Callejeando 05. La Calle de las Gradas.

Fotografía: Víctor Sarabia Grau.

La Calle de las Gradas y la de los Meca.

La llamada calle de Santa Justa partía en los padrones de los siglos XVIII y XIX  desde  la casa del Marquesado de Arneva y transcurría hacia el sur entre los templos de Santa Justa y las Salesas para terminar en la calle del Río.

Anteriormente se citaba en escrituras como de los Ruisos o Ruises; y  también como de “las gradas de Santa Justa” o “las gradas” a secas,  por los escalones de piedra picada del portal mayor de la iglesia parroquial.

Siglo XVII. Archivo Municipal de Orihuela
Archivo Municipal de Orihuela
Iglesia de las Santas Justa y Rufina. Vista aérea

Nosotros partimos del monasterio de las Salesas, dirección Norte, encontrando a la izquierda un callejón camuflado perfectamente delimitado al costado del convento.

En la actualidad permanece cerrado por una fachada con puerta y su salida a la plaza de Togores está también condenada.  Es el que en el XVIII llamaban de los jesuitas.

Fotografía Ajomalba

 Yo sostengo que esta humilde calleja cerrada fue antes una calle más ancha, la de Ferrando de Loazes; y lo explico en un artículo monográfico al que podéis acceder pinchando en la siguiente imagen.

Enlace al artículo: Lo Carrer de Loazes.

Lo carrer dels Loazes o de Ferrando Loazes lindaba con la Plazuela de las Torres, situada en la curva del río junto a la muralla, donde ahora tenemos el convento de las Salesas.

Fotografía: Víctor Sarabia Grau.

Nacía frente a una placeta que coincide con la “longeta” de Santa Justa, en la actualidad casa parroquial y plazuela de las Salesas, antes de la Compañía de Jesús.

Siglo XVII. Confección propia sobre plano siglo XVIII.
Archivo Rafael Almira.

Por lo tanto, me parece un error la placa homenaje a la casa natal del Patriarca. Dicha placa está a la entrada de la calle Meca; que recuerda a los Pérez de Meca.

Entrada  calle Meca. José M. Pérez Basanta

Antes ostentó el apellido de otra ilustre familia, los Masquefas, titulación que se mantuvo en los padrones de cumplimiento de Santa Justa hasta 1766.

Siglo XVII. Archivo Municipal de Orihuela.
Siglo XVIII. Archivo Municipal de Orihuela.
Archivo Municipal de Orihuela.

Los causantes de la actual titulación fueron el regidor Fernando Pérez de Meca, fallecido en 1730 y, sobre todo, el canónigo Alejandro Pérez de Meca. Ambos vecinos de la calle en el siglo XVIII.

El mismo plano un siglo después. Confección propia sobre original del siglo XVIII.

En la calle Meca funcionó un asilo de las hermanitas de los ancianos desamparados, fruto de las gestiones practicadas por el obispo Victoriano Guisáosla y por la conferencia de San Vicente de Paul.

Este instituto femenino, fundado tan solo una década antes por Saturnino López Novoa y Teresa de Jesús Jornet, inauguró sus instalaciones el 2 de Mayo de 1883 en la casa propiedad de José Roca de Togores, con todo el apoyo y beneplácito municipal. El día 12 llegaron las religiosas; y  tras celebrar una ceremonia en Santa Justa tomaron posesión del mismo.

Entrada al antiguo asilo. Colección Javier Sánchez Portas.

El establecimiento pronto se les quedó pequeño; así que en junio de 1923, el Ayuntamiento, reservando el perjuicio a terceros, cedió terreno del dominio público a la superiora del asilo, dándole a su vez permiso para emprender obras de ampliación.

Sus vecinos, sintiéndose perjudicados, se negaron a perder el único ensanche de que disponía la calle Meca.  Ante sus alegaciones, el Consistorio decidió dar marcha atrás y, en marzo de 1924 seguían estudiando la posible ampliación del asilo, esta vez uniéndole una casa adyacente.

Entrada al antiguo asilo. Colección Javier Sánchez Portas.

Pero la única solución fue trasladarlo a un local más espacioso. Dicho traslado tuvo que esperar veinte años.  Las obras del nuevo asilo comenzaron durante la Dictadura de Primo de Rivera y continuaron a trancas y barrancas durante la República. Iniciada la Guerra Civil, el gobierno pretendió convertirlo en manicomio. Acabada la contienda continuaron las obras y en 1946 se trasladaron frente a la Lonja, en el sitio que hace poco han abandonado. 

Nuevo asilo de ancianos. Colección Esteban Sanmartín.

El solar del antiguo asilo, con su patio descubierto, fue vendido.  En el descubierto se instaló un cine, o mejor dicho, un recinto multiusos cuyo trazado es ahora un aparcamiento. Se llamaba cine Cargen por los apellidos de sus propietarios: Cardona y Genoves.

Una terraza de verano utilizada como pista de patinaje en invierno. También se alquilaba como teatro y se organizaban en ella combates de boxeo.

Fotografía Ajomalba

En lo que fue el edificio del asilo se construyó otro cine, el Casablanca, duplicando así la oferta con uno de verano y otro de invierno.Primero cerró el Cargen, luego el Cine Casablanca;  pero nacido de su cantina y como recuerdo de aquellos tiempos,  nos queda el buen hacer y el cariño que derrochan Inmaculada y sus hijos en el Bar Casablanca.

Os dejo un montaje en vídeo del cambio:

Muy cerca, lindando con esta calle, con la de los Jesuitas y con la Plaza de Togores, se construyó un gran teatro a finales del siglo XVIII que mencionan Montesinos y Gisbert.

Plano Google Maps

Este último, cuando cita las casas de comedias en sus  “Datos sueltos para la continuación de la historia de Orihuela”.

“Con licencia de 12 de Marzo de 1790, el empresario hacentista y catalán Francisco Baus, edificó desde sus cimientos otra en la calle de Meca en un solar del murciano don Mariano Aguado Martínez, marqués de Campo Hermoso, inscribiéndose en letras de oro sobre un arco CANENDO ET RIENDO CORRIGE MORES A EXPENSAS DE FRANCISCO BAUS AÑO DE MDCCLXXXX. Fue inaugurada el sábado 21 de Agosto de dicho año (1790)  con la comedia Las armas de la hermosura.”

Se refiere al marqués de Nonduermas y Conde de Monte Hermoso, regidor de la Ciudad de Murcia.  Buscando la relación de este noble murciano con Orihuela descubrí que, al morir su esposa, Mariano se casó con la viuda del primer Conde de Pinohermoso, que vivía en la Plaza de la Pía; y en terceras nupcias con su hija, Piedad Roca de Togores.  En cuanto a Francisco Baus era un prestigioso empresario teatral que Mariano se trajo de Murcia con su compañía de cómicos.

La leyenda “Cantando y riendo, se corrigen las costumbres” aparecía en muchos teatros de la época.  Durante el reinado de Carlos III se intentó utilizar el teatro como foco de ilustración; y este abrió sus puertas tan solo dos años después de su muerte.

Plano incluido el artículo “El Coliseo de Comedias de la Calle Meca”,  de Mª Cruz López.

Para los interesados recomiendo el artículo “El Coliseo de Comedias de la Calle Meca”,  de Mª Cruz López.  Además del plano anterior, contiene mucha información de la que haremos un breve resumen:

Era un edificio amplio y sólido con capacidad para ochocientas personas repartidas en cuatro gradas. Contaba con veinticuatro palcos, bancos para la Ciudad, para la Curia, para la Real Justicia y un palco especial para el propietario. Disponía de cinco puertas y tres escaleras.

Sección de un teatro del siglo XVIII.

Los precios de entrada oscilaban entre los tres cuartos y los doce reales de vellón; pero lo más curioso es que, a pesar de que prohibieron fumar en su interior,  y de que mantenían varios pozos con cubos como medida de seguridad, el edificio ardió completamente en 1822 y fue demolido.

Plano de confección propia sobre original del XVIII, con los datos del anterior.

 Al fondo, encontramos una plazuela que recuerda el ilustre apellido de los Togores.

También la traviesa de Meca y dos calles más:  una antiquísima llamada Xinxolers o Jinjoleros, que antes comprendía la actual Madre Elisea;  y otra cuyo nombre le llegó por nacer cerca del muro del río: la calle Malecón.

Travesía Meca. Calleja que une la calle Meca. Restos de lo que parece ser una torre. Archivo Mariano Pedrera
Calle Malecón.
Siglo XVII. Archivo Municipal de Orihuela
Siglo XVIII. Archivo Municipal de Orihuela

Volvemos a la calle principal que tomaba el nombre de las gradas que forman parte de la portada principal de Santa Justa, también llamada por el mismo motivo “Puerta de Las Gradas”.

Iglesia de las Santas Justa y Rufina. Vista aérea

Dicha portada se proyectó a mediados del siglo XVIII para soportar el empuje de un edificio sobrecargado.

Puerta de las Gradas. Ministerio de Cultura.

En su artículo “Del gótico al barroco en la Puerta de las Gradas”, Javier Sánchez Portas documenta el accidentado proceso que llevó a emprender esta obra.

Puerta de las Gradas. Ministerio de Cultura.

En 1749, un año después de la construcción de la capilla de la Comunión y en plena vorágine recaudadora de diezmos, la junta parroquial decidió acabar con las goteras sustituyendo los terrados por tejados como ya se había hecho con éxito en la parroquia de Santiago. Y, al igual que aquella, dotarla de algunos remates y pirámides.

Ya metidos en harina, o mejor en yeso, decidieron abrir nuevas ventanas e intentaron centrar la puerta practicando un buque en la pared,  trasladando así la portada “como cosa de una vara hacia tramontana”,  piedra a piedra.

El proyecto fue un desastre y muy pronto comenzaron a aparecer grietas.  En 1752 estaba reventada y a punto de desplomarse. Consultaron a varios expertos, entre ellos al maestro mayor de la Catedral de Murcia.  No había solución, era necesario demoler lo hecho y reconstruir toda la fachada.

El nuevo proyecto fue diseñado por Fray Antonio de Villanueva, y ejecutado por el maestro cantero Cristóbal Sánchez.  Las obras se mantuvieron a trancas y barrancas desde 1753 hasta 1762, quedando tal y como permanecen,  incompletas.

José María Pérez Basanta.

 A simple vista se pueden contemplar  los agujeros de los andamios que deberían estar cubiertos. También los capiteles superiores y cuatro de los cinco medallones sin desbastar.

Estos medallones debían reflejar la vida y martirio de las Santas Justa y Rufina; pero solo se talló el central.

Puerta de las Gradas. Ministerio de Cultura.
Foto Ajomalba.

Hay un detalle anecdótico en esta portada.  En agosto de 1755, el maestro Cristóbal Sánchez se comprometió a fabricar las dos impresionantes columnas que flanquean la puerta de una sola pieza,  siendo de su cuenta arrancarlas y traerlas a pie de obra desde la cantera de Abanilla.

Tenía de plazo hasta el fin de enero de 1756, seis meses;  pero pasaron diez y no pudo encontrar dos piedras con las dimensiones necesarias.  Así pues propuso y le fue concedido,  que una de las dos llevase un pequeño añadido, un trocito de piedra imperceptible.

Cuando paséis por ahí,  fíjaos en la parte superior de la columna de la derecha y podréis comprobarlo.

Puerta de las Gradas. Ministerio de Cultura.

Por último, recordar que en el siglo XIX, los apellidos Loazes y Masquefas volvieron al callejero oriolano; pero con diferente rango.

Al Patriarca le dedicaron la reurbanizada bajada del Puente Nuevo en su cuarto centenario.  Los Masquefas se tuvieron que conformar con el modesto callejón que sube a la peña desde la Plaza de Ramón Sijé.

Busto del Patriarca. Fotografía: José M. Pérez Basanta

Antonio José Mazón Albarracín.

Artículo publicado en 2006, corregido, reconstruido y ampliado.

Dedicado a José Luis Satorre.

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