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Callejeando 30. El arrabal de San Juan Bautista 5.


AMO 1636-1660

Porta nova desde el vall
a la porta de Crevillent.

Continuamos nuestro paseo virtual por el Arrabal Moderno, pasando de la calle de San Juan a la de Ballesteros Villanueva, el antiguo Vallet. Este capítulo abarca la zona descrita en la imagen anterior: La puerta nueva, desde el vall, a la puerta de Crevillente.

En la actualidad está dividida en tres calles. Antes de tratar cada una de ellas por separado, vamos a hablar del espacio en conjunto. Además de las imágenes, he incluido unos vídeos que os ayudarán a viajar en el tiempo.

Fotografía: Francisco Luis Galiano
Vídeo: José Antonio Ruiz Peñalver

El Valle de la Puerta Nueva en la Edad Media.

Entre la torre esquinera de Navalflor y la Puerta de Crevillente (al inicio de la calle de Arriba), el muro lindaba con un cenagal surcado de acequias. El inhóspito paraje era un pasillo natural que actuaba como desagüe entre la sierra y el río. Un terreno insalubre propenso a la acumulación de aguas muertas.

Conocido como «el Vall», se ha traducido generalmente utilizando la primera acepción del diccionari normatiu valencià: «depresión alargada y relativamente ancha, definida por la convergencia de dos vertientes y recorrida, generalmente, por un curso de agua«; es decir, la definición castellana de valle. A mí me pareció que le cuadraba; y como valle está traducido en los Anales de Bellot.

Pero hay una segunda acepción que le cae como anillo al dedo: «excavació profunda feta longitudinalment al voltant d’una fortificació per a dificultar el pas de l’enemic des de fora al mur» ; lo que se traduce como: excavación profunda que rodea una fortaleza que se hace para obstaculizar el paso del enemigo; la definición castellana de foso.

En el famoso grabado del Cartulario podemos comprobar su utilidad defensiva, aislando y reforzando la muralla por el flanco de Levante, para dificultar cualquier estrategia de asedio.

Oriola durante la Guerra de los Pedros
 Cartulario de Privilegios. AHN.

En 1356, año de inicio de la Guerra de los dos Pedros, dentro de los preparativos generales, el Consell decidió adecentar y preparar el Vall. Nuestro cronista favorito, mosén Bellot, lo dejó reflejado en sus Anales de Orihuela.

«Que se hiciesen puertas o se cerrasen todos los postigos a cal y canto; que cada casa dé un hombre con su azada y capazo para obrar muros; que los jurados mandasen subir mucha piedra a las torres y muros; que se limpie el valle de la Puerta de Crevillente…»

En el párrafo anterior, Bellot utiliza el término «valle de la Puerta de Crevillente». Pero con la acepción antes mencionada, se referían a limpiar el foso de protección; no un valle. Otra palabra que aparece continuamente en castellano es concejo. Yo lo he sustituido por Consell.

Traducciones castellanas aparte, lo cierto es que, una vez adecentado el terreno, dejó de mencionarse como «de la puerta de Crevillente». Un portillo que daba paso a la calle de la Feria tomó el protagonismo y el Vall adoptó su nombre.

«El Valle de la Puerta Nueva estaba muy lleno de cieno y otras inmundicias; y no se podía limpiar por el agua que había encima. Así pues, el Consell ordenó que se vaciase, haciendo un escorredor por debajo de las acequias de Almoradí y Catral.»

Fotografía Javier Sánchez Portas
Montaje idealizado Ajomalba

El encargado de avenar y nivelar el terreno fue un ingeniero llamado Matías Figuerola; y todo el personal ocioso fue destinado a trabajar en el escorredor. En 1358, ante la posibilidad se ser cercados por los castellanos, el Consell repartió la tarea de fortificar la ciudad; y a los vecinos de Callosa les tocó obrar el vall.

«1358. Cuando Orihuela temía ser cercada por el rey don Pedro, repartió las obras de fortificación, y cupo a Callosa hacer el valle de la Puerta Nueva.»

Además de arreglar el foso, la tarea implicaba cerrar a cal y canto la puerta de Crevillente y el portillo que llamaban Puerta Nueva; sellados con obra del mismo grosor que el muro. Pero los de Callosa no vinieron; y para cumplir con su obligación en la defensa, siguiendo el protocolo habitual, concertaron un pago de diez y ocho dineros por familia.

Un año después, el Consell mandó acelerar la obra mientras investigaba qué había sido del dinero aportado por los callosinos. El Vall seguía sin terminar y pasaron el encargo a Bartolomé Viudes.

«1359. Los habitantes de Callosa tenían obligación de hacer el valle de la puerta Nueva y ellos no vinieron, porque se concertaron 18 dineros por casa y no parecía el dinero. El Consell cometió esta causa a Berenguer Morrelles, para que averiguase quién o cuántos y a quién habían pagado…»

Firmada la paz con Castilla en 1361, el Consell mandó abrir la puerta Nueva con un puente de piedra sobre el escorredor para facilitar el paso. Pero aquella paz fue sólo una simple tregua. Cuatro años después, Orihuela soportó su más duro y famoso asedio y la puerta fue cegada de nuevo; era práctica común.

En 1410, las puertas Nueva y de Crevillente volvían a estar tapiadas; esta vez por una guerra civil en la Corona de Aragón, librada entre los aspirantes a la sucesión del difunto Martín «el Humano» (solucionada dos años después gracias al «Compromiso de Caspe»).

En esas fechas los mercedarios estaban ya dentro de la muralla ocupando la torre de Navalflor como campanario. Dicha torre adoptó el nombre del convento: «Torre de Santa Eulalia, ólim (antes) Navalflor».

Enlace artículo.

La Puerta Nueva tras la visita de los Reyes Católicos.

AMO 1636-1660

La Porta Nova, o Puerta Nueva en castellano, dejó de ser portillo en el año 1488; cuando la visita de los Reyes Católicos animó al Consell a reedificarla completamente.

Isabel y Fernando entraron por ella a Orihuela:

«1488. En las fiestas que Orihuela hizo cuando los Reyes Fernando e Isabel entraron en ella (…) Hicieron solemne paseo por la ciudad, que estaba toda entapizada y enramada; entró por la puerta Nueva, que se labró de nuevo como hoy está…» (escribe esto en el siglo XVII).

«Hízose el portal de la puerta Nueva de piedra picada y grande, en la forma que hoy está, que antes era pequeña porque en las guerras pasadas la cerraban a cal y canto. Y pusieron sobre ella las armas de Aragón y Castilla juntas.»

Emblema de los Reyes Católicos.
Iglesia Parroquial de Santiago
.

Avenado el terreno y en plena expansión del Arrabal de San Juan, entre los siglos XV y XVII los pobladores se fueron instalando en este descampado, levantando sus casas entre acequias, escorredores y “trastalladors”, como se nombraban las compuertas o portillos.

La cercanía de los mercedarios, que se fueron apropiando de toda la manzana hasta plantar su fachada en los Hostales, fue otro factor positivo para el crecimiento y urbanización de una zona que, con el paso del tiempo, pasó a ser el corazón del arrabal, una prolongación de la zona comercial de los Hostales que contaba con sus propias carnicerías, las segundas en importancia tras las de la Plaza Mayor.

Fachada de los Mercedarios.
Colección Javier Sánchez Portas.

A partir del siglo XVI la muralla interior perdió su utilidad defensiva y el Consell dejó de preocuparse por su conservación. La obsoleta Puerta Nueva se mantuvo en pie hasta diciembre de 1737; fecha en la que, completamente arruinada, fue demolida. Esta es la historia del Vall y del arco que durante siglos le dio nombre: la Porta Nova, o Puerta Nueva cuando pasó al idioma castellano.

AMO. Siglos XVII y XVIII

Como ya he dicho, se dividió en tres sectores claramente diferenciados que son tres calles en la actualidad: la del Vallet (Ballesteros Villanueva), la plaza de la Porta Nova (El Paseo), y la Carretería (Ruiz Capdepón).

El Vallet

El primer sector, colindante con el convento de la Merced y su plazuela, es el más estrecho. Mantuvo el nombre original con diminutivo valenciano. De Vall, Vallet.

AMO. Siglos XVII y XVIII

El topónimo, escrito «Ballet», se mantuvo hasta el mes de enero de 1879; cuando falleció Baldomero Fernández Espartero, una de las glorias patrias homenajeada en muchos callejeros de España. «El Segura» anunció el cambio, haciéndose eco de «El noticiero de Murcia»:

«El ayuntamiento de Orihuela por indicación de su activo alcalde nuestro distinguido amigo D. Matías Rebagliato, ha acordado poner el nombre de «Espartero» a una de las principales calles de dicha población. Según nuestras noticias la calle agraciada será la del Vallet.

Y así fue. Para hacer constar la inmensa pena que embargaba a todo el Municipio, el Ayuntamiento había decidido costear un retrato de Espartero y variar el nombre de la calle del Vallet, asignándole el de Príncipe de Vergara. El libro de actas correspondiente está mutilado, por lo que no puedo precisar la fecha exacta del acuerdo;  pero las sesiones inmediatamente anterior y posterior son del 11 y 23 de enero de 1879. También organizaron «suntuosos funerales» en Santa Justa. El mismo periódico dio cuenta de ellos:

«El lunes (27) con una concurrencia numerosísima tuvieron lugar en la Santa Iglesia Parroquial de Santa Justa y Rufina y con la asistencia de los tres cleros parroquiales de esta ciudad las solemnes honras fúnebres que los admiradores del ilustre e inmortal Príncipe de Vergara han celebrado, por el eterno descanso de su alma y en memoria de sus grandes virtudes cívicas y militares.»

El Vallet y Espartero
Colección Javier Sánchez Portas

«Apenas suficiente la anchurosa nave del arabesco templo a contener la inmensa multitud que asistió a tan religioso acto (…) Nunca hemos visto tanta suntuosidad y magnificencia fúnebres. Enlutado completamente el espacioso templo, multitud de lámparas pendían de todos lados, ocupando las capillas preciosas y enlutadas arañas. En la parte anterior del presbiterio se elevaba majestuoso y severo el catafalco compuesto de cuatro cuerpos cuadrangulares, terminado por una pirámide cuadrangular en cuyo remate flotaban unidas a una varilla final negras y vaporosas gasas. El frente del cuarto cuerpo le ocupaba la simbólica imagen de la Fe, ostentando el mismo lado del tercer cuerpo la siguiente inscripción: A su alteza serenísima D. Baldomero Fernández Espartero, sus admiradores.»

«El segundo cuerpo compuesto por cuatro arcos adornados con magníficos cortinajes de terciopelo con franjas de oro formaban la fúnebre bóveda bajo la cual y sobre el primer cuerpo se elevaba el féretro, cubierto con un riquísimo paño de terciopelo, conteniendo las insignias militares del honrado patricio.»

«El primer cuerpo estaba formado por una ancha plataforma forrada de negro, a la que se ascendía por cuatro escalinatas cubiertas también de negro, saliendo de la alfombra que cubría la escalinata del frente la extensísima que cubriendo el pavimento se extendía hasta el punto de la presidencia, situada en el centro y en la parte posterior del templo. En los testeros del segundo cuerpo se leían: en la parte posterior mirando al presbiterio. Conde de Luchana y de Morella, Vizconde de Banderas.»

«Al frente: Príncipe de Vergara, Duque de la Victoria. A los lados: Lealtad, Constancia, Abnegación, Patriotismo. Sobre el arco del frente descansaba un laureado retrato al óleo del ilustre finado, debido al pincel del Sr. Navarro. Innumerables grupos de luces ordenadas simétricamente y diferentes piras, iluminaban el conjunto artístico del catafalco, obra del entendido artista D. Vicente Navarro. Sobre los lados del templo se leían los lugares y fechas de los hechos de armas más gloriosos del general Espartero.»

Muerte de Baldomero Espartero
(Museo de La Rioja)

«Entre la concurrencia numerosísima, distinguimos al Ilmo. Sr. Obispo de la Diócesis, al Excmo. Ayuntamiento, a los Sres. Jefes y Oficiales del Batallón Reserva de esta ciudad y a los dignísimos Sres. Juez y Fiscal de este Juzgado. La oración fúnebre que conforme anunciamos fue pronunciada por el elocuente orador sagrado Sr. D. Félix Martínez Espinosa, canónigo de la Sta. Iglesia Catedral de Murcia, fue un magnífico trabajo literario cuyo incontestable mérito es suficiente a demostrar el talento del Sr. Espinosa. La misa cantada, es, si no nos engañamos de Andreví; en cuanto a su ejecución… corramos un velo en señal de misericordia.»

«Este cuadro que desaliñadamente hemos bosquejado es un descolorido trasunto de las solemnes honras fúnebres que Orihuela ha celebrado en memoria del ilustre Duque de la Victoria, verdadera gloria de nuestra querida España.»

Príncipe de Vergara se mantuvo durante más de cuarenta años, compartido con Duque de la Victoria (ambos títulos ostentaba el famoso general Espartero).

Hasta el verano de 1921; cuando el Ayuntamiento quiso premiar los grandes y meritorios servicios prestados a la ciudad por Francisco Ballesteros Villanueva.

Ballesteros y su calle.
Coloreada por J. Manuel Dayas

Francisco Ballesteros fue un farmacéutico metido en Política. Según su inscripción en el Registro Civil, nació el 29 de octubre de 1852 a las 7 de la mañana, en la Puerta Nueva. Bautizado en la Catedral, era hijo del boticario Francisco Ballesteros y de Dolores Villanueva.

Comenzó su carrera política como secretario del Partido Constitucional. Ingresó en las filas liberales para convertirse en el hombre de confianza de Ruiz Capdepón en Orihuela a finales del siglo XIX. Ocupó todos los cargos posibles hasta que Capdepón decidió centrarse en la carrera de sus hijos. Ballesteros abandonó la política activa, a principios del siglo XX.

Tenía su casa en el Vallet y por ello se le dieron su nombre. Una comisión municipal le hizo una visita para comunicarle la decisión. El edificio, completamente arruinado en la actualidad, es la casa amarilla que hace esquina con el callejón del 5 de Marzo, antigua calle de Sarmiento de la que ya hemos hablado anteriormente.

Parece ser que esta traviesa entre San Juan y el Paseo nunca tuvo suerte. Esta nota publicada en «El Día», el 23 de junio de 1887, parece escrita hoy mismo. Sólo habría que cambiar «ligeras reparaciones» en la casa de Ballesteros por «amenaza de ruina»:

«La calle de Sarmiento de esta ciudad está de pésame, a las muchas desdichas que sobre ella pesan, ya en forma de escombros que obstruyen su tránsito, ya por su poco aseo. etc. etc. hay que añadir unas ligeras reparaciones que se han hecho en una casa, propiedad de D. Francisco Ballesteros Villanueva, y en la cual han dejado en su fachada y en la parte superior de ella tres canales, sistema antiguo, sin duda con el objeto de que por ellas llore sus desgracias la repetida calle. ¡Sr. Presidente de la Comisión de ornato!…. ¡no lo entiende V. ¡o es que D. Francisco tiene la famosa bula de Meco!.»

Casa Ballesteros.
José María Pérez Basanta.

Fallecido en 1923, en la Crónica de José Manuel Teruel Rebollo, cronista oficial de Orihuela en ese año, quedaron escritas estas líneas que os dejo a modo de biografía:

«Todos los meses tienen alguna nota triste, llevándosenos amigos que no vuelven; el presente nos ha dado esa nota dolorosamente repetida. Entre los que pasaron al lugar silente del eterno reposo está el ilustre patricio Excmo. Sr. D. Francisco Ballesteros Villanueva, oriolano que por sus merecimientos personales, por sus virtudes cívicas, por su talento político y su honradez depurada en el crisol de la pública administración, glorificó y enalteció el nombre preclaro de Orihuela.»

«No he de hacer su biografía bien conocida, pero quiero dejar aquí nota de los cargos que desempeñó siempre con el beneplácito de sus superiores jerárquicos y con el aplauso unánime de las masas populares.»

«Fue Concejal y Alcalde de Orihuela; Diputado Provincial y Presidente de la Diputación de Alicante y Gobernador interino de esta Provincia, siéndolo más tarde en propiedad, dos veces de Albacete y una de Valencia, donde al dejar de serlo, se le dio un banquete de despedida por todos los partidos políticos de aquella ciudad, que así agasajaba al Gobernador honrado.»

«Fue dos veces Diputado a Cortes por Villajoyosa, y al ser nombrado Senador Vitalicio su gran amigo y valedor, nuestro glorioso paisano D. Trinitario Ruiz Capdepón, le sucedió en la representación parlamentaria de este Distrito, del que fue Diputado en dos legislaturas, hallándose en posesión de varias condecoraciones, entre ellas la de Isabel la Católica y Carlos III y era jefe de Administración Civil. Siempre fue liberal y, al morir el Sr. Ruiz Capdepón, se retiró de la política.»

Francisco Ballesteros Villanueva.

«A él se deben mejoras tan importantes como la construcción de la Glorieta; el puente de Levante; la apertura de la calle de Loazes; el ensanche y adoquinado de la calle Mayor; y finalmente inauguró una era de moralidad política y administrativa que fue su gran ejecutoria.»

«Herido de muerte por la traidora apoplejía, falleció a los 70 años de edad, mereciendo el amor de los suyos, la admiración de sus amigos y el respeto de sus adversarios, siendo su entierro la manifestación popular de duelo más grande que se ha conocido en Orihuela. A la calle en que vivió se le ha dado su nombre, y el Ayuntamiento acordó celebrar un solemne funeral por el descanso eterno de su Alma.»

Vallet siglo XX
Archivo Mariano Pedrera
Vallet siglo XXI
José M. Pérez Basanta

La plaza de la Puerta Nueva

Al segundo sector en que quedó dividido el antiguo Vall, lo llamaron “Puerta Nueva”. Era el más amplio con diferencia a pesar de la reducción que supuso el asentamiento de nuevas viviendas.

Adosadas al muro y en los bordes de las acequias, el espacio aún permitía una especie de plaza como elemento articulador del moderno Arrabal de San Juan Bautista; un nuevo barrio que abarcaba y reunía los antiguos Ravalete y Arrabal de Elche.

Plasa de la porta nova.
AMO 1636-1660

Mientras se mantuvo el tránsito rodado que generaban las dos puertas, proliferaron los carreteros, herreros y carpinteros. Convertido en zona céntrica y con espacio disponible, atrajo también a otros muchos artesanos y profesionales.

En los repartos podemos encontrar chocolateros, guitarreros, torneros, comerciantes, tenderos y, por supuesto, tintoreros y cedaceros. Dan prueba de ello los callejones que conservan sus nombres gremiales. También la propia Carretería, de la que hablaremos seguidamente. Os dejo el recorte de un reparto del siglo XVIII. Mirando la profesión de los vecinos podéis deducir a qué traviesa corresponde.

Traviesa de Tintoreros
AMO 1783

La evolución de la zona en la Oriola foral está estudiada magistralmente por José Ojeda Nieto, en su libro “Orihuela imaginada, siglos XVI y XVII”.

De la citada obra, voy a extraer unas notas referentes a «la casa de les roques», un almacén situado en la Puerta Nueva donde guardaban las figuras que procesionaban en la fiesta del Corpus. Especial atención merece la Tarasca, un artificio con reminiscencias mitológicas de serpientes o dragones. Esta primera nota es de 1654:

«Memoria del gasto que yo Visente Saidía tengo [h] echo en la Tarasca… para las fiestas del Corpus y Santas Justa y Rufina: cama y pie de la Tarasca …., cañas para las costillas y espaldas…, perchas delgadas de álamo negro y blanco…., cordeles para coser la cabesa y cola de dicha Tarasca…… cola de carpintero para encolar el lienso primero…, [h] arina para engrudo del cartón de la cabesa…, color para pintar dicha Tarasca…, de vestir el cuerpo y cama de dicha Tarasca.., el cuerpo de una negra que se puso sobre dicha Tarasca…, por una inversión que se hiso para que rodase la dicha negra…, damasquillo fino de lana –y- tela para forrar el jubón –y- sinta …, y una ninfa vestida de damasquillo…»

Tarasca para la procesión del Corpus
Madrid, 1744. De la página “Hispana”

Esta otra es de 1660: «Lienso para la puertesica que entran y el cuello a la Tarasquica…. De engrudos y papel de estrasa y blanco para las alas y cabeza….. de vestir el negrillo de ensima…., de la balona que lleva dicho hegro….., de [h] aserle una cabeza, una corona de cartón plateada, una trompeta de cartón en los estremos de la plata, una banderola de tafetán azul con las armas de dicha Ill [ustr] e ciu[da] d, plateadas con el Oriol de oro y la vengala de color y plata…..»

Como ya he dicho, el espacio público se fue estrechando por las construcciones a ambos lados. Si en el siglo XVII la llamaban «Plasa de la Porta Nova», en la centuria posterior aparece en los padrones sencillamente como «Puerta Nueva».

AMO 1719

A mediados del XIX era uno de los sitios más concurridos de la población. Pero la categoría de paseo la alcanzó en enero de 1862; cuando se inició la construcción de un elegante y enrejado espacio de cuya obra se hizo cargo el maestro Francisco Sánchez.

Terminado en mayo 1863 y a petición del alcalde, acordaron llamarlo Paseo Príncipe de Asturias, en honor a Alfonso XII. Pero esta disposición nunca se llevó a efecto. Su titulación fue «Paseo de la Puerta Nueva» durante más de tres décadas.

Paseo de la Puerta Nueva
1879 Riada de Santa Teresa

Poco duró la alegría. En el verano de 1867, los vecinos de Puerta Nueva, Vallet, Carretería y Colegio ya pedían al Ayuntamiento la reforma del Paseo, «un panteón triste y sombrío» con incómodas escaleras, que reducía a dos callizos una de las mejores calles de Orihuela.

Hasta la construcción de la Glorieta era el sitio urbano más concurrido. Los días de fiesta la banda municipal amenizaba allí el recreo de los oriolanos. Pero aquel paseo, con sus bancos corridos de mármol, sus rejas y sus farolas, además de estorbar al tráfico, ocultaba en su interior una cloaca. En septiembre de 1886 aparecían las quejas en prensa:

«Aunque parezcamos molestos, no nos cansamos de llamar la atención de la autoridad hasta tanto no se disponga la limpieza de la especie de cloaca que existe en el Paseo de la Puerta Nueva»

«Sr. Alcalde, en bien de la humanidad disponga que se limpie el embovedado del indicado paseo, en la seguridad se lo habrá de agradecer el público, y en particular los pacientísimos y sufridos vecinos de la Puerta Nueva.»

Octubre de 1886, entrada del obispo Maura.
Colección Antonio Luis Galiano Pérez.

El problema se agravaba con el calor. La siguiente nota es de agosto de 1892: «Los asiduos concurrentes al paseo de la Puerta Nueva se quejan, de que se percibe un tufillo que sale por la alcantarilla sumamente desagradable al sentido del olfato, y apreciarían que por quien corresponda, se den las órdenes oportunas para que se proceda a limpiar la bóveda del paseo, si es que hay de ello necesidad, o averiguar la causa del mal olor.»

El Ayuntamiento hacía lo que podía y mandaba limpiarlo de vez en cuando; pero cada verano las quejas arreciaban. Ésta es de julio de 1894:

«Que se limpie. Es unánime y justo el clamor, que los vecinos y concurrentes al paseo de la Puerta Nueva, dirigen a la autoridad para que mande limpiar la alcantarilla que pasa por debajo de dicho paseo; pues además de las molestias que causa el pestilente olor que exhala, ofrece un peligro para la salud pública aquel foco de infección ayudado por los calores que aprietan.»

En noviembre de 1895: «Siguen los desprendimientos de gas de los pantanos en la bóveda del paseo de la Puerta Nueva. Y conste, que al hacer esta denuncia, no la hacemos por nosotros mismos, porque nos hemos habituado a estos perfumes.»

En esta situación de queja permanente llegó el primer cambio de titulación. En octubre de 1896, el semanario “El ateneo de Orihuela” anunció la posible visita de Mateo Sagasta.

«Visita al Sr. Sagasta. Con objeto de cumplimentar a su jefe, pasó el lunes a los baños de Fortuna una comisión del partido fusionista local, compuesta de 27 individuos y presidida por el Sr. Ballesteros. El Sr. Sagasta, cuya llaneza de trato es proverbial, recibió a los expedicionarios con la mayor afabilidad, y éstos a su vez, se vinieron gratamente impresionados del saludable aspecto que presenta su jefe a pesar de sus muchos años.  Les ofreció visitar a Orihuela antes de emprender su regreso a Madrid, si circunstancias imprevistas no se lo impiden.»

El uno de noviembre la visita estaba organizada:

«Visita extraordinaria. En la próxima semana, hará su anunciada visita a esta ciudad, el ilustre jefe del partido fusionista español,  Sr. Sagasta. Regularmente se alojará con toda su comitiva en el palacio de Arneva, conocido por la casa del Pavo, permaneciendo un día en ésta, durante el cual será, obsequiado con una ascensión y comida en el Seminario Conciliar. De la comitiva forman parte, además de otras distinguidas personas, tres ex ministros que son: los Sres. Ruiz Capdepón, Canalejas y López Puigcerver. Pocas veces se ha visto Orihuela honrada con huéspedes tan esclarecidos.»

Práxedes Mateo Sagasta.

Al final la esperada visita quedó en un almuerzo. Aún así, el concejal Ferrer Lafuente manifestó la honra que suponía para nuestra ciudad la visita del ilustre hombre de estado Práxedes Mateo Sagasta.

«La visita de Sagasta. Con objeto de esperarla, vino el martes a esta ciudad el Sr. Capdepón;  pero habiendo recibido aviso telegráfico que se habían alterado el itinerario y las estancias del viaje del señor Sagasta por habérsele recrudecido el catarro que sufre, salió en el mismo día para Murcia y Cartagena de cuya última ciudad regresó ayer con su jefe. La permanencia de éste en Orihuela ha sido breve. Llegó a las 10 de la mañana, almorzó en el alojamiento que se le tenía preparado en la casa del marqués de Arneva y prosiguió su viaje para Alicante a las 3 de la tarde. Le han visitado, además de las autoridades, las comisiones de sus partidarios de los pueblos del distrito.»

Y en la sesión del 14 de noviembre de 1896 quedó acordado que se perpetuase la fecha de su estancia en Orihuela, dando su apellido a una de las mejores calles de la ciudad, la de la Puerta Nueva. El propio Ferrer compró las dos planchas indicadoras de que la calle, en lo sucesivo se llamaría Calle de Sagasta.

Nota curiosa: La preponderancia de Capdepón en Orihuela quedó patente en la zona. Las tres calles que hoy tratamos obtuvieron títulos de políticos liberales (el propio Capdepón, Sagasta y Ballesteros). Sin embargo, Cánovas del Castillo, el otro firmante del Pacto del Pardo, siendo nieto de Orihuela nunca tuvo calle. Antonio Cánovas García, padre del famoso político conservador, era oriolano. Bautizado en la Catedral en febrero de 1792.

Calle de Sagasta
Colección Javier Sánchez Portas

Volviendo al «Paseo de Sagasta», en septiembre de 1899,  el Ayuntamiento recibió una nueva solicitud de demolición por parte de los vecinos. Además del tránsito incómodo y los malos olores, la infraestructura era muy deficiente. El agua de lluvia, encauzada por la alcantarilla que lo atravesaba, inundaba las casas con agua, lodo e inmundicias.

En la sesión del 7 de junio de 1900 se aprobó un recorte por la parte de la Carretería; revocando los muros y pintando rejas y asientos. Pero no se llevó a cabo. Con periódicas chapuzas se mantuvo unos años más.

En 1904 lo más acuciante era el paso subterráneo lleno de basura y animales muertos; una asquerosa charca de agua corrompida y cieno que despedía un olor insoportable:

«Hasta ahora todo el mundo creía que el paseo de la Puerta Nueva, dada su construcción actual, era solo un obstáculo en aquel sitio, pero nadie, al parecer, se había dado cuenta de que al mismo tiempo pudiera ser un peligro para la salud pública. Así es en efecto. Dicho paseo está edificado de manera que por bajo y con intención de que circulen las aguas, existe una especie de subterráneo que no responde a su fin.»

Paseo de la Puerta Nueva
Desde el Vallet.

«Hace pocos días se verificó por orden del Sr. Alcalde una limpieza en aquel lugar. Allí habían varios animales muertos en una asquerosa charca de agua corrompida y cieno que despedían un olor insoportable y visiblemente dañoso. ¿Es posible que  esto pueda existir en una de las calles principales de Orihuela, en una parte destinada nada menos que a paseo público? No: deben comprenderlo así nuestras celosas autoridades.»

Unos se quejaban de los olores y otros por el estorbo para el tránsito:

«El paseo de la Puerta Nueva debe desaparecer en su forma actual y cuanto antes mejor. El gasto es insignificante. Los asientos que ahora hay allí,  pueden distribuirse en bajo, ensancharse un poco las aceras y dejar una calle magnífica, sin que aquello pierda nunca el carácter de paseo. Las verjas y las escalinatas son un estorbo, las bóvedas son un peligro para la salud pública.»

Paseo de Sagasta
Principios del siglo XX.

En junio de 1907, el flamante alcalde José Escudero Zapata recordó que se había aprobado la demolición ocho años años antes y decidió ponerla en práctica inmediatamente. Algunos vecinos se opusieron, pero la corporación se mantuvo firme en la decisión. El paseo desaparecía para urbanizar la calle a nivel del suelo, sin rejas ni escalinatas. «La Huerta» ya lo anunciaba una semana antes:

«Dentro de pocos días se comenzarán los trabajos de ensanche en la calle de Sagasta haciendo desaparecer el antiguo paseo. Nos parece muy bien esta reforma que se debe a la iniciativa del Alcalde.»

«El paseo de la Puerta Nueva era un peligro para la salud pública y un estorbo en la calle de Sagasta. Por bajo de dicho paseo existe una alcantarilla que recibe las aguas. Estas generalmente se estancan y se corrompen. Este es el motivo principal que exige la desaparición del aludido paseo.»

En las sesiones municipales de junio y julio se discutió el espinoso tema del paseo y la comisión de Ornato presentó dos proyectos. El alcalde se decantó por convertir el antiguo paseo en un «boulevard». El concejal José Germán votó por la opción alternativa al considerar que quedaría la calle de Sagasta en el mismo estado; con dos callejas estrechas.

Los señores García y Garriga alegaron la necesidad de que Orihuela tuviese un paseo en condiciones; pues la Glorieta, además de apartada, era «foco de enfermedades palúdicas».

Al no haber unanimidad se pidieron dos presupuestos a Francisco Sánchez; y la resolución quedó suspendida para un estudio más a fondo. Por fin el 11 de julio se presentaron los dos proyectos con sus respectivos presupuestos para la reforma de la calle de Sagasta. Y se aceptó la opción «boulevard»:

«De hormigón con baldosín estriado, cuatro brazos de alumbrado y 14 bancos de hierro fundido con asiento y respaldo de madera. Lleva consigo el arreglo de las dos calles paralelas y las dos aceras con hormigón y baldosín.»

Calle de Sagasta
Primer cuarto del siglo XX.

El proyecto contó con los votos en contra de los señores Romero Sansano, Romero Rufo, Giménez, Pastor y Lucas. Esta clara división alentó a los periodistas de uno y otro signo político. Vamos a comenzar transcribiendo una simpática carta abierta publicada en la huerta con el título «Capdepón y las niñas»:

«Hoy, en la sesión del Ayuntamiento, se ha acordado derribar el paseo de la Puerta Nueva, y hoy se ha dado una lanzada al ilustre D. Trinitario y a las niñas de la calle de Sagasta. El alcalde ha creído que esa medida iba a proporcionarle unánimes alabanzas, pues de una calle antigua y fea, va a hacer una calle moderna con anchas aceras como apenas tenemos otra en Orihuela y yo le participo que no es así.»

«¿No sabe el Sr. Escudero Zapata que también los liberales intentaron llevar a cabo la reforma, y varias simpáticas jóvenes de la calle escribieron una carta a D. Trinitario, ordenando éste inmediatamente la conservación del paseo? ¿No se figura el Sr. Alcalde las ternezas, los argumentos sugestivos (que tal vez hicieran pensar a D. Trinitario que aún era mozo y debía ser galante) capaces de convencer a un santo, que esas niñas, bellas muchachas, deslizarían en esa carta?»

«¡Ah! El alcalde no habrá recibido otra igual seguramente. De lo contrario, el paseo no se derribaría. No hay quien se resista a una carta de esa naturaleza, tal vez perfumada; de seguro tierna y acaramelada como todas las cartas de mujeres, siempre escritas al corazón. Yo sé decir de mí, que por encima del ornato público y de todo lo público, está una carta firmada por unas jóvenes bellas y simpáticas. Y para D. Trinitario estuvo también. Me vale honra coincidir con el ilustre hombre público en eso de ceder a peticiones de mujeres. ¿Y por qué pedir la conservación del paseo las niñas de la calle de Sagasta?»

«El paseo es solitario; allá no acude nadie; está en una semioscuridad misteriosa. El amor gusta de soledad y esa semioscuridad que deja paso a las ilusiones del alma… ¿Sería por esto?… Si ella fue la razón yo maldigo en nombre del amor la reforma y reniego del Alcalde que quiere hacer una calle moderna destruyendo nidos de amor…. doy un aplauso a Capdepón que supo respetarlos.»

Calle de Sagasta
Colección Javier Sánchez Portas

Las críticas al proyecto se sucedieron. Y es que para colmo, por falta de previsión, una vez derribado el paseo no había presupuesto ni para adecentar la calle:

«Hoy el Paseo de la Puerta Nueva no existe más que en la memoria de los vecinos. En su lugar tenemos hoy un solar o «boulevard» como dicen que ha de llamarse, que está esperando como el santo advenimiento la terminación.»

«Que el tal «boulevard» es un escarnio para Orihuela no solo lo decimos nosotros, sino que en pública sesión del Ayuntamiento se ha dicho; prescindimos de las condiciones estéticas de ese esperpento, solo nos ocupamos del papel que juega en los días de lluvia. Lo que sucede es verdaderamente escandaloso, el agua se estanca de un modo, que perjudica al aseo y saneamiento de dicha calle.»

«En los días de lluvia, frecuentes en la estación presente, se convierte la calle de Sagasta en un lodazal que origina mil molestias, no solo a los vecinos sino también a todos los que por su mala estrella se ven obligados a pasar por un punto tan céntrico. Ya, como hemos dicho, se ha quejado de esto un concejal en la pasada sesión, y se le ha contestado que eso se obviará en cuanto se abran unas zanjas a los lados del “boulevard”, zanjas que parece ser que se abrirán el próximo Enero.»

Calle de Sagasta
Colección Javier Sánchez Portas

En noviembre se autorizó al alcalde para la construcción y reparación de la calle Sagasta con un presupuesto de 1500 pesetas; y comenzaron las obras. Pero el resultado tampoco convenció a los detractores:

«Hora era ya de que el abandonado paseo de la Puerta Nueva, fuese arreglado, conforme a los proyectos de la Corporación municipal. Puede decirse que su derribo fue el primer acuerdo de los conservadores, y ciertamente que anduvieron diligentes en destruirlo; pero verdad es también que han estado reacios y perezosos para reedificarlo. Creíamos, y con nosotros todo el pueblo, que al destruir el antiguo y memorable paseo, se aprovecharía aquella espaciosa calle para hacer un hermoso paseo en bajo, con arbolado espléndido, aprovechando la magnífica disposición de la anchurosa vía; y así lo ofreció el Ayuntamiento, mas los tiempos cambian y las promesas se las lleva el viento.»

«El Alcalde y los que tal idea concibieron; o mentían al propalarla, o no contaban con la estrechez de un presupuesto que apenas sí da para cubrir las atenciones más perentorias del municipio. Dejaron volar su imaginación, y en alas de la fantasía calenturienta, se remontaron a la región de las grandezas, para caer después en la realidad misérrima y ridícula. Soñaron como los grandes señores, y despertaron como los mendigantes. Quitaron a la ciudad un paseo viejo, sí; pero lleno de recuerdos que rejuvenecían la imaginación de los ancianos; y a un pueblo que como el nuestro, no está sobrado de lugares de esparcimiento, le restaron uno de los más clásicos.»

«¿Y para qué? Para tener convertida en barranco aquella calle durante algunos meses, y para transformarla después en una vía vulgar como cualquiera otra. Según manifestación del propio Alcalde, el presupuesto para el arreglo de la calle de Sagasta es de unas seiscientas pesetas; y estando casi agotado el capítulo de obras en el presente ejercicio económico municipal se acordó que se empezará el arreglo llegando hasta donde diera de sí la cantidad restante; no haciendo más que construir las aceras y arrecifar el arroyo. (…) más valiera que hubieran dejado las cosas tal y como estaban, porque así no hubiera salido perjudicado el pueblo con el cambio. Las generaciones futuras sabrán que hubo un paseo llamado de la Puerta Nueva, al que hizo desaparecer el capricho del Ayuntamiento presidido por el señor Escudero, dejando en su lugar una mala calle.»

En cuanto a rotulación, durante el siglo XX le cambiaron el nombre varias veces. La primera fue en 1931, nada más iniciarse la II República. De calle de Sagasta pasó a Nicolás Salmerón, uno de los cuatro presidentes de la I República.

En 1939, justo al acabar la Guerra Civil, le otorgaron el nombre de General Mola; pero aquello duró una semana. El Boletín Oficial del Estado ordenó a las Comisiones Gestoras que se abstuviesen de revisar los nombres de vías y plazas públicas.

Paseo de Sagasta
Colección Javier Sánchez Portas.

En julio de 1940, con motivo de la celebración del cuarto aniversario del asesinato de José Calvo Sotelo, el teniente de alcalde, Juan Villaescusa, propuso reservar su nombre para la plaza que resultase del demolido convento de Santa Lucía. En octubre de ese mismo año se repartieron por fin las calles destinadas a los “mártires de la cruzada” y Calvo Sotelo quedó en el aire. Al General Mola le tocó una calle en San Bartolomé.

Entrada Obispo Pablo Barrachina 1954
Colección Javier Sánchez Portas.

En noviembre de ese mismo año el alcalde, Mariano Belda, se lamentó por haber olvidado, al otorgar los nombres de las calles, al “insigne patricio y primer mártir de la revolución”. Para remediarlo titularon como Paseo de Calvo Sotelo a la calle de Sagasta. 

El Paseo de Calvo Sotelo

Y así se ha mantenido oficialmente hasta 2012, fecha en la que la Memoria Histórica fijó su nombre actual; el que han utilizado los oriolanos desde el siglo XIX; “El Paseo”, la calle donde yo nací.

El Paseo de Calvo Sotelo
Archivo Mariano Pedrera.

La Carretería

El tercer y último sector en el que se dividió el antiguo Vall pasó a llamarse “lo carrer de Carreros”. Su estratégica situación, entre las puertas Nueva y de Crevillente atrajo a carreteros, carpinteros y herreros; artesanos que reparaban los vehículos que allí aparcaban al llegar a la ciudad desde Valencia, Alicante o Callosa.

AMO Siglo XIX

Queda claro porqué, hasta el siglo XVIII, se le llamó Carretería Vella o Vieja; y, a partir de entonces, simplemente Calle de la Carretería. En dicha calle vivía el político Trinitario Ruiz Capdepón a finales de siglo. Y según cuenta la prensa en abril de 1887, tenía una casa en mal estado:

«Existe una casa en la calle de la Carretería que por un fenómeno de equilibrio se sostiene en pie, siendo una amenaza constante para el transeúnte (…) ¿Cómo es que con otras que se encontraban en estado ruinoso se ha procedido a su denuncia y demolición o compostura y nadie osa meterse a denunciar la casa de que tratamos? ¿Es porque es propiedad del Subsecretario del Ministerio de Gracia y Justicia Sr. Capdepón? Sin duda alguna esta es la única razón que existe para que continúe el ruinoso edificio amenazando venirse al suelo, razón que debía convertirse en estímulo de las autoridades para cumplir con su deber.»

El 14 de junio de 1888 el subsecretario Trinitario Ruiz Capdepón se convertía en ministro de Ultramar. Y la alegría se desbordó por todo el distrito electoral.

Al día siguiente, en Callosa, las campanas de todas las iglesias se echaron al vuelo mientras una concurrida manifestación de júbilo recorrió sus calles vitoreando a Capdepón a los acordes de la banda de música.

Trinitario Ruiz Capdepón
«La Esfera» 18 de marzo de 1916.

En Orihuela todos los edificios públicos y muchos particulares aparecieron con colgaduras festivas. El sonido de las campanas, de la banda de música y el estampido de los morteretes inundaron la población. Por la noche lució la iluminación general y tuvieron serenata en el paseo de la Puerta Nueva.

La Corporación municipal oriolana celebró una sesión extraordinaria aprobando por unanimidad las siguientes disposiciones:

«1. Remitirle un telegrama de felicitación en nombre del Excmo. Ayuntamiento. 2. Nombramiento de una comisión compuesta del Alcalde-presidente, y de los señores concejales Moreno, Román, Vázquez, y Ferrer, que pase concluida la sesión a felicitar a la Sra. Dª. Josefa Capdepón, anciana madre de nuestro representante en las Cortes. 3. Sustituir el nombre de la calle de la Carretería por la de Ruiz Capdepón, festejando con música, la colocación de la lápida que lo acredite. 4. Ofrecerle una medalla de oro conmemorativa de la fecha de su nombramiento para ministro. Y 5. Adquirir el retrato de este esclarecido hijo de Orihuela para colocarlo en el salón de sesiones.»

El cuadro se lo encargaron a Joaquín Agrasot y se mantiene colgado en el ayuntamiento.

«Se han remitido a nuestro distinguido paisano el pintor Sr. Agrasot, dos fotografías del Sr. Capdepón, para que proceda a hacer por encargo del Ayuntamiento, un retrato de nuestro ilustre paisano el señor ministro de Ultramar.»

Retrato de Trinitario Ruiz Capdepón. Joaquín Agrasot. 1888.
Cedido gratuitamente al Ayuntamiento de Orihuela.

El rótulo, labrado en piedra blanca de Bélgica, se instaló el 28 de junio, cambiando la secular titulación de calle de la Carretería por calle de Ruiz Capdepón. «La Crónica publicó esta curiosa noticia:

«El jueves en la tarde sustituyóse el rótulo de la calle de la Carretería por el de Ruiz Capdepón. Pero no amenizó el acto la banda de música, como así lo pidió un concejal en la sesión de Ayuntamiento en que se trató de esto. Sin duda le amenazaron con tocar el himno de Riego y tendría que renunciar a su petición. ¿Se creería este señor que iban a tocar la marcha real?»

Casa de Ruiz Capdepón
Colección Ajomalba.

En octubre de 1898 don Trinitario presentó en el ayuntamiento los planos confeccionados por el arquitecto madrileño Mariano Belmás, para construir una vivienda que ocuparía el solar resultante del derribo de cinco casas en las calles Ruiz Capdepón, Santa Lucía y Bellot.

Hotel Internacional (Madrid).
La fachada es obra de Mariano Belmás en 1907.   

Mariano Belmás Estrada (1850-1916), fue un arquitecto esencial en la renovación urbana de Madrid de finales del XIX. En el cambio de siglo diseñó varios edificios de viviendas para distinguidos personajes madrileños utilizando distintas variantes del estilo ecléctico. Como diputado y senador, debió relacionarse con el ministro oriolano cuya casa concluyó en 1905.

Casa de Ruiz Capdepón
Caja de Socorros y Ahorros.
Colección Javier Sánchez Portas.

Trinitario Ruiz Capdepón falleció en Madrid el 13 de febrero de 1911. La casa de la Calle Santa Lucía, 12/ Ruiz Capdepón 1 pasó a manos de la Caja de Socorros y Ahorros de Orihuela, conocida popularmente como «La Agrícola».

Entierro de Trinitario Ruiz Capdepón
Presidencia duelo. «La Unión ilustrada». 19/2/1911

Dicha entidad financiera atravesó serias dificultades económicas durante la II República. En mayo de 1935, durante el bienio reformista, la Comisión Gestora municipal integrada por cedistas, radicales y agrarios, alquiló los bajos del edificio para instalar la Caja de Reclutamiento y el Batallón de Reserva de la Ciudad.

Cuando la Caja de Socorros y Ahorros vendió el edificio a Antonio Alonso Cifuentes, este se encontró de ocupa al teniente coronel de reclutamiento. El nuevo propietario solicitó al Ayuntamiento el desalojo de la vivienda; alegando que el contrato en vigor sólo incluía el alquiler de las oficinas.

Casa de Ruiz Capdepón
Caja de Socorros y Ahorros.
Colección Javier Sánchez Portas.

Tras la Guerra Civil, los bajos alojaron la jefatura comarcal del sindicato vertical conocido como “Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos”.

Casa de Ruiz Capdepón
Jefatura Comarcal del «Sindicato de Labradores»
Colección Javier Sánchez Portas.

En los años setenta del siglo pasado cayó demolida a bolazo limpio. Yo mismo presencié su destrucción y puedo dar fe de lo que costó tumbar una casa cuyos cimientos eran parte de la muralla oriolana. Otro desastre patrimonial sin sentido.

Pero volvamos a la calle. Al igual que le ocurrió al Paseo durante la Segunda República, le otorgaron el nombre de un presidente de la Primera. El 30 de enero de 1932 pasó a llamarse calle de Francisco Pí y Margall. Al acabar la Guerra Civil recuperó el nombre de Ruiz Capdepón que todavía conserva.

Trinitario Ruiz Capdepón
Molde en yeso para el busto no fundido
Colección Javier Sánchez Portas
AMO 1636-1660

Al final de la Carretería y al inicio de la de Arriba (Capdepón y poeta Miguel Hernández en la actualidad), permanecen unas ruinas suspendidas en la sierra para recordarnos que la muralla ascendía por ahí hasta llegar al castillo; justo donde estuvo durante siglos la Puerta de Crevillente.

El último resto del complejo defensivo que formaba con la puerta, fue demolido en mayo de 1891; cuando los vecinos de la Calle Arriba, la Carretería y el Barrio Nuevo se quejaron al Ayuntamiento por el estado de un antiquísimo torreón de sillería enclavado en la falda de la sierra. Completamente en ruinas, se había convertido en un peligro constante para personas y edificios. Así lo reflejaba en junio «El Diario de Orihuela»:

«Los vecinos de la calle de Arriba han elevado una exposición al Excmo. Ayuntamiento pidiendo la demolición de un torreón, restos de los antiguos fuertes morunos que enclavado en el monte en la ladera, que da a dicha calle, amenaza desplomarse sobre la misma. Parece que si su conservación es obra de poco dinero, la corporación municipal optará por repararlo conservando así una obra morisca, testigo valiosísimo de nuestras antiguas glorias.»

Tras confirmar el riesgo que corrían, y como siempre pasó en Orihuela, el arquitecto municipal optó por la opción más fácil: el derribo y a otra cosa. Esta noticia es de julio:

«En el extremo de la calle Barrio Nuevo, lindante con la calle de Arriba, se ha formado con los escombros procedentes de la demolición de un antiguo torreón que se hallaba en mal estado, un montón de más de tres metros de altura que incomunica por completo ambas calles causando no pocas molestias a los vecinos que para pasar de una calle a otra han de dar un gran rodeo o aventurarse por aquella montaña de tierra movediza con peligro de su integridad personal…»

Restos de la torre.
Ajomalba

La puerta de Crevillente y sus torres dejaron de tener sentido cuando el Camino de Crevillente quedó bloqueado por la construcción del Colegio de los Predicadores. El tránsito se desplazó a una nueva calle llamada del Colegio; con su hermosa puerta frente al Camino de Callosa. Pero de todo eso hablaremos muy pronto.

AMO 1719

Como despedida, vamos a imaginar la desaparecida puerta de Crevillente pinchando en el siguiente vídeo:

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba).

La puerta de Crevillente
J. A. Ruiz Peñalver / Ajomalba



Callejeando 29. El arrabal de San Juan Bautista 4.

La Calle de San Juan (Naveros).
José María Pérez Basanta.

La Calle de San Juan, Naveros y la Virgen del Remedio.

Calle de San Juan
Empezando por la salida de los huertos.

AMO 1714-1719

Nuestro anterior paseo quedó interrumpido en la Barrera de Almoradí, anexa a la de San Juan. Ambas barreras se convirtieron en una calle al urbanizar en paralelo los huertos fronterizos. Este es el origen del topónimo adoptado por la zona: «Los Huertos».

AMO 1714-1719

El arco del Remedio:

Penetramos de nuevo en el arrabal por el desaparecido arco del Remedio de la Calle de San Juan; un viejo portillo entre las puertas de Callosa y Almoradí ornamentado y ampliado cuando estaba a punto de iniciarse el siglo XVIII.

Gozos a Ntra. Sra. del Remedio.
Nuestra Señora del Remedio.
Calle de San Juan. 1910.
Archivo J. Damián Rocamora.

“Los Remedios” es advocación mariana muy ligada desde sus orígenes a la Orden de la Santísima Trinidad, instalada en el barrio desde el siglo XVI. La propia palabra hace alusión a lo que restablece la salud. Es por eso que el pueblo la abrazó como abogada contra la peste.

Tanto en Alicante – donde es patrona- como en Orihuela, esta devoción llegó de la mano de los trinitarios, penetrando profundamente entre los vecinos de esta zona de huerta intramuros.

Iglesia y convento de la Trinidad.
José María Pérez Basanta.


Según refleja Gisbert en su «Historia de Orihuela», en 1613, dos labradores compraron un lienzo de la Virgen de los Remedios y lo colocaron frente al callejón de Reales, muy cerca del de Cantareros. En 1755, predicando el trinitario Francisco Manzón, renovaron el lienzo y el antiguo lo sortearon entre los mayordomos de su cofradía, que tenía la sede en el convento de la Trinidad.

En la peste de 1648 Alicante atribuyó la sanación de la epidemia a la intercesión de la Virgen del Remedio; y no olvidemos que los trinitarios viajaban constantemente al puerto de Alicante para llevar a cabo su función de redimir cautivos.

Ntra. Sra. del Remedio.
Alicante

Sea como fuere, edificado el arco de la calle San Juan en 1699, le colocaron una imagen de la Virgen del Remedio, protectora contra las epidemias. Dicho arco fue reedificado en 1765 al igual que el de la Corredera; y llegó a siglo XX en condiciones aceptables. En el reverso de la siguiente fotografía, fechada el 23 de octubre de 1910, está escrito:

“Orihuela, 23 de Octubre de 1910. A D. Domingo Guillén. Recuerdo de la fiesta celebrada en la calle de San Juan, en honor a Ntra. Sra. del Remedio, venerada en su hermita (sic) de dicha calle, el día de la presente fecha. El mayordomo, Tomás J. Leonís». Rubricado.

Nuestra Señora del Remedio.
Calle de San Juan. 1910.

Archivo J. Damián Rocamora.

Gracias a la prensa de principios del siglo XX sabemos que, en 1908, los vecinos habían costeado una nueva y hermosa peluca para la virgen del Remedio; y que en 1911, una vecina llamada Julia Mercader pagó de su bolsillo un rico manto que luciría en la procesión.

Al igual que en la Corredera, los vecinos de la Calle de San Juan celebraban anualmente las fiestas de su patrona. Dichas fiestas duraban tres días repletos de actividades. Mejor os dejo un programa publicado en 1912:

«Viernes tarde, al toque de oraciones, salvas, voladores y dulzaina. Sábado, durante varias veces y a distintas horas, repique de campanas, voladores, dulzaina, y salvas. El domingo, función religiosa, en la que oficiará el beneficiado de esta Catedral, Monserrate Celdrán y será orador sagrado, el canónigo de la misma, don José Díaz; por la tarde, juegos populares; y al toque de oraciones, la solemne procesión, conduciéndose la imagen de la virgen del Remedio, desde el monasterio de San Juan, al eremitorio; y por la noche, velada musical, disparándose después, una preciosa cuerda de fuegos artificiales. Durante los tres días, la calle estará lujosamente engalanada, y los dos últimos por la noche, lucirá una espléndida iluminación de arcos eléctricos.»

El anuncio de las fiestas de la calle San Juan continuó apareciendo regularmente en prensa hasta la desaparición de los periódicos locales, en 1931. Y cada año presentaban alguna novedad; como la elevación de globos aerostáticos o la batalla de flores de 1929.

El principio del fin del arco llegó con la instalación de un potente motor de riego en 1913. Tras dos años de funcionamiento, los vecinos se quejaron de la «bomba que subía las aguas de la acequia de Escorratel»; cuyo acueducto pasaba por debajo del arco y lo estaba arruinando completamente. Su denuncia quedó impresa en las páginas de “El Conquistador”:

«Según manifiestan los vecinos de la calle de S. Juan, en 14 del pasado mes de Noviembre (1915), elevaron una instancia al Excmo. Ayuntamiento, en la que exponían que el arco de entrada a dicha calle, en donde se venera la imagen de Nuestra Sra. de los Remedios, se ve amenazado de inminente ruina a causa de la reciente elevación de las aguas, que mecánicamente se obtienen por el “Heredamiento” de la acequia del Escorratel.»

«Que esas aguas son perjudiciales por la excesiva humedad que producen en los edificios colindantes a dicho arco, y que por tanto, rogaban a la Excma. Corporación, que se obligara al «Heredamiento» que beneficia esas aguas, bien a fortificar los cimientos del arco de referencia con fabricación hidráulica, bien entubando las aguas que se eleven para evitar filtraciones. Cerca de un mes hace, Sr. Alcalde, que se ha presentado la instancia suscrita por los vecinos de la calle de San Juan, y esta demora en la resolución de ella, hace también que preguntemos: ¿Tiene S. S. noticia de esa solicitud?…»

«… El bien público, debe, como no ignora S. S.; anteponerse siempre al bien particular de una empresa o entidad cualquiera por respetable que sea; mucho más en el caso presente, en que de desplomarse el arco de referencia, pudieran ocurrir desgracias personales, tratándose como se trata de un punto de constante y obligado tránsito a la carretera. Confiamos pues, Sr. Alcalde, en que dispondrá que con la mayor urgencia, se proceda a las reparaciones a que haya lugar.»

El alcalde mandó repararlo y, en febrero de 1916, “El Conquistador”le dedicó una letras:

«Como nos han informado que se han hecho ya las oportunas reparaciones de albañilería, para evitar el que las aguas que el «Heredamiento» extrae de la acequia del Escorratel continuaran socavando los cimientos del arco de la ermita de la calle de San Juan y edificios colindantes, no podemos por menos que aplaudir a S. S. si bien con la salvedad, de que para llevar a cabo esas reparaciones, no bastaron nuestras denuncias, sino que fue preciso que las aguas de tal acequia rebosaran, corriendo libremente por dicha calle de S. Juan.»

Vecina de la calle de San Juan.
Gaspar Poveda Grau.

A pesar de aquella rehabilitación, el deterioro continuó reforzado por el paso de vehículos cada vez más grandes y potentes. La última noticia que he encontrado relativa al arco ya la mencioné en la Corredera. Está fechada en 1926; cuando Severiano Sánchez Ballesta, arquitecto municipal, aconsejó el derribo de ambos arcos por no tener valor artístico y provocar rincones infecciosos impidiendo el tránsito de grandes vehículos.

En el proyecto de demolición, Sánchez Ballesta incluyó la construcción de una hornacina o capilla al costado de la calle para albergar la desahuciada imagen mariana. Y el 9 de diciembre de 1928 se inauguró su nuevo emplazamiento con un gran festejo:

«El pasado día nueve a las once de su mañana tuvo lugar la bendición de la nueva Ermita construida en la calle de San Juan de esta ciudad de la que es Patrona nuestra Señora la Virgen del Remedio. El local que estaba artísticamente adornado con profusión de luces y flores fue bendecido por M. I. Sr. Dr. D. Luís Almarcha asistido del sacerdote Don Ramón Garriga; acudieron al acto una representación del Excmo. Ayuntamiento, la Mayordomía y todos los vecinos de la calle entre los que reinó un gran entusiasmo.»

«Se dispararon multitud de bombas y al final los invitados fueron espléndidamente obsequiados con dulces, licores y cigarros.  Felicitamos a los vecinos de dicha calle por la fe y entusiasmo que tan visiblemente profesan a su patrona y muy especialmente a las camareras y mayordomos que tan incansablemente trabajan por el mayor esplendor de los festejos que tan acertadamente saben organizar.»

En recuerdo de aquel arco, en la esquina con Ronda de Santo Domingo, permanece una hornacina de la Virgen del Remedio, la advocación venerada durante siglos por los vecinos de la calle de San Juan.

Nuestra Señora del Remedio.
Hornacina Calle de San Juan.

Lo Carrer de Sant Joan, la calle de San Juan.

Como hemos podido comprobar a lo largo de nuestro paseo, las iglesias y conventos han marcado la nomenclatura vial oriolana provocando titulaciones que han resistido el cambio de idioma y el paso de los siglos.

Es el caso de Santa Justa, Santiago, San Agustín, San Francisco, el Carmen o San Sebastián. Nombres que han aguantado incluso la desaparición del edificio, como San Gregorio, Capuchinos o Santa Lucía.

Únicamente durante el breve paréntesis de la II República, nuestros munícipes osaron alterar alguna titulación religiosa. Y de todas ellas, sólo una se mantuvo ausente durante la Dictadura de Franco y buena parte de la Democracia. Un largo paréntesis que acabó en el año 2012 gracias a la Ley de Memoria Histórica: Lo Carrer de Sant Joan/ la calle de San Juan.

Lo Carrer de Sant Joan
AMO 1636-1660

En abril de 1913 el concejal García Murphy  propuso darle el nombre del doctor Sarget por haber tenido éste farmacia y clínica en la calle de San Juan. Pero dicha propuesta llevaba la siguiente coletilla: “Si esto pudiera suponer molestia para los sentimientos religiosos de los oriolanos, que se dé su nombre a la calle de la Feria”. Ya sabemos el resultado.

El primer titular de la calle, después de San Juan, fue José Rogel Soriano; uno de los músicos españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XIX. No confundir con su hermano Federico, el de los Cantores de la Pasión, quien como hemos citado en su momento, conserva su calle cerca de la Corredera.

Ambos eran hijos de José Rogel y Bernarda Soriano; casados en 1827 en la Parroquia de Santiago. Aunque este matrimonio bautizó en la Catedral a siete niños y dos niñas, en el censo de 1854 vivían en la Puerta Nueva (el actual paseo) con tres hijos varones y una sirvienta. José era diez y seis años mayor que Federico. Entre los dos estaba Mariano.

La primera petición de una calle para José Cayetano Rogel Soriano llegó en septiembre de 1929; cuando J. Poveda Mellado escribió la siguiente biografía en el periódico “Actualidad”.

«GLORIAS DEL ARTE. José Rogel Soriano. Hojeando cierto día uno de los tomos de la gran obra del Diccionario Enciclopedia Espasa, di con el nombre de este ilustre compositor: José Rogel. De su biografía pude sacar los siguientes datos:»

«José Rogel, compositor español, nació en Orihuela en 1829 (su partida de nacimiento dice que fue en 1827, fecha que cuadra con la del padrón) y murió en Cartagena el 26 de enero de 1901. Tuvo por maestro de piano al organista don Pascual Pérez, el cual le dio gratuitamente lecciones de composición, contrapunto y fuga. Se dedicó a la música desde muy niño, y a la inverosímil edad de nueve años, instrumentó algunas piezas, de ópera; de donde podernos admirar que Rogel fuera más adelante, y en la villa y corte de Madrid, uno de los grandes maestros; sabedlo así. Sus composiciones son tantas que sería un absurdo obvio el hacer mención de ellas en estas cuatro líneas que le dedicamos a su memoria.»

«… Poco tiempo duró su estancia en Orihuela; Rogel Soriano fue mandado por su padre a Valencia para cursar la carrera de leyes, y durante su estancia en la misma, despilfarró su actividad en un sin número de composiciones: misas, marchas, villancicos, bailables, jotas, estudios de solfeo, flauta y piano, y tal actividad se continuó en Madrid, donde el incansable maestro escribió la friolera de 181 obras; algunas de ellas en un acto, en dos, en tres y en cuatro. Su primera obra estrenada, en el teatro Lope de Vega, en 1854, fue «Loa a la libertad». Creador del llamado género bufo, de sus obras, «El joven Telémaco», fue la que más éxito obtuvo, siendo ésta representada en Madrid el mismo día que murió su autor.»

«Rogel Soriano nos es grato mencionar que fue director de orquesta, teniendo a su lado, y como segundas partes, a los ilustres e inmortales maestros, gloria de la música, Bretón y Chapí. Le fue impuesta por S. M. el Rey, don Alfonso XII, la Gran Cruz de Carlos III y la Cruz del Cristo de Portugal, y por lo cual era Excelentísimo e Ilustrísimo señor, como así figura en Madrid entre los grandes hombres.»

«Rogel Soriano terminó su carrera siendo abogado a los 18 años; pero para nada quiso hacer uso de la misma. Por sus méritos sobrados,  justo es que así como otros oriolanos ilustres (…) Rogel Soriano tenga también en nuestra ciudad una calle que perpetúe su gloriosa memoria. Es justo, repetimos, y debe hacerse.»

La calle de San Juan fue titulada con su nombre en mayo de 1931, recién proclamada la II República. Y permaneció como calle de José Rogel Soriano hasta abril de 1939.

Renacer
9 de mayo de 1931

El ilustre músico falleció en 1901; y precisamente en ese año, nació en Valencia Antonio María Piniés y Roca de Togores; el siguiente titular de la calle de San Juan.

Antonio Piniés, hijo del barón de la Linde, se casó con María Luisa Almunia Roca de Togores, hija de la marquesa de Rubalcava. La boda se celebró el 25 de abril de 1927, en el oratorio privado del Palacio de Rubalcava; y ofició la ceremonia el Vicario General de la diócesis y Chantre de la Catedral, Luis Almarcha. Una vez casados, la pareja se instaló en una casona de la Calle Santa Lucía, propiedad de la marquesa de Rubalcava: el actual palacio de la Linde.

Actual palacio de la Linde.
Colección Javier Sánchez Portas.

Durante los sucesos del 18 de julio de 1936 que provocaron la Guerra Civil, Antonio era jefe local de Falange Española y estuvo implicado en el intento de liberar a José Antonio Primo de Rivera. Detenido posteriormente, en noviembre de ese mismo año fue juzgado en Alicante por un Tribunal Popular y condenado a muerte. Acabó fusilado en el cementerio municipal alicantino, víctima de una represalia por los bombardeos a la capital.

Calle de Antonio Piniés.
1940-2012.

Cuatro años después, en el homenaje franquista a los “mártires de la Cruzada”, la calle de San Juan recibió su nombre “con el fin de testimoniar el reconocimiento que Orihuela debía al libertador de España de las garras del marxismo, al iniciador del glorioso alzamiento y en el resto de los designados al elemento civil a Falange, a los tradicionalistas y a los militares que dieron sus vidas por Dios y por España”

Esta titulación duró desde de octubre de 1940 hasta junio de 2012, fecha en la que se aplicó la Ley de Memoria Histórica. Pero como había ocurrido con otras titulaciones seculares, el cambio había sido a nivel postal. Para los oriolanos siempre fue la calle de San Juan, titulación que mantiene en la actualidad.

José Rogel Soriano, otro ilustre oriolano olvidado, se quedó sin calle para siempre. Como consuelo, su nombre aparece impreso en uno de los medallones que adornan el Teatro Circo de Orihuela.

Huerto conventual de San Juan.
Antonio Ballester Vidal.

Antes de pasar a hablar de edificios, de traviesas o callejones, hay que decir que la que hoy conocemos como calle de San Juan estaba dividida en dos partes claramente diferenciadas. La más cercana al arco era una amplia zona agrícola con escasas viviendas.

Abarcaba, a lo ancho, desde el Colegio de los dominicos a las traseras de la Corredera; y a lo largo, desde la barrera al callejón de Reales; o lo que es lo mismo hasta las tapias del convento de las clarisas.

Huerto de las Clarisas.
Antonio Ballester Vidal.

Del muro a Reales, la calle no era más que un polvoriento camino entre huertos; destacando especialmente una enorme finca cuyo propietario era Miquel Peres de Terol, personaje del siglo XVI identificado por Ojeda Nieto.

AMO 1636-1660.

José Manuel Dayas ha localizado a un personaje homónimo bautizado en la Catedral de Orihuela, en el verano de 1573. Se llama Miguel Pérez; y en su partida de bautismo, la madrina esta registrada como «Beata Terola». Probablemente fuese su hijo.

La extensa propiedad aparece en los padrones como «solares de Terol» o «Raval de Terol». La más completa definición, localizada un padrón del XVII, dice así: «Solares de Terol desde la calle de reales hasta la barrera».

AMO 1636-1660.

Para haceros una idea de cómo era esta zona agrícola intramuros sólo tenemos que compararla con la huerta oriolana en la actualidad. Viviendas pegadas a los caminos formados en torno a las acequias. Dichas acequias eran utilizadas como alcantarillado al aire libre provocando olores, inundaciones y estorbos, sobre todo durante las mondas. A pesar de la progresiva urbanización, la división se mantuvo hasta el siglo XIX. 

Gisbert, en su «Historia de Orihuela» lo explica así: “La calle de San Juan recibe por el vulgo el nombre de Naveros por lo que se refiere a su segunda mitad, la más próxima a la huerta”.

Calle de San Juan
Archivo Mariano Pedrera

Desgraciadamente no he conseguido averiguar la procedencia de esa titulación oficiosa. La raíz toponímica “nava” proviene de un sustantivo latino que hace referencia a una zona llana, pantanosa o inundable. Aparece en muchos municipios y accidentes geográficos de toda España.

Navero puede ser originario de las Navas o también un apellido. La segunda opción es poco probable; pues no hemos encontrado ningún individuo bautizado con ese apellido en la provincia de Alicante. La relación podría estar en las frecuentes inundaciones que sufría la zona.

«Esperan los vecinos de la segunda parte de la calle de San Juan que oigan sus justísimas aspiraciones; para no ahogarse en tiempos de riada, y no enfangarse en los de lluvia.»

Esta noticia publicada en «El Pueblo» en febrero de 1925 demuestra que la antigua zona agrícola intramuros seguía claramente diferenciada bien entrado el siglo XX. Aún hoy, escondidos tras las tapias de los callejones, permanecen como recuerdo el huerto de las clarisas y el del barón de la Linde.

Fotografía Google.

En la parte de Naveros tenemos tres callejones a cada lado. El primero se llama Flete y no aparece en los padrones hasta el siglo XIX. Esta palabra sólo se usa ya en el transporte marítimo; pero según la Real Academia, el término sirve para cualquier tipo de transporte. Es más, ponen como ejemplo «los arrieros buscan flete». La proximidad del arco me hace pensar que, una vez ensanchado este en la segunda mitad del XVIII, se convirtió en una especie de carretería.

Hace mucho que no tiene placa. Mostraba su humilde nombre pintado en la pared hasta que tiraron la casa esquinera. Esta calleja y la de Mojica -que sí aparece en el siglo XVII-, eran un solo callejón que giraba sobre sí mismo para acabar en el punto de partida; por lo que vulgarmente lo llamaban “del Rodeo”.

AMO 1636-1660.
Fotos Ajomalba.

Lo mismo ocurría con las de Escala y Bolas; dos calles sin salida que terminaban en huertos. El de Escala es nombre antiguo que ya figura en el XVII. Bolas es más reciente, seguramente del XIX.

De estos cuatro callejones, actualmente sólo el de Mojica tiene salida gracias a la Calle Ramón Sijé, abierta en el siglo XX. Así pues, en este primer tramo de la calle, los callejones (antes caminos de huertos) no tenían salida.

AMO 1636-1660.
Fotos Ajomalba.
La Calle de San Juan.
José María Pérez Basanta.

De la calle Cantareros, que comunica con la Corredera, ya hemos hablado en la entrega anterior. La de Reales es título antiquísimo que aparece al menos desde el siglo XVI. Era un sendero entre tapias de huertos, un camino público que garantizaba el paso hacia el camino real al estilo de las veredas de realengo en la huerta, de ahí probablemente su nombre.

Cantareros desde Reales
Fco. Luis Galiano Moreno.

AMO 1636-1660.

A partir del cruce con Reales empezaba la parte urbanizada; la verdadera calle de San Juan. En la anterior imagen, obtenida de un padrón del siglo XVII queda bastante claro el espacio que abarcaba: calle de San Juan de la calle de reales a los hostales.

La Calle de San Juan.
José María Pérez Basanta.

En esta parte tenemos otras tres traviesas: Barberos, ya mencionada en la Corredera; Cedaceros y Cinco de Marzo. Cedaceros es otro nombre gremial que hace referencia a los artesanos que fabricaban cedazos y cribas.

Rótulo Cedaceros.
Madrid.
La Calle de San Juan.
José María Pérez Basanta.

La de Cinco de Marzo era una callejuela sin puertas que, hasta hace poco, conservaba una bella colección de rejerías. Ahora está totalmente deteriorada. Hasta el último cuarto del siglo XIX, era parte del trazado de la acequia vieja de Almoradí. En noviembre de 1881 se cubrió la acequia y se bautizó con el nombre de Calle de Sarmiento. El 4 de junio de 1914 fue titulada como Cinco de Marzo.

La Calle de San Juan.
Esquina cinco de marzo.
José Gálvez Pujol.

Para mí ese callejón tenía un significado especial. Yo nací en el Paseo y mis abuelos vivían en la calle de San Juan. Por lo que me contaron, esa calleja era una especie de cordón umbilical entre mi madre y mi abuela.

Nadie sabía explicarme el porqué de esa fecha en su titulación. Interesado en el asunto, acabé escribiendo un artículo monográfico llamado “La noche del 5 de marzo de 1914 en la calle de Sarmiento”. Os dejo el enlace.

Enlace al artículo

Edificios:

La Calle de San Juan.
Antonio Ballester Vidal.

En la calle de San Juan sólo quedan tres edificios reseñables. Por orden de antigüedad, el primero es el monasterio de clarisas de San Juan de la Penitencia, que dio nombre a todo el arrabal. Ya hablé de él en otro artículo monográfico ilustrado por Antonio Ballester. Os dejo el enlace: .

Enlace artículo
Monasterio de San Juan.
Fco. Luis Galiano Moreno.

El segundo fue palacio de la Baronía de la Linde, título concedido por Carlos III en el siglo XVIII a Manuel Antonio Terán y Álvaro de los Ríos, señor de la Linde y primer barón.

Palacio de la Linde.
Fco. Luis Galiano Moreno.

A nosotros nos interesa el séptimo barón, Antonio María de Piniés Sánchez Muñoz, nacido en Zaragoza en 1860. Este noble aragonés, vecino de Valencia, casó en febrero de 1896 con María de la Encarnación Roca de Togores y Enríquez de Navarra. Tuvieron seis hijas y un solo hijo, Antonio María, del que ya hemos hablado anteriormente por ser titular de la calle.

Palacio de la Linde.
José María Pérez Basanta.

El matrimonio llegó a Orihuela con el cambio de siglo. En octubre de 1900, don Antonio presentó instancia en el Ayuntamiento solicitando permiso para derribar la casa número 44 de la calle San Juan, que había pertenecido a Francisco Moreno Bernabeu. Su esposa se la había comprado ese mismo año a la heredera, Mª Teresa Moreno Tobilla.

Palacio de la Linde.
José María Pérez Basanta.

A los ochocientos metros del solar le agregaron tres fincas más: dos casas en la calle de Barberos y un huerto atravesado por una acequia, con su propia zenia. El resultado fue el curioso y desconocido palacio de la Linde construido en 1901 frente al monasterio de San Juan. Un edificio neogótico que merece la pena contemplar detenidamente.

Casa natal, antes y después.
En el centro, los hermanos Hernández.

El tercero es la “moderna” y polémica reedificación de la casa donde el 30 de octubre de 1910 nació el oriolano más universal: Miguel Hernández Gilabert. Sin comentarios.

Casa natal Miguel Hernández.
La Verdad.

Había un cuarto edificio interesante, el palacio del marqués de Lacy, ubicado entre San Juan y La Corredera; pero fue demolido. He conseguido recopilar algunos datos interesantes sobre el primer marqués.

Nacido en los años 20 del siglo XIX, Salvador de Lacy y Pascual de Bonanza era hijo del matrimonio formado por Miguel Lacy y María Ana Pascual de Bonanza y Roca de Togores, casados en la Parroquia de Santa María de Alicante en 1818.  

Palacio del marqués de Lacy.
Colección Javier Sánchez Portas.

En 1848 era diputado por Alicante y casó con Manuela Reig y González de Villaventín en 1856. Al fallecer el oriolano Pascual Reig, su esposa y otras tres sobrinas heredaron una casona de labor agrícola con una parcela de 223 tahúllas en Elda. Poco a poco, el matrimonio se hizo con las otras tres cuartas partes de la finca. 

En octubre de 1878 su esposa falleció en Orihuela y Salvador quedó como único propietario de la heredad de Elda que acabó llamándose “finca Lacy”. Pronto contrajo matrimonio en segundas nupcias con María de la Concepción Zafra Torres.

El año que murió su primera esposa, Salvador había sido Caballero Cubierto en la Semana Santa oriolana:

«La procesión del Entierro estuvo muy concurrida y perfectamente ordenada por los Sres. Comisarios de festividades de este Iltre. Ayuntamiento que como de costumbre presidió el acto, siendo Caballero estandarte D. Salvador de Lacy, y pilares de la Soledad cuatro Sres. Abogados y cuatro Oficiales del Batallón Reserva de Orihuela.»

Calle de San Juan
Archivo Mariano Pedrera

También ese mismo año, “El Segura” insertó en sus página unos artículos sobre agricultura práctica publicados por Lacy en Madrid en 1868, cuando todavía era diputado a Cortes. La serie empezaba con una carta remitida a Adolfo Clavarana en la que afirmaba que acudir a los bancos, con intereses del ocho al diez por ciento, era una ruina para el labrador:

«Yo que llevo veinte y dos años de experiencia y me precio de ser labrador práctico, aunque propietario de muchas fincas obtengo no obstante, rentas exiguas (a pesar de mis muchos adelantos) confieso ingenuamente que me vería perdido sin remedio, el día que sujetara mi patrimonio a hipoteca de tal importancia.»

En 1882 el Vicario Capitular de la Diócesis estaba organizando una peregrinación a Roma; y nombró una junta preparatoria para la «romería». El presidente era Salvador de Lacy y el vicepresidente Adolfo Clavarana.

No sé que hizo en Roma; pero un año después, Salvador de Lacy y Pascual de Bonanza conseguía el marquesado de Lacy de manos del Papa León XIII. El título era considerado en España como pontificio y extranjero; y fue publicado en el «Diario oficial de avisos de Madrid» el 6 de marzo de 1884:

“El Ministerio de Gracia y Justicia autorizó a D. Salvador de Lacy y Pascual de Bonanza para que, conservando el carácter de su procedencia y previo pago del impuesto especial correspondiente, pudiese usar en España, con la denominación de Lacy, al título de Marqués que le ha sido concedido por Su Santidad”.

Colección Javier Sánchez Portas

Lacy participó en la gestación de los andenes comprando los terrenos por cuenta del Ayuntamiento. Delegaron en él para que, desde Madrid, procediese al ajuste y adquisición del huerto de San Gregorio, propiedad del duque de Tamames; y de nueve tahúllas y media del marqués de Serdañolas. También prestó su palacio y una heredad en San Antón para la instalación provisional del Colegio Jesús María.

Enlace Jesús María

Su hijo homónimo y heredero del título fue bautizado en la Parroquia de San José de La Murada. Se llamaba  Salvador María Concepción Lacy Zafra, nacido en 1879. Capitán de Caballería, en 1910 pertenecía al regimiento Dragones de Montesa. Tres años después se casó con Elisa Alberola.

Fachada y solar del palacio.
Colección Javier Sánchez Portas

Para terminar, voy a transcribir un interesante documento de 1904 publicado en la “Gaceta de los caminos de hierro” y en “Transportes Férreos”. Se trata de un proyecto de tranvía Orihuela-Murcia con tracción animal:

«DOCUMENTOS OFICIALES. Ministerio de Agricultura, Industria, Comercio y Obras públicas. Dirección General de Obras públicas. Ferrocarriles. Concesión y construcción. Vistos las instancias, proyecto y resguardo de constitución de fianzas presentadas en este Ministerio por D. Salvador de Lacy y Pascual de Bonanza, Marqués de Lacy, como Director de la Sociedad anónima titulada «Proyecto de Tranvía de Orihuela a Murcia», con domicilio en la primera de dichas poblaciones.»

«Solicitando la concesión de un tranvía, con tracción animal, que desde la plaza del Carmen de Orihuela ha de seguir por la calle del Hospital, plazas de Santiago y Monserrat y calle de San Francisco, y, saliendo de la población, continuará por la carretera de segundo orden del Alto de las Atalayas a Murcia (por Orihuela), siguiendo por ella y por los poblados intermedios hasta entrar en Murcia por las inmediaciones de la Plaza de Toros, continuando después por la calle de López Puigcerver, terminando en la plaza de las Barcas de dicha ciudad, con una ampliación o ramal desde esta plaza a la estación del ferrocarril de Alicante a Murcia (Mercancías); esta Dirección general ha resuelto anunciar en la Gaceta de Madrid y en el Boletín oficial de la provincia de Murcia la petición formulada por el Sr. Marqués de Lacy.»

«Siendo Murcia capital de 100.000 habitantes, Orihuela ciudad de 25.000, siendo muy reducida la distancia que las separa, de más estará decir que un tranvía entre ambas poblaciones se le descubre efectivamente posibilidad de una próspera vida. Pero dejamos la consideración de nuestros abonados si entre tales relaciones está indicado un tranvía con tracción animal, mandado ya retirar hasta en los más insignificantes servicios.»

La calle de San Juan

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba)

Publicado en el día de San Juan de 2020. Año de la pandemia.

Enlace al siguiente capítulo.



Callejeando 28. El arrabal de San Juan Bautista 3.

La Corredera en 1870

La Corredera y las Adoberías.

La Corredera 1879
Riada de Santa Teresa.

El inicio de la Edad Moderna coincidió con un notable crecimiento demográfico. Atrás quedaba el horrendo siglo XIV; una centuria de guerras, de hambrunas y epidemias que diezmaron notablemente la población; especialmente la peste negra de 1348, cuyas terribles consecuencias se dilataron en el tiempo.

Un siglo después la coyuntura mejoró lo suficiente para revertir sus efectos; y a Oriola llegaron nuevos pobladores. Eran brazos necesarios para cultivar la tierra, por lo que el Consell repartió tierras junto a los Hostales entre los colonos dispuestos a edificar una casa. Así se formó la vieja «Carrer de la Corredora».

En valenciano.
AMO 1636-1660.

El cronista Mosén Bellot lo refleja en sus Anales de Orihuela: Año 1448: “Venían muchos a poblar y ya no había solares que dar, y compró el consejo un pedazo de tierra junto a los hostales y lo repartió”.

Este nombre tradicional, presente en muchas localidades, está asociado a calles rectas; vías idóneas para correr caballos. Es lo que significa este topónimo según el diccionario de la Real Academia: Lugar destinado para correr caballos o calle que antes fue corredera de caballos.

En castellano.
AMO 1717-1719

Pasó de Corredora a Corredera por motivos de cambio de idioma; conservando este título hasta el verano de 1908, cuando el concejal García Mercader propuso al Ayuntamiento que una calle oriolana se llamase del Pintor Agrasot; y a ser posible que fuese la Corredera “por el aplauso que se tributaba y la estimación que se tenía en el mundo artístico de la pintura a las obras que llevaban la firma del ilustre hijo de Orihuela Joaquín Agrasot y Juan.”

No fue un asunto sencillo. Joaquín Agrasot tuvo la desgracia de no nacer en Valencia y a Orihuela le costó mucho reconocer a su universal hijo. La primera petición tuvo lugar el 31 de agosto de 1903, en el diario «La Comarca». Pensaron inicialmente en la calle Unión Agrícola (actual Avenida España). La biografía de este ilustre oriolano está a vuestra disposición pulsando la siguiente imagen. Estructurada en seis capítulos, es en el quinto donde se cuenta todo lo relativo al tema de la calle.

Pulsando esta imagen se accede al primer capítulo de su biografía
Pulsando esta otra se accede al quinto.

Como suele pasar con todas estas calles seculares, el cambio de nombre solo tuvo carácter postal. Los oriolanos siguieron y siguen llamándola como sus mayores. Nunca he escuchado a un vecino nombrarla Pintor Agrasot. Sigue y seguirá siendo la añeja Corredera a pesar de haber perdido toda su identidad.

La Corredera/Pintor Agrasot.
Colección Javier Sánchez Portas.

Pero antes de seguir con ella, utilizaremos su primera traviesa a la derecha, llamada Travesía de Trinidad, para hablar de un espacio aledaño que comenzó a urbanizarse un siglo después.

Ya hemos mencionado anteriormente la importancia que tenía para el desarrollo de una zona urbana la construcción de un convento. Entre la Corredora y el río quedaba un espacio conocido como las Adoberías.

Las adoberías fueron en Aragón lo que en Castilla se llamó curtidurías: establecimientos artesanos en los que se efectuaban labores relacionadas con el curtido y tinte de pieles. Antes de llegar a manos de los zapateros, guanteros o cualquier otro artesano que necesitase este material, los cueros pasaban por dos tipos de profesionales: los “blanquers”, que raspaban carne y pelos, y los “assaonadors”, que la adobaban con sustancias pestilentes.

Estos negocios necesitados de mucha agua y espacio para el secado, eran focos de insoportables hedores por lo que estaban situados en lugares apartados de la población, muy cerca del río; como este.

AMO 1636-1660.

Podéis imaginar cómo llegaban las pieles de las carnicerías: sucias y con trozos de carne pegada. Para limpiarlas las sumergían en abundante agua que eliminaba los restos y pelos; residuos que iban a parar al río.  Y luego los tratamientos a base de sustancias químicas que a veces llevaban en su composición orina y excrementos de animales… 

AMO 1719-1722.

En recuerdo de aquellos sufridos artesanos nos quedó la calle Adoberías. Inexplicablemente, dicha titulación tradicional se corrompió en el siglo XX pasando a Overía, palabra que no significa nada y que ahora nombra a la calle que discurre junto al convento.

AMO 1636-1660.

La zona cambió radicalmente con la llegada los Trinitarios entre los años 1557 y 1558. Estos frailes enviados desde Murcia no fueron bien vistos por los demás conventos; lo que no era ninguna novedad: más religiosos, menos limosnas a repartir.

En este caso protestaron especialmente los mercedarios, dedicados a la misma función de liberar  cautivos;  y sobre todo las Clarisas; situadas muy cerca, con el convento a medio hacer y con multitud de problemas de los que hablaremos al llegar a su calle.

Fotografías Ajomalba

Pero el Consell sabía que permitiendo esta construcción creaba un nuevo espacio de población que completaba el arrabal de San Juan. Pocos años después de su instalación se terminó la barrera desde la puerta de Callosa hasta el río, abarcando también esta zona.

Aunque empezaron muy escasos de rentas, los trinitarios pronto se hicieron con propiedades rústicas y regentaron un par de molinos, uno de los cuales llegó al siglo veinte como Molino de la Trinidad. Entre sus muros llegaron a vivir más de treinta religiosos; pero en el proceso desamortizador del siglo XIX, los frailes fueron exclaustrados y su edificio despedazado. 

Molinos de la Trinidad y Bajo.

El 21 de marzo de 1829, a cosa de las seis y media de la tarde se sintió en Orihuela un fuerte temblor de tierra, quebrantando varios edificios públicos. La torre del convento de la Santísima Trinidad se desplomó matando a un muchacho y arrasando buena parte del templo.

La Trinidad a principios del siglo XX.
No tiene torre y la iglesia está destruida.
Colección Javier Sánchez Portas.

El Colegio de San José.

Manuel Domingo Sol, conocido como “Mosén Sol”, fundó en 1883 la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos; cuyo objetivo era el fomento, sostenimiento y cuidado de las vocaciones eclesiásticas a través de los colegios de San José, al servicio de los prelados de cada diócesis.

Manuel Domingo Sol
“Mosén Sol”

A Orihuela llegaron por iniciativa de Ramón Belló, canónigo arcipreste de la Catedral de Orihuela y rector del Seminario Conciliar. En el verano de 1886 fue designado vicario capitular del flamante prelado Juan Maura Gelabert. Como nota curiosa, en su designación se retiraron ocho de los diez y seis canónigos electores.

Los sacerdotes operarios se habían establecido en Murcia en 1888 por iniciativa de Francisco Belló Martínez, rector del seminario murciano. Francisco era el hermano mayor de Ramón Belló; quien compró las ruinas del que había sido convento de la Trinidad (también se hizo con la Plaza de Toros de San Agustín, futuro colegio de Jesús María).

Convento de la Trinidad.
Fotografía Ajomalba.

El antiguo convento de Trinitarios Calzados estaba derruido y semi abandonado, en manos de varios dueños. Ramón reparó parte del edificio y habilitó la capilla de la comunión, única parte del templo que se mantenía en pie.  El fundador, Mosén Sol, visitó nuestra ciudad, haciendo visura del edificio y entrevistándose con el famoso Adolfo Clavarana, director de «La Lectura Popular».

En mayo de 1889 “El Diario de Orihuela” daba cuenta de lo adelantadas que estaban las obras. Y el 8 de junio de la bendición de la capilla por parte de Don Ramón. La apertura de la iglesia, con misa diaria, y acceso desde la plaza de la Trinidad causó gran júbilo entre los vecinos del barrio.

Convento e iglesia de la Trinidad.
Monjas dominicas.
Fotografía: José M. Pérez Basanta.

A pesar de lo precario del edificio, decidió inaugurar el colegio en el curso 1888-1889; poniéndose al frente del mismo. Con la promesa de apoyo del prelado, en agosto presentó los papeles en el registro del Obispado y “El Diario de Orihuela” publicó las bases del Colegio de Vocaciones Eclesiástica de San José para seminaristas de clase humilde; quedando Don Ramón como protector y director honorario.

En mayo de 1890, transcurrido el primer año, se reanudaron las obras de rehabilitación del resto del edificio para el curso siguiente. También compraron el antiguo huerto del convento para esparcimiento de los futuros sacerdotes. Quedó así formado un bello colegio con capacidad para 150 alumnos.

Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de San José
Claustro

Ramón Belló falleció el 21 de enero de 1892 tras penosa enfermedad. En sus disposiciones testamentarias dejó como herederos del edificio a la Hermandad de Sacerdotes Operarios.

El obispo Javier Irastorza transformó el colegio en seminario menor en 1925, unificado posteriormente al de San Miguel. Al acabar la Guerra Civil se instalaron en la Trinidad las desahuciadas dominicas de Santa Lucía que adecentaron el vetusto edificio y levantaron la actual torre campanario.

El claustro de las dominicas en la actualidad.
José M. Pérez Basanta 

Del traslado de las dominicas de Santa Lucía al ex convento de la Trinidad, hablamos en el capítulo 22. Si os interesa, pinchad en la siguiente imagen.

Enlace artículo dominicas.
Convento de la Trinidad.
Fotografía Ajomalba.

Una casualidad histórica: aunque la edificación de la iglesia se realizó en diversas etapas, en su portada quedó impreso el año de su inauguración. Por una curiosa coincidencia, en mayo de ese mismo año 1580 llegaba a Argel Fray Juan Gil, procurador general de los trinitarios, que tras entregar el correspondiente rescate, liberó a un cautivo llamado Miguel de Cervantes.

La Corredera/Pintor Agrasot.
Colección Javier Sánchez Portas.

Volvemos a la Corredera. Haciendo esquina con el primer callejón de la izquierda permanece el solar que albergó el llamado Teatro de Orihuela; un espacioso local con un aforo parecido al que ofrece el Teatro Circo en la actualidad.

Para hablar del que fue llamado “el Coliseo de la Corredera”, vamos a comenzar por lo que dejó escrito Ernesto Gisbert a principios de siglo XX: “el actual teatro de la calle de la Corredera, capaz para 850 a 900 personas, fue construido en 1840 por D. Francisco Regidor Reig, habiéndolo traspasado sus nietos a una sociedad cuyos esfuerzos han sido inútiles para levantar el coliseo a la altura que Orihuela merece.”

A través de la prensa, vamos a hacer un pequeño recorrido por su historia. La primera noticia que he localizado data de abril de 1886, en “El Liberal” de Madrid: “Empezará a actuar en el teatro de Orihuela, una compañía de zarzuela en la que figuran las señoras Nadal, Ciudad y Cubas y los Sres. Rojos, Navarrete, Pons y Morales.”

La puesta a la venta por parte de los nietos que cita Gisbert aparece en  “La Crónica” del 24 de febrero de 1887: “Se vende una casa teatro situada en esta ciudad y su calle de la Corredera, con todas sus dependencias, enseres y demás objetos inherentes a la misma que en ella existen, por el precio de adquisición que lo es de 9000 pesetas, y condiciones ventajosísimas para el adquirente.”

Durante ese año de 1887, a pesar de la amenaza de cierre inminente, los anuncios de representaciones en el Teatro de la Corredera continúan. La prensa da cuenta del notable prestidigitador conde Abel y su bella señora; presentando números de hipnotismo y adivinación. Y de una compañía de Zarzuela con “el tenor cómico, señor Queralt, oportuno y ocurrente y sin chocanería.”

En  enero de 1888 se abre una esperanza: “La cuestión del Teatro se halla en mejor estado que hace unos días a causa de haberse agrupado ayer algunos hombres de verdadero patriotismo con el fin de bien en esta o aquella forma, salvar el viejo coliseo de la Corredera, del peligro que le amenaza. Los propietarios de palcos y butacas deben hacer también un sacrificio y avenirse a una fórmula que sea beneficiosa para todos pues ante la realidad de perder sus propiedades como sucederá si el Teatro llega a ir a subasta les conviene más y harán a la población un bien que siempre se les tendrá en cuenta, allanar los obstáculos que se ofreciesen para la formación de la sociedad de compra cuyo único móvil e interés no es otro que el más acendrado patriotismo. Nosotros esperamos que la cosa se arregle y se logre disipar el peligro que amenaza al vetusto coliseo.”

En abril de 1888 el asunto parece estar encauzado: “EL TEATRO. El viejo coliseo de la Corredera se ha salvado por fin de la demolición que le ha estado amenazando durante un corto periodo de tiempo. Desde que la Sociedad Cooperativa, cuya conducta en este asunto nunca elogiaremos bastante, concibió el proyecto de adquirir la propiedad del Teatro, formulamos nosotros la resolución del problema tan complicado como el de la conservación de aquel edificio, haciendo la afirmación de que no sería destruido y que, por el contrario, al ser de la pertenencia de dicha sociedad se mejoraría notablemente.”  

Lo había comprado una sociedad llamada “la Cooperativa”; cuyo presidente y cabeza visible era el sombrerero alicantino Vicente López Durana del que ya me he ocupado en anteriores trabajos. Se había casado en 1870 con la oriolana Antonia Vilar, propietaria del convento de San Gregorio y de gran parte del de la Merced.

El matrimonio residió varios años en Alicante; y al trasladarse a Orihuela, López Durana se dedicó plenamente al negocio de los alquileres obrando y reformando sus conventos hasta desvirtuarlos totalmente. El negocio de este señor no era el teatro y mi teoría es que todo fue una operación inmobiliaria. Durana pensaba construir un teatro de hierro de acuerdo a las exigencias modernas; y para tal menester, pretendía adquirir el Teatro Circo de Alicante; cosa que hicieron otros oriolanos pocos años después.

Una vez conseguidos el enorme edificio de la Corredera y el Teatro Circo Alicantino, posiblemente hubiese destinado el viejo edificio a su negocio de alquileres; pero esto no es más que una opinión personal. Podéis ampliar el tema pinchando la siguiente imagen que os llevará a un trabajo monográfico.

Enlace a artículo Teatro Circo.

La temporada terminó aquel verano con gran asistencia de público movilizado por el posible cierre del único teatro oriolano. «La Cooperativa» o mejor dicho, Durana no había logrado traer el teatro de hierro; pero en mayo había adquirido las decoraciones del Teatro Español de Alicante, utilizadas para lavar la cara del viejo coliseo de la Corredera.

En diciembre, “La Crónica” animaba al público a acercarse al rehabilitado teatro que estaba en manos de Antonio Ortín: “El miércoles abrirá sus puertas nuestro vetusto coliseo de la calle de la Corredera, después de haber permanecido cerradas por largo tiempo. (…) El desprendimiento del nuevo empresario del teatro de la Corredera, D. Antonio Ortín, que con actividad pasmosa y sin perdonar para ello gasto ni sacrificio se ha propuesto despertar en nosotros la afición que existe en todas las poblaciones de alguna importancia por el culto de Talía, merece el aplauso y el apoyo de todo el que quiera no ver morir por completo nuestro teatro y que suceda con él lo que con la plaza de toros…” (Se referían a la plaza de toros habilitada en el ex convento de San Agustín que luego fue Jesús María).”

Durante una década el coliseo de la Corredera siguió presentando números tan excitantes como la Compañía automática y los Fantoches españoles, “manejados por actores expertos y conocedores del arte escénico, los fantoches españoles tienen tal gracia y naturalidad en sus movimientos que, seguros estamos que en muchos casos, llegan a mayor altura que muchos actores auténticos.”  Pero en los últimos años de la centuria estaba ya decrépito y el público tampoco ayudaba mucho a dignificarlo.

Esta noticia es de enero de 1895: “Es de suma necesidad si ha de continuar funcionando el destartalado Coliseo de la Corredera, que concurran algunas parejas de la benemérita además de los municipales, con el objeto de que no permitan bajo ningún concepto que se profieran expresiones malsonantes, más bien propias de un circo taurino, que de un centro de cultura y moralidad, poniendo a buen recaudo a todo aquel que no esté con la debida decencia.”

El coliseo abría y cerraba cada vez más deteriorado. Esta noticia es de enero de 1896: “No hay mal que cien años dure, ni vieja que no murmure; y decimos esto, porque al fin se van a abrir las puertas del incomparable teatro de la Corredera para dar entrada, a su pintoresco patio, al público en general.”  Anunciaban una función de prestidigitación e hipnotismo del notable ilusionista Daniel Ribera, condecorado por los reyes de España y Portugal. La entrada general costaba veinticinco céntimos; la butaca tres reales.

Por fin, en agosto de 1900 un auténtico emprendedor llamado Eduardo Romero Sansano compraba el «antiquísimo teatro con el noble propósito de que no quedara derruido en totalidad el templo de Thalía haciendo en él obras de reparación y de espléndido decorado, y prometiendo que se estrenaría con los Juegos Florales.»

AMO permiso de obra en julio de 1900.

Apremiado por la cercanía de aquellos juegos organizados por la Cruz Roja, Eduardo Romero se esforzó especialmente por adelantar los preparativos; la prensa le aclamaba:  “El reconocimiento que Orihuela debe a D. Eduardo Romero es de aquellos que no puede expresarse con palabras, si no con hechos; y mañana cuando el desinteresado propietario pueda obtener, siquiera sea una escasa remuneración del capital invertido en dotar a Orihuela de un teatro digno, es cuando hemos de mostrar todos los oriolanos, sin distingo de clases, la estimación en que tenemos los sacrificios que por nosotros ha hecho una persona amante de la cultura y el engrandecimiento de nuestro país.”

Celebrado con éxito aquel evento, en diciembre abrió sus puertas al público con el nombre de «Teatro Romero». Ofrecía una selecta compañía de zarzuela, «género chico, por el que tanto delirio sienten hoy todos los públicos, y que será del beneplácito del nuestro indudablemente. Deseamos al Sr. Romero todo género de prosperidades con su nuevo teatro, que bien acreedor es a ellas por su desinteresada abnegación.»

Los precios eran: «Plateas por abono, 5 ptas., a diario 6 id. Palcos por id.4 id., a diario, 5 id. Butacas por abono 1’50 id. a diario 2 id. Lunetas por abono 1 id; a diario 1, 25 id. Delanteras 0,70 id. Entradas a Plateas y Palcos, 0,75 id. Entrada general, 0,40 id.»

Además de las películas cinematográficas de “alta novedad y gran atracción”, la empresa del coliseo se propuso que desfilasen por él los más reputados artistas del género  de variedades: El concienzudo domador Mr. T Nof, portando una jauría de perros amaestrados; el excelente imitador y transformista “Minuto”, acompañado por su esposa Zaida, quien presentaba «la mariposa luminosa, obteniendo un éxito verdaderamente ruidoso en tan sugestivo experimento.»

Minuto, además de imitador era «un formidable tirador, haciendo prodigiosos blancos con el rifle». Lo cierto es que en una de sus actuaciones en Orihuela, se pegó un tiro en el pie y tuvieron que suspender la función. También desfiló por el coliseo la bellísima y notable bailarina Eloísa Carbonell, reina de la farruca y del garrotín; la gran Isabel Muñoz, reina de la jota; las bailarinas Zulimas, maestras en el arte coreográfico; The Kukolin’s, profesores de habilidad, fuerza y destreza….

La Iberia, enero de 1909.

Aunque el cuplé era un género demasiado atrevido para la conservadora sociedad oriolana, la celebrada y bella Lisette presentó un “espectáculo ameno y moral, porque esta simpática artista, puede ser vista y escuchada, tanto por las señoras, como por las personas de moral más escrupulosa.”

En la actuación de otra coupletista llamada Aretina, preciosidad como mujer, y notable como artista, se produjo un desorden por la oposición de los más reaccionarios a la petición insistente de la mayoría del público: «los escrupulosos protestantes, debieron de estar curados de espanto, después de la exhibición de la hermosa coupletista. Además, todos saben o deben saber que esta distinguida artista, como todas sus compañeras, no se exhiben en los espectáculos con gabán de pieles…»

El golpe de gracia le llegó cuando montaron el moderno y cercano Teatro Circo (el propio Romero Sansano con otros accionistas había intentado comprarlo). El nuevo coliseo era más versátil y mucho más moderno.

En noviembre de 1910, una nueva empresa se hacía cargo del Teatro de la Corredera; y en enero, se formaba un escándalo monumental con una bailarina. «Respecto a la índole de su trabajo, tanto considerado en su aspecto artístico, como en el decente, por ligereza de ropas, movimientos lascivos etc., el cronista ni entra ni sale. Allá el público, supremo juez. Pero es que el cronista conoce un hecho insólito, que no quiere dejar sin el correspondiente comentario. Que si porque la bailarina enseñaba más o enseñaba menos (cultura rifeña) se armó entre parte del público una zaragata de dos mil demonios, que llegó a revestir todos los caracteres de un escándalo. Determinados espectadores, roncos de tanto gritar, en la plena actuación de sus lascivos deseos, sin reparar en las señoras que había en el Teatro, quisieron convertir este en lugar inmundo. Y como la empresa no accediera a tan censurables pretensiones los zaragateros  espectadores hicieron presa de su furor en las butacas y varias de estas, en número de 18, quedaron destrozadas…»

Para trifulca, la de carácter político que se armó en enero de 1904 con los emergentes republicanos. Esta noticia es de «La Época», diario de Madrid: «Escándalo en el teatro de Orihuela. Según noticias que telegrafían de Orihuela, anoche se produjo un escándalo morrocotudo con motivo de la representación del drama María Antonieta, basado en episodios de la Revolución Francesa. Antes de empezar el espectáculo, el teatro estaba totalmente ocupado por los republicanos de Orihuela, que protestaron por los horrores que en la obra ocurren al grito de «fuera, fuera», y «eso no lo hicieron los republicanos…»

En abril de 1913 todo había terminado. «El Diario» anunciaba: «En el juzgado de primera instancia de esta ciudad tendrá lugar mañana la venta en pública subasta del Teatro Romero». Y en noviembre: “Se venden doce filas de butacas de las que pertenecieron al Teatro Romero. Para tratar condiciones darán razón en el Teatro Circo.”

En el vacío edificio del antiguo teatro, se celebraron banquetes y otros actos sociales. En el verano de 1914 se reunieron sesenta comensales del partido maurista. A comienzos de 1915, el local fue alquilado por el Sindicato Agrario de Orihuela, para utilizarlo como centro social, dar conferencias y hacer propaganda.

Las últimas noticias del «Coliseo de la Corredera» son de octubre de 1929 cuando denuncian que tiene una cornisa a punto de desplomarse; y un año después, cuando una huelga de la sociedad de Albañiles “La Unión” paraliza las obras del edificio del “Teatro Romero”; que tras pasar por almacén de cítricos y taller de automóviles, se dedicó a locales y viviendas hasta que fue declarado en ruina, procediendo a su demolición ya en el siglo XXI.

Teatro de la Corredera.
Derribo final.
Fotografía Jorge Belmonte.

Antes de continuar con la Corredera vamos a hablar de las dos traviesas que la unen con San Juan. Aunque ambas mantienen los nombres gremiales de Cantareros y Barberos, sólo la de Barbers aparece en los padrones de principios del XVII.

AMO 1636-1660.
AMO 1714-1719

La puerta trasera o puerta falsa del Teatro de la Corredera salía al callejón de Barberos, donde se mantenía un azulejo con la palabra teatro que mucha gente recordará. Por este motivo fue conocido popularmente como el Callejón del Teatro. Esto me da pie para una anécdota asquerosa: a pesar de su notable aforo, este establecimiento público carecía de servicios; por lo que los espectadores utilizaban este y otro callejón cercanos para aliviar sus necesidades con el consiguiente enfado de los vecinos ¿os imagináis los entreactos con esa cantidad de personas sin un urinario disponible?

“La Crónica”. 3 de febrero de 1887: “Varios vecinos de la Corredera, se han acercado a nuestra redacción manifestando que muchos de los asistentes al teatro han dado en la mala costumbre de hacer aguas en el callejón que va desde dicha calle a la plaza de la Trinidad, convirtiendo dicho sitio en un verdadero mingitorio con notable incomodidad del olfato y no poco perjuicio de la higiene. Vecinos y transeúntes se quejan con sobradísima razón de un estado de cosas tan grave. Y por particular excitación de unos y otros, llamamos eficazmente la atención del Sr. Alcalde a fin de que atienda tan justa reclamación y evite un mal tan antiguo como perjudicial, haciendo por ejemplo que una pareja de municipales ponga coto a ese abuso que tanto desdice de la cultura y policía que corresponde a una población como esta.”

Fotografía Ajomalba

Los vecinos del callejón de Barberos se cansaron de reclamar y utilizaron una táctica que la prensa llamó “agua por agua”. Consistía en arrojar por las ventanas el contenido de sus cubos y letrinas mientras toda esa multitud aliviaba la vejiga. 

AMO 1636-1660.

A la otra traviesa que figura en los padrones del XVII la llaman de “les negres”. Cantareros no aparece hasta principios del XVIII, cuando la de los Negros desaparece. No habiendo otra, considero que es la misma. La Cantarería en el XVII estaba ubicada junto a la Mancebería, en lo que ahora llamamos «el Rodeo».

AMO 1719-1722.

La Corredera terminaba en un arco conocido como la puerta de Almoradí o de la Corredera.  En 1449, cuando comenzaba a poblarse la zona, un sacerdote llamado Pere Brizuela y Campomanes, vecino de la calle y de noble familia, construyó junto a su casa, muy cerca del arco, una modesta capilla con torre y campanas. La ermita, levantada sobre la acequia y los bancales adyacentes, quedó bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción y San Ambrosio Obispo. A su muerte, en el año 1487 la donó en escritura a los vecinos de la calle y en ella fue enterrado.

Puerta de Almoradí.
Colección Javier Sánchez Portas.

En 1510, con motivo de una terrible peste, cambiaron la advocación mariana de la Asunción por la de la Salud, y del copatrono San Ambrosio nunca más se habló.

La noche del 17 de diciembre de 1591, el edificio se desplomó matando al sacristán y a su mujer ante el asombro de la ciudad. El obispo reunió a los vecinos propietarios para que intentaran reconstruirla; pero la falta de recursos obligó al Consell a demolerla descubriendo la acequia.

Los terrenos fueron devueltos al heredero de Brizuela. Los restos del fundador pasaron a la Merced. Y las imágenes que en ella se veneraban fueron repartidas entre diferentes templos, con excepción de la Virgen de la Salud que a petición de los vecinos quedó en casa de un tal Juan Jiménez, hasta que pudiesen reedificar la capilla.

Según Ojeda Nieto, el arco de la Corredera fue ampliado en 1602 para adaptarlo al paso de carros. Esta fecha se acerca mucho a la de 1608, aportada por Gisbert para situar la construcción de la capilla sobre el arco o puerta. En 1678 los vecinos colocaron a ambos lados las imágenes de San Roque y San Sebastián, abogados contra la peste; y en el exterior la de San Pablo.

Al otro lado del portal, había una especie de plaza presidida por una cruz de término. Daba inicio a un paseo o alameda, un lugar de recreo con árboles plantados por los propios vecinos. La zona era conocida como la Barrera de Almoradí.

AMO 1714-1719
Puerta de Almoradí o de la Corredera.
Colección Javier Sánchez Portas.

Santuario y arco fueron mejorados en 1759, adornándolo con las barras de Aragón y con el escudo del Oriol por la parte exterior. Gracias a las fotografías que se conservan, sabemos que llegó al siglo XX bien conservado, con cuatro mini campanarios y tres relojes. Las últimas obras en el arco datan del verano de 1909.

El principio del fin llegó en el verano de 1926 cuando el maestro de obras Severiano Sánchez Ballesta redactó un proyecto para mejorar las calles del Arrabal de San Juan. Entre otras propuestas incluía la eliminación de los arcos que daban término a las calles de San Juan y del Pintor Agrasot; colocando capillas laterales para albergar las imágenes. En este primer envite cayó sólo la de San Juan.

Cuatro años después, gran número de vecinos solicitaron que se arreglase de una vez el arco en ruinas. O bien que lo suprimiesen colocando la imagen de la virgen en una hornacina, como habían hecho en la calle de San Juan. El informe del maestro de obras Francisco Sánchez apoyó la demolición para evitar un derrumbe accidental producido por la trepidación de los camiones que lo cruzaban.

Cuando el derribo parecía claro, llegó otro escrito firmado por más de un centenar de vecinos (algunos arrepentidos) que se oponían al derribo de la Ermita de Nuestra Señora de la Salud. Para ellos no estaba en tan mal estado; y pedían respeto y consideración por la propiedad de una calle y su tradición.

La Corredera/Pintor Agrasot.

El asunto se alargó dos años más, hasta agosto de 1932 cuando el concejal Ortiz, hablando en nombre de los vecinos, pidió que se derruyera por su estado ruinoso y por lo que dificultaba el tránsito de carruajes. Tras un informe de la Comisión de Ornato se acordó su demolición dejándola en manos del maestro Sánchez, sin costo para el Ayuntamiento. El propio Sánchez se comprometió a sufragar los gastos a condición de disponer de los materiales del derribo.

No debió ser rentable. En septiembre le cedieron la demolición del Sepulcro (que no se llevó a cabo), para ver si con ello podía recuperar algo de lo perdido con el derribo del arco de la Corredera. Eliminado el obstáculo, la Barrera de Almoradí se fue convirtiendo en calle urbanizando los huertos cercanos para formar una línea paralela de casas enfrente. Esa zona se quedó con el nombre de «Los Huertos».

De todas estas historias solo queda una hornacina en mitad de la calle con una imagen de la Virgen de la Salud, cuyas fiestas eran memorables. Disponemos de un programa facilitado por la comisión de festejos a “El Diario de Orihuela”, en octubre de 1887:

Fiestas en la Corredera.

«Día 14. — Al toque de oración de la tarde, dulzaina, repique de campanas, morteretes y disparo de una numerosa cohetería.»

«Día 15. — A las cinco de la mañana repique de campanas, morteretes, dulzaina y cohetería, todo lo que se repetirá a las 11 de la misma. A las 5 de la tarde hará su entrada en esta ciudad la laureada banda de música de los niños de la Beneficencia de Murcia, recorriendo varias calles de la población. A las seis de la tarde será conducida procesionalmente la imagen de Nuestra Señora de la Salud desde su ermita de la calle de la Corredera a la iglesia del monasterio de San Juan de la Penitencia. De 8 y media a 10 y media de la noche, ejecutará la referida banda en la calle dicha las más escogidas piezas de su repertorio.»

«Día 16. — A las cinco de la mañana diana por la prenombrada banda, dulzaina, repique de campanas y morteretes, quemándose gran número de cohetes. A las ocho y media, se celebrará en la expresada iglesia de San Juan, misa solemne y sermón que predicará el R. P. Fray Agustín Malo, Guardián del convento de Santa Ana de esta ciudad. De 3 a 5 se verificarán los divertidos juegos populares de la cucaña, los sacos, etc. en los que tomarán parte los más adiestrados aficionados. Estas horas serán amenizadas por la precitada banda de la Beneficencia de Murcia. A las 6 se devolverá procesionalmente a su ermita, la imagen de la Virgen, luciendo a esta hora la fachada de la ermita una magnífica y sorprendente iluminación. De 8 y media a 11 de la noche, serenata final por la antedicha banda, terminando los festejos con la ascensión de un globo monstruo, obra del vecino M. H. La calle estará durante los tres días vistosamente engalanada luciendo por las noches profusas y bonitas iluminaciones.”

Como propina os dejo esta reseña de «La Crónica», en agosto de 1887. Habla de la fiesta de San Bartolomé y de lo que hacían con los pobres huertanos «escaldaos» que atravesaban la Corredera, en la ruta de vuelta de la pedanía homónima:

«Todo se va perdiendo. La fiesta de ayer que todos los años atraía a la calle de la Corredera gran concurrencia, ha quedado reducida a la nada. Es cierto que con ello han ganado las costumbres públicas pues no tenía nada de agradable y culto el ver a una pobre huertana o huertano que jinete en caballería más o menos espantadiza iba o regresaba de San Bartolomé y detrás una turba de chiquillos gritándoles «Los escaldados» y armando un ruido infernal con latas, carracas y cencerros hasta que el acosado festero o festera daba con su cuerpo en tierra entre la burla y la risa de la gente. Por fortuna tan incultos hábitos han desaparecido y de ello podemos felicitarnos.»

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)

Pulsar para continuar.
Enlace a San Juan

Callejeando 27. El arrabal de San Juan Bautista 2.

Los Hostales. Principios del siglo XX.
Entre las casas de los Roca y los Pizana.
Colección Javier Sánchez Portas.

Los Hostales/ Bajada del Puente Nuevo.

Lo carrer de els Ostals desde la porta de Elig a la Corredora.

No se puede describir mejor. Como bien nos indica el siguiente padrón, confeccionado en el siglo XVII, la calle de los Hostales abarcaba el terreno comprendido entre la puerta de Elche y la Corredera. Un espacio extramuros, surcado de acequias, donde se fueron concentrando hostales, posadas, mesones y paradores de carros.

Archivo Municipal de Orihuela. Padrón 1651.
Calle Alfonso XIII
Colección Javier Sánchez Portas
Calle Alfonso XIII
Colección Javier Sánchez Portas

Esta zona extramuros comenzó a poblarse en el siglo XV, periodo de gran expansión urbanística. En la centuria anterior había sido escenario principal del asedio sufrido durante la Guerra de los dos Pedros.

Entre la puerta de Elche y un portillo que llamaban del Salvador (a la altura de la actual casa de Rubalcava, en la calle Mayor) estaba uno de los puntos más débiles de la muralla, un tramo descuidado por considerarlo bien protegido por las cuatro acequias que actuaban a modo de foso.

Pero en aquella contienda las acequias fueron cegadas y, utilizando máquinas de asedio, los castellanos lograron abrir una brecha de sesenta brazas; destrozando también dos molinos, seguramente los antecedentes del molino del molino Grande y del “moli fariner del señor de Coix”.  

Molino de Cox. Principios del siglo XX.
Colección Javier Sánchez Portas.

Esta última y añeja instalación hidráulica, que contaba en el siglo XIX con cuatro piedras de moler, pertenecía a Diego Marín Barnuevo , señor de Cox y de la Condomina, caballero de la Cruz de Carlos III y senador vitalicio (1810-1884) . 

Ello motivó que, en la sesión del 14 marzo de 1861, la Comisión municipal del Nomenclátor dictaminase preocupada que, a ese callejón llamado del Molino, se le debía llamar calle del Molino de Cox para evitar confundirla con otra calle de igual nombre que existía en el arrabal de San Agustín. Se referían a la Calle del Molino, paralela a la Plaza Nueva; que pasó a llamarse del Molino Grande.

Puente de Levante y Molino de Cox
Puente de Levante y Molino de Cox.
Molino de Cox. Principios del siglo XX.
Colección Javier Sánchez Portas.
Calle Molino de Cox/Macando
Archivo Rafa Almira

Este callejón fue alineado y reformado a finales del XIX con motivo de las obras de construcción del Casino Orcelitano. Su titulación se mantuvo hasta que, en 1984, se lo dedicaron a uno de los propietarios del «Bar Zara»: Antonio Rodríguez Egío, alias “Macando”.

Calle Molino de Cox/Macando
Archivo Rafa Almira
Antonio Rodríguez Egío “Macando”.
Archivo Lola Sánchez

El diseño y urbanización de la calle de los Hostales comenzó a trazarse en 1747, cuando Luis Roca y Moncada decidió construir una “casa principal, en el sitio que estaban las pertenecientes a su mayorazgo, hermoseando el frontis y dando línea recta al edificio”.

La construcción del palacio que alberga el actual hotel Tudemir cambió la fisonomía de la zona, sacando una “casa noble” al arrabal por encima de la muralla que, convertida en un obstáculo, fue desapareciendo para conformar la que ahora es la calle Alfonso XIII.

Biblioteca Fernando de Loazes.
En el Palacio de los Roca.

Pinchando en la siguiente imagen se accede a un pequeño artículo sobre dicha construcción y el conflicto que provocó con su vecino, el de Pizana.

Rocas y Pizanas
Enlace a artículo

Con el paso del tiempo, el obsoleto muro que llegaba hasta la esquina del “Vallet” quedó cubierto por casas adosadas al exterior. Quizá siguiendo el ejemplo de los Roca, los mercedarios emprendieron la restauración de su enorme edificio conventual en la segunda mitad del siglo XVIII, cambiando la orientación de su portada principal hacia la nueva calle; por encima de la muralla; en línea con el extremo del palacio.

Alfonso XIII Merced
Calle Alfonso XIII
Archivo Alberto Zerón.
Calle Alfonso XIII.
Colección Tejuelo.

Como ya he comentado, fronteriza con la de los Roca estaba la casa de los Pizana. Pascual Madoz afirmó en su diccionario que, por su capacidad y arquitectura, ambas casas podían considerarse palacios.

Durante más de veinte años, desde 1864 hasta la construcción del actual en 1888, fue la sede del «Casino Orcelitano».

La calle de los Hostales en 1886
Al fondo el casino en la casa de Pizana.
Colección Antonio Luis Galiano Pérez.

En la década de 1890 albergó las instalaciones de la «Fonda España», propiedad de Joaquín Alonso Lidón.

Gran Hotel de España
Colección Javier Sánchez Portas.

Junto a la fonda, en las accesorias del edificio, se abrieron varios comercios:

El primitivo murciano.
Manuel Clemares.

«El primitivo murciano». Primera casa en novedades. Alfonso XIII núm.4, junto a la Fonda España. Mercería, pasamanería, cuellos, puños y corbatas, perfumería del país y extranjera, guantes de piel, lana, hilo, seda, sombrillas, paraguas,abanicos, bisutería, artículos de punto, sedas, algodones de bordar, peines y peinetas, artículos de piel, corsés e infinidad de artículos del ramo.

Regentado por Manuel Clemares, pasó luego a llamarse «El Murciano»; ofreciendo productos de mercería, perfumería, camisería, juguetería, peletería, bisutería y grandes oportunidades.

El Murciano. Foto Belda.
Archivo Cánovas Saavedra.

En 1904 la Fonda España sufrió profundas reformas para convertirse en el Gran Hotel de España, un lujoso establecimiento con gran salón para banquetes. Durante años fue el hospedaje más prestigioso de Orihuela; hasta la construcción del Hotel Palace en el otro extremo de la calle de Loazes. En 1915 lo regentaba su hijo, Joaquín Alonso Cifuentes; quien como veremos, acabaría comprando el Hotel Palace.

«El Eco del Segura» 1909.
Calle Alfonso XIII
Al fondo Gran Hotel de España
Colección Javier Sánchez Portas

Otro establecimiento de la misma época alojado en los bajos de la casa de Pizana fue el «Café de Levante». Famoso por sus tertulias, en la publicidad ofrecía selecto café, helados; y, en los días especiales, sopada, flanes y almojábanas. Reformado en 1907, era propiedad de Manuel Esquiva.

Café de Levante. Junto al Casino.

Los Pizana eran dueños también de una enorme y antigua posada parador, al menos desde el siglo XVII. El añejo edificio se extendía hasta el inicio del puente de Levante dejando una estrecha vía que provocaba continuas quejas por su mal estado. Su derribo propició la construcción del nuevo «Casino Orcelitano» y el ensanche y urbanización de la calle que, hasta finales del XIX se nombraba sencillamente como calle del Puente nuevo o Bajada del Puente.

Hospedaje de Pizana y Molino de Cox. 1870.
Colección Javier Sánchez Portas.

La Calle del Puente Nuevo, era complementaria a los Hostales. Además de la de Pizana, albergaba el Hospedaje de Buena Vista; con cuadras y coche de punto para recoger a los viajeros en la Estación de Ferrocarril. Completaban la oferta comercial varias tabernas, cafetines, horchaterías, modestas casas de comida…

En 1895, una riada afectó seriamente al Hospedaje de Buena Vista, socavando parte de sus cimientos, especialmente en las cuadras. Con el cambio de siglo se anunciaba en prensa como Hotel o Parador de Buena Vista, propiedad de la viuda de Francisco Abadía.

Hospedaje de Buena Vista. Principios del siglo XX.
Colección Javier Sánchez Portas.
Calle de Loazes y Puente de Levante
Colección Javier Sánchez Portas.

Utilizando el vocabulario de la época, con el cambio de siglo todo lo añejo desapareció para levantar una calle elegante, vestida a la moderna; aseñorada, con hoteles, casino, casas lujosas y automóviles aparcados.

Calle de Loazes.
Colección Javier Sánchez Portas.
Calle de Loazes.
Colección Javier Sánchez Portas.

Con esa drástica reforma la calle de Loazes se convirtió en el corazón comercial y social de Orihuela. Con el paso de los años, el Hospedaje de Buena Vista se transformó en «Palace Hotel».

En mayo de 1924, «El Pueblo» anunciaba la próxima inauguración del Hotel Palace que, con todo lujo y confort, había construído el rico propietario José Gea Lidón. Buscando la cronología de riadas se puede comprobar que hubo una en marzo de ese mismo año; y así quedaron retratadas las obras.

Riada de marzo de 1924
A la izquierda las obras del Palace Hotel.
Colección Javier Sánchez Portas
Palace Hotel en sus primeros años.
Colección Javier Sánchez Portas.

Dos años después, concretamente en noviembre de 1926, Joaquín Alonso Cifuentes, propietario del desaparecido Gran Hotel de España, se hacía cargo del Palace Hotel en calidad de director propietario; prometiendo importantes modificaciones en el café y restaurant en beneficio de los clientes, especialmente, para los turistas extranjeros (puso de moda entre las señoras tomar el té) .

Calle de Loazes desde el Puente de Levante.

La corriente nacionalista y autárquica de la España de la posguerra hizo que el Palace Hotel cambiase a Hotel Palas, establecimiento que recuerdo vagamente acompañando a mis padres durante mi infancia; sobre todo, la puerta giratoria. Derribado en la primera mitad de los ochenta, fue sustituido por el edificio que albergó la sede principal de la Caja de Ahorros del Mediterráneo; de la que solo queda el aula cultural.

Calle de Loazes desde el Puente de Levante.
En primer plano, el Palace Hotel.
Colección Javier Sánchez Portas.

Para saber más de la urbanización de esta calle y de la construcción del Casino, os dejo otro artículo monográfico al que podéis llegar pinchando la siguiente imagen.

Enlace a artículo
Calle de Loazes y Hotel Palas poco antes del derribo.
Colección Rafa Almira.

En septiembre de 1887, reformada totalmente la calle del Puente Nuevo y cercano el cuarto centenario de su nacimiento, recibió el nombre de Fernando de Loazes arreglando la injusticia cometida con uno de los oriolanos más universales; ignorado hasta entonces en el callejero oficial.

Busto del Patriarca.
José M. Pérez Basanta

La verdadera calle de “los Loases”, en la que el ilustre patriarca nació, desapareció en el siglo XVIII con la construcción del convento de Jesuitas que luego pasó a las Salesas. Sobre la primitiva calle de Loazes, os dejo otro artículo pinchando la siguiente imagen:

Enlace a artículo

En 1926, para acabar de ennoblecer la calle. instalaron un «kiosco biblioteca»: Todo entusiasta de las buenas lecturas, debía acudir al magnífico kiosco de la Caja de Ahorros de Nuestra Señora de Monserrate, situado en la calle Loazes. Allí encontraría un inmenso y variado surtido en obras de arte, ciencias, religión y literatura.

Kiosco de la Caja de Ahorros de Ntra Sra de Monserrate. 1926.
Calle de Loazes con el Kiosco.
Ministerio de Cultura.
Calle de García Hernández desde el Puente de Levante.
Colección Javier Sánchez Portas.

Durante la II República titularon la de Loazes como calle de García Hernández; y la de Alfonso XIII pasó a llamarse Fermín Galán. Los dos mártires de la República fusilados por la sublevación de 1930.

Con la República llegó de Murcia un pastelero (mi abuelo), que trajo consigo las recetas aprendidas en el Horno de la Fuensanta. Se llamaba Emilio Albarracín Garcerán. Y se instaló frente al Casino.

Pastelería «La Murciana» 1932.
Pastelería «La Murciana». De Emilio Albarracín.
En la foto Lilita Albarracín, mi madre.

Mi abuelo me decía que en Orihuela había dos zonas para confiterías: Loazes-Los Hostales y Plaza Nueva-Cubero. En la esquina entre Loazes y Los Hostales estaba «La Modernista» de Joaquín Reymundo, abierta en 1870. El edificio fue reedificado en 1905 y decorado por Enrique Luis. Y la confitería pasó a su nieto, Joaquín Gili Reymundo.

«La Modernista»
Calle Alfonso XIII, esquina Loazes.
Colección Javier Sánchez Portas
«El Pueblo» 1926

Otro confitero de apellido Reymundo y de nombre Luis, se estableció a principios del siglo XX junto al puente de Levante.

Y como olvidar la famosa confitería Agrasot en el siglo XIX. Propiedad de Ramón, el hermano de Joaquín. Desde 1899 a 1901, la confitería figura como: «Agrasot (Viuda de Ramón), Hostales». Hasta que la viuda traspasó la confitería a Mariano Ros García, quien en 1902 aparece ya como propietario. Este confitero estaba establecido anteriormente en la Plaza Nueva (1885) y también en la calle del Colegio.

Luego llegó la confitería del Ángel, en el viejo convento de los mercedarios convertido en fondas. Es la única que permanece en la zona aguantando el tipo.

«El Labrador» julio de 1902
Confitería «El Ángel» 1929.

Dejemos las confiterías y volvamos a la calle de Loazes. Otro establecimiento emblemático abierto durante la II República fue el Zara. En 1931, uno de sus propietarios, Rafael Gas Soriano (1900-1985), era camarero del Casino Orcelitano, presidente de la Sociedad de Camareros el Oriol y vicepresidente de la agrupación socialista.

En el Zara.
Rafael Gas Soriano y Rafael Gas Céspedes.
Archivo Lola Sánchez.

El otro, mencionado anteriormente en la calle Molino de Cox, fue Antonio Rodríguez Egío “Macando”.  Protagonista de sus tertulias.

El Zara y su edificio desaparecieron también en la década de los noventa para ser sustituido por una especie de cubo.

«Macando» en la tertulia del Zara
Archivo Cánovas Saavedra.
La barra del Zara a finales de los 50.
Archivo JM Dayas.
El Zara en sus últimos años.
Archivo Rafa Almira.
Calle de Loazes
Calle de Loazes.
Colección Javier Sánchez Portas.
Calle de Loazes desde el Puente de Levante.
El principio del fin.
Archivo Mariano Pedrera.

La traviesa que parte de Loazes hasta el Teatro Circo, se llamó en lo antiguo del Salitre de Rocamora. Un triste callejón que giraba al final para terminar en el río. Nombrado sencillamente como callejón del Salitre, fue modificado a comienzos del siglo XX para dar acceso al nuevo Teatro Circo.

Loazes esquina Salitre/Rufino Gea.
Calle del Salitre.
Antonio Ballester Vidal

Urbanizado durante la II República al igual que el llamado ensanche del Teatro Circo, en febrero de 1934 se presentó el proyecto de apertura y ensanche de la calle del Salitre, redactado por el arquitecto municipal Severiano Sánchez Ballesta.

Recibió su actual nombre el 12 de marzo de 1969, en honor a uno de nuestros cronistas locales, José Rufino Gea Martínez.

Ensanche del Teatro Circo.
Antonio Ballester Vidal.

En cuanto al ensanche del Teatro Circo, se llamó Plaza del Poeta Sansano, homenajeando al poeta y periodista oriolano Juan Sansano Benisa (1887-1955). Para saber más sobre su traslado y reconstrucción; para ver imágenes de nuestro teatro, pinchad el siguiente enlace.

Enlace a artículo.

Volviendo a “los Hostales”, la calle mantuvo su titulación durante siglos, aunque alguna vez aparezca también como “Los Mesones”.

PENALVA HERMANOS
Alfonso XIII, núm. 12.
(Antes de pasar a Loazes)
Ferretería, quincalla, paquetería, drogas y coloniales.

Perdió su nombre tradicional en una sesión municipal, celebrada el 10 de octubre de 1896; donde se manifestó el deseo «expresado por sus vecinos y propietarios» de sustituirlo por el del Beato Diego José de Cádiz; quedando aprobado por unanimidad.

Alfonso XIII en 1910.
Entierro del obispo Juan Maura.
Colección Javier Sánchez Portas.

No sabemos si en realidad fue iniciativa de sus moradores; pero lo cierto es que pronto comenzaron a quejarse de un título tan extenso.

Poco le duró el nombrecito de marras; el 10 de mayo de 1902, para celebrar la mayoría de edad de Alfonso de Borbón y su acceso al trono, se decidió “perpetuar tan gloriosa fecha” otorgando a esta calle el nombre de Alfonso XIII.

 “El Alcalde Presidente manifestó que el día 17 del actual se verificará la jura de S.M. el Rey Don Alfonso XIII, como consecuencia de haber cumplido la mayor edad, entrando a reinar, como dispone la Constitución del Estado y que el Ayuntamiento debía asociarse al jubileo general de la Nación. El Ayuntamiento, adhiriéndose a la proposición del Sr. Presidente, acordó por unanimidad, que para perpetuar tan gloriosa fecha se ponga el nombre de Calle de Alfonso XIII a la que hoy tiene por título del Beato Fray Diego José de Cádiz”. 

Alfonso XIII.
Francisco Luis Galiano Moreno.

Una porción de fachada con el escudo de los mercedarios y la pésima recomposición de la portada del templo -demolido y reconvertido en museo de Semana Santa-, es lo que nos queda del enorme convento e iglesia de la Merced. El escudo presenta en la parte superior la cruz de la catedral de Barcelona. En la inferior las barras de Aragón. Completa la talla una corona real en honor a su benefactor, el rey Jaume I.

En el siguiente enlace podréis encontrar una breve historia de los mercedarios en Orihuela:

Enlace a artículo

Desamortizado en el siglo XIX, pasó a manos de un industrial catalán llamado Vilaregut. Cuando falleció, su viuda lo puso en venta. Lo compraron unas señoras oriolanas para acabar troceado y repartido.

Alfonso XIII y Ballesteros Villanueva.
Francisco Luis Galiano Moreno.

Los tres trozos resultantes están claramente diferenciados: La parte de convento que se conserva, los altos edificios y la situada en el Vallet. Para conocer la historia de esta compraventa os aconsejo pinchar el siguiente enlace.

Enlace a artículo.
Calle Alfonso XIII.
Colección Javier Sánchez Portas.
Calle Alfonso XIII.
Colección Javier Sánchez Portas.

En noviembre de 1878, Atanasio García Cubero, terrateniente metido a político (llegó a ser alcalde de Orihuela) y sobrino del obispo Cubero, solicitó derribar la Posada de La Luna, al final de los Hostales (otro hospedaje centenario, al igual que la del Sol), para construir un enorme y lujoso edificio.

Dos años después, el propio prelado costeó parte del embovedado de parte de una acequia maloliente que daría lugar a la calle Escorrata, cuando se decidieron a unirla con la de Salitre en el primer cuarto del siglo XX.

La casa de Cubero en 1929.
Colección Javier Sánchez Portas. 

La «Casa de los Hostales» estaba dividida en tres caserones independientes comunicados por un patio interior; uno para cada uno de sus hijos: Pedro María, Carola y Emilia García Murphy.  También, de forma independiente, fueron cayendo hasta que solo quedó el de la esquina con Escorrata.

Edificio de los García Murphy a principios del XX.
Colección Javier Sánchez Portas.

El último en caer.
Jorge Belmonte Bas.

Como curiosidad, al fallecer Benito Pérez Galdós en 1920 le dieron su nombre a la calle Unión Agrícola (actual Avenida España). Por no ofender a dicha institución, se lo pasaron a la modesta calleja de la Escorrata.

Al proclamarse la II República, insistieron en otorgar el nombre del escritor a la calle Unión Agrícola; determinando al final que fuese la del Obispo Rocamora; pues Unión Agrícola sería Pablo Iglesias.

II República. Calle de Fermín Galán.
Colección Javier Sánchez Portas.

Actualmente, una modesta calle en Orihuela Costa recuerda la figura de Benito Pérez Galdós; eso sí, acompañado por Miguel de Cervantes, Juan Ramón Jiménez y Concha Espina.

Benito Pérez Galdós

La última traviesa, paralela a la escorrata, está dedicada a Federico Rogel, fallecido en 1915. Este músico oriolano transcribió en 1880 la primera partitura en nomenclatura musical del famoso “canto de la pasión”; dejando escritos unos cantos religiosos populares transmitidos oralmente durante siglos.

Vamos a situarnos en la parte final de la calle Alfonso XIII. Desde ahí nos podemos imaginar la esquina de la muralla; es decir, en el chaflán que forman las calles de Alfonso XIII y Ballesteros Villanueva.

Y el muro medieval que por un lado llegaba hasta la torre que se conserva detrás del Hotel Tudemir, junto a lo que fue la puerta de Elche y por el otro en línea recta hasta las torres al pie de la sierra, en lo que fue la puerta de Crevillente.

Para ayudar un poco, os dejo este vídeo:

Fotografía: Francisco Luis Galiano
Vídeo: José Antonio Ruiz Peñalver

En el verano de 1926 el arquitecto municipal Severiano Sánchez Ballesta proyectó enderezar el entronque le la Corredera con los Hostales, dejando una calle bien ancha que se prolongaría con nuevas construcciones en la carretera de Almoradí.

Esto no se materializó totalmente hasta finales de los sesenta, cuando derribaron los tres cuerpos del edificio del obispo Cubero. En su lugar levantaron altísimos edificios que se retranquearon para facilitar el acceso a la Corredera y formar una pequeña plazuela.

Alfonso XIII/San Juan.
Colección Javier Sánchez Portas

En realidad, Sánchez Ballesta pretendía modernizar toda la zona alineando las callejuelas sinuosas para que los rayos solares mejorasen su salubridad, especialmente Ballesteros Villanueva, San Juan y Pintor Agrasot.

Las dos primeras quería ensancharlas enderezando sus líneas magistrales. Para las dos últimas proponía derribar también sus arcos finales, según su opinión sin valor artístico; y que solo provocaban rincones infecciosos, impidiendo el tránsito de grandes coches, obligados a circular por la calle del Colegio. Sus imágenes pasarían a capillas instaladas en los laterales de las calles.

Alfonso XIII/San Juan/Corredera.
Colección Javier Sánchez Portas

Como veremos, consiguió tirar el de la calle San Juan, bastante deteriorado. El de la Corredera aguantó pocos años más, hasta la II República. Pero de la Corredera, hablaremos en el siguiente capítulo.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba)

Siguiente capítulo
Pinchad.

Callejeando 26. El Arrabal de San Juan Bautista 1.

Idealización del Arrabal de San Juan sobre un boceto de Ojeda Nieto.
© Pepe Sarabia. Leyendas: Ajomalba.

El Arrabal de San Juan Bautista 1.

Lo Raval de Señor Sant Joan.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVI.

Introducción.

Cuando el escaso espacio encorsetado por las murallas se fue saturando, comenzó el proceso de ocupación y urbanización de los terrenos extramuros. Ya hemos hablado en anteriores entregas de cómo se formaron los arrabales: grupos de modestas viviendas que se arracimaron en torno a los caminos que partían de las puertas de Oriola.

Desbordada la ciudad en sus límites, esos caminos se transformaron en calles y luego en barrios que se integraron en la población.

Imagen del Cartulario de Orihuela
Archivo Histórico Nacional.

Si repasamos la imagen del cartulario que representa la Oriola medieval, podemos distinguir claramente el río Segura como foso natural reforzando la muralla desde la torre Embergoñes hasta la puerta de Elche.

Más allá, tres acequias y un marjal cumplían esa misma función defensiva, dificultando un posible asedio. Dichas acequias eran las de Almoradí, Escorratel y Callosa. El marjal o zona pantanosa era conocido como el Vallet (actualmente Ballesteros Villanueva y el Paseo).

Porta Nova desde el Vall a la porta de Crevillent.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
El Vallet/Ballesteros Villanueva
Colección Javier Sánchez Portas
Calle Sagasta/El Paseo
Con castillo reconstruido digitalmente.
Colección Javier Sánchez Portas.

A Levante se abrían dos puertas: la de Crevillente, en el extremo del Barrio nuevo; y la de Elche, al final de la calle Mayor. En ambas localizaciones podemos encontrar todavía restos de torres y murallas.

Restos al extremo de la calle de Miguel Hernández

La de Crevillente generó el Ravalet, barrio que creció pegado a la sierra desde época musulmana. Se corresponde con las calles que hoy conocemos como Miguel Hernández (Calle de Arriba) y Ruiz Capdepón (Carretería). Esta última quedó destinada al aparcamiento de los carros y caballerías que llegaban a la ciudad y poco a poco fue acogiendo a carreros, herreros, carpinteros, etc…

Ravalet.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Carrer Damunt.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Carretería
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII.

La puerta de Elche dio lugar al llamado Arrabal Moderno; que tuvo que acomodarse inicialmente en la zona conocida como los Hostales, la que en la actualidad se corresponde con las calles de Loazes y Alfonso XIII.

Carrer dels Ostales desde la porta de Elig a la Corredora.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.
Bajada del Puente y los Hostales Siglo XIX.
Colección Javier Sánchez Portas

El arrabal moderno empezó a expandirse en el siglo XV, cuando el Consell orientó hacia él a los nuevos pobladores. Y creció de forma irregular, acomodándose al espacio que quedaba entre las acequias (a las anteriormente citadas hay que unir una cuarta, la de Almoravit). Así se formaron la Corredora y la calle de San Juan.

La Corredera siglo XIX
Ministerio de Cultura

Una vez avenado el Vallet, los dos barrios quedaron conectados y se abrió una tercera puerta: la “Porta Nova”.

Carrer del Vall y Porta Nova
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

En paralelo a la calle de Arriba y siguiendo el curso de la acequia de Almoradí, se formó la calle del Socorro o del Colegio (hoy Adolfo Clavarana).

Carrer del Colegi.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

La fusión de estos dos barrios nacidos en los extremos de la muralla a Levante acabó formando el gran arrabal del que vamos a hablar durante varias entregas: el de San Juan Bautista.

Todo el conjunto quedó protegido por una nueva cerca de la que todavía nos queda la puerta de Callosa.

Puerta de Callosa. Siglo XVI.

Las fundaciones religiosas como medio de promoción urbanística.

Un elemento decisivo para la población del arrabal fueron las órdenes mendicantes. En una zona difícil de urbanizar y repoblar el Consell utilizó un recurso infalible: la fundación de conventos situados estratégicamente en diferentes puntos del arrabal.

Estos edificios religiosos reforzaban la imagen del barrio y su construcción aseguraban el éxito de población. El arrabal de San Juan necesitó de tres.

El primer intento de instalar religiosos en la zona tuvo lugar en el siglo XIV con la llegada de los mercedarios. El Consell les regaló tierras y dinero para construir un convento bajo la advocación de Santa Eulalia, la patrona de Barcelona. Este primer convento de la orden de la Merced y la ermita de la Mare de Deu de Monserrat nos da pistas sobre nuestra identidad catalana por aquellas fechas. Pero no cambiemos de tema.

Escudo de los mercedarios en Orihuela.

Vivir en aquella zona pantanosa y surcada de acequias era muy complicado; y el Consell intentó poner remedio canalizando las aguas de Vallet. Con un convento en la zona y el terreno bien avenado, los pobladores se instalarían rápidamente en este descampado levantando sus casas entre acequias, escorredores y portillos. Pero no contaron con el conflicto entre Castilla y Aragón.

La Guerra de los dos Pedros acabó con el proyecto. El largo asedio por parte de las tropas castellanas de Pedro I dejó el convento y sus alrededores completamente arruinados. Escarmentados, los mercedarios se instalaron dentro de la muralla abandonando el edificio y frustrando la consolidación del arrabal. Hubo que esperar al siglo siguiente.

La última Iglesia de los Mercedarios, intramuros.
Colección Javier Sánchez Portas.

En la centuria posterior las cosas cambiaron. A mediados del XV se incrementó el número de pobladores y el Consell compró tierras junto a los Hostales para repartirlas con la obligación de construir inmediatamente. En caso contrario los terrenos serían confiscados para entregarlos a otros colonos dispuestos a edificar. Así se formó la vieja Carrer Corredora o calle Corredera.

Corredora.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Por otra parte, la favorable acogida por parte de los oriolanos a los Franciscanos de Santa Ana animó a la rama femenina de la Orden, las Clarisas, a instalarse en Orihuela; y para ello se trasladaron seis religiosas desde el Real Monasterio de Santa Clara de Murcia al viejo edificio abandonado por los mercedarios, fundando un nuevo convento bajo la advocación de San Juan Bautista.

Huerto de las Clarisas.
© Antonio Ballester Vidal

Era el pistoletazo de salida con un primer convento en el centro del arrabal. En 1499, el Consell bautizó la unión de los dos barrios con el título de Arrabal Moderno de San Juan Bautista. Antes lo había fortificado con una primitiva muralla.

El Raval de Sant Joa.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVI.

En la zona cercana a la sierra lo habían intentado primero con los franciscanos, en el siglo XIV; pero estos escogieron otra ermita en un lugar más apartado, en el Raval Roig, donde permanecen en la actualidad.

El solar se lo quedaron los dominicos en la centuria posterior; y de propina, la ladera de la sierra, encajonando totalmente el Ravalete. La progresión natural de este arrabal hubiera seguido la sierra hasta San Antón, pero quedó cortado.

Colegio de Predicadores Santo Domingo

Cerrado el paso se abrió una nueva vía: la calle del Colegio, formada entre las traseras del Ravalete y los márgenes de la acequia de Almoradí, la que marca su trazado.

En 1488, con motivo de la visita de los Reyes Católicos, se construyó una puerta en lo que había sido un portillo. Una obra de nueva planta con los escudos de Aragón y de Castilla. 

Porta Nova.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Por otro lado, en la ampliación de la muralla del siglo dieciséis, la puerta que daba salida a la calle de Arriba se trasladó al inicio del Camino de Callosa, alejándola de la sierra. Bloqueado el Ravalete, la entrada a la ciudad se desplazó a la calle que unía las dos nuevas puertas. De esta forma, la calle del Colegio se convirtió en un tramo más de la arteria que atravesaba toda la ciudad formando parte del camino real de Valencia a Murcia.

Puerta de Almoradí o de la Corredera.
Colección Javier Sánchez Portas

El tercer sector, pegado al río, era aún más difícil de urbanizar por contener las malolientes e incómodas adoberías. En este caso, el convento urbanizador fue el de los trinitarios, que llegaron a mediados del siglo XVI. Estos frailes enviados desde Murcia no fueron bien vistos por sus vecinos: los Mercedarios, dedicados a la misma función de liberar cautivos, y las clarisas, con el convento a medio hacer.

Las Adoverías/Barrio de la Trinidad

Adoverías y Trinidad.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Pero el Consell sabía que con esta construcción creaba un nuevo espacio de población completando así el arrabal de San Juan.

Con el nuevo muro construido en la segunda mitad del siglo XVI se consolidaba el arrabal con una cerca que, partiendo de la sierra unía la puerta de Callosa y la de Almoradí hasta llegar al río. Contaba con dos puertas: La de Callosa y la de Almoradí. Más de cien años después se abrió un arco al final de la calle de San Juan; un tercer acceso dedicado a la virgen del Remedio.

El Rabalete encajonado.

A partir del convento de San Juan y dentro de la nueva muralla, se mantuvo una zona agrícola; un conjunto de huertos que pertenecían a diversos propietarios como los predicadores y las Clarisas. Destacaba especialmente un amplio sector conocido como los Solares de Terol.

Solars de Terol.
Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Este espacio permitió que en siglos posteriores se siguiese construyendo intramuros. De hecho, aún quedan algunos huertos ocultos entre las calles de San Juan y Corredera.

Huerto de las Clarisas.
© Antonio Ballester Vidal

Al otro lado del muro, la actual calle Ronda de Santo Domingo, suma de las tres barreras que aparecían en los padrones del XIX: la de la Corredera, la de San Juan y del Colegio (las barreras eran algo así como calles de una sola acera).

Puerta de Callosa desde Ronda de Santo Domingo

Enfrente quedaron los huertos de los vecinos, entre el Camino de Almoradí y el de Callosa. De ahí el nombre adoptado por esa zona: “los huertos”.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).