Callejeando 22. Santa Lucía y el Barrio Nuevo.

Colección Javier Sánchez Portas.

Santa Lucía y el Barrio Nuevo.

Hasta la construcción del desaparecido convento de dominicas – cuyo solar ocupa hoy una plaza-,  la calle de Santa Lucía se citaba en los padrones como “Carrer de la Seo” o “Carrer de la Fira fins la porta nova”.   Algo así como un apéndice de la calle de la Feria.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.

En el siglo XVII,  con el convento ya fundado,  aparece aún reflejada como “carrer des la Porta Nova a la Seu y carrer de la Fira”,  es decir: “la calle que va desde la Puerta Nueva a la Catedral y calle de la Feria.

Archivo Municipal de Orihuela.

Tampoco es precisa su longitud.  En algunos padrones acaba al rebasar el convento. Otros la prolongan hasta el callejón de Sans -actual calle de Comedias-, marcando la Catedral como inicio de la calle de la Feria.

Colección Javier Sánchez Portas.

Así tiene sentido lo de calle de la Seo o del Salvador: La calle que desde la Puerta Nueva llegaba a la Catedral.

Archivo Rafael Almira.
Archivo Municipal de Orihuela.

Lo cierto es que durante ese siglo XVII quedó fijado el título de Santa Lucía y así se ha mantenido hasta hoy, exceptuando el periodo de 1932 a 1939, durante la II República.

Archivo Municipal de Orihuela.

Durante 1931 y 1932 el concejal José Sánchez Moya solicitó varias veces el nom­bre de Francisco Ferrer Guardia para la calle de Adolfo Clavarana; y por fin consiguió su propósito.

Pero la fa­milia de don Adolfo -afamado escritor y periodista a nivel nacional- convenció al Consistorio para que respetasen el nombre de tan ilus­tre hijo de Orihuela. El acuerdo quedó revocado en la siguiente sesión y el nombre de Ferrer Guardia recayó en la calle de Santa Lucía.

Como casi todas las calles modificadas, recuperó su nombre tradicional en abril de 1939, a propuesta de Juan Villaescusa.

Ajomalba.

Una vez repasadas sus titulaciones vamos a hablar un poco del desaparecido convento que le dio nombre. Para ello debemos remontarnos a 1563, cuando un caballero llamado Joan Alcoriza  utilizó media docena de casas en la zona para fundar un beaterio.

Estos refugios para “bonas donas” o “mujeres de bien” nacieron como una alternativa para solteras o viudas dispuestas a vivir con recogimiento, recato y espiritualidad.

De carácter laico, se emplazaban junto a iglesias o ermitas con las que tenía conexión directa.  Buena parte de estos beaterios acabaron convertidos en conventos,  como en el caso que nos ocupa.

Fray Juan de Loazes

En el verano del año 1600, la llamada Cofradía de Santa Lucía -que llegó a albergar en clausura a más de ochenta mujeres entre viudas y doncellas- cedió la ermita y la casa de bonas donas al Mestre Joan Loazes para que fundase un “Monastir de monges” de Santo Domingo.

La cesión implicaba dos condiciones: edificarlo en un máximo de dos años;  y que su invocación y altar mayor se dedicasen a Santa Lucia.

Fray Juan de Loazes era rector perpetuo del Colegio de Predicadores como hijo del Patriarca Loazes.  Para tal menester, trajo algunas dominicas del Monasterio de Magdalenas de Valencia.

Antes trasladaron a sus internas al beaterio de San Miguel, donde ahora se asienta el Seminario. Las instalaron junto a la ermita, en unas celdas que fueron ampliadas para acoger a estas mujeres a finales del siglo XVI.

Montaje de la ermita de San Miguel sobre grabado del XVIII.

La fundación del convento contó con la inestimable ayuda del obispo dominico Andrés Balaguer, enterrado en la iglesia conventual de Santa Lucía en 1626.

Más allá de sus patrocinadores, fue la excepcional coyuntura demográfica de la ciudad – despoblada por la peste de 1648- la que les permitió adquirir suficientes casas y solares para levantar un monasterio de grandes dimensiones intramuros,  muy cerca de la Catedral, ocupando toda una manzana.

Ma plus sincère gratitude à Alain-Patrick Thiebaut.

Dotadas de pocas rentas, las dominicas se mantuvieron con decencia bajo la protección de los predicadores hasta que estos fueron exclaustrados.

La desamortización de buena parte de sus propiedades les llevó a comercializar los productos que hasta entonces elaboraban como obsequios de gratitud: los famosos dulces de las monjas.

Y llegó el trágico verano de 1936.  Desde el mismo 18 de julio,  las dominicas habían trasladado objetos de valor a una casa que ocuparon frente al convento. Imágenes y ornamentos, fueron escondidos o entregados a personas de confianza.

Días después, las propias religiosas se alojaron en dicha casa, por motivos de seguridad, quedando tan sólo en el monasterio, la priora y tres hermanas.

Colección Javier Sánchez Portas.

Incautado el edificio en agosto, la comunidad se dispersó y el convento fue incendiado a comienzos de septiembre. Una actuación totalmente premeditada en la que los vecinos fueron avisados con antelación para que desalojasen las casas cercanas.

En una entrevista a Ramón Pérez, publicada en Canfali en marzo de 1984, habló de una forzosa concesión a los elementos más radicales que, al igual que en toda España, estaban ansiosos por empuñar la tea purificadora.  Según su testimonio, optaron por destruir el convento de Santa Lucía, porque era el más deteriorado y se estaba cayendo.

Colección Javier Sánchez Portas.

Las paredes que se mantuvieron en pie tras el incendio fueron dinamitadas dejando un solar que acabó convertido en lo que hoy conocemos como la Plaza de Santa Lucía.

Monse González Pertegal.

En el verano de 1939 la superiora y diecinueve supervivientes  regresaron a Orihuela.  El Vicario Luis Almarcha las instaló provisionalmente en la iglesia de la Merced, donde comenzaron a pedir ayuda, ofreciendo al Ayuntamiento el solar del convento para que procediesen a su justiprecio.

Mientras tanto adecentaron en lo posible la deteriorada iglesia mercedaria y en mayo de 1940 celebraron su primera misa pública.

La plaza de Santa Lucía en enero de 1954. Colección Antonio Miravete.
Alberto Zerón.
Ajomalba.

Un año después, el solar de Santa Lucía fue calificado como un atentado al ornato público y se decidió permutarlo por un edificio situado cerca de San Antón.

La permuta se llevó a cabo. Pero las dominicas se instalaron en el convento de la Santísima Trinidad, desamortizado en el siglo XIX.  Pinchando la siguiente imagen podéis acceder al artículo “Y se hizo la luz”.

Pinchad aquí.

El prelado Juan Maura y Gelabert había fundado el Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de San José para seminaristas de clase humilde en el edificio trinitario.  Convertido en Seminario Menor por el obispo Javier Irastorza en 1925, fue desalojado y ocupado durante la Guerra Civil.

Vacío al acabar la contienda, se instalaron las dominicas y allí siguen elaborando su tradicional repostería, un lujo que antaño solo gozaban obispos, dominicos y algún preboste de la Corte al que éstos trataban de agasajar.

Gaspar Poveda.

La dominicas comercializan sus productos a través del torno, curioso  artilugio con el que se comunican con el exterior desde hace siglos y que llegó a dar nombre a un callejón,  el “del torno de Santa Lucía”.

Archivo Municipal de Orihuela.
Ajomalba.

La que figuraba también en los padrones como primera traviesa de las monjas o callejón de la iglesia de Santa Lucía,  desaparecido el convento es una calleja que hasta hace pocos años conservaba una espectacular rejería; actualmente arruinada como su hermoso edificio.

José María Pérez Basanta.

El título de Calle Santa Cruz puede llevar a engaño.  Y es que el antiguo nombre de una ermita ha dado lugar a un mal entendido en la moderna titulación de esta calle.

Ruinas de la ermita del Pilar o de la Santa Cruz. Colección Carmelo Illescas
Ermita de Ntra. Sra. Del Pilar o de la Santa Cruz . Archivo Luis Mirete.

La modesta ermita del Pilar, edificada en los años setenta del siglo pasado, tene su origen en otra muy antigua cuya primitiva construcción es del siglo XVI.

Fue costeada por Jacobo Torres Alcorisa y quedó terminada en mayo de 1526, fecha en la que fue bendecida como capilla de la colegiata bajo la advocación de La Santa Cruz, San Judas Tadeo y Santa Tecla.

Ermita de Ntra. Sra. Del Pilar o de la Santa Cruz . Archivo Luis Mirete.

Un temblor de tierra acaecido en 1673 obligó a reedificarla reduciendo un poco su tamaño. Pero la nueva construcción duró poco.

Las copiosas lluvias del año 1699 la arruinaron de nuevo y tras un breve periodo en el que el solar se dedicó a otros menesteres, se levantó por tercera vez, retranqueada y elevada sobre la sierra, quedando bendecida en abril de 1714.

Esta modificación la dotó de una doble escalinata que conformó el aspecto que conservaría hasta su demolición y nueva reconstrucción.

Ajomalba.
Ajomalba.
Ajomalba.

Un pequeño callejón al costado de la ermita se nombraba como de la  Cruz o de la Santa Cruz.  Pero el título actual se lo debemos a Francisco Santa Cruz Pacheco, prestigioso político oriolano del siglo XIX.

José María Pérez Basanta.
Ajomalba.

Fallecido en 1883, cuatro años después el Ayuntamiento concedió su nombre a la calle antes llamada Traviesa de las monjas de Santa Lucía. Os dejo un enlace a su biografía.

Pinchad la imagen.

Así pues, la que va de Santa Lucía a la Peña,  es la Calle de Santa Cruz, no de la Cruz, ni de la Santa Cruz.

Junto a la ermita había un hospital construido en 1764, del que ya hablamos en la Calle de Comedias.

La llamada Congregación de Nuestra Señora de la Caridad, fundada en 1757 con sede en el Hospital de San Juan de Dios,  decidió independizarse y se instaló brevemente en una casa construida en la Pedrera de Matías.

Al no llegar a un acuerdo económico compraron unas casas junto a la ermita y allí emplazaron el Hospital de la Caridad.

Casa Carrió. Calle Comedias.

A comienzos del siglo XIX la congregación regresó al seno de los Hospitalarios de San Juan de Dios por falta de recursos para su mantenimiento. Y el edificio de la Caridad, cada día más deteriorado, acabó en manos del Estado que cedió su uso a la ciudad.

En 1892 el diario local “El Independiente” se quejaba de que a pesar de tener acordada su restauración para instalar oficinas militares, las obras no se ejecutaban y el viejo caserón presentaba un estado deplorable,  con los tejados a punto de desplomarse y el segundo piso en ruinas.  Por esas fechas albergaba dos escuelas y las oficinas de correos.

Claustro Hospital de la Caridad. Archivo Antonio Luis Galiano Pérez

Durante la Dictadura de Primo de Rivera, el alcalde Francisco Díe, ante el temor de que los valiosos libros procedentes del Colegio Santo Domingo y los conventos desamortizados saliesen de la ciudad, se lo ofreció al Estado para que albergase una biblioteca pública, siempre que se hiciesen cargo de las reparaciones necesarias.

Pero las obras no llegaron hasta la II República cuando fue adecentado para instalar parte de las escuelas graduadas. Luego, convertido en humilde casa de vecinos, fue demolido hace casi medio siglo, al igual que la ermita.

Ermita de Ntra. Sra. Del Pilar o de la Santa Cruz . Archivo Luis Mirete.

Antes de pasar al Barrio Nuevo, hablaremos de las otras dos calles que flanquean la plaza.

La del lado izquierdo aparece reflejada en los padrones del XVIII como “segunda traviesa de las monjas”. En el siglo XIX  adoptó el título de San Cayetano,  que conserva hasta hoy aunque no tenga rótulo.

Archivo Municipal de Orihuela.
Ajomalba.
Archivo Municipal de Orihuela.

Y nos queda una más, la trasera del convento, una calle que recordaba nuestras raíces aragonesas y valencianas. Es la que figuraba como Espaldas de Santa Lucía, calle del Trinquete, de la Pelota o del Juego de la Pelota .

Trinquete . “Joc de pilota”.

El juego de pelota llegó a ser muy popular en la Corona de Aragón. Nobleza, cúria y pueblo llano gustaron de practicar este deporte que llegó al reino de Valencia con los caballeros de la conquista. Hasta el propio rey Jaime II jugaba a pelota por prescripción médica.

Archivo Municipal de Orihuela.

Al principio se jugaba en las calles libremente. Pero debido a las discusiones por el juego, las blasfemias y molestias a los transeúntes, a finales del siglo XIV se fijaron espacios concretos en cada municipio. Calles rectas y sin pendiente que llamaron “carrers de la pilota o del Trinquet”.

Archivo Municipal de Orihuela.

A diferencia de la vasca que se practica contra un frontón, en la pilota valenciana se enfrentan dos jugadores o dos equipos que compiten lanzándose una pelota que golpean a mano desnuda. Se llama trinquete al recinto rectangular utilizado para este deporte tradicional.

Ajomalba.

A mediados del siglo XVI, la ciudad de Valencia superaba la docena de trinquetes. Y Oriola, segunda ciudad del reino, contaba con al menos dos: el de la trasera de las monjas y otro en la Plaza de Togores, muy cerca de Santa Justa.

Archivo Municipal de Orihuela.
Plano confección propia.

Y así llegamos a la calle paralela a la de Santa Lucía, el antiguo acceso a la ciudad por la puerta de Crevillente.  Es por ello que dice Gisbert que se conoció como “Calle de Crevillente”.

Archivo Municipal de Orihuela.

Este mismo autor menciona un palomar junto a dicha puerta. Lo toma de Bellot, quien lo menciona en 1358: ” Desde el palomar de la puerta de Crevillente hanta el castillo”.  Quizá por eso he encontrado una calleja en la zona,  llamada en el siglo XVII “Carrer de Colom” o “calle de palomo” en castellano.

Archivo Municipal de Orihuela.

Volviendo a la paralela con Santa Lucía, Ojeda Nieto la ha encontrado como calle de Pere Masquefa, quien tenía en ella casa y terreno en 1623.  ¿Había palmeras en ese terreno? Lo cierto es que en la segunda mitad del siglo XVII aparece varias veces como “de las Palmeres”.

Archivo Municipal de Orihuela.

Este acceso desde la calle de Arriba -antiguo camino de Crevillente- generó un auténtico barrio a los pies de la sierra. Un barrio que en el siglo XVII, con el valenciano aún sin fijar, lo escribían como Pouet, poet,  pohet o Poquet.

Una donación de 1691 nos da todavía más pistas: “En lo rinco del Poquet –solar que linda al sur con casas del Marqués de Rafal y  carrer de Santa Lluçia ; y al norte con carrer nou, en otro tiempo el Poquet”.

Pouet es un nombre muy corriente en calles del reino de Valencia. Su traducción al castellano es pocito o pocico, como el de Santiago.

Si os fijáis en la siguiente titulación, en la época de declive demográfico unen Carrer de Senta Llusía, Poet y Carrer de las Palmeres.

Archivo Municipal de Orihuela.

La titulación actual,  “Barrio Nuevo”, incorporada en el siglo XVIII,   puede inducir a error.  Toda la falda de la sierra estaba poblada de modestas viviendas desde tiempo inmemorial.

Pero el desastre demográfico producido por la epidemias del siglo XVII afectó mucho a las zonas humildes como esta. Ya hemos dicho que esa despoblación permitió la extraordinaria dimensión del convento de Santa Lucía.

En este reparto de finales del XVII, aparece unida la calle de Don Pablo -actual Timor- con la de las Palmeres.

Archivo Municipal de Orihuela.

Y en este del XVIII, ya titulada como Barrio Nuevo, la unen con la de Sans-actual Comedias-. Esto nos puede dar una idea de la poca gente que vivía en ese tramo pegado a la sierra.

Archivo Municipal de Orihuela.

Superado el bache y reurbanizada la zona, entre Comedias y Barrio Nuevo, comienza a figurar Dulzaineros. Según Gisbert, “por estar principalmente habitada por los que tañen el instrumento tan genuino del país”.  Y lo califica de auténtico barrio al que se accede por Comedías, Barrio Nuevo y la Pía.

Ajomalba.

Dice también, que el vulgo lo llama Churripel invocando a un antiguo nombre. Y que a finales del XIX la llaman “Calle de San Antonio”.

Algunos estudiosos unen la etimología de esta palabra, exclusiva de Orihuela,  a la de la murciana Churra;  atribuyéndole un origen árabe a través de “sharrat”, adaptación fonética parecida al “serrat” catalán que significa sierra.  Justo García Soriano, sin aportar más datos otorga un origen ibérico a ambos términos. Nada más he encontrado.

A mí me aparece por primera vez como barrio en estos repartos de 1824 y 1829. Y como calle en el de 1842.  En cuanto a San Antonio, es titulación de finales del XIX.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.
Colección Javier Sánchez Portas.
Ajomalba.
Ajomalba.
Ajomalba.

Volviendo al “Barrio Nuevo”, a partir del siglo XVIII englobaba el terreno comprendido entre la calle de Santa Lucía y la peña.  Y así ha llegado hasta hoy, como la Calle Barrio Nuevo.

Archivo Municipal de Orihuela.
Ajomalba.
José María Pérez Basanta.
Ajomalba.

Volvemos a la calle de Santa Lucía.  Que desde la apertrura de la Porta Nova, a finales del siglo XV,  quedó unida a la de Feria formando parte del Camino Real de Valencia a Murcia.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.

Contaba además con la ventaja de estar situada junto a la Carretería, uno de los “aparcamientos” de la Ciudad . Todas estas circunstancias conformaron un lugar idóneo para la instalación de artesanos y  comerciantes.

Archivo Mariano Pedrera.
Entierro del obispo Francisco Javier de Irastorza Loinaz. 1943. Archivo Mariano Pedrera.

Ya hablamos en la calle de la Feria del arrendamiento a mercaderes y comerciantes por parte de los vecinos como práctica común en estas zonas de tránsito. Pero esto generaba unas obligaciones.

Repasando los padrones del XVII y XVIII comprobamos el empuje del comercio en la zona.  Entre sus vecinos figuraban: boticarios, alpargateros, zapateros, roperos, sastres, sombrereros, confiteros, horneros, correheros….

Para estos comerciantes, artesanos y arrendadores,  el aseo urbano era vital.  Por ello se preocupaban de mantenerlo con o sin ayuda del Consell.

Archivo Mariano Pedrera.
José María Pérez Basanta.

Ojeda Nieto deja constancia de cómo, en 1527,  un empedrador castellano llamado Miguel de Padilla adecentó lo carrer de la Fira fins la Porta Nova y otras calles próximas.

Y de cómo en 1600, los propios vecinos repusieron y arreglaron el empedrado desde la iglesia de Santa Lucía hasta la Porta Nova “a tanto por alma so pena del doble”.   En este reparto de gastos entre los vecinos,  al que no pagaba por las buenas, se le aplicaba el doble.

Pero este esfuerzo era inútil si no se arreglaba también un modesto callejón enclavado en la sierra. Era necesario acondicionarlo para que soportase las aguas pluviales sin llenar de barro y piedras la calle principal.

Ajomalba.
Archivo Municipal de Orihuela.

Era el llamado callejón empedrado o del Barranco de la Caridad, situado en el lateral del Hospital de la Caridad.

La que hoy conocemos como calle de Bellot, en el siglo XVIII estaba dividida en dos partes: la calle o callejón de Bellot y el callejón empedrado.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.

Volviendo a lo escrito por Gisbert:  “Recuerda al mejor de nuestros cronistas, el rector de Catral mosén Pedro Bellot”.

Ya hemos hablado del este fantástico cronista,  autor de los “Anales de Orihuela”.  En 1622, siendo rector de la iglesia de Catral, le encargaron rastrear los archivos para escribir la historia de Orihuela. Era lógico que tuviese una calle, como la tiene en Catral.

Archivo Municipal de Orihuela.
Anales de Orihuela. Mosén Pedro Bellot.

Pero Gisbert estaba equivocado; la titulación de esta calle es anterior. Como podéis comprobar, a comienzos del siglo XVII ya figura como “carrer de Joan Bellot”,  no de Pedro Bellot.  Hace referencia a otro vecino llamado Juan Bellot, quizá un antepasado del cronista.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.

 

Ajomalba.
Ajomalba.

Aún tuvo otro título efímero en el siglo XVIII.  En algunos protocolos  aparece como calle “de les Viudes”.  Hace referencia a Juan Francisco Viudes, regidor municipal que figura en el padrón de 1730, anotado  junto otro vecino apellidado Bellot.

Archivo Municipal de Orihuela.
Papelería Roma, antecesora de la desaparecida “Papelería Sanmartín”. Esquina de la calle de Santa Lucía con la calle nueva. Colección Esteban Sanmartín Alonso
Casa de Cruz María Caballero Hernández. Guardaba en su interior este patio neomudejar.
Archivo Rafael Almira

Frente a la de Bellot  tenemos la “travesa del carrer de la Merced en Blanch”. Un tortuoso y estrecho callejón que fue alineado y urbanizado en 1855,  recibiendo por ello el nombre de Calle Nueva.

Archivo Municipal de Orihuela.
Ajomalba.

Seis años después, la escrupulosa Comisión del Nomenclator, decidió que, “por ser calle Nueva un nombre genérico que nada decía, se nombrase como calle Nueva de la Merced para evitar que en lo sucesivo se confundiese con otras nuevas calles”.

Comunica con la antigua plaza de la Merced, donde comenzaremos nuestro próximo capítulo.

Antonio José Mazón Albarracín.

Adaptación ampliada y revisada del programa emitido en Radio Orihuela SER en 2014.

Programa radio.
Vídeo.