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Callejeando 32. ASJ 7. Colegio.

Idealización del Arrabal de San Juan sobre un boceto de Ojeda Nieto. © Pepe Sarabia. Leyendas: Ajomalba.

Arrabal de San Juan 7. El Colegio.

Dedicamos la entrega anterior a la Puerta de Crevillente como origen del Rabalete y de la calle que se formó con las casas construidas en los márgenes del camino.

En esta hablaremos de otra puerta y de otra calle paralela a la anterior; la que se formó «abajo», en las traseras de las casas de la calle de arriba cuando desplazaron la puerta de Callosa separándola de la peña; cuando aprovechando los márgenes de la acequia, modificaron totalmente un tramo del camino de Valencia a Murcia, que atravesaba nuestra ciudad.

También dedicaré unas líneas a lo que significó para la zona la construcción del Colegio de Predicadores, monumental edificio que tuvo mucha culpa de esos cambios urbanísticos.

Pero antes, permitidme remontarme al siglo XV, la centuria anterior a la llegada de los dominicos; cuando se amuralló el arrabal de San Juan completo por primera vez.

Era una forma de animar a los pobladores que estaban ocupando aquel complicado terreno de huertos y acequias...

La Muralla del Ravalete y la Puerta de Callosa.

Ravalet. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Mosén Bellot, a quien debemos las siguientes notas contenidas en sus «Anales de Orihuela», nos da la fecha y el motivo por el que fue amurallado el Rabalete por primera vez.

Porque en el año 1430 iba encendida la guerra del rey don Juan II de Castilla, ordenó el Consell que se hiciese la muralla del Rabalete, aunque algunos contradecían por tener solares en el puesto.

Entre los años 1429 y 1430 se enfrentaron Juan II de Castilla y Alfonso V de Aragón, conocido como el Magnánimo. El castellano declaró oficialmente la guerra en el verano de 1429 y ésta se mantuvo hasta la firma de una tregua en julio de 1430.

En dicha tregua se reconoció la derrota aragonesa; pero las hostilidades de baja intensidad se mantuvieron durante varios años; y Oriola, ciudad de frontera, decidió reforzar las defensas de un arrabal en crecimiento.

La decisión de construir una muralla molestó a los propietarios de los solares invadidos por el nuevo muro y su camino de ronda; una obra que les cayó justo encima. Y es que, siguiendo la línea del muro, el Consell ordenó también la apertura de un callejón exterior para guardias y rondas.

1449. Y porque las guardas y rondas puedan ir desembargadamente por la muralla del Rabalete, abrieron un carrerón desde la morería, junto a la sierra, hasta el río, e hicieron puentes de vigas en las cequias.

Dicho carril, dotado con varios puentes para sortear las acequias, nacía en la flamante morería, de la que hablaremos seguidamente, y llegaba hasta el río en la zona de las adoverías, actual Barrio de la Trinidad. En la actualidad, más de medio milenio después, se llama «Ronda de Santo Domingo».

Al igual que la de Crevillente, a la que dejó obsoleta, la nueva Puerta del Rabalete se construyó pegada a la sierra. Y adoptó el nombre de Callosa por quedar al inicio de dicho camino; hoy «camino viejo de Callosa».

El nuevo portal contaba con abrevadero público alimentado por una noria que tomaba el agua de la acequia de Almoradí.

En el año 1432 se hizo el abrevadero de la puerta del Rabalete, y porque tuviese continuamente agua fresca, consignó el consejo (Consell) un florín cada año para adovar la ñora de donde venía el agua, que se deshizo cuando mudaron la acequia de Almoradí, desde la muralla hasta el huerto de Vilanova.

Un responsable guardaba las llaves; lo cerraba por las noches y lo abría al amanecer.

1449 Bartolomé Menargues, a quien el Consell tenía encomendada la llave de la Puerta de Callosa con orden que no la abriese antes del sol salido…

La morería del Rabalete.

Panorámica de la zona en 1910.

La morería del arrabal de San Agustín, creada por Alfonso X en el siglo XIII, se extinguió durante la Guerra de los Pedros. Y la apetecible zona pasó a manos de vecinos cristianos.

Oriola pasó luego muchos años tratando de atraer a familias mudéjares; musulmanes peninsulares que seguían practicando su religión en la sociedad cristiana de la Edad Media antes de las conversiones forzosas del siglo XVI.

Inicialmente pensaron urbanizar un huerto cercano a la incipiente Corredera; pero se decidieron por otro terreno agrícola de más de seis tahullas que expropiaron al extremo del Rabalete. Entre los años 1445 y 1449 construyeron allí diez casas y una mezquita.

Transcribo unos párrafos del padre Agustín Nieto Fernández en la obra «Orihuela en sus documentos IV. Musulmanes y Judíos en Orihuela (Siglos XIV-XVIII)».

La construcción de la morería. Hecha la apreciación del huerto y de las plantaciones, el Justicia y Jurados, con la fuerza del amplio poder concedido, encargan la construcción al maestro Ferrando de Jumilla, quien puso al momento manos a la obra. De las cuentas presentadas por el obrero de muros, valles y castillo los jornales empiezan a pagarse el 15 de noviembre de 1446…

… En 1448 aún continuaba la obra, pues del 1 de septiembre de dicho año es el encargo dado al Justicia y Jurados para que la mezquita sea acabada y cubierta con el menor gasto que se pueda, y en fecha 18 de abril de 1449 hay nota de pago para la obra de la mezquita.

La flamante morería urbana quedó rodeada con una tapia y se prohibió la residencia a pobladores cristianos. A estas alturas estaréis pensando que los musulmanes estaban bien considerados entre la población oriolana.

Pues no; era una relación de pura necesidad promovida por el Consell. La huerta pedía brazos; la industria de la seda comenzaba a despuntar con masivas plantaciones de moreras; y ellos eran los más capacitados para estos menesteres. Así lo resume Bellot en sus «Anales de Orihuela».

Y cuando ellos se la quitaron a los moros (la ciudad), les dejaron poblar en parte del rabal, que antes que se fundara el convento de San Agustín, se decía mayor, cuyas casas responden hoy de censo al Rey (…) La morería primera se despobló, como estaba sujeta en tiempos de guerra a los primeros ímpetus del enemigo.

Pero viendo el Consell la falta que hacían, procuró que se poblase comprándoles solar y obrando casas donde hoy está el colegio, y aún se ve (escribe esto en el siglo XVII) el fundamento de la muralla en la calle, junto a la pared principal de dicho colegio.

Con la oferta de casa y mezquita llegaron algunas familias mudéjares; pero la morería nunca llegó a funcionar. Concentrada en la ciudad, la minoría musulmana era objeto de un control insoportable, con frecuentes humillaciones y represalias populares.

Por poner un ejemplo: en 1450, recién terminada la mezquita, musulmanes y judíos quedaron obligados a arrodillarse al paso de cualquier procesión cristiana y al toque de campanas para la oración. A eso había que añadir el permanente riesgo de asalto; como el que tuvo lugar cinco años después en la morería de Valencia.

Es evidente que la población musulmana vivía mejor dispersa en los señoríos rurales; donde muchas veces eran mayoría. En poblaciones como Crevillente o Albatera podían mantener buena parte de sus costumbres sin ser molestados. El señor no se metía en sus vidas mientras trabajasen duro y pagasen más que los cristianos.

Inicialmente se instalaron algunos musulmanes de Elche y de Murcia, con gran disgusto de estas poblaciones que perdían jornaleros cualificados. Pero el proyecto se fue pronto al garete. En enero de 1451 la nueva morería estaba despoblada y el Consell decidió vender las casas a pobladores cristianos.

En cuanto a la parcela, que se quedó con el nombre de morería, la utilizaron para fundar un convento que atrajese población a esta nueva zona del arrabal. De nuevo transcribo a Agustín Nieto en «Orihuela en sus documentos IV».

El hecho cierto es que la morería debió quedar despoblada este mismo año de 1451, pues en la sesión del 22 de agosto el Consejo toma el acuerdo de que se pueda edificar un convento de frailes menores de la observancia en el arrabal de la Puerta de Elche, en el lugar donde estaba construida la morería, haciendo gracia de tanto terreno como necesiten.

Se la ofrecieron a los franciscanos de Cartagena, interesados en instalarse en Oriola; pero siguiendo sus normas de construcción, siempre alejados de la población, los franciscanos escogieron la ermita de Santa Ana del arrabal Roig; un sitio más apartado y solitario en las puertas de Murcia.

Rembrandt . Un fraile franciscano.1655.

El Consell respetó su decisión. Vendió las casas y el terreno de la «morería»; entregando a los franciscanos la mitad de los cuatro mil sueldos obtenidos en concepto de limosna para la fundación de su convento. En la siguiente centuria fue otra orden la que se instaló en el solar rechazado por los franciscanos.

Los Predicadores de Santo Domingo.

Colegio de Santo Domingo en 1863. Colección Javier Sánchez Portas.

Los dominicos llegaron a comienzos del siglo XVI y se establecieron en una pequeña ermita bajo la advocación de la Virgen del Socorro y San José. En la centuria anterior, lo habían hecho en la ermita de San Ginés; muy cerca de lo que hoy es Campoamor.

De ahí se trasladaron a un pobre convento bajo la advocación de San Pedro mártir, situado en la partida de Matet; cerca del palacio de Algorfa. La tradición asocia su llegada a Orihuela con una epidemia de peste. Así lo contó Montesinos:

No hay duda que por aplacar la justa ira del Gran Dios enojado, hizo Orihuela continuas y repetidas rogativas; pero por más súplicas que enviaban los pobres afligidos al Recto Tribunal Divino, no se daba por entendido aquel amoroso Padre Celestial; por cuyo motivo el noble caballero oriolano D. Andrés Soler, Jurado que era a la sazón, se encaminó a pasos apresurados desde su casa, situada junto a la Puerta de Elche, muy fervoroso y devoto a una medina Ermita, dedicada a María Santísima del Socorro, cercana al Portal de Crevillente, retirada hacia el vecino Monte, en el sitio que hoy se llama y es la Pedrera del Colegio, al fin de la Calle de arriba…

El Jurado Soler imploró socorro a la Virgen portadora de dicho título y esta escuchó sus humildes súplicas. Y le dio un mensaje para el Consell.

Te digo que hagas saber al Ayuntamiento de esta ciudad que en el instante que proporcione medios para la entrada de los hijos fervorosos de mi capellán Domingo en esta Ciudad, cuyos religiosos se hallan moradores (como no lo ignoras) en el mediano Convento de San Pedro Mártir de Matet, en la Heredad de Algorfa, a fin de que fervorosos prediquen la importante devoción de mi Santo Rosario, cesará la peste.

Montesinos no tiene en cuenta que los ayuntamientos son una institución del siglo XVIII. Soler, miembro del Consell, comunicó el recado de la Virgen al Justicia y al resto de los Jurados; y estos autorizaron la fundación el 7 de septiembre de 1510.

Y habiendo entrado en Orihuela por la Puerta de Almoradí, que está al fin de la Corredera, cantando el Santo Rosario, cesó la peste; y una sonora campana llamada desde entonces del Rosario, que está en la torre de la Catedral, se estuvo tocando por sí sola con admiración de todos, por espacio de cuatro horas, que duró el piadoso acto de la solemnísima procesión. Después fueron y tomaron la posesión de dicha ermita y fundaron el Convento donde está el primer magnífico claustro del Colegio…

Grabado de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden, y los papas dominicos. Matías de Irala Yuso. 1747. Biblioteca Nacional de España.

Leyendas aparte, lo cierto es que la ciudad quería un convento para revitalizar la zona. Y fueron los dominicos porque los franciscanos habían rechazado anteriormente la oferta.

Los predicadores ocuparon provisionalmente la ermita, situada donde hoy está la iglesia. Y dos años después, con ayuda del Consell, adquirieron el terreno anexo, con patios, huertos, morerales, tierras y palomar, llamado vulgarmente «la morería» por el motivo anteriormente explicado.

La primitiva iglesia fue consagrada en 1527 y junto a ella se edificó un modesto convento. Javier Sánchez Portas detalla muy bien esta primera compra de terreno y como, en menos de setenta años, se hicieron con más de dos docenas de casas, huertos y solares cercanos.

En 1547, con un edificio de baja calidad constructiva y todavía en obras, entró en escena el adinerado obispo de Lérida. A partir de 1553, bajo el mecenazgo de don Fernando de Loazes, en el solar del convento de Nuestra Señora del Socorro se comenzó a levantar el edificio renacentista más importante de la Comunidad Valenciana; utilizando palabras de Pascual Madoz, una «montaña enorme de piedra sillería».

Nuestra Señora del Socorro y D. Fernando de Loazes según Josef Montesinos.

El heredero y verdadero ejecutor de los planes del arzobispo fue su hijo Fray Juan de Loazes, nombrado rector perpetuo del Colegio. La nueva obra se principió por la iglesia, cuya capilla mayor se conserva en la actualidad. Esta fue una de las condiciones del legado de Loazes, pues en ella quería su futuro mausoleo, su monumento funerario. 

Es por ello que sabemos que la ermita primitiva coincide con la parte trasera de la Iglesia actual. Una mala ubicación sobre una corriente de aguas pluviales que desciende de la sierra y de la que se arrepintieron muchas veces.

La siguiente nota pertenece a la «Historia de la Provincia de Aragón de la Orden de Predicadores», publicada en 1599.

Dieron principio a la fábrica y fueron en ella tan desgraciados que derribándose hubieron de hacer la iglesia tres veces y el claustro dos y aún eso no perfecto, sino que hoy está por acabar.

Durante la siguiente centuria siguieron luchando por mantenerla en pie a base de apuntalamientos y reparaciones; hasta que decidieron reedificarla completamente; pero ni así.

Los problemas continuaron y las bóvedas de piedra se cambiaron por ladrillos para aligerar peso, manteniéndose las obras hasta mediados del XVIII. Toda una odisea constructiva cuyo resultado es la Iglesia de Santo Domingo.

En cuanto al sepulcro encomendado en la fundación, ni lo vio Loazes ni su hijo, a pesar de que llegó a octogenario. Los huesos del patriarca tuvieron que esperar siglo y medio para descansar en un espectacular monumento funerario desaparecido en la Guerra Civil. 

«En el año 1726 se trasladaron sus restos al Colegio y se depositaron en un Mausoleo de mármol de 6 ½ palmos de altura que está colocado en la Iglesia, a la izquierda del Presbiterio, sobre el cual está su efigie también de mármol, con sus insignias Episcopales y Patriarcales, con un hermoso epitafio dividido en dos inscripciones a la derecha e izquierda». Apuntes de Justo García Soriano. Fotografía: Colección Javier Sánchez Portas.

Todo la interesante historia de los Loazes y el complicado proceso constructivo del edificio están perfectamente detallados por Javier Sánchez Portas en su imprescindible obra «El Patriarca Loazes y el Colegio Santo Domingo de Orihuela» que recomiendo especialmente.

Enlace a la obra. Repositorio Universidad de Alicante. 

Pinchando sobre la fotografía os la podéis descargar con plena seguridad y completamente gratis en el repositorio de la Universidad de Alicante.

La gran inversión económica de Loazes cambió radicalmente la fisonomía de la zona. Para la construcción de su faraónico edificio se expropiaron casas, se ocupó el camino de Crevillente y se desplazó y reedificó la Puerta de Callosa en 1558.

Colegio de Santo Domingo de Orihuela. 

Diez años después el Consell cedió oficialmente a los dominicos todo el espacio entre el edificio y la sierra. Tenemos una nota de 1568 transcrita por Pepe Ojeda. Viene a decir que el Consell incorporaba al Colegio el trozo de carril desde la nueva Puerta de Callosa hasta la peña; y que no lo hacía sólo para embellecimiento y adorno de la ciudad; sino también para evitar molestias a frailes, estudiantes y colegiales.

La tradicional entrada a la ciudad quedó cerrada. Sólo para casos de inundación o de otra necesidad apremiante, los predicadores estaban obligados a devolver la servidumbre de paso; abriendo sus puertas de la calle de Arriba y de San Antón.

Final de la Calle de Arriba. Puerta trasera de acceso al Colegio de Santo Domingo.

Cuando la ciudad les donó la ermita y el huerto no podían imaginar el tamaño que alcanzaría la construcción dominica.

Santo Domingo en «La Ilustración Española y Americana». 1874.

Bloqueado el crecimiento del Rabalete, al otro lado comenzó a formarse el arrabal de la «Font Cuberta», en «la lladera de la serra de Oriolet».

Los pobladores del camino de entrada a Orihuela no tomarían conciencia de barrio hasta la construcción de la ermita del «glorioso senct Antoni Abad».

En esta misma web disponéis de un artículo monográfico sobre el barrio de San Antón; separado del Rabalete por el Colegio de Santo Domingo. Para acceder a él pinchad el siguiente enlace.

Enlace a artículo sobre San Antón.

La Nueva Puerta de Callosa.

La puerta de Callosa en la actualidad. Baltasar Gómez Berná.

Aunque fue ensanchado inicialmente, aquel portal cercano a la ermita del Socorro que pegado a la sierra daba acceso a la calle de los Olmos o calle de Arriba, se había convertido en un obstáculo para encajar el inmenso edificio proyectado por Loazes. Por lo que, a mediados del siglo XVI, se obró una puerta de nueva planta sin escatimar gastos.

Fabricada en 1558 con inspiración renacentista acorde con el Colegio de Predicadores a la que está unida, la Puerta de Callosa presenta un ángel espada en mano, entre dos leones y el escudo «cuatribarrado» entre dos orioles. Así lo reflejó Montesinos:

El (portal) de Sto. Domingo es magnífico, se fundó en el año de 1558; como lo declara esta inscripción.

Grabados de la Puerta de Callosa según Montesinos.

Gisbert lo llama «portal de Santo Domingo o de Valencia».

Al final (de la calle del Colegio) existe el portal denominado de Santo Domingo o de Valencia desde que fue construido en 1558. Consta de un soberbio arco de piedra jabalina de extraordinaria elevación sobre el cual descuella una gigantesca estatua del Arcangel S. Miguel, espada en mano, como defendiendo la ciudad, un Oriol a cada lado con el lema HERODVI DOMVS DUX EST EORUM; y mas bajo esta inscripción valenciana:

En lo anni de la nostra redemcio de MDLVIII se acaba aquest portal sent ivrats los molts magnifichs senors Melchor Groadellas, Ivan Fernandez de Tvesta, Frances Almodovar, Andreu Manresa, Ivan Miro.

Se puede traducir como: En el año de nuestra redención de 1558 se acaba este portal siendo Jurados los muy magníficos señores Melchor Groadellas, Joan Fernández de Tuesta, Francés Almodovar, Andreu Manresa, Joan Miró.

En su «Orihuela Imaginada», Ojeda Nieto nos informa de los profesionales que tomaron parte en su construcción.

Las condiciones, o capítulos, de las obras fueron meticulosas. Todo quedó perfectamente definido, desde los elementos decorativos (ángel, escudos) hasta precisiones estructurales como la inclinación de la vertiente del agua para proteger las puertas y la decoración.

Las fuentes, en este caso, son explícitas. Sabemos que Diego Flores «ymaginario», proyectó la decoración, que el pintor Aledo dibujó las letras y que Antonio Gisbert terminó la obra de arquitectura, mientras las puertas de madera las hizo el carpintero Trujillo. Trabajaron en ella los maestros Antón Perales , Gomara…, mientras Juan Ros se encargaba de acarrear la piedra necesaria.

Por su cara exterior, la nueva y espectacular puerta de Callosa se completaba con un ensanche habilitado entre acequias y arrobas; una «bona plaça» que lucía su respectiva cruz de término certificando la cristiandad de sus habitantes. A finales del siglo XVI dicha cruz estaba algo deteriorada para la magnificencia de la nueva puerta.

En la misma obra antes citada, Ojeda Nieto transcribe un documento titulado «Modificación urbana: cruz y plaza frente al portal de Callosa». Este acuerdo municipal, adoptado en mayo de 1596 para «rreputaçio de dita ciutat», nos informa del traslado de la vieja cruz a la Puerta de Almoradí y su sustitución por otra «acondicionada e ab molt bon fonament».

La nueva puerta de Callosa quedó unida al colegio; y ese es probablemente el motivo de que siga en pie. ¿Recordáis lo que pasó con los de San Juan y la Corredera? Pues se propuso también derruir el arco de Santo Domingo.

Pero el colegio estaba declarado monumento artístico y, al estar anexo al edificio, lo consideraron parte integrante del mismo; por eso se salvó.

Sesión del 20 de agosto de 1931: A propuesta del Sr. Cubí se acuerda por unanimidad dar el nombre de Pérez Galdós a la calle del Obispo Rocamora, indicando el propio señor la conveniencia de derruir el arco de la calle del Colegio, acerca de lo cual no recae acuerdo por estimar la presidencia que antes hay que averiguar si se considera parte integrante del Colegio Santo Domingo, declarado recientemente monumento artístico, en cuyo caso debía recibir autorización de la superioridad.

La construcción del ansiado convento, lejos de impulsar su crecimiento como ocurrió en otros barrios de la ciudad, fue un factor de aislamiento para los vecinos de la calle de arriba; que hasta entonces, gozaban al menos de buena comunicación como camino de entrada y salida de la ciudad.

El Ravalete sobre un plano de 1927.

El tráfico se desvió a una nueva vía: La calle del Socorro o del Colegio, de la que hablaremos seguidamente.

Además de los nombres citados, a finales del siglo XIX comenzaron a llamar a la puerta «de la Olma», por un olmo muy corpulento y frondoso que se puede apreciar en la siguiente imagen.

Las dos caras de la Puerta de Callosa o de la Olma. Orihuela.

El diario de Orihuela. 1 de abril 1887: Nuestro querido amigo el conocido comerciante Sr. D. Abelardo Teruel tiene a su hijo mayor con una afección a la vista por efecto de un lamentable accidente. Parece ser que al pasar en uno de los anteriores días dicho niño con su familia por la puerta de la Olma, le saltó al ojo izquierdo una chispa de hierro hecho ascua, del yunque de un herrero que vive junto a dicha puerta y que trabaja en la calle.

Puerta de Callosa o de la Olma. Con la herrería a la izquierda.

El independiente. 8 de agosto 1892: Por los guardias del fielato de consumos de la Olma se decomisó el sábado una corambre de aceite que venía en un capazo cubierto de ropa lavada. No le valió su astucia a la que trataba de burlar la vigilancia de los guardias introduciendo el matute.

Fielato de la Olma, con y sin caseta de consumos. Ministerio de Cultura y Colección Sánchez Portas.

La calle del Colegio.

Fotografía Ajomalba.

La calle del Colegio es una de las más modernas (del arrabal de San Juan), no obstante lo cual, sostiene Montesinos que los moros la llamaron Brain; su primitivo nombre fue de Elche y en una escritura de venta de 17 de enero de 1746 se denominó de la Arboleda, lo que indica su origen.  

Fantasías de Montesinos aparte, los títulos que cita Gisbert en su «Historia de Orihuela», ofrecen algunas pistas sobre su origen; pero son nombres que no he podido comprobar.

Carrer del Colegi. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

La que hoy conocemos como calle de Adolfo Clavarana nació del sendero arbolado que se formó en los márgenes de la acequia de Almoradí, partiendo del Vallet. Un camino natural que llamaban de Elche, donde los colonos se fueron asentando y que adquirió importancia al colocar dos puertas en sus extremos: La que llamaron Nueva a finales del siglo XV y la de Callosa en el XVI.

Fue calle del Socorro en el siglo XVI, titulación lógica por ser la que llevaba a la ermita y luego al convento de Nuestra Señora del Socorro.

AMO. Padrones 1636-1660.

En un padrón de la primera mitad del siglo XVII figura con nombre y apellidos: «Carrer del Colegi ad ses traveses desde el colegi a la Porta Nova». O sea: «Calle del Colegio y sus traviesas desde el Colegio a la Puerta Nueva». Resumido luego a Carrer del Colegi; o del Colegio a partir del XVIII.

AMO. Padrones siglos XVII y XVIII.

Su titulación actual se debe a Adolfo Clavarana Garriga, famoso abogado, periodista y escritor que nació en Orihuela el 9 de Septiembre de 1844. El llamado «apóstol de la prensa católica» alcanzó gran fama a escala nacional.

Clavarana falleció en 1905. Nueve años después, en febrero de 1914, el concejal García Mercader pidió «reparar una injusticia cometida con un oriolano ilustre que tantos días de gloria había dado a su patria chica», cuyo nombre solicitó para la calle del Colegio. Las placas se colocaron dos meses después.

El caso de esta calle durante la II República es único. El concejal Sánchez Moya solicitó varias veces el nombre de Francisco Ferrer Guardia para la calle de Adolfo Clavarana; pero sus propuestas pasaban a la Comisión de Ornato sin resultado. Consiguió salirse con la suya y el cambio quedó acordado.

Pero la familia del señor Clavarana logró convencerle de que debía respetar el nombre de tan ilustre hijo de Orihuela; y el acuerdo quedó revocado en la siguiente sesión. El nombre de Ferrer Guardia se lo pasaron a la calle de Santa Lucía y la de Clavarana no fue retitulada. 

No me extiendo más con el señor Clavarana. Podéis acceder a su biografía completa pinchando en la siguiente imagen.

Enlace a biografía pinchando sobre la imagen.

El nombre que mantuvo durante siglos y el que ha quedado fijado en la memoria de los oriolanos es Calle del Colegio, la que llevaba al Colegio de Predicadores y luego al Colegio de Santo Domingo.

El independiente mayo de 1892: El último tercio de la calle del Colegio, es verdaderamente desdichado. Hace un par de meses, se extendió en el piso, ignoramos por orden de quien, una capa de arena, que dejo la calle intransitable para las personas. Como si fuese esto poco se esparcieron, acá y acullá sendos pedruscos que dificultaban el tránsito de los carruajes. Ahora se ha echado una calzada, no de grava que era lo lógico, sino de piedras del tamaño de melones chicos (dos meses después).

Como parte del Camino Real de Valencia a Murcia soportaba gran cantidad de tráfico rodado que obligaba a estremar su conservación.

Aconsejamos al que se quiera suicidar se dé unos paseitos por el final de la calle del Colegio. ¡Y cuidado que lo están arreglando hace un trimestre! Pero ¡que si quieres! Aquello resulta el desarreglo más arreglado que darse puede. No parece si no que los peones camineros no tienen por ahí nada que hacer y que se entretienen allí jugando y echando a perder en un día lo compuesto en dos.

La calle, en su primer tramo, fue adoquinada en 1902 con un presupuesto de 5.390 pesetas.

El Labrador. 28 de abril 1902: Vaya un badén chiquirritito y cuco que nos han hecho en la calle del Colegio los señores de los adoquines. Qué suavidad de declives. Los herreros están de enhorabuena, vehículo que pase por el microscópico badén se parte por el eje, de seguro, y que no sea más que eso.

El sábado por la noche celebraron los vecinos dé la calle del Colegio, con música, la terminación del adoquinado en el primer trozo de dicha calle. Para cuando éste terminado por completo, oímos decir proyectan una gran fiesta.

Dos años después volvían las reclamaciones por los numerosos baches.

La Comarca. 23 de abril 1904: A consecuencia de las últimas lluvias, se encuentran algunas de nuestras calles en pésimo estado. Por ejemplo, la calle del Colegio. En ella hay baches para dar y vender; y esto no es corriente ni les viene muy bien a los pobres carreteros; pues según nos manifiestan personas que nos inspiran gran confianza, quedaron dos carros atascados ayer y muy cerca de dar un vuelco y tener que lamentar alguna desgracia.

En 1921 se solicitó a la Dirección General de Obras Públicas, una concesión económica para terminar de adoquinar la calle del Colegio en su último tramo y reparar el existente.

Al igual que su vecina, la calle de Arriba, la del Colegio trató de consolidar una fiesta a finales del siglo XIX.

El independiente. 15 de abril 1893: Los vecinos de la calle del Colegio dedican a San José, un solemne triduo en la iglesia de Santo Domingo. El triduo comenzó ayer y terminará mañana. Con tal motivo se preparan en la referida calle los siguientes festejos: Esta noche de nueve a once un punto de música; por la tarde cucañas. Mañana domingo: de diez y media a doce de la mañana música, por la tarde vacas, y por la noche disparo de un bonito árbol de fuegos artificiales. Mañana al anochecer, saldrá de la referida iglesia la imagen de San José que será conducida procesionalmente por las calles de la ciudad.

El Thader. 23 de septiembre 1895: Esta noche celebrarán los vecinos de la calle del Colegio una gran fiesta en la que habrá música, dulzaina, cohetes, cuerda, aeróstatos y demás diversiones propias de esta clase de esparcimientos. Reina mucha animación y esperamos ver muy concurrida esta calle tan olvidada por las noches.

La Independencia. 24 de septiembre 1895: Anoche hubo una solemne y divertida fiesta en la calle del Colegio. Acudió numerosísima concurrencia. Hubo gran cabalgata. Dos vehículos, vistosamente engalanados con multitud de caprichosas flores, eran arrastrados por dos hermosos borricos. Varios vecinos de la calle del colegio que iban montados en los vehículos arrojaban a los balcones, preciosos y elegantes «bouquets» de alfalfa.

Para finalizar tan divertida fiesta, se dispararon dos bonitas cuerdas de fuegos artificiales. Todos cuantos asistieron anoche a la fiesta, ahorraron risa y diversión para lo que queda de mes, sino la despilfarran. Damos nuestra enhorabuena al iniciador de la fiesta Antonino el Zapatero y demás vecinos que contribuyeron con su óbolo a que los curiosos, que fueron muchos, disfrutasen un buen rato. Qué se repita.

Calle del Colegio desde Ruiz Capdepón. Archivo Zerón Huguet.

La Bella Nereida. 1 de octubre 1904: En la calle del Colegio preparan los vecinos grandes fiestas para conmemorar espléndidamente el quincuagésimo aniversario de la declaración dogmática del misterio de la Inmaculada Virgen María, patrona de dicha calle.

Esta calle, tradicional donde las haya, conservaba hasta hace muy poco una hermosa estructura y varios edificios de interés. De ellos apenas queda un palacio; y una portada que fue trasladada al Museo San Juan de Dios.

Casa de Capdepón desde la calle del Colegio.

La increíble falta de protección de esta zona, no incluida en el casco histórico, ha convertido el trayecto a uno de nuestros más emblemáticos monumentos y al llamado «rincón hernandiano» en un indigno caos urbanístico lleno casas vacías en amenazante ruina; solares abandonados y alguna vivienda de nueva planta. Una dejadez imperdonable que ya no tiene remedio.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Callejeando 31. ASJ 6. El Ravalete.

Lo Raval de Señor Sant Joan. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVI.

Como ya os conté en el primer capítulo dedicado a este arrabal llamado de San Juan, es el fruto de la fusión del arrabal de la Puerta de Elche o Moderno con el arrabal de la Puerta de Crevillente o Ravalete. Así lo resumió Pedro Bellot en sus «Anales de Orihuela».

En la Puerta de Crevillente se pobló un rabalete muy pequeño, el cual abriéndose después la puerta Nueva, ha crecido tanto que ha incorporado en sí el rabal de la puerta de Elche y dado su nombre, aunque en los autos se intitula rabal de San Juan, por ser la iglesia más antigua de él.

En esta entrega y en la siguiente hablaremos del Ravalete original; el histórico barrio situado al noroeste de la ciudad que ocupaba el espacio entre la sierra y la acequia de Almoradí.

Idealización del Arrabal de San Juan sobre un boceto de Ojeda Nieto. © Pepe Sarabia. Leyendas: Ajomalba.

Comentada ya la Carretería (calle de Ruiz Capdepón), nos centramos en el terreno que se corresponde en la actualidad con las calles de Miguel Hernández (calle de Arriba) y Adolfo Clavarana (Calle del Colegio).

El Ravalet o Rabalete.

Ravalet. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Formado en época islámica con los primeros asentamientos extramuros, su nacimiento está asociado a la apertura de la puerta de Crevillente. Como ocurrió en todos los arrabales, se fue poblando inicialmente con habitantes excluidos por motivos religiosos, económicos o con oficios molestos que no tenían cabida dentro de las murallas.

El Ravalete sobre un plano de 1927.

En sus inicios la extensión era variable; en momentos de crisis (especialmente en los conflictos bélicos), podía quedar arrasado y despoblado; pero cuando las condiciones mejoraban se extendía de nuevo como prolongación natural de la ciudad, siguiendo el trazado del camino de Crevillente y la «Font Cuberta» (actualmente San Antón).

La Puerta de Crevillente

Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVIII

La primera información sobre esta puerta nos la brinda un testigo presencial; el canónigo José Alenda (1584-1642), autor del manuscrito «Grandeza y antigüedades de la Ciudad de Origüela y su fundación». A principios del siglo XVII la describe como un arco morisco en mal estado, decorado con letras en árabe.

Del albacar se continúan sus muros por una parte y por otra en lo enriscado de dicha peña y por la parte de Levante bajan hasta la puerta de Crevillente, la cual es de un arco morisco con unas letras arábigas, porque la debieron abrir o mejorar los moros y tiene muy buenas y fuertes torres.

Desaparecida en el siglo XVIII, Montesinos habla de ella en su «Compendio Histórico Geográfico Oriolano» citando a Martínez Paterna. A través de él menciona a un supuesto moro de Argel que tradujo las letras árabes mencionadas, identificando a un imaginario «rey moro de Murcia» como fabricante de la Puerta de Crevillente.

Tenía (Orihuela) dos portales, los más principales entre otros; el uno que llamaban la Puerta de Crevillente, con dos torres que la guardaban a los dos lados, y se dice que este portal lo fabricó el Rey Moro de Murcia, llamado Abrahan Alascandari, según lo expresaban ciertas letras arábigas que se hallaban en el mismo portal, que interpretadas por un moro de Argel (como dice el Doctor Martínez Paterna, libro 1 folio 82) explicó que significaban o decían: Este portal mandó fabricar el Rey Moro de Murcia, llamado Abrahan Alascandari, después que ganó la victoria al Rey Moro de Valencia…

En el siguiente vídeo os podéis dar una idea de lo que pudo ser.

Visión idealizada de la Puerta de Crevillente. Mi agradecimiento a José Antonio Ruiz Peñalver.

La última torre del complejo defensivo que guardaba el acceso a la ciudad por el camino de Crevillente, fue demolida en 1891; cuando los vecinos de la Calle Arriba, la Carretería y el Barrio Nuevo se quejaron al Ayuntamiento por el estado del antiquísimo torreón de sillería enclavado en la falda de la sierra. Completamente arruinado, se había convertido en un peligro constante para personas y edificios.

El Diario de Orihuela. 8 de junio 1891: Los vecinos de la calle de Arriba han elevado una exposición al Excmo. Ayuntamiento pidiendo la demolición de un torreón, restos de los antiguos fuertes morunos que enclavado en el monte en la ladera, que da a dicha calle, amenaza desplomarse sobre la misma. Parece que si su conservación es obra de poco dinero, la corporación municipal optará por repararlo conservando así una obra morisca, testigo valiosísimo de nuestras antiguas glorias.

En realidad, el Consell se había desentendido del torreón mucho antes, en el siglo XVI, cuando cedió su uso a cambio de la reparación y mantenimiento. Lo certifica una nota municipal de 1536, transcrita por Ojeda Nieto en su «Orihuela imaginada».

La dita ciutat (tiene) una torre a la Porta de Crevyllent… molt derruyda—y como puede hacer gran daño— a les cases que estan junt a la dita torre,—permiten a Bartolomé Jiménez—adovar e reparar la dita torre de tal forma que aquella no se cayga ni faga dany a les cases.

Tras confirmar el riesgo inminente que corrían los transeúntes y las casas cercanas, el arquitecto municipal, Francisco Sánchez, optó por la opción más económica. La definitiva demolición quedó aprobada el 11 de junio de 1891.

Restos del complejo defensivo junto a la antigua Puerta de Crevillente en la actualidad.

La calle de Arriba.

«Carrer damunt desde la porta de Crevillent». AMO. 1636-1660.

Poco aporta Gisbert en su «Historia de Orihuela» sobre esta calle; fantasías de Montesinos que él mismo descalifica y una fecha de construcción del arco y la capilla.

La calle de Arriba, que si hoy nada tiene de principal, lo tuvo en la antigüedad como base del Ravalete, se llamó Resvala por los godos y Barayzi por los árabes, en boca de Montesinos, que no tuvo por lo visto en cuenta que su edificación fue posterior a la dominación de aquellos; su arco final, con la capilla que sobre el mismo existe, fue levantado en 1598 (posteriormente, al hablar de la capilla dice 1698).

La primera titulación con base documental la aporta Ojeda Nieto en el siglo XVI: calle de Los Olmos; topónimo que nos da una idea de su fisonomía original: un sendero arbolado como inicio del camino de Crevillente.

La titulación d´amunt o de arriba es del siglo XVII; y sólo tiene sentido tras la apertura de la calle del Colegio.

Carrer Damunt. Archivo Municipal de Orihuela. Siglo XVII.

Destinada a ostentar el nombre del oriolano más internacional — el «pastor que hace versos», como dijo José María Ballesteros en 1930, la calle de Arriba conservó su titulación tradicional hasta bien entrado el siglo XX.

Voluntad. 15 de junio 1930: He aquí, lectores, que, en la provincia de Alicante, en Orihuela y en una de sus calles más típicas, la calle de Arriba, vive un pastor que hace versos: Miguel Hernández. El pastor poeta oriolano, es un pastor de cabras; nació pastor, continúa siendo pastor y morirá tal vez pasturando su rebaño.

Su oficio, su vida, es conducir las cabras durante el día por esta huerta oriolana tan bella, que embelesa e inspira; y al llegar la noche, repartir la leche de casa en casa, pensando siempre en los versos que compuso al correr las horas en que el sol estaba alto, sentado en plena huerta a la sombra de un naranjo…

Fotografía Ajomalba.

Fue entonces cuando tuvo algunos cambios más o menos provisionales.

Proclamada la II República mantuvo el título de Arriba hasta la llegada del bienio conservador; y la variación resultó, cuanto menos, chocante. Mientras en toda España sustituían nombres religiosos por políticos, la calle de Arriba recibía el de un sacerdote oriolano del siglo XIX: el Abad Penalva.

Francisco Penalva Urios nació en la calle de Arriba de Orihuela el 19 de diciembre de 1812; en una de las casas contiguas al Colegio de Predicadores de Santo Domingo donde realizó sus primeros estudios. Hijo de Francisco Penalva Riera y de Josefa Urios Torá, fue bautizado al día siguiente con los nombres de Francisco, Vicente, José y Ramón.

Retrato y discurso del «Abad Penalva».

Ingresó en la orden de Predicadores, en el convento de Santo Domingo de Murcia, donde realizó el noviciado y los estudios de Filosofía y Teología. Con la desamortización de 1835 fue exclaustrado del convento dominico y regresó a Orihuela; donde ejerció el sacerdocio y la enseñanza entre los años 1836 y 1847.

Luego se trasladó a Alicante para desempeñar la cátedra de Religión y Moral en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza. En 1853 lo nombraron canónigo; y dos años después, abad de la colegial de San Nicolás; cargo que ocupó hasta su fallecimiento. En Alicante desarrolló una brillante carrera eclesiástica en la que destacó por su faceta de orador.

Cimentó fama de santo gracias a la entrega demostrada durante las epidemias de cólera (1854), y de fiebre amarilla (1870). También en el bombardeo de Alicante (1873); organizando un hospital provisional en el convento de las Agustinas que salvó muchas vidas.

El 13 de diciembre de 1879 todas las campanas de la capital tañeron a muerto por el abad Penalva; y durante años la prensa alicantina solicitó del Ayuntamiento una calle para él.

El alicantino, diario católico. 16 de diciembre 1890: La idea de solicitar del Excmo. Ayuntamiento que se ponga a una de las calles de esta ciudad el nombre del virtuoso y sabio Abad D. Francisco Penalva, catedrático que fue de este Instituto, ha merecido buena acogida por parte de nuestros colegas locales; algunas personas que apoyan el pensamiento han indicado como muy conveniente para perpetuar la memoria del virtuoso Abad Penalva la calle del Bale (sic), donde vivió muchos años.

El alicantino, diario católico. 10 de noviembre 1894: Rogamos al cabildo no eche en olvido la recomendación que hicimos ha tiempo para que se dedicase una calle al virtuoso Abad Penalva, nuestro preclaro comprovinciano, cuya memoria tan grata es al pueblo de Alicante.

En marzo de 1900, el Consistorio alicantino acordó por fin rotular con el nombre de Abad Penalva la plaza que quedase tras el derribo de algunas casas frente a la fachada de San Nicolás, la que había sido su iglesia.

Semanario católico. 31 de marzo 1900: Según noticias que tenemos por fidedignas, la plaza que resultará delante de la fachada de San Nicolás, cuando se lleve a efecto el derribo de algunas casas, se llamará plaza del Abad Penalva. Plácemes merecería el Ayuntamiento que tal hiciere, pues todo nos parece poco para honrar la imperecedera memoria del dignísimo y virtuoso Abad D. Francisco Penalva, honra de la sana filosofía y perfecto modelo de cristianas virtudes.

Tres décadas después, otro famoso oriolano afincado en la capital, propuso dedicarle también una calle en Orihuela. Se llamaba Juan Sansano (el poeta del Teatro Circo). Desde su periódico alicantino, «El Día», emprendió campaña.

El Día. 19 de febrero 1935: Todavía la ciudad orcelitana no ha honrado a su preclaro hijo como merece en sus virtudes excelsas y su extraordinario talento. Pero no se ha de tardar mucho en que, por lo menos, acuerde el ayuntamiento rotular con el nombre del Abad Penalva la calle en que nació el santo varón, vía amplia y hermosa de uno de los barrios típicos, que hoy se llama vulgarmente «de Arriba», porque se halla en la parte más alta de la barriada de San Juan.

El 7 de marzo de 1935, el consistorio conservador le dio el nombre de Abad Penalva a la calle de Arriba; titulación que apenas le duró un año; lo que tardó en vencer las elecciones el Frente Popular.

Sesión del 7 de Marzo de 1935: A propuesta de la alcaldía, formulada en moción a la que se da lectura, se acuerda por unanimidad, dar el nombre del Abad Penalva a la calle de Arriba, en la que nació en 19 de febrero de 1812 el ilustre hijo de esta ciudad. Entendiendo el Sr. Bellido que el acuerdo es prueba inequívoca de que el actual ayuntamiento, estando integrado por radicales, hace justicia honrando la memoria de los hijos de Orihuela que lo merecen, cualquiera que fuese su ideología.

Sesión del 9 de abril de 1936: Con motivo de la aprobación del programa de festejos para el próximo día 14, aniversario del advenimiento de la República, que queda acordado por unanimidad, se acuerda en igual forma y, a propuesta del Sr. Sánchez Mora, variar la rotulación de las siguientes calles:  la de Arriba hoy Abad Penalva, por la de la Libertad…

Y así fue que poco antes de iniciarse la Guerra Civil la titularon como Calle de la Libertad, nombre que mantuvo durante tres años, hasta abril de 1939, cuando los vencedores le devolvieron el título de Abad Penalva.

Calle y casa de Miguel Hernández. Fotografía Juan Manuel Muñoz López.

Treinta años después, en la sesión municipal del 12 de marzo de 1969 bajo la alcaldía de Manuel Monzón Meseguer, recibió el nombre de «Poeta Miguel Hernández», pasando el del abad a una modesta calle del Barrio de las Angustias.

Mediterráneo, prensa y radio del Movimiento. 14 de marzo 1969: Calles al poeta Hernández y al falangista Llor en Orihuela. El Ayuntamiento de esta ciudad, en sesión plenaria, tomó el acuerdo de dar el nombre de Miguel Hernández a la calle en que nació y vivió este poeta oriolano, atendiendo así a la petición formulada por escritores, periodistas y poetas de diversas provincias españolas. En la misma sesión se le dio a otra calle el nombre del Falangista Francisco Llor, mártir oriolano que fue fusilado en Alicante a los 17 años de edad, en el año 1936, por negarse a delatar a sus camaradas.

Para contentar al sector duro del régimen y equilibrar la cosa; en aquel polémico acuerdo municipal incluyeron a un «mártir» falangista; pero no fue suficiente. Muchos oriolanos preferían homenajear a otro Hernández; a Ramón Barber Hernández, vecino de la calle «vilmente asesinado por las hordas marxistas».

Don Ramón era beneficiado de la Catedral, dirigente de los Sindicatos Ca­tólicos y articulista del diario «El Pueblo de Orihuela». Murió fusilado en Alicante en virtud de una sentencia del Tribunal Popular.

El nombre de Miguel Hernández quedó silenciado al colocar dos preciosas lápidas en las que simplemente se leía «calle del poeta»; y para colmo, una de ellas fue robada.

Instaurada la Democracia, la calle de Arriba recibió el nombre completo de Miguel Hernández, como otras muchas en toda España. Y su vivienda se convirtió en casa-museo.

Fotografía Ajomalba.

En cuanto a la lápida superviviente de los años setenta es la que veis en la siguiente imagen; luce hermosa en el antiguo callejón de la Cueva ascendido a «Calle del Poeta».

Fotografía Ajomalba.

Boletín de información municipal. Abril de 1976: el poeta debe ser devuelto a su pueblo y, por encima del tiempo y del espacio, también el pueblo debe ser devuelto a su poeta. Primero fue la dedicación de una calle, calle de Arriba, «al pie de la montaña de la Cruz de la Muela», calle de los más íntimos recuerdos.

Después, la creación de la Casa-Museo Miguel Hernández, cuyo expediente en trámite se centra en el hogar donde el poeta comparte su vida con el trabajo y con los sueños, con las penurias y los presentimientos. Y ahora, el Premio, prestigiado, enriquecido, dignificado con su nombre.

Más adelante — es fácil profetizar en este caso — vendrá la creación de un monumento a su memoria, el traslado de sus restos — si Josefina y Manuel Miguel acceden a ello — y el homenaje total y constante que su tierra le debe.

Miguel Hernández adolescente.

La calle olvidada.

Calle de Arriba. Casa del Poeta y puerta trasera de acceso al patio del colegio Santo Domingo.

Situada al extremo de la ciudad y bloqueada por la montaña de sillares de los dominicos, su aislamiento como espacio marginal fue parejo al crecimiento de la calle del Colegio.

En las últimas décadas del siglo XIX, el distanciamiento de la calle de Arriba con el resto de la ciudad se incrementó notablemente. Nunca la tuvieron en cuenta en los proyectos de ordenación, ensanche o saneamiento; y poco a poco se fue descolgando de los avances sociales y urbanos.

El concepto de ciudad escaparate aplicado en la renovada zona comercial (Estación, Andenes, Calderón, Loazes, Hostales y Paseo) escondía una triste trastienda de barrios desfavorecidos como este.

Ya hemos hablado de la demolición de una torre junto a la puerta de Crevillente cuyas ruinas amenazaban a los vecinos del barrio. Leyendo la prensa local podemos comprobar lo poco que le importaban al Ayuntamiento los vecinos de la calle de Arriba.

El Diario de Orihuela. 6 de julio 1891: En el extremo de la calle Barrio Nuevo, lindante con la calle de Arriba, se ha formado con los escombros procedentes de la demolición de un antiguo torreón que se hallaba en mal estado, un montón de más de tres metros de altura que incomunica por completo ambas calles causando no pocas molestias a los vecinos que para pasar de una calle a otra han de dar un gran rodeo o aventurarse por aquella montaña de tierra movediza con peligro de su integridad personal.

Haciéndonos eco de las justas quejas del vecindario, esperamos que la comisión de policía dé inmediatamente las órdenes oportunas, para que aquellos escombros sean trasladados fuera de la ciudad y cesen las molestias de los vecinos y transeúntes.

El Diario de Orihuela. 7 de julio 1891: Recordarán nuestros lectores que en nuestro número de ayer denunciábamos el que una montaña de escombros incomunicaba la calle de Arriba con la de Barrio nuevo. ¿Habrán creído sin duda que fue escuchada la súplica que a la comisión de policía dirigimos en nombre de los vecinos de dicha calle?

Pues quien tal haya creído está en lo cierto: la mencionada montaña ha crecido un metro sobre el nivel que tenía el día anterior hasta el extremo que llega a los balcones de las casas contiguas.

La tradicional desconfianza hacia los pobres se transformó en miedo gracias a la prensa. Los oriolanos poco sabían de este barrio más allá de la crónica de sucesos: peleas cerca de las tabernas, prostitución, reyertas con armas blancas o de fuego, palizas a mujeres por parte de sus maridos… todo era relatado de forma morbosa y malsana.

El martes. 11 de junio 1885: En las tabernas, con el calor del vino y del juego resultan las disputas y los crímenes. En las que existen en la calle de Arriba, no pasa hora del día sin que se encuentren en ellas reunidos todos los vagos y pendencieros que por aquí hay, dedicados única y exclusivamente al fomento de toda clase de vicios, y es necesario que se vigile con exceso, se prohíban esas tertulias y se mande cerrar aquellos establecimientos en cuanto anochezca quitando así toda ocasión de alterar la paz del vecindario.

Esta «mala prensa» deterioraba la posible actividad comercial de la zona. Sus condiciones sanitarias y la pésima imagen que proyectaban sus habitantes desaconsejaban la instalación de comercios o industrias.

El único negocio que he encontrado en la calle de Arriba fue el taller de carpintería y carrocerías de Ambrosio Leyva Andújar; que lo trasladó allí desde la Plaza de San Sebastián en 1927.

El pueblo. 7 de marzo de 1927: El taller de carrocerías, muebles, carpintería y modelaje de Ambrosio Leyva se ha trasladado a calle Arriba número 16, en donde encontrarán sus clientes el servicio.

Renacer. 7 de noviembre de 1929.

Rastreando la «Prensa Histórica» y excluyendo las noticias relacionadas con la fiesta anual; sólo encontramos enfermedad, vicio o delito. Os dejo una selección de sucesos recopilados entre los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX.

Diario de Orihuela. 21 de agosto 1886: Algunos vecinos de la calle de Arriba se nos han quejado del espectáculo que viene dando una taberna establecida en dicha calle. Parece ser que por las tardes y por las noches se sacan a la puerta de dicho establecimiento de vinos varias mesas y en ellas y obstruyendo la vía pública se sirven meriendas a los parroquianos, los que antes de merendar se juegan el coste de la francachela en largas partidas de truque, salpimentadas con votos y blasfemias y palabras obscenas que llevan el escándalo a aquellos honrados vecinos.

Diario de Orihuela. 9 de septiembre 1886: Anoche fueron llevados a la cárcel tres individuos que promovieron una cuestión en la calle de Arriba y que al tratar de detenerlos se dieron a la fuga monte arriba arrojando una faca y otras armas que llevaban.

El Día. 6 de noviembre 1887: Una de estas noches de la finada semana se oía grande alboroto que salía de una casa de uno de los callejones que afluyen a la calle de Arriba, donde al parecer se anidan de vez en cuando algunas «palomas mensajeras»; y tomó tales proporciones el escándalo que oído por la pareja de municipales que prestaba servicio en el barrio, se vio obligada a entrar, viendo con asombro que había gran número de mozalbetes, los que registrados por la indicada pareja, los puso a continuación de patitas en la calle. ¿Por qué Sr. Alcalde si se quiere tolerar que haya «casas de dormir y reservadas» no se reglamentan debidamente…?

La Calle de Arriba / Miguel Hernández. José Antonio Ruiz Peñalver.

El Diario de Orihuela. 12 de marzo 1888: A las cinco de la tarde de ayer se promovió un escándalo mayúsculo en la calle de Arriba producido por algunos individuos que se dieron de palos. El teniente alcalde Sr. Giménez que pasaba cerca del sitio de la ocurrencia se personó en dicha calle acompañado de la pareja de guardias municipales de servicio en el barrio de San Juan, ordenando la detención de los combatientes.

El orcelitano. 21 de abril 1889: A consecuencia de unas palabras que mediaron entre dos individuos, uno de aquellos salió de la casa acto continuo de la reyerta, en calzoncillos y desnudo de pie y pierna en dirección a la calle de arriba, y al llegar próximo al arco, se disparó un tiro de pistola el cual no le hirió, y dirigiéndose después por un callejón que da acceso a la calle del Colegio, casi a la terminación de aquél, disparó de nuevo el arma, penetrando el proyectil por la frente y dejándole cadáver en el acto. El infeliz suicida debió padecer seguramente algunos accesos de enajenación mental.

El Diario de Orihuela. 18 de noviembre 1889: En la tarde de ayer al salir de la taberna del nominado «Frascuelo», en la calle de Arriba, dos individuos se propinaron sendos garrotazos, haciendo necesaria la intervención de la pareja de servicio.

El independiente. 3 de marzo 1892: En la tarde de ayer fueron conducidos a la cárcel por la guardia municipal unos chiquillos que desde la montaña se entretenían en arrojar piedras a la calle de Arriba y final de la de Barrio Nuevo, a trueque de descalabrar a los transeúntes.

Si nuestras autoridades velasen más por la asistencia de los niños a las escuelas municipales obligándoles a ello, habría más Civilización en los chicos y no se repetirían con tanta frecuencia los ataques de los pequeños zulús a la tranquilidad de los transeúntes.

La iberia. 22 de julio 1907: Ayer tarde hubo una bronca fenomenal en la calle de Arriba en la que tomaron parte hombres, mujeres y niños, produciéndose un escándalo mayúsculo. Sin comentarios.

La iberia. 27 de septiembre 1907: El sangriento suceso de la calle de Santa Matilde. La crónica negra de esta población ha sido aumentada con una página más. Un hombre muerto y otro de huida, con el presidio como porvenir. Dos familias desamparadas (…) Un sereno se apercibo de los preludios de la bronca en la taberna del Pelana, de la calle de Arriba. Oyó hablar fuerte dentro de la taberna a hora tan desusada y casi enseguida, salieron agresor y agredido hasta la calle de Santa Matilde donde se realizó el crimen. (El fugitivo, José Lorente «Pelana», se entregó en Redován y regresó detenido en una tartana).

La Calle de Arriba / Miguel Hernández. Joaquín Marín.

Entre las actividades ilegales destacaba el matute, una especie de contrabando local por el que se introducían géneros sin pagar el correspondiente impuesto de consumos. Os cuento, como ejemplo, un caso detectado en septiembre de 1895 al ser descubierto el guardia que actuaba como cómplice.

A eso de las once de la mañana, un carro pidió tránsito en el fielato de San Francisco para el de la Olma, portando un barril con diez cántaros de aguardiente. En la calle de Santa Lucía aguardaba otro carro con un barril similar lleno de agua.

Una vez hecho el cambiazo, mientras el carro que conducía el aguardiente tomaba dirección a la calle de Arriba, el otro, con el barril de agua, salió tranquilamente camino de la Olma, completando el juego de cubiletes.

«Fielato de la Olma», con y sin caseta de consumos. Ministerio de Cultura y Colección Sánchez Portas.

Todo el mundo sabía quiénes eran los «matuteros»: Paco el Alicantino, el Pocha, el Moreno, Carlos el Albañil, la Panusa, el Rollao, el tío Guapo, el Zapatero, Pepe el Mudo…

Barriles de aceite, latas de petróleo, cántaros de aguardiente acababan en la calle de Arriba depositados en cuevas como la de Zambrana, o en la casas como la del tío Guapo. Por las noches, al apagarse el alumbrado, se distribuían a hombro para ser comercializados con notable rebaja del precio corriente. A estos porteadores nocturnos les llamaban fantasmas.

La iberia. 12 de agosto 1907: Nos dicen que a altas horas de la noche sale un fantasma por la calle de Arriba. Parece mentira que eso suceda en Orihuela en pleno siglo XX. Damos el aviso correspondiente a los consumeros, a quienes puede ser que les interese la aparición nocturna de ese mamarracho por la calle de Arriba.

Otra fuente de noticias era la insalubridad de la zona; sobre todo en años de cólera o de viruela. Y es que las epidemias mostraban siempre «caracteres alarmantes» en la calle de Arriba.

El oriolano. 12 de septiembre 1885: Las limosnas deben recaer en familias verdaderamente necesitadas de la calle de Arriba, donde las calenturas perniciosas (cólera) tienen postrados a numerosos individuos imposibilitados de atender al sustento de sus hijos.

El oriolano. 19 de septiembre 1885: Las cinco pesetas que nos ha remitido nuestro amigo D. Francisco Lozano, con destino a la suscripción iniciada en El Oriolano, han sido entregadas por nuestro director a la viuda pobre, Filomena López, con dos hijos enfermos de calenturas perniciosas, habitante en la calle de Arriba.

El orcelitano. 15 de junio 1890: La calle de Arriba y en particular el callejón Ancho, se hallan sus vecinos casi en su mayoría atacados de viruela, y convendría adoptar alguna medida.

La Calle de Arriba / Miguel Hernández. José M. Pérez Basanta.

El Martes. 5 de noviembre 1885: Ya había desaparecido la ridícula costumbre de conducir los cadáveres descubiertos al cementerio. Hemos visto con disgusto que el lunes de esta semana, se condujo uno procedente de la calle de Arriba en un ataúd sin tapadera, contraviniendo de este modo a lo terminantemente prohibido en un bando que se publicó por la alcaldía en el mes de mayo último.

La Prensa. 5 de febrero 1891: En las casas números 34, 30, 12 y 67 de la calle de Arriba se crían cerdos. (…) Háganse salir de la población todos esos animalitos que se crían en patios y corrales.

Las autoridades alertaban a los vecinos para intentar combatir las epidemias con «sanas medidas» que detuviesen su propagación en un barrio de calles estrechas y poco transitadas; vías con pésimas condiciones higiénicas a las que arrojaban «excrementos y otras cosas mal olientes».

Eso sí, como último recurso, siempre tenían muy cerca a la Virgen de Monserrate en su ermita para que acudiese en auxilio del barrio. Y al terminar la epidemia se mostraban agradecidos con ella.

El Oriolano. 24 de noviembre de 1885: El domingo se verificó la fiesta que los vecinos de la calle de Arriba dedicaron a su patrona por la terminación de la epidemia. Las procesiones del sábado y domingo por la noche estuvieron muy animadas, como igualmente los fuegos artificiales con que dichos festejos terminaron la noche del dicho último día.

La ermita de la calle de Arriba.

La ermita de la calle de Arriba a principios del siglo XX.

Popularmente conocida como «Ermita de la calle Arriba», la tradición afirma que fue construida en el lugar donde antes estaba ubicada una cruz erigida por sugerencia de San Vicente Ferrer en su visita a Oriola a principios del siglo XV. Veamos que escribió Gisbert en su «Historia de Orihuela».

Vicente Ferrer dibujado por Joseph Montesinos en su «Compendio Histórico Oriolano». Caja Rural Central.

Santa Cruz, luego Monserrate. Cuenta Montesinos que la primitiva Cruz que hubo en la calle de Arriba se colocó en 1411 por consejo y a presencia de San Vicente Ferrer; pero la capilla edificada sobre el arco final de dicha vía sólo data del año 1698 en que fue dedicada a la Santa Cruz y en 1771 se principió a dar culto en ella a una imagen de Ntra. Sra. De Monserrate, costeada por varios arrieros.

Fotografía Ajomalba.

Esta tradición se ha tergiversado afirmando que San Vicente oró en la capilla de la calle de Arriba. Estamos hablando de una ermita que se construyó casi tres siglos después de la famosa visita, concretamente en 1698, coincidiendo prácticamente con la del arco de la Virgen del Remedio que citamos en la calle de San Juan.

Fotografía Ajomalba.

López Maymón, en uno de sus rebuscos publicados en «El Pueblo», en diciembre de 1927, lo dejó un poco más claro:

La Ciudad Oriolense profesó arraigada devoción a San Vicente Ferrer. Aún vivía por el comienzo del XVII, la tradición de que el glorioso taumaturgo, vino a la Ciudad de Orihuela el 1410, llamado por el Concejo, que predicó con copioso fruto de espíritu, en la Merced, Salvador, Santa Justa y Rufina (…) que debido a sus gestiones se levantó una Cruz, en la calle de Arriba, en el sitio mismo donde en 1771 se levanta el altar a la Virgen de Monserrate.

Yo tengo una teoría sobre esto: Entre los siglos XIV y XV, el Reino de Valencia se llenó de cruces que marcaban las entradas a los pueblos. La fecha de la visita del santo se acerca mucho a la de la construcción de la primitiva muralla del Ravalete. Probablemente, la cruz que cita la tradición, era la cruz de término del antiguo camino de Crevillente.

La calle quedó cegada por el Colegio y ya no tenía sentido una cruz de término. Este pudo ser el origen de la Santa Cruz que se sigue venerando en una hornacina lateral. Pero insisto, es solo una teoría.

Lateral de la ermita de la calle de Arriba y callejón de la Cruz. José Antonio Ruiz Peñalver.

En 1771, en plena expansión del culto a la patrona, cuatro arrieros costearon una imagen de la Virgen de Monserrate que dejó a la cruz en segundo plano.

Desde entonces, en honor a la patrona se celebró la tradicional fiesta anual de forma muy parecida a la que describimos en la Corredera. Pero la nueva advocación de la ermita no borró de un plumazo antiguas tradiciones relacionadas con su cruz.

El Diario de Orihuela. 3 de mayo 1888: Las antiguas fiestas de la Santa Cruz han desaparecido de nuestros usos. Hasta de adornar con follaje y flores las cruces de los caminos y sitios públicos va decayendo más cada año. En la Alcaldía no se ha pedido permiso hasta la fecha más que para la fiesta de la calle de Arriba.

La Crónica. 5 de mayo 1888: Los vecinos de la calle de Arriba celebrarán mañana la fiesta de la Santa Cruz, estando por dicho motivo engalanadas las fachadas, y por la noche, de 8 a 10 tocará la banda municipal escogidas piezas y terminada esta se disparará una bonita cuerda.

La ermita de Nuestra Señora de Monserrate.

Virgen de Monserrate en su ermita de la calle de Arriba. José Antonio Ruiz Peñalver.

La primera noticia de obras en el siglo XIX data de febrero de 1854, cuando los vecinos solicitaron y fue aprobado según plano presentado, la construcción de una nueva ermita para la Virgen.

Pretendían ampliar el «nicho», en el que no cabía la imagen; por lo que una vez finalizada la ceremonia anual se veían obligados a guardarla en casas particulares.

No sé si el incendio ocurrido en 1887 tuvo algo que ver; pero a finales del siglo XIX la ermita estaba muy deteriorada.

El Diario de Orihuela. 9 de diciembre 1887: En las primeras horas de la noche de ayer se inició un incendio en la Capilla de Nuestra Señora de Monserrate de la calle de Arriba. El suceso que no adquirió proporciones gracias a la presteza con que acudió la pareja de vigilantes nocturnos de servicio en aquel barrio, fue ocasionado por una chispa que saltó de una candileja prendiendo fuego al cobertor.

Una comisión de vecinos, impulsados por «el amor que profesaban a María Santísima de Monserrate», solicitó permiso para ejecutar obras de restauración presentando un plano en el ayuntamiento.

La Comisión de Ornato aprobó las obras que se costearon a base de donativos. Le ermita se reinauguró con grandes festejos en 1895 por el obispo Juan Maura, quien había contribuido económicamente con 220 reales. Así lo reflejó la prensa en aquel año.

Juan Maura y Gelabert. Obispo de Orihuela. (1886-1910).

El Thader. 14 de septiembre 1895: Nuestro virtuoso señor Obispo ha dado la limosna de 220 reales para la restauración de una ermita de la calle de Arriba.

El Thader. 20 de septiembre 1895: Varios vecinos de la calle de Arriba han presentado al Ayuntamiento una solicitud pidiendo licencia para reformar la ermita que dedicada a Nuestra Patrona existe en la citada calle.  

La Independencia. 20 de septiembre 1895: En la sesión municipal del 19 de septiembre se dio lectura de la comunicación presentada por los vecinos de la calle de Arriba, para hacer obras de reconstrucción en la Capilla de la Virgen de Monserrate, situada en dicha calle. Pasó a informe de la Comisión.

El Thader. 24 de septiembre 1895: Al donativo del Ilmo. Sr. Obispo de que dimos oportuna cuenta, debemos añadir otros de 10 y 5 pesetas que respectivamente han concedido los RR. PP. Jesuitas y el canónigo Sr. Murcia para las obras proyectadas en la ermita que existe en la calle de Arriba bajo el patronato de Nuestra Madre de Monserrate.

Interior de la ermita de la calle de Arriba. Keru Gorostizaga.

Programa de las fiestas de inauguración de la ermita de la calle de Arriba en diciembre de 1895.

El Thader. 7 de diciembre 1895: Al amanecer principiaron con repique general de campanas, dulzaina, morteretes y voladores. A las doce se repetirá el mismo acto. A las cuatro de la tarde se efectuará la bendición del nuevo Altar de la Ermita por el Exmo. e Ilmo. Sr. D. Juan Maura y Gelabert, dignísimo Obispo de esta diócesis, acompañado del Exmo. Ayuntamiento y la banda de música municipal. A las siete de la noche, se trasladará la imagen de Nuestra Señora de Monserrate, desde casa de D. Andrés Pescetto a la Iglesia de San Juan.

Mañana al toque del alba, diana por la banda de música y repique general de campanas, morteretes, voladores etc. A las nueve, misa solemne, siendo orador el diácono D. Benito López. De cuatro a seis, la expresada banda de música, ejecutará varias piezas de su escogido repertorio.  A las ocho será conducida en procesión la referida imagen, recorriendo varias calles. Terminará dicho acto, con fuegos artificiales.

Ya en el siglo XX, la primera noticia de obras en la ermita la encontramos en 1907.

La Huerta. 10 de octubre de 1907: En la ermita de la calle de Arriba se han introducido notables mejoras en las que se han invertido 230 pesetas y queda de existencia en caja 15,30.

Ermita de la Calle de Arriba en 1907. Fotograbado de «El Espectador».

La siguiente data de noviembre de 1916, coincidiendo con la fiesta de la Patrona. La prensa sólo mencionó a «dos personas piadosas» sin aportar más detalles.

Ciudadanía, 23 de noviembre 1916: Los días 18 y 19 celebraron la fiesta de su Patrona, los vecinos de la calle de Arriba. La ermita, ha sido restaurada por dos personas piadosas.

La última y más profunda restauración de la ermita tuvo lugar en 2010, con motivo del centenario del nacimiento de Miguel Hernández, el más ilustre vecino que habitó esta modesta y tradicional calle.

La alcaldesa de Orihuela, Mónica Lorente, acompañada por el equipo de gobierno, encargados de la obra y vecinos, inauguró la Ermita de Nuestra Señora de Monserrate, situada en la Calle Arriba, que ha sido rehabilitada, como parte del compromiso de mejora y revitalización de esta carismática zona de Orihuela en el año del Centenario del poeta Miguel Hernández.

La intervención ha consistido en una reparación-rehabilitación de los elementos deteriorados por el paso del tiempo. Durante los trabajos realizados se han descubierto restos de edificios anteriores y dibujos y colores debajo de los revestimientos dañados que se han recuperado en la restauración. Con un presupuesto total de casi 200.000 euros, la ermita de la Calle Arriba ya es un lugar que los vecinos pueden visitar y disfrutar.

En 2018 Patrimonio Histórico restauró también la imagen de la patrona:

Diario de Alicante. 21 de marzo 2018

Diario de Alicante. 21 de marzo 2018: Rosa Sánchez. Aunque la capilla de esta virgen no es muy conocida, «la restauración de esta pieza era algo muy demandado por los vecinos de la zona», manifestó Almagro, «por lo que es un motivo más para estar contentos de que estamos consiguiendo recuperar no sólo grandes inmuebles sino también piezas más pequeñas pero igual de singulares».

Bascuñana y Almagro han estado acompañados por el alcalde de barrio, Rodrigo Muñoz, así como de miembros de la asociación de Vecinos y Amigos de la Calle de Arriba, además de Aitor Larrabide, director de la Fundación Miguel Hernández. También estuvieron presentes el arqueólogo municipal, Emilio Diz, y Ana Mª Sánchez, artífice de la restauración de la talla, quien explicó el proceso llevado a cabo para su reparación.

Y es que esta escultura de madera policromada del siglo XVIII, que corresponde a los periodos pictóricos del Barroco final y Rococó, y que representa a la Virgen con el Niño, consistiendo en una talla «de vestir» con brazos articulados en el codo y ojos de cristal, «presentaba muchos desperfectos», explicó la restauradora, «con grietas, falta de preparación y de policromía, sufriendo un ataque puntual de insectos xilófagos».

Todo ello se ha conseguido eliminar por medio de una intervención realizada en la misma ermita y que ha llevado cuatro semanas, que «ha consistido en una limpieza, una reintegración de las capas de preparación y policromía, y la aplicación de un tratamiento a la madera para eliminar la carcoma y los insectos, aplicando finalmente una capa de barniz para acabar el trabajo», señaló Sánchez.

Ermita de la Calle de Arriba en la actualidad. José Antonio Ruiz Peñalver.

La fiesta de la Calle de Arriba:

La fiesta de la calle de Arriba en honor a la Virgen de Monserrate se remonta al último cuarto del siglo XVIII, al modificar la titularidad de la ermita. Estas celebraciones anuales en los barrios tradicionales se convirtieron en al siglo XIX en una especie de elemento identitario más allá de la religiosidad.

He escogido, como muestra, varios recortes de prensa que abarcan desde finales del siglo XIX a comienzos del XX, el periodo de máximo esplendor. En la fase previa, los mayordomos salían a pedir por las calles.

El Independiente. 26 de  julio 1892: El domingo por la mañana oímos el redoble de un tambor acompañado de un gran gentío procedente de la calle de Arriba, y las gentes se alarmaron creyendo se trataba de un motín, pero los municipales de servicio en el barrio, se «arresiaron» a interrogar al del tambor y demás acompañantes, resultando de aquella alarma, que trataba de convocar a los hermanos de la cofradía de la Virgen de Monserrate de dicha calle, para que salieran a pedir.

Los del orden hicieron retirar aquella especie de manifestación, diciéndoles, que invocaran desde luego a los hermanos, pero sin producir escándalo, y por lo tanto, que guardasen el tambor para mejor ocasión. Para la nochebuena, pongo por caso.

En circunstancias normales, el ritual con el que obsequiaban a la Patrona consistía en una procesión de traslado hasta el convento de San Juan efectuada el sábado. En dicha iglesia se cantaba el domingo una misa con sermón.

La banda de música municipal amenizaba el evento con un derroche de pólvora, elemento tradicional en todo el reino de Valencia. Y por la noche la imagen volvía a la ermita; quemándose una vistosa cuerda de fuegos artificiales como fin de fiesta.

El Diario de Orihuela. 15 de noviembre 1886: El domingo, los vecinos de la calle de Arriba pudieron solazarse con los festejos que celebraron en obsequio de su titular la Patrona de Orihuela, la Virgen de Monserrate, que desde tiempo inmemorial se venera en la ermita levantada sobre el arco de la calle.

Con motivo de dicha fiesta la gente de buen humor halló excusa para salir de casa y asistir a la cuerda, espectáculo de marcado sabor regional, aunque no tan entretenido y vistoso como las antiguas cuerdas cuya bondad estribaba en el número de docenas de carretillas despedidas con cortos intervalos para lesionar a unos cuantos circunstantes y ver rodar atropellados por la muchedumbre fugitiva los puestos de los garbanceros.

Pero si el progreso con su demoledora piqueta nos priva de aquellas diversiones que formaban todo el placer de nuestros tatarabuelos, ilustres inventores de los caballos de fuego, en cambio nos da la seguridad personal de presenciar los fuegos artificiales sin riesgo de sufrir quemaduras…

Fiesta de la Calle de Arriba. José Antonio Ruiz Peñalver.

En caso de no disponer del convento de San Juan, los actos se trasladaban al de Santa Lucía, como ocurrió en 1888 por causa de una riada:

El Diario de Orihuela. 24 de septiembre 1888: … Con este anómalo estado de cosas por efecto de las pertinaces y torrenciales lluvias que nos ha traído septiembre, en la calle de Arriba, engalanada con los ordinarios adornos de las fiestas callejeras, celebraron por la mañana solemne función religiosa en la iglesia del monasterio de Santa Lucía en honor de Nuestra Señora de Monserrate cuya imagen condujeron procesionalmente el sábado a la referida iglesia devolviéndola anoche en lucida procesión a su capilla en el arco. Los demás festejos se han reducido a música por la banda de Callosa y a la quema de dos cuerdas con sus imprescindibles y fastidiosos correos.

A veces compartían la organización con los vecinos de la calle del Colegio; otros años intentaban organizar la suya propia.

El Independiente. 26 de septiembre 1892: Los vecinos de la calle de Arriba con la fiesta que han celebrado en honor a su Excelsa Titular la Virgen de Monserrate, ayudados por los vecinos de la calle del Colegio, han procurado con arreglo a los fondos que podían disponer, dar el mayor realce posible a la fiesta. Han traído la música de Callosa que ha tocado piezas escogidas de su repertorio, y sacándole todo el jugo posible.

Los jóvenes músicos no han tenido un momento de reposo; música de diana, música de once a doce de la mañana, música en la tarde y música en la noche. Pedir más sería gollería. En verdad, que se han hinchado a música. Y todo por una friolera.

La función religiosa se celebró en el convento de monjas de San Juan, estando el templo adornado con toda suntuosidad, con gran profusión de luces y cubiertas las paredes con magníficas colgaduras, y ocupando la cátedra sagrada el virtuoso sacerdote D. José Mompeán, asistiendo a tan religioso acto considerable número de fieles.

En la noche hubo dos cuerdas de fuegos artificiales, cuyas piezas fueron confeccionadas por el pirotécnico, entendido por «Carlujos». Se ha rifado una borrega, que ignoramos a quién le ha tocado en suerte.

Fiesta de la Calle de Arriba. José Antonio Ruiz Peñalver.

La otra cara de la fiesta anual eran los numerosos altercados que producía.

El Independiente. 26 de septiembre 1892: Anoche fueron recogidas por los guardias municipales algunas armas blancas y de fuego, evitando pudiera haber desgracias, con motivo de los muchos borrachos que había.

El auxiliar del Alcalde de barrio Manuel Celdrán, reprendió al guardia jurado conocido por el Cestero por acudir a la fiesta armado de escopeta, dejó en su casa la escopeta y volvió de nuevo produciendo escándalo. Al ser registrado le encontraron una pistola de dos cañones, cargada, y una navaja de grandes dimensiones, siendo conducido en calidad de detenido a la cárcel…

Riñeron en la fiesta de la calle de Arriba dos sujetos entendido el uno por «Cagarnera» y el otro por Tafalla, resultando éste, con una gran herida en la cabeza de un tremendo palo que le propinó su rival. El «Cagarnera» fue conducido a la cárcel y el «Tafalla» al Hospital para su curación.

El Independiente. 27 de septiembre 1892: En regocijo a la celebración de la fiesta de la calle de Arriba a su Virgen de Monserrate, no hay duda que el domingo se despacharon a su gusto los vendedores de bebidas alcohólicas. Se cogieron algunas «jumeras» que hubo hombre que era de todo punto imposible poder tenerse de pie.

Efecto sin duda de la bebida, se produjeron muchas riñas, que afortunadamente no tuvieron fatales consecuencias. Todo se redujo a unos cuantos palos; y efecto de ellos, no faltó a quien le abrieron la cabeza teniendo que ser trasladado al Hospital.

La fiesta sin incidentes era una rara excepción.

La Huerta. 7 de octubre 1907: Este año se han portado los vecinos de la calle de Arriba. La fiesta ha resultado lucidísima por demás sin incidente alguno, que es cosa rara.

A comienzos del siglo XX añadieron nuevos elementos; como misas de campaña o muchachas vestidas de blanco. Adjunto programa de fiestas de 1902.

La voz de la comarca. 22 de octubre 1902: Los de la calle de Arriba nos dicen que tendrán su fiesta el segundo domingo del mes siguiente, y que este año preparan algo nuevo. Ya tienen permiso para celebrar una misa de campaña.

La voz de la comarca. 19 de noviembre 1902: El próximo sábado y domingo tendrán lugar las grandes fiestas que los vecinos de la Calle de Arriba celebran en honor a la Santísima Virgen todos los años. Las del presente serán magníficas, pues todos aquellos vecinos trabajan con verdadero entusiasmo para conseguirlo. Entre otras cosas sabemos se harán los siguientes festejos:

Sábado 22. —Por la noche a las siete y media y en solemne procesión, será conducida la Virgen desde su capilla de la calle de Arriba a la iglesia del convento de S. Juan seguida de la notable banda de «Santa Cecilia» que ejecutará las mejores marchas de su repertorio. De ocho a diez, serenata por la mencionada panda.

Domingo 23. — A las cuatro de la madrugada saldrá la procesión del Rosario que recorrerá las principales calles de la población, cantándose «La Aurora», concluido esto se celebrará en la antedicha calle una misa de campaña oficiada por la repetida banda de Santa Cecilia.

A las nueve gran función religiosa en S. Juan, estando la oración sagrada a cargo del joven presbítero D. Monserrate Celdrán. Por la noche será devuelta a su capilla Nuestra Señora con toda solemnidad. A las ocho, nueva serenata, concluida la cual, se disparará una gran «cuerda» de fuegos artificiales. La calle estará engalanada con arcos de follaje, banderitas, colgaduras, y por la noche se iluminará a la veneciana.

La voz de la comarca. 27 de noviembre 1902: En las fiestas celebradas el pasado sábado, y domingo por los vecinos de la calle de Arriba en favor de la Santísima Virgen en el presente año, han resultado muy lucidas. El sábado y conforme estaba acordado, fue llevada la Virgen procesionalmente al convento de S. Juan, donde al día siguiente tuvo lugar una gran función religiosa en la que pronunció un elocuente discurso el joven presbítero Sr. Celdrán.

A la misa de campaña que celebró el antedicho sacerdote acudió un gran número de gente. La procesión de por la noche resultó brillantísima, siendo muy numerosos los alumbrantes. Llamó particularmente la atención, un grupo de lindísimas muchachas vestidas todas de blanco que arrojaban sin cesar flores a la Virgen. Durante la carrera se dispararon cohetes, tracas y se encendieron bengalas.

San Vicente Ferrer en la Calle de Arriba. José Antonio Ruiz Peñalver.

Epílogo

Como todos los barrios situados al pie de la sierra, la Calle de Miguel Hernández sigue manteniendo su marginalidad bien entrado el siglo XXI.

No ha consiguido despegar a pesar de contar con varios elementos para ser considerada una zona especialmente interesante: el Colegio de Santo Domingo, la casa museo, la ermita de la patrona…

Entre los años 2012 y 2013, la Cátedra Arzobispo Loazes y la Concejalía de Cultura de Orihuela promovieron una serie de actividades destinadas a regenerar este tradicional espacio urbano.

El proyecto se suspendió al cambiar de Ayuntamiento y de todo aquello quedó una publicación titulada «Construyendo utopías. La Calle de Arriba en Orihuela». Os la podéis descargar pinchando la siguiente imagen.

Enlace repositorio Unicersidad de Alicante. Descarga PDF.

Para terminar, os dejo un artículo publicado en «Canfali Vega Baja», en septiembre de 1983:

LA CALLE DE ARRIBA MANTIENE SUS TRADICIONES. El pasado miércoles se volvió llevar a cabo en nuestra ciudad una de las tradiciones más antiguas a la vez que olvidadas, de nuestra ciudad, nos referimos al traslado que todos los años los vecinos de la popular calle de Arriba (Miguel Hernández), hacen de la virgen instalada en la ermita que preside esta calle.

El tradicional acto se efectúa la víspera del día de la patrona para que sea la imagen que venera la calle del poeta la que por la madrugada del día de la patrona presida el también tradicional rosario de la aurora. Todos los vecinos del barrio se cogen hombro con hombro, y cantan al unísono una tonadilla que dice:

La Virgen de mi calle/ la más hermosa/ porque en su cara tiene/ toda la gloria./ Viva María de Monserrate/ y viva la calle de Arriba/ que no deja de amarle.

Antonio José Mazón Albarracín. Ajomalba.

Enlace a programa de Radio Orihuela en 2020: «La calle de Arriba. Historia de una marginalidad».

Pinchad en la imagen para acceder al programa en YouTube.

Callejeando 30. ASJ 5. Puerta Nueva.


AMO 1636-1660

Porta nova desde el vall a la porta de Crevillent.

Continuamos nuestro paseo virtual por el Arrabal Moderno, pasando de la calle de San Juan a la de Ballesteros Villanueva, el antiguo Vallet. Este capítulo abarca la zona descrita en la imagen anterior: La puerta nueva, desde el vall, a la puerta de Crevillente.

En la actualidad está dividida en tres calles. Antes de tratar cada una de ellas por separado, vamos a hablar del espacio en conjunto. Además de las imágenes, he incluido unos vídeos que os ayudarán a viajar en el tiempo.

Fotografía: Francisco Luis Galiano. Vídeo: José Antonio Ruiz Peñalver.

El Valle de la Puerta Nueva en la Edad Media.

Entre la torre esquinera de Navalflor y la Puerta de Crevillente (al inicio de la calle de Arriba), el muro lindaba con un cenagal surcado de acequias. El inhóspito paraje era un pasillo natural que actuaba como desagüe entre la sierra y el río. Un terreno insalubre propenso a la acumulación de aguas muertas.

Conocido como «el Vall», se ha traducido generalmente utilizando la primera acepción del diccionari normatiu valencià: «depresión alargada y relativamente ancha, definida por la convergencia de dos vertientes y recorrida, generalmente, por un curso de agua»; es decir, la definición castellana de valle. A mí me pareció que le cuadraba; y como valle está traducido en los Anales de Bellot.

Pero hay una segunda acepción que le cae como anillo al dedo: «excavació profunda feta longitudinalment al voltant d’una fortificació per a dificultar el pas de l’enemic des de fora al mur»; lo que se traduce como: excavación profunda que rodea una fortaleza que se hace para obstaculizar el paso del enemigo; la definición castellana de foso.

En el famoso grabado del Cartulario podemos comprobar su utilidad defensiva, aislando y reforzando la muralla por el flanco de Levante, para dificultar cualquier estrategia de asedio.

Oriola durante la Guerra de los Pedros. Cartulario de Privilegios. AHN.

En 1356, año de inicio de la Guerra de los dos Pedros, dentro de los preparativos generales, el Consell decidió adecentar y preparar el Vall. Nuestro cronista favorito, mosén Bellot, lo dejó reflejado en sus «Anales de Orihuela».

Que se hiciesen puertas o se cerrasen todos los postigos a cal y canto; que cada casa dé un hombre con su azada y capazo para obrar muros; que los jurados mandasen subir mucha piedra a las torres y muros; que se limpie el valle de la Puerta de Crevillente…

En el párrafo anterior, Bellot utiliza el término «valle de la Puerta de Crevillente». Pero con la acepción antes mencionada, se referían a limpiar el foso de protección; no un valle. Otra palabra que aparece continuamente en castellano es concejo. Yo lo he sustituido por Consell.

Traducciones castellanas aparte, lo cierto es que, una vez adecentado el terreno, dejó de mencionarse como «de la puerta de Crevillente». Un portillo que daba paso a la calle de la Feria tomó el protagonismo y el Vall adoptó su nombre.

El Valle de la Puerta Nueva estaba muy lleno de cieno y otras inmundicias; y no se podía limpiar por el agua que había encima. Así pues, el Consell ordenó que se vaciase, haciendo un escorredor por debajo de las acequias de Almoradí y Catral.

Fotografía Javier Sánchez Portas. Montaje idealizado Ajomalba.

El encargado de avenar y nivelar el terreno fue un ingeniero llamado Matías Figuerola; y todo el personal ocioso fue destinado a trabajar en el escorredor. En 1358, ante la posibilidad se ser cercados por los castellanos, el Consell repartió la tarea de fortificar la ciudad; y a los vecinos de Callosa les tocó obrar el vall. Seguimos con notas de los «Anales de Orihuela».

1358. Cuando Orihuela temía ser cercada por el rey don Pedro, repartió las obras de fortificación, y cupo a Callosa hacer el valle de la Puerta Nueva.

Además de arreglar el foso, la tarea implicaba cerrar a cal y canto la puerta de Crevillente y el portillo que llamaban Puerta Nueva; sellados con obra del mismo grosor que el muro. Pero los de Callosa no vinieron; y para cumplir con su obligación en la defensa, siguiendo el protocolo habitual, concertaron un pago de diez y ocho dineros por familia.

Un año después, el Consell mandó acelerar la obra mientras investigaba qué había sido del dinero aportado por los callosinos. El Vall seguía sin terminar y pasaron el encargo a Bartolomé Viudes.

1359. Los habitantes de Callosa tenían obligación de hacer el valle de la puerta Nueva y ellos no vinieron, porque se concertaron 18 dineros por casa y no parecía el dinero. El Consell cometió esta causa a Berenguer Morrelles, para que averiguase quién o cuántos y a quién habían pagado…

Firmada la paz con Castilla en 1361, el Consell mandó abrir la puerta Nueva con un puente de piedra sobre el escorredor para facilitar el paso. Pero aquella paz fue sólo una simple tregua. Cuatro años después, Orihuela soportó su más duro y famoso asedio y la puerta fue cegada de nuevo; era práctica común.

En 1410, las puertas Nueva y de Crevillente volvían a estar tapiadas; esta vez por una guerra civil en la Corona de Aragón, librada entre los aspirantes a la sucesión del difunto Martín «el Humano» (solucionada dos años después gracias al «Compromiso de Caspe»).

En esas fechas los mercedarios estaban ya dentro de la muralla ocupando la torre de Navalflor como campanario. Dicha torre adoptó el nombre del convento: «Torre de Santa Eulalia, ólim (antes) Navalflor».

Enlace artículo.

La Puerta Nueva y los Reyes Católicos.

AMO 1636-1660

La Porta Nova, o Puerta Nueva en castellano, dejó de ser portillo en el año 1488; cuando la visita de los Reyes Católicos animó al Consell a reedificarla completamente. Isabel y Fernando entraron por ella a Orihuela:

1488. En las fiestas que Orihuela hizo cuando los Reyes Fernando e Isabel entraron en ella (…) Hicieron solemne paseo por la ciudad, que estaba toda entapizada y enramada; entró por la puerta Nueva, que se labró de nuevo como hoy está… (Bellot escribe esto en el siglo XVII).

Hízose el portal de la puerta Nueva de piedra picada y grande, en la forma que hoy está, que antes era pequeña porque en las guerras pasadas la cerraban a cal y canto. Y pusieron sobre ella las armas de Aragón y Castilla juntas.

Emblema de los Reyes Católicos. Iglesia Parroquial de Santiago.

Avenado el terreno y en plena expansión del Arrabal de San Juan, entre los siglos XV y XVII los pobladores se fueron instalando en este descampado, levantando sus casas entre acequias, escorredores y «trastalladors», como se nombraban las compuertas o portillos.

La cercanía de los mercedarios, que se fueron apropiando de toda la manzana hasta plantar su fachada en los Hostales, fue otro factor positivo para el crecimiento y urbanización de una zona que, con el paso del tiempo, pasó a ser el corazón del arrabal, una prolongación de la zona comercial de los Hostales que contaba con sus propias carnicerías, las segundas en importancia tras las de la Plaza Mayor.

Fachada de los Mercedarios. Colección Javier Sánchez Portas.

A partir del siglo XVI la muralla interior perdió su utilidad defensiva y el Consell dejó de preocuparse por su conservación. La obsoleta Puerta Nueva se mantuvo en pie hasta diciembre de 1737; fecha en la que, completamente arruinada, fue demolida. Esta es la historia del Vall y del arco que durante siglos le dio nombre: la Porta Nova, o Puerta Nueva cuando pasó al idioma castellano.

AMO. Siglos XVII y XVIII

Como ya he dicho, se dividió en tres sectores claramente diferenciados que son tres calles en la actualidad: la del Vallet (Ballesteros Villanueva), la plaza de la Porta Nova (El Paseo), y la Carretería (Ruiz Capdepón).

El Vallet

El primer sector, colindante con el convento de la Merced y su plazuela, es el más estrecho. Mantuvo el nombre original con diminutivo valenciano. De Vall, Vallet.

AMO. Siglos XVII y XVIII.

El topónimo, escrito «Ballet», se mantuvo hasta el mes de enero de 1879; cuando falleció Baldomero Fernández Espartero, una de las glorias patrias homenajeada en muchos callejeros de España.

El Segura. 31 de enero 1879: Dice «El noticiero de Murcia»: El ayuntamiento de Orihuela por indicación de su activo alcalde nuestro distinguido amigo D. Matías Rebagliato, ha acordado poner el nombre de «Espartero» a una de las principales calles de dicha población. Según nuestras noticias la calle agraciada será la del Vallet.

Y así fue. Para hacer constar la inmensa pena que embargaba a todo el Municipio, el Ayuntamiento había decidido costear un retrato de Espartero y variar el nombre de la calle del Vallet, asignándole el de Príncipe de Vergara. El libro de actas correspondiente está mutilado, por lo que no puedo precisar la fecha exacta del acuerdo;  pero las sesiones inmediatamente anterior y posterior son del 11 y 23 de enero de 1879. También organizaron «suntuosos funerales» en Santa Justa. El mismo periódico dio cuenta de ellos:

El Segura. 31 de enero 1879: El lunes (27) con una concurrencia numerosísima tuvieron lugar en la Santa Iglesia Parroquial de Santa Justa y Rufina y con la asistencia de los tres cleros parroquiales de esta ciudad las solemnes honras fúnebres que los admiradores del ilustre e inmortal Príncipe de Vergara han celebrado, por el eterno descanso de su alma y en memoria de sus grandes virtudes cívicas y militares.

El Vallet inundado y Espartero. Colección Javier Sánchez Portas.

Apenas suficiente la anchurosa nave del arabesco templo a contener la inmensa multitud que asistió a tan religioso acto (…) Nunca hemos visto tanta suntuosidad y magnificencia fúnebres. Enlutado completamente el espacioso templo, multitud de lámparas pendían de todos lados, ocupando las capillas preciosas y enlutadas arañas.

En la parte anterior del presbiterio se elevaba majestuoso y severo el catafalco compuesto de cuatro cuerpos cuadrangulares, terminado por una pirámide cuadrangular en cuyo remate flotaban unidas a una varilla final negras y vaporosas gasas. El frente del cuarto cuerpo le ocupaba la simbólica imagen de la Fe, ostentando el mismo lado del tercer cuerpo la siguiente inscripción: A su alteza serenísima D. Baldomero Fernández Espartero, sus admiradores.

El segundo cuerpo compuesto por cuatro arcos adornados con magníficos cortinajes de terciopelo con franjas de oro formaban la fúnebre bóveda bajo la cual y sobre el primer cuerpo se elevaba el féretro, cubierto con un riquísimo paño de terciopelo, conteniendo las insignias militares del honrado patricio.

El primer cuerpo estaba formado por una ancha plataforma forrada de negro, a la que se ascendía por cuatro escalinatas cubiertas también de negro, saliendo de la alfombra que cubría la escalinata del frente la extensísima que cubriendo el pavimento se extendía hasta el punto de la presidencia, situada en el centro y en la parte posterior del templo. En los testeros del segundo cuerpo se leían: en la parte posterior mirando al presbiterio. Conde de Luchana y de Morella, Vizconde de Banderas.

Al frente: Príncipe de Vergara, Duque de la Victoria. A los lados: Lealtad, Constancia, Abnegación, Patriotismo. Sobre el arco del frente descansaba un laureado retrato al óleo del ilustre finado, debido al pincel del Sr. Navarro. Innumerables grupos de luces ordenadas simétricamente y diferentes piras, iluminaban el conjunto artístico del catafalco, obra del entendido artista D. Vicente Navarro. Sobre los lados del templo se leían los lugares y fechas de los hechos de armas más gloriosos del general Espartero.

Muerte de Baldomero Espartero (Museo de La Rioja).

Entre la concurrencia numerosísima, distinguimos al Ilmo. Sr. Obispo de la Diócesis, al Excmo. Ayuntamiento, a los Sres. Jefes y Oficiales del Batallón Reserva de esta ciudad y a los dignísimos Sres. Juez y Fiscal de este Juzgado. La oración fúnebre que conforme anunciamos fue pronunciada por el elocuente orador sagrado Sr. D. Félix Martínez Espinosa, canónigo de la Sta. Iglesia Catedral de Murcia, fue un magnífico trabajo literario cuyo incontestable mérito es suficiente a demostrar el talento del Sr. Espinosa. La misa cantada, es, si no nos engañamos de Andreví; en cuanto a su ejecución… corramos un velo en señal de misericordia.

Este cuadro que desaliñadamente hemos bosquejado es un descolorido trasunto de las solemnes honras fúnebres que Orihuela ha celebrado en memoria del ilustre Duque de la Victoria, verdadera gloria de nuestra querida España.

Príncipe de Vergara se mantuvo durante más de cuarenta años, compartido con Duque de la Victoria (ambos títulos ostentaba el famoso general Espartero). Hasta el verano de 1921; cuando el Ayuntamiento quiso premiar los grandes y meritorios servicios prestados a la ciudad por Francisco Ballesteros Villanueva.

Ballesteros y su calle. Coloreada por J. Manuel Dayas.

Francisco Ballesteros fue un farmacéutico metido en Política. Según su inscripción en el Registro Civil, nació el 29 de octubre de 1852 a las 7 de la mañana, en la Puerta Nueva. Bautizado en la Catedral, era hijo del boticario Francisco Ballesteros y de Dolores Villanueva.

Comenzó su carrera política como secretario del Partido Constitucional. Ingresó en las filas liberales para convertirse en el hombre de confianza de Ruiz Capdepón en Orihuela a finales del siglo XIX. Ocupó todos los cargos posibles hasta que Capdepón decidió centrarse en la carrera de sus hijos. Ballesteros abandonó la política activa, a principios del siglo XX.

Tenía su casa en el Vallet y por ello se le dieron su nombre. Una comisión municipal le hizo una visita para comunicarle la decisión. El edificio, completamente arruinado en la actualidad, es la casa amarilla que hace esquina con el callejón del 5 de Marzo, antigua calle de Sarmiento de la que ya hemos hablado anteriormente.

Calle Ballesteros Villanueva. José M. Pérez Basanta.

Parece ser que esta traviesa entre San Juan y el Paseo nunca tuvo suerte. Esta nota publicada en «El Día», el 23 de junio de 1887, parece escrita hoy mismo. Sólo habría que cambiar «ligeras reparaciones» en la casa de Ballesteros por «amenaza de ruina»:

La calle de Sarmiento de esta ciudad está de pésame, a las muchas desdichas que sobre ella pesan, ya en forma de escombros que obstruyen su tránsito, ya por su poco aseo. etc. etc. hay que añadir unas ligeras reparaciones que se han hecho en una casa, propiedad de D. Francisco Ballesteros Villanueva, y en la cual han dejado en su fachada y en la parte superior de ella tres canales, sistema antiguo, sin duda con el objeto de que por ellas llore sus desgracias la repetida calle. ¡Sr. Presidente de la Comisión de ornato!…. ¡no lo entiende V. ¡o es que D. Francisco tiene la famosa bula de Meco!.

Casa Ballesteros. José María Pérez Basanta.

Fallecido en 1923, en la Crónica de José Manuel Teruel Rebollo, cronista oficial de Orihuela en ese año, quedaron escritas estas líneas que os dejo a modo de biografía:

Todos los meses tienen alguna nota triste, llevándosenos amigos que no vuelven; el presente nos ha dado esa nota dolorosamente repetida. Entre los que pasaron al lugar silente del eterno reposo está el ilustre patricio Excmo. Sr. D. Francisco Ballesteros Villanueva, oriolano que por sus merecimientos personales, por sus virtudes cívicas, por su talento político y su honradez depurada en el crisol de la pública administración, glorificó y enalteció el nombre preclaro de Orihuela.

No he de hacer su biografía bien conocida, pero quiero dejar aquí nota de los cargos que desempeñó siempre con el beneplácito de sus superiores jerárquicos y con el aplauso unánime de las masas populares. Fue Concejal y Alcalde de Orihuela; Diputado Provincial y Presidente de la Diputación de Alicante y Gobernador interino de esta Provincia, siéndolo más tarde en propiedad, dos veces de Albacete y una de Valencia, donde al dejar de serlo, se le dio un banquete de despedida por todos los partidos políticos de aquella ciudad, que así agasajaba al Gobernador honrado.

Fue dos veces Diputado a Cortes por Villajoyosa, y al ser nombrado Senador Vitalicio su gran amigo y valedor, nuestro glorioso paisano D. Trinitario Ruiz Capdepón, le sucedió en la representación parlamentaria de este Distrito, del que fue Diputado en dos legislaturas, hallándose en posesión de varias condecoraciones, entre ellas la de Isabel la Católica y Carlos III y era jefe de Administración Civil. Siempre fue liberal y, al morir el Sr. Ruiz Capdepón, se retiró de la política.

Francisco Ballesteros Villanueva.

A él se deben mejoras tan importantes como la construcción de la Glorieta; el puente de Levante; la apertura de la calle de Loazes; el ensanche y adoquinado de la calle Mayor; y finalmente inauguró una era de moralidad política y administrativa que fue su gran ejecutoria.

Herido de muerte por la traidora apoplejía, falleció a los 70 años de edad, mereciendo el amor de los suyos, la admiración de sus amigos y el respeto de sus adversarios, siendo su entierro la manifestación popular de duelo más grande que se ha conocido en Orihuela. A la calle en que vivió se le ha dado su nombre, y el Ayuntamiento acordó celebrar un solemne funeral por el descanso eterno de su Alma.

Vallet siglo XX. Archivo Mariano Pedrera.
Vallet siglo XXI. José M. Pérez Basanta.

La plaza de la Puerta Nueva

Al segundo sector en que quedó dividido el antiguo Vall, lo llamaron «Puerta Nueva». Era el más amplio con diferencia a pesar de la reducción que supuso el asentamiento de nuevas viviendas.

Adosadas al muro y en los bordes de las acequias, el espacio aún permitía una especie de plaza como elemento articulador del moderno Arrabal de San Juan Bautista; un nuevo barrio que abarcaba y reunía los antiguos Ravalete y Arrabal de Elche.

Plasa de la porta nova. AMO 1636-1660.

Mientras se mantuvo el tránsito rodado que generaban las dos puertas, proliferaron los carreteros, herreros y carpinteros. Convertido en zona céntrica y con espacio disponible, atrajo también a otros muchos artesanos y profesionales.

En los repartos podemos encontrar chocolateros, guitarreros, torneros, comerciantes, tenderos y, por supuesto, tintoreros y cedaceros. Dan prueba de ello los callejones que conservan sus nombres gremiales.

Fotografía Ajomalba.

También la propia Carretería, de la que hablaremos seguidamente. Os dejo el recorte de un reparto del siglo XVIII. Mirando la profesión de los vecinos podéis deducir a qué traviesa corresponde.

Traviesa de Tintoreros. AMO 1783.

Dejo constancia de una traviesa, paralela a la de Tintoreros y llamada en la actualidad de Campillo, de la que no he podido localizar nada todavía.

Fotografía Ajomalba.

La evolución de la zona en la Oriola foral está estudiada magistralmente por José Ojeda Nieto, en su libro «Orihuela imaginada, siglos XVI y XVII».

De la citada obra, voy a extraer unas notas referentes a «la casa de les roques», un almacén situado en la Puerta Nueva donde guardaban las figuras que procesionaban en la fiesta del Corpus. Especial atención merece la Tarasca, un artificio con reminiscencias mitológicas de serpientes o dragones. Esta primera nota es de 1654:

Memoria del gasto que yo Visente Saidía tengo [h] echo en la Tarasca… para las fiestas del Corpus y Santas Justa y Rufina: cama y pie de la Tarasca …., cañas para las costillas y espaldas…, perchas delgadas de álamo negro y blanco…., cordeles para coser la cabesa y cola de dicha Tarasca…… cola de carpintero para encolar el lienso primero…, [h] arina para engrudo del cartón de la cabesa…, color para pintar dicha Tarasca…, de vestir el cuerpo y cama de dicha Tarasca.., el cuerpo de una negra que se puso sobre dicha Tarasca…, por una inversión que se hiso para que rodase la dicha negra…, damasquillo fino de lana –y- tela para forrar el jubón –y- sinta …, y una ninfa vestida de damasquillo…

Tarasca para la procesión del Corpus. Madrid, 1744. De la página «Hispana».

Esta otra es de 1660:

Lienso para la puertesica que entran y el cuello a la Tarasquica…. De engrudos y papel de estrasa y blanco para las alas y cabeza….. de vestir el negrillo de ensima…., de la balona que lleva dicho hegro….., de [h] aserle una cabeza, una corona de cartón plateada, una trompeta de cartón en los estremos de la plata, una banderola de tafetán azul con las armas de dicha Ill [ustr] e ciu[da] d, plateadas con el Oriol de oro y la vengala de color y plata…..

Como ya he dicho, el espacio público se fue estrechando por las construcciones a ambos lados. Si en el siglo XVII la llamaban «Plasa de la Porta Nova», en la centuria posterior aparece en los padrones sencillamente como «Puerta Nueva».

AMO 1719.

A mediados del XIX era uno de los sitios más concurridos de la población. Pero la categoría de paseo la alcanzó en enero de 1862; cuando se inició la construcción de un elegante y enrejado espacio de cuya obra se hizo cargo el maestro Francisco Sánchez.

Terminado en mayo 1863 y a petición del alcalde, acordaron llamarlo Paseo Príncipe de Asturias, en honor a Alfonso XII. Pero esta disposición nunca se llevó a efecto. Su titulación fue «Paseo de la Puerta Nueva» durante más de tres décadas.

Paseo de la Puerta Nueva. 1879. Riada de Santa Teresa.

Poco duró la alegría. En el verano de 1867, los vecinos de Puerta Nueva, Vallet, Carretería y Colegio ya pedían al Ayuntamiento la reforma del Paseo, «un panteón triste y sombrío» con incómodas escaleras, que reducía a dos callizos una de las mejores calles de Orihuela.

Hasta la construcción de la Glorieta era el sitio urbano más concurrido. Los días de fiesta la banda municipal amenizaba allí el recreo de los oriolanos. Pero aquel paseo, con sus bancos corridos de mármol, sus rejas y sus farolas, además de estorbar al tráfico, ocultaba en su interior una cloaca.

El Día. 26 de septiembre de 1886: Aunque aparezcamos molestos, no nos cansaremos de llamar la atención de la autoridad, hasta tanto no se disponga la limpieza de la especie de cloaca que existe en el paseo de la Puerta Nueva; en donde el embovedado es un foco perenne de infección capaz de producir alteración en la salud pública, por negligencia de quien tiene el ineludible deber de llevar a todo rigor las medidas higiénicas.

Sr. Alcalde, en bien de la humanidad disponga U. S. se limpie el embovedado del indicado paseo, en la seguridad se lo habrá de agradecer el público, y en particular los pacientísimos y sufrirlos vecinos de la Puerta Nueva.

Octubre de 1886, entrada del obispo Maura. Colección Antonio Luis Galiano Pérez.

El problema se agravaba con el calor. El Ayuntamiento hacía lo que podía y mandaba limpiarlo de vez en cuando; pero los meses pasaba y, cada verano, las quejas de los vecinos arreciaban.

El Independiente. 6 de agosto 1892: Los asiduos concurrentes al paseo de la Puerta Nueva se quejan, de que se percibe un tufillo que sale por la alcantarilla sumamente desagradable al sentido del olfato, y apreciarían que por quien corresponda, se den las órdenes oportunas para que se proceda a limpiar la bóveda del paseo, si es que hay de ello necesidad, o averiguar la causa del mal olor.

El Independiente. 4 de julio 1894: Que se limpie. Es unánime y justo el clamor, que los vecinos y concurrentes al paseo de la Puerta Nueva, dirigen a la autoridad para que mande limpiar la alcantarilla que pasa por debajo de dicho paseo; pues además de las molestias que causa el pestilente olor que exhala, ofrece un peligro para la salud pública aquel foco de infección ayudado por los calores que aprietan.

El Thader. 21 de noviembre 1895: Siguen los desprendimientos de gas de los pantanos en la bóveda del paseo de la Puerta Nueva. Y conste, que al hacer esta denuncia, no la hacemos por nosotros mismos, porque nos hemos habituado a estos perfumes.

En esta situación de queja permanente llegó el primer cambio de titulación. A finales de octubre se anunció una posible visita de Mateo Sagasta y a primeros de noviembre estaba organizada:

El ateneo de Orihuela. 25 de octubre 1896: Visita al Sr. Sagasta. Con objeto de cumplimentar a su jefe, pasó el lunes a los baños de Fortuna una comisión del partido fusionista local compuesta de 27 individuos y presidida por el Sr. Ballesteros. El Sr. Sagasta, cuya llaneza de trato es proverbial, recibió a los expedicionarios con la mayor afabilidad, y éstos a su vez, se vinieron gratamente impresionados del saludable aspecto que presenta su jefe a pesar de sus muchos años. Les ofreció visitar Orihuela antes de emprender su regreso a Madrid, si circunstancias imprevistas no se lo impiden.

El ateneo de Orihuela. 1 de noviembre 1896: Visita extraordinaria. En la próxima semana hará su anunciada visita a esta ciudad el ilustre jefe del partido fusionista español, Sr. Sagasta. Regularmente se alojará con toda su comitiva en el palacio de Arneva, conocido por la casa del Pavo, permaneciendo un día en ésta, durante el cual será, obsequiado con una ascensión y comida en el Seminario Conciliar. De la comitiva forman parte, además de otras distinguidas personas, tres ex ministros que son: los Sres. Ruiz Capdepón, Canalejas y López Puigcerver. Pocas veces se ha visto Orihuela honrada con huéspedes tan esclarecidos.

Práxedes Mateo Sagasta y la calle que le dedicaron.

Al final la esperada visita quedó en un simple almuerzo. Aún así, el concejal Ferrer Lafuente manifestó la honra que suponía para nuestra ciudad la visita del ilustre hombre de estado Práxedes Mateo Sagasta.

El ateneo de Orihuela. 8 de noviembre 1896: La visita de Sagasta. Con objeto de esperarla, vino el martes a esta ciudad el Sr. Capdepón;  pero habiendo recibido aviso telegráfico que se habían alterado el itinerario y las estancias del viaje del señor Sagasta por habérsele recrudecido el catarro que sufre, salió en el mismo día para Murcia y Cartagena de cuya última ciudad regresó ayer con su jefe.

La permanencia de éste en Orihuela ha sido breve. Llegó a las 10 de la mañana, almorzó en el alojamiento que se le tenía preparado en la casa del marqués de Arneva y prosiguió su viaje para Alicante a las 3 de la tarde. Le han visitado, además de las autoridades, las comisiones de sus partidarios de los pueblos del distrito.

En la sesión del 14 de noviembre de 1896 quedó acordado que se perpetuase la fecha de su estancia en Orihuela, dando su apellido a una de las mejores calles de la ciudad, la de la Puerta Nueva. El propio Ferrer compró las dos planchas indicadoras de que la calle, en lo sucesivo se llamaría Calle de Sagasta.

Nota curiosa: La preponderancia de Capdepón en Orihuela quedó patente en la zona. Las tres calles que hoy tratamos obtuvieron títulos de políticos liberales (el propio Capdepón, Sagasta y Ballesteros). Sin embargo, Cánovas del Castillo, el otro firmante del Pacto del Pardo, siendo nieto de Orihuela nunca tuvo calle. Antonio Cánovas García, padre del famoso político conservador, era oriolano. Bautizado en la Catedral en febrero de 1792.

Calle de Sagasta. Colección Javier Sánchez Portas.

Volviendo al «Paseo de Sagasta», en septiembre de 1899, el Ayuntamiento recibió una nueva solicitud de demolición por parte de los vecinos. Además del tránsito incómodo y los malos olores, la infraestructura era muy deficiente. El agua de lluvia, encauzada por la alcantarilla que lo atravesaba, inundaba las casas con agua, lodo e inmundicias.

En la sesión del 7 de junio de 1900 se aprobó un recorte por la parte de la Carretería; revocando los muros y pintando rejas y asientos. Pero no se llevó a cabo.

Paseo de la Puerta Nueva desde el Vallet.

Con periódicas chapuzas se mantuvo unos años más hasta que el paso subterráneo, lleno de basura y de animales muertos se convirtió en una asquerosa charca de agua corrompida y cieno. Unos se quejaban por el olor insoportable; otros por el estorbo para el tránsito rodado…

EL Diario. 20 de noviembre 1906: Hasta ahora todo el mundo creía que el paseo de la Puerta Nueva, dada su construcción actual, era solo un obstáculo en aquel sitio, pero nadie, al parecer, se había dado cuenta de que al mismo tiempo pudiera ser un peligro para la salud pública. Así es en efecto. Dicho paseo está edificado de manera que por bajo y con intención de que circulen las aguas, existe una especie de subterráneo que no responde a su fin.

Hace pocos días se verificó por orden del Sr. Alcalde una limpieza en aquel lugar. Allí habían varios animales muertos en una asquerosa charca de agua corrompida y cieno que despedían un olor insoportable y visiblemente dañoso. ¿Es posible que  esto pueda existir en una de las calles principales de Orihuela, en una parte destinada nada menos que a paseo público? No: deben comprenderlo así nuestras celosas autoridades.

El paseo de la Puerta Nueva debe desaparecer en su forma actual y cuanto antes mejor. El gasto es insignificante. Los asientos que ahora hay allí,  pueden distribuirse en bajo, ensancharse un poco las aceras y dejar una calle magnífica, sin que aquello pierda nunca el carácter de paseo. Las verjas y las escalinatas son un estorbo, las bóvedas son un peligro para la salud pública.

Paseo de Sagasta. Principios del siglo XX.

En junio de 1907, el flamante alcalde José Escudero Zapata recordó que se había aprobado la demolición ocho años años antes y decidió ponerla en práctica inmediatamente. Algunos vecinos se opusieron, pero la corporación se mantuvo firme en la decisión. El paseo desaparecía para urbanizar la calle a nivel del suelo, sin rejas ni escalinatas.

La Huerta. 23 de mayo 1907: Dentro de pocos días se comenzarán los trabajos de ensanche en la calle de Sagasta haciendo desaparecer el antiguo paseo. Nos parece muy bien esta reforma que se debe a la iniciativa del Alcalde.

La Actualidad (Barcelona). 30 de agosto de 1907.

La Huerta. 27 de mayo 1907: El paseo de la Puerta Nueva era un peligro para la salud pública y un estorbo en la calle de Sagasta. Por bajo de dicho paseo existe una alcantarilla que recibe las aguas. Estas generalmente se estancan y se corrompen. Este es el motivo principal que exige la desaparición del aludido paseo.

En las sesiones municipales de junio y julio se discutió el espinoso tema del paseo y la comisión de Ornato presentó dos proyectos. El alcalde se decantó por convertir el antiguo paseo en un «boulevard». El concejal José Germán votó por la opción alternativa al considerar que quedaría la calle de Sagasta en el mismo estado; con dos callejas estrechas.

Los señores García y Garriga alegaron la necesidad de que Orihuela tuviese un paseo en condiciones; pues la Glorieta, además de apartada, era «foco de enfermedades palúdicas». Al no haber unanimidad se pidieron dos presupuestos a Francisco Sánchez; y la resolución quedó suspendida para un estudio más a fondo.

Por fin el 11 de julio se presentaron los dos proyectos con sus respectivos presupuestos para la reforma de la calle de Sagasta. Y se aceptó la opción «boulevard». «De hormigón con baldosín estriado, cuatro brazos de alumbrado y 14 bancos de hierro fundido con asiento y respaldo de madera. Lleva consigo el arreglo de las dos calles paralelas y las dos aceras con hormigón y baldosín».

Calle de Sagasta. Primer cuarto del siglo XX.

El proyecto contó con los votos en contra de los señores Romero Sansano, Romero Rufo, Giménez, Pastor y Lucas. Esta clara división alentó a los periodistas de uno y otro signo político. Transcribo una simpática carta abierta publicada en «La Huerta».

La Huerta. 1 de junio 1907: Capdepón y las niñas. Hoy, en la sesión del Ayuntamiento, se ha acordado derribar el paseo de la Puerta Nueva, y hoy se ha dado una lanzada al ilustre D. Trinitario y a las niñas de la calle de Sagasta. El alcalde ha creído que esa medida iba a proporcionarle unánimes alabanzas, pues de una calle antigua y fea, va a hacer una calle moderna con anchas aceras como apenas tenemos otra en Orihuela y yo le participo que no es así.

¿No sabe el Sr. Escudero Zapata que también los liberales intentaron llevar a cabo la reforma, y varias simpáticas jóvenes de la calle escribieron una carta a D. Trinitario, ordenando éste inmediatamente la conservación del paseo? ¿No se figura el Sr. Alcalde las ternezas, los argumentos sugestivos (que tal vez hicieran pensar a D. Trinitario que aún era mozo y debía ser galante) capaces de convencer a un santo, que esas niñas, bellas muchachas, deslizarían en esa carta?

¡Ah! El alcalde no habrá recibido otra igual seguramente. De lo contrario, el paseo no se derribaría. No hay quien se resista a una carta de esa naturaleza, tal vez perfumada; de seguro tierna y acaramelada como todas las cartas de mujeres, siempre escritas al corazón. Yo sé decir de mí, que por encima del ornato público y de todo lo público, está una carta firmada por unas jóvenes bellas y simpáticas. Y para D. Trinitario estuvo también. Me vale honra coincidir con el ilustre hombre público en eso de ceder a peticiones de mujeres. ¿Y por qué pedir la conservación del paseo las niñas de la calle de Sagasta?

El paseo es solitario; allá no acude nadie; está en una semioscuridad misteriosa. El amor gusta de soledad y esa semioscuridad que deja paso a las ilusiones del alma… ¿Sería por esto?… Si ella fue la razón yo maldigo en nombre del amor la reforma y reniego del Alcalde que quiere hacer una calle moderna destruyendo nidos de amor…. doy un aplauso a Capdepón que supo respetarlos.

Calle de Sagasta. Colección Javier Sánchez Portas.

Las críticas al proyecto se mantuvieron durante meses. Y es que, para colmo y por falta de previsión, una vez derribado el paseo no había presupuesto ni para adecentar la calle:

La Huerta. 29 de octubre 1907: Hoy el Paseo de la Puerta Nueva no existe más que en la memoria de los vecinos. En su lugar tenemos hoy un solar o «boulevard» como dicen que ha de llamarse, que está esperando como el santo advenimiento la terminación.

Que el tal «boulevard» es un escarnio para Orihuela no solo lo decimos nosotros, sino que en pública sesión del Ayuntamiento se ha dicho; prescindimos de las condiciones estéticas de ese esperpento, solo nos ocupamos del papel que juega en los días de lluvia. Lo que sucede es verdaderamente escandaloso, el agua se estanca de un modo, que perjudica al aseo y saneamiento de dicha calle.

En los días de lluvia, frecuentes en la estación presente, se convierte la calle de Sagasta en un lodazal que origina mil molestias, no solo a los vecinos sino también a todos los que por su mala estrella se ven obligados a pasar por un punto tan céntrico. Ya, como hemos dicho, se ha quejado de esto un concejal en la pasada sesión, y se le ha contestado que eso se obviará en cuanto se abran unas zanjas a los lados del «boulevard», zanjas que parece ser que se abrirán el próximo Enero.

Calle de Sagasta en día de mercado. Colección Javier Sánchez Portas.

En noviembre se autorizó al alcalde para la construcción y reparación de la calle Sagasta con un presupuesto de 1500 pesetas; y comenzaron las obras. Pero el resultado tampoco convenció a los detractores:

La Iberia. 13 de noviembre 1907: Hora era ya de que el abandonado paseo de la Puerta Nueva, fuese arreglado, conforme a los proyectos de la Corporación municipal. Puede decirse que su derribo fue el primer acuerdo de los conservadores, y ciertamente que anduvieron diligentes en destruirlo; pero verdad es también que han estado reacios y perezosos para reedificarlo.

Creíamos, y con nosotros todo el pueblo, que al destruir el antiguo y memorable paseo, se aprovecharía aquella espaciosa calle para hacer un hermoso paseo en bajo, con arbolado espléndido, aprovechando la magnífica disposición de la anchurosa vía; y así lo ofreció el Ayuntamiento, mas los tiempos cambian y las promesas se las lleva el viento.

El Alcalde y los que tal idea concibieron; o mentían al propalarla, o no contaban con la estrechez de un presupuesto que apenas sí da para cubrir las atenciones más perentorias del municipio. Dejaron volar su imaginación, y en alas de la fantasía calenturienta, se remontaron a la región de las grandezas, para caer después en la realidad misérrima y ridícula.

Soñaron como los grandes señores, y despertaron como los mendigantes. Quitaron a la ciudad un paseo viejo, sí; pero lleno de recuerdos que rejuvenecían la imaginación de los ancianos; y a un pueblo que como el nuestro, no está sobrado de lugares de esparcimiento, le restaron uno de los más clásicos.

¿Y para qué? Para tener convertida en barranco aquella calle durante algunos meses, y para transformarla después en una vía vulgar como cualquiera otra. Según manifestación del propio Alcalde, el presupuesto para el arreglo de la calle de Sagasta es de unas seiscientas pesetas; y estando casi agotado el capítulo de obras en el presente ejercicio económico municipal se acordó que se empezará el arreglo llegando hasta donde diera de sí la cantidad restante; no haciendo más que construir las aceras y arrecifar el arroyo…

… más valiera que hubieran dejado las cosas tal y como estaban, porque así no hubiera salido perjudicado el pueblo con el cambio. Las generaciones futuras sabrán que hubo un paseo llamado de la Puerta Nueva, al que hizo desaparecer el capricho del Ayuntamiento presidido por el señor Escudero, dejando en su lugar una mala calle.

Paseo de Sagasta. Colección Javier Sánchez Portas.

En cuanto a rotulación, durante el siglo XX le cambiaron el nombre varias veces. La primera fue en 1931, nada más iniciarse la II República. De calle de Sagasta pasó a Nicolás Salmerón, uno de los cuatro presidentes de la I República.

En 1939, justo al acabar la Guerra Civil, le otorgaron el nombre de General Mola; pero aquello duró una semana. El Boletín Oficial del Estado ordenó a las Comisiones Gestoras que se abstuviesen de revisar los nombres de vías y plazas públicas.

En julio de 1940, con motivo de la celebración del cuarto aniversario del asesinato de José Calvo Sotelo, el teniente de alcalde, Juan Villaescusa, propuso reservar su nombre para la plaza que resultase del demolido convento de Santa Lucía. En octubre de ese mismo año se repartieron por fin las calles destinadas a los «mártires de la cruzada» y Calvo Sotelo quedó en el aire. Al General Mola le tocó una calle en San Bartolomé.

Entrada Obispo Pablo Barrachina 1954. Colección Javier Sánchez Portas.

En noviembre de ese mismo año el alcalde, Mariano Belda, se lamentó por haber olvidado, al otorgar los nombres de las calles, al «insigne patricio y primer mártir de la revolución». Para remediarlo titularon como Paseo de Calvo Sotelo a la calle de Sagasta. 

El Paseo de Calvo Sotelo.

Y así se ha mantenido oficialmente hasta 2012, fecha en la que la Memoria Histórica fijó su nombre actual; el que han utilizado los oriolanos desde el siglo XIX; «El Paseo», la calle donde nací.

El Paseo de Calvo Sotelo. Archivo Mariano Pedrera.

La Carretería

El tercer y último sector en el que se dividió el antiguo Vall pasó a llamarse «lo carrer de Carreros». Su estratégica situación, entre las puertas Nueva y de Crevillente atrajo a carreteros, carpinteros y herreros; artesanos que reparaban los vehículos que allí aparcaban al llegar a la ciudad desde Valencia, Alicante o Callosa.

AMO Siglo XIX.

Queda claro porqué, hasta el siglo XVIII, se le llamó Carretería Vella o Vieja; y, a partir de entonces, simplemente Calle de la Carretería.

En dicha calle vivía el político Trinitario Ruiz Capdepón, personaje que comenzó su carrera política en 1868, en la Junta Revolucionaria de Valencia. En las elecciones del año siguiente, consiguió un escaño en el Congreso por Játiva, Valencia.

Diputado Ruiz Capdepón. Retrato autógrafo 1869. Colección Javier Sánchez Portas.

Según contaba la prensa local, un año antes de alcanzar el ministerio, tenía una casa en mal estado en la calle de la Carretería.

El Día. 28 de abril 1887: Existe una casa en la calle de la Carretería que por un fenómeno de equilibrio se sostiene en pie, siendo una amenaza constante para el transeúnte (…) ¿Cómo es que con otras que se encontraban en estado ruinoso se ha procedido a su denuncia y demolición o compostura y nadie osa meterse a denunciar la casa de que tratamos?

¿Es porque es propiedad del Subsecretario del Ministerio de Gracia y Justicia Sr. Capdepón? Sin duda alguna esta es la única razón que existe para que continúe el ruinoso edificio amenazando venirse al suelo, razón que debía convertirse en estímulo de las autoridades para cumplir con su deber.

El 14 de junio de 1888 el subsecretario Trinitario Ruiz Capdepón se convertía en ministro de Ultramar. Y la alegría se desbordó por todo el distrito electoral. Al día siguiente, en Callosa, las campanas de todas las iglesias se echaron al vuelo mientras una concurrida manifestación de júbilo recorrió sus calles vitoreando a Capdepón a los acordes de la banda de música.

Trinitario Ruiz Capdepón. «La Esfera». 18 de marzo de 1916.

En Orihuela todos los edificios públicos y muchos particulares aparecieron con colgaduras festivas. El sonido de las campanas, de la banda de música y el estampido de los morteretes inundaron la población. Por la noche lució la iluminación general y tuvieron serenata en el paseo de la Puerta Nueva.

La Corporación municipal oriolana celebró una sesión extraordinaria aprobando por unanimidad las siguientes disposiciones:

1. Remitirle un telegrama de felicitación en nombre del Excmo. Ayuntamiento. 2. Nombramiento de una comisión compuesta del Alcalde-presidente, y de los señores concejales Moreno, Román, Vázquez, y Ferrer, que pase concluida la sesión a felicitar a la Sra. Dª. Josefa Capdepón, anciana madre de nuestro representante en las Cortes. 3. Sustituir el nombre de la calle de la Carretería por la de Ruiz Capdepón, festejando con música, la colocación de la lápida que lo acredite. 4. Ofrecerle una medalla de oro conmemorativa de la fecha de su nombramiento para ministro. Y 5. Adquirir el retrato de este esclarecido hijo de Orihuela para colocarlo en el salón de sesiones.

El cuadro se lo encargaron a Joaquín Agrasot y se mantiene colgado en el ayuntamiento.

El Diario de Orihuela. 2 de agosto 1888: Se han remitido a nuestro distinguido paisano el pintor Sr. Agrasot, dos fotografías del Sr. Capdepón, para que proceda a hacer por encargo del Ayuntamiento, un retrato de nuestro ilustre paisano el señor ministro de Ultramar.

Retrato de Trinitario Ruiz Capdepón. Joaquín Agrasot. 1888. Cedido gratuitamente al Ayuntamiento de Orihuela.

El rótulo, labrado en piedra blanca de Bélgica, se instaló el 28 de junio, cambiando la secular titulación de calle de la Carretería por calle de Ruiz Capdepón. Y se publicó esta curiosa noticia:

La Crónica. 1 de julio 1888: El jueves en la tarde sustituyóse el rótulo de la calle de la Carretería por el de Ruiz Capdepón. Pero no amenizó el acto la banda de música, como así lo pidió un concejal en la sesión de Ayuntamiento en que se trató de esto. Sin duda le amenazaron con tocar el himno de Riego y tendría que renunciar a su petición. ¿Se creería este señor que iban a tocar la marcha real?

Casa de Ruiz Capdepón. Colección Ajomalba.
Blanco y Negro. 26 de marzo 1898.

En octubre de 1898 don Trinitario presentó en el ayuntamiento los planos confeccionados por el arquitecto madrileño Mariano Belmás, para construir una vivienda que ocuparía el solar resultante del derribo de cinco casas en las calles Ruiz Capdepón, Santa Lucía y Bellot.

Hotel Internacional (Madrid). La fachada es obra de Mariano Belmás en 1907.   

Mariano Belmás Estrada (1850-1916), fue un arquitecto esencial en la renovación urbana de Madrid de finales del XIX. En el cambio de siglo diseñó varios edificios de viviendas para distinguidos personajes madrileños utilizando distintas variantes del estilo ecléctico. Como diputado y senador, debió relacionarse con el ministro oriolano cuya casa concluyó en 1905.

Casa de Ruiz Capdepón. Caja de Socorros y Ahorros. Colección Javier Sánchez Portas.

Trinitario Ruiz Capdepón falleció en Madrid el 13 de febrero de 1911. En abril de 1918, el alcalde Antonio Balaguer Ruiz propuso erigir un monumento a Capdepón; colocando su estatua en el centro de la Plaza de la Constitución (Plaza Nueva). Se acordó cubrir los gastos por suscripción popular, encabezada por el Ayuntamiento con mil pesetas. Nunca se llegó a fundir. Pero se conserva el molde.

Entierro de Trinitario Ruiz Capdepón. Presidencia duelo. La Unión ilustrada. 19 de febrero 1911.
Trinitario Ruiz Capdepón. Molde en yeso para el busto no fundido. Colección Javier Sánchez Portas

La casa de la Calle Santa Lucía, 12/ Ruiz Capdepón 1 pasó a manos de la Caja de Socorros y Ahorros de Orihuela, conocida popularmente como «La Agrícola». Dicha entidad financiera atravesó serias dificultades económicas durante la II República.

En mayo de 1935, durante el bienio reformista, la Comisión Gestora municipal integrada por cedistas, radicales y agrarios, alquiló los bajos del edificio para instalar la Caja de Reclutamiento y el Batallón de Reserva de la Ciudad.

Cuando la Caja de Socorros y Ahorros vendió el edificio a Antonio Alonso Cifuentes, este se encontró de ocupa al teniente coronel de reclutamiento. El nuevo propietario solicitó al Ayuntamiento el desalojo de la vivienda; alegando que el contrato en vigor sólo incluía el alquiler de las oficinas.

Casa de Ruiz Capdepón. Caja de Socorros y Ahorros. Colección Javier Sánchez Portas.

Tras la Guerra Civil, los bajos alojaron la jefatura comarcal del sindicato vertical conocido como «Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos».

Casa de Ruiz Capdepón. Jefatura Comarcal del «Sindicato de Labradores». Colección Javier Sánchez Portas.

En los años setenta del siglo pasado cayó demolida a bolazo limpio. Yo mismo presencié su destrucción y puedo dar fe de lo que costó tumbar una casa cuyos cimientos eran parte de la muralla oriolana. Otro desastre patrimonial sin sentido.

Colección Javier Sánchez Portas.

Pero volvamos a la calle. Al igual que le ocurrió al Paseo durante la Segunda República, le otorgaron el nombre de un presidente de la Primera. El 30 de enero de 1932 pasó a llamarse calle de Francisco Pí y Margall. Al acabar la Guerra Civil recuperó el nombre de Ruiz Capdepón que todavía conserva.

Al final de la Carretería permanecen unas ruinas suspendidas en la sierra para recordarnos que la muralla ascendía por ahí hasta llegar al castillo; justo donde estuvo durante siglos la Puerta de Crevillente; de la que hablaremos en la siguiente entrega.

Antonio José Mazón Albarracín. (Ajomalba).

Acceso rápido al siguiente capítulo.



Callejeando 29. ASJ 4. San Juan.

La Calle de San Juan (Naveros). José María Pérez Basanta.

La Calle de San Juan, Naveros y la Virgen del Remedio.

Calle de San Juan. Empezando por la salida de los huertos. AMO 1714-1719.

Nuestro anterior paseo quedó interrumpido en la Barrera de Almoradí, anexa a la de San Juan. Ambas barreras se convirtieron en una calle al urbanizar en paralelo los huertos fronterizos. Este es el origen del topónimo adoptado por la zona: «Los Huertos».

Huertos de la barrera de Almoradí. AMO 1714-1719.

El arco del Remedio:

Penetramos de nuevo en el arrabal por el desaparecido arco del Remedio de la Calle de San Juan; un viejo portillo entre las puertas de Callosa y Almoradí ornamentado y ampliado cuando estaba a punto de iniciarse el siglo XVIII.

Gozos a Ntra. Sra. del Remedio. Nuestra Señora del Remedio. Calle de San Juan. 1910. Archivo J. Damián Rocamora.

«Los Remedios» es advocación mariana muy ligada desde sus orígenes a la Orden de la Santísima Trinidad, instalada en el barrio desde el siglo XVI. La propia palabra hace alusión a lo que restablece la salud. Es por eso que el pueblo la abrazó como abogada contra la peste.

Tanto en Alicante – donde es patrona- como en Orihuela, esta devoción llegó de la mano de los trinitarios, penetrando profundamente entre los vecinos de esta zona de huerta intramuros.

Iglesia y convento de la Trinidad. José María Pérez Basanta.

Según refleja Gisbert en su «Historia de Orihuela», en 1613, dos labradores compraron un lienzo de la Virgen de los Remedios y lo colocaron frente al callejón de Reales, muy cerca del de Cantareros. En 1755, predicando el trinitario Francisco Manzón, renovaron el lienzo y el antiguo lo sortearon entre los mayordomos de su cofradía, que tenía la sede en el convento de la Trinidad.

En la peste de 1648 Alicante atribuyó la sanación de la epidemia a la intercesión de la Virgen del Remedio; y no olvidemos que los trinitarios viajaban constantemente al puerto de Alicante para llevar a cabo su función de redimir cautivos.

Ntra. Sra. del Remedio. Alicante

Sea como fuere, edificado el arco de la calle San Juan en 1699, le colocaron una imagen de la Virgen del Remedio, protectora contra las epidemias. Dicho arco fue reedificado en 1765 al igual que el de la Corredera; y llegó a siglo XX en condiciones aceptables. En el reverso de la siguiente fotografía, fechada el 23 de octubre de 1910, está escrito:

Orihuela, 23 de Octubre de 1910. A D. Domingo Guillén. Recuerdo de la fiesta celebrada en la calle de San Juan, en honor a Ntra. Sra. del Remedio, venerada en su hermita (sic) de dicha calle, el día de la presente fecha. El mayordomo, Tomás J. Leonís. Rubricado.

Nuestra Señora del Remedio. Calle de San Juan. 1910. Archivo J. Damián Rocamora.

Gracias a la prensa sabemos que, en 1908, los vecinos costearon una nueva y hermosa peluca fabricada por Justo Giménez. Y que en 1911 una vecina pagó de su bolsillo el manto que luciría en la procesión.

La iberia. 11 de agosto 1908: Los vecinos de la calle de San Juan han costeado el importe de una magnífica peluca para su patrona la Virgen del Remedio. La peluca es una obra de arte que honra a su autor Justo Giménez.

El Eco de Orihuela. 8 de diciembre de 1911: Mañana noche será conducida procesionalmente a su ermita de la Calle de S. Juan y desde la morada de doña Julia Mercader, cuya señora ha costeado un rico manto, la Imagen de la Virgen del Remedio.

Al igual que en la Corredera, los vecinos de la Calle de San Juan celebraban anualmente las fiestas de su patrona. Dichas fiestas duraban tres días repletos de actividades. Mejor os dejo el programa publicado para el año en el que le pusieron la nueva peluca.

La Huerta. 28 de septiembre 1908: Fiestas en la calle de S. Juan. Los vecinos de San Juan preparan, con el mayor entusiasmo, grandes fiestas en honor a Nuestra Señora del Remedio, que tendrán lugar los días 7, 8, 9, 10 y 11 del próximo octubre. A juzgar por el programa, las fiestas aludidas prometen dejar nombre. A continuación lo publicamos íntegro para conocimiento de nuestros lectores:

Día 7. — A las siete de la mañana, Misa de Réquiem en. Sufragio de los difuntos de la calle. A las ocho de la noche, inauguración de la espléndida iluminación, colocación y bendición de la nueva peluca a Nuestra Sra. del Remedio.

Día 8. — A las nueve de la noche, elevación de globos; tracas, voladores y dulzaina. Día 9. — A las ocho de la noche, saldrá del arco de la calle una magnífica cabalgata que recorrerá las principales calles de la ciudad.

Día 10.— A las cinco de la tarde, hará su entrada la laureada banda de Rojales que recorrerá las principales calles de la ciudad disparándose infinidad de voladores. A las ocho de la noche, procesión, velada musical y disparo de una gran cuerda de fuegos de artificio.

Día 11. — Al amanecer, gran diana por la referida banda de Rojales; a las ocho, Misa solemne y sermón; de 10 a 12 concierto musical; de tres a seis, juegos populares, entre los que figuran la carrera del cangrejo y la olla misteriosa; y gran concierto musical; por la noche a las siete, procesión general, terminada la cual habrá velada musical dando fin a tan solemnes fiestas con una traca de 500 metros y gran «Bomba» final.

Notas. — En todos los días de fiestas habrá dulzaina, morteretes y voladores; como también grandes iluminaciones, adjudicándose un objeto de arte como premio a la fachada que resulte mejor engalanada. Se suplica la asistencia, con luz a todos los vecinos y devotos de la Virgen.  

El anuncio de las fiestas de la calle San Juan continuó apareciendo regularmente en prensa hasta la desaparición de los periódicos locales, en 1931. Y cada año presentaban alguna novedad; como la elevación de globos aerostáticos o la batalla de flores de 1929.

El principio del fin del arco llegó con la instalación de un potente motor de riego en 1913. Tras dos años de funcionamiento, los vecinos se quejaron de la «bomba que subía las aguas de la acequia de Escorratel»; cuyo acueducto pasaba por debajo del arco y lo estaba arruinando completamente. Su denuncia quedó impresa en la prensa local.

El Conquistador. 11 de diciembre 1915: Según manifiestan los vecinos de la calle de S. Juan, en 14 del pasado mes de Noviembre elevaron una instancia al Excmo. Ayuntamiento, en la que exponían que el arco de entrada a dicha calle, en donde se venera la imagen de Nuestra Sra. de los Remedios, se ve amenazado de inminente ruina a causa de la reciente elevación de las aguas, que mecánicamente se obtienen por el «Heredamiento» de la acequia del Escorratel.

Que esas aguas son perjudiciales por la excesiva humedad que producen en los edificios colindantes a dicho arco, y que por tanto, rogaban a la Excma. Corporación, que se obligara al «Heredamiento» que beneficia esas aguas, bien a fortificar los cimientos del arco de referencia con fabricación hidráulica, bien entubando las aguas que se eleven para evitar filtraciones.

Cerca de un mes hace, Sr. Alcalde, que se ha presentado la instancia suscrita por los vecinos de la calle de San Juan, y esta demora en la resolución de ella, hace también que preguntemos: ¿Tiene S. S. noticia de esa solicitud?…

… El bien público, debe, como no ignora S. S.; anteponerse siempre al bien particular de una empresa o entidad cualquiera por respetable que sea; mucho más en el caso presente, en que de desplomarse el arco de referencia, pudieran ocurrir desgracias personales, tratándose como se trata de un punto de constante y obligado tránsito a la carretera. Confiamos pues, Sr. Alcalde, en que dispondrá que con la mayor urgencia, se proceda a las reparaciones a que haya lugar.

El alcalde mandó repararlo y el semanario integrista se lo agradeció dedicándole una letras:

El Conquistador. 5 de febrero 1916: Como nos han informado que se han hecho ya las oportunas reparaciones de albañilería, para evitar el que las aguas que el «Heredamiento» extrae de la acequia del Escorratel continuaran socavando los cimientos del arco de la ermita de la calle de San Juan y edificios colindantes, no podemos por menos que aplaudir a S. S. si bien con la salvedad, de que para llevar a cabo esas reparaciones, no bastaron nuestras denuncias, sino que fue preciso que las aguas de tal acequia rebosaran, corriendo libremente por dicha calle de S. Juan.

Vecina de la calle de San Juan. Gaspar Poveda Grau.

A pesar de aquella rehabilitación, el deterioro continuó reforzado por el paso de vehículos cada vez más grandes y potentes. La última noticia que he encontrado relativa al arco ya la mencioné en la Corredera. Está fechada en 1926; cuando Severiano Sánchez Ballesta, arquitecto municipal, aconsejó el derribo de ambos arcos por no tener valor artístico y provocar rincones infecciosos impidiendo el tránsito de grandes vehículos.

En el proyecto de demolición, Sánchez Ballesta incluyó la construcción de una hornacina o capilla al costado de la calle para albergar la desahuciada imagen mariana. Y el 9 de diciembre de 1928 se inauguró su nuevo emplazamiento con un gran festejo:

El pueblo. 10 de diciembre 1928: Ayer mañana tuvo lugar la bendición de la nueva capilla edificada en la Calle de San Juan, dedicada a Ntra. Sra. del Remedio, Patrona de dicha calle. Bendijo el local el M. I. Sr. Dr. D. Luis Almarcha, Vicario General, y al acto asistió la Mayordomía y casi todos los vecinos, reinando un gran entusiasmo. Se dispararon multitud de bombas y los Mayordomos obsequiaron espléndidamente a las personas invitadas al acto.

Actualidad. 13 de diciembre 1928: El pasado día nueve a las once de su mañana tuvo lugar la bendición de la nueva Ermita construida en la calle de San Juan de esta ciudad de la que es Patrona nuestra Señora la Virgen del Remedio. El local que estaba artísticamente adornado con profusión de luces y flores fue bendecido por M. I. Sr. Dr. D. Luís Almarcha asistido del sacerdote Don Ramón Garriga; acudieron al acto una representación del Excmo. Ayuntamiento, la Mayordomía y todos los vecinos de la calle entre los que reinó un gran entusiasmo.

Se dispararon multitud de bombas y al final los invitados fueron espléndidamente obsequiados con dulces, licores y cigarros. Felicitamos a los vecinos de dicha calle por la fe y entusiasmo que tan visiblemente profesan a su patrona y muy especialmente a las camareras y mayordomos que tan incansablemente trabajan por el mayor esplendor de los festejos que tan acertadamente saben organizar.

En recuerdo de aquel arco, en la esquina con Ronda de Santo Domingo, permanece una hornacina de la Virgen del Remedio, la advocación venerada durante siglos por los vecinos de la calle de San Juan.

Nuestra Señora del Remedio. Hornacina Calle de San Juan.

Lo Carrer de Sant Joan, la calle de San Juan.

Como hemos podido comprobar a lo largo de nuestro paseo, las iglesias y conventos han marcado la nomenclatura vial oriolana provocando titulaciones que han resistido el cambio de idioma y el paso de los siglos. Es el caso de Santa Justa, Santiago, San Agustín, San Francisco, el Carmen o San Sebastián.

Nombres que han aguantado incluso la desaparición del edificio, como San Gregorio, Capuchinos o Santa Lucía. Únicamente durante el breve paréntesis de la II República, nuestros munícipes osaron alterar alguna titulación religiosa.

Y de todas ellas, sólo una se mantuvo ausente durante la Dictadura de Franco y buena parte de la Democracia. Un largo paréntesis que acabó en el año 2012 gracias a la Ley de Memoria Histórica: Lo Carrer de Sant Joan/ la calle de San Juan.

Lo Carrer de Sant Joan. AMO 1636-1660.

En abril de 1913 el concejal García Murphy  propuso darle el nombre del doctor Sarget por haber tenido éste farmacia y clínica en la calle de San Juan. Pero dicha propuesta llevaba la siguiente coletilla: “Si esto pudiera suponer molestia para los sentimientos religiosos de los oriolanos, que se dé su nombre a la calle de la Feria”. Ya sabemos el resultado.

El primer titular de la calle, después de San Juan, fue José Rogel Soriano; uno de los músicos españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XIX. No confundir con su hermano Federico, el de los Cantores de la Pasión, quien como hemos citado en su momento, conserva su calle cerca de la Corredera.

Ambos eran hijos de José Rogel y Bernarda Soriano; casados en 1827 en la Parroquia de Santiago. Aunque este matrimonio bautizó en la Catedral a siete niños y dos niñas, en el censo de 1854 vivían en la Puerta Nueva (el actual paseo) con tres hijos varones y una sirvienta. José era diez y seis años mayor que Federico. Entre los dos estaba Mariano.

La primera petición de una calle para José Cayetano Rogel Soriano llegó a través de J. Poveda Mellado, quien redactó la siguiente biografía:

Actualidad. 26 de septiembre 1929: GLORIAS DEL ARTE. José Rogel Soriano. Hojeando cierto día uno de los tomos de la gran obra del Diccionario Enciclopedia Espasa, di con el nombre de este ilustre compositor: José Rogel. De su biografía pude sacar los siguientes datos: José Rogel, compositor español, nació en Orihuela en 1829 (su partida de nacimiento dice que fue en 1827, fecha que cuadra con la del padrón) y murió en Cartagena el 26 de enero de 1901.

Tuvo por maestro de piano al organista don Pascual Pérez, el cual le dio gratuitamente lecciones de composición, contrapunto y fuga. Se dedicó a la música desde muy niño, y a la inverosímil edad de nueve años, instrumentó algunas piezas, de ópera; de donde podernos admirar que Rogel fuera más adelante, y en la villa y corte de Madrid, uno de los grandes maestros; sabedlo así. Sus composiciones son tantas que sería un absurdo obvio el hacer mención de ellas en estas cuatro líneas que le dedicamos a su memoria…

… Poco tiempo duró su estancia en Orihuela; Rogel Soriano fue mandado por su padre a Valencia para cursar la carrera de leyes, y durante su estancia en la misma, despilfarró su actividad en un sin número de composiciones: misas, marchas, villancicos, bailables, jotas, estudios de solfeo, flauta y piano, y tal actividad se continuó en Madrid, donde el incansable maestro escribió la friolera de 181 obras; algunas de ellas en un acto, en dos, en tres y en cuatro. Su primera obra estrenada, en el teatro Lope de Vega, en 1854, fue «Loa a la libertad». Creador del llamado género bufo, de sus obras, «El joven Telémaco», fue la que más éxito obtuvo, siendo ésta representada en Madrid el mismo día que murió su autor.

Rogel Soriano nos es grato mencionar que fue director de orquesta, teniendo a su lado, y como segundas partes, a los ilustres e inmortales maestros, gloria de la música, Bretón y Chapí. Le fue impuesta por S. M. el Rey, don Alfonso XII, la Gran Cruz de Carlos III y la Cruz del Cristo de Portugal, y por lo cual era Excelentísimo e Ilustrísimo señor, como así figura en Madrid entre los grandes hombres.

Rogel Soriano terminó su carrera siendo abogado a los 18 años; pero para nada quiso hacer uso de la misma. Por sus méritos sobrados,  justo es que así como otros oriolanos ilustres (…) Rogel Soriano tenga también en nuestra ciudad una calle que perpetúe su gloriosa memoria. Es justo, repetimos, y debe hacerse.

La calle de San Juan fue titulada con su nombre en mayo de 1931, recién proclamada la II República. Y permaneció como calle de José Rogel Soriano hasta abril de 1939.

Renacer. 9 de mayo de 1931.

El ilustre músico falleció en 1901; y precisamente en ese año, nació en Valencia Antonio María Piniés y Roca de Togores; el siguiente titular de la calle de San Juan.

Antonio Piniés, hijo del barón de la Linde, se casó con María Luisa Almunia Roca de Togores, hija de la marquesa de Rubalcava. La boda se celebró el 25 de abril de 1927, en el oratorio privado del Palacio de Rubalcava; y ofició la ceremonia el Vicario General de la diócesis y Chantre de la Catedral, Luis Almarcha. Una vez casados, la pareja se instaló en una casona de la Calle Santa Lucía, propiedad de la marquesa de Rubalcava: el actual palacio de la Linde.

Actual palacio de la Linde. Colección Javier Sánchez Portas.

Durante los sucesos del 18 de julio de 1936 que provocaron la Guerra Civil, Antonio era jefe local de Falange Española y estuvo implicado en el intento de liberar a José Antonio Primo de Rivera. Detenido posteriormente, en noviembre de ese mismo año fue juzgado en Alicante por un Tribunal Popular y condenado a muerte. Acabó fusilado en el cementerio municipal alicantino, víctima de una represalia por los bombardeos a la capital.

Calle de Antonio Piniés. 1940-2012. Foto Ajomalba.

Cuatro años después, en el homenaje franquista a los«mártires de la Cruzada», la calle de San Juan recibió su nombre.

Con el fin de testimoniar el reconocimiento que Orihuela debía al libertador de España de las garras del marxismo, al iniciador del glorioso alzamiento y en el resto de los designados al elemento civil a Falange, a los tradicionalistas y a los militares que dieron sus vidas por Dios y por España.

Esta titulación duró desde de octubre de 1940 hasta junio de 2012, fecha en la que se aplicó la Ley de Memoria Histórica. Pero como había ocurrido con otras titulaciones seculares, el cambio había sido a nivel postal. Para los oriolanos siempre fue la calle de San Juan, titulación que mantiene en la actualidad.

José Rogel Soriano, otro ilustre oriolano olvidado, se quedó sin calle para siempre. Como consuelo, su nombre aparece impreso en uno de los medallones que adornan el Teatro Circo de Orihuela.

Huerto conventual de San Juan. Antonio Ballester Vidal.

Antes de pasar a hablar de edificios, de traviesas o callejones, hay que decir que la que hoy conocemos como calle de San Juan estaba dividida en dos partes claramente diferenciadas. La más cercana al arco era una amplia zona agrícola con escasas viviendas.

Abarcaba, a lo ancho, desde el Colegio de los dominicos a las traseras de la Corredera; y a lo largo, desde la barrera al callejón de Reales; o lo que es lo mismo hasta las tapias del convento de las clarisas.

Huerto de las Clarisas. Antonio Ballester Vidal.

Del muro a Reales, la calle no era más que un polvoriento camino entre huertos; destacando especialmente una enorme finca cuyo propietario era Miquel Peres de Terol, personaje del siglo XVI identificado por Ojeda Nieto.

Raval de Terol. AMO 1636-1660.

José Manuel Dayas ha localizado a un personaje homónimo bautizado en la Catedral de Orihuela, en el verano de 1573. Se llama Miguel Pérez; y en su partida de bautismo, la madrina esta registrada como «Beata Terola». Probablemente fuese su hijo.

La extensa propiedad aparece en los padrones como «solares de Terol» o «Raval de Terol». La más completa definición, localizada un padrón del XVII, dice así: «Solares de Terol desde la calle de reales hasta la barrera».

AMO 1636-1660.

Para haceros una idea de cómo era esta zona agrícola intramuros sólo tenemos que compararla con la huerta oriolana en la actualidad. Viviendas pegadas a los caminos formados en torno a las acequias.

Dichas acequias eran utilizadas como alcantarillado al aire libre provocando olores, inundaciones y estorbos, sobre todo durante las mondas. A pesar de la progresiva urbanización, la división se mantuvo hasta el siglo XIX. Gisbert, en su «Historia de Orihuela» lo explica así:

La calle de San Juan recibe por el vulgo el nombre de Naveros por lo que se refiere a su segunda mitad, la más próxima a la huerta.

Calle de San Juan. Archivo Mariano Pedrera.

Desgraciadamente no he conseguido averiguar la procedencia de esa titulación oficiosa. La raíz toponímica «nava» proviene de un sustantivo latino que hace referencia a una zona llana, pantanosa o inundable. Aparece en muchos municipios y accidentes geográficos de toda España.

Navero puede ser originario de las Navas o también un apellido. La segunda opción es poco probable; pues no hemos encontrado ningún individuo bautizado con ese apellido en la provincia de Alicante. La relación podría estar en las frecuentes inundaciones que sufría la zona.

El Pueblo. 3 de febrero 1925: Esperan los vecinos de la segunda parte de la calle de San Juan que oigan sus justísimas aspiraciones; para no ahogarse en tiempos de riada, y no enfangarse en los de lluvia.

La noticia anterior demuestra que la antigua zona agrícola intramuros seguía claramente diferenciada bien entrado el siglo XX. Aún hoy, escondidos tras las tapias de los callejones, permanecen como recuerdo el huerto de las clarisas y el del barón de la Linde.

Fotografía Google.

En la parte de Naveros tenemos tres callejones a cada lado. El primero se llama Flete y no aparece en los padrones hasta el siglo XIX. Esta palabra sólo se usa ya en el transporte marítimo; pero según la Real Academia, el término sirve para cualquier tipo de transporte. Es más, ponen como ejemplo «los arrieros buscan flete». La proximidad del arco me hace pensar que, una vez ensanchado este en la segunda mitad del XVIII, se convirtió en una especie de carretería.

Hace mucho que no tiene placa. Mostraba su humilde nombre pintado en la pared hasta que tiraron la casa esquinera. Esta calleja y la de Mojica, que sí aparece en el siglo XVII, eran un solo callejón que giraba sobre sí mismo para acabar en el punto de partida; por lo que vulgarmente lo llamaban «del Rodeo».

AMO 1636-1660. Fotos Ajomalba.

Lo mismo ocurría con las de Escala y Bolas; dos calles sin salida que terminaban en huertos. El de Escala es nombre antiguo que ya figura en el XVII. Bolas es más reciente, seguramente del XIX.

De estos cuatro callejones, actualmente sólo el de Mojica tiene salida gracias a la Calle Ramón Sijé, abierta en el siglo XX. Así pues, en este primer tramo de la calle, los callejones (antes caminos de huertos) no tenían salida.

AMO 1636-1660. Fotos Ajomalba.
La Calle de San Juan. José María Pérez Basanta.

De la calle Cantareros, que comunica con la Corredera, ya hemos hablado en la entrega anterior. La de Reales es título antiquísimo que aparece al menos desde el siglo XVI.

Fotografía Ajomalba.

Era un sendero entre tapias de huertos, un camino público que garantizaba el paso hacia el camino real al estilo de las veredas de realengo en la huerta, de ahí probablemente su nombre.

Cantareros desde Reales. Fco. Luis Galiano Moreno.

Carrer de Sent Joan desde lo carrer dels reals als Ostals. AMO 1636-1660.

A partir del cruce con Reales empezaba la parte urbanizada; la verdadera calle de San Juan. En la anterior imagen, obtenida de un padrón del siglo XVII queda bastante claro el espacio que abarcaba: calle de San Juan de la calle de reales a los hostales.

La Calle de San Juan. José María Pérez Basanta.

En esta parte tenemos otras tres traviesas: Barberos, ya mencionada en la Corredera; Cedaceros y Cinco de Marzo. Cedaceros es otro nombre gremial que hace referencia a los artesanos que fabricaban cedazos y cribas.

Rótulo Cedaceros. Madrid.
La Calle de San Juan. José María Pérez Basanta.

La de Cinco de Marzo era una callejuela sin puertas que, hasta hace poco, conservaba una bella colección de rejerías. Ahora está totalmente deteriorada. Hasta el último cuarto del siglo XIX, era parte del trazado de la acequia vieja de Almoradí. En noviembre de 1881 se cubrió la acequia y se bautizó con el nombre de Calle de Sarmiento. El 4 de junio de 1914 fue titulada como Cinco de Marzo.

La Calle de San Juan. Esquina cinco de marzo. José Gálvez Pujol.

Para mí ese callejón tenía un significado especial. Yo nací en el Paseo y mis abuelos vivían en la calle de San Juan. Por lo que me contaron, esa calleja era una especie de cordón umbilical entre mi madre y mi abuela.

Nadie sabía explicarme el porqué de esa fecha en su titulación. Interesado en el asunto, acabé escribiendo un artículo monográfico llamado «La noche del 5 de marzo de 1914 en la calle de Sarmiento». Os dejo el enlace.

Enlace al artículo

Edificios:

La Calle de San Juan. Antonio Ballester Vidal.

En la calle de San Juan sólo quedan tres edificios reseñables. Por orden de antigüedad, el primero es el monasterio de clarisas de San Juan de la Penitencia, que dio nombre a todo el arrabal. Ya hablé de él en otro artículo monográfico ilustrado por Antonio Ballester. Os dejo el enlace: .

Enlace artículo
Monasterio de San Juan. Fco. Luis Galiano Moreno.

El segundo fue palacio de la Baronía de la Linde, título concedido por Carlos III en el siglo XVIII a Manuel Antonio Terán y Álvaro de los Ríos, señor de la Linde y primer barón.

Palacio de la Linde. Fco. Luis Galiano Moreno.

A nosotros nos interesa el séptimo barón, Antonio María de Piniés Sánchez Muñoz, nacido en Zaragoza en 1860. Este noble aragonés, vecino de Valencia, casó en febrero de 1896 con María de la Encarnación Roca de Togores y Enríquez de Navarra. Tuvieron seis hijas y un solo hijo, Antonio María, del que ya hemos hablado anteriormente por ser titular de la calle.

Palacio de la Linde. José María Pérez Basanta.

El matrimonio llegó a Orihuela con el cambio de siglo. En octubre de 1900, don Antonio presentó instancia en el Ayuntamiento solicitando permiso para derribar la casa número 44 de la calle San Juan, que había pertenecido a Francisco Moreno Bernabeu. Su esposa se la había comprado ese mismo año a la heredera, Mª Teresa Moreno Tobilla.

Palacio de la Linde. José María Pérez Basanta.

A los ochocientos metros del solar le agregaron tres fincas más: dos casas en la calle de Barberos y un huerto atravesado por una acequia, con su propia zenia. El resultado fue el curioso y desconocido palacio de la Linde construido en 1901 frente al monasterio de San Juan. Un edificio neogótico que merece la pena contemplar detenidamente.

Casa natal, antes y después. En el centro, los hermanos Hernández.

El tercero es la moderna y polémica reedificación de la casa donde el 30 de octubre de 1910 nació el oriolano más universal: Miguel Hernández Gilabert. Sin comentarios.

Casa natal Miguel Hernández. La Verdad.

Había un cuarto edificio interesante, el palacio del marqués de Lacy, ubicado entre San Juan y La Corredera; pero fue demolido. He conseguido recopilar algunos datos interesantes sobre el primer marqués.

Nacido en los años 20 del siglo XIX, Salvador de Lacy y Pascual de Bonanza era hijo del matrimonio formado por Miguel Lacy y María Ana Pascual de Bonanza y Roca de Togores, casados en la Parroquia de Santa María de Alicante en 1818.  

Palacio del marqués de Lacy. Colección Javier Sánchez Portas.

En 1848 era diputado por Alicante y casó con Manuela Reig y González de Villaventín en 1856. Al fallecer el oriolano Pascual Reig, su esposa y otras tres sobrinas heredaron una casona de labor agrícola con una parcela de 223 tahúllas en Elda. Poco a poco, el matrimonio se hizo con las otras tres cuartas partes de la finca. 

Calle de San Juan. Colección Javier Sánchez Portas.

En octubre de 1878 su esposa falleció en Orihuela y Salvador quedó como único propietario de la heredad de Elda que acabó llamándose «Finca Lacy». Pronto contrajo matrimonio en segundas nupcias con María de la Concepción Zafra Torres. El año que murió su primera esposa, Salvador había sido Caballero Cubierto en la Semana Santa oriolana:

El Segura. 24 de abril 1878: La procesión del Entierro estuvo muy concurrida y perfectamente ordenada por los Sres. Comisarios de festividades de este Iltre. Ayuntamiento que como de costumbre presidió el acto, siendo Caballero estandarte D. Salvador de Lacy, y pilares de la Soledad cuatro Sres. Abogados y cuatro Oficiales del Batallón Reserva de Orihuela.

Calle de San Juan. Archivo Mariano Pedrera.

También ese mismo año, «El Segura» insertó en sus página unos artículos sobre agricultura práctica publicados por Lacy en Madrid en 1868, cuando todavía era diputado a Cortes. La serie empezaba con una carta remitida a Adolfo Clavarana en la que afirmaba que acudir a los bancos, con intereses del ocho al diez por ciento, era una ruina para el labrador:

Yo que llevo veinte y dos años de experiencia y me precio de ser labrador práctico, aunque propietario de muchas fincas obtengo no obstante, rentas exiguas (a pesar de mis muchos adelantos) confieso ingenuamente que me vería perdido sin remedio, el día que sujetara mi patrimonio a hipoteca de tal importancia.

En 1882 el Vicario Capitular de la Diócesis estaba organizando una peregrinación a Roma; y nombró una junta preparatoria para la «romería». El presidente era Salvador de Lacy y el vicepresidente Adolfo Clavarana.

No sé que hizo en Roma; pero un año después, Salvador de Lacy y Pascual de Bonanza conseguía el marquesado de Lacy de manos del Papa León XIII. El título era considerado en España como pontificio y extranjero.

Diario oficial de avisos de Madrid. 6 de marzo 1884: El Ministerio de Gracia y Justicia autorizó a D. Salvador de Lacy y Pascual de Bonanza para que, conservando el carácter de su procedencia y previo pago del impuesto especial correspondiente, pudiese usar en España, con la denominación de Lacy, al título de Marqués que le ha sido concedido por Su Santidad.

Colección Javier Sánchez Portas

Lacy participó en la gestación de los andenes comprando los terrenos por cuenta del Ayuntamiento. Delegaron en él para que, desde Madrid, procediese al ajuste y adquisición del huerto de San Gregorio, propiedad del duque de Tamames; y de nueve tahúllas y media del marqués de Serdañolas. También prestó su palacio y una heredad en San Antón para la instalación provisional del Colegio Jesús María.

Enlace Jesús María

Su hijo homónimo y heredero del título fue bautizado en la Parroquia de San José de La Murada. Se llamaba  Salvador María Concepción Lacy Zafra, nacido en 1879. Capitán de Caballería, en 1910 pertenecía al regimiento Dragones de Montesa. Tres años después se casó con Elisa Alberola.

Fachada y solar del palacio. Colección Javier Sánchez Portas

Para terminar, voy a transcribir un interesante documento de 1904 publicado en la «Gaceta de los caminos de hierro» y en «Transportes Férreos». Se trata de un proyecto de tranvía Orihuela-Murcia con tracción animal:

DOCUMENTOS OFICIALES. Ministerio de Agricultura, Industria, Comercio y Obras públicas. Dirección General de Obras públicas. Ferrocarriles. Concesión y construcción. Vistos las instancias, proyecto y resguardo de constitución de fianzas presentadas en este Ministerio por D. Salvador de Lacy y Pascual de Bonanza, Marqués de Lacy, como Director de la Sociedad anónima titulada «Proyecto de Tranvía de Orihuela a Murcia», con domicilio en la primera de dichas poblaciones.

Solicitando la concesión de un tranvía, con tracción animal, que desde la plaza del Carmen de Orihuela ha de seguir por la calle del Hospital, plazas de Santiago y Monserrat y calle de San Francisco, y, saliendo de la población, continuará por la carretera de segundo orden del Alto de las Atalayas a Murcia (por Orihuela), siguiendo por ella y por los poblados intermedios hasta entrar en Murcia por las inmediaciones de la Plaza de Toros.

Continuando después por la calle de López Puigcerver, terminando en la plaza de las Barcas de dicha ciudad, con una ampliación o ramal desde esta plaza a la estación del ferrocarril de Alicante a Murcia (Mercancías); esta Dirección general ha resuelto anunciar en la Gaceta de Madrid y en el Boletín oficial de la provincia de Murcia la petición formulada por el Sr. Marqués de Lacy.

Siendo Murcia capital de 100.000 habitantes, Orihuela ciudad de 25.000, siendo muy reducida la distancia que las separa, de más estará decir que un tranvía entre ambas poblaciones se le descubre efectivamente posibilidad de una próspera vida. Pero dejamos la consideración de nuestros abonados si entre tales relaciones está indicado un tranvía con tracción animal, mandado ya retirar hasta en los más insignificantes servicios.

La calle de San Juan

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba)

Publicado en el día de San Juan de 2020. Año de la pandemia.

Enlace al siguiente capítulo.