Callejeando 12. El Raval Roig 2.

Colección Javier Sánchez Portas.

Los Franciscanos Observantes de Santa Ana y la Ermita del Sepulcro.

Caminamos por la añeja calle que aparece citada hasta el siglo XVIII como “Carrer del carril que va a Murcia”.  Simplificada posteriormente como calle del Carril.

Archivo Municipal de Orihuela.

Dice Gisbert que en 1891 recibió el título de San Francisco, “por ser la más próxima al convento extramuros de Santa Ana”.

Archivo Municipal de Orihuela.

Acudiendo al Archivo Municipal puedo asegurar que oficiosamente, ya en el siglo XVII se la llamaba “Carril de S. Frances”.

Archivo Municipal de Orihuela.

Y que los artífices de su bautizo oficial  fueron un grupo de vecinos que en septiembre de 1891 solicitaron al Ayuntamiento modificar el nombre por la devoción que profesaban a San Francisco, obteniendo la autorización para variar los rótulos pagándolos de su bolsillo.

“Que siendo el Ínclito Patriarca San Francisco uno de aquellos eminentísimos varones cuya influencia ha sido más palpable en la marcha de los siglos, como sigue siéndolo en los pueblos que por cuenta suya, le son devotos, este arrabal que le profesa veementísima devoción, desea con deseo máximo y especialmente los exponentes como vecinos de la citada Calle del Carril, que se dé a esta el nombre de aquel santo gloriosísimo”.

Ajomalba.

De esta forma, las titulaciones de las dos arterias del arrabal quedaron unidas a esta orden mendicante: San Francisco y Capuchinos.  De Capuchinos hablaremos a la vuelta.

Colección Esteban Sanmartín.

Seguimos por el que fue Camino Real hacia Murcia, es decir, la actual Avenida de la Constitución, un tramo aburrido y empinado que merece la pena caminar para visitar a los observantes del convento de Santa Ana.

Colección Esteban Sanmartín.
Ajomalba.

Remontada la cuesta se abre ante nosotros la explanada de San Francisco.

Dice Gisbert que la cruz de la Puerta de Murcia o del paseo de San Francisco fue costeada por el municipio en el año 1713. Y la que estaba en las cercanías del Sepulcro por la Orden Tercera de San Francisco en 1733.

Sin embargo en las notas recogidas por el Padre Agustín Nieto se citan los trabajos y manufacturas de las cruces que se han de hacer de piedra, obra del arquitecto Juan Pierres, una en la Puerta de Murcia y otra en San Francisco, fechadas en enero de 1598 y rematadas en 200 reales castellanos.

Cruz de San Francisco.

Quizás la primera corresponda a la de Monserrate, pero parece claro que ya había una cruz de término en San Francisco en el siglo XVII y que de una forma u otra la mantuvieron hasta hace pocos años.

Convento de Santa Ana. Víctor Sarabia Grau.

En la alameda o paseo del convento, sentados a la sombra de sus árboles, hablaremos un poco de los Franciscanos.

Convento de Santa Ana. José Antonio Ruiz Peñalver.

Esta orden de origen italiano fue fundada por Francisco de Asís en el siglo XIII. Francesco era hijo de familia adinerada, lo que le permitió recibir una esmerada y políglota educación.

Vestido con harapos, descalzo y sin dinero decidió entregar su vida enteramente a la pobreza apostólica renunciando al patrimonio familiar.

Convento de Santa Ana. Ajomalba.

Poco a poco fue formando un reducido grupo de discípulos con los que viajó a Roma buscando la bendición Papal. Inocencio III les obligó a elegir un superior y Francisco se convirtió formalmente en el padre de la comunidad (Pater Comunitas, de ahí la costumbre de llamar a los Franciscos con el acrónimo Paco).

Dicho pontífice aprobó la llamada primera regla en 1210 y Honorio III- su sucesor-, la segunda y definitiva regla de los frailes menores en 1223.

Convento de Santa Ana. Franciscanos.

En la primera mitad del siglo XV la ciudad de Oriola suspiraba por acoger un convento de franciscanos. Instalados en Murcia desde finales del siglo XIII, se les requería frecuentemente para sermonear en fechas señaladas, trabajo por el que la ciudad les pagaba generosamente además de hacerse cargo de la manutención del predicador -pan, vino, pescado y confits- y de su mula -hierba y cebada-.

Convento de Santa Ana. Franciscanos.

Por aquellas fechas, arreciaban las disputas en el seno franciscano; ante el relajamiento de las costumbres en los llamados conventuales, los observantes querían permanecer fieles a las normas de San Francisco con su vida de predicación itinerante y pobreza voluntaria inspirada en Jesucristo.

Convento de Santa Ana. Franciscanos. Colección Javier Sánchez Portas

Obtenida la Licencia Real para su instalación, recibieron del Consell un solar en el arrabal de la puerta de Elche, donde había estado la última morería, en el lugar que ahora ocupa el Colegio Santo Domingo.

Al no ser de su agrado, dicho solar fue vendido por 4.000 sueldos. Los franciscanos observantes de Castilla prefirieron reformar una antigua ermita enclavada en el Señorío de Bonanza con el título de Santa Ana, recibiendo como limosna 2.000 sueldos, la mitad del producto de la venta del solar de la morería. Tomaron posesión oficial del convento el 14 de noviembre de 1464.

Convento de Santa Ana. Franciscanos.

Durante el siglo XVI el edificio sufrió tres reparaciones costeadas por el Consell, reedificándose totalmente en 1593 en un lugar más sano muy cerca del anterior.

Dedicaron la primera mitad del siglo XVII a levantar su nueva fábrica a base de testamentos y limosnas.

José María Pérez Basanta

En el año 1835, sus moradores fueron exclaustrados clausurando el convento que pasó a formar parte de los Bienes Nacionales. Tras ser subastado acabó en manos de un vecino de Madrid.

En 1845 se lo vendió a Matías Sorzano, quien lo prestó a la ciudad  en 1855 para instalar un hospital provisional, durante la epidemia de cólera morbo. Se utilizó también como hospedería para misioneros en 1878.

Convento de Santa Ana. José Antonio Ruiz Peñalver.

Dos años después los herederos de Matías Sorzano pusieron el convento y su huerto a disposición del padre Manuel Malo y Malo, reorganizador de la Provincia Franciscana de Cartagena, reservándose su patronazgo como única condición. Cumplidas las formalidades, se celebró su apertura el día 8 de Mayo de 1880.

Huerto del convento de Santa Ana.

El edificio anexo es la capilla de la Venerable Orden Tercera (VOT), construida en 1892 y recientemente restaurada.

Convento de Santa Ana. Reformas en la VOT. Ajomalba.
Convento de Santa Ana. Reformas en la VOT. Ajomalba.

En el verano de 1936, a media noche, un grupo de milicianos sorprendió a los franciscanos en sus camas. Las imágenes de la Cena, la Oración en el Huerto, la Samaritana, la Negación de San Pedro, Los Azotes, la Verónica, San Juan, Nuestro Padre Jesús “el abuelo” y la Virgen de la Soledad, acabaron convertidas en una enorme pira.

El Nazareno desaparecido. Los pasos de Semana Santa en 1927-1929. Fotografías de Alfonso Bernad. Colección Javier Sánchez Portas.

En esos turbulentos años de contienda fue utilizado como cuartel de aviación con el nombre de “Cuartel Madrid”.

Pero los franciscanos regresaron después de la guerra y el 20 de marzo de 1940 a las 7 de la tarde, salió de la iglesia la procesión con la imagen del Cristo de la Agonía.

El 18 de octubre de 1940 el padre guardián y una comisión de miembros de la VOT marcharon a Murcia para recoger una nueva imagen del “abuelo”, obra de José Sánchez Lozano.

Antonio Ballester Vidal.

Al día siguiente, “la copia más exacta de la antigua, destruida por los rojos, el funesto año 1936”, fue bendecida por el Vicario General de la diócesis, Luis Almarcha, entre muestras de fervor popular y en presencia del Ayuntamiento en pleno vestido de gala.

Convento de Santa Ana. José Antonio Ruiz Peñalver.
Convento de Santa Ana. Ajomalba.
Convento de Santa Ana. Ajomalba.
Convento de Santa Ana. Ajomalba.
Fuente de San Francisco.
La Ermita del Santo Sepulcro.

Abandonamos la alameda del convento y dejando a la izquierda la carretera de Murcia, subimos por la empinada cuesta del Calvario rememorando el antiguo Vía Crucis.

Colección Javier Sánchez Portas.
Colección Javier Sánchez Portas.

Ante nuestros ojos se muestra la ermita del Sepulcro, alzada sobre una escalinata de acceso con grandes lajas de piedra que sirven para salvar el desnivel que existe entre la capilla y la calle.

Colección Javier Sánchez Portas.

Su portada, de principios del XVIII, se realizó en piedra labrada destacando sobre el dintel de la puerta el escudo de armas de la VOT colocado en el año 1762, que muestra bajo qué tutela fue construida esta ermita.

Ajomalba 2004.

La ventana central debió servir para iluminar la estancia y, como es típico en estas ermitas, la fachada se cierra con una espadaña donde estuvo colocada la campana que por desgracia desapareció.

El edificio presenta tres estructuras bien diferenciadas: la iglesia y dos casas adosadas a ambos lados que son de época posterior.

A su izquierda encontramos una recóndita plazuela que lleva el nombre de este añejo edificio que se mantuvo en pie de puro milagro.

Colección Javier Sánchez Portas.

Esta ermita ahora restaurada, era regentada por la VOT de los franciscanos como ya hemos comentado. Los primeros datos conocidos datan del siglo XVII. Por ejemplo: un robo sacrílego en 1693 cuando el Cristo del Sepulcro fue despojado de sus vestiduras; o el suceso fechado en 1694, cuando los ratones se comieron su sábana.

Santo Sepulcro. Colección Javier Sánchez Portas

Fue reedificada en la década de 1720 y en 1733 se concedió licencia al hermano Juan Pacheco para edificar una casita a sus espaldas donde hacer vida solitaria y penitente.

En 1755 se le despidió, sustituyéndole por el hermano Pascual Marco, encargado de mantener limpia la ermita y su plazuela, evitar bailes y otros actos profanos y adecentar anualmente el Vía Crucis antes del viernes primero de cuaresma.

En sus inmediaciones se escenificaba un desenclavamiento que fue prohibido por el obispo Tormo a finales del siglo XVIII.

El citado Vía Crucis partía de la iglesia del convento de Santa Ana y, tras recorrer la explanada, emprendía la subida hasta la ermita. De esta representación religiosa proviene el nombre de la calle por la que hemos accedido al Santo Sepulcro: calle del Calvario.

Colección Javier Sánchez Portas.

Este recorrido estaba jalonado por catorce capillas con altares que fueron demolidas y reconstruidas en 1762 por su visible deterioro. Diez años después se empedró todo el camino y la calzada que subía a la ermita franciscana, embelleciéndola con la plantación de varios árboles.

El siglo XX fue una sucesión de desastres. El 20 de junio de 1920 la VOT acordó reparar la cúpula amenazada de ruina. En septiembre de 1932 el concejal republicano, Antonio Cubí, denunció su estado ruinoso y el Consistorio decidió derribarla. Evidentemente y por motivos que desconocemos, la demolición no se llevó a cabo.

Colección Javier Sánchez Portas.

Durante la Guerra Civil fue saqueada quedando la ermita y las capillas del Vía Crucis en deplorable estado. El patrimonio de la VOT resultó muy maltrecho pero, a pesar de la penuria económica de la posguerra, se restauraron las capillas y con grandes dificultades se intentó hacer frente a las costosas reparaciones que necesitaba el edificio.

En las décadas de los 40 y 50 se emprendieron diversas obras que a menudo fueron suspendidas por falta de fondos. Su estado exigía más medios económicos de los que la VOT podía afrontar a pesar de todos sus esfuerzos.

Juan Fenoll Villegas.

Las capillas desaparecieron para siempre en los años 70 y la iglesia fue vendida a la Comparsa Caballeros del Rey Fernando.

Turismo Orihuela.

A punto de desplomarse, fue rehabilitada e inaugurada en octubre de 2010 como “Centro Cultural Santo Sepulcro”, destinado a exposiciones, conciertos y otras manifestaciones culturales.

Antonio José Mazón Albarracín.

Extracto actualizado del artículo “El Raval Roig, un territorio históricamente singular”, publicado en “Cuadernos de historia y patrimonio cultural del Bajo Segura”.  A su vez era un resumen, actualizado y ampliado de otros artículos que he dedicado a este histórico barrio de Orihuela.

Bibliografía:

Gisbert y Ballesteros, Ernesto. “Historia de Orihuela”. Orihuela 1903. Tomo III.

Nieto Fernández, Agustín. Orihuela en sus documentos III: Los franciscanos en Orihuela y su comarca s. XIV-XX. Murcia. 1992. Pub. Instituto Teológico Franciscano

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