Callejeando 26. El Arrabal de San Juan Bautista 1.

Idealización del Arrabal de San Juan sobre un boceto de Ojeda Nieto.
© Pepe Sarabia. Leyendas: Ajomalba.

El Arrabal de San Juan Bautista 1.

Lo Raval de Señor Sant Joan.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVI.

Introducción.

Cuando el escaso espacio encorsetado por las murallas se fue saturando, comenzó el proceso de ocupación y urbanización de los terrenos extramuros. Ya hemos hablado en anteriores entregas de cómo se formaron los arrabales: grupos de modestas viviendas que se arracimaron en torno a los caminos que partían de las puertas de Oriola.

Desbordada la ciudad en sus límites, esos caminos se transformaron en calles y luego en barrios que se integraron en la población.

Imagen del Cartulario de Orihuela
Archivo Histórico Nacional.

Si repasamos la imagen del cartulario que representa la Oriola medieval, podemos distinguir claramente el río Segura como foso natural reforzando la muralla desde la torre Embergoñes hasta la puerta de Elche.

Más allá, tres acequias y un marjal cumplían esa misma función defensiva, dificultando un posible asedio. Dichas acequias eran las de Almoradí, Escorratel y Callosa. El marjal o zona pantanosa era conocido como el Vallet (actualmente Ballesteros Villanueva y el Paseo).

Porta Nova desde el Vall a la porta de Crevillent.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
El Vallet/Ballesteros Villanueva
Colección Javier Sánchez Portas
Calle Sagasta/El Paseo
Con castillo reconstruido digitalmente.
Colección Javier Sánchez Portas.

A Levante se abrían dos puertas: la de Crevillente, en el extremo del Barrio nuevo; y la de Elche, al final de la calle Mayor. En ambas localizaciones podemos encontrar todavía restos de torres y murallas.

Restos al extremo de la calle de Miguel Hernández

La de Crevillente generó el Ravalet, barrio que creció pegado a la sierra desde época musulmana. Se corresponde con las calles que hoy conocemos como Miguel Hernández (Calle de Arriba) y Ruiz Capdepón (Carretería). Esta última quedó destinada al aparcamiento de los carros y caballerías que llegaban a la ciudad y poco a poco fue acogiendo a carreros, herreros, carpinteros, etc…

Ravalet.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Carrer Damunt.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Carretería
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.

La puerta de Elche dio lugar al llamado Arrabal Moderno; que tuvo que acomodarse inicialmente en la zona conocida como los Hostales, la que en la actualidad se corresponde con las calles de Loazes y Alfonso XIII.

Carrer dels Ostales desde la porta de Elig a la Corredora.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Bajada del Puente y los Hostales Siglo XIX.
Colección Javier Sánchez Portas

El arrabal moderno empezó a expandirse en el siglo XV, cuando el Consell orientó hacia él a los nuevos pobladores. Y creció de forma irregular, acomodándose al espacio que quedaba entre las acequias (a las anteriormente citadas hay que unir una cuarta, la de Almoravit). Así se formaron la Corredora y la calle de San Juan.

La Corredera siglo XIX
Ministerio de Cultura

Una vez avenado el Vallet, los dos barrios quedaron conectados y se abrió una tercera puerta: la “Porta Nova”.

Carrer del Vall y Porta Nova
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

En paralelo a la calle de Arriba y siguiendo el curso de la acequia de Almoradí, se formó la calle del Socorro o del Colegio (hoy Adolfo Clavarana).

Carrer del Colegi.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

La fusión de estos dos barrios nacidos en los extremos de la muralla a Levante acabó formando el gran arrabal del que vamos a hablar durante varias entregas: el de San Juan Bautista.

Todo el conjunto quedó protegido por una nueva cerca de la que todavía nos queda la puerta de Callosa.

Puerta de Callosa. Siglo XVI.

Las fundaciones religiosas como medio de promoción urbanística.

Un elemento decisivo para la población del arrabal fueron las órdenes mendicantes. En una zona difícil de urbanizar y repoblar el Consell utilizó un recurso infalible: la fundación de conventos situados estratégicamente en diferentes puntos del arrabal.

Estos edificios religiosos reforzaban la imagen del barrio y su construcción aseguraban el éxito de población. El arrabal de San Juan necesitó de tres.

El primer intento de instalar religiosos en la zona tuvo lugar en el siglo XIV con la llegada de los mercedarios. El Consell les regaló tierras y dinero para construir un convento bajo la advocación de Santa Eulalia, la patrona de Barcelona. Este primer convento de la orden de la Merced y la ermita de la Mare de Deu de Monserrat nos da pistas sobre nuestra identidad catalana por aquellas fechas. Pero no cambiemos de tema.

Escudo de los mercedarios en Orihuela.

Vivir en aquella zona pantanosa y surcada de acequias era muy complicado; y el Consell intentó poner remedio canalizando las aguas de Vallet. Con un convento en la zona y el terreno bien avenado, los pobladores se instalarían rápidamente en este descampado levantando sus casas entre acequias, escorredores y portillos. Pero no contaron con el conflicto entre Castilla y Aragón.

La Guerra de los dos Pedros acabó con el proyecto. El largo asedio por parte de las tropas castellanas de Pedro I dejó el convento y sus alrededores completamente arruinados. Escarmentados, los mercedarios se instalaron dentro de la muralla abandonando el edificio y frustrando la consolidación del arrabal. Hubo que esperar al siglo siguiente.

La última Iglesia de los Mercedarios, intramuros.
Colección Javier Sánchez Portas.

En la centuria posterior las cosas cambiaron. A mediados del XV se incrementó el número de pobladores y el Consell compró tierras junto a los Hostales para repartirlas con la obligación de construir inmediatamente. En caso contrario los terrenos serían confiscados para entregarlos a otros colonos dispuestos a edificar. Así se formó la vieja Carrer Corredora o calle Corredera.

Corredora.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Por otra parte, la favorable acogida por parte de los oriolanos a los Franciscanos de Santa Ana animó a la rama femenina de la Orden, las Clarisas, a instalarse en Orihuela; y para ello se trasladaron seis religiosas desde el Real Monasterio de Santa Clara de Murcia al viejo edificio abandonado por los mercedarios, fundando un nuevo convento bajo la advocación de San Juan Bautista.

Huerto de las Clarisas.
© Antonio Ballester Vidal

Era el pistoletazo de salida con un primer convento en el centro del arrabal. En 1499, el Consell bautizó la unión de los dos barrios con el título de Arrabal Moderno de San Juan Bautista. Antes lo había fortificado con una primitiva muralla.

El Raval de Sant Joa.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVI.

En la zona cercana a la sierra lo habían intentado primero con los franciscanos, en el siglo XIV; pero estos escogieron otra ermita en un lugar más apartado, en el Raval Roig, donde permanecen en la actualidad.

El solar se lo quedaron los dominicos en la centuria posterior; y de propina, la ladera de la sierra, encajonando totalmente el Ravalete. La progresión natural de este arrabal hubiera seguido la sierra hasta San Antón, pero quedó cortado.

Colegio de Predicadores Santo Domingo

Cerrado el paso se abrió una nueva vía: la calle del Colegio, formada entre las traseras del Ravalete y los márgenes de la acequia de Almoradí, la que marca su trazado.

En 1488, con motivo de la visita de los Reyes Católicos, se construyó una puerta en lo que había sido un portillo. Una obra de nueva planta con los escudos de Aragón y de Castilla. 

Porta Nova.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Por otro lado, en la ampliación de la muralla del siglo dieciséis, la puerta que daba salida a la calle de Arriba se trasladó al inicio del Camino de Callosa, alejándola de la sierra. Bloqueado el Ravalete, la entrada a la ciudad se desplazó a la calle que unía las dos nuevas puertas. De esta forma, la calle del Colegio se convirtió en un tramo más de la arteria que atravesaba toda la ciudad formando parte del camino real de Valencia a Murcia.

Puerta de Almoradí o de la Corredera.
Colección Javier Sánchez Portas

El tercer sector, pegado al río, era aún más difícil de urbanizar por contener las malolientes e incómodas adoberías. En este caso, el convento urbanizador fue el de los trinitarios, que llegaron a mediados del siglo XVI. Estos frailes enviados desde Murcia no fueron bien vistos por sus vecinos: los Mercedarios, dedicados a la misma función de liberar cautivos, y las clarisas, con el convento a medio hacer.

Las Adoverías/Barrio de la Trinidad

Adoverías y Trinidad.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Pero el Consell sabía que con esta construcción creaba un nuevo espacio de población completando así el arrabal de San Juan.

Con el nuevo muro construido en la segunda mitad del siglo XVI se consolidaba el arrabal con una cerca que, partiendo de la sierra unía la puerta de Callosa y la de Almoradí hasta llegar al río. Contaba con dos puertas: La de Callosa y la de Almoradí. Más de cien años después se abrió un arco al final de la calle de San Juan; un tercer acceso dedicado a la virgen del Remedio.

El Rabalete encajonado.

A partir del convento de San Juan y dentro de la nueva muralla, se mantuvo una zona agrícola; un conjunto de huertos que pertenecían a diversos propietarios como los predicadores y las Clarisas. Destacaba especialmente un amplio sector conocido como los Solares de Terol.

Solars de Terol.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Este espacio permitió que en siglos posteriores se siguiese construyendo intramuros. De hecho, aún quedan algunos huertos ocultos entre las calles de San Juan y Corredera.

Huerto de las Clarisas.
© Antonio Ballester Vidal

Al otro lado del muro, la actual calle Ronda de Santo Domingo, suma de las tres barreras que aparecían en los padrones del XIX: la de la Corredera, la de San Juan y del Colegio (las barreras eran algo así como calles de una sola acera).

Puerta de Callosa desde Ronda de Santo Domingo

Enfrente quedaron los huertos de los vecinos, entre el Camino de Almoradí y el de Callosa. De ahí el nombre adoptado por esa zona: “los huertos”.

Antonio José Mazón Albarracín.