Callejeando 21. La Plaza de la Pía.

La pía y nobiliaria plaza de Ramón Sijé.

La flamantemente retitulada plaza de Ramón Sijé ocupa un amplio espacio entre el eje principal Feria-Santa Lucía y las casas situadas en ladera de la Sierra de San Miguel, una zona humilde urbanizada desde época islámica.

No existe como plaza hasta el siglo XVIII. En los padrones no la separan de la calle de Santa Lucía hasta bien entrado el siglo XIX, concretamente a partir de 1824.

Desde el punto de vista urbanístico, un espacio así en el cotizado casco de la ciudad no tiene sentido hasta el siglo de las luces; y sólo se explica con un derribo y el cambio de orientación del palacio del Señor de Benejúzar, cuya puerta principal miraba inicialmente hacia la calle de la Feria.

Padrón 1842. Archivo Municipal de Orihuela.
Palacio de Pinohermoso. Puerta a la Calle de la Feria.

A pesar de aparecer tan tarde, ha recibido diversos nombres. La cronología de sus titulaciones es la siguiente: Plaza de la Pía, Duque de Pinohermoso, Ramón Sijé, Marqués de Rafal y de nuevo Ramón Sijé.  La mejor forma de comentarlas, es a través de los edificios que la flanqueaban.

Su primer nombre oficial y el más duradero fue Plaza de la Pía, titulación del XIX que se mantuvo poco más de un siglo. Creo que puede referirse al término catalán “pia almoyna”, que viene a significar limosna piadosa.

La Pía Almoina fue una institución benéfica propia de la Corona de Aragón dedicada inicialmente a socorrer peregrinos y necesitados. Administrada por los cabildos a través de mayordomías, con el paso del tiempo se encargaron de repartir comida, trigo y limosna entre los pobres vergonzantes.

En Cataluña y Valencia se conservan o conservaban edificios con ese nombre. Es la única explicación que he encontrado para esta titulación, relacionándola con el Granero del Cabildo y la Casa de la Fábrica Mayor de la Catedral, que estaban en la ladera de la sierra.

Las fábricas parroquiales administraban el tercio diezmo cedido por el rey Alfonso X a la ciudad para la construcción y reparación de templos. Su destino era decidido por los miembros de la Junta de Fábrica, una por cada parroquia, supervisadas por el Consell.

La mayor era la del Salvador. En el siglo XVII, antes de formarse la plaza, la calle de Comedias aparecía con el título de “Fábrica Mayor del Salvador”.

En el plano de Villanueva, confeccionado a mediados del siglo XVIII, la flamante plaza aparece como “Plazuela de la casa de Fábrica” y un edificio como “Granero de la Fábrica de la Cathedral”.

Fragmento plano siglo XVIII.

Esto me llevó a pensar que dicha fábrica tenía su sede en el granero o en una casa cercana, en un edificio propiedad de la Catedral que ocupaba el solar de la antigua Caja de Nuestra Señora de Monserrate.

Aunque ahora forma parte de una gran manzana, en el siglo XVIII, el edificio en cuestión estaba completamente aislado por dos callejas. Fue reedificado a mediados del XIX para servir de vivienda.

Pero en el plano de Francisco Coello, confeccionado por esas fechas, figura la leyenda “salón de baile” con el número 17. Desconozco esa función; lo cierto es que acabó convertido en la sede del Ateneo San Luis de Gonzaga, centro cultural elitista y prestigioso salón de conferencias dirigido por la Compañía de Jesús. Fue inaugurado en abril de 1897 con la banda de música de Santa Cecilia y una solemne comida para cincuenta pobres.

Prensa local abril 1897- abril 1898.

En 1906 la Caja de Ahorros y Socorros y Monte de Piedad de Nuestra Señora de Monserrate se independizó de la Caja de Crevillente. Su primer presidente fue también un jesuita, el rector de Santo Domingo.

Tres años después trasladaron la sede a la Plaza de la Pía comprando el edificio del Ateneo; y la caja asumió algunas de sus funciones, al menos las conferencias y la distribución de comida para pobres. Estos repartos a través del tiempo y siempre en la misma zona, refuerzan la teoría de la pía almoina.

Reparto de comida, principios del siglo XX. Colección Javier Sánchez Portas.

En cuanto a la Caja de Ahorros, esa compra fue solo el principio. Tacita a tacita adquirió once de las doce propiedades que componían la manzana.

En 1931, como reza la inscripción de su fachada, el edificio fue totalmente remodelado interior y exteriormente para adaptarlo a su nueva función según el proyecto del aparejador Ignacio Sánchez Ballesta. Es en ese momento cuando le incorporan su nueva fachada con el escudo alusivo a la Virgen de Monserrate y las iniciales CM.

Fotografía: José M. Pérez Basanta

La operación urbanística continuó después de la Guerra Civil. En 1940 se hicieron con el granero y cuadras de la condesa de Pinohermoso por 20.000 pesetas para utilizarlo como almacén de abonos y enseres.

Al ser rehabilitado en 2007 para albergar una oficina de turismo aparecieron en la planta baja unas tinajas de almacenaje que se mantienen preservadas bajo un cristal.

Con la compra de estos 170 metros, la caja se hizo prácticamente dueña de la manzana; más de 1.000 metros cuadrados incluyendo las callejas que fueron incorporadas al inmueble como patios.

Fotografía: José M. Pérez Basanta

Al trasladarse la Caja de Ahorros a su nueva sede en 1986, la propiedad acabó en manos del Ayuntamiento, que le colocó el cartel de “Centro cultural Miguel Hernández” y alojó el Conservatorio de Música y Danza, la sede de Convega, la Centuria Romana, etc., hasta que “la seguridad estructural quedó muy comprometida con posible riego de desplome”. Y así permanece, en estado deplorable, pendiente de intervención.

Plaza de la Pía con la Inmaculada en el centro.
Fotografía: Damars.

La escultura de la Inmaculada Concepción se colocó en 1954, con motivo del centenario de la proclamación de su dogma. Durante cuarenta años permaneció en el centro de la plaza, hasta que fue desplazada en los años 90.

Palacio de Pinohermoso. Colección Javier Sánchez Portas.

El edificio de la Biblioteca, burda copia de la que hasta su criminal destrucción constituía una de las casas señoriales más interesantes de Orihuela, es el responsable de la segunda titulación.

Prácticamente nada de lo que queda pertenece al palacio aunque en su interior escondía elementos arquitectónicos y artísticos de muy diversa cronología fruto de las remodelaciones a las que la sometieron sus dueños durante siglos.

La investigación del edificio partió de un trabajo que inicié con Jorge Belmonte hace más de una década. Durante años fui almacenando datos sueltos, atando cabos; hasta que un golpe de suerte me permitió establecer una teoría.

Todo comienza con un testamento de Beatriz Masquefa Masquefa, la viuda del “Magnifich” Alonso Rosell, quien en 1540 dejó a su hijo Marcos Rosell Masquefa una heredad en Correntías y unas casas en la parroquia del Salvador. Con el paso del tiempo, a la herencia se fueron uniendo valiosas propiedades, como la heredad de Tell o la de Benejúzar.

Yo sostengo que las casas en la parroquia del Salvador citadas en dicho testamento son esta y el Palacio de Portillo, actual sede de la Caja Rural Central; una a cada lado de la actual calle de Comedias. Por eso, dicha calle ostentó durante parte de los siglos XVI y XVII el título de Carrer de los Rosell. Podría haber una tercera casa, derribada para formar la plaza, pero eso es ya pura especulación, pues la herencia de 1540 no especifica el número de casas recibidas en la Parroquia del Salvador.

De esa época procedía su patio, una interesantísima obra tardogótica fechada entre los siglos XV y XVI. Su pérdida nos privó del único testimonio de arquitectura gótica civil que conservaba Orihuela.

Palacio de Pinohermoso, patio interior.

Pero sigamos con nuestro relato. Marcos Rosell transmitió la herencia a su nieto Francisco Rocamora y Rosell, personaje de finales del XVI que casó con una Togores.

De él pasó a su hijo Pablo Rocamora Togores, motivo por el que en un breve periodo del siglo XVI una calle cercana se tituló de “Don Pablo”.

Archivo Municipal de Orihuela.

Por falta de descendencia, la herencia volvió a los Rosell en la persona de Jaime Rosell Desprats, primer señor de Benéjuzar, localidad que lleva el apellido en su escudo.

Durante el siglo XVII estas propiedades y el señorío de Benejúzar pasaron por cuatro generaciones de Rosell para acabar en manos del famoso Jaime Rosell y Ruiz; que al casarse con la marquesa de Rafal, adoptó el apellido Rocamora y se convirtió en Jaime Rosell de Rocamora y Ruiz, marqués consorte y gobernador militar de Orihuela.

Creo que este cargo motivó que a mitad del XVIII figure la plaza en un plano con el título de “Plaza de la casa del Gobernador”.

Este marqués fue el artífice del cambio de bando que tanta ruina trajo a Orihuela durante la Guerra de Sucesión, actuación que provocó el destierro y la confiscación de sus bienes hasta que obtuvo el perdón real y vino a morir a Benejúzar en 1727.

Portada revista “de Orihuela”, núm. 11.

Unir las propiedades y títulos de los Rosell y de los Rocamora había sido la culminación de una ambición; pero todo se fue al garete por falta de descendencia. Muerto el marqués, cada herencia siguió su camino.

El Señorío de Benejúzar y la propiedad de la casa pasaron a su primo Juan Rosell y Roda, gran terrateniente que vivió en ella muchos años. Figura como propietario de la casa en los padrones de 1728, 1731 y 1750 y sus arriendos de tierras se multiplican en los protocolos notariales.

Archivo Municipal de Orihuela. Padrones.

Este es sin duda el que construyó la portada que cambió la orientación del palacio configurando lo que a partir de entonces fue una plaza.

Jorge Belmonte identificó los apellidos representados en los cuarteles del escudo: Rosell, Roda, Rocamora y Tomás.  Los dos primeros coinciden con los de don Juan y los otros con los del primer marqués de Rafal: Jerónimo Rocamora y Tomás.

Escudo fachada Palacio de Pinohermoso.

Es a partir de ese momento cuando la plaza comienza a tener importancia. Juan Rosell testó en 1761 y murió sin descendencia, iniciándose los pleitos entre Luis Roca de Togores y la marquesa de Rafal que me permitieron hilar toda esta historia.

El pleito lo ganó don Luis, que se quedó con la casa. Luis Roca de Togores había construido años antes una vivienda mejor, el edificio que en la actualidad alberga el hotel Tudemir.

Autógrafo de Luis Roca de Togores.

El viejo palacio se lo dejó a su hijo Juan Nepomuceno, quien ya aparece residiendo en el padrón de 1783.

Los Roca de Togores emprendieron nuevas reformas. Fruto de ellas es el arco carpanel que había en la entrada, similar al del hotel, donde esculpieron el escudo con sus apellidos.

En el verano de 1790 el rey Carlos IV instituyó el condado de Pinohermoso en la persona de Juan Nepomuceno Roca de Togores y Escorcia, fallecido cuatro años después a consecuencia de una caída, cabalgando precisamente junto al rey.

Luis Roca de Togores.

Su hijo fue el último señor de Benejúzar al quedar abolidos los señoríos en el siglo XIX. Este es el motivo por el que el edificio ha llegado hasta nuestros días como palacio de Pinohermoso; y de que en el plano de Coello, al no estar todavía fijados los nombres en el nomenclátor oriolano, muchos años antes ya figurase como “Plaza de la Pía o del Conde de Pinohermoso”.

Los nuevos propietarios dejaron también sus huellas. La más importante en 1885, cuando bajo el proyecto del maestro alarife Bernardo Irles, la condesa Enriqueta María Roca de Togores le agregó un segundo piso, decorando la fachada.

Archivo Municipal de Orihuela.

En 1907 Alfonso XIII convirtió a la condesa en duquesa de Pinohermoso; y esta restauró de nuevo las fachadas en 1913.

Su nieto -el tercer duque-, heredó el título en 1934, durante la II República. Era comandante de Caballería y rejoneador de toros; y entabló amistad con el concejal José Mazón Torrecillas durante la organización de un festival taurino a beneficio de las instituciones que dirigía: el Hospital y la Casa de Beneficencia.

Días después del festejo, el Ayuntamiento recibió una solicitud para dar su nombre a la Plaza de la Pía, donde estaba ubicado su palacio.

III duque de Pinohermodo. Comandante de Caballería y rejoneador.

Yo creo que detrás de la petición, estaba el concejal Mazón Torrecillas. Lo cierto es que en la sesión del 7 de mayo de 1935 se leyó una instancia de los vecinos de la plaza que solicitaban el cambio de titulación, quedando autorizado el alcalde para recabar la conformidad de al menos dos terceras partes de los propietarios.

En vista de que la mayoría estaba de acuerdo, el 29 de octubre se acordó rotularla con el título de Duque de Pinohermoso. La actual rotulación se gestó también durante la II República, quedando para siempre en el recuerdo gracias al deseo inmortalizado en una fotografía histórica de nuestro más famoso poeta subido a una escalera.

Todo comenzó en la sesión del 12 de marzo de 1936, en la que se dio lectura a una moción del concejal Luis Carrió, sobre rotulación de calles:

“Que por las distintas comisiones gestoras que este municipio ha padecido, han sido sustituidos los nombres de varias calles de la población, ensañándose con aquellos que ostentaban nombres representativos de la verdadera república del 14 de abril y de figuras cumbres de diversas ideologías; demostrando el odio que sentían con los verdaderos representantes del pueblo honrado y trabajador.

En consecuencia tiene el honor de proponer a la corporación que sean repuestos los nombres que a continuación se dicen.”

Lista de confección propia.

Se acordaron varias modificaciones; se trataba de reponer nombres anteriormente acordados que se habían eliminado durante el bienio conservador.  Pero añadió:

“Creo interpretar los sentimientos justicieros y oriolanos de la corporación honrando los valores de nuestra patria chica y con este objeto, dedicarle un recuerdo a nuestro Ramón Sijé, muerto en plena juventud y cuando tanto esperaban las letras españolas de su inteligencia y laboriosidad.

Propongo que la plaza llamada en la actualidad de Pinohermoso y antes de la Pía en lo sucesivo se denomine de Ramón Sijé, siendo el nombre del ilustre oriolano José Marín Gutiérrez, proposición que espera se aceptada por la corporación a la que tiene el honor de dirigirse”.

José Marín Gutiérrez , “Ramón Sijé”

Aquel día quedaron acordados por unanimidad los trámites a seguir para rotular la Plaza de Pinohermoso con el nombre de Ramón Sijé. En la sesión del 26 de marzo, Luis Carrió insistió con su demanda; pero por sugerencia de Isidoro Sánchez Mora, se aplazaron las retitulaciones hasta la fiesta del 14 de abril, añadiendo varias calles que no vienen a cuento.

Durante la manifestación, se descubrirían las lápidas, incluyendo música en la Glorieta, reparto de comida a los pobres y verbena en la plaza del Ayuntamiento en la que se eligió a la “Miss República”.

El 14 de abril de 1936 Miguel Hernández llegó de Madrid para intervenir en la inauguración de la plaza. Subido a una escalera leyó:

Colección Javier Sánchez Portas.

“Quisiera que esta piedra y esta plaza llevaran para siempre el nombre que les ha sido impuesto: Ramón Sijé.  Bajo el sonido de este nombre se me ha ido un compañero del alma, y Orihuela ha perdido su más hondo escritor y su más despejado y varonil hombre….”.

Acabada la Guerra Civil, el 29 de abril de 1939, a propuesta de Juan Villaescusa Ballester, la Comisión Gestora franquista acordó:

En atención a que las variaciones de nombres de las calles y plazas acordadas por el ayuntamiento rojo para rotularlas con nombres de destacados marxistas, se llevaron a cabo sin previo expediente reglamentario, por unanimidad se acuerda anular todas las variaciones de nombres con posterioridad al 14 de abril de 1931, para rotularlas con los que en aquella fecha figuraban y que son…”

No vamos a citarlas todas; solamente confirmar que la Plaza de Ramón Sijé volvía a ser Plaza del Duque de Pinohermoso incumpliendo la orden de retomar los nombres anteriores a abril de 1931; que en este caso era el de “Plaza de la Pía”.

Refugio antiaéreo. Colección Javier Sánchez Portas.

Pero parece ser que la única modificación en la plaza fue el desmontaje del refugio antiaéreo que la ocupaba cuyas entradas para hombres y mujeres permanecen cubiertas con chapas en la actualidad.

Probablemente, al ser José Marín un personaje religioso y de derechas, su titulación se respetó. También debió influir la desaparición de los Pinohermoso, al vender palacio y granero en los años cuarenta.

El añejo edificio quedó en poder de la Federación de Sindicatos Católicos, la actual Caja Rural Central; o lo que es lo mismo en manos del futuro obispo Luis Almarcha, que lo usó para actividades relacionadas con la Iglesia o vinculadas con la federación. En el piso superior instaló unos telares para las Discípulas de Jesús.

Pinchando en la siguiente fotografía podéis acceder a un artículo sobre las Discípulas de Jesús.

Enlace a las Discípulas de Jesús. Colección Javier Sánchez Portas.

 

En 1958 la plaza tomó el nombre de su vecino más ilustre; y ese cambio llegó en la sesión del 12 de marzo presidida por el alcalde Luis Cartagena Soriano dentro de un paquete de titulaciones:

“Que en adelante, la actual Plaza de Ramón Sijé se titule Plaza del Marqués de Rafal, en memoria del Excmo. Sr. Don Alfonso Pardo y Manuel de Villena, Marqués de Rafal, ilustre prócer e Hijo Adoptivo de Orihuela. Que la nueva calle que, paralela a la de Adolfo Clavarana, partirá del “Callejón de Reales” hasta la carretera de Alicante, se denomine “Calle de Ramón Sijé”.

Que la calle de nueva apertura que desde la Plaza de la Trinidad va al río se denomine “Calle de Gabriel Sijé” en honor del joven escritor oriolano, no ha mucho fallecido, Justino Marín Gutiérrez. Y por último, que la actual Plaza del Marqués de Rafal se denomine en lo sucesivo, “Plaza de la Condesa de Vía Manuel”.

Descubrimiento de la placa al marqués de Rafal. Colección J. Ezcurra Alonso AMO S19, F5
Descubrimiento de la placa al marqués de Rafal. Colección J. Ezcurra Alonso AMO S19, F4
Descubrimiento de la placa al marqués de Rafal. Colección J. Ezcurra Alonso AMO S19, F7
Descubrimiento de la placa al marqués de Rafal. Colección J. Ezcurra Alonso AMO S19, F6

Volviendo al edificio, las Discípulas de Jesús regentaron luego el colegio Jesús Maestro, del que fui alumno provisto de camisa blanca y corbata azul.

Discípulas de Jesus. 1974. Archivo Enrique Bas Cánovas.

También fue sede de asociaciones culturales y benéficas hasta que fue declarado en ruina.

El proceso para rehabilitarlo y darle utilidad fue complicado. En Sesión Extraordinaria de 28 de septiembre de 1984 el Ayuntamiento acordó su permuta a la Caja Rural Central por el Palacio de Teodomiro, que albergaba la biblioteca pública desde el año 1940, cediéndolo al Ministerio de Cultura para su “restauración y acondicionamiento” como biblioteca pública.

Colección Javier Sánchez Portas
Archivo Rafael Almira.

La idea era buena; pero lo que tendría que haber sido una completa y cuidadosa rehabilitación se convirtió en un criminal derribo para construir un insulso y geométrico edificio de nueva planta, obra del arquitecto Alberto Campo Baeza, que fue inaugurado el 15 de diciembre de 1992, como Archivo y Biblioteca Pública Fernando de Loazes.

Os dejo un vídeo titulado: “De palacio gótico a cajón de ladrillos”:

En cuanto al marqués de Rafal, la plaza que albergó su palacio durante siglos había sido la actual Condesa de Vía Manuel.

Su trasladó se gestó en el último cuarto del siglo XIX con la prematura muerte del hermano de María Isabel Manuel de Villena, decimotercera marquesa de Rafal.

Esta señora había acumulado en su persona muchos títulos nobiliarios y dos grandezas de España. Al crecer sus hijos los fue repartiendo entre ellos. Cedió a su hija Isabel el marquesado de Puebla de Rocamora y a María Josefa el Condado de la Granja. Esta última casó con Juan Manuel Agrela y el título de la Granja, rehabilitado por Alfonso XIII en 1916, quedó asociado a este apellido junto al antiguo Palacio de Rafal, que es ahora de los Condes de la Granja.

Palacio Conde de la Granja. Antigua Casa de Rafal. Archivos Estatales.

La madre conservó el condado de Vía Manuel; y a su hijo Alfonso le cedió el marquesado en 1899, año en el que contrajo matrimonio. El penúltimo marqués, recientemente fallecido, contaba que su abuelo compró la vivienda de la Plaza de la Pía a los Pérez de Meca; una casa construida en la segunda mitad de XIX en la que inicialmente instaló la sede de su partido; pues Alfonso Pardo y Manuel de Villena, además de marqués de Rafal, llegó a ser diputado conservador.

En el diario local “La Época” de noviembre de 1907 encontré esta curiosa noticia:

“Se encuentra en esta población, donde se propone pasar una temporada en su casa solariega de la Plaza de la Pía, la Sra. Condesa de Vía-Manuel, madre de nuestro diputado a Cortes, Excmo. Sr. Marqués de Rafal.  Damos nuestro más afectuoso saludo a tan aristocrática dama”.

Casa del marqués de Rafal. Colección Javier Sánchez Portas

Por motivos que desconozco, la condesa llegó a Orihuela meses después de fallecer su marido y en vez de instalarse en su palacio lo hizo en la vivienda de su hijo.

Esta casa fue totalmente rehabilitada en torno a 1910, uniéndole además otro edificio de la calle que daba a Santa Lucía.

En 1927, dos años antes de fallecer su madre, el marqués hizo nuevas reformas en el decorado de ambas fachadas de las que se conserva el plano confeccionado por el maestro Francisco Sánchez.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Familia Gómez-Duréndez.
Ajomalba

Hasta que falleció, la casa pertenecía a D. Santiago Pardo-Manuel de Villena, el décimo sexto marqués. Ahora ha quedado en manos de su hijo que la ha puesto en venta. Esperemos que el nuevo propietario dé buen uso y cuidados a este bello palacio necesitado en la actualidad de muchas reparaciones.

Interior palacio marqués de Rafal. Fotos: Ajomalba

Por último, del edificio que completaba la trama urbanística de esta antaño recoleta zona, nos queda un solitario escudo colocado sobre sillares, cuyos cuarteles ostentan los apellidos Ruiz, Villafranca, Aledo y Soler.

Fotografía. José M. Pérez Basanta

Está ahí para recordarnos que, cerrando la plaza existía un edificio de tres plantas que ocupaba toda la manzana. Tenía dos fachadas, la de tramontana con salida a la Soledad y la de mediodía a la calle de la Feria, separando dos plazuelas.

Palacio Ruiz de Villafranca. Colección Javier Sánchez Portas

Era la tristemente famosa “Casa de Inquisidor”, rimbombante nombre que le asignó Javier Sánchez Portas durante una campaña para intentar recuperarlo, por haber habitado en él un miembro de dicho tribunal.

Perteneció a Francisco Ruiz de Villafranca, Alguacil Mayor del Santo Oficio de la Inquisición de la ciudad de Murcia.  Por ello se nombró como Palacio Ruiz de Villafranca.  Esta familia fue reconocida por el rey como parte integrante de la nobleza oriolana en la primera mitad del XVIII.

Palacio Ruiz de Villafranca demolido. Fotografía: Alberto Zerón.

A pesar de la protección que pesaba sobre él, acabó demolido ilegalmente y con nocturnidad en el año 2002. Y aunque la Generalitat ordenó su reconstrucción, todo se apañó con una ridícula multa de 68.000 euros y la compra del solar al infractor por parte del propio Ayuntamiento.  Delirante forma de proteger el patrimonio.

Con el edificio de los Villafranca desapareció también el pequeño tránsito entre las plazas.  En el XVIII aparece en los padrones como Traviesa de Tolmos, y en ella figura domiciliado un tal Joseph Armengol.  Ese es seguramente el motivo por el que aparece en un plano del XVIII como Traviesa de Armengol.

Ajomalba

Su última titulación, antes de fundirse en el vacío, fue dedicada a Emilio Bregante Palazón, cuya preciosa y semanasantera placa nos recuerda que una vez hubo allí un callejón y un palacio que cerraban la pía y nobiliaria plaza que, el 14 de abril de 2016, justo ochenta años después que Miguel se subiese a la escalera para inaugurarla, recuperó el nombre de Ramón Sijé.

El 14 de abril de 2016. Fotografía: Gaspar Poveda Grau
José Marín Gutiérrez , “Ramón Sijé”
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Antonio José Mazón Albarracín.

Publicado en la Revista de Moros y Cristianos 2016.

Mi agradecimiento a Jorge Belmonte, Javier Sánchez Portas, Aitor Larrabilde, J.José Sánchez Balaguer, J. Alberto Pardines y Consol Payá.

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