Callejeando 13. El Raval Roig 3.

Convento del Santísimo Nombre de Jesús. Capuchinos. Colección Esteban Sanmartín.

Capuchinos y aledaños.

Desde la Ermita del Sepulcro, por la breve Travesía de la Armengola,  llegamos a la calle Charamita cuyo título es sinónimo de dulzaina. Este instrumento de viento llamado también xirimia en Cataluña y Valencia, se ha transformado fonéticamente en xaramia y luego en xaramita.

El charamitero acompañado del tabaleter -que porta un pequeño tambor o tabalet- y generalmente del polvoristero,  formaban un conjunto que, marchando delante del pasacalles, llamaba a la fiesta interpretando melodías populares.

Por ello, en las comarcas del sur y en algunos pueblos de Murcia, el término castellanizado en charamita se utiliza también para denominar a dichos pasacalles.

Ante nuestros ojos aparece el lateral de la casa cuartel de la Guardia Civil, restos de un antiguo cuartel de Caballería. Para conocer su historia,  pinchad la siguiente imagen.

Pinchad aquí.

Seguimos por la calle de los Menadores que parte a la izquierda del cuartel.   El verbo menar, en catalán y valenciano,  significa conducir o dirigir; pero en este caso se refiere a un oficio ya desaparecido que formaba parte de la cultura del cáñamo tan arraigada en nuestra comarca.

Artesanos que ejercían su profesión necesitados de grandes espacios por la gran longitud de las sogas hiladas y tensadas en la mena.

Ajomalba.

Por ella llegamos a la calle de la Virgen de la Fe que nos recuerda a otra advocación mariana muy propia de este barrio popularizada por los capuchinos en el siglo XVII.

Veamos un extracto de la “Relación Histórica del Hallazgo de Nuestra Señora de la Fe”, impreso anónimo en él que se narra toda la leyenda, sus presuntos milagros y unos versos titulados: “Los gozos de Nuestra Señora de la Fe”.

 “Es tradición muy antigua; esta sagrada imagen estaba en una iglesia o ermita que había en el castillo de la ciudad de Orihuela que se hallaba fundado en el monte Orión o como dicen Oriol y que a su presencia acudían los oriolenses cristianos como a su refugio y amparo en todas sus necesidades y aflicciones.

Allí la veneraban, le hacían votos y promesas, teniéndola todos por su Madre y amplísima bienhechora, resultando de todo esto ser muy antigua esta santa imagen..…

Un pájaro que tiene el niño Jesús en su mano, es un ave llamada comúnmente oriol, herodio o gerifalte, de donde tomó el nombre Oriolet y la ciudad el apellido de Orihuela y Orihola”.  

Tejiendo una trama calcada a la de Monserrate, la leyenda de la Virgen del Orión cuenta que,  para que no fuese ultrajada por los hijos de Mahoma, la bajaron del castillo ocultándola en un nicho y que allí fue venerada en secreto por los cristianos que permanecieron sometidos en el Raval Roig.

Fallecidos los conocedores de su emplazamiento, la imagen cayó en el olvido,  hasta que en 1634, en las obras de ampliación del convento de Capuchinos, se tomaron unas casas contiguas y al derribarlas la descubrieron en su nicho.

La imagen fue llevada en procesión hasta la iglesia del monasterio y allí se le fabricó una capilla con retablo y altar.

Hasta el azaroso procedimiento para escoger su titulación se asemeja bastante al de su vecina y Patrona: utilizando un jarro de plata y setenta y dos “cedulitas” con otras tantas advocaciones marianas, un niño sacó por tres veces la que llevaba escrito el nombre de la Virgen de la Fe.

Desaparecida en la actualidad, de toda esta historia solo queda un lienzo que refiere el hallazgo y que, por desgracia, se muestra actualmente en una iglesia de Totana.

Es muy triste que un cuadro con el escudo de Orihuela, costeado por sus vecinos, se exponga lejos de nuestra ciudad.

Ajomalba.

Y de leyenda en leyenda llegamos a la calle de la Armengola, la mítica esposa de Pedro Armengol, personaje imprescindible en las fiestas locales.

Cuando las leyendas forman parte del patrimonio de un pueblo, se convierten en creencias muy arraigadas entre sus habitantes y estos no admiten fácilmente que su verdadera historia sea otra que la que la tradición oral les ha transmitido.

Pinchando la siguiente imagen podréis leer mi trabajo sobre la leyenda:

Pinchad aquí
Ajomalba.

Siguiendo por la calle de la legendaria oriolana descendemos hasta entroncar con la Plaza y Calle de Capuchinos,  cuyo nombre recuerda al desaparecido convento del Santísimo Nombre de Jesús sustituido en la actualidad por un conglomerado de hormigón de aspecto carcelario.

Convento del Santísimo Nombre de Jesús. Capuchinos. Colección Esteban Sanmartín.

Los capuchinos son la rama franciscana más joven y la única que ha permanecido independiente con su propia organización y estructura.

En la primera mitad del siglo XVI muchos religiosos pugnaban de nuevo por recuperar los fundamentos de San Francisco insatisfechos de la vida que se llevaba en la observancia.

En su intento por volver al eremitismo de los orígenes, Mateo de Bascio o de Bassi se enfrentó a sus hermanos observantes entregándose a la práctica literal de la Regla.

Cuando supo que el hábito franciscano no era el mismo que usaba Francisco de Asís, sino que este era más áspero y con un capucho puntiagudo cosido a la túnica, lo adoptó sin más y así, la forma peculiar de su capucho propició el apodo que a la postre sería el nombre oficial de la Orden: Capuchinos.

Ajomalba.

En el verano de 1528 Mateo marchó en secreto a Roma y, con el apoyo de la sobrina del Pontífice, obtuvo el permiso de Clemente VII para observar la Regla según sus deseos. Pero esta actitud le ocasionó múltiples persecuciones y periodos de encierro por parte de los observantes.

A pesar de todo se convirtió en el fundador y primer superior general de la Orden de los Frailes Capuchinos Menores.

La celebración del Concilio de Trento (1545-1563) favoreció la consolidación de esta reforma y los Capuchinos, no sólo se afianzaron, sino que lograron expandirse geográficamente.

Primero fue Francia y después Bélgica. En España, vencido el recelo que consideraba que dicha reforma no añadía nada a la emprendida por los Alcantarinos Descalzos, se establecieron en Cataluña en el año 1578 desde donde iniciaron su expansión por los distintos territorios peninsulares.

Al territorio valenciano llegaron en 1596 por intervención del Patriarca Juan de Ribera, arzobispo y virrey, y a su influencia se debe que a esta Provincia se le diera el nombre de la Preciosísima Sangre de Cristo, erigiéndose diecinueve conventos hasta 1729.

En la Oriola de principios del siglo XVII estaban instalados los Observantes en Santa Ana, los Descalzos en San Gregorio y sus hermanas las Clarisas en San Juan; pero para completar la presencia franciscana faltaban los Capuchinos, que fundaron su convento en el año 1611.

En un primer intento se instalaron en el camino de Almoradí, no muy lejos de la ciudad. Pero este paraje ubicado cerca del río, frente a la noria de la acequia de Callosa, resultó muy pernicioso para la salud.

“El convento de capuchinos de esta ciudad de Orihuela se fundó el año 1611, siendo provincial de esta Provincia el padre Quiroga de la Casa. Levantaron su convento en su primera fundación, en el camino de Almuradín, no muy lejos de la ciudad….

Por ser este primer Convento enfermo, y haberse muerto en él, en breve tiempo algunos Religiosos, se trasladó al sitio en que hoy se halla donde el año de 1618, se puso la primera piedra, por el Ilustrísimo Señor Balaguer, Obispo de esta ciudad a 20 de septiembre, y poco a poco se fue perfeccionando, como lo está al presente”. 

Estos fragmentos pertenecen a un catálogo de conventos del obispado de Orihuela escrito a mediados del siglo XVIII. Es mucho más precisa la información que nos ofrece el Padre Agustín Nieto. Según la misma, el cenobio contaba con catorce religiosos que fueron acogidos por el obispo durante meses hasta que se les indicó donde podían edificar su convento.

Pero por ser lugar húmedo entre el río y una acequia muy caudalosa, los religiosos enfermaban constantemente llegando en algunos casos a fallecer.  Así que la ciudad compadecida determinó cederles en 1619 un sitio más sano en el barrio del Arrabal Roig.

José Ojeda Nieto ha descubierto que ese mismo año solicitaron instalarse en el llano de San Miguel; y que se lo concedieron.

Pero el permiso fue revocado al no considerar San Miguel como ermita, sino como iglesia sufragánea.

Convento del Santísimo Nombre de Jesús. Capuchinos.

La proximidad con sus hermanos Observantes de Santa Ana les obligó a pedir su beneplácito y, a diferencia de lo que pasó con los descalzos, recibieron su apoyo.

Los capuchinos no celebraban entierros, ni tenían cofradías; tampoco organizaban procesiones ni recibían limosna de misa o de sermón. Así pues, a pesar de la cercanía, los observantes no se sintieron amenazados.

Como nada impedía el traslado se pusieron manos a la obra y al acto de colocación de la primera piedra asistió el obispo, el gobernador y sus hermanos de Santa Ana.

Pero en poco tiempo el guardián de los observantes fue reemplazado y al nuevo no le pareció tan bien esta vecindad.

Convento del Santísimo Nombre de Jesús. Capuchinos.

El entusiasmo con el que la ciudad recibía a los recién llegados y las dimensiones del edificio que construían le hicieron temer una gran disminución en las limosnas, así que optó por impugnar la fundación capuchina alegando que se hallaba dentro de su demarcación.

“Los Capuchinos empezaron a fabricar su convento y por medio del síndico vendieron aquel mas antiguo sitio y deshizieron todo quanto en el estava hecho, y traxeron todos los pertrechos a este nuevo sitio, y con ellos y el dinero que del viejo les dieron empezaron a edificar su convento, y después de aver hecho gran parte del edificio y gastado mas de tres mil ducados y vivido por mas de tres años passifica y quietamente, viniendo otro guardián de Recoletos trató de impedirles el edificio”.

En 1624, ante la denuncia de los observantes, el Consell oriolano envió un escrito al rey en defensa de la fundación del convento del Santísimo Nombre de Jesús. Con el apoyo de la ciudad, del virrey y del propio Felipe IV, los capuchinos consiguieron su propósito.

Colección Tejuelo. AMO.

Al igual que sus hermanos descalzos, estos religiosos reformistas ayudaban a indigentes y cuidaban enfermos con tanto empeño que, en la peste de 1678, dos capuchinos llamados Diego y Andrés fallecieron contagiados mientras los atendían.

Convento del Santísimo Nombre de Jesús. Capuchinos. Colección Javier Sánchez Portas.

También eran dados a la mortificación física; vean sino en que se entretenía un capuchino del siglo XVIII llamado Antonio de Mallorca:

“Era su cotidiano ejercicio hacer la via-cruzis por dentro de la Yglesia, cargando sobre sus ombros una cruz pesadíssima, y en la Caydas que representaba la estación, para hacerlas al visso se dejava caer de golpe, y a lo natural, para experimentar mas vivos los tormentos de la Cruz”.

Con esta actitud fueron cimentando su fama de santidad que los convirtió en la congregación más querida durante el siglo XVIII.

Colección Javier Sánchez Portas.

Pero con la desamortización el convento pasó a ser un almacén de propiedad particular. A mediados del siglo XIX, el diccionario de Pascual Madoz lo cita como:

un edificio muy capaz en su clase, de obra de mampostería sólida, que promete mucha duración. Su iglesia es pequeña pero muy decente, hallándose hoy sin uso alguno. Tenía una buena biblioteca, dentro de su muro un huerto regado por una noria y otra porción de terreno secano a la falda del monte, bien cultivado y plantado de algarrobos, olivos y otros árboles”.

En 1880 fue restaurado y ocupado por capuchinos franceses expulsados de su país que provisionalmente se instalaron en el seminario hasta que el convento fue habitable.

Recuperada su función regresaron los capuchinos españoles que pronto retomaron su estrecha relación con el arrabal y con los oriolanos en general, muchos de los cuales aún les recuerdan caminando por la huerta semidescalzos y con su hábito peculiar, dispuestos a celebrar misa en alguna ermita.

Convento del Santísimo Nombre de Jesús. Capuchinos.

El edificio volvió a sufrir obras en 1927; esta vez por causa del proyecto de ensanche de la calle Capuchinos demoliendo y reedificando la portada del atrio y la pared que cercaba su huerto.

Exclaustrados de nuevo durante la Guerra Civil, el edificio se utilizó como hospital militar destruyéndose gran parte de su legado iconográfico.

Convento de Capuchinos. Hospital de las Brigadas Internacionales en Orihuela durante la Guerra Civil. Archivo Paco Escudero Galante.
1937. Hospital de Sangre de Capuchinos. Manuel José Aliaga Martínez.
1937. Hospital de Sangre de Capuchinos. Manuel José Aliaga Martínez.

Terminada la contienda los frailes regresaron y, a pesar de las dificultades económicas de la época, reemplazaron algunas piezas.

Colección Javier Sánchez Portas.

Pero a finales de los años sesenta los capuchinos vendieron el convento y se marcharon.

Colección Javier Sánchez Portas.

El añejo edificio fue derribado en 1980 y todos los objetos de culto, imágenes, lienzos, piezas de orfebrería y el propio archivo de los capuchinos, salieron de Orihuela con destino a otros conventos de la orden y ahora lucen en Totana, Orito o Masamagrell.

Divina Pastora, talla de Enrique Galarza Moreno para el Convento de Nuestra Señora de la Fe, P.P. Capuchinos de Orihuela. Actualmente en el Convento de Nuestra Señora de Orito, en Monforte del Cid. José Juan Girona

En octubre de 1999 los capuchinos regresaron a una modesta ermita a espaldas de su antiguo emplazamiento pero, el patrimonio desaparecido -costeado en gran parte por los vecinos del Rabaloche-, permanece esparcido por la provincia capuchina.

Convento del Santísimo Nombre de Jesús. Capuchinos

Vamos a concluir nuestro recorrido urbano por el arrabal hablando de las travesías que flanquean la calle de Capuchinos:

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.
Ajomalba.

La que quedaba a la izquierda del convento -llamada en la actualidad de las Chumberas- figura en los padrones al menos desde el siglo XVII como de la Palera (a veces confundida con de la Palmera).

Así pues, se puede decir que ha conservado su titulación a pesar de ser la única que no ofrece higos chumbos por tener cortado el acceso a la sierra.

Archivo Municipal de Orihuela.

Avanzando un poco más encontramos dos títulos del siglo XVIII: el de las Capillas, que hace referencia a las capillas laterales de la desaparecida iglesia conventual,  y el de las Parras.

Ajomalba.
Archivo Municipal de Orihuela.
Ajomalba.

Aún más antiguas – al menos del siglo XVI- son las cuatro que vamos a citar a continuación: en primer lugar dos callejas paralelas con apellidos de procedencia aragonesa, la de Claramunt y la de Ferriz o Ferris, que se ha corrompido en Ferrari.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.

Esta transformación fonética debió realizarse en el siglo XIX; Gisbert ya cita los dos nombres a finales de dicha centuria.

Las otras dos se llaman del Castillo y del Barranco, citada esta última al principio como foso natural de la muralla que ascendía hasta el castillo.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.
Ajomalba.

La progresiva expansión urbana, que abandonó la falda de la peña para ubicarse en la otra orilla del Segura, ha olvidado estos barrios pintorescos quedando así preservados como elementos singulares.

Archivo Municipal de Orihuela.

Es por eso que se nos hace difícil entender el abandono al que han sido sometidos sus tradicionales vecinos quienes por convicción o sencillamente por falta de medios para mudarse, han permanecido en sus casas pasando a formar parte de un patrimonio cultural que debe ser valorado como seña de identidad oriolana.

Archivo Municipal de Orihuela.

Antonio José Mazón Albarracín.

Extracto actualizado del artículo “El Raval Roig, un territorio históricamente singular”, publicado en “Cuadernos de historia y patrimonio cultural del Bajo Segura”.  A su vez era un resumen, actualizado y ampliado de otros artículos que he dedicado a este histórico barrio de Orihuela.