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Callejeando 26. El Arrabal de San Juan Bautista 1.

Idealización del Arrabal de San Juan sobre un boceto de Ojeda Nieto.
© Pepe Sarabia. Leyendas: Ajomalba.

El Arrabal de San Juan Bautista 1.

Lo Raval de Señor Sant Joan.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVI.

Introducción.

Cuando el escaso espacio encorsetado por las murallas se fue saturando, comenzó el proceso de ocupación y urbanización de los terrenos extramuros. Ya hemos hablado en anteriores entregas de cómo se formaron los arrabales: grupos de modestas viviendas que se arracimaron en torno a los caminos que partían de las puertas de Oriola.

Desbordada la ciudad en sus límites, esos caminos se transformaron en calles y luego en barrios que se integraron en la población.

Imagen del Cartulario de Orihuela
Archivo Histórico Nacional.

Si repasamos la imagen del cartulario que representa la Oriola medieval, podemos distinguir claramente el río Segura como foso natural reforzando la muralla desde la torre Embergoñes hasta la puerta de Elche.

Más allá, tres acequias y un marjal cumplían esa misma función defensiva, dificultando un posible asedio. Dichas acequias eran las de Almoradí, Escorratel y Callosa. El marjal o zona pantanosa era conocido como el Vallet (actualmente Ballesteros Villanueva y el Paseo).

Porta Nova desde el Vall a la porta de Crevillent.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
El Vallet/Ballesteros Villanueva
Colección Javier Sánchez Portas
Calle Sagasta/El Paseo
Con castillo reconstruido digitalmente.
Colección Javier Sánchez Portas.

A Levante se abrían dos puertas: la de Crevillente, en el extremo del Barrio nuevo; y la de Elche, al final de la calle Mayor. En ambas localizaciones podemos encontrar todavía restos de torres y murallas.

Restos al extremo de la calle de Miguel Hernández

La de Crevillente generó el Ravalet, barrio que creció pegado a la sierra desde época musulmana. Se corresponde con las calles que hoy conocemos como Miguel Hernández (Calle de Arriba) y Ruiz Capdepón (Carretería). Esta última quedó destinada al aparcamiento de los carros y caballerías que llegaban a la ciudad y poco a poco fue acogiendo a carreros, herreros, carpinteros, etc…

Ravalet.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Carrer Damunt.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Carretería
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.

La puerta de Elche dio lugar al llamado Arrabal Moderno; que tuvo que acomodarse inicialmente en la zona conocida como los Hostales, la que en la actualidad se corresponde con las calles de Loazes y Alfonso XIII.

Carrer dels Ostales desde la porta de Elig a la Corredora.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Bajada del Puente y los Hostales Siglo XIX.
Colección Javier Sánchez Portas

El arrabal moderno empezó a expandirse en el siglo XV, cuando el Consell orientó hacia él a los nuevos pobladores. Y creció de forma irregular, acomodándose al espacio que quedaba entre las acequias (a las anteriormente citadas hay que unir una cuarta, la de Almoravit). Así se formaron la Corredora y la calle de San Juan.

La Corredera siglo XIX
Ministerio de Cultura

Una vez avenado el Vallet, los dos barrios quedaron conectados y se abrió una tercera puerta: la “Porta Nova”.

Carrer del Vall y Porta Nova
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

En paralelo a la calle de Arriba y siguiendo el curso de la acequia de Almoradí, se formó la calle del Socorro o del Colegio (hoy Adolfo Clavarana).

Carrer del Colegi.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

La fusión de estos dos barrios nacidos en los extremos de la muralla a Levante acabó formando el gran arrabal del que vamos a hablar durante varias entregas: el de San Juan Bautista.

Todo el conjunto quedó protegido por una nueva cerca de la que todavía nos queda la puerta de Callosa.

Puerta de Callosa. Siglo XVI.

Las fundaciones religiosas como medio de promoción urbanística.

Un elemento decisivo para la población del arrabal fueron las órdenes mendicantes. En una zona difícil de urbanizar y repoblar el Consell utilizó un recurso infalible: la fundación de conventos situados estratégicamente en diferentes puntos del arrabal.

Estos edificios religiosos reforzaban la imagen del barrio y su construcción aseguraban el éxito de población. El arrabal de San Juan necesitó de tres.

El primer intento de instalar religiosos en la zona tuvo lugar en el siglo XIV con la llegada de los mercedarios. El Consell les regaló tierras y dinero para construir un convento bajo la advocación de Santa Eulalia, la patrona de Barcelona. Este primer convento de la orden de la Merced y la ermita de la Mare de Deu de Monserrat nos da pistas sobre nuestra identidad catalana por aquellas fechas. Pero no cambiemos de tema.

Escudo de los mercedarios en Orihuela.

Vivir en aquella zona pantanosa y surcada de acequias era muy complicado; y el Consell intentó poner remedio canalizando las aguas de Vallet. Con un convento en la zona y el terreno bien avenado, los pobladores se instalarían rápidamente en este descampado levantando sus casas entre acequias, escorredores y portillos. Pero no contaron con el conflicto entre Castilla y Aragón.

La Guerra de los dos Pedros acabó con el proyecto. El largo asedio por parte de las tropas castellanas de Pedro I dejó el convento y sus alrededores completamente arruinados. Escarmentados, los mercedarios se instalaron dentro de la muralla abandonando el edificio y frustrando la consolidación del arrabal. Hubo que esperar al siglo siguiente.

La última Iglesia de los Mercedarios, intramuros.
Colección Javier Sánchez Portas.

En la centuria posterior las cosas cambiaron. A mediados del XV se incrementó el número de pobladores y el Consell compró tierras junto a los Hostales para repartirlas con la obligación de construir inmediatamente. En caso contrario los terrenos serían confiscados para entregarlos a otros colonos dispuestos a edificar. Así se formó la vieja Carrer Corredora o calle Corredera.

Corredora.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Por otra parte, la favorable acogida por parte de los oriolanos a los Franciscanos de Santa Ana animó a la rama femenina de la Orden, las Clarisas, a instalarse en Orihuela; y para ello se trasladaron seis religiosas desde el Real Monasterio de Santa Clara de Murcia al viejo edificio abandonado por los mercedarios, fundando un nuevo convento bajo la advocación de San Juan Bautista.

Huerto de las Clarisas.
© Antonio Ballester Vidal

Era el pistoletazo de salida con un primer convento en el centro del arrabal. En 1499, el Consell bautizó la unión de los dos barrios con el título de Arrabal Moderno de San Juan Bautista. Antes lo había fortificado con una primitiva muralla.

El Raval de Sant Joa.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVI.

En la zona cercana a la sierra lo habían intentado primero con los franciscanos, en el siglo XIV; pero estos escogieron otra ermita en un lugar más apartado, en el Raval Roig, donde permanecen en la actualidad.

El solar se lo quedaron los dominicos en la centuria posterior; y de propina, la ladera de la sierra, encajonando totalmente el Ravalete. La progresión natural de este arrabal hubiera seguido la sierra hasta San Antón, pero quedó cortado.

Colegio de Predicadores Santo Domingo

Cerrado el paso se abrió una nueva vía: la calle del Colegio, formada entre las traseras del Ravalete y los márgenes de la acequia de Almoradí, la que marca su trazado.

En 1488, con motivo de la visita de los Reyes Católicos, se construyó una puerta en lo que había sido un portillo. Una obra de nueva planta con los escudos de Aragón y de Castilla. 

Porta Nova.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Por otro lado, en la ampliación de la muralla del siglo dieciséis, la puerta que daba salida a la calle de Arriba se trasladó al inicio del Camino de Callosa, alejándola de la sierra. Bloqueado el Ravalete, la entrada a la ciudad se desplazó a la calle que unía las dos nuevas puertas. De esta forma, la calle del Colegio se convirtió en un tramo más de la arteria que atravesaba toda la ciudad formando parte del camino real de Valencia a Murcia.

Puerta de Almoradí o de la Corredera.
Colección Javier Sánchez Portas

El tercer sector, pegado al río, era aún más difícil de urbanizar por contener las malolientes e incómodas adoberías. En este caso, el convento urbanizador fue el de los trinitarios, que llegaron a mediados del siglo XVI. Estos frailes enviados desde Murcia no fueron bien vistos por sus vecinos: los Mercedarios, dedicados a la misma función de liberar cautivos, y las clarisas, con el convento a medio hacer.

Las Adoverías/Barrio de la Trinidad

Adoverías y Trinidad.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Pero el Consell sabía que con esta construcción creaba un nuevo espacio de población completando así el arrabal de San Juan.

Con el nuevo muro construido en la segunda mitad del siglo XVI se consolidaba el arrabal con una cerca que, partiendo de la sierra unía la puerta de Callosa y la de Almoradí hasta llegar al río. Contaba con dos puertas: La de Callosa y la de Almoradí. Más de cien años después se abrió un arco al final de la calle de San Juan; un tercer acceso dedicado a la virgen del Remedio.

El Rabalete encajonado.

A partir del convento de San Juan y dentro de la nueva muralla, se mantuvo una zona agrícola; un conjunto de huertos que pertenecían a diversos propietarios como los predicadores y las Clarisas. Destacaba especialmente un amplio sector conocido como los Solares de Terol.

Solars de Terol.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Este espacio permitió que en siglos posteriores se siguiese construyendo intramuros. De hecho, aún quedan algunos huertos ocultos entre las calles de San Juan y Corredera.

Huerto de las Clarisas.
© Antonio Ballester Vidal

Al otro lado del muro, la actual calle Ronda de Santo Domingo, suma de las tres barreras que aparecían en los padrones del XIX: la de la Corredera, la de San Juan y del Colegio (las barreras eran algo así como calles de una sola acera).

Puerta de Callosa desde Ronda de Santo Domingo

Enfrente quedaron los huertos de los vecinos, entre el Camino de Almoradí y el de Callosa. De ahí el nombre adoptado por esa zona: “los huertos”.

Antonio José Mazón Albarracín.

Callejeando 25. La Calle del Bisbe.


Ajomalba.

La Calle del Bisbe.

Llegamos a la que durante siglos fue la calle más importante de la ciudad; la que encabezaba los listados en los padrones o vecindarios: la calle Mayor.

Con ella completaremos también el recorrido por el cuartel llamado Casco o Cuerpo de la Ciudad.

Archivo Municipal de Orihuela.

Archivo Municipal de Orihuela.

La calle Mayor nació como un corredor paralelo a la muralla; entre la puerta del Puente y la de Elche.  Esta vía era el nexo de unión entre el zoco musulmán y la mezquita Aljama en la Uryula islámica; entre la Plaza Mayor, la Sala del Consell y la Colegiata/Catedral, en la Oriola cristiana.

Calle Mayor, vista aérea.

Fue, junto a la de la Feria, la calle más transitada por asuntos comerciales. Pero también, y muy especialmente, por motivos religiosos. Me gusta la descripción que incluye Ojeda Nieto en su «Orihuela imaginada»:

«Caminando hacia una puerta u otra, hacia la Plaza Mayor o hacia la Seo, el tránsito fluía. Un deambular, un trasiego, un ir y venir de hebdomadarios, presbíteros, sacristanes, canónigos, niños cantores. Y todos los oficios de mantenimiento de los grandes edificios, siempre en obras, canteros, albañiles…»

Esta arteria principal contaba inicialmente con varios callejones que la comunicaban con el río y con la calle de la Feria.  Los del sur salían a traves de postigos en la muralla, accesos sellados «a cal y canto» en caso de peligro como podemos comprobar en esta nota de Bellot fechada en 1358:

«El infante se metió en una barca con el justicia y los jurados para hacer visura de la muralla junto al río. Y mandó que todos los postigos que salían al río desde el puente a la Puerta de Elche, fuesen cerrados a cal y canto».

Con el paso de los siglos todas las callejas hacia el río fueron ocupadas; y de las que comunicaban con la de la Feria, quedaron dos: el callejón del Obispo – hoy plaza del Salvador- y  el que actualmente conocemos como Capitán Grifoll. De ambos hablamos en el capítulo veinte, dedicado a la calle de la Feria.

Antes de comenzar con sus titulaciones vamos a repasar lo escrito por Gisbert a finales del XIX. En el apartado «Distrito del centro o casco» dice de la Mayor:

«Llamada de los Tratantes por algunos de nuestros cronistas. Cuentan Bellot y Montesinos que la formaban antes dos, la del Baño, que es muy posible que fuese la del Ángel, y la del Hospital o del Obispo.

Desconocemos el origen de la denominación de la primera y las de la segunda proceden del palacio episcopal que antes de servir de morada a los prelados, fue Hospital del Corpus Christi. Existe en ella la Casa de los marqueses de Campo-salinas».

Calle Mayor, vista aérea.

Don Ernesto fue muy escueto con una calle tan importante. El origen de la titulación «Los Trantantes», como él mismo dice, es desconocido y suena a Montesinos.

En cuanto a la segunda titulación, se apoya en una nota de Bellot fechada en 1357.  Dice que Jaime Rocamora compró una traviesa o callejón que atravesaba de la calle del Baño a la calle del Hospital y subía a la Judería.

Mosén Bellot interpreta que la calle del Hospital era parte de la Mayor, y la calle del Baño la otra mitad;  y que para ennoblecer la ciudad lo hicieron todo una.

En este caso estoy de acuerdo con Gisbert; la «del Baño» puede ser la «del Ángel».  Y añado de mi cosecha que, el callejón mencionado, puede ser el actualmente llamado “de la Guardia»; separando la Mayor de la del Ángel y con acceso a la Judería por la calle de la Paja.

Hay que recordar que, hasta la apertura de la calle de Colón -hace poco más de un siglo- la calle del Ángel se podía considerar parte de la Mayor uniendo la Sala del Consell y la Catedral.  Así pues, la calle del Baño, si existió tal titulación, era probablemente la actual López Pozas.

Archivo Municipal de Orihuela.

En cuanto al origen de estas titulaciones medievales,  la del Hospital  tiene su origen en el Hospital del Corpus Christi.  En el capítulo nueve de este paseo  ya hablamos de como fue permutado a mediados del siglo XVI por el palacio del último obispo de Cartagena.

Para la segunda, la «del Baño»,  sólo tengo una teoría: puede referirse a baños árabes, como los que se conservan en el solar de la Casa del Paso.  Situadas cerca de las puertas, algunas de estas instalaciones musulmanas fueron reutilizadas durante años por los nuevos pobladores cristianos mientras se mantuvieron en pie.

Una vez repasado lo dicho por los cronistas, vamos con las titulaciones registradas en padrones y protocolos notariales durante los últimos cuatro siglos.

Archivo Municipal de Orihuela.

La más completa y descriptiva aparece en uno de mediados del XVII: Carrer del Bisbe, desde la Sala fins la porta de Elig”, es decir “Calle del Obispo, desde la Sala a la puerta de Elche”.

Normalmente figura como «Carrer del Bisbe»; a veces como «Carrer de la Seu». En protocolos del siglo XVIII aparece como «calle mayor llamada del Obispo».  Y en los del XIX como calle Mayor a secas.

Archivo Municipal de Orihuela.

Archivo Municipal de Orihuela.

Archivo Municipal de Orihuela.

Su titulación definitiva llegó en el verano de 1922, cuando Pedro Herrero Rubio solicitó que se rotulase una calle con el “nombre ilustre del Doctor Cajal” a fin de rendirle un merecido homenaje desde Orihuela.

El Ayuntamiento acordó que la Comisión de Ornato escogiese la calle que debía ostentar dicho nombre y que se rotulase durante la Feria.  Como podéis suponer, esta fue la elegida.

El 2 de agosto de ese mismo año, en el programa de festejos, se incluyó el descubrimiento de la lápida en la calle llamada a partir de entonces de Ramón y Cajal.

Ajomalba.

Y esto es todo en cuanto a rotulación se refiere. Como siempre, los oriolanos han prescindido de las titulaciones municipales y la siguen llamando «la calle Mayor». Si os parece, vamos a adentrarnos en ella para hablar un poco de sus edificios.

Colección Manuel Soler Sevilla.

Rebasado el Claustro, del que hablamos en el capítulo anterior, frente a la hornacina de la Soledad encontramos una hermosa casa con su jardín.

José Antonio Ruiz Peñalver.

Colección Javier Sánchez Portas.

Colección Javier Sánchez Portas.

Las dos últimas fotografías, tomadas desde el puente de Levante a principios del siglo XX, son anteriores a 1917, año en el que se edificó la vivienda actual.

Conocida como la casa de Ana Cano-Manuel, esta señora era viuda del abogado Pedro Soto Melgarejo, fallecido sin descendencia en 1910.  En sus testamentos dejaron un generoso legado a la Iglesia y «El Pueblo» se lo agradeció.

En ‘El Pueblo. Número Extraordinario dedicado a Nuestro Padre Jesús de Orihuela’, publicado en abril de 1926, recordaban al piadoso matrimonio.

Colección Javier Sánchez Portas.

La edificación actual, de estilo modernista, es obra de Severiano Sánchez Ballesta. Consta de planta baja y dos pisos.  Ana Cano falleció cinco años después de su construcción, en el año 1922.

Archivo Eusebio Escolano Giménez.

Archivo Eusebio Escolano Giménez.

El siguiente propietario del palacete que tengo documentado (no he conseguido saber a quién se la compró) fue el médico Eusebio Escolano Gonzalvo, cuya carrera política culminó con un acta de diputado por la CEDA, durante la II República.

Morador de la casa en los turbulentos años treinta, al declararse el alzamiento militar consiguió huir de Orihuela.

Su vivienda fue incautada por Ramón Pérez “el Cartero”, Luis Pérez “el Guardia” y Alfonso Melgarejo Fabregat, para instalar en ella la sede del Comité de Orden Público.

En el listado de «cárceles rojas», confeccionado en 1940, se cita literalmente: «Comisión de Órden Público (Casa del Dr. Escolano)».  La casona  sirvió también de alojamiento para soldados, refugiados y transeúntes.

Terminada la contienda pasó a formar parte del universo hernandiano al quedar relacionada con su particular «prendimiento».

A finales del mes de septiembre de 1939, año de la victoria -o de la derrota, según se mire- Miguel Hernández salío de la casa de los Marín Gutiérrez, padres del fallecido Ramón Sijé, domiciliados frente al palacio de Campo Salinas.  Un oficial del juzgado y el inspector de la Guardia Municipal lo identificaron y allí mismo comenzó su calvario, en la puerta de la casa de Escolano.


Joaquín Marín.

Don Eusebio la vendió a mediados de los sesenta. Su propietaria actual es María Isabel de Almunia y López de Sagredo, marquesa de Rubalcava desde 1977.

José María Pérez Basanta.

Baltasar Gómez Serna.

José María Pérez Basanta.

Miguel R Bailén González

Segimos caminando y, a la derecha, encontramos la hermosa puerta de la catedral apellidada «del Loreto» o «de los músicos».

Obra gótica de mediados del siglo XV, no voy a entrar en su descripción artística, como tampoco lo he hecho en las otras puertas de la Catedral, ni lo haré en el Palacio Episcopal; doctores tiene la Iglesia.

En cuanto a sus nombres, quedan explicados por los músicos que pueblan sus arquivoltas y por la capilla que tiene enfrente: la de Nuestra Señora de Loreto.

Mencionada también como del Orito, es una dependencia de la catedral situada extramuros del recinto; el primero de tres interesantes edificios anexos que vamos a comentar.

José María Pérez Basanta.

Del Loreto dice Gisbert que fue fundado en 1304 por gracia de doña Sancha de la Torre y Brizuela, como capilla del primitivo hospital del Corpus.  Que permutado este y trasladado al arrabal, el primitivo edificio quedó anexionado como capilla de la catedral en 1548, recibiendo la pila bautismal de la ermita de San Sebastián cuando se construyó el convento de agustinas, a principios del XVII. 

Joaquín Marín.

Nada de ese largo pasado dice la bula de erección -concedida por Roma en la primera mitad del siglo XVI- pero tampoco lo desmiente.

Sí deja claro que fue construida por el Cabildo sobre el cementerio mayor de la entonces colegiata del Salvador con la condición de que mantuviese parte del terreno como cementerio. De ahí esa especie de patio con un vaso funerario al que Gisbert llama «pórtico para enterramiento de pobres».

Las antiguas puertas del Loreto. Colección Javier Sánchez Portas.

José María Pérez Basanta.

Este añejo edificio está muy vinculado a la Semana Santa oriolana. Los parrafos siguientes pertenecen al artículo «Aportación al estudio de la Semana Santa Oriolana” publicado por Javier Sánchez Portas en 1981:

«En la capilla del Oreto, fundada en 1536, tenían su sede cuatro cofradías bajo las invocaciones del Santísimo Sacramento, Purísima Sangre de Cristo o Nuestro Padre Jesús, Nuestra Señora del Oreto y Nuestra Señora de los Desamparados. Estas cofradías estaban tan unidas que con el título de la primera se designaba a las restantes.

Tenían diversas obligaciones, como proveer la cera que se consumía en la Catedral y enterrar a los que morían desamparados o sentenciados por la justicia. Para realizar estos deberes tenían una fábrica de cera y pedían limosna en una procesión que organizaban el Viernes Santo por la tarde».

En este trabajo,  Javier documenta como esta capilla almacenaba varias imágenes o insignias de los gremios a finales del XVII: “La Oración en el Huerto” de los horneros y panaderos o «La Cruz de los labradores», atribuida a Nicolás de Bussi, la emblemática «Diablesa».

Colección Javier Sánchez Portas.

En 1706, proclamado en Orihuela  el pretendiente durante la Guerra de Sucesión, las tropas de Belluga asaltaron la ciudad y ardió la casa del Maestrescuelas, Gregorio de Soto y Orumbella.  Situada junto a la capilla, el fuego pasó al Orito produciendo importantes daños en el edificio y en “La Cruz de los labradores”.

Sobre la capilla, en una dependencia construida en la parte superior, había una rudimentaria fábrica de cera regentada por la Cofradía del Santísimo Sacramento, titular de la ermita, asociada a otras tres: Purísima Sangre de Cristo, Nuestra Señora de Loreto y Nuestra Señora de los Desamparados.

José Antonio Ruiz Peñalver.

El escudo de la Purísima Sangre de Cristo, con las llagas y las gotas manando, campea en solitario en la parte exterior. Sobre la portada, hay otro, con cuatro cuarteles:

El primero, con un cáliz, representa al Santísimo Sacramento.

El segundo,  al lado,  muestra los dados utilizados por los romanos para jugarse la túnica del Nazareno.

El tercero es el mas dudoso; por eliminación debería representar a Nuestra Señora de los Desamparados, pero solo muestra una cruz sobre nubes. Acepto sugerencias.

En cuanto al último, los ángeles llevando al vuelo la casa de la Virgen dejan claro que se refiere a Nuestra Señora de Loreto, patrona del Ejército del Aire.

José Antonio Ruiz Peñalver.

En la riada de octubre de 1797, conocida como «de San Nicasio», la casa del Loreto quedó de nuevo arruinada. Este suceso pasó a los anales de nuestra ciudad al ser arrastrada la imagen del Nazareno que presidía la capilla por las turbulentas aguas del Segura.

La rescataron a la altura del molino de Cox. Desde entonces, aquella imagen de Nuestro Padre Jesús desaparecida en la Guerra Civil, cargó con el cariñoso apodo de “el ahogado”.

José María Pérez Basanta.

Demolida y reedificada la capilla, la fábrica de cera siguió su misma suerte; circunstancia que aprovechó el obispo Francisco Cebrián para pedir al cabildo que le cediese la planta superior del Loreto. Conseguido su propósito, construyó un oratorio privado para uso de los prelados.

El cementerio funcionó hasta el siglo XIX. Hasta 1936 se celebró en ella misa dominical.  La imagen mariana que luce sobre la portada fue añadida en el siglo XX.

ZEUS74

Pedro Díaz Molíns.

El segundo edificio es el palacio episcopal, construido en 1558 en los terrenos que ocupaba el hospital del Corpus Christi.

Como ya contamos en el capítulo nueve, el último obispo de Cartagena, Esteban de Almeida, permutó el solar de su antiguo y abandonado palacio, situado en el solar del Hospital de San Juan de Dios, sala de exposiciones y biblioteca en la actualidad.

Esteban de Almeida falleció en 1563 y su escudo luce sobre la puerta más estrecha del palacio, conocida como de la Curia.

Ajomalba.

El obispo José Flores Osorio (1728-1738) demolió buena parte de la obra original para reformarla reforzando su cimentación. Su aspecto exterior cambió totalmente cuando el Consell le autorizó para tirar una nueva fachada recta, tomando de la calle “la distansia de un pie”.  Mejorado y ampliado, le añadió el claustro.  Su escudo campea en la puerta principal marcando el año de la reforma: 1733.

Roberto Vives Almansa.

El obispo Juan Maura en la puerta del palacio, principios del siglo XX.

Víctor Sarabia Grau.

Elías Gómez de Terán, Pedro Albornoz, José Tormo y Francisco Antonio Cebrián continuaron mejorando el edificio durante el siglo XVIII, añadiendole una nueva edificación muy sobria y una tercera puerta destinada a carruajes. De esta forma quedó unido con la casa del marquesado de Campo Salinas.

En la siguiente centuria las continuas riadas socavaron los cimientos de la parte trasera forzando su demolición en 1843, mientras su inquilino, el obispo Félix Herrero Valverde, permanecía desterrado por carlista.  Afectó principalmente a las dependencias de los prelados. Los restos aprovechables se emplearon en la adaptación del edificio del Pósito en la Plaza Nueva, convertido en ayuntamiento.

Félix Herrero Valverde.

Durante el siglo XX los años se le echaron encima sin mantenimiento y el edificio se fue arruinando poco a poco. Para colmo, el Obispo Pablo Barrachina trasladó su residencia y las oficinas de la Curia a Alicante.

En 1996 sufrió un conato de incendio; y por fin, dos años después, comenzaron las obras de restauración finalizadas en 2003, para ser sede central de la Exposición “La luz de las imágenes”.  En la actualidad alberga el museo diocesano, trasladado desde el claustro de la Catedral.

José María Pérez Basanta.

José María Pérez Basanta.

José María Pérez Basanta.

El tercer edificio, adosado al Palacio Episcopal,  es el que fue casa del Marquesado de Camposalinas.

Edificado en el siglo XVIII pertenecía a los  Sánchez Bellmont antes de obtener el Marquesado.  Sus primeros testamentos en Orihuela aparecen a finales del XVII; pero el prestigio de esta familia subió como la espuma en la siguiente centuria, a la sombra de los Borbones.

José María Pérez Basanta.

En 1707 Juan Sánchez Bellmont obtenía el cargo de Justicia Mayor de manos del propio Obispo Belluga, en una Orihuela sometida.

Su hijo Ignacio, regidor del ayuntamiento oriolano, casó con una hija del alcalde mayor de Valencia, emparentando con la prestigiosa familia Cebriá/Cebrián.  Gracias a la influencia de su suegro lo nombraron alférez mayor de Orihuela y requeridor de su costa en 1745. Sabemos que tenía un hermano de nombre Ginés, canónigo de la catedral de Orihuela.

Vicente Sánchez Bellmont y Cebriá, el hijo de Ignacio, consiguió el título nobiliario en 1790 de manos de Carlos IV.   En la primavera de ese mismo año había señalado para el futuro marquesado dos fincas de viñas y olivares situadas en la Universidad de Almoradí, en el sitio llamado Campo de las Salinas.  El 8 de junio apareció su nombramiento en la Gazeta de Madrid:

«S. M. se ha dignado conceder merced de título de Castilla con la denominación de Marqués de Camposalinas a D. Vicente Sánchez Bellmont y Cebrián, vecino de la ciudad de Orihuela, Caballero en la Orden de Santiago, para si y sus sucesores en su casa perpetuamente, en atención a sus circunstancias de nobleza, merito personal y de sus causantes y rentas que goza para mantenerse con el decoro correspondiente».

Fallecido en 1817 sin descendencia, el Marquesado pasó a su hermana Josefa, inmortalizada por el taller de Vicente López en este precioso retrato.

Retrato de la Marquesa de Campo Salinas Círculo de Vicente López. S. XIX. Óleo sobre lienzo.

La oriolana Josefa Manuela Sanchez de Bellmont y Cebriá -II marquesa de Camposalinas- nació el 3 de enero de 1752.  Contrajo matrimonio en Orihuela el 8 de febrero de 1772 con Francisco Agulló, emparentado también con los Cebrián.

El hijo de este matrimonio, José Agulló Sánchez Bellmont -III marqués de Campo Salinas- casó en 1809 con Vicenta Ramón de Sentís y Ripalda – V condesa de Ripalda y II baronesa de Tamarit-, uniendo el patrimonio de la valenciana casa de Ripalda con el marquesado de Campo Salinas.

Fruto de esta unión nació José Joaquín Agulló y Ramón de Sentís – VI Conde de Ripalda, IV marqués de Campo-Salinas y III barón de Tamarit-.  Afincado en Valencia, fue senador vitalicio y presidente de la Real Academia de San Carlos.  José Joaquín pasó a la historia como cofundador de la Cruz Roja en España.  Fallecido en 1876, su viuda edificó el famoso Palacio de Ripalda en Valencia.

Palacio de Ripalda.

José Joaquín Agulló y Ramón de Sentís.VI Conde de Ripalda, IV marqués de Campo-Salinas, III barón de Tamarit.

En julio de 1886, siendo ya condesa/marquesa su hija María Dolores, se inauguró un casino en esta casona llamado “Circulo de la Unión”, una alternativa al Casino Orcelitano que duró poco tiempo. En el primer cuarto del siglo XX esta señora vendió la casa.

Enlace al artículo.

Falleció sin descendencia en 1942. La vieja casona, restaurada y con otros dueños, siguió su propio camino;  ya para siempre como “Palacio de Campo Salinas”.

En 1928 acogió “El Centro de Caballeros de Nuestra Señora de Monserrate y San Francisco de Borja”, un establecimiento de orientación católico-conservadora dirigido por el jesuita Pedro Isla que incluía una escuela de oficios y una buena biblioteca.

Durante la II República pasó a ser el “Centro de Fomento de Trabajo y Cultura”, sede de la CEDA.

El 14 de abril de 1936, durante las celebraciones del quinto aniversario de la proclamación,  Miguel Hernández inauguró la Plaza de Ramón Sijé subido a una escalera.

Al terminar el acto, la manifestación pasó por la calle Mayor y asaltó el edificio. Durante largo tiempo la turba se entregó al expolio arrojando los muebles a la vía pública y al río.

Terminada la contienda albergó la sede de Falange Española y la emisora de Radio Orihuela.

En el “Hogar del Camarada”, cantina de Falange alojada en sus bajos, hizo sus primeros pinitos Joaquín Vegara, fundador del “Bar Joaquín”.

Alberto Zerón Huguet.

José M Ruiz Hernández

Cuando hablamos de la Plaza del Salvador me olvidé mencionar el «Patio de las Cadenas. Estos espacios  descubiertos, habitualmente enlosados y a un nivel superior al de la calle, se llaman atrios, y se pueden encontrar a la entrada de muchas iglesias. Solían señalizarse con columnas y cadenas.

José María Pérez Basanta.

Esas cadenas marcaban los límites del recinto sagrado. Gracias al fuero eclesiástico,  los perseguidos por la justicia ordinaria podían «acogerse a sagrado».  La cosa era especialmente grave cuando la Colegiata pertenecía al Obispado de Cartagena; refugiarse en ella era sinónimo de pasar a Castilla. La propia torre, en su base, era una prisión eclesiástica.

Los zócalos o columnas de piedra negra fueron renovados en 1791. Originariamente se pensó en media docena, con argollas y cadenas de hierro;  y así se mandó hacer al cantero Francisco Calvet. Pero como podemos comprobar, con cinco fue suficiente.

Como el cantero tenía ya trabajada la sexta y había que pagarla, la columna restante se aprovechó como repisa de un altar de la Catedral.

Las piedras más claras  y las cadenas actuales se colocaron en los años setenta, dando sentido al nombre del acceso principal de la Catedral: “Puerta de las Cadenas”.

José María Pérez Basanta.

Antonio José Mazón Albarracín.

Adaptación y ampliación de un programa de radio al que podéis acceder con los siguientes enlaces.

Programa de radio.

Vídeo del programa.

Como anexo final os dejo unas letras escritas por mi buen amigo Luis Mirete.  En mi opinión condensan la esencia de la calle Mayor en el último tercio del siglo XX:

Pedro Díaz Molíns.

«¡Cómo echo de menos sentir el eco de mis pasos recorriendo esta calle cada noche! 

Aún conservo en mis oídos los clericales silencios rotos de campanario y los borbotones de agua erigiéndose con violencia de palmera en los soportales de mi querida Soledad. 

En mi memoria guardo el aromático viaje con un comienzo de ferralla y recambio de tapa de olla mezclados con efluvios de Pasión desbordada emergidos desde Marita Salazar, hasta terminar en la fragancia de sotana de cera, de flor de entierro, de estridente órgano y genital sahumerio de pellizcos y dolor de brazo de nuestra Catedral pasando por los telares de olor hueco de paño «bueno» de Eleuterio, el aroma a libro nuevo, a goma de lápiz y comenzar de escuela desde los mostradores de Estruch, a la crisálida evolutiva de esencia y paladar transformado en fiesta placentera de ensaladillas, caldos y pelotas en el «Cicuta».

Toda la calle es aroma puerta por puerta en mi cabeza. Y sobre todos ellos la lluvia. El balsámico elixir de la vieja piedra mojada, de los balcones forjados en arquivolta, del sereno desplante del señor don Grifo aún con orgullo después del chubasco, son para la retentiva el regreso de los cinco de los ramos y las palmas; de los doce de correr por el claustral oscuro tras la novena; de los diecisiete del nacer de mi pasión por mi Orihuela y de los veinte del adiós, te amo, no te olvido y ahí te quedas.

José María Pérez Basanta.

Veo esta imagen a los cuarenta y se me caen los chorros de mi sangre a los pies entre alaridos de ausencia prolongada. Con una esperanza de muerte al fin como regreso hasta mi patria, aunque no pueda contemplar más mi sol, mi huerta y mi sierra, seguiré al menos recibiendo el olor, las fragancias puras y los escondidos aromas, cuando la lluvia palpitando entre otros pasos, me los traigan bajo la tierra». 

Callejeando 23. La Plaza de la Merced y los Soleres.

La Plaza de la Merced y los Soleres.

Retomamos nuestro paseo en la antigua plaza de la Merced repasando, como es mi costumbre,  lo que cuenta don Ernesto Gisbert en su Historia de Orihuela. De ella y de su prolongación natural: la calle de los Soler o Soleres.

En el apartado de calles del casco dice que Soleres se encuentra al oriente de la Mayor y guarda paralelismo con la de Santa Lucía.  Atribuye su titulación a una noble familia que, «con repetición suma, se cita en nuestras memorias».

En el apartado de plazas añade dos pequeñas plazuelas entre Soleres y Santa Lucía, afirmando que sería una sola plaza de relativa importancia si no se hubiese edificado un horno en su centro.

En cuanto a la de la Merced, dice que son otras dos plazuelas unidas por un pequeño tránsito junto a la antigua torre de Navalflor.

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Callejeando 22. Santa Lucía y el Barrio Nuevo.

Colección Javier Sánchez Portas.

Santa Lucía y el Barrio Nuevo.

Hasta la construcción del desaparecido convento de dominicas – cuyo solar ocupa hoy una plaza-,  la calle de Santa Lucía se citaba en los padrones como «Carrer de la Seo» o «Carrer de la Fira fins la porta nova».   Algo así como un apéndice de la calle de la Feria.

Archivo Municipal de Orihuela.

Archivo Municipal de Orihuela.

En el siglo XVII,  con el convento ya fundado,  aparece aún reflejada como “carrer des la Porta Nova a la Seu y carrer de la Fira”,  es decir: «la calle que va desde la Puerta Nueva a la Catedral y calle de la Feria.

Archivo Municipal de Orihuela.

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