Callejeando 10. Hacia el arrabal.

Colección Esteban Sanmartín.

La Cruz del Río y la muralla.

Siguiendo por la calle del Hospital dejamos la Plaza de Santiago – de la que hablaremos a la vuelta- y encontramos dos callejuelas a la derecha y tres a la izquierda.

Colección Mariano Pedrera.

Las de la derecha se llaman Espada – debe ser nombre moderno pues no me aparece en ningún padrón- y travesía de Santiago.

Este último nombre era el más común a la hora de redactar los padrones.  Se usaba el título de la principal y el resto eran “traviesas”.

Ajomalba
Ajomalba

La primera de la izquierda se llama Salida al Río. Como su nombre indica nos llevaba al Segura a través  de un portillo cuyos restos conservan sus guías talladas en piedra.

Juan Fenoll Villegas. Archivo Mariano Pedrera

En la normas para la construcción de tapias, barreras y portillos de noviembre de 1800 se cita como “Portillo de la Calle de la Gloria, con su albellón y palos de olivera”, entre la barrera de la cruz del río y el Portillo del Barrio llamado del Piojo desde la esquina de la última casa a la de Ros.

El  barrio o “lugar del Piojo”, aparece en los padrones del XIX.  Supongo que debía estar cerca del río, en las traseras del Hospital.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.

Las calles de la Gloria y Ros se mantienen, pero de toda la zona llamada “Cruz del río” o “el Rebalso”,  con su idílico paisaje,  sólo se conservan fotografías.

Ajomalba
La Cruz del Río.

Esta cruz de término con su columna o sostén,  servía además para medir las frecuentes avenidas del Segura. En su base aparecían señaladas las fechas y alturas del agua en las riadas más memorables.

Colección Javier Sánchez Portas.
La Cruz del Río.
Colección Javier Sánchez Portas.

Su lugar lo ocupa ahora el centro comercial y sus aparcamientos.

Ministerio de Cultura.
Evaristo Duréndez Rodríguez.

Por la calle de la Gloria, volvemos a la del Hospital y,  a partir de aquí,  saldríamos extramuros, al verdadero Raval Roig.

Pero antes vamos a hablar de una plazuela desaparecida que ya cité en el capítulo dedicado al Carmen: la conocida como Carmen Viejo por la ubicación del primer convento carmelita.

Dibujo Mario Gómez. Texto Ajomalba.

Su desaparición de los listados en el siglo XVIII y la breve aparición de la Plaza de Pedro de Castilla, me llevan a pensar que son la misma, un ensanche interior para servicio de la muralla, que desapareció con esta.

Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.

En cuanto al personaje que la tituló brevemente, tras mucho buscar, conseguí localizarlo en dos protocolos notariales de la época. Se llamaba Pedro de Castilla de la Cueva Benavides, fallecido en el primer cuarto del siglo XVIII.

Su viuda, llamada  Antonia March García de Espejo, aparece en un poder de 1723.  Su hijo, de nombre Diego de Castilla, en otra escritura de 1734.  No puedo aportar más datos; pero por las fechas parece estar relacionado con la Guerra de Sucesión y la llegada de los Borbones.

Sin más preámbulos, salimos al arrabal.

Orihuela imaginada. Dibujo José Domingo Sarabia Simón.

A través de los siglos, el estatus social de un oriolano, más allá de su oficio o de su nivel de ingresos, podía adivinarse por la zona en la que residía.

El tradicional casco de Orihuela ocupaba el escaso terreno disponible entre el monte de San Miguel y el río Segura, un espacio amurallado y a salvo de riadas que pronto se vio desbordado por la construcción de numerosos edificios destinados a la función pública, al clero, a la nobleza y a la burguesía acomodada, originando diversos núcleos de población extramuros, arracimados junto a sus puertas.

Modestas viviendas estructuradas en torno a caminos que progresivamente se transformaron en calles; arrabales que, con mejor o peor fortuna se fueron integrando en una población que optó por desplazar su centro al otro lado del río.

En todas las ciudades hay un arrabal que tradicionalmente permanece relegado, mal dotado de servicios y urbanizado anárquicamente, un escenario donde se concentran los problemas de desigualdad y exclusión social.

En Orihuela, se llama “Rabaloche”, castellanización del topónimo Raval Roch.

Enclavado en una zona privilegiada y libre de inundaciones, este añejo asentamiento urbano es sin embargo un interesante ejemplo de marginalidad histórica, de barrio popular poblado por familias modestas que han conservado gran parte de sus tradiciones a pesar de vivir en un territorio condicionado por la diversidad de culturas, por ser foco de atracción para los grupos más desfavorecidos.

Más allá de cualquier división administrativa o territorial, el “Rabaloche” mantiene unas características propias que, para lo bueno y para lo malo, le confieren cierta personalidad, siendo escenario predilecto para las leyendas más conocidas de nuestra ciudad.

En el Rabaloche se sitúan fantásticas narraciones que han calado hondo entre los oriolanos a través de los siglos. Estas leyendas forman parte inseparable del patrimonio de Orihuela y aceptarlas como tradiciones, como elementos que enriquecen su folclore no impide que se intente dar una explicación más histórica a los hechos.

Popularmente se asocia a la zona de influencia de la parroquia de Sant Jaume o Santiago, llamada despectivamente “la pila de los bordes” por ser la encargada de acoger y cristianizar a los huérfanos de la cercana Misericordia. Se consideran “rabalocheros” los oriolanos nacidos entre la “esquina del pavo” y el convento de San Francisco.

Colección Esteban Sanmartín.

Pero en puridad, el Raval Roch comenzaba al otro lado de la muralla, en la explanada contigua a la Puerta de Murcia, un territorio con fuerte presencia franciscana.

No en vano esta orden mendicante fue propietaria de tres de los cuatro edificios destacables: el convento de Santa Ana, el de Capuchinos y la ermita del Sepulcro. El cuarto, construido a mediados del XVIII, fue el Cuartel de Caballería.

Para salir al verdadero arrabal, había que traspasar la muralla medieval que, bajando de la sierra, giraba por la zona próxima a la iglesia de Monserrate.

Arrabal siglo XVI. Dibujo de Mario Gómez sobre un boceto de Ojeda Nieto.

Este espacio de especial protección estaba salpicado de pequeñas torres que reforzaban el muro hasta llegar a la de Embergoñes, milenaria y singular construcción hexagonal que culminaba el perímetro defensivo de la ciudad islámica en su punto más al oeste.

Hay constancia documental de su existencia desde el siglo XIV, aunque su origen es claramente anterior.

Realizada en tongadas de tapial alternadas con hiladas de piedras de diverso tamaño, la altura de esta torre debió de ser espectacular, una sensacional atalaya junto al cauce del río, óptima para vigilar las posibles incursiones enemigas y las periódicas crecidas del Segura.

La torre en la actualidad. “Reconstruida” por José Antonio Ruiz Peñalver.

En los preparativos para la defensa de la ciudad de 1358, al nombrar los electos para defender los puestos “en sentir el rebato”, se nombraba como “torre del cantón de don Ramón”.

La torre a principios del siglo XX. Colección Javier Sánchez Portas.

Medio siglo después,  ante una nueva amenaza, el consejo  destinó a cuatro personas honradas para instalarse en el llamado “postigo de don Ramón”.

Creo que se refiere a Ramón de Rocafull, rico personaje del siglo XIV propietario de doce caballos, que fue procurador General de Orihuela y por dos veces Capitán General.

Fotos Antiguas de Orihuela.

A pesar de estar catalogada con el primer grado de protección, sus restos pasaron años de abandono,  oculta bajo la vegetación y  soportando un depósito de agua con el que la coronaron en la década de 1920.

Torre con el depósito.

Una serie de actuaciones arqueológicas efectuadas por la concejalía de Patrimonio Histórico en 2017,  han revelado que la vetusta torre conserva dos metros y medio de estructura en el subsuelo, en buen estado de conservación.

Ajomalba.

Todas estas construcciones defensivas comenzaron a perder importancia al remitir las disputas con Castilla y las temidas incursiones granadinas.

La artillería moderna y el desarrollo urbano las hicieron obsoletas e incómodas hasta provocar su desaparición.

Arrabal siglo XVII. Dibujo de Mario Gómez sobre un boceto de Ojeda Nieto.

 

Antonio José Mazón Albarracín.

Este capítulo, corregido y aumentado, forma parte del trabajo “El Raval Roig, un territorio históricamente singular”, publicado en Cuadernos de Historia y Patrimonio Cultural del Bajo Segura”.  A su vez era un resumen actualizado y ampliado de otros artículos que he dedicado a este histórico barrio de Orihuela.