Callejeando 17. Del callizo de la corte al ángel de la guardia.

Colección Javier Sánchez Portas.

Del callizo de la corte al ángel de la guardia.

Como es habitual, comenzamos nuestro recorrido donde lo dejamos en la entrega anterior. Partimos de los antiguos juzgados, situados frente a la puerta norte de Santa Justa.

Aunque este edificio -actualmente vacío y pendiente de rehabilitación- es relativamente moderno -años setenta del siglo pasado-,   aquí ha estado la sede de la Justicia oriolana durante más de 500 años.  Dice Juan Bautista Vilar:

“Tenemos noticia de la existencia en Orihuela durante el siglo XV de cuatro hospitales cuya antigüedad no resulta factible precisar.  La parroquia de Santa Justa contaba con el de San Bartolomé, mitad casa-hospicio, mitad hospital, asiento después de la corte y cárcel”.

Colección Javier Sánchez Portas.

Fusionados los hospitales en la segunda mitad del siglo XV el Consell se hizo con el céntrico edificio para construir cárcel y corte.

José Ojeda  Nieto añade que el edificio de la Corte del Gobernador y Justicias fue totalmente restaurado a finales del siglo XVI, con arcos de medio punto, tejado a dos aguas y pavimento de ladrillo.  Que a principios del XVII se construye un porche con dos arcos y una pequeña capilla con altar dedicado a Nuestra Señora de la Caridad. Y nos ofrece un listado de sus dependencias a principios del XVIII:

Casa de la Alcaldía, calabozo de los borrachos, calabozo de la Virgen, cuarto “llamado del secreto”, calabozo de “Moxica”, calabozo Grande, calabozo Claro (debajo del Grande) y Cuarto del potro.

Montesinos, a finales de ese mismo siglo, afirma que era de gran extensión, con sólidos muros de piedra negra mollar y berroqueña, con buenas rejas y convenientes defensas para la custodia de los reos, y nos ofrece una nueva distribución de sus dependencias: habitación para el alcaide, aposento para los jueces, oratorio con retablo dedicado a la Virgen de la Caridad y por supuesto los calabozos.

Estos eran muy penosos,  y cada uno tenía su propio nombre: Músicos, comuna, la Virgen, los borrachos, lisón, la sala, la entrada y el de las mujeres.

Colección Javier Sánchez Portas.

Delante de la cárcel estaba la lonja, centro local de contratación. Erigida también en el siglo XV, fue restaurada y reedificada varias veces hasta su demolición en el siglo XIX.  Contaba “con tres hermosos arcos, puertas y rejas de hierro que servía para celebrar la muy Ilte. Ciudad sus públicos arrendamientos; es obra de singular fortaleza con preciosas bóvedas de piedra blanca labrada”.

Muy cerca se encontraba también el Almudí, otro edificio público destinado a la compra venta del trigo, instalado en la plaza desde el siglo XVI.

Almudí de Valencia.

Todos estos edificios municipales se situaron en torno a la Plaza Mayor.  Pero en la realidad,  Oriola nunca tuvo una plaza mayor, sino un conjunto de plazuelas resto del zoco musulman.

Por eso utilizaban la Plaza del Puente para los actos municipales y, al abrirse la Plaza Nueva,  la antaño Plaza Mayor fue perdiendo importancia hasta quedar en plaza de la Fruta o de la Verdura.

Luego fue Plaza de Santa Justa y ahora es solo Calle de Santa Justa. La plaza, de la que ya hablamos en la calle del Río,  recibió el nombre de Antonio Balaguer.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.
Ajomalba.
Archivo Municipal de Orihuela.
Ajomalba.
Enciclopedia Catalana. Gentileza de Luis Mirete

Antes de seguir con la plaza de la Fruta, vamos a fijarnos en el callejón cerrado, a la derecha de los antiguos juzgados.

El callejón de la Corte era un “callizo” de poco más de un metro de ancho y treinta y cinco metros de extensión que daba tránsito al barrio de Triana desde la Plaza de la Fruta, sin vecinos y con acentuado desnivel.

 “Estas circunstancias contribuían a que se hallase siempre lleno de inmundicias y que estas descendiesen hasta la Calle de Santa Justa, ahuyentando con la fetidez a los transeúntes que muchas veces tenían que apartar la vista para no ser testigos de indecencias más o menos intencionadas”.

Plano de confección propia sobre original del XVIII.

A comienzos del siglo XIX, quedó incomunicado por disposición del gobernador militar.  Desaparecida la lonja y reconstruida la cárcel, el callizo acabó tapiado en 1844 a petición de los vecinos de la Plaza.

Callejón de la Corte. Ajomalba.

En 1866 se estaba alineando la calle de Santa Justa.  Para facilitar el tránsito se decidió cortar un trozo de la casa que lindaba a la derecha con dicha calleja cerrada.   Pertenecía a Querémona Lafuente, quien se mostró dispuesta a ceder el terreno a cambio de apropiarse del callejón;  que por cierto,  ya usaba indebidamente.

Ante dicha proposición los vecinos de Triana manifestaron al Ayuntamiento que, tras un periodo de abandono, dicho barrio se encontraba reedificado y solicitaban la apertura del callejón llamado de la Corte ocupado por la señora Lafuente; circunstancia que les obligaba a utilizar la calle de San Pablo o el callejón de la Paja, “tras dar un inmenso y peligroso rodeo”.

Archivo Municipal de Orihuela.
Ajomalba.

A pesar de sus protestas la Comisión de Ornato aceptó la permuta en mayo de 1867, por la importancia del ensanche y la inutilidad del callizo de “aspecto asqueroso y repugnante”, y aconsejaba a los “trianeros” la utilización de la calle de San Pablo, “situada a muy pocos pasos, bastante espaciosa y limpia, con moradores en sus dos aceras y a donde abocaban las nuevas calles construidas”.

Esquela de Quéremona Lafuente. 1887.

Así pues derribaron la fachada de Querémona Lafuente a cambio del trozo del callejón, comunicando el resto con el patio del alcaide.  Desde los edificios colindantes, se puede apreciar todavía el trazado fosilizado del que fue Callejón de la Corte.

Para hablar de la plaza de la Fruta o de la Verdura, no hemos encontrado mejor descripción que la de Montesinos, redactada en los umbrales del siglo XIX.

La plaza en los años treinta. Colección Javier Sánchez Portas.

“Tiene Orihuela una grande y hermosa plaza del común, en la que se vende todo género de cosas apetecibles al más delicado gusto; esta se divide en tres estancias; la mayor sirve para la principal carnicería .

En esta carnicería hay cuatro tablas en las que se vende todo el año carnero y en ciertos meses oveja y macho; a parte hay tablas de toro, vaca, ternera y cabrito …

Archivo Rafael Almira.

Se venden hortalizas, tocino, chorizo, aves, huevos y pescado fresco del río Segura, con ranas de sus aguas.

La segunda mansión de esta plaza, se compone de cuatro casas porchadas, llamadas del pescado, propias de la Muy Ilte. Ciudad en las que se vende el pescado fresco que se trae del mar distante de Orihuela 5 leguas largas.

Así mismo venden en ellas lo más del año, las carnes de cerdo y su aderezo, como son perniles, salchichas, morcillas, mantecas y el tocino salado de Castilla.

La tercera mansión se compone de lo restante de la plaza, hay en ella las tiendas de queso, las que abastecen a la ciudad de todo género de pescado salado, como son sardinas, arenques, atún, abadejo y manteca de vaca, quesos y todo género de comestibles, como arroz, vino, aceite, leña.

Archivo Rafael Almira.

Hay en ella continuamente seis tablas de pan común y tres de pan blanco, muy especial y sabroso para el chocolate y la sopa, comúnmente llamado francés y de tahona.”

Archivo Rafael Almira.

Coincidiendo con la alineación de la calle de Santa Justa,  que ya hemos citado, se construyeron nuevas casetas en la Plaza de Abastos.

En octubre de 1886 la corporación, presidida por Ballesteros Villanueva, se congratulaba por haber terminado el plazo de veinte años fijado con el contratista de los “tambaliches” de la plaza de la Fruta, por lo que pasaban a ser propiedad municipal.  En adelante sería el Ayuntamiento el encargado de cobrar los puestos.

A finales del XIX, la Plaza de Abastos, además de insuficiente, se encontraba en malas condiciones, por lo que la corporación y la prensa local buscaban una nueva ubicación para ella.

“El Independiente”,  octubre de 1892:

“Hoy efectivamente, la actual plaza de Abastos, sobre encontrarse (sic) en pésimas condiciones, resulta pequeña para las necesidades de la ciudad, puesto que no cabiendo en su perímetro todos los vendedores que a ella concurren hay que convertir en plaza la calle del Río y muchas veces hasta la plaza de Rafal. Resulta pues conveniente en principio la construcción de una nueva plaza de Abastos, ya que no es posible el ensanche de la actual”.

Barajaron para ello, dos posibles emplazamientos (nunca mejor dicho), la plaza de la Trinidad y la plaza del Carmen, pero no cuajó ninguna de estas propuestas y se mantuvo en su lugar hasta hace muy pocos años.

Establecimiento de Luis Guerrero, situado donde hoy está  el edificio PROP.  Archivo Matías Linares Cebrián. Coloreada por J. Antonio Campos.

 

Archivo Rafael Almira.
Archivo Rafael Almira.

En la bifurcación seguiremos por la calle de la derecha, actualmente llamada de López Pozas que presenta dos tramos claramente diferenciados.  Rebasando la parte estrecha, nos detendremos en su ensanche para hablar de sus diferentes titulaciones.

Calle del Ángel.

Gisbert,  en su historia de Orihuela de finales del siglo XIX dice :

“Del Ángel.  Es continuación de la Mayor y paralela como esta a la de la Feria. Hasta 1320 de denominó del Colegio del Temple por haber existido en la misma, una casa hospicio de la citada orden, mas tarde del Graner o del Granero cuando el expresado edificio fue convertido en depósito de granos eclesiásticos y el del Ángel lo tomó en 1731”.

A falta de pruebas que nos permitan verificar la presencia de la mítica orden medieval, podemos certificar los otros dos títulos y añadir uno más que cita Ojeda Nieto: “de Barber”, es decir, de Barberos.

Archivo Rafael Almira.

El de Granero tiene sentido por el edificio anexo a “la Sala” -antiguo ayuntamiento-: El Granero del Cabildo. Tenemos un interesante documento sobre este edificio. Se trata de un dossier confeccionado en marzo de 1798 con el título “Amparo de posesión instado por Iltre. Cavildo Eclesiástico de esta Ciudad”.

En él varios testigos declaran ante el escribano López de Pérez y el Alcalde Mayor Josef Caturla, por las obras practicadas con motivo de la gran riada ocurrida en el mes de octubre de 1797.

En dicha avenida las aguas anegaron el edificio, quebrantando la pared mediera con las casa de la Ciudad. Se reedificó con mayor solidez y se levantó el piso de algunos Graneros liberando la puerta de los establos que había sido tapiada para impedir la entrada del agua.

Estos testimonios nos permiten conocer un poco de este desaparecido establecimiento de dos plantas, situado entre las calles del Río y del Ángel con las que lindaba de mediodía y Norte;  y a las que sacaba puertas. A poniente lindaba con una calleja desaparecida titulada del Carpio y a levante con las Casas Consistoriales.

Los testigos escogidos del vecindario, eran dos ancianos maestros alarifes y un arriero, y venían a coincidir en que el Cabildo Eclesiástico de esta ciudad había poseído y disfrutado de este Granero donde colocaba los granos pertenecientes a la masa común de los diezmos.

También declaraban haber oído a sus mayores y otros más ancianos que dicha casa fue antes habitación de los caballeros Templarios, y que después fue del obispo de Cartagena cuando lo era también de esta ciudad, hasta la segregación y erección de mitra.

Uno de ellos, había trabajado en el Granero en otra ocasión y recordaba que formando un cimiento encontró bajo tierra la obra de un lagar donde se hacía mosto y vino, y escucho de labios del sujeto que moraba por entonces en dicho Granero que la uva del diezmo se pisaba allí en lo antiguo.

Colección Mariano Pedrera.

Por último, otros dos maestros alarifes y “vehedores” tomaron medidas, resultando que el frontis del edificio por el mediodía -es decir por la calle del Río-,  era de ciento veinte y cinco palmos valencianos -algo más de 28 metros- con muros de seis palmos.

Tenía tres buques o puertas: la de la entrada a la cuadra, que era muy estrecha y había estado tapiada para impedir la entrada del agua en tiempo de avenidas, la principal que daba acceso al patio, graneros y demás oficinas y la última junto al albellón que cruzaba por debajo del ayuntamiento que daba entrada a una habitación baja que comunicaba con los graneros principales.

También mostraba diez ventanas en diferentes alturas, con diferentes medidas, unas con reja y otras sin ella. Por la parte norte, es decir en la calle del Ángel, medía ciento ocho palmos valencianos -25 metros aproximadamente-, con amplia puerta y cuatro ventanas con rejas.

Por este motivo la calle se citó hasta el siglo XVII como de “lo Graner de la Seu” o sencillamente “del Graner”.

Colección Javier Sánchez Portas.

Desamortizado el edificio en la primera mitad del XIX,  albergó el llamado “Café Europeo”. Finalizando dicho siglo fue demolido y en su lugar se erigió un precioso edificio ya desparecido, sucursal del Banco de Cartagena.

El Diario, octubre de 1906:

“En el edificio que ocupó el antiguo Café Europeo, han comenzado los trabajos preliminares para la instalación de la sucursal del Banco de Cartagena que va a establecerse en esta plaza”.

Su nombre más popular – calle del Ángel- no se le otorgó como dice Gisbert en el año 1731.  En el apartado “Piedad Privada”, vuelve a citar esa fecha:

“El Pbro. D. Ignacio Vigo, de Orihuela pagó en 1731 un cuadro del Santo Ángel de la Guardia, que desde dicho año ha dado nombre a la calle”.

Archivo Municipal de Orihuela. 1714-1719.
Archivo Municipal de Orihuela. 1717-1719.

Esta afirmación es errónea.  En protocolos y padrones de principios del siglo XVIII ya aparece como calle del Ángel.  O don Ernesto equivocó la fecha,  o el tal Ignacio Vigo rehabilitó o sustituyó un Ángel anterior al adquirir la casa.

Lo cierto es que dicho lienzo situado en la esquina de dos calles, provocaría la titulación de ambas como veremos a continuación.

Colección Javier Sánchez Portas.

En julio de 1918 el Consistorio decidió telegrafiar al ilustre oriolano Pió López Pozas por haber alcanzado el generalato y poner su nombre a una calle.

No pudiendo ser la que nació -la calle de la Feria había sido dedicada recientemente al Doctor Sarget-, pensaron en esta calle,  cuyo nombre no tenía sentido tras haber desaparecido el ángel que la titulaba.

Ajomalba.

Si os apetece saber quien fue el General López Pozas, os dejo un enlace a su biografía.

Pinchad aquí. Biografía.

Durante la II República esta titulación se varió por dos veces -en 1931 y 1936- ostentando el nombre del socialista francés Jean Jaurés, españolizado como Calle de Juan Jaurés.

En abril de 1939 terminada la contienda, los vencedores le devolvieron el título que hoy permanece: Calle López Pozas.

Colección Inma Saavedra Barranco.

En el solar que actualmente ocupa el edificio núm. 1 estuvo desde 1375 “la Sala” o Casa Consistorial, de la que ya comenzamos a hablar en la calle del Río, dejando su historia en 1837, cuando habían trascurrido tres años de su demolición y el maestro Sánchez proyectaba un nuevo ayuntamiento en el mismo emplazamiento.

La ciudad no pudo sufragar la nueva construcción y en 1843 vendió el terreno a Luís Abadía, que levantó un edificio de viviendas de alquiler.  Sus lindes, extraidos del protocolo notarial, eran: a Levante Calle subida al puente; a Poniente Granero que fue del Cabildo Eclesiástico, hoy de la nación; Mediodía Calle del Río; Norte Calle del Ángel.

Colección Javier Sánchez Portas.

En 1848, Abadía había muerto.  Su viuda,  Josefa Larranzi,  se vio obligada a vender parte del mismo.  Acabó cediéndolo completo ante el notario Ramón Roca para pagar a sus múltiples acreedores.

Francisco Regidor, maestro de obras de la ciudad, valoró el edificio en 65.000 reales y en ese mismo año, se fundaba en sus bajos el llamado “Círculo Orcelitano”, precursor y germen del actual “Casino Orcelitano”. Su breve estancia quedó inmortalizada en el plano de Coello, confeccionado a mediados del XIX.

La última y moderna edificación conserva en el zaguán una pequeña joya.  Si alguien os abre la puerta (manda narices), podréis contemplar una de las representaciones más antiguas de nuestro oriol.

En 1598 se estaba obrando la puerta de San Agustín, y el maestro Pierres fabricó un escudo de armas en piedra jabalina:

“A mestre Pieres per fer un escut de armes per a lo portal que yx a Sent Sebastia, de pedra fort sent y sinquanta reals que son lliures 14 libras 2 sueldos y 2 dineros”.

Escudo de Oriola 1598.

Gracias a José Ojeda Nieto sabemos que este escudo y el San Roque,  que veremos en el claustro de la Catedral son coetáneos y pertenecieron a la citada puerta de San Agustín, también llamada de San Sebastián.

Justo enfrente encontramos el precioso edificio Villaescusa, cuya licencia de obras solicitó Juan Villaescusa Ballester el 21 de mayo de 1914.

Juan Villaescusa fue un destacado personaje de la derecha oriolana. Durante la Dictadura de Primo de Rivera fue miembro de la Unión Patriótica de Orihuela, formada por cuarenta notables per­sonajes de la sociedad local. Luego candidato monárquico en las elecciones municipales de 1931.

Líder de la Comunión Tradicionalista y de su Círculo en la vecina Plaza Caturla, durante la II República se le unió Ángel García Rogel.  Al estallar la guerra ambos fueron confinados en Jesús María.  Recluídos en el penal de San Miguel, lideraron a los presos , especialmente a los “requetés” y controlaron el penal. Terminada la contienda era teniente de alcalde en la Comisión Gestora franquista.

Colección Ajomalba.

Entre su casa y la entrada trasera a la de Matías Sorzano hay una callejuela que no me aparece en ningun listado.  José María Penalva la cita como “callejón de Ocaña” en el siglo XVIII. Ya hemos dicho alguna vez que los escribanos les daban nombres provisionales.

Víctor Sarabia Grau.

Lo cierto es que en marzo de 1861 se la consideraba sin nombre, y la ya varias veces citada Comisión para el arreglo del nomenclator la bautizó oficialmente:

“A la calle sin nombre que desde la feria atraviesa a la del ángel se le denomine calle de la guardia por existir una efigie de este Sto. Ángel en el ángulo de las dos calles”.

Ajomalba.

En 1820, la citada casa de Ignacio Vigo, cuya fachada mostraba el ángel que tituló dos calles, era propiedad de Matías Sorzano Nájera, de quien hablaremos en una próxima entrega.

Antonio José Mazón Albarracín.

Artículo publicado en 2006,  corregido y aumentado..