Y se hizo la Luz

 

Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.

Y se hizo la Luz

A finales del siglo XIX, en todo el mundo desarrollado comenzaron a implantarse las redes de distribución eléctrica. Inventos como el generador, el transporte de electricidad y la lámpara incandescente, popularizaron el uso de esta nueva fuente de energía.

A causa del lamentable estado financiero de las corporaciones municipales españolas, el alumbrado eléctrico quedó en manos de la iniciativa privada, creándose nuevas empresas que afrontaron los grandes riesgos derivados de una tecnología incierta y precaria.

En Orihuela, el 23 de marzo de 1893, ante el notario Pedro Turón Lozano, se formalizó la escritura de una nueva sociedad mercantil cuyo fundamento era “encargarse de producir electricidad para alimentar el alumbrado público y particular de esta ciudad” con un capital social de 100.000 pesetas.

Se denominó “La Luz” y su primer objetivo fue buscar el emplazamiento adecuado para instalar los voluminosos generadores, alimentados por combustible; lo encontraron extramuros, en el Partido de San Antón.

Etiqueta de las botellas del Balneario y manantial de San Antón. Archivo Carmelo Illescas Pérez

En mayo, Atanasio García Cubero, alcalde por aquellas fechas, establecía un contrato verbal con su presidente Diego Roca de Togores, para venderle una finca urbana que contaba con dos casas; las números 16 y 19 de policía, con algo mas de cincuenta metros cuadrados cada una, más un trozo de terreno inculto que lindaban a levante con el llamado fuerte de San Fernando, a sur y poniente, con el que fue huerto de los dominicos y al norte con el Camino de San Antón.

Archivo Celia Senén.

En mayo de 1894 comenzaron las pruebas en la “fábrica de la luz” con focos de diferentes intensidades, al parecer con resultados brillantes; por fin Orihuela contaría con alumbrado público por electricidad. El lunes 21 del mismo mes, el obispo bendijo las maquinas, bautizadas con nombres tan oriolanos como: María de Monserrate o Roca de Togores.

Durante todo el verano, se sucedieron las quejas por incumplimiento del pliego de condiciones; el fluido era escaso, faltaban guías, en las calles estrechas habían sustituido las prometidas lámparas de dieciséis por otras de diez y, para colmo, a la una de la madrugada la ciudad quedaba totalmente a oscuras.

A pesar de todo, para la feria de aquel año se alquilaron las casetas con un suplemento de cinco pesetas por suministro e instalación de luz eléctrica, aunque para ello se suprimió el fluido en los sitios “mas apartados y menos transitables de la población”.

Ante la falta de recursos para cumplir con el pliego de condiciones, el 31 de Marzo de 1895 la Junta General de Accionistas acordó ampliar el capital social en 70.000 pesetas, emitiendo 140 nuevas acciones al precio de 500 cada una, lo que permitió que modestos ciudadanos participasen con los mismos derechos y deberes que los socios fundadores.

El 27 de octubre de 1897, Alejandro Roca de Togores y Pérez de Meca, militar retirado, compró ante notario, en nombre de la sociedad, la finca apalabrada por 7.000 pesetas.

Atanasio, ya desposeído de la vara municipal, se reservó la propiedad de las aguas y el derecho de entrada al nacimiento, cuyo uso concedió a “La luz”.

A comienzos del siglo XX, la torpeza mercantil de sus administradores, puso la empresa al borde de la ruina. Tras comprobar que el consumo de combustible, superaba las cuotas abonadas por los clientes, el director técnico, Sr. Gandía, dictaminó que la causa era el hurto de fluido.

“Es sabido que los abonados de mala fe, en aquellos puntos donde no se emplean los contadores, se valen para intercalar mas lámparas, de alfileres, trocitos de alambre ó cualquier otro medio que les sugiere la malicia”.

Sin más comprobaciones, la junta directiva acordó modificar los contratos, sustituyendo el recibo de luz fija, por el pago condicionado al contador. Para ello necesitaban adquirir los contadores; pero la sociedad carecía de recursos, así que vendieron cien acciones reservadas a los británicos Sturges y Foley, por el 65% de su valor.

Publicidad de Sturges y Foley.

Con el dinero recibido, adquirieron un número de contadores insuficiente para cubrir a todos los abonados, generando así una situación en la que los recibos por contador, importaban el triple que los de los que carecían de él; además, estos últimos, quedaban en condiciones de seguir defraudando.

En diciembre de 1901 se acentuaron las dificultades económicas y la sombra de la quiebra planeaba de nuevo sobre “la luz”. El principal acreedor, era la citada sociedad Sturges y Foley, con un crédito de 60.000 pesetas asegurado por la escritura del edificio y su maquinaria.

En caso de liquidación definitiva de la sociedad, los ingleses creían tener las espaldas cubiertas. Pero una de las cláusulas de concesión por parte del Ayuntamiento, disponía que en caso de quiebra, el material y cuanto comprendiese a la instalación, quedaría a disposición del mismo en concepto de propiedad, según los años transcurridos (habían firmado cincuenta) y, tras deducir los perjuicios que ocasionase la interrupción de suministro, abonarían el resto.

Así pues, el asunto quedaba -según la prensa local-, entre el interés de los ingleses y el de “los hijos de la Armengola”, y por supuesto, el consistorio oriolano debía defender a la población por encima de los de los accionistas por importantes que fueran.

La visita del Señor Sturges, prometiendo remitir los contadores necesarios antes del mes de abril, tranquilizó a la junta directiva, pero no a los pequeños accionistas.

Pío Wandosell Gil. 1910.

Por otra parte, el acaudalado Pío Wandosell, ya había adquirido el Molino de la Ciudad, y pronto comenzaría las obras para establecer un nuevo y moderno alumbrado eléctrico “de sol a sol”, aprovechando el hermoso salto de agua que allí existía.

Molino de la Ciudad antes de las obras que lo convirtieron en central eléctrica. Sabiendo que dichas obras se realizaron entre los años 1902 y 1905, tenemos una imagen del siglo XIX, posiblemente la del primitivo molino edificado en el siglo XVIII. Colección Jesús R. Tejuelo.

Se hicieron correr rumores interesados, de que la energía hidráulica, no sería suficiente para conseguir la fuerza motriz necesaria. Pero fueron acallados por la visita del prestigioso ingeniero Gustavo Boetticher (Ingeniero alemán cofundador en 1904 de la sociedad Boetticher y Navarro, dedicada a la instalación de maquinaria para aprovechamiento hidroeléctrico y concesionario de la marca Siemens) que, comisionado por Wandosell, certificó la potencia en quinientos caballos.

Fábrica de luz eléctrica, propiedad del acaudalado minero y rico propietario de Cartagena, Pío Wandosell, el cual la ha montado donde se produce el fluido con todos los aparatos y adelantos modernos, en el sitio denominado Molino de la Ciudad, situado en medio de un bellísimo paisaje de la Puerta de Murcia, habiéndolo levantado de planta, y contruído en el referido sitio un soberbio edificio. 1908.
Fábrica de luz eléctrica “Molino de la Ciudad”. 1908.
Fábrica de luz eléctrica “Molino de la Ciudad”. 1908.

Don Pío, tan pronto tuvo en sus manos la escritura de constitución, ordenó a sus representantes que comenzaran a apuntar abonados. Mientras tanto, en junta general ordinaria convocada el 9 de febrero de 1902 en los salones de la Unión Agrícola, los accionistas de “la luz” pedían la destitución de la directiva a la que exigieron responsabilidades.

Molino de la Ciudad. Colección Jesús R. Tejuelo.

Sabían que la inmediata puesta en marcha del Molino de la Ciudad, acabaría con toda esperanza de recuperación, así que lo mejor era salvar lo posible.

Pío Wandosell junto a Emilio Castelar y otros políticos del Partido Republicano Liberal.

Pío Wandosell, les hizo una oferta de compra de todas las acciones, en el deseo de evitar la competencia, pero no consiguió llegar a un acuerdo con Sturges y Foley, así que decidió “competir hasta aniquilar la sociedad La Luz”, eso sí manteniendo su oferta a precio razonable para cuantas acciones perteneciesen a modestos oriolanos, enfrentándose solo a los ingleses y sus amigos. Con esta decisión, quiso evitar el enojo de sus futuros clientes.

Pío Wandosell en 1911. Archivo Familia Wandosell.

Sea como fuere venció Wandosell, pues el 2 de Mayo de 1914 solicitaba el traspaso del alumbrado público de la sociedad “La luz” al Molino de la Ciudad. El Ayuntamiento receloso, le exigió garantías de que la sequía estival o las inundaciones no iban a cortar el suministro, y José Ferrer Fuster, mecánico y constructor de maquinaria, tuvo que certificar que disponían de dos motores de gas suficientes para solucionar las posibles emergencias, así que el traspaso le fue concedido.

Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.
Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.
Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.
Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.
Molino de la Ciudad.
Molino de la ciudad. Antonio Ballester Vidal.
Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.
Molino de la Ciudad en ruinas. Fotografía Vicente Muñoz Navarro
Interior del Molino de la ciudad. Fotografía José Antonio Ruiz Peñalver.

 

¿Y qué pasó con el edificio de “La luz”?.

En Junio de 1929 era propiedad del municipio y ante la posibilidad de que el estado dejase de contribuir con el pago del alquiler de la casa cuartel de la Guardia Civil (la Casa del Paso), la corporación ofreció el desocupado edificio para ser habilitado y destinado a dicho cuerpo. Esta circunstancia nunca llegó a materializarse, así que en febrero de 1930 decidieron deshacerse de él.

El 22 de octubre de 1931, el nuevo consistorio republicano desarrolló una moción para su venta en las mejores condiciones posibles, “ya que no produce beneficio alguno y por el mal estado en que se encuentra”.  Se acordó que fuese tasado por el maestro de obras del Ayuntamiento para sacarlo a subasta.

El asunto quedo paralizado y en septiembre de 1932, se ofrecía de nuevo al Estado, esta vez para construir una nueva cárcel, a cambio de convertir la de la Carretera de Beniel en matadero. Tampoco prosperó la nueva propuesta así que en abril de 1937, tras ser valorado en 5.000 ptas. “debido a su estado ruinoso” se anunció la correspondiente subasta para su enajenación.

La misma, tuvo lugar el 12 de junio y solamente concurrió un postor, Pascual Soriano Hellín que, tras pagar la fianza, presento un pliego cerrado ofreciendo la cantidad de 5.000 pesetas con 50 céntimos por la que se le adjudicó.

Finalizada la contienda, el 23 de agosto de 1939, el nuevo consistorio falangista, anuló la subasta del edificio alegando defecto de forma y Pascual Soriano, ultimo alcalde republicano, fue declarado en paradero desconocido, quedando su fianza a beneficio del Ayuntamiento.

En Marzo de 1940, una instancia del rector del Colegio Santo Domingo, reclamaba “la demolición de determinadas obras realizadas por los rojos en la antigua fabrica de “La luz” que menoscabaron la propiedad respecto al huerto del colegio colindante con la fabrica”.

Convento de Santa Lucía. Colección Javier Sánchez Portas.

En el verano de 1941 habían transcurrido mas de dos años “de la liberación” y el solar del desaparecido convento de Santa Lucía se había convertido era un peligro para la higiene y en un atentado constante al ornato público.

Solar de Santa Lucía.

Jesús Botella Brotóns, propuso “la permuta del solar de las monjas de Santa Lucía cuya compra tiene concertada por el antiguo edificio de “La Luz” que tiene arrendado el Ayuntamiento mediante el abono de la diferencia de precio que arroje la peritación”.

Cediéndoles el vetusto edificio, extramuros de la ciudad, darían a las religiosas, el albergue que necesitaban y “se haría una justa y pública reparación a la ya nombrada comunidad de religiosas del acto vandálico cometido por los rojos, reduciendo a escombros su único patrimonio”.

Para ello solicitaron la oportuna autorización al Ministerio de la Gobernación y el 25 de Septiembre de 1941, el Gobernador Civil les anunció la imposibilidad de efectuar la permuta sin antes realizar un peritaje con la valoración de ambos inmuebles.

Un mes después, el maestro de obras del Ayuntamiento, tasaba el edificio “Fabrica de la Luz” en 26.000 ptas. y el solar del convento de Santa Lucía en 24.385 ptas. Dicha permuta se llevó a cabo.

Fabrica de insecticidas QUISA.

Tras enajenar su nueva propiedad, se convirtió en la fabrica de insecticidas QUISA (quimica insecticida sociedad anonima ), fundada por Jesus Botella Brotóns y Eusebio Escolano entre otros. Tras una profunda reforma,  en discoteca “Momentos”, acabando demolido en los años noventa.

Claustro Seminario San José. Antiguo convento de Trinitarios.

Las dominicas compraron el Seminario Menor, es decir, el antiguo convento de la Trinidad, donde hoy permanecen.

Claustro de la Trinidad en la actualidad. Ajomalba
Convento de la Trinidad en la actualidad. Fotografía José M. Pérez Basanta
Hermanas Dominicas. Fotografía José M. Pérez Basanta

Antonio J. Mazón Albarracín.