Biografías: José Luis Satorre García.

José Luis Satorre. 1986.

José Luis Satorre García.

Nacido en Novelda el 9 de Octubre de 1945. Cuarto hijo – tercer varón-, del matrimonio formado por Pedro Satorre Sala y Mercedes García Navarro. Bautizado con los nombres: José, Luis, Enrique y Dionisio.

Me cuenta que nació entre sacos de manzanilla, perfumado de canela y azafrán. Y es que su padre se dedicaba a la manipulación y comercio de especias, condimentos e infusiones, una singularidad local que se inició en Novelda en el siglo XIX.

Los noveldenses compraban el azafrán casa por casa en los pueblos de Albacete, donde se cultiva tradicionalmente desde los tiempos de Al Ándalus. Luego, grupos de mujeres lo manipulaban en los “porches” – nombre por el que se conocen familiarmente los pequeños almacenes situados en la parte alta de las viviendas-; allí lo envasaban principalmente con destino a la exportación.

A comienzos del siglo XX la demanda del azafrán disparó su precio, apareciendo una especie de sustituto mucho más económico: el colorante alimentario. Esta sustancia química era barata y daba más color al arroz, pero no sabor. A este producto se unió la pimienta, la canela, el anís, la manzanilla….

Cerradas las fronteras tras la Guerra Civil, en los años cuarenta se popularizaron los condimentos e infusiones asequibles, al alcance de los pobres bolsillos de la posguerra. Las tradicionales carteritas se envasaban en preciosas cajas metálicas.  Fue en esa época cuando Pedro Satorre -el padre de José Luis- se incorporó al negocio con las marcas “Colección Sagrada” e “Infusiones Satorre”.

Esta industria se ha mantenido hasta hoy en Novelda con firmas tan famosas como “Carmencita”, marca que acabó absorbiendo a Satorre.

Latas originales de los productos Satorre.

José Luis, el pequeño de la familia, cursó sus estudios primarios en el Oratorio Festivo de Novelda, con notas ajustadas pero correctas.  Me cuenta que de niño admiraba a los médicos de familia de la época, tan cordiales con los pequeños y tan respetados por los mayores.

Así nació el deseo de ayudar a los demás. Y como luego demostró el tiempo, aquella vocación valía para curar cuerpos y almas.

José Luis en 1957. Plaza Nueva.

Su carrera eclesiástica empezó actuando como monaguillo de “Don Federico”, el cura de su pueblo. Fascinado por su personalidad y por el cariño que despertaba entre la gente, decidió ingresar en el seminario.

Al principio su padre no tomó muy en serio la ocurrencia de un niño de diez años; e intentó disuadirlo. Don Pedro no quería perder a un futuro continuador de su negocio. Pero acabó aceptando su deseo y le acompañó en taxi hasta Orihuela, ciudad que para el pequeño aspirante a cura estaba al otro extremo del mundo: cuatro horas de viaje en el “Albaterense”.

Y así, en septiembre de 1956, a punto de cumplir los once años, ingresó en el seminario oriolano y pasó doce cursando estudios de Bachillerato, Filosofía y Teología.

José Luis en 1966.
En el Seminario 1967.

Terminó la carrera demasiado joven. Con 22 años necesitaba la dispensa de Roma para ser ordenado. Así pues, en el verano de 1968 el obispo lo destinó provisionalmente al que sería su gran proyecto vital: San José Obrero.

Pablo Barrachina Estevan, “don Pablo”, había tomado posesión de la diócesis dos años antes. El soniquete “con el Papa Pablo y el Obispo Pablo” se mantuvo más de dos décadas, convirtiéndose en uno de los prelados más longevos de la historia de nuestro Obispado.

Pablo Barrachina. Pulsad para acceder a su biografía.

La espera fue cosa de meses. En el otoño de ese mismo año 1968 fue ordenado sacerdote. Su primer gesto fue aprovechar los regalos y celebraciones para costear trescientas camas para los niños de San José Obrero.

Yo le conocí pocos años después, a principios de los setenta, cuando celebraba misas en Jesús Maestro, mi monjil colegio. Y repartía la hostia remojada en mistela.

Pinchad para acceder a Las Discípulas de Jesús.

Tenía siete u ocho años, pero recuerdo perfectamente cómo se presentó interrumpiendo la clase con ese particular y fino acento de los alicantinos del norte para pedirnos uno botes de tomate, latas de atún, arroz, lentejas o cualquier otro alimento que nuestras madres nos permitiesen sacar de casa.

José Luis 1970.

A cambio recibimos un balón de baloncesto para jugar en los recreos. Así, con una pelota de “Marianico el apargatero” consiguió un buen lote de alimentos para sus niños.

En San José Obrero pasó siete años como formador. Hasta que “don Pablo” lo mandó de párroco a Torremendo y Rebate, entre los años 1975 y 1977.  Tras otros cinco años en San Antón y Escorratel, en 1982 estaba dispuesto a regresar a San José Obrero.

José Luis 1980.

Pero el obispo cambió de opinión y lo mandó a la Parroquia de Ntra. Sra. del Mar en Benidorm. No tuvo tiempo de acomodarse. Pronto recibió una llamada de Victoriano Garrigós avisándole de que volvía con sus niños.

Un año después fue nombrado Director de la Obra Social San José Obrero, cargo que ostentó durante ocho años, coincidiendo con la total transformación de la obra diocesana al asumir la responsabilidad la flamante administración de la Comunidad Valenciana, con quienes supo entenderse perfectamente. Tanto que el obispo llegó a pensar que estaba olvidando su oficio: curar almas.

Y así, la década de los noventa la inició como cura párroco de Benferri y La Matanza. Un año después pasó a la Parroquia de San Martín de Callosa de Segura, donde permaneció seis años dejando muy buenos amigos.

En 1997 volvió a Orihuela, destinado a Santiago. Un año después pasó a la vecina parroquia de las Santas Justa y Rufina, donde cumplió los cincuenta años de sacerdocio en 2018.

José Luis es licenciado en Teología y en Lengua Valenciana. Diplomado en Medios de Comunicación. Ha sido Vicario Episcopal, Arcipreste de la Ciudad de Orihuela, Consiliario de la Hospitalidad de Ntra. Sra. de Lourdes, Presidente de la Comisión de Sostenimiento de la Iglesia, Consiliario de la Asociación de Moros y cristianos S. Justa y Rufina, Canónigo de la Iglesia Catedral, Síndico portador del Oriol, Glosador de la Semana Santa y las Fiestas de la Reconquista…

En diciembre de 2014, impulsado por más de cuarenta colectivos locales, el Pleno del Ayuntamiento lo nombró hijo adoptivo de Orihuela por unanimidad; oficializando lo que sentían la mayoría de los oriolanos.

Para mí, Satorre es sobre todo un hombre bueno. Un tipo cercano, cariñoso, divertido y sincero. Un referente humano con el que converso a menudo en el Bar Casablanca – capilla laica de Santa Justa-.

José Luis Satorre y un servidor.

Y lo hacemos de ateo a cura; con confianza, humor y franqueza; de lo divino y de lo humano; con la fachada inacabada de su parroquia como lujoso escenario.

Antonio José (obrero) Mazón Albarracín.

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