Callejeando 30. El arrabal de San Juan Bautista 5.


AMO 1636-1660

Porta nova desde el vall
a la porta de Crevillent.

Continuamos nuestro paseo virtual por el Arrabal Moderno, pasando de la calle de San Juan a la de Ballesteros Villanueva, el antiguo Vallet. Este capítulo abarca la zona descrita en la imagen anterior: La puerta nueva, desde el vall, a la puerta de Crevillente.

En la actualidad está dividida en tres calles. Antes de tratar cada una de ellas por separado, vamos a hablar del espacio en conjunto. Además de las imágenes, he incluido unos vídeos que os ayudarán a viajar en el tiempo.

Fotografía: Francisco Luis Galiano
Vídeo: José Antonio Ruiz Peñalver

El Valle de la Puerta Nueva en la Edad Media.

Entre la torre esquinera de Navalflor y la Puerta de Crevillente (al inicio de la calle de Arriba), el muro lindaba con un cenagal surcado de acequias. El inhóspito paraje era un pasillo natural que actuaba como desagüe entre la sierra y el río. Un terreno insalubre propenso a la acumulación de aguas muertas.

Conocido como «el Vall», se ha traducido generalmente utilizando la primera acepción del diccionari normatiu valencià: «depresión alargada y relativamente ancha, definida por la convergencia de dos vertientes y recorrida, generalmente, por un curso de agua«; es decir, la definición castellana de valle. A mí me pareció que le cuadraba; y como valle está traducido en los Anales de Bellot.

Pero hay una segunda acepción que le cae como anillo al dedo: «excavació profunda feta longitudinalment al voltant d’una fortificació per a dificultar el pas de l’enemic des de fora al mur» ; lo que se traduce como: excavación profunda que rodea una fortaleza que se hace para obstaculizar el paso del enemigo; la definición castellana de foso.

En el famoso grabado del Cartulario podemos comprobar su utilidad defensiva, aislando y reforzando la muralla por el flanco de Levante, para dificultar cualquier estrategia de asedio.

Oriola durante la Guerra de los Pedros
 Cartulario de Privilegios. AHN.

En 1356, año de inicio de la Guerra de los dos Pedros, dentro de los preparativos generales, el Consell decidió adecentar y preparar el Vall. Nuestro cronista favorito, mosén Bellot, lo dejó reflejado en sus Anales de Orihuela.

«Que se hiciesen puertas o se cerrasen todos los postigos a cal y canto; que cada casa dé un hombre con su azada y capazo para obrar muros; que los jurados mandasen subir mucha piedra a las torres y muros; que se limpie el valle de la Puerta de Crevillente…»

En el párrafo anterior, Bellot utiliza el término «valle de la Puerta de Crevillente». Pero con la acepción antes mencionada, se referían a limpiar el foso de protección; no un valle. Otra palabra que aparece continuamente en castellano es concejo. Yo lo he sustituido por Consell.

Traducciones castellanas aparte, lo cierto es que, una vez adecentado el terreno, dejó de mencionarse como «de la puerta de Crevillente». Un portillo que daba paso a la calle de la Feria tomó el protagonismo y el Vall adoptó su nombre.

«El Valle de la Puerta Nueva estaba muy lleno de cieno y otras inmundicias; y no se podía limpiar por el agua que había encima. Así pues, el Consell ordenó que se vaciase, haciendo un escorredor por debajo de las acequias de Almoradí y Catral.»

Fotografía Javier Sánchez Portas
Montaje idealizado Ajomalba

El encargado de avenar y nivelar el terreno fue un ingeniero llamado Matías Figuerola; y todo el personal ocioso fue destinado a trabajar en el escorredor. En 1358, ante la posibilidad se ser cercados por los castellanos, el Consell repartió la tarea de fortificar la ciudad; y a los vecinos de Callosa les tocó obrar el vall.

«1358. Cuando Orihuela temía ser cercada por el rey don Pedro, repartió las obras de fortificación, y cupo a Callosa hacer el valle de la Puerta Nueva.»

Además de arreglar el foso, la tarea implicaba cerrar a cal y canto la puerta de Crevillente y el portillo que llamaban Puerta Nueva; sellados con obra del mismo grosor que el muro. Pero los de Callosa no vinieron; y para cumplir con su obligación en la defensa, siguiendo el protocolo habitual, concertaron un pago de diez y ocho dineros por familia.

Un año después, el Consell mandó acelerar la obra mientras investigaba qué había sido del dinero aportado por los callosinos. El Vall seguía sin terminar y pasaron el encargo a Bartolomé Viudes.

«1359. Los habitantes de Callosa tenían obligación de hacer el valle de la puerta Nueva y ellos no vinieron, porque se concertaron 18 dineros por casa y no parecía el dinero. El Consell cometió esta causa a Berenguer Morrelles, para que averiguase quién o cuántos y a quién habían pagado…»

Firmada la paz con Castilla en 1361, el Consell mandó abrir la puerta Nueva con un puente de piedra sobre el escorredor para facilitar el paso. Pero aquella paz fue sólo una simple tregua. Cuatro años después, Orihuela soportó su más duro y famoso asedio y la puerta fue cegada de nuevo; era práctica común.

En 1410, las puertas Nueva y de Crevillente volvían a estar tapiadas; esta vez por una guerra civil en la Corona de Aragón, librada entre los aspirantes a la sucesión del difunto Martín «el Humano» (solucionada dos años después gracias al «Compromiso de Caspe»).

En esas fechas los mercedarios estaban ya dentro de la muralla ocupando la torre de Navalflor como campanario. Dicha torre adoptó el nombre del convento: «Torre de Santa Eulalia, ólim (antes) Navalflor».

Enlace artículo.

La Puerta Nueva tras la visita de los Reyes Católicos.

AMO 1636-1660

La Porta Nova, o Puerta Nueva en castellano, dejó de ser portillo en el año 1488; cuando la visita de los Reyes Católicos animó al Consell a reedificarla completamente.

Isabel y Fernando entraron por ella a Orihuela:

«1488. En las fiestas que Orihuela hizo cuando los Reyes Fernando e Isabel entraron en ella (…) Hicieron solemne paseo por la ciudad, que estaba toda entapizada y enramada; entró por la puerta Nueva, que se labró de nuevo como hoy está…» (escribe esto en el siglo XVII).

«Hízose el portal de la puerta Nueva de piedra picada y grande, en la forma que hoy está, que antes era pequeña porque en las guerras pasadas la cerraban a cal y canto. Y pusieron sobre ella las armas de Aragón y Castilla juntas.»

Emblema de los Reyes Católicos.
Iglesia Parroquial de Santiago
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Avenado el terreno y en plena expansión del Arrabal de San Juan, entre los siglos XV y XVII los pobladores se fueron instalando en este descampado, levantando sus casas entre acequias, escorredores y “trastalladors”, como se nombraban las compuertas o portillos.

La cercanía de los mercedarios, que se fueron apropiando de toda la manzana hasta plantar su fachada en los Hostales, fue otro factor positivo para el crecimiento y urbanización de una zona que, con el paso del tiempo, pasó a ser el corazón del arrabal, una prolongación de la zona comercial de los Hostales que contaba con sus propias carnicerías, las segundas en importancia tras las de la Plaza Mayor.

Fachada de los Mercedarios.
Colección Javier Sánchez Portas.

A partir del siglo XVI la muralla interior perdió su utilidad defensiva y el Consell dejó de preocuparse por su conservación. La obsoleta Puerta Nueva se mantuvo en pie hasta diciembre de 1737; fecha en la que, completamente arruinada, fue demolida. Esta es la historia del Vall y del arco que durante siglos le dio nombre: la Porta Nova, o Puerta Nueva cuando pasó al idioma castellano.

AMO. Siglos XVII y XVIII

Como ya he dicho, se dividió en tres sectores claramente diferenciados que son tres calles en la actualidad: la del Vallet (Ballesteros Villanueva), la plaza de la Porta Nova (El Paseo), y la Carretería (Ruiz Capdepón).

El Vallet

El primer sector, colindante con el convento de la Merced y su plazuela, es el más estrecho. Mantuvo el nombre original con diminutivo valenciano. De Vall, Vallet.

AMO. Siglos XVII y XVIII

El topónimo, escrito «Ballet», se mantuvo hasta el mes de enero de 1879; cuando falleció Baldomero Fernández Espartero, una de las glorias patrias homenajeada en muchos callejeros de España. «El Segura» anunció el cambio, haciéndose eco de «El noticiero de Murcia»:

«El ayuntamiento de Orihuela por indicación de su activo alcalde nuestro distinguido amigo D. Matías Rebagliato, ha acordado poner el nombre de «Espartero» a una de las principales calles de dicha población. Según nuestras noticias la calle agraciada será la del Vallet.

Y así fue. Para hacer constar la inmensa pena que embargaba a todo el Municipio, el Ayuntamiento había decidido costear un retrato de Espartero y variar el nombre de la calle del Vallet, asignándole el de Príncipe de Vergara. El libro de actas correspondiente está mutilado, por lo que no puedo precisar la fecha exacta del acuerdo;  pero las sesiones inmediatamente anterior y posterior son del 11 y 23 de enero de 1879. También organizaron «suntuosos funerales» en Santa Justa. El mismo periódico dio cuenta de ellos:

«El lunes (27) con una concurrencia numerosísima tuvieron lugar en la Santa Iglesia Parroquial de Santa Justa y Rufina y con la asistencia de los tres cleros parroquiales de esta ciudad las solemnes honras fúnebres que los admiradores del ilustre e inmortal Príncipe de Vergara han celebrado, por el eterno descanso de su alma y en memoria de sus grandes virtudes cívicas y militares.»

El Vallet y Espartero
Colección Javier Sánchez Portas

«Apenas suficiente la anchurosa nave del arabesco templo a contener la inmensa multitud que asistió a tan religioso acto (…) Nunca hemos visto tanta suntuosidad y magnificencia fúnebres. Enlutado completamente el espacioso templo, multitud de lámparas pendían de todos lados, ocupando las capillas preciosas y enlutadas arañas. En la parte anterior del presbiterio se elevaba majestuoso y severo el catafalco compuesto de cuatro cuerpos cuadrangulares, terminado por una pirámide cuadrangular en cuyo remate flotaban unidas a una varilla final negras y vaporosas gasas. El frente del cuarto cuerpo le ocupaba la simbólica imagen de la Fe, ostentando el mismo lado del tercer cuerpo la siguiente inscripción: A su alteza serenísima D. Baldomero Fernández Espartero, sus admiradores.»

«El segundo cuerpo compuesto por cuatro arcos adornados con magníficos cortinajes de terciopelo con franjas de oro formaban la fúnebre bóveda bajo la cual y sobre el primer cuerpo se elevaba el féretro, cubierto con un riquísimo paño de terciopelo, conteniendo las insignias militares del honrado patricio.»

«El primer cuerpo estaba formado por una ancha plataforma forrada de negro, a la que se ascendía por cuatro escalinatas cubiertas también de negro, saliendo de la alfombra que cubría la escalinata del frente la extensísima que cubriendo el pavimento se extendía hasta el punto de la presidencia, situada en el centro y en la parte posterior del templo. En los testeros del segundo cuerpo se leían: en la parte posterior mirando al presbiterio. Conde de Luchana y de Morella, Vizconde de Banderas.»

«Al frente: Príncipe de Vergara, Duque de la Victoria. A los lados: Lealtad, Constancia, Abnegación, Patriotismo. Sobre el arco del frente descansaba un laureado retrato al óleo del ilustre finado, debido al pincel del Sr. Navarro. Innumerables grupos de luces ordenadas simétricamente y diferentes piras, iluminaban el conjunto artístico del catafalco, obra del entendido artista D. Vicente Navarro. Sobre los lados del templo se leían los lugares y fechas de los hechos de armas más gloriosos del general Espartero.»

Muerte de Baldomero Espartero
(Museo de La Rioja)

«Entre la concurrencia numerosísima, distinguimos al Ilmo. Sr. Obispo de la Diócesis, al Excmo. Ayuntamiento, a los Sres. Jefes y Oficiales del Batallón Reserva de esta ciudad y a los dignísimos Sres. Juez y Fiscal de este Juzgado. La oración fúnebre que conforme anunciamos fue pronunciada por el elocuente orador sagrado Sr. D. Félix Martínez Espinosa, canónigo de la Sta. Iglesia Catedral de Murcia, fue un magnífico trabajo literario cuyo incontestable mérito es suficiente a demostrar el talento del Sr. Espinosa. La misa cantada, es, si no nos engañamos de Andreví; en cuanto a su ejecución… corramos un velo en señal de misericordia.»

«Este cuadro que desaliñadamente hemos bosquejado es un descolorido trasunto de las solemnes honras fúnebres que Orihuela ha celebrado en memoria del ilustre Duque de la Victoria, verdadera gloria de nuestra querida España.»

Príncipe de Vergara se mantuvo durante más de cuarenta años, compartido con Duque de la Victoria (ambos títulos ostentaba el famoso general Espartero).

Hasta el verano de 1921; cuando el Ayuntamiento quiso premiar los grandes y meritorios servicios prestados a la ciudad por Francisco Ballesteros Villanueva.

Ballesteros y su calle.
Coloreada por J. Manuel Dayas

Francisco Ballesteros fue un farmacéutico metido en Política. Según su inscripción en el Registro Civil, nació el 29 de octubre de 1852 a las 7 de la mañana, en la Puerta Nueva. Bautizado en la Catedral, era hijo del boticario Francisco Ballesteros y de Dolores Villanueva.

Comenzó su carrera política como secretario del Partido Constitucional. Ingresó en las filas liberales para convertirse en el hombre de confianza de Ruiz Capdepón en Orihuela a finales del siglo XIX. Ocupó todos los cargos posibles hasta que Capdepón decidió centrarse en la carrera de sus hijos. Ballesteros abandonó la política activa, a principios del siglo XX.

Tenía su casa en el Vallet y por ello se le dieron su nombre. Una comisión municipal le hizo una visita para comunicarle la decisión. El edificio, completamente arruinado en la actualidad, es la casa amarilla que hace esquina con el callejón del 5 de Marzo, antigua calle de Sarmiento de la que ya hemos hablado anteriormente.

Parece ser que esta traviesa entre San Juan y el Paseo nunca tuvo suerte. Esta nota publicada en «El Día», el 23 de junio de 1887, parece escrita hoy mismo. Sólo habría que cambiar «ligeras reparaciones» en la casa de Ballesteros por «amenaza de ruina»:

«La calle de Sarmiento de esta ciudad está de pésame, a las muchas desdichas que sobre ella pesan, ya en forma de escombros que obstruyen su tránsito, ya por su poco aseo. etc. etc. hay que añadir unas ligeras reparaciones que se han hecho en una casa, propiedad de D. Francisco Ballesteros Villanueva, y en la cual han dejado en su fachada y en la parte superior de ella tres canales, sistema antiguo, sin duda con el objeto de que por ellas llore sus desgracias la repetida calle. ¡Sr. Presidente de la Comisión de ornato!…. ¡no lo entiende V. ¡o es que D. Francisco tiene la famosa bula de Meco!.»

Casa Ballesteros.
José María Pérez Basanta.

Fallecido en 1923, en la Crónica de José Manuel Teruel Rebollo, cronista oficial de Orihuela en ese año, quedaron escritas estas líneas que os dejo a modo de biografía:

«Todos los meses tienen alguna nota triste, llevándosenos amigos que no vuelven; el presente nos ha dado esa nota dolorosamente repetida. Entre los que pasaron al lugar silente del eterno reposo está el ilustre patricio Excmo. Sr. D. Francisco Ballesteros Villanueva, oriolano que por sus merecimientos personales, por sus virtudes cívicas, por su talento político y su honradez depurada en el crisol de la pública administración, glorificó y enalteció el nombre preclaro de Orihuela.»

«No he de hacer su biografía bien conocida, pero quiero dejar aquí nota de los cargos que desempeñó siempre con el beneplácito de sus superiores jerárquicos y con el aplauso unánime de las masas populares.»

«Fue Concejal y Alcalde de Orihuela; Diputado Provincial y Presidente de la Diputación de Alicante y Gobernador interino de esta Provincia, siéndolo más tarde en propiedad, dos veces de Albacete y una de Valencia, donde al dejar de serlo, se le dio un banquete de despedida por todos los partidos políticos de aquella ciudad, que así agasajaba al Gobernador honrado.»

«Fue dos veces Diputado a Cortes por Villajoyosa, y al ser nombrado Senador Vitalicio su gran amigo y valedor, nuestro glorioso paisano D. Trinitario Ruiz Capdepón, le sucedió en la representación parlamentaria de este Distrito, del que fue Diputado en dos legislaturas, hallándose en posesión de varias condecoraciones, entre ellas la de Isabel la Católica y Carlos III y era jefe de Administración Civil. Siempre fue liberal y, al morir el Sr. Ruiz Capdepón, se retiró de la política.»

Francisco Ballesteros Villanueva.

«A él se deben mejoras tan importantes como la construcción de la Glorieta; el puente de Levante; la apertura de la calle de Loazes; el ensanche y adoquinado de la calle Mayor; y finalmente inauguró una era de moralidad política y administrativa que fue su gran ejecutoria.»

«Herido de muerte por la traidora apoplejía, falleció a los 70 años de edad, mereciendo el amor de los suyos, la admiración de sus amigos y el respeto de sus adversarios, siendo su entierro la manifestación popular de duelo más grande que se ha conocido en Orihuela. A la calle en que vivió se le ha dado su nombre, y el Ayuntamiento acordó celebrar un solemne funeral por el descanso eterno de su Alma.»

Vallet siglo XX
Archivo Mariano Pedrera
Vallet siglo XXI
José M. Pérez Basanta

La plaza de la Puerta Nueva

Al segundo sector en que quedó dividido el antiguo Vall, lo llamaron “Puerta Nueva”. Era el más amplio con diferencia a pesar de la reducción que supuso el asentamiento de nuevas viviendas.

Adosadas al muro y en los bordes de las acequias, el espacio aún permitía una especie de plaza como elemento articulador del moderno Arrabal de San Juan Bautista; un nuevo barrio que abarcaba y reunía los antiguos Ravalete y Arrabal de Elche.

Plasa de la porta nova.
AMO 1636-1660

Mientras se mantuvo el tránsito rodado que generaban las dos puertas, proliferaron los carreteros, herreros y carpinteros. Convertido en zona céntrica y con espacio disponible, atrajo también a otros muchos artesanos y profesionales.

En los repartos podemos encontrar chocolateros, guitarreros, torneros, comerciantes, tenderos y, por supuesto, tintoreros y cedaceros. Dan prueba de ello los callejones que conservan sus nombres gremiales. También la propia Carretería, de la que hablaremos seguidamente. Os dejo el recorte de un reparto del siglo XVIII. Mirando la profesión de los vecinos podéis deducir a qué traviesa corresponde.

Traviesa de Tintoreros
AMO 1783

La evolución de la zona en la Oriola foral está estudiada magistralmente por José Ojeda Nieto, en su libro “Orihuela imaginada, siglos XVI y XVII”.

De la citada obra, voy a extraer unas notas referentes a «la casa de les roques», un almacén situado en la Puerta Nueva donde guardaban las figuras que procesionaban en la fiesta del Corpus. Especial atención merece la Tarasca, un artificio con reminiscencias mitológicas de serpientes o dragones. Esta primera nota es de 1654:

«Memoria del gasto que yo Visente Saidía tengo [h] echo en la Tarasca… para las fiestas del Corpus y Santas Justa y Rufina: cama y pie de la Tarasca …., cañas para las costillas y espaldas…, perchas delgadas de álamo negro y blanco…., cordeles para coser la cabesa y cola de dicha Tarasca…… cola de carpintero para encolar el lienso primero…, [h] arina para engrudo del cartón de la cabesa…, color para pintar dicha Tarasca…, de vestir el cuerpo y cama de dicha Tarasca.., el cuerpo de una negra que se puso sobre dicha Tarasca…, por una inversión que se hiso para que rodase la dicha negra…, damasquillo fino de lana –y- tela para forrar el jubón –y- sinta …, y una ninfa vestida de damasquillo…»

Tarasca para la procesión del Corpus
Madrid, 1744. De la página “Hispana”

Esta otra es de 1660: «Lienso para la puertesica que entran y el cuello a la Tarasquica…. De engrudos y papel de estrasa y blanco para las alas y cabeza….. de vestir el negrillo de ensima…., de la balona que lleva dicho hegro….., de [h] aserle una cabeza, una corona de cartón plateada, una trompeta de cartón en los estremos de la plata, una banderola de tafetán azul con las armas de dicha Ill [ustr] e ciu[da] d, plateadas con el Oriol de oro y la vengala de color y plata…..»

Como ya he dicho, el espacio público se fue estrechando por las construcciones a ambos lados. Si en el siglo XVII la llamaban «Plasa de la Porta Nova», en la centuria posterior aparece en los padrones sencillamente como «Puerta Nueva».

AMO 1719

A mediados del XIX era uno de los sitios más concurridos de la población. Pero la categoría de paseo la alcanzó en enero de 1862; cuando se inició la construcción de un elegante y enrejado espacio de cuya obra se hizo cargo el maestro Francisco Sánchez.

Terminado en mayo 1863 y a petición del alcalde, acordaron llamarlo Paseo Príncipe de Asturias, en honor a Alfonso XII. Pero esta disposición nunca se llevó a efecto. Su titulación fue «Paseo de la Puerta Nueva» durante más de tres décadas.

Paseo de la Puerta Nueva
1879 Riada de Santa Teresa

Poco duró la alegría. En el verano de 1867, los vecinos de Puerta Nueva, Vallet, Carretería y Colegio ya pedían al Ayuntamiento la reforma del Paseo, «un panteón triste y sombrío» con incómodas escaleras, que reducía a dos callizos una de las mejores calles de Orihuela.

Hasta la construcción de la Glorieta era el sitio urbano más concurrido. Los días de fiesta la banda municipal amenizaba allí el recreo de los oriolanos. Pero aquel paseo, con sus bancos corridos de mármol, sus rejas y sus farolas, además de estorbar al tráfico, ocultaba en su interior una cloaca. En septiembre de 1886 aparecían las quejas en prensa:

«Aunque parezcamos molestos, no nos cansamos de llamar la atención de la autoridad hasta tanto no se disponga la limpieza de la especie de cloaca que existe en el Paseo de la Puerta Nueva»

«Sr. Alcalde, en bien de la humanidad disponga que se limpie el embovedado del indicado paseo, en la seguridad se lo habrá de agradecer el público, y en particular los pacientísimos y sufridos vecinos de la Puerta Nueva.»

Octubre de 1886, entrada del obispo Maura.
Colección Antonio Luis Galiano Pérez.

El problema se agravaba con el calor. La siguiente nota es de agosto de 1892: «Los asiduos concurrentes al paseo de la Puerta Nueva se quejan, de que se percibe un tufillo que sale por la alcantarilla sumamente desagradable al sentido del olfato, y apreciarían que por quien corresponda, se den las órdenes oportunas para que se proceda a limpiar la bóveda del paseo, si es que hay de ello necesidad, o averiguar la causa del mal olor.»

El Ayuntamiento hacía lo que podía y mandaba limpiarlo de vez en cuando; pero cada verano las quejas arreciaban. Ésta es de julio de 1894:

«Que se limpie. Es unánime y justo el clamor, que los vecinos y concurrentes al paseo de la Puerta Nueva, dirigen a la autoridad para que mande limpiar la alcantarilla que pasa por debajo de dicho paseo; pues además de las molestias que causa el pestilente olor que exhala, ofrece un peligro para la salud pública aquel foco de infección ayudado por los calores que aprietan.»

En noviembre de 1895: «Siguen los desprendimientos de gas de los pantanos en la bóveda del paseo de la Puerta Nueva. Y conste, que al hacer esta denuncia, no la hacemos por nosotros mismos, porque nos hemos habituado a estos perfumes.»

En esta situación de queja permanente llegó el primer cambio de titulación. En octubre de 1896, el semanario “El ateneo de Orihuela” anunció la posible visita de Mateo Sagasta.

«Visita al Sr. Sagasta. Con objeto de cumplimentar a su jefe, pasó el lunes a los baños de Fortuna una comisión del partido fusionista local, compuesta de 27 individuos y presidida por el Sr. Ballesteros. El Sr. Sagasta, cuya llaneza de trato es proverbial, recibió a los expedicionarios con la mayor afabilidad, y éstos a su vez, se vinieron gratamente impresionados del saludable aspecto que presenta su jefe a pesar de sus muchos años.  Les ofreció visitar a Orihuela antes de emprender su regreso a Madrid, si circunstancias imprevistas no se lo impiden.»

El uno de noviembre la visita estaba organizada:

«Visita extraordinaria. En la próxima semana, hará su anunciada visita a esta ciudad, el ilustre jefe del partido fusionista español,  Sr. Sagasta. Regularmente se alojará con toda su comitiva en el palacio de Arneva, conocido por la casa del Pavo, permaneciendo un día en ésta, durante el cual será, obsequiado con una ascensión y comida en el Seminario Conciliar. De la comitiva forman parte, además de otras distinguidas personas, tres ex ministros que son: los Sres. Ruiz Capdepón, Canalejas y López Puigcerver. Pocas veces se ha visto Orihuela honrada con huéspedes tan esclarecidos.»

Práxedes Mateo Sagasta.

Al final la esperada visita quedó en un almuerzo. Aún así, el concejal Ferrer Lafuente manifestó la honra que suponía para nuestra ciudad la visita del ilustre hombre de estado Práxedes Mateo Sagasta.

«La visita de Sagasta. Con objeto de esperarla, vino el martes a esta ciudad el Sr. Capdepón;  pero habiendo recibido aviso telegráfico que se habían alterado el itinerario y las estancias del viaje del señor Sagasta por habérsele recrudecido el catarro que sufre, salió en el mismo día para Murcia y Cartagena de cuya última ciudad regresó ayer con su jefe. La permanencia de éste en Orihuela ha sido breve. Llegó a las 10 de la mañana, almorzó en el alojamiento que se le tenía preparado en la casa del marqués de Arneva y prosiguió su viaje para Alicante a las 3 de la tarde. Le han visitado, además de las autoridades, las comisiones de sus partidarios de los pueblos del distrito.»

Y en la sesión del 14 de noviembre de 1896 quedó acordado que se perpetuase la fecha de su estancia en Orihuela, dando su apellido a una de las mejores calles de la ciudad, la de la Puerta Nueva. El propio Ferrer compró las dos planchas indicadoras de que la calle, en lo sucesivo se llamaría Calle de Sagasta.

Nota curiosa: La preponderancia de Capdepón en Orihuela quedó patente en la zona. Las tres calles que hoy tratamos obtuvieron títulos de políticos liberales (el propio Capdepón, Sagasta y Ballesteros). Sin embargo, Cánovas del Castillo, el otro firmante del Pacto del Pardo, siendo nieto de Orihuela nunca tuvo calle. Antonio Cánovas García, padre del famoso político conservador, era oriolano. Bautizado en la Catedral en febrero de 1792.

Calle de Sagasta
Colección Javier Sánchez Portas

Volviendo al «Paseo de Sagasta», en septiembre de 1899,  el Ayuntamiento recibió una nueva solicitud de demolición por parte de los vecinos. Además del tránsito incómodo y los malos olores, la infraestructura era muy deficiente. El agua de lluvia, encauzada por la alcantarilla que lo atravesaba, inundaba las casas con agua, lodo e inmundicias.

En la sesión del 7 de junio de 1900 se aprobó un recorte por la parte de la Carretería; revocando los muros y pintando rejas y asientos. Pero no se llevó a cabo. Con periódicas chapuzas se mantuvo unos años más.

En 1904 lo más acuciante era el paso subterráneo lleno de basura y animales muertos; una asquerosa charca de agua corrompida y cieno que despedía un olor insoportable:

«Hasta ahora todo el mundo creía que el paseo de la Puerta Nueva, dada su construcción actual, era solo un obstáculo en aquel sitio, pero nadie, al parecer, se había dado cuenta de que al mismo tiempo pudiera ser un peligro para la salud pública. Así es en efecto. Dicho paseo está edificado de manera que por bajo y con intención de que circulen las aguas, existe una especie de subterráneo que no responde a su fin.»

Paseo de la Puerta Nueva
Desde el Vallet.

«Hace pocos días se verificó por orden del Sr. Alcalde una limpieza en aquel lugar. Allí habían varios animales muertos en una asquerosa charca de agua corrompida y cieno que despedían un olor insoportable y visiblemente dañoso. ¿Es posible que  esto pueda existir en una de las calles principales de Orihuela, en una parte destinada nada menos que a paseo público? No: deben comprenderlo así nuestras celosas autoridades.»

Unos se quejaban de los olores y otros por el estorbo para el tránsito:

«El paseo de la Puerta Nueva debe desaparecer en su forma actual y cuanto antes mejor. El gasto es insignificante. Los asientos que ahora hay allí,  pueden distribuirse en bajo, ensancharse un poco las aceras y dejar una calle magnífica, sin que aquello pierda nunca el carácter de paseo. Las verjas y las escalinatas son un estorbo, las bóvedas son un peligro para la salud pública.»

Paseo de Sagasta
Principios del siglo XX.

En junio de 1907, el flamante alcalde José Escudero Zapata recordó que se había aprobado la demolición ocho años años antes y decidió ponerla en práctica inmediatamente. Algunos vecinos se opusieron, pero la corporación se mantuvo firme en la decisión. El paseo desaparecía para urbanizar la calle a nivel del suelo, sin rejas ni escalinatas. «La Huerta» ya lo anunciaba una semana antes:

«Dentro de pocos días se comenzarán los trabajos de ensanche en la calle de Sagasta haciendo desaparecer el antiguo paseo. Nos parece muy bien esta reforma que se debe a la iniciativa del Alcalde.»

«El paseo de la Puerta Nueva era un peligro para la salud pública y un estorbo en la calle de Sagasta. Por bajo de dicho paseo existe una alcantarilla que recibe las aguas. Estas generalmente se estancan y se corrompen. Este es el motivo principal que exige la desaparición del aludido paseo.»

En las sesiones municipales de junio y julio se discutió el espinoso tema del paseo y la comisión de Ornato presentó dos proyectos. El alcalde se decantó por convertir el antiguo paseo en un «boulevard». El concejal José Germán votó por la opción alternativa al considerar que quedaría la calle de Sagasta en el mismo estado; con dos callejas estrechas.

Los señores García y Garriga alegaron la necesidad de que Orihuela tuviese un paseo en condiciones; pues la Glorieta, además de apartada, era «foco de enfermedades palúdicas».

Al no haber unanimidad se pidieron dos presupuestos a Francisco Sánchez; y la resolución quedó suspendida para un estudio más a fondo. Por fin el 11 de julio se presentaron los dos proyectos con sus respectivos presupuestos para la reforma de la calle de Sagasta. Y se aceptó la opción «boulevard»:

«De hormigón con baldosín estriado, cuatro brazos de alumbrado y 14 bancos de hierro fundido con asiento y respaldo de madera. Lleva consigo el arreglo de las dos calles paralelas y las dos aceras con hormigón y baldosín.»

Calle de Sagasta
Primer cuarto del siglo XX.

El proyecto contó con los votos en contra de los señores Romero Sansano, Romero Rufo, Giménez, Pastor y Lucas. Esta clara división alentó a los periodistas de uno y otro signo político. Vamos a comenzar transcribiendo una simpática carta abierta publicada en la huerta con el título «Capdepón y las niñas»:

«Hoy, en la sesión del Ayuntamiento, se ha acordado derribar el paseo de la Puerta Nueva, y hoy se ha dado una lanzada al ilustre D. Trinitario y a las niñas de la calle de Sagasta. El alcalde ha creído que esa medida iba a proporcionarle unánimes alabanzas, pues de una calle antigua y fea, va a hacer una calle moderna con anchas aceras como apenas tenemos otra en Orihuela y yo le participo que no es así.»

«¿No sabe el Sr. Escudero Zapata que también los liberales intentaron llevar a cabo la reforma, y varias simpáticas jóvenes de la calle escribieron una carta a D. Trinitario, ordenando éste inmediatamente la conservación del paseo? ¿No se figura el Sr. Alcalde las ternezas, los argumentos sugestivos (que tal vez hicieran pensar a D. Trinitario que aún era mozo y debía ser galante) capaces de convencer a un santo, que esas niñas, bellas muchachas, deslizarían en esa carta?»

«¡Ah! El alcalde no habrá recibido otra igual seguramente. De lo contrario, el paseo no se derribaría. No hay quien se resista a una carta de esa naturaleza, tal vez perfumada; de seguro tierna y acaramelada como todas las cartas de mujeres, siempre escritas al corazón. Yo sé decir de mí, que por encima del ornato público y de todo lo público, está una carta firmada por unas jóvenes bellas y simpáticas. Y para D. Trinitario estuvo también. Me vale honra coincidir con el ilustre hombre público en eso de ceder a peticiones de mujeres. ¿Y por qué pedir la conservación del paseo las niñas de la calle de Sagasta?»

«El paseo es solitario; allá no acude nadie; está en una semioscuridad misteriosa. El amor gusta de soledad y esa semioscuridad que deja paso a las ilusiones del alma… ¿Sería por esto?… Si ella fue la razón yo maldigo en nombre del amor la reforma y reniego del Alcalde que quiere hacer una calle moderna destruyendo nidos de amor…. doy un aplauso a Capdepón que supo respetarlos.»

Calle de Sagasta
Colección Javier Sánchez Portas

Las críticas al proyecto se sucedieron. Y es que para colmo, por falta de previsión, una vez derribado el paseo no había presupuesto ni para adecentar la calle:

«Hoy el Paseo de la Puerta Nueva no existe más que en la memoria de los vecinos. En su lugar tenemos hoy un solar o «boulevard» como dicen que ha de llamarse, que está esperando como el santo advenimiento la terminación.»

«Que el tal «boulevard» es un escarnio para Orihuela no solo lo decimos nosotros, sino que en pública sesión del Ayuntamiento se ha dicho; prescindimos de las condiciones estéticas de ese esperpento, solo nos ocupamos del papel que juega en los días de lluvia. Lo que sucede es verdaderamente escandaloso, el agua se estanca de un modo, que perjudica al aseo y saneamiento de dicha calle.»

«En los días de lluvia, frecuentes en la estación presente, se convierte la calle de Sagasta en un lodazal que origina mil molestias, no solo a los vecinos sino también a todos los que por su mala estrella se ven obligados a pasar por un punto tan céntrico. Ya, como hemos dicho, se ha quejado de esto un concejal en la pasada sesión, y se le ha contestado que eso se obviará en cuanto se abran unas zanjas a los lados del “boulevard”, zanjas que parece ser que se abrirán el próximo Enero.»

Calle de Sagasta
Colección Javier Sánchez Portas

En noviembre se autorizó al alcalde para la construcción y reparación de la calle Sagasta con un presupuesto de 1500 pesetas; y comenzaron las obras. Pero el resultado tampoco convenció a los detractores:

«Hora era ya de que el abandonado paseo de la Puerta Nueva, fuese arreglado, conforme a los proyectos de la Corporación municipal. Puede decirse que su derribo fue el primer acuerdo de los conservadores, y ciertamente que anduvieron diligentes en destruirlo; pero verdad es también que han estado reacios y perezosos para reedificarlo. Creíamos, y con nosotros todo el pueblo, que al destruir el antiguo y memorable paseo, se aprovecharía aquella espaciosa calle para hacer un hermoso paseo en bajo, con arbolado espléndido, aprovechando la magnífica disposición de la anchurosa vía; y así lo ofreció el Ayuntamiento, mas los tiempos cambian y las promesas se las lleva el viento.»

«El Alcalde y los que tal idea concibieron; o mentían al propalarla, o no contaban con la estrechez de un presupuesto que apenas sí da para cubrir las atenciones más perentorias del municipio. Dejaron volar su imaginación, y en alas de la fantasía calenturienta, se remontaron a la región de las grandezas, para caer después en la realidad misérrima y ridícula. Soñaron como los grandes señores, y despertaron como los mendigantes. Quitaron a la ciudad un paseo viejo, sí; pero lleno de recuerdos que rejuvenecían la imaginación de los ancianos; y a un pueblo que como el nuestro, no está sobrado de lugares de esparcimiento, le restaron uno de los más clásicos.»

«¿Y para qué? Para tener convertida en barranco aquella calle durante algunos meses, y para transformarla después en una vía vulgar como cualquiera otra. Según manifestación del propio Alcalde, el presupuesto para el arreglo de la calle de Sagasta es de unas seiscientas pesetas; y estando casi agotado el capítulo de obras en el presente ejercicio económico municipal se acordó que se empezará el arreglo llegando hasta donde diera de sí la cantidad restante; no haciendo más que construir las aceras y arrecifar el arroyo. (…) más valiera que hubieran dejado las cosas tal y como estaban, porque así no hubiera salido perjudicado el pueblo con el cambio. Las generaciones futuras sabrán que hubo un paseo llamado de la Puerta Nueva, al que hizo desaparecer el capricho del Ayuntamiento presidido por el señor Escudero, dejando en su lugar una mala calle.»

En cuanto a rotulación, durante el siglo XX le cambiaron el nombre varias veces. La primera fue en 1931, nada más iniciarse la II República. De calle de Sagasta pasó a Nicolás Salmerón, uno de los cuatro presidentes de la I República.

En 1939, justo al acabar la Guerra Civil, le otorgaron el nombre de General Mola; pero aquello duró una semana. El Boletín Oficial del Estado ordenó a las Comisiones Gestoras que se abstuviesen de revisar los nombres de vías y plazas públicas.

Paseo de Sagasta
Colección Javier Sánchez Portas.

En julio de 1940, con motivo de la celebración del cuarto aniversario del asesinato de José Calvo Sotelo, el teniente de alcalde, Juan Villaescusa, propuso reservar su nombre para la plaza que resultase del demolido convento de Santa Lucía. En octubre de ese mismo año se repartieron por fin las calles destinadas a los “mártires de la cruzada” y Calvo Sotelo quedó en el aire. Al General Mola le tocó una calle en San Bartolomé.

Entrada Obispo Pablo Barrachina 1954
Colección Javier Sánchez Portas.

En noviembre de ese mismo año el alcalde, Mariano Belda, se lamentó por haber olvidado, al otorgar los nombres de las calles, al “insigne patricio y primer mártir de la revolución”. Para remediarlo titularon como Paseo de Calvo Sotelo a la calle de Sagasta. 

El Paseo de Calvo Sotelo

Y así se ha mantenido oficialmente hasta 2012, fecha en la que la Memoria Histórica fijó su nombre actual; el que han utilizado los oriolanos desde el siglo XIX; “El Paseo”, la calle donde yo nací.

El Paseo de Calvo Sotelo
Archivo Mariano Pedrera.

La Carretería

El tercer y último sector en el que se dividió el antiguo Vall pasó a llamarse “lo carrer de Carreros”. Su estratégica situación, entre las puertas Nueva y de Crevillente atrajo a carreteros, carpinteros y herreros; artesanos que reparaban los vehículos que allí aparcaban al llegar a la ciudad desde Valencia, Alicante o Callosa.

AMO Siglo XIX

Queda claro porqué, hasta el siglo XVIII, se le llamó Carretería Vella o Vieja; y, a partir de entonces, simplemente Calle de la Carretería.

En dicha calle vivía el político Trinitario Ruiz Capdepón, personaje que comenzó su carrera política en 1868, en la Junta Revolucionaria de Valencia. En las elecciones del año siguiente, consiguió un escaño en el Congreso por Játiva, Valencia.

Diputado Ruiz Capdepón
Retrato autógrafo 1869
Colección Javier Sánchez Portas

Según cuenta la prensa en abril de 1887 tenía una casa en mal estado:

«Existe una casa en la calle de la Carretería que por un fenómeno de equilibrio se sostiene en pie, siendo una amenaza constante para el transeúnte (…) ¿Cómo es que con otras que se encontraban en estado ruinoso se ha procedido a su denuncia y demolición o compostura y nadie osa meterse a denunciar la casa de que tratamos? ¿Es porque es propiedad del Subsecretario del Ministerio de Gracia y Justicia Sr. Capdepón? Sin duda alguna esta es la única razón que existe para que continúe el ruinoso edificio amenazando venirse al suelo, razón que debía convertirse en estímulo de las autoridades para cumplir con su deber.»

El 14 de junio de 1888 el subsecretario Trinitario Ruiz Capdepón se convertía en ministro de Ultramar. Y la alegría se desbordó por todo el distrito electoral.

Al día siguiente, en Callosa, las campanas de todas las iglesias se echaron al vuelo mientras una concurrida manifestación de júbilo recorrió sus calles vitoreando a Capdepón a los acordes de la banda de música.

Trinitario Ruiz Capdepón
«La Esfera» 18 de marzo de 1916.

En Orihuela todos los edificios públicos y muchos particulares aparecieron con colgaduras festivas. El sonido de las campanas, de la banda de música y el estampido de los morteretes inundaron la población. Por la noche lució la iluminación general y tuvieron serenata en el paseo de la Puerta Nueva.

La Corporación municipal oriolana celebró una sesión extraordinaria aprobando por unanimidad las siguientes disposiciones:

«1. Remitirle un telegrama de felicitación en nombre del Excmo. Ayuntamiento. 2. Nombramiento de una comisión compuesta del Alcalde-presidente, y de los señores concejales Moreno, Román, Vázquez, y Ferrer, que pase concluida la sesión a felicitar a la Sra. Dª. Josefa Capdepón, anciana madre de nuestro representante en las Cortes. 3. Sustituir el nombre de la calle de la Carretería por la de Ruiz Capdepón, festejando con música, la colocación de la lápida que lo acredite. 4. Ofrecerle una medalla de oro conmemorativa de la fecha de su nombramiento para ministro. Y 5. Adquirir el retrato de este esclarecido hijo de Orihuela para colocarlo en el salón de sesiones.»

El cuadro se lo encargaron a Joaquín Agrasot y se mantiene colgado en el ayuntamiento.

«Se han remitido a nuestro distinguido paisano el pintor Sr. Agrasot, dos fotografías del Sr. Capdepón, para que proceda a hacer por encargo del Ayuntamiento, un retrato de nuestro ilustre paisano el señor ministro de Ultramar.»

Retrato de Trinitario Ruiz Capdepón. Joaquín Agrasot. 1888.
Cedido gratuitamente al Ayuntamiento de Orihuela.

El rótulo, labrado en piedra blanca de Bélgica, se instaló el 28 de junio, cambiando la secular titulación de calle de la Carretería por calle de Ruiz Capdepón. «La Crónica publicó esta curiosa noticia:

«El jueves en la tarde sustituyóse el rótulo de la calle de la Carretería por el de Ruiz Capdepón. Pero no amenizó el acto la banda de música, como así lo pidió un concejal en la sesión de Ayuntamiento en que se trató de esto. Sin duda le amenazaron con tocar el himno de Riego y tendría que renunciar a su petición. ¿Se creería este señor que iban a tocar la marcha real?»

Casa de Ruiz Capdepón
Colección Ajomalba.
«Blanco y Negro»
26 de marzo de 1898.

En octubre de 1898 don Trinitario presentó en el ayuntamiento los planos confeccionados por el arquitecto madrileño Mariano Belmás, para construir una vivienda que ocuparía el solar resultante del derribo de cinco casas en las calles Ruiz Capdepón, Santa Lucía y Bellot.

Hotel Internacional (Madrid).
La fachada es obra de Mariano Belmás en 1907.   

Mariano Belmás Estrada (1850-1916), fue un arquitecto esencial en la renovación urbana de Madrid de finales del XIX. En el cambio de siglo diseñó varios edificios de viviendas para distinguidos personajes madrileños utilizando distintas variantes del estilo ecléctico. Como diputado y senador, debió relacionarse con el ministro oriolano cuya casa concluyó en 1905.

Casa de Ruiz Capdepón
Caja de Socorros y Ahorros.
Colección Javier Sánchez Portas.

Trinitario Ruiz Capdepón falleció en Madrid el 13 de febrero de 1911. En abril de 1918, el alcalde Antonio Balaguer Ruiz propuso erigir un monumento a Capdepón; colocando su estatua en el centro de la Plaza de la Constitución (Plaza Nueva). Se acordó cubrir los gastos por suscripción popular, encabezada por el Ayuntamiento con mil pesetas. Nunca se llegó a fundir. Pero se conserva el molde.

Entierro de Trinitario Ruiz Capdepón
Presidencia duelo. «La Unión ilustrada». 19/2/1911
Trinitario Ruiz Capdepón
Molde en yeso para el busto no fundido
Colección Javier Sánchez Portas

La casa de la Calle Santa Lucía, 12/ Ruiz Capdepón 1 pasó a manos de la Caja de Socorros y Ahorros de Orihuela, conocida popularmente como «La Agrícola».

Dicha entidad financiera atravesó serias dificultades económicas durante la II República. En mayo de 1935, durante el bienio reformista, la Comisión Gestora municipal integrada por cedistas, radicales y agrarios, alquiló los bajos del edificio para instalar la Caja de Reclutamiento y el Batallón de Reserva de la Ciudad.

Cuando la Caja de Socorros y Ahorros vendió el edificio a Antonio Alonso Cifuentes, este se encontró de ocupa al teniente coronel de reclutamiento. El nuevo propietario solicitó al Ayuntamiento el desalojo de la vivienda; alegando que el contrato en vigor sólo incluía el alquiler de las oficinas.

Casa de Ruiz Capdepón
Caja de Socorros y Ahorros.
Colección Javier Sánchez Portas.

Tras la Guerra Civil, los bajos alojaron la jefatura comarcal del sindicato vertical conocido como “Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos”.

Casa de Ruiz Capdepón
Jefatura Comarcal del «Sindicato de Labradores»
Colección Javier Sánchez Portas.

En los años setenta del siglo pasado cayó demolida a bolazo limpio. Yo mismo presencié su destrucción y puedo dar fe de lo que costó tumbar una casa cuyos cimientos eran parte de la muralla oriolana. Otro desastre patrimonial sin sentido.

Colección Javier Sánchez Portas

Pero volvamos a la calle. Al igual que le ocurrió al Paseo durante la Segunda República, le otorgaron el nombre de un presidente de la Primera. El 30 de enero de 1932 pasó a llamarse calle de Francisco Pí y Margall. Al acabar la Guerra Civil recuperó el nombre de Ruiz Capdepón que todavía conserva.

Al final de la Carretería permanecen unas ruinas suspendidas en la sierra para recordarnos que la muralla ascendía por ahí hasta llegar al castillo; justo donde estuvo durante siglos la Puerta de Crevillente.

Restos de la torre.
Ajomalba

De la citada puerta hablaremos en la siguiente entrega. Como despedida, vamos a reconstruirla virtualmente pinchando en el siguiente vídeo:

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

La puerta de Crevillente
J. A. Ruiz Peñalver / Ajomalba