De Rocas y Pizanas

Colección Javier Sánchez Portas.

De Rocas y Pizanas.

El Palacio de Tudemir, hoy convertido en hotel monumento, es un claro ejemplo de palacio nobiliario oriolano del siglo XVIII con su planta baja destinada a caballerizas y acceso de carruajes, la planta noble o principal y las falsas.

Según se cita en la concordia firmada ante el escribano J. Ramón de Rufete en el año 1747, Luís Roca de Togores y Moncada señor de Benejúzar comenzó a edificar una casa principal, en el sitio que estaban emplazadas unas casas pertenecientes a su mayorazgo.

Archivo Histórico de Orihuela.

Estas quedaban extramuros, junto a una de las antiguas puertas de la ciudad y fronterizas con las del mayorazgo de Gerónimo Pizana y Ruiz, posada incluida.

Con el propósito de hermosear el frontis y dar línea recta al edificio, Luis Roca pidió licencia al Ayuntamiento y comenzó los cimientos de la fachada.

Pero Pizana “salió en justicia poniendo denunciación de nueva obra”, alegando que perjudicaba a sus casas.

Colección Javier Sánchez Portas.

Para evitar “costosos litigios, inquietudes y enemistades más dignas de reparo entre personas ilustres de tan cercano parentesco”, firmaron una concordia ante el escribano Juan Ramón de Rufete.

En ella, Jerónimo aceptó retirar la demanda; permitiendo continuar la obra “sin embarazo alguno”.

A cambio Don Luis, demolió una pequeña casa de su propiedad, sita al costado de levante de las de Pizana, quedando el solar a beneficio de ambas partes.

Cúpulas de los dos palacios en el siglo XIX. Colección Javier Sánchez Portas

Además, Gerónimo Pizana se comprometió de por vida a no elevar obra alguna por encima de la alzada que entonces tenía,  a fin de no impedir las vistas de la nueva y preciosa casa, conocida sucesivamente como palacio del señor de Benejúzar, de los condes de Luna, de los duques de Béjar o de la condesa de Oliva, títulos que fueron ostentando sus propietarios.

Perdida su primigenia función aristocrática, a partir del siglo XX el edificio albergó en sus accesorias diferentes establecimientos, como la imprenta Zerón o el comercio “el Globo”. También el Instituto Nacional de Previsión y la Comisaría de Policía.

Colección Javier Sánchez Portas.
Comisaría de Policía.

Su último y definitivo nombre -Palacio de Teodomiro-, se lo otorgó el Patronato Artístico, que lo arrendó al acabar la Guerra Civil, adaptándolo para la instalación de un museo, la Biblioteca Pública Fernando de Loazes y el Archivo Histórico. Fue desalojado en 1992 y la biblioteca se trasladó al Palacio de Pinohermoso.

Biblioteca Pública y Archivo Histórico.

Tras una compleja y costosa rehabilitación, se le anexionó un edificio de nueva planta construido en el solar de otro palacio, convirtiéndose en el Hotel Palacio de Tudemir, el primero catalogado como hotel-monumento por la administración turística de la Comunidad Valenciana.

Palacio de Tudmir justo antes de la reforma. Ismael Pastor arquitectura
Hotel Palacio de Tudmir. Ismael Pastor arquitectura.
Hotel Palacio de Tudmir. Ismael Pastor arquitectura.

Como he dicho, la acera izquierda frente al palacio pertenecía al mayorazgo de los Pizana, propietarios también de la antigua y famosa posada que llevaba su nombre.

A comienzos del siglo XIX, dicho mayorazgo estaba en manos del oriolano Gerónimo Pizana y Muñoz, Coronel de los Ejércitos Nacionales fallecido en 1820.

Gerónimo Pizana y Muñoz.

Le sucedió en el vínculo Luis Manuel Pizana Ramírez, vecino de Madrid, heredando entre otras propiedades, la añeja posada y las casas números 2, 4 y 6 de la calle de los Hostales.

En diciembre de 1840, compró a un cura de Lorca dos casas anexas a las suyas. El religioso actuaba como albacea testamentario de Francisca J. Molina Muro, viuda de Gerónimo García de Espejo, antes Pizana y Avellán.

La primera casa esquinaba con el callejón y la segunda, muy descuidada estaba dentro del mismo. Así que a mediados de siglo, la manzana comprendida entre la calle de los Hostales, la del Puente Nuevo y el callejón del molino pertenecían a Luis Manuel Pizana.

Colección Javier Sánchez Portas.

Fallecido este en 1875 el mayorazgo pasó a manos de su única hija, María del Carmen Pizana del Castillo, la misma que vendió la posada para construir el actual Casino Orcelitano.

© Antonio José Mazón Albarracín