La Calle de Colón

La calle de Colón

En el aniversario de la llegada de Colón a América, una de nuestras calles cumple 125 años; su calle; la de Colón.

Inaugurada el día 16 de octubre de 1892 cuando todavía no existía, las circunstancias de este bautizo nonato, demuestran que la imprevisión y falta de recursos de nuestro Ayuntamiento es un mal que arrastramos desde tiempos inmemoriales.

Hasta hace justamente siglo y cuarto, la bajada del Puente de Poniente era lo que hoy llamaríamos un punto negro en la circulación. En una zona tan transitada, la pronunciada pendiente combinada con el violento giro hacia la calle del Ángel provocaba demasiados accidentes de carruajes y algún que otro atropello a los peatones.

Para solucionar de una vez el problema y mejorar el ornato público en una zona tan sensible, el Ayuntamiento adquirió dos casas en la calle Mayor y otra en la de la Feria para ser derribadas abriendo un acceso directo a la de la Feria, la vía que formaba parte de la carretera Alicante-Murcia.

Para comprender lo que pasó durante aquellos días usaremos la información del “El Independiente”, diario de la tarde oriolano que circulaba por aquellas fechas.

La cercanía del cuarto centenario del descubrimiento de América puso en bandeja a las autoridades municipales oriolanas una ocasión para dar brillo especial a esta apertura. A pesar de las penurias económicas de aquellos años, por todo el país se celebraban eventos relacionados con la gesta de Colón: publicaciones, congresos, conferencias, exposiciones, etc. La llamarían Calle de Colón y así lo anunciaron públicamente.

El martes, víspera de la Virgen del Pilar, el diario oriolano dedicó un amplio artículo a Colón y su histórica gesta; mencionando que Murcia también había dedicado al insigne marino la antigua calle de la Alameda. También se hizo público un mensaje del obispo invitando al Ayuntamiento a una gran ceremonia religiosa el domingo 16 en la Catedral para conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento, ensalzado por el Papa León XIII en una encíclica.

Colección Javier Sánchez Portas.

Se componía de misa, sermón y “Te Deum” a toda orquesta. El Consistorio se unió a la celebración aportando la banda municipal e invitando al vecindario para que mostrase colgaduras e iluminaciones en sus balcones.

La calle seguía siendo un proyecto en fase de derribo. De las casas adquiridas para formarla, una se mantenía en pie por impago al propietario. Tras muchas prórrogas y con ayuda económica de los vecinos que mejoraban sus propiedades con la nueva calle, el viernes 14 anunciaron un acuerdo con el señor Candela para demoler por fin su vivienda. Un redactor apodado “Armengolito” acusó al consistorio de haber guardado para la Calle de Colón unos adoquines adquiridos para la del Ángel.

No había tiempo material ni para adecentar el terreno; pero a pesar de todo, el sábado se publicó el programa de fiestas que incluía la inauguración de la calle de Colón por parte del obispo. Le acompañaría el Ayuntamiento entero, el Cabildo de la Catedral, autoridades civiles y militares, diputados provinciales, representantes de la prensa y demás invitados a la ceremonia.

“El Imparcial” advertía de lo ridículo que podría ser descubrir con tanta pompa la lápida de Colón sin haber abierto la calle. Aquello no era más que un solar indecente con los restos de las casas derribadas. Pero el Ayuntamiento siguió adelante.

El domingo 16, tras la ceremonia religiosa, numeroso gentío ocupaba la calle del Ángel y la bajada del puente para presenciar el acto de inauguración de una calle que no existía, la de Colón. En el centro del solar lleno de ruinas colocaron unos palos vestidos con tela azul y blanca; con gallardetes y escudos sosteniendo un cuadro de cerca de un metro de ancho, cubierto por unas cortinas. Debajo la inscripción: “Calle de Colón”. Dicen que un forastero preguntó si detrás de la cortina había un anuncio de venta de material de obra.

Acabada la ceremonia religiosa en la Catedral, autoridades e invitados precedidos por la banda municipal se trasladaron a la Calle del Ángel para descubrir la lápida que llevaría para siempre el nombre del “insigne marino Genovés”. Cuenta el diario que, para no hacer más el ridículo, la ceremonia fue muy breve; sin aplausos ni palabras oficiales; un triste homenaje a Colón.

El lunes la prensa se mofó del Ayuntamiento a placer. La calle de Colón había existido ocho o diez horas en un letrero y se preguntaba cuanto tardaría en nacer la criatura ya bautizada.

Ya en noviembre, el alcalde acompañado de un numeroso grupo de concejales y curiosos, se reunieron frente al solar de lo que fueron las casas de Candela y Portillo, procediendo a trazar la línea a la que había de sujetarse la nueva calle.

Fue alineada en anchura y dirección con la de San Agustín, resultando siete metros con ochenta centímetros. Y buscando el equilibrio, formaron una plaza análoga a la de Cubero, situada en la margen izquierda del Segura.

Años después construyeron los dos preciosos edificios que la flanqueaban. Sólo uno de ellos se conserva: el de Juan Villaescusa, edificado en 1914.

 

Archivo Ajomalba.

Aunque parezca raro, la calle no tiene ni rótulo. He ahí la paradoja: antes rótulo sin calle; ahora calle sin rótulo.

Sirva esta historieta, extraída y adaptada de uno de mis artículos publicado en 2006, para reivindicar una placa decente para la Calle de Colón; aunque no la descubra el obispo.

Antonio José Mazón Albarracín (2017).