Callejeando 07. Orden del Carmelo en Orihuela 1.

El Carmelo en Orihuela: Los Carmelitas.

El origen de los carmelitas se remonta a la época de las cruzadas cuando un grupo de ermitaños anónimos, inspirados en el profeta Elías, se establecieron en el Monte Carmelo de Palestina. Tras el fracaso de las cruzadas tuvieron que emigrar a Europa.

En el siglo XIII, ya convertidos en orden mendicante, adoptaron la advocación de la Virgen del Carmen con su tradicional escapulario distintivo de los carmelitas.

Visión del Escapulario, Santuario de Aylesford, Kent.

Estaban regidos por una regla sencilla pero muy estricta. Sus fundaciones se extendieron por la península comenzando por el Reino de Aragón.

A Orihuela llegaron muy tarde, en el XVI. El Padre Balbino Velasco, historiador y miembro de la Orden, nos habla de una primera y breve fundación en 1537, en una casa llamada de la Virgen de Monserrate cedida por el Cabildo con el beneplácito de Justicia y Jurados.

Pero aquello fue solo un intento. Como iremos viendo, el Consell utilizaba los conventos como estímulo urbanístico en zonas poco apetecibles.  Así pues, en el verano de 1537, pretendieron instalar a los carmelitas en la ermita de Monserrate, una zona de difícil población.

Pero el vicario general se opuso. No es que la fundación fuese breve; no se llevó a cabo y los frailes se marcharon sin fundar.

El Arrabal en el siglo XVI según Ojeda Nieto. Dibujo de Mario Gómez.

Como en todas las órdenes, con el tiempo, los carmelitas fueron relajando sus costumbres provocando el nacimiento de una corriente renovadora. Fue durante esa disputa cuando llegaron por segunda vez a Orihuela.

San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.

En España las reformas fueron protagonizadas por Santa Teresa de Ávila, a la que se unió San Juan de la Cruz.  Iniciadas en la rama femenina, se ampliaron a los frailes,  fundando el primer convento masculino reformado en 1568.

Así, los carmelitas quedaron divididos en dos grupos: los de la antigua observancia o calzados y los descalzos o teresianos, que buscaban regresar al rigor primitivo.

Pero no fue fácil. Los observantes consideraron a los descalzos “desobedientes, contumaces y rebeldes”.  San Juan de la Cruz fue encarcelado y consiguió fugarse de la prisión de Toledo.

Hasta el propio Felipe II se vio involucrado en las disputas carmelitas.  Mientras, Teresa movía sus hilos en Roma; y poco antes de morir,  sus descalzos consiguieron la separación efectiva.

En 1582 fallecía la santa dejando 15 conventos y 17 monasterios reformados.

“Santa Teresa de Jesús”, de José de Ribera (1640-1645).

Tres años después llegaban de nuevo a Orihuela. Había pasado medio siglo desde la primera vez, y fueron ellos los que se dirigieron al Consell solicitando licencia y ayuda para fundar un convento de descalzos.  Mal momento escogieron.

Las circunstancias habían cambiado. El Raval Roche se estaba poblando a buen ritmo y Oriola sufría duros años de sequía y hambre. Así pues, la Ciudad siempre dispuesta a apoyar a cualquier fundación religiosa, rechazó la oferta carmelita.

A pesar de todo, esta vez decidieron quedarse. Pero sin ayuda municipal, lo pasaron bastante mal. Cerca de un siglo estuvieron dando tumbos hasta instalarse en el convento que actualmente conocemos como el Carmen.

En el verano de 1585 el Padre Miguel Alfonso Carranza fundó en Orihuela el monasterio de Ntra. Sra. del Carmen, con ayuda del cabildo y de algunos vecinos devotos que les proporcionaron una modesta casa en la calle del Hospital, además de mantas, platos, tinajas….

No debió ser de su agrado, pues poco después se trasladaron a otra casa propiedad del magnífico Joan de Rocafull.  Cedida por uno de sus apoderados, a Rocafull o a sus herederos no les gustó la idea y los pusieron de patitas en la calle. Lo intentaron de nuevo en la Ermita de Monserrate, pero fueron desalojados por el párroco de Santiago.

Aquel fue un verano complicado para los carmelitas; pero acabaron encontrando benefactores. En septiembre les cedieron otra casa próxima a la muralla, todavía dentro de la ciudad, en el límite, muy cerca de la torre de Embergoñes.

El Arrabal en el siglo XVII según Ojeda Nieto. Dibujo de Mario Gómez

La zona fue conocida a partir de entonces como “Plaseta del Carme” y allí permanecieron hasta 1658, cuando la capilla que estaban construyendo se desplomó arruinando parte del convento.

Este contratiempo a la larga, les llevó a construir un convento nuevo, más céntrico y espacioso.

Archivo Municipal de Orihuela.

Paralelamente pidieron al Consell y les fue concedido establecerse en la ermita de San Ginés, cerca de lo que hoy conocemos como Campoamor, el emplazamiento que habían abandonado recientemente los Cartujos.

En este asunto de la costa, como el resto de las órdenes que lo intentaron, fracasaron ante las dificultades que entrañaba vivir en una zona tan apartada, a merced de los piratas berberiscos.

Pero la peste y la influencia de un carmelita oriolano permitieron plantar un gran convento en el centro de la ciudad; hecho impensable pocos años antes.

Esta nota, fechada en 1650,  nos da una idea de lo que fue esa dramática epidemia que marcó un antes y un después en la historia de nuestra comarca:

“Que estando la Ciudad destruida y asolada con la peste y el contagio que padeció por más de un año continuo, desde el 1647 hasta agosto del 48 que se publicó la salud, habiendo muerto mas de ocho mil personas, quedó despoblada y la mayor parte de las casas caídas y la huerta y heredades perdidas por falta de personas, y los que quedaron muy pobres”.

A esta Orihuela decadente, semivacía, con muchas casas desocupadas o en ruinas se unió la intervención del carmelita oriolano Anastasio Vives de Rocamora.

Era hijo de Francisco Vives de Rocamora, prestigioso jurista oriolano, caballero de noble familia y muy religioso. Tanto, que en 1609, ya viudo, ingresó en el convento del Carmen de Orihuela con dos de sus hijos; y en el permaneció hasta su muerte.

Anastasio Vives y Rocamora. Orihuela 16-V-1599 – Onda (Castellón) 20-V-1674. Carmelita, obispo de Segorbe.

Su hijo Anastasio fue muy precoz; nació en 1599 y tomó el hábito con tan solo diez años, edad a la que ingresó, o mejor dicho, lo ingresaron en la orden.

Concluidos sus estudios,  enseñó Artes en Alicante y Teología en Valencia. En 1634, siendo apenas un treintañero era el prior del convento oriolano; pero eso fue solo el principio de una exitosa carrera que no vamos a detallar.

Años después, siendo ya prior de los carmelitas de Valencia: “la peste pudo acabar con muchos millares de vidas, pero no acobardó el zelo, vigilancia, caridad e intrepidez de ánimo, con que este prelado insigne se arrojaba a los peligros, por no faltar el consuelo de sus súbditos”.

En el año 1653 lo nombraron Provincial de la orden en Aragón y Orihuela,  orgullosa,  le envió una carta de felicitación.

Escudo de la Ciudad de Oriola. Siglo XVI.

Cinco años después, fue él el que escribió al Consell anunciándoles el envío de doce religiosos dispuestos a reactivar la reforma descalza. Según sus propias palabras, dejaban las comodidades de sus conventos para padecer en un tan pobre y arruinado convento como el de Orihuela.

Terminado su mandato, él mismo decidió retirarse al convento de su ciudad natal  “que entonces se hacía casa de reforma”. Y llegó a oídos de Fray Anastasio que el Consell tenía hecha promesa de erigir una ermita a San Pablo, adoptado por la ciudad a raíz de la peste de 1648.

La elección había sido por sorteo, entre veinticuatro santos posibles.  Quiso el azar que fuese San Pablo el patrón secundario de Orihuela y su “abogado contra la peste”.

Anastasio les propuso levantar un nuevo convento dedicado al apóstol. A cambio percibiría la suma que el Consell tenía destinada a la construcción de la ermita. Para terminar de convencerles, añadió la promesa de ofrecer a los oriolanos, clases de latinidad, policía y virtud.

El año 1660 fue decisivo en su vida.  Consiguió el compromiso de la Ciudad mediante concordia,  para que donase mil libras en diez años, a razón de cien libras por año que emplearía en el nuevo convento.

Convento e Iglesia del Carmen

Además, recomendado por el propio Consell, Anastasio alcanzó la mitra de Segorbe, circunstancia que Orihuela celebró con los festejos acostumbrados cuando nombraban obispo a un oriolano: Te deum Laudamus, encendido de antorchas como en la noche de Santa Justa, faroles en la Sala del Consell, luminarias en las casas y disparo de cien morteretes y lombardas desde la peña.

Arropado por su pueblo, fray Anastasio marchó a Segorbe en 1661 y ya no volvió a Orihuela.

Una biografía del siglo XVIII habla de su papel como obispo, afirmando que: “una vez visitadas todas sus ovejas y celebrado sínodo en 1668, suplicó por dejación de la mitra deseando el retiro y la quietud de una celda, tratando de morir sin embarazos de Gobierno”.

Catedral basílica de Segorbe (Castellón).

La que publica el obispado de Segorbe añade que sufragó la portada mayor y el retablo de la capilla del Carmen de su catedral, donde fue enterrado.  Y que la muerte violenta de dos canónigos curados, unida a su edad, precipitaron su renuncia a la mitra.

No he podido saber que pasó con dichos canónigos; lo cierto es que se retiró al convento de carmelitas de Onda, en Castellón, donde cuentan que aparcó todos sus privilegios y vivió como uno más; hasta barrer, no solo su celda, sino todo el convento y que murió dos años después, el 20 de mayo, domingo de la Santísima Trinidad de 1674.

A su poderosa influencia se debe el traslado del convento del Carmen al centro de la ciudad. Para el Consell no era conveniente que los carmelitas abandonasen la zona que ocupaban junto a la muralla, cuyo estatus habían elevado sencillamente con su presencia.  Pero la mediación de Fray Anastasio fue decisiva.

De esta forma se solucionaron temporalmente los problemas de los carmelitas oriolanos; con el propio Consell convertido en patrono perpetuo del convento de San Pablo.

A partir de entonces la zona que abandonaron se llamó Carme Vell, es decir: El Carmen viejo.

Años después, el Consell regaló el solar del antiguo convento al marqués de Rafal “por no conocérsele dueño”.

Archivo Municipal de Orihuela.

En el año 1661, los carmelitas disponían de unas casas cedidas cerca de Santa Justa, y estaban dispuestos a edificar su nuevo convento bajo la advocación del glorioso apóstol San Pablo.

Como es lógico, comenzaron inmediatamente con la iglesia, patrocinada por el Consell.  Pero su construcción dio más problemas de los previstos; hasta el punto de que unas copiosas lluvias provocaron el desplome de la media naranja aún sin techar.

Para el convento – cuya primera piedra se colocó el día de la virgen del Carmen de 1680- habían comprado dos solares lindantes. El Consell les cedió otro en la calle Jinjolero y otro junto al hospital, que dedicaron a jardín.

Templo y convento fueron inaugurados en 1686,  el mismo año que abandonaron la ermita de San Gines, en la costa.  Esta gran obra modificó totalmente el trazado urbanístico de la zona.

A la parcela inicial le fueron añadiendo más casas empleadas en la edificación y en la formación de la plazuela conocida a partir de entonces como del Carmen. También se alteraron o suprimieron callejuelas;  como la que a la derecha de la torre salía al río

Plano de confección propia sobre original siglo XVIII.

El convento comenzó a funcionar y sus fuentes de ingresos eran diversas: legados de los propios frailes que entregaban al ingresar o en herencia; los de las beatas y otras personas pías que donaban en efectivo o en propiedades.

Es destacable la de un devoto oriolano que fue alcaide del castillo de Guardamar; les dejó nada menos que 600 tahullas de tierra. Estas fincas se ponían en arriendo y generaban rentas fijas.

Los entierros en capillas, las misas pagadas y los sermones remunerados completaban el capítulo de ingresos, suficientes para mantener dignamente a los 16 frailes que formaban la comunidad a finales del siglo XVII.

Plano de confección propia sobre original siglo XVIII.

En el XVIII se permitieron derribar la vieja capilla que utilizaron como iglesia provisional para levantar una flamante y espléndida obra a la que se accedía por una nueva portada barroca, con dos ángeles que siguen custodiando el escudo carmelita. Era la capilla de la orden tercera.

Angelotes remarcando el escudo carmelita. Ajomalba

El número de religiosos fue aumentando hasta superar los cuarenta. En 1771 el General de la orden decidió reducir la exorbitante cantidad de individuos que ingresaban sin dotación ni subsistencia, ajustándolos a las rentas de cada convento. Hechos los cálculos, dejó el de Orihuela con 23 religiosos.

Reducción y Decretos dispuestos por el P. General del Carmen, de la antigua y regular observancia, para las provincias de su cargo en estos Reynos, con la Provisión auxiliatoria del Real y Supremo Consejo de Castilla. Madrid, 1772.
Reducción y Decretos dispuestos por el P. General del Carmen, de la antigua y regular observancia, para las provincias de su cargo en estos Reynos, con la Provisión auxiliatoria del Real y Supremo Consejo de Castilla. Madrid, 1772.

Por aquellas fechas, la década de 1770, adquirieron la monumental imagen de Salzillo que se conserva en la capilla citada.

Camarín del altar mayor, construido en 1740. Alberga una Virgen del Carmen, talla de Salzillo. Baltasar Gómez Berná.
Camarín del altar mayor, construido en 1740. Alberga una Virgen del Carmen, talla de Salzillo. Baltasar Gómez Berná.

Al comenzar el XIX el número de religiosos,  más o menos se mantenía estable: 12 sacerdotes, 11 coristas estudiantes, 3 legos y 1 novicio.  Pero el cambio de siglo fue el principio del fin.

Las expropiaciones fueron dejando a la comunidad muy mermada de recursos haciendo cada vez más difícil el sostenimiento de sus miembros. Y para colmo, la epidemia de fiebre amarilla de 1811.

El primero en morir fue el prior, provocando la huida de diez religiosos que abandonaron la ciudad por miedo al contagio.  Los que quedaron – media docena de frailes, criados, el cocinero y el arrendador del huerto-, murieron a causa de la enfermedad.

Con el convento vacío, la Justicia se hizo cargo del edificio poniendo un candado en la portería.

Convento e Iglesia del Carmen.

En diciembre regresaron los diez supervivientes y se instalaron de nuevo. Hasta que por decreto del gobierno liberal de 1820 quedaron suprimidas las comunidades carmelitas de Orihuela y de la vecina Cox, cuyos miembros fueron agregados al convento de Alicante, donde permanecieron durante el Trienio Constitucional.

Abolida la Constitución; en el verano de 1823 el convento de Orihuela estaba de nuevo abierto. Y solicitaron el traslado de la imagen de San Pablo que el Ayuntamiento había depositado en la Iglesia de Santa Justa.

Desastre tras desastre, en 1831 se les hundió la capilla de Ntra. Señora del Carmen, que fue reparada. Tres años después, sufrieron la terrible riada que se llevó por delante la antigua casa de la Ciudad con el puente de Poniente.

El remate llegó con el decreto de 1835, que significó la definitiva exclaustración de los carmelitas y la desamortización de sus propiedades.  El día 22 de agosto el convento quedó abandonado.

Sus bienes muebles, imágenes, ornamentos y elementos sagrados fueron inventariados y desalojados; dicho inventario ha sido publicado recientemente por nuestro cronista local Antonio Luis Galiano.

Vacío y extremadamente ruinoso llegó a ser un peligro para los vecinos.  Al no encontrar a nadie que se hiciese cargo del edificio y de los elevados costes de su demolición, el Ayuntamiento decidió ponerse en contacto con la Junta de Enajenación de Conventos Suprimidos y se vendió en 69.000 reales.

Iglesia del Carmen. Colección Javier Sánchez Portas.

Los materiales aprovechables procedentes del derribo se dedicaron a la adaptación de la nueva Casa Consistorial en el viejo pósito de la Plaza Nueva. Con el resto de las ruínas adecentaron las calle, las riberas del río fronterizas al convento y los caminos de Torrevieja y Alicante.

Seguramente fue entonces cuando trasladaron la sillería del coro al convento de las agustinas de San Sebastián.  Atribuida a Juan Bautista Borja al igual que la de la catedral, permanece en dicho convento en la actualidad.

San Elías. Detalle del antiguo coro del convento de San Pablo. Actualmente en el de las agustinas de San Sebastián. Obra de Juan Bautista Borja siglo XVIII. Fotografía: Agulló.

Si Montesinos no nos engaña, originalmente tenía 30 asientos -de los que solo se conservan 23-,  tallados en nogal con escenas y personajes vinculados al Carmelo.

De la Iglesia de San Pablo sólo se mantiene la sobria portada y un pequeño fragmento unido a la capilla de la Virgen del Carmen, que era propiedad de la Orden Tercera y que fue reedificada en 1850.

Iglesia del Carmen. Ministerio de Cultura.

Los concejales costearon la reparación de su altar mayor evocando el patronato adquirido en el siglo XVII sobre la antigua iglesia demolida.

Iglesia del Carmen. Ministerio de Cultura.

Exclaustrados los frailes y desamortizados los conventos, la rama masculina del Carmelo en España quedó prácticamente extinguida, recuperándose muchos años después.

A Orihuela no regresaron, pero llegaron las Carmelitas…..

Antonio José Mazón Albarracín.

Adaptación de los guiones confeccionados para Radio Orihuela Ser, serie dedicada a la orden del Carmelo en Orihuela. Os dejo enlaces a tres programas:

Programa 1.
Programa 2
Programa 2
Programa 2
Programa 3
Programa 3