo de Vergara”.  Gracias al pacto, los empleos y grados del ejército carlista quedaron reconocidos, pudiendo servir a Isabel II acatando la Constitución. Pero el joven Muñoz abandonó la milicia.

Colección Javier Sánchez Portas.

En 1840 era secretario del Gobierno Civil de Gerona, localidad donde contrajo matrimonio con la gerundense Carlota Ortiz, quien le dio dos hijos.

José María pronto empezó a destacar en los negocios tocando muchos palos: comerciante de harinas, tabacos y ganado; empresario en fundiciones y minas.  En pocos años acumuló una considerable fortuna que le permitió saltar a la capital, donde se dedicó a la construcción y a la bolsa.

El éxito financiero le abrió las puertas de la Administración, alcanzando el puesto de Contador del Tribunal de Cuentas del Reino.

Por esas fechas se instaló en el centro de Madrid, en la calle de Tetuán, viviendo como un acaudalado hombre de negocios en la corte de Isabel II. Hasta que el cambio de Gobierno provocado por “la Gloriosa” le apartó de cargo en 1869.

Tras un largo viaje por América llegó a Alicante, donde decidió pasar el resto de su vida dedicado a la filantropía.

Dijeron de él las malas lenguas que con las obras de caridad trataba de expiar algunos pecados.  Pero lo cierto es que decidió emplear parte de su fortuna en proyectos altruistas en Cabezuela,  su localidad natal;  y en Alicante, la adoptiva.

Y en esas, la riada se Santa Teresa le procuró su gran oportunidad de pasar a la historia.

Mientras el Gobierno, desbordado por la magnitud de la tragedia, preparaba el plan de emergencias, Muñoz se puso manos a la obra. Dicen que seguía un lema: “primero ayudar, luego rezar”.

Blog Escultura Pública. www.esculturapublica.es

Muñoz repartió entre los damnificados dos millones de reales; cien mil duros, como reza al pie de sus estatuas; una auténtica fortuna de la época que quiso entregar personalmente en las poblaciones afectadas.

El generoso donativo llamó la atención de la prensa y el retrato del filántropo extremeño se popularizó a nivel internacional.

El Diario de Murcia publicó una carta en su portada calificándolo como “uno de esos gigantes, faros luminosos, estrellas esplendorosas que guían y alumbran a la Humanidad».

Las Junta de Socorro, tras consultar a pedáneos, párrocos y vecinos, confeccionaron listados de beneficiarios, y en cada Ayuntamiento se escenificaron pomposas ceremonias de reparto.

1879. «La Ilustración española y americana», núm. 40.

Acompañados por bandas de música, a los actos acudieron obispos, gobernadores, diputados, concejales y, por supuesto nuestro filántropo, quien recibía personalmente el calor y agradecimiento de las multitudes congregadas.

Cuentan que recorrió las zonas devastadas en tren, en carro; y si no era posible a lomos de caballos o mulas. Así, repartido en lotes, aquellos desgraciados, uno a uno, recibieron el dinero de manos del propio Muñoz.

Blog Escultura Pública. www.esculturapublica.es

Pronto empezaron los reconocimientos oficiales: Cabezuela del Valle, su localidad natal, le nombró Hijo Predilecto y mandó fundir un busto en su honor.

José María Muñoz en Cabezuela. Autor A. Yerro. Fundidor Vicente Ríos.

Las ciudades de Alicante, Murcia, Orihuela y Cuevas de Almanzora le nombraron hijo adoptivo; dedicándole calles y otros homenajes.

Benemérito de la provincia de Alicante, el Gobierno le concedió la Gran Cruz de Beneficencia, ignorando una propuesta para nombrarlo Marqués de la Caridad.

En Orihuela, donde había socorrido a un centenar de familias, el “Héroe de la Caridad” recibió una corona de plata bendecida por el Obispo Pedro María Cubero con la inscripción:

“Al insigne Sr. Muñoz por su generoso desprendimiento en 27 de Octubre. Orihuela agradecida”.

Y la calle de la Mancebería pasó a llamarse calle de Muñoz.

Colección Javier Sánchez Portas.
Colección Javier Sánchez Portas.

 

Las cuatro estatuas de Muñoz.

 

Muñoz en la Plaza Camachos de Murcia, donde permaneció más de treinta años.

Como ya he dicho, la prensa difundió su gesto altruista; y en la cima de su popularidad, iniciaron una suscripción popular para levantarle un monumento.

Lo recaudado dio para cuatro estatuas de bronce de tamaño natural, que se fundieron en los talleres de Federico Roviralta, en Santander.

Membrete de la fundición.

Según reza al pie de las esculturas, siguieron el modelo diseñado por un tal Federico de la Vega, escultor del que no he podido encontrar información.

Blog Escultura Pública. www.esculturapublica.es

La primera se inauguró en Orihuela; en mayo de 1886 una comisión ciudadana se dirigió al Ministerio de la Gobernación solicitando una de las cuatro estatuas destinadas a perpetuar la memoria de José María Muñoz.

La prensa local recibió la noticia con alborozo:

“Ser ingrato es un crimen. La gratitud, es una ley; y nosotros haciéndonos intérpretes del sentimiento público, enviamos al ilustre patricio, el testimonio de nuestra gratitud, en nombre de los pobres que socorrió en aquella terrible y aterradora fecha”.

La Corporación Municipal quedó autorizada para colocar al célebre filántropo en la Plaza de la Constitución.

Las obras de cantería para el pedestal salieron a pública subasta; y en 1887, su estatua estaba instalada en la plaza más céntrica de Orihuela, frente a al ayuntamiento.

Montaje de confección propia. La estatua de Muñoz sobre una fotografía de la Plaza Nueva. Colección Javier Sánchez Portas.

La de Cuevas de Almanzora se inauguró solemnemente el 12 de noviembre de 1888. Al igual que en Orihuela, el sitio elegido fue la Plaza de la Constitución, frente al ayuntamiento.

La de Murcia un mes después, el 13 de diciembre del mismo año. El arquitecto municipal, José Marín Baldó, diseñó un espectacular pedestal que triplicaba el tamaño de la estatua, colocándola en la Plaza de Camachos.

Muñoz en la Plaza Camachos de Murcia.

En Alicante, por expreso deseo de Muñoz, tuvieron que esperar a su muerte.

El “héroe de la caridad” dejó este mundo el 8 de junio de 1890, a consecuencia de una hepatitis.  Doce días después colocaron la última estatua sobre un pedestal de cuatro metros de altura, en la plaza o paseíto de Ramiro;  un romántico y recoleto jardín urbanizado cinco años antes.

Estatua de Muñoz en Alicante. Plaza Ramiro.
Alicante. Plaza Ramiro.

 

La trayectoria posterior de las cuatro gemelas fue diferente. Curiosamente, la última colocada, la de Alicante, fue la que menos duró en su emplazamiento; tan sólo ocho años.

En 1898 fue retirada por orden del alcalde, a quien no gustó el resultado artístico.  A decir verdad, pocos fueron los halagos y muchas las críticas por el aspecto de las esculturas.

Foto Ajomalba.

El regidor alicantino pretendía fundirla y levantar un nuevo monumento digno de semejante varón y de la ciudad de Alicante.  Pero al final, acabó en un depósito municipal rodeada de trastos.

En los ochenta del siglo pasado, un periodista la encontró arrumbada en la Antigua Cochera de Tranvías. Y aunque parezca increíble, acabó vendida al peso. Unos chatarreros de San Vicente pagaron por ella 30.000 pesetas.

Cuando la noticia llegó a la prensa intentaron recuperarla; el Ayuntamiento de Cabezuela del Valle, donde Muñoz es venerado, estaba también interesado.

Pero no lograron rebajar el precio: sus nuevos propietarios exigían por ella un millón de las antiguas pesetas.

Blog Escultura Pública. www.esculturapublica.es

En Orihuela, antes de terminar la centuria, el emplazamiento del “campeón de la caridad” estaba muy deteriorado; con el jardín arruinado y la verja sin barrotes.  En el número 5 del diario “La Independencia”, fechado en julio de 1895 se decía:

“La estatua de D. José María Muñoz se encuentra en lamentabilísimo estado.  ¡Que abandono! Ya no queda ni señal de que allí ha existido un jardincito muy bien arreglado.

De la verja que rodea al Sr. Muñoz han desaparecido la mayor parte de los barrotes. Aquello se ha quedado exclusivamente para que los chiquillos se entreguen a sus entretenimientos inocentes”.

Colección Javier Sánchez Portas.

En el otoño de 1900 el Ayuntamiento cambió al señor Muñoz por una fuente pública. Y al héroe de la caridad lo destinaron en principio a la plaza de la Pía; pero allí pensaron que sería un estorbo los martes, cuando instalasen el mercado de aves.

Plaza de la Pía con la Inmaculada en el sitio que le negaron a Muñoz.

Y así fue como nuestro filántropo acabó desterrado en Monserrate, donde todavía permanece.

La calle se la quitaron en 1940 para homenajear a Luis de Rojas, “Caído por Dios y por España”; y últimamente ha recuperado el título de Mancebería.

Foto Ajomalba.
Plaza de Monserrate. Ministerio de Cultura.

La de Murcia aguantó poco más de treinta años; hasta que la reforma de la plaza obligó a retirarla.  Durante diez permaneció tumbada en el patio del Ayuntamiento.

En el verano de 1931 propusieron que ocupase el pedestal de un San Francisco destrozado meses antes, en la proclamación de la II República. Finalmente la reubicaron en el Paseo del Malecón, sobre un modesto pedestal.

Muñoz en el Malecón de Murcia, con otro pedestal.

Solamente la de Cuevas de Almanzora permanece en su ubicación original; y guarda una curiosa historia narrada por el famoso periodista Carlos Herrera, natural de dicha localidad.

A principios del siglo XX aplicaron al señor Muñoz un barniz oscuro para proteger el bronce de las inclemencias. Esta circunstancia provocó que el pueblo comenzase a llamarlo “el Santo Negro”.

Y con ese nombre quedó para siempre; a pesar de que fue  “aclarado” y puesto a punto muchos años después.

Muñoz en Cuevas de Almanzora (Almería). José Antonio Ruiz Peñalver.

En 2014 el Ayuntamiento de Cabezuela del Valle celebró el bicentenario del nacimiento de su ilustre hijo y presentó una completa biografía.

Murcia aprovechó la efeméride para adecentar la escultura del Malecón; limpiando el pedestal de pintadas.

“José María Muñoz, el heróe de la caridad”. Bicentenario de su nacimiento: Cabezuela, 1814-2014.- Autor: Fernando Flores del Manzano Publicado por el Ayuntamiento de Cabezuela del Valle.- 2014.-

En Orihuela nadie se acordó de Muñoz ni de su aniversario. Así pues, no es de extrañar que muchos vecinos no sepan quien fue ese señor con levita que en Monserrate habita…

El olvidado “Héroe de la Caridad”.

Foto Ajomalba.
Foto Ajomalba.
Foto Ajomalba.

Antonio José Mazón Albarracín.

Los falangistas de la Vega Baja. La “Invasión de Alicante”.

Los falangistas de la Vega Baja. La “Invasión de Alicante”.

Desde que en 1935 estableciera su delegación provincial y primer núcleo alicantino en Callosa de Segura, la relación de la Vega Baja con Falange Española fue muy especial.

Al acto de fundación, en el Cine Imperial, asistió el propio José Antonio Primo de Rivera arropando al jefe provincial José María Maciá Rives “el Pollo”, conocido industrial callosino del ramo del cáñamo.

Pronto, el partido se fue extendiendo por toda la Vega, con sedes en Orihuela, Rafal, Bigastro, Redován, Almoradí, Cox, Rojales, San Fulgencio, Torrevieja, etc.

Falange Orihuela. Archivo Municipal de Orihuela.

La junta local oriolana estaba liderada por Juan Bellod Salmerón y Antonio Piniés Roca de Togores, Barón de la Linde, quién alcanzó la jefatura.

Estos grupos locales celebraban reuniones periódicas donde recibían doctrina y entrenamiento físico para la futura lucha armada.

A pesar de su escasa repercusión y de no obtener ni un diputado en la provincia de Alicante, los falangistas se hicieron notar a base de parafernalia, fervoroso discurso y sobre todo, de acciones violentas perpetradas antes del alzamiento militar.

En las ciudades, la victoria del Frente Popular espoleó a numerosos militantes de “Acción Popular” y de la Derecha Regional y Agraria para enfundarse la camisa azul y lanzarse a hostigar a socialistas, comunistas y anarquistas en una estrategia provocadora claramente planificada.

Pero la mayoría de los falangistas reclutados en las partidas rurales, al menos los de la Vega Baja, se enrolaron con otras motivaciones.

Durante la campaña de febrero de 1936, la derecha convenció a su electorado de que la victoria frentepopulista traería la revolución y el comunismo, destruyendo la familia y la religión católica, fundamentos básicos de la sociedad rural.

Perdidas las elecciones, Falange Española fue la reacción al fracaso de los políticos conservadores y a la amenaza del movimiento obrero; atrayendo a jóvenes arrendatarios seducidos por las promesas de los terratenientes y dispuestos a defender la propiedad de la tierra que cultivaban, aunque no fuese suya.

Archivo Municipal de Orihuela.

En 1933, José Antonio Primo de Rivera, había conseguido un acta de diputado por Cádiz, a través de una candidatura monárquica, denominada Unión Agraria y Ciudadana.

Al no revalidar su escaño en las elecciones de 1936, perdió la inmunidad parlamentaria y fue detenido el 14 de marzo.

José Antonio Primo de Rivera.

El 5 junio, llegó de Madrid a la prisión de Alicante. Con él permanecían recluidos su hermano y varios dirigentes de Falange, entre ellos, el citado jefe provincial José María Maciá.

El traslado de Primo de Rivera, probablemente alargó su vida unos meses; de otro modo habría muerto casi con seguridad en una de las sacas efectuadas en la capital.

Sin ir más lejos, su abogado defensor, el famoso político Melquíades Álvarez, fue asesinado el 23 de agosto en el asalto que las milicias efectuaron a la Cárcel Modelo.

Durante la primavera de 1936,  el Gobierno clausuró las sedes de Falange Española; cerró sus periódicos y detuvo a sus dirigentes pasando el partido a la clandestinidad.

Pero eso no fue obstáculo para que cientos de jóvenes de la Vega Baja abrazaran la causa de Primo de Rivera.

Teniendo en cuenta la conservadora mentalidad rural basada en la propiedad y en los conceptos de religión y orden inoculados por los sindicatos católico-agrarios, no es de extrañar que la comarca del Segura fuese presa fácil de la grandilocuente oratoria patriótica que ofrecía el movimiento nacional-sindicalista.

En Orihuela, dos falangistas destacaron notablemente en los meses que precedieron al conflicto y ambos lo pagaron muy caro.

Domingo Serna Pamies era un tipo violento, mecánico de profesión. La primera noticia que encontramos en prensa data de 1935, cuando en un partido de fútbol celebrado en Torrevieja se involucró en una pelea mordiendo al acomodador del campo.

Su camarada Carlos Senén Valera, era funcionario del Ayuntamiento, fugaz miembro de la Gestora Radical y cuñado de José Mazón Torrecillas.

Ambos fueron detenidos por primera vez el 4 de mayo de 1936, circulando en automóvil por la Corredera en dirección prohibida mientras vitoreaban a Falange Española; partido ya por entonces ilegalizado.

El 1 de junio Serna fue de nuevo apresado y acusado de fascista por promover un altercado, de madrugada, en la calle de la Feria.

Cinco días después, ambos camaradas se encontraban en el Bar Zara y Serna sostuvo una sonora discusión con el socialista Manuel Moya por motivos políticos. Citados en el callejón del Molino de Cox pelearon; llevando Moya la peor parte.

Serna y Senén volvieron tranquilamente a dicho establecimiento y, avisados por Moya, pronto llegó un grupo de jóvenes izquierdistas que organizaron un fuerte escándalo en el que Luis Pedrera casi le parte la cabeza a Serna con una silla.

Para evitar males mayores el inspector detuvo de nuevo a la pareja de falangistas.

Multa Serna. Archivo Municipal de Orihuela.

El 8 de junio, Serna recibió una multa de 206 pesetas, impuesta por el Gobierno Civil, por infracción del orden público.

Cuando comenzó el alzamiento militar, los dirigentes falangistas alicantinos Antonio Maciá Rives -hermano de José María-, José Ibáñez Musso -jefe local en Alicante- y Carlos Galiana, llevaban semanas tramando la liberación del líder y del resto de sus camaradas presos.

En las reuniones celebradas en el Hotel Victoria ofrecieron a un centenar de hombres de la Vega Baja dispuestos a empuñar las armas contra la República.

La insurrección militar precipitó sus planes y el mismo 18 de julio, Antonio Maciá se entrevistó con José Antonio Primo de Rivera en la prisión.

José Antonio Primo de Rivera en la prisión de Alicante.

La Jefatura de Alicante había recibido la orden de concentrar a las milicias en los puntos estratégicos de cada localidad.

Según las memorias de José Mallol, dirigente falangista de Muchamiel, la señal convenida sería una palmera de fuegos artificiales lanzada desde el Castillo de Santa Bárbara y la contraseña de identificación, la palabra “rambla”.

A las diez de la noche, los grupos estaban concentrados esperando órdenes, situándose los de Orihuela en el Palmeral. Allí esperaron durante horas, hasta que se ordenó la desmovilización.

En el Archivo Municipal oriolano encontré este curioso aval de posguerra  que lo certifica.

Archivo Municipal de Orihuela.

“El camarada Manuel García García, de 22 años de edad, soltero, natural de Benferri y vecino de Orihuela con domicilio en la calle de Santiago nº 29, es persona de magnífica conducta y antecedentes, que con anterioridad al G.A.N. pertenecía a la F.E. y de las J.O.N.S., y al estallar este, junto a los demás elementos de su escuadra, se concentró en el paraje denominado “el Palmeral” donde permaneció hasta que recibieron orden de retirarse, por haber fracasado el Movimiento en la provincia, marcándose entonces a su domicilio donde permaneció semioculto hasta que fue movilizada su quinta por el ejército rojo (…)

Al ser destinado al frente desertó, permaneciendo oculto hasta la total liberación de España, tomando parte activa en la liberación de esta Ciudad, en la que desempeñó el cargo de agente de policía, a las órdenes del Comandante Militar de la Plaza”.

Hay quien dice que a pesar de ser advertidos continuaron con el plan.

Lo cierto es que a las cuatro y media de la tarde más de sesenta falangistas partieron hacia Alicante con material sanitario y escaso armamento (media docena de escopetas de caza, algunas pistolas y un hacha), dispuestos a liberar a sus jefes y someter la capital de la provincia a las órdenes de los militares sublevados en el Cuartel de Benalúa.

En las cercanías de Santa Pola se averió la camioneta; los que pudieron se apretaron en el camión dejando a seis o siete pasajeros con la promesa de volver a por ellos; circunstancia que nunca ocurrió y que a la postre les salvó la vida.

Los demás continuaron; pero las penurias no habían hecho más que empezar.

A cuatro kilómetros de Alicante el camión se quedó sin gasolina y tuvieron que conseguir cinco litros a costa de un autobús que circulaba hacia Cartagena.

Mientras solucionaban la situación, el automóvil de Maciá se adelantó dirigiéndose de nuevo a la prisión para ultimar instrucciones ordenando que se detuvieran a dos kilómetros de Alicante y buscasen combustible para recoger a los que habían quedado en Santa Pola.

El pelotón se apeó cerca de Babel, en el paraje conocido como “los doce puentes”.

Falange Mudamiento. Archivo Municipal de Orihuela.

Algunos supervivientes cuentan que los cánticos, los brazaletes rojinegros y las camisas azules, alertaron a la población antifascista que rápidamente puso en aviso a las autoridades. Otros hablan de que, antes de salir de Callosa, ya les habían delatado con una llamada al Gobierno Civil.

Lo cierto es que informados de sus intenciones, en Alicante les esperaba un nutrido contingente armado formado por guardias de asalto, guardias civiles, carabineros y miembros de los sindicatos obreros.

Tras un breve tiroteo en el que resultaron heridos dos falangistas y un guardia de asalto, sesenta y un integrantes del comando fueron detenidos y trasladados al Reformatorio de Adultos de Alicante.

El resto, entre ellos Antonio Maciá, Galiana y casi todos los cabecillas consiguieron escapar.

La sublevación militar había fracasado en la capital de la provincia y los militares leales del Cuartel de Benalúa habían abierto sus puertas y repartido armamento entre los milicianos antifascistas.

Nuestros jóvenes reclutas, algunos menores de edad, simples agricultores y la mayoría analfabetos, sólo fueron carne de cañón llena de idealismo y utilizada torpemente por sus dirigentes.

Falangistas supervivientes de Callosa de Segura. Archivo Juan Manuel Cepeda.

Según Vicente Ramos, algunos falangistas oriolanos que habían salido para Alicante, bajo las órdenes de Antonio Piniés, pudieron regresar tras sufrir diversas vicisitudes.

Piniés fue detenido en Villena y sus camaradas de Orihuela fueron cayendo poco a poco gracias a los listados de militancia confiscados en su domicilio.

Domicilio de Antonio Piniés. Colección Javier Sánchez Portas.

El día 7 de septiembre, en el Cuartel de Benalúa, comenzó el juicio estrella contra los que la prensa cali­ficó como “los 61 sublevados de Callosa de Segura, que quisieron conquistar Alicante”.

El desfile de procesados de los llamados “su­cesos de Agua Amarga” se prolongó durante cinco jornadas hasta que la tarde del 11 de septiembre se dictó sentencia.

Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

Era el estreno del Tribunal Popular; en un acto ejemplari­zante sólo absolvió a nueve menores de edad y al chófer, que como ya hemos citado, actuó secuestrado y “colaboró por miedo insuperable”.

Los cincuenta y dos restantes fueron fusila­dos en la madrugada del día 12 de septiembre al grito de “nos han engañado”.

Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

En mi modesta opinión se aprovecharon de unos cam­pesinos analfabetos, la mayoría vecinos de Callosa, Rafal y de la partida oriolana del Mudamiento.

Un grupo de pobres desgraciados a los que enrolaron en una ingenua empresa en el peor momento; una trágica aventura que acabó costándoles la vida.

Cruz situada en la Torreta (Rafal) en memoria de los caídos en estos hechos. Ajomalba.
Monumento de Aguamarga (Alicante) a los Caídos de la Vega Baja construido entre 1941 y 1944 por el arquitecto alicantino Miguel López y por el escultor Daniel Bañuls. Se levantó con el objetivo de conmemorar la “hazaña” de los “héroes rebeldes” con la República, en el lugar donde fueron abatidos.

 

Extracto de la obra “La II República y la Guerra Civil en Orihuela, vistas desde el Puente de Rusia”.

Ajomalba, 2010.

Antonio José Mazón Albarracín.

Crónica de Antonio Ballester 05. Las clarisas de San Juan.

Crónica de Antonio Ballester Vidal, el fotógrafo de la Plaza Nueva.

Cap 5. Las Clarisas de San Juan.

En el último tercio del siglo XV, Oriola ansiaba fundar un monasterio de monjas; trataban así de evitar la marcha forzosa de vocaciones femeninas a otras poblaciones.

El 29 de septiembre de 1474 el Consell encomendó la búsqueda de un emplazamiento adecuado a justicia y jurados. Una vez localizado, debían calcular su precio y presentarlo ante la ciudad para comenzar los trámites.

La favorable acogida por parte de los oriolanos a los Franciscanos de Santa Ana a mediados del siglo XV animó a la rama femenina de la Orden, las Clarisas,  a probar suerte en Orihuela.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

Los jurados habían escogido para ellas el solar donde estuvo ubicado el convento de Santa Eulalia, en el arrabal moderno; abandonado por los frailes mercedarios tras utilizarse como baluarte frente a la muralla durante el largo asedio sufrido durante la “Guerra de los dos Pedros”.

De esta forma promocionaban una zona en proceso de expansión. Las aguas del pantanoso Vallet se habían canalizado y nuevos pobladores se habían instalado en unas parcelas cercanas cedidas por el Consell formando la primitiva Corredora.

El convento de clarisas bajo la advocación de San Juan Bautista consolidaba la urbanización de un arrabal que acabó adoptando el nombre del monasterio: el Arrabal Moderno de San Juan Bautista.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

El 17 de febrero de 1490 el Papa Inocencio VIII autorizó la fundación del convento y tres años después, seis religiosas franciscanas se trasladaron desde el Real Monasterio de Santa Clara de la ciudad de Murcia.

 Instaladas las monjas, en 1494 solicitaron al Consell alimentos para subsistir y albañiles para adecentar su convento. También se dirigieron al rey Fernando el Católico pidiendo ayuda para salvaguardar su honestidad frente a las miradas curiosas de los vecinos.

En abril del mismo año, desde Medina del Campo, llegaba la respuesta de su majestad en la que facultaba a los justicias y jurados para comprar las casas a dichos vecinos y ubicarlos en otro lugar de la ciudad, derribándolas y adquiriendo además sus huertas.

Con el apoyo real, las dotes recibidas por el ingreso de novicias y las limosnas del pueblo subsistían dignamente permitiéndose además comenzar la edificación del primitivo templo.

Tras muchas penalidades, en 1575 Beatriz Martínez, viuda de Marcos Rosell, hacía testamento incluyendo al monasterio de San Juan entre sus beneficiarios.

A su muerte, acaecida en noviembre de 1580, recibieron la generosa suma de 7000 libras. Esta donación les creo ciertos pleitos con el heredero universal de Doña Beatriz.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

Otros problemas, esta vez con los herederos de la acequia de Almoradí, les llevaron de nuevo a los tribunales. Las clarisas tenían una noria para tomar agua de la citada acequia. Tras vencer en una larga lucha judicial con los regantes que pretendían suprimir la citada noria y con todas sus apelaciones denegadas, el 6 de julio de 1616, la inutilizaron cortada en ocho pedazos.

Durante cuarenta años, a pesar de las amenazas de excomunión, las monjas reparaban o sustituían la noria, y los regantes la aserraban, la atascaban con estacas y piedras o sencillamente la destrozaban.

En su desesperación, llegaron a acudir al Papa en solicitud de excomunión para los autores. Pero fue el rey Felipe IV quien firmó sentencia a favor de las clarisas, teniendo que insistir aún dos veces más, la última en 1659.

También en 1626, tuvieron un breve enfrentamiento con el Cabildo, que pretendía celebrar misas y sufragios en su iglesia, pero en unos meses, el asunto quedó zanjado amistosamente.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

El monasterio se fue poblando de aristocráticos apellidos: Rosell, Roca, Togores, Rocamora, Masquefa, Rocafull, etc. y con ellos las dotes, que invertían en censos, tierras o edificios para arrendar.

En 1735 eran propietarias de 551 tahullas de regadío. Con estas cuantiosas rentas, levantaron el edificio actual, en dos etapas que duraron gran parte del siglo XVIII.

En 1773, la abadesa solicitó a la ciudad el permiso para ampliar el edificio, alineando la calle que va de San Juan a la Puerta Nueva (la que actualmente es calle Tintoreros), concediéndoles licencia para ocupar dos palmos de la citada calle.  Las obras concluyeron en 1780.

Sufrió importantes daños en el terremoto de 1829; también en las inundaciones de 1879, siendo inmediatamente reparados con fondos procedentes de donativos.

Las extensas propiedades de las monjas habían sido desamortizadas.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

En 1936, las religiosas tuvieron que abandonar el convento y refugiarse en casas particulares. Este fue asaltado por los milicianos haciendo una pira con parte de sus imágenes. Durante la guerra la iglesia estuvo cerrada y el convento pasó al comité de refugiados.

Las monjas supervivientes regresaron en 1939.  Antonio Ballester hizo este reportaje fotográfico pocos años después, en la segunda mitad de los cuarenta.

Fotografías de Antonio Ballester Vidal. Texto y retoques Antonio José Mazón Albarracín.

 

Iglesia de San Juan en la actualidad. © José María Pérez Basanta.

Para saber más recomiendo el libro del Reverendo Andrés De Sales Ferri Chulio, “El Monasterio de San Juan de la Penitencia de Orihuela 1493 – 1993”, publicado con motivo del quinto centenario del monasterio.  También el estudio de Marí Cruz López, en el octavo centenario de la fundación de las Clarisas.

 

Crónica de Antonio Ballester 04. Romería de San Isidro.

© Antonio Ballester Vidal.

Crónica de Antonio Ballester Vidal, el fotógrafo de la Plaza Nueva.

Cap 4. La Romería de San Isidro.

 

El triunfo de la llamada “cruzada” emprendida por Franco provocó en España un espectacular resurgimiento religioso de proporciones nunca imaginadas en un país europeo en el siglo XX.

Durante la década que siguió a la Guerra Civil las celebraciones religiosas se potenciaron especialmente; creándose nuevas “tradiciones” que el pueblo hizo inmediatamente suyas.

En este contexto, la fiesta de San Isidro Labrador en Orihuela se convirtió en una colorida romería patrocinada por la Caja Rural Central y la Hermandad de Labradores y Ganaderos.

© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.

Esta efímera romería de la que no se conocen antecedentes oriolanos, apenas se mantuvo hasta rebasar el ecuador del siglo XX;  pero quedó inmortalizada en todo su esplendor por la cámara de Antonio Ballester.

Concretamente, estas imágenes pertenecen al 15 mayo de 1948. 

Como he dicho, esta romería duró poco; y está bien descrita en el artículo “San Isidro antes era festivo”, obra de mi buen amigo Antonio Luis Galiano, cronista oficial de Orihuela, al que podéis acceder pinchando la siguiente imagen.

© Antonio Ballester Vidal. Se puede acceder al artículo pinchando esta imagen.

Con su permiso, os dejo algunos extractos del mismo:

“En esos años, en que cientos de personas de Orihuela y sus pedanías, “al salir el sol” en romería acompañados de rondallas, parejas a caballo, carros engalanados y carrozas venidos desde las partidas rurales y acompañados por la Unión Lírica Orcelitana, desde la iglesia de las Santas Justa y Rufina, en la que se daba culto, conducían la imagen de San Isidro”.

“Ya en la pradera, tras celebrase una misa en honor al santo, se bendecían los campos, frutos y cosechas. Después se desayunaba, almorzaba y merendaba entre los árboles, habiéndose instalado toldos e incluso montado merenderos, con relativas comodidades”.

© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.

“El día terminaba a la puesta de sol, con el sorteo, como era preceptivo “ante notario”, de un par de novillas de pura raza castellana, participándose por el módico precio de una peseta con dos números. Tras lo cual se regresaba en romería con el santo hasta su capilla en Santas Justa y Rufina”.

“Los festejos duraban dos o tres días, se otorgaban premios a las carrozas y carros adornados y eran anunciadas por la ciudad con un bando, en muchos casos de estilo panocho, de los que era autor Antón Cutillas (seudónimo de José Antonio Poveda, el de “El Palas) y que desde una carroza era pregonado por Manolín Grau “el Catalán”.

Fragmento bando 1947. Manuel Muñoz Tomé.
Bando 1950. Manuel Muñoz Tomé.
Fragmento bando 1946. Manuel Muñoz Tomé.
Publicidad del insecticida Oriol. Manuel Muñoz Tomé.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
Fotografías de Antonio Ballester Vidal. Texto y retoques Antonio José Mazón Albarracín. Entrecomillados Antonio Luis Galiano Pérez. Carteles Manuel Muñoz Tomé.

 

No lo tenía pensado, pero la fotografía que me ha mandado el maestro Zambrana me ha dado una idea: si os apetece enviar fotografías de vuestra infancia, recuerdos  familiares o cualquier imagen de la romería de San Isidro, las expondré gustoso y formarán parte de este archivo virtual.  Ahí va la primera.

1947. José Manuel Zambrana García junto a su hermana y dos primas, posando de huertanos en San Isidro. Gracias maestro.