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Biografías: José Luis Satorre García.

José Luis Satorre. 1986.

José Luis Satorre García.

Nacido en Novelda el 9 de Octubre de 1945. Cuarto hijo – tercer varón-, del matrimonio formado por Pedro Satorre Sala y Mercedes García Navarro. Bautizado con los nombres: José, Luis, Enrique y Dionisio.

Me cuenta que nació entre sacos de manzanilla, perfumado de canela y azafrán. Y es que su padre se dedicaba a la manipulación y comercio de especias, condimentos e infusiones, una singularidad local que se inició en Novelda en el siglo XIX.

Los noveldenses compraban el azafrán casa por casa en los pueblos de Albacete, donde se cultiva tradicionalmente desde los tiempos de Al Ándalus. Luego, grupos de mujeres lo manipulaban en los “porches” – nombre por el que se conocen familiarmente los pequeños almacenes situados en la parte alta de las viviendas-; allí lo envasaban principalmente con destino a la exportación.

A comienzos del siglo XX la demanda del azafrán disparó su precio, apareciendo una especie de sustituto mucho más económico: el colorante alimentario. Esta sustancia química era barata y daba más color al arroz, pero no sabor. A este producto se unió la pimienta, la canela, el anís, la manzanilla….

Cerradas las fronteras tras la Guerra Civil, en los años cuarenta se popularizaron los condimentos e infusiones asequibles, al alcance de los pobres bolsillos de la posguerra. Las tradicionales carteritas se envasaban en preciosas cajas metálicas.  Fue en esa época cuando Pedro Satorre -el padre de José Luis- se incorporó al negocio con las marcas “Colección Sagrada” e “Infusiones Satorre”.

Esta industria se ha mantenido hasta hoy en Novelda con firmas tan famosas como “Carmencita”, marca que acabó absorbiendo a Satorre.

Latas originales de los productos Satorre.

José Luis, el pequeño de la familia, cursó sus estudios primarios en el Oratorio Festivo de Novelda, con notas ajustadas pero correctas.  Me cuenta que de niño admiraba a los médicos de familia de la época, tan cordiales con los pequeños y tan respetados por los mayores.

Así nació el deseo de ayudar a los demás. Y como luego demostró el tiempo, aquella vocación valía para curar cuerpos y almas.

José Luis en 1957. Plaza Nueva.

Su carrera eclesiástica empezó actuando como monaguillo de “Don Federico”, el cura de su pueblo. Fascinado por su personalidad y por el cariño que despertaba entre la gente, decidió ingresar en el seminario.

Al principio su padre no tomó muy en serio la ocurrencia de un niño de diez años; e intentó disuadirlo. Don Pedro no quería perder a un futuro continuador de su negocio. Pero acabó aceptando su deseo y le acompañó en taxi hasta Orihuela, ciudad que para el pequeño aspirante a cura estaba al otro extremo del mundo: cuatro horas de viaje en el “Albaterense”.

Y así, en septiembre de 1956, a punto de cumplir los once años, ingresó en el seminario oriolano y pasó doce cursando estudios de Bachillerato, Filosofía y Teología.

José Luis en 1966.
En el Seminario 1967.

Terminó la carrera demasiado joven. Con 22 años necesitaba la dispensa de Roma para ser ordenado. Así pues, en el verano de 1968 el obispo lo destinó provisionalmente al que sería su gran proyecto vital: San José Obrero.

Pablo Barrachina Estevan, “don Pablo”, había tomado posesión de la diócesis dos años antes. El soniquete “con el Papa Pablo y el Obispo Pablo” se mantuvo más de dos décadas, convirtiéndose en uno de los prelados más longevos de la historia de nuestro Obispado.

Pablo Barrachina. Pulsad para acceder a su biografía.

La espera fue cosa de meses. En el otoño de ese mismo año 1968 fue ordenado sacerdote. Su primer gesto fue aprovechar los regalos y celebraciones para costear trescientas camas para los niños de San José Obrero.

Yo le conocí pocos años después, a principios de los setenta, cuando celebraba misas en Jesús Maestro, mi monjil colegio. Y repartía la hostia remojada en mistela.

Pinchad para acceder a Las Discípulas de Jesús.

Tenía siete u ocho años, pero recuerdo perfectamente cómo se presentó interrumpiendo la clase con ese particular y fino acento de los alicantinos del norte para pedirnos uno botes de tomate, latas de atún, arroz, lentejas o cualquier otro alimento que nuestras madres nos permitiesen sacar de casa.

José Luis 1970.

A cambio recibimos un balón de baloncesto para jugar en los recreos. Así, con una pelota de “Marianico el alpargatero” consiguió un buen lote de alimentos para sus niños.

En San José Obrero pasó siete años como formador. Hasta que “don Pablo” lo mandó de párroco a Torremendo y Rebate, entre los años 1975 y 1977.  Tras otros cinco años en San Antón y Escorratel, en 1982 estaba dispuesto a regresar a San José Obrero.

José Luis 1980.

Pero el obispo cambió de opinión y lo mandó a la Parroquia de Ntra. Sra. del Mar en Benidorm. No tuvo tiempo de acomodarse. Pronto recibió una llamada de Victoriano Garrigós avisándole de que volvía con sus niños.

Un año después fue nombrado Director de la Obra Social San José Obrero, cargo que ostentó durante ocho años, coincidiendo con la total transformación de la obra diocesana al asumir la responsabilidad la flamante administración de la Comunidad Valenciana, con quienes supo entenderse perfectamente. Tanto que el obispo llegó a pensar que estaba olvidando su oficio: curar almas.

Y así, la década de los noventa la inició como cura párroco de Benferri y La Matanza. Un año después pasó a la Parroquia de San Martín de Callosa de Segura, donde permaneció seis años dejando muy buenos amigos.

En 1997 volvió a Orihuela, destinado a Santiago. Un año después pasó a la vecina parroquia de las Santas Justa y Rufina, donde cumplió los cincuenta años de sacerdocio en 2018.

José Luis es licenciado en Teología y en Lengua Valenciana. Diplomado en Medios de Comunicación. Ha sido Vicario Episcopal, Arcipreste de la Ciudad de Orihuela, Consiliario de la Hospitalidad de Ntra. Sra. de Lourdes, Presidente de la Comisión de Sostenimiento de la Iglesia, Consiliario de la Asociación de Moros y cristianos S. Justa y Rufina, Canónigo de la Iglesia Catedral, Síndico portador del Oriol, Glosador de la Semana Santa y las Fiestas de la Reconquista…

En diciembre de 2014, impulsado por más de cuarenta colectivos locales, el Pleno del Ayuntamiento lo nombró hijo adoptivo de Orihuela por unanimidad; oficializando lo que sentían la mayoría de los oriolanos.

Para mí, Satorre es sobre todo un hombre bueno. Un tipo cercano, cariñoso, divertido y sincero. Un referente humano con el que converso a menudo en el Bar Casablanca – capilla laica de Santa Justa-.

José Luis Satorre y un servidor.

Y lo hacemos de ateo a cura; con confianza, humor y franqueza; de lo divino y de lo humano; con la fachada inacabada de su parroquia como lujoso escenario.

Antonio José (obrero) Mazón Albarracín.

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A continuación, entrevista completa realizada en enero de 2019 en el salón parroquial de Santa Justa.

José María Muñoz y Bajo de Mengibar.

Litografía 1881. Colección Javier Sánchez Portas.

José María Muñoz y Bajo de Mengibar: esplendor y ocaso del “héroe de la caridad”.

El 15 de octubre de 1879,  una terrible inundación pasó a la historia de nuestras desgracias con el nombre de “Santa Teresa”.

Después de ciento treinta y nueve años, aquella riada sigue siendo la más famosa, la primera de la que tenemos imágenes.

El Guadalentín en Lorca, 1879.  «La Ilustración española y americana», núm. 40.

La tragedia se fraguó la víspera, en Almería; una fuerte tromba de agua desbordó el río Guadalentín.

Cuando el afluente volcó su caudal en un Segura ya muy crecido,  formaron un mortífero frente de agua y lodo que se fue abriendo paso buscando el mar;  una ola destructiva que arrasó la vega,  de Murcia a Guardamar.

Riada de Santa Teresa en Murcia. 1879.  «La Ilustración española y americana», núm. 40.

A la capital llegó sobre las dos de la madrugada superando ampliamente la protección del Malecón.

Inundada la fábrica del gas, Murcia quedó completamente a oscuras. El agua corrió libremente por sus calles desatando un infierno iluminado tan sólo por antorchas.

Las campanas de la Catedral tocaron a rebato seguidas por las de todas las parroquias y conventos,  mientras el hospital y la cárcel quedaban sepultados por el agua.

Pinchad la siguiente imagen para acceder a un curioso vídeo de Esteban Linares.

1879. Murcia, riada de Santa Teresa. «La Ilustración española y americana», núm. 40.

En la huerta, las alarmas se transmitieron a través de cuernos y caracolas. Anegadas las acequias y desbordado el Reguerón, el agua derribó las barracas borrando huertos y caminos. En pocas horas, la Vega del Segura quedó sepultada por el lodo.

Las cifras totales de la catástrofe fueron impresionantes: centenares de muertos y miles de familias que lo perdieron todo.

Casas destruidas en el camino de Beniaján. Archivo General de la Región de Murcia.
Riada de Santa Teresa en Murcia.

En Orihuela y su huerta los daños materiales fueron también incalculables. La tremenda riada alcanzó alturas históricas, marcando el agua casi cuatro metros en la Corredera.

Orihuela. Ceremonia del ramo de la virgen en el Puente Viejo.
Distribución de comida en la Corredera. La Ilustración Italiana. Noviembre de 1879.
1879. Orihuela, riada de Santa Teresa. «La Ilustración española y americana», núm. 40.
1879. Orihuela, riada de Santa Teresa. «La Ilustración española y americana», núm. 40.

Pero las trágicas noticias de lo ocurrido en el día anterior evitaron las desgracias personales. Cuando la crecida llegó a Orihuela, su población se había puesto a salvo buscando las zonas altas.

«Las inundaciones en España. Los habitantes de la llanura huyendo hacia Orihuela buscando refugio». En prensa británica.
España. El curso del Segura a través de Orihuela en tiempo ordinario. Prensa francesa.

La tragedia fue descrita al detalle por un gran número de diarios a nivel nacional, destacando especialmente la campaña emprendida por “el Diario de Murcia”.

Este periódico abrió una suscripción popular en auxilio de los damnificados, una iniciativa que pronto alcanzó difusión internacional. Las terribles imágenes conmovieron al mundo.

El Diario de Murcia, 15 octubre de 1879.

Un periodista francés propuso editar una publicación monográfica cuyos fondos se destinaron íntegramente a las víctimas. Aquella revista, en la que participaron ilustres personalidades de la época, se tituló “Paris-Murcie”.

Portada de la revista Paris-Murcie. 14 de diciembre de 1879.

Gracias a una carta abierta, el citado diario murciano consiguió también que Alfonso XII se desplazase a las zonas afectadas.

En Orihuela recorrió sus enlodadas calles y rezó ante la imagen de la Patrona, a la que prometió una corona de oro. En aquella visita se retituló la Plaza del Salvador con su nombre: Plaza de Alfonso XII.

Grabado que ilustra la visita de Alfonso XII. Alcantarilla.

José María Muñoz, el “héroe de la caridad”.

 

Colección Javier Sánchez Portas.

José María Muñoz y Bajo de Mengibar nació en abril de 1814,  en Cabezuela, un pueblo del Valle del Jerte en la provincia de Cáceres.

Era hijo de Alonso Muñoz, destacado guerrillero en la lucha contra Napoleón que durante la primera Guerra Carlista abrazó la causa del pretendiente.  Murió fusilado por el ejército isabelino en 1834, en Plasencia.

Partida de nacimiento de José María Muñoz.

Nuestro protagonista había ingresado en el Seminario con el propósito de ordenarse sacerdote; pero la trágica muerte de su padre cambió sus planes.  Abandonó los estudios, tomó las armas y acabó incorporándose a las filas carlistas.

Aquella guerra terminó cinco años después con el famoso «abrazo de Vergara».  Gracias al pacto, los empleos y grados del ejército carlista quedaron reconocidos, pudiendo servir a Isabel II acatando la Constitución. Pero el joven Muñoz abandonó la milicia.

Colección Javier Sánchez Portas.

En 1840 era secretario del Gobierno Civil de Gerona, localidad donde contrajo matrimonio con la gerundense Carlota Ortiz, quien le dio dos hijos.

José María pronto empezó a destacar en los negocios tocando muchos palos: comerciante de harinas, tabacos y ganado; empresario en fundiciones y minas.  En pocos años acumuló una considerable fortuna que le permitió saltar a la capital, donde se dedicó a la construcción y a la bolsa.

El éxito financiero le abrió las puertas de la Administración, alcanzando el puesto de Contador del Tribunal de Cuentas del Reino.

Por esas fechas se instaló en el centro de Madrid, en la calle de Tetuán, viviendo como un acaudalado hombre de negocios en la corte de Isabel II. Hasta que el cambio de Gobierno provocado por «la Gloriosa» le apartó de cargo en 1869.

Tras un largo viaje por América llegó a Alicante, donde decidió pasar el resto de su vida dedicado a la filantropía.

Dijeron de él las malas lenguas que con las obras de caridad trataba de expiar algunos pecados.  Pero lo cierto es que decidió emplear parte de su fortuna en proyectos altruistas en Cabezuela,  su localidad natal;  y en Alicante, la adoptiva.

Y en esas, la riada se Santa Teresa le procuró su gran oportunidad de pasar a la historia.

Mientras el Gobierno, desbordado por la magnitud de la tragedia, preparaba el plan de emergencias, Muñoz se puso manos a la obra. Dicen que seguía un lema: “primero ayudar, luego rezar”.

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Muñoz repartió entre los damnificados dos millones de reales; cien mil duros, como reza al pie de sus estatuas; una auténtica fortuna de la época que quiso entregar personalmente en las poblaciones afectadas.

El generoso donativo llamó la atención de la prensa y el retrato del filántropo extremeño se popularizó a nivel internacional.

El Diario de Murcia publicó una carta en su portada calificándolo como “uno de esos gigantes, faros luminosos, estrellas esplendorosas que guían y alumbran a la Humanidad».

Las Junta de Socorro, tras consultar a pedáneos, párrocos y vecinos, confeccionaron listados de beneficiarios, y en cada Ayuntamiento se escenificaron pomposas ceremonias de reparto.

1879. «La Ilustración española y americana», núm. 40.

Acompañados por bandas de música, a los actos acudieron obispos, gobernadores, diputados, concejales y, por supuesto nuestro filántropo, quien recibía personalmente el calor y agradecimiento de las multitudes congregadas.

Cuentan que recorrió las zonas devastadas en tren, en carro; y si no era posible a lomos de caballos o mulas. Así, repartido en lotes, aquellos desgraciados, uno a uno, recibieron el dinero de manos del propio Muñoz.

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Pronto empezaron los reconocimientos oficiales: Cabezuela del Valle, su localidad natal, le nombró Hijo Predilecto y mandó fundir un busto en su honor.

José María Muñoz en Cabezuela. Autor A. Yerro. Fundidor Vicente Ríos.

Las ciudades de Alicante, Murcia, Orihuela y Cuevas de Almanzora le nombraron hijo adoptivo; dedicándole calles y otros homenajes.

Benemérito de la provincia de Alicante, el Gobierno le concedió la Gran Cruz de Beneficencia, ignorando una propuesta para nombrarlo Marqués de la Caridad.

En Orihuela, donde había socorrido a un centenar de familias, el «Héroe de la Caridad» recibió una corona de plata bendecida por el Obispo Pedro María Cubero con la inscripción:

“Al insigne Sr. Muñoz por su generoso desprendimiento en 27 de Octubre. Orihuela agradecida”.

Y la calle de la Mancebería pasó a llamarse calle de Muñoz.

Colección Javier Sánchez Portas.
Colección Javier Sánchez Portas.

 

Las cuatro estatuas de Muñoz.

 

Muñoz en la Plaza Camachos de Murcia, donde permaneció más de treinta años.

Como ya he dicho, la prensa difundió su gesto altruista; y en la cima de su popularidad, iniciaron una suscripción popular para levantarle un monumento.

Lo recaudado dio para cuatro estatuas de bronce de tamaño natural, que se fundieron en los talleres de Federico Roviralta, en Santander.

Membrete de la fundición.

Según reza al pie de las esculturas, siguieron el modelo diseñado por un tal Federico de la Vega, escultor del que no he podido encontrar información.

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La primera se inauguró en Orihuela; en mayo de 1886 una comisión ciudadana se dirigió al Ministerio de la Gobernación solicitando una de las cuatro estatuas destinadas a perpetuar la memoria de José María Muñoz.

La prensa local recibió la noticia con alborozo:

“Ser ingrato es un crimen. La gratitud, es una ley; y nosotros haciéndonos intérpretes del sentimiento público, enviamos al ilustre patricio, el testimonio de nuestra gratitud, en nombre de los pobres que socorrió en aquella terrible y aterradora fecha”.

La Corporación Municipal quedó autorizada para colocar al célebre filántropo en la Plaza de la Constitución.

Las obras de cantería para el pedestal salieron a pública subasta; y en 1887, su estatua estaba instalada en la plaza más céntrica de Orihuela, frente a al ayuntamiento.

Montaje de confección propia. La estatua de Muñoz sobre una fotografía de la Plaza Nueva. Colección Javier Sánchez Portas.

La de Cuevas de Almanzora se inauguró solemnemente el 12 de noviembre de 1888. Al igual que en Orihuela, el sitio elegido fue la Plaza de la Constitución, frente al ayuntamiento.

La de Murcia un mes después, el 13 de diciembre del mismo año. El arquitecto municipal, José Marín Baldó, diseñó un espectacular pedestal que triplicaba el tamaño de la estatua, colocándola en la Plaza de Camachos.

Muñoz en la Plaza Camachos de Murcia.

En Alicante, por expreso deseo de Muñoz, tuvieron que esperar a su muerte.

El «héroe de la caridad» dejó este mundo el 8 de junio de 1890, a consecuencia de una hepatitis.  Doce días después colocaron la última estatua sobre un pedestal de cuatro metros de altura, en la plaza o paseíto de Ramiro;  un romántico y recoleto jardín urbanizado cinco años antes.

Estatua de Muñoz en Alicante. Plaza Ramiro.
Alicante. Plaza Ramiro.

 

La trayectoria posterior de las cuatro gemelas fue diferente. Curiosamente, la última colocada, la de Alicante, fue la que menos duró en su emplazamiento; tan sólo ocho años.

En 1898 fue retirada por orden del alcalde, a quien no gustó el resultado artístico.  A decir verdad, pocos fueron los halagos y muchas las críticas por el aspecto de las esculturas.

Foto Ajomalba.

El regidor alicantino pretendía fundirla y levantar un nuevo monumento digno de semejante varón y de la ciudad de Alicante.  Pero al final, acabó en un depósito municipal rodeada de trastos.

En los ochenta del siglo pasado, un periodista la encontró arrumbada en la Antigua Cochera de Tranvías. Y aunque parezca increíble, acabó vendida al peso. Unos chatarreros de San Vicente pagaron por ella 30.000 pesetas.

Cuando la noticia llegó a la prensa intentaron recuperarla; el Ayuntamiento de Cabezuela del Valle, donde Muñoz es venerado, estaba también interesado.

Pero no lograron rebajar el precio: sus nuevos propietarios exigían por ella un millón de las antiguas pesetas.

Blog Escultura Pública. www.esculturapublica.es

En Orihuela, antes de terminar la centuria, el emplazamiento del “campeón de la caridad” estaba muy deteriorado; con el jardín arruinado y la verja sin barrotes.  En el número 5 del diario “La Independencia”, fechado en julio de 1895 se decía:

“La estatua de D. José María Muñoz se encuentra en lamentabilísimo estado.  ¡Que abandono! Ya no queda ni señal de que allí ha existido un jardincito muy bien arreglado.

De la verja que rodea al Sr. Muñoz han desaparecido la mayor parte de los barrotes. Aquello se ha quedado exclusivamente para que los chiquillos se entreguen a sus entretenimientos inocentes”.

Colección Javier Sánchez Portas.

En el otoño de 1900 el Ayuntamiento cambió al señor Muñoz por una fuente pública. Y al héroe de la caridad lo destinaron en principio a la plaza de la Pía; pero allí pensaron que sería un estorbo los martes, cuando instalasen el mercado de aves.

Plaza de la Pía con la Inmaculada en el sitio que le negaron a Muñoz.

Y así fue como nuestro filántropo acabó desterrado en Monserrate, donde todavía permanece.

La calle se la quitaron en 1940 para homenajear a Luis de Rojas, «Caído por Dios y por España»; y últimamente ha recuperado el título de Mancebería.

Foto Ajomalba.
Plaza de Monserrate. Ministerio de Cultura.

La de Murcia aguantó poco más de treinta años; hasta que la reforma de la plaza obligó a retirarla.  Durante diez permaneció tumbada en el patio del Ayuntamiento.

En el verano de 1931 propusieron que ocupase el pedestal de un San Francisco destrozado meses antes, en la proclamación de la II República. Finalmente la reubicaron en el Paseo del Malecón, sobre un modesto pedestal.

Muñoz en el Malecón de Murcia, con otro pedestal.

Solamente la de Cuevas de Almanzora permanece en su ubicación original; y guarda una curiosa historia narrada por el famoso periodista Carlos Herrera, natural de dicha localidad.

A principios del siglo XX aplicaron al señor Muñoz un barniz oscuro para proteger el bronce de las inclemencias. Esta circunstancia provocó que el pueblo comenzase a llamarlo “el Santo Negro”.

Y con ese nombre quedó para siempre; a pesar de que fue  «aclarado» y puesto a punto muchos años después.

Muñoz en Cuevas de Almanzora (Almería). José Antonio Ruiz Peñalver.

En 2014 el Ayuntamiento de Cabezuela del Valle celebró el bicentenario del nacimiento de su ilustre hijo y presentó una completa biografía.

Murcia aprovechó la efeméride para adecentar la escultura del Malecón; limpiando el pedestal de pintadas.

«José María Muñoz, el heróe de la caridad». Bicentenario de su nacimiento: Cabezuela, 1814-2014.- Autor: Fernando Flores del Manzano Publicado por el Ayuntamiento de Cabezuela del Valle.- 2014.-

En Orihuela nadie se acordó de Muñoz ni de su aniversario. Así pues, no es de extrañar que muchos vecinos no sepan quien fue ese señor con levita que en Monserrate habita…

El olvidado «Héroe de la Caridad».

Foto Ajomalba.
Foto Ajomalba.
Foto Ajomalba.

Antonio José Mazón Albarracín.

Biografías: Pablo Barrachina Estevan.

Pablo Barrachina, obispo de Orihuela-Alicante, hijo predilecto de Jérica.

Pablo Barrachina Estevan.

Nacido en Jérica (Castellón) el 31 de octubre de 1912. Hijo del abogado Manuel Barrachina Foj y de Eladia Estevan Capilla. La muerte de su madre, cuando no había cumplido los cuatro años, le marcó de por vida.

Inició sus estudios sacerdotales en el Seminario Diocesano de Segorbe y los terminó en la Universidad Gregoriana de Roma, doctorado en Derecho Canónico.

Ordenado presbítero en Roma el 13 de julio de 1941, en Segorbe ostentó los cargos de Rector y Director del Seminario. Desde 1945 fue canónigo doctoral de su Catedral.

Promovido por Pío XII para el Obispado de Orihuela el 31 de marzo de 1954, fue consagrado en la iglesia de su Jérica natal el 29 de junio, en una ceremonia presidida por el nuncio apostólico.

ABC. 30 de junio de 1954.
ABC. 22 de agosto de 1954.

El 29 de agosto, Monseñor Joaquín Espinosa Cayuelas tomó posesión oficial en su nombre. Salió al balcón del palacio episcopal de Orihuela y siguiendo la tradición, arrojó al público puñados de monedas en calderilla.

Como ya hice en la biografía de su antecesor, para contar la ceremonia de entrada, resumo la crónica del Boletín Oficial del Obispado incluida en la tesis doctoral de Mª del Carmen Portugal Bueno “Las celebraciones oficiales tradicionales cívico-religiosas de los municipios de España en el siglo XXI. La entrada episcopal en la Diócesis de Orihuela-Alicante”.

ABC. 9 de septiembre de 1954.

La fecha escogida fue el domingo día 5 de septiembre, precedente a la festividad de la Patrona. El prelado fue recibido en Cox por su apoderado, Monseñor Espinosa. Le acompañaban una representación del Cabildo, el párroco, el alcalde con el Ayuntamiento en pleno, autoridades provinciales y todo el pueblo de Cox.

Rezó unos minutos en la iglesia parroquial, bendijo a los asistentes y se dirigió al ayuntamiento, donde celebraron una concurrida recepción. Terminada esta, el prelado y sus acompañantes fueron agasajados por la Corporación Municipal.

Sobre las seis y media llegó a la ermita de San Antón. Allí le esperaban numerosos sacerdotes y comisiones de diversos pueblos de la diócesis, representaciones de los cabildos de Orihuela y Alicante, la Corporación oriolana bajo mazas y la guardia municipal a caballo.

Saludado por todos al bajar del coche, dedicó unos minutos a rezar ante la imagen de San Antonio Abad y el síndico del Cabildo le brindó el discurso de bienvenida.

Barrio de San Antón. 5 Septiembre 1954. Entrada de Pablo Barrachina.

Tras un breve descanso, alrededor de las siete de la tarde, subió a la mula blanca y emprendió el camino hacia la catedral.

Encabezaba la comitiva la Corporación Municipal bajo mazas. La cerraba una sección de la guardia municipal, todos a caballo.

La aglomeración de gente en la puerta de Olma impidió acercar la mulilla hasta la puerta, cuyo picaporte golpeó el pertiguero, que actuaba de palafrenero con sus atuendos propios.

Barrio de San Antón. 5 Septiembre 1954. Entrada de Pablo Barrachina. Archivo Antonio García-Molina Martínez.

Inmediatamente se abrieron los portalones. Al otro lado aguardaba el resto de la Corporación Municipal, presidida por el alcalde José Balaguer Balaguer.

Uniéndose a la comitiva y con gran dificultad, se abrieron paso por la calle de Adolfo Clavarana, la popular «Calle del Colegio».

Calle del Colegio. 5 Septiembre 1954. Colección Javier Sánchez Portas.
El Paseo. 5 Septiembre 1954. Entrada de Pablo Barrachina. Colección Javier Sánchez Portas.

En el altar instalado entre las calles de Clavarana y Capdepón esperaban al prelado el cabildo catedral, el clero parroquial, los seminaristas del  San Miguel, las órdenes religiosas y diversas representaciones.

El Paseo. 5 Septiembre 1954. Entrada de Pablo Barrachina. Colección Javier Sánchez Portas.
El Paseo. 5 Septiembre 1954. Entrada de Pablo Barrachina. Colección Javier Sánchez Portas.

Revestido con los ornamentos pontificales comenzó la procesión, cerrada por la banda de música «Unión Lírica Orcelitana». Y así entró en la catedral del Salvador, por la puerta de Las Cadenas. Oración en la Capilla del Santísimo, asiento en el trono episcopal -ubicado en el altar mayor- y bendición a los presentes.

El Paseo. 5 Septiembre 1954. Entrada de Pablo Barrachina. Colección Javier Sánchez Portas.
El Paseo. 5 Septiembre 1954. Entrada de Pablo Barrachina. Colección Javier Sánchez Portas.

Finalizado el acto con el beso del anillo episcopal por parte de los fieles, el obispo más joven de España cruzó al palacio Episcopal. Nadie podía imaginar que pronto escogería otra residencia más «centralizada».

El nuevo prelado desplazó la administración de la diócesis hacia Alicante. Bajo su mitra, el Vaticano ascendió a concatedral la colegiata de San Nicolás.

A comienzos de 1968, la Curia Diocesana quedó instalada en los bajos de la residencia episcopal alicantina. Don Pablo -como era conocido en la capital- pasó a ser el primer obispo de la diócesis de Orihuela-Alicante. 

Elche, 1954. Primera visita pastoral de Pablo Barrachina. Cátedra Pedro Ibarra. UMH.
Pablo Barrachina rodeado de Scouts.
El obispo Pablo Barrachina y el arcipreste de Santa María Antonio Hurtado. Cátedra Pedro Ibarra. UMH.

Ni que decir tiene que en Orihuela dicho traslado sentó como un tiro. En la ciudad del Segura se organizó una campaña contra de la decisión del obispo. Las protestas se sucedían en prensa.

Joaquín Ezcurra se convirtió en portavoz de una ciudad orgullosa que se negaba a perder su capitalidad histórica, peleada con los murcianos y mantenida durante 400 años. 

Las protestas culminaron en una edición extraordinaria de la revista “Oleza”; publicación que, por primera y única vez en su historia, acabó secuestrada. 

El reconocimiento y celebridad que el obispo se había ganado en la capital, en Orihuela se volvió rechazo. Pero un obispo, era un obispo.

Oleza, abril de 1968. Colección Antonio Luis Galiano Pérez.

Entre los años 1962 y 1965 viajó varias veces a Roma para participar en el Concilio Vaticano II. En 1967 convocó el primer Sínodo Diocesano en España. Realizó hasta seis visitas pastorales a su diócesis. 

Elda, visita pastoral del Obispo Pablo Barrachina.
San Felipe Neri. 1968.
Pablo Barrachina en Orihuela. Archivo Javier Pablo Zerón Climent.

Temporalmente fue también administrador apostólico de la de Cartagena. Lo más extraño es que, alcanzando la mitra a los 41 años, no subió más en el escalafón eclesiástico: treinta y cinco años de obispo. 

Pablo Barrachina como administrador apostólico de la diócesis de Cartagena-Murcia, acompañado por el presidente de la Diputación de Murcia.

Austero en el comer y el vestir, dicen de él que tenía un carácter fuerte y autoritario. Esa fortaleza le permitió superar la lenta recuperación de un accidente de automóvil sufrido en Albacete, en la primavera de 1958. Aquel suceso le dejó una disimulada cojera que arrastro toda su vida.

ABC. Domingo 13 de abril de 1958.

En su largo episcopado convivió con cuatro Papas completamente distintos: Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II.   Pero en mi memoria quedó grabado para siempre el soniquete:  » Y con el papa Pablo y nuestro obispo Pablo…».

En la IX edición de la Feria Exposición Oficial de Fibras Agro Textiles del Sudeste Español.Octubre de 1968. Archivo Mariano Pedrera.

 

Pablo Barrachina. Procesión de Domingo de Ramos. Archivo Mariano Pedrera.

 

Pablo Barrachina. Procesión de Domingo de Ramos. Archivo Mariano Pedrera.

En 1989 solicitó a Juan Pablo II la renuncia al obispado por motivos de salud y edad avanzada. Esta le fue concedida y decidió quedarse en Alicante, donde gozó de una larga jubilación atendido por sus diocesanos en un piso en la calle Virgen del Socorro con vistas al Postiguet. Allí falleció el 13 de octubre de 2008. El obispo emérito tenía 96 años.

Su cadáver quedó expuesto en la concatedral de San Nicolás, en Alicante. De allí pasó a Orihuela, donde el jueves 16 de octubre, en la catedral del Salvador, se celebró la misa de «corpore in sepulto» presidida por el arzobispo de Valencia.

ABC. Martes 10 de octubre de 2008.

La sepultura estaba prevista allí mismo, en la catedral oriolana, concretamente en la capilla del Cristo del Perdón. Pero saltó la sorpresa: por deseo del fallecido debían sepultarlo en la concatedral de San Nicolás.

Enterados de la noticia en Alicante, una cuadrilla de obreros trabajó a destajo dia y noche para preparar un sepulcro digno, cumpliendo la voluntad expresada en su testamento. 

En la nave central, frente a las gradas del altar mayor, levantaron tres losas del mármol y traspasaron la capa de hormigón. De la losa funeraria se encargó una empresa de San Vicente, dejando la inscripción para después de la ceremonia.

Y así Alicante se quedó orgullosa con los restos de quien les había transferido todo el protagonismo dentro de la diócesis. Era el primer obispo enterrado en la concatedral de San Nicolás.

Antonio José Mazón Albarracín.

 

 

 

Biografías: José García Goldáraz.

José García Goldaraz. 1945. Antonio Ballester Vidal.

José García Goldáraz.

Nacido en Hernani (Gipuzkoa) el 24 de octubre de 1893.

Estudió en la Pontificia Universidad de Comillas obteniendo doctorados de Teología, Derecho y Filosofía.

Como nota curiosa, en su juventud cultivó la poesía en euskera, colaborando en la revista Euskal-Esnalea.

Secretario particular del obispo de Ciudad Real – su paisano y mentor Francisco Javier Irastorza- cuando la nunciatura lo trasladó a Orihuela en 1922 marchó con él. Tres años después era canónigo de la Catedral oriolana.

En 1928 el nuncio en Madrid le llamó para el Tribunal de la Rota. Cuatro años después era arcipreste de la catedral de Madrid, actuando además como asesor jurídico de la Nunciatura.

Francisco Javier de Irastorza Loinaz . Colección Javier Sánchez Portas.

Terminada la Guerra Civil y gracias al convenio firmado con la Santa Sede, el régimen franquista asumió el privilegio de presentar a los obispos.  Fallecido el prelado Irastorza en diciembre de 1943, llamaron a Goldáraz para suceder a su mentor.

Mientras, el administrador apostólico Luis Almarcha actuó como obispo en funciones durante poco más de un año.  Y así, en el verano de 1944 otro prelado vasco alcanzaba el Obispado de Orihuela.

ABC 28 de noviembre de 1944

Consagrado en la Catedral de Madrid el domingo 26 de noviembre, disponemos de las noticias de los días 25 y 28:

ABC 25 de noviembre de 1944: Consagración del Obispo de Orihuela.

A las diez horas de la mañana del domingo se celebrará en la Santa Iglesia Catedral el solemne acto de la consagración del nuevo obispo de Orihuela, Dr. D. José García Goldaraz.

ABC 28 de noviembre de 1944: Consagración del nuevo Obispo de Orihuela.

Fue apadrinado por él ministro del Aire y su esposa. La solemne ceremonia de la consagración del nuevo obispo de Orihuela, Dr. D. José García de Goldáraz, se ha celebrado, a las diez de la mañana del domingo, en la Santa Iglesia Catedral de Madrid.

Ofició el nuncio de Su Santidad, monseñor Cayetano Cicognani, asistido de los obispos de Madrid-Alcalá, Dr. D. Leopoldo Eijo Garai y de León, Dr. D. Luis de Almarcha.

Asistieron a la ceremonia los obispos de Sigüenza, doctor Muñoyerro; de Vitoria, padre Carmelo Ballester, y auxiliar de Madrid-Alcalá, doctor D. Casimiro Morcillo.

El nuncio apostólico entró bajo palio y fue recibido por todos los prelados que asistieron a la ceremonia. En lugar preferente, frente al altar se situaron los padrinos del consagrado, ministro del Aire, teniente general D. Juan Vigón y su señora, doña Esther Sánchez Partierra de Vigón.

Después de la adoración del Santísimo Sacramento, comienza la ceremonia. El nuncio apostólico ocupa un lugar al lado del Evangelio y el obispo electo, otro al lado de la Epístola, donde se halla instalado un altar profusamente adornado, de flores blancas, en el que celebra la primera parte de la misa.

A la ceremonia han asistido, además del ministro y la señora de Vigón, el gobernador civil y jefe provincial de Alicante comandante D. José María Paternina; el presidente de la Diputación de Alicante, don José A. Verdejos, y una representación de la Corporación; el abad de la colegiata. de Alicante, una representación del Ayuntamiento madrileño, integrada por los tenientes de alcalde conde de Casal y Sr. Alonso de Celis; los alcaldes de Orihuela, San Sebastián y Alicante con nutrida representación de las Corporaciones municipales respectivas; el juez de Primera Instancia de Orihuela, una representación del Cabildo de la Catedral de Orihuela; los seminaristas de Orihuela; una representación de la Cámara de Comercio de Orihuela; la marquesa de Lendinez, el marqués de la Vega de Anzó; una representación de la Acción Católica de Elche, y otra de la Junta Nacional del Misterio, numerosas representaciones de Valencia, Alicante, Murcia y, en general, de la región levantina.

De la diócesis del nuevo prelado solamente, han llegado más de 300 fieles en un tren especial, representaciones de Acción Católica de Madrid y de otras Corporaciones. El acto se celebró con el ceremonial acostumbrado y, al final, el nuevo prelado dio la bendición a los fieles. Poco después, el obispo de Orihuela ofreció, una recepción en su residencia a sus padrinos, autoridades y jerarquías que asistieron a la ceremonia.

Actuará de consagrante el nuncio de Su Santidad asistido por los obispos de Madrid-Alcalá y de León. Serán sus padrinos el teniente general D. Juan Vigón ministro del Aire, y la señora doña María Esther Sánchez Pertierra De Vigon.

Goldáraz tomó posesión de la mitra el 4 de febrero de 1945. En carta  enviada al Cabildo notificó “su entrada oficial en la Diócesis (D.m.) el Domingo de la Quinquagésima, día 11 de Febrero próximo”.

Para describir la tradicional ceremonia oriolana disponemos de la crónica del Boletín Oficial del Obispado, incluída en la tesis doctoral de Mª del Carmen Portugal Bueno, «Las celebraciones oficiales tradicionales cívico-religiosas de los municipios de España en el siglo XXI. La entrada episcopal en la Diócesis de Orihuela-Alicante.»

Según dicha crónica, el obispo llegó a Cox a las doce de la mañana y fue recibido por el párroco Juan Manuel Carbajo y el alcalde Clemente Sáez.

Les acompañaba el Ayuntamiento en pleno, las autoridades locales y el pueblo en masa, llevando por delante a unos niños que portaban ramos de flores.  Goldáraz entró a la iglesia parroquial, rezó unos momentos y bendijó al pueblo congregado.

De allí pasó al Ayuntamiento, donde le esperaba una larga recepción de autoridades, organismos diocesanos y provinciales. Tras dicha recepción visitaron el convento del Carmen y volvieron al ayuntamiento para ser agasajado por la Corporación Municipal.

Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945.Llegada a San Antón. Detrás el gobernador Paternina. Antonio Ballester Vidal.

Llegó a San Antón a las cinco de la tarde. Allí le esperaban la banda de música Orcelitana, autoridades locales y otras personalidades de la ciudad para darle la bienvenida.

Una vez dentro de la ermita lo recibió una comisión del Cabildo. En su nombre, el síndico Arturo Esquiva, saludó al prelado con un breve discurso de bienvenida que fue contestado con palabras impregnadas de cariño. Seguidamente se retiró a descansar.

Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945. En San Antón. Antonio Ballester Vidal.

Después comenzó la visita de las autoridades oriolanas. En nombre de la Corporación Municipal, el síndico Manuel Cañizares ofreció un cordial discurso de bienvenida.

Seguidamente fue saludado por la Corporación en pleno,  con su alcalde y jefe local del Movimiento, Rafael García Pertusa, a la cabeza. Tras ellos llegó el turno al resto de las autoridades civiles y militares.

A continuación prepararon la comitiva que, saliendo de la ermita de San Antón, llegaría hasta la catedral.

Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945. En San Antón. Antonio Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945. En San Antón. Antonio Ballester Vidal.

Abrían la marcha los maceros municipales. Tras ellos el Prelado montado en su mula. El alcalde Rafael García a la derecha; el primer teniente de alcalde, Baldomero Giménez, a la izquierda; ambos montando briosos y espléndidos caballos.

Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945. En San Antón. Antonio Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945. En San Antón. Antonio Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945. En San Antón. Antonio Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945. En San Antón. Antonio Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945. En San Antón. Antonio Ballester Vidal.

Al llegar a la puerta de Olma la encontró cerrada.  Tenía la llave para que “desde su mulilla torda, que recordaba la que montó el Señor en su triunfal entrada en Jerusalén, la abriera para entrar en su Ciudad, la Sede de su Diócesis, como Señor espiritual de ella».

Entrada José García Goldaraz.11 de febrero de 1945. En La Puerta de Callosa. A. Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz.11 de febrero de 1945. En La Puerta de Callosa. A.Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz.11 de febrero de 1945. En La Puerta de Callosa. A. Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz.11 de febrero de 1945. En La Puerta de Callosa. A.Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz.11 de febrero de 1945. En La Puerta de Callosa. A.Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz.11 de febrero de 1945. En La Puerta de Callosa. A.Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz.11 de febrero de 1945. En La Puerta de Callosa. A.Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945. Puerta de Santo Domingo. Antonio Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945. Calle del Colegio. Antonio Ballester Vidal.

Tras cruzar el umbral de la puerta de Callosa, la comitiva siguió su camino para llegar a un altar instalado entre las populares calles de la Carretería y el Paseo. Allí rezó ante la imagen de la Patrona, la Virgen de Monserrate, alzada graciosamente en un altar. Posteriormente el obispo se revistió con los ornamentos pontificales y comenzó la procesión con dirección a la catedral.

Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945.En el Paseo. Antonio Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945.En el Paseo. Antonio Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945.En el Paseo. Antonio Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945.En el Paseo. Antonio Ballester Vidal.
Entrada José García Goldaraz. 11 de febrero de 1945.En el Paseo. Antonio Ballester Vidal.

Estaba formada por miembros de Acción Católica, enarbolando sus estandartes; por los seminaristas con sus blancos roquetes; por las comunidades religiosas de franciscanos, capuchinos y Jesuitas, todos en largas filas; por las parroquias de la ciudad con sus cruces alzadas; y por los dos cabildos eclesiásticos: el de la colegiata de Alicante y el de la catedral de Orihuela.

El prelado caminaba despacio, provisto de mitra y báculo. Iba bajo palio cuyas varas portaban los médicos y abogados de la ciudad seguidos por un cortejo de autoridades regionales, provinciales y locales. Cerrando la procesión marchaba la Banda de Música «Lírica Orcelitana».

Pasaron por Sagasta, Ballesteros, Alfonso XIII, Teniente Linares y Ramón y Cajal, hasta llegar a la Plaza del Salvador donde el obispo entró a la catedral por la puerta principal, la de Las Cadenas. Dentro recorrió procesionalmente las naves del templo y subió al presbítero, sentándose en la cátedra.

Tras el Te Deum y la oración correspondiente, el flamante obispo bendijo a los asistentes desde el altar mayor. Y finalmente, bajando del púlpito, dio a besar su anillo a todos, empezando por el clero y las autoridades.

El obispo García Goldaraz en el Pardo. 16 de Enero de 1945. Hemeroteca ABC.
El obispo junto al  gobernador civil y el alcalde de  Elche, 1945. Cátedra Pedro Ibarra. UMH.
Elche, IV Congreso Eucarístico Provincial.1948. Cátedra Pedro Ibarra. UMH.

Conocedor del funcionamiento de su diócesis -no olvidemos que ya había trabajado con su antecesor en la mitra-, continuó la labor de reconstrucción. Para animar la fe de su feligresía organizó ocho Congresos Eucarísticos Diocesanos.

Elche, IV Congreso Eucarístico Provincial.1948. Cátedra Pedro Ibarra. UMH.
El Obispo García Goldaraz con Arturo Esquiva y Eusebio Escolano. Antonio Ballester Vidal.
El Obispo García Goldáraz. 1951. Bendición de San Isidro. Antonio Ballester Vidal.
El Obispo García Goldáraz. 1951. Bendición de San Isidro. Antonio Ballester Vidal.

Entre los meses de noviembre de 1949 y agosto de 1950 actuó como administrador apostólico de la vecina diócesis de Cartagena-Murcia. En 1952 asistió junto a obispos del mundo entero al XXXV Congreso Eucarístico Internacional, celebrado en Barcelona.

Su carrera culminó en noviembre de 1953 cuando fue nombrado arzobispo de Valladolid.  La mitra oriolana pasó a Pablo Barrachina Estevan en 1954.  Un año después, Orihuela lo nombró «hijo adoptivo» y recibió en Alicante la medalla de oro provincial.

ABC 28 de agosto de 1953.

 

ABC 10 de julio de 1954.
Arzobispo García Goldaraz. Julio de 1954. Homenaje Ayuntamiento de Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.
Arzobispo García Goldaraz. Julio de 1954. Homenaje Ayuntamiento de Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.
Arzobispo García Goldaraz. Julio de 1954. Homenaje Ayuntamiento de Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.
Arzobispo García Goldaraz. Julio de 1954. Homenaje Ayuntamiento de Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.
Arzobispo García Goldaraz. Julio de 1954. Homenaje Ayuntamiento de Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.
Arzobispo García Goldaraz. Julio de 1954. Homenaje Ayuntamiento de Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.
Arzobispo García Goldaraz. Julio de 1954. Homenaje Ayuntamiento de Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.
Arzobispo García Goldaraz. Julio de 1954. Homenaje Ayuntamiento de Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas.
ABC 5 de julio de 1970.

En el verano de 1970 renunció al Arzobispado y estableció su domicilio en Valladolid, donde pasó el resto de su jubilación. Tres años después falleció en el hospital de la Cruz Roja de dicha localidad, concretamente el 10 de junio de 1973. La Corporación oriolana con su alcalde a la cabeza asistió al entierro en la catedral vallisoletana.

ABC 14 de julio de 1970.
ABC 11 de julio de 1973.
ABC 13 de julio de 1973.

José García Goldáraz  tiene calles dedicadas en Hernani, Valladolid, Alicante y Orihuela.

La de Orihuela está situada en el popular «Barrio de las Monserratinas» y se llama «calle Arzobispo».  En una de sus esquinas, achaflanada, luce un hermoso busto obra de José Sánchez Lozano. Es gemelo de otro ubicado en uno de los patios del Seminario.

Ajomalba.
Busto de García Goldáraz, obra de Sanchez Lozano en calle Arzobispo. Ajomalba.

Antonio José Mazón Albarracín.