Callejeando 14. De la Misericordia al Pocico de Santiago.

La Misericordia. fachada a calle Santiago. Colección Javier Sánchez Portas.

De la Misericordia al Pocico de Santiago.

 

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XIX.

De vuelta al casco, continuamos nuestro paseo en la Plaza del Raval, en el final de la calle de Santiago.

Teniendo en cuenta que en el siglo XIX consideraban como inicio del arrabal la “Esquina del Pavo”, nos dice Gisbert:

“De extraordinaria longitud porque se extiende, cual tenemos indicado, desde el principio del arrabal hasta la Plaza de Monserrate”.

Esta calificación de calle extra larga fue veraz hasta el siglo XIX.  Pero tras sufrir dos recortes, la calle de Sant Jaume, Sant Iago, San Tiago o  Santiago se ajusta en la actualidad al trayecto entre la plaza del mismo nombre y la de Monserrate, antigua plaza del Raval Roig.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVI.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.

Resulta curioso que esta antiquísima titulación haya sobrevivido precisamente en el tramo  más corto, en la zona donde, en el siglo  XVII,  estaba lo carrer de Monserrat o la calle de Montserrate,  que subía hacia la peña.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.

En los repartos del Real Equivalente para gastos de defensa del primer tercio del siglo XVIII, entre la Calle de Santiago y la Plaza del Raval Roche continúa figurando la calle de Monserrate.

Luego, esta titulación desapareció y fue la plaza la que acabó apellidándose definitivamente como Plaza de Monserrate; donde moría y muere la calle de Santiago.

Archivo Municipal de Orihuela.
Ajomalba.

Santiago era un  auténtica arteria del Raval . Hasta su primer recorte – en el siglo XIX-, medía más de 350 metros. Este se llevó a cabo para honrar al Marqués de Arneva:

“En adelante lleve el nombre de la Calle del Marqués de Arneva, todo el trozo comprendido desde lo que antes era principio de la de Santiago, hasta el Callejón del Maestro Estevan desde el cual tomará ahora principio la Calle de Santiago”.

Ya hablamos de ello en el capítulo del Marquesado de Arneva. Si os interesa podéis acceder pinchando la siguiente imagen.

Pinchad aquí.

Este corte fue minúsculo, apenas perdió setenta metros.  Fue el último y definitivo el que la dejó casi en callejuela. Se hizo para homenajear a un ilustre vecino asesinado durante la Guerra Civil.

Pero antes de seguir la ruta “jacobea”, hablaremos de un hermoso edificio desaparecido.

La Misericordia.

 

Colección Javier Sánchez Portas.

Las Casas de Misericordia nacieron entre los siglos XVII y XVIII para dar asilo a los pobres imposibilitados para el trabajo;  evitando así la mendicidad y permitiendo, al mismo tiempo, expulsar de la ciudad a los vagos que pretendían vivir aferrados a la limosna.

Anteriormente fueron los conventos los encargados de atender a estas personas proporcionándoles comida de subsistencia. Con la llegada de estos establecimientos recibieron también albergue.

A los huérfanos, hijos de padres enfermos o sencillamente tan pobres como para no poder mantenerlos –circunstancia habitual en la época–, la Casa de Misericordia les proporcionaba además doctrina cristiana y el aprendizaje de un oficio.

Juan Elías Gómez de Terán. Obispo 1738-1758.

En el año 1743 el obispo Gómez de Terán solicitaba:

“Fundar en la población de esta ciudad, y en la inmediación a la Iglesia de nuestra Sra. de Monserrate de nuestra jurisdicción, sita en ella y en la Parroquial del Sr. Santiago, una casa de Misericordia, donde los verdaderos pobres de Jesucristo Nuestro Bien, y que son imagen y representación suya, logren ser socorridos”.

Construida con varias casas adquiridas a la cofradía de Monserrate en la calle de Santiago, las obras financiadas por el Obispado con ayuda del Cabildo y de algunas limosnas, duraron casi tres años, abriendo sus puertas a los primeros asilados en diciembre de 1745.

Plano de la Misericordia de fray Antonio de Villanueva. Mediados del siglo XVIII (1756). Archivo Municipal de Orihuela.

La primera edificación debió ser muy modesta. El 26 de junio de 1756 – en plena reconstrucción de la vecina ermita-, el antes citado Pedro Pardo  junto al vecino de Crevillente Miguel Francia, ambos maestros alarifes, firmaron ante el notario Rafael Medina las condiciones para hacer y construir de su cuenta y riesgo la nueva fábrica material de la casa de misericordia,  en el sitio y término que ocupaba la antigua,  según tenían tratado, convenido y ajustado con el Ilmo. Sr. Obispo D. Juan Elías Gómez de Terán.

Para ello aceptaron arreglarse en todo, según reglas de buen artífice, a la planta y perfiles que había formado el matemático Antonio Villanueva y firmado el provisor y vicario general del obispado, el canónigo penitenciario de la Catedral Joseph Ximénez Lozano.

Plano de la Misericordia de fray Antonio de Villanueva. Mediados del siglo XVIII (1756). Archivo Municipal de Orihuela.

Se comprometieron a tenerla perfectamente construida -incluyendo la casa para el capellán- en dieciocho meses de plazo que arrancaban ese mismo día.

No quedó un detalle sin concretar, en las treinta y cuatro cláusulas se pormenorizaban los materiales que iban a ser empleados: tejas (de Alicante, Agost o Elda), pisos, cocinas, fregaderos, escaleras con su barandilla, 29 puertas interiores -11 de doble hoja-,  85 ventanas -24 de ellas con reja-, etc.

Archivo Municipal de Orihuela.

La Misericordia estaba junto a Monserrate, separada por un callejón cercado que permanece en la actualidad, ocupando el espacio del Colegio Virgen de la Puerta.  Sus inquilinos tenían:

“Por vestido y hábito, un saco de paño pardo, valona y sombrero, y en el lado izquierdo del pecho sobre dicho hábito llevarán un escudo de bronce con un cuartel de nuestras armas, que contiene un jarro de azucenas orlado con el Ave María Gracia Plena, y sombrero episcopal sobre él”.

Frente a la Misericordia el mismo prelado fundó en 1758 la Casa de Maternidad bajo la advocación de la Virgen de los Desamparados;  otro establecimiento benéfico con el objeto específico de atender a los niños huérfanos.

La Misericordia fue ampliada en 1818 por el obispo Simón López;  resultando ser un edificio sólido y muy capaz en opinión de Madoz,  a mediados del XIX.

La Misericordia. Portada a calle Santiago. Colección Javier Sánchez Portas.

Durante ese siglo pasó de manos de la Iglesia a las del Ayuntamiento, aunque de su administración se encargaban las Hermanas de la Caridad.

Formada la Junta de Beneficencia se hizo cargo de ambas instituciones. En el último tercio de siglo, los inquilinos de la casa de Maternidad, fueron traspasados a la “Misericordia” llamada Casa de Beneficencia.

La Misericordia. fachada a calle Santiago. Colección Javier Sánchez Portas.

Ya en el siglo XX, concretamente en marzo de 1934, el consistorio republicano aprobó el traslado de la Beneficencia al Cuartel de Sementales con el pensamiento de instalar unas escuelas en el edificio desocupado.

Suspendidos los concejales en abril, la Junta Gestora,  a instancias del director de la Beneficencia José Mazón Torrecillas, revocó el acuerdo y en tres meses los niños regresaron al viejo edificio.

La Beneficencia.

En los años cincuenta, el Padre Naves,  de la Compañía de Jesús, reactivó esta institución albergando de nuevo a niños desprotegidos.

Lo que en un principio se pensó como refugio temporal acabó convertido en el asentamiento definitivo del llamado patronato San José Obrero.

El fuego arrasó este impresionante edificio el 8 de enero de 1967.

“Orihuela (Alicante), 8 de de enero de 1967. Un incendio ha destruido el edificio del Patronato Diocesano “San José Obrero”. Los trescientos niños que acogía la institución fueron puestos a salvo sin el menor daño. Dos bomberos sufrieron lesiones breves en los trabajos de extinción. Los daños se calculan en tres millones de pesetas.

El siniestro se inició a las cinco de la madrugada en una nave donde se guardan ropas, mantas, colchones y otros enseres, y fue advertido por un muchacho marroquí de quince años. Dio la voz de alarma e inmediatamente, las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul y el vecindario, no obstante la hora, se dedicaron a la evacuación de los 300 pequeños que se hallaban en sus dormitorios

Como los servicios locales de bomberos eran insuficientes para combatir el fuego, las autoridades avisaron a Murcia, Elche y Alicante y acudieron con diligencia los servicios de extinción de incendios, que en tarea coordinada lograron localizar las llamas y extinguirlas a las dos horas.

Dos bomberos del parque de Alicante, uno de ellos el jefe, don Demetrio Vaca, y Manuel Jiménez cayeron, al hundirse el segundo piso, al primero. Aquel logró asirse a una reja exterior y fue inmediatamente rescatado con erosiones leves en las manos; el bombero Jiménez cayó a la planta inmediata y tiene contusiones sin importancia. Los niños, que salieron de sus dormitorios sin tiempo para vestirse, fueron acogidos por el vecindario, que les proporcionó ropas, techo y comida.

El edificio, que quedó destruido, data de 1740 y era de vastas proporciones. El obispo de la diócesis, don Pablo Barrachina Esteban, ha aceptado, en su cualidad de presidente del Patronato, el ofrecimiento del alcalde para acondicionar el palacio del marqués de Arneva como provisional residencia de los niños. El presidente de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos ha hecho entrega al director del Patronato de 10.000 pesetas para atender las primeras necesidades y el prelado inició una suscripción, encabezándola con 50.000 pesetas”.

El programa de la SER “Ustedes son formidables” recaudó dos millones y medio de las antiguas pesetas, utilizadas para construir una nueva Residencia en el Raiguero de Bonanza, a la que se trasladaron en septiembre de 1968.

 

Villar Palasí visitó el edificio tras el incendio. Una de las puertas de la Misericordia. Archivo Mariano Pedrera.
Villar Palasí visitó el edificio tras el incendio. Una de las puertas de la Misericordia. Archivo Mariano Pedrera.

A comienzos de la década de los 70, el impresionante edificio fue derribado, construyendo en el solar el Colegio Virgen de la Puerta.

El escudo de armas del obispo Gómez de Terán, ejecutado en “piedra de Abanilla con bastante relieve y toda perfección”, nos ha quedado como recuerdo de esta institución. Se puede contemplar adosado al lateral de la iglesia de Monserrate.

Escudo de armas del obispo Gómez de Terán adosado al lateral de la iglesia de Monserrate. Ajomalba.
El escudo en su emplazamiento original. AMO.

 

José María Pérez Basanta.

Volvemos a la calle de Santiago.  La primera calle a la izquierda daba paso a un entramado de callejas en la falda de la sierra.

Hasta que la construcción del colegio Virgen de la Puerta ocupó parte de su espacio  transformándola en un callejón sin salida bautizado como Calle Benferri.

Ajomalba.

Comunicaba con “el Pocico” a través de Espaldas de la Misericordia y de una travesía sin nombre que fue bautizada en 1861 por la “comisión para el arreglo del nomenclator, numeración de casas y rotulación de calles”:

“En el cuartel del oeste, osea arrabal Roig solo existe una travesía sin nombre, que es la que conduce desde la calle del Pozico a Espaldas de la Misericordia.  Se le denominara calle de Misericordia”.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.

Para hacernos una idea del caprichoso urbanismo de estas calles recoletas, nos adentraremos en el citado Pocito de Santiago, nombrado durante el siglo XVIII como calle o callejón del Pocico en referencia a un antiguo pozo del que se abastecían sus vecinos.

Emilio Bregante Palazón.
José María Pérez Basanta.

“…Orihuela cuenta con innumerables pozos de aguas salobres, aunque también tiene algunos de potables en la raíz de la montaña, entre los que son dignos de mencionar, por su buena calidad, el de Santiago a la espalda de este templo…”

José María Pérez Basanta.

Comienza con un pequeño ensanche ornamentado con un brocal y a los lados parten dos calles: a la izquierda como ya hemos citado, Espaldas de la Beneficencia y a la derecha Espaldas de Santiago que como su nombre indica nos ofrece una vista trasera de la iglesia de Santiago, dando paso a una callejuela sin salida ya metida en la sierra y llamada del Pájaro.

Ajomalba.
Ajomalba.
Ajomalba.

Permitidme terminar extendiéndome un poco con una de estas modestas callejas pegadas a la sierra.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.

Hace años descubrí que uno de mis apellidos – Albarracín-  estaba en una calle que, por su situación en el padrón, debía caer cerca de Santiago.

Pensé que tendría relación con los ganaderos trashumantes turolenses, muy frecuentes en nuestra ciudad.

Las dehesas de la vega media y baja del río Segura eran aprovechadas por los serranos de Albarracín, accediendo por las cañadas que atravesaban la Mancha.

Lógicamente, se hospedaban en Orihuela con frecuencia. Y así quedó,  aparcada, hasta que José Ojeda Nieto me brindó otro hilo del que tirar, otra posibilidad para justificar este nombre: la calleja que desde mediados del siglo XVI aparece como Alvayzil, Alvayasil o Alvayazil.

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Gracias a un notario que inventariaba los bienes de un tal José Sánchez, sabemos que dicha calle estaba detrás de la Iglesia de Santiago, -como suponía- subiendo la sierra, en una especie de “Albaicín oriolano”.

Y es que, además del famoso barrio de Granada “situado al pie del cerro de San Miguel” -otra coincidencia-,  dentro y fuera de Andalucía existen muchas localidades que mantienen el nombre de Albaicín en sus  callejeros.

Esos barrios tienen algo en común: Albaicín hace referencia a barrios elevados, separados del resto de la ciudad.

De origen árabe, “rabat al-bayyazin” significaba barrio en pendiente, costanero.

Aquél notario, quizá poeta frustrado, denominó al barranco que bajaba cercano a la Iglesia de Santiago con un nombre lírico muy del gusto de las leyendas “morunas”. Transcribo literalmente la nota que me pasó Pepe:

“Jose Sanchez posee una casa ubicada en la zona que se extiende desde detrás de la Iglesia de Santiago hasta la sierra (el Albaicín oriolano), «en el callejon que llaman de Abayasil (sic) por donde baxa el barranco de los Ojos de la Reyna Mora. La casa linda al E con la peña, al W con casa de Jaime Esquiva, al S con «calleja de Albayazil», y al N. casa”.

Así pues, es muy probable que Albayazil acabase escrito como Albarracín, término que aparece en el siglo XVIII.

Pero no me digáis que no es bello y romántico el nombrecito que le da al barranco: De los Ojos de la reina mora.

Antonio José Mazón Albarracín.

Extracto corregido y aumentado de dos artículos publicados en 2006.