Callejeando 28. El arrabal de San Juan Bautista 3.

La Corredera en 1870

La Corredera y las Adoberías.

La Corredera 1879
Riada de Santa Teresa.

El inicio de la Edad Moderna coincidió con un notable crecimiento demográfico. Atrás quedaba el horrendo siglo XIV; una centuria de guerras, de hambrunas y epidemias que diezmaron notablemente la población; especialmente la peste negra de 1348, cuyas terribles consecuencias se dilataron en el tiempo.

Un siglo después la coyuntura mejoró lo suficiente para revertir sus efectos; y a Oriola llegaron nuevos pobladores. Eran brazos necesarios para cultivar la tierra, por lo que el Consell repartió tierras junto a los Hostales entre los colonos dispuestos a edificar una casa. Así se formó la vieja «Carrer de la Corredora».

En valenciano.
AMO 1636-1660.

El cronista Mosén Bellot lo refleja en sus Anales de Orihuela: Año 1448: “Venían muchos a poblar y ya no había solares que dar, y compró el consejo un pedazo de tierra junto a los hostales y lo repartió”.

Este nombre tradicional, presente en muchas localidades, está asociado a calles rectas; vías idóneas para correr caballos. Es lo que significa este topónimo según el diccionario de la Real Academia: Lugar destinado para correr caballos o calle que antes fue corredera de caballos.

En castellano.
AMO 1717-1719

Pasó de Corredora a Corredera por motivos de cambio de idioma; conservando este título hasta el verano de 1908, cuando el concejal García Mercader propuso al Ayuntamiento que una calle oriolana se llamase del Pintor Agrasot; y a ser posible que fuese la Corredera “por el aplauso que se tributaba y la estimación que se tenía en el mundo artístico de la pintura a las obras que llevaban la firma del ilustre hijo de Orihuela Joaquín Agrasot y Juan.”

No fue un asunto sencillo. Joaquín Agrasot tuvo la desgracia de no nacer en Valencia y a Orihuela le costó mucho reconocer a su universal hijo. La primera petición tuvo lugar el 31 de agosto de 1903, en el diario «La Comarca». Pensaron inicialmente en la calle Unión Agrícola (actual Avenida España). La biografía de este ilustre oriolano está a vuestra disposición pulsando la siguiente imagen. Estructurada en seis capítulos, es en el quinto donde se cuenta todo lo relativo al tema de la calle.

Pulsando esta imagen se accede al primer capítulo de su biografía
Pulsando esta otra se accede al quinto.

Como suele pasar con todas estas calles seculares, el cambio de nombre solo tuvo carácter postal. Los oriolanos siguieron y siguen llamándola como sus mayores. Nunca he escuchado a un vecino nombrarla Pintor Agrasot. Sigue y seguirá siendo la añeja Corredera a pesar de haber perdido toda su identidad.

La Corredera/Pintor Agrasot.
Colección Javier Sánchez Portas.

Pero antes de seguir con ella, utilizaremos su primera traviesa a la derecha, llamada Travesía de Trinidad, para hablar de un espacio aledaño que comenzó a urbanizarse un siglo después.

Ya hemos mencionado anteriormente la importancia que tenía para el desarrollo de una zona urbana la construcción de un convento. Entre la Corredora y el río quedaba un espacio conocido como las Adoberías.

Las adoberías fueron en Aragón lo que en Castilla se llamó curtidurías: establecimientos artesanos en los que se efectuaban labores relacionadas con el curtido y tinte de pieles. Antes de llegar a manos de los zapateros, guanteros o cualquier otro artesano que necesitase este material, los cueros pasaban por dos tipos de profesionales: los “blanquers”, que raspaban carne y pelos, y los “assaonadors”, que la adobaban con sustancias pestilentes.

Estos negocios necesitados de mucha agua y espacio para el secado, eran focos de insoportables hedores por lo que estaban situados en lugares apartados de la población, muy cerca del río; como este.

AMO 1636-1660.

Podéis imaginar cómo llegaban las pieles de las carnicerías: sucias y con trozos de carne pegada. Para limpiarlas las sumergían en abundante agua que eliminaba los restos y pelos; residuos que iban a parar al río.  Y luego los tratamientos a base de sustancias químicas que a veces llevaban en su composición orina y excrementos de animales… 

AMO 1719-1722.

Joseph Montesinos nos habla de estas instalaciones y otras dos, en 1791: “hay tres adoverías públicas, todas a cargo de sus dueños particulares. Dos de ellas, que son las mejores, muy buenas y capaces, tienen su ubicación junto a los márgenes del Río Segura en una acequia mediana, abundante de agua corriente, enfrente del convento de los Padres Trinitarios, extramuros. La otra está en la calle llamada de la Acequia, mirando hacia el nuevo camino que divide el grande jardín del Excmo. Sr. Marqués de las Hormazas (la futura glorieta) igualmente extramuros sobre una mediana escorrata de agua viva. La antigua que había en el Puente nuevo, junto al matadero, se extinguió y acabó en el año de 1775, para hacer la grande posada nueva.”

En recuerdo de aquellos sufridos artesanos nos quedó la calle Adoberías. Pero inexplicablemente, dicha titulación tradicional se corrompió en el siglo XX pasando a Overía, palabra que no significa nada y que ahora nombra a la calle que discurre junto al convento.

AMO 1636-1660.

La zona cambió radicalmente con la llegada los Trinitarios entre los años 1557 y 1558. Estos frailes enviados desde Murcia no fueron bien vistos por los demás conventos; lo que no era ninguna novedad: más religiosos, menos limosnas a repartir.

En este caso protestaron especialmente los mercedarios, dedicados a la misma función de liberar  cautivos;  y sobre todo las Clarisas; situadas muy cerca, con el convento a medio hacer y con multitud de problemas de los que hablaremos al llegar a su calle.

Fotografías Ajomalba

Pero el Consell sabía que permitiendo esta construcción creaba un nuevo espacio de población que completaba el arrabal de San Juan. Pocos años después de su instalación se terminó la barrera desde la puerta de Callosa hasta el río, abarcando también esta zona.

Aunque empezaron muy escasos de rentas, los trinitarios pronto se hicieron con propiedades rústicas y regentaron un par de molinos, uno de los cuales llegó al siglo veinte como Molino de la Trinidad. Entre sus muros llegaron a vivir más de treinta religiosos; pero en el proceso desamortizador del siglo XIX, los frailes fueron exclaustrados y su edificio despedazado. 

Molinos de la Trinidad y Bajo.

El 21 de marzo de 1829, a cosa de las seis y media de la tarde se sintió en Orihuela un fuerte temblor de tierra, quebrantando varios edificios públicos. La torre del convento de la Santísima Trinidad se desplomó matando a un muchacho y arrasando buena parte del templo.

La Trinidad a principios del siglo XX.
No tiene torre y la iglesia está destruida.
Colección Javier Sánchez Portas.

El Colegio de San José.

Manuel Domingo Sol, conocido como “Mosén Sol”, fundó en 1883 la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos; cuyo objetivo era el fomento, sostenimiento y cuidado de las vocaciones eclesiásticas a través de los colegios de San José, al servicio de los prelados de cada diócesis.

Manuel Domingo Sol
“Mosén Sol”

A Orihuela llegaron por iniciativa de Ramón Belló, canónigo arcipreste de la Catedral de Orihuela y rector del Seminario Conciliar. En el verano de 1886 fue designado vicario capitular del flamante prelado Juan Maura Gelabert. Como nota curiosa, en su designación se retiraron ocho de los diez y seis canónigos electores.

Los sacerdotes operarios se habían establecido en Murcia en 1888 por iniciativa de Francisco Belló Martínez, rector del seminario murciano. Francisco era el hermano mayor de Ramón Belló; quien compró las ruinas del que había sido convento de la Trinidad (también se hizo con la Plaza de Toros de San Agustín, futuro colegio de Jesús María).

Convento de la Trinidad.
Fotografía Ajomalba.

El antiguo convento de Trinitarios Calzados estaba derruido y semi abandonado, en manos de varios dueños. Ramón reparó parte del edificio y habilitó la capilla de la comunión, única parte del templo que se mantenía en pie.  El fundador, Mosén Sol, visitó nuestra ciudad, haciendo visura del edificio y entrevistándose con el famoso Adolfo Clavarana, director de «La Lectura Popular».

En mayo de 1889 “El Diario de Orihuela” daba cuenta de lo adelantadas que estaban las obras. Y el 8 de junio de la bendición de la capilla por parte de Don Ramón. La apertura de la iglesia, con misa diaria, y acceso desde la plaza de la Trinidad causó gran júbilo entre los vecinos del barrio.

Convento e iglesia de la Trinidad.
Monjas dominicas.
Fotografía: José M. Pérez Basanta.

A pesar de lo precario del edificio, decidió inaugurar el colegio en el curso 1888-1889; poniéndose al frente del mismo. Con la promesa de apoyo del prelado, en agosto presentó los papeles en el registro del Obispado y “El Diario de Orihuela” publicó las bases del Colegio de Vocaciones Eclesiástica de San José para seminaristas de clase humilde; quedando Don Ramón como protector y director honorario.

En mayo de 1890, transcurrido el primer año, se reanudaron las obras de rehabilitación del resto del edificio para el curso siguiente. También compraron el antiguo huerto del convento para esparcimiento de los futuros sacerdotes. Quedó así formado un bello colegio con capacidad para 150 alumnos.

Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de San José
Claustro

Ramón Belló falleció el 21 de enero de 1892 tras penosa enfermedad. En sus disposiciones testamentarias dejó como herederos del edificio a la Hermandad de Sacerdotes Operarios.

El obispo Javier Irastorza transformó el colegio en seminario menor en 1925, unificado posteriormente al de San Miguel. Al acabar la Guerra Civil se instalaron en la Trinidad las desahuciadas dominicas de Santa Lucía que adecentaron el vetusto edificio y levantaron la actual torre campanario.

El claustro de las dominicas en la actualidad.
José M. Pérez Basanta 

Del traslado de las dominicas de Santa Lucía al ex convento de la Trinidad, hablamos en el capítulo 22. Si os interesa, pinchad en la siguiente imagen.

Enlace artículo dominicas.
Convento de la Trinidad.
Fotografía Ajomalba.

Una casualidad histórica: aunque la edificación de la iglesia se realizó en diversas etapas, en su portada quedó impreso el año de su inauguración. Por una curiosa coincidencia, en mayo de ese mismo año 1580 llegaba a Argel Fray Juan Gil, procurador general de los trinitarios, que tras entregar el correspondiente rescate, liberó a un cautivo llamado Miguel de Cervantes.

La Corredera/Pintor Agrasot.
Colección Javier Sánchez Portas.

Volvemos a la Corredera. Haciendo esquina con el primer callejón de la izquierda permanece el solar que albergó el llamado Teatro de Orihuela; un espacioso local con un aforo parecido al que ofrece el Teatro Circo en la actualidad.

Para hablar del que fue llamado “el Coliseo de la Corredera”, vamos a comenzar por lo que dejó escrito Ernesto Gisbert a principios de siglo XX: “el actual teatro de la calle de la Corredera, capaz para 850 a 900 personas, fue construido en 1840 por D. Francisco Regidor Reig, habiéndolo traspasado sus nietos a una sociedad cuyos esfuerzos han sido inútiles para levantar el coliseo a la altura que Orihuela merece.”

A través de la prensa, vamos a hacer un pequeño recorrido por su historia. La primera noticia que he localizado data de abril de 1886, en “El Liberal” de Madrid: “Empezará a actuar en el teatro de Orihuela, una compañía de zarzuela en la que figuran las señoras Nadal, Ciudad y Cubas y los Sres. Rojos, Navarrete, Pons y Morales.”

La puesta a la venta por parte de los nietos que cita Gisbert aparece en  “La Crónica” del 24 de febrero de 1887: “Se vende una casa teatro situada en esta ciudad y su calle de la Corredera, con todas sus dependencias, enseres y demás objetos inherentes a la misma que en ella existen, por el precio de adquisición que lo es de 9000 pesetas, y condiciones ventajosísimas para el adquirente.”

Durante ese año de 1887, a pesar de la amenaza de cierre inminente, los anuncios de representaciones en el Teatro de la Corredera continúan. La prensa da cuenta del notable prestidigitador conde Abel y su bella señora; presentando números de hipnotismo y adivinación. Y de una compañía de Zarzuela con “el tenor cómico, señor Queralt, oportuno y ocurrente y sin chocanería.”

En  enero de 1888 se abre una esperanza: “La cuestión del Teatro se halla en mejor estado que hace unos días a causa de haberse agrupado ayer algunos hombres de verdadero patriotismo con el fin de bien en esta o aquella forma, salvar el viejo coliseo de la Corredera, del peligro que le amenaza. Los propietarios de palcos y butacas deben hacer también un sacrificio y avenirse a una fórmula que sea beneficiosa para todos pues ante la realidad de perder sus propiedades como sucederá si el Teatro llega a ir a subasta les conviene más y harán a la población un bien que siempre se les tendrá en cuenta, allanar los obstáculos que se ofreciesen para la formación de la sociedad de compra cuyo único móvil e interés no es otro que el más acendrado patriotismo. Nosotros esperamos que la cosa se arregle y se logre disipar el peligro que amenaza al vetusto coliseo.”

En abril de 1888 el asunto parece estar encauzado: “EL TEATRO. El viejo coliseo de la Corredera se ha salvado por fin de la demolición que le ha estado amenazando durante un corto periodo de tiempo. Desde que la Sociedad Cooperativa, cuya conducta en este asunto nunca elogiaremos bastante, concibió el proyecto de adquirir la propiedad del Teatro, formulamos nosotros la resolución del problema tan complicado como el de la conservación de aquel edificio, haciendo la afirmación de que no sería destruido y que, por el contrario, al ser de la pertenencia de dicha sociedad se mejoraría notablemente.”  

Lo había comprado una sociedad llamada “la Cooperativa”; cuyo presidente y cabeza visible era el sombrerero alicantino Vicente López Durana del que ya me he ocupado en anteriores trabajos. Se había casado en 1870 con la oriolana Antonia Vilar, propietaria del convento de San Gregorio y de gran parte del de la Merced.

El matrimonio residió varios años en Alicante; y al trasladarse a Orihuela, López Durana se dedicó plenamente al negocio de los alquileres obrando y reformando sus conventos hasta desvirtuarlos totalmente. El negocio de este señor no era el teatro y mi teoría es que todo fue una operación inmobiliaria. Durana pensaba construir un teatro de hierro de acuerdo a las exigencias modernas; y para tal menester, pretendía adquirir el Teatro Circo de Alicante; cosa que hicieron otros oriolanos pocos años después.

Una vez conseguidos el enorme edificio de la Corredera y el Teatro Circo Alicantino, posiblemente hubiese destinado el viejo edificio a su negocio de alquileres; pero esto no es más que una opinión personal. Podéis ampliar el tema pinchando la siguiente imagen que os llevará a un trabajo monográfico.

Enlace a artículo Teatro Circo.

La temporada terminó aquel verano con gran asistencia de público movilizado por el posible cierre del único teatro oriolano. «La Cooperativa» o mejor dicho, Durana no había logrado traer el teatro de hierro; pero en mayo había adquirido las decoraciones del Teatro Español de Alicante, utilizadas para lavar la cara del viejo coliseo de la Corredera.

En diciembre, “La Crónica” animaba al público a acercarse al rehabilitado teatro que estaba en manos de Antonio Ortín: “El miércoles abrirá sus puertas nuestro vetusto coliseo de la calle de la Corredera, después de haber permanecido cerradas por largo tiempo. (…) El desprendimiento del nuevo empresario del teatro de la Corredera, D. Antonio Ortín, que con actividad pasmosa y sin perdonar para ello gasto ni sacrificio se ha propuesto despertar en nosotros la afición que existe en todas las poblaciones de alguna importancia por el culto de Talía, merece el aplauso y el apoyo de todo el que quiera no ver morir por completo nuestro teatro y que suceda con él lo que con la plaza de toros…” (Se referían a la plaza de toros habilitada en el ex convento de San Agustín que luego fue Jesús María).”

Durante una década el coliseo de la Corredera siguió presentando números tan excitantes como la Compañía automática y los Fantoches españoles, “manejados por actores expertos y conocedores del arte escénico, los fantoches españoles tienen tal gracia y naturalidad en sus movimientos que, seguros estamos que en muchos casos, llegan a mayor altura que muchos actores auténticos.”  Pero en los últimos años de la centuria estaba ya decrépito y el público tampoco ayudaba mucho a dignificarlo.

Esta noticia es de enero de 1895: “Es de suma necesidad si ha de continuar funcionando el destartalado Coliseo de la Corredera, que concurran algunas parejas de la benemérita además de los municipales, con el objeto de que no permitan bajo ningún concepto que se profieran expresiones malsonantes, más bien propias de un circo taurino, que de un centro de cultura y moralidad, poniendo a buen recaudo a todo aquel que no esté con la debida decencia.”

El coliseo abría y cerraba cada vez más deteriorado. Esta noticia es de enero de 1896: “No hay mal que cien años dure, ni vieja que no murmure; y decimos esto, porque al fin se van a abrir las puertas del incomparable teatro de la Corredera para dar entrada, a su pintoresco patio, al público en general.”  Anunciaban una función de prestidigitación e hipnotismo del notable ilusionista Daniel Ribera, condecorado por los reyes de España y Portugal. La entrada general costaba veinticinco céntimos; la butaca tres reales.

Por fin, en agosto de 1900 un auténtico emprendedor llamado Eduardo Romero Sansano compraba el «antiquísimo teatro con el noble propósito de que no quedara derruido en totalidad el templo de Thalía haciendo en él obras de reparación y de espléndido decorado, y prometiendo que se estrenaría con los Juegos Florales.»

AMO permiso de obra en julio de 1900.

Apremiado por la cercanía de aquellos juegos organizados por la Cruz Roja, Eduardo Romero se esforzó especialmente por adelantar los preparativos; la prensa le aclamaba:  “El reconocimiento que Orihuela debe a D. Eduardo Romero es de aquellos que no puede expresarse con palabras, si no con hechos; y mañana cuando el desinteresado propietario pueda obtener, siquiera sea una escasa remuneración del capital invertido en dotar a Orihuela de un teatro digno, es cuando hemos de mostrar todos los oriolanos, sin distingo de clases, la estimación en que tenemos los sacrificios que por nosotros ha hecho una persona amante de la cultura y el engrandecimiento de nuestro país.”

Celebrado con éxito aquel evento, en diciembre abrió sus puertas al público con el nombre de «Teatro Romero». Ofrecía una selecta compañía de zarzuela, «género chico, por el que tanto delirio sienten hoy todos los públicos, y que será del beneplácito del nuestro indudablemente. Deseamos al Sr. Romero todo género de prosperidades con su nuevo teatro, que bien acreedor es a ellas por su desinteresada abnegación.»

Los precios eran: «Plateas por abono, 5 ptas., a diario 6 id. Palcos por id.4 id., a diario, 5 id. Butacas por abono 1’50 id. a diario 2 id. Lunetas por abono 1 id; a diario 1, 25 id. Delanteras 0,70 id. Entradas a Plateas y Palcos, 0,75 id. Entrada general, 0,40 id.»

Además de las películas cinematográficas de “alta novedad y gran atracción”, la empresa del coliseo se propuso que desfilasen por él los más reputados artistas del género  de variedades: El concienzudo domador Mr. T Nof, portando una jauría de perros amaestrados; el excelente imitador y transformista “Minuto”, acompañado por su esposa Zaida, quien presentaba «la mariposa luminosa, obteniendo un éxito verdaderamente ruidoso en tan sugestivo experimento.»

Minuto, además de imitador era «un formidable tirador, haciendo prodigiosos blancos con el rifle». Lo cierto es que en una de sus actuaciones en Orihuela, se pegó un tiro en el pie y tuvieron que suspender la función. También desfiló por el coliseo la bellísima y notable bailarina Eloísa Carbonell, reina de la farruca y del garrotín; la gran Isabel Muñoz, reina de la jota; las bailarinas Zulimas, maestras en el arte coreográfico; The Kukolin’s, profesores de habilidad, fuerza y destreza….

La Iberia, enero de 1909.

Aunque el cuplé era un género demasiado atrevido para la conservadora sociedad oriolana, la celebrada y bella Lisette presentó un “espectáculo ameno y moral, porque esta simpática artista, puede ser vista y escuchada, tanto por las señoras, como por las personas de moral más escrupulosa.”

En la actuación de otra coupletista llamada Aretina, preciosidad como mujer, y notable como artista, se produjo un desorden por la oposición de los más reaccionarios a la petición insistente de la mayoría del público: «los escrupulosos protestantes, debieron de estar curados de espanto, después de la exhibición de la hermosa coupletista. Además, todos saben o deben saber que esta distinguida artista, como todas sus compañeras, no se exhiben en los espectáculos con gabán de pieles…»

El golpe de gracia le llegó cuando montaron el moderno y cercano Teatro Circo (el propio Romero Sansano con otros accionistas había intentado comprarlo). El nuevo coliseo era más versátil y mucho más moderno.

En noviembre de 1910, una nueva empresa se hacía cargo del Teatro de la Corredera; y en enero, se formaba un escándalo monumental con una bailarina. «Respecto a la índole de su trabajo, tanto considerado en su aspecto artístico, como en el decente, por ligereza de ropas, movimientos lascivos etc., el cronista ni entra ni sale. Allá el público, supremo juez. Pero es que el cronista conoce un hecho insólito, que no quiere dejar sin el correspondiente comentario. Que si porque la bailarina enseñaba más o enseñaba menos (cultura rifeña) se armó entre parte del público una zaragata de dos mil demonios, que llegó a revestir todos los caracteres de un escándalo. Determinados espectadores, roncos de tanto gritar, en la plena actuación de sus lascivos deseos, sin reparar en las señoras que había en el Teatro, quisieron convertir este en lugar inmundo. Y como la empresa no accediera a tan censurables pretensiones los zaragateros  espectadores hicieron presa de su furor en las butacas y varias de estas, en número de 18, quedaron destrozadas…»

Para trifulca, la de carácter político que se armó en enero de 1904 con los emergentes republicanos. Esta noticia es de «La Época», diario de Madrid: «Escándalo en el teatro de Orihuela. Según noticias que telegrafían de Orihuela, anoche se produjo un escándalo morrocotudo con motivo de la representación del drama María Antonieta, basado en episodios de la Revolución Francesa. Antes de empezar el espectáculo, el teatro estaba totalmente ocupado por los republicanos de Orihuela, que protestaron por los horrores que en la obra ocurren al grito de «fuera, fuera», y «eso no lo hicieron los republicanos…»

En abril de 1913 todo había terminado. «El Diario» anunciaba: «En el juzgado de primera instancia de esta ciudad tendrá lugar mañana la venta en pública subasta del Teatro Romero». Y en noviembre: “Se venden doce filas de butacas de las que pertenecieron al Teatro Romero. Para tratar condiciones darán razón en el Teatro Circo.”

En el vacío edificio del antiguo teatro, se celebraron banquetes y otros actos sociales. En el verano de 1914 se reunieron sesenta comensales del partido maurista. A comienzos de 1915, el local fue alquilado por el Sindicato Agrario de Orihuela, para utilizarlo como centro social, dar conferencias y hacer propaganda.

Las últimas noticias del «Coliseo de la Corredera» son de octubre de 1929 cuando denuncian que tiene una cornisa a punto de desplomarse; y un año después, cuando una huelga de la sociedad de Albañiles “La Unión” paraliza las obras del edificio del “Teatro Romero”; que tras pasar por almacén de cítricos y taller de automóviles, se dedicó a locales y viviendas hasta que fue declarado en ruina, procediendo a su demolición ya en el siglo XXI.

Teatro de la Corredera.
Derribo final.
Fotografía Jorge Belmonte.

Antes de continuar con la Corredera vamos a hablar de las dos traviesas que la unen con San Juan. Aunque ambas mantienen los nombres gremiales de Cantareros y Barberos, sólo la de Barbers aparece en los padrones de principios del XVII.

AMO 1636-1660.
AMO 1714-1719

La puerta trasera o puerta falsa del Teatro de la Corredera salía al callejón de Barberos, donde se mantenía un azulejo con la palabra teatro que mucha gente recordará. Por este motivo fue conocido popularmente como el Callejón del Teatro. Esto me da pie para una anécdota asquerosa: a pesar de su notable aforo, este establecimiento público carecía de servicios; por lo que los espectadores utilizaban este y otro callejón cercanos para aliviar sus necesidades con el consiguiente enfado de los vecinos ¿os imagináis los entreactos con esa cantidad de personas sin un urinario disponible?

“La Crónica”. 3 de febrero de 1887: “Varios vecinos de la Corredera, se han acercado a nuestra redacción manifestando que muchos de los asistentes al teatro han dado en la mala costumbre de hacer aguas en el callejón que va desde dicha calle a la plaza de la Trinidad, convirtiendo dicho sitio en un verdadero mingitorio con notable incomodidad del olfato y no poco perjuicio de la higiene. Vecinos y transeúntes se quejan con sobradísima razón de un estado de cosas tan grave. Y por particular excitación de unos y otros, llamamos eficazmente la atención del Sr. Alcalde a fin de que atienda tan justa reclamación y evite un mal tan antiguo como perjudicial, haciendo por ejemplo que una pareja de municipales ponga coto a ese abuso que tanto desdice de la cultura y policía que corresponde a una población como esta.”

Fotografía Ajomalba

Los vecinos del callejón de Barberos se cansaron de reclamar y utilizaron una táctica que la prensa llamó “agua por agua”. Consistía en arrojar por las ventanas el contenido de sus cubos y letrinas mientras toda esa multitud aliviaba la vejiga. 

AMO 1636-1660.

A la otra traviesa que figura en los padrones del XVII la llaman de “les negres”. Cantareros no aparece hasta principios del XVIII, cuando la de los Negros desaparece. No habiendo otra, considero que es la misma. La Cantarería en el XVII estaba ubicada junto a la Mancebería, en lo que ahora llamamos «el Rodeo».

AMO 1719-1722.

La Corredera terminaba en un arco conocido como la puerta de Almoradí o de la Corredera.  En 1449, cuando comenzaba a poblarse la zona, cuenta Montesinos que un sacerdote llamado Pere Brizuela y Campomanes, vecino de la calle y de noble familia, construyó junto a su casa, muy cerca del arco, una modesta capilla con torre y campanas.

Montesinos reproduce una supuesta placa colocada en la puerta de la ermita, de piedra negra jabalina, con letras de oro.

La ermita, levantada sobre la acequia y los bancales adyacentes, quedó bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción y San Ambrosio Obispo. A su muerte, en el año 1487 la donó en escritura a los vecinos de la calle y en ella fue enterrado.

En 1510, con motivo de una terrible peste, cambiaron la advocación mariana de la Asunción por la de la Salud, y del copatrono San Ambrosio nunca más se habló.

Puerta de Almoradí.
Colección Javier Sánchez Portas.

La noche del 17 de diciembre de 1591, ante el asombro de la ciudad, el edificio «vino todo a tierra», matando al sacristán, de nombre Juan Andrés, y a su esposa Thadea. El obispo reunió a los patronos; 24 vecinos de la calle (Montesinos ofrece el listado) reconocidos como jefes y mayordomos, para que intentasen reconstruirla.

Pero la falta de recursos económicos obligó al Consell a demolerla descubriendo la acequia. Los terrenos fueron devueltos al heredero y pariente más cercano del fundador. Los restos de Brizuela pasaron a la Merced; y las imágenes que en ella se veneraban fueron repartidas entre diferentes templos con excepción de la Virgen de la Salud, que a petición de los vecinos quedó en casa de un tal Juan Jiménez hasta que pudiesen reedificar la capilla.

Según Ojeda Nieto, el arco de la Corredera fue ampliado en 1602 para adaptarlo al paso de carros. Esta fecha se acerca mucho a la de 1608, aportada por Gisbert para situar la construcción de la capilla sobre el arco o puerta. En 1678 los vecinos colocaron a ambos lados las imágenes de San Roque y San Sebastián, abogados contra la peste; y en el exterior la de San Pablo.

Al otro lado del portal, había una especie de plaza presidida por una cruz de término. Daba inicio a un paseo o alameda, un lugar de recreo con árboles plantados por los propios vecinos. La zona era conocida como la Barrera de Almoradí.

AMO 1714-1719
Puerta de Almoradí o de la Corredera.
Colección Javier Sánchez Portas.

Santuario y arco fueron mejorados en 1759, adornándolo con las barras de Aragón y con el escudo del Oriol por la parte exterior. Gracias a las fotografías que se conservan, sabemos que llegó al siglo XX bien conservado, con cuatro mini campanarios y tres relojes. Las últimas obras en el arco datan del verano de 1909.

El principio del fin llegó en el verano de 1926 cuando el maestro de obras Severiano Sánchez Ballesta redactó un proyecto para mejorar las calles del Arrabal de San Juan. Entre otras propuestas incluía la eliminación de los arcos que daban término a las calles de San Juan y del Pintor Agrasot; colocando capillas laterales para albergar las imágenes. En este primer envite cayó sólo la de San Juan.

Cuatro años después, gran número de vecinos solicitaron que se arreglase de una vez el arco en ruinas. O bien que lo suprimiesen colocando la imagen de la virgen en una hornacina, como habían hecho en la calle de San Juan. El informe del maestro de obras Francisco Sánchez apoyó la demolición para evitar un derrumbe accidental producido por la trepidación de los camiones que lo cruzaban.

Cuando el derribo parecía claro, llegó otro escrito firmado por más de un centenar de vecinos (algunos arrepentidos) que se oponían al derribo de la Ermita de Nuestra Señora de la Salud. Para ellos no estaba en tan mal estado; y pedían respeto y consideración por la propiedad de una calle y su tradición.

La Corredera/Pintor Agrasot.

El asunto se alargó dos años más, hasta agosto de 1932 cuando el concejal Ortiz, hablando en nombre de los vecinos, pidió que se derruyera por su estado ruinoso y por lo que dificultaba el tránsito de carruajes. Tras un informe de la Comisión de Ornato se acordó su demolición dejándola en manos del maestro Sánchez, sin costo para el Ayuntamiento. El propio Sánchez se comprometió a sufragar los gastos a condición de disponer de los materiales del derribo.

No debió ser rentable. En septiembre le cedieron la demolición del Sepulcro (que no se llevó a cabo), para ver si con ello podía recuperar algo de lo perdido con el derribo del arco de la Corredera. Eliminado el obstáculo, la Barrera de Almoradí se fue convirtiendo en calle urbanizando los huertos cercanos para formar una línea paralela de casas enfrente. Esa zona se quedó con el nombre de «Los Huertos».

De todas estas historias solo queda una hornacina en mitad de la calle con una imagen de la Virgen de la Salud, cuyas fiestas eran memorables. Disponemos de un programa facilitado por la comisión de festejos a “El Diario de Orihuela”, en octubre de 1887:

Fiestas en la Corredera.

«Día 14. — Al toque de oración de la tarde, dulzaina, repique de campanas, morteretes y disparo de una numerosa cohetería.»

«Día 15. — A las cinco de la mañana repique de campanas, morteretes, dulzaina y cohetería, todo lo que se repetirá a las 11 de la misma. A las 5 de la tarde hará su entrada en esta ciudad la laureada banda de música de los niños de la Beneficencia de Murcia, recorriendo varias calles de la población. A las seis de la tarde será conducida procesionalmente la imagen de Nuestra Señora de la Salud desde su ermita de la calle de la Corredera a la iglesia del monasterio de San Juan de la Penitencia. De 8 y media a 10 y media de la noche, ejecutará la referida banda en la calle dicha las más escogidas piezas de su repertorio.»

«Día 16. — A las cinco de la mañana diana por la prenombrada banda, dulzaina, repique de campanas y morteretes, quemándose gran número de cohetes. A las ocho y media, se celebrará en la expresada iglesia de San Juan, misa solemne y sermón que predicará el R. P. Fray Agustín Malo, Guardián del convento de Santa Ana de esta ciudad. De 3 a 5 se verificarán los divertidos juegos populares de la cucaña, los sacos, etc. en los que tomarán parte los más adiestrados aficionados. Estas horas serán amenizadas por la precitada banda de la Beneficencia de Murcia. A las 6 se devolverá procesionalmente a su ermita, la imagen de la Virgen, luciendo a esta hora la fachada de la ermita una magnífica y sorprendente iluminación. De 8 y media a 11 de la noche, serenata final por la antedicha banda, terminando los festejos con la ascensión de un globo monstruo, obra del vecino M. H. La calle estará durante los tres días vistosamente engalanada luciendo por las noches profusas y bonitas iluminaciones.”

Como propina os dejo esta reseña de «La Crónica», en agosto de 1887. Habla de la fiesta de San Bartolomé y de lo que hacían con los pobres huertanos «escaldaos» que atravesaban la Corredera, en la ruta de vuelta de la pedanía homónima:

«Todo se va perdiendo. La fiesta de ayer que todos los años atraía a la calle de la Corredera gran concurrencia, ha quedado reducida a la nada. Es cierto que con ello han ganado las costumbres públicas pues no tenía nada de agradable y culto el ver a una pobre huertana o huertano que jinete en caballería más o menos espantadiza iba o regresaba de San Bartolomé y detrás una turba de chiquillos gritándoles «Los escaldados» y armando un ruido infernal con latas, carracas y cencerros hasta que el acosado festero o festera daba con su cuerpo en tierra entre la burla y la risa de la gente. Por fortuna tan incultos hábitos han desaparecido y de ello podemos felicitarnos.»

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)

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