Archivo de la categoría: Mis artículos

El barrio y la ermita de San Antonio Abad.

Apuntes para la historia del barrio de San Antón.

«San Sebastián fue francés
y San Roque peregrino,
y lo que tiene a los pies
San Antón es un cochino.»

En 1925, Julio López Maymon, deán de Cartagena en Murcia, publicó en prensa tres artículos dedicados al popular barrio de San Antón. La serie, subtitulada «rebusco tripartito», comenzaba así:

«Hace ya unos doscientos cincuenta años que Orihuela viene dedicando solemnidades religiosas y profanas a San Antonio Abad, austero cenobita que, con inspiración vigorosa, llevó a un memorable lienzo, el pincel ungido del maestro J. de Patinir.»

Empezando por la citada obra de Patinir, a lo largo del artículo encontraréis otras de la colección del Museo del Prado inspiradas en San Antonio Abad. Pinchando sobre cualquiera de ellas se accede a los cuadros con todo lujo de información y detalles.

 Las tentaciones de San Antonio Abad
Joachim Patinir. 1520-1524.

Enlace Museo del Prado.

¡Cuadro lleno de luz y de pintoresco interés, que en las almas oriolanas despierta aquella alborada risueña de la infancia!

«El 17 de enero es el día consagrado por la tradición para que la Ciudad, jubilosa y piadosa a un tiempo mismo, afirme sus festivales en el agreste paraje solitario en el resto del año, de San Antón».

Si os parece, vamos a dar un repaso al proceso histórico que dio lugar a su formación.

La Partida de las Fuentes

Vista aérea de San Antón

En la segunda mitad del siglo XVI,  más allá de la flamante puerta de Callosa, se estaba gestando lentamente una especie de nuevo arrabal “fora del Portal, damunt lo cami que va a la Font Cuberta de ves la penya del castell”.

En «la lladera de la serra de Oriolet» creció tímidamente a base de nuevas viviendas emplazadas a lo largo del camino real que daba acceso a Orihuela a través de la “Font Cuberta”, un paraje singular dotado de varias fuentes particulares y un conjunto de «fons de la ciutat al peu de la serra del castell».

Palmeras d´Oriola (1890)
Ralph Püttner.
En Revista Ilustración Catalana. 

La proximidad de los predicadores y la posibilidad de utilizar el agua de la sierra para regar y llenar las «balsas de cocer linos y cáñamo», atrajo a determinados pobladores con ciertas necesidades profesionales. Esta circunstancia comenzó a forjar una identidad propia marcada principalmente por el espacio físico.

El denominado azarbe de las Fuentes conducía las aguas residuales de dichas fuentes al Segura desde tiempo inmemorial. Hasta que los regantes consiguieron que se mudase el desagüe por un nuevo cauce que las llevaba al azarbe de Abanilla.

La obra, mal ejecutada, acabó en un fiasco de agua empantanada, un peligroso almarjal que obligó a prohibir temporalmente el uso de las balsas de cocer linos y cáñamos.

El palmeral anegado.
Foto Ajomalba

La reapertura del azarbe con las balsas clausuradas provocó el abandono de las tareas de limpieza y conservación; las famosas mondas. El almarjal tardó poco en extenderse de nuevo por la toda zona hasta convertirse en un «entorno pernicioso para la salud humana».

La cosa se puso todavía más fea en 1642, cuando fallecieron media docena de dominicos del vecino Colegio de Predicadores.

Estudiado el problema, los expertos lo achacaron a las avenidas de la rambla de Benferri, agravadas por el abandono de las mondas del mencionado azarbe de las Fuentes durante varios años.

Sin actividad laboral, los propietarios preferían perder sus tierras, antes que hacerse cargo de una limpieza que resultaba más cara que hacer un cauce nuevo. Sin otra alternativa, el Consell se hizo cargo de la obra amparado en el beneficio público. Pero aquello solo fue un parche temporal. Durante la mortífera peste de 1648 la ciudad volvió a intervenir en la zona como medida profiláctica, desecando todos los almarjales.

Dos años después, un nuevo cauce de una media legua, abocaba las aguas de nuevo en el río. Las balsas volvieron a funcionar y, en 1651, se dictaron los estatutos ordenando que las mondas del nuevo azarbe se iniciasen todos los años a primeros de agosto.

Era sólo era una victoria temporal. La salubridad de la zona llevó a la ciudad de cabeza durante siglos.  Si os interesa el tema, tratado puntualmente por Ojeda Nieto, David Bernabé Gil tiene un excelente trabajo monográfico sobre los almarjales que os dejo en la bibliografía.

Azarbe de las Fuentes.

La segunda mitad del siglo XVII fue crucial para la consolidación y desarrollo del nuevo barrio. Se cumplía un siglo desde que los dominicos se apropiaron de parte del camino real, sellando el Ravalete.

Con las aguas encauzadas mejoró notablemente la salubridad del paraje; y los nuevos aires del palmeral animaron al Cabildo de la Catedral para comprar una finca de recreo al pie de la sierra.

El Cabildo y la ermita de San Antonio Abad.

San Antonio Abad en un paisaje.
Fray Juan Bautista Maino. 1612-1614.
Enlace Museo del Prado.

Montesinos afirma que en el siglo XVI ya había en esos terrenos una ermita dedicada a San Antonio Abad; cuando Orihuela pertenecía a la diócesis de Cartagena. Y que desapareció dos años antes de conseguir el Obispado.

López Maymón, que tuvo la posibilidad de «rebuscar» en el archivo diocesano, no menciona esa primitiva fundación; pero dice lo siguiente:

«Desde remota antigüedad poseía el Cabildo Catedral por haberse desamortizado, el perímetro del terreno comprendido entre el Monte Oriolet y el Castillo. Aunque la fecha se ignora, se sabe fijamente, que en el término apuntado camino en arriba, partido de las Fuentes se edificó una casa; que andando el tiempo, y como veremos vino en ruinas, que han desaparecido sin que quede de ellas más vestigios que las notas escritas…»

Siguiendo con las notas del deán, en agosto de 1657, los canónigos compraron a Luis García Espejo, dos balsas con una casa y fuentes de agua viva; con sus tendedores y tierras incultas. La parcela estaba situada entre el monte Oriolet y el Castillo, en el camino en arriba, partido de las Fuentes. El notario fue Francisco Muñoz (1643-1674); y el precio fue de 300 libras.

En junio de 1660 decidieron aliñar la casa adquirida y buscar un inquilino dispuesto a habitarla, aunque fuese de balde. Pero era muy mal momento. La crisis demográfica producida por la peste había dejado demasiados solares libres en el casco urbano para fijarse en aquel paraje solitario. Alejado de la ciudad y rodeado de balsas para cocer el cáñamo, el barrio seguía sin ser especialmente atractivo.

En tiempos difíciles, de epidemias y plagas, la protección de un santo era fundamental para la mentalidad de la época. Si las enfermedades eran consideradas como castigos divinos; resultaba razonable buscar un intercesor cualificado; un santo taumaturgo de reconocido prestigio profiláctico. Por otro lado y como ya hemos dicho muchas veces, la erección de un edificio religioso aportaba prestigio y seguridad a la zona.

El 15 de enero del año de 1665, siendo obispo de Orihuela (1660-1665), el dominico Fray Acacio March de Velasco, el Cabildo de la Catedral dio licencia y permiso a Ginés Sánchez, alpargatero y a otros devotos, para edificar una Ermita en honor a Antonio Abad, santo eremita, taumaturgo y sanador; la advocación oportuna para el barrio.

San Antonio Abad y San Pablo.
Diego de Velázquez.
Enlace Museo del Prado.

En este caso Montesinos coincide con el deán. Además da los nombres de los primeros mayordomos, encargados de levantar el edificio:

«Ginés Sanches, Espardañer; Jayme Basques, ¿Algecer?; Juan Montesinos, Labrador; Juan Pérez, ¿Calero?; y Marcos Pérez, Labrador; todos vecinos de la presente Ciudad de Orihuela.»

A los canónigos les pareció bien la propuesta; y para tal menester les cedieron la casa y solar que tenían hacia el camino de arriba.

“Sin que sea visto con esto hacer daño en los extendedores de los “brinos” (fibras) de las balsas, ni en la casa y picaderos, aunque sea con los árboles que allí planten, y reservándose el Cabildo, la superintendencia, patronato y demás derechos que le compiten por ser dentro del término de la Parroquia”.

Ermita de San Antón.

Ginés y compañía hicieron acto de obligación y reconocimiento, quedando la ermita superditada a la parroquia del Salvador. El 24 de mayo les concedieron permiso para postular limosnas. Las cantidades recogidas, destinadas a edificar la ermita, estaban controladas por el Racionero Sr. Roca.

Tenemos una nota de 1667, localizada por Ojeda Nieto, en la que Alonso Cebrían carretero de bueyes y Miguel Palomares, ambos de Oriola se comprometían a entregar a Ginés Sánchez, alpargatero, 150 carretadas de piedra para edificar la ermita de San Antonio Abad, que tiene a su cargo en la partida de las fuentes.

“Alonso Sebrian, carreter de bous y Miquel Palomares, de Oriola. Prometen y se obliguen donar y entregar a Gines Sanches espardener … e al que tendrá a carrech el fer y edificar la hermita del Sr. Sant Antoni Abat, que esta al pnt fabricant prop les fonts de la pnt Çiutat -150- carretades de pedra pera la dita fabrica de dita hermita.”

San Antonio Abad
Francisco Rizi, 1665.
Enlace Museo del Prado.

López Maymón sólo afirma que la primera misa del día de San Antonio Abad se cantó en enero de 1671. Montesinos acota la construcción entre los años 1666 y 1668; y la bendición el 15 de enero de ese mismo año. Según este cronista, la cosa fue más o menos así:

«Concluyeron la aseada, hermosa aunque mediana Hermita en 12 de Enero del año 1668, la cual bien adornada fue bendecida en 15 de los mismos por el Sr. Dr. D. Bartholome Fernandez, Cura de la Santa Iglesia Catedral con asistencia de muchos fieles devotos; a la noche siguiente, Víspera del Glorioso San Antonio, se iluminó toda la Hermita exterior e interior, hasta los vecinos árboles se colgaron de bombas (…) a la tarde hubo fiesta, Carrera de caballos, y a la noche iluminación y salidas de Fuegos artificiales. Fue nombrado Capellán por el Muy Ilustre Cabildo, para la custodia de esta Hermita D. Miguel Ruiz…»

Bendecida año arriba, año abajo, la obra no estaba ni mucho menos acabada. Además, al tiempo que la ermita, fabricaron junto a ella una vivienda para el ermitaño (o reformaron la vieja casa que venía en las escrituras).

Llamado también santero, su tarea consistía en recoger las limosnas y dirigir las cuadrillas de mozos que, por Navidad, postulaban con el estandarte del santo por la ciudad, el campo y la huerta.

Otro dato que aporta Montesinos y omite López Maymón, es la solicitud del gremio de alpargateros, guiteros (cordeleros) y paleros, que tenían sede en el convento de la Trinidad, para hacerse cargo del cuidado del culto de la ermita y de la celebración de la fiesta. La nota la reprodujo «El Social», en enero de 1909:

«En 1671, el gremio de alpargateros, guiteros y paleros se estableció en la capilla de San Antonio Abad, con la obligación de celebrar la fiesta anual el 17 de Enero. De esta fecha data la celebración de la tradicional romería que tiene lugar todos los años el día del Santo, o el domingo inmediato, en las cercanías de la ermita de San Antón».

Ermita de San Antón.
José Antonio Ruiz Peñalver.

Siguiendo con las notas del deán, la construcción de casa y ermita se mantuvo muchos años. En 1682 se autorizó al Sacriste López Escobar para vender un cáliz a un platero; invirtiendo el producto en las obras de la ermita. El 4 de enero de 1683 destinaron a la obra otras 15 libras procedentes de las ventas de unas crismeras y un cáliz con pie de bronce (las crismeras las compró el obispo).

La ermita del «glorioso senct Antoni Abad», culminada a finales del XVII, creó la conciencia de barrio y le procuró el nombre que hoy conocemos: Barrio de San Antonio Abad; o sencillamente, San Antón.

Al ser considerada como capilla de la Iglesia Catedral, sin perjuicio de la jurisdicción ordinaria, el Cabildo quedó al cuidado de que no faltase el culto al Santo; nombrando los ministros necesarios para controlar la actuación de los mayordomos y del santero, encargado del mantenimiento y administración del edificio.

A principios del siglo XVIII ya se predicaba en la ermita con la solemnidad adecuada; y los obispos de Orihuela, antes de hacer su entrada oficial en la ciudad, descansaban en la casa anexa a la ermita. Montesinos documenta esta costumbre ya en el siglo XVII:

«Cabildo, 4 de noviembre de 1666. Decreverunt: Que los gastos que estarán así en los coches, lo que se dona a los cocheros, como lo que será menester para adornar la casa de las Fonts y fer el altar en la Portanova pera el día de la Entrada del Señor Bisbe, lo pague la Mayordomía.»

Ermita de San Antón. Francisco Luis Galiano Moreno.

La fecha se corresponde con la llegada del obispo José Berges (1666-1678), el sucesor del que había autorizado la fundación de la ermita.

López Maymón, contando cómo el Cabildo designaba a los suyos para recibir al nuevo obispo en la casa de San Antón, ofrece un listado de los canónigos receptores con su correspondiente prelado. Su lista empieza en el año 1714:

«En 9 de Agosto de 1714, los canónigos Ruiz y Villafranca para el obispo don José de Espejo y Cisneros; en 28 de Febrero de 1718, al mencionado Ruiz para el Obispo Rodríguez de Castelblanco; en 7 de Julio de 1738, al sacrista Ordoñez Villaquirant (futuro marqués de Arneva) para el Obispo Gómez de Terán; en 19 Abril de 1761, a Monecal para el Obispo don Pedro Albornoz y Tapia; en 14 de Septiembre de 1767, a Santa Cruz y Vélez para el Obispo don José Tormo; en 22 de Marzo 1792, al canónigo Balaguer para el Obispo Despuig Dameto; y así sucesivamente hasta nuestros días».

Ermita y casa de San Antón.
José Antonio Ruiz Peñalver.

Crónica del nuevo obispo en San Antón.

En este apartado me limitaré a transcribir la crónica de la llegada de Ramón Plaza Blanco, publicada en «El obrero» el 18 de noviembre de 1913. Ilustrándola con fotografías de prelados posteriores.

«Por la tarde, por el camino que conduce a la ermita de San Antón se hace difícil el paso; pues la aglomeración de gente es enorme y el número de almas incalculable».

Obispo Goldáraz en San Antón
Antonio Ballester Vidal

«A las tres y media llegó el Ilustrísimo Sr. obispo a la citada ermita en automóvil, acompañado por varios canónigos de la Catedral. Le recibieron el Ayuntamiento y otros canónigos, encargándose de darle la bienvenida el magistral de la Catedral, quien con párrafos elocuentes, elogió la conducta del nuevo prelado. En la ermita recibió a algunas personas.»

Obispo Barrachina en San Antón
Antonio Ballester Vidal

«A las tres y cincuenta minutos se dispuso que partiera la comitiva para Orihuela y al salir el Sr. obispo por la puerta de la casa del cura de la ermita, el fotógrafo rogó a S.I. que se detuviera un poco, para hacer funcionar su aparato».

Obispo Barrachina en San Antón
Antonio Ballester Vidal

«Acto seguido se organizó el cortejo en esta forma: Rompía la marcha la banda municipal de esta Ciudad, detrás los cuatros maceros del Ayuntamiento, de gala y montados a caballos; seguidamente, el Iltmo. Señor Obispo montado en una mula, dándole escolta montados a caballo los concejales de este Ayuntamiento

Obispo Goldáraz en San Antón
Antonio Ballester Vidal

«Detrás en carruaje, el diputado por este distrito, Sr Ruiz Valarino, el Alcalde accidental y varios Concejales en carruaje; y una multitud enorme de gente que aclamaba al nuevo prelado; a lo cual contestaba el obispo con bendiciones.»

Obispo Goldáraz en San Antón
Antonio Ballester Vidal

San Antonio Abad y los antonianos.

Dice el deán que, en enero de 1728, surgieron las primeras pendencias y discusiones entre los mayordomos de San Antón; y que el Cabildo designó al canónigo Juan Timor (el que tiene la calle frente a la plaza de la Anunciación) para que pusiera orden; siendo este el primer nombramiento oficial de un canónigo con carácter de comisario.

San Antonio Abad.
Luis Tristán, siglo XVII.
Enlace Museo del Prado.

En 8 de marzo del año del Señor de 1734, el canónigo Maestre leyó al Cabildo un memorial del Abad del convento de San Antonio Abad de Valencia, solicitando permiso para fundar una cocina de su orden en la ermita de San Antón de Orihuela.

La orden de San Antonio Abad, instalada extramuros de la ciudad desde el siglo XIV, era muy popular entre los valencianos. Su condición de hospitalarios los hacía óptimos para regentar un establecimiento en el camino de Orihuela; cuidando al mismo tiempo de la ermita. Pero si hacemos caso a Montesinos, el Cabildo se resistió cuanto pudo a la ocupación.

«8 de Enero de 1735; Decreverunt: Que cometan a los Señores Chambre y Arcediano, y que vean cómo componer el que los Religiosos de San Antonio Abad, no se entrometan ni ocupen la Hermita de esta Ciudad.»

Añade el famoso cronista, que los padres de Valencia tuvieron que entrar en litigio y que el obispo, amante de la paz y opuesto a pleitos, les amparó en la posesión de la ermita.

López Maymón zanja el tema de la forma más sencilla, afirmando que el Cabildo consultó con el obispo José Flores Osorio (1728-1738), y la respuesta fue favorable.

Sea como fuere, en 1736, los Padres Antonianos de Valencia montaron uno de sus establecimientos en la casa contigua a la ermita, a cosa de medio cuarto de legua de Oriola, en las faldas del monte Oriolet.

Joseph Montesinos les dedica un capítulo que «refiere en él la ilustre fundación del Heremitorio Hospicio de San Antonio Abad, de Religiosos Hospitalarios del Fuego-Sacro, que magestuoso resplandecía extramuros de Orihuela.»

Armas de los padres de San Antonio Abad. Compendio Histórico Oriolano Tomo 7 cap. 1.
Joseph Montesinos.

El citado capítulo es muy extenso; pero como es habitual en Montesinos, hay que escarbar mucha paja para obtener algún dato sustancioso. Por desgracia, y a decir de López Maymón, hay poca información documental de su estancia en Orihuela.

La Orden de los Hermanos Hospitalarios de San Antonio, también conocidos como Antonianos, se fundó en la Edad Media para cuidar a los que sufrían el llamado “fuego sacro”.

Las tentaciones de San Antonio Abad.
El Bosco. 1510 – 1515. 
Enlace Museo del Prado.

El también llamado “fuego de San Antonio” producía fiebres muy altas, alucinaciones, epilepsia y necrosis de las extremidades. Esta enfermedad solía atacar a los pobres que comían pan elaborado con harina de centeno almacenado en malas condiciones y contaminado con un hongo llamado cornezuelo. Los síntomas se asociaron a las alucinaciones que sufrió el santo cuando era tentado por el demonio en el desierto.

San Antonio Abad se representa habitualmente como un anciano barbudo con un cerdo a los pies. El significado del animal que le acompaña se ha tergiversado con el paso del tiempo. Considerado animal impuro por las tres religiones monoteístas, un cerdo a los pies del santo representaba su triunfo sobre la impureza y sobre la carne.

Indultado por los cristianos, el cerdo terminó siendo el animal que se mataba públicamente en una sangrienta fiesta a la que se invitaba a todos los vecinos para demostrarles (a ellos y al inquisidor de turno) que en la familia no habían moros ni judíos.

San Antonio Abad.
Joan Reixach, 1450-1460.
Enlace Museo del Prado.

Pero no cambiemos de tema. Fundada la orden de los Antonianos, la Tau, el cerdo, los Evangelios, el fuego y las campanillas quedaron fijados como símbolos de Antonio Abad, el santo sanador y protector del ganado.

Instalados en el camino de Santiago, la hermandad hospitalaria ganó fama entre los enfermos del «fuego sacro o de San Antón», que acudían en peregrinación obteniendo gran porcentaje de curas.

Exceptuando los casos graves, en los que los antonianos amputaban los miembros necrosados, la explicación del prodigio es bastante sencilla: después de la larga caminata depuradora sin probar harina contaminada, el enfermo peregrino recibía una alimentación sana, buen pan, vino y alguna carne de cerdo. Caminata de vuelta y a casa como una rosa.

Ruinas del Monasterio de San Antonio Abad. Castrojeriz. Ruta Jacobea.

Según López Maymón, no hay constancia de la fecha exacta de su llegada a Orihuela; pero a principios de 1737 el cabildo certificó tener ocupada la ermita y su territorio por la comunidad religiosa de frailes legos o ermitaños de San Antonio Abad. Y en octubre de ese mismo año se concretó la escritura con el abad de Valencia.

Montesinos es más preciso, situando la llegada el 7 de diciembre de 1736. En dicho día, llegaron de Valencia tres frailes ejemplares de conocido celo y virtud religiosa, tomando posesión del eremitorio y hospicio con las advocaciones de San Antonio Abad y Santa Bárbara, Virgen y Mártir (no sé si tendrá relación con la vecina fábrica de tratamiento de salitre para la obtención de pólvora).

A esta reducida plantilla se unieron tres religiosos legos y un cura encargado de confesar y predicar. Instalados los antonianos en su nuevo hospicio, ampliaron la obra. He hecho un resumen con la larga descripción de Montesinos, excluyendo la iglesia con todas sus alhajas y ornamentos.

Tentaciones de San Antonio Abad.
David Teniers, 1647. 

Enlace Museo del Prado.

El eremitorio y hospicio de San Antonio Abad, estaba en el Paseo de las Alamedas de San Antón; o de la fuentes blandas, «llamadas así por la benignidad de sus pocas aguas frías en verano, y calientes en el invierno, en tanto grado, que arrojan de sí humo espeso”. Alrededor de la ermita sólo habían plantaciones, el salitre antes mencionado y las pocas casas que llamaban el Nuevo Barrio de San Antón.

Para acceder a la ermita se subía a una plazuela de sesenta y ocho palmos, a través de doce escalones de piedra negra jabalina. En dicha plazuela, adornada con palmeras, se encontraba el Hospicio a la izquierda y la Iglesia a la derecha, en su mismo piso. Y se subía a la portería por seis escalones de piedra negra.

Tau en la ermita de San Antón.
Manuel Rodríguez.

Todo el frontis exterior era muy blanco y hermoso, con un primoroso «relax de Sol». La portería era aseada, con sus poyos y dos magníficos aljibes que, una vez llenos, podían abastecer la casa por dos años. Contaban con sala de profundis, refectorio, cocina, despensa, balcón de hierro, alcobas, salas de estudio, granero y bodega.  Más un parador con cuadras, caballerizas, gallinero, palomar, cochineras y conejeras.

El deán solo añade que las relaciones entre frailes y canónigos fueron cordiales y que en abril de 1752, el superior se llamaba Fray José Berenguer, personaje dibujado por Montesinos en su obra.

Ermita de San Antón Orihuela.
Manuel Rodríguez.

Entre las limosnas en especie que buscaban la protección del santo, una de las más rentables para los antonianos eran los cerditos. Donados por los fieles, les cortaban el rabo, las orejas, y les colgaban una campanilla al cuello para ser fácilmente identificados. Convertidos de esta guisa en «cerdos de San Antón», los soltaban para que la Providencia (léase los sufridos vecinos) se encargase de su alimentación.

Una vez engordados podían venderlos, sacrificarlos para obtener la carne, o la opción más rentable: sortearlos el día de la fiesta.

Para el comedido Montesinos, muy respetuoso en el tratamiento a los religiosos, los frailes valencianos abusaban de la buena fe de los vecinos de San Antón, recaudando muchas limosnas en el barrio oriolano que acababan en las arcas de «la casa grande de San Antonio», en Valencia.

«Se sorteaba a las seis de la tarde un “serdo gordo y grande”, del valor de unos 25 o 30 pesos; del que sacarían sobre 200 (…) Los cerdos que ellos llamaban de San Antón, llevaban cortadas las orejas y el rabo por divisa; en esto tenían una ganancia soberbia, pues los criaban sin costarles un maravedí, a costa de los innumerables daños que causaban en las haciendas de los vecinos; y porque eran de los frailes, habían de callar. Lo cierto es que era una de las mayores estafas que se han visto en estos tiempos.»

Dibujo de Joseph Montesinos.

Siendo obispo Joseph Tormo, tras casi medio siglo en Orihuela, los antonianos dejaron la ermita y la casa de San Antón. Su orden quedó extinguida por bula papal de Pío VI, el 24 de agosto de 1787, a instancias del rey Carlos III.

«Deberán reunirse en pocas casas los Sacerdotes en forma de Comunidad bajo la autoridad del Ordinario con la facultad de hacer tránsito a otra Orden el que quisiere, quedando los Legos en plena libertad de tomar el estado conveniente; acudiendo a dichos religiosos en estas comunidades reunidas con el vestido, sustento y demás necesario, cumpliendo los Sacerdotes las cargas de las fundaciones mientras permanecen en las casas como sacerdotes seculares, sin otra insignias externa de su Orden…»

El establecimiento volvió a manos del Cabildo; y el santero o ermitaño, a la casa contigua. Como recuerdo, quedó el curioso sistema de financiación de los antonianos, antecedente de la famosa rifa que, según López Maymón, se viene celebrando en beneficio de la ermita desde 1840 hasta hoy.

A principios de 1792, ya de vuelta a su función de simple ermita, el Cabildo detectó algunas deficiencias en la administración de las limosnas por parte del santero; y creó el nuevo oficio de superintendente; un canónigo elegido para inspeccionar, administrar y cuidar todo lo referente a la ermita de San Antonio Abad.

Ermita de San Antón. Orihuela
Fotografía Francisco Luis Galiano Moreno

El propio Cabildo se preocupó de mantenerla con decencia, costeando algunas reparaciones; como la que tuvo lugar en 1793 por importe de 46 libras y 4 sueldos. También se encargaron de que a los vecinos no les faltase la misa todos los domingos y días festivos.

La última noticia aportada por el deán referente al siglo XVIII es el nombramiento del capellán de la ermita en 1797: el religioso Fray Vicente Sancho.

El fuerte de San Fernando y la Q.B.

Plano de Orihuela, 1811.
Ampliación Batería de San Fernando.

En los diferentes planos confeccionados durante la Guerra de la Independencia a principios del siglo XIX, se nombra de diferentes formas un mismo baluarte: “Batería de Fernando VII”, “Batería de San Fernando y finca de parapeto que apoya en la montaña”, “Batería avanzada en la punta de la saeta para defender las avenidas del Camino de Valencia y el de Callosa”.

También se menciona otra muy cercana, en el “Palomaret”, dominándola en altura. Es la que está en la peña, sobre el patio de Santo Domingo, con un Sagrado Corazón en la actualidad.

En el «Plan de Fortificación de la Ciudad de Orihuela y su Castillo», de 1811, obra de Antonio Benavides, brigadier del III Ejército acuartelado en Orihuela, se detalla la cortina defensiva entre San Fernando y la Sierra; protegiendo la posible retirada de San Antón y ofendiendo más de cerca al enemigo si intentaba pasar por los puestos del Oriolet. Tanto preparativo no sirvió de nada. Los franceses se marcharon sin que la guerra llegase a Orihuela.

Colección Javier Sánchez Portas.

En el verano de 1848, casi cuatro décadas después de su construcción, el Ayuntamiento estudiaba la forma de conservar la Batería o Fuerte de San Fernando; próxima al paraje de San Antón, en la barrera del Colegio. Pretendían evitar la lenta demolición que estaba sufriendo utilizada como estercolero.

Los munícipes tuvieron en cuenta los muchos gastos que podría ocasionar su reparación, dado el estado en que se encontraba. Pero deseaban conservarlo como “memoria del entusiasmo de este Pueblo en la Guerra de la Independencia, cuando se construyó”. Picados en el amor patrio, acordaron poner todos los medios necesarios para su reparación; ya fuese por cuenta del común, o cediéndola a cualquier propietario que se comprometiese a rehabilitar el histórico edificio. Un brindis al sol.

En la primera mitad del siglo XIX, el palmeral seguía ocupado por varias fincas dedicadas a la explotación agrícola y a la industria del cáñamo. Dos siglos después, las balsas de cocer seguían molestando a la población.

Para obtener la fibra, el cáñamo necesitaba “fermentar” sumergido en agua. Las balsas se llenaban por la mitad; y para evitar que flotase la planta, colocaban encima pesadas piedras. El agua estancada seguía siendo foco de mosquitos y enfermedades.

El Ayuntamiento prohibió primero la cocción en balsas durante los meses de verano. También exigió que los vertidos de su vaciado no acabasen en los acueductos de los que se tomaba agua para beber.

 Balsa de cocer cáñamo.
Archivo José A. Latorre.

En agosto de 1848, se estudió la posibilidad de comprar las balsas por “los perjuicios que ocasionan a la salud pública y los grandes beneficios que resultarían al vecindario (inutilizadas), aprovechando las aguas en baños a que por su virtudes pueden ser aplicables, formar un lavadero bastante capaz y cómodo para todas las estaciones y por ultimo distribuyendolas en el riego de las tierras del partido del Escorratel que tan escasa se halla por la altura, pudiendo enajenarse su dotación entre los dueños de aquellas y lo cual rendiría necesariamente recursos suficientes para reintegrar los desembolsos que ocasione su adquisición y aumentando anualmente los fondos comunes.

En febrero de 1854, el Fuerte de San Fernando estaba completamente arruinado y las aguas de su foso estaban estancadas con riesgo de corromperse. Como suele pasar en este pueblo, seis años después de prometer su restauración a toda costa, el edificio estaba en estado terminal.

En el verano de 1859, el flamante obispo Pedro María Cubero, decidió construir a sus propias expensas unos lavaderos públicos situados en terreno de aprovechamiento común, en el Barrio de San Antón.

Pedro María Cubero y López de Padilla
(Doña Mencía, 1810-Orihuela, 1881)
Obispo de Orihuela

«Al haberse ausentado muchas personas acomodadas por temor del cólera morbo que nos aflige… Que para remediar este mal y deseoso de la mejora material de esta Ciudad había creído conveniente construir a sus propias expensas una fábrica que cubra los lavaderos públicos situados en terreno de aprovechamiento común en el Barrio de S. Antón».

Al año siguiente, apoyado por los regantes del Escorratel, compró tierras y seis balsas de maceración para ser destruidas; utilizando las aguas para riegos, lavaderos y baños. La finca, una de las que componían el palmeral pasó a llamarse La QB (de Cubero). Nombre rotulado en la fachada de su famosa casa de labor construida en la década de 1860.

La Q. B.
Archivo Pedro de Vicente

En 1868, el prelado ofreció mejorar y ensanchar la zona de acceso cediendo terreno junto al lavadero. El maestro municipal, Manuel García, acompañado de la comisión de Ornato, marcó la línea de casas existentes en la parte opuesta, dejando una calle de nueve metros con ochenta centímetros para facilitar el tránsito, aún en días de gran concurrencia.

La Q. B.
Archivo Pedro de Vicente

En cuanto al fuerte, el Ayuntamiento adoptó la solución de siempre: sin fondos para la reconstrucción, aprobaron demolerlo y utilizar sus escombros para rellenar el foso; dejando la explanada que antiguamente había. Los escombros restantes, pagarían los gastos de demolición.

La Q. B.
Colección Celia Senén.

Por motivos que desconozco el acuerdo no se llevó a cabo; pues a comienzos de 1873, Atanasio García Cubero, sobrino del obispo, se quejaba del espolón que formaba el baluarte, obstruyendo el paso en el camino a la ermita de San Antón. Solicitaba demolerlo, visto su mal estado, y utilizar la piedra obtenida (seguramente para mejorar el edificio de la Q.B.).

En 1880 el Fuerte de San Fernando, contiguo a la pared del huerto de los dominicos, fue demolido. El obispo Cubero falleció un año después, quedando la propiedad de la Q.B. en manos de su sobrino, Atanasio García Cubero, quien ya la administraba anteriormente.

La Q. B.
Archivo Pedro de Vicente

En cuanto a los terrenos resultantes del derribo del fuerte, pasaron a una nueva sociedad, formalizada en 1893 con el nombre de “La Luz”. Era el emplazamiento que buscaban para instalar sus generadores, alimentados por combustible. Atanasio, alcalde por esas fechas, apalabró el solar por 7000 pesetas con el presidente de la mercantil, Diego Roca de Togores.

Huerto del Colegio de Santo Domingo.
Al fondo la Fábrica de la Luz.
J. David photography, París. (1.901).
Colección Jesús R. Tejuelo.

En abril de 1894, las notas municipales dejan constancia de que la fábrica de la luz estaba ya instalada en el sitio de la Batería de San Fernando, en San Antón. Cumplida esta función, fue donado gratuitamente al Ayuntamiento en noviembre de 1927, por la sociedad Eléctrica Wandosell. Para saber más de la fábrica de la luz, pinchad la siguiente imagen.

Fábrica de insecticidas Q.I.S.A.
Enlace al artículo

La primera intención municipal, fue convertirlo en Cuartel de la Guardia Civil; pero no hubo fondos. Acabada la Guerra Civil, pasó por las manos de las monjas dominicas en una permuta municipal. Luego se convirtió en la fábrica de insecticidas QUISA (Química Insecticida Sociedad Anónima).

Su última función, mucho más lúdica, fue albergar la discoteca “Momentos” tras una profunda reforma. Demolida en los años noventa, el terreno fue absorbido por el vecino colegio en una polémica cesión municipal.

En cuanto a la finca de Cubero, con su impresionante edificio historicista, en el verano de 1898 se anunciaba como baños públicos en la prensa local:

«Nuestro respetable amigo y suscriptor D. Atanasio García Cubero, ha instalado en su finca, la Q B, situada frente a la fábrica de la luz eléctrica, un establecimiento balneario que reúne inmejorables condiciones, según verán nuestros lectores en el anuncio.»

«BAÑOS DE LA Q B. Quedarán abiertos al público desde el día 1° de julio del presente año 1898 en la finca «La Q. B.» con las aguas alumbradas por el renombrado médico D. Carlos Bianchi, en el rincón de San Antón, a los precios siguientes: Un baño en balsa de familia y pequeña, 0,75 cénts; por abono de nueve, 6 pesetas.  Un baño y ducha 1’25; por abono de nueve 10 pesetas. Los baños medicinales pagarán además lo que cuesten los ingredientes que se empleen. No se darán ninguna clase de ducha ni prepararán baños medicinales sin previa autorización de un facultativo. Los baños estarán abiertos desde la salida del sol hasta las diez de la noche. No se dará ningún baño sin la entrega del billete, que se expenderán Hostales 30 y en la finca «La Q. B.». El establecimiento pondrá carruaje a domicilio a 0’25 cénts., por asiento, ida y vuelta.»

La Q. B.
Archivo Pedro de Vicente
La Q. B.
Colección Javier Sánchez Portas.

También albergó una fábrica de cáñamo como podemos comprobar en el siguiente anuncio. Después de la Guerra Civil, la Q.B. pertenecía a Carolina García Murphy, hija de Atanasio.

Gracias a la escritura sabemos que la Q. B. estaba compuesta por treinta y seis tahúllas de tierra en blanco «aguirnaldadas» con palmeras. Con casa, cuadra, balsa de cocer cáñamo, noria, casilla, salón dedicado al baño y un lavadero, que por aquellas fechas ya estaba semirruinoso.

Contaba con riego del Azarbe de las Fuentes, por medio de acenia y aprovechamiento del agua que nacía de un manantial situado en media tahúlla que lindaba con la sierra, en el camino de San Antón, cerca de la tapia del colegio que fue convento de dominicos.

La Q. B.
Archivo Pedro de Vicente

Demolido el edificio y convertido el solar en plaza de la QB, en marzo de 1987 se colocó un busto fundido en bronce conmemorando el 45 aniversario de la muerte de Miguel Hernández.

Archivo La Verdad

Dos apuntes más del siglo XIX: En 1878, el Ayuntamiento estudiaba plantar una alameda en San Antón, buscando el sitio más adecuado para llevarla a cabo y poder hacer en ella el mercado de ganado.

En septiembre de 1890, una sociedad murciana adquirió el molino de vapor sito en el paseo de San Antón. Comenzaron moliendo pimentón; pero la sociedad, dotada de gran capital como sucursal de una fábrica establecida en Murcia, se proponía surtir de harinas a toda Orihuela y a los pueblos de la Vega. José Luciano Botá, en representación de León Marín Baldó (vecino de Murcia) solicitó construir en terreno de su propiedad, junto al citado molino, un pabellón adosado de planta baja y un piso; con fachada lateral en dirección al muro de cerramiento del huerto de Santo  Domingo.

El Balneario de San Antón.

Grabado del balneario en todo su esplendor.
Diario Orcelitano
Julio de 1904

«Al salir de Orihuela por la antigua puerta de Santo Domingo, dejando a la izquierda el monumental edificio que fue Universidad, se entra, doblando a la izquierda, en la carretera, de Alicante, que bordea en unos doscientos metros el antiguo fuerte de San Fernando, a cuyo final, girando otra vez a la izquierda, por delante de la fábrica de electricidad “La Luz”, se llega a la calle única de la barriada de San Antón, doblada en ángulo recto, cuyo vértice mira al Suroeste, y cuyos lados, el más corto es de 70 metros y el más largo de unos doscientos metros hasta la ermita de San Antón, se extienden por delante y a unos 6 u 8 metros de la sierra del Castillo, levantándose entre ésta y este lado del ángulo que forma la calle, principal y como al medio de la misma, el edificio de los Baños de San Antón, con una distancia total de Orihuela de 350 metros.»

«Esta situación tan ventajosa del rico venero de las aguas minero-medicinales proporciona al establecimiento fresca y amplia sombra que le da la sierra del castillo, situada a su espalda, desde las primeras horas de la tarde en el estío, estación en la que casi siempre reina la suave brisa del Levante. Por estas razones el camino de los baños conviértese en paseo todas las tardes, por resultar un agradable sitio de recreo el «Balneario» separado de la carretera de Alicante por extensos bosques de palmeras.»

Palmeral y baños de San Antón.
Clisé de Pablo Correu y Cama
Gentileza de Esteban Sanmartín Alonso

El texto anterior es obra del médico y escritor Justo Lafuente Esquer. Forma parte de un lujoso panfleto publicitario del balneario de San Antón, un establecimiento que revolucionó el barrio durante varios años.

Al mismo tiempo que Atanasio García abría los baños de la Q. B., los hermanos Antonio y Alberto Iborra Martínez proyectaban algo más ambicioso: un auténtico y moderno balneario de aguas medicinales.

La primera noticia de carácter municipal data del verano de 1899, cuando solicitaron al Ayuntamiento utilizar unos terrenos del común en San Antón, junto a los Baños de Hombres. Pretendían plantar unos eucaliptos a dos metros de la fachada.

«Lindando con el edificio que han construido en la Barriada de S. Antón para balneario, existe un trozo de terreno de unos setenta metros de largo por doce de ancho, al parecer, perteneciente al común de los vecinos (…) en cuyos terrenos se depositan inmundicias y materias orgánicas en descomposición que producen malos olores de que se resienta la salud pública, ofreciendo además a la vista del espectador un aspecto repugnante; y con el objeto de hacer desaparecer aquel foco de infección y hermosear en lo posible tan ameno sitio y a fin de evitar que en lo sucesivo se depositen aquellas inmundicias solicitan de la Exma. Corporación se sirva concederles a perpetuidad el mencionado trozo de terreno para llevar a efecto la mejora  que tratan de realizar en aquel sitio.»

La comisión de ornato recomendó la cesión. Consideraban la obra digna de elogio. En su informe explican que los hermanos Iborra quieren hacer un muro para cercar el terreno solicitado y convertirlo en un paseo dotado de eucaliptos y otros árboles,«para solaz y esparcimiento del público en general y de los bañistas en particular En la transformación de la parcela eliminaron también dos pequeñas balsas para curtir pieles.

Como ya he dicho, el proyecto era más ambicioso que unos simples baños. El concepto balneario era una notable innovación con fines curativos y profilácticos. El avance de los análisis químicos en el siglo XIX permitía conocer la composición de las aguas y, según sus características, recomendarlas para los problemas respiratorios, reumatismos, molestias gastrointestinales, enfermedades venéreas, afecciones de la piel…

«El Oriol», mayo de 1900: «Adelantan los trabajos que los hermanos Sres. Iborra están haciendo en el balneario de San Antón. Consisten estos en una amplia galería que de acceso a un baño-piscina para señoras. Es de aplaudir el empeño en que por servir a su numerosa clientela, muestran dichos señores. Mucha suerte.»

Para ayudar en el proyecto de mejora del barrio, el Ayuntamiento enviaba las ruinas de los derribos que se producían en la ciudad al camino de San Antón; pasando posteriormente «el rulo municipal». A los vecinos les pareció muy bien esta disposición; pero pidieron que la ruina no cayese dentro de sus propiedades, linderas con el camino, pues les causaba graves daños.

El Palmeral de Orihuela

«El Oriol, agosto de 1900: «El balneario de San Antón se ve cada vez más concurrido y los triunfos de sus aguas en las afecciones de la piel y reumatismos son cada día más patentes. Enhorabuena a los propietarios, Sres. Iborra Hermanos.»

«La Comarca», agosto de 1903: «Cada día aumenta el número de bañistas que acuden a probar los beneficios de las salutíferas aguas del balneario de San Antón. Dada la proximidad de dicho establecimiento, y de lo agradable que por aquellos sitios se hace un paseo, éste sigue concurridísimo por las tardes. De los pueblos cercanos acuden sin número de carruajes conduciendo bañistas.»

El balneario como tratamiento médico dio paso al baño como práctica de ocio en verano por puro placer. Los Iborra jugaban con los dos palos; aunque el asunto medicinal siempre fue el principal aliciente. Estas noticias publicitarias son todas de de 1904:

«Los Sres. Iborra han instalado tinas especiales destinadas únicamente para los señores que quieran bañarse por recreo, estando aparte las que utilizan los enfermos. Esta medida ha de resultarles muy beneficiosa.»

Las «tinas» del Balneario.
Colección Javier Sánchez Portas

«Nuestros estimados amigos los señores Iborra, dueños del balneario de San Antón, no omiten gasto ni sacrificio de ninguna clase para dar todo género de facilidades y beneficios al público que favorece diariamente su bien montado establecimiento. Dichas ventajas consisten en la rebaja que han hecho en la tarifa de precios de los baños de pila, ducha, balsa y demás servicios, lo cual hará que aumente el número de bañistas.»

«Desde el día 1º del presente mes de abril se halla abierto al público el establecimiento balneario de S. Antón de los señores Iborra hermanos. En el poco tiempo que se hallan funcionando en esta temporada estos baños, ya han realizado sus aguas tres curas maravillosas. Tres pacientes que sufrían enfermedades secretas y a los que prescribieron las antedichas aguas los facultativos D. Pedro Villalba, de Murcia, y D. Francisco Giménez, de Santomera, han marchado a sus respectivos pueblos completamente buenos.»

San Antón se había puesto de moda y la prensa no paraba de elogiar y publicitar el balneario como si se tratase de un fenómeno internacional.

«Indolentemente reclinado sobre la falda de la sierra en la que asoman sus negras bocas abandonadas minas, hállase el establecimiento balneario de aguas medicinales de S. Antón. La Naturaleza, parece que colocó expresamente en aquel sitió pintoresco, el manantial de agua curativa, para que los pacientes a la vez que con ellas encuentran la salud del cuerpo, recreen la vista con las delicias del paisaje y absortos en su contemplación, olviden por un momento sus dolores.»

El Palmeral desde el Balneario.
Colección Javier Sánchez Portas
.

«Enfrente del establecimiento y al otro lado de la carretera que hay junto a la puerta, se extiende un espeso palmeral cercado. Los vientos suaves imprimen movimientos ondulantes y voluptuosos a las verdes palmas. A la izquierda y sobre una eminencia breve y respaldada por la sierra, levántase la pequeña pero blanca ermita de S. Antón.»

«A la derecha, la prolongación de la carretera que a la ciudad conduce orillada de modestas casitas y al extremo de ellas, el edificio fábrica de luz eléctrica con su chimenea en cuya boca asoma negro penacho de humo, en la hora de encender las enormes calderas. A la espalda, la montaña que semeja ciclópea pantalla que mitiga los ardores del sol de julio. A la puerta del balneario, numerosos agüistas de ambos sexos, charlan de todo, en tanto esperan se desocupe la marmórea pila en donde han de bañarse, o la ducha, o el vaporario, que han de utilizar.»

«Y este grupo, a medida que la tarde va declinando, aumenta con nuevos bañistas que llegan en numerosos carruajes o a pie, polvorientos y sudorosos, con la piel lustrosa por la transpiración, pero que al breve rato salen de los espaciosos cuartos donde se dan la ablución cotidiana, remozados, confortados y refrescados.»

«Como la nombrada curativa de aquellas aguas ha corrido en alas de la fama en vertiginosa carrera, toda la península Ibérica, y el extranjero, no es extraño, escuchar pronunciación catalana, gallega, andaluza, vascongada, valenciana etc.»

«Entre los que frecuentan el establecimiento sí que también se oye alguno que otro extranjero que chapurrea nuestro idioma para expresar en él sus ideas, y es de notar, que cuantos visitan esos baños, y toman sus aguas, a los pocos días se deshacen en elogios de sus propiedades medicinales y de la rapidez con que sienten aliviarse sus dolencias los que las sufren. Dice el refrán, que cada uno habla de la feria, según le va en ella, pero a los que toman las aguas de los baños de San Antón, a todos les va bien, y bien hablan de ellos cuantos la prueban.»

«Como que además de la virtud de curar, la temperatura del agua de los baños de los señores Iborra hermanos, tal y como sale del abundante manantial, es agradabilísima en la actual estación, son numerosísimas las personas que concurren a tomar baños de placer y en este concepto, aún resulta más agradable el estar en aquel ameno lugar, porque los encantos de la naturaleza, son realzados y en no pocas ocasiones eclipsados por la belleza de nuestras paisanas.»

«Los baños de San Antón, serán con el tiempo a no dudarlo, (y ya empiezan a serlo) un elemento de riqueza para Orihuela; por eso los oriolanos debemos de mirarlos con atención y cariño y procurar en cuanto sea posible y esté de nuestra parte ayudar a sus propietarios, para que los constantes sacrificios que realizan no sean (que no lo serán) infructuosos y pueda esta ciudad llegar a ser una estación balnearia, como las más importantes de España, ya que para ello se cuenta con los necesarios elementos.»

Baños de San Antón

En poco tiempo, el balneario de San Antón estaba consiguiendo en el barrio, un efecto parecido al que en su tiempo produjo la ermita. Así lo afirma el siguiente artículo, además de proporcionarnos una descripción de las instalaciones :

«Recordamos lo que era hace pocos años la barriada de San Antón: unas cuantas casas feas, de paredes derruidas, oscuras, estrechas, insalubres, donde se albergaban pobres gentes, desafiando toda clase de enfermedades. Después, en una de aquellas casas, junto a la falda de la montaña, se descubrió un manantial; se formó una balsa, cuyo primer poseedor la destinó a baños.»

«El agua brotaba de los peñascos en abundancia, clara, fresca, convidando en los calurosos días del estío a disfrutar de ellas, mitigando las molestias que nos causa la temperatura en la presente época, pero nada más.  ¿Quién había de decir que dichas aguas llevaban en sus componentes la salud, además, para muchos que buscan el remedio a sus males?  Y así pasó el tiempo: todos los años acudían allí las gentes, que no pueden permitirse otros lujos, y por una insignificante remuneración al dueño, entraban en la destartalada y viejísima casa, donde se refrescaban en la estrecha balsa.»

«El edificio lo formaban cinco piezas reducidísimas: una salita de descanso rodeada de puertecillas, que conducían a las tinas; a la izquierda de la entrada otra puertecilla donde se veía la herrumbrosa bomba, de que se valían para extraer el agua de la balsa general y llevarla a los aparatos de calefacción y de allí a las tinas; después la balsa o manantial resguardado por una baranda de hierro pintado de encarnado y como final, al fondo, un pasadizo con media docena de cuartos para desnudarse.»

«Esto era antes el hoy balneario de San Antón. Se notó al principio que muchos bañistas de los que tomaban por recreo aquellas aguas y que bien padecían del estómago y del bazo, úlceras varicosas y tórpidas etc. etc. notaban extraordinario y notable alivio en sus padecimientos a los pocos días de estar yendo allí. Mas luego se realizaron curas asombrosas en enfermedades de las vías urinarias, venéreas y sífilis.»

«La ciencia comprobó después por medio de detenido análisis, la virtud medicinal de aquellas aguas. Hoy aquella barriada se ha transformado. Los antiguos y modestísimos baños son un balneario con todas las exigencias, con todas las comodidades modernas que puedan encontrarse en los más renombrados de España.  Hermosa y espaciosísima balsa para baños de recreo, pilas de mármol para enfermos y para los que no estándolo quieran bañarse en agua templada, vaporarios, sala de duchas, pulverizadores, etc.»

«El paisaje donde está situado el edificio, ofrece agradable perspectiva. Se levanta en la falda oriental del monte, en cuya cumbre se conservan las ruinas del antiguo castillo romano, guardián de la vieja Orihuela.»

«La puerta del balneario está sombreada por una fila de árboles, que se extienden gran trecho, y al frente, el palmeral, hermoso bosque de palmeras. Puede irse allí sólo por disfrutar del panorama sentado a la puerta, así, a la caída de la tarde, cuando corre la brisa deliciosa embalsamada por los tomillos y florecillas del monte.»

«El balneario de San Antón tiene ya conseguida su fama: pero aún necesita más, necesita que nadie ignore, que sus aguas son extraordinariamente medicinales. Yo por mi parte, pienso nadar allí, sin calabazas.»

La cima del éxito y la fama internacional llegó en 1906 :

«Una importante casa francesa, la de Mr. Benoit, ha tomado en arriendo, por tres años, a los Sres. Iborra Hermanos, el balneario situado extramuros de esta población. Las aguas medicinales de dichos baños, son ya muy conocidas por su virtud contra las enfermedades venéreas y de la piel. Mr. Benoit piensa introducir en el Balneario de San Antón, importantísimas reformas: y hacer al mismo tiempo una propaganda activísima de dichas aguas. Orihuela está de enhorabuena.»

Balneario y manantial de San Antón.
Etiqueta destinada a Francia y Argelia.
Impreso por Pichot (París).

«Se ha presentado en el Gobierno civil de esta provincia una instancia suscrita por don Antonio y D. Alberto Iborra Martínez, solicitando obtener la declaración de utilidad pública de las aguas medicinales del balneario de San Antón, pidiendo también permiso para vender dicha agua embotellada.»

«El Gobierno acaba de reconocer por medio de una real orden la utilidad pública de estas aguas por sus asombrosas virtudes curativas. Orihuela pues cuenta con un balneario que no tardará mucho en proporcionar pingües ganancias a la industria y al comercio orcelitanos.»

“Se ha recibido en esta ciudad una expedición de 10.000 botellas, que serán llenadas inmediatamente de agua del balneario de S. Antón para remitirlas a las principales ciudades del extranjero. Figura en las etiquetas un grabado del delicioso paisaje donde se asienta el edificio del balneario, bajo el rótulo de «Orihuela, aguas mercuriales, únicas en el mundo». La concurrencia de bañistas forasteros es cada vez mayor y el crédito de tan portentosas aguas medicinales comienza a extenderse por toda Europa, con lo cual Orihuela gana mucho”.

«Los baños de San Antón situados extramuros de esta ciudad, acaban de ser declarados de utilidad pública por medio de una real orden. La noticia, como hijos de Orihuela que somos, nos complace mucho. Aquellos baños mal encerrados en un viejo y ruinoso casetón antes, se han convertido ahora en hermoso y bien servido balneario, adorno de aquel sitio amenísimo. La constancia y los desvelos de los hermanos Iborra han tenido su recompensa. Orihuela, dotada, de un clima delicioso y de una vega fecundísima, cuenta con una riqueza más para repartir entre los humildes laboriosos.»

En 1907 se reconocían unánimemente el trabajo de los hermanos Iborra, que habían convertido los antiguos baños de San Antón en un excelente balneario a la altura de los más renombrados de España. Como prueba de la categoría del barrio, en febrero de ese mismo año, el Ayuntamiento aprobó que en el llamado “Barrio de San Antón”, desde la fábrica de la luz eléctrica hasta a la ermita del santo, se titulase calle de San Antonio Abad.

Si antes he comparado la función regeneradora del balneario con la de la ermita en otro tiempo, las facultades curativas de sus aguas, a decir de los periódicos y los científicos de la época, tampoco tenían nada que envidiar al pan bendito del propio San Antonio Abad. Leed si no este increíble artículo publicado en mayo de 1911:

«EL BALNEARIO DE SAN ANTÓN. A pocos pasos de la hermosa ciudad que baña el Segura, y al pie de la sierra del castillo; existe desde tiempo inmemorial un manantial de agua de paladar ligeramente salino, al que los habitantes de la comarca atribuían propiedades extraordinarias para la curación de determinadas enfermedades.»

«Su fama, cada día más creciente, pregonada en todos los tonos por los que en dichas aguas no solo habían encontrado alivio a sus dolencias, sino completa curación, movieron a sus propietarios a aclarar las propiedades medicinales de aquellas; y prestando así un gran servicio a la humanidad doliente, y sin titubear en el éxito de la empresa, remitieron hace poco tiempo al eminente y químico y sabio profesor de la Facultad de Medicina de París doctor Pouchet, y  previas las necesarias precauciones de lacrado, taponamiento y lavado, cantidad suficiente de aguas, para verificar análisis detallados y concienzudos.

«Practicados estos, el éxito ha sido maravilloso, pues entre los elementos reconocidos «cualitativamente», se ha encontrado el mercurio y también el ácido azótico, arsénico, litio, manganeso y boro, con exclusión absoluta de cobre.»

«Este resultado, y la presencia del «radium» en cantidad suficiente para ejercer su acción terapéutica,  demuestra de modo elocuente, que las aguas minero-medicinales de San Antón, pertenecen a las cloruro sódicas, bicarbonatadas magnésicas y bicarbonatadas sódicas, de maravillosos resultados para la completa y radical curación de la sífilis, cuyo micro organismo productor, destruyen completamente,  y de gran influencia por su notable poder antiséptico en las dermatopatías de origen infeccioso y en los efectos catarrales endometríticos por su acción sobre los gonococos y en todas las afecciones del aparato digestivo y catarros intestinales, por lo que sin incurrir en exageraciones debemos proclamar como “únicas aguas mercuriales en el mundo” a las mineromedicinales de San Antón de Orihuela.»

«Tan excelente resultado que supera todas las esperanzas concebidas, ha sacado de su inacción a los propietarios del manantial, quienes han construido un sólido y confortable edificio-balneario, con todas las dependencias propias de esta clase de establecimientos, y tratan por todos los medios de darlo a conocer al público, a cuyo efecto tino de estos días pondrán en circulación y profusamente, un elegante y bien escrito folleto, que contiene entre otros detalles verdaderamente útiles, referentes al balneario, la opinión de gran número de médicos notables que relatan infinidad de casos, en que enfermos desahuciados por la ciencia, han encontrado su completa curación, usando en baños, lavado y bebida, — según los casos — las prodigiosas aguas mercuriales de San Antón.»  

«La eficacia de dichas aguas para la curación radical de las enfermedades de la piel, ha sido comprobada hace muy pocos días por uno de nuestros redactores,  que encontrándose en Orihuela padeciendo hacía tres meses, de una granulación infecciosa espantosa en cuello, piernas y brazos, que le impedía todo movimiento, consiguió su restablecimiento total, con sólo aplicar a las partes doloridas, durante tres días, algodones empapados con aquellas aguas.»  

«Este caso y muchísimos más notables y de gran resonancia, que continuamente se consiguen, y que en Orihuela y pueblos inmediatos, son del dominio público, nos mueven a recomendar a nuestros lectores con todo interés las aguas de San Antón, en la seguridad de que aquellos que padezcan enfermedades de las indicadas, y acudan al repetido Balneario, nos agradecerán haber leído estos mal hilvanados renglones, que son débil demostración de gratitud de un paciente, que a las aguas mercuriales de San Antón debe su actual y excelente estado de salud.»

Balneario y manantial de San Antón.
Etiqueta nacional

La propaganda era brutal. Aquellos jóvenes emprendedores (Antonio Iborra no había cumplido diecisiete años cuando arrancó el balneario) habían montado seguro y lucrativo negocio para ellos y una fuente de riqueza para el barrio y la ciudad.

De los hermanos Iborra Martínez, Antonio se casó con Elisa Lidón Ballesta en febrero de 1912. Dos años después falleció Alberto, en octubre de 1914, víctima de rápida y traidora enfermedad. Tenía cuarenta y nueve años.

La publicidad de la década de 1920 seguía recomendando aquellas aguas para curarlo casi todo «las enfermedades del estómago, el herpetismo, los infartos del hígado y del bazo, las úlceras varicosas y tórpidas, los catarros crónicos, y otras enfermedades que exigían el empleo de mercurio

Como nota curiosa citar que, en enero de 1919, el propio Joaquín Sorolla comió en los Baños de San Antón por cuenta del Ayuntamiento cuando visitó Orihuela. Os dejo un enlace al artículo que narra dicha visita.

Enlace a crónica de la visita de Sorolla.

Los años pasaron; las modas y los gustos cambiaron. Mediados los años veinte, coincidiendo con la Dictadura de Primo de Rivera, la gente de posibles buscaba el ocio, el sol y los baños de placer en la costa.

El balneario de San Antón volvió a su función de simples baños al alcance de la gente humilde. Antonio, concejal y teniente alcalde de Orihuela, falleció en mayo de 1930, con sólo cuarenta y ocho años.

Parece ser que las propiedades salutíferas del manantial, solo funcionaron con su viuda, Elisa Lidón, quien vivió muchos años más regentando las instalaciones como «baños de San Antón» hasta los años cincuenta.

La fiesta romería de San Antón.

El Pueblo
Edición N. P. Jesús

Como en todas las ermitas, una vez popularizado el santo, la ciudad acabó acudiendo en romería a pedir sus favores una vez al año, durante su fiesta. Erradicado el “fuego de San Antón”, las virtudes del santo eremita pasaron de medicina a veterinaria; encargado de proteger y sanar a los animales.

Vamos a conocer la fiesta de San Antonio Abad dos épocas diferentes; con dos siglos de diferencia. Montesinos la describe así en el siglo XVIII, cuando estaban los antonianos:

«Todos los años se celebraba la Fiesta del Sto. Patriarca Antonio en su propio día 17 de enero por la ¿Reverenda? corta Comunidad, con asistencia del Clero de la Catedral; todo a sus expensas y de innumerables devotos que llevaban muchas ofertas de cera, aceite, harina, cerdos pequeños y dinero. Misa Mayor, que celebraba un Cura teniente, y Sermón Histórico Panegírico. A la tarde había fiesta con la música de la Cathedral…»

Romería de San Antón en 1907.
Archivo ABC

«En dicho día se sorteaba a las seis de la tarde un “serdo gordo y grande”, del valor de unos 25 o 30 pesos; del que sacarían sobre 200. En todo su recinto, por mañana y tarde, se celebraba “porrate” general (porrat: feria celebrada bajo la advocación de un santo en su ermita o santuario) en el que se vendían todas las cosas imaginables, al más delicado gusto, como eran turrones, confituras, blancos, perniles, longanizas, dátiles, uvas, cardos, naranjas, garbanzos, avellanas; había besamanos, paseo público, carreras de caballos muy bien enjaezados y compuestos; y sobre tres mil personas que concurrían a tan plausible función, a tomar el Pan bendito y a adorar la Sagrada Reliquia del Santo Glorioso, a cuyo eremitorio llevaban los molineros, arrieros y labradores sus bestias; y les daban tres vueltas por su derredor y comían el pan bendito…»

Esta otra es del «El Día» en 1888:

«La tradicional fiesta que todos los años se celebra en San Antón ha satisfecho por completo en el presente las aspiraciones de los concurrentes a tan popular romería. Un gentío inmenso invadía por completo desde las primeras horas de la mañana aquellos sitios; las crestas de elevadas rocas se veían también coronadas de gentes que en amigable consorcio habían concertado una gira en el monte, y esperaban con ansia fuese llegada la hora de devorar el suculento y bien condimentado arroz con costra, propio y exclusivo de este país».

«La pequeña ermita donde se venera y presta religioso culto a San Antonio Abad, no podía albergar más personas; aquél reducido santuario se hallaba por completo invadido de fieles que iban a escuchar de labios del eminente orador sagrado D. Andrés Die, la biografía del Santo».

«Excusamos decir que fueron infinitos los puestos que ocuparon los vendedores exponiendo al público el objeto de sus mercancías, y tenemos que consignar con satisfacción, que el laborioso e inteligente industrial D. Joaquín Reymundo, colocó un precioso kiosco, obra exclusiva de su reconocido ingenio, en donde se servían toda clase de exquisitos dulces y riquísimas pastas».

«Amenizó en la tarde tan bulliciosa fiesta la banda municipal, tocando con fruición bonitas y escogidas piezas de su repertorio. Los vendedores, según hemos oído decir a personas autorizadas, hicieron buen negocio, y la rifa del cerdo, como todos los años, alcanzó un gran contingente. Al sujeto que ha correspondido en suerte el cerdo rifado, se llama José García».

Y esta de prinncipios del siglo XX:

«Luciendo el sol a ratos se celebra la romería a la ermita de San Antón. Un gentío inmenso desfila por aquellos alrededores. Los confiteros y los dueños de carruajes de alquiler hacen su agosto en pleno enero. De los pueblos de la comarca viene bastante concurrencia».

Romería de San Antón a principios del siglo XX.

«Por la mañana dan las caballerías las tres vueltas de costumbre al santuario, después de las cuales los jinetes adquieren rollos del Santo. En las laderas del monte, numerosas familias cantan, corren y se divierten aguardando la hora de comer la clásica paella, guisada al aire libre y condimentada con las más honestas y efusivas expansiones de la alegría».

«Abajo, entre una doble fila de confiteros bien provistos de las bolas de rigor, de vendedores de dátiles, torraos, turrón de panizo y otras golosinas, avanzan los labriegos, quienes después de visitar al Santo, ponen sus cédulas para la rifa del cerdo».

«A primera hora de la tarde suena el acelerado tintineo de los carruajes de alquiler que llegan rebosantes de gente de la ciudad. La banda municipal se sitúa en la puerta de la ermita, ejecutando bonitas composiciones de su repertorio. Pasa la tarde entre música y paseos. Romeros de toda edad y categoría entregan a sus Julietas, como simbólica muestra de adhesión y constancia, las pesadas de bolas».

Romería de San Antón a principios del siglo XX. Colección Antonio Miravete.

«San Antón, las cinco y con sol, dice el refrán; y hasta las cinco no comienza el rápido desfile. Cuando el sol se pone, pliegan sus tenderetes todos los vendedores, recogen las mercancías sobrantes (que han de servir en la fiesta de San Sebastián)».

«Muchas familias pasan el día de gira en el monte y las casas de comidas que por allí cerca se establecen tienen buena venta. Al oscurecer, nadie queda en las cercanías de la Ermita, salvo un corto número de curiosos que asiste a la extracción de la cédula premiada en la rifa del cerdo. Esa es a grandes rasgos la Romería de San Antón».

Por último, vamos a terminar como empezamos, con Julio López Maymón, hablando de la romería y de la rifa, en 1925:

«Es en verdad un acontecimiento oriolano la romería del 17 de Enero, todos los años a San Antón. La Ciudad se traslada, vestida de fiesta al indicado paraje, tan triste y solitario de ordinario; allí se rinde culto a la piedad visitando la Ermita; a la tradición, apuntando la «séula», en las muchas mesas instaladas al efecto; a la costumbre comprando la pesá en los puestos, que en larga fila se extiende, dibujando el camino ligeramente encuestado, que conduce a la explanada llena de gente jubilosa.»

Romería de San Antón.
Juan Fenoll Villegas.

«Antiguamente,  junto al vallado del huerto de palmeras, vecino de la Q. B, se congregaban los carruajes y troncos de lujo. La huerta, indumentada con el vestido típico, con la «ropica» sacada del arca de madera blanca que huele a peros, concurría a oír la Misa que canta la Parroquia del Salvador y el sermón donde se predican las gloriosas «hazañerías» del Santo Cenobita; y después a que las caballerías reciban la bendición y que coman los rollicos mezclados con los piensos.»

«Cuadro de tonos de luz y ráfagas de vida. Acervo de recuerdos de edades y de seres. Día de transformaciones se oye Misa como si fuese día dominical; no se trabaja… cual si estuviésemos en Domingo…; y hasta en la casa más pobre, el yantar es típico… ha de ser; así… el arroz y costra… y las bolas… y el palmito… y el turrón de «paniso» y el de alegría….»

Programa de Fiestas 1985.
San Antón
.

«La rifa dio comienzo en el año 1840, o sea hace ochenta y cinco años; era superintendente don Tomás Veas, Racionero. Con los ingresos se blanqueó la fachada del edificio, se compusieron ornamentos sagrados y otras mejoras; sobraron 436 reales y 21 céntimos que se invirtieron en celebrar Misas al fuero de dos pesetas con cincuenta, céntimos…»

«Todos hemos puesto y seguimos poniendo nuestra «seula al cochino»; no puede concebirse esta fiesta sin esta rifa. La suerte adjudica al puerco, y con lo que rinde el ingreso de ella descontando gastos, se atiende al culto del santo y a la conservación de la casa célebre del santero, y hospedería de los frailes, y hoy habitación del Capellán, y departamento oficial para el señor de San Antón».

La cerda de San Antón.
Manuel Rodríguez.

«Rogar a Orihuela, que siga como hasta aquí, prestando su concurso a esta fiesta tradicional; que el culto a las costumbres de nuestros padres, a las tradiciones de nuestros mayores, es el culto santo a la Patria chica.»

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba)

Un servidor, mi hermana
y mi prima, en San Antón

Bibliografía: «De la Fiesta de San Antón», rebusco tripartito de Julio López Maymón (1925); «Orihuela imaginada, la ciudad en los siglos XVI y XVII» de José Ojeda Nieto; «Compendio Histórico Oriolano» de Joseph Montesinos. «Insalubridad y bonificaciones de almarjales en el Bajo Segura antes de las Pías Fundaciones de Belluga», de David Bernabé Gil.

Archivo Municipal de Orihuela, Libros de Actas; Archivo Histórico de Orihuela, Protocolos; Biblioteca Virtual de Prensa Histórica: El Pueblo, El Oriol, El Diario de Orihuela, El Oriolano, La Comarca, La Crónica, El Día, La Huerta, El Diario Orcelitano, El Social, El Obrero.

Mi agradecimiento a José María Penalva y a José Manuel Dayas.

Y se hizo la Luz

Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.

Y se hizo la Luz

A mediados del XIX los mecheros de gas desplazaron a las obsoletas velas de cera y a los quinqués de aceite o queroseno.

Sin tiempo para consolidar su difusión por toda España, en el último cuarto de siglo llegaba una nueva y revolucionaria tecnología: la electricidad.

Farol de queroseno.

Al igual que ocurrió con el gas, la ciudad pionera fue Barcelona, donde se creó la primera central eléctrica en 1875. Diez años después se publicaba el primer decreto para regular las instalaciones.

La implantación de este tipo de alumbrado público aportaba mucho prestigio a los municipios. Para la sociedad de la época la llegada de la luz eléctrica significaba formar parte de las ciudades más modernas.

Aun así, el alumbrado eléctrico quedó en manos de la iniciativa privada, compitiendo inicialmente con las empresas de gas.

Por toda España se crearon multitud de sociedades que afrontaron los riesgos derivados de una tecnología incierta y precaria.

La lista de usuarios era muy reducida. Sólo comerciantes y ciertas familias acomodadas podían permitirse pagarla.

Por ello, el interés de las primeras distribuidoras se centró en el alumbrado público, un mercado relativamente seguro, a pesar del lamentable estado financiero de los ayuntamientos.

La intervención municipal quedó limitada a la concesión de los permisos de construcción y las licencias para el tendido de cables y alambres aéreos que alimentaban faroles dotados de un arco voltaico con electrodos de carbón.

Como es lógico, las primeras empresas centraron sus esfuerzos en las grandes ciudades buscando la rentabilidad.

El resto de localidades tuvieron que conformarse con modestas instalaciones creadas generalmente por emprendedores locales.

Estas pequeñas centrales llamadas fábricas de luz funcionaban con máquinas alimentadas por combustible, produciendo un fluido de baja tensión y corto alcance.

Central eléctrica siglo XIX.

La primera empresa eléctrica oriolana se creó en la primavera de 1893.

El 23 de marzo ante el notario Pedro Turón Lozano se formalizó la escritura de una nueva sociedad mercantil llamada “la luz” con un capital social de 100.000 pesetas.

Su fundamento era la producción de electricidad para alimentar el alumbrado público y particular de Orihuela.

Su primer objetivo, buscar un emplazamiento apartado y a la vez cercano para instalar la central eléctrica o fábrica de luz; un molesto edificio con voluminosos generadores alimentados por combustible y una gran chimenea para extraer los gases que producían.

Y lo encontraron en el Partido de San Antón.

Etiqueta de las botellas del Balneario y manantial de San Antón. Archivo Carmelo Illescas Pérez

En mayo Atanasio García Cubero, alcalde por aquellas fechas, establecía un contrato verbal con su presidente Diego Roca de Togores para venderle una finca urbana que contaba con dos casas con los números 16 y 19 de policía.

Contaban con algo más de cincuenta metros cuadrados cada una; a lo que había que añadir un trozo de terreno inculto que lindaban a levante con el llamado fuerte de San Fernando, a sur y poniente con el que fue huerto de los dominicos y al norte con el Camino de San Antón.

Archivo Celia Senén.

En mayo de 1894 comenzaron las pruebas en la “fábrica de la luz” utilizando focos de diferentes intensidades con resultados brillantes.

El lunes 21 del mismo mes el obispo Juan Maura otorgó su bendición a las instalaciones y puso los nombres de “María de Monserrate” y “Roca de Togores” a aquellas máquinas que iban a hacer de la noche, día.

Obispo Juan Maura y Gelabert. Retrato autógrafo.

Los inicios fueron costosos y muy complicados, dejando el servicio mucho que desear.

Durante  todo el verano se sucedieron las quejas por incumplimiento del pliego de condiciones: el fluido era escaso; faltaban guías; en las calles estrechas habían sustituido las prometidas lámparas de dieciséis por otras de diez;  y para colmo, a la una de la madrugada la ciudad quedaba totalmente a oscuras.

A pesar de todo para la feria de aquel año se alquilaron las casetas con un suplemento de cinco pesetas por suministro e instalación de luz eléctrica; aunque para ello se suprimió el fluido en los sitios “más apartados y menos transitables de la población”.

Charles Clifford. Orihuela. Vista general de la ciudad 1862. Colección Javier Sánchez Portas.

Ante la falta de recursos para cumplir con el pliego de condiciones, el 31 de Marzo de 1895 la Junta General de Accionistas acordó ampliar el capital social en 70.000 pesetas, emitiendo 140 nuevas acciones al precio de 500 cada una, lo que permitió que modestos ciudadanos participasen con los mismos derechos y deberes que los socios fundadores.

El 27 de octubre de 1897 Alejandro Roca de Togores y Pérez de Meca, militar retirado, acudió al notario como representante de la sociedad para comprar la finca apalabrada por 7.000 pesetas.

Atanasio García, ya desposeído de la vara municipal, se reservó la propiedad de las aguas y el derecho de entrada al nacimiento, cuyo uso concedió a “La luz”.

La «fábrica de la luz» San Antón.

Finalizando la centuria, la sucesión de inventos provocaron multitud de cambios. Las lámparas de arco fueron sustituidas por novísimas bombillas incandescentes más baratas y fiables.

Otro adelanto decisivo lo aportó Tesla con la corriente alterna, permitiendo transportar la energía a largas distancias.

Poco a poco se fue popularizando el uso de la electricidad en domicilios particulares, aunque seguía siendo un lujo demasiado caro.

Huerto del Colegio de Santo Domingo. Al fondo la «Fabrica de la Luz». J. David photography, París. Fechada el 2 de septiembre de 1.901. Colección Jesús R. Tejuelo.

A principios del siglo XX la mercantil oriolana estaba al borde de la ruina. El gasto en consumo de combustible para sus máquinas superaba el importe de las cuotas abonadas por los clientes.

El director técnico, apellidado Gandía, dictaminó que la causa de este déficit era el “hurto de fluido”.

Y es que en principio no utilizaban contadores; la empresa concertaba un pago fijo con el consumidor en función del número y potencia de las bombillas contratadas, dando lugar a la picaresca:

Es sabido que los abonados de mala fe, en aquellos puntos donde no se emplean los contadores, se valen para intercalar más lámparas, de alfileres, trocitos de alambre o cualquier otro medio que les sugiere la malicia”.

Sin más comprobaciones la junta directiva acordó modificar los contratos sustituyendo el recibo de luz fija por el pago condicionado a un contador.

El problema radicaba en como adquirir los contadores en un momento en el que la sociedad carecía de recursos.

Publicidad de Sturges y Foley.

Decidieron vender cien acciones por el 65% de su valor a Sturges y Foley, unos británicos domiciliados en Madrid que distribuían maquinaria industrial y agrícola.

Con el dinero recibido adquirieron los contadores; pero en número insuficiente para cubrir a todos los abonados.

Esto generó una complicada situación en la que los recibos por contador llegaban a importar el triple que los que carecían de él.

Además, estos últimos, quedaban en condiciones de seguir defraudando a base de enganches ilegales.

Publicidad de Sturges y Foley.

En diciembre de 1901 las dificultades económicas se acentuaron; la sombra de la quiebra planeaba sobre “la luz”.

El principal acreedor era la citada sociedad Sturges y Foley, con un crédito de 60.000 pesetas asegurado por la escritura del edificio y su maquinaria. En caso de liquidación de la sociedad, los ingleses tenían las espaldas cubiertas; o eso pensaban.

Una de las cláusulas de concesión por parte del Ayuntamiento disponía que en caso de quiebra el material y cuanto comprendiese a la instalación quedaba a disposición municipal en concepto de propiedad.

Tras deducir los perjuicios que ocasionase la interrupción del suministro según los años transcurridos -habían firmado cincuenta-, abonarían el resto.

El asunto quedaba –utilizando las palabras de la prensa local- entre el interés de los ingleses y el de “los hijos de la Armengola”; y por supuesto, el Consistorio oriolano debía defender a la población por encima de los de los accionistas, por importantes que fueran.

La visita del Señor Sturges prometiendo remitir los contadores necesarios antes del mes de abril tranquilizó a la junta directiva; pero no a los pequeños accionistas.

Sobre todo cuando corrió la noticia de que estaban a punto de comenzar las obras de una nueva central  para establecer un moderno alumbrado eléctrico “de sol a sol”.

Molino de la Ciudad antes de las obras que lo convirtieron en central eléctrica. Sabiendo que dichas obras se realizaron entre los años 1902 y 1905, tenemos una imagen del siglo XIX, posiblemente la del primitivo molino edificado en el siglo XVIII. Colección Jesús R. Tejuelo.

El “Molino de la Ciudad”.

En noviembre de 1901 el acaudalado empresario Pío Wandosell compró un lote de  dieciséis fincas entre Orihuela y Murcia. Una de ellas -llamada «Molino de la Ciudad»- incluía un viejo molino harinero de cereales y pimentón con seis compuertas, seis ruedas motrices, seis muelas, seis soleras, seis tablas y lo más importante: un hermoso salto de agua.

Pío Wandosell Gil. 1910.

Molino de la Ciudad.

Ya he dicho que Tesla había revolucionado el transporte de fluido con la corriente alterna. Este descubrimiento permitía explotar recursos hidráulicos situados a cierta distancia del núcleo urbano.

Los generadores para alumbrado instalados en molinos se multiplicaron convirtiendo estas instalaciones en “fábricas de luz”; poseer un salto de agua cercano suponía una clara ventaja para competir en el mercado eléctrico aprovechando una energía gratuita.

Molino de la Ciudad. Colección Jesús R. Tejuelo.

Para contrarrestar el efecto entre los inversores, en Orihuela se hicieron correr rumores interesados anunciando que la energía hidráulica no sería suficiente para conseguir la fuerza motriz necesaria.

Wandosell los acalló con la visita de Gustavo Boetticher, cofundador de la sociedad “Boetticher y Navarro” y concesionario de la marca Siemens.

Este prestigioso ingeniero alemán, especialista en maquinaria para aprovechamiento hidroeléctrico, certificó la potencia de la central en quinientos caballos.

Pío Wandosell junto a Emilio Castelar y otros políticos del Partido Republicano Liberal.

Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.

Tan pronto tuvo en sus manos la escritura de constitución, don Pío lanzó a sus representantes a la búsqueda de abonados.

Mientras tanto, en la junta general ordinaria convocada el 9 de febrero de 1902 en los salones de la Unión Agrícola, los accionistas de “la luz” pedían la destitución de la directiva a la que exigían responsabilidades.

Sabían que la inmediata puesta en marcha del Molino de la Ciudad acabaría con toda esperanza de recuperación; así que lo mejor era salvar lo posible.

Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.

Las obras del molino comenzaron en 1902 y duraron tres años.

Aprovechando la situación y para eliminar la competencia, Pío Wandosell hizo una oferta de compra por todas las acciones. Pero no consiguió llegar a un acuerdo con los ingleses  Sturges y Foley.

Y decidió competir hasta aniquilar a los de “la Luz”.

Para evitar enemistarse con sus futuros clientes, mantuvo su oferta de compra a precio razonable de todas las acciones de modestos inversores oriolanos.

En 1908, la fábrica eléctrica “Molino de la Ciudad” se anunciaba en las guías arco con todos los aparatos y adelantos modernos.

Fábrica de luz eléctrica, propiedad del acaudalado minero y rico propietario de Cartagena, Pío Wandosell, el cual la ha montado donde se produce el fluido con todos los aparatos y adelantos modernos, en el sitio denominado Molino de la Ciudad, situado en medio de un bellísimo paisaje de la Puerta de Murcia, habiéndolo levantado de planta, y construido en el referido sitio un soberbio edificio. 1908.

Fábrica de luz eléctrica «Molino de la Ciudad». 1908.

Fábrica de luz eléctrica «Molino de la Ciudad». 1908.

Por fin,  el 2 de mayo de 1914, Pío Wandosell solicitó el traspaso del alumbrado público de la sociedad “La luz” al Molino de la Ciudad.

Pío Wandosell en 1911, Fundación Cajamurcia.

El Ayuntamiento, encabezado en esos momentos por su hijo Adolfo, exigió garantías de que la sequía estival o las inundaciones no iban a cortar el suministro.

José Ferrer Fuster, mecánico y constructor de maquinaria, certificó que disponían de dos motores de gas, suficientes para solucionar las posibles emergencias.

Y el traspaso le fue concedido.

Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.

Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.

Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas.

Molino de la ciudad. Antonio Ballester Vidal.

¿Qué pasó con el edificio de “La luz”?

En noviembre de 1927, la sociedad Eléctrica Wandosell cedió gratuitamente al Ayuntamiento el edificio de la antigua fábrica de la Luz. El Consistorio planteó la posibilidad de que el Estado dejase de contribuir con el pago del alquiler de la casa cuartel en la Casa del Paso, ofreciendo el edificio para ser destinado a la Guardia Civil.

En mayo de 1928, el teniente del puesto preguntó al alcalde si, antes de cinco meses, podían hacer las obras necesarias para ser ocupado. Como era habitual, el municipìo carecía de fondos y el proyecto nunca llegó a materializarse.

Casa del Paso. Colección Javier Sánchez Portas.

El 22 de octubre de 1931 el nuevo Consistorio republicano desarrolló una moción para su venta en las mejores condiciones posibles, “ya que no produce beneficio alguno y por el mal estado en que se encuentra”.

Se acordó que fuese tasado por el maestro de obras del Ayuntamiento para sacarlo a subasta. El asunto quedó paralizado y en septiembre de 1932 se ofreció de nuevo al Estado; esta vez para construir una nueva cárcel a cambio de convertir la de la Carretera de Beniel en matadero.

Tampoco prosperó la nueva propuesta.

La cárcel en la Carretera de Beniel.

En abril de 1937, tras ser valorado en 5.000 pesetas “debido a su estado ruinoso”, se anunció la correspondiente subasta para su enajenación. La misma tuvo lugar el 12 de junio y solamente concurrió un postor: Pascual Soriano Hellín, quien se hizo con él por la cantidad de 5.000 pesetas con 50 céntimos.

En el verano de 1939, finalizada la Guerra Civil, el consistorio falangista anuló la subasta del edificio alegando defecto de forma. Pascual Soriano, ultimo alcalde republicano, fue declarado en paradero desconocido (había huido en el Stanbrook);  y el edificio volvió a manos del Ayuntamiento.

El Stanbrook en el puerto de Alicante.

En marzo de 1940 el rector del Colegio Santo Domingo reclamaba la demolición de unas “obras realizadas por los rojos” en la antigua “fábrica de La luz”. Dichas obras  menoscababan la propiedad del huerto del colegio, colindante.

El Ayuntamiento había arrendado la antigua fábrica a la Sociedad QUISA (química insecticida S.A), fundada por Jesús Botella Brotóns y Eusebio Escolano entre otros.

Convento de Santa Lucía. Colección Javier Sánchez Portas.

Por otra parte, el solar del desaparecido convento de Santa Lucía se había convertido en un peligro para la higiene y en un atentado al ornato público.

En el verano de 1941 Jesús Botella Brotóns propuso:  “la permuta del solar de las monjas de Santa Lucía cuya compra tiene concertada por el antiguo edificio de “La Luz” que tiene arrendado el Ayuntamiento mediante el abono de la diferencia de precio que arroje la peritación”.

Cediéndoles el vetusto edificio extramuros de la ciudad darían a las religiosas el albergue que necesitaban y “se haría una justa y pública reparación a la ya nombrada comunidad de religiosas del acto vandálico cometido por los rojos, reduciendo a escombros su único patrimonio”.

Para ello solicitaron la oportuna autorización al Ministerio de la Gobernación y el 25 de Septiembre de 1941 el gobernador civil les anunció la imposibilidad de efectuar la permuta sin antes realizar un peritaje con la valoración de ambos inmuebles.

Solar de Santa Lucía.

Un mes después, el maestro de obras del Ayuntamiento tasaba el edificio “Fabrica de la Luz” en 26.000 pesetas y el solar del convento de Santa Lucía en 24.385, quedando legalizada la permuta.

El 15 de enero de 1942 Eusebio Escolano reunió al consejo de la empresa Insecticida Química S.A. para comunicarles que, a Jesús Botella, gerente de dicha sociedad a cuyo nombre estaba el arrendamiento del local que ocupaba la fábrica, le habían ofrecido adquirirlo con las siguientes condiciones: el ayuntamiento permutaba el edificio con las dominicas de Santa Lucía por el solar del convento destruido por los rojos. Y a su vez, las monjas, les venderían el edificio contando ya con la autorización de la Santa Sede.

Las condiciones que marcaba el Ayuntamiento eran las siguientes. Pagarían a las dominicas 60.000 pesetas. Para el desescombro y ornato de la plaza resultante del solar del convento 20.000 más. Y otras 20.000 que el consistorio debía a los PP Jesuitas por el fallo a su favor del juicio por las obras y apertura de ventanas en la pared medianera que hicieron durante el “periodo rojo”.

Eusebio Escolano dejó claro que solo tendrían justificante en escritura pública de lo pagado a las monjas y justificante del maestro de obras que realizaría el desescombro y ornato de la plaza. Pero en lo referente a los jesuitas, sería una entrega por cuenta del Ayuntamiento, sin justificante.

En cuanto a la forma de pago, Escolano aconsejó pedir un crédito. Carlos Bofill sugirió hacer una ampliación de capital, aportando el dinero los consejeros y ahorrándose el interés bancario. Escolano, Botella y Bofill se mostraron dispuestos a poner su parte. Pero los otros dos consejeros afirmaron no disponer de dicha cantidad en ese momento.

Tras la correspondiente deliberación, se acordó facultar a Eusebio Escolano para comprar y escriturar el edificio situado en el Barrio de San Antón, con el número 1 de policía; cuyos lindes eran: al norte y oeste, el Camino de San Antón; al Sur, el huerto de los PP Jesuitas; y al este, la carretera de Alicante. El precio cien mil pesetas. Dicha cantidad la pondrían a partes iguales Escolano, Botella y Bofill. Y les sería devuelta en cuanto a ellos les conviniese haciendo la petición diez días antes. O dejándolas como pago a cuenta de las acciones en la futura ampliación de capital.

Culminada la operación, las dominicas se hicieron con el Seminario Menor;  es decir, el antiguo convento de la Trinidad donde hoy permanecen.

Claustro Seminario San José. Antiguo convento de Trinitarios.

Claustro de la Trinidad en la actualidad. Ajomalba

Hermanas Dominicas. Fotografía José M. Pérez Basanta

Convento de la Trinidad en la actualidad. Fotografía José M. Pérez Basanta

Exterior fábrica de insecticidas QUISA.

Interior fábrica de insecticidas QUISA.

Muchos años después, tras una profunda reforma pasó a ser discoteca “Momentos”.

A final, el edificio acabó demolido en los años noventa;  y el terreno absorbido por el vecino colegio.

En cuanto al Molino de la Ciudad, tras una interesada restauración pagada a precio de oro por la Unión Europea, se pudre en el abandono.

Antonio José Mazón Albarracín.  Adaptación y ampliación de un viejo artículo publicado en 2003.

Molino de la Ciudad en ruinas. Fotografía Vicente Muñoz Navarro

Crónica de Orihuela 1923. Agosto/Sept.

Manuscrito original. Archivo Municipal de Orihuela.

Crónica de Orihuela 1923. Agosto/Sept.

Manuscrito de José Manuel Teruel Rebollo, cronista oficial de Orihuela.

Agosto de 1923.

Hacía muchos años, muchos años que no se sentía un calor tan intenso ni tan pertinaz como el que se ha experimentado.

Todos los días aparecía un horizonte despejado, y un sol abrasador hacía su carrera en un cielo tan límpido, que hacía pensar en la terrible monotonía del cielo del desierto con sus espejismos; y el aire ardiente y pastoso parecía también venir del desierto africano sin refrescarse al pasar por encima de las aguas del Mediterráneo; y los crepúsculos vespertinos ponían en el ocaso el encendido fulgor de una hoguera gigantesca; y así un día y otro, y otro, y todos los de este mes en el que no parecía pasar el tiempo ni la asfixiante ola de fuego que nos consumía.

Orihuela, vista general. Ministerio de Cultura.

Una noche, tras un huracán deshecho y caliginoso, una nube fugaz dejó caer sobre la Ciudad unas gotas de lluvia; y aquellas gotas produjeron en la epidermis de los que la recibieron la sensación de pequeñas granaduras, y de muy tenues descargas eléctricas.

Al siguiente día el calor fue más intensamente furioso, y las noches no tuvieron las brisas que otros años aliviaban las penalidades de los días inacabables y luminosamente deslumbrantes. Este año se ha desmentido aquel añejo refrán que dice: “Agosto frío en el rostro”.

Manuscrito original. Archivo Municipal de Orihuela.

Las sesiones municipales fueron cada día más tumultuosas y se cambió la hora de celebrarlas, pero tan sólo durante este mes.

En una de esas sesiones de leyó la Real Orden por la que el Gobierno de S. M. nombró Alcalde de Orihuela a D. Manuel Canales Ortuño, comentándose este nombramiento como premio a su constancia política y a sus arrestos para ponerse al frente de un Ayuntamiento en la mayoría de cuyos componentes dominaba la pasión.

Casa Consistorial. Colección Javier Sánchez Portas.

Este nombramiento prueba que el anterior alcalde dimisionario no halló en sus jefes el apoyo que precisaba para volver con prestigio y autoridad a la presidencia de la Corporación Municipal.

El Sr. Canales obsequió a los que le felicitaron por su designación para Alcalde de Orihuela.

Como en los años anteriores, se celebró en el corriente la feria que principia el 15 de Agosto y acaba el 22 del mismo.

Entre las discordias de los concejales; el excesivo calor; la ausencia de multitud de familias; y el mal año para los labradores de huerta y campo, la feria no ha podido ser peor: unas pocas, muy pocas, paradas de venta de muñecos de cartón: unos cafetines ambulantes; unos indecorosos barracones de vistas y figurar; unos tiovivos con órganos discordes y estridentemente atormentadores ocupaban la plaza de la Constitución en abigarrada promiscuidad.

Plaza de la Constitución.

Eso sí, por la noche, gran iluminación y excelente concierto con variado, selecto y moderno repertorio por la banda de música La Orcelitana. Los festejos, por las razones ya dichas y por la premura del tiempo, corrieron parejos con la “bondad” de la feria.

Plaza de Toros. Coloreada digitalmente por Jose Antonio Campos.

Interior Plaza de Toros. Colección Javier Sánchez Portas. Coloreada digitalmente por José Antonio Campos.

El primer día se hicieron algunas transacciones de relativa importancia en la de ganados; y por la tarde se celebró una corrida mixta con dos toros muertos por novilleros y cuatro becerros para unos desafortunados imitadores de Charlot.

Anuncios Charlotadas años veinte.

Durante los otros días hubo partidos de balón-pie, juegos japoneses, dianas, comidas en los establecimientos benéficos y penitenciario; y cerró los festejos una horrible traca de truenos estruendosos que agradaron al pueblo, pues en el Levante de España aún perduran reminiscencias de la dominación moruna.

Stadium de La Olma, Orihuela Deportiva 1923-1925. Archivo familia Zerón Huguet.

Poco más tiene que catalogar este cronista por digno de mención en este Agosto.

La fiesta tradicional del poblado de S. Bartolomé, se verificó en su día sin las consecuencias trágicas del tiempo viejo.

Antaño se llamaban “escaldados” a los que iban a esa fiesta; y cuando regresaban, al pasar por la calle de la Corredera (hoy Pintor Agrasot) grandes matracas los recibían con infernal estrépito, espantando las caballerías que, en más de una ocasión, derribaron al jinete o volcaron el vehículo lastimando gravemente a aquel o a los ocupantes de este; entonces, surgía la protesta, el escándalo, la reyerta y los heridos y, hasta algunas veces los muertos.

Carruaje entrando por la puerta de la Corredera. Colección Javier Sánchez Portas.

Por fortuna aquellas costumbres pasaron y hoy van y vienen los “escaldaos” a S. Bartolomé sin que nadie les inquiete, y disfrutan a su sabor de los goces de la romería bajo el palio del cielo azul, abrasado por el rojo sol y comiendo las típicas almendras torradas y bebiendo la helada horchata en los improvisados aguaduchos que se instalan en plena huerta para calmar con el fresco líquido de sus garrafones la sed rabiosa de los romeros que sufren las inclemencias de la Estación.

Balneario y manantial de San Antón. Etiqueta de las botellas de agua mineral con destino a Francia y Argelia. Impreso en francés por Pichot, en Paris, a principios del siglo XX. Archivo Carmelo Illescas Pérez. Fotos Antiguas de Orihuela.

Sin duda por consecuencia del gran calor reinante, se desarrolló el paludismo que se apoderó de muchas personas, principalmente de las que viven en la huerta; y de algunos que, huyendo del calor, tomaron baños en el río o en las acequias, y hasta en el balneario de S. Antón, se llenaron de fuegos en forma de granos y forúnculos; de modo que la salud no fue muy completa este mes.

La QB (de Cubero), baños públicos en Sán Antón. Colección Celia Senén.

Entre nuestros campesinos se transmite legendaria y tradicional una conseja curiosa a la que ellos conceden la fé de lo indudable; consiste en el supuesto de que según sean los doce primeros días del mes de Agosto, así serán los meses del año siguiente, empezando por el presente Agosto, Septiembre, Octubre, etc.; de suerte que si el día uno es muy seco, muy seco será el mes; si el día dos es húmedo, también será húmedo el mes de Septiembre; si el día tres es lluvioso, el mes de Octubre igualmente será lluvioso; y así sucesivamente, como si cada día fuera el espejo del mes a que se atribuye que representa.

Orihuela. Barraca de la Huerta. Kurt Hielscher, 1922.

Llegado el día trece, y hasta el veinticuatro inclusive ambos, principian lo que los campesinos llaman “las tornas” o sea la inversión de la cuenta; de modo que el día trece representa al mes de Julio; el catorce a Junio; el quince a Mayo; y en el mismo orden hasta completar el año.

A esta representación de los meses por los días de Agosto, la denominan los campesinos las “Cabañuelas”; y confieso que he buscado inútilmente la relación etimológica de la palabra con lo que se la quiere hacer representar; pero es que ni los más ancianos labriegos a quienes he interrogado, me han podido decir nada luminoso sobre el origen y aplicación de la palabra; y sólo saben que esa es la voz y esa la práctica por la cual deducen si el año venidero será favorable o adverso para la agricultura; y aún sigue lo maravilloso: si el día de S. Agustín (que es el 28) es caluroso, se confirman los presagios de las “Cabañuelas”, y si es fresco, no hay que fiar en sus augurios.

Esta es la inocencia campesina de nuestra comarca.

Barraca Molino de la Ciudad. Colección Javier Sánchez Portas

Ministerio de Cultura.

La situación económica de la huerta se hace gravísima por la depreciación de las cosechas y el encarecimiento de los abonos, semillas, rentos y jornales.

Para tratar de evitar la ruina de la Vega, la Federación de los Sindicatos Católicos Agrarios celebró varias asambleas, acordando en ellas pedir al Gobierno que prohibiera la importación del cáñamo italiano o que gravara el derecho de su introducción; rebaja en las tarifas ferroviarias para la exportación de los productos agrícolas de esta zona; y que procurara el abaratamiento de las primeras materias para abonos.

Fábrica de alpargatas y cáñamos de Ferrán Tuset en la calle Unión Agrícola, luego José Antonio y, actualmente, Avenida España. Colección Javier Sánchez Portas

Fábrica de alpargatas y cáñamos de Ferrán Tuset. Colección Javier Sánchez Portas.

Fábrica de alpargatas y cáñamos de Ferrán Tuset. Colección Javier Sánchez Portas.

Igualmente solicitaron el apoyo de la Prensa Periódica para ayudar con eficacia a la justicia de sus peticiones a los Poderes Públicos.

Quedó constituida la Junta de Distrito del Colegio Médico Provincial, resultando elegidos: presidente, D. Abel de los Ríos; vocal, D. Lorenzo Ballester; tesorero, D. Joaquín Santonja; y secretario, D. José Mª Tomás; y nada más digno de ser mencionado en esta crónica ocurrió en este mes de Agosto.

Fotografía Coloreada a mano. Colección Javier Sánchez Portas.

Manuscrito original. Archivo Municipal de Orihuela.

Septiembre de 1923.

Los primeros días del mes, cambió por completo la fase atmosférica, como si las alteraciones que en todos los órdenes de la vida habían de sufrir en este mes revolucionario, quisieran ir acompañadas de otros cambios de la Naturaleza.

Una gran tormenta con lluvia copiosa, ahuyentó el calor formidable sufrido en Agosto; y aunque siguió haciendo calor, fue tolerable.

La abundante lluvia, decidió a los labradores que trabajan en tierras de secano a practicar la operación de la siembra; y así se acreditó también de sentencia popular definitiva el refrán que dice: “al llegar Septiembre, el que tenga trigo que lo siembre”.

Manuscrito original. Archivo Municipal de Orihuela.

Y, aunque la siembra prematura de este mes suele ser mala por el calor del sol que evapora pronto la humedad de la tierra, se sembró en grandes extensiones campesinas.

Todos los meses tienen alguna nota triste, llevándosenos amigos que no vuelven; el presente nos ha dado esa nota dolorosamente repetida.

Entre los que pasaron al lugar silente del eterno reposo está el ilustre patricio Excmo. Sr. D. Francisco Ballesteros Villanueva, oriolano que por sus merecimientos personales, por sus virtudes cívicas, por su talento político y su honradez depurada en el crisol de la pública administración, glorificó y enalteció el nombre preclaro de Orihuela.

Francisco Ballesteros Villanueva.

No he de hacer su biografía bien conocida, pero quiero dejar aquí nota de los cargos que desempeñó siempre con el beneplácito de sus superiores jerárquicos y con el aplauso unánime de las masas populares.

Fue Concejal y Alcalde de Orihuela; Diputado Provincial y Presidente de la Diputación de Alicante y Gobernador interino de esta Provincia, siéndolo más tarde en propiedad, dos veces de Albacete y una de Valencia, donde al dejar de serlo, se le dio un banquete de despedida por todos los partidos políticos de aquella ciudad, que así agasajaba al Gobernador honrado; fue dos veces Diputado a Cortes por Villajoyosa, y al ser nombrado Senador Vitalicio su gran amigo y valedor, nuestro glorioso paisano D. Trinitario Ruiz Capdepón, le sucedió en la representación parlamentaria de este Distrito, del que fue Diputado en dos legislaturas, hallándose en posesión de varias condecoraciones, entre ellas la de Isabel la Católica y Carlos III y era jefe de Administración Civil.

Siempre fue liberal y, al morir el Sr. Ruiz Capdepón, se retiró de la política.

Paseo de Sagasta. Al fondo la casa y botica del señor Ballesteros Villanueva. Colección Javier Sánchez Portas.

A él se deben mejoras tan importantes como la construcción de la Glorieta; el puente de Levante; la apertura de la calle de Loazes; el ensanche y adoquinado de la calle Mayor; y finalmente inauguró una era de moralidad política y administrativa que fue su gran ejecutoria.

Herido de muerte por la traidora apoplejía, falleció a los 70 años de edad, mereciendo el amor de los suyos, la admiración de sus amigos y el respeto de sus adversarios, siendo su entierro la manifestación popular de duelo más grande que se ha conocido en Orihuela.

A la calle en que vivió se le ha dado su nombre, y el Ayuntamiento acordó celebrar un solemne funeral por el descanso eterno de su Alma.

Ajomalba.

Pero no ha sido solo el Sr. Ballesteros el que nos dejó para siempre; también nuestro viejo amigo D. Trinitario Martínez Trives se fue para el lugar del que no se regresa jamás.

El Sr. Martínez era Secretario Municipal y desde su cargo hizo todo el bien que pudo y por eso cosechó infinita simpatía que se manifestó en su entierro al que puede decirse que asistió toda Orihuela.

Al sorprenderle la muerte era presidente del Casino Orcelitano.

Casino en los años veinte. Colección Tejuelo.

Como todos los años anteriores, se ha celebrado en el presente la novena en honor a nuestra Patrona la Virgen de Monserrate en el templo Catedral.

En la Misa de la Novena, que era a gran orquesta, predicaba diariamente el P. Chillida, canónigo magistral de la Catedral de Valencia, contratado por la Directiva de la Cofradía de la Virgen para predicar este Novenario.

Decoración de calles en honor a la Patrona.

El día 8 tuvo lugar la procesión general que resultó por demás lucida. Por la noche, después del ejercicio de la Novena, la calle mayor estaba deslumbrante durante una hora en que las bellas oriolanas paseaban a la luz de los comercios que brillaban como ascuas refulgentes.

Fue domingo el día en que se devolvió en procesión la Patrona a su Santuario, y esta circunstancia aumentó el número de fieles alumbrantes, de tal modo que se puede afirmar que no fue nunca mayor; pero llovió, y quedó algo deslucido el acto, pues la Virgen hubo de ser introducida en la iglesia de Stas. Justa y Rufina, donde se le puso su impermeable mientras amainaba el chaparrón, pero ya se habían dispersado muchos devotos cuando acabó la procesión.

Mayo de 1920. Coronación canónica de la Virgen de Monserrate. Archivo Alberto Zerón.

En cuanto a la parte profana de las fiestas en honor de María de Monserrate, parecen muy poco dignas de nuestra Excelsa Patrona, y molestísimo para los vecinos de Orihuela oír muchas veces al día durante diez seguidos el repique de las campanas de todas la parroquias; los truenos tremendos que ensordecen; y el sonido ingrato de la gangosa chirimía acompañada del tamboril; y … nada más, porque nada más que esos son los festejos que se hacen y en los que se invierten algunos miles de reales.

Mayo de 1920. Coronación canónica de la Virgen de Monserrate. Archivo Alberto Zerón.

Las sesiones municipales resultaban tumultuosas, excitaban al público que había tomado el hábito de interrumpir alborotando, promoviendo escándalos enormes.

En la que se verificó el día 12, fue el escándalo tan descomunal, que el Alcalde Sr. Canales se vio obligado a hacer que la fuerza pública despejara el salón. Resistiose la multitud en la escalera y la Guardia Municipal dio una carga persiguiendo al pueblo hasta en medio de la Plaza de la Constitución.

El día 13 se supo de la sublevación de la Guarnición de Barcelona contra el Gobierno. También fue en Septiembre la Gloriosa. El día 15 se declaró el Estado de Guerra promulgándose la Ley Marcial.

Gabinete del General Miguel Primo de Rivera. 1923.

El día 16 se celebró una manifestación organizada por la Casa de la Democracia, en la que unos 500 individuos manifestaron su simpatía al Nuevo Régimen y pidieron la destitución del Ayuntamiento y de los guardias municipales que dieron la carga en la noche del día 12.

El Teatro Circo empezó la temporada de Otoño con unas representaciones de la notable compañía dramática de Enrique Borrás.

Pero este artista no pudo venir y la entrada flojeó bastante. Después se han proyectado películas cinematográficas tan bellas como “Fabiola”, “La Amordazada”, “Mano de Armiño” y otras, por lo que el público selecto ha dado la preferencia a este coliseo.

Cartelera Teatro Circo. Ajomalba.

Los vecinos del partido rural del camino de Cartagena hicieron la fiesta anual en honor a la Virgen de las Angustias, que veneran en la ermita llamada de Cabello; hicieron la función religiosa en Stas. Justa y Rufina y en la noche una lucida procesión que tuvo como remate de fiesta el disparo de un castillo de fuegos artificiales.

Nota del transcriptor:

Desde 1731, la Virgen de las Angustias tiene su propia ermita, bendecida por el obispo Flores Osorio.  ¿Por qué celebraron su fiesta en Lo Cabello?

La respuesta es sencilla: en 1923, fecha de la crónica, la ermita de las Angustias estaba en ruinas. Según decían, mucha culpa la tenían las vibraciones a las que estaba sometida por el paso del tren, cuyo trazado estaba demasiado cerca.

En 1926, es decir, tres años después, un vecino llamado José Cerezo Alcaraz, solicitó permiso a la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces, para levantar una nueva ermita más alejada de la vía férrea, financiada por todos los vecinos del Camino de Cartagena.

Nuestra Señora de la Merced. Colección Javier Sánchez Portas.

También se celebró en la iglesia de la Merced la novena a la Virgen de las Mercedes, en cuyo último día se verificó la procesión con el recorrido y solemnidad de costumbre.

Para acotar el capítulo de asuntos religiosos del mes, diremos que se celebró la fiesta de San Miguel; y que en el templo de Capuchinos empezó el quinario dedicado a S. Francisco de Asís.

 

Beatas en Capuchinos. Colección Javier Sánchez Portas.

El Boletín Oficial de la Provincia insertó una circular del Gobierno Civil ordenando que los Ayuntamientos que no lo hubieran hecho, ingresaran el la diputación el Contingente Provincial de los dos primeros trimestres del año económico, hasta el 30 del mes, conminando con el embargo de no hacerlo así; y amenazando con la responsabilidad a los concejales; sin duda, para evitarse la última, algunos ediles quisieron hacer algunas economías que propusieron en la sesión del día 26.

Algunos otros munícipes, abandonaron el salón de sesiones dejando a las minorías convertidas en mayoría para que hicieran sin trabas su voluntad; y aquella ocasión fue aprovechada y se acordó la supresión de algunos empleos de las oficinas y la destitución de toda la Guardia Municipal, quedando Orihuela sin vigilancia; más el acuerdo tuvo en contra el voto del Alcalde y de los pocos concejales amigos de este que quedaron en el salón.

Casa Consistorial. Plaza de la Constitución.

Se comunicó telegráficamente el acuerdo al Gobernador, quien inmediatamente ordenó al Alcalde la supresión de dicho acuerdo y, a los pocos días, se comenzó a instruir un procedimiento judicial contra los ediles que lo votaron.

Han continuado habiendo reuniones para tratar de dar riegos a los campos de la Murada y La Matanza, pero aún no se ha llegado a un acuerdo entre los propietarios de los terrenos de secano y el representante de la sociedad Riegos de Levante, que es la encargada de facilitar el servicio.

Algunos propietarios de tierras del partido rural de Molíns, formaron una especie de asociación para lograr la rápida construcción de una carretera sobre el actual y pésimo camino que conduce desde esta Ciudad a aquel caserío.

Esta fotografía muestra muy claramente la bifurcación de caminos fosilizada ahora en la calle Obispo Rocamora. El de la izquierda se nombraba como Camino del Arenal y el de la derecha Camino de las Salinas y torres de la costa. En el XVIII pasaron a llamarse camino del Lugar de Molíns y del Lugar Nuevo o de Bigastro. En la actualidad, uno es la calle “Camino Viejo de Molins” y el otro forma parte de Obispo Rocamora.

La consignación para hacer el primer trozo estaba dispuesta en la sección de Obras Públicas del Gobierno Civil de la Provincia, y el objeto de los terratenientes interesados era el de conseguir que empezaran los trabajos lo antes posible con el fin de que la futura vía de comunicación estuviera terminada pronto, pues el camino existente se pone intransitable de aguas y lodo en invierno y de arena en verano; pero el último día de este mes aún no habían principiado los trabajos de la nueva carretera ni se sabía cuando iban a empezar.

Calle San Pascual/Luis Barcala. Colección Javier Sánchez Portas.

Ya empieza a darse a conocer como un organismo notable, la banda de música La Orcelitana, que ha obtenido diversos y ventajosos contratos en algunos pueblos de la Región en los que, además de provecho, han conquistado legítimos laureles de los que pueden enorgullecerse sus directores, D. Vicente Rives y D. Bienvenido Espinosa.

El último día del mes, se jugó en la Explanada de San Sebastián un interesantísimo partido de balón pie, entre un notable equipo de la vecina Ciudad de Murcia y otro bien entrenado de Orihuela.

Para despedir esta crónica me he permitido montar esta composición con una fotografía del Orihuela de la época sobre la explanada de San Sebastián, poco antes de construir la Lonja.

El partido fue reñidísimo, y en sus dos partes cuajado de incidentes de gran interés y jugadas de mucha emoción; más la fortuna brindó los favores a los oriolanos quienes, a pesar de lo que envanecen estos triunfos legítimos y públicos, se mostraron correctísimos con los vencidos, a los que agasajaron colmándolos de atenciones, probando una vez más, la hidalga hospitalidad de Orihuela.

Una gran multitud presenció el partido que fue amenizado por una banda de música.

Colección Javier Sánchez Portas. Coloreada digitalmente por José Antonio Campos.

Nota del transcriptor a modo de despedida: 
Y así, con estas líneas balompédicas y de manera imprevista, terminó el señor Teruel su crónica de 1923; a falta de tres meses, dejando los espacios en blanco que nunca rellenó. En noviembre, el alcalde accidental Vicente Cebrián Celestino, dio cuenta de haberlo suspendido de empleo y sueldo, por no poder atender el cargo y considerarlo innecesario…….

Manuscrito de José Manuel Teruel Rebollo Cronista de Orihuela (1922-1923). (Archivo Municipal de Orihuela).

Transcrito por Antonio José Mazón Albarracín. 

 

 

 

Crónica de Orihuela 1923. Junio/Julio.

Manuscrito original. Archivo Municipal de Orihuela.

Crónica de Orihuela 1923. Junio/Julio.

Manuscrito de José Manuel Teruel Rebollo, cronista oficial de Orihuela.

Junio de 1923.

La Iglesia Católica dedica los cultos de este mes a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, y en esta Ciudad se celebran todos los días esos cultos por mañana y tarde en la Iglesia de la Visitación a cargo de las religiosas Salesas.

Iglesia de las Salesas sin el Sagrado Corazón. Ministerio de Cultura.

Hay que registrar un accidente que costó la vida al vecino de Bigastro Joaquín Arce. Este desgraciado joven púsose a examinar una pistola automática que poseía y, al parecer, tenía alguna imperfección en el mecanismo, pues se disparó alojándose el proyectil en el vientre del desgraciado Arce, agujereándole los intestinos y produciéndole la muerte por peritonitis. Poco antes de fallecer, se casó “in artículo mortis”.

Iglesia de San Agustín. Ministerio de Cultura.

En la noche del 2 se celebró en la iglesia de San Agustín la fiesta de la Espiga o sea, la Adoración Nocturna que terminó al amanecer con la Comunión que distribuyó el Prelado y con una lucida procesión Eucarística. A estos actos asistieron las secciones de la Vela Nocturna de muchos pueblos de la provincia.

El domingo día 3 se proclamaron ante la Junta Provincial del Censo Electoral los candidatos a diputados provinciales, siendo los que luchaban por el distrito de Orihuela – Dolores: los señores Balaguer, Lucas, Castell y Sorribes, valarinistas; y los señores Carrió, Alonso, Navarro y Wandosell, conservadores ciervistas; los ocho señores quedaron proclamados candidatos.

La tarde de aquel mismo día hizo su entrada en la Ciudad el Diputado a Cortes D. José Martínez Arenas. Sus amigos prepararon un día de festejos para solemnizar la fecha: por la mañana se dieron comidas extraordinarias en el Hospital, Beneficencia, Asilo y Cárcel, amenizadas con música; por la tarde, poco antes de la llegada del tren de Alicante, partió del Ayuntamiento una numerosa manifestación con banderas de los pueblos y secciones del distrito con dedicatorias al Diputado, llegando, precedida de la música La Orcelitana a la estación del ferro-carril.

Estación de Ferrocarril de Orihuela.

Se recibió clamorosamente al joven Diputado quien en democrática convivencia con el pueblo, llegó en triunfal paseo hasta la Casa Consistorial desde la estación.

La multitud, apiñada en la gran plaza aplaudió y vitoreó con tal insistencia, que el Alcalde y el Diputado hubieron de salir a los balcones desde donde pronunciaron breves y elocuentes discursos frecuentemente coreados con bravos e interrumpidos con grandes salvas de aplausos.

Martínez Arenas, entre los hermanos Balaguer. Colección Javier Sánchez Portas.

En aquellos discursos, el Sr. Balaguer confirmó su filiación valarinista, atribuyendo a su jefe político el éxito final de la elección, pues la gran influencia del Sr. Ruiz Valarino pudo hacer prevalecer la justicia y la legalidad sobre la indignidad y la ilicitud; y el Sr. Martínez Arenas, declaró su fe democrática estando dispuesto a ser el Diputado de Orihuela, pues los que lo votaron, los que se abstuvieron y los que lo combatieron, eran todos para él amigos, porque eran oriolanos, hijos del pueblo donde había elegido a su compañera, en donde habían nacido sus hijos y en donde, a la sombra protectora de la Cruz de la Muela, dormían el sueño de la paz eterna sus seres queridos. Ofreciéndose a todos para servirles en cuanto alcanzara su poder.

La manifestación se deshizo después de vitorear al Diputado y de aplaudir el himno de Riego que la música toco repetidas veces.

Por la noche se encendió una iluminación extraordinaria en la fachada de la Casa Consistorial; y en la plaza de la Constitución hubo verbena, al final de la que se quemaron varias piezas de fuegos de artificio y se disparó una gran traca con truenos enormes. Y así se celebró el triunfo del actual Diputado a Cortes D. José Martínez Arenas.

Casa Consistorial en la Plaza Nueva. Colección Javier Sánchez Portas.

En estos días ocurrieron dos accidentes desgraciados; uno por ignorancia y otro por azar de la suerte loca. Un auto-camión hace el servicio entre esta Ciudad y Torremendo, pasando por algunos caseríos.

El vecino de uno de estos, llamado (espacio en blanco que nunca rellenó), al pasar cerca del que vivía, sin reparar en la gran velocidad que llevaba el vehículo, se arrojó de él siendo lanzado con tal ímpetu que en el violento choque contra el suelo se fracturó una pierna, siete costillas y la nariz.

Transportado al hospital en estado gravísimo, se le curó y ahí sigue luchando entre la vida y la muerte.

El otro suceso le ocurrió a (otro espacio en blanco), que montando una caballería inquieta, se acercó el autobús que hace la carrera cotidiana de Callosa a Murcia y viceversa; a oír el estrépito del carruaje, la bestia espantada se precipitó enloquecida cayendo debajo del camión que la mató y ocasionó al jinete contusiones y heridas graves con fuerte conmoción cerebral, de las que va curando en el hospital lentamente.

Colección Javier Sánchez Portas.

El día 10 se celebraron las elecciones para diputados provinciales. Contra lo que se había dicho y supuesto por los preparativos, no hubo lucha por lo cual, el triunfo de los candidatos ministeriales fue fácil y completo, resultando elegidos D. Antonio Balaguer Ruiz, D. Manuel Lucas Ibáñez, D. Manuel Castell y D. Vicente Sorribes.

Manuel Penalva Donate, presidente de la Cámara de Comercio de 1914 a 1923. Gentileza de Elvira Penalva, en el libro de Antonio Luis Galiano «Origen y evolución de la Cámara de Comercio e Industria de Orihuela».

Antonio Balaguer Ruiz

Por esta elección, deja de ser Alcalde de Orihuela el Sr. Balaguer.

En la Cámara de Comercio se produjo la vacante de presidente por dimisión de D. Manuel Penalva Donate; y por unanimidad, fue elegido D. Antonio Balaguer Ruiz.

Se ha celebrado la fiesta de San Antonio en el poblado de Molins, con la tradicional pompa y algaraza; muchos oriolanos aprovecharon esa fiesta para pasar un alegre día de campo.

La imagen de San Antonio de Padua, patrón de la pedanía oriolana de Molíns. Desaparecida en la Guerra Civil. Archivo Jorge Belmonte.

La elección del Sr. Balaguer para Diputado Provincial, le obligó a renunciar al cargo de Alcalde de esta Ciudad, que desempeñaba (y que justo es confesarlo) muy a gusto de una gran mayoría de ciudadanos; por esta renuncia fue elevado a la presidencia de la Corporación Municipal D. Manuel Martínez Simó; quien en la sesión de toma de posesión ya se declaró demócrata valarinista, y que seguiría la orientación política del Sr. Martínez Arenas, y el cauce administrativo abierto por el Sr. Balaguer; terminando por pedir la ayuda de todos los concejales por el bien de Orihuela.

La calle de Agrasot. Colección Javier Sánchez Portas.

El Sr. Escudero Bernicola le ofreció su concurso si seguía la conducta del Sr. Balaguer, quien había pagado puntualmente las atenciones municipales; había mejorado los servicios del matadero; había inaugurado el servicio de limpieza y riego de la vía pública; había normalizado el servicio médico a los enfermos pobres proporcionándoles también medicinas gratuitas; había construido la carretera de la Estación, adoquinando la calle de Agrasot, edificado el antiguo Paseo de Sagasta, había aumentado la dotación para mejorar la alimentación de los asilados en la Beneficencia y reclusos en las cárceles del partido; había dotado a la Ciudad de una plaza de abastos limpia y moderna; había pagado unos miles de duros de atrasos de otros alcaldes; y en fin, había desarrollado una administración a su juicio tan digna de imitación y de justa alabanza, que el enemigo político del Sr. Balaguer, rindiéndole un tributo de leal y justa admiración.

Plaza de abastos. De Antonio Balaguer a partir de entonces. Colección Javier Sánchez Portas.

Pedía a la Corporación para el Sr. Balaguer un voto de gracia y que se diera su nombre a una de las calles o plazas de Orihuela. Acordándose por unanimidad dar a la plaza de abastos el nombre de Antonio Balaguer, y que constara en acta la gratitud del Ayuntamiento por su gestión al frente de los intereses del pueblo.

Los señores Carrió, Bellido, Sarabia y Villaescusa prometieron en nombre de sus minorías cooperar con el Alcalde en lo administrativo, pero combatirlo si hacía política partidista.

La casa de Juan Villaescusa.

Con objeto de acostumbrar a los vecinos de la huerta a recibir con el debido júbilo el beneficio que les reporta el agua que los pantanos de Estado vierten en el Segura durante el verano con la cual sacan sus cosechas, las más importantes y ricas de la Vega; los ingenieros de aquellas obras hidráulicas propusieron la celebración de una fiesta en todos los pueblos ribereños, la cual se verificó en Orihuela la noche del día señalado, con música, pólvora en fuegos de artificio, iluminación y colgaduras en el Riacho, cuya explanada estuvo concurridísima.

Explanada del Riacho. Colección Javier Sánchez Portas.

Se celebró la procesión del Corpus en la parroquia de Santa Justa y Rufina; pero no se celebró la de Santiago; no faltaron tampoco la de los Altares en Santo Domingo y la de San Antonio en Capuchinos.

En una sesión municipal, el concejal D. José Escudero pidió en nombre de la Cámara de Comercio la construcción de una Lonja, acordándose por unanimidad acceder a lo solicitado.

Se comenzó el replanteo para hacer la carretera a Molíns y se hicieron gestiones para empezar pronto las obras, y se edificarán en aquel poblado Escuelas Nacionales; igualmente se gestionó la construcción de la carretera a Arneva.

Las fuerzas vivas de Orihuela en la obra de Riegos de Levante.

Varios propietarios de fincas de secano, han formado una asociación para convertirlas en tierras de regadío, recibiendo las aguas de la sociedad Riegos de Levante. Si el proyecto se realizara, se transformarían en huertos los campos de la Matanza y de la Murada.

La cosecha del capullo de seda no ha sido muy abundante ni mucho menos; por eso, sin duda, ha alcanzado el precio de ciento veinticinco pesetas la arroba, incluyendo en la cantidad dicha el premio que concede el Estado a los cultivadores.

Cosecha del capullo de seda. Antonio Ballester.

Finaliza la primavera y principia el verano en este mes; pero la temperatura ha sido fresca, tan fresca que no ha hecho apresurarse a las gentes a ponerse los vestidos de estío.

Verbena en el Paseo de Sagasta.

Junio es en Orihuela el mes de las verbenas, que se inician con la del Corpus, que antes tenía lugar en el Paseo de Sagasta, y ya hace unos años se celebra en la calle de Loazes; y las demás en la Glorieta, siendo la más animada, por tradición, la de las noches de San Juan y San Pedro.

Calle Loazes. Colección Javier Sánchez Portas.

La Glorieta. Colección Javier Sánchez Portas.

En los teatros no hubo que señalar nada notable por lo que al Novedades se refiere; en el Circo, después de las pocas funciones que dio la compañía dramática de Francisco Noorzano y de la representación cinematográfica de la obra Miss Venus, con adaptación de música y canto a la acción de la película y que fue un éxito resonante, comenzó a proyectarse la película en serie de doce noches Los Tres Mosqueteros, con el asunto de la novela de Alejandro Dumas, después de cuya exhibición, se daría por cancelada la temporada de este año.

La protagonista de Miss Venus y el cartel de «los tres mosqueteros», ambas estrenadas en 1921.

Imagen coloreada a mano. Colección Javier Sánchez Portas.

Julio de 1923.

 

Manuscrito original. Archivo Municipal de Orihuela.

Cerca de la ciudad, en la carretera de Hurchillo, hay una ermita de la que el día uno salió una procesión con una imagen del Sagrado Corazón de Jesús.

Era un espectáculo pintoresco el desfile procesional por entre los cultivos de la huerta; dos días después, se celebró otra procesión dentro de la Ciudad, también en honor del Sagrado Corazón de Jesús, acto con el que se dio por terminado el ejercicio que durante el mes anterior se practicó en la iglesia de la Visitación.

Manuscrito original. Archivo Municipal de Orihuela.

En los viñedos del Campo de la Matanza se presentó una enfermedad desconocida para aquellos labriegos; y realizadas las gestiones del caso, la autoridad civil superior de la Provincia, envió a dos ingenieros agrónomos a diagnosticar el mal y proponer el remedio.

Visitadas las viñas atacadas, comprobaron los facultativos oficiales, que se trataba del mildiu y aconsejaron el tratamiento para curar las vides enfermas y atajar el desarrollo de la epidemia.

La nota trágica de este mes la constituyen los tres hechos siguientes:

En la Murada, el sacerdote D. Trinitario Salinas, fue arrastrado por un automóvil, sufriendo graves heridas en la cabeza de las que fue curado en el hospital.

Este año pagó el tributo, que a todos rinde la inexperiencia al Segura, el joven de diez y nueve años Antonio Llor Martínez, quien bañándose en la inmediaciones del Molino de la Trinidad, pereció ahogado.

Molino de la Trinidad. Colección Javier Sánchez Portas

Una tragedia conyugal resulta el tercer hecho luctuoso del mes. Unos mendigos forasteros (matrimonio) se asociaron a un amigo que, burlando la confianza del marido, trato de escaparse con la mujer y con el “capital social” recaudado del día.

El ultrajado esposo y engañado consocio, quiso tomar venganza de los culpables y los persiguió, pero al darles alcance, el amigo le hizo frente y un disparo de revólver le produjo una herida grave en el pecho. El marido ingresó en el hospital y la mujer y el amigo en la cárcel.

La cárcel. Camino de Beniel.

Con la solemnidad tradicional y con el devoto fervor que inspira la Virgen del Carmen, se ha celebrado este año la novena en su honor, terminada la cual, tuvo lugar la espléndida procesión, notable por el número verdaderamente extraordinario de fieles alumbrantes que a ella concurrieron.

Convento carmelita de Orihuela.

Se conmemoró la fecha del 17 de Julio a la que la tradición atribuye la reconquista de la Ciudad, liberándola del poder musulmán. Fue sacado por el Cabildo Municipal bajo mazas el histórico pendón de la Ciudad, en cuyo antiquísimo y artístico estandarte pusieron sus manos sacrílegas unas señoras para renovarlo por orden de un alcalde ignarón, con lo que dicho pendón perdió su carácter de reliquia histórica y su valor de antigüedad artística y heráldica.

Día del Pájaro. Colección Rafael Almira.

La fiesta religiosa se celebró como siempre en la iglesia de Santas Justa y Rufina, estando el sermón a cargo del fraile capuchino R. P. Eduardo de Orihuela.

Desfile día del Pájaro.

Por la noche tuvo lugar en las amplias plazas que se extienden ante el Seminario Conciliar una verbena pintoresca y alegre, en la que el público comió, bebió, cantó y bailó hasta de madrugada.

La fecha del 17 de Julio parece ser la señalada para que las personas pudientes se ausenten a veranear quedando la población, desde ese día hasta el 15 de Agosto (primer día de feria) desanimada y casi desierta; pero este año, algunos incidentes políticos ruidosos dieron vida a las tertulias, haciendo pasar con menos somnolencia los días ardorosos de la canícula.

Oriolanos en Torrevieja. Colección J. Pablo Zerón Climent

En una sesión celebrada por la Corporación Municipal, el concejal D. José Escudero Bernicola, atacó rudamente al alcalde Sr. Martínez Simó, acusándolo de haber faltado a su palabra empeñada de no pagar atrasos ni corrientes al médico municipal D. José Zerón García, porque este señor no podía prestar y, de hecho, no prestaba sus servicios facultativos.

Le trató de desleal a sus jefes por haber pagado un mes a dicho Sr. Zerón y le anunció una oposición feroz y permanente si no abandonaba la alcaldía.

José Escudero Bernicola

Pidió a los concejales su opinión para ver si estaban dispuestos a seguir entregando las funciones del consejo popular en manos del alcalde, con lo cual, estaban incurriendo en responsabilidad penal; o de lo contrario, delimitar debidamente la actuación del alcalde.

En medio de la expectación producida por el recio ataque del Sr. Escudero, contestó el presidente que, al ser combatido como lo era, presentaba la dimisión; y dejando la presidencia salió del salón en el que reinaba un indescriptible tumulto, divididas las opiniones.

El segundo teniente de alcalde, D. Francisco Sánchez Ballesta, presidió el resto de la sesión acordando los concejales por unanimidad no volver a dejar la soberanía de la Corporación a merced del alcalde conforme a lo solicitado de ellos por el Sr. Escudero, interpretándose este acuerdo por un tácito y unánime voto de censura contra el alcalde Sr. Martínez Simó.

Casa Consistorial. Colección Javier Sánchez Portas.

A partir de este momento se caldeó el ambiente político; se apasionaron los ánimos y se hicieron múltiples comentarios.

Como no había con que entretenerse y el Duque de Almodovar del Río, Ministro de la Gobernación, había prohibido el juego, los aficionados a este “deporte” vieron un motivo de dar gusto a su deseo burlándose de la orden del gobernante, y se cruzaron apuestas acerca de si el señor Martínez Simó volvería o no a la alcaldía.

Entre tanto se encargó de ella el primer teniente de alcalde D. Manuel Canales; y en las sesiones que eran muy agitadas el público, que invadía el salón, comenzaba a intervenir de una manera ruidosa, lo que obligó al presidente en más de una ocasión a amenazar con hacer que la fuerza pública desalojara el local.

Se verificó la pintoresca romería a Santa Ana, comiéndose los primeros higos chumbos.

Convento de Santa Ana.

El calor que hasta los últimos días de este mes había hecho presumir que el verano iba a ser poco riguroso, nos demostró el error en el que vivíamos y empezó a arreciar para probar que todas las cosas caen en su tiempo según la sabia y providente distribución de Dios, salvo en los casos en que sus arcanos designios, para probar su poder, permite que ocurran algunos trastornos de la Naturaleza que a la vez sirve para darnos la noción más exacta de la maravillosa organización del Universo.

Veraneantes en Torrevieja.

Así pues, como en Julio debe hacer calor en nuestro hemisferio, el mes se despidió arreciando en calor para hacernos envidiar a los que en las playas disfrutaban de las frescas brisas marinas.

Manuscrito de José Manuel Teruel Rebollo Cronista de Orihuela (1922-1923). (Archivo Municipal de Orihuela). Transcrito por Antonio José Mazón Albarracín. 

Pinchad aquí para continuar.

 

Crónica de Orihuela 1923. Abril/Mayo.

Manuscrito original. Archivo Municipal de Orihuela.

Crónica de Orihuela 1923. Abril/Mayo.

Manuscrito de José Manuel Teruel Rebollo, cronista oficial de Orihuela.

Abril de 1923.

Abril, de las aguas mil que todas caben en un barril. Este es el proverbio popular; y como “voz del pueblo, voz del cielo”, se ha cumplido en el año corriente.

Muchas han sido las lloviznas en este mes, pero lloviznas al fin, sin que ninguna llegase a alcanzar la categoría de lluvia. Se humedecía se humedecía la tierra y se exhalaba de ella un vapor cálido del que decía Zorrilla que olía “a búcaros”.

La hermosa Primavera, más hermosa y esplendente en esta tierra privilegiada de suelo fecundo en el que germina la flora más variada y olorosa, perfuma el ambiente, en cuya tibia humedad, parece mascarse el azahar, que como nevada de blancas mariposas, destaca sobre el oscuro verdor de los naranjales.

Manuscrito original. Archivo Municipal de Orihuela.

Es la Estación que trae a las golondrinas; las auroras de nácar y niebla; los crepúsculos de escarlatas y violetas: la que puebla de niños alborozados los paseos y de nidos los bosques; es la juventud; la juventud que el cronista siente que le vuelve la espalda y se marcha para no volver como las golondrinas de la rima inmortal del poeta sevillano.

Familia en la «Mota del Río». Colección Javier Sánchez Portas.

Empezó el mes con la alegre y gloriosa Pascua de Resurrección; las tardes aunque frías con temperatura desusada en este país en Abril, eran aprovechadas por las buenas gentes que esparcíanse por los pintorescos alrededores de la Ciudad, y después de unas horas de locas y alborotadas diversiones, comíanse la tradicional mona, regresando ya anochecido, muchos con los ojos chispeantes por la alegría artificial que les causaba el mosto trasegado durante la merienda; pero era alegría sana, optimista, sin incidentes desagradables.

Alameda de la Estación. Coloreada a mano. Colección Javier Sánchez Portas.

Y así pasaron los tres días de la Pascua, haciendo los teatros su Agosto en aquellas noches.

Aunque de cinco a seis años al presente, la vida en Orihuela ha experimentado un cambio radical que se venía labrando en nuestras costumbres desde más remota fecha; aunque Orihuela, asimilada a capital de provincia, es en ciertas épocas del año población alegre y bulliciosa, como tal capital tiene no obstante, siempre un sello de austera vetustez que imprime un tono de melancólica monotonía a la vida.

En los primeros días de este mes, esa monotonía fue interrumpida por la llegada de dos baterías del Regimiento de Artillería pesada que se halla de guarnición en Murcia. Un paseo militar trajo a esta Ciudad a la Plana Mayor de dicho Regimiento; dos de sus baterías con los jefes, oficiales, clases, soldados y demás elementos que las componen.

Eras de San Sebastián a principios del siglo XX.

Se estableció el campamento en la explanada de San Sebastián, instalándose el cuerpo de guardia en la tienda de campaña que se levantó. Los soldados se alojaron en las casas del barrio de San Agustín.

El Ayuntamiento obsequió a la oficialidad con un refresco, dando el Alcalde la bienvenida a los expedicionarios en nombre del Pueblo, agradeciéndolo el Coronel en nombre del Regimiento. Estos actos se celebraron el Salón de Sesiones de la casa Consistorial, donde confraternizaron paisanos y militares.

Ayuntamiento en Plaza Nueva. Colección Javier Sánchez Portas.

En el Santuario de Nuestra Patrona María de Monserrate, se dijo una Misa a la que asistió el Regimiento en formación y una gran multitud; y por la noche, hubo en el Casino concierto y baile en honor de nuestros huéspedes, luciendo las lindas oriolanas la belleza y donaire de su hermosura e ingenio.

Santuario de Monserrate. Colección Javier Sánchez Portas.

Casino, fachada original. Colección Jesús R. Tejuelo.

Los soldados disfrutaron de una franca hospitalidad y gozaron de una hermosa libertad honesta durante dos días, sintiendo al marcharse lo pronto que había pasado el tiempo. También dejaron ellos y sus jefes, grato recuerdo de su breve estancia en Orihuela.

Como todos los años, el lunes siguiente a la Pascua se celebró la festividad de San Vicente Ferrer, Patrón del Reino de Valencia, administrándose el Santo Viático a los presos e impedidos. En las Cárceles del Partido se sirvió ese día a los reclusos una comida extraordinaria.

La cárcel en el Camino de Beniel.

Los frailes Capuchinos, de los que es discreto y prudente guardián nuestro paisano y amigo de la infancia D. Luis Payá (Fray Luis de Orihuela), han adquirido una preciosa y artística imagen de la Divina Pastora, a la que después de un solemne novenario, la sacaron en triunfal procesión, recorriendo las calles del Arrabal Roig.

Convento de Capuchinos. Colección Esteban Sanmartín.

El suicida de este mes no es un oriolano; es un vecino de Abarán de los que suelen venir a trabajar en los almacenes de naranjas durante la época de recolección y exportación de dicho fruto.

Se llamaba (espacio en blanco) y se escondió en un trigal cercano al camino de Hurchillo, de donde se le sacó cadáver, empleando para quitarse la vida una pequeña navaja con la que se dio varios tajos en el cuello, seccionándose la tráquea.

Capítulo macabro el anterior, al que sirve de epílogo el hallazgo del cadáver de una mujer, ya casi descompuesta, en el Segura, en el paraje denominado la Cruz del Río. ¿Se trata de un crimen, de un suicidio, o de un accidente casual?

Paraje Cruz del Río. Colección Esteban Sanmartín.

El Juzgado averiguó que se trataba de una desgracia, pues comprobó que la muerta era la vecina de Murcia (espacio en blanco), que andando una noche de furioso huracán por la margen del río, empujada por el vendaval cayó al agua pereciendo ahogada; siendo buscada inútilmente por su familia durante algunos días, hasta que aquí se encontró quedando identificada.

La política entró en una fase de febril actividad con la convocatoria de elecciones generales el día veintinueve. Todos aquellos presuntos candidatos; todos aquellos futuros candidatos cuyos nombres se multiplicaban, quedaron reducidos a muy poco.

Regresado D. Francisco Ballesteros Meseguer de Madrid, aparecieron pasquines anunciando la candidatura de D. Joaquín Chapaprieta, Ministro de Trabajo, pero fue retirada a los pocos días. Presentose con carácter romanonista D. José Lázaro Galdeano.

José Lázaro Galdiano con su familia. Candidato por el distrito de Orihuela desde Madrid.

Como amigo de D. Trinitario Ruiz Valarino, se presentaban D. Antonio Roca de Togores y D. José Martínez Arenas. Este duelo entre dos correligionarios fue solventado de una manera democrática:

El señor Ruiz Valarino reunió en su casa de Madrid a D. Antonio Balaguer, Alcalde de Orihuela; a D. José Franco y a D. José María Miralles, jefes de la política de Callosa de Segura; a D. Juan Gálvez, jefe de Bigastro; a D. Abel de los Ríos, jefe de Redován; y a D. Ángel Pérez por San Miguel de Salinas.

Trinitario Ruiz Valarino.

Expuso a los reunidos el caso y los invitó a elegir entre los dos candidatos, designado los convocados por unanimidad a D. José Martínez Arenas, quien por esta especie de antevotación, quedó proclamado candidato ministerial; y eliminado el Sr. Roca de Togores, la lucha electoral quedó limitada a la contienda entre D. José Lázaro Galdeano y D. José Martínez Arenas.

Casa de Martínez Arenas.  Al fondo los hermanos Balaguer. Colección Javier Sánchez Portas.

No reseñaremos los prolegómenos ni los incidentes de esa lucha, semejante a todas las de esa clase en que siempre ambos candidatos se atribuyen la propiedad de la absoluta mayoría del censo electoral del distrito y publican hojas demostrando al contrincante y ofreciendo lo que saben que no han de poder cumplir; y después el derrotado, acusa al victorioso de amañador, chanchullero y cacique.

El día 29 señalado para la elección, se realizó esta como una de las más pacíficas verificadas en este distrito.

Se notaron las diferencias; la de una completa falta de organización entre los amigos del Sr. Lázaro, y una absoluta preparación por parte de los del Sr. Martínez Arenas; y así resultó que mientras el primero obtuvo solo 700 votos, el segundo logró más de 6.000 sufragios.

Vista general. Colección Sebastián Penalva.

Los correligionarios de éste, celebraron su triunfo con una manifestación que recorrió las calles precedida de la banda de música La Orcelitana; y después la misma banda obsequió con una serenata al candidato triunfante D. José Martínez Arenas que tenía muy trabajado el cuerpo electoral del distrito con su actuación y la de sus amigos políticos.

Nada más digno de consignarse en esta crónica ha dado de si, el mes de Abril, cuyos hechos principales, en él desarrollados, quedan catalogados en las líneas precedentes.

Manuscrito original. Archivo Municipal de Orihuela.

Mayo de 1923.

Este mes del que dice el verso popular: “Marzo lluvioso y Abril ventoso, sacan a Mayo florido y hermoso”  está dedicado por la Iglesia Católica a la Virgen María.

Es lógico que la parte más delicadamente poética del Culto Cristiano; aquella parte dedicada a glorificar a la Madre Virgen, tenga su desenvolvimiento también en la época más riente y seductora del año: en el mes florido y perfumado de Mayo que tantas y tan bellas estrofas arrancó a la lira de los trovadores en todos los tiempos y en todas las lenguas, se consagran los cultos a la Madre de Dios.

Manuscrito original. Archivo Municipal de Orihuela.

En nuestros días se celebra el Santuario de la Patrona María de Monserrate, el llamado Mes de las Flores.

Todas las tardes, el templo amplio, adornado de flores polícromas, que mezclan su perfume con el incienso, que en blancas nubecillas después de aromar los pies de la Virgen , asciende por las altas bóvedas para recibir por los ventanales los matices áureos del sol poniente.

Se llena de fieles que celebran el Mes de María, escuchándose hermosos sermones, a veces de oradores noveles que luego fueron gloria de la palabra sagrada, tales como D. Luis Calpena, D. Agustín Cavero y D. Julio López Maymón, que pronunciaron sus primeros sermones en estos Cultos ya en años pretéritos, pero que desde su primer discurso prometieron ilustrar con sabia elocuencia la Cátedra Sagrada.

Santuario de Monserrate. Colección Esteban Sanmartín Alonso.

Aún allí debutan todos los años, jóvenes oradores que han llegado a ser oradores famosos, y otros que llegarán a serlo como los nombrados. Este año se han celebrado estos Cultos con el esplendor tradicional.

Por la mañana se ha celebrado el Mes de María en las iglesias de San Agustín, Santo Domingo y Santas Justa y Rufina, si bien no con tanta esplendidez como los de la tarde en la Iglesia de Monserrate.

San Agustín. Colección Javier Sánchez Portas.

Santo Domingo. Colección Javier Sánchez Portas.

Santas Justa y Rufina. Ministerio de Cultura.

Santuario de Monserrate. Ministerio de Cultura.

Aún se conserva en ciertas calles y algunos parajes de nuestra huerta, la manera tradicional de celebrar la fiesta de la invención de la Santa Cruz, el día 3 de Mayo.

Se levantan pequeños altares ornados de flores y, en medio de ellos, una cruz; todo así dispuesto al aire libre, rodean el altar los vecinos; se toca música de guitarras y bandurrias, se canta, se baila; y se come y se bebe (se bebe muchísimo más que se come) hasta la noche; cerrada esta, la fiesta llega a su apogeo y acaba con cohetes, bombas y algunas piezas de fuegos artificiales.

La Cruz de San Francisco.

También continúa la tradición de las enramadas, que consiste en que los novios rocían de flores y verdes hojas las puertas de las novias, hasta hacer una alfombra perfumada para orgullo y gala de la enamorada, que la halle con sus pies breves al despuntar el nuevo día.

Algunos novios desdeñados o burlados, toman venganza de su bella atormentadora convirtiendo la puerta de esta en letrina pestilente, acumulando en ella inmundicias y excrementos de animales. Por fortuna, esto va siendo raro y castigado por las autoridades cuando se conoce a los autores de estos odoríferos obsequios.

Campanario de la Catedral. José María Pérez Basanta.

El día 3 de Mayo es el primero que, a las once y media de la mañana, las campanas de la Catedral tocan “a tiempo”; toque de verano que sigue al conjuro de las nubes, que se hace por el Cabildo desde lo alto de la torre y cuya ceremonia recuerda y parece que prolonga el toque indicado; aunque se ignora el origen de llamarlo así, pero se puede conjeturar que significa, que “se toca a conjurar las nubes en el tiempo en que éstas son peligrosas”. También el día 3 de Mayo es el primero en el que el toque de ánimas suena a las nueve de la noche.

Hasta este año, las familias hacían hacer la Comunión primera a los niños que reunían condiciones de edad, en este mes pero aisladamente; en el corriente, el nuevo Prelado Sr. Irastorza ha organizado este acto de un modo colectivo.

El domingo día 6 en la mañana, repartió la Sagrada Eucaristía el propio Obispo, en la iglesia de Monserrate a una gran multitud de niños de ambos sexos; y por la tarde todos ellos vistiendo los trajes de Primera Comunión, formaron una larga procesión que, partiendo de la iglesia de San Agustín, llegó a la de Monserrate, en la que los inocentes niños hicieron la ofrenda a la Virgen, de su pureza y de sus flores que en sendas bandejas llevaban depositándolas a los pies de la Patrona de Orihuela entre cánticos de alabanza a la Madre del Redentor. El Prelado bendijo a los niños; y el acto, que resultó hermosísimo fue presenciado por casi todo el pueblo.

Santuario de Monserrate. Familia Rogel-Fenoll. Archivo Javier Pablo Zeron Climent.

Celebrándose en Valencia la Coronación Canónica de su Patrona la Virgen de los Desamparados y siendo la diócesis sufragánea de aquella archidiócesis, el Obispo de Orihuela marchó a la ciudad del Cid a presenciar las fiestas y tomar parte en las religiosas ayudando al Arzobispo.

En el Asilo de Ancianos Desamparados se celebró el día 13 con gran solemnidad una fiesta religiosa en honor de su titular; y los asilados tuvieron comidas extraordinarias y algunos regocijos tales como música y fiesta de pólvora.

Asilo de Ancianos. Colección Javier Sánchez Portas.

El 17, los vecinos de la calle de San Pascual, festejaron a su patrono con dulzainas, música y tracas. Como todos los años se realizaron las letanías de la Ascensión y la fiesta de ese día; así como con gran solemnidad y esplendor la procesión del Corpus.

Calle de San Pascual. Colección Javier Sánchez Portas.

La empresa del Teatro Circo ha ofrecido al público espectáculos variados y notablemente artísticos. En este mes primero fue la “troupe» Garuyer, número de variedades notabilísimo por los heterogéneos trabajos que realizan sus doce componentes de ambos sexos; después la gran compañía dramática de Francisco Morano que, con su inimitable labor artística, fue llevando cada noche más gente, hasta que la última resultaba pequeño el gran teatro; más tarde, Ernesto Proteo, buen imitador de canzonetistas; pero al público oriolano y a mí, no nos gustan los hombres que se visten de mujer; y por último, con grandioso éxito, la presentación de la opereta “Miss Venus”, en la que se adapta la proyección del cinematógrafo de una manera bastante perfecta a la partitura musical que fue cantada y ejecutada con gran acierto por apreciables artistas.

Teatro Circo. Colección Javier Sánchez Portas.

Las tiradas de pichón de esta Primavera fueron de excelente resultado para los tiradores oriolanos. Cuatro de los premios que se disputaban fueron ganados en reñida lucha por nuestros paisanos, los señores D. Miguel Cremades y D. Manuel Bonafós, D. José de Madaira y D. Alfonso Wandosell.

El polígono de tiro estuvo animadísimo de tiradores y las tribunas cuajadas de elegantes señoras y lindísimas señoritas. Concurrieron muchos tiradores forasteros; y por las noches se improvisaron asaltos y conciertos muy agradables.

El Tiro Pichón. Calendario Gráficas Minerva.

La víspera de la Santísima Trinidad, confirió Órdenes Sagradas el Obispo en su episcopal palacio. Con este motivo, las familias de los ordenados animaron la población.

El concejal D. José Escudero Bernicola, planteó en el Ayuntamiento el problema de los médicos titulares, pues de los cuatro existentes, tres estaban siempre sustituidos y sólo uno, D. José de Madaira, cumplía con los deberes del cargo por lo que pedía la destitución de dos de ellos, los señores Zerón y Olavarrieta.

Consulta del doctor José de Madaira.

Se suscitó un debate sobre la interpretación del contrato de los médicos con el Ayuntamiento, sosteniendo el Sr. Escudero que se podía reformar interpretándolo con un criterio amplio; y el Alcalde Sr. Balaguer, opinando que no podía variarse por estar muy claro el artículo que faculta las sustituciones.

Los Concejales se dividieron siguiendo las teorías expuestas por los señores Escudero y Balaguer; y sometido el asunto a votación, resultó un empate por lo que quedó pendiente la cuestión para la sesión inmediata, en la cual D. Juan Carrió dijo que, no cumpliendo los médicos el artículo cuarto del contrato, el Ayuntamiento no venía obligado a cumplirlo, y podía destituir a los que no estuvieran desempeñando sus cargos.

El Ayuntamiento en la Plaza Nueva. Colección Javier Sánchez Portas.

Abundando en este criterio, los señores Balaguer y Escudero y de acuerdo todos los Concejales en que no se debía permitir perjuicio en ese servicio ni tolerar la mediatización del Ayuntamiento, se autorizó al alcalde para gestionar particularmente con los médicos el contrato a base de limitar el tiempo de las sustituciones; y de no poder logar la aquiescencia de los señores médicos titulares, que diera por anulado el contrato, comenzando la instrucción de expediente y dando cuenta del resultado, en todo caso, al Ayuntamiento.

Este asunto produjo gran expectación, revuelo y comentarios por la calidad de las personas que en él intervenían.

La atención pública pasó este mes por un periodo de aguda tensión. Los partidarios políticos de los señores Lázaro Galdeano y Martínez Arenas, confiaban el resultado final y definitivo de las elecciones a la justicia del Tribunal Supremo.

Cada nuevo día, una nueva especie lanzada a la publicidad producía una emoción diferente; y ya eran pálidos los rostros de los unos, ora eran lívidos los semblantes de los otros, según que la noticia del día les fuese adversa o favorable; y todos fingían serenidad y buen ánimo porque todos decían tener razón si bien, en verdad, hemos de confesar que aparecían más confiadamente tranquilos, los amigos del Sr. Martínez Arenas.

Ma plus sincère gratitude à Alain-Patrick Thiebaut.

En todas partes se discutía, y la pasión ofuscaba las inteligencias más claras. Apuntaban los lazaristas las enormidades que a su juicio se habían cometido y esperaban que el Tribunal Supremo, convencido de ello por algunas actas notariales y por lo que le dijera el Conde de Romanones, gran valedor del Sr. Lázaro, propondría al Congreso la nulidad de la elección y la repetición de la misma.

Alegaban los amigos del Sr. Martínez Arenas la licitud de la elección con la mayoría aplastante que garantizaba el éxito y el interés del Sr. Ruiz Valarino por este distrito, esperando que se propondría la validez de la elección. Días eran de zozobra para los partidarios de ambos candidatos, contaminándose toda la Ciudad de sus ansias.

Se supo que el Tribunal Supremo había señalado el día 28 para la vista del acta de Orihuela. No hay para que decir que la noticia recrudeció las discusiones, asomando las dudas, otra vez mezcladas con las esperanzas.

Se supo que había impugnado la validez de la elección ante el Supremo el Sr. Lázaro; y que la había defendido el Sr. Martínez Arenas; y así pasó todo el día 28 y hasta las cuatro de la tarde del día 29, en que varios telegramas con expresiones convenidas de antemano comunicaron a los amigos y partidarios del Sr. Martínez Arenas que el Tribunal Supremo proponía la validez de la elección, y por consecuencia la validez del acta de Orihuela.

La noticia corrió rápida y se exteriorizo la alegría de los vencedores, disparándose gran número de bombas. Acudió mucha gente a la Plaza de la Constitución, invadiendo la Casa Consistorial donde, con la concurrencia de la banda de música La Orcelitana, se improvisó una sesión popular en honor del Diputado a Cortes D. José Martínez Arenas, y después de entusiastas discursos, se organizó una nutrida manifestación que recorrió las calles principales aclamando al nuevo Diputado por Orihuela.

Ma plus sincère gratitude à Alain-Patrick Thiebaut.

Y con este suceso político, cuyo final estaba previsto por los que conocen la historia política del distrito, y por los que saben que el que tiene más votos gana las elecciones, cierro la crónica de este mes de Mayo.

Cuyos dos últimos días fueron de generales comentarios; de pesadumbre para los partidarios del candidato vencido y de satisfacción para los amigos del triunfante, que le escribieron reclamando su presencia en esta y se dedicaron, mientras a prepararle un digno recibimiento.

La última nota que consignar en este mes, es la de que la música La Orcelitana, estrenó unos bonitos uniformes de verano; claro es que los uniformes los estrenaron los músicos; no la música como he dicho por extensión; y hago esta aclaración.

Vista general. Ministerio de Cultura.

Por si en los tiempos venideros, algún espíritu sutil, se toma el trabajo de leer estás crónicas, en las que verá minucias y hechos importantes; pero en la crónica de la vida de los pueblos, si aquella ha de ser real e imparcial, han de consignarse los grandes acontecimientos y los pequeños sucesos, porque los unos y los otros completan la realidad y dan carácter y fisonomía a los pueblos.

Si se omitiera un hecho por extraordinario o por minúsculo, la crónica no sería verídica y aparecería mutilada; y tal vez, no siendo imparcial el relato, sería deforme el historial del pueblo.

Manuscrito de José Manuel Teruel Rebollo Cronista de Orihuela (1922-1923). (Archivo Municipal de Orihuela). Transcrito por Antonio José Mazón Albarracín. 

Pinchad aquí para continuar.