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Crónica de Antonio Ballester 05. Las clarisas de San Juan.

Crónica de Antonio Ballester Vidal, el fotógrafo de la Plaza Nueva.

Cap 5. Las Clarisas de San Juan.

En el último tercio del siglo XV, Oriola ansiaba fundar un monasterio de monjas; trataban así de evitar la marcha forzosa de vocaciones femeninas a otras poblaciones.

El 29 de septiembre de 1474 el Consell encomendó la búsqueda de un emplazamiento adecuado a justicia y jurados. Una vez localizado, debían calcular su precio y presentarlo ante la ciudad para comenzar los trámites.

La favorable acogida por parte de los oriolanos a los Franciscanos de Santa Ana a mediados del siglo XV animó a la rama femenina de la Orden, las Clarisas,  a probar suerte en Orihuela.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

Los jurados habían escogido para ellas el solar donde estuvo ubicado el convento de Santa Eulalia, en el arrabal moderno; abandonado por los frailes mercedarios tras utilizarse como baluarte frente a la muralla durante el largo asedio sufrido durante la “Guerra de los dos Pedros”.

De esta forma promocionaban una zona en proceso de expansión. Las aguas del pantanoso Vallet se habían canalizado y nuevos pobladores se habían instalado en unas parcelas cercanas cedidas por el Consell formando la primitiva Corredora.

El convento de clarisas bajo la advocación de San Juan Bautista consolidaba la urbanización de un arrabal que acabó adoptando el nombre del monasterio: el Arrabal Moderno de San Juan Bautista.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

El 17 de febrero de 1490 el Papa Inocencio VIII autorizó la fundación del convento y tres años después, seis religiosas franciscanas se trasladaron desde el Real Monasterio de Santa Clara de la ciudad de Murcia.

 Instaladas las monjas, en 1494 solicitaron al Consell alimentos para subsistir y albañiles para adecentar su convento. También se dirigieron al rey Fernando el Católico pidiendo ayuda para salvaguardar su honestidad frente a las miradas curiosas de los vecinos.

En abril del mismo año, desde Medina del Campo, llegaba la respuesta de su majestad en la que facultaba a los justicias y jurados para comprar las casas a dichos vecinos y ubicarlos en otro lugar de la ciudad, derribándolas y adquiriendo además sus huertas.

Con el apoyo real, las dotes recibidas por el ingreso de novicias y las limosnas del pueblo subsistían dignamente permitiéndose además comenzar la edificación del primitivo templo.

Tras muchas penalidades, en 1575 Beatriz Martínez, viuda de Marcos Rosell, hacía testamento incluyendo al monasterio de San Juan entre sus beneficiarios.

A su muerte, acaecida en noviembre de 1580, recibieron la generosa suma de 7000 libras. Esta donación les creo ciertos pleitos con el heredero universal de Doña Beatriz.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

Otros problemas, esta vez con los herederos de la acequia de Almoradí, les llevaron de nuevo a los tribunales. Las clarisas tenían una noria para tomar agua de la citada acequia. Tras vencer en una larga lucha judicial con los regantes que pretendían suprimir la citada noria y con todas sus apelaciones denegadas, el 6 de julio de 1616, la inutilizaron cortada en ocho pedazos.

Durante cuarenta años, a pesar de las amenazas de excomunión, las monjas reparaban o sustituían la noria, y los regantes la aserraban, la atascaban con estacas y piedras o sencillamente la destrozaban.

En su desesperación, llegaron a acudir al Papa en solicitud de excomunión para los autores. Pero fue el rey Felipe IV quien firmó sentencia a favor de las clarisas, teniendo que insistir aún dos veces más, la última en 1659.

También en 1626, tuvieron un breve enfrentamiento con el Cabildo, que pretendía celebrar misas y sufragios en su iglesia, pero en unos meses, el asunto quedó zanjado amistosamente.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

El monasterio se fue poblando de aristocráticos apellidos: Rosell, Roca, Togores, Rocamora, Masquefa, Rocafull, etc. y con ellos las dotes, que invertían en censos, tierras o edificios para arrendar.

En 1735 eran propietarias de 551 tahullas de regadío. Con estas cuantiosas rentas, levantaron el edificio actual, en dos etapas que duraron gran parte del siglo XVIII.

En 1773, la abadesa solicitó a la ciudad el permiso para ampliar el edificio, alineando la calle que va de San Juan a la Puerta Nueva (la que actualmente es calle Tintoreros), concediéndoles licencia para ocupar dos palmos de la citada calle.  Las obras concluyeron en 1780.

Sufrió importantes daños en el terremoto de 1829; también en las inundaciones de 1879, siendo inmediatamente reparados con fondos procedentes de donativos.

Las extensas propiedades de las monjas habían sido desamortizadas.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

En 1936, las religiosas tuvieron que abandonar el convento y refugiarse en casas particulares. Este fue asaltado por los milicianos haciendo una pira con parte de sus imágenes. Durante la guerra la iglesia estuvo cerrada y el convento pasó al comité de refugiados.

Las monjas supervivientes regresaron en 1939.  Antonio Ballester hizo este reportaje fotográfico pocos años después, en la segunda mitad de los cuarenta.

Fotografías de Antonio Ballester Vidal. Texto y retoques Antonio José Mazón Albarracín.

 

Iglesia de San Juan en la actualidad. © José María Pérez Basanta.

Para saber más recomiendo el libro del Reverendo Andrés De Sales Ferri Chulio, “El Monasterio de San Juan de la Penitencia de Orihuela 1493 – 1993”, publicado con motivo del quinto centenario del monasterio.  También el estudio de Marí Cruz López, en el octavo centenario de la fundación de las Clarisas.

 

Crónica de Antonio Ballester 04. Romería de San Isidro.

© Antonio Ballester Vidal.

Crónica de Antonio Ballester Vidal, el fotógrafo de la Plaza Nueva.

Cap 4. La Romería de San Isidro.

 

El triunfo de la llamada “cruzada” emprendida por Franco provocó en España un espectacular resurgimiento religioso de proporciones nunca imaginadas en un país europeo en el siglo XX.

Durante la década que siguió a la Guerra Civil las celebraciones religiosas se potenciaron especialmente; creándose nuevas “tradiciones” que el pueblo hizo inmediatamente suyas.

En este contexto, la fiesta de San Isidro Labrador en Orihuela se convirtió en una colorida romería patrocinada por la Caja Rural Central y la Hermandad de Labradores y Ganaderos.

© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.

Esta efímera romería de la que no se conocen antecedentes oriolanos, apenas se mantuvo hasta rebasar el ecuador del siglo XX;  pero quedó inmortalizada en todo su esplendor por la cámara de Antonio Ballester.

Concretamente, estas imágenes pertenecen al 15 mayo de 1948. 

Como he dicho, esta romería duró poco; y está bien descrita en el artículo “San Isidro antes era festivo”, obra de mi buen amigo Antonio Luis Galiano, cronista oficial de Orihuela, al que podéis acceder pinchando la siguiente imagen.

© Antonio Ballester Vidal. Se puede acceder al artículo pinchando esta imagen.

Con su permiso, os dejo algunos extractos del mismo:

“En esos años, en que cientos de personas de Orihuela y sus pedanías, “al salir el sol” en romería acompañados de rondallas, parejas a caballo, carros engalanados y carrozas venidos desde las partidas rurales y acompañados por la Unión Lírica Orcelitana, desde la iglesia de las Santas Justa y Rufina, en la que se daba culto, conducían la imagen de San Isidro”.

“Ya en la pradera, tras celebrase una misa en honor al santo, se bendecían los campos, frutos y cosechas. Después se desayunaba, almorzaba y merendaba entre los árboles, habiéndose instalado toldos e incluso montado merenderos, con relativas comodidades”.

© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.

“El día terminaba a la puesta de sol, con el sorteo, como era preceptivo “ante notario”, de un par de novillas de pura raza castellana, participándose por el módico precio de una peseta con dos números. Tras lo cual se regresaba en romería con el santo hasta su capilla en Santas Justa y Rufina”.

“Los festejos duraban dos o tres días, se otorgaban premios a las carrozas y carros adornados y eran anunciadas por la ciudad con un bando, en muchos casos de estilo panocho, de los que era autor Antón Cutillas (seudónimo de José Antonio Poveda, el de “El Palas) y que desde una carroza era pregonado por Manolín Grau “el Catalán”.

Fragmento bando 1947. Manuel Muñoz Tomé.
Bando 1950. Manuel Muñoz Tomé.
Fragmento bando 1946. Manuel Muñoz Tomé.
Publicidad del insecticida Oriol. Manuel Muñoz Tomé.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
© Antonio Ballester Vidal.
Fotografías de Antonio Ballester Vidal. Texto y retoques Antonio José Mazón Albarracín. Entrecomillados Antonio Luis Galiano Pérez. Carteles Manuel Muñoz Tomé.

 

No lo tenía pensado, pero la fotografía que me ha mandado el maestro Zambrana me ha dado una idea: si os apetece enviar fotografías de vuestra infancia, recuerdos  familiares o cualquier imagen de la romería de San Isidro, las expondré gustoso y formarán parte de este archivo virtual.  Ahí va la primera.

1947. José Manuel Zambrana García junto a su hermana y dos primas, posando de huertanos en San Isidro. Gracias maestro.

Crónica de Antonio Ballester 03. La fábrica de la seda.

© Antonio Ballester Vidal

Crónica de Antonio Ballester Vidal, el fotógrafo de la Plaza Nueva.

Cap 3. La fábrica de la seda.

Durante siglos la morera se mantuvo como uno de los principales cultivos en Orihuela.

El proceso de la elaboración de la seda era una herencia cultural  transmitida de padres a hijos, como eslabones de una larga cadena que se remontaba a la Edad Media, cuando agricultores y artesanos musulmanes la implantaron en Uryula.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
En las bobinas, Justa Sabater Pamies. © Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

La llegada de las sedas artificiales en el primer tercio del siglo XX significó un duro golpe para esta industria milenaria.

Pero acabada le Guerra Civil, la Dictadura puso en marcha un plan para fomentar la producción del capullo de seda.

Sus medidas proteccionistas incentivaron temporalmente el cultivo de la morera generando una notable recuperación.

En 1941 creaban el Servicio de Sericicultura, un organismo específico dependiente del Instituto de Fomento de la Producción de Fibras Textiles.

En este contexto nació la empresa “Sedas Orihuela”, en 1939.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

Impulsada por la Federación de Sindicatos Católicos -futura Caja Rural y Central-, la fábrica llegó a rondar las trescientas empleadas; y utilizo el femenino, porque como podéis comprobar, la inmensa mayoría eran mujeres.

Alcanzó su zenit en los años cincuenta, época en la que Antonio Ballester decidió inmortalizar la fábrica oriolana con este completo reportaje fotográfico.

Ramón Noguera Romaní, José Calvo Esquiva y José Godoy Robles. © Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

Amables lectores me han facilitado la identidad de algunos de los retratados: el director de la fábrica, Ramón Noguera Romaní;  el contable José Calvo Esquiva, apodado “el nano” por razones evidentes;  José Godoy Robles, encargado del peso; Lolita Martínez Cartagena, escribiendo a máquina, Justa Sabater Pamies, con las bobinas de seda .……

Ramón Noguera Romaní, José Calvo Esquiva y José Godoy Robles. © Antonio Ballester Vidal
José Calvo Esquiva con uno de los hermanos Balaguer. © Antonio Ballester Vidal
Lolita Martínez Cartagena en la máquina de escribir. © Antonio Ballester Vidal

Y así el padre guardián de San Francisco siguió bendiciendo la simiente del gusano,  año tras año,  en la vecina iglesia conventual, antes de proceder a su reparto.

Hasta que “sedas Orihuela” cerró sus puertas en 1977,  después de 38 años de actividad.

Como recuerdo de aquellas seculares tareas nos queda en San Antón el edificio llamado “Ahogadero de la Seda”.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
Fotografías de Antonio Ballester Vidal. Retoques y texto,  Antonio José Mazón Albarracín.

El artículo queda abierto a la futuras incorporaciones de nombres si os apetece facilitármelos. 

Por último, ya fuera del reportaje al no ser de Ballester, quiero incluir esta interesante fotografía de Juanito Fenoll para resaltar la importancia de estas instalaciones. 

Es Juan Carlos de Borbón, aspirante al trono, en su visita a la fábrica de la seda de Orihuela, el 19 de febrero de 1965.

© Juan Fenoll Villegas

 

 

Crónica de Antonio Ballester 02. Estampas.

© Antonio Ballester Vidal

Crónica de Antonio Ballester Vidal, el fotógrafo de la Plaza Nueva.

Cap 2. Estampas.

Rezando el rosario.

© Antonio Ballester Vidal

Candela para el “caldo de gallina”.

© Antonio Ballester Vidal

El herrero de la Mancebería.

La herrería perteneció a un tal Narciso.  El tipo de la camisa blanca era su empleado y último herrero. Se llamaba Antonio Díaz García “El herrador”. En homenaje a su jefe puso a su hijo Narciso. 

En la herrería pasaban consulta los veterinarios municipales Vicente Andreu, Antonio Galiano y Enrique Forcada.

Al Fondo la “Guagua” y la calle del Molino.

Comentarios: J. Luis Mateo Pedrera, Loles Botella y Jesús Díaz, nieto de herrador.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

El abuelo junto al cañizo.

© Antonio Ballester Vidal

Atención al tren.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

Apurando la vida en un pitillo.

© Antonio Ballester Vidal

La piel y el alma cuarteadas por el tiempo.

La autoridad en Semana Santa.

© Antonio Ballester Vidal

Lavando en el Segura.

© Antonio Ballester Vidal

En el Rabaloche.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
Fotografías de Antonio Ballester Vidal. Retoques Ajomalba.

Crónica de Antonio Ballester 01. Sucesos.

© Antonio Ballester Vidal

Crónica de Antonio Ballester Vidal, el fotógrafo de la Plaza Nueva.

Cap 1. Sucesos.

Benferri, 28 de Septiembre de 1947.

 

La rambla de Abanilla anegó el pueblo. Su cementerio quedó destrozado por el ímpetu de las aguas. Cuentan que los ataúdes llegaron a Guardamar. 

© Antonio Ballester Vidal

 

A mediados del siglo XX.

Bomberos oriolanos en el hundimiento de una fachada en la Plazuela de la Merced. Entre la Iglesia y la tienda de muebles de Eliseo. 

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal

 

Cinco de julio de 1949.

En el actual paso a nivel de la carretera Redován-La Campaneta, conocido como la Media Legua.

Accidente del tren ómnibus (locomotora y seis vagones) en el trayecto Cartagena-Valencia,  a la altura de Redován.

La máquina quedó empotrada en una caseta de vías y obras, con el resultado de una pasajera muerta y cinco heridos. La fallecida era callosina.

© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
© Antonio Ballester Vidal
Fotografías de Antonio Ballester Vidal. Retoques Ajomalba.