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El terremoto de 1829 en el «Diario Balear».

Primer número del «Diario Balear» 1814.

El terremoto de 1829 en el «Diario Balear».

Como en esta especie de «oriolapedia» que estoy fabricando no podía faltar un artículo sobre el suceso más dramático acaecido en nuestra comarca durante la primera mitad del siglo XIX; aprovecho un afortunado tropiezo para componerlo a través de un diario palmesano que publicó algunos testimonios sobre el terremoto del 21 de marzo de 1829.

El «Diario Balear» se editó en Palma de Mallorca durante la primera mitad del siglo XIX; concretamente entre los años de 1914 y 1836 con varias interrupciones y cambios de nombre motivados por los acontecimientos políticos. Además de información local ofrecía noticias nacionales (como es el caso); y del extranjero.

En los inicios de la prensa periódica, este diario publicó una crónica del terremoto a través de cartas enviadas desde diferente poblaciones. El propio redactor reconocía que el suceso se iría «fijando con más precisión a medida que llegasen noticias».

Mientras tanto presentó «un fiel extracto de varias cartas llegadas de diversos puntos, en que se ha hecho sentir esta desgracia». Reconocía que recopilando y contrastando toda la información contenida en las cartas hubiera podido escribir una narración más ordenada y precisa; pero escogió «la fidelidad de la misma narración y el lenguaje de los corresponsales que la trascriben».

Yo he decidido hacer lo mismo. Lejos de escribir sobre un tema suficientemente estudiado, prefiero ofreceros las primeras impresiones que el escaso público nacional que sabía leer y tenía acceso a la prensa recibió tras aquel horrible suceso sin precedentes.

El día 7 de abril, cuando ya habían pasado dos semanas, el «Diario Balear» publicó la breve noticia de un terremoto sentido en Madrid.

Diario balear. 7 de abril 1829.

El 21 del corriente sobre las seis y 20 minutos de la tarde se sintió en Madrid y otros puntos inmediatos una ligera conmoción a manera de temblor, de tierra, que duró como unos tres segundos. Fue notado por considerable número de personas, y aun en algunas han resultado efectos físicos del movimiento experimentado.

Este acontecimiento ha sido objeto de todas las conversaciones; pero no es fácil aún fijarlo con exactitud, bien sea designándolo como un verdadero temblor de tierra, bien como ráfaga de algún terremoto ocurrido en otra parte, según acaeció cuando otro terremoto asoló a Orán, que se dejó sentir en puntos distantes, aun estando el mar de por medio.

A medida que lleguen noticias de fuera se irá fijando con más precisión el suceso que se refiere y que ha llamado la atención pública.

El 9 de abril ofreció los primeros datos concretos sobre el fenómeno natural que había conmocionado a toda España a través de tres informes.

Dos llegaron de Valencia: uno con información sobre Orihuela y su comarca; el otro redactado por el Ayuntamiento de Almoradí. El tercero, escrito desde Madrid, era más amplio y detallado; con información de la vecina provincia de Murcia.

Diario balear. 9 de abril de 1829.

Valencia, 31 de marzo:

Al anochecer del 21 del corriente comenzaron a sentirse diferentes temblores de tierra en la ciudad de Orihuela y pueblos inmediatos; al segundo sacudimiento fue tal la consternación de todos los habitantes, que cada cual trató solo de salir al campo para libertarse de verse sepultado en vida entre los escombros y ruinas de los edificios; y se cuentan de sus resultas diferentes desgracias.

En Orihuela cayó la Torre del convento de la Trinidad, cogiendo bajo de sus ruinas a un muchacho que se hallaba en ella para hacer el toque de las oraciones; también se arruinó una portada de una casa huerto de sus inmediaciones, que sepultó entre sus escombros a cinco personas; viniéronse abajo todas las casas del Campo Salinas, habiendo perecido casi todos los ganados de labranza.

En Benejúzar en el mismo día y al ponerse el sol, a la violencia de fuertes temblores de tierra se vino abajo toda la población, siendo sepultados entre sus ruinas más de 100 vecinos sobre un gran número de heridos, los más sin esperanza de vida.

De Almoradí se dice que pasarán de 200 los cadáveres; y en el 24, el R. Obispo de Orihuela, que se hallaba en aquel campo, remitió al Gobernador de aquella ciudad sobre 100 heridos, pidiéndole al mismo tiempo le dirigiese algunos víveres, medicamentos y facultativos para auxiliar a los infelices que habían sobrevivido a tan funesta calamidad; y también se facilitaron iguales socorros a Torrevieja y Rafal.

Ilustración del libro titulado «Los terremotos de Orihuela o Henrique y Florentina: Historia Trágica», del escritor Estanislao de Kotska Vayo y Lamarca (1804-1864). Publicado en Valencia el mismo año del suceso. (JM. DAYAS).

Los pueblos de Benijófar, Formentera, Rojales, Guardamar y Torrevieja se asegura que ya no existen; todos desaparecieron y presentan un campo desierto, siendo lo más sensible que en el día 24, en que se dieron estos partes, aún continuaban los temblores; hallándose por lo mismo llenos de ansiedad y consternación los que por fortuna sobrevivieron a tan extraordinario como infausto suceso…

… Que para recibir y hacerse cargo en esta ciudad de las cantidades que para objeto tan laudable se destinen se nombra al Sr. Marqués de Cruilles y al beneficiado de esta santa iglesia catedral D. Francisco Soler.

Y por fin que se eleve a la suprema consideración del Rey N. S. la más respetuosa exposición para que de los fondos de Cruzada, Expolios y Vacantes y demás destinados a objetos de beneficencia, se digne oyéndola benigna expedir sus Soberanas órdenes para que se atienda a los infortunados habitantes de la huerta de Orihuela que tanto han sufrido con los fondos que fueren de su Real agrado.

Valencia, 2 de abril:

El Ayuntamiento de la que fue villa de Almoradí con fecha 28 de marzo próximo pasado comunica al Acuerdo de esta Real Audiencia la mal dada catástrofe que experimentó el 21 de dicho mes, concluyendo con pedir aquellos socorros que la caridad cristiana sabe subministrar a sus prójimos.

Y como nuestra sensibilidad en favor de aquellos desgraciados llegue al más sublime grado, mayormente cuando se trata de que no perezcan los restos de aquella población, nos ha parecido que el mejor modo de excitar la filantropía, es patentizar sus infortunios copiando en extracto dicho parte.

Serían como las seis y cuarto de la tarde cuando a un espantoso temblor de tierra mediando el espacio de unos tres minutos siguió, una sacudida inexplicable con erupción tan violenta de viento que llevó tras sí toda esta población y las innumerables casas de la huerta y campo.

Representación gráfica de la zona afectada por el terremoto de 1829. Ampliación.

El clamor de los moribundos, ayes de los heridos y vocería de los vivos no permitieron en muchas horas a persona alguna pensar ni aun en la conservación de su existencia. La tierra no cesaba de conmoverse, sus movimientos violentos y el espantoso ruido, impedía hasta el uso de la voz.

Y en tal conflicto ni los padres recordaban a los hijos, ni estos conocían a aquellos; las esposas huían de sus maridos, buscando cada cual únicamente la muerte cuando creía haber encontrado su salvación.

Una densa nube de polvo que produjo la caída de la torre y hermosísimo templo principal de esta villa, del convento, iglesia y torre de PP. Mínimos, con toda la población, tenía a todos los que sobrevivieron tan ciegos que nos era imposible ni aun mover los pies; así pasó aquella horrible noche, cuya memoria, si durase en nosotros, hubiese terminado ya nuestra existencia.

Recobrados, si tal voz puede usarse en tan extraordinaria calamidad, se proveyó a extraer a los que todavía vivían, y se continúa sacando cadáveres que con su incorrupción están próximos a infectarnos.

Falto de recursos el Ayuntamiento y sin bastar para tantas obligaciones, ha reunido a los vecinos que le han parecido más a propósito para que le auxilien en sus extraordinarias tareas; y habiendo sido el primer acuerdo dar parte a todas las Autoridades, lo verifica este Ayuntamiento, manifestando a V. E. que el número de muertos que hasta ahora van sepultados es de ciento ochenta; de heridos moribundos, el de ciento treinta; y contusos y estropeados cuasi todos los de la población.

Continuando la tierra aterrándonos con sus temblores y espantoso bramido de modo que, siendo indispensable la demolición absoluta de los trozos de edificios y pedazos de templos que fuera de nivel y sostenidos por las mismas ruinas amenazan de continuo a los trabajadores, se ve el Ayuntamiento privado de recursos, falto de operarios e imposibilitado de ocurrir a la pública salubridad y evitar nuevas víctimas en tan inminente peligro.

El Ayuntamiento, Señor, ha bosquejado en globo el conjunto de sus desgracias tan seguro de que V. E. proveerá a su remedio, que sólo la memoria de que pueden ser aliviados les hace conservar la existencia.

Es superior, Señor, esta catástrofe a cuanto la antigüedad pinta de lamentable y los tiempos presentes, nos han ofrecido en la pasada guerra. El cielo, la tierra, el viento y el agua nos han amenazado a la vez, pues en casi a media legua alrededor de esta población, toda la tierra se halla acribillada con hendiduras, ya grandes, ya pequeñas; las márgenes del río, que no es el menor daño, cuasi destruidas, habiendo vomitado la tierra sus entrañas por más de quinientos puntos. Dios guarde a V. E.

Representación gráfica de la zona afectada por el terremoto de 1829, señalando el grado de destrucción de las distintas poblaciones.

Madrid, 30 de marzo.

TEMBLOR DE TIERRA. El día 21 del corriente, a cosa de las seis y más de 20 minutos de la tarde se sintió en esta corte un temblor de tierra, cuya dirección no pudo determinarse, porque se observaron distintas oscilaciones que  no duraron más que dos o tres segundos y no hubo el más mínimo quebranto en ningún edificio, ni causó alguna desgracia.

No fue así en algunas partes del reino de Murcia y de Valencia, porque a la misma hora, con diferencia de pocos minutos, se sintió el primer movimiento, y mucho más otro segundo a pocos instantes, que ocasionó lamentables estragos, cuyo resumen vamos a dar aunque no pueda garantizarse su exactitud, puesto que los varios relatos que han llegado se escribieron en medio del terror que causaba el horrible fenómeno y las oscilaciones que aún se sucedían, aunque con menos violencia.

En Murcia se manifestó por un ruido espantoso, como el que hacen las piedras arrastradas por encima de otras piedras, que obligó a que las gentes saliesen huyendo y gritando despavoridas; pero no hubo más desgracias que el haber sufrido más o menos los edificios siguientes: la catedral y su torre, convento de Capuchinos, del Carmen, la Merced, Sto. Domingo, palacio episcopal, el puente de piedra y algunas casas de particulares.

Murcia. Puente sobre el Segura en el siglo XIX. Jean Laurent.

Orihuela. En esta ciudad han quedado quebrantados casi todos los edificios públicos; destruida la torre del convento de la Santísima Trinidad, matando a un muchacho e inutilizada la iglesia; abierto un testero de la parroquia de Sta. Justa; ruinosa la elevada torre de S. Agustín.

Cuarteadas gran porción de casas, y viniéndose abajo una portada que sepultó a tres mujeres, un hombre y dos niños, que allí habían pensado guarecerse. El daño ha sido mucho mayor en la huerta de dicha ciudad, en donde apenas quedó casa habitable, cogiendo bajo sus ruinas a bastantes personas e infinitos animales.  

Convento de la Trinidad sin torre. Orihuela. Colección Javier Sánchez Portas. Detalle.

Torrevieja. En este pueblo no ha quedado en pie ninguna casa y han perecido varias personas entre cuyo número, que no se puede saber aún, se cuentan el cura párroco y sus padres.

Los habitantes debieron mucho a la generosa humanidad de los capitanes de bajeles extranjeros que se hallaban en aquella playa a la carga de sal, quienes viendo desde su bordo la asolación del infeliz pueblo, enviaron al momento a tierra sus lanchas con víveres y vituallas, y en las mismas lanchas se salvaron algunos habitantes.

Almoradí. Según se dice, apenas ha quedado en este pueblo ningún edificio en pie; y los de la huerta, inhabitables todos por ruinosos; corría la voz de haber perecido más de 200 personas, y habido otras muchas estropeadas.

Rafal. Su iglesia parroquial cayó a tierra, y también muchas casas, quedando quebrantadas todas las demás; ha resultado una mujer muerta y muchos estropeados, algunos de ellos sin esperanza de vivir. 

Benejúzar. Su caserío casi arruinado del todo y muerta mucha parte de su vecindario; a la hora en que se daba esta, noticia iban sacados 30 cadáveres y había otros muchos bajo de las ruinas que no podían sacarse porque seguían los temblores. 

Guardamar. Los edificios del pueblo y los de los campos casi todos arruinados, estando para sufrir igual suerte los pocos que quedaban; se habían sacado debajo de las ruinas un hombre y tres mujeres muertos, y unos 20 estropeados.

Formentera. Según cartas recibidas en Orihuela, quedó reducida esta población a un promontorio de piedras sin que se sepa las personas que han perecido.

En la poblaciones de Benijófar, la Majada, los Dolores. S. Fulgencio, la Mata, Cox, la Granja, Torre agüera, Callosa y Rojales han sufrido más o menos; pero se tenían de ellas pocas noticias.

Los infelices habitantes de todos estos pueblos que sobrevivían a catástrofe tan lamentable se hallaban dispersos por los campos sin tener apenas dónde guarecerse ni de qué alimentarse.

Ahora es cuando la humanidad doliente reclama con justo imperio sus derechos; y ahora es cuando los corazones verdaderamente humanos y cristianos ejercerán las virtudes que los caracterizan.

Las autoridades de aquellos desgraciados puntos sabemos que las han ya desplegado con mucha energía, cual lo exige el caso; y el Gobierno está tomando para ello todas las disposiciones convenientes. (D. de V.).

El 17 y el 19 de abril publicó también unas cartas enviadas desde Orihuela y su huerta, desde Murcia, desde Alicante, Almoradí y Guardamar. Cada una aportaba detalles concretos sobre daños sufridos en cada localidad.

Diario balear. 17 de abril 1829.

Orihuela, 31 de marzo.

Aunque ya se hayan comunicado algunos pormenores de las lamentables desgracias producidas por el terremoto del día 21 en esta gobernación; como precisamente se escribieron las noticias en medio del susto que causaban las oscilaciones repetidas hasta el día 27, en que cesaron por la misericordia del Señor, no será inoportuno, aunque se repitan con dolor, aclarar y rectificar algunas, ya que se han recibido de los pueblos partes más exactos y son como sigue, principiando por la capital:

Orihuela. Asolada la torre del convento de la Trinidad enteramente, y quebrantada su iglesia, la parroquia de Sta. Justa, convento de religiosas de S. Juan, y una de las torres de S. Agustín también quebrantadas: 7 personas muertas y 4 heridas.

Montaje con las torres de San Agustín. Orihuela. Foto Ajomalba.

Guardamar: Casas totalmente destruidas 557. Ídem la iglesia, la ermita de Sta. Lucía, la fortaleza donde se hallaba la artillería, los restos de las murallas y castillo, dos hornos, dos molinos harineros, dos almacenes, tres molinos de aceite, y el puente principal del río bastante quebrantado: 4 personas muertas y 25 bestias de labor.

Rafal. Asolado todo el pueblo con su iglesia y aunque quedan algunos edificios en pie están absolutamente quebrantados: gran porción de heridos; muerto 1.

Daya Nueva. Asolado todo el pueblo con su iglesia, de cuyas ruinas se han extraído 8 muertos. Puebla de Rocamora. Asolado todo el pueblo y caseríos de la huerta, habiendo muerto solo 2 bestias.

Vigastro (sic). Asolado con su iglesia, y las casas que quedan en pie quebrantadas.

Granja. Asolada la torre de la iglesia y ésta inutilizada con muchas casas. Formentera. Enteramente asolada con los edificios de su huerta y campo: 8 muertos y 3 gravemente heridos.

Dolores. Un edificio derruido y todos los demás enteramente quebrantados: personas muertas 4.

S. Fulgencio. Asolada la iglesia con muchas casas, y entre ellas la de la administración.

Benejúzar. Enteramente asolada con sus edificios de campo y huerta, habiendo quedado bajo sus ruinas gran parte de sus vecinos, cuyo número no puede saberse en muchos días hasta que puedan irse extrayendo de entre ellas.

S. Felipe Neri. Asoladas algunas casas, e inutilizada su iglesia; en dicha jurisdicción se han abierto 140 bocas, de las cuales ha salido gran porción de agua y arenas de varios colores, causando la novedad de haberse secado los sementeros y demás plantas que ha regado dicha agua.

Almoradí. Asolado enteramente con su iglesia y convento, igualmente todos los edificios de su huerta y campo, y totalmente quebrantado el puente principal del río; resultando hasta el día 180 cadáveres, quedando aún por extraer los que yacen en varias plazas y calles que no han podido descubrirse, a pesar de las incesantes diligencias que se practican, a causa  de las muchas ruinas que sobre sí tienen de los mayores edificios de dicho pueblo: heridos gravemente de los que la mayor parte perecerán, 130: bestias muertas 250.

Rojales. Asolada su iglesia con muchas casas, y abierta en cuatro cascos la torre; resultando 21 personas muertas: ídem gravemente heridos 10: asoladas las casas de su huerta y campo, habiéndose abierto varios respiraderos por los que ha salido arena de color de plomo con un hedor pestífero, que ha secado cuanto ha tenido contacto con ella.

Benijófar. Asolada su iglesia y gran parte de casas, con las de su huerta y campo; quedando quebrantadas las demás.

Torrevieja reconstruida después del terremoto.

La Mata y Torrevieja. Asolados enteramente sin quedar un solo edificio en pie; habiendo quedado bajo sus ruinas un gran número de sus vecinos cuyo detalle no puede darse en muchos días: otra de sus víctimas ha sido el cura párroco, contándose hasta el número de 57 en solo la noche del día 28 del actual.

Algorfa. Asoladas sus casas. En todos los dichos pueblos es incalculable la pérdida de metálico, granos, enseres y demás efectos que se conservaban en sus edificios.

Es admirable la caridad con que han sido conducidos y siguen conduciéndose a esta ciudad los heridos de casi todos los pueblos, y el infatigable celo con que son asistidos en los hospitales.

Murcia 24 de marzo de 1829. La carta siguiente es dirigida por el que la escribe a un hermano suyo, vecino de esta corte y persona respetable.

Grabado de Murcia durante el terremoto de 1829 y la protección de su patrona, la virgen de la Fuensanta. Mi agradecimiento a J. M. Dayas.

En este país anduvo muy funesto el equinoccio. El sábado 21 del corriente a las seis y media de la tarde se sintió un terremoto regular; pocos instantes después ocurrió otro, de cuya duración y fuerza no ha habido ejemplar en esta tierra, y empezó a percibirse oyéndose a la par un ruido semejante al que produce sobre un empedrado un carruaje cuando se espantan y escapan las caballerías que lo arrastran, o como si se rompiesen cañas a millares.

Todas las gentes se salieron a las calles despavoridas y gritando; al medio cuarto de hora repitió otro bastante grande; pocos instantes después otros tres pequeños; a poco otro grande; en el discurso de la noche y madrugada otros varios; unos individuos que venían en carruaje de Espinardo a Murcia dicen que vieron en el acto del terremoto grande una llama de fuego de muy larga extensión hacia la parte del levante.

En esta ciudad han padecido muchas iglesias, y más que otra la catedral en su torre, portada y media naranja de la capilla de la Concepción, que está junto a la parte interior de la misma. La enfermería del convento de capuchinos se ha arruinado y el convento se ha abierto en varios puntos del edificio; un ojo del puente se ha resentido, y de uno de los nichos que hay en él se desprendió un pedazo de cornisa, que quebró un muslo a un hombre que pasaba.

Las torres del Carmen calzado han quedado inclinadas la una hacia la otra; son muchísimas las casas que han padecido quebranto, entre otras la del Ilmo. Sr. Obispo; muchas se han abierto íntegramente de poniente a levante, que es la dirección que se ha observado en los terremotos.

Murcia. Catedral.

En los Garres se han asolado algunas casas, pereciendo algunas gentes, y una de las sierras que hay sobre dicha población se ha corrido. Cerca de la parroquia de S. Nicolás una joven que estaba en un balcón, sorprendida y llevada de la idea de que su casa estaba ruinosa, se tiró del balcón a la calle, y parece que la infeliz está reventada y que morirá. Poco más de esto es lo que puede decirse con respecto a esta ciudad, en la que todos los días siguen sintiéndose terremotos, aunque pequeños.

Corren tristes noticias de Cartagena: dicen que se han arruinado varias casas del barrio de la Serreta. El apoderado del Sr. duque de S. Fernando dice que una balsa que estaba casi acabada de hacer en el campo y la casa contigua a ella desaparecieron sin saberse cómo, a presencia de los trabajadores que acababan de dar de mano al trabajo de aquel día.

De Orihuela se cuentan también cosas muy tristes, y se habla además de la ruina de algunos edificios, del resentimiento de otros, y de varias desgracias de las que no se tienen aún noticias enteramente seguras.

La iglesia de la villa del Rafal se ha asolado con una infinidad de casas, siendo a proporción los accidentes funestos.

En Almoradí, según carta segura, iban ya sacados de entre las ruinas un número considerable de cadáveres. De los pueblos de la Majada y otros inmediatos se cuentan calamidades.

En Dolores se abrió un costado del granero de la administración de la fundación del cardenal Belluga; la fuerza del terremoto hizo salir por la abertura como tres o cuatro cahíces de trigo, y en seguida se cerró la quiebra de tal manera, que ni aún se conoce el sitio donde se hizo.

Guardamar ya no existe. Solo dos molinos de viento han quedado en pie. Todo se ha hundido, y ni rastro queda de lo que había en donde se ha verificado el hundimiento.

Como anoche después de oscurecer en poco rato se sintieron cinco o seis terremotos seguidos, hubo gran confusión; muchas gentes tomaron un colchón y una almohada y se fueron a las huertas; otras han pasado la noche en los patios o descubiertos de sus casas, y otras en las plazas o a la inclemencia, o dentro de carruajes.

Guardamar a finales del siglo XIX. Universidad de Alicante.

Otra carta fechada en la huerta de Orihuela, y dirigida al Excmo. Señor conde de … con fecha del 24:

Esta carta, si no me equivoco, iba destinada al Conde de Pinohermoso. Por algún motivo se ocultó con puntos suspensivos.

El sábado 21, estando trabajando en el palacio de Benejúzar, se sintió a las seis y media de la tarde un fuerte terremoto; y creídos que no sería nada permanecimos; pero a poco rato dio otro tan terrible, que S… el escribiente y yo echamos a correr; pero como el terremoto estaba en su fuerza no podíamos andar, y paredes, escalera y todo estaba abierto.

Quiso Dios que saliéramos chocando con la muerte, y mientras salíamos, cayó la iglesia, la torre, toda la volada de palacio y mi cuarto; y han quedado en las ruinas mi capa, cama y cuanto tenía. El puente y la tierra está todo abierto, y yo puedo asegurar a V. E. que vivo milagrosamente.

En Benejúzar van sacados 46 muertos de las ruinas, y los heridos no tienen número. En ésta ha habido sólo cinco muertos, y los edificios han padecido poco. Los terremotos siguen. Las casas de las haciendas me dicen están destruidas; de modo que es necesario su reedificación, de cuyo estado iré avisando a V. E. luego que el Señor nos libre de este azote.

Algunos bancales de Benejúzar están llenos de tarquín y arena, sin saber de dónde ha venido. En ésta las autoridades, comunidades y toda la gente han salido a la huerta: estamos consternados.

De Orihuela se dan igualmente más pormenores en la carta siguiente:

El 21 del corriente, a las seis y media de la tarde, se experimentó en esta ciudad, la de Murcia y demás pueblos de esta comarca, un terrible temblor de tierra, que causo el mayor terror; y luego repitió otro que ocasionó la destrucción de iglesias, casas, y otros edificios, quedando sepultadas en sus ruinas un número considerable de personas y de todas clases de animales.

Se ha caído la torre del convento de la Trinidad, habiéndose quebrantado mucho las torres de San Agustín, que amenazan ruina; y lo propio sucedió en el convento de religiosas de S. Juan, y otras muchas casas tanto en la ciudad como en los campos.

En Torrevieja y la Mata quedó todo reducido a escombros. En el mar no se experimentó alteración, pero sí en las salinas, que parece se arrojó de ellas toda el agua que había depositada en las dos lagunas. Entre los muertos lo fue el señor cura párroco y sus padres.

En Guardamar cayeron a tierra la mitad de las casas, y se acabó de arruinar la iglesia y la fortaleza habiendo muerto muchas personas, cuyo número se ignora hasta ahora.

En Formentera también han muerto muchos. En Cox, la Granja, Callosa, Rojales y demás pueblos de la huerta los edificios también se han quebrantado; aunque en estos pueblos las desgracias han sido pocas.

En el campo de Salinas, entre Orihuela y Torrevieja, han caído así mismo muchas casas y ocasionado graves estragos. Continúan los terremotos; pero son más benignos.

P. D. Después de escrito lo antecedente me aseguran que en esta última noche acaba de desaparecer el pueblo de S. Fulgencio, que aún no había sufrido quebranto alguno.

Carta de 24 de marzo fechada en Murcia.

Murcia. Puente de los Peligros. Fotografía Loty. Ministerio de Cultura.

La tarde del 21 a las seis y media sentimos un terremoto que duró un segundo con bastante estrépito; repitió el segundo a los dos minutos, que aseguran duraría de cuatro a seis segundos.

Los efectos del segundo terremoto fueron: desnivelarse la vieja torre de convento de la Merced, cayendo una gran piedra de la portada. Formaron los edificios, que se inclinaron hacia saliente, ángulos de 40 o más grados.

En San Juan cayó también un pedazo de cornisa como de palmo y medio cúbico. En capuchinos saltaron todas las tejas de la iglesia y la librería a la calle. Anoche se mandó desmontar la portada principal de la catedral, cuyo remate a medio círculo se desconchó casi todo y se abrieron dos líneas espirales considerables.

La antiquísima y preciosa capilla de los Vélez ha padecido bastantes daños y se tratan de reparar; la media naranja del trascoro y el pavimento de la catedral han sufrido mucho; pero no amenazan inminente riesgo.

El tercer cuerpo del coloso o giralda murciana se halla en igual caso; pero dicen algunos que no hay cuidado, pues no es más que desquiciada la linterna; con todo, ayer se debió repicar y se suspendió.

Los dos nichos del puente han quedada ruinosos, tanto, que un centinela impide que nadie se aproxime. De ellos cayeron algunas piedras grandes.

Los terremotos continúan muy leves, aunque menudos. Beniaján, Torreagüera y Algeciras (sic) han quedado sin iglesia; y varias casas se han hundido ocasionando desgracias. Ya va de tercera vez que tomo y dejo la pluma porque me da perlesía.

Diario balear. 19 de abril 1829.

Con fechas posteriores al 24 de marzo tenemos otras varias cartas de las que extractamos las notas siguientes. Huerta del que fue Almoradí, 26 de marzo:

Del temblor del 21 ha resultado definitivamente haber desaparecido este pueblo. Solo quedan cinco casas quebrantadas sin reducirse a escombros. Se llevan sacados 157 cadáveres de entre las ruinas, y no restarán menos de 80, a quienes se trata de dar sepultura. También han perecido bastantes caballerías; pero hasta ahora no puedo especificar el número.

En otra carta de Guardamar del 27 se dice:

De resultas del terremoto del 21 han sido arruinados los pueblos de Almoradí, Benejúzar, Formentera, Torrevieja, Rojales y este pueblo. Han perecido en el primero más de 200 personas, en el segundo más de 100, en el tercero nueve, en el cuarto sobre 50, en el quinto sobre 21, y en este cuatro; todo esto prescindiendo de los muchos heridos y estropeados.

Si tarda la explosión media hora más perecían indudablemente más de 40 habitantes, pues ya se hubieran hallado en sus respectivos domicilios. Todos habitamos barracas en los campos, porque todavía siguen algunos sacudimientos.

De Alicante con fecha del 27 de marzo se remite así mismo a la redacción de este periódico la siguiente carta.

Señor redactor: El sábado 21 de marzo, se sintió en esta ciudad un fuerte terremoto a eso de las seis y media de la tarde; su dirección de este a oeste tuvo tres oscilaciones, y lo que es aquí no ha causada tan grandes estragos como en las inmediaciones.

Según las noticias que recibimos ha llegado el terremoto hasta Valencia, Cartagena y Albacete. Cuando cesen los sacudimientos pasaré a la huerta de Orihuela y remitiré  a vdm. notas bien circunstanciadas de todo.

En toda ella se han abierto grietas por donde aseguran que sale un agua negra y pestífera que tiene mucho de azufre y carbón; igualmente se ha abierto en Almoradí un pequeño volcán que arroja piedras parecidas a la lava del Vesubio.

No hay palabras que sean suficientes para encarecer el celo y piedad cristiana del Sr. Obispo de Orihuela, que está en Almoradí socorriendo con una generosidad sin término a aquellos infelices sepultados en las ruinas de sus casas.

Los barcos suecos fondeados en Torrevieja han conducido aquí a un gran número de heridos después de haber repartido todos sus víveres a los desgraciados acampados vecinos de aquella población. Mientras le remito nuevos datos queda de vmd. afma., apasionada y suscriptora de su periódico— M. R.».

Hasta aquí las cartas. Si lo que buscáis son datos concretos y unificados. Mejor consultar el informe que confeccionó Agustín de Larramendi, ingeniero de caminos comisionado por el Estado para el informe oficial; que fue el que pasó a la historia…

Memoria y relación circunstanciada del Terremoto del 21 de marzo de 1829. Larramendi (1829). Edición Faccsimil de mi propiedad.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Dos versiones de la Nueva relación, trágico y lastimoso romance en el que se declaran los acontecimientos, destrucción y estragos ocurridos el día 21 de marzo del presente 1829 en la ciudad de Orihuela y sus inmediaciones. Con licencia en Salamanca y reimpreso en Valladolid. Archivo Municipal Ayuntamiento de Burgos. Legado Cantón Salazar. Gentileza de Javier Calvo. Archivo Municipal Ayuntamiento de Murcia. JM. Dayas.

Orihuela y Maura en la pluma de Azorín

El Obispo Maura.

José Martínez Ruiz «Azorín» para «El Diario de Barcelona». Marzo de 1918.

Retrato autógrafo de Maura.

He tenido el honor de hablar durante una hora con el Obispo Maura. Este ilustre prelado vive en una pequeña ciudad del litoral mediterráneo; allí tiene su sede.

La ciudad se levanta en una ancha y fértil vega; hay en ella naranjos, limoneros, granados, palmeras; a veces, entre las frondas de los naranjos con sus esferas de oro, y al lado de un grupo esbelto de palmeras, se destaca un ciprés centenario, recio, negro, inmóvil, con la cima afilada.

Entre estas cimas negras y agudas, entre los penachos de las palmeras, por la noche brillan radiantes las estrellas en un cielo límpido, en una atmosfera tibia, en un ambiente de reposo y silencio.

Esperando al obispo Maura. Colección Antonio Luis Galiano.

La ciudad, que tiene por marco esta huerta, es pequeña y llena de paz. No pasa nada en sus calles y en sus plazas. Hay en ella una o dos modestas fondas en que los viajantes de comercio —ellos solos, sin nadie más — discuten a tiempo de yantar, en un desierto comedor.

Las campanitas de las iglesias tocan con sus voces de cristal a todas horas. Los cafés están solitarios y casi a obscuras por la noche. En las callejuelas desiertas se ve de tarde en tarde un grupo de viejas enlutadas que van o vienen a una iglesia.

José M. Pérez Basanta.

La catedral es chiquita, con una bella reja en que un maestro antiguo lució sus primores y arte; los canónigos entran y salen silenciosos con sus ropones escarlata en una sacristía ancha y helada. Se respira una paz profunda en la ciudad. Sobre la paz, sobre el silencio, el río, un río rojo y torvo, que cruza el pueblo y pone un rumor sordo y formidable.

Colección Javier Sánchez Portas.

El Obispo Maura vive en un vetusto palacio situado de espaldas a este rio. El palacio tiene una espaciosa y majestuosa escalera de mármol rojo; en el último descanso, allá arriba, unas vidrieras de colores, con grandes blasones rojos, verdes, azules y amarillos, dejan entrar una luz suave.

Escalera del Palacio. José M. Pérez Basanta.

Hay en el palacio vastas salas con el pavimento cubierto de estos viejos ladrillos — blancos con dibujos azules— de cascarilla, sobre que pisaron las gentes del siglo XVIII, con sus casacas y sus pelucas.

Corredores llenos de penumbra llevan a archivos y salas de oficinas en que los clérigos plumean. Se ven en las paredes de un salón retratos de antiguos prelados; abrimos y cerramos puertas gruesas y bajas, puertas de cuarterones.

Juan Maura y Gelavert

El Obispo Maura está sentado en una espaciosa silla, ante una mesa. Es sencilla la estancia; las sillas y los demás muebles son modestos; es invierno y sobre el pavimento no hay alfombra ni estera; una delgada alcatifa rodea solo la mesa, que se halla colocada en medio de la sala. El Obispo está sentado en un ancho sillón. A un lado de la mesa hay un rimero de papeles y notas; a otro, ocho o diez libros nuevos, recientes.

El prelado tiene los ojos vivos, escrutadores, de mirada elocuente, de hombre de estudio y de energía. Lleva un pañuelo blanco, de seda, al cuello; la nota nítida, alba, destaca y forma bella armonía con el negro de la sotana; y sobre la sotana, a lo largo del cuerpo, lucen también sobre la negrura unos anchos botones rojos. La frente del prelado es ancha, inteligente. Sobre la cabeza está el solideo morado con una borlita verde.

Palacio Episcopal de Orihuela.

El Obispo Maura lee y estudia de continuo en su biblioteca. Sus lecturas son, principalmente, de libros modernos. Es un filósofo; sus pastorales representan un profundo conocimiento de todo el moderno trabajo filosófico y sociólogo, Taine, Fouillée, Tardé, Spencer, Guyau, Renouvier, Nietzsche, Schopenhauer, son familiares al prelado.

Para combatir al enemigo es necesario conocer bien sus armas; el Obispo Maura conoce perfectamente los filósofos, sociólogos y publicistas de quienes habla.

Su entendimiento es sutil, delicado; hay en él esa experiencia de las cosas y de las ideas que sólo se encuentran, no en los hombres que han leído mucho y estudiado mucho, sino en aquellos que han sabido leer y que han llegado a alcanzar ese grado de cultura exquisita, suprema, que permite ver lo que hay de permanente y válido en la obra del entendimiento humano y lo que hay — a pesar de las apologías y de los entusiasmos — de deleznable y fugaz.

Así el insigne prelado tiene una sonrisa indulgente e irónica para todas estas novedades y fantasías filosóficas de ahora: pracmatismo, amoralismo,  superhombría netzchana, etc.

Él sabe que todo en las especulaciones humanas se repite; que solo hay una verdad fundamental inconmovible; que los filósofos y sofistas helenos imaginaron ya todo lo imaginable; y que en definitiva ateniéndonos a los tiempos modernos, todo lo que se ha hecho y se está haciendo desde Kant a la fecha, son cosas ya sabidas a las que se intentan colocar otros nombres. Hombres de esta modalidad intelectual son rarísimos.

Hallareis espíritus llenos, atiborrados de cultura libresca al tanto de toda novedad, al corriente de cuanto se dice y escribe; pero, ¿cuantos hallareis que hayan llegado a este grado supremo de saber el libro que no es preciso leer, y de conocer y saber apreciar en el leído lo que es novedad solo en el nombre — a pesar de los elogios de la opinión — y lo que es matiz realmente original y profundo, muchas veces, casi siempre desconocidos e ignorado por esa misma opinión?

Entierro del Obispo Maura. En los Hostales. Colección Javier Sánchez Portas.

El Obispo Maura pertenece al escaso número de estos hombres; él vive modestamente en su viejo palacio; le rodean los libros; no tiene ambiciones; lee a los filósofos a ratos, y a ratos pasea por las anchas salas y estancias. El Obispo Maura es primo hermano del insigne estadista que preside los consejos de la Corona.

José Martínez Ruiz «Azorín»

Transcripción de Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)

Esclavos en la Orihuela del siglo XVIII.

Grabado de la ciudad de Orihuela en 1760, obra de Alagarda.

Documentos de esclavos en Orihuela, siglo XVIII.

En todas las culturas a través del tiempo han existido esclavos; personas convertidas en mercancía susceptible de ser vendida y comprada. Y España no fue menos. Aunque parezca increíble, la Iglesia Católica no condenaba la esclavitud. Muy al contrario, obispos, canónigos y muchos religiosos de menor grado tenían sus propios esclavos; en número proporcional a sus ingresos.

Pepe Ojeda publicó un espectacular trabajo sobre la esclavitud durante los siglos XVI y XVII, ámbito temporal de su estudio histórico sobre Orihuela. En él podemos comprobar como nobles, mercaderes, artesanos, canónigos y hasta el propio convento de Predicadores tenían esclavos. Os dejo un enlace por si os interesa.

Enlace a artículo en PDF

Esta abominable práctica  decayó durante el siglo XVIII; centuria en la que ya pocos españoles tenían esclavos a nivel particular. Los que “salían al mercado”, eran sobre todo berberiscos capturados bajo la «patente de corso»,  piratas legitimados por la corona que los vendían en los mercados de Cartagena, Alicante o Valencia, plazas cercanas a Orihuela.

La esclavitud quedó abolida en España en 1817; pero dicha medida sólo afectó al territorio peninsular. A pesar de ser una práctica ilegal, en las posesiones americanas se incrementó notablemente el tráfico de seres humanos durante el siglo XIX, para utilizarlos en las plantaciones de azúcar o tabaco.

Muchos piensan que la trata de esclavos en la península era una práctica medieval. Pero España fue el último país de Europa en abolirla; y muchas fortunas acumuladas en el siglo XIX, están manchadas de sangre.

La captura de esclavos. Anónimo.
© Museo Nacional del Prado

La mejor fuente para el estudio de la esclavitud son los protocolos notariales que documentaron aquellos negocios. He transcrito unos ejemplos del siglo XVIII que encontré en el Archivo Histórico de Orihuela.

El primero es una compra del Doctor D. Francisco Rocamora y Cascante. Utilizando sus propias palabras, «dueño del Lugar de Benferri, Presbítero, Dean, primera Dignidad, y Presidente de la Santa Iglesia de Orihuela».

Este curioso personaje habitó el actual palacio de la Granja cuando su primo, el marqués de Rafal, huyó de Orihuela al fracasar la proclamación del archiduque. Es esos tiempos ominosos para los Rocamora, la antigua plaza de Rafal, hoy de Vía Manuel, se tituló Plazuela del Deán. Vamos pues con la transcripción:

Archivo Histórico de Orihuela (AHO)

En la ciudad de Orihuela, a treinta días del mes de mayo de mil setecientos y veinte y un años. Ante mí, el presente escribano y testigos de esta carta, pareció el patrón Francisco Tur, vezino de la villa de Mursia aquien doy fe conosco y otorgo por esta carta que vende y da en venta al señor licenciado Dr. Francisco Rocamora y Cascante, Dean de la Santa Iglesia Cathedral de esta dicha ciudad y vecino de ella, la quien su derecho representare, un esclavo llamado Francisco Joseph Rodríguez, que tiene suyo propio según dixo, de mediano cuerpo, color cocho claro, el pelo del zerebro entrecano poco poblado, de edad al parecer de veinte y seis años poco más o menos, con una señal en el lado derecho de la barba, y la mano derecha con tres dedos que no los puede abrir de quemadura que ha padecido según declaró el mismo esclavo.

Con ? ojos pardos y sexas (cejas) anchas, sano de toda enfermedad pública, o secreta de mal de corazón, bubas; no fugitivo, ni ladrón, borracho, ni otro defecto ni tacha que le impida el servir bien, y por tal se lo asegura por presio de ochenta libras moneda de este Reyno que confiesa haber resibido de que se satisfase y da por entregado en dinero contado a su voluntad ….

En la segunda, el comprador es otro beneficiado de la Catedral, y adquiere una mestiza bautizada.

Archivo Histórico de Orihuela (AHO)

En la Ciudad de Orihuela, a 29 de mayo de 1714: Compraventa entre Joseph Simó, labrador, vecino de Muro y Joseph Armengol, beneficiado eclesiástico residente en Orihuela.

Este último adquiere una esclava cristiana llamada Josepha María Palacios; de edad de veinte y siete años poco más o menos. Mulatada que tiene una señal en la parte del carrillo izquierdo a modo de un ramo. Se la vende por sana, sin enfermedad de gota, ni de corazón; sin vicio de embriaguez, ni fugitiva, ni ladrona, ni conocido ningún defecto que le impida servir bien, por el precio de cuarenta y cuatro libras de moneda de este reino.

En la siguiente, el «esclavo moro», adquirido en Cartagena, había pertenecido a un comisario de la Inquisición, en Fuente Álamo.

Archivo Histórico de Orihuela (AHO).

En la ciudad de Orihuela, a 24 de julio de 1725: Compraventa entre Roque Ximeno, vecino de Cartagena y Silverio Gómez vecino de Orihuela.

El primero vende un esclavo moro que tiene como suyo propio, llamado Albercayn. Buen cuerpo, color moreno, pelo negro, de buen aspecto, de edad treinta años al parecer.

Comprado a Joseph Reyllo, Comisario del Santo Oficio de la Inquisición del lugar de Fuente Alamo. Por el precio de sesenta pesos de una libra cada uno moneda de este reino.

Silverio no debió quedar contento con su adquisición; o sencillamente se trató de una operación especulativa. Se trata del mismo esclavo tres meses después; y la venta fue por el mismo precio (o al menos eso reflejaron en escritura).

Archivo Histórico de Orihuela (AHO).

En la ciudad de Orihuela, a 31 de octubre de 1725:

Compraventa entre Silverio Gómez, vecino de Orihuela y Francisco Pastor, vecino de Cartagena. El primero vende un esclavo moro que tiene como suyo propio, llamado Albercain.

Buen cuerpo, color moreno, pelo negro, de buen aspecto, de edad treinta años al parecer. Comprado a Roque Moreno, de Cartagena. Por el precio de sesenta pesos de una libra cada uno moneda de este reino.

Grabado de la ciudad de Orihuela en el siglo XVIII.

Para terminar, voy a transcribir dos cartas de libertad. La primera la firma Luis Togores Valenzuela. El décimo tercer señor de Xacarilla, vivía en la famosa «Casa del Paso» junto a su fiel ama de llaves y dos esclavos a su servicio.

Firmó esta carta de libertad poco después de haber testado ante notario, estando muy enfermo. En dicho testamento mandó que su cuerpo fuese sepultado en la iglesia de sus vecinos, el Colegio de la Compañía de Jesús, vestido con sotana de nuestro Padre San Ignacio de Loyola. Falleció aquel mismo verano. Ese fue el motivo de otorgar la libertad a «su fiel» Bernabe.

Archivo Histórico de Orihuela (AHO).

En la ciudad de Orihuela, a diez y ocho días del mes de abril de mil setecientos y veinte y seis años. Sépase por esta carta como yo, Don Luis Thogores y Valensuela, señor del lugar de Xacarilla, vecino de esta dicha ciudad, otorgo que por cuanto yo tengo un esclavo que se llama Bernabé Amele, color “cocho”, de mediana estatura, poca barba, ojos hundidos, delgado de cuerpo, de treinta y dos años poco más o menos, con dos cortaduras, la una en el pulpejo del dedo pulgar que le sircuye y la otra en el dedo anular en la punta y yema de él.

Que lo uve por escritura de venta que a mi favor otorgó Pedro Ronda, de la Villa de Altea…

Por el mucho amor que le tengo y por haberme servido con toda puntualidad, lealtad y buen selo y por otras causas que me mueven, le he prometido librarle de la sujeción y cautiverio en que está. Y para que tenga efecto en la mejor forma que de derecho aya lugar, siendo sierto y sabedor del que en este caso me pertenece, por la presente doy libertad al dicho Bernabé Amele, para que la tenga desde oy enadelante y no esté por más tiempo sujeto a servidumbre y me desisto y aparto del derecho de posesión, propiedad y señorío……

El último protocolo, es una carta de libertad para dos esclavas de nombres Justa y Bernarda (eso implicaba que estaban bautizadas). La otorga Ana Rocamora Cascante, en su nombre y en el de su esposo, ya fallecido. Se trata de Antonio Fernández de Heredia Bazán, aunque en la escritura eliminen el Fernández.

Antonio Heredia Bazán fue otro personaje coetáneo; nada menos que el marqués consorte de Rafal, corregidor de Madrid, fallecido casi tres décadas después.

Archivo Histórico de Orihuela (AHO).

En la ciudad de Orihuela, a veinte y dos días del mes de octubre de mil setecientos y veinte y ocho años. Sépase por esta carta que Doña Anna Rocamora y Cascante, viuda del noble Don Antonio Heredia Bazán, caballero de la Orden de Santiago, vecina de esta dicha ciudad, a quien doy fee y conosco.

Otorga que por cuanto tiene dos esclavas, llamada la una María Justa, de cuarenta años de edad, color moreno, mediana estatura, embebida de rostro, con una señal en la frente, otra en la mejilla derecha y una sicatriz en la mitad de la barba, el pelo negro; y la otra Bernarda Bentura, mediana de cuerpo, color moreno, cari redonda, pobre de pelo y negro, de edad de cuarenta años poco más o menos, que las compró con el dicho, su marido, el cual al tiempo de su muerte las dio libres por su parte y ahora la otorgante por la suya, por el mucho amor que les tiene y haverle servido bien desde que están en su poder, y especialmente por haser servicio a Dios Nuestro Señor en la mexor forma que de derecho haga lugar.

Siendo cierta y savidora de que en este caso le pertenece, por la presente les da la libertad a las dichas María Justa y Bernarda Bentura para que la tengan desde oy en adelante y no estén más tiempo sugetas a servidumbre, y se desiste y aparta del derecho de posesión, propiedad y señorío en ellas adquirido y quele pertenece y todo ello selos dona, cede y renuncia con el poder irrevocable en su fecha y causa propia, como se requiere para que traten y contraten, compren y vendan, parescan en juhicio.

Otorguen escrituras y testamentos y hagan todo quanto pueden haser los hombres y demás personas libres y no sugetas a esclavitud…

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

Joaquín Sorolla en Orihuela.

Retrato del actor Ramón Peña con traje gris
Joaquín Sorolla.

Enero de 1919, la visita de Sorolla.

En enero de 1919, Joaquín Sorolla visitó Orihuela gracias a las gestiones del actor cómico Ramón Peña; a quien el famoso pintor había hecho un retrato. En ese año, su compañía de opereta española triunfaba en el Teatro Apolo de Valencia.

La crónica de la visita, publicada en «El Conquistador», es obra de otro artista de las tablas, el tenor Ignacio Genovés, quien actuó como acompañante y cicerone de don Joaquín. Paso a la transcripción:

Por fin he conseguido que el gran Sorolla venga a esta población; así me lo participa en este telefonema. Esto nos decía la otra tarde en el salón de tertulia del Casino el notable actor Ramón Peña.

Llegó por la noche el insigne pintor valenciano D. Joaquín Sorolla Bastida, acompañado de su compañero en arte D. Eliodoro Guillén (autor del tríptico del techo del Salón de Café del Casino) del Sr. Aznar, y de su alumno predilecto, Emilio Varela, uno de los coloristas mejores contemporáneos.

El Sr. Sorolla es menudo, inquieto, nervioso, apasionado en grado sumo por todas las manifestaciones de arte. El corto tiempo que ha permanecido entre nosotros lo ha consagrado en visitar lo más notable que encierra esta población.

Joaquín Sorolla.
Montaje Ajomalba.

En casa del Conde de Oliva (actual hotel Tudemir) admiró una preciosa colección de bargueños que dicho señor posee; en el Colegio de Santo Domingo alabó en gran manera un retablo de Juan de Juanes existente en la capilla de la sacristía y el museo arqueológico que fundó el Padre Furgús S. J. que tan buenos servicios hizo a la historia de Orihuela y tan buenos recuerdos dejó en aquellos que fueron sus discípulos.

En el seminario de San Miguel contempló el hermoso panorama que se divisa y que pocos más hay en España que le aventajen en grandiosidad; entre otras cosas le hizo allí grata impresión un cuadro representando Magdalena penitente, de una hermosa factura pero de autor desconocido.

Colección Rodríguez Tejuelo

En la Parroquia de Santiago, además del edificio que es precioso, vio las obras de Salzillo diciendo que el Cristo en la Cruz que se guarda en la sacristía es de las mejores obras del gran escultor murciano, siendo preciosa la sagrada familia, S. Vicente Ferrer y S. Luis Beltrán, de dicho escultor.

Vicente Ferrer y Luis Beltrán.
Francisco Salzillo y Alcaraz.
José M. Pérez Basanta 

Del discípulo de Salzillo, Sr. Beltrán, guarda dicha parroquia una Purísima preciosísima, doce apóstoles y cuatro evangelistas que son un primor de ejecución y dignas según confesión suya de ser conocidas estas esculturas entre los maestros del arte como modelo de gran belleza. Hizo grandes elogios de la cruz parroquial, que en Valencia se llevó diploma de honor en la exposición; de los tres cálices magníficos y de la hermosa Custodia que allí se conserva.

En San Francisco contempló las imágenes de Nuestro Padre Jesús y de Cristo en la Agonía, ambas imágenes verdaderamente preciosas pero de autor desconocido.

Imagen original del Nazareno.
Colección Javier Sánchez Portas.

En casa de nuestro amigo Jacobo Gómez vio un cuadro hecho por él en Roma, al principio de su vida artística, figura una cabeza de un viejo; el amigo Jacobo es dueño de una bonita colección de cuadros; entre otros tiene un Vicente López, de los mejores que dicho artista pintó, un Pinazo Camerlande, otro de Abril; un Rosa Bonheur y uno precioso de la escuela de Goya.

El eximio pintor Sorolla ha elegido Alicante como modelo para uno de sus cuadros, para la serie de paneles que pinta para la Sociedad Hispánica de Nueva York que inmortalizarán los paisajes de España y los hombres de la raza Española.

Fotografía con dedicatoria autógrafa.
Colección Javier Sánchez Portas
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El teniente alcalde José Martínez Arenas, con la amabilidad en el característica, le hizo los honores y se esmeró para que el tiempo que aquí estuviera el famoso artista le fuese grato.

Al despedirse del Sr. Arenas, el Señor Sorolla le prometió mandar una copia del último retrato que él le ha hecho a S. M. Alfonso XIII;  dicha copia será hecha por el Sr. Varela para que figure en el salón de actos de este Ayuntamiento.

«Ciudadanía» 6 de julio de 1915.

Felicito a Orihuela por haber tenido la honra de hospedar a tan notable artista y me felicito por haber sido su compañero de excursión. I. Genovés. Enero 1919.

Aunque Genovés no lo menciona, sabemos que Sorolla comió en el Balneario de San Antón. Así lo publicó el semanario «Ecos»:

Ignacio Genovés.
Años cuarenta.
Colección Pablo Cuadrado.

Ilustre huésped, lo ha sido de nuestra Ciudad, aunque brevemente, el insigne pintor D. Joaquín Sorolla, gloria del arte patrio, al que nos honramos en saludar desde estas columnas.

Balneario de San Antón.

Ignoramos que nuestro Municipio haya hecho nada en su obsequio, pues aun cuando se nos dice que la comida que en los Baños de San Antón se sirvió en honor del laureado artista, la costea el Ayuntamiento, nosotros no lo creemos, fundados en la inasistencia de los Concejales a tal acto y en el desconocimiento oficial que tienen de la celebración del mismo.

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba)

Para saber más sobre Sorolla, pinchad la siguiente imagen.

Joaquín Sorolla.
Enlace a biografía en el Museo del Prado
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Jaime I en Orihuela.

Jaime I en Orihuela.

Jaime I entró en Orihuela sin disparar una ballesta en torno al 25 de noviembre de 1265.  Luego marchó a encontrarse con Alfonso X, con su hija y con el resto de su familia en Alcaraz, donde planearon la conquista de Murcia.

Regresó el 21 de diciembre encontrando a sus hombres muy animados. Durante su ausencia se habían dedicado a practicar productivas cabalgadas en la huerta. Se acercaba la Navidad y en Orihuela decidieron celebrar las fiestas.

Es difícil imaginar aquellas dos semanas con miles de personas acampadas en nuestra ciudad. La actividad febril dentro y fuera de las murallas preparando la campaña de asedio. Fabricando flechas, forjando espadas, construyendo ingenios militares….

Nunca estuvo Orihuela tan llena de gente principal. Tras sus murallas se concentró lo más selecto de la caballería cristiana. Además del monarca aragonés, figuraban los Infantes de Aragón, Pedro y Jaime; el de Castilla, Don Manuel. Los maestres o lugartenientes de las Órdenes militares de Santiago, el Hospital y los Templarios. Los obispos de Barcelona y Cartagena. La flor y nata de la nobleza Catalana y Aragonesa. Los adelantados y caballeros castellanos.

Las navidades de 1265 deberían ser recordadas como una efeméride oriolana de la que hace poco se cumplieron 750 años sin pena ni gloria.

Imaginaos esas ceremonias religiosas con ilustres oradores como el prelado catalán Arnau de Gurb o Pedro Gallego, confesor del rey Alfonso y primer obispo de la restituida diócesis de Cartagena. El colorido de las órdenes militares, los hospitalarios con sus capas negras, los templarios y santiaguistas de color blanco.

Y así llegó 1266. Al otro día del año nuevo, Jaime I el Conquistador salió de Orihuela acompañado por su hueste. Era hora de tomar Murcia.


Extracto de la serie «De Tudmir a Oriola» Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba) 2016.